Calvinismo
sistema teológico protestante y un enfoque de la vida cristiana que pone el énfasis en la
autoridad de Dios
El calvinismo, también conocido como cristianismo reformado, fe reformada o iglesia
reformada, es un sistema teológico protestante basado en la tradición teológica y cultural
establecida por Juan Calvino y otros teólogos de la época. El calvinismo se originó en Suiza y
pone el énfasis en la autoridad de Dios sobre todas las cosas.[1]
La Biblia de Ginebra (1560) fue una de las primeras publicadas por protestantes. Lo fue en
Inglés, en Ginebra.
La tradición reformada fue desarrollada por teólogos como Martín Bucero, Enrique Bullinger,
[2] Pedro Mártir Vermigli,[3] Ulrico Zuinglio,[4] Teodoro de Beza y Guillaume Farel e influyó en
reformadores británicos como Thomas Cranmer y John Knox. Sin embargo, debido a la gran
influencia y al papel de Juan Calvino en los debates confesionales y eclesiásticos del siglo XVI,
la tradición llegó a conocerse con el nombre de calvinismo. Hoy en día, el término designa
también las doctrinas y prácticas de las Iglesias reformadas.[5]
Trasfondo histórico
Calvino influyó notablemente en el desarrollo de las doctrinas de la Reforma protestante. A los
25 años, en 1534, empezó la primera edición de su obra Institución de la Religión Cristiana,
que se publicó en 1536. Esta obra, que fue revisada en diversas ocasiones durante su vida,
además de la numerosa colección de cartas pastorales y comentarios bíblicos, constituyen la
fuente de la repercusión que ha tenido sobre todas las denominaciones del protestantismo a
lo largo de su historia.
El crecimiento de las Iglesias Reformadas o calvinistas pertenece a la segunda fase de la
Reforma Protestante. Tras la excomunión de Martín Lutero por la Iglesia católica, Calvino se
refugió en Ginebra. Había firmado la confesión de Augsburgo en 1540, pero su repercusión fue
más notable en la Reforma Suiza, la cual no era luterana, sino que se basaba en las enseñanzas
de Ulrico Zuinglio. La enseñanza y la doctrina protestantes estaban evolucionando de manera
independiente a Martín Lutero, bajo la influencia de muchos escritores y reformadores, entre
los que destacaba Calvino.
En el siglo XVI, el calvinismo se extendió por los Países Bajos y algunas regiones limítrofes de
Alemania, por Francia, Inglaterra, Hungría, Lituania y Polonia.
La emigración a Norteamérica llevó el calvinismo al Atlántico Medio de Estados Unidos y a
Nueva Inglaterra, donde la mayor parte de los colonos fueron calvinistas y también se incluían
a los puritanos ingleses, los colonos holandeses de la Nueva Ámsterdam y a los irlandeses-
escoceses presbiterianos de los Montes Apalaches.
Los colonos neerlandeses calvinistas fueron los primeros europeos que colonizaron África del
Sur. Fueron conocidos posteriormente como bóeres o afrikáneres.
En el siglo XXI, el conjunto de las Iglesias de inspiración calvinista reúne a unos 75 millones de
personas.[6]
Descripción general
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Numerosos teólogos no necesariamente relacionados con las iglesias reformadas han
contribuido a desarrollar la cosmovisión calvinista como se le conoce hoy en día. Entre ellos se
cuentan el teólogo holandés de origen flamenco Franciscus Gomarus; John Knox, fundador de
la iglesia presbiteriana; John Bunyan, predicador bautista y autor del best seller cristiano El
progreso del peregrino, y el teólogo norteamericano Jonathan Edwards, uno de los principales
protagonistas durante el resurgimiento espiritual denominado Primer Gran Despertar en los
Estados Unidos de mediados de siglo XVIII.
Doctrina calvinista
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En este artículo se detectaron varios problemas.
La gracia soberana
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El calvinismo enfatiza la depravación de la naturaleza moral humana hacia la necesidad de la
gracia soberana de Dios en la salvación. Según su interpretación Romanos 3:10-12 enseña que
las personas son completa escapar mente incapaces de seguir a Dios o de la condenación
delante de él y que solamente por intervención divina drástica, en la cual Dios cambia la
naturaleza misma del creyente (nuevo nacimiento), quitando el corazón de piedra y poniendo
uno de carne, pueden las personas ser convertidas de rebelión a obediencia voluntaria.
La vida es creer
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El conjunto de sistema teológico, eclesiástico y teorías prácticas de la iglesia, familia y vida
política es el crecimiento de una conciencia religiosa fundamental centrada en la soberanía de
Dios.
La doctrina de Dios tiene un lugar preeminente en cada categoría teológica, incluyendo el
entendimiento calvinista de cómo una persona debe vivir. El calvinismo presupone que la
bondad y el poder de Dios tienen un libre e ilimitado alcance de actividad y eso trabaja con la
convicción de que Dios obra en todos los aspectos de la existencia, incluyendo los aspectos
espirituales, físicos e intelectuales, ya sea secular o sagrado, público o privado, en la tierra o en
el cielo.
