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Psicoanálisis Infantil según Anna Freud

Este documento presenta varios casos de niños que fueron sometidos a análisis por Anna Freud. Describe cómo logró establecer las condiciones necesarias como la conciencia de enfermedad y la voluntad de curarse en los niños a través de diferentes estrategias como personificar los síntomas o establecer una escisión de la personalidad.
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Psicoanálisis Infantil según Anna Freud

Este documento presenta varios casos de niños que fueron sometidos a análisis por Anna Freud. Describe cómo logró establecer las condiciones necesarias como la conciencia de enfermedad y la voluntad de curarse en los niños a través de diferentes estrategias como personificar los síntomas o establecer una escisión de la personalidad.
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UNIDAD 1: INTRODUCCIÓN

FREUD, ANNA - PSICOANÁLISIS DEL NIÑO

PRIMERA CONFERENCIA: LA INICIACIÓN DEL ANALISIS DEL NIÑO

JUICIO SOBRE LA TÉCNICA DEL ANÁLISIS DEL NIÑO: En qué casos conviene emprenderlo, y en cuáles es
mejor desistir:
Klein sostiene que toda perturbación del desarrollo, anímico o mental del niño podría ser eliminada o mejorada por el
análisis; que tiene grandes ventajas para el desarrollo del niño normal y que con el tiempo se llegará a convertir en un
complemento indispensable de la educación moderna. La mayoría de los analistas vieneses opinan que el análisis del niño
sólo se justifica frente a una verdadera neurosis infantil.
Anna Freud considera que el análisis de niños es posible que necesite ciertos cambios y modificaciones o que sólo sea
aplicable con determinadas medidas de precaución, a veces convendrá contraindicarlo.

El adulto es un ser maduro e independiente; el niño, un ser inmaduro y dependiente. El método no puede ser el mismo.

La actitud que adopta el niño al iniciar la labor analítica. EN EL ADULTO: se da la situación ideal para el
tratamiento, de que el paciente establezca con el analista una alianza espontánea contra una parte de su propia vida
psíquica.
En el CASO DEL NIÑO no encontramos tales circunstancias. La decisión de analizarse nunca parte del pequeño paciente,
sino de un adulto. No tendría posibilidad de emitir juicio, el analista es un extraño, y el análisis una cosa desconocida.
Falta todo lo que consideramos indispensable en la del adulto: la conciencia de enfermedad, la resolución
espontánea y la voluntad de curarse.
A. Freud considera que vale la pena tratar de alcanzar la situación favorable que demostró ser tan conveniente para el
análisis del adulto; cree oportuno averiguar si no existe algún camino para establecer las disposiciones y aptitudes que le
faltan.

CASOS DE ANNA FREUD


NIÑOS DE 6 A 11 AÑOS DE EDAD. Demuestro como logré hacer “analizables” a mis pacientes; como pude establecer
en ellos la conciencia de su enfermedad, infundir la confianza en el análisis y en el analista, y convertir en interior la
decisión exterior de analizarse. En el análisis del niño se exige un período de introducción; en esta fase no se hacen
conscientes los procesos inconscientes, ni en ejercer influencia analítica sobre el enfermo. Período de "entrenamiento".

CASO NIÑA DE 6 AÑOS: Debía aclarar si su naturaleza difícil, ensimismada y taciturna era una consecuencia del
insuficiente desarrollo intelectual, o si era una niña inhibida y soñadora. Comprobé que sufría una neurosis obsesiva grave
y definida para su edad, conservando una gran inteligencia y lógica. La iniciación del análisis fue muy simple. En la
entrevista le pregunté si me la habían mandado por qué motivo, a lo que respondió: "Tengo un demonio dentro de mí.
¿Puedes sacármelo?". Le contesté que era posible, aunque difícil; que debía hacer muchas cosas que no le gustarían: "Si me
dices que es la única manera de conseguirlo, me conformo." Con esto se había resuelto espontáneamente a respetar la
regla fundamental analítica, condición que en el adulto basta para iniciar el análisis. La niña también comprendía el
problema del tiempo necesario para el tratamiento. Le expliqué el gran número de horas necesarias para curarla
mostrándole. La gravedad de la neurosis facilitó la labor analítica.

CASO NIÑA DE CASI 11 AÑOS: no podía pensarse en la existencia de una neurosis. Su educación generaba dificultades
en la familia. Las condiciones económicas del hogar eran poco favorables. El padre era débil e indiferente, la madre,
fallecida algunos años atrás, y la relación con la madrastra y hermanastro menor se veía perturbada. La niña cometía
numerosos robos y una ininterrumpida sucesión de graves mentiras y engaños. La madrastra recurrió a análisis por
consejo médico. El acuerdo analítico fue simple: "Tus padres no saben qué hacer contigo, con la sola ayuda de ellos nunca
te librarás de las constantes escenas y rencillas. ¿Por qué no pruebas una vez con una persona extraña?". Me aceptó en
calidad de aliada contra los padres. Fue fácil crear las precondiciones para iniciar un análisis: la conciencia del sufrimiento,
la confianza y la resolución de analizarse.

CASO NIÑO DE 10 AÑOS: ingresa aquejado por una confusa combinación de múltiples temores, nerviosidades, engaños
y perversiones infantiles. Durante los últimos años había cometido un robo grave y varios de menor cuantía. El conflicto

1
con los padres no era franco y consciente. A primera vista no podía advertirse que comprendiera su estado o que quisiera
modificarlo. Su actitud frente a mí era de pleno rechazo y desconfianza. En este caso no podía aliarme con su yo
consciente, contra una parte divorciada de su personalidad. El camino a seguir debía ser más difícil e indirecto, tratando
de ganar la confianza. Si él venía a la sesión con alegre, yo también estaba dispuesta a bromas; si venía deprimido, me
conducía de idéntica manera.

En las conversaciones me conducía adaptándome a todos sus intereses y deseos, sin pedagogía. Sólo perseguía el
propósito inmediato de atraerme todo el interés del niño, y aprovechaba la ocasión de averiguar muchas cosas sobre sus
tendencias e inclinaciones más superficiales. Al cabo de cierto tiempo, me mostré dispuesta a ayudarle en la anotación de
los cuentos que había creado. La redacción me permitió conocer sus amistades y su actividad imaginativa. Así, el niño se
acostumbró a recurrir al análisis como medio de protección, y a mi ayuda para remediar sus actos irreflexivos,
trasmitiendo por mi intermedio todas las confesiones desagradables a sus padres. Se resolvió a confiar en mí. Una vez
alcanzada esta confianza, ya no tuvo duda alguna. Me había hecho imprescindible, el niño quedó preso en una relación de
completa dependencia y transferencia. Pero yo sólo había esperado que llegase este momento, para exigirle
enérgicamente la más generosa retribución: el abandono de todos sus secretos hasta entonces escondidos. La conciencia
de enfermedad ulteriormente apareció por sí sola y por distinto camino.

CASO NIÑO DE 10 AÑOS: ingresa con violentos arrebatos de cólera y de mala conducta, aparecían sin motivo exterior
comprensible; era llamativo por tratarse de un niño inhibido y temeroso. Pude conquistar fácilmente su confianza. Me fue
imposible hallar un asidero sólido para emprender el análisis, porque, si bien tenía una relativa conciencia de enfermedad,
adoptaba una actitud contraria frente a los arrebatos de cólera (síntoma principal). Estaba en cierto modo identificado con
este síntoma, y luchaba por conservarlo. Apelé como recurso a enemistarle con esa parte de su personalidad. Comparaba
sus arranques con los de un enfermo mental, al que difícilmente podría ayudar. Esto lo dejó atónito. Entonces trató de
dominar por sí mismo sus arrebatos; comenzó a oponérseles. El síntoma se convirtió en un molesto cuerpo extraño,
recurrió a mi auxilio. Tuve que establecer una condición ya existente en la pequeña neurótica obsesiva: la escisión de la
personalidad infantil.

CASO NIÑA DE 7 AÑOS: ingresa siendo neuróticamente malvada, me resolví a aplicar idéntico artificio, después de una
fase preparatoria prolongada. Aislé de ella toda su maldad; la personifiqué y le di un nombre propio; y logré que por fin
comenzara a quejarse de ella, adquiriendo conciencia de todo el sufrimiento que le causaba. A medida que se establecía de
este modo su conciencia de enfermedad, aumentaba proporcionalmente su aptitud para el análisis.

CASO NIÑA DE 8 AÑOS: ingresa extraordinariamente dotada y de buena disposición. Tenía el firme propósito de
enmendarse y quería aprovechar su análisis conmigo. Pero nuestra labor siempre se detenía en determinado punto, con la
desaparición de las perturbaciones más molestas. La niña prestaba crédito a cuanto surgía en el análisis y a cuanto yo le
decía, pero sólo hasta determinado punto, que ella misma se fijaba, y a partir del cual comenzaba su lealtad con la niñera.
Todo lo que pasase de allí tropezaba con su resistencia. Repetía un viejo conflicto en la elección amorosa entre sus padres,
que vivían separados, muy importante en el desarrollo de su primera infancia; el actual vínculo con su educadora era
plenamente real y fundado. Emprendí entonces una lucha con la niñera, disputándole el apego de la niña; traté de
despertar su sentido crítico, de conmover su ciega afección. Me percaté de mi triunfo cuando la pequeña, al narrarme una
de estas incidencias domésticas, agregó: "¿Acaso crees que ella tiene razón?" Sólo desde ese momento el análisis comenzó
a progresar en profundidad.

Dos breves anécdotas que demostrarán hasta qué punto el niño es capaz de captar el sentido de los esfuerzos analíticos
y sus objetivos terapéuticos. La pequeña neurótica obsesiva que ya citamos varias veces, me contó una lucha con su
demonio en la que había logrado un extraordinario triunfo, y de pronto exigió mi aprobación: "¿No soy mucho más fuerte
que mi demonio? ¿Acaso yo sola no puedo dominarlo muy bien? En realidad no te necesito para eso." A lo que vacilé en
asentir plenamente, diciéndole que ella era mucho más fuerte, aun sin mi ayuda. "Pero te necesito, tienes que ayudarme a
no ser tan infeliz cuando debo ser más fuerte que él." Caso del pequeño malvado de 10 años. Éste le contó acerca de
su perro, al que no le pasaba absolutamente nada; quería hacer pedazos una gallina, y la hacía pedazos simplemente. Pero
yo sabía muy bien lo que el niño había comprendido. "Pobre perro, le gustaría tanto ser un perro bueno, y hay algo en él
que le obliga a destrozar gallinas." El pequeño neurótico sustituye fácilmente la conciencia de enfermedad por la
conciencia de su maldad.

SEGUNDA CONFERENCIA: LOS RECURSOS DEL ANÁLISIS INFANTIL

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Toda mi manera de proceder presenta demasiados puntos de contradicción con las reglas técnicas del psicoanálisis. Le
prometo firmemente a esta niñita curarla, no se puede esperar que emprenda un camino extraño hacia una meta incierta,
con alguien para ella desconocido. Satisfago así su manifiesto anhelo de ser comprendida por una autoridad y de tener un
apoyo. Me ofrezco como su aliada y critico a sus padres, haciendo causa común con ella. En un tercer paciente exagero la
gravedad de sus síntomas y le infunde temor para alcanzar mis fines.

Tomemos a un enfermo depresivo y melancólico. La técnica analítica no está destinada a estos casos, cuando se
emprende su tratamiento debe darse un período de preparación, donde estimularemos el empeño necesario para el
análisis. La interpretación precoz de los sueños ofrecería conocimientos sobre procesos íntimos que no puede
comprender, sólo rechazar.
Al neurótico obsesivo, inteligente y que duda de todo, podemos presentarle ya al principio de su tratamiento, una
interpretación onírica particularmente lograda y convincente. Así logramos satisfacer sus pretensiones intelectuales.

Factor de la autoridad externa: El analista goza de las mismas ventajas que el analista de niños, al convertirse en un
personaje de indiscutido poderío. Con esto dejamos expuesta la iniciación del tratamiento, la manera de establecer la
situación analítica.
Gracias a todas las medidas citadas, el niño realmente haya llegado a tener confianza en el analista, a adquirir conciencia
de su enfermedad, anhelando un cambio en su estado. Con esto llegamos a nuestro segundo tema: EL EXAMEN DE LOS
MEDIOS A NUESTRO ALCANCE PARA REALIZAR EL ANÁLISIS INFANTIL PROPIAMENTE DICHO.

La técnica del análisis del adulto nos ofrece cuatro de estos medios auxiliares. 1) Utilizamos los recuerdos
conscientes del enfermo para reconstruir la historia de su enfermedad lo más completamente posible. 2) Recurrimos con
tal fin a la interpretación de los sueños; 3) elaboramos e interpretamos las ocurrencias que nos suministran las
asociaciones libres del análisis; 4) y por medio de la interpretación, ganamos acceso a aquellos sectores de sus vivencias
pretéritas que no es posible traducir de ninguna otra manera al lenguaje consciente. Utilizamos estos recursos en el
análisis del niño.

Diferencias entre análisis de niños y adultos: en el adulto evitamos recurrir a la familia en busca de cualquier
información y confiamos exclusivamente en los datos que él pueda ofrecernos (los datos transmitidos por los familiares
son dudosos y fragmentarios), en el niño poco puede decirnos sobre la historia de su enfermedad. Su memoria no llega
muy lejos. Tiene el sentido poco desarrollado de compararse y carece de objetivos, donde pueda apreciar sus fracasos. El
analista de niños recurre a los padres para: completar la historia, tomando en cuenta las posibles inexactitudes. La
interpretación de los sueños es un terreno en el cual nada nuevo tenemos que aprender al pasar del análisis del adulto al
del niño. El niño no sueña ni más ni menos que el adulto, y la trasparencia o confusión de lo soñado se ajusta, como en
aquél, a la fuerza de la resistencia. Los sueños infantiles son más fáciles de interpretar.

CASO NIÑA DE 9 AÑOS: 5to mes del análisis, llegamos a hablar por fin sobre su masturbación, con graves sentimientos
de culpabilidad. Al masturbarse experimenta intensas sensaciones de calor, objeto de su repulsión contra las actividades
genitales. Comienza a temerle al fuego. No puede ver llamas sin temer que se produzca una explosión. Cierta noche, la
niñera trata de encender la estufita. Sueña con esta misma situación, pero la estufita estalla. Como castigo, la niñera la
mete en el fuego (sueño de castigo). El manejo de la estufa alude a las maniobras en el propio cuerpo. El "hacerlo mal"
expresaría entonces su propia crítica; la explosión quizá represente la forma de su orgasmo. Segundo sueño con fuego:
"Sobre la calefacción hay dos ladrillos de colores. Sé que la casa está a punto de incendiarse, tengo miedo. Entonces viene alguien y
se los lleva." Al despertar se encuentra tocándose los genitales. Se le había dicho que el no crecer es uno de los castigos
que teme por la masturbación. Así, se masturba durmiendo y la amenaza el recuerdo de todas las prohibiciones contra la
masturbación.

CASO NIÑA NEURÓTICA OBSESIVA DE 6 AÑOS: vive en casa de una familia amiga. Tiene allí uno de sus arrebatos
de mala conducta, su pequeña amiga se niega a compartir el dormitorio con ella, lo que la deja enfadada. En el análisis
cuenta que la niñera ha premiado su buena conducta regalándole un conejito de juguete. Luego cuenta un ensueño diurno:
"Había una vez un conejito, al que su familia no trataba nada bien. Querían mandarlo al carnicero, para que lo matara, se escapó,
llegó a una casita en la que vivía una niña (dice su propio nombre). Ésta lo dejó entrar. Desde entonces vive con ella." Aquí
aparece, pues, con toda claridad, el sentimiento de no ser querida que trata de eludir en su análisis conmigo y también
ante sí misma.

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El niño pone en apuros al analista por la casi absoluta imposibilidad de utilizar aquel recurso sobre el cual se funda la
técnica analítica. Su esencia misma le impide al niño adoptar la actitud de cómodo reposo prescrita para el adulto, excluir
con su voluntad consciente toda crítica de las asociaciones que surgen, no dejar de comunicar nada de lo que se le ocurra
y explorar la superficie de su conciencia. HUG-HELLMUTH trató de reemplazar los datos recogidos a través de las
asociaciones libres del adulto, recurriendo a los juegos con el niño, observándole en su propio ambiente y tratando de
averiguar las circunstancias íntimas de su vida. KLEIN sustituye la técnica asociativa del adulto por una técnica lúdica en
el niño, basándose en la hipótesis de que al niño pequeño le es más afín la acción que el lenguaje. Pone a su disposición
una cantidad de pequeños juguetes, un mundo en miniatura, ofreciéndole la posibilidad de actuar. Todos los actos que el
niño realiza en estas condiciones son equiparados a las asociaciones verbales del adulto.

FRIZZERA, O. - CUADRO COMPARATIVO SOBRE LAS DISTINTAS POSICIONES DE LOS


PSICOANALISTAS DE NIÑOS

ANNA FREUD MELANIE KLEIN


No proceso analítico como en los adultos. Es preciso
Si proceso analítico. No orientación pedagógica.
asociarles medidas pedagógicas.
Los niños no pueden asociar no porque le falte capacidad
para poner sus pensamientos en palabras, sino porque la
No asociación libre. El niño no tiene representación final
angustia se resiste a las asociaciones verbales.
de que está en análisis. El sufrimiento y la aceptación del
El juego, expresión de un simbolismo es un equivalente de la
tratamiento deben ser producidas.
asociación libre considerando legítima su interpretación.

Periodo preparatorio: “Amaestramiento” para el análisis


NO amaestramiento para el análisis.
puesto que el niño no tiene sufrimiento psíquico.
Escisión del yo → obstáculo inútil.
 Ponerlo en oposición consigo mismo (escisión del yo).
 El trabajo analítico: no se basa en un proyecto consciente,
 Intimarlo, sugerirle que está enfermo, loco.
ni sobre el yo (sede de las resistencias).
 La aceptación del tratamiento será obra de la instauración
 Se respalda en el inconsciente.
de la transferencia positiva que el analista obtiene
 No hay que suscitar a cualquier precio de la transferencia
volviéndose indispensable para el niño hasta lograr un
positiva.
estado de completa dependencia. Firme promesa de
 Analizar transferencia positiva y negativa.
curación.
NO neurosis de transferencia. La primera edición no ha sido
SI neurosis de transferencia.
agotada.
Edipo situado en el plano de la realidad, se instala alrededor Los objetos del Edipo son fantasma áticos. El Edipo ya es
de los cinco años. atravesado a los tres años. Se instaura en el destete. No
Necesidad de un servicio permanente de informaciones existe necesidad.
Toda conducta o actividad psíquica son la puesta en acto o
Estima que hay actividades psíquicas que son puramente expresión de fantasías. Todas las fantasías conscientes son
racionales y que no deben nada a las fantasías, siempre que
derivados o variantes de las fantasías masturbatorias
se den determinadas condiciones favorables. Las fantasías
conscientes o inconscientes, y estas son variantes o
son más un agente de desorganización que de organización
de la conducta derivados de la escena primaria real o fantaseada.

El Superyó padece escasas modificaciones en el transcurso


del desarrollo, aun cuando puedan añadirse capas
superficiales, su núcleo permanece inalterado.
El Superyó no es bastante independiente en el niño para que
Es independiente de:
éste pueda controlar sus tendencias pulsionales.
- influencias externas.
- en su formación.
La fuerza del Superyó es más temible que su debilidad
Abandono de la neutralidad analítica. El analista para Mismas reglas que para los adultos. Al analista está vedado
prevenir la neurosis debe impedir que el niño experimente
el dar una orientación cualquiera a las pulsiones así
una satisfacción verdadera de su sexualidad. Debe decidir lo
liberadas.
que tiene que ser rechazado, domado, satisfecho o

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sublimado. El analista debe sustituirse por toda la La falta de moderación pulsional encubre la angustia y la
duración del análisis al ideal del yo infantil. necesidad de castigo ligadas al conflicto edípico. El analista
no debe encarnar al ideal del yo
Fin igual del psicoanálisis de adultos, levantamiento de
las represiones. Con la consiguiente libertad de la actividad
Fin diferente del psicoanálisis de adultos. Se apunta al
fantaseadora la cura psicoanalítica es una reeducación de la
REFORZAMIENTO YOICO. De ser preciso a través de la
capacidad de fantasear. Se apoya en el inconsciente para el
angustia, culminando en la producción de represión.
levantamiento de la represión. El yo débil del niño favorece
el análisis.
Análisis pedagógico. Educación asistida por el psicoanálisis.

KLEIN, M. - SIMPOSIUM

El centro de la discusión entre Klein y Freud reside en si es posible el análisis en niños pequeños y si se deben realizar
variaciones en la técnica psicoanalítica cuando se trata con niños y cuáles son estas modificaciones. Sostiene que Caso
Juanito confirma, en el niño, cuestiones planteadas a partir del análisis de adultos. Abrió el camino para el análisis
infantil; permitió que se pueda visibilizar la presencia y evolución del Edipo; y que las tendencias Icc podían aflorar en la
Cc sin peligro.

Anna Freud cuestiona la posibilidad de realizar este tipo de terapia con los infantes. Debe realizarse una adaptación de
la técnica analítica clásica, ya que el niño y el adulto no son iguales. Su propuesta:
 Omite analizar profundamente el complejo de Edipo y llevar el análisis demasiado lejos.
 Critica a Klein la utilización de métodos clásicos con niños.
 Tiene una visión similar a la de Hug Hellmuth, más optimista: se debe combinar al análisis con la influencia
educativa.

Propuesta de M. Klein (principales guías de su trabajo):


 Era posible y saludable explorar el complejo de Edipo hasta sus profundidades.
 En el análisis infantil se obtienen resultados similares al de los adultos.
 Es innecesario que el analista se empeñe en ejercer influencia educativa (análisis-educación incompatibles).
 No es necesario imponer restricción alguna al análisis.

Hug Hellmuth fue la primera en emprender el análisis sistemático en los niños. En el caso de los niños no solo se requiere
del analista que haga el tratamiento analítico, sino que también ejerza una INFLUENCIA EDUCATIVA. Desaprueba el
análisis en niños muy pequeños y sostenía que había que contentarse con éxitos parciales sin profundizar demasiado
por temor a estimular las tendencias a impulsos reprimidos. Proponía modificaciones en el encuadre y las reglas
técnicas, como sacar el diván y la asociación libre, reducir el número de sesiones, uso del juego y colaboración con la
familia.

1. ENTRADA EN ANÁLISIS
Klein: Una verdadera situación analítica solo puede darse por medios analíticos. Es un grave error el
asegurarnos una transferencia positiva por parte del paciente, o utilizar su ansiedad para intimidarlo o persuadirlo. Anna
Freud coloca el Cc y el Yo del niño y del adulto en primer plano. Klein afirma que el analista debe trabajar siempre con el
Icc. En el Icc, los niños no son de ninguna manera distintos de los adultos (son equivalentes). En los niños el Yo no se ha
desarrollado aun plenamente, están mucho más gobernados por el Icc.

Freud: Aun cuando esta introducción nos garantizara un acceso parcial al Icc del paciente, nunca podríamos establecer
una verdadera situación analítica, ni un análisis completo que penetrara en lo más profundo de su mente. Planea despertar
en el niño el "conocimiento de la enfermedad o del portarse mal" que proviene de la angustia de castración y el
sentimiento de culpa.
Klein: “Esta idea me parece errónea y lo que realmente hace es apelar a la angustia y al sentimiento de culpa del niño.
Esto no tendría nada censurable ya que los sentimientos de angustia y culpa son factores importantísimos para la
posibilidad de trabajo”. La crítica no es que Anna Freud active la angustia y el sentimiento de culpa sino por lo contrario,
que no los resuelva. “Una rudeza innecesaria para con un niño” el que haga consciente su angustia, sin atacar

5
inmediatamente esta angustia en sus raíces inconscientes aliviándola así en la medida de lo posible. Lo correcto es trabajar
con el Icc.

El análisis no es un método suave: no puede ahorrarle al paciente ningún sufrimiento, y esto se aplica
también a los niños. De hecho, debe forzar la entrada del sufrimiento en la conciencia e inducir la abreacción
si ha de ahorrar al paciente un sufrimiento posterior permanente y más fatal.

2. RECURSOS EMPLEADOS EN EL ANÁLISIS


Freud y Klein están de acuerdo con que los niños no pueden dar, y no dan, asociaciones de la misma manera que el
adulto. No podemos obtener suficiente material únicamente por medio de la palabra. Se utilizan otros
modos/técnicas de trabajo tales como el juego, el dibujo o el relato de fantasía. A. Freud: no todo es
interpretable simbólicamente.

Lo principal es que los niños no pueden asociar, no porque les falte capacidad para poner sus pensamientos en palabras,
porque la angustia se resiste a las asociaciones verbales. A mayor angustia, mayor dificultad a la asociación libre. El
niño opta por jugar.
La representación simbólica está menos investida de angustia que la palabra. El juego es un recurso válido
porque:
 Posee contenido simbólico
 Es equivalente a las asociaciones libres de los adultos.
 Y es a partir de este, que podemos ganar acceso a las fantasías de los niños y liberarlas.

3. PROFUNDIDAD EN EL ANÁLISIS - TRANSFERENCIA


Freud: en los niños puede haber una transferencia satisfactoria, pero no una neurosis de transferencia. Los niños no
están capacitados como los adultos para comenzar una nueva edición de sus relaciones de amor, porque sus objetos de
amor originales, los padres, todavía existen como objetos en la realidad.
Klein: incluso un niño de 3 años ha dejado atrás la parte más importante del desarrollo de su complejo de Edipo. Está
muy alejado, por la represión y los sentimientos de culpa, de los objetos que originalmente deseaba. Los objetos amorosos
actuales son ahora imagos de los objetos originales. En una verdadera situación analítica hay que trabajar con ambas
transferencias (no solo con la positiva como plantea A. Freud).

4. EL ANALISTA
Freud: considera que el analista no es como cuando el paciente es un adulto, "impersonal, indefinido, una página en
blanco sobre la cual el paciente puede inscribir sus fantasías"; evita imponer prohibiciones y permite gratificaciones.
Klein: es exactamente, así como debe comportarse un analista de niños. Aun cuando se vuelque completamente en todas
las fantasías en el juego del niño, está haciendo exactamente lo que el analista de adultos. “Yo no permito a los pacientes
infantiles ninguna gratificación personal. Mantiene en todo momento las reglas aprobadas en análisis de adultos.
Lo que da al niño es ayuda analítica y alivio.

5. EL SUPERYÓ
A. Freud: inmaduro, dependiente de su objeto.
Klein: Fortalecido y de gran severidad.
 El Yo es distinto en los adultos y en los niños, ya que en estos últimos adquiere madurez en el desarrollo.
 Pero el Superyó es igual en niños y en adultos. No está influido por el desarrollo posterior, tienen la misma
severidad.

LACAN, J. - VARIANTES DE LA CURA TIPO

DE LA VIA DEL PSICOANALISTA A SU MANTENIMIENTO: Si la vía del psicoanálisis se pone en tela de juicio en la
cuestión de sus variantes hasta el punto de no recomendarse ya sino de un solo tipo, una existencia tan precaria establece
que un hombre mantenga y que sea un hombre real. En el camino de la verdad, no habrá que buscar lejos la ambigüedad
insostenible que se propone al psicoanálisis; está al alcance de todos. Ella es la que se revela en la cuestión de lo que
quiere decir, hablar, y cada uno la encuentra con solo acoger un discurso. La locución misma en que la lengua recoge su
intención más ingenua: la de entender lo que quiere decir, dice suficientemente lo que no dice. Pero lo que quiere decir
ese “quiere decir” es también de doble sentido y depende del oyente que sea el uno o el otro: no solo el sentido de ese

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discurso reside en el que lo escucha, sino que es de su acogida de la que depende quien lo dice: es a saber el sujeto al que
concede acuerdo y fe, o ese otro que su discurso le entrega como constituido.

El analista se apodera de ese poder discrecional del oyente para llevarlo a una potencia segunda. La palabra del sujeto es
mantenida en las formas sintácticas que la articulan en discurso de la lengua empleada, tal como la entiende el analista. El
analista conserva entera la responsabilidad en el pleno sentido que acabamos de definir a partir de su posición oyente.

La cuestión de las variantes se esclarecería de seguir ese efecto, esta vez diacrónicamente, en una historia de las
variaciones del movimiento psicoanalítico, devolviendo a su raíz universal, a saber, su inserción en la experiencia de la
palabra. Lo que queda marcado de descrédito en la técnica por el término mismo de material, es el conjunto de los
fenómenos en los que habíamos aprendido hasta entonces a encontrar el secreto del síntoma, dominio inmenso.
Es por el desciframiento de ese material, el sujeto recobra, con la disposición, del conflicto que determina sus
síntomas, la rememoración de su historia. Y es por la restauración del orden y de las lagunas de esta, el cómo se mide
el valor técnico que debe considerarse a la reducción de los síntomas. Esta reducción comprobada demuestra una
dinámica en que el inconsciente se define como un sujeto francamente constituyente, puesto que sostenía los síntomas en
su sentido antes de que este fuese revelado; esto se comprueba al reconocerlo en el desorden en que lo reprimido pacta
con la censura.

