Medicina de Paracelso y Filosofía Platónica
Medicina de Paracelso y Filosofía Platónica
Facultad de Filosofía
Bogotá, 29 de febrero de 2024
Trabajo de Grado presentado por Simón Palacio Echeverri, bajo la dirección del
Profesora Anna Maria Brigante,
Facultad de Filosofía
Introducción...................................................................................................................7
La creación en el Timeo...........................................................................................15
Capítulo 3: El Microcosmos........................................................................................81
El ser humano..........................................................................................................81
La enfermedad en Paracelso....................................................................................98
Conclusión.................................................................................................................112
Referencias................................................................................................................119
Lo que está más abajo es como lo
del Uno.
humano con un reflejo del universo. Esto implica que la medicina no funciona a
través de contrarios, como en Galeno, sino por semejantes. Además de esto, él se
opuso violentamente a la práctica médica como aquello que se aprende de teorías y
libros, insistió en el aprendizaje directamente del mundo. Esto no sólo lo hace un
antecesor del método científico, sino que también lo volvió una gran influencia en
varios grandes filósofos tales como Leibniz, Hegel y Goethe.
Aunque Paracelso sigue a Platón en muchas de sus ideas, es difícil rastrear sus
fuentes, pues él se negaba radicalmente a nombrarlas. Además de esto, gran parte de
sus teorías, tanto médicas, como alquímicas y filosóficas son de una profunda
originalidad; más que seguir doctrinas anteriores, él las adaptaba a su propia
cosmovisión. Más allá de las diferencias obvias entre ambos pensadores (por ejemplo,
el hecho de que Paracelso es cristiano, mientras Platón precede al cristianismo por
tres siglos), la mayor diferencia entre las cosmologías de ambos filósofos es su
interpretación del modo en el que el mundo funciona. Platón ve el Macrocosmos
desde una perspectiva matemática, su explicación del proceso de creación es
mecánico. En el Timeo se describe al Demiurgo como un artesano cuya labor sobre la
materia es directa y, en cierto sentido, física. Paracelso, por su lado, ve en el mundo
un gran proceso químico. Él no describe las divisiones del mundo como divisiones
matemáticas, ni ve los procesos naturales como procesos mecánicos, sino como
transformaciones cuantitativas y orgánicas. Para Paracelso, Dios es el gran
alquimista.
El trabajo se dividirá en tres capítulos, el primero será un examen del Timeo, que
servirá como paralelo a los siguientes dos capítulos que concernirán a la filosofía
natural de Paracelso, el estudio del Macrocosmos, y su antropología y medicina, el
estudio del Microcosmos. A continuación, presento un esquema de la estructura del
trabajo:
a) La creación en el Timeo
El mundo, según el Timeo es la obra de un artífice. Es menester entender cuál es el
proceso con el que se hace esta obra para poder ver su forma y función y la
relación que esta tiene con el alma y el cuerpo humano.
b) Los círculos celestes
El movimiento de los astros es propio del universo como organismo además de ser
lo que marca el tiempo. Este movimiento tiene una relación íntima con el alma
microcósmica e influencia todos los seres sublunares. Esta visión de los astros y de
la astrología será reinterpretada y ampliada por Paracelso
c) Los elementos
Los bloques básicos que construyes el universo, los elementos se componen de
partículas geométricas minúsculas. Esto será fuertemente criticado luego por
Paracelso.
d) El ser humano como Microcosmos
Por su forma y por ser obra de un mismo artífice, el ser humano funciona como un
Microcosmos. El alma humana está hecha a imagen del alma del mundo y su
perfección se alcanza al alcanzar el mayor grado de correspondencia con el
cosmos.
12
e) La medicina
Si el ser humano está hecho a imagen del cosmos, entonces la salud consiste en
alcanzar la correspondencia plena con el orden natural del universo. El Timeo
concluye con unas reflexiones médicas, pues todo el discurso cosmológico cobra
sentido pleno al ser útil para la buena vida y la salud. Esto se vuelve
particularmente relevante al hablar de Paracelso pues, siendo médico, él postula
que el conocimiento del universo es fundamental para el médico y esto sólo tiene
sentido por la condición del ser humano como Microcosmos
a) El proceso de creación
La creación, según Paracelso, es una sucesión de separaciones ejercidas por Dios
en las que a partir de lo más abstracto se da paso a seres concretos. Este no es un
proceso estrictamente material, sino también espiritual y concluye en la disolución
de lo material para separar lo puro de lo impuro. Esto es, en parte, derivado de la
concepción del Timeo y en parte derivado de la teoría alquímica.
b) El Gran Misterio
El elemento primario en el que se ejerce esta separación es llamado el Gran
Misterio, una especie de Materia Prima de la que se deriva todo lo elemental del
mundo. Esta “Materia Prima” a diferencia de Platón no es material, sino espiritual,
aunque a partir de ella todo lo material se deriva. Comprender la naturaleza de esta
“Materia” Prima abre la comprensión de la naturaleza de lo material del cosmos
como ligada íntimamente con lo espiritual
c) Los elementos y los principios de la materia
En contra de todas las filosofías anteriores, Paracelso ofrece una nueva teoría con
respecto a los elementos. En lugar de ver a los cuatro elementos tradicionales
como moléculas con ciertas propiedades que forman los bloques de la realidad, él
ve en ellos matrices desde los que se gestan los seres y que imprimen en cada ser
concreto una característica de naturaleza espiritual. Además de ello, también,
13
menciona lo que llama los “elementos de los elementos”, como una triada de
nuevos elementos anteriores a los cuatro elementos clásicos.
d) Los arcanos y la purificación final
Por encima de estas causas materiales, Paracelso tiene una perspectiva teleológica
del universo. Todo se hace para purificar a los seres elementales y sacar lo
espiritual a partir de lo material. Cada ser tiene un “arcano” una especie de
arquetipo o perfección propia que preexiste en Dios y el cual le garantiza una
eternidad después de la destrucción material. El universo entero encontrará una
disolución material, pero con ello sólo garantizará que se purifique esta parte
perfecta y espiritual. Empero, estrictamente hablando, sólo el ser humano posee un
alma inmortal.
a) El ser humano
Paracelso ve en la analogía Microcosmos-Macrocosmos una correspondencia
fuerte. En el ser humano se encentra no sólo una imagen de la estructura general
del mundo, como lo plantea Platón, sino un paralelo de todos los seres del
universo. Es por esta inclusión de la totalidad en el ser humano, que es posible
tanto una investigación del universo –pues el verdadero conocimiento no es en una
adquisición formal o lógica de un asunto externo, sino un develamiento interior—
como también la medicina, pues de la interacción de una sustancia externa con su
semejante interno, se puede restaurar un balance natural en el cuerpo y el alma
humana.
La naturaleza es obra de Dios, pero Él no ha dejado una obra completa, sino que
ha hecho al ser humano a su imagen y semejanza como un Microcosmos, cuyo
propósito final es completar la obra de la naturaleza, perfeccionando los seres que
en ella habitan y conociendo los misterios que ella oculta. Este es, en pocas
palabras, el trabajo de la alquimia, que sólo puede ser realizado gracias a la
14
Ahora bien, debido a la variedad de temas tratados, y a la interconexión que hay entre
los temas tratados por Paracelso en distintos textos, no me limitaré a comentar uno
solo de sus textos. Para la realización del proyecto, recurriré principalmente a la
traducción de Nicholas Goodrick-Clarke en la medida de lo posible, pero en caso de
que en su traducción no se encuentre alguno de los textos utilizados usaré la
traducción de Arthur Edward Waite. Los principales textos a los que recurriré serán:
La filosofía dirigida a los atenienses, que aunque algunos disputan su autoría, ofrece
uno de los tratados más completos (y coherentes) de la cosmología paracelsista;
Concerniendo la naturaleza de las cosas, uno de los tratados comprensivos más
importantes de la filosofía natural de Paracelso; y Alquimia, la tercera columna de la
medicina, un texto breve que resume sucintamente el valor que Paracelso da a la
alquimia, y la filosofía natural, en la ciencia médica. Además de esto se usarán
pasajes de diversos textos cuya influencia puede ser menor, pero de gran relevancia a
la hora de intentar crear una visión coherente de la filosofía de Paracelso.
Tratar al Timeo como una obra que narra literalmente el acto de creación del mundo
por parte de un Dios es más difícil de lo que parece. El grueso de la obra es
justamente un mito de creación –llamado específicamente “discurso verosímil”—
narrado por el astrónomo que da nombre a la obra; en este orden de ideas, es posible
interpretar este discurso cosmológico en un plano metafórico más que literal. 1 A pesar
de las diferentes interpretaciones, en la tradición filosófica occidental, ha tenido gran
peso la lectura
1
Entre los comentaristas contemporáneos hay una creciente tendencia a leer esta obra metafóricamente
en contraste a la lectura literal. No es mi propósito dedicarme a esta discusión, pero el artículo de
Gabriela Roxana Carone, “Creation in the Timaeus, the Middle Way” recoge bien esta discusión,
además de ofrecer una interpretación intermedia que me parece apropiada. Esta interpretación, aunque
se ciñe a la narrativa, encuentra que varias de las explicaciones que se dan, como el de la sucesión
temporal en la Creación, son explicaciones que sirven para explicar la naturaleza de la Creación, pues
la interpretación literal tiene varios baches, sobre todo en lo que concierne al mundo pre-organización,
pero a su vez encuentra que la aproximación metafórica se aleja mucho del sentido del texto.
18
literal2 en razón de la fuerte influencia del cristianismo. Así las cosas, en este capítulo
se privilegiará la aproximación literal.
Aunque en principio puede parecer que hay una distinción entre Creador y modelo, el
discurso de Timeo sugiere que ambos se identifican y, de hecho, en la tradición
interpretativa se les ha equiparado desde antaño 7. A primera vista, se habla del
Artesano y del Modelo como entidades distintas, pero a la vez de suprema
preeminencia. Por su propia excelencia, el Demiurgo se ve interpelado a crear, para
ello toma como modelo de la Creación el más excelso de todos los seres vivos que
incluye todos los demás vivientes, pues si no los incluyera dentro de sí no sería el más
perfecto. Simultáneamente, se habla del Dios como el más perfecto de todos los seres,
lo que sería contradictorio si el modelo fuera externo de sí. Por un lado, si fueran
seres separados, ninguno de los dos podría ser absolutamente perfecto, pues habría
algo que no se incluiría dentro de cada uno de ellos, por otro, si el modelo estuviera
incluido dentro del Dios entonces no podría ser lo más perfecto, pues habría algo que
le excede, lo mismo sucede en el caso del Dios. La única solución posible es la
identificación entre ambos.
La interpretación del Dios como Artesano y Modelo está presente desde las más
tempranas lecturas del texto platónico, y su influencia se ha sentido en la filosofía
cristiana, desde los místicos que hablan de un Dios supraesencial hacia quien todo
tiende y de quien todo proviene, hasta los escolásticos que hablan de la preexistencia
de los arquetipos en potencia dentro de Él. Dado que Paracelso es cristiano, es de
estado caótico temporalmente anterior”. Carone, “Creation in the Timaeus: The Middle Way.”, 217
6
Platón, Timeo, 37d-38a
7
(Ferrari, el “mito” del demiurgo y la interpretación del Timeo, 6-7)
20
Ahora bien, antes del momento de la creación sólo hay caos. En este caso el Dios no
hace su obra a partir de la nada, sino de una “masa visible, desprovista de todo reposo
y quietud, sometida a un proceso de cambio sin medida y sin orden” 8. Es por la
preexistencia de esta materia caótica que el Hacedor decide crear el mundo ordenado,
pues por su propia bondad él desea traer orden y belleza a todo, por lo que no permite
que esta materia permanezca informe y caótica, sino que la moldeará para imprimir
en ella la imagen de las formas organizadas y perfectas que preexisten a la ordenación
material. Más adelante, el discurso de Timeo explicará mejor cual es la naturaleza de
este receptáculo que recibirá la forma de una realidad ordenada, pero al principio lo
único que se dice de ella es que carece de todo orden. Por su misma naturaleza, la
materia tiende a este desorden y es sólo por la intervención divina, tanto del
Demiurgo como de sus intermediarios, que se puede mantener en ella la armonía. 9
Ella, entonces, limita de entrada cualquier obra que se vaya a hacer a partir de sí. Por
bueno y poderoso que sea el Dios que opera sobre la materia, no podrá cambiar su
naturaleza, su tendencia al desorden, por lo que el mundo material podrá ser perfecto
en la medida de lo posible y aun así será sometido al decaimiento y la enfermedad.10
La primera división que se hace de este caos original produce dos partes que en su
relación hacen del mundo material óptimo: el alma y el cuerpo. Al alma se le da
primacía sobre el cuerpo, por ello ocupa la mayor parte del material original asignado
8
Platón, Timeo, 30a
9
(Platón, Timeo, 53b)
10
“Sabemos sin que se nos diga que esa necesidad era superior en poder a todo lo que se podía llamar
con el nombre de dios, y que el dios supremo sólo tenía poder para mantener sus manos limpias
delegando a otros para ejecutar la exigencia de la necesidad de que el hombre fuera castigable antes de
que mereciera el castigo, el cambio de suerte más amargo que estropea la obra de un dios filantrópico o
el mito más consolador para iluminar la mente de un hombre filantrópico”. Cropsey, “The Whole as a
Setting for Man: On Plato's Timaeus”, 183
21
La forma de operar del Artesano con esta materia prima es, originalmente, la
separación. De esta materia caótica que constituye la Materia Prima se hace una
separación inicial entre tres especies: lo semejante (que finalmente constituirá el
círculo del firmamento), lo distinto (que constituirá en subdivisiones, las órbitas
planetarias) y una mezcla de ambos. La separación como operación funciona
matemáticamente, pues el Dios se encarga de que sus divisiones sigan proporciones
que sirvan para darle un sentido puramente armónico a la obra. En un principio se
sitúa el círculo de lo semejante en el exterior mientras que, dentro de él, cruzado en X
se hacen siete divisiones con lo designado para lo distinto correspondientes con lo
que vendrán a ser los siete círculos celestes móviles (los cinco planetas, el sol y la
luna). La división en siete tiene su razón de ser, pues como obra de un creador
inteligente y bueno todo debe cumplir un propósito. En este caso, el siete se
corresponde con las siete notas musicales y el Demiurgo lo divide proporcionalmente
de la siguiente manera:
11
Platón, Timeo, 35b-c
22
Pero para que el mundo sea perfecto no basta con tener una estructura completamente
armónica, sino que hay que llenarlo de todos los seres. Si algo quedara por fuera de
él, entonces no podría ser perfecto, pues para alcanzar la completud se debe incluir
dentro de sí todo. Es por esto que el Dios no se limita a crear dioses y seres de
suprema excelencia. Además de los dioses estelares y de los dioses menores, sus
hijos, el Demiurgo prepara el mundo para llenarlo de animales en el aire, en la tierra y
12
“Estas divisiones tienen un significado musical cuando se toman como proporciones, ya que 2:1
puede representar una octava, 3:2 una quinta musical, 4:3 una cuarta, 9:8 una nota, con algunos
semitonos entre ellas. Así que, si ejecutamos esta secuencia en la clave de C, obtenemos las notas C D
E F G A B C. En la música moderna, utilizamos la escala de temperamento igual de 12 tonos, que
divide la octava en 12 con la relación entre todos los semitonos vecinos fijada por igual en 12√2 (la
raíz 12 de dos, esto da el temperamento uniforme). Lo que Platón nos da es, en terminología moderna,
una escala pitagórica de ocho tonos. Las escalas pitagóricas (antiguas y modernas) se generan a partir
de las proporciones de números enteros pequeños y no tienen el mismo temperamento. Las escalas
pitagóricas tienen la ventaja de ser armonías que son ligeramente más puras, pero la desventaja de que
los cambios clave dentro de una pieza y un conjunto pueden ser más difíciles. Filolao tenía otras
escalas que probablemente estaban más cerca de las que los músicos griegos usaban en la práctica.
