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Zoraida Candela
La bola de cristal
y los espejos magicos
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UL GideIntroduccién
Una antigua leyenda del norte de Europa cuenta que, cierto
dia, Belisama, una joven celta, acudié a un lago en compa-
iia de su madre y sus hermanas para realizar un baiio cere-
monial. Belisama conocia las aguas de un rio cercano a su al-
dea en las que se aseaba regularmente, pero nunca se habia
detenido en las tranquilas aguas de aquel lago que, ademas,
estaba considerado como sagrado. El bafio de aquel dia no
estaria vinculado con la higiene, sino con la purificacién. Se
acercaba la fiesta de ofrenda a Beltaine, la diosa de la pri-
mavera, y era menester que todas las jévenes virgenes lim-
piasen su cuerpo y su espiritu.
Mientras las aguas acariciaban el cuerpo desnudo de Be-
lisama, ella sentia algo extrafio en su interior. Belisama no
sabia si era la impresién que le producia la temperatura del
liquido —ciertamente un poco frio para la época— o bien el
hecho de saber que tras aquel bafio ya nunca mas seria una
nifia, pues a partir del dia siguiente seria considerada por to-
dos los de la aldea como una mujer. La joven estaba tumba-
da boea arriba en el agua que soportaba su liviano cuerpo ymecia la ondulante cabellera negra que al dia siguiente los
druidas impregnarian en ceremonia ritual con una mezcla de
resinas, cal y hojas. De pronto escuché cémo una voz dulce
y serena de mujer parecia llamarla. Belisama efectué un li-
gero giro de cabeza de manera que sus ojos pudieran ver si
alguna de sus familiares habia pronunciado las palabras,
pero ellas no habian sido. Se encontraban entretenidas, ha-
blando entre ellas y ajenas a todo lo que ocurria.
La voz soné de nuevo, y esa vez parecié hacerlo desde el
interior del lago. Belisama, asustada e incé6moda, nadé répi-
damente hacia la parte menos profunda, se incorporé y ob-
servé las aguas, concretamente la zona donde habia estado
tan sélo unos segundos antes. Nada parecia perturbar la su-
perficie del lago. Ninguna criatura de ésas a las que hacian
referencia los druidas en sus ensefianzas; ningiin antepasado
adoptando una forma espiritual, y tampoco la diosa que, si
bien podia manifestarse de multiples maneras y con distintos
rostros, no parecia estar haciendo acto de presencia.
Belisama, observando las aguas desde la orilla, pensé
nuevamente que todo era fruto de su imaginacién, de mane-
ra que decidié volver al lago y seguir con su bajfio ritual.
Cuando estaba a punto de entrar, algo la sorprendié: se re-
flejaba en las aguas con un brillo especial. Era ella, pero se
observaba distinta a otras veces. Sus ojos parecian haber
cambiado. Su rostro, que reconocia perfectamente, era mas
adulto, y sus cabellos estaban coronados por una guirnalda
de flores. Era ella, pero diferente.
De pronto la paz invadié el cuerpo y la mente de Belisa-
ma. Se habia levantado viento y su cuerpo estaba himedo,
pero ella s6lo sentia tibieza. Los nervios de unos minutos an-
tes habian desaparecido, y al escuchar de nuevo la voz, que
ahora sabia que procedia de su propio reflejo sumergido en
las aguas, ya no tuvo miedo... El otro «yo» de Belisama ase-,
gur6 ser su futuro. La doncella se habia formado en los mis-terios de la vida y del espiritu junto a los sacerdotes y se ha-
bia convertido en «bandruid» o mujer druida. El reflejo le
dijo a Belisama que cuando aquella noche acudiera a su casa
el archidruida, aceptase sus peticiones y siguiera su camino.
El ordculo determinaria que ella era la elegida y, pese a la
oposicién de sus padres, deberia ingresar en la orden.
Belisama no tuvo tiempo de preguntarle nada a la imagen
del reflejo. Una ligera ondulacién de las aguas provocé su
desvanecimiento y, tras él, la joven sélo pudo ver sobre el
agua un rostro que reconocia muy bien, el suyo. Habian de-
saparecido los rastros del paso del tiempo, las flores en su
cabello y la luminiscencia. Las aguas le devolvian su imagen
acostumbrada. La joven no pudo seguir el bafio ritual. Se li-
mité a sumergirse para dar unas rdpidas brazadas que la
La conoeida obra La Venus del espejo, de Velizquez, nos recuerda que
el espejo, como la hola de cristal, sirve para ver més alld de lo tangible.
9condujeran a la orilla donde la esperaban sus familiares.
Nerviosa y excitada le cont6é a su madre aquella visién. La
matriarea palidecié, al tiempo que un atisbo de humedad
prendia sus ojos. Después dejé escapar un par de lagrimas.
