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Pasión de Cristo según San Mateo

El documento narra la Pasión de Cristo según el relato de San Mateo. Describe los eventos desde la traición de Judas hasta la negación de Pedro, el juicio de Jesús ante el sumo sacerdote y Pilato, y su crucifixión.
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Pasión de Cristo según San Mateo

El documento narra la Pasión de Cristo según el relato de San Mateo. Describe los eventos desde la traición de Judas hasta la negación de Pedro, el juicio de Jesús ante el sumo sacerdote y Pilato, y su crucifixión.
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Pasión

De
Nuestro Señor
Jesucristo
Según San Mateo
Domingo de Ramos

1
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según
san Mateo 26, 14 -54, 27, 66
¿Qué están dispuestos a darme si se lo entrego a ustedes?

C.
En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas
Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:

S. “¿Qué están dispuestos a darme si se lo entrego a


ustedes?”.

C. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y


desde entonces andaba buscando la ocasión propicia para
entregarlo.
¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?

C. El primer día d ellos Ácimos se acercaron los discípulos


a Jesús y le preguntaron:

S. “¿Dónde quiere que te preparemos la cena de Pascua?”.


C. Él contestó:
 “Vayan a la ciudad, a casa de quien ustedes saben, y
dígale: “el Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar
la Pascua en tu casa con mis discípulos”.
C. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y
prepararon la Pascua.
Uno de ustedes me va a entregar

C. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras


comía dijo:
2
 “En verdad les digo que uno de ustedes me va a
entregar”.
C. Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno
tras otro:

S. “¿Soy yo acaso, Señor?”.


C. Él respondió:

 “El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me


va a entregar. El hijo del hombre se va como está escrito de
él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es
entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!”.
C. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
S. “¿Soy yo acaso, Maestro?”.
C. Él respondió:
 “Tú lo has dicho”.
Este es mi cuerpo. Esta es mi sangre

C. Mientras comían, Jesús tomó pan y, después de


pronunciar la bendición, lo partió a los discípulos y les dijo:

 “Tomen, coman: esto es mi cuerpo.


C. Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias y
dijo:

 “Beban todos; porque esta es la sangre de la alianza, que


es derramada por muchos para el perdón de los pecados. Y
les digo que desde ahora ya no beberé el fruto de la vid
3
hasta el día que beba con ustedes el vino nuevo en el reino
de mi Padre.
C. Después de cantar el himno salieron para el monte de
los Olivos.
Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño

C. Entonces Jesús les dijo:


 “Esta noche se van a escandalizar todos por mi causa,
porque está escrito: “heriré al pastor, y se dispersarán las
ovejas del rebaño”. Pero cuando resucite, iré delante de
ustedes a Galilea”.
C. Pedro replicó:
S. “Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré”.
C. Jesús le dijo:

 “En verdad te digo que esta noche, antes de que el gallo


cante, me negarás tres veces”.
C. Pedro le replicó:
S. “Aunque tenga que morir contigo, no te negaré”.
C. Y lo mismo decían los demás discípulos.
Empezó a sentir tristeza y angustia

C. Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado


Getsemaní, y dijo a los discípulos:

 “Siéntense aquí, mientras voy allá a orar”.

4
C. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo,
empezó a sentir tristeza y angustia.
Entonces dijo:

 “Mi alma está triste hasta la muerte; quédense aquí y


velen conmigo”.
C. Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra y oraba
diciendo:

 “Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero


no se haga como yo quiero, sino como quieras tú”.
C. Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos”.
Dijo a Pedro:

 “¿No han podido velar una hora conmigo? Velen y oren


para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto,
pero la carne es débil”.
C. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:

 “Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo


beba, hágase tu voluntad”.
C. Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque sus
ojos se cerraban de sueño. Dejándolos de nuevo, por
tercera vez, oraba repitiendo las mismas palabras.
Volvió a los discípulos, los encontró dormidos y les dijo:

 “Ya pueden dormir y descansar. Miren, está cerca la


hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de
los pecadores. ¡Levántense, vamos! Ya está cerca el que me
entrega”.
5
Se acercaron a Jesús y le echaron mano y lo prendieron

C. Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno


de los Doce, acompañado de un tropel de gente, con
espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes y los
ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta
contraseña:
S. “Al que yo bese, es: préndalo”.
C. Después se acercó a Jesús y le dijo:
S. “¡Salve, Maestro!”.
C. Y lo besó. Pero Jesús le contestó:

 “Amigo, ¿a qué vienes?


C. Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano y lo
prendieron. Uno de los que estaba con él agarró la espada,
la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del
sumo sacerdote.
Jesús le dijo:

 “Envaina la espada; que todos los que empuñan


espadas, a espada morirán. ¿Piensas tú que no puedo
acudir a mi Padre? Él me mandaría enseguida a mas de
doce legiones de ángeles. ¿Cómo se cumplirá entonces las
Escrituras que dicen que todo esto tiene que pasar?
C. Entonces dijo Jesús a la gente:
 “¿Han venido a prenderme con espadas y palos como i
fuera un bandido? A diario me sentaba en el templo a
enseñar y, sin embargo, no me prendieron. Pero todo ha
sucedido para que se cumplieran las Escrituras de los
profetas.
6
C. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron
y huyeron.
Verán al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder

C. Los que prendieron a Jesús lo condujeron a casa de


Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los
escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos hasta el
palacio del sumo sacerdote y, entrando, se sentó con los
criados a ver cómo terminaba aquello.
Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un
falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y
no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos
que compadecían. Finalmente, comparecieron dos que
declamaron:
S. “Este ha dicho: “Puedo destruir el templo de Dios y
reconstruirlo en tres días”.

C. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:


S. “¿No tienes nada que responder? ¿Qué son esos cargos
que presentan contra ti?”.
C. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:
S. “Te conjuro por el Dios vivo a que nos diga si tú eres el
Mesías, el hijo de Dios”.

C. Jesús le respondió:
 “Tú lo has dicho. Más aún, yo les digo: desde ahora
verán al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y
que viene sobre las nubes del cielo”.

C. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras


diciendo:
7
S. “Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de
testigos? Acaban de oír la blasfemia. ¿Qué deciden?

C. Ellos contestaron:
S. “Es reo de muerte”.
C. Entonces le escupieron la cara y lo abofetearon; otros
lo golpearon diciendo:

S. “Haz de profeta, Mesías; dinos quien te ha pegado”.


Antes que cante el gallo me negarás tres veces

C. Pedro estaba sentado fuera en el patio y se acercó a una


criada y le dijo:

S. “También tú estabas con Jesús el Galileo”.


C. Él lo negó delante de todos diciendo:
S. “No sé qué quieres decir”.
C. Y al salir al portal lo vio otra y dijo a los que estaban
allí:
S. “Este estaba con Jesús el Nazareno”.
C. Otra vez negó él con juramento:
S. “No conozco a ese hombre”.
C. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron
a Pedro:
S. “Seguro; tu también eres de ellos, tu acento te delata”.
C. Entonces él se pucho a echar maldiciones y a jurar
diciendo:
8
S. “No conozco a ese hombre”.
C. Y enseguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas
palabras de Jesús: “Antes de que cante el gallo me negarás
tres veces”. Y, saliendo, lloró amargamente.
Entregaron a Jesús a Pilato, el gobernador

C. Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los


ancianos del pueblo se reunieron para preparar la condena
a muerte de Jesús. Y, atándolo, lo llevaron y lo entregaron
a Pilato, el gobernador.
No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio
de sangre

C. Entonces Judas, el traidor, viendo que lo habían


condenado, se arrepintió y devolvió las treinta monedas de
plata a los sumos sacerdotes y ancianos diciendo:
S. “He pecado entregando sangre inocente”.
C. Pero ellos dijeron:
S. “A nosotros qué? ¡Allá tú!
C. Él arrojando las monedas de plata en el templo, se
marchó; y fue y se ahorcó. Los sacerdotes, recogiendo las
monedas de plata, dijeron:
S. “no es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque
son precio de sangre.
C. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo
del Alfarero para cementerio de forasteros. Por eso aquel
campo se llama todavía “Campo de Sangre”. Así se cumplió
lo dicho por medio del profeta Jeremías:
“Y tomaron las treinta monedas de plata,
9
El precio de uno que fue tasado,
según la tasa de los hijos de Israel,
y pagaron con ellas el Campo del Alfarero,
como me lo había ordenado el Señor”.
¿Eres tú el rey de los judíos?

C. Jesús fue llevado ante el gobernador Poncio Pilato, y


este le preguntó:

S. “¿Eres tú el rey de los judíos?”.


C. Jesús respondió:
 “Tú lo dices”.
C. Y, mientras lo acusaban, los sumos sacerdotes y los
ancianos no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó:
S. “¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti”?
C. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador
estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía
liberar a un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces
un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente
acudió, dijo Pilato:
S. “¿A quién quieren que les suelte, a Barrabás o a Jesús,
a quien llaman el Mesías?”.
C. Pues sabía que se lo había entregado por envidia. Y,
mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó
a decir:
S. “No te metas con ese justo porque esta noche he
sufrido mucho soñando con él”.

