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Historia de la Administración en Colombia

El documento describe el desarrollo de la administración de empresas en Colombia a través de la historia, incluyendo la influencia de factores políticos, económicos y religiosos, así como el crecimiento de las empresas y la industrialización en el país.
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El documento describe el desarrollo de la administración de empresas en Colombia a través de la historia, incluyendo la influencia de factores políticos, económicos y religiosos, así como el crecimiento de las empresas y la industrialización en el país.
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MAPA MENTAL ADMÓN.

Antecedentes de la formación en admon en Colombia.

La creación y consolidación de empresas, en especial la forma como se dieron las relaciones


entre los actores, en la cual se incluyeron las instituciones de educación que incidieron en la
conformación de programas de administración en Colombia, como fruto de la creciente
formación de empresas tanto del sector público como del privado.

El desarrollo comprende la consolidación de la violencia política partidista del periodo. Desde el


punto de vista político se dio una constante pugna entre dirigentes del Estado colombiano
quienes estuvieron en forma permanente enfrascados en luchas partidistas lo cual generó
faccionalismos regionales que se reflejaron en aspectos económicos, empresariales y educativos.

La religión católica quien señaló la manera de educar y actuó sobre el particular, de forma
intervencionista; al llegar inclusive a determinar los textos que deberían utilizarse en los
procesos de formación, sobre todo en materia de enseñanza primaria y secundaria.

Política, economía y educación.

La economía (como adaptación del hombre a la naturaleza), la política para el logro de fines, la
societaria (en la integración y desintegración de las relaciones sociales), y la cultura con el
mantenimiento o cambio de pautas culturales.

La política subordinó las actividades económicas y sociales; en materia económica la Guerra Fría
fue un fenómeno político de carácter externo que se dio luego de la Segunda Guerra Mundial,
mediante la cual se llevó a cabo una carrera armamentista que dividió el mundo entre países
seguidores de los sistemas económicos capitalista o socialista; el primero bajo la orientación de
los Estados Unidos y el segundo bajo el liderazgo de la Unión Soviética. Colombia adhirió al
primero de los grupos y basó su economía en el cultivo del café, producto que posterior a la
Segunda Guerra Mundial gozó de un periodo de bonanza por los nueve años siguientes a la
terminación del conflicto, lo cual incrementó el PIB en un 3,9 % anual, según la Comisión
Económica para América Latina (CEPAL). En este periodo fue notoria la inversión que contribuyó
en gran medida con el desarrollo económico y empresarial.

El país creció mediante regiones y con los partidos políticos tradicionales que negociaron cómo
se distribuía el presupuesto, lo cual hizo que pareciera un país feudalizado. Esto condujo a que
los políticos crearan empresas propias en sus regiones para donde se trasladó el presupuesto de
la nación mediante asignaciones distribuidas regionalmente. Las clases empresariales
colombianas se politizaron e hicieron su riqueza con ayuda del capitalismo regional donde se
pudo contar con toda una clase empresarial que obviamente incluyó el conjunto de actores de
todos los sectores de la economía, incluso el financiero.

Otras características que se dieron en Colombia para el desarrollo empresarial fueron los
aspectos geográficos como la dispersión y la incomunicación; dispersión, porque el conjunto de
actores anduvo por diversos lugares

del país y luego se ubicó en provincias aisladas; incomunicación, porque

mediando la pasada centuria se observó la dificultad de relacionarse entre las

provincias ante la carencia o deficiencia de vías de penetración.


El desarrollo empresarial y los vestigios de modernización se manifestaron de todas formas ante
el crecimiento de la población, y fueron objeto de

transformaciones; así, la población colombiana se triplicó entre 1870 y 1928,

al pasar de 2´391.984 a 7´212.200 de habitantes, lo cual ya hacía vislumbrar

el ejercicio del comercio y la industria en las diversas ciudades, ante las necesidades que
debieron ser satisfechas por parte de los moradores, de tal forma

que se empezó a formalizar una clase empresarial que fomentó la industrialización y la


urbanización para acelerar el desarrollo económico de la nación

y generar cambios sociales en las diversas capas sociales (Ocampo, 1994:

276, 277). Fue común, mediando el siglo, la falta de planeación como proceso

que ayudaría a proyectar al país hacia el desarrollo ya que los gobiernos, de

la filiación que fueran (liberales o conservadores), no dieron la relevancia a

tal proceso y, por tanto, el ejercicio de sus mandatos en lo que tiene que ver

con la economía se caracterizó por un accionar ante los fenómenos económicos por reacción, sin
contemplar el futuro para la toma de decisiones

Se inicia con gran fuerza en el país un proteccionismo nacional, con tendencias a fomentar el
desarrollo de la industria colombiana con capitales nacionales para hacer

de ella la base de los estímulos desarrollistas. Se imprimió pues, un desarrollo de

Colombia hacia adentro, con fundamento en el mercado nacional y la expansión de

la demanda interna (Ocampo, 1994, p. 287).

