0% encontró este documento útil (0 votos)
88 vistas14 páginas

Formación de los hijos en la pureza

Este documento habla sobre la importancia de que los padres sean los principales responsables de educar a sus hijos sobre temas de sexualidad y pureza. También discute algunos principios básicos sobre cómo los padres pueden abordar este tema de manera adecuada.

Cargado por

Gerardo Ramos
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
88 vistas14 páginas

Formación de los hijos en la pureza

Este documento habla sobre la importancia de que los padres sean los principales responsables de educar a sus hijos sobre temas de sexualidad y pureza. También discute algunos principios básicos sobre cómo los padres pueden abordar este tema de manera adecuada.

Cargado por

Gerardo Ramos
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Índice:

1.-El deber de iniciar.

2.-¿Porqué no dejar que las escuelas hagan el trabajo?

3.-Principios sobre la educación sexual.

4.-La educación sexual es una tarea que incumbe a ambos esposos y los dos deben de intervenir
en ella.

5.-¿A quién le toca hablar?

6.-Que sepa su hijo que fue Dios quien creó el sexo.

7.-Deles siempre las respuestas adecuadas.

8.-Anime a su hijo a recibir los sacramentos con frecuencia.

9.-¿Cómo instruirles sobre Dios?

10.-¿Cómo entrenar a su hijo en el recato?

11.-Qué hacer cuando su hijo no formula preguntas sobre el sexo.

12.-Estimular a la Eucaristía como alimento para el alma.

13.-¿Cómo debe preparar una madre a su hija para la pubertad?

14.-¿Cómo debe preparar un padre a su hijo?

15.-La sociedad y la inmoralidad de los adolescentes.

16.-Preparación para la castidad.

17.-El valor positivo de la castidad.

18.-Cuatro puntos por considerar cuando sus hijos comienzan a tener citas.

19.-Cultivar la confianza de su hijo.

20.-El auge de las enfermedades venéreas.

21.-Cuando su hijo vive fuera de casa.

22.-El muchacho descarriado.

23.-Lo que los jóvenes deben saber.

2
PRESENTACIÓN.

Es muy importante hablar sobre este tema (la formación de los hijos en la pureza) pues hoy en día
la mayor parte de los pecados a que inducen los medios son los pecados de impureza. Y estos
pecados no solamente son cometidos por personas adultas, sino que aun desgraciadamente caen
en estos pecados los jóvenes. Todo esto a raíz de que los padres de familia muchas veces no
tienen el cuidado de instruir a su hijo en este punto tan importante, y más aún en esta sociedad
tan inmoral en la cual nos tocó vivir; si los jóvenes no están bien arraigados en sus creencias
religiosas, en su fe, tarde que temprano caerán en las garras del mundo, la carne y del demonio.

Por eso hemos sacado este folleto para que los padres tengan al menos una noción de cómo
formar a sus hijos en la pureza, pero hay que recordar y tener muy presente, padres de familia,
que la formación de la pureza, de la castidad no va a depender del todo de este folleto, sino que se
ha de procurar sobre todo una educación religiosa completa, firme y constante.

Hay que excitar en la juventud el amor y el deseo de la virtud angélica (la castidad) e inculcarles
con el mayor ahínco la insistencia en la oración, la frecuencia de los sacramentos, de la confesión y
de la comunión, la devoción a la Santísima Virgen María, Madre de la santa pureza. Un amor
entrañable y personal a Jesucristo.

Finalmente hay que procurarles un régimen de vida higiénico y hay que tomar las providencias
elementales para preservarlos del trato peligroso con muchachos livianos o con corruptores de
cualquier condición, inculcándoles una gran confianza con sus papás, sus educadores y directores
espirituales.

Así florecerá en sus hogares la flor de la pureza, el mejor adorno de los hijos y las mejores
credenciales del espíritu cristiano de sus padres, conscientes de los sagrados deberes que les
impuso el matrimonio.

3
LA FORMACIÓN DE LOS HIJOS EN LA PUREZA.

El deber de iniciar.

Hay que tener en cuenta dos puntos de gran importancia: el primero es que tarde o temprano, los
niños, los muchachos, los jóvenes, llagan a plantearse cuestiones sobre este punto en particular y
lo segundo es que, sea de golpe, sea por partes, los unos de una manera precoz, los otros más
tardíamente, pero todos infaliblemente, encuentran la solución a estas cuestiones.

