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Criterios de analizabilidad en análisis

Este documento discute dos puntos claves de la teoría del campo en el análisis: la decisión de empezar el análisis y la decisión de terminarlo. Explora conceptos como la analizabilidad, la compatibilidad del empeño del analista, y los criterios para determinar el final apropiado del análisis.

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Criterios de analizabilidad en análisis

Este documento discute dos puntos claves de la teoría del campo en el análisis: la decisión de empezar el análisis y la decisión de terminarlo. Explora conceptos como la analizabilidad, la compatibilidad del empeño del analista, y los criterios para determinar el final apropiado del análisis.

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Criterios sobre la analizabilidad

y el final del análisis


dentro de una teoría del campo

* Antonino Ferro (Pavía)

En este trabajo quisiera tratar de reflexionar sobre las peculiaridades


conexas a las teorizaciones de campo por lo que se refiere a dos puntos
claves del análisis: la decisión de empezarlo y la de terminarlo.
Aclaro previamente que considero el término "campo" con la más am-
plia derivación de significados: desde las conceptualizaciones de base
de los Baranger (1961-1962) y de éstos con Mom (1983), a las comple-
jas y sutiles que ofreció Corrao (1986).
De este último quisiera recordar con qué incisiva puntualización
(1986) lo define "como una función cuyo valor depende de su posición
en el espacio-tiempo: sistema con infinitos grados de libertad, dotados
de las infinitas determinaciones posibles, que el sistema mismo asume
en todo punto del espacio y en cada instante del tiempo"; y remito a
otros autores (Bezoari y Ferro, 1990, 1991b; Ferro, 1992b, 1993b) para
definiciones y aclaraciones.
En el momento mismo en que el campo se constituye, se convierte
en el espacio-tiempo de intensas turbaciones emotivas, de torbellinos
de elementos P que, acosando y activando la función ex, empiezan a
transformarse en elementos ex, es decir en "imágenes visuales" (Bion,
1962). No importa "dónde" estas últimas se manifiestan: si en el relato
del paciente, en la reverie del analista, en su contratransferencia.
La aparición de las imágenes que Bion describe, es sin embargo el
punto de llegada de complejas operaciones de tejido transformativo,
que junto con Bezoari había tratado de describir con la metáfora de los
dos molinos (Bezoari y Ferro, 1992), y que ahora resumo aquí.
En el encuentro analítico estamos ante dos funciones ex: el paciente
que relata anécdotas, hechos, recuerdos exige un fuerte empeño de la

o', Dirección: Via Cardano 77, 27100, Pavía, Italia.


98 Antonino Ferro

función a del analista. quien estará empeñado en el proceso de alfa-


betizaciónlsemantización de la comunicación del paciente. En el cam-
po analítico la mayor parte del trabajo lo consideramos hecho por dos
molinos, de viento (las palabras) y de agua (las identificaciones proyec-
tivas); a estos molinos se llevan grandes sacos de trigo por moler (ele-
mentos ~) que tendrán que convertirse en harina (elementos a), ser
organizados y cocidos (pensamientos oníricos).
Entre los dos molinos hay muchos intercambios de sacos (intercam-
bio cruzado de identificaciones proyectivas): en general son más nume-
rosos los sacos de trigo que viajan en la dirección paciente-analista,
excepto en las situaciones en que éste se encuentre ocluido o sobrecar-
gado, con la consiguiente posibilidad de inversión de flujo (Ferro,
1987).
A menudo las comunicaciones que viajan son bastante brutas, y
hasta pueden necesitar un trabajo de filtración con trilladora: el em-
peño de la función a es el de moler cada vez más finos estos elemen-
tos. Supongamos, sólo como ejemplo, que una gran parte de las
comunicaciones de un paciente (comunicaciones sin elaborar, brutas)
viaje de forma manifiesta (lenguaje) o de forma subterránea <identifi-
caciones proyectivas), y otra pequeña parte, en cambio, viaje ya trans-
formada a través de la función a del paciente. De la posterior
elaboración del analista resultará nueva harina, se moverán en la es-
cena los "agregados funcionales" producidos por el trabajo mental de
los dos, para narrar lo que acontece en el campo y en la pareja.
El "personaje" (entendido también en el sentido narratológico de pro-
tagonista de relieve, con lo cual puede ser también un objeto del
mundo animal o del mundo inanimado) puede tener las características
de "personaje real exterior" o de "personaje del mundo interior", y
adquiere el valor de "nudo narrativo sine rético" que concretiza, contex-
tualiza, da forma y nombre a lo que pasa en el campo, consintiendo
su visualización tridimensional.
Así el texto emotivo-lingüístico de la sesión puede expresar emo-
ciones y afectos de forma elaborada, transformable, narrable, compar-
tibIe.
Punto de fuerza de esta conceptualización es el "pensamiento onírico
de la vigilia", es decir el continuo "soñar para estar despiertos", de lo
que sin cesar se ocupa la función a al construir elementos a colocados
en sucesión, empezando por todas las adherencias sensuales, percep-
tivas y emotivas que tenemos en cada instante existencial y relacional
(Bion, 1962).
El pensamiento onírico de la vigilia, al separar constantemente lo
consciente y lo inconsciente, permite que este último no nos atrape, y
nos deja por consiguiente vivir las experiencias que vamos haciendo,
Criterios sobre la analizabilidad y el final del análisis [...] 99

