Módulo 1
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INTRODUCCIÓN AL
PROCEDIMIENTO
PARLAMENTARIO
REGLAMENTO DEL SENADO
DOCENTE:
Odilia Pizarro Casas
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MÓDULO 1: INTRODUCCIÓN AL PROCEDIMIENTO
PARLAMENTARIO
Contenido
Módulo 1: Introducción. Etapas del Trámite Parlamentario. Organización interna del
trabajo parlamentario. Funciones de los principales órganos internos. Autoridades de
las Cámaras. Los Bloques Parlamentarios. Publicaciones de las Cámaras. El
derecho de iniciativa. Cámara de origen y Cámara revisora. Competencias
exclusivas. La iniciativa popular y la consulta popular su regulación constitucional y
legal. Las normas que rigen el funcionamiento parlamentario.
Abreviaciones
CN: Constitución Nacional
Art. o art.: Artículo
RS: Reglamento de la Honorable Cámara de Senadores de la Nación
RD: Reglamento de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación
PEN: Poder Ejecutivo Nacional
Introducción. El trámite parlamentario y sus etapas.
Para comenzar el curso, abordaremos el tema del procedimiento parlamentario,
cuyo objetivo es seguir las distintas alternativas que se presentan a lo largo de la
trazabilidad del trámite del proyecto.
En ese contexto podemos decir entonces que el trámite parlamentario reconoce las
siguientes etapas:
a. Elaboración del Proyecto
b. Presentación del Proyecto
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c. Giro a Comisión
d. Tratamiento en Comisión
e. Tratamiento en el Pleno
f. Comunicación (a la otra Cámara o al Poder Ejecutivo según el caso).
Asimismo, existen distintas alternativas en razón del resultado que puede originarse
en cada instancia o de excepciones que los reglamentos legislativos prevén. Por
ejemplo, un proyecto puede “saltear” la etapa del trámite en comisión y ser tratado
“sobre tablas” en el pleno. O en los casos de resoluciones o declaraciones o
comunicaciones, de acuerdo a la Cámara y a la mayoría por la que fue dictaminado,
puede ser comunicado directamente por la presidencia, sin pasar por el pleno. De
igual manera, si hay rechazo en el pleno, no habrá “comunicación” ni continuidad
ordinaria del trámite.
También pueden agregarse etapas como sería el caso, de un proyecto que vuelve
modificado por la Cámara revisora a la de origen, lo que va a implicar la insistencia o
aceptación por parte de ésta de la modificación efectuada en la revisión. Finalmente,
también puede agregarse la etapa que implica el tratamiento de un veto u
observación del proyecto aprobado por parte de Poder Ejecutivo.
La etapa de elaboración del Proyecto se aborda en otro curso llamado “Técnica
Legislativa”. En este curso, solo nos referiremos a las etapas de presentación, giro a
comisión, tratamiento en comisión y tratamiento en el pleno.
No obstante el abordaje específico que se le otorgará a cada etapa, en forma
general y para una mejor configuración de la idea del trámite, podemos decir que
este se origina con la presentación del proyecto en la mesa de entradas de la
Cámara que corresponda, en dónde se registra y se le otorga el correspondiente
número (y letra) de expediente.
Una vez ingresado, se analiza su contenido, y se gira (destina) a una o más
comisiones, en función de la competencia y materia que aborde el mismo, debiendo
estas abocarse al estudio y –en su caso - producir el dictamen correspondiente.
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Vale aclarar que las comisiones son cuerpos de asesoramiento del pleno que
aconsejan la aprobación o el rechazo de los asuntos que se someten a su estudio y
consideración, lo cual se formaliza con la emisión del dictamen y una vez
despachado, con su publicación en la denominada “Orden del Día".
Los asuntos a tratar por cada comisión los dispone quien la preside y existe,
también, la posibilidad de que por pedido de un determinado número de legisladores
o legisladoras, se puedan poner a consideración los asuntos que se solicitan
mediante ese mecanismo.
Una vez analizado, la comisión puede emitir el dictamen correspondiente, que puede
ser único, si hay acuerdo general, o varios -en caso de discrepancias- , siendo el
dictamen de mayoría, el que más firmas reúna. En ese dictamen se designa el
miembro informante que será quien defienda y exponga el dictamen en el recinto.
Concluido el plazo de observación de los dictámenes –en el caso de la Cámara de
Diputados-, estos quedan en condiciones de ser tratados por el pleno, siendo la
Comisión de Labor Parlamentaria, la encargada de proponer el orden del día de los
asuntos a tratarse en la Sesión.
Una vez incluido en el plan de labor que la Cámara respectiva aprueba, comienza el
tratamiento del asunto en el Recinto, cuya discusión, por principio, se aborda en
dos instancias distintas. La primera es la discusión en general, y la segunda -una
vez aprobado el proyecto en general- es la discusión en particular.
Finalmente, aprobado también en particular, el proyecto se comunica a la otra
Cámara, para que prosiga el trámite, o si ya tuviera sanción de la Cámara de origen,
se comunica al Poder Ejecutivo, quien puede promulgar o vetar la iniciativa. Si el
PEN (Poder Ejecutivo Nacional) no efectuara ninguna de estas acciones,
transcurrido el plazo de diez días hábiles, la ley se promulga “de hecho” debiendo –
no obstante- publicarse en el Boletín Oficial de la Nación.
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El trámite parlamentario y el de la ley en particular, es un sello distintivo de los
poderes legislativos en todos sus niveles, en el cual imperan la deliberación, el
debate, la búsqueda de consensos, los disensos, la diversidad de posturas, etc.,
todo lo cual luego concluye en un texto único: “la Ley”, que se comunica sin sus
fundamentos o considerandos al Poder Ejecutivo.
La complejidad del proceso legislativo, abordado desde su contenido y sus etapas,
reúne una multiplicidad de posiciones que confluyen o se enfrentan, y ello puede
derivar en el avance o freno de las iniciativas que se consideren en el marco del
procedimiento parlamentario.
Esas “propuestas de ley” pueden verse influenciadas en sus distintas etapas de
trámite, marcando el avance o fracaso de una cuestión, ya sea por los distintos
condicionamientos de carácter procesal que pueden surgir, como ser, los plazos de
caducidad de un proyecto, la caída de un dictamen, el cambio de autoridades, la
revisión, aceptación o insistencia de sanciones entre las Cámaras, las mayorías
especiales, etc., como también por los condicionamientos políticos que además
pueden acaecer y que son determinados, por lo general, por las razones de
oportunidad, mérito y conveniencia. En el medio de estas dos secuencias, conviven
distintos/as protagonistas del quehacer parlamentario, que pueden tener incidencia
en razón del conocimiento técnico, la aptitud política o la capacidad de negociación.
Como reflexiona el Dr. Horacio Rosatti en su artículo, “Reflexiones sobre el proceso
de formación y sanción de las leyes”, esta simple comunicación del texto aprobado
nos invita a preguntarnos “¿En qué quedaron los gestos, las actitudes, las
aclamaciones, los disensos, los retiros del recinto, los abucheos? ¿Qué se hizo de
las alocuciones, los argumentos, los fundamentos, las discusiones, en suma, el
debate? ¿Cómo saber, al leerla, si esta ley A o aquella otra ley B responden al voto
unánime de los legisladores o si —en cambio— fueron logradas con sonoras
disidencias?.”
Justamente, entendemos que en eso que “no se ve” de la ley, radica parte de la
diferenciación e importancia del trámite parlamentario, en relación a cualquier otro
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procedimiento, esquema o estructura de las decisiones de los demás poderes del
Estado, que no deliberan, no aclaman, no abuchean o no gesticulan.
La ley se entiende, no sólo como el regulador de conductas desde la clásica
perspectiva jurídica, sino, que desde la concepción política, se entiende como una
“síntesis o una transacción de los intereses en pugna”. Desde ese punto de vista,
queda claro que la ley formal no resume toda esa riqueza y variedad de sus
componentes no escritos y es lo que resalta en varias de las etapas del
procedimiento de la ley.
Organización interna del trabajo parlamentario. Funciones de los principales
órganos internos.
En nuestro Poder Legislativo bicameral, en virtud del art. 66 de la CN, cada Cámara
hace su reglamento, lo que por derivación lógica, implica también que determinan
sus propias autoridades y estructuras. Salvo las menciones de los arts. 57 y 58 de la
CN, en dónde se establece que quien ocupa la vicepresidencia de la Nación será
presidente o presidenta del Senado (art.57) y que además este cuerpo “nombrará un
presidente provisorio que lo presida en caso de ausencia del vicepresidente, o
cuando éste ejerce las funciones de presidente de la Nación” (art.58), no hay
ninguna otra mención constitucional sobre cuales son o deben ser las autoridades
de cada una de la Cámaras.
Podríamos –además- agregar, una mención expresa que referencia al órgano
legislativo que no debe estar ausente de regulación en los reglamentos de las
Cámaras que son sus comisiones, ya que el art. 79 de la CN establece que cada
Cámara, luego de aprobar un proyecto de ley en general, puede delegar en sus
comisiones la aprobación en particular del proyecto. De igual manera, se menciona
en el art. 99 y 100 a la Comisión Bicameral Permanente, encargada del
tratamiento en comisión de los decretos de necesidad y urgencia, de facultades
delegadas y de promulgación parcial de las leyes.
Tales referencias, en cierta manera, dotan de rango constitucional a la función de las
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comisiones como órganos internos de cada Cámara.
En órganos tan complejos como las Cámaras Legislativas, que además renuevan
sus integrantes en forma continua, la estructura estable interna adquiere una
importancia fundamental para el eficiente desarrollo de las funciones que deben
llevar adelante los cuerpos legislativos en su conjunto. Cada legislador o legisladora
que se incorpora a un parlamento, si bien suele rodearse de colaboradores/as
cercanos/as, también requieren de la estructura y de los órganos internos para
desempeñar sus funciones.
No basta con conocer el “reglamento legislativo”, sino que quienes asumen tan
importante función necesitan conocer –además- la estructura y organización del
cuerpo parlamentario con sus mecanismos, relaciones e interacciones, que
funcionan en algunos casos de manera formal, pero que también lo hacen
informalmente o por “costumbre”. En cuanto más antiguo es el parlamento, más
importancia reviste la estructura, y en cuanto más numerosa es su composición, más
complejo suele ser su conocimiento.
Ello no debe implicar la existencia de la “retención” del conocimiento, sino que este
debe fluir y circular para ser retransmitido a quienes van ocupando las vacantes de
la estructura. La palabra “burocracia” suele tener connotaciones negativas pero
según la Real Academia, significa “el conjunto de actividades y trámites que hay que
seguir para resolver un asunto de carácter administrativo” y pone como ejemplo en
su diccionario: "la burocracia hace posible el funcionamiento de la administración del
Estado". La carga negativa, tal vez, la encontremos en la segunda acepción, “grupo
social formado por los funcionarios o empleados públicos”, sobre todo en la
referencia “grupo social”. La burocracia “bien entendida” es necesaria, pero su
conformación no debe significar obstrucción, sino todo lo contrario; debe significar el
necesario apoyo y auxilio para el correcto desempeño del legislador o legisladora.
En el ámbito legislativo, decimos sin temor a equivocarnos, que no puede haber
función sin procedimiento y no puede haber procedimiento sin estructura. La
estructura y el procedimiento deben estar al servicio de la función y nunca al
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revés.
Como dice el Dr. Pérez Bourbon en “Práctica Parlamentaria”, para entender el
funcionamiento de cualquier organización es necesario analizarla desde dos puntos
de vista distintos pero complementarios: la estructura y el trámite. La estructura
orgánica o funcional es la que nos da la visión estática de la organización, mientras
que el trámite nos muestra los aspectos dinámicos. La una no puede entenderse, ni
aún concebirse, sin la otra. La estructura y el trámite son dos caras de la misma
moneda: la estructura es una fotografía del trámite, y el trámite es la estructura en
movimiento.
En el Congreso Nacional, cada una de las Cámaras se compone de tres
estructuras que interactúan en forma constante.
La primera la definimos como la estructura organizacional, que se integra con dos
ramas específicas bien diferencias.
La primera rama es la subestructura administrativa, quien tiene a su cargo la
gestión de los recursos humanos; la disposición de las compras y suministro
de bienes y servicios, la administración financiera, el mantenimiento y
maestranza, los servicios informáticos, la seguridad y en general, todo lo que
implique tareas de apoyatura y soporte para el resto de las actividades. En el
Senado, la capacitación del personal se encuentra dentro de la subestructura
administrativa.
La segunda rama es la subestructura parlamentaria, que tiene a cargo la
implementación del trámite parlamentario, es decir, la recepción y numeración
de proyectos y asuntos legislativos, giro a comisiones, recepción y publicación
de dictámenes o despachos de comisión, el registro de los debates y
antecedentes parlamentarios, la elaboración de las actas de sesiones y de las
distintas publicaciones parlamentarias y en general, la gestión de todas las
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áreas que tienen relación directa o indirecta con la función de legislar el
cuerpo.
