0% encontró este documento útil (0 votos)
146 vistas9 páginas

El Apego

El documento habla sobre los diferentes estilos de apego que las personas pueden desarrollar, incluyendo el apego seguro, ansioso, evitativo y desorganizado. Explica cómo los estilos de apego se forman dependiendo de la calidad del afecto y la seguridad emocional que los cuidadores proporcionaron durante la infancia. También describe las características de cada estilo de apego.

Cargado por

victoria.hdez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
146 vistas9 páginas

El Apego

El documento habla sobre los diferentes estilos de apego que las personas pueden desarrollar, incluyendo el apego seguro, ansioso, evitativo y desorganizado. Explica cómo los estilos de apego se forman dependiendo de la calidad del afecto y la seguridad emocional que los cuidadores proporcionaron durante la infancia. También describe las características de cada estilo de apego.

Cargado por

victoria.hdez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

EL APEGO

Cuando nacemos, somos bebés completamente dependientes. La naturaleza


consigue que los progenitores se hagan cargo de sus crías mediante un vínculo
afectivo llamado apego. Ya estarás imaginándolo: el apego va mucho más allá de
las relaciones de pareja y de los sentimientos. De hecho, el apego es un
mecanismo de supervivencia. Y justo por ese motivo está tan relacionado con la
seguridad emocional.

A menudo hablamos del apego con una connotación negativa, pues creemos que
nos trae problemas. Y es que, si nuestro apego es de tipo inseguro, es probable
que tratemos de recuperar la seguridad en la relación de formas poco
constructivas. Pero el apego no es negativo per se. Eso sí, nos resultará todo un
reto alcanzar la seguridad emocional que tanto ansiamos con estrategias que
contribuyan al vínculo o, cuando menos, preserven nuestro bienestar y el de
nuestra pareja a corto y medio plazo, pues significará aprender a sentirnos
seguros con mecanismos distintos a los que hemos recurrido hasta ahora. En eso
consiste justamente el apego seguro: en proporcionar una base sólida al vínculo a
través de la cual nos sintamos cuidados, arropados, seguros y en calma, y
proporcionemos lo mismo a nuestra pareja.

ESTILOS DE APEGO

Según algunos autores, existen estilos intermedios, como si el apego estuviera


distribuido a lo largo de un continuum.
Es una aproximación que tiene mucho sentido y que representa bastante bien la
variedad de realidades emocionales que vivimos; pero, para facilitar la lectura,
nos centraremos en los cuatro principales: el apego seguro y los tres estilos de
tipo inseguro (el ansioso o ambivalente, el evitativo o evasivo y el desorganizado).
¿De qué dependerá que desarrollemos uno u otro? Del grado de seguridad que
nos proporcione el vínculo. El apego gira en torno a la seguridad emocional que
experimentamos respecto al vínculo, y esta depende de la calidad del afecto: esto
es, de lo disponibles que estén nuestros cuidadores, de lo sensibles que se
muestren a nuestras necesidades y de lo capaces que sean de honrarlas.
APEGO ANSIOSO O AMBIVALENTE

En el origen del apego ansioso o ambivalente (de ahora en adelante, «apego


ansioso») encontramos unos cuidadores impredecibles: tan pronto están de buen
humor como se enfadan (incluso sin motivo aparente) y su actitud hacia nosotros
cambia (aun sin que esté relacionada con nuestra persona). La impredecibilidad
va de la mano de la inconsistencia y hace que la relación sea insegura en todos
los sentidos: no sabemos si nuestros cuidadores van a estar ahí cuando los
necesitemos (son sensibles a nuestras necesidades de forma intermitente) ni
cómo van a responder a nuestras necesidades (no las honran de forma
consistente). Como resultado, no nos sentimos vistos, ni atendidos, ni cuidados de
forma segura; solo en ocasiones. ¿Cuándo? No lo sabemos, porque no depende
de nosotros. Que sean impredecibles significa que no podemos anticipar cuándo
van a estar; como resultado, nos cuesta separarnos de ellos y experimentamos
miedo al abandono porque, cuando se marchan, no sabemos cuándo van a volver.
Importante: cuando hablamos de abandono, no nos referimos necesariamente a
un abandono físico, sino a uno emocional, a que dejen de ser sensibles a nuestras
necesidades, a que no nos vean en los términos en que hemos comentado que
necesitamos ser vistos. Y, tras un episodio de abandono, puede que no nos
mostremos receptivos al afecto que nos brinden: nos han fallado; su regreso no
solo no nos consuela, sino que sentimos rechazo. Cuando nuestros cuidadores
son imprevisibles aprendemos a prestar mucha atención a cualquier mínima
información (ya sea verbal o no verbal) en un intento de extraer patrones y, así,
obtener cierta previsibilidad y consistencia, desarrollando lo que llamamos
hipervigilancia. La intermitencia, la inconsistencia y la impredecibilidad cargan de
malestar el vínculo, que se manifiesta en forma de ansiedad. Así, cuando sentimos
que el vínculo corre peligro, hacemos todo lo posible por evitar lo que tanto
tememos: que nos abandonen.

