Activación de invasión y metástasis
En 2000, los mecanismos subyacentes a la invasión y la metástasis eran en gran
parte un enigma. Estaba claro que a medida que los carcinomas que surgen de
los tejidos epiteliales progresaban a grados patológicos más altos de
malignidad, reflejados en la invasión local y metástasis a distancia, las células
cancerosas asociadas típicamente desarrollaban alteraciones en su forma, así
como en su unión a otras células y a la matriz extracelular. (ECM). La alteración
mejor caracterizada involucró la pérdida por parte de las células del carcinoma
de E-cadherina, una molécula clave de adhesión de célula a célula. Al formar
uniones adherentes con células epiteliales adyacentes, la E-cadherina ayuda a
ensamblar láminas de células epiteliales y a mantener la inactividad de las
células dentro de estas láminas. El aumento de la expresión de E-cadherina fue
bien establecido como un antagonista de la invasión y la metástasis, mientras
que se sabía que la reducción de su expresión potenciaba estos fenotipos. La
regulación a la baja observada con frecuencia y la inactivación mutacional
ocasional de la E-cadherina en los carcinomas humanos proporcionó un fuerte
apoyo a su papel como un supresor clave de esta capacidad [Link] y
van Roy, 2009,Cavallaro y Christofori, 2004).
Además, la expresión de genes que codifican otras moléculas de adhesión de
célula a célula y de célula a ECM está alterada de manera demostrable en
algunos carcinomas altamente agresivos, y aquellos que favorecen la citostasis
típicamente están regulados a la baja. Por el contrario, las moléculas de
adhesión normalmente asociadas con las migraciones celulares que ocurren
durante la embriogénesis y la inflamación a menudo se regulan al alza. Por
ejemplo, la N-cadherina, que normalmente se expresa en las neuronas
migratorias y las células mesenquimales durante la organogénesis, se regula
positivamente en muchas células de carcinoma invasivo. Más allá de la ganancia
y pérdida de dichas proteínas de unión célula-célula/matriz, los reguladores
maestros de la invasión y la metástasis eran en gran parte desconocidos o,
cuando se sospechaba, carecían de validación [Link] y Christofori,
2004).
El proceso de múltiples pasos de invasión y metástasis se ha esquematizado
como una secuencia de pasos discretos, a menudo denominada cascada de
invasión-metá[Link] y Fidler, 2010,Fidler, 2003). Esta descripción
prevé una sucesión de cambios biológicos celulares, comenzando con la invasión
local, luego la intravasación de las células cancerosas en los vasos sanguíneos y
linfáticos cercanos, el tránsito de las células cancerosas a través de los
sistemas linfático y hematógeno, seguido por el escape de las células
cancerosas de la luz de dichas células. vasos en el parénquima de tejidos
distantes (extravasación), la formación de pequeños nódulos de células
cancerosas (micrometástasis) y, finalmente, el crecimiento de lesiones
micrometastásicas en tumores macroscópicos, este último paso se denomina
"colonización".
La investigación sobre la capacidad de invasión y metástasis se ha acelerado
drásticamente durante la última década a medida que se han puesto a
disposición nuevas herramientas de investigación poderosas y modelos
experimentales refinados, y se han identificado genes reguladores críticos. Si
bien todavía es un campo emergente repleto de importantes preguntas sin
respuesta, se ha logrado un progreso significativo en la definición de
características importantes de esta compleja capacidad distintiva. Una
representación ciertamente incompleta de estos avances se destaca a
continuación.
El programa EMT regula ampliamente la invasión y la metástasis
Un programa de regulación del desarrollo, denominado "transición epitelial-
mesenquimatosa" (EMT), se ha implicado de manera destacada como un medio
por el cual las células epiteliales transformadas pueden adquirir la capacidad
de invadir, resistir la apoptosis y [Link] y Savagner,
2009,Polyak y Weinberg, 2009,Thiery et al., 2009,Yilmaz y Christofori,
2009,Barrallo-Gimeno y Nieto, 2005). Al cooptar un proceso involucrado en
varios pasos de la morfogénesis embrionaria y la cicatrización de heridas, las
células de carcinoma pueden adquirir simultáneamente múltiples atributos que
permiten la invasión y la metástasis. Este programa EMT multifacético puede
activarse de manera transitoria o estable, y en diferentes grados, por células
de carcinoma durante el curso de la invasión y la metástasis.
