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Las Morada
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CLASICOS CASTELLANOS
SANTA TERESA
LAS MORADAS
TERCERA EDICIÓN
PRÓLOGO Y NOTAS DE TOMÁS NAVARRO TOMÁS
MADRID
EDICIONES DE "LA LECTURA»
J922
VbO.O ho
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Ti
INTRODUCCIÓN
Teresa Sánchez de Cepeda y Ahumada, hija de
padres nobles, aunque humildes, nació en Ávila
en 15 1 5. Quedó sin madre cuando apenas contaba
doce años. Su padre, don Alfonso, fué "hombre de
mucha caridad con los pobres, y piadad con los en-
fermos, y aun con los criados, tanta, que jamás se
pudo acabar con él tuviese esclavos, porque los
había gran piadad (1)"; fué un buen castellano,
religioso y austero como un patriarca antiguo doce
;
hijos tuvo, como Israel.
Alternaban por entonces en lecturas caseras las
Vidas de Santos y los Libros de Caballerías; Tere-
sa, cuando niña, sintió el entusiasmo de estas lec-
turas maravillosas y envidió a sus héroes, reales o
fantásticos paladines de la religión o del amor.
Despertó su juventud a los encantos de unas ga-
lanterías, y fué curiosa de su belleza (2), y dióse
(1) Santa Teresa: Libro de su Vida, cap. I.
(2) "Era de muy buena estatura, y en su mocedad,
hermosa, y aun después de vieja, parecía harto bien."
Vida de Santa Teresa, por el padre Ribera. Sobre el re-
trato de la Santa véase el artículo de Ángel M. de Bar-
cia en la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos,
1909, págs. 1-15-
VIII INTRODUCCIÓN
un poco tiempo a inocentes vanidades. "Nunca era
aficionada a mucho mal, porque cosas deshonestas,
naturalmente las aborrecía (i)."
Una buena monja encendió en su alma el deseo
de las cosas eternas ; un hermano de su padre, hom-
bre avisado y de grandes virtudes, que acabó frai-
le, adoctrinóla en el desprecio de las glorias del
mundo : antes de los veinte años tomó el hábito de
Carmelita, en Ávila, en el convento de la Encar-
nación.
La clausura quebrantó su salud; graves enfer-
medades tuviéronla a la muerte. Un alto ideal de
virtud, superior a la ordinaria vida del convento,
cautivó su espíritu y ante este ideal, sus anhelos
;
y desesperanzas, su extremado rigor en la propia
censura, causáronle hondas inquietudes : su juven-
tud, en el secreto de su conciencia, fué un drama
emocionante.
La voluntad, por venció al dolor, y el entu-
fin,
siasmo de la fe disipó las sequedades de la devo-
ción; hacia 1555, Teresa de Jesús, triunfante de
sí misma, renacía a nueva vida "la de hasta aquí :
era mía, la que he vivido —en adelante— es que
vivía Dios en mí, a lo que me parecía (2)."
La Orden Carmelo había mitigado, median-
del
te bulas pontificias, la aspereza de sus antiguas
constituciones Teresa de Jesús, hallando tales pri-
;
vilegios excesivamente anchos y regalados para
sus propósitos, fundó en Ávila, en 1562, un con-
(1) Libro de su Vida, cap. II.
(2) Ibidem, cap. XXIII.
INTRODUCCIÓN IX
vento de Carmelitas Descalzas, restableciendo la
Regla en su primera austeridad.
Ocasionóle esíto gran tormento de injurias, bur-
las y murmuraciones; los Carmelitas de la Regla
mitigada alzaron frente a ella la más tenaz contra-
dicción* y fué la lucha larga y penosa; fué un
amargo calvario para la humilde monja.
No obstante, la reforma, fuerte en entusiasmo,
abatió la protesta ; multiplicáronse sus conventos *r
prendió su espíritu en las gentes sencillas, y, con
increíble rapidez, se esparció por el mundo. "Es
maravilla nueva —dice el maestro fray Luis de
León (i) — una flaca mujer tan animosa, que em-
prendiese una cosa tan grande y tan sabia y tan
eficaz, que saliese con ella, y robase los corazones
que trataba, para hacerlos de Dios, y llevase las
gentes en pos de sí a todo lo que aborrece el sen-
tido." Muchos millares de Carmelitas Descalzos
de ambos sexos siguen aún su espíritu y mantie-
nen su Regla por todas las naciones.
La Madre Teresa de Jesús, enferma y persegui-
da, indiferente al dolor y piadosa con sus detracto-
res, pródiga de amor y de misericordia, es alto
ejemplo del ideal cristiano aparte de esta universa-
lidad de su virtud, por la viveza de su espíritu, por
la hidalguía de su carácter, por el donaire de su
ingenio pertenece propiamente al alma castellana.
Vivió en un siglo de historia brillante para nues-
(i) Carta a las Madres Carmelitas Descalzas de Ma-
drid, Bibl. Auts. Esps., Lili, pág. 17.
INTRODUCCIÓN
ira Iglesia, cuando el Padre San Ignacio fundó la
Compañía cuando el
; venerable Maestro Fray Jua*
de Avila arrebataba al pueblo con sus predicacio-
nes cuando el Duque de Gandía renunciaba a las
;
grandezas de sus títulos en su famosa conversión
combatía el rey don Felipe Segundo el poderoso
empuje del protestantismo, y triunfaba en Lepan-
to, en insigne batalla, la causa de la Cruz.
La Santa Madre, después de afirmar por sí
misma su obra, con la fundación de treinta y dos
conventos, murió en Alba de Tormes en 1582. Fué
canonizada por Gregorio XV en 1622.
Por obediencia fué escritora; debemos sus li-
bros principales a instancias de sus confesores y
de sus monjas.
El Libro de su Vida es la confesión de su histo-
ria el Libro de sus Fundaciones y sus Cartas son
;
la historia de su reforma; los libros Camino de
Perfección, Conceptos del Amor Divino y Las Mo-
radas, son la historia de su conciencia.
El misticismo español en el siglo xvi produjo
una brillante literatura en ella los libros de Santa
;
Teresa distínguense entre los más ilustres, entre
los de fray Luis de León, fray Luis de Grana-
da, San Juan de la Cruz, Malón de Chaide, etc.,
del mismo modo que su interesante y original per-
sonalidad se destaca entre las principales figuras
de su tiempo: místicos, ascetas, fundadores de
Ordenes, propagandistas de la fe.
INTRODUCCIÓN XI
La más famosa de sus obras es Las Moradas o
Castillo Interior, obra de su vejez, en la cual,
bajo artística forma, encerró la síntesis de sus ex-
periencias espirituales. Interesa principalmente a
la teología mística; interesa también a la historia
literaria y a la filología. Ha sido traducida a todas
las lenguas de Europa.
Explica en ella su doctrina, considerando al alma
como un magnífico Castillo, en cuyo centro, en la
Morada más rica y secreta, hállase Dios. Dios es la
suprema aspiración del misticismo el acicate es el ;
amor, y el conocimiento de sí mismo es el camino
llégase, pues, a El ahondando en nuestro espíritu,
estudiando nuestra conciencia, entrando en nos-
otros mismos hasta el fondo de este nuestro Casti-
llo interior la Santa Doctora del amor divino guía
;
al alma en dicho conocerse, y paso a paso la condu-
ce desde la cerca del Castillo hasta la última Mora-
da, en que aguarda la deseada unión con el Amado.
En la práctica de esa doctrina la Santa concierta
convenientemente lo espiritual y lo positivo; la
vida puramente contemplativa no es la perfección
Marta y María deben ir juntas en el servicio del
Señor. Un admirable sentido práctico alienta, en
efecto, en todos sus consejos y da calor humano
aun a- las más altas concepciones de su entendi-
miento: "¿Y piensan que allí —en la contempla-
ción — está todo el negocio? Que no, hermanas,
no, obras quiere el Señor y que
: si ves una enfer-
ma a quien puedes dar algún alivio, no se te dé
nada de perder esa devoción, y te compadezcas de
XII INTRODUCCIÓN
ella ; y si tiene algún dolor te duela a ti ; y si fuere
menester, lo ayunes porque ella lo coma (i)."
Fuente principal de su conocimiento fué su mis-
ma experiencia; apoyo constante de sus enseñan-
zas, la Santa Biblia (2) largos viajes por los pue-
;
blos de España, calumnias, protecciones, buenas y
malas voluntades, diéronle a conocer el corazón
humano. Tuvo especial aptitud para el análisis
psicológico, poderosa fuerza de abstracción e ima-
ginación poética; con estos elementos, al declarar
los secretos de su vida espiritual, desentrañó la
naturaleza del más puro misticismo y dio forma a
una doctrina completa.
Rasgo originalísimo que anima sus páginas es
la sana alegría, el dulce regocijo de su alma, no
descaída por años, enfermedades ni quebrantos
gracias a esto son amenas, explicadas por ella, ma-
terias a veces insoportables en volúmenes sabios.
A la constante lozanía de su ingenio unía una
incontrastable fortaleza de ánimo; sesenta y dos
años tenía cuando en 1577 escribió Las Moradas,
y, no obstante las graves contrariedades que por
entonces la combatían, nada en su libro denota
cansancio ni amargura en los momentos difíciles
;
crecíase su espíritu, como si a todo el mundo lle-
vase bajo sus pies: "las cárceles, los trabajos, las
persecuciones, los tormentos, las ignominias y
(1) Las Moradas, pág. 133.
(2) Hay un notable artículo del señor Morel-Fatio
sobre "Les Lectures die Sainte Thérése", en el Bulle-
tin Hispanique, 1908.
INTRODUCCIÓN XIII
afrentas por mi Cristo y por mi religión, son re-
galos y mercedes para mí...; ¡cruz busquemos,
cruz deseemos, trabajos abracemos! (i)"
Su estilo es la misma ingenuidad no hay en
: él
estudio ni artificio. Si en su niñez escribió, según
el padre Ribera, un libro de Caballerías, en sus es-
critos conservados nada lo recuerda (2). Tiene su
lenguaje el calor de la confesión y la dulzura del
consejo; con sus imágenes sencillísimas, con sus
provincialismos y refranes, declara los conceptos
más abstractos de la mística teológica "como en
plática familiar de vieja castellana junto al fuego".
Fray Luis de León (3) habló de los libros de la
Santa en los siguientes términos: "En la alteza de
las cosas que y en la seguridad con que las
trata,
trata, excede a muchos ingenios y en la forma del
;
decir, y en la pureza y facilidad del estilo, y en la
gracia y buena compostura de las palabras, y en
una elegancia desafeitada, que deleita en extremo,
dudo yo que haya en nuestra lengua escritura que
con ellos se iguale. Y así, siempre que los leo, me
admiro de nuevo, y en muchas partes de ellos, me
Carta de 25 de mayo de 1579. Obras de Santa
(1)
Teresa, ed. de Orga, tomo I, núm, 27.
(2) 'Menéndez y Pelayo: Orígenes de la Novela,
íomo I, pág. ccxciv. Las frases que el señor Morel-
Fatio, /. c, pág. 19, atribuye a influencia caballeresca,
como "la voluntad es la que mantiene la tela", Vida,
XVIII; "como quien pelea contra un jayán fuerte", Vi-
da, XX, etc., son pocas, cinco en suma, y discutibles.
(3) Carta a las Madres, etc., pág. 19.
XIV INTRODUCCIÓN
parece que no es ingenio de hombre elque oigo, y
no dudo que hablaba el espíritu Santo en ella en
muchos lugares, y que le regía la pluma y la mano
que así lo manifiesta la luz que pone en las cosas
escuras, y el fuego que enciende con sus palabras
en el corazón que las lee... Que el ardor grande
que en aquel pecho santo vivía, salió como pegado
en sus palabras, de manera que levantan llama por
dondequiera que pasan."
La presente edición de Las Moradas sigue fiel-
mente manuscrito de la Santa, según la re-
al
producción autografiada de Sevilla, 1882 (1). En
todas las ediciones anteriores, desde la más antigua
(Salamanca, 1588), hasta la de la Biblioteca de Au-
tores Españoles (Madrid, 1877), se encuentran
abundantes descuidos, malas lecturas y aun graves
omisiones. Don Vicente de la Fuente, así en la edi-
ción de dicha Biblioteca, como en la suya propia
(Madrid, 1 881), no obstante su buena voluntad, in-
(1) "El Castillo Interior o Las Moradas, escrito por
St." Teresa de Jesús. Edición autografiada e impresa
según el texto original, propiedad de sus hijas las Re-
ligiosas Carmelitas Descalzas del Convento de San José
de esta ciudad. Publicado con motivo del tercer centena-
rio de la gloriosa muerte de la Santa, por iniciativa y
bajo la dirección del Emo. y Rmo. Fr. Joaquín Cardenal
Lluch, Arzobispo de Sevilla, del Sagrado y Primitivo
Orden de Nuestra Señora del Carmen. Litografía de
Juan Moyano. Autografiado en la Biblioteca pública de
la Dignidad Arzobispal por José M.* Requejo y Acosta.
Año de 1882." La segunda parte de esta edición, o sea
la transcripción del manuscrito, deja bastante que desear.
INTRODUCCIÓN XV
currió en hartos defectos (i) en cuanto a la fija-
ción del texto, sin duda por haber utilizado una co-
pia manuscrita del siglo xviii y no el texto original
El padre fray Jerónimo Gracián, provincial de
los Carmelitas y amigo de la Santa, corrigió en
muchos lugares el autógrafo de Las Moradas;
fray Luis de León, enérgicamente, condenó tales
correcciones (2); según su consejo, admitiremos
(1) Sería largo e inútil apuntar uno por uno estos
defectos ; basta decir unos cuantos de los que en las Mo-
radas primeras, capítulo primero, pueden encontrarse:
"No atinaba cosa", La Fuente; "No atinaba a cosa w D .
autógrafo; "para que podamos", La, Fuente; "para que
apenas podamos", autógrafo; "no se les da nada de en-
trar dentro ni saber qué hay en aquel tan precioso lugar
ni aun qué piezas tiene", La Fuente; "no se les da nada
de entrar dentro, ni saben que hay en aquel tan precioso
lugar ni quien está dentro, ni an qué piezas tiene",,
autógrafo, etc.
(2) "En este libro está muchas veces borrado lo
que escribió la santa Madre, y añadidas otras pala-
bras o puestas glosas a la margen, y ordinariamente está,
mal borrado y estaba mejor primero como se escribió;
y veráse en que a la sentencia viene mejor, y la santa
Madre lo viene después a declarar; y lo que se enmienda,
muchas veces no viene bien con lo que se dice después,
y ansí se pudieran muy bien escusar las enmiendas y las
glosas. Y porque lo he leído y mirado todo con algún
cuidado, me pareció avisar a quien lo leyere, que lea
como escribió la santa Madre, que lo entendía y lo de-
cía mejor, y deje todo lo añadido; y lo borrado de la
letra de la Santa, délo por no borrado, si no fuere cuando
estuviere enmendado o borrado de su misma mano, que
es pocas veces. Y ruego por caridad a quien leyere este-
XVI INTRODUCCIÓN
solamente enmiendas de la misma autora, pres-
las
cindiendo en absoluto de todas las demás.
Sería exageración reproducir el manuscrito con
sus descuidos gráficos, repeticiones inconscientes
de letras o sílabas, olvidos de tildes, etc. ; estos de-
talles, pues, corregiremos, dando cuenta de ellos
en un Apéndice, pág. 319.
Conservaremos rigurosamente las formas fami-
liaresde su lenguaje: primite, 141-19; intrevalos,
144-3; pusilanimidad, 22-9; anque, 3-1; muestro,
143-15, etc.; y asimismo todo rasgo que pueda en-
cerrar algún valor filológico, hasta las incorreccio-
nes de ciertas frases latinas, escritas porla Santa
a su manera, v. págs. 46-22, 68-6, Atendiendo
etc.
al carácter vulgarizador de Clásicos Castellanos ha
sido necesario modernizar, en lo demás, la orto-
grafía del manuscrito.
La parte de anotación es modestísima; fúndase
*en la lectura de las obras de la Santa, auxiliada con
algunos artículos eruditos, monografías, tablas
libro, que reverencie las palabras y letras hechas por
aquella tan santa mano, y procure entenderlo bien,
y verá que no hay que enmendar, y aunque no lo en-
tienda, crea, que quien lo escribió lo sabía mejor; y
que no se pueden corregir bien las palabras si no es lle-
gando a alcanzar enteramente el sentido dellas; porque
si no se alcanza, lo que está muy propiamente dicho
parecerá impropio, y desa manera se vienen a estragar
y echar a perder los libros." Hállase manuscrita esta
nota en la primera página del original de Las Moradas.
Fray Luis no la firmó, pero se le atribuye con fundadas
razones. Véanse notas 68 a 71 de fray Tomás de Aqui-
'¿io, Bibl. de Auts. Esps., Lili, 419.
INTRODUCCIÓN XVII
finales de las ediciones Foppens (Bruselas, 1674),,
Orga (Madrid, 1752), etc.
Unas notas resuelven las alusiones bíblicas del
texto; otras ponen de relieve ciertas ideas, con
palabras de la misma Santa, traídas de sus demás
libros (1) ; algunas contienen un sencillo dato his-
tórico o filológico. El alto comentario doctrinal
no era para este sitio.
Tomás Navarro Tomás.
(i) Las citas textuales se han hecho sobre las edi-
ciones de Doblado (Madrid, 1778) y Bibl. de Auts. Esps.;
«n las primeras se indica título, capítulo y párrafo; eia
las segundas, solamente título y capítulo.
DATOS BIBLIOGRÁFICOS
Ediciones autografiadas Vida de Santa Teresa
:
de Jesús publicada por la Sociedad í oto-tipográfi-
co-católica bajo la dirección de V. de la Fuente,
Madrid, 1873 Libro de las Fundaciones, ed. V. de
;
la Fuente, Madrid, 1880; El Castillo Interior o
Las Moradas, Sevilla, 1882 (V. pág. xiv). El ma-
nuscrito original de Las Moradas se halla, como
queda indicado, en el convento de Carmelitas Des-
calzas de Sevilla los de la Vida, Camino de Per-
;
fección, Fundaciones y Modo de visitar los con-
ventos se conservan en la Bibioteca de El Escorial.
Ediciones modernas principales Escritos de
:
Santa Teresa, Biblioteca de Autores Españoles,
tomos Lili y LV Obras, ed. V. de la Fuente, Ma-
;
drid, 1881, 6 vols.
Estudios : Gabriela Cunninghame Graham, San-
ta Teresa; her Ufe and times, London, 1894, 2
volúmenes; H. de Curzon, Bibliographie Téré-
sienne, París, 1902. Miguel Mir, Santa Teresa de
Jesús, su vida, su espíritu, sus fundaciones, Ma-
drid, 1 91 2, 2 vols. Las publicaciones aparecidas
con motivo del cuarto centenario del nacimiento
de Santa Teresa y tercero de su beatificación se
hallan indicadas en las listas bibliográficas de la
Revista de Filología Española, Madrid, 191 4 y
1915, bajo el epígrafe "Mística".
JH S
ESTE TRATADO LLAMADO CASTILLO
INTERIOR ESCRIBIÓ TERESA DE JESÚS,
MONJA DE NUESTRA SEÑORA DEL CAR-
MEN, A SUS HERMANAS Y HIJAS LAS
MONJAS CARMELITAS DESCALZAS.
JHS
Pocas cosas que me ha mandado la obedien-
cia se me han hecho tan dificultosas como es-
cribir ahora cosas de oración; lo uno, porque
no me parece me da el Señor espíritu para ha- ¿
cerlo, ni deseo ; lo otro, por tener la cabeza tres
meses ha con un ruido y flaqueza tan grande,
que an los negocios forzosos escribo con pe-
na; mas entendiendo que la fuerza de la obe-
diencia suele allanar cosas que parecen impo- io
sibles, la voluntad se determina a hacerlo muy
de buena gana, anque el natural parece que se
2 Fray Jerónimo Gradan, prelado de los Descalzos
y muy amigo de la Santa, dice " Mándela que escribiese
:
esté libro de Las Moradas, diciéndola, para más la per-
suadir, que lo tratase también con el doctor Velázquez,
que la confesaba algunas veces, y se lo mandó." Fray
Antonio de San Joaquín, Año Teresiano, I, pág. 223.
7 Tenía en esta fecha sesenta y dos años. Venía su-
friendo largas y penosas enfermedades. Atormentábanla
con persecuciones y calumnias los enemigos de su re-
forma.
12 anque. La Santa, en este libro, escribía, por lo
general, aque, con tilde sobre la a; algunas veces se en-
cuentra anque, con todas sus letras (véase en el autógra-
fo, págs. 12-19, 13-13,42-23, 64-12, 67-28, 70-13, etc.); no
habiendo encontrado aunque en ningún caso, leemos
siempre anque; para an =± aun, v. 30-13, nota.
LAS MORADAS
aflige mucho; porque no me ha dado el Señor
tanta virtud, que el pelear con la enfermedad
contino y con ocupaciones de muchas mane-
ras, sepueda hacer sin gran contradición suya.
5
Hágalo el que ha hecho otras cosas más difi-
cultosas por hacerme merced, en cuya miseri-
cordia confío.
Bien creo he de saber decir poco más que la
que he dicho en otras cosas que me han man-
ió dado escribir; antes temo que han de ser casi
todas las mesmas, porque ansí como los pája-
ros que enseñan a hablar, no saben más de lo
que muestran u oyen, y esto repiten mu-
les
chas veces, so yo al pie de la letra. Si el Señor
i5 quisiere diga algo nuevo, su Majestad lo dará
u será servido traerme a la memoria lo que
otras veces he dicho, que an con esto me con-
tentaría, por tenerla tan mala, que me holgaría
de atinar a algunas cosas, que decían estaban
20 bien dichas, por si tam-
se hubieren perdido. Si
poco me diere el Señor esto, con cansarme y
acrecentar el mal de cabeza, por obediencia,
io Escribió el Libro de su Vida y el de las Funda-
dones por mandato de sus confesores; las monjas de
San José, de Avila, le hicieron escribir Camino de Per-
fección.
20 Se refiere al Libro de su Vida, que estaba dete-
nido en la Inquisición por intrigas de la Princesa de
Eboli, enemiga de Santa Teresa desde la fundación del
convento de Pastrana.. año 1569.
PROLOGO
quedaré con ganancia, anqtie de lo que dijere
no se saque ningún provecho. Y
ansí comienzo
a cumplir hoy día de la Santísima Trenidad,
año de MDLXXVII, en este monesterio de
San Joseí del Carmen en Toledo, adonde al s
presente estoy, sujetándome en todo lo que di-
jere a el parecer de quien me lo manda escribir,
que son personas de grandes letras- Si alguna
cosa dijere, que no vaya conforme a lo que
tiene la santa Ilesia Católica Romana, será por
I0
inorancia y no por malicia. Esto se puede tener
por cierto, y que siempre estoy y estaré sujeta
por bondad de Dios, y lo he estado, a ella.
la
Sea por siempre bendito, amén, y glorificado.
Di jome quien me mandó escribir, que como '5
estas monjas de estos monesterios de Nuestra
Señora del Carmen tienen necesidad de quien
algunas dudas de oración las declare, y que le
parecía, que mejor se entienden el lenguaje
unas mujeres de otras, y con el amor que me *»
tienen les haría más al caso lo que yo les dije-
entendido por esta causa, será de al-
se, tiene
guna importancia si se acierta a decir alguna
3 Lo empezóen este día, que debió ser 2 de junio
de 1577, y lo terminó el 29 de noviembre del mismo
año.
5 Había fundado Santa Teresa este convento en
mayo de 1569, venciendo muchas dificultades. Libro de
las Fundaciones, caps. XV-XVI.
LAS MORADAS
cosa, y por esta causa iré hablando con ellas
en lo que escribiré; y porque parece desatino
pensar que puede hacer al caso a otras perso-
nas, harta merced me hará Nuestro Señor si a
s alguna dellas se aprovechare para alabarle al-
gún poquito. Mas bien sabe su Majestad, que
yo no pretendo otra cosa; y está muy claro
que cuando algo se atinare a decir, entenderán
no es mío, pues no hay causa para ello, si no
so fuere tener tan poco entendimiento como yo
habilidad para cosas semejantes, si el Señor por
su misericordia no la da.
MORADAS PRIMERAS
r
CAPÍTULO PRIMERO
Estando hoy suplicando a Nuestro Señor ha-
blase por mí, porque yo no atinaba a cosa que
decir ni como comenzar a cumplir esta obe- 5
diencia, se me ofreció lo que ahora diré, para
comenzar con algún fundamento: que es, con-
siderar nuestra alma como un castillo todo de
diamante u muy claro cristal, adonde hay mu-
chos aposentos, ansí como en el cielo hay mu- 10
chas moradas- Que si bien lo consideramos,
hermanas, no es otra cosa el alma del justo,
sino un adonde dice Él tiene sus de-
paraíso,
leites. Pues ¿qué tal os parece que será el apo-
sento a donde un Rey tan poderoso, tan sabio, i5
tan limpio, tan lleno de todos los bienes se de-
leita? No yo cosa con que comparar la
hallo
gran hermosura de un alma y la gran capaci-
dad. Y verdaderamente, apenas deben llegar
nuestros entendimientos, por agudos que fue- »
sen, a comprenderla; ansí como no pueden lle-
i Las Moradas son skte. Hace recordar este nú-
mero toda una ilustre y misteriosa tradición; pero la
Santa no declara, como el autor de Las Partidas, las
razones que le movieron a adoptar esta cifra.
MORADAS PRIMERAS
gar a considerar a Dios, pues Él mesmo dice
que nos crió a su imagen y semejanza. Pues si
esto es, como lo es, no hay para qué nos can-
sar en querer comprender la hermosura de este
5 Castillo; porque puesto que hay la diferencia
de él a Dios, que del Criador a la criatura,
pues es criatura, basta decir su Majestad, que
es hecha a su imagen, para que apenas poda-
mos entender la gran divinidad y hermosura
10 del ánima. No es pequeña lástima y confusión,
que por nuestra culpa no entendamos a nos-
otros mesmos, ni sepamos quién somos. ¿No
seria gran inorancia, hijas mías, que pregunta-
sen a uno quién y no se conociese, ni supiese
es,
•5 quién fué su padre, ni su madre, ni de qué tie-
rra? Pues si esto sería gran bestialidad, sin
comparación es mayor la que hay en nosotras,
cuando no procuramos saber qué cosa somos,
sino que nos detenemos en estos cuerpos, y ansí
ao a bulto, porque lo hemos oído y porque nos lo
dice la fe, sabemos que tenemos almas; mas
qué bienes puede haber en esta alma, u quién
está dentro de esta alma, u el gran valor de
ella,pocas veces lo consideramos, y ansí se tie-
2 ne en tan poco procurar con todo cuidado con-
servar su hermosura. Todo se nos va en la
grosería del engaste u cerca de este Castillo,
2 "Crió, pues, Dios al hombre a imagen suya." Gé-
nesis, cap. I, v. 27.
CAPITULO PRIMERO
que son estos cuerpos. Pues consideremos que
este Castillo tiene, como he dicho, muchas
Moradas, unas en lo alto, otras en bajo, otras
a los lados; y en el centro y mitad de todas és-
tas tiene la más adonde pa-
principal, que es
san las cosas de mucho secreto entre Dios y el
alma. Es menester que vais advertidas a esta
comparación; quizá será Dios servido pueda
por ella daros algo a entender de las mercedes
que es Dios servido hacer a las almas, y las di- »
ferencias que hay en ellas, hasta donde yo hu-
biere entendido que es posible, que todas será
imposible entenderlas nadie, sigún son muchas,
cuanto más quien es tan ruin como yo. Por-
que os será gran consuelo, cuando el Señor os i*
7 Dice padre Yepes que oyó de labios de la Santa
el
que un día, "víspera de la Santísima Trinidad, pensando
qué motivo tomaría para este tratado, Dios, que dis-
pone las cosas en sus oportunidades, cumplióle este
deseo, y dióle el motivo para el libro mostróle un globo
:
hermosísimo de cristal, a manera de castillo, con siete
moradas, y en la sétima, que estaba en el centro, el Rey
de la gloria con grandísimo resplandor..." Bibl. de Auts r
Esps., tomo Lili, 406.
13 sigún = según. Frecuentemente se encontrarán en
este libro casos de suplantación de e por i: siguridad,
33-19, 43-16; espirim enfadas, 40-9; dislustrar, 46-9;
siguras, 46-11; hinchi miento, 78-14; cerimonias, 147-13;
etcétera; la causa de este cambio se comprende mejor
en espiriencia, 9-15, 150-8; obidiencia, 45-19; quirien~
do, 63-5; Uniendo, 97-1, etc. La lengua vulgar conserva
aún estas formas.
8 MORADAS PRIMERAS
que es posible; y a quien no,
las hiciere, saber
para alabar su gran bondad: que ansí como
no nos hace daño considerar las cosas que
hay en el cielo, y lo que gozan los bienaventu-
s rados, antes nos alegramos y procuramos al-
canzar lo que ellos gozan, tampoco nos hará
ver que es posible en este destierro comuni-
carse un tan gran Dios con unos gusanos tan
llenos de mal olor, y amar una bondad tan
«> buena, y una misericordia tan sin tasa. Tengo
por cierto, que a quien hiciere daño entender
que es posible hacer Dios esta merced en este
destierro, que estará muy falta de humildad y
del amor del prójimo; porque si esto no es,
*5 ¿cómo nos podemos dejar de holgar de que
haga Dios estas mercedes a un hermano nues-
tro, pues no impide para hacérnoslas a nos-
otras, y de que su Majestad dé a entender sus
grandezas, sea en quien fuere? Que algunas
20 veces será sólo por mostrarlas, como dijo del
ciego que dio vista, cuando le preguntaron los
apóstoles si era por sus pecados u de sus pa-
dres. Y ansí acaece, no las hacer por ser más
23 "Y sus discípulos le preguntaron: Maestro, ¿qué
pecados son la causa de que éste haya nacido ciego,
los suyos o los de sus padres? Respondió Jesús: No
es por culpa de éste ni de sus padres, sino para que
las obras de Dios resplandezcan en él." San Juan, IX,
v 2-3.
CAPITULO PRIMERO
santos a quien las hace que a los que no, sino
porque se conozca su grandeza, como vemos
en San Pablo y la Magdalena, y para que nos-
otros le alabemos en sus criaturas- Podráse
decir que parecen cosas imposibles y que es 5
bien no escandalizar los flacos :menos se pier-
de en que ellos no lo crean, que no en que se
dejen de aprovechar a los que Dios las hace; y
se regalarán y despertarán a más amar a quien
I(>
hace tantas misericordias, siendo tan grande
su poder y majestad. Cuanto más que sé que
hablo con quien no habrá este peligro, porque
saben y creen que hace Dios an muy mayores
muestras de amor. Yo sé que quien esto no
creyere, no lo será por espiriencia; porque es l $
muy amigo de que no pongan tasa a sus obras
y ansí, hermanas, jamás os acaezca a las que
el Señor no llevare por este camino.
Pues tornando a nuestro hermoso y deleito-
20
so Castillo, hemos de ver cómo podremos en-
trar en él. Parece que digo algún disbarate por- ;
que si este Castillo es ei ánima, claro está que
no hay para qué entrar, pues se es él mesmo:
23 Debe entenderse que el hombre se es, es en si,
ese mismo Castillo. El empleo del pronombre se con el
verbo ser, que es lo que aquí llama la atención, encuén-
"
quizá se es todo descon-
trase repetido en este libro :
cierto", 76-7; "sonse", 97-1. De ningún modo es acepta-
ble leer sé, de saber, como se hizo en Auts. Esps., to-
mo LUÍ, 435.
10 MORADAS PRIMERAS
como parecería desatino decir a uno que entrase
en una pieza, estando ya dentro. Mas habéis de
entender que va mucho de estar a estar; que
hay muchas almas que se están en la ronda del
3 Castillo, que es adonde están los que le guardan,
y que no se les da nada de entrar dentro, ni
saben qué hay en aquel tan precioso lugar, ni
quién está dentro, ni an qué piezas tiene. Ya
habréis oído en algunos libros de oración acon-
*° sejar a el alma que entre dentro de sí pues esto ;
mesmo es. Decíame poco ha un gran letrado
que son las almas que no tienen oración como
un cuerpo con perlesía u tollido, que anque tie-
ne pies y manos, no los puede mandar que ansí ;
:5
son, que hay almas tan enfermas y mostradas
a estarse en cosas esteriores, que no hay reme-
dio, ni parece que pueden entrar dentro de sí;
porque ya la costumbre la tiene tal de haber
siempre tratado con las sabandijas y bestias que
-20 están en el cerco del Castillo, que ya casi está
hecha como ellas y con ser de natural tan rica,
;
y poder tener su conversación, no menos que
con Dios, no hay remedio. Y si estas almas no
procuran entender y remediar su gran miseria,
=*5 quedarse han hechas estatuas de sal, por no vol-
ver la cabeza hacía sí, ansí como lo quedó la mu-
26 "La mujer, empero, de Lot¿ volviéndose a mirar
hacia atrás, quedó convertida en estatua de sal." Gé-
nesis, cap. XIX, v. 26.
CAPITULO PRIMERO II
jer de Lod por volverla. Porque a cuanto yo
puedo entender, la puerta para entrar en este
Castillo es la oracióny consideración; no digo
más mental que vocal, que como sea oración, ha
de ser con consideración; porque la que no ad- 5
vierte con quién habla,y lo que pide, y quién es
quien pide, y a quién, no la llamo yo oración,
anque mucho menee los labrios; porque an-
que algunas veces si será anque no lleve este
•cuidado, más es habiéndole llevado otras; mas ic
quien tuviese de costumbre hablar con la ma-
jestad de Dios, como hablaría con su esclavo,
que mira si dice mal, si no lo que se le viene
ni
a la boca y tiene deprendido, por hacerlo otras
veces, no la tengo por oración, ni plega a Dios 15
que ningún cristiano la tenga de esta suerte;
que entre vosotras, hermanas, espero en su Ma-
jestad no lo habrá, por la costumbre que hay
de tratar de cosas interiores, que es harto bue-
no para no caer en semejante bestialidad. Pues *»
no hablemos con estas almas tullidas, que si no
viene el mesmo Señor a mandarlas se levanten,
como al que había treinta años que estaba en
la picina, tienen harta mala ventura, y gran pe-
12 En tiempo de Santa Teresa existía en España la
esclavitud de moros y negros también el cristiano ne-
;
cesitado podía venderse a sí mismo para ir a remar a
-galeras. N. Maccoll, Select Plays oí Calderón, 348, n.
