0% encontró este documento útil (0 votos)
28 vistas5 páginas

Apetitos Sensitivos

Las pasiones del alma son movimientos súbitos del apetito sensitivo que producen alteraciones en el cuerpo. Las pasiones principales son el amor, deseo, gozo, odio, fuga, tristeza, esperanza y audacia, que se relacionan con la percepción del bien o mal presente, ausente o futuro con obstáculos.

Cargado por

Charly Domi
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
28 vistas5 páginas

Apetitos Sensitivos

Las pasiones del alma son movimientos súbitos del apetito sensitivo que producen alteraciones en el cuerpo. Las pasiones principales son el amor, deseo, gozo, odio, fuga, tristeza, esperanza y audacia, que se relacionan con la percepción del bien o mal presente, ausente o futuro con obstáculos.

Cargado por

Charly Domi
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

82 UNIVERSIDAD FASTA Antropología Filosófica

llame cogitativa (o discursiva), que por medio de cierta comparación descubre


dichas intenciones: por lo cual se llama también razón particular, a la que los médi-
cos asignan órgano determinado, cual es el centro del cerebro; por cuanto ella con-
fronta las intenciones individuales, como la intelectiva las universales. Por parte de la
memorativa (el hombre) no sólo tiene memoria, como los demás animales, en el
recuerdo instantáneo de lo pasado, sino también reminiscencia, con la que inquiere
como silogísticamente (como cierto razonamiento comparativo) el recuerdo de lo
pasado respecto de las intenciones individuales...17.

5. Las Pasiones del Alma


Hemos dicho que a todo conocimiento le sigue un apetito (proporcionado al
modo del conocimiento). Hablar de la sensibilidad implica también hablar del nivel
correspondiente de apetitividad o tendencia.
Para entenderlo necesitamos distinguir los sentidos en los que se aplica el térmi-
no “apetito”: entendemos esencialmente por apetito una inclinación hacia un bien
determinado. En tal sentido, podemos hablar del apetito natural que todas las
cosas tienen, pues cada cosa busca su propio bien (y por ello Aristóteles definía el
bien como “lo que todas las cosas apetecen”, es decir, según la inclinación de su
naturaleza). Y así podemos hablar del “apetito natural de la vista” hacia el color, de
la inteligencia hacia la “esencia” de las cosas, de la voluntad hacia el “bien univer-
sal”... como se ve, se trata siempre de la inclinación que sigue inmediatamente a la
fuerza de la naturaleza de cada cosa.
Pero hay ciertas inclinaciones que no están incluidas en la naturaleza de algo y
que surgen sólo cuando el sujeto ha conocido algo como bueno para él. Se trata de
los apetitos elícitos, es decir, apetitos que subsiguen a algún modo de conocimiento.
Son apetitos provocados por la incorporación de las formas de otras cosas (median-
te el conocimiento) mientras que el apetito natural sigue sólo a la propia forma
natural del sujeto, en cuanto mira a la perfección última de su naturaleza.
Y como en el hombre hay dos esferas de conocimiento, a saber, los sentidos y el
entendimiento, es preciso que haya dos esferas tendenciales: los apetitos sensitivos,
que, como ya vimos son dos (concupiscible e irascible) y el apetito racional, que es
uno sólo y se llama voluntad.
“...el apetito natural es la inclinación de cualquier ser a algo por
su naturaleza, por lo cual cada potencia apetece naturalmente lo que
le conviene: mas el apetito del animal es consiguiente a la forma
que ha recibido (por el conocimiento), y para él requiere una potencia
especial del alma: no siendo bastante la percepción sola; pues se ape-
tece una cosa tal cual es en su naturaleza; y no está en la potencia
aprehensiva (cognoscitiva) según su naturaleza, sino según su semejan-

