A MODO DE INTRODUCCIÓN
CONTRASTES PRINCIPALES ENTRE LOS SUBTIPOS
DEL E3: CONSERVACIÓN, SEXUAL Y SOCIAL
Como en el caso de otros caracteres, la Vanidad adopta formas
muy diversas en sus distintos subtipos, y hemos querido iniciar
el presente volumen con una descripción de sus contrastes. Es
esta pasión una preocupación apasionada por la propia imagen
o una pasión de vivir para los ojos de los demás, un vivir para las
apariencias que quita el foco de interés de la experiencia propia
y lo pone en la anticipación o fantasía de la experiencia de otro.
Así, entre sus diferentes subtipos, es el Ez social el que mejor
encaja con esta descripción de la personalidad vanidosa. Repre-
senta la búsqueda del prestigio y la fama, y entre los tres subtipos
es el más explícitamente mercantilista. Quiere ser alguien impor-
tante, muy reconocido públicamente, y utiliza a destajo los valo-
res aceptados, ya sea en el vestir, su apariencia física o los discur-
sos que son atracciones del momento.
La vanidad social es así la más vistosa, resulta más visible que
en los otros subtipos. Es una vanidad frente al mundo. Le resulta
muy importante ser visto ante muchos ojos. Le llena ser recono-
cido por grupos, a modo de un actor que necesita el aplauso
constante como alimento narcisista. El Ez social desea ser reco-
I5
Contrastes principales entre los subtipos del E3
El Ez sexual es el más tímido, frágil e inseguro, No se presen-
ca tanto en el mundo como el social, se esconde un poco y cuan-
do se manifiesta es porque siente la seguridad de que el grupo le
ya a aceptar y a acoger, Va paseando su imagen por las pasarelas
de la vida para ser mirado. Ante una situación grupal nueva, el
subtipo sexual es cauteloso, y observa primero (el Ez social sucle
entrar más dinámicamente, sin observar tanto, de un modo más
arrollador). Busca más la intimidad que el Ez social y también la
vende, poniendo más energía en la relación con el sexo opuesto
mientras le interesa menos el grupo grande, que para el Encatipo
3 social sí es importante.
El E3 conservación es, por último, la «antivanidad». La suya
es una contrapasión: tiene la vanidad muy oculta. Aunque su
imagen le importa, quiere aparentar lo contrario. Es discreto; su
vanidad está en no parecer vanidoso; esa es la imagen que vende.
No quiere aparecer con la vanidad más conocida de la persona
que se viste bien, se cuida físicamente o pueda ser vista como
fútil. Evita la vanidad aparente, que entiende como cosa de per-
sonas poco confiables y tontas. En un grupo más bien se pone
como ayudante o solucionador de problemas.
La vanidad oculta de los E3 conservación hace que, en los
cursos de Introducción a la Psicología de los Eneatipos del Pro-
grama SAT, muchos de ellos no se identifiquen con la actitud
más protagónica del Ez social, que puede llegar a ser bastante
llamativo y exhibicionista, acercándose al Ez sexual; sin caer, eso
sí, en el exceso histriónico: se disfrazan de «extravagantes elegan-
tes», de «chic étnico» si llega el caso, pero sin terminar de perder el
control ni «descocarse» como los Doses sexuales.
Si el carácter Ez social ofrece esta imagen gloriosa y brillante;
el conservacional vende un estar a disposición, una posición más
servicial; por eso no parece vanidoso. Es el subtipo que menos E3
17
er.
Psicología de los eneatipos
ion: y | »one mucho afán en hacer
R
parece, porque es s bienintencionado
bieni
las cosas bien y ser una buena persona.
En el hacer y en
La vanidad del Ez conservación está puesta
no hay pro-
los resultados que produce. Su lema podría ser que
blema sin solución. El hacer es constante, la agenda no termina
nunca. El pensamiento de fondo es que si la agenda termina, «yo
no existo». Es una persona constantemente ocupada con algo,
No es capaz de parar, de estar sola sin algo que le ataree la mente
y las manos. No hay entonces contacto consigo mismo: «Mi ser
es el hacer». He ahí una fuente de sufrimiento, porque realmente
quiere ser reconocido por sí mismo... solo que en realidad no hay
un sí mismo. Hay lo que hace. Está para los demás pero él no
está, no existe. No es extraño que le cueste contactar con el pla-
cer: «¡Hay tanto que hacer antes!»
Mientras el Ez conservación utiliza el hacer para el reconoci-
miento (que entiende como prueba de amor), y el E3 social está
identificado con su tarea o trabajo, el E3 sexual se focaliza en su
encanto o envoltura; usa su belleza física y el atractivo y la intimi-
dad sexual para obtener éxito, aunque lo que de verdad quiere es
el contacto afectivo, cosa que no muestra.
Mientras que las mujeres E3 sexuales se identifican con una
imagen ideal de feminidad, y los hombres, de masculinidad, los
E3 conservacionales asumen un papel de hijo adulto y las Ez so-
ciales muchas veces se identifican con roles sociales masculinos
(gerente).
Los E3 sexuales no ponen tampoco tanta energía en las masas
como los Ez sociales. Carecen del don de palabra y a veces les
cuesta expresar lo que sienten. Si los Ez sociales llegan a tener
mucha «abia» y una respuesta para todo, muchos Ez sexuales se
quedan «en blanco» y les cuesta mostrarse; no tienen sentido de
su propio valor. Lo físico (los movimientos sensuales, el modo de
18
Contrastes principales entre
los subtipos del E3
socar, las miradas) suplanta, eso
sí, la falta de re cursos verbal
es.
Veilizan su imagen y su sexualidad para conseg uir
maquillan | lo que no les gust| a lo que sea y
de sí mismos p: ara agradar.
quienes más en Son
contacto están con el miedo. Bu
scan el contacto
Las mujeres aparecen como las niñas eternas. Todos entregan
sexo para recibir amor.
El Ez sexual, aunque pueda ser eficiente y persona de logros
como los otros dos subtipos, es en la pareja donde pone más
energía. Es alguien muy volcado en el otro, donde puede perder-
se, olvidándose del mundo del trabajo y de sí mismo.
Acusa, como decíamos, una falta de valor y busca sentirse
valorado y reconocido a base de percibirse atrayente: esa es la pa-
labra que describe la pasión en este subtipo: «atractividad» o «sex
appeal». Y atrae desde el cuerpo y la energía sensual; cultiva pues
la belleza física como móvil. El interés de la vida y la energía están
en atraer y gustar. Esconde sus defectos maquillando constante-
mente tanto el aspecto físico como las emociones, y al final se
pierde y no sabe lo que siente. |
Es el que gasta más energía en mantener la imagen idealizada
que guste al otro; dar la imagen deseable es su objetivo. Es cama-
leónico y, con tal de gustar, se convierte en cualquier cosa, en la
encarnación de lo que el otro quiera, en un ser para el otro donde
puede incluso llegar a ser agredido o abusado sin darse cuenta,
pues escinde el personaje que juega de sí mismo y no ve lo que
hace. Se pone coqueto y glamuroso, y es superficial. Tras su más-
cara bonita, y muchas veces estereotipada, como de plástico (que
1 ojos de los demás resulta ridícula, pero que el E3 sexual cree que
es lo que atrae), es el subtipo que más puede contactar con un
vacío interior profundo.
En seducción se compara con el E2, con la diferencia de que
Este no necesita transformarse para complacer y, mientras que la
Psicología de los eneatipos
seducción del Ez sexual está puesta en la imagen ideal, la del E,
está más vehiculada por el placer del contacto erótico y sexual, E]
Ex sexual envía mensajes eróticos solo para atraer; no está dis-
puesto a dar lo que promete. Quiere ser deseado pero que no le
toquen, porque se valida en el deseo del otro. Distingue el sexo
del amor, y en el sexo está preocupado por lo que le gusta y le
apetece al otro, y por hacerlo bien.
En su aspecto, los Ez de conservación parecen más clásicos y
discretos que los E3 sociales: pueden ser igual de vanidosos pero
no quieren que se note que les importa tanto su apariencia.
De todos los Ez, el social es el más camaleonico. Se viste y
actúa según lo que se espera de él y acorde con la moda del mo-
mento. Le gusta vestirse, las joyas y el maquillaje, aparecer como
un personaje bello, brillante. Su armario guarda todo tipo de
ropa, adecuada para ambientes diferentes. Puede ser pijo, intere-
sado en tener lo último y las mejores marcas (le gusta comprar lo
más caro), o en estar al tanto de lo último de su campo de conoci-
miento. Tiene los valores que el otro compra (vende la propia
personalidad).
Al Ez social lo que le apasiona es brillar y se va sacando brillo:
tiene talentos y los usa a tal fin. Es el más mentiroso de los tres y un
buscador descarado de público, fama y admiración. Le gusta con-
quistar personas, aplausos, reconocimiento, lugares... y en esta bús-
queda se va perdiendo. El brillo es un deseo de llamar la atención.
Sabe presentarse, tiene encanto y modales, tiene todos los
accesorios. Es eficaz, enérgico y lanzado. Se mueve con elegancia
y facilidad, como una persona «de mundo».
Siempre está de buen humor y es más alegre y dicharachero
que el E3 conservación, que es más duro y enojado, y más rígido,
mientras que el Ez social puede ser bastante intuitivo y empático.
En cuanto al Ez sexual, aunque sea más tímido y vergonzoso
20
P»”
Contrastes Principales entre los subtipos del E3
que el Ez social, no se queda en la oscuridad, Si bien lo más im
portante p ara él es atraer, > tambié :
también necesita ser visto, pero recono-
cer que quiere que le vean es un tabú para él.
El E3 conservación también es tímido pero por
motivos dife-
rentes. Si el E3 sexual lo es por miedo a mostrar que es demasiado
hueco por dénto, que no vale mucho, en el E3 conservación la
timidez, aun teniendo igualmente su origen en la inseguridad, está
vinculada al control. Cuando no conoce el ambiente, la necesidad
de reconocimiento le lleva a no mostrarse: uno se muestra cuando
tiene la certeza de que va a ser aceptado.
El E3 de conservación se controla y controla. No soporta el
caos. Es detallista: está en todo (colocando las zapatillas que en-
cuentra por los pasillos...), atendiendo a las necesidades de los
demás. Se acuerda de todos los detallitos: cumpleaños, lo que
dijo tal persona en tal ocasión...
Mientras que el Ez sexual es bastante inseguro, para el Ez
conservación es muy importante tener las cosas muy claras; no se
permite nunca estar inseguro. Y ha armado muy bien su vida para
ello; es como si vendiera seguridad, da la imagen de tener mucha y
es un solucionalotodo; en este sentido se parece más al Eg. Es «ma-
nitas» y arregla las cosas; es apañado. Parte en cualquier situación
de que ha de tener respuestas para todo... y si no las tiene, las fa-
brica. Su mente funciona muy rápido y en general su memoria es
prodigiosa y colecciona información de todo tipo para utilizarla
en el momento oportuno. Aprendió a tener habilidades que ayu-
den a los demás y a estar en lugares donde es necesitado. Tiende a
solucionarle la vida a gente que acaba de conocer.
La palabra clave del E3 conservación, «seguridad», puede
pensarse a veces como una búsqueda de seguridad compulsiva en
todos los sentidos, principalmente en lo conservacional. Pero en
realidad esta persona define su vida partiendo ya de una posición
21
Psicología de los eneatipos
de dub pá
de seguridad, en donde la vida básica ya e
a € d Ao
de vivir es tomar siempre en cuenta que 00
“ando esa situación de partida. Tener siempre, por
guir garantizan s cauto a la hora de gastar), una
ejemplo, dinero sulicienteiiqueesa
onar
ñ y L la Capa cidad de solucie:
rio
casa esta ble con tod o lo nec
pedir ningún
dificultades o problemas cotidianos sin tener que
tipo de ayuda (o buscar ayuda competente cuando sea necesario);
adelantarse en prever atascos y solucionarlos inmediatamente,
etc. Con respecto a los otros subtipos, es el más autónomo y es-
toico; tanto que a veces se puede confundir e9p un Es ic
ción por el perfeccionismo y la carga de trabajo que AS pue
renciándose de este por la sonrisa automática y una energía más
liviana. Mientras que el E3 conservación es un apasionado de
poderlo todo por sus esfuerzos, el E3 sexual aspira a una pareja
que le pueda asegurar la supervivencia que siente no poder lograr
con sus propios recursos; mientras que el E3 social cree que se
puede ganar la vida mediante su prestigio.
El E3 conservación se presenta al mundo en forma de perso-
na segura «por naturaleza», sin darse cuenta de que la energía que
gasta para mantener ese statu quo, convenciéndose en cambio a sí
misma de que «nació» así.
Y esa es su vanidad mayor, aunque no sea explícita. Al vender
seguridad, se piensa, se siente como alguien de mucho valor:
cualquiera no tendrá más que ventajas en tenerlo como pareja o
amigo y, en consecuencia, en algún momento de la vida será re-
compensado. Este premio futuro es el que mantiene la máquina
funcionando. Pero es una recompensa no dicha, jamás asumiday
que espera se adivine y sea obvia en la mente y en el corazón de
aquellos a quienes se ha dedicado tan íntegramente.
Claro está que, al vender seguridad, atrae a los más inseguros
y necesitados, a gente dependiente. Con el tiempo se cobr
a lo que
00%
a rs
Contrastes principales entre los subtipos del E3
dio Y acaba demandando e precio bastante elevado por un ser-
vicio que al principio parecía gratis y benevolente.
Cuando sobreviene la frustración, al percibir que el otro no
le da la recompensa tan esperada, surge un monstruo que puede
descruir sin piedad alguna, de forma fría y calculadora pero
manteniendo siempre la máscara de bueno y disponible. Esta
característica monstruosa, que también se da en el E3 social y en
el E3 sexual, es en él menos evidente porque la actúa, sobre todo,
en el ámbito íntimo de la familia.
El E3 social puede resultar más abiertamente egoísta: si te
quiere es porque te ha incorporado a su grupo. El prestigio, que
es la palabra que le define, es necesitar que alguien tome nota,
que sea testigo de lo bueno que es. Se hace mucha autopropa-
ganda; de los tres, es quien más y mejor la emplea, y de una ma-
nera bastante libre, aparentemente sin vergienza alguna. Habla
de sí mismo y conquista multitudes. Es hábil para mostrarse
ante los demás.
La antivanidad del E3 conservación, en cambio, radica en
querer ser reconocido pero no directamente: «Que hablen de mí,
que hablen de lo que yo hago bien, pero que no melo digan a mí,
y sí a los demás, para que todos lo sepan.» Tiene un tabú a la va-
nidad social o sexual. Considera la autopropaganda del E3 social
un autobombo vergonzoso y la coquetería abierta del E3 sexual,
patética. Su tabú a la autopropaganda viene de su rechazo a ser
visto en un lugar prominente, que siente como ridículo y, en el
fondo, como un lugar demasiado vulnerable donde pueden con-
frontarle o deshacerle su máscara. Sufre, pero tiene que mantener
todo el tiempo la imagen de que todo está bien. En vez de eso,
vende una imagen de bondad y responsabilidad.
Y trabajo: el Ez conservación es una máquina de produc-
ción. Es trabajólico, más que el social; todo lo que es se lo debe al
23
Ps»iiccoollooggía de los enea
tipos
su esfuerz o, y , se centra menos e»n el brillo. Es la Margari-
fruto de
ta del Fausto.
se xu al , es p erf ecc ion ist a en la im agen física, el Ez
Si el subtipo
ce . Necesita probar que los
demásse re-
conservaciióón lo es en el ha
ha ci en do las co sa s es cr up ulosamente y piensa
conocen su valía
En O
que podría haberlas hecho mejor. Se parece jl Er en
detalles y se
to, meticuloso, crítico, hiperético, se obsesiona con
agobia ante la idea de tener que cumplir las tareas a la perfección,
Pero mientras el Ex es contenido y serio, el Ez es más expansivo y
alegre o neutro; y además el Er se orienta a la tradición, y el Ez, a
la aprobación de los demás.
El Ez conservación es trabajador y más «hormiga» que el
Ez social, que es un pavo real que dice grandes palabras, se ena-
mora de su discurso y de las promesas que hace y de su ego in-
flado, y luego puede asustarse de tener que cumplir lo que ha
dicho, o descargar, alegremente, el peso sobre subalternos, si los
tiene.
En cambio, el Ez conservación es comprometido y cumpli-
dor. La suya es una imagen de eficacia (esa es su propaganda). Es
el más eficiente y su imagen pública es la de alguien confiable,
que puede proveer y que jamás se va a olvidar de las promesas que
hace. Es un burócrata eficaz y no quiere mostrar su
cansancio ni
su agotamiento.
Frente a eso, el Ez social es el subtipo más
mentiroso. Se fal-
sea mucho en cuanto a lo que dice que
sabe y lo que de verdad
sabe. Vende una imagen de eficienci
a y engaña aparentándola,
pero en realidad no tiene la paci
encia de hacer esas tareas que
son estar en el centro y se ap no
oya en otras personas para lograr
sultados satisfac re-
torios. Un Ez social no
que eso no le estimula, h ace pequeñas cosas por-
no le retorna en r esu
su afán de ser alguien ltados que confirmen
importante.
24
Contrastes principales entre los
subtipos del E3
y puede frustrar las expectativas ajenas a la hora de compr
-peterse mientras que el E3 conservación sí cumple con
. ., , O-
todo, , es eS-
crupulosamente. El E3 social, con la palabra consigue arreglar la
situación («sé hacer muchas cosas»), pero lo más objetivo y prácti-
co no lo hace. Le gusta obtener grandes logros y utiliza a los demás
A conseguir sus fines, se apoya en otros ya que no es demasiado
eficientes lo imprescindible es ser importante. La eficiencia que
promete no la cumple si no hay una posibilidad de que él apa-
rezca COMO el realizador, y siempre encuentra justificaciones
para nO asumir su responsabilidad, con lo que consigue mante-
ner su imagen.
Dirige su atención hacia sus propios objetivos, a sus intere-
ses personales, más que a la comunidad. No asume sus desaten-
ciones para con los demás (las racionaliza, justificándose y no
asumiendo la culpa), ni los fallos de sus compromisos de res-
ponsabilidad.
En el ámbito laboral, el Ez conservación puede tener más
dificultad en delegar su trabajo y, de hacerlo, no suelta del todo el
control sino que va «persiguiendo», al modo del Ex, a los trabaja-
dores para verificar que cumplen los plazos, con el método, etc.
Pareciera que el E3 social, que suele ser lo más parecido a un jefe,
se aburra controlando la buena marcha del proceso y no tutela a
sus subalternos como lo haría un E3 conservación. En cambio,
cuando ya falta poco para terminar, revisa el trabajo ajeno y lo
descalifica... para, finalmente, ante el cliente, arrogarse todos los
méritos y olvidar que ha habido un equipo. El Ez social inicia el
proyecto y vende los resultados finales, mientras que el trabajo
metódico lo hace el Ez conservación.
Con respecto al trabajo, al Ez sexual le cuesta mantener una
disciplina y puede ser muy eficiente en las tareas domesticas, que-
riendo que su familia aparezca como lo más perfecta posible.
25
Psicología de los eneatipos
También puede trabajar mucho y no parar, pero le cuesta desa
rrollar su éxito o independencia porque la eficiencia está con
mayor énfasis al servicio de controlar y seducir al otro, y Ss muy
fácil que tenga problemas en realizarse a sí mismo en el Plano
profesional, ya que tal cosa está en contradicción con su p asión
de mantener el vínculo de dependencia en la pareja. El con: Acto
es más fuerte respecto a los otros subtipos, pues su baja e SU;
hace que se sienta más seguro escondiéndose en el campo Pe
gido de sus relaciones íntimas.
Al igual que el E3 sexual, el Ez conservación también utiliza
la seducción sexual para obtener afecto y contacto; sabe seducir
sexualmente para conquistar a una persona dentro del terreno
que al otro le interesa a priori. Su problema es que no tiene tiem.
po para la vida sexual, ni siquiera afectiva, cuando ya se encuen-
tra en una relación estable. Es como si fuera una pérdida de tiem.
po pues no produce resultados tangibles y concretos,
Tanto los E3 sexuales como los sociales pueden ser conquis-
tadores y seductores, pero de distinto modo y con diferentes ob-
jetivos. El E3 sexual es irresponsable o inocente, y el Ez social es
todo lo contrario: sabe dónde pisa y con qué poderes cuenta, es
muy competitivo y probablemente más perverso. Si la E sexual
es Marilyn, la E3 social podría ser Sharon Stone, más agresiva. La
E3 sexual pone el poder en manos del hombre, cuya protección
busca, mientras que la E3 social toma el poder y es dominante
(«cabeza de hombre, cuerpo de mujer»), sin perder por un mo-
mento el glamur.
La dependencia de los demás es constante en todos ellos. Los
E3 sociales son los más manipuladores, pues aparentemente son
muy autónomos: utilizan a los demás sin que estos se den cuenta,
transformando la propia dependencia en algo que significa mucho
en la vida de los demás. La dependencia de los E3 conservación €5
26
Contrastes principales entre
los subtipos del E3
¡gu almente poco visible, pues
hace que los demás se sientan depen-
dientes de él en todo aquello que significa supervivenci
a. Puede ser
duro y frío € inaccesible como persona y tiene miedo
a que vean su
vacío. Anhela el reconocimiento, pero tiene tanta vergiienza de que
se le note que este rasgo es difícil de ver sin ojo clínico. Tiene deseo
de amor, pero no lo siente de manera consciente.
La frialdad está en los tres subtipos. En el E3 conservación es
una máscara de rechazo: «Yo no te rechazo directamente pero me
pongo frío». El E3 social también es frío pero conservando las
personas a su alrededor; es más bien una defensa para conseguir
mantener su rol social. Y la frialdad en el E3 sexual radica más en
sus maneras, sus modales. Lo invierte todo en el cortejo, pero no
consigue entrar en la relación misma a un nivel de entrega más
profunda. Hay una protección, por miedo a conectar con algo
que no sabe qué es. El Ez sexual vive tanto en la imagen que si
entra en ese vacio —lo cual rompería un poco esa frialdad—,
podría perderse. Ese vacío interior que el E3 sexual siente puede
que al social le resulte más difícil de percibir: hace tantas cosas y
tiene tantas ideas...
El Ez sexual muestra más la inseguridad, el dolor y el sufri-
miento; expresa más las emociones que los otros dos. Y es el más
dulce. Aun siendo el más emocional, le cuesta conectar con su
agresión. Si los sociales pueden ser agresivos, los sexuales, no. De
hecho, reprimen la agresión y pueden aguantar mucho. Pero el
afecto es hieratizado y por eso se ha vuelto duro; cuanto más neu-
rótica está la persona, más dura se vuelve. Es despampanante
pero sin ternura. Cultiva una irresistibilidad peligrosa, como en
la historia de Sansón y Dalila.
El Ez conservación evita más reconocer el dolor y controla de
manera muy fuerte la expresión de sus emociones, Como sl fuera
incapaz de dejarse sorprender por la vida. Alberga la creencia de:
27
Psicología de los eneatipos
«Si yo siento el dolor o me emociono, pierdo el control de la situa.
ción». Presenta mucha dificultad para conectar con el dolor, e]
sufrimiento y el conflicto. Usa ampliamente el mecanismo de la
negación, esa defensa que tiene mucho que ver con el «nadie
puede saber más de mí que yo mismo». No obstante, en experien-
cias vitales como las crisis o las confrontaciones puede reconocer
el dolor y encajarlo.
El Ez social es el más fuerte; utiliza la fuerza para ponerse en
un lugar central en un grupo o en sociedad, y puede ser duro y
aplastante. Es el más competitivo de los tres. Es más agresivo y
más defensivo. Donde pone el ojo, va. Tiene la sensación de
poder hacer cualquier cosa. Es el subtipo del E que más energía
tiene; es como el «cocainómano» —la cocaína es una droga muy
Tres social que exacerba sus tendencias características. No puede
parar. En soledad, ya está anticipando a nuevos proyectos de
éxito. Tiene la imagen de claridad mental; está muy «en la cabe-
za».
El E3 social es quien más puede mentir para conservar su
imagen. No puede aguantar una crítica ni cualquier tipo de con-
frontación porque está todo el tiempo en el esfuerzo de mantener
la imagen de: «Yo puedo hacer cualquier cosa».
El E3 conservación no asume los riesgos que sí corre por
amor al peligro, por adrenalina y por mayor confianza en sí
mismo, el E3 social. Pero también es agresivo. Sabe defenderse,
tiene poder para confrontar y ser crítico. Los E3 sexuales son a
quienes más les cuesta confrontar o enfrentar el conflicto, se es-
conden más; son más seductores.
El E3 social puede estar bastante identificado con su cabeza
(similitud con el E6 y con el E7), y tener consciencia de que
cuando sale a la calle se pone una máscara; cuestión esta última
quizá no tan relevante para el E3 conservación, que se pierde más
28
Contrastes principales entre los subtipos del E3
a sí mismo En la escrupulosidad de la tarea y puede que no haga
ran
to de cara a los demás.
El E3 social se cree todo lo que vende, se identifica con eso.
Es, de los tres subtipos, el más artificial, aquel a quien más se le
nota la máscara. Representan el prototipo de la vanidad más
obvia, pueden llegar a ser bastante amorales. Cuando el E3 social
se da cuenta de su falsedad, ve que todo lo que ha hecho es men-
tira y entonces se deprime, se retira, ve su vacío y va en busca de
su propia autenticidad.
En suma: el Ez de conservación anhela que le quieran por lo
que hace; el social, por lo que logra; y el sexual, por su presencia
física y su encanto e intimidad.
29
LA PASIÓN EN LA ESFERA DEL INSTINTO:
CÓMO ACTUA LA VANIDAD EN LO CONSERVACIONAL
por Assumpta Mateu y Ferran Pauné
Suele asociarse al Ez con una persona que se mira en el espejo,
pues vanidoso es aquel que necesita constantemente confirmar
su apariencia externa. No obstante, la experiencia constata que
en realidad la persona vanidosa tiene poca consciencia de sus
rasgos físicos. Así, lo que ve en un espejo es solamente una ima-
gen que a otros posiblemente les dará placer mirar. Frente al es-
pejo un Ez no se ve a sí mismo sino que se imagina encarnado en
otra persona que mira lo que se refleja. Podemos concluir enton-
ces que un E3 vive varios personajes en su interior, elegidos de
acuerdo con el deseo de transformarse en un objeto de deseo
para cada uno de ellos. ' |
La teoría de los instintos nos demuestra que la pasión de va-
nidad, al [Link] instinto de conservación, produce un énfasis
en la atención a la supervivencia y en el control que asegure las
necesidades primarias. Toma así la forma de mostrar, a sí mismo
y al otro, la capacidad de solucionar asuntos concretos de la vida,
como persona competente, con la motivación compulsiva de
33
La pasión en la esfera del instinto
pertenencia. Melanie Klein' ya hablaba de una manera especial
de la mirada del otro como estructuradora, formateadora y con-
firmadora de la existencia. Parece ser que el Ez conservación no
se liberó lo suficiente de esta necesidad primaria y pasa la vida
buscando esta mirada, a modo de un perseguidor.
De ahí surgen dos importantes movimientos relacionados:
Una apertura ingenuamente confiada y optimista; acompañada
de desconfianza y decepción: «El otro no me va a dar nada si yo
no hago por conseguirlo».
Las necesidades de pertenencia y de ser visto están por enci-
ma de las demás. «Tal y como soy, no hay amor
para mí» es la
idea loca que, no obstante, tiene una base experiencial real en el
seno del núcleo familiar en la edad infantil. La familia sí acepta al
niño E3 conservación como miembro, pero no tal como es, y
ante esa distorsión acaba adoptando la estrategia de conducta que
le reporte la seguridad de sentirse aceptado, perteneciente al nú-
cleo familiar. De esa confusión entre dos campos de existencia en
la edad temprana resulta esclarecedor este testimonio:
Vivíamos en una casa pequeña, con mi abuela y mi tío paternos, sin inti-
midad. En mi familia no se aceptaba mi vitalidad, mi rabia ni mi sensibi-
lidad. Mis padres me inmovilizaban físicamente ante cualquier conflicto
entre hermanos: yo era el más fuerte y vital, y resultaba más sencillo
mandarme a un rincón que solventar disputas. Mi familia no podía so-
portar un ser tan vivo, con tanta energía, y necesitaba compulsivamente
1. Melanie Klein ubicó en el centro de la estructuración del psiquismo la rela-
ción madre-hijo y teorizó la formación de la identidad desde la identificación in-
de los
troyectiva € identificación proyectiva. Véase «Contribución a la psicogénesis
Obras Completas
estados maniaco-depresivos» (193 5), en Amor, culpa y reparación,
L RBA, Barcelona, 2006, pp: 279-3075 y «Notas sobre algunos mecanismos
RBA, Barcelona,
esquizoides» (1946), en Envidia y gratitud, Obras Completas la)1I, reformularon
supervisó con € sus
2006, pp. 11-34. Winnicott y Bowly (que
bueno y del apego, respectivamente.
ideas en las teorías del maternaje suficientemente
35
Psicología de los enratipos
castrarle. Era tal mi necesidad de ser aceptado y de seguridad que borré
de mi consciencia que otros me quisieran destruir; de ahi nació mi inge.
nua bondad, que persiste aun cuando el otro la aproveche para macha.
carme (Ferran). Ñ
La esperanza del Ez conservación es que se recupere el con-
tacto y la fusión con el otro. De ahí la necesidad compulsiva de
ser bueno y de no querer ver la actitud destructiva del otro hacía
mí. Así, ante un conflicto no percibo la realidad de la relación y
creo una imagen del otro (aparte de la mía de buena persona) que
lo salva; no asumiendo que si el otro no satisface su necesidad
puede seguir actuando destructivamente hacia mí. Pero ¿qué me
lleva a actuar de ese modo? Probablemente un profundo dolor
por la pérdida:
Un día, de niño, conecté con un dolor, insoportable, ligado a la super-
vivencia. Lloraba: «Dejadme vivir; yo solo quiero vivir en paz. ¿Por qué
me quieren destruir si yo no les he hecho daño y les he deseado bien?»
Un llanto desconsolado de la pérdida y de la realidad (del mundo), que
no es como yo la vivo internamente. De pequeño no pude hacer otra
cosa: desconectarme de mí, adoptar el modelo de bueno y satisfacer el
deseo y la necesidad del otro. Era pura supervivencia, puesto que en-
tonces no podía prescindir del otro y ser autónomo (Ferran).
De esa necesidad de pertenencia nace también la idea de que
el amor del otro «me lo he de ganar haciendo algo». Este hacer
tiene un origen externo (hago lo que se espera de mí; no lo que yo
siento, quiero o necesito) y una función interna: obtener recono-
cimiento, que el E3 conservación siempre está necesitando. Para
lo | : E OS 2
grarlo hace lo que el otro necesita de él. mientras no expresa su
ropia necesi E dc '
propia necesidad. No obtiene así satisfacción real, pues solo se
satisf
ea la necesecesididad
ad neuró
neurótica,
tica vy « sigue enton
ces buscando apro-
- Un ostrarse, en un círculo sin fin: «Tengo que ser la
36
La pasión en la esfera del instinto
mejor para que me apruebes». La necesidad no desaparece por-
parte
que nunca se satisface. Es un anhelo de reconocimiento que
de un lugar equivocado.
El E3 conservación carece pues de una confianza real en que
si se muestra, si es, haya para él. De hecho, es una idea impensa-
ble. Su psique concluye: «Si quiero algo, me lo tengo que ganar»,
con lo que nunca llega el amor desinteresado, que es la necesidad
real: «Que me quieran por lo que soy y no por lo que hago».
Es como si yo no creyese que tengo suficiente; siempre quiero tener
más y más y por eso el trabajo se vuelve tan importante: la garantía de
supervivencia; es como si creyese que no puedo descansar. Preciso ha-
cer mucho hoy porque no sé cómo será el día de mañana. El esfuerzo
ara conservar las relaciones, las amistades, las cosas materiales es tre-
mendo: todo el tiempo en mostrar la eficiencia, la practicidad, el dina-
mismo, el coraje, la bondad, la dedicación al amor y la adaptabilidad
(Sandra).
Otra necesidad neurótica del E3 conservacional es el empeño,
el poder conseguirlo. Tiene implícitamente asumido un: «Si yo me
empeño, lo consigo». No existe la idea de gratuidad, ni la posibi-
lidad de recibir. Hay un «no» interno («no soy») y externo («no
hay»); la compulsión es hacer para ser.
En un retiro en Brasil salí con una invitación de Daime (experiencia)
muy fuerte, que era la actitud. Era una palabra muy fuerte y yo pasé
todo ese año racionalizando la actitud: «Voy a hacer eso, voy a hacer
aquello», y entré de nuevo en una paranoia del hacer externo, princi-
palmente en mi relación de pareja. Comencé a hacer, hacer, hacer,
buscando que las actitudes externas trajeran la cura del sentimiento.
Continué negando el sentimiento, negando el daño y percibí que
aquella negación mía venía de un sentido de superioridad muy grande,
con la firme creencia de que «yo me voy a salvar; eso yo lo voy a curar.
Tengo fuerza suficiente para salvarme, para salvar al otro, para salvar al
mundo». Percibí en esta ansia de salvar como si buscase la validación
37
Psicología de los eneatipos
del propio Dios. «Soy casi como un ángel. Solo NN vea mi
angelicalidad y me lleve cerca de El». En cierto modo, uscando Esa
cualidad angelical yo niego todo lo que es humano, instintivo y visce.
ral, como si eso me separase de ese Divino. Cuando lo que yo estoy
viviendo es lo que en realidad me aparta de mi propio Divino, de mi
propia verdad. Lo tengo todo bien explicado, muy bien comprendido,
pero es muy difícil, y por eso comprendí que la actitud que el Daime
me está pidiendo es una actitud interna: primero encontrar lo que es
verdadero para mí y ser capaz de asumir eso verdadero, independiente.
mente de la reacción del otro. Si el otro es feliz o no, es problema de él],
Mi problema está aquí: estar bien conmigo (Gisele).
La pasión del E3 conservación se manifiesta en un exhibirse
sin entregarse, un quedarse siempre en el escaparate. Una inmen-
sa necesidad de ser visto viene de la profunda sensación de no
haber sido percibido suficientemente. Algunas personas relatan
una sensación de abandono: «Wo me vieron (en mis necesidades)
como yo precisaba». De ahí tal vez la necesidad de exhibirse, de
llamar la atención, pero con discreción, que no se note. Como
dice Maribel: «No me gusta nada ser invisible. Pero menos aún
ser el punto de mira por algo inadecuado».
Para lograr ser visto, y al estar tan comprometido con este
mostrarse, el Ez conservación no puede salir del escaparate para
disfrutar de la intimidad. Hay, con todo, un deseo inmenso de
que alguien perciba la falsedad de esta posición y venga al rescate.
En palabras de Vera: «Un príncipe o princesa que sepa tocar las
cuerdas oxidadas de la pasión y del amor».
Ante la falta de apoyo externo, el conservacional ha aprendi-
do muy pronto a vivir fuera de sí mismo: «Solo existo si me
miran», «solo me miran si soy útil». He aquí algunas de las ideas
nucleares, según diversos testimonios, que activan
el empeño:
Aprender a olvidarme de
mí para sobrevivir.
38
La pasión en la esfera del instinto |
. Si muestro mi necesidad, me quedo sola,
. Negación de la existencia espontánea: mejor si soy otra.
. Dificultad de entregarme a mí misma. No dejarme caer en
mí. Controlarme porque no hay nadie «que mire por mí».
. Vivencia interna de que nadie me puede sostener y que no
hay amor para mí si no hago.
. La vara de medir no es la propia.
+ Lo que me gusta está desvalorizado.
. Necesidad de agradar, de brillar por encima de todo, como
garantía de que así me quieran, o me respeten o me valoren;
de que soy.
+ Miedo a darme cuenta de que no valgo por mí misma y, al
tiempo, estar segura que me valgo por mí misma y que yo
tengo que poder sola.
- Demostrarme la capacidad de poder hacer, conseguir y decir
con autoridad. En ese demostrarme tal poder aparece la segu-
ridad de que existo y de que estoy existiendo «bien». Nadie
puede señalarme, decir que no valgo, decir: «Al paredón».
« Unrterrible miedo a la muerte social, a ser borrada.
Miedo a la crítica, que es un motor, una motivación para ser
mejor. No me volverán a «pillar».
« Tolerancia muy fuerte a la incomodidad física. El cuerpo se
queja del sobreesfuerzo, pero lo leemos en forma de «debili-
dad» que hay que esconder y no tomar en cuenta.
* Creencia de que si me paro ¿de qué sirve? No hay consciencia
de las necesidades fisiológicas como «auténticas». Es un estor-
bo tener cuerpo y atenderlo.
En conclusión, la necesidad nuclear del Ez conservacional es
de seguridad. Y ¿cuál es el mecanismo que le lleva ahí? Un miedo
nuclear a morir.
39
130%
s
Psicología de los eneatipo
su fo nd o cu an do ni ño , se encuentra sin
Al desconectarse de externo de los
sentirse ser y sin el apoyo
el soporte interno de
rí an pr ot eg er lo . En est e pu nt o llega a sentir la
adultos que debe qu e lees host! o ajeno,
l de mo ri r, en un mu nd o
posibilidad rea
co n el qu e so lo ti en e co ne xi ón si se desco-
un universo extern o
su
necra de sí mismo. El mi edo a morir llena por momentos
egia
mp o de co ns ci en ci a y es en to nces cuando adopta una estrat
ca n
la an gu st ia ex is te nc ia l, qu e le ll ev a a ser en funció
de escape de
quien
del otro. Viene a ser un rendirse a la voluntad de aquel de
vid a, en Un os cu re ci mi en to ón ti co que ya no le per-
depende su
te ver qu e su ex is te nc ia , €n re al id ad , no depende del adulto,
mi
e él mismo es.
sino que ya Es en conexión con el Ser qu
scubre la base dinámica
Este recorrido hacia lo nuclear nos de
difícil compren-
del E3, que es la pasión del E6: el miedo. No es
a, ue entregar su
der cómo surge este miedo de supervivenci porq
ra
ser al prójimo implica que su vida está en manos de aquel. Pa
arse o dife-
realizar la propia personalidad es preciso individualiz
renclarse:
Hasta ahora he hecho lo imposible para no perder al otro, aunque yo
no le importase nada a él. Era mi idea loca: «Si soy bueno y le satisfago,
me querrá; no lo perderé». Ahora empiezo a vivir viendo la realidad
no creando una imagen del otro ni de mi «bondad». |
He podido hacer este proceso desde el momento en que me pude
distanciar del otro, diferenciar, tomar perspectiva. Lo primero fue re-
conocer que lo mío era importante, que tenía derecho a ser y a expre-
e como soy. Una vez ahí, y frente a la neurosis del otro, he ae
ido a mantenerme en mí y a soportar la pérdida del otro (Ferran).
« 51 ,0 . :
En OR dominando pero en el fondo seré yo el que os
de-
penderéis de mí y aún ia ran Imprescindible para vosotros doque que-
vosotros. Cuan
E - A rd entreagaré a ra
ráis más de mí, > no hoosos |lo daré, de algun mane os abandonaré y 0s
40
La pasión en la esfera del instinto
rechazaré. Os haré lo mismo que me hicisteis a mí». Ese es el juego:
salirme al final con la mía sin que se note (Javier).
Detrás del dolor de sentirse solo en el mundo —cuando, en
la infancia, el E3 no siente que le vean ni que se le deje ser—, y
del vacío de no tener nadie fuera ni tenerse en el fondo, emerge
un miedo terrible a morir. Y con él, la vanidad como un modo de
no sentir el miedo entre la supervivencia y la muerte. En el reco-
nocimiento del valor de ser y de ese miedo que subyace al vacío,
reside la esperanza terapéutica hacia la autorrealización.
41
2
LA NECESIDAD NEURÓTICA CARACTERÍSTICA
por Ferran Pauné, Amor Hernández y Assumpta Mateu
Como hemos visto, la motivación neurótica de la vanidad en el
conservacional está al servicio de solucionar el sentimiento de
precariedad de la propia existencia. Los esfuerzos para contener la
ansiedad respecto a la satisfacción de las necesidades básicas se
pasionalizan, tomando la forma de una excesiva búsqueda de se-
guridad.
