El inicio del fin
Capítulo 1: Sombríos recuerdos
Martín: Siguen vivos aquellos momentos en donde mi decadencia empezaba, y
los sollozos que mi madre reprimía para que no viera su dolor, después de todo
era tan solo un niño, que en aquel entonces no entendía su realidad.
(*Actuación*)
Martín:(*juega con sus juguetes en el sofá*) mientras jugaba con mis juguetes,
se podían escuchar algunos gritos en la parte de la cocina, decidí ignorarlos
puesto que ya me eran costumbre. . .
Joel (padre) :(*agarra del cabello a Amelia*) ¡Ya te dije que te dejes de
rebeldías!, Amelia lo único que haces es enfurecerme.
Amelia (madre): (*súplica de dolor*): ¡Joel, déjame!, ¡Suéltame de una vez, me
andas lastimando!
Joel (padre): Si fueras tan solo un poco más inteligente, sabrías que tú único
deber es hacer los deberes del hogar.
Amelia (madre): (*se suelta del agarre*) ¡Detente!, por mucho tiempo me
metiste ideas de que debía ser así y dedicarme solo al hogar, pero ya no
seguiré lo que tú me digas.
Joel (padre): ¡Maldita mujer! , (*Le da uno bofetada*) ahora planeas rebelarte
ante mí, no me hagas reír. Mejor abre los ojos y mira tú realidad en vez de
estar soñando.
Amelia (madre): ¡Te equivocaste antes y te equivocas ahora!, podrás creer
que tienes la razón, pero lo que piensas será tu mayor perdición.
(*Siguen peleando*)
Tan solo me atiné a mirarlos desconcertado, no entendía el porqué de los
gritos, lo único que pude decir ante mi confusión fue:
Martín: ¿Qué es rebelarse, mamá?-pregunte todo desconcertado
Al notar mi mamá mi presencia, se volteó de inmediato, no entendía lo que
pasaba pero un mal presentimiento, me dijo que no acabaría bien. .-.
Amelia (madre): Hijo, que ha-
No escuché bien lo que iba a decir mi madre, ya que detrás de ella vi mi mayor
terror. . .
(*Muestran escena*)
(*El padre agarró un cuchillo y apuñala a la madre)
Martín: ¡MAMÁ! ¡CUIDADO!-(grité con desesperación) ante un intento en vano
de apartar de mi madre de aquel horrible destino sin embargo mis ojos se
abrieron en sorpresa ante lo que vi
Amelia (madre): Lo sie- (*se desvanece*)
Joel (padre): No que tan valiente eras, ahora ven y repíteme todas tus
estupideces a la cara (*tono burlón*), para que veas que no soy tan
desgraciado te dejaré despedirte de este mocoso. (*Se va*)
Me quedé perplejo ante tal escena, no encontraba las palabras para describir lo
que sentía si desesperación al ver que mi madre se desangraba, u odio hacia
mi padre todo era tan confuso. . .
Martín: Madre, ¿qué te ocurre?, ¿qué está pasando? (*le tomé la mano*)
Amelia (madre): (*agonizando*) Hi- hijo. . . tranquilo. . .Prométeme. . . que
estarás a salvo, y no seguirás el ejemplo de tu padre.
Martín: Mamá pe-
Amelia (madre): por favor hijo prométemelo (*Agonizando*)
Martín: Está bien madre lo prometo (*triste*)
Amelia (madre): Ahora ve y escapa. . ., no preguntes. . . porque es una. . .
orden
Martín: Per-. . . está bien madre (*sollozos*)
Con mis lágrimas en mis ojos aguantándome el llanto decidí escapar del lugar,
pero una parte de mí había muerto ahí, sin embargo daba inicio a la desgracia
de mi futuro.
Martín: Entre tanto ya ha pasado el tiempo, recuerdo esos días agotadores en
la industria azucarera. Era solo un engranaje más en la maquinaria implacable
que me explotaban sin piedad. Mi jefe, Víctor, un hombre sin escrúpulos, se
aprovechaba de mi necesidad de trabajo y me asignaba tareas imposibles, sin
importarle mi bienestar.
Víctor (jefe): ¿Qué tanto te demoras, Martín?, apúrate a menos que quieras
irte tarde a tu casa y de paso antes que te vayas cierras la fábrica.
Martín: Pero jefe, hoy es el cumpleaños de mi esposa
Víctor (jefe): No me importa o acaso, ella va a sustentar los gastos del hogar.
Decidí guardar silencio, aunque la impotencia de no poder hacer nada me
ganaba.