Una vez que el analista ha dado el sujeto la clave de su síntoma, éste no deja por eso de persistir, porque el sujeto resiste a
reconocer su sentido: y se concluye que es esa resistencia en la que hay que analizar, antes que nada. La noción se inclina
a considerar al sujeto como constituido en su discurso. La interpretación de la resistencia se retoma la pregunta: ¿quién
resiste?

La nueva orientación de la técnica responde de la misma manera, descuidando el hecho de que se los ve con el Yo, cuyo
sentido Freud acaba de cambiar instalándolo en su nueva tópica, precisamente con la mira de marcar bien que la
Resistencia no es privilegio del yo, sino igualmente del Ellos y del Superyó. El sujeto constituyente del síntoma es tratado
como constituido, o sea, en material, mientras que yo por muy constituido que esté en la resistencia se convierte en un
sujeto al que el analista en lo sucesivo va a apelar como a la instancia constituyente. Los tratamientos se concebirán como
un ataque que pone como principio la existencia de una sucesión de sistemas de defensas en el sujeto.

Resulta que las defensas en su conjunto tienden a desviar el ataque, por cubrir demasiado cercanamente lo que esconde.
El discurso del sujeto podía ponerse entre paréntesis en la perspectiva inicial del análisis por la función de engaño y aún
de obstrucción. Pues no es ya sólo que se le despoja de su contenido para ocuparse de su emisión, tono, interrupciones. A
medida que se separa más del discurso y en que se inscribe la autenticidad de la relación analítica, lo que sigue
llamándose su interpretación corresponde cada vez más exclusivamente el saber del analista.

DEL YO EN EL ANÁLISIS Y DE SU FIN EN EL ANALISTA: Aquí también procederemos observar que las mismas
cosas exigen un discurso diferente de ser tomadas en otro contexto. Hay que apelar el sentimiento primero de qué el
analista, que no es en todo caso el de que el Yo sea su fuerte, por lo menos cuando se trata del suyo y del fundamento que
puede tomar de él. El análisis llamado “de carácter” expone en el descubrimiento de que la personalidad del sujeto está
estructurada como el síntoma que experimenta como extraño, al igual que él, oculta un sentido, el de un conflicto
reprimido. Y la salida del material que revela este conflicto se obtiene en un tiempo segundo de una fase preliminar del
tratamiento, sobre el cual se señala que su fin es hacer considerar al sujeto esa personalidad como un síntoma.

El efecto benéfico experimentado por el sujeto gracias al análisis de sus estructuras, obliga a precisar más de cerca su
relación con las tensiones que el análisis ha resuelto. Esas estructuras son una defensa del individuo contra la difusión
orgásmica cuya primacía en lo vivido es la única que puede asegurar su armonía. Hay que ver primero que esas
estructuras, puesto que subsisten tras la resolución de las tensiones que parecen motivarlas, desempeñan en ellas un papel
de soporte, que se ordena como el material simbólico de la neurosis, como lo prueba el análisis pero que toma aquí su
eficacia de la función imaginaria.

MANNONI, M. - EL NIÑO, SU ENFERMEDAD Y LOS OTROS

EL PSICOANÁLISIS DE NIÑOS A PARTIR DE FREUD

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El psicoanálisis de niños sigue siendo psicoanálisis. Es a partir del año 1909, cuando Freud se ocupa de la cura de un
niño de cinco años con neurosis fóbica. Si bien la autora menciona que se realizan ciertas variaciones (adaptaciones) con
respecto a la técnica para aproximarse a los niños, esto no altera el campo sobre el cual opera el analista: ese campo es el
del lenguaje.

El discurso que rige dentro de la situación analítica abarca a los padres, al niño y al analista: se trata de un discurso
colectivo constituido alrededor del síntoma que el niño presenta. La misión del niño consiste en reparar el fracaso
de los padres, e incluso concretar sus sueños perdidos.

En los comienzos del psicoanálisis, la infancia figuraba únicamente como recuerdos reprimidos; no se hacía alusión a un
pasado real, sino que este estaba constituido en torno a cierta perspectiva, es decir, se reconstruye la infancia de acuerdo
al deseo del adulto. El niño reordena su mundo acorde a su juego, a lo que él quiere. El discurso, en tanto niño o adulto,
remite siempre a un mundo de ensoñaciones y deseos.

Estas cuestiones se fueron dejando de lado a partir de las teorizaciones de la primera analista infantil, Hug Hellmuth.
En 1918 se produce un viraje; por un lado, sigue la corriente freudiana (donde se tratan cuestiones edípicas y
transferenciales) y, por otro lado, aparece una técnica que implementa la influencia educativa con el fin de modificar una
realidad. El psicoanalista que se enfrenta con el niño, participa de la cura con sus propios prejuicios (contratransferencia).

Freud invita a observar la tesis de medicina sostenida por Debacker en 1881. Freud denominó a estas cuestiones como
falsa ciencia. Las investigaciones de Freud seguirán dos direcciones diferentes:
1. Por una parte, profundiza el sentido del síntoma, al que concibe como una palabra.
2. Dirige la atención a la importancia que es necesario atribuir al traumatismo en la génesis de las neurosis.

Estas cuestiones nos remiten a un lenguaje del inconsciente. La autora resalta el hecho de que, las nociones freudianas,
despertaron la búsqueda de un paralelismo psico-físico, por lo que numerosos autores creían que de esta manera podría
explicarse el proceso de maduración del niño. Algunos analistas concebían que a partir de la teoría de los estadios se
podría constituir una pedagogía o un psicoanálisis concebido esencialmente como educativo.

FREUD detectó que, si bien lo psicoanalistas admitían desde un punto de vista científico hechos de la experiencia que
confirmaban las concepciones freudianas, residía en ellos cierta resistencia a aplicar sus métodos para la conducción de la
cura.
En 1909: Caso Juanito, una angustia fóbica. Le confirió al padre un papel de observador e intermediario; debía registrar
todo lo que diariamente decía su hijo y Freud se encargaba de analizarlo. El niño llega a situarlo en un lugar de padre
simbólico. Comienza a reorganizar su mundo, y su historia edípica  el psicoanálisis de niños se revela como una empresa
realizable.

Freud verifica la importancia que residía en las preguntas de Juanito en el Icc de los adultos. El niño es el soporte de
aquello que los padres no son capaces de afrontar: el problema sexual. Lo notable del análisis de Juanito es el hecho de
que, por su presencia, el niño pone en juego no tanto la relación de los padres con él, sino sus propias problemáticas
personales.
No obstante, la situación con la que se enfrenta el analista es ajena a toda relación interpersonal, éste se enfrenta más bien
con la relación del sujeto con el deseo. Relación que se vuelve particularmente compleja en el caso de Juanito, ya que
este debe atravesar primero el campo del deseo parental para poder tener acceso a la verdad de su propio deseo; pero
este acceso la madre se lo cierra al oponerle su deseo inconsciente. Le niega su sexualidad de hombre.

MELANIE KLEIN: La atención de esta autora se dirige a la manera en que el sujeto sitúa su propia persona y a su familia
dentro de un mundo de fantasmas, de un mundo interno. Nos demuestra de qué modo el niño transforma su realidad de
acuerdo a sus mecanismos de defensa, sus miedos y ansiedades. Profería un análisis temprano y profundo, sin
variaciones de la técnica. Le llamaba mucho la atención los efectos precoces producidos por la severidad del Superyó
en el niño, de los cuales Freud ya había teorizado. Rompe con los criterios de adaptación y educabilidad que le servían de
guía a Anna Freud. Introduce su problema estudiando el vínculo fantasmático madre-niño dentro de una situación dual y
pone de manifiesto la acuidad de la tensión destructiva que acompaña a la pulsión de amor. Insiste en la noción de
ambivalencia. Esta situación inconsciente es la que lo impulsa a tratar de reparar un daño imaginario que cree haberle

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infligido a su madre. Para Klein, el niño divide de este modo el mundo en objetos "buenos" y "malos". Les hace
desempeñar un papel protector o de agresión contra un peligro a veces en sí mismo y otras fuera.

LACAN trató de deslindar con precisión el alcance de las ideas kleinianas: la dialéctica de los objetos buenos y malos se
traduce, según él, en el lenguaje del deseo; la vincula con el doble discurso inconsciente del que habla Freud. El objeto
malo kleiniano se sitúa así, según él, en un puesto determinado dentro de lo imaginario, entre las dos cadenas del discurso
manifiesto y reprimido. De esta manera toda la obra kleiniana se trató de orientar hacia el lado de una presunta realidad de
la experiencia vivida.
Laing parte de una actitud inaugurada por Binswanger. Éste había puesto de manifiesto el drama existencial del enfermo
mostrando que el síntoma se dirige a un otro, se desarrolla con y para otro.

Rivalidad entre la dualidad de un psicoanálisis propiamente dicho y uno con influencias educativas, el cual acarrea también
cuestiones provenientes del conductismo.
 En 1908 Freud habló por primera vez del juego en el niño: lo compara con la creación poética. El niño (según Freud)
crea mediante el juego un mundo suyo o, más exactamente, reordena las cosas de ese mundo en relación a su idea.
 En 1920 la atención de Freud es atraída por el problema planteado en las neurosis por el principio de repetición. Le
parece que las actividades lúdicas se encuentran sometidas al mismo principio. El niño intentaría dominar así por medio
del juego las experiencias desagradables, es decir, trataría de reproducir una situación que originariamente significó para
él una prueba.

Para Anna Freud, que no trabaja con el inconsciente del niño sino con su Yo, no puede haber expresión fantasmática en
el análisis. Margaret Lowenfeld rechaza toda dimensión analítica, su orientación es psicofisiológica: se niega a ver en el
juego del niño otra cosa que no sean patterns motrices. Melanie Klein introdujo el juego en el análisis de niños, sin dejar
de respetar por ello (en la dirección de la cura) el carácter riguroso del análisis de adultos.
UNIDAD 2: LA CONSULTA

ABERASTURY, A. - TEORÍA Y TÉCNICA DEL PSICOANÁLISIS DE NIÑOS

CAPÍTULO V - LA ENTREVISTA INICIAL CON LOS PADRES

Cuando los padres deciden consultarnos sobre el problema o enfermedad de un hijo pido una ENTREVISTA,
advirtiéndoles que el hijo no debe estar presente, pero si informado de la consulta. Aunque sugerimos la conveniencia de
verlos a ambos, lo frecuente es que acuda la madre, excepcionalmente el padre y muy pocas veces los dos. Cualquier
situación es reveladora del funcionamiento del grupo familiar en relación con el hijo. El entendimiento de ambas partes
debe servir para la mejor comprensión del problema y no para crear un nuevo conflicto. Hay que tender a aliviarles la
angustia y la culpa. Debemos asumir el papel de terapeutas del hijo y hacernos cargo del problema o del
síntoma. Los datos que nos dan suelen ser inexactos, deformados o muy superficiales, no suelen tener un conocimiento
cabal de la situación.

No consideramos conveniente finalizar la entrevista sin haber logrado los siguientes datos básicos que
necesitamos conocer antes de ver al niño: a) motivo de la consulta; b) historia del niño; c) como se desarrolla un día
de su vida diaria, un domingo o feriado y el día de su cumpleaños; d) la relación de los padres entre ellos, con sus hijos y,
con el medio familiar inmediato.

Es necesario que esta entrevista sea dirigida y limitada. Los padres, aunque conscientemente vienen a hablar del hijo,
tienen la tendencia a escapar del tema mediante confidencias sobre ellos mismos.

A) MOTIVO DE LA CONSULTA

El escollo inicial más difícil para los padres es hablar de lo que no anda bien en y con el hijo. La resistencia de hacerlo no
es consciente; esta ya la han vencido cuando decidieron consultarnos. Hay que tratar de disminuir el monto de angustia
inicial y es lo que se logra al hacernos cargo del conflicto y al enfrentarnos con este, situándonos como analistas del hijo.
Deben sentir que todo lo que recuerden sobre el motivo de la consulta es importante para nosotros. Registro minucioso:
fechas de iniciación, desarrollo, agravación o mejoría del síntoma. Los datos obtenidos ayudan a comprender la etiología
de las neurosis infantiles.

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B) HISTORIA DEL NIÑO

Me interesa saber la respuesta emocional (en especial de la madre) ante el anuncio del embarazo, si fue deseado o
accidental, si hubo rechazo, deseo de abortar e intentos, o si lo aceptaron con alegría; y cómo evolucionaron sus
sentimientos. La respuesta que brinda la madre a cómo sobrellevó su embarazo nos indica cual fue la iniciación de la vida
del hijo. La mayoría de las veces se trata de olvidos, omisiones o deformaciones de recuerdos por conflictos
inconscientes. Se consulta sobre el parto, conviene preguntar si fue a término, inducido, con anestesia, que relación tenía
la madre con la partera o partero, si estaban dormidas, despiertas, acompañadas o solas.

Preguntamos si la lactancia fue materna, si él bebe tenía reflejo de succión, si se prendió bien al pecho y a cuantas
horas después del nacimiento. Luego interrogaremos sobre el ritmo de alimentación, la cantidad de horas libres entre
mamada y mamada y cuánto tiempo succionaba de cada pecho. La forma en que se establece la relación con el hijo nos
proporciona un dato importante de la historia del paciente, de la madre y de su concepto de la maternidad. Es la forma en
que se establece la primera relación postnatal. Este contacto debería aproximarse lo más posible a la situación intrauterina
y establecerse cuanto antes. Para el niño porque empieza a recuperar en parte lo que ha perdido y sin una excesiva
demora. Para la madre porque el nacimiento del hijo es un desprendimiento que le repite su propia perdida de la madre.
Cuanto más da y en mejores condiciones, más se enriquece su vínculo con la madre interna. Cuando una madre nos
refiere las características de la lactancia debemos insistir en saber lo más posible sobre cómo se han cumplido estas
exigencias básicas para ambos. Es común que un bebe llore porque está reviviendo una mala experiencia que le produce
una alucinación y que baste la voz de la madre, el contacto físico, para contrarrestar con una experiencia actual placentera
la mala imago interna que produjo la alucinación; esto también puede enseñarnos mucho sobre las primeras
experiencias del niño.

Si la madre no ha podido alimentar a su hijo o lo ha hecho muy poco tiempo: preguntar la forma en que le dio la
mamadera: si era en intimo contacto con su cuerpo o acostado en su cama, y cuanto tardaba el bebé en alimentarse.

Preguntaremos como acepto él bebe el cambio de alimentos del pecho a la mamadera, de la leche a otros
alimentos. Sabremos así mucho sobre el niño, la madre y las posibilidades de ambos para desprenderse de los viejos
objetos. Si nos enfrentamos al cambio de alimentos, y el bebé reaccionó con rechazo, preguntaremos los detalles de cómo
se hizo. Investigar la fecha del destete y sus condiciones.

Las relaciones de dependencia e independencia entre madre e hijo se reflejan también en el interjuego que se inicia
cuando un bebe comienza a sentir necesidad de moverse por sí mismo y lo expresa. La madre puede ver o no esta
necesidad y frustrarla o satisfacerla.

Cuando el niño pronuncia la primera palabra tiene la experiencia de que esta lo conecta con el mundo y es un modo
de hacerse comprender. La iniciación y desarrollo del lenguaje es de suma importancia para valorar el grado de
adaptación del niño a la realidad y el vínculo que se ha establecido entre él y sus padres. El retraso en el lenguaje o
inhibición en su desarrollo con índices de una seria dificultad en la adaptación al mundo.

La figura del padre cobre una gran importancia y su ausencia real o psicológica puede trabar gravemente el desarrollo
del niño, aunque la madre lo comprenda bien y lo satisfaga. Cuando preguntamos a la madre a qué edad caminó su hijo
estamos preguntando si cuando él quiso caminar ella se lo permitió de buena gana, si lo favoreció, lo trabo, lo apuro o se
limitó a observarlo y responder a lo que él pedía. La marcha tiene el significado de la separación de la madre, iniciada con
el nacimiento.

La aparición de las piezas dentarias y si se acompañó de trastornos o si se produjo normalmente y en el momento


adecuado. Interrogamos acerca del dormir. La conducta del sueño preguntamos. La descripción del cuarto donde
duerme el bebé, si está solo o si necesita la presencia de alguien o alguna condición especial para conciliar el sueño. El
uso del chupete como hábito destinado a conciliar el sueño es uno de los factores que favorecen el insomnio. Los padres
suelen decir que el bebé no duerme si se lo quitan. El destete ocurre al final del primer año de vida, es la elaboración de
una pérdida definitiva.

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Interrogamos sobre enfermedades, operaciones o traumas y consignamos la gravedad sino y la reacción emocional de
los padres. Las complicaciones que se presentan son de por si un índice de neurosis y es importante registrarlas.
Preguntamos a los padres sobre la actitud consciente e inconsciente de los padres frente a la vida sexual de sus
hijos, tiene una influencia decisiva en la aceptación o rechazo que el niño tendrá de sus necesidades instintivas.
Preguntamos si el niño realza sus actividades sexuales abiertamente y cuáles son.

Pasado el primer año, por el proceso de simbolización y por la actividad de juego que ya es capaz de realizar, las
cargas positivas y negativas puestas en esas sustancias se han desplazado a objetos y personas del mundo exterior,
pudiendo así desprenderse de ellas sin excesiva angustia. El aprendizaje temprano le impone ese desprendimiento
antes de que disponga de los sustitutos que va adquiriendo por una creciente elaboración y por la adquisición de logros
vinculados con la marcha y el lenguaje. Si el aprendizaje además de ser precoz, fue severo, es vivido como un ataque de la
madre a su interior, como retaliación a sus fantasías que en ese periodo están centradas en la pareja parental en coito y
traerá como consecuencia una inhibición de estas fantasías con trastornos en el desarrollo de las funciones del yo.

La descripción detallada de las actividades del niño nos sirve para tener una visión de su neurosis o de su
normalidad. Freud descubrió que el juego es la repetición de situaciones traumáticas con el fin de elaborarlas y que la
hacer activamente lo que ha sufrido pasivamente el niño. Un niño que no juega no elabora situaciones difíciles de la vida
diaria y las canaliza patológicamente en síntomas o inhibiciones. Ingreso a la escuela: significa desprenderse de la
madre y afrontar el aprendizaje que en sus comienzos le despierta ansiedades similares a las que se observan en adultos
con angustia de examen. Interrogar sobre la edad y la facilidad o dificultad en el aprendizaje de lectura y escritura, el
placer, rechazo, ansiedad o preocupación exagerad para cumplir con sus deberes.

C) EL DÍA DE VIDA

Debe hacerse mediante preguntas concretas que nos orienten sobre experiencias básicas de dependencia e
independencia, libertad o coacción externas, inestabilidad o estabilidad de las normas educativas, del dar y recibir.
Sabremos así si las exigencias son adecuadas o no a la edad, si hay reciprocidad o retraso en el desarrollo, las formas de
castigo y premio, cuáles son su capacidad y fuentes de goce y sus reacciones frente a prohibiciones. Esto nos permitirá
una visión inesperadamente completa de la vida familiar. La descripción de los domingos, días de fiestas y aniversarios
nos ilustra sobre el tipo y grado de la neurosis familiar, lo que nos permite estimar mejor la del niño y orientarnos en el
diagnóstico y pronóstico del caso. Debemos preguntar quién lo despierta, a qué hora, si se visten solos y desde cuándo o
bien que los viste y por qué.

D) RELACIONES FAMILIARES

Se comprende que muy poco podremos saber sobre las verdaderas relaciones entre ellos y nos limitaremos por eso a
consignar la edad, la ubicación dentro de la constelación familiar, a saber, si los padres viven o no, profesión o trabajo que
realizan, horas que están fuera de la casa, condiciones generales de vida, sociabilidad de ellos y de sus hijos. Debemos
esforzarnos por conocer el máximo de detalles sobre el síntoma: iniciación, desarrollo, mejoría y agravación.

CONCLUSIÓN: Nuestra actitud no debe ser nunca de censura y conviene siempre recordar que la finalidad de esta
entrevista es lograr alivio de las tensiones de los padres y que somos desde el primer momento los terapeutas del niño y
no los censores de los padres. Estamos allí para comprender y mejorar la situación, no para censurarla y agravarla
aumentando la culpabilidad.

FERENCZI, S. - LA ELASTICIDAD DE LA TÉCNICA ANALÍTICA

Técnica psicológica al margen del análisis del psiquismo  los métodos de medida de los laboratorios psicológicos.
En el análisis hay que captar la tópica, la dinámica y lo económica del funcionamiento psíquico, con una pretensión de
certidumbre siempre creciente, y, con una capacidad de rendimiento incomparable superior.

Siempre hubo en el interior de la técnica psicoanalítica, muchas cosas que daban la impresión de ser algo individual,
difícilmente definible con palabras; una “ecuación personal”. Tras la adopción de la segunda regla fundamental del
psicoanálisis (quien desee analizar a los demás debe primero ser el mismo analizado), la importancia del dato personal
del analista se desvaneció poco a poco. Cualquier persona que haya sido analizada a fondo, que haya aprendido a conocer

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completamente y a dominar sus inevitables debilidades y particularidades de carácter, llegará necesariamente a las
mismas constataciones objetivas, en el transcurso del examen y del tratamiento del mismo objeto de investigación
psíquica y, en consecuencia, adoptará las mismas medidas tácticas y técnicas.

Estoy convencido de que se trata ante todo de una cuestión de TACTO PSICOLÓGICO, de saber cuándo y cómo se
comunica algo al analizado, cuándo puede estimarse que el material proporcionado es suficiente para sacar conclusiones,
en qué forma debe ser presentada la comunicación, cómo puede responderse a una reacción inesperada o desconcertante
del paciente, cuándo debe uno callarse y esperar otras asociaciones, y en qué momento el silencio es una tortura inútil
para el paciente. El TACTO es la facultad de “sentir con”.

Si conseguimos hacer presentes las asociaciones posibles o probables del paciente que él todavía no percibe, podemos
adivinar sus tendencias inconscientes, al no tener que luchar contra las resistencias como él debe hacerlo. El psicoanálisis
no tiene la capacidad de ahorrar cualquier sufrimiento al paciente, sino enseñar a soportar un sufrimiento. Sin
embargo, una presión inoportuna a este respecto, si está desprovista de tacto, proporcionará al paciente la excusa,
ardientemente deseada en su inconsciente, de escapar a nuestra influencia.

Desde ahora he de señalar que la capacidad de ejercer esta especie de «bondad» sólo significa un aspecto de la
comprensión analítica. Antes de que se decida a hacer una comunicación, debe retirar por un momento su libido del
paciente y sopesar fríamente la situación: en ningún caso debe dejarse guiar solamente por sus sentimientos.

Concebir el análisis como un proceso evolutivo que se desarrolla ante nuestros ojos. El paciente sólo debe
creernos si la experiencia de su curación se lo autoriza, debemos dejar al paciente que decida aceptar el riesgo que supone
la cura. Si estas cuestiones fragmentarias no quedan aclaradas desde el principio en este sentido, se ofrece a la resistencia
del paciente un conjunto de armas temibles. Es preferible decir al paciente que no esperamos nada asegurándose siempre
lo mismo.

Durante el análisis es bueno tener gran atención para captar las manifestaciones ocultas o inconscientes que muestran la
incredulidad o el rechazo, con el fin de discutirlas rápidamente a continuación. He tratado en muchas ocasiones de
demostrar que el analista debe prestarse en la curación. Si no, no sólo no nos protegemos, sino que nos entregamos a
ello en cualquier ocasión, recogeremos la recompensa en forma de una naciente transferencia positiva. Toda muestra de
desprecio por parte del médico, prolonga la duración del período de resistencia: pero si el médico no se defiende, el
paciente se fatiga poco a poco en este combate unilateral.

No hay nada más perjudicial para el análisis que una ACTITUD DE MAESTRO DE ESCUELA O DE MÉDICO
AUTORITARIO. Todas nuestras interpretaciones deben tener el carácter de una proposición más que el de una
afirmación cierta, para no irritar al paciente, y porque podemos efectivamente equivocarnos.

La MODESTIA DEL ANALISTA es la expresión de la aceptación de los límites de nuestro saber. No pienso que el
analista deba ser exclusivamente modesto; tiene el derecho de esperar que la interpretación apoyada en la experiencia se
confirme antes o después en la mayor parte de los casos, y que el paciente ceda a la acumulación de las pruebas. Hay que
esperar que el enfermo tome la decisión; cualquier impaciencia cuesta una sobrecarga de trabajo que hubiera podido
perfectamente ahorrarse.

Hay que ceder a las tendencias del paciente, como si se tratara de un hilo extensible, pero sin abandonar la atracción
en la dirección de las propias opiniones, mientras la ausencia de consistencia de una u otra de estas posiciones no quede
plenamente demostrada. La única pretensión del analista es la de la confianza en la franqueza y en la sinceridad del
médico.

La POSICIÓN ANALÍTICA exige el control del propio narcisismo del analista, y la vigilancia extrema de las diversas
reacciones afectivas. Se debe esperar un analista analizado que el conocimiento y el control de sí mismo sean lo
suficientemente fuertes para no claudicar ante las idiosincrasias. El saber nos permite considerar a la persona más
desagradable como un paciente con necesidad de ser curado. Poner en práctica esta humildad, forma parte de las tareas
más difíciles de la práctica psicoanalítica. Sólo una verdadera disposición para «sentir con» puede ayudarnos. Se permite
actuar a las asociaciones libres del paciente y al mismo tiempo se deja jugar a la propia fantasía con este material
asociativo; en el intermedio se comparan las conexiones nuevas con los resultados anteriores del análisis. Una de las

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reglas más importantes del análisis consiste en economizar interpretaciones, en no decir nada superfluo. No debía dar
órdenes ni plantear prohibiciones, sino aconsejar algunas modificaciones en la manera de comportarse, quedando siempre
dispuesto a retirarlas si se convertían en un obstáculo o si provocan resistencias. En otros términos: le corresponde al
paciente determinar el momento de la actividad.

La TRANSLABORACIÓN tiene un elemento cualitativo, y la reconstrucción paciente del mecanismo de la formación del
síntoma y del carácter puede repetirse en cuanto se produzca un nuevo progreso del análisis. Cada nueva comprensión de
las significaciones exige la revisión de todo el material precedente, lo que podría tergiversar fragmentos esenciales de la
construcción que ya creíamos terminada. Esta será la labor de una dinámica de la técnica, que atienda a todos los
detalles, es decir la de constatar las relaciones más finas entre esta translaboración cualitativa y el factor cuantitativo
(descarga de afectos).

Un verdadero análisis debe dejar al margen cualquier tipo de Súper-Ego, comprendido el del analista. El paciente
debe quedar libre de cualquier lazo emocional, en la medida en que tal lazo supere la razón y sus propias tendencias
libidinosas. Sólo esta especie de construcción del Súper-Ego puede facilitar una curación radical; los resultados que sólo
consistirán en la sustitución de un Súper-Ego por otro, deben ser considerados como transferenciales; no corresponden
seguramente al objetivo final del tratamiento: desembarazarse también de la transferencia.

Es fácil reconocer a los analistas no analizados y a los pacientes incompletamente curados, en que sufren una especie de
«compulsión a analizar». El resultado ideal de un análisis acabado es precisamente esta elasticidad que la técnica exige
también al analista. Y ello es un argumento más a favor de la necesidad absoluta de la “segunda regla fundamental del
psicoanálisis”.

Todos intentamos situarnos en la onda del paciente, sentir con él sus caprichos, sus humores, pero todos nos atenemos
también hasta el final a nuestra posición dictada por la experiencia analítica: privar al «tacto» de su aspecto místico fue
justamente el principal móvil que me impulsó a escribir este artículo; pero admito haber abordado simplemente el
problema sin conseguir resolverlo. La única base fiable de una buena técnica analítica es el análisis finalizado del analista.
En un analista bien analizado, los procesos de “sentir con” y de evaluación, exigidos por mí, se desenvolverá no en el Icc.,
sino a nivel Prcc.

Un análisis de carácter, suficientemente ponderado, debe desembarazarse de cualquier tipo de Súper-Ego. Mi combate se
orienta contra la parte del Súper-Ego que se ha vuelto inconsciente y por ello in influenciable; naturalmente no tengo nada
que objetar a que un hombre normal conserve en su preconsciente determinada cantidad de modelos positivos y
negativos. Sin embargo, es cierto que ya no tendrá que obedecer como un esclavo a ese Súper-Ego preconsciente, como
antes lo hacía a la imagen paterna inconsciente.”
FREUD, S. - CONSEJOS AL MÉDICO SOBRE EL TRATAMIENTO PSICOANALÍTICO

Freud propone una técnica que considera como la más adecuada para tratar a los neuróticos.
A. No querer fijarse en nada en particular, “atención parejamente flotante”. La tarea más difícil es guardar nombres,
fechas, detalles del recuerdo, sin confundir el material de otros pacientes analizados. Paciente: que refiera todo cuanto se
le ocurra, sin crítica ni selección previa. Terapeuta: dejar que cualquier injerencia consciente sobre su capacidad de
fijarse y abandonarse por entero a sus “memorias inconscientes”, “uno debe escuchar y no hacer caso de si se fija en
algo”.

B. Mientras uno toma apuntes, forzosamente practica una dañina selección en el material. Sin embargo, se pueden hacer
excepciones con fines científicos como ser, anotar fechas, textos de sueños o ciertos resultados dignos de nota.