17
S. Th. I, q. 78, a. 4, in c.
UNIVERSIDAD FASTA Antropología Filosófica 83

za. Por lo cual es evidente que la vista apetece solo lo visible para su
acto, esto es, para ver; mientras que el animal apetece la cosa vista por
la fuerza apetitiva, no solamente para verla, sino también para otros
usos: y, si el alma no tuviese necesidad de las cosas percibidas por los
sentidos sino para el ejercicio de ellos, es decir, para sentirlas; no sería
necesario admitir entre las potencias del alma como un género espe-
cial el apetitivo, puesto que le bastaría el natural de las potencias”18.
Al hablar de pasiones del alma nos referimos al basto conjunto de movimientos
que agitan el corazón humano y llamamos comúnmente “afectos”, “emociones”,
“sentimientos”. Cada uno de estos términos tiene un matiz diverso, pero se trata de
distinciones en la consideración de una misma realidad que aquí nombramos con el
vocablo “pasión”. El término “afecto” hace hincapié en el impacto que tienen las
realidades que vivimos cotidianamente en nuestro corazón, que nos afectan o alte-
ran, haciéndonos así padecer en cierto modo. El término “e-moción” resalta, en
cambio, el aspecto del movimiento que los afectos implican. Nos experimentamos
movilizados por la realidad, atraídos, repelidos. Con el término “sentimiento” nos
referimos al origen de esas afecciones que nos mueven: los sentidos. Todo este
fenómeno se considera bajo el nombre de “pasiones del alma”, terminología que
asume el contenido de las otras expresiones.
Las pasiones del alma son “movimientos súbitos del apetito sensitivo que produ-
cen modificaciones en el cuerpo del hombre”.
El término pasión está tomado de las categorías accidentales del ser, entre las
que aparece la dupla “acción-pasión”. Estas categorías implican siempre un agente
y un paciente. El agente es el que realiza la acción y el paciente es el receptor de la
acción. Por la acción, el agente le comunica su forma al paciente, el cual “padece”
o “es modificado”, llevado a la forma del agente, como cuando el fuego quema un
trozo de madera...
Pero cuando predicamos la pasión respecto del alma hay que tener una serie de
cuidados. El término en cuestión se aplica al alma sólo en sentido amplio,
ya que el alma no es un cuerpo, por lo que no puede ser alterada del mismo modo
que se alteran los cuerpos.
Se trata de movimientos de los apetitos sensitivos. Estos se movilizan ante
la percepción del bien sensible, es decir, de las cosas que agradan o caen bien a los
sentidos. Ejemplos: una música agradable, un paisaje bello, una comida sabrosa, Las pasiones pro-
una persona con hermosa figura... Estos movimientos se producen súbitamente, es vocan siempre
decir, repentinamente pues se trata de movimientos espontáneos, con la esponta- alteraciones en
neidad propia de lo natural. el cuerpo del
Las pasiones provocan siempre alteraciones en el cuerpo del animal. animal.
Ejemplos: se altera el ritmo cardíaco, mengua la tonicidad muscular, se produce un

18
S. Th. I, q. 78, a. 1, ad 3.
84 UNIVERSIDAD FASTA Antropología Filosófica

debilitamiento general del organismo, se segregan algunas hormonas, aparecen tem-


