0% encontró este documento útil (0 votos)
31 vistas15 páginas

Interpretación de Tratados sobre Derechos Humanos

La Corte determina que la competencia consultiva puede ejercerse sobre cualquier disposición de un tratado concerniente a derechos humanos aplicable en Estados americanos, independientemente de si fue adoptado dentro o fuera del sistema interamericano o si son partes Estados no americanos. La Corte también establece que un Estado es parte de la Convención Americana desde la fecha del depósito de su instrumento de ratificación o adhesión con reservas, siempre que éstas no sean incompatibles con el objeto y fin de la Convención.

Cargado por

pablo1999-8
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
31 vistas15 páginas

Interpretación de Tratados sobre Derechos Humanos

La Corte determina que la competencia consultiva puede ejercerse sobre cualquier disposición de un tratado concerniente a derechos humanos aplicable en Estados americanos, independientemente de si fue adoptado dentro o fuera del sistema interamericano o si son partes Estados no americanos. La Corte también establece que un Estado es parte de la Convención Americana desde la fecha del depósito de su instrumento de ratificación o adhesión con reservas, siempre que éstas no sean incompatibles con el objeto y fin de la Convención.

Cargado por

pablo1999-8
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Resumen Opiniones consultivas:

OC 1(24-septiembre 1982) -Solicitada por Perú


El Gobierno del Perú pregunta, en relación con el artículo 64 de la Convención, ¿Cómo
Debe ser interpretada la frase: “o de otros tratados concernientes a la protección de los
derechos humanos en los Estados Americanos “?,Esa frase se refiere y comprende:

¿Solamente los tratados adoptados dentro del marco o bajo los


auspicios del Sistema Interamericano?

¿Los tratados concluidos únicamente entre Estados Americanos,


o sea que la referencia está limitada a los tratados en que son
partes exclusivamente Estados Americanos?

c) ¿Todos los tratados en los que uno o más Estados Americanos


sean partes?

En el art 64 puede observarse, una distinción implícita; en la cual si el fin principal de la


consulta se
Refiere al cumplimiento o alcance de obligaciones contraídas por un Estado Miembro del
sistema interamericano, la Corte es competente para emitirla, aun cuando fuera inevitable
interpretar el tratado en su conjunto. En cambio, no sería competente si el propósito principal
de la consulta es el alcance o el cumplimiento de los compromisos internacionales asumidos por
Estados ajenos a dicho sistema. Esta distinción destaca nuevamente la necesidad de resolver en
cada caso según las circunstancias concretas.
Lo anterior se pone especialmente de relieve al examinar lo dispuesto por el artículo 64.2 de la
Convención, que autoriza a los Estados Miembros de la OEA para solicitar una opinión consultiva
sobre la compatibilidad entre cualquiera de sus leyes internas y tratados concernientes a la
protección de los derechos humanos en los Estados americanos. Se trata, en este caso, de un
servicio que la Corte está en capacidad de prestar a todos los integrantes del sistema
interamericano, con el propósito de coadyuvar al cumplimiento de sus compromisos
internacionales referentes a dicha materia. En esa perspectiva, habida cuenta de que un Estado
americano no está menos obligado a cumplir con un tratado internacional por el hecho de que
sean o puedan ser partes del mismo Estados no americanos, no se ve ninguna razón para que no
pueda solicitar consultas sobre la compatibilidad entre cualquiera de sus leyes internas y tratados
concernientes a la protección de los derechos humanos, que hayan sido adoptados fuera del marco
del sistema interamericano.
Cabe destacar muy especialmente lo dispuesto por el artículo 29, que contiene
las normas de interpretación de la Convención y que se opone, en términos bastante
claros, a restringir el régimen de protección de los derechos humanos atendiendo a la
fuente de las obligaciones que el Estado haya asumido en esa materia.de este lo mas resaltante
seria su in b), que dice “limitar el goce y ejercicio de cualquier derecho o libertad que pueda estar
reconocido de acuerdo con las leyes de cualquiera de los Estados Partes o de acuerdo con otra
convención en que sea parte uno de dichos Estados”

Todo lo anterior puede concluirse que el propio texto del artículo 64 de la


Convención, el objeto y fin de la misma, las normas de interpretación en el artículo 29, la práctica
de la Comisión y los trabajos preparatorios, están todos orientados unívocamente en el mismo
sentido. No existe ninguna razón para excluir, previa y abstractamente, que pueda solicitarse de
la Corte, y ésta emitir, una consulta sobre un tratado aplicable a un Estado americano en materia
concerniente a la protección de los derechos humanos, por el solo hecho de que sean también
partes de dicho tratado, Estados que no pertenecen al sistema interamericano, o de que no haya
sido adoptado dentro del marco o bajo los auspicios de éste.
En respuesta a la consulta del Gobierno del Perú sobre el
Significado de la frase "o de otros tratados concernientes a la protección de los
Derechos humanos en los Estados Americanos" contenida en el artículo 64 de la
Convención, La corte dice lo siguiente:

1) que la competencia consultiva de la Corte puede ejercerse, en general, sobre


Toda disposición, concerniente a la protección de los derechos humanos, de
Cualquier tratado internacional aplicable en los Estados americanos, con
Independencia de que sea bilateral o multilateral, de cuál sea su objeto principal
O de que sean o puedan ser partes del mismo Estados ajenos al sistema
Interamericano.

2) la corte solo podrá abstenerse de responder una consulta si aprecia que, en las
circunstancias del caso, la petición excede de los límites de su función consultiva, ya sea
porque el asunto planteado concierna principalmente a compromisos internacionales
contraídos por un Estado no americano o a la estructura o funcionamiento de órganos u
organismos internacionales ajenos al sistema interamericano

OC 2: Solicitada por la comisión interamericana de derechos humanos

La comisión pregunta a la corte:¿desde qué momento se entiende que un Estado es parte de


la Convención Americana sobre Derechos Humanos cuando ha ratificado o se ha adherido
a dicha Convención con una o más reservas?, ¿desde la fecha del depósito del instrumento
de ratificación o adhesión o al cumplirse el término previsto en el
artículo 20 de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados?

La Comisión señala que la petición suscita la interpretación de los artículos 74 y 75 de la


Convención Americana sobre Derechos Humanos (en adelante "la Convención"). En aquella se
deduce que la cuestión sometida a la Corte cae dentro de la esfera de la competencia de la
Comisión, tal y como se usa esa frase en el artículo 64 de la Convención. Los artículos
predisponen:

ART 74
1. Esta Convención queda abierta a la firma y a la ratificación o adhesión de todo
Estado Miembro de la Organización de los Estados Americanos.
2. La ratificación de esta Convención o la adhesión a la misma se efectuará mediante el
Depósito de un instrumento de ratificación o de adhesión en la Secretaría General de
La Organización de los Estados Americanos. Tan pronto como once Estados hayan
Depositado sus respectivos instrumentos de ratificación o de adhesión, la Convención
Entrará en vigor.
ART 75:
Esta Convención sólo puede ser objeto de reservas conforme a las disposiciones de la
Convención de Viena sobre Derecho de los Tratados, suscrita el 23 de mayo de 1969.