C. El éxito se asegura mejor cuando en la sesión uno procede como al azar, sin una premisa clara. Conducta correcta: pasar
de una actitud psíquica a la otra al compás de sus necesidades; en no especular mientras analiza, y en someter el
material adquirido al trabajo sintético del pensar sólo después de concluido el análisis.

D. Para el tratamiento psicoanalítico se debe tomar al cirujano como modelo ya que deja sus afectos y su compasión
humana. La “frialdad de sentimiento” del analista es justificado.

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E. Todos los puntos anteriores pretenden crear la “regla analítica fundamental”. El médico debe ponerse en estado de
valorizar, para los fines de la interpretación, todo cuanto se le comunique, debe volver hacia el inconsciente emisor del
enfermo su propio inconsciente como órgano receptor. Se le debe exigir que se haya sometido a una purificación
psicoanalítica y haya adquirido conocimiento de aquellos complejos propios que pudieran perturbar.

F. El médico debe permanecer impenetrable para el enfermo y no mostrar, más que aquello que le es mostrado.

G. Debe saber dominarse el médico y subordinar su actuación a las capacidades del analizado más que a sus propios
deseos.

H. Para llegar a la solución de la neurosis funciona la paciente observancia de las reglas psicoanalíticas que le prohíben
ejercer crítica alguna sobre lo inconsciente y sus productos.

FREUD, S. - LA INICIACIÓN DEL TRATAMIENTO

La diversidad de las constelaciones psíquicas intervinientes, la plasticidad de todos los procesos anímicos y la riqueza de
los factores determinantes se oponen a una mecanización de la técnica. La iniciación del tratamiento con un periodo
de prueba fijado, tiene una motivación diagnóstica.

Prolongadas entrevistas previas antes de comenzar el tratamiento analítico, traen nítidas consecuencias
desfavorables para las que es preciso estar preparado. Hacen que el paciente enfrente al médico con una actitud
transferencial ya hecha y este deberá descubrirla poco a poco. De ese modo el paciente mantendrá durante un lapso una
ventaja que uno preferiría no concederle.
La actitud de los pacientes tiene un valor harto escaso; su confianza o desconfianza provisionales apenas cuentan frente
a las resistencias internas que mantienen anclada la neurosis.

Tiempo y dinero: Contratar una determinada hora de sesión. La falta de intelección de los enfermos y la insinceridad
hacen al análisis los más desmedidos reclamos y concederle el tiempo más breve. El PSA requiere siempre lapsos más
prolongados, medio año o uno entero. Se tiene el deber de revelarle esto antes que él se decida en definitiva a emprender
el tratamiento.
En la estima de dinero coparticipan poderosos factores sexuales. Tendrá derecho a negar asistencia gratuita, es violar la
colegialidad médica. Ausencia de la regulación del pago: la relación toda se traslada fuera del mundo real, y el paciente
pierde un buen motivo para aspirar al término de la cura.

¿En qué punto y con qué material se debe comenzar el tratamiento? No interesa para nada con qué material se
empiece, con tal que se deje al paciente mismo hacer su relato y escoger el punto de partida. Lo único que se exceptúa es
la regla fundamental de la técnica psicoanalítica, que el paciente tiene que observar. Pacientes que computan su condición
de enfermos desde cierto momento suelen orientarse hacia el ocasionamiento de la enfermedad; otros, que no
desconocen el nexo de su neurosis con su infancia, empiezan a menudo con la exposición de su biografía íntegra. En
ningún caso debe esperarse un relato sistemático, ni se debe hacer nada para propiciarlo. Después, cada pequeño
fragmento de la historia deberá ser narrado de nuevo, y sólo en estas repeticiones aparecerán los complementos que
permitirán obtener los nexos importantes, desconocidos para el enfermo.

En ocasiones se tropezará con pacientes que empiezan su cura con la afirmación de que no se les ocurre nada que
pudieran narrar, y ello teniendo por delante, intacta, toda la historia de su vida y de su enfermedad. No se debe ceder, ni
esta primera vez ni las ulteriores, a su ruego de que se les indique aquello sobre lo cual deben hablar. Una fuerte
resistencia ha pasado al frente para amparar a la neurosis. Así, uno se ve forzado a empezar poniendo en descubierto esa
transferencia; desde ella se encuentra con rapidez el acceso al material patógeno.

¿Cuándo debemos empezar a hacer comunicaciones al analizado? ¿Cuándo es oportuno revelarle el


significado secreto de sus ocurrencias, iniciarlo en las premisas y procedimientos técnicos del análisis? No
antes de que se haya establecido en el paciente una trasferencia operativa, un rapport en regla. Si se le testimonia un
serio interés, se pone cuidado en eliminar las resistencias que afloran al comienzo y se evitan ciertos yerros, el paciente
por sí solo produce ese allegamiento y enhebra al médico en una de las imagos de aquellas personas de quienes estuvo
acostumbrado a recibir amor.

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¿Es nuestra tarea prolongar el tratamiento, y no llevarlo a su fin lo más rápido posible? ¿No padece el
enfermo a causa de su no saber y no comprender, y no es un deber hacerlo sapiente lo más pronto posible? El
saber consciente es sin duda imponente contra las resistencias. La fuerza pulsional tiene que conservarse hasta el final.
Ahora bien, por sí sola es incapaz de eliminar la enfermedad; para ello le faltan dos cosas: no conoce los caminos que se
deben recorrer hasta ese término, y no suministra los montos de energía necesarios contra las resistencias. El tratamiento
analítico remedia ambos déficits.

FRIZZERA, O. - FERENCZI Y EL MUNDO INFANTIL

El psicoanálisis de niños conlleva a una especificidad que reclama una POSICIÓN DEL ANALISTA. El niño, por su
indefensión y por la imagen de lo que se fue en algún momento, se convierte en privilegio soporte del narcisismo de
los adultos. Frente a un niño quedamos expuestos a la tentación de convertirnos en maestro modelo o ideal o a
identificarnos con el lugar del mismo.

Quienes trabajan con niños deben tener PLASTICIDAD para hacer del juego uno de los parámetros fundamentales de la
técnica; para sobrellevar las limitaciones del lenguaje del niño y para escuchar a los padres, portadores verbales de los
síntomas.

Lo más habitual es ubicar las resistencias del lado del paciente o de los padres. Ferenczi pensó que parte de la
responsabilidad, los obstáculos, deben ser buscados por el lado del analista. Supo distinguir el Yo del analista como
obstáculo para el desempeño de sus funciones. Su hipótesis sostiene que un psicoanalista no ha de tener identificaciones
narcisistas muy sólidas. La responsabilidad del analista en la cura es tema de la “ELASTICIDAD”. El paciente y su
analista se inscriben en el marco de una asimetría, diferencia de posición y función en el proceso de la cura. Cargas
psíquicas que pesan sobre el analista: ser sostén de las múltiples transferencias que, a su vez, reviven en nosotros los
deseos infantiles y es esa reviviscencia, se puede erigir en una de las mayores cargas para desempeñar nuestra tarea.

Ferenczi se refiere a la oscilación entre la identificación y el control, nos indica la intención de una puesta entre
paréntesis del componente personal del analista. Ponerlo entre paréntesis no equivale a declararlo inexistente, sino a la
instrumentación técnica de un borramiento del Yo como instancia narcisista. A esta puesta entre paréntesis del narcisismo
la denomina reducción de la ecuación personal. La reducción del narcisismo en la dirección de la cura apunta a la
revisión y elaboración del mundo infantil del analista.

El delicado lugar del saber, el saber todo. No hay nada más perjudicial para el análisis que una actitud de maestro de
escuela o de médico autoritario. La modestia del analista es la expresión de la aceptación de los límites de nuestro
saber.

El analista no es ni un niño; ni un grande que se aprovecha de su debilidad o indefensión. El dominio, la asimetría, que éste
debe ejercer está conceptualizada y sintetizada en la palabra ELASTICIDAD que alude a la existencia de una presión que
tiende siempre a su justo término: ni muy laxo, ni demasiado tenso.

Ferenczi se refiere a la bondad. Esta debe ser interrogada, extraída de su raigambre sentimental para asentarla en la
bondad del sostenimiento de una posición descifradora que ayude al niño a correrse del lugar del puro objeto de
narcisismo de los adultos. Propósito central: la reducción o borramiento de las identificaciones sólidamente
instaladas o constituidas en el yo. En el analista es fundamental esta dimensión de renuncia y la instalación de un
adecuado “juicio de condenación” de sus propios anhelos, incluyendo el de querer curar, sino el niño quedará capturado
por otro ideal. Ser psicoanalistas de niños es develar sin misterios, interpretando, construyendo e investigando los
misterios de una historia que invistió al niño, una historia con puntos en común con la del propio analista. El mundo
infantil es el resultado de un entrecruzamiento.

FRIZZERA, O. - LOS PADRES: ENCUENTROS Y DESENCUENTROS EN EL PSICOANÁLISIS


CON NIÑOS

La presentación de un fragmento de la clínica le permite al autor pensar sobre el trabajo psicoanalítico con los padres, el
lugar que la historia de los padres y antepasados ocupa en los síntomas y padecimientos de los hijos, como así los efectos

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que los síntomas y padecimientos de los hijos producen en los padres. Abordar los encuentros y desencuentros y las
distintas formas en que estos se presentan, permite pensar qué hacer con ellos.

Caso: Llamado de una madre para pedir una entrevista urgente. Su hija púber se había encerrado en el baño hace varias
horas y amenazaba con matarse si forzaban la puerta. Se encuentra con los padres. Se los veía y escuchaba desbordados
y desamparados, sin saber el porqué de lo ocurrido y aterrorizados. El analista busca historizar. Miriam es una chica a la
que siempre le dieron todos los gustos. Única hija, para poder dedicarse exclusivamente a ella. La vida de los dos había
sido difícil y dolorosa, querían para ella lo contrario. Siempre fue callada, pero la notaban más introvertida últimamente;
también había engordado. Ambos padres eran inmigrantes de un país destruido por la guerra. Tenían familiares muy
cercanos muertos por eso. Llegan al país, se conocen, casan; el éxito empresario: el nacimiento de la hija. Los “¿por qué le
pasa esto?”, “¿qué hacemos?”, ¿cuál es la causa?, ¿de dónde le viene esto? “Justamente ella que tiene una vida tan distinta
a la que tuvimos nosotros, ni siquiera le hemos contado lo que nosotros pasamos”. Un desencuentro se les imponía.

¿Cuál es la causa? es una pregunta que los analistas esperan, y hasta alientan a que se produzca.
Una vez que el interrogante se instala no resultará fácil que éste se sostenga o que sostengan el interés por conocer
posibles determinantes. Si de padres se trata no habremos de esperar una posición simétrica o idéntica entre ellos. Sino
distintas posiciones mantenidas o con contrapesos que hacen a la resistencia. Las primeras intervenciones de un
analista resultan fundamentales para permitir la instalación de una transferencia indispensable para cualquier trabajo
posterior. “Dosificar la angustia” es un importante consejo (Freud y Lacan).

Aclaraciones acerca del interrogante de la causa: Un hecho que sucede nunca está ya constituido, deviene. Es fruto
de composiciones, de ligaduras y desligaduras que insisten. Un hecho puede quedar allí, como algo incomprendido pero
que pasará, o como algo demasiado comprendido porque vuelve siempre igual. O puede transformarse en un
acontecimiento en tanto abre otro campo en transferencia, que llama a una recomposición, pide por un nuevo sentido.

Recomposición está referida a una constelación de situaciones a través de la historia.


Noción freudiana de desencadenante actual de las series complementarias: las historias de nuestros antepasados,
los acontecimientos psíquicos no sólo abarcan la vida de uno solo, sino varias vidas. Hay historias que pueden “dormir”
por mucho tiempo y que luego por circunstancias puntuales surgen, irrumpen aún en otra generación.

En el PSA, el TIEMPO nunca es lineal: cuando algo se actualiza, resignifica lo que antecedió para dar lugar a lo por
venir. Se da un movimiento de preguntas hacia otras búsquedas, otros modos de decir, de percibir y percibirse. Este
permite la recomposición de los tiempos y excede a un orden lineal o cronológico. La historia no puede ser confundida
con el pasado, ni con lo vivido. El niño se plantea: ¿Cuál es mi lugar en la historia, donde se me reconoce? Hay situaciones
en la vida que convocan algunos rasgos de origen. Al nombrarlo, la historia se irá recomponiendo o rescribiendo
desajustando los centramientos únicos. El Tiempo detenido y el Tiempo que transcurre. En el caso se hizo
patente el entrecruzamiento de tiempos.

Entrevistar a los padres era la primera y la única posibilidad en este caso. La finalidad es escuchar la angustia cuando es
manifiesta o hacer que aparezca cuando ésta es ignorada. Al mismo tiempo es la posibilidad de instalar y acompañarlos en
la aparición de preguntas que intenten mover los tiempos coagulados. En este encuentro se actualiza un tiempo
identificante. Esto hace aparecer más de una versión sobre acontecimientos vividos, permitiendo “podar” las
significaciones tanáticas que tantas veces recaen sobre los hijos. Las entrevistas son la posibilidad de brindarles un
espacio para tramitar el dolor de un tiempo de crecimiento de los hijos que reactualiza lo padecido por ellos. Son un
recurso, una herramienta, también la habremos de entender como la de quitar al hijo un peso que a veces solo recae en él.

LACAN, J. - COMENTARIOS SOBRE LOS ESCRITOS TÉCNICOS DE FREUD

Lacan establece las cuestiones centrales de este campo: represión, resistencia, la función de la transferencia y la utilidad
de la neurosis de transferencia. Surge el cuestionamiento sobre ¿qué se hace cuando se hace análisis?, él se responde
afirmando que se practica en relación a la técnica analítica. Según el autor, se ha llegado a un punto de confusión
radical. Es solo mediante el lenguaje freudiano que los practicantes siguen en contacto con el resto de sus colegas. Lacan
denomina a la relación entre analizado y analista como “relación inter-humana”. La inter-reacción no se basa en una
mera relación entre individuos.
La experiencia analítica debe formularse, no en una relación de dos, sino de tres.

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Freud y la noción de la reconstitución completa de la historia del sujeto: este es el elemento esencial, constitutivo y
estructural del progreso analítico. El progreso y descubrimiento de Freud radica en su manera de estudiar un caso en su
singularidad. Para él, el interés, la esencia, el fundamento, la dimensión propia del análisis es la reintegración por parte del
sujeto de su historia, hasta una dimensión que supera ampliamente los límites individuales. Esta dimensión que designa
Freud, debe conquistar ciertos puntos o situaciones de la historia del sujeto. El camino de la restitución de la historia del
sujeto adquiere la forma de una búsqueda de la restitución del pasado; pero la historia no es el pasado, sino más bien, la
historia es el pasado historizado en el presente, historizado en el presente porque ha sido vivido en el pasado. Lo más
importante es que el sujeto reconstruya de los acontecimientos formadores de su existencia. Se trata de revivir la
historia. En la experiencia analítica, no se da una relación fantasmática (imaginaria) sino más bien, una real. Para Lacan,
el Yo está estructurado exactamente como un síntoma.
Es el síntoma humano por excelencia, es la enfermedad mental del hombre.
UNIDAD 3: EL FANTASMA Y LA TRANSFERENCIA

FREUD, S. - EPÍLOGO CASO DORA

Faltan una serie de resultados del análisis; porque en el momento en que se interrumpió el trabajo analítico 1) no se los
había llegado a discernir con suficiente certeza y, 2) estos requerían desarrollarse más para alcanzar valor general.

Sólo la técnica terapéutica es puramente psicológica; la teoría deja de apuntar a las bases orgánicas de la neurosis. El
factor orgánico que presenta la función sexual, donde se ve el fundamento de la histeria. Freud quiso mostrar el modo en
que este arte puede aplicarse al descubrimiento de lo reprimido en el interior de la vida anímica. A raíz del análisis de los
sueños comunicados, se tomó en consideración la técnica de la interpretación de sueños, parecida a la técnica
psicoanalítica.

Unas excitaciones cuyas representaciones son insuceptibles de conciencia repercutirán entre sí diversamente, tendrán
otros circuitos y llevarán a otras exteriorizaciones que las que llamamos “normales”, cuyo contenido nos deviene
consciente. La sexualidad presta la fuerza impulsora para cada síntoma singular y para cada exteriorización
singular de un síntoma. Los fenómenos patológicos son la práctica sexual de los enfermos. La sexualidad es la clave
para el problema de las psiconeurosis y neurosis en general.

Los síntomas no desaparecen mientras dura el trabajo, pero sí cuando se disuelven los vínculos con el médico. La mejoría
sólo es causada por el médico. En el curso de una cura psicoanalítica, la neoformación de síntoma se suspende; pero la
productividad de la neurosis no, sino que se afirma en la creación de un tipo particular de formaciones de pensamiento, las
«TRASFERENCIAS».

¿QUÉ SON LAS TRASFERENCIAS?


Son reediciones, recreaciones de las mociones y fantasías que a medida que el análisis avanza no pueden menos que
despertarse y hacerse concientes; pero lo característico es la sustitución de una persona anterior por la persona del
médico.
Las vivencias psíquicas anteriores no son revividas como algo pasado, sino como vínculo actual con el médico.
Son reimpresiones, reediciones sin cambios. Algunas experimentaron una moderación de su contenido, una sublimación, y
hasta son capaces de devenir conscientes apuntalándose en alguna particularidad real del médico o de las circunstancias.

Es preciso colegirla casi por cuenta propia, basándose en mínimos puntos de apoyo y evitando incurrir en arbitrariedades.
No se la puede eludir. Sólo después de resolverla se puede obtener la sensación de convencimiento en cuanto a la
corrección de los nexos construidos. La cura psicoanalítica no crea la trasferencia; meramente la revela. En el PSA son
despertadas todas las mociones; haciéndolas conscientes se las aprovecha para el análisis, y así la transferencia es
aniquilada una y otra vez.

En el caso, yo no logré dominar a tiempo la transferencia; a causa de la facilidad con que Dora ponía a mi disposición en la
cura una parte del material patógeno, olvidé tomar la precaución de estar atento a los primeros signos de la trasferencia
que se preparaba con otra parte de ese mismo material, que yo todavía ignoraba. Fui sorprendido por la trasferencia. Y a
causa de la misma, yo le recordaba al señor K., ella se vengó de mí como si se vengara de él, y me abandonó, tal como se

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había creído engañada y abandonada por él. Actuó un fragmento esencial de sus recuerdos y fantasías, en lugar de
reproducirlo en la cura.

FRIZZERA, O. - LA TRANSFERENCIA EN EL PSICOANÁLISIS CON NIÑOS

La transferencia implica un desplazamiento. Es el mecanismo de todas las formaciones del Icc. La transferencia se
convierte en motor y resorte de la cura, en eje privilegiado para hacer consciente lo inconsciente y para la aparición de
aquello que por traumático retorna. Retorno que en algunos casos lleva a elaborar, y en otros momentos porta el signo
de lo compulsivo tratando de inscribir lo traumático y repitiendo el fracaso ante esa tarea. Un pasado se actualiza,
se repite con el analista.
En su sentido amplio es repetir, es transferir de un pasado a un presente. Consideraremos estos EJES:

1. PADRES TRANSFIEREN AL HIJO


Un niño es aquel que desde su desvalimiento e indefensión queda ofrecido para ser investido por los adultos. Los padres
adscriben en él de sus anhelos y deseos (“Su majestad el bebé”), desde su propia historia traumática. Habrá de cumplir los
sueños no realizados de sus progenitores y habrá de repetir una historia que le antecede, (elaborar o ligar lo traumático de
ella); llevando la marca del fracaso, será compelido a repetir lo mismo.

2. DESENCADENANTE DE LA CONSULTA COMO UN AHORA QUE ACTUALIZA UN PASADO


Importancia de las primeras entrevistas o preliminares  Período al que no podemos adscribir una duración determinada;
podrán ser una o diez sesiones. Objetivo: producir un comienzo de análisis, “despejar el terreno” para que comience a
aparecer la causa que los trae. Hay dos cuestiones que se ponen en juego. ¿Por qué ahora? Y, ¿qué teoría/s se ponen
en juego para explicar por qué las cosas suceden de esa determinada forma?

3. PADRES TRANSFIEREN AL ANALISTA


Frecuente cuando se trata de niños; una instancia externa que opera como simbólica advierte sobre algo que considera un
problema. Las entrevistas preliminares tenderían a ir instaurando un interrogante en los padres. Hay una pregunta y ésta
es dirigida a alguien a quién por alguna razón se le atribuye un lugar de autoridad, un lugar de ideal: “Queremos que nos
diga qué hacer, cómo tratarlo”. Se establece la transferencia en esa dimensión de sugestión, dimensión importante para
definir luego, cuando plantee qué intenta hacer el psicoanalista con ese lugar de poder que le otorga la transferencia.

En la consulta por un niño se produce una verdadera encrucijada de transferencias. Los padres se dirigen al analista, lo
interrogan, hablan y se resisten a ello. Pasaremos al niño, a considerar cómo ese niño ocupará y repetirá el lugar que le ha
sido asignado.

4. NIÑO TRANSFIERE EN EL ANALISTA


Iniciación del tratamiento con un niño  momento importante  donde se desprende de los padres y acepta la presencia
única del analista. Comienza a quedarse a solas con el analista, a dirigirle sus juegos, sus decires, sus síntomas. Es como si
se diera un “pasaje” al principio; el analista es ese extraño que está allí observando y escuchando lo que él hace con sus
padres. Luego ese “extraño” ocupa el lugar de quien se interesa por lo que le pasa de una manera particular. Así, el niño
pasa a “soportar” la presencia del analista. El entrar ya solo, constituye el momento de apertura del psicoanálisis del
niño.

5. ANALISTA TRANSFIERE SOBRE EL NIÑO Y LOS PADRES


“En cualquier otro tratamiento sugestivo la transferencia es respetada cuidadosamente; en el analítico ella misma es objeto
del tratamiento y es descompuesta en cada una de sus formas de manifestación.

Especificidad del campo del psicoanálisis de niños: El analista frente al niño, frente a ese pequeño sujeto sujetado a
otros por esa particular indefensión de la especie humana. El analista frente a los padres del niño, padres que reeditan en
esa niñez sus propios deseos y conflictos. Allí se pone a prueba el deseo del analista.

Deseo del analista, introducida por Lacan. Se trata más bien de un deseo compuesto. Hay una sobre determinación. No
se trata que cada uno de nosotros no tenga deseos, sino que ser analista implica no desear cosas por y para el paciente. En
esta función habremos de estar animados por algo más allá del narcisismo.

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Los que trabajamos con niños, debemos reconocer la frecuencia con que el deseo del analista cede el paso al deseo de un
adulto delante de un niño. Deseo pedagógico, ortopédico, reparador, compensador. Es que el niño más que nadie, por su
indefensión quizás, se convierte siempre en soporte del narcisismo de los adultos. Se corre el riesgo de olvidar que el niño
es punto de anclaje de la reviviscencia de las fantasías del analista. Y es por estos olvidos, que el deseo del analista queda
ahogado o desplazado. Es por estos olvidos que a veces encontramos terapeutas que llenan de culpa a los padres, que se
enojan con ellos.

LACAN, J. - EL SEMINARIO XIV. LA LÓGICA DEL FANTASMA

Lacan introduce la materia de la lógica del fantasma, dado que se encuentra en medio del camino investigado hasta el
momento, que es esa “fuerza del retorno” que se encuentra inscripta en la estructura del sujeto. Esta fuerza se encuentra
en todo el pensamiento freudiano fundamental, y es denominada como repetición.
 Repetir no es reencontrar la misma cosa, no es repetir indefiniblemente como se acostumbra a creer.

Para profundizar en la función de la lógica del fantasma, Lacan aborda cinco ejes principales; los más importantes son:
 La relación que reside entre la estructura del fantasma con la estructura como tal del significante.
 Al hablar de “lógica” nos posamos dentro del universo del discurso.
 Su relación con la escritura.
 Relación pensamiento al lenguaje y al inconsciente.
Comienza su explicación partiendo de la escritura, presentando la fórmula: $ ? objeto a.
La $, tiene el lugar en esta fórmula de lo que retorna concerniente a la división del sujeto, se encuentra al principio
de todo el descubrimiento freudiano y consiste en esto: que el sujeto está, por una parte, barrado de lo que lo constituye
propiamente en tanto función del inconsciente. Esta fórmula guarda un lazo con una conexión entre el sujeto así
constituido y el objeto a. Es a partir de este objeto a que se permite elaborar la cuestión del fantasma como una
operación lógica.

“El “$” en su relación con “a”, ligado en esta fórmula por “?”: punzón, signo para conjugar en él lo que ahí puede
aislarse.”

Hay que destacar en el plano de esta conjunción la relación de inclusión a condición de que sea reversible, con tal que se
enlace en la articulación lógica que se llama: "Si". $ es en este sentido, a saber: el punzón rombo siendo dividido por la
barra vertical, el sujeto en relación de Si y de objeto a.

Existe un sujeto: he aquí lo que lógicamente estamos forzados a escribir del principio de una formula tal. Algo se nos
plantea que es la división de: existencia de hecho, que nos relaciona al existir de: ser o no hablado; y existencia lógica,
que es otra cosa, y como tal tiene otro estatuto a partir del momento en el cual nosotros hacemos lógica en el cual vamos
a manejar STEs.

En cuanto a la existencia de hecho: a saber, que algo resulta del sujeto en el nivel de los seres que hablan, es algo que,
como toda existencia de hecho, necesita que sea establecida una cierta articulación. Sin embargo, esta articulación no es
tomada en forma directa o inmediata.

El objeto a resulta de una operación de estructura lógica efectuada no in vivo, es decir, no sobre lo viviente mismo, no en
el sentido que guarda el término cuerpo (no es necesariamente la libra de carne, aunque pueda serlo después de todo).
Pero, en fin, constata que, en esta entidad tan poco aprehendida del cuerpo, hay algo que se presta a esta operación de
estructura lógica. Es el seno, el escíbalo, la mirada, la voz, estas piezas separables, sin embargo, profundamente religadas
al cuerpo, he aquí de lo que se trata en el objeto a; para hacer el objeto a es necesario lo listo para proveerlo.

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El abordaje del objeto a ya se ha efectuado a partir del cuarto año en que Lacan dictaba sus seminarios. Todo está dicho
en cuanto a la estructura de la relación del objeto a al Otro, que es, justamente, del imaginario de la madre que va a
desprender la estructura subjetiva del niño. Lo que se trata de indicar aquí es que esta relación se articula en términos
lógicos, es decir, relevando la función del significante.

“No de situar en el campo del Otro, la función del objeto a; en el estatuto del perverso es la función del falo; la teoría
sádica del coito no es nada de eso, sino que es a nivel de la madre que eso funciona.” (Lacan, 1966, p. 4)

¿Qué es lo que lleva el fantasma? Esto que lleva el fantasma tiene dos nombres que conciernen a una sola y misma
sustancia, posee una función de superficie. Esta superficie primordial que nos hace falta para hacer funcionar nuestra
articulación lógica. Son superficies cerradas, del orden del globo, estamos cerca de decir que ellas no son esféricas,
llamémosle globo. Lacan intenta averiguar qué amarra la existencia de los globos a lo real. Esta superficie que llama
globo tiene dos nombres: el deseo y la realidad.

Es totalmente inútil fatigarse en articular la realidad del deseo, porque primordialmente el deseo y la realidad son una
relación de textura sin corte, no tienen por lo tanto necesidad de costura, necesidad de ser recosidos. “No hay más
realidad del deseo que aquella de la que sea justo decir el anverso del derecho; hay una sola y misma estofa que tiene un
anverso y un derecho…”
De la tercera dimensión, la del Otro, es por relación al Otro, y en tanto que ahí hay esta otredad, que se puede tratar de
distinguir un derecho de un anverso; esto no es aún distinguir realidad y deseo. Lo que es derecho o anverso
primitivamente en el lugar del Otro, el discurso del Otro, que se juega a cara o seca, no concierne en nada al sujeto por la
razón de que no hay ahí, todavía nada de eso.

El sujeto comienza por el corte, el cross-cap, plano proyectivo; un corte, pero no importa cuál. A partir de estos trazos
imaginarios de la estructura que se está tratando, podemos elucidar que, todo corte que franquee esta línea imaginaria,
instaura un cambio total de la superficie, a saber, toda entera deviene lo que hemos aprendido a recortar en esta superficie
como objeto a, es decir, que toda entera, la superficie deviene un disco aplastable, con un derecho y un anverso, del cual
se debe decir que no se puede pasar de uno a otro salvo franqueando un borde. Este borde es precisamente lo que vuelve
a este franqueamiento impasable, del cual lo menos que podemos articular es su función in initio, el globo por ese primer
corte, rico de una implicación que no salta enseguida a la vista por este corte deviene un objeto a. Este objeto a queda,
porque esta relación la tiene desde el origen, ésta es, una relación fundamental con el Otro. En efecto, el sujeto no ha
aparecido en absoluto todavía con sólo el corte, por donde este globo que instaura el significante en lo real deja caer de
entrada este objeto extraño, que es el objeto. Hace falta y es suficiente, en la estructura indicada, darse cuenta del corte,
para percatarse de que tiene la propiedad redoblándose simplemente, de reencontrase.