24 picina =
piscina." "Hay en Jerusalén una piscina
(o estanque] dicha de las ovejas... un ángel del Señor,
12 MORADAS PRIMERAS
ligro, sino con otras almas, que, en fin, entran
en el Castillo, porque anque están muy meti-
das en el mundo, tienen buenos
deseos, y algu-
na vez, anque de tarde en tarde, se encomien-
5 dan a nuestro Señor, y consideran quién son,,
anque no muy de espacio; alguna vez en un
mes rezan llenos de mil negocios, el pensamien-
to casi lo ordinario en esto, porque están tan
asidos a ellos, que, como adonde está su tesoro-
io se va ponen por sí algunas ve-
allá el corazón,
ces de desocuparse, y es gran cosa el propio co-
nocimiento y ver que no van bien para atinar
a la puerta. En fin entran en las primeras pie-
zas de las bajas, mas entran con ellas tantas sa-
is bandijas, que ni le dejan ver la hermosura del
Castillo, ni sosegar : harto hace en haber entrado.
Pareceros ha, hijas, que es esto impertinen-
te, pues por la bondad del Señor no sois de és-
tas. Habéis de tener paciencia, porque no sabré
20 dar a entender como yo tengo entendido algu-
nas cosas interiores de oración, sino es ansí,
descendía de tiempo en tiempo a la piscina y se agitaba.
elagua y el primero que después de movida el agua en-
;
traba en la piscina, quedaba sano de cualquier enferme-
dad que tuviese. Allí estaba un hombre que treinta y
ocho años hacía que se hallaba enfermo. Como Jesús
le viese... dícele: "Levántate, coge tu camilla, y anda."
San Juan, V, 2-8.
ii "No queráis amontonar tesoros para vosotros en
la tierra... Porque donde está tu tesoro, allí está tam-
bién tu corazón." San Mateo, VI, ift 21.
CAPITULO PRIMERO *3
y an plega el Señor, que atine a decir algo;,
porque es bien dificultoso lo que querría daros
a entender, si no hay espiriencia; si la hay, ve-
réis que no se puede hacer menos de tocar en
lo que, plega a el Señor, no nos toque por su 5
misericordia.
CAPÍTULO SEGUNDO
Antes que pase adelante, os quiero decir que
consideréis qué será ver este Castillo tan res-
plandeciente y hermoso, esta perla oriental,
5 este árbol de vida, que está plantado en las
mesmas aguas vivas de la vida, que es Dios,
cuando cay en un pecado mortal; no hay tinie-
blas más tenebrosas, ni cosa tan oscura y ne-
gra, que no mucho más. No queráis
lo esté
«o más saber de que con estarse el mesmo Sol,
que daba tanto resplandor y hermosura, to-
le
davía en el centro de su alma, es como si allí
no estuviese para participar de Él, con ser tan
capaz para gozar de su Majestad como el cris-
is tal para resplandecer en él el sol. Ninguna cosa
leaprovecha, y de aquí viene que todas las bue-
nas obras que hiciere, estando ansí en pecado
mortal, son de ningún fruto para alcanzar glo-
ria; porque no procediendo de aquel principio,
** que es Dios, de donde nuestra virtud es virtud,
y apartándonos de Él, no puede ser agradable
a sus ojos pues, en fin, el intento de quien hace
;
un pecado mortal, no es contentarle, sino ha-
7 cay = cae; formas análogas: tray. 233-4; train,
55-19 í
76-n, etc., hállanse en muchos clásicos.
y
CAPITULO SEGUNDO 1
cer placer Demonio, que como es las mesmas
al
tinieblas, ansí la pobre alma queda hecha una
mesma tiniebla. Yo sé de una persona a quien
quiso nuestro Señor mostrar cómo quedaba un
alma cuando pecaba mortalmente. Dice aque- 5
lia persona que le parece, si lo entendiesen, no
sería posible ninguno pecar, anque se pusiese
a mayores trabajos que se pueden pensar, por
huir de las ocasiones. Y ansí le dio mucha ga-
na, que todos lo entendieran; y ansí os la dé «*
a vosotras, hijas, de rogar mucho a Dios por
los que están en este estado, todos hechos una
escuridad, y ansí son sus obras; porque ansí
como de una fuente muy clara lo son todos los
arroícos que salen della, como es un alma que 15
está en gracia, que de aquí le viene ser sus obras
tan agradables a los ojos de Dios y de los hom-
bres, porque proceden de esta fuente de vida,
adonde el alma está como un árbol plantado en
«lia, que la frescura y fruto no tuviera, si no 20
le procediere de allí, que esto le sustenta y ha-
5 Esta persona era misma Santa, que, de propó-
la
sito, evita hablar deDícese que el padre Gracián, la-
sí.
mentando la suerte del Libro de la Vida, pensó "que se
podía restaurar tan gran pérdida, si la Santa escri-
biese aquella mesma doctrina, no por modo de histo-
ria suya, sino de enseñanza, sin hacer de sí memoria,
sino cuando mucho, en tercera persona, si la necesidad
de la doctrina lo pidiese". Introducción de la edición
autógrafa de Las Moradas, pág. 111.
1 MORADAS PRIMERAS
ce no secarse, y que dé buen fruto ; ansí el alma
que por su culpa se aparta desta fuente y se
planta en otra de muy
negrísima agua y de
muy mal olor, todo lo que corre della es la mes-
5 ma desventura y suciedad. Es de considerar
aquí que la fuente y aquel sol resplandeciente
que está en el centro del alma no pierde su res-
plandor y hermosura, que siempre está dentro
de ella y cosa no puede quitar su hermosura;
10 mas si sobre un cristal que está apu- el sol se
siese un paño muy negro, claro está que anque
el sol dé en él, no hará su claridad operación
en el cristal.
¡Oh, almas redemidas por la sangre de Jesu-
i5 cristo! ¡entendeos y habed lástima de vosotras!
¿Cómo es posible que entendiendo esto no pro-
curáis quitar esta pez de este cristal? Mira que
si se os acaba la vida, jamás tornaréis a gozar
de esta luz. Oh Jesús ¡
Qué es ver a un alma
!
¡
ao apartada de ella! Cuáles quedan los pobres-
¡
aposentos del Castillo Qué turbados andan los
!
¡
sentidos, que es la gente que vive en ellos! Y
las potencias, que son los alcaides y mayordo-
mos y mastresalas, con qué ceguedad, con qué
¡
25 mal gobierno En fin, como adonde está planta-
!
do el árbol, que es el Demonio, ¿qué fruto puede
i "El será como el árbol plantado junto a las co-
rrientes de las aguas, el cual dará su fruto a su debido
tiempo y cuya hoja no caerá nunca." Salmo I, %.
CAPÍTULO SEGUNDO \J
dar ? Oí una vez a un hombre espiritual que no
se espantaba de cosas que hiciese uno que está
en pecado mortal, sino de lo que no hacía. Dios,
por su misericordia, nos libre de tan gran mal,
que no hay cosa mientra vivimos que merezca 5
este nombre de mal, sino ésta, pues acarrea ma-
les eternos para sin fin. Esto es, hijas, de lo que
hemos de andar temerosas, y que hemos de lo
pedir a Dios en nuestras oraciones; porque si
Él no guarda la ciudad, en vano trabajaremos, 10
pues somos la mesma vanidad. Decía aquella
persona que había sacado dos cosas de merced la
que Dios le hizo; la una, un temor grandísimo
de ofenderle, y ansí siempre le andaba supli-
cando no la dejase caer, viendo tan terribles i5
daños; la segunda, un espejo para la humildad,
mirando cómo cosa buena que hagamos no
viene su principio de nosotros, sino de esta
fuente adonde está plantado este árbol de nues-
tras almas, y de este sol, que da calor a núes- *>
tras obras. Dice que se le representó esto tan
claro, que en haciendo alguna cosa buena, u
viéndola hacer, acudie a su principio, y enten-
io "Si Señor no guarda la ciudad* inútilmente se
el
desvela que la guarda." Salmo CXXVI, i.
el
21 "...veo que no puedo hacer nada que sea bueno
si no me lo dais vos
!
oh Dios mío " Exclamaciones del
¡
alma a su Dios, i.
23 acudie = acudía : forma antigua del pretérito cas-
tellano; por tardía que aquí parezca, su lectura en el
autógrafo de la Santa es completamente segura; v. 213-9.
1 MORADAS PRIMERAS
día como sin esta ayuda no podíamos nada; y
de aquí le procedía ir luego a alabar a Dios, y
lo más ordinario, no se acordar de sí en cosa
buena que hiciese. No sería tiempo perdido,
5 hermanas, el que gastásedes en leer esto, ni yo-
en escribirlo, si quedásemos con estas dos co-
sas, que los letrados y entendidos muy bien las
saben, mas nuestra torpeza de las mujeres to-
do lo ha menester, y ansí, por ventura quiere el
10 Señor que vengan a nuestra noticia semejan-
tes comparaciones; ¡plega a su bondad nos dé
gracia para ello!
Son tan escuras de entender estas cosas inte-
riores, que a quien tan poco sabe como yo, for-
i5 zado habrá de decir muchas cosas superfluas
y an desatinadas, para decir alguna que acier-
te. Es menester tenga paciencia quien lo leyere,
pues yo la tengo para escribir lo que no sé;
que cierto algunas veces tomo el papel, como-
20 una cosa boba, que qué decir ni cómo co-
ni sé
menzar. Bien entiendo que es cosa importan-
te para vosotras declarar algunas interiores
como pudiere, porque siempre oímos cuan bue-
na y tenemos de costitución te-
es la oración,
as nerla tantas horas; y no se nos declara más de
lo que podemos nosotras; y de cosas que obra
el Señor en su alma, declárase poco, digo sobre-
natural. Diciéndose y dándose a entender de
muchas maneras, sernos ha mucho consuelo
CAPITULO SEGUNDO ig
considerar este artificio celestial interior, tan
poco entendido de los mortales, antes que va-
yan muchos por él. Y anque en otras cosas
que he escrito ha dado el Señor algo a entender
entiendo que algunas no las había entendido 5
como después acá, en especial de las más difi-
cultosas. El trabajo es que para llegar a ellas,
como he dicho, se habrán de decir muchas muy
sabidas, porque no puede ser menos para mi
rudo ingenio. 10
Pues tornemos ahora a nuestro Castillo de
muchas Moradas. No habéis de entender estas
Moradas una en pos de otra, como cosa en hi-
lada, sino pone los ojos en el centro, que es la
pieza u palacio adonde está el Rey, y conside- is
rad como un palmito, que para llegar a lo que
es de comer tiene muchas coberturas que todo
lo sabroso cercan; ansí acá en rededor de esta
pieza están muchas, y encima lo mesmo, por-
que las cosas del alma siempre se han de con- »
4 "muchas cosas de las que aquí escribo no son de
mi cabeza sino que me las decía este mi Maestro celes-
tial." Libro de su Vida, XXXIX. Esto mismo creían sus
monjas; decía María del Nacimiento: "Al tiempo que
nuestra santa madre escribía el libro de Las Moradas
en Toledo, la vi muchas veces con gran resplandor es-
tándolo escribiendo, que de ordinario era después de
comulgar, y lo hacía con mucha velocidad, estando em-
bebida en ello que aunque hiciésemos ruido por allí,
nunca por eso lo dejaba, ni decía la estorbábamos." Hay-
varios testimonios semejantes. V. Auts. Esps., Lili, 407.
20 MORADAS PRIMERAS
siderar con plenitud y anchura y grandeza,
pues no le levantan nada, que capaz es de mu-
cho más que podremos considerar, y a todas
partes de ella se comunica este sol, que está en
í5 este palacio. Esto importa mucho a cualquier
alma que tenga oración, poca o mucha, que no
la arrincone ni apriete: déjela andar por estas
iMoradas, arriba y abajo y a los lados, pues
Dios la dio tan gran dinidad; no se estruje en
uro estar mucho tiempo en una pieza sola, u que si
es en el propio conocimiento, que con cuan ne-
cesario es esto, miren que me entiendan, an a
las que las tiene el Señor en la mesma Morada
que Él está, que jamás por encumbrada que
es esté le cumple otra cosa, ni podrá anque quie-
ra ; que la humildad siempre labra como la abe-
ja en la colmena la miel, que sin esto todo va
perdido. Mas consideremos que la abeja no de-
ja de salir a volar para traer flores, ansí el al-
20 ma en propio conocimiento; créame, y vuele
el
algunas veces a considerar la grandeza y majes-
tad de su Dios. Aquí hallará su bajeza mejor
que en sí mesma y más libre de las sabandijas
adonde entran en las primeras piezas, que es
25 el propio conocimiento, que anque, como digo,
es harta misericordia de Dios que se ejercite en
esto, tanto es lo de más como lo de menos, sue-
len decir. Y créanme, que con la virtud de Dios
obraremos muy mejor virtud que muy atadas
CAPÍTULO SEGUNDO 21
a nuestra tierra. No sé si queda dado bien a en-
tender, porque es cosa tan importante este co-
nocernos, que no querría en ello hubiese jamás
relajación, por subidas que estéis en los cielos;
pues mientra estamos en esta tierra, no hay 5
cosa que más nos importe que la humildad.
Y ansí torno a decir que es muy bueno y muy
rebueno tratar de entrar primero en el aposen-
to adonde se trata de esto, que volar a los de-
más, porque este es el camino y si podemos ir
;
10
por lo seguro y llano, ¿para qué hemos de que-
rer alas para volar?; mas que busque cómo
aprovechar más en esto. Y a mi parecer, jamás
nos acabamos de conocer, si no procuramos co-
nocer a Dios; mirando su grandeza acudamos a 15
nuestra bajeza, y mirando su limpieza veremos
nuestra suciedad considerando su humildad, ve-
;
remos cuan lejos estamos de ser humildes. Hay
dos ganancias de esto la primera está claro que
:
parece una cosa blanca muy más blanca cabe la 20
negra, y al contrario la negra cabe la blanca ; la
segunda porque nuestro entendimiento y vo-
es
luntad se hace más noble y más aparejado para
todo bien, tratando, a vueltas de sí, con Dios y ;
4 "...tengo por mayor merced del Señor un día de
propio y humilde conocimiento... que muchos de ora-
ción." Fund., V. "Pues en los gustos, si el Señor os lleva
a contemplación..., tened aviso en comenzar y acabar
con propio conocimiento." Camino de Perfección, LXIX.
22 MORADAS PRIMERAS
si nunca salimos de nuestro cieno de miserias es
mucho inconveniente. Ansi como decíamos de
los que están en pecado mortal cuan negras y de
mal olor son sus corrientes, ansí acá, anque no
5 son como aquellas, Dios nos libre, que esto es
comparación, metidos siempre en la miseria de
nuestra tierra, nunca el corriente saldrá de cie-
no de temores, de pusilanimidad y cobardía, de
mirar si me miran no me miran, si yendo por
10 este camino me sucederá mal, si osaré comenzar
aquella obra, si será soberbia, si es bien que
una persona tan miserable trate de cosa tan al-
ta como la oración, si me ternán por mejor, si
no voy por elcamino de todos, que no son bue-
15 nos los estremos, aunque sea en virtud, que co-
mo soy tan pecadora será caer de más alto, quizá
no iré adelante y haré daño a los buenos, que
una como yo no ha menester particularidades.
¡Oh, válame Dios, hijas, qué de almas debe eí
20 Demonio de haber hecho perder mucho por
aquí ! que todo esto
parece humildad, y otras
les
muchas cosas que pudiera decir, y viene de no
acabar de entendernos ; tuerce el propio conoci-
miento, y si nunca salimos de nosotros mesmos,
»5 no me espanto que esto y más se puede temer.
pusilaminidad y corbadía. ~Lb. segunda metátesis
8
ec la más extraña puede relacionarse con primite =s
;
permite, 141-19; intrevalos, 144-3, etc.; comp. cobar-
de, 23-5.
CAPITULO SEGUNDO 23
Por eso digo, hijas, que pongamos los ojos en
Cristo nuestro bien, y allí deprenderemos la ver-
dadera humiltad, y en sus santos, y ennoblecer-
se ha el entendimiento como he dicho, y no ha-
rá propio conocimiento ratero y cobarde que
el ;
5»
anque es la primera Morada, es muy rica, y de
tan gran precio, que si se descabulle de las sa-
bandijas de ella, no se quedará sin pasar adelan-
te. Terribles son las ardides y mañas del Demo-
nio para que las almas no se conozcan ni entien- i<*
dan sus caminos.
Destas Moradas primeras podré yo dar muy
buenas señas de espiriencia; por eso digo que
no consideren pocas piezas, sino un millón, por-
que de muchas maneras entran almas aquí, unas i&
y otras con buena intención; mas como el De-
monio siempre la tiene tan mala, debe tener en
cada una muchas legiones de demonios para
combatir que no pasen de unas a otras, y como
la pobre alma no lo entiende, por mil maneras 2©
nos hace trampantojos. Lo que no puede tanto
a las que están más cerca de donde está el Rey
3 humiltad; la lengua antigua conocía esta forma;
viene a ser un fenómeno contrario a disbarate dispa- =
rate, 9-21 ;Santa Teresa escribía por lo general humil-
dad; pero acaso el arcaísmo humiltad existía también en
su habla familiar.
5 ratero. Metafóricamente vale bajo en sus pensa-
mientos o acciones o cosa vil o despreciable. Dice, de
Autoridades.
24 MORADAS PRIMERAS
que aquí, como an se están embebidas en el mun-
do, y engolfadas en sus contentos, y desvane-
cidas en sus honras y pretensiones, no tienen la
fuerza los vasallos del alma, que son los sentidos
5 y potencias que Dios les dio de su natural, y fá-
cilmente estas almas son vencidas, anque anden
con deseos de no ofender a Dios, y hagan bue-
nas obras- Las que se vieren en este estado, han
menester acudir a menudo, como pudieren, a su
«o Majestad, tomar a su bendita Madre por inter-
cesora y a sus santos, para que ellos peleen por
ellas,que sus criados poca fuerza tienen para se
defender. A la verdad, en todos estados es me-
nester que nos venga de Dios. Su Majestad nos
15 la dé por su misericordia, amén. Qué miserable
;
es la vida en que vivimos Porque en otra par-
!
te dije mucho del daño que nos hace, hijas, no
entender bien esto de la humildad y propio co-
•
conocimiento, no os digo más aquí, aunque es lo
30 que más nos importa y an plega el Señor haya
;
dicho algo que os aproveche.
Habéis de notar que en estas Moradas pri-
meras an no llega casi nada la luz que sale del
palacio donde está el Rey, porque anque no es-
»5 tan escurecidas y negras, como cuando el alma
está en pecado, está escurecida en alguna mane-
ra, para que no la pueda ver, el que está en
ella digo, y no por culpa de la pieza, que no sé
darme a entender, sino porque con tantas co.
CAPITULO SEGUNDO 2$
sas malas de culebras y víboras y cosas empon-
zoñosas, que entraron con él, no le dejan adver-
tir a la luz. Como si uno entrase en una parte
adonde entra mucho sol, y llevase tierra en los
ojos, que casi no los pudiese abrir; clara está 5»
la pieza, mas él no lo goza por el impedimento
u cosas de estas fieras y bestias, que le hacen
cerrar los ojos para no ver sino a ellas. Ansí
me parece debe ser un alma, que anque no es-
tá en mal estado, está tan metida en cosas del I(>
mundo, y tan empapada en la hacienda u hon-
ra u negocios, como tengo dicho, que anque
en hecho de verdad se querría ver y gozar de
su hermosura, no le dejan, ni parece que pue-
de descabullirse de tantos impedimentos. Y is»
conviene mucho para haber de entrar a las se-
gundas Moradas, que procure dar de mano a
las cosas y negocios no necesarios, cada uno
conforme a su estado. Que es cosa que le im-
porta tanto para llegar a la Morada principal, r*?
que si no comienza a hacer esto, lo tengo por
imposible, y an estar sin mucho peligro en la
que está, anque haya ésta entrado en el Casti-
llo, porque entre cosas tan ponzoñosas, una vez
u otra es imposible dejarle de morder. *s>
¿Pues qué sería, hijas, si a las que ya es-
tán libres de estos tropiezos, como nosotras,
y hemos ya entrado muy más dentro a otras
Moradas secretas del Castillo, si por nuestra
26 MORADAS PRIMERAS
culpa tornásemos a salir a estas baraúndas,
como por nuestros pecados debe haber muchas
personas, que las ha hecho mercedes, y por su
culpa las echan a esta miseria? Acá libres es-
5 tamos en lo esterior: en lo interior plega el
Señor que lo estemos, y nos libre. Guardaos, hi-
jas mías, de cuidados ajenos. Mira que en po-
cas Moradas de este Castillo dejan de combatir
los demonios- Verdad es que en algunas tie-
20 nen fuerza las guardas para pelear, como creo
he dicho, que son las potencias; mas es mu-
cho menester no nos descuidar para entender
sus ardides, y que no nos engañe hecho ángel
de luz, que hay una multitud de cosas con que
15 nos puede hacer daño entrando poco a poco, y
hasta haberle hecho no le entendemos. Ya os
dije otra vez, que es como una lima sorda, que
hemos menester entenderle a los principios.
Quiero decir alguna cosa para dároslo mejor a
r;*> entender. Poned en una hermana varios ímpe-
tus de penitencia, que le parece no tiene des-
canso, sino cuando se está atormentando. Este
principio bueno es; mas si la priora ha man-
do que no hagan penitencia sin licencia, y le
25 hace parecer que en cosa tan buena bien se
puede atrever, y escondidamente se da tal vida
17 Lima sorda. La que está cubierta de plomo. "En-
transe los vicios callando, son lima sorda, no se sienten
liasta tener al hombre perdido." Dice, de Autor.
CAPITULO SEGUNDO 2J
que viene a perder la salud, y no hacer lo que
manda su Regla, ya veis en qué paró este bien.
Pone a otra un celo de la perfeción muy gran-
de; esto muy bueno es; mas podría venir de
aquí, que cualquier faltita de las hermanas le 5
pareciese una gran quiebra, y un cuidado de
mirar si y acudir a la priora; y an
las hacen,
a las veces podría ser no ver las suyas, por el
gran celo que tiene de la relisión : como las otras
no entienden lo interior y ven el cuidado, po- 10
dría ser no la tomar tan bien. Lo que aquí pre-
tende el Demonio no es poco, que es enfriar la
caridad y el amor de unas con otras, que sería
gran daño. Entendamos, hijas mías, que la
perfeción verdadera esamor de Dios y del pro- i5
jimo, y mientra con más perfeción guardare-
mos estos dos mandamientos, seremos más per-
fetas. Toda nuestra Regla y Costituciones no
sirven de otra cosa sino de medios para guar-
dar esto con más perfeción. Dejémonos de ce- 20
los indiscretos, que nos pueden hacer mucho da-
ño : cada una se mire a sí. Porque en otra parte
9 relisión. En Ants. Esps. se encuentran religión,
y en nota advertía el señor La Fuente, pág. 439 " No :
escribe relisión, como lo hacía cuando escribió el Libro
de la Vida y el Camino de Perfección." Esta advertencia
no es exacta; la s es evidente en el manuscrito, tanto en
este caso como en 50-8, 56-11, 61-19, etc.
22 "Jamás de naide oigas ni digas mal, sino de ti
mesma, y cuando holgares desto vas bien aprovechan-
do." Avisos.
28 MORADAS PRIMERAS
os he dicho harto sobre esto, no me alargaré.
Importa tanto este amor de unas con otras, que
nunca querría que se os olvidase; porque de
andar mirando en las otras unas naderías, que
5 a las veces no será imperfeción, sino como sa-
bemos poco quizá lo echaremos a la peor par-
te, puede el alma perder la paz y an inquietar
la de las otras mira si costaría caro la perf e-
:
ción. También podría Demonio poner esta ten-
el
10 tación con la priora, y sería más peligrosa. Para
esto es menester mucha discreción; porque si
fuesen cosas que van contra la Regla y Costi-
tución, es menester que no todas veces se eche a
buena parte, sino avisarla; y si no se enmendá-
is re, a el perlado : esto es caridad. Y también con
las hermanas, si fuese alguna cosa grave ; y de-
jarlo todo por miedo si es tentación, sería la
mesma tentación. Mas hase de advertir mucho,
porque no nos engañe el Demonio, no lo tra-
ao tar una con otra, de que aquí puede sacar el De-
monio gran ganancia y comenzar costumbre de
mormuración, sino con quien ha de aprove-
char, como tengo dicho. Aquí, gloria a Dios,
no hay tanto lugar, como se guarda tan conti-
a6 no silencio, mas bien es que estemos sobre aviso.
MORADAS SEGUNDAS
CAPÍTULO ÚNICO *
Ahora vengamos a hablar cuáles serán las
almas que entran a las segundas Moradas y
qué hacen en ellas. Querría deciros poco, por- $
que lohe dicho en otras partes bien largo, y
será imposible dejar de tornar a decir otra vez
mucho de ello, porque cosa no se me acuerda
de lo dicho que
;
si se pudiera guisar de diferen-
tes maneras, bien sé que no os enfadárades, «*
como nunca nos cansamos de los libros que tra-
tan de esto, con ser muchos.
Es de los que han ya comenzado a tener
oración y entendido lo que les importa, no se
quedar en las primeras Moradas mas no tienen
; ( $
an determinación para dejar muchas veces de
estar en ella, porque no dejan las ocasiones, que
es harto peligro. Mas harta misericordia es que
algún rato procuren huir de las culebras y co-
sas emponzoñosas y entiendan que es bien de- &,
jarlas. Estos, en parte, tienen harto más tra-
bajo que los primeros, anque no tanto peligro;
30 MORADAS SEGUNDAS
porque ya parece lo entienden, y hay gran es-
peranza de que entrarán más adentro. Digo que
tienen más trabajo, porque los primeros son
como mudos, que no oyen, y ansí pasan mejor
5 su trabajo de no hablar, lo que no pasarían si-
no muy mayor, los que oyesen y no pudiesen
hablar mas no por eso se desea más lo de los
;
que no oyen, que, en fin, es gran cosa entender
lo que nos dicen. Ansí éstos entienden los lia-
so mamientos que les hace el Señor; porque, como
van entrando más cerca de donde está su Ma-
jestad es muy buen vecino, y tanta su misericor-
dia y bondad, que an estándonos en nuestros
pasatiempos y negocios y contentos y barate-
as rías del mundo, y an cayendo y levantando en
pecados, porque estas bestias son tan ponzoño-
sas, y peligrosa su compañía, y bulliciosas, que
por maravilla dejarán de tropezar en ellas pa-
ra caer, con todo esto, tiene en tanto este Señor
ao nuestro que queramos y procuremos su com-
le
pañía, que una vez u otra no nos deja de lla-
mar, para que nos acerquemos a Él; y es esta
13 an =
aun; en el manuscrito se encuentra por lo
general a con tilde encima; hubiéramos leído aun a no
ser porque en algunos casos aparece claramente an; esto
ocurre por primera vez en la presente ocasión, pág. 27-10,
del autógrafo; vuelve a aparecer en 30-15, 31-21, 36-15,
36-16, 80-13, páginas de esta edición; no
80-19, etc.,
hemos encontrado escrito literalmente aun en ningún
caso; v. aunque, pág. 1-12.
CAPITULO ÚNICO 3
voz tan dulce, que se deshace la pobre alma en
no hacer luego lo que le manda; y ansí, como
digo, es más trabajo que no nó lo oír- No digo
que son estas voces y llamamientos como otras
que diré después, sino con palabras que oyen 5
a gente buena, u sermones, u con lo que leen
en buenos libros, y cosas muchas que habéis
oído, por donde llama Dios, u enfermedades,
trabajos, y también con una verdad que enseña
en aquellos ratos que estamos en la oración, 10
sean cuan flojamente quisierdes, tiénelos Dios
en mucho. Y vosotras, hermanas, no tengáis en
poco esta primer merced, ni os desconsoléis,
anque no respondáis luego al Señor, que bien
sabe su Majestad aguardar muchos días y años, 15
en especial cuando ve perseverancia y buenos
deseos. Esta es lo más necesario aquí, porque
con ellas jamás se deja de ganar mucho. Mas
es terrible la batería que aquí dan los demonios,
de mil maneras, y con más pena del alma que 20
an en la pasada; porque acullá estaba muda y
sorda, al menos oía muy poco y resestía menos,
como quien tiene, en parte, perdida la- espe-
7 Por las lecturas de buenos libros empezó la Santa
a entrar en oración: "me dio aquel tío mío... un libro;
llámase Tercer Abecedario, que trata de enseñar ora-
ción de recogimiento...; no sabía cómo proceder en ora-
ción, ni recogerme y ansí holguéme mucho con él y de-
termíneme a seguir aquel camino." Vida, IV.
32 MORADAS SEGUNDAS
ranza de vencer. Aquí está el entendimiento'
más vivo y las potencias más hábiles: andan
los golpes y la artillería de manera que no k>
puede el alma dejar de oír. Porque aquí es el
5 representar los demonios estas culebras de las
cosas del mundo y el hacer los contentos de
él casi eternos : la estima en que está tenido*
en él, amigos y parientes, la salud en las
los
cosas de penitencia, que siempre comienza el
io alma que entra en esta Morada a desear hacer
alguna, y otras mil maneras de impedimentos.
¡Oh Jesús, qué es la baraúnda que aquí ponen
los demonios y las afliciones de la pobre alma,
que no sabe si pasar adelante u tornar a la
15 primera pieza! Porque la razón, por otra parte,,
le representa engaño que es pensar que toda
el
esto vale nada en comparación de lo que pre-
tende la fe la enseña cuál es lo que le cumple
;
la memoria le representa en lo que paran todas.
20 estas cosas, trayéndole presente la muerte de
los que mucho gozaron estas cosas que ha vis-
8 la salud: "Esto pone el Demonio...: no nos ha
venido la imaginación de que nos duele la cabeza, cuan-
do dejamos de ir al coro que tan poco nos mata; un
día porque nos dolió y otro porque nos ha dolido y
otros tres porque no nos duela... y no falta, cuando son
cosas de tomo, un médico que ayuda por la relación
que vos hacéis y una amiga que os llore al lado... Si el
Demonio nos comienza a amedrentar con que nos faltara
la «alud nunca haremos nadia." Camino, XV.
CAPITULO ÚNICO 33
£0: cómo algunas ha visto súpitas, cuan presto
son olvidados de todos, cómo ha visto a algu-
nos que conoció en gran prosperidad pisar de-
bajo de la tierra, y an pasado por la sepultura
él muchas veces, y mirar que están en aquel 5
cuerpo hirviendo muchos gusanos, y otras har-
ías cosas que le puede poner delante. La vo-
luntad se inclina a amar adonde tan innume-
rables cosas y muestras ha visto de amor, y
¿querría pagar alguna; en especial se le pone 10
delante, cómo nunca se quita de con él este ver-
dadero amador, acompañándole, dándole vida
y ser. Luego el entendimiento acude con darle
a entender que no puede cobrar mejor amigo,
anque viva muchos años; que todo el mundo »s
está lleno de falsedad, y estos contentos que le
pone el Demonio de trabajos y cuidados y con-
tradiciones, y le dice que esté cierto, que fuera
<de este Castillo no hallará siguridad ni paz;
que se deje de andar por casas ajenas, pues la 20
suya es tan llena de bienes, si la quiere gozar,
que quién hay que halle todo lo que ha menes-
ter como en su casa, en especial teniendo tal
6 Quiere decir que el que considera en lo que pa-
ran estas glorias, puede recordar cómo él mismo ha
*visto ser enterrados algunos que conoció en gran pros-
peridad, y aun pasando por sus sepulturas, puede ha-
ber pensado cómo "están en aquel cuerpo hirviendo
muchos gusanos..."
34 MORADAS SEGUNDAS
* —- '
' i
huésped que le hará señor de todos los bienes,,
si él quiere no andar perdido, como el hijo pró-
digo, comiendo manjar de puercos. Razones son
éstas para vencer los demonios. Mas, ¡oh Se-
5 ñor y Dios mío, que la costumbre en las cosas
de vanidad, y el ver que todo el mundo trata de
esto, lo estraga todo! Porque está tan muerta
la fe, que queremos más lo que vemos que la
que ella nos dice. Y, a la verdad, no vemos sino-
10 harta mala ventura en los que se van tras estas
cosas visibles; mas eso han hecho estas cosas
emponzoñosas que tratamos, que, como si a
uno muerde una víbora, se emponzoña todo y
se hincha, ansí es acá: no nos guardamos; ciá-
is ro está que es menester muchas curas para sa-
nar, y harta merced nos hace Dios si no mori-
mos de ello. Cierto pasa el alma aquí grandes
trabajos, en especial si entiende el Demonio que
tiene aparejo en su condición y costumbres pa-
so ra ir muy adelante; todo el infierno juntará pa-
ra hacerle tornar a salir fuera. ¡
Ah, Señor mío,
aquí es menester vuestra ayuda, que sin ella no
3 El hijo pródigo abandonó a su padre, disipó su
herencia, sufrió hambre y tuvo que ponerse a ser-
vir. Su amole envió a guardar cerdos. "Allí deseaba
con henchir su vientre de las algarrobas que
ansia
comían los cerdos, y nadie se las daba." San Mateo,
XV, id
CAPITULO ÚNICO 35
se puede hacer nada! Por vuestra misericor-
dia, no consintáis que alma sea engañada
esta
para dejar lo comenzado. Dadle luz para que
vea cómo está en esto todo su bien y para que
se aparte de malas compañías; que grandísima 5
cosa es tratar con los que tratan de esto; alle-
garse no sólo a los que viere en estos aposen-
tos que él está, sino a los que entendiere que
han entrado a los de más cerca; porque le será
gran ayuda, y tanto les puede conversar, que le »o
metan consigo. Siempre esté con aviso de no
se dejar vencer; porque si el Demonio le ve con
una gran determinación de que antes perderá
la vida y el descanso y todo lo que le ofrece que
tornar a la pieza primera, muy más presto le i*
y no de los que se echaban a
dejará. Sea varón,
beber de buzos cuando iban a la batalla, no
i "Yo
soy la vid, vosotros los sarmientos: quien
está unido conmigo y yo con él, ése dará mucho fruto:
porque sin mí nada podéis hacer." San Juan, XV, 5.