¡fieles! Si no quieren que sus hijos sean iniciados de una manera inconveniente, con gran perjuicio
de su imaginación, de su corazón y de sus almas inocentes, es absolutamente necesario que
tomen por su cuenta esta labor de iniciación. Los encargados de la educación en los centros
docentes podrían dar testimonio de la forma brutal, puramente fisiológica, siempre incompleta, y
con frecuente falseada, en que son iniciados los adolescentes.

Cuando han sido iniciados por compañeros y compañeras, en novelas o películas, apenas se puede
uno imaginar la cantidad de errores, de barbaridades y de groserías que se transmiten los unos a
los otros. Incluso llegan a darse casos en que estas revelaciones, hechas así confidencialmente por
niños o jóvenes mal iniciados ellos mismos, ofrecen la iniciación no sobre los actos normales, sino
sobre las perversiones y vicios de la unión conyugal.

Toda persona de buen juicio y razón, teniendo en cuenta los hechos, está obligada a reconocerlo
sin lugar a duda: los padres tienen el deber de velar por la iniciación de sus hijos. En una materia
que puede tener repercusiones tan serias, no tiene derecho a dejar la solución de este problema al
azar o a la suerte de cada uno, bien que resulte, a una suerte más desastrosa que afortunada con
gran perjuicio de los hijos.

Se puede afirmar rotundamente que los padres que no inician por sí mismos, no cumplen todos
los deberes para con sus hijos.

¿Por qué no dejar que las escuelas hagan el trabajo?

Erróneamente hoy en día los padres de familia piensan que la educación sexual se ha de recibir en
las escuelas, dejándole este trabajo al maestro. Hay que tener en cuenta, antes que nada, que
siendo el sexo un asunto de índole íntima, conviene que la instrucción que se imparta sobre él a
un joven, tenga también un carácter íntimo: es decir, que debe hacerse por medio de charlas
directas de persona a persona. Cada joven reacciona de un modo distinto y tiene tendencias
individuales bastante desarrolladas. A cada uno debe enseñársele de forma distinta y por alguien
que conozca estas reacciones diferentes como lo son los padres de familia.

Por otra parte un maestro, por muy delicado que sea, no puede adaptar un método de enseñanza
que llega a ser efectivo para un grupo mixto de treinta o cuarenta niños. Algunos se mostrarán
desconcertados. Otros pueden experimentar erróneamente, un sentimiento de vergüenza al

4
escuchar la explicación de este asunto. Y otros finalmente, habrá algunos que puedan sentir un
estímulo sexual, a pesar de toda la discreción con que el maestro maneje la materia.

Principios sobre la educación sexual.

Su conducta diaria es el mejor maestro. Si quieren que sus hijos adopten principios sanos con
relación al sexo, tendrán ustedes mismos que adoptarlos igualmente.

“Por sus frutos los conoceréis”, dice Dios Nuestro señor. Pues un buen ejemplo de los padres es
más valioso que mil sermones. Esto no quiere decir que cada padre o madre haya de ser un
modelo que debe seguirse e imitarse en todo. Sería pedir demasiado. Pero si deben saber que
cada una de sus acciones no pasarán inadvertidas por la mente siempre alerta del niño.

Los padres de familia en casa pueden emplear una hora o dos cada tarde en comentar los sucesos
de actualidad, o bien, acordar qué programa de televisión van a ver, o compartir su mutua afición
a la música, o salir a pasear, al parque, al cine etc. Cuando así se conducen en todo esto, ¿Qué es
lo que revelan a sus hijos sobre el sexo? Que las relaciones entre marido y mujer no son, en modo
alguno, simplemente físicas, sino que son una unión de corazones, mentes y espíritus. Hacen
patente su placer de estar juntos, de comunicarse mutuamente sus gustos e ideas.

Un niño no deberá solamente ver el amor manifestado entre sus padres, sino que necesita saber
también que él es amado a su vez. Sólo recibiendo cariño será capaz de sentirlo y de ofrecerlo
igualmente. Su hijo sabrá que lo quiere por la ternura con que lo toma en brazos, las sonrisas que
le dedica y el tono cariñoso con que se dirige a él.

La educación sexual es una tarea que incumbe a ambos esposos y los dos deben intervenir en
ella.

Algunas veces, los esposos aceptan con gusto la idea de que deben ser las madres quienes se
ocupen de esta clase de asuntos. Una mujer puede estar convencida de que conoce los
pensamientos y sentimientos del hombre y viceversa. Pero ningún hombre o mujer puede decirlo
con pleno conocimiento de causa o con cabal certidumbre, salvo el punto de vista de sus propias
necesidades y experiencias.