EL APEGO ANSIOSO EN LA PAREJA

Si tu apego es ansioso, probablemente:


• Deseas intimidad y conexión emocional.
• Te sientes cómodo ante la idea de tener pareja.
• Piensas constantemente en la relación.
• Identificas potenciales amenazas con relativa facilidad: de hecho, puede que tu
pensamiento esté sesgado e intérpretes situaciones no amenazantes como
señal de que el abandono es muy probable o inminente.
• Das mucha importancia a la consistencia del vínculo.
• No llevas bien el estar (físicamente) lejos de tu pareja ni el sentirla
(emocionalmente)
• Crees que no hay vida más allá de tu pareja (algo así como si fuese la última
oportunidad para el amor, el último tren para la felicidad).
• Ante la posible ruptura del vínculo, necesitas restaurarlo enseguida (contactando
con tu pareja hasta obtener respuesta, insistiendo hasta «solucionarlo»).
• Aunque no puedas evitar sentirte como te sientes, crees que tus emociones son
excesivas y desproporcionadas, y las consideras inadecuadas.
• Te cuesta confiar en que tu pareja esté ahí, incluso cuando lo demuestra; como
si esperases el momento en que te fallará o te dejará.
• Pones a prueba a tu pareja como una forma de obtener seguridad.
• De tanto centrarte en el otro para que no te abandone, te fusionas y te acabas
abandonando a ti mismo.
• Necesitas que tus necesidades sean vistas y que tu pareja te proporcione
validación a menudo.
• Criticas a tu pareja, haces peticiones constantes, insistes, incluso es posible que
caigas en la manipulación o en el chantaje en un intento de conseguir lo que
necesitas.

¿CUÁNDO SE ACTIVA EL APEGO ANSIOSO?

Las situaciones que activan nuestro sistema de apego reciben el nombre de


disparadores. Estos aparecen cuando percibimos que el vínculo se rompe o que
está bajo amenaza (real o no). Conocer nuestros disparadores es importante. Te
dejo ejemplos de situaciones que funcionan como disparadores del apego
ansioso:
• Percibir inconsistencia.
• Sentir que nuestra pareja está distante.
• Que haya distancia (física).
• Que el contacto sea intermitente o interrumpido.
• Que no nos sintamos vistos (que la pareja se olvide de algo que es importante
para nosotros).
• Que nuestra pareja no cumpla con aquello a lo que se ha comprometido.
• Que nuestra pareja no se dé cuenta de algo (de que estamos mal, de que hemos
conseguido algo, de que hemos hecho un cambio de look).
• Sentir que el vínculo se rompe.

La opción preferible, cuando experimentamos inseguridad, es apostar por


estrategias sanas a partir de las cuales demos una pista a nuestra pareja de qué
nos ayudaría a recuperar la seguridad, a la vez que vemos sus necesidades y
tratamos de honrarlas en la medida en que las nuestras lo permitan. Que el
sistema nervioso simpático tome las riendas de la situación y desencadene las
respuestas de lucha, huida y parálisis significa que nuestro cuerpo ha entrado en
algo parecido a «modo supervivencia». En ese momento nuestra mente está
enfocada en recuperar la seguridad cueste lo que cueste. Como resultado, es fácil
que adoptemos una aproximación egoísta —comprensiblemente, añadiría—: nos
centramos en obtener lo que necesitamos, pasando por alto lo que necesita
nuestra pareja. Sin embargo, para tener una relación sana y segura en la que
obtengamos y proporcionemos seguridad en la misma medida, debemos honrar
nuestras necesidades y trabajar en ver y honrar las de nuestra pareja. Por eso es
fundamental recordar en todo momento que la relación es de dos, que podemos
tener necesidades distintas y que, incluso cuando estas no resultan compatibles,
ambas son válidas. Y, si lo que pedimos para satisfacer las nuestras es
incompatible con seguir honrando las de nuestra pareja, debemos apostar por
alcanzar un acuerdo.