En la estructura organizacional, salvo los cargos superiores, la planta de personal
que cumple tales funciones, la constituyen -en su gran mayoría- , la denominada
planta permanente o de estabilidad.
La segunda forma de división de la función, es la estructura legislativa, que
algunos la ubican dentro de la subestructura parlamentaria y que se relaciona
directamente con la función de legislar. Pérez Bourbon, la subdivide en tres niveles,
expresando que en un estamento inferior se encuentran cada uno los legisladores y
legisladoras con su oficina directa de apoyo (secretarios/as, asesores/as, etc.); un
segundo estamento donde se encuentran las comisiones, integradas por
legisladores/as, personal estable de las comisiones y personal político (transitorio)
de asesoramiento; y un tercer estamento donde se ubica a la Cámara en su conjunto
sesionando en el recinto. Otros prefieren ubicar también en este esquema a la mesa
de entradas de proyectos.
Finalmente, la tercera se trata de la estructura política, que es tal vez la menos
funcional y que precisamente la integran los bloques políticos de las Cámaras, cada
uno de los cuales cuenta con personal transitorio –en su mayoría- de apoyo.
Estas estructuras no son estancas, sino que están en constante interrelación y de
hecho varios componentes comparten distintas estructuras, en razón del ámbito en
el cual se desempeñan. Por ejemplo, el legislador o legisladora, puede actuar en la
estructura legislativa o en la política. A su vez, el secretario o responsable
administrativo de una comisión, puede recibir directivas de su director o directora
general o del secretario o secretaria parlamentaria, o del legislador o legisladora
que presida esa comisión.
De igual manera, como explica Pérez Bourbon, el presidente o presidenta de la
Cámara de Diputados es la misma persona para las tres estructuras, aunque pueden
diferenciarse sus funciones. Por ejemplo: como presidente o presidenta de la
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estructura administrativa (para nosotros subestructura) podrá firmar un contrato de
reparación del edificio o designar a un funcionario, como presidente de la estructura
legislativa podrá determinar el giro de un proyecto a las comisiones pertinentes o
dirigir el debate, y como presidente (para nosotros como integrante) de la estructura
política podrá hablar en nombre del cuerpo o asistir a las reuniones de gabinete del
Ejecutivo. Por encima del presidente/a está la máxima autoridad del cuerpo, que es,
precisamente, la Cámara en sesión.
Asimismo el trabajo de los legisladores y legisladoras, reconoce distintos estamentos
o “estaciones de trabajo del legislador” como las llama Pérez Bourbon, que las
determina en cinco: 1) su oficina, 2) las comisiones, 3) el bloque, 4) el recinto y 5) el
distrito; a las cuales nosotros nos permitimos agregarle una estación más que sería
la 6) participación o representación en otros entes (legisladores/as que ocupan
cargos o representación en otros órganos por mandato constitucional o
reglamentario, como ser el Consejo de la Magistratura, el Jurado de Enjuiciamiento,
etc.).
En efecto, cada una de esos estadios, implica o representa el desempeño de tareas
y funciones diferentes. En su oficina, se preparan proyectos para presentar al
cuerpo, se recibe a personas que llevarán sus inquietudes o propuestas, o a
funcionarios nacionales, provinciales o municipales, etc. La oficina o el despacho es
la sede individual, es el “domicilio laboral oficial” del legislador o legisladora, dónde –
en el marco del cumplimiento del reglamento y de las normas laborales- tiene
independencia funcional y es la máxima autoridad.
En las comisiones, la tarea del legislador y legisladora, pasa –principalmente- por el
análisis o defensa técnica de los proyectos que están a estudio de la comisión o
comisiones de las que participa, con la colaboración de sus asesores o asesoras, e
incluso con el soporte de la planta administrativa de estas. También puede
procurarse en ese ámbito, la búsqueda de consensos políticos y si además, preside
la comisión o plenario, tendrá responsabilidades adicionales, como la firma de
citaciones, revisión de actas, etc.
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El en el ámbito de trabajo del bloque, se da tal vez la zona más reservada, dónde no
es tan frecuente la participación de asesores/as o empleados/as de los legisladores
y legisladoras, sino que asiste una mínima cantidad de personal de los bloques.
El recinto es tal vez el ámbito que más simboliza el trabajo del legislador o
legisladora, dónde se plasman las opiniones, dónde queda el registro fílmico y en
diario de sesiones de lo que se expresa de cómo se vota y muchas veces funciona
como el medidor del desempeño de los legisladores y legisladoras, al menos hacia
afuera del seno de las Cámaras.
Otro de los ámbitos es el distrito o territorio al cual pertenece el legislador o
legisladora, es en dónde efectúa el trabajo de base y en dónde se encuentra su
sustento electoral, al cual también debe rendirle cuentas o en el cual debe recabar
las distintas necesidades o inquietudes locales que puedan ser receptadas en el
desempeño de su cargo.
Finalmente, agregamos la tarea que el legislador o legisladora, pueda cumplir por
mandato o en representación del cuerpo ante órganos externos, que implican un
ámbito de desempeño con funciones acotadas y limitadas a esa representación y en
dónde su tarea puede ser apoyada por asesores o asesoras propios y también con
el apoyo administrativo o soporte de la planta de personal del ente de que se trate.
Mencionamos como ejemplo la actuación en el Consejo de la Magistratura y en el
Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados.
Como vimos hasta aquí, las Cámaras pueden tener construcciones piramidales de
jerarquía, si nos basamos en un esquema típico de escalafón, ubicando siempre por
arriba a los plenos de la Cámaras; luego seguirían las respectivas presidencias,
luego las secretarías, direcciones generales, subdirecciones generales, direcciones,
subdirecciones, jefaturas de departamento y jefaturas de división. Los legisladores y
legisladoras en forma individual, se encuentran en una línea paralela a la estructura
e interactúan con ella de acuerdo a la tarea a desarrollar, siempre en el nivel más
alto.
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No obstante ello, en determinadas situaciones, puede haber una suerte de jerarquía
entre legisladores y legisladoras. Por ejemplo, en la organización piramidal de los
bloques, se determinan autoridades internas, como presidencias, vicepresidencias y
secretarías, que pueden demarcar una organización vertical, sobre todo para
determinar las posturas políticas o la forma de votar ante algún proyecto o situación.
De ahí surge que, en contadas ocasiones, como puede ser en temas que se
relacionan con cuestiones religiosas, de íntima convicción, de políticas sectoriales o
regionales o de transversalidad, se hable de “libertad de acción” para las personas
que integran ese bloque. Ello implicaría que, como principio y generalidad, existe
una disciplina partidaria, lo que conlleva, desde lo organizacional, una estructura de
jerarquías.
También existen jerarquías entre “iguales” por ejemplo, en los casos de los cargos
que ocupan los legisladores y legisladoras en las Comisiones, dónde quienes
ocupan la presidencia, manejan -por lo general- el temario de los asuntos a tratar y
llevan adelante la conducción del debate.
A diferencia del Poder Ejecutivo, que es un unipersonal y tiene por debajo infinidad
de cargos y órganos dependientes como ejemplo máximo de la verticalidad; o del
Poder Judicial que tiene una cabeza colegiada, pero también responde a una
organización vertical y de jerarquías, el Poder Legislativo es colegiado y la máxima
autoridad la ejerce en cada uno de los plenos de las Cámaras. La verticalidad del
proceso y de algunas jerarquías la otorgan los reglamentos que los mismos plenos
sancionan.
En el caso del Senado, sus dos máximas autoridades las establece la Constitución,
y en el caso de la Cámara de Diputados, las eligen sus pares. En ambos casos, sus
facultades (salvo el voto en caso de empate del Senado) las determinan los
reglamentos.
Esa complejidad orgánica implica que para determinadas acciones puedan existir en
una Cámara 73 jerarquías superiores y en la otra 257. Pero que a su vez, cualquiera
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de ellas (salvo las presidencias) necesiten de la autorización o disposición de un
órgano “inferior” para ejercer ciertas acciones, como ser para disponer de un espacio
físico, para obtener suministros, etc.
AUTORIDADES DEL SENADO DE LA NACIÓN
Presidencia del Senado
Como ya lo expresamos previamente, la Constitución Nacional establece que la
presidencia de la Cámara de Senadores será ejercida por el vicepresidente o
vicepresidenta de la Nación, y contempla además el nombramiento de un/a
presidente/a provisorio/a para que lo/a sustituya en caso de ausencia o cuando
aquel o aquella deba desempeñarse como presidente/a de la Nación (artículos 57 y
58 CN).
Por su parte, el reglamento del Senado contempla además la designación de un/a
vicepresidente/a, un/a vicepresidente/a 1° y un/a vicepresidente/a 2°, quienes al
igual que el/la presidente/a provisional deben ser elegidos/as por el propio cuerpo
legislativo por mayoría de votos.
En efecto el art. 1 RS establece que el 24 de febrero de cada año o el día inmediato
hábil anterior en caso que sea feriado, se reúne el Senado en sesiones preparatorias
a fin de designar autoridades y fijar los días y horas de sesiones ordinarias. En sus
arts. 2 y 3 establece que la Cámara debe hacer la elección de un presidente
provisional para que la presida en los casos determinados en el artículo 58 de la
Constitución1, un vicepresidente, un vicepresidente 1º y un vicepresidente 2º.
Respecto a la naturaleza jurídica de la vicepresidencia de la Nación existen distintas
teorías doctrinarias sobre si la figura es parte del Ejecutivo, del Legislativo, de
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Artículo 58 de la Constitución Nacional: El Senado nombrará un presidente provisorio que lo presida
en caso de ausencia del vicepresidente, o cuando éste ejerce las funciones de presidente de la
Nación.
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ambos, de ninguno o es un híbrido constitucional, etc. En el contexto de ese análisis
señalamos que se trata de un órgano complejo cuya función permanente es presidir
el Senado de la Nación y sobre este último punto, haremos referencia a sus
funciones y atribuciones en este módulo, dejando de lado su facultad de reemplazar
al titular del ejecutivo en caso de ausencia.
A diferencia de la Cámara de Diputados de la Nación, el Senado tiene en su base
de conformación, la igualdad en número de representación de las provincias que lo
componen. Mientras que en la Cámara de Diputados, la provincia de Buenos Aires
tiene 70 representantes y La Pampa 5; en el Senado, ambas tienen tres. Este simple
balance numérico, indica que en el Senado las provincias se encuentran en un pie
de igualdad absoluta, pero en la Cámara de Diputados, esa diferencia en la cantidad
de representantes tiene su correlato en la distribución del poder interno del cuerpo,
lo que implica que, en muy pocas ocasiones, algún representante que no sea de la
provincia de Buenos Aires, pueda presidir el cuerpo.
En efecto desde la vuelta de la democracia en 1983 hasta la actualidad han
presidido la Cámara de Diputados: Juan Carlos Pugliese, Leopoldo Moreau, Alberto
Pierri, Rafael Pascual, Eduardo Camaño, Alberto Balestrini, Eduardo Fellner, Julián
Domínguez, Emilio Monzó y Sergio Massa; de ellos, sólo Pascual (CABA) y Fellner
(Jujuy) no pertenecieron a la provincia de Buenos Aires.
Muchos toman este hecho de igualdad en la representación del Senado, que la
Constitución no haya previsto la posibilidad de que un senador o senadora sea
presidente/a del Senado. Ya que, si esa presidencia fuera ejercida por un senador o
senadora, la provincia a la que representa se vería perjudicada al perder su voto (si
se mantiene la posibilidad de la no votación del presidente o presidenta), pero en el
caso de una votación empatada, se vería favorecida porque su representante tendría
la facultad decisoria para desempatar.
En esa opinión se enrola Eduardo Menem en su desarrollo del tema contendido en
su obra “Derecho Procesal Parlamentario”, cuando incluso cita a Joaquín V.
González, quien opinaba que "cuando la Nación elige al vicepresidente, sabe que
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realiza un acto de la mayor importancia designando la persona que va a servir de
árbitro entre los Estados, en las discusiones en que se hallen igualmente divididos".
En cuanto a esa facultad de decisión o votación en caso de empate, mucho se ha
dicho sobre la posibilidad de que la persona que ejerce la vicepresidencia de la
Nación, pueda pronunciarse para opinar sobre el asunto que se debate. Si bien la
mayoría de la doctrina opina que durante los debates de los temas el vicepresidente
o vicepresidenta de la Nación no debe opinar o discutir sobre el tema en sí, por no
ser legislador o legisladora, entendemos que puede hacerlo en lo que se refiera a la
conducción de la sesión y a las facultades que el reglamento le otorga, evitando
opinar –en lo posible- sobre el fondo de la cuestión.
Es más discutida, como expresamos anteriormente, la posibilidad de que al
momento de expresar su voto en caso de empate, el vicepresidente o vicepresidenta
pueda opinar o expresar el sentido de su voto. Algunas opiniones se enrolan en la
negación de la facultad de opinión argumentando el hecho de que el vicepresidente
o vicepresidenta no es legislador o legisladora, tomando incluso por analogía el caso
de la Cámara de Diputados, en dónde quien preside (que es legislador o legisladora)
no puede opinar desde el estrado porque al ejercer ese rol debe arbitrar y mantener
la ecuanimidad y no volcar el debate hacia una decisión en razón de su opinión
favorable o desfavorable.