Tenia otros planes para su hija: Beltaine se celebraria al dia
siguiente y pensaba concertar una boda. El sacerdocio no
impedia el matrimonio, pero la formacién sacerdotal si.
Aquella noche, a la hora de la cena, el archidruida hizo
acto de presencia en la casa de la joven y la reclamé a sus pa-
dres para la orden. Tal como habia presagiado el reflejo en
el agua de Belisama, sus padres se mostraron reticentes,
pero los druidas poseian la autoridad y sus palabras eran la
ley. Ademas, el oraculo habia hablado y nadie, ni tan siquie-
ra un druida, podia contradecirlo.
Belisama se levant6 de la mesa y tras decirle al archi-
druida que le estaba esperando, accedié a irse con él. Veinte
afios después se habia convertido en una experta conocedo-
ra de la magia, de la ley sagrada y natural, de los secretos de
las hierbas y plantas que utilizaba para la curacién de quie-
nes acudian a ella. Y con frecuencia acudia a su lago sagra-
do y particular, para pedir consejos a las aguas en las que
siempre tuvo la capacidad de vislumbrar el futuro.
El relato que acabamos de conocer no es ni mucho menos ex-
clusivo, aunque si alude a la que se supone fue, dentro de las
leyendas célticas, una de las grandes y pocas pitonisas perte-
necientes a las corrientes druidicas. Una mujer que, ademas,
utiliz6 lo que podriamos denominar como los precursores de
la bola de cristal: las aguas y los espejos.
La mitologia céltica, como tantas otras, esta Hena de epi-
sodios similares al referido, en que las aguas se convierten en
puertas abiertas a dimensiones desconocidas. En otros rela-
tos, a veces de otras latitudes y otras culturas, vemos que son
incluso las espadas —ritualmente preparadas—, las que
10ofrecen a través de sus filos reflejos del mas alla. En ocasio-
nes son los escudos magicos, que, pulidos como si fueran un
espejo, muestran episodios de batallas atin sin celebrar, de
actos sociales, bodas o muertes no producidas, cuando no
rostros a veces ansiados y en ocasiones desconocidos.
Este libro es un viaje. Sabemos cual es nuestra meta y
destino, pero nos resulta sumamente misterioso c6mo y de
qué manera se efectuard el transito. Sabemos que la meta es
lograr obtener un espejo o una bola de cristal que utilizare-
mos tanto con fines magicos como adivinatorios, pero igno-
ramos qué experiencias obtendremos de ellos, y ahi reside
precisamente la riqueza de estos elementos que iremos des-
cubriendo a lo largo de las siguientes paginas.
Muchas personas creen, probablemente influidos por lo
que han visto en el cine o la televisién, que tanto los espe-
jos como las bolas de cristal son algo asi como pantallas o
monitores multimedia en los que podemos sintonizar mil y
un canales y ver cientos de imagenes perfectamente defini-
das. Algunos piensan incluso que el espejo, en su faceta de
puerta dimensional, es en realidad eso, un umbral magico
a otras dimensiones. Y creen que, al situarnos frente a él y
tras dar uno o dos pasos, entraremos en otro plano de exis-
tencia, mundo o esfera de realidad paralela. Para no desi-
lusionar al lector poco conocedor de estas tematicas, dire-
mos que, en cierto modo, lo referido puede ocurrir, pero no
debemos engafiarnos: las vivencias en este sentido son mas
de indole energético e intuitivo que fisico. Dicho de otro
modo, es cierto que podemos tener vivencias, pero a través
de la intuicién, de los destellos de videncia o de percepcién
de las cosas, mds que a través de una experiencia pura-
mente fisica.
Los espejos, como sucede con las aguas magicas, son ca-
minos de iniciacién, puertas de misterio y senderos que nos
llevan a lo desconocido, a veces a lo mas profundo de nues-
1tra mente o, tal vez, de nuestra alma. Es cierto, los espejos
poseen una magia especial, incluso cuando no son magicos.
Nadie puede escapar a la seduccién o al miedo que a veces
nos provoca la imagen de nuestro reflejo, pero de ahi a pen-
sar que con sélo situarnos frente a un espejo nuestra vida
puede cambiar, hay un gran paso. Otro tanto sucede con las
bolas de cristal. Son equiparables al espejo ya que permiten
entrar en otros planos de realidad. Ahora bien, no muestran
imagenes en su interior, aunque las veamos... {De dénde sa-
len?, Todo parece indicar que se producen en nuestro sub-
consciente y que, a través de la fijacién de la mirada en el
cristal de la bola, creemos estar viéndolas en su interior,
aunque realmente las hemos producido nosotros. Ello no
quiere decir que sean falsas, al contrario, eso seria tanto
como afirmar que no existen ni los pensamientos ni tampoco
los recuerdos.
