SEMINARIO BÍBLICO DE LA U.C.E.
MONOGRAFÍA DEL LA SANTIDAD DE DIOS EN LEVÍTICO
Monografía
Presentada/o en cumplimiento parcial de los requisitos de la materia
Pentateuco
Dionicia Peña Guarachi
9 de octubre de 2023
INDICE
INTRODUCCIÓN
Cuando se menciona de este tema, la gente habla acerca de las cosas santas con las
que tratamos hoy, tales como la Cena del Señor, el matrimonio, el púlpito, el templo o capilla, y
la Biblia. Entonces ¿Qué es santidad? ¿Qué los hace santos? ¿Cómo nos relacionamos con estos
elementos y circunstancias en forma diferente de cómo lo hacemos con las cosas seculares?
En este trabajo se lo explicara cómo es la Santidad de Dios según Levítico.
Ahora Pregúntese usted ¿Qué significa que Dios sea santo? ¿Por qué es importante
concentrarse en cuán santo es Dios para ser semejantes a Él, si mientras estemos en la tierra
nunca podremos ser como Él? ¿Qué nos dice esta santidad acerca de cómo es Dios, y qué
significa para el plan de salvación?
1. ¿Qué es santidad?
Con la Palabra de Dios se aprende que es la santidad, según la Primera Epístola de
Pablo a los TESALONICENSES 4:3-4 dice “La voluntad de Dios es que sean
santificados; que se aparten de la inmoralidad sexual; que cada uno aprenda a controlar su
propio cuerpo de una manera santa y honrosa” de esta manera algunos autores consideran
que la santidad es.
1.1. Concepto Bíblico
Dios es santo y su pueblo ha de ser santo también. Israel debe ser diferente de las otras
naciones y debe separarse de sus costumbres. "No haréis como hacen en la tierra de
Egipto, ni haréis como hacen en la tierra de Canaán" (Lev. 18:3). El pensamiento clave se
encuentra en Lev. 11:44- 45; [Link] "Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro
Dios". (1).
La santidad es un estado que indica que una persona u objeto están dedicados al servicio
de Dios. Limpio es el estado normal de las cosas (2)
Respecto a los conceptos de los autores y el versículo de la biblia, la santidad es una
afirmación sobre Dios, una orden para su pueblo y una promesa que implica a su Espíritu
Santo. El llamamiento de Levítico salta por encima de la división cultural y los siglos
intermedios y nos llama de nuevo a llevar una vida santa. Los cristianos están llamados a
ser santos, al igual que Israel, y a buscar la santidad en todas las áreas de la vida.
2. ¿Qué los hace santos?
Con la Palabra de Dios se aprende que es la santidad, según el libro de Levitico 20:7 dice
“Santificaos, pues, y sed santos, porque yo, Jehová, soy vuestro Dios” y también en el
pasaje de Levitico 20:26 dice “Vosotros seréis santos para conmigo, porque yo, el Señor,
soy santo y os he distinguido de los demás pueblos para que seáis míos”
El ser santo dentro de la iglesia puede suceder en varios ámbitos entre creyentes o
cristianos, a continuación se estará mencionando algunos ámbitos en las cuales una
persona puede estar en santidad.
2.1 Santo en Espiritu
La santidad no es sólo una posibilidad para el cristiano; la santidad es un requisito. "Sin
santidad nadie verá al Señor" (Hebreos 12:14). La diferencia entre Dios y nosotros es que
Él es por naturaleza santo mientras que nosotros, por otra parte, sólo llegamos a ser
santos cuando estamos con Cristo y crecemos en santidad práctica a medida que
maduramos espiritualmente.
Ser "santo" significa que somos, en primer lugar, "apartados para un uso honorable".
Mientras que "éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de
concupiscencias y deleites diversos...Dios nuestro Salvador...nos salvó, no por obras de
justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la
regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo" (Tito 3:3-5; cf. 1 Corintios 6:11).
El Señor tomó la iniciativa de sacarnos de nuestro estilo de vida anterior. Nos salvó, nos
limpió y nos apartó para la justicia. Si hemos creído en Cristo para la salvación, hemos
sido lavados por la regeneración del Espíritu Santo y apartados del mundo para la piedad
(Romanos 12:2).
2.2 Santo para el Matrimonio
El matrimonio es un camino de santidad. Cuando Dios está presente en la vida de la
familia, las alegrías y contratiempos cobran otro sentido, el matrimonio es una alianza
hace de dos cuerpos una sola carne; como dice con expresión fuerte la teología, son los
cuerpos mismos de los contrayentes su materia. El Señor santifica y bendice el amor del
marido hacia la mujer y el de la mujer hacia el marido: ha dispuesto no sólo la fusión de
sus almas, sino la de sus cuerpos.
Por consiguiente, si el esposo cristiano está llamado a ser santo y perfecto en el estado
matrimonial al que Dios le ha llamado y Él mismo le ha regalado, significa que junto con
el estado encontrará todo lo que necesita para ser perfecto y santo.
2.2 Santo en la casa
Todo cristiano conoce que Dios es santo, por tanto el hogar cristiano debe ser santificado,
colocando primeramente un altar que sea de comunión con el Señor, apartando todas las
imágenes y objetos que nos apartan de Dios, guardando la santidad de la familiatanto
dentro como fuera del hogar, de igual manera manteniéndose en oración, en buenos
caminos, en buenos pensamientos, ayudan a nosotros como Cristianos a Santificar el
Hogar Cristiano.
2.3 Santidad en nuestra manera de vestir
Nuestra apariencia externa no es la base de nuestra santidad pero no deja de ser un
elemento muy importante en nuestra vida cristiana, pues es un reflejo de lo interno.
Nuestra manera de lucir incluye el vestido, el peinado y los adornos. El vestido refleja
``la moral y el buen sentido´´ 1 Timoteo 2:9-10. Así mismo que las mujeres se atavíen de
ropa decorosa, con pudor y modestia. El pudor una virtud que casi no se haya hoy en
nuestro mundo es un valor que se ha perdido. Es una vergüenza natural o innata que debe
tener la mujer de enseñar su cuerpo. En otras palabras el consejo del apóstol Pabló a las
mujeres en este pasaje es que se vistan con ropa que cubran bien el cuerpo. Una
vestimenta descubierta indica la presencia de un espíritu sensual, un deseo de llamar la
atención sobre el sexo opuesto y hace una invitación al pecado. Vistamos de una manera
tal que no quedemos expuestos a miradas de codicia, y aun a una segunda mirada con la
cual ya peca no sólo el que miró sino también el cuerpo que provoca la lascivia. San
Mateo 18:7 da un ¡ay! A los hombres que son de tropiezo, en este versículo la palabra
“hombres” incluye también a las mujeres. San Mateo 13:40 y 18:6 también habla de los
que hacen tropezar.