Un niño pequeño, por ejemplo, se mostrará dispuesto a dirigir su pregunta bien sea a su padre,
bien sea a su madre. Si ambos esposos responden a sus preguntas franca y directamente,
aprenderá a tener confianza en ellos.

Después llegará un momento, quizá a la edad de doce años, en que los niños tienden a dirigirse al
progenitor de su mismo sexo siempre que quieren adquirir nuevos conocimientos o escuchar
nuevas explicaciones. Esto refleja sencillamente un pudor básico, que es natural en la mayoría de
los humanos. Y el padre y la madre se sentirán a su vez más a gusto con sus respectivos hijos o
hijas.

5
No hay que observar esta práctica general de una manera inflexible, pues hay sus excepciones. Por
ejemplo, una muchacha adquiere un vestido un poco indecente. La madre le dice que esa prenda
es inconveniente, sin embargo, la joven le replica a su madre que esa es la moda. Más tarde el
padre de la muchacha la llama aparte y le explica que con ese vestido podría provocar insolentes
miradas e indebida atención de los muchachos y hombre. Será esta advertencia lo que resuelva el
problema. De modo similar, las madres pueden a veces, mejor que algunos padres, tratar de
cuestiones morales con sus hijos adolescentes. Todo esto, naturalmente por medio de la
conversación.

¿A quién le toca hablar?

¿Al papá o a la mamá? En principio se puede decir que esto pertenece a aquel de los dos que
mejor pueda hacerlo. Cuando se trata de explicar a los niños el papel de la madre, o a las
muchachas el oficio del padre, o bien de explicar a los niños el papel de la madre, o a las muchas el
oficio del padre, o bien de explicar los diversos fenómenos de su desarrollo personal, parece como
regla general, que es la madre la llamada a cumplir esta misión. En cambio, cuando haya que
explicar a los jóvenes la función paterna, instruirlos sobre la formación de la pubertad, inculcarles
la necesidad de controlar severamente sus sentidos y respetar a la mujer, entonces es preferible
que intervenga el padre.

Con todo, lo mejor es atenerse a esta regla: que hable aquel que pueda hacerlo con más
delicadeza.

Que sepa su hijo que fue Dios quien creó el sexo.

La experiencia nos ha enseñado que, si queremos que un niño lleve una vida casta, necesita recibir
más que una simple información sobre la función de los órganos sexuales.

Es poco probable que nadie adopte una aptitud de verdadero respeto hacia el sexo, a menos que
respete la función trascendental que le corresponde: el de la propagación de la especie humana.
Por ejemplo, el niño a quien se le dice que el sexo es el medio creado por Dios para reproducir la
existencia humana en el mundo, y que la unión entre los dos esposos es el medio por el cual se
conciben los niños a sus divina semejanza, será capaz de comprender mejor por qué esta facultad
no debe tomarse a la ligera.

Comprenderá por qué Dios nos ha dado ideas muy claras sobre cómo debe de ser utilizado. A
menos que su hijo tenga pleno conocimiento de que Dios creó el sexo para un propósito sagrado,
y que su uso debe de ser controlado cuidadosamente, carecerá de la perspectiva básica necesaria
para resistir las diversas tentaciones en que abunda el mundo moderno.

Pero, al referirse a Dios, cuando hable con sus hijos, asegúrese que lo consideren como un padre
amoroso. Deben de entender que Dios espera que actúen con ciertas normas porque, siendo su
creador, sabe lo que será bueno a su persona. Deben ver en Él quien está deseoso de ayudarnos,
quien estará presente cuando lo necesitemos, quien conoce las debilidades de nuestra naturaleza,
y como buen Padre sabe perdonar nuestras faltas.

6
Deles siempre las respuestas adecuadas.

Sus respuestas deben de ser completamente leales y verdaderas. Al principio pueden quedar
vagas, pero con una generalidad que no falsee la realidad y que esté orientada hacia la verdad
completa. Es necesario que más tarde baste con hacer ampliaciones y precisar detalles. Nunca, ni
el niño ni el joven tienen que sacar la consecuencia de que se les ha mentido o de que se les ha
disfrazado la realidad. Esto sería el precio de su confianza.

La respuesta tiene que ser también completa, no en cuanto que haya de revelarlo todo de un
golpe, sino en cuanto que es esencial responder de una manera clara y satisfactorias a todas las
preguntas que haga el niño o el adolescente, dando a la respuesta toda la amplitud que exija la
curiosidad del que pregunta. Nunca conviene que se queden con problemas pendientes con
preguntas no respondidas a su satisfacción.