6 "dice David que con los santos seremos santos".
r. pág. 308-9. "Yo digo que en esto tenéis razón, que
harta misericordia nos ha hecho Dios; mas quando veo...
que estaba Judas en compañía de los apóstoles y tra-
tando siempre con el mesmo Dios y oyendo sus pala-
bras, entiendo que no hay seguridad en esto." V. pá-
gina 140-27.
17 "Pues como las tropas bajasen al agua, dijo el
Señor a Gedeón Los que bebieren el agua llevada a su
:
boca con la mano, como la cogen los perros con la len-
gua, los separarás a un lado; mas los que hubieren
36 MORADAS SEGUNDAS
me acuerdo con quién, sino que se determine,
que va a pelear con todos los demonios, y que
no hay mejores armas que las de la Cruz.
Arique otras veces he dicho esto, importa
s tanto, que lo torno a decir aquí; es que no se
acuerde que hay regalos en esto que comienza,
porque es muy baja manera de comenzar a la-
brar un tan precioso y grande edificio; y si
comienza sobre arena, darán con todo en el
«o suelo; nunca acabarán de andar desgustados y
tentados; porque no son estas las Moradas
adonde se llueve la maná; están más adelante,
adonde todo sabe a lo que quiere un alma, por-
que no quiere sino lo que quiere Dios. Es cosa
! -5 donosa, que an nos estamos con mil embara-
zos y imperfeciones, y las virtudes que an no
saben andar, sino que ha poco que comenza-
ron a nacer, y an plega a Dios estén comenza-
das, ¿y no habernos vergüenza de querer gus-
320
tos en la oración y quejarnos de sequedades?
Nunca os acaezca, hermanas; abrazaos con la
puesto las rodillas en tierra para beber quedarán en
otra parte." Jueces, VII, 5. Los que bebieron de busos
(de bruces) no pelearon; los otros fueron los elegidos
por Dios para conquistar a Madián.
3 "¿Qué es esto, Señor, que para todo somos co-
—
bardes sino es para contra Vos?" Exc, 12. "Muchos se
quedan al pie del monte, que pudieran subir a la cum-
bre... siempre nuestros pensamientos sean animosos...
para que lo sean también las obras." Conceptos del amor
de Dios, cap. II, etc.
CAPITULO ÚNICO 37
Cruz que vuestro esposo llevó sobre sí
y en-
tended que esta ha de ser vuestra empresa: la
que más pudiere padecer, que padezca más por
Él, y será la mejor librada. Lo demás, como
cosa acesoria, si os lo diere el Señor, dadle s
muchas gracias. Pareceros ha que para los tra-
bajos esteriores bien determinadas estáis, con
que os regale Dios en lo interior. Su Majestad
sabe mejor lo que nos conviene; no hay para
qué le aconsejar lo que nos ha de dar, que nos w
puede con razón decir que no sabemos que lo
pedimos. Toda la pretensión de quien comien-
za oración, y no se os olvide esto, que importa
mucho, ha de ser trabajar y determinarse y
desponerse con cuantas diligencias pueda a ha- 15
cer su voluntad conformar con la de Dios, y,
como diré después, estad muy cierta que en es-
to consiste toda la mayor perfeción que se pue-
de alcanzar en el camino espiritual. Quien más
perfetamente tuviere esto, más recebirá del Se- 20
ñor y más adelante está en este camino no pen- ;
séis que hay aquí más algarabías, ni cosas no
sabidas y entendidas, que en esto consiste to-
do nuestro bien- Pues si erramos en el princi-
4 "No queramos ir por camino no andado..." V. pá-
gina 309-13-
24 "En lo que está la suma perfeción claro está que
no es en regalos interiores, ni en grandes arrobamien-
tos, ni en visiones, ni en espíritu de profecía, sino ea
38 MORADAS SEGUNDAS
pío quiriendo luego que Señor haga la nues-
el
tra, y que nos lleve como imaginamos, ¿qué
firmeza puede llevar este edificio? Procuremos
hacer lo que es en nosotros, y guardarnos de
b estas sabandijas ponzoñosas, que muchas veces
quiere Señor que nos persigan malos pensa-
el
mientos y nos aflijan, sin poderlos echar de
nosotras, y sequedades, y an algunas veces pri-
mite que nos muerdan, para que nos sepamos
10 mejor guardar después, y para probar si nos
pesa mucho de haberlo ofendido. Por eso no os
desaniméis si alguna vez cayerdes, para dejar
de procurar ir adelante, que an de esa caída sa-
cará Dios bien, como hace el que vende la
15 triaca para probar si es buena, que bebe la pon-
zoña primero. Cuando no viésemos en otra co-
sa nuestra miseria, y el gran daño que nos ha-
ce andar derramados, sino en esta batería que
estar nuestra voluntad... conforme con la de Dios."
Fund., V, 8. Dice la Santa que conoció una persona
cuyas ocupaciones apenas le dejaban un rato libre para
hacer oración, y, sin embargo, era un modelo de virtu-
des. "Pues, ea, hijas mías, no haya desconsuelo; mas
quando la obediencia os trajere empleadas en cosas este-
riores, entended que si es en la cocina, entre los puche-
ros anda el Señor ayudándoos en lo interior y esterior."
Fund., V.
18 batería: "argumentos, porfías instancias, solici-
taciones." Dice, de Terreros. "Cualquier cosa que hace
grande impresión en el ánimo." Dice. Acad., S.* acepción.
CAPITULO ÚNICO 39
se pasa para tornarnos a recoger, bastaba. ¿ Pue-
de ser mayor mal que no nos hallemos en nues-
tra mesma casa? ¿Qué esperanza podemos te-
ner de hallar sosiego en otras cosas, pues en las
propias no podemos sosegar? Sino que tan gran- &
des y verdaderos amigos y parientes, y con
quien siempre, anque no queramos, hemos de
vivir, como son las potencias, esas parecen nos
hacen la guerra, como sentidas de las que a
ellas les han hecho nuestros vicios. Paz, paz, IC11
hermanas mías, dijo el Señor, y amonestó a
sus apóstoles tantas veces; pues créeme que si
no la tenemos y procuramos en nuestra casa,
que no la hallaremos en los estraños. Acábese
ya esta guerra; por la sangre que derramó por, »*
nosotros lo pido yo a los que no han comenza-
do a entrar en sí, y a los que han comenzado,
que no baste para hacerlos tornar atrás. Miren
que es peor la recaída que la caída; ya ven su
pérdida; confíen en la misericordia de Dios y 2©
no'nada en sí, y verán cómo su Majestad le lle-
va de unas Moradas a otras, y le mete en la tie-
rra adonde estas fieras ni le puedan tocar ni
cansar, sino que él las sujete a todas y burle de
10 "vino Jesús, y apareciéndose en medio de ellos,
les dijo: "La paz sea con vosotros..." Llenáronse de gozo
los discípulos con la vista del Señor, el cual les repitió
"La paz sea con vosotros..." San Juan, XX, 21.
40 MORADAS SEGUNDAS
ellas,y goce de muchos más bienes que podría
desear, an en esta vida digo. Porque, como di-
je al principio, os tengo escrito cómo os habéis
de haber en estas turbaciones, que aquí pone el
5 Demonio, y cómo no ha de ir a fuerza de bra-
zos el comenzarse a recoger, sino con suavidad,
para que podáis estar más continuamente, no
lo diré aquí, mas de que de mi parecer hace
mucho al caso tratar con personas espirimen-
ao tadas; porque en cosas que son necesario ha-
cer, pensaréis que hay gran quiebra: como no
sea el dejarlo, todo lo guiará el Señor a nues-
tro provecho, anque no hallemos quién nos en-
señe, que para este mal no hay remedio, si no
*5 se torna a comenzar, sino ir perdiendo poco
a poco cada día más el alma, y an plega a Dios
que lo entienda. Podría alguna pensar, que si
tanto mal es tornar atrás, que mejor será nun-
ca comenzarlo, sino estarse fuera del Castillo.
20 Ya os dije al principio, y el mesmo Señcr lo
dice, que quien anda en el peligro en él perece,
y que la puerta para entrar en este Castillo es la
oración. Pues pensar que hemos de entrar en
el Cielo y no entrar en nosotros, conociéndo-
25 nos y considerando nuestra miseria y lo que de-
bemos a Dios, y pidiéndole muchas veces mise-
2i "Quien ama di peligro perecerá en el." Eclesiásti-
co, III, 27.
CAPÍTULO ÚNICO 41
ricordia, es desatino. El mesmo Señor dice:
[Ninguno subirá a mi Padre sino por mí (no sé
si dice así, creo quey quien me ve a mí, ve
sí),
a mi Padre. Pues si nunca le miramos y consi-
deramos lo que le debemos, y la muerte que 5»
pasó por nosotros, no sé cómo le podemos co-
nocer ni hacer obras en su servicio. Porque la
fe sin ellas y sin ir llegadas al valor de los me-
recimientos de Jesucristo, bien nuestro, ¿qué
valor pueden tener? ¿Ni quién nos despertará ic
a amar a este Señor? Plega a su Majestad nos
dé a entender lo mucho que le costamos y có-
mo no es más el siervo que el Señor, y que he-
mos menester obrar para gozar su gloria y que
para esto nos es necesario orar, para no andar is-
siempre en tentación.
4 "Yo soy el camino y la verdad y la vida: nadie
viene al Padre sino por mí." "Tanto tiempo ha que es-
toy con vosotros ¿y aún no me habéis conocido? Felipe,,
quien me ve a mí, ve también al Padre." San Juan,
XIV, 6-9.
14 San Mateo, X, 24. Interpretación: Si al Señor le
ha costado mucho el siervo, ¿cuánto más debe costar a!
siervo merecer a su Señor? — El
Señor dio a entender a
la Santa estas palabras en una revelación. V. Relacio-
nes, III, fin.
MORADAS TERCERAS
CAPÍTULO PRIMERO
A que por la misericordia de Dios han
los
vencido estos combates y, con la perseveran-
cia, entrado a las terceras Moradas, ¿qué les 5
diremos, sino: bienaventurado el varón que te-
me Señor f No ha sido poco hacer su Majes-
al
tad que entienda yo ahora qué quiere decir el
romance de este verso a este tiempo, según soy
torpe en este caso. Por cierto, con razón le lia- 10
maremos bienaventurado, pues si no torna atrás,
a lo que podemos entender, lleva camino se-
guro de su salvación. Aquí veréis, hermanas, lo
que importa vencer las batallas pasadas; por-
que tengo por cierto que nunca deja el Señor 15
de ponerle en siguridá de conciencia, que no es
poco bien. Digo en siguridad, y dije mal, que
no hay en esta vida, y por eso siempre enten-
7 Salmo CXI, 1.
16 siguridá, como flaquedá, 97-4, y los imperativos
pone, 19-14; miró, 26-7, son datos de la antigüe-
etc.,
dad de la pérdida de la d final en la pronunciación. Ge-
neralmente, sin embargo, la Santa dice siguridad.
44 MORADAS TERCERAS
ded que digo si no torna a dejar el camino co-
:
menzado. Harto gran miseria es vivir en vi-
da que siempre hemos de andar como los que
tienen los enemigos a la puerta, que ni pueden
5 dormir ni comer sin armas, y siempre con so-
bresalto, si por alguna parte pueden desporti-
llar esta fortaleza. Oh Señor mío y bien mío l
¡
¡Cómo queréis que se desee vida tan miserable;
que no es posible dejar de querer y pedir nos
ig saquéis de eDa, si no es con esperanza de per-
derla por Vos, u gastarla muy de veras en vues-
tro servicio, y, sobre todo, entender que es vues-
tra voluntad ! Si lo es, Dios mío, muramos con
Vos, como dijo Santo Tomás, que no es otra
>5 cosa, sino morir muchas veces, vivir sin Vos y
con estos temores de que puede ser posible per-
deros para siempre. Por eso digo, hijas, que
la bienaventuranza que hemos de pedir es
estar ya en siguridad con los bienaventura-
20 dos; que con estos temores, ¿qué contento pue-
de tener quien todo su contento es conten-
tar a Dios? Y considera que éste y muy ma-
yor tenían algunos santos que cayeron en gra-
ves pecados, y no tenemos seguro que nos dará
36 Dios la mano para salir de ellos y hacer la pe-
14 "Entonces Tomás... dijo a sus condiscípulos
Vamos también nosotros y muramos con El." San
Juan, XI, 16.
CAPITULO PRIMERO 45
nitencia que ellos (entiéndese del ausilio particu-
Por cierto, hijas mías, que estoy con tanto
lar).
temor escribiendo esto que no sé cómo lo escribo
nicómo vivo cuando se me acuerda, que es muy
muchas veces. Pedidle, hijas mías, que viva su 5
Majestad en mí siempre, porque si no es ansí,
¿qué siguridad puede tener una vida tan mal
gastada como la mía? Y
no os pese de entender
que esto es ansí, como algunas veces lo he visto
en vosotras cuando os lo digo, y procede de que 10
quisiérades que hubiera sido muy santa,
y tenéis
razón: también lo quisiera yo; ¡mas qué tengo
de hacer, si lo perdí por sola mi culpa!; que no
me quejaré de Dios, que dejó de darme bastan-
tes ayudas para que se cumplieran vuestros de- i&
seos que no puedo decir esto sin lágrimas y
:
gran confusión de ver que escriba yo cosa para
las que me puedan enseñar a mí. ¡Recia obi-
diencia ha sido ! Plega el Señor que, pues se ha-
ce por Él, sea para que os aprovechéis de algo, 2©
porque le pidáis que perdone a esta miserable
atrevida. Mías bien sabe su Majestad que sólo
puedo presumir de su misericordia, y ya que no
puedo dejar de ser la que he sido, no tengo otro
remedio sino llegarme a ella y confiar en los mé- a&
15 dejó; hay que entender dejase o haya dejado no :
me quejaré de Dios porque haya dejado de darme...
5
46 MORADAS TERCERAS
ritos de su Hijo y de la Virgen, Madre suya,
cuyo hábito indinamente trayo y traéis vosotras.
Alabadle, hijas mías, que lo sois de esta Seño-
ra verdaderamente; y ansí no tenéis para qué
os afrentar de que sea yo ruin, pues tenéis tan
buena Madre. Imitadla y considerad qué tal de-
be ser la grandeza de esta Señora y el bien de
tenerla por patrona, pues no han bastado mis
pecados, y ser la que soy, para dislustrar en na-
so da esta sagrada Orden. Mas una cosa os aviso
que no por ser tal y tener tal Madre estéis sigu-
ras, que muy santo era David, y ya veis lo que
fué Salomón; ni hagáis caso del encerramien-
to y penitencia en que vivís, ni os asegure el tra-
es tar siempre de Dios y ejercitaros en la oración
tan contino y estar tan retiradas de las cosas del
mundo y tenerlas a vuestro parecer aborrecidas.
Bueno es todo esto, mas no basta, como he di-
cho, para que dejemos de temer, y ansí conti-
go núa este verso y traedle en la memoria muchas
veces: beatus vir, qui timed Dominum.
12 "
¿ Qué me aprovecha a mí que los santos pasados
hayan sido yo soy tan ruin después, que dejo
tales, si
estragado con la mala costumbre el edificio?" Fund., IV.
12 David. "De este glorioso rey soy yo muy devota
y querría todos lo fuesen, en especial los que somos
pecadores." Vida, XVI.
21 "Bienaventurado el varón que teme al Señor.**
Salmo CXI, i.
CAPITULO PRIMERO 47
Ya no sé lo que decía, que me he divertido
mucho, y en acordándome de mí, se me quie-
bran para decir cosa buena, y ansí lo
las alas
quiero dejar por ahora, tornando a lo que os co-
mencé a decir, de las almas que han entrado a 5
Moradas, que no las ha hecho el Se-
las terceras
ñor pequeña merced en que hayan pasado las
primeras dificultades, sino muy grande. De és-
tas, por la bondad del Señor, creo hay muchas
en el mundo son muy: deseosas de no ofender I0
a su Majestad, an de los pecados veniales se
guardan, y de hacer penitencia amigas, sus ho-
ras de recogimiento, gastan bien el tiempo, ejer-
cíanse en obras de caridad con los prójimos,
muy concertadas en su hablar y vestir y gobier- ^
no de casa los que las tienen. Cierto, estado pa-
ra desear, y que, al parecer, no hay por qué se les
niegue la entrada hasta la postrera Morada, ni
se la negara el Señor, si ellos quieren, que linda
dispusición es para que les haga toda merced. 20
] Oh Jesús !
y ¿ quién dirá que no quiere un tan
gran bien, habiendo ya en especial pasado por
lomás trabajoso? No, ninguna. Todas decimos
que lo queremos mas como an es menester más,
;
para que del todo posea el Señor el alma, no 2§
1 divertirse = desviarse, alejarse : con igual acep-
ción v. 70-19, 190-10, etc. Dice. Acad.
48 MORADAS TERCERAS
basta decirlo, como no bastó a el mancebo cuan-
do le dijo el Señor que si quería ser perfeto.
Desde que comencé a hablar en estas Mora-
das le trayo delante, porque somos ansí al pie
5 de la letra, y lo más ordinario vienen de aquí
las grandes sequedades en la oración, anque
también hay otras causas, y dejo unos trabajos-
interiores que tienen muchas almas buenas, in-
tolerables, y muy sin culpa suya, de los cuales
io siempre las saca Señor con mucha ganancia,
el
y de las que tienen melancolía y otras enferme-
dades. En fin, en todas las cosas hemos de de-
jar aparte los juicios de Dios. De lo que yo ten-
go para mí que es lo más ordinario, es lo que he
i5 dicho porque como estas almas se ven, que por
;
ninguna cosa harían un pecado, y muchas que
an venial, de advertencia, no le harían, y que
gastan bien su vida y su hacienda, no pueden po-
ner a paciencia que se les cierre la puerta para
a» entrar adonde está nuestro Rey, por cuyos va-
3 "Respondióle Jesús: Si quieres ser perfecto, anda
y vende cuanto tienes y dáselo a los pobres y tendrás
un tesoro en el cielo; ven después y sigúeme.
Habiendo oído el joven estas palabras, se retiró en-
tristecido : y era que tenía muchas posesiones. " San Ma-
teo, XIX, 21-22.
6 sequedad =
falta de devoción, con displicencia y
crisis de espíritu; emplea con mucha frecuencia esta pa-
labra; en su Vida, XXX
y XXXVII, habla de las an-
gustias que la sequedad le había hecho sufrir.
CAPITULO PRIMERO 49
salios se tienen, y lo son: mas anque acá ten-
ga muchos el rey de la tierra, no entran todos
hasta su cámara. Entrad, entrad, hijas mías,
-en lo interior; pasa adelante de vuestras obri-
que por ser cristianas debéis todo eso y mu-
llas, 5
cho más, y os basta que seáis vasallas de Dios
no queráis tanto que os quedéis sin nada. Mi-
rad los santos que entraron a cámara de este
la
Rey, y veréis la diferencia que hay de ellos a
nosotras. No pidáis lo que no tenéis merecido iq
ni había de llegar a nuestro pensamiento, que
por mucho que sirvamos, hemos de merecer lo
los que hemos ofendido a Dios. ¡Oh humildad,
humildad No sé qué tentación me tengo en es-
!
te caso, que no puedo acabar de creer a quien 15
tanto caso hace de estas sequedades, sino que es
un poco de falta de ella. Digo que dejo los tra-
bajos grandes interiores que he dicho, que aqué-
llos son mucho más que falta de devoción. Pro-
bémonos a nosotras mesmas, hermanas mías, u 2®
pruébenos el Señor, que lo sabe bien hacer, an-
que muchas veces no queremos entenderlo, y
vengamos a estas almas tan concertadas; vea-
mos qué hacen por Dios, y luego veremos como
no tenemos razón de quejarnos de su Majestad; 2s
porque si le volvemos las espaldas y nos vamos
tristes, como el mancebo del Evangelio, cuando
nos dice lo que hemos de hacer para ser per-
5<3 MORADAS TERCERAS
fetos,¿qué queréis que haga su Majestad, que
ha de dar el premio conforme a el amor que le
tenemos? Y este amor, hijas, no ha de ser fa-
bricado en nuestra imaginación, sino probado
por obras, y no penséis que ha menester nues-
tras obras, sino la determinación de nuestra vo-
luntad. Parecemos ha que que tenemos há-
las
bito de relisióny le tomamos de nuestra vo-
luntad, y dejamos todas las cosas del mundo
i'j
y lo que teníamos por Él (anque sea las
redes de san Pedro, que harto le parece que da
quien da lo que tiene), que ya está todo hecho.
Harto buena dispusición es, si persevera en
aquello y no se torna a meter en las sabandijas
& de las primeras piezas, anque sea con el deseo,
que no hay duda, sino que si persevera en esta
deznudez y dejamiento de todo, que alcanzará
lo que pretende. Mas ha de ser con condición,
y mira que os aviso de esto, que se tenga por
20 siervo sin provecho, como dice san Pablo, u
i V. nota a la pág. 48-3.
11 "En aquel tiempo, andando Jesú cerca del mar de
Galilea vio dos hermanos a Symón que es llamado Pe-
:
dro e a Andrés su hermano, que echavan la red en el
mar, ca eran pescadores e díxoles ; Venid en pos de
: —
mí e yo vos faré pescadores de ombres E ellos luego, — .
dexadas las redes, siguiéronle... por ende, dize Grisosto,
en esto nos enseñaron los apóstoles que ninguno puede
poseer las cosas terrenas e perfectamente yr presto a las
del cielo." Evangelios y Epístolas, versión de G. García
de Santa María. Uppsala, 1908, págs. 224-6, 225-3.
20 Cristo dijo, según San Lucas: "...después que
CAPÍTULO PRIMERO 5
Cristo,y crea que no ha obligado a nuestro Se-
ñor para que le haga semejantes mercedes; an-
tes,como quien más ha recibido, queda más
adeudado. ¿ Qué podemos hacer por un Dios tan
generoso, que murió por nosotros y nos crió y 5
da ser, que no nos tengamos por venturosos en
que se vaya desquitando algo de lo que le debe-
mos, por lo que nos ha servido (de mala gana
dije esta palabra, mas ello es ansí, que no hizo
otra cosa todo lo que vivió en mundo), sin
el IO
que le pidamos mercedes de nuevo y regalos?
Mirad mucho, hijas, algunas cosas que aquí van
apuntadas, anque arrebujadas, que no lo sé más
declarar; el Señor os lo dará a entender, para
que saquéis de las sequedades humildad, y no ,5
inquietud, que es lo que pretende el Demonio;
y creé que adonde la hay de veras, que aunque
nunca dé Dios regalos, dará una paz y confor-
midad con que anden más contentas que otros
con regalos, que muchas veces, como habéis leí- 20,
do, los da la divina Majestad a los más flacos,
anque creo de ellos que no los trocarían por las
fortalezas de los que andan con sequedad. So-
mos amigos de contentos más que de cruz.
Pruébanos tú, Señor, que sabes las verdades, a&
para que nos conozcamos.
hubiereis hecho todas las cosas que se os han mandado,
habéis de decir: —
Somos siervos inútiles, no hemos he-
cho más que lo que ya teníamos obligación de hacer."
San Lucas, XVII, 10.
CAPÍTULO SEGUNDO
Yo he conocido algunas almas, y an creo pue-
do decir hartas, de las que han llegado a este
estado, y estado y vivido muchos años en esta
s retitud y concierto alma y cuerpo, a lo que se
puede entender, y después de ellos, que ya pa-
rece habían de estar señores del mundo, al me-
nos bien desengañados del, probarlos su Majes-
tad en cosas no muy grandes y andar con tanta
so inquietud y apretamiento de corazón, que a mí
me trayan tonta, y an temerosa harto. Pues dar-
les consejo no hay remedio, porque como ha
tanto que tratan de virtud, paréceles que pue-
den enseñar a otros y que les sobra razón en
£5 sentir aquellas cosas. En que yo no he ha-
fin,
llado remedio, ni le hallo para consolar a seme-
jantes personas, si no es mostrar gran senti-
miento de su pena, y a la verdad se tiene de ver-
los sujetos a tanta miseria, y no contradecir su
20 razón, porque todas las conciertan en su pen-
CAPITULO SEGUNDO 53
^amiento, que por Dios las sienten, y ansí, no
acaban de entender que es imperf eción que es ;
otro engaño para gente tan aprovechada, que
de que lo sientan no hay que espantar, anque a
mi parecer había de pasar presto el sentimien- 5
to de cosas semejantes. Porque muchas veces
quiere Dios que sus escogidos sientan su mise-
ria, y aparta un poco su favor, que no es me-
nester más, que ausadas que nos conozcamos
bien presto. Y luego se entiende esta manera de 10
probarlos, porque entienden ellos su falta muy
claramente, y a las veces les da más pena ésta
de ver que sin poder más, sienten cosas de la
tierra, y no muy pesadas, por lo mesmo de que
tienen pena. Esto téngolo yo por gran miseri- 15
cordia de Dios, y anque es falta, muy ganancio-
sa para la humildad- En las personas que digo
no es ansí, sino que canonizan, como he dicho,
en sus pensamientos, estas cosas, y ansí que-
rrían que otros las canonizasen. Quiero decir 20
alguna de porque nos entendamos y nos
ellas,
probemos a nosotras mesmas antes que nos
pruebe el Señor, que sería muy gran cosa estar
apercebidas y habernos entendido primero.
10 misadas == ciertamente, a fe ; aosadas en el Dice,
de Autor.
24 apercebidas ; formas análogas : redemidas, 16-14 ;
resestía, 31-22; desponerse, 37-15; recebirá, 37-20; ad-
54 MORADAS TERCERAS
Viene a una persona rica sin hijos ni para
quien querer la hacienda, una falta della; mas
no es de manera que en lo que le queda le pue-
de faltar lo necesario para sí y para su casa, y
5 sobrado; si éste anduviese con tanto desasosie-
go y inquietud, como si no le quedara un pan
que comer, ¿cómo ha de pedirle nuestro Señor
que lo dejé todo por Él? Aquí entra el que lo
siente porque lo quiere para los pobres. Yo crea
io que quiere Dios más que yo me conforme con
lo que su Majestad hace, y anque lo procure,
tenga quieta mi alma, que no esta caridad. Y
ya que no lo hace, porque no ha llegádole el Se-
ñor a tanto, enhorabuena; mas entienda que le
i5 falta esta libertad de espíritu, y con esto se dis-
ponía para que el Señor se la dé, porque se la
pedirá. Tiene una persona bien de comer, y an
sobrado; ofrécesele poder adquirir más hacien-
da: tomarlo si se lo dan, enhorabuena, pase;
querido, 87-2, etc.; todas ellas son perfectamente eti-
mológicas una corriente erudita las desterró del uso,
;
sustituyéndolas por las formas modernas. (R. Menén-
dez Pidal, Gram. hist., § 11, nota 2, y § 105-2.)
8 Vuelve a recordar lo del mancebo del Evange-
lio. V. pág. 48-3, nota.
15 disporná = dispondrá. Juntamente con la forma
moderna, el castellano antiguo conoció distintas varian-
tes disporná, disponrá, dis porra, todas derivadas de
:
disponer ha (R. Menéndez Pidal, Gr<zm. hist. f § 123-2) ;
casos análogos, en Las Moradas venia, 57-1 ; terna, 58-
:
15; tememos, 67-10; etc.
CAPITULO SEGUNDO 55
mas procurarlo, y después de tenerlo procurar
más y más, tenga cuan buena intención quisiere,
que si 4ebe tener, porque, como he dicho, son
estas personas de oración y virtuosas, que no
hayan miedo que suban a las Moradas más jun- s,
tas a el Rey. De esta manera es, si se les ofrece
algo de que los desprecien u quiten un poco de
honra, que anque les hace Dios merced de que
lo sufran bien muchas veces, porque es muy
amigo de favorecer la virtud en público, porque íes
no padezca la mesma virtud en que están teni-
dos^ an será porque le han servido, que es muy
bueno este Bien nuestro, allá les queda una in-
quietud, que no se pueden valer ni acaba de aca-
barse tan presto. ¡ Viálame Dios ! ¿ No son és- 15,
tos los que ha tanto que consideran como pade-
ció el Señor y cuan bueno es padecer y an lo
desean ? Querrían a todos tan concertados como
ellos train sus vidas, y plega a Dios que no
piensen que la pena que tienen es de la culpa aje- 20
na y la hagan en su pensamiento meritoria. Pa-
receros ha, hermanas, que hablo fuera de pro-
pósito y no con vosotras, porque estas cosas no
6 Censura la codicia que pretende disculparse di-
ciendo que se allega para los pobres: "Pues ¿cómo pue-
de dejar de tener gran sed el que se está ardiendo e»
vivas llamas en las codicias de estaa cosas miserables
de la tierra?" Exc, 11.
56 MORADAS TERCERAS
las hay que ni tenemos hacienda, ni la que-
acá,
remos, ni procuramos, ni tampoco nos injuria
nadie; por eso las comparaciones no es lo que
pasa, mas sácase de ellas otras muchas cosas
5 que pueden pasar, que ni sería bien señalarlas
ni hay para qué; por éstas entenderéis si estáis
bien desnudas de lo que dejastes, porque cosi-
llas se ofrecen, anque no tan de esta suerte, en
que os podéis muy bien probar y entendé si es-
so tais señoras de vuestras pasiones. Y créeme
que no está el negocio en tener hábito de reli-
sión u no, sino en procurar ejercitar las virtu-
des y rendir nuestra voluntad a la de Dios en
todo, y que el concierto de nuestra vida sea lo
g5 que su Majestad ordenare de ella, y no quera-
mos nosotras que se haga nuestra voluntad,
sino la suya. Ya
que no hayamos llegado aquí,
como he dicho, humildad, que es el ungüento
de nuestras heridas; porque si la hay de ve-
7 dejastes = dejasteis, arcaísmo. Es <de notar cómo
la forma tú dejastes, vulgar moderna, ha venido a coin-
cidir con la antigua vos dejastes.
12 "Desasiéndonos de esto y puniendo en ello mu-
cho, como cosa que importa mucho, miren que impor- ¡
ta!, y encerradas aquí... ya parece que lo tenemos todo
hecho... Oh hijas mías! no os aseguréis ni os echéis
¡
a dormir, que será como el que queda muy sosegado
/de haber cerrado muy bien sus puertas por miedo de
ladrones y se los deja en casa." Camino, XIV.
CAPITULO SEGUNDO 57
ras, anque tarde algún tiempo, verná el zuru-
jano, que es Dios, a sanarnos.
Las penitencias que hacen estas almas son
tan concertadas como su vida; quiérenla mu-
cho, para servir a nuestro Señor con ella, que 5»
todo esto no es malo, y ansí tienen gran dis-
creción en hacerlas, porque no dañen a la sa-
lud. No hayáis miedo que se maten, porque
su razón está muy en sí. No está an el amor pa-
ra sacar de razón ; mas querría yo que la tuvié- i&
sernos para no nos contentar con esta mane-
ra de servir a Dios siempre a un paso paso que
nunca acabaremos de andar este camino. Y
como nuestro andamos y nos
parecer siempre
cansamos, porque creed que es un camino bru- ts-
mador, harto bien será que no nos perdamos.
Mas ¿pareceos, hijas, si yendo a una tierra des-
de otra pudiésemos llegar en ocho días, que
sería bueno andarlo en un año, por ventas y
nieves y aguas y malos caminos? ¿No valdría 2©.
más pasarlo de una vez?, porque todo esto hay
y peligros de serpientes. jOh, qué buenas se-
ñas podré yo dar de esto! Y plega a Dios que
1 zurujano = ant. cirujano, Dice. Acad.
14 "Paréceme ahora a mí esta manera de caminar
un querer concertar cuerpo y alma, para no perder acá
el descanso y gozar allá de Dios; y ansí será ello si se
anda en justicia- y vamos asidos a virtud; mas es paso
de gallina; nunca con él se llegará a libertad de espí-
ritu." Vida, XIII.
58 MORADAS TERCERAS
liaya pasado de aquí, que hartas veces me pa-
rece que no. Como vamos con tanto seso, to-
do nos ofende, porque todo lo tememos, y an-
sí, no osamos pasar adelante, como si pudié-
semos nosotras Moradas y que
llegar a estas
otros anduviesen el camino. Pues no es esto
posible, esforcémonos, hermanas mías, por amor
del Señor dejemos nuestra razón y temores en
:
sus manos olvidemos esta flaqueza natural, que
;
«o nos puede ocupar mucho. El cuidado de estos
cuerpos ténganle los perlados allá se avengan ;
nosotras de sólo caminar apriesa para ver este
Señor, que anque el regalo que tenéis es poco
u nenguno, el cuidado de la salud nos podría
c5 engañar. Cuanto más, que no se terna más por
esto, yo lo sé, y también sé que no está el ne-
gocio en lo que toca a el cuerpo, que esto es lo
menos, que el caminar que digo es con una
grande humildad que si habéis entendido, aquí
;
-20 creo está el daño de las que no van adelante, si-
2 "No parece que venimos al monesterio, sino a ser-
vir nuestros cuerpos y curar de ellos... no hayan mie-
do que falte discreción en monjas por maravilla; no
hayan miedo los confesores, que luego piensan nos han
»de matar las penitencias, y es tan aborrecida de nos-
otras esta falta de discrición, que ansí lo cumpliésemos
.iodo." Camino, XV.
