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El Estudio de Proyectos

El documento introduce los conceptos básicos del estudio y evaluación de proyectos. Un proyecto busca resolver un problema o aprovechar una oportunidad mediante el desarrollo de una solución. La preparación y evaluación de proyectos provee información para asignar recursos de manera eficiente. Múltiples factores pueden afectar el éxito o fracaso de un proyecto.

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El Estudio de Proyectos

El documento introduce los conceptos básicos del estudio y evaluación de proyectos. Un proyecto busca resolver un problema o aprovechar una oportunidad mediante el desarrollo de una solución. La preparación y evaluación de proyectos provee información para asignar recursos de manera eficiente. Múltiples factores pueden afectar el éxito o fracaso de un proyecto.

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EL ESTUDIO DE PROYECTOS.

INTRODUCCIÓN

La preparación y evaluación de proyectos se ha transformado en un instrumento


de uso prioritario entre los agentes económicos que participan en cualquiera de las
etapas de la asignación de recursos para implementar iniciativas de inversión. El
objetivo de este ensayo es introducir los conceptos básicos de una técnica que
busca recopilar, crear y analizar, de manera sistemática, un conjunto de
antecedentes económicos que permitan juzgar cualitativa y cuantitativamente las
ventajas y desventajas de asignar recursos a una determinada iniciativa.

Los alcances de la ciencia económica y de las distintas técnicas se han


desarrollado para la medición adecuada de esas ventajas y desventajas constituyen
los elementos básicos de análisis de este texto. Para muchos, la preparación y
evaluación de un proyecto es un instrumento de decisión que determina que si éste
se muestra rentable debe implementarse, pero que si resulta no rentable debe
abandonarse. Nuestra opción es que la técnica no debe ser tomada como
decisional, sino como una posibilidad de proporcionar más información a quien debe
decidir. Así, será posible rechazar un proyecto rentable y aceptar uno no rentable.

1.- Preparación y Evaluación de Proyectos

Un proyecto es, ni más ni menos, la búsqueda de una solución inteligente al


planteamiento de un problema tendiente a resolver, entre tantos, una necesidad
humana. Cualquiera que sea la idea que se pretende implementar, la inversión, la
metodología o la tecnología por aplicar, ella conlleva necesariamente la búsqueda
de proposiciones coherentes destinadas a resolver las necesidades de la persona
humana. El proyecto surge como respuesta a una “idea” que busca la solución de
un problema (reemplazo de tecnología obsoleta, abandono de una línea de
productos) o la manera de aprovechar una oportunidad de negocio. Ésta por lo
general corresponde a la solución de un problema de terceros, por ejemplo, la
demanda insatisfecha de algún producto, o la sustitución de importaciones de
productos que se encarecen por el flete y los costos de distribución en el país.

Si se desea evaluar un proyecto de creación de un nuevo negocio, ampliar las


instalaciones de una industria, o reemplazar su tecnología, cubrir un vacío en el
mercado, sustituir importaciones, lanzar un nuevo producto, proveer servicios, crear
polos de desarrollo, aprovechar los recursos naturales, sustituir producción
artesanal por fabril o por razones de Estado y seguridad nacional, entre otros, ese
proyecto debe evaluarse en términos de conveniencia, de manera que se asegure
que resolverá una necesidad humana eficiente, segura y rentablemente (ver gráfico
1.1). En otras palabras, se pretende dar la mejor solución al “problema económico”
que se ha planteado, y así conseguir que se disponga de los antecedentes y la
información necesarios para asignar racionalmente los recursos escasos a la
alternativa de solución más eficiente y viable frente a una necesidad humana
percibida.
Gráfico 1.1 ¿Cómo generar una idea de proyecto?
La optimación de la solución, sin embargo, se inicia incluso antes de preparar y
evaluar un proyecto. En efecto, al identificar un problema que se va a solucionar con
el proyecto, o una oportunidad de negocios que se va a hacer viable con él, deberán
prioritariamente, buscarse todas las opciones que conduzcan al objetivo. Cada
opción será un proyecto. En una primera etapa se preparará el proyecto, es decir,
se determinará la magnitud de sus inversiones, costos y beneficios. En una segunda
etapa, se evaluará el proyecto, en otras palabras, se medirá la rentabilidad de la
inversión. Ambas etapas constituyen lo que se conoce como la preinversión.