Por eso los padres deben de tener cuidado de informarse sobre el particular, prometiendo explicar
con lealtad lo que el niño o el adolescente no haya entendido todavía. Los invitarán también a
acudir a ellos si con el tiempo surgen otras cuestiones en su espíritu. Por lo demás, eviten con
cuidado el dejar suponer que existen más cosas que explicar sobre la materia.

Anime a su hijo a recibir los sacramentos con frecuencia.

La frecuente recepción de la penitencia y de la Sagrada Eucaristía, no sólo habrá de robustecer su


deseo de resistir la tentación, sino también constituirá un medio para reintegrarlo a la gracia si
acaso sufre reveses en su lucha contra la fuerza de sus pasiones.

Es mejor fomentar en sus hijos firmes hábitos espirituales mientras son jóvenes, y antes de que
experimenten las tentaciones sexuales directamente. El niño a quien se ha acostumbrado a recibir
la Comunión cada semana y a confesar frecuentemente, se habituará a continuar esas prácticas en
la adolescencia.

Anime a su hijo a frecuentar los sacramentos. Probablemente la mejor persuasión provenga de su


propio ejemplo. Un niño que los domingos va regularmente al altar en compañía de sus padres,
tendrá mayor estímulo para tratar de proseguir en estado de gracia que aquel cuyos padres no se
preocupan de si va o no.

Cómo instruirles sobre Dios.

Una de las razones principales por las que la gente infringe los mandamientos de Dios, es que no
han aceptado totalmente su existencia, o están confundidos acerca de lo que Él exige de nosotros.
No será posible convencerlos de lo contrario, a menos de que comiencen por aceptar la idea de
que Dios existe y que desea que el acto carnal se limite a los casados.

Por consiguiente, si quiere que sus hijos posean principios sanos y elevados con relación al sexo,
tendrá que asegurarse, en primer término, de que tienen una fe indestructible en Dios. Cuando

7
sea capaz de comprender, explíquele que Dios creó todo el mundo y que ama a todos,
especialmente a los niños pequeños.

Haga que Dios entre a formar parte de la vida de su hijo tan pronto como sea posible. Enséñele a
recitar una oración sencilla, como: "Amado Dios, hazme un niño bueno, por favor". Según va
creciendo y comprendiendo mejor, tendrá muchas oportunidades para hacerle ver que Dios es
fuente de toda vida; que al crearnos lo hizo con un propósito definido en su pensamiento y que
tiene ideas precisas de cómo debemos comportarnos.

Cómo entrenar a su hijo en el recato.

Quizá no es apropiado tratar de enseñarle a ser recatado antes de tiempo, ya que es posible que ni
siquiera entienda de qué se le está hablando. Pero cuando llega a los cuatro años comprenderá,
sin esfuerzo, que no debe exhibirse desnudo delante de los demás. No hay nada mejor que el
buen ejemplo de los padres. Un niño que ve a sus padres desnudos con frecuencia, es difícil que
acepte que ha de mantener su cuerpo cubierto.

También en esto conviene actuar con discreción. Aunque haya de evitarse aparecer desnudos ante
los hijos deliberadamente, no debemos caer en el extremo opuesto. Por ejemplo, si un niño entra
en el cuarto de baño cuando su mamá está bañándose, ésta debe enfrentarse a la situación con la
mayor tranquilidad, limitándose a indicar al pequeño que no está bien entrar en un cuarto sin
avisar, y que, en lo sucesivo, deberá tocar la puerta, ya que a veces las personas desean estar
solas.

Hacia los cuatro años, su hijo comprenderá que hay ciertas cosas que no deben hacerse. Antes de
que esté en edad de comprender el sentido de las palabras se limitará a interpretar sus actos.

Qué hacer cuando su hijo no formula preguntas sobre el sexo.

Si acaso no formula a usted en esta época (a la edad de los doce o trece años) la pregunta
fundamental deberá proceder a explicárselas. La madre debe llamar aparte a su hija y decirle lo
que ha de esperar de la menstruación; cómo comienza y termina y lo que significa. Hay que
enterar a la niña de que, a partir de ese momento, queda facultada físicamente para que sea
madre.

Un padre deberá asegurarse de que, cuando su hijo se acerca a la pubertad, conozca por lo menos
los hechos básicos de la vida. Convendrá que le explique, sobre todo, cómo los órganos sexuales
del muchacho se desarrollan a esta edad con el fin de que pueda ser padre más adelante.

