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Charquito
Estrellado
Queda hecho el depósito
pertinente en lo le g a l.
Impreso en el Uruguay — Printed in Uruguay
Este es un libro de la Editorial Cumbre
Montevideo - Uruguay
ABEL SORIA
Charquito
Estrellado
lbieuy 1091 Tcléf.
MONTEVIDEO - URUGUAY
EN PREPARACION:
PROXIMA OBRA DEL MISMO AUTOR,
LA CINCHA ttBOJfe”
Ecos del pago
¿1J. 1 ' * Si
í-í* ,S0RIA
LLUVIA DE TIEMPO
Cuando *mis manos — hiñas todavía—
entre el alba y la aurora de mis años
armaron torpemente la primera
parodia de un cigarro,
frangollaron también el primer verso,
¡lejanas travesuras de muchacho!
Las formas defectuosas no impedían
dialogar con las miisas. . . y el tabaco;
y en mi escondite verde
custodiado de pájaros
prolongaba mis horás de humo y coplas
en muda confidencia con el árbol.
Los paisajes de entonces
sumaban sus colores en mi cuadro
ante cuya luz viva se esfumaba
lo grotesco del marco
y empece a comprender por qué los hombres
tiene alma inmortal, siendo de barro.
En mi pago sin cerros no existían
tentaciones de cumbres para el canto;
entonces me bastaban las estrellas
que caben en los charcos
y el incansable viaje del arroyo
con sabor de raíces y de tallos.
Burucuyás y talas
me alcanzaban sus frutos en la mano
y me gustaba ver el espinillo
pequeño y siempre áspero,
qitc dé escardar el ponebo d e fe siesta
le quedaban vellones en los garfios.
Todo el paisaje verde
maduraba esperanzas en mi canto,
entraba por mis ojos, y salía ,
sintetizado en silbos por mis labios
y doraba la espiga de una estrofa
en vísperas de pan y de milagro.
Pero entró a llover tiempo sobre el niño
y creció la cañada de mis años
arrastrando promesas de cosechas
y ahogándome los nidos en el árbol.
Se me anegó el paisaje
pero aguas abajo,
vertical en, un lánguido reflejo,
se estira mi recuerdo como un álamo,
para salvar siquiera
mi grotesco cigarro.
Quién pudiera traerlo entre los dedos
hasta la superficie de mi llanto!
Su cruza d'é cocuyo y de cliurrinche
no ha de haberse extinguido ni en éf barro.
Lo espero todavía en la ribera
sentado en las resacas y soñando
que aún puedo, como ayer en mi escondite,
dialogar con las musas... y el tabaco!
AS9 B L é & M to 11
TORCAZAS
V
Dos manos de twfto abrieron
un boyo en la tierra c&iida
y sepultaron én él
una semilla extraviada.
Sepulcro con «na vida
germinando en sus entrañas!
Allí creció un árbol verde
como una cruz de esmeraldas.
Dos manos encallecidas
derribaron sn esperanza;
y, con espantados ecos,
el primer golpe del hacha
se multiplicó en sonoros
aleteos de torcazas
que abandonaron por siempre
la copa donde arrullaban.
Dos manos buenas y hábiles,
con cariñosa constancia,
hicieron del árbol muerto
mi sensitiva guitarra.
Con ella por los caminos,
en infatigable marcha,
voy derrochando inquietudes
y vuelvo ahorrando añoranzas
Dos manos torpes — las mías—
al árbol muerto le arrancan
flores de arpegios y acordes,
musicales ílores blancas
que antes de formar u.n ramo
pierden ¿olor y fragancia
porque con mis manos torpes
las estrujo al arrancarlas.
Mil manos busca mi sueño;
manos de sonoras palmas.
Quiero escucharlas, un .día
igual ,qqe a un. batir de alas
y que mi guitarra* crea
que son sus viejas torcazas
que vuelven buscando ansiosas
el árbol donde arrullaban.
• 5i SORÌÀ
MI VIDA SOBRE UN CAMINO
Al pie de ùn cerrp se acuna
un triste, sauce llorón
y ambos emplean. ;su don
disputándose la luna :
Uno baja a la laguna,
el otro yergue el testuz
Desde el Sur los vé la Cruz
pestañando en cuatro guías
y encienden, las Tres Marías
sus boleadoras de luz.
Mi flete, con el tambor
de su galope tendido,
le póne ritmo al silbido
que disimula" un dolor.
Ebrio del lunar licor
un viejo omini cabecea y
su copa que se ladea
derrama gotas de sombra ¡ -
■ '•que se encharcan en la alfombra
vegetal que lo rodea. ?
„'■ Qué pena me dio partir,
mujer denlos 'Ojos; pardos,'
la de los senos gallardos
y cápdidó sonreír. ; •
Flor que alegras mi existir,
cómo extraño, tus . fragancias !
Pero es qué existen .dos . aftsiás
distintas, dentro . dé tni :
Permanecer junto .a f i ^. . _•
y ñoviár con íás distancias.
Con ra^ó<i siento que el frío
me hace caricias de hielo
si tengo un poncho de cielo
que lo traspasa el rocío
y se me empapa en el río
cuya magia lo retrata;
además, la noche ingrata
me lo hace ver al trasluz
cribado a puntas de luz
por mil rodajas de plata.
Es mía la suerte loca
libar ansiosamente
el néctar dulce y caliente
de la rosa de tu boca.
Y como si fuera poca
la gloria de tu querer,
lejos hay otra mujer
a quien mil besos le llevo:
El ser a quien más le debo
porque le debo mi ser.
Y padezco sin embargo
porque entre tu amor y el de ella
duerme tendida una huella
su interminable letargo.
Recorro el camino largo
donde no encuentro sosiego.
Sólo en. cada extremo hay fuego
para el invierno del alma
y un jag-tiei^ ¡de amor que calma
mi amarga sed de andariego;
Tus jóvenes ojos bellos
qne embriagan con «as reflejo*
y sus beflos ojq^ viejos
donde bay toa re bit osdeat ellos ;
la noche de tus cabellos
y sus cabellos de armiño;
tu cariño y su cariño
con los que arrulláis mi nombre
t ú : diciendo adiós al hombre
y ella: recibiendo al niño.
La senda esquiva las frías
matas cubiertas de helada
y en su pena prolongada
prolonga las penas mías.
Hambrienta de lejanías
los [Link] se devora
y como flecha entradora
llevando mi silbo amargo,
cruza la noche a lo largo
y va a ensartarse en la aurora.
Derrama el alba el tesoro
dé su cofre de arrebol
de donde el picaro sol
recoge una libra de oro.
Ya se ve el rancho que adoro
a lo lejos, encogido,
ya sobre el trillo dormido
es menos fría la escarcha,
más apurada la marcha
y menos triste el silbido.
QUEJRJENCIA
Subido en la cuchilla .mira al. camino.,
y a modo de visera, por ver más lejos,
pone sobre los ojos de .sus .ventanas.,
una mano vigía: j a de, su alero. '
Es el cofre de barro, de mi inocencia,
es la pena del . tibio , nido paterno
que en actitud cansada de larga espera
hace mucho qué sueña con mi. regreso.
Allí está el tala grande de tronco firme
que conoce la historia de ,mis abuelos;
y como antes me tientan, sus frutos . de oro,
pedacitos de soles y . de luceros.
Los postes que en un tiempo. fueron palenque,
los viejos espinillos: en [Link]», <
Con los brazos del» pozo se despereza
la cabeza del horno, ;siempre con ¡stjeñp.
' •' *'• ' ■ v . -' • *■ .
Aquí tuve mi mundo de dichas blancas;
aquí me vio la luna cuando pequeño
perseguir silencioso de yuyo en yuyo
estrellitas con alas junto al sendero.
A veces, con los ojos en lo infinito,
envidioso, sentía la voz del viento:
A él le daban guitarras los alambrados
y escuchaban sus cantos de gran viajero.
Y cuando pastoreaba sobre el rastrojo,
1
montado en el petizo panzón y lerdo,
cuántas veces las vacas se me extraviaron
por andar distraído buscando versos.
Cómo lloré la falta del perro amigo
que se perdió una tarde rumbo al estero
y volvió con bicheras a los tres días
a morir en el patio del rancho viejo.
Cuando -pase la muerte por esta choza,
cuando no deje a nadie bajo su techo,
cuando al pozo le borre su eaminito
y herrumbre .su chicharra con el silencio,
’ Nadie toque mi rancho... no lo destrocen;
déjenlo en la cuchilla tocando el cielo,
que por seguir soñando con mi retorno
resistirá la furia de los pamperos.
No derriben el tala de tronco firme;
dejen que de su itmerte se encaigue el tiempo..
No cierren la tranquera que nunca supo
rechazar el cansancio de los viajeros.
Porque cuando me sienta* COn poea vida
quiero volver al sitio de mis recuerdos
y. a la sombra de todo lo qit^ ^ue m'°
ciar el último aullido... como' itti peno!
PEREGRINO
En este rinconcito tuve mi cuna...
■ • • y al contemplar sus sombras vuelven acpiellas
inolvidables horas blancas v bellas
de la edad que se añora como ninguna.
Conozco esas goteras, una por una,
que en el piso del rancho siembran estrellas
cuando el sol de la siesta se filtra en ellas
0 penetran chorritos de miel de luna.
Sé los nudos que tiene cada tijera ;
los conté muchas veces en mis desvelos
cuando por esos álamos paralelos ,
mis insomnios subían a la cumbrera.
Cada objeto sabía de mi quimera,
de la sed afiebrada de mis desvelos: ^
. . . sobre todo ese cuadro de mis abuelos
y el ángel que cuidaba mi cabecera.
De frente a estas paredes, mi edad temprana
sufría largas horas de penitencia
cuando una travesura de mi inocencia
le agregaba a mi madre una nueva cana.
Desde aquí dialogaba con el mañana
soñando despedirme de la querencia
y el camino, estirado desde la ausencia,
me alcanzaba promesas por la ventana.
Ahora que el dulce bálsamo del regreso
mitiga la amargura de mi fracase»,
el patio me recuerda mi primer paso,
el marco de la puerta el primer tropiezo;
esas mejillas mustias, el primer beso;
ese cuello agrietado, el primer abrazo
v mis primeros llantos, ese regazo
ya demasiado frágil para mi peso.