Un conjunto de factores transcripcionales que actúan pleiotrópicamente,
incluidos Snail, Slug, Twist y Zeb1/2, orquestan la EMT y los procesos
migratorios relacionados durante la embriogénesis; la mayoría fueron
identificados inicialmente por la genética del desarrollo. Estos reguladores de
la transcripción se expresan en varias combinaciones en varios tipos de
tumores malignos y se ha demostrado en modelos experimentales de formación
de carcinoma que son causalmente importantes para programar la invasión; se
ha encontrado que algunos provocan metástasis cuando se sobreexpresan
ectópicamente (Micalizzi et al., 2010,Taube et al., 2010,Schmalhofer et al.,
2009,Yang y Weinberg, 2008). Entre los rasgos biológicos celulares evocados
por tales factores de transcripción están la pérdida de uniones adherentes y la
conversión asociada de una morfología poligonal / epitelial a una morfología
larguirucha / fibroblástica, expresión de enzimas que degradan la matriz,
aumento de la motilidad y aumento de la resistencia a la apoptosis, todos
rasgos implicados en los procesos de invasión y metástasis. Varios de estos
factores de transcripción pueden reprimir directamente la expresión del gen
de la E-cadherina, privando así a las células epiteliales neoplásicas de este
supresor clave de la motilidad y la [Link] et al., 2004).
La evidencia disponible sugiere que estos factores de transcripción se regulan
entre sí y se superponen a conjuntos de genes diana. Aún no se han establecido
reglas para describir sus interacciones y las condiciones que rigen su
expresión. La evidencia de la genética del desarrollo indica que las señales
contextuales recibidas de las células vecinas en el embrión están involucradas
en el desencadenamiento de la expresión de estos factores de transcripción en
aquellas células destinadas a pasar a través de un [Link] et al., 2010);
De manera análoga, cada vez más evidencia sugiere que las interacciones
heterotípicas de las células cancerosas con las células del estroma asociadas
con el tumor adyacente pueden inducir la expresión de los fenotipos de células
malignas que se sabe que están coreografiados por uno o más de estos
reguladores [Link] y Weinberg, 2006–2007,Brabletz et al.,
2001). Además, se puede observar que las células cancerosas en los márgenes
invasivos de ciertos carcinomas se han sometido a una EMT, lo que sugiere que
estas células cancerosas están sujetas a estímulos microambientales distintos
de los recibidos por las células cancerosas ubicadas en el núcleo de estas
[Link] et al., 2007).
Aunque la evidencia aún es incompleta, parecería que los factores de
transcripción inductores de EMT pueden orquestar la mayoría de los pasos de
la cascada de invasión-metástasis, excepto el paso final de la colonización.
Todavía sabemos bastante poco sobre las diversas manifestaciones y la
estabilidad temporal del estado mesenquimatoso producido por un EMT.
Aunque se ha observado la expresión de factores de transcripción inductores
de EMT en ciertos tipos de tumores no epiteliales, como sarcomas y tumores
neuroectodérmicos, su papel en la programación de rasgos malignos en estos
tumores está poco documentado en la actualidad. Además, queda por
determinar si las células de carcinoma invasivo necesariamente adquieren su
capacidad a través de la activación de partes del programa EMT, o si los
programas reguladores alternativos también pueden habilitar esta capacidad.
Contribuciones heterotípicas de las células del estroma a la invasión y la
metástasis
Cada vez es más evidente que la diafonía entre las células cancerosas y las
células del estroma neoplásico está involucrada en la capacidad adquirida para
el crecimiento invasivo y la metá[Link] et al., 2010,Qian y Pollard,
2010,Joyce y Pollard, 2009,Kalluri y Zeisberg, 2006). Tal señalización puede
incidir en las células de carcinoma y actuar para alterar sus capacidades
distintivas como se sugirió anteriormente. Por ejemplo, se ha descubierto que
las células madre mesenquimales (MSC) presentes en el estroma tumoral
secretan CCL5/RANTES en respuesta a las señales liberadas por las células
cancerosas; CCL5 luego actúa recíprocamente sobre las células cancerosas para
estimular el comportamiento invasivo (Karnoub et al., 2007).
