8.1. La crisis de la Restauración: intentos regeneradores y oposición al régimen.
Desde 1902 (adelanto de mayoría de edad de Alfonso XIII) hasta 1923 (dictadura Primo de
Rivera), la Restauración se deterioró debido a la crisis de los partidos dinásticos divididos tras
las muertes de Cánovas y Sagasta (luego se impusieron Antonio Maura y Eduardo Dato en el
Partido Conservador y Canalejas y Romanones en el Partido Liberal), frecuentes cambios de
Gobierno por el entrometimiento de Alfonso XIII en la política que provocaron inestabilidad, el
fracaso del Regeneracionismo ya que los proyectos no dieron resultados, la intromisión del
Ejército en asuntos políticos que mostró su capacidad de presión con la aprobación de la Ley
de Jurisdicciones (1906), las Juntas de Defensa (1917) y el golpe de Estado de Miguel Primo de
Rivera (1923) que acabó con la Restauración, desastres militares en la guerra de Marruecos
(1909 y 1921) y la fuerte conflictividad política y social por la falta de integración en el sistema
de fuerzas de oposición.
Maura protagonizó el primer proyecto regeneracionista “la revolución desde arriba” para
evitar la rebelión “desde abajo” de las masas mediante medidas de diverso carácter: social,
aprobación de la Ley del Descanso Dominical, creación del Instituto Nacional de Previsión y
reconocimiento del derecho de huelga; y político, aprobación de la Ley Electoral de 1907 para
acabar con el caciquismo y la Ley de Administración Local para facilitar acuerdos con el
nacionalismo moderado concediendo más autonomía a Ayuntamientos y Diputaciones. Este
proyecto fracasó por la Semana Trágica de Barcelona (1909) desencadenada por el envío de
reservistas a Marruecos. Los sindicatos convocaron en Barcelona una huelga general para
evitar su embarque que desembocó en una revuelta antimilitar y anticlerical. Maura declaró el
estado de guerra y sofocó militarmente la rebelión. En consecuencia, además de las protestas,
Maura dimitió y se reorganizó el movimiento obrero (CNT). Canalejas ascendió a la
presidencia. Su programa regeneracionista buscó integrar el catalanismo y el movimiento
obrero en el sistema y reducir la influencia de la Iglesia descentralizando la administración con
la creación del proyecto de la Mancomunidad de Cataluña, suprimiendo el impuesto de
consumos, reformando el Ejército estableciendo el reclutamiento obligatorio (sistema de
quintas) aunque manteniendo los soldados de cuota y creó los regulares (y desde 1920 La
Legión) para reducir el envío de españoles a Marruecos, prohibiendo la instalación de nuevas
órdenes religiosas en España sin autorización del Gobierno (Ley del Candado) y restableciendo
el matrimonio civil. El asesinato de Canalejas (1912) por un anarquista frustró el éxito de sus
reformas.
En cuanto a la oposición: El programa republicano se basaba en el laicismo, ampliación de
derechos, reforma social y fe en el progreso a través de la educación. Tuvo gran influencia en
los sectores de clase media y trabajadores cualificados, pero su peso político fue pequeño por
la división de los republicanos (unitarios y federalistas). Lerroux fundó el Partido Republicano
Radical. Era populista, anticlerical y anticatalanista pero evolucionó a posiciones moderadas
tras ser acusado de quemar iglesias en la Semana Trágica. El Partido Reformista (Melquiades
Álvarez) fue más moderado, admitiendo la monarquía si se comprometía con la democracia;
los nacionalismos periféricos adquirieron mayor protagonismo político y social tras el desastre
del 98. En 1901 las formaciones catalanistas se unieron a la Lliga Regionalista, partido liberal
conservador que hegemonizó la defensa del movimiento autonomista hasta la fundación de
Estat Català (Francesc Macià) de izquierdas. La Lliga reivindicó el autogobierno, la defensa del
catalán y el aumento de la influencia de Cataluña en la política nacional, tuvo un gran
crecimiento a partir de 1906 al capitalizar la protesta civil que siguió al asalto militar de la
revista Cu-Cut y la Ley de Jurisdicciones. El Partido Nacionalista Vasco (PNV) lideró el