Aunque vuelva a marcharme — pues mi destino
está en los horizontes color de r o s a -
muchos retornos trémulos a esta choza
podrán más que la hierba sobre el camino.
Me quedaré del todo cuando, cansino,
busque un sitio en el patio para mi fosa
sobre la cual, mi lira, como una losa,
ostentará este rótulo: Peregrino.
FINAL
Me sorprenden los perros sorprendidos
al volver a mi hogar después de mucho;
me morderán talvez, porque no escucho
el "¡juera!” que humillaba sus ladridos.
Y cuando les pregunto: ;X o recuerdan
al muchacho que hablaba siempre a splas?
con el N O afirmativo de sus colas
me espantan el temor de que me muerdan.
El rancho en que mi madre vive sola
——cofre de amot donde mis sueños guardo
tiene el adorno áspero de un cardo
en cada sitio en que hubo una amapola.
Penetró' en tsu calor q¡ue reverencio,
respondo al beso maternal y luego
a una silla vacía junto al fuego"”
le digo "Buenas noches” en silencio.
Después que en suave roce con mi frente
se humedecen de paz dos manos mustias,
como adentro no caben dos angustias
llevo al patio la mía. lentamente.
Por vez primera sobre el banco largo
cimarroneo solo mientras fumo:
Qué sabor tan extraño tiene el humo
y qué pronto se "lava” el mate amargo
El silencio es más triste y más callado;
y hasta las matas trémulas, el viento
desciende en vano a recoger un cuento
del antiguo carrero fatigado.
Mi madre, con su lagrima secreta,
ha tendido las rosas estivales
de un mantel cuyas blancas iniciales
la vuelven a su ayer de novia inquieta.
Impera por doquier honda tristeza
como dueña y señora de la choza,
preside nuestra cena silenciosa
sentada con nosotros a la mesa.
Al pan le da sabor de sufrimiento
— fue salada con lágrimas la harina—
bebe en la jarra de agua cristalina
y empaña su cristal con el aliento.
Me siento ante el fogón, junto a la pava;
a mientras una imagen de oro evoco,
su chicharra enmudece poco a poco
como diciéndome “Todo se acaba .
. . .Y un leño que fue novio de la brisa
en su pasado de aves y perfume,
aA'anza inmóvil, mientras se consume,
hacia el destino gris de la ceniza ..
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Pétalos
ROMANCE A PACIFICO BOSQUE
Como esos pájaros mudos
que de niño vi en los bosques
mezclados a la bandada
de sus hermanos cantores,
entre los hombres que cantan
cantó el silencio de un hombre;
de esos hombres cuyo canto
es todo un himno sin voces,
Como un charco silencioso
junto al orroyo que corre
retrató los mismos cielos
y los mismos camalotes.
Porque su mutismo erguido
et a como el de una torre
sosteniendo junto al cielo
mil esperanzas de bronce.
Fue un padre sacrificado
y su familia fue enorme
puesto que fueron sus hijos
. todos los bohemios nómades.
Cofre de bondades de oro
para los artistas pobres
ofreciendo a manos llenas
su viejo amor siempre joven.
Pero él no fue un artista
sino simplemente. . . un Hombre;
árbol para los viajeros,
tuvo más sombra que flores.
No fue músico. . . Sus manos
eran demasiado torpes;
incapaces de arrancar
la flor azul de un acorde.
Más. para juntar milagros
v para sembrar favores
eran hábiles las manos
de don Pacifico Bosque.
No fue payador... Acaso
no aprendió a portar el polen
de las bellezas que exhiben
su dulzura como flores
para que el trovero-abeja
con zumbidos de bordones
y alas inquietas de sueños—
constantemente elabore
en el panal de su música
dorada miel de canciones.
Y en vez de mostrarse en versos
se mostraba en las acciones
sangrando su amor la musa
de don Pacífico Bosque.
No fue actor... No poseía
ese don de los actores
que permite “fabricar”
ademanes y expresiones.
En el arte" de fingir
jamás triunfaría un hombre
tan sincero y espontáneo
como Pacífico Bosque.
Nunca llegó a ser badajo
pero fue estaño y fue cobre
que muchos sueños fundieron
en realidades de bronce.
Su bautismo fue un milagro:
no pudo haber otro nombre
que le quedara tan bien
como Pacífico Bosque.
Porque lúe un bosque pacífico
su protección muda v noble
abierta sobre esos pájaros
eternamente cantores
cuyos gastados gorjeos
salen a escarbar la noche
en procura de una miga
para un, nido con pichones.
“¿Dónde habrá ovillos de plata
para un tejedor de acordes?”
“¿Dónde un escenario libre
que necesite cantores?”
“¿ Y dónde un cómico hambriento
podrá vender esta noche
por la lunita de un níquel
una lágrima salobre?”
Así erraban los bohemios
con sus interrogaciones
que siempre hallaron respuesta
de don Pacífico Bosque
Así giraban sedientos
en torno a la vieja torre
como campanas monótonas
repitiendo: “¿Dónde?”
"¿ Dónde ?”
Así las aves perdidas
siempre encontraban un norte
siguiendo el índice sabio
de don Pacífico Bosque
Murió un día como él: mudo,
sin sol, sin trinos ni flores.
(Ouién sabe dónde habra migas
para un nido con pichones!)
- ¿1 que encabezó mil veces
las caravanas enormes
que ovacionaban los triunfos
de sus hermanos de entonces,
esta vez encabezada
otro cortejo muy pobre:
Sus familiares cercanos
y dos o tres payadores.
Lo dejaron casi solo,
sin. rezos y sin adioses;
tal vez portpie ya era en vano
preguntarle “¿Dónde:. . ; Dónde?”
En un rincón triste y trio
del Cementerio del Norte
existe una nueva tumba.
Pienso que sobre ella hay flores;
bajo las flores, quizás,
una lápida de bronce
y en la lápida, imagino,
una cláusula y un nombre:
“ Aquí, donde todo es mudo,
yace i V i fico Rosque”.
A veces sueño que tiene
francas lagrimas salobres
de cien bufos que en escena
tan sólo su' llanto esconden.
Separados en un rezo
labios que saben canciones
v pegadas en un ruego
manos que tejen acordes.
I ero me despierto v siento
los pájaros de la noche
que cantan lejos... muv le jo s
de las ruinas de la torre.
. . . 1 el ¿Dón-de? de una campana
me llega como un reproche.
HASTA SIEMPRE, CORDOBA
Feliz destino de árbol la cruz que empuño!
soñaba con ser nube cuando era astilla;
soñaba con un mundo de maravilla
y fue por fin, guitarra... voz de un terruño.
Con raso de caricias su cuerpo bruño,
de luna cordobesa su caja brilla
y es cada nota frágil azul semilla
que arrojo al surco fértil desde mi puño.
Ciclópea la sorpresa de su pupila
admira a La Cañada que arrastra cantos
y en oro multiplica los gilvos llantos
altísimos del astro que la vigila.
Un mundo de paisajes por mi desfila.
descorro a las distancias los grises mantos
v Jogro reencontrarme con los encantos
del libro de recuerdos de Capdevila.
Un marco de horizontes, celoso encierra
el lienzo policromo que la palabra
llevar no puede al verso, por más que abra
senderos en los cuales el numen erra.
Ranchitos en la falda de alguna sierra,
algún burrito triste y alguna cabra
v allá, donde el paisano cantando labra,
simiente y copla vuelven bacía la tierra.
Hermosas tardecitas muriendo ahogadas
en lagos donde Febo su rostro asoma!
Dialogan manantiales que, en raro idioma,
traducen el embrujo de un cuento de hada
Regresan los changuitos” con su> majadas
nevando la pendiente de cada loma
y a>re pierde trinos ganando aroma
de locio, de alfajores y de empanadas.
Chocando con los cerros la luna quiebra
su faz de porcelana, febril de asombro.
3 llue\ e sobre el río su fino escombro
escamas que lo acudan a ser culebra— .
I-.a noche enciende fiestas: Ritmo v ginebra!
estoy con el “legnerò” y el “chifle” al hombro
y, oyendo amar la tierra que en versos nombro,
dcshílanse las sombras, hebra por hebra.
Cn Córdoba las horas se van veloces :
A golpes con los parches en sus desvelos
y a 8'oIpes con los yunques forjando anhelos,
los hombres son querubes v luego, Oioses
^ cantan las industrias con férreas voces
y humeantes chimeneas con sed de cielos
se yerguen cual cien brazos con cien pañuelos
cjue enjugan llanto humilde v alzan adioses.
Me voy. Como un lucero mi canto riela
sangrando por tus cumbres con mal de puna!
Adiós, hermosa Córdoba, dulce cuna
del sueño de esta lira que nadie vela.
^ cuando a la distancia mi mano duela
lo mismo que si el ébano fuera tuna,
cantando remembranzas veré tu luna
redonda en el insomnio de mi vihuela. ..!
T
ROMANCE a PAYSANDU
t
Pa\ sandú : Cuando tu nombre
se hace rima, tiempo v ritmo,
del cencerro de una copla
cuelga el badajo de un himno.
Paysandú: Cuando mis labios
gustan tu nombre dulcísimo,
siento crecer en la sangre
las estrofas en racimos.
Y siento la piel morena
como la piel de Gabino
para saludarte en cruz
con mi oscuro ébano antiguo.
Prisionero de la infancia,
para dialogar contigo,
pude, a veces, asomarme
por el ventanal de un libro;
v te mostrabas entera,
majestuosa junto al río,
susurrándole a mis ansias
como un caracol marino.
Traspuse el muro del tiempo
escapándome del niño
v vengo a graduarme nómade
hollando tus campos indios;
a ser eco en el rincón
del Queguay y del Pdanquillo
donde el último charrúa
suavizó el último grito.
A resistir con Bicudo,
ABEL SORIA
-- -------------------- -- T
ROMANCE A PAYSANDU
Pa> sandú : Cuando tu nombre
se hace rima, tiempo y ritmo,
del cencerro de una copla
cuelga el badajo de un himno.
Paysandú: Cuando mis labios
gustan tu nombre dulcísimo,
siento crecer en la sangre
las estrofas en racimos.
Y siento la piel morena
como la piel de Gabino
para saludarte en cruz
con mi oscuro ébano antiguo.