“Se puede considerar la hiancia que hay entre las dos vueltas que no son más que una, como el equivalente del primer
corte. Pero si hago el tejido en el cual se trata de ejercer este corte un doble corte, desprendo de eso, restituyo en eso, lo
que ha sido percibido en el primer corte, a saber: una superficie de la cual el derecho se continúa con el anverso. Restituyo
la no separación primitiva de la realidad y del deseo.” (Lacan, 1966, p. 6)

La realidad, afirma el autor, es lo que está listo para llevar del fantasma; la realidad no es otra cosa que montaje de lo
simbólico y lo imaginario. El deseo, en el centro de este aparato, de este cuadro que llamamos realidad, es también lo
que cubre lo que importa distinguir de la realidad humana y que es hablando propiamente lo real que no es más
que entrepercibido, entrepercibido como la máscara fácil que es aquella del fantasma, “lo mismo que ha aprehendido
Spinoza, cuando ha dicho que el deseo es la esencia del hombre”.

Pero esta relación al Otro, sin la cual nada puede ser vislumbrado del juego real de esta relación, es lo que Lacan ha
tratado de dibujar, recurriendo al viejo soporte de los círculos de Euler, relación fundamental que sirve para hacer
resurgir la relación del sujeto al A, se dibuja como un primer círculo que otro viene a recortar, el a es su intersección.

Es por ahí que siempre en esta relación de un vel originalmente estructurado, que es aquel donde Lacan ha tratado de
articular para nosotros hace en la alienación, el sujeto no sabría instituirse más que como una relación de falta al a

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que es del Otro, al querer situarse en el Otro, al no haberlo más que amputado de este objeto a. La relación del sujeto al
objeto a comporta lo que la imagen de Euler toma como sentido cuando es llevada a nivel de simple representación de
dos operaciones lógicas:
1. Reunión: ligazón del sujeto al Otro.
2. Intersección: define al objeto a.

El conjunto de estas operaciones lógicas son las que Lacan ha instaurado como originarias, diciendo que el a es el
resultado efectuado de operaciones lógicas que deben ser dos. ¿Qué es decir esto? Que es esencial en la
representación de una falta en tanto que corta, que se instituye la estructura fundamental del globo que el autor ha
llamado de entrada: la estofa del deseo.

Aquí, en el plano de la relación imaginaria, se instaura una relación exactamente invertida de aquella que liga el yo a la
imagen del Otro. El yo es doblemente ilusorio, ilusorio en que está asumido a los avatares de la imagen, es decir,
librado a la función del falso semblante. También en esto: que instaura un orden lógico, pervertido, “del cual veremos
en la teoría psicoanalítica su fórmula, en tanto que ella franquea imprudentemente esta frontera lógica que, en un
momento cualquiera, y que se supone primordial de la estructura, esto que es rechazado puede llamarse no-Yo”.
 La primera escisión que se efectúa es entre el placer y el displacer.

En el origen no hay Dasein sino en el objeto a: que es bajo una forma alienada que permanece marcada hasta en su
término toda enunciación del Dasein. Es necesario recordar que no hay sujeto más que por un significante y para otro
significante.

La Urverdrängung o represión originaria, es esto: lo que un significante representa para otro significante, eso no muerde
nada, no constituye absolutamente nada, se acomoda a una ausencia absoluta de Dasein.

Es, por tanto, con respecto a este significante primero, que vamos a ver cuál es, que el S/ (sujeto barrado) que él abolió. El
sujeto barrado como tal es lo que representa para un significante este significante de donde ha surgido un sentido. El
objeto a que a este nivel cumple la función que Frege distingue del signo bajo el nombre de Bedeutung. En la primera
Bedeutung el objeto a, el primer referente la primera realidad, la Bedeutung que queda porque ella esta después de todo lo
que resta del pensamiento.

CLASE DE OSVALDO FRIZZERA

ARTICULACIÓN TEÓRICA CLÍNICA EN RELACIÓN CON EL CASO VITO:


Para adentrarnos al concepto de fantasma hay que tomar puntos de variantes de la cura tipo, y otros textos de Lacan.
 Puntualiza el discurso parental.
 Importancia de la abuela materna. (tiene importancia quienes van a la consulta)
 La analista sigue el discurso que se le presenta
 Ver la importancia de hacernos 2 preguntas: por qué ahora y por qué conmigo. Por qué ahora es porque el jardín lo
solicita, ese es el motivo de consulta
 Repetidamente aparece que el niño hace lo que quiere. Pero este niño ¿hace lo que quiere? Esta es una de las primeras
cuestiones que se pueden cuestionar
 Importancia del nombre
 Para la madre el problema es el colegio
 Este chico, ¿no acepta los límites? ¿O lo que hace está muy limitado?
 El padre habla de su hijo en relación a su propia historia
 Ausencia paterna, límites no claros-reedición
 Vito hace que los padres puedan tener encuentros, sexuales o no.
 La abuela lo compara con el padre.
 El niño de 3 años maneja a la madre
 Interesa leer la 1er sesión y las 3 ultimas

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 El niño se pone en una posición de que él es el que manda, él pone las reglas.

Articulación con variantes de una cura tipo:


 Lo que interesa y lo que va a tener que ver con la constitución subjetiva del niño es cómo va a funcionar la otredad en el
niño.
 No se puede hablar de variantes sin hablar de tipos, y no se puede hablar de tipos sin hablar de variantes.
 Lacan cuestiona que no haya ninguna palabra que se relacione con la cura.
 Ética: todo analista tiene que hacer una formación simbólica de lo que piensa que es el psicoanálisis. Por eso va a hacer
la apuesta de que el psicoanálisis es una praxis que se basa en la intersubjetividad. Y praxis tiene que ver con un proceso
por el cual el profesional lleva a la práctica los principios teóricos adquiridos en su formación

Se articula variantes de la cura tipo con la subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el Icc freudiano, que
introduce el deseo y el Icc freudiano. En un artículo del año 1960 plantea el grafo del deseo. Se articula con el campo del
lenguaje, lo que él dice es que es una praxis que se basa en la intersubjetividad, y si lo articulamos con la subversión
del sujeto vemos el grafo del deseo: va a haber un S (sujeto) que se dirige al Otro, y va a ser desde el Otro que va a
significar lo que el sujeto dice y lo que el sujeto es, y esto es muy importante. Porque vamos a dar otro salto, y que es la
articulación con el fantasma, que es el seminario de la lógica del fantasma de 1966, donde ya el PSA no va a ser una
praxis que se base en la intersubjetividad, sino que la relación va a ser del Otro al objeto, y en el Seminario XX va a
decir que el prototipo de objeto a es el niño.

Entonces lo que el niño dice y lo que el niño es va a venir del Otro, es decir que el niño cuando nace es un cero que va a
ser significado por el otro, en lo que dice y en lo que es.

En principio, el bebé tiene un nombre, cargado de significado. Ya con el nombre lo están significando. El nombre propio
es un punto privilegiado que viene del Otro, siempre vehiculiza una significación y se trata de un cuento del
Otro. El nombre responde a un ideal de lo que uno es en el campo del Otro. Es decir, que el trascurso del análisis va a
tener que recorrer el tema de la alienación y se busca ver cómo el nombre propio tiene que pasar a ser un nombre
común. Esto es constitutivo, donde el niño en tanto objeto a va a quedar ubicado en relación a este Otro primordial en lo
que dice y en lo que es, esto le va a dar el SER al niño. Se agregan varias cuestiones:

1. CONSTELACIÓN FAMILIAR: usa el ejemplo del hombre de las ratas, y cómo su neurosis tiene que ver con su
constelación familiar. Ubicamos en el lugar del Otro la constelación familiar, esta va a ser la constelación original
que precedió el nacimiento del niño y que va a tener que ver con su destino. Es decir que las relaciones
familiares que estructuraron la relación con sus padres va a estar presente. Por eso es tan importante ubicarlos a los
padres como hombres sexuados, y nos va a interesar la historia de esa pareja. Nos va a interesar también, en qué
andaban cuando apareció el embarazo.
2. PALABRA DE LOS PADRES: Uno nace tanto del simple momento en el que los padres se acuestan como de las
palabras, eso se va a reflejar en el Icc del sujeto, en sus síntomas. Están los 3 registros. Las palabras anteceden al
cuerpo del niño.
3. TRANSMISIÓN FAMILIAR: Vamos a tener que darnos una vuelta por la familia y el concepto de familia de Lacan,
donde dice que hay una trasmisión familiar, hay una continuidad de las generaciones, es una continuidad simbólica o
significante. Por eso la importancia de investigar las 3 generaciones.

Todo esto va a tener que ver con el DESTINO del niño, con el HECHO CLÍNICO y con la CONSTITUCIÓN
SUBJETIVA.
Ahora, nos surge la pregunta: ¿desde dónde este Otro (los padres) va a significar lo que el niño dice y lo que el niño es?
¿Cómo le van a dar las significaciones? DESDE EL FANTASMA PARENTAL.

ARTICULACIÓN CON EL FANTASMA: es un montaje imaginario simbólico pero que porta en su centro el
deseo del Otro como lo real, es decir que esta operación de ALIENACIÓN al mismo tiempo es constitutiva, no
hay ningún niño que tenga vida que no haya pasado por esta operación. ¿Qué se hace en la clínica? Se habla, pero acá se
ve cómo el analista también tiene su propio fantasma, por ende va a tener que hacer su propio análisis para que el niño no
quede como objeto de ese fantasma, en ese sentido el analista tiene que ser un cero, su palabra no tiene que vehiculizar
ningún elemento ni ninguna particularidad.

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EL CONCEPTO DE FANTASMA: Utiliza un cuadro para explicar el concepto de fantasma, que quiere decir que uno ve
la realidad a través del marco del fantasma.

 El fantasma mediatiza la relación del hombre con el mundo y con el Otro, desde Freud el fantasma es la realidad y la
realidad es el fantasma, es decir que la realidad es una construcción fantasmática.
 El Otro significa al niño desde su fantasma.
 En el origen, el niño no existe sino, como objeto a del fantasma del Otro, es decir en una forma alienada. No es alguien
con una subjetividad aparte.
 Es del imaginario (del fantasma) parental que va a depender la estructura subjetiva del niño. Esta relación se articula en
términos propiamente lógicos que provienen de la función significante.
 El fantasma es un guion, es una pequeña historia muy detallada: hay una escena, un decorado, con personajes que
efectivamente obran, que hacen acciones. Vito se comporta como un mafioso.
 Para la constitución subjetiva del niño no hace falta lo listo para proveer y listo para vestir.
 La realidad del niño es lo listo para vestir e investir, es lo listo para llevar el “pret a porter” (lo listo para vestir), que la
tienda del Otro diseñó.
 Este “pret a porter” es montaje de lo simbólico y de lo imaginario, en cuyo centro lleva al deseo del Otro, un deseo que
no es más que entrevisto. El deseo es la esencia de la realidad.
 En el fantasma materno se pone en relación el deseo y el objeto, es el lugar de la constitución del objeto de deseo.
 El objeto es en el inicio, por una parte, el (pre)sujeto en su real, cuando es deseado por el OTRO. Por otra parte, causa
del deseo del sujeto. (Hablar de objeto a es decir: 1. que el niño es objeto de deseo del Otro; y 2. al ubicarse como objeto
a es el lugar de constitución objeto-causa del deseo del Otro, el deseo viene del Otro y vuelve al Otro.) Ej. Vito.
 Solamente habiéndose sido objeto del deseo del Otro se adviene a ser sujeto deseante. La articulación lógica se llama si,
y solo si, como condición necesaria.

FÓRMULA DEL FANTASMA


La fórmula del fantasma representa la falta en ser, buscar objetos, y más y más objetos o sexualidad-erotismo.

 Hay una gramática del fantasma, que obedece a ciertas leyes de construcción que son leyes de la lengua.
 Hay una lógica del fantasma. El fantasma es un AXIOMA. Punto de partida que permite explicar lo más nimio y
lo más importante en la vida de un sujeto. La construcción del axioma es lo que va a permitir poder dar cuenta de lo
que aparece en ese sistema lógico, si a ese sistema lógico (axioma) lo llamamos la vida del sujeto, el axioma fantasmático
va a ser lo que nos permita entender lo que ocurre en la vida de esos sujetos, por eso hay una monotonía del fantasma,
una inercia. Hay una repetición de lo igual en tanto tiene que ver con el sujeto.
 En la cura analítica se trasciende el plano de la identificación. Se deja atrás el plano del fantasma (articulación con
Mannoni, el juego y el teatro -identificación lúdica-). Se lo construye para realizar su travesía. Lo cual no supone ni
una adaptación, ni el arribo a una “supuesta” realidad.
 El fantasma se expresa en la vida sexual del sujeto (la elección de pareja tiene que ver con el fantasma).
 En el fantasma el analista ocupa un lugar que está predeterminado antes de la consulta.

EL CONCEPTO DE FANTASMA EN EL SUCEDER DEL NIÑO Y DEL ANÁLISIS

Es interesante atender en la construcción de todo sujeto lo irreductible de la transmisión familiar. Lacan establece entre
las generaciones una continuidad de generaciones, una transmisión generacional simbólica. “Nacemos tanto de las
palabras como del hecho de que ellos estén en una cama. La relación entre la palabra de los padres tiene importancia
porque allí nace un niño”. La realidad no es un hecho puramente objetivo, sino que está construida discursivamente.
El fantasma distorsiona la realidad, pero no está radicalmente separado de ella, tiene una estructura simbólica, discursiva,
significante, en la operatoria constitucional del sujeto va a ser central. El fantasma: un guión, es una pequeña historia
muy detallada: hay escena, un decorado, con personajes que efectivamente obran, hacen acciones.

El niño cuando nace está desnudo y toma ese “listo para vestir”, ese relato que lo está esperando, ese “pret a porter” del
fantasma para poder vestir-se, éste fantasma lleva entre sí el deseo del Otro en el cual se aliena. El niño cuando nace es un
0 y lo que le va a dar el ser es éste Otro Primordial; este fantasma parental lo significa.

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La operación analítica tendrá que ver con la construcción del fantasma, se trata de realizar una travesía, un recorrido del
fantasma en el análisis y salir de identificaciones dementes. Uno no es sin el Otro, pero tampoco es solo producto del
deseo del Otro, existe una singularidad del sujeto, y a eso es lo que apunta la clínica.

El niño es el prototipo del objeto “a” del fantasma parental. En el origen no hay ser-ahí del niño sino como objeto “a” del
fantasma del Otro. Y el otro significa al niño desde su fantasma. El ser no va a estar dado por el significante, en tanto el
significante va a estar en relación a otro significante, el ser va a estar dado en tanto el objeto. El objeto del fantasma. Hay
una lógica del fantasma, es un axioma: que en lógica es un punto de partida que permite explicar lo más nimio y lo más
importante es la vida de un sujeto.
$ <> a (Sujeto barrado losange objeto a).

El <> (rombo o losange) indica una relación de doble implicación (implicación recíproca) entre los términos que une, es
decir:

$ (Sujeto barrado) si y solamente si objeto a,

Y, recíprocamente: objeto a si y solamente si $ (Sujeto barrado).

Lacan designa con esta fórmula la relación del sujeto del inconsciente (sujeto barrado) con el objeto causa del deseo
(objeto a), indicando una relación estable del sujeto con aquello que lo causa en su deseo y, por ende, lo divide. El
fantasma es una respuesta al ser por la vía problemática de responder al deseo del Otro. Ante la pregunta ¿qué soy para el
deseo del Otro?

“El sujeto no puede ser enteramente definido por un significante que vendría a representarlo. Él se encuentra reenviado sin
cesar de un significante al otro, y si debe situarse en algún lado, es justamente en ese intervalo, en este corte entre dos
significantes. Como él está sin recursos en este lugar donde el significante falta, se define en el fantasma elidiendo un
objeto que comporta él mismo esta dimensión del corte.” El fantasma es la respuesta que el sujeto construye al
enigma del deseo del Otro. Solamente habiendo sido objeto del deseo del otro se adviene a ser sujeto
deseante.

MANNONI, M. - LA TRANSFERENCIA EN PSICOANÁLISIS DE NIÑOS

CAPÍTULO II - PROBLEMAS ACTUALES EN EL NIÑO, SU “ENFERMEDAD” Y LOS OTROS

Los padres siempre están implicados de cierta manera en los síntomas que trae el niño. Esto no debe perderse de vista,
porque allí se encuentran los mecanismos de la resistencia: el anhelo Icc de que nada cambie a veces tiene que hallarse
en aquel de los padres que es patógeno. El niño puede responder mediante el deseo “de que nada se mueva”, reparando
así (perpetuando su síntoma) sus fantasmas de destrucción con respecto a su madre. Por lo tanto, si se pudiese introducir
una nueva dimensión en la concepción de la situación transferencial, sería partiendo desde el puesto de escucha
del analista para aquello que se juega en el mundo fantasmático de la madre y del niño. El analista trabaja con varias
transferencias. No siempre resulta cómodo situarse en aquello que una alternativa pone en juego: alternativa de muerte o
vida para el niño o para los padres, que despierta el fondo de angustia persecutoria más antiguo que en él subsiste.

El problema de los padres se plantea de manera diferente según se trate de psicosis o de neurosis. La diferencia reside
esencialmente en el problema particular que suscita el análisis de un niño que, por la situación dual instaurada con la
madre, se presenta para nosotros únicamente como “resultado” de cuidados y nunca como el sujeto del discurso que nos
dirige. Como esta situación no se creó por obra del niño únicamente, se comprende hasta qué punto el adulto puede
sentirse cuestionado a través de la cura de su hijo.

En el análisis del neurótico estamos ante un DISCURSO COLECTIVO, que aparece en la palabra del niño. Nos hace
presente la sobra de los padres, incluso si en la realidad no queremos tener nada que ver con ellos. Únicamente la
distinción introducida por Lacan entre el deseo, demanda y la necesidad, así como la introducción de los registros
imaginario, real y simbólico, permiten situar la noción de transferencia en un nivel desde el cual es posible ayudar al sujeto
a desempeñar un sentido de aquello que sus demandas ponen en juego. De este modo, el discurso que se nos ofrece
puede ser tratado como un gran sueño, porque el campo del juego de la transferencia no se limita a lo que acontece en la

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sesión analítica. La transferencia no siempre aparece donde el analista cree que lo puede captar. Antes de que comience
un análisis ya pueden estar dispuestos los índices de la transferencia, y luego el análisis se limita a llenar aquello que para
ella estaba previsto en el fantasma fundamental del sujeto, en cierto sentido la partida ya se había jugado de antemano.
Para cambiar el curso de las cosas, el analista tiene que ser consciente de aquello que se dirige a lo que ya se encontraba
inscripto en una estructura antes de su entrada en escena.
→ Aquí interviene la contratransferencia del analista, en la manera en que el movimiento de la metáfora puede
bloquearse provocando en el sujeto el acting out (o las “decisiones”).
Los analistas tendieron a reducir la noción de transferencia a un comportamiento que el sujeto repetiría con un analista
que en la realidad vendría a revelar a las figuras parentales. Freud desentraña el efecto producido en el sujeto, en el plano
imaginario, por las construcciones fantasmáticas. En el fantasma, así como en el síntoma, el analista ocupa un puesto. La
clásica referencia a las distorsiones del yo y a la realidad, deja fuera del juego dialéctico al puesto donde el analista tiene
que lograr localizarse para ayudar al paciente a volver a poner en marcha su discurso y poder situarse ante puntos de
referencia diferentes de los que surgieron a partir del juicio excesivamente seguro del médico.
La experiencia analítica no es una experiencia intersubjetiva. El sujeto está llamado a localizarse en relación con
su deseo (en la dimensión del deseo del Otro). El falo es eje alrededor del cual hace gravitar toda la experiencia analítica
con los niños, concebido como “significante del deseo en cuanto es deseo del deseo del Otro”. (Lacan)

La cuestión no consiste en saber si el niño puede o no transferir sobre el analista sus sentimientos hacia padres con los que
todavía vive (mera experiencia afectiva), sino en lograr que el niño pueda salir de cierta trama de engaños que va urdiendo
con la complicidad de sus padres. Esto solo puede realizarse si comprendemos que el discurso que se dice es un
DISCURSO COLECTIVO: la experiencia de la transferencia se realiza entre analista, niño y los padres.

El niño no es una entidad en sí. En primer término lo abordamos a través de la representación que el adulto tiene de
él. Todo cuestionamiento del niño tiene incidencias precisas en los padres, incidencias que importa dejar de lado, opacar.
Vimos, en las curas de niños psicóticos, cuál es la amplitud de la relación imaginaria que cada uno de los padres
establece con el analista. Gracias a esa relación imaginaria podrá la madre recactetizarse como madre de un niño
(reconocido por un tercero como separado de ella), y podrá luego ponerse en marcha otro movimiento en virtud del cual
el niño, como sujeto de un deseo, se internará por su propia cuenta en la aventura psicoanalítica.

Ese peso que constituye para el analista una transferencia masiva de la madre (integrada tanto por una confianza total
como por una desconfianza absoluta) cuestiona profundamente al analista; tal situación puede provocarle reacciones
persecutorias o depresivas según lo que haya alcanzado en él como material ansiógeno precoz.

CASOS CLÍNICOS: NEURÓTICOS

Caso Joy: 11 años, pseudo débil mental. Confesión de un deseo Icc: el anhelo de tener un pene, la negación de la
diferencia de los sexos, los deseos de castración, etc. Este escandirá las etapas de la transferencia y marcará los progresos
en la cura.
 Formula demandas orales cada vez más regresivas, y en la vida manifiesta una sed de saber y una prohibición de
recibir.
 Describe una sucesión de comportamientos denominados patterns: roles  Joy es sucesivamente su propio padre, su
madre, el marido o el hijo de la analista, e incluso la analista misma.
 Discurso: la niña adopta la manera de hablar del padre o la jerga de otro paciente del que está celosa. Con los niños
menores asume el rol de la analista e incluso les da consejos a madres de familia.
 Situación transferencial: Luego de haber traducido en la transferencia sus celos y sus reivindicaciones, expresa su
deseo de ser la única. Como sus padres se han ausentado (viajaron x duelo) la niña está descontenta  quisiera
enfermarse para obligar a sus padres a interrumpir su viaje. La ausencia de los padres en la realidad hizo surgir un
daño imaginario que la niña trata de colmar formulando demandas cada vez más insistentes. Después, asiste
irregularmente a las sesiones y se vuelve cada vez más exigente en sus demandas.

 A la vuelta de las ausencias, informa a la analista de su mal estado de salud. Se las arregla para inquietar a la analista y le
hace prometer que la llamará en el fin de semana. Cuando la llama, le dice que Joy había partido. Vuelve a llamar y Joy
descuelga.
 El retorno al análisis se efectúa con culpa. Tiene la impresión de molestar la relación que su analista (soltera) podría
tener con un hombre. La niña telefonea cotidianamente “para recibir una interpretación”, hasta el día en que la analista le

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verbaliza su deseo de tener un bebé  giro en el análisis. La interpretación del bebé revela el deseo Icc, y tal como es
operante, en el nivel sintomático: la niña ya no pide nada; descubre que es más inteligente que su madre; pero el robo
(síntoma), subsiste.
 Por medio de su interrogación sobre el deseo de la analista por un hombre, introduce lo que falta a la analista y a ella
misma para que pueda articularse un discurso fuera de toda relación dual: espera que el Otro reanude sus quejas en otra
parte.
 El deseo de recibir un niño del padre abre camino a una interrogación que debe reanudarse, y que aquí se malogra. Joy
se halla en búsqueda de lo que está en función en el Edipo; carece de puntos de referencia. Entonces vuelve la mirada
hacia lo que está en juego en el deseo de la analista. Coloca las interpretaciones recibidas en el plano de la fascinación
imaginaria: la respuesta de la analista es un fin gratificante, no reanuda ningún discurso, por lo demás, se concibe el
objetivo del análisis como una identificación con el superyó de la analista. No hay resolución del Edipo.

Caso Dottie: 7 años, fobia a los perros en la casa de su analista. La madre es depresiva.
 El día en que Dottie abandona las perturbaciones del comportamiento que habían motivado su entrada en el análisis, la
madre hace una depresión. Dottie desarrolla otros síntomas (tics y luego miedo a los perros).
 Un episodio fóbico agudo le impide a la niña dejar la casa de la analista (esto el día después en que la madre llamaba a
la analista para comunicarle las fantasías de asesinato con respecto a su hija). La niña no tiene conocimiento de esta
llamada.
 La analista se imagina que Dottie está en peligro, y estima que la madre debería haber confesado a su propio analista. Se
inquieta por la irrupción de un tercero (la madre) en su relación con Dottie.
 La resistencia es legible en niña, madre y analista. Cada una tiene miedo de la otra, y se encuentra bajo el efecto
imaginario de un peligro que sitúa en la realidad.
 Durante una sesión, Dottie expresa su deseo de huir. La analista interpreta ese miedo diciéndole: “¿Crees que soy un
perro y que hay peligro de que te muerda?” y ladra. En el momento en que Dottie se identifica con el agresor cede el
síntoma fóbico en las idas y venidas de la niña a casa de la analista. Dentro de la transferencia Dottie ya no tiene miedo.
A partir de entonces, el miedo habrá de localizarse en otra parte, y cederá a su vez por medio del análisis del material
edípico.
 Progresos del análisis: Dottie vivió con sus padres una reactivación del Edipo. Intentó impedirlo y esto se tradujo en
la transferencia en una resistencia cuyo efecto de angustia se expresaba a su vez mediante esta repentina aparición de
la fobia a los perros. La niña había entrado al análisis por pedido del padre (su madre se oponía) y el efecto de los
progresos de Dottie fue el derrumbe de la madre.

La analista se encuentra atrapada en un discurso colectivo: niña, analista y padres implicados en una situación. Allí
Dottie tiene que ubicarse y desbaratar los efectos de la angustia y de la agresividad.
 El día en que choca con la negativa del padre marca un giro en el análisis: la niña intenta ubicarse en relación con una
situación triangular: lo hace a través de los mitos, solo ellos le ofrecen esa posibilidad de simbolización que falta en el
análisis.
Obstáculos en la conducción de la cura: la convicción de que se encuentra ante una madre nociva en la realidad. El
peligro existía también entre la niña y la analista, esta última temía que la niña fuese a preferirla.
La transferencia en el análisis de Dottie expresa una situación de defensa contra la angustia. Al reducir la noción de
transferencia a una referencia directa a la persona misma del analista, S.F. se vedó la posibilidad de poner de manifiesto el
elemento simbólico incluido en la relación transferencial.

En el análisis de niños tenemos que vérnoslas con muchas transferencias. Las reacciones de los padres forman parte del
síntoma del niño y, en consecuencia, de la conducción de la cura. El niño enfermo forma parte de un malestar colectivo,
su enfermedad es el soporte de una angustia parental. Toda demanda de cura del niño cuestiona a los padres. El analista
está sensibilizado por lo que se expresa en esos registros. Y participa de la situación con su propia transferencia. Necesita
situar lo que representa el niño dentro del mundo fantasmático de los padres y comprender también el puesto que éstos le
reservan en las relaciones que establece con el hijo de ellos.
Casos Joy y Dottie: en ambos analista, padres y niño resultan, arrastrados a un mismo campo de juego, en situación de
angustia.

UNIDAD 4: LA CLÍNICA

FREUD, S. – CASO JUANITO

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INTRODUCCIÓN: El padre de Juanito llevaba una especie de anotación diaria y Freud analizaba las mismas. Freud
condujo el tratamiento, lo guiaba, pero a través del padre de Juanito. Se comprueba la hipótesis de que toda neurosis de
adulto obtiene su fundamento en una neurosis infantil. La vida ulterior se apoya en la sexualidad infantil, en la neurosis
infantil.

 Los padres de Juanito trataban de criar a su hijo de un modo en que lo reprimiesen lo menos posible.
 3 años: Juanito poseía un intenso interés por su “hace pipí”. No sabía la diferencia anatómica entre los cuerpos, buscaba
todo el tiempo el hace pipí en todos los objetos, animales y personas (creencia de que el genital masculino es el único
genital). Gran exploración en sus genitales y era incitado a tocarse el miembro. La madre amenaza de cortárselo.
 En el curso de la fobia de Juanito, se reprimen dos componentes del quehacer sexual: le da vergüenza orinar frente a
otros y se empeña en resignar su conducta onanista.
 Él no siente culpa, ni deja de manipular el miembro. No dimensiona psíquicamente la amenaza.
 Adquiere el complejo, pero aún no realiza efecto.
 Nace Hanna, su hermana: al ver cuando la bañan y cambian, empieza a notar la diferencia anatómica entre los sexos.
 La madre lo baña, lo pone talco en los genitales y procura no tocarlo, él le pregunta porque no le toca el hace pipí y ella
responde que es una porquería, y él le dice que es divertido (se ve la excitación sexual).
 Hans confirma las cuestiones tratadas en “La Interpretación de los Sueños” y en “Tres Ensayos de Teoría Sexual”; él es
realmente un pequeño Edipo, quisiera tener fuera a su padre, eliminarlo, para poder estar solo con su madre, dormir con
ella.

HISTORIAL CLÍNICO Y ANÁLISIS:


Juanito presenta trastornos nerviosos que tiene a los padres intranquilos. El padre sospecha como base de la perturbación
nerviosa, una sobre excitación sexual a causa de los excesos de mimos de la madre (la madre era muy permisiva, Juanito
dormía con la madre, ella ignoraba las peticiones del padre). El padre era un padre presente pero no ponía límites entre
madre e hijo.