En el éxito o fracaso de un proyecto influyen múltiples factores. En general se


puede señalar que, si el bien ofrecido o el servicio es rechazado por la comunidad,
eso significa que la asignación de recursos adoleció de los defectos de diagnóstico
o de análisis que lo hicieron inadecuado para las expectativas de satisfacción de las
necesidades del conglomerado humano. Las causas del fracaso o del éxito pueden
ser múltiples y de diversa naturaleza. Un cambio tecnológico importante puede
transformar un proyecto rentable en uno fallido. Cuanto más acentuado sea el
cambio que produzca, mayor será el efecto sobre el proyecto.

Los cambios en el contexto político también pueden generar profundas


transformaciones cualitativas y cuantitativas en los proyectos en marcha. La
concepción de un proyecto destinado a llevar gas de Bolivia a Chile, por ejemplo,
puede resultar económicamente rentable, pero políticamente inviable, como
consecuencia de la situación de controversia que ha caracterizado las relaciones
diplomáticas entre ambos países. Probablemente si se resolviese el problema de la
demanda marítima boliviana, el proyecto de llevar gas podría ser implementado y
generar rentabilidad para ambas naciones. De menor importancia pueden ser los
cambios de gobierno o las variaciones de política económica en un país
determinado. Pero, así mismo, cualquier cambio en la concepción del poder político
en otras naciones puede afectar directamente algunos proyectos o tener
repercusión indirecta en otros.
Los cambios en las relaciones comerciales internacionales también son
importantes. Por ejemplo, ciertas restricciones no previstas implementadas por
algún país para la importación de productos como los que elabora la empresa
creada con el estudio de un proyecto, podrían hacer que ésta fracase. La
inestabilidad de la naturaleza, el entorno institucional, la normativa legal y muchos
otros factores hacen que la predicción perfecta sea un imposible.

Lo anterior no debe servir de excusa para no evaluar proyectos. Por el contrario,


con la preparación y evaluación será posible reducir la incertidumbre inicial respecto
de la conveniencia de llevar a cabo una inversión. La decisión que se tome con más
información siempre será mejor, salvo el azar, que aquella que se tome con poca
información.

Los aspectos indicados señalan que no es posible calificar de malo un proyecto


por el solo hecho de no haber tenido éxito práctico. Tampoco puede ser catalogado
de bueno un proyecto que, teniendo éxito, ha estado sostenido mediante
expedientes casuísticos. Los subsidios, en cualquiera de sus múltiples formas,
pueden hacer viables proyectos que no debieran serlo al eliminarse los factores de
subsidiariedad que los apoyaban.

Así, por ejemplo, en un país con barreras arancelarias, muchos proyectos


resultan rentables por el hecho de existir trabas impositivas a la posible competencia
externa. Al eliminarse estas barreras, el proyecto se transforma en inconveniente
por este único hecho. Los tratados de libre comercio han traído como consecuencia
que numerosos proyectos en marcha hayan tenido que estudiar la situación a la que
se enfrentarían al cambiar las condiciones del entorno, generándose nuevas ideas
de proyectos tendientes a buscar soluciones inteligentes en relación con el nuevo
escenario.

Por otra parte, también existen cambios socioculturales que traen como
consecuencia que los hábitos o costumbres de los consumidores tiendan a
modificarse con el paso del tiempo, por lo que los gustos y preferencias generan
demandas por nuevos productos o simplemente el abandono de otros que
normalmente se consumían. En toda empresa en funcionamiento los cambios que
puedan producirse afectarán, de una manera u otra, los flujos futuros, por lo que la
aplicación de las técnicas de evaluación y preparación de proyectos adquiere una
gran importancia para el análisis de los cambios que necesariamente todo proyecto
conlleva.

¿Cuándo puede el proyecto ser calificado como bueno o malo? ¿Antes o después
de que cambien las circunstancias políticas, sociales o económicas? Lo anterior
lleva a determinar que un proyecto está asociado con una multiplicidad de
circunstancias que lo afectan, las cuales, al variar, lógicamente producen cambios
en su concepción y, por tanto, en la rentabilidad que se espera de él.