nacionalismo vasco. Tras la muerte de su fundador (Sabino Arana), el PNV evolucionó hacia el
autonomismo, ampliando su apoyo social y territorial. En 1903 consiguió su primer escaño. El
regionalismo gallego y el andalucismo tuvieron menos peso político; el obrerismo español
estuvo dividido entre socialistas y anarquistas enfrentados por liderar el movimiento. Los
socialistas se agrupaban en torno al PSOE y el sindicato UGT. Su implantación fue pequeña,
debido al radicalismo y la fuerza del anarquismo, menos en Madrid, Asturias y Vizcaya. El PSOE
promovió una alianza electoral con los republicanos, con la que consiguió su primer diputado,
Pablo Iglesias, y aumentó su peso político. El fracaso de la huelga de 1917 hizo girar al PSOE
hacia posiciones reformistas. En 1921 se fundó el Partido Comunista de España (PCE), de
escaso arraigo hasta la Guerra Civil. El anarquismo contó con una gran fuerza en Cataluña y
Andalucía pese a su división en grupos de acción directa, mantuvieron la estrategia de la
violencia contra las élites políticas, y el anarcosindicalismo, tras la disolución de la FTRE se
reorganizó en sindicatos regionales como la barcelonesa Solidaria Obrera, hasta que en 1910
se fundó la CNT. El anarcosindicalismo fue perseguido por su participación en las huelgas
generales de 1909 y 1917 y el aumento de la conflictividad de posguerra en Barcelona
(pistolerismo) y Andalucía (Trienio Bolchevique).
8.2: El impacto de acontecimientos internacionales: Marruecos, la Primera Guerra
Mundial y la Revolución rusa:
Las potencias europeas reunidas en la Conferencia Internacional de Algeciras (1906) dividieron
Marruecos en la zona española al norte y la francesa al sur.
España perseguía dos objetivos con la colonización de Marruecos: asegurar la posesión de
Ceuta y Melilla y recuperar el prestigio de la Corona y el Ejército tras el desastre del 98. El
Marruecos español, siendo más pobre que el francés, destacó por la rebeldía de sus
habitantes, organizados en las tribus cabilas.
La guerra de Melilla (1909) se produjo tras el ataque de cabileños rebeldes a las explotaciones
mineras españolas, que terminó con su victoria en el Barranco del Lobo. La derrota obligó al
Gobierno de Maura a reclutar reservistas, cuyo embarque provocó los acontecimientos de la
Semana Trágica de Barcelona.
En 1912, el sultán marroquí admitió la formación de un protectorado franco-español. Esto
provocó un aumento de la resistencia local contra la presencia española, que mostró la
incapacidad del Ejército para ocupar de forma efectiva la región del Rif.
En 1921 el general Silvestre planificó una ofensiva a los rifeños que acabó con una derrota,
conocida como desastre de Annual (13000 muertos). Esto provocó la indignación de la opinión
pública y un aumento de impopularidad de la presencia española en Marruecos. Tras la
presión de la oposición, las Cortes formaron una comisión investigadora que inició el
Expediente Picasso. Bajo la dictadura de Miguel Primo de Rivera y con la presión del Ejército,
se restableció el control español del Rif tras el desembarco de Alhucemas (1925).
España se declaró neutral en la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Sin embargo, partidos
políticos, intelectuales y opinión pública se dividieron en germanófilos (conservadores) y
aliadófilos (liberales e izquierdas), y sus posiciones se reflejaron en enfrentamientos en la
prensa de la época. La neutralidad impulsó la economía española: el aumento de la demanda
de los países en guerra favoreció las exportaciones, y con ello el desarrollo de la agricultura y la
producción industrial. Mientras los beneficios empresariales crecían, los trabajadores perdían
poder adquisitivo por la inflación, ya que gran parte de la producción fue dirigida a los países
combatientes, donde alcanzaban precios muy elevados por la guerra. El malestar popular
acentuó la crisis social que vivía el país en 1917. El descontento se mantuvo al finalizar la
guerra por el cierre de fábricas y minas, aumentando el paro y la conflictividad.