sin que seamos atropellados por las mismas, y al contrario metabo-


lizándolas en tiempo real. El sueño nocturno nos permite tener la
visión de un proceso siempre activo (Bion, 1962).
Del pensamiento onírico de la vigilia tenemos la percepción a través
de los "próximos derivados narrativos" que son en consecuencia tam-
bién señaladores del texto emotivo-lingüístico de la sesión (Bezoari y
Ferro, 1992).
Los señaladores del texto se hacen perceptibles todas las veces que
como vértice asumimos el de escuchar lo que procede de cada lugar del
campo (cuento o sueño del paciente, contratransferencia nuestra,
sueños nuestros, identificaciones proyectivas, etc.) como una nueva
narración, en toma directa, de las emociones y los movimientos del
campo, y del éxito o de la quiebra de las transformaciones del campo
en la única dirección terapéutica ~ - a (Ferro, 1992b).
Dichos señaladores de campo nos permiten disponer de los guarda-
caminos para mantener la tensión transformativa ~ - a, y nos señalan
cada desviación de este eje transformativo como disfunción del campo.
Los señaladores de campo -que son la resultante, instante tras ins-
tante, de las fuerzas emotivas del campo mismo- constituyen una
aproximación muy significativa a la verdad emotiva del campo (la "O"
de la pareja), tomando su origen del funcionamiento mental de pa-
ciente y analista, y siendo función de su interactuar mutuo y de todas
sus vicisitudes.
Naturalmente, desde otros vértices presentes en el campo, estos per-
sonajes se pueden leer según otros modelos que los consideran como
si pertenecieran a la realidad exterior o a la interior. Estos modelos
en el campo oscilan entre sí y se autoconfirman desde cada vértice teó-
rico de observación.
Quisiera considerar ahora los fenómenos de analizabilidad y los de
final de análisis privilegiando precisamente dicha utilización de seña-
ladores del campo.

a. Analizabilidad o compatibilidad de empeño

La literatura sobre los criterios de analizabilidad es muy amplia, y en


seguida salta a la vista la disparidad entre su abundancia y la escasez
de puntos de vista compartidos respecto al tema.
En primer lugar sorprende la falta de proporcionalidad directa entre
la evolución de los modelos y la ampliación de dichos criterios: de
hecho, los analistas que más han desarrollado los conocimientos del
100 Antonino Ferro

análisis respecto a las patologías más graves, se han ocupado sólo tan-
gencialmente de los criterios de analizabilidad.
En mi opinión es más útil hablar de un criterio de compatibilidad del
empeño 1, en el sentido de que cada analista debería estar consciente
de hasta dónde siente que puede avanzar en el análisis, según su pro-
pio análisis, su funcionamiento mental, su grado de tolerancia al ries-
go y a la frustración.
Esta conciencia debería incluir también la compatibilidad del em-
peño del modelo de que dispone para las distintas patologías: a menu-
do hay un trabajo anterior a la remoción, que permite que se construya
y se forme el "aparato para pensar los pensamientos" (Bion, 1962)
antes de que éstos puedan ser tratados. ~
Hay que subrayar, según creo, que la atención de quien investigó el
tema se desplazó significativamente desde el estudio de las caracterís-
ticas del paciente a las de la pareja, y de la interacción entre ese pa-
ciente "dado" y ese analista "dado".
Al mismo tiempo, el concepto de analizabilidad (entendido como po-
sibilidad de una curación, punto de llegada) se ha enfocado, y en buena
medida sustituido, por el concepto de idoneidad para el análisis
(fundado más en la capacidad de estar en un setting analítico y vivir
un proceso transformativo [Limentani, 19721) y por el concepto de
accesibilidad al análisis. Respecto a este último sólo se puede distin-
guir entre pacientes fácilmente accesibles y pacientes difíciles de al-
canzar (Joseph, 1985).
Otro aspecto afecta esa suerte de "alarma" de muchos analistas
respecto a las eventuales interrupciones del análisis (como si "analiza-
ble" supusiera la garantía de un proceso que llegará hasta la supuesta
conclusión de una última etapa prevista), en vez de considerar un
análisis en cualquier caso vital hasta donde la pareja que está traba-
jando puede hacerlo, asumiendo, para utilizar la expresión de Bleger
(1967), que un análisis puede terminar con éxito allí donde otros po-
drían empezar ~.
Otra alarma consiste en la eventual interminabilidad, sufrida como
un fracaso, y no como la necesidad de una terapia que, a veces, no se

I En italiano, criterio de cimentabilita. (N. de R.)


:!Por lo que se refiere a una reconsideración de la literatura más significativa sobre
el tema, remito a la reseña que realizó Limentani (972), al apéndice posterior (1989)
y a la excelente reseña de Etchegoyen (1986).
;jRecuerdo un largo análisis, muy fatigoso para mí y el paciente, debido al continuo
estado de emergencia en que se desarrolló, siempre con el riesgo de actuaciones, incluso
violentas, después de las cuales me pregunté si, al fin y al cabo, había valido la pena;
el mismo paciente me asombró diciéndome: "Le debo mucho al análisis porque gracias
a él no me convertí ni en un drogadicto, ni en un asesino".
Criterios sobre la analizabilidad y el final del análisis [...] 101