Esta, sin embargo, es matemáticamente la más simple y pura de esas escalas, producirá buenas
armonías y, como veremos, se adapta muy bien al propósito de Platón”. Gregory, “Mathematics and
Cosmology in Plato's Timaeus”, 4
13
Platón, Timeo, 29a
14
(Gregory, “Mathematics and Cosmology in Plato's Timaeus”, 9)
23
en el agua. Todo lo que hace parte del mundo debe ser utilizado y habitado para crear
la totalidad de las creaturas posibles que lo llenen y completen. Empero, esto no es
algo que el Arquitecto hace por sí mismo, cómo le explica a los dioses:
Hay tres especies mortales que todavía no han nacido. Si ellas no nacen
nunca, el cielo quedará inacabado, pues no contendrá en sí mismo
absolutamente todas las especies vivientes. Y es preciso que las contenga,
si debe ser absolutamente perfecto. Pero si yo las hiciese nacer por mí
mismo, si ellas participasen de la vida por mi medio, serían iguales a los
dioses.15
Los dioses menores aparecen no sólo como creaturas de naturaleza divina que
embellecen al mundo por sí mismos, sino que son los intermediarios entre el Dios
mismo y el resto de su creación. Para que la obra sea perfecta tendrá que poseer
dentro de sí seres imperfectos que no podrán ser labrados por las manos del Dios
mismo.
15
Platón, Timeo, 41b-c
16
“había dos revoluciones divinas. Así, pues, imitando la figura del Todo, que es esférica, los dioses
han puesto estas revoluciones en un cuerpo esférico” (Platón, Timeo, 44d)
24
Sin el conocimiento de los cielos, el ser humano llevaría una vida completamente
desordenada. Por contemplar los astros y
20
Calicidio explica esta imitación con los siguientes términos: “Pero no emerge una cognición
suficientemente segura y firme, puesto que la distancia entre conocimiento y opinión es considerable;
pero una vez que la actividad racional se establece como observadora de las realidades inmutables que
son siempre las mismas, y fija su mirada en la naturaleza inteligible y en los procesos reales de
reflexión acelera la contemplación focalizada de la mente, entonces un movimiento semejante al de la
esfera llamada los planos, en rotación sin error, genera para la mente verdad de la clase divina.”. (295,
297)
26
verdad, mientras que el razonamiento abstracto certero se relaciona con el alma de los
cielos y se mueve con el movimiento de lo Mismo.
21
“There is no need for time to be irregular in the Timaeus. All that is needed for a distinction between
time and eternity is that time flows while eternity stands still. That time moves ‘according to number’
would also suggest it flows regularly”. Gregory, “Mathematics and Cosmology in Plato's Timaeus”, 13
22
Platón, Timeo, 37c
27
Ahora bien, los astros no sólo marcan el tiempo, sino que ellos mismos son seres
divinos encargados del gobierno de sus propias órbitas y de engendrar otras
divinidades y seres tanto sublunares como habitantes de los otros planetas. Entre más
exterior, el círculo celeste es más preeminente; el firmamento es el supremo de los
círculos constituido por la sustancia de lo Mismo 23. Por su relación con los círculos
superiores los astros concretos arreglan su curso y se gobiernan para tener un orden
correcto y la periodicidad precisa para poder mantenerse en la regularidad con la que
marcar el tiempo que les es asignado. No es el sol quien gobierna a los demás astros,
incluso él se encuentra subordinado no sólo a las estrellas fijas, sino a los planetas
que se encuentran por encima de él, Marte, Júpiter y Saturno. 24 El trabajo en conjunto
de todos los planetas se ordena en sentido de lo Mismo, lo que hace que de la
pluralidad del cosmos y de los cielos se tenga una unidad perfecta en la que todas las
diferencias cobran una unión en su propósito y movimiento.
23
“La ubicación cósmica está directamente relacionada con el valor: cuanto más cerca de los extremos
del universo, se es mejor, más divino y más racional; Júpiter, por ejemplo, está más cerca de las
estrellas fijas que Venus. Así que el patrón para Júpiter, sea lo que sea, debería ser aún más racional y
perfecto que el de Venus.”. Guetter, “Celestial Circles in the Timaeus”, 194
24
“Hay una analogía entre el Sol y las estrellas fijas, entonces, que está limitada sólo por el hecho de
que las estrellas fijas gobiernan no sólo Marte, Júpiter y Saturno, sino también el Sol, que a su vez
gobierna Mercurio y Venus, como una cadena de mando o un conjunto de relaciones informativas.
Para Platón el universo es político, y esto se refleja en los mismos movimientos de los planetas y las
estrellas fijas. Y así, cuando Marte, Júpiter y Saturno superan temporalmente a las estrellas fijas
siempre vuelven a alinearse antes de mucho tiempo.”. Guetter, “Celestial Circles in the Timaeus”, 202
25
¿Por qué Platón daría prioridad a la Mismidad sobre la Diferencia? La respuesta, me parece, sólo
puede ser que la Diferencia no es posible sin al menos dos cosas, mientras que la Mismidad es posible
aunque sólo haya una cosa. La igualdad, en otras palabras, es metafísicamente básica de una manera
que la diferencia no lo es; la diferencia es metafísicamente dependiente, la igualdad metafísicamente
independiente”. Guetter, “Celestial Circles in the Timaeus”, 201
28
Otro fuera lo que gobernara el movimiento de todos los círculos no habría una
verdadera regularidad y orden en las cosas. ¿Cómo podría dominar la diferencia si
por sí misma no puede ponerse de acuerdo? Es necesario que de la unidad se cree la
regla con la que regir sobre los movimientos diversos. Esta es la razón por la que el
firmamento, en el que todos los astros son fijos y comparten el mismo movimiento, se
encuentra sobre las órbitas de los planetas que no se ponen de acuerdo entre ellos.
Los planetas, por su lado se mueven siguiendo cada uno el ciclo que les corresponde,
errante para quien los desconoce, con lo que están marcando permanentemente el
tiempo. Cuando los astros se vuelven animados, “el movimiento de lo Mismo
precedió y dominó su camino oblicuo según el movimiento de lo Otro” 26. Pero si en
lugar de ser gobernados por la perfecta regularidad de lo Mismo los planetas se
autodeterminaran, no se podría cumplir esta función. Además de esto, al constituirse
como una escalera entre el círculo del firmamento y la tierra, las órbitas astrales
cumplen la función de mediadores.
Los astros, tanto errantes como fijos tienen una función con respecto a los seres
terrestres. De entrada, los planetas sirven para estimular las almas y enseñarles las
mociones de perfección y regularidad, como ya se ha dicho, y sirven para marcar el
tiempo. Por otro lado, el sol fue creado para brindar la luz del día a toda la creación
matutinamente. Pero más importante aún, cuando el Dios ordenó el mundo y decidió
llenarlo de creaturas mortales tanto en la tierra como en los planetas para completar la
creación y hacerla perfecta, creó tantas almas como hay astros, luego “distribuyó
estas almas entre los astros, dándoles una a cada uno; las colocó en ellos como en un
carro y les enseñó la naturaleza del Todo” 27. Las estrellas están ligadas íntimamente a
todas y cada uno de los vivientes mortales y en cierto sentido les corresponde su
creación inicial y su instrucción. Las almas de los mortales se deben esforzar por
enderezarse aprendiendo del curso de los astros y siguiendo el camino recto y
racional, tal como se sigue por lo Mismo, y si logran vivir rectamente podrán unirse
26
Platón, Timeo, 39a
27
Platón, Timeo, 41c
29
finalmente a su astro patrón y atravesar los cielos haciendo parte de las más excelsas
de todas las creaturas.
Por esto, no es ningún elemente concreto lo que da a luz al resto de las creaturas
naturales. Si el fuego, por poner un ejemplo, fuera el principio de todo lo material, no
podrían entonces existir seres acuosos o terrosos, pues la forma misma del fuego sería
incompatible con estos otros seres. Para poder constituir todo lo que se necesita para
28
Platón, Timeo, 51a
30
Siendo una realidad oscura que por sí misma escapa al ámbito de la forma y de la
razón, es difícil hablar del receptáculo. Timeo se refiere a él como la madre que junto
con el modelo como padre engendra el cosmos como imagen encarnada, “así, por la
acción de la necesidad, rendida a la fuerza persuasiva de la sabiduría, se ha formado
el mundo desde su comienzo”30. El mismo diálogo admite que más allá de esto, la
relación entre forma y materia es difícil de explicar. Aun así, lo que queda claro es
que la necesidad es persuadida por el intelecto en la medida de lo posible para crear el
mundo material de la mejor y más bella forma posible. Más allá de este principio
indistinto, la materia definida sigue estando sometida a las leyes de la necesidad y por
esto se dan los elementos. Como se ha señalado, los elementos no son en este caso el
principio de la realidad material, pues este principio debe ser indistinto. Por el
contrario, cada elemento tiene sus propiedades que lo terminan definiendo en lo que
es.
Una vez el Hacedor da número y medida a este caos primordial, los elementos
comienzan a separarse y agruparse de acuerdo a sus propiedades y a sus semejanzas.
29
“Ciertamente, el elemento primario del universo es la materia, desprovista de forma y de cualidad;
cuya forma inteligible se forma para que pueda haber un mundo; y de ellos, es decir, la materia y la
forma, surgen el fuego puro e inteligible y las demás sustancias no adulteradas, y de ellos, finalmente,
estos elementos materiales sensibles con partes dominantes de fuego, agua, tierra y aire.”. (Calcidio,
On Plato's Timaeus, 551)
30
Platón, Timeo, 47e
31
Platón, Timeo, 53b
31
Lo más ligero quedó sobre lo más denso y lo similar se agrupó con lo similar. Los
elementos ya existían, lo que hace el Demiurgo es ordenarlos de la forma más bella
posible.
Ahora bien, en tanto cuerpos, los elementos terminan reduciéndose, en su forma más
simple, a triángulos, pues todo cuerpo se reduce en última medida a superficie, y las
más simples de todas las figuras son los triángulos. Los elementos se componen de
dos tipos de triángulos, un triángulo recto isósceles y un triángulo escaleno recto con
ángulos de 30 y 60 grados, pues estos son los más bellos de todos los triángulos, y el
mundo debe ser, desde su composición básica, bello. 32 De este primer triángulo, el
más firme, se constituye la tierra, el más sólido de los elementos, pues con doce de
estos triángulos se constituye el cubo, la forma básica del elemento terreo. Por su
lado, el fuego, el aire y el agua se constituyen de tetraedros, octaedros y dodecaedros.
Estos cuerpos y sus ángulos terminan determinando las propiedades de cada uno de
los elementos. El fuego, por ejemplo, es el más ligero de los elementos, lo que es
propio de la figura con el menor número de ángulos, y por ser el elemento con los
ángulos más agudos, es capaz de disolver fácilmente las otras figuras y destruirlas y
consumirlas, lo que vuelve al fuego mismo un elemento que destruye y consume
fácilmente.
La elección del triángulo como estructura básica de la Creación y los valores que se le
asignan a cada uno de los polígonos elementales no es azarosa ni esotérica. Todo
cuerpo posee extensión y densidad, por lo que se deduce que esta extensión puede ser
reducida a su elemento más sencillo; en este caso todo volumen se puede reducir a un
plano y toda figura plana puede ser reducida en triángulos, los polígonos más
sencillos de todos. Los triángulos básicos deben ser capaces de formar las más
perfectas de las figuras, aquellos que tienen “la propiedad de dividir en partes iguales
32
“Timeo ahora (53E-54A) adopta la Belleza como el criterio de la excelencia de las entidades que
debe discutir; la Belleza de alguna ocupa el lugar, o se ha vuelto, de lo Bueno, y declara que el
triángulo recto escaleno es la cosa más bella a partir de la cual construir los bellos elementos, pues es
el componente inmediato (cuando se duplica) del triángulo equilátero.”. Cropsey, “The Whole as a
Setting for Man: On Plato's Timaeus”, 179
32
y semejantes la superficie de la esfera en que está inscrito” 33, por lo que no se trata de
cualquier triángulo el que compone la base de la materia, sino aquellos rectos
escalenos de ángulos de 30 y 60 grados (que entre dos arman un triángulo equilátero)
y el triángulo recto isósceles (que entre dos arma un cuadrado). De la concatenación
de estos triángulos se constituye lo que vendrá a llamarse eventualmente los sólidos
platónicos. Figuras cuyas caras se constituyen todas del mismo polígono regular.
Ahora bien, aunque en el mundo los elementos tienden a agruparse, el cosmos entero
se constituye de espacios en los que los distintos elementos están en constante
interacción. Dependiendo de cómo sea la proporción de elementos que se enfrenten el
resultado siempre será distinto. Por ejemplo, una cantidad minúscula de agua que se
enfrente a una cantidad mayor de fuego verá sus partículas divididas y generará de sí
partículas de fuego, mientras que una cantidad mayor de agua que ahogue una
proporción menor de fuego, condensará las partículas de fuego en partículas de agua.
Esto es cierto con los tres elementos más ligeros, pero no es el caso con la tierra, pues
como su figura se compone de un triángulo distinto del de las demás, sólo podrá
deshacerse y renacer en tierra.
Que los elementos puedan trasmutar es necesario para que el mundo esté en
movimiento y haya interacción entre los distintos principios pues “cada elemento, si
permanece invariable e idéntico a sí mismo, no puede ni producir un cambio ni
experimentar una alteración procedente de otro elemento que permanezca igualmente
invariable e idéntico”37. El movimiento del cosmos ya explicado, lleva a los
elementos a no quedarse estáticos en el espacio que su naturaleza les asignaría, sino
que siguiendo las revoluciones terminen interactuando entre ellos, incluso si ellos
tienden a agruparse en los círculos que les son propios. En este movimiento que
machaca y mueve las partículas por el cosmos, todo termina llenándose de estos
cuerpos, pues siempre que un espacio se abra, será llenado por una partícula distinta.
El movimiento distinto de cada uno de los círculos permite que entonces la materia
misma esté en perpetuo movimiento, no sólo en el sentido en que los cuerpos celestes
se moverán siguiendo sus órbitas, sino que todos los elementos estarán fluyendo en
una especie de colador para purificar el trigo.
En la constitución del mundo, los cuerpos ligeros tienden a ir hacia el lugar que se
denomina “arriba” y los pesados hacia “abajo” (sólo así tienen sentido estas
37
Platón, Timeo, 57a
34
38
(Platón, Timeo, 62c-63d)
39
(Platón, Timeo, 76c/90d-92c)
35
A partir del hombre son creadas luego las otras creaturas hechas a imagen de la
degeneración de su alma, mientras que las plantas son hechas para su subsistencia 40.
Aunque puede ser un poco radical interpretar esto literalmente, lo que hay que tener
en cuenta es que, entre los seres corpóreos, el ser humano es único por tener razón y
poder divinizar su alma hasta el punto de volverse igual a lo eterno. Aunque los otros
animales recogen en sí ciertos elementos de la Creación, en el ser humano se recogen
mejor los elementos macrocósmicos. En él la armonía y el orden con los que se
organiza el cosmos se pueden representar, gracias a la virtud de su espíritu y su
intelecto.
Ahora bien, mientras que el alma inmortal que el Demiurgo da al ser humano es sólo
una, los dioses intermediarios no dan un alma simple, sino que crean al alma mortal
40
“Pero como sin duda allí [el ser humano] hubiera acabado por perecer, disuelto o reducido a nada
por esos elementos, los dioses imaginaron entonces un medio para ayudarlo. Mezclando con otras
formas y con otras cualidades una sustancia semejante a la del hombre, dieron nacimiento a otra
especie de seres vivos. Tales son los árboles, las plantas y las semillas”. Platón, Timeo, 77a
41
Calcidio argumenta que de la composición del cuerpo humano a partir de todos los elementos y de
que su alma sea de la misma materia que el alma del mundo se sigue que este sea microcosmos: “Por
eso supongo que los antiguos llamaron al hombre el mundo en miniatura; y con razón, porque el
mundo y el hombre, cada uno en su totalidad, consisten de todas las mismas cosas, el cuerpo posee en
cada caso los mismos elementos materiales, y el alma es también de una misma naturaleza.”. (437)
36
doble: por un lado, está el arma irascible, situada en el pecho, y, por el otro, el alma
apetecible, situada en el vientre. El alma apetecible, aquella que se encarga de los
deseos sensuales, particularmente de la comida, se ocupa de que el organismo se
mantenga vivo, pues por su condición material, el cuerpo necesita alimentación; para
controlar su infinito deseo, los dioses labraron los intestinos como un laberinto que
regule la cantidad de comida. El alma sensual no tiene sólo un guía ni una dirección,
sólo es controlada por el miedo o el placer. Entre el alma apetecible y la inmortal, en
el sitio del corazón, está situada la irascible. Por medio del corazón, ella logra
calentar y airar al resto del cuerpo, para levantarlo en ira en defensa de una causa.
Ella, idealmente, obedecería al alma racional y cohibiría al alma apetecible.