2.- La toma de decisiones asociadas con un proyecto

Existen diversos mecanismos operacionales por los cuales un empresario decide


invertir recursos económicos en un determinado proyecto. Los niveles decisorios
son múltiples y variados, puesto que en el mundo moderno cada vez es menor la
posibilidad de tomar decisiones de manera unipersonal. Regularmente, los
proyectos están asociados interdisciplinariamente y requieren diversas instancias
de apoyo técnico antes de ser sometidos a la aprobación de cada nivel.

No existe una concepción rígida definida en términos de establecer mecanismos


precisos en la toma de decisiones asociadas con un proyecto. No obstante, resulta
obvio señalar que la adopción de decisiones exige disponer de un sinnúmero de
antecedentes que permitan que ésta se efectúe inteligentemente. Para ello se
requiere la aplicación de técnicas asociadas con la idea que origina un proyecto, lo
que conceptualicen mediante un raciocinio lógico que implique considerar toda una
gama de factores que participan en el proceso de concreción y puesta en marcha.
Toda toma de decisión implica un riesgo. Obviamente, algunas decisiones tienen
un menor grado de incertidumbre y otras son muy riesgosas. Resulta lógico pensar
que, frente a decisiones de mayor riesgo, exista como consecuencia una opción de
mayor rentabilidad. Sin embargo, lo fundamental en la toma de decisiones es que
éstas se encuentren cimentadas en antecedentes básicos concretos que hagan que
se adopten concienzudamente y con el más pleno conocimiento de las distintas
variables que entran en juego. Éstas, una vez valoradas, permitirán en última
instancia adoptar conscientemente las mejores decisiones posibles.

En el complejo mundo moderno, donde los cambios de toda índole se producen


a una velocidad vertiginosa, resulta imperiosamente necesario disponer de un
conjunto de antecedentes justificatorios que aseguren una acertada toma de
decisiones y hagan posible disminuir el riesgo de equivocarse al decidir la ejecución
de un determinado proyecto. A ese conjunto de antecedentes justificatorios,
mediante los cuales se establecen las ventajas y desventajas que tiene la
asignación de recursos para una idea o un objetivo determinado, se denomina
“evaluación de proyectos”.

3.- Tipología de los proyectos

La evaluación de proyectos se entiende como un instrumento que provee


información a quien debe tomar decisiones de inversión. Es obvio que para ello el
inversionista tendrá que considerar una serie de variables, de tipo político,
estratégico o ético, entre otras. Uno de los primeros problemas que se observan al
evaluar un proyecto es la gran diversidad de tipos que se pueden encontrar,
dependiendo tanto del objetivo del estudio, como de la finalidad de la inversión.

Según el objetivo o la finalidad del estudio, es decir, de acuerdo con lo que se


espera medir con la evaluación, es posible identificar tres tipos de proyectos que
obligan a conocer tres formas de obtener los flujos de caja para lograr el resultado
deseado. Éstas son: a) Estudios para medir la rentabilidad del proyecto, es decir,
del total de la inversión, independientemente de dónde provengan los fondos. b)
Estudios para medir la rentabilidad de los recursos propios invertidos en el proyecto.
c) Estudios para medir la capacidad del propio proyecto para enfrentar los
compromisos de pago asumidos en un eventual endeudamiento para su realización.

Para el evaluador de proyectos es necesario y fundamental diferenciar entre la


rentabilidad del proyecto y la rentabilidad del inversionista. Mientras en el primer
caso se busca medir la rentabilidad de un negocio, independientemente de quién lo
haga, en el segundo interesa, contrariamente, medir la rentabilidad de los recursos
propios del inversionista en la eventualidad de que se lleve a cabo el proyecto.
Aunque la evaluación de proyectos de inversión en empresas en marcha tiene
diferencias significativas respecto de la evaluación de proyectos para medir la
conveniencia de la creación de nuevos negocios, los fundamentos conceptuales
básicos son comunes a ambos tipos de estudios.