APEGO EVITATIVO O EVASIVO

En el origen del apego evitativo o evasivo (de ahora en adelante, «apego


evitativo») encontramos cuidadores que, a diferencia de lo que sucede con el
apego ansioso, son previsibles, pero no están emocionalmente disponibles.
Sabemos qué podemos esperar de ellos, pues su conducta suele ser consistente.
Sin embargo, no son sensibles a nuestras necesidades, o no saben cómo
satisfacerlas, o creen que es mejor que nos las satisfagamos nosotros en un
intento de que nos volvamos personas emocionalmente fuertes, autónomas e
independientes. Si nuestro apego es evitativo, es probable que hayamos crecido
desconectados de nuestras emociones y necesidades emocionales.
Si, cuando nos desbordaban las emociones al interactuar con el mundo que nos
rodeaba, nuestros cuidadores no estaban disponibles para nosotros, aprendimos a
salir adelante sin contar con ayuda externa. Eso significa que aprendimos a ser
autónomos e independientes porque no teníamos elección. Por favor, no me
malinterpretéis: independencia y autonomía son más que bienvenidas; el problema
es que, si nuestro apego tiene una marcada tendencia evitativa, seguramente las
llevemos al extremo.
Acostumbrados a recibir actitudes frías y distantes por parte de nuestros
cuidadores —actitudes que generan en nosotros sensación de rechazo—,
acabamos integrando la idea de que las emociones nos hacen vulnerables, y nos
sentimos especialmente cómodos y seguros manteniendo cierta distancia
emocional. En consecuencia, pensar en cercanía y conexión emocional nos
abruma: no estamos cómodos y tampoco sabemos muy bien qué hacer con esa
incomodidad, así que apostamos por lo que conocemos: evitar sentir y buscar un
espacio que nos permita recuperar la seguridad.

EL APEGO EVITATIVO EN LA PAREJA

Los estilos ansioso y evitativo son aparentemente contrapuestos. Sin embargo, si


los miramos de cerca, podríamos decir que ambos albergan dos tipos de miedos:
uno consciente y otro que nos suele pasar desapercibido. Si nuestra tendencia es
ansiosa, el miedo al abandono se hace más que evidente. De forma paralela, en
nuestro interior está operando otro miedo: tememos a la intimidad y a la conexión,
pues, como no sabemos hasta cuándo podemos contar con ellas, nos generan
cierto recelo. Y, si nuestra tendencia es evitativa, el miedo a la intimidad es el más
prominente, pues buscamos mantener cierta distancia emocional con el objetivo
de preservar nuestra seguridad; sin embargo, anhelamos conectar y sentir (algo
que, por otro lado, nos aterra, pues no hemos aprendido a hacerlo).

Si tu estilo de apego es evitativo, probablemente:


• Te cuesta sentirte cómodo en la intimidad, con la conexión emocional.
• De tanto desconectarte de tus emociones, te resulta difícil identificar lo que
sientes y necesitas, de la misma forma que tienes dificultades para ver las
emociones y necesidades de tu pareja.
• Experimentas cierta resistencia a decir «te quiero» y demostrar tus sentimientos.
• Cuando tu pareja te expone cómo se siente, te abrumas y tratas de buscar una
solución (estás más cómodo en el terreno de los pensamientos).
• Te proteges de la debilidad a la que crees que te conduce el sentir a través de
una marcada autosuficiencia y evitando mostrarte vulnerable.
• Apuestas por una autonomía e independencia que a menudo resultan excesivas.
• Te cuesta mucho pedir ayuda: no crees que nadie te pueda ayudar, te es difícil
confiar y quieres alejarte de aquello que te acerque a depender de los demás.
• La idea de tener pareja te conecta con la posibilidad de perder tu libertad.
• Eres especialmente sensible a las críticas, pues estas avivan tu miedo al
rechazo.
• Huyes del conflicto: este te incomoda sobremanera y te abruma tanto que
prefieres salir corriendo. En algunas ocasiones puede traducirse en poner fin a la
conversación de forma abrupta o en dejar de hablar a tu pareja.
• Cuando algo te supera, necesitas recuperar la seguridad poniendo distancia
emocional, que a menudo se traduce en espacio físico.
• Te sientes cómodo evitando las emociones a través de actividades que te
permitan evadirte: te pasas horas leyendo, o practicando deporte, o jugando a
videojuegos…
¿CUÁNDO SE ACTIVA EL APEGO EVITATIVO?

