Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas es un tratado
internacional que regula las relaciones diplomáticas entre los países y la
inmunidad del personal diplomático.12 Fue adoptada el 18 de abril de 1961 en
Viena (Austria) y entró en vigor el 24 de abril de 1964. Fue complementada en
1963 por la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares. 190 Estados
(todos los Estados miembros de la ONU y los observadores permanentes como
la Autoridad Nacional Palestina o la Santa Sede) pertenecen a la Convención y
en los pocos Estados que no han firmado el documento (como Palaos, Islas
Salomón o Sudán del Sur), sus disposiciones se aplican como Derecho
Internacional consuetudinario.
La Convención de Viena ofrece un marco completo para el establecimiento,
mantenimiento y terminación de las relaciones diplomáticas basado en el
consentimiento entre Estados soberanos. Estipula las funciones de las
misiones diplomáticas, las normas oficiales que regulan los nombramientos, las
declaraciones de persona no grata de un diplomático que de alguna manera ha
dado motivo de ofensa, y la precedencia entre jefes de misión. Establece
normas especiales —privilegios e inmunidades— que permiten a las misiones
diplomáticas actuar sin temor a la coerción o al acoso a través de medidas de
Ejecución de las leyes locales y a mantener comunicaciones seguras con sus
gobiernos acreditantes. Prevé la retirada de una misión, que puede ocurrir por
motivos de economía o seguridad física, y la ruptura de relaciones
diplomáticas, que se puede producir en respuesta al abuso de la inmunidad o a
un grave deterioro de las relaciones entre los Estados acreditante y receptor.
En cualquiera de estos casos, o cuando no se han establecido misiones
permanentes, la Convención ofrece un marco para la protección de los
intereses del Estado acreditante en el Estado receptor por un tercer Estado.
El artículo 22 confirma la inviolabilidad de los locales de las misiones con la
prohibición de la entrada en ellos de los agentes del Estado receptor y la
imposición al
Estado receptor de la obligación especial de proteger los locales contra toda
intrusión o
daño y evitar que se perturbe la paz de la misión o se atente contra su
dignidad. Incluso en respuesta al abuso de esta inviolabilidad o en caso de
emergencia, no se podrá entrar en los locales sin el consentimiento del jefe de
la misión. El artículo 24 garantiza la inviolabilidad de los archivos y documentos
de la misión, incluso fuera de sus locales, de tal modo que el Estado receptor
no podrá requisarlos o inspeccionarlos ni permitir su uso en procedimientos
legales.
El artículo 27 garantiza la libre comunicación entre una misión y su Estado
acreditante por todos los medios apropiados, y asegura que la valija
diplomática que porte dichas comunicaciones no podrá ser abierta ni retenida,
incluso cuando exista sospecha de abuso. En vista de los fines de las misiones
diplomáticas, la seguridad de las comunicaciones de información o
instrucciones es probablemente la más esencial de todas las inmunidades.
El artículo 29 estipula la inviolabilidad de la persona del agente diplomático y el
artículo 31 establece su inmunidad de jurisdicción civil y penal, con
excepciones concretas a la podrá renunciar a la inmunidad de jurisdicción, al
igual que a otras inmunidades y privilegios, y el artículo 32 detalla las normas
sobre la renuncia. El artículo 34 dispone la exención tributaria otorgada a los
agentes diplomáticos, junto con exenciones detalladas con respecto a asuntos
ajenos a sus funciones oficiales o su vida ordinaria en el Estado receptor. El
artículo 36 prevé la exención de derechos de aduana de las importaciones
diplomáticas durante el destino de un agente diplomático.
El artículo 37 establece un código complejo para el trato que se otorgará a los
miembros de la familia del agente diplomático y del personal administrativo y
técnico, cuestión con respecto a la cual, como se ha indicado anteriormente,
las prácticas anteriores diferían y la negociación de una avenencia era difícil. El
artículo 38 excluye del disfrute de todos los privilegios e inmunidades, salvo de
la inmunidad de sus actos oficiales realizados en el desempeño de sus
funciones, a los nacionales del Estado receptor y los residentes permanentes
en dicho Estado. Estas dos disposiciones redujeron radicalmente en muchos
Estados el número de personas que, con mayor probabilidad, habrían
desacreditado el sistema de privilegios e inmunidades y estaban en plena
conformidad con la justificación básica aplicada a través de la Convención de
limitar las inmunidades a lo que era esencial para asegurar el eficaz
desempeño de las misiones diplomáticas como representantes de los Estados.