Los macrófagos en la periferia del tumor pueden fomentar la invasión local
mediante el suministro de enzimas que degradan la matriz, como las
metaloproteinasas y las cisteína catepsina [Link] et al.,
2010,Joyce y Pollard, 2009,Palermo y Joyce, 2008,Mohamed y Sloane, 2006);
en un sistema modelo, los macrófagos que promueven la invasión son activados
por la IL-4 producida por las células cancerosas (Gocheva et al., 2010). Y en un
modelo experimental de cáncer de mama metastásico, los macrófagos
asociados a tumores (TAM) suministran factor de crecimiento epidérmico
(EGF) a las células de cáncer de mama, mientras que las células cancerosas
estimulan recíprocamente a los macrófagos con CSF-1; sus interacciones
concertadas facilitan la intravasación en el sistema circulatorio y la
diseminación metastásica de las células cancerosas (Qian y Pollard,
2010,Wyckoff et al., 2007).
Observaciones como estas indican que los fenotipos de malignidad de alto
grado no surgen de una manera estrictamente autónoma de las células, y que su
manifestación no puede entenderse únicamente a través de análisis de los
genomas de las células tumorales. Una implicación importante, aún no probada,
es que la capacidad de negociar la mayoría de los pasos de la cascada de
invasión-metástasis puede adquirirse en ciertos tumores sin el requisito de que
las células cancerosas asociadas sufran mutaciones adicionales más allá de las
necesarias para la formación del tumor primario.
Plasticidad en el Programa de Crecimiento Invasivo
El papel de las señales contextuales en la inducción de una capacidad de
crecimiento invasivo (a menudo a través de un EMT) implica la posibilidad de
reversibilidad, en el sentido de que las células cancerosas que se han
diseminado desde un tumor primario a un sitio de tejido más distante ya no
pueden beneficiarse del estroma activado y la invasión. /Señales inductoras de
EMT que experimentaron mientras residían en el tumor primario; en ausencia
de una exposición continua a estas señales, las células de carcinoma pueden
volver a sus nuevos hogares a un estado no invasivo. Por lo tanto, las células de
carcinoma que han sufrido una EMT durante la invasión inicial y la diseminación
metastásica pueden pasar por el proceso inverso, denominado transición
mesenquimatosa-epitelial (MET).Hugo et al., 2007). Además, la noción de que
las células cancerosas pasan rutinariamente a través de un programa completo
de EMT probablemente sea simplista; en cambio, en muchos casos, las células
cancerosas pueden entrar en un programa EMT solo parcialmente, adquiriendo
así nuevos rasgos mesenquimales mientras continúan expresando rasgos
epiteliales residuales.
Distintas formas de invasión pueden ser la base de diferentes tipos de cáncer
El programa EMT regula un tipo particular de invasividad que se ha denominado
"mesenquimal". Además, se han identificado e implicado en la invasión de
células cancerosas otros dos modos distintos de invasión (Friedl y Wolf,
2008,Friedl y Wolf, 2010). La "invasión colectiva" implica nódulos de células
cancerosas que avanzan en masa hacia los tejidos adyacentes y es
característica, por ejemplo, de los carcinomas de células escamosas;
Curiosamente, tales cánceres rara vez son metastásicos, lo que sugiere que
esta forma de invasión carece de ciertos atributos funcionales que facilitan la
metástasis. Menos clara es la prevalencia de una forma de invasión "ameboide"
(Madsen y Sahai, 2010,Sabeh et al., 2009), en el que las células cancerosas
individuales muestran plasticidad morfológica, lo que les permite deslizarse a
través de los intersticios existentes en la matriz extracelular en lugar de
abrirse camino, como ocurre en las formas de invasión tanto mesenquimales
como colectivas. Actualmente no se ha resuelto si las células cancerosas que
participan en las formas de invasión colectiva y ameboidea emplean
componentes del programa EMT, o si programas biológicos celulares
completamente diferentes son responsables de coreografiar estos programas
alternativos de invasión.
