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Introducción: Escuela Atomista C

El documento describe la historia del concepto de átomo desde la antigua Grecia hasta el desarrollo de la física nuclear en el siglo XX. Explica las propiedades básicas de los átomos como su estructura, número de protones y neutrones, y la distribución de electrones en niveles de energía.

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Introducción: Escuela Atomista C

El documento describe la historia del concepto de átomo desde la antigua Grecia hasta el desarrollo de la física nuclear en el siglo XX. Explica las propiedades básicas de los átomos como su estructura, número de protones y neutrones, y la distribución de electrones en niveles de energía.

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Introducción[editar]

Demócrito, máximo exponente de la escuela


atomista griega (s. V a. C.). Retrato por Johannes Moreelse en la actitud jocosa
con la que se identificó al filósofo.
El concepto de átomo como bloque básico e indivisible que compone
la materia del universo fue postulado por la escuela atomista en la Antigua
Grecia, en el siglo V a. C., siendo Demócrito (Abdera, Tracia, c. 460 a. C.-c.
370 a. C.) uno de sus exponentes.
Aristóteles, posteriormente, postula que la materia estaba formada por cuatro
elementos, pero niega la idea de átomo. La teoría atomista fue sin embargo
mantenida por diversas escuelas filosóficas, entre ellas la epicúrea. Para
Epicuro los átomos son unidades indivisibles que poseen tres propiedades:
forma, tamaño y peso. Se encuentran permanentemente en movimiento y se
unen unos a otros en virtud de sus formas. Su número es infinito y la cantidad
de sus formas también es muy grande (aunque no necesariamente infinita). Las
propiedades de los cuerpos derivan de las propiedades atómicas.
Tras la Revolución científica, la escuela atomista griega fue reconsiderada por
las nuevas generaciones de científicos de mediados del siglo XIX, cuando sus
conceptos fueron introducidos para explicar las leyes químicas. Con el
desarrollo de la física nuclear en el siglo XX se comprobó que el átomo puede
subdividirse en partículas más pequeñas.910
Los átomos son objetos muy pequeños con masas igualmente minúsculas: su
diámetro y masa son del orden de la diez mil millonésima parte de un metro y
cuatrillonésima parte de un gramo. Solo pueden ser observados mediante
instrumentos especiales tales como un microscopio de efecto túnel. Más de un
99,94 % de la masa del átomo está concentrada en su núcleo, en general
repartida de manera aproximadamente equitativa entre protones y neutrones.
El núcleo de un átomo puede ser inestable y sufrir
una transmutación mediante desintegración radioactiva. Los electrones en la
nube del átomo están repartidos en distintos niveles de energía u orbitales, y
determinan las propiedades químicas del mismo. Las transiciones entre los
distintos niveles dan lugar a la emisión o absorción de radiación
electromagnética en forma de fotones, y son la base de la espectroscopia.
Los átomos de un mismo elemento tienen el mismo número de protones, que
se denomina número atómico y se representa por Z. Los átomos de un
elemento dado pueden tener distinto número de neutrones: se dice entonces
que son isótopos. Ambos números conjuntamente determinan el nucleido.
El núcleo atómico puede verse alterado por procesos muy energéticos en
comparación con las reacciones químicas. Los núcleos inestables
sufren desintegraciones que pueden cambiar su número de protones y
neutrones emitiendo radiación. Un núcleo pesado puede fisionarse en otros
más ligeros en una reacción nuclear o espontáneamente. Mediante una
cantidad suficiente de energía, dos o más núcleos pueden fusionarse en otro
más pesado.
En átomos con número atómico bajo, los núcleos con una cantidad distinta de
protones y neutrones tienden a desintegrarse en núcleos con proporciones más
parejas, más estables. Sin embargo, para valores mayores del número
atómico, la repulsión mutua de los protones requiere una proporción mayor de
neutrones para estabilizar el núcleo.14
Nube de electrones[editar]
Artículo principal: Nube de electrones

Los cinco primeros orbitales atómicos.


