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La Realidad y El Conocimiento en Kant

Kant cree que los juicios sintéticos a priori solo son posibles si el sujeto interviene en la constitución del mundo objetivo. Según Kant, el espacio y el tiempo son formas de la sensibilidad que el sujeto proyecta sobre los datos, y las categorías son conceptos puros del entendimiento necesarios para la experiencia. Kant concluye que la metafísica tradicional realiza un uso ilegítimo de las categorías y debe ser abandonada.

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La Realidad y El Conocimiento en Kant

Kant cree que los juicios sintéticos a priori solo son posibles si el sujeto interviene en la constitución del mundo objetivo. Según Kant, el espacio y el tiempo son formas de la sensibilidad que el sujeto proyecta sobre los datos, y las categorías son conceptos puros del entendimiento necesarios para la experiencia. Kant concluye que la metafísica tradicional realiza un uso ilegítimo de las categorías y debe ser abandonada.

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LA REALIDAD Y EL CONOCIMIENTO EN KANT

Para Kant, la primera pregunta que debe responder la filosofía es: ¿Qué podemos conocer? Su
respuesta a esta cuestión se encuentra en su Crítica de la razón pura (1781). En ella, Kant cree
descubrir una laguna importante en la teoría del conocimiento de racionalistas y empiristas.
Ambos dividen nuestros conocimientos en juicios analíticos a priori (relaciones de ideas,
verdades de razón) y juicios sintéticos a posteriori (cuestiones de hecho, verdades de hecho).
Pero esa división, según Kant, pasa por alto que tanto los juicios matemáticos (7+5=12) como
los principios de la ciencia natural (“Todo lo que sucede tiene una causa”) son verdaderos con
independencia de la experiencia (es decir, a priori) sin que lo que se predica del sujeto esté
contenido en este (con lo cual son sintéticos). Así, la explicación de todos esos conocimientos
científicos exige aclarar las condiciones de posibilidad de los juicios sintéticos a priori.

Según Kant, el estudio de los juicios sintéticos a priori supone una revolución copernicana en
el problema del conocimiento. Hasta ahora, se ha supuesto que los objetos existen con
independencia del sujeto que los conoce. Y se ha intentado explicar el conocimiento como
adecuación del sujeto a su objeto. Pero los juicios sintéticos a priori solo son comprensibles si
se acepta que el propio sujeto interviene en la constitución del mundo objetivo. Por ello, Kant
se propone aclarar cuáles son las condiciones subjetivas (a priori) del juicio sintético a priori en
nuestras facultades cognoscitivas: sensibilidad, entendimiento y razón. Este tipo de
investigación se denomina “investigación transcendental”.

Las condiciones subjetivas a priori del conocimiento en el ámbito de la sensibilidad se estudian


en la Estética Transcendental. Su resultado fundamental es que, en nuestro conocimiento
sensible, solo los datos de sensación (colores, sonidos, etc.) tienen un origen trascendente
(cosa en sí). Por el contrario, tanto el espacio (sentido externo) como el tiempo (sentido
interno) son formas de la sensibilidad, intuiciones puras que el sujeto proyecta sobre los datos
de sensación. Según Kant, es precisamente la condición de espacio y tiempo como intuiciones
puras lo que hace posible la matemática.

El estudio de las condiciones a priori del conocimiento en el ámbito del entendimiento se


realiza en la Analítica Transcendental. El entendimiento es la facultad que nos permite: (a)
sintetizar intuiciones en conceptos y (b) sintetizar conceptos en juicios. Todos los juicios
constan de materia (los conceptos unidos en el juicio) y forma (el modo de la unión o síntesis).
Como la función del entendimiento es realizar la síntesis, los conceptos puros deben deducirse
de la forma del juicio. Según Kant, la forma del juicio contiene cuatro elementos: cantidad
(juicios universales, particulares e individuales); cualidad (juicios afirmativos, negativos e
ilimitados); relación (juicios categóricos, hipotéticos y disyuntivos); modalidad (juicios
problemáticos, asertóricos y apodícticos). A cada uno de estos tipos de juicio corresponde un
concepto puro (categoría): unidad, pluralidad, totalidad, realidad, negación, limitación,
substancia-accidente, causa-efecto, comunidad, posibilidad, existencia y necesidad. La
existencia de principios a priori basados en estas categorías es la condición de posibilidad de la
ciencia natural.

Así, la filosofía kantiana nos obliga a entender el mundo objetivo (mundo de los fenómenos),
como resultado de una construcción, en la que una realidad trascendente (llamada por Kant
cosa en sí o noúmeno) aporta unos datos de sensación, sobre los que el sujeto proyecta el
espacio y el tiempo y las categorías. En la elaboración de este mundo intervienen a la vez el
entendimiento y la sensibilidad: la sensibilidad sin el entendimiento es ciega; el
entendimiento sin la sensibilidad, vacío.

La tercera facultad es la razón, estudiada en la Dialéctica Transcendental. La razón tiene como


principal objetivo ordenar y sistematizar nuestros conocimientos. En su afán totalizador, la
razón postula tres Ideas: Alma (como principio que engloba toda la experiencia interna),
Mundo (como principio de toda la experiencia externa) y Dios (como principio unificador de
esos dos ámbitos). Todo ser racional concibe esas Ideas, que tienen así un uso regulativo, es
decir, sirven para organizar la experiencia. Pero el ser humano aspira a algo más: aspira a
poseer auténticos conocimientos sobre esas Ideas, desarrollando teorías en torno al alma, el
mundo y Dios. La disciplina que pretende estudiar todo esto se denomina metafísica, y se
divide en tres partes: psicología racional (estudio filosófico del alma); cosmología racional
(estudio filosófico del mundo) y teología racional (estudio filosófico de Dios). Sin embargo,
Kant considera que la metafísica es imposible. Al emitir juicios acerca del alma, el mundo o
Dios hacemos algo ilícito: proyectar las categorías sobre objetos de los que no hay
experiencia posible ni, por tanto, datos de la sensibilidad. Y esto supone un uso ilegítimo de
las categorías, que da lugar a todo tipo de errores. En su obra, Kant demuestra que ninguno de
los argumentos que la metafísica ha elaborado para demostrar la existencia del alma o Dios, o
para conocer la estructura del cosmos, es correcto.

Con ello, la filosofía kantiana termina trazando límites infranqueables al conocimiento


humano. La matemática y la ciencia natural son posibles porque se basan en principios
sintéticos a priori. La metafísica, en cambio, debe ser abandonada, porque realiza un uso
ilegítimo de las categorías, aplicadas a Ideas de la razón.

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