Otro concepto emergente, mencionado anteriormente, involucra la facilitación
de la invasión de células cancerosas por parte de células inflamatorias que se
ensamblan en los límites de los tumores, produciendo enzimas que degradan la
matriz extracelular y otros factores que permiten el crecimiento
[Link] et al., 2010,Qian y Pollard, 2010,Joyce y Pollard, 2009);
estas funciones pueden obviar la necesidad de que las células cancerosas
produzcan estas proteínas mediante la activación de programas EMT. Por lo
tanto, las células cancerosas pueden secretar los quimioatrayentes que
reclutan las células inflamatorias proinvasivas en lugar de producir las propias
enzimas que degradan la matriz.
La abrumadora complejidad de la colonización metastásica
La metástasis se puede dividir en dos fases principales: la diseminación física
de las células cancerosas desde el tumor primario a tejidos distantes y la
adaptación de estas células a microambientes de tejidos extraños que dan
como resultado una colonización exitosa, es decir, el crecimiento de
micrometástasis en tumores macroscópicos. Los múltiples pasos de difusión
parecerían estar en el ámbito de la EMT y de los programas migratorios de
actuación similar. La colonización, sin embargo, no está estrictamente asociada
con la diseminación física, como lo demuestra la presencia en muchos pacientes
de miríadas de micrometástasis que se han diseminado con éxito pero nunca
progresan a tumores metastásicos macroscó[Link] y Fidler,
2010,McGowan et al., 2009,Aguirre-Ghiso, 2007,Townson y Cámaras,
2006,Fidler, 2003).
En algunos tipos de cáncer, el tumor primario puede liberar factores
supresores sistémicos que vuelven latentes a tales micrometástasis, como lo
revela clínicamente el crecimiento metastásico explosivo poco después de la
resección del crecimiento [Link] et al., 2008,Folkman, 2002). En
otros, sin embargo, como el cáncer de mama y el melanoma, las metástasis
macroscópicas pueden aparecer décadas después de que se haya extirpado
quirúrgicamente o destruido farmacológicamente un tumor primario; estos
crecimientos tumorales metastásicos reflejan evidentemente micrometástasis
latentes que han resuelto, después de mucho ensayo y error, el complejo
problema de la colonización de tejidos (Barkan et al., 2010,Aguirre-Ghiso,
2007,Townson y Cámaras, 2006).
Se puede inferir de tales historias naturales que las micrometástasis pueden
carecer de otras capacidades distintivas necesarias para un crecimiento
vigoroso, como la capacidad de activar la angiogénesis; de hecho, la incapacidad
de ciertas micrometástasis latentes generadas experimentalmente para
formar tumores macroscópicos se ha atribuido a su incapacidad para activar la
angiogénesis [Link] et al., 2008,Aguirre-Ghiso, 2007). Además,
experimentos recientes han demostrado que la falta de nutrientes puede
inducir una autofagia intensa que hace que las células cancerosas se reduzcan y
adopten un estado de latencia reversible; tales células pueden salir de este
estado y reanudar el crecimiento activo y la proliferación cuando los cambios
en el microambiente del tejido, como el acceso a más nutrientes, lo permitan
(Kenific et al., 2010,Lu et al., 2008). Otros mecanismos de latencia
micrometastásica pueden involucrar señales anti-crecimiento incrustadas en la
matriz extracelular del tejido [Link] et al., 2010) y acciones
supresoras de tumores del sistema inmunológico (Teng et al., 2008,Aguirre-
Ghiso, 2007).
Es probable que la mayoría de las células cancerosas diseminadas estén mal
adaptadas, al menos inicialmente, al microambiente del tejido en el que han
aterrizado. En consecuencia, cada tipo de célula cancerosa diseminada puede
necesitar desarrollar su propio conjunto de soluciones ad hoc al problema de
prosperar en el microambiente de uno u otro tejido extraño (Gupta et al.,
2005). Estas adaptaciones pueden requerir cientos de programas de
colonización distintos, cada uno dictado por el tipo de célula cancerosa que se
disemina y la naturaleza del microambiente tisular en el que se desarrolla la
colonización. Sin embargo, como se analiza más adelante, ciertos microentornos
tisulares pueden estar predestinados a ser intrínsecamente hospitalarios para
las células cancerosas [Link] et al., 2011,Talmadge y Fidler,
2010).