El alma mortal que los dioses intermediarios crean para acompañar al alma inmortal
no la perjudica necesariamente. Aquella permite que la totalidad humana pueda vivir
plenamente y desarrollar sus potencias divinas. El alma mortal no sólo permite que el
alma divina se ajuste a la condición de estar en un mundo corporal, sino que también
ella mismas funciona imitando el Macrocosmos, por lo que manejada apropiadamente
será bella en sí misma. El alma apetitiva, siguiendo las leyes que rigen el cosmos,
tiene la tendencia a aborrecer el vacío por lo que lleva al hombre a alimentarse. El ser
humano debe comer lo que se le asemeja42. Para poder alimentarnos, los dioses han
creado un mundo vegetal que, aunque es distinto de nosotros se nos asemeja. De
forma semejante, otros sistemas funcionan a imitación del Macrocosmos, un ejemplo
clásico es la respiración, cuyo movimiento circular imita el alma del mundo 43.
Además de esto, el alma apetitiva le corresponde el placer, una sensación que ayuda a
discernir aquello que nos beneficia al alinearnos con la naturaleza, de hecho “una
impresión contraria a la naturaleza y violenta, que se produce de golpe en nosotros es
42
“Su anatomía de nutrición y respiración nos interesa por el vigor con el que se hace compatible con
los principios universales de necesidad mecánica, es decir, el movimiento del cuerpo, y la plenitud de
la materia, es decir, la ausencia de vacío […] El gusto y la estabilidad de la proporción son una
fórmula para la conciliación del movimiento incesante y el descanso ininterrumpido. La existencia
masiva de la enfermedad atestigua el poder de las fuerzas que tienden a oponerse a esa
reconciliación.”. Cropsey, “The Whole as a Setting for Man: On Plato's Timaeus”, 188
43
(Platón, Timeo, 79a-c)
37
44
Platón, Timeo, 64d
45
“[El alma mortal] conlleva consigo pasiones temibles e inevitables. En primer lugar, el placer, ese
incentive poderosisismo para el mal; los dolores luego, causas de que abandonemos el bien”. Platón,
Timeo, 69d
46
“Para Timeo, el alma mortal es partida de la lucha del bien contra el mal necesario, una lucha que es
un episodio de lo que aparece como una polémica cósmica, de la cual ya hemos visto evidencia”.
Cropsey, “The Whole as a Setting for Man: On Plato’s Timaeus”, 184
38
regularidad gracias al movimiento de los astros y el oído que funciona por un choque
que se transmite por las partículas del aire al cerebro, la sangre y el hígado; pero que
tras esta operación biomecánica se educa el alma en nociones de proporción y
armonía.
Ahora bien, el alma y el cuerpo, tanto del mundo como del humano, no están
separados tajantemente. Para poder crear verdaderamente al ser viviente, era
necesario poder unir el alma y el cuerpo; para esto se diseñó la médula que enraíza al
alma a la especie mortal. Ella se hace tomando los triángulos más excelsos y las
semillas más perfectas de los elementos. Por la médula se conectan cuerpo y a alma y
en ella están las semillas de la vida. A partir de la médula se crean huesos, carne,
tendones y ligamentos. De la parte superior de la médula, aquella diseñada para
guardar la semilla del alma divina, se diseñó el encéfalo. Esto se hizo con la misma
forma que el Demiurgo tomó para crear al Cosmos: la esfera. Los artesanos de los
mortales imitan al Hacedor en su elección de figuras, escogiendo la más perfecta de
las formas para albergar la semilla dada directamente por el Creador. 47 La esfera de la
cabeza sirve como punto de control del cuerpo, y desde ella se dan los movimientos
del alma, la cual en la opinión y la ciencia imita los movimientos de los astros 48. Pero
igual que con el cosmos no bastó con el círculo de lo Mismo para tener la obra
perfecta, con el mortal no basta poseer la semilla del alma divina, sino que hay que
conectar el alma mortal a los miembros y crear articulaciones que permitan el
movimiento. Para esto los artífices tomaron de la especie de lo Otro para crear
articulaciones y ligamientos.
mortal. Por lo general, ellos pretenden menguar los defectos del alma mortal, que por
sí sola podría sobreponerse a la inclinación por lo divino. Por ejemplo, dejada a sus
anchas, el alma apetitiva llevaría al ser humano a abarrotarse de comida hasta
reventar, pero por el diseño de los intestinos, se puede saciar el apetito lo suficiente
como para que se provea el alimento sin que la gula se sobreponga a la vida más allá
del estómago. El alma irascible también se ve controlada, pues por sí sola podría
sobrecalentarse fuera de toda medida, por ello existen los pulmones y la respiración
para enfriar el pecho, donde reside el corazón. Entre todos estos órganos, hay uno
cuya función resulta muy extraña pero importante, este es el hígado.
Él se situó donde se asila la parte baja del alma “a fin de que también pudiera llegar a
ella alguna manera de verdad”49. El alma apetitiva se encuentra completamente
alejada del elemento divino para no sobrecogerlo con su gresca, pero a su vez ella es
incapaz de acudir a razones. A pesar de eso también conviene que ella participe de la
Verdad. Para esto se instala un órgano adivinativo que pueda mostrarle la Verdad por
medio de imágenes y portentos, lo único a lo que se puede someter el animal
irracional del alma baja. A diferencia de la parte irracional de la creación, la
necesidad, la parte completamente irracional del hombre no puede ser persuadida por
medio de argumentos, sino sometida por revelaciones sensibles. La adivinación es
entonces la conexión más directa en el mortal entre la verdad y lo irracional. Mientras
que por lo general la verdad se relaciona con el razonamiento o con la opinión
verdadera, también la adivinación, arte completamente irracional, conecta al ser
humano con la verdad. Esta facultad ha sido dada al alma irracional, no sólo para que
por medio de las imágenes llegue a ser persuadida a acoplarse a lo racional, sino
también para que ella misma participe de la verdad, pues conviene a la creación
participar en todos sus aspectos de lo divino.
El alma mortal no sólo permite que el ser humano viva en el mundo creado del
devenir, sino que ella misma contiene, en cierto sentido, parte de la creación.
Mientras que el intelecto humano se hace a imagen de los círculos celestes del
49
Platón, Timeo, 71d
40
Macrocosmos, y acorde a esto se moldea aquella parte del cuerpo que ha de acoger la
semilla divina, el alma animal contiene, en cierto sentido, en potencia, a las creaturas
irracionales que han de llenar la creación para hacer que, poseyendo toda clase de
vivientes, esta sea absolutamente perfecta. Siguiendo el discurso verosímil que hasta
ahora ha llevado, Timeo expresa que los dioses intermediarios han creado al hombre
siguiendo el ejemplo de la creación del cosmos por parte del Demiurgo, y una vez
creada, el alma inmortal reencarnará tras haber muerto el conjunto mortal de acuerdo
con la vida que haya vivido. Es por esto que se pluraliza la creación con las mujeres y
los animales. Estos últimos son hechos a partir de los defectos de un alma mortal que
domine al hombre que serán explicitados en el nuevo cuerpo y en la nueva forma de
vida. Los animales aéreos serán aquellos que se dejen llevar por las visiones (no
razonamientos) de los cielos y los astros, las bestias serán quienes vivían una vida
guiada exclusivamente por el placer y las cosas terrestres, mientras que los acuáticos
serán quienes estén tan alejados del bien que ni serán capaces de respirar.
Finalmente, el cuerpo mismo funciona a partir de las mismas leyes que gobiernan el
universo, pero a diferencia del primero, que es completamente autosuficiente e
imperecedero, el cuerpo está sometido al decaimiento y a la muerte 50. Pero no
queriendo que el cuerpo se acabe por el decaimiento natural se le ha dado un
mecanismo para repararse y reformarse. De forma semejante a como la tierra está
llena de canales y ríos, el cuerpo está regado con sangre que sirve para construir su
carne y reparar sus defectos y “el mecanismo de la reparación y de la pérdida es el
mismo que ha dado nacimiento y origen a todo el movimiento del universo” 51. La
imitación de las leyes universales ayuda a reconstruirnos, pero al ser nosotros seres
inscritos en una totalidad mayor, también nos destruimos por estas mismas leyes,
pues los seres externos roban partes del cuerpo humano por la tendencia de lo
semejante a buscar lo semejante. Cuando se pierde más de lo que se recupera el
animal muere. Este nunca será el caso del cosmos pues nada hay fuera de él que
pueda robarle lo suyo. Él es un ser completamente autosostenible. Así, a pesar de que
50
“Timeo enfatiza la reciprocidad entre superior e inferior, los dos difieren entre sí como la jerarquía
difiere del equilibrio”. Cropsey, “The Whole as a Setting for Man: On Plato's Timaeus”, 190
51
Platón, Timeo, 80c
41
Pero para considerar la salud como imitación de la operación del Macrocosmos, hay
que tener en cuenta que entre Microcosmos y Macrocosmos hay una diferencia
inconmensurable. El Universo es una totalidad, por fuera de él no hay nada material y
nunca perderá aquello que lo compone por fuerzas exteriores. El alma que le ha sido
asignada al universo ha sido hecha para garantizarle movimiento y vida perpetuos; él
es, en la medida en que lo puede ser un ser creado, un ser inmortal. Este no es el caso
52
Platón, Timeo, 80c
42
del ser humano. La muerte, la vejez y la enfermedad son fenómenos innegables 53.
Para sobrevivir tiene que consumir alimentos que provienen del exterior –pues fuera
de él se encuentra todo el resto de la creación—ya que el mundo estará robándole y
desgastando su organismo. Con el tiempo, su misma constitución elemental, de los
triángulos esenciales, se verá desgastada por el uso, lo que trae la muerte. También
hay que tener en cuenta que al ser humano le sobreviene la enfermedad por excesos y
defectos, lo que sólo es posible para un ser que tiene que interactuar con creaturas
externas para nutrirse. En el universo no hay exceso ni defecto, pues él lo es todo y no
podría ser más ni menos de lo que ya es.
A su vez, el ser humano, aunque no posee toda la naturaleza en sí, está hecho a partir
de los cuatro elementos. En la naturaleza, los elementos tienen la tendencia a
agruparse y mantenerse en el lugar que les sea más acorde, lo que permite su
preservación. Algo semejante ocurre con el cuerpo humano, cuyos elementos tienen
una proporción justa de la cual depende la salud. El desbalance elemental es la causa
más común, pero no exclusiva de las enfermedades. De un exceso de fuego provienen
las inflamaciones y las fiebres (que en una justa proporción sirven para reestablecer la
salud en algunas enfermedades más complicadas) continuas, del exceso de aire se dan
fiebres cotidianas, del exceso del agua fiebres terciarias, y del exceso de tierra fiebres
cuartarias, que son más prolongadas.54
La enfermedad es, entonces, algo negativo, se define por la falta de proporción, que
se corresponde con la salud. Ella se determina por faltas de armonía, por la distancia
del modelo cósmico55. Ahora bien, esto no quiere decir que sea necesario que los
53
“La gran norma de la naturaleza es un orden cuyo principio de similar a similar se llama, en un uso
extremadamente raro de la expresión, las leyes de la naturaleza; la norma no es llamada una Idea, lo
eterno inmutable que es el verdadero ser de todo devenir. Es difícil concebir la eficacia o la
constitución de un enemigo exitoso de la Idea; pero la enfermedad obliga a Timeo a conjurar al
enemigo exitoso de las leyes de la naturaleza. Él descubre una necesidad ciega, llamada el cosmos
irresistible, en la que la lucha y lo irracional conviven en tensión duradera con la razón y el bien
personificado como dios. Se nos presenta el espectáculo del principio de gustar, que es una filia, en
lucha perpetua con un principio de hostilidad”. Cropsey, “The Whole as a Setting for Man: On Plato's
Timaeus”, 188
54
(Platón, Timeo, 85d-86e)
55
“Así como la locura, la irracionalidad y otras formas de disfunción psíquica pueden describirse como
divergentes del modelo cósmico divino, así también la enfermedad es una desviación de un estado en
43
elementos del cuerpo permanezcan inmutables en una especie de modelo estático del
Macrocosmos. La salud exige una regularidad en leyes y proporciones, más que en la
composición, pues,
58
Aquí me encuentro de acuerdo con Betegh que argumenta en contra del consenso académico de que
el cosmos tiene una perfección mecánica que al funcionar perfectamente por sí sola permite que el
alma se entregue a la contemplación, que “lo que Timeo quiere decir es que el sistema homeostático
auto-sostenido no es el cuerpo del mundo en sí mismo, sino el organismo cósmico en su conjunto,
concebido como un compuesto de cuerpo y alma” (244)
59
“Lo que tiene de especial el alma del mundo es que sus revoluciones regulares constituyen su
actividad cognitiva y garantizan la salud del cuerpo del mundo. Con los mismos movimientos el alma
cumple su propio fin de conocer y formular el conocimiento y la comprensión de las formas eternas,
indivisibles y siempre iguales, y de las verdaderas opiniones sobre los seres corpóreos divisibles, y
mantiene el cuerpo del mundo en buen estado. Al realizar lo que más desea hacer en y por sí misma, el
alma del mundo también cuida de la salud de su cuerpo. No se necesita atención adicional al cuerpo”.
Betegh, “Cosmological Ethics in the Timaeus and Early Stoicism”, 248
45
elevar el conjunto, así las cosas “es preciso tener en cuenta el cuidado de las distintas
partes del cuerpo y del alma, imitando la forma del universo entero” 60. Este ejercicio
de cuidado, la educación en la gimnasia, en la música y en la filosofía, o, en su
defecto la medicina curativa, funciona entonces imitando la naturaleza del Cosmos
entero.
El fin de la vida humana es la óptima actividad del alma –por lo cual se sacrifica
incluso vigor corporal—pero, a pesar de esto, el alma no es prístina, sino que ella
también es susceptible a enfermedades que “sobrevienen como consecuencia de
disposiciones corporales”61. Como se ha aclarado anteriormente, el alma mortal trae
consigo pasiones peligrosas para la virtud, entre ellas el placer y el dolor. Estas
pasiones pueden ser particularmente peligrosas para aquel que tenga una disposición
hacia ellas; esto lo vuelve propenso al desenfreno, pues temerá más al dolor, que
sentirá más agudamente, y se dejará llevar más por el placer, que lo sobrecarga. Las
disposiciones no son consecuencia, sino causa, de una vida desenfrenada; ellas no son
escogidas libremente. Es injusto, entonces, acusar al vicioso de ser malvado por
elección, puesto que ello se debe a condiciones innatas, o aprendidas por costumbre o
educación. Lo anterior, sin embargo, no implica que no haya libertad en la virtud. Del
conocimiento y la educación se puede mejorar las disposiciones del alma. Aunque la
predisposición a la sensibilidad extrema ante el placer y el dolor son innatas, Timeo
menciona que las costumbres de un pueblo también influyen en las disposiciones de
sus habitantes. Una educación que siga la Verdad y la virtud servirá entonces para
criar almas virtuosas.
La ciencia del cosmos sirve para la virtud del alma al ocuparse de las leyes y
proporciones del mundo, bellas en sí misma y por lo tanto buenas, pues “todo lo que
es bueno es bello, y la belleza no se da sin unas relaciones o proporciones
regulares”62. El conocimiento del Macrocosmos sirve de ejemplo al alma y por sí
mismo la educa en lo que es bello y bueno. Pero, por otro lado, por el conocimiento
60
Platón, Timeo, 88b
61
Platón, Timeo, 86b
62
Platón, Timeo, 87b
46
63
“Por lo tanto, debemos examinar cómo funciona el cuerpo del mundo para no molestar su alma, y
también debemos tratar de aproximarnos, en la medida de lo posible, al estado del cuerpo del cosmos”.
“Cosmological Ethics in the Timaeus and Early Stoicism”, 242
47
CAPÍTULO 2: EL MACROCOSMOS: EL UNIVERSO COMO BASE
DEL CONOCIMIENTO HUMANO
fue creado.
esmeralda
64
(Zeyl y Sattler, “Plato’s Timaeus”)
65
(Gentzke, “Christian Platonism and Modernity”, 338)
66
Pagel, Paracelsus, an Introduction to Philosophical Medicine in the Era of the Reinassance, 203
Siguiendo la tradición platónica y hermética, Paracelso divide el mundo entre lo
visible y lo invisible. Platón es claro en esta división, por ejemplo, en República, con
el famoso
50
naturaleza de los seres elementales. Los astros que conforman este firmamento
espiritual funcionan como arquetipos que guían a los seres. Estos arquetipos o
virtudes son los arcanos, que explicaremos a profundidad más adelante.