15 "algunas monjas no parece que venimos a otra
xosa al monesterio sino a procurar no morirnos." Vi-
<da, X.
CAPITULO SEGUNDO 59
no que nos parezca que hemos andado pocos pa-
sos, y lo creamos ansí, y los que andan nuestras
hermanas nos parezcan muy presurosos, y no
sólo deseemos, sino que procuremos nos tengan
por la más ruin de todas. Y con esto este esta- 5
do es ecelentísimo,
y si no, toda nuestra vida
nos estaremos en él, y con mil penas y miserias
porque, como no hemos dejado a nosotras mes-
mas, es muy trabajoso y pesado, porque vamos
muy cargadas desta tierra de nuestra miseria, 10
lo que no van los que suben a los aposentos que
faltan. En éstos no deja el Señor de pagar co-
mo y an como misericordioso, que siem-
justo,
pre da mucho más que merecemos con darnos
contentos harto mayores que los podemos tener ib
en los que dan los regalos y destraimientos de
la vida. Mas no pienso que da muchos gustos,
si no es alguna vez para convidarlos con ver lo
que pasa en las demás Moradas, porque se dis-
pongan para entrar en ellas. Parecer os ha que, 20
contentos y gustos, todo es uno; ¿que para qué
hago esta diferencia en los nombres? A mí pa-
réceme que la hay muy grande; ya me puedo
engañar. Diré lo que en esto entendiere en las
Moradas cuartas, que vienen tras éstas, porque 25
como se habrá de declarar algo de los gustos
que allí da el Señor, viene mejor. Y anque pa-
27 V. págs. 66-27 a 69-16; 76-2 y siguientes.
ÓO MORADAS TERCERAS
rece sin provecho, podrá ser de alguno, para
que, entendiendo lo que es cada cosa, podáis es-
forzaros a seguir lo mejor, y es mucho consue-
lo para las almas que Dios llega allí, y confu-
s sión para las que les parece que lo tienen todo,
y si son humildes moverse han a hacimiento de
gracias. Si hay alguna falta de esto, darles ha
un desabrimiento interior y sin propósito, pues
no está la perfeción en los gustos, sino en quien
10 ama más, y el premio lo mesmo, y en quien me-
jor obrare con justicia y verdad. Pareceros ha
que ¿de qué sirve tratar destas mercedes inte-
riores y dar a entender cómo son, si es esto ver-
dad, como lo es? Yo no lo sé; pregúntese a
i5 quien me lo manda escribir, que yo no soy obli-
gada a disputar con los superiores, sino a obe-
decer, ni sería bien hecho. Lo que os puedo de-
cir con verdad es que cuando yo no tenía, nt
an sabía por esperiencia, ni pensaba saberlo en
20 mi y con razón, que harto contento fuera
vida,
para mí saber u por conjeturas entender que
agradaba a Dios en algo, cuando leía en los li-
bros de estas mercedes y consuelos que hace el
Señor a las almas que le sirven, me le daba
a5 grandísimo, y era motivo para que mi alma die-
se grandes alabanzas a Dios. Pues si la mía, con
ser tan ruin, hacía esto, las que son buenas y hu-
mildes le alabarán mucho más, y por sola una
CAPÍTULO SEGUNDO 6l
que le alabe una vez, es muy bien que se diga
a mi parecer, y que entendamos el contento y
deleites que perdemos por nuestra culpa. Cuan-
tomás que, si son de Dios, vienen cargados de
amor y fortaleza, puede caminar más
con que se 5
sin trabajo y ir creciendo en las obras y virtu-
des. No penséis que importa poco que no quede
por nosotros, que cuando no es nuestra la fal-
ta, Señor, y su Majestad os dará por
justo es el
otros caminos lo que os quita por éste, por lo lo
que su Majestad sabe, que son muy ocultos sus
secretos ; al menos será lo que más nos conviene,
sin duda nenguna.
Lo que me parece nos haría mucho provecho
a las que, por la bondad del Señor, están en es- i*
te estado, que, como he dicho, no les hace poca
misericordia, porque están muy cerca de subir
a más, es estudiar mucho en la prontitud de la
obediencia, y aunque no sean relisiosos, sería
20 La obediencia es la primera virtud; es antes que
la oración. Fund., —
VI, 3. Más se cotenta Dios con la
obediencia que con la mortificación. Fund., VI, 16. La —
Santa deseaba tener esta virtud más que ninguna otra~
(Modo de visitar los conventos, I, 1.) Y llegó a hacer-
la practicar entre sus monjas hasta un punto extraor-
dinario: "Estaban una vez mirando una balsa... y dijo:
— Mas ¿qué sería si dijese a una monja... que se echa-
se aquí? —
No se lo hubo dicho cuando ya la monja es-
taba dentro, que según se paró fué menester vestirse de
nevo." Fund., XVI, 22.
6
62 MORADAS TERCERAS
.gran cosa, como
hacen muchas personas, te-
lo
ner a quien acudir, para no hacer en nada su
voluntad, que es lo ordinario en que nos daña-
mos, y no buscar otro de su humor, como dicen,
5 que vaya con tanto tiento en todo, sino procu-
rar quien esté con mucho desengaño de las co-
sas del mundo, que en gran manera aprovecha
tratar con quien ya le conoce, para conocernos.
Y porque algunas cosas que nos parecen impo-
so sibles, viéndolas en otros tan posibles, y con la
suavidad que las llevan, anima mucho y parece
que con su vuelo nos atrevemos a volar, como
hacen los hijos de las aves cuando se enseñan,
que anque no es de presto dar un gran vuelo,
«§ poco a poco imitan a sus padres, en gran mane-
ra aprovecha esto : yo lo sé. Acertarán, por de-
terminadas que estén, en no ofender a el Señor
personas semejantes, no se meter en ocasiones
de ofenderle; porque como están cerca de las
ao primeras Moradas, con facilidad se podrán tor-
nar a ellas, porque su fortaleza no está fundada
en tierra firme, como los que están ya ejercita-
dos en padecer, que conocen las tempestades del
16Tenía gran fe en la virtud del ejemplo. Fund., ca-
pítulo I. —
Cuenta de propósito los méritos de algunas
personas, para excitar a sus monjas a que las imiten.
Fund., XII, XXVIII, etc.
CAPÍTULO SEGUNDO 63
mundo, cuan poco hay que temerlas ni que de-
sear sus contentos, y sería posible con una per-
secución grande volverse a ellos, que sabe bien
urdirlas el Demonio para hacernos
mal, y que,
yendo con buen celo, quiriendo quitar pecados 5
ajenos, no pudiese resistir lo que sobre esto se
le podría suceder. Miremos nuestras faltas y
dejemos las ajenas, que es mucho de personas
tan concertadas espantarse de todo ; y, por ven-
tura, de quien nos espantamos podríamos bien 10
deprender en compostura es-
lo principal, y en la
terior y en su manera de trato le hacemos ven-
tajas; y no es esto lo de más importancia, an-
que es bueno, ni hay para qué querer luego que
todos vayan por nuestro camino, ni ponerse a 15
enseñar el no sa-
del espíritu quien por ventura
be qué cosa es, que con estos deseos que nos da
Dios, hermanas, del bien de las almas, podemos
hacer muchos yerros, y ansí, es mejor llegarnos
a lo que dice nuestra Regla: en silencio y es- 20
8 "No
pienses faltas ajenas, sino las virtudes, y tus
propias faltas." Avisos.
9 Estas personas tan concertadas son las mismas de
que antes ha hablado, cuyo amor "no está an para sa-
car de razón", pág. 57-9.
20 "En la quietud) y en la esperanza estará vuestra
fortaleza." Isaías, XXX, 15. Escribió acerca de esto la
misma Santa en su Regla Carmelitana, Auts. Esps.,
Lili, 272.
64 MORADAS TERCERAS
peranza procurar vivir siempre, que el Señor
terna cuidado de sus almas; como no nos des-
cuidemos nosotras en suplicarlo a su Majestad,
haremos harto provecho con su favor. Sea por
5 siempre bendita
MORADAS CUARTAS
CAPITULO PRIMERO
Para comenzar a hablar de las cuartas Mora-
das bien he menester lo que he hecho, que es en-
comendarme a el Espíritu Santo, y suplicarle de 5
aquí adelante hable por mí para decir algo de
las que quedan, de manera que lo entendáis, por-
que comienzan a ser cosas sobrenaturales, y es
dificultosísimo de dar a entender, si su Majes-
tad no lo hace, como en otra parte que se escri- IO
bió, hasta donde yo había entendido, catorce
años ha, poco más u menos anque un poco más
;
luz me parece tengo destas mercedes que el Se-
ñor hace a algunas almas, es diferente el saber-
las decir. Hágalo su Majestad, si se ha de se- ^
guir algún provecho, y si no, no. Como ya es-
tas Moradas se llegan más adonde está el Rey,
es grande su hermosura, y hay cosas tan delica-
das que ver y que entender, que el entendí-
12 Refiérese al Libro de su Vida, que, precisamente
hacia 1562, empezó a escribir, a petición del padre Ibá-
ñez, dominico.
66 MORADAS CUARTAS
miento no es capaz para poder dar traza có-
mo se diga siquiera algo que venga tan al
justo que no quede bien escuro para los que no
tienen espiriencia, que quien la tiene muy bien
s lo entenderá, en especial si es mucha. Parecerá
que para llegar a estas Moradas se ha de haber
vivido en las otras mucho tiempo, y anque lo or-
dinario es que se ha de haber estado en la que
acabamos de no es regla cierta, como ya
decir,
10 habréis oído muchas veces, porque da el Señor
cuando quiere y como quiere y a quien quiere,
como bienes suyos, que no hace agravio a nadie.
En estas Moradas pocas veces entran las co-
sas ponzoñosas, y si entran, no hacen daño, an-
15 tesdejan con ganancia; y tengo por muy mejor
cuando entran y dan guerra en este estado de
oración, porque podría el Demonio engañar, a
vueltas de los gustos que da Dios, si no hubiese
tentaciones, y hacer mucho más daño que cuan-
do do las hay, y no ganar tanto el alma, por lo me-
nos apartando todas las cosas que la han de
hacer merecer, y dejarla en un embebecimiento
ordinario. Que cuando lo es en un ser, no le ten-
go por siguro, ni me parece posible estar en un
25 ser el espíritu del Señor en este destierro. Pues
hablando de lo que dije que diría aquí de la di-
ferencia que hay entre contentos en la oración^
u gustos, los contentos me parece a mí se pue-
CAPÍTULO PRIMERO 67
den llamar que nosotros adquirimos con
los
nuestra meditación y peticiones a nuestro Se-
ñor, que procede de nuestro natural, anque, en
fin, ayuda para ellos Dios, que hase de enten-
der en cuanto dijere que no podemos nada sin 5
Él, mas nacen de la mesma obra virtuosa que
hacemos, y parece a nuestro trabajo lo hemos
ganado, y con razón nos da contento habernos
empleado en cosas semejantes. Mas si lo consi-
deramos, los mesmos contentos tememos en 10
muchas cosas que nos pueden suceder en la tie-
rra. Ansí en una gran hacienda que de presto
se provea alguno como de ver una persona que
;
mucho amamos, de presto como de haber acer-;
tado en un negocio importante y cosa grande, , 5
de que todos dicen bien; como si a alguna le
han dicho que muerto su marido u hermano
es
u hijo, y le ve venir vivo. Yo he visto derramar
lágrimas de un gran contento, y an me ha acae-
cido alguna vez. Paréceme a mí que ansí como 20
estos contentos son naturales, ansí en les que nos
dan las cosas de Dios, sino que son de linaje más
noble, anque estotros no eran tampoco malos;
en comienzan de nuestro natural mesmo y
fin,
acaban en Dios los gustos comienzan de Dios,
: 25
y siéntelos el y goza tanto dellos
natural,
como gozan los que tengo dichos y mucho
más. ¡Oh Jesús, y qué deseo tengo de saber
68 MORADAS CUARTAS
declararme en esto! Porque entiendo a mi pa-
recer muy conocida diferencia, y no acanza mi
saber a darme a entender; hágalo el Señor.
!Ahora me acuerdo en un verso que decimos a
5 Prima al fin del postrer Salmo, que al cabo del
verso dice: Cun dilatasti cor meum. A quien
tuviere mucha espiriencia, esto le basta para ver
la diferenciaque hay de lo uno a lo otro, a
quien no, es menester más. Los contentos que
ffi0
están dichos, no ensanchan el corazón, antes
lo más ordinariamente parece aprietan un po-
co, anque con contento todo de ver que se
hace por Dios; mas vienen unas lágrimas con-
gojosas que en alguna manera parece las mue-
«5 ve la pasión. Yo sé poco destas pasiones del
alma, que quizá me diera a entender, y lo que
procede de la sensualidad y de nuestro natu-
ral, porque soy muy torpe; que yo me supie-
ra declarar, si como he pasado por ello lo en-
2o tendiera. Gran cosa es el saber y las letras pa-
ra todo. Lo que tengo de espiriencia de este es-
2 acanza = alcanza; forma popular repetida en
214-19.
6 "Corrí por el camino de tus mandamientos cuando
ensanchaste mi corazón." Salmo CXVIII, 32.
21 Insiste muchas veces en su admiración por el sa-
ber y las letras amaba el trato con personas doctas,
:
Fund., XIX. "La tierra que no es labrada llevará abro-
jos y espinas anque sea fértil: ansí el entendimiento
del hombre." Avisos.
CAPÍTULO PRIMERO 69
tado, digo de estos regalos y contentos en la
meditación, es que si comenzaba a llorar por
la Pasión, no sabía acabar hasta que se me
quebraba la cabeza; si mes-
por mis pecados, lo
mo harta merced me hacía nuestro Señor, que 5
;
no quiero yo ahora esaminar cuál es mejor lo
tino u lo otro, sino la diferencia que hay de
lo uno a lo otro querría saber decir. Para es-
tas cosas, algunas veces van estas lágrimas y
estos deseos ayudados del natural y como es- m
tá la despusición; mas, en fin, como he dicho,
vienen a parar en Dios, anque sea esto. Y es de
tener en mucho, si hay humildad, para enten-
der que no son mejores por eso porque no se ;
puede entender si son todos efetos del amor, y is
cuando sea, es dado de Dios. Por la mayor
parte tienen estas devociones las almas de las
Moradas pasadas, porque van casi contino con
obra de entendimiento empleadas en discurrir
con entendimiento y en meditación; y van
el *>
bien, porque no se les ha dado más, anque acer-
tarían en ocuparse un rato en hacer atos, y en
alabanzas de Dios, y holgarse de su bondad,
y que sea el que es, y en desear su honra y
gloria, esto como pudiere, porque despierta 2s
ii despusición — disposición. Ya antes debe haberse
encontrado dispusición, 47-20, 50-13, que juntamente
con dispuniendo, 93-18, representa un fenómeno foné-
tico aún corriente en el habla vulgar.
yo MORADAS CUARTAS
mucho la voluntad; y estén con gran aviso,
cuando el Señor les diere estotro, no lo dejar
por acabar la meditación que se tiene de cos-
tumbre. Porque me he alargado mucho en
5 decir esto en otras partes no lo diré aquí; sólo
quiero que estéis advertidas, que para aprove-
char mucho en este camino y subir a las Mo-
radas que deseamos, no está la cosa en pensar
mucho, sino en amar mucho, y ansí, lo que
io más os dispertare a amar, eso haced. Quizá no
sabemos qué es amar, y no me espantaré mu-
cho, porque no está en el mayor gusto, sino en
la mayor determinación de desear contentar
en todo a Dios y procurar en cuanto pudiere-
is mos no le ofender, y rogarle que vaya siempre
adelante la honra y la gloria de su Hijo y el
aumento de la Ilesia Católica. Estas son las se-
ñales del amor, y no penséis que está la cosa en
no pensar otra cosa y que si os divertís un poco
ao va todo perdido. Yo he andado en esto de esta
baraúnda del pensamiento bien apretada al-
gunas veces, y habrá poco más de cuatro años
que vine a entender por espiriencia que el pen-
samiento, u imaginación, porque mejor se en-
as tienda, no es el entendimiento, y pregúntelo a
9 "elaprovechamiento del alma no está en pensar
mucho, sino en amar mucho." Fund., V, 2.
20 "El amor de Dios consiste en obrar y padecer
por El.* Fund., V.
CAPÍTULO PRIMERO 7
un y di jome que era ansí, que no fué
letrado,
para mí poco contento; porque como el enten-
dimiento es una de las potencias del alma, há-
daseme recia cosa estar tan tortolito a veces,
y lo ordinario vuela el pensamiento de presto, 5-
que sólo Dios puede cuando nos ata an-
atarle,
sí, de manera que parece que estamos en al-
guna manera desatados de este cuerpo. Yo vía
a mi parecer las potencias del alma empleadas
en Dios y estar recogidas con Él, y, por otra *»
parte, el pensamiento alborotado: traíame ton-
ta. ¡Oh Señor, tomad en cuenta lo mucho que
pasamos en este camino por falta de saber! Y
es el mal que, como no pensamos que hay que
saber más que pensar en Vos, an no sabemos is.
preguntar a los que saben, ni entendemos qué
hay que preguntar, y pásanse terribles trabajos,
porque no nos entendemos, y lo que no es ma-
lo, sino bueno, pensamos que es mucha culpa.
De aquí proceden las afliciones de mucha gen- 2®
te que trata de oración, y el quejarse de traba-
jos interiores, a lo menos mucha parte en gen-
te que no tiene y vienen las melancolías y
letras,
a perder la salud, y an a dejarlo del todo, por-
que no consideran que hay un mundo interior 25»
acá dentro, y ansí como no podemos tener el
4 "tortolito" = candido, «i» experiencia. Dice, de
Autor.
I
J2 MORADAS CUARTAS
movimiento del cielo, sino que anda apriesa con
toda velocidad, tampoco podemos tener nues-
tro pensamiento; y luego metemos todas las
potencias del alma con y nos parece que es-
él,
5 tamos perdidas, y gastado mal el tiempo que
estamos delante de Dios, y estáse el alma por
ventura toda junta con Él en las Moradas muy
cercanas, y el pensamiento en el arrabal del Cas-
tillo, padeciendo con mil bestias fieras y ponzo-
ño ñosas, y mereciendo con este padecer. Y ansí,
ni nos ha de turbar ni lo hemos de dejar, que
es lo que pretende el Demonio, y por la mayor
parte, todas las inquietudes y trabajos vienen
de este no nos entender. Escribiendo esto, es-
as toy considerando lo que pasa en mi cabeza del
gran ruido de ella, que dije al principio, por
donde se me hizo casi imposible poder hacer
lo que me mandaban de escribir. No parece si-
no que están en ella muchos ríos caudalosos,
ao y, por otra parte, que estas aguas se despeñan;
muchos paj arillos y silbos, y no en los oídos,
sino en lo superior de la cabeza, adonde dicen
3 Lamentábase Santa de la movilidad de su pen-
la
samiento (imaginación), que se alejaba del objeto de
su voluntad hasta en los momentos de mayor devoción.
"Por ventura es solo el mío y no deben ser ansí otros.
Conmigo hablo: que algunas veces me deseo morir de
que no puedo remediar esta variedad del pensamiento."
Camino, XXXI, 7.
CAPITULO PRIMERO 73
que está alma yo estuve en esto
lo superior del ;
harto tiempo, por parecer que el movimiento
grande del espíritu haciarriba subía con veloci-
dad. Plega a Dios que se me acuerde en las
Moradas de adelante decir la causa desto, que »
aquí no viene bien, y no será mucho que haya
querido el Señor darme este mal de cabeza
para entenderlo mejor, porque con toda esta
baraúnda de ella no me estorba a la oración
ni a lo que estoy diciendo, sino que el alma se w
está muy entera en su quietud y amor y deseos
y claro conocimiento. Pues si en lo superior de
la cabeza está lo superior del alma, ¿cómo no
la turba? Eso no lo sé yo, mas sé que es ver-
dad lo que digo. Pena da cuando no es la ora- i*
ción con suspensión, que entonces, hasta que
se pasa, no se siente ningún mal, mas harto mal
fuera si por este impedimento lo dejara yo
todo. Y ansí, no
que por los pensa-
es bien
mientos nos turbemos ni se nos dé nada, que *>
si los pone el Demonio, cesarán con esto, y si
es, como lo es, que nos quedó del
de la miseria
pecado de Adán, con otras muchas, tengamos
pacienciay sufrámoslo por amor de Dios.
Pues estamos también sujetas a comer y dor- 25
3 haciarriba, repítese en 295-17, haciarriba y hacia-
bajo, contracción hoy corriente, ama cuando Be escri-
ta hacia arriba.
74 MORADAS CUARTAS
mir, sin poderlo escusar, que es harto trabajo,
conozcamos nuestra miseria y deseemos ir adon-
dede naide nos menosprecia. Que algunas ve-
ces me acuerdo haber oído esto que dice la
5 Esposa en los Cantares, y verdaderamente que
no hallo en toda la vida cosa adonde con más
razón se pueda decir, porque todos los menos-
precios y trabajos que puede haber en la vida
no me parece que llegan a estas batallas inte-
«o riores. Cualquier desasosiego y guerra se puede
sufrir con hallar paz adonde vivimos, como ya
he dicho; mas que queremos venir a des-
cansar de mil trabajos que hay en el mundo, y
que quiera el Señor aparejarnos el descanso,
«5 y que en nosotras mesmas esté el estorbo, no
puede dejar de ser muy penoso y casi insufri-
dero. Por eso, ¡llévanos, Señor, adonde no nos
menosprecien estas miserias, que parecen algu-
nas veces qae están haciendo burla de! alma!
ao An en esta vida la libra el Señor de esto, cuan-
do ha llegado a la postrera Morada, como di-
remos si Dios fuere servido. Y no darán a to-
dos tanta pena estas miserias ni las acometerán,
5 "
¡ Oh quién me diera, hermano mío, que tú fue-
ses como un niño que está mamando a pechos de los
mi madre, para poder besarte aunque te halle fuera
[en la calle], con lo que nadie me desdeñaría!" Canta-
res, VIH, i. Tal es el deseo de llegar a gozar del amor
puro sin el menosprecio de las propias imperfecciones.
CAPITULO PRIMERO 75
como a mí hicieron muchos años por ser ruin,
que parece que yo mesma me quería vengar
de mí. Y como cosa tan penosa para mí, pienso
que quizá será para vosotras ansí, y no hago
sino decirlo en un cabo y en otro, para si acer- 3
tase alguna vez a daros a entender como es
cosa forzosa, y no os traiga inquietas y afligi-
das, sino que dejemos andar esta tarabilla de
molino, y molamos nuestra harina, no dejando
de obrar la voluntad y entendimiento. Hay 10
más y menos en este estorbo, conforme a la
salud y a los tiempos. Padezca la pobre alma,
anque no tenga en esto culpa, que otras hare-
mos, por donde es razón que tengamos pacien-
cia. Y porque no basta lo que leemos y nos 15
aconsejan, que es que no hagamos caso de es-
tos pensamientos, para las que poco sabemos
no me parece tiempo perdido todo lo que gasto
en declararlo más y consolaros en este caso;
mas hasta que el Señor nos quiera dar luz poco 20
aprovecha. Mas y quiere su Ma-
es menester
jestad que tomemos medios y nos entenda-
mos, y lo que hace la flaca imaginación y el
natural y demonio no pongamos la culpa a el
alma. 25
CAPÍTULO SEGUNDO
¡Válame Dios, en lo que me he metido! Ya.
tenía olvidado lo que trataba, porque los nego-
cios y salud me hacen dejarlo al mejor tiempo,.
5 y como tengo poca memoria, irá todo descon-
certado, por no poder tornarlo a leer. Y an
quizá se es todo desconcierto cuanto digo; al
menos es lo que siento. Paréceme queda dicho
de los consuelos espirituales, como algunas
io veces van envueltos con nuestras pasiones.
Train consigo unos alborotos de zollozos, y
an a personas he oído que se les aprieta el pe-
cho, y an vienen a movimientos esteriores, que
no se pueden ir a la mano, y es la fuerza de
15 manera que les hace salir sangre de narices,
y cosas ansí penosas. Desto no sé decir nada,
porque no he pasado por ello, mas debe que-
dar consuelo, porque, como digo, todo va a
ii sollozos. El manuscrito dice collogos (pág. 58-11);
debió olvidarse la cedilla en la primera c. Los editores
leyeron siempre sollozos; tenemos aquí en cuenta esa g
sospechando que pueda ser un caso de asimilación de
consonantes, como desnudez, 50-17 (Ms., pág. 41-7) sus- )
pencioncilla, 134-n; milaglos, 221-8.
CAPITULO SEGUNDO JJ
parar en desear contentar a Dios y gozar de
su Majestad. Los que yo llamo gusto de Dios,
que en otra parte lo he nombrado oración de
quietud, es muy de otra manera, como enten-
deréis las que lo habéis probado por la mise- s
ricordia de Dios. Hagamos cuenta para enten-
derlo mejor que vemos dos fuentes con dos pi-
las que se hinchen de agua, que no me hallo
cosa más a propósito para declarar algunas de
espíritu que esto de agua, y es, como sé poco i&
y el ingenio no ayuda, y soy tan amiga de este
elemento, que le he mirado con más adverten-
cia que otras cosas; que en todas las que crió
tan gran Dios, tan sabio, debe haber hartos se-
cretos, de que nos podemos aprovechar, y an- ij
sí lo hacen los que lo entienden, anque creo que
en cada cosita que Dios crió hay más de lo que
se entiende,anque sea una hormiguita. Estos
dos pilones se hinchen de agua de diferentes
maneras el uno viene de más lejos por mu-
: &
chos arcaduces y artificio; el otro está hecho
6Distingue entre oración vocal y mental y en ésta
señala cuatro grados oración de recogimiento, de quie-
:
tud, de unión no consumada y de unión perfecta. En el
Libro de su Vida, desde el cap. XI al XX, explica la na-
turaleza y efectos de cada una de estas divisiones. Véase
también Relaciones, VIII.
18 "Aprovechábame... ver campos, agua, flores; en
estas memoria del Criador, digo que
cosas hallaba yo
me despertaban y recogían y servían de libro." Vida,
IX, 4.
78 MORADAS CUARTAS
en el mesmo
nacimiento del agua, y vase hin-
chendo sin nengún ruido, y si es el manantial
caudaloso, como éste que hablamos, después
de henchido este pilón procede un gran arro-
5 yo; ni es menester artificio, ni se acaba el edi-
ficiode los arcaduces, sino siempre está pro-
cediendo agua de allí. Es la diferencia que la
que viene por arcaduces es, a mi parecer, los
contentos que tengo dicho que se sacan con
so la meditación, porque traemos con los pensa-
mientos, ayudándonos de las criaturas en la
meditación y cansando el entendimiento, y co-
mo viene, en fin, con nuestras diligencias, ha-
ce ruido cuando ha de haber algún hinchimien-
*5 to de provechos que hace en el alma, como
queda dicho.
Estotra fuente viene el agua de su mesmo
nacimiento, que es Dios, y ansí como su Majes-
tad quiere, cuando es servido, hacer alguna
ao merced sobrenatural, produce con grandísima
paz y quietud y suavidad de lo muy interior
7 Con este símil explica los cuatro grados de ora-
ción :Paréceme a mí que se puede rezar de cuatro ma-
"
neras o con sacar el agua de un pozo, que es a nuestro
:
gran trabajo; o con noria y arcaduces que se saca con
un torno, yo la he sacado algunas veces, es a menos
•trabajo que estotro y sácase más agua; o de un río o
arrojro, esto se riega muy mejor que queda más hasta
la tierra...; o con llover mucho, que lo riega el Señor
sin trabajo ninguno nuestro..." Vida, XI, 4.
CAPÍTULO SEGUNDO 79
de nosotros mesmos, yo no sé hacia dónde ni
cómo, ni aquel contento y deleite se siente co-
mo los de acá en el corazón, digo en su prin-
cipio, que después todo lo hinche: vase rever-
tiendo este agua por todas las Moradas y po- 5
tencias, hasta llegar al cuerpo, que por eso di-
je que comienza de Dios y acaba en nosotros,
que cierto, como verá quien lo hubiere proba-
do, todo el hombre esterior goza de este gus-
to y suavidad. 10
Estaba yo ahora mirando, escribiendo esto,
que en el verso que dije Dilataste cor tneum,
:
dice que se ensanchó el corazón, y no me pa-
rece que es cosa, como digo, que su nacimien-
to es del corazón, sino de otra parte an más i5
interior, como una cosa profunda; pienso que
debe ser el centro del alma, como después he
entendido y diré a la postre, que cierto veo
secretos en nosotros mesmos que me train es-
pantada muchas veces, ¡y cuántos más debe 20
haber !
¡ Oh Señor mío y Dios mío, qué grandes
son vuestras grandezas! Y andamos acá como
tinos pastorcillos bobos, que nos parece alcan-
zamos algo de Vos, y debe ser tanto como no-
nada, pues en nosotros mesmos están grandes 25
10 Por esta influencia de las potencias sobre el ex-
Santa " salía de la oración con un color y her-
terior, la
mosura que maravillaba". Informac. de fray Diego de
Guevara. Bibl. Nac, Ms. 1031, R. 151.
8o MORADAS CUARTAS
secretos que no entendemos. Digo tanto como
nonada, para lo muy mucho que hay en Vos,
que no porque no son muy grandes las gran-
dezas que vemos, an de lo que podemos al-
5 canzar de vuestras obras. Tornando a el verso,
en lo que me puede aprovechar, a mi parecer,
para aquí, es en aquel ensanchamiento, que
ansí parece que, como comienza a producir
aquella agua celestial de este manantial que
ie digo, de lo profundo de nosotros, parece que
se va dilatando y ensanchando todo nuestro
interior y produciendo unos bienes que no se
pueden decir, ni an el alma sabe entender qué
es lo que se le da allí. Entiende una fraganza,
15 digamos ahora, como si en aquel hondón inte-
rior estuviese un brasero adonde se echasen
olorosos perfumes; ni se ve la lumbre ni don-
de está, mas el calor y humo oloroso penetra to-
da el alma, y an hartas veces, como he dicho,
20 participa el cuerpo. Mira, entendedme, que ni
se siente calor ni se huele olor, que más deli-
cada cosa es que estas cosas, sino para dároslo
14 fraganza =
fragancia forma popular, del mismo
;
modo que persevcranca, 95-2; continuanza, 204-7.
20 "Allá se avengan los del mundo con sus riquezas
y con sus deleites y con sus honras y con sus manjares,
que si todo lo pudiesen gozar sin los trabajos que traen
consigo, lo que es imposible, no llegara en mil años al-
contento que tiene un alma a quien el Señor llega aquí."
Conceptos, IV.
CAPÍTULO SEGUNDO 8l
, m
a entender. Y entiendan las personas que no
han pasado por esto que es verdad que pasa
ansí, y que se entiende y lo entiende el alma
más claro que yo lo digo ahora; que no es esto
cosa que se puede antojar, porque por diligen- 5
cias que hagamos, no lo podemos adquirir, y
en ello mesmo se ve no ser de nuestro metal,
sino de aquel purísimo oro de la sabiduría di-
vina. Aquí no están las potencias unidas, a mi
parecer, sino embebidas y mirando como es- »
pantadas qué es aquello.
Podrá ser que en estas cosas interiores me
contradiga algo de lo que tengo dicho en otras
partes;no es maravilla, porque en casi quince
años que ha que lo escribí, quizá me ha dado 1*
el Señor más claridad en estas cosas, de las que
entonces entendía, y ahora y entonces puedo
errar en todo, mas no mentir, que por la mise-
ricordia de Dios antes pasaría mil muertes:
digo lo que entiendo. ®>
La voluntad bien me parece que debe estar
unida en alguna manera con la de Dios; mas
en los y obras de después se conocen
e fetos
estas verdades de oración, que no hay mejor
crisol para probarse. Harto gran merced es de ss
nuestro Señor si la conoce quien la recibe, y
muy grande si no torna atrás. Luego querréis,
mis procurar tener esta oración, y tenéis
hijas,
razón, que como he dicho, no acaba de enten-
82 MORADAS CUARTAS
der alma las que allí la hace el Señor y con
el
el amor que la va acercando más a Sí, que
cierto está desear saber cómo alcanzaremos
esta merced. Yo os diré lo que en esto he en-
5 tendido. Dejemos cuando
Señor es servidoel
de hacerla, porque su Majestad quiere y no por
más Él sabe el por qué no nos hemos de me-
; ;
ter en eso. Después de hacer lo que los de las
Moradas pasadas, humildad, humildad; por
i© ésta se deja vencer Señor a cuanto del que-
el
remos, y lo primero en que veréis si la tenéis
es en no pensar que merecéis estas mercedes y
gustos del Señor, ni los habéis de tener en vues-
tra vida. Diréisme que de esta manera que
15 ¿cómo han de alcanzar no los procurando?
se
A esto respondo que no hay otra mejor de la
que os he dicho, y no los procurar por estas
razones: la primera, porque lo primero que
para esto es menester es amar a Dios sin inte-
ao resé; la segunda, porque es un poco de poca
humildad pensar que por nuestros servicios mi-
serables se ha de alcanzar cosa tan grande; la
tercera, porque el verdadero aparejo para esto
es deseo de padecer y de imitar al Señor, y no
S5 gustos, los que, en fin, le hemos ofendido; la
cuarta, porque no está obligado su Majestad a
24 "Andar siempre con grandes deseos de padecer
por Cristo en cada cosa y ocasión." Avisos.
CAPÍTULO SEGUNDO 83
dárnoslos, como a darnos la gloria si guarda-
mos sus mandamientos, que sin esto nos podre-
mos salvar, y sabe mejor que nosotros lo que
nos conviene y quién le ama de verdad, y ansí
es cosa cierta, yo lo sé, y conozco personas que 5
van por el camino del amor como han de ir,
por sólo servir a su Cristo crucificado, que no
sólo no le piden gustos ni los desean, mas le su-
plican no se los dé en esta vida esto es verdad
:
la quinta es porque trabajaremos en balde, que, 10
como no se ha de traer esta agua por arcadu-
ces, como la pasada, si el manantial no la quiere
producir, poco aprovecha que nos cansemos.
