El Genio del basural
Ricardo Mariño
En: El héroe y otros cuentos. 2da edición. Buenos Aires: Alfaguara,
2005.
El chico se llamaba Sebastián pero en el barrio que rodeaba al basural,
donde se destacaba por patear los tachos más lejos que cualquiera, le
decían Terremoto. Era el que tenía más suerte para encontrar pedazos
de metal, canillas viejas, botellas enteras y cualquier cosa apta
paravender. Fue él quien encontró al “Genio malhumorado”.
El Genio era una especie de tetera oxidada y abollada, una porquería,
que Terremoto avistó entre latas y cartón embarrado. Estaba por
pegarle una patada de esas que lo habían hecho famoso en todo el
barrio cuando se le ocurrió que tal vez podría limpiarla y llevársela a
su madre para que la usara, dándole otra alegría en la misma semana
en quele había anunciado que este año no repetiría de curso.
Terremoto se sentó sobre un pedazo de silla que había separado unos
minutos antes y se puso a frotar la tetera con la manga del pullover
para limpiarla un poco. Pero casi se muere del susto al ver que de la
tetera comenzaba a salir humo. Ya se había puesto de pie cuando vio
que en la pequeña nube que salía de la tetera comenzaba a
formarseuna cara horrible y gigantesca.
En segundos la cara y medio cuerpo de ese ser espantoso tomaron
formas más nítidas, pero Terremoto pudo reaccionar disparando a toda
velocidad.
— ¡Ven para acá mocoso de porquería!— alcanzó a escuchar que
gritaba la cabeza de humo— ¡Maleducado, malcriado! ¡Qué tienes que
andar molestando, atorrante!
Desde entonces no pudo pensar en otra cosa y al día siguienteen la
escuela, durante la clase, mandó un papelito a Ramón Rengueira, su
amigo, cuyo apellido verdadero era Venteira pero a causa de ciertas
irregularidades en su caminar, los amigos lo llamaban así. En el
papelito Terremoto le explicaba su hallazgo y lo invitaba a ir juntos
por la tarde al basural.#######
Hay que decir que Ramón era más inteligente que un japonés-alemán:
pese a sus nueve años conocíatodas las calles de Buenos Aires y sin
utilizar fichas sabía llamar por telediscado a su papá que trabajaba de
policía en el Chaco. Eso sí, era débil como una lombriz resfriada.
Por la tarde, mientras se encaminaban hacia el basural. Terremoto
propuso ir juntando piedras en el camino.
—¡Pero si el viejo es de humo, qué le van a hacer las piedras! —
objetó Ramón Rengueira—. Más vale llevar unextractor de aire.
—¿Qué es un extractor de aire? —quiso saber Terremoto.
—Un aparato que sirve para chupar humo. Lo tienen en la casa donde
limpia mi vieja.
—¿Y para qué quieren chupar humo? ¿Son locos? ¿Por qué no chupan
vino mejor?
—Lo que sí tenemos que conseguir es una caña larga para agarrar la
tetera desde lejos— dijo Rengueira.
Rodearon el sector donde la tarde anterior Terremoto habíaencontrado
la tetera. Por suerte, la demás gente que se encontraba en el basural
estaba bastante lejos del sitio donde debían buscar ellos. Pero después
de recorrer una y otra vez el lugar, no hallaron nada: algún camión
había tirado más basura en el lugar dejando cubierta la tetera.
Tuvieron que remover todo, tapándose la nariz porque la basura nueva
es la peor. Hasta que Terremoto gritó:—¡Acá, acá!
El miedo que les produjo la visión de la tetera hizo que tardaran varios
minutos en acercarse. Por fin la engancharon por el asa con un largo
palo y la mantuvieron en observación varios minutos sin que ocurriera
nada raro. Tampoco pasó nada cuando se cayó el palo.
—¿Será la misma? —preguntó Rengueira.
—Sí —contestó temblequeante Terremoto —. Lo que pasa es que ayer
hizo lo del humo cuandola froté con la manga del pullover.
—Dale, haz lo que hiciste ayer — agregó Rengueira.
—Yo se lo hago, a mí que me importa —dijo Terremoto, no muy
seguro. Sin embargo, cuando estuvo al lado de la tetera sus dedos se
resistían como si en verdad fuera una brasa encendida.
—¡Dale, dale! —lo animó “valientemente” su amiguito alejándose a
quince o veinte metros.