Llegamos así al núcleo de la forma de conducta, siendo «se-
guridad» la palabra clave que define este subtipo. Se trata ni más
ni menos de seguridad para asegurarse la supervivencia. El reco-
nocimiento ajeno es una de las bases para sentir seguridad y por
eso al E3 conservación no le gusta ponerse frente al mundo y
brillar, ya que ello supone un riesgo, que a él no le gusta: eso es
propio de la vanidad más ostentosa. Claro está que se trata de una
falsa humildad, pues la vanidad de no tener vanidad es un querer
destacar pero sin que se note. El Ez conservación busca y da amor
en la seguridad. Vende y ofrece seguridad. Por ello es un buen
consejero y conversador, y con un cierto perfeccionismo de que-
rer hacer las cosas bien.
43
Psicología de los eneatipos
dos, los conserva.
Siendo tan aparentemente seguros y decidi
onocen que la necesiten:
cionales raramente piden ayuda o rec
la guerra, Crearme
Frente a la inseguridad absoluta ycreciente durante no necesitar. Ya un
chiquita,
seguridad tensando el cuerpo, hacerme
gran de, entre los ocho y doce años , empecé a sentirme más
poco más
a encerrar los sentimientos, a
que los demás, a fingir no tener miedo,
las gir! scouts (Ilse).
sentirme segura en los deportes, la gimnasia y
tiene
El instinto de conservación al servicio de la vanidad
y perfección; no en
también que ver con una imagen de bondad
caracteres sino de que es tan
el sentido de superioridad de otros
errores
perfecto que ni lo parece: puede dar la apariencia de tener
la seguridad
si eso es lo que hay que hacer. Esta imagen le reporta
casi por
de seguir siendo aceptado por el otro, del cual depende
entero. El Ez conservación no va a perder las formas en primera
io
instancia; es como si no fuera a pasar nada (en el sentido ampl
de la palabra). Por otro lado, se hace querer en el sentido de que
lo pone fácil en las relaciones; es decir, si genera un conflicto lo
resuelve. Si se enfada con el otro, lo hace todo: sentencia y ejecuta
sin contar con el otro.
Para el mundo, una persona así es muy útil (la palabra que
más aparece en el vocabulario de un E3 conservación), pues sabe
ser discreta y adivinar los deseos y necesidades de quienes le ro-
dean. Pero el precio a pagar es alto: su posibilidad de desarrollo se
vuelve difícil, pues aquellos que reciben su ayuda no están intere-
sados en que la retire. Como recuerda Suzy con elocuencia: «Ya
decía un amigo que los Ez no deberían hacer trabajo personal
porque se transforman en personas inútiles».
No debe extrañar tampoco que la ansiedad sea alta y cons-
tante, y que aparezca en la persecución de quererlo todo bien y
correcto: todo odo titiene que estar «entero», con| apariencia de nuevo]
44
La necesidad neurótica caract
erística
bien cuidado; si no es así, perturba, ya que lleva a una sensación
de deterioro y fallo que es vivida como amenaza a la seguridad.
Hoy se ve un ceño arrugado en mi cara de tanta preocupación acu-
mulada. Que todo esté bien, que todo a mi alrededor esté bien. Y en
cuanto algo no va bien, ahí estoy yo tratando de arreglarlo con urgen-
cia. Una vez tuve una imagen de mí misma muy sugerente: soy como
una estaca sin clavar en la tierra, que se sostiene en pie porque está
rodeada de otras estacas a su alrededor que, apoyándose en ella, la
sostienen. De modo que la aparente sostenedora en realidad es la sos-
tenida (Maribel).
He vendido la imagen de «ser segura» a mí misma y al mundo: «Todo
está bien», «todo bajo control». No revelarme en lo profundo, porque
sé podría descubrir que no fuera tan segura (llse).
¿Cómo actúa en el mundo un individuo con tamaña preocu-
pación? Los E3 conservacionales son incansables trabajadores,
con la eficacia y la eficiencia como garantías de autocuidado, lo
cual lleva a la tendencia de querer ser el primero, el mejor. Llegan
por tanto a la satisfacción a partir del logro de la tarea, acaban
dando mucha importancia al logro personal y se llegan a obsesio-
nar, casi sin darse cuenta, en el «empeño del poder hacerlo solo y
sin ayuda». Se convierten así en especialistas de hacer varias cosas
al mismo tiempo, como si fueran seres de diez brazos y diez pier-
nas. La demostración del amor está en la tarea y puede aparecer
mucha frustración y/o enfado, si no se la reconocen o les dicen
que no está bien hecha.
Me imaginaba que si hacía más horas en mi empresa todo estaría bajo
control en mi departamento y, si algo llegaba a fallar, nadie podría
acusarme de no hacer el máximo o de negligente y descuidada. Siem-
pre dar más para que nadie pueda decir. Mi jefe me llegó a señalar que
parecía que me responsabilizara de los actos de los doscientos emplea-
- dos del departamento (Assumpta). :
45
Psicología de los encatipos
Presumo de que «puedo sola». Desprecio abiertamente a la gente de-
pendiente. Me siento satisfecha de haber logrado independencia siy
ía que que no m e había costado (ahora
(ahora sj
/
bienestar económicos,
mi y » pretend
pretendía
lo expongo). (llse).
Para el Ez conservación, ser aceptado, comprendido y reco-
nocido por su competencia y cuidados es una necesidad tan pro.
funda como la de seguridad. Cuando eso no sucede no es raro
que todo se haga automáticamente, de acuerdo con la expectatj-
va del otro, y surge entonces la frustración y la sensación de fra.
caso, el golpe definitivo a la seguridad en sí mismo y a la vanidad
herida.
Muy relacionado con la necesidad de reconocimiento está el
sufrimiento cuando es ignorado por aquellos a quienes se dedica.
El E3 conservación espera silenciosamente el reconocimiento, y
no se siente amado si nada tiene que ofrecer o nadie está necesi.
tándolo o buscándolo.
Suele aparecer, además, un miedo al futuro cuando se enve.
jece y no se está más disponible para parientes o amigos. ¿Quién
le amará en su inutilidad? Razón por la cual aparentemente
tiene
más miedo del resto de la vida (miedo de dar trabajo, de
la de-
pendencia física, de la pobreza, del abandono) que de la muerte.
Lo que lleva a este subtipo a vivirse de esa forma es el miedo
esencial a ser y a responsabilizarse de
«eso que no se ve»: que sien-
te y que necesita.
Por otro lado, el E conservación
se relacio na con las cosas y
| as personcn
as de una form) a «pr áctica»; es decir escoge los objeto
n unción de su utilidad que de 3 s
su estética. Por ejemplo, ala
hora de A elegir un coche lo
¡ portante es que sea el más
SS . que se tarde menos Seguro; y
tiempo en ira trabajar
PE n los asun los prácctiticos, el Ez co|nser
vación da la sensación
a Jo control y al alcance de de
la mano o de su «mirado».
46
La necesidad neurótica característica
La sensación es de vivir en una torre de vigilancia, donde los pa-
dres, los hijos, los amigos... están controlados.
Seguridad de ser «la mejor» en lo que se refiere a eficiencia, resolver
problemas de trabajo, emocionales, prácticos.
Poner cara de «como que sí» entiendo, sé, medito, veo más allá; de
inteligente, comprensiva, empática.
Presumir sutilmente de mis logros, de mis aventuras: «Qué avanza-
da eres», «qué vida tan interesante», «qué mujer tan valiente, libre, es-
pecial...».
La necesidad de llegar a ser mejor persona. Querer brillar por inte-
ligente, desarrollada, excelente profesional, terapeuta, maestra, pru-
dente, correcta, honesta, «buena gente».
Mucha dificultad en confrontar a la gente que quiero porque «no
me va a querer» o «se va a ir» (Ilse).
Las relaciones se establecen más en función de un futuro que
del presente inmediato. Un conservacional puede llegar a tener un
amigo «en el infierno» por si acaso acaba allí. Se relaciona con las
personas de un modo útil y práctico por si un día las puede necesi-
tar. Esto le da la seguridad que necesita para seguir adelante. Pien-
sa a menudo en lo que el amigo o la pareja le puede aportar si
mañana le pasara algo. No siente tanto la relación en presente sino
que se «invierte» en la relación para el porvenir.
Este cuadro caracterológico encubre una gran inseguridad y
miedo a hacer el ridículo o a equivocarse. Implica asimismo no
poder descontrolarse, con lo cual se vuelven grandes controlado-
res de sí mismos y de sus sentimientos, que pueden llegar a negar.
Son muy honestos; falsos —en el sentido del autoengaño propio
del Ez3— pero honestos, con una gran autoexigencia para mante-
ner la fachada. La imagen es impecable pero en la intimidad
dejan salir la negatividad y pueden llegar a ser déspotas.
Muy presente en este carácter está el gran monstruo de la
idea del fracaso, de la incompetencia. En su fantasía, siempre le
47
Piicología de los encatipos
persigue la sensación de no ser a bueno s0n pet gue sea,
nece.
Así que puede llenarse de ocupaciones que le pa
sario e importante. ¡Viene que estorzasse oa más!, ie que
competir aún másl, ¡tiene que brillar aún más! El Pater compulsivo
está al servicio de huir de la ansiedad de va posible fracaso; al
igual que el boicot: no aceptando desafíos más elevados (un cargo
de mayor responsabilidad, un doctorado..-):a fin de no correr
riesgos. Malgastar buena parte de la vida controlando la de los
demás puede ser parte también de esta estrategia de huida del
miedo al fracaso:
Tolero fatal el fracaso, el más minúsculo de los errores, lapalabra in.
oportuna, un olvido, no haber llegado a tiempo, no haber previsto
algo, no haber contentado a todo el mundo, no acertar con el regalo...
Sobre todo haberle hecho daño a alguien, haber hecho sufrir... Y cuan-
do eso ocurre, la agitación crece y ahora ya más ineficaz, nerviosa, ¡n-
tentar arreglarlo haciendo algo para compensar (Maribel).
Encontramos en este cuadro caracterológico una gran difi-
cultad para dejarse descansar, para ver y sentir los propios límites
en la acción, llegando a no «escuchar» el propio cansancio, y así le
cuesta mucho «dejarse enfermar» y dejarse cuidar. Todo ello ge-
nerado en la convergencia de dos actitudes: «No doy importancia
alo que necesito» y «si me necesitan, existo».
Todo el mundo puede contar conmigo y haré lo que sea para
compla-
cerles si me lo piden. Yo en cambio no sé pedir, no sé recibi
r. No
puedo estar en deuda, La gratuidad es una palabra difícil de
asimilar
(Maribeb).
- El personaje construido por los deseos aje
nos se convierte en-
tonces en el cuidador del otro y el E3 conser
vación se queda pe-
gado a la autoimagen de responsable,
útil y digno de confianza,
48
La necesidad neurótica característica
en una conducta donde la agresividad casi nunca va a percibirse,
4 no ser en formas sutiles.
La neurosis lleva a la dificultad de reconocer las propias limi-
taciones y defectos, y desde la alienación del yo más profundo
aparece una tendencia autodestructiva, depresiva o incluso me-
lancólica. En esta situación reside una forma de tratarse dura, im-
paciente y exigente. Pero ese es justamente el momento para
aprender a conectarse con el miedo y con el vacío, y así sanarse a
través de la experiencia transformadora, en vez de seguir buscan-
do la respuesta en vivencias y encuentros insatisfactorios, solo
por la compulsión de ser en el contacto externo.
49
ESTRATEGIA INTERPERSONAL
E IDEAS IRRACIONALES ASOCIADAS
por Amor Hernández, Vera Petry Schoenardie y Ferran Pauné
El oscurecimiento óntico del E3 conservación le lleva a relacio-
narse con el otro a través de la imagen que quiere proyectar. Se
trata de una imagen bonita, mezcla de inteligencia, eficiencia y
bondad, en que puede leerse: «A mi lado vas a estar bien, seguro;
soy tu mejor amigo, tu confidente; siempre voy a serte leal». Pero
el profundo sentimiento que tiene el conservacional de lealtad al
otro está, en el fondo, mal entendido, ya que se pone al servicio
de las necesidades del otro sin tenerse en cuenta a sí mismo. Po-
dría decirse que el individuo no deja que el otro pase hambre ni
sienta necesidad, lo cual le otorga un lugar de poder, al crear una
relación de sutil dependencia.
Y recordemos esa frase cotidiana para el E3 conservación:
«Quita, que ya lo hago yo». Así, aparentemente puede ser ayuda-
dor, pero en el fondo presenta un exceso de iniciativa y de impa-
ciencia, con la idea oculta de: «Sé cómo se hacen las cosas y las sé
hacer mejor que tú», o «mi forma de hacer las cosas es la correcta
pero tú aún no lo sabes»; es decir, una arrogancia oculta tras una
q
Psicología de los eneatipos
imagen gentil y suave, En el fondo él se cree que le EA cnscñan-
do al otro cómo hacer las cosas, pero no en la forma directiva del
Ex sino sutilmente, pudiendo incluso aparentar humildad.
También es común en el Ez conservación un fuerte senti-
miento de competitividad, de manera que siempre se está mi.
diendo con otros. Vive así una tendencia automática a anular la
forma de hacer del otro, porque no ve que hay otra manera de
hacer las cosas que también está bien.
Otra idea loca implícita es: «Si yo invierto mi energía, mi yj-
talidad y mi discurso motivador, las cosas van a suceder». Es un
pensamiento mágico que le lleva de nuevo a hacer, y a una sensa.
ción de poder. Su alta capacidad de convencimiento va en doble
dirección: a sí mismo y al otro. Además, la capacidad persuasiva
del conservacional se apoya en su entrenada simpatía: siempre
una sonrisa en el rostro; una palabra positiva, bien humorada;
gestos atentos y cuidadosos. Una persona tan gentil y tan buena
no puede ser contrariada ni estar equivocada.
Invierte por ello mucha energía en que sea posible el «tengo
que caerle bien a todo el mundo y hacerlo todo bien». No es de
extrañar que se muestre totalmente disponible para todo el
mundo, sin criterio propio, en el sentido de que a todo «puede
sacarle algo positivo». Se construye así una imagen de
que él
acepta a todo el mundo, y espera en consonancia que la confluen-
cia sea mutua. De ahí resulta que aparente ser una persona
justa,
que no juzga y no critica las acciones ajenas, pero
es solo una
nan de ganarse ese mismo aprecio en el otro: que
no le criti-
que ni haya nada que reprocharle. Vemos aquí cómo
subyace una
defensa ante el dolor: un Ez conservación no soporta
ni la desva-
paco ni la crítica, que ya son insostenib
lori ., > pa Ñ
les cuando se produ-
.
cen en público. Como muestra,
este botón:
$2.
A
Estrategia interpersonal
e ideas irracionales asocia
das
] l equivo
Tolero fata
Pu
carme;
quel gnifique perder el me asustan la locura, los olvidos... todo lo
control de la situación.
sencia sea estar, decir y Procur
hacer no solo lo apropi
ble— lo excelente y con aparienc
ia discreta, pero sé que me
he hecho
- notar (Maribel).
i
En respuesta a este empobrecimient
o existencial, la aparien-
cia de este tipo es de autosuficiencia, seguridad y tam
bién arro-
el ncia, de modo que en cualquier lugar procurará
llamar la
arención, O por la palabra pretendidamente
inteligente, o por las
ropas, la vivacidad, el humor... conforme a lo que le haga más
visible en aquel ambiente.
La estrategia interpersonal básica es granjearse el reconoci-
miento a base de hacer o ser indispensable para el otro; así es
como el E3 conservación siente que «se gana su derecho a estar en
el mundo». Desde aquí es invulnerable, intocable, incuestiona-
ble. La idea loca es: «Con todo lo que hago por ti, cómo vas a
cuestionarme que yo tenga derecho a ser querido por ti».
En conclusión, es extremadamente rescatador para el con-
servacional cuando consigue conectarse con el sentir profundo,
la ternura, la suavidad y la percepción de la conexión emocional,
sea: con otra persona o con su propia existencia. Con todo, para
que esto suceda ha de estar muy relajado. Normalmente ante
una situación crítica la emoción se suspende, para dar lugar a la
acción. |
Estas observaciones nos son útiles para comprender las rela-
ciones Yo-Tú, en las que el Ez conservación se muestra aparen-
temente entregado y disponible, pero en A fondo a E
una confluencia superficial. Más allá de la merpretación an S
da de ganarse el reconocimiento del otro (siendo PA y *
causando problemas), no puede reconocer su necesicas, )
| del otro—
esto —mostrándose seguro y ganándose la confi
anza d
53
Psicología de los eneatipos
pr ne nor-
lo que le genera al otro una relación ES
malmente la relación gira en torno al Pú para ii e secunda.
rio del Yo y no. existe el nosotros. ña en esta idea irracional de.
«Yo me hago cargo de ti para que tú a quieras» conde el Ez
conservación no muestra su fragilidad ni su vulnerabilidad, La
exigencia oculta es: «Yo estoy siempre que ES eses Para
cuando te necesite yo; además no te voy a pedir nada y tú te tie-
nes que hacer cargo de la situación tal como yo creo que se debe,
El Ez conservación es muy susceptible pues a los errores aje-
nos. Si él se muestra vulnerable y el otro no está «a la altura», ho
lo perdona. En el fondo está buscando una incondicionalidaq
como la que él da (aunque falsa). Si el otro no actúa como ESPera
se siente herido con facilidad, y este dolor no se manifiesta lim-
piamente sino que toma la forma de consejos. No se le oirá decir:
«Yo necesito que...» sino: «¿No crees que es más conveniente
que...?» o «yo, en tu situación haría...». En suma, cree que hay
una forma adecuada de actuar y así funciona, esperando que el
otro la adopte a su vez. Alguien lo expresaba con la siguiente idea;
«Si me ayudas, ha de ser a mi manera, o yo te digo cómo».
Otra forma que adopta la evasión del error es evitar los
con-
- flictos mimetizándose con lo que resulta adecuado para |
a Situa-
ción. Ahora bien, si el otro no hace
lo mismo, en la intimidad
puede mostrarse frío y duro, como
forma de agresión y descalifi-
cación
. También tiende a ignorar al otr
o, como si no existiera, en
caso de que le falle. 3
, No deja de sorprender que el
conservacional no suela dejar
sitio a los demás-a la hora de recibir ayuda.
En el fondo hay una
desconnf
fianiazanza mun y profunda a qu
e el otro pueda estar para él,
pero de esta form a el otro no existe (por lo
ni tampoco perdón). ¿C que no le pide ayuda,
ómo va a recibir ayuda de algu
existe, a la par que él ien que no
MISMO tampoco exis te?
54
Estrategia interpersonal e ideas irracionales asociadas
Esto nos esclarece de qué manera el Ez conservación refuerza
su sentimiento de soledad, y cómo su única forma de estar en
contacto es estar para el otro sintiéndose superior, en el sentido
de no dar problemas o no molestar. La idea irracional es aquí: «Si
valgo o te soy útil, me quieres; si doy problemas, no me quieres»,
y la relación pasa a ser un intercambio comercial: yo te sirvo para
un fin y tú me sirves para otro. Resulta dramático observar que,
al no entender la relación como acompañamiento o alimento
emocional, no tiene posibilidad de confluencia real a través de
aquello que precisamente proporciona el contacto y el crecimien-
to humanos. Ahora bien, él no tiene consciencia de la carencia,
que se resuelve haciendo.
Otro aspecto a considerar es la expresión de la rabia, que ra-
ramente se muestra de forma abierta, ya que es fea o propia de
gente sin refinamiento. En su lugar, aparece como ironía, com-
paraciones y mensajes descalificadores. Cuando el E3 conserva-
ción se siente injustamente tratado es capaz de tener una crisis de
llanto frente al otro, aunque más a menudo entra en una íntima
tristeza y se retira, como un niño.
La emocionalidad es pues infantil, histriónica. Por un lado
puede llorar cuando se le critica, sintiéndose la gran víctima. Por
otro, ante una nueva amistad o un nuevo proyecto suele entrar en
una lúdica excitación. Así, en compañía de otros tipos más expansi-
vos, como los E7, E8 y E2, puede llegar a gesticular de forma histé-
rica y exhibicionista, pretendiendo transmitir alegría y jovialidad:
Generalmente guardo mis emociones, reprimiéndolas. Cuando estoy
frente a un acontecimiento fuerte, en ese momento es como si yo no
sintiese; más tarde entro en contacto con lo que se vive. Es como si me
permitiese sentir solo después de que la situación haya pasado. La sen-
sación es que reprimo y retardo las emociones. Permitirme sentir en el.
momento presente es complicado; hay un bloqueo muy grande en el
3)
Psicología de los eneatipos
momento de la emoción. Tengo la fantasía de que estoy haciendo,
0 e
y
que aquella emoción
ridículo, de flaqueza y humillación, de
lo que los otros irán a ase
na en ese momento. Veo la vergienza,
que todos se reirán de mí (Sandra). '
En cuanto al movimiento psicodinámico que lleva de la cop.
fluencia a la diferenciación, es la necesidad de este subtipo de qu á
se dé un contacto primigenio y una fusión existencial la que /
lleva a adaptarse al otro y, en consecuencia, a no Contactar con
aquel ni consigo mismo. Tal actitud de confluencia compulsiva
impide la diferenciación, que se daría fruto de la aceptación de sí
mismo y de usar la energía no para hacer sino para mantener sy
particularidad frente al otro. El conservacional mantiene así e]
error de usar su energía al servicio del otro y para estar en e
mundo, cuando un movimiento más real sería el de emplearla
para asentar su individuación.
Por otro lado, el egotismo domina las relaciones interperso-
nales del Ez conservación, en especial las filioparentales y de pa.
reja, en que resulta común que no se actualice ante nuevas situz-
ciones, sino que se acomode en las establecidas. Cuando el
conservacional choca con las limitaciones ajenas, más que man-
tenerse en sí se adapta al otro por miedo al rechazo, al conflicto,
a la ruptura y a sentirse solo. Esta es la razón de su vivir en fun-
ción del otro.
Finalmente, esta orientación a ser amado desde el satisfacer
las necesidades del otro solo lleva en dirección contraria al en-
cuentro. Para relacionarse desde el amor es preciso hacerlo desde
la verdad (o realidad),y para ello es preciso superar antes el temor
a la pérdida. La comprensión de que relacionarse desde la verdad
solo es posible haciéndolo tanto desde lo positivo como
desde lo
gativo (véase la rabia o la inadecuación) res
ne . , ; . .
ulta clave para qué
A 7
este vanidoso llegue al encuentro.
56
4
OTROS RASGOS CARACTERÍSTICOS
Y CONSIDERACIONES PSICODINÁMICAS
por Ferran Pauné
Origenes
El carácter E3 conservación se forma en un entorno inseguro. En
general son niños que crecen en un lugar donde se les induce a
cuidar de sí mismos e incluso de los padres, para ser cuidados: El
contexto suele ser caótico; una situación familiar difícil donde el
niño futuro E3 conservación se siente solo, o poco o nada atendi-
do emocionalmente, y que puede girar en torno a una enferme-
dad de uno de los progenitores o miembros de la familia. En
cualquier caso, no hay lugar para la manifestación emocional ni
para las necesidades propias, por lo que aprende temprano a «no
necesitar». Reprime la consciencia de la necesidad y se proyecta
en forma de atender las necesidades de los demás. Una actitud
que es reforzada positivamente, con lo que el Ez conservación
afianza que su sitio en el mundo se gana haciendo «el bien» y
siendo bueno.
- FE
Psicología de los eneatipos
Lo que oculta esta imagen de «bondad» es una sensación pro.
erno sino tam.
funda de no ser adecuado, no solo en el sentido ext
bién existencial del término.
En ocasiones el Ez conservación sufre una humillación si las
cosas no las hace como se dice que tienen que ser. O sí no cuida
de sí mismo; afrenta que viene reforzada por introyectos del tipo:
«Eres tonto por caerte», «eres tonta por ahogarte en la piscina»,
«si te caes, ven a que te pegue para que aprendas a no caerte»..
que consolidan la idea de autosuficiencia. Pues no solo está en la
desconfianza de que el otro no va a estar ahí para uno, sino que si
quiere algo debe tomarlo y hacerlo por sí mismo: «Si lo hago yo
solo, me quieren».
De este modo se construye la idea loca de tener que ser per-
fecto para ser; creencia que está introyectada de tal forma que no
se da lugar internamente a ninguna otra posibilidad. La perfec-
ción se entiende como la ausencia de emocionalidad y de necesi-
dad; no es un mecanismo consciente sino automático.
No puede permitirse tener problemas, y menos mostrarlos,
puesto que soporta mandatos familiares como: «No des más pro-
blemas», «ya tenemos suficiente», «tú no sabes lo que es tener
problemas».
Así es como el Ez conservación crea el hábito de ser el buen
anfitrión, el buen amigo o la buena madre, atenta y cuidadora: en
un afán de superviviente. Para sujetar el entorno caótico, se vierte
hacia fuera, poniendo el motor existencial en ser cada vez mejor,
cada vez más puro, en limpiarse de necesidades y emociones, en
vaciarse para ser hacia fuera, |
Este mecanismo no es solo una presunta garantía de que el
otro se quede conmigo sino también un estado de disociación:
evito conectar con el mundo interno doloroso que reprimo bajo
un estado de aparente vacío: no tener experiencias ni criterio
58
Otros rasgos característicos y consideraciones psicodinámicas
propio, no saber quién soy. Por ello una pregunta básica en el pro-
ceso es: «¿Qué me ha tenido que pasar a mí para que deje de sentir
y necesitar?» Herman” afirma: «La víctima infantil prefiere creer
que el abuso no ocurrió. Para conseguirlo, intenta mantenerlo en
secreto para sí misma. Los medios que tiene a su disposición para
conseguirlo son la negación, la supresión voluntaria de pensamien-
tos». Añadiríamos aquí la supresión de emociones.
El niño conservacional pasa a concentrarse en ser eficaz. La
idea irracional que se gesta es del tipo: «Si cumplo, soy práctico.
Tengo un sitio asegurado».
Pone toda la energía al servicio de cumplir con algo externo,
y así es imposible mirar para adentro. Entrar en ese estado de hi-
peractividad le impide pararse y conectar, con lo que no hay
consciencia de ser sin hacer. Á eso se suma una necesidad com-
pulsiva de que esté todo bajo control, con la profunda creencia de
que tal cosa es posible.
Rasgos característicos
Rasgos corporales
En El lenguaje del cuerpo? Lowen afirma del carácter histérico
que «viene en busca de ayuda porque algo ha dejado de estar
bajo su control y desea que vuelva a estarlo. [...] También puede
someterse a tratamiento analítico porque el control es demasia-
do eficaz».
El estudio bioenergético de la estructura histérica del carácter
apunta una gran rigidez corporal: la espalda está rígida e inflexible,
de la vio-
2. ]. Herman, Trauma y recuperación: Cómo superar las consecuencias
| a
lencia, Espasa, 1997...
3..A. Lowen, El lenguaje del cuerpo, 1988.
59
Psicología de los eneatipos
el cuello está tieso y la cabeza se mantiene erguida, la pelvis se ey.
cuentra más o menos retraída y se mantiene tensa. De ahí que |,
más relevante en este tipo es que la parte frontal del cuerpo está
dura, pues la rigidez del pecho y el abdomen son esenciales para |,
construcción de la armadura. Debemos entender ahí que la Parte
delantera es el lado blando y vulnerable del cuerpo.
El Ez conservación no es caracterológicamente un «histérica
puro». Pertenece principalmente al carácter rígido histérico con
tendencias obsesivo-compulsivas (el orden, el control, la hiperac.
tividad, el perfeccionismo y la autoexigencia).* Bajo la superficie
de rigidez subyacen además rasgos:
* esquizoides: «Querían un niño y yo era niña» (Tlse), «mi her.
- mano quería un niño cuando yo nací» (Assumpta),
«ya eran
muchos cuando yo nací, no querían más» (paciente de llse);
orales, en su forma compensada: la creencia omnipotente de
. poder cubrir los deseos del otro y la creencia patogénica de
«No necesito», «yo lo puedo hacer todo solo», «doy
y cuido al
Otro», | |
También se encuentran algunos matices de:
psicopatía, con la no disposición a ver la rea
lidad de la situa
ción familiar, el énfasis en los logros y una
cierta omnipotencia
Eo lograrlo todo, con grandiosidad
en relación al hacer;
so0 Da (ma| soquismo), con una cie cie rta dificultad para go-|
sep ae responsab
Zar
ilizarse de su rabq ia y soltar tanta sobre-
; Ao ;
carga de tareas y trabajo que asume.
4 Véase S. M. Johnson, Cp aracter styles. Norton 8 Company, Nueva York
E :
60
Otros rásgos característicos y consideraciones psicodiná micas
me ! a
Dependiendo de la prevalencia de estos rasgos casaoieniales
adicionales, ele cuerpo de un Ez conservación se ve liger ANNEDIe O
bastante distinto a uno rígido,
Ser el/la mejor, sser úril
Un ambiente infantil entre el Engaño y la seducción puede ser
origen de la base de desconfianza y la sensación de estar en peligro
y de este subtipo. El. registro de la niñez sería un «te dicen: Te doy,
pero no te dan nada»; u un mero halago con promesa yacía incluida,
- con lo que el niño no se puede fiar de quien le cuida.
En su libro Trauma y recuperación, Herman profuridiza
sobre la supervivencia en un clima de peligro, y aunque la sitisa-
2 ción de génesis de un E3 conservación no tiene por qué ser tan
Extrema, recogemos algunos fragmentos que bien pueden hacer
eco de su sentir:? |
e le elaprición a este clima de pio constante - requiere un estado de
* alerta continuo, Los niños que viven en entornos abusivos desarrollan
Unas capacidades extraordinarias para reconocer las señales de sn po-
sible ataque, Acaban sintonizando con los estados internos de los
|abusadores L..] Esta comunicación no verbal se convierte en algo
de
que pete, des Rad parte, fuera del ámbito
e sde: o
P colgciente. E
De quí la grann capacidad del Es 3 conservación para:cadiviar |
«
das, unecesidadess del otro, para estar a su. servicio, para hacer lo.
A que se espesa de él. dc lis.
Los niños ques viven LENA un. entorno a tratan 1 pues de a
- proteger) y el E conservación lo sue suele hacer es evitar le: |
A ti Cate
Me A
Psicología de los enearipos
ae ¿inc
mar la atención hacia sí mismo, quedándose
presivo. Como apunta Herman, «evitando a EXPresió
esto fra.
física de su agitación interior». Y a veces, cuando todo
s.
casa, «los niños intentan apaciguar a sus ADUagiS con demo
traciones de obediencia automática». Análogamente, los Miño,
futuros E3 conservacionales redoblan sus Estos para CONtro.
lar la situación de la única manera que creen posible: intenta.
do ser buenos. dd
En el Ez conservación es característica una historia de aban.
dono psicológico implícito por parte de los Padies: Como Miño
aprende a apañárselas en la vida con diferentes ingredientes; y,
molestar, no dar problemas, pasar desapercibido, cuidar de la f.
gura parental y resolver problemas del tipo que fueren. Y así, con
el tiempo, la actitud se hace cada vez más «dura» y va dando Paso
a lo largo de la vida a un constante ponerse por encima de los
demás, a una falta de confianza en la autorregulación Organísmi-
ca y a las ideas de: «Solo valgo si soy el mejor» y «solo existo si 5
útil». Su lucha constante por ser el mejor o útil nace pues de o
Una
demanda callada de no ser abandonado.
Autosuficiencia
Uno de los rasgos centrales en
el Ez conservación es poder
Este po solo
der de actuación y resolución
de situaciones con el uso de
losS propios recursos re( fuerza su
ca pacidad y la imagen que
st mismo:¡ la de una persona aut osufic tiene de
iente, con gran capacidad
resol
Pranamente; en cambio,
Superación fue
ron valoradas POsiAtivament la capacidad y la
e por el entorno. Suelen
62
Otros rasgos característicos y consideraciones psicodinámicas
ser niños precoces en el habla, el andar y el desarrollo de responsa-
bilidades adultas.
Control
El control es el reverso de la angustia, y la angustia o el miedo es
para un E3 una experiencia arrolladora y no permitida. La evita-
ción de la angustia interna se controla pues volcándose hacia fue-
ra, sin poner atención en el mundo interno. De ahí que el Ez
conservación esté disponible para todo lo que venga de fuera.
Asume este rasgo la idea loca de que la vida se puede y se
debe controlar. Esto se traduce en que la vida interior está bajo
control de forma automática y no hay movimientos internos, con
una autolimpieza continua a base de no contener ni reposar nada
de lo interno y estar en resolver los conflictos de forma que el
otro se quede bien con uno. Por eso no sostiene de ninguna ma-
nera el enfado del otro ni el conflicto. Paradójicamente, y debido
a su necesidad de que las cosas se hagany sean como él cree,
acontece una gran dificultad para dar sitio y validez al otro y a su
forma de ser y proceder. | |
Resulta gráfica una de las singularidades del camaleón, que
con cada ojo mira en distinta dirección. Así podría verse al con-
servacional: con un ojo controlando al de al lado y el otro puesto
en lo que está haciendo.
Este movimiento de control, que obedece a su necesidad de
seguridad, le lleva a controlarlo absolutamente todo a su alrede-
dor, desde lo cotidiano (orden dentro de la casa, en los objetos) a
la familia (dando consejos, resolviendo asuntos), pasando por el
trabajo. Es un control con que manipula a las personas con las
que convive para que hagan lo que necesita en aras de su seguri
dad: «Si haces lo que yo creo: que está bien, yo estaré tranquila».
63
tipos
Psicología de los eneá
es ve rd ad er am en te al otro y ahí tam.
mo
No se da cuenta de có co nt ra pa rt id a, su gran arto.
alidad. Pues en
bién enmascara la re má s co n a actitud de: Yo
cima de lo s de
sancia, el ponerse pol en sa s» , VI EN E de un miedo
có mo so n la s Co
sé y tú no tienes ni ¡dea de ol.
ot ro , a la vi da , al mo vimiento y al descontr
oculto al
|
Hiperactividad
del E3 con ser vac ion al es hac er varias cosas a la yez,
Otra faceta
tié ndo se tán to mej or cuá nto más hace. En este sentido la ac.
sin
entra una satisfac-
ción energetiza a esta personalidad, que encu
la mul tif unc ión . Est ar oc up ad o es por ende una forma de
ción en
a, una forma de
sentirse seguro, y pasar veloz de una cosa a otr
controlar.
le función. Por
- El hacer varias cosas a la vez cumple una dob
un lado refuerza la idea de poder y capacidad. Ese ideario de «qué
rque así se
bueno y qué listo soy» debe afianzárselo de continuo po
to con
oculta la torpeza interna. Por otro lado le impide el contac
el mundo interno; es decir, le dificulta pararse consigo mismo. He
aquí un testimonio:
Hacer varias cosas a la vez: preparar la comida, dar de comer a los gatos
. y poner la mesa al mismo tiempo es, a veces, muy habitual en mí. Nos
- falta creernos un poco más que nos cansamos físicamente, que te
mos derecho a hacer una sola cosa cada vez. Hago y me siento segura
no pido ayuda y me siento mejor que nadie, llego a todo y so da se
-. . perwoman, me desvivo por todos
y así me quieren (Yolanda).
Compulsión ayudadora
1 Otro rasgo inseparabl
e del automática 4
la necesi dad. vaci o es una tend enci a
ocuparse de
A Aida del otro, que dinámicamente depende
bg
Psicología de los eneatipos
momento de la emoción. Tengo la fantasía de que estoy hacieng,, el
ridículo, de flaqueza y humillación, de que aquella emoción xo combi.
na en ese momento. Veo la vergúenza, lo que los otros irán a Pensar
que todos se reirán de mí (Sandra).
En cuanto al movimiento psicodinámico que lleva de la cop.
fluencia a la diferenciación, es la necesidad de este subtipo de que
se dé un contacto primigenio y una fusión existencial la que |,
lleva a adaptarse al otro y, en consecuencia, a no contactar con
aquel ni consigo mismo. Tal actitud de confluencia compulsiva
impide la diferenciación, que se daría fruto de la aceptación de sí
mismo y de usar la energía no para hacer sino para mantener sy
particularidad frente al otro. El conservacional mantiene así e]
error de usar su energía al servicio del otro y para estar en e
mundo, cuando un movimiento más real sería el de emplearla
para asentar su individuación.
Por otro lado, el egotismo domina las relaciones interperso-
nales del Ez conservación, en especial las filioparentales y de pa.
reja, en que resulta común que no se actualice ante nuevas situa-
ciones, sino que se acomode en las establecidas. Cuando el
conservacional choca con las limitaciones ajenas, más que man-
tenerse en sí se adapta al otro por miedo al rechazo, al conflicto,
a la ruptura y a sentirse solo. Esta es la razón de su vivir en fun-
ción del otro.
Finalmente, esta orientación a ser amado desde el satisfacer
las necesidades del otro solo lleva en dirección contraria al en-
cuentro. Para relacionarse desde el amor es preciso hacerlo desde
la verdad (o realidad), y para ello es preciso superar antes el temor
a la pérdida. La comprensión de que relacionarse desde la verdad
solo es posible haciéndolo tanto desde lo positivo como desde lo
negativo (véase la rabia o la inadecuación
) resulta clave para que
este vanidoso llegue al encuentro.
56
Estrategia interpersonal e ideas irracionales asociadas
Esto nos esclarece de qué manera el E conservación refuerza
su sentimiento de soledad, y cómo su única forma de estar en
contacto es estar para el otro sintiéndose superior, en el sentido
de no dar problemas o no molestar. La idea irracional es aquí: «Si
valgo o te soy útil, me quieres; si doy problemas, no me quieres»,
y la relación pasa a ser un intercambio comercial: yo te sirvo para
un fin y tú me sirves para otro. Resulta dramático observar que,
al no entender la relación como acompañamiento o alimento
emocional, no tiene posibilidad de confluencia real a través de
aquello que precisamente proporciona el contacto y el crecimien-
to humanos. Ahora bien, él no tiene consciencia de la carencia,
que se resuelve haciendo.
Otro aspecto a considerar es la expresión de la rabia, que ra-
ramente se muestra de forma abierta, ya que es fea o propia de
gente sin refinamiento. En su lugar, aparece como ironía, com-
paraciones y mensajes descalificadores. Cuando el E3 conserva-
ción se siente injustamente tratado es capaz de tener una crisis de
llanto frente al otro, aunque más a menudo entra en una íntima
tristeza y se retira, como un niño.
La emocionalidad es pues infantil, histriónica. Por un lado
puede llorar cuando se le critica, sintiéndose la gran víctima. Por
otro, ante una nueva amistad o un nuevo proyecto suele entrar en
una lúdica excitación. Así, en compañía de otros tipos más expansi-
vos, como los E7, E8 y E2, puede llegar a gesticular de forma histé-
rica y exhibicionista, pretendiendo transmitir alegría y jovialidad:
Generalmente guardo mis emociones, reprimiéndolas. Cuando estoy
frente a un acontecimiento fuerte, en ese momento es como si yo no
sintiese; más tarde entro en contacto con lo que se vive. Es como si me
permitiese sentir solo después de que la situación haya pasado. La sen-
sación es que reprimo y retardo las emociones. Permitirme sentir en el.
momento presente es complicado; hay un bloqueo muy grande en el
55
Psicología de los encatipos
ue le al otro una relación de dependencia. Así, nop.
lo q genera
5
a en torno al rus a
Tú para ben *fic
efi cioi secunda.
malm en te la rel aci ón gir
acional de.
rio del Yo y no existe el nosotros. Es en esta idea irr
«Yo me hago cargo de ti para que tú me quieras» conde el E
conservación no muestra su fragilidad ni su vulnerabilidad, há
exigencia oculta es: «Yo estoy siempre que pa mecesitos Para
cuando te necesite yo; además no te voy a pedir nada y tú te tig.
nes que hacer cargo de la situación tal como yo creo que se debe,
El E3 conservación es muy susceptible pues a los errores aje-
nos. Si él se muestra vulnerable y el otro no está «a la altura», ny
lo perdona. En el fondo está buscando una incondicionalidaq
como la que él da (aunque falsa). Si el otro no actúa como eSPera
se siente herido con facilidad, y este dolor no se manifiesta ];pp.
piamente sino que toma la forma de consejos. No se le oirá decir:
«Yo necesito que...» sino: «¿No crees que es más conveniente
que...?» o «yo, en tu situación haría...». En suma, cree que hay
una forma adecuada de actuar y así funciona, esperando que el
otro la adopte a su vez. Alguien lo expresaba con la siguiente idea,
«Si me ayudas, ha de ser a mi manera, o yo te digo cómo».