No obstante ello, algunos opinan que al momento de desempatar, el vicepresidente
o vicepresidenta, puede fundamentar brevemente su voto, ya que -en cierta forma-
en ese caso está oficiando de árbitro o juez, y como en todo ámbito público, las
decisiones por principio debe ser fundamentadas.
Asimismo, como bien lo expresa Eduardo Menem, el vicepresidente o
vicepresidenta, en cierta forma encabeza y representa al Poder Legislativo de la
Nación, aun cuando la Constitución no lo diga expresamente, lo cual se pone de
manifiesto en el hecho de que es quien preside las Asambleas Legislativas.
Las atribuciones y deberes que corresponden a la presidencia del Senado están
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establecidas en su reglamento. La Constitución, sólo recepta como función para el
ámbito legislativo, la facultad de presidir el cuerpo, la de votar en caso de empate y
en relación a la presidencia provisoria, se le asigna la de presidir el cuerpo en caso
de ausencia del vicepresidente o cuando este ejerce las funciones de presidente de
la Nación.
El artículo 32 del RS establece gran parte de las funciones y atribuciones que tiene
la presidencia del Senado, las cuales serán desarrolladas al momento de abordar
cada uno de esos temas. Estas son:
a) Llamar a los senadores al recinto y abrir las sesiones desde su sitial;
b) Girar los asuntos entrados previa asignación de destino y dar cuenta de los
mismos en la primera sesión que se realice, en el orden establecido por el
artículo 187;
c) Mantener, de conformidad al Reglamento, el orden en la Cámara, dirigir las
discusiones, y llamar a la cuestión y al orden y proponer se pase a cuarto
intermedio;
d) Proponer las votaciones y proclamar su resultado;
e) Recibir y abrir los pliegos dirigidos a la Cámara;
f) Hacer citar a sesiones ordinarias, especiales y extraordinarias;
g) Proveer lo conveniente al mejor funcionamiento de las Secretarías;
h) Proveer todo lo conducente a fin de garantizar la seguridad y vigilancia de
todas las dependencias de la Cámara;
i) Presentar a la aprobación de la Cámara los presupuestos de gastos y
sueldos de la misma;
j) Nombrar, de acuerdo con las disposiciones vigentes, a todos los empleados,
y removerlos cuando halle en ellos ineptitud, desidia o desobediencia,
poniéndolos en caso de delito a disposición de la justicia, con todos los
antecedentes.
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Las vacantes que ocurran serán provistas por ascenso, dentro de las
respectivas categorías, tomando como base la competencia, aptitudes
acreditadas y la antigüedad en el empleo.
En caso de creación de nuevos cargos, se proveerán previo concurso de
selección, cuyas bases establecerá la Cámara;
k) Autenticar con su firma el Diario de Sesiones que servirá de acta y, cuando
sea necesario, todos los actos, órdenes y procedimientos de la Cámara;
l) Hacer testar del Diario de Sesiones las frases que considere inconvenientes
o hayan dado lugar a incidencias.
En dicho caso la Presidencia notificará por escrito a la Secretaría
Parlamentaria, con copia al senador que haya formulado las manifestaciones
suprimidas, a efectos de que la Dirección de Taquígrafos archive la misma
como constancia junto con la correspondiente versión original;
m) Someter a consideración de la Cámara la aprobación de los diarios de
sesiones;
n) Distribuir las funciones entre los secretarios, en la forma más conveniente,
según las necesidades del servicio;
ñ) Dictar, con la colaboración del área responsable de informática, normas de
uso de Internet y de la red interna en el ámbito de la Cámara, los contenidos
mínimos a ser dados a publicidad a través del sitio oficial del Senado en las
redes abiertas y de las páginas correspondientes a las áreas que integran su
estructura las que, en todo caso, estarán alojadas en su servidor, regulando
cuestiones atinentes al estilo de aquéllas;
o) Proveer lo necesario a fin de garantizar el registro de audio y video, la
transmisión de las sesiones y la política comunicacional de la Cámara;
p) En general, hacer observar este reglamento en todas sus partes y ejercer las
demás funciones que en él se le asignan.
También, por lo dispuesto en los artículos 4; 10; 38 y 51 del RS, tiene la obligación
de recibir el juramento de los senadores y senadoras, del presidente o presidenta
provisional, de los/as vicepresidentes/as, de los/as secretarios/as y
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prosecretarios/as.
También en relación al tema de los juramentos, por los arts. 53 y 59 CN debe recibir
el que se le tome a los senadores y senadoras en los casos en que la Cámara se
constituye en tribunal de juicio político, para juzgar la conducta del jefe de gabinete
de ministros, de los ministros y de los miembros de la Corte Suprema, en las causas
de responsabilidad que se intenten contra ellos, por mal desempeño o por delito en
el ejercicio de sus funciones; o por crímenes comunes.
Vale destacar que en el caso de que los enjuiciados sean el/la presidente/a y el/la
vicepresidente/a de la Nación, el tribunal debe ser presidido por el/la presidente/a de
la Corte Suprema de Justicia, quien, por ende, debe encargarse de cumplir con el
requisito del juramento mencionado.
Asimismo, en lo que hace a la actuación del presidente o presidenta en el marco del
debate, el art. 33 RS, establece que “el presidente no discute ni opina sobre el
asunto que se delibera. Sólo vota en caso de empate”. De igual forma estipula que
en los casos en que la presidencia del cuerpo es ejercida por un senador o
senadora, corresponde que éste o ésta vote en las cuestiones sometidas a
resolución de la Cámara, ejerciendo, en caso de empate de la votación, el derecho
de decidir la misma, conforme a lo dispuesto por el artículo 213 del RS. El presidente
puede invitar a pasar a un cuarto intermedio de conformidad a la facultad prevista en
el artículo 32, inciso c).
También, por costumbre parlamentaria, tiene la función de firmar, juntamente con el
presidente o presidenta de la Cámara de Diputados de la Nación y con el refrendo
de los/as secretarios/as parlamentarios/as de ambas Cámaras el texto de las leyes
sancionadas para su posterior comunicación y remisión al Poder Ejecutivo. Se debe
señalar –además- que el envío de los proyectos de ley aprobados por el Congreso
Nacional remitidos al Poder Ejecutivo, los efectúa el Senado (por costumbre
parlamentaria), al igual que el registro con su número de ley correspondiente, pero
en este caso, por lo dispuesto en la ley Nro. 73 del año 1856.
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Además de ejercer la presidencia del cuerpo, el vicepresidente o vicepresidenta de
la Nación, por el art. 56 del RS, tiene la función de presidir el plenario de labor
parlamentaria, integrado por los/as presidentes/as de los bloques legislativos, cuya
función y características serán desarrolladas luego. Aunque podemos adelantar que
tiene la función primordial de determinar el temario que deberá aprobar y tratar la
Cámara en sesión.
Si bien algo mencionamos al referirnos al tema de los juramentos, el presidente o
presidenta del Senado también preside el cuerpo cuando se constituye en tribunal
de juicio político en los términos del arts. 53 y 59 CN. En el procedimiento especial
que dispone el Senado para los casos en que ejercerá ese rol de tribunal cuando el
acusado/a es el presidente o presidenta de la Nación, corresponde presidir el
tribunal al presidente/a de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en virtud de lo
dispuesto en el art. 59 de la Constitución Nacional y en el art. 1ero. del Reglamento
de Juicio Político. En cambio si el acusado/a es el vicepresidente o vicepresidenta
de la Nación, ni la Constitución, ni el reglamento determinan quién debe ejercer la
presidencia del tribunal.
Una interpretación integral de nuestra Constitución y hasta de lógica jurídica,
parecería indicar que debe aplicarse, para estos casos, el mismo procedimiento que
se emplea cuando el acusado/a es el presidente de la Nación, es decir, que para tal
caso, le correspondería presidir el tribunal al presidente de la Corte Suprema de
Justicia de la Nación. Así como se prevé que no sea el/la vicepresidente/a quien
presida el tribunal encargado de juzgar al presidente o presidenta de la Nación (por
ser posible parte interesada en sucederle), tampoco sería conveniente que lo haga
el presidente o presidenta provisional, en los casos en que el acusado o acusada
sea la persona que ocupa la vicepresidencia de la Nación, ya que es, precisamente,
quien le sigue en la línea sucesoria presidencial.
También entre sus facultades por ser quien preside y administra la Cámara, tiene
amplias funciones en lo que hace a las diversas comunicaciones y notificaciones que
se producen por su propia función o en representación del cuerpo. Además el
reglamento en forma expresa le asigna las de comunicar al Poder Ejecutivo de la
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Nación, a los de las provincias y al de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, las
vacantes a producirse por renovación del cuerpo de acuerdo a lo dispuesto por el
artículo 56 de la Constitución Nacional.
Asimismo, debe notificar en forma similar en los casos en que se produjeran vacante
por muerte, renuncia u otra causa, a los fines de que se proceda a la elección de un
nuevo miembro, conforme lo establece el artículo 62 de la Constitución Nacional.
También y a los mismos efectos -en caso de corresponder-debe notificar al Poder
Ejecutivo, a los gobiernos provinciales y al de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires,
en caso de producirse el rechazo del título de algún senador o senadora electa.
En el procedimiento establecido para la presentación del informe que debe rendir
ante la Cámara el jefe de gabinete de ministros (art. 101 CN), el presidente debe
comunicar a los bloques políticos sobre los temas a exponer por aquel, como así
también, la comunicación de los informes y respuestas dadas por este ante el
requerimiento formulado por dichos bloques a través de la presidencia (art. 215
incisos a, b y d RS).
Cuando nos referimos previamente a que el presidente o presidenta del Senado, en
cierta forma ejercía la titularidad del Poder Legislativo, lo ejemplificamos –entre otras
cuestiones- con su participación a cargo de la presidencia de la Asamblea
Legislativa. En algunos casos las asambleas están previstas en la Constitución o en
determinadas leyes y en otros casos se llevan a cabo por costumbre o precedente
parlamentario.
Como todos sabemos, la Asamblea Legislativa, se configura con la reunión conjunta
de ambas Cámaras del Congreso de la Nación, en las cuales la atribución de
ejercicio de la presidencia por parte de la máxima autoridad del Senado, también
responde mayormente a la costumbre y al protocolo parlamentario. La única
mención expresa, en cuanto a ese ejercicio, se encuentra en al art. 93 de la
Constitución Nacional, cuando se establece que “al tomar posesión de su cargo el
presidente y vicepresidente prestaran juramento en manos del presidente del
Senado y ante el Congreso reunido en Asamblea”.
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Como bien explica Eduardo Menem, en su trabajo antes citado, la Constitución de
1853 era más explícita en cuanto establecía que la apertura de las sesiones del
Congreso por parte del presidente de la Nación debía realizarse ante ambas
Cámaras reunidas al efecto "en la sala del Senado”; lo que seguramente dio lugar a
la interpretación de que correspondía presidir la Asamblea al presidente del Senado,
como "dueño de casa”. Lo cierto es que por razones de espacio, la Asamblea
Legislativa se realiza desde hace mucho tiempo en el recinto de la Cámara de
Diputados, sin que haya antecedentes de que ese hecho haya revertido la
presidencia de la asamblea en manos del titular de la Cámara de Diputados por ser
el presidente de esa casa.
La Constitución también establece en su art. 99 inc.8 que el titular del Poder
Ejecutivo debe hacer “anualmente la apertura de las sesiones del Congreso,
reunidas al efecto ambas Cámaras, dando cuenta en esta ocasión del estado de la
Nación, de las reformas prometidas por la Constitución, y recomendando a su
consideración las medidas que juzgue necesarias y convenientes”. En ese caso
nada se dice sobre quién debe presidir la asamblea, pero por costumbre y
precedente la preside el o la titular del Senado.
Por otra parte, la Ley 25.716 de acefalía presidencial, le asigna a quien ejerza la
presidencia del Senado la facultad de convocar y presidir la Asamblea Legislativa
para designar al funcionario que ejercerá el Poder Ejecutivo en caso de destitución,
muerte, dimisión o inhabilitación del presidente y vicepresidente de la Nación, de
acuerdo a lo establecido en el artículo 88 de la Constitución Nacional.
Finalmente, nos encontramos con las Asambleas Legislativas, que se realizan en
honor o con motivo de las visitas de estado que realizan presidentes/as o jefes/as de
gobierno de otros países, las que también por precedente y costumbre son
presididas por el presidente o presidenta del Senado. Esta falta de reglamentación
para las asambleas de honor o bienvenida, pueden generar hechos como los
acaecidos en el año 1991, con motivo de la visita del presidente George Bush, en la
cual el diputado Zamora solicitó el uso de la palabra, lo que le fue denegado, y que
provocó una trifulca entre varios legisladores. Les dejamos un breve video para
21
quienes quieran observar lo sucedido en ese momento:
https://www.youtube.com/watch?v=ZItJQvh-bmI
En cuanto a la representación del cuerpo, el art. 36 RS, establece que sólo el
presidente o presidenta habla en nombre del Senado, e informa a éste, en la primera
sesión que se realice, de toda resolución que dicte o comunicación que expida en
representación del cuerpo. Complementando en el art.37 RS, en relación a los actos
oficiales, que siempre que el Senado sea invitado a concurrir en su carácter
corporativo a actos o ceremonias oficiales, se entenderá suficientemente
representado por su presidente o presidenta o juntamente con una comisión de su
seno.