Los electrones en el átomo son atraídos por los protones a través de la
atracción electromagnética. Esta fuerza los atrapa en un pozo de
potencial electrostático alrededor del núcleo, lo que hace necesaria una fuente
de energía externa para liberarlos. Cuanto más cerca está un electrón del
núcleo, mayor es la fuerza atractiva, y mayor por tanto la energía necesaria
para que escape.
Los electrones, como otras partículas, presentan simultáneamente propiedades
de partícula puntual y de onda, y tienden a formar un cierto tipo de onda
estacionaria alrededor del núcleo, en reposo respecto de este. Cada una de
estas ondas está caracterizada por un orbital atómico, una función matemática
que describe la probabilidad de encontrar al electrón en cada punto del
espacio. El conjunto de estos orbitales es discreto, es decir, puede
enumerarse, como es propio en todo sistema cuántico. La nube de
electrones es la región ocupada por estas ondas, visualizada como una
densidad de carga negativa alrededor del núcleo.
Cada orbital corresponde a un posible valor de energía para los electrones, que
se reparten entre ellos. El principio de exclusión de Pauli prohíbe que más de
dos electrones se encuentren en el mismo orbital. Pueden ocurrir transiciones
entre los distintos niveles de energía: si un electrón absorbe un fotón con
energía suficiente, puede saltar a un nivel superior; también desde un nivel más
alto puede acabar en un nivel inferior, radiando el resto de la energía en un
fotón. Las energías dadas por las diferencias entre los valores de estos niveles
son las que se observan en las líneas espectrales del átomo.
bsorbidos. Cuando los electrones excitados decaen más tarde, emiten en
direcciones aleatorias, por lo que las frecuencias características se observan
como líneas de absorción oscuras. Las medidas espectroscópicas de la
intensidad y anchura de estas líneas permite determinar la composición de una
sustancia.
Algunas líneas espectrales se presentan muy juntas entre sí, tanto que llegaron
a confundirse con una sola históricamente, hasta que fue descubierta su
subestructura o estructura fina. La causa de este fenómeno se encuentra en las
diversas correcciones a considerar en la interacción entre los electrones y el
núcleo. Teniendo en cuenta tan solo la fuerza electrostática, ocurre que
algunas de las configuraciones electrónicas pueden tener la misma energía aun
siendo distintas. El resto de pequeños efectos y fuerzas en el sistema electrón-
núcleo rompe esta redundancia o degeneración, dando lugar a la estructura
final. Estos incluyen las correcciones relativistas al movimiento de electrón, la
interacción de su momento magnético con el campo eléctrico y con el núcleo,
etc.18
Además, en presencia de un campo externo los niveles de energía se ven
modificados por la interacción del electrón con este, en general produciendo o
aumentando la división entre los niveles de energía. Este fenómeno se conoce
como efecto Stark en el caso de un campo eléctrico, y efecto Zeeman en el
caso de un campo magnético.
Las transiciones de un electrón a un nivel superior ocurren en presencia de
radiación electromagnética externa, que provoca la absorción del fotón
necesario. Si la frecuencia de dicha radiación es muy alta, el fotón es muy
energético y el electrón puede liberarse, en el llamado efecto fotoeléctrico.
Las transiciones a un nivel inferior pueden ocurrir de manera espontánea,
emitiendo la energía mediante un fotón saliente; o de manera estimulada, de
nuevo en presencia de radiación. En este caso, un fotón «entrante» apropiado
provoca que el electrón decaiga a un nivel con una diferencia de energía igual
a la del fotón entrante. De este modo, se emite un fotón saliente cuya onda
asociada está sincronizada con la del primero, y en la misma dirección. Este
fenómeno es la base del láser.
Interacciones eléctricas entre protones y electrones[editar]
Antes del experimento de Rutherford la comunidad científica aceptaba
el modelo atómico de Thomson, situación que varió después de la experiencia
de Ernest Rutherford. Los modelos posteriores se basan en una estructura de
los átomos con una masa central cargada positivamente rodeada de una nube
de carga negativa.19
Este tipo de estructura del átomo llevó a Rutherford a proponer su modelo en
que los electrones se moverían alrededor del núcleo en órbitas. Este modelo
tiene una dificultad proveniente del hecho de que una partícula cargada
acelerada, como sería necesario para mantenerse en órbita, radiaría radiación
electromagnética, perdiendo energía. Las leyes de Newton, junto con
las ecuaciones de Maxwell del electromagnetismo aplicadas al átomo de
Rutherford llevan a que en un tiempo del orden de 10−10 s, toda la energía del
átomo se habría radiado, con la consiguiente caída de los electrones sobre el
núcleo.20

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