¿Por qué existe el Leísmo?
Voy a hacerte una pregunta y quiero que la respondas rápido, sin pensarlo mucho.
¿Te suena mal esta frase? “Mira, ¡ahí está Bernardo! ¿Le estás viendo?”
- Responde rápido.
probablemente hayas respondido que no, no te suena mal. El resto, quizás también, pero hay
más probabilidades de que sí te haya sonado mal.
Estoy hablando del uso de ese “le”. Un claro ejemplo de leísmo.
Los no leístas seguramente diréis: “¿Lo estás viendo?”.
- Este leísmo está totalmente aceptado por la RAE. No tiene nada de malo. Si fuera
plural, si dijéramos “¿les estás viendo?”, ahí es donde estaría el problema. Este es el
leísmo que está mal. La RAE solo ha aceptado el leísmo que se refiere a una persona
masculina y singular.
¿por qué ese está aceptado y los otros no?
¿De dónde viene ese leísmo?
Mi objetivo, es demostrarte por qué la RAE debería aceptar el leísmo como estándar. En este
mapa podéis ver de forma muy simplificada dónde existe el leísmo (y laísmo y loísmo).
‘muy simplificada’ porque existe en más sitios, incluso en más lenguas, como el romanche.
El leísmo,
Consiste en usar el pronombre “le”, un pronombre de complemento indirecto como sustituto de
“lo”, un pronombre de complemento directo.
Un ejemplo para que lo veáis claro.
“¿Has visto el libro?”
El objeto que recibe directamente la acción de ver es el libro, por eso “el libro” es el objeto o
complemento directo. Hasta aquí claro, ¿no?
- Los pronombres de complemento directo para la tercera persona son lo/los para el
masculino y la/las para el femenino.
Como “el libro” es un complemento directo, es masculino y es singular, lo sustituiríamos por
“lo”: “¿Lo has visto?”
Bueno, pues hay gente que a esta pregunta respondería: “Sí, le he visto”. Esta gente es muy
leísta y nos han enseñado desde el colegio que el leísmo está mal, pero nunca nos han
explicado por qué.
El leísmo no tiene nada de malo.
Es un uso muy común y existe desde que podemos llamar castellano a lo que estamos hablando.
Lo primero que vamos a ver es si ya había leísmo en castellano medieval (sí)
¿qué pasa en otros idiomas?
Ya os adelanto que hay lenguas romances en las que los pronombres son una locura y aun así no
hay casos de leísmo, como, por ejemplo, el catalán:
“Se me hace bola”
Se tienes que hacer contracción. por ejemplo:
“se” y “me”, queda como “se´m”
- con el apóstrofe entre la “e” y la “m”. (“se´m”)
Español: “Se me hace bola”
Español Catalán: “Se´m fa pesat”
Estas son algunas frases de la obra culmen de la literatura española:
"El Quijote", de Miguel de Cervantes de 1605.
"Quiso el que le depositasen en las entrañas del eterno olvido" (Segunda parte Capítulo IX)
Ese “le” se refiere al Quijote, es un leísmo. Aunque el estándar es válido porque se refiere a
una persona singular y masculina (recordad: el único leísmo que está aceptado).
"cuando yo le haga y te le de" (Segunda parte Capítulo X )
Esos “le’s” se están refiriendo a un bálsamo, en estándar sería “cuando yo lo haga y te lo dé”
"darla facultad y licencia"(Segunda parte Capítulo XXXVI )
Ese la se está refiriendo a un complemento indirecto, en estándar sería “darle facultad y licencia
a alguien”.
- ¿el leísmo es de esa época? Y ¿es algo único del español?
Primero, es mucho anterior, Aquí están los pronombres de complemento directo e indirecto de
portugués, de francés, de italiano, de catalán y de rumano aunque para el catalán y para el
rumano faltan bastantes cosas porque el pronombre cambia dependiendo de si va pegado al
verbo, Si el verbo empieza o acaba por consonante o por vocal en rumano.
El caso es que, en todas estas lenguas romances, en general, no hay confusión entre los
pronombres de complemento directo e indirecto, es decir, no habría algo equivalente al leísmo
Entonces, no nos lo han pegado nuestras lenguas hermanas y he dicho que viene de hace mucho
tiempo.
