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Este documento compara las vidas de Moisés y Pablo, dos figuras bíblicas que a pesar de conocer íntimamente a Dios, anhelaban conocerlo aún más. Aunque disfrutaron de una profunda relación con Dios, oraron por aumentar su conocimiento de Él. El conocimiento de Dios es un proceso de por vida, y cuanto más se le conoce, más se desea conocer. Moisés y Pablo enseñan que el mayor llamado es conocer a Dios sobre todas las cosas.
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Este documento compara las vidas de Moisés y Pablo, dos figuras bíblicas que a pesar de conocer íntimamente a Dios, anhelaban conocerlo aún más. Aunque disfrutaron de una profunda relación con Dios, oraron por aumentar su conocimiento de Él. El conocimiento de Dios es un proceso de por vida, y cuanto más se le conoce, más se desea conocer. Moisés y Pablo enseñan que el mayor llamado es conocer a Dios sobre todas las cosas.
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Los Estudios de ISRAEL

Vol. # 770324S l Marzo 2024 l www.puentesparalapaz.org

PARA QUE PUEDA


CONOCERLO A ÉL
Por: Ilse Strauss, Jefa de la Oficina de Noticias
Puentes para la Paz... Tu conexión con Israel ®
LAS PÁGINAS DE LAS ESCRITURAS están repletas de relatos de pa-
triarcas, profetas, reyes y hombres y mujeres comunes y corrientes que
desempeñaron papeles extraordinarios en el desarrollo de los planes
de Dios para la humanidad. La valiente Ester; el fiel Abraham; el pastor
Rey David y su bisabuela moabita Rut; el discípulo “al que Jesús amaba”
(Juan 13:23b); María de Betania con su costoso perfume y lágrimas; la
lista continúa. Sin embargo, a pesar de la abundancia de héroes impo-
nentes de la fe, la esperanza y el amor, hay dos en particular que siguen
capturando mi atención como modelos de humanidad falible en manos
de un Dios infalible.
El profeta Moisés y el apóstol Pablo vivieron con milenios de dife-
rencia, pero los paralelos entre sus vidas y sus legados llevan las huellas
inconfundibles del Maestro Alfarero. Ambos fueron elegidos cuidado-
samente antes de nacer para cumplir un papel que alteraría el curso de
la historia de la humanidad. Ambos aprendieron bajo las mentes más
brillantes de su tiempo, obteniendo una educación que los preparó para
puestos de poder terrenal, pero luego pasaron años vagando por las lla-
nuras de un desierto desolado sin nadie más que el Dios soberano para
entrenarlos para Su plan y propósito. Ambos también experimentaron
un encuentro con Dios tan profundo que alteró la trayectoria de sus vi-
das y les permitió abandonar todo confort, prestigio y poder terrenales
para seguir el camino y el propósito que Él había ordenado para ellos.

2 l Marzo 2024 stocksnap/pixabay


¡Y qué propósito era! Tanto Moisés como Pablo fueron autores de
porciones importantes de las Escrituras que hoy —miles de años des-
pués de que dejaron sus bolígrafos— continúan atrayendo la mirada
de la humanidad hacia el cielo al revelar la naturaleza, el carácter y los
planes de Dios. A través de Moisés y Pablo, Dios dio y continúa dando a
la humanidad una revelación más profunda de Él mismo.
Sin embargo, para que Moisés y Pablo pudieran revelar a Dios de
una manera tan notable, tuvieron que experimentar esa revelación
de Dios de primera mano. En resumen, Moisés y Pablo tenían que cono-
cer a Dios íntimamente antes de poder darlo a conocer.

¿Lo más cerca posible?