72
Paracelso, Concerning the Nature of Things IV (ed. Waite), 135
52
73
“El mundo está vivo, vivo en todas sus partes, pequeñas o grandes, y no hay en él nada que no lo
esté: las piedras y los astros, los metales, el aire y el fuego. Todo está vivo y el universo en su totalidad
es un río eterno de vida. Ese río se propaga y se rompe en corrientes aisladas y múltiples; las corrientes
se encuentran, luchan, se combaten, y todos proceden de una sola y misma fuente y vienen a perderse
en un mismo océano de vida”. Koyré, Místicos, espirituales y alquimistas del siglo XVI alemán, 76
74
Por ejemplo, él señala en los Archidoxies que “Cuando Cristo colgó en la cruz, si el sol y la luna no
hubieran sido afectados con una especie de simpatía, de modo que se les privara de su luz y se
oscureciera, y si la tierra no hubiera sido sacudida con un terrible temblor, y si no se hubieran
manifestado otras señales en su nacimiento, nadie creería ahora en Él. Ellos naturalmente nos enseñan
a ver y conocer esto, que Jesucristo es Dios, y tomó la naturaleza humana sobre Si Mismo” 39
75
“Al principio, todas las cosas fueron hechas a partir de la nada, solo por la palabra, excepto el
hombre”. Paracelso, The end of the Birth, and the Consideration of the Stars (ed. Waite), 289
53
La división tripartita alma, espíritu, cuerpo, tiene sus correspondencias en todas las
esferas de la realidad. Por ejemplo, incluso lo puramente elemental, la materia, se
divide de forma semejante a este trino, entre Mercurio, Azufre y Sal. “Mercurio es el
espíritu, Azufre el alma, y la Sal el cuerpo”76. En los cuerpos mismos hay un principio
solidificante, la sal, un principio etéreo e incandescente, el azufre, y un principio
conector de ambos, el Mercurio. La estructura de la materia es análoga a la del
cosmos como totalidad. El mundo, según Paracelso, se construye a partir de
correspondencias escondidas y el conocimiento de estas correspondencias, de la
naturaleza oculta de las cosas, constituye la filosofía y la ciencia de la naturaleza, en
contraposición al mero conocimiento de las propiedades aparentes y superficiales de
los seres. Estas analogías existen no sólo gracias a que todo proviene de un mismo
Creador que deja su huella en lo que hace, sino también por la correspondencia de
correspondencias, el Macrocosmos y el Microcosmos77.
76
Paracelso, Concerning the Nature of Things I (ed. Waite), 125
77
“No hay conocimiento sin simpatía, y no hay simpatía sin semejanza. Sólo el semejante conoce a
sus semejantes; por eso nosotros podemos conocer en nuestro interior lo que es semejante fuera de
nosotros mismos”. Koyré, Místicos, espirituales y alquimistas del siglo XVI alemán, 79
54
Esta estabilidad se debe a algo que preexiste a la creación en Dios: los arquetipos,
llamados por Paracelso arcanos. Gracias a estos, el universo entero participa de la
eternidad, y tiene lugar en la reforma eventual que seguirá a la disolución final de lo
perecedero, incluso si el alma inmortal pertenece sólo estrictamente al hombre. La
fragilidad se debe a que el universo mismo es hecho a partir de la nada y a la nada
vuelve. El ser humano, a su vez tiene un principio inestable en su cuerpo natural, que
tiene como padres seres naturales y perecederos, pero también posee el alma que
preexiste y es eterna.
Estos arquetipos funcionan como causa final de los seres, pues en la creación todo
está moviéndose en un proceso de purificación 78. El proceso de separación de la puro
de lo impuro es propio de la alquimia, y Paracelso lo adopta directamente en su
cosmovisión. Los seres son movidos por las virtudes ocultas que se vuelven
manifiestas con la transformación de la materia, ya sea por el trabajo del alquimista o
por los procesos materiales. A diferencia de la visión platónica y neoplatónica, en la
78
“La filosofía alquímica, tal como se presenta en los libros paracelsistas, aparece a una primera ojeada
como un dinamismo organicista, como una especie de doctrina de evolución, doctrina monista si la
hubo, y —cosa muy curiosa e incluso desconcertante— como una doctrina de evolución ascendente y
no de evolución descendente, como acabamos de estudiar”. Koyré, Místicos, espirituales y alquimistas
del siglo XVI alemán, 101
55
que el mundo material sigue siendo una copia inferior de lo ideal, acá lo espiritual
invisible existe oculto en el mundo visible. El espíritu subyace y actúa dentro del
mundo material, existe como motor dentro de él y también como fin suyo.
Lo espiritual funciona como el principio que mueve lo material 79, tanto como causa
eficiente, en caso del espíritu en sí que mueve el cuerpo, o como causa final, en caso
de los arcanos. Aunque Paracelso nunca usa las expresiones, es posible encontrar
paralelos de varios de sus conceptos con las causas aristotélicas. Entonces, si los
arcanos son causa final y el espíritu es causa eficiente; ellos son lo que engendra una
sustancia o cosa a partir de sí mismos, pero no hay en este procedimiento posibilidad
de retorno, un ejemplo recurrente en Paracelso es que la leche es el misterio del
queso. Por otro lado, en cada cosa hay algo que se llama vulcano que es un principio
de maduración y putrefacción. Vulcano transforma las sustancias, por lo general, a
través de un proceso de putrefacción o calcinación. Por ejemplo, la digestión es el
vulcano de los animales, que transforma el alimento en carne, y el fuego es el vulcano
del alquimista, que transforma la materia prima. Todas estas causas se rigen por los
arcanos, o el arquetipo perfecto de cada creatura que preexiste en Dios y al cual se
dirigen todas las cosas, en otras palabras, la causa final. El proceso del mundo es de
purificación en el que las cosas deshacen sus imperfecciones para dar paso a su
estado perfecto, el arcano.
La separación no es más que “la segregación de una cosa de otra, ya sean dos, tres,
cuatro o más las que se han mezclado” 81. En el proceso de separación hay una mezcla
inicial a la que usualmente se le aplica un disolvente que separa de esta sustancia
inicial sus distintas partes en componentes. Usualmente, en el arte alquímico la
separación es uno de los procesos esenciales, pues parte de lo que se busca es separar
lo puro de lo impuro de la materia. Este movimiento de la separación de lo impuro de
lo puro es central para la escatología de Paracelso, pues la disolución final del mundo,
la destrucción del mundo elemental, no es vista como un fin, sino como el paso final
en el proceso de segregación de lo espiritual de lo material que atraviesa toda la
Creación. En cierto sentido, se puede ver no sólo en la separación final, sino en todo
el proceso creativo, una separación de lo puro de lo impuro. Cosmológicamente se
puede hablar de cuatro momentos de separación: la elemental, la de los elementos
mismos en sus vástagos, la de la procreación natural y la destrucción final. Cada una
de estas separaciones va concretizando cada vez más la naturaleza en distintas formas
que expresan las distintas virtudes arquetípicas que preexisten en Dios.
80
(Paracelso, Concerning the Nature of Things VII)
81
Paracelso, Concerning the Nature of Things I, 160
57
eruditos cuyo conocimiento se basa en los libros de tinta y no el “libro del mundo” 82.
Los alquimistas, viajeros y médicos empíricos tienen una relación directa con el
objeto y por ello lo conocen más a profundidad que el mero intelectual. La alquimia
como ciencia se encarga de encontrar las propiedades ocultas de las cosas, pues la
naturaleza se deleita en sus secretos, pero estos son conocibles 83. Lo único
verdaderamente incognoscible para el ser humano es lo que Dios ha decretado que
permanezca en las sombras. Empero el mundo está lleno de misterios que pueden ser
develados por la investigación juiciosa. La alquimia se vuelve necesaria en la
investigación de la ciencia natural, pues ella aísla la verdadera naturaleza oculta de
las cosas más allá de lo aparente.
caso, es Dios quien hace la obra a partir de una materia prima, el Gran Misterio, que
aunque no es propiamente material, identificándose más con el Verbo divino, es el
principio de toda materia.
Teniendo en cuenta que Dios es el gran artífice de todo, es necesario recordar que Él,
“lo hizo todo a partir de la nada, sólo por la palabra” 86; por venir de la nada, la
Naturaleza es efímera y tiende a volver de la nada. Solo aquello que proviene de algo
puede ser permanente. Todo en la Creación, a excepción del principio inmortal
anímico, es perecedero y, por tanto, no puede partir de algo ontológicamente estable.
Aunque a primera vista parecería que la nada de la que se hace el mundo es absoluta,
Paracelso encuentra, de forma algo contradictoria, un principio espiritual que se
separa para crear el mundo, el cual llama el Gran Misterio 87. Éste no es un ser
concreto, pues cualquier determinación lo volvería insuficiente a la hora de
encarnarlo todo, “el Gran Misterio no era elemental, aunque los elementos mismos
estuvieran latentes en él”88. La bondad divina prefigura en él la posibilidad de todas
las formas y los seres posteriores, pero, por, sí mismo el Gran Misterio es distinto de
toda creatura. En el proceso de la Creación a partir de él se configurará los distintos
seres adoptando diversas formas, pero por sí mismo él carece de forma. Él es
increado y dispuesto por Dios mismo como el principio a partir del cual se ejecutará
el resto de Su obra. Él es el único de los misterios increados y a partir de él surgen el
resto de los misterios.89
El Gran Misterio, este principio amorfo, se separa para dar luz a los elementos, que
serán separados a su vez en distintos seres. La Creación, como labor, se compone de
distintos procesos de separación. Este trabajo es análogo al del alquimista. En la
La informidad absoluta del Gran Misterio es poseída por el espíritu de Dios que,
como el reactor que entra en la sustancia, la separa e informa. Al hacer esto,
Mientras que es casi imposible dar detalles específicos sobre el Gran Misterio antes
de que Dios entre en él, una vez Él comienza a operar el Misterio se aclara. Tras esta
primera división, él se comienza a asemejar a una especie de humo o de vaho que
puede compactarse en ciertas partes, mientras que en otras se mantiene con una
naturaleza etérea. En su mayor parte, él se mantiene disperso, pero en cuanto puede
ser condensado forma los elementos más pesados. Esta separación es la separación
elemental. Acá del Gran Misterio originario se separa por la inscripción de Dios y da
origen a los elementos clásicos. Es acá cuando comienzan a aplicar las
determinaciones concretas, pues mientras que el Gran Misterio es absolutamente
indeterminado –lo que es necesario para que de él pueda darse toda la plétora de la
Creación—los elementos mismos se definen por sus características.
–por ejemplo, el agua es húmeda y fría, el fuego seco y caliente, etc 93.—en Paracelso
no puede haber un elemento que sea seco y caliente simultáneamente, por ejemplo,
sino que por sí mismos los elementos sólo se definen por uno de estos atributos, a
saber: “lo cálido es el elemento del fuego. Lo frio es el elemento de la tierra. Lo
húmedo es el elemento del agua. Lo seco es el elemento de la tierra” 94. En la
separación elemental, el Gran Misterio que era completamente indeterminado, se
separa en los elementos, cada uno poseedor de una determinación concreta.
A los elementos mismos se les aplicará una segunda separación de la que surgen los
seres elementales, las creaturas propiamente materiales. De acá se le da luz a las
distintas especies elementales que habitarán cada uno de los distintos espacios
asignados a los elementos por sus propias naturalezas. En cada uno de los elementos
se encuentran latentes sus distintas manifestaciones, “todas las cosas existen en los
93
“En efecto, el fuego es caliente y seco, el aire caliente y húmedo (pues el aire es casi un vapor), el
agua fría y húmeda, la tierra fría y seca, con lo cual las diferencias se distribuyen racionalmente entre
los cuerpos primarios y su número responde a un orden lógico”. (Aristóteles, Acerca de la generación
y la corrupción, 330b)
94
Paracelso, Philosophy addressed to the Athenians I (ed. Waite), 250
95
Paracelso, Philosophy addressed to the Athenians II (ed. Waite), 266
96
“Un elemento no es nada más ni nada menos que un alma” Paracelso, Philosophy addressed to the
Athenians II (ed. Waite), 266
62
cuatro elementos”97. En su separación interna, los elementos dan luz a aquello que
subyace en ellos. Previo a esta separación, los elementos eran unitarios, pero luego
ellos adoptan gran variedad de formas. Esta separación se asemeja a
un árbol en invierno, que existe sólo como un árbol, pero cuando viene el
verano, […] brotan sus flores y frutos a la hora de la recolección, y de la
separación, de forma semejante se debe entender respecto a todo, la
separación y recolección del Gran Misterio, que no puede ser contenido
por más tiempo ni ser retrasado.98
Acá se da paso a lo que puede llamarse propiamente materia. De los elementos como
matrices y puntos de partida, se da paso a las creaturas materiales propiamente
hablando. Por sí mismos, los elementos son espirituales, pero por la separación
interna que se efectúa en ellos se puede dar paso a lo material. Este proceso de
separación elemental se da simultáneamente en los cuatro elementos.
97
Paracelso, Philosophy addressed to the Athenians II (ed. Waite), 270
98
Paracelso, Philosophy addressed to the Athenians I (ed. Waite), 254
99
Paracelso, Philosophy addressed to the Athenians I (ed. Waite), 256
100
Paracelso, Philosophy addressed to the Athenians I (ed. Waite), 258
63
El mundo es creado entonces como un organismo que tiende a una causa final. Esto,
empero, es radicalmente distinto el modelo platónico, en el que el Demiurgo obra
como un artesano que crea el mundo conforme a un modelo de perfección y su
proceso es descrito en términos matemáticos y mecánicos. En Paracelso, Dios no
opera como un artesano, que divide el mundo de formas matemáticas y manipulando
directamente la materia, ni como un arquitecto que instruye a sus subalternos en
operaciones, sino como un alquimista, que transforma cualitativamente, no
matemáticamente su materia, para purificarla y extraer de ella lo más perfecto.
Mientras que en el Timeo la perfección del mundo depende de su ordenación racional
siguiendo proporciones matemáticas, Paracelso sostiene que el mundo se perfecciona
en un proceso de metamorfosis, en el que sus seres se maduran y transforman. Todo
este proceso tiene su causa final, el nuevo Gran Misterio, el arcano del mundo del que
se extraerá una nueva y perfecta naturaleza, la cual es desconocida para nuestro
estado actual103. Pero en lo que la filosofía puede penetrar aceptablemente es en el
Misterio originario del mundo efímero e imperfecto en el que habitamos.
103
Al respecto de este nuevo ciclo de creación que sigue a la destrucción de la naturaleza actual, Koyré
dice que “hay que evitar confundir la naturaleza en general con el mundo físico. En efecto, Dios ha
producido siempre un mundo, y jamás ha sido inexpresado, pero la naturaleza concreta es perecedera,
este mundo físico solo es temporal. Creado, desaparecerá. Habrá otro, pero no será el mismo. Este
mundo real no es, por tanto, más que un producto secundario de la acción eterna de Dios”. 93
65
En su recepción inicial, las lecturas del Gran Misterio como una materia prima literal
fueron base de acusaciones de herejía. El principal de sus acusadores fue Thomas
Erastis que, además de acusarlo de reducir a Dios a mero demiurgo, también acusaba
a Paracelso del más craso panteísmo 104. Estas acusaciones iniciales, aunque pueden
ser vistas como lecturas de mala fe, tienen una (tenue) base textual. Paracelso señala
que el Gran Misterio es “increado y preparado por el Gran Artífice mismo” 105.
Además de esto, el Gran Misterio es la matriz de toda la creación, expresión que
recuerda al modo como el Timeo se refiere a la tierra y al receptáculo en el que se
imprime el modelo del orden óptimo. Tomado literalmente, es posible ver en el Gran
Misterio una materia amorfa que es organizada una vez que Dios entra en ella, pero,
esta lectura ignora el hecho de que Paracelso sostiene la Creación a partir de la
nada106. ¿Cómo resolver esa paradoja?
Ver en el Gran Misterio algo material preexistente es un error; a este respecto, los
seguidores de Paracelso lo defendieron, demostrando la compatibilidad de su teoría
con la ortodoxia cristiana. Una de las lecturas más influyentes es la de Gerhard Dorn,
104
(Hedesan “The Mystery of Mysterium Magnum”,157)
105
Paracelso, Philosophy addressed to the Athenians I (ed. Waite), 250
106
“Dios creó todas las cosas en el cielo y la tierra –día y noche, todos los elementos y todos los
animales […] Todas las cosas fueron creadas a partir de la nada, sólo por la palabra, excepto el
hombre” Paracelso, The end of the Birth, and the Consideration of the Stars (ed. Waite), 289
66
que ve en el Gran Misterio a Cristo mismo, al Verbo que era en el Principio 107. Esta
lectura bebe principalmente del Opus Paramiriun, en el que Paracelso dice
explícitamente que la materia prima del mundo es el Fiat. Aunque no se pretende
entrar en una lectura profunda del Opus Paramirium, la comprensión que este texto
da de la Materia Prima sirve para esclarecer el concepto del Gran Misterio y de la
Creación en la Filosofía a los atenienses.