Prisionero de la infancia,
para dialogar contigo,
pude, a veces, asomarme
por el ventanal de un libro;
v te mostrabas entera,
majestuosa junto al río.
susurrándole a mis ansias
como un caracol marino.
Traspuse el muro del tiempo
escapándome del niño
v vengo a graduarme nómade
hollando tus campos indios:
a ser eco en el rincón
del Queguay y del Blanquillo
donde el último charrúa
suavizó el último grito.
A resistir con Bicudo.
sereno frente al peligro,
y a sufrir con Leandro Gómez
las amenazas del Sitio.
A derramar la memoria
sobre el recuerdo de un siglo
para moldearme en ejemplos
de nobleza y heroísmo.
Paysandú: En ti me detengo,
en ti me elevo y germino
porque merced a tu escudo
sov Ancla, Meseta v Trigo
Y aprendo las tres palabras
del poema de tu simbolo:
“Progreso, Paz y Trabajo"
para sumarme a tus hijos.
Con acordes guitarreros
te arrulla un cordaje líquido
enjoyado, por la cinta
de tu firmamento limpio.
Los sauces enjuagan nubes
con su.s largos dedos tímidos
y la espuma llega en copos
festoneando el margen niveo.
¡ Color el de tus paisajes!
acuarelas de plantíos
que las cuchillas protegen
con un marco de granito.
Belleza la de tu suelo,
grandeza la de tus hijos,
historia la de tu historia
que nutren el canto mío.
Este canto que por ti
se eleva desde los grillos
con alas de águila azul
insaciables de infinito.. !
A MI HIJO
Para Jorgito
Trayendo en las manos un tibio manojo
empapado en alba recién encendida,
al gritar mi sangre, surgió con tu vida
el eco celeste de su grito rojo.
Lo mismo que un árbol que a la tierra lanza
su primer semilla, naciendo otra vez,
cual su verde copo, mi verde esperanza
ve un tallo flamante creciendo a mis pies.
Igual que una luna rodeada de estrellas
que confiada deja que las aguas viajen
llevándose todo pero no la imagen
de su asombro blanco reflejado en ellas,
vo también, rodeado de alegrías dejo
que al viajar, el tiempo se lleve o destruya
mi fuerza, mi canto pero no el reflejo
de mi vida blanca grabada en la tuya.
¡Oh, manos ingenuas (pie quiebran el lago
por tocar un astro de azul terciopelo.
¡Oh, pupilas negras que muestran el cielo!
¡Oh, zapatos blancos que me hacen rey mago
El I lO Y de la dicha nos da una ventana
puesta entre la aurora y el atardecer;
tú, por mis cristales miras tu M A Ñ A N A
y ° ' l)or tuyos contemplo mi A Y E R .
Desde que la aurora de marzo te trajo
se endulzan mis labios con nuevas canciones
y en la torre inmensa de mis ilusiones
mi campana muda ya tiene un badajo.
En mi larga senda tu vida promete
proteger mi dicha, mi risa, mi sueño.
¡Oh, mi buen amigo, préstame un juguete
que ante tu grandeza me siento pequeño..!
A MI HIJA
/
para Anabelita
Tiene los ojos claros, plenos de luz mi niña,
como dos uvas verdes antes que el sol de marzo
cuaje de lentejuelas lívidas cada zarzo
v haga enlutar de fiesta pródiga cada viña.
Cuando el rosal con púrpura todas sus flores tiña,
cuando el trigal con oro bañe sus tiernas ondas,
celos de sus mejillas — flores de piel redondas—
han de sentir las rosas en su fugaz reinado
v en las espigas áureas envidiará el sembrado
su cabecita angélica, faro de luces blondas.
Nuestro existir comienza cuando por ley divina
dárnosle vida a un hijo que ha de tener un alma.
Sólo se vive amando, porque , el amor es calma,
porque la muerte empieza cuando el amor culmina.
Y hay un amor que dentro del corazón germina
con un feliz destino que es el de ser eterno.
No he de morir vo nunca, porque el amor paterno
cumple el azul milagro de embalsamar la vida.
Cuando me llaman “Padre”, siento que está encendida
toda mi savia en rosas para que no haya invierno.
Tiene los ojos claros, plenos de luz mi niña,
como dos uvas verdes antes que el sol dé marzo
cuaje de lentejuelas lívidas cada zarzo
v haga enlutar de fiesta pródiga cada viña.
Como el labriego a solas ante la gran campiña
donde los astros bajan a derrochar destellos,
como el marino absorto bajo los astros bellos,
como el creyente humilde frente al Altar, de hinojos,
cuando mi niña rubia pone ante mí sus ojos
sé que es pequeño el hombre... porque me miro en ellos!
NOCHE DE REYES
Los grillos — chasquido bajo
de altas rodajas de estrcdlas—
cierran la puerta del día
con cien bisagras resecas
pa’que no escape el silencio
que julepiao malicea
que son cien duendes que arrastran
pedacitos de cadena.
1.a guadaña de la luna
cortó en dos su propia esfera
y la mitad cavó al lago
como una tajada fresca.
Afiehrao por el verano
duerme el campo su sueñera
v le dan "chuchos” de luz \
con un temblor de luciérnagas.
Ks noche de Reyes Magos.
Dentro de un rato, tres bestias
cruzarán con las jorobas
agrandadas de promesas.
Pancho C ruz está en el palio
con su guitarra v su pena;
el niño duerme en el rancho
soñando su dicha nueva.
Mañana saldrá descalzo ,
pa mirar con qué lo esperan
¿
ijf?
u
las alpargatitas rotas
que dejó al lao de la pueita.
Pancho Cruz — pena y guitarra
está cantando una décima
pa olvidarse que los Reyes
V no llegan donde hay miseiia.
Y pensar que los camellos
i allí, junto a. la tranquera
y
tienen un balde con agua
j,f.?
v un [Link] avena.
íf
%
Pero cruzarán de largo
en busca de otras querencias
con ración más abundante
4 y alpargatas menos viejas.
Tancho Cruz mira el camino:
La pulperia está cerca
y él sabe que la. han surtido
de chucherías noveleras
r-
pa que se acerque a nutrir
sus alforjas la leyenda.
Pero, ¡con qué va a pagar!
sino-de queda otra prenda. .
que esa guitarra que un día
le dejaron e.n la puerta
los últimos Reyes Magos
de su lejana inocencia!
¡ Y no la puede empeñar!
Juró no apartarse de ella
v han cumplido veinte años
la guitarra y la promesa.
No puede enviudar de nuevo
“enterrando" la vihuela,
ataúd que guarda vivo
el recuerdo de una muerta;
manantial lleno de alivio
pa remojar su tristeza;
ternura que es en su vida
madre, novia y aparcera.
El niño duerme en el rancho
sobando una dicha nueva;
mañana saldrá descalzo,
sentirá frío en la puerta
y recibirán dos lágrimas
sus alpargatitas viejas.
Pancho Cruz mira el camino:
La pulpería está cerca
y allá marcha decidido
a hipotecar su promesa.
^ * * * * * • • ,
El niño sigue dormido.
Mañana, cuando amanezca
verá que un Rey distraído
le dejó una alforja entera.
Y Pancho Cruz, por la noche,
recostao a la pobreza,
tendrá una voz de zorzal
cantando “a pulso’* sus décimas.
CANCION DE NOVIEMBRE
Una laguna en la playa
como escapada «leí río
v un plenilunio de estío
sumergiendo su medalla.
Hora en que la fronda calla
para que el rocío siembre
diamantes en el urdiembre
de las arañas borrachas,
tejido con las hilachas
de los astros de noviembre.
Yo también con loca prisa
por zurcir mis versos truncos
enhebré agujas de juncos
con hilos de luna y brisa.
Rozaba el agua plomiza
mi musa inquieta y alada
y de súbito, ataviada
con sus encajes de fiesta,
voló a la margen opuesta
y encarnó en tu cuerpo de hada.
Te descalzaste en la arena
y, poco a poco, tus pies
hundieron su timidez
en la paz líquida y buena.
Pisaste la luna llena
y al romper su faz bruñida,
sangró en círculos la herida
de la superficie mansa
alcanzándome la danza
de til imagen diluida.
Sobre la blanca rodilla
recogiste bien la enagua
por que no envidiara el agua
la espuma de tu puntilla.
Al acercarte a la orilla
suspiró el aire en la fronda
y íue niás grande y redonda
la sorpresa de la luna.
¡ No haber sido, la laguna
1,11 poquitito más honda!
Aunque el diablo en tierra firme
planeaba un fatal encuentro,
continuaste bosque adentro
sin verme ni presentirme.
^ no quise interrumpirme
poique, oculta en el juncal,
recién la estrofa iqicial
de este verso florecía.
...Además yo no quería
que fuera triste e l final.
CANCION DE JUNIO
Mientras dulce y soñadora
vigilaba su rebaño,
junio y vo le hicimos daño
a la inocente pastora.
Mis pies iban por la aurora
detrás de una vidalita
y al verla ingenua y bonita
bajo el copudo algarrobo,
incitó mi hambre de lobo
su faz de Caperucita.
Con excusas de rocío
v con pretextos de escarcha,
cuando detuve la marcha
disimuló tln siidor frió.
Las manos en su extravío,
más que gélidas, nerviosas,
se frotaron temblorosas
hasta que luego, tranquilas,
dejando de ser dos lilas
volvieron a ser dos rosas.
Sus labios se hicieron rojos
quemando un tono violeta
cuando al beber en su grieta
le contagié mis antojos.
Bajó rendida los ojos
v sangró su flor temprana
mientras iba la mañana
diluyendo en cerrazón
el trashumante vellón
de un rebaño sin guardiana.
Pasó el tiempo. Un sauce llora
y dobla el verde testuz
sobre la pequeña cruz
de la inocente pastora. _
Desde el ocaso a la aurora
mi desvelo y mi querella
oyen un cantar, Es ella
que rodeada de querubes
cuida un rebaño de nubes
desde el umbral de una estrella.
Me han parecido los junios
más fríos después de aquello
y han filtrado en mi cabello
congelados plenilunios.
Cuando con mis infortunios
llego hasta el sauce llorón
y gimiendo una oración
arrepentido me postro,
siento rocío en el rostro
y escarcha en el corazón.