Según la finalidad o el objeto de la inversión, es decir, del objetivo de la


asignación de recursos, es posible distinguir entre proyectos que buscan crear
nuevos negocios o empresas y proyectos que buscan evaluar un cambio, mejora o
modernización en una empresa ya existente. En el primer caso, la evaluación se
concentrará en determinar todos los costos y beneficios asociados directamente con
la inversión. En el segundo, sólo considerará aquellos que son relevantes para la
decisión que se deberá tomar. Así, por ejemplo, si se evalúa el reemplazo de una
ambulancia, el costo de la remuneración del chofer es irrelevante, por cuanto sin
importar la marca por la que se opte, el sueldo será el mismo.

Entre los proyectos más frecuentes en las empresas en funcionamiento se


identifican, por ejemplo, proyectos que involucran el outsourcing, la internalización
de servicios o elaboración de productos provistos por empresas externas, la
ampliación de los niveles de operación de la empresa, el abandono de ciertas líneas
de producción, o el simple reemplazo de activos que pueden o no implicar cambios
en algunos costos, mas no en los ingresos ni en el nivel de operación de la empresa.
Una clasificación más profunda permitiría identificar varias opciones para un
mismo proyecto. Por ejemplo, proyectos que enfrentan una ampliación mediante el
reemplazo de equipos de menor a otros de mayor capacidad, o que solucionan la
ampliación con una inversión complementaria que se adiciona a los activos
actuales. Con ambas alternativas se soluciona el mismo problema de crecimiento,
pero con fuertes y distintas implicancias sobre el trabajo del evaluador. De la misma
manera, cada uno de los casos anteriores también se puede clasificar en función de
su fuente de financiamiento, distinguiéndose entre aquellos financiados con leasing,
los financiados por endeudamiento con el sistema financiero o con proveedores, los
financiados con recursos propios y los financiados con una combinación de estas
fuentes.

Un proyecto que involucra la ampliación de la capacidad de producción obliga


necesariamente a considerar el impacto de dicha ampliación sobre las estructuras
de costos y beneficios vigentes de la empresa. Los proyectos se clasifican según la
finalidad del estudio y según el objeto de la inversión (ver gráfico 1.2).

Según la finalidad del estudio, los proyectos se hacen para evaluar:


1. La rentabilidad del proyecto
2. La rentabilidad del inversionista
3. La capacidad de pago del proyecto

Según el objeto de la inversión, los proyectos se hacen para evaluar:


1. La creación de un nuevo negocio
2. Un proyecto de modernización. El cual puede incluir:
− Externalización
− Internalización
− Reemplazo
− Ampliación
− Abandono
4.- La evaluación de proyectos

Si se encarga la evaluación de un mismo proyecto a dos especialistas diferentes,


seguramente ambos resultados serán distintos por el hecho de que la evaluación
se basa en estimaciones de lo que se espera sean en el futuro los beneficios y
costos que se asocian con un proyecto. Más aún, el que evalúa el proyecto toma un
horizonte de tiempo, normalmente diez años, sin conocer la fecha en que el
inversionista desee y esté en condiciones de llevarlo a cabo, y “estima o simula” qué
puede pasar en ese periodo: comportamiento de los precios, disponibilidad de
insumos, avance tecnológico, evolución de la demanda, evolución y
comportamiento de la competencia, cambios en las políticas económicas y otras
variables del entorno, etcétera.

Difícilmente dos especialistas coincidirán en esta apreciación del futuro. Pero aún
si así fuera, todavía tienen que decidir qué forma tendrá el proyecto: elaborarán o
comprarán sus insumos, arrendarán o comprarán los espacios físicos, usarán una
tecnología intensiva en capital o en mano de obra, harán el transporte en medios
propios o ajenos, se instalarán en una o más localizaciones, implantarán sistemas
computacionales o manuales, trabajarán con un solo turno con más capacidad
instalada o con dos turnos con menos inversión fija, determinarán cuál será el
momento óptimo de la inversión y el de abandono, venderán a crédito o sólo al
contado, aprovecharán los descuentos por volumen y pronto pago o no, etcétera.