En el Opus Paramirium se hace una clara diferencia entre lo que es la Materia Prima
del mundo y la materia prima de las cosas concretas 108. Estrictamente hablando, la
Materia Prima del mundo, aquello de lo que surge la totalidad de las cosas naturales
es espiritual, no material109; es el Fiat, el Verbo, a partir del cual el Mundo es hecho,
“cuando Dios expresó su Fiat el mundo fue hecho”110. Este no sólo está en el
principio de la Creación, sino que la acompaña en todo momento. Por otro lado, la
materia prima de los seres individuales es la matriz a partir de la cual ellos son
compuestos, en términos de la Filosofía a los atenienses, se trata de los elementos. El
Gran Misterio no es, entonces, la materia prima de los objetos concretos, pues los
elementos se derivan de este primer principio.
Parece, entonces, que el Gran Misterio, el Fiat, se identifica con la Materia Prima del
Mundo111. Esto apunta a aquello que se había mencionado anteriormente: el Gran
Misterio no es la Materia Prima en sentido platónico, pues no es, estrictamente
107
(Hedesan “The Mystery of Mysterium Magnum”,157)
108
Por motivos de claridad se usará mayúsculas para referirse a la Materia Prima del mundo y
minúsculas para referirse a la materia prima de las cosas.
109
“The Prime Matter of the World as a whole is the word: Fiat. It is therefore not matter in the
modern sense-at all events not to begin with. The idea of founding the world on the word is
reminiscent of the Prologue to the Fourth Gospel: In the Beginning was the Word”. Pagel,
Paracelsus, an Introduction to Philosophical Medicine in the Era of the Reinassance,119
110
Paracelso, De Cuducis, Par. l1 l, citado en Paracelso, The Aurora of the Philosophers (ed. Waite),
48
111
“Este misterio no es creado y la separación en lugar de la creación proporciona el patrón
fundamental de todo nacimiento y generación. El Mysterio de Atenienses bien puede compararse con la
Palabra no creada Fiat del Opus Paramirum-ambos representando la Materia Prima del Mundo y
ambos sorprendiendo a la mente que busca como un secreto inaccesible. De ahí que el nombre de
misterio, utilizado de manera prominente en la Philosophia ad Athenienses, aunque el énfasis puesto
en la separación más que en la creación, parezca estar en desacuerdo con algunos de los lugares
clásicos que tratan de la creación de objetos individuales.”. Pagel, Paracelsus, an Introduction to
Philosophical Medicine in the Era of the Reinassance, 124-125
67
hablando, material, sino que es de naturaleza espiritual. 112 Luego, de la inserción del
espíritu de Dios en él se derivará naturalmente la materia, pero en sí mismo él es
espiritual, no elemental,
tierra, agua, aire, cada uno tiene su cuerpo peculiar, de hecho, todos los
cuatro cuerpos de los cuatro elementos son hechos de nada, es decir, son
hechos sólo por la Palabra de Dios. Esta nada de donde se produce algo,
se torna en sustancia y cuerpo113
Ahora bien, ¿en qué sentido nos referimos al Gran Misterio como una especie de
nada? En primer lugar, cabe decir que él no es nada material. No sólo preexiste a los
elementos, sino que en sí mismo no podría ser identificable con nada sensible, y aún
más tampoco con ninguna cosa concreta; el origen común de todas las cosas “no
puede ser prefigurado o formado por ninguna cierta idea o esencia, ni puede
inclinarse a ninguna propiedad, era libre a la vez de todo color y de naturaleza
elemental”116. Esto es compartido con Platón, para quien la materia prima debe ser
indeterminada para poder formar todos los seres, pero el Gran Misterio a diferencia
de la Materia Prima de los neoplatónicos y del mismo Platón, esto no es porque sea
una entidad que por sí misma tiende a lo informe (pues una vez se efectúa la
separación ella se ordena por su libre albedrío117, no es ordenada como por un artífice
al que se resiste) y preexiste a su organización, sino que es porque ella no es
verdaderamente algo hasta que se opera en ella. Es por esta falta de verdadero ser que
las cosas elementales, que se derivan de esta Materia Prima, terminarán
destruyéndose finalmente, en lugar de cambiar de forma manteniendo la materia. El
mundo material es efímero y todo proviene de este mismo principio. Por eso él
mismo se verá inclinado a la aniquilación final.
el sentido usual.”. Pagel, Paracelsus, an Introduction to Philosophical Medicine in the Era of the
Reinassance,130
115
Paracelso, Philosophy addressed to the Athenians I (ed. Waite), 250
116
Paracelso, Philosophy addressed to the Athenians I (ed. Waite), 249
117
“Entonces, cuando el Gran Misterio se llenó con tal esencia y deidad, con la adición del poder
eterno antes de que todas las creaturas fueran hechas comenzó el trabajo de separación. Cuando este
comenzó, todas las creaturas emergieron y brillaron de su libre albedrío”. Paracelso, Philosophy
addressed to the Athenians I (ed. Waite), 253
69
El mundo actual es creado a partir de la nada y por eso es frágil y volverá a la nada.
En cierto sentido se puede decir que su Materia Prima, el Verbo Divino, obra en la
nada y de allí lo levanta todo. Pero después de la destrucción final de lo efímero no se
volverá al Gran Misterio, que dio origen a este mundo, sino que habrá un nuevo
comienzo del cual se construirá un nuevo mundo, “de lo que sucederá nos guardamos
de hablar, excepto –un nuevo Gran Misterio no es posible. Eso sería un milagro
incluso mayor de lo que podemos especular” 118. De esto se puede hablar muy poco
desde la filosofía, más allá de lo que ha sido revelado por la voluntad de Dios. Lo que
es claro es que este nuevo comienzo no será, a diferencia del Gran Misterio, hecho a
partir de la nada, sino con base a aquello que subsistirá después del proceso de
purificación del mundo actual y, por ende, la nueva creación que de él surja será más
resistente que la actual.119
118
Paracelso, Philosophy addressed to the Athenians I (ed. Waite), 261
119
“Aunque el Mysterium Magnum actual está programado para su destrucción, uno nuevo aparecerá
sobre las ruinas de éste. Así, Paracelso postula la existencia de dos mysteria magna, el actual, frágil
Mysterium Magnum, y el último, indestructible” Hedesan “The Mystery of Mysterium Magnum”, 152
120
El panenteísmo plantea que toda la naturaleza es espiritual, mas no divina. Dios sigue siendo una
entidad aparte de su creación. Koyré, por su lado, usa la expresión, también apropiada, de
panvitalismo.
70
La materia, entonces, no es eterna, sino que se crea a partir de una realidad espiritual
y se sustenta por la vida que le provee el espíritu. Pero la materia misma no es
espiritual, aunque los seres materiales todos estén provistos de espíritu, sino que es
estrictamente elemental y sensible. Aun así, en los elementos mismos se puede ver un
derivado de estos procesos espirituales, lo que tiene implicaciones de primer orden
para la medicina.
Esta investigación termina bebiendo, más que de los teóricos de antaño, de los
alquimistas cuya labor es la puesta en práctica de este llamado a distinguir lo oculto
de lo manifiesto. Estos elementos y principios no se encuentran en la naturaleza sin
más, la sal no es la sal de mesa, ni el agua se encuentra en los arroyos; la
investigación debe superar lo manifiesto para encontrar la composición de las cosas.
Incluso en la filosofía misma ha habido muchos errores debido a la confusión de lo
aparente con la realidad, por ejemplo, se afirma que cada elemento posee dos
propiedades, –el fuego el calor y la sequedad, el agua la humedad y el frío, etc.—
pero esto es erróneo desde el principio, por lo menos si se pretende que cada
elemento sea verdaderamente elemental, pues “lo principal de entender con respecto
de los elementos es que cada uno y todos ellos sólo tienen una naturaleza simple y
123
“La materia, después de todo, está compuesta de elementos y principios, pero la «composición»
debe entenderse en un sentido fluido y dinámico más que en un sentido químico y material.
«Composición» significa aquí un proceso continuo de solidificación y materialización del espíritu - un
proceso que permanece reversible mientras exista incluso el más mínimo rastro de la fuerza motriz
espiritual de los elementos y principios.”. Pagel, Paracelsus, an Introduction to Philosophical
Medicine in the Era of the Reinassance, 84
124
“En efecto, los elementos visibles, tanto la tierra como el agua y el fuego no son, hablando con
propiedad, «elementos»; no son, como ya antes hemos visto más que «cuerpos» de verdaderos
«elementos» no materiales pero dinámicos” Koyré, Místicos, espirituales y alquimistas del siglo XVI
alemán, 87
125
Paracelso, Philosophy addressed to the Athenians II (ed. Waite), 275
72
Más que sustancias materiales, los tres principios son propiedades que existen en cada
cosa y gracias a la transformación química relucen o se oscurecen. Estas sustancias
no se encuentran en estado puro en la naturaleza, ni siquiera en aquello que
comúnmente lleva su nombre. En sentido estricto, el mercurio, el azufre y la sal
ordinarias también son compuestos en los que predomina uno de los principios, los
cuales hay que encontrarlos mezclados en cada una de las cosas. Por sí solos no son
parte del mundo visible, sino que es gracias a la mezcla entre los tres que se vuelven
parte de este129. Para descubrirlos en su estado más puro es necesario someter la
126
Paracelso, Philosophy addressed to the Athenians II (ed. Waite), 264
127
“De nuevo, vale la pena recordar que tenemos aquí la combinación de principios alquímicos: (a) que
todos los metales y minerales, incluyendo la piedra filosofal, consisten en azufre y mercurio y (b) que
se desarrollan a partir de semina específica. Ambos conceptos fueron el resultado de consideraciones
filosóficas de tiempos helenísticos. Además, en el lenguaje alquímico, tanto el azufre como el mercurio
significan algo activo y espiritual. Aunque con el tiempo el mercurio sustituyó al azufre como
componente más espiritual —“neumático”—, este último conservó gran parte de su dignidad original
como fuerza activa. Paracelso parece haber elaborado sobre la doctrina alquímica tradicional. Añadió
el tercer principio: “sal”. Esto no se entiende principalmente como materia sólida en sí misma, sino
como el principio que dirige la materia hacia el estado sólido”. Pagel, Paracelsus, an Introduction to
Philosophical Medicine in the Era of the Reinassance, 87-88
128
Aunque la sal, como tercer principio, parece propia de su sistema, Paracelso se la termina
atribuyendo a Hermes Trismegisto, para así sembrarla en la autoridad de los antiguos y defenderla de
acusaciones de charlatanería. Independientemente de si las atribuciones a fuentes ancestrales sean
ciertas, lo indudable es que su sistema se nutre de sus propias investigaciones como alquimista y como
médico. Es él quien agrega la sal a la dupla azufre-mercurio que los alquimistas tradicionalmente
habían situado como el origen de los metales, pues no sólo tiende a encontrar este tercer reducto en los
procesos quimos (como ya se ha mencionado en la calcinación), sino porque lo encuentra necesario
para completar el mundo natural según su definición de cada uno de estos principios.
129
Vale la pena recordar que Paracelso hace una división entre el mundo visible y el invisible que no se
corresponde con la división entre lo material y lo espiritual. Del mundo material hay partes que son
invisibles e intangibles. Empero, los principios, al igual que los elementos, aunque sustento del mundo
73
Esta división tripartita de mercurio, azufre y sal, como base corpórea, tiene su
correspondencia con la organización general de las cosas naturales, toda vez se
distribuyen en los ámbitos, ya mencionados, de lo anímico, lo espiritual y lo corporal.
El azufre se corresponde con lo anímico de los cuerpos, cumple la función de lo
combustible. Se manifiesta en cada una de las cosas por su mayor o menor
combustibilidad y es el principio organizador de los cuerpos. Es lo más incandescente
y puro. Por el otro lado, está la sal, que es el principio solidificante. Esta configura la
materialidad de los cuerpos, por lo que corresponde con el lado material del mundo.
Entre el azufre y la sal está el mercurio situado como mediador, de forma semejante a
la manera en que el espíritu media entre alma y cuerpo. El mercurio siempre gozó de
una preeminencia en la alquimia y es el principio de la inestabilidad y lo vaporoso,
además de conferirle las virtudes propias de cada cosa 131. Si cada cuerpo posee estas
tres sustancias, entonces, se puede decir que cada cosa consta de una parte
material son, estrictamente hablando, espirituales
130
“Tenemos, por lo tanto, 1) algunos arquetipos de cualidades, 2) las fuerzas espirituales que dirigen
los cuerpos a asumir estas cualidades, y finalmente 3) los objetos empíricos en la naturaleza. Entre
estas tres, las fuerzas espirituales son los verdaderos elementos y principios, mientras que los objetos
empíricos como los "elementos" de los antiguos y las sustancias químicas de la naturaleza son, por así
decirlo, depósitos cristalizados, el resultado de una interacción de fuerzas espirituales que hace que
estas fuerzas se condensen cada vez más, "calificadas", especializadas y, por lo tanto, limitadas en
poder”. Pagel, Paracelsus, an Introduction to Philosophical Medicine in the Era of the Reinassance,83
131
(Paracelso, La economía de los minerales). Tradicionalmente, en la alquimia se ha interpretado el
mercurio como el padre de los metales. Siguiendo esta idea para Paracelso los metales son seres vivos
que maduran en las montañas, partiendo de su estado más ambiguo, el mercurio, y terminando en oro.
74
combustible, una parte sólida y una parte vaporosa. Qué tanto haya de cada una
dependerá de qué cuerpo se trate y del proceso al que se vea sometido. El alquimista
puede investigar esta composición usando el fuego y la combustión para separar las
cosas en sus principios constitutivos separados.
Ahora bien, si Paracelso organiza la materia a partir estas tres “sustancias”, entonces,
¿qué espacio deja a los elementos clásicos, de fuego, aire, agua y tierra? A pesar de
que, en cierto sentido, en varios pasajes parece darle preeminencia los tres principios
cabe recordar que, en su primera separación, el universo
Al apelar a los elementos de matrices 135, lo que Paracelso quiere decir es que ellos son
el campo en donde se engendran los seres, y que les imprimen de su signo, igual que
el terruño de un viñedo le da ciertas características al vino. Estos campos funcionan
como divididos, que nacen a partir de la primera división del Gran Misterio. El
elemento del fuego se hizo el firmamento, y lo que engendra son seres marcados por
su procedencia. El aire se hizo el espacio que queda entre el firmamento y la tierra, y
los seres aéreos son sutiles como el aire. La tierra es el campo de la tierra firme, y los
seres de la tierra, como el ser humano, tienden a la firmeza y el crecimiento. El agua
se hizo el espacio de los océanos, y las creaturas acuáticas son frías y movedizas.
Ahora bien, cuando se habla de las creaturas engendradas por un espacio no es sólo lo
que comúnmente se considera vivo, todo lo material es elemental y, a su vez posee
una vida que se nutre de su elemento padre y de lo que proviene de él. Por ejemplo,
los minerales son seres que crecen en la matriz de la tierra y maduran al alimentarse
de la tierra. Entre más maduro esté un mineral más perfecto es.
Ahora bien, los elementos tienen precedencia sobre las creaturas, no por las
cualidades de estas, pues de un mismo elemento pueden engendrarse seres distintos
con cualidades aparentemente contradictorias –por ejemplo, el mercurio, en tanto
metal, es producto de la tierra, pero a pesar de esto es líquido—, sino en tanto ellos
engendran los seres. Para reconocer a qué elemento pertenecen los distintos cuerpos
no se puede juzgar desde la cualidad de las cosas –por ejemplo, que sea sólido,
líquido, ardiente, seco, etc.—, sino por un espíritu compartido en el elemento 136 y un
origen común. Pero, aunque los seres derivados de un elemento pueden tener
propiedades aparentemente diferentes del elemento mismo, por ejemplo “el elemento
del agua ha constituido aguas que son totalmente contrarias al elemento del agua” 137,
al ser engendrados por el elemento quedan marcados también por su firma. Todas las
Reinassance, 103
135
La matriz, tal y como su nombre indica, se refiere al campo pasivo donde se gesta un ser. Por
ejemplo, la madre sirve de matriz al hijo, el campo al trigo y la montaña a los metales. Las matrices,
además imprimen lo que en ellas se gesta con una signatura propia.