puede suspender por las características de las patologías del paciente


y del campo.
Mientras dispuse de tiempo, sólo a dos de las personas que me pi-
dieron análisis les dije que no. Esto pasó al comienzo de mi trabajo.
Un paciente me volvía a plantear unas temáticas emotivas y existen-
ciales parecidas a las que acababa de elaborar en mi análisis, con lo
cual no me sentía todavía lo suficientemente fuerte como para vol-
verme a ocupar de ellas en otra persona. Otro paciente, alto y fuerte,
mientras lo "seguía" en su relato, me dijo que a veces, en el coche, se
había sentido "seguido", y cuando esta sospecha se había convertido en
certidumbre se había parado y le había partido la cara a quien lo per-
seguía: me pareció una razón suficiente para "no seguirlo".
En otras ocasiones, disponiendo de tiempo, nunca le dije que no a un
paciente por considerarlo no analizable o demasiado grave, aunque a
veces pagué mucho en términos de cansancio y sufrimiento mental es-
ta decisión, que sin embargo permitía ir más allá de lo ya "explorado".
El paciente que agrava, en mi opinión, suele ser el testimonio de una
técnica no adecuada respecto a sus necesidades o capacidades, como
lo demuestran muchas transferencias psicóticas, muchas reacciones
terapéuticas negativas y otras muchas interrupciones (Barale y Ferro,
1992).
Puget y Wender (1987) han dicho que consideran "análisis" esas si-
tuaciones, a menudo de límite, donde se activa una función psi-
coanalítica capaz de producir la "comprensión y semantización de lo
inconsciente, de lo que no se ha comprendido ni pensado hasta ese mo-
mento; un alivio al dolor mental".
Naturalmente el analista tiene que considerar su propia disponibili-
dad, en general, cuando acepta a un nuevo paciente para el análisis,
y luego tiene que considerar si toma o no a ese paciente dado: muchas
veces se dice que no a ese paciente, porque no hay sitio para un nuevo
paciente.
Sucede también lo contrario: no teniendo sitio para un nuevo pa-
ciente, se lo encuentre para ese paciente. Este flechazo, en términos
clásicos, sería ya una buena razón para renunciar a un paciente que
enciende estas vivencias contratransferenciales, pero ¿cómo y por qué
resistir? Habrá tiempo de arrepentirse de ello a lo largo del análisis.
De forma especular, pacientes a quienes se dijo que sí sólo porque se
tenía una plaza, se revelan luego pacientes que hacen vivir análisis
apasionantes: esto me parece confirmar que en un análisis son infini-
tas las aperturas de sentido y los mundos posibles que se pueden
activar.
102 Antonino Ferro

El primer encuentro podría imaginarse como el más neutro, aquel en


que puede prevalecer la escucha de la historia o del mundo interior del
paciente. Nada más ingenuo: ya desde el llamado telefónico, e incluso
antes, se empiezan a reestructurar por parte del paciente y el analista
unas fantasías "de pareja", que se manifiestan ya en ocasión del pri-
mer encuentro, como los Baranger han dejado dicho de forma ejem-
plar. Y no es todo: el modelo de escucha, si se utiliza sin concienciación,
estructura el campo y termina confirmando las teorías del analista
mediante la constitución de microtransformaciones en alucinosis, don-
de las teorías prevalecen sobre la comunicación del paciente "leyéndo-
la" de forma unívoca: la colonización interpretativa crea el dominio de
lo que no existe, lo que se evita es la dolorosa experiencia de la frus-
tración ante el vacío del no saber, de la duda de permanecer largo
tiempo en PS en espera de que el campo, "verdadera matriz de histo-
rias posibles" (según el genoma emotivo del paciente, el del analista,
y las capacidades de transformación), active una "historia", que no se
puede, ni mucho menos, prever del todo. Considero que hay, ya desde
el primer encuentro, una oscilación entre las "capacidades negativas"
del analista (Bien, 1970), que implican su capacidad de permanecer en
la duda permitiendo la apertura de infinitas historias (o infinitos sen-
tidos); y la opción por el "hecho seleccionado", que supone la elección
fuerte de una hipótesis interpretativa que nazca de una emoción que
une lo que estaba dispersado en PS, en una gestalt que cierra los sen-
tidos a favor de un sentido que prevalece organizando de forma uní-
voca, desde cierto vértice, lo que se formó en el campo: se trata de una
operación que se da en D, y que supone una operación de duelo por lo
que no es.
Esto, en narratología, se define con los conceptos de "obra abierta"
y "narcotización" de historias posibles para permitir el desarrollo de
una historia. Diderot lo mostró de forma operativa en su Jacques le
Fataliste (Ferro, 1992a).
Quisiera dar un breve ejemplo.

El orgasmo y el boletin de calificaciones de Carmen

La primera comunicación de Carmen, una joven no italiana, es que con


la penetración no consigue el orgasmo. Me sorprende que sea lo prime-
ro que me dice en nuestro primer encuentro.
Luego me cuenta la vida no del todo satisfactoria que lleva, y me
habla de su familia de origen, que ha dejado en una ciudad europea.
Añade otros relatos de la infancia y la descripción de su característica
peculiar, o sea la de estar siempre "rabiosa". Afirma que le pasa desde
Criterios sobre la analizabilidad y el final del análisis [... J 103

pequeña, después de haber vivido una experiencia muy decepcionante:


había traído a su padre el boletín del colegio, con notas muy malas,
y estaba segura que él se iba a enfadar mucho y la iba a castigar. Le
había caído muy mal y dado mucha rabia que él firmara sin mirar
siquiera las notas, y, por consiguiente, sin comentarlas. Cuenta luego
la relación superficial con su madre ... y otras experiencias conectadas
al cambio de régimen político en el país de procedencia.

¿Cómo pensar durante este primer encuentro? ¿Cómo considerar a los


personajes?
Sin duda se pueden entender como personajes con referencialidad
histórica y realidad exterior muy altas, en conexión con la novela fa-
miliar.
Por consiguiente podríamos pensar en los problemas sexuales co-
nectados con feminidad, angustia de castración, temáticas edípicas,
preedípicas, etc.