La corte no tiene ninguna duda con respecto a su competencia, ya facultada por el art 64, ahora
con respecto al tema, se cita al art 112 de la convención, que dice:” Habrá una Comisión
Interamericana de Derechos Humanos que tendrá, como función principal, la de promover la
observancia y la defensa de los derechos humanos y de servir como órgano consultivo de la
Organización en esta materia. Y Una convención interamericana sobre derechos humanos
determinará la estructura, competencia y procedimiento de dicha Comisión, así como los de los
otros órganos encargados de esta materia.” Y finalmente, que los artículos 33, 41 y 44 a 51 de la
Convención, y 1, 19 y 20 del Estatuto de la Comisión, le confieren a ésta ultima amplios
poderes. En este contexto, la Corte estima que la opinión consultiva solicitada cae dentro de la
esfera de Competencia de la Comisión.
Las disposiciones de la Convención de Viena que se refieren a la cuestión presentada por la
Comisión, son las siguientes:
Artículo 19: Formulación de Reservas
Un Estado podrá formular una reserva en el momento de firmar, ratificar, aceptar o aprobar un
tratado o de adherirse al mismo, a menos:
a) que la reserva esté prohibida por el tratado;
b) que el tratado disponga que únicamente pueden hacerse determinadas reservas,
Entre las cuales no figure la reserva de que se trate; o
c) que, en los casos no previstos en los apartados a) y b), la reserva sea incompatible con el
objeto y el fin del tratado.
Artículo 20 Aceptación de las Reservas y Objeción a las Reservas
1. Una reserva expresamente autorizada por el tratado no exigirá la aceptación ulterior de los
demás Estados contratantes, a menos que el tratado así lo disponga.
2. Cuando del número reducido de Estados negociadores y del objeto y del fin del
Tratado se desprenda que la aplicación del tratado en su integridad entre todas las partes es
condición esencial del consentimiento de cada una de ellas en obligarse por el tratado, una
reserva exigirá la aceptación de todas las partes.
3. Cuando el tratado sea un instrumento constitutivo de una organización internacional y a
menos que en él se disponga otra cosa, una reserva exigirá la aceptación del órgano competente
de esa organización.

De esto, la Corte considera que la referencia del artículo 75 de la


Convención Americana a la de Viena, se hizo con el propósito de remitirse al inciso c) del art
19, ya que los in a y b resultan inaplicables, ya que la primera ni prohíbe reservas, ni tampoco
especifica las que son permitidas. Se deduce de allí que el
Artículo 75 permite que los Estados ratifiquen o se adhieran a la Convención con cualquier
reserva que ellos quieran hacer, siempre y cuando ésta no sea "incompatible con el objeto y fin"
de la misma.
Habiendo concluido que los Estados que ratifiquen o se adhieran a la Convención pueden
hacerlo con cualesquiera reservas que no sean incompatibles con su objeto y fin, la Corte debe
ahora determinar cuáles disposiciones del art 20 de la convención de Viena se aplican a las
reservas hechas a la Convención Americana. De las cuales, solo el párrafo 1 o 4 del último
podrían ser aplicables a la cuestión de la pregunta sobre el art 74 y 75 de la convención

el sistema establecido por el artículo 20.parrafo 4 tiene gran sentido, porque permite a los
Estados ratificar muchos tratados multilaterales con las reservas que estimen necesarias; y
capacita a los otros Estados contratantes para aceptar o rechazar las reservas y resolver si desean
entrar en una relación convencional con el Estado reservante, disponiendo que, tan pronto como
otro Estado Parte haya aceptado la reserva, el tratado entra en vigencia con respecto al Estado
reservante.
La Corte debe enfatizar, sin embargo, que los tratados modernos sobre derechos humanos, en
general, y, en particular, la Convención Americana, no son tratados multilaterales de tipo
tradicional, concluidos en función de un intercambio recíproco de derechos, para el beneficio
mutuo de los Estados contratantes. Su objeto y fin son la protección de los derechos
fundamentales de los seres humanos, independientemente de su nacionalidad, tanto frente a su
propio Estado como frente a los otros Estados contratantes. Al aprobar estos tratados sobre
derechos humanos, los Estados se someten a un orden legal dentro del cual ellos, por el bien
común, asumen varias
Obligaciones, no en relación con otros Estados, sino hacia los individuos bajo su jurisdicción.

Sin embargo, la Convención Americana, cuyo Preámbulo, en sus dos primeros párrafos,
establece:
-Reafirmando su propósito de consolidar en este Continente, dentro del cuadro de las
Instituciones democráticas, un régimen de libertad personal y de justicia social, fundado en el
respeto de los derechos esenciales del hombre.
-Reconociendo que los derechos esenciales del hombre no nacen del hecho de ser nacional de
determinado Estado, sino que tienen como fundamento los atributos de la persona humana,
razón por la cual justifican una protección internacional, de naturaleza convencional
coadyuvante o complementaria de la que ofrece el derecho interno de los Estados americanos.
Desde este punto de vista, y considerando que fue diseñada para proteger los derechos
fundamentales del hombre independientemente de su nacionalidad, frente a su propio Estado o a
cualquier otro, la Convención no puede ser vista sino como lo que ella es en realidad: un
instrumento o marco jurídico multilateral que capacita a los Estados para comprometerse,
unilateralmente, a no violar los derechos humanos de los individuos bajo su jurisdicción.
En son de esto. La respuesta ( unánime) a la pregunta formulada por la comisión es la
siguiente:La Convención entra en vigencia para un Estado que la ratifique o se adhiera a
ella con o sin reservas, en la fecha del depósito de su instrumento de ratificación o
adhesión. Redactada en inglés y español, haciendo fe el texto en inglés, en la sede de la
Corte en San José, Costa Rica, el día 24 de setiembre de 1982.

OC 3: Solicitada por la Comision interamericana de derechos humanos:


la Comisión solicitó a la Corte, una opinión consultiva sobre la interpretación del artículo
4 de la misma en los siguientes términos:
1-Puede un Gobierno aplicar la pena de muerte a delitos para los
Cuales no estuviese contemplada dicha pena en su legislación interna,
Al momento de entrar en vigor para ese Estado la Convención
Americana sobre Derechos Humanos?
2- ¿Puede un Gobierno, sobre la base de una reserva hecha al momento de la
ratificación al artículo 4, inciso 4 de la Convención, legislar con posterioridad a
la entrada en vigor de la Convención imponiendo la pena de muerte a delitos
que no tenían esa sanción cuando se efectuó la ratificación?"

El artículo 4 de la Convención establece lo siguiente:


1. Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará
protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción. Nadie
puede ser privado de la vida arbitrariamente.
2. En los países que no han abolido la pena de muerte, ésta sólo podrá imponerse
por los delitos más graves, en cumplimiento de sentencia ejecutoriada de tribunal
competente y de conformidad con una ley que establezca tal pena, dictada con
anterioridad a la comisión del delito. Tampoco se extenderá su aplicación a delitos a
los cuales no se la aplique actualmente.
3. No se restablecerá la pena de muerte en los Estados que la han abolido.
4. En ningún caso se puede aplicar la pena de muerte por delitos políticos ni
comunes conexos con los políticos.
5. No se impondrá la pena de muerte a personas que, en el momento de la
comisión del delito, tuvieren menos de dieciocho años de edad o más de setenta, ni
se le aplicará a las mujeres en estado de gravidez.
6. Toda persona condenada a muerte tiene derecho a solicitar la amnistía, el indulto
o la conmutación de la pena, los cuales podrán ser concedidos en todos los casos.
No se puede aplicar la pena de muerte mientras la solicitud esté pendiente de
decisión ante autoridad competente."