136
“El punto principal para entender los elementos es que cada uno tiene una única y simple
naturaleza, húmedo, seco, frio o caliente. Esta es la condición de los espíritus”. Paracelso, Philosophy
addressed to the Athenians II (ed. Waite), 264
137
Paracelso, Philosophy addressed to the Athenians II (ed. Waite), p. 265
76
creaturas, son “un elemento o tienen una porción del elemento, pero no es realmente
como el elemento, sino como el espíritu del elemento”138.
¿Qué quiere decir esto? Los elementos, propiamente hablando, tienen cierta
semejanza con el alma del que se derivan ciertas actividades y potencias:
Ellos, al igual que todo lo espiritual, son simples, no compuestos, aunque de ellos se
deriven seres compuestos. Propiamente hablando, ellos son misterio, y al igual que
los demás misterios, sólo producen cosas distintas (aunque derivadas) de sí. Entonces
el fuego, por ejemplo, produce los cielos, los astros, el sol, etc. Seres qué, aunque
derivados suyos, no son fuego. Esto es distinto de la producción de los seres
compuestos que sólo tienden a producir seres de su misma especie.
forma más allá del éter”142. La destrucción, la última de las separaciones del mundo,
es, en el fondo, el culmen del proceso alquímico de la creación, en el que lo
imperfecto, caput mortuum, es removido y lo perfecto resale. La aniquilación del
mundo elemental, la disolución final, es entonces necesario, en el sentido de que se
sigue de su naturaleza, y de paso a la transformación de la materia prima en la materia
final143. Esto es consecuencia de la tesis fundamental del mundo como un proceso
constante de separación con una tendencia al perfeccionamiento de las cosas que
desean volver al estado originario. En todas las creaturas existe un estado perfecto,
llamado por Paracelso arcano, que preexiste en Dios. Estos arcanos, empero, no son
el alma eterna, sino la condición de perfección de los seres a los que apunan y en el
que habitarán una vez el mundo alcance su final y se purifique. Ellas son las virtudes
supremas de las cosas a las que estas apuntan.
materia nueva. Por ejemplo, el vulcano del estómago transforma el pan en la carne
del cuerpo o el vulcano del arte alquímico, el fuego, transforma lo bajo en lo sublime.
Todo posee su vulcano. Por otro lado, como ya se mencionó, todo tiene sus arcanos
hacia los que apunta. Ahora bien, aunque tanto vulcano como los arcanos hacen parte
de lo particular, no del cosmos en general, el universo entero parece poseer, de cierta
manera, su vulcano y su arcano. En el caso del cosmos como totalidad el proceso de
su perfeccionamiento final (su vulcano) es el de la destrucción de lo elemental como
último acto de separación y su estado de perfección es el de reunificación. El fin de
todo lo creado es que “estas cosas eternas se reunifiquen y recolecten no sólo como
nutrientes, sino como magisterio de la naturaleza, tanto en lo perecedero como en lo
eterno”145. Para poder alcanzar su plenitud, el mundo opera a través de divisiones, ese
es su vulcano, y la última de las divisiones, la que ofrece la perfección plena a las
cosas materiales, es la que disuelve la materia misma.
opera como causa final: los arcanos. Aunque Paracelso no lo llama así, la causa final
tiene primacía sobre las demás, por lo que son de suprema importancia para el
filósofo, “no es el principio, sino el final lo que hace al filósofo o al magistrado. El
conocimiento de la cosa de acuerdo con su naturaleza perfecta sólo se encuentra al
final de su esencia”147. Las cosas se definen desde su final, en el estado en el que, tras
la trasformación de la materia y la eliminación de lo impuro, los arcanos, las virtudes
secretas, brillarán plenamente. Quien busque adentrarse en los secretos de la
naturaleza debe, entonces, conocer el fin y el estado perfecto de cada una de las
creaturas para poder conocerla plenamente. De ese modo, se pueden extraer virtudes
ocultas en la materia por el arte alquímico.
Ahora bien, hay que contrastar estas virtudes arquetípicas y espirituales, los arcanos,
con las meras virtudes temporales de las creaturas. Las virtudes temporales, como su
147
Paracelso, Philosophy addressed to the Athenians II (ed. Waite), 269
148
Paracelso, Philosophy addressed to the Athenians II (ed. Waite), 271
149
Paracelso, Philosophy addressed to the Athenians II (ed. Waite), 272
81
nombre lo indica, no son inherentes al ser, sino que le son dados por el tiempo.
Aunque es cierto que los arcanos florecen en su poseedor gracias a procesos de
purificación y perfeccionamiento, ellos no son producto del tiempo. Por el contrario,
las virtudes efímeras y temporales serán dadas no tanto por un proceso que las extrae,
sino por el tiempo mismo, estas virtudes “maduran por un proceso gradual y así
crecen, luego las virtudes intrínsecas cambian en grados y en número cada día; ¡no!,
cada minuto”150. Las propiedades temporales de las creaturas son, además, efímeras.
Cuando una creatura muere, mueren con ella sus virtudes mundanas. Un ejemplo
claro de esto es la melisa, una planta que Paracelso recomienda por sus propiedades
curativas, en la que su aroma mentolado es una virtud temporal, efímera, y mueren
junto con la creatura, pero sus propiedades medicinales son su arcano, que puede ser
extraído después de la muerte de la planta. Pero, la destrucción de estas propiedades
perecederas termina haciendo que las virtudes espirituales y eternas resalten más. En
este sentido se habla de cada una de las cosas de la tierra como participe de la
eternidad. Si la muerte es el aniquilamiento de las virtudes, la supervivencia de una
virtud eterna y arquetípica implica la eternidad final de la creatura.
150
Paracelso, Alchemy the third column of medicine (ed. Waite), 157
151
Los arcanos, como entidades espirituales, están directamente relacionados con los astros. Hay una
relación microcósmica-macrocósmico entre los astros y los arcanos. En cierto sentido, estos últimos
son las estrellas internas. Paracelso, a diferencia de muchos de los filósofos herméticos
contemporáneos y antiguos, le quita poder a los astros. Mientras que la astrología tradicionalmente le
da poder a las estrellas sobre los hechos sublunares, lo que el médico suizo encuentra no es el dominio
de los astros, sino la correspondencia que hay entre ellos y sus análogos terrenales Por eso se pueden
usar las estrellas para predecir eventos terrestres y entender la naturaleza de los arcanos, no porque
ellas tengan un poder sobre estos últimos, sino por la semejanza y la correspondencia que hay entre
ambos.
152
Paracelso, Philosophy addressed to the Athenians II (ed. Waite), 271
82
también preexisten en Dios en lugar de ser creados, pero a pesar de este origen
divino, ellos no son la esencia inmortal, el alma, de las creaturas, pues sólo el ser
humano posee alma. Es más bien el arquetipo que moldea a las creaturas, su virtud
más perfecta, y el perfeccionamiento final al que aspiran. El alma, por el contrario, es
algo más abstracto. No se identifica con una facultad, virtud o atributo. Ella es la
esencia divina e inmortal dada por Dios al ser humano.
CAPÍTULO 3: EL MICROCOSMOS
universo;
corredores
Esplendores.
El ser humano
Examinado ya el Macrocosmos, es posible dar paso al Microcosmos, el ser humano,
hacia quien todos los estudios de Paracelso están dirigidos. La idea de que el ser
humano es el Microcosmos es antigua; ya en el mismo Timeo se admitía esta teoría,
pero mientras que para Platón el ser humano es el modelo a partir del cual el resto de
los animales son hechos (en este caso tomando como punto de partida la
reencarnación y los vicios), para Paracelso el ser humano es posterior a toda la otra
naturaleza; es más, él es hecho a partir de todos los seres naturales por lo que es
Microcosmos; esto no debe entenderse materialmente, no es que en él ser humano
estén todos los compuestos de la creación, sino que él posee en sí todas las virtudes y
potencias de la naturaleza153. Es sólo gracias a esto los otros seres naturales pueden
obrar como medicina dentro de él, pues encuentran un paralelo en el que obrar dentro
del cuerpo humano. Mientras que los otros seres en la naturaleza son hechos a partir
de la nada, el ser humano es producto destilado de todo lo más perfecto en la
naturaleza. Todos los seres que habitan el universo pueden encontrar su contraparte
dentro del ser humano, tanto en su cuerpo como su espíritu.
Dios es movido por el amor de revelar los secretos de las estrellas que Él
creó el Microcosmos, no sólo para revelar los secretos de las estrellas a
través de las obras humanas, sino también para revelar todos los misterios
naturales de los elementos. Esto no pudo ocurrir sin el hombre. Y Dios
deseó que aquellas cosas que eran invisibles se volvieran visibles […] Él
no quiere que el hombre sea indolente, sino que explore los secretos de la
Naturaleza. Así Dios creó al hombre para que Sus obras invisibles se
realizaran visiblemente a través del hombre.155
Su estado privilegiado entre las creaturas le da a la raza humana una visión preclara
capaz de leer los secretos del libro de la naturaleza y, a su vez, de atender a los
designios divinos (en el sentido en que puede ser partícipe de lo revelado, no de que
su razón sea
Todo lo que le llega al ser humano es por obra de las potencias superiores a sí, ya sea
de Dios o del Diablo, en lugar de entenderlo como autosuficiente hay que tener en
cuenta que el hombre
155
Paracelso, Astronomia magna (ed. Goodrick-Clarke), 119
156
Paracelso, Liber prologi in vitam beatam (ed. Goodrick-Clarke), 147
86
mayor bien en su corazón. El ser humano, por ser incapaz de elegir abiertamente lo
que le llegará, no es totalmente autosuficiente, pero, “si uno es el campo uno es libre
de escoger lo que uno quiera, el bien o el mal”157. La creatura, incluso la más excelsa,
no es la dueña de su vida; el Creador lo es. Si el hombre es incapaz de elegir aquello
que le acaecerá. ¿cómo puede pretender ser su propio dueño? Lo único que puede
hacer es prepararse como un campo para que en sí pueda crecer la semilla propicia. El
ser humano es impotente, no es él quien afecta el mundo exterior más allá de lo que le
sea permitido por la providencia. Sus obras, entonces, terminan estando no tanto en
sus manos, sino en las de Dios o el Diablo.
Es el Creador quien prepara todo en la vida mortal. Todo tiene su debido tiempo y no
es la creatura quien lo fija. En la creación “mucho sucede antes de que de fruto:
primero salen los botones, luego las ramas, luego la flor y luego el fruto” 158. Toda
persona posee en sí un don propio cuya realización será su plenitud personal. Esto no
implica, necesariamente, que esta vocación vaya a cumplirse, pues tanto
circunstancias internas como externas pueden impedir su realización, por eso, es
importante que “antes de que la flor haya crecido nadie la debería romper por su
sabiduría, razón o pensamientos”159. La sabiduría del hombre es limitada, susceptible
a errar y atentar en contra de la naturaleza y de la voluntad de Dios. Mientras que en
los procesos irracionales hay signos visibles que anuncian que el ser está alcanzando
su plenitud –el árbol da frutos, el trigo brota, el embarazo da paso al parto, etc.—esto
no sucede con el ser humano, propiamente hablando. No es claro cuando sea el
momento oportuno para satisfacer su vocación, si esto se fuerza prematuramente
puede no dar los frutos que su espíritu tiene en sí. Todos los frutos que el hombre
puede dar de sí los da por la gracia de Dios, pero depende de él aprovecharlos. La
impaciencia propia de la razón y la vanagloria humana puede llevarle a estropear su
cosecha por segar antes de que esté lista.
157
Paracelso, Liber prologi in vitam beatam (ed. Goodrick-Clarke), 148
158
Paracelso, Liber prologi in vitam beatam (ed. Goodrick-Clarke), 149
159
Paracelso, Liber prologi in vitam beatam (ed. Goodrick-Clarke), 149-150
87
Más allá de cualquier vocación personal, la humanidad como especie tiene un fin que
le es propio, un papel especial en la Creación que le permite servir de puente entre el
mundo natural y Dios, algo similar al papel que cumple el espíritu en relación con el
cuerpo y el alma. Si el mundo está hecho por la voluntad divina a imagen suya, el
hombre, figura microcósmica de la creación entera, tiene un lugar específicamente
privilegiado en lo que concierne a Dios en el mundo natural. Al estar creado a partir
de aquel elemento que contiene todos los distintos elementos, la quintaesencia, el
hombre puede conocer los secretos de la naturaleza, pues no se puede aprehender
aquello que les es completamente distinto. Esto implica, también, que hay un
elemento divino en el ser humano, por lo que puede conocer, limitadamente, a Dios y
a las potencias celestiales. Aunque somos seres terrestres “sabemos que nuestro reino
no es de esta tierra”160, por lo que no podemos contentarnos con lo que la materia nos
puede proveer. Lo que el ser humano necesita sobre todo es el conocimiento de las
cosas sagradas, pero esta búsqueda no quiere decir que se tendrá la certeza de lo
divino, pues lo que pertenece a Dios excede sobremanera las capacidades de
cualquier creatura, por lo que el Creador mismo da verdades reveladas y provee al
hombre con una fuente directa del conocimiento de lo divino.
160
Paracelso, De religione perpetua (ed. Goodrick-Clarke), 156
161
Paracelso, De natura rerum (ed. Goodrick-Clarke), 186
88
Como el senescal de la Creación, el ser humano termina la obra divina, “Dios no hará
nada sin los hombres”162. De todas las creaturas, sólo nosotros tenemos un elemento
increado propio el alma, pues los arcanos como elemento perfecto e increado son
genéricos, no propios; somos lo único en la Naturaleza que termina siendo libre e
independiente –no en el sentido de que seamos autosuficientes, pues sólo podemos
recibir de aquello que nos excede, sino en el sentido de que somos los únicos seres
naturales que pueden ir más allá del instinto—. Aunque atrapada en un cuerpo que le
impide aprehender los misterios de Dios y la Naturaleza, la mente humana es libre
para penetrar en ellos y descubrir los secretos de las cosas y seguir los designios
divinos. Para esto cuenta con la ayuda divina que le ha dado la Verdad revelada para
guiar su mente y la medicina para lidiar con su enfermedad.
162
Paracelso, Volumen medicinae Paramirium (ed. Goodrick-Clarke), 57
89
Ahora bien, el ser humano está llamado a completar las obras de la creación y
perfeccionar los seres naturales, destilando 164 así los arcanos que en ellos yacen
ocultos, por ejemplo, el azufre no es usado por el médico o el alquimista, “de la forma
en la que existe per se, sino que se separa en su arcano, y purificado de esta manera
se vuelve en su virtud más blanco que la nieve. Esto se logra por el arte de separar”165.
En este sentido el ser humano es vulcano¸ el agente perfeccionador que madura a los
seres, sacando de ellos a relucir las virtudes que en ellos subyacen. Este trabajo no es
exclusivo del alquimista oficial, por su misma naturaleza el ser humano tiene el
impulso de transformar el mundo en torno suyo y perfeccionarlo, por ejemplo “el
panadero, en tanto hace el pan, el viticultor, en tanto prepara el vino, el tejedor, en
tanto produce tela”166. Si el ser humano es hecho a imagen de Dios, entonces en sí,
por su misma constitución tiene que estar el impulso creativo y transformativo. Igual
que Dios trasmuta constantemente la naturaleza como un alquimista, el hombre se ve
interpelado a transmutar la naturaleza para extraer de ella aquello que no sólo le
resulte más útil, sino que es mejor que la naturaleza misma.
163
Paracelso, Liber Prologi in Vitam Beatam (ed. Goodrick-Clarke) ,149-150
164
La destilación es un proceso alquímico que sirve para separar las sustancias sutiles de lo craso,
usualmente por la aplicación de calor. Paracelso la explica con las siguientes palabras: “por la
destilación, todas las aguas, líquidos y aceites son sutilizadas; el aceite se extrae de las grasas, el agua
de todo líquido, y en las sustancias flémáticas el aceite y el agua son separadas”. Paracelso, Concening
the nature of things VII (ed. Waite), 153
165
Paracelso, Acerca del Azufre (ed. Waite), 266
166
Paracelso, Alchemy, the Third Column of Medicine (ed. Waite), 147
90
menos que la eliminación de todo elemento terrenal que existe en ella” 167. Como se ha
dicho anteriormente, en toda la materia existen latentes fuerzas espirituales y operan
los arcanos, las virtudes perfectas. El alquimista, y el ser humano en general, operan
entonces extrayendo estas potencias espirituales, haciéndolas florecer. Lo que hace la
alquimia es crear nuevos arcanos, traer los astros del cielo a la tierra. El ser humano,
entonces, funciona como una especie de vulcano, el agente que transforma la materia
para extraer de ella lo más perfecto, como el estómago transforma el pan en alimento.