Lo más importante para un niño es saber que sus facultades sexuales son un don conferido por
Dios, y que debe ser empleado con reverencia y gratitud.

Estimular a la Eucaristía como alimento para el alma.

La frecuencia con que su hijo reciba los sacramentos, le ayudará al mantenimiento de su moral y a
llevar una vida honesta. Tan pronto como pueda comprenderlo, sabrá que Dios le ama y que

8
perdona cualquier ofensa siempre y cuando se arrepienta con sinceridad. Mucho antes de que
cualquier duda acerca del pecado sexual penetre en su pensamiento, conviene que desarrolle el
hábito de la confesión, a fin de que se mantenga en estado de gracia y para fortificarse contra las
futuras tentaciones.

Anímele, además, a recibir la Sagrada Eucaristía, con tanta frecuencia como sea posible. En este
aspecto el ejemplo de los padres puede ser persuasivo. Si ellos asisten regularmente a recibir la
Sagrada Comunión, resultará normal para su hijo hacer lo propio.

Cómo debe de preparar una madre a su hija para la pubertad.

Muchas madres opinan que, cuando sus hijas tienen once o doce años, conviene prepararlas para
la menstruación. Es posible abordar el teme de un modo indirecto: la hija acompaña a la madre en
el momento en que ésta adquiere toallas sanitarias en la farmacia, y entonces le dice para qué
son. Aunque ya le haya explicado ante sus utilidades, es posible que la niña no tenga una idea
clara de todo ello.

De esta manera, no solo prepara a su hija para ese suceso, sino que la acostumbra a considerarlo
como una experiencia normal en toda mujer, sin que haya motivo para esperarlo con recelo o
temor.

Cómo debe preparar un padre a su hijo.

Un padre deberá poner al corriente a su hijo de doce años de que quizás experimente pronto
ciertos cambios físicos importantes. De cualquier modo, no habrán de acontecer, en la mayoría de
los muchachos, hasta un año más tarde o aun después. Como con las niñas, la señal más
importante de que entran en la adolescencia, es un ritmo más rápido del crecimiento.

Después en los muchachos sus órganos sexuales aumentan de tamaño, produciendo una hormona
masculina que, entre otras cosas, hace que la voz se torne más baja y retumbante. A la edad de
catorce años muchos jóvenes experimentan su primer derrame nocturno; la descarga del semen
durante el sueño.

Esta puede estar o no acompañada de sueños de contenido sexual. Cuando ello sucede, es posible
que el muchacho se alarme, a menos que haya sido preparado con anticipación por su padre.
Debe saber, por lo tanto, que se trata de un incidente perfectamente normal, y que aun en el caso
de que experimente sueños sexuales con relación a esto, no hay en ello elemento alguno de culpa.

La sociedad y la inmoralidad de los adolescentes.

¿Por qué es usted quien debe hacer el trabajo de velar por la honestidad de su hijo, sin contar
para ello de la ayuda de la sociedad? Los escritores Martín y Marcia Abramson, en una serie de
artículos sobre la inmoralidad entre los adolescentes, registraban las siguientes estadísticas:

Durante los últimos diez años, el número de los jóvenes arrestados por la policía ha aumentado en
los Estados Unidos en un ciento dieciséis por ciento. El costo de la delincuencia juvenil se ha

9
elevado a cuatro mil millones de dólares anuales. El número de jóvenes encarcelados, menores de
dieciocho años, ha subido a un millón por año. Más de mil quinientas muchachas embarazadas,
que no han cumplido los dieciséis años fueron despedidas de las escuelas de Nueva York en 1962.
Las escuelas de Chicago perdieron quinientas setenta y seis estudiantes embarazadas, incluyendo
a una que quedó en cinta a la edad de once años.

Muchas personas están a favor de un nuevo código moral. Por ejemplo, el doctor Alan
Guttmacher, presidente de la federación de la paternidad planeada, expresó la opinión de que
deberían darse instrucciones a los alumnos de las escuelas superiores de cómo hacer uso de los
anticonceptivos. Y el doctor Peter Henderson, declaró públicamente que las relaciones sexuales
premaritales no son inmorales ¨si un joven y una muchacha están enamorados y proyectan
casarse¨.

Si desea mantener a su hijo a salvo de las condiciones descritas anteriormente, deberá tener en
cuenta que el joven ha de enfrentarse necesariamente a incontables tentaciones, y que solo la
constante vigilancia y orientación de parte de usted podrán salvaguardarle de tantos peligros.