blores... Y la razón está en que se trata de movimientos sensitivos, es decir, vincula-
dos con la percepción según órganos del cuerpo y que movilizan al cuerpo hacia lo
apetecido, como imponiendo el movimiento que se hará usando también la poten-
cia locomotiva, en los animales perfectos, como se vio.
El apetito de las cosas agradables simple y directo (concupiscible) tiene por
pasión primera el amor, principio del movimiento del apetito hacia el bien sensible.
Al amor continúa el deseo o concupiscencia, que tira hacia el objeto amado
ausente. Es el complemento del amor cuando el bien está ausente19.
El deseo tiene más de pasión (de padecer) que el amor ya que la ausencia del
objeto hace padecer más al sujeto, que es llevado a la búsqueda del objeto por
necesidad, por carencia. El amor en cambio tiene cierto aspecto de carencia y cierto
aspecto de plenitud, en cuanto perdura aún en posesión de lo amado.
Completando la línea de pasiones concupiscibles que se refieren al bien está el
gozo o deleite, que es un reposo-fruitivo en la posesión o unión con el bien amado.
Se denomina su objeto como el bien – presente.
Si lo que se percibe es un mal el primer movimiento es el odio. El odio es la
pasión que inaugura la línea de pasiones que rechazan el mal percibido por los
sentidos.
Al odio continua la fuga o aversión, si el objeto malo está ausente. Es una fuerza
apetitiva que tira a alejarse del mal.
Cuando el mal está presente, es decir, unido al sujeto, se produce la tristeza o
dolor psíquico.
El apetito que tiene por objeto los bienes y los males con obstáculos (irascible),
inicia sus movimientos con la esperanza, pasión que tiene por objeto el bien arduo
futuro posible. Se trata del bien que ya ha despertado amor (lo primero que el bien
percibido despierta), pero se ha incluido en esa percepción algún obstáculo que
impide al sujeto unirse al bien.
Si la percepción excluye la posibilidad de alcanzar el bien amado surge en el
ánimo la desesperanza. Esperanza y desesperanza se oponen por el acercamiento o
alejamiento del sujeto respecto del bien o del mal20. El que está esperanzado tiene
un ánimo que lo va “acercando” al bien, mientras que el que desespera, se va
alejando del bien. La posibilidad del bien, aunque éste sea difícil, engendra en el
ánimo una tensión de acercamiento, de direccionamiento hacia el bien y de algún
modo como anticipando la alegría de la unión. De ahí que algunas personas sean
alegres no por la posesión o unión concluida con el bien, sino por la “carga” de
esperanza que tienen en el alma, ya que la esperanza es capaz de anticipar algo del
gozo definitivo.

19
Con la expresión “presente” o “ausente” nos referimos a la unión o separación que el sujeto
tiene con el objeto del apetito (ya sea el bien o sea el mal).
20
La oposición por “alejamiento” o “acercamiento”, verificada en pasiones del apetito irascible se
entiende si se considera que en este apetito se trata del bien o del mal “con obstáculos”, es
decir, con algo interpuesto, que impide “en cierta medida” el movimiento hacia el bien o para
huir del mal, permaneciendo como suspendida en tensión, sea de alejamiento o de acercamien-
to.
UNIVERSIDAD FASTA Antropología Filosófica 85