Vámonos al latín, a ver qué pasaba ahí.
Acabamos de viajar 2100 años atrás en el tiempo estamos en el siglo -I, aquí se hablaba
a tope lo que se conoce como “latín clásico”.
- ¿Hay leísmo aquí?
A ver, en el latín que se hablaba en este momento todavía existen casos (casos de declinaciones,
no casos de leísmo).
- ¿Que es un caso?
En español no tenemos casos como tenía el latín o como tiene el alemán.
Esto significa que dependiendo de si una palabra es sujeto, es complemento directo, indirecto.
Por tanto, va a tener una terminación diferente.
En alemán existen casos y se usan, sobre todo, con los artículos:
Der große Hund sieht den kleinen Hund.
'El perro grande ve al perro pequeño'.
Aquí tenemos la misma palabra “Hund”, perro, y en español siempre tiene el artículo “el”,
pero en alemán, primero es “der” porque es el sujeto y el sujeto se representa con el caso
nominativo y después es “den” porque es un complemento directo y el complemento directo se
representa con el caso acusativo.
En latín era igual, pero ese caso se veía directamente en el sustantivo: Simplificando un poco la
frase,
"el perro ve al perro" se diría
CANIS CANEM VIDET.
CANIS es nominativo porque es sujeto y CANEM es acusativo porque es complemento directo.
En latín era un poquito más complicado, porque había más casos y cambiaban las terminaciones
de las palabras y no solo de los artículos, pero el acusativo también marcaba el complemento
directo (como en alemán) y el dativo, el indirecto (también como en alemán).
Hay verbos que pueden tener tanto complemento directo como indirecto.
Por ejemplo, el verbo “dar”: dar algo a alguien.
Lo que “das” directamente, ese algo, es el complemento directo y la persona que recibe
indirectamente la acción de “dar es el indirecto.
En latín clásico era:
ALIQUID ALICUI DARE =
Aquí no se nota ninguna confusión. El dativo está en su sitio
y el acusativo, en el suyo. Juntos, pero no revueltos.
Luego hay verbos más complicados
porque pueden tener complemento directo e indirecto, pero no al mismo tiempo porque,
dependiendo de si tienen directo o indirecto, van a significar una cosa u otra.
Por ejemplo, el verbo TIMERE:
ALIQUEM TIMERE, con acusativo significa ‘temer a alguien’.
Y ALICUI TIMERE, con dativo, significa ‘temer por alguien’, o sea, que ‘te da miedo que le
pase algo a alguien’
¿aquí es donde nació el leísmo?
No.
Ni siquiera estoy hablando de pronombres, solo de casos. O sea, que esta confusión tuvo que
pasar más tarde.
vamos a avanzar un poquito más en el tiempo. Aquí ya van a pasar cosas. Hay verbos que van a
cambiar. Y si antes regían dativo, ahora, de repente, van a regir acusativo.
O sea, que, aunque no había ningún caso de “leísmo” en latín, sí es verdad que hay una
conexión entre el dativo y el acusativo y esto podría ser el desencadenante del leísmo (y del
laísmo y del loísmo).
Seguimos en el latín clásico.
A partir de un momento ocurre algo superinteresante.
LITTERAS CAESARI MISI = ‘Le he enviado unas cartas a César’.
Lo interesante es que CAESARI está en dativo.
- El dativo es el caso que se pone para el complemento indirecto, la persona que recibe
indirectamente la acción de “enviar”, la que recibe las cartas.
Si tuviéramos CAESAREM, es decir, acusativo, sería César lo que se enviaría, ese
complemento directo.
¿Qué pasa con el leísmo?
Pues en un momento se empezó a marcar ese complemento indirecto de una forma diferente,
con una preposición
(igual que nosotros decimos ahora: “Le he mandado una carta a César”).
Pues va a usarse el antecesor de ese “a”, que en latín era AD y un acusativo en lugar de un
dativo porque AD es una preposición que en latín iba siempre con acusativo.
LITTERAS AD CAESAREM MISI
“Le he enviado unas cartas a César”
¿significaba exactamente lo mismo decir CAESARI que decir AD CAESAREM?
Al principio no.