Preparación para la castidad.

Son muchos los que tienen una falsa idea de lo que la castidad significa. A causa de que los
sacerdotes, religiosas y religiosos aceptan el voto de castidad, creen que esta palabra denota que
una persona no deberá conocer jamás las relaciones sexuales. Esto no es cierto, la castidad no es
más ni menos que hacer uso de nuestros órganos sexuales del modo indicado por Dios.

Para los sacerdotes, religiosas y religiosos, ello significa abstención del sexo, porque no están
casados. Todas las otras personas que no están casadas <<aquellos que permanecen solteros, los
viudos y viudas o los que se separaron de sus consortes legales>> deben abstenerse legalmente.
Para los casados, la castidad significa que pueden entregarse a la intimidad sexual sólo con su
pareja y en las maneras que están conformes con las leyes dadas por Dios.

Por lo tanto, todo mundo debe ser casto. Los casados y casadas no tienen derecho a ocuparse en
el sexo siempre que haya urgencia del deseo. Deben someterse a ciertas reglas que gobiernen sus
relaciones. Por ejemplo, un hombre que está lejos de su mujer durante un viaje de varias semanas
y siente el deseo de un alivio sexual, pero su obligación de ser fiel a su cónyuge, significa que no
puede tener relaciones con otra persona, de lo contrario sería culpable de pecado.

La cuestión que debe aclarar a su hijo es que el dominio sobre sí mismo que puede lograr en la
adolescencia significa para él una vida más feliz cuando sea adulto. Puede decírsele que durante
este periodo de la adolescencia es como si “fuera a la escuela”, por cuanto lo que aprenda acerca
de saber resistir a la tentación a los catorce años le servirá eficazmente a la edad de cuarenta.

El valor positivo de la castidad.

Será difícil, si no imposible, infundir en su hijo el hábito de la castidad mientras no le explique con
claridad por qué es tan importante. Para resistir las influencias del ambiente y de sus propios

10
anhelos físicos, sus hijos necesitan poseer una profunda y vital apreciación del don imponente que
Dios les ha conferido.

Tendrá más éxito en inculcarle la castidad si subraya sus valores positivos, en vez de insistir en los
efectos perniciosos que acarrea su transgresión. Teniendo en cuenta nuestra humana naturaleza,
es generalmente más fácil lograr que nos dirijamos hacia el bien deseado que apartarnos de algo
nocivo. Esta característica aparece aún más marcada en la adolescencia.

En ningún momento debemos olvidar la necesidad de tener la mente juvenil constantemente


ocupada. Un joven que siempre está atareado con algo, ya sea en sus clases, en tareas domésticas,
haciendo deporte o entregado a cualquier clase de actividad física en sus tiempos libres, dispondrá
de mucho menos tiempo para las tentaciones.

Cuatro puntos por considerar cuando sus hijos comienzan a tener citas.

Antes de permitir que su hijo o hija salga para una cita deberá satisfacerle a usted en estos cuatro
puntos básicos: QUIÉN, QUÉ, CUÁNDO Y DÓNDE. Examinemos cada uno de estos términos.
¿QUIÉN? ¿Con quién va a encontrarse su hijo? Usted debe de estar enterada siempre de quiénes
son los amigos de sus hijos. Si su hija va a salir con un joven, éste debe ir a buscarla hasta su casa y
dar a usted oportunidad de que lo conozca. Por su parte deberá indicarle, lo mismo que a su hija, a
qué hora han de regresar.

Una elemental prudencia avisa que algo no es normal cuando, por ejemplo, un joven de
veinticinco años invita a salir a una joven de dieciséis, o cuando un muchacho de dieciocho
comienza a verse con una joven de veintitrés. Tales combinaciones delatan generalmente una de
estas tres cosas: que el más joven está bastante más adelantado intelectual o emocionalmente
que los de su edad; que el de más edad es excepcionalmente retardado; o que su mayor interés,
común en la pareja, radica principalmente en el sexo.

También está justificado que los padres quieran saber qué es lo que persigue un joven de un
medio social determinado, cundo comienza a salir con una muchacha perteneciente a un nivel más
alto o inferior. Muchos jóvenes, procedentes de las zonas más opulentas de la ciudad, toman a
veces la costumbre de invitar a muchachas que habitan en barrios opuestos, aparentemente con
el criterio de que, si seducen a muchachas humildes, no será tan malo como si hicieran lo mismo
con una muchacha de su propia condición social.