Este proceso de crear arcanos y eliminar lo material no se hace a partir de la nada,
sino que depende de aquello que ya se encuentra en la naturaleza, pues se trata de
eliminar lo inferior de los seres naturales para extraer propiedades que subyacen
ocultas en ellos, por ejemplo, no es posible hacer vino a partir de trigo o pan a partir
de la vid, sino que estos dependen de la materia de donde nacen, pero a su vez ellos
no son productos naturales, sino que son creaciones artificiales del ser humano.
Cuando Paracelso habla de este arte como el de “traer el cielo a la tierra”, no sólo está
usando una expresión poética, sino que es una explicación acertada de cómo funciona
el arte alquímico. A diferencia de otras artes que exigen una manipulación directa
sobre la materia, por ejemplo, el arte de los artesanos o arquitectos, el alquimista
transforma la materia controlándola indirectamente, obrando a partir de sus virtudes,
el elemento espiritual latente en ella; por ejemplo, usando la acidez de una sustancia
para extraer el producto deseado de una segunda sustancia. Esta forma de operar es
similar a la operación astral sobre la tierra. Las estrellas no dominan la tierra
manipulando su materia, “¿puede una piedra ser levantada por las estrellas? No, a no
ser que sea volatizada”168. El control del alquimista, y en últimas del ser humano en
general, sobre la materia no se basa sólo en un control directo y material sobre las
cosas. No es por su capacidad y fuerza motora que el humano transforma
verdaderamente el mundo, no por mover bloques de piedra o cavar pozos en la tierra
completa la Obra de Dios, sino en tanto transforma la materia y extrae de ella las
virtudes espirituales que yacen ocultas en ella.
167
Paracelso, Alchemy, the Third Column of Medicine (ed. Waite), 150
168
Paracelso, Alchemy, the Third Column of Medicine (ed. Waite), 150
91
El ser humano toma todo aquello que se encuentra en estado bruto en la naturaleza y
lo transmuta, purificándolo de las impurezas para volverlo útil para sí. Por el papel
del ser humano como Microcosmos y como la cima de la creación de Dios, esto
termina perfeccionando la naturaleza misma, pues la pone al servicio del ser humano
y más allá la vuelve parte de sí, la ordena dentro del Microcosmos humano mismo.
Cuando el ser humano vuelve los seres naturales parte de su mundo, no está
meramente adaptando materialmente el mundo para su comodidad, sino que lo está
transformando esencialmente en una parte del Microcosmos. La relación
Microcosmos-Macrocosmos no sólo implica, como en Timeo, que la plenitud humana
se encuentra en la semejanza con la naturaleza, sino, en el otro sentido, que la
naturaleza misma se perfecciona en tanto se vuelve parte del universo humano, “todas
las cosas fueron creadas con esto en mente, que fueran situadas en nuestras manos,
aunque no de forma perfecta”170. Que el mundo haya sido entregado a Adán y a su
raza no implica que todo ha sido terminado para su uso, al contrario, es parte de la
naturaleza y de la actividad humana el transformar la naturaleza para que sea de
mayor utilidad para sí y así se perfeccione. Por medio de su actividad alquímica es
capaz no sólo de transformar cosas incomestibles como el trigo en pan, sino, incluso,
más allá, de extraer medicina de aquello que en principio es corrosivo.
169
Paracelso, Laberynthus Medicorium (ed. Waite),166
170
Paracelso, Laberynthus Medicorium (ed. Waite),166
92
condición a priori del ser humano, sino que también es algo que el ser humano hace
el apropiarse de todas las creaturas de la naturaleza y convertirlas a su utilidad. Esto
sólo lo logra devanando los secretos que ella oculta. En este sentido, el Microcosmos
como categoría adquiere un doble significado.
Esto contrasta radicalmente con la concepción platónica del mundo. Para el filósofo
griego, el ser humano no cumple ningún papel como asistente del Demiurgo, pues el
papel del ser humano como modelo de los otros animales (a partir de sus vicios) es
más pasivo171, sino, además, en cierto sentido la naturaleza es perfecta y completa sin
necesidad de la asistencia humana en la Creación. Si el hombre es especial en el
Timeo, lo es por su papel de Microcosmos y de ser cuya alma racional le permite
imitar de forma plena los círculos celestes. Esto primero es compartido por Paracelso,
pero él va más allá.
171
Vale la pena recordar que, en el Timeo, los dioses intermediarios hacen al ser humano a imitación
de la labor demiúrgica del Cosmos, con excepción del alma, la cual es hecha directamente por el
Demiurgo. El reino vegetal es hecho para sustentarlo. Luego, dependiendo de los vicios y debilidades
del ser humano, su alma se verá reencarnada de forma que mejor refleje sus defectos, así dando a luz al
resto de los animales.
172
Platón, Timeo, 88b
93
Dentro de todo, una comprensión de la totalidad del mundo y de los cielos, también
termina siendo de primer orden en el conocimiento alquímico, pues se mantiene, al
igual que en Platón, una supremacía de los astros sobre el mundo sublunar que tiene
su correspondencia con el Microcosmos.
Igual que en el Macrocosmos, donde lo más sublime es el firmamento, pues los astros
son sempiternos, regulares y perfectos, a diferencia del mundo sublunar efímero y
mutable, en el Microcosmos hay elementos que análogamente son comparables con
las estrellas, los astros interiores. Aunque sempiternas y de naturaleza espiritual, las
estrellas no hacen parte propiamente de lo anímico inmortal. Ellas no son de
naturaleza divina sino, estrictamente natural. El firmamento macrocósmico se divide
en dos espacios, por un lado, está el firmamento visible, las estrellas que se ven en el
cielo, mas cabe recordar que “el firmamento que vemos es el corporal, visual y
material, este, sin embargo, no es el firmamento, sino su cuerpo” 173; por otro lado,
está el firmamento invisible, aquel que influye directamente sobre la tierra. Lo
verdaderamente importante de los astros no es lo que se puede ver en ellos, sino su
poder sobre las creaturas sublunares.
173
Paracelso, The Interpretation of the Stars (ed. Waite), 284
174
“[El hombre] se divide en dos partes; en un cuerpo elemental, es decir, en carne y sangre, de donde
ese cuerpo debe ser nutrido; y en espíritu, de donde se ve obligado a sostener su espíritu del espíritu de
la estrella”. Paracelso, The end of the Birth, and the Consideration of the Stars (ed. Waite), 290-291
95
Contrario a la teoría galénica de los humores, según la cual en el ser humano hay
cuatro humores distintos producidos por distintos órganos cuyo balance, la eucrasia,
rige su salud, Paracelso encuentra en el cuerpo humano mismo una constelación
compleja. Los planetas, siendo los más importantes de los astros, tienen sus
correspondencias con distintos órganos, “hay siete órganos en el cuerpo que no
requieren nutrición, sino que son autosuficientes, al igual que los siete planetas, y no
toman nada del otro ni de las estrellas” 176. Esta analogía entre Microcosmos y
Macrocosmos implica que cada órgano se encuentra regido por un planeta que dicta
su carácter y su salud. Esto conlleva, por un lado, al hecho de que al igual que los
planetas tienen revoluciones que se completan cada determinado tiempo, los órganos
tienen un ciclo de revolución predeterminado, después del cual expiran
irremediablemente. Es papel del médico reconocer cuando este es el caso y cuando la
enfermedad es una mera perturbación que puede ser remediada. Por otro lado, por
corresponder con los planetas concretos, cada órgano lleva su firma, en otras
palabras, tiene ciertas características y reacciona ante ciertas sustancias también
regidas por el mismo plantea. Los planetas que se corresponden con los órganos
rigen, entonces, también la cura apropiada para cada parte del cuerpo. No toda
sustancia funcionará como medicina universal, el medicamento depende del órgano
afectado y la enfermedad concreta177.
175
“En consecuencia, los acontecimientos y vicisitudes de la vida humana forman parte de los cambios
que ocurren en el macrocosmos. Cada aspecto y acontecimiento en la vida de un hombre está de
alguna manera relacionado con los sucesos macrocósmicos. Esto se deriva de la concepción del
macrocosmos como una unidad, cuyos principios lo impregnan todo y que se rige por una perfecta
proporcionalidad y armonía. Por lo tanto, todo cambio que se produzca en cualquier lugar debe
implicar un cambio del todo y de cada parte de él, ya que la parte existe sólo en virtud del todo y el
modo en que la parte existe está determinado por el estado del todo. No se puede entender ningún
cambio parcial sin tener en cuenta el cambio que se está produciendo en su totalidad. Esto explica
plenamente la insistencia en la astrología, la declaración enfática de que hay un tiempo apropiado para
la curación y que la hora tiene significación médica”. Allers, “Microcosmus: From Anaximandros to
Paracelsus”, 399
176
Paracelso, Volumen medicinae Paramirium (ed. Goodrick-Clarke), 52
177
La única excepción a esto es la famosa panacea de la Piedra de los Filósofos, que opera
universalmente por ser de naturaleza superior, una quintaesencia que puede operar sobre todo.
96
Habiendo explicado el influjo de los astros superiores en la salud, cabe señalar que en
el cuerpo astral se encuentra también la clave para la elaboración de la medicina y la
extracción de los arcanos de los seres terrestres. Las estrellas que se pueden
vislumbrar en el firmamento no están hechas a partir de la misma materia elemental
mundana que compone el mundo sublunar. Ellas de por sí son superiores a los
elementos pesados y terrenales, son directamente de quintaesencia 178. Esta
quintaesencia también puede ser elaborada a partir de los materiales elementales,
pues ella es la materia purificada de todas las imperfecciones y de todos los
elementos terrenales. A través del trabajo alquímico se hacen resplandecer los astros
inferiores de las cosas para que se puedan aparejar con las contrapartes propias del ser
humano, tanto en su cuerpo, por la correspondencia que hay entre órganos y astros,
como de su espíritu, lo que es más propiamente el firmamento interior, “así el Saturno
del Microcosmos recibe del Saturno celeste, de la misma forma en que el Júpiter
celeste toma del Júpiter del Microcosmos. La melissa179 de la tierra toma de la
melissa del Microcosmos… y todo está en unión”180.
182
“un hombre supera a otro en conocimiento, en dinero o en poder. Esto se lo atribuyes a las estrellas,
pero hay que desterrar esto de nuestras mentes: la buena fortuna viene de la habilidad y la habilidad del
espíritu” Paracelso, Volumen medicinae Paramirium (ed. Goodrick-Clarke), 46
183
Paracelso, Volumen medicinae Paramirium (ed. Goodrick-Clarke), 46
98
Paracelso no sólo termina oponiéndose a aquellas astrologías que dan poder a los
astros sobre los destinos humanos, sino que va más allá y le da supremacía al ser
humano sobre las estrellas, tanto interiores como exteriores. Esto permite la medicina,
pues el absoluto sometimiento a los astros implicaría una incapacidad de cambiar el
mundo natural, tanto interior como exterior, por lo que se estaría sujeto a la respuesta
natural a la enfermedad.
184
“Por otro lado, está la influencia inversa, la del alma humana, que a su vez puede influir en el alma
del mundo, puede «sugerirle» ideas y sueños. Esta entonces las piensa y las imagina por sí misma y, al
pensarlas e imaginarlas, las realiza en el mundo. De esta forma el alma puede ordenar a los astros,
puede dirigir los acontecimientos, puede incluso, con su ayuda, producir o hacer producir seres
nuevos”. Koyré, Místicos, espirituales y alquimistas del siglo XVI alemán, 83
99
El ser humano, por haber sido hecho no a partir de la nada sino de la totalidad de la
naturaleza (específicamente de lo más excelente que hay en todo) tiene una cualidad
microcósmica que le permite influenciar los astros mismos, “el hombre sabio
gobierna las estrellas, en el sentido en que la sabiduría eterna gobierna al animal” 185.
Esto, por un lado, se entiende como que el ser humano es la única de todas las
creaturas que tiene poder sobre sus astros internos 186. En otras palabras, el sabio no se
ve predeterminado por su naturaleza interna, sino que puede superar aquellas
tendencias propias y rechazar sus “malas estrellas”, o tendencias innatas a su espíritu
que ordinariamente lo gobernarían, y cambiarlas por estrellas más prósperas, o
tendencias y virtudes más excelentes.
Pero, además de esto, Paracelso dice explícitamente que el sabio también tiene poder
sobre las estrellas superiores o macrocósmicos, “el sabio puede dominar las estrellas
y no está sujeto a ellas” 187. Aunque él nunca explica a qué se refiere con esto, a si
literalmente el sabio podría influir sobre el curso de las estrellas del firmamento,
parecería que se refiere más con ello al trabajo alquímico. Quien conoce los misterios
de la naturaleza es capaz de transformarla y cambiarla, por ejemplo, es capaz de
extraer curas a partir de venenos. En cierto sentido así la sabiduría natural puede
cambiar los astros de las cosas, de forma semejante a como una sabiduría divina
puede cambiar los astros del individuo. Este poder sobre los astros, internos y
externos es lo que hace que el ser humano no esté sometido a sus circunstancias y no
sucumba necesariamente a los designios de la naturaleza. Esto es lo que permite que
exista la medicina.
Todas las inteligencias, tanto en el ser humano como en los otros animales, terminan
proviniendo de sus astros internos. Las más excelentes de las facultades humanas: el
185
Paracelso, The end of the Birth, and the Consideration of the Stars (ed. Waite), 298
186
“El dicho de que el hombre sabio gobierna las estrellas no debe, por otra parte, aceptarse demasiado
sutilmente en su valor nominal. Si a las «estrellas» se les da la amplia connotación que generalmente
reclaman en el pensamiento de Paracelso, el dicho puede significar menos de lo que a primera vista
parecería, ya que puede referirse sólo al control del hombre sobre sí mismo, es decir, sus estrellas
interiores. Esto equivale, no a una inversión literal de la influencia astrológica tradicional, sino sólo a
una restricción del poder de las estrellas exteriores sobre el hombre. Es en este sentido que Paracelso a
veces parece decir esto”. Jevons “Paracelsus's Two-Way Astrology II. Man's Relation to the Stars” 150
187
Paracelso, De natura rerum IX (ed. Goodrick-Clarke), 185
100
La enfermedad en Paracelso
Toda la investigación paracelsista está dirigida a la medicina. Al igual que en Platón,
la investigación cosmológica –en la que se concluye que el ser humano funciona
como un Microcosmos— termina llevando al tema de la enfermedad y de la salud, en
otras palabras, a la buena vida de acuerdo con la naturaleza y los designios del
Creador. El estado microcósmico del hombre es fundamental para la medicina
paracelsista, aunque de modo distinto a como lo es en el Timeo. Pero antes de hablar
de la medicina, es necesario entender el tema de la enfermedad. Mientras que, para
Platón, como se dijo en el primer capítulo, la enfermedad se debe principalmente a
desbalances, incongruencias entre Microcosmos y Macrocosmos y entre el alma y el
cuerpo, y al decaimiento natural, para Paracelso la enfermedad es mucho más
compleja, pues no sólo se debe a situaciones de desorden; ella no se define sólo desde
la ausencia, sino que tiene una realidad positiva189.
188
Paracelso, The Interpretation of the Stars (ed. Waite), 285
189
“La enfermedad es en sí misma un ser, una entidad, una vida. Una vida parasitaria, una vida que se
desarrolla con detrimento de la del ser enfermo, y, por tanto, es un mal para éste” Koyré, Místicos,
espirituales y alquimistas del siglo XVI alemán, 111-112
101
Paracelso encuentra en los astros una fuente de enfermedad. Aunque el ser humano
es, en cierto sentido superior a los astros, no por ello está fuera de su influencia.