Otra forma que adopta la evasión del error es evitar
los cop.
- flictos mimetizándose con lo que resulta adecuado
para la situa.
ción. Ahora bien, si el otro no hace lo mismo,
en la intimidad
puede mostrarse frío y duro, como forma de
agresión y descalifi-
cación. También tiende a ignorar al otro,
como si no existiera, en
caso de que le falle,
-No deja de sorprender que el co
nservacional no suela dejar
sitio a los de
mása la hora de recibir ayuda. En
desconfianza
el fondo hay una
muy profunda a que el otro
pueda estar para él,
pero de esta forma el St
o no existe (por lo que no le
ni tampoco perdón). ¿C pide ayuda,
ómo va a recibir ayuda de alg
existe, a la par que él uien que no
MISMO tampoco existe?
$4
E
j
pe
Estrategia interpersonal e ideas irracionales
aróciad
AA
ads
Tolero fatal equivocarme; me asustan la locura, los olvidos
que signifique perder el control de la Arado o E OS... . LOtodo lo
8 que mi pre-
sencia sea estar, decir y hacer no solo lo apropiado
ble— lo excelente y con apariencia discreta, pero sé —A ser posi-
- notar (Maribel). sé que me he hecho
En respuesta a este empobrecimiento existencial, la aparien-
cia dena este tipo ,es de autosuficiencia, seguridad y también arro-
gancia, de modo que en cualquier lugar procurará llamar la
atención, O por la palabra pretendidamente inteligente, o por las
ropas, la vivacidad, el humor.. . conforme a lo que le haga más
visible en aquel ambiente.
La estrategia interpersonal básica es granjearse el reconoci-
miento a base de hacer o ser indispensable para el otro; así es
como el E3 conservación siente que «se gana su derecho a estar en
el mundo». Desde aquí es invulnerable, intocable, incuestiona-
ble. La idea loca es: «Con todo lo que hago por ti, cómo vas a
cuestionarme que yo tenga derecho a ser querido por ti».
En conclusión, es extremadamente rescatador para el con-
servacional cuando consigue conectarse con el sentir profundo,
la ternura, la suavidad y la percepción de la conexión emocional,
sea: con otra persona o con su propia existencia. Con todo, para
que esto. suceda ha de estar muy relajado. Normalmente ante
una situación crítica la emoción se suspende, para dar lugar a la
acción.
Estas observaciones nos son útiles para comprender las rela-
ciones Yo-Tú, en las que el E3 conservación se muestra aparen-
temente entregadoy disponible, pero en el fondo resultan en
una confluencia superficial. Más allá de la interpretación que se
y no
da de ganarse el reconocimiento del otro (siendo perfecto
causando problemas), no puede "reconocer su necesidad, y es
esto —mostrándose seguro y ganándose la confianza del otro—
53
Psicología de los eneatipos
imagen gentil y suave. En el fondo él se cree que le cari enseñas.
do al otro cómo hacer las cosas, pero no en la forma directiva del
Ex sino sutilmente, pudiendo incluso aparentar humildad,
También es común en el Ez conservación un fuerte sentj-
miento de competitividad, de manera que siempre se está mi-
la
diendo con otros. Vive así una tendencia automática a anular
forma de hacer del otro, porque no ve que hay otra manera de
hacer las cosas que también está bien.
Otra idea loca implícita es: «Si yo invierto mi energía, mi yj-
talidad y mi discurso motivador, las cosas van a suceder». Es un
pensamiento mágico que le lleva de nuevo a hacer, y a una sensa-
ción de poder. Su alta capacidad de convencimiento va en doble
dirección: a sí mismo y al otro. Además, la capacidad persuasiva
del conservacional se apoya en su entrenada simpatía: siempre
una sonrisa en el rostro; una palabra positiva, bien humorada;
gestos atentos y cuidadosos. Una persona tan gentil y tan buena
no puede ser contrariada ni estar equivocada.
Invierte por ello mucha energía en que sea posible el «tengo
que caerle bien a todo el mundo y hacerlo todo bien». No es de
extrañar que se muestre totalmente disponible para todo el
mundo, sin criterio propio, en el sentido de que a todo «puede
sacarle algo positivo». Se construye así una imagen de que él
acepta a todo el mundo, y espera en consonancia que la confluen-
cla sea mutua. De ahí resulta que aparente ser una
persona justa,
que no juzga y no critica las acciones ajenas, pero es solo
una
E de ganarse ese mismo aprecio en el otro: que no le criti-
que ni haya nada que reprocharle. Vemos aquí cómo subyace una
is as el dolor: un E3 conservación no soporta ni la desva-
lor an nl la crítica, que ya son insostenibles cuando se produ-
cen en público. Como muestra, este botón:
52
ESTRATEGIA INTERPERSONAL
E IDEAS IRRACIONALES ASOCIADAS
por Amor Hernández, Vera Petry Schoenardie y Ferran Pauné
El oscurecimiento óntico del E3 conservación le lleva a relacio-
narse con el otro a través de la imagen que quiere proyectar. Se
trata de una imagen bonita, mezcla de inteligencia, eficiencia y
bondad, en que puede leerse: «A mi lado vas a estar bien, seguro;
soy tu mejor amigo, tu confidente; siempre voy a serte leal». Pero
el profundo sentimiento que tiene el conservacional de lealtad al
otro está, en el fondo, mal entendido, ya que se pone al servicio
de las necesidades del otro sin tenerse en cuenta a sí mismo. Po-
dría decirse que el individuo no deja que el otro pase hambre ni
sienta necesidad, lo cual le otorga un lugar de poder, al crear una
relación de sutil dependencia. 7
Y recordemos esa frase cotidiana para el E3 conservación:
«Quita, que ya lo hago yo». Así, aparentemente puede ser ayuda-
dor, pero en el fondo presenta un exceso de iniciativa y de impa-
ciencia, con la idea oculta de: «Sé cómo se hacen las cosas y las sé
hacer mejor que tú», o «mi forma de hacer las cosas es la correcta
pero tú aún no lo sabes»; es decir, una arrogancia oculta tras una
E
La necesidad neurótica característica
en una conducta donde la agresividad casi nunca va a percibirse,
a no ser en formas sutiles.
La neurosis lleva a la dificultad de reconocer las propias limi-
taciones y defectos, y desde la alienación del yo más profundo
aparece una tendencia autodestructiva, depresiva o incluso me-
lancólica. En esta situación reside una forma de tratarse dura, im-
paciente y exigente. Pero ese es justamente el momento para
aprender a conectarse con el miedo y con el vacío, y así sanarse a
través de la experiencia transformadora, en vez de seguir buscan-
do la respuesta en vivencias y encuentros insatisfactorios, solo
por la compulsión de ser en el contacto externo.
49
Piicología de los encatipos
persigue la sensación de no ser tan bueno como apeítn que sea,
Así que puede llenarse de ocupaciones que le ita neck.
a más, ¡tiene que
sario e importante. ¡Piene que esforzarye
u hsivo
competir aún másl, ¡tiene que brillar aún más! El Pater comp
al
está al servicio de huir de la ansiedad de un posible fracaso;
igual que el boicot: no aceptando desafíos más elevados (un cargo
correr
de mayor responsabilidad, un doctorado.) fin de no
riesgos. Malgastar buena parte de la vida controlando la de los
demás puede ser parte también de esta estrategia de huida del
miedo al fracaso:
Tolero fatal el fracaso, el más minúsculo de los errores, la palabra ¡n.
oportuna, un olvido, no haber llegado a tiempo, no' haber previsto
algo, no haber contentado a todo el mundo, no acertar con el regalo...
Sobre todo haberle hecho daño a alguien, haber hecho sufrir... Y cuan-
do eso ocurre, la agitación crece y ahora ya más ineficaz, nerviosa, in-
rentar arreglarlo haciendo algo para compensar (Maribel).
Encontramos en este cuadro caracterológico una gran difi-
cultad para dejarse descansar, para ver y sentir los propios límites
en la acción, llegando a no «escuchar» el propio cansancio, y así le
cuesta mucho «dejarse enfermar» y dejarse cuidar. Todo ello ge-
nerado en la convergencia de dos actitudes: «No doy importancia
alo que necesito» y «si me necesitan, existo».
Todo el mundo puede contar conmigo y haré lo que sea para compla-
.cerles si me lo piden. Yo en cambio no sé pedir, no sé recibir.
No
puedo estar en deuda, La gratuidad es una palabra difícil de asimil
ar
(Maribel). ! | |
El personaje construido por los deseos ajenos se convierte en-
tonces en el cuidador del otro y el Ez conservación se queda pe-
gado a la autoimagen de: responsable, útil y dig
no de confianza,
48.
La necesidad neurótica característica
La sensación es de vivir en una torre de vigilancia, donde los pa-
dres, los hijos, los amigos... están controlados.
Seguridad de ser «la mejor» en lo que se refiere a eficiencia, resolver
problemas de trabajo, emocionales, prácticos.
Poner cara de «como que sí» entiendo, sé, medito, veo más allá; de
inteligente, comprensiva, empática.
Presumir sutilmente de mis logros, de mis aventuras: «Qué avanza-
da eres», «qué vida tan interesante», «qué mujer tan valiente, libre, es-
pecial...».
La necesidad de llegar a ser mejor persona. Querer brillar por inte-
ligente, desarrollada, excelente profesional, terapeuta, maestra, pru-
dente, correcta, honesta, «buena gente».
Mucha dificultad en confrontar a la gente que quiero porque «no
me va a querer» o «se va a ir» (Ilse).
Las relaciones se establecen más en función de un futuro que
del presente inmediato. Un conservacional puede llegar a tener un
amigo «en el infierno» por si acaso acaba allí. Se relaciona con las
personas de un modo útil y práctico por si un día las puede necesi-
tar. Esto le da la seguridad que necesita para seguir adelante. Pien-
sa a menudo en lo que el amigo o la pareja le puede aportar si
mañana le pasara algo. No siente tanto la relación en presente sino
que se «invierte» en la relación para el porvenir.
Este cuadro caracterológico encubre una gran inseguridad y
miedo a hacer el ridículo o a equivocarse. Implica asimismo no
poder descontrolarse, con lo cual se vuelven grandes controlado-
res de sí mismos y de sus sentimientos, que pueden llegar a negar.
Son muy honestos; falsos —en el sentido del autoengaño propio
del Ez— pero honestos, con una gran autoexigencia para mante-
ner la fachada. La imagen es impecable pero en la intimidad
dejan salir la negatividad y pueden llegar a ser déspotas.
Muy presente en este carácter está el gran monstruo de la
idea del fracaso, de la incompetencia. En su fantasía, siempre le
47
Psicología de los encatipos
|
resun de que «puedo sola».
Presumo
amenos a dro
Desprecio | abiertamente
mn E apt
la gente de
» - ¿ y ps si
diente. Me siento satisfecha de haber logrado independencia y
aa
bienestar económicos, icos, y y pretendía que no me había costado (ahora sj
lo expongo). (se).
Para el Ez conservación, ser aceptado, comprendido y reco-
nocido por su competencia y cuidados es una necesidad tan pro.
funda como la de seguridad. Cuando eso no sucede no es raro
que todo se haga automáticamente, de CO con la expectati-
va del otro, y surge entonces la frustración y la sensación ES fra-
caso, el golpe definitivo a la seguridad en sí mismo y a la vanidad
herida. >
Muy relacionado con la necesidad de reconocimiento está el
sufrimiento cuando es ignorado por aquellos a quienes se dedica,
El E3 conservación espera silenciosamente el reconocimiento, y
no se siente amado si nada tiene que ofrecer o nadie está necesi.
tándolo o buscándolo.
Suele aparecer, además, un miedo al futuro cuando se enve-
jece y no se está más disponible para parientes o amigos.
¿Quién
le amará en su inutilidad? Razón por la cual aparentemente
tiene
más miedo del resto de la vida (miedo de dar trabajo, de la
de-
pendencia física, de la pobreza, del abandono)
que de la muerte,
Lo que lleva a este subtipo a vivirse de esa forma
es el miedo
ese ncial a ser y a responsabilizarse de «es
o que no se ve»: que sien-
te y que necesita.
Por otro lado, el Ez conservación
se rel aciona con las cosas y
las personas de una forma «práctica»; es de cir, escoge los
más en función de su utilidad objetos
que de su est ética, Por ejemplo,
ala
ue sea el más seguro; y
tiempo en ira trabajar.
oa Prácticos, el Ez conserva
enerlo t odo ción da la sensación de
bajo| control y al alcanc e de la| mano o de su
«mirado».
46
La necesidad neurótica caract
erística
bien cuidado; si no es así, perturba, ya que lleva a una sensación
de deterioro y fallo que es vivida como amenaza a la seguridad.
Hoy se ve un ceño arrugado en mi cara de tanta preocupación acu-
mulada. Que todo esté bien, que todo a mi alrededor esté bien. Y en
cuanto algo no va bien, ahí estoy yo tratando de arreglarlo con urgen-
cia. Una vez tuve una imagen de mí misma muy sugerente: soy como
una estaca sin clavar en la tierra, que se sostiene en pie porque está
rodeada de otras estacas a su alrededor que, apoyándose en ella, la
sostienen. De modo que la aparente sostenedora en realidad es la sos-
tenida (Maribel).
He vendido la imagen de «ser segura» a mí misma y al mundo: «Todo
está bien», «todo bajo control». No revelarme en lo profundo, porque
sé podría descubrir que no fuera tan segura (llse).
¿Cómo actúa en el mundo un individuo con tamaña preocu-
pación? Los E3 conservacionales son incansables trabajadores,
con la eficacia y la eficiencia como garantías de autocuidado, lo
cual lleva a la tendencia de querer ser el primero, el mejor. Llegan
por tanto a la satisfacción a partir del logro de la tarea, acaban
dando mucha importancia al logro personal y se llegan a obsesio-
nar, casi sin darse cuenta, en el «empeño del poder hacerlo solo y
sin ayuda». Se convierten así en especialistas de hacer varias cosas
al mismo tiempo, como si fueran seres de diez brazos y diez pier-
nas. La demostración del amor está en la tarea y puede aparecer
mucha frustración y/o enfado, si no se la reconocen o les dicen
- que no está bien hecha.
Me imaginaba que si hacía más horas en mi empresa todo estaría bajo
control en mi departamento y, si algo llegaba a fallar, nadie podría
acusarme de no hacer el máximo o de negligente y descuidada. Siem-
pre dar más para que nadie pueda decir. Mi jefe me llegó a señalar que
parecía que me responsabilizara de los actos de los doscientos emplea-
- dos del departamento (Assumpta).
45
Psicología de los eneatipos
Siendo tan aparentemente seguros y decididos, los conserva.
la necesiten:
cionales raramente piden ayuda o reconocen que
Frente a la inseguridad absoluta ycreciente durante la guens , creeme
seguridad tensando el cuerpo, hacerme chiquita, no neces itar. Ya un
rme más
poco más grande, entre los ocho y doce años, empecé a senti
que los demás, a fingir no tener miedo, aencerrar los sentimientos, a
scouts (lse).
sentirme segura en los deportes, la gimnasia y las girl
tiene
El instinto de conservación al servicio de la vanidad
ección; no en
también que ver con una imagen de bondad y perf
que es tan
el sentido de superioridad de otros caracteres sino de
perfecto que ni lo parece: puede dar la apariencia de tener errores
la seguridad
si eso es lo que hay que hacer. Esta imagen le reporta
casi por
de seguir siendo aceptado por el otro, del cual depende
entero. El Ez conservación no va a perder las formas en primera
instancia; es como si no fuera a pasar nada (en el sentido amplio
de la palabra). Por otro lado, se hace querer en el sentido de que
lo pone fácil en las relaciones; es decir, si genera un conflicto lo
resuelve. Si se enfada con el otro, lo hace todo: sentencia y ejecuta
sin contar con el otro.
Para el mundo, una persona así es muy útil (la palabra que
más aparece en el vocabulario de un E3 conservación), pues sabe
ser discreta y adivinar los deseos y necesidades de quienes le ro-
dean. Pero el precio a pagar es alto: su posibilidad de desarrollo se
vuelve difícil, pues aquellos que reciben su ayuda no están intere-
sados en que la retire. Como recuerda Suzy con elocuencia: «Ya
decía un amigo que los Ez no deberían hacer trabajo personal
porque se transforman en personas inútiles».
No debe extrañar tampoco que la ansiedad sea alta y cons-
tante, y que aparezca en la persecución de quererlo todo
bien y
correcto: todo tiene que estar «entero»,
con apariencia de nuevoy
44
2
LA NECESIDAD NEURÓTICA CARACTERÍSTICA
por Ferran Pauné, Amor Hernández y Assumpta Mateu
Como hemos visto, la motivación neurótica de la vanidad en el
conservacional está al servicio de solucionar el sentimiento de
precariedad de la propia existencia. Los esfuerzos para contener la
ansiedad respecto a la satisfacción de las necesidades básicas se
pasionalizan, tomando la forma de una excesiva búsqueda de se-
guridad.
Llegamos así al núcleo de la forma de conducta, siendo «se-
guridad» la palabra clave que define este subtipo. Se trata ni más
ni menos de seguridad para asegurarse la supervivencia. El reco-
nocimiento ajeno es una de las bases para sentir seguridad y por
eso al E3 conservación no le gusta ponerse frente al mundo y
brillar, ya que ello supone un riesgo, que a él no le gusta: eso es
propio de la vanidad más ostentosa. Claro está que se trata de una
falsa humildad, pues la vanidad de no tener vanidad es un querer
destacar pero sin que se note. El Ez conservación busca y da amor
en la seguridad. Vendey ofrece seguridad. Por ello es un buen
consejero y conversador, y con un cierto perfeccionismo de que-
rer hacer las cosas bien.
43
del nopoder sostener el vacío de «no sati
sfacer, puesto que hay
yn miedo profundo al contacto real. El conserva
: ci
onal no sabe
manejarse con la realidad y esta torpeza y O Se sostiene ni se
mues-
era, sino que sea traduce en un «nO saber decir
que no»: no sabe
| e, ni ped con fl; k
defenderse, ni pedir ni entrar en conflicto; resultánd ole más fácil E
; $
aparentemente, estarE para el: otro y evitar así la confro ) ntacióión.
Cubrir la necesidad ajena tiene una dob]
e función. Por u A
o sese evit
e v i t a e l
a el conflicto con el otro, que no llega a contactar con
lado
la insatisfacción de su necesidady por tanto tamp
oco con la fr
tración, con lo que no dirige su destructividad hacia el ayudador
Por otro lado, el E3 conservación está tan ocupado en d otro 2
no se hace Cargo de sí mismo. La sensación de no necesitar induce
a una aparente fortaleza y perfección, que le da poder sobre sí
mismo; sensación que viene reforzada por el hecho de empezar a
ser una figura de referencia para el otro y ganarse así un sitio.
También es cierto que la compulsión ayudadora es a veces
una proyección de la propia necesidad. En ese sentido, el conser-
vacional debe aprender a pedir, a dejarse nutrir por el otro, a
abandonar el papel de fuerte, a mostrar la fragilidad, a pedir per-
dón, a decir no, y a vivir y dejar vivir.
de referencia
Ser una persona
Como acabamos de ver, otro rasgo a considerar es el de persona
com-
_ de referencia, el: cual es dinámicamente dependiente de la
se es-
pulsión ayudadora. Proviene de la tendencia a hacer lo que
de ser inadecuado. Esa
peta de uno, por no sostener el conflicto
o ni quieto, que
actitud se convierte en un no saber estarse callad
n,
a una tendencia a ser el líder de cualquier reunió
desembocen
bien tejiendo una red p.
- aunque ño de forma «obvia» sino más
de tener siempre algo que decir y
hacerse imprescindible. A base
e
Psicología de los eneatipos
algo que ofrecer, el conservacional crea dependencias. .
A través de su bienintencionada forma de ser puede lea, li
conversación donde se espera, buscando siempre el reCONOCimiep..
to de los demás y adaptando su sentir a lo que cree se espera de 4,
Resulta característico que este vanidoso meta sus «cuñas» deforma
constante, sin haber acabado de escuchar muchas veces lo que la
otra persona tiene que decir, teniendo ya el discurso preparado y,
contrariamente a lo que neuróticamente cree, diciendo cagi |,
mismo que se acaba de decir, solo que con su toque final,
En muchas ocasiones me veo diciendo esa palábra que no le sale y]
otro, como una forma de decir la última palabra, y en nuestra Creencia
está que hemos quedado muy bien, cuando en realidad no hemos di.
cho nada más que el final, que le hemos quitado de la boca al interjo.
cutof. Es un querer quedar bien a costa de los demás (Yolanda).
Confluencia
Si consideramos la confluencia del E3 conservacional como una
forma de supervivencia, podemos comprender la exigencia de ser
para el otro como estilo de vida. Este aspecto lleva a desarrollar
individuos altamente intuitivos, que en esta faceta se parecen al
E8, aunque con motivaciones bien diferentes.
El dolor de la individuación, el riesgo de ser y el miedo
se
ocultan bajo el hacer lo que se espera de uno, que es una forma
de
no enterarse del automatismo que cubre el vacío existenc
ial de no
saber qué hacer para uno mismo, de no ten
er ni idea de para
dónde dirigir los pasossin que baya Otro ea les movili
ce haciala
_acción constante, )
Cabe añadir que la fisión o confluencia
con el otro es una
manera de sentir poder, Al crear
la dependencia desde la bondad
se alimenta laidea de que se es
necesa: rio. No obstante, ello entra
66 : 2d
Otros rasgos característicos y consideraciones psicodinámicas
ña una enorme dificultad para estar solo, para reconocer los pro-
pios sentimientos, necesidades y límites. Además, esta confluen-
cia o ser para el otro permite culpabilizarle sí algo no funciona, en
una evasión de la responsabilidad de ser, sentir y necesitar.
Este no saber seruno mismo sin la mirada y aprobación de
otra persona se asemeja ala fusión que vive el Eg, pero en vez de ser
un servilismo automático e indolente, en el Ez tiene un trasfondo
de ayudar, aconsejar y escuchar para no sentirse solo y para ser que-
rido. Setrata de una inversión a largo plazo, donde los ingredientes
de paciencia, contención, retroflexión y aguante son habituales.
El destierro del error
Relacionado con la imagen de bondad y eficacia está el no permi-
tirse el error. Un E3 conservación no distingue el pensamiento de
la acción: actúa sin digerir el pensamiento. De este modo el pri-
mer «error» para un Ez sería pararse consigo mismo, «ser egoís-
ta», centrarse en qué quiere para sí. |
El error que hay en no querer cometer errores proviene del
miedo a la descalificación, al rechazo. Estamos ante una necesi-
dad vital: el rechazo es como la muerte para este subtipo, que en-
tiende que sí alguien censura su manera, le está censurando a él.
En definitiva: si se censura el hacer, se anula el ser.
Competitividad... € da
Otro rasgo característico del Ez conservación es-sentir que la su-
peración es un estilo de vida. No solo se trata de hacerlo mejor,
sino de ser mejor persona, Adecuarse a los valores que se esperan
- de él le refuerza la idea de ser alguien adecuado y perfecto.
adecuado»,
-—Esuna forma de imantener la vanidad en «el nivel
Psicología de los eneatipos
no bajar el listón y hacer cada vez un poco se para co E
marca anterior, frente a los demás y frente a sí mismo. de con.
servación es un carácter esforzado en el bien hacer y guar a simi
litud con el E1, que es un perfeccionador desde la moral Mientras
que el Ez es un autoperfeccionador desde el hacer. Desde Esta
postura enseña a los demás cómo se han de paces las cosas Para
que salgan bien, sin error y a ser posible a la es
Algo muy propio de este subtipo es el «quita que ya lo hago
yo», pues subyace la creencia de que él lo hace mejory en Menos
tiempo que los demás. Ganar tiempo es importante por lo que se
torna rápido para tener más tiempo para Enea más oe con lo
que gana mayor sensación de eficacia y capacidad. El olvido de si
con la vanidad toma aquí la forma de engordar el ego a fuerza de
desgaste.
Orden
Cuando pierde el control y aparece una emocionalida
d desbor.
dada, el E3 conservación suele enfadarse cons
igo mismo o con] a
persona o situación involucrados. Porque ¿para qué
sirven las
emociones? Él considera que sentir es una. pérdida
de tiempo y
que no soluciona nada. Las emociones
rompen la sensación de
orden y de tenerlo todo bajo control
-— Ligado al perfeccionismo, el orden
es un valor que tiene
mucho sentido en la vida del co nser
vacional, que es ordenado en
los diferentes aspectos de su exis
tencia, desde el orden material en
la casa a la familia o el trabajo.
-
_Autoexigencia
Otros rasgos característicos y consideraciones psicodinámi
: 2ECAs
1 ptoexigencia es como una fuerza desbocada que lleva al Ex
z onservación, por otra vía más, a desconectarse. Le impide ace ]
car las cosas. COImos9n y contener lo que no le gusta (como el a.
fado con alguien), exigiéndose aún más para ser mejor. |
La autoexigencia tiene que ver con el no permitirse el error y
con que las cosas no salgan como había planeado, algo que le et-
nera mucha rabia contenida, ya que el gran esfuerzo que acomete
muchas veces no le sirve para nada.
La dinámica persistente es no rendirse ante nada ni nadie,
controlando cada paso, repasando cada gesto del otro y culpabili-
zándose cuando no ha salido lo pretendido. Por ello rendirse sig-
nifica derrota, siendo característico el intentar solucionar o supe-
rar una contrariedad de «todas» las maneras imaginables para
llegar al objetivo previsto.
Saberse vender
La imagen que vende un E3 conservación es la de una persona
segura, confiable, amable, disponible, fuerte, que no necesita
ayuda, que lo hace sola, que no va a molestar, que sabe hacer pa-
sar un buen rato, que no se enfada, que lo pone fácil, que no va a
crear conflictos. Pero a diferencia de la persuasión del E7, donde
ser admirable está al servicio de la complacencia, en el Ez la capa-
cidad de vender una imagen está al servicio de ser aceptado. Por
ello es fácil de querer pero también de no ser tenido en cuenta,
porque su disponibilidad y su buen hacer acaba siendo aburrido.
69 :
EMOCIONALIDAD Y FANTAS
ÍA
por Amor Hernández y Ferran Pauné
Si tomamos la metáfora del E3 conservación como un «hacedor»
o «una fábrica de resultados», entendida como una disposición
del ser hacia el hacer, se puede decir que este E3 no siente, sino
que «fabrica» los sentimientos para adecuarlos a un objetivo con-
creto: obtener reconocimiento.
Su compulsión a la acción le hace desidentificarse del sentir
propio, que no sirve para nada. Alberga la idea de que «sentir» es
«poco productivo», una función de la que se «puede» prescindir
ya que no es útil a la consecución de algún logro específico.
Cuando el E3 conservación se para y se da cuenta de que al
crear un personaje ha «desterrado» el ser, lo primero con que se
topa es con «un vacío de sí». La emoción que aparece reconocible
es el miedo, como estado previo y originario del carácter.
No hay por tanto confianza en las propias emociones, a las
que solo da espacio cuando «son insostenibles» y «bloquean la
productividad». La relación con sus emociones es calculada: les
da espacio controlándolas, sobre cómo, cuándo y por qué se ex-
presan, y van acompañadas de razones y justificaciones. Con la
71
Picolugía de lor modi po
espontancidad emocional Asi bloqueada, la aparlencia del ls
conservación es de seguridad, autosuficiencia y arrogancia,
con el eo
Al estar la emoción contenida, sin un vínculo real
tazón, cuando emerge de forma inesperada provoca una sens
ción de vulnerabilidad que es compensada con una acción q
forma de reto o de superación de uno mismo, El siguiente tes.
monio resulta esclarecedor;
Me acuerdo de cuando recibí la noticia del fallecimiento de mi padre,
tnmediatamente apareció un peso de toneladas en mi pecho; casi no
conseguía respirar, me quedé sin actuar por unos segundos y enseguí
da mi cabeza empezó a funcionar a toda velocidad: en pocos minuto,
va solucioné los pasajes, tomé las decisiones en relación a las cosas del,
casa, llamé al consultorio para dar instrucciones a mi secretaría, etc,
¡Todo esto con mi marido a mi lado dispuesto a ayudarme! (Vera),
El conservacional tiene, en suma, una enorme dificultad para
«dejarse sentir» y tomar el tiempo y el ritmo del corazón,
Otra característica es el hábito de «mirar hacia fuera» para
comprobar si la imagen «encaja» con lo que está sucediendo, De
ello resulta una obsesión por «no molestar», así como por «sentir
en el momento adecuado». No resulta difícil comprender que no
haya pues tolerancia ante la crítica: en caso de que llegue tras
haber manifestado un estado de ánimo o una opinión «cargada
emocionalmente», ya sea con rabia o tristeza, el E3 conservación
se queda desconectado o perturbado, desordenado y se aparta.
Aparece entonces la fantasía de «no ser válido» y la sensación de
peligro inminente, pues la relación con el otro está en riesgo si 4
este no le gusta algo de lo que él hace o siente. Veamos este proct-
so de represión de las emociones:
a como sí me permitiese sentir solo después que la situa
ción ya pa
sensación es que reprimo y retraso las emociones. Permitirme
sentí
ES
Emocionalidad y fantasta
en el momento presente es complicado, no loO sésé
0explicCar, 1 un blo-
queo muy grande en el momento de la e moción (SanV dra) e .
Podemos ahora comprender cómo y
por qué recrea este sul
1d € . o $ )-
tipo la situación a la que se va a enfrentar, imaginando cómo va a
ser Y» cuando ya ha pasado, fantaseando cómo podr
ía haber sido
mejor. Programa, en suma, las situaciones tanto
hacia el futuro
como en el pasado, dejándose poco espacio para estar en el pre-
sente y vivir la situación como un proceso, escuchando qué siente
y qué necesita. El E3 conservación conceptualiza las emociones, y
en el momento que toca aparece la adecuada, tal como ha sido
ensayada en la anticipación. No hay consciencia tampoco de ese
fabricar la emoción: toma por auténtico lo que no es sino una
actuación:
Mi cabeza funciona sin parar, se adelanta a las situaciones, contem-
plando las distintas posibilidades, imaginando lo peor que puede pa-
sar, para tener todo bajo control. No solo aparecen las imágenes y las
posibles salidas, sino que también siento lo que sentiría... Como si fa-
bricara no solo escenas sino también emociones (Maribel).
En este velo a la emocionalidad, la vulnerabilidad no se le
muestra al otro y se esconde en el fuero íntimo. Le cuesta mucho
exponer sus sentimientos y reconocer la necesidad de ser atendi-
do y cuidado.
No sorprende así que el E3 conservación aparezca alegre y
desinhibido, y el buen anfitrión en las situaciones sociales, solíci-
to y divertido; una vivencia que es solo externa. No está realmen-
te conectado con la alegría profunda, que arraiga en una cualidad
amorosa que él mismo ha secado en su interior. Ni siquiera con la
diversión: tiene muy poco contacto con el juego, el ocio o el pla-
cer, que considera una pérdida de tiempo; igual que «sentir», que
sirve solo si es para un fin. La amistad tampoco la entiende en
73
Préselegsa de dos EREGTpa
éeminos de sacompañamientos sino de ode me AS Cicas SS
ñ se tueran E STAN
«por si acaso, S invierte en relaciones por
a y lo,
en caso de peligto emucional o de soledad
des que un amigo <s una necesidad emociona A $8 ssh
sencillamente con el calor de la compañía. De la misma lorma
por ha.
tampoco entiende teuniones de amigos «donde se habla
tener Un
blar» o «nos juntamos para pasar el rato». O bien han de
sentido práctico o el E ¿conservación debe cumplir una función,
serel anfitrión, divertir, ser ocurrente, set confidente, ayudar. .
Ahora bien, como ya quedó apuntado lo más característico
de sus emociones es que las fabrica, «mimetizándose» con el
medio o la situación. Esta fabricación es a menudo tan AUTO MÁ.
ca que no es consciente, Á medida que el E3 aprende a parar; ,
aprende a no fabricar. Como dice Suzy: «Yo sentía lo que fabrica.
ba, no lo que sentía en realidad». «Ojos tristes más allá de la ima.
gen de felicidad mostrada», apostilla Assumpta.
La capacidad de fabricar la emocionalidad es prolífica y dey;.
va en campos muy diversos. Así, es típica del conservacional |,
fantasía de que está en el mundo para que este sea mejor con y
presencia. Existe la fantasía anastrófica de convertirse en una f.
gura de referencia para los demás, alguien que ayuda y es necesa.
rio. Para mantenerla vive por encima de sí y no se encarna en la
persona que es.
La fantasía catastrófica es la contraria, en el sentido de quesi
no hace alguna cosa, algo malo va a pasar. El E3 conservación
cree necesario en el mundo, sobre todo en el de su familia: si él no
está, todo se va a descontrolar y a salir mal. Esto sucede de forme
especial con los hijos. Si él se para, todo a su
alrededor se va
pasat; Por eso no puede ponerse enfermo
ni deprimirse. Y si no
“mantiene todo en marcha», cuando
llegue el momento en qu
necesite ayuda tampoco
| se la merece.
la tendrá porque no
74
Emocionalidad y fantasía
Hay una gran dificultad para ver la realidad, no
como él la
desea sino tal como es. Dado que él hace «todo lo posible por el
otro», no concibe ni acepta que el otro pueda «fallarle»; es decir,
que no se haga cargo de la situación tal como él haría. Aquí
la
fantasía es: «Si yo hago todo lo que esperan de mí, cuando yo lo
necesite el otro hará todo lo que yo espero». Se ve cómo el Ez
conservación, invierte emocionalmente en función de su seguri-
dad futura.
En el ámbito de las fantasías sexuales, aparece con frecuencia
la compensación a toda esta contención y falta de ser característi-
cas. Así, son frecuentes las que implican libertad y expansión:
Mis fantasías sexuales siempre fueron con hombres a los que amé. Con
mucha libertad, en el mar, en la playa, en el bosque, en la piscina...
Siempre en lugares abiertos y distantes, como islas desiertas (Nilda).
A menudo implican la trasgresión de lo prohibido, como
una válvula de escape al control:
Mis fantasías están ligadas a tener relaciones sexuales en un autobús de
viaje. Está lleno de pasajeros y de noche, cuando están dormidos, yo y
mi novio comenzamos a hacer el amor. Entonces se despiertan y co-
mienzan a mirar y a excitarse... Varias personas empiezan a masturbar-
se o a hacer el amor también.
Son siempre en público, en un lugar donde no conozca a nadie para
no quemar mi imagen, como en la playa o en una casa de espectáculos;
siempre rodeada de personas que miran y que enseguida empiezan
también el acto sexual (Sandra).
INFANCIA
por Ferran Pauné
¿Cómo es la infancia del E3 conservacional? La respuesta a esta
pregunta puede darnos luz sobre cómo se gesta una personalidad
así en el curso de su vida temprana.
Destaca en la infancia de este tipo una fuerte sacudida emo-
cional en la más primaria de las necesidades instintivas que for-
man parte del crecimiento: la supervivencia. Al ser frustrada,
agredida o impedida, esta necesidad crea en el Ez conservación
inseguridades y temores que le impiden sentir la plenitud y la
seguridad: la de que en el mundo se puede vivir, más que sobre-
vivir.
Mi madre cuenta que lloraba mucho; me calmaba cuando me daba el
pecho pero pronto volvía a llorar. Hace un tiempo descubrí que lo que
yo sentía no era hambre sino frío (Maribel).
icos.
Entre los nueve meses y los dos años sufrí fuertes procesos asmát
vivida en cama:
Un poco mayor, recuerdo la fuerte angustia y ansiedad
me longitudinal-
me ponía boca abajo, en posición fetal, meciéndo
a. A los seis años acusé miopía, que pro
gresó has-
mente, con insistenci
ta los veintiuno (Ferran).
77
eatipos
Psicología de los en
da d un a in fa ncde ia marcada por
pers o na li
Vemos pues en esta no ac ep ta ci ón o rechazo,
temp ra na s de
experiencias familiares s pad res se mu1 estre exigente,
e un o de lo
Suele ser común qu og en it or su ela presen.
uye qu e el ot ro pr
En este caso, también infl ct er evasivo. “Tal como
l se cu nd ar io O UN ca rá
tarse con un pape
a: «F ui cr ia da co n mu ch a rigidez por parte de mj
recuerda Nild mi padre (Es)».,
telectualmente por
madre (E1) y conducida in empre, que la
ha bi tu al , au nq ue no se dé si
En esa situación es
lidada por la
figura parental mascul ina no llegue a ser válida (o va
s dé bi l o au se nt e. El ni ño as ume así la figura del
madre), y sea má
ione bien ni que disponga
padre porque no siente que esta func
pecialmen.-
de un modelo de figura masculina válido. Esto se ve es
te en las mujeres Ez conservación, en quienes hemos observado
que pueden internalizar el padre por el mecanismo de que si la
figura no está fuera, la asume ella.
Mis padres convivían con mis abuelos paternos. Mi abuela, una mujer
dura, era el referente en la casa, la superwoman; había parido y criado
un montón de hijos y sabía hacer casi de todo. Mi abuelo, casi invisi
ble. Mi padre,
padre, pegado
pegad a las faldas de su madre, y casi l siempre
si fuera de
casa, trabajando como albañil y de bares después delel trabajo. trabajo. Mi
Mi ma-
p
dre, una sufridora (Maribel).
También suele darse una situación de no aceptación del hijo
ta
)
nto física como instintivo-emocional. En el caso
Dos . . . .
físico puede
deberse a que el niño
“- no cumple | expectativ: . ¿ .
as
eE
familiar. En el instinti P as del imaginario
a PS emocional, suele darse una imposibili-
os padres de estar con la vitalidad de ese ser o con 1
a Cx-
presióo n de la rabi la. No olvidemo
s que el Ez es un tipo energéti-
O. De este modo, el niño
de su rebeldí fic menudo se encuentraA con laq no
aceptación la (fuerza, vital;
dres amorosos: za, vitalidad y rabia) aun con pa
78
Infancia
antes de mí, mis padres tuvieron dos hijos varones,
Después de 1 anto
tiempo nació la tan esperada niña. Y resultó que nací con un defecto
de fabricación: una tortícolis congénita. Sabiendo que sufrí una ciru-
ía correctiva CON sels años de edad, com prendo que esto fue un recha-
DO Rechazo que yo internalicé ya que no tengo ningún recuerdo el
una imagen de mí antes de los seis años. La primera que
(ERGO es
delante del espejo con una armadura de yeso que me cubría toda basta
la cintura ¡dejando solamente los brazos y el rostro fuera! Myy sinto-
mático que, para corregir una imagen tuerta, ¡precisé estar un largo
tiempo enyesada dentro de una postura fija!
Al percibir el rechazo de mi imagen, de modo muy profundo «de-
cidí», en algún momento, crear una nueva imagen, de la cual todos
podrían enorgullecerse, mucho mejor que aquella que mis padres ha-
bían creado y no aceptado. Una imagen sobre la cual yo tenía control
(imaginario). Y yo no precisaría de nadie para esto (Vera).
Después de mi madre, los primeros que me vieron fueron mi abuela
materna y mi padre. La abuela dijo: «Es feílla, ¿no?» Y mi padre tuvo
que admitir (Maribel).
Después de mi hermano mayor, nacimos gemelos. Nació primero mi
gemelo. Mi madre creyó que el parto se había acabado y no se enteró
de mi presencia hasta que el médico dijo: «Viene otro», un cuarto de
hora más tarde. Siempre me contaron que a mi padre se le encaneció el
cabello de golpe. No me esperaban y yo era una carga más. De adulto
he tenido diversos imsights en los que lloraba justificindome: «¡Tuve
que nacer para vivir!»
