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Mesopotamia

Los sumerios fueron una antigua civilización que floreció en Mesopotamia entre el 4100 y el 1750 a.C. Inventaron muchos conceptos como la escritura, las escuelas, la rueda y el gobierno. Vivían en ciudades-estado gobernadas por reyes y dioses. Finalmente fueron conquistados por otros imperios pero dejaron un legado cultural importante.

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Mesopotamia

Los sumerios fueron una antigua civilización que floreció en Mesopotamia entre el 4100 y el 1750 a.C. Inventaron muchos conceptos como la escritura, las escuelas, la rueda y el gobierno. Vivían en ciudades-estado gobernadas por reyes y dioses. Finalmente fueron conquistados por otros imperios pero dejaron un legado cultural importante.

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Los Sumerios

Los sumerios eran un pueblo del sur de Mesopotamia cuya civilización floreció entre
el 4100 y el 1750 a.C. Su nombre proviene de la región que, con frecuencia (e
incorrectamente) se considera un país. Sumer nunca fue una entidad política
cohesionada, sino una región de ciudades estado, cada cual con su propio rey.

Sumer era la contraparte sur de la región de Acad, al norte. Fueron los acadios quienes
dieron su nombre a Sumer; el término significa «tierra de los reyes civilizados». Los
sumerios llamaban a su territorio simplemente «la tierra» o «la tierra de los hombres de
cabeza negra».

Los sumerios fueron los artífices de la mayoría de innovaciones, inventos y conceptos


que hoy damos por sentado. «Inventaron» el tiempo, dividiendo el día y la noche en
periodos de doce horas, las horas en sesenta minutos, y los minutos en sesenta
segundos. Otras innovaciones incluyen las primeras escuelas, la versión más antigua del
relato del Diluvio Universal y varias narraciones bíblicas, el poema épico más antiguo,
la burocracia gubernamental, la arquitectura monumental y las técnicas de regadío.

Con el auge de los amoritas (o amorreos) en Mesopotamia, y tras la invasión de los


elamitas, Sumer dejó de existir y sólo conocemos esta cultura por referencias en las
obras de antiguos escritores, entre ellos los escribas que redactaron el Génesis. Sumer
permaneció en el olvido hasta mediados del siglo XIX, cuando las excavaciones en
Mesopotamia desenterraron su civilización y sacaron a la luz sus numerosas
aportaciones.

Lápida votiva sumeria


Osama Shukir Muhammed Amin (Copyright)
Desarrollo y los «39 primeros»
A lo largo del siglo XIX, los arqueólogos europeos bajaron al Oriente Próximo en
busca de antiguas ciudades, tumbas y artefactos. No iban a Mesopotamia buscando a los
sumerios, porque ignoraban su existencia; su intención era excavar lugares mencionados
en la Biblia, como Babilonia y Nínive, así como un misterioso lugar llamado Sinar.
Pero encontraron mucho más de lo que podían esperar.

Nadie sabe de dónde vinieron los sumerios, pero hacia el 2900 a.C. ya estaban
firmemente asentados en el sur de Mesopotamia. La historia de esta región se divide,
según los estudiosos modernos, en seis eras:

 Periodo de El Obeid (5000-4100 a.C.)


 Periodo de Uruk (4100-2900 a.C.)
 Periodo Dinástico Arcaico (2900-2334 a.C.)
 Imperio Acadio (2334-2218 a.C.)
 Periodo Guti (c. 2218-2047 a.C.)
 III Dinastía de Ur o Renacimiento Sumerio (2047-1750 a.C.)

Los orígenes de los pueblos del periodo de El Obeid también son desconocidos, al igual
que su cultura, pero dejaron tras de sí objetos intrigantes y fundaron probablemente las
primeras comunidades que se desarrollarían hasta convertirse en ciudades y ciudades-
estado, durante el periodo de Uruk. El periodo Dinástico Arcaico contempló el auge de
los reyes, el establecimiento del gobierno y la burocracia y los conflictos entre las
ciudades estado sumerias, en disputa por la tierra y los derechos del agua. Las ciudades
sumerias caían periódicamente bajo el dominio de un solo rey, como es el caso de
Enmembaragesi de Kish, que dirigió a Sumer contra Elam en la primera batalla
registrada de la historia, hacia el 2700 a.C. Los sumerios obtuvieron la victoria y
saquearon las ciudades de Elam.

SUMER FUE FINALMENTE CONQUISTADA


POR SARGÓN DE ACAD (2334-2279 A.C.),
QUE LA CONVIRTIÓ EN EL NÚCLEO DE SU
IMPERIO MULTINACIONAL.
El último rey, Eannatum, reconquistaría varias zonas de Elam alrededor del 2500 a.C. y
Lugalzagesi repetiría la hazaña hacia el 2330 a.C., pero estos reyes nunca pudieron
controlar todas las ciudades estado sumerias. Sumer fue finalmente conquistada por
Sargón de Acad (2334-2279 a.C.), que la convirtió en el núcleo de su imperio
multinacional. Sargón dominó la región colocando oficiales de confianza en cargos de
poder en cada ciudad, incluyendo a su hija Enheduanna (2285-2250 a.C.), la suma
sacerdotisa de la diosa Inanna en Ur (famosa por ser la primera escritora del mundo
conocida por su nombre). El Imperio acadio mantuvo la región hasta la invasión de los
guti, que gobernaron hasta ser expulsados por Ur-Nammu (2047-2030 a.C.) y su hijo
Shulgi de Ur (2029-1982 a.C.). Ambos fueron responsables del célebre Renacimiento
Sumerio, que vio florecer de nuevo la cultura sumeria tras las conquistas acadia y guti.
Mapa de Mesopotamia, 2000-1600 a.C.
P L Kessler (Copyright)

Antes y después de las conquistas, las ciudades sumerias se enriquecieron con el


comercio. La relativa estabilidad de las ciudades alentó el crecimiento cultural, la
innovación y el ingenio. El académico Samuel Noah Kramer, en su emblemática obra
La historia empieza en Sumer explora los «39 primeros» inventos que los sumerios
trajeron al mundo:

1. Las primeras escuelas.


2. El primer ejemplo de «hacer la pelota».
3. El primer caso de delincuencia juvenil.
4. La primera «guerra psicológica».
5. El primer congreso de dos cámaras.
6. El primer historiador.
7. El primer caso de reducción de impuestos.
8. El primer «Moisés».
9. El primer antecedente legal.
10. La primera farmacopea.
11. El primer «calendario del agricultor».
12. El primer experimento en jardinería con árboles de sombra.
13. La primera cosmogonía y cosmología.
14. Los primeros ideales morales.
15. El primer «Job».
16. Los primeros proverbios y refranes.
17. Las primeras fábulas de animales.
18. Los primeros debates literarios.
19. Los primeros paralelos bíblicos.
20. El primer «Noé».
21. El primer relato de una resurrección.
22. El primer «San Jorge».
23. El primer caso de préstamo literario.
24. La primera edad heroica de la humanidad.
25. La primera canción de amor.
26. El primer catálogo de libros.
27. La primera edad de oro del hombre.
28. La primera sociedad enferma.
29. Los primeros lamentos litúrgicos.
30. El primer Mesías.
31. El primer campeón de larga distancia.
32. La primera metáfora literaria.
33. El primer simbolismo sexual.
34. La primera Mater Dolorosa.
35. La primera canción de cuna.
36. El primer retrato literario.
37. Las primeras elegías.
38. La primera gran victoria de los trabajadores.
39. El primer acuario.

Los sumerios también inventaron el concepto de ciudad y pueden reclamar el honor de


poseer la ciudad más antigua del mundo, la sumeria Uruk. Otras antiguas ciudades de
Sumer fueron:

 Eridu
 Uruk
 Ur
 Larsa
 Isin
 Adab
 Kutallu
 Nippur
 Kish
 Lagash
 Umma

El corazón de la ciudad era el complejo del templo, donde emergían los grandes
zigurats que inspirarían más tarde el relato de la torre de Babel. Cada ciudad tenía su
propia deidad, que habitaba el templo, protegiendo y guiando a los ciudadanos. Sin
embargo, para los sumerios la ciudad de Eridu, patria del dios Enki, ocupaba un lugar
especial.

La primera ciudad
Aunque la arqueología moderna ha establecido a Uruk como la ciudad más antigua de
Mesopotamia, los sumerios creían que la primera ciudad del mundo fue Eridu, presidida
por el dios de la sabiduría y de las aguas, Enki, que hizo surgir la ciudad de las
marismas y estableció la monarquía y el orden en la tierra. La fundación de Eridu por
parte de Enki se contemplaba como una edad dorada comparable al jardín bíblico del
Edén, hogar de los dioses y patria natal del gobierno civilizado (conocido como meh).
La académica Gwendolyn Leick señala:

«El Edén mesopotámico no es un jardín, sino una ciudad, formada por una
parcela de tierra seca rodeada por las aguas. El primer edificio es un templo...
Así es como la tradición mesopotámica presentó la evolución y la función de las
ciudades, y Eridu proporciona el paradigma mítico. Al contrario que el Edén,
donde el hombre es expulsado tras la caída, Eridu continuó siendo un lugar real
y sagrado, impregnado de divinidad, pero siempre accesible.» (2)

La caída de Eridu no tuvo nada que ver con los pecados de la humanidad, sino con la
inteligencia de una de las diosas más populares en Mesopotamia, Inanna. En el poema
Inanna y el dios de la Sabiduría, la diosa viaja desde su ciudad, Uruk, hasta Eridu, hogar
de su padre Enki, y lo invita a sentarse y beber con ella. A medida que bebe, Enki se
vuelve cada vez más jovial y al final, un tanto alegremente, le entrega el meh a su hija.
Una vez ella obtiene el poder, huye corriendo a su barco y lo lleva de regreso a Uruk,
convirtiendo su ciudad en la principal, con menoscabo de Eridu. Los académicos
actuales creen que este mito surgió como respuesta al salto de una cultura agraria,
simbolizada por Eridu, hacia una cultura urbana cuyo epítome es Uruk, entre las
ciudades más poderosas de la región.

Ur-Nammu
Donald A. Mackenzie (Public Domain)

Gobierno
La religión estaba totalmente integrada en la vida cotidiana y modelaba el gobierno y la
estructura social. Los sumerios creían que los dioses habían creado el orden a partir del
caos y que el rol de cada persona en la vida era trabajar cooperando con los dioses para
asegurarse de que el caos no volvería de nuevo. Los mismos dioses, sin embargo,
acabaron revirtiendo su obra y devolviendo el mundo al caos, cuando el ruido y el
alboroto de la humanidad crecieron tanto que les resultaron insoportables.
LA OBRA SUMERIA CONOCIDA COMO EL
GÉNESIS DE ERIDU (COMPUESTA HACIA EL
2300 A.C.), ES LA VERSIÓN MÁS ANTIGUA
DEL RELATO DEL DILUVIO UNIVERSAL.
La obra sumeria conocida como el Génesis de Eridu (compuesta hacia el 2300 a.C. y
hallada en las ruinas de Eridu) es la versión más antigua del relato del Diluvio
Universal, más tarde reescrito en el Atrahasis, en el Poema de Gilgamesh y en el libro
del Génesis. Relata cómo los dioses destruyeron a la humanidad mediante una gran
inundación, pero un solo hombre, Ziusudra, se salvó porque Enki le ordenó que
construyera un arca para salvar a un par de cada especie animal. Más tarde, los dioses
cedieron en su furor y resolvieron controlar la población humana poniendo coto a sus
molestas inclinaciones, introduciendo la muerte y la enfermedad en el mundo a fin de
restablecer el orden y poniendo límite a la vida humana y a su ambición.