El Gobierno de Guatemala solicita a la Corte que se abstenga de emitir la opinión


consultiva solicitada por la Comisión, ya que si bien el artículo64 de la Convención
faculta a la Comisión, en términos generales, a consultar a la Corte acerca de la
interpretación de la Convención, el hecho es que el numeral 3 del artículo 62 de la
propia Convención claramente establece que: la Corte tiene competencia para conocer
de cualquier caso relativo a la interpretación y aplicación de las disposiciones de esta
Convención que le sea sometido, siempre que los Estados Partes en el caso hayan
reconocido o reconozcan dicha competencia, ora por declaración, especial, como se
indica en los incisos anteriores, ora por convención especial. Como Guatemala, ni al
momento del depósito de su instrumento de ratificación de la Convención, ni en ningún
momento posterior, ha declarado que reconoce como obligatoria de pleno derecho y sin
convención especial la competencia de la Corte sobre todos los casos relativos a la
interpretación de la Convención, de conformidad con el artículo 62 numeral 1, es
evidente que la Corte debe abstenerse de emitir la opinión consultiva requerida por la
Comisión, por carecer de competencia para el efecto.

En el presente procedimiento la Corte se encuentra ante una solicitud de opinión


consultiva presentada por un órgano de la OEA, identificado como tal en el Capítulo X
de la Carta, cuya competencia para tratar los asuntos referidos en su petición no admite
duda razonable y que ha sido planteada formalmente como una cuestión estrictamente
jurídica relacionada con la interpretación de la Convención.
No se le pide a la Corte que resuelva ningún hecho cuya existencia esté en disputa.
La objeción de Guatemala a la competencia de la Corte tampoco da lugar a cuestiones
de hecho; gira exclusivamente en torno a la interpretación de la
Convención. La única consecuencia de la decisión de acumular las objeciones a la
competencia con el fondo es que los Estados u órganos interesados deben presentar sus
argumentos legales sobre ambos asuntos al mismo tiempo. Guatemala tuvo la
oportunidad y fue invitada a referirse a ambas materias pero, tanto en sus
observaciones escritas como en la audiencia pública, lo hizo únicamente respecto de las
cuestiones vinculadas con la competencia. En tal sentido, como no se está en presencia
de un caso contencioso sino de una opinión consultiva, la posición de Guatemala no es
diferente de aquella de cualquier otro Estado Miembro de la OEA que, habiendo sido
invitado, no haya aprovechado la oportunidad de referirse al fondo de la solicitud de la
Comisión. La Corte encuentra, en consecuencia, que no hay bases válidas para
modificar la decisión de acumular la consideración de la objeción a la competencia junto
con el fondo de la petición.

La función consultiva de la Corte no puede desvincularse de los propósitos de la


Convención. Dicha función tiene por finalidad ayudar al cumplimiento de las
obligaciones internacionales de los Estados americanos en lo que concierne a la
protección de los derechos humanos, así como al cumplimiento de las funciones que en
Este ámbito tiene atribuidas los distintos órganos de la OEA. Es obvio que toda solicitud
de opinión consultiva que se aparte de ese fin debilitaría el sistema de la Convención y
desnaturalizaría la competencia consultiva de la Corte. La solicitud de la Comisión no
está dentro de la categoría de solicitudes de opinión consultiva que se deba rechazar, de
acuerdo con lo anterior, porque no aparece nada que interfiera con el debido
funcionamiento del sistema o afecte negativamente los intereses de víctima alguna.
Solamente se ha solicitado a la Corte que interprete una disposición de la Convención,
para así ayudar a la Comisión en sus funciones como órgano de la OEA, " de promover
la observancia y la defensa de los derechos humanos y de servir como órgano
consultivo de la Organización en esta materia”

La función consultiva que confiere a la Corte el artículo 64 de la Convención


Es única en el derecho internacional contemporáneo. Como la Corte ya lo ha
Expresado en anterior oportunidad, ni la Corte Internacional de Justicia ni la Corte
Europea de Derechos Humanos han sido investidas con la amplia función consultiva
Que la Convención ha otorgado a la Corte Interamericana. Es simplemente, poner
énfasis en el hecho de que la Convención, al permitir a los Estados Miembros y a los
órganos de la OEA solicitar opiniones consultivas, crea un sistema paralelo al del
artículo 62 y ofrece un método judicial alterno de carácter consultivo, destinado a
ayudar a los Estados y órganos a cumplir y a aplicar tratados en materia de derechos
humanos, sin someterlos al formalismo y al sistema de sanciones que caracteriza el
proceso contencioso. Sería, por lo tanto, contradictorio con el objeto y fin de la
Convención y con las disposiciones pertinentes de ésta, adoptar una interpretación que
sometería el artículo 64 a los requisitos exigidos por el artículo 62 en cuanto a
competencia, restándole así la utilidad que se le quiso dar, por el solo hecho de que
pueda existir una controversia sobre la disposición implicada en la consulta. Por ello la
circunstancia de que la Comisión haya sometido a la Corte como” Consideraciones que
originan la consulta ", un conjunto de antecedentes que reflejan 14 las diferencias de
interpretación sobre ciertos aspectos del artículo 4 de la Convención, en ningún
momento indica que ésta no haya actuado de conformidad con el Reglamento o que
haya incurrido en abuso del poder que le ha sido conferido como órgano facultado para
pedir tales opiniones. Así, la corte está facultada para dar respuesta a la pregunta
planteada

La Convención expresa una clara nota de progresividad, consistente en que, sin llegar a
decidir la abolición de la pena de muerte, adopta las disposiciones requeridas para
limitar definitivamente su aplicación y su ámbito, de modo que éste se vaya reduciendo
hasta su supresión final.
Según el artículo 75, la Convención puede ser objeto de reservas de conformidad con
las disposiciones de la Convención de Viena. Ya ha definido esta
Corte que lo dispuesto por el artículo 75 sólo tiene sentido si se entiende como una
autorización expresa destinada a permitir a los Estados cualesquiera reservas que
Consideren apropiadas, siempre y cuando éstas no sean incompatibles con el objeto y
fin del tratado. Como tales, se puede decir que ellas se rigen por el artículo 20.1 de la
Convención de Viena y, consecuentemente, no están sujetas a la aceptación de ningún
otro Estado Parte. En consecuencia, la primera cuestión que se plantea al interpretar
una reserva determinada es si ella es compatible con el objeto y fin del tratado. El
Artículo 27 permite a los Estados Partes la suspensión de las obligaciones contraídas en
virtud de la Convención en caso de guerra, de peligro público o de otra emergencia que
amenace la independencia o seguridad del Estado afectado y siempre que tal decisión
no implique la suspensión o derogación de ciertos derechos básicos o esenciales, entre
los cuales está el derecho a la vida garantizado por el artículo 4.
Una reserva debe interpretarse de conformidad con lo que textualmente expresa, de
acuerdo con el sentido corriente que deba atribuirse a los términos en que haya sido
formulada y dentro del contexto general del tratado, del cual la misma reserva forma
parte, a menos que la interpretación deje ambiguo u oscuro el sentido o conduzca a un
resultado manifiestamente absurdo o irrazonable. Lo contrario conduciría a considerar,
finalmente, que el Estado es el único árbitro del cumplimiento de sus obligaciones
internacionales en todas las materias vinculada con la reserva e, incluso, en todas
aquellas que el Estado posteriormente considerara vinculadas con ésta, por obra de una
declaración de intención sobrevenida. Sin embargo, la Convención de Viena excluye
claramente la última posibilidad, pues dispone que el único momento posible para
formular una reserva es el de la manifestación del consentimiento, es decir, el de la
firma, ratificación aceptación, aprobación o adhesión (artículo 19 de la Convención de
Viena). De manera que, sin excluir la posibilidad de recurrir en ciertas circunstancias
especiales a medios complementarios, la interpretación de las reservas debe hacerse
con arreglo a la primacía del texto. Cualquier otro enfoque de este asunto impediría a
los otros Estados contratantes conocer con certeza el contenido de la reserva.

