FUNCIONALISMO
En la década del 70 del siglo XX, surge en Alemania la tendencia funcionalista dentro de la
dogmática jurídico - penal. Este movimiento se caracteriza por considerar que el Derecho
Penal no es sólo un conjunto de normas, sino que además es un instrumento de control social
cuyo núcleo es la función que desempeña en la sociedad. Representantes de esta corriente son
Claus Roxin y Günther Jakobs. El primero representa un funcionalismo moderado, mientras
que Jakobs presenta un funcionalismo sistémico o radical.
En la moderna dogmática, afirma Roxin, existe acuerdo en que “toda conducta punible supone
una acción típica, antijurídica, culpable y que cumple otros eventuales presupuestos de
punibilidad”. Por lo tanto, los cuatro elementos comunes a toda conducta punible son:
ACCIÓN, TIPICIDAD, ANTIJURIDICIDAD y CULPABILIDAD, a los que puede añadirse en algunos
casos un ulterior presupuesto de la punibilidad. Lo que se discute, afirma este autor, es el
contenido concreto y la relación recíproca entre estos elementos o categorías, según los
distintos puntos de vista científicos de los cuales se parta.
Brevemente se expondrá una síntesis de los conceptos que brinda Roxin de cada uno de los
elementos del delito, debiendo recordarse que en el análisis de cada uno de estos introduce
razonamientos político - criminales para acercarlos a la realidad.
En cuanto a la ACCIÓN, explica el autor que un concepto ajustado a su función se produce si se
entiende a la misma como “manifestación de la personalidad”; esto significa que es acción
“todo lo que se puede atribuir a un ser humano como centro anímico - espiritual” (lo cual
faltaría en casos como, por ejemplo, el del sujeto que es empujado por una fuerza física
irresistible contra una ventana, donde la manifestación no es dominable por la voluntad y por
lo tanto no puede ser calificada como manifestación de la personalidad).
Respecto al TIPO, considera que tiene una triple función: sistemática, dogmática y político -
criminal. El tipo sistemático abarca “el compendio o conjunto de elementos que dan como
resultado saber de qué delito típicamente se trata”; el significado político - criminal del tipo
radica en su “función de garantía” (principio de legalidad: nullum crimen sine lege); por último,
una función dogmática autónoma del tipo (desvinculada de la sistemática) “consiste en
describir los elementos cuyo desconocimiento excluye el dolo” (ya que en el derecho alemán
se distingue el error de tipo, que excluye el dolo y el error de prohibición, que en ciertos casos
excluye la culpabilidad; distinción que se hace atento a considerar que dolo y culpa no forman
parte de la culpabilidad sino que son tipos de acción).
Sobre la ANTIJURIDICIDAD, expone que “una conducta típica es antijurídica si no hay una causa
de justificación” (como legítima defensa, estado de necesidad, etc.) que excluya la
antijuridicidad. Dice que en vez de causas de justificación se puede hablar de causas de
exclusión del injusto, pero que, de todos modos, el concepto de antijuridicidad designa una
propiedad de la acción típica, la cual consiste en su contradicción con las prohibiciones y
mandatos del Derecho Penal, mientras que por injusto se entiende la propia acción típica y
antijurídica, o sea el objeto de la valoración de la antijuridicidad más su predicado de valor.
Por último, en lo que respecta a la CULPABILIDAD, la define como “actuación injusta pese a la
existencia de asequibilidad normativa”, lo cual presupone la imputabilidad o capacidad de
culpabilidad. La culpabilidad, junto con la necesidad preventiva de sanción penal son los
presupuestos de la RESPONSABILIDAD jurídico - penal. De este modo, conecta con la teoría de
los fines de la pena, para la cual sólo culpabilidad y necesidades preventivas conjuntamente
pueden dar lugar a una sanción penal.