Los dioses esperaban que los seres humanos dedicaran su vida a mantener el orden, y
esto implicaba encontrar la manera de cooperar con ellos. Los sumerios se enorgullecían
de su individualidad, como lo evidencia el patronazgo de cada ciudad bajo la protección
de un dios, así como las continuas luchas y rivalidades entre ellas, pero los dioses
exigían que dejaran a un lado el conflicto para trabajar en aras al bien común. Kramer
escribe:

«Aunque los sumerios tenían en gran estima el valor y los logros individuales,
había un factor superior que alentaba un espíritu de cooperación entre las
personas y las comunidades: la total dependencia de Sumer en el regadío para
asegurar su bienestar y, de hecho, para sobrevivir. El regadío era un proceso
complejo que requería de una organización y un esfuerzo comunitarios. Había
que cavar canales y repararlos constantemente. El agua tenía que ser
distribuida de forma equitativa entre los interesados. Para asegurarse de ello,
se precisaba de un poder superior al del terrateniente, incluso a la misma
comunidad: de ahí el crecimiento de las instituciones gubernamentales y el
auge del estado sumerio.» (Los Sumerios, 5)

La lista de reyes sumerios, documento compuesto hacia el 2100 a.C. en Lagash,


enumera todos los reyes desde el comienzo del mundo, cuando los dioses establecieron
su reinado en Eridu. El primer rey arqueológicamente documentado fue Etana, descrito
como «el que estabilizó todas las tierras» (Los sumerios, 43), y la lista continúa en
orden cronológico, a menudo con reinados de una longitud inverosímil, hasta los reyes
cercanos al 2100 a.C.
Inscripción de la leyenda del héroe Etana
Osama Shukir Muhammed Amin (Copyright)

La ciudad estado sumeria estaba gobernada por un rey, el Lugal (literalmente, «gran
hombre»), que supervisaba el cultivo de la tierra, entre muchas otras responsabilidades,
y estaba consagrado por los dioses para asegurar que la voluntad divina se cumplía en la
tierra. El Lugal inicialmente era el cabeza de familia de una comunidad fuertemente
cohesionada que almacenaba sus recursos, y el concepto de hogar-familia continuó
como estructura de poder subyacente en las ciudades. Con el auge de las ciudades y el
desarrollo de innovaciones agrarias, los sumerios cambiaron la forma en que habían
vivido y en la que habrían de vivir para siempre. El erudito Paul Kriwaczek comenta:

«Fue un momento revolucionario en la historia de la humanidad. Los sumerios


aspiraban nada menos que a cambiar el mundo, y eran conscientes de ello.
Fueron los primeros en adoptar el principio que ha impulsado el progreso a lo
largo de la historia, y aún motiva a muchos de nosotros en los tiempos
modernos: la convicción de que es un derecho de la humanidad, su misión y su
destino, transformar y mejorar la naturaleza y convertirse en su dueña.» (20)
Contribuciones y colapso
Las ciudades sumerias se expandieron y, cuando necesitaron más espacio y recursos, los
tomaron de otros. Durante el Periodo de Uruk, la cultura se desarrolló rápidamente,
siendo la escritura, quizás, el mayor de sus inventos hacia el 3600-3500 a.C. La
escritura primitiva se desarrolló como respuesta a la necesidad de una forma de
comunicación a larga distancia en el comercio, y recogía información básica, como «dos
ovejas, cinco cabras, Kish», algo suficientemente claro para el emisario de entonces,
pero que no informaba al receptor si las dos ovejas y las dos cabras iban o venían de
Kish, si estaban vivas o muertas, y con qué propósito. El sistema se desarrolló en
tiempos del Periodo Dinástico Arcaico, hasta producir obras como el Poema de
Gilgamesh, los himnos de Enheduanna a la diosa Inanna y muchas otras obras maestras
de la literatura.

Tablilla acerca del Diluvio, en la Epopeya de Gilgamesh


Osama Shukir Muhammed Amin (Copyright)

El sumerio se convirtió en la lingua franca de Mesopotamia y fijó el sistema de


escritura conocido como cuneiforme, que sería utilizado más tarde para escribir otros
idiomas. Gwendolyn Leick afirma:

«El horizonte cultural homogéneo de las llanuras aluviales [de Sumer]


encuentra su expresión en el desarrollo de la escritura en un idioma particular.
No se sabe por qué el sumerio llegó a ser el lenguaje escrito. Mesopotamia
nunca fue lingüística ni étnicamente homogénea, y los nombres personales de
los primeros textos muestran claramente que en aquella época se hablaban
otros idiomas, aparte del sumerio.» (65)

El sumerio estaba bien asentado como lenguaje escrito hacia finales del cuarto milenio
a.C., así como la cultura, la religión y otros aspectos relevantes de su civilización. La
literatura sumeria influiría en autores posteriores, destacando a los escribas que
redactaron la Biblia; narraciones como El mito de Adapa, El Génesis de Eridu y el
Atrahasis contribuirían a la redacción de los relatos sobre el Edén, la caída del hombre y
el diluvio universal. Las obras de Enheduanna se convirtieron en modelos para la
liturgia posterior; las fábulas de animales se harían muy populares con Esopo, y la épica
de Gilgamesh inspiraría poemas como la Ilíada y la Odisea.

El concepto de los dioses habitando el templo de la ciudad, así como la forma y el


tamaño de los zigurats sumerios, se piensa que pudo influir en el desarrollo de las
pirámides egipcias y en las creencias en sus propios dioses. El concepto sumerio del
tiempo, así como su sistema de escritura, también fue adoptado por otras civilizaciones.
El sello cilíndrico sumerio, como señal identificativa de una persona, continuó
utilizándose en Mesopotamia hasta el año 612, con la caída del Imperio asirio. No hay
un solo aspecto de la civilización humana al que los sumerios no hayan hecho su
contribución. Con todo, y pese a sus fortalezas, su cultura comenzó a declinar mucho
antes de su caída.

El zigurat de Kish
Osama Shukir Muhammed Amin (Copyright)
La civilización sumeria se derrumbó hacia el 1750 a.C. con la invasión de los elamitas.
Shulgi de Ur había erigido una gran muralla hacia el 2083 a.C. para proteger a su pueblo
de una invasión, pero, como no tenía cierres en ningún extremo, los invasores la
rodearon con toda facilidad. Aún y así, la cultura intentó mantener su autonomía incluso
después de que los amorreos semitas dominaran Babilonia. El cambio cultural se hizo
evidente en muchos aspectos, pero se puede apreciar notablemente en la ratio de dioses
y diosas del panteón mesopotámico, que se inclinó hacia el lado masculino con el
advenimiento de los semitas en Babilonia, en especial durante el reinado de Hammurabi
(c. 1792-1750 a.C.). El modelo teológico sumerio cambió al elevar a un dios supremo
masculino, Marduk, por encima de todos los demás. Muchos templos dedicados a las
diosas fueron reemplazados por otros dedicados a los dioses. Aunque los templos de las
diosas no fueron destruidos, fueron relegados a un papel marginal.

Los derechos de las mujeres, que habían sido tradicionalmente iguales a los de los
hombres, declinaron al mismo tiempo que las ciudades sumerias. Una sobreexplotación
de la tierra y la expansión urbana, sumadas a los conflictos crecientes, se consideran las
razones principales de la caída de las ciudades. La correlación entre el declive de las
deidades femeninas y los derechos de las mujeres nunca ha sido adecuadamente
explicada. Se desconoce qué vino primero. Pero es un detalle significativo en el declive
de una cultura que siempre tuvo en alta estima a la mujer. En tiempos de la invasión
elamita, hacia el 1750 a.C., la cultura sumeria ya estaba en clara decadencia y los
elamitas simplemente dieron el golpe de gracia.

El descubrimiento
Los sumerios, hoy, son reconocidos por sus numerosas aportaciones al mundo de la
cultura, pero esto es un hallazgo reciente. Su historia quedó sepultada bajo las arenas
durante siglos, y las referencias sobre ellos en las obras antiguas fueron
malinterpretadas por los estudiosos, puesto que no había un referente conocido. Por
ejemplo, se pensaba que la tierra de Sinar, que aparece en el libro del Génesis (Gn 10,
10), aludía a una región de Mesopotamia, pero la relevancia del nombre no se alcanzaba
a comprender, puesto que los académicos ignoraban que jamás hubiera existido un lugar
llamado el país de Sumer (la Sinar o Senaar bíblica).

La situación cambió dramáticamente a mediados del siglo XIX, cuando las instituciones
y sociedades occidentales empezaron a enviar expediciones al Oriente Próximo y a
Oriente Medio en busca de evidencias físicas que pudieran confirmar los relatos
bíblicos. Razonaban que, si alguna vez había existido la tierra de Sinar, sus ruinas, así
como las de otros edificios y ciudades mencionados en la Biblia, tenían que descubrirse.

En esa época, la Biblia (en especial los relatos del Antiguo Testamento) se consideraba
el libro más antiguo del mundo, y completamente original. La historia del Edén, la caída
del hombre, el Diluvio Universal, se creía que eran obras originales, inspiradas por el
verdadero Dios de la tradición judeocristiana. Los arqueólogos y los estudiosos que
fueron enviados en estas expediciones tenían que encontrar evidencias que respaldaran
esta afirmación, pero se encontraron justamente con lo contrario: encontraron Sumer.

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Bibliografía
 Bertman, S. Handbook to Life in Ancient Mesopotamia. Oxford University Press, 2005.
 Black, J. , et. al. The Literature of Ancient Sumer. Oxford University Press, 2006.
 Bottéro, J. Everyday Life in Ancient Mesopotamia. Johns Hopkins University Press, 2001.
 Jacobsen, T. The Treasures of Darkness. Yale University Press, 1978.
 Kramer, S. N. History Begins at Sumer. University of Pennsylvania Press, 1988.
 Kramer, S. N. The Sumerians: Their History, Culture, and Character. University of Chicago
Press, 1971.
 Kriwaczek, P. Babylon: Mesopotamia and the Birth of Civilization. St. Martin's Griffin, 2012.
 Leick, G. Mesopotamia: The Invention of the City. Penguin Books, 2003.
 Van De Mieroop, M. A History of the Ancient Near East ca. 3000 - 323 BC, 2nd
Edition. Blackwell Publishing, 2006.
 Von Soden, W. The Ancient Orient: An Introduction to the Study of the Ancient Near
East. Eerdmans Pub Co, 1994.