En relación al trabajo de las comisiones, el reglamento en su art. 107, faculta al
presidente o presidenta, por sí o por recomendación de la Cámara, a indicación de
cualquier senador o senadora, a hacer los requerimientos que sean necesarios a la
comisión que se encuentre en retardo.
Presidencia Provisional y Vicepresidencias
Como ya habíamos expresado, el presidente provisorio del Senado -como lo nombra
la Constitución-, junto con el vicepresidente de la Nación -como presidente “nato”-
son las dos únicas autoridades legislativas previstas por la misma, que en su art.58
CN expresa que "El Senado nombrara un presidente provisorio que lo presida en
caso de ausencia del vicepresidente, o cuando este ejerce las funciones de
presidente de la Nación” si bien la norma constitucional emplea la denominación de
presidente “provisorio”, tanto el reglamento del Senado, como los usos y
costumbres, utilizan la expresión “provisional”.
El reglamento del Senado establece que el presidente provisional, al igual que los
vicepresidentes del cuerpo, tiene que ser elegido en la primera sesión preparatoria
que debe realizarse el 24 de febrero de cada año o el día hábil inmediato anterior en
caso de que sea feriado. La norma del art. 2 RS, requiere para esas designaciones,
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de una mayoría absoluta de votos que en caso de no obtenerse, por el art. 3 RS
obliga a una nueva votación entre los candidatos que hayan obtenido el mayor
número de sufragios. La votación debe ser nominal en virtud de lo dispuesto por el
art. 206 RS que establece que toda elección se vota por votación nominal y mayoría
absoluta.
Según el art.5 RS, la duración de los mandatos de la o el presidente provisional y de
los o las vicepresidentas de la Cámara se extiende hasta el último día del mes de
febrero del año siguiente al de su elección y continúan en sus cargos, si llegada esa
fecha no se hubieran elegido a las nuevas autoridades. Si se presentare el caso de
que alguna de las autoridades hubiere cesado en el cargo de senador/a o tuviere
algún impedimento, por disposición del art. 34 RS, será reemplazada por un
presidente o presidenta de comisión, en el orden que establece el reglamento en su
art. 60.
Por lo general, el reparto de las autoridades responde a la proporción de
representación que tienen los bloques parlamentarios con respecto al pleno. Por
ello, es habitual –salvo algunas excepciones- que el bloque mayoritario se reserve el
derecho de proponer al senador o senadora que ocupará la presidencia provisional
y la vicepresidencia, mientras que el bloque que le sigue en importancia por el
número de integrantes, propone al vicepresidente/a 1°, correspondiéndole –en su
caso- al tercer bloque la nominación de la o el vicepresidente 2°.
En el caso de la presidencia provisional, ha existido en determinadas épocas una
tradición o costumbre mediante la cual, a pesar de no ser parte del bloque
mayoritario, se le otorgaba ese cargo a algún senador o senadora, del mismo bloque
político de la persona titular del Poder Ejecutivo, con el objetivo de garantizar la línea
sucesoria o de gestión principal del cuerpo en manos del oficialismo gobernante.
Esta tradición se ha respetado con mayor fuerza, en las elecciones de autoridades
que se correspondieron con los primeros años parlamentarios de las nuevas
gestiones o de cambio de gestión en el Poder Ejecutivo.
Las candidaturas se resuelven en el seno interno de cada bloque parlamentario,
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arribándose a la sesión preparatoria con una suerte de acuerdo tácito y previo de
que los integrantes de los bloques votarán afirmativamente las propuestas que
respectivamente efectuarán cada uno de los otros grupos. Cuando ello sucede y no
hay discrepancias en cuanto a que bloque le corresponde un cargo determinado, las
nominaciones se suelen aprobar por gestos o signos.
El tema de la presidencia provisional del Senado, no ha sido debidamente
desarrollado por la doctrina del derecho parlamentario o muchas veces se ha
considerado al cargo como al mero reemplazo de vicepresidencia de la Nación en
los supuestos de ausencia temporaria o definitiva.
Sin embargo y lejos de ello, a lo largo de la historia argentina se han presentado
períodos de vacancia vicepresidencial, que en algunos casos fueron prolongados, en
los cuales el presidente provisional quedó al frente del Senado y, por ende, en el
primer término de la sucesión presidencial, o en determinados momentos, a cargo
en forma provisoria de la presidencia de la Nación, lo que pone de relieve la
trascendencia e importancia del cargo.
Como menciona Eduardo Menem en su obra, desde el año 1853 hasta la actualidad,
hubo catorce oportunidades en que la vicepresidencia de la Nación quedó vacante,
por lo que el presidente provisional pasó a desempeñar sus funciones. En efecto,
ello sucedió en los casos en que el vicepresidente tuvo que asumir en forma
definitiva la presidencia de la Nación por renuncia del presidente en 1861, 1890,
1895 y 1942 o por su muerte en 1906, 1914 y 1974. Asimismo se produjo esa
situación por la renuncia del vicepresidente en 1958, 1991 y 2001 o por su muerte
en 1868, 1919,1928 y 1952.
Finalmente, ya como autoridades “reglamentarias” del cuerpo, por debajo de la
presidencia y de la presidencia provisional, se ubican la vicepresidencia, la
vicepresidencia 1° y la vicepresidencia 2°, cuyos cargos son elegidos en la misma
oportunidad, forma y mayorías que la presidencia provisional, y cuyos mandatos
tienen igual duración que aquella (arts. 1°, 2°, 3°, 5°, 34, 60 y 206 RS). Si bien el
reglamento no le asigna a los vicepresidentes y vicepresidentas funciones
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específicas o determinadas, se sobrentiende que tienen como rol principal el de
reemplazar al presidente o presidenta y a quienes le siguen en el cargo, en caso de
ausencia o impedimento, de algunos de los cargos que le preceden en jerarquía.
Vale aclarar que si bien el epígrafe o encabezamiento de los artículos 5° y 34 del
reglamento hablan de la "Mesa" cuando se refieren a la duración de los mandatos
del presidente provisional y de los vicepresidentes y a la forma de su reemplazo en
caso de ausencia o impedimento –respectivamente-, dichas autoridades funcionan
en forma individual y no constituyen un órgano colegiado de gobierno interno, como
ocurre en algunos parlamentos extranjeros, ni existe el requisito de la doble firma
para determinados actos administrativos como en algunas legislaturas locales.
Dónde mejor puede apreciarse la función o la práctica de tales cargos es en el
hecho del reemplazo del presidente o presidenta en caso de ausencia en las
sesiones, lo que sucede frecuentemente cuando las sesiones son prolongadas. Vale
aclarar que en esos casos, al igual que cuando la sesión es presidida por el
presidente o presidenta provisional, los senadores o senadoras que ejercen la
presidencia tienen derecho a votar y a decidir las votaciones empatadas. Asimismo,
durante el debate pueden ocupar su banca para participar del mismo, dejando en la
presidencia al sustituto o sustituta que corresponda en el orden, pero no pueden
volver a ocuparla hasta que concluya la votación del asunto en el que han
intervenido, ello en virtud de los arts. 33 y 35 RS.
Secretarías y Prosecretarías
El Reglamento de la H. Cámara de Senadores en sus artículos 38 y 51 prevé la
designación de dos secretarios/as y de tres prosecretarios/as, que dependen
directamente del presidente/a del cuerpo. Deben ser designadas por fuera del seno
de la Cámara, lo que implica que no pueden ocupar esos cargos quienes se
desempeñen como senadores o senadoras. Las personas que ocuparán dichos
cargos, deben ser designadas por la Cámara por mayoría absoluta de votos, a
propuesta de alguno de sus integrantes, generalmente en representación de los
bloques políticos mayoritarios.
25
En razón de la cercanía de las funciones de los secretarios y secretarias con todo lo
relacionado al manejo parlamentario y administrativo del cuerpo como auxiliares de
la presidencia; es una práctica pacíficamente aceptada e instalada que es,
justamente la presidencia quien elige a las personas que se desempeñarán en las
secretarías, siendo el bloque mayoritario el encargado de presentar la postulación
ante la Cámara. En cambio, en relación a los prosecretarios y prosecretarias, la
designación se realiza conforme a la distribución que acuerdan los bloques políticos,
basados –por lo general- en el nivel de representación que cada bloque posee en
relación al total del pleno.
Al asumir sus cargos, prestan el juramento de ley, el cual es recibido por el
presidente o presidenta, en ocasión de las sesiones preparatorias y con las mismas
formalidades que las requeridas para el caso de los senadores y senadoras. De
igual manera su mandato se extiende durante todo el año parlamentario, pudiendo
ser reelectos/as en sus funciones.
En cuanto a las secretarías, el Senado cuenta con la Secretaría Parlamentaria y la
Secretaría Administrativa, que son los órganos internos -por fuera de los miembros
de la Cámara- más importantes y transcendentes para la dinámica, funcionamiento y
gestión del cuerpo y que cumplen las funciones que les asigna tanto la presidencia
como el reglamento.
En efecto el artículo 39 del reglamento detalla una serie de obligaciones comunes
para ambos/as secretarios/as, que en algunos casos son cumplidas de acuerdo a la
naturaleza de la cuestión por una u otra secretaría, en otros por la costumbre o por
procesos internos adoptados y asimilados dentro del circuito de la gestión legislativa
y en otros de acuerdo a la distribución que pueda efectuar quien ocupe la
presidencia de la Cámara. En efecto, el artículo 39 RS establece que son
obligaciones de los secretarios y secretarias:
a) Redactar las notas y demás comunicaciones que transmiten resoluciones del
cuerpo y de la Presidencia, notificar por escrito y remitir copia de todos los decretos de
la Presidencia a los presidentes de los bloques parlamentarios, organizar e imprimir el
Diario de Sesiones, leyes de la Nación y demás publicaciones que se hagan por orden
26
de la Cámara;
b) Leer todo lo que en la Cámara se ofrezca;
c) Hacer por escrito el escrutinio de las votaciones nominales, determinando el nombre
de los votantes;
d) Computar y verificar el resultado de las votaciones por signos;
e) Anunciar el resultado de toda votación y, cuando algún senador lo solicite, el
número de votos en pro y en contra;
f) Hacer llegar a los senadores, a la brevedad posible, tanto las órdenes del día como
los diarios de sesiones;
g) Consultar con el presidente cualquier alteración de la versión taquigráfica, en el
caso del artículo 32, inciso l) (nota: frases que haya mandado a testar el Presidente del
Diario de Sesiones por resultar inconvenientes o hayan generado incidencias);
h) Dar a la prensa las informaciones pertinentes a la sesión;
i) Levantar actas de las sesiones públicas, cuando la Cámara así lo resuelva; en los
demás casos serán reemplazadas por el Diario de Sesiones;
j) Refrendar la firma del presidente al autenticar el Diario de Sesiones que servirá de
acta; así como en los demás casos, órdenes y procedimientos de la Cámara cuando
sea necesario;
k) Distribuir al personal en las distintas dependencias y oficinas en las áreas de sus
respectivas competencias, y proponer al presidente personas idóneas para llenar las
vacantes que se produzcan, de conformidad a las disposiciones vigentes;
l) Desempeñar las demás funciones que el presidente les dé en uso de sus facultades.
No obstante ello, el reglamento también establece funciones específicas para cada
una de la Secretarías dedicándole un Capítulo a cada una, dentro del título IV. En
relación a la Secretaría Parlamentaria se establece que:
Las comunicaciones de oficio son extendidas y puestas a la firma del presidente por
el secretario parlamentario (art.40).
Al finalizar cada período parlamentario, el secretario parlamentario formará con la
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publicación diaria de las sesiones volúmenes que conservará en el archivo. (art.40).
El secretario parlamentario levanta acta de las sesiones secretas a las que no
concurren taquígrafos sobre la base del material suministrado por la Prosecretaría
Parlamentaria, tratando de redactar las discusiones del modo más exacto posible. El
secretario parlamentario lee el acta en la misma sesión y la firmará una vez aprobada
por el cuerpo y rubricada por el presidente. Con estas actas y con la versión de las
sesiones secretas a que concurren taquígrafos, formará libros que conservará en un
archivo especial. (art.42).
El secretario parlamentario tiene a su cargo las impresiones del Diario de Sesiones,
Diario de Asuntos Entrados y Boletín de Asuntos en Trámite y Asuntos
Considerados, practicando y haciendo practicar las diligencias y tareas consiguientes
y procurando siempre que se publiquen a la brevedad posible. (art.43).
