Regulación fisiológica del control del peso corporal
Los cambios en el peso corporal pueden ocurrir a través de la alteración de varias variables, incluyendo:
1) La cantidad y el tipo de alimento ingerido;
2) El control central de la saciedad (La saciedad es una respuesta compleja a la ingesta de alimentos que tienen
componentes mecánicos, neurales y hormonales)
3) El control hormonal de la asimilación o almacenamiento;
4) La actividad física o velocidad metabólica.
a. Sistema Periférico o Aferente: genera señales de varias localizaciones, incluye:
- señales agudas o a corto plazo: Insulina (desde el páncreas), grelina (desde el estómago) y péptido YY (producido
desde el íleon y el colon).
El mecanismo principal mediante el cual se regulan la ingesta de alimentos a corto plazo y la saciedad es la
comunicación por medio del “eje intestino-cerebro”. este eje utiliza dos vías principales de comunicación, Las
neuronales (las fibras vagales aferentes) y los componentes hormonales.
Por ende, sentimos la sensación de plenitud en respuesta a la distensión mecánica del estómago, que liberan las vías
neurales aferentes hacia el hipotálamo, o a través de los centros del tronco cerebral (por ejemplo, el núcleo del tracto
solitario).
En el caso de las hormonas, estas se secretan en respuesta a la ingestión y absorción de alimentos y tienen efectos
directos sobre el hipotálamo para inducir la saciedad.
Estas señales hormonales incluyen principalmente señales de saciedad anorexigénicas (son señales que envían al
cerebro la señal de que el cuerpo está lleno y que no necesita más alimentos), como el péptido-1 similar al glucagón
(GLP-1), que se librean en el intestino y afectan directamente la movilidad y la función gastrointestinal, pero también
van a estimular la señalización neural gastrointestinal hacia el hipotalamo.
La unica señal orexigénica conocida que surge el intestino es la hormona peptídica ghrelina, sugiriendo que la
saciedad está regulada por el sistema gastrointestinal con mayor profusión que el hambre.
Parte A
La parte A de la imagen muestra los centros superiores del cerebro, que son responsables de la regulación del apetito y la ingesta
de alimentos. Estos centros incluyen el hipotálamo, el núcleo supraóptico (NSO) y el núcleo arcuato (NA).
El hipotálamo es una pequeña glándula en el cerebro que controla una variedad de funciones corporales, incluyendo
el apetito, la ingesta de alimentos, la temperatura corporal y la respuesta al estrés.
El NSO es una región del hipotálamo que produce la hormona leptina, que ayuda a regular el apetito.
El NA es una región del hipotálamo que produce las hormonas orexinas, que estimulan el apetito.
Parte B
La parte B de la imagen muestra la señalización entre los centros superiores del cerebro y el tejido adiposo, el tubo digestivo y el
páncreas.
El tejido adiposo produce la hormona grelina, que estimula el apetito.
El tubo digestivo produce las hormonas colecistoquinina (CKK), péptido YY (PYY) y glucagon-like peptide-1 (GLP-
1), que inhiben el apetito.
El páncreas produce la hormona insulina, que también ayuda a inhibir el apetito.
Explicación de la parte B
La parte B de la imagen muestra cómo los centros superiores del cerebro reciben señales de los órganos y tejidos periféricos para
regular el apetito.
El tejido adiposo produce grelina, que estimula el apetito. La grelina se libera del tejido adiposo cuando la energía
almacenada es baja. Esto envía una señal al cerebro de que el cuerpo necesita más energía.
El tubo digestivo produce CKK, PYY y GLP-1, que inhiben el apetito. Estas hormonas se liberan después de comer y
ayudan a regular la cantidad de alimentos que se consumen.
El páncreas produce insulina, que también ayuda a inhibir el apetito. La insulina se libera después de comer y ayuda a
transportar la glucosa de la sangre a las células. Esto reduce los niveles de glucosa en sangre, lo que p uede ayudar a
suprimir el apetito.
En la obesidad, el tejido adiposo puede producir más grelina de lo normal. Esto puede conducir a un aumento del
apetito y un aumento de la ingesta de alimentos.