El comercio y la industria fueron desde años atrás aspiraciones para

ejercer por intelectuales y dirigentes, para lo cual necesitaron formación

técnica o acudir a personas conocedoras de las actividades; con este fi n se

conformaron asociaciones con profesionales de técnicas operacionales y, en

caso de no contar estos personajes con la preparación suficiente, se buscaron

formas de enviarlos previamente a los lugares donde podían tener acceso a

la formación especializada; de esta manera, los fundamentos de la enseñanza

de lo útil fueron de la mano de las actividades comerciales o industriales, las

cuales según su envergadura eran desarrolladas por clases sociales de la época,

donde no se escaparon ni los políticos ni los intelectuales


El crecimiento económico en la Colombia de la posguerra se vio acompañado de un

cambio social de tal magnitud que los demógrafos lo describen como “uno de los

más dramáticos de que tenga conocimiento la historia contemporánea”. La tasa de

natalidad aumentó a un ritmo de treinta por mil durante la década del cincuenta,

mientras que las mejoras correspondientes en salud pública permitieron que la

población colombiana se duplicará durante los veintiséis años comprendidos entre

1938 y 1964 –y que se duplicara de nuevo durante las dos décadas y media siguientes–. Así,
una población de 8´701.800 en 1938 aumentó a 17´584.500 en

1964, y a cerca de 35´000.000 para fines del siglo. Este espectacular crecimiento

demográfico se basó en un incremento constante de las expectativas de vida, el

cual, a su vez, obedeció a los niveles cada vez más bajos de mortalidad infantil. El

promedio de expectativa de vida, que era de 40,2 años en 1940, saltó a 48,9 años

en 1950 y a 58,2 en 1960. La mortalidad infantil cayó de 175 por mil nacimientos en

1940, a 122 por mil a comienzos de la década del sesenta. Entretanto, Colombia

experimentó un dinámico proceso de urbanización que transformó su población de

un 75% rural en 1930 a un 75% urbana medio siglo más tarde. La mitad de población
colombiana era urbana a comienzos de la década del sesenta y

El crecimiento de la industria de sustitución de importaciones en la Colombia de

la posguerra generó dos efectos adiciones a la independencia de los bienes manufacturados


extranjeros. En primer lugar, las nuevas fábricas absorbieron una gran

proporción de emigrantes que llegaron a las ciudades en número cada vez mayor

durante la década del cincuenta. En 1955, por ejemplo, los emigrantes encontraron

el número inusitado de dieciocho mil nuevos empleos en fábricas aguardándolos

en las ciudades de Colombia. En segundo lugar, el crecimiento de la ISI ocurrido

durante la década del cincuenta se dio por fuera de los bastiones tradicionales de la

industria, Medellín y Bogotá. Muchas de estas nuevas industrias estuvieron ubicadas

en el valle del río Cauca, en la ciudad de Cali y sus alrededores. Otras surgieron en

Bucaramanga, Pereira, Armenia y otras ciudades secundarias. Como consecuencia

de lo anterior, se redujo la importancia relativa de la comunidad comercial antioqueña en los


asuntos económicos nacionales. Esto, a su vez, hizo de Colombia el

primer país latinoamericano en términos de equilibrio geoindustrial, como había

sucedido quince años atrás, los desarrollos internacionales favorecieron a Colombia


en el ámbito económico. Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y

otras naciones industrializadas adoptaron la política de promover el libre comercio a

través de la reducción de aranceles. Aunque esta estrategia fortaleció el comercio

global, fue desventajosa para algunos países como Colombia, que se encontraba en

las etapas tempranas de su industrialización y luchaba por proteger su incipiente

industria (Henderson, 2006, pp. 481, 482).