El secretario parlamentario dispone todo lo necesario a fin de que se publique en el
sitio de Internet de esta Cámara la siguiente información: a) Los decretos de carácter
parlamentario emitidos por la Presidencia del cuerpo ;b) Días y hora de las sesiones
y su correspondiente temario ;c) Proyectos ingresados, la descripción de sus pasos
administrativos y los respectivos órdenes del día; d) Día, hora y lugar donde se
efectuarán las reuniones de las distintas comisiones, consignando los temas a tratar.
(art. 44).
El Diario de Sesiones debe: a) Expresar los senadores que hayan compuesto la
Cámara, como los que hayan faltado con aviso, sin él, o con licencia, o sin ella, por
haberse vencido la concedida; los reparos, correcciones y aprobación del Diario de
Sesiones anterior; los asuntos, comunicaciones y proyectos de que se haya dado
cuenta, y su destino; b) Contener la versión completa de la sesión y de las
resoluciones que se tomen ;c) Fijar con claridad las resoluciones, arreglándose en
todo al título XV (orden de la sesión) y concluir consignando la hora en que se
levante la sesión ose pase a cuarto intermedio.(art. 45).
Toda duda u obstáculo que en el curso de estas operaciones halle el secretario
parlamentario, lo consultará o avisará a la Presidencia y observará sus resoluciones.
(art.46).
El secretario parlamentario tiene a su cargo y custodia el archivo legislativo
reservado del Senado. Anualmente se liberarán al público los documentos secretos y
reservados que tengan más de cincuenta años de antigüedad. (art.47).
De igual manera, para el caso de la Secretaría Administrativa se establece en el
Reglamento del Senado que:
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El secretario administrativo organiza y pasa al presidente los presupuestos de
sueldos y gastos de la Secretaría y del Senado (art. 48).
El secretario administrativo mantiene en custodia las declaraciones juradas que de
sus patrimonios presentan los senadores, autoridades y demás funcionarios de la
Cámara, de acuerdo con las normas vigentes; disponiendo su publicidad en las
condiciones que establezca la reglamentación. (art.49).
El secretario administrativo dispone todo lo necesario a fin de que se publique en el
sitio de Internet de esta Cámara la siguiente información: a) Presupuesto asignado al
Senado y ejecución mensual del mismo; b) Contrataciones, licitaciones y
adjudicaciones efectuadas; c) Los decretos de carácter administrativo emitidos por la
Presidencia del cuerpo. Asimismo, dispone se arbitren los medios necesarios a fin de
garantizar la transmisión en vivo del audio y video de las sesiones de la Cámara
desde el sitio de Internet. (art.50).
Además de las Secretarías que menciona el reglamento del Senado, en el mismo se
conforman tres Prosecretarías: la Parlamentaria, la Administrativa y la de
Coordinación Operativa. En efecto, el art. 51 RS establece que la Cámara tiene tres
prosecretarios/as, nombrados/as por el/ella en la misma forma en que se nombran
los secretarios y secretarias; dependen inmediatamente del presidente o presidenta,
quien determina las funciones de cada uno de ellos, cubriendo las áreas
parlamentaria, administrativa y de coordinación operativa. Al igual que en el caso de
las Secretarías, deben prestar juramento de su cargo ante el cuerpo. Como
obligación genérica deben cumplir la misión principal de ejercer las funciones de los
secretarios y secretarias en los casos de impedimento de esos funcionarios y
funcionarias y además deben auxiliarlos/as en cuanto convenga al mejor desempeño
del cargo.
Por el art. 52 RS, la Prosecretaría Parlamentaria tiene a su cargo procesar la
documentación necesaria para la redacción de las actas de las sesiones secretas
que realice el cuerpo, de las que no se tome versión taquigráfica y supervisar los
trabajos relacionados con las sanciones de la Cámara.
A su vez, por el art. 53 RS, la Prosecretaría Administrativa es la responsable
exclusiva de la organización del servicio de vigilancia y control dentro del recinto.
Para ello debe contar con un número suficiente de empleados que cumplen esas
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tareas sin perjuicio de la colaboración que pueda solicitarse a la Policía Federal.
Finalmente por el art. 54 RS, la Prosecretaria de Coordinación Operativa tiene a su
cargo el control y la supervisión de las funciones desarrolladas por aquellas
unidades orgánicas que la presidencia le asigne con el objeto de metodizar
operativamente las relaciones institucionales.
Los Bloques Parlamentarios
Se suele definir a los bloques o grupos parlamentarios en la doctrina en general
como al conjunto de individuos de la institución representativa (Parlamento,
Congreso o Asamblea) de un determinado país, que se relacionan entre sí conforme
a determinadas características.
Se distinguen dos posturas que definen al grupo parlamentario: una teórica y otra
formalista. La primera es aportada por el tratadista italiano Di Ciolo, que lo considera
como “aquella organización estable de senadores y diputados pertenecientes al
mismo partido, o profesantes de la misma ideología política, y provisto de una sólida
disciplina”. La segunda es de Waline, que lo define como “aquella reunión en el seno
de una Asamblea parlamentaria, según las reglas establecidas por el reglamento de
ésta, de un cierto número de elegidos, que tienen en común cierto ideal político,
cuya tarea es dar soluciones concurrentes a los diferentes problemas que se
susciten en determinados momentos”.
Podríamos decir que el elemento cualitativo, que origina la formación de todo tipo de
grupo o bloque, es la afinidad que guardan sus miembros, y que los mantiene
estables y unidos. Mientras que el nexo causal del grupo o bloque parlamentario es
su proximidad político-ideológica.
En torno a la naturaleza jurídica, existen corrientes de opinión que afirman que el
grupo o bloque parlamentario es un órgano de las Cámaras. Generalmente esta
hipótesis es aceptada en los sistemas parlamentarios o cuando los reglamentos les
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asignan el ejercicio de funciones o de gobierno o administración en el seno del
parlamento. Otros opinan que son como extensiones del partido político en el
parlamento y existen –en esa hipótesis- , dos regulaciones un tanto extremas; en
primera instancia, una que niega el vínculo grupo parlamentario-partido político,
como ocurre en España y otra que permite la integración de un grupo parlamentario,
siempre que sus miembros sean de la misma afiliación partidista, como es el caso
de México (art.70, tercer párrafo, de su Constitución de 1917 aún vigente.
Finalmente existen otras opiniones que ubican al grupo o bloque parlamentario como
sujeto privado ejerciendo funciones públicas, a pesar de que estos no cuentan con
personalidad jurídica propia; tal vez dentro de esa postura resulta más atinado
definirlos como grupos de hecho, que ejercen funciones públicas.
En relación a nuestro Congreso Nacional, se debe señalar que los reglamentos de
ambas Cámaras no exigen la pertenencia a un mismo partido político, sino que solo
requieren la existencia de "afinidad política”. En cuanto al número de integrantes, el
Reglamento de la H. Cámara de Senadores de la Nación (art. 55 RS) establece que
dos o más senadores/as pueden organizarse en bloques de acuerdo a sus
afinidades políticas. Sin embargo, mantiene una excepción que permite actuar como
bloque, cuando un partido político o una alianza electoral existente con anterioridad
a la elección de los senadores/as, tenga sólo un representante en la Cámara.
En cuanto a la forma de constituirse, el bloque queda formalizado luego de haber
comunicado a la presidencia de la Cámara, su composición y la nómina de sus
autoridades, mediante nota firmada por todos sus integrantes.
En lo que hace a su estructura, el reglamento del Senado no contiene ninguna
mención al respecto, mientras que en Diputados, el art. 57 del RD dispone que
tendrán el personal de empleados/as que se les asigne en el presupuesto de la
Cámara, designados/as con carácter transitorio y removidos/as a propuesta del
mismo bloque, determinando además que deberán tener un/a secretario/a
parlamentario/a y uno/a administrativo/a.
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Finalmente en cuanto a sus atribuciones, y sin perjuicio de la representación política
que invisten los bloques parlamentarios, los reglamentos les asignan determinadas
funciones y prerrogativas que no se encuentran sistematizadas y agrupadas en un
solo ordenamiento, sino que surgen de distintas disposiciones.
Podemos mencionar en primer término la participación de los presidentes y
presidentas de bloque en la Comisión de Labor Parlamentaria. De igual manera, y
de acuerdo a la composición y proporción que tengan en relación al total del pleno,
se determina el reparto de las autoridades de las Cámaras, de las Comisiones, la
nómina de los legisladores y legisladoras o representantes que integran los órganos
externos con participación parlamentaria, los modos y tiempos en el uso de la
palabra en la sesiones y en los informes del Jefe de Gabinete.
Publicaciones de las Cámaras
Las distintas etapas del trabajo parlamentario se van plasmando en documentos
escritos y registrando en publicaciones oficiales que no sólo cumplen la función de
divulgación para la toma de conocimiento y estado público de tales instrumentos,
sino que en determinados casos, delimitan el requisito para el cumplimiento y
perfeccionamiento de algunas de las etapas del procedimiento parlamentario. Sólo
por citar un caso, en la Cámara de Diputados, desde la fecha de publicación de la
“orden del día” comienza a regir el plazo para observar el dictamen. Es decir, en este
caso la “orden de día” no solo representa una publicación informativa, sino también
un documento procesal en el marco del trámite parlamentario.
El art. 43 del reglamento del Senado, contiene una nómina de las publicaciones
reglamentarias, al establecer que el secretario parlamentario tiene a su cargo las
impresiones del Diario de Sesiones, Diario de Asuntos Entrados y Boletín de
Asuntos en Trámite y Asuntos Considerados, practicando y haciendo practicar las
diligencias y tareas consiguientes y procurando siempre que se publiquen a la
brevedad posible.
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Asimismo, por el art. 44 RS, el mismo secretario parlamentario debe disponer todo
lo necesario a fin de que se publique en el sitio de Internet del Senado: a) Los
decretos de carácter parlamentario emitidos por la presidencia del cuerpo; b) Días y
hora de las sesiones y su correspondiente temario; c) Proyectos ingresados, la
descripción de sus pasos administrativos y los respectivos órdenes del día; d) Día,
hora y lugar donde se efectuarán las reuniones de las distintas comisiones,
consignando los temas a tratar.
Con la edición digital y publicación de estos documentos, ha quedado un tanto
desvirtuada su división documental, ya que desde la lista de asuntos entrados se
puede acceder al sumario y al documento, por lo cual, han perdido sentido o han ido
desapareciendo en forma impresa, publicaciones como los Trámites Parlamentarios,
o las viejas Gaceta Legislativas. Lo importante es destacar, que cada paso del
proceso se publica y se conoce casi en tiempo real. Es decir, asunto que entra a
cada Cámara se registra y publica en BAE o DAE según la Cámara, también el
proyecto ingresado, -lo que antes era el Trámite Parlamentario (TP)-, los dictámenes
de Comisión en las Ordenes del Día, etc. Asimismo, las versiones taquigráfica
provisorias se suben a la web, poco tiempo después de finalizada la sesión, las
cuales luego se reflejan en la publicación de los correspondientes diarios de
sesiones.
Realizada esta aclaración previa y siguiendo el trámite de un proyecto, podemos
decir que la primera publicación de referencia la constituye el Boletín de Asuntos
Entrados (BAE) en la Cámara de Diputados y su similar Diario de Asuntos Entrados
(DAE) en el Senado, que se complementa con el listado de asuntos entrados que
también se publica en la web. El BAE está regulado en el reglamento de la Cámara
de Diputados principalmente en su art. 165, mientras que en el reglamento del
Senado sólo se lo menciona en cuatro artículos, pero sin una expresión detallada de
plazos de corte y publicación-.
El BAE y el DAE son similares en su contenido y representan la publicación que da
cuenta de los asuntos que ingresan diariamente a la Cámaras que incluye todos los
asuntos recibidos en Secretaría y Mesa de Entradas hasta las diez de la mañana del
33
día martes (en el caso de Diputados cuyo reglamento en realidad habla del día
anterior a la sesión) de cada semana.
Allí se publican entre otros los proyectos presentados por el Poder Ejecutivo, los
diputados y diputadas (el DAE de los senadores y senadoras), las sanciones venidas
del Honorable Senado o de Diputados –según sea BAE o DAE-, las solicitudes de
licencia de los legisladores y legisladoras, las comunicaciones oficiales, los
despachos de comisión, los giros de los asuntos a las comisiones, las peticiones o
asuntos particulares y las mociones de preferencia solicitadas en sesiones
anteriores, etc.
Por el art. 165 RD (Reglamento de la H. Cámara de Diputados de la Nació), se
establece que de los asuntos entrados con posterioridad al plazo fijado se dará
cuenta en la sesión subsiguiente, salvo decisión en contrario y además se estipula
que el Boletín de Asuntos Entrados se distribuirá a los diputados y diputadas y a la
prensa con anticipación a cada sesión. Vale aclarar que en el BAE y DAE no se
publican cada uno de esos documentos en forma íntegra, sino un sumario o
resumen de los mismos. Desde ya, que desde el DAE digital o en la edición digital
del BAE, existe un link de acceso a los documentos completos.
Como decíamos previamente, los proyectos se publican –por lo general-
semanalmente en la web, lo que antes solía denominarse como trámite
parlamentario (TP).