Ambos hombres disfrutaron de una profunda relación con Dios que
va mucho más allá de nuestro marco de referencia. Podría decirse
que conocieron a Dios lo más íntimamente posible que un ser humano
podría conocerlo.
Moisés se encontró con Dios en la escena de la zarza ardiente (Éx 3:2)
y luego vio Su fuerza y poder de primera mano cuando fueron desata-
dos sobre Egipto durante las plagas y el cruce del Mar Rojo. Dirigido por
Moisés, Israel caminó a la sombra de Dios durante el día y durmió arro-
pado en el calor de Su ardiente abrazo durante la noche. Junto con Israel,
comió de la mano de Dios y sació su sed de la abundancia de Dios.
Como “cereza del pastel”, Éxodo 33:11 confirma el estrecho vínculo en-
tre el Creador y Su creado al señalar que Dios habló con Moisés “cara
a cara, como habla un hombre con su amigo”. Oh sí. Moisés conocía a Dios.
Lo mismo es válido para Pablo. Su encuentro en el camino a Da-
masco provocó una vida de tal intimidad con Jesús resucitado (Yeshúa)
que se le confiaron algunas de las revelaciones más profundas sobre la
salvación, la redención y el plan de Dios para la humanidad caída. La
revelación de Dios por parte de Pablo fue tan abrumadora que todas las
cosas llamativas del mundo que alguna vez brillaron con tanta intensi-
dad perdieron su valor y de repente palidecieron en comparación con
Su belleza, Su excelencia y Su valor. La vida ahora significaba Cristo y la
ganancia de la muerte (Fil 1:21). Oh sí. Pablo conocía a Dios.
Sin embargo, a pesar de esta profunda relación, intimidad y cer-
canía, tanto Moisés como Pablo pidieron a Dios algo que, a primera
vista, parece ilógico. Hacia el final de la peregrinación de Israel por el
desierto —y por lo tanto cerca del final de su vida— Moisés suplicó a
Dios: «te ruego que me hagas conocer Tus caminos para que yo te conozca»
(Éx 33:13b, énfasis añadido). Milenios después —y unos 20 años después
de encontrarse con Jesús en el camino a Damasco— Pablo se hizo eco

Para que pueda conocerlo a Él l 3


del deseo de Moisés, escribiendo en una de sus últimas epístolas: “Y aún
más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de
conocer a Cristo Jesús, mi Señor…y conocerlo a Él…” (Fil 3:8a, 10a, énfasis
añadido).
Estas peticiones plantean la pregunta: ¿por qué dos hombres que
probablemente conocían a Dios de la mejor manera humanamente posi-
ble, podrían orar por algo que ya tenían? ¿Por qué la súplica de conocer
a Dios cuando estos dos hombres claramente ya lo conocían?

Desde hace mucho que he reflexionado sobre el anhelo aparen-


temente extraño en los corazones de Moisés y Pablo —solo para
descubrir que la razón detrás de su ferviente deseo conmovió profun-
damente mi corazón—. Desde entonces he tomado su petición como
propia, para ser murmurada consciente y a menudo inconscientemente
para mí, mi familia, mis seres queridos y los perfectos desconocidos
que me rodean: “Señor, déjame conocerte, déjanos conocerte. ¡Oh Señor, que
podamos conocerte!”

Pero espera, hay más…


La Biblia utiliza la relación más íntima que una pareja puede com-
partir para describir el concepto de conocimiento. La palabra hebrea
para “conocer” en Éxodo 33:13 es yadá, el mismo término usado en
Génesis 4:1a, “Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió…” (én-

4 l Marzo 2024 Bartolomé Esteban Murillo/wikimedia


fasis añadido). Por su parte, la palabra griega para “conocer” en
Filipenses 3:10 se deriva de ginōskō, el mismo término usado en la ad-
vertencia aterradora de Jesús en Mateo 7:21-23: “Jamás los conocí…”
(énfasis añadido).
Por definición, tanto el término hebreo como el griego implican
una relación que va mucho más allá de un conocimiento amistoso, un
conocimiento mental o estar consciente de algo o alguien. Comuni-
can una sensación del nivel más profundo de intimidad compartida;
de un vínculo inquebrantable tejido por hilos de tiempo, amor mutuo
y dedicación.
Por naturaleza, conocer puede ser un esfuerzo interminable que dura
toda la vida. Incluso aquellos que comparten el nivel más profundo de
intimidad están de acuerdo en que siempre hay más por aprender, más
que explorar y más por descubrir. Moisés y Pablo experimentaron eso
de primera mano. Después de décadas de disfrutar de un profundo sen-
tido de intimidad con Dios y de recibir las más asombrosas revelaciones
de Su amor, poder y gloria, tanto Moisés como Pablo sabían lo suficiente
como para estar convencidos de que lo que habían visto de Dios eran
meros destellos, rayos de luz brillante que irradiaban Su esplendor. Es-
tos rayos no eran más que un anticipo, una deslumbrante promesa de
una mayor maravilla, un mayor deleite, una mayor adoración. Y ellos
deseaban eso mayor… deseaban más.
Como resultado, descubrieron el mismo tesoro que tenemos a dispo-
sición de nosotros hoy. Conocer a Dios es como un ciclo que se perpetúa
a sí mismo: cuanto más lo conocemos, más anhelamos conocerlo. In-
dependientemente de dónde nos encontremos en nuestro caminar con
Dios, el conocimiento inicial no satisface como una comida rica, sino
que abre nuestro apetito. Despierta en nosotros un hambre insaciable
de más.