Al relacionar el artículo 4.4 con el artículo 4.2, la Corte encuentra que el significado de
ambas disposiciones en su contexto es perfectamente claro y diferente, en el sentido de
que, mientras el artículo 4.2 establece un límite definitivo a la pena de muerte para
toda clase de delitos hacia el futuro, el artículo 4.4 la proscribe para los delitos políticos
y comunes conexos con ellos, lo que obviamente se refiere a aquellos que estuvieran
sancionados con la pena capital con anterioridad, ya que para el futuro habría bastado
con la prohibición del artículo 4.2. Se trata, pues, de dos normas de propósitos
claramente diferentes: mientras el artículo 4.4 persigue suprimir la pena de muerte
para ciertos delitos, el artículo 4.2 busca prohibir la extensión de su uso en el futuro. Es
decir, sobre la prohibición contenida en el artículo 4.2 de extender la aplicación de la
pena capital, el artículo 4.4 vino a agregar una prohibición más: la de aplicarla a los
delitos políticos y comunes conexos, aun cuando ya tuvieran prevista dicha pena con
anterioridad.
¿Qué implica, entonces, una reserva al artículo 4.4 de la Convención en los
Términos de la presente consulta? Para contestar esta pregunta, debe Recordarse que
el Estado que la formula no reserva más de lo expresado textualmente en la misma.
Como la reserva no puede ir más allá de exceptuar al Estado reservante de la
prohibición de aplicar la pena de muerte a delitos políticos o conexos con ellos, debe
entenderse que para él la parte no reservada del artículo permanece aplicable y en todo
vigor.
si se analiza la totalidad del artículo 4, cuyo párrafo 2 establece la prohibición absoluta
de extender en el futuro la aplicación de la pena de muerte, se debe concluir que si un
Estado reserva el párrafo 4 sin reservar al mismo tiempo el 2, lo único que reserva es la
posibilidad de mantener la pena de muerte para delitos políticos o conexos con ellos que
ya la tuvieran establecida con anterioridad. De manera que, al no haber hecho reserva
sobre el párrafo 2, debe entenderse que se mantiene plenamente para él la prohibición
de aplicar la pena de muerte a nuevos delitos, sean políticos o comunes conexos con los
políticos, sean comunes sin ninguna conexidad. A la inversa, si la reserva fuera al
párrafo 2 pero no al 4, solamente podría significar la posibilidad de que ese Estado
sancione con la pena de muerte nuevos delitos en el futuro, pero siempre que se trate
de delitos comunes no conexos, porque respecto de los políticos y de los conexos con
ellos regiría la prohibición no reservada del párrafo 4.
De este modo, si se interpreta la reserva de Guatemala de conformidad con el sentido
corriente de sus términos, dentro del contexto general de la Convención y teniendo en
cuenta el objeto y fin de ésta, se llega a la conclusión de que, al formularla, lo que hizo
Guatemala fue indicar que no estaba dispuesta a comprometerse a más, en esta
materia específica, de lo que ya lo consigna su ordenamiento constitucional. Entiende la
Corte que Guatemala, al formular su reserva, lo hizo sin manifestar un rechazo absoluto
a la norma reservada. Esta opinión de la Corte se refiere, por supuesto, no sólo a la
reserva de Guatemala sino a toda reserva de naturaleza análoga.

Por lo tanto: La corte rechaza la solicitud de Guatemala de que no se haga la


opinión consultiva, y con respecto a las preguntas sobre el art 4.2 y 4.4 de la
convención:

Respuesta a la pregunta 1: la Convención prohíbe absolutamente la extensión de la


pena de muerte y que, en consecuencia, no puede el Gobierno de un Estado Parte
aplicar la pena de muerte a delitos para los cuales no estaba contemplada
Anteriormente en su legislación interna
Respuesta a la pregunta 2 : que una reserva limitada por su propio texto al artículo
4.4 de la Convención, no permite al Gobierno de un Estado Parte legislar con
posterioridad para extender la aplicación de la pena de muerte respecto de delitos para
los cuales no estaba contemplada anteriormente.
( Ambas por unanimidad)

OC 4:Solicitada por el gobierno de Costa Rica:


El gobierno de costa rica pregunto si lo siguientes artículos de su norma
internas son compatibles con lo previsto en la convención, de conformidad con
la solicitud hecha originalmente por la Comisión Especial sobre Reforma a los
artículos 14 y 15 de la Constitución Política, el Gobierno de Costa Rica solicita que
la Corte determine:
a ) Si existe alguna incompatibilidad entre las reformas propuestas y las
disposiciones citadas de la Convención Interamericana de Derechos
Humanos. En una forma específica, dentro del contexto de la pregunta anterior,
estima que deben contestarse las siguientes preguntas:
b ) Se afecta en alguna forma el derecho de toda persona a tener una
nacionalidad estipulado en el artículo 20, párrafo primero de la Convención, con las
modificaciones proyectadas a los artículos 14 y 15 de la Constitución Política?
c ) Es compatible la reforma propuesta al inciso 4 del artículo 14, según el texto
propuesto en el dictamen, con el artículo 17, párrafo 4 de la
Convención, en cuanto a igualdad entre los cónyuges?
d ) Es compatible el texto de la moción acompañada por los Diputados a su
dictamen para reforma de ese mismo inciso, con el párrafo primero
el artículo 20 de la Convención?

Las reformas de los art 14 y 15 prescriben lo siguiente:


Artículo 14.- Son costarricenses por naturalización:
1 ) Los que han adquirido esa calidad en virtud de leyes anteriores
2 ) Los nacionales de otros países de Centroamérica, españoles e iberoamericanos
por nacimiento, con cinco años de residencia oficial en el país, y que cumplan con
los demás requisitos que fije la ley
3 ) Los centroamericanos, españoles e iberoamericanos que no lo
sean por nacimiento y los demás extranjeros que hayan residido oficialmente por
un término mínimo de siete años y que cumplan con los demás requisitos que fije la
ley
4 ) La mujer extranjera que al casar con costarricense pierda su nacionalidad o que
luego de estar casada dos años con costarricense y de residir por ese mismo
período en el país, manifieste su deseo de adquirir nuestra nacionalidad;
5 ) Quienes reciban la nacionalidad honorífica de la Asamblea
Legislativa.