Diferencia entre la angustia y el miedo


 En un primer momento lo que Juanito sintió no fue miedo, sino angustia (carencia de objeto).
 Sale a pasear con su niñera y llora (angustia), pidiendo regresar a que su mamá lo mime. Experimenta angustia, pero no
puede localizar a que le teme.
 Tenía miedo a salir de la calle porque tenía miedo que un caballo lo muerda. El miedo a que un caballo lo muerda en la
calle parece tener que ver con la impresión fuerte dada por un pene grande (como el del caballo). Hay fobia, porque
hay objeto. MORDER = CASTRACIÓN  (su fobia no es casual).

Perturbación: angustia por quedarse sin caricias de la madre. La intensificación de la ternura hacia la madre se convierte
en angustia (deseo sexual infantil incestuoso hacia la madre que luego se convierte en angustia). Intentos de seducción:
alaba sus genitales cuando la madre lo entalca.
Angustia: deseo erótico reprimido que carece al principio de objeto, como toda angustia infantil. Es angustia y no miedo
porque carece de objeto.

El niño puede saber de qué tiene miedo, si no quiere decirlo es porque no lo sabe. El miedo se intensifica al anochecer y
Freud lo relaciona con que al anochecer es el momento en que resurge la libido intensificada en relación al objeto de
amor, que es la madre. El caballo no es más que la madre para Freud.

Es angustia cuando no puede decir a que le teme, no puede depositar esa angustia en un objeto.
Es miedo cuando localiza y deposita esa angustia en un objeto concreto, el caballo. Y el miedo específico de que lo
muerda.
La histeria de angustia evoluciona hacia la fobia. El enfermo puede quedar libre de angustia, pero solo a costa de
inhibiciones, prevenciones y evitaciones. Se constituye en fobia cuando esa angustia queda depositada en un objeto o en
una situación.

Primer conflicto de sentimientos: Hans se ve forzado a odiar a ese padre, competidor, a quien había amado desde
siempre y seguía amando, éste era su único modelo y cuidador. Era fuerza que el amor en Hans prevaleciera
provisionalmente y sofocara al odio, pero Hans no pudo cancelar este sentimiento, dado que su amor por su madre lo

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acrecentaba cada vez más. Similitudes entre el caballo y el padre. El miedo que tenía a los caballos estaba asociado al
amor que sentía por la madre. El niño se debate la lucha entre amor y rivalidad hacia el padre. Ambivalencia. 2
aspectos del miedo: del padre proviene de la hostilidad contra el padre y por el padre proviene del conflicto de amor
hacia él.
Ocasión de eclosión de la fobia: Juanito ve como un caballo grande cae. Esto refleja el deseo inconsciente de que el
padre caiga y muera y quedarse el solo con la madre.

¿Por qué Juanito desarrolla la fobia? De acuerdo a como el sujeto TRANSITA el Edipo es que se va a estructurar el
sujeto en la neurosis. Si el padre no intervenía, Juanito podría desarrollar una psicosis. El síntoma adquiere importancia en
relación a la estructura en la que se desarrolla y o pertenece. La fobia en sí, no posee un papel patológico. La diferencia de
la histeria porque: la libido desprendida del material patógeno no es convertida, en lo corporal, sino que se libera como
angustia.

PUNTO DE FIJACIÓN - FOBIA: etapa fálica. Deseo sexual infantil incestuoso hacia la madre, y a la par aparece el
miedo a la castración justamente por ese deseo. El Superyó censura este deseo y comienza el conflicto con el Ello. El yo
bajo el retorno de lo reprimido convierte por desplazamiento ese deseo incestuoso en síntoma, en miedo. El
sujeto termina teniendo miedo a eso que desea. El miedo aparece en un 2do momento. Mecanismo de defensa:
DESPLAZAMIENTO

3 GRANDES REACCIONES:
Evitación: es una de las más comunes; busca evitar encontrarse con el objeto de fobia.
Parálisis: no se evita, se paraliza ante el objeto de fobia.
Huida hacia adelante: lejos de evitar o paralizarse, el sujeto huye hacia adelante. Conducta confrontativa con el objeto.

FRIZZERA, O. - LA ESTRUCTURACIÓN DE UN SUJETO

CASO LUCÍA - RESUMEN: Niña situada y signada en un lugar de muerte, seriamente obstaculizada la posibilidad de
constituirse como sujeto. Los sonidos del mundo cobraban para ella el valor de ruidos aterradores, amenazantes. La
sostenía un terrible marco de angustia. La voz, la melodía, se convirtieron en el hilo conductor que la llevarían a un
movimiento de separación, reunión, discriminación y reencuentro con el Otro, creando un espacio donde surgir como
sujeto.
Ñ: Lucía (segunda hija). Madre: Elena. Padre: Pablo

El nacimiento de Lucía estuvo marcado por la muerte de su abuela materna, que sucedió un día antes. Esto a Elena la
conmovió mucho. Se sintió en deuda y culpable ante “esa madre sacrificada, de origen humilde, que sólo había conocido
la miseria y el trabajo duro”. La llegada de Lucía quedó envuelta en la desaparición de la madre. Elena se refiere al
nacimiento semejándolo a un velatorio, tan distinto del de Hernán (primer hijo). Sólo recuerda del parto dolor y
sufrimiento, durante el mismo imaginaba la escena del entierro al que no podía acudir. Lucía nació cianótica, tardó en
llorar, hubo dificultades respiratorias, sufrimiento fetal. No la pudo amamantar, no tenía leche para darle. Se asustó al
verla, le pareció “fea, horrible”. Describe la desagradable impresión que le causó la niña. A los 6 meses Lucía tuvo una
gastroenteritis aguda, fue internada y estuvo al borde de la muerte. Ante las palabras del pediatra, Elena comenzó a mirar
a su hija de otra forma. Intentó dedicarse a ella más intensamente, de forma distinta. Pero el crecimiento de la niña le
resultaba engorroso.

El padre (Pablo) trataba de resolver las situaciones angustiosas que se suscitaban, sin mucho éxito. Es el tercer matrimonio
de Pablo, pero el único en el que había tenido hijos. Lo siente como el verdadero y definitivo. Es un hombre fóbico,
indeciso.
 Su padre falleció en forma súbita cuando Pablo tenía 10 años. Siguió sintiendo por un largo tiempo la sensación de que
algún día volvería. Pablo a partir de la adolescencia padeció diferentes fobias.
 Elena, a meses de comenzar el noviazgo queda embarazada. Pablo se mostraba feliz y quería casarse, Elena se negó.
Sentía temor y vergüenza hacia su familia. Al año se casaron. Nació Hernán y a los tres meses volvió a quedar
embarazada.

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Lucía presentaba una marcada inestabilidad postural, por lo que su padre la sostenía la mayor parte del tiempo. No
controlaba esfínteres, tenía serios trastornos del sueño. En cuanto al lenguaje, mostraba indiferencia frente a la palabra del
Otro, sin comprensión de gestos ni de elementos contextuales o lingüísticos. Producía pocas palabras (mamá, papá).
1° sesión: L llega en los brazos de su papá. Se desprende de él sin dificultad, durante el transcurso de esta sesión mira a
su alrededor con poco interés por los objetos e imágenes, pero prevalece en ella una actitud de escucha alerta ante los
ruidos.

3° sesión: Se desata una tormenta mientras está manipulando unos juguetes con indiferencia. Totalmente invadida por el
pánico, se aferra al analista y llora desesperadamente. El analista comienza a imitar el sonido de los truenos derivándolos
en una melodía suave. “Entre su llanto y mi melodía, ha podido integrar mi voz”.

6° sesión: A poco de entrar, mira al analista con extrañeza y estalla en llanto. Se ve reflejada en un espejo y eso agudiza
aún más su angustia. Se hace pis y entre lágrimas y gritos llama a su padre. Se va calmando, se miran al espejo, el padre se
nombra, la nombra, nombra al analista. Comienza a acercarse al analista. Esta escena se repite algunas sesiones más.
Durante varias sesiones se establece “un entre dos musical”: el analista entona una melodía sin palabras, ella procura
producir un sonido similar. A veces irrumpen los ruidos y estalla en lágrimas, se calma, escucha la voz del analista y
responde. Paulatinamente el analista incorpora su nombre (el de Lucia), lo canta, intenta repetirlo, luego el de él. Después
de 3 meses de iniciado el tratamiento, la reacción ante los ruidos ha disminuido. Lucia ha nacido en un momento donde
vida y muerte se entrecruzan. La muerte parece captar la mirada de Elena y establecer en Lucia una marca primordial.

Concurren y se entrelazan:
 La muerte de la abuela y el nacimiento de Lucía.
 La concretización del relato familiar en el que coinciden el nacimiento de una hija con la posibilidad de muerte de la
madre.
 La desaparición materna que lleva a Elena a estar también ausente como madre.
 Su propia condición de desvalimiento como hija.

Cuando Elena siente que la niña deja de moverse lo atribuye a una posibilidad de muerte. La muerte aparece como el hilo
que enlaza a estas 3 mujeres. En el rostro de Lucia se dibuja un fantasma de destrucción materna, queda plasmada la
carencia. Lucia no ocupa para su madre un lugar narcisísticamente valorado. En el nacimiento el niño ingresa a un mundo
significante a través de Otro. Para Lucia, Este Otro (Elena) sólo la ve al borde de la muerte, borde que pone tope a este
vacío donde queda abandonada. Elena no conforma ese Otro que soporta, auxilia, otorga, imponiendo su deseo en un
movimiento de alienación.

LUCÍA Y LA VOZ: El acto de escuchar la voz inaugura la relación con el Otro. Voz como materialidad fónica, que
transporta deseo. La voz surge desde el interior del cuerpo, lo atraviesa, se abre al ámbito donde se encuentra el Otro, da
posibilidad de materializar una demanda. 1er elemento del lenguaje que envuelve y capta al niño. La voz surge como
rumor melodioso cercano a la palabra.

 A partir de la voz se despliega el deseo. Lucia inicia con su voz la búsqueda de otra voz. Melodía que traza un camino
que conduce al encuentro espejado con el semejante.

 Va emplazando una escena narcisística, apertura de lo imaginario, juego de búsquedas, encuentros, presencias y
ausencias propician lo simbólico. A la melodía se le agrega el nombre como un paso más en la simbolización.

 Aparición de su propio deseo. Comienza a invocar al Otro con la ilusión de convertirse en objeto de su deseo, reclamar
su amor.
FRIZZERA, O. - LOS NUEVOS NIÑOS “ANORMALES”. ¿NIÑOS O SÍNDROMES?

Relata 3 hechos para hablar de la medicalización de la infancia. 3 hechos en principio distintos.

Caso Jero, 11 años.


 La madre solicita la entrevista: “Jero se porta mal, sobre todo en la escuela. Está siempre inquieto, se mueve todo el
tiempo, no atiende en clase, molesta a los otros, tuvo 2 cambios de colegio, varios médicos y tratamientos
psicopedagógicos”.

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 El último neurólogo lo diagnostica con Trastorno Generalizado del Desarrollo y le recetó medicamento.
 Padre: padre humillado, ausente, carente. Alcohólico, y al momento de la consulta tiene una enfermedad terminal.
 Movimiento de Jero: inquietud corporal, no puede permanecer sentado, ni esperar, frecuentemente se toca los
genitales. El médico incluyó esto entre los signos de inmadurez.
 Madre (acerca del padre): “desgraciadamente no pude escuchar a mis padres, él ya tomaba cuando me casé, pero
pensé que podría cambiar”. Concluye que su miedo actual es que lo de Jero sea también incurable.

Se trata de niños pequeños (menores de 4) ya que es la edad en la que el cerebro adquiere la forma y el peso definitivos,
de ahí la recomendación de actuar tempranamente frenando la agresividad innata. Si se sabe que los comportamientos de
agresión aparecen “naturalmente” en los niños pequeños, se sabe que hay que controlar muy tempranamente estos
comportamientos.

Mencionar que el tema nos puede llevar a este fenómeno, que es la cantidad de niños que reciben medicación. Tendencia
en aumento. La alarmante estadística tendrá que conducirnos a la pregunta por la causa y a la cuestión de cómo la
medicina ha ido apoderándose del cuerpo, y no solo para curar enfermedades, sino para tomar a su cargo conductas.

Foucault  las razones de la injerencia de la medicina en la infancia se apoyan fundamentalmente en los siguientes
factores:
 El trato que se da a la consideración de la sexualidad autoerótica infantil.
 Una concepción de inmadurez del desarrollo que concluye en diagnósticos de infantilismo.
 La importancia otorgada a la herencia biológica.
 Una defensa de la sociedad, arrogándose la función de protección social.

Freud  lo constituyente del sujeto: la sexualidad infantil, la masturbación atraviesa todos los tiempos. Junto con ella
surgió la culpabilidad a los padres: falta de vigilancia, negligencia y falta de interés por sus hijos, su cuerpo y su
conducta. Se pasó de considerarlos responsables de la crianza del niño, a ser culpables. Para que la vigilancia pueda ser
llevada a cabo, se acompaña de un temor: al hijo puede esperarle un destino nefasto.

Fue surgiendo un paralelismo entre masturbación e impulsividad, entre el niño y el futuro delincuente. La infancia se fue
construyendo como objeto de la psiquiatría, la cual ya no sólo tratará enfermedades sino conductas. El saber científico y el
saber médico comienzan a ocuparse de aquello que no es supuestamente normal en la evolución. La medicina se convierte
así en una especie de control general de las conductas y el médico en juez titular de los comportamientos en general. De la
noción de herencia familiar surge un temor familiar y una entrega a la medicina o al médico del cuerpo del niño.
“Si el padre toma, tu hijo lo heredará o heredará esas consecuencias”.
El psiquiatra de Jero le asignó un importante lugar a los antecedentes hereditarios.

Aquello que antecede pertenece al campo del lenguaje. Un campo que lo espera al niño en un lugar asignado y lo ubica
como hijo en relación a un padre, madre, hermanos, abuelos, tíos. Antes de que llegue al mundo tiene un nombre y
apellido, va a formar parte de un linaje y de él se van a esperar muchas cosas.
¿Desde dónde el Otro significa al niño? El PSA dirá que es desde el fantasma de la madre, que, en el mejor de los
casos incluye al padre, desde allí se irá constituyendo la subjetividad del niño.

FANTASMA (Lacan): guion que antecede a la llegada del niño, es una pequeña historia detallada: hay una escena, un
decorado con personajes que efectivamente obran, que hacen acciones, donde el chico tiene destinado un papel.

El PSA de niños ubica una posición sobre aquello que el niño trae con sus síntomas, con el despliegue de acciones que
vienen a mostrar un detenimiento que no será solo el del desarrollo normal, sino el detenimiento en una escena de la
constelación familiar, que lo precede y lo aprisiona, le pone demasiados límites a un despliegue de su subjetividad en
construcción.
La escucha del PSA niños se propone rescatar la subjetividad, la singularidad de aquello que la produce.

DOS NOTAS SOBRE EL NIÑO - LACAN, J.

30
Lacan: el síntoma del niño está en posición de responder a lo que hay de sintomático en la estructura familiar.
El SÍNTOMA se define en este contexto como representante de la verdad. Puede representar la verdad de la pareja
familiar. La articulación se reduce en mucho cuando el síntoma que llega a dominar compete a la subjetividad de la madre.

El niño está involucrado directamente como correlativo de un fantasma. Cuando la distancia entre la
identificación con el ideal del yo y la parte tomada del deseo de la madre no tiene mediación, el niño queda expuesto a
todas las capturas fantasmáticas. Se convierte en “objeto” de la madre y su única función es entonces revelar la verdad de
este objeto.

El niño realiza la presencia del objeto a en el fantasma. Satura de este modo, sustituyéndose a ese objeto, el modo de
falta en el que se especifica el deseo (de la madre), sea cual fuere la estructura especial de este deseo: neurótico, perverso
o psicótico.

En suma, en su relación dual con la madre el niño le da, como inmediatamente accesible, aquello que le falta al sujeto
masculino: el objeto mismo de su existencia, apareciendo en lo real. Resulta de ello que en la medida misma de lo que
presenta de real, estará expuesto a un mayor soborno en el fantasma.

La función del padre y de la madre se juzgan según una tal necesidad. La de la madre, en tanto sus cuidados están
signados por un interés particularizado, así sea por la vida de sus propias carencias. La del padre, en tanto que su nombre
es el vector de una encarnación de a la Ley en el deseo.

LACAN, J. - EL SEMINARIO X. LA ANGUSTIA


En el discurso de Inhibición, síntoma y angustia, se habla de todo menos de la angustia ¿Significa esto que no se pueda
hablar de ella? Estos tres términos no están en el mismo nivel. Para poder entenderlos como una serie, es preciso verlos
en diagonal, lo cual implica rellenar los blancos.

La INHIBICIÓN está en la dimensión del movimiento, en el sentido más amplio del término. El movimiento existe, al
menos metafóricamente, en toda función. En la inhibición se trata de la detención del movimiento.

¿Por qué no recurrir a la palabra impedir? Nuestros sujetos están inhibidos cuando nos hablan de sus inhibiciones, pero
ciertamente, están impedidos. Estar impedido es un síntoma. Estar inhibido es un síntoma metido en el museo. Implica
la relación de una dimensión con algo que viene a interferirla. Impide, no la función, no el movimiento, sino al sujeto.
Lacan pone al IMPEDIMENTO en la misma columna que síntoma.

EMBARAZO: Es exactamente el sujeto S revestido con la barra S/, porque imbaricare alude de la forma más directa a la
barra. Se trata, ciertamente, de la experiencia de la barra. (“Imbaricare” es un neologismo que Lacan propuso para aludir
al momento en que “uno ya no sabe qué hacer con uno mismo, y busca detrás de qué esconderse”. En este texto, Lacan
rescata la palabra embarazo refiriéndose a lo embarazoso, en términos de La Angustia define el embarazo como
experiencia de la barra. En psicoanálisis, la barra es una condición propia del Sujeto. El Sujeto es una división, es su
condición el estar escindido.).
Lo que se refiere a la dimensión de la dificultad: La primera fila horizontal inhibición, impedimento, y culmina en esa
forma ligera de la angustia que se llama embarazo.

En la dimensión del movimiento, ¿Cuáles son los términos que veremos dibujarse verticalmente tras el término inhibición?

EMOCIÓN: Se refiere etimológicamente al movimiento, solo que aquí le daremos el primer empujoncito introduciendo el
sentido goldsteiniano del arrojar afuera, fuera de la línea del movimiento, es el movimiento que se desagrega, es la
reacción que se llama catastrófica.
¿Hay algo que responda más precisamente al nivel de la angustia? La palabra TURBACIÓN: el sentimiento lingüístico,
equipara este término con la palabra conmover. No tiene nada que ver con la emoción. La turbación en el tercer lugar, en
el sentido de lo que significa la inhibición en la vertiente del movimiento. La turbación es el trastorno, el trastornarse en
cuanto tal, el trastornarse más profundo en la dimensión del movimiento. El embarazo es el máximo de la dificultad
alcanzada.

3.

31
ANGUSTIA: Lacan dirá que es un afecto. El afecto no está reprimido, va a la deriva. Lo encontramos desplazado, loco,
invertido, metabolizado. Lo que esta reprimido son los significantes que lo amarran. Cuando en el plano del Otro, del
significante, o sea, siempre, más o menos, el de la fe, de la buena fe, no se juega en el juego. Y el afecto por el que nos
vemos llevados, quizás, a hacer surgir todo lo que este discurso comporta a título de consecuencia, no general, sino
universal, sobre la teoría de los afectos, es la angustia. La relación profunda, necesaria, del ACTING OUT con él a, ahí es.

Entrando en el acting out, en el caso de homosexualidad femenina, mientras que la tentativa de suicidio es un pasaje al
acto, toda la aventura con la dama de dudosa reputación elevada a la función de objeto supremo es un acting out.
Mientras que la bofetada de Dora es un pasaje al acto, todo su comportamiento paradójico con la pareja de los K, que
Freud descubre con tanta perspicacia, es un acting out. El acting out es algo en la conducta del sujeto que se muestra. El
acento demostrativo de todo acting out: su orientación hacia el Otro.

Caso joven homosexual: quería ese niño en tanto falo, como sustituto de algo que cae de lleno en nuestra dialéctica del
corte y de la falta. Es lo que le permite, tras fracasar en la realización de su deseo, realizarlo al mismo tiempo de otra y de
la misma manera. Se exige en aquello que ella no tiene, el falo y para mostrar bien que lo tiene lo da.

Combinemos los dos términos: mostrar o demostrar, y deseo, para aislar un deseo cuya esencia es mostrarse como
otro. El acting out es esencialmente la demostración, la mostración, sin duda velada, pero no velada en sí. Solo esta velada
para nosotros, como sujetos del acting out, en la medida en que eso podría hacer verdad. El acting out es un síntoma.
El síntoma se muestra como distinto de lo que es. No puede ser interpretado directamente, se necesita la transferencia, o
sea, la introducción del Otro. El acting out, es el esbozo de la transferencia. Es la transferencia salvaje. No hay
necesidad de análisis, como ustedes se lo figuran, para que haya transferencia. Pero la transferencia sin análisis, es el
acting out. El acting out sin análisis es la transferencia. El acting out llama a la interpretación. El SÍNTOMA no es como el
acting out, no es llamada al Otro, no es lo que muestra al Otro. Es goce, goce revestido, se basta a sí mismo.

Esta es una de las formas de plantear el problema de la transferencia. Sería muy útil plantearlo por este lado, porque es
la única forma de saber cómo actuar con ella en el acting out. La cuestión es saber cómo actuar frente al acting out. Hay
tres posibilidades: se lo puede interpretar, se lo puede prohibir, se puede reforzar el yo.

Interpretarlo: está condenado a tener pocos efectos. Cuando examinen la cosa de cerca, advertirán que el sujeto sabe
perfectamente que lo que hace en el acting out es para ofrecerse a la interpretación de ustedes. Esto es un callejón sin
salida.
Prohibirlo: se pueden hacer muchas cosas, pero decirle al sujeto, nada de acting out, he aquí algo bien difícil. Se observa
a este respecto que siempre hay prohibiciones perjudiciales en el análisis. Se hacen muchas cosas para evitar los acting out
en sesión. Además, también se les dice a los pacientes que no tomen decisiones esenciales para su existencia durante el
análisis. Que se hable del acting out es, con todo, señal de que se impiden muchos de ellos. Es un acting out, por lo tanto,
se dirige al Otro, y se si está en análisis se dirige al analista.
Reforzamiento del yo: la cuestión de cómo domesticamos la transferencia. Se trata de conducir al sujeto a la
identificación. No se trata de una identificación con la imagen como reflejo del yo ideal en el Otro, sino con el yo del
analista, con el resultado que la crisis verdaderamente maniaca que nos describió como la del fin de un análisis
caracterizado de este modo. Esta crisis ¿Qué representa, precisamente? La insurrección del a, que permanece
absolutamente intocado.

DIFICULTAD
M
O Inhibición Impedimento Embarazo
V
I
M
I Emoción Síntoma (Pasaje al acto)
E
N
T Turbación (Acting Out) Angustia
O

LA CLÍNICA - LA ANGUSTIA Y SUS MODOS DE EVITACIÓN

Tomaremos el Seminario X de Lacan que se llama “La Angustia” para recorrer modos de presentación del sufrimiento
subjetivo (en el niño y en los padres) y modos de presentación del Otro y del objeto a. Lacan se limitará a tomar a modo

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de cuerda el título “Inhibición, síntoma y angustia" de Freud y lo primero que señalará respecto de los términos de esa
tríada es que no están en el mismo nivel, son "heteróclitos". Es decir, son irregulares, fuera de orden pero en una relación.

Para Lacan, el PSA es una cura, no un tratamiento; al nombrarlo “cura” evita nombrarlo “tratamiento”, sino nos haría
pensar en una cuestión médica. ¿Qué es la cura? Ir hacia la angustia. La cura orientada a aliviar el malestar y el sufrimiento
subjetivo expresado en angustia. La naturaleza humana no es sin conflicto ni sin angustia, en la concepción psicoanalítica
del sujeto lo que sucede son los modos de sufrimiento que conlleva que deben desentramarse y abordar en el trabajo
analítico.

ANGUSTIA: “Afecto de displacer más o menos intenso que se manifiesta en lugar de un sentimiento inconsciente en un
sujeto a la espera de algo que no puede nombrar”. El cuadro permitirá identificar la angustia y sus modos de evitación. La
inhibición como punto de encuentro de los dos vectores porque va a ser el punto del menor movimiento y la menor
dificultad, y en diagonal va a poner los tres términos de Freud: inhibición, síntoma y angustia.

INHIBICIÓN: Lacan la define como “el síntoma en el museo”: piezas tiesas, inmóviles, conservadas estáticamente. Es el
modo de que algo permanezca inalterado. Tal es la situación de que éstos pacientes que Movimiento padecen
generalmente no consultan por demanda espontánea ya que están inmovilizados. En la situación clínica de niños ésta
consulta se ve facilitada ya que son Otros lo que consultan por el niño que en su expresión ha detenido su movimiento. Ha
detenido su movimiento que se muestra en la significativa distancia del síntoma y más aún de la angustia, no hay
interrogantes y, de haber expresiones verbales al respecto generalmente se dan en términos de racionalizaciones “soy así”
“me gusta” “no me gusta” sosteniendo un estatismo inalterable. La inhibición se va a hacer síntoma pasando por el
impedimento (está en la misma columna que el síntoma) y otra forma de salir de la inhibición es por medio del Acting out.

IMPEDIMENTO: ya hay algo más de implicación que en la inhibición, en el punto en que se quiere algo que no se puede
y éste no se puede, en el “se está impedido” lo toma en una trampa al sujeto. El impedimento es una trampa en la que el
sujeto ha caído. La trampa de que se trata aquí y la que el sujeto queda tomado en el impedimento es una trampa
narcisista: la de no poder equivocarse (estar en falta) y para no equivocarse a cambio, no pasa nada. De ahí la impotencia,
no poder. Muchos niños atraviesan situaciones en las que por ejemplo no se animan a hablar o a jugar en grupo y no
pueden hacerlo por temor a perder la relación, el prestigio o el lugar que suponen tener y a cambio no pasa nada, se les
dificulta incorporarse socialmente a sus grupos de pares.

EMBARAZO: dificultad para poder enfrentar y salir airoso de una situación que barra al sujeto que lo enfrenta con su falta
y es lo que no se tolera: el barramiento subjetivo. Ese barramiento no se tendría que haber mostrado, en ese furcio se
evidencia la parte fallida y no se tolera en el punto en el que se pierde el sostén yoico. Se habla de “situaciones
embarazosas”. Como aquel niño que estando inhibido no hacía (no juega, no participa por miedo a equivocarse) y en un
mínimo de movimiento es avasallado por la emoción y en crisis de llanto tampoco puede hacer nada. Es la expresión del
deseo de no saber en tanto tampoco permite un movimiento de pregunta o cuestionamiento, sólo llanto (por ejemplo) o
sólo odio sin nada más. No deja avanzar, hablar, pensar. No hay pregunta.

TURBACIÓN: se representa en la agitación, descontrol, “estar turbado”, no se sabe qué hacer, falta la acción y se acerca
a la angustia. Aparece como en la turba de gente, es decir, como en el conjunto de personas que en forma desordenada
genera confusión y caos por falta del líder, del guía. Si lo llevamos a la clínica psicoanalítica: ¿Quién ocupa ese lugar del
Otro que tiene la función de llevar adelante el análisis?: El analista. Entonces, va a aparecer turbación si el analista
desfallece en su función. ¿Por qué pone “ideal del yo” Lacan? Porque una forma de que desfallezcan sus funciones (las del
analista) es poner sus ideales en juego, su yo, y que esto inmediatamente tenga que ver con una identificación a esos
ideales, en el paciente. Como cuando analizábamos la posición de A. Freud en su forma de posicionarse frente a la niña
del demonio. Cuando el analista se queda en la realidad y no apunta al deseo del paciente. Es ante el desfallecimiento del
Otro.

El SÍNTOMA se establece como una formación de compromiso entre el deseo y la defensa. Es una palabra de la medicina
pero en medicina es entendida como signo, es decir, en relación a una referente (la enfermedad) que le médico decodifica.
El síntoma complejiza tortuosamente una función (por ej. enuresis). Para acceder a él se apela a otras formaciones del
inconsciente como los lapsus, el sueño, etc. El síntoma tiene un carácter compulsivo, tiene un sentido y es el resultado de
un proceso represivo y anuda la angustia. Tenemos también en éste cuadro dos presentaciones clínicas que se muestran
en el hacer y se caracterizan también por ser mostraciones fuera de la cadena discursiva: el acting out y el pasaje al acto.

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El PASAJE AL ACTO por debajo del embarazo en tanto el barramiento subjetivo no es soportado y el Otro se ha ido
engrandeciendo en su poderío e idealización y es el que puede y es y entonces que el sujeto queda como resto. Hay una
desintegración subjetiva (distinto del acting que no implica la destitución subjetiva) por eso se toma como parámetro
siempre al suicidio, pero hay muchos pasajes al acto que no son suicidio.