Respecto de las pasiones irascibles sobre el mal, la primera es el temor, que se


opone a la esperanza sólo por el carácter de maldad en el objeto percibido. El temor
surge espontáneamente cuando se percibe un mal arduo (difícil del vencer), futuro y
posible. El temor es tendencia a huir, alejarse del peligro, pero que “sufre” (padece)
la dificultad que eso implica.
Tan pronto como ese mal se acerca, puede dar lugar a otra pasión contraria al
temor: la audacia, opuesta al temor porque ella es tendencia de acometimiento
contra el mal.
Si el mal se percibe presente con cierta ofensa (en que consiste su arduidad o
dificultad especial) se despierta la pasión de la ira, cuyo movimiento tiende a la
venganza de la ofensa inferida.
No existe pasión contraria a la ira, pues no puede existir un bien-arduo-presente
ya que si está presente el bien, esto es, unido al sujeto, se produce sólo el gozo o
deleite. En nada puede ser arduo el bien poseído. El mal en cambio puede, además
de provocar dolor (tristeza), ofender.
Todas las pasiones son naturalmente buenas porque son movimientos es-
pontáneos de la naturaleza animal, siendo, todo lo natural, bueno. Las pasiones se
hallan en la vida animal para garantizar el bien del animal, sea su subsistencia
individual sea la conservación de la especie.
La bondad moral de las pasiones en cambio, depende del uso que de ella La bondad mo-
hace la voluntad. En efecto, la voluntad, por ser el apetito racional, propio del ral de las pasio-
hombre, es libre de usar en buen o en mal sentido a las pasiones. Así, por ejemplo, nes, depende del
si alguno usa de la ira y la audacia para defender algo justo, la pasión participa del uso que de ella
orden de la bondad moral, proveniente de la voluntad recta. hace la voluntad.
El gobierno de las pasiones presenta en el hombre algunas dificultades, ya
que su dinamismo no se somete despóticamente a la voluntad.
En efecto, el dominio despótico es el que tiene, por ejemplo, la voluntad sobre la
mano para tomar algún objeto a su alcance. En cuanto se dan las circunstancias y
la voluntad mueve, la mano no opone resistencia. “Despótico” significa aquí que el
súbdito no puede decir “no”.
Ahora bien, el hombre no puede cambiar de estado de ánimo súbitamente con
sólo decidirlo.
¿Qué uso hace entonces la voluntad de las pasiones? Debe decirse que a pesar de
la cierta “independencia” de las pasiones, existe un dominio por parte de la volun-
tad. En razón de pertenecer a un mismo sujeto los apetitos sensitivos y la voluntad,
las pasiones se remiten naturalmente a esta última, aunque no despóticamente,
como ya dijimos. Por ejemplo, la ira no puede llevarnos a agredir a alguien sin el
consentimiento de la voluntad, porque el motor primero de los actos humanos es
ésta última. La vida virtuosa
implica un gobier-
Por otro lado, la voluntad puede despertar pasiones obligando al pensamiento y
no político y no
a la imaginación a motivarlas para determinadas ocasiones (Ej.: Para enfrentar al
despótico de las
enemigo).
pasiones del
La vida virtuosa implica un gobierno político y no despótico de las pasiones del alma..
86 UNIVERSIDAD FASTA Antropología Filosófica

alma; un gobierno racional de las pasiones implica aceptación de sus movimientos,


dar cabida a los mismos en momentos prudentemente considerados, encauzar sus
fuerzas para la consecución de metas cada vez más nobles. En definitiva, se trata de
respetar el corazón humano ordenándolo a los fines de la recta razón (que miran a
la felicidad del hombre).

4. Conclusiones de la Unidad III


El hombre es el animal más perfecto, y en cuanto tal, toda su sensibilidad se
halla ordenada a la vida intelectiva.
Esta es la razón por la cual los hombres poseen la sensibilidad desarrollada en
más alto grado de perfección que cualquier animal. Esto no significa que por sepa-
rado, todos los sentidos sean en el hombre superiores a todos y cada uno de los
sentidos de todos los animales, lo cual es absurdo.
Así, el alma humana sale con sus impulsos vitales (el ejercicio de sus potencias
operativas) hacia el mundo, instalando al hombre como un cuerpo viviente entre
otros cuerpos (funciones vegetativas), generando los órganos necesarios para recibir
la inmutación de las cosas, indispensable para iniciar el proceso cognoscitivo; tra-
yendo las formas que se reciben por la inmutación de los órganos a la intimidad y
vinculándose con las cosas mediante el afecto provocado (las pasiones).
Conocimiento y tendencia realizan en el hombre su primera fase, presente a lo
largo de toda nuestra vida: percepción sensitiva del mundo (y su recreación hasta la
posibilidad del arte), vínculo de unión o repulsión con las cosas o con las personas
o vivientes del entorno.
Aprehensión al punto de poder ser todas las cosas del “mundo visible”, impulso
que dinamiza los afectos y los movimientos del hombre en el mundo . Todo esto es
la sensibilidad humana.
¿La importancia? nada menos que aprender a conocer esta zona de nuestra
psicología que no se deja gobernar despóticamente pero que es necesario gobernar.
La educación de los sentidos y del mundo pasional constituye un paso fundamental
para la edificación del hombre. Su ignorancia conduce a numerosas frustraciones.
Su conocimiento puede brindar luces para que cada uno se disponga en orden a la
felicidad y el bien completo de la persona y de la comunidad.

También podría gustarte