Los personajes, sin embargo, se pueden entender como un modo de


contar, en un dialecto, unos hechos emotivos del mundo interior: "el
orgasmo con penetración" podría indicar "relaciones íntimas profun-
das" ... y la historia de las notas podría tener que ver con el prototipo
de una relación decepcionante y frustradora, como si Carmen dijera en
seguida: "He aquí mi problema: para mí las relaciones íntimas y pro-
fundas nunca son fuente de placer, sino siempre y exclusivamente de
decepción y rabia", y el problema sexual podría ser el vehículo para
contar estas temáticas más íntimas todavía.

Sin embargo habría todavía otro nivel posible, si damos curso, desde
el primer encuentro, a una lectura de los personajes y la historia muy
centrada en la relación. En efecto, ya por teléfono, le había dicho a
Carmen que no tenía sitio para un análisis eventual, y que podía verla
sólo para un coloquio: esto no podía dejar de engendrar rabia y de-
cepción hacia quien no demostraba un especial interés por conocer sus
"malas notas" (sus dificultades), y sin duda mi contestación no le había
procurado ningún placer.

Cada una de estas lecturas, en mi opinión, constituye una colonización


del texto del paciente.
La alternativa sería la de crear en la sesión un modelo que pueda
prescindir de estas teorizaciones, y que dé por primera vez nombre y
sentido a algo desconocido que no se haya pensado nunca con anterio-
ridad (por lo menos con y para Carmen, conmigo y por mí), de forma
que no podamos saber qué es hasta que se dé. Al fin de cuentas esto
104 Antonino Ferro

es lo que nos dice Bion (1962, 1970) hablando del uso del modelo cons-
truido en la sesión y del "estar sin memoria ni deseo". Hay que contar,
más que con interpretaciones decodificadoras, con nuestras "capacida-
des negativas" (Bion, 1970) y hay que considerar qué transformaciones
podrá tener esta "historia", justo en el "dialecto" en el que la paciente
la propone, según interactúen las mentes del paciente y del analista
en el campo que los mismos contribuyen a crear: campo entendido
como lugar-espacio promotor, activador de historias posibles (natural-
mente desde los ingredientes emotivos que el paciente trae).
En esta perspectiva, un punto significativo es el modo de considerar
a los personajes de la sesión en una gama que, permitiendo entender-
los como personajes histórico-referenciales del mundo interior, de la
relación o del campo, permitan n combinatorias no determinables
apriorísticamente.
El criterio de analizabilidad me parece pues sólo un criterio a pos-
teriori, en el sentido de que no sabemos aún qué "historias" (de la pa-
reja, del mundo entero, de la Historia) van a tomar cuerpo. Sólo
podemos hacer una previsión, no más segura que las metereológicas,
de las turbulencias que se activarán en el campo. Tendremos a lo
mejor que preguntarnos cuánto la "función a del campo" y el "aparato
para pensar los pensamientos" de campo van a evitar su desestructu-
ración (y por lo tanto la evacuación) transformando los elementos ~ del
campo.

Esteban y el factor VIII

Esteban, en nuestro primer encuentro, me cuenta que ha hecho ya un


análisis con el "doctor Alivio" y que es jefe de psiquiatría y dirige un
servicio muy eficaz en la zona, y que quiere profundizar su propio in-
terés por el psicoanálisis.
En un plano más personal cuenta que fue un trance dificil asumir
que el hijo sufre de hemofilia y que necesita el factor VIII; el riesgo
es el de hemorragias intraarticulares que paralizarían los miembros ...
Por lo tanto hay que tener mucho cuidado para evitar traumas, o por
lo menos para detectarlos en seguida. Su mujer -sigue contándome-
estuvo deprimida largo tiempo por este hecho. Luego él tuvo con una
joven colega una historia muy intensa que lo estimuló, abriéndole nue-
vos espacios. Luego decidió cerrar esta historia porque sufría demasia-
do y temía que fuera demasiado pesada para su mujer y sus hijos.
Ocuparse del hijo se hizo gradualmente menos fatigoso y difícil; bas-
ta con llevar consigo, en una ampolla, lo necesario ... pero espera que
puedan llegar a comercializar el factor VIII, o que pueda haber en bre-
Criterios sobre la analizabilidad y el final del análisis [...] 105

ve intervenciones de ingeniería genética que resuelvan el problema de-


finitivamente.
Refiero esta entrevista no para poner en discusión la analizabilidad
del paciente, que se presenta para ser analizado de nuevo, sino para
subrayar la característica de "obra abierta" de todo primer encuentro.
¿De qué habla el paciente? ¿De su propio residuo sin analizar o
inanalizable? ¿De su propia crisis de la edad tardía? ¿De su propia de-
presión? ¿De su propia fragilidad emotiva y su narcisismo? ¿De una
historia que sería compleja para cualquier padre? ¿Yen qué consiste
el factor VIII que no tiene? ¿Cómo puede sintetizarse?
Creo que este aspecto y otros más (por ejemplo, el maletín con lo que
hace falta: ¿la introyección del primer análisis?, ¿el análisis hecho con
el doctor "Alivio"?) no tienen que ser decodificados de forma estricta
según los modelos de que un analista puede disponer (lo mismo "el
hijo, como parte de sí que queda paralizada también por microtrau-
mas"). Al contrario, hay que dejarlos allí, dentro de una "cultura de ca-
pacidades negativas" para que se transformen luego en historia
compartida en el consultorio, siempre que el analista no se coloque "de
lado" como mero decodificador de fantasmas, en una posición paralela
respecto al paciente.
No tendría sentido volverle a proponer al paciente sus propios temas
en otra lengua; lo tiene en cambio contribuir a la transformación emo-
tiva de sus temas.
En el ejemplo que presento el paciente habla del maletín con lo que
necesita, o se activa la esperanza de la posibilidad de encontrar el fac-
tor VIII, o de la operación de ingeniería genética, después de que me
había dispuesto a hacer con él el segundo análisis.
Quiero decir con esto que en cualquier caso el analista contribuye
activamente a estructurar el campo de que forma parte.