Sobre el traductor

Montse de Paz
Soy escritora y trabajo en una fundación humanitaria. Mi experiencia y la
imaginación han nutrido mi fantasía y mi amor por las letras me impulsa a
escribir cada día. Hija de una historiadora, me apasiona la historia y en ella
encuentro inspiración para mis libros.

Sobre el autor
Joshua J. Mark
Escritor independiente y ex-profesor de filosofía a tiempo parcial en el Marist
College de Nueva York, Joshua J. Mark ha vivido en Grecia y Alemania, al igual
que ha viajado por Egipto. Ha sido profesor universitario de historia, escritura,
literatura y filosofía.
LA RELIGIÓN EN LA CULTURA
SUMERIA
porJosé Andrés Vizcaíno GonzálezOct 20, 2018

Los sumerios
son una de las más antiguas civilizaciones que han habitado el mundo,
siendo los primeros en ser considerados como tal. Estas poblaciones
habitaron la región sur de la antigua Mesopotamia, más concretamente en
Oriente Medio entre las planicies aluviales del Tigris y el Eúfrates.
Tenemos que darnos cuenta que de ellos proceden los primeros vestigios
de escritura moderna, aunque su pronunciación se ha perdido, quien sabe
si para siempre dentro de la historia de la humanidad.

Lo que sí sabemos sobre ellos es que fueron los primeros que


comenzaron a aglutinarse en ciudades, a utilizar el sistema
sexagesimal o llevar a cabo una codificación de las leyes, además ha
llegado a nosotros una gran parte de su religión, la cual bien habría
podido servir de cierta base para las religiones que hemos podido albergar
dentro del mundo a lo largo de la historia ya que en algunos casos
podemos ver ciertos nexos de unión entre ésta u otras religiones como la
griega, o incluso con algunas mayoritarias que nos son contemporáneas
como el Cristianismo o el Islam.

Para los sumerios, la civilización llegó del agua, ya fuese del mar o del
propio agua de los ríos. Ellos concebían el mundo en un llamado caos
primigenio el cual estaba formado por dos elementos o divinidades; el
primero de ellos era el agua dulce, que estipulaban como el bien, ataviado
con un ideal en cierto sentido masculino y denominado Aspu, el cual podía
asimilarse a una divinidad de la cual surgen las plantas llamado
Dummuzi; y luego encontramos el otro elemento o divinidad; el agua
salada que representa el mal, con tintes femeninos de donde salen los
monstruos, también llamada Tiamat.

Descubrimos que tendrán


dos hijos, los cuales recibirán los nombres de Lahmu y Lahamu, ellos
serán divinidades bienhechoras y su característica representación
será con una cabeza de serpiente de mar. Luego, las dos divinidades
primigenias tendrán dos hijos más, Anshar y Kishar, representados el
primero como el cielo, y la segunda como la tierra, de los cuales, nacerán
los tres dioses varones representados como reyes de lo que perciben los
ojos del ser humano, o sea, lo terrenal; el primero es An (o Anu en akkadio)
que es el rey del cielo; luego encontraremos a Enlil que será el rey de la
tierra y por último Ea, el rey del océano bienhechor.

Estos tres reyes divinos son los creadores de, como hemos dicho antes,
todo lo que el cielo y la tierra contiene, como por ejemplo el Sol, Shmash,
la Luna, Sin y los planetas, entre los cuales Venus ocupaba un lugar
predominante. Estos tres dioses también serán los creadores de las
diversas divinidades y seres humanos que pueblan la tierra, siendo estos
últimos creados para hacer más alegre el mundo, concebido también como
la morada de los dioses.

También es obra de estas divinidades la organización política de los


hombres, ya que se dice que la propia realeza bajó del cielo para
gobernarlos, donde encontraremos una de las primeras veces que la
propia posición del rey o jefe de estado proviene de una fuerza mayor, y
así hacer que su posición gozara de una justificación divina para que nadie
osara contradecirla.
Podemos ver que entre los mismos dioses también gozan de
posiciones de poder, en primer lugar, An es el Dios Supremo, el rey
de la Creación, quedando Enlil como el rey de todos los humanos y
soberano de todo el territorio conocido. Una de las primeras
conexiones de esta religión con la Biblia es la que nos dice que Enlil envió
un diluvio para castigar a los seres humanos ya que hubo un tiempo en el
que abandonaron a los dioses. El tercer rey divino, Ea, quien fue uno de
los creadores de los seres humanos modelándolos en arcilla, advirtió de
esto a Utanapishtim, un hombre bueno y bondadoso que aún adoraba a
los dioses; y fue él quien construyó un arca y salvó a la humanidad.

Tenemos que tener en


cuenta la concepción materialista de la religión, ya que antes que los
demás dioses después de An lo poblaran, los elementos que constituyen
el mundo ya existían, caso contrario por ejemplo es el de la religión
cristiana, en la que Dios es creador de todo. Esta concepción materialista
explica también el más allá; ya que a la muerte del ser humano el cuerpo
perece, pero aún subsistirá una parte que habitará en un mundo
subterráneo denominado como La Casa de donde no se sale, estando
rodeada de 7 muros con 7 puertas cada uno donde reinan los dioses
infernales, Nergal y su esposa Ereskhigal, bajo cuyas órdenes el ser
humano estará vigilado por la peste y las enfermedades para que no salga.
No hay luz en ese lugar y el hombre o mujer tendrá que alimentarse de
barro y polvo sentado en las tinieblas con un hábito de plumas, y si el
muerto es abandonado sin sepultura y ofrendas, deberá errar por el mundo
atacando personas, transformándose en un espíritu maligno.

En este caso vemos que los dioses no desempeñan papeles en la otra


vida, recompensando o castigando a los muertos; por lo tanto las
plegarias hacia ellos solo persiguen la obtención de una larga vida y
de bienes materiales en el mundo, lo cual será la recompensa que dan
los dioses a los no pecadores.

Alrededor de todo esto se formó una ideología sumeria; las primeras ideas
científicas explican el progreso del mundo mediante la evolución
espontánea: An crea el cielo, el cielo crea la tierra, la tierra crea los ríos,
los ríos crean los barrancos,…(Dhrone, La litterature babylonienne);
además, se creó una inmensa literatura mitológica que divinizó los astros
y relató la vida y las relaciones entre dioses y hombres, poblando así el
mundo de genios, ángeles y demonios, además se explican los ciclos en
los que Enlil y su esposa provocan la lluvia y la fecundidad del suelo; mitos
sobre la muerte de Dummuzi, o incluso su descenso al infierno y su retorno
periódico a la tierra gracias a la diosa Ishtar, quien simbolizaba la belleza,
la vida, la fertilidad y el amor. También se sabe que hay fábulas sobre
monstruos que aterrorizan a la humanidad.

En cuanto a lo
que se podía llamar clero, que representaba esta religión en el mundo,
vemos que se encargó de combatir la desgracia, alejar a los espíritus y
apartar la enfermedad de la población. Los sacerdotes fueron adivinos
que predijeron el porvenir, explicaron los sueños, trataron temas de
astrología y verificaban sacrificios; fueron ayudados por
sacerdotisas, las cuales designaban presagios divinos, bailaban,
cantaban, adivinaban y fueron siervas de la diosa Ishtar, quien justificaba
la entrega de estas mujeres a la prostitución sagrada, participando en
rituales de fertilidad o como recogió el historiador Herodoto, acostándose
al menos una vez en la vida con un desconocido en el templo de la diosa.

Ya llegando al Imperio de Sargón, veremos que el rey terrenal sufrirá una


especie de divinización equiparable al caso de los propios faraones
egipcios, lo que sería adaptado a la religión real del Estado. El mayor
exponente de esta divinización fue Naram Sin, quien tras sus conquistas
sobre Sumer, Akkad, Subar y Amurru tomó el título de Rey del Universo.
Ahora el rey no es el vicario enviado por Dios, si no el propio Dios en la
tierra que gobierna a la población.

Tras todo esto, cabe decir que la Religión Sumeria fue sufriendo
adaptaciones a lo largo de su historia. Debido a la entrada en el territorio
de nuevas poblaciones, ya sea mediante la fusión de la cultura de los
nuevos pobladores con la autóctona; o bien mediante la fuerza, llevando a
cabo la conquista del territorio y la imposición de sus leyes y dogmas o
incluso otras formas de sumisión o intercambio cultural; hicieron que la
religión se fuera transformando para aglutinar a los distintos pueblos que
habitaban en el territorio.
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Sargón de Acadia

Regidor acadio
Sumerophile (Public Domain)

Sargón de Acadia, que reinó de 2334 a 2279 a.C. fue el rey del Imperio acadio de
Mesopotamia, el primer imperio multinacional de la historia, que unificó los
diversos reinos de la región bajo una autoridad central. Hoy en día también es
igual de famoso como padre de la gran poeta y sacerdotisa Enheduanna
(22852250 a.C.), la primera escritora de la historia que se conoce por nombre.
Sargón (también conocido como Sargón el grande, Shar-Gani-Sharri, y
SarruKan, que quiere decir "rey verdadero" o "rey legítimo") fue el hijo ilegítimo
de una "mujer cambiada", lo que podría referirse a una sacerdotisa del templo
de la diosa Inanna (cuyo clero era andrógino) y, según la Leyenda de Sargón (una
tablilla de cuneiforme que dice ser su biografía), nunca conoció a su padre. Su
madre no podía revelar su embarazo, o quedarse con el bebé, así que lo dejó ir
en un cesto en el río Éufrates, donde fue encontrado por un hombre llamado
Akki, un jardinero de Ur-Zababa, el rey de la ciudad sumeria de Kish. A pesar
de un origen así de humilde, Sargón ascendería y llegaría a conquistar toda
Mesopotamia.

El Imperio acadio fue la primera entidad política en hacer un uso extensivo y


eficiente de la burocracia y la administración a gran escala, asentando las bases
para los futuros gobernantes y reinos. Su historia fue conocida durante mucho
tiempo por toda Mesopotamia, donde con el tiempo se lo acabó considerando el
hombre más grande que jamás hubiera vivido, celebrado mediante historias
gloriosas hasta el Imperio persa, junto con su nieto, Naram-Sin.

El historiador Paul Kriwaczek resume el impacto de Sargón en las generaciones


posteriores de Mesopotamia diciendo que "durante al menos 1500 años tras su
muerte, Sargón el Grande, fundador del Imperio acadio, fue considerado como
una figura semisagrada, el santo patrón de todos los imperios posteriores del
reino de Mesopotamia" (111). Aun así, de dónde proviene, o incluso su
verdadero nombre, se desconocen.