La decadencia de los partidos dinásticos se acentuó tras el asesinato de Canalejas, pues ni Dato
ni Romanones proporcionaron las reformas necesarias para frenar la descomposición del
sistema. La situación fue grave en 1917, cuando se desencadenó un triple conflicto que podría
haber puesto fin a la Restauración si hubiesen coincidido sus objetivos:
Crisis militar: en 1916 se crearon las Juntas de Defensa, que reclamaban mejoras salariales y
rechazaban tanto la política de ascensos por méritos de guerra como la propuesta de reforma
militar que reducía el número de oficiales y ponía fin al sistema de promoción de escala
cerrada. Alfonso XIII, ante la presión militar, tuvo que reemplazar el Gobierno liberal por uno
conservador (Eduardo Dato). La crisis reflejó el entrometimiento de la Corona en los
Gobiernos, la capacidad de coacción del estamento militar sobre el civil y el desacuerdo entre
militares peninsulares y africanistas; crisis política: Cambó (LLiga Regionalista) solicitó al
Gobierno la convocatoria de las Cortes para reformar la Constitución de 1876 por la falta de
representatividad del turnismo. Ante la negativa de Dato, el presidente, Cambó convocó en
Barcelona la Asamblea de parlamentarios que reunió a nacionalistas, republicanos y socialistas.
Esta pide un cambio de Gobierno y de Cortes para establecer una democracia descentralizada.
La asamblea dejó huella pese a ser disuelta por la Guardia Civil; crisis social: ante el deterioro
de las condiciones de vida por la Primera Guerra Mundial, la UGT y CNT convocan una huelga
general para reivindicar mejoras laborales y políticas. Tras la crisis militar, Dato contó con la
ayuda del Ejército (fracaso de la huelga) y desató una represión (encarcelaron a líderes
sindicalistas como Largo Caballero).
Aunque la Restauración sobrevivió a la crisis de 1917, la crisis tras la Primera Guerra Mundial y
las expectativas revolucionarias de la Revolución soviética deterioraron el sistema. Se
construyeron Gobiernos de concentración (conservadores, liberales y LLiga Regionalista) para
hacer frente a las huelgas y la sindicación. Los Gobiernos aprobaron leyes de contenido social
como la jornada laboral de 8 horas, pero estas medidas no impidieron la confrontación.
Durante el Trienio Bolchevique (1918-1920), se produjeron las mayores tensiones en el campo
andaluz, protagonizado por reivindicaciones de jornaleros, así como en el sector industrial
catalán. En Barcelona el Gobierno impulsó el pistolerismo a través de los sindicatos amarillos y
la Ley de Fugas, para neutralizar el movimiento huelguístico. Esto supuso el asesinato de
obreros, empresarios y políticos (Eduardo Dato).
Finalmente, Primo de Rivera aprovechó la desastrosa situación del país (descrédito de
partidos, desastre de Annual…) para justificar el golpe de Estado de septiembre de 1923, que
liquidó la Restauración.
8.3. La Dictadura de Primo de Rivera y el final del reinado de Alfonso XIII.
La crisis de la Restauración se aceleró por varios factores que explican el golpe de Estado de
Primo de Rivera (septiembre, 1923): La inestabilidad política debido a los Gobiernos de
concentración fallidos, la división de los partidos y al auge de la oposición; la conflictividad
social tras la Primera Guerra Mundial y la Revolución soviética; y los desastres militares en
Marruecos, rechazo de la guerra por parte de algunos sectores y el descontento del Ejército
por el Expediente Picasso.