El único aspecto que me parece útil, sin que llegue a ser un criterio
de analizabilidad, es precisamente el considerar ya desde el primer en-
cuentro la posibilidad de operaciones transformativas en la sesión 4, en
el sentido de ver qué posibilidad de formar imágenes, historias, reue-
rie, se activan en la pareja. Esto constituye un deseo de fecundidad de
la pareja misma. Huelga decir que, cuando esto no pasa, podríamos
haber dado justo con el problema del que ocuparse.

• Un paciente me parece desde el primer momento, y lo es, muy grave: ...toma muchos
psicofármacos ... me habla de forma muy persecutoria y violenta de la relación con la
madre; pero después de unas intervenciones prudentes mías, acogedoras y textuales ...
empieza a decirme que "bueno, no era siempre como me lo había contado ... que el odio
nacía del miedo ... y cuando el miedo no era tanto veía también los aspectos buenos
de la madre ... que en realidad era muy disponible y atenta ...
106 Antonino Ferro

Recuerdo sólo que Bion en sus casillas asignó la fila 2 a las "menti-
ras", como todo lo que nos "ampara" contra lo ignoto, que es lo que más
nos aterroriza y siempre quisiéramos tratar de evitar, exorcizar. clasi-
ficar con falsos mapas. Creo que todo paciente "difícil" o inanalizable
según ciertos parámetros no hace sino enviarnos hacia desconocidos
aspectos nuestros, suyos y de nuestras teorías.
No puedo dejar de recordar el apólogo de los mentirosos (Bion, 1970),
y, entre las falsas verdades a que acudimos para que nos amparen, me
gustaría considerar también mucho de lo que se escribió sobre los cri-
terios de analizabilidad.
Inevitablemente la aceptación de cada paciente conlleva riesgos para
la vida mental del analista: menores, en mi opinión, si el analista se
propone como arqueólogo o decodificador de fantasmas "del" paciente.
Sin duda constituyen un riesgo para el analista los pacientes muy
graves, que suponen confrontar y metabolizar angustias muy primiti-
vas, a veces catastróficas, que de todos modos entrarán en el campo;
lo mismo dígase para graves pacientes psicosomáticos, con quienes
habrá que recorrer el camino desde lo somático a lo mental.
Hay, pues, un peligro, en el sentido de una cuota de sufrimiento
mental que se va a activar (recordemos lo que ya decía Freud sobre
la necesidad para cada analista de un "chequeo" periódico, y lo que
dice Bion a propósito de los pacientes que crean daños en la mente del
analista). Pero hay también un "peligro" positivo conectado con el
crecimiento de nuestra mente: el sufrimiento debido al aumento del
área de pensabilidad, justo en el sentido de una dilatación de la mente
misma.

b. Final del análisis

Huelga decir que también la literatura sobre los criterios del final del
análisis es muy rica; para una profundización del tema remito al ca-
pítulo de Etchegoyen (1986), a Preve (1994) y a De Simone (1994).
También para el final de análisis vale lo que decía al comienzo.
Si considerarnos el análisis en términos de "campo", se deduce que
el campo mismo se convertirá en el lugar donde se "señalará" el final
del análisis. Cada lugar del campo podrá convertirse en el lugar donde
podrá encenderse dicha señalización: la contratransferencia, los sue-
ños de contra transferencia, personajes o narraciones del paciente que
empezarán a "señalar" este hecho. Todo esto no según una teoría que
lo prevea, sino según un modelo que lo permita.
Criterios sobre la analizabilidad y el final del análisis [...] 107