Desde mi primera infancia (cinco-seis años) mi padre, con una
máscara asentimental, desprestigiaba cualquier muestra de sentimien-
tos auténticos y reprimía en mí las manifestaciones de energía: agresi-
vidad, lucha, rabia impotente (Ferran).
Si una característica destaca en ese mundo infantil, es la au-
tonomía como supervivencia. Existe una búsqueda y una convic-
ción de que la supervivencia está en la autonomía.
79
Psicología de los encátipos
Yo debía tene,
En casa siempre se contó una anécdota durante años,
entre ocho o nueve meses, mi madre trabajaba en la tienda de la fami.
pri.
lia en el piso inferior, y yo dormía en la cuna de la habitación del
a
mer piso de una casa muy grande, Mi madre me venía a ver muy
menudo, El caso es que se dio cuenta de cómo yo empezaba a Mora,
cada vez que subía a verme, Decidió que no podía verme llorar cada
vez, así que empezó a mirarme por la rendija de la puerta. Un día po
de la
lo visto debía estar muy cansada de mi soledad, el caso es que salté
cuna al suelo y seguí gateando por un largo pasillo, bajé un piso y mo.
dio de escaleras y pasé por otro largo pasillo a oscuras, hasta que llegue
ala puerta de la tienda, dónde me encontraron llorando. Mis padres Se
pegaron un susto de muerte, no daban crédito.
En un trabajo de la línea de la vida tuve un fuertísimo ¿nsight y pude
percibir cómo esa vivencia marcó claramente mi carácter. Me di cuenta
de que ahí se podía haber quedado fijado el tema de que tengo que pro.
veerme yo misma porque nadie va a venir a darme; que yo puedo, que
soy en cuanto hago, que en realidad nadie está para cuidarme. El condi.
cionamiento es tan fuerte que incluso con una madre hipercuidadora
generosa no he podido descansar realmente en nadie (Assumpta).
Nací fuerte y vigoroso, lleno de energía vital (la que a mi gemelo le
faltaba). Ya de pequeño me mostraba muy cariñoso y comunicativo
con todos, capaz de ganarme su afecto (Ferran).
El reconocimiento como E3 conservacional viene de la fuerte necesi-
dad de percibirme segura. La fantasía loca es que teniendo abasteci-
miento financiero suficiente podría conseguir «burlar» o «comprar» la
salud, la longevidad, y no me sucedería nada malo (Vera).
La combinación entre rechazo (o no aceptación) y la necesi-
dad para con el adulto lleva al niño a agradar, buscando el reco-
nocimiento de —al menos— uno de los padres. Hará
aquello
que será valorado, como evoca Maribel: «Mi padre celebraba fies-
a a casa, Me ponía música para que bailara mien
t
, dia
tras todos los
' á
md Jares y amigos me hacían corro y palmeaba
n... Y yo ponía o
alma para no defraudarle y que qued
ara bien».
80
[ nfancia
No es de extrañar pues que suela tomar un modelo (de uno
de los padres o de alguna figura cercana) para poder salir de |
a
¿ngustia que supone no sentirse seguro en el ser pero
tampoco en
un hacer Que cabe entender como el primer hacer, la primera
eapa donde todavía se está ensayando qué es lo más adecuado
para ser aceptado.
La adolescencia vino marcada por una deficiencia importante
en las
relaciones sociales. Influyó enormemente mi padre, al que tomé
como
modelo. Procuraba siempre opinar como él, pedirle consejo para ac-
ruar en cualquier situación, y sus ideas, palabras y modo de hacer eran
prácticamente siempre seguidas por mí (Ferran).
La suma de lo expuesto hasta aquí, como elección de vida,
lleva inevitablemente al conservacional a hacerse adulto antes de
tiempo, ocupándose de los demás o de conseguir seguridad me-
diante el trabajo (estabilidad, dinero). Veamos un hecho que
marcó la fijación del instinto conservacional en una mujer hacia
los cinco o seis años de edad:
Mi madre era exigente en exceso (lo bueno es enemigo de lo óptimo,
decía). No le bastaba con que yo ya leyese y escribiese perfectamente.
Era preciso que yo aprendiese a la perfección los puntos de bordado
que enseñaban las monjas. Yo detestaba aquello, lo encontraba inútil
y, por más que me esforzase, no conseguía hacer correctamente los
puntos y acababa llorando. Eso provocaba la ira de mi madre, que me
castigaba y se peleaba con mi padre, que me defendía siempre.
Una noche, tras una de aquellas discusiones, mi madre vino a mi
cuarto y dijo: «Un día, os vais a acordar y me marcharé; así tu padre no
se peleará más conmigo por tu culpa».
Estuve semanas sin dormir, vigilando la puerta, preocupada por
resolver
mi padre. ¿Qué sería de él sin ella? Me llevaron a médicos para
el problema del insomnio, tomé medicamentos y no sirvió de nada.
padre
Un día encontré la solución: resolví que podría cuidar de mi
y de los gatos de casa. ¡Y sin llorar!
81
Psicología de los eneatipos
Comencé a observar a mi madre. ¿Cómo se hacía el arroz? y las
huevos de que a él tanto le gustaban, ¿cómo se preparaban? Layar Ca-
misas era fácil, pero planchar iba a ser muy complicado... En Poco
tiempo me sentí preparada. Ella se podía marchar cuando conmigo,
Quisiera
Volví a dormir, con la certeza que mi padre estaría seguro
Yo me cuidaría de él, de la casa y de los gatos. Fue cuando cambié el
«ser» por el «hacer».
Aprendí que no se resuelven problemas llorando, mucho menos ey,
público, y que el mundo es de los más fuertes (Nilda).
Definidos por sus semejantes como adelantados a su edad,
estos niños encuentran en ello una sensación reconfortante, Así
lo recuerda Ferran: «Compraba libros de mi pasión, la naturale.
za, con mis primeros ahorros, cuando los demás niños todavía los
invertían en golosinas».
No es de extrañar pues que el valor del trabajo les sea inculca.
do desde pequeños:
Vengo de una familia de condiciones financieras muy precarias y yo
deseaba tener cosas, juguetes, ropas (mi madre solo compraba ropa
usada)... pero nunca era posible; no teníamos dinero. Entonces fanta-
seaba que quien tenía dinero era muy feliz (Sandra).
Mi abuela valoraba mucho el trabajo y el esfuerzo. Buscaba tareas que
encomendarme y me daba algún dinero a cambio, de forma que yo me
sentía valorado y además tenía una pequeña independencia económica
para mis aficiones. Trabajaba duro a fin de agradarla (Ferran).
Esta situación lleva de la mano el rechazo al placer y a la di-
versión, muy evidentes en la represión de la sexualidad.
Observamos por otro lado cómo el conservacional procura
desde la adopción de modelos, no repetir la infelicidad de los p:
dres. La expresión de ese deseo tiene lugar de múltiples formas
tales como la determinación de no casarse, de querer ser alguien
en la vida, la voluntad de destacar, etc.
82
Infancia
Comencé a trabajar conh seissei afaños ayudando mi 1 adre a
EE vender. Gon esa edad haceet r sa
sal;lados
' el ella me ense| ñó á hacer ganchi
Los, y JO
co cam
tambié llo y borda.
bién tenía obliga cio nes d e l a caca
gaciones de la casa parma.a hacer. |
Desde en.
ronces MUNCA más paré de trabajar, pero yo determiné a esa ed
no quería aquella vida que mis padres tenfan: Yo « Juetía tener ad que
dinero y
ser alguien en la vida. Una vida diferente, sit tanto suftimiento, Siem-
pre olaa mi madre lamentándose de la falta de dinero, Siempre la oía
quejarse a sus amigas de las traiciones de mi padre y que eran todos
iguales. Entonces decidí que yo nunca dependería de un hombre pata
sustentarine y que tampoco me casaría, ya que el matrimonio dejab da
las personas infelices y causaba tanto sufrimiento y dolor emocional,
Tras tomar estas decisiones pasé a ser una niña muy seria, no quise
jugar más y mi energía pasó a ser focalizada totalmente en el hacer.
, ? d y e
«Hacer para tener»: ese fue mi lema desde los seis años. Quería tener el
reconocimiento, primero de mi madre, de que yo era buena en aquello
que ella determinaba; pero la mayoría de las veces lo hacía sin que ella
me lo mandara, solo para agradarla. Entonces pasé a usar mi energía
para destacar en todo lo que hiciese, Con ocho años comencé a practí-
car deporte y siempre estaba entre los mejores; era la manera que en-
contré para ser vista, percibida; pensaba que así agradaría a las perso-
nas y me aceptarían (Sandra).
¿Cómo consiguen los E3 conservación su deseo de ser acep-
tados o vistos? Con esfuerzo, ya que desde la serenidad de ser no
lo han logrado. De ahí que encontremos entre ellos buenos o bri-
llantes estudiantes, de cara a obtener el tan preciado reconoci-
miento. Es frecuente el deseo de superar a los hermanos, con los
que están en comparación continua y en competencia:
Alumna brillante, siempre adecuada a las normas del colegio de mon-
jas, hacía todo para que no hubiese motivo de reclamaciones a mis pa-
dres (Nilda).
Para mi padre, yo era su orgullo. Para mi hermana, una O
OS
odiosa, Para alguna de mis compañeras de colegio, e pe > nn
monjas. Y yo sufría por contentarlos a todos, por hacerlo todo
no saber quién era yo (Maribel).
83
A
Psicología de los eneatipos
ide ha motHA
ivaL
do much
MN í.
te toda mi etap a esco lar y univ ersi taria me
a »render. Por ejemplo, con cuatro años En Ed a
a
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€ rápi
. damente en lectura íy e hi E ll alta
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» es frente de la clase y al final me Cas
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a e $ 4 MN e A
puesto a que cons aban que iba ade anta id ñ
pee cu rso; ¿ed la alumnaiderque había sacado epale 3% es e
a final de mes, a le . rdo hab
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, a lazo o una banda de regreso a casa. Recue Ae Jado
ponían un laz l as cintas en mi cuerpo, ufana y feliz de ]y..
la calle hacia casa con aquellas C liceo debut labia ,
0 que esto marca la
cirme. En fin, creo q
el reconocimiento (Assumpta).
a
Lo que condujo las vidas de mis hermanos y la E se ps
dedicación al montañismo y deportes afines, dr a O a E P. te
como lo mejor en la vida y con orgullo. Se trataba deser pa s e ica,
rápido, experto... el mejor. Eso focalizó en gran parte a v » Faris
dome de las relaciones sociales urbanas. Vivíamos en la urbe yde es.
paldas a ella. Había que estar a la altura de mi padre (Ferran).
Pero ¿cómo conseguir la perfección E esfuerzo por ser
aceptado, y con el trasfondo de la exigencia? Con ausencia de
signos de rebeldía o de inadecuación, por supuesto. No obstante,
el individuo necesita sacar fuera de sí su energía contenida. La
válvula de escape es entonces la rebeldía por aspectos no impor-
tantes, puesto que con el hogar no se rompe nunca el vínculo.
Finalmente cabe añadir para este rasgo una dimensión solita-
ria, que se presenta como una evasión del dolor.
Fui una niña quieta, que procuraba no dar trabajo. Un tanto solitar
ia,
siempre inmersa en libros y revistas, jugando con los gatos
de la casay
observando las hormigas (Nilda).
El vacío afectivo fue terreno abonado
para que, sobre los ocho años,
influyese en mí de forma decisiva
la figura de Félix Rodríguez de la
Fuente, Aquella pasión por la naturaleza, com
partida con los niños
(«... y mis queridos niños se preguntarán...»),
se encontró con mi p2
sión por la vida. Me pasaba
horas en una coli
84
Infancia
cre los arbustos para observar de cerca las aves. A los once años
do en¿ mis primeras
ñ
notas de campo, sa
imitando a Félix,
: ,
tomé que no solo me
brió las puertas 2 un mundo fascinante, sino que se convirtió en mi
abrió
idolo o maestro (Ferran).
Era una niña espontánea, alegre y juguetona hasta más o menos mis
“nco o dseis años, en que comencé a oír por parte de mis hermanas y
EniNCO 1asQ que
El yo€ era muy molesta, que nadie: me soportab. a. Entonces.
prin me
cerré ¿ completamente. Pasé a ser una niña totalmente callada, observa-
dora y muy triste (Sandra).
85
a.
y
PERSONA Y SOMBRA:
LO DESTRUCTIVO PARA SÍ Y PARA LOS DEMÁS
por Ferran Pauné y Assumpta Mateu
Cada uno de nosotros proyecta una sombra tanto más oscura y
compacta cuanto menos encarnada se halle en nuestra vida cons-
ciente. Esta sombra constituye, a todos los efectos, un impedi-
mento inconsciente que malogra nuestras mejores intenciones.
CarL G. JunG
Tras haber abordado desde diversos aspectos en qué modo se pre-
senta el Ez conservación ante los demás, en este capítulo analiza-
remos la pasión dominante del eneatipo a la luz de la teoría de
Jung, en el sentido de los conceptos de persona o máscara y de
sombra.
Desde estos conceptos junguianos el E3 conservación está
plenamente asociado a dicha personalidad-máscara, llegándose a
confundir esa cara que se pone para la imagen pública y ser acep-
tado con la percepción de su propio ser. La sombra, por su parte,
es esa parte más instintiva y animal, ese arquetipo que según Jung
deriva del pasado prehumano, cuando nuestras preocupaciones
87
pos
Psicología de los eneati
se limitaban a sobrevivir y reproducirnos, y no éramos conscientes
el «lado oscuro,
de nosotros como sujetos. También comprende
del Yo y la parte más negativa. Es, en definitiva, la parte relaciona.
placer, el no
da con el centro motor-instintivo, el amor erótico, el
control y el disfrutar de la existencia sin más: esa parte de nosotros
que no queremos admitir. ]
puede
La presentación del E3 conservación ante los demás se
resumir con los siguientes descriptores: alguien adecuado, serio,
perfecto, confiable, seguro, al servicio del otro y feliz por hacerlo,
sin problemas, con las dificultades superadas y todo bajo control,
Se trata pues de personas muy clavadas en el «hacer» y en superar-
se («yo puedo»), dado que los títulos («yo valgo»), éxitos («soy
visto») y logros («soy alguien») van encaminados a confeccionar
una máscara que debe compensar todas las necesidades no satis-
fechas y las deficiencias de desarrollo psicoemocional. Al sobreya-
lorar los logros y los éxitos, sacrifican el placer, el reposo y lo lúdi-
co. Y sacan su frustración profunda de una forma encubierta, tal
y como describe el siguiente testimonio:
Es tan sombra ese lado manipulativo y neurótico que tiene que ver con
el mostrarme disponible sin límites, responsable, buena, la que llega a
todo y todo lo hace bien, como la parte quejica, abrumada, estresada,
enfadada y exigente que me asalta sin freno cuando ya no puedo soste-
ner más la otra máscara (Assumpta).
El E3 conservación se presenta típicamente como alguien
que está siempre muy ocupado, enérgico, optimista, lleno
de
planes, expectativas Y Proyectos interesantes, auto
suficiente, in-
¿ependiente y satisfecho en la vida. La sobreocupaci
ón tient
an la función no tanto ya de mostrarse com
o una persona muy
ER como de esconder ante sí mismo
la inseguridad de ser. En
efinitiva, el estrés ya aparejado a la búsqueda
de seguridad. És
88
%e
Persona y sombra
por esa mism0a razón que |vende
seguridad, acon seja a los demá
ofrece soluciones, da leccione s,
s, sabe cómo h acer las
cosas bien y
salva a los demás. Ahí radica otra característica de la presenta-
ción del conservacional: ser bondadoso e incluso benevolente,
acercándose al modelo de Robin Hood; busca destacar por sus
buenas obras.
Aun siendo extremadamente competitivo, el Ez conserva-
ción puede trabajar bien en equipo, donde pretende asumir el li-
derazgo de la organización y la ejecución de las actividades. No
obstante, y Contrariamente a lo que podría pensarse, cuando son
otros los líderes intenta aliarse con ellos, cediendo el liderazgo a
cambio de mayor seguridad.
Ahora bien, cuando se siente amenazado puede atacar por la
espalda (aunque solo sea desde la crítica aparentemente objetiva).
En estos casos suele también retirarse emocionalmente, ya que
tolera muy mal el rechazo y la no confluencia. Pero ¿por qué tal
exigua capacidad de estar con el rechazo del otro? Porque debe
ocultarse a sí mismo el sufrimiento que le representa su enorme
necesidad del otro, más aún estando este a una buena distancia
emocional. Y es que, ¿con quién va a relacionarse un individuo
que huye de conectarse consigo mismo? Pues con personas que
tampoco estén muy conectadas.
No deja de sorprender que un carácter fijado en la confluen-
cia haga lo posible para no contactar con el otro ni consigo
mismo, es decir, que se autoboicotee. La confluencia real estriba
en la escucha mutua y en un encuentro desde el sentir. ¿Por qué
evita esa escucha centrada (real) y el sentir profundo? Por su ne-
cesidad de ocultarse a sí mismo el miedo a ser (a expresarse, a
manifestarse) y a un eventual contacto consistente con el otro
que le leve a la verdad. Así, por ejemplo, dice Nilda:
89
Psicologia ACUINCepr
S
tod as for mas, lo más ang ust iante era no saber si la alegría
Para mí, de E NTOS Era Era tea]re
erm inados MOME
.
est aba inti
sin e
tie ndo e
en det
la tristeza que yO
:
nto.
de mi ade cua ció n a los sen timientos correctos del mome
o fruto
icu lta d par a ent reg ars e en las relaciones y confiar
La gran dif
te la propia valía,
en la vida sin tener que demostrar constantemen
patentes en el siguiente
así como lo que se oculta tras ello, quedan
relato.
que
La sombra aparece como una verdadera máscara para tapar todo lo
escondo de mí misma y principalmente a los que me rodean. Muestro
po-
una fuerza donde no la tengo, muestro una seguridad donde no la
seo, muestro firmeza cuando estoy en la más profunda inseguridad,
muestro bondad cuando ya maquiné todo para sacar provecho de la
situación, muestro conocimiento donde no lo tengo, me hago pasar
por buenecita cuando en el fondo soy mala. Muestro ser diferente, in.
dependiente, que no preciso de nadie, y en el fondo siento dependen.
cia de todo. Muestro ser moderna cuando en el fondo soy rancia, y al
revés. Es un tremendo autoengaño (Sandra).
Las partes más eficientes y brillantes llegan en realidad a con-
figurar las más negativas y oscuras; lo cual llega a ser destructivo
ya que, lejos de afianzar los necesarios vínculos afectivos, estos se
degradan.
Justamente una de las características más relevantes de este
subtipo —el ser buena persona e inofensiva— constituye la base
de la manipulación, un rasgo que en la mayoría de conservaciona-
le
s queda escondido y no vise ible. Esa parte monstr
uosa existe
cuando hay un objetivo y la necesidad de
conquistarlo. La forma
de llegar aell usar cualquier
O es ler tipo
ti de arma, adaptando la moral
a lo que la pe rson
ona a quiequi re, Los fines just
lustiifican los medios. No
obs
Persona
)
y sombra
la novela Las amistades en la película homón;
peligrosas (y
donde la marquesa de Merteu| il ha| ce de todo para conseguiRA r al
hombre que quiere, promoviendo intrigas para alejar
a las rivales y
creando situaciones en que el hombre pierde la autoestima para
mantenerlo dependiente de ella, y Surge su aspecto malvado cuan-
do no consigue su objetivo, vengándose con frialdad para com-
pensar su frustración y fracaso,
Otro aspecto del subtipo es la obligación de parecer siempre
seguro, y este es el gran infierno de los conservacionales. No pue-
den vacilar delante de sus certezas, no pueden ser carentes. Se es-
conde aquí el miedo a la invalidación, el vilipendio y la ignomi-
nia; en suma, al rechazo.
Cabe mencionar que el Ez conservación tiene mayor dificul-
tad que los otros subtipos para encarar un conflicto. ¿Por qué? El
conflicto y la confrontación traen la idea de desarreglo, de recha-
zo, de inseguridad, y la amenaza de abandono o distanciamiento.
Es por esa dificultad en manejar los conflictos directa y abierta-
mente que la persona se especializa en la diplomacia y la media-
ción. Claro está que el precio a pagar a menudo es la renuncia a la
coherencia, a la verdad y a la conexión con las propias necesida-
des y deseos.
Por todo lo hasta aquí expuesto, los conservacionales no
muestran la debilidad, a lo cual se añade el deseo que los demás
descubran que necesitan ayuda. Es más: aun así pueden llegar a
rechazar la ayuda: «No, gracias; estoy bien». En definitiva, una
vez más, bajo la autonomía está el gran dragón de la superviven-
cia; un dragón que destruye vínculos.
Otra forma que adopta ese miedo es la gran dificultad en re-
conocer y mostrar las propias necesidades y en pedir ayuda a los
6 Les Ligisons Dangereuses (Choderlos de Laclos, 1782).
91
Psi5 cologí
Ñ
a de los eneatipos
ás abi ert ame nte . El mos tra rse nec esitado despierta el miedo
dem
OR a
al abandono y al rechazo: «Si ven que no puedo
dejar». Y este punto nos lleva a la inhumanidad especi de del Ej
renuncia al sen
conservación; una inhumanidad que radica en la
tir propio, para que no se le abandone o rechace, y por extensión
al sentir del otro:
Escondo las necesidades, la fragilidad. Así no hay relación; es más bien
un dejarse «usar». Y esto es moneda de cambio cuando se quiere recla.
mar algo. Lo venenoso de esto es que el otro siempre está en deuda y
yo me siento sola. También tengo una tendencia a dar lecciones, ,
creer que sé más del otro que él mismo, a tratarle como un objeto: si
me sirve, bien; y si no, lo cambio por otro (Maribel).
No es de extrañar el miedo a que se descubra que la persona
no es tan buena o generosa como aparenta, lo cual induce a tra-
bajar cada vez más para mantener la máscara, esa imagen de que
se puede hacer cualquier cosa. Se observa cómo el optimismo
oculta la desesperación, el estar atareado oculta la angustia de
sentir el vacio, y la confluencia oculta el miedo a la muerte de ese
propio constructo psicológico de inestables cimientos.
Otro punto de interés es la falta de una espiritualidad autén-
tica y de una fe verdadera en Dios o el Universo. Por un lado,
esto le hace sentir al conservacional la preocupación y el miedo
por todo, puesto que no se es parte de nada mayor que pueda
traer paz o acoger. Por otro lado, la espiritualidad verdadera no se
encarna porque la vive desde el logro y la imagen, como dos za-
nahorias más delante del burro de carga: la promesa de ser
mejor
y más aceptado, y la de la felicidad sin tener que mirarse
la propia
oscuridad. La persona se puede mostrar como
alguien avanzado
espiri tua
wa lmente, puesto que eso implica reconocimiento. Pero
en
re alidad es un mediol de escape de la
falta de conexión consigo
92
Persona y sombra
mismis a, y un modo
de esconder el mi edo
al mundo, a la vida
vLvLL.
y a
Dado quoe dela futuro no se
puede adivivinin
ar ar nini controlar, le da
E dos : e prpreseser
ervávándose de la incertid
las mah eras mate umbr e, de todas
ri es posibles, ya que no confíaf
en D los ni en la
vida.
U no de los peaspectc os más! destructivos del Ez co
nservaciiónón bibien
pudiera ser la manera como da salida a la frus
tración profunda de
no sentirse ser; es decir, de saberse intu
itivamente desencaminado
de la autorrreeaalliizza
acióción y lejos de la plenitud. Esa frustración, que
nace del do lor del desarraigo profundo se ió
, vuelca en forma de exi-
gencia y de rabia hacia los que le rodean. Esa rabia que debe cont
e-
ner para mantener la máscara de adecuado y bueno explosiona por
las fisuras de la crítica, la exigencia, la pr
otesta, la re
incluso el despotismo. Veámoslo en el siguiente caso: ivindicación e
La sombra la dejo de puertas adentro, en casa, con los míos. Si afuera
todo el mundo dice que siempre me ven sonreír, en casa hay malhu-
mor, cansancio, a veces prontos de histeria, gritos, quejas, reproches.
Oculto mis complejos físicos, todo lo que no tengo ni idea de cómo
hacer, mi incultura, mis miedos... Tal vez el mayor miedo es la sole-
dad, el abandono. Oculto muy adentro el sentimiento de superioridad
bajo la máscara de defensora de la igualdad y de los humildes. Oculto
mi dolor; tanto, que no me lo dejo sentir. Acumulo tensión en todo el
cuerpo, sobre todo en el lado derecho (me duele el hombro, la mano;
tengo sinusitis crónica). Apenas hay espacio para el silencio interior: o
hay ruido interior, o hiperactividad, o ambos. Soy muy exigente con-
migo misma y con los demás. Mido con mi rasero y eso puede hacer
mucho daño, minusvalorando a los demás (Maribel).
Esta dificultad para entrar en contacto con el otro, consigo
mismo y con la verdad de la propia existencia lleva pues al con-
servacional a deteriorar o destruir vínculos, así como la propia
posibilidad de salir del agujero óntico.
93
s
Psicología de los eneatipo
fin , lo má s de st ru ct iv o p ara sí mismo y para los demás q,
En
ser tras u na máscara valorable, junto 2
la ocultación del vacío de
ex pr es ió n de st ru ct iv a de l desasosiego i nterno que ello conlley,
la es decir, el que va de la
El camino de vuel ta a casa es el inverso,
.
mediación a la meditación
94
EL AMOR
por Ferran Pauné
Si quisiéramos definir con una palabra la tendencia dominante
para el E3 conservación en la esfera de lo amoroso, muy bien po-
dría ser el amor-seguridad.
En este subtipo predomina el amor maternal, como una
forma de canalizar el amor a través de ser útil. Su compulsión es a
asegurarse el mantenimiento de unas condiciones de seguridad y
estabilidad que le brinden la sensación de tener bajo control su
entorno vital.
La necesidad de afecto se plasma pues en un constante cuidar
al otro y en evitar que surjan situaciones conflictivas o no adecua-
das. La adecuación y adaptación llegan al punto de olvidar su
propio sentir en aras de un modelo amoroso. Esta actitud, aun-
que autogenerada en la infancia con respecto a sus figuras paren-
tales, llega a su máximo conflicto con las relaciones amorosas de
pareja.
El amor admirativo, en cambio, no llega nunca a abarcarlo
«todo» en el sentido existencial; es decir, no toma tanto espacio
en el seno del individuo. Así, un E3 conservacional siente amor
95
Pácolagld de los enedtipos
personas, como MACS,
solo con respecto a ciertas
admirativo
ir,
espirituales, científicos O personas relevantes en algún ámb
e
que le resulta de importancia. É
ollado, D
6 ds
El amor erótico suele set, en fin, el más su desarr
4 TT 2
á fs
dormido a nivel consciente. Dirfase que la compulsión a hacer, el
estar siempre en el hacer, dificulta la apertura al placer, No res.
ta extraño pues que, en caso de sentir amo! admirativo hacía y)
guna de las figuras antes mencionadas, se vuelque en el trabajo en
pro del mundo que representa ese admirado, descuidando la esfi.
ta del placer y la vida cotidiana.
¿Cómo vive pues el amor un [3 conservacional? En genera]
espera recibir amor admitativo en todos los ámbitos de su vida,
entregando poco, en cambio, su admiración a los demás. ¿Cómo
va a dar amor admirativo si él está para eso: para que le admire)
De la pareja espera los tres amores, dado que representa uno
de los ámbitos de mayor importancia para él. La pareja lo es todo
para los conservacionales sexuales, e importante en los conserva.
cionales sociales, para quienes toma mayor protagonismo la esfe-
ra profesional y, con ella, la valoración obtenida por sus servicios
o esfuerzos,
De las figuras relevantes, como los maestros, el Ez conserva-
ción espera tanto un amor compasivo como valorativo. Da a
cambio amor valorativo y, en buena parte, también amor compa-
sivo, a modo de lealtad, compromiso, cariño y servicio, El si-
guiente testimonio resulta esclarecedor respecto a las dominan-
cias de los distintos amores.
Pocas personas son dignas de mi admiración. A la autoridad suelo mi-
rarla con lupa y tuve una experiencia dura cuando alguien en quien
creía ciegamente me defraudó. Ante las personas a las que admiro mM
siento poco digna y no me suelo acercar más que tímidamente; pero $
muestran interés en mí, soy una colaboradora incondicional (Maribel).
96
El amor
Resulta frecuente escuchar de este subtipo rel atos
en que el
advenimiento de un hijo resulta sanador: «A mi
lo que me ha e
rado es mi hija. Con un hijo recuperas la sorpresa, el amor Ad
no, la intensidad» (Maribel). Así como el papel
de pa hn
el cual se da amor maternal y se recibe amor admi
rativo. No me
sulra extraña pues la vivencia de una mujer que,
aconsejando a un
amigo sobre su reciente separación, no manifestó que ella
misma
estaba en el mismo proceso, separándose de su pareja un día
des-
pués.
No obstante, el amor que probablemente le genera más con-
flicto a este subtipo es el erótico, por ser el menos desarrollado e
integrado. Todo lo que está vinculado al placer, la sensualidad o
la espontaneidad ha sido reprimido en pos de la adaptación al
medio. Con esta contención, e incluso olvido, se relega al «niño»
a un espacio interior escondido. Un conservacional tiene verda-
deras dificultades para expresar o compartir sus anhelos y frustra-
ciones, llegando incluso en este punto a retirarse de la esfera so-
cial, del mundo.
Es común que sienta la sexualidad como algo sucio o feo,
tendiendo de este modo a relacionarse con parejas que represen-
ten «aquello» que es bueno. Más aún, muchas relaciones de pare-
ja lo son en realidad de amistad. Vemos aquí, al igual que en la
citada tendencia a hacer de «consejero», puntos de convergencia
con el Ex. He aquí alguno de los puntos que confunden al Ez
conservación en su búsqueda tipológica y le lleva a verse como
caracteres Ex.
El E3 conservación suele vivir por tanto una tensión interna
entre la seguridad del mundo que se ha creado y la frustración
ante la dificultad de experimentar el placer, la expansión y la ex-
periencia. La vida se encarga no obstante de sacar a flote esa parte
no reconocida y sentida como fea.
97
pos
Psicología de los eneati
l y el
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ntes formas de expre.
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ien, q LR de ser
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Procuro que no se me note que me gusta algupareja me abandone (Fe
a
o o que mi
fiel para no generar un conflict
rran).
rim ido la sex ual ida d; me mue str o como bondad (Maribel).
He rep
o a mí ni a la per.
Para mí el deseo es peligroso y no me lo he permitid
sona que ha estado conmigo (Teodoro).
s
En realidad el vínculo de pareja se realiza, como ya hemo
comentado, a través del amor maternal y de la dependencia afec-
tiva, tal como esclarecen los siguientes relatos:
Manifiesto amor cuidando y haciendo por los demás. Me ocupo de los
otros pero me gustaría que hicieran lo mismo conmigo; si no lo hacen
como yo espero, entiendo que no me quieren (Maribel).
En pareja todo mi esfuerzo es para que la otra persona sienta que con-
migo está segura. «Puedes confiar en mí, doy seguridad.» Así que me
doy a valer mucho. En los tiempos que corren yo te doy lo más grande:
confianza. Con lo cual creo una deuda y quiero que el otro me dé la
misma confianza y seguridad. ¿Qué somos nosotros sin pareja?
Abandero mucho el ser fiel, dar atención, estar presente y sacrifi-
cam adaptarme a lo que la otra persona quiere: no bebo, llamo
por
as noches, te cuido. La cosa es no crear preocupación para
la otra per-
sona (Teodoro).
El : amor
ideal
1
tenía, que ver con el amor maternal de acoger; nunca es
e ser acogido (Juanjo).
Hem
bel) os a prendi
di do a que
a base de esfuerzo se consigue el amor (Mar
i-
98
Elamor
El B3 conservación vive
así una Constante ince
rtidumbre
entre am orr) y necesidad, entre pl acer
Amo y bondad, e ntrey
| sensualidad
y amistad,
En las relaciones íntimas, busca el
obruvo del progenitor de sexo calor y contacto que no
opue sto, Un hombre Ez conse
rva-
ción que de niño no tuvo contacto con su m adre se orientará
a
cubrit sus necesidades más primarias: la seguridad y el calor, Sin
ese constructo inicial, le entraña un a dificultad su expa
nsión
hacia el mundo; y vivirá incompleta su sexualid ad en el seno de la
pareja, o proyectando el amor erótico fuera del ámbito de su pa-
roja=seguridad,
- El deseo interno de felicidad vinculado a la incapacidad de
ser o de autenticidad lleva al Ez conservacional a la idealización
del amor. El modelo amoroso tiene como imagen paradigmática
la casa de la pradera, con el resultado de una relación amorosa en
que el sexo debe estar impregnado de amor y ciertas prácticas se-
xuales no son posibles porque «eso no es amor». La idealización
de la fidelidad y la felicidad le lleva a menudo a renunciar al sexo,
a ser sexi. La búsqueda de la excelencia es llevada al ámbito se-
xual, con una incapacidad de vivir lo cotidiano y una proyección
hacia lo intenso o excelso. |
Esta proyección puede llevar a un dramatizar ñ sesmalidad,
ligado, por un lado, a la sustitución de lo real por le imeginatio
por otro, a la relación a través de la acción. Lo primero tiene que
ver con la fantasía del E3 conservación, que construye Unbseles
tos ideales, muy internos, con los que se pela cioña y pod tienen
que ver con el otro. Un ideal interno construido a imagen y se
mejanza de la perfección que busca, y que deja pues poca energia
sobrante para la relación real. tr doce el
El papel que juega la acción en la relación obe dE LES
Cultad para la intimidad, para mostrar su afecto y ha
99
Psicología de los eneatipos
Mi
como protección ante cualquier abuso que el otro pudiera come.
ter con él. El amor acaba así manifestándose a través de actitudes
y acciones a favor del otro; en definitiva, por el hacer, Cuanto
mayor es la atracción —léase dependencia— más disponible se
torna en hacer algo para el otro, hasta el punto de resultar inyag;.
vo y precipitado. Esa misma autorreferenciación inconsciente ey,
la necesidad, y la necesidad de ser visto, le llevan a no ver al Otro,
El Ez conservación se interesa por alguien valioso desde la óptica
de sentirse valorado, pero realmente no le importa lo que NECESite
el otro. Esta paradoja, donde en apariencia él se lo da todo q]
otro, la encontramos en el cuento de cariños del análisis transac.
cional, que narra la trayectoria de un enfriamiento emocional en
que cariños verdaderos son sustituidos por cariños de plástico, Se
trata de una gentileza generalizada y convencional.
Soy protectora, ayudadora, consejera... el amor «maternal» está muy
desarrollado. Eso sí, hay un precio, porque no es desinteresado, ya que
busca el reconocimiento del otro. Soy fiel con mis amigos; muy grega-
ria y muy familiar. Mis deseos, mis necesidades, quedan al final de la
lista y pasan por delante las necesidades de los de mi alrededor (que
suelen ser muchos) (Maribel).
¿Cuáles son los aspectos del ego fundamentales en el movi-
miento de atracción y de decisión de hacer una pareja? El motor
del amor-seguridad es la búsqueda de seguridad emocional y de
reconocimiento en el terreno más íntimo. El enamorado responde
a la imagen de la madre o del padre y a los valores de la familia,
pero en este punto la ceguera es absoluta. Al E3 conservación le es
difícil amar sin admirar: no sabe convivir con personas fracasadas.
En el seno de la pareja suele aparecer un sentirse desatendi-
do, deseos insatisfechos que acaban por generar un sentimiento
de frustración, de contención o de que esa no es la relación
100
eatipos
Psicología de los en
an ( om
lo expres
ni res
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a a Tr y
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3 ad
:
a E C ] .
A A ) OS A
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a j Vi
donado».
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es miedo a ser aban n te ne r po cas y largas rela.
co n se rv ac ió
Es frecuente en el Ez
co nv er tido en un
ser bueno y adaptable en el
paz de abrirse al cam.
se ha
ciones. Como
gu ri da d, cu an do es ca
esfuerzo por lograr se
o qu e se ab ra a aq ue l am or que relegó. Así, se| lee
bio no es extr añ
mo después de un pr imer
fí as de est e su bt ip o có
en muchas biogra po-
eva experiencia amorosa que
amor-seguridad se vive una nu
lo expresa llse:
dríamos llamar de amor-pasión. Así
El segundo amor, años después, fue un amor-pasión. El era un hom-
bre muy pasional, inseguro, muy buen amante, muy irracional, bas.
tante enloquecido, socialmente no muy adaptado, «macho», mucho
más joven que yo, aventurero, COn varias separaciones, mucho fuego y
mucha vida.
Me pude permitir el lujo de vivir esta relación porque mi necesi-
dad de seguridad material básica estaba cubierta; yo ya me pude pro-
veer lo suficiente. Sentía un conflicto interno por valores: «lo que se
debe hacer y lo que no», pero la pasión y mi enorme necesidad de ella
ganaban.
A la hora de afrontar la relación de pareja, hay en el Ez con-
servación por un lado la necesidad de control y, por el otro, el
miedo que subyace:
|
Me a ía 1 ci la idea
¡ de que iba a depender emocionalmen
te E
de un hoA e Ao Í varioj s fantasmas: miedo de ser traiciona-
a, r abandonada, de ser olvid
olvi ada e n segundo térm
emiino, de hacer el
papel de payasa... Todo ell '
lación, rápidamente. ello hacía que saltase fuera del barco, de la re-
Tengo pl ena ea 0.
compartir. Lo quiero todo 80 exactam p l e n a consciencia de mi dificultad de
z
| a mi manera y si no es como
ía. 3 gnte
me gust aría , inv ali do| a pers ona. Pier do
l a. Plerdo la gracia 7 lo
las ,
neg ati vas tom an fue rza gracia y la emoción positiva,
83 emo cio nes
ytinuidad a la relación (Sandra) mientras no consigo dar con- 3
102
El amor
Hay finalmente, en la construcción de relaciones, un empe-
ño alimentado por la necesidad de demostrarse a uno mismo que
va a poder obtener lo que anhela, que lo va a conseguir. Su idea
loca es que tiene el poder de hacer que las cosas sucedan de la
forma en que espera, dado que su manera es la correcta, En este
sentido se idealiza y sublima al otro, y conseguirlo desde el empe-
ño se convierte en Un fin de autoafirmación del poder. Es el co-
la vida.
rrelato de una gran dificultad en confiar en
103
9
PERSONAJE HISTÓRICO: CLARA DE ASÍS
recopilación de Amor Hernández
Este capítulo ofrece un ejemplo histórico de Ez conservación.
Nos ha resultado significativo que sea difícil encontrar un ejem-
plo de un personaje más ordinario, menos santo o incluso con
una imagen negativa o monstruosa.
Nace Clara en 1193, hija de la noble Orulana y del caballero Fa-
varone Offreduccio de Bernardino. Los biógrafos coinciden en
que sus primeros años están adornados con las virtudes femeni-
nas y religiosas propias de la época: rezar, ayunar, llevar prendas
penitenciales, dar limosnas, apreciar el recogimiento y querer
permanecer virgen. En este sentido, la niñez de Clara no es muy
original. Creció bajo el control de su noble estirpe. Era la mayor
de tres hermanas y vivía con vecinas, amigas y primas en una
mansión aristocrática de mujeres en la zona superior de la ciu-
dad, en un complejo reservado, tranquilo y limpio.
Desde muy temprano, Clara vincula su vida radicalmente a
los pobres. Ama la pobreza misma. Desde muy pronto simpatiza
con el movimiento en torno a Francisco, el hijo del comerciante
105
Psicologta de los encatipos
Pedro de Bernardone. Ántes de abandonar el mundo rico de la
beneficio de los desfay..
infancia, vende parte de su herencia en
recidos y envía dinero a la fraternidad de E rancisco, que cop
d en 1209,
wruye la ermita rural de Asís en las afueras de la ciuda
Se la describe autónoma de pensamiento desde su juventud.
Por amor a su divino esposo, rechaza todas las propuestas de ma.
trimonio. No se decide a ingresar en un monasterio acomodado
pues prefiere una existencia sin seguridades. Busca unirse a muje.
res de su mismo proceder. Crece en una atmósfera caballeresca y
cortesana. Aprende a leer y escribir latín, y en sus cartas se reco.
noce la influencia de la teología espiritual. Vive aislada por sy
clase social y algunos testimonios recogen que suele practicar
buenas obras y visitar con agrado a los pobres (esconde víveres
que luego reparte entre ellos).