Quiero decir, que anque más meditación tenga-
mos, anque más nos estrujemos y tengamos la- i5
grimas, no viene este agua por aquí sólo se da :
a quien Dios quiere y cuando más descui-
dada está muchas veces el alma. Suyas somos,
hermanas; haga lo que quisiere de nosotras;
llévenos por donde fuere servido; bien creo a»
que quien de verdad se humillare y des-
asiere (digo de verdad, porque no ha de ser
por nuestros pensamientos, que muchas veces
13 "El contento de la oración de quietud ansí como
no puede alcanzar, tampoco se puede detener. Es bo-
se
tería que ansí como no podemos hacer que amanezca,
tampoco podemos hacer que deje de anochecer." Cami-
no, Lili.
22 "Despegue el corazón de todas las cosas, y bus-
que y hallará a Dios." Avisos.
84 MORADAS CUARTAS
nos engañan, sino que estemos desasidas del
todo) que no dejará el Señor de hacernos esta
merced y otras muchas que no sabremos
desear. Sea por siempre alabado y bendito.
s Amén.
CAPITULO TERCERO
Los efectos de esta oración son muchos; al-
gunos diré, y primero otra manera de oración,
que comienza casi siempre primero que
y ésta,
por haberla dicho en otras partes, diré poco: &
Un recogimiento que también me parece sobre-
natural, porque no es estar en escuro, ni cerrar
los ojos, ni consiste en cosa esterior, puesto
que sin quererlo se hace esto de cerrar los ojos
y desear soledad; y sin artificio, parece que se «•
va labrando el edificio para la oración que que-
da dicha, porque estos sentidos y cosas este-
Tiores parece que van perdiendo de su dere-
cho, porque el alma vaya cobrando el suyo,
que tenía perdido. Dicen que el alma se entra i*
dentro de sí y otras veces se sube sobre sí
por este lenguaje no sabré yo aclarar nada, que
esto tengo malo, que por el que yo lo sé decir
.pienso que me
habéis de entender, y quizá será
sola para mí. Hagamos cuenta que estos sentí- »
:
:
. , . J
6 Un recogimiento... Para entender esta construc-
ción conviene pensar en un verbo no expreso: [Trátase
•de] un recogimiento... [Consiste en...], etc.
86 MORADAS CUARTAS
dos y potencias, que ya he dicho que son la
gente deste Castillo, que es lo que he tomado
para saber decir algo, que se han ido fuera y
andan con gente estraña, enemiga del bien de
3 este Castillo días y años, y que ya se han ido>.
viendo su perdición, acercando a él, anque na
acaban de estar dentro, porque esta costumbre
es recia cosa, sinono son ya traidores y andan
alrededor. Visto ya el gran Rey, que está en la
«> Morada de este Castillo, su buena voluntad,
por su gran misericordia quiérelos tornar a Él,
y como buen pastor, con un silbo tan suave
que an casi ellos mesmos no lo entienden,
hace que conozcan su voz y que no anden tan
15 perdidos, sino que se tornen a su Morada; y
tiene tanta fuerza este silbo del pastor, que
desamparan las cosas esteriores, en que esta-
ban enajenados, y mátense en el Castillo. Pa-
réceme que nunca lo he dado a entender como
ao ahora, porque para buscar a Dios en lo inte-
rior, que se halla mejor y más a nuestro pro-
vecho que en las criaturas (como dice san
Agustín que le halló, después de haberle bus-
cado en muchas partes) es gran ayuda cuando
23 Una de las lecturas que más impresión habían
causado en el espíritu de Santa Teresa fuá la de las
Confesiones de San Agustín, en cuyos pecados creía ella
verse representada. Vida, IX, 6-7. Este pensamiento de
que San Agustín vino a encontrar a Dios dentro de sí,
CAPÍTULO TERCERO 87
Dios hace esta merced. Y no penséis que es
por el entendimiento adquirido, procurando
pensar dentro de sí a Dios, ni por la imagina-
ción, bueno es esto y ece-
imaginándole en si;
lente manera de meditación, porque se funda &
sobre verdad, que lo es estar Dios dentro de
nosotros mesmos; mas no es esto, que esto
cada uno lo puede hacer, con el favor del Se-
ñor, se entiende, todo. Mas lo que digo es en
diferente manera; y que algunas veces antes i©>
que se comience a pensar en Dios, ya esta
gente está en el Castillo, que no sé por dónde
ni corno oyó el silbo de su pastor, que no fué
por los oídos, que no se oye nada, mas siéntese
notablemente un encogimiento suave a lo inte- I5
rior, como verá quien pasa por
que yo no ello,
lo sé aclarar mejor; paréceme que he leído
que como un erizo o tortuga cuando se retiran
hacia y debíalo de entender bien quien lo
sí,
escribió mas éstos, ellos se entran cuando quie-
; 20
ren ; acá no está en nuestro querer, sino cuando
después de haberlo buscado por todas partes, hállase
repetido frecuentemente por la Santa. Vida, XL, 5 Ca- ;
mino, XXVIII, 1. Es el principio del propio conoci-
miento, fundamento de la doctrina psicologista de nues-
tros místicos del siglo xvi. (Menendez y Pelayo, Estu-
dios de critica literaria, i. a serie, pág. 45.)
"nunca supe qué cosa era rezar con satisf ación
17
y consolación, hasta que el Señor me enseñó de este
modo... de recogerme dentro de mí." Camino, L.
88 MORADAS CUARTAS
"Dios nos quiere hacer esta merced. Tengo para
mí que cuando su Majestad la hace, es a per-
sonas que van ya dando de mano a las cosas
del mundo; no digo que sea por obra los que
5 tienen estado, que no pueden sino por el de-
seo, pues los llama particularmente para que
estén atentos a las interiores, y ansí creo que
siqueremos dar lugar a su Majestad, que no
dará sólo esto a quien comienza a llamar para
-«o más. Alábele mucho quien esto entendiere en
sí, porque es muy mucha razón que conozca
la merced; y nacimiento de gracias por ella
hará que se disponga para otras mayores. Y es
dispusición para poder escuchar, como se acon-
•
*5 seja en algunos libros, que procuren no dis-
currir, sino estarse atentos a ver qué obra
el Señor en el alma; que si su Majestad no ha
comenzado a embebernos, no puedo acabar de
entender cómo se pueda detener el pensamien-
to to de manera que no haga más daño que pro-
vecho, anque ha sido contienda bien platicada
entre algunas personas espirituales; y de mí
15 "Puede en este estado hacer muchos actos para
-determinarse a hacer mucho por Dios y despertar el
amor, otros para ayudar a crecer las virtudes conforme
a lo que dice un libro llamado Arte de servir a Dicst
<jue es muy bueno y apropiado para los que están en
este estado, porque obra el entendimiento." Vida, XII, I.
Arte de servir a Dios, por fray Alonso de Madrid. Alca-
lá, 1526; Toledo, 1571.
CAPÍTULO TERCERO 89
confieso mi poca humildad, que nunca me han-
dado razón para que yo me rinda a lo que di-
cen. Uno me alegró con cierto libro del santo
fray Pedro de Alcántara, que yo creo lo es, a
quien yo me rindiera, porque sé que lo sabía, s>
y leímoslo, y dice lo mesmo que
anque no yo,
por estas palabras, mas entiéndese en lo que
dice que ha de estar ya despierto el amor. Ya
puede ser que yo me engañe, mas voy por es-
tas razones: í©*
La primera, que en esta obra de espíritu,
quien menos piensa y quiere hacer, hace más;
lo que habernos de hacer es pedir como pobres
necesitados delante de un grande y rico empe-
rador, y luego bajar los ojos y esperar con i$>
humildad; cuando por sus secretos caminos
parece que entendemos que nos oye, entonces
es bien callar, pues nos ha dejado estar cerca
del,y no será malo procurar no obrar con el
entendimiento, si podemos, digo; mas si este a»w
Rey an no entendemos que nos ha oído, ni nos
ve, no nos hemos de estar bobos que lo queda ;
harto el alma cuando ha procurado esto, y
queda mucho más seca y, por ventura, más in-
quieta la imaginación con la fuerza que se ha 2$
4 En varios lugares habla con respeto y veneración,
de este Santo en el Libro de su Vida, XXVII, le dedica
;
un extenso y cariñoso recuerdo, haciendo a la vez, de su.
carácter, un admirable retraio.
90 MORADAS CUARTAS
hecho a no pensar nada; sino que quiere el Se-
ñor que le pidamos y consideremos estar en
su presencia, que Él sabe lo que nos cumple.
Yo no puedo persuadirme a industrias huma-
* ñas en cosas que parece puso su Majestad lími-
te, y las quiso dejar para Si; lo que no dejó
otras muchas que podemos con su ayuda, ansí
de penitencias, como de obras, como de ora-
ción, hasta adonde puede nuestra miseria.
no La segunda razón es que estas obras inte-
riores son todas suaves y pacíficas; y hacer
cosa penosa, antes daña que aprovecha; llamo
penosa cualquier fuerza que nos queramos
hacer, como sería para detener el huelgo: sino
«5 dejarse el manos de Dios, haga lo
alma en las
que quisiere de ella, con el mayor descuido de
su provecho que pudiere y mayor resinación
a la voluntad de Dios.
La tercera es que el mesmo cuidado que se
-so pone en no pensar nada, quizá despertará el
pensamiento a pensar mucho.
3"sabe que ya estas almas desean siempre pensar
en Él y amarle: esta determinación es la que quiere."
Vida, XI, o.
ii " [El contento que da Dios en esta oración] es un
contento quieto y grande... diferentísimo de los de acá...
Otros contentos de la vida paréceme a mí que los goza
lo esterior «de la voluntad, como la corteza della." Ca-
mino, Lili.
14 huelgo = aliento. Dice. Acad.
CAPITULO TERCERO 91
La cuarta es que lo más sustancial y agra-
dable a Dios es que nos acordemos de su honra
y y nos olvidemos de nosotros mesmos,
gloria
y de nuestro provecho y regalo y gusto. Pues
como está olvidado de sí el que con mucho 5
cuidado está, que no se osa bullir, ni an deja a
su entendimiento y deseos que se bullan a de-
sear la mayor gloria de Dios ni que se huelgue
de la que cuando su Majestad quiere que
tiene,
el entendimiento cese ocúpale por otra mane- to
ra, y da una luz en el conocimiento tan sobre
la que podemos alcanzar, que le hace quedar
absorto, y entonces, sin saber cómo, queda
muy mejor enseñado que no con todas nues-
tras diligencias para echarle más a perder; que 15
pues Dios nos dio las potencias para que con
ellos trabajásemos, y se tiene todo su premio,
no hay para qué las encantar, sino dejarlas ha-
cer su oficio hasta que Dios las ponga en otro
mayor. Lo que entiendo que más conviene »
que ha de hacer el alma que ha querido el Se-
ñor meter a esta Morada, es lo dicho, y que
sin ninguna fuerza ni ruido procure atajar el
discurrir del entendimiento, mas no el suspen-
derle, ni el pensamiento, sino que es bien que 25
se acuerde que está delante de Dios y quién
es este Dios. Si lo mesmo que siente en sí le
embebiere, enhorabuena; mas no procure en-
tender lo que es, porque es dado a la voluntad
92 MORADAS CUARTAS
déjela gozar sin ninguna industria mas de al-
gunas palabras amorosas, que anque no pro-
curemos aquí estar sin pensar nada, se está
muchas veces, anque muy breve tiempo. Mas,.
5 como dije en otra parte, la causa por que en
estamanera de oración (digo en la que co-
mencé esta Morada, que he metido la de reco-
gimiento con ésta que había de decir primero t
,
y es muy menos que la de los gustos que he.
» dicho de Dios, sino que es principio para venir
a ella, que en la del recogimiento no se ha de-
de dejar la meditación ni la obra del entendi-
miento en esta fuente manantial, que no viene
por arcaduces) él se comide, u le hace comé-
is dir ver que no entiende
que quiere, y ansí lo
anda de un cabo a otro como tonto, que en
nada hace asiento. La voluntad le tiene tan
grande en su Dios, que la da gran pesadumbre
su bullicio, y ansí, no ha menester hacer caso
i
" [En esta oración de quietud] está el alma coma
un niño que aún mama, cuando está a los pechos de su
madre, y ella, sin que él paladee, échale la leche en la
boca para regalarle; ansí es acá que sin trabajo del en-
tendimiento está amando la voluntad." Camino, Lili.
7 Comenzó con la oración de quietud, pero ha ha-
blado también de la de recogimiento, como grado necesa-
rio para llegar a aquélla.
17 "no parece sino destas maripositas de las noches*,
importunas y desasosegadas: ansí anda de un lado a
otro... anque no tiene fuerza para hacer ningún mal,
importuna a los que la ven." Vida, XVII, 5.
CAPITULO TERCERO 93
de él, que la hará perder mucho de lo que
goza, sino dejarle y dejarse a sí en los brazos
del amor, que su Majestad la enseñará lo que
ha de hacer en aquel punto, que casi todo es
hallarse indina de tanto bien y emplearse en 5
hacimiento de gracias.
Por tratar de la oración de recogimiento,
dejé los efetos u señales que tienen las almas
a quien Dios nuestro Señor da esta oración.
Ansí como se entiende claro un dilatamiento u i©
ensanchamiento en el alma, a manera de como
si el agua que mana de una fuente no tuviese
que la mesma fuente estuviere
corriente, sino
labrada de una cosa, que mientra más agua
manase, más grande se hiciese el edificio, ansí i5
parece en esta oración, y otras muchas mara-
villas que hace Dios en el alma, que la habi-
lita y va dispuniendo, para que quepa todo en
ella. Ansí esta suavidad y ensanchamiento in-
terior se ve en el que le queda, para no estar 2©
tan atada como antes en las cosas del servicio
de Dios, sino con mucha más anchura; ansí en
no se apretar con el temor del infierno, porque
anque le queda mayor de no ofender a Dios, el
15 "este lenguaje de espíritu es tan malo de decla-
rar a los que no saben letras, como yo, que habré de
buscar algún modo, y podrá ser las menos veces acierte
a que venga bien la comparación." Vida, XI, 3.
8
94 MORADAS CUARTAS
servil piérdese aquí queda con gran confianza
:
que le ha de gozar. El que solía tener para
hacer penitencia, de perder la salud, ya le pa-
rece que todo lo podrá en Dios ; tiene más de-
g seos de hacerla que hasta allí. El temor que
solía tener a los trabajos, ya va más templado,
porque está más viva y entiende que, si
la fe,
los pasa por Dios, su Majestad le dará gracia
para que los sufra con paciencia, y an algunas
«o veces los desea, porque queda también una
gran voluntad de hacer algo por Dios. Como
va más conociendo su grandeza, tiénese ya por
más miserable; como ha probado ya los gustos
de Dios, ve que es una basura lo del mundo;
«5 vase poco a poco apartando de ellos y es más
señora de sí para hacerlo. En fin, en todas las
virtudes queda mejorada, y no dejará de ir
creciendo si no torna atrás ya a hacer ofensas
de Dios, porque entonces todo se pierde, por
so subida que esté un alma en la cumbre. Tam-
poco se entiende que de una vez u dos que
Dios haga esta merced a un alma, quedan to-
i "Bien es andar can temor de sí para no se fiar
poco ni mucho de ponerse en ocasión donde suele ofen-
der a Dios... mas en todo es menester discreción, tener
gran confianza porque conviene mucho no apocar los
dicseos...; quiere su majestad y es amigo de ánimas ani-
mosas como vayan con humildad..." Vida, XIII.
4 "traía yo delante muchas veces lo que dice san
Pablo, que todo se puede en Dios." Vida, XIII.
CAPÍTULO TERCERO 95
das estas hechas si no va perseverando en re-
cibirlas, que en esta perseveranza está todo
nuestro bien.
De una cosa aviso mucho a quien se viere
*en este estado: que se guarde muy mucho
de 5
ponerse en ocasiones de ofender a Dios, porque
aquí no está an el alma criada, sino como un
niño que comienza a mamar, que si se aparta
de los pechos de su madre, ¿qué se puede es-
perar de él sino la muerte? Yo he mucho te- ¡o
mor que a quien Dios hubiere hecho esta mer-
ced y se apartare de la oración, que será ansí,
si no es con grandísima ocasión u si no retorna
presto a porque irá de mal en peor. Yo sé
ella,
que hay mucho que temer en este caso, y co- 15
nozco algunas personas que me tienen harto
lastimada, y he visto lo que digo, por haberse
apartado de quien con tanto amor se le quería
dar por amigo y mostrárselo por obras. Aviso
tanto que no se pongan en ocasiones, porque *>
pone mucho el Demonio más por un alma de
éstas que por muy muchas a quien el Señor
no haga estas mercedes; porque le pueden ha-
3 "tomad mi consejo y no os quedéis en el camino,
sino pelead como fuertes hasta morir en la demanda."
Camino, XX, r.
13 ocasión = causa o motivo.
17 "me tienen harto lastimadla" = me inspiran mu-
cha compasión; lastimar = compadecer.
96 MORADAS CUARTAS
cer gran daño con llevar otras consigo y ha-
cer gran provecho, podría ser, en la Ilesia de
Dios. Y
anque no haya otra cosa sino ver el
que su Majestad las muestra amor particular,
5 basta para que él se deshaga porque se pier-
dan; y ansí son muy combatidas, y an mucho
más perdidas que otras, si se pierden. Vos-
otras, hermanas, libres estáis de estos peligros^
lo que podemos entender; de soberbia y vana-
so gloria os libre Dios y de que el Demonio quiera
;
contrahacer estas mercedes, conocerse ha en
que no hará estos e fetos, sino todo al revés.
De un peligro os quiero avisar, anque os lo he
dicho en otra parte, en que he visto caer a per-
15 sonas de oración, en especial mujeres, que
como somos más ha más lugar para la-
flacas,
que voy a decir; y es, que algunas, de la mu-
cha penitencia y oración y vigilias, y an sin
16 Las mujeres "somos más flacas". Al pensar es-
cribir o hacer alguna cosa útil "basta ser mujer para
caérseme las alas". Vida, X. — "Todas hemos de pro-
curar ser predicadoras de obras, pues el apóstol y nues-
tra inhabilidad nos quita que lo seamos en las palabras."
—
Camino } XXIII. Los contrarios de la Santa se exce-
dieron en esta opinión: "lluévenla en la cabeza mií
persecuciones tiénenla por poco humilde y que quiere
;
—
enseñar." Vida, XX. Por esto ella añadía en su defen-
sa: "no hemos mujeres de quedar tan fuera de gozar
las
de las riquezas del Señor y de enseñarlas, que las calle-
mos... sino que las mostremos a los letrados, y si nos
n
las aprobaren las comuniquemos. Conceptos del amor
de Dios, I.
CAPITULO TERCERO 97
esto, sonse flacas de complesión: en tiniendo
algún regalo, sujétales el natural, y como sien-
ten contento alguno interior, y caimiento en lo
y una flaquedá, cuando hay un sueño
esterior,
que llaman espiritual, que es un poco más de 5
lo que queda dicho, parecerles que es lo uno
como lo y déjanse embebecer; y mientra
otro,
más se dejan, se embebecen más, porque se
enflaquece más el natural, y en su seso les pa-
rece arrobamiento; y llamóle yo abobamiento, 10
que no es otra cosa más de estar perdiendo
tiempo y gastando' su salud.
allí, A
una persona
le acaecía estar ocho horas, que ni están sin
sentido ni sienten cosa de Dios; con dormir y
comer y no hacer tanta penitencia, se le quitó l
s
a esta persona; porque hubo quien la enten-
diese, que a su confesor traía engañado, y a
otras personas, y a sí mesma; que ella no que-
ría engañar. Bien creo que haría el Demonio
alguna diligencia para sacar alguna ganancia, »>
y no comenzaba a sacar poca. Hase de enten-
der que cuando es cosa verdaderamente de
Dios, que anque hay caimiento interior y este-
rior, que no le hay en el alma, que tiene gran-
des sentimientos de verse tan cerca de Dios, ni 25
tampoco dura tanto, sino muy poco espacio.
Bien que se torna a embebecer, y en esta ora-
ción, si no es flaqueza, como he dicho, no llega
a tanto que derrueque el cuerpo, ni haga nen-
9§ MORADAS CUARTAS
gún sentimiento esterior en él. Por eso tengan
aviso, que cuando sintieren esto en sí, lo digan
a la perlada, y diviértanse lo que pudieren,
y
hágalas no tener horas tantas de oración, sino-
5 muy poco, y procure que duerman bien y co-
man, hasta que se les vaya tornando la fuerza
natural, si se perdió por aquí. Si es de tan flaco
natural que no le baste esto, créanme que no
la quiere Dios sino para la vida ativa, que de
*o todo ha de haber en los monesterios; ocúpenla
en oficios, y siempre se tenga cuenta que na
tenga mucha soledad, porque verná a perder
del todo la Harta mortificación será
salud.
para ella; aquí quiere probar el Señor el amor
i5 que le en cómo lleva esta ausencia, y
tiene
será servido de tornarle la fuerza después de
algún tiempo, y si no, con oración vocal gana-
rá, y con obedecer, y merecerá lo que había
de merecer por aquí, y por ventura más. Tam-
20 bien podría haber algunas de tan flaca cabeza 1
7 "participa esta encarceladita desta pobre alma de
las miserias no la ahoguen a la pobre...
del cuerpo...;
sirva entonces al por amor de Dios, porque
cuerpo
otras veces muchas sirva él a el alma, y tome algunos
pasatiempos santos de conversaciones, que lo sean, o
irse al campo como aconsejare el confesor." Vida, XI, 9.
19 "Pues si contemplar y tener oración mental y
vocal y curar enfermos y servir en las cosas de casa y
trabajar, sea en lo más bajo, todo es servir al huésped
[al Señor]...; ¿qué más se nos da servirle en lo uno que
en lo otro?" Camino, XXV.
CAPITULO TERCERO 99
y imaginación, como yo las he conocido, que
todo lo que piensan les parece que lo ven; es
harto peligroso, porque quizá se tratará de ello
no más aquí; que me he alargado
adelante,
mucho en esta Morada, porque es en la que 5
más almas creo entran: y como es también na-
puede el De-
tural junto con lo sobrenatural,
monio hacer más daño; que en las que están
por decir no le da el Señor tanto lugar. Sea
por siempre alabado, amén. »
MORADAS QUINTAS
CAPÍTULO PRIMERO
¡Oh hermanas! ¿cómo os podría yo decir la
riqueza y tesoros y deleites, que hay en las
quintas Moradas? Creo fuera mejor no decir 5
nada de las que faltan, pues no se ha de saber
decir, ni el entendimiento lo sabe entender, ni
las comparaciones pueden servir de declararlo,
porque son muy bajas las cosas de la tierra
para este fin. Enviá, Señor mío, del Cielo luz, to
para que yo pueda dar alguna a estas vuestras
siervas; pues sois servido de que gocen algu-
nas de ellas tan ordinariamente de estos gozos,
porque no sean engañadas, transfigurándose el
Demonio en ángel de luz, pues todos sus de- is
seos se emplean en desear contentaros.
Y anque dije algunas, bien pocas hay que
entren en esta Morada que ahora diré. Hay
más y menos, y a esta causa digo, que son las
más las que entran en ellas. En algunas cosas a»
de las que aquí diré, que hay en este aposento,
bien creo que son pocas; mas anque no sea
102 MORADAS QUINTAS
sino llegar a la puerta, es harta misericordia la
que las hace Dios; porque puesto que son mu-
chos los llamados, pocos son los escogidos.
Ansí digo ahora que anque todas las que
5 traemos este hábito sagrado del Carmen so-
mos llamadas a la oración y contemplación t
porque este fué nuestro principio, desta casta
venimos, de aquellos santos padres nuestros
del Monte Carmelo, que en tan gran soledad,
io y con tanto desprecio del mundo buscaban
este tesoro, esta preciosa margarita de que ha-
blamos, pocas nos disponemos para que nos fe-
descubra el Porque cuanto a
Señor. lo este-
rior vamos bien para llegar a lo que es me-
i5 nester en las virtudes; para llegar aquí hemos
menester mucho, mucho, y no nos descuidar
poco ni mucho; por eso, hermanas mías, alto
a pedir al Señor, que pues en alguna manera
podemos gozar del Cielo en la tierra, que nos
ao dé su favor para que no quede por nuestra
culpa, y nos muestre el camino y dé fuerzas
en alma para cavar hasta hallar a este te-
el
soro escondido, pues es verdad que le hay en
nosotras mesmas que esto querría yo dar a
:
a5 entender, si el Señor es servido que sepa. Dije
"fuerzas en el alma", porque entendáis que no
hacen falta las del cuerpo a quien Dios Nues-
3 San Mateo, XX, 16.
CAPITULO PRIMERO 103
tro Señor nos las da no imposibilita a ninguno
;
para comprar sus riquezas; con que dé cada
uno lo que tuviere se contenta. Bendito sea
tan gran Dios. Mas mira, hijas, que para esto
que tratamos no quiere que os quedéis con s
nada; poco u mucho, todo lo quiere para sí, y
conforme a lo que entendierdes de vos que ha-
béis dado, se os harán mayores u menores
mercedes. No hay mejor prueba para entender
si llega a unión u si no nuestra oración. No so
penséis que es cosa soñada, como la pasada;
digo soñada, porque ansí parece está el alma
como adormizada, que ni bien parece está
dormida ni se siente dispierta. Aquí, con es-
tar todas dormidas, y bien dormidas, a las co- h¡
sas del mundo y a nosotras mesmas (porque
en hecho de verdad, se queda como sin sen-
tido aquello poco que dura, que ni hay poder
pensar anque quieran), aquí no es menester
con artificio suspender el pensamiento hasta el 2c
amar; si lo hace, no entiende cómo, ni qué es
lo que ama, ni qué querría, en fin, como quien
de todo punto ha muerto al mundo para vivrr
6 "¿ Pensáis, hermanas, que es poco bien procurar
«ste bien de darnos todas a El todo sin hacernos parte*
pues en El están todos los bienes?" Camino, VIII, I.
7 entendierdes —entendiereis; casos análogos: qui~
sierdes, 31-11; cay erdes, 3S-12; vierdes, 236-4; fuerdesf
316-11, etc.
104 MORADAS QUINTAS
más en Dios; que ansí es una muerte sabrosa,
un arrancamiento alma de todas las opera-
del
ciones que puede tener, estando en el cuerpo:
deleitosa, porque anque de verdad parece se
5 aparta el alma de él, para mejor estar en Dios;
de manera, que an no sé yo si le queda vida
para resolgar. Ahora lo estaba pensando y
paréceme que no; al menos, si lo hace, no se
entiende si lo hace. Todo su entendimiento se
20 querría emplear en entender algo de lo que
siente,y como no llegan sus fuerzas a esto,
quédase espantado, de manera que, si no se
pierde del todo, no menea pie ni mano, como
acá decimos de una persona que está tan des-
15 mayada que nos parece está muerta. ¡Oh se-
cretos de Dios! Que no me hartaría de pro-
curar dar a entenderlos, si pensase acertar en
y ansí diré mil desatinos, por si alguna
algo,
vez atinase, para que alabemos mucho a el Se-
» ñor. Dije que no era cosa soñada, porque en
la Morada que queda dicha, hasta que la es-
piriencia es mucha, queda el alma dudosa de
qué fué aquello, si se le antojó, si estaba dor-
mida, si fué dado de Dios, si se tras figuró el
a5 Demonio en ángel de luz. Queda con mil sos-
pechas, y es bien que las tenga, porque como
dije, an el mesmo natural nos puede engañar
7 resolgar — ant respirar. Dice. Acad.
CAPITULO PRIMERO 105
allí alguna vez; porque anque no hay tanto lu-
gar para entrar las cosas emponzoñólas, unas
lagartij illas sí, que como son agudas, por do
quiera se meten; y anque no hacen daño, en
especial si no hacen caso de ellas, como dije, &
porque son pensamentillos que proceden de la
imaginación, y de lo que queda dicho, impor-
tunan muchas veces. Aquí por agudas que
son las lagartijas, no pueden entrar en esta
Morada; porque hay imaginación ni memo-
ni 10
ria ni entendimiento que pueda impedir este
bien. Y osaré afirmar, que si verdaderamente
es unión de Dios, que no puede entrar el De-
monio, ni hacer ningún daño; porque está su
Majestad tan junto y unido con la esencia del 15
alma, que no osará llegar, ni an debe de en-
tender este secreto. Y está claro: pues dicen
que no entiende nuestro pensamiento, menos
entenderá cosa tan que an no lo fía
secreta,
Dios de nuestro pensamiento. ¡Oh, gran bien! *s*
jEstado adonde este maldito no nos hace mal!
Ansí queda el alma con tan grandes ganancias,
por obrar Dios en ella, sin que nadie le estor-
be, ni nosotros mesmos. ¿Qué no dará quien
es tan amigo de dar, y puede dar todo lo que &
quiere?
8 "La imaginación es siempre el campo donde más
se entromete el Demonio." V. V%da} XXVIII, 3.
IOÓ MORADAS QUINTAS
Parece que os dejo confusas en decir si es
unión de Dios, y que hay otras uniones. ¡Y
cómo si las hay! Anque sean en cosas vanas,
cuando se aman mucho, también las traspor-
5 tara el Demonio, mas no con la manera que
Dios, ni con y satisfación del alma y
el deleite
paz y gozo. Es sobre todos los gozos de la tie-
rra, y sobre todos los deleites, y sobre todos
los contentos, y más, que no tiene que ver
to adonde se engendran estos contentos u los de
la tierra, que es muy diferente su sentir, como
lo teméis espirimentado. Dije yo una vez que
es como si fuesen en esta grosería del cuerpo,
u en y atiné bien, que no sé como
los tuétanos,
.5 lo decir mejor. Paréceme que an no os veo
satisfechas, porque os parecerá que os podéis
engañar, que esto interior es cosa recia de esa-
minar; y anque para quien ha pasado por ello
basta lo dicho, porque es grande la diferencia,
.20 quiéroos decir una señal clara, por donde no
os podréis engañar, ni dudar si fué de Dios,
que su Majestad me
ha traído hoy a la me-
la
moria, y a mi parecer, es la cierta. Siempre en
cosas dificultosas, anque me parece que lo en-
aa5 tiendo y que digo verdad, voy con este len-
14 "Es asco traer [los deleites terrenos] a ninguna
comparación aunque sea oara gozarlos sin fin." Vida,
XXVII.
CAPÍTULO PRIMERO 107
guaje de que "me parece", porque si me enga-
ñare, estoy muy aparejada a creer que
lo
dijeren los que tienen letras muchas. Porque
anque no hayan pasado por estas cosas, tienen
un no sé qué grandes letrados, que como Dios 3
los tiene para luz de su Ilesia, cuando es una
verdad, dásela para que se admita, y si no son
derramados, sino siervos de Dios, nunca se es-
pantan de sus grandezas, que tienen bien en-
tendido que puede mucho más y más. Y en fin, 10
anque algunas cosas no stán declaradas, otras
deben hallar escritas, por donde ven que pue-
den pasar éstas. De esto tengo grandísima espi-
riencia, y también la tengo de unos medio letra-
dos espantadizos, porque me cuestan muy caro; 15
al menos creo que quien no creyere que puede
Dios mucho más, y que ha tenido por bien, y
tiene algunas veces comunicarlo a sus criatu-
ras, que tiene bien cerrada la puerta para reci-
birlas. Por eso, hermanas, nunca os acaezca, 20
sino creer de Dios mucho más y más, y no pon-
3 "Yo alabo mucho a porque haya quien con
Dios...
tantos trabajos hayan alcanzado la verdad que los ino-
rantes inoramos." Vida, XIII.
8 derramados los que se entregan a vicios y delei-
:
tes torpes. Dice, de Autor.
11 no stán =
no están; v. Apéndice, 1 07-11.
15 "Gran daño hicieron a mi alma confesores medio
letrados; he visto por espiriencia que es mejor, siendo
virtuosos y de santas costumbres, no tener ningunas
[letras] que tener pocas." Vida, XIII.
I08 MORADAS QUINTA?
gáis los ojos en si son ruines u buenos a quien
las hace,que su Majestad lo sabe, como os lo
he dicho; no hay para qué nos meter en esto,
sino con simpleza de corazón y humildad servir
5 a su Majestad, y alabarle por sus obras y ma-
ravillas.
Pues tornando a la señal que digo es la ver-
dadera ya veis esta alma que la ha hecho Dios
:
boba del todo para imprimir mejor en ella la.
10 sabiduría, que ni ve ni oye ni entiende en el
tiempo que está ansí, que siempre es breve, y
an harto más breve le parece a ella de lo que
debe de ser. Fija Dios a sí mesmo en lo interior
de aquel alma de manera, que cuando torna en
«5 sí, en ninguna manera pueda dudar que estuvo
en Dios y Dios en ella; con tanta firmeza le
queda esta verdad, que anque pase años sin tor-
narle Dios a hacer aquella merced, ni se le ol-
ió Se le atribuyó a la Santa el error de creer que las
personas que reciben de Dios estas mercedes pueden lle-
gar a persuadirse de su propia perfección. Defendióla
fray Luis de León en la carta dedicatoria que precede a
su edición die las obras de la Madre "hablando de la ora-
:
ción que llama de quietud y de otros grados más altos.. .
v
acostumbra decir que está el alma junto a Dios y que
ambos se entienden y que están las almas ciertas que
Dios les habla y otras cosas desta manera; en lo cual
no ha de entender ninguno que pone certidumbre en la
gracia y justicia de los que se ocupan en estos ejercicios
ni otros ningunos, por santos que sean."
Adelante se encontrarán pasajes que dejan esto fuer»
<le duda; págs. 168-14, 250-25, 288-26, 302-13.