SU RECUERDO
Poderosa magia que en paz reverencio
paulatinamente, noche a noche puebla
de suaves cocuyos la frágil tiniebla, t
de frágiles grillos el suave silencio.
De luces el lago sumido en la calma,
de sombras el bosque con silencio de aves,
el aire de aromas profundas y suaves
y de mil recuerdos queridos' el alma.
La ciudad me ahoga porque siento en ella
su voz y mutismo de acero y asfalto,
más baja mi inano y el cielo más alto.
¡ Y yo bebo siempre la primera estrella!
Por eso el crepúsculo al campo, me aleja
para que mis ojos al lago le roben
todo el oro viejo de la luna joven
y a la hierba joven su esmeralda vieja.
Tendido en el musgo, como antes la espero
y al adormecerme, siento que me toca
la piel de sus labios que besan mi boca
y luego al oído me dicen: Te quiero .
La escucho que ríe, la siento que llora,
ante su fantasma, temblando me postro,
entonces, de pronto, se esfuma su rostro
como las estrellas al llegar la aurora.
Poderosa magia que en paz reverencio
paulatinamente, noche a noche puebla
de suaves cocuyos la frágil tiniebla.
de frágiles grillos el. suave silencio.
\ cuando con trinos el bostjue despierta
retorno al asfalto de estar con la brisa,
la luna, el silencio, y el llanto y la risa
y Ia imagen viva de una novia muerta.
De tierra adentro
F
t.
î i
l;,
F :
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i
t
CHUZAS DE CARDO
é No me juyas ansina cuando te miro;
no te muestres ingrata con quien precisa
!’ que piadosa le emprestes una sonrisa,
una mirada güeña y algún suspiro.
No te finjas matrera pa que te siga
porque contra mi orgullo va a ser al ñudo
derrochar tu pacencia como la hormiga
que cincha a tironcitos del cascarudo.
Z&sr*An*3gr~
¿Por qué te haces la arisca como el chingólo
cuantito busco el cielo de tus miradas í
¿Pa qué perdés el tiempo tendiendo armadas
.
si dándome licencia, yo dentro solo?
¿Pa qué diantre, chiruza, tanto rodeo
f si estoy pronto hace mucho pa la carrera
i ' y espero sobre el pingo de mi deseo
■ con los sentidos puestos en la bandera?
£ #
En lugar de esconderte cuando me arrimo,
dame algunas leñitas pal trafoguero
' • y ayúdame a decirte cuánto te quiro
porque sos tan relinda qne ño me animo.
Preparándole trampas a mi paloma
verás que no devora ni un solo grano
porque es mucho más fácil hacer que coma
dejándola que pose sobre tu mano.
¿O es que tus vanidades — armas secretas-
esperan, a la cuenta, verme a tus pieses,
implorando a balidos como las reses
cuando sienten la marca por las paletas?
i Qué qúerés, si es ansina, que yo te diga!
Puede ser que me duebles. . . pero lo dudo
aunque gastes pacencia como la hormiga
cinchando a tironcitos del cascarudo.
ABEL SORIA
MILONGA SIMPLE
En la noche larga y fría
de mi soledá tan triste
no hay l u z ... y eso que esta llena
la media luna del chiílel
Pero no quiero vaciarlo.
T a muy lejos el boliche
y yo chupo, únicamente
pa las muelas y la gripe.
Y áhi lo tengo pa rimedio.
¡Y o en vicios no gasto un níquel!
Me he mamao mucho de besos
pero de alcohol... ¡Dios tne libre!
Pal arisco de mis penas
soy como un palenque firme...
además, mis .amarguras
no hay caña que las alivie.
Pa mejor no sé cantar
más que una milonga simple
v entonar y hacer memoria
se me hacen cosas difíciles.
Tendría que haber aprendido
estilos hondos y grises
pa que lloraran por mi
la imagen que me persigue.
Ella, conmigo jue huraña
y yo con ella juí humilde.
Yo tenía todc de santo
y ella... la cara de virgen.
Menos mal que en el amor
jui siempre medio alarife
y aivertí a tiempo el pantano
antes de dentrar y hundirme.
Balando en vez de rugir,
juyí pa evitar un crimen.
Me pareció más mejor
ser cordero eii vez de tigre.
De haber seguido embobao
sin alvertir sus ardiles,
a estas horas ya tendría
con qué hacerme un par de “chifles”.
\
PERO NADA MAS
Me encontró solito
detrás del talar.
Me encontró solito
con mi soiedá.
Yo buscaba un verso
bien primaveral.
Ella, sin saberlo,
me vino a ayudar;
v pa conservarlo
guardao en cristal
le miré los ojos,
pero... nada más.
La siesta tenía
un poncho de paz.
La siesta tenía
pereza de andar
aunque las chicharras
gastaban su afán
clavándole espuelas
de grueso metal.
La moza me hablaba
y yo, sin hablar,
le agarré una mano,
pero..... nada más.
Me ofreció su boca
de burucuyá.
Me ofreció su boca
jugosa y frutal
pa que mi deseo
juera mangangá.
Bajando los párpados
se escondió detrás
pa dejarme solo
bebiendo un panal
y yo le di un beso,
pero.. . nada más.
Mis manos evocan
su talle estival.
Mis manos la evocan
en mi guitarrear
palpando caderas '
de jacarandá.
Evoco mi pena
de verla llorar
cuando en un susurro
de miel y de sal
le dije: ¡Te quiero!
. . . Pero. . . nada más.
Su vientre de‘ luna
se empezó a llenar.
Su vientre de luna
pronto alumbrará.
Lo lleva colgando
como un semental;
semilla dé sangre,
tibieza de pan.
Y por el tamaño"
se adivina ya
que serán mellizos,
pero. . . nada niás. ' _
EL EMPLEO
— “Gütno, m’hijo; No sé como expresarle
mi gratitú, mi orgullo y mi contento.
Carcule que no es fácil pá su tata
— curtido y alfabeto—
encontrar, como usté, palabras anchas
pa darle puerta libre al sentimiento.
Lo felicito, antigo,
v además le agradezco,
por darme este gustazo que no cabe
cil el brete ajustao de mi proseo”.
El viejo Etanislao cotempla al mozo ,
cómo si contemplara a un monumento:
El muchacho es de bronce
y ha crecido.. . por dentro
sobre un enorme pedestal de libros
que juntó en cuatro “zafras de Liceo.
Desde la estiva azul de esa cosecha,
con las manos podrá tocar el cielo
que el padre no alcanzó con la picana -
hundido en su destino chacarero.
Sí ya emplumó al abrigo del estudio,
sus' alas de papel irán muy lejos;
v ahora, le señala torpemente
el rumbo de su vuelo
un índice tan hecho a la manceia
que no apunta derecho:
— “ listé, m’hijo, ha cumplido; y es justicia
que todo sacrificio tenga un premio.
Yo le prometp hablar con el caudillo
pa agenciarle un empleo
ande no tenga que romperse el alma
ni depender del cielo;
que un mozo preparao bien se merece
tener poco trabajo y mucho sueldo.
T o ta l... pa cosechar ese milagro
agatas se precisa echar adentro
del surco angosto y corto de la urna
la semilla de un sobre con secretos”.
— No puedo obedecer — contesta el joven_
y no piense por eso
que los [Link] se llevan sobre el lomo
las árganas sagradas del respeto.
Su inocente intención me reconforta;
yo también le agradezco;
mas, no soy tan “infiel” que necesite
un “padrino” que va a mirarme el “pelo”
antes de bautizarme “Empleado público”
en la “pila” sin paz del Presupuesto,
donde son tantos a meter la mano
que llegará a mostrar el fondo seco.
— ¿ Y entonces... qué va a hacer?
— Arar la tierr
— ; Y pa qué jue al Liceo?
-—Fui porque, para todos, el estudio
“es una obligación y es un derecho”.
La fortuna de la salmluria
de los. grandes maestros
es legada sin límite en los libros
que son un testamento.
Yo fui a cobrar mi parte de la herencia
y ya estoy de regreso
porque no hay ningún libro que aconseje
despreciar lá mancera por un “puesto”.
Ahoia que tengo luz, que soy luciérnaga,
haco falta
en ct campo donde espero
que se enciendan conmigo y que iluminen
los cascarudos ciegos.
Apartando los ojos del muchacho
mira el viejo> su chacra... (Campo mueito
ciue volverá a vivir cuando la reja
lo envuelva en un crespón de luto nuevo).
«_y . . . si usté quiere, m’h ijo ... \ a es la hoia
Vaya nomás uñendo!”
Y queda silencioso mientras piensa:
“ ¡ La pucha que se aprende en el Liceo
MI CHIFLE CORDOBES
Apenas le beso el pico
a mi chifle cordobés,
bailando bajo mis pies
el mundo parece chico.
Me da por sentirme rico,
léido, hacendao v burgués;
y engordan en mi embriaguez
toditos los sueños magros.
Mire si caben milagros
en mi chifle cordobés!
Me gusta chiflar canciones
porque es la mejor manera
de echar, soplando, pa’juera
todas las desilusiones.
Peí o yo lo hago, a ocasiones,
al derecho y al revés :
Chiflo pa juera, y dispués
cuando las notas no encuentro
de rabia chiflo pa’dentro
con mi chifle cordobés.
Ps un aparcero noble,
servicial, sencillo y giieno;
media luna si está lleno
vaciao, media luna doble.
Me hace sentir como un roble
a pesar de mi vejez;
roble qtte ninguna vez
han visto venirse abajo
por más juerza que haga el gajo
de mi chifle cordobés.
Me devuelve una por una
las estrellas que en él guardo.
(Hermoso cofre pa un bardo
que no tiene otra fortuna!).
A improvisarle a la luna
salgo al campo dos por tres
v bajo la palidez
de su faz llena (le asombro,
llevo las coplas al hombro
en mi chifle cordobés.
Y quedo que ni respondo,
si alguno me lo pregunta,
pa qué lao tiene la punta
ni pa qué lao tiene el fondo.
La tierra gira en redondo
cansando su redondez
y yo no tengo interés
* u'e sea cuadrada o que deje
l e girar en torno al eje
de mi chifle cordobés.
Cuando a mi existir amargo
le quede un solo galope,
lo via’llenar hasta el tope
por si el otro viaje es largo.