Recordemos que los disparadores son aquellas situaciones que activan nuestro
sistema de apego. En el caso del apego evitativo, estarán relacionados con el
miedo al rechazo, cuando se nos critique; o con sentirnos abrumados, cuando
creamos que se nos pide una mayor intimidad y cercanía emocional de las que
estamos preparados para ofrecer.

Si nuestro apego es de tipo evitativo, este se activa cuando:


• Nuestra pareja nos pide más intimidad y conexión.
• Nuestra pareja quiere que hablemos de emociones.
• Nuestra pareja nos demanda más atención, pues sentimos que la relación ocupa
demasiado espacio en nuestra vida y que resulta una amenaza para nuestro
espacio e independencia.
• Nuestra pareja nos critica o nos sentimos juzgados, pues nos conecta con
nuestro miedo al rechazo.
• Sentimos que dependemos de otras personas.

APEGO DESORGANIZADO

Cuando creces en un hogar que no es un lugar seguro, crees que el mundo es


inseguro, y también las relaciones de pareja (sobre todo estas, pues son uno de
los vínculos que requieren más intimidad, y eso nos hace sentir más vulnerables).
Nuestros cuidadores deben proporcionarnos comida y cobijo, sí; pero también
protección emocional. ¿Qué habrías aprendido tú sobre las relaciones y sobre el
afecto si quien debía ofrecerte seguridad emocional fue, precisamente, quien te
dio justo lo contrario? No hablo solo de situaciones de abuso (que, por supuesto,
se incluirían en este caso), sino, en general, de cuidadores que nos hacen sentir
inseguros: nos generan confusión e incomodidad con una actitud cambiante que
va de un extremo al otro (del afecto a la ira), sobrepasan nuestros límites, actúan
de forma intrusiva o nos utilizan poniéndonos en la tesitura de tener que adoptar
roles que no nos corresponden solo porque ellos lo necesitan para su bienestar.

La impredecibilidad nos lleva a vivir con inseguridad constante y a desarrollar


desconfianza. Y, cuando va de la mano de insensibilidad hacia nuestras
necesidades y se acompaña de una conducta agresiva, posiciona la confusión y el
miedo como emociones predominantes en el vínculo. Este tipo de dinámicas nos
llevan a aprender, por un lado, que es mejor que seamos nosotros mismos
quienes nos saquemos adelante, que debemos ser independientes y no molestar
a los demás con nuestras necesidades (como resultado, acabamos
desconectándonos de ellas), y, por otro lado, aprendemos que quien debe estar
ahí es alguien imprevisible y, en ocasiones, una fuente de amenaza y peligro. De
manera comprensible, nos costará confiar, nos pondremos fácilmente a la
defensiva y atacaremos para defendernos incluso cuando no sea necesario.

Cuando el miedo, la inseguridad y la sensación de amenaza y peligro han sido una


constante en nuestro desarrollo emocional, vemos el mundo como un lugar
peligroso y los vínculos afectivos como una fuente de amenaza.
Que nuestras figuras de referencia fueran una fuente de inseguridad nos lleva a
sentirnos inseguros con la conexión emocional, a pesar de que la deseemos
profundamente, pues aprendimos que quien nos debe querer y proteger nos pone
en situaciones que amenazan nuestro bienestar.

Esta dualidad nos lleva a combinar cercanía con evitación: según la situación y
según con quién nos vinculemos, nuestro apego adoptará una tendencia más
ansiosa (buscaremos conexión) o más evitativa (trataremos de mantener las
distancias); por eso este estilo recibe el nombre de «desorganizado».
Cuando nuestro estilo de apego es desorganizado, en nuestro sentir se combina el
deseo de conexión con el miedo a que nos hagan daño, nos rechacen, nos
abandonen o nos traicionen, temores que nos invaden con relativa facilidad. Estas
dos realidades coexisten y dan lugar a relaciones de «amor-odio»: podemos
idealizar a nuestra pareja y, al segundo, pasar a experimentar emociones
incómodas y muy intensas respecto a su persona.
Nuestra versión ansiosa nos lleva a ser muy empáticos, lo que se traduce en una
gran sensibilidad a las necesidades de los demás; nos sentimos a gusto dando y
cuidando. En cambio, nuestra versión evitativa nos protege del dolor que sabemos
que nos causará nuestra pareja, manteniendo las distancias y alejándonos de
golpe (o incluso echando a nuestra pareja de nuestra vida).