Clara escribe en su regla que nadie debe aspirar a la forma.
ción sino a la Unidad en el espíritu del amor. Su prioridad es la
unión de las hermanas. Su madre Ortulana la adoctrina en las
verdades de la fe y en el ejercicio de la misericordia, artes prácti-
cas y manualidades. Ortulana peregrina a Tierra Santa, algo que
presumiblemente influye también en Clara, que vive en este am-
biente de clausura doméstica sus primeros años de vida.
Con trece años un acontecimiento en Asís la marca: Erancis-
co renuncia públicamente a su padre, que le deshereda. Francisco
abandona Asís y es recogido por los benedictinos en el terreno de
la capilla de Santa María.
Un primo de Clara ingresa en la fraternidad de Erancisco y 2
partir de ese momento ella querrá contactar con el movimiento,
en busca de un consejero espiritual. Lo encuentra en Francisco.
Las entrevistas tienen lugar entre 1210 y 1211.
En el Domingo de Ramos de 1211 el obispo Guido ll, amigo
de Francisco, le entrega a Clara la rama de olivo, en vez de ser cli
106
Personaje histórico
yien Se acerque ad retirarla, algo que parece indicar la bendición
gel obispo 2 SU búsqueda espiritual. Aquella misma noche Clara
pandona la casa paterna. En esos primeros momentos, su com-
a
añera es la soledad. Ántes de marcharse, transfiere parte de su
herencia a Su hermana Beatriz, y se va sin nada. Fuera de las mu-
rallas le esperan unos frailes que la llevan frente a Francisco, con
quien se somete a un rito de iniciación y entrega al camino de
Dios, de corte tradicional: rapado del pelo, consagración a Dios e
imposición del hábito penitencial.
Después es acompañada al monasterio de las benedictina de
San Pablo de las Abadesas, hasta que se disponga qué hacer. Allí
es acogida como criada. Cuando los parientes intentan recupe-
rarla, ella se aferra al mantel del altar y muestra su cabeza rapada
como signo de la firmeza de su decisión. Pasados unos días aban-
dona las benedictinas y se dirige a Santo Angel de Panzo, donde
un grupo de mujeres lleva una vida de penitencia. Tampoco allí
encuentra lo que busca.
A los dieciséis días de su fuga, su hermana Catalina se une a
ella. La familia trata de detener a Catalina, igualmente sin éxito.
Una vez superada la confrontación con la familia abandonan la
ermita de Panzo e inician una nueva vida en la iglesia de San Da-
mián.
En todo este proceso es crucial la ayuda de Francisco, que
convence a Guido II de que brinde la protección episcopal a su
recién creada comunidad religiosa.
En un principio la comunidad de San Damián tiene un ca-
rácter familiar: se adhieren la madre de Clara y su hermana
menor, así como conocidas y compañeras de juventud. Con el
tiempo se abre a otras mujeres. Viven en absoluta pobreza: unas
veces falta el aceite; otras, el pan. Los informes relatan que los
Problemas se resuelven por la mediación milagrosa de Clara. Las
107
Psicología de los encatipos
n sino Que
hermanas renuncian a toda propiedad y nada acepta
E
viven del trabajo de sus manos.
y
Determinadas hipótesis sobre San Damián apuntan a que
convirtió en una especie de centro de asta caritativa 2 Niños y
leprosos. Lo que se busca en San Datnián ES una vida sedentaria y
ad.
contemplativa y, al mismo tiempo, caritativa, cerca de la Ciud
CONtacto y OCUparse
Francisco se compromete a permanecer en
ma la
de ellas con cuidado amoroso. Su deseo es que Clara asu
las co-
dirección de San Damián. Ella se resiste. A partir de 1215
munidades religiosas deberán atenerse a una regla preexistente,
pero ni a Francisco ni a Clara les interesa una regla monástica
tradicional.
El grupo de San Damián se desarrolla con autónoma respon-
sabilidad. Ni capellanes fraternos ni prelados de ninguna especie
deben inmiscuirse entre Dios y las Hermanas. En San Damián
los frailes están sometidos a la autoridad de Clara.
En 1224, las hermanas piden auxilio a Francisco ya que Clara
enferma gravemente por sus rigurosas formas de ayuno, que
Erancisco le cuestiona.
Dos años más tarde muere Francisco y con él, el aliado más
importante de Clara, que en su última voluntad la anima a seguir
en el movimiento.
Ella dirige respetando la vocación de cada una
de las herma-
nas, a las que exige que sean «espejo y ejemplo»
y no observar una
dependencia infantil de la madre,
sino preo cuparse maternal-
mente las unas de las otras. Como
alguien co n iniciativa, organi-
za su vida de forma innova
dora. Si bien en u n principio valora el
sufrimiento en sí mismo,
racional. Clara instituc se rige más tarde por un criterio más
ion aliza la pobreza con el ayuno.
hermanas viven de lo qu Ella y sus
e mendigan.
Clara desarrolla su
vi
/ Paja histárk ,
vecindad de la chudad y en conexión con ha dedad terrena,
Entre 1228 y 12:95 es presionada a Acepa ar el proyecto papal de
vida claustral, pero ella opta porra,una rel ativa apertura y una prác.
ica flexible respecto a la clausu con curacio nes e center hied
del edi fic io, Su énf
tro
: e ds
des den
A516 €s mayor en la pobreza e jue en
la clausura,
En 1228 el papa Gregorio 1X canoniz: A Francisco y visita
San Damián, En ese momento hay un choqu econ Clara, pues el
papa quiere lOtransformar esa comunidad e hn monasterio hugo-
liniano, Clara consigue de Gregorio IX la confirmación del Privi-
ns de a pr % 03 a a A fs E e E ña 4 mr
legio de Pobreza, que solo puede practicarse vinculada
a la cíu-
dad, Intenta con ello que la pobreza vivida comunitariamente sea
reconocida como experiencia de vida evangélica y carisma ferne-
nino. En 1230 Gregorio IX corta la relación entre los hermanos
menores y San Damián, medida cuya anulación consigue Clara
bajo amenaza de huelga de hambre,
Desde 1235: Clara encuentra en Inés de Praga, hija del rey
que escoge la vida pobre del modelo hugoliníano, una fuerte alia-
da y amiga. Dos años más tarde San Damián cuenta con cin-
cuenta hermanas, En 1240 el monasterio es atacado por los sol-
- dados del emperador Federico 11. Clara se enfrenta a ellos y no
solo salva San Damián sino que logra con su intercesión que se
suspenda el asedio de la ciudad de Asís.
En 1241 muere Gregorio IX, y en 1247 el papa Inocencio IV
convierte a las damas de San Damián en franciscanas. Clara se
entrega a la redacción de su propia regla y en sus últimos años
lucha por que sea aprobada por el Papa, pues aunque goza del
no le parece suficiente.
apoyo del cardenal Reinaldo,
En la primavera de 1253 escribe su última carta a Inés de
Praga, En su testamento recuerda a sus hermanas, a los hermanos
E menoresy a la iglesia oficial la originalidad del carisma de San
109
Psicología de los eneatipos
curia a Asís, yjg;.
Damián. Ese verano, Inocencio IV acude con su
ma su regla. La ViSpera
ta a Clara y, en su lecho de muerte, confir
mación.
de su fallecimiento, Clara besa la bula de confir
Después de su muerte se registran numerosas curaciones,
designios, A
Recibe la canonización en 1255. En contra de sus
ncia y]
1288 la comunidad de Clara del monasterio de Asís renu
Privilegio de Pobreza. Como «clarisas de la primera regla» pue.
den aceptar en adelante donaciones testamentarias.
Yo, Clara, servidora, aunque indigna, de Cristo y de las hermanas po-
bres del monasterio de San Damián, verdadera plantita de san Francis
co, considerando con mis hermanas nuestra altísima profesión y ¿
mandato de tan gran padre, como también la fragilidad de las dema,
como la que temimos en nosotras mismas, después de la muerte de
nuestro santo padre Francisco, columna nuestra, nuestro único co :
suelo después de Dios y nuestra firmeza, voluntariamente nos co ”
prometimos una y otra vez con nuestra señora la santísima ea
con el objeto de que, después de mi muerte, no puedan en maner
de ella ni las hermanas actuales ni las futuras (test a al.L
guna separarse
, Cls,
13-40).
Clara es la contemplación en acción.
110
10
- EJEMPLOS LITERARIOS Y CINEMATOGRÁFICOS
por Maribel Fernández, Nilda Paes y Ferran Pauné (cine),
y por Ilse Kretzschmar (literatura)
Ejemplos cinematográficos
Este apartado ofrece un breve análisis de diversas películas donde
identificamos un personaje como E3 conservación. Las actitudes,
compottamientos y diálogos ilustrados dan luz al lector para po-
der identificarse c con este subtipo.
a |
¡ Sinama: Un matrimonio que lleva veintión años s casados, con
dos hijos Varones, pierde por un accidente al mayor y, más tarde,
el pequeño. intenta suicidarse. La Inacie apenas se relaciona con
he el me pequeño. a
Tyler Moore. do
eda por Mar
A P enmaje! La madre, incrpr
Psicología de los encatipos
cus ión : De la pel ícu la, pla gad a de escenas muy sugerentes,
Dis pos
cabe destacar el principio y el final:
las pri mer as esc ena s apa rec e la muj er muy divertida en el
En
mp añ ía de su mar ido y de otr a pareja. Parece feliz,
teatro, en co
do lle ga a cas a se tra sfo rma : con su marido es más fría, ya
Cu an
rás, en la cama se hace la
por delante en la escalera y él la sigue det
sayuno ella se
dormida y él la acaricia... Luego, en la escena del de
era en pre par ar el pla to fav ori to de su hijo pero él no tiene
esm
ando las tostadas
hambre y la madre reacciona violentamente, tir
mundo... Pro-
en la crituradora como si fuera lo más normal del
da sin perder la com-
voca una situación tremendamente incómo
postura.
oculta y huye
A lo largo de la película se ve a una mujer que
no escucha y que cree
de lo que no va bien, controladora, que
saber lo que necesitan los demás, Mantiene una relación tensa y
más le
superficial con su hijo; no sabe estar a su lado. Lo que
duele es que la pongan en evidencia, puesto que no muestra sus
sentimientos. (no lloró en el entierro de su hijo mayor) y se entre-
tiene con lo aparente (qué zapatos y qué camisa debía ponerse su
marido en la ceremonia). Lo tiene todo organizado y convence a
los demás para que hagan sus planes.
La madre huye de su hijo pequeño porque «no sé qué preten-
de de mi», «no sé lo que nadie quiere de mí». Y resulta sugerente
la respuesta que da a su marido e hijo ante un «solo queremos que
seas feliz»: «¿Qué
es ser feliz?» Al final de la película es el marido
eres tan Cauta:.
a —Eres maravillosa y eres imprevisible, pero
Anne. Pero ¿sabes una cosa? No eres fuerte y no sé si en
; > q
o dd
;
)
e :
r ho
res?, ¿de verdad)
pe
SEGA Contéstamea a esto: ¿Tú me quie e
_ Me quieres? -
7 SiEnto por ti lo que he sentido siempre, -
A
Ejemplos literarios y ej nematográficas
- Todo hubiera id
o muy bien si no
e hubiera habido prob
tú no resistes los pr
oblemas, lo necesitas todo lemas,
; y. . No sé, a lo mejor eres incapa
Jero
$
en orden y senci-
O...
RS
z de
ne
quer er. Querías tanto a Bart qu
n ;
e
cuan ndo murió fue como si hubieras enter rado todo tu amor con él
ntiendo eso, no sé... Alo mejor no fue y
nor Bart, a o menejj or es que eres
¡
y lo me
SEjor de ti_ se enterró con él.
asiV ] , Pero sea lo que sea, no sé quién
A q no sé a qué hemos estado
QoS y a jug
E ando. Lloraba por eso. Lloraba
ue ya no sé si todavía te quiero
y No sé qué voy a hacer sin mi
- amor.
¿ Ella en silencio, se da la media vuelta, sube a su habitación,
1, ?
saca lasds malet
ul
as del armario, tiembla, llora un momento y se va
|
de casa en taxi.
Memoliacdo acero (Steel Magnolias)
NEER
REI
Sinopsis: Una historia de amor, amistad, determinación, coraje y
ps . >» le
AI DIZE
e 2
erdidas. Seis amigas de diferentes edades y clases
] l
sociales se e ap apo-
ES
detidaScs 1
Sn
yan en en. todos
nad los j momentos, especialmente
] t ante la muer te.
Poni Milyan; interpretada por Sally Field, es el personaje
central que simboliza y es la seguridad de toda la familia, y la
Dicnión: Myne es el plas dela famili: organ Aer
marido a los, hijos y la boda de la hija (Shelby), eea
bajo su control puesto quee diabét
ica. pepa
él control y la eficiencia los encontramos en a pato e eS dEl de la
DurMEA ante una| fiestaE, intenta Econtrolar el evento), ,ala
ala vez quea
vez q :
dos hijos y la casa, Habl a al una-reclamac
a po r teléfono, atiende a ión
Ea
Pricolagía dle das encatipos
de su hija y lama da arención a su marido a CO del bárullo al
aquí donde obsg.
tiempo que nv antieno sla sonrisa enel rostro. Ps
vamos la des conexión con el estrés y COM las propias nec cesidade,,
así coma la incapac idad de estar con lo lúdico,
Owa escena en está linea sucede durante la hoda Cuándo,
“hallando con su yerno, no puede despreocuparse y le lama 1,
atención advircióndole que su hija no puede quedarse embar.
da, Na le es posible relajarse ni aprove char la festa,
Su eficiencia y aparente frialdad queda patente € 'uando soco. |
rre a la hija, que está teniendo una crisis de hipoglucemia, Sabe
exactamente qué hacer y cómo controlar a su hija para que vuelv;
ala normalidad; es un control toral de la situación,
Otras escenas muy esclarecedoras del carácter conservacional
suceden a partir de que Shelby queda embarazada, contra la vo.
luntad de M'Lynn; se rebela y la madre pierda el control sobre sy
hija. M'Lynn reacciona fríamente cuando Shelby le cuenta que
está encinta. Cuando su hija le dice que no puede adoptar un
niño, responde que por todas partes se compran niños. Ácontece
un duro diálogo en el que domina la practicidad de cara a resol.
ver el problemade la hija, sin comprender sus sentimientos,
Algunos meses después del nacimiento del bebé, Shelby ne-
cesita un trasplante
de riñón, que dona la madre, cuya actitud es
que nada especial está ocurriendo, a pesar de su preocupación.
Un buen ejemplo de esa desconexión emocional lo encontramos
cuando las amigas de M'Lynn se preocupan sabiendo que vaa
internarse al día siguiente para donar su riñón, pero ella hace
como si careciera de¡importancia y lespide: que le sequen los ca-
bellos (apenas algo ¡innecesario, qúedando en la superficialidad)
Shelby no resiste el rechazo del Órgano y entra en comá
M'Lynn llega de forma decidida al hospital y no'se da cuenta de
a ka pérdida de su hija, puesta que ue hablando: 'conn ella, orde- .
Ejemplos hterarios Y Me
] :
atEU ficas
pándole en voz alta que abra los ojos. CuAanlando se le retíran lo
s
aparatos de asistencia artificial, toda la familia s liar
madre, que «sigue cogiéndole la mano hasta
| cércio > lO bi
vorarse: de que
está Muerta. Es aquí donde resul a ev id ente un control so
£;
+ A
bre
codo, incluida la muerte,
_. M'Ly
, nn] apena
(3
s tiene
1 >
coraje; para| asisti
.
r a] sepelio de su hija
Organiza el funeral, determina| con qué ropa la van . a enterATar,
r E Y
ya |al encuentro An
del nieto. Es en el camino condu él
ARA
ciendo sola, 3
cuando se permite llorar (necesita la soledad para exteriorizar el
dolorh. ci 9 » | |
pR
Durante el entierro, tiene un momento
de explosión y de
E Ñ
rebeldía desesperada (pierde el control de los acontecimientos)
NS
Pero como no es adecuado, se recompone, guarda su dolor y va al
cuidado del nieto, dado que la vida tiene que continuar, Es como
si no tuviese el derecho de ser frágil ni su dolor fuera importante.
Con esa practicidad, en la que subyace la imposibilidad de
estar con el dolor, finaliza la película: Después del entierro, mien-
tras cuida del nieto, una de sus amigas le cuenta que está embara-
zada y que el bebé se llamará Shelby. Sonríe y responde: «Es así
como debe ser; la vida contimúa...». (
- En resumen, en relación al E3 conservación la película mues-
tra principalmente el control, la practicidad, la rebeldía ante la
impotencia, la postergación de lo propio y el dolor en solitario,
Ensayo sobre la ceguera (Blindness)
ve ciego
Sinopsis: Jn conductor, parado en un semáforo, se vuel
quese
A súbitamente. Es e primet-caso de una «ceguera blanca»
se libera
expande incontroladamente. Solo la mujer del médico
y se we en l a con dic de
ión ver por los cie y de
gos
_ del contagio
i 2 ¡bo Log ene napa
í. harror, depravación, amor.
y e y
*
vés de una jornada de horror.
Me
sea
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otidarida
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afeía reresumilse Co «Si i [Link]. aq! "Ea ¿gor Es
solidaridad, tosé SaramagO» podría
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retada por) Y
P,ersenaje::e LaLa mu)mujer del médico, interp
«onaje de esta-mujer es claramente un
Discusión: Aunque el ed la historia es mostrar a alguien Que
Ej conservación, el sentido | RON
06Sp ed 4
está con la capacidad de ver y estar
-cos Q que no responden alaia neyre.o
mente una buena persona, aspectos
sis más oscura del conservacional. Mostramos or 2 GISCUSIGn
dos aspectos más característicos de la neurosis.
Los ciegos son llevados para su acrOAiaO a UN Sanatorio,
- donde quedan reducidos a su simple naturaleza humana y los ya.
lores morales y éticos desaparecen rápidamente. Solo la mujer del
médico que driénila al primer ciego, como dijimos, NO €S Conta.
giada por la ceguera, pero se finge ciega para poder cuidar de su
marido. Al descubrir que nadie más ve, se siente responsable por
tenter ojos mientras que los demás los han perdido. Mira para los
otros y por los otros. Permanecer viendo le trae poderes, respon-
sabilidades y un cansancio sobrehumano. Para ella todo se resu-
me en el instinto de supervivencia. ¡ |
Permanece en aislamiento junto a los demás. Como si tuvie-
ra superpoderes, lucha por el bienestar del erupo, por la comida,
limpia, comprende la infidelidad del mar ido, entierra a los muer-
tos
0 le cuenta historias
aun niño.
- En el interior del sanatorio se da un antagonismo de fuerzas
«la mujer que ve contra el ciego que nunca vio». Lideran grupos
contrarios y; para defender a sus compañeras, la mujer mata y PO
se siente culpable, No consigue correspond
er a las muestsas A
6
Ejemplos literarios
y cinematográfico
5
afecto de su marido; debe
cosa la hace llorar desesperhacer se lo que es importante
adamente: perdió el co . 3% S olo una
tiempo, ya que se olvidó de darle cuerda al reloj. ntrol sobre el
Cuando A consigue que su pequeño grupo huya, les acoge
en su casa, les sia y los alimenta. Les Protege del a de la de
dad: JD 105 accidentes, personas vagando sin rumbo. Ella
nunca pide ayuda.
Buscando comida, se refugia en una iglesia y observa que las
imágenes están con los ojos vendados. Las observa como si pensa-
se: «Ni el. mismo Dios puede ver... ¿Quién habrá hecho esto?»
Las principales secuencias que la caracterizan como un Ez
conservación son:
Cuando el servicio sanitario viene a buscar a su marido para
llevarlo al confinamiento, se finge ciega para poderle acompañar:
necesita cuidar de él.
La mujer del médico se pone a guiar a su grupo por los corre-
dores en dirección al aseo, recoge la basura desparramada, limpia,
ordena, intenta organizar los grupos: se olvida de sí misma.
-. Atendiendo a un herido, se preocupa:
- —Creo que se va a infectar...
—No eres responsable de todos —le dice el marido—.
Duerme. ¿Tienes miedo de cerrar los ojos?
—Tengo miedo de abrirlos ojos, de quedarme ciega durmien-
do —dice ella. Y sale; evitando la confrontación con su marido,
para no demostrar'su debilidad. —Me voy a dar una vuelta.
- Tiene un momento de debilidad: «No aguanto más». Y se
- siente culpable por la muerte del herido al que cuidaba: «Voy a
se lo impi-
decirles que puedo ayudar, que puedo ver». El marido
que ya no
de, pero ella responde: «Puedo aguantar». Él replica
esp osa , , sol
solam ame
en nte com o mad re, enf) erme ra.
sig ue verla2. comco o-.
consig la mujer.
opción», zanja
drás qque acostumbrarte, no tengo
«Tendrás
117.
Privelogiacde dos enedripos.
otraa mujedl
con n ótr Com
r. Co
eo an aey sesexoxo co
anta
orasnits licolló E recn.
le l ana E nteidea quenno cscil
rcambio de sexo
aa las primeras voluntarias en el intá
«P ra er em os co mi da par a tod os y ya hablaremos de
por comida. | |
e a qui en est á en con tra .
diguidades», le dic las tijera,
Camina con determinac ión pot el pasillo. Lleva
hab ia esc ond ido y ma ta al líd er que violentaba a su compa.
que
írera. Discute con el ciego de nacimiento: «Aquí mandamos no.
sotros ahora», |
Comienza a retirar a las personas del incendio, sin pensar ey
los guardias que podrían disparar. Sigue adelante y los guía hasta
la calle, «¡Somos libres!», grita. |
La rendición de esta mujer llega cuando conduce a los ciegos
por la ciudad, hasta un refugio. Por primera vez reconoce necesi.
tar ayuda y acepta la de su marido, percibe que no es omnipoten-
te. Precisa de su protección también cuando es atacada por los
ciegos y el marido la tiene que socorrer, ya que no suelta las cestas
de comida que encontró. Prefiere defender con la vida el alimen-
to. Cuando percibe que la comida se está acabando ya no se pro-
pone buscarla sola, sino que le dice a su esposo que el asunto ha
de ser discutido por todos. ! |
En el instante en que le dice a su:inaritlo! que tendrán que
conseguir más comida, pues se está acabando, el primer hombre
que quedó ciego vuelve a ver, Echa a caminar hacia la terraza
Sabe que en poco tiempo todos podrán gritar: «¡Estoy viendo)» y
_nadie será ya la misma persona que antes. Por fin se siente libre.
Ya de es necesaria... Y ¿ahora?, ¿puede entregarse? Mira hacia el
cielo claro y luminoso y piensa: «Creo que me estoy quedando
— Ciega», Mira hacia abajo: la ciudad sigue: ahí.
E
da: 118
EA
El amor
Hay finalmente, en la construcción de relaciones, un empe-
ño alimentado por la necesidad de demostrarse a uno mismo que
va a poder obtener lo que anhela, que lo va a conseguir. Su idea
loca es que tiene el poder de hacer que las cosas sucedan de la
forma en que espera, dado que su manera es la correcta, En este
sentido se idealiza y sublima al otro, y conseguirlo desde el empe-
ño se convierte en Un fin de autoafirmación del poder. Es el co-
la vida.
rrelato de una gran dificultad en confiar en
103
eatipos
Psicología de los en
an ( om
lo expres
ni res
V $ )
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3 ad
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donado».
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es miedo a ser aban n te ne r po cas y largas rela.
co n se rv ac ió
Es frecuente en el Ez
co nv er tido en un
ser bueno y adaptable en el
paz de abrirse al cam.
se ha
ciones. Como
gu ri da d, cu an do es ca
esfuerzo por lograr se
o qu e se ab ra a aq ue l am or que relegó. Así, se| lee
bio no es extr añ
mo después de un pr imer
fí as de est e su bt ip o có
en muchas biogra po-
eva experiencia amorosa que
amor-seguridad se vive una nu
lo expresa llse:
dríamos llamar de amor-pasión. Así
El segundo amor, años después, fue un amor-pasión. El era un hom-
bre muy pasional, inseguro, muy buen amante, muy irracional, bas.
tante enloquecido, socialmente no muy adaptado, «macho», mucho
más joven que yo, aventurero, COn varias separaciones, mucho fuego y
mucha vida.
Me pude permitir el lujo de vivir esta relación porque mi necesi-
dad de seguridad material básica estaba cubierta; yo ya me pude pro-
veer lo suficiente. Sentía un conflicto interno por valores: «lo que se
debe hacer y lo que no», pero la pasión y mi enorme necesidad de ella
ganaban.
A la hora de afrontar la relación de pareja, hay en el Ez con-
servación por un lado la necesidad de control y, por el otro, el
miedo que subyace:
|
Me a ía 1 ci la idea
¡ de que iba a depender emocionalmen
te E
de un hoA e Ao Í varioj s fantasmas: miedo de ser traiciona-
a, r abandonada, de ser olvid
olvi ada e n segundo térm
emiino, de hacer el
papel de payasa... Todo ell '
lación, rápidamente. ello hacía que saltase fuera del barco, de la re-
Tengo pl ena ea 0.
compartir. Lo quiero todo 80 exactam p l e n a consciencia de mi dificultad de
z
| a mi manera y si no es como
ía. 3 gnte
me gust aría , inv ali do| a pers ona. Pier do
l a. Plerdo la gracia 7 lo
las ,
neg ati vas tom an fue rza gracia y la emoción positiva,
83 emo cio nes
ytinuidad a la relación (Sandra) mientras no consigo dar con- 3
102
El amor
amorosa en que debería estar. Esto
da paso a la fantasía, par:
correr el riesgo de estar con la verdad, la intimi
dad y las escu :
das que estas generan. «Si no me dan nada sobrevivo a base de
inventar» (Juanjo).
Suele ser tan enorme la dificultad de entrar en la insegu
ridad
del cambio o de lo desconocido que es el propio cuerpo el que se
encarga de parar al E3 conservación. El nivel de
contención y
aguante es tal que llega a enfermar, Cuando llega un deterioro fí-
sico evidente o incluso una sensación de muerte, es el momento
en que se pasa a la acción, llevada por el instinto de supervivencia
y que ha estado contenida, paradójicamente, por un temor a la
muerte.
No sabemos cortar la relación; eso es muy malo. Hice un gran esfuerzo
para lograr un chico y luego no funcionaba y como tenía que funcio-
nar seguía haciendo esfuerzos (Maribel).
Este entramado de seguridad lleva al Ez conservación a con-
clusiones locas del tipo: «Si no estoy en el sobreesfuerzo me
muero», «si me entrego me muero», «si pierdo el control me
muero». O a un miedo a acomodarse si se lo dan todo hecho.
Pero por otro lado también le provee de las indicaciones necesa-
rias para percatarse de que la relación está vacía o no funciona, de
modo que si una relación cansa o carga, no es amor.
A este subtipo le cuesta horrores separarse de su pareja, aun-
que sienta que no es con quien debería estar. Es manifiesto el
pensamiento de que no puede «ser malo» y «dejarle». Así como
un miedo a causarle dolor: un conservacional puede prolongar
una relación amorosa durante años para no hacerle daño al otro,
aunque en realidad esa situación de indefinición o de falta de
coraje acaba generando un lánguido sufrimiento en ambos. Sub-
una
yace en el fondo un miedo a la pérdida y al dolor, así como
1OI
Psicología de los eneatipos
Mi
como protección ante cualquier abuso que el otro pudiera come.
ter con él. El amor acaba así manifestándose a través de actitudes
y acciones a favor del otro; en definitiva, por el hacer, Cuanto
mayor es la atracción —léase dependencia— más disponible se
torna en hacer algo para el otro, hasta el punto de resultar inyag;.
vo y precipitado. Esa misma autorreferenciación inconsciente ey,
la necesidad, y la necesidad de ser visto, le llevan a no ver al Otro,
El Ez conservación se interesa por alguien valioso desde la óptica
de sentirse valorado, pero realmente no le importa lo que NECESite
el otro. Esta paradoja, donde en apariencia él se lo da todo q]
otro, la encontramos en el cuento de cariños del análisis transac.
cional, que narra la trayectoria de un enfriamiento emocional en
que cariños verdaderos son sustituidos por cariños de plástico, Se
trata de una gentileza generalizada y convencional.
Soy protectora, ayudadora, consejera... el amor «maternal» está muy
desarrollado. Eso sí, hay un precio, porque no es desinteresado, ya que
busca el reconocimiento del otro. Soy fiel con mis amigos; muy grega-
ria y muy familiar. Mis deseos, mis necesidades, quedan al final de la
lista y pasan por delante las necesidades de los de mi alrededor (que
suelen ser muchos) (Maribel).
¿Cuáles son los aspectos del ego fundamentales en el movi-
miento de atracción y de decisión de hacer una pareja? El motor
del amor-seguridad es la búsqueda de seguridad emocional y de
reconocimiento en el terreno más íntimo. El enamorado responde
a la imagen de la madre o del padre y a los valores de la familia,
pero en este punto la ceguera es absoluta. Al E3 conservación le es
difícil amar sin admirar: no sabe convivir con personas fracasadas.
En el seno de la pareja suele aparecer un sentirse desatendi-
do, deseos insatisfechos que acaban por generar un sentimiento
de frustración, de contención o de que esa no es la relación
100
Elamor
El B3 conservación vive
así una Constante ince
rtidumbre
entre am orr) y necesidad, entre pl acer
Amo y bondad, e ntrey
| sensualidad
y amistad,
En las relaciones íntimas, busca el
obruvo del progenitor de sexo calor y contacto que no
opue sto, Un hombre Ez conse
rva-
ción que de niño no tuvo contacto con su m adre se orientará
a
cubrit sus necesidades más primarias: la seguridad y el calor, Sin
ese constructo inicial, le entraña un a dificultad su expa
nsión
hacia el mundo; y vivirá incompleta su sexualid ad en el seno de la
pareja, o proyectando el amor erótico fuera del ámbito de su pa-
roja=seguridad,
- El deseo interno de felicidad vinculado a la incapacidad de
ser o de autenticidad lleva al Ez conservacional a la idealización
del amor. El modelo amoroso tiene como imagen paradigmática
la casa de la pradera, con el resultado de una relación amorosa en
que el sexo debe estar impregnado de amor y ciertas prácticas se-
xuales no son posibles porque «eso no es amor». La idealización
de la fidelidad y la felicidad le lleva a menudo a renunciar al sexo,
a ser sexi. La búsqueda de la excelencia es llevada al ámbito se-
xual, con una incapacidad de vivir lo cotidiano y una proyección
hacia lo intenso o excelso. |
Esta proyección puede llevar a un dramatizar ñ sesmalidad,
ligado, por un lado, a la sustitución de lo real por le imeginatio
por otro, a la relación a través de la acción. Lo primero tiene que
ver con la fantasía del E3 conservación, que construye Unbseles
tos ideales, muy internos, con los que se pela cioña y pod tienen
que ver con el otro. Un ideal interno construido a imagen y se
mejanza de la perfección que busca, y que deja pues poca energia
sobrante para la relación real. tr doce el
El papel que juega la acción en la relación obe dE LES
Cultad para la intimidad, para mostrar su afecto y ha
99
pos
Psicología de los eneati
l y el
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ntes formas de expre.
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Procuro que no se me note que me gusta algupareja me abandone (Fe
a
o o que mi
fiel para no generar un conflict
rran).
rim ido la sex ual ida d; me mue str o como bondad (Maribel).
He rep
o a mí ni a la per.
Para mí el deseo es peligroso y no me lo he permitid
sona que ha estado conmigo (Teodoro).
s
En realidad el vínculo de pareja se realiza, como ya hemo
comentado, a través del amor maternal y de la dependencia afec-
tiva, tal como esclarecen los siguientes relatos:
Manifiesto amor cuidando y haciendo por los demás. Me ocupo de los
otros pero me gustaría que hicieran lo mismo conmigo; si no lo hacen
como yo espero, entiendo que no me quieren (Maribel).
En pareja todo mi esfuerzo es para que la otra persona sienta que con-
migo está segura. «Puedes confiar en mí, doy seguridad.» Así que me
doy a valer mucho. En los tiempos que corren yo te doy lo más grande:
confianza. Con lo cual creo una deuda y quiero que el otro me dé la
misma confianza y seguridad. ¿Qué somos nosotros sin pareja?
Abandero mucho el ser fiel, dar atención, estar presente y sacrifi-
cam adaptarme a lo que la otra persona quiere: no bebo, llamo
por
as noches, te cuido. La cosa es no crear preocupación para
la otra per-
sona (Teodoro).
El : amor
ideal
1
tenía, que ver con el amor maternal de acoger; nunca es
e ser acogido (Juanjo).
Hem
bel) os a prendi
di do a que
a base de esfuerzo se consigue el amor (Mar
i-
98
porn ai En? Prisa . sob o
A b AOS y É Menalagráfico;
co
o ;
Imagen de Lara (Julic Christie) en la película Doctor Zhivago,
de David Lean (1965).
IST
Un ejemplo literario
ETRE
Este apartado presenta un análisis del Ez conservación desde el
personaje de Lara Antipova en El doctor Zhivago.
Lara es el principal personaje femenino al lado del protago-
ls
Mes
Y
Ñ
nista, el doctor Zhivago, que dio nombre a la novela más conoci-
pa
155
Es
ES
e
da de Boris Pasternak (1890-1960).
Yuri Zhivago y Lara Antipova, cada uno a su manera, inten-
zron hacer su vida en la Unión Soviética, donde la guerra contra
Alemania les afectó enormemente en lo más privado de sus exis-
tencias. El doctor Zhivago se ubica, en un sentido, como una no-
vela acerca de la vida y del amor, sucediendo a la Ana Karenina
de Tolstoi, aunque con' inversión de papeles entre hombre y
Narra la historia de Yuri Zhivago, médico y poeta, y Su rela-
ción con dos mujeres: su esposa Tonyay su amante Lara. Esim
portante aclarar que nos referimos estrictamente al análisis del
119.
pos
Psicología de los eñcati
sersonaje de Lara en la novelay no ala de la película, QUE No pe.
el caráct er con que” Paster; nak la descri bió.
Aleja
hor: ve z de arisa
Lar ne
por primera
Como lectores escuchamos
o cap ítu lo, €cu an do lle ga con su madre, una humilde a
segund ar ey, e
dis1Stta,a, y su hermano 4 Moscú desde los Urales, para estudi
fe me ni no . Má s ade lan te, el autor se referirá a ella ed
instituto
Con dieciséis años,
siempre por su diminutivo, Lara.
era ya una jovencita bastante decalrallada que aparentaba dieciocho 6
no carácter. Y era muy
más. Tenía una lúcida inteligencia y un sere
[suo hermano] comprendían que tendrían
graciosa
ee abrirse confaiand
Ellanoy Rodi
[...] cami solamente en sus propias fuerzas a
37)2
Es muy común en el Ez conservación el comprender desde
bastante joven que tendrá que salir adelante sin mucho apoyo
externo. |
También «el hacer», el apoyar a la madre y una actitud prác.
tica con relación a ganarse la vida se señalan en ella:
Lara sectuudiilsa du no por un abstracto dea de saber sino porque
para beneficiarse de las matrículas gratuitas debía ser una buena alum-
_na. Además de estudiar, lavaba sin esfuerzo los platos, ayudaba en el
tallery hacía los encargos de su madre. Trabajaba apaciblemente; todo
.. en ella era armonioso: la espontánea rapidez de sus movimientos, la
- estatura, la voz, los ojos grisesy el color dorado de sus cabellos (p. 37).
Esto es muy pica en el Ez conservación: estadier másás por: dl
canzar un fin concreto —en este caso conseguir ser becada—
qu
por una motivación interna profunda. También en el trabajo prác
ticoo doméstico esta 2 personalidad es eficiente, ordenada
y rápida.
Bl A
AN 2005:
TES,
Ejemplos litera
rios y cinematogy
áficos
Lara es seducida por Komarovski, amigo
madre «que podía ser su padre», del que Ps en de su
caudacia provocativa que excitaban en ella e] diablillo de e da
ea
ción» a la vez que le atrae el hecho de Dn
co en ella, la llamase diosa...» (p. 62). Siente Merlin e E
frente a él pero no cae en el drama
A ni en la trag edia. Int A
ernamente
* está arrapada entre la atracción y el odio. Él le da toda la atención
«de padre» que no ha tenido nunca, y sin embargo sus exigencias
de hombre la molestan cada vez más.
Lara no era religiosa, No creía en los ritos del culto. Pero a] gunas ve-
ces, para soportar la vid1 a,
és menester acompañarse de una especie
de
música interior, que no siempre se puede componer a solas. Esa músi-
ca eran para ella las palabras divinas sobre la vida y por ellas iba a llorar
a la iglesia (p.64).
Observamos a menudo en personas del tipo Ez conservación
que la espiritualidad, sobre todo en la juventud, se caracteriza más
por el anhelo de sentirse recogido, de pertenecer, y no tanto por
aspirar a un misticismo superior o a la iluminación suprema.
Cuando ya se siente demasiado perturbada por la insistencia
| permanente de Komarovski, se busca un trabajo de institutriz y
seva lejos de casa: «Durante tres años Lara vivió con los Kologrí-
“yov como detrás de unmuro de piedra» (p. 91). Así se salva de
: éaer víctima del hombre mayor, dominante y experimentado, de
- no poder vivir más en secreto aquella doble vida y de seguir per-
diendo el control sobre sí misma. Aquí puede verse una clara di-
el sentido de
ferenciación entre el Ez conservación y el E4, en
Que Lara ésef bastarite «perdida» por un tiempo en esta relación
Peto por su propia decisión, determinación y esfuerzo encuentra
la salida; en este caso una huida drástica. No se queda aa a
te victimizada; sometida y en la queja sino que se va, Sin habla:
BE
Psicología de los envatipos
con nadíe de sus razones para haberlo hecho. Se calla réSpecto,
lo sucedido, En la naturaleza encuentra
un aire más familiar que el padre y la madre, mejor incluso que q
hombre amado y más suti) que cualquier libro. Durante un instante
revelábase para Lara como nuevo el sentido de la existencia, Ella co,
cebía que estaba aquí para tratar de comprender la verrible belle, de
mundo y conocer el nombre de las cosas... (p. 94).
Hay una cierta sencillez en este subtipo, un sentirse a salvo
en la naturaleza, una cercanía a lo terrenal y una búsqueda que
parte de las posibilidades que se tienen a mano. La naturaleza y,
exige, no se le pueden proyectar demandas que son de Uno
mismo; así, la mente de la persona que siempre se mira a través de.
los ojos de quienes le rodean puede descansar. Aquí es posible
este momento de despertar a lo esencial, de captar que hay «yn
más allá» de la pura cotidianidad de la vida.
Otro tema típico en el conservacional, que ya aparece en la
joven Lara, es el quedar «agotada por el trabajo que se había jm.
puesto» (p. 94). Trabaja más de lo que se le pide por querer ser.
tirse independiente y útil, por no deber nada; pero como no lo
logra y cae en la melancolía, depresión y confusión, se agarra aun
«imaginario disparo... contra Komarovski, contra sí misma, con-
tra su propio destino...» (p. 96). Está desesperada y le pide a su
amigo Pasha que se case con ella para salvarla. Tras disparar real
mente contra Komarovski, que queda lastimado muy levemente,
él reflexiona acerca de ella: «Bien era verdad que él había destro-
zado su vida de un modo radical e irremediable, pero ella se deba-
de rehacer a si
tía y continuamente se sublevaba conel afán
- modo su destino y volver a empeza r (p. 113).
lá vida»
Para Lara es inconcebible quedar destruida por alguien qué
la ha dañado tanto. Muchos seres humanos, por no decir todos:
122
Ejemplos literarios y cinematográf
: ico s
“ somos de alguna mane
ra “SUPervivientes» de
traumas
fe
ha”
ndemos de formas distintas.