¿QUÉ? Lo que su hijo haga en sus citas puede tener una relación importante en cómo estará o no
sujeto a las tentaciones. Por ejemplo, una cita para asistir al parque, a comer, está tan libre de
tentaciones cómo es posible esperar. Por otra parte, un encuentro para asistir al cine, a los antros,
p0uede computarse como arriesgado.

¿CUÁNDO? Mientras que la mayoría de los adolescentes aceptará sin réplica el principio de que
los padres deben de fijar hora de regreso, puede haber desacuerdos sobre la hora que debiera ser.
Por supuesto, serán las circunstancias las que deben dictar la resolución. Las costumbres del lugar
sugerirán ciertas normas, por ejemplo, los jóvenes no se juntarán durante los días de la semana

11
dedicados al trabajo o la escuela; los que no pasan de cierta edad no habrán de llegar a casa
después de las diez de la noche.

Otros estarán autorizados para estar fuera de casa los fines de semana hasta media noche; y así
por el estilo. Cuando sus hijos asisten a bailes y reuniones, algunos padres opinan que el momento
de regreso debe fijarse en una hora después que acaba la fiesta. Si las costumbres de su
comunidad son más desenvueltas, usted deberá mantener su criterio contra el parecer de la
mayoría.

¿DÓNDE? Un buen principio general consiste en que los jóvenes solteros no deberán ir a lugares
donde puedan estar completamente solos, en los cuales, si el deseo se apodera de ellos, no hay
nada que les detenga. Las reuniones y fiestas celebradas en casas particulares y en las que no hay
presencia de adultos, son ocasiones propias para el pecado.

Cultivar la confianza de su hijo.

Algunos jóvenes se sienten, sin embargo, poco inclinados a hablar con sus progenitores sobre sus
relaciones con el sexo opuesto; esto puede atribuirse a algo más que simple timidez. Es una
tendencia natural y forma parte de su nuevo sentido de independencia. Pero si ha sabido usted
escuchar siempre a su hijo con la debida atención, comprensión y tolerancia, más tarde o más
temprano se convertirá en confidente de sus secretos y aun desde sus principios.

Es de una importancia enorme, para el buen resultado de una educación que el joven tenga plena
confianza en sus padres. Por el contrario, si el padre es melancólico, frío, seco, áspero, autoritario,
el niño o el joven no le tendrá confianza. Por el contrario, si se muestran amables, sonrientes,
comprensivos, cariñosos, el joven se le entregará y le hará su confidente.

Es importante también que los padres no se nieguen a responder las cuestiones que se les
propongan. Esquivarlas, mostrarse turbado con ellas, porque todo esto amortigua y deshace muy
pronto la confianza en los padres. Las mamás o los papás que regañan a sus hijos y que los
cohíben: - no se hacen semejantes preguntas-, -no te ocupes de esas cosas- , o les responden con
mil mentiras de semejante género, no tienen que echar a nadie más que así mismos la culpa, si es
que sus hijos llegan a perder la confianza en ellos.

En el fondo estos padres son unos cobardes; no tienen el coraje de enfrentarse con un deber
porque es delicado y difícil de cumplir.

El auge de las enfermedades venéreas.

El director de los laboratorios para la investigación de enfermedades venéreas del servicio de


Salud Pública de los Estados Unidos declaró recientemente que cada vez se registra mayor número
de enfermos de sífilis en todo el país. Durante el año de 1962, se denunciaron 124 000 casos, que
incluían más de 21 000 en periodo infeccioso trasmisible.

12
Es significativo que el número de casos en que la enfermedad podía transmitirse fácilmente a
otros, era el mayor registrado en los últimos doce años. Pero no es esto lo peor. Cierto experto, el
doctor M. Brittain Moore Jr., calculaba que no menos de 1 200 000 casos dejan de declararse. En
Gran Bretaña y Europa Occidental la situación es parecida.

Usted advertirá apropiadamente a un joven conductor de automóvil, que beber cuando conduce
es peligroso; que ir a velocidades excesivas aumenta el riesgo de accidentes fatales, y que si no
observa las debidas precauciones puede causar otros muchos daños de consideración. Una
exposición semejante de los hechos y de los riesgos que trae consigo la promiscuidad sexual, quizá
convenza a su hijo de que a pesar de que las influencias mundanas puedan algunas veces indicar,
lo cierto es que ello puede estar lleno de secuelas que durarán toda la vida.

Cuando su hijo vive fuera de casa.