CAPITULO PRIMERO ICO,
vida, ni puede dudar que estuvo; an dejemos
por los efetos con que queda, pues éstos diré
después; esto es lo que hace mucho al caso.
Pues diréisme, ¿cómo lo vio u cómo lo enten-
dió, si no ve ni entiende ? No digo que lo vio en- s
tonces, sino que lo ve después claro y no porque
;
es visión, sino una certidumbre que queda en
el alma, que sólo Dios la puede poner. Yo sé de
tina persona que no había llegado a su noticia
que estaba Dios en todas las cosas por presen- iq>
cia y potencia y esencia, y de una merced que
le hizo Dios de esta suerte, lo vino a creer de
manera, que anque un medio letrado, de los
que tengo dichos, a quien preguntó cómo estaba
Dios en nosotros (él lo sabía tan poco como ella is
antes que Dios se lo diese a entender), le dijo
que no estaba más de por gracia, ella tenía ya
tan fija la verdad que no le creyó, y preguntólo
a otros que le dijeron la verdad, con que se
consoló mucho. No os habéis de engañar pare- x>
20 La persona a quien ocurrió esto fué la misma
Santa, según la nota de la edición de sus Obras, Orga,
Madrid, 1752, t. II, tablas, s. v. presencia, y según las
Memorias de fray Andrés de la Encarnación, cit en Es-
critos...Auts. Esps., Lili, 406. Dice el señor La Fuente
que entonces no había Catecismos populares como hoy en
día, y que la ignorancia era mucho mayor. (Auts. Esps.¡,
ibid.) Extraño es que la Santa, en sus lecturas y en sus
conversaciones con letrados, no llegase a apercibirse de
principio tan fundamental para el dogma. Pero ¿es que*
en efecto, se refiere a ella misma en este pasaje?
110 MORADAS QUINTAS
ciéndoos que esta certidumbre queda en forma
corporal, comocuerpo de Nuestro Señor Je-
el
sucristo está en el Santísimo Sacramento, an-
que no le vemos; porque acá no queda ansí,
s sino de sola la Divinidad. Pues ¿cómo lo que no
vimos se nos queda con esa certidumbre? Eso
no lo sé yo, son obras suyas, mas sé que digo
verdad, y quien no quedare con esta certidum-
bre, no diría yo que es unión de toda el alma
E0 con Dios, sino de alguna potencia y otras mu-
chas maneras de mercedes que hace Dios a el
alma. Hemos de dejar en todas estas cosas de
buscar razones para ver cómo fué; pues no
llega nuestro entendimiento a entenderlo, ¿para
«5 qué nos queremos desvanecer? Basta ver que
es todo poderoso el que lo hace, y pues no so-
mos ninguna parte, por diligencias que haga-
mos, para alcanzarlo, sino que es Dios el que
lo hace, no lo queramos ser para entenderlo.
20 Ahora me acuerdo sobre esto que digo de que
no somos parte, de lo que habéis oído, que dice
la Esposa en los "Cantares" —
Llevóme el rey
:
a la bodega del vino (u metióme, creo que
dice). Y
no dice que ella se fué. Y
dice también
25 que andaba buscando a su Amado por una
23 "Metióme el Rey en la bodega del vino y ordenó
en mí la caridad." Cantares, II, 4. El cap. VI de los Con-
ceptos del amor de Dios está dedicado a este versículo.
CAPITULO PRIMERO III
parte y por otra. Esta entiendo yo es la bodega
donde nos quiere meter el Señor, cuando quiere
y como quiere, mas por diligencias que nos-
otros hagamos, no podemos entrar; su Majes-
tad nos ha de meter y entrar en el centro de 5
nuestra alma, y para mostrar sus maravillas
mejor, no quiere que tengamos en ésta más
parte de la voluntad, que del todo se le ha ren-
dido, ni que se le abra la puerta de las poten-
cias y sentidos, que todos están dormidos; sino 10
entrar en el centro del alma sin ninguna, como
entró a sus dicípulos, cuando dijo: Pos vobis, y
y salió del sepulcro sin levantar la piedra.
Adelante veréis cómo su Majestad quiere que
le goce el alma en su mesmo centro, an i5
más que aqui mucho en la postrera Morada.
¡Oh, hijas, qué mucho veremos si no que-
i "Me levantaré y daré vueltas por la ciudad, y
buscaré por calles y plazas al amado de mi alma. Ay ¡
le busqué, mas no le hallé " Cantares, III, 2.
!
12 "Estando cerradas las puertas de la casa donde se
hallaban reunidos los discípulos, por miedo de los ju-
díos, vino Jesús, y apareciéndose en medio de ellos, les
dijo: "La paz sea con vosotros." San Juan, XX, 19.
13. Cuando María Magdalena fué a visitar el sepul-
cro había resucitado ya Jesús, y la piedra estaba cerra-
da, pero "bajó del cielo un ángel del Señor, y llegándose
al sepulcro,removió la piedra y sentóse encima". San
Mateo, XXVIII, 2. En este Evangelio debió inspirarse la
Santa, pues todos los demás evangelistas coinciden en
que María encontró la piedra levantada, entendiéndose
que el Señor debió levantarla al salir.
112 MORADAS QUINTAS
remos ver más de nuestra bajeza y miseria
y entender que no somos dinas de ser siervas
de un Señor tan grande, que no podemos al-
canzar sus maravillas! Sea por siempre ala-
5 bado, amén.
CAPITULO SEGUNDO
Pareceros ha que ya está todo dicho lo que
hay que ver en esta Morada, y falta mucho,
porque, como dije, hay más y menos. Cuanto
a lo que es unión, no creo saber decir más ;
s
mas cuando alma, a quien Dios hace estas
el
mercedes, se dispone, hay muchas cosas que
decir de lo que el Señor obra en ellas algunas ;
diré,y de la manera que queda. Para darlo
mejor a entender, me quiero aprovechar de *°
una comparación que es buena para este fin y ;
también para que veamos cómo, anque en esta
obra que hace el Señor no podemos hacer nada
más, para que su Majestad nos haga esta mer-
ced, podemos hacer mucho dispuniéndonos. «5
Ya habréis oído sus maravillas en cómo se cría
la seda, que sólo Él pudo hacer semejante in-
vención, y cómo de una simiente, que es a ma-
nera de granos de pimienta pequeños (que yo
algo *>
nunca la he visto, sino oído, y ansí si
fuere torcido, no es mía la culpa), con el calor,
en comenzando a haber hoja en los morares,
comienza esta simiente a vivir, que hasta que
haya este mantenimiento de que se sustenta,
114 MORADAS QUINTAS
se está muerta; y con hojas de morar se crían,
hasta que, después de grandes, les ponen unas
ramillas, y allí con las boquillas van de sí mes-
mos hilando la seda, y hacen unos capuchillos
5 muy apretados, adonde se encierran; y acaba
este gusano, que es grande y feo, y sale del
mesmo capucho una mariposica blanca muy
graciosa. Mas si esto no se viese sino que nos
lo contaran de otros tiempos, ¿ quién lo pudiera
jo creer? ¿Ni con qué razones pudiéramos sacar
que una cosa tan sin razón como es un gusano,
y una abeja, sean tan diligentes en trabajar
para nuestro provecho y con tanta industria,
y el pobre gusanillo pierda la vida en la de-
is manda? Para un rato de meditación basta esto,
hermanas, anque no os diga más, que en ello
podéis considerar las maravillas y sabiduría de
nuestro Dios. Pues ¿qué será si supiésemos la
propiedad de todas las cosas? De gran prove-
20 cho es ocuparnos en pensar estas grandezas y
regalarnos en ser esposas de Rey tan sabio y
poderoso. Tornemos a que decía. Entonces
lo
comienza a tener vida este gusano, cuando con
22 "era muy aficionada a las flores del campo y al
elemento del agua, de todo lo cual sacaba espíritu y ha-
cía unas exclamaciones muy devotas, regalándose mu-
cho en considerar que todo era hechura de las manos de
su Divino Esposo." Informaciones de la M. María de
San Francisco. Bibl. Nac, Ms. 7.031, R. 54.
CAPÍTULO SEGUNDO 115
la calor del EspírituSanto se comienza a apro-
vechar del ausilio general que a todos nos da
Dios, y cuando comienza a. aprovecharse de
los remedios que dejó en su Ilesia, ansí de
acontinuar las confesiones, como con buenas 5
licionesy sermones, que es el remedio que un
alma, que está muerta en su descuido y peca-
dos y metida en ocasiones, puede tener. En-
tonces comienza a vivir, y vase sustentando en
esto y en buenas meditaciones, hasta que está 10
crecida, que es lo que a mí me hace al caso,
que estotro poco importa. Pues crecido este
gusano, que es lo que en los principios queda
dicho de esto que he escrito, comienza a labrar
la seda y edificar la casa adonde ha de mo- 15
rir. Esta casa querría dar a entender aquí que
es Cristo. En una parte me parece he leído u
oído que nuestra vida está escondida en Cris-
to, u en Dios, que todo es uno, u que nuestra
vida es Cristo. En que esto sea o no, poco va 30
para mi propósito.
¡Pues veis aquí, hijas, lo que podemos con
el favor de Dios hacer! ¡Que su Majestad mes-
mo sea nuestra morada, como lo es en esta
oración de unión, labrándola nosotras! Parece 23
20"Saboreaos en las cosas del Cielo, no en las de la
tierra. Porque muertos estáis ya y vuestra [nueva] vida
está escondida con Cristo en Dios." Epíst. de San Pablo
a los Colossenses, III, 2-3.
Il6 MORADAS QUINTAS
que quiero decir que podemos quitar y poner
en Dios, pues digo que Él es la morada, y la
podemos nosotros fabricar para meternos en
ella. Y ;cómo si podemos, no quitar de Dios ni
s poner, sino quitar de nosotros
y poner como
hacen estos gusanitos!; que no habremos aca-
bado de hacer en esto todo lo que podemos,
cuando este traba jillo, que no es nada, junte
Dios con su grandeza y le dé tan gran valor
«° que el mesmo Señor sea el premio de esta obra.
Y ansí como ha sido el que ha puesto la mayor
costa, ansí quiere juntar nuestros traba jillos
con grandes que padeció su Majestad y que
los
todo sea una cosa. Pues, ea, hijas mías, priesa
*5 a hacer esta labor y tejer este capuchillo, qui-
tando nuestro amor propio y nuestra voluntad,
el estar asidas a ninguna cosa de la tierra, pu-
niendo obras de penitencia, oración, mortifica-
ción, obediencia, demás que sabéis que
todo lo ;
*o ansí obrásemos como sabemos y somos ense-
ñadas de lo que hemos de hacer. Muera, muera
este gusano, como lo hace en acabando de ha-
cer para lo que fué criado, y veréis como ve-
mos a Dios y nos vemos tan metidas en su
19Muchas veces aconseja la mortificación y la peni-
tencia; pero dice:"Soy amiga de apretar mucho en las
virtudes, mas no en el rigor." Cartas, Orga, t II, nú-
mero 46-5. Reprende a una Priora ciertas mortificacio-
nes indiscretas. Ibid., carta, 83-3.
CAPITULO SEGUNDO 117
grandeza como lo está este gusanillo en este
capucho. Mira que digo ver a Dios como dejo
dicho que se da a sentir en esta manera de
unión. Pues veamos qué se hace este gusano,
^ue es para lo demás;
que he dicho todo lo *
que cuando está en esta oración bien muerto
está a el mundo, sale una mariposita blanca.
jOh, grandeza de Dios, y cuál sale un alma de
aquí, de haber estado un poquito metida en la
grandeza de Dios, y tan junta con Él, que, a mi w
parecer, nunca llega a media hora Yo os digo!
de verdad que la mesma alma no se conoce a
sí; porque mira la diferencia que hay de un
gusano feo a una mariposita blanca, que la
mesma hay acá. No sabe de dónde pudo mere- «*
cer tanto bien; de dónde le pudo venir, quise
decir, que bien sabe que no le merece; vese
con un deseo de alabar a el Señor, que se que-
rría deshacer, y de morir por Él mil muertes.
Luego le comienza a tener de padecer grandes *>
trabajos, sin poder hacer otra cosa. Los deseos
de penitencia grandísimos, el de soledad, el de
que todos conociesen a Dios y de aquí le viene
;
6 muerto Obscurece aquí el sentido la repetición
está.
de está; prescindiendo de uno de ambos casos queda cla-
ra la frase.
19 "me dan unos ímpetus muy grandes con un des-
hacimiento por Dios que no me puedo valer: parece se
va a acabar la vida..." Cartas, Orga, II, 11-3.
Il8 MORADAS QUINTAS
una pena grande de ver que es ofendido. Y an-
que en la Morada que viene se tratará más des-
tas cosas en particular, porque anque casi lo
que hay en esta Morada y en la que viene des-
5 pues es todo uno, es muy diferente la fuerza
de los efetos; porque, como he dicho, si des-
pués que Dios llega a un alma aquí se esfuer-
za a ir adelante, verá grandes cosas. ¡Oh, pues
ver el desasosiego de esta mariposita, con no
«o haber estado más quieta y sosegada en su vida
es cosa para alabar a Dios, y es que no sabe
adonde posar y hacer su asiento, que, como le
ha tenido tal, todo lo que ve en la tierra le des-
contenta, en especial cuando son muchas las
15 veces que la da Dios de este vino casi de cada
;
una queda con nuevas ganancias. Ya no tiene
en nada las obras que hacía siendo gusano,
que era poco a poco tejer el capucho; hanle
nacido alas, ¿cómo se ha de contentar, pu-
so diendo volar, de andar paso a paso ? Todo se le
hace poco cuanto puede hacer por Dios, se-
gún son sus deseos. No tiene en mucho lo que
pasaron los ya por espi-
santos, entendiendo
riencia cómo ayuda el Señor y transforma un
25 alma, que no parece ella, ni su figura; porque
la flaqueza que antes le parecía tener para ha-
cer penitencia, ya la halla fuerte, el atamiento
con deudos u amigos u hacienda, que ni le
bastaban atos, ni determinaciones, ni quererse
CAPITULO SEGUNDO 1 1
apartar, que entonces le parecía se hallaba más
junta, ya se ve de manera que le pesa estar
obligada a lo que, para no ir contra Dios, es
menester hacer. Todo le cansa, porque ha pro-
bado que el verdadero descanso no le pueden 5»
dar las criaturas. Parece que me alargo, y mu-
cho más podría decir, y a quien Dios hubiere
hecho esa merced verá que quedo corta, y
ansí no hay que espantar que esta mariposilla
busque asiento de nuevo, ansí como se halla »»
nueva de las cosas de la tierra. Pues ¿adonde
irá la pobrecica?, que tornar adonde salió no
puede, que, como está dicho, no es en nuestra
mano, anque más hagamos, hasta que es Dios
servido de tornarnos a hacer esta merced. ¡Oh» is»
Señor, y qué nuevos trabajos comienzan a esta
alma! ¿Quién dijera tal después de merced tan
subida ? En fin, fin, de una manera u de otra ha
de haber cruz mientras vivimos. Y quien dijere
que después que llegó aquí siempre está con 2a
descanso y regalo, diría yo que nunca llegó,
sino que por ventura fué algún gusto, si entró
1 "pues creed que, como he dicho, lo que más se
apega del [mundo] son los deudos y lo más malo de des-
apegar." Camino, IX, 3.
19 Dios da la cruz según el amor que ve que se le
tiene. "Quien le amare mucho verá que puede padecer
mucho por El; al que amare poco, dará poco. Tengo yo
para mí que la medida de poder llevar gran cruz o pe-
queña, es la del amor." Camino, XXXII, 5.
120 MORADAS QUINTAS
en la Morada pasada, y ayudado de flaqueza
natural, y an por ventura, del Demonio, que
da paz para hacerle después mucha mayor
le
guerra. No quiero decir que no tienen paz los
6 que llegan aquí, que si tienen y muy grande,
porque los mesmos trabajos son de tanto valor
y de tan buena raíz que, con serlo muy grandes,
de ellos mesmos sale la paz y el contento. Del
mesmo descontento que dan las cosas del mun-
•£o do nace un deseo de salir del, tan penoso, que
si algún alivio tiene es pensar que quiere Dios
viva en este destierro, y an no basta, porque an
el alma, con todas estas ganancias, no está tan
rendida en la voluntad de Dios, como se verá
$5 adelante,anque no deja de conformarse, mas es
con un gran sentimiento, que no puede más,
porque no le han dado más y con muchas lágri-
mas cada vez que
; tiene oración es esta su pena.
En alguna manera, quizá procede de la muy
ao grande que le da de ver que es ofendido Dios,
io Lleva a desear la muerte la impaciencia de gozar
por completo del amor de Dios; pero, a veces, "hace
harto al caso la poca salud corporal." Vida, XXX, II.
Las almas adelantadas no sienten esa impaciencia, o, al
menos, es mayor en ellas el deseo de vivir por el placer
de penar en alabanza del Señor; v. Morada VII, ca-
pítulo III. "¡Señor, o morir o padecer! no os pido otra
cosa para mí." Vida, XL, 15.
20 "u somos esposas de tan gran Rey u no; si lo
somos, ¿qué mujer honrada hay que no sienta en el
alma la deshonra que hacen a su esposo ? " Camino, XIX.
CAPITULO SEGUNDO 121
y poco estimado en este mundo, y de las mu-
chas almas que se pierden, ansí de herejes
como de moros; anque las que más la las-
timan son las de los cristianos, que, anque
ve es grande la misericordia de Dios, que por $
mal que vivan se pueden enmendar y salvarse,
teme que se condenan muchos. ¡Oh, grandeza
de Dios, qué pocos años antes estaba esta
alma, y an quizá días, que no se acordaba sino
de sí !
¿ Quién ha metido en tan penosos cui-
la i&
dados? Que anque queramos tener muchos
años de meditación tan penosamente como
ahora esta almano lo podremos
lo siente,
sentir. Pues ¡válame Dios!, si muchos días y
años yo me procuro ejercitar en el gran mal ib
que es serDios ofendido, y pensar que estos
que se condenan son hijos suyos y hermanos
míos, y los peligros en que vivimos, ¿cuan bien
nos estará salir de esta miserable vida, no bas-
tará? Que no, hijas; no es la pena que se siente 20»
aquí como las de acá; que eso bien podríamos,
con el favor del Señor, tenerla, pensando mucho
esto; mas no llega a lo íntimo de las entrañas,
como aquí, que parece desmenuza un alma y
y an a veces sin
la muele, sin procurarlo ella, a5>
quererlo. Pues ¿qué es esto? ¿De dónde pro-
cede? Yo os lo diré. ¿No habéis oído, que ya
aquí lo he dicho otra vez, anque no a este pro-
pósito de la Esposa, que la metió Dios a la bo~
122 MORADAS QUINTAS
dega del vino, y ordenó en ella la caridad?
Pues esto es que, como aquel alma ya se en-
trega en sus manos y el gran amor la tiene tan
rendida, que no sabe ni quiere más de que haga
s Dios lo que quisiere de ella. Que jamás hará
Dios, a lo que yo pienso, esta merced, sino a
alma que ya toma muy por suya; quiere que
sin que ella entienda cómo, salga de allí sellada
con su sello; porque verdaderamente el alma
to allí no hace más que la cera cuando imprime
otro el sello, que la cera no se le imprime a sí
sólo está dispuesta, digo blanda, y an para esta
dispusición tampoco se ablanda ella, sino que
se está queda y lo consiente. ¡Oh, bondad de
z5 Dios, que todo ha de ser a vuestra costa! Sólo
queréis nuestra voluntad y que no haya im-
pedimento en la cera.
Pues veis aquí, hermanas, lo que nuestro
Dios hace aquí para que esta alma ya se co~
20 nozca por suya: da de lo que tiene, que es lo
que tuvo su Hijo en esta vida: no nos puede
f Tu ; »i f i I w ii ii « » m M o rí n
I V. pág. 110-22.
18 mejor se entendería: ya veis, o bien: ved.
veis;
20 "Cuando la Santa Madre dice aquí que las almas
de este grado se conocen ser de Dios por este deseo que
Dios pone en ellas de salir desta vida para verle y gozar-
le, habla de un conocimiento, no del todo infalible, sino
muy cierto moralmente y muy probable." (Nota de la
edic. de 1752 y siguientes.)
21 tuvo su Hijo. Hoy diríamos : tuvo a su Hijo.
CAPITULO SEGUNDO 1 23
hacer mayor merced. ¿Quién más debía querer
— "ConY deseo
salir desta vida? ansí lo dijo su Majestad en
la Cena: he deseado" — Pues
¿cómo, Señor, no se os puso delante la trabajo-
sa muerte que habéis de morir, tan penosa y es- 5
pantosa ? — No, porque el grande amor que ten-
go y deseo de que se salven las almas, sobre-
pujan sin comparación a esas penas; y las muy
grandísimas que he padecido y padezco, des-
pués que estoy en el mundo, son bastantes para 10
rio tener ésas en nada en su comparación —
Es ansí que muchas veces he considerado en
esto, y sabiendo yo el tormento que pasa y ha
pasado cierta alma que conozco, de ver ofen-
der a nuestro Señor, tan insufridero que se 15
quisiera mucho más morir que sufrirlo, y
pensando si un alma con tan poquísima caridad
comparada a la de Cristo, que se puede decir
casi nenguna en esta comparación, sentía este
tormento tan insufridero, ¿qué sería el senti- 20
miento de nuestro Señor Jesucristo, y qué vida
debía pasar, pues todas las cosas le eran pre-
sentes, y estaba siempre viendo las grandes
ofensas que se hacían a su Padre? Sin duda
3 "Llegada la hora, púsose a la mesa con los doce
Apóstoles, y les dijo:—Ardientemente he deseado comer
este cordero pascual...,
porque yo os digo que ya no le
comeré otra vez hasta que [la Pascua] tenga su cumpli-
miento en el reino de Dios." San Lucas, XXII, 14-16.
124 MORADAS QUINTAS
creo yo que fueron muy mayores que de
las
su sacratísima Pasión ;
porque entonces ya Vía
el de estos trabajos, y con esto, y con el
fin
contento de ver nuestro remedio con su muer-
3 te, y demostrar el amor que tenía a su Padre
en padecer tanto por Él, moderaría los dolores,
como acaece acá a los que con fuerza de amor
hacen grandes penitencias: que no las sienten
casi, antes querrían hacer más y más, y todo
10 se le hace poco. ¿Pues qué sería a su Majestad,,
viéndose en tan gran ocasión, para mostrar a
su Padre cuan cumplidamente cumplía el obe-
decerle, y con el amor del prójimo? jOh, gran
deleite padecer en hacer la voluntad de Diosf
*5 Mas en ver tan contino tantas ofensas a su Ma-
jestad hechas, y ir tantas almas al Infierno, ten-
golo por cosa tan recia, que creo, si no fuera
más de hombre, un día de aquella pena bastaba
para acabar muchas vidas, cuanto más una.
—
ioAdmirable es, en este concepto, una carta que
Santa Teresa escribió en 25 de mayo de 1579, año de
amarguras y persecuciones, en que le "hacían guerra to-
dos los demonios". "Las cárceles, los trabajes, las per-
secuciones, los tormentos, las ignominias y afrentas por
mi Cristo y por mi religión, son regalos y mercedes para
mí; nunca me he visto más aliviada de los trabajos que
ahora...: cruz busquemos, cruz deseemos, trabajos abra-
cemos.'' Cartas, Orga, I, 27.
CAPÍTULO TERCERO
Pues tornemos a nuestra palomica, y veamos
algo de lo que Dios da en este estado. Siempre
se entiende que ha de procurar ir adelante en
el servicio de nuestro Señor y en el conocí- 5
miento propio; que si no hace más de recibir
esta merced, y como cosa ya segura descui-
darse en su vida y torcer el camino del cielo,
que son los mandamientos, acaecerle ha lo que
a la que sale del gusano, que echa la simiente 10
para que produzgan otras, y ella queda muerta
para siempre. Digo que echa la simiente, por-
que tengo para mí que quiere Dios que no
sea dada en balde una merced tan grande, sino
que ya que no se aprovecha de ella para sí, i 5
aproveche a otros. Porque como queda con
estos deseos y virtudes dichas, el tiempo que
dura en el bien, siempre hace provecho a otras
almas, y de su calor les pega calor y an cuan- ;
do le tienen ya perdido, acaece quedar con esa 20
gana de que se aprovechen otras, y gusta de
dar a entender las mercedes que Dios hace a
quien le ama y sirve. Yo he conocido persona
10
I2Ó MORADAS QUINTAS
que le acaecía ansí, que estando muy perdida
gustaba de que se aprovechasen otras con las
mercedes que Dios había hecho, y mostrar-
le
les el camino de oración a las que no lo enten-
s dían, y hizo harto provecho, harto. Después la
tornó el Señor a dar la luz. Verdad es que an
no tenía los efetos que quedan dichos. Mas,
¿cuántos debe haber que los llama el Señor a
el apostolado, como a Judas, comunicando con
to ellos, y los llaman para hacer reyes, como a
Saúl, y después por su culpa se pierden? De
donde sacaremos, hermanas, que para ir mere-
ciendo más y más, y no perdiéndonos como
éstos, la seguridad que podemos tener es la
i5 obediencia y no torcer de la ley de Dios; digo
a quien hiciere semejantes mercedes, y an a
todos. Paréceme que queda algo escura, con
cuanto he dicho, esta Morada; pues hay tanta
ganancia de entrar en ella, bien será que no
20 parezca quedan sin esperanza a los que el Se-
ñor no da cosas tan sobrenaturales pues la ;
verdadera unión se puede muy bien alcanzar,
con el favor de nuestro Señor, si nosotros nos
esforzamos a procurarla, con no tener volun-
11 "Entonces habló el Señor a Samuel y le dijo:
— Pésame de haber hecho rey a Saúl, porque me ha aban-
nado y no ha ejecutado mis órdenes." Libro I de los
Reyes, XV, io-ii.
CAPITULO TERCERO 1 27
tad, sino atada con lo que fuere la voluntad de
Dios. ¡Oh, qué dellos habrá que digamos esto,
y nos parezca que no queremos otra cosa, y
moriríamos por esta verdad, como creo ya he
«dicho! Pues yo os digo, y lo diré muchas ve- s
ees, que cuando lo fuere que habéis alcanzado
«esta merced del Señor, y ninguna cosa se os
<ié de estotra unión regalada que queda dicha,
que lo que hay de mayor precio en ella es por
proceder de esta que ahora digo, y por no po- 10
«der llegar a lo que queda dicho, sino es muy
•cierta la unión de estar resinada nuestra volun-
tad en la de Dios. Oh, qué unión ésta para de-
¡
sear Venturosa el alma que la ha alcanzado,
!
que vivirá en esta vida con descanso, y en la 15
otra también; porque ninguna cosa de los su-
cesos de la tierra la afligirá si no fuere, si se
vee en algún peligro de perder a Dios, u ver si
«es ofendido, ni enfermedad, ni pobreza, ni
muerte, si no fuere de quien ha de hacer falta 20
*en la Tlesia de Dios, que ve bien esta, alma, que
Él sabe mejor lo que hace que que de- ella lo
sea. Habéis de notar, que hay penas y penas;
porque algunas penas hay, producidas de presto
<le la naturaleza; y contentos lo mesmo, y an 25
1 "Hace Dios [en el alma] el oficio de hortolano y
quiere que ella se huelgue...; no quiere que tome trabajo
ninguno, sino que se deleite en comenzar a oler las flo-
res." Vida, XVII.
128 MORADAS QUINTAS
de caridad de apiadarse de los prójimos, coma
hizo nuestro Señor, cuando resucitó a Lázaro,
y no quitan éstas el estar unidos con la volun-
tad de Dios, ni tampoco turban ánima con el
s una pasión inquieta, desasosegada, que dura
mucho. Estas penas pasan de presto; que coma
dije de los gozos en la oración, parece que no
llegan a lo hondo del alma, sino a estos senti-
dos y potencias. Andan por estas Moradas pa-
10 sadas, mas no entran en la que está por decir
postrera. Pues para esto es menester lo que
queda dicho de suspensión de potencias, que
poderoso es el Señor de enriquecer las almas
por muchos caminos, y llegarlas a estas Alorá-
is das, y no por el atajo que queda dicho. Mas
advertid mucho, hijas, que es necesario que
muera el gusano, y más a vuestra costa; por-
que acullá ayuda mucho para morir el verse en
vida tan nueva: acá es menester, que vivienda
20 en ésta, le matemos nosotras. Yo os confieso
que será a mucho o más trabajo, mas su pre-
cio se tiene; ansí será mayor el galardón si salís
con vitoria; mas de ser posible no hay que du~
2 "María, habiendo llegado adonde estaba Jesús,,
viéndole, postróse a sus pies, y díjole: — Señor, si hubie-
ses estado aquí, no habría muerto mi hermano... — En-
tonces a Jesús se le arrasaron los ojos en lágrimas...
Vino al sepulcro..., gritó con voz muy alta: — Lázaro,,
sal fuera. — Y al instante, el que había muerto salió-
fuera." San Juan, XI, 32-44.
CAPITULO TERCERO 129
dar, como unión verdaderamente con
lo sea la
la voluntad de Dios. Esta es la unión que toda
mi vida he deseado esta es la que pido siempre
;
a nuestro Señor, y que está más clara y si-
la
gura. Mas ¡ay de nosotros, qué pocos debemos 5
de llegar a ella! anque a quien se guarda de
ofender Señor, y ha entrado en relisión le
al
parezca que todo lo tiene hecho. ¡Oh, que que-
dan unos gusanos que no se dan a entender,
hasta que, como el que royó la yedra a Jonás, *•
nos han roído las virtudes con un amor propio,
una propia estimación, un juzgar los prójimos,
anque sea en pocas cosas, una falta de caridad
con ellos, no los quiriendo como a nosotros
mesmos, que anque arrastrando cumplimos con 15
la obligación para no ser pecado, no llegamos
con mucho a lo que ha de ser, para estar del todo
unidas con la voluntad de Dios! ¿Qué pensáis,
hijas, que es su voluntad? Que seamos del todo
perfetas, para ser unos con Él y con el Padre, ™
como su Majestad le pidió. ¡Mira qué nos falta
10 Ofendido el profeta Jonás porque Dios no cum-
plía su profecía sobre la destrucción de Nínive (v. pági-
na 172-21, nota), se marchó a vivir fuera de la ciudad.
Una yedra le defendía del sol " envió Dios un gusanillo
:
que royó la yedra, la cual se secó...; hería el sol en la
cabeza de Jonás, quien se abrasaba y se deseaba la
muerte... Y dijo el Señor —
Tú tienes pesar por una ye-
dra... ¿y yo no tendré compasión de Nínive...?" Jonás,
cap. IV.
20 San Juan, XVII, 21 v. pág. 287-14. ;
130 MORADAS QUINTAS
para llegar a esto ! Yo os digo, que lo estoy es-
cribiendo con harta pena de verme tan lejos, y
todo por mi culpa; que no ha menester el Se-
ñor hacernos grandes regalos para esto; basta
5 lo que nos ha dado en darnos a su Hijo, que
nos enseñase el camino. No penséis que está la
cosa en muere mi padre u hermano, con-
si se
formarme tanto con la voluntad de Dios, que
no lo sienta, y si hay trabajos y enfermedades,,
10 sufrirlos con contento. Bueno es, y a las veces
consiste en discreción; porque no podemos
más, y hacemos de la necesidad virtud: ¡cuán-
tas cosas de éstas hacían los filósofos, u anque
no sea de éstas, de otras, de tener mucho sa-
is ber Acá ! solas estas dos Señor que nos pide el
amor de su Majestad y del prójimo, es en lo
que hemos de trabajar; guardándolas con per-
feción hacemos su voluntad, y ansí estaremos
unidos con Él. Mas ¡qué lejos estamos de hacer
20 como debemos a tan gran Dios estas dos cosas,
como tengo dicho Plega a su Majestad nos dé
!
gracia, para que merezcamos llegar a este es-
tado, que en nuestra mano está, si queremos.
La más cierta señal que, a mi parecer, hay de
25 si guardamos estas dos cosas, es guardando
19 "no está el amor de Dios en tener lágrimas ni
estos gustos y tenura... sino en servir con justicia y for-
taleza de ánimo y humildad." Vida, XI, 8.
CAPITULO TERCERO I3I
bien la del amor del prójimo; porque si ama-
mos a Dios no se puede saber, anque hay indi-
cios grandes para entender que le amamos,
mas el amor del prójimo sí. Y estad ciertas,
que mientras más en éste os vierdes aprove- 5
chadas, más lo estáis en el amor de Dios por- ;
que es tan grande el que su Majestad nos tiene,
que en pago del que tenemos a el prójimo, hará
que crezca el que tenemos a su Majestad por
mil maneras : en esto yo no puedo dudar. Im- io
pórtanos mucho andar con gran advertencia
cómo andamos en que si es con mucha
esto,
perfeción, todo lo tenemos hecho; porque creo
yo, que según es malo nuestro natural, que si
no es naciendo de raíz del amor de Dios, que 15
no llegaremos a tener con perfeción el del pró-
jimo. Pues tanto nos importa esto, hermanas,
procuremos irnos entendiendo en cosas an me-
nudas, y no haciendo caso de unas muy gran-
des, que ansí por junto vienen en la oración, 2o
de parecer que haremos y conteceremos por
los prójimos, y por sola un alma que se salve;
porque no vienen después conformes las
si
obras, no hay para qué creer que lo haremos.
6 El mayor obsequio para Dios es amar al prójimo:
quien no ama al prójimo no ama a Dios. Exc, 2.
24 "Hijas, diciendo y haciendo, palabras y obras-. •,
procurad no sean palabras de cumplimiento las que de-
cís a tan gran Señor..., porque si de otra manera dais
132 MORADAS QUINTAS
Ansí digo de humildad también, y de todas
la
las virtudes son grandes los ardides del Demo-
;
nio, que por hacernos entender que tenemos
una, no la tiniendo, dará mil vueltas al Infierno.