En la obesidad, el tubo digestivo puede producir menos CKK, PYY y GLP-1 de lo normal. Esto puede conducir a una
disminución de la saciedad y un aumento de la ingesta de alimentos.
En la obesidad, el páncreas puede producir más insulina de lo normal. Esto puede conducir a una resistencia a la
insulina, lo que puede conducir a un aumento del apetito y un aumento de la ingesta de alimentos.
- señales crónicas o a largo plazo: leptina y adiponectina. Producidas por los adipocitos.
Ahora, la regulación a largo plazo va a estar influenciada por el grado de obesidad. Debido a que las células grasas
segregan la hormona leptina en proporción a la cantidad de triglicéridos que almacenan. Por lo que, a largo plazo, una
ingesta excesiva de calorías, que es resultado de un aumento de la deposición de grasas, provoca un aumento de la
secreción de leptina.
Cuando las reservas de grasa se agotan, la señal del adipostato es baja y el hipotálamo responde con el estímulo del
hambre y la disminución del gasto energético para conservar la energía. Por el contrario, cuando las reservas de grasa
son abundantes, la señal se intensifica y el hipotálamo responde con disminución del hambre y aumento del gasto
energético. El descubrimiento reciente del gen ob y su producto leptina, y del gen db, cuyo producto es el receptor
para leptina, proporciona elementos importantes de una base molecular para este concepto fisiológico.
La leptina es secretada por las células adiposas y actúa sobre todo a través del hipotálamo. Su nivel de producción
proporciona un índice de las reservas energéticas adiposas. Las concentraciones altas de leptina disminuyen la
ingestión de alimento y aumentan el gasto energético.
La leptina llega al cerebro a través de la barrera hematoencefálica (ya que es una pequeña proteína la atraviesa
facilmente), una vez que la leptina llega al cerebro, actúa sobre el hipotálamo (región donde se controla el apetito, el
gasto energético y la función neuroendocrina).
La leptina se une a los receptores de leptina en el hipotálamo. Cuando los receptores de leptina están activados, envían
señales al cerebro para reducir el apetito y aumentar el gasto energético.
En el estado alimentado, los niveles de leptina son altos. Esto se debe a que los adipocitos liberan más leptina cuando
están llenos de grasa.
En el estado en ayunas, los niveles de leptina disminuyen. Esto se debe a que los adipocitos liberan menos leptina
cuando están vacíos. La leptina baja envía señales al cerebro para aumentar el apetito y reducir el gasto energético.
En gran parte de los humanos obesos se observan niveles de leptina excesivos en lugar de deficientes, por lo que, la
forma más común de obesidad humana implica la resistencia a la leptina frente a los altos niveles de leptina endógena,
en lugar de la secreción defectuosa de leptina como se observa en ratones ob/ob. Un modelo animal l para esta
condición es el ratón obeso db/db, en el que hay un receptor de leptina defectuoso. Una variedad de mecanismos,
incluida la señalización disminuida a través del receptor de leptina, y el transporte disminuido a través de la barrera
hematoencefálica, podrían explicar la resistencia a la leptina en diferentes individuos.
b. Núcleo arciforme del hipotálamo: procesa las señales periféricas y genera señales nuevas que son transmitidas por
dos subgrupos de neuronas:
a) Neuronas POMC (proopiomelanocortina) y CART (producto de la transcripción regulado por cocaína y
anfetamina). Vía catabólica.
b) Neuronas NPY (neuropéptido Y) y AgRP (péptido relacionado con la proteína Agouti). Vía anabólica.
c. Sistema Eferente: consiste en neuronas hipotalámicas reguladas por el núcleo arciforme. Las señales eferentes se
comunican con centros del prosencéfalo y mesencéfalo que controlan el sistema nervioso autónomo. Se organiza en
dos vías:
- Vía catabólica: las neuronas POMC y CART activan neuronas eferentes que potencian el gasto energético y la
pérdida de peso, a través de la producción de hormona estimulante de los α-melanocitos (MSH) anorexígena y la
activación de los receptores de melanocortina 3 y 4 (MC3/4R) en las neuronas de segundo orden. Estas neuronas
secundarias producen factores como la TSH (hormona estimulante del tiroides) y CRH (hormona liberadora de
corticotropina) que aumentan el metabolismo.