Ese AD acusativo hacía referencia al lugar donde estaba el César y no directamente a él
(el César o la persona que estuviera ahí detrás de ese AD), con el dativo sí que se marcaba que
se enviaban directamente a esa persona, pero esa diferencia, con el tiempo, se perdió y cuando
AD acusativo sustituyó completamente al complemento indirecto, ya significaban lo mismo.
Vamos a tener, por primera vez, un complemento indirecto, pero con acusativo (un antecesor del
leísmo en toda regla).
Recordad este AD porque va a ser el culpable directo de nuestro querido leísmo.
Vamos a avanzar en el tiempo
Castellano medieval y vamos a ver qué pasa aquí con los pronombres, que es donde tenemos
realmente el “problema” del leísmo (porque “le” es un pronombre).
Aquí los casos ya se han perdido. Ya no hay dativo ni acusativo, pero sí nos quedan algunas
marcas en los pronombres y ¿sabéis dónde nos podemos encontrar un pronombre? Detrás de
una preposición.
¿Y qué relación tienen las preposiciones con el leísmo?
Pues que en latín clásico usábamos AD acusativo para el complemento indirecto. Pues en
castellano medieval todavía es así, el complemento indirecto tenía que ir siempre con la
preposición “ad” (todavía es importante que actualmente, el complemento indirecto siempre
tiene la preposición “a” y el complemento directo también cuando es persona: “Veo a
Bernardo”).
En castellano medieval, ya vamos a tener más o menos los pronombres que tenemos ahora
detrás de preposición:
Unos van a venir de un dativo, otros de un nominativo, otros de un acusativo, otros de
nominativo y acusativo porque tenían la misma forma. Se han mezclado bastante los casos.
Pero no nos interesan los pronombres con preposición, nos interesan sin preposición, que es
donde tenemos nuestro “le” (y nuestro “lo” y nuestro “la”, o sea, ¡el leísmo!).
Tienes razón, pero quiero dejar claro, que, en castellano medieval, el complemento directo y el
complemento indirecto podían tener exactamente la misma forma. Mirad esta frase en castellano
medieval:
“A el scrivo”
Ese “a él” podría ser complemento indirecto, si quiero decir que escribo algo y se lo doy a él,
pero también podría ser complemento directo, si lo que quiero decir es que escribo
directamente sobre su piel.
Y ahora, ¿qué pasa con los pronombres sin preposición?
“Le, les” vienen de ILLI, ILLIS.
Un dativo latino nos ha dado las formas del complemento indirecto.
¿Y las de complemento directo vienen del acusativo?
Sí. ILLUM, ILLA, ILLUD
Nos ha dado “lo, la, lo (como neutro, por ejemplo, en “lo que quiero decir…”)”. el plural (los,
las) no se cogió del latín, sino que se puso una -l por analogía a todas esas formas.
es una cosa que pasaba bastante en la Edad Media: ¡la apócope extrema! O sea, eso de
comerse la última vocal.
Mirad estas dos frases del Cid:
En el primer “nol” tenemos un le que ha perdido la “e”
y en el segundo “nol”, tenemos un “lo” que ha perdido la “o”[solo se perdía cuando era “le”
o “lo” masculino, no cuando era femenino ni neutro (el que os he dicho antes de “lo que te
quiero decir…”)].
¿Consecuencia?
La gente iba a pronunciar solo una “l” y no les importaba mucho que no quedara super claro
que era un complemento directo o uno indirecto porque, además, ya se había perdido esa
distinción en todas las demás personas,
¿Qué más daría que se perdiera aquí también?
Vamos, que llegados a este punto, el hecho de que se perdiera la “e” de “le” y la “o” de “lo”
son un paso más hacia ese espacio común que han ido buscando el complemento directo y el
indirecto desde el latín.
En el siglo XIV
Se empiezan a usar otra vez muy rápidamente las vocales de los pronombres y, en el siglo XV,
de forma muy rápida, ya se había perdido esa apócope. Y esta restitución de las vocales es la
que nos hizo tener el sistema que tenemos ahora (el estándar y mayoritario), pero
no hizo desaparecer la confusión entre le y lo, y por analogía, también entre le y la, confusión
que ya estaba asentada y que continuará hasta nuestros días.
El leísmo, como podéis comprobar, es algo tan antiguo que existe desde que podemos llamar
castellano a lo que hablamos.