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La éte como locura e intervencién divina desde la Hfada’
Gloria E. Autino
“(.) Vagase tranguilo
en hora mala, El providente Zeus le ha quitado el juicio.”
‘ Tiiada ¥
En primer lugar, quiero agradecer la invitacién de mis antiguos y queridos compafieros de Propuesta
Psicoanalitica Sur, quienes, atin después de haberme retirado formalmente de la institucidn, han
hecho posible la continuidad del didlogo. De entre ellos, destaco en esta ocasién el que hemos
mantenido alrededor del tema que hoy nos ocupa: el de la locura, inicialmente en el seminario
dirigido por Maria Teresa Poyrazién y Guillermo Izaguirre. El haber puesto en juego este término, la
ocura, es un hallazgo de ese seminario. Pues han valorado un tema que se encuentra en el cruce de
distintas épocas y de distintos discursos, lo que nos invita a hacemos cargo de unos materiales que,
‘trabajados por las artes y las letras y por disciplinas diversas, dan lugar a miles de voces y gritos y
susurtos que “es necesario escuchar. " para decirlo con Tolstoy.
Fue en junio de 1998 cuando corienté eh dicho serninario ‘aliuiios fragmentos del “ Eichmann en
Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal” de Hannah Arendt,” bajo el titulo de “Si cesa el
malestar...” El recorrido de ese texto trataba de precisar aquello que se calificé muchas veces como
Jocura, tanto individual como colectiva (aplicada al régimen nazi), e intentaba averiguar cmo
podriamos cemir y cémo traducir Ia expresion arendtiana de “colapso moral” alos conceptos
freudianos de Psicologia de las masas y andlisis del yo, cémo se podria avanzar, por una parte,
respecto de los limites de la cultura, siguiendo la pregunta, entonces, de cémo se presenta lo que no
es cultura, con lo que, afirmébamos, no siempre hay malestar; si cesa el malestar y hay regocijo
salvaje sin represién discernible, orgla duradera a veces; por otra parte, esto nos ilevaba a proseguir
Ia lectura de los textos de Freud, por lo menos del 21, 23 y el 30, en punto a Ja “instancia critica”
‘cuyos responsables conocen las denominaciones de yo, ideal del yo y superyo, variables de lugar en
ugar, segin el momento y las redes en que se encuentran, y est, en suma, para mejor considerar las
figuras y consecuencias de su calda, insisto en glosar, ahoraa Freud, caida o mas allé de! malestar.
Dicho de otro modo, sino damos por concedida una suerte de permanencia incondicionada de Ia
cultura de cuo freudiano, tampoco el malestar tiene asegurada su perpetua presencia, salvo
omitiendo la pregunta acerca de la determinacién (“poner el fin’), de dénde comienza y donde
fermina tal nocién 0 concepto. Es muy dificil suspender los supuestos, que se toman hébito cuando
no contrasefias. Este trabajo vale la pena intentarlo con otras. ee y conceptos del
‘coandlisis, pues todos ellos tienen una extensi6n inmensa y estén en unas conexiones muy
complejas se elementos de distinta procedencia. Quizé todo psicoanalista se encuentre mas 0
deere esa tarea, que como cualquier trabajo también se puede despreciar. Porque reconstruir
srerexos, es0s cores, esos encabalgamientos, es bastante complicado, Pero de todos modes
seee Pics la invitacion a hacerlo siguiendo el ejemplo de Freud, que toms, arma y desarma sin que
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M nici exposicién ore ‘su conversi6n a escrita no disimula las hnuellas ni los restos
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Fe 0) Ed le A en Unemraratnt
Lumen, Barcelona, 1999. :
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tiemble el pulso, que tampoco a Lacan parece temblarle, cada uno segiin su preocupacién y su gusto,
y ano inquietarse, tenemos trabajo agegurado para las generaciones que nos seguirén.