Un silencioso letargo
nie irá envolviendo y después,
sentiré llegar talvez
la muerte con gitsto a caña
mostrándome la guadaña
de mi chifle cordobés.
MAIZAL
Tiempo de zafra “chalera”,
noche borracha de paz
y mis octubres temblones
cruzando la soledá
de un cielo con poca luna
y un campo con mucho máiz.
Con ruido a chalas resecas
el miedo chairó un puñal
y me atacó por la espalda
pero me le puse atrás
y mis chiflidos lo arriaron
por la senda del maizal.
Y o iba con rumbo a una copla;
vos venías de más allá.
Nos hallamos en la senda
y dispucs de mucho hablar,
dialogaron a suspiros
tu ansiedá con mi ansiedá.
Ruido de besos, y el miedo
juyó asustan del maizal
y en los charcos que rodiaron
nuestro lecho de "milán”,
apagaron las estrellas
su efervescencia de cal.
Dispués... por seguir la senda
te abandone sin piedá.
Quedaron dos esmeraldas
empapándose de sal
y una rosa malherida
déle sangrar y sangrar!
Otra vez me atacó el miedo
y ya no lo pude arriar:
Güesudas manos de brujas
eran las flores del máiz,
los choclos con barba valientes,
el rostro de satanás.
Deude entonces ya no encuentro
ni una copla en el maizal.
1
Canciones
1V,
&
&
V
N,
MUÑECA DE “EL HORNO”
Muñeca de “El Horno’*, romántica y buena;
recuerdo imborrable de un tiempo que fue.
La Quinta está triste, ya el piano no suena
y dicen los bardos que has muerto de pena
por quien nunca, nunca volvió a San José.
El patio te añora, te espera y exhibe
magnolias, glicinas, naranjos en flor,
los mismos jazmines rodeando el aljibe
que oyeron al joven oficial de Oribe
decirte en secreto sus cuitas de amor.
Mojaban los astros la Quinta de El Horno
y, pura, te vieron temblar de emoción,
ardientes los labios, los brazos en torno
al cuello del novio, prendiendo el adorno
pequeño y sublime de aquel medallón.
Bailando subías a uti mundo lejano
y Oribe observaba a su apuesto oficial
mirarte a los ojos, tomarte la mano
y, al fin de aquel “valse” dormido en el piano
amarte al amparo del fresco parral.
Oribe y sus hombres partieron un día
dejando una frágil plegaria en tu voz.
Después, una tarde, tu novio moría
vertiendo en los campos de Carpintería
su sangre, su sueño, su débil adiós.
Sonriente lo vieroq morir los soldados,
fijando los ojos en la evocación.
64 CHARQUÍTO ESTRELLADO
Tu nombre entibiaba sus labios helados
' clue» lívidos, fueron guardando mustiados
sus besos postreros en un medallón.
Qué ingrata la lanza mortal de Rivera!
j. Cayó de tus manos, el-ramo de azahar
i y en el caserón de Francisco Harriera,
; durante mil noches dejnótil espera,
: los negros esclavos, te vieron llorar.
Muñeca de El Horno... volvió Nochebuena. .
Florecen guitarras de límpido, son
y, acaso ignorando, que has muerto de pena,
i el barrio Ras Palmas de- coplas se llena
y nadie en tu reja pondrá una canción.
<*í
i
'Y
t
LLANTO DE LA AUSENCIA
BREVE
Palomita de seda
agitaba mi adió«
escribiendo en el aire
’tu nombre blanco
mudo en mi voz.
Herido por tu mano
el pajarito aquel
aleteaba en la mí^
vertiendo sangre
desde un clavel.
Partir
sin ti,
Separar de setiembre la flor,
frágil rosa de fuego
donde tu imagen
grabó el amor.
Cuando posé los ojos
sobre el rumbo a seguir,
tuve miedo a la ausencia,
miedo al 'olvido,
miedo a morir.
Y retorné a tu bruma
que se volvió cristal
porque el ave de seda,
de tus pupilas
bebió la sal.
6$ CHARQUITO ESTRELLADO
COPLA Y SILVO
Cuando voy desde el canto de un grillo
galopando crepúsculo adentro,
rumbo al alba las matas del trillo
huyen d£ la ausencia que viene a mi encuentro.
Me acompaña a lo lejos un pino
que parece escapado del monte
y ha rueda de un viejo molino
avanza girando sobre el horizonte.
1.a brisa nochera sopla
midiendo a suspiros la senda dormida
y se lleva el dolor de mi copla
como a una hoja seca recién desprendida.
Cuando el gris de la gris lejanía
como un plomo en los hombros me pesa,
triste el alma, sin coplas, ansia
volver desandando cansancio y tristeza.
U11 suspiro, la brisa y el río
me señalan el rumbo de vuelta
y volando, con ansias de estío
el pájaro rojo del pecho sé suelta.
Invento un silbido lerdo
dejándole atada una punta en la ausencia
y al volver con destino al recuerdo
lo estiro sin pausas hasta la querencia.
NOCHEBUENA EN SAN JOSE
Al tañir el bronce de la Nochebuena
se enciende la hermosa ciudad “maragata”.
En las mesas blancas comienza la Cena
y en las blancas rejas una serenata.
— “Por un jazmín tuyo mi lira desata
su nudo de angustias bajo la azucena
límpida y coqueta de la luna llena
que siembra en las calles su polen de plata.
Tierra de las coplas,
de bellas mujeres que escuchan risueñas
desfilar por su desvelos
cien guitarras navideñas.
San José de mayo
que abres tus ventanas a la serenata
para que la noche con fiebre de plata
entre por las rejas y moje su fiebre
en el lago quieto del viejo Pesebre.
Se a^ula ya el río donde desdibujas
los astros que caen como en un desmayo.
Las torres del centro — gigantes agujas—
de la luna imploran el último rayo.
La aurora despierta con el primer gallo
derramando vino de rojas burbujas
v en alguna reja tus guitarras brujas
vibran todavía, San José de Mayo.
*t
i*
i
'%
«
Fogón risueño
CHURRINCHES
Cuando abrazo este árbol muerto
que conserva sus churrinches
me brbtan coplas traviesas
pa corregir caras tristes.
No sé si las canto bien ;
pero mi canto y mi chifle
cuando les quito la tapa
cruzan como dos gurises
aventando cerrazones
pa que las estrellas brillen.
En las noches fogoneras
cuando los grillos repiten
la gotera cansadora
de sus cencerros de níquel,
pa hacerle un nudo a las horas
desato un rasguido simple
y en un mar de carcajadas
las penas se van a pique.
Y si doy con una ‘‘rueda”
“peludiando” en el boliche,
le doy una mano al vino
borrando añoranzas grises:
Las versadas se me escapan
y con el pulgar y el índice
pellizco una m'ilonguita
que no desmiente su estirpe;
y florecen cascabeles
de contagioso repique
y badajos herrumbrosos
de toda casta y calibre
Me gusta mirar las bocas
abiertas como un aljibe
adonde llegan vertientes
quién sabe de qué escondite
como un río contenido
que le han reventao el dique
y ayanca paisaje adentro
con un empuje sin limites.
Y esa corriente remoja
mi propio bosque aborigen
que ya tiene talas secos.
sin pájaros que le trinen.
A n tes... era otxo cantar:
Allá en mis años guriscs.
por no conocer las penas
me gustaba hacerme el triste.
Porque pa Kti ■ mozo cantor
no hay bendición más sublime
que hacerle aguar las pupilas
a las que andan por los quince.
Aún entibia mis oídos
los suspiros cíe una virgen,
pelo de noche sin luna
y cuerpo nuevó y flexible
contó un tordo amodórrao
en la blandura de un mimbre.
Por ella puse una piel
de cordero sobré el tigre;,
Inventé penas de amor
que fueron las más felices .
porque empezó a cabrestiarme
del tiento suave de un ‘triste
v casi tuve en la mano
su puñadito de abriles.
Pero se me puso arisca
Y yo le di puerta libre
por no atajarla por. fuerza,
ni llorar de. puro humilde;
que lo que no da una copla
con llantos no. se .consigue.
Pa mejor soy caprichoso
con las que me hacen esquives
y no me les arrodillo
por más que parezcan vírgenes.
Desde entonces, a este árbol
andariego pero firme
le fui espantando torcazas
porque sop demasiao grises’
v ahora le dejo crecer
un incendio de churrinches.
Desde entonces, por mi canto
va n o ’ hay mozas que suspiren
ni• pretendo que me lloren.
Me gustan nías cuando ríen
colgándole campanitas
a mi espesura aborigen
que ya tiene talas secos
sin pájaros que. te trinen.
Siempre inventando mentiras
noniás que pa no uipnrme.... .
EL ATROPELLAO
Descúlpeme, patronato,
que le escriba con la izquierda •
pero me risulta lerda
la derecha pa un escrho.
Me hace pegar cada grito
rogando por un calmante
que a mi lao el practicante
si no se recibe pronto,
tiene que ser medio tonto
parque ha practicao bastante.
Sigún mis suposiciones,
la causa de este problema
jue el auto de una tal .. .Erna,
borracha hasta los talones:
Contando mis machucones
el dotor dijo: “ Erna - toma”.
Y si no lo dijo en broma
y es cierto que Erna se mama,
culpa de Erna estoy en cama ’
feliz de no estar en coma.
Me estraña mucho, patrón,
que usté le hayga errao tan feo
enviando a Montevideo
a semejante chambón.
Desde la mesma Estación
enderecé afalto adentro
y le juro que me encuentro
medio ronco todavía
de tanto decir: “Giien día”
por esas calles del centro.
Allí al costao de una vía
enchastrada de alquitrán,
se me amojosó el afán
de jinetiar un tranvía.
Y esperando medio día
sin que pasara ninguno,
me aburrí como un reyuno
pues, de tal modo se atrasan
que me enteré que no pasan
del año cincuenta y uno.
Por todas las avenidas
cruzan como cucarachas
autos de distintas fachas
jy de distintas medidas.
Como si jueran nacidas
o trasplantadas de ráiz,
sobre el lomo’e los tranguais
crecen dos varillas flacas
que parecen las estacas
de la zorra’e cinchar máis.
Pa tropiar tanta ganao
sin poner guardias civiles,
hay postes con tres candiles
en un tablero ensartao.
