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Introducción

Este documento analiza el problema de la existencia de Dios en el siglo XXI, discutiendo los tipos de ateísmo y las razones para creer o no creer en Dios. El documento argumenta que a pesar de la difusión del ateísmo, la idea de Dios surge de forma natural en el espíritu humano.
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Introducción

Este documento analiza el problema de la existencia de Dios en el siglo XXI, discutiendo los tipos de ateísmo y las razones para creer o no creer en Dios. El documento argumenta que a pesar de la difusión del ateísmo, la idea de Dios surge de forma natural en el espíritu humano.
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EL PROBLEMA DE DIOS EN EL SIGLO XXI

Prácticamente en el problema de Dios desembocan las grandes inquietudes del hombre y las
especulaciones profundas de los filósofos. Sobre la afirmación o negación de Dios gira el gozne
de la vida humana. Todo nuestro comportamiento moral y religioso está condicionado a la
solución de este problema vital. La existencia de Dios da un sentido a nuestra existencia y una
inteligibilidad a nuestro mundo. La negación de Dios conduce a la "náusea" existencial y a la
desesperanza cósmica. El individuo, la familia, la sociedad, el Estado, cambian completamente
de signo en su estructura, según se admita o niegue la existencia de Dios.

En toda vida humana hay motivos y razones para creer, como hay también motivos y sinrazones
para no creer. El descubrimiento de la realidad de Dios sigue un proceso semejante al
descubrimiento de la realidad de nuestro espíritu. Para encontrar a Dios no tenemos que ir
laboriosamente a buscarlo lejos del mundo o fuera de nosotros mismos. Lo encontramos al final
de todas las avenidas por las que nuestra experiencia del mundo y de la vida nos hace transitar.
Y a veces descubrimos que íbamos a su lado cuando hacíamos el recorrido. Esta espontaneidad
natural con que nace en nosotros la idea de Dios, es lo que hacía exclamar a Agustín de Hipona:
"No te buscaríamos si no te hubiéramos ya encontrado". Platón, ya antes de la era cristiana, se
indignaba de tener que probar que hay dioses (Leyes, 887 c.), siendo así que para él la existencia
de lo divino se imponía con más evidencia que la del mundo circundante y la de nuestro cuerpo.
Nuestro espíritu descubre fácilmente a Dios, aunque no lo inventa. Por ello las "pruebas"
racionales o argumentos que damos a favor de nuestra creencia en Dios, más que una invención
son un inventario. Son, como dice M. Blondel, "una elucidación, una justificación de una creencia
fundamental y primordial". Siendo esto así, ¿cómo se explica entonces el hecho de la difusión
del ateísmo, "el fenómeno más grave de nuestro tiempo", como lo ha llamado el Vaticano II?

Se dan dos tipos de ateísmo: el uno práctico y el otro teórico. Correspondientemente existen
dos tipos de personas ateas: las que rechazan en su vida práctica a Dios (viven como si Dios no
existiera), y las que rechazan en su mente la idea de Dios (piensan que Dios no existe).

El ateísmo práctico consiste en una negación vital o vivida de Dios. En su forma más radical,
implica la ausencia total de valores. Para esta clase de ateos, Dios está "muerto", porque no lo
viven de ninguna manera. En forma temporal o transitoria, este ateísmo puede darse y se da
con alguna frecuencia en nuestros países de suyo tradicionalmente creyentes. La presión de los
problemas concretos de la vida, el activismo sin freno y las pasiones, un ambiente familiar frío e
indiferente religiosamente, una educación laica y despreocupada.... pueden durante períodos
de la vida alejar a muchas personas de Dios. Pero el re-encuentro suele darse en cualquier curva
del camino y en las formas y momentos más inesperados. El otro ateísmo, el teórico, es de más
difícil análisis. Dado el carácter natural y espontáneo de la idea de Dios en el espíritu humano,
el rechazo de la idea de Dios no puede explicarse sino como una actitud ^segunda" y adquirida
posteriormente, que se sobrepone. contradiciéndola, a aquella afirmación "primera'5 y
espontánea de Dios.

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El ateísmo teórico, no es, pues, una situación originaria del hombre, sino que ha de explicarse
como un fenómeno reflejo, como la "conclusión" de un proceso racional errado que parte de
algunas premisas. Brota, por lo tanto, en el campo de la filosofía o de la ciencia disfrazada de
filosofía. En general los individuos y las sociedades no llegan a adoptar esta segunda postura
"artificial" de ateísmo sino después de haber hecho un recorrido mental y moral en descenso.

De todos modos, el ateísmo contemporáneo y su preconizada "muerte de Dios" en nuestro siglo


nos obliga a confrontarnos con nuestras creencias (¿por qué creemos?) y con nuestras
incredulidades (¿por qué no creemos?). "Dios está en crisis" en cada uno de nosotros, podemos
decir con Le Senne. Y lo está de bastantes maneras. Está en crisis en el pensamiento, el cual
traiciona necesariamente a Dios, por su limitación e impotencia para concebir si infinitud. Está
en crisis en el corazón, en donde el mal, la injusticia y el sufrimiento lo ponen en tela de juicio.
Está en crisis en la sociedad, que reniega de él aduciendo como pretexto la corrupción moral, la
explotación, el materialismo rampante. Está en crisis en el medio ambiente cultura] que respira
hoy por todos sus poros un ateísmo desafiante. Y está en crisis en la vida personal de cada uno,
en la que con nuestras acciones y proceder torcido damos testimonio contra El, a pesar de que
afirmamos nuestra creencia en Él.

Las páginas siguientes que ofrecemos sobre el ateísmo, sus modalidades y sus causas, y sobre la
creencia en Dios y sus razones a favor, esperamos puedan ser útiles a las tres categorías de
personas, que corresponden al hombre de nuestro tiempo y de nuestro continente: A la
categoría de aquellos que profesan la religión y aceptan, sin discutir, y hasta quizás sin advertir
el vértigo que produce en nuestro espíritu, el potente y misterioso nombre de Dios. Para ellos
estas páginas pueden suscitar sanas inquietudes y confirmar reflexivamente sus amables
certezas. A la categoría de quienes dudan, de aquellos para quienes el nombre de Dios está
rodeado de una neblina de incertidumbres, y de insatisfacción. Estas páginas pueden servir para
inquietarlos en su aparentemente cómodo y elegante escepticismo práctico y ayudarlos a poner
en duda sus dudas, buscando una certeza racional como apoyo de credibilidad a su fe. A la
categoría de los negadores del nombre, de la idea y de la realidad de Dios. Estas páginas
quisieran ser una ayuda y una voz de aliento a buscar en la oscuridad a Aquel cuyas caricaturas
humanas están rechazando con sobrada razón y cuya Inmanencia los penetra sin darse cuenta,
mientras su Trascendencia los supera infinitamente. "En El vivimos, nos movemos y somos'. "En
Él todas las cosas tienen su consistencia".

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