He propuesto como tema safes rae intervencidnidivina desdeLaIiiada Este término griego
es de todos conocido, pero vaifios a poner entre paréntesis lo que se ha dicho de la dte\en la‘Antigoria
de'S6focles{.que, como todos saben, también fue tratada por Lacan. Nos situamos en‘el auto
Chomérico, a partir del cual se leen las variaciones,Hos desplazamientos semantjcos que dan cuenta de
Ja disti ici 1a en tiempos Clasicos.
Ta época llamada arcaica} cuya impronta continia en algunos escritores de la época clisica, entre
ellos nuestro apreciado Séfocles, cuyo pesado aliento arcaico acusalla carga‘de atribuir envidia yi
hoostilidad a unos dioses celosos de cualquier dicha o logro humanos, celosos y airados a la vezapues
tales dichas y logros hieren la prerrogativa divina de ser gozadores plenos, exclusivos y excluyentes,
sin Ja cual mal habrian de sostenerse como soberanos#
F = ( os Bus es nuestra dte entonces? Vamos a definirla primeramente de la manera mas simple comoyinag)
rosea parcial» passerat jera,} siguiendo a Dodds! Traducida primeramente por ofuscacién en laedicién
ip & ‘Gredos, obnubilacién y ceguera asimismoa) esta locura no comporta delirio ni alucinacién,sind
‘que afecta s6lo el Jjuicio moral”, la aptitud para “distinguir el bien y el mal") puesto en las palabras
“Gel Antiguo Ta ( Génesis ), asi el Tent Siraviesa mileniost aunque ho son exactamente ésos
los términos de la Iliada, ni tampoco ajenos a esa distincién ciertamente ( por ello algo los .
enhebramos con el trabajo de Arendt que hemos nombrado al comienz0).
ae yne en escenia en una disputa, un conflictopla célera de Aquiles desatada por
‘dichos y acciones de un desaforado Agamenénj fo impropio e.incivil de vir
| es.di 2 a
lo como efecto de una “intervencién” de lf
hhomeéricos nada se presentp-coma psiq
Gsvkné-cidolgn
pos de interyenoiomttvina que deberiamos discerir
amo la atencién sobre el términafintervenci6h) Este términojha de leerse en el sentido que adquiere
Gq la expresién “intervencién del jects oreaJapTOVICInIGS cn cuvo.cao.s0apote smn
‘lteraciOn de la ley precedente a la intervenciém Ja que deberta procurar restaurarsuVigencig,o
Sien, * intervencién en una institucién”, Conocemos por los repetidos, extenuantes periodos de
dictadura militar la definicién de intervenci6n e interventor, Esto es, algo.o alguien impuesto port
ia regido hasta entonces por unas no
poder qu un inado cuerpo 50%
‘que disponen el ejercicio repartido del pode jejpara que pudiera mantenerse ese reparto y
fencion sobre la nocign de “parte” que esté en reparto);conceden existencia a unas subdivisio
internas que hacen, en algo al menos, a Ia estructura de Ia asamblea, sea como jo” woos:
‘Subdivistones que sostienen unas diferencias que se-ven como Iimites, como procedimientos que.
.deben ser respetados, como normas de funcionamiento gy cuya Tuncion esencial es sostener que hay
parte. Digo con [os priegos, sostener que haya parte, esto, Cmoira)que es parte, {Y por qué
* Dodds, E.R. ( 1951); Los griegas y lo irracional, Alianza editorial, Madrid, 1989, p. 19.
“ Bycelente introduccion al tema, con minucioso estudio de las opiniones de importantes helenistas, es El concepto de
‘alma en Homero, de mai recordado maestro, Conrado Eggers Lan en un trabajo que, hasta donde sé, s6lo se encuentra en
ficha mecanografiada que se puede fotocopiar en el Instituto de Filosofia Antigua de la Facultad de Filosofia y Letras de
LUBA. Yenla fotocopiadora del C. E. P. ( Facultad de Psicologia, U. B. A.). Eno que respecta a mi posicién, véase
“La Rama Dorada. Mito, poesia y psicoandiisis.” Conferencia en el ciclo“ El Psicoandlisis hoy” en el Hospital de
_Emergencias Psiquidtricas Toreuato de Alvear, 17-9-2002. También en fotocopisdora del C.E. P.