La diferencia entre teoría y modelo la traza muy claramente Bion


(1962) en Learning from Experience. La teoría está saturada, deriva de
un alto grado de abstracción; si se utiliza en la sesión atropella el
material. En cambio el modelo no está saturado, es una invención día
tras día, es un descubrimiento provisional hecho en la sesión, que
fuera de la sesión podrá organizarse en teoría, y descubrirse como
correspondiente a teorías ya existentes: esto sin poner en tela de juicio
el que en la sesión el modelo es único e irrepetible.
Quisiera añadir también que, en una perspectiva de campo, hay una
variable más: la de considerar que éste es estructurado por el aporte
de la vida mental de paciente y analista, por la interacción de sus
defensas, de sus transferencias, de las mutuas identificaciones proyec-
tivas: por lo tanto el final del análisis es algo muy especial en cada
caso, y especial en relación con esa pareja.
Para mí el final de análisis se ha ido constituyendo como un "aconte-
cimiento" específico de ese análisis, aunque luego, pero siempre con
posterioridad, se reconozca la existencia de elementos comunes: siem-
pre prevaleció, durante el análisis, la súbita e inesperada "señaliza-
ción" en el campo, por parte del texto emotivo-lingüístico de la sesión,
de tal acontecimiento.
A posteriori, haciendo abstracción de los varios modelos experimen-
tados en la sesión, una señalación frecuente me vino de algo que in-
dicaba una ya realizada maduración del "aparato para pensar los
pensamientos" <Bion, 1962).
No creo, por lo tanto, que tengamos que pensar en el desarrollo de
este contenido o aquél, sino en el desarrollo de lo que Bion describe con
la metáfora del aparato digestivo.
Recuerdo que, junto a la función a (y a su capacidad de transformar
elementos ~ en elementos a, y por lo tanto de llevar al pensamiento
onírico de la vigilia y a los pensamientos), Bion postula la necesidad
de la existencia de un "aparato para pensar los pensamientos", de to-
dos modos no adecuado en la especie humana, aunque necesario sin
embargo para tratar, organizar, usar los pensamientos, una vez que
los mismos se hayan producido. A falta de este aparato, los pen-
samientos se evacuan como si de elementos ~ se tratara.
El "aparato para pensar los pensamientos" está constituido por las
oscilaciones PS ( • D y por la cf'~ . .
La introyección suficiente de este aparato creo que constituye un
punto clave de tal señalación.
Esta introyección, a lo largo del análisis, no pasa por descubrimien-
tos o un mayor saber, sino por la progresiva introyección de las cuali-
dades mentales del analista, de la introyección del método que el
analista usa para tratar emergencias emotivas, pasiones, pensa-
mientos.
108 Antonino Ferro

Es la introyección de esta cualidad, pues, lo que permite la auto-


nomía: naturalmente esto pasa por un largo tránsito gracias al trabajo
sobre los contenidos, pero no debido al valor de su "desvelamiento" o
de su "interpretación", sino debido al progresivo pasaje al otro de esta
función. Es lo que dice Bion en relación con la reverie y la función (X
maternal: cuando entra en función, no sólo hay contenidos emotivos
bonificados o transformados, sino sobre todo la introyección progresiva
. de partes de la misma función e, del aparato PS H D y ded'~ .
El final del análisis se prepara ya en la primera sesión, en el sentido
de que serán precisamente las capacidades mentales del analista,
puestas a prueba día tras día, durante años, las que permitirán la in-
troyección de su "precipitado": a mi modo de ver lo que importa es
cómo funcionó en el campo analítico la mente del analista, qué trans-
formaciones (~ - a) permitió, prescindiendo totalmente de las teorías
interpretativas utilizadas.
Lo básico es hasta qué punto la mente del analista sabe acoger y
transformar en el presente las angustias del paciente. No importa mu-
cho cuánto la misma teoría del analista conciba este mismo hecho:
importa lo que realmente hace el analista desde el punto de vista de
las micro-transformaciones en la sesión, prescindiendo de lo que cree
hacer y del dialecto en que piensa hacerlo.
Este criterio es distinto del criterio más optimista, al fin y al cabo,
y más superyoico, de la estabilización del paciente en D, ahora que,
con Bion, es imposible pensar en anclarse en D, y sí en cambio en una
continua oscilación PS H D: la introyección de la función analítica creo
que puede considerarse como la "enzima" que favorece la reacción
hacia D, y transmite la confianza y la esperanza de que, también en
los momentos de PS más agudo, sea posible una transformación del es-
tado mental hacia D.
Si pensamos que el análisis constituye la sonda (Bion, 1970) que
permite la continua expansión del campo que investiga, no podría ser
de otra forma.

Preve (1994) concilia las posturas de Grinberg (1981) y las de Bianche-


di et al. (1978), al decir que "en definitiva es el analista quien asume
la responsabilidad de las decisiones de separarse y fijar la fecha para
ello, pero éstas son el fruto de una interacción de la pareja".
A los indicadores de procedencia desde el paciente, descritos por
Liberman et al. (1985) como indicadores temporales, de movimiento, de
desarraigo y de "personajes típicos", Preve añade los indicadores de re-
estructuración arquitectónica.
Quisiera insistir sobre la importancia de las capacidades negativas
del analista, entendidas como tolerancia de la duda y del no saber, pa-
Criterios sobre la analizabilidad y el final del análisis l ... ] 109

ra permitir que pueda entrar lo que el texto emotivo nos señala: se me


ocurrió asombrarme al captar que en varios análisis aparecía este se-
ñalamiento particular: un equipo para el mantenimiento de la mente.
Es como si las fuerzas del campo, de repente, empezaran a dar este
tipo de resultante emotiva; aquí también considero estos señaladores
como "agregados funcionales de la pareja", que como tales toman cuer-
po desde las emociones del campo y cuentan a través de los personajes
las transformaciones que han acontecido en el campo: es el espacio del
análisis lo que nos transforma, lo que supone transformaciones del pa-
ciente, del analista y del mismo psicoanálisis.
Este punto se encuentra muy bien subrayado por Riolo (1992) cuan-
do afirma que la eficacia de un análisis se puede medir sólo por las
transformaciones correlativas que ha producido en todos sus compo-
nentes, y que no se da ningún resultado, incluso desde el exclusivo
punto de vista terapéutico, si el paciente a su vez no supo modificar
al análisis y al analista, "informarles" de sí, imponer su propia verdad,
evitando así el riesgo de que sea el analista quien llene con sus pen-
samientos y emociones el vacío que el otro ha dejado.
Tres breves ejemplos clínicos para terminar. El primero y el segundo
afectan el "aparato para pensar", el tercero enseña cómo el paciente
-"el mejor colega"- es capaz de señalar continuamente sus propias ne-
cesidades emotivas.