ACTING OUT: es una escena burlesca, es mostrativa, demostrativa. Un acting out en análisis está dedicado al analista,
siempre viene con dedicatoria, se la dirige al Otro. Muestra un deseo y eso entra dentro del proceso analítico, al tener
dedicatoria, estar dirigido al Otro y mostrar un deseo, en análisis el acting está dirigido al analista se lo dedica para que
éste se introduzca en la transferencia y en el deseo. Por eso el acting out es transferencia sin análisis. Lo que va a mostrar
es el objeto causa de deseo, es decir que el acting out es un intento de causar el deseo en el Otro a quien está dedicado, y
lo hace de acuerdo al guión fantasmático, por eso Lacan dice que el acting out es un intento de subirse a la escena del
Otro, tener un lugar en el deseo del Otro; y lo va a contraponer al pasaje al acto, que es una caída de la escena del Otro
como resto.

Caso Frida: Lacan tomará éste caso como crítica que no se trata de una clase de sujeto en donde se da transferencia
delirante y requieren de la respuesta total del analista sino de casos en donde prevalece el acting out. Destaca muchas
intervenciones de Little que no rozan la defensa de su paciente Frida y que la situación se transforma a partir de que el
duelo por la muerte de la amiga de los padres es abordado en el análisis y Little interviene diciendo “que sentía pena con
ella y por ella” refiriendo esto a su posición de estar totalmente dispuesta como analista a su paciente y Lacan entiende de
esto que con ésta introducción del duelo la analista incorporaba la angustia, lo cual implica introducir los términos de la
falta y el corte y soportarlo. Cosas que Frida nunca había podido vivir con los padres en su posición. Lacan refiere “Sólo
podemos estar de duelo por alguien de quien podemos decir. Yo fui era su falta”. Para Lacan la angustia no es sin objeto,
es su condición.

LITLE, M. - EL PAPEL DE LA PERSONA TOTAL DEL ANALISTA EN EL PSICOANÁLISIS

La contratransferencia es:
a) La actitud inconsciente del analista hacia su paciente.
b) Los elementos reprimidos no analizados en el analista mismo que él coloca en el paciente de manera idéntica a la que el
paciente "transfiere" sobre su analista de afectos experimentados hacia sus padres o los objetos de su infancia: el analista
considera a su paciente como consideraba a sus propios padres.
c) Cualquier actitud o mecanismo específico por el cual el analista descubre la transferencia de su paciente.
d) La totalidad de las actitudes y comportamientos del analista hacia su paciente aquí se incluyen todas las actitudes
conscientes y las que no lo son.

El término contratransferencia está investido de una carga emocional que hace difícil la discusión. Es imposible evitar la
confusión o la carga emocional, pero para reducir ambas a un mínimo introduciría un símbolo "R". "R" comprende todo lo
que es consciente y todo lo que es inconsciente, comprende elementos que pertenecen a la vez al yo, al superyó y el ello
del analista.

Respuesta total: Todo lo que el analista dice hace piensa imagina o experimenta en el curso de un análisis en relación a
su paciente. Todo paciente que llega al análisis tiene ciertas necesidades y a esas el analista responde de diversas
maneras. La respuesta es inevitable y puede evaluarse, es una parte indispensable del análisis; resulta de un equilibrio de
una interacción y de una fusión entre el amor y el odio del analista hacia su paciente. Un apretón de manos que da o
rechaza el analista, las condiciones que él define para el paciente y para el mismo, su silencio, su escucha, sus reacciones o
su ausencia de reacción, son expresión de sus sentimientos conscientes o inconscientes. La interpretación es parte del
comportamiento.

Necesidades: En todos los casos la última necesidad es la adquisición de un discernimiento y una evaluación acrecentada
por la realidad, pero numerosos pacientes graves tienen otras necesidades que deben ser descubiertas en la marcha.

Responsabilidad del analista: El analista no tiene solamente una responsabilidad hacia su paciente la tiene también
hacia el psicoanálisis y la comunidad analítica; su paciente o la sociedad desearían endosar numerosas responsabilidades
pero las suyas tienen sus límites. Las palabras, las ideas, los sentimientos, los actos, las reacciones del analista, sus

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decisiones, sus sueños, sus asociaciones le pertenecen a él mismo y debe asumir la responsabilidad sobre ellos. Esta es
una verdad invariable para todo analista.

Existen 3 categorías de pacientes, todo paciente tiene diferentes etapas en su análisis y puede pasar de una a otra:
 El compromiso: Asumir sus responsabilidades implica, hacer una justa evaluación del paciente tanto a niveles
superficiales como profundos; esto no significa el reconocimiento inmediato de todo lo que contienen los niveles más
profundos sino de su existencia y la medida en la cual contribuyen al fracaso o al éxito de la vida del paciente y de sus
relaciones.
 Sentimientos: Los verdaderos sentimientos que el analista coloca sobre su paciente y su deseo de ayudar (es necesario
que haya algún sentimiento de simpatía compasión o interés para activar el inicio o la continuación del análisis) tiene que
ser expresados clara y explícitamente, nombrados, cuando estos son experimentados y pueden por consecuencia surgir
con espontaneidad y sinceridad. Los sentimientos fingidos más que inútiles serían inadecuados, la absoluta represión de
los sentimientos intensos no es inútil sino inhumano y falsea el fin del Análisis que es el permitir al paciente experimentar
sentimientos no permitidos.
 Límites: "hasta el final": Ciertos pacientes están tan enfermos que su tratamiento no puede lograrse sin el gasto de un
enorme esfuerzo a la vez extensivo e intensivo. En tales casos la dificultad está siempre en incitar al paciente a ir "hasta
el final" y esto es solo si él se entera de que su analista va "hasta el final"; que comprenderá qué vale la pena hacer lo
mismo.

Manifestaciones del analista en tanto que es persona: Cada uno de estos elementos de responsabilidad,
compromiso, sentimientos entrañan la manifestación del Self del analista en cuanto persona, en tanto que es un ser
humano viviente con el que es posible tener contacto y una relación. Para los pacientes que sufren angustias psicóticas y
en particular para los que sufren una psicosis real, un contacto más directo con el analista es necesario. Simbolismo y
pensamiento deductivo son indispensables cuando el contacto directo está restringido. Todo paciente prueba
constantemente a su analista para encontrar sus puntos de debilidad y sus límites él debe descubrir que aquello verdad
para su analista lo es también para él es decir que hay una inadecuación entre la fuerza del yo y la tensión instintiva. Si él
puede probar que su analista es incapaz de soportar la angustia, la locura y la desesperación, tendrá la certeza de que lo
que él experimenta es obligatoriamente verdadero.

CASO FRIDA: 6 episodios del único análisis de Frida (10 años de análisis). Se mostraba desorientada en el tiempo. Fue
derivada por cleptomanía y durante más de un año ella no lo menciona. En su lugar, habla de dificultades con su marido y
niños.
Infancia: El padre: vanidoso, la castigaba por no obedecer a su madre, era megalómano. Pensaba que ningún mal le
podría alcanzar. Su familia emigra sin él. Y él muere en un campo de concentración. La madre: egocéntrica, le arrastraba
del cabello por las escaleras, y la encerraba en cuarto por no obedecer. Frida era la mayor. Fue una decepción para sus
padres. Ella no fue deseada, esperaban un niño. Ella amaba mucho a su padre. Sentía que tenía que cumplir con sus
órdenes.
Solo fue amamantada durante unos días. La leche de la madre salía cortada cuando el padre le dice a su madre que se
parecía más a uno de sus amigos, que a él mismo. A sus hijos los ve como extensión de su cuerpo. Como ella lo ha sido
con su padre, y son Icc explotados como lo ha sido ella misma.

Era cleptómana. Realizaba acciones impulsivas en cualquier situación de tensión. Las interpretaciones no funcionaban. Se
podía reconocer que ella transfería algunas cosas a su marido y a sus hijos pero jamás a la analista. No hacia duelo por su
padre. Tenía un apego emocional por su madre. Peleas con su marido. Adoraba las disputas por el gusto de las
reconciliaciones ambientales. Lo insultaba delante de sus hijos, les decía que era un desgraciado

Un día llega vestida de negro con el rostro cubierto de lágrimas. Isle murió, la distinguía de sus amigas. Dice que ve que
siente culpa por los sentimientos homosexuales que eran dirigidos hacia ella. Isle pertenecía a la generación de los padres
de Frida. De los que había sido su amiga, y de Frida, desde que tenía 6 años.

La analista interpreta “que ella tenía el sentimiento de que ella le robó a Isle, que ella quería que comprendiera su
amargura, así como Isle había comprendido la desgracia de su infancia, y su simpatía con ella”. Frida no podía comer ni
dormir. No le hablaba más de Isle a quien idealizaba y las fotos de ella invadían toda la casa de la analista. Estaba claro
que corría peligro su vida. Finalmente, la analista le dice lo doloroso que era su desamparo, no solo para ella y su familia,

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sino para sí misma. Que sentía pena con ella y por ella. Ahí se calmó y no lloró más. Luego Frida vuelve a ocuparse de los
suyos.

La analista se ve ocupando el lugar del:


1. Padre (muerto) a quien ella puede decir lo mala que era su madre
2. Isle. Quien la había también acompañado en todas sus dificultades.
Frida le comunica que había tenido un sentimiento de verla a analista como su madre cada vez que hacia comentarios de
lo que ella hacía, su madre que la decía siembre “eres execrable”. En el momento que expreso sus sentimientos se
transformó en Isle. En ese momento las interpretaciones en la transferencia empiezan a tener un sentido para ella.

Acting Out: empieza a robar cuando la mama le visita. Tiene acciones impulsivas que le son peligrosas como caminar por
la calle sin ver y que los autos la puedan chocar. Sus padres le trataban de mentirosa y ladrona de joven. Le había llegado
a amenazar de muerte si se enteraba que era ladrona La analista le dice que ella no debería recibir más a su madre. Porque
se arriesgaba al hacerlo. Después de pensar le dice no a su madre. La madre le dice nuevamente “qué excretable”. Le nace
el impulso de robar las manzanas de su vecino, pero pide a los hijos que le pidan y él se las da. Puede vivir bien con sus
maridos y sus hijos y ya no discute más.

Lacan critica:
 Que el análisis no es un encuentro empático con el paciente. Sino que se trata de lugares. En el cual el analista ocupa en
la transferencia.
 En el caso Frida vemos como fueron 10 años de análisis y no se generaba cambios por las interpretaciones.
 Hasta que la analista se angustia.
 “no se trata de una clase de transferencia delirante sino de una zona en donde prevalece el acting out.
 La analista se angustia, y cuando lo hace produce la falta, el corte, cosa que Frida nunca pudo vivir con los padres. El
padre de Frida era un sujeto omnipotente, que no aceptaba estar en falta. Ella no ve esto en los otros.

Implicaciones técnicas: Somos conscientes de que muchos pacientes son incapaces de hacer uso de las interpretaciones
de transferencia antes de que no haya ocurrido algún cambio que haga su yo accesible. Las dificultades para hacer aceptar
a pacientes las interpretaciones de transferencia, el surgimiento de las tensiones frecuentes e imprevisibles que a menudo
conducen a un violento “acting out”, eso, y otras muchas cosas han sido consideradas como resultando de una
insuficiencia en el analista: análisis insuficiente, rechazo para admitir sus propias angustias, acting out de su parte.

Verbalización, comprensión e interpretación han sido consideradas como muy importantes. Pero la necesidad de una
perlaboración (al parecer es reelaborar) ha sido reconocida como un proceso necesario en análisis.
La realidad que está presente en todo análisis, es el propio analista, su función, su personalidad. Es él, el que tiene que
encontrar sus propios medios y utilizarlos para reencontrar las necesidades individuales de sus pacientes, encontrar lo que
es factible, y definir sus propios límites para dominar las angustias de sus pacientes tanto como sea posible. Es en un
sentido, la aceptación de él mismo, tal y como es. La mayor espontaneidad del analista ayuda al paciente a dejar caer su
rigidez y estereotipia.

PORGE, E. - DEL DESPLAZAMIENTO AL SÍNTOMA FÓBICO

Freud y Lacan, cada uno a su manera, asignan a la fobia un lugar particular. El autor afirma que la complejidad de la fobia
en la estructura es intensificada por Lacan, o bien, el deseo fóbico está especificado en la neurosis por ser un deseo
precavido (Histeria: deseo insatisfecho, N. O: deseo imposible). La fobia se configura como la estructura más radical de la
neurosis.

Es necesario cuidarse de confundir estructura fóbica y estructura de la fobia, dado que se asemeja con otras neurosis y
estructuras clínicas. La fobia se aprehende como límite redoblado de la estructura: límite de la neurosis y límite entre
la neurosis y la perversión. La angustia es una señal (en el yo, dice Freud) que marca en el espacio, cada vez que se
desencadena, otras tantas zonas infranqueables. El espacio del sujeto viene a organizarse en torno a estos límites que
devienen delimitaciones.

Comúnmente hay transformación de un objeto contrafóbico en objeto fóbico e inversamente. El espacio que
tenemos que tratar es un espacio que puede cambiar de signo. Lo que estaba de un lado del límite puede pasar del otro

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lado. "Este espacio, para funcionar, necesita ser agujereado, al menos imaginariamente. Lo que llamamos objeto fóbico es
un elemento de lenguaje.

LA CURA DE HANS: El síntoma fóbico cae sobre Hans en el momento en que las reglas del juego son perturbadas y
donde debe asumir la integración simbólica de su sexo. Las reglas del juego son perturbadas porque en ese momento
Hans se situaba en una relación imaginaria, dual, con su madre, dentro de un juego intersubjetivo de
velamiento/develamiento del falo de ésta.
2 acontecimientos reales vienen a cambiar las reglas del juego: 1) Los primeros goces fálicos que agitan a Hans; 2) El
nacimiento de una pequeña hermanita, Anna.

No se trata para Hans solamente del interrogante de tener un pene pequeño o grande, sino de aquel, asociado a la
pregunta fundamental "de dónde vienen los niños'' que implica el interrogante sobre el significante padre. Hans llama a un
tercer personaje, el padre. Confrontado a esta revisión de su sistema simbólico, Hans se encuentra desarmado. Por un
lado, su madre hace juicios despectivos sobre su sexo: no es más que una porquería. La madre no renuncia a
conservar a Hans como su pequeño apéndice que lleva a todas partes, y las intervenciones del padre que quedan sin
efecto. El padre no puede servir de soporte a una transformación del sistema simbólico de Hans. Lo que Hans demanda
a su padre es que se enoje. Para paliar esta carencia del padre real el síntoma fóbico sobreviene, para sostener al
niño respecto a la angustia de devoración materna.

El síntoma, se sustituye en lo real a la instancia paterna carente en lo real, y juega un rol estructurante, reparador,
mediador de lo imaginario a lo simbólico. El miedo que no proviene de la palabra del padre, va a provenir del caballo. El
caballo es a la vez la imaginarización de un elemento simbólico (lenguaje) y el símbolo que sirve de hilo a la trama de
construcciones imaginarias de Hans. Este lazo de lo imaginario a lo simbólico se hace por la mediación del síntoma
donde el significante caballo representa el elemento sustituible, permutable, separable. El caballo representa a la madre, al
padre de Hans, a Hans mismo, a su pene.

La cura de Hans no fue la efectuación de la castración que Lacan definió como una “operación simbólica sobre un objeto
imaginario” y cuyo agente es real. En efecto, afirma que la cura de Hans se concluye sobre este pensamiento que
enuncia a su padre: "Ha venido el instalador y con unas tenazas me ha quitado primero el trasero y después me ha dado
otro, y después el hace-pipí. Él ha dicho: “Enseña el trasero” y yo he tenido que darme vuelta, y él lo ha quitado y luego ha
dicho: "Él te ha dado un hace-pipí más grande y un trasero más grande". En relación al comienzo de su fobia, Hans
habrá sabido encontrar su sitio simbólico, un nuevo trasero, un sitial propio donde él podrá jugar su propia partida.

UNA NEUROSIS BAJO EL SIGNO DE LOS MEDIOS DE TRANSPORTE: En lo que concierne al síntoma fóbico, hay
una sustitución del "objeto padre" por el ''objeto animal"' y esta “formación de sustituto del elemento de representación se
acopla por la vía del desplazamiento siguiendo las conexiones determinadas de una manera particular. En “Inhibición,
síntoma y angustia” destaca que "en el caso de la fobia, en el fondo sólo se ha sustituido un peligro exterior
por otro” (la castración). En el caso de Hans, este homeomorfismo es bastante ejemplar. Se ilustra de la famosa frase:
"a causa del caballo". Freud hace notar que Hans acentúa a causa. Es tal vez a causa de esta frase, dice Hans, que adquirió
su fobia. Freud indica que el termino a causa de abrió la extensión de su fobia de los caballos a los coches.

Si la neurosis de Hans está bajo los signos de los medios de transporte es porque su solución está en el transporte del
signo. El caballo es ese significante donde Hans podrá plantear sus preguntas, ¿quién lo representará frente a otros
significantes?, ¿quién cristalizará las reglas de juego, arrastrando este yo (je) restableciéndolo? ¿Por quién es traído Hans?
¿Con quién está atado? El caballo le permite plantear y plantearse estos interrogantes. Cuando Hans tiene miedo de partir
con el coche, de no poder saltar suficientemente rápido sobre la rampa de carga, no es porque teme no volver a encontrar
a su madre, por el contrario, tiene miedo de volver siempre a su punto de partida, a ella, que no es para él un punto de
apoyo muy sólido, un plano fijo como la rampa de carga a lo largo de la cual se disponen los coches.

LOS CIRCUITOS DE HANS: Las representaciones espaciales tienen gran relevancia dentro de la clínica. Podemos decir
con Lacan que el espacio parece formar parte del inconsciente, en el sentido en que este espacio está estructurado
por las formaciones del inconsciente, que es el efecto de una combinatoria de sustitución y de desplazamiento, es porque
el lugar de esta combinatoria es igualmente interrogado. Las formaciones del inconsciente crean, implican, un lugar Otro.
Freud designa a las formaciones del Icc como “la otra escena”. Seguidamente, él inventa las tópicas, la primera: Icc, Prcc,
Cc; y la segunda: Yo, Superyó, Ello. Para Freud hay varios lugares de las formaciones del inconsciente. Lacan prolongó

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esta tentativa de Freud partiendo del hecho objetivo de que estos lugares son lugares-dichos. Es así como Lacan nombra
tres dimensiones: lo real, lo simbólico y lo imaginario. Tres dimensiones que, en pos de su consistencia particular,
invitarán a Lacan a una consistencia de nudo  nudo borromeo: las tres se sostienen en conjunto de manera tal que, si se
corta alguna, las otras quedan libres. Es desde el lugar de esta nodalidad borromea que los circuitos de Hans deben ser
examinados. Las representaciones espaciales que trazaremos son presentaciones del inconsciente.
Lacan: "¿Por qué la elección del caballo? El caballo es el representante de 3 circuitos. La fobia de Hans es este nudo triple
donde los tres aros se sostienen juntos. Es en esto que él es neurótico: corten uno y los otros dos se sostendrán."
El nudo de la fobia sería una cadena llamada olímpica.
UNIDAD 5: LA SESIÓN CON EL NIÑO

FREUD, S. - PERSONAJES PSICOPÁTICOS EN EL TEATRO

Función del drama: despertar la piedad y el temor, provocar una catarsis de las emociones, se trata de procurarnos
acceso a fuentes de placer y de goce yacentes en nuestra vida afectiva. El principal papel: la liberación de los propios
afectos del sujeto, y el goce consiguiente ha de corresponder, por un lado, al alivio que despierta su libre descarga, y
por el otro, a la estimulación sexual concomitante que representa el subproducto ineludible de toda excitación emocional.

La contemplación apreciativa de una representación dramática cumple en el adulto la misma función que el juego
desempeña en el niño, el satisfacer su perpetua esperanza de poder hacer cuanto los adultos hacen. Los actores del drama
le posibilitan la oportunidad de identificarse con un protagonista. Pero de este modo le evitan también la experiencia, pues
sabe que si asumiera en persona el papel del protagonista debería incurrir en tales pesares, sufrimientos, que le
malograrían el placer implícito. De ahí que su goce dependa de una ilusión, pues presupone la atenuación de su
sufrimiento merced a la certeza de que, es otro y no él quien actúa y sufre en la escena; y en segundo lugar se trata sólo de
una ficción nunca podría llegar a amenazar su seguridad personal.

Destaca el drama por la relación suya con el sufrimiento con la desgracia. Todas las formas y variedades del sufrimiento
pueden constituir temas del drama, que con ellas promete crear placer para el espectador.
→ Primera condición de este género artístico: no causar sufrimiento alguno al espectador y hallar los medios de
compensar mediante las gratificaciones que posibilita la piedad que ha suscitado.

Dicho sufrimiento no tarda en quedar restringido a la angustia psíquica, pues nadie desea presenciar el sufrimiento físico,
teniendo presente la facilidad con que las sensaciones corporales así despertadas ponen fin a toda posibilidad de goce
psíquico.
→ Cuando el espectador se coloca en el lugar de quien sufre una afección física, nada encuentra en sí mismo que pueda
procurarle un goce o que le permita un trueque psicológico.

El sufrimiento psíquico se reconoce particularmente en relación con las circunstancias de las cuales se ha desarrollado.
De ahí que el drama requiera una acción de la que dicho sufrimiento emana, y de ahí que comience por presentar esa
acción al espectador. Condiciones que dicha acción debe reunir: es preciso que exista en ella un juego de fuerzas
contendientes; la acción habrá de llevar implícito un anhelo de la voluntad y alguna oposición a éste.
La condición previa para que se dé el goce es que también el espectador sea neurótico. En efecto, solo a un
neurótico podrá depararle placer la liberación y, en cierta medida, también la aceptación Cc de la motivación reprimida,
en vez de despertar su repulsión (como ocurriría en toda persona no neurótica).

En el neurótico, la represión siempre está a punto de fracasar: es inestable y requiere esfuerzos que podrían ser evitados
mediante el reconocimiento de lo reprimido. Sólo en él existe una puja de índole tal que pueda convertirse en asunto
dramático.

FRIZZERA, O. - ALGUNAS CONSIDERACIONES ACERCA DEL JUEGO

El artículo explora los comienzos del juego en el niño. Expresa su relación con la ilusión, con el trazado de la fantasía y los
comienzos de la simbolización. Muestra la actividad del jugar como forma, sustancia e instrumento con el que el niño se
expresa. Destaca su capacidad de simbolizar lo traumático, de repetir tanto lo placentero como lo displacentero y
modificar aquello que deviene insoportable. El juego como un discurso donde puede operar la interpretación
psicoanalítica sin precisar un sentido fijo si no favoreciendo el deslizamiento de significantes.

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Cuando la madre acaricia con su mirar al niño, cuando despierta en él su mirada o en los momentos en los que incita con
su rostro la sonrisa del bebé, inicia al niño en el camino del encuentro y contacto con el otro. Ese camino es para ambos,
placentero y lúdico. Es justamente este carácter lúdico que crea el medio, la forma en el que surgen y se desenvuelven
la estructuración y el crecimiento de un niño en todos sus aspectos.

Jugar es una parte fundamental del discurso infantil. El niño despliega en él diversos sentidos, lo hace a través del
contenido del juego y de la forma que utiliza para expresarlos. Ocupa la mayor parte del tiempo en la vida del niño y es un
instrumento que le permite un variado abanico de posibilidades.
→ Con su creación puede comunicarse, representar, simbolizar, expresarse.
→ El contenido del mismo descorre el velo de su deseo, del momento de crecimiento que transita, de sus miedos, etc.

La palabra “jugar” proviene del latín iocare, el iocus era la broma, el juego de palabras. “Ludus” indica el juego de la
acción, la actividad, el hecho de jugar. La palabra ludus deriva de otra palabra que es iludo e ilusio que significa ilusión.
Surge como alternativa posible a la impotencia infantil y comprende un futuro, un deseo y un anhelo. El juego posee una
estructura que es fascinante, atrayente y a la vez atrapadora. Característica principal de su estructura: la ilusión. En el jugar
hay una representación que se despliega y ésta va configurándose con elementos creados en el sendero de la fantasía.

EL JUEGO EN SUS COMIENZOS: El camino de la representación comienza con la indefensión del niño: cuando nace,
éste necesita imprescindiblemente del otro. Ese otro que se convierte en auxilio, protección, dándole cuerpo y sostén, a la
vez que lo marca y lo atraviesa con su propio psiquismo. Ese otro que intenta asistir al niño le permite adentrarlo en la
experiencia de la satisfacción y el acontecer del displacer. La vivencia de satisfacción constituye un hecho temprano
fundamental dentro de la trama psíquica que se va conformando. Esta misma posibilitará el poder soportar una pérdida
posterior, siempre que el ámbito en el que se dé, esté sostenido por el amor. Placer-displacer establecen el ritmo del
pulsar vital.

El espacio que se genera entre uno y otro dará lugar a esa ilusión rudimentaria que es la primera alucinación. Punto
cero de la representación. Da lugar a enlaces del entramado psíquico. La madre, los padres, reciben al niño y lo
introducen en un mundo pleno de significantes donde prácticamente todo lo excede. Cada respuesta del pequeño (1ra
sonrisa, 1ra vocalización, etc.) es considerada como un intercambio lúdico. El niño queda introducido en un mundo de
símbolos, a través del afecto y del juego.

El ritmo que lo envuelve se compone de momentos de satisfacción, displacer, alucinación, dolor, demanda, nuevamente
satisfacción. Un suceder que, con la intervención materna adecuada, dé lugar al deseo.
 Se trata del motor fundamental de toda fantasía. Este período se encuentra dominado por la presencia-ausencia
materna.
 El juego con la madre, su forzoso alejamiento, la distancia y el reencuentro van delineando el sendero que se abre a la
simbolización.
 El juego de presencia-ausencia lleva impreso en sí el terror más intenso: el desvalimiento, el desamparo

A través del juego se puede simbolizar la ausencia materna. El niño sólo llegará a ese punto si la madre ha tenido una
presencia eficaz, es decir, si además de la presencia se produce una separación. Una presencia constante, absoluta,
colocaría al niño permanentemente en lugar de objeto respecto del otro. Juego constituye un medio para procesar,
tramitar, la angustia de la separación. Fort-Da. Relación con el alejamiento materno y la recuperación por vía simbólica.
Por intermedio de esa momentánea pérdida del objeto, el niño asume la posición de sujeto.

WINNICOTT: Junto a estos espacios de la realidad psíquica y externa menciona un tercer lugar llamado “espacio
potencial”. Esta parte sería para Winnicott “la condición de verdad del sujeto”. Además de la división subjetivo-objetivo
existe otro espacio, tercero/intermedio, pleno de potencialidades, entre el niño y su madre; que será de vital
importancia para la estructuración psíquica del bebé. Es un espacio de ilusión y creatividad. A instancias de la madre
se crea un espacio dentro-fuera, espacio de ilusión y juego, que dará lugar a un esbozo de simbolización. Para Winnicott, la
marca que imprime la madre será proteger al yo incipiente del niño de las angustias primitivas, ofreciéndole un espacio de
protección en el que exista lugar para crear una ilusión. La constante repetición de esta experiencia dará lugar a que el
niño pueda crear y jugar por sí mismo.

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DE NIÑOS Y POETAS: “El niño que juega se comporta como un poeta” (Freud). Por medio del juego encuentra cause a
su deseo, toman cuerpo sus impulsos y sus demandas. Esto va dando lugar a la organización subjetiva. El pequeño crea
mediante el juego un mundo suyo, reordena las cosas de ese mundo en relación con su idea. El juego permite
transportarnos de la realidad hacia el terreno de la ilusión. En este hacer, siempre se juega una dimensión de futuro. Todo
esto en un campo ilusorio. El niño echa a rodar un “como si” que se pone en circulación. No es el de la representación,
sino el de la ilusión. Es el “como si” del deseo, que de esta manera puede tomar forma. Mediante el juego, el niño puede
ejercer su capacidad de ser otro, de obrar una transformación, una transitoria mutación. Él puede ser otro. Es un montaje
de escena lúdica, placentero para sí y para los ojos del otro. De este modo, el niño puede recorrer el terreno del Otro, la
alteridad, disponiendo la materia de la identificación.

LO REPETITIVO DEL JUEGO. LO PLACENTERO Y LO DISPLACENTERO: El niño al jugar repite una situación
placentera. El niño imagina la presencia parental sin interrupciones, constante. Esta ilusión brinda un reaseguro para su
posibilidad de subjetivación. Por intermedio del juego resguarda, cuida esta ilusión de igualdad y continuidad. El juego
también repite lo displacentero. En tales casos repite para ligar, trata de dominar lo traumático y lo hace insistiendo o
pasando a la actividad lo que sufrió pasivamente. La compulsión a la repetición en el juego repite la escritura del fracaso
aun cuando el intento sea de anular el displacer. También existe un profundo displacer en la pérdida, en la ausencia, pero
la posibilidad de la simbolización le otorga el placer de organizar, montar y disfrutar el placer de la representación.