Del Modelo antioqueño a la propuesta de Lauchlin Currie

La colonización antioqueña se manifestó en tres formas: en primer lugar, con

la extensión del territorio, transitando el país de un lugar a otro; en segundo

lugar, como acceso a la propiedad. En efecto, en el modelo antioqueño se recibió tierra, se hizo
apropiación de ella y se produjo en pequeñas propiedades,

con buenos suelos y reservas económicas que permitieron generar por primera

vez un mercado interno estable y pensar en términos de crecimiento; en tercer

lugar, como un capitalismo de base familiar, porque las familias en conjunto

constituyeron el mercado interno, logrando bajar los costos de producción

del café mediante una explosión demográfica importante

Lauchlin Currie como fundamento para el desarrollo colombiano cuando en 1950 se

formuló el primer programa de gobierno; en este año se propuso entonces por

parte del economista Currie que el país no podía seguir basándose en un modelo agrícola ya que
lo que se requería era crear un modelo que facilitara las

condiciones y consolidara las economías de escala para generar un mercado

interno ampliado. Currie también propuso la existencia de centros urbanos en

Colombia con ciudades intermedias que deberían entrar en el proceso; entre

otras se mencionaron a Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Bucaramanga

El modelo sugirió generar incentivos para que el campesinado se estableciera en

los centros urbanos, y con el sector líder que sería la construcción, unido a las

obras públicas que se debían realizar, se contribuiría a que empezara a llegar

a los centros urbanos gente de todas partes del país para todos los sectores

de la economía, con lo cual se encontraría un atractivo para la generación de

empleo; adicionalmente, se requirió soportar el modelo con la generación


de educación para los trabajadores que ingresaron al mismo lo cual sería una de

las formas de combatir la violencia ya que en los centros urbanos era más

fácil controlarla.

Los dos modelos continuaron funcionando, pero con relevancia del

modelo de ciudad propuesto por Lauchlin Currie que subordinó el de la hacienda y contribuyó en
gran medida a que el departamento de Antioquia se

volviera semiindustrial. A su vez, ambos modelos contaron con diferencias

religiosas; así, en la sociedad urbana se manifestó la secularización y en el

modelo antioqueño la práctica de costumbres judeocristianas y católicas, por

esto este último fue respaldado por la Iglesia católica. En materia política el

modelo económico implementado se manifestó de dos formas, la primera,

cuando al llegar migraciones a los centros urbanos se desbordó la capacidad

política de los partidos, problema que intentó resolver Carlos Lleras Restrepo

mediante la propuesta de Juntas de Acción Comunal, que fueron un fracaso

en el campo, pero un éxito en la ciudad ya que los ciudadanos se sometieron

y permitieron seguir con el ejercicio político. Las Juntas de Acción Comunal

resguardaron a los ciudadanos y –surgieron los llamados “caciques”– que se

unieron en torno de la distribución presupuestal. De esta forma se permitió

negociar el presupuesto de las ciudades. En el campo el proceso fue simbólico

ya que las Juntas de Acción Comunal rompieron las lealtades porque la gente

se adhirió a los políticos que más prebendas les ofrecían, dando origen a las

operaciones avispa que ofrecieron de todo, pero los electores fueron leales

mientras los políticos les cumplieron –incluso los urbanizadores clandestinos–; los electores les
apostaron a varias propuestas partidistas.

La participación de la religión fue una de las características de la formación

colombiana, ésta estuvo en manos de comunidades religiosas católicas, que

fueron avaladas por los dirigentes políticos de turno; un gran número de comunidades
participaron de manera directa en la formación con postulados

teocráticos fundamentados en un carácter religioso católico que estuvo en

cabeza de extranjeros y nacionales. Hasta 1960 hubo participación e influencia en la educación


de 28 comunidades religiosas femeninas y 86 masculinas

(Palacios y Safford, 2006, p. 530). De otro lado, la política colombiana ejercida por liberales y
conservadores contribuyó con la polémica de los textos
ya que se convirtió en una constante que se generó a raíz de las propuestas

antagónicas de los procesos de formación que se dieron debido al político de

turno ya que las ideologías partidistas tuvieron un gran peso en la escogencia

de los textos para llevar a cabo el proceso educativo, de tal forma que el poder

político se ejerció para fundamentar la enseñanza que se soportó en los libros

que en forma antagónica proponían el “pensamiento” conservador, católico,

judeo-cristiano o el liberal, que profesó y difundió las libertades de los ciudadanos fundadas en
autores que promulgaron estas ideas.