Artículo 15.- Quien solicite naturalizarse debe acreditar su buena conducta,


demostrar que tiene oficio o medio de vivir conocido, que sabe hablar, escribir
y leer el idioma español. Se someterá a un examen comprensivo acerca de la
historia del país y sus valores, debiendo, asimismo, prometer que residirá en
el territorio nacional de modo regular y jurar que respetará el orden constitucional
de la República. Por medio de ley se establecerá los requisitos y la forma para
tramitar la solicitud de naturalización

La solicitud no plantea una consulta sobre una ley interna vigente. Se refiere a un
proyecto de reforma constitucional, que no ha sido todavía aprobado por la
Asamblea Legislativa, aunque sí admitido por ésta a discusión y aprobado por la
Comisión correspondiente. la Corte debe analizar cuidadosamente la solicitud para
determinar, entre otras cosas, si su propósito es ayudar al Estado solicitante a
cumplir mejor con sus obligaciones internacionales en materia de derechos
humanos. Para tal propósito no debe inmiscuirse en disputas políticas internas, que
podrían afectar el papel que la Convención le asigna. En la solicitud bajo
consideración, por lo demás sin precedente en cuanto somete a un tribunal
internacional una reforma constitucional, no encuentra la Corte ninguna razón para
abstenerse de absolver la consulta solicitada.
La perspectiva de la doctrinaria clásica en que la nacionalidad se podía concebir
como un atributo que el Estado otorgaba a sus súbditos, se va evolucionando hacia
un concepto de nacionalidad en que, junto al de ser competencia del Estado, reviste
el carácter de un derecho de la persona humana. Así se reconoció finalmente en un
instrumento de carácter regional como es la Declaración Americana de los Derechos
y Deberes del Hombre de 2 de mayo de 1948, cuyo artículo 19 estableció:
"Toda persona tiene derecho a la nacionalidad que legalmente le corresponde, y el
de cambiarla, si así lo desea, por la de cualquier otro país que esté dispuesto a
otorgársela"
El derecho a la nacionalidad del ser humano está reconocido como tal por el
derecho internacional. Así lo recoge la Convención en su artículo 20, en un doble
aspecto: el derecho a tener una nacionalidad significa dotar al individuo de un
mínimo de amparo jurídico en las relaciones internacionales, al establecer a través
de su nacionalidad su vinculación con un Estado determinado; y el de protegerlo
contra la privación de su nacionalidad en forma arbitraria, porque de ese modo se
le estaría privando de la totalidad de sus derechos políticos y de aquellos derechos
civiles que se sustentan en la nacionalidad del individuo.
Siendo el Estado el que establece la posibilidad de adquirir la nacionalidad a quien
originariamente era extranjero, es natural que las condiciones y procedimientos
para esa adquisición sean materia que dependa predominantemente del derecho
interno. Siempre que en tales regulaciones no se vulneren otros principios
superiores. De ahí que no sea sorprendente que en un momento dado, se exijan
nuevas condiciones, enderezadas a evitar que el cambio de nacionalidad sea
utilizado como medio para solucionar problemas transitorios sin que se establezcan
vínculos efectivos reales y perdurables que justifiquen el acto grave y trascendente
del cambio de nacionalidad.
De lo expuesto anteriormente se desprende que para una adecuada interpretación
del derecho a la nacionalidad, materia del artículo 20 de la Convención, es
necesario conjugar armoniosamente, por un lado, la consideración de que la
determinación y regulaciones de la nacionalidad son competencia de cada Estado,
esto es, materia de derecho interno y, por el otro, que las disposiciones de derecho
internacional limitan, en alguna forma, esta facultad de los Estados en razón de
exigencias de la protección internacional de los derechos humanos.

El artículo 20 de la convención consagra lo siguiente: 1) Toda persona tiene


derecho a una nacionalidad.2) Toda persona tiene derecho a la nacionalidad del
Estado en cuyo territorio nació si no tiene derecho a otra.3) A nadie se privará
arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiarla.

Entre las propuestas de reforma hay una que, aunque no contradice directamente
el artículo 20, sí plantea algunas cuestiones vinculadas con el derecho a la
nacionalidad. Es la contenida en la moción de reforma al artículo 14 párrafo 4 del
proyecto presentada por los diputados dictaminadores, según la cual, adquiere la
nacionalidad costarricense. La persona extranjera que al casarse con costarricense
pierda su nacionalidad y luego de estar casada dos años con costarricense y de
residir durante ese mismo período en el país, manifiesta su deseo de adquirir la
nacionalidad del cónyuge. Dichas disposiciones recogen el criterio de que la mujer
extranjera que al casar con costarricense pierda su nacionalidad, adquiere en forma
automática la costarricense, y sólo agregan determinados requisitos cuando no se
da el presupuesto de la pérdida automática de la anterior nacionalidad. En cambio,
en el texto propuesto por los diputados dictaminadores es evidente que se produce
una transformación sustancial en el dispositivo legal que nos ocupa, porque
entonces todas las condiciones que se exigen resultan acumulativas y deben
cumplirse en su totalidad para que se produzca la naturalización. La primera
consecuencia de esta reforma, así planteada, sería que la persona extranjera que al
casar con costarricense pierda su nacionalidad, se convertiría automáticamente en
apátrida por un período de dos años, por lo menos, ya que mientras no completara
ese tiempo de matrimonio no habría cumplido uno de los requisitos concurrentes y
por lo tanto obligatorios para la naturalización. Cabe hacer la reflexión, además,
que ni siquiera hay la seguridad de que ese período de apátrida sea únicamente de
dos años, pues como hay también otro requisito concurrente, que es la residencia
en el país por el mismo período, podría resultar que la persona extranjera se
ausentara temporalmente por circunstancias sobrevinientes, en cuyo caso seguiría
siendo apátrida por tiempo indeterminado, hasta completar todos los requisitos
establecidos conforme a este proyecto en forma concurrente.

el párrafo 4 del art 14( proyecto de reforma) dispone ciertas condiciones especiales
de naturalización para "la mujer extranjera" que case con costarricense. Aun
cuando, si bien con diferente entidad y sentido, esas distinciones están también
presentes en el vigente artículo 14 de la Constitución. La noción de igualdad se
desprende directamente de la unidad de naturaleza del género humano y es
inseparable de la dignidad esencial de la persona, frente a la cual es incompatible
toda situación que, por considerar superior a un determinado grupo, conduzca a
tratarlo con privilegio, sin embargo, es preciso decir que no todo tratamiento
jurídico diferente es propiamente discriminatorio, porque no toda distinción de trato
puede considerarse ofensiva por sí misma de la dignidad humana. En tal sentido,
no puede ponerse en duda la potestad soberana de Costa Rica para resolver sobre
los criterios que han de orientar el discernimiento o no de la nacionalidad a los
extranjeros que aspiran a obtenerla, ni para establecer ciertas diferencias
razonables con base en circunstancias de hecho que, por razones objetivas,
aproximen a unos aspirantes más que a otros al sistema de valores e intereses de
la sociedad costarricense