Según este punto de vista, el plan de Dios se trabaja en cada evento. Dios es visto como el
creador, preservador y gobernador de todo. Esto produce una actitud de dependencia
absoluta de Dios, la cual se identifica no solamente con actos temporales de piedad (por
ejemplo, la oración), sino que es un amplio patrón de vida que se aplica desde cada obra trivial
hasta la más importante. Para el cristiano calvinista, toda la vida es religión cristiana. Se trata,
por decirlo así, de una radicalización del luteranismo.
Los cinco puntos del calvinismo
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La teología calvinista es identificada en la mente popular como los "cinco puntos del
calvinismo", que son un resumen de los juicios (o cánones) presentados por el Sínodo de Dort
y que fueron publicados como una respuesta detallada (punto por punto) a los cinco puntos de
la Protesta Arminiana. Calvino mismo nunca usó tal modelo ni combatió nunca directamente el
Arminianismo. Estos puntos, pues, funcionan como un resumen de las diferencias entre el
Calvinismo y el Arminianismo, pero no como una suma completa de los escritos de Calvino o
de la teología de las iglesias reformadas en general. La aserción central de estos cánones es
que Dios es capaz de salvar a cada persona por quien él tenga misericordia y que sus esfuerzos
no son frustrados por la injusticia o la inhabilidad del hombre.
Los cinco puntos del calvinismo son:
Depravación total
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Un punto fundamental en el asunto de la salvación es proceder a una evaluación correcta de la
condición del individuo que se debe salvar, y no infravalorar el pecado. A la luz de las
Escrituras, el estado natural del hombre es de depravación total y, por consiguiente, una
inhabilidad total de parte del hombre para ganar, o contribuir a su salvación. El catecismo de
Heidelberg en su pregunta 8 dice: ¿Estamos tan corrompidos que somos totalmente incapaces
de hacer el bien e inclinados a todo mal? RESPUESTA: Ciertamente, si no hemos sido
regenerados por el Espíritu de Dios[7]
Cuando se habla de depravación total, sin embargo, no se refiere a que cada hombre es tan
malvado como pueda ser, ni a que el hombre sea incapaz de reconocer la voluntad de Dios; ni
tampoco a que sea incapaz de hacer algún bien hacia su prójimo o aún dar lealtad externa a la
adoración de Dios. Lo que sí se quiere decir, es que cuando el hombre cayó en el Jardín de
Edén, cayó en su ‘totalidad’. La personalidad completa del hombre ha sido afectada por la
caída, y el pecado se extiende a la totalidad de las facultades, la voluntad, el entendimiento, el
afecto y todo lo demás.
Elección incondicional
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La actitud de los hombres hacia la depravación total, como una declaración bíblica de la
condición natural del hombre, determina, por ello, la actitud hacia la doctrina de elección
incondicional. Ésta sigue a la doctrina de depravación completa. Si el hombre en verdad está
muerto, prisionero y ciego, etc., entonces el remedio para todas estas condiciones debe
descansar fuera del hombre mismo (esto es, en Dios). ¿Puede el muerto levantarse a sí
mismo?, la respuesta inevitablemente debe ser: “por supuesto que no”. Sin embargo, hombres
y mujeres son levantados de su muerte espiritual “nacidos de nuevo”, como lo proclama el
evangelio según San Juan; y como son incapaces de llevar a cabo esta obra por ellos mismos,
se puede concluir que es Dios quien los levantó. Por otro lado, como muchos hombres y
mujeres no han sido vivificados, se puede igualmente concluir que eso es porque Dios no los
ha levantado. Si el hombre es incapaz de salvarse a sí mismo, siendo la caída de Adán una
caída total, y si solo Dios puede salvar, y si no todos son salvos, entonces la conclusión debe
ser que Dios no ha escogido salvar a todos.
Expiación limitada
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Este tercer punto es el central de los cinco, el propósito de la muerte de Cristo en la cruz. Esto
no es accidental, porque la enseñanza de la Biblia ha puesto al hombre bajo del título general
de depravación total, o inhabilidad total. Segundo, como algunos hombres y mujeres son
indudablemente salvos, entonces tiene que haber sido Dios mismo quien los salvó en
distinción del resto de la humanidad. Esto es elección: “Para que el propósito de Dios
conforme a la elección, permaneciese…” [Rom 9:11]. Sin embargo, esta elección solo “marcó la
casa, a la cual la salvación debe viajar”, y una expiación completa, perfecta y satisfactoria
todavía era requerida para los pecados de los elegidos, para que Dios fuera no solamente un
Salvador, sino un Dios justo, y un Salvador”. Esta expiación fue realizada por la sumisión
voluntaria de Cristo a la muerte en la cruz, donde sufrió bajo la justicia de este Dios justo, y
procuró la salvación que Él, como Salvador, había ordenado. En la cruz, entonces y, sin duda,
todos aceptamos esto, Cristo soportó el castigo y procuró la salvación. Ahora se plantea la
pregunta: ¿por quién soportó el castigo?, y ¿para quién procuró la salvación? Hay tres caminos
por los cuales se puede viajar respecto a esto: 1. Cristo murió para salvar a todo hombre, sin
distinción. 2. Cristo murió para salvar a nadie en particular. 3. Cristo murió para salvar a cierto
número.