Los religiosos lideraron la educación a tal punto que la expulsión de los

jesuitas del año 1767 afectó profundamente la educación media colombiana

debido a que administraban el 71% de las escuelas preparatorias de aquel

tiempo, no obstante haber sido soportados por otras comunidades que los

relevaron pero que fueron insuficientes sobre todo en las regiones, lo cual

exigía a estudiantes universitarios trasladarse a Bogotá para realizar estudios

superiores en el periodo referido

La economía pobre y atrasada de Colombia ofrecía pocas oportunidades para la actividad


económica y demandaba aún menos los servicios de individuos técnicamente

capacitados. Las circunstancias económicas desfavorables fueron complicadas

además, por la política inestable del país, que debilitó el apoyo gubernamental para

cualquier clase de desarrollo técnico y frustró los planes de los empresarios privados

(Safford, 1989, pp. 29, 31)

donde el presidente [Abadía Méndez] elogiaba la Iglesia católica por haber dado

al país su cultura y civilización, y agradecía a los capitalistas extranjeros por haber

contribuido tanto al desarrollo nacional. Abadía llegó incluso a decir que su gobierno

continuaría protegiendo a United Fruit, Tropical Oil y a otras compañías extranjeras

de las exigencias de sus empleados colombianos. Como lo explicó el presidente, la

autoridad pública se convertiría en una burla, a menos que la industria y el capital

extranjero recibieran “la más amplia protección”. Agradeció de manera especial el

que las fuerzas de la verdad y de la justicia hubiesen triunfado sobre los propagadores

de doctrinas anárquicas y subversivas (Henderson, 2006, pp. 242, 243).


La religión había sido, durante un siglo, el principal muro de contención… antes de

las reformas de López Pumarejo …los liberales… se habían esforzado por debilitar

el poder de la Iglesia, a la que consideraban fuera de contacto con la edad moderna

y el soporte principal de un status quo retrógrado. Los conservadores, por su parte,

la defendían como la institución encargada de formular y defender los derechos

humanos fundamentales (2006, p. 340).

Conviene destacar que el impacto del movimiento ilustrado en estos criollos se manifiesta en los
diversos proyectos que presentaron en el campo de la agricultura y la

industria, en las reformas educativas y en la creación de academias y de expediciones


científicas. En el campo educativo consideraban prioritaria la enseñanza de la

ciencia y de las artes útiles para ayudar al conocimiento y desarrollo económico de

sus países (2004, pp. 32, 33).

El desarrollo del capitalismo y el libre cambio se vislumbró desde la Edad

Media incluso con el ánimo de lograr beneficios en las relaciones internacionales, lo cual tipificó
una estrecha similitud de la revolución industrial del

siglo XIX con la revolución comercial que se dio en la alta Edad Media, que

avaló los resultados de la práctica del librecambio. El comercio y la industria

no fueron propios de los periodos posteriores a la Revolución Industrial que

floreció en Inglaterra en la centuria dieciochesca:

Del pensamiento autárquico de la Alta Edad Media…, se llega a la creencia en la

necesidad y en el beneficio de tales intercambios. Es el descubrimiento de lo que

será el principio fundamental del libre cambio, del capitalismo liberal. Razón suplementaria para
relacionar la revolución comercial del siglo XIII con la del siglo

En este mismo sentido, se observó una coincidencia en Colombia, ya

que se dio importancia a la preparación de dirigentes de empresas como una

propuesta de carácter educativo; así, con la reforma educativa de la Ley 68

del 12 de diciembre de 1935 se pensó y dio gran relevancia por parte de las

universidades, entre otros aspectos, a la enseñanza de nuevas profesiones

cómo fueron la arquitectura, la veterinaria, la agronomía, la economía y, por


supuesto, a la administración de empresas, para un país que se encontraba en

vías de industrialización que requería de nuevos conocimientos ya que las profesiones


tradicionales en las cuales se formaba a los estudiantes no eran suficientes para el desarrollo
empresarial colombiano (Jaramillo, 1984, p. 333).