El proyecto de reforma, dentro de su marcada tendencia restrictiva, introduce


también nuevos requisitos que han de cumplir quienes soliciten naturalizarse. El
artículo 15 propuesto exige entre otras cosas que se demuestre saber "hablar,
escribir y leer" el idioma español y que se rinda "un examen comprensivo acerca de
la historia del país y sus valores". Estas exigencias se sitúan, prima facie, dentro de
la capacidad de apreciación reservada al Estado otorgante de la nacionalidad,
respecto de cuáles han de ser y cómo deben valorarse las condiciones que
garanticen la existencia de vínculos efectivos y reales que fundamenten la
18 adquisiciones de la nueva nacionalidad. Desde esa perspectiva, no puede
considerarse irrazonable e injustificado que se exija demostrar aptitud para la
adquisición de una nacionalidad. Con respecto al párrafo 4 del art 14 el criterio de
distinción de una mujer extranjera casada hace alusión al principio de unidad
familiar dado por la conveniencia de que todos los miembros de la familia Ostenten
la misma nacionalidad y la potestad paterna en relación con los hijos menores, por
depender éstos normalmente del padre e inclusive la potestad marital que otorga
facultades privilegiadas al marido, por ejemplo en lo referente a la autoridad para
fijar el domicilio conyugal o para administrar los bienes comunes. De este modo, el
privilegio femenino para la obtención de la nacionalidad se presenta como una
consecuencia de la desigualdad conyugal. La Corte interpreta que no se justifica y
debe ser considerada como discriminatoria la diferencia que se hace entre los
cónyuges en el párrafo 4 del artículo 14 del proyecto para la obtención de la
nacionalidad costarricense en condiciones especiales por razón del matrimonio
Por consiguiente, la respuesta de la corte es la siguiente:

-Con respecto al artículo 20 de la Convención (5 votos a favor ,1 en


desacuerdo): Que el derecho a la nacionalidad, reconocido por el artículo 20 de la
Convención, no está involucrado en el proyecto de reforma constitucional
-con respecto a los artículos 24 y 17.4 de la Convención
1) Que NO constituye discriminación contraria a la Convención estipular
Condiciones preferentes para obtener la nacionalidad costarricense por
Naturalización en favor de los centroamericanos, iberoamericanos y españoles,
frente a los demás extranjeros. (Unanimidad)
2) NO constituye discriminación contraria a la Convención limitar esa Preferencia a
los centroamericanos, iberoamericanos y españoles por
Nacimiento. (5 votos contra 1)
3) NO constituye, en sí mismo, discriminación contraria a la Convención agregar
los requisitos del artículo 15 del proyecto, para la obtención de la nacionalidad
costarricense por naturalización. (5 votos contra 1)
4) Si constituye discriminación incompatible con los artículos 17.4 y 24 de la
Convención estipular en el artículo 14.4 del proyecto condiciones preferentes para
la naturalización por causa de matrimonio a favor de uno solo de los cónyuges.
(Unanimidad)

OC 6: Solicitada por Uruguay:


El gobierno de Uruguay pide una aclaratoria a la corte con respecto al Artículo 30 - Alcance
de las Restricciones- de la convención, el cual dispone:
Las restricciones permitidas, de acuerdo con esta Convención, al goce y ejercicio de los
derechos y libertades reconocidas en la misma, no pueden ser aplicadas sino conforme a leyes
que se dictaren por razones de interés general y con el propósito para el cual han sido
establecidas.

La pregunta es: ¿en el presente artículo, cuando habla de “leyes” se refiere a leyes en
sentido formal o material?
Es una pregunta con que no puede aplicarse a todos los casos, cada vez que surja una duda de
este tipo en otra norma, deberá ser especificada. La ley en el Estado democrático no es
simplemente un mandato de la autoridad revestido de ciertos necesarios elementos formales.
Implica un contenido y está dirigida a una finalidad. El concepto de leyes a que se refiere el
artículo 30 interpretado en el contexto de la Convención y teniendo en cuenta su objeto y fin, no
puede considerarse solamente de acuerdo con el principio de legalidad
Este principio, dentro del espíritu de la Convención, debe entenderse como aquel en el cual la
creación de las normas jurídicas de carácter general ha de hacerse de acuerdo con los
procedimientos y por los órganos establecidos en la Constitución de cada Estado Parte, y a él
deben ajustar su conducta de manera estricta todas las autoridades públicas. En una sociedad
democrática el principio de legalidad está
Vinculado inseparablemente al de legitimidad. Las leyes a que se refiere el artículo 30 son actos
normativos enderezados al bien común, emanados del Poder Legislativo democráticamente
elegido y promulgados por el Poder Ejecutivo.
Por lo tanto la respuesta de la corte es la palabra leyes en el artículo 30 de la Convención
significa norma jurídica de carácter general, ceñida al bien común, emanada de los
órganos legislativos constitucionalmente previstos y democráticamente elegidos, y
elaborada según el procedimiento establecido por las constituciones de los Estados Partes
para la formación de las leyes.( Unanimidad)

0C 7: Solicitada por Costa Rica


El gobierno de costa rica solicito a la corte una interpretación y alcance del artículo 14.1
de la convención en relación con los artículos 1.1 y 2 de la misma

La primera pregunta dice así: Debe considerarse que el derecho consagrado en


el artículo 14 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos está ya
garantizado en su libre y pleno ejercicio a todas las personas que se encuentran
bajo la jurisdicción del Estado costarricense, según se desprende de las
obligaciones que para nuestro país contiene el artículo 1° de dicha Convención?
La segunda pregunta dice: De no ser así, tiene el Estado costarricense el deber
jurídico- internacional de adoptar, con arreglo a sus procedimientos
constitucionales, las medidas legislativas o de otro carácter, que fueren necesarias
para hacer efectivo el derecho de rectificación o respuesta previsto en el artículo 14
de la Convención, según las disposiciones contenidas en el artículo 2° de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos?
La tercera pregunta: Si se decidiese que el Estado costarricense está en el deber
de adoptar las medidas legislativas o de otro carácter que fueren necesarias para
hacer efectivo el derecho de rectificación o respuesta previsto en el artículo 14 de la
Convención Americana, sería dable entonces entender que la expresión "ley" que
figura al final del párrafo primero del mencionado artículo 14 está usada en sentido
amplio , lo que podría comprender entonces disposiciones de carácter
reglamentario emitidas por decreto ejecutivo, teniendo en cuenta la índole más
bien instrumental de tales disposiciones legales?

La primera pregunta requiere determinar los efectos jurídicos del artículo 14.1,
Dadas las obligaciones contraídas por un Estado Parte en virtud del artículo 1.1 de
la Convención.
El artículo 14 dispone lo siguiente:
1. Toda persona afectada por informaciones inexactas o agraviantes emitidas en su
perjuicio a través de medios de difusión legalmente reglamentada y que se dirijan
al público en general, tiene derecho a efectuar por el mismo órgano de difusión su
rectificación o respuesta en las condiciones que establezca la ley.
2. En ningún caso la rectificación o la respuesta eximirán de las otras
Responsabilidades legales en que se hubiese incurrido.
3. Para la efectiva protección de la honra y la reputación, toda publicación o
empresa periodística, cinematográfica, de radio o televisión tendrá una persona
responsable que no esté protegida por inmunidades ni disponga de
fuero especial.

El artículo 1.1 establece: Los Estados Partes en esta Convención se


comprometen a respetar los derechos y libertades reconocidos en ella y a
garantizar su libre y pleno ejercicio a toda persona que esté sujeta a su jurisdicción,
sin discriminación alguna por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión,
opiniones políticas o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición
económica, nacimiento o cualquier otra condición social.