El peine de Laura

Laura, al final del análisis, sueña que recibe de su padre un bolso con
cosas útiles (peines, cepillos, ruleros, secador de pelo, etc.) para arre-
glarse el pelo cuando estuviera en desorden. Este sueño, junto con los
más evidentes significados introyectivos, me señalaba el largo camino
recorrido por un sueño del comienzo del análisis donde aparecía, con
terror de Laura, una terrible cabeza de Medusa, con serpientes en
lugar de cabellos.

Los enseres domésticos de Juana

Con Juana el problema había sido el de elaborar lo que estaba por


detrás de su exigencia de lucidita 7: todo lo "matto" R que la aterrori-
zaba y que temía pudiese contagiarla. A 10 largo del análisis se equipa

7 En italiano, "brillo" y "lucidez".


, En italiano, "opaco" y "loco".
110 Antonino Ferro

progresivamente para enfrentarse con las emociones más intensas y


violentas que la sacuden.
Todo esto, en cierto punto, "precipita" en la descripción de la reforma
de la casa y de los trabajos que requiere con la definición de espacios
nuevos y separados, y en una descripción puntual del equipo de ama
de casa que tiene a su disposición para la rutina normal y las emer-
gencias: para las inundaciones en casa está la "escoba de Chiavari" !I,
que ni es muy rígida, ni demasiado blanda: es la capacidad relacional
declinada en doble ("escoba" y "Chiavari") que se preocupa de enfren-
tarse con las inundaciones emotivas. Pero están además: la batidora
MINI-PIMER, capaz de batir, homogeneizar y hacer por lo tanto asimi-
lables verduras, carnes, etc. (¿puede haber mejor descripción de la fun-
ción a?); el rollo de papel de cocina SCOTTEX(con el que en el sueño
tapona la herida en el dedo de un niño)... y la bolsa de los enseres de
su marido con la que puede siempre contar.

El "Ciao" y la "pinza" de Gianluca

El análisis con Gianluca es muy largo, y se describió ya en otra ocasión


(Ferro, 1993a, 1992a). Al comienzo era incapaz de dormir y estar
despierto, al ser víctima de evacuaciones alucinatorias. Progresiva-
mente, después de la reconstrucción de un contenedor mental, había-
mos conseguido pasar de éstas a las transformaciones en alucinosis,
y luego a los fotogramas oníricos de la vigilia (Bezoari y Ferro, 1991a,
1994). Finalmente, después del relato acerca de un amigo a quien se
le había hecho una intervención de neurocirugía por la tensión intra-
craneal que le hacía vomitar, y a quien se le había implantado un "tu-
bicino" ("¿Tu vicino?") 10 que permitía descargar el exceso de tensiones
al interior (introyección de un contenedor), empieza a soñar, y a la vez
se pone en marcha un arreglo de sus emociones -que ahora son tran-
sitables- y de su vida.
Los sueños se convierten ya en nuestra principal vía de trabajo.
Aprecia mucho al nuevo mecánico, el señor Morini. Éste cumple con
sus compromisos, repara bien las motos de los muchachos a quienes
quiere. "Tiene un hijo serio, porque un padre calmo y positivo hace
hijos calmos y positivos" ...Gianluca quiere sacar ahora el carné de
conducir ... venir a Pavía sin su papá ... "cerrar las puertas y coger el

!I Chiavari es una pequeña ciudad de Liguria donde se producen escobas especialmente


resistentes y eficaces. La paciente juega con los verbos "scopare" y "chiavare" (los dos
malsonantes) aplicados normalmente en italiano coloquial a la actividad sexual.
1" "Tubicino" en italiano es diminutivo de "tubo", y "tu vicino" significa "tú cerca",
Criterios sobre la analizabilidad y el final del análisis !...l 111

'Ciao' 11 le resulta cada día más fácil"... (así también se simplifican sa-
ludos y rituales de final de sesión).
Advierto una conmoción nueva al oír los proyectos de Gianluca:
quiere abrir una sucursal de la fábrica de muebles artesanales de su
padre, no en competencia con él, sino en otro sitio ... El membrete que
querría darle a su tienda es "Sofá".
Me enseña una foto de cuando tenía tres años, luego otra, de cuando
tenía ocho, y a continuación cuatro fotos de hoy que le sirven para el
carné de conducir: me comunica que sabe conducir bien también en las
carreteras de tres carriles, lo mismo que sabe moverse bien ya en la
relación triangular con sus padres.
Compró una moto "Maratea modelo exportación", no sabe si presen-
tarse a los exámenes para el carné de conducir, pero soñó que su padre
le ponía el "freno" al acelerador para que no se pasara.
Empieza "mi" apuro sobre el final del análisis: ¿es tiempo ya? ¿Está
listo o tengo que ponerle el "freno"?
Todavía un poco atrasado respecto a él, me digo que es pronto to-
davía, y le hablo <diría Meltzer que haciendo propaganda) del "niño
que estará triste cuando me deje". Me enseña las muñecas diciéndome
que son robustas y fuertes. Angustiado por la idea de un fin inmaduro,
y sin conseguir metabolizar en seguida esta angustia, insisto retoman-
do viejos discursos; después de años, vuelve a tener una visión: "veo
una pinza". No puedo dejar de entender: le digo que teme que ahora
sea yo el incapaz de soltarlo, y que quiero agarrarlo más de lo que
necesita.
Empiezo a verlo como un chico que quiere asumir sobre sí la respon-
sabilidad de su propia vida mental, y siento tener que renunciar a la
fantasía de protegerlo, pensando en su lugar, aceptando el que sea un
riesgo soltarlo, y que sin embargo quizá sea un riesgo necesario ... En
cuanto empiezo a pensarlo de este modo me habla por primera vez
de una colección hecha en estos años: tiene "todos los equipos de Big
Jim l<!, el trineo, el camper, la casita, los radiadores ...", todas cosas
compradas en la "Tienda de artículos de caza y pesca"; tiene también
Big Jack y el Terrible Torpedo que da puñetazos, pero el valiente de
Big Jim no tiene miedo. Hacer estas compras le costó mucho ...
Le digo que a lo mejor son las cosas que adquirió en tantos años de
análisis y de trabajo ... No añado más ... pues me parece necesaria dis-
creción de mi parte. A ésta se la premia: le enseñó su Big Jim a David,