El de arriba es colorao
lo mesmo que sangre e toro;
el del medio es color oro,
por no decir giievo irito,
y el de abajo, verdecito
lo mesmo que pluma e loro.
Si el rojo está iluminao,
todos en seco* se paran
como si le desconfiaran
al partido coforao.
Y aunque de uno y otro lao
la gente espera tranquila,
hay ruralistas en pila
que cuando el rojo se pierde,
miran la divisa .verde
y la atropellan en fila.
Relumbrando como el ojo
redondito de un conejo
alcancé a ver el reflejo
tentador del candil rojo.
Y ganao por el antojo
de no perderme un detalle,
como s .y del lao de Ralle’
y el rojo me simpatiza,
cabresteando a la divisa
me dio por cruzar la calle.
^ ahora que salvé la vida
- venga verme, patroneilo
que estoy solo en un cuartito
con la osamenta molida.
Si quiere hallarme enseguida
sin el mínimo tropiezo,
dele al portero algún peso
pa evitarle'la molestia
y pregunte po,r la bestia
que tiene ttn recao de yeso.
ESCUELA DE MUSICA
Como soy desaíinao
recurrí a una profesora
buscando alguna mejora
con el solfeo cantao.
Y preso en un alambrao
que le dicen pentagrama,
pastoriai> por una dama
yo esperaba verme lleno
pa competir como güeno
en el mercao de la fama.
Concurrí a dos o tres clases
nomás que pa dar trabajo
porque no aprendí un baiajo
de notas ni de compases.
Así flaquearon las bases
en mi ilusión absoluta
que era abandonar mi ruta
de carrero trajiuao
pa trabajar de paran
sacudiendo la batuta.
Cuando intenté renunciar
la profesora me dijo:
— Dejar la música, hijo,
es como dejar de amar.
Y o lo tengo que domar
aunque los demás no crean,
si hasta en tos circos emplean
los efectos musicales
domesticaiido animales
por más salvajes que sean!
A ver: diga como yo
las siete notas así:
Do, re, mi, fa, sol, la, si,
si, la, sol, fa , mi ,re do.
Le dije: ¡qué lo tiró,
qué enredijo más tremendo!
Ya veo que no lo aprendo
pero si quiere le. digo
aquel del plato de trigo
donde hay tres tigres comiendo
— Continuemos con las notas
a ver si el tema lo alegra:
¿Cómo distingue a una “negra” ?
— ¡Qué viveza!, por las motas!
— Esta columna de jotas .
se llama Claves de Sol.
Dígame:, ¿qué es un bemol?
— No sé. ‘
— ¿ Y silencio de “negra” ?
— El silencio de mi suegra
cuando pieide Peñarolí
— Yo quiero que me responda
qué es una “semicorchea”.
Le dije: — no tengo idea,
y ella siguió muy oi'onda:
— ¿Cuánto vale una “redonda”
— ¡Cuánto vale! Yo qué sé!
— Cuántos tiempos, digamé.
— Y . . « si se mide por tiempos
y no tiene contratiempos,
sigún del tiempo que este.
— En el compás que se fije,
cada “blanca” que lo integra
vale el doble de una “negra”
según la ley que las rije.
— Blancas y negras (le dije)
pa’ mí son todas iguales.
Aquí sernos orientales
y no norteamericanos
pa’ andar bobiando entre hermanos
por diferencias raciales.
— Sepa, rey de los marmotas,
que “redonda”, “blanca” y “negra”
son signos. . . Y no me alegra
que me haga chistes idiotas.
— Es que confundo las notas
y me agarro flor de “tranca” ;
pues todo se me atrabanca
desde que perdí la onda
por una negra redonda
que se llama doña Blanca.
Hoy ya no vivo aturdido
con semejante entrevero
porque he vuelto a ser carrero,
que pa’ carrero he nacido.
Y tarariando de oído,
sin signos ni la gran bruta,
recorro otra vez la ruta
donde al final la picana
me ha resultao más liviana
que la dichosa batuta.
Anecdotario
bohemio
Las páginas que a continuación se insertan consti
tuyen el relato de curiosas situaciones protagonizadas
por colegas payadores, que autorizaron su versificación y
publicación.
Todas ellas son verídicas. Apenas hemos alterado la
parte descriptiva a los efectos de lograr un mayor efecto
humorístico. En lo narrativo no hemos hecho ot,ra cosa
que darle forma de verso a la anécdota.
Pese a que todos los personajes viven aún (¡y bien
conocidos son!) se han conjugado los verbos en tiempo
pasado, procurando ,darle señorío- histórico a la descrip
ción, como en las biografías de los grandes hombres.
Aparece en este anecdotario un tema publicado ya
en otro libro: “Un tal Clodomiro Suárez”. Lo hemos in
cluido nuevamente porque éste es el lugar que le co
rresponde.
I^esde estas líneas, el agradecimiento a todas por
permitirnos la “travesura” de mostrarlos en un aspecto
que el público desconoce.
A. S.
UN T A L CLODOMIRO SUAREZ
Ni entecao ni barrigón,
de contornos regulares
era Clodomiro Suarez,
un trovero de afición.
Pelo lacio, cabezón,
más bien de escasa estatura,
más bien pasada de oscura
la piel lustrosa del rostro
t y más bien color calostro
ía soberbia dentadura.
Ostentando cierto encono
cantaba en el escenario
con un gesto autoritario
igual que un rey en su trono.
Pero pa llegar al tono
era pura morisqueta;
se le estiraba la jeta
— por no .decir el hocico—
igual que a un ternero chico
que quiere alcanzar la teta.
Le echaba'la culpa al sol
de la “ sombra” de su piel.
Pa prosiar era sin “yel”
y pa mentir, sin control.
En las jaranas dé alcohol
de la barra bolichera,
contaba de su carrera
convencido que era un sabio,
serio v cayéndole el labio
por la mita de la pera.
Contrarrestando reveses
“doblaba” también el codo:
y así analfabeto y todo
lo vieron algunas veces
caminar haciendo "eses”
lo mismo que la culebra;
porque con una ginebra
ya se le cáia la baba
y con dos se balanciaba
"como pirincho en la hebra”.
Por el Cerro Colorao,
en las domas de un Corujo,
cierta ocasión sé dio el lujo
de improvisar contratao.
Sin haber sido enseñao
porque pa cantor "se nace”,
igual que los de su clase
supo aplicar la tarifa:
las “dedicadas”, la rifa
y treinta pesos de “base”.
De a poco, al lugar del ruedo
iba llegando la gente
cuando empezó de repente
a tronar que daba miedo.
Tuvo que mentarle dedo
a su milonguita renga:
— Vos. aunque Tagua se venga,
(le ordenó él patrón Corujo)
hacete cualquier dibujo
que distraiga y entretenga.
Insistiendo por capricho
en un difícil “punteo”,
comenzó a ponerse feo
y a resoplar como un bicho.
Y basándose en el dicho
que todo el mundo conoce,
le gritaron: — No hagas “pose”
y arranca pronto, moreno,
pa ver si haces algo bueno
antes que lleguen las doce.
En cuanto empezó a llover
Corujo se persignó
y sudando carculó
la plata que iba a perder.
Pero Suárez con placer
le cantaba al tiempo malo
diciendo que era un regalo
pa las cosechas tempranas
y Corujo sitió ganas
de hacerlo callar de un palo.
Después de estar un buen rato
elogiando al aguacero
guardó la lira el trovero
y fue a cobrar el contrato.
El patrón en su arrebato
dejó escapar un suspiro;
después miró a Clodomiro
que la “base” le exigía
y pensó si le saldría
muy caro pegarle un tiro.
Mostrando el capincho güeco
le dijo — No seas iluso!
y el pobre negro se puso
más pálido que un muñeco.
— La lluvia me ha dejao “seco”
(agregó el gaucho Corujo)
Vos decís que Tagua trujo
inspiración pa tu canto
y por alabarla tanto
vas a cobrar si sos brujo.
Suárez no le dijo nada
y, pa endulzar la saliva,
se puso a chupar de arriba
guarecido en la enramada.
De a poco la paisanada
se retiró de la doma
y ‘‘ajustao” como paloma
en un nido de chingólo,
el moreno quedó solo
y hablando, cualquier idioma.
Asquiao ya de tanta copa
miró el camino, v al rato
salió pisando a lo gato
pa no salpicar la ropa.
Pero al fin, hecho una sopa,
chupao como una naranja,
sin verse una sola franja
de su ponchito embarrao,
pasó la noche acostao
en el fondo de una zanja.
— Si giielvo a dir a una doma
(pensó) todo cambiará.
Por más que con la verdá
“se puede llegar a Roma",
dehonrando mi. diploma
de payador popular,
voy a aprender a cantar
lo que al patrón se le antoje
pa que otra vez no se enoje
ni iTie deje sin cobrar.
UN TA L VICTORIANO NUNEZ
Era un payador de Salto,
ni muy guapo ni muy “tordo”,
ni muy bajo ni muy gordo,
ni muy fino ni muy alto, f
ni muy lleno ni muy fallo I
de lirismo en las “peleas ;
portador de unas ideas
ni muy turbias ni muy claras
v con una de esas caras
ni muy lindas ni muy feas.
No era un cantor de alta escuela
ni muy hábil guitarrero.
Su oficio era zapatero
experto en la media suela.
De áhi, cpie al pulsar la vihuela
lo hiciera como con miedo
pues no le cpiedaba dedo
(pie no tuviera algún tajo
va (pie en horas de trabajo
casi siempre andaba “empedo .
}
Colegas en cantidad
lo llamaban “ El Abuelo ,
no por el color del pelo
ni por los años de edad
sino por la seriedad
de sus rectos contrapuntos;
aunque él en otros asuntos
_de los (pie por miedo no hablo-
era diez veces más diablo
que todos sus “nietos” juntos.
Con alcohol, más que con sopa,
llenaba el buche vacío
y tomaba alcohol pal frío
en vez de usar mucha ropa
pues, según él, una copa
da más calor que una capa;
y pa inspirarse, de yapa
decía entre otfas excusas
'que el espejo de las musas
es un gran lago de grapa.
Una noche en un programa
de rifas, versos y prosas,
recibió un ramo de rosas
de las manos de una dama.