En el E3 co Dserva
>
e e E
ciaca-
,
mlción es muy
,
-
“zacte
|
rÍstic
a
o no queda rse en
B
la caída, no aceptar el fr
: acaso, , ] 1LEVan-
tarse como se pueda y seguir adelante. A La
ra, aún muy enferm
“Je cuesta mucho aceptar ayuda de un
e E
amigo pate irse
rnal «y, al irse
; A
-[Kologrívov ], a pesar de su resistencia,
e bl de sus lágr imas
e incluso
de su enfado, le obligó a aceptar un «cheque de
diez m il rublos»
(p. 1 16).
e Eso resuena con muchos procesos de. persona s E3 con-
servación: tener que aprender a dejarse
ayudar, entender que hay
“momentos O situaciones en la vida en los que el «puedo solo» o el
«tengo que poder solo» llegan a su límite real.
+ Ya casada con Pasha y con sus estudios terminados, vive un
tiempo [Link] tranquilidad:
«Lara estaba absorbida por sus quehaceres y preocupaciones, tenía a su
Cargo la casa y a su hija Kátenka que tenía tres años... Ocupábase de
«todos los asuntos de su marido y además daba clases en el colegio de
niños. Trabajaba mucho y era feliz. Esto era precisamente la vida que
+ había soñado (p. 128).
En general es ese el sueño de una conservacional, una especie
] de «haberlo logrado todo»: tener un trabajo que le gusta, un ma-
o rido, hijos, estar a cargo de todo lo que hay que atender. Nada
: menos que la vida misma en su imprevisibilidad, las circunstan-
- Clas externas o los procesos internos acaban con este idilio, ya sea
deforma brusca.o paulatina.
DS Cuando Pasha decide marcharse, tras serle asignada una mi-
EN sión, Lara lo vive como «la más grave derrota de su vida. Se ve-
E : nían abajo sus mejores y más luminosas esperanzas». peo no se
«Comenzó a a
queda lamentándose con los brazos cruzados.
E diar eje los principios elementales de la medicina y se
Jiploma
eSy obtuvo el diploma
e hospital dec enfermera a
examinió en el mismo
123
Psicología de los eneatipos
. este Subtipo
de la caridad» (p. 13 3). Ya vimos que dos pues
son el estudio y el trabajo, con En UCA. Y ZAS
necesidad de sentirse «seguro». Con el estudio invieste ch tener
bu en tr ab aj o qu e le sat isf aga y co n el qu e pueda MANtENerg
un
e no fal te nad a», «pa ra da rs e E S ON depende
«par a qu
Ro a AU TO imagen
económicamente», «para ser útil» y para a
idealizada de «buena», «inteligente», «trabajadora», «eficiente, y
RR dera eficien.
«práctica». Entonces las cosas se hacen bien yE
cia. Como Lara quiere ir en busca de su marido, «prestó Servicio
como enfermera en un tren sanitario», que iba al lugar desq,
donde había recibido su última carta. Ella posee una mente Muy
pragmática y enfocada hacia lo que quiere lograr. Cuando en ql
camino se entera de que Zhivago, su amigo. de infancia, trabaja
en el pueblo vecino a su destino, «encuentra» «una carreta que ¡by
en esa dirección» (p. 134).
Al llegar a sus oídos que su marido está preso, Cosa que no
- Cree, ocurre que «no podía hablar porque tenía los ojos llenos de
lágrimas y no quería llorar delante de desconocidos. Se levanté
apresuradamente y salió al pasillo, tratando de recobrar el domi-
nio de sí misma» (p. 152). Para muchas mujeres es penoso llorar
frente a desconocidos, pero para el E3 conservación es muy, muy
delicado y temido dejarse ver frágil y vulnerable. Es uno de los
autoengaños más grandes de la locura interna proyectada haciael
otro el ser aceptada por ser buena, eficiente, trabajadora, empáti-
ca, leal, comprometida... y no por la verdad interna profunda
iin
donde anidan también sentimde esu cio
nfit sa, debilidad,
enci
miedos, tristezas y un profundo dolor...
Con la revolución ya estallada, Lara se encuentra en ul
hospital cerca del frente, colaborando con el Dr; Zhivago-
Primera y por lo pronto única y breve conversación personal
Íntima entre los dos sucede en el cuarto de Lara mientas ele
124
Pies 3 his sd
tdd
Ar eon :
> ¿sá planchanido st ropa. Ellase Siete tan per
de ¿hiva y e
¡epentina Apertura emocional go A por la
la, que por desatender su € Prote:
quehacer quema E :
Rap
yor
Ñ
Husa, Inte.
eumpo
su aeción y termina la plática a] Insta
cada. Aute la intimidad, la revelación Muy Eaniás 7 “SÁ muy to.
Ade otro, las
- defensas se derriten, als:
Mucho más adPuelante amb
| os se | '*encuentran en la bil ioteca
de Yuriatin. Lar 2 está Nu evamente thvoluc; ada
en el estudio:
A veces se quedaba pensativa, con los ojos Rios
vándolos, en e «ho «
miraba junco Ante sí leds
, € DLOr-
a O, seoinclinaba so.
bre la mesa, apoyanda la cabeza en una tano
mano y, y con un tápido movi-
miento, con la otra copiaba a lápiz en un cuaderno
libro. l... Observindola, cualquier pasaje del
Yuri Andréievich |Zhivago] verifica
ba la jus-
teza de sus antiguas impresiones... «No quiere gustar
-—pensaba-—, ser
bella, arractiva. Siente una especie de desprecio por este
aspecto de la
feminidad y parece como si se castigara por ser tan bella. P ero esta or-
— gullosa dejadez aumenta su fascinación» (p. 340)
.
Los pensamientos de Zhivago van directos al meollo del
asunto: esta forma de vivir la vanidad. A este subtipo no se le da
_gozar y lucir de manera segura simplemente su feminidad. No
... tiene lo lascivo del felino ni lo abiertamente seductor del histéri-
do. La expresión de la feminidad es más austera; inclusive puede
| darse una especie de «antivanidad», un descuido de la imagen
- externa que puede incluso estar logrado con planificación. Sí que
es seductora, pero de manera más tímida, más intelectual, de
forma que «no se note tanto». Su ser mujer se expresa más en el
quehacer y en el cuidado del otro, en estar al servicio del da ]
de Alllegar los dósa casa de ella, Zhivago continúa observándola:
E E Na A
Í
-| + - EnEn kla biblioteca: he comparadla
o ate nci ón con que leía e | caloare
| ) de » Es
| ¿impdeaunlves
Í 5
rdad
oero trabaj
deo,
un tios S
125.
pos
> Psicología de los eneati
CO D lig ere za, sin es fu er za . En ie cd obra
lleva agua como si leyese, sao a a infan.
del mismo modo. Como si desde hace pus
e ad qu ir id o un im pu ls o ha ci a ne ss y ¿ a , pia
cia, hubies n fac ili ES y es| 0 ancidad, Es
, co n im pu ls o ya, co
ya hecho de suyo do se inc Pe ñ a so risa que l
es pa ld a, cu an
se nota en la línea de su ba rbilla, lo mismo que q,
ios y en la re do nd ez de su
entreabre los lab
344).
sus palabras y pensamientos (p-
Fl autor describe ahora, a través de los pensamientos de Z);.
, lo
vago, a una Lara adulta. Las confusiones, las limitaciones
acontecimientos caóticos y terribles de la revolución no la hay
quebrado. Está muy centrada y atenta a lo que hace. Da la impre.
sión de estar más integrada, más suavizada, más libre, más mad...
ra en su identidad.
Lara le cuenta a Zhivago acerca de su niñez y de la revolu-
ción: |
En mi infancia vi muy de cerca la miseria y el cansancio, por eso mi
actitud ante la revolución es muy distinta de la suya. La siento más de
cerca. Hay en ella mucho que me es familiar... No sé nada de cosas
- militares ni entiendo de graduaciones. Soy una profesora de historia,
Sí, Zhivago, así es: he ayudado a mucha gente (p. 347). |
Lara no es revolucionaria pero simpatiza con el movimiento
y comprende las causas humanas y sociales. Está cerca de la gente
y, COMO es socialmente hábil, ha utilizado sus relaciones pan
apoyar a personas necesitadas. | |
7 Al egoísmo está menos marcado en el conservacional que en
los otros dos subtipos. Siempre va a cuidar de proveer a su neces-
dad primaria de sentirse seguro, que es alta, pero sabe sobrevivi
con poco y. ahorrar cuando tiene. Y sabe también compartir; $
conmueve y le gusta apoyar al que no tiene. Quiere ser puena
. persona, ser correcta. No se inspira tanto en causas sociales gel
126
Ejemplos
“ . li terari
AYTOS y
:
cin ha
cMatog ráfic. os
ideologí as, sino que más ata
enela posibilidad inmedi bien deayuda
lograrla [Link] indivig ual,
al, donde
de
Personas como Strelnikoy (el Que fuera antes Ani
Zhiva
marido, le son incomprensibles. Lara le dice a e su
«No son
hombres, son piedras. Principios, Disciplina ( «..] Necego:sita
poner
“q nuestros pies todos sus laureles de guerra, para no volver
con las
manos. vacias; Sino Sn de
gloria, venced([Link].351).
¡Inmortalizarnos '
deslumbrarnos! ¡Como si fuese un niño!»
Ella quisiera cercanía real de él para con su hija y con ella
Pero se siente cada vez más alejada de este hombre por su E
cia, por las noticias de atrocidades que le llegan acerca
de sus ac-
- ciones y por no compartir los pensamientos y actitudes que lo
“motivan a seguir en la lucha revolucionaria.
Cuando Zhivago trata de romper su relación de amantes y
no volver.a verla, corren por las mejillas de Lara lágrimas «silen-
ciosas de las que ella no se daba cuenta... Dijo simplemente, sin
generosidad, sumisamente: —Haz lo que te parezca. No te preo-
cupes por mí, yo ya lo superaré—. Y como no sabía que estaba
llorando no se secó las lágrimas» (p. 353).
Lara actúa como si los sufrimientos de él fueran más impor-
tantes que los suyos. Encierra su propia tristeza para no «amar-
garlo con penosas escenas». Todas las personas de este subtipo
recordarán situaciones de su vida en que han expresado pocas
emociones en relación a la seriedad con que en verdad les ha afec-
- [Link], Es la incapacidad de dejar ver cuán importante es real.
mente el otro, cuánto significa y cuán dolorosa es su partida. Es
co-
la dificultad de dejarse ver tal cual en lo que siente. También
+ loca los sentimientos del otro por encima de los suyos, tratando
de comprenderlo más aél que a sí mismo. Ya no hay espontanel-
Aa
+ dad, ya ño hay una conexión interna. con sus emociones. Es
especie de“aniquilar
el propio sentir, de haberlo con
E 1, SU
A
para llega
atrás y a niveles tan profundos que ya hay poco acceso
a su expresión. Pasternak lo describe a su pie poética: «Por Ja;
ella ny a
mejillas de Lara corrían lágrimas silenciosas de las que
daba cuenta, como la lluvia que en aquel instante caía sobre la,
dela.
caras de las figuras de piedra de la Casa de las Estatuas, allí
te» (p. 353). | |
Cuando Zhivago regresa a casa de Lara tras un largo secues.
tro a manos de partisanos y haberse finalmente atrevido a fugay.
se, encuentra, en el escondite para la llave en casa de Lara, una
carta de esta dirigida a él en que le explica cómo puede usar la
casa, dónde le ha dejado comida... El término «seguridad» cabe
bien aquí para comprender sus pensamientos y acciones. Le pro.
vee con lo necesario para sobrevivir y estar protegido. Nueva.
mente es la mujer que ama, y amar para ella es cuidar, cuidar al
ser que ama, facilitarle lo práctico: con eso le expresa su cariño,
Ella regresa al fin cuando Zhivago se encuentra muy enfermo,
«Lara lo alimentaba y cuidaba solícitamente, con el murmullo
tierno y cálido de sus palabras» (p. 456).
En las conversaciones íntimas que ahora sostienen Lara y
Zhivago acerca de la vida, el amor, las familias rusas y las historias
de ambos, se nota la madurez de esta mujer en la profundidad
con que ahora analiza, comprende y resume lo que le ha pasado.
Se muestra muy realista referentea «las costumbres, las relaciones -
y el orden humano; todo se ha hecho trizas con el desbarajuste de
la sociedad y su reconstrucción. Todo lo que pertenecía a la vida
cotidiana se ha conmocionado y destruido» (p. 464).
- Por un lado defiende el deber, el «llamamiento de la fidel
dad. Lo sacrificaría todo. Incluso lo que más quiero, tú». Por
otro, afirma: «Oh, perdóname! No quería decir esto. No es veF
dad. [...] ¿Qué será de nosotros? ¿Qué podremos hacer?» (p. 465)
Su destino es. incierto. Los dos. están: reunidos en un presente
15328
Ejem plos literarios y cinematóe ráficos
cada cual con su pasado destruido y Un futuro
desconocido,
Nunca Antes se habían comunicado
con tanta intensidad y e]
rca de eb a És | "dad y clarj-
dad acerc a de cómo la Historia había determinado
] a nd edi sus vid SS : as. !
habla de mancra muy centrada y enfocada:
AT
Entonces sobre la tierra rusa vino la entira, El m
al peor, la raíz. del
mal futuro fue la pérdida de la confianz a en el valor de la propia
opi-
nión [...] este
Este: error social
sla sese apoderó de todos, contagió a todos, Cada
cosa sufrió su influencia. Ni siquiera nuestra cas a quedó ¡
quedó inmun c. Algo:
se rompió (p. 466).
Lara no sigue el camino de la revolución de la gran mayoría,
Se declara afectada pero no sacrificó sus valores internos. Más
bien a través de vivir esa época se ha clarificado con más madurez
en lo que cree. Al tiempo que con naturalidad atiende la casa:
- Larisa cocinaba o lavaba. Luego, con el agua de la colada, fregaba los
suelos o, tranquila y menos atareada, planchaba o repasaba su ropa, la
- del doctor y la de Kátenka [su hija]. O incluso, quemándose las pesta-
ñas en sus manuales, dedicábase a su reeducación política, antes de re-
-anudar la enseñanza en la nueva escuela reformada (pp. 468-469).
Alo largo de toda la novela Pasternak remarca estas caracte-
en el E3 conservación. Lle-
rísticas de Lara que son tan familiares
+ gando al final Lara reflexiona:
y un or-
-—Qué instinto casero, qué natural atracción por un hogar
den!— observando desde [Link] los juegos de su hija—. Los niños
son sinceros, no tienen prejuicios y no se avergúenzan de la verdad,
ados, estamos siempre
mientras nosotros, por miedo de parecer atras
cosas que
dispuestos a traicionar lo que nos es más querido, a elogiar
ÉS nos tepugrian y aceptar Otras que no comprendemos (p. 498).
de dao e Le general dolo es más hipócrita que los
“niños, pero los ejemplos que ella menciona son muy típicos del
19
s
Psicología de los eneatipo
Tr es .e n ge ne ra l y po r su puesto 5 subtipo de los
falsificar del
a mn casa de campo donde se han e Lara quiere
ve
n: «¿ Te ne mo s, po r lo me nos, un ql No, ya lo
poner orde
n, que tanto se me contagia y mo
Me da miedo tu despreocupació
confunde las ideas» (p. 500).
Luego dice:
ruego que esc.
—Dedícame alguna hora de las próximas noches, y té
bas todo lo que tantas veces me has recitado de memoria. Una partees de
I emo que la olvid
esas cosas está dispersa y la otra no la has escrito.
“así se perderá todo, como, según me has dicho, te ha sucedido con
frecuencia (p. 501).
Amar y cuidar se llevan de la mano. Esta facilidad para orde-
nar las cosas, ponerlas en su sitio, tener los pies en la tierra, con.
cretar ideas, pensar en salvar los pensamientos, ponerlos por es-
crito para que no se pierdan, aterrizar y concretar lo que está
volando son características muy comunes de este subtipo, La se-
guridad en la conservación se manifiesta aquí en el prever con
claridad lo que pueda ocurrir, impedirl o y actuar de acuerdo con
lo que ve. AA |
Lara está decidida a irse de ahí, pero únicamente si Zhivago
se va con ella: | |
De este modo alternaban en ella estados de calma y momentos de an-
gustiosa inquietud, cosa natural en una mujer activa, no acostumbrada
| _ a perde
¡ r el día en ternuras, ni a permitirse el lujo .
| de ociosas y excesivas
- efusiones (p. 508).
] | e
- Aunque aquí, por encontrarse en una situa
ción de peligro
real al permanecer
'ecr en esa casa, la actividad constante eneste sub'
- Uipo.
(que aparentemente puede verse como si se ejecutara CoN
o
Ejemplos literarios y cine
matográficos
una cierta tranquilidad) está empu 0 jada: INCONscien
temente por
na gran inquietud interna. Es una adicci
ón al hacer, a tener
. .,
hacer; se tiene la ilusión de remedia t. COn «el ha que
cer» la angustia; se
|
la mantiene bajo control y eso es o que le da la «seg
- Finalmente, y ante la uridad».
muerte de Yuri Zhivago,
las imágenes de su rela Lara rep asa
ción con la mente mu y lúcida
y el corazón
abierto:,
Se habían amado no porque fuera ine
vitable, no porque hubieran sido
«arrastrados por la pasión», como suele decir se.
Se amaron porque así
lo quiso todo lo que les rodeaba: la tierra a sus pies, el
cielo sobre sus
cabezas, las nubes y los árboles. [...]
- Nunca, ni en los momentos de más libre y olvi
dada felicidad les
había abandonado lo más alto y apasionante: la satisfacción por la ar-
.. monía del mundo, la sensación de estar en relación
con él, de partici-
par de la belleza de todo el espectáculo, del universo.
Vivían de esta participación. Y por esto el dominio del hombre
sobre la naturaleza, el culto y la idolatría del hombre no les atrajeron
jamás, Los principios de un falso culto social transformado en política
les parecieron una cosa bien miserable y ninguno los comprendió (p.
573).
El amor trasciende, porlo menos en momentos, las limita-
ciones del carácter. Nuevamente es la sencillez del alma de Lara la
que le permite sentirse, junto a Zhivago, que es parte del todo, de
la naturaleza, en unión con el cosmos, y ser inmune a las aspira-
ciones, ambiciones. y promesas del «Nuevo mundo» anunciado
por las agrupaciones políticas... > |
Aunque está desesperada por la muerte de Yuri y se atormen-
ta con la culpabilidad por su separación, así gordo por cosas que
“de han pasado y ha hecho después de una separación que fue E
ca “voluntaria por parte de ella, dice: «Mi alma ya no o e en o
tormento y la piedad. Pero, «mira, note digo, no te revelo lo E
cial. No puedo decirlo, no tengo valor» (p. 574). Y E
131
Pricolaygia dde las esveitii pos
«junto con Evgral Andeéievich el examen de los manuscritos d SN e
que habían hablado» (p. $75).
$ e A , Ñ
¿ ,
Una vez más, centrada y dedicada a cumplir con lo que
: para ella. No llega| a terminarlo
importancia y sentido SA Porque
tiene
un día Larisa Fiódorovna salió de casa para no volver más, Acas:
fue detenida en la calle. Murió o desapareció quién sabe dón , S
un número más en una lista anónima y perdida en uno delo (
innumerables campos de concentración, femeninos o OM. |
del norte (p. 575). | 5
Lara queda en la memoria del lector como un Personaje que
ha vivido
su vida y su destino con bastante dignidad en medio de
circunstancias difíciles; que ha amado profundamente y se ha q.
sarrollado y ha trascendido, con mucha luz por momentos, las
ataduras del carácter. |
132
$1
UNA VIÑETA
por Vera Perry Schoenardie
sentación
Esta repreid : a indica las principales carac terísti+cas
olgráfic
del E3 conservación. Es una figura a que sugiere mu E
] o cad
¿EL atuendo deportivo no o significa o ueqe E3
Lo, conseración siempre se: dedique a acidos epo r E
: 133 !
; colita
rp:
Pricología de lor enca
con buena apariencia y salyg
. él le et1st aa cultiva
cultivar un Cuerpo
sión de ser capaz de amplif5ica.
que sí le gus OPS
AS siernas vigorosa
otoorosas danla Impr pS
. mantiene el equilibrio, E;
, biente que le rodea mientras mantiene € y p6 e $4
sd
seen el amb pa e ds -pre a través del Cop.
¿vo sobresabre la realidad lo cahace
apoyo principalment
la pierna A
doblada. Esta Eo
elecrual, como
posición pre.
indi AN
tro Intelectual, | oa esilenidod simultáne os como
cisa ser fuerte pues DES ! ol vato perdera
acostumbra ese subripo exige muc Po,
a
equilibrio sobre el balancín de la conciliación.
Marca el fondo un reloj cuyas horas corren en sentido inver.
so. El tiempo, simulráneamente, es un ene de mucha po:
sión y oportunidad. La asertividad yagilidad E que Consigue
realizar las tareas le confiere una impresión positiva por parte de
las personas. El ser emprendedor es un elemento central de su
dinámica. La valoración que les confiere el mundo moderno ca-
pitalista conduce cada vez más a los E3 conservación a un proce-
so de burn out o autodestrucción, víctimas de su propia vanidad
en mostrarse los mejores «hacedores» del mundo.
Los múltiples brazos, como manecillas de ese reloj implaca-
ble, son símbolos de la acción y de la búsqueda, y se dirigen a di-
ferentes objetivos, indicando la capacidad de estar enfocado en
varios temas a la vez. Los iconos en los círculos representan los
grandes temas en la vida de un Ez conservación. El hecho de
estar literalmente
en sus manos simboliza su necesidad de con-
trolar todo lo que le rodea. >. 2.2200
_ Estos iconos están dispuestos de manera que
los más signi-
ficativos en la vida del conservacional
aparecen en la parte supe-
_Hor. Asimismo se representan
de acue rdo con la alineación in:
terior, bien por la vida emocio
| nal, bien por la vida intelectual,
conforme la lectura corporal de los dos
hemisferios (derecho =
razón; izquierdo = emoción). Así, en
la parte superio r y porel
«lado derecho del
individuo aparece el elemento representativo
Pricologia de los encaipos
Si cuiendo por «el lado izquierdo del personaje (derecho Para
ei tecror), en la parte superior identificamos el icono que da,
caracreristica diferenciadora del subtipo. Los PREas> OS
dare S se mueven a partir de la supervivencia, y en cl E3 conser.
e n tienen como palabra clave la noción de seguridad.
vació
|
Una personalidad construida a partir del exoarión Y para el
exterior tiene al otro como punto de referencia. Esta dinámica
la leva a un espacio de vacío interior donde, desconectada de
sus características esenciales, sufre una pulsión interna muy an.
siosa, De ahi parte el control, la urgencia, el «hacer» compulg;.
vo. El conservacional busca solucionar este dilema existencial
persiguiendo la seguridad, especialmente la material, El dinero,
como elemento concreto que es, le brinda la ilusión de protec.
ción viral,
El espacio del amor es un espacio apretado, comprimido
entre tantos quehaceres, habiendo mucho miedo a la intimidad y
ala entrega. Al Ez conservación no le gusta estar en deuda o en
inferioridad en una relación, ni ver tampoco al compañero desde
un plano más elevado: Alguien fracasado, a su lado, puede ser
poco confortable; no solo por su necesidad de ser admirado sino,
y especialmente, por la tendencia
de percibir a las personas de ha
familia como una extensión de sí mismo. Igual que se coloca
fren teo para ser admirado, también los suyos deberán
al mund
serlo. El conservacional idealiza así no solo a un compañero ad-
mirado por la sociedad, sino a toda la familia. Un grupo familiar
compuesto de personas bonitas, inteligentes, responsables y ar
paces le proporciona una gran satisfacción. :
La familia tiene gran importancia para el Ez conservación.
Por ella puede dejar de lado proyectos individuales. Es el espacio
de seguridad y donde puede ejercer de modo especial su capa
dad de cuidar y proteger con eficiencia y de percibir los detalles.
136
Una viñeta
todo el confor id
Procura responsabi:lizarse de
tes de codos los miembros de la familia, como orarS Mate 2
e ria-
aliza-
da de vivenciar su ddamor, Pueden aparecer co nflictos a cg eri A
a ed 5 usa de s
necesidad ansiosa de que lasO personas se m Uevan y que las .
eucedan en el modo y el tiempo defini
dos por él. Al s ofocar
a la
iniciativa
y responsabilidad de los demás puede generar una si
cuación paradójica de personas dependientes, que contradice la
imagen que idealiza en relación al grupo familiar.
El último icono señalado representa el hogar. Si es posible la
casa del E3 conservación, como espacio físico, será amplia, airea-
da y muy bien cuidada.
La estética pretende dar una imagen de
simplicidad sofisticada.
- Poseer una casa y otros bienes materiales aporta la sensación
de seguridad, de tener un refugio en el presente y el confort del
fucuro. La ansiedad generada por el tema de vida o muerte está
claramente representada en la preocupación por la conservación
del ambientey. de los objetos.
Por qué el gallo ya no puede volver al Paraíso
- (cuento sufi) - | erica
la Tierra, Dios creó los
En tiempos muy lejanos, antes de crearse
Edén. Los había grandes y
ájaros, que vivían:en el Jardín del
e maravilloso. El
pequeños, todos de bonitos colores y un plumaj
ein
que tenía la voz más fuerte era el gallo. -ín que, con sus árboles y
Volaban por el aire soleado del jard
dab a co mi en
da abu nda nci a, y en aquellos días dorados
floresles
,
Rio dean
Bo Extraído del libro [Link], Históriasda tradigáo su Dervsh,
PLA ; eS :
:e
eatipos
Psicología de los en
y
cri stalin
Cris lina a de sus A innumera bles tia.E
a
b n su $ ed en el águ
saci aba
chuelos. an deliciosas y la Ecompañía de ls
y las ba ya
y s er an £
Las frucas sentirse descontento
e el ga ll o e m p e z o2
ángeles, tan divina, qu enturas,
con aquella vida demas iado cómoda y a ansiar av
o al án ge | qu e cu id ab a de l bienestar de los Pája.
Un día le dij
ros:
Mi reluciente,
i ¿dónde
¿dó podríaía irir p para encontrar aven vuras y
¡
rtante er,
algún significado para mi vida? ¡No hago nada impo
y luz!
este lugar donde todo es bondad
—Paciencia, valiente gallo —respondió el ángel—. Dios, e
Misericordioso, es compasivo, y ya dispuso la situación.
Entonces el gallo, erizándosey recolocándose las plumas,
soltó un grito muy fuerte y, henchido de orgullo, les dijo a los
Otros pájaros: | A
—:Me
¡ van a dar un p puesto importante! ¡¡Prestad mucha aten aten.
ción! Cualquier día de estos os voy a dar una sorpresa.
—Hermano, ¿qué noticias son estas? —dijeron los otros pá-
jaros—. ¿No estás satisfecho con tu vida así como tú eres, aquí
solo en el jardín, entre árboles llenos de las mejores frutas?
El gallo gritó más fuerte aún y voló muy alto en el cielo, in-
flado de orgullo, y es que en aquellos tiempos los gallos podían
volar tan alto como las águilas.
| Entonces el ángel se aproximó al gallo y le
dijo:
; —Dios, el Misericordioso, el Compasivo, creó
la Tierra, ahi
Bajo PST y puso en ella todo tipo de seres: humanos y ani-
ea . 7 20 ' hasta allí a llevar a todas las criaturas
eDios.
ps A anunciador! —exclamó el gallo—. ¡Men-
2265 ROUCIAS incomparables! |
20 no —dijo el ángel—. Tú debes volar hasta alli y volve
No, —« iio , - a O e
38
L7, A ViÑeta
A en cuanto hayas dichoa los hombres, animales y pája
de ahi ab ajo que mañana am
anecerá por primera vez. Debes
oros amar la grandeza de Dios,
el Único, usando toda la fuerza
de cy voz. Y volver inmediaramente aquí. Est
e es el mensaje que
¿ mandaron transmitrte. |
lesallo voló hacia la Tierra. El primer
día estaba naciendo y
or
--$ con roda su fuerza a los recién nacidos:
e,
—Oh, hombres, animales y pájaros. Dios me envió para
ed
daros bienaventuranzas y para deciros que yo, el anunciador de
los días de Dio s, el pájaro de la voz más fuerte
del Jardín del
Edén. fui escogido entre todos para esta tarea.
Asombrados, todos los que le oyeron, hombres, animales, y
pájaros se postraron maravillados ante el gallo, rindiéndole ho-
menaje. Este se elevó por los aires para mostrar su enorme destre-
za y su corazón se infló de vanidad.
Cuando la noche llegó, se sentía cansado de tanto volar y re-
volerear y se durmió, olvidándose por completo de que tenía que
volver direcramente al Paraíso. -
Pasaron varios días y el gallo, con su grito de clarinete, des-
pertaba a todo el mundo a la hora del amanecer y todos conti-
nuaban reverenciándolo. Comenzó a pensar, por este motivo,
que era la criatura más importante del mundo recién nacido y,
pavonieándose entre los nuevos hombres y sacudiendo su cresta,
miraba a su alrededor con arrogancia.
Un día;se acordó de las palabras del ángel y pensó: «Es mejor
volver ahora al jardín,y lo más rápido posible, pues tengo la im-
presión de que me quedé demasiado tiempo en la Tierra».
Emitió un fuerte grito, juntó los pies y empezó a sacudir las
alas, dispuesto a subir de nuevo alos cielos. Pero, a pesar de varias
tentativas, no tenía fuerzas en las alas. Apenas consiguió erguirse
nos pocos palmos del suelo y luego cayó nuevamente.
39
s eneatipos
Psicología de lo
es
va n i d a d del gallo fu
La gran 2 prisioner
«Ateas c O ra
ga ll o b ate laalos al Nt el
a c ó m o el
p e r o ya 1
frecu e n c i
elocidad de a ntaño, no
jardín
echo, procurand ima de la cerca del
140
12
- PROCESO DE TRANSFORMACIÓN
“Y RECOMENDACIONES TERAPÉUTICAS
por A Mateu, María Teresa Ceserani, Suzana Stroke,
Ilse Kretzschmar y Ferran Pauné
En'un proceso terapéutico, el terapeuta debe poner mucha aten-
ción y darse cuenta de la condescendencia del paciente E3 «con-
servación y de la actitud de «todo va bien» de alguien que se pone
como «buen paciente» y ensalza la alianza terapéutica.
Este subtipo probará de entender todo lo que el terapeuta
quiere de él, quéle gusta y qué no, y cuáles son los aspectos que
más le interesan,a fin de adherirse lo más eficazmente posible a
sus expectativas y, de esta forma, sentirse seguro.
"ES importante reportarlo siempre a sí mismo; trabajar sobre
Sus expectativas, sobre el imaginario del paciente ideal al que in-
... VEnta acercarse para ser aceptado. Muy hábil en manipular, juga-
j
. tá con el narcisismo del terapeuta, con cómo él es el «mejor pa-
- ciente» y el otro debe ser el «mejor terapeuta». Como lo idealiza,
; po destruir su autoimagen fácilmente. Ec:
«Lal mayor: dificultad del paciente Ez conservación es soltar y
: mostrar las emociones; especialmente la: tristeza através de las lá-
141
Psicología de los eneatipos
grimas, que es vivida como una debilidad peligrosa. Cada ASPecto
de la sombra que emerge durante la terapia es vivido como Una
amenazadora herida narcisista.
Su forma de evitar es quedándose en lo superficial y CONtan.
do los hechos en modo detallado perdiendo de vista el proceso, ññ
dinámica y el nivel simbólico. Es importante que reconozca de
tiempo interno, que experimente estar en el dolor y en la dificy.
tad, sin tener prisa por tener que hacer alguna cosa para salir, y
descubrir así que no se ahoga en el dolor, que la corriente ge | a
vida le permite ver con más claridad el camino.
Cuando está en dificultades, constreñirse a «estar sin hacer,
le permite tomar consciencia del control que actúa sobre el fu
de las emociones, reconociéndolo físicamente como contraccio-
nes en estómago, tórax, espalda y garganta, que enseguida reco.
nocerá como miedo a perder el control y a sentir el dolor,
Es fundamental trabajar sobre la envidia, la competitividad y
el sentimiento de inferioridad, aspectos negados y centrales, que
suplen a menudo el impulso del comportamiento neurótico
cuando el paciente es inconsciente, y que pueden ser un gran re-
curso para el proceso de evolución cuando son conscientes.
Resulta útil también facilitar la expresión de la rabia y el di-
sentimiento hacia el terapeuta de forma directa.
Cuando la idealizada imagen de sí mismo empieza a hacerse
añicos como un espejo golpeado con una piedra, el E3 conserva-
ción entra en contacto con un profundo dolor y con el terror de
no ser «nada», solo un vaso vacio. Entonces se vuelve consciente
de haber representado toda la vida un personaje y ahora ya no
sabe quién es. |
En el terapeuta buscará una contención sólida que le dése"
guridad, alguien en quien pueda finalmente confiar, a través del
cual pueda descuel estado de necesidad
brir y, lentamente $ A
142
Praceso de tramiformación y recomendaciones terapéuticas
drmo, 1 redescubrir su propia identidad humana. En este punto es
importante que recupere el permiso de existir más allá de todo,
así como mucha contención física y contacto (proporcionar ex-
periencias de: «Ási como estás, está bien; no tienes que hacer tan-
ras cosas para ser aceptado»).
Por otro lado es importante desmantelar el mecanismo de
aurojustificación y atribución de la responsabilidad fuera de él,
tomando contacto consigo mismo,
Es asimismo recomendable indagar sobre su fácil entusiasmo
por las actividades (hobbies o trabajo), y la facilidad con que
igualmente se estanca y pierde interés, profundizando en qué le
mueve y qué lo frena.
- Primero es necesario ofrecerle un entorno psíquicamente «se-
'guro»: que el paciente se sienta visto, acogido, escuchado y respe-
tado. Al principio no es recomendable confrontar de forma fuerte
porque el Ez se podría retirar, alejar. No. obstante, en algún mo-
mento de la evolución es preciso que se encuentre confrontado y
no correspondido amablemente. El siguiente relato lo atestigua:
. Uno de los acontecimientos más sanadores para mí ha [Link] vivir la
no confluencia, la confrontación dura y el desengaño con alguien que
representaba un maestro o guía. En ese momento comprendí que solo
dependía de mí la sanación, que solo yo me bastaba, que era algo irreal
- la fantasia de esperar que siempre haya alguien que te guíe como un
padre, incondicional y amablemente. Se comprende que es imposible
confluir con todo el mundo, que si uno es, eso agradará a unos y no a
otros. Que eso es así y está bien. Se E ci la mo de ques
Ñ anita coto el mundo AA
También lele eáplia ada a - qe hotabre, reencontrar la
Energía masculina. Así, es valiosísima la posibilidad de confron-
- tación directa y lara, el ir hacia lo que uno desea [Link] ver-
- Maderamente (penetrar el: mundo). Para elloes necesario. vivir
tipos
Psicología de los enea
( compro bar) que hay ahí algún otro hombre ompi que le apoya, que le
: tey con el qu e colabora (no c te); se trar a en|
sirve de refer en e ,
definitiva, de recuperar la confianza en el otro y en la prop;,
identidad.
que la pase energética y
Esta línea de trabajo toma en cuenta
r a la del E3, si En en el van;.
sensomotora del E3 es muy simila de
puO ES e o
dosoda energía ha sido castrada. Es por
da AE confiama,
hombres capaces de expresar la masculini
ayu-
incluso la. relación con representantes del eneatipo po
y la
dan al conservacional a redescubrir el contacto, la autonomía
autoconfianza.
Desde el proceso de transformación ¿qué eta del rasgo
le pueden ser útiles al terapeuta E3 conservación en su quehacer?
++ Como terapeutas, ser conscientes de nuestras defensas ney.-
róticas, y comprender que la cualidad como figura en el fondo es
defecto, y el defecto como figura es en el fondo cualidad, nos
permite utilizar esas características como valor terapéutico en el
proceso.
- El terapeuta Ez conservación es capaz de dar mucha seguri-
dad y contención al paciente. Cuando está en su autenticidad y
en contacto consigo mismo favorece y estimula a la: persona a
atreverse a ser más auténtica. El autoconocimiento de la falsedad
permite desenmascarar con facilidad la máscara en el otro.
Además el querer «hacerlo bien», cuando deja de ser una ne-
cesidad neurótica permite que el terapeuta esté atento a la impe-
cabilidad de su presencia y, por tanto,de su «hacer terapéutico».
El terapeutdea este subrti
po no se conformará con poco.
- Finalmente, 1
a tendencia al control puede revertir en un
presencia terapéutica que posee una visión panorámica del procé"
50 y del campo. He aquí una experi
encia reveladora:
144.
Proceso de transformación y recomendaciones
ena terapéutiUticas
Siento que utilizo las características que considero positivas
sine idad, a pesár de percibirlas menós ac tivas, tales coy d de mi per-
di yla rapidez en la acción yen el pensamiento. T ambién
de , A
gay las señales que demuestren la validez de mi inició And E
antes de ac-
quer (Susana.
Tareas recomendadas
| Ése apartado describe diversas propuestas terapéuticas que pue-
den ayudar a avanzar en el proceso del súbdiño conservacional.
La agenda y las tareas
« Disminuir las tareas que se impone.
+ Cuestionarse qué quiere o no hacer realmente.
+ Programar en la agenda tiempos de «no hacer nada».
Aa Aprender a decir «no» cuando no le conviene aceptar determi-
nadas tareas. O sea, poner atención a la compulsión a acceder
2 cualquier petición, venga de donde venga y de quien venga.
- Establecer
Es prioridades reales, pues en general la agenda eterna
no contiene lo que realmente es una prioridad si uno se detie-
ne para evaluar lo que está haciendo con su vida.
- + Hacer una cosa cada vez. Priorizar, renunciar.
de No todo lo« que s se hace necesita tener una utilidad, un propó-
- sitoo práctico. O
: Elcultivo de lo placentero : j en al
* Elegir algunas cocosas: que seanprolameis placenteras: y realizar-
a E ! y
ario».
* Hacer algo gustoso ques seaa «absolutamente ¡ inneces
un
“> Cuídarme: ser consciente de mis necesidades; concedermé
no mal-
Poco más de atención,, Teservar tiempo sen el ocio,
Pricolaygia dde las esveitii pos
«junto con Evgral Andeéievich el examen de los manuscritos d SN e
que habían hablado» (p. $75).
$ e A , Ñ
¿ ,
Una vez más, centrada y dedicada a cumplir con lo que
: para ella. No llega| a terminarlo
importancia y sentido SA Porque
tiene
un día Larisa Fiódorovna salió de casa para no volver más, Acas:
fue detenida en la calle. Murió o desapareció quién sabe dón , S
un número más en una lista anónima y perdida en uno delo (
innumerables campos de concentración, femeninos o OM. |
del norte (p. 575). | 5
Lara queda en la memoria del lector como un Personaje que
ha vivido
su vida y su destino con bastante dignidad en medio de
circunstancias difíciles; que ha amado profundamente y se ha q.
sarrollado y ha trascendido, con mucha luz por momentos, las
ataduras del carácter. |
132
Ejemplos literarios y cine
matográficos
una cierta tranquilidad) está empu 0 jada: INCONscien
temente por
na gran inquietud interna. Es una adicci
ón al hacer, a tener
. .,
hacer; se tiene la ilusión de remedia t. COn «el ha que
cer» la angustia; se
|
la mantiene bajo control y eso es o que le da la «seg
- Finalmente, y ante la uridad».
muerte de Yuri Zhivago,
las imágenes de su rela Lara rep asa
ción con la mente mu y lúcida
y el corazón
abierto:,
Se habían amado no porque fuera ine
vitable, no porque hubieran sido
«arrastrados por la pasión», como suele decir se.
Se amaron porque así
lo quiso todo lo que les rodeaba: la tierra a sus pies, el
cielo sobre sus
cabezas, las nubes y los árboles. [...]
- Nunca, ni en los momentos de más libre y olvi
dada felicidad les
había abandonado lo más alto y apasionante: la satisfacción por la ar-
.. monía del mundo, la sensación de estar en relación
con él, de partici-
par de la belleza de todo el espectáculo, del universo.
Vivían de esta participación. Y por esto el dominio del hombre
sobre la naturaleza, el culto y la idolatría del hombre no les atrajeron
jamás, Los principios de un falso culto social transformado en política
les parecieron una cosa bien miserable y ninguno los comprendió (p.