Lo que vemos en la bola o en el espejo es real, al menos
para nosotros; y es que, en el fondo, se trata de una expe-
riencia personal e intransferible: la percepcién es tinica. Si
dos personas miraran la misma bola, quiz ambas podrian
tener una vision, pero seguramente serian distintas y, en el
caso de ser parecidas, indudablemente cada una de ellas sus-
citaria en el vidente una impresién y, por tanto, una inter-
pretacién. Pero no adelantemos acontecimientos.
Este libro aborda dos disciplinas que, si bien son dife-
rentes, resultan en verdad complementarias. De hecho, para
muchos investigadores y expertos en esoterismo, forman
parte de una misma cosa, de un mismo patrén, ya que ambos
objetos, la bola y el espejo, son canales de percepcién. Qui-
za el espejo esta mas asociado a las corrientes de la magia ya
que, al revés de lo que sucede con la bola, se emplea mas en
artes magicas que en adivinaci6n. La bola, si se prefiere, es
mas adivinatoria que magica. Sin embargo, las dos herra-
mientas nos servirdn tanto para una como para otra cosa.
12Deciamos que son dos disciplinas distintas aunque com-
plementarias, y es cierto. De hecho, a medida que el lector se
familiarice con el uso de ambos elementos, espejos y bolas,
sera aconsejable que recurra a los dos de forma indistinta, e
incluso que utilice el espejo y la bola a la vez. La experiencia
sera, sin duda, muy interesante y, por supuesto, nunca nos
dejara indiferentes. Pero volviendo al tema que nos ocupa,
la complementacién de estos dos elementos, diremos que tan-
to los espejos como las bolas de cristal han tenido como pre-
cursores a las aguas. Cuando el ser humano no disponia de
espejos ni tampoco dominaba el arte del soplado del vidrio,
eran las aguas las encargadas de abrir esa puerta a la abs-
traccién, al mas alla.
Estableciendo una relacién comparativa, se ha dicho
que, desde un punto de vista simbélico, el espejo es el lago en
el que anidan los reflejos del subconsciente y del misterio,
mientras que la bola es una gota de agua solidificada para
conectar con el lago de los misterios. El punto que los dos
elementos tienen en comin —y que nos ha llevado a incluir-
los en este libro— no es precisamente el agua, que también
es un elemento mistico, a la vez que magico y adivinatorio.
El motivo es que con la bola de cristal y los espejos magicos
podemos trabajar la abstraccién, canalizar las vibraciones
del entorno, desarrollar la conciencia, proyectar la energia
y, al fin, aventurarnos de una forma sencilla y amena en el
descubrimiento de sefiales o destellos del futuro o de aquello
que nos rodea. Porque, de hecho, de eso se trata: de ser ca-
paces de descubrir informacion sutil a través de una vision,
de una percepcién o de la idea o recuerdo que surge en la
mente cuando trabajamos con la bola o el espejo.
Intencionadamente hemos dividido esta obra en dos
grandes bloques, uno histérico y practico sobre el espejo y la
bola, y un segundo de cardcter interpretativo. La parte del
viaje hacia los instrumentos que abren las puertas del otro
13lado nos servira para descubrir la importancia que han teni-
do los espejos y las bolas a lo largo de la historia, y también
para ver cémo algunos alquimistas, magos e iniciados los
usaron como herramientas para romper las barreras de la
conciencia y obtener la magia y la adivinacién. Asi, conoce-
remos algunos de los mas relevantes espejos de la historia
magica, aprenderemos a elaborar el nuestro y a utilizarlo,
tanto sea para desdoblar nuestra conciencia e intentar via-
jar energéticamente a través de él, como para obtener infor-
macién sobre aquellos temas que nos preocupan o sobre los
que precisamos mas informacién, o para lograr fines «trans-
mutadores» y magicos. En todos los casos, procuraremos
siempre que las metodologias a seguir sean las mas sencillas,
rapidas y efectivas.
Por lo que se refiere a las bolas de cristal, nos centrare-
mos en todo lo relativo a su origen, leyendas, tradiciones y,
sobre todo, a su uso. Asi, veremos de qué manera podemos
utilizar adecuadamente la bola de cristal, tanto para usos
magicos como adivinatorios.
En el segundo bloque del libro, hemos considerado opor-
tuno incluir un diccionario orientador de algunos de los mu-
chos simbolos que podemos apreciar no sélo en la bola de
cristal, sino también en los espejos magicos. Con respecto al
diccionario que complementa este libro, creemos que el con-
cepto «orientador» hace, nunca mejor dicho, honor a la pa-
labra, puesto que si bien los simbolos resaltados pueden te-
ner una cierta relevancia, deberia ser el lector quien, en
ultima instancia, determine qué significan para él los dife-
rentes signos o simbolos que aprecia. Esta sera la mejor for-
ma de trabajar para conseguir proyectar y desarrollar al
maximo su conciencia de lo abstracto.
Un iltimo apunte relacionado tanto con la bola como con
el espejo magico: debemos saber que la magia es la capacidad
de «