El primer punto de vista es el sostenido por “Universalistas”, a saber: Cristo murió para salvar a
todos los hombres, y así, muy lógicamente, asumen que todos los hombres serán salvos. Si
Cristo ha pagado la deuda del pecado, ha salvado, rescatado, dado Su vida, por todos los
hombres; entonces, todos los hombres serán salvos.
El segundo punto de vista implica que Cristo procuró una salvación potencial para todos los
hombres. Cristo murió en la cruz, pero aunque pagó la deuda de nuestros pecados, su obra en
la cruz no es eficaz hasta que el hombre se “decida por” Cristo y, de ese modo, sea salvo.
El tercer punto de vista dice que Cristo murió positiva y efectivamente para salvar a cierto
número de pecadores que merecían el infierno, en quienes el Padre había puesto su libre
elegible amor. El Hijo paga la deuda por estos elegidos, hace satisfacción por ellos a la justicia
del Padre, e imputa Su propia justicia a ellos, para que sean completos en Él.
Gracia irresistible
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" Gracia irresistible ", también llamada "gracia eficaz", afirma que la gracia salvadora de Dios se
aplica eficazmente a aquellos a quienes él ha determinado salvar (es decir, los elegidos) y
supera la resistencia de ellos a obedecer la llamada del evangelio, trayéndolos a una fe
salvadora. Esto significa que cuando Dios se propone soberanamente salvar a alguien, ese
individuo ciertamente será salvo. La doctrina sostiene que esta influencia intencionada del
Espíritu Santo de Dios no se puede resistir, sino que el Espíritu Santo, "hace que el pecador
elegido crea, se arrepienta y venga libre y voluntariamente a Cristo".
Perseverancia de los santos
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Si el hombre no se puede salvar a sí mismo, entonces, Dios tiene que salvarlo. Si todos no son
salvos, entonces Dios no ha salvado a todos. Si Cristo ha hecho satisfacción por los pecados,
entonces es a través de Él que somos salvos. Si Dios intenta revelar la salvación en Cristo a los
corazones de esos a quien él escogió salvar, entonces, Dios proveerá el medio de hacerlo
efectivamente. Si, por consiguiente, habiendo ordenado para salvar, murió para salvar, y llamó
a la salvación a esos quienes nunca podrían salvarse a sí mismos, él también preservará a los
salvos para la vida eterna para la Gloria de Su Nombre.
Las cinco "Solas"
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Artículo principal: Cinco solas
La teología reformada es enmarcada por las "5 solas", cinco frases en latín que describen una
limitación teológica de entendimiento, comenzando con la palabra latina "sola" (o su
declinación gramática apropiada). Estas no fueron formuladas en su presente estado desde un
principio, pero describen fielmente los conceptos teológicos que guiaron la Reforma
protestante.
Sola scriptura
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La Biblia es la única y final fuente de autoridad, de la cual se deriva toda doctrina, teología y
práctica religiosa aceptable para Dios. Absolutamente inerrante en los documentos originales,
infalible, exhalada por Dios, y única fuente de fe y conducta para el verdadero creyente.
(Gálatas 1:6-10; 2 Timoteo 3:16; 2 Pedro 1:3)
Sola fide
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La salvación es otorgada por medio solo de la fe. Esto en contraposición a las doctrinas que
enseñan que la salvación puede ser merecida por la fe que obra por amor. (Gálatas 5:6 ).
Sola gratia
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La salvación es por la gracia de Dios. La salvación es un don de Dios, por tanto, el pecador la
recibe por los méritos de Cristo alcanzados durante su vida, muerte y resurrección (Efesios
2:8).
Sola Christo / Solus Christus
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La salvación es obtenida solamente gracias a, y por medio de la obra sacrificial de Cristo en la
cruz. Excluyendo así todo otro camino para llegar a Dios (Hechos 4:12).
Sola Deo Gloria
La salvación, asimismo que todo lo que ocurre en la creación, es todo solo para la gloria de
Dios. Esta doctrina es en contraposición a cualquier doctrina que enseña o permita que algún
ser, aparte de Dios, pueda recibir la gloria en la obra de salvación. El propósito de la salvación
que recibimos es glorificar a Dios; poner de manifiesto las excelencias o virtudes de su carácter
(Efesios 1:4-6; 1 Pedro 2:9).