10
C. Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron
a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás y la
muerte de Jesús.
El gobernador preguntó:
S. “¿A cuál de los dos quieren que les suelte?”.
C. Ellos dijeron:
S. “A Barrabás”.
C. Pilato les preguntó:
S. “¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?”.
C. Contestaron todos:
S. “Sea crucificado”.
C. Pilato insistió:
S. “Pues, ¿qué mal ha hecho?”.
C. Pero ellos gritaban más fuerte:
S. “¡Sea crucificado!”.
C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se
estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las
manos ante la gente, diciendo:
S. “Soy inocente de esta sangre. ¡Allá ustedes!”.
C. Todo el pueblo contestó:
S. “¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros
hijos!”.

11
C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de
azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
¡Salve, rey de los judíos!

C. Entonces los soldados del gobernador se llevaron a


Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la
cohorte: los desnudaron y le pusieron un manto de color
púrpura, y trenzando una corona de espinas, se la ciñeron
a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y,
doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo:
S. “¡Salve, rey de los judíos!”.
C. Luego lo escupían, le quitaban la caña y le golpeaban
con ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el
manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.
Crucificaron con él a dos bandidos

C. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado


Simón, y lo forzaron a llevar su cruz.
Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir
lugar de “la Calavera”), le dieron a beber vino mezclado con
hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de
crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y
luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza
colocaron un letrero con la acusación: “Este es Jesús, el rey
de los judíos”. Crucificaron con él a dos bandidos, una a la
derecha y otro a la izquierda.
Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz

C. Los que pasaban, lo injuriaban, y, menando la cabeza,


le decía:

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S. “Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres
días, sálvate a ti mismo; si eres el Hijo de Dios, baja de la
cruz”.
C. Igualmente los sumos sacerdotes con los escribas y los
ancianos se burlaban también diciendo:
S. “A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¡Es el rey de
Israel!, que baje ahora de la cruz y le creeremos. Confió en
Dios, que lo libre ahora si es que lo ama, pues dijo: “Soy
Hijo de Dios”.
C. De la misma manera los bandidos que estaban
crucificados con él lo insultaban.
¿Elí, Elí, lemá sabaqtaní?

C. Desde la hora sexta hasta la hora nona vinieron las


tinieblas sobre toda la tierra. A la hora nona, Jesús gritó
con voz potente:

 “Elí, Elí, lemá sabaqtaní?”


C. (Es decir:
 “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”).
C. Al oírlo algunos de los que estaban allí dijeron:
S. “Está llamando a Elías”.
C. Enseguida uno de ellos fue corriendo, cogió una
esponja empapada de vinagre y, sujetándola de una caña,
le dio de beber.
Los demás decían:

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S. “Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo”.
C. Jesús, gritando de nuevo con voz potente, exhaló el
espíritu.
Todos se arrodillan, y hacen una pausa.

C. Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba


abajo; la tierra tembló, las rocas se resquebrajaron, las
tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían
muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que
él resucitó, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a
muchos.
El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver
el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados:
S. “Verdaderamente este era hijo de Dios”.
C. Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos,
aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para
servirlo; entre ellas, María la Magdalena y María, la madre
de Santiago y José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
José puso en su sepulcro nuevo el cuerpo de Jesús

C. Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea,


llamando José, que era también discípulo de Jesús. Este
acudió a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se
lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo
envolvió en una sábana limpia, lo puso en su sepulcro
nuevo que se había excavado en la roca. Rodó una piedra
grande a la entrada del sepulcro y se marchó.
María la Magdalena y la otra María se quedaron allí
sentadas enfrente del sepulcro.

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Ahí tienen la guardia: vayan ustedes y aseguren la vigilancia como
saben

C. A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación,


acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a
Pilato y le dijeron:

S. “Señor, nos hemos acordado de que aquel impostor


estando en vida anunció: “A los tres días resucitaré”. Por
eso ordena que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea
que vayan sus discípulos, se lleven el cuerpo y digan al
pueblo: “ Ha resucitado de entre los muertos”. La última
impostura sería peor que la primera”.

C. Pilato contestó:
S. “Ahí tienen la guardia: vayan ustedes y aseguren la
vigilancia como saben”.

C. Ellos aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y


colocando la guardia.

Palabra del Señor.

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