Juventud y ascenso al poder


"Sargón" no era su nombre de pila, sino el nombre que eligió él al ascender al
trono. Es un nombre semítico, no sumerio, por lo que en general se acepta que
era semita. No se sabe nada a ciencia cierta del nacimiento de Sargón ni de sus
primeros años. De hecho, a pesar de que su nombre era de los más famosos en
la antigüedad, en la edad moderna fue un desconocido hasta 1870, cuando el
arqueólogo Sir Henry Rawlinson publicó la Leyenda de Sargón que había
encontrado en la biblioteca de Asurbanipal en sus excavaciones en Nínive en
1867. La Leyenda de Sargón dice:
Mi madre fue una cambiante, a mi padre no lo conocí,

El hermano de mi padre amaba las colinas,

Mi hogar estaba en las tierras altas, donde crecen las hierbas.

Mi madre me concibió en secreto, me dio a luz escondida.

Me puso en un cesto de juncos,

Selló la tapa con brea.

Me echó al río, pero este no me tragó,

Las aguas me llevaron a Akki, el que sacaba el agua del río.

Me sacó a mí cuando metía su jarra en el agua,

Me tomó como a su hijo, me crio,

Me hizo su jardinero. (Bauer, 95)

A PESAR DE SER UNO DE LOS NOMBRES


MÁS CONOCIDOS EN LA ANTIGÜEDAD,
SARGÓN FUE UN DESCONOCIDO PARA EL
MUNDO MODERNO HASTA 1870 D.C.
Akki adoptó al niño y lo crio como a su propio hijo. Sargón fue adquiriendo
importancia en la corte y se convirtió en el copero del rey. La historiadora Susan
Wise Bauer apunta que, "los coperos de la antigüedad no eran simples
mayordomos. Las inscripciones sumerias no describen las labores de los
coperos, pero en Asiria, no mucho tiempo después, el copero era el segundo
después del rey" (97).

En su calidad de copero, Sargón tenía la confianza del rey, pero esta fue puesta
a prueba cuando un rey cercano, Lugalzagesi de Umma, se lanzó en una
campaña de conquista de la región. La antigua Mesopotamia, al igual que la
antigua Grecia, estaba salpicada de muchas ciudades-estado pequeñas que
luchaban entre ellas por la tierra fértil y el agua.

Lugalzagesi de Umma condujo a su ejército a través de la región de Sumeria,


conquistando las ciudades-estado una tras otra, unificándolas todas bajo su
mandato. Sería el primer rey sumerio en conseguirlo a gran escala; y el último
rey sumerio antes del ascenso de Acadia. Parece que previamente había
acordado dejar en paz a Kish, pero tras conquistar Uruk, decidió avanzar sobre
Kish. Bauer escribe que "Ur-Zababa, al enterarse de que el ejército conquistador
se dirigía a la ciudad, se asustó tanto que 'se mojó las piernas'" (97). Sospechaba
de Sargón y, aunque no parece haber prueba alguna que justificara sus
sospechas del copero, decidió mandarlo a Lugalzagesi, aparentemente con una
oferta de paz.

No se sabe si Ur-Zababa incluyó o no en el mensaje nada sobre términos y


condiciones; lo que sí se sabe es que el mensaje pedía a Lugalzagesi que matara
a Sargón al recibirlo. Sea por la razón que fuere, Lugalzagesi se negó a cumplir
con la petición, y en vez de ello invitó a Sargón a unirse a él. Juntos, marcharon
sobre Kish y tomaron la ciudad fácilmente. Ur-Zababa escapó y se ocultó.

No está claro qué es lo que pasó después exactamente debido a las muchas
leyendas que surgirían en torno a la vida y el reinado de Sargón a lo largo de
los siglos. Es posible que en aquel momento tuviera una aventura con la mujer
de Lugalzagesi o que fuera enviado a una misión que Sargón convertiría en la
primera batalla de su propia conquista de la región. Pasara lo que pasase entre
él y Lugalzagesi, se volvieron enemigos tan rápido como se habían hecho
aliados.

Sargón avanzó sobre Uruk y la conquistó. Lugalzagesi marchó con su ejército


de Kish a luchar contra Sargón, y fue derrotado. Entonces, Sargón lo encadenó,
le ató una cuerda al cuello y lo llevó a la ciudad de Nippur, dedicada al dios
Enlil a quien Lugalzagesi se había confiado, y lo obligó a marchar humillado
por la puerta de Enlil. Sargón eligió para sí a la diosa Ishtar (Inanna) como
protectora divina y, con Ur-Zababa y Lugalzagesi fuera de su camino, se
proclamó rey de Kish y sometió rápidamente la región de Sumeria.
Mapa del Imperio acadio
Nareklm (GNU FDL)

Campañas militares y la creación del imperio


Cuando Sargón derrocó a Lugalzagesi y se hizo con el poder, se hizo con un
reino ya unificado que podía usar como ventaja en las campañas militares para
establecer el primer imperio de toda Mesopotamia. Puede que a esto también lo
ayudara su propia leyenda, que establecía sus orígenes humildes. Al igual que
en épocas posteriores y en otras culturas, hasta la actualidad, la distinción de
clases en las ciudades sumerias había llevado a un resentimiento creciente entre
la clase baja contra la élite. Los ciudadanos más ricos podían tomar toda la
tierra que quisieran, y las clases bajas siempre se sentían marginadas.

La historia del origen humilde de Sargón como jardinero habría resultado


atractiva para un gran número de sumerios de la clase trabajadora, que puede
que lo vieran como un libertador y un reformista. Sin embargo, inmediatamente
después de ascender al poder, las ciudades-estado y las élites que las
gobernaban no aceptaron a Sargón con gracia y sumisión; se rebelaron contra el
nuevo gobernante y lo obligaron a demostrar su legitimidad como rey a través
del poderío militar.
Tras conquistar Sumeria, construyó una ciudad nueva o bien renovó una
antigua, Acadia (también conocida como Agadé), en las orillas del río Éufrates.
Esto rompía radicalmente con el precedente ya que antes el rey de una ciudad
existente conquistaba otra por la gloria de su ciudad y los recursos que esta
nueva conquista traería. Sin embargo, Sargón no conquistaba por ninguna
ciudad, sino por sí mismo, y una vez que tuvo el control de la zona, fue
entonces cuando construyó su propia ciudad para disfrutar de los beneficios de
la conquista. No contento con lo que había conseguido hasta entonces, se lanzó
a una nueva campaña. Bauer escribe:

Con la llanura de Mesopotamia bajo su dominio, Sargón se dispuso a construir un imperio que se
extendiera más allá de Mesopotamia. Lideró a sus soldados en una campaña tras otra: "Sargón, el rey
de
Kish," dice una de sus tablillas, "triunfó en treinta y cuatro batallas". Cruzó el Tigris y se apoderó de la
tierra de los elamitas. Se abrió camino hacia el norte luchando, hasta la ciudad de Mari, que capturó, y
luego siguió avanzando, adentrándose en la tierra de otra tribu semítica, más agreste y nómada que
los propios acadios, los amorreos, que abarcaban la tierra al oeste del mar Caspio. Siguiendo con sus
campañas subiendo por el Tigris, llegó a la pequeña ciudad norteña de Ashur, que conquistó... Después
siguió con sus incursiones más al norte y afirmó su gobierno en la ciudad, también pequeña, de
Nínive... Puede que Sargón llegara a invadir incluso Asia Menor. (101)

Puede que también conquistara Chipre, y afirma que llegó al mar Mediterráneo
y que envió barcos hasta la India para comerciar. Marchó por toda
Mesopotamia conquistando una ciudad-estado tras otra y expandió su imperio
hasta el Líbano y los montes Tauro en Turquía y luego siguió más allá. Instauró
la práctica militar de combinar diferentes tipos de fuerzas de batalla en
formaciones más flojas que permitían una mayor movilidad y adaptabilidad en
el campo de batalla, cosa que se convertiría en el estándar hasta la época de
Alejandro Magno. Barrió el país con su ejército hasta que hubo formado el
primer imperio del mundo. Kriwaczek escribe:

Por supuesto, ya había habido héroes mesopotámicos antes. Los famosos reyes de la temprana Uruk,
como Gilgamesh y su padre Lugalbanda, eran los protagonistas de una serie de cuentos fantásticos e
historias de hechos sorprendentes que se convertirían en los pilares del canon literario sumerio, historias
que fueron copiadas y vueltas a copiar en las escuelas de escribas y los scriptorium de los palacios
durante siglos, a veces milenios. Pero estos pertenecen a la edad mitológica más que a las leyendas
heroicas; hablan de relaciones íntimas con los dioses, de batallas con terribles monstruos, la búsqueda
de la inmortalidad y de aventuras extraordinarias e increíbles. Con la llegada de Sargón, sus hijos y sus
nietos, las historias se vuelven no necesariamente más creíbles, pero sí están centradas en el aquí y el
ahora, la vida terrenal. (113)

Inscripción del nacimiento del rey Sargón de Acadia


Osama Shukir Muhammed Amin (Copyright)

El Imperio acadio
Formar un imperio es una cosa, pero mantenerlo operativo es otra muy distinta.
Aun así, Sargón demostró ser tan hábil en la administración como lo había sido
en la conquista militar. Para poder mantener su presencia en todo el imperio,
Sargón situó estratégicamente a sus hombres de confianza en puestos de poder
en varias ciudades. Los "Ciudadanos de Acadia", como los llama un texto
babilónico posterior, eran los gobernadores y los administradores de más de 65
ciudades diferentes.

Una de sus inscripciones dice: "Desde el mar superior hasta el mar inferior, los
hijos de Acadia poseían el gobierno de sus ciudades" y Bauer apunta cómo, "En
su reino, los sumerios pronto se encontraron viviendo como forasteros en sus
propias ciudades... Cuando Sargón se apoderaba de una ciudad, esta se
convertía en un baluarte acadio, con oficiales acadios y tropas acadias (99).
Sargón, al instalar funcionarios de confianza, hizo que las distintas regiones
quedaran más estrechamente bajo su control.

También fue inteligente al nombrar a su hija, Enheduanna, como Suma


sacerdotisa de Inanna en Ur, y a través de ella parece que pudo manipular los
asuntos religiosos, políticos y culturales desde la sombra. Enheduanna está
reconocida hoy en día como la primera escritora del mundo que se conoce por
nombre propio, y por lo que se sabe de su vida, parece que fue una
administradora muy hábil y poderosa, además de sus dotes literarias.

La estabilidad que trajo este imperio dio lugar a la construcción de caminos,


mejoró el regadío, amplió la esfera de influencia en el comercio y trajo también
desarrollo en las artes y las ciencias. El Imperio acadio creó el primer sistema
postal, por el cual las tablillas de arcilla inscritas en la escritura cuneiforme
acadia se envolvían en sobres externos de arcilla marcados con el nombre y la
dirección del recipiente y el sello del remitente. Estas cartas no podían ser
abiertas excepto por la persona a la que iban dirigidas, porque no había manera
de abrir el sobre de arcilla sin romperlo, lo que aseguraba la privacidad en la
correspondencia.