La diseminación metastásica se ha descrito durante mucho tiempo como el
último paso en la progresión del tumor primario de varios pasos y, de hecho,
para muchos tumores ese es probablemente el caso, como lo ilustran los
estudios recientes de secuenciación del genoma que presentan evidencia
genética de la evolución clonal del adenocarcinoma ductal pancreático a la
metá[Link] et al., 2010,Lübeck, 2010,Yachida et al., 2010). Por otro
lado, recientemente ha surgido evidencia que indica que las células pueden
diseminarse notablemente temprano, dispersándose a partir de lesiones
premalignas ostensiblemente no invasivas tanto en ratones como en
[Link] y Murray, 2010,Klein, 2009). Además, las micrometástasis
pueden generarse a partir de tumores primarios que no son obviamente
invasivos pero que poseen una neovasculatura que carece de integridad
[Link] y Semb, 2008). Aunque las células cancerosas pueden
diseminarse claramente desde tales lesiones preneoplásicas y sembrar la
médula ósea y otros tejidos, su capacidad para colonizar estos sitios y
convertirse en macrometástasis patológicamente significativas sigue sin
probarse. En la actualidad, vemos esta diseminación metastásica temprana
como un fenómeno demostrable en ratones y humanos cuya importancia clínica
aún no se ha establecido.
Más allá del momento de su diseminación, tampoco está claro cuándo y dónde
las células cancerosas desarrollan la capacidad de colonizar tejidos extraños
como tumores macroscópicos. Esta capacidad puede surgir durante la
formación del tumor primario como resultado de la ruta de desarrollo
particular de un tumor antes de cualquier diseminación, de modo que las células
tumorales primarias que ingresan a la circulación están dotadas fortuitamente
de la capacidad de colonizar ciertos sitios distantes del [Link] y
Fidler, 2010). Alternativamente, la capacidad de colonizar tejidos específicos
solo puede desarrollarse en respuesta a la presión selectiva sobre las células
cancerosas ya diseminadas para adaptarse al crecimiento en microambientes
de tejidos extraños.
Habiendo desarrollado tal capacidad de colonización específica de Tejido, las
células en las colonias metastásicas pueden continuar diseminándose, no solo a
nuevos sitios en el cuerpo sino también a los tumores primarios en los que
surgieron sus ancestros. En consecuencia, los programas de colonización
específicos de tejido que son evidentes entre las células dentro de un tumor
primario pueden originarse no a partir de la progresión tumoral clásica que
ocurre dentro de la lesión primaria, sino a partir de emigrantes que han
regresado a [Link] et al., 2009). Tal resiembra es consistente con los
estudios antes mencionados de metástasis de cáncer de páncreas humano
(Campbell et al., 2010,Lübeck, 2010,Yachida et al., 2010). Dicho de otra
manera, los fenotipos y los programas de expresión génica subyacentes de las
poblaciones de células cancerosas (y de las células madre cancerosas
discutidas más adelante) dentro de los tumores primarios pueden modificarse
significativamente por la migración inversa de su progenie metastásica
distante
Implícito en este proceso de auto-siembra hay otra noción: el estroma de
apoyo que surge en un tumor primario y contribuye a la adquisición de rasgos
malignos puede proporcionar intrínsecamente un sitio hospitalario para la
resiembra y la colonización por las células cancerosas circulantes que emanan
de las lesiones metastásicas.
Aclarar los programas regulatorios que permiten la colonización metastásica
representa una agenda importante para futuras investigaciones. Se está
logrando un progreso sustancial, por ejemplo, en la definición de conjuntos de
genes ("firmas metastásicas") que se correlacionan y parecen facilitar el
establecimiento de metástasis macroscópicas en tejidos específicos (Coghlin y
Murray, 2010,Bos et al., 2009,Olson et al., 2009,Nguyen et al., 2009,Gupta et
al., 2005). El desafío es considerable, dada la aparente multitud de distintos
programas de colonización citados anteriormente. Además, es poco probable
que la colonización dependa exclusivamente de procesos autónomos celulares.
En cambio, es casi seguro que requiere el establecimiento de un microambiente
tumoral permisivo compuesto por células críticas de soporte del estroma. Por
estas razones, es probable que el proceso de colonización abarque un gran
número de programas biológicos celulares que son, en conjunto,
considerablemente más complejos y diversos que los pasos precedentes de la
diseminación metastásica.