- Vía anabólica: las neuronas NPY y AgRP activan neuronas eferentes que fomentan la ingesta de alimentos y el
aumento de peso a través de la activación de los receptores Y1/5 en las neuronas secundarias. Estas neuronas
secundarias liberan factores como la MCH (hormona concentradora de melanina) y la orexina que estimulan el
apetito. La leptina producida en el tejido adiposo, tiene un papel fundamental en el balance energético. Está regulada
por la cantidad de depósitos adiposos, de forma que envía al cerebro la señal que induce la activación directa de las
neuronas anorexígenas (POMC/CART) y bloquea la actividad de las neuronas orexígenas (NPY/AgRP).
En el sistema hipotalámico POMC, las mutaciónes en el gen MC4R,o en las proteasas de procesamiento del POMC,
da como resultado una reducción de los niveles de la MSH, cunduciendo a la obesidad infantil severa. Por ende, todas
las mutaciónes dentro de este sistema da como resultado una señalización disminuida a través del MC4R, y por tanto,
un aumento en la ingesta de alimentos.
Una hipótesis sobre la obesidad que aparece durante la edad adulta, es que se debe a un aumento de las células grasas
individuales (hipertrofia) en lugar de un aumento en el número de células grasa (hiperplasia). Siendo la obesidad por
hipertrofia mas facil de controlar que la causada por hiperplasia. Esto por las señales de retroalimentación en respuesta
al grado de hipertrofia de las células grasas que son importantes para el “lipostato” hipotalámico.
Ademas, “donde” se deposita la grasa es más importante que “cuanto” se deposita. Por lo que, la obesidad visceral o
central (grasa omental en la distribución del flujo sanguíne que drena la vena porta), parece ser mucho más importante
como factor de riesgo para la morbilidad y mortalidad relacionada con la obesidad subcutánea (ginecoide, parte
inferior del cuerpo) o periférica.
La grasa visceral es más sensible a las catecolaminas y menos sensible a la insulina, siendo un marcador de resistencia
a la insulina. Se ha observado que las personas obesas que realizan actividad física vigorosa y cuya obesidad se debe
en gran parte a la ingesta calórica alta (luchadores de sumo) tienen grasa subcutánea en lugar de visceral, y no
muestran una resistencia a la insulina sustancialmente mayor. Pero en contraste, la obesidad asociada a sedentarismo
es en gran parte visceral y se asocia a mayor grado de resistencia a la insulina en pacientes con y sin diagnóstico de
Diabetes mellitus.
Los factores psicológicos también hacen una importante contribución al desarrollo de la obesidad. Por ejemplo, los
individuos obesos parecen regular su deseo de comida al depender más de señales externas (p. ej., la hora del día, el
atractivo de la comida) en lugar de señales endógenas (p. ej., sentirse hambriento).
Por último, existe un gran interés en el desarrollo de fármacos que alteren estas vías (p. ej., el neuropéptido Y, y los
antagonistas endocanabinoides) de manera que promuevan la pérdida de peso como tratamiento para la obesidad. Por
el contrario, los agonistas endocanabinoides se utilizan para promover el apetito, y el aumento de peso, en el contexto
del síndrome de desgaste severo
Jet lag y obesidad
Los ritmos circadianos son parte innata de nuestras vidas, donde el funcionamiento correcto de estos ritmos
circadianos endógenos permite a los organismos predecir y anticiparse a los cambios medioambiantales, ási como
adaptar temporalmente sus funciones conductales y fisoilógicas a estos cambios.