Víctor (jefe): Eso pensé, hasta mañana Martín (*se va*)
Martin: Hasta luego, jefe
Martín:(*murmura*) No veo la hora de abandonar este trabajo, pero quien se
cree esta escoria para venir y tratarme como basura, pero ni crea que se va
quedar así me va pagar cada uno de sus maltratos.
Martín: Miraba como a través de esa puerta, ese imbécil se iba dejándome
todo a mí. Fue en este ambiente desesperanzador que conocí a Juan, otro
trabajador en la fábrica. Aunque compartimos la carga de trabajo opresiva y las
largas horas, Juan siempre tenía una sonrisa en su rostro y una chispa en sus
ojos.
Juan (amigo): ¡Martín! Sé que este lugar es sombrío, pero hay algo más en la
vida que esta fábrica. Hay historias de nuestra ciudad, de Lima, que aún no
conoces. Leyendas y misterios que nos rodean.
Juan solo se mantenía sonriente, diciendo cosas que a la vez me daban una
sensación de extrañeza, como un hombre que, a pesar de cómo lo trata la vida,
sigue dando una sonrisa…
Mientras divagaba en mis pensamientos, al escuchar el claxon de los carros
salí de mi fantasía y decidí mejor tomar un taxi.
Taxista: ¿Qué tal tu día caballero?
Martin: Ahí… tratando de lidiar con mi trabajo de porquería (diciendo con
gestos de impotencia)
Taxista: Oh… ¿Y todo bien en casa?
Martín: No puede ir peor, mi esposa…ha tenido últimamente gestos de no
querer ser solo alguien que ayuda en la casa
Taxista: ¡Ay, cuando no las mujeres queriendo sobresalir! ¿Acaso no
entienden que su labor es estar en la casa, atendiéndonos? El hombre es el
jefe de la familia, o acaso tanto te esfuerzas en tu trabajo para que no te sirva
en el hogar.
Martín: Me quedé pensando por un breve momento en los comentarios del
taxista.
Termina el día, después de tanto trabajo, siento el cuerpo pesado, sin embargo
con ánimos de volver con mi amada esposa, pese a los problemas la sigo
amando pero mientras regreso tomando un taxi, pienso en mi realidad y en que
no soy suficiente para ella. . .
Martín: ¿Por qué sigue aquí?, ¿Por qué sigo a su lado, sabiendo cuánto daño
le he causado? (murmuró en voz baja)
Un freno interrumpe mis pensamientos, miro por la ventana el lugar al que
llamo hogar, o lo que alguna vez pude haber visto con buenos ojos, ahora solo
es un lugar que, solo me da temor por lo que pueda llegar a pasar
Martín: Gracias señor...
Taxista: Hasta luego caballero, y piénselo bien, no deje que su mujer se le
imponga.
Llegó a la puerta y suspiro para poder sacar mi mejor cara por ella.
Abro la puerta y trato de entrar sin hacer ruido, la veo de espaldas y no puedo
evitar sonreír al mirarla.
Martín: Hola…cariño (*murmuré en voz baja mientras me acercaba hacia ella*)
No recibí respuesta así que trate de darle un abrazo, pero me acobarde y me
fui a la sala, llegó a sentir unos ojos mirándome no llegan a ser de odio, solo de
tristeza, traté de mantenerme sereno y comprensivo ante la situación, que mis
problemas no me sean con ella. Llegó a la mesa, trato de ayudarla.
Martín: Déjame ayudarte a poner la mesa cariño…
Dije tratando de sonar alegre pero solo llegó a recibir indiferencia, pongo los
cubiertos y me siento en un extremo y ella en el otro, estoy tan cerca y tan lejos
de ella.
Me sentí confuso y molesto por la indiferencia sintiéndome mal al no poder
hablar con ella, decidí hacer mi último intento mientras la miraba con su
sonrisa.
Martín: Cariño… ¿cómo estuvo tu día? , ¿Fuiste a ver a tu madre?
Cecilia: Qué raro que me preguntes por ella, ¿no te caía mal mi madre?
(Murmuró directamente como si estuviera tratando de atacarme)
Martín: No… ¡no me cae mal tu madre! ¡No sé por qué supones eso! ¡Acaso
ella te lo dijo o estuvo metiendo ideas locas en tu cabeza de nuevo! (Dije ya
algo molesto por la situación)
Cecilia: ¡Mi madre solo quiere mi bien! ¡Deja de acusarla de esa manera!
Desde ya te desconozco…
Al decir eso algo se quebró dentro de mí un sentimiento de furia crecía, no
quería desquitarme con ella pero me estaba haciendo perder la paciencia poco
a poco
Alcé mi taza y la tiré hacia la pared con ira mientras la miraba con enojo.
Martín: Se me fue el apetito…iré a dormir buenas noches.