Este golpe de Estado fue un intento regeneracionista de solucionar los problemas del país
mediante una dictadura temporal. Este contó con el apoyo del Ejército, la burguesía
(destacando la catalana), la pasividad del Gobierno y organizaciones sociales. Alfonso XIII fue
partícipe de la dictadura al aceptar el golpe de Estado y encargar la formación de un nuevo
Gobierno a Primo de Rivera. Su dictadura se divide en dos etapas según la composición del
Ejecutivo:
El Directorio Militar (1923-1925), estaba compuesto únicamente por militares, quienes
erradicaron la Restauración. Su autoritarismo se vio reflejado en sus medidas como el cierre
del Parlamento, la suspensión de la Constitución de 1876, censura de prensa, centralización y
represión del catalanismo. En sus primeros años, Primo de Rivera consiguió apoyo por: el
restablecimiento del orden público al ilegalizar las organizaciones anarquistas (CNT) y prohibir
las huelgas; y por la victoria de Marruecos en la que Primo de Rivera tenía la intención de
abandonar el Protectorado debido a los gastos, pero los ataques desde el Rif (Abd el-Krim)
incentivaron a Primo de Rivera a cambiar de opinión acordándose una acción militar conjunta.
El desembarco de Alhucemas (1925) permitió recuperar los territorios perdidos en el desastre
de Annual y pacificar el Protectorado. Además, dejó la defensa de Marruecos a legionarios
para evitar el envío de tropas.
El Directorio Civil (1925-1930), Primo de Rivera para prolongar su poder constituyó un nuevo
Gobierno formado por civiles (José Sotelo, ministro de Hacienda). Este directorio persiguió
tres objetivos: La paz social, para resolver conflictos laborales se crearon comités paritarios de
patronos y trabajadores. Primo de Rivera intentó atraer a líderes sindicales como Largo
Caballero (UGT) manteniendo la persecución a anarquistas y comunistas; prosperidad
económica, ya que la dictadura impuso una economía intervencionista basada en el
proteccionismo arancelario, monopolios estatales de sectores estratégicos y construcción de
infraestructuras. No obstante, las medidas generaron un aumento de la deuda pública que
devaluó la peseta para favorecer las exportaciones; institucionalización del régimen, en el que
se creó un nuevo partido (Unión Patriótica) y nuevo parlamento (Asamblea Nacional
Consultiva, compuesta por miembros de la Unión Patriótica y funcionarios), encargados de
elaborar una constitución para prolongar la dictadura. Esto fracasó debido a que la Unión
Patriótica no fue un partido de masas y el rechazo de la Asamblea Nacional hacia el PSOE.
La crisis de la dictadura comenzó a partir de 1928 debido a la reorganización de la oposición,
en la que conservadores y liberales exigieron elecciones y reimplantar la Constitución de 1876.
A su vez el catalanismo presionó a la política centralista y los partidos republicanos formaron
Alianza Republicana (apoyada por intelectuales); al aumento de movilización obrera, por la
conflictividad causada por la crisis, las fuerzas del anarquismo (reorganización CNT y fundación
de la FAI), y el fin de la colaboración de la UGT con el régimen; a la división en el Ejército, en la
que la supresión de la escala cerrada supuso intentos golpistas como la Sanjuanada; y la
revuelta universitaria, causada por el rechazo estudiantil ante los títulos de colegios religiosos.
El final del reinado de Alfonso XIII comenzó con la forzada dimisión de Primo de Rivera por
parte del rey debido a la pérdida de apoyos en enero de 1930. El rey nombró presidente a
Dámaso Berenguer con un Gobierno conocido como Dictablanda, del que destaca el fracaso al
volver al sistema de la Restauración debido a la conflictividad laboral y movilización de
partidos republicanos. La oposición antimonárquica firmó el Pacto de San Sebastián
(republicanos, nacionalistas, PSOE). Se creó un Comité Revolucionario presidido por Alcalá
Zamora proclamando la República mediante un pronunciamiento militar reforzado por una
huelga general. La CNT apoyó, pero no se unió al pacto. Además, ni la huelga ni el
pronunciamiento favorecieron a la República, ya que encarcelaron a miembros del Comité
Revolucionario.
Pese al fracaso anterior, un grupo de intelectuales en los que destacaba Ortega y Gasset,
seguían apoyando a la República mediante la publicación de artículos (El error Berenguer),
creando así la Asociación al servicio de la República. Berenguer fue sustituido por Aznar como
jefe de Gobierno en febrero de 1931 y convocó elecciones municipales para abril, en las que la
República salió victoriosa proclamando el 14 de abril de 1931 la Segunda República. Esto
provocó el exilio de Alfonso XIII hacia Italia, poniendo fin a su reinado.