J
eh,
Rante
Escaneado con CamScanner| modo de entender un universal respecto dela parte (particu), no
indcente de lectura de Hegel . Si de un universal donde el respeto de la parte impide que Uno bajo la
cobertura de algtin rado arrase con casi todos se trata, ésta es una posicién que conlleva critica a
Hegel. En otra vertiente, un ejercicio ret6rico nada desdefiable seria el vindicar Ia moral contra la
ética, burlando el empleo hegeliano, haciendo caso omiso de que parezca articulo de fe, o por eso
mismo, por los muchos apresados en la espesa niebla de la prosa ( escandalosamente mala en
opinién de Goethe) del autor de la Fenomenologia del Espiritu.’ Para reverdecer, pues, los laureles
del arte de la controversia, nuestra moira y nuestra ate son también apreciadas desde Hegel. Mas de
‘momento volvamos a las fuentes, teniendo in mente el “pecado original” ( Kierkegaard’, que se salva
de Hegel inventando una ética a su manera, hija también de lectura y reconversién de Hegel) de la
cig) lo que en lengua romance tiene una traduccién de cuidado
“La célera canta, oh Diosa, del Pelida Aquiles,
maldita, que causé a los aqueos incontables dolores,
Precipité al Hades muchas valientes vidas
de héroes y a ellos mismos les hizo presa para los perros
y para todas las aves --y asi se cumplia el plan de Zeus,
desde que por primera vez se separaron tras haber refiido
el Atrida, soberano de hombres, y Aquiles, de la casta de Zeus.
4 Quién de los dioses lanz6 a ambos a entablar disputa?””
Estos primeros versos de la /liada dan pie para centenares de comentarios. Nos limitaremos a unos
pocos. Por caso, subrayar que en el primer verso tenemos a la Diosa en posicién de sujeto —“la
célera canta, oh Diosa”- donde la segunda parte repite o despliega la persona desinencial del verbo.
El poeta se borra al plantar a la diosa como del sujeto de la accién del verbo, ella es quien canta, la
voz pura y directa de ella es, mientras él no se anota siquiera a titulo de “instrumento” ( abundante y
claramente acufiado como instrumento -voz como vocero, a mis de brazo ejecutor- de Dios o de la
voluntad divina). Nosotros decimos “el poeta”, sin embargo, élno aparece ni como sujeto ni como
agente, él no dice ni canta. Tamizada, este es el tipo de accién divina que permanece en la cultura
como inspiracién de los dioses o de la musa o las rnusas, una entidad divina siempre, aim cuando
aparezca como humana, como mujer las més veces.*
Me permito remitir a mi “Mester agOnico de la ley. Notas sobre la soberania, el crimen de estado y la ley en la Antigona
de Sofoetes.” En la revista electronica ~ Acheronta", N° 15. eitada por PsicoMundo Argentina won psicormundo com
* Kierkegaard, S. (1844); EI condepto de la angustia. Una sencilla investigacién psicolégica orientada hacia el
problema dogmético del pecado original. Espesa-Calpe, 8.A., Madrid, 1982, p.30, donde ala traduoeiém como “de
hhecho” le sigue entre paréntesis de actu o in acta, pero “en acto” no equivale tn directamente a “de hecho”, razén de
mds para tomarle a Kierkegaard la palabra tomarlo en su palabra), y encarar mi versiOn, tan justficeda como
cportuna para lo que vengo a sostener aqui (no hay tanto drama de traduccion e atin),
* Hada, I, 1-8. Biblioteca Clésica Gredos, Madrid, 1991.
* Recordemos el comienzo del Facundo de nuestro Sarmiento, la sombra que el autor convoca esté en posicién de