EL TEATRO COMO HEREDERO DEL JUEGO: El relato puede ser utilizado para abrir algunas líneas interpretativas. El
tema de la relación del juego con las envolturas, con la función de los vestidos, los disfraces y las máscaras (del caso),
sirven para cubrirse, vara velar la desnudez. Son productos de curiosidad y de la posibilidad de cambiar de papeles. Serán
instrumentos de juego.
En relación con el teatro: las máscaras, se vinculan con su relación con la mirada, con el Otro que las mira. Una mirada
que en relación con las máscaras no ve todo, guarda un escotoma respecto de lo que está detrás de ella. Es conocido que
una máscara se puede sacar, separar de aquél que la porta.

El terror, que muchas veces vemos aparecer en los niños, es que creen que lo que ellas representan es. Es decir, no han
instalado la noción de representación, son pura presentación, presencia. Es decir, cuando ellos son portadores de una
máscara que les ha sido asignada y no se la pueden sacar de encima. Como si la máscara estuviese tallada en su cara, el
chico no podrá jugar a cambiarla, a ser otro. Quedará preso de un SER ASÍ. Cuando la máscara coincide con la piel, no hay
lugar para el actor (el sujeto) porque el actor es aquél que presenta un papel y este papel es permutable.

Los efectos de juego, máscara y de teatro se hacen posible por la denegación. Es preciso que la cosa no sea verdad, que
sepamos que no es verdad, para que las imágenes del Icc., gocen de total libertad. En ese momento, el teatro desempeña
un rol propiamente simbólico. Se trata de la negación, que hace posible el retorno de lo reprimido, bajo su forma negada.
El teatro recibe la posta del juego y le cabe la misma función. La etimología de “personaje” significa máscara teatral. En el
teatro hay un guion que dirige al actor, del mismo modo, el fantasma se muestra en las actitudes del sujeto.

RELACIÓN DE LAS MÁSCARAS CON LA IDENTIFICACIÓN: El juego le da la posibilidad al niño de articular la


imagen corporal con una serie de predicados, articular la imagen corporal con aquello que posibilita que haya imagen
corporal. Relación que tenemos con la lengua, la relación que tenemos con el Otro Los lazos entre la máscara y la
identificación, en tanto se desenvuelven en la problemática de todo lo imaginario. Las identificaciones lúdicas son un
medio de salida de otros tipos de identificaciones dementes, más molestas. Son Cc y son una forma de escapar a las
identificaciones Icc. Hay un elemento que se torna constituyente del sujeto, representándolo. Y este representante de la
representación luego sufrirá todas las metabolizaciones de cualquier representante de la representación: condensarse,
desplazarse, seguir la elaboración secundaria.
El juego es un dicho significante.

CONCLUSIÓN: Para que el accionar de un chico con cualquier objeto se convierta en juego, hace falta algo más. El juego
ha de ser reconocido por el Otro. De otro modo el accionar del niño no llega a estatuto de juego. Este espacio no
registrado como juego deja al niño con una máscara pegada a la piel, o lo deja sin máscara, sin pantalla, en relación con
una mirada que porta un saber absoluto. De allí la importancia que el analista, en tanto Otro, sancione el juego como tal.

ZASLAVSKY, L. & BAJRAJ, S. - JUEGO Y FORT-DA. UN NIÑO EN ECOLALIA

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El juego parece ser el modo de expresión habitual de un niño. El psicoanálisis con niños toma el juego como lenguaje,
donde se podría escuchar un sujeto y su deseo inconsciente. El niño que juega ha iniciado ya un camino en la
estructuración subjetiva.
Este recorrido implica un camino desde el narcisismo hasta lo edípico, mediado por la función paterna, que, al instaurar la
diferencia, la castración simbólica, posibilita el acceso al simbolismo.

Freud: La ocupación favorita más intensa del niño es el juego. Toma en serio ese mundo; muy en serio su juego y dedica
en él grandes afectos. La antítesis del juego no es la gravedad, sino la realidad. El Niño distingue muy bien la realidad del
mundo y su juego, a pesar de la carga de afecto con que lo satura y gusta de apoyar los objetos y circunstancias que
imagina en objetos tangibles y visibles del mundo real  este apoyo es lo que aun diferencia el juego infantil del fantasear.

Freud establece un paralelo entre el jugar infantil y la creación del poeta que posibilita que mucho de lo que, siendo real,
no podría procurar placer ninguno puede procurarlo como juego de la fantasía.

Winnicott dice: “en mi opinión debemos esperar que el jugar resulte tan evidente en el análisis de los adultos como en el
caso de nuestro trabajo con los chicos. Se manifiesta por ejemplo en la elección de las palabras, en las inflexiones de la voz
y por cierto que en el sentido del humor”.

También Lacan, en el “Discurso de clausura de las Jornadas sobre psicosis en el niño” se refiere al objeto transicional,
diciendo: “Lo importante, sin embargo, no es que el objeto transicional preserve la autonomía del niño, sino que el niño
sirva o no de objeto transicional para la madre”.

Se quiere remarcar el valor de la ausencia, de la posibilidad de “frustrar” de la madre en la creación de ese espacio
transicional y el acceso al simbolismo. Aunque no explicitado, pensamos que este ausentarse de la madre es posible
porque está allí establecida la ley del padre, la metáfora paterna.

JUEGO: Consideramos remarcar el juego en transferencia, en el transcurso de un análisis, al que escuchamos como
discurso. Denis Vasse se refiere al enigma que solo puede desarrollarse en el silencio de la escucha ante la producción del
niño (juegos, dibujos).
También Freud, se refirió al modo de la escucha del juego del niño en Más allá del principio del placer, al decir: “paso
bastante tiempo hasta que esta acción enigmática y repetida de continuo, me revelase su sentido”, refiriéndose al juego
del carretel.

CASO PABLO: Pablo tiene 8 años, llego a consulta a los 3. Pablo no se relacionaba con sus padres, se lo veía aislado,
ensimismado. No jugaba y solo repetía las últimas palabras o silabas del discurso del otro. Si le preguntaban cómo te va,
continuaba “te va”. Parecía no haber un sujeto que respondiera a esta pregunta, solo un eco, en continuo y sin diferencia.
Pablo no demanda. Tenía una relación especular con su madre, como un eco en su aspecto más característico. El padre,
inmerso en una situación endogámica con sus propios padres, intervenía poco entre madre e hijo. A su vez la madre, no
hacia lugar al padre, como si deseara que Pablo fuera parte de ella misma. Como dice L. Peskin, el mínimo paso simbólico
es que la madre reconozca algún tipo de falta.

Se trabajó en sesiones vinculares con la madre y el niño. También se realizaron entrevistas con los padres, a las cuales, en
general, solo podía concurrir la madre. El padre oponía resistencias. A través de su análisis ha logrado instalarse en el
lenguaje y poner justamente en juego sus fantasías. Su jugar actual da cuenta del momento lógico de su estructuración
subjetiva.
Pablo en análisis, repite en el juego en transferencia el no dejar al otro, posibilidad para su deseo, a imagen y semejanza de
su madre con él. También hace lo que su madre no lo dejo hacer. Además, repite lo igual, en lo igual de sus dibujos, en
varias sesiones lo mismo, en lo igual de su dibujo y el de la analista, hasta que es imposible distinguir quien realizo cada
dibujo.
Tal vez, para evitar la angustia de no saber de quién es cada dibujo, es que comienza nuevamente el ciclo. En este no
reconocer el dibujo de cada uno, parece que se acerca a lo real, a lo siniestro, a lo familiar conocido – desconocido,
angustiándose. Actualmente, cuando se designa a sí mismo como maestra, posición más allá de la diferencia sexual,
también intentaría negar la castración. La ecolalia seria la marca de la falla en el acceso al simbolismo.

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De alguna manera habría salido del júbilo especular, puede aprender, entrando en el simbolismo. Pero como residuo y
testimonio de la relación narcisista los chicos lo señalan “mariquita”, lo que podría indicar el efecto de la identificación
narcisista con la madre. Respecto de la función del padre, queremos consignar la actitud del mismo. En las últimas
entrevistas dice que su presencia enoja al niño, por lo cual opta por correrse del lugar que produce enojo. Pareciera que
Pablo lo convoca y, en el mismo lugar, el padre se ausenta. Se piensa que la emergencia de la antigua sería el indicador del
progreso en la dirección de la cura. Se insinúa en esto un sujeto que padece angustia y en su esfuerzo por salir de ese
lugar.

Se puede considerar el fort-da como testimonio de la inclusión del sujeto en el simbolismo. En ese sentido, el fort-da sería
la diferencia que impone el lenguaje en lo más esencial. Es decir, implica la pérdida del referente primordial, del Otro
primordial, la madre y su inscripción simbólica fort-da. Podemos pensar la ecolalia como la imposibilidad de la perdida de
la madre, de la inscripción simbólica de su ausencia, fundante de Pablo como sujeto barrado. El fort – da organiza una
estructura de dos términos y un espacio vacío. En función de ese espacio vacío se organiza el sujeto barrado. La ecolalia
seria como la huella de la imposibilidad del fort – da, no promovido por la madre, que no daba lugar al padre y con
complicidad del mismo que se sustraía.

FRIZZERA, O. - EL ORIGEN DEL SÍ-MISMO

Objeto Transicional: concepto fundamental. El SELF responde a su formación del lado del sujeto. Lacan también
introduce a Winnicott como habiendo delimitado en la experiencia analítica un objeto privilegiado, el que denomino
FALSO SELF. A éste Lacan lo llamará objeto. Pero para llegar al falso es preciso delimitar al verdadero, aquel llamado
SELF central.

El SELF no es el yo. Es una totalidad y está constituido por partes que se aglutinan en el curso del proceso de
maduración con la ayuda del medio humano. Está ubicado en el cuerpo, pero algunas veces se disocia de él. El SELF se
reconoce en la mirada de la madre. Winnicott dirá que el SELF da un sentido al hecho de vivir, es un sujeto de la vida. El
SELF central puede recibir traumatismos y a partir de esto surgen dos vertientes: la formación de un yo, instancia
protectora, y bien constituida cuando pueda dominar las pulsiones de Ello. Instancia de defensa y de integración. Cuando
el yo no nació o falló, se forma un FALSO SELF, que ocupa el lugar del SELF y lo aplasta provocando verdaderos
fenómenos de despersonalización.
El SELF verdadero cobra vida a través de la fuerza que la madre da al débil yo del niño. Entonces un concepto clave para
la formación de un verdadero Self y su defensor, el yo, es el de la madre suficientemente buena. La madre será para
Winnicott Otro que cuida y que lo hace fundamentalmente a través de su presencia. Lacan en cambio hace hincapié en el
deseo de la madre diciendo que esta simbolizado por la operación de su ausencia.

MANNONI, O. - EL TEATRO DESDE EL PUNTO DE VISTA IMAGINARIO

Teatro: lugar de ilusión, de efectos especiales, engañoso; se manejan como si su meta esencial fuese la de hacernos
trampa. Hay algo en nosotros, algo parecido al niño que fuimos y que tendrá que subsistir bajo alguna forma, en algún
lugar dentro “yo (moi)”, seria esa parte oculta de nosotros la que constituiría el lugar de la ilusión de la que, en realidad,
todavía no sabemos muy bien en que consiste.

Ese crédulo, víctima de la ilusión, aparece a veces en el mismísimo teatro. La naturaleza de la ilusión teatral no puede
entenderse con referencia a un problema de creencia. La expresión “creer en las máscaras” no tendría sentido alguno si
quisiera significar que creemos en las máscaras como el algo verdadero, en algo real. Que, por ejemplo, tomásemos las
máscaras por rostros verdaderos ¿Cuál sería el resultado? Ya habría desaparecido del todo el efecto de mascara. No
pretende ser la máscara otra cosa que lo que es, pero, si, tiene el poder de evocar las imágenes de la fantasía.

En el adulto, los efectos de máscara y los de teatro se hacen posibles a merced, en parte, a la presencia de procesos que se
emparientan con los de la negación: es preciso que la cosa no sea verdad, que sepamos que no es verdad, para que las
imágenes del inconsciente gocen de total libertad. Nada más fácil, demostrar que el espectador teatral está inmerso en la
ilusión; nada más fácil también, demostrar que se identifica con los personajes. Los difícil, es demostrar cómo no se trata
de una ilusión como otra cualquiera, que no se trata de que lo engañen a uno o no y difícil también será demostrar cómo,
en teatro, la identificación no guarda relación alguna con la identificación histérica.

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Pirandello, demuestra que la instancia del yo, la que se encarga de señalarnos; tal cosa es verdadera, tal cosa es falsa,
esto es real, esto es irreal, no tiene en el ningún fondo, ninguna jurisdicción sobre el “todo” dentro de esa otra agencia que
es la del ensueño, donde el problema del distingo entre imaginario y realidad ni se plantea. El teatro, dice, recibe la
“posta” del juego y le cabe la misma función. Los niños son demasiado pequeños y juegan a hacer lo que hacen los
adultos. En el teatro sucede lo mismo, si lo que desea el niño es llegar a adulto, el adulto, por su parte, anhela ser héroe.
El teatro le permite al espectador identificarse con un héroe (se trata de identificación en el nivel del ideal del yo) lo que
podrá lograrse en el teatro.

Todo tiene que suceder en el yo. Con respecto al superyó, es evidente lo difícil que resulta personificarlo en el teatro:
nunca se logra darle forma humana: a lo sumo, será la estatua del comendador. Para evocar el superyó, el teatro tiene que
acercarse peligrosamente al teatrillo de marionetas. Hay un algo infantil en el hecho de hacer aparecer la estatua del
comendador en escena. Cuesta decir por qué, en esta nuestra época, ya no cae de maduro eso de identificarse con un
héroe. Aquí se da un cambio, una mutación histórica, una modificación de la personalidad típica de la época, de la
personalidad “de base” y, tal modificación, parecería que se hubiera producido en los vínculos que ligan al yo con el ideal.

En teatro, la proyección es una identificación rechazada. Ahí radica la diferencia entre el héroe y el personaje
teatral. El héroe es un ideal; el personaje, uno de los innumerables roles del yo. Pero para definir un rol, es necesario
empezar por considerar un elemento importante en él: el disfraz. En este aspecto, permite el teatro, merced al rol, al
disfraz, lo que la vida nos niega.

Mannoni: el neurótico no es una imitación, una copia del teatro tal y como se representa, sino que sigue siendo teatro
cuando en él se representa, a manera de rol, aquella teatralidad. El teatro bien puede integrar la teatralidad espontanea de
pasión y neurosis que fue el que, forzosamente, brindo el modelo a seguir. Los actores representan personajes que hablan;
la presencia del lenguaje está siempre sobreentendida. Los problemas referentes al lenguaje no se plantean como tales en
teatro. Los actores recitan sus papeles de manera tal que aparentan hablar como se habla. Disponen de palabras que les
han sido atribuidas, como si fueran máscaras, en realidad, como roles. Cuando habla el actor, su palabra forma parte del
personaje. Si se dan efectos de lenguaje, son los del personaje, los personajes no hablan por hablar, las palabras que, en
ellos, aparecen como palabras, no son imágenes de palabras sino la repetición textual de palabras realmente pronunciadas.
“El papel dirige al actor un poco del mismo modo que el fantasma trasunta en las actitudes”.

Algo dijo la autora del teatro de marionetas, espectáculos destinados a una edad, o a un nivel de la personalidad, donde
el superyó no es instancia separada. El niño espectador aprende a librarse, a distanciarse de las figuras más o menos
persecutorias de su fantasía. El placer del teatro reconoce otras fuentes también. Si nos libera de cierta forma fascinante de
identificación, podría decirse que la teatralización de la identificación, la reestructura y, tal vez, allí se oculte el
desencadenante de una catarsis. Así las cosas, y a pesar de todo, el placer no sería enteramente de índole funcional; no se
trataría tan solo de saborear el placer de sentir como las distintas partes del yo, se mueven desinhibidas.

MANNONI, O. - LA DESIDENTIFICACIÓN

La identificación propiamente dicha es puramente psíquica, es en cierta medida, tomarse uno por alguien más,
inconscientemente. Es preciso ser uno mismo primero para identificarse con otro. Dado que la identificación es
inconsciente, es imposible volverla consciente, a no ser que uno de desidentifique. A partir de este juego de
identificación-desidentificación, tiene lugar la constitución y desarrollo de la personalidad.

Las identificaciones pueden ser totales o por rasgos únicos. Freud habla del yo como si fuera una cebolla, con
numerosas capas sucesivas de identificaciones. Tales capas pertenecen al yo (moi) porque el yo las ha asimilado al
constituirse por desidentificaciones sucesivas. Para Freud y sucesores, el proceso de formación de la personalidad es
análogo a la asimilación que comanda el crecimiento corporal, asimilando lo que podemos incorporar. De esta manera
se forma el carácter, el yo y el superyó. El autor afirma que la facilidad para identificarse podría ser señal de debilidad,
mientras que la aptitud por desidentificarse se encuentra en el origen de la fuerza del carácter. Los procesos
identificatorios que surgen en la adolescencia son mayormente definitorios para la conformación de la
personalidad. Se dan justamente por problemas de identificación en el nivel del yo (moi), pero el ideal del yo también
aporta lo suyo.

UNIDAD 6: EL NIÑO EN LA ESCUELA

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FILIDORO, N. - APORTES DESDE LA PSICOPEDAGOGÍA. CUANDO LAS ETIQUETAS SE
TORNAN INVISIBLES. ¿NIÑOS O SÍNDROMES?

Catalina tiene 5 años y está cursando sala de cinco. Sus papás relatan: “Todos nos dicen que es una nena muy inteligente.
Todos los informes del Jardín son maravillosos, pero ahora nos dicen que no está en condiciones de pasar a 1er grado y
que tiene que repetir el preescolar. Los profesionales que la atienden nos dicen que es así. Nosotros no entendemos ¿Por
qué si hasta ahora nos venían diciendo que todo iba bien, que es inteligente, que aprende, ahora resulta que no puede
empezar la primaria con sus compañeros? ¿Qué está pasando? Catalina tiene Síndrome de Down y hay un modo de
pensar, (pensamiento sindrómico), que impone respuestas que impiden la formulación de cualquier pregunta.

PENSAMIENTO SINDRÓMICO: aquel a partir del cual se produce esa operación de nombrar al otro de manera de
dejarlo captado en una imagen y una práctica social. Pensamiento que emerge del modelo relacional en el que cada
fenómeno tiene su causa (o su multiplicidad de causas) que lo explican. El “pensamiento sindrómico” respectivo dice
que:
 Comienzan la 1er grado 1 o 2 años más tarde que la población de referencia; con 7 y 8 años. Estadísticamente es así.
 Pueden ser inteligentes, pero no se trata de un “niño inteligente”, sino “un niño Down inteligente”: no hay lugar para
la pregunta de “¿Si es inteligente, por qué no aprende?”, la respuesta es obvia: no aprende porque tiene Síndrome de
Down.
 Tienen problemas en el aprendizaje y, es “natural” que necesiten tratamiento psicopedagógico.

¿Niños o Síndromes?  Cuestionar el etiquetamiento y la patologización de los niños con problemas en el desarrollo no
es una tarea usual. Es más frecuente la oposición a etiquetas del tipo ADD o TGD que a etiquetas del tipo “Down”, o
“epiléptico”. ¿Será que estos nombres (Down, epiléptico) ni siquiera llegan a ser considerados etiquetas? Cuestionar
el etiquetamiento y la patologización de los niños con problemas en el desarrollo no es tarea sencilla porque, en tanto la
medicina y la tecnología han encontrado el modo de demostrar la presencia de cromosomas de más o de menos,
entonces, el real biológico torna invisible la acción de etiquetamiento, permitiendo que el “pensamiento sindrómico” se
mueva sin obstáculos mostrando la documentación que supuestamente lo autoriza a desentenderse de toda pregunta.
De la pregunta de ¿qué le pasa a Catalina? ¿Por qué una nena inteligente no aprende? ¿Por qué una nena inteligente
debería repetir preescolar? La afirmación que dice que Cata no aprende porque tiene Síndrome de Down corresponde al
“pensamiento sindrómico”. Preguntarnos por qué Catalina, que tiene Síndrome de Down, no aprende es desafiar el
cálculo, es pensar en términos de niños en lugar de hacerlo en términos de síndromes. Implica:

PENSAR EN TÉRMINOS DE COMPLEJIDAD: No es sencillo y tiene sus consecuencias. Se trata de una


reorganización de todo el pensamiento que produce efectos en la mirada, y, por lo tanto, en aquello que es mirado. Esto
implica:
1. Abandonar ese modelo de pensamiento en el que lo fenoménico se nos presenta a la manera de un dato que puede
ser clasificado y ordenado por su correspondencia con una causa.
2. Pensar en términos de dimensiones: concebir nuestro recorte de la realidad, a la manera de una unidad
heterogénea, como un sistema compuesto por elementos que no pueden pensarse independientemente unos de otros,
que no pueden estudiarse en forma aislada. Pensar en términos de Complejidad nos previene de considerar de modo
independiente cada uno de los aspectos particulares de un fenómeno. Esto es, ninguna de las dimensiones pensada de
manera aislada puede ser ubicada en el lugar de causa. La causa, en todo caso, se encuentra en el funcionamiento del
sistema en su totalidad.

El Síndrome de Down alude a un único aspecto, parcial y aislado, del niño por el que nos consultan. Catalina tiene
Síndrome de Down, pero cuando ese nombre la explica, deviene etiqueta. La explica tan bien, profunda y
acabadamente, que Catalina termina perdiéndose (nos) en un nombre que sin ser el suyo la define desde el otro y para el
otro, se atribuye el saber de una respuesta, en el lugar donde debería abrirse una pregunta. Hay que saber escuchar, hay
que saber mirar.

¿CUÁL ES EL DESAFÍO DE LA CLÍNICA INTERDISCIPLINARIA? El desafío que se nos plantea consiste en hacer
posible que la Clínica Interdisciplinaria se constituya de manera efectiva y real (no declarativa y formal) en instrumento
necesario (no contingente) para escuchar al niño, escuchar a los padres, escuchar a las escuelas; renunciado a la demanda

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de respuestas rápidas, eficaces, simples, clasificables. Es un proceso. La INTERDISCIPLINA es un proceso, está siempre
en construcción. Cualquier realidad concebida como compleja, exige de una Clínica Interdisciplinaria.

CONCLUSIÓN. Sólo cuando reemplacemos el modelo interactivo (genoma/fenotipo) por el modelo de la complejidad,
que ubica al genotipo y a la experiencia (la historia, el acontecimiento) como dimensiones heterogéneas de un mismo
nivel lógico, es que estaremos en condiciones de salvar al niño de un destino prefabricado por ese síndrome que lo
nombra y al nombrarlo, lo constituye en el encierro. Pensar la clínica a partir del modelo de la complejidad, exige
de una práctica Interdisciplinaria. Es por la práctica de una Clínica Interdisciplinaria que los niños pueden dejar de ser
meros “objetos de reconocimiento”, la práctica ubica a los profesionales, en el lugar de un (des)encuentro que, abriendo
un vacío en el saber disciplinario, nos fuerza a pensar.

FRIZZERA, O. - TRASTORNOS DE APRENDIZAJE

Hablar del síntoma de un niño posee una complejidad que somos incapaces de soslayar, por lo que se hace imprescindible
despejar la consulta para poder ubicar el momento y procedencia de la demanda. ¿Qué pregunta que el niño no puede
formular la convierte en un síntoma a descifrar o llamado que busca hacerse oír? Y si bien se pide en nombre del niño, los
consultantes son varios. Los distintos intervinientes:
 El niño afectado.
 Los padres de quienes depende.
 La escuela.
 El pediatra.

Hoy en día cada vez se encuentran más consultas que provienen del ámbito escolar: Posible dislexia, descensos en el nivel
de rendimiento, dificultades para respetar las consignas, déficit en la atención. A su vez, los educadores designan a los
padres como responsables directos. De esta manera llega el niño a análisis, insiste con numerosos llamados.
Retomando a Mannoni: el psicoanalista suele ser aquel a quien se dirigen a partir de los fracasos, de las ilusiones
perdidas, aquel en quien se quiere confiar, pero al que también se desea utilizar para atizar querellas personales. De esta
forma, nos encontramos con padres que en algunas oportunidades quieren saber qué sucede y en unas cuantas más
vienen a buscarnos. En peores circunstancias, llevan a los niños directamente a la instancia de un neurólogo para que los
medique. Se critica su aplicación indiscriminada, sin pensar primero el por qué y el cuándo se produce el problema que
lleva al niño a consulta.

“Cuando escuchamos a los educadores y a los padres advertimos que es muy probable que existan esas dificultades
escolares que refieren, pero sabemos bien que estas recubren casi siempre otra cosa. El psicoanalista abre la puerta hacia
el contexto en el que está situado el niño: una familia con el peso de la historia de cada uno de los padres y la escuela,
llamada el “segundo hogar” con el peso de la historia como institución pedagógica en general, con su recorrido singular.”

No se puede dejar de considerar al niño inmerso en un discurso colectivo. La consulta del niño puede ser leída como una
partitura donde todos los intervinientes tienen su parte.

No se puede hablar en todos los casos de síntoma con la dimensión de mensaje a descifrar. Es por esto que, en este
momento se hablará de trastornos, ubicando así una perspectiva más amplia que la del síntoma, más acorde a las
llegadas actuales frente a un analista. “Estos trastornos incluyen fenómenos vecinos al síntoma. Ubicado como objeto,
queda entrampado narcisísticamente bajo la forma de la inhibición o se precipita en actings (los llamados chicos sin
límites), en acciones que lo sacan del detenimiento, pero lo alejan del fin perseguido.”

La inhibición y el acting se nos presentan entonces como trastornos en donde el niño o el adolescente en calidad de
objeto, no pueden realizar el acto del aprendizaje. Lacan nos indica cómo la llamada hiperkinesia, con la que se encasilla a
muchos chicos movedizos o inquietos en la clase, es un intento de salir de la inhibición. Pero la hiperactuación no es un
acto.
Los saberes implican una dificultad para los padres, dado que, el conocer siempre implica encontrarse con la carencia, con
la pregunta, es decir, con el aprendizaje. Y en este camino se puede generar una evitación que toma la forma de la
inhibición. Inhibición que es definida como detenimiento en el movimiento. En este caso movimiento que se dirige a
aprender.

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En lugar de ese detenimiento al chico sólo le queda repetir, un repetir que es quedarse en el lugar donde está, sin avanzar,
y que se convierte en las malas notas que pueden conducir a la repetición del grado. En el lugar de ese detenimiento surge
con frecuencia el aburrimiento como una de sus expresiones más directas. Al aburrimiento hay que leerlo desde la
perspectiva de un trastorno que se origina en un punto problemático de la relación con el Otro. Muchas veces porque este
Otro se muestra completo y otras veces porque se presenta impotente o desierto. Por uno u otro lado el sujeto no cuenta,
en ese momento, con un lugar, vacilando así el investimiento libidinal que le hace trastabillar la imagen que tiene de sí
(inseguro) y retirar el interés por los objetos del mundo que lo circunda. De esta manera, el aburrimiento ocupa el sitio del
deseo de conocer y surge o se incrementa cuando se insinúa la aproximación a lo temido o cuando la situación lo ubica
próximo al umbral de la angustia.

FRIZZERA, O. & HEUSER, C.- NIÑO DESATENTO E INQUIETO EN LA ESCUELA

NIÑOS DESATENTOS E HIPERACTIVOS: INTRODUCCIÓN


Cada vez es más frecuente escuchar la preocupación por la falta de atención de los niños en la escuela. El espectro es tan
amplio y es equivalente el ser inquieto, distraído, disperso o charlatán. En los establecimientos escolares se ha extendido
notablemente el uso de Ritalina. Esto abarca diferentes círculos sociales y económicos. Si bien se aclara que la medicación
debe estar acompañada de terapias que consideren otros aspectos del niño, vemos que con frecuencia estas son dejadas
de lado y la apoyatura principal es la medicación, pues esta perturbación es considerada como “sin sentido”.

En todas estas especificaciones solo hay un gran extraviado: el niño. Su singularidad, su nombre, su historia, su lugar
familiar, su palabra, su deseo quedan esfumados en el anonimato. La enfermedad y su generalización reemplazan y
ocupan el lugar del nombre propio. Cualquier otro conflicto puede ser silenciado ante el supuesto trastorno neuro
funcional.

La rotulación es igualmente riesgosa ante cualquier patología. El niño con su actuar pone en escena una vivencia, un
deseo, un conflicto y una forma de incluirse en el medio para tratar de ser percibido por los otros. Gran inquietud: esta
ilusión sostenida de encontrar en una droga la solución mágica a los más variados problemas. Mannoni: “No se puede
continuar indefinidamente proponiendo remedios milagrosos cuando las mismas estructuras son las que tendrían
necesidad de ser criticadas radicalmente. La medicación parece prometer mayor eficacia con menos compromiso de parte
de padres y maestros. El problema no es solo medicar al niño, sino lo que tras ella puede quedar oculto.

Lacan: toda actuación de este tipo es en sí misma una inhibición enlazada a un impedimento, un monto de angustia que lo
sostiene y un intento de salida de ella. El poder desplegar este suceder de hechos le permitirá al chico expresar en una
forma adecuada su conflicto. Si no se realiza este despliegue, no habrá lugar para las palabras, ni para escuchar, ni para
realizar preguntas; tampoco habrá lugar para la interrogación sobre el mundo que rodea a ese niño.