El artículo 14.1 no indica si los afectados tienen derecho a responder en espacio


igual o mayor, cuándo debe publicarse la respuesta una vez recibida, en qué lapso
puede ejercerse el derecho, qué terminología es admisible, etc. De acuerdo con el
artículo 14.1, estas condiciones serán las "que establezca la ley". El hecho de que
los Estados Partes puedan fijar las condiciones del ejercicio del derecho de
rectificación o respuesta, no impide la exigibilidad conforme al derecho
internacional de las obligaciones que aquéllos han contraído según el artículo 1.1,
que establece el compromiso de los propios Estados Partes de "respetar los
derechos y libertades" reconocidos en la Convención y de "garantizar su libre y
pleno ejercicio a toda persona que esté sujeta a su jurisdicción..." En consecuencia,
si por cualquier circunstancia, el derecho de rectificación o respuesta no pudiera ser
ejercido por "toda persona" sujeta a la jurisdicción de un Estado Parte, ello
constituiría una violación de la Convención, susceptible de ser denunciada ante los
órganos de protección por ella previstos.

Si el ejercicio de los derechos y libertades mencionados en el Artículo 1 no


estuviere ya garantizado por disposiciones legislativas o de otro carácter, los
Estados Partes se comprometen a adoptar, con arreglo a sus procedimientos
constitucionales y a las disposiciones de esta Convención, las medidas legislativas o
de otro carácter que fueren necesarias para hacer efectivos tales derechos y
libertades.

Este artículo, que es el implicado en la segunda pregunta, recoge una regla básica
del derecho internacional, según la cual todo Estado Parte en un tratado tiene el
deber jurídico de adoptar las medidas necesarias para cumplir con sus obligaciones
conforme al tratado, sean dichas medidas legislativas o de otra índole. En el
contexto de la Convención esta conclusión concuerda con el artículo 43 que dice:
Los Estados Partes se obligan a proporcionar a la Comisión las informaciones que
ésta les solicite sobre la manera en que su derecho interno asegura la aplicación
efectiva de cualesquiera disposiciones de esta Convención.

La Corte pasa ahora a considerar la tercera pregunta contenida en la solicitud de


Costa Rica. En ella se pide su opinión sobre el sentido de la expresión "ley" tal
como se utiliza en el artículo 14.1. La Corte ha resuelto ya que el artículo 14.1
establece el derecho de rectificación o respuesta y que la frase "en las condiciones
que establezca la ley" se refiere a diversas condiciones relacionadas con el ejercicio
de ese derecho. Por consiguiente, esa frase atañe a la efectividad de ese derecho
en el orden interno, mas no a su creación, existencia o exigibilidad internacional.
Siendo éste el caso, cabe referirse a las estipulaciones del artículo 2, puesto que
tratan sobre el deber de los Estados Partes de "adoptar... las medidas legislativas o
de otro carácter que fueren necesarias para hacer efectivos tales derechos y
libertades". Si se leen conjuntamente los artículos 14.1, 1.1 y 2 de la Convención,
todo Estado Parte que no haya ya garantizado el libre y pleno ejercicio del derecho
de rectificación o respuesta, está en la obligación de lograr ese resultado sea por
medio de legislación o cualesquiera otras medidas que fueren necesarias según su
Ordenamiento jurídico interno para cumplir ese fin. Este criterio justifica la
Conclusión de que el concepto de "ley", tal como lo utiliza el artículo 14.1,
Comprende todas las medidas dirigidas a regular el ejercicio del derecho de
Rectificación o respuesta. Pero si se tratara de restringir el derecho de rectificación
o respuesta u otro cualquiera, sería siempre necesaria la existencia de una ley
formal, que cumpliera con todos los extremos señalados en el artículo 30 de la
Convención
Por lo tanto, la corte responde:
1- Que el artículo 14.1 de la Convención reconoce un derecho de
rectificación o respuesta internacionalmente exigible que, de conformidad
con el artículo 1.1, los Estados Partes tienen la obligación de respetar y
garantizar su libre y pleno ejercicio a toda persona que esté sujeta a su
jurisdicción.( unanimidad)

2- Que cuando el derecho consagrado en el artículo 14.1 no pueda hacerse


Efectivo en el ordenamiento jurídico interno de un Estado Parte, ese Estado
tiene la obligación, en virtud del artículo 2 de la Convención, de adoptar
con arreglo a sus procedimientos constitucionales y a las disposiciones de
la propia Convención, las medidas legislativas o de otro carácter que
fueren necesarias (unanimidad)

3- Que la palabra "ley", tal como se emplea en el artículo 14.1, está


relacionada con las obligaciones asumidas por los Estados Partes en el
artículo 2 y, por consiguiente, las medidas que debe adoptar el Estado
Parte comprenden todas las disposiciones internas que sean adecuadas,
según el sistema jurídico de que se trate, para garantizar el libre y pleno
ejercicio del derecho consagrado en el artículo 14.1. Pero en cuanto tales
medidas restrinjan un derecho reconocido por la Convención, será
necesaria la existencia de una ley formal. (6 votos contra 1)

OC 8: Solicitada por la comisión interamericana de derechos humanos:


La solicitud de la Comisión pretende la interpretación de los artículos 25.1 y 7.6 de la
Convención en relación con la última frase del artículo 27.2 de la misma
La Comisión formuló la siguiente consulta a la Corte:
1)¿El recurso de hábeas corpus, cuyo fundamento jurídico se encuentra en los artículos
7.6 y 25.1 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, es una de las
garantías judiciales que, de acuerdo a la parte final del párrafo 2 del artículo 27 de esa
Convención, no puede suspenderse por un Estado Parte de la citada Convención
Americana?

