LITERATURA RENACENTISTA
En el Renacimiento, se produjo la definitiva asimilación de las formas literarias y
las modas culturales procedentes de Italia. Hubo una especial preocupación por
el cuidado y la simplicidad de las formas, la selección de los contenidos (se
retomaron los mitos clásicos), la claridad en las ideas y la belleza del léxico. Aun
así, no se olvidó la tradición autóctona y se afirmó todo lo español. En el siglo
XVI se recopilaron e imprimieron los romances de carácter popular, que se
habían puesto de moda en la corte de los Reyes Católicos.
POESÍA: GARCILASO DE LA VEGA
La poesía siguió los dos modelos centrales de todo el Renacimiento europeo:
Petrarca y Horacio. Se comenzaron a utilizar las métricas italianas: sonetos,
canciones, elegías, epístolas, églogas, poemas narrativos...
En la primera mitad del siglo XVI, Garcilaso de la Vega (Toledo, 1501 - Niza,
1536) representó el ideal de hombre renacentista. Fue poeta-soldado, como
Jorge Manrique; fue cortesano de confianza y servidor de Carlos V, y luchó junto
a él en numerosas batallas; pasó varios años en Italia, donde se impregnó de la
cultura renacentista; y profesó amor a varias mujeres, casi todas casadas, que
inspiraron en él la mayor parte de sus versos.
Su obra es breve, pero presenta una gran variedad de formas poéticas: cuarenta
sonetos, cinco canciones, dos elegías, una epístola, tres églogas y algunos
villancicos y poemas latinos. Trata diversos temas en sus poemas, con
predominio del sentimiento amoroso impregnado de melancolía y dominado por
la fatalidad y el dolor. El paisaje y la naturaleza se representan estilizados,
idealizados, con una serena belleza. Los temas que utiliza están extraídos en
muchas ocasiones de su entorno más cercano: el Tajo, el Danubio, sus amores
fracasados con Isabel Freire (Elisa en las églogas I y III)...
Su lenguaje natural y elegante le proporciona una expresión muy elaborada que
se nos presenta de forma sencilla, espontánea y clara. En su lenguaje poético
utiliza recursos como los epítetos (“el cristalino Tajo”, “el blanco lirio”, “el dulce
lamentar”), las anáforas, las metáforas y los paralelismos.
LITERATURA RELIGIOSA. FRAY LUIS DE LEÓN, SAN JUAN DE LA CRUZ Y
SANTA TERESA DE JESÚS
Durante el siglo XVI, surgieron en la literatura española, tanto en prosa como en
verso, dos manifestaciones de la vida religiosa que buscaban el camino de la
perfección espiritual: la ascética y la mística. La ascética buscaba este camino
de elevación moral a través de la oración, la penitencia y las meditaciones
alejadas de los placeres mundanos. La mística partió de la ascética y aspiraba a
lograr un estado de perfección durante el cual algunas almas llegan a alcanzar
la unión íntima con Dios.
Fray Luis de León (Belmonte, Cuenca, 1527 - Ávila, 1591) es la figura más
representativa del segundo período del Renacimiento, en el que se produce la
síntesis del espíritu renacentista (cultura clásica grecolatina) con la tradición
religiosa cristiana.
Fue monje agustino y catedrático de teología de la Universidad de Salamanca.
Perseguido por la Inquisición por su ascendencia judía, fue encarcelado durante
cinco años y declarado inocente posteriormente.
Su obra es extensa, tanto en latín como en castellano. Podemos destacar:
Traducciones de obras clásicas y bíblicas.
Obra poética: Vida retirada, A Francisco de Salinas, Noche serena...
Obra en prosa: De los nombres de Cristo, La perfecta casada...
Su obra en verso, considerada su más valiosa creación, no se publicó en vida
del autor: sería Francisco de Quevedo quien la publicara en 1631. Sus poemas
expresan sus anhelos de paz y armonía, en contraste con su tempestuosa vida,
especialmente la composición Oda a la vida retirada
Juan de Yepes y Álvarez (Fontiveros, Ávila, 1515 - Úbeda, Jaén, 1591), conocido
como San Juan de la Cruz, de origen humilde, ingresó muy joven en la orden
del Carmelo. El encuentro con santa Teresa de Jesús le impulsó a reformar esta
orden y sufrió prisión por dicho motivo.
Expresó de forma literaria la unión con Dios como una relación amorosa cargada
de erotismo, en la cual el alma es la amada que busca a Cristo, su amado. Utilizó
símbolos, metáforas y toda clase de imágenes en las que domina lo irracional, lo
intuitivo propio del arrebato místico. En su lenguaje predomina el sustantivo, y el
léxico recoge tanto palabras populares y rústicas como cultas. Su producción es
muy escasa: además de algunos poemas de corte tradicional escribió sólo tres
grandes poemas místicos: Cántico espiritual (una versión del Cantar de los
cantares), Noche oscura del alma y Llama de amor viva.
Teresa de Cepeda y Ahumada (Ávila, 1515 - Alba de Tormes, Salamanca, 1582),
conocida como Santa Teresa de Jesús (o de Ávila), ingresó muy joven en la
orden del Carmelo, donde emprendió una labor reformadora de la orden que
modificó las reglas por las que se regían las monjas para que éstas tuvieran una
vida más ascética. Esta labor le acarreó muchos sinsabores e hizo que fuera
perseguida por la Inquisición pero logró salir adelante y fundó numerosos
conventos en Castilla y Andalucía.
Su obra literaria nació para exponer su doctrina mística a las hermanas de su
orden e inculcarles el amor, la caridad y la limpieza del alma. Santa Teresa se
expresaba con la máxima sencillez y naturalidad, utilizando un lenguaje emotivo.
Su afán didáctico la llevaba a emplear expresiones y palabras coloquiales,
metáforas y comparaciones sencillas. Dentro de este tipo de obras destaca Las
moradas o Castillo interior.