La irresponsabilidad política de la elite fue mucho más allá de las múltiples guerras

civiles del país. Aun entre los políticos pacifistas existió una acentuada tendencia

a iniciar proyectos que poco después abandonarían. Si bien la falta de continuidad

en la evolución de las instituciones educativas colombianas puede ser atribuida en

parte a las guerras civiles y a las frecuentes crisis fiscales, también es cierto que

dichas políticas educativas fueron afectadas por los caprichos de algunos políticos

individuales. Un hombre capaz y enérgico como, por ejemplo, Ospina, Mosquera, o

Camacho Roldán, podía poner en funcionamiento una máquina, pero una vez que

dejaba el cargo esa maquinaria era descuidada, olvidada y el abandono la conducía

a la destrucción.

En cada uno de los casos –la reforma universitaria de Ospina, la escuela militar de

Mosquera, el Departamento de Agricultura de Camacho Roldán–, uno o dos años

de vigorosa actividad de parte de un individuo imprimían a la institución el suficiente impulso


para continuar funcionando por algunos años más, antes de detenerse

definitivamente; llegando ese momento, la siguiente administración ya había encontrado un


nuevo pasatiempo.

Tanto los conflictos violentos como la falta de continuidad de las políticas del siglo

XIX sugieren algunas ideas acerca del tipo de compromiso de muchos de los más

sobresalientes líderes del país. Aquellos que dedicaban la mayor parte de su tiempo

al activismo político daban prioridad, en diversa medida, a su vanidad personal, a

sus convicciones ideológicas respecto a asuntos no-económicos o a sus amistades

políticas predilectas (1989, 349, 350).

La mayoría de los presidentes colombianos del siglo XIX y comienzos del XX se

desempañaron como docentes antes o después de ser elegidos para esa dignidad.

Santiago Pérez, Miguel Antonio Caro, José Manuel Marroquín y Nicolás Ezquerra

fueron profesores durante una etapa anterior; Pedro Nel Ospina y Miguel Abadía

Méndez algo más tarde, Abadía que era considerado por muchos mejor profesor
que jefe de Estado, fue una excepción, pues continuó enseñando derecho en la

Universidad Nacional de Colombia durante su periodo presidencial.

Aquellos dirigentes de la sociedad colombiana eran conscientes de que el destino

de la nación estaba en sus manos. Altamente cultivados como grupo, miembros de

una élite para la cual los viajes y los estudios en el extranjero eran algo común, se

esforzaban por mantenerse al tanto de los acontecimientos que se desarrollaban en

Europa y en otros lugares, y por impartir sus percepciones a sus estudiantes. Los

profesores de los centenaristas representaban, en síntesis, el mejor cuerpo profesoral, el más


cosmopolita que podía ofrecer la nación a sus futuros dirigentes. …

en un país como Colombia, donde las masas respetaban tanto más a quienes eran

mejores que ellos cuanto más pobres e ignorantes eran, nadie tenía razones para

dudar de que serían aquellos quienes conducirían al país hacia el inevitable progreso

(Henderson, 2006, pp. 35, 36).

Antecedentes de la administración: violencia, política y desarrollo empresarial

La violencia colombiana se observa en los homicidios que se

incrementaron secuencialmente desde cuando se acentúo la violencia, a partir

de los años cincuenta, cuando hubo tasas elevadas de homicidios que fueron

comparables con las de Brasil, Panamá, México y Nicaragua entre 1950 y

1965; estas tasas fueron superadas por Colombia en la segunda mitad de los

años setenta, y se incrementaron hasta las últimas décadas del siglo donde el

país llegó a ocupar los primeros lugares al tener las más altas del mundo

Las tensiones política y social que generó la violencia que azotó al país en

los años cincuenta tuvo efectos en el campesinado donde se originó un desplazamiento


secuencial hacia las ciudades generando tanto una crisis nacional

generalizada y cambios de la propiedad de la tierra como una desinstitucionalización del Estado


colombiano (Ocampo, 1994). El proceso de urbanización

de las ciudades contribuyó a que diversidad de estudiantes que culminaron la

enseñanza media en las poblaciones, al no poder contar con educación superior, debieron acudir
a los centros urbanos donde se ubicaron las universidades

con el fin de dar continuidad a sus estudios superiores, amén de las pocas

fuentes de trabajo con las cuales contaron en las pequeñas poblaciones donde,
por fortuna, algunas tenían colegios de enseñanza media. Adicionalmente, por

la conformación de grupos guerrilleros que se asentaron en diversas zonas

del país

La intensidad de la violencia se reflejó en los cambios profundos que experimentó la

sociedad colombiana, principalmente en las áreas rurales, intensificando la emigración de los


campos a las ciudades. En la violencia las instituciones fundamentales

se desquiciaron, ocurrieron cambios en las pautas de tenencia de la tierra, y se

manifestó la crisis nacional, en una de las etapas más difíciles de la historia contemporánea de
Colombia (Ocampo, 1994, p. 300).