Una vez dictaminados los proyectos se publican en la “Orden del día”. Esta contiene
no solo los dictámenes de mayoría y de minoría (si lo hubiera), sino también el
informe de las comisiones al respecto y los antecedentes. Esos “despachos de
Comisión”, se presentan en la Mesa de Entradas y son numerados correlativamente
en el orden de su presentación.
A partir del día de su publicación, en el caso de la Cámara de Diputados, los
legisladores/as tienen un plazo de siete (7) días hábiles para presentar
observaciones a esa Orden del Día. Finalizado ese lapso, la Cámara no puede
34
considerar ninguna propuesta de modificación que no haya sido presentada en la
Secretaría dentro de este término, salvo su aceptación por la Comisión respectiva
antes del tratamiento del despacho por la Cámara, o por pronunciamiento expreso
de la Cámara aceptado por dos tercios de los votos emitidos —lo que permitirá a su
autor leerla—, para proceder a continuación a determinar sin debate, si se considera
o no por la Cámara.
El reglamento del Senado, establece en su art. 96, que los miembros de las
comisiones que dispongan de informes o documentos susceptibles de influir en la
orientación de los dictámenes, deben ponerlos en forma inmediata en conocimiento
del resto de los miembros, de lo contrario no podrán hacer uso de ellos en el recinto.
No debemos confundir estas “Ordenes del Día” con la orden del día de la sesión,
terminología con la cual los reglamentos de las Cámaras, en varias ocasiones hacen
referencia a lo que en realidad conocemos como plan de labor, que es el documento
o plan de trabajo que contiene los asuntos que se van a considerar en la sesión a
realizar por las Cámaras, ordenados de acuerdo con la elaboración propuesta
previamente por la Comisión de Labor Parlamentaria.
En forma posterior a cada Sesión, las Cámaras publican en formato digital y suben a
sus respectivas páginas web, un informe sobre los asuntos tratados en el Recinto.
En el caso de la Cámara de Diputados, esa publicación se denomina Boletín de
Asuntos Tratados (BAT). En el caso del Senado, se denomina Boletín se Novedades
y es confeccionado por la Dirección General de Comisiones.
Finalmente, nos encontramos con una de las publicaciones más importantes por su
trascendencia y testimonio que son los diarios de sesiones. Es la única publicación
que en forma textual, recepta el contenido de los debates públicos de las Cámaras
del Congreso, constituyen la memoria histórica de la actuación del Poder Legislativo
y de sus miembros.
Esta publicación es considerada como un documento oficial y público, ya que emana
de autoridad constituida y auténtica y puede ser consultado por cualquier persona
35
interesada en conocer los pormenores de las sesiones parlamentarias; pero además
es frecuentemente solicitado y consultado por el Poder Judicial, a los efectos de
dilucidar el sentido y espíritu de una ley sometida a un proceso judicial, por los
mismos legisladores o legisladoras, para verificar las distintas posiciones esgrimidas
por sus pares actuales o de mandato cumplido o por juristas o doctrinarios del
derecho para elaborar diversos trabajos o artículos de opinión.
El Diario de Sesiones es la publicación que registra prácticamente toda la actividad
de las Cámaras: los proyectos presentados, los mensajes recibidos, la discusión, las
resoluciones del cuerpo, el presentismo y las votaciones. Se encuentra regulado en
varios de los artículos de los reglamentos.
El art. 45 del reglamento del Senado establece que el Diario de Sesiones debe
expresar los senadores y senadoras que hayan compuesto la Cámara, como los que
hayan faltado con aviso, sin él, o con licencia, o sin ella, por haberse vencido la
concedida; los reparos, correcciones y aprobación del Diario de Sesiones anterior;
los asuntos, comunicaciones y proyectos de que se haya dado cuenta, y su destino.
También debe contener la versión completa de la sesión y de las resoluciones que
se tomen; fijar con claridad las resoluciones, arreglándose en todo al título XV que
establece el orden de la Sesión y concluir consignando la hora en que se levante la
misma o se pase a cuarto intermedio. Además el Reglamento del Senado las
menciona en los arts. 32; 39; 41; 43; 163; 181; 200; 212 y 221.
El derecho de iniciativa. Cámara de origen y Cámara revisora. Competencias
exclusivas.
El ejercicio de la función legislativa como etapa constitutiva de la ley en el marco de
la estructura de poder delimitado en la Constitución Nacional está a cargo del
Congreso, y transita separadamente en cada Cámara; la Cámara donde empieza el
tratamiento del proyecto se llama “Cámara de origen”, y la otra se llama “Cámara
revisora”.
36
Cuando en el proceso de formación de la ley participa la iniciativa popular o se
intercala una consulta popular vinculante (lo que hasta el momento no ha ocurrido
desde la reforma constitucional del año 1994) participa la sociedad con la
presentación del proyecto (en el primer caso) y con su voto afirmativo o negativo en
el comicio (en el segundo), y si el voto popular es afirmativo convierte en ley al
proyecto consultado.
Cada cámara aprueba por sí el proyecto, siguiendo los mecanismos previstos en los
arts. 77 a 84 de la Constitución Nacional. Lograda tal aprobación en las dos, el
proyecto queda sancionado, usándose para la sanción la fórmula establecida en el
art. 84: “El Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina, reunidos en
Congreso… decretan o sancionan con fuerza de ley”.
Como bien expresa Bidart Campos, la sanción del proyecto de ley es un acto
complejo, porque requiere el concurso de dos órganos, que son cada una de las
Cámaras. Acto complejo interno o intraórgano, porque concurren a formarlo las
voluntades de órganos —Cámaras— que pertenecen a un mismo órgano —
Congreso—.
Y todavía más: a este acto complejo de la sanción de la ley se le añade, en la etapa
de eficacia, la voluntad de otro órgano —Poder Ejecutivo con refrendo ministerial—
que promulga la ley, con lo que la ley también es un acto complejo interórganos o
externo, ya que concurren las voluntades del Congreso y del Poder Ejecutivo. En el
caso de la consulta popular, concurre desde la sociedad la decisión del cuerpo
electoral participante, que integra al acto estatal con una voluntad ajena al aparato
gubernativo.
En sus “Lecciones de Derecho Constitucional” el Dr. Manuel Augusto Montes de
Oca, definía a la iniciativa legislativa como “la invitación hecha al legislador para
adoptar una norma jurídica”. La iniciativa legislativa constituye la primera etapa en
el proceso de formación y sanción de las leyes, es la etapa de creación de la norma
en la que se elabora el proyecto y se presenta ante el Congreso.
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Como ya dijimos en reiteradas oportunidades, si bien la función legislativa le
corresponde al Congreso, la doctrina le ha asignado al Poder Ejecutivo el carácter
de “colegislador”, ya que participa en el proceso mediante la facultad o derecho de
iniciativa, el debate, la promulgación, la publicación y el veto; y en forma excepcional
mediante el dictado de decretos de facultades delegadas y de necesidad y urgencia.
También participa, en el marco de la función legislativa cuando ejerce su facultad de
reglamentar las leyes.
La fase de iniciativa reviste una gran importancia ya que en la misma, se va
delineando la estructura de la futura norma, siendo muy frecuente que ese proyecto
inicial no se modifique o se modifique en forma menor y no sustancial.
Los y las titulares de este derecho de iniciativa para presentar la ley son las y los
miembros de ambas Cámaras del Congreso, y del Poder Ejecutivo como principio
general u ordinario. En efecto, el artículo 77 de la C.N., dispone: “Las leyes pueden
tener principio en cualquiera de las Cámaras del Congreso, con proyectos
presentados por sus miembros o por el Poder Ejecutivo, salvo las excepciones que
establece esta Constitución”. Con algunas limitaciones, también la ciudadanía tiene
derecho de presentar proyectos de ley por medio de la llamada “iniciativa popular”
del art. 39 de la Constitución Nacional.
El principio general, entonces, establece que los proyectos de ley pueden
presentarse indistintamente en cualquiera de las Cámaras. En este punto es
necesario hacer una aclaración, en relación a los “sujetos” con derecho de iniciativa
y a la Cámara en la cual pueden presentar “sus” proyectos. De la redacción del art.
77 CN, se desprende, a través de su desagregación que quienes pueden presentar
proyectos de ley son el presidente o presidenta de la Nación, los senadores y
senadoras de la Nación y los diputados y diputadas de la Nación.
También queda claro que el Poder Ejecutivo puede presentar el proyecto en
cualquiera de la Cámaras, salvo las excepciones que la misma Constitución
determina. Por otra parte, también parece quedar claro que los senadores y
senadoras pueden presentar proyectos de ley ante su propia Cámara al igual que los
38
diputados y diputados pueden hacerlo también en su propio seno.
Volviendo, entonces, al art. 77 CN, decimos que establece como principio el derecho
de iniciativas “comunes” de ambas Cámaras, pero sujetas a la excepcionalidad que
la misma Constitución determina que son las que denominamos iniciativas
“exclusivas” de cada Cámara.
En ese esquema corresponde a la Cámara de Diputados en forma exclusiva:
La iniciativa de proyectos de ley sobre “contribuciones y reclutamiento de
tropas” (art. 52, C.N.);
Dar entrada y tratar en primer término los proyectos que se originen en el
ejercicio, por parte de la ciudadanía, del derecho de iniciativa popular (art. 39,
C.N.);
La iniciativa de someter un proyecto de ley a consulta popular (art. 40, C.N.).
Ser la Cámara de origen, en el tratamiento de la Ley de Presupuesto Nacional
por el art. 52 CN (remitimos en este tema a lo que desarrollamos en el
Seminario de Presupuesto Nacional y Finanzas Públicas) y por el art. 26 de la
ley 24.156 de Administración Financiera.
Asimismo, hay otros aspectos de la actividad de las Cámaras que no están
relacionados con el trámite un proyecto de ley o con el derecho de iniciativa
propiamente dicho, pero en los que también se manifiesta la circunstancia de que
cada Cámara tiene atribuciones que le son propias.
En el caso de la Cámara de Diputados, ésta ejerce exclusivamente el derecho a
“acusar ante el Senado al presidente, vicepresidente, al jefe de gabinete de
ministros, a los ministros y a los miembros de la Corte Suprema, en las causas de
responsabilidad que se intenten contra ellos, por mal desempeño o por delito en el
ejercicio de sus funciones; o por crímenes comunes, después de haber conocido de
ellos y declarado haber lugar a la formación de causa por la mayoría de dos terceras
39
partes de sus miembros presentes” (art. 53 CN).
Corresponde, en cambio, al Senado, en función a su derecho de ejercer la iniciativa
de las leyes (lo que denomina como facultades privativas):
La facultad de iniciar el tratamiento de la ley-convenio de Coparticipación
Federal de Impuestos, es decir la que tiene como base el acuerdo entre la
Nación y las Provincias contenido en el art. 75, inc. 2, C.N. y por analogía y
práctica parlamentaria, la extensión a todos los proyectos de ley relacionados
a la materia de Coparticipación impositiva y ;
La facultad de iniciar proyectos que tengan por objeto proveer al crecimiento
armónico de la Nación y al poblamiento de su territorio; promover políticas
diferenciadas que tiendan a equilibrar el desigual desarrollo relativo de
provincias y regiones” (art. 75, inc. 19, segundo párrafo, C.N.).
Al igual que en el caso de la Cámara de Diputados, el Senado dispone de otras
atribuciones exclusivas que no se relacionan directamente con el derecho de
iniciativa; como ser:
La facultad que le corresponde en forma exclusiva de juzgar en juicio político
a los acusados por la Cámara de Diputados (art. 59, C.N.). Con la
observación o salvedad de que cuando el acusado es “el presidente de la
Nación”, preside el Senado el presidente de la Corte Suprema (nosotros
agregamos, como gran parte de la doctrina cree, que el mismo supuesto debe
aplicarse para el caso de que el/la acusado/a sea la persona a cargo de la
vicepresidencia de la Nación).
La atribución de “autorizar al presidente de la Nación para que declare en
estado de sitio uno o varios puntos de la República en caso de ataque
exterior” (art. 61 y 99, inc. 16, C.N.).
Prestar acuerdo al Poder Ejecutivo de la Nación para el nombramiento de los
40
magistrados y magistradas de la Corte Suprema y de los jueces y jueces de
los tribunales federales inferiores (art. 99, inc. 4, C.N.); para el nombramiento
y remoción de los embajadores, ministros plenipotenciarios y encargados de
negocios (art. 99, inc. 7, C.N.) y para la provisión de los empleos militares de
la Nación (art. 99, inc. 13, C.N.). También incluimos el acuerdo del procurador
general de la Nación y del defensor general de la Nación, dispuesto por las
leyes orgánicas respectivas, (Nros. 27.148 y 27.149).
Por lo expresado entonces, el Poder Ejecutivo ejerce también su derecho de
iniciativa legislativa, pudiendo presentar sus proyectos acompañados del respectivo
mensaje en cualquiera de las Cámaras, salvo en los casos que ya observamos en
los que debe hacerlo en la Cámara de origen que corresponda.