Tan semejante a una llama
le pareció aquel manojo,
tan encendido, tan rojo,
que creyó que echaba humo,
pues la dicha en grado sumo
se le hizo agüita en el ,ojo.
La cabezota de armiño
contrastaba con su pecho
dopde el ramo satisfecho
reposaba como un niño.
Y al rodearlo de cariño
con sus manos temblorosas,
dijo: — Si sobre las rosas
tiemblan mis dedos ancianos,
es que quieren estas manos
jugar a las mariposas.
Aliviarán mis congojas,
mitigarán mis angustias
hasta que se vuelvan mustias
y lloren lágrimas rojas.
Pero mientras "con sus hojas
mi alcoba gris no se alfombre,
jufo por mi propio nombre
cuidarlas continuamente ;
puesto que no solamente
ele ginebra vive el hombre.
Escena final: L'n coche
transportando al conventillo
a un anciano hecho un zorrillo
por chupar toda la noche.
Y como un triste reproche,
lejos, en un bar sombrío,
sobre el mármol sucio y frío
del mostrador, olvidadas,
diez rosas avergonzadas
al lao de un porrón vacío.
UN TAL CARLOS LOPEZ
Carlos López, el mimiano,
era un mozo guitarrero;
un mozo dicharachero
de un espíritu muy sano;
un mozo' que, lira en mano
le apuraba los galopes
y colmaba hasta los topes
al torazón de la barra:
un mozo que sin guitarra
no parecía Carlos López.
Concertista cien por cien
3' dos por tres, payador;
con un porte destructor
del femenino desdén.
Y pa describirlo bien
es preciso que destaque
tres aspectos en su empaque
de presunto ilusionista:
Dedos finos, buena vista
y bigotes de Mandraque.
Al mover la mano izquierda
parecía que era manco;
no porque mermara el tranco
igual que petiza lerda
ni por pifiar una cuerda
— cosas (pie jamás hacía—
no por falta de baquía
sino por superbaqhiano,
pues de tan ágil, la mano
puntiaba y no se veía.
Pa sonreír v mirar
tenía órganos de sobra
(pie cual por mágica obra
so abrían de par en par .
Era un rostro singular
con puro ojos y sonrisa:
no como el de Monalisa
sino como el del cordero
cuando le sacan el cuero
v es feliz porque hipnotiza.
Siempre hallaba “de medida
una broma siempre nueva.
— farsa propia del que lleva
oculta una vieja herida—
Tal vez miraba la vida
con saludable criterio:
porque nunca hablaba en serio
ni en los momentos más tristes
y era capaz de hacer chistes
en el mismo Cementerio.
Una noche de función
se le aproximó un colega
' decidido a hacerle entrega
de una extraña confesión.
El diálogo tuvo acción
a un costao del escenario
v como era necesario
ser sumamente discreto,
el otro dijo en secreto
como en un Confesionario:
/
— Aver alguien me informó
que ‘‘fulano’’ se había muerto:
lo divulgué y no era cierto
porque recién hoy nutrió.
El malagüero fui yo
por anticipar el duelo. .. !
Y López, que era un pañuelo
pa las lágrimas ajenas
le ofreció de quitapenas
este original consuelo:
— Si lloraste adelantao,
con razón en su agonía
el moribundo sufría
diciendo “Estoy atrasao”.
Sabiéndose deshauciao
pudo haber sido puntual:
mas, no lo tomes .a mal
aunque la razón te sobre
porque ya sabés que el pobre
fue siempre un gran informal.
Como por encantamiento
el otro cambió de cara
y en su risa fuerte y clara
se esfumó el remordimiento
Comenzaron al momento
a beber de contrapunto
y cuando estaban “a punto”
culminaron el festín
con un brindis en latín
por el alma del difunto. . .
UN TA L PAMPA BARRIENTOS
Era Juan Carlos Barrientes
un cantor <le linda estampa
y lo apodaban “ El Pampa“
por sus empaques violentos.
Le sobraban argumentos
y experiencia pa decir
que el hombre puede vivir
limitando sus esfuerzos
a enamorar, hacer versos,
tomar copas v dormir.
Su voz áspera y cerril
daba más dentfera, en fija,
que el mi sirio papel de Ifja
y la piedra de esmeril.
Mas, cuando un verso es gentil,
delicao, profundo y fino,
son secundarios el trino
y los problemas de acústica:
A veces la copa rústica
le da mejor gusto al vino.
Era soñador, y aparte
soñaba echao boca abajo
y como el arte es trabajo
cultivaba poco el arte
Por eso al no formar parte
de ninguno de los gremios,
un concurso de bohemios
le hubiera gustao ál “ Pampa” ;
pues, si el jurao no hacía trampa
ganaría todos los premios.
Sin ser muy trasnochador,
madrugó sólo una vez
que se levantó a las diez
pa consultar al doctor.
Llegó arquiao por el dolor
como quien mira pa un pozo.
Y el doctor, que era famoso,
(No sé cómo había hecho fama!)
le aconsejó. — Guarde cama
pues ie hace falta reposo.
Llegó a dudar de las mentas
del experto cirujano
que tenía tan buena manó
pa enderezar osamentas.
Y se dijo: — Al fin de cuentas
mi suerte no es tan injusta.
El diagnóstico me asusta
por ser “Desviación lumbar”
pero pa contrarestar,
el tratamiento me gusta.
Apartao de su tarea
gozaba el .“Pampa” en el nido
igual que un soldado herido
que abandona la pelea.
Y a la hora de la oblea
que le mandaba el doctor,
pa disolverla mejor
la tomaba, con ginebra:
como quien sufre y celebra
un brindis por el dolor.
Procurándole acomodo,
los colegas de Barrientos
le llevaban alimentos,
flores, dinero y de todo.
Siempre aceptó de buen modo
porque todo le hacía falta.
Sólo rechazó la malta. . .
Y al ver gente tan atenta
siguió enfermo por su cuenta
cuando el doctor le dio de alta.
*
Re inició su trayectoria
por el camino del canto
poniendo cara de llanto
pa contar su misma historia.
] .atizó una dedicatoria
cierta noche en cierto bar
v calculó, al comprobar
que le prestaban oído:
‘'Cuanto más me haga el torcido
más plata me van a dar”.
Simulando una puntada
dijo: — Ya torre de Pisa
creo que está pa la risa
con mi columna desviada.
Si aquí hay gente desconfiada
me desnudo y se la muestro.
Y pensaba: “ Soy tan diestro
pa. “educar” a ía columna,
que jamás mejor alumna
sacará ningún maestro”.
“ Si no fuera que idolatro
el arte del payador,
me •hubiera puesto de actor
pa ganarle a más de cuatro”
Tero renunciando al “teatro”
cambió un día de apariencia
y anunció: — No hay más dolencia,
pa evitar que todo el cuento
se vuelva a hacer sufrimiento
y me invada la conciencia.
Decidí andar sano v fuerte
por más que, en cierta medida,
con la columna torcida
pude jspderezar mi suerte.
Sin sembrar, no me divierte
recoger tanta cosecha
porque tengo la sospecha
que es más fácil en la vida
dejar la suerte torcida
y la columna derecha... . !
_______ Á _______________________________
*■ 8¿?'
UN T A L CARLOS RODRIGUEZ
Payador de voz perruna
y gesto^grave y adusto
buscadW del metro justo
y de la rima oportuna.
Sonreír en la tribuna
le costaba un sacrificio
y a falta de ese ejercicio
tenía el rostro como un zueco
porque era empano y seco
como un juez en pleno juicio.
Aunque triunfó en cualquier parte
+ con su verso repentino,
tal vez erró su destino
cuando le dio por el arte:
pudiendo lucir, aparte
de ser muy desmemoriao,
un físico acostuinbrao
y a la mejor de las pintas
y-otras virtudes distintas
pa llegar a diputao.
a alternar como es debido
en^la sociedad más alta
todo lo que hace más falta
, de a poco lo había reunido:
Socio de un club distinguido,
propietario de un terreno,
con un empleo muy bueno
gracias al Partido Blanco,
98 CHARQUITO ESTRELLADO
1» ' ..... ... _ _______ *
buen coche, plata en el Banco
y una úlcera al duodeno.
En cada mano tenía
todo lo cruel de una garra
pa estrangular la guitarra
con enérgica herejía.
Y jamás se convencía,
su cabe^.de alcornoque
— aturdida por el choque
de un millón de pareceres—
que, guitarras y mujeres
rinden según quien las toque.
Treinta y dos años hacía
que, en su retentivafpésima
llevaba una sola décima
llamada “ La Pulpería’’.
Se la pidieron un día
y, aunque él desde junio a mayo
era como un papagayo
que repite el mismo texto,
se negó con el pretexto
de que le faltaba ensayo.
Cuando cumplió su deseo
de ser el dueño de un coche,
por vez primera y de noche
manejó en Montevideo.
Rumbo a un famoso recreo
de India Muerta y Pilar Costa
gambetió en la calle angosta
montoneras enemigas
de autos que eran como hormigas
acosando a una langosta.
En vez de ir por la derecha
y en dirección debida,
marchaba contra su vida,
contra mano y contra flecha.
Tuvo de esto la sospecha
porque en sentido contrario
un “tasista” estrafalario
que avanzaba como a cien,
sofrenó el “Mercedes Ben”
pero no el vocabulario.
El “tasista” le arrojó
el insulto que más duele;
ése que empieza con “L ”
y que termina con “ó”.
Y Rodríguez contestó
sobre el pucho y sih tropiezo:
— Y o ignoro, se lo confieso,
tan singulares vocablos,
así que no sé qué diablos
me quiere decir con eso.
Su ingenioso proceder
le fue útil, y no poco,
pues, tomándolo por loco,
siguió su rumbo el chofer,
lríguez sintió placer
||iaber salvao el bulto
y se jlijo: — Si uno es culto
usar el ingenio,
ro de mal genio
su propio insulto.
UN TAL PASCUALITO DIAZ
Dicen que las picardías
impiden el crecimiento
v tal vez sea puro cuento
igual que muchas teorías.
Pero en Pascualito Díaz
la regla se confirmaba
porque se especializaba
en pensar y hacer diabluras
y, comparando estaturas,
ni a Zorrilla le ganaba.