En el periodo de la dictadura se fortaleció la educación popular práctica y

tecnológica, la educación rural con nuevas tecnologías agrícolas y la cultura

popular, y se estimularon los programas de las Escuelas Radiofónicas de Sutatenza y de la


programación de la televisión educativa. Entre otros logros,

se destacó el desarrollo de grandes obras de infraestructura que favorecieron

los sectores industriales y la apertura del país ante el mundo; se auspició la

construcción de obras tales como la terminación del ferrocarril del Atlántico; la pavimentación de
carreteras troncales; la construcción de aeropuertos

dentro de los cuales se incluyó El Dorado; la construcción de acueductos,

alcantarillados, avenidas, carreteras y obras de infraestructura en pueblos

de distintas regiones colombianas

El desarrollo empresarial colombiano se

aceleró en la década de los cincuenta entre otros factores como resultado de la

electrificación de la nación y su interconexión mediante empresas generadoras

de energía que operaron como organizaciones empresariales regionales, y se

materializó solo culminando los años sesenta

Los incentivos del Estado a la creación de empresas se dieron también a

raíz del otorgamiento de créditos de la banca comercial ya que diversas entidades del sistema
financiero, de conformidad con las políticas del Estado,

apoyaron el uso de electrodomésticos y algunos equipos y herramientas


Asociaciones para la defensa de intereses de todo tipo gozaron de un rápido crecimiento durante
los años de la Violencia en Colombia. El historiador del movimiento

laboral, Miguel Urrutia, señala que las organizaciones industriales y comerciales

para el cabildeo, conocidas como gremios, disfrutaron de “una edad dorada de poder

e influencia” durante estos años. Era tal la eficiencia de estas instituciones para

1957, que pudieron coordinar un incruento golpe de Estado contra la dictadura de

Rojas Pinilla en mayo de aquel año. Los movimientos laborales organizados fueron

objeto de una importante reorganización táctica a fines de la década del cuarenta

y comienzos de la del cincuenta, al abandonar las tácticas de confrontación de las

décadas anteriores y dedicarse a perseguir ventajas financieras. Así, para la época

del Frente Nacional, los movimientos laborales estaban preparados para comenzar

el crecimiento exponencial que se prolongaría durante la década del sesenta

El crecimiento industrial y comercial del país en este periodo cobró importancia ya que fue el que
caracterizó los albores de lo sucedido en la década de

los sesenta, en la cual surgieron formalmente los programas de administración

en las universidades de Bogotá D.C.

El desarrollo empresarial

en materia comercial o industrial hizo que surgieran empresas tanto del sector público como del
privado, y en ellas desde los comienzos de la centuria

anterior se requirió de estudios de administración que realizaron tanto los

dirigentes, empresarios, industriales o comerciantes, como sus hijos. Los estudios deberían ser
en temas relacionados con el derecho, pero inicialmente

se buscaron en ingeniería ya que los primeros escritos de la centuria anterior

sobre administración se remontan a 1911, cuando Frederick Winslow Taylor

publicó los principios de administración científica los cuales se dedicaron a

los estudios del trabajo de los actores sociales en las áreas de producción de

las empresas; cuatro años más tarde se publicó la obra de Henri Fayol quien

propuso una administración general; en ella se incluyeron catorce principios.

Ante los fenómenos económicos y sociales de que fueron objeto las

sociedades surgieron profesiones como la economía, la administración y la


contaduría, las cuales fueron instrumentos fundamentales para tratar de sacar

al país de los atrasos en los cuales se encontraba

Las facultades de ingeniería fueron las abanderadas de los iniciales estudios de administración
que consideraron de gran

importancia para fortalecer los profesionales de la ingeniería, por este motivo

los aspirantes a optar por el título de ingeniero fueron preparados también en

economía en los años comprendidos entre 1947 y 1960:

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