Finalmente, cabe aquí mencionar el caso especial del derecho de iniciativa
(elaboración y presentación) del proyecto de ley de Presupuesto, que para algunos
corresponde exclusivamente al Poder Ejecutivo, por varias de las disposiciones de la
Ley 24.156 de Administración Financiera y por el art. 100 inc.6 de la CN, que
establece que el jefe de gabinete es el encargado de enviar al Congreso la Ley de
Presupuesto Nacional, previo tratamiento en acuerdo de gabinete y aprobación del
Poder Ejecutivo.
Vale destacar la reforma de la Constitución del año 94; en relación a las
denominadas “democracias de forma semi-directa”, ya que la Constitución de
1853/60 no contenía cláusulas que contemplasen mecanismos de participación de
ese tipo, los cuales –sintetizando- suelen asociarse con el referéndum, el plebiscito,
la revocatoria, la iniciativa popular, el veto popular, etc.
Con la reforma constitucional de 1994, en los artículos 39 y 40 se incorporan los
derechos de iniciativa legislativa popular y la consulta popular, mediante los cuales y
en el primero de los casos, se estipula que los ciudadanos tienen el derecho de
iniciativa para presentar proyectos de ley ante la Cámara de Diputados, debiéndoles
(el Congreso) dar expreso tratamiento dentro del término de doce meses,
exceptuándose de esa posibilidad, a los proyectos que se refieran a reforma
41
constitucional, tratados internacionales, tributos, presupuesto y materia penal.
En el otro caso, se prevé la consulta popular, estableciendo que el Congreso, a
iniciativa de la Cámara de Diputados, podrá someter a consulta popular un proyecto
de ley, indicando además que la ley de convocatoria no podrá ser vetada. Si el
pueblo de la Nación votara afirmativamente el proyecto, se convertirá en ley y su
promulgación debe ser automática.
Por otra parte, contempla el supuesto de consulta popular no vinculante, cuando
establece que tanto el Congreso como el/a presidente/a de la Nación, dentro de sus
respectivas competencias, puedan convocar a consulta popular no vinculante,
siendo en este caso, el voto no obligatorio.
Iniciativa Popular
El artículo 39 de la Constitución Nacional determina que “los ciudadanos tienen el
derecho de iniciativa para presentar proyectos de ley en la Cámara de Diputados. El
Congreso deberá darles expreso tratamiento dentro del término de doce meses. El
Congreso, con el voto de la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de
cada Cámara, sancionará una ley reglamentaria que no podrá exigir más del tres por
ciento del padrón electoral nacional, dentro del cual deberá contemplar una
adecuada distribución territorial para suscribir la iniciativa. No serán objeto de
iniciativa popular los proyectos referidos a reforma constitucional, tratados
internacionales, tributos, presupuesto y materia penal”
La ley Nro. 24.747 que reglamenta la iniciativa popular, se sancionó el 27 de
noviembre de 1996. Dicha norma, determina que la iniciativa popular requiere la
firma de un número de ciudadanos/as no inferior al 1,5 % del padrón electoral
utilizado para la última elección de Diputados/as nacionales, y debe representar por
lo menos a seis distritos electorales. Asimismo, cuando la materia de la iniciativa
tenga alcance sólo regional, el porcentual debe aplicarse respecto al padrón del total
42
de las provincias que componen la región involucrada.
La iniciativa popular debe instrumentarse por escrito. La petición en forma de ley
debe contener una exposición de motivos fundada, el nombre y apellido del o de los
promotores y promotoras —que asumen responsabilidad personal—, la descripción
de los gastos efectuados y del origen de los recursos durante el período previo a la
presentación del proyecto en la Cámara, y los pliegos con las firmas de las personas
peticionantes y sus datos personales.
La recolección de firmas para promover la iniciativa se hace en planillas que deben
contener un resumen del proyecto que se va a presentar, con la información esencial
—que debe verificar el Defensor del Pueblo con anterioridad a la circulación para su
firma—, y la mención de los/as promotores.
Previo a la iniciación en la H. Cámara de Diputados, la justicia nacional electoral
debe verificar por muestreo la autenticidad de las firmas en un plazo no mayor de 20
días, prorrogable por resolución fundada del Tribunal. El muestreo no puede ser
inferior al 0,5% de las firmas presentadas. En caso de impugnación de firma,
acreditada la falsedad se desestimará la misma del cómputo para el proyecto, sin
perjuicio de las demás acciones penales a que hubiere lugar, considerándose a la
planilla de adhesiones como un documento público. En caso de verificarse que el
5% o más de las firmas son falsas se desestimará el proyecto. El rechazo del
proyecto de iniciativa popular no admite recurso alguno.
El proyecto se presenta ante la Mesa de Entradas de la H. Cámara de Diputados y
se remite a la Comisión de Asuntos Constitucionales, la que en 20 días hábiles debe
dictaminar sobre la admisibilidad formal de la iniciativa, y debe intimar a los
promotores a corregir o subsanar defectos formales.
Admitido el proyecto de ley, se ordena la inclusión en el orden del día como asunto
entrado, siguiendo en adelante el trámite previsto para la formación y sanción de las
leyes.
43
Recibida la iniciativa, la presidencia de la Honorable Cámara de Diputados de la
Nación, dentro de las 48 horas lo gira para su tratamiento a la Comisión de Labor
Parlamentaria, la que debe producir dictamen a más tardar para la segunda reunión
de dicho cuerpo. En el orden del día correspondiente debe ser incluida la iniciativa,
con tratamiento preferente.
Asimismo, la Cámara puede girar la iniciativa a sus comisiones respectivas, las que
tienen cada una 15 días corridos para dictaminar, si lo hacen en común se suman
los plazos. Vencido el término anterior, con o sin despacho, el cuerpo procede al
tratamiento de la iniciativa y puede a tal efecto declararse en comisión manteniendo
la preferencia.
Los y las representantes del proyecto pueden participar del debate en Comisión de
la iniciativa, si bien tienen voz, no pueden votar. Finalmente, en cuanto al trámite, se
debe recordar que la Constitución establece que el proyecto debe ser tratarlo dentro
de los 12 meses de admitido.
En relación a dicho instituto, la práctica parlamentaria y constitucional, no ha
producido los frutos esperados por los constituyentes; muy pocas iniciativas han sido
formalmente admitidas y las que finalmente prosperaron, lo hicieron más en base a
la aplicación del derecho a peticionar, que fue receptado y representado por
legisladores y legisladoras para que finalmente se conviertan en ley.
Consulta Popular
El art. 40 de la CN, establece que el Congreso, a iniciativa de la Cámara de
Diputados, puede someter a consulta popular un proyecto de ley. La ley de
convocatoria no puede ser vetada. El voto afirmativo del proyecto por el pueblo de la
Nación lo convierte en ley y su promulgación es automática. El Congreso o el
presidente de la Nación, dentro de sus respectivas competencias, pueden convocar
a consulta popular no vinculante. En este caso el voto no es obligatorio. El
Congreso, con el voto de la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de
cada Cámara, reglamenta las materias, procedimientos y oportunidad de la consulta
44
popular.
En este caso y a diferencia de la iniciativa popular, la participación de la ciudadanía
en el proceso de formación y sanción de las leyes, no se produce por su propia
iniciativa, sino a instancias del Poder Legislativo o del Poder Ejecutivo que requieren
su decisión u opinión, según el supuesto constitucional del que se trate, sobre
asuntos de su respectiva competencia.
En este caso la voluntad del pueblo no se materializa al decidir presentar una
iniciativa y ejercer ese derecho, sino que depende de la decisión del órgano
consultante. Si nos situamos en el marco del proceso de formación y sanción de las
leyes, podríamos decir, trazando una analogía entre el trámite ordinario y el de los
arts. 39 y 40 CN, que en el caso de la iniciativa popular la participación del pueblo se
manifiesta en el inicio, impulso u origen de la ley, mientras que en la consulta
popular, podríamos ubicarla en el marco del debate y aprobación (o rechazo) de la
ley.
Como se desprende de la lectura del art. 40 CN, la norma recepta dos clases de
consulta: una vinculante y otra no vinculante. Para el primer caso, la iniciativa
pertenece a la Cámara de Diputados, y tiene como objeto someter un proyecto de
ley al veredicto del pueblo.
Como expresa el maestro Bidart Campos, en su Tratado de Derecho Constitucional,
es interesante destacar el papel preponderante que la Constitución le otorga a la
decisión de la Cámara de Diputados; por un lado, es ella sola la que puede impulsar
la ley de convocatoria para disponer la consulta; por el otro, esa ley de convocatoria
produce efectos automáticamente por sí misma, porque está prohibido el veto del
Poder Ejecutivo; por fin, el voto afirmativo del pueblo convierte en ley al proyecto que
se ha sometido a su consulta, y la promulgación de tal proyecto también es
automática.
La otra posibilidad que recepta el art. 40 CN, es la de la consulta popular no
vinculante, y de voto voluntario. Para este supuesto, la decisión de la convocatoria
45
puede recaer tanto en el Congreso como en el Poder Ejecutivo, pero siempre dentro
del marco de la competencia que a cada uno le corresponde. Esto significa que el
Congreso puede convocar a consulta popular cuando quiere recibir la opinión de la
ciudadanía sobre una materia en la que le incumbe decidir al mismo Congreso; al
igual que al Poder Ejecutivo le cabe similar convocatoria cuando, con análogo
propósito, tiene que adoptar una decisión en su esfera funcional. Según Bidart
Campos, cuando en la decisión que se desea derivar a consulta popular la
Constitución prevé la participación del Congreso y del Ejecutivo, el art. 40 CN,
habilita a cualquiera de los dos órganos para la convocatoria.
A esas dos posibilidades, la doctrina suele catalogarlas "plebiscito” y "referéndum".
Para la mayoría de las opiniones el primero es esencialmente consultivo y el objeto
de la consulta no consiste en la aprobación o no de una norma jurídica, sino que ella
versa sobre un acto o una decisión de carácter político. Mientras que el referéndum
es obligatorio y vinculante para el órgano que realiza la consulta.
La reglamentación de la norma del art. 40 CN, queda sujeta a una ley del Congreso
que debe reglamentar tres aspectos: a) las materias susceptibles de someterse a
consulta; b) los procedimientos a seguir, y c) la oportunidad de realizarla .En relación
a las materias en sí, no cabrían dudas de que la ley, como finalmente lo hizo, debe
incluir las mismas prohibiciones que la Constitución establece para la iniciativa
popular. En efecto, el art. 40 CN, guarda silencio sobre el punto, pero la ley Nro.
25.432, que reglamenta el instituto, establece que las cinco materias que no pueden
ser objeto de iniciativa popular, tampoco pueden serlo de consulta popular, estas
son: reforma constitucional, tratados internacionales, tributos, presupuesto y materia
penal.
La ley Nro. 25.432 del 23 de mayo de 2001, al tratar la consulta vinculante establece
que el Congreso de la Nación, a iniciativa de la Cámara de Diputados, puede
someter a consulta popular vinculante todo proyecto de ley con excepción de
aquellos cuyo procedimiento de sanción se encuentre especialmente reglado por la
Constitución Nacional mediante la determinación de la cámara de origen o por la
exigencia de una mayoría calificada para su aprobación. Con lo cual no sólo abarca
46
los cinco supuestos de la iniciativa, sino varios más.
De igual manera, la ley de convocatoria a consulta popular vinculante debe tratarse
en una sesión especial y ser aprobada con el voto de la mayoría absoluta de
miembros presentes en cada una de las Cámaras.
Si bien en todo proyecto sometido a consulta popular vinculante, el voto del
electorado es obligatorio, la ley establece que la consulta popular vinculante es
válida y eficaz cuando haya emitido su voto no menos del treinta y cinco por ciento
(35%) de las y los electores inscriptos en el padrón electoral nacional.
Cumpliendo con la obligatoriedad del art. 40 CN, la ley establece que cuando un
proyecto de ley sometido a consulta popular vinculante obtiene la mayoría de votos
válidos afirmativos, se convierte automáticamente en ley, la que debe ser publicada
en el Boletín Oficial de la República Argentina dentro de los diez días hábiles
posteriores a la proclamación del resultado del comicio por la autoridad electoral. En
cambio, si obtuvo un resultado negativo, no puede ser reiterado sino después de
haber transcurrido un lapso de dos años desde la realización de la consulta.
Tampoco podrá repetirse la consulta durante el mismo lapso.
En relación a la consulta no vinculante, en forma similar que a la vinculante, la ley
establece que puede ser sometido a consulta popular no vinculante, todo asunto de
interés general para la Nación, con excepción de aquellos proyectos de ley cuyo
procedimiento de sanción se encuentra especialmente reglado por la Constitución
Nacional, mediante la determinación de la cámara de origen o por la exigencia de
una mayoría calificada para su aprobación. En este tipo de consulta el voto del
electorado no es obligatorio.
Si se trata de un asunto puesto a consideración por convocatoria realizada por el
Poder Ejecutivo Nacional, ésta debe efectuarse mediante decreto decidido en
acuerdo general de ministros y ministras, y refrendado por todos ellos y todas ellas.