Payador y guitarrero
y además, bandoneonista,
poeta, mago, pruebista,
mecánico y relojero,
antes de ser peluquero,
era mozo de café
y por todo San José
tantos oficios probó
que cuando se jubiló
ni él mismo supo de qué.
Después de dos o tres “bravas”,
estando en cualquier festín,
las iba- de bailarín
pa desentumir las tabas.
Con su agilidad sin trabas
salía del compromiso
y como era tan petizo,
escarranchao y rechoncho,
cuando bailaba de poncho
con los flecos barría el piso.
Jugaba con la sonrisa
como con una coscoja
porque 1c quedaba floja
la dentadura postiza
Si se tentaba de risa
estallando en carcajadas,
eran sus fauces dentadas
abriéndose como un bache,
un piano de cambalache
con las teclas despegadas.
Un día. en un festival
cerca di lo Juan lienza no.
aterrizó el aeroplano
de un invitado especial.
Cuando improvisó Pascual
puso a todos por el suelo
v ni el conductor del vuelo
consiguió ponerse a salvo
porque a pesar de ser calvo
Pascual lo tomó del pelo.
Y el infeliz ‘‘candidato”
lejos de tomarlo a mal,
sonriendo invitó a Pascual
pa volar juntos un rato.
Subieron al aparato
iniciando la avenutra
y a dos mil metros de altura
en completo desamparo,
el cantor llegó a ver claro
que allí su suerte era oscura.
Planeaban como un halcón
y Pascual — que no era tonto—
vio detenerse de pronto
el motorcito zumbón.
Y haciendo el tirabuzón,
con la cabeza pa’ bajo,
el tremendo escarabajo
se desplomaba ligero
como un nido de espinero
cuando se le quiebra el gajo
Creyendo que estaba roto,
Pascual se sintió cobarde
y recordó que esa tarde
había comido poroto.
Entonces dijo el piloto:
— Yo te voy a dar versitos:
En vez de llorar a gritos
porqué no te hacés el loco
y me pavás otro poco
ahora que estamos solitos?
Aunque son muy aplaudidas
y festejadas tus obras,
vas a ver que mis maniobras
son mucho más divertidas.
Si querés paracaídas
te enseño cómo se salta.
• • Y Pascual dijo en voz alta:
— Con este tirabuzón
si sacas algún tapón
dámelo que me hace falta.
Al verlo sin esperanza
padeciendo más que nunca,
el piloto dejó trunca
su diabólica venganza.
Aterrizó sin tardanza
en busca de agua v jabón,
un bftlde, un escobillón,
y un: repasador de hilo
y rebajó medio quilo -
desinfestando el avión.
UN TA L ANGELITO RODRIGUEZ
Ñato, bocón, pcticito
pero lindo tipo de hombre;
lindo... aunque aparte del nombre
íuj tenía nada bonito.
El que le puso Angelito
acertó medianamente
pues sin ser muy inocente
ni autor de acciones muy malas,
era un diablito con alas
y' un arcángel con tridente.
El testuz era grandote
igual que el de las ovejas;
y eran grandes las orejas,
la cabeza y el cogote.
En cambio tenía un bigote
muy despuntao y muy chico
cual si en el sobrante rico ’ }
de un chocolate con rosca,
desayunara una mosca
posada sobre el hocico. ^
Era un decidor ameno
carente de lista propia
como el escolar que copia * ¡
el deber de un banco ajeno.
Y si oía un chiste bueno
que le resultara grato, -- ‘ '■
-r se desinflaba un buen rato
d$ una carcajada sola
cayendo scntao de cola
igual que un pichón de pato.
Con ejercicios diversos
quiso “domar” el cordaje
y jamás “agarró viaje''
a pesar de sus esfuerzos.
Sabía un montón de versos
— aunque completo ninguno—
y mezclaba todo en uno
formando la “Cruz de Acero”
con “ El Facón Brasilero"
y “Fl hacón del viejo Bruno”.
Escribía con buen gusto
pero hubiera sido el Tolmo
pedirle peras al olmo
y a su pluma un verso justo,
bd mismo se daba un susto
al descubrir un acierto;
y si hubiera descubierto
algo con pies y cabeza,
en fija que de sorpresa
el pobre se hubiera muerto.
Era tan falto de seso
que a Buenos Aires fue un día
ignorando que existía
la diferencia del peso
Precisamente por eso
llevó dinero uruguayo
y frente aí “ Hotel de Mayo“
cuando se detuvo el “lasi",
miró la tarifa y casi
se desplomó de un desmayo.
Como sabía que “equino”
es lo mismo que “caballo”,
creyó que el peso uruguayo
era igual al argentino.
Con un “Cien" pagó sin tino
lo que le costaba siete.
El chofer miró el billete
v comprendió que era un robo
pero al final se hizo el bobo,
cobró v salió como cuete .
Tre* días anduvo asi
bravo como un mangangá
pagando cifras de allá
con los billetes de aquí.
Hasta que al darle a un gurí
veinte pesos de propina,
le indicaron una esquina
donde cambiaban dinero.
Entró llamando al pulpero
v compró plata argentina.
Viendo que por cada cien
le daban cerca de mil,
dijo: — este pueblo es gentil
v generoso también
V si las obras de bien
son bijas del patriotismo,
que Vruguay haga lo mismo
adoptando este sistema
v ya no tendrá problema
pa fomentar el turismo.
UN TAL JULIO GALLEGO
Divertido y andariego,
alegre y caminador;
buen mozo, buen payador,
ahorrativo y mujeriego.
Se puso “Jubo Gallego'’
porque en jsu afán de renombre
ahorraba más tinta el hombre
con ese breve seudónimo
que firmando “Autor Anónimo’’
o escribiendo el propio nombre.
Tenía un ojo comprao hecho'
distinto al ojo nacido:
el derecho era torcido
pero el zurdo era derecho.
Fue campeón — en cualquier tr e c h o -
de bochas v cacería;
*V en cualquier categoría
(igual que todos los tuertos)
con los dos ojos abiertos
tomaba la puntería.
; Dicen que el amor es ciego?
Pa él era tuerto el amor!
¿ Y enamorao perdedor
dicen que gana en el juego
Sin excepción, desde luego,
no existe regla ninguna. . .
Con una triple fortuna
contaba Julio Gallego:
Rico, suertudo en el juego
y al amor no erraba una.
Cuando hacía una actuación,
constaba su repertorio
de -cien cuentos de velorio
pero una sola canción.
Y en cada improvisación
de esas que nunca se acaban,
las coplas que le brotaban
no sé qué embrujo tenían
que las viejas se reían
v las jóvenes lloraban.
Una vez sintió dolores
v un gran catarro en el pecho
por querer sacar provecho
de trasnochadas v amores.
Pensaba: — Ya no hay dotores
que me libren de “la Galga” ;
ele darme chuza en la nalga
la tengo como un cedazo.
Ya no me cabe un pinchazo
ni hav comprimido que valga.
Mañana, si no me muero
de este catarlo pestoso.
me entrego al aparatoso
santiguao de un curandero.
Frente a una cruz, soy sendero
que en Fe v Duda me bifurco;
pero dicen que hay un turco
que pa estas cosas no es manco 1
porque siempre “da en el blanco”
y cuando erra “deja el surco”.
Luciendo su mejor pinta
llegó al consultorio brujo
donde no encontró más lujo
que tina carpeta retinta.
Descolgó el túrco una cinta
llena de mugre y misterio
y julepiánd'ose en serio
calculó Julio enseguida:
— Me irá a tomar la medida
pa llevarme al Cementerio.
Sobre una camilla blanda
tendió un lienzo el matasano
diciendo : — Acostar, baisano,
desnudo, como Dios manda!
Y al quitarse la bufanda,
ls guantes y el sobretodo,
pensó Julio: — De qué modo
se ensaña el cielo conmigo:
Gasté un platal en—abrigo
y Dios nte hace sacar todo!
Con solemne parsimonia
el turco prendió dos luces
v entre ademanes v cruces
•f ^
comenzó la ceremonia:
Lo roció de agua colonia.
Id puso mirando al techo,
le dio friegas en el pecho,
le rezó el Ave María
y el enfermo se sentia
completamente deshecho.
Con un dedo, suavemente,
le abrió un ojo: miró adentro
y le dijo: Ya te encuentro
mejorando felizmente.
Fue entonces cuando el paciente
con rabia y con ironía
preguntó: — ; qué brujería
tiene el rezao que me hizo,
que hasta en el ojo po:-tizo
se nota la mejoría?
Después por no protestar
igual pagó la consulta
como quien paga una multa
sin tenerla que pagar.
Y aunque al fin volvió a canta
v a chapaliar mucho barro,
desde que dejó el cigarro
las faldas y la bebida,
en toda su perra vida
ni se acordó del catarro...!
«
INDICE
Págs.
Ecos del pago ................... 7
Lluvia de Tiempo .......* . • . 9
Torcazas ........................... . 11
Mi vida Sobre un Camino . 13
Querencia ......................... . 16
Peregrino ........................... . 18
Final ............................... . 20
Pétalos ................................ 23
Romance a Pacífico Bosque 24
Hasta Siempre, Córdoba .. 29
Romance a Paysandú ....... 31
A mi Hijo ............... ....... 33
A mi Hija ......................... 35
Noche de Reyes ............... 36
Canción de Noviembre ---- 39
Canción 'de Junio ............ 41
Su Recuerdo .................... 43
De Tierra Adentro 45
Chuzas 'de Cardo .. 47
Milonga Simple .. 49
Pero Nada Más .. . 51
El Empleo .......... 53
Mi Chifle Cordobés 56
Maizal .................... 58
Canciones .............................. 61
Muñeca de “El Horno” ....... 63
Llanto de la ausencia breve 65
Copla y Sílvo ........................ 66
Nochebuena en San José .. 67
Fogón Risueño . .. 69
Churrinohes ......... 71
El Atropellao — 74
Escuela de Música 77
Anecdottario Bohemio ................................................... 81
Un tal Clodomiro Suárez .......................................... 83
Un tal Victoriano Núñez ............................................ 87
Un tal Carlos López ........................................................... 9°
Un tal Pampa Barrientes ................................................ 93
Un tal Carlos Rodríguez .......................................... 97
Un tal Pascualito Díaz ............................................... ¿00
Un tal Angelito Rodríguez ........................................ 103
Un tal Julio Gallegos ................................................. 106
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