Lo que realmente quiero


Pero, por naturaleza, ese nivel de conocimiento más profundo e ín-
timo también es opcional y está reservado para quienes invierten en
él. Siempre podemos conocer mejor a alguien, claro, pero sólo si ele-
gimos, a menudo una y otra vez, hacer de ese conocimiento nuestro
principal objetivo.
Los teólogos, maestros, expertos y laicos han debatido durante mu-
cho tiempo cuál es el llamado más elevado de la vida cristiana. ¿Es la
santificación o quizás llegar al cielo? ¿Podría ser usar nuestros dones y
talentos para Su gloria y cumplir el llamado que Él tiene para nuestras
vidas? ¿O tal vez es amar a los demás y así hacer del mundo un mejor

Para que pueda conocerlo a Él l 5


lugar? Si bien se puede decir que todas estas son actividades valiosas,
Pablo resolvió el argumento hace milenios: “[Porque mi propósito de-
terminado es] conocerlo a Él, el poder de Su resurrección y la participación en
Sus padecimientos, llegando a ser como Él en Su muerte” (Fil 3:10).
No había ninguna duda en la mente ni de Moisés ni de Pablo. A pesar
del llamado crítico a liderar una nación incipiente de exesclavos a través
del desierto hacia la Tierra Prometida, en una muestra de la gloria y el
poder de Dios tan profunda que la historia nos sigue llenando de asom-
bro hoy; independientemente de haber sido elegido para la inigualable
tarea de llevar el mensaje de salvación al mundo gentil conocido; e in-
dependientemente del honor supremo de escribir grandes porciones de
las Escrituras, conocer a Dios era su razón de existir, el mayor tesoro
de sus vidas.
Sin embargo, tanto Moisés como Pablo pueden dar fe del hecho de
que conocer a Dios tiene un precio. De hecho, a ambos se les exigió que
dejaran a un lado sus sueños, ambiciones, sus vidas tal como las cono-
cían, la seguridad, la comodidad, el poder, el prestigio, una reputación
y, en el caso de Pablo, su vida.
A veces, Dios requiere de nosotros un sacrificio igualmente radical.
Sin embargo, creo que los cientos de pequeñas decisiones que hacemos
diariamente entre nuestra naturaleza egoísta y Su Espíritu en nosotros
son igualmente importantes en nuestro viaje para conocerlo más. ¿Pasa-
remos las primicias del día con Él? ¿Obedeceremos Sus mandamientos,
incluso cuando parezca que serán perjudiciales, o buscaremos pretex-
tos y excusas? ¿Permitiremos que el miedo domine nuestros corazones
o nos mantendremos firmes en la fe independientemente de nuestras
emociones? ¿Abrigaremos la ofensa, el orgullo y la superioridad moral
o caminaremos en el perdón, el amor y la muerte a nosotros mismos? ¿A
mi manera o a la Suya? ¿La vida o la muerte? ¿Otro pequeño paso hacia
conocerlo más u otro pequeño paso en la dirección opuesta?
Al final, estas pequeñas decisiones tomadas una y otra vez cada día
se convierten en el viaje de nuestra vida: un paseo cómodo, fácil y po-
siblemente próspero a través de una vida sin exigencias hacia la eter-
nidad, o un camino marcado con sacrificio para conocerlo verdadera,
profunda y realmente en “el poder de Su resurrección, y la participación de
Sus padecimientos, llegando a ser como Él en Su muerte” (Fil 3:10b).
A primera vista, la elección parece casi lógica. ¿Quién preferiría el
sacrificio, el sufrimiento y la muerte a la comodidad, la tranquilidad y
la prosperidad? Sin embargo, Pablo señala una perspectiva diferente.
Comparado con lo que recibió por elegir este último, el sacrificio sig-
nificó poco. “Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del
incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor” (Fil 3:8a).