En el caso de la consulta popular no vinculante convocada a instancia de cualquiera
de las Cámaras del Congreso debe ser aprobada por el voto de la mayoría absoluta
47
de miembros presentes en cada una de ellas.
Cuando un proyecto de ley sometido a consulta popular no vinculante, obtiene el
voto afirmativo de la mayoría absoluta de votos válidos emitidos, debe ser tratado
por el Congreso de la Nación y queda automáticamente incorporado al plan de labor
parlamentaria de la Cámara de Diputados de la sesión siguiente a la fecha de
proclamación del resultado del comicio por la autoridad electoral.
Finalmente, como disposiciones comunes a ambos tipos de consultas, la norma
establece que la ley o el decreto de convocatoria a una consulta popular —según
corresponda— debe contener el texto íntegro del proyecto de ley o decisión política
objeto de consulta y señalar claramente la o las preguntas a contestar por el cuerpo
electoral, cuyas respuestas no deben admitir más alternativa que la del sí o el no.
De igual manera, la ley o el decreto de convocatoria a consulta popular deben ser
publicados en el Boletín Oficial de la República Argentina, en el diario de mayor
circulación de cada una de las provincias y en los dos diarios de mayor circulación
del país. Dictada la convocatoria, todos los puntos sometidos a consulta popular
deben difundirse en forma clara y objetiva, por medios gráficos, radiales y
televisivos. Los partidos políticos reconocidos, están facultados para realizar
campañas de propaganda y exponer su posición con relación al asunto de la
consulta, a través de espacios gratuitos en los medios de comunicación masiva, y
conforme a las normas que regulan la concesión de estos espacios en ocasión de
las elecciones nacionales.
En relación a la oportunidad de la convocatoria, la ley estipula que la consulta
popular debe realizarse dentro de un plazo no inferior a 60 días y no superior a 120
días corridos desde la fecha de publicación de la ley o el decreto de convocatoria en
el Boletín Oficial de la República Argentina. El día fijado para la realización de una
consulta popular, no puede coincidir con otro acto eleccionario.
Por último, la ley 25.432 establece que son de aplicación a las consultas convocadas
conforme a los procedimientos previstos, las disposiciones del Código Nacional
48
Electoral (Ley 19.945 y sus modificatorias), en todo lo que no se oponga a la
presente ley. La Justicia Electoral Nacional resulta competente en todo lo relativo al
comicio. Asimismo, se debe tener en cuenta que para determinar el resultado de
toda consulta popular, tanto vinculante como no vinculante, no pueden computarse
los votos en blanco.
Las normas que rigen el funcionamiento parlamentario. La Constitución
Nacional. Los reglamentos.
El desarrollo de la función legislativa desde el punto de vista de su procedimiento, si
bien no difiere en lo sustancial de las fuentes del derecho en general, reúne ciertas
particularidades que le son distintivas. Casi todos coincidimos en que las fuentes del
derecho son: la ley, la jurisprudencia, la doctrina y los usos y costumbres.
Cuando hablamos de fuentes del derecho, nos referimos a todas aquellas reglas
que integran el marco normativo, que imponen conductas positivas o negativas
(de hacer o no hacer) a los habitantes de un Estado. O sea, a aquello de donde
el derecho surge o nace.
Como se puede apreciar, en el derecho en general, “la costumbre” sólo rige para los
casos en que la ley o las partes se refieren a ella como fuente del derecho o cuando
nos encontramos ante situaciones que la Constitución, los tratados internacionales
de derechos humanos, el resto de los tratados en que nuestro país es parte y las
leyes no regulan.
49
En el derecho procesal parlamentario, esas fuentes interactúan de distinta manera y
muchas veces, subvierten sus jerarquías. En ese contexto, si bien la ley, entendida
como la norma escrita sigue siendo preponderante, la costumbre parlamentaria,
también conocida como el “precedente parlamentario” juega un rol decisorio, que
frecuentemente no sólo cubre lagunas reglamentarias, sino que muchas veces se
impone por sobre lo escrito.
Asimismo, la jurisprudencia interpretada como el derecho que los jueces entienden
aplicable a determinadas situaciones, no tiene tanta injerencia en el procedimiento
parlamentario, ya que con frecuencia la justicia ha manifestado que la aplicación de
los reglamentos internos de las Cámaras, constituye un área exclusiva de reserva
del Poder Legislativo y en tanto y en cuanto no contravenga la Constitución, se
encuentra en el ámbito de lo que en derecho se conoce como cuestiones políticas
no justiciables.
Finalmente, la “doctrina parlamentaria” también suele ser una fuente determinante
del derecho parlamentario, recurriéndose muy frecuentemente a la opinión vertida en
diarios de sesiones o en debates en general, por legisladores o legisladoras, en la
búsqueda de criterios aplicables a determinadas situaciones.
Si bien existen otras clasificaciones que expresan diferentes autores/as, aquí –a los
fines de este trabajo- preferimos la siguiente clasificación normativa de las fuentes
del derecho procesal parlamentario nacional en el siguiente orden descendente:
1. La Constitución Nacional
2. Los Tratados Internacionales de Derechos Humanos incorporados a la
Constitución Nacional
3. El resto de los tratados internacionales, ya que tienen jerarquía superior a las
leyes.
4. Las leyes Nacionales, sobre todo las que tienen injerencia en la tarea
legislativa.
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5. Las resoluciones conjuntas de ambas Cámaras.
6. Los reglamentos de cada Cámara.
7. Las resoluciones complementarias e interpretativas del reglamento, incluidos
los reglamentos de las Comisiones.
8. Las resoluciones conjuntas de las presidencias de las Cámaras.
9. Las resoluciones de la presidencia de cada Cámara.
10. Los usos y costumbres que constituyen precedentes de práctica
parlamentaria que no necesariamente se ubican en este orden de jerarquía,
sino que interactúan en forma transversal con las otras fuentes que no son
Constitucionales o de ley.
11. La doctrina parlamentaria, constituida a su vez, en primer término por las
opiniones vertidas por los legisladores y legisladoras en los diarios de
sesiones y debates parlamentarios, en segundo término por la doctrina
emanada de la jurisprudencia aplicable al procedimiento legislativo y en tercer
término por la opinión de constitucionalistas y doctrinarios del derecho en
general.
12. El derecho procesal parlamentario comparado, tanto en el ámbito
internacional como en el ámbito provincial y municipal argentino.
La Constitución Nacional como fuente del procedimiento parlamentario.
En forma preliminar creemos conveniente señalar que la Constitución Nacional le
dedica al Poder Legislativo, en su Segunda Parte, Autoridades de la Nación, Titulo
Primero, Gobierno Federal, la Sección Primera, que va desde el artículo 44 al 86,
ambos inclusive, lo que de por sí es demostrativo de la importancia del Congreso
para el reparto de la organización del poder del Estado, ya que es la primera
autoridad de la cual se ocupa la Constitución en su texto.
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Los Reglamentos de ambas Cámaras
Los Reglamentos internos que regulan el funcionamiento de las Cámaras que
integran el Congreso de la Nación, poseen raigambre Constitucional, en virtud de lo
dispuesto por el art. 66 CN que establece que “cada Cámara hará su reglamento…”
y constituyen, para muchos la segunda fuente en importancia después de la
Constitución. Para otros, en relación a la cantidad de regulaciones que contiene y a
su íntima relación “cotidiana” con la gestión y el procedimiento parlamentario, puede
considerárselos como la fuente más importante del derecho procesal parlamentario.
Para Eduardo Menem, la sanción de los reglamentos parlamentarios por cada
Cámara del Congreso constituye la más auténtica manifestación de su
independencia y autonomía normativa, toda vez que lo hacen por imperativo
constitucional, sin intervención de ninguna otra autoridad y debiendo solo ajustarse a
los preceptos establecidos por la Constitución Nacional y las leyes dictadas en su
consecuencia.
En relación a su naturaleza jurídica los reglamentos son resoluciones de cada
Cámara, a diferencia de algunas Legislaturas locales o internacionales, que adoptan
la vía legal o de ley para establecer sus procedimientos y funcionamiento. No
obstante ello, para las Cámaras y exceptuando a la Constitución Nacional, el
reglamento es “la ley superior”.
En cuanto al origen de los Reglamentos, la mayoría de los autores que se dedicaron
a su estudio e investigación, como Estrada, Schinelli, Gentile y Pit Villegas,
coinciden en que se les atribuye un lejano origen en los aportes de Jeremías
Bentham, contenido en su obra “Táctica de las Asambleas Legislativas” la que había
sido introducida al país por Bernardino Rivadavia y que fue utilizada para el
reglamento aprobado por la Sala de Representantes de la provincia de Buenos Aires
en 1822. Ese reglamento fue tomado casi textualmente por el Congreso General
Constituyente de las Provincias Unidas del Rio de la Plata (1824-1827) y por el
Congreso Nacional Constituyente de la Confederación Argentina (1852-1854).
Según Pit Villegas, en la mayoría de los artículos de los primeros reglamentos de la
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Cámara de Diputados y la de Senadores de la Confederación Argentina (1854-1861)
se refleja la impronta de los citados documentos.
En lo que se refiere a la aprobación de los reglamentos, no surge que requieran de
una mayoría especial o agravada. No obstante ello, debemos recordar que para su
modificación, ambas Cámaras contienen regulaciones distintas, que a pesar de
coincidir en que la forma es mediante un proyecto de resolución, receptan distintas
mayorías y procedimientos.
Si bien, cada norma será analizada en el módulo oportuno, los 229 artículos de cada
uno de los Reglamentos de las Cámaras contienen gran cantidad de normas
internas relacionadas al procedimiento y funcionamiento de las mismas, como ser
las que regulan los trámites para la incorporación de los legisladores y legisladoras
electos/as y para la impugnación de sus diplomas; la determinación de las
autoridades encargadas de conducir la Cámara con sus particularidades, su forma
de elección, deberes y facultades; la regulación de las distintas clases de proyectos,
su forma de redacción, presentación, retiro y tramitación; los distintos tipos de
sesiones, el orden y la forma en que se realizan los debates y las diversas formas de
votación; las mociones y su tramitación; la constitución y competencia de las
comisiones de asesoramiento del cuerpo, la determinación de los bloques políticos y
su facultades y prerrogativas en el marco del procedimiento parlamentario; el trámite
que debe observarse para recibir los informes del jefe de gabinete y demás ministros
del Poder Ejecutivo y en general las normas sobre registro y publicidad de los actos
parlamentarios, el mantenimiento del orden y la disciplina, el poder de policía y el
funcionamiento de los distintos órganos, sectores, departamentos y agentes; como
así también de la participación de los ciudadanos, invitados y medios de
comunicación.
Para quienes quieren profundizar sobre el tema de la normativa que rige el
procedimiento parlamentario, tienen disponible un documento en la parte de
Bibliografía complementaria no obligatoria.
Hemos llegado al final del módulo 1. Agradecemos su atención y estamos a
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disposición por cualquier duda o consulta que pueda surgir.
Dr. Adrián Pagán – Director de Capacitación Parlamentaria – H. Senado de la Nación
BIBLOGRAFIA CONSULTADA
Bidart Campos, Germán, Tratado Elemental de Derecho Constitucional Argentino, Ediar,
1992, actualizado con la reforma de 1994.
Humberto Quiroga Lavié, Miguel Angel Benedetti, María de las Nieves Cenicacelaya,
Derecho Constitucional Argentino, Tomo I y II, segunda edición actualizada por Humberto
Quiroga Lavié, editorial Rubinzal - Culzoni Editores, año 2009.
Constitución de la Nación Argentina comentada y concordada, María Angélica Gelli, Editorial
La Ley, año 2004.
Derecho Constitucional, Carlos E. Colautti, segunda edición actualizada y aumentada,
Editorial Universidad, año 1998.
Derecho Procesal Parlamentario, Eduardo Menem, primera edición, Editorial La Ley, año
2012.
Reglamento de la Cámara de Diputados comentado, Guillermo Carlos Schinelli, Secretaría
Parlamentaria de la H. Cámara de Diputados de la Nación, año 1996.
Análisis coordinado del reglamento de la Cámara de Senadores de la Nación, Miguel
Alejandro Luna y José Cruz Pérez Nieves, Revista de Derecho Parlamentario - Número 8,
Editores Argentina, año 2009.
https://ar.ijeditores.com/articulos.php?idarticulo=66034&print=2#indice_3
Diccionario de Términos Parlamentarios, Secretaría Parlamentaria H. Cámara de Diputados
de la Nación, año 2008.
Práctica Parlamentaria, Beatriz Grosso, María Alejandra Svetaz, Héctor Pérez Bourbon,
Fermín Ubertone, Instituto de Capacitación Parlamentaria, año 1999.
Comentarios en torno al Parlamento, Juan H.Estrada, Editorial Prometeo, año 2002.
EL PODER LEGISLATIVO, Jorge Horacio Gentile (compilador), Stiftung Konrad Adenauer
Oficina Uruguay, año 2008.
Reglamentos de la Cámara de Diputados y del Senado de la Nación.
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