La evaluación de proyectos pretende medir objetivamente ciertas magnitudes


cuantitativas resultantes del estudio del proyecto, y dan origen a operaciones
matemáticas que permiten obtener diferentes coeficientes de evaluación. Lo
anterior no significa desconocer la posibilidad de que puedan existir criterios
disímiles de evaluación para un mismo proyecto. Lo realmente decisivo es poder
plantear premisas y supuestos válidos que hayan sido sometidos a convalidación a
través de distintos mecanismos y técnicas de comprobación. Las premisas y
supuestos deben nacer de la realidad misma en la que el proyecto estará inserto y
en el que deberá rendir sus beneficios. La correcta valoración de los beneficios
esperados permitirá definir de manera satisfactoria el criterio de evaluación que sea
más adecuado.

Por otra parte, la clara definición de cuál es el objetivo que se persigue con la
evaluación constituye un elemento clave para tener en cuenta en la correcta
selección del criterio evaluativo. Así, por ejemplo, algunos especialistas pueden
definir que la evaluación se inserta dentro del esquema del interés privado y que la
suma de estos intereses, reflejados por medio de las preferencias de los
consumidores (como consecuencia de los precios del mercado), da origen al interés
social. Por su parte, otros especialistas podrán sostener que los precios del mercado
reflejan de manera imperfecta las preferencias del público o el valor intrínseco de
los factores.

Un proyecto puede tener diferentes apreciaciones desde los puntos de vista


privado y social. Por ejemplo, en el mundo no existen experiencias en torno a la
construcción de un ferrocarril metropolitano de propiedad privada, pues no resultaría
lucrativo desde un punto de vista financiero. No ocurre lo mismo desde una
perspectiva social, conforme con la cual la comunidad se vería compensada directa
e indirectamente por la asignación de recursos efectuada mediante un criterio de
asignación que respete prioridades sociales de inversión.

El marco de la realidad económica institucional vigente en un país será lo que


defina en mayor o menor grado el criterio imperante en un momento determinado
para la evaluación de un proyecto. Sin embargo, cualquiera que sea el marco en el
que el proyecto esté inserto, siempre será posible medir los costos de las distintas
alternativas de asignación de recursos a través de un criterio económico que
permita, en definitiva, conocer las ventajas y desventajas cualitativas y cuantitativas
que implica la asignación de los recursos escasos a un determinado proyecto de
inversión.

5.- Evaluación social de proyectos

La evaluación social de proyectos compara los beneficios y costos que una


determinada inversión pueda tener para la comunidad de un país en su conjunto.
No siempre un proyecto que es rentable para un particular también es rentable para
la comunidad, y viceversa. Tanto la evaluación social como la privada usan criterios
similares para estudiar la viabilidad de un proyecto, aunque difieren en la valoración
de las variables determinantes de los costos y beneficios que se les asocien. A este
respecto, la evaluación privada trabaja con el criterio de precios de mercado,
mientras que la evaluación social lo hace con precios sombra o sociales. Estos
últimos con el objeto de medir el efecto de implementar un proyecto sobre la
comunidad, deben tener en cuenta los efectos indirectos y externalidades que
generan sobre su bienestar; por ejemplo, la redistribución de los ingresos o la
disminución de la contaminación ambiental.

Así mismo, existen otras variables que la evaluación privada incluye y que
pueden ser descartadas en la evaluación social, como el efecto directo de los
impuestos, subsidios u otros que, en relación con la comunidad, sólo corresponden
a transferencias de recursos entre sus miembros. Los precios privados de los
factores se pueden corregir a precios sociales, ya sea por algún criterio particular a
cada proyecto, o aplicando los factores de corrección que varios países definen para
su evaluación social. Sin embargo, siempre se encontrará que los proyectos
sociales requieren, por parte del evaluador, la definición de correcciones de los
valores privados a valores sociales. Para ello, el estudio de proyectos sociales
considera los costos y beneficios directos, indirectos e intangibles y, además, las
externalidades que producen.

Los beneficios directos se miden por el incremento que el proyecto provocará en


el ingreso nacional mediante la cuantificación de la venta monetaria de sus
productos, en la cual el precio social considerado corresponde al precio del mercado
ajustado por algún factor que refleje las distorsiones existentes en el mercado del
producto. De igual manera, los costos directos corresponden a las compras de
insumos, en las cuales el precio también se corrige por un factor que incorpore las
distorsiones de los mercados de bienes y servicios demandados.