* Y tiene razón, porque es muy dañoso, que
nunca estas virtudes fingidas vienen sin alguna
vanagloria, como son de tal raíz ; ansí como las
que da Dios están libres de ella ni de soberbia.
Yo gusto algunas veces de ver unas almas, que
10 cuando están en oración, les parece querrían
ser y públicamente afrontadas por
abatidas
Dios, y después una falta pequeña encubrirían
si pudiesen, u que si no la han hecho, y se la
cargan, Dios nos Pues mírese mucho
libre.
15 quien esto no sufre, para no hacer caso de lo
que a solas determinó a su parecer, que en he-
cho de verdad no fué determinación de la vo-
luntad, que cuando ésta hay verdadera es otra
cosa, sino alguna imaginación, que en esta hace
»o el Demonio sus saltos y engaños, y a mujeres,
u gente sin letras, podrá hacer muchos, por-
que no sabemos entender las diferencias de po-
tencias y imaginación, y otras mil cosas que
hay interiores. Oh hermanas, cómo se ve claro
¡
as adonde está de veras el amor del prójimo, en
voluntad, es mostrar la joya e irla a dar y rogar que la
tomen, y cuando estienden la mano para tomarla, tor-
náosla vos a guardar muy bien." Camino, XXXI, 6.
CAPITULO TERCERO 133
algunas de vosotras, y en que no está con las
esta perfeción! Si entendiésedes lo que nos im-
porta esta virtud, no trairíades otro estudio.
Cuando yo veo almas, muy diligentes a enten-
der oración que tienen, y muy encapotadas
la 5
cuando están en ella, que parece que no se osan
bullir nimenear el pensamiento, porque no se
les vaya un poquito de gusto y devoción que
han tenido, háceme ver cuan poco entienden
del camino por donde se alcanza la unión. ¿Y t&
piensan que allí está todo el negocio? Que no,
hermanas, no; obras quiere Señor; y que si el
ves una enferma a quien puedes dar algún ali-
vio, no dé nada de perder esta devoción, y
se te
te compadezcas de ella, y si tiene algún do- 15
lor, te duela a ti, y si fuere menester lo ayunes
porque ella lo coma, no tanto por ella como
porque sabes que tu Señor quiere aquello. Esta
es la verdadera unión con su voluntad; y que
si vieres loar mucho a una persona, te alegres ao
más mucho que si te loasen a ti ; esto a la ver-
dad fácil es, que si hay humildad, antes terna
pena de verse loar. Mas este alegría de que se
14 Caridad, amor al prójimo: "dejar [la oración] por
cualquiera de estas dos cosas es regalarle al Señor."
Fund., V, 3.
" ¡ O, Jesús mío ! ¡ Cuan grande es el amor
que tenéis a los hijos de los hombres, que el mayor
servicio que se os puede hacer es dejaos a vos por su
amor y ganancia!" Exc, 2.
23 este alegría = como este agua, 79-5, 83-16.
134 MORADAS QUINTAS
entiendan las virtudes de las hermanas es gran
cosa, y cuando viéremos alguna falta en alguna,
sentirla como si fuera en nosotras y encubrirla.
Mucho he dicho en otras partes de esto por-
5 que veo, hermanas, que si hubiese en ello quie-
bra, vamos perdidas. Plega el Señor nunca la
haya, que como yo os digo que no
esto sea,
dejéis de alcanzar de su Majestad la unión que
queda dicha. Cuando os vierdes faltas en esto,
10 anque tengáis devoción y regalos, que os
parezca habéis llegado ahí, y alguna suspen-
cioncilla en la oración de quietud, que a al-
gunas luego les parece que está todo hecho>
créeme, que no habéis llegado a unión, y pe-
J5
did a nuestro Señor que os dé con perfe-
ción este amor del prójimo, y dejad hacer a su
Majestad, que Él os dará más que sepáis de-
sear, como vosotras os y procu-
esforcéis
réis, en todo lo que pudierdes, esto, y forzar
20 vuestra voluntad, para que se haga en todo
la de las hermanas, anque perdáis de vuestro
derecho, y olvidar vuestro bien por el suyo,
anque más contradición os haga el natural, y
procurar tomar trabajo, por quitarle al pro-
25 jimo, cuando se ofreciere. No penséis que no
13 "meditación..., contemplación..., arrobamientos...
bien entiendo que no está en esto la santidad, ni es mi
intención loarlas solamente." Futid., IV, 7.
CAPITULO TERCERO 1 35
ha de costar algo y que os lo habéis de ha~
llar hecho. Mira lo que costó a nuestro Esposo
el amor que nos tuvo, que por librarnos de
la muerte, la murió tan penosa, como muerte
de cruz.
CAPÍTULO CUARTO
Paréceme que estáis con deseo de ver qué se
hace esta palomica, y adonde asienta, pues
queda entendido que no es en gustos espiri-
5 tuales ni en contentos de la tierra; más alto es
su vuelo, y no os puedo satisfacer de este de-
seo hasta la postrera Morada, y an plega a
Dios se me acuerde u tenga lugar de escribir-
lo, porque han pasado casi cinco meses desde
10 que lo comencé hasta ahora, y como la cabeza
no está para tornarlo a leer, todo debe ir des-
baratado, y por ventura dicho algunas cosas
dos veces. Como es para mis hermanas, poco
va en ello.
xi Todavía quiero más declararos que me lo
parece que es esta oración de unión: conforme
a mi ingenio porné una comparación. Después
diremos más desta mariposica, que no para.
io Poco después de empezar la Santa a escribir este
a España el Nuncio monseñor Sega, el más
libro, llegó
temible de sus enemigos con esto aumentaron las ca-
;
lumnias, denuncias y persecuciones fué ésta para Santa
;
Teresa la época más amarga tuvo que implorar defensa
;
del mismo rey Felipe II, lo cual la apartó temporal-
mente de sus escritos.
CAPÍTULO CUARTO 1 37
anque siempre frutifica haciendo bien a sí y a
otras almas, porque no halla su verdadero re-
poso. Ya teméis oído muchas veces que se
desposa Dios con las almas espiritualmente
¡bendita sea su misericordia, que tanto se quie- s
re humillar y anque sea grosera comparación,
!,
yo no hallo otra que más pueda dar a enten-
der lo que pretendo, que el sacramento del
matrimonio. Porque anque de diferente mane-
ra, porque en esto que tratamos jamás hay 10
cosa que no sea espiritual (esto corpóreo va
muy lejos, y los contentos espirituales que da
el Señor, y los gustos, al que deben tener I03
que se desposan, van mil leguas lo uno de lo
otro), porque todo es amor con amor, y sus 15
operaciones son limpísimas, y tan delicadísimas
y suaves que no hay cómo se decir; mas sabe
elSeñor darlas muy bien a sentir. Paréceme a
mí que la unión an no llega a desposorio espi-
ritual, sino como por acá cuando se han de 20
desposar dos, se trata son conformes, y que
si
el uno y el otro quieran, y an que se vean,
para que más se satisfagan el uno del otro. Ansí
acá, prosupuesto que el concierto está ya he-
cho, y que esta alma está muy bien informada, 2.5.
cuan bien le está, y determinada a hacer en
todo la voluntad de su Esposo, de todas cuan-
tas maneras ella viere que le ha de dar con-
tento, y su Majestad, como quien bien enten-
I3§ MORADAS QUINTAS
derá si es ansí, lo está de ella, y ansí hace esta
misericordia, que quiere que le entienda más,
y que, como vengan a vistas, y juntarla
dicen,
consigo. Podemos decir que es ansí esto, por-
3 que pasa en brevísimo tiempo. Allí no hay más
dar y tomar, sino un ver el alma por una ma-
nera secreta, quién es este Esposo que ha de
tomar; porque por los sentidos y potencias en
ninguna manera podía entender en mil años lo
10 que aquí entiende en brevísimo tiempo; mas
como es tal el Esposo, de sola aquella vista la
deja más digna de que se vengan a dar las ma-
nos como dicen: porque queda el alma tan
enamorada, que hace de su parte lo que puede
*5 para que no se desconcierte este divino despo-
sorio. Mas alma se descuida a poner su
si esta
afición en cosa que no sea El, piérdelo todo,
y es tan grandísima pérdida, como lo son las
mercedes que va haciendo, y mucho mayor
30 que se puede encarecer. Por eso, almas cristia-
nas, a las que el Señor ha llegado a estos tér-
minos, por Él os pido que no os descuidéis,
sino que os apartéis de las ocasiones, que an
en este estado no está el alma tan fuerte que
«5 se pueda meter en ellas, como lo está después
de hecho el desposorio, que es en la Morada
que diremos tras ésta, porque la comunicación
no fué más de una vista, como dicen, y el De-
monio andará con gran cuidado a combatirla,
CAPITULO CUARTO 1 39
y a desviar este desposorio, que después, como
ya la ve del todo rendida a el Esposo, no osa
tanto, porque ha miedo, y tiene espiriencia,
la
que si alguna vez lo hace queda con gran pér-
dida y ella con más ganancia. Yo os digo, hi- s
jas, que he conocido personas muy encumbra-
das, y llegar a este estado, y con la gran soti-
leza y ardid del Demonio, tornarlas a ganar
para sí, porque debe de juntarse todo el Infierno
para ello; porque como muchas veces digo, no ¿«
pierden un alma sola, sino gran multitud. Ya
él tiene espiriencia en este caso; porque, si mi-
ramos la multitud de almas que por medio de
una tray Dios a si, es para alabarle mucho, los
millares que convertían los mártires. ¡Una don- i 3
celia como santa Úrsula! ¡Pues las que habrá
perdido el Demonio por santo Domingo y san
Francisco y otros fundadores de Órdenes, y
pierde ahora por el padre Inacio, el que fundó
la Compañía, que todos, está claro, como lo =o
leemos, recibían mercedes semejantes de Dios
5 "ha gran miedo a ánimas determinadas, que tiene
ya él esperiencia que le hacen gran daño---; es muy co-
barde, y si viese descuido haría gran daño ; conoce a
si
uno por mudable..., no le dejará a sol ni a sombra." Ca-
mino, XXIII, 1.
21 Sentía la Santa especial afecto por los dominicos
y agradecía mucho a la Compañía de Jesús la ayuda que
ésta le había prestado en sus fundaciones. Fund., III, 1
XXVII, 1; XXVIII, 20; XXXI, 25, etc.
140 MORADAS QUINTAS
¿Qué fué esto, sino que se esforzaron a no-
perder por su culpa tan divino desposorio?
¡Oh, hijas mías, que tan aparejado está este
Señor a hacernos merced ahora como en-
s tonces,y an en parte más necesitado de que
las queramos recibir, porque hay pocos que
miren por su honra, como entonces había!
Querémonos mucho; hay muy mucha cordura
para no perder de nuestro derecho. ¡Oh, qué
10 engaño tan grande! El Señor nos dé luz para
no caer en semejantes tinieblas, por su miseri-
cordia.
Podréisme preguntar, u estar con duda de
dos cosas la primera, que si está el alma tan
:
15 puesta con la voluntad de Dios, como queda
dicho, que cómo se puede engañar, pues ella
en todo no quiere hacer la suya; la segunda,
por qué vías puede entrar el Demonio tan peli-
grosamente que se pierda vuestra alma, es-
ao tando tan apartadas del mundo y tan llega-
das a Sacramentos, y en compañía, po-
los
demos decir, de ángeles, pues la bondad del
Señor, todas no train otros deseos, sino de
servirle y agradarle en todo; que ya los que
as están metidos en las ocasiones del mundo na
es mucho.
Yo
digo que en esto tenéis razón, que harta
misericordia nos ha hecho Dios; mas cuando
veo, como he dicho, que estaba Judas en com-
CAPITULO CUARTO I4I
pañía de los Apóstoles, y tratando siempre con
el mesmo Dios, y oyendo sus palabras, en-
tiendo que no hay seguridad en esto. Respon-
diendo a lo primero, digo que si esta alma se
estuviese siempre asida a la voluntad de Dios, s
que que no se perdería; mas viene
está claro
el Demonio con unas sotilezas grandes, y de-
bajo de color de bien vala desquiciando en po-
quitas cosas de y metiendo en algunas que
ella,
él le hace entender que no son malas, y poco a 10
poco escureciendo el entendimiento, y enti-
biando la voluntad, y haciendo crecer en ella
el amor propio, hasta que de uno en otro la va
apartando de la voluntad de Dios, y llegando a
la suya. De aquí queda respondido a lo según- n
do, porque no hay encerramiento tan ence-
rrado adonde él no pueda entrar, ni desierto
tan apartado adonde deje de ir. Y an otra cosa
os digo, que quizá lo primite el Señor para
ver cómo
ha aquel alma a quien quiere po-
se ™
ner por luz de otras, que más vale que en los
7 "ya cosa tan flaca como somos las mujeres todo
nos puede dañar, porque las sutilezas del Demonio son
muchas para las muy encerradas." Camino, prólogo.
9 "En ninguna manera se consienta en nada relaja-
ción mira que de muy pocas cosas se abre puerta para
;
muy grandes." Fnnd., XXVII, 7.
15 "Son las armas del Demonio nuestros defectos;
nosotros mismos le damos los medios por donde nos
puede combatir." Vida, XXV, 11.
I!
142 MORADAS QUINTAS
principios ha de ser ruin lo sea, que no cuando
si
dañe a muchas. La diligencia que a mi se me
ofrece más cierta, después de pedir siempre a
Dios en la oración que nos tenga de su mano, y
5 pensar muy continuo, como si Él nos deja, se-
remos luego en el profundo, como es verdad, y
jamás estar confiadas en nosotras, pues será
desatino estarlo, es andar con particular cuidado
y aviso, mirando cómo vamos en las virtudes
10 si vamos mejorando u desminuyendo en algo,
en especial en el amor unas con otras y en el de-
seo de ser tenida por la menor y en cosas ordi-
narias que si miramos en ello, y pedimos al Se-
;
ñor que nos dé luz, luego veremos la ganancia u
ss la pérdida. Que no penséis que alma que llega
Dios a tanto la deja tan apriesa de su mano
que no tenga bien el Demonio que trabajar, y
siente su Majestad tanto que se le pierda, que
le da mil avisos interiores de muchas maneras;
2o ansí que no se le podrá asconder el daño.
En fin, sea la conclusión en esto, que pro-
curemos siempre ir adelante, y si esto no hay,
andemos con gran temor, porque sin duda, al-
gún salto nos quiere hacer el Demonio pues no
;
25 es posible que habiendo llegado a tanto, deje
ir creciendo, que el amor jamás está ocioso; y
"¿qué es esto, mi Dios, que el descanso cansa el
26
alma, que sólo pretende contentarnos ? " Exc, 2. " el amor
hace tener por descanso el trabajo*." Exc, 5.
CAPITULO CUARTO Í43
ansí será harto mala señal. Porque alma que
ha pretendido ser esposa del mesmo Dios, y
tratádose ya con su Majestad, y llegado a los
términos que queda dicho, no se ha de echar a
dormir. Y para que veáis, hijas, lo que hace s
con que ya tiene por esposas, comencemos
las
a tratar de las sestas Moradas, y veréis cómo
es poco todo lo que pudiéremos servir y pade-
cer y hacer para disponernos a tan grandes
mercedes; que podrá ser haber ordenado núes- ™
tro Señor que me lo mandasen escribir, para
-que, puestos los ojos en el premio, y viendo
cuan sin tasa es su misericordia, pues con unos
gusanos quiere ansí comunicarse y mostrarse,
olvidemos muestros contentillos de tierra, y i 5
puestos los ojos en su grandeza, corramos en-
cendidas en su amor. Plega a Él que acierte
yo a declarar algo de cosas tan dificultosas,
que su Majestad y el Espíritu Santo no me-
si
nea la pluma, bien sé que será imposible; y si jo
no ha de ser para vuestro provecho, le suplico
no acierte a decir nada, pues sabe su Majestad
que no es otro mi deseo, a cuanto puedo en-
tender de mí, sino que sea alabado su nombre,
y que nos esforcemos a servir a un Señor que 2¿
15 muestros =
nuestros; repítese la misma forma en
muestro Señor, 190-6; muestro natural, 233-12; muestra
flaqueza, 266-16.
144 MORADAS QUINTAS
ansí paga an acá en la tierra,por donde pode-
mos entender algo de lo que nos ha de dar en
el y trabajos y peligros
Cielo, sin los intrevalos
que hay en este mar de tempestades, porque a.
s no le haber de perderle y ofenderle, descanso
sería que no se acabase la vida hasta la fin del
mundo, por trabajar por tan gran Dios y Señor
y Esposo. Plega a su Majestad merezcamos
hacerle algún servicio, sin tantas faltas coma,
so siempre tenemos, an en las obras buenas^
Amén.
MORADAS SESTAS
CAPÍTULO PRIMERO
Pues vengamos con el favor del Espíritu
Santo a hablar en las sestas Moradas, adonde
-el alma ya queda herida del amor del Esposo, >
y procura más lugar para y quitar
estar sola,
todo lo que puede, conforme a su estado, que
la puede estorbar de esta soledad. Está tan es-
culpida en el alma aquella vista, que todo su
deseo es tornarla a gozar. Ya he dicho que en ™
esta oración no se ve nada que se pueda decir
ver, ni con la imaginación; digo vista, por la
comparación que puse. Ya el alma, bien deter-
minada queda a no tomar otro esposo; mas el
Esposo no mira a los grandes deseos que tiene i5
de que se haga ya el desposorio, que an quiere
> -
13 Muchos han y aún algunos creen, que las
creído,
revelaciones de Santa Teresa nacieron sólo de la exal-
tación de su fantasía; con el presente pasaje y otros
análogos se ha refutado esa opinión, haciendo notar la
serenidad y despejo con que la Santa procedía siem-
pre en esta materia. V. Vida de Santa Teresa, por los
Bolandistas, húmeros de 17/8.
I46 MORADAS SEXTAS
que lo desee más y que le cueste algo, bien
que es el mayor de los bienes. Y anque todo es
poco para tan grandísima ganancia, yo os digo,,
hijas, que no deja de ser menester la muestra y
5 señal que ya se tiene della para poderse llevar.
¡Oh, válame Dios, y qué son los trabajos inte-
riores y esteriores que padece hasta que entra
en la sétima Morada! Por cierto que algunas
veces lo considero, y que temo que si se en-
30 tendiesen antes sería dificultosísimo determi-
narse la flaqueza natural para poderlo sufrir ni
determinarse a pasarlo, por bienes que se le
representasen, salvo no hubiese llegado a la
si
sétima Morada, que ya allí nada no se teme,
15 de arte que no se arroje muy de raíz el alma a
pasarlo por Dios. Y es la causa, que está casi
siempre tan junta a su Majestad, que de allí le
viene la fortaleza. Creo será bien contaros al-
gunos de los que yo sé que se pasan con certi-
ao dumbre. Quizá no serán todas las almas lleva-
das por este camino, anque dudo mucho que
vivan libres de trabajos de la tierra, de una
manera u de otra, las almas que a tiempos go-
zan tan de veras de cosas del cielo. Anque no
a5 tenía por mí de tratar de esto, he pensado que
16 Sabía que había de pasar gran cruz, "y, con todo,
venía ya alegre, y estaba deshecha de que no me ponía
luego en la batalla, pues el Señor quería la tuviese".
Vida, XXXV, 7.
CAPITULO PRIMERO 1 47
algún alma que se vea en ello le será gran
consuelo saber qué pasa en las que Dios hace
semejantes mercedes, porque verdaderamente
parece entonces que está todo perdido. No lle-
varé por concierto como suceden, sino como 5
se me memoria; y quiero comen-
ofreciere a la
zar de los más pequeños, que es una grita de
las personas con quien se trata, y an con las
que no trata, sino que en su vida le pareció se
podían acordar de ella : — Que
j
se hace santa, 10
que hace estremos para engañar el mundo, y
para hacer a los otros ruines, que son mejores
cristianos sin esas cerimonias !
— y hase de no-
tar que no hay ninguna, sino procurar guar-
dar bien su estado. Los que tenía por amigos, 15
se apartan della, y son los que le dan mejor
bocado, y es de los que mucho se sienten:
— ¡Que va perdida aquel alma y notablemente
engañada, que son cosas del Demonio, que ha
de ser como aquella y la otra persona que se per- 20
13 "decían que me quería hacer santa y que inven-
taba novedades." Vida, XIX, 4.— Decían que el Demo-
nio dominaba en su alma: "fuime a la iglesia con esta
aflicción... sin tener persona con quien tratar, porque
todos eran contra mí." Vida, XXV, 14. Una vez le —
dijo Señor: "No hayas miedo, hija, que yo soy y no
el
te desampararé; no temas..." "Tomaba una cruz en la
mano y parecía verdaderamente darme Dios ánimo...,
que no temería tomarme con ellos a brazos..., y ansí,
dije: —
Ahora vení todos, que siendo sierva del Señor,
yo quiero ver qué me podéis hacer." Vida, XXV, 9-10.
I48 MORADAS SEXTAS
dio, y ocasión de que caya la virtud, que tray
engañados los confesores !
—y ir a ellos y decír-
selo, puniéndole ejemplos de lo que acaeció a
algunos que se perdieron por aquí : mil maneras
á de mofas y de dichos de éstos. Yo sé de una
persona que tuvo harto miedo no había de
haber quien la según andaban las
confesase,
cosas, que, por ser muchas, no hay para qué
me detener y es lo peor, que no pasan de pres-
;
to to, sino que es toda la vida; y el avisarse unos
a otros que se guarden de tratar personas se-
mejantes. Diréisme hay quien
que también
diga bien. ¡Oh, hijas, y qué pocos hay que crean
ese bien, en comparación de los muchos que
« abominan Cuanto más, que ese es otro trabajo
!
mayor que los dichos, porque como el alma ve
claro que si tiene algún bien es dado de Dios,
y en ninguna manera no suyo, porque poca
antes se vio muy pobre y metida en grandes
1 caya = caiga; del mismo modo ha dicho antes
trayo por traigo, 46-2, 48-4.
5 La madre Ana de San Bartolomé da cuenta con
vivos algunas groseras calumnias movidas
colores de
contra la Santa y el padre Gracián cuando llegaron a
;
oídos de Santa Teresa, "testigos son todas las monjas
que había en casa, y yo lo vi por mis ojos, que en todos
los maitines de esta bendita noche, sus ojos eran fuen-
tes que corrían hasta el suelo". Miscelánea, Bibl. Nao,
manuscrito 7031, 12.
7 "Temía que no había de haber con quien me con-
fesar, si no que todos habían de huir de mí; no hacía,
sino llorar." Vida, XXVIII.
CAPÍTULO PRIMERO 1 49
pecados, esle un tormento intolerable,* al menos
a los principios, que después no tanto, por al-
agunas razones. La primera, porque la esperien-
cia le hace claro ver que tan presto dice bien
como mal, y ansí no hace uno más caso de lo s
«que de lo otro. La segunda, porque le ha dado
«1 Señor mayor luz de que ninguna cosa buena
-es suya, sino dada de su Majestad, y como si
la viese en tercera persona, olvidada ¿e que
tiene allí ninguna parte, se vuelve a alabar a i°
Dios. La ha visto algunas almas apro-
tercera, si
vechadas de ver las mercedes que Dios la hace,
piensa que tomó su Majestad este medio de que
la tuviesen por buena, no lo siendo, para que
a ellas les viniese bien. La cuarta, porque como *s
•tiene más delante la honra
y gloria de Dios,
que la suya, quítase una tentación que da a los
principios, de que esas alabanzas han de ser
para destruirla, como ha visto algunas, y dá-
sele poco de ser deshonrada, a trueco de que *>
siquiera una vez sea Dios alabado por su me-
dio después, venga lo que viniere. Estas razo-
:
•nes y otras aplacan la mucha pena que daii
estas alabanzas, anque casi siempre se siente
alguna, si no es cuando poco ni mucho se ad- *$
20 "al alma a quien Dios llega a Sí, en oración tan
subida... [no se le] da más ser estimada que no...; mu-
cha más pena le da la honra que la deshonra." Vida,
XXXVI, 6.
I50 MORADAS SEXTAS
vierte, mas sin comparación es mayor trabaja
verse ansí en público tener por buena sin razón,
que no y cuando ya viene a no
los dichos; le
tener mucho de esto, muy mucho menos le
5 tiene de esotro, antes le huelga, y le es como
.una música muy suave. Esto es gran verdad,,
y antes fortalece el alma que la acobarda ; por-
que ya la espiriencia la tiene enseñada la gran
ganancia que le viene por este camino, y pare-
jo cele que no ofenden a Dios los que la persiguen,
antes que lo primite su Majestad para gran ga-
nancia suya; y como la siente claramente, tó-
males un amor particular muy tierno, que le
parece aquéllos son más amigos, y que la dan
*s más a ganar que los que dicen bien.
También suele dar el Señor enfermedades
grandísimas. Este es muy mayor trabajo, en
especial cuando son dolores agudos, que en
parte si ellos son recios, me parece el mayor;
20 que hay en la tierra, digo esterior, anque entren
cuantos quisieren, si es de los muy recios dolo-
res, digo, porque descompone y es» lo interior
terior de manera que aprieta un alma que no
sabe qué hacer de sí, y de muy buena gana to-
22 "Acaecíame algunas veces, y aun ahora me acae-
ce, aunque no tantas,, estar con tan grandísimos trabajos
de alma, juntos con tormentos y dolores de cuerpo, de
males tan recios que no me podía valer. " Vida, XXX, 5».
CAPITULO PRIMERO 151
maría cualquier martirio de presto que estos
dolores anque en grandísimo estremo no duran
;
tanto, que, en fin, no da Dios más de lo que se
puede sufrir, y da su Majestad primero la pa-
ciencia, mas de otros grandes en lo ordinario y 5
enfermedades de muchas maneras. Yo conozco
una persona que, desde que comenzó el Señor a
hacerla esta merced que queda dicha, que ha
cuarenta años, no puede decir con verdad que
ha estado día sin tener dolores y otras maneras 10
de padecer; de falta de salud corporal digo, sin
otros grandes trabajos. Verdad es que había sido
muy ruin, y para el Infierno que merecía todo se
le hace poco. Otras que no hayan ofendido tanto
a nuestro Señor las llevará por otro camino, 15
mas yo siempre escogería el del padecer, si-
quiera por imitar a nuestro Señor Jesucristo,
anque no hubiese otra ganancia, en especial,
que siempre hay muchas. ¡
Oh, pues si tratamos
de los interiores! estotros parecerían pequeños, 20
si éstos se acertasen a decir, sino que es impo-
sible darse a entender de la manera que pasan.
11En 1562 escribía: "Tuve veinte años vómitos por
las mañanas, que hasta más de medio día me acaecía
no poder desayunarme. "Vida, VII, 7.
14 Algunos han creído estas declaraciones al pie de
la letra. Conviene recordar la advertencia de fray Jeró-
nimo de San José: "Como santa, se estremecía de la
sombra y llora como gravísima la más ligera culpa...**
Bibl. Nac. Ms. 1031, R. 11.
152 MORADAS SEXTAS
Comencemos por el tormento que da topar
con un confesor tan cuerdo y poco espirimen-
tado que no hay cosa que tenga por sigura:
todo lo teme, en todo pone duda, como ve co-
;
s sas no ordinarias. En especial si en el alma que
las tiene ve alguna imperfeción, que les parece
han de ser ángeles a quien Dios hiciere estas
mercedes, y es imposible mientras estuvieren
en este cuerpo, luego es todo condenado a De*
*• monio u melencolía; y de ésta está el mundo
tan lleno, que no me espanto; que hay tanta
ahora en el mundo, y hace el Demonio tantos
males por este camino, que tienen muy mucha
razón de temerlo y mirarlo muy bien los con-
'*s fesores. Mas la pobre alma, que anda con ei
mesmo temor, y va al confesor como a juez, y
ése la condena, no puede dejar de recibir tan
gran tormento y turbación, que sólo entenderá
cuan gran trabajo es quien hubiere pasado por
ao ello. Porque éste es otro de los grandes traba-
jos que estas almas padecen, en especial han si
sido ruines, pensar que por sus pecados ha
Dios de primitir que sean engañadas, y anque
2 cuerdo =poco ferviente; aquel cuyo amor no
n
«stá aún para sacar de razón. Llama la Santa "cor dura
y "discreción" a la parsimonia en la devoción y en la
-penitencia, v. 57-6; 58-2, nota; 63-9; 140-8, etc.
20"no hallé maestro, digo confesor, que me ente»»
diese aunque le busqué en veinte años." Vida, IV, 2.
CAPÍTULO PRIMERO 153
cuando su Majestad les hace la merced, están
seguras y no pueden creer ser otro espíritu
sino de Dios, como es cosa que pasa de presto.
y acuerdo de los pecados se está siempre, y
el
ve en sí faltas, que éstas nunca faltan, luego' 5*
viene este tormento. Cuando el confesor la así-
gura, aplácase, anque torna; mas cuando él
ayuda con más temor, es cosa casi insufrible,
en especial cuando tras éstos vienen unas se-
quedades que no parece que jamás se ha acor- «-
dado de Dios ni se ha de acordar, y que como
una persona de quien oyó decir desde lejos, es
cuando oye hablar de su Majestad.
Todo no es nada, si no es que sobre esto
venga el parecer que no sabe informar a los 15»
confesores, y que los tray engañados, y anque
más piensa y ve que no hay primer movi-
miento que no los diga, no aprovecha; que
está el entendimiento tan escuro, que no es ca-
paz de ver la verdad, sino creer lo que la ima- ^
ginación le representa; que entonces ella es la
señora, y los desatinos que el Demonio la
quiere representar, a quien debe nuestro Señor
13 Un confesor le decía que sus revelaciones y vi-
siones eran obra delDemonio: "mandábame... que siem-
pre me santiguase cuando alguna visión viese, y diese
higas." Vida, XXIX, 4. Cuando más angustiada esta-
ba, más desabrimiento hallaba en sus confesores. Vida;
XXX.
154 MORADAS SEXTAS
de dar licencia para que la pruebe, y an para
que la haga entender que está reprobada de
Dios porque son muchas las cosas que la com-
;
baten con un apretamiento interior de manera
s tan sensible y intolerable, que yo no sé a qué
se pueda comparar, sino a los que padecen en
el Infierno; porque ningún consuelo se admite
en esta tempestad. Si le quieren tomar con el
confesor, parece han acudido los demonios a
«o él para que la atormente más; y ansí, tratando
uno con un alma que estaba en este tormento,
después de pasado, que parece apretamiento
peligroso, por ser de tantas cosas juntas, la de-
cía le avisase cuando estuviese ansí, y siempre
«5 era tan peor, que vino él a entender que no
era más en su mano. Pues si se quiere tomar
un libro de romance, persona que le sabía bien
leer, le acaecía no entender más de él que si
no supiera letra, porque no estaba el entendi-
do miento capaz. En fin, que ningún remedio hay
en esta tempestad sino aguardar a la miseri-
cordia de Dios, que a deshora, con una pala-
bra sola suya, u una ocasión, que acaso suce-
dió, lo quita todo tan de presto, que parece no
25 hubo nublado en aquel alma, según queda llena
1 "le da licencia,como se la dio para que tentase a
Job, aunque a mí, como a ruin, no es con aquel rigor."
Vida, XXX, 7.
CAPÍTULO PRIMERO 1 55
de y de mucho más consuelo. Y como
sol
quien se ha escapado de una batalla peligrosa
con haber ganado la vitoria, queda alabando a
nuestro Señor, que fué el que peleó para el
vencimiento; porque conoce muy claro que s
^ella no peleó, que todas las armas con que se
podía defender le parece que las ve en manos
de su contrario, y ansí conoce claramente su
miseria y lo poquísimo que podemos de nos-
otros si nos desamparase el Señor. Parece que »
ya no ha menester consideración para enten-
der esto, porque la espiriencia de pasar por
ello, habiéndose visto del todo inhabilitada, le
hacía entender nuestra nonada y cuan misera-
ble cosa somos; porque la gracia, anque no *t
debe estar sin ella, pues con toda esta tor-
menta no ofende a Dios, ni le ofendería por
cosa de la tierra, está tan ascondida, que ni an
una centella muy pequeña le parece no ve de
que tiene amor de Dios, ni que le tuvo jamás; »»
porque si ha hecho algún bien, u su Majestad
le ha hecho alguna merced, todo le parece cosa
soñada, y que fué antojo los pecados ve cierto
:
que los hizo. ¡Oh, Jesús, y qué es ver un alma
desamparada de esta suerte y, como he dicho, 2J
cuan poco le aprovecha ningún consuelo de la
tierra! Por eso no penséis, hermanas, si alguna
vez os vierdes ansí, que los ricos, y los que es-
tán con libertad, ternán para estos tiempos más
I56 MORADAS SEXTAS
remedio. No, no, que me parece a mí es come*
si a los condenados les pusiesen cuantos delei-
tes hay en el mundo delante, no bastarían para,
darles alivio, antes les acreditaría el tormento:
s ansí acá viene de arriba, y no valen aquí nada
cosas de la tierra. Quiere este gran Dios que
conozcamos rey y nuestra miseria, y importa
mucho para lo de adelante.
Pues ¿qué hará esta pobre alma citándo-
lo muchos días le durare ansí? Porque si reza es
como si no rezase, para su consuelo, digo; que
no se admite en lo interior, ni an se entiende lo>
que reza ella mesma a sí, anque sea vocal, que
para mental no es este tiempo en ninguna ma-
«5 ñera, porque no están las potencias para ello.
Antes hace mayor daño la soledad, con que es*
otro tormento por sí estar con naide, ni que la
hablen; y ansí, por muy mucho que se esfuer-
ce, anda con un desabrimiento y mala cóndi-
lo ción en lo esterior, que se le echa mucho de
ver. Es verdad que sabrá decir lo que ha Es
i
!
13 La oración vocal es inferior a la mental; pero al-
gunas personas la necesitan para fijar mejor la atención;
según la Santa, ha de consistir en "hablar con Él, pe-
dirle para necesidades..., sin procurar oraciones com-
puestas, sino palabras, conforme a deseos...'' Viña, XÍJ,
1; "nunca el Maestro del discípulo que
está tan lejos
sea menester dar voces", Camino, XXXIX; además:
u u pensar
estar rezando y oír lo que están hablando
en lo que les parece, sin más irse a la mano, esto ya.
se sabe que no es bueno." Camino, XXXIX.