Sargón también estandarizó los pesos y medidas para su uso en el comercio y


los negocios, inició un sistema de impuestos que era justo con todas las clases
sociales, y empezó numerosos proyectos de construcción tales como la
restauración de Babilonia (que, según algunas fuentes, fundó él, aunque esta
afirmación ha sido cuestionada repetidamente). También creó, entrenó y equipó
a un ejército a tiempo completo, al menos en la ciudad de Acadia, donde, tal y
como dice una inscripción, 5400 soldados "comían pan cada día" con el rey.
Mientras que este no parece ser el tipo de ejército profesional creado
posteriormente por el rey asirio Tilgath Pileser III, ya que parece que ni se
mantenía todo el año ni estaba en un estado casi constante de movilización, era
un gran avance en comparación con los ejércitos del pasado, llenos de reclutas
reacios.
Aun con estas mejoras en las vidas de los ciudadanos de Mesopotamia, el
pueblo se reveló igualmente contra el gobierno acadio. A lo largo de su vida
Sargón seguiría encontrándose revueltas cuando las ciudades-estado volvían a
afirmar su autonomía y se levantaban contra el imperio. Sin embargo, a medida
que fueron pasando los siglos, las dificultades que tuvieran con el gobierno de
Sargón fueron olvidadas y lo único que se recordaba eran los logros heroicos de
la "edad dorada" de los acadios. Durante los siguientes 3000 años los babilonios
contarían las historias de los reyes que se sublevaron contra Sargón de Acadia y
de sus gloriosas victorias, citando las palabras del propio Sargón de su supuesta
autobiografía:

A la avanzada edad de 55 años, todas las tierras se sublevaron contra mí y me asediaron en Agadé,
pero el león viejo todavía tenía garras y colmillos; salí a la batalla y los derroté: Los tiré por tierra y
destruí sus enormes ejércitos. Ahora, cualquier rey que quiera suponerse mi igual, dondequiera que yo
fuera, ¡déjalo
ir!

Según la lista de reyes sumeria, Sargón reinó 56 años, y murió ya viejo de


causas naturales. Si ya durante su reinado su pueblo lo consideraba mítico, la
muerte le otorgó un estatus casi divino. Kriwaczek escribe:

Hasta entonces, la civilización se basaba en la creencia de que la humanidad había sido creada por los
dioses para sus propios fines. Las ciudades, los depósitos de la civilización, eran fundaciones divinas,
tras haber empezado, según creemos, como centros de peregrinación sagrados. Cada ciudad era la
creación y el hogar de un dios específico. Es como si la "vida real" era la que vivían los dioses en el reino
divino
mientras que lo que ocurría aquí abajo en la tierra era básicamente un espectáculo menor irrelevante.
La época de Sargón y Naram-Sin alteró todo esto, reenfocó la atención sobre la esfera humana e
introdujo
una nueva concepción del sentido del universo: un sentido en el que la gente, en vez de los dioses, era el
principal sujeto de la historia de Mesopotamia. Ahora, la humanidad era la que estaba al mando. Los
hombres, y las mujeres, se convirtieron en los gobernantes de su propio destino. Ciertamente, la gente
seguía siendo devota, seguía haciendo sacrificios en los templos, ofreciendo libaciones, llevando a cabo
los ritos e invocando los nombres de los dioses a cada oportunidad. Pero la devoción de esta época
tenía
un gusto diferente. (119)
Nacimiento de Sargón de Acadia
Jastrow (Public Domain)

Leyenda y legado
Las leyendas que surgieron en torno a Sargón y su dinastía todavía se escribían,
copiaban y representaban en los últimos días del Imperio asirio (612 a.C.), y la
famosa cabeza de cobre de Sargón, encontrada en Nínive en 1931, y que deja
clara su importancia para los asirios, es una de las obras de arte mesopotámicas
más fácilmente reconocibles. La historia del bebé que es abandonado en un
cesto en el río, y que después es encontrado por la nobleza, crece y se convierte
en un gran líder de su pueblo, la usó de manera muy efectiva el escriba hebreo
que la tomó prestada para escribir el libro bíblico del Éxodo y la historia del
héroe Moisés.

La dinastía de Sargón de Acad fue la primera a lo largo de la historia que


consiguió el dominio sobre pueblos diversos culturalmente, con lo que se puede
decir que constituyó el primer imperio de la historia. Sus conquistas dejaron
una impronta imborrable sobre las generaciones posteriores, cuyas tradiciones
le considerarían el mejor monarca de la historia, el arquetipo de rey longevo y
de gobierno eficaz. Se elaboraron leyendas que le otorgaban un linaje divino y
las historias de sus conquistas circularon mucho más allá de las fronteras de sus
dominios.

La de Sargón es la historia de un héroe que surge de un origen desconocido


para salvar a su pueblo. Es dudoso que aquellos que vivieron bajo su reinado lo
vieran como esa clase de salvador teniendo en cuenta la cantidad de rebeliones
que tuvo que apaciguar; pero para aquellos que vinieron después, los que
vivieron durante la ocupación de los guti (descritos por el estudioso Samuel
Noah Kramer como desmoralizadores, destructivos y "una horda despiadada y
barbárica"), él y su dinastía representaban la edad gloriosa de los reyes heroicos
que había quedado atrás.

Se cree que las historias de Sargón inspiraron a los sumerios a sublevarse y


deshacerse del opresivo gobierno de los guti en torno a 2046 a.C. Bajo los reyes
sumerios Utu-Hegal y Ur-Nammu, los guti fueron expulsados de Sumeria, lo
que permitió el surgimiento del llamado Renacimiento sumerio (2047-1750
a.C.). Los grandes reyes sumerios del Periodo Ur III, Ur-Nammu (que reinó de
2047 a 2030 a.C.) y Shulgi de Ur (que reinó de 2029 a 1982 a.C.) ambos crearon
su imagen pública a partir de las de Sargón y Naram-Sin.

Tras la muerte de Sargón, el imperio pasó a su hijo Rimush, que se vio obligado
a soportar lo mismo que su padre y a acabar con las revueltas que cuestionaban
su legitimidad. Rimush reinó durante nueve años y, cuando murió, el gobierno
pasó a manos del otro hijo de Sargón, Manishtusu, que reinó durante los
siguientes quince años. A pesar de que ambos hijos gobernaron bien, el punto
álgido del Imperio acadio llegó con el nieto de Sargón, Naram-Sin. Durante su
reinado el imperio creció y perduró más allá de los límites que incluso Sargón
había alcanzado. Tras su muerte, su hijo Shar-Kali-Sharri se convirtió en
gobernante, y con él el imperio empezó a desmoronarse cuando las
ciudadesestado se fueron separando para formar sus propios reinos
independientes.
Shar-Kali-Sharri llevó a cabo una guerra casi continua contra los elamitas, los
amorreos y los guti invasores mientras intentaba mantener el imperio
unificado, pero al final acabó cayendo. La invasión guti ha sido la causa más
comúnmente nombrada del colapso del imperio acadio y de la edad oscura de
Mesopotamia que le siguió, y esta es ciertamente la opinión de los escritores
mesopotámicos que retrataron a los guti como destructores de la civilización.

Sin embargo, los estudios recientes sugieren que más probablemente fue el
cambio del clima lo que causó una hambruna y puede que una disrupción del
comercio, debilitando así el imperio hasta el punto de que el tipo de invasiones
y revueltas que en el pasado se habían detenido fácilmente, ahora ya no se
podían manejar con la misma eficacia. La hambruna se menciona en una obra
posterior conocida como La maldición de Agadé (escrita en torno a 2047-1750
a.C.), que habla de la destrucción de Acadia por voluntad de los dioses. Ya
fuera por la hambruna, una invasión, la ira de los dioses o todo ello, la ciudad
de Acadia cayó, los grandes reyes desaparecieron y el imperio pasó a formar
parte de las leyendas que se contarían, escribirían y copiarían hasta que las
historias de lo que había sido una vez se convirtieron en todo lo que quedaba
del Imperio acadio de Sargón el Grande.

Bibliografía
• Bauer, S. W. The History of the Ancient World. W. W. Norton & Company, 2007.
• Durant, W. Our Oriental Heritage. Simon & Schuster, 2010.
• King, L. W. A History of Sumer and Akkad. William Clowes & Sons, LTD, 2000.
• Kriwaczek, P. Babylon: Mesopotamia and the Birth of Civilization. Thomas Dunne Books,
2010.
• Leick, G. Mesopotamia. Penguin (Non-Classics), 2003.
• Leick, G. The A to Z of Mesopotamia. Scarecrow Press, 2010.
• Pritchard, J. B. The Ancient Near East, Volume I - An Anthology Of Texts And Pictures.
Princeton University Press, 2000.
• Two examples of abrupt climate changeAccessed 1 Dec 2016.
Sobre el autor

Joshua J. Mark
Escritor independiente y ex-profesor de filosofía a tiempo parcial en el Marist
College de Nueva York, Joshua J. Mark ha vivido en Grecia y Alemania, al igual
que ha viajado por Egipto. Ha sido profesor universitario de historia, escritura,
literatura y filosofía.
3. Los amorreos

Babilonia entra en escena

Los nuevos invasores llegaron del Oeste y el Sur, como los acadios
mil años antes. Hablaban una lengua semítica muy semejante al acadio y
pronto adoptaron la forma acadia de la lengua cuando se asentaron en
Mesopotamia. Por este parentesco de la lengua, con el tiempo llegaron a ser
considerados como nativos; no fueron los odiados «extranjeros» que habían
sido los guti.
Estos semitas recién llegados fueron llamados amurru en los
documentos mesopotámicos, y se discute si esa palabra significa
«occidentales» o «nómadas». Sea como fuere, los conocemos como los
amorreos.
Alrededor del 2000 a.C., después de los gloriosos días de Ur y cuando
Sumeria entraba en su decadencia final, los amorreos surgieron del desierto
e invadieron la Media Luna Fértil, por el Este y el Oeste.
En el Oeste, colonizaron las tierras adyacentes al mar Mediterráneo y
se mezclaron con los habitantes de Canaán (que también hablaban una
lengua semítica). Así, en la Biblia, a los cananeos se los llama a menudo
amorreos, por ejemplo, cuando Dios le dice a Abraham que no es el tiempo
de heredar Canaán, «pues todavía no se han consumado las iniquidades de
los amorreos» (Génesis, 15,16).
En el Este, los amorreos penetraron en lo que había sido Acad, y
fueron ellos, no los sumerios en decadencia, quienes revigorizaron las