Es obvio que, cuando su hijo vive independientemente, tendrá mayor libertad para hacer lo que
guste. En algunos casos, no hay la menor duda de que hará ciertas cosas que nunca se hubiera
atrevido hacer si sus padres estuvieran manteniendo la vigilancia sobre él. No se puede negar el
hecho de que las tentaciones aumentarán enormemente mientras que esté fuera de casa. Dado
los hábitos morales reflejados en la época y las innumerables oportunidades que se ofrecen
actualmente a los muchachos, sería irrazonable suponer que las tentaciones no aumentarán.

Lo único que puede usted esperar, en esta etapa de la vida del joven, es que muestre su temple
moral y su adhesión a los principios éticos que ha tratado de inculcarle. El que no pueda seguir
protegiendo a su hijo, como venía haciéndolo hasta ahora, no significa que ya no queda nada por
hacer. Si el muchacho va a estudiar fuera, debe hacer todo lo posible para que se instale en un
edificio escolar debidamente vigilado o que viva al menos en una pensión cercana al centro de
estudios, donde tenga que atenerse a un horario regular y se le exija una conducta ordenada.

Lo que enseñó al niño en su temprana edad producirá hoy su fruto. Es ahora cuando sus
enseñanzas para su propia disciplina y para decir NO a los deseos que atraviesan por su mente, lo
capacitarán para resistir el ataque de las tentaciones. Y es ahora que tendrá el valor de oponerse a
la corriente, con conocimiento de causa y eficacia, debido a la convicción que le proporcionó de
que debe hacer lo que está bien, ya sea que lo aprueben muchos o sólo unos pocos.

El muchacho descarriado.

¿Qué pueden hacer los padres cuando su hijo, ya próximo a cumplir los veinte años, y a pesar de
las enseñanzas y el ejemplo paterno, se obstina en mantener unas relaciones culpables fuera del
matrimonio? Después de que el muchacho alcanza una cierta edad, quizá los dieciocho o
diecinueve años, es muy poco lo que sus padres pueden hacer para impedir que cometa pecado, si
así lo quiere.

Si su enseñanza y ejemplo falla en este punto, lo único que puede hacer es rogar para que su hijo,
más o menos pronto, recobre su sensatez antes de que experimente un daño irreparable. Puede

13
ayudar una conversación sincera. Pero los repetidos regaños y recriminaciones establecen reglas
que los padres no pueden hacer cumplir y sí causar mucho más daño que provecho.

En raras ocasiones en que una hija o hijo adultos, persisten en llevar una vida escandalosa, el
padre puede plantearles la disyuntiva de reformarse o de vivir en otra parte.

Lo que los jóvenes deben saber.

Hace un poco, un profesor de escuela preparatoria pedía a sus alumnos de segundo año que
definieran la palabra adulterio. Descubrió que los dos tercios no podían dar una definición
razonablemente aceptable. Al hablar con sus hijos sobre lo que ellos están pensando del
matrimonio, seguramente comprobará usted su ansiedad por documentarse acerca de los papeles
específicos que le corresponde al marido y a la mujer.

En la época en que su hijo esté listo para el matrimonio es cuando puede usted realizar una labor
más constructiva, hablándole acerca del papel básico que le corresponde la marido ya la esposa.
Los padres deberán llamar a parte a sus hijos y hablarles abiertamente acerca de lo que se espera
de ellos como esposos. Si el joven posee un concepto cabal de sus responsabilidades, tratará a su
esposa con sensibilidad, con gran acopio de dulzura y de paciencia. Por su parte, la madre deberá
instruir igualmente a su hija acerca de las responsabilidades que le correspondan como esposa.

Lo que importa aclarar a las parejas de jóvenes es que están equivocados cuando creen que por
hecho de casarse pueden ejercitar su sexualidad sin límite alguno. La verdad es otra. Desde el
primer día de matrimonio tendrán que aprender a regularse a sí mismos. Trate, por consiguiente,
de enseñar a su hijo o hija a pensar en términos de castidad desde muy pronto.

Es tan importante para el marido ser casto cuando su mujer no puede participar en el acto, como
lo es para cualquier soltero. En cuanto a los jóvenes, esta es una información esencial. Es tan
necesario para los esposos abstenerse de relación sexual cuando pueden engendrar un hijo que no
desean, como lo es para los no casados en todo momento.

Bibliografía:

Tu hijo y el sexo. George A. Kelly.

La edad difícil. Luisa Guarnero.

La iniciación de los niños en la vida. Ángel del Hogar

14

También podría gustarte