Algunos Estados Partes de la Convención Americana sobre Derechos Humanos han


entendido que, en situaciones de emergencia, uno de los derechos cuyo ejercicio
pueden suspender es el de la protección judicial que se ejerce mediante el hábeas
corpus. Incluso algunos Estados han promulgado una legislación especial o han iniciado
una práctica según la cual es posible durante la detención de una persona incomunicarla
durante un prolongado período - que en algunos casos puede extenderse hasta 15 días
- en el cual al detenido se le puede privar de todo contacto exterior, no siendo posible,
por lo tanto, el recurso de hábeas corpus durante esos días de incomunicación. En
concepto de la Comisión, es precisamente en esas circunstancias excepcionales cuando
el recurso de hábeas corpus adquiere su mayor importancia
la Comisión admite que en caso de una guerra, peligro público u otra emergencia que
amenace la independencia o la seguridad del Estado, el derecho a la libertad personal,
conforme al artículo 27 de la Convención Americana, puede transitoriamente
suspenderse y la autoridad en la que reside el Poder Ejecutivo puede disponer el arresto
temporal de una persona fundada tan sólo en los antecedentes de que dispone para
considerar a esa persona un peligro para la independencia o la seguridad del Estado.
Pero, al mismo tiempo la Comisión considera que ni aún bajo
Una situación de emergencia el hábeas corpus puede suspenderse o dejarse sin efecto
Artículo 27.- Suspensión de Garantías
1. En caso de guerra, de peligro público o de otra emergencia que amenace la
independencia o seguridad del Estado Parte, éste podrá adoptar disposiciones que, en la
medida y por el tiempo estrictamente limitados a las exigencias de la situación,
suspendan las obligaciones contraídas en virtud de esta Convención, siempre que tales
disposiciones no sean incompatibles con las demás obligaciones que les impone el
derecho internacional y no entrañen discriminación alguna fundada en motivos de raza,
color, sexo, idioma, religión u origen social.
2. La disposición precedente no autoriza la suspensión de los derechos determinados en
los siguientes artículos: 3 ( Derecho al Reconocimiento de la Personalidad Jurídica ); 4 (
Derecho a la Vida ); 5 ( Derecho a la Integridad Personal ); 6 ( Prohibición de la
Esclavitud y Servidumbre ); 9 ( Principio de Legalidad y de Retroactividad ); 12 (
Libertad de Conciencia y de Religión ); 17 ( Protección a la Familia ); 18 ( Derecho al
Nombre ); 19 ( Derechos del Niño ); 20 ( Derecho a la Nacionalidad ), y 23 ( Derechos
Políticos ), ni de las garantías judiciales indispensables para la protección de tales
derechos.
Artículo 25.- Protección Judicial: Toda persona tiene derecho a un recurso sencillo y
rápido o a cualquier otro recurso efectivo ante los jueces o tribunales competentes, que
la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la
Constitución, la ley o la presente Convención, aun cuando tal violación sea cometida por
personas que actúen en ejercicio de sus funciones oficiales.
Artículo 7.- Derecho a la Libertad Personal :Toda persona privada de libertad tiene
derecho a recurrir ante un juez o tribunal competente, a fin de que éste decida, sin
demora, sobre la legalidad de su arresto o detención y ordene su libertad si el arresto o
la detención fueran ilegales. En los Estados Partes cuyas leyes prevén que toda persona
que se viera amenazada de ser privada de su libertad tiene derecho a recurrir a un juez
o tribunal competente a fin de que éste decida sobre la legalidad de tal amenaza, dicho
recurso no puede ser restringido ni abolido. Los recursos podrán interponerse por sí o
por otra persona.

En el articulo 27 cuando la palabra "garantías" se utiliza en el párrafo segundo, es


precisamente para prohibir la suspensión de las " garantías judiciales indispensables
". Del análisis de los términos de la Convención en el contexto de éstos, resulta que
no se trata de una " suspensión de garantías " en sentido absoluto, ni de la " suspensión
de los derechos " ya que siendo éstos consustanciales con la persona lo único que
podría suspenderse o impedirse sería su pleno y efectivo ejercicio

la Corte debe subrayar que, dentro de los principios que informan el sistema
interamericano, la suspensión de garantías no puede desvincularse del "ejercicio
efectivo de la democracia representativa" a que alude el artículo 3 de la Carta de la
OEA. observación que es especialmente válida en el contexto de la Convención, cuyo
Preámbulo reafirma el propósito de " consolidar en este Continente, dentro del cuadro
de las instituciones democráticas, un régimen de libertad personal y de justicia social,
fundado en el respeto de los derechos esenciales del hombre”. La suspensión de
garantías carece de toda legitimidad cuando se utiliza para atentar contra el sistema
democrático, que dispone límites infranqueables en cuanto a la vigencia constante de
ciertos derechos esenciales de la persona.
Resulta claro que ningún derecho reconocido por la Convención puede ser suspendido a
menos que se cumplan las condiciones estrictas señaladas en el artículo 27.1. Además,
aun cuando estas condiciones sean satisfechas, el artículo 27.2 dispone que cierta
categoría de derechos no se puede suspender en ningún caso. Por consiguiente, lejos de
adoptar un criterio favorable a la suspensión de los derechos, la Convención establece el
principio contrario, es decir, que todos los derechos deben ser respetados y
garantizados a menos que circunstancias muy especiales justifiquen la suspensión de
algunos, en tanto que otros nunca pueden ser suspendidos por grave que sea la
emergencia. El artículo 27.2 dispone, como se ha dicho, límites al poder del Estado
Parte para suspender derechos y libertades, al establecer que hay algunos cuya
suspensión no está permitida bajo ninguna circunstancia y al incluir " las garantías
judiciales indispensables para la protección de tales derechos”. Algunos de estos
derechos se refieren a la integridad de la persona, como son el derecho al
reconocimiento de la personalidad jurídica (art. 3 ); el derecho a la vida ( art. 4 ); el
derecho a la integridad personal ( art. 5 ); la prohibición de la esclavitud y servidumbre
( art. 6 ) y el principio de legalidad y de retroactividad ( art. 9 ). Está, además,
prohibida la suspensión de la libertad de conciencia y de religión ( art. 12 ); de la
protección a la familia ( art. 17 ); del derecho al nombre ( art. 18 ); de los derechos del
niño ( art. 19 ); del derecho a la nacionalidad ( art. 20 ) y de los derechos políticos (
art. 23).
Es lícito suspender temporalmente ciertos derechos y libertades cuyo ejercicio pleno, en
condiciones de normalidad, debe ser respetado y garantizado por el Estado pero, como
no todos ellos admiten esa suspensión transitoria, es necesario que también
Subsistan " las garantías judiciales indispensables para su protección”. Las garantías
deben ser no sólo indispensables sino judiciales. Esta expresión no puede referirse sino
a medios judiciales idóneos para la protección de tales derechos, lo cual implica la
intervención de un órgano judicial independiente e imparcial, apto para determinar la
legalidad de las actuaciones que se cumplan dentro del estado de excepción
El texto del artículo 25, párrafo 1 es una disposición de carácter general que recoge la
institución procesal del amparo, entendido como el procedimiento judicial sencillo y
breve que tiene por objeto la tutela de todos los derechos reconocidos por las
constituciones. El hábeas corpus, para cumplir con su objeto de verificación judicial de
la legalidad de la privación de libertad, exige la presentación del detenido ante el juez o
tribunal competente bajo cuya disposición queda la persona afectada. En este sentido es
esencial la función que cumple el hábeas corpus como medio para controlar el respeto a
la vida e integridad de la persona, para impedir su desaparición o la indeterminación de
su lugar de detención, así como para protegerla contra la tortura u otros tratos o penas
crueles, inhumanos o degradantes. Si se examinan conjuntamente los dos
procedimientos, puede afirmarse que el amparo es el género y el hábeas corpus uno de
sus aspectos específicos. Los razonamientos anteriores llevan a la conclusión de que los
procedimientos de hábeas corpus y de amparo son de aquellas garantías judiciales
indispensables para la protección de varios derechos cuya suspensión está vedada por
el artículo27.2 y sirven, además, para preservar la legalidad en una sociedad
democrática.

Por tanto, en respuesta a la pregunta de la Comisión Interamericana sobre la


Interpretación de los artículos 27.2, 25.1 y 7.6 de la Convención, la corte
responde:

- que los procedimientos jurídicos consagrados en los artículos 25.1 y 7.6 de la


Convención Americana sobre Derechos Humanos no pueden ser suspendidas
conforme al artículo 27.2 de la misma, porque constituyen garantías judiciales
indispensables para proteger derechos y libertades que tampoco pueden
suspenderse según la misma disposición.

También podría gustarte