Como se ha dicho, las estrellas no pueden influir directamente sobre la materia, sino
sobre lo más sutil de esta. Así, las estrellas son capaces de afectar el mundo,
corrompiendo (o transformando de formas benéficas) los misterios, o las causas
espirituales de la materia. Paracelso menciona el ejemplo del estanque que por
influencia del sol termina volviéndose tóxico para los peces. De forma semejante
operan todas las estrellas sobre la tierra y, por ello, ellas son causas de enfermedades,
en especial de plagas190. Paracelso adjudica las pestilencias a las influencias nocivas
de estrellas que pueden afectar a poblaciones completas sin tener un contacto directo
190
“La influencia de los astros era para él algo tan seguro y tan fuera de duda como la vida del mundo;
era, además, el único medio de explicar razonablemente la producción y la propagación de las
enfermedades epidémicas”. Koyré, Místicos, espirituales y alquimistas del siglo XVI alemán, 72
102
Microcosmos de la tierra, necesita del alimento de la misma forma en que los cultivos
requieren del abono, pero aquellos órganos que se corresponden con los planetas del
Macrocosmos son autosuficientes y las enfermedades en ellos se pueden dar
directamente por la naturaleza de esta correspondencia. Estos órganos son el hígado,
el cerebro, el bazo, los pulmones y los riñones, que se corresponden con Júpiter, la
luna, el sol, Saturno, Mercurio y Venus. Como ya se ha explicado, estas
correspondencias lo que indican es la naturaleza de cada uno de los órganos y las
medicinas más apropiadas para curarlos (pues serán a su vez sustancias regidas por el
mismo astro), pero, más allá de esto también hay una correspondencia entre la vida de
los órganos y las órbitas de su respectivo astro. Empero, los ciclos de los órganos,
aunque análogos a los ciclos de los astros, no tienen nada que ver con el movimiento
real de los astros. No hay una correspondencia que pueda ser descubierta a partir de la
astrología entre la vida de los órganos y el movimiento celeste. Estos ciclos dependen
enteramente de la naturaleza de cada persona, tienen un tiempo fijo predeterminado,
por lo que
es un error correlacionar las crisis con las que el cuerpo puede curar la
enfermedad surgida del ens naturale con las estrellas y sus movimientos.
Las enfermedades que el cuerpo contrae por sus ens naturale el cuerpo
purga con crisis de acuerdo a sus propios circuitos y no los del cielo.192
El cuerpo responde con fiebres y crisis cuando los órganos comienzan a cerrar su
ciclo, pero cuando este se ha completado, ya no hay posibilidad de salvación, pues la
naturaleza ha completado su curso. Estos caminos tienden a ser largos e inevitables,
por tanto, los astros interiores son las causas de las enfermedades crónicas.
Las enfermedades causadas por los elementos son propias de aquella parte del cuerpo
que no corresponde a los astros, sino a la tierra. Esta parte se nutre y alimenta de la
comida ingerida, cuyos elementos son apropiados y transformados por el cuerpo en
aquello que más le sirve, de forma semejante a como la cosecha se nutre de los
192
Paracelso, Volumen medicinae Paramirium (ed. Goodrick-Clarke), 53
104
El espíritu puede dañar por medio de una fuerte voluntad de cometer injuria, pues
Paracelso señala que la voluntad es el gran motor del espíritu y el medio por el que él
influencia el mundo, de forma directa, como se ve cuando el espíritu controla su
propio cuerpo, pero también puede operar indirectamente. Así se abre la puerta a
operaciones mágicas que, por medio de la imaginación y la sugestión, puede
direccionar la voluntad del espíritu a cometerle daño a otro. Pero esto no es necesario
para que la voluntad maligna de alguien afecte espiritualmente a otra persona y le
cause enfermedad. Un ejemplo claro de esto lo ve Paracelso con los embarazos, en
los que la imaginación materna influye sobre el feto y es causa de enfermedad y
deformidad en el hijo, o también de inclinaciones de carácter. Por ejemplo, una mujer
que tenga un deseo no cumplido en su embarazo pasará esa añoranza a su vástago.
Hasta ahora se han explicado las cuatro causas naturales de la enfermedad, las
estrellas, los venenos, la naturaleza propia y el espíritu, pero sobre todas estas hay una
causa sobrenatural de toda enfermedad, Dios mismo. Dios es causa de enfermedad en
tanto todo en el mundo sucede acorde a Su Voluntad, por lo que prodiga la
enfermedad como castigo. La gran causa de la enfermedad es la Caída del mundo.
Pero, siendo Dios misericordioso, dotó al ser humano de medicina con la cual
combatir la plaga y la enfermedad. Esto lo hizo a modo de milagro, una expiación del
pecado, pero este milagro “lo hace por medio de hombres, específicamente, los
médicos”195. Cuando Dios le dio la medicina al ser humano, sin embargo, no le dio
inmunidad a los males de la naturaleza. La medicina está sometida a los tiempos y
ciclos naturales. El médico puede conocer la enfermedad y tratarla, pero si aún no se
está en el tiempo natural de la cura, esta es imposible. Los únicos que pueden curar
por encima de la naturaleza, por medio directo del milagro, son los santos, pero estos
están tan encima de la medicina como el conocimiento divino del conocimiento
natural. Aún así, la medicina también es regalo de Dios a la humanidad, y en ella se
que el alma le imprime por la imaginación y la voluntad. Observemos que no debe confundirse
imaginación y fantasía: esta última no tiene poder alguno, sus imágenes flotan en nuestro espíritu sin
lazo profundo ni entre sí, ni entre ellas y nosotros. La fantasía carece de fundamento en la Naturaleza”.
Koyré, Místicos, espirituales y alquimistas del siglo XVI alemán, 89
195
Paracelso, Volumen medicinae Paramirium (ed. Goodrick-Clarke), 57
106
La medicina es un arte inmortal y divino dado al ser humano para curarse de aquellos
males que le acaecen por su naturaleza caída. Aquella, en cierto sentido, termina
siendo la más completa de los artes naturales, pues al tratar al ser humano que es
Microcosmos, debe ser un destilado de todas las ciencias de la naturaleza. La
medicina entonces es una disciplina que, al ocuparse de lo más loable, se sirve de lo
más perfecto de todas las artes y las ciencias humanas, además de ocuparse de la
purificación del alma. Este loable quehacer, como se ha dicho, responde a la
enfermedad que es, en último término, respuesta a la Caida. Siguiendo los pasos del
Timeo, Paracelso encuentra que la filosofía natural desemboca en medicina. Esta
ciencia tiene cuatro pilares distintos, los cuales son necesarios para sustentar el arte
médico. Los pilares están organizados de la siguiente manera:
Para practicar la medicina perfecta, el arte de curar la enfermedad y cuidar del cuerpo
humano, se debe ser perfecto, no sólo científica sino también de carácter. Si se
pretende que la enfermedad sea producto de la Caída, sólo lo mejor de la naturaleza y
lo propiamente humano, gracias al don divino, pude curarla.
La marca distintiva del filósofo es conocer las causas ocultas de las cosas, los arcanos
o estados perfectos que funcionan como causas finales, “no es el principio, sino el
final lo que hace al filósofo o al sabio. El conocimiento de la cosa de acuerdo con su
196
Paracelso, Das Buch Paragranum (ed. Goodrick-Clarke), 72-73
197
“Lo que Plinio y Dioscórides escribieron sobre las hierbas no lo probaron por experiencia, sino que
recopilaron de autores famosos que sabían muchos sobre tales asuntos, y entonces llenaron muchos libros
con su charla femenina”. Paracelso, Alchemy, the Third Column of Medicine (ed. Waite), 155
198
Paracelso, Sieben Defensiones (ed. Goodrick-Clarke), 105
199
“Tanto en la cátedra como en la práctica es un empírico. Lo más evidente de su saber provenía —lo
dice él mismo— de aquellas viejas mujeres, semibrujas, que encontraba en su camino; de las prácticas
populares; de las recetas tradicionales; de los medios empleados por los barberos de aldea; de los
métodos de laboratorio de que se servían los mineros, los fundidores de oro y de plata. En realidad, era
un chyrurgus, un hombre de práctica, de oficio”. Koyré, Místicos, espirituales y alquimistas del siglo
XVI alemán, 73
108
200
Paracelso, Philosophy addressed to the Athenians II (ed. Waite), 270
201
Paracelso, Opus Paramirium (ed. Goodrick-Clarke), 85
202
Paracelso, Alchemy, the Third Column of Medicine (ed. Waite), 149
109
Las estrellas, además, tienen una influencia más directa y literal en la salud de los
seres humanos. A través de las estrellas llegan influencias, muchas veces nocivas a la
tierra, pues ellas “tienen su propia naturaleza y propiedades al igual que los hombres
tienen sobre la tierra. […] cuando ellas son buenas en sí mismas ningún mal proviene
de ellas; pero la infección procede de ellas cuando son malvadas” 203. Es erróneo creer
que de las estrellas sólo vienen beneficios por ser superiores en la naturaleza. De la
misma manera en que las estrellas interiores pueden regir negativamente el carácter
de una persona, por ejemplo, haciendo de ella colérica o saturniana, las estrellas del
firmamento pueden enviar pestes y plagas qué asolan poblaciones enteras.
El conocimiento de los astros servirá entonces para que el médico pueda contrarrestar
las influencias nocivas que estos ejerzan sobre la tierra, pues el ser humano no está
sometido a las estrellas, sino que, al contrario, por la sabiduría es capaz de
sobreponerse a ellas, tanto a las estrellas interiores como a las macrocósmicas. Por el
conocimiento astronómico, según Paracelso, el médico sería capaz de identificar el
responsable de ciertas plagas y enfermedades y, por ende, también sería capaz de
encontrar la cura. Si cada astro tiene una naturaleza determinada que se corresponde
con elementos sublunares, entonces también podrá identificarse aquello en la
naturaleza terrestre que sirva para contrarrestar esta influencia.
Estas dos disciplinas, la filosofía natural y la astronomía, a su vez son requisitos para
el tercer pilar de la medicina, la alquimia. La alquimia es la ciencia que controla la
materia y permite extraer de los empaques naturales las propiedades espirituales. Ella
es paso necesario de la medicina, pues los conocimientos que dan las primeras dos
disciplinas son insuficientes por sí solos,
203
Paracelso, Volumen medicinae Paramirium (ed. Goodrick-Clarke), 48
204
Paracelso, Alchemy, the Third Column of Medicine (ed. Waite), 149
110
La teoría humoral explica la salud como un balance entre cuatro distintos humores,
por lo que la medicina se basará en contrarrestar aquellos humores que estén
predominando, enfrentando lo seco a lo húmedo, o lo frío a lo caliente, etc. En la
medicina alquímica de Paracelso se trata de encontrar lo que rige cada enfermedad y
cada órgano enfermo y aplicarle una cura que provenga de aquello que comparta la
naturaleza con estos. Pero no se trata de una mera aplicación de hierbas o comida,
205
Paracelso, Alchemy, the Third Column of Medicine (ed. Waite), 153
111
sino que la medicina debe ser preparada por el arte alquímico para así extraer los
arcanos pues “el cuerpo que impide el arcano debe ser removido. Al igual que nada es
engendrado de la semilla a no ser que esta se disuelva, la disolución no es más que la
putrefacción del cuerpo, no del arcano” 206. Muchas sustancias en estado bruto son
inocuas, mientras otras son inicuas, pero a partir de un tratamiento alquímico se
pueden extraer los arcanos medicinales que en ellos yacen latentes. Por ejemplo, es a
partir de los venenos que muchas veces se puede extraer su mismo antídoto, pero para
esto hay que someterlo a una eliminación de aquello nocivo de su cuerpo para dejar
pura la esencia que sirve como medicina. Sólo el alquimista, que experimenta y
desentraña los secretos de la naturaleza, puede conocer estas propiedades ocultas y
aparentemente contradictorias de la materia. Por ello, la medicina no es posible sin la
alquimia, pues estaría limitada por la naturaleza aparente, sin jamás poder desentrañar
las virtudes ocultas y curativas de la naturaleza. Esto no quiere decir que la alquimia
o la medicina obre fuera de la naturaleza, sino que potencia sus capacidades, pues
toda cura proviene de la naturaleza207.
206
Paracelso, Alchemy, the Third Column of Medicine (ed. Waite), 154
207
“La naturaleza cura por sí misma, el deber supremo del médico, su único deber, consiste en
ayudarla en su lucha contra la enfermedad, ser un aliado de la vida, no su dueño”. Koyré, Místicos,
espirituales y alquimistas del siglo XVI alemán ,75
112
Es más, en la virtud del médico se juega el papel de la medicina como ciencia que
conecta el Macrocosmos con el Microcosmos. Si ella fuera irrelevante para su
ciencia, entonces su alma estaría desconectada de su operación sobre cuerpo y
espíritu, tan íntimamente ligados. Pero, ya que el espíritu sirve como nexo entre alma
y cuerpo en el ser humano, el Microcosmos, igual que el firmamento, el espíritu del
mundo sirve como la conexión entre lo material y lo divino. Pero la medicina es, a su
vez, un firmamento microcósmico. Este arte baja las estrellas del cielo, purifica el
cuerpo humano y permite que Dios obre su milagro en él, milagro que no podría ser
ejecutado por aquel que no se purifique en Dios. El médico es agente divino, “Dios
no hará nada sin el hombre. Si se obra el milagro lo hará a partir del hombre, es decir
del médico”208. No por ello debe considerarse que el médico es equivalente al santo
que cura exclusivamente por el milagro. Al igual que el conocimiento divino supera
el conocimiento natural, el santo supera al médico que cura por su ciencia. Pero igual
que la ciencia de la naturaleza es buena y depende de Dios, la medicina que cura por
el conocimiento del mundo y del cuerpo –aunque carece de la fe necesaria para obrar
directamente milagros, en sentido estricto— arregla los errores de la naturaleza caída,
por lo que debe alinearse con los designios divinos.
208
Paracelso, Volumen medicinae Paramirium (ed. Goodrick-Clarke), 57
113
CONCLUSIÓN
Naturaleza, vales…
Fjordson”
Paracelso, sin duda alguna, es uno de los pensadores más originales y revolucionarios
que Occidente ha ofrecido en el tema de la salud. Mientras que la medicina hasta su
momento se había basado en la eucrasia, y en la restitución de la salud como una
conservación del balance corporal, Paracelso postula que la salud depende
completamente de la posición metafísica del ser humano como Microcosmos y como
punto central de la Creación, en la que se encuentran todas las realidades físicas y
espirituales. Esto desarrolla lo que fue esbozado al final del Timeo, donde se concluye
que el conocimiento cabal del Macrocosmos es necesario para alcanzar la salud del
ser
116
ser humano es completar los procesos de la naturaleza, lo que sólo se logra por medio
del espíritu natural de las cosas. El ser humano no completa la obra natural por la
fuerza, sino por el conocimiento del mundo, y más específicamente, de todas las
cosas concretas. Todos los seres siguen sus propios procesos y cada uno tiene sus
propias virtudes, arcanos y estrellas. Sólo quien conoce las propiedades espirituales
de las cosas podrá transformarlas para hacerlas relucir. La naturaleza no puede ser
forzada a dar frutos antinaturales, pero el filósofo sabe que hay una enorme diferencia
entre lo aparente y lo verdadero. Muchas veces, debajo de cierta apariencia, se
encuentran las verdaderas virtudes de las cosas, completamente distintas de lo
superficial. Así, por ejemplo, es posible crear curas a partir de sustancias inicuas.
El rol del ser humano toma matices particulares bajo esta interpretación. La
humanidad entera tiene un llamado teleológico a conocer el mundo y al habitarlo
transformarlo, no a su imagen y semejanza, sino de acuerdo con la naturaleza de cada
una de las cosas. Las artes humanas, tales como la viticultura o la panadería, no son
puramente artificiales, sino que son el despliegue de aquellas virtudes que se
encontraban contenidas en los seres naturales, pero nunca habrían podido mostrarse
sin intervención humana. La alquimia, el arte que se basa en la transformación de la
materia según su espíritu, es la disciplina humana por excelencia. La humanidad,
entonces, es vista bajo esta perspectiva como un ser que está llamado no sólo a
transformar el mundo, sino a hacerlo a partir de un conocimiento profundo de todas
las cosas, más que por la fuerza o el control de la materia. En el fondo, es gracias al
espíritu que el hombre se apropia de los seres externos a sí mismo. Por los arcanos y
los astros propios de cada cosa, puede transformar los seres para que le resulten
útiles. Esto va más allá de la mera adaptación de la naturaleza a sus necesidades, y se
ve como un llamado divino. Dios, según Paracelso, oculta en los seres una naturaleza
para que el ser humano la descubra y la explicite. El hombre funciona como un
subcreador, que está hecho a imagen de Dios y lo imita en su labor creativa.
El conocimiento del mundo no es algo externo al ser humano, sino que es un llamado
interno. Dios diseña el mundo lleno de atributos ocultos, pero a su vez le da la
118
Pero, más allá de todo esto, la teoría de Paracelso de que el conocimiento depende de
la relación Macrocosmos-Microcosmos es de gran importancia.
escindido de su Creador y del bien, por lo que enferma y sufre. La salud, debe
asemejarse al cuidado correcto que el ser humano debe tener sobre el mundo.
Dependiendo de una transformación cualitativa de las cosas, atendiendo al espíritu
que esté de acuerdo con aquello que está por encima de él. Sólo a través del cuidado
del Macrocosmos se puede atender a la salud del Microcosmos.
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REFERENCIAS
Referencias primarias
Referencias secundarias
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de filosofía, 2013.
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