EL LUGAR DE LAS INSTITUCIONES FAMILIAR Y ESCOLAR: La escuela sabe qué problemas son de su competencia
y es útil para detectar dificultades que deben ser solucionadas en otros espacios. Pero es riesgoso que pretender que todas
las dificultades sean solucionadas en el ámbito médico. La posibilidad de la palabra, de la interrogación, reservadas a
escuela y familia, quedan reemplazadas por la toma de la medicación. Mannoni: lo que podría ser un fructuoso
intercambio de pareceres puede provocar una confusión en el análisis de las situaciones y en el camino para buscar las
soluciones. Se induce al repliegue de la palabra favoreciendo una inhibición neurótica que queda en muchas ocasiones
encubiertas o recubiertas de una hiperactividad, que desde el polo contrario conduce a un Acto. Acto que, en caso del
niño en la escuela, será el que lo lleva a aprender. Los movimientos descriptos como dispersos, sin una dirección o rumbo,
suelen ser la expresión clínica de formas de evitación de la angustia. Una forma de expresión que en lugar de invitar
a la ayuda suele provocar irritación y disgusto en aquel que la recibe.

INTERVENCIONES POSIBLES: Hoy los padres y maestros reciben indicaciones y recomendaciones mientras el niño,
como sujeto, queda silenciado en su síntoma. El aquietar los síntomas con la toma de la medicación, cuando no es lo
correcto para el caso, solo postergara o complicara la situación del niño. El problema que se lleva al analista es, no solo la
dificultad de tal o cual conducta del niño, sino la dificultad hasta la imposibilidad en que se hallan los consultantes de
hacer cosas distintas de las que hacen de responder de otra manera la base de trabajo del analista de niños es todo este
conjunto. Facilitar la apertura en dirección a sucesos semejantes que hayan vivido o conocido es comenzar hacer
intervenir la línea de los ascendientes, de la historia. Es historizar el conflicto, buscar y ubicar los comienzos del
problema, ampliarlo a otras situaciones distintas o parecidas y sus posibles resoluciones. La problemática del niño puede

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ser leída como una partitura sinfónica donde los distintos interesados tienen su parte. Es de esperar que el maestro no
abdique en su tarea cediendo a las profesiones del medio.

FERNÁNDEZ, A. - ABURRIRSE-ABURRARSE

I. Aprender implica apropiarse del conocimiento del otro, transformándolo a través del saber personal.
Aprender ≠ conocer y saber: Apropiación como transformación de lo heterogéneo en lo propio. Se da a través de una
elaboración objetivante y una elaboración subjetivante que trabajan articuladamente. La elaboración objetivante
permite "apropiarse" del objeto, seriándolo y clasificándolo. Elaboración subjetivamente; tratará de "apropiarse" del
objeto, a partir de aquella única y original experiencia que se haya tenido con el objeto.
1. SÍNTOMA: la elaboración objetivante, la actividad lógica, pueden quedar atrapadas, perdiendo así su capacidad
específica.
2. INHIBICIÓN COGNITIVA: la inteligencia puede evitar tomar contacto con el objeto de conocimiento, evitar
pensar.
3. OLIGOTIMIA: el sujeto puede renegar de su capacidad pensante, instalándose en el "no sé", que filtra el "no puedo
saber".
4. FRACASO ESCOLAR: puede ser que el niño y el adolescente fracasen en aprender.

II. El menor recorte posible que pueda hacerse para analizar una situación de aprendizaje es aquel que incluye a
un personaje aprendiente y otro enseñante en interacción (en relación con un tercero); en cada uno de ellos
operan articuladamente cuatro niveles: organismos, cuerpo, inteligencia y deseo. Se consideraba el aprendizaje como
una actividad consciente y producto de la inteligencia, de un sujeto poseedor de un organismo neurológicamente sano. El
efecto de esta concepción redunda en marginación, expulsión y culpabilización del aprendiente. Es decir, se diagnostican
también como "deficiencias mentales" muchas "deficiencias" en el conocimiento de los diagnosticadores. Se diagnostican
como dislexias, disgrafías, etc., en muchos niños que construyeron un síntoma en el aprendizaje, quedando de esta
forma excluida la posibilidad de considerarse a sí mismos sujetos pensantes y hasta seres humanos.

III. No creo en la diferencia entre problema de aprendizaje "de origen orgánico" y problema de aprendizaje "de
origen emocional".
Sí, necesitamos hacer una diferencia, aquella ya enunciada entre el fracaso en el aprendizaje, que responde principalmente
a factores externos al niño y su familia, anclados en el sistema educativo (al que llamamos fracaso escolar), y el fracaso en
el aprendizaje que responde a la concepción enunciada como problema de aprendizaje-síntoma. Reservaremos el nombre
de problemas de aprendizaje sólo para estos últimos. Muchos fracasos escolares son diagnosticados como problemas de
aprendizaje por quienes cometen un error similar al que sería diagnosticar como anoréxico a un desnutrido, sólo porque
no come. Voy a referirme ahora sólo a dos aspectos de diferente orden:

a. El lugar del secreto = lo oculto = la actividad de pensar. El conocer es míticamente peligroso para todo ser
humano. Cuando se transgrede esta prohibición, aparece como castigo el dolor ante toda actividad productiva. Estas
gestaciones sólo se hacen posibles cuando se intenta acceder al conocer prohibido, saliendo de la ilusión de
completud; para conectarse con la pregunta como fuerza productiva, con el aprendizaje. Pero, ¿por qué esta
peligrosidad a unos les acicatea el deseo de conocer y a otros los acalla? Cuando, desde los enseñantes-padres, es
escondido/desmentido un conocimiento necesario para la construcción del aprendiente como sujeto pensante, la
relación de ese sujeto con el conocimiento puede quedar atravesada por esa peligrosidad. Conocer implica un
movimiento hacia algo que está oculto o por lo menos "no visible". (Analogía con Edipo). Situamos al aprendiente
como alguien que "mira-conoce" y al enseñante como alguien que "muestra-guarda" el conocimiento. Enseñante y
aprendiente en relación con un tercero: el conocimiento.

b. Aburrimiento. Las palabras de Ricardo Rodulfo: El niño se aburre donde no se reconoce, donde no puede ver nada
propio, nada de él. El niño no se puede reconocer, no se encuentra, en nada de lo que le enseñan, donde los demás
chicos fácilmente se espejan, él no ve a nadie.
"¿Por qué venís a verme?", pregunta el psicopedagogo, y el niño contesta "No sé", sin poder decir "Vengo porque no
sé", lo cual ya indicaría una demanda, mostraría a un sujeto original, que tiene una historia y que abre como todo
drama un espacio de pregunta. En cambio, el primer "no sé" cierra. Muy pocas veces el niño dice: "Estoy aburrido", si
hay algo nombrado es "¡qué aburrido!". Como si lo aburrido fuese un objeto de afuera que está allí y que no tiene
relación con él.

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El aburrimiento no se nombra; se instala y acalla los pensamientos.
Voy a recurrir a la etimología de "aburrir". Significa horrorizar, molestar, incomodar, fastidiar. Aquí, cuando el
verbo está en infinitivo, pero, ¿qué sucede cuando esta expresión vuelve sobre el sujeto y ya no es aburrir, sino
"aburrirse"?; ¿podría horrorizarse, fastidiarse, odiarse? Aburrimiento es ignorar la posibilidad de "estar a solas" y de
comenzar a imaginar y a pensar desde allí. Aburrirse es apagar la máquina desean-te-pensante.

El aburrimiento ocupa el lugar del deseo de conocer. La queja ocupa el lugar de un pensamiento. ¿Cómo desactivar ese
lamento y ese aburrimiento? Hay 2 caminos:
1) Para dar lugar al llamado juicio crítico hay que abrir el espacio de la pregunta. ¿Cómo se abre el espacio desde donde
surgen las preguntas? Ese trabajo sólo puede hacerse simultáneamente con otro, que consiste en aprender y valorar el
gusto de la duda, corriendo el riesgo de salir de la certeza y sabiéndonos poseedores de la máquina deseante-pensante
que también nos permite seleccionar y elegir. Aquí estoy hablando del enseñante y del terapeuta.
Ya que el aburrimiento surge de la falsa certeza de poseer el conocimiento. Actualmente estamos viviendo un momento de
"emburrecimiento" "aburrimiento" de la población, a través de la acción de los medios de comunicación y los sectores de
poder. El exceso, la fragmentación, la exhibición de la información, tapa, evita, anula, la posibilidad de conocer. ¿Puedo
asombrarme?, ¿puedo preguntarme?, ¿puedo desear conocer? Me invade el desinterés, evito pensar. La violencia recibida
se vuelve contra mí mismo. El aburrimiento tiene el efecto de una autoagresión, principalmente a la autoría de
pensamiento.

2) Aquí nos conectamos con el segundo camino para desactivar el aburrimiento y la queja: Permiso para cada pulsión, y
despliegue de la agresividad inherente a ella.

El conocimiento, al encontrarse "guardado" u oculto, también opone un desafío al sujeto aprendiente y le exige usar su
agresividad para "tomarlo" y reconstruirlo en aprendizaje desde su saber y desde el contacto con la ignorancia. El trabajo
de apropiación del objeto de conocimiento, como todo trabajo creativo, requiere un cierto grado de agresividad. La
agresividad, el deseo hostil, que tiene un papel de separador y diferenciador, es también motor del juicio crítico. El
llamado deseo hostil correspondería al deseo de aprender, es decir al deseo de poseer el conocimiento que porta el otro
(el enseñante), pero pudiendo discriminarse de él. Este movimiento necesario para toda situación de enseñanza-
aprendizaje puede darse cuando entre el aprendiente y el enseñante se abre un espacio lúdico, que permite que "los
deseos hostiles" de ambos trabajen con fuerzas creadoras. Cuando la agresividad no puede desplegarse en un espacio
interno-externo, entonces da lugar a la agresión o a la hostilidad. La hostilidad puede tener un movimiento hacia afuera
como agresión, actos agresivos, etc.

UNIDAD 7: FORMACIÓN Y POSICIÓN DEL ANALISTA

FRIZZERA - LA FORMACIÓN DEL PSICOANALISTA DE NIÑOS SEGÚN MANNONI

¿Qué de cada uno (subjetividad) hace que se posicione como analista de niños? ¿Qué es lo que conlleva a un sujeto a ser
analista infantil? La elección de ser analista estaría determinada por la historia. Estos acontecimientos son:
 Las rupturas de su infancia.
 La universidad: Amor - Pasión
 La primera experiencia en análisis.
 La llegada a Paris: Transferencia con Doltó. Análisis con Lacan. Análisis de Winnicott.

La pretensión de estatuto científico del psicoanálisis acaba perdiendo de vista la invención y la creación que formaban
parte integrante de la realidad psíquica descripta por Freud. Prisionero de un personaje o de un rol, el analista se vuelve
sordo a un desamparo difícilmente expresable en palabras.

Winnicott afirma que hay que preservar entre el analista y el paciente un espacio abierto al surgimiento de una verdad.
Incita a Mannoni a centrarse al máximo en la experiencia analítica.

LA INSTITUCIÓN: Existe un riesgo de desembocar en estructuras asilares por aceptar el anhelo de ciertos pacientes o
de padres de pacientes de que nada cambie.

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- Riesgo de volcarse hacia una forma de totalitarismo.
- Riesgo de pulverizar los referentes analíticos que dan sostén a la palabra de los asistentes, hasta el extremo de que los
pacientes se queden sin apoyo. Si no existe un mínimo de referentes analíticos y de continuidad en el marco
institucional, se corre el riesgo de inducir Angustias Psicóticas no susceptibles de ser manejadas por los asistentes.

Promueven un movimiento antipsiquiátrico, descubriendo que la Institución Psiquiátrica contribuye a crear el estatuto
de enfermo mental y de que su enfermedad se debe a ese estatuto. Hubo numerosos fracasos en el trayecto que se efectuó
con los pacientes psicóticos, ponen al descubierto algo intolerable que el adulto no ha podido enfrentar en cierto momento
de su vida. De ahí que la interrogación sobre el pronóstico de “curación” de ciertos casos graves no pueda pasar por alto
las resistencias del analista. Quizá sea una de las razones por las que el analista esta como “condenado” a mantener a una
apertura a lo Icc.
Existe un riesgo de bloqueo, cuando se expone uno a lo inconsciente, aun en forma de ficción.

LOS DEBATES DECISCIVOS DE LOS AÑOS 60: LONDRES


El paciente es el que sirve de guía. La teoría permite hallar luego las palabras que expliquen qué sucedió en una situación
que engloba al Icc. del analista y al de su paciente.
⭢ “Se debe oír lo que la teoría no dice”.

El joven analista busca la garantía de su práctica prosiguiendo su análisis personal o en las supervisiones. Demanda, de
esta manera, a su analista ser el soporte de su propia andadura con su paciente. Expuesto a lo Icc., quisiera no permanecer
solo; pero será preciso que aprenda a sumir la experiencia de la soledad.
⭢ “El analista capturado por el deseo de escribir intenta dar testimonio. Se siente tironeado entre el deseo de ocultarse
bajo la máscara del lenguaje académico, aquel que convendría a los colegas y una voluntad de revelamiento por la que
está en pos de un contacto con el otro a través de un intento de restituir una palabra viva con sus efectos de verdad.
Busca a través de la escritura, lo falta en la verdad para ser dicha”.

FREUD, S. - PRÓLOGO AL LIBRO DE AUGUST AICHORN. JUVENTUD DESCARRIADA

Entre todas las aplicaciones del PSA, ninguna ha causado tantas controversias y despertado tanto interés como la teoría y
práctica de la educación infantil. La actividad pedagógica, se propone guiarlo en su camino hacia la madurez, ayudarlo y
precaverlo de errores. Freud considera que existen 3 oficios imposibles: educar, curar y gobernar.
Aichhorn se ocupa de un gran problema, el influjo pedagógico sobre los jóvenes desamparados. El autor había
actuado durante muchos años como funcionario en institutos de amparo de la minoridad antes de tomar conocimiento del
psicoanálisis.

Advierte dos cuestiones ante los pedagogos y la experiencia de Aichhorn:


1. El pedagogo debe recibir instrucción psicoanalítica, de lo contrario el niño, seguirá siendo para él un enigma
inabordable. Esa instrucción se obtendrá mejor si el pedagogo mismo se somete a un análisis, lo vivencia en sí mismo.
2. El trabajo pedagógico no puede confundirse con el influjo psicoanalítico ni ser sustituido por él. El
psicoanálisis del niño puede ser utilizado por la pedagogía como medio auxiliar, pero no es apto para
remplazarla.

No hay que dejarse despistar por el enunciado de que el psicoanálisis del neurótico adulto es equiparable a una
“poseducación". Es que un niño, aunque sea un niño descarriado y desamparado, no es en modo alguno un neurótico; y
poseducación no es lo mismo que educación de alguien inacabado. La «situación analítica» exige el desarrollo de ciertas
estructuras psíquicas y una actitud particular frente al analista. Posición del pedagogo: cuando éste ha aprendido el
análisis por experiencia en su propia persona es preciso, concederle el derecho de practicar el análisis.

UNIDAD 8 – FIN DEL ANÁLISIS. LA CURA

ATTAL, J. - TRANSFERENCIA Y FIN DE ANÁLISIS CON EL NIÑO

NO HAY PSICOANÁLISIS SIN TRANSFERENCIA. Las condiciones de inicio de una posible cura analítica con un niño
son diferentes de las con el adulto, a causa de que no es el niño mismo, sino algún otro quien en un comienzo se dirige al
analista. Esta demanda inaugural como "verdadero problema". ¿Quién demanda qué? ¿Cómo tratar la demanda? Conviene

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examinar las cosas al menos en dos puntos: el primero concierne a la cuestión de la repetición; el segundo, es lo que en
ella concierne al SSS ya que la transferencia se origina ahí. Hablar de transferencia, es hablar de la neurosis de
transferencia. Para Klein aceptada y para Anna Freud negada.

REPETICIÓN EN UNA CURA DE NIÑOS. En un niño las cosas no están ni completamente constituidas ni
completamente elaboradas, están en curso; por lo cual, no se puede hablar de repetición. Se trata de puntos de
tropiezo, de puntos de retención, pero sobre un recorrido que se está construyendo. El niño no va nunca más allá de lo
que sus padres lo autorizan; eso se ilustra generalmente con un no-dicho, en un registro de no-saber, a escuchar como: "no
tengo que saber", cuyo punto extremo es la debilidad. En la cura de un adulto, la repetición implica algo acabado, hace
referencia a la estructura del sujeto. No es este el caso en el niño. Esos puntos de tropiezo, de interrogación, tienen
relación con lo que está en el lugar particular que se le atribuye al niño en un mito familiar. El niño siempre está asociado
muy de cerca a la castración de sus progenitores. Este lugar del niño es perfectamente modificable en la fantasía parental
en tanto que los padres no están puestos fuera del juego, y que algo se analiza también con ellos, permitiendo al niño dar
un paso más. Es imposible hablar de estructura acabada en el niño, en el sentido de una posición singular inmutable
con respecto al deseo.

Desde el punto de vista de la transferencia, esta "puesta en juego" de los padres instituye al analista en un
doble lugar: es el Sujeto Supuesto Saber para el niño, porque es Sujeto Supuesto Saber para sus padres. La
mayoría de las veces, la cura se inicia sólo después de una palabra del analista que resuena particularmente y hace
responder al niño, "¿Cómo adivinaste eso?". Esta forma específica del SSS remite sobre todo al hecho de que el niño está
en un momento actual de constitución de la represión. Para llegar al FIN DE LA CURA, sería necesario tratar la
DESTITUCIÓN SUBJETIVA (momento en el que el sujeto declina su fantasía). No planteado directamente en esos
términos en el niño. Pero esta destitución subjetiva, se plantea para uno de los progenitores (o los dos) una modificación,
incluso una destitución de la posición subjetiva en su propia fantasía. Es un hecho que la dimensión depresiva está ausente
en el niño al final de la cura, pero es frecuente observarla en uno de los padres. Este es a menudo el precio a pagar para
hacerlo pasar de una dimensión de pertenencia a una dimensión de existencia.
Por lo tanto, una posición así implica que se sustituya en toda ocasión el saber textual por un saber de referencia. En la
posición del niño, como síntoma, como portador de la cuestión familiar, como plus de gozar, etc., el saber textual se
encuentra situado en un doble nivel: al nivel del niño, pero también y ante todo al nivel de los padres en el discurso
que sostienen sobre el niño. Es necesario una doble escucha para el analista. El analista está en posición de soportar
una transferencia desde los dos lados.

Expresé más arriba la "no estructura" en el niño, entonces, desde el momento en que hay estructura localizable en un
joven sujeto, no estamos más en el psicoanálisis con un niño, sino ya en las condiciones de una posible cura "tipo".

FIN DE ANÁLISIS CON NIÑOS: puede tomar varias formas; 1) la más corriente es cuando se estima que ahora todo va
casi más o menos bien. No es conveniente forzar las cosas. Pero también; 2) sucede que las cosas se modifican en el niño,
lo que ocasiona una vacilación en alguno de los padres, debido a que el lugar que hacía ocupar a su niño se encuentra de
alguna manera vacante: en ese caso viene a pedir para sí mismo un análisis. 3) Hay otro caso donde las cosas están
aparentemente ordenadas, y sin embargo, esos niños empiezan "una 2da vuelta”, la cual es generalmente inaugurada por
una serie de preguntas concernientes al deseo del analista, disfrazadas generalmente de preguntas concernientes a su
profesión. A veces, esa "2da vuelta" también parece deberse al hecho de estar en posición de ocupar una función
psicoterapéutica para su familia.

Necesario para dar con el fin de la cura: Lo concerniente al fin de la cura es la DESTITUCIÓN SUBJETIVA, el
momento en el que el sujeto declina su fantasía, se puede anticipar que se plantea no para el niño, sino para uno de sus
progenitores (o los dos).

FRIZZERA, O. - FIN DE ANÁLISIS EN EL PSICOANÁLISIS CON NIÑOS

1. ¿QUÉ ASPECTO TEÓRICO Y CLÍNICO DEL PSA ES CENTRAL EN EL INICIO Y FINALIZACIÓN DEL
TRATAMIENTO?
Final remite a fin, y con ello hacia dónde nos dirigimos en la cura. También remite a comienzo. Final puede quedar en
relación de oposición y articulación con el tema de las interrupciones o impases y los interrogantes que estas generan. La
concepción de la cura no puede dejarse de lado a la hora de hablar de un final ¿Cómo se termina el análisis de un niño?

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¿Qué nos hace considerar que se ha curado? Cuando hay cambios, cuando hay soluciones. Que los síntomas terminen no
es sinónimo inmediato de curación. La dimensión del fantasma, y el lugar que éste ocupa en la determinación del síntoma
del sujeto nos aúna más allá de las diferencias. El decir que un niño cambió nos pone frente al tener que dar cuenta
del mecanismo que lo permitió. Cada analista hará uso de la teoría que lo lleva a dirigir el tratamiento, lo que incluye la
noción de niño para el PSA, la conceptualización de la transferencia y cómo ésta se hace presente a la hora del comienzo y
del final.

2. ¿CON QUÉ DEL SUJETO ARTICULA LA FINALIZACIÓN DE LA CURA EN EL CASO JUANITO?


En Juanito, Freud relaciona la resolución de la angustia y de la fobia (síntomas) con el cambio de la posición del
pequeño en la estructura edípica. La fantasía del plomero que con unas tenazas le cambia el trasero por otro y luego
ocurre lo mismo con el hace-pipí es considerada como la solución ingeniosa de la angustia de castración. Subrayo la
articulación de la cura con el cambio de la posición del infantil sujeto que se evidencia en la fantasmática que ofrece muy
diferente al momento de la emergencia de la angustia, a la que le siguió el despliegue de la fobia. El final del análisis de
Juanito es la rectificación fantasmática, es decir ocupar otro lugar.

3. LA DIRECCIÓN DE LA CURA
 Para Klein: en la cura hay una insistencia en preparar al niño, en recubrirlo, protegerlo de la destructiva acción de la
pulsión de muerte. El análisis evoluciona en la medida en que se interpretan las ansiedades paranoide y depresiva, y se
domina la pulsión de muerte a través de la introyección del objeto bueno. El trabajo del analista implica una apuesta
que éste hace al amor, para dominar al odio. Su preocupación: dirigida a las eventuales apariciones fantasmáticas de
ansiedades profundas que atenten contra la integración del Yo. El tiempo y la insistencia traen una estabilidad de lo
conquistado.

 Winnicott: busca pautas de final de análisis y ubica al odio como un parámetro para marcar un término. Su
concepción se destaca de la kleiniana en tanto para él, el odio surge como un paso estructurante, como un corte que
podemos considerar indispensable para marcar un desprendimiento de la fusión con la madre. En el
Psicoanálisis de una niña pequeña (The Piggle) tanto su escucha como su intervención apuntan en ese rumbo y para ello
no sólo a la aparición del odio como elemento dado en el lenguaje: le interpreta a la Piggle, “te odio”, sino también a la
creación de un objeto transicional. Le otorga importancia al juego, a la creación y al fortalecimiento de esa zona
intermedia que lo llevará a pensar el final en término de la capacidad del niño para convertir al mismo analista en otros
personajes posibles; en convertirlo en objeto transicional.

 Anna Freud: Caso “Niña del demonio”, ella también busca el odio. Para Freud, un analista de niños debe educar y
analizar. Debe decidir qué tendencias sexuales infantiles deben ser rechazadas y cuáles admitidas para la satisfacción
inmediata, reservando un porcentaje para sublimar. El analista ocupa el lugar de los padres, considera peligroso dejarles la
decisión sobre la vida instintiva liberada. Un análisis concluiría cuando el niño alcance una identificación con el
ideal del yo del analista.

4. CURA EN EL CASO FEDERICO: niño de 7 años, fue traído por su padre, a pedido del colegio. De una inteligencia
vivaz, el pequeño comenzaba a mostrar dificultades en el aprendizaje y ya las tenía en el ámbito de socialización. Un
cuaderno incompleto, su resistencia a cumplir con las tareas, contrastaban con un comportamiento que al maestro le
llamaba la atención: le parecía raro. Cada vez que él preguntaba algo, Federico se apresuraba a responder, a levantar la
mano o a superponerse con la palabra de sus compañeros, diciendo algo que nada tenía que ver con el tema que se
hablaba. Daba respuestas de las que sus compañeros empezaban a burlarse, después pelearse. Federico recibía piñas,
empujones y los devolvía. Malas notas, se hacía pegar, castigar y aislar. Al mismo tiempo el pegar, era la solución que su
padre había encontrado frente al hijo. “A los golpes va a aprender”, pensaba el padre.

En mi PRIMER ENCUENTRO con Federico había dejado a su disposición un canasto cargado de juguetes. El chico sacó
todo sin detenerse en nada y de inmediato, no sin aire despectivo, me dijo: “No tenés tinta china”. “Con esto sólo no
puedo hacer nada...”. Esta posición poco varió en los encuentros siguientes: si él no hacía cosas era por lo que yo no
disponía. Se tornaba odiosamente en un niño exigente, fastidiado y fastidioso sin organizar juego alguno. Año y medio
después, llegó a la sesión enterado que su padre había decidido suspender el tratamiento a fin del mes siguiente
aduciendo motivos económicos. Trajo un juego que consistía en hacer TA-TE-TI embocando 3 aros en tres vástagos en un
recipiente lleno de agua. Me dijo entonces, que íbamos a tirar 3 veces cada uno, es decir, apretar 3 veces el botón.
Comenzamos y la cosa iba bien hasta que en un momento él apretó 8 veces. Se lo hice notar y sorprendido me dijo: “Salí”.

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Luego se quedó pensando y agregó: “Me quedé como pegado”. Seguimos el juego. Al rato se puso a construir autitos con
pedazos de cartón y plasticola. Sin darse cuenta dejó uno sobre la silla y luego se sentó encima. Le dije: “Otra vez te
quedaste pegado”. Se sonrió y poniéndolo sobre la mesa lo arregló.

El número 8 era la cifra de su edad, y también la cantidad de sesiones que tendríamos por delante antes de concluir y el
significante pegar revelado por Federico en sus asociaciones verbales y de actos. El pegar podría ser ya otra cosa distinta
a las de ofrecerse él a ser golpeado-pegado. Las preguntas que me hiciera en ese entonces, tales como si estaba en
condiciones de finalizar o como hubiera seguido si el análisis continuaba, siguen vigentes. Varias cosas habían cambiado.
Su relación con el saber, más bien con lo que no sabía, para poder aprender y la relación con sus pares tuvo un giro
reconocible y significativo. La desaparición de sus síntomas dio lugar a un reacomodamiento de lo que él portaba, entre
sus familiares, fundamentalmente entre sus padres. Su padre, tiempo después de finalizado el análisis, me pidió entrevistas
para “conversar sobre sus problemas”. Pero, el cambio merece ser explicado. Aún pensado como una interrupción ese
mes que trabajamos antes de concluir portó las marcas de un final. Ante el interrogante de cómo pudo producirse el
cambio no vacilé en responder que se instaló el juego y con ello la posibilidad de una identificación lúdica que implica una
desidentificación de una identificación que se había convertido en alienante.

5. ¿CON QUÉ EXPRESIÓN METAFORIZA EL AUTOR EL FINAL DEL ANÁLISIS RESPECTO DEL JUEGO?
Mannoni se interesó por el tema y estudió para ello la cuestión de las máscaras. El que mira no sabe quién se oculta
detrás; deja la posibilidad de lo no sabido. La máscara tiene la gran ventaja que el que la usa se la puede sacar. El
problema resulta cuando el chico, para entender el tema en él, tiene la máscara pegada a su piel o tallada en ella y por lo
tanto no se la puede sacar. En ese caso, la máscara se funde y confunde con su rostro y allí no hay juego. Se ha producido
una suerte de fusión con el personaje que no se puede sacar de encima. Federico era la máscara de un sabelotodo.
Estaba pegado a este personaje y lo único que lograba era hacerse pegar. Finalmente él pudo decir: “Me quedé como
pegado”. El significante se había puesto en juego y con ello una historia familiar por la cual siempre era obturado el
reconocimiento de lo que no se sabía.
Momento de pasaje por el cual él deja de ser el objeto pegado o pegador, desidentificándose de la postura familiar
especialmente encarnada por su padre, para ubicarse en otra posición. Federico comenzó a soportar las equivocaciones y
a divertirse con los juegos. El juego fue y es siempre un operador privilegiado en tanto es renuncia. Del apoyo en
los objetos el chico pasará a representar y representarse en sus fantasmas. El lograr esto puede ser el final. Podrá ir a jugar
a otro lado.

6. POSIBILIDAD DEL ANÁLISIS DE UN NIÑO RESPECTO A LA SEGUNDA VUELTA DE LA SEXUALIDAD EN LA


ADOLESCENCIA
Así la relación con el analista, el espacio de análisis le habrá servido para reconstruir una pantalla que le posibilite la
relación con los otros y que le posibilitará las salidas posteriores cuando en la segunda vuelta de la sexualidad eche mano
en su bolsillo para ver con qué recursos cuenta. Es de esta forma que se podría pensar el final de análisis de un niño: la
reconstrucción de una serie de juegos que no pudieron ser sancionados como tal por sus padres. Esta sería la especificidad
del tratamiento con niños y de su final. De un tratamiento del cual seguramente el niño ya grande, nada recordará: la
represión habrá producido sus efectos.

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