573).
El amor trasciende, porlo menos en momentos, las limita-
ciones del carácter. Nuevamente es la sencillez del alma de Lara la
que le permite sentirse, junto a Zhivago, que es parte del todo, de
la naturaleza, en unión con el cosmos, y ser inmune a las aspira-
ciones, ambiciones. y promesas del «Nuevo mundo» anunciado
por las agrupaciones políticas... > |
Aunque está desesperada por la muerte de Yuri y se atormen-
ta con la culpabilidad por su separación, así gordo por cosas que
“de han pasado y ha hecho después de una separación que fue E
ca “voluntaria por parte de ella, dice: «Mi alma ya no o e en o
tormento y la piedad. Pero, «mira, note digo, no te revelo lo E
cial. No puedo decirlo, no tengo valor» (p. 574). Y E
131
s
Psicología de los eneatipo
Tr es .e n ge ne ra l y po r su puesto 5 subtipo de los
falsificar del
a mn casa de campo donde se han e Lara quiere
ve
n: «¿ Te ne mo s, po r lo me nos, un ql No, ya lo
poner orde
n, que tanto se me contagia y mo
Me da miedo tu despreocupació
confunde las ideas» (p. 500).
Luego dice:
ruego que esc.
—Dedícame alguna hora de las próximas noches, y té
bas todo lo que tantas veces me has recitado de memoria. Una partees de
I emo que la olvid
esas cosas está dispersa y la otra no la has escrito.
“así se perderá todo, como, según me has dicho, te ha sucedido con
frecuencia (p. 501).
Amar y cuidar se llevan de la mano. Esta facilidad para orde-
nar las cosas, ponerlas en su sitio, tener los pies en la tierra, con.
cretar ideas, pensar en salvar los pensamientos, ponerlos por es-
crito para que no se pierdan, aterrizar y concretar lo que está
volando son características muy comunes de este subtipo, La se-
guridad en la conservación se manifiesta aquí en el prever con
claridad lo que pueda ocurrir, impedirl o y actuar de acuerdo con
lo que ve. AA |
Lara está decidida a irse de ahí, pero únicamente si Zhivago
se va con ella: | |
De este modo alternaban en ella estados de calma y momentos de an-
gustiosa inquietud, cosa natural en una mujer activa, no acostumbrada
| _ a perde
¡ r el día en ternuras, ni a permitirse el lujo .
| de ociosas y excesivas
- efusiones (p. 508).
] | e
- Aunque aquí, por encontrarse en una situa
ción de peligro
real al permanecer
'ecr en esa casa, la actividad constante eneste sub'
- Uipo.
(que aparentemente puede verse como si se ejecutara CoN
o
Ejem plos literarios y cinematóe ráficos
cada cual con su pasado destruido y Un futuro
desconocido,
Nunca Antes se habían comunicado
con tanta intensidad y e]
rca de eb a És | "dad y clarj-
dad acerc a de cómo la Historia había determinado
] a nd edi sus vid SS : as. !
habla de mancra muy centrada y enfocada:
AT
Entonces sobre la tierra rusa vino la entira, El m
al peor, la raíz. del
mal futuro fue la pérdida de la confianz a en el valor de la propia
opi-
nión [...] este
Este: error social
sla sese apoderó de todos, contagió a todos, Cada
cosa sufrió su influencia. Ni siquiera nuestra cas a quedó ¡
quedó inmun c. Algo:
se rompió (p. 466).
Lara no sigue el camino de la revolución de la gran mayoría,
Se declara afectada pero no sacrificó sus valores internos. Más
bien a través de vivir esa época se ha clarificado con más madurez
en lo que cree. Al tiempo que con naturalidad atiende la casa:
- Larisa cocinaba o lavaba. Luego, con el agua de la colada, fregaba los
suelos o, tranquila y menos atareada, planchaba o repasaba su ropa, la
- del doctor y la de Kátenka [su hija]. O incluso, quemándose las pesta-
ñas en sus manuales, dedicábase a su reeducación política, antes de re-
-anudar la enseñanza en la nueva escuela reformada (pp. 468-469).
Alo largo de toda la novela Pasternak remarca estas caracte-
en el E3 conservación. Lle-
rísticas de Lara que son tan familiares
+ gando al final Lara reflexiona:
y un or-
-—Qué instinto casero, qué natural atracción por un hogar
den!— observando desde [Link] los juegos de su hija—. Los niños
son sinceros, no tienen prejuicios y no se avergúenzan de la verdad,
ados, estamos siempre
mientras nosotros, por miedo de parecer atras
cosas que
dispuestos a traicionar lo que nos es más querido, a elogiar
ÉS nos tepugrian y aceptar Otras que no comprendemos (p. 498).
de dao e Le general dolo es más hipócrita que los
“niños, pero los ejemplos que ella menciona son muy típicos del
19
A
para llega
atrás y a niveles tan profundos que ya hay poco acceso
a su expresión. Pasternak lo describe a su pie poética: «Por Ja;
ella ny a
mejillas de Lara corrían lágrimas silenciosas de las que
daba cuenta, como la lluvia que en aquel instante caía sobre la,
dela.
caras de las figuras de piedra de la Casa de las Estatuas, allí
te» (p. 353). | |
Cuando Zhivago regresa a casa de Lara tras un largo secues.
tro a manos de partisanos y haberse finalmente atrevido a fugay.
se, encuentra, en el escondite para la llave en casa de Lara, una
carta de esta dirigida a él en que le explica cómo puede usar la
casa, dónde le ha dejado comida... El término «seguridad» cabe
bien aquí para comprender sus pensamientos y acciones. Le pro.
vee con lo necesario para sobrevivir y estar protegido. Nueva.
mente es la mujer que ama, y amar para ella es cuidar, cuidar al
ser que ama, facilitarle lo práctico: con eso le expresa su cariño,
Ella regresa al fin cuando Zhivago se encuentra muy enfermo,
«Lara lo alimentaba y cuidaba solícitamente, con el murmullo
tierno y cálido de sus palabras» (p. 456).
En las conversaciones íntimas que ahora sostienen Lara y
Zhivago acerca de la vida, el amor, las familias rusas y las historias
de ambos, se nota la madurez de esta mujer en la profundidad
con que ahora analiza, comprende y resume lo que le ha pasado.
Se muestra muy realista referentea «las costumbres, las relaciones -
y el orden humano; todo se ha hecho trizas con el desbarajuste de
la sociedad y su reconstrucción. Todo lo que pertenecía a la vida
cotidiana se ha conmocionado y destruido» (p. 464).
- Por un lado defiende el deber, el «llamamiento de la fidel
dad. Lo sacrificaría todo. Incluso lo que más quiero, tú». Por
otro, afirma: «Oh, perdóname! No quería decir esto. No es veF
dad. [...] ¿Qué será de nosotros? ¿Qué podremos hacer?» (p. 465)
Su destino es. incierto. Los dos. están: reunidos en un presente
15328
Ejemplos
“ . li terari
AYTOS y
:
cin ha
cMatog ráfic. os
ideologí as, sino que más ata
enela posibilidad inmedi bien deayuda
lograrla [Link] indivig ual,
al, donde
de
Personas como Strelnikoy (el Que fuera antes Ani
Zhiva
marido, le son incomprensibles. Lara le dice a e su
«No son
hombres, son piedras. Principios, Disciplina ( «..] Necego:sita
poner
“q nuestros pies todos sus laureles de guerra, para no volver
con las
manos. vacias; Sino Sn de
gloria, venced([Link].351).
¡Inmortalizarnos '
deslumbrarnos! ¡Como si fuese un niño!»
Ella quisiera cercanía real de él para con su hija y con ella
Pero se siente cada vez más alejada de este hombre por su E
cia, por las noticias de atrocidades que le llegan acerca
de sus ac-
- ciones y por no compartir los pensamientos y actitudes que lo
“motivan a seguir en la lucha revolucionaria.
Cuando Zhivago trata de romper su relación de amantes y
no volver.a verla, corren por las mejillas de Lara lágrimas «silen-
ciosas de las que ella no se daba cuenta... Dijo simplemente, sin
generosidad, sumisamente: —Haz lo que te parezca. No te preo-
cupes por mí, yo ya lo superaré—. Y como no sabía que estaba
llorando no se secó las lágrimas» (p. 353).
Lara actúa como si los sufrimientos de él fueran más impor-
tantes que los suyos. Encierra su propia tristeza para no «amar-
garlo con penosas escenas». Todas las personas de este subtipo
recordarán situaciones de su vida en que han expresado pocas
emociones en relación a la seriedad con que en verdad les ha afec-
- [Link], Es la incapacidad de dejar ver cuán importante es real.
mente el otro, cuánto significa y cuán dolorosa es su partida. Es
co-
la dificultad de dejarse ver tal cual en lo que siente. También
+ loca los sentimientos del otro por encima de los suyos, tratando
de comprenderlo más aél que a sí mismo. Ya no hay espontanel-
Aa
+ dad, ya ño hay una conexión interna. con sus emociones. Es
especie de“aniquilar
el propio sentir, de haberlo con
E 1, SU
pos
> Psicología de los eneati
CO D lig ere za, sin es fu er za . En ie cd obra
lleva agua como si leyese, sao a a infan.
del mismo modo. Como si desde hace pus
e ad qu ir id o un im pu ls o ha ci a ne ss y ¿ a , pia
cia, hubies n fac ili ES y es| 0 ancidad, Es
, co n im pu ls o ya, co
ya hecho de suyo do se inc Pe ñ a so risa que l
es pa ld a, cu an
se nota en la línea de su ba rbilla, lo mismo que q,
ios y en la re do nd ez de su
entreabre los lab
344).
sus palabras y pensamientos (p-
Fl autor describe ahora, a través de los pensamientos de Z);.
, lo
vago, a una Lara adulta. Las confusiones, las limitaciones
acontecimientos caóticos y terribles de la revolución no la hay
quebrado. Está muy centrada y atenta a lo que hace. Da la impre.
sión de estar más integrada, más suavizada, más libre, más mad...
ra en su identidad.
Lara le cuenta a Zhivago acerca de su niñez y de la revolu-
ción: |
En mi infancia vi muy de cerca la miseria y el cansancio, por eso mi
actitud ante la revolución es muy distinta de la suya. La siento más de
cerca. Hay en ella mucho que me es familiar... No sé nada de cosas
- militares ni entiendo de graduaciones. Soy una profesora de historia,
Sí, Zhivago, así es: he ayudado a mucha gente (p. 347). |
Lara no es revolucionaria pero simpatiza con el movimiento
y comprende las causas humanas y sociales. Está cerca de la gente
y, COMO es socialmente hábil, ha utilizado sus relaciones pan
apoyar a personas necesitadas. | |
7 Al egoísmo está menos marcado en el conservacional que en
los otros dos subtipos. Siempre va a cuidar de proveer a su neces-
dad primaria de sentirse seguro, que es alta, pero sabe sobrevivi
con poco y. ahorrar cuando tiene. Y sabe también compartir; $
conmueve y le gusta apoyar al que no tiene. Quiere ser puena
. persona, ser correcta. No se inspira tanto en causas sociales gel
126
Pies 3 his sd
tdd
Ar eon :
> ¿sá planchanido st ropa. Ellase Siete tan per
de ¿hiva y e
¡epentina Apertura emocional go A por la
la, que por desatender su € Prote:
quehacer quema E :
Rap
yor
Ñ
Husa, Inte.
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su aeción y termina la plática a] Insta
cada. Aute la intimidad, la revelación Muy Eaniás 7 “SÁ muy to.
Ade otro, las
- defensas se derriten, als:
Mucho más adPuelante amb
| os se | '*encuentran en la bil ioteca
de Yuriatin. Lar 2 está Nu evamente thvoluc; ada
en el estudio:
A veces se quedaba pensativa, con los ojos Rios
vándolos, en e «ho «
miraba junco Ante sí leds
, € DLOr-
a O, seoinclinaba so.
bre la mesa, apoyanda la cabeza en una tano
mano y, y con un tápido movi-
miento, con la otra copiaba a lápiz en un cuaderno
libro. l... Observindola, cualquier pasaje del
Yuri Andréievich |Zhivago] verifica
ba la jus-
teza de sus antiguas impresiones... «No quiere gustar
-—pensaba-—, ser
bella, arractiva. Siente una especie de desprecio por este
aspecto de la
feminidad y parece como si se castigara por ser tan bella. P ero esta or-
— gullosa dejadez aumenta su fascinación» (p. 340)
.
Los pensamientos de Zhivago van directos al meollo del
asunto: esta forma de vivir la vanidad. A este subtipo no se le da
_gozar y lucir de manera segura simplemente su feminidad. No
... tiene lo lascivo del felino ni lo abiertamente seductor del histéri-
do. La expresión de la feminidad es más austera; inclusive puede
| darse una especie de «antivanidad», un descuido de la imagen
- externa que puede incluso estar logrado con planificación. Sí que
es seductora, pero de manera más tímida, más intelectual, de
forma que «no se note tanto». Su ser mujer se expresa más en el
quehacer y en el cuidado del otro, en estar al servicio del da ]
de Alllegar los dósa casa de ella, Zhivago continúa observándola:
E E Na A
Í
-| + - EnEn kla biblioteca: he comparadla
o ate nci ón con que leía e | caloare
| ) de » Es
| ¿impdeaunlves
Í 5
rdad
oero trabaj
deo,
un tios S
125.
eatipos
Psicología de los en
cu er po , no com er ni beb er compulsivamente, bajar
“tratar mi
el ritmo, respirar...
act ivi dad es qu e exi jan pac ien cia y detalle, como la
Realizar
pintura, etc.
jardinería, la artesanía, la
lúd ico , la des pre ocu pac ión , la ale gría de vivir (el "mor
Vivir lo
erótico del niño interior).
Actitud de «ponérmelo fácil».
|
Perder el tiempo.
en sus cualidades
Reeducar al «niño interior» afirmándole
(técnica de la reeducación del inconsciente de Antonio Blay).
Reconocerse limitado, la humildad y la confianza
Aprender a pedir ayuda.
Delegar, permitir que otros también hagan algo (aunque “Do
-lo hagan tan perfecto»).
Reírse más de uno mismo.
- Actitud de humildad, ver el orgullo. Trabajar sobre el senti-.
miento de omnipotencia.
Hablar de sus necesidades y pedir.
Pedir contacto corporal.
La relación con los demás
Elegir algunas personas más íntimas y proponerse hablar desi
mismo, en vez de solamente escuchar y/o dar consejos.
Respetar a los demás en cómo son.
Darse más desde el corazón, con
menos mente
Re
| conoc er: las expectativas noO expresadas en- sus rel
aci
| ones.
más íntimas.
| Ser menos crítico co
an nsi igo mismo y con los demás.
Rel arse con personas de los: encatipos Ez, Ez y ES, qu |
o so
. n quienes m| ás le a y pooR a romper sus. qu e 200» rigid y
pos
Psicología de los eneatipo
y V
Meditar! Medirar e insistir €n la pr qn (El E3 conservación,
ción porque espe; ra un re.
a
a ¿vid o en la med ita
puede arascarse rápi o
sultado.)
para no ir con prisa. qee
itar en acción,
la qoeco cs Nos
Ela pol «Definitivamente
po, mu
enseña a no hacer, y el trabajo que invo es
pio
E veces olvidado, son vitales pará que ón E
se queden más tranquilos y más sabios. SO os declaran su di.
rase
ficultad con el tocary ser tocados. Es como sicadá UNO SUPe
esa dificultad con trabajos terapéuticos específicos. Tocar
ser tocado implica confianza; cualidad a ser desarrollada por
nosotros» (Nilda).
Soportar y vivir el vacío y la soledad.
Centrarse en las cualidades que uno es: energía, amor, felici-
dad e inteligencia; y no desde la vanidad ni desde la falsa mo-
destia. | o e
Estar dispuesto a vivir con mis límites, a sentirme digno de
dar y recibir. No hay que hacer nada para recibir amor. Reci-
bir amor por ser.
Orar, pedir, de una forma simple.
Liberar el «ser inferior», el odio, la rabia, el resentimiento, la
tristeza; soltar la máscara de «todo está bien».
«Pillarse uno en la sonrisita permanente.»
La seguridad DE
+
Salir de la hiperestabilid
ad: «De las cosas pequeñ
go yo y de as
me encat-
las grandes se en carga Di
os».
Renunciar a las ideas
de pe rmanencia y de contro
Apre l.
DS nder a expresar las cosas incómo
das sin indirectas ni con
OA
|
148
Proceso de sramsformación y recomendaciones terapénticas
Arreverme a decir lo que estoy pensando, sacar al «hijo de
ata», CONGACTAE CON la rabia y expresarla. |
Trabajar menos y vivir más en lo afectivo,
Trabajo psicocorporal
Alrernando trabajo fuerte y suave, «lo fuerte» y lo «catártico»,
para aflojar las rigideces profundas y abrir y soltar heridas. Lo
suave, para aprender a tratarse con más suavidad, para explorar
Jo sensual, lo tierno y el contacto sin «finalidades prácticas».
. Realizar algún «trabajo», «terapia» o actividad corporal. Mejor
que el deporte es alguna disciplina oriental (yoga, kung fu, tai
chi, aikido...) donde aprenda a centrarse en la respiración y las
sensaciones internas.
+ Propiciar espacios de movimiento espontáneo: movimiento
auréntico, danzaterapia, danzas; dibujo (Anna Halprin); y
- descansos de recuperación, como los winning moves (minimo-
vimientos) de Gerda Boyesen, donde crea consciencia de la
necesidad de lo pasivo en la recuperación.
* Explorar movimientos lentos de todo el cuerpo y sus partes:
yoga, Feldenkrais, eutonía.
« Explorar movimientos involuntarios, vibración y pulsación:
vegetoterapia (Reich), bioenergética (Lowen), core energética
(Pierrakos), biodinámica (Boyesen).
Trabajo con la respiración: vigorizante (bio y core energética),
atención y exploración: aliento experienciable (Ilse Midden-
dorf), breathmoves de Juerg Roeffler (movimiento espontáneo
a partir de la respiración) y diferentes formas de yoga y de
meditación.
Activar el sistema nervioso parasimpático (bajar la activación
del simpático). Trabajar más hacia el equilibrio de los dos sis-
- temas, Pe OS o
149
E3 CONSERVACIÓN
A
Por Elia Gerardi
J
Nací con un hermano; somos mellizos pero tenemos un aspecto
distinto.
Mi hermano fue el primero en nacer y yo me quedé más
tiempo en el vientre de mi madre. En aquella época, en un pue-
blito del sur de Italia donde aún se nacía en casa, no se daba por
sentado que una mujer supiese que esperaba dos hijos. Fui una
sorpresa para mis padres. |
Ese desconocimiento, desde el momento en que fui concebi-
do, del hecho de que fuéramos dos, marcó una falta de identidad.
Éramos dos percibidos como uno. De ahí que dentro de mí siem-
pre haya pensado que el hijo no esperado fuese yo. Creo que eso
dejó una huella en la formación de mi carácter, siempre en bús-
queda de visibilidad y reconocimiento.
Me bautizaron y pusieron Elia, el nombre de mi abuelo paterno.
Mi familia me llamaba «Elio». No sé por qué no utilizaba mi ver-
mismo
dadero nombre (probablemente para identificarme y al
overtida por su
tiempo diferenciarme de mi abuelo, figura contr
diversidad respecto a los modelos familiares).
153
de alos nap?
Pacologí
obediente, diligente y estudio-
da 4:
b “rivo E e. » Re
y rebeld
Fuí un niño modelo: uE , “ sríntivo y ME
so; al contrario de mí hermano mellizo, o r mayor rápido: era el
aonatales caprichos y ala infancia Pre ed de los adultos
os nino .
¿2 me volvió UN
Sin embargo, esa e . escuela fuí un buen estudiante. Sea
a
Desde el comienzo de
a < resultados : escolares,
po r DA bueno p i
ca rá ct er ad ap ta bl e o
por mí soc
or mé en el de po si ta ri o de las expectativas
me transf
cargar con muchas
is padres (de ahí la precocidad en
turales de mis p o “odios de mi infancia explican el
responsabilidades). Varios episodios divad
acte o.
sentido de responsabilidad que me ha car
O Cuatro
El primero se refiere a mi hermano. Teníamos ni
años y aún vivíamos en el pueblito. Una tarde, una tía nuestra
decidió llevarnos a dar un paseo y nos hizo subir al automóvil
mientras ella estaba afuera charlando. En la espera jugábamos y
yo, sin darme cuenta del riesgo, quité el freno de mano.
El coche estaba aparcado en una calle en bajada y empezó a
moverse cogiendo velocidad. Cuando mi tía se dio cuenta de lo
que estaba sucediendo, se aferró al auto en un vano intento
de
detenerlo. El coche pasó un cruce, se detuvo contra el muro de
o mamen dd ci
una casa y de rebote embistió a mi ría.
, raumas diversos y estuvo internada
E3 conservación: una bi
ografía
dad, aún más, la obligación, de abandonar
el juego y de incre-
mentar el control sobre la acción. Durante mi infa
ncia el juego
revistió un rol bastante marginal porque no estaba prev
isto en el
régimen educativo de mi abuela (la verdadera
patrona de la casa
donde vivíamos), constituido por reglas que no se debían trans-
gredir y que no dejaban espacio para fiestas ni diversiones. Re-
cuerdo solo una fiesta de cumpleaños, en casa de una prima
(tenía siete u ocho años): fue tal mi entusiasmo que por mucho
tiempo lo he considerado el día más hermoso de mi vida.
Mi sentido de responsabilidad aumentó aún más con la llegada
de mi hermano menor. Dos fueron los episodios. El primero,
cuando mi hermano, que tenía cuatro o cinco años, mientras ju-
gábamos en la calle, desapareció para reaparecer horas más tarde.
El segundo episodio, cuando durante un juego entre niños le pu-
simos una soga al cuello para simular una ejecución. Si bien en
ambos casos yo no había tenido una responsabilidad directa, me
sentí igualmente culpable por no haberlo protegido.
Creo que el haber madurado tan temprano un sentido de
protección al otro y a mí mismo se debe a la pérdida de la con-
fianza en los adultos. En otro episodio, voy en coche con mi fa-
milia; mi padre conduce y se da cuenta de que los frenos no res-
ponden. Estábamos ya cerca de casa, pero esos pocos metros eran
cuesta abajo. Mi madre estaba aterrada y también recuerdo mi
pánico. Habríamos podido bajar del auto porque se encontraba
aún en una zona llana, pero mi padre decidió proseguir lenta-
mente. Las sensaciones de miedo y de falta de protección están
aún muy presentes en mí. El accidente, de poca penedas: gp
resultó de la decisión de mi padre, confirmó esa percepción. Aún
abajo,
hoy mis sueños están a menudo ambientados en cuestas
barrancos, precipicios y todo tipo de vehículos.
155
eneatipos
Psicología de los
: : €S, si bien advertía la dis.
Obviamente quería: mucho a mis E padr S e ocupaba de sus hijos;
$
ad, NO VEZ, E
r su pia id | da quien, 2 SU
tancia. Mi padre, po
de M
está| bamos totalmente a € argo imag8en ante su sue
g
ra
|
una buen a 1m
por mantener
todo lo posible a me nu d osde
se mM e que ) aba
a Mi madre
ivíaia
viv con nosotros de n O sen
que abue a,
de mi
el maltrato
le causaba
malestar q ue
orber.
. E an-
mud
casa s y Sé b ozo > la p O slibi iliidad de una
esb
d estruyó nuestras
casa obtendría ese
N orte, y con f 1é en que si cambiábamos de
za al
amor que tanto deseaba.
un nIMO poco sereno, sumer-
Recuerdo que en aquella época era
gido en los estudios. No sabiendo cómo expresan mi las E0j
las palabras, me enfermaba a menudo. Mi salud era a y mi
punto débil era la garganta. Creo que de este modo empecé a ac-
tuar mi guion personal, mi modo de enfrentar el malestar; inca-
paz de expresar mis necesidades, delegaba en la enfermedad la
tarea de obtener atenciones y afecto.
Un simple resfriado me hacía enfermar: pasaba días enteros
en cama con amigdalitis y eso me aseguraba cuidados y visibili-
dad. Luego me operaron de las amígdalas y durante el interna-
miento mi madre se trasladó al hospital. Se dedicaba completa-
mente a mí. ¡Fue uno de los pocos mome
ntos en los que logré
ten
erla toda para mí!
¿ t
( E a]
que duraban horas enteras, Mi abuela, su espos
: Ly
a, NOS impedía
Y S
implícitamente el cont acto con él. Corría ] a voz de que
mi abue-
|
lo acostumbraba a revolve
] r los conte nedores de bas
curios ura. Yo sentía
y at
id racc
aiódn por él, que también me
asustaba. Cuand
murió | el abuelo Elia, tuve un sueño que me
persig
DU uió por
oras
mu-
cho tiempo y que además confundi
con algo que habría | podido
realmente ocurrir:
La noche del funeral, durante la cena, me doy cuenta
de que falta mi
padre; decido' ir a buscarlo al cementerio, Para llega
r allí hay que reco-
rrer un camino oscuro y aisl ado. Me veo caminar y llegar al cemente-
rio. Todo está muy oscuro alrededor, Llego al cementerio y veo una
sombra que se acerca. Tengo miedo, si bien pienso que podría tratarse
de mi padre, No sé dónde encuentro el coraje para ir adelante en lugar
de escapar. Cuando me acerco, me doy cuenta de que no es mi padre
sino un muchacho que vive en las cercanías, Me pregunta qué hago allí
y cómo es posible que mis padres me hayan permitido ir solo al ce-
menterio de noche. Me toma de la mano y me lleva a casa. Siento que
es afectuoso conmigo.
Pasó mucho tiempo antes de que comprendiera el significado
del sueño. Fue después de la muerte de mi padre y del encuentro
con Claudio Naranjo, con quien comencé mi trabajo personal.
Creo haber visto lo que me habría sucedido mucho tiempo más
tarde cuando, tras la enfermedad de mi padre, yo mismo me enfer-
mé. Como en un círculo vicioso, los hombres de la familia, a lo
largo de varias generaciones, incapaces de crear un vínculo sano en
la vida, se unían a través de la muerte. Yo formaba parte de aquel
círculo. Solo la intervención amorosa de un hombre desde el ce-
menterio —del cual estaba ya muy cerca— me devolvió a «casa»
mi vida. No tengo
para que produjera el verdadero cambio en
dudas de que ese hombre amoroso era Claudio =
me os comp e
Después de la muerte de mi abuelo Elia,
tamente de él. Su recuerdo no se cultivaba en la familia y perdí así
157
los eneatip DoS
Psicología de
s después, poce o antes de
Treinta ab
. a O
sus huellas en mi memoria. mientras escribía una parte
dio,
un trabajo terapéutico Con dl >
re
u
cu peré los recuerdos
Efa mi li a,
de mi biografía, en especial
. e a
. A >)
exión con él. Durante una sesión
del abuelo y una pro funda con experimenté una in-
sue ño noc tur no,
de terapia, a través de un . Este
uto de un viaje al inframundo
tensa conexión con él como fr
fue el viaje:
|
s de un río.
, H
ay una serpiente con cabeza de
Me encuentro en l as orilla
.
de cruzarlo. No me siento
de quien trata
dragón que devora las almas egita |
avesar. Si
en peligro y tengo el cora) je de atr la Tierra a
Depiés de un viaje que me lleva hacia el interior de
a una piscina
través de cavernas y túneles habitados por animales, llego
con la ayuda de unas alas que me había dado una mariposa. Mientras
salgo del agua entreveo un rostro redondo, sin cabello, y reconozco en
él a mi abuelo, que físicamente parece un oso panda y camina como
un pingúino.
En el encuentro con el abuelo me veo nuevamente como un niño;
tengo ocho años, la edad que tenía cuando él murió. Me siento muy
contento de reencontrarlo y me acerco a él con entusiasmo para abra-
zarlo y besarlo. Él me acoge y juega conmigo; hay mucho amor entre
NOSOLTOS.
En un determinado momento, me doy cuenta de que tiene un pu-
ñal clavado en la espalda.
Siento una gran desesperación, pero intuyo algo oscuro,
como en
un ¿nsight, Y grito: «¿Qué te han hecho?»
Pr que mi abuelo había sido asesinado
metafóricamente
por la so edad a la cual la familia lo había
relegado, por la vergitenza
que los parientes sentían
amor recibido. y por la frialdad, la incomprensión y el poco
Era el desprecio recibi ]
en aquel
ES cuerpo que ecibido el que
no le pertenecía,
lo tenía prisionero en aquel lugarY
"Se del arma que lo at que no le permitía libe-
ravesaba. É] 11 cuerpo
evaba esa carga sin quejarse.
158
ES conservación: una bio
grafía
mis posibilidades, logro encontrar nuevos recursos y empiezo
p a extraer
la lámina del cuerpo.
Cuando la saco del todo, el abuelo, como un globo que se desinfl
pierde su aspecto animal y retoma su aspecto humano. ea
Se me acerca;
su rostro irradia una felicidad indescriptible, un verdadero
sentimien-
to de liberación. Me saluda, me abraza, se pone las alas de mar
iposa
que yo( llevaba
: y se va voland O hacia lo alto. Durante
nuestr
o encuen-
tro mi abuelo no emplea palabras sino que me comuni
ca su amor solo
con el corazón.
Durante su ascensión, lanza hacia mí pétalos de rosa. Aunq
ue no
me lo diga, yo sé que debo comerlos.
Termina así nuestro encuentro, mientras yo me nutro de los péta-
los que él me ofrece.
Este sueño tiene para mí un significado importante porque
con la liberación de mi abuelo, con el cual evidentemente me han
identificado y me identifiqué, empecé una liberación personal,
retomando mi estado natural y eliminando las cargas, pesadas y
dolorosas, que me habían impedido ser yo mismo.
Después de la muerte del abuelo me pusieron a dormir con
mi abuela, en el lugar que él había dejado. El mensaje oculto era
que yo debía tomar su lugar. Con mi abuela Angela tenía una re-
lación conflictiva de amor-odio. Por un lado, la quería porque
sentía atracción hacia su parte mágica y sabia. Era curandera:
usaba las manos para arreglar los huesos y recibía a gente que los
mismos médicos le enviaban.
Por el otro, yo detestaba su rigidez respecto al juego y la di-
versión. Tampoco me gustaba su actitud autoritaria; la conside-
raba causa del sufrimiento de mi madre y de la poca atención que
esta me mostraba. Y tenía un lado oscuro que me asustaba,
su
Acostumbraba contarme la historia de la lechuza y de
la lechuza era un
canto. Me decía que cada vez que se oía cantar a
de la
presagio de muerte, porque había venido a llevarse el alma
159
Psicología de los eneatipos
a que vivía en la casa sobre la cual se había posado, La]
Cc uza cra un mensajero y también un acompañante hacia q] o
allá. Muchos años después soñé con mi abuela, en la cama má
lado, que tenía el rostro de una lechuza. a
Y llegó el año del tremendo terremoto. Fue devastador Y Caus
muchísimas víctimas. Al principio me sentía sereno; no me daba
Cuenta de la gravedad del acontecimiento. Después las cosas fio.
ron cada vez más difíciles: no podíamos lavarnos con regularidad,
no teníamos un baño a disposición, para comer teníamos que
arreglarnos y empezaba a hacer frío.
Llegaron entonces las primeras tiendas para dar un techo a
quienes, como nosotros, habíamos perdido la casa. Nuestra casa
no estaba completamente destruida, no se había derrumbado,
pero tenía muchas grietas y las constantes réplicas del terremoto
impedían el acceso.
Después de algunos días nos fuimos a vivir donde un tío en
Módena. De un día para el otro me trasladé de una realidad que
conocía muy bien a una ciudad y un ambiente completamente
distintos. Durante casi un año, siete personas vivimos en la plan-
ta baja de la casita de mi tío. Teníamos un cuarto, una cocina y
un baño.
Todo era nuevo: la escuela, los compañeros, la ciudad, la cul-
tura, el dialecto, las costumbres. No fue fácil, pero lo recuerdo
como un periodo en el cual recibí mucho apoyo, tanto en la es-
cuela como en casa. Sentía, por fin, la cercanía de mi madre, UNA
cercanía incluso física. Aquel cambio me trastornó: al contraló
de lo que había sido habitual en mi vida, recibía afecto y atendio”
nes gratuitas.
n cierto ym"
Creo que aquellos acontecimientos han dejado u
olo anté
printing en mi vida: como si yo hubiese aprendido que *
160
E conservación: un
a biografía
eventos dramáticos y catastróficos
podía recibir las atencion es
amorosas que deseaba.
Ese año iba a pulssro us secundaria. Me
acostumbré con facili-
dad y gracias a mi capacidad de adaptació
n me convertí rápida-
mente en un buen alumno. Terminado el año escolar volvim
os a
nuestro pueblo. Nos establecimos en un container y luego en una
casa prefabricada.
Conseguí imponerme: había pedido no dormir con mi abue-
la y lo logré. La vida familiar volvió a sus mecanismos habituales,
que solo por poco tiempo había abandonado. Empecé a aislarme,
iba a la iglesia, era monaguillo y me sentía muy solo y triste. En la
escuela era bueno, pero no me nutría.
A fin de cuentas la atmósfera en casa, aunque no fuese buena,
había mejorado. La figura que seguía faltando era mi padre. Du-
rante el periodo en el que vivimos en Módena no vino con noso-
tros y cuando volvimos a casa mantuvo su conducta habitual.
Cuando regresé a la escuela de mi pueblo iba adelantado
respecto a mis compañeros, probablemente por la falta de conti-
nuidad en las lecciones, mientras restauraban los edificios del
pueblo. No sé si hay alguna conexión en ello, pero mis compa-
ñeros de clase empezaron a excluirme. Volqué entonces mi an-
siedad en la comida. Acumulé varios kilos y a la sensación de
exclusión se agregó la vergijenza por mi aspecto físico.
A mitad de la escuela secundaria nos mudamos definitiva-
mente al Norte con toda la familia. En comparación con mis her-
manos, yo estaba entusiasmado con la mudanza: ¡pensaba que la
familia se habría reunido por fin!
Mi padre pasaba más tiempo con nosotros, principalmente
porque no tenía otras alternativas. Pero faltaba todavía la calidad
del modo de estar juntos. La ciudad que encontré no era tan
161
encatipos
Psicología de los
rI-
scor
de di “c miin
riim o n.
ciió
naac pa
di1 onales era todavía/ motivo
:
devastador: me sentia inade-
E , es un periodo
mpezó entonc la situ ació
Y heri do. Para enfr e ntar
pr o ación
cuado, ) inferior, ultrajad o : a
E mi total
tomé la decisión de «negarme a mi mismo»
al nue vo ambiente . Me pare cía que no había alternatiya,
mente
modenés a
un castillo de mentiras: ya no era meridional sino
todos los efectos. ] dedlareí
Iba al bachillerato científico. Mis compañeros de Clase tenían
una buena posición económica y entonces inventé que pu padre
era el propietario de la empresa en la que NisAInOS: Obviamente,
para mantener el secreto no podía permitir apus amigos que co-
nocieran a mis padres o hermanos y menos aún que vinieran a
casa.
Construí dos vidas paralelas: la privada —en casa— y la pú-
blica, en la escuela, con los amigos, donde me ponía la máscara,
Me avergonzaba mucho de mis padres por el tipo de trabajo que
tenían. Paradójicamente, había partido con la idea de vivir una
vida mejor y me encontraba en cambio en un torbellino de men-
tiras y de vergijenza que disminuyeron notablemente mi calidad
de vida.
Me empeñaba mucho en la escuela: si antes los estudios eran
el medio para obtener la aprobación y el amor de mis
padres,
ahora, que de alguna manera había renega
do de ellos, también
los estudios perdían importancia,
Todo parecía ir al revés y los
momentos placenteros los en-
contraba cuando, volviendo
a] pueb lito, hacía una pausa de mis
mentiras.
Mi propio | nombre crea
ba co nfusión: en mi familia,
no tenía necesidad donde
de men tir, m e llamaban Elio, mientr
»]
as que
162
ES conservación: una
biografía
donde usaba la máscara, entre amigos,
era Elia mi nombre ver-
>
dadero. Creo que ese caos de identidad me ayud
aba a asumir mu-
chas pesonelcadas Á veces me convencía de verdad, pero den-
tro de mí sabía perfectamente que era una copia de mí mismo.
Por esos tiempos mi hermano mellizo tenía mucho éxito
entre sus amigos y las muchachas, o por su aspecto físico o por su
modo de relacionarse. Decidí entonces seguir su ejemplo: empe-
cé una dieta para parecerme a él. Una vez más sentía la necesidad
de parecerme al otro.
En aquel periodo, seguro de mi aspecto físico agradable, em-
pecé a interesarme por las mujeres. En Módena no lograba esta-
blecer relaciones amorosas, pero sí lo hacía cuando volvía a mi
pueblo. Tener una relación sentimental en Módena significaba
poner en peligro el castillo de mentiras y mi máscara. Tenía un
sentimiento de inferioridad, de no estar a la altura.
En las mujeres buscaba el amor de mi madre y era más fácil
encontrarlo en las muchachas meridionales porque eran más pa-
recidas a ella en términos de cultura y mentalidad. La constante
en mi relación con las mujeres era enamorarlas sin llegar a tener
relaciones íntimas, ni sexuales ni, sobre todo, afectivas. Para mí
lo importante era que todos pensaran que yo podía tener todas
las mujeres que quisiera; era fundamental para mantener la credi-
bilidad y la imagen.
Cuando empecé la universidad en Módena, comencé tam-
bién a salir con las muchachas de la ciudad. Vivía intensamente la
fase del enamoramiento, del acercamiento; me sentía capaz de
llevar adelante la relación, pero luego hacía que terminara rápida-
mente, incluso para evitar que conocieran a mi familia, que yo
escondía a los amigos.
Tuve solo dos relaciones sentimentales importantes: la prime-
ra, con una muchacha con quien, por primera vez, logré establecer
163
A
Psicología de los eneatipos
a
una relación más honesta. No obstante, nunca reconocí el valo
de esta relación. No hice nada para mantenerla viva
y me APoyaL.
en ella, o, :
La separación fue dolorosa ci vivi el rechazo; ProbabJ.
mente sufrí más por la pérdida E la mago que por la de 1, Én.
sona. Empecé entonces la relación ja E después Sería mj
esposa: volqué en ella el dolor, la rabia y la mUsteación dela sep,
ración. Aprovechaba el hecho de que Antonella estuviese Enamo.
rada de mí: la buscaba cuando me daba la gana y cuando Me
cansaba la dejaba, sabiendo perfectamente que la ENCONtraía
nuevamente a mi disposición cuando yo quisiera,
Le repetía que la nuestra no era una relación, y eso Justificaba
el hecho de entablar relaciones con otras mujeres, aun sabiendo
que sus sentimientos hacia mí no eran pasajeros. Ese fue mi cop.
portamiento durante muchos años. Cualquier otra persona, en
su lugar, no habría resistido. En cambio, ella estaba y me espera-
ba, aunque yo le hubiese dado motivos suficientes como para de-
jarme.
Las cosas siguieron así por mucho tiempo, incluso cuando
nuestra relación ya se había estabilizado. Entonces ella me puso
ante una decisión. Acepté casarme si bien no estaba completa:
mente convencido. En el fondo tenía miedo de que una eventual
separación me obligara a ponerme en cuestión, a enfrentarme
conmigo mismo, con mi soledad y seguramente con nuevas mu-
jeres y nuevas relaciones.
No obstante, el día de la boda fue uno de los más hermosos
de mi vida; sentía que era algo bueno para mí. Tras casarme, sent
que me había enamorado sinceramente de mi mujer; empezó en
tonces otra fase de mi vida: cuando empecé a amarla de verdad, le
produje el gran dolor de mi enfermedad.
164
contrar dentro de mí.
Cuando volví a Módena, des
cribí a mis amigos mi perma-
nencia en Milán como un periodo de fiestas,
diversiones y exce-
sos (cosa muy lejana de la verdad). En rea
lidad lo recuerdo como
un periodo de profunda soledad y tristeza.