EL APEGO DESORGANIZADO EN LA PAREJA

Si tu apego es desorganizado, probablemente:


• Quieres experimentar conexión a pesar de que te cuesta bastante abrirte y
confiar.
• Sientes que te entregas mucho en las relaciones, pero eso te genera vértigo:
crees que te expones demasiado y temes acabar sufriendo.
• Quieres construir vínculos, aunque te aterra la idea de que te rechacen o
abandonen.
• En tus relaciones predominan la imprevisibilidad y los comportamientos en
apariencia contradictorios que alternan el acercamiento con la huida: detrás del
aparente caos, se encuentran realidades opuestas como «quiero conectar, pero
me da miedo» o bien «quiero confiar, pero siento que no puedo».
• Experimentas volatilidad emocional: pasas de una emoción a otra opuesta en
cuestión de segundos.
• Te cuesta confiar en tu pareja, incluso si te ha demostrado con hechos que es
alguien con quien puedes sentirte a salvo.
• Tienes una visión negativa de los demás y vives tus relaciones con suspicacia:
crees que no son de fiar, que mienten u ocultan sus verdaderas intenciones.
• Te cuesta desnudarte emocionalmente y mostrarte vulnerable: te sientes
expuesto.
• Los conflictos te abruman y sientes que debes huir enseguida para recuperar la
seguridad; prefieres decir que sí, aunque suponga un perjuicio para ti.
• Ante un desacuerdo o un conflicto puedes experimentar emociones incómodas y
muy intensas hacia tu pareja que es posible que te recuerden al odio; incluso
llegas a verla como tu enemiga.
• A veces explotas con estallidos de agresividad.
• Pones distancia o fin a la relación de forma abrupta: prefieres hacerlo tú antes de
que lo hagan los demás.
• Después de un conflicto, quieres arreglar las cosas, pero temes que la
reconciliación signifique volver a exponerte y, por este motivo, muestras cierta
reticencia.
• No crees merecer que te quieran y crees que las relaciones no son para ti, que
no sabes estar en pareja y buscas sabotear tus relaciones de diferentes maneras.

¿CUÁNDO SE ACTIVA EL APEGO DESORGANIZADO?

Si tu estilo de apego es desorganizado, habrá dos tipos de situaciones


disparadoras a las que deberás prestar atención: aquellas que activan tu
tendencia ansiosa y aquellas que activan tu tendencia evitativa. Sí, lo sé, ¡doble
trabajo! Que no cunda el pánico: se trata de prestar atención a lo que sucede
dentro de ti y de dar sentido a lo que sientes, de entender por qué sientes lo que
sientes.

DISPARADORES DE LA DISPARADORES DE LA
TENDENCIA ANSIOSA TENDENCIA EVITATIVA
 Que tu pareja te hable de  Sentir que te estás entregando
forma seca, con un tono que (exponiendo, acercando)
no te gusta, o te critique. demasiado.
 Que tu pareja te mienta, te  Que tu pareja te pida una
diga una media verdad, o su mayor cercanía o conexión;
versión de los hechos no sea por ejemplo, hablar de cómo
coherente bajo tu punto de de siente respecto a la
vista. relación.
 Que tu pareja no sea sensible  Sentir que, de tanto centrarte
a tus necesidades, las en las necesidades de tu
desestime, las invalide o las pareja, te olvidas de las tuyas,
ignore. y conectar con la idea de que
estás siendo demasiado dependiente.

 Que percibas por su parte una  Sentir que tu pareja te utiliza:


actitud pasivo-agresiva que te tu necesidad de conectar te
genera confusión: sientes que lleva a entregarte; pero,
dice una cosa, pero, en incluso cuando has sido tú
realidad, piensa otra, quien ha ofrecido la ayuda,
mostrando una resistencia puede que conectes con el
indirecta. estar dando demasiado.
 Que sientas que tu pareja no  Dar pasos adelante que
se esfuerza porque la relación supongan un mayor
funcione, que no le importas, lo compromiso (comprar una
que te conecta con tus casa, adoptar un perro, crear
sentimientos de falta de valía. un negocio, tener un hijo).
 Que conectes con la culpa,  Sentir que pierdes el control: la
pérdida de control te conecta
con el no ser suficiente, con el
con la vulnerabilidad y crees
no merecer que te quieran y te
que tu pareja puede hacerte
respeten. daño.

Como vemos, la desconfianza está presente en gran parte de los disparadores:


cuando no estamos seguros de las intenciones de nuestra pareja, tendemos a
pensar mal y nuestro sistema de apego se activa.

También podría gustarte