Los costos y beneficios sociales indirectos corresponden a los cambios que


provoca la ejecución del proyecto en la producción y el consumo de bienes y
servicios relacionados con éste. Por ejemplo, los efectos sobre la producción de
insumos que demande o de los productos sobre los que podría servir de insumo –
lo cual puede generar beneficios o costos sociales– dependen de la distorsión que
exista en los mercados de los productos afectados por el proyecto.

Los beneficios y costos sociales intangibles, si bien no se pueden cuantificar


monetariamente, se deben considerar cualitativamente en la evaluación, en
consideración con los efectos que la implementación del proyecto que se estudia
puede tener sobre el bienestar de la comunidad. Por ejemplo, la conservación de
lugares históricos o los efectos sobre la distribución geográfica de la población,
geopolíticos o de movilidad social, entre otros. Son externalidades de un proyecto
los efectos positivos y negativos que sobrepasan a la institución inversora, tales
como la contaminación ambiental que puede generar el proyecto, o aquellos efectos
redistributivos del ingreso que éste pudiera ocasionar.

RESUMEN

La evaluación de proyectos aborda el problema de la asignación de recursos de


manera explícita, recomendando a través de distintas técnicas que una determinada
iniciativa se lleve adelante por sobre otras alternativas de proyectos. Este hecho
lleva implícita una responsabilidad social de hondas repercusiones, que afecta de
una u otra manera a todo el conglomerado social, lo que obliga a utilizar
adecuadamente patrones y normas técnicas que permitan demostrar que el destino
que se pretende dar a los recursos es el óptimo.

Los proyectos surgen de las necesidades individuales y colectivas de las


personas; son ellas las que importan, son sus necesidades las que se deben
satisfacer por medio de una adecuada asignación de los recursos, teniendo en
cuenta la realidad social, cultural y política en la que el proyecto pretende
desarrollarse. La evaluación de proyectos proporciona una información adicional
para ayudar a tomar una decisión. En este sentido, es conveniente hacer más de
una evaluación para informar tanto de la rentabilidad del proyecto como la del
inversionista y de la capacidad de pago para enfrentar deudas. Por otra parte, debe
diferenciarse entre la manera de evaluar la creación de un nuevo negocio y la de
evaluar inversiones en empresas en marcha: outsourcing, reemplazo, ampliación,
internalización y abandono.

Socialmente la técnica de la evaluación de proyectos busca medir el impacto que


una determinada inversión tendrá sobre el bienestar de la comunidad. Por medio de
la evaluación social se intenta cuantificar los costos y beneficios sociales directos,
indirectos e intangibles, además de las externalidades que el proyecto pueda
generar.
La planificación constituye un proceso mediador entre el futuro y el presente. El
mañana nos afecta hoy, porque es hoy cuando podemos decidir hacer algo para
estar en condiciones de aprovechar las oportunidades del mañana. Es por ello que
en todo proyecto debe planificarse el futuro, para así poder determinar tanto las
variables susceptibles de ser medidas numéricamente, como aquéllas de carácter
cualitativo de indudable incidencia en el comportamiento del proyecto en el tiempo.
La puesta en marcha de los programas definidos se realiza mediante la elaboración
de proyectos, los cuales deberán prepararse y evaluarse para ulteriormente
aprobarse o rechazarse en función de su viabilidad económica y del cumplimiento
de los objetivos establecidos en el programa.

El proyecto no puede entenderse como un objetivo en sí mismo; por el contrario,


sólo será un medio para alcanzar los objetivos generales sobre los cuales se elaboró
tanto el plan de desarrollo como el diseño de estrategias de solución de los
problemas sectoriales.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Aliberti, C. A. (2006). Análisis Financiero de Proyectos de Inversión (Primera ed.).


Buenos Aires, Argentina: Fondo Editorial. Consejo Profesional de Ciencias
Económicas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Ander-Egg, E., & Aguilar Idáñez, M. J. (2005). Cómo elaborar un proyecto. Guía
para diseñar proyectos sociales y culturales (17a, ampliada y revisada ed.). Buenos
Aires: LUMEN/HVMANITAS

Baca Urbina, G. (2010). Evaluación de Proyectos. México: Mc Graw.

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