6 l Marzo 2024
Ya, pero todavía no
Dios respondió a la petición tanto del corazón de Moisés como del
de Pablo. Le asignó un lugar a Moisés junto a Él, metiendo al líder de
Israel en la hendidura de la peña y cubriéndolo con Su mano. De esa
manera, Moisés estaría protegido por la santidad consumidora de Dios
mientras que la bondad y la gloria del Todopoderoso pasaban ante él
(Éx 33:19-23), proclamando Su nombre. Cada vez que leo este relato,
el corazón me da un vuelco ante la intimidad de ese momento.
Sin embargo, Dios sólo pudo cumplir la súplica de estos dos hombres
hasta donde la naturaleza pecaminosa de la humanidad lo permitiera.
Lo mismo es válido para nosotros. Si bien nuestro viaje para conocer
a Dios será un esfuerzo de toda la vida lleno de las más asombrosas
revelaciones de Su amor, poder y gloria, nuestros corazones pueden re-
gocijarse sabiendo que es un mero anticipo, una promesa deslumbrante
de más cosas para maravillarse, más para deleitarse. y más para adorar.
En nuestro estado caído, ningún hombre puede encontrarse cara a cara
con la santidad de Dios y vivir (Éx 33:20), pero nuestro estado caído no
durará para siempre. Un día —esperemos que sea pronto— el Cordero
que sabe todo acerca del sacrificio regresará como un León victorioso
para hacer nuevas todas las cosas (Ap 21:5).

Karolina Grabowska/pexels Para que pueda conocerlo a Él l 7


Mientras tanto, «conozcamos, pues, esforcémonos por conocer al Señor»
(Os 6:3), plenamente conscientes de que ahora, en este tiempo de im-
perfección pecaminosa, Lo vemos pero en un espejo tenuemente. Sin
embargo, cuando la imperfección dé paso a la perfección; cuando nues-
tra fe finalmente se convierta en vista; cuando cada anhelo de nuestro
corazón se cumpla al verlo a Él cara a cara, entonces, por primera y glo-
riosa vez, Lo conoceremos plenamente —así como Él nos ha conocido
siempre a nosotros plenamente (1 Cor 13:12)—.

Traducido por Robin Orack – Voluntaria en Puentes para la Paz • Revisado por Raquel González – Coordinadora Centro de
Recursos Hispanos • Las citas bíblicas son tomadas de Nueva Biblia de las Américas ® Copyright (c) 2005 by the Lockman
Foundation • Usadas con permiso. www.NBLH.org

TERMINOLOGÍA:
Muchos de nuestros lectores llevan largo tiempo conociendo acerca de Israel, pero otros justamente
comienzan a comprender la importancia de defender al Pueblo Escogido de Dios. Algunos prefieren los
nombres y términos en hebreo, mientras que otros se sienten más cómodos con la terminología cristiana
tradicional. Ya que queremos demostrar el mismo respeto a todos mientras proveemos una agradable
experiencia educativa, hacemos el mayor esfuerzo de usar ambos términos cuando podamos. Estos son
algunos de los términos referidos:
• Jesús (Yeshúa)
• Tanaj (Antiguo Testamento, o AT) – Tanaj es un acrónimo usado en el judaísmo que representa
Torá, Neviim (Profetas) y Ketuvim (Escritos)
• Torá (Génesis a Deuteronomio)

Oficinas de Puentes para la Paz

Australia: Tel: (61) 7-5479-4229, [email protected]


Canadá: Tel: 204-489-3697, Llamada gratuita: 855-489-3697, [email protected]
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Mundo Hispano: [email protected]
Nueva Zelanda: Tel: (64) 7-855-5262, [email protected]
Reino Unido: Tel: (44) 165-673-9494, [email protected]
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