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ciudades-Estado entre 2000 y 1800 a.C. Se apoderaron de la ciudad de
Larsa, por ejemplo, que floreció bajo el dominio amorreo.
Los amorreos también se apoderaron de una pequeña ciudad acadia
llamada Bab-ilum (palabra acadia que significa «puerta de Dios») e
hicieron de ella su ciudad. En el hebreo de la Biblia, el nombre de la ciudad
se convirtió en «Babel».
Babel, hasta entonces, no se había destacado mucho en el mundo
mesopotámico. Estaba a orillas del Éufrates al oeste y cerca de Kish, y debe
de haber vivido en buena medida a la sombra de esta ciudad. Pero cuando
Kish declinó, Babel tuvo la ocasión de brillar con mayor intensidad.
Pero los amorreos lograron el más notable de sus éxitos tempranos en
las lejanías del Norte. Se apoderaron de Asur en el 1850 a.C., y allí
encontraron una rica presa, en verdad. El arco septentrional de la Media
Luna Fértil bullía de civilización, y al final del período de la III Dinastía de
Ur mercaderes de Asur habían penetrado profundamente en Asia Menor.
Ahora, liberada de la dominación de Ur, Asur obtuvo la autonomía y se
convirtió en una rica ciudad comercial de altivos mercaderes.
En el 1814 a.C., un proscripto amorreo, tal vez un miembro de la
familia gobernante, se hizo con el poder en Asur. Su nombre era Shamshi-
Adad I, y creó una dinastía que, pese a sufrir muchas conmociones, iba a
durar mil años. Bajo Shamshi-Adad I, Asur dominó toda la Mesopotamia
Septentrional, pues el nuevo monarca se apoderó de la ciudad de Mari,
situada a 240 kilómetros al sudoeste del Éufrates. Era otro centro
comercial, recientemente enriquecido y cercano a las ciudades en
crecimiento de la mitad occidental de la Media Luna Fértil. Este reino en
expansión fue el primer período de grandeza de Asur y un presagio del
futuro, la primera aparición en el mapa de una «Asiria» temible.
Volviendo ahora al enigma de «Amrafel, rey de Senaar», mencionado
en el capítulo anterior, debe tratarse, pues, de uno de los gobernantes
amorreos de Mesopotamia. Pero, ¿de cuál?
Al parecer, lo más probable es que fuese uno de los primeros jefes
amorreos de Babel. Fue llamado «rey de Senaar» (esto es, rey de
Mesopotamia) porque más tarde Babel dominó toda esa tierra y su gloria
fue reflejada retrospectivamente a la época de su anterior gobernante.
En el 1792 a.C., el sexto miembro del linaje amorreo, el
presumiblemente un descendiente de Amrafel, subió al trono en Babel. Fue
Hammurabi. En el momento de subir al trono, la situación no parecía
promisoria para el nuevo monarca ni el futuro parecía pertenecer a Babel.
Al norte estaba Shamshi-Adad I, forjando una Asiria poderosa. Al sur
el peligro parecía aún peor. Dos años antes, en 1794 a.C., Rim-Sin, que
gobernaba Larsa desde el 1822 a.C., logró infligir una derrota definitiva a

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la ciudad de Isin y unió bajo su dominación los tramos inferiores del valle
fluvial. Afortunadamente para Hammurabi, sus enemigos no estaban unidos
y ambos estaban envejeciendo. Hammurabi tenía grandes dotes militares y
diplomáticas; más aún, era joven y paciente; podía permitirse esperar,
mientras se aliaba cautamente a una potencia para derrotar a la otra. Tarde o
temprano, alguno debía morir.
Fue Shamshi-Adad I de Asur quien murió, en el 1782 a.C., y bajo su
sucesor, menos enérgico que él, el poder asirio declinó. Aliviada la presión
del Norte, Hammurabi se dirigió hacia el Sur. En el 1763, Hammurabi
aplastó al anciano Rim- Sin, y todo el Sur fue suyo. Se trasladó hacia el
Norte, y en el 1795 a.C. se apoderó de Mari y la saqueó. Asur evitó un
destino tan fatídico. Después de algunos años de resistencia, en el 1755
a.C. se sometió y fue tributaria de Hammurabi. Su gobernante conservó el
trono, y la dinastía de Shamshi-Adad sobrevivió para ser el azote del resto
de Mesopotamia en tiempos futuros.
Hammurabi murió en el 1750 a.C., pero durante los últimos cinco
años de su vida gobernó un imperio tan grande como el de Naram-Sin, seis
siglos antes.
La gloria de Babel comenzó realmente con el reinado de Hammurabi,
pues mantuvo su capital en ella y desde ella gobernó su vasto reino. Se
convirtió en una poderosa metrópoli que iba a ser la mayor ciudad del Asia
Occidental durante catorce siglos. Hoy nos es más conocida por la versión
griega de su nombre: Babilonia.
La región que había sido antaño Sumeria y Acad en lo sucesivo
recibió su nombre de esa gran ciudad, y fue llamada Babilonia durante
todos los siglos restantes de los tiempos antiguos.

Cambio de dioses

El triunfo de Babilonia sobre la tierra se reflejó en un triunfo similar


en el cielo mesopotámico.
Los sumerios, como era común entre los pueblos antiguos, adoraban a
diversos dioses. ¿De qué otro modo podían explicarse los caprichos de la
naturaleza? ¿De qué otra forma podían darse cuenta de la existencia del
Universo? Presumiblemente, cada tribu tenía algún dios que era
considerado como un símbolo y representación de la tribu. Había una
estrecha conexión entre una tribu y su dios. Siempre que el dios fuese
apropiadamente adorado con ritos adecuados, cuidaría de su pueblo,
mantendría un entorno favorable y ayudaría a derrotar a los enemigos de la

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tribu (y a su dios). Pero cuando un grupo de tribus se establecía en una
estrecha proximidad y adoptaba una cultura común, naturalmente, había
muchos de esos dioses. Para mantener la paz, era menester dar a todos
cierta importancia y crear un «panteón», un grupo de muchos dioses
relacionados entre sí. Por lo general, cuando un pueblo entraba en el
escenario de la historia humana de manera conspicua, ya existía tal
panteón5.
Con la proliferación de dioses, era natural introducir la
especialización. Un dios se ocupaba de la lluvia, otro del río, etcétera. Los
narradores y poetas podían elaborar cuentos que describían y explicaban el
Universo en términos alegóricos. Así, lo que llamamos mitología, fue un
antiguo intento de elaborar una ciencia. Hoy nos devanamos los sesos con
los mismos problemas -la creación del Universo, las leyes del clima, etc.-
pero usamos herramientas y técnicas diferentes para hallar la respuesta.
La más simple y amplia división del trabajo es colocar a un dios a
cargo de la tierra (o el mundo subterráneo), otro a cargo de las aguas (el
mar salado o los ríos de agua dulce) y otro a cargo del aire (o del cielo). Por
lo general, el dios del cielo era el principal, pues el cielo cubre la tierra y el
agua, y es del cielo de donde cae la lluvia (y donde aparece el rayo).
En los viejos mitos griegos, que tenían el panteón más conocido por
los occidentales modernos, los tres hijos de Cronos se dividieron el
Universo. Zeus poseía el cielo, Poseidón el mar y Hades el mundo
subterráneo; Zeus era el dios principal. La única explicación que tenemos
es que Zeus encabezó la rebelión contra su padre, Cronos. Los hechos
terrenales que están detrás de esa explicación se pierden en la prehistoria de
los griegos.
Entre los sumerios, había una similar división tripartita entre los tres
dioses principales. Anu era el dios del cielo, Enlil el dios de la tierra y Ea el
dios del agua dulce, dadora de vida. Anu, al parecer, era el dios principal de
los sumerios, al menos en una etapa posterior de su historia.
La razón mitológica de esto la encontramos en la historia sumeria de
la Creación. Ésta (como otros muchos mitos de la Creación) no trata de la
formación del Universo a partir de la nada, sino de la creación de un
universo ordenado a partir de un caos desordenado.
En el mito sumerio, el caos estaba representado por una diosa
primordial llamada Tiamat. Ella, al parecer, representaba el mar oscuro y
destructor, con sus caóticas aguas agita- das, tan temibles para un pueblo

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Los israelitas, que pronto entrarían en escena, eran una excepción entre los pueblos de
la época al negarse a crear tal panteón. Al menos, los que afirmaban enérgicamente la
existencia de un solo Dios finalmente predominaron.

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primitivo que carecía de una tecnología marina. Para que surgiera el
Universo, ella debía ser derrotada. (O tal vez esto representase el hecho
histórico de que el río tuvo que ser domeñado mediante un sistema de
canales.)
En la forma sumeria del mito, debe de haber sido Anu quien
finalmente atacó a Tiamat, la derrotó y con su cuerpo construyó el
Universo. Como recompensa por su victoria, naturalmente se le otorgó la
supremacía sobre los dioses.
En este caso es posible especular sobre los hechos históricos que quizá
fuesen el trasfondo del mito. Pese a la existencia del panteón, cada ciudad
sumeria conservaba algún dios favorito como patrón especial. (Esto es en
cierto modo similar a la manera como los atenienses consideraban a Atenea
la diosa patrona de la ciudad.)
Enlil era el dios adorado, en particular, en Nippur, y Ea era el dios
patrón de Eridu. Éstas eran las dos ciudades sumerias principales del
período de Ubaid, anterior a la invención de la escritura, y era muy natural
que esos dos dioses adquiriesen gran importancia. Tal vez uno u otro era
originalmente el dios principal.
Pero al fin del período de Ubaid fue Uruk la que pasó a primer plano;
fue en Uruk donde se inventó la escritura y fue quizás Uruk la que preparó
el terreno para el Diluvio. El dios de Uruk era Anu, y éste se afirmó como
dios principal con suficiente vigor, gracias a la escritura, como para que lo
siguiese siendo aún después de que la hegemonía pasara a otras ciudades.
Cuando los acadios entraron en Mesopotamia, llevaban consigo sus
propios dioses, que podemos identificar por el hecho de que llevaban
nombres semíticos. Se permitió a esos dioses entrar en el panteón sumerio,
pero en los rangos inferiores. Entre ellos se contaban Sin, dios de la luna;
Shamash, dios del sol; e Ishtar, diosa del planeta Venus (y también del amor
y la belleza).
En ciertos casos, algunas ciudades sumerias adoptaron uno u otro de
esos dioses acadios, presumiblemente cuando la lengua y la influencia
acadias adquirieron mayor importancia, después de las hazañas de Sargón
de Agadé. De este modo, Sin se convirtió en el dios principal de Ur, e Ishtar
fue adorada particularmente en Uruk. El pueblo de Uruk, para dar cuenta
de esta innovación, explicó que Ishtar era hija de Anu, y esta relación entró
en la mitología oficial.
Era costumbre de los pueblos de la Mesopotamia (y de otros pueblos
también) incorporar los nombres de los dioses a sus propios nombres
personales. Esto era una muestra de piedad y, quizá, también servía para
traer la buena suerte, pues es de presumir que los dioses no eran insensibles
a los halagos. Entre los personajes históricos que hemos mencionado,