11 Nombre de un ciclomotor muy popular entre losjóvenes italianos (en los países hispanos
se comercializa con el nombre de "Vale"), y a la vez la fórmula de saludo más difundida
en italiano, de uso corriente también para despedirse.
12 Muñeco para niños, dotado con varios equipos, e inspirado en un modelo masculino
de fuerza.
112 Antonino Ferro

un amigo, quien se quedó mirando, y quien luego jugó con él, aunque
con mucha atención, sin estropearle nada, como él deseaba ... Así pide
que se establezca una fecha para el final del análisis, fecha que pun-
tualmente respetamos, acompañados por las "notas tristes de campa-
nas muy melancólicas" de un sueño de las últimas sesiones.

Resumen

El autor, conjugando las conceptualizaciones de los Baranger con las de Bion, reflexiona
sobre la decisión de comenzar y terminar el análisis.
Subraya la utilidad del concepto de "capacidad de ponerse en prueba" de la mente
del analista, postulando que se pueden considerar "análisis" todas las situaciones -fre-
cuentemente al límite- en las cuales se activa una función psicoanalítica que dé lugar
a transformaciones significativas.
Señala como índice de fertilidad por la pareja analítica el activarse de un pensamiento
onírico compartible.
Recobrando la distinción de Bion entre modelo y teoría, el autor examina el "campo"
como el lugar de la señal de la imaginabilidad de fin del análisis "no en función de
una teoría que lo prevea sino en función de un modelo que lo permita".
Añade a los diferentes indicadores aquel relativo al desarrollo de "unos aparejos para
la manutención de la mente".

Résumé

DES CRITERES SUR LA POSSIBILITE D'ANALYSE ET LA FIN DE CELLE-CI


DANS UNE THEORIE DE CHAMP

L'auteur tient compte des conceptualisations des Baranger et de celles de Bion pour
réfléchir a la décision de commencer et de terminer une analyse.
Il souligne I'utilité du concept "capacité de se soumettre a I'épreuve" concernant l'esprit
de l'analyste et il affirme que I'on peut considérer comme des "analyses" toutes les
situations -tres souvent limites- OU l'on active une fonction psychanalytique qui provoque
des transformations significatives.
L'auteurtrouve comme signal de fertilité du couple analytique la possibilité d'activation
d'une pensée onirique partagée par l'analyste et I'analysant.
L'auteur reprend la distinction faite par Bion entre le modele et la théorie et il étudie
le "champ" comme le lieu OU se produit le signal pour imaginer la fin de l'analyse "non
pas en fonction d'une théorie qui la prévoie mais, en fonction d'un modele qui la permette."
Aux différentes indicateurs, I'auteur ajoute celui qui concerne la mise en place de
"quelques outillages pour le maintien de l'esprit.
Criterios sobre la analizabilidad y el final del análisis 1... 1 113

Summary

CRITERIA OF ANALYZABILl1Y AND OF THE END OF ANALYSIS IN THE


PERSPECTIVE OF A F/ELD THEORY

The author articulates the conceptualizations ofthe Barangers with those ofBion, using
them to reflect on decisions to begin and end an analysis.
He underscores the usefulness ofthe concept of"the capacity for taking risks" ofthe
analyst's mind, and postulates that al1 those situations - frequently at the limit - in
which a psychoanalytic function is activated, leading to meaningful transfonnations,
can be considered "analysis".
He considers that the activation of shareable dream thought is an indicator of the
fertility of the analytic dyad.
Taking up Bion's distinction between model and theory, the author defines the "field"
as the place that signals the imaginability of the end of analysis "not in function of
a theory that foresees it, but in function of a model that enables it." To the various
indicators he adds one referring to the development of "devices for the maintenance
of the mind".

Resumo

CRlTÉRIOS SOBRE A ANALlSABILIDADE E O FIM DA ANÁLlSE


DENTRO DE UMA TEORlA DE CAMPO

o autor, conjugando as conceituaeóes dos Baranger com as de Bion, reflete sobre a decisáo
de comecar e finalizar a análise.
Sublinha a utilidade do conceito de "capacidadede se por a prova" da mente do analistas,
postulando que podem ser consideradas de "análises" todas aquel as situaeóes -freqüente-
mente no limite- nas quais é ativada uma fun~iio psicanalítica que gere transformaeóes
significativas.
Assinala, como índice de fertilidade no casal analítico, o fato de se ativar um pen-
samento onírico compartilhado.
Recuperando a diferenca de Bion entre modelo e teoria, o autor analisa o "campo"
como o lugar do sinal de imaginabilidade do tim da análise, "nao em funcáo de urna
teoria que pOSSR preve-lo, mas em fun~io de um modelo que o torne possível".
Acrescenta aos diferentes indicadores, o referido ao desenvolvimento de "uns aparelhos
para a manutencáo da mente".

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