Un ejemplo Alegórico sería el que sucede en una orquesta sinfónica, la orquesta circadiana está organizada de forma
jerárquica, siendo el director, el núcleo supraquiasmático del hipotálamo (NSQ). Y cada neurona del NSQ presenta un
reloj circadiano molecular, que cuando se aísla del organismo y se cultiva “in vitro” es capaz de mantener una
activación rítmica de casi 24 hrs en la tasa de “activación” de las neuronas y esta ritmicidad circadiana es capaz de
mantenerse en cultivo durante varios días. Además, algunas señales ambientales que presentan un período de
aproximadamente 24 h son capaces de sincronizar la fase y período del NSQ. Entre estos sincronizadores externos del
reloj circadiano se encuentra el ciclo circadiano de luz-oscuridad, que se considera el sincronizador principal del NSQ,
junto con los horarios de comida, el ejercicio programado y la vida social que son también sincronizadores
importantes de este reloj central
En la orquesta circadiana, los diferentes ritmos son el resultado de la actividad rítmica de los órganos y sistemas
fisiológicos que están a su vez impulsados por el marcapasos central, es decir por el NSQ. Así, los picos de
melatonina durante la noche se producen en respuesta a la activación nocturna por el NSQ de la AANAT
(arilalquilamina N-acetiltransferasa), enzima limitante en la glándula pineal. En lo que se refiere al pico de cortisol,
éste debe ocurrir en la mañana en respuesta a la activación suprarrenal por la ACTH (hormona adrenocorticotrópica),
que a su vez está bajo el control del NSQ. Otro ejemplo es la temperatura corporal, que debe aumentar durante el día.
Para mantener la sincronización, el NSQ utiliza la vía neural, a través de la activación selectiva del simpático y del
parasimpático y de algunos mediadores humorales tales como la melatonina, proquinetiquina2, TGF alfa (facto de
crecimiento transformante alfa).
Pero cuando hay alteración se le denomina “cronodisrupción”, esto implica ritmos desincronizados que pueden tener
efectos adversos para la salud. Existen situaciones que dan lugar a la cronodisrupción como los hábitos sociales
actuales, tales como la reducción del tiempo de sueño, la irregularidad interdaria del sueño-vigilia caudado por el jet-
lag, el trabajo por turnos, el aumento de la exposición a la luz brillante durante la noche, o el elevado consumo de
“snack”, son factores que actúan sobre el cerebro induciendo a una pérdida de la “percepción” de los ritmos internos
externos, y van a estar relacionados con la obesidad.
1) Se ha demostrado que la deficiencia de luz, un espectro por debajo del óptimo o una intensidad insuficiente,
puede tener implicaciones médicas asociadas a la CD. El horario de las comidas se considera también uno de los
sincronizadores externos más importantes. Así, un horario de comidas inusual puede contribuir a la aparición de
CD. Por ejemplo, los sujetos con estilo de vida nocturna, que se caracterizan por despertarse tarde por la mañana,
saltarse el desayuno y cenar también tarde, parecen presentar hiperglucemia durante la noche, y concentraciones
reducidas de leptina y melatonina nocturnas. Por lo tanto, la vida nocturna es probablemente uno de los factores
de riesgo para la salud de la vida moderna, incluyendo el síndrome de comedor nocturno, obesidad y diabetes.
2) El jet-lag y el trabajo a turnos pueden inducir CD como consecuencia de la desincronización entre los ritmos del
NSQ y los producidos por los tejidos periféricos. La CD también se puede producir por una alteración de la
maquinaria molecular del reloj central, como es el caso de la alteración en el gen Clock en ratones mutados que
se asocia con obesidad, o por ejemplo alteraciones en el gen Bmal1 que se han relacionado con envejecimiento, o
en Per2 asociadas con diversos cánceres y alteraciones psicológicas.
3) El tercer elemento que puede ser causa de CD son las alteraciones en las salidas del sistema circadiano. Entre
estas salidas son frecuentes con la edad las alteraciones en los ritmos circadianos de melatonina, hormona que
actúa como “la noche química”. Así mismo son habituales las alteraciones en los ritmos circadianos de cortisol
como consecuencia del estrés que caracteriza la sociedad moderna. Ambas situaciones son propias de la
cronodisrupción y se asocian con la obesidad y con el síndrome metabólico
El jet lag es un desfase de horario temporal, que afecta el ritmo circadiano natural.
Provoca una desincronización entre los ritmos circadianos del cuerpo, lo que altera la regulación del apetito y el
metabolismo. Los patrones de alimentación irregular, la resistencia a la insulina aumentada y la perturbación del sueño
pueden llevar a la ganancia de peso y al riesgo de obesidad