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hallamos Ea en Eannatum de Lagash, Sin en Naram-Sin de Agadé y Rim-
Sin de Larsa. Shamash se encuentra en Shamshi-Adad I de Asiria, que
también incluye el nombre de Ada, un dios de las tormentas. Estos nombres
tienen significados, claro está (Naram-Sin significa «amado por Sin», y
Rim-Sin, «el toro de Sin»), aunque no siempre es fácil saber cuál.
(Nosotros no nos permitimos tantas libertades con los nombres
divinos, pero hay algunos ejemplos de lo mismo. Del latín, tenemos
Amadeo, que significa «amado por Dios»; del griego, Teodoro o Doroteo,
que significa «don de Dios»; del alemán, tenemos Gottfried, que significa
«la paz de Dios».)
Cuando los amorreos se apoderaron de Mesopotamia, no introdujeron
muchos dioses, como habían hecho los acadios. Su cultura era demasiado
similar a la acadia, y al adoptar la versión acadia de la lengua semita,
adoptaron también la versión acadia de los nombres de los dioses. Su
propio dios nacional, Amurru (que representaba a la nación en su mismo
nombre), pasó a ser un dios secundario.
La dinastía amorrea que dominó Babilonia, por ejemplo, adoptó al
dios patrón de la ciudad como propio. Su nombre era Marduk, y era
considerado como un dios del sol. La ciudad de Borsippa, situada
inmediatamente al sur de Babilonia y que estuvo tempranamente bajo su
dominación, tenía como dios patrón a Nabu. También él fue adoptado por
la dinastía, pero en una posición subordinada. Nabu era considerado en los
mitos como hijo de Marduk.
Mientras Babilonia fue una ciudad sin importancia Marduk fue un
dios sin importancia. Pero cuando Hammurabi hizo de Babilonia la mayor
ciudad de toda Mesopotamia, se inició un proceso por el cual Marduk
habría de con vertirse en el dios principal. Lentamente, los sacerdotes
amañaron las leyendas («reescribieron la historia», por así decir) hasta que
Marduk emergió como el gran héroe del mito de la Creación. Los
testimonios que tenemos de ese mito son posteriores a Hammurabi y dan la
última versión. En ésta, Anu ataca a Tiamat, pero su ánimo flaquea y
retrocede.
Fue Marduk (descrito como hijo de Ea, concesión al hecho de que era,
relativamente, un recién llegado y no figuraba en los mitos más antiguos)
quien salvó la situación. Sin temor alguno, enfrentó a Tiamat y la mató. El
creó el Universo y, por lo tanto, lo gobierna, después de convertirse en
señor de los dioses y los hombres. A veces era llamado Bel-Marduk o
sencillamente Bel, pues Bel significaba «Señor». El segundo fue Nabu.
Durante mil años o más, mientras Babilonia mantuvo la supremacía en
los valles inferiores del Tigris y el Éufrates, Marduk conservó la
supremacía en el cielo babilonio.

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Así, en un pasaje de la Biblia escrito unos doce siglos después de la
época de Hammurabi y donde se predice la caída de Babilonia, se expresa
esta caída en términos de los dioses que aún adora: «Postrado Bel, abatido
Nebo» (Isaías, 46, 1). Nebo, por supuesto, es la forma hebrea de Nabu.
Pero Marduk no dominó en todas partes, en Mesopotamia. En el
Norte, los asirios se aferraron tenazmente a su dios nacional, Asur, del cual
derivaba el nombre de su ciudad.

El pilar de la ley

Hammurabi fue un gobernante eficiente y capaz, y no sólo un mero


conquistador. Organizó cuidadosamente su reino, fue un infatigable
trabajador y hoy es conocido sobre todo por su cuidadosa codificación de
las leyes.
No fue en modo alguno el primer rey mesopotámico que puso leyes
por escrito. Como señalamos antes, ya Ur-Nammu de Ur había hecho
elaborar un código escrito semejante dos siglos antes de Hammurabi. Los
gobernantes de Eshnunna y de Isin hicieron lo mismo. Indudablemente,
había códigos aún más antiguos, que por desgracia no nos han llegado.
La importancia del Código de Hammurabi consiste en que es el más
antiguo que conservamos en su totalidad.
El Código de Hammurabi fue inscrito en una estela de casi tres metros
de dura diorita. Es obvio que pretendía ser un código permanente, yen
cierto sentido lo fue, pues aún lo tenemos hoy (en bastante buen estado),
unos tres mil años y medio después de la época de Hammurabi.
En lo alto de la estela hay un relieve que muestra a Hammurabi
humildemente de pie ante el dios del sol, Shamash, quien se halla sentado
en un trono sobre la cima de una montaña y tiene los hombros en llamas.
(Es una situación similar a la de Moisés, quien cinco siglos más tarde es
descrito en la Biblia subiendo al monte Sinaí para recibir la ley de Dios.)
En la parte de abajo de la cara de la estela hay veintiuna columnas de
una fina escritura cuneiforme, en las que se exponen casi trescientas leyes
destinadas a regir las acciones de los hombres y guiar al rey y sus
funcionarios en la administración de la justicia. Indudablemente el código
se basaba en gran medida en las leyes elaboradas por las diversas ciudades
sumerjas y, en lo posible, representaba las costumbres que se habían ido
adoptando lentamente a lo largo de siglos.
La estela original estaba en la ciudad de Sippar, a unos 50 kilómetros
de Babilonia río arriba. Su dios patrón era Shamash, el legislador en este

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caso, y la estela se hallaba colocada en el impresionante templo de la
ciudad dedicado a Shamash. Para todos los hombres, era una prueba de que
ésa era la ley dada por los dioses. Podía ser consultada por cualquiera,
quien no debía temer que los jueces la violaran por mala memoria o por
ocultos sobornos.
Pero la estela que contenía el Código de Hammurabi no se encontraba
en las ruinas de Sippar. En los siglos posteriores a Hammurabi, esa tierra
iba a padecer infortunios y desastres. Un ejército invasor elamita saqueó la
ciudad y se llevó la estela como botín. Luego quedó en la capital de Elam,
Susa. Y fue allí, en las ruinas de Susa, donde, en 1901, la descubrió un
arqueólogo francés Jacques de Morgan, y la llevó a Occidente. El Código
nos dice mucho sobre el sistema social de la época. Los hombres libres se
dividían en nobles y campesinos. También había esclavos, institución
universal en toda la Antigüedad. (La justicia de la esclavitud nunca fue
puesta en tela de juicio en la época antigua, ni siquiera en el Viejo o el
Nuevo Testamento.)
La desigualdad de los hombres era llevada hasta los menores detalles.
Así, era mayor la pena por dañar a un noble que a un campesino, como era
mayor por dañar a un campesino que a un esclavo. Por otro lado, como era
justo, un noble debía sufrir un castigo mayor que un campesino por los
mismos delitos y pagar sumas mayores al templo.
Los esclavos eran marcados en la frente, y estaba prohibido ocultar o
disimular esa marca. En cambio, estaba prohibida la crueldad inhumana en
el trato dado a los esclavos, y se idearon métodos por los cuales éstos
pudieran comprar su libertad. En general, los esclavos eran mejor tratados y
recibían más protección en la Babilonia amorrea que en tiempos romanos,
dos mil años más tarde.
El Código tiene un fuerte carácter comercial, lo que muestra una vez
más que la base de la civilización mesopotámica era el comercio. Afirma la
absoluta santidad de los contratos y estipula cuidadosamente la manera en
que los bienes pueden ser poseídos, vendidos o transferidos. Regula el
comercio, los beneficios y los alquileres. Prohibe el engaño en el peso, los
artículos de mala calidad, la mala artesanía y los fraudes comerciales en
general.
También los matrimonios eran considerados como una forma de
contrato, y se establecían normas para el divorcio y la adopción de hijos.
Aunque un hombre podía divorciarse de su mujer a voluntad, debía
devolver la dote que ella aportaba al matrimonio (lo cual, probablemente,
hizo que muchos maridos se abstuvieran de divorciarse por razones
triviales). Las mujeres y los niños estaban expresamente protegidos en el
Código.

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También abordaba el tema vital de la irrigación. Los hombres eran
responsables de su parte de los diques y canales, y en caso de que su
negligencia originase inundaciones, debían pagar fuertes multas.
El Código legislaba, asimismo, sobre los delitos pasionales y de
negligencia. Las mutilaciones eran comunes como castigo, más que en el
código anterior de Ur-Nammu, lo cual era un retroceso. Si un hombre
golpeaba a su padre, se le cortaba la mano con que había propinado el
golpe. Si un carpintero construía una casa que se derrumbaba y mataba al
propietario, se le condenaba a muerte. Pero había atenuantes por accidente.
Si una persona que había matado a otra podía presentar pruebas de que el
hecho no había sido intencional, sino resultado de un accidente, podía
librarse mediante una multa.
El Código es muy detallado en lo que respecta a la profesión médica,
que parece haber estado muy desarrollada hacia el 1800 a.C. Se regulaban
los honorarios y la ética de médicos y cirujanos. Un cirujano torpe podía
perder la mano que había empuñado el cuchillo.
Por el Código y otros elementos de juicio de la época, parece evidente
que la moral personal en Babilonia era al menos tan elevada como la
nuestra. La imagen de Babilonia como un antro de perversión proviene
principalmente de la Biblia. Los autores bíblicos, desde luego, eran
enemigos de Babilonia y no cabe esperar que ofrezcan un cuadro fiel de
ella.
Aparte de los prejuicios religiosos, está también el hecho de que las
grandes ciudades son casi siempre sospechosas para los habitantes de zonas
menos urbanizadas (piénsese, por ejemplo, en la idea que se tiene en las
pequeñas villas de ciudades como Nueva York y París).
Babilonia, corno prácticamente todas las otras culturas antiguas, tenía
ritos de la fertilidad como parte de su religión organizada. Se pensaba que
las experiencias sexuales ritualizadas contribuían a aumentar la fertilidad
del suelo. Los judíos, que prácticamente eran el único pueblo de la
Antigüedad que tenía una concepción estrictamente puritana del sexo, no
reconocían la motivación religiosa que había detrás de tales ritos y los
juzgaban como una vil inmoralidad. Nosotros hemos heredado esta opinión
que tiñe injustamente nuestra idea de las antiguas culturas paganas.
Bajo el benéfico gobierno de Hammurabi, el arte y la literatura
florecieron. Cientos de cartas suyas que nos han llegado muestran la
compleja red administrativa que creó y que supervisaba estrechamente. Su
obra perduró. Su dinastía no permaneció en el poder por mucho tiempo y
Babilonia iba a sentir el peso de la dominación extranjera, pero el sistema
creado por el gran rey sobrevivió, con algunas modificaciones, durante
quince siglos.