Empecé a salir con nuevos amigos. Por enésim
a vez inventé
una nueva historia y construí una imagen completamente opues-
ta a la realidad. Puse a disposición de mi neurosis mis mejores
recursos. Con el fin de demostrar que era capaz y adinerado,
aprendí a administrar con cautela el dinero para poner en eviden-
cia su disponibilidad. Al mismo tiempo, lograba dedicarme a los
estudios en modo estratégico.
Empecé a poner más empeño y a obtener buenos resultados
a pesar del poco esfuerzo, y aquello ayudó muchísimo a agrandar
mi ego. El desafío y la competición eran mi motor y así tenía
fama de ser superinteligente.
Lamentablemente, no utilicé esa capacidad para acelerar mi
camino. Es más, saber que podía sacarme los exámenes sin prepa-
rarlos demasiado hacía que entre un examen y el siguiente me
tomara largos periodos de pausa.
Durante esos años siempre mantuve una separación entre la
familia, los amigos y la universidad. Estos mundos se encontra-
ron por primera vez el día de mi licenciatura, día que yo temía a
raíz de mi ansiedad en cuanto a la imagen. |
todas las
En realidad, a nadie importaban ni mi familia ni
muchos ya
mentiras que yo había contado. O probablemente
165
pos
Psicología de los eneati
habían entendido y s olo yo estaba convencido as habe rlo con.
imas dem
las lágr
trolado todo. Recuerd o con gran conmoción
inge nier o, Com o si en aquel mo.
padre cuando me diplo mé de
e y simple, y;
mento yo le hubiese resc atado de su vida humild sentí querido.
se abrió al verlo y en ese momento me
corazón
padre se sentía por fin org ull oso de mí.
Sentí que mi
de 2003.
| Los meses sucesivos fueron
Me casé el 8 de diciembre
mi vida sentimental y profesional,
felices: estaba satisfecho de
do a trabajar como ingeniero en
Hacía poco que había empeza
de automó viles. A
2
Ferrari, una famosa empresa
Durante ese año nos permitimos algunos viajes y gastos extra
que nos parecieron un lujo. El idilio duró pocos meses: la vida
le diag-
me estaba preparando un mal trago. En octubre de 2004
nosticaron a mi padre un tumor en el estómago. Se operó inme-
diatamente, pero resultó claro que la situación era grave.
Me ocupé de mi padre mientras estaba internado en el hospi-
tal y durante las curas (paliativas) que siguieron. Me hacía daño
ver su resignación: dejó de luchar. Era como si nada en el mundo
pudiese darle la fuerza de combatir, de seguir adelante.
La idea de que pudiera morir era insoportable para mí. Aquel
periodo fue terrible: trabajaba todo el día y luego pasaba a verlo
cargado de ansiedad. Volvía a casa cansado y me quedaba dormi-
do en el diván sin compartir nada con mi mujer. De esta manera
quitaba energía a la relación porque tenía que ahorrar todas mis
fuerzas para acompañar a mi padre.
El comportamiento de mi familia ha sido siempre
callar la
verdad: con mi padre fingían que todo iba bien,
que no corría
a Con él había que mantener una actitud serena.
a Sl , e también me enfermé. El mismo diag
into: la boca. Me parecía que la vida M€
i
166
ES conservación: una biografía
había castigado tocando la parte de la que había hecho un uso
indebido, utilizándola solo para mentir.
Al contrario de lo que había sucedido con mi padre, decidí
decírselo todo claramente a mi familia, sin omitir nada. Ese día
me quedó grabado en la memoria: estábamos en la sala de la casa
de mis padres: mi padre acostado en su cama. Recuerdo bien la
actitud de cada uno: la inmovilidad de mis hermanos, petrifica-
dos; la total desesperación de mi madre; y mi padre, quien apenas
escuchó mis palabras dejó de mirarme para mirar la pared. Aque-
lla reacción me hirió profundamente; esperaba más empatía,
afecto, una palabra de apoyo. Más tarde la reinterpreté: com-
prendí su desesperación, su llanto oculto.
Parecía que el destino no nos había dado la posibilidad de
sentirnos unidos en la vida y nos daba esa ocasión ante la muerte.
Empecé también yo mi calvario: hospital, operación, terapias,
quimio, radio. Me sentía como una hoja llevada por el viento;
sometido a los médicos, sin voluntad alguna.
Paradójicamente en aquel tiempo mi padre empezó a estar
mejor: las metástasis habían disminuido y nos habían anunciado
la posibilidad de suspender la terapia.
La enfermedad me obligó a detenerme y a reconsiderar mi
vida. Sabía que debía cambiar pero no tenía idea de lo que podía
hacer, adónde ir; necesitaba ayuda. Me aferré entonces, si bien
con escepticismo, al camino de autoconocimiento que había ini-
ciado mi mujer, y que estaba a años luz de mi mentalidad racio-
nal: participé en el SAT 1, donde tomé consciencia de mis sufri-
mientos de infancia y entendí que mis falsos comportamientos
estaban dictados por la búsqueda de amor.
Pude incluso entrever una lectura de mi enfermedad: enfer-
Marme como mi padre, en el delirio omnipotente de salvarlo y
Obtener, con ese gesto final, su amor incondicional. Cuando
167
pos
Psicología de los eneati
í lo absurdo de mi p pensam i nto
mie
trabajé este tema, entendí
.
e
de hacerm responsable solo de h
la necesidad
,
comprendí
Ísica e € ¡ inte.
nica Al final del SAT tenía una sensacióiónn d de sana ción física
; e E íunaa Pertura a yn
rior. El trabajo sobre el perdón produjo
que nunca antes
estado de compasión hacia mí y hacia mi padre
había sentido. valorada
a Vez,
Volví a casa con el tiempo Justo P
m
a a
.
e rte. PaséASE con él sus últimas
cuando estaba ya cercano a la mu 0 ilia.
un sesen timiento de reconc
horas, estrechando su mano, con
sin tener
ción y perdón, y sintiendo que podía dejar que se fuera
con él asuntos pendientes.
Después de aquel primer periodo de gracia, el carácter se reafir.
mó en modo prepotente. Si bien no estaba completamente conven-
cido, decidí continuar con el SAT, pero en el Brasil. En un contro]
médico antes del viaje, me diagnosticaron una recidiva y no pude ir.
La reaparición de la enfermedad creó en mí un estado de total con-
fusión. Estaba convencido de haber tomado el camino correcto, de
haber interrumpido la dinámica insana. “Todo ello hizo vacilar mi
confianza en la labor terapéutica. Mi mente racional y controladora
me había hecho pensar que el camino de autoconocimiento me
podía salvar, como el antídoto de un veneno. Estaba sin dudas muy
lejano del sentido que tiene un camino interior.
A partir de ese momento empezó un proceso que definir
como un calvario es poco: largos internamientos, con la boca in-
servible ni para hablar ni para comer, y preso de un silencio total.
Para mayor seguridad, los médicos practicaron una operación
según ellos «preventiva», incluso excesiva, que me daba más g?-
'antías: me quitaron una buena parte de la mandíbula. Estuve
nuchísimos días inmóvil en la cama y como consecuencia MC
Alieron llagas en todo el cuerpo.
168
ES conservación: un
a biografía
Transcurrían noches enteras sin
dormir pobladas por pen-
samientos terribles. Recuerdo, en especi
al, una visión que no
eraun sueño: vi un campo después de
una batalla; veía figuras,
mitad espíritus y mitad humanas, que luc
haban por no ser tra-
gadas por la tierra. Me parecía asistir al sufrim
iento de la transi-
ción hacia la muerte y lo percibí como un preludio de la suerte
que me esperaba. Vi también a mi padre acostado sobre una
tumba que miraba la escena con una expresión de profundo
dolor.
Solo más tarde comprendí el sentido sutil de lo que había
visto: no había visto a otros combatir para que la tierra no los
tragara; eso era una mentira para no confesar que me estaba vien-
do en el momento de la transición. Mi padre tenía la mirada tris-
te e impotente porque veía que yo estaba muriendo.
Cuando me dieron el alta llevaba una sonda nasogástrica
para la alimentación, pero sin ninguna perspectiva de volver a la
normalidad. Pensándolo bien, creo que los médicos me dieron el
alta para que acabara mis días en casa. Mi esposa decidió trasla-
darme a otro hospital. A ello siguió un periodo de dolor físico
que me produjo una verdadera desesperación interior; deseaba la
muerte como liberación.
Después de cinco meses de total aislamiento y mutismo fui al
SAT 2 con mucha vergijenza por el estado en que estaba, disca-
pacitado, deformado e incapaz de expresarme. Para mí fue im-
portantísimo volver entre la gente, sentirme aceptado, amado, y
superar la vergijenza que mi aspecto me provocaba. Me embargó
un nuevo sentimiento de ternura y compasión por mi cuerpo y
todas sus partes desgarradas y doloridas.
a
A partir de ese momento comenzó una nueva fase: yan
sentir ganas de vivir. Á través de Claudio recuperé la sensación de
vida
amor, paz, posibilidad y esperanza. Si bien el regreso a la
169
tipos
Psicología de los enea
do había cambiado: O: [Link]ía.
cotidiana no fue fácil, algo muy P! ofun
ahora u un impulso
p interior. iendo las etapas de un Miño,
ent e a CO mer , sigu y Ñ
í vam
Pp endí nue puré comidas sólidas. Aprendí también
Apr
a la
comidas líquidas,
como nace ñ , Nuevo,
>
blar, letra por letra, palabra po! palabra. Fue do dist
del
Aquel acontecimiento Ls de yjy;
mé llevó5 aa un modo distinto Vivir, a
un bienestar de CE hecho
reinventar las priorida des. Descubrí
] o com er lentamente y saborear, escuc har,
normales, sim ple s, com
mirar. o a
vez con mayor
Seguí mi camino de autoconocimiento Cada
confianza en el proceso y en Claudio. Participé en el SAT en Brasil
que se reveló una experiencia de liberación, cas y reapropia-
ción de mi parte instintiva. Y no solo eso. Sentí 13 entrega. La en.
trega, para mí, significó dejar de controlar obsesivamente mis ac-
ciones, confiar en los demás y en sus ideas e intuición. A un nivel
físico, comprendí cómo había castrado mi parte más viva, el instin-
to, subordinándola a la mente racional, que postergaba mis necesi-
dades en pos de las de los demás, anulando así el contacto conmigo
mismo. El cuerpo retomó vida.
Muchas cosas han cambiado desde entonces, no solo externa-
mente sino (y sobre todo) en mi interior. Al principio, la atmósfera
que sentía mágica, la gran energía, los numerosos contactos afec-
tuosos que por fin lograba establecer con mis compañeros de cami-
no, habían hecho que viviera fuera de tono. Ingenuamente, me
proponía vivir para siempre en aquel estado y pensaba que una
vida vivida instintivamente me lo habría permitido,
además de ga-
rantizar el camino a la sanación. Pero en realidad estaba descuidan-
do el trabajo más profundo sobr
e mí mismo.
o
S eguramente me había, apegado demasiado
a las intensas emoció
nes experimentadas durante los SAT: Con'el tiempo me di cuenta
170
E3 conservación: ung
biografía
de cómo percibía en modo mágico inc
luso el contacto normal con
los sentimientos; tal era la distancia de mi mundo emociona
l y de
la capacidad de reconocer mi estado interior
He vivido y vivo incluso hoy mi camino interior,
el creci-
miento, como absolutamente necesario e irrenunciable. Nunca
falté a las citas en las que podía experimentar la autenticidad de
los psoe y disfrutar de la presencia de Claudio y de su
energía.
Fueron años importantes, si bien solo recientemente he reco-
nocido mis dificultades y el esfuerzo «neurótico». La idea del cre-
cimiento personal me atraía mucho y sentía la importancia del
camino, pero durante mucho tiempo me autoengañé tratando de
merecer mi presencia entre los buscadores y de estar a la altura.
En el afán de hacer frente a esas demandas internas, debía en
cualquier caso demostrar algo (por ejemplo, insights profundos o
experiencias fuera de lo común), entrando en una vorágine de
autoexigencia que no me permitía disfrutar del SAT y trabajar
honestamente sobre mí mismo.
La motivación era una vez más la necesidad de mostrar los
resultados de mi empeño y hacer lo posible para que fuera evi-
dente. Dentro de mí sentía que si no obtenía el reconocimiento
público, el fruto del trabajo no existía.
Ha sido difícil y es todavía motivo de trabajo para mí reco-
nocer el autoengaño. En un carácter como el mío, el proceso de
autoconocimiento lleva a un profundo estado de desorientación
porque muestra las mil máscaras que nos hemos construido. Pero
una vez que esos rostros falsos empiezan a caer, es inevitable pre-
guntarse quiénes somos de verdad.
A través de los SAT descubrí una modalidad menos llamati-
va de trabajo personal que iba a la par con un interés verdadero
de
por el autoconocimiento. Cuanto más honesto era el modo
171
Psicología de los eneatipos
mirarme adentro, menos urgencia tenía por manifestarlo bla
Empezar a creer en mi sentir ha sido un proceso muy largo e
que debía siempre mantener la atención en mi deseo/ Mecanism.
de autoengaño. Los deseos de ser lo que no soy y de MOStrarme
mejor juegan en mi interior UN papel cuya modalidad se afina
cada vez más y que a veces es muy difícil desvelar.
Soy ingeniero electrónico; ese es mi trabajo desde hace mucho,
años. A raíz de mi enfermedad, descuidé mi profesión. Al Princi-
pio, creía que el trabajo había sido la causante de mi dolencia des
bido al excesivo empeño y a las numerosas responsabilidades, He
buscado racionalmente y en vano las causas de su aparición e in-
cluso hipotéticos remedios (también en este caso mi carácter are.
solutivo» se movía según un esquema: problema-solución). Me
tomé un largo periodo de vacaciones.
Por cuestiones de rehabilitación, trabajé varios años con ho-
rario reducido. Utilicé con creces la posibilidad que me daba la
convalecencia para generar una excusa con respecto a mis presta-
ciones. La verdad es que no tenía interés por lo que hacía; no me
nutría más que económicamente y recurría a mi estado para lle-
var las cosas en modo liviano. Paradójicamente, la enfermedad
trajo grandes ventajas. No es fácil admitir la manipulación, in-
cluso en una situación extrema. Sin embargo, reconocerla me
permitió identificar cuáles eran los aspectos de mi vida de los que
debía retirar mi energía.
Respecto de mi familia de origen, la enfermedad hizo que
pudiera soltar el rol de «responsable» de cualquier cuestión a fé”
solver. Siempre había sido el puntal, la persona a quien pregunte!
y pedir consejo. Ese rol que me había creado, y que en realidad
me costaba mantener, me permitía tener un lugar, ser visto Y Los
mado en consideración. Pude dedicarme a mí mismo, repost
172
E3 conservación: una biografía
sentir menos cargas. De hecho, no tenía ni tiempo ní deseos de
preservar esc rol,
La recuperación, como dije, tuvo tiempos muy largos, sobre
todo en lo referente al hablar y comer. Por otro lado, para mí era
un derecho pretender la ayuda de quien estaba a mí lado, en espe-
cial de mi esposa, de la cual esperaba atención, dedicación y una
primacía respecto a sus prioridades. No puedo negar que esa pre-
tensión no haya encontrado respuesta. Sabía, además, que la mía
era una demanda de amor materno. Había sufrido a causa de la
falta de atención, cuidados y afecto gratuitos por parte de mi
madre y ahora pretendía una especie de compensación aprove-
chándome de mi situación.
La enfermedad me permitió dejar completamente de lado las
responsabilidades; hacia mí mismo y hacia los demás. Ya no me
ocupaba de la familia, de mi esposa, del trabajo, de la administra-
ción económica cotidiana. Fue un largo periodo de inactividad.
Tras haber pasado una buena parte de mi vida tratando de
garantizarme y garantizar la seguridad de mis seres queridos, car-
gándome de responsabilidades colectivas y colocándome en el
centro de las situaciones, he aquí que un evento traumático crea
una fractura total en ese modo de vivir.
Las numerosas operaciones, devastadoras y demoledoras, me ha-
bían desfigurado, minando profundamente mi aparente seguri-
dad y sociabilidad. Fue necesario que comenzara a contar con
alguna otra cosa que no fuese el aspecto físico. Sentía que el
cuerpo me había traicionado.
Por este motivo el trabajo de autoconocimiento se convir-
tió en algo muy importante. El motivo inicial era encontrar un
camino hacia una salvación física. A ello se agregó una motiva-
ción menos evidente e insidiosa, que en algunos momentos me
173
Psicología de los eneatipos
gaaññoó::
e€ng el no tener un aspecto con el que cont
ar para e
tar me al mundo había producid nfr El.
n— ] o la ne ce si| da d de ir hac ;
ro. Parecería legítimo, si no e. A ade.
fuese porque utilicé la pr fund;
dad de la vivencia interior como sucedáneo del
ASDecto
exterior. Prácticamente era como decir: ya no puedo
con mi «exterior» para estar en el mundo y lo sustituy COntar
O ven-
diendo mi interioridad.
No obstante la búsqueda interior me apasionase, su uso es-
tratégico hacía del proceso de autoconocimiento algo en eran
parte falso. Obviamente, sucedía sin que yo tuviera consciencia
de ello.
Tenía, por otro lado, necesidad de autoconsuelo: era tan do-
loroso y humillante no reconocerme en mi propio rostro, que se
me hacía urgente encontrar algo bello para mostrar y mostrarme.
Tenía demasiado miedo de mí y de aquello en lo que me había
convertido.
Detrás del engaño, la manipulación y el uso estratégico que
podía hacer de mí mismo, se escondía la gran desesperación de
quien siente no tener posibilidad alguna de ser amado. Y hones-
tamente pensaba que no tenía nada que pudiese hacerme amable,
y el miedo de que ello resultara evidente era tal que el único
modo era inventárselo o, mejor aún, fabricárselo como un pro-
ducto en venta. Solo en el momento en el que, a través del traba-
jo sobre los rasgos de mi carácter, empecé a sentir un poco de
amor por mí mismo, resultó claro ese mecanismo.
Llevó también mucho tiempo el reconocimiento de la rabia que
había en mí. Yo era bueno para ocultarla, negarla y delegarla; €N
especial la rabia infantil que aún sentía hacia mi familia. Era
como si no me la pudiese permitir; la vivía como una traición. De
hecho, fui criado con el culto al sacrificio.
174
ES conservación: un
a biografía
Mis padres se trasladaron al No
rte debido al terremoto. Para
mi padre el cambio fue especi
al mente dificil y doloroso Nunca
faltó la ocasión de subrayar que to
do se hacía por el bie n de los
hijos. Me he sentido siempre en deuda. Pero sentía tam
bién que
|
tenía que pagar la deuda, que esa era la demanda. Después
de la
licenciatura, apenas empecé a trabajar, fue
normal entregar mi
sueldo para la casa e invertirlo en la construcción de la casita que
tanto deseaban mis padres.
Por aquellos tiempos ya estaba de novio de hacía años con mi
actual esposa. En lugar de construir una vida mía, contribuía eco-
nómicamente a los esfuerzos familiares. Obviamente, surgió un
conflicto con mi novia. Pero en aquel momento era absoluta-
mente normal: yo era el hijo modelo que se ocupaba de sus pa-
dres. y
No lograba ver algo muy sutil, que solo más tarde se manifes-
tó en toda su locura: una especie de mandato familiar, una tarea
de la cual me hice cargo, que se podría traducir como una adver-
tencia de no abandonar la familia. Mis padres, al subrayar cons-
tantemente el apoyo que daban a sus hijos, pedían que no los de-
járamos solos. Su incapacidad de integración en la nueva
comunidad nacía también de su imposibilidad de cortar el cordón
umbilical con sus orígenes: el pueblo, las costumbres, el dialecto...
todos aquellos elementos que les garantizaban una identidad y la
supervivencia. Nunca llegaron realmente a la integración entre sus
orígenes y el lugar al que se habían trasladado.
No era solo una cuestión geográfica, era quizás el modo de
mantener unido el sistema familiar. Igual que ellos no se habían
alejado de su propio sistema, lo mismo se me pedía a mí. ;
En realidad, yo ya había quebrantado aquella norma los años
anteriores cuando, para integrarme, perdí rápidamente el acento
que podía identificarme como no nativo j . Seguramente fue un
175
Psicología de los eneatipos
modo rudi mentario de manifesta
r UN deseo de alejamiento,' a
de tativas
1
el único de mis hermanos que hizo E em ten
repetidas v eces
que prosiguió los esp.
integración. Fui, por ejemplo, el único
dios, obtuvo un título universitario y ¡a amigos de un Origen
social y económico muy distantes del mío. beato
Supongo que en aquel momento quería una visibilidad gis.
tinta a nivel social, que me acercó a Otros mundos, a otra Menta.
lidad, y a entrar en un ambiente más estimulante desde el Punto
de vista intelectual.
Mirándolo con los ojos de hoy, es evidente que Convivían en
mí entonces dos almas: una ansiosa por levantar el vuelo, por
afirmarme con el apoyo de mi empeño y el deseo de rescate, y la
otra, firmemente leal a la familia. Trataba de mantenerme en
equilibrio entre dos sentimientos diametralmente opuestos que
requerían comportamientos distintos.
Eran dos almas, así como mucho en mí era doble: el ser me-
llizo, tener dos nombres. Es como si todo me hubiese llevado a
un desdoblamiento que me hacía perderme en un laberinto de
identidades. Si por una parte mi familia me había dado la posibi-
lidad de emanciparme por medio de los estudios y el traslado al
Norte, por la otra sentía que me demandaba no utilizarlos. Era
una especie de doble mensaje: «Ve pero no vayas, rescátanos de
nuestro origen pero no lo hagas».
Sentía rabia también por esto: por haberme encontrado en
esa situación y por el miedo de tomar una posición. Es una rabia
no expresada y castrada; siento que puede hacer que pierda total-
mente el control y temo no lograr manejarla. Siento que hay en
ella también un sentimiento de envidia. Observándola, com-
prendí que era una emoción dirigida hacia el que
sabe exacta-
mente lo que siente, lo que quiere;
el que sabe expresarse, inde-
pendientemente de la «Calidad»
de los sentimientos, positivos 0
176
ES
) conser
Rey
vación: una bios grafía
57 PAN
negativos. Hacia el que, en la práctica, logre mantener un canal
directo, UNA coherencia entre el «adentro» y el «fuera». Yo he que-
fido comportarme de la misma manera, pero para hacerlo tuve
que Fever mi mecanismo de negación, que se expresa a través de
¿Cros y pensamientos que me justifican,
Cada vez que aparece en mí un malestar interior que podría
convertirse en rabia, empiezo un proceso mental a través del cual
busco justificar aquello que ha causado mi malestar. De esta ma-
nera alivio el sentimiento negativo, establezco la empatía con
aquel O aquello que causa el malestar, me desconecto de mí
mismo, y logro bloquear la rabia para dejarla adentro. Esa auto-
castración involucra no solo la rabia sino también muchas otras
partes de mi sentir. Es como si entre el «adentro» y el «afuera»
hubiese un límite insuperable. Comprendí esa dificultad a través
de los sueños.
Siempre he sido un «soñador», en el sentido de que mis sue-
ños están llenos de detalles, son largos, relatos completos. Los
sueños han sido un canal para entrar en mí y conocer las profun-
didades de mi inconsciente. Creo que tanta producción nocturna
pudiera corresponder a la castración diurna. Llevar adelante una
vida dentro de los límites de lo controlable, que se adhiera a las
demandas externas, implica sofocar el movimiento interior y,
sobre todo, bloquear su expresión. Al impedir que nada salga a la
luz en mi vida cotidiana, creo haber utilizado el sueño para que
confluyeran allí los sentimientos y las emociones que quedaban
sin expresión.
Creo posible este paralelo porque, a medida que el trabajo de
autoconocimiento avanzaba y dejaba emerger a la consciencia
mis partes ocultas, la calidad de los sueños fue cambiando en el
sentido de que los contenidos integrados desaparecían.
177
s
Psicología de los eneatipo
ma r co ns ci en cia de mis dinámicas internas desagradables Y de.
To
ha ll ev ad o a obt ene r una mayor consciencia de pp, ñ
lorosas me
in te ri o 1. Mi car áct er es act ivo , lig ado a la pro die
estado de alerta
co ns ta nt e ac ci ón . El cam bio no estaba vinculado, Como
ción, en
ra nt e mu ch o ti em po cre í, a la i nactividad, sino más bien a]Obras
du
m pulsión a la acción Segura.
según lo que siento y quiero. La co
la escasa COnsciencia q,
mente se transformó en obstáculo, pero es
mis sentimientos lo que más ha contribuido. La desconexión de py;
mismo ha sido tan profunda que me ha impedido el acceso,
Ahora trato de llevar adelante una acción verdadera y autép.
tica. En el pasado obraba con el objetivo de llamar la atención y
obtener el reconocimiento. La acción nacía de una profunda in.
seguridad y falta de autoestima, y necesitaba de la mirada del otro
para confirmar mi existencia. El cambio tomó la dirección de
una acción que indica un estado interior menos demandante,
menos orientado hacia el exterior. La acción busca simplemente
expresar aquello que vivo en mi interior.
Desde el momento en que empecé a sentir un poco de con-
fianza, estima y, sobre todo, amor a mí mismo, advertí menos la
exigencia de comportarme en modo teatral. En un cierto punto
sucedió: podía detenerme sin que ello provocara malestar, sin di-
ficultad alguna. La ausencia de la necesidad apremiante de mo-
verme, como si estuviera activando un mecanismo de autoconfu-
sión, y la consiguiente posibilidad de detenerme, hicieron que
sintiera que tenía un centro, un soporte al cual entregarme.
El proceso interior, abrirme a la honestidad conmigo mismo, Vel
mi sombra, mi límite, experimentar comportamientos exentos de
Juicios, dejando el espacio para la aceptación y la comprensión»
no solo me han llevado a un mayor reposo sino también a “”
contacto con una parte de mí luminosa y verdadera.
178
E3 conservación: una
biografía
Practicar la honestidad hacia mí
mismo es un camino dif í[Link]
Mi profundo espíritu de adaptación me ha ayu
dado a menudo a
vivir sin preguntarme qué me gustaba, qué me interesaba o qué
deseaba.
La adaptación ha sido funcional a la integración, a
la acepta-
ción por parte de los demás. La sola idea de diferenc
iarme me
aterrorizaba, ya sea por la responsabilidad que implica o por el
miedo al conflicto. Descubro ahora el coraje de decir que no a lo
que no quiero, ya sea una situación, un comportamien
to o una
persona.
Es como si hubiese debido aprender que podía tener derecho
a una Opinión, a mis ideas, a comportamientos y sentimientos
distintos de los de los demás. Por más obvio que parezca para mí
no lo ha sido; solo después de haber descubierto que tenía un
mundo interior tuve acceso a una primera forma de identidad.
Creo que es ese el significado del largo proceso de separación de
mi hermano mellizo; no tanto, o no solo, en sentido físico, sino
del «otro» que yo pensaba fuese yo mismo.
En consecuencia, ha sido también una posibilidad de abrir-
me al conflicto y, sobre todo, de sostenerlo (inconcebible para mi
carácter hasta no hace mucho). No habría sabido manifestar mi
desacuerdo si no hubiese llegado antes a percibir que yo era al-
guien, que tenía una mente que funcionaba, que tenía derecho y
que me podía ver como una persona diferenciada.
Desde el momento en que tomé contacto con mi sentir y mi
pensar, puedo expresarlos, defenderlos y dar mis motivos. En
caso de conflicto, sobre todo laboral, me di cuenta de que era
posible no huir, de que el conflicto es una manera de relacionarse
en la cual me siento presente. Ha sido un descubrimiento y no
excluyo que llegue a ser una liberación.
El miedo al conflicto no es solamente el temor de perder al
179
os
Psico logía
de los eneatip
s u f i c i e n t e espeso,
e no tener elno» y como si el of, ]
, SO ¡ n o e stuviese dle
otro sino
s i n o t a m b i én para el E
v i d e n t e n O s o lo para mí en por muchos año, to,
: n t o fu es e
e ¡ el otro, COM qui
m i e
r d a d e r a, no pudiese ,;
, rel a c i ó n v e
i m p o r t a n t e e, :
e n lo bastant e
arse e n a l g u i l a v e era el q o
q u e la c
e d o a la p é r d i da. Ss Creo
j
para justificar el m
La a d a p t a c i ó n se d e m ostró más funcio
, el no arries
gar.
fenderme
pa ra mi s u p e r v i vencia. e l e g i d a en vez de
nal d i o c r e ,
m e n u d o he v i v i do una vida me
A dade.
una vida arriesgada; entendie ndo por riesgo Un ponerse ver
o ha cr ea do mu ch os ob st áculos al crec;
ramente en cuestión. Ell hu ma no , profesional y
punt os de vis ta:
miento desde todos los
espiritual.
nocimiento,
Solo después de comenzar el camino de autoco
Claudio he podido
oracias a la confianza en el proceso SAT y en )
oradualmente, llevar a cabo el trabajo de desarmar mis partes más
falsas.
a AN vida prevaleció la mente racional. Nunca creí en nada que
ra Atl :
no era oli A a ApSmencias La espiritualidad
y profundamente infantil, La ri IA ruptura
lr: mi al marcar la
fermarme y sentir la o un rol fundamental. En-
mente a hac crme pre guntas: ad de morir ys
me llevó inevitable
a
allálá. Al Principio de mi
adónde iría, S1 €X1iste y qué es el más
eso no quita que estuvier
.
> Si bien disfrazad
é—
. .
1050
A de una modalidad aún
180
ES conservación: una biografía
ja semilla de la búsqueda. No podía soportar, ni imaginar siquie-
ca, qué significaba buscarse. El carácter había llenado todos los
vacios Y todo aquello que encontraba y que para mí no tenía un
nombre. Ahora veo, con compasión, que no podía hacer otra
cosas que tenía que pasar por aquello para dejarlo atrás,
La enfermedad, que sentí mucho tiempo como un castigo,
¡na injusticia, tuvo, por tanto, el mérito de abrirme a la búsque-
da de mí mismo y de permitir que saliera de una mente pequeña
y autorreferencial para mirar de un modo más amplio. La vida
me ha reservado sorpresas, ocasiones, caídas y repuntes, como si
ella hubiese gobernado cada cosa que sucedía y de la cual no
podía saber el motivo y el objetivo, sino que pedía solamente ser
vivida.
Se afirmó así el deseo de tener una nueva actitud: vivir dis-
frutando. El paralelo con la comida tiene para mí un significado
especial. Empezar a comer nuevamente después de tanto tiempo
significó redescubrir el placer de la comida, de masticar, saborear,
disfrutar, sentir el sabor. Del mismo modo siento que estoy expe-
rimentando el modo de vivir mi vida (¡que no doy para nada por
sentada!).
El regalo más grande que me dio Claudio a través del trabajo
de autoconocimiento que propone ha sido enseñarme a tomar
contacto conmigo mismo.
Celebrar la vida, sentir el agradecimiento, recordarme a mí
mismo, estar presente, dar valor al momento son las columnas
que hacen que mis días sean auténticos.
Para concluir mi biografía, refiero una metáfora que me gusta
mucho y que describe bien la transformación que se manifiesta
planeta que
en mí. He pasado la mayor parte de mi vida como un
reflejaba la luz ajena; estaba demasiado preocupado por mi vacío
181
Psicología de los eneatipos
y obligado a robarla a los demás. Ahora yo ión sé, omo l
demás personas, que tengo pe luz que, si bien es débil, is
y a veces intermitente, es la mía. ms 2d
Ahora siento una estrella polar interior que me BuÍa, me .
conduce hacia ella cuando me pierdo y me ayuda a ACEPtar q e
rácter que por mucho tiempo he considerado mi enemigo, Fur
mente tomé consciencia del hecho de que acoger y MPrende,
el carácter en lugar de combatirlo es una nueva fase
del p
de autoconocimiento y transformación.
.,
182
LIBRO SEGUNDO
ENEATIPO 3 SEXUAL
LA PASIÓN EN LA ESFERA DEL INSTINTO:
CÓMO ACTÚA LA VANIDAD EN LO SEXUAL
Cuando la vanidad invade el instinto sexual, el énfasis se pone en
gustar y volverse objeto de deseo. El Ez sexual sintió desde pe-
queño su «valor» en función de ser un objeto valorado por otros.
Lograr atraer el deseo del otro y mantenerlo se vuelve compulsivo
y todas las acciones se encaminan hacia ese objetivo.
La pasión vanidosa está dirigida a la relación sentimental:
quiere ser el hombre o la mujer ideal para el otro y busca una
pareja ideal que le devuelva, en su mirada, la confirmación de la
que carece. La pasión de conseguir esa relación ideal halla su
fuerza en la ilusión de que, siendo la mujer o el hombre perfec-
to para el otro, toda la angustia de vivir, el sentimiento de inse-
guridad y el miedo a no tener valor y recursos para estar en el
mundo se podrán calmar y superar. Cada necesidad propia es
reprimida y la atención está puesta en la del compañero, para
que este le asegure la intimidad y el vínculo amoroso que el E3
sexual precisa para sentir que existe. En consecuencia pone muy
Poca atención en la autorrealización, ni profesional ni: social,
Pues no tiene en su mapa desarrollar una independencia. Su
fuerza la emplea para la represión y el control de sus emociones
y Pensamientos, en vez de para crecer sobre sus propios pies.
185
Psicología de los eneaap
refuerza cada vez más su pasión qe
ja le hace senti
pues peri
solo una parej8 laci ** SEgu-
vencia como de relación:
«idad con mi familia o mi esposo me siento
la intim edo hablar libremente, sin autoj
Yo observo que ER . uicios, y
mucho menos insegu pu
serna, raExpresar mi cariño a través de la dulzura. Es en
permitirme ser E oc la timidez. Solo de pensar que habla
ré en
la parte social donde - un miedo que recorre todo mi cuerpo y deja mj
público me hace e ue en el fondo de mí hay una sensación y una
mente en blanco. Veo e ue decir, que lo que dice el otro es mejor,
idea de que no tngo ev . pan y me voy paralizando por el mie-
que es más inteligente. de gustar y ser querida que prefiero no
do. Hay una sed tan enorme de E%”
decir nada. Y está la ilusión de que con solo | estar ahí, tal vez el
ahi,ta! vez el otro me
tome en cuenta, porque no doy molestias, porque soy atractiva,
Al poner la energía en atraer y complacer solo a uno, tiene
menos que ofrecer al mundo en general. Está demasiado para el
otro; el suyo es un mundo muy circunscrito al compañero. Vive
para él o ella, en la idealizada unión familiar. El mundo emocio-
nal, con sus sufrimientos, gira por entero alrededor de la pareja y
basta un conflicto con ella para que todo se venga abajo. Desde
su pasión de ser mirado como persona exclusiva, este carácter
tiene aún que comprender que la relación de a dos
—típica de los
subtipos sexuales— no, se restringe al mundo de la' par
eja sino
que abarca a cualquier relación
significativa, ya sea de amistad o
de otro cariz.
La pasión en la esfera del instinto
sexual vende, En un pr BSAS Eh Una promesa a sí mismo y al
otro; NO ES una Separa afectiva ni existencial, A esa ilusión
sigue, obviamente, la pesó la de no poder lograr esa unión
¿morosa completa. Y la desilusión realimenta su pasión vanidosa
de seguir vendiéndose él mismo, vendiendo su Cuerpo, vendien-
do su capacidad de ser único para el otro,
Fl Ez sexual lleva puesta la máscara del amor perfecto, te
hace creer que va a ser cálido contigo toda la vida. Especialista en
falsificar el amor, exhibe una cálida sonrisa para que le compres la
idea del amor incondicional y para siempre. Ya en la intimidad, a
máscara quitada, brota la frialdad y la dureza:
Paso el tiempo fantaseando con el amor ideal; siempre pienso en una
relación a futuro que será maravillosa, y esto no me permite estar con
mi pareja y ver lo que sí hay. He estado en dos relaciones simultáneas
engañando a los dos, y me pillo constantemente en la idealización de
alguna de las dos relaciones, creyendo que me va a dar la felicidad o a
resolver mi insatisfacción. Y finalmente no puedo entregarme a ningu-
na de las dos. Soy adicta a esto; puedo verlo pero no me puedo salir de
aquí.
Después de hacerle creer a mi pareja que estaré allí para siempre, sien-
do el hombre ideal, después de haberla seducido y haber hecho, cons-
ciente o inconscientemente, todo bien, y de hacerle sentir que todo lo
que ella hace es maravilloso, empieza una crítica, una exigencia cons-
tante hacia la pareja. Es como empezar a pasar factura por las actuacio-
nes realizadas hasta el momento. Es hacerle pagar por haberse relajado.
Ahora ya no tengo que hacer nada para conseguirla, ya la tengo y, para-
dójicamente, es como si algo se perdiera o faltara. Y desde aquí la críti-
ca y la exigencia se hacen enormes: crítica a lo que hace y dice; empieza
como una especie de competencia, una idea loca y enferma que tiene
que ver con que la pareja casi nusica está á la altura de lo que pretendo,
y así sigue la búsqueda pasional.
tener un mea
Siento que nací para casarme y cuidar una familia y
ónoma, no puedo salirme de
Y veo cómo a pesar de queref ser yo y aut
187
Psicología
de los eneatipos
| e me.
la
a de l h o m bore. Entro en
la dedeppeendenci a
lo que yo quiero eN realid
p e c i e de p a v o neo. Creía asde
s
habíraa ena lomsí duenmaáes sí me veian con dis tint
a
Recono zCO q ue ca
o y enigmáric,
:
a c t i v
,
ta tu s de , m á s a t r a
ecial, diferente
bía el es Y
sentía que eso mé hacía esp
co nf un de el ser co n el pa re cer, se nutre dq
El Ez sexual, que ¡ esa . imagen| que le
ot ro , S e ena mor a de
espejo que le devuelve el ci en te y dependiente en
r es o es co mp la
llega como respuesta. Po
un grado tan extremo.
ar, comparte con los
En su esfuerzo desesperado por gust
otros subtipos del Ez la idea loca de que hay que ser útil para ser
querido. Esta creencia toma en el Ez sexual la forma de dejarse
utilizar como un objeto. Repite ahí el patrón infantil de cuidar
al padre o a la madre. Para ellos fue ese niño o niña «tan espera-
do». El que se podía exhibir en sociedad porque era bueno y
gracioso y tan lindo. El que se esperaba iba a llenar la necesidad
del padre o de la madre de tener al lado esa pareja ideal tan de-
seada, pues la de verdad es decepcionante. Y hoy sigue siendo ese
niño. Esa niña.
De forma más o menos explícita, esto implica ser un objeto
sexual, si eso es lo que tiene que hacer para que le quieran. ¿La
consecuencia? Confunde el amor (y la ternura) con el sexo y con
la seducción. El Ez sexual vive la sexualidad como un
requisito'
o
parara ganarse el premio, del cariño. Aprende, en su relación pri-
|
e iaA a conectar el contacto sexual con la intimidad afectiva:
mar
si o un hijo que quedó ; . al-
O seducido
mente el do por un progenitor, gener
La pasión en la esfera del
instinto
alo sexual: «Confundí q EN con ser amada y existir. En
e me prestaba e
q p oo me sentía yo... me sentía im-
No se entrega emocionalmente en el sexo, que llega incl a
lo E
vivir como un acto aburrido, aunque siempre Angirá
verdad le pone es la conquista. El Es sexual ntra-
jo. Lo que de
al juego de lo mucho que te gusta su manera de estar. Elegir una
presa Y conquistarla llena un poco ese vacío con el que convive
permanentemente al estar tan a expensas de la mirada del otro,
El valor me lo da la capacidad de gustarl e al otro, de ser atractivo, ad.
mirado. Y ahí es donde va unido el ser objeto sexual, que para mí e
algo que estaba más camuflado. Yo no era consciente de la atracción
que suponían mi seducción, mi gesto, mi postura. Todas esas armas
estaban a disposición de atraer a las mujeres, para que eso me dé a mí
un lugar en el mundo.
Recuerdo que, sobre todo en mi adolescencia y en mi primera etapa
adulta, la seducción, si bien existía, era algo tímida. Lo que me anima-
ba más era el ser elegido, escogido por el sexo femenino. El ser visto y
sentirme validado por la mujer de turno me daba la seguridad que ne-
cesitaba; Y me sentía de alguna manera en deuda, que debía saldar a
tr