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El advenimiento del caballo

Por la época en que los amorreos se apoderaron de Mesopotamia,


después del 2000 a.C., el bronce era de uso común desde hacía mil años. Ya
no era el factor decisivo que había sido antaño. El conocimiento sobre él se
había difundido por toda la Media Luna Fértil y más allá aún. Las tribus
nómadas podían, indudablemente, obtener tales armas (como los indios
norteamericanos obtuvieron rifles, aunque no podían fabricarlos ellos
mismos).
La balanza del poder, que había estado a favor de la civilización,
lentamente se equilibró, pero no enteramente. También contaba la
organización. Las tribus amorreas pudieron penetrar en Mesopotamia
después de las invasiones elamitas y debilitaron mucho a las ciudades-
Estado, pero la victoria de los nómadas fue relativamente lenta. Fue una
filtración hacia el interior, más que un violento derrocamiento.
En el ínterin, se estaba produciendo una revolución más allá de las
fronteras de la civilización, quizás en las vastas estepas situadas al norte del
mar Negro y en las montañas del Cáucaso. Se estaba creando una nueva
arma que habría de revolucionar la guerra tanto como lo había hecho el
bronce, pero esta vez la balanza se iba a inclinar del lado de los nómadas y
contra los habitantes de las ciudades.
Hasta el 2000 a.C., los animales que se usaban para transportar cosas
pesadas eran los bueyes y los asnos. El buey era fácil de uncir gracias a sus
fuertes cuernos, pero era un animal torpe, estúpido y lento. El asno era más
inteligente, pero era pequeño y no podía tirar rápidamente de las pesadas
carretas de ruedas macizas.
Por consiguiente, en la guerra no podía usarse con mucho éxito el
transporte animal. Los ejércitos consistían en masas de soldados de
infantería que caían unos sobre otros hasta que uno de los ejércitos se
dispersaba y huía. Los carros sólo servían para fines ceremoniales, para
evitar que el gobernante y otros jefes militares tuviesen que caminar, o para
transportar armas y suministros.
Los carros tirados por asnos eran el mejor medio disponible de
transporte a larga distancia, y servían, aunque ineficientemente, para
mantener las comunicaciones en el Imperio Acadio o en el Amorreo. La
corta vida de estos imperios quizá sea la mejor prueba de la ineficiencia de
las comunicaciones.
Pero, hacia el año 2000 a.C., en alguna parte fue domesticado un veloz
animal de las estepas: el caballo salvaje. Era mucho más grande y fuerte

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que el asno y corría como el viento. Al principio, sin embargo, parecía
inútil para el transporte. No tenía cuernos para ponerle arneses, y los
iniciales métodos de enjaezamiento intentados oprimían la tráquea del
caballo y medio lo ahogaban. En un comienzo, pues, el caballo quizá fuese
usado como alimento.
Luego, en algún momento anterior al 1800 a.C., alguien ideó un
método para utilizar al caballo para la tracción ligera especializada. Se hizo
a los carros lo más livianos posible. Se los convirtió en una pequeña
plataforma asentada sobre dos grandes ruedas, plataforma sólo
suficientemente grande para transportar a un hombre. Hasta las ruedas
fueron aligeradas, sin pérdida de la resistencia, haciéndolas con rayos en
vez de macizas.
Una carga tan ligera, tirada por un caballo o por varios, podía
desplazarse velozmente, de manera mucho más rápida que un soldado de
infantería. Con sólo dos ruedas, el carro era tan manejable como el caballo
y podía cambiar de dirección con escasa dificultad.
Fueron los nómadas quienes aprendieron a usar el caballo y el carro, y
durante largo tiempo fue un recurso exclusivo de los nómadas. En primer
lugar, las ciudades carecían de tales animales y del espacio necesario para
entrenarse en este nuevo modo de desplazamiento.
Los pueblos civilizados descubrieron con horror que las correrías de
los nómadas repentinamente habían multiplicado muchas veces su eficacia,
pues un grupo de aurigas podía irrumpir ferozmente, atacando ya en un
lugar, ya en otro, sin que fuese posible detenerlos o prevenir su llegada. El
efecto psicológico de los corcoveantes caballos y su gran velocidad debe de
haber quebrado el ánimo de muchas bandas de infantes campesinos, aun
antes de tomar contacto con ellos.
Toda la Media Luna Fértil estaba inerme ante los ataques fulminantes
de esta nueva clase de enemigos. Entre los primeros jinetes había un grupo
de tribus conocidas por nosotros como los hurritas, quienes descendieron
sobre el arco septentrional de la Media Luna Fértil desde las estribaciones
montañosas del Cáucaso, en el siglo siguiente a la muerte de Hammurabi.
El territorio que había conquistado Shamshi-Adad I de Asiria fue
ocupado por los jinetes, quienes crearon allí una serie de principados.
Lentamente, se fueron uniendo y en el 1500 a.C. constituyeron un reino
unificado llamado Mitanni, que se extendía desde el Éufrates superior hasta
el Tigris superior. El corazón mismo de Asiria, alrededor de la ciudad de
Asur, se mantuvo bajo su vieja dinastía, pero era tributario del Mitanni, que
fue entonces una de las grandes potencias del inundo civilizado.
Los invasores hurritas hicieron sentir su poder mucho más allá de los
confines de Mitanni. El torbellino que desató su aproximación aumentó

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cuando pueblos enteros quedaron descuajados en su huida de los aurigas
guerreros. La parte occidental de la Media Luna Fértil era un hervidero, y
la influencia hurrita se hizo sentir vigorosamente ya antes de la muerte de
Hammurabi.
La Biblia alude una o dos veces a un grupo de gente que vivía en la
parte más meridional de Canaán: «y a los horreos en los montes de Seir
hasta El Farán» (Génesis, 14,6), y se cree ahora que esos horreos, o
«horim» en hebreo, eran los hurritas. La influencia hurrita fue más allá de
Canaán también. Un abigarrado grupo de invasores, formado por amorreos
y hurritas, irrumpió en Egipto. Los egipcios los llamaron los «hicsos».
Puesto que los egipcios, como los mesopotamios, carecían de vehículos
tirados por caballos, no pudieron hacer frente a los recién llegados. Sus
desconcertados ejércitos se retiraron y se perdió la mitad septentrional del
reino; esa pérdida duró un siglo y medio.
Mientras tanto, penetraba en Asia Menor otro grupo de norteños
familiarizados con la técnica de los carros tirados por caballos. Los
testimonios mesopotámicos los llaman los hatti y, al parecer, son los que la
Biblia llama hititas. Cuando entraron por primera vez en Asia Menor,
hallaron las regiones orientales de ésta densamente ocupadas por
mercaderes asirios. Pero los asirios se retiraron a medida que los hititas
avanzaban. Inmediatamente después de la muerte de Hammurabi, los hititas
se expandieron rápidamente; hacia el 1700 a.C., dominaban la mitad
oriental de Asia Menor, yen esta etapa de su historia constituyeron el
llamado «Antiguo Reino». Adoptaron las formas civilizadas de vida,
tomaron la escritura cuneiforme y la adaptaron a su lengua.
Los hurritas y los hititas, que provenían del Norte, no hablaban las
lenguas semíticas, originarias de Arabia, del Sur. La lengua hurrita no tiene
relaciones claras con otras lenguas, pero la lengua hitita tiene el tipo de
estructura gramatical de casi todas las lenguas de la Europa moderna y de
partes del Asia moderna, aun en regiones tan orientales como la India. A
toda esta familia de lenguas se la llama ahora indoeuropea.
En el Éufrates superior, los imperios fundados por los hititas y
Mitanni se enfrentaron, y su antagonismo les impidió adquirirla potencia
que podían haber tenido.
La parte oriental de la Media Luna Fértil no se salvó de la anarquía
que se extendió por todo el mundo del Este. Apenas acababa de descender a
la tumba Hammurabi, cuando las revueltas provinciales sacudieron el
Imperio Amorreo, y las hordas nómadas se aprovecharon plenamente de
ello. Un ejército hitita se abalanzó desde el Norte, y el hijo de Hammurabi
sólo pudo rechazarlo con gran esfuerzo. Mientras tanto, la independencia

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asiria había sido barrida por los hurritas, y Babilonia pronto quedó reducida
a la pequeña región que dominaba antes de Hammurabi.
Además, un particular peligro surgió de los Montes Zagros, donde
antaño habían morado los guti, y antes que ellos los sumerios. Durante
algunos siglos, los nómadas de los Montes Zagros habían estado en calma.
Eran conocidos por los babilonios como los koshshi, y tal vez la Biblia se
refiera a ellos cuando habla de los «cushitas». Los griegos de épocas
posteriores los llamaron los kossaioi (o «coseos», en nuestra versión), pero
nos son más conocidos por el nombre de «casitas».
Hacia el 1700 a.C. habían adoptado la técnica del carro tirado por
caballos y también ellos se volvieron conquistadores. Llegaron como una
avalancha desde el Nordeste, tomaron Ur y la saquearon salvajemente. La
misma Babilonia resistió desesperadamente durante un siglo, pero en el año
1595 a.C., después de quedar muy debilitada por una incursión hitita, la
gran ciudad fue tomada y ocupada por los casitas, apenas siglo y medio
después de la muerte del gran Hammurabi.
Los casitas adoptaron la cultura mesopotámica y la versión babilónica
de la vieja religión sumeria. Reconstruyeron el templo de Marduk en
Babilonia y, en el 1330 a.C., patrocinaron la reconstrucción de Ur.
Pero los nómadas habían introducido el caballo en las regiones
civilizadas y, una vez que los habitantes de las ciudades aprendieron a usar
la nueva arma de guerra, su ventaja desapareció.
El resurgimiento contra los nómadas se inició en Egipto, el país más
lejano al que habían llegado. Los nativos aún dominaban la parte
septentrional del país, y en el 1580 a.C. usaron el caballo y el carro para
expulsar a los hititas de las regiones del Norte.
En verdad, los egipcios resurgieron con renovadas energías, pues por
primera vez en su historia llegaron a Asia Occidental e iniciaron allí una
carrera de conquistas. En el año 1479 a.C., el más grande de sus faraones,
Tutmosis III, derrotó a una liga de ciudades cananeas en Megiddo. Estas
ciudades cananeas estaban respaldadas por Mitanni, por lo que Tutmosis lo
atacó, lo derrotó y lo redujo al papel de reino tributario. También derrotó a
los hititas y puso fin al Antiguo Reino. El vigor de Egipto disminuyó un
poco después de Tutmosis, y los reinos del Norte pudieron revivir. Mitanni
tuvo la desgracia de entrar en un período de querellas dinásticas durante el
cual ningún miembro de la familia gobernante pudo alcanzar un indiscutido
poder. Los hititas, en cambio, bajo una serie de reyes capaces pudieron
restablecerse completamente. Se convirtieron en el reino más poderoso del
Norte, y en el 1375 a.C. crearon el «Nuevo Reino».

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Al este del tambaleante Mitanni surgió una Asiria revitalizada. En el
1365 a.C. subió al trono un vigoroso monarca, Ashur-uballit, y bajo él
Asiria recuperó su total independencia de Mitanni.
El sucesor de Ashur-uballit envió ejércitos al Oeste, al Éufrates, y
saqueó la capital de Mitanni en el 1300 a.C. El siguiente rey asirio
completó la tarea, aplastando lo que quedaba de Mitanni en el 1270 a.C.;
este reino desaparece de la historia un poco más de cinco siglos después del
advenimiento del caballo y el carro.

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