CAPITULO PRIMERO 1 57
indicióle, porque son apretamientos y penas
espirituales que no se saben poner nombre.
El mejor remedio, no digo para que se quite,
que yo no le hallo, sino para que se pueda su-
frir, esentender en obras de caridad y esterio-.- 5
res y esperar en la misericordia de Dios, que
nunca falta a los que en Él esperan. Sea por
siempre bendito, amén.
Otros trabajos que dan los demonios, este-
riores, no deben ser tan ordinarios, y ansí no 10
hay para qué hablar en ellos ni son tan peno-
sos con gran parte; porque por mucho que
hagan, no llegan a inhabilitar ansí las poten-
cias, a mi parecer, ni a turbar el alma de esta
manera, que, en queda razón para pensar
fin, IS
que no pueden hacer más de lo que el Señor
les diere licencia, y cuando ésta no está perdi-
da, todo es poco en comparación de lo que
queda dicho.
Otras penas interiores iremos diciendo en 2D
estas Moradas, tratando diferencias de oración
y mercedes del Señor, que anque algunas son
an más recio que lo dicho en el padecer, como
se verán por cuál deja el cuerpo, no merecen
nombre de trabajos ni es razón que se le pon- 25
7 "no se fatigue, que es peor...: rece como pudiere,
y aun no rece, sino, como enferma, procure dar alivio a
su alma, y entienda en otra obra de virtud." Cami-
no, XXXIX.
12
158 MORADAS SEXTAS
gamos, por ser tan grandes mercedes del Se-
ñor, y que en medio de ellos entiende el alma
que lo son, y muy fuera de sus merecimientos.
Viene ya esta pena grande para entrar en la
sétima Morada, con otros hartos, que algunos
diré, porque todos será imposible, ni an de-
clararcómo son; porque vienen de otro linaje
que los dichos, muy más alto; y si en ellos,
con ser de más baja casta, no he podido decla-
rar más de lo dicho, menos podré en estotro.
El Señor dé para todo su favor, por los méri-
tos de su Hijo. Amén.
.
- —
10 Por difícil que sea de explicar la virtud de la ora-
ción, "de todas las virtudes... digo lo mesmo que es
:
más fácil de escribir que de obrar". Camino, VIII, 1.
CAPÍTULO SEGUNDO
Parece que hemos dejado mucho la palomi-
ca, y no hemos; porque estos trabajos son los
que an la hacen tener más alto vuelo. Pues co-
mencemos ahora a tratar de la manera que se s
ha con ella el Esposo, y como antes que del
todo lo sea, se lo hace bien desear, por unos
medios tan delicados, que el alma mesma no
los entiende, niyo creo acertaré a decir para
que lo entienda, si no fueren las que han pa- 10
sado por ello; porque son unos impulsos tan
delicados y sotiles, que proceden de lo muy
interior del alma, que no sé comparación que
poner que cuadre. Va bien diferente de todo lo
que acá podemos procurar, y an de los gustos 15
que quedan dichos, que muchas veces estando
la mesma persona
descuidada y sin tener la
memoria, en Dios, su Majestad la despierta, a
manera de una cometa que pasa de presto, o
un trueno, anque no se oye ruido; mas en- 20
19 Sobre este pasaje v. Apéndice, 159-19.
1 6o MORADAS SEXTAS
tiende muy bien el alma, que fué llamada de
Dios, y tan entendido, que algunas veces, en
especial a los principios, la hace estremecer y
an quejar, sin ser cosa que le duele. Siente ser
5 herida sabrosísimamente, mas no atina cómo
ni quién la hirió; mas bien conoce ser cosa
preciosa, y jamás querría ser sana de aquella
herida. Quéjase con palabras de amor, an es-
tenores, sin poder hacer otra cosa a su Espo-
10 so, porque entiende que está presente, mas no
se quiere manifestar de manera que deje go-
zarse, y es harta pena, anque sabrosa y dulce;
y anque quiera no tenerla, no puede; mas esto
no querría jamás. Mucho más le satisface que
J
5 el embebecimiento sabroso, que carece de pe-
na, de la oración de quietud.
Deshaciéndome estoy, hermanas, por daros
a entender esta operación de amor, y no sé
cómo; porque parece cosa contraria dar a en-
20
tender el Amado claramente que está con el
alma, y parecer que la llama con una seña tan
cierta, que no se puede dudar, y un silbo tan
penetrativo para entenderlo el alma, que no le
puede dejar de oír; porque no parece sino que
8 " ¡ Oh, soberano del Señor, qué indus-
artificio
tria tan delicada hacíades con vuestra esclava miserable \
Ascondíades os de mí y apretábadesme con vuestro
amor, con una muerte tan sabrosa que nunca el alma
querría salir de ella!" Vida, XXIX.
CAPÍTULO SEGUNDO l6l
en hablando el Esposo, que está en la sétima
Morada, por esta manera, que no es habla for-
mada, toda la gente que está en las otras no se
osan bullir, ni sentidos ni maginación ni po-
tencias. ¡Oh, mi poderoso Dios, qué grandes 5
son vuestros secretos y qué diferentes las co-
sas del espíritu a cuanto por acá se puede ver
ni entender, pues con ninguna cosa se puede
declarar ésta, tan pequeña para las muy gran-
des que obráis con las almas 10
Hace en ella tan gran operación, que se está
deshaciendo de deseo, y no sabe qué pedir,
porque claramente le parece que está con ella
su Dios. Diréisme, pues si esto enriende, ¿qué
desea u qué le da pena? ¿Qué mayor bien quie- rs
re? No lo sé: sé que parece le llega a las en-
trañas esta pena y que, cuando de ellas saca
la saeta el que la hiere, verdaderamente parece
que se las lleva tras sí, según el sentimiento de
amor siente. Estaba pensando ahora si sería 20
20 "vía un ángel cabe mí, hacia el lado izquierdo...;
"veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del
hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me pa-
recía meter por el corazón algunas veces, y que me lle-
gaba a las entrañas : al sacarle me parecía las llevaba
consigo y me dejaba toda abrasada en amor grande de
Dios." Vida, XXIX. El Papa Benedicto XIII, fundán-
dose en esto, permitió a los Carmelitas descalzos, en 25
de mayo de 1726, celebrar la fiesta de la Transverberación
del corazón de Santa Teresa. V. Bibl. de Auts. Esp.,
Lili, 1877, nota de La Fuente, en la pág. 90.
IÓ2 MORADAS SEXTAS
que en este fuego del brasero encendido que
es mi Dios, saltaba alguna centella y daba en
el alma, de manera que se dejaba sentir aquel
encendido fuego, y como no era an bastante
5 para quemarla, y él es tan deleitoso, queda con
aquella pena, y a el tocar hace aquella opera-
ción; y paréceme es la mejor comparación que
he acertado a decir; porque este dolor sabroso,
y no es dolor, no está en un ser; anque a veces
i© dura gran rato, otras de presto se acaba, como
quiere comunicarle el Señor, que no es cosa
que se puede procurar por ninguna vía huma-
na; mas anque está algunas veces rato, quítase
y torna; en fin, nunca está estante, y por esa
15 no acaba de abrasar el alma, sino ya que se va
a encender, muérese la centella y queda con
deseo de tornar a padecer aquel dolor amoroso
que le causa. Aquí no hay pensar si es cosa
movida del mesmo natural, ni causada de me-
*> lencolía, ni tampoco engaño del Demonio, ni si
es antojo; porque es cosa que se deja muy
bien entender ser este movimiento de adonde
está el Señor, que es inmutable; y las opera-
ciones no son como de otras devociones, que
as el mucho embebecimiento del gusto nos puede
hacer dudar. Aquí están todos los sentidos y
18 "Siempre querría el alma... estar muriendo de
este mal." Vida. XXIX.
CAPÍTULO SEGUNDO 1 63
potencias, sin ningún embebecimiento, mirando
qué podrá ser, sin estorbar nada ni poder acre-
centar aquella pena deleitosa ni quitarla, a mi
parecer. A quien nuestro Señor hiciere esta
merced, que si ha hecho, en leyendo esto
se la 5
lo entenderá, déle muy muchas gracias, que
no tiene que temer si es engaño; tema mucho
si ha de ser ingrato a tan gran merced, y pro-
cure esforzarse a servir y a mejorar en todo su
vida, y verá en lo que para y cómo recibe más 10
y más. Anque a una persona que ésta tuvo,
pasó algunos años con ello, y con aquella mer-
ced estaba bien satisfecha, que si multitud de
años sirviera a el Señor con grandes trabajos,
quedaba con ella muy bien pagada. Sea ben- Z5
dito por siempre jamás, amén.
Podrá cómo más en esto
ser que reparéis en
que en otras cosas hay seguridad. A mi pare-
cer por estas razones: La primera, porque ja-
más el Demonio debe dar pena sabrosa como 2©
ésta; podrá él dar el sabor y deleite que pa-
rezca espiritual; mas juntar pena, y tanta, con
quietud y gusto del alma, no es de su facultad
que todos sus poderes están por las adefueras;
y sus penas, cuando él las da, no son, a mi pa- as
recer, jamás sabrosas con paz, sino inquietas
ni
y con guerra. La segunda, porque esta tempes-
tad sabrosa viene de otra región de las que él
puede señorear. La tercera, por los grandes
164 MORADAS SEXTAS
provechos que quedan en el alma, que es lo
más ordinario determinarse a padecer por Dios
y desear tener muchos trabajos, y quedar muy
más determinada a apartarse de los contentos
s y conversaciones de la tierra, y otras cosas se-
mejantes. El no ser antojo está muy claro;
porque anque otras veces lo procure, no podrá
contrahacer aquéllo; y es cosa tan notoria, que
en ninguna manera se puede antojar, digo, pa-
10 recer que es, no dudar de que es, y
siendo, ni
si alguna quedare, sepan que no son estos ver-
daderos ímpetus; digo, si dudare en si le tuvo
u si no porque ansí se da a sentir, como a los
;
oídos una gran voz. Pues ser melancolía no
*s lleva camino nenguno, porque la melencolía,
no hace y fabrica sus antojos sino en la imagi-
nación; estotro procede de lo interior del alma.
Ya puede ser que yo me engañe, mas hasta
oír otras razones a quien lo entienda, siempre
20 estaré en esta opinión; y ansí sé de una per-
sona harto llena de temor de estos engaños,
que de esta oración jamás le pudo temer.
También suele nuestro Señor tener otras
maneras de despertar el alma; que a deshora,
14 y 15 melancolía y melencolía; esta vacilación se
halla en el manuscrito.
17 "Es un requiebro tan suave, que pasa entre el
alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar
a quien pensare que miento." Vida, XXIX.
CAPÍTULO SEGUNDO 1 65
estando rezando vocalmente, y con descuido
de cosa interior, parece viene una inflamación
deleitosa, como si de presto viniese un olor tan
grande, que se comunicase por todos los senti-
dos (no digo que es olor, sino pongo esta s
comparación) u cosa de esta manera, sólo
para dar a sentir que está allí el Esposo mueve ;
un deseo sabroso de gozar el alma de El, y
con esto queda dispuesta para hacer grandes
atos y alabanzas a nuestro Señor. Su nací- «»
miento de esta merced es de donde lo que queda
dicho, mas aquí no hay cosa que dé pena, ni
los deseos mesmos de gozar a Dios son peno-
sos; esto es más ordinario sentirlo el alma.
Tampoco me parece que hay aquí que temer, i 5
por algunas razones de las dichas, sino procu-
rar admitir esta merced con hacimiento de
gracias.
11 Su nacimiento de esta merced; antes ha dicho:
nuestra de las mujeres, 18-8. Casos análogos,
torpeza
hallados en Cervantes, cita el señor Rodríguez Marín,
Rinconete y Cortadillo, nota 37. Hoy es corriente su...
de usted.
CAPÍTULO TERCERO
Otra manera tiene Dios de despertar a el
alma; y anque en alguna manera parece mayor
merced que las dichas, podrá ser más peligro-
5 sa, y por eso me deterné algo en ella, que son
unas hablas con el alma, de muchas maneras;
unas parece vienen de fuera, otras de lo muy
interior del alma, otras de lo superior della,
otras tan en lo esterior, que se oyen con los
w» oídos porque parece es voz formada. Algunas
veces, y muchas, puede ser antojo, en especial
en personas de flaca imaginación u melencóli-
cas, digo de melencolía notable; de estas dos
maneras de personas no hay que hacer caso, a
io "cuando acá no queremos oír podemos tapar los
oídos...; en esta plática que hace Dios a el alma no hay
remedio ninguno, sino que, aunque me pese, me hacen
escuchar...; que no basta querer ni no querer." Vida,
XXV.
13 La melancolía era una enfermedad que alarmaba
a laSanta dice que en su tiempo abundaba mucho
;
(152-10) pero, sin duda, se refiere a las personas de vi-
;
da monástica; "un melancólico [es casi un loco, un hom-
bre] que del todo no ha perdido el seso, mas no sale de
«na cosa que se le puso en la imaginación, ni hay quien
le saque de ella", 214-15.
CAPÍTULO TERCERO 1 67
mi parecer, anque digan que ven y oyen y en-
tienden, ni inquietarlas con decir que es Demo-
nio, sino oírlas como a personas enfermas, di-
ciendo a la priora u confesor a quien lo dijere,
que no haga caso de ello, que no es la sustan- s
cia para servir a Dios y que a muchos ha en-
;
gañado el Demonio por allí, anque no será
quizá ansí a ella, por no la afligir más que tray
con su humor. Porque si le dicen que es me-
lancolía, nunca acabará, que jurará que lo ve ™
y lo oye, porque le parece ansí. Verdad es, que
es menester traer cuenta con quitarle la ora-
ción, y lo más que se pudiere, que no haga
caso dello; porque suele el Demonio aprove-
charse de estas almas ansí enfermas, anque no 15
sea para su daño, para el de otros; y a enfer-
mas y sanas, siempre de estas cosas hay que
temer, hasta ir entendiendo el espíritu. Y digo
que siempre es lo mejor a los principios des-
hacérsele; porque si es de Dios, es más ayuda 20
para ir adelante, y antes crece cuando es pro-
bado. Esto es ansí, mas no sea apretando mu-
cho alma y inquietándola; porque verdade-
el
ramente ella no puede más.
Pues tornando a lo que decía de las hablas 2s
con el ánima, de todas las maneras que he di-
18 En estos avisos insiste siempre que trata de la
imaginación; recuérdese la nota 145-13.
1 68 MORADAS SEXTAS
cho, pueden ser de Dios, y también del Demo-
nio y de la propia imaginación. Diré, si acer-
tare, con el favor del Señor, las señales que
hay en y cuándo serán estas
estas diferencias
¿ hablas peligrosas; porque hay muchas almas
que las entienden entre gente de oración, y
querría, hermanas, que no penséis hacéis mal
en no las dar crédito, ni tampoco en dársele,
cuando son solamente para vosotras mesmas
*° de regalo, u aviso de faltas vuestras, dígalas
quien las dijere, u sea antojo, que poco va en
ello. De una cosa os aviso, que no penséis,
anque sean de Dios, seréis por eso mejores,
que harto habló a los fariseos, y todo el, bien
£5
está como se aprovechan de estas palabras; y
ninguna que no vaya muy conforme a la Es-
critura hagáis más caso de ellas, que si las
oyésedes al mesmo Demonio; porque anque
sean de vuestra flaca imaginación, es menester
30 tomarse como una tentación de cosas de la fe,
y ansí resistir siempre, para que se vayan qui-
14 Harto habló a los que eran pecadores y
fariseos,
pecadores continuaron. Las revelaciones,"aunque son
grandes mercedes de Dios, y que muchas veces, o andan
con la gracia que justifica o encaminan a ella, pero no
por eso son aquella misma gracia ni nacen ni se juntan
siempre con ella... la puede haber en el que está en mal
;
estado..., y de hecho no le justifica Dios entonces, aun-
que le habla y enseña." Fray Luis de León, Carta citada.
V. 108-16, nota.
CAPÍTULO TERCERO 1 69
*
tando; y sí quitarán, porque llevan poca fuerza
consigo. Pues tornando a lo primero, que
venga de lo interior, que de lo superior, que
de lo esterior, no importa para dejar de ser de
Dios. Las más ciertas señales que se pueden 5 .
tener, a mi parecer son éstas. La primera
y más verdadera es el poderío y señorío que
train consigo, que es hablando y obrando.
Declaróme más. Está un alma en toda la
tribulación y alboroto interior que queda di- ic,
cho, y escuridad del entendimiento y seque-
dad; con una palabra de éstas, que diga sola-
mente :
—
"No tengas pena" queda sosegada, — ,
y nenguna, y con gran luz, quitada toda
sin
aquella pena, con que le parecía que todo el 15
mundo y letrados que se juntaran a darle ra-
zones para que no la tuviese, no la pudieran,
con cuanto trabajaran, quitar de aquella af li-
ción. Está afligida por haberle dicho su confe-
sor, y otros, que es espíritu del Demonio el que 20.
tiene, y toda temor; y con una palabra
llena de
que se le —
diga sólo: '"Yo soy, no hayas mie-
do" — ,
y queda consoladí-
se le quita del todo,
sima, y pareciéndole que ninguno bastará a ha-
cerla creer otra cosa. Está con mucha pena de 25,
23 Ocurrió esto a la misma Santa, v. 147-13, nota.
En Libro de las Relaciones, IX, da cuenta de varios
el
casos en que oyó palabras de revelación.
170 MORADAS SEXTAS
algunos negocios graves, que no saben cómo
han de suceder; entiende, que se sosiegue, que
todo sucederá bien; queda con certidumbre, y
sin pena; y desta manera otras muchas cosas.
5 La segunda razón, una gran quietud que
queda en el alma, y recogimiento devoto y pa-
cífico,y dispuesta para alabanzas de Dios. ¡Oh
Señor! si una palabra enviada a decir con un
paje vuestro, que a lo que dicen, al menos éstas,
10 en esta Morada, no las dice el mesmo Señor,
sino algún ángel, tienen tanta fuerza, ¿qué tal
la dejaréis en el alma que está atada por amor
con Vos, y Vos con ella?
La tercera señal es, no pasarse estas palabras
*5 de memoria en muy mucho tiempo, y algu-
la
nas jamás, como se pasan las que por acá en-
tendemos, digo, que oímos de los hombres, que
anque sean muy
graves y letrados, no las tene-
mos tan esculpidas en la memoria, ni tampoco,
20 si son en cosas por venir, las creemos como a
que queda una certidumbre grandísima,
éstas,
de manera que, anque algunas veces en cosas
muy imposibles, a el no deja de venirle
parecer,
duda si será u no será, y anda con algunas va-
35 cilaciones el entendimiento, en la mesma alma
7 "cuando es Demonio parece que se asconden todos
los bienes y huyen del alma, sigún queda desabrida y al-
borotada y sin ningún efeto bueno...; esto me ha acae-
cido no más de dos o tres veces." Vida, XXV.
CAPITULO TERCERO 171
está una seguridad, que no se puede rendir;
anque le parezca que vaya todo al contrario de
lo que entendió, y pasan años, no se le quita
aquel pensar que Dios buscará otros medios
que los hombres no entienden, mas que, en fin, 5
se ha de hacer, y ansi es que se hace. Anque,
como digo, no se deja de padecer cuando ve
muchos desvíos, porque como ha tiempo que
lo entendió, y y certidumbre,
las operaciones
que al presente quedan ser Dios, es ya pasado, «»
han lugar estas dudas, pensando si fué Demo-
nio, si fué de la imaginación; ninguna de estas
le queda al presente, sino que moriría por aque-
lla verdad. Alas, como digo, con todas estas
imaginaciones, que debe poner el Demonio para *s
dar pena, y acobardar el alma, en especial, si
es en negocio que en el hacerse lo que se enten-
dió ha de haber muchos bienes de almas, y es
obras para gran honra y servicio de Dios, y en
ellas hay gran dificultad, ¿qué no hará? Al me- »•
nos enflaquece que es harto daño no creer
la fe,
que Dios es poderoso para hacer obras que no
entienden nuestros entendimientos. Con todos
estos combates, anque haya quien diga a la
6 "Acaecídome ha muchas veces, si tengo alguna
duda, no creer lo que me dicen y pensar si se me anto-
jó... y verlo cumplido desde ha mucho tiempo, porque
hace elSeñor que quede en la memoria, que no se puede
olvidar." Vida, XXV.
172 MORADAS SEXTAS
mesma persona que son disbarates, digo los
confesores con quien se tratan estas cosas, y
con cuantos malos sucesos hubiere para dar a
entender que no se pueden cumplir, queda una
s centella no sé dónde, tan viva, de que será, an-
que todas las demás esperanzas estén muertas,
que no podría, anque quisiese, dejar de estar
viva aquella centella de siguridad. Y en fin*
como he dicho, se cumple la palabra del Señor,
10 y queda el alma tan contenta y alegre, que no
querría sino alabar siempre a su Majestad, y
mucho más, por ver cumplido lo que se le ha-
bía dicho, que por la mesma obra, anque le vaya
muy mucho en ella. No sé en qué va esto., que
15 tiene en tanto el alma, que salgan estas pala-
bras verdaderas, que si a la mesma persona la.
tomasen en algunas mentiras, no creo sentiría
tanto; como si ella en esto pudiese más, que no
dice sino lo que la dicen. Infinitas veces se acor-
20 daba ciertapersona de Jonás, profeta, sobre
esto, cuando temía no había de perderse Nínive.
2 "Creo eran cinco u seis [los confesores], todos
muy siervos de Dios, y di jome
mi confesor que todos se
determinaban en que era demonio... A mí ningún con-
suelo me bastaba... Tengo ya más miedo a los que tan
grande le tienen al Demonio que a él mesmo, porque
él no me puede hacer nada y estotros, en especial si son
confesores, inquietan mucho..." Vida, XXV.
21 "Era Nínive una ciudad grandísima que tenía tres
días de camino." Jonás, III, 3. Era la capital de Asiría.
El Señor había decretado su destrucción, y mandó a
CAPÍTULO TERCERO 1 73
**•
i
En fin, como es espíritu de Dios, es razón se le
tenga esta fidelidad, en desear no le tengan por
falso, pues es la suma verdad. Y ansí es grande
la alegría cuando, después de mil rodeos y en
cosas dificultosísimas, lo ve cumplido; anque a >
la mesma persona se hayan de seguir gran-
le
des trabajos de ello, los quiere más pasar que
no que deje de cumplirse lo que tiene por cierto
le dijo el Señor. Quizá no todas personas ternán
esta flaqueza, si lo es, que no lo puedo conde- «•
nar por malo.
Si son de la imaginación, nenguna de estas
señales hay, ni certidumbre, ni paz y gusto in-
terior; salvo que podría acaecer, y an yo sé de
algunas personas a quien ha acaecido, estando i*
muy embebidas en oración de quietud y sueño
espiritual, que algunas son tan flacas de com-
plesión u imaginación, u no sé la causa, que
verdaderamente en este gran recogimiento es-
tán tan fuera de sí, que no se sienten en lo es»
terior, y están tan adormecidos todos los senti-
dos, que como una persona que duerme, y an
quizá es ansí que están adormizadas, como
Jortás que predicase en ella: "De aquí a cuarenta días
Nínive será destruida." Ibid., v. 4. Pero los ninivitas re-
conocieron sus pecados y se entregaron a la penitencia,
por lo cual Dios "movióse a misericordia y no les envió
los males que había decretado". Ibid., v. 10. "Empero
Joñas se afligió mucho y se incomodó," Ibid., IV, 1, por-
que Dio* no cumplía sus palabras. V. 129-10, nota.
i3
J74 MORADAS SEXTAS
manera de sueño les parece que las hablan, y
an que ven cosas, y piensan que es de Dios, y
deja los efetos, en fin, como de sueño. Y tam-
bién podría ser, pidiendo una cosa a nuestro
3 Señor afetuosamente, parecerías que le dicen lo
que quieren, y esto acaece algunas veces. Mas
a quien tuviere mucha espiriencia de las hablas
de Dios, no se podrá engañar en esto, a mi pa-
recer, de la imaginación. Del Demonio hay más
*o que temer, mas hay las señales que quedan
si
dichas, mucho se puede asigurar ser de Dios,
anque no de manera, que si es cosa grave lo
que se le dice, y que se ha de poner por obra
de sí u de negocios de terceras personas, jamás
«5 haga nada ni le pase por pensamiento, sin pa-
recer de confesor letrado y avisado y siervo de
Dios, anque más y más entienda y le parezca
claro ser de Dios. Porque esto quiere su Majes-
5 que le dicen; entendemos: que les dicen, "podría
ser pidiendo una cosa a nuestro Señor... r arecerles que
les dicen lo que quieren (que les contestan a lo que pi-
den)". El emp-leo de le en vez de les tiene varios ejem-
plos en este libro: "personas [a quienes el Señor] se le
quería dar por amigo", 95-18 =
se les quería; "confíen
y verán cómo... le lleva", 39-21 =
les lleva; "a los que
hacen grandes penitencias... tod- se le hace poco", 124-
10= se les hace; "a ellos puniéndole ejemplos", 148-3
= puniéndoles.
6 "puede tambi'n ser apreensión de el mesmo en-
tendimiento, que podría acaecer, o hablar el mesmo es-
píritu a sí mssmo. " Vida, XXV.
CAPÍTULO TERCERO 1 75
tad, y no es dejar de hacer lo que Él manda,
pues nos tiene dicho tengamos a el confesor en
su lugar, adonde no se puede dudar ser palabras
suyas y éstas ayuden a dar ánimo, si es nego-
;
cio dificultoso, y nuestro Señor le porná al s
confesor, y le hará crea es espíritu suyo,
cuando Él lo quisiere, y si no, no están más
obligados. Y
hacer otra cosa sino lo dicho, y
siguirse naide por su parecer en esto, téngolo
por cosa muy peligrosa; y ansí, hermanas, os *°
amonesto de parte de nuestro Señor, que jamás
os acaezca.
Otra manera hay, como habla el Señor a el
alma, que yo tengo para mí ser muy cierto de
su parte, con alguna visión intelectual, que 15
.adelante diré como es. Es tan en lo íntimo del
alma, y parécele tan claro oír aquellas palabras
con los oídos del alma a el mesmo Señor, y tan
en secreto, que la mesma manera de entender-
las, con las operaciones que hace la mesma vi- 20
12En cuanto a la obediencia al confesor, la doctrina
de Santa es terminante: "no hacer ni creer cosa sino
la
lo que aquél la dijere..., porque, puesto caso que el con-
fesor no atinase, ella atinará más en no salir de lo que
le dice, aunque sea ángel de Dios el que la habla."
Fund., VIII, 4. El cumplimiento de esto le ocasionó tan-
tos disgustos, que últimament tuvo por norma consul-
tar a los confesores, callando, por lo pronto, lo que se le
hí.bía revelado, a fin de que ellos juzgasen y la aconse-
jasen por razone:, prudenciales, sin preocupaciones ni
temores. Fund., XVII, 2.
1^6 MORADAS SEXTAS
sión, asegura y da certidumbre no poder el De-
monio tener parte allí. Deja grandes afetos para
creer esto, al menos hay siguridad de que no
procede de la imaginación, y también si hay
s advertencia la puede siempre tener de esto, por
estas razones. La primera, porque debe ser di-
ferente en la claridad de la habla, que lo es tan
clara, que una sílaba que falte de lo que enten-
dió, se acuerda, y si se dijo por un estilo u por
20 otro, anque sea todo una sentencia; y en lo que
se antoja por la imaginación, será no habla tan
clara, ni palabras tan distintas, sino como cosa
medio soñada.
La segunda, porque acá no se pensaba mu-
15 chas veces en lo que se entendió, digo que es a
deshora, y an algunas estando en conversa-
ción, anque hartas se responde a lo que pasa de
presto por el pensamiento u a lo que antes se
ha pensado; mas muchas es en cosa que jamás
a» tuvo acuerdo de que habían de ser ni serían, y
ansí no las podía haber fabricado la imagina
ción, para que el alma se engañase en antojár-
sele lo que no había deseado, ni querido, ni ve-
nido a su noticia.
24 "¿Cómose entenderán cosas que no habían re-
ñido a la memoria aún antes? ¿Cómo vernán entonce»
que no obra casi, y la imaginación está como emboba-
da?" Vida, XXV.
CAPÍTULO TERCERO 1 77
La tercera, porque lo uno escomo quien
oye, y lo de la imaginación es como quien va
componiendo lo que él mesmo quiere que le
digan poco a poco.
La cuarta, porque las palabras son muy di- s
ferentes, y con una se compreende mucho, lo
que nuestro entendimiento no podría compren-
der tan de presto.
La quinta, porque junto con las palabras
muchas veces, por un modo que yo no sabré ™
decir, se da a entender mucho más de lo que
ellas suenan sin palabras. En este modo de en-
tender, hablaré en otra parte más, que es cosa
muy delicada y para alabar a nuestro Señor;
porque en esta manera y diferencias, ha habido n
personas muy dudosas, en especial alguna por
quien ha pasado, y ansí habrá otras que no
acababan de entenderse y ansí sé que lo' ha
;
mirado con mucha advertencia, porque han
sido muy muchas veces las que el Señor le hace *>
esta merced, y la mayor duda que tenía era en
esto, si se le antojaba, a los principios, que el
12 "Acaece ser a tiempos que está el entendimiento
y alma tan alborotada y distraída que no acertaría a
concertar una buena razón, y halla guisadas grandes
sentencias que le dicen, que ella, aun estando muy re-
cogida, no pudiera alcanzar." Vida, XXV.
22 Dice esto la Santa de sí misma; y. 171-6, nota.
178 MORADAS SEXTAS
ser Demonio más presto se puede entender ; an-
que son tantas sus sotilezas, que sabe bien con-
trahacer el espíritu de luz; mas será, a mi pa-
recer, en las palabras, decirlas muy claras, que
s tampoco quede duda si se entendieron como en
el espíritu de verdad; mas no podrá contra-
hacer los efetos que quedan dichos, ni dejar esa
paz en el alma, ni luz, antes inquietud y albo-
roto; mas puede hacer poco daño, u ninguno,.
10 si el alma y hace lo que he dicho r
es humilde,
de no se mover a hacer nada por cosa que en-
tienda. Si son favores y regalos del Señor, mire-
con atención si por ellos se tiene por mejor, y
si mientra mayor palabra de regalo, no quedare
is más confundida, crea que no es espíritu de
Dios; porque es cosa muy cierta, que cuanda
lo es, mientra mayor merced le hace, muy más
en menos se tiene la mesma alma, y mas
acuerdo tray de sus pecados, y más olvidada
*» de su ganancia, y más empleada su voluntad v
memoria en querer honra de Dios, nt
sólo la
acordarse de su propio provecho, y con más te-
mor anda de torcer en ninguna cosa su volun-
tad, y con mayor certidumbre de que nunca
»s mereció aquellas mercedes, sino el Infierno.
Como hagan estos efetos todas las cosas y
mercedes que tuviere en la oración, no ande el
alma espantada,, sino confiada en la misericor-
dia del Señor, que es fiel, y no dejará a el De-
CAPITULO TERCERO 1 79
monio que la engañe, anque siempre es bien
se ande con temor.
Podrá ser que a las que no lleva elSeñor por
este camino, les parezca que podrían estas
almas no escuchar estas palabras que les dicen, *
y si son interiores, destraerse de manera que
no y con esto andarán sin estos
se admitan,
peligros. A éstos respondo, que es imposible:
no hablo de las que se les antoja que con no
estar tanto apeteciendo alguna cosa ni quirien- •
do hacer caso de las imaginaciones, tienen re-
medio. Acá ninguno, porque de tal manera el
mesmo espíritu que habla, hace parar todos
los otros pensamientos y advertir a lo que se
dice, que en alguna manera me parece, y creo t&
es ansí, que sería más posible no entender a
una persona que hablase muy a voces a otra
que oyese muy bien, porque podría no adver-
tir, y poner
pensamiento y entendimiento
el
en otra cosa, mas en lo que tratamos no se »>
puede hacer: no hay oídos que se atapar. ni
poder para pensar, sino en lo que se le dice,
en ninguna manera; porque el que pudo ha-
cer parar el sol, por petición de Josué creo
2 "Tengo por muy cierto que el Demonio no enga-
ñará, ni lo primitirá Dios, a alma que de ninguna cosa
se fía de sí y está fortalecida en la fee." Vida, XXV.
24 "Entonces habló Josué...: —
Sol, no te muevas de
encima de Gabaón; ni tú, luna, de encima del vallo de
1 80 MORADAS SEXTAS
«era,puede hacer parar las potencias y todo el
interior, de manera, que ve bien el alma, que
otro mayor Señor gobierna aquel Castillo que
ella,y hácela harta devoción y humildad; ansí
s en escusarlo no hay remedio ninguno. Dénosle
la divina Majestad, para que sólo pongamos los
yjos en contentarle y nos olvidemos de nos-
otros mesmos, como he dicho; amén. Plega
Él, que haya acertado a dar a entender lo que
m en esto he pretendido, y que sea de algún aviso
para quien lo tuviere.
Ayalón. —
Paróse, pues, el sol en medio del cielo obe-
deciendo el Señor a la voz de un hombre y peleando por
Israel." Libro de Josué, X, 12, 13, 14.
CAPÍTULO CUARTO
Con estas cosas dichas de trabajos y las de-
más, ¿qué sosiego puede traer la pobre raari-
posica ? Todo más desear gozar a el Es-
es para
poso; y su Majestad, como quien conoce nues-
tra flaqueza, vala habilitando con estas cosas
y otras muchas, para que tenga ánimo de jun-
tarse con tan gran Señor, y tomarle por Es-
poso. Reíros heis de que digo esto, y pareceros
ha desatino; porque cualquiera de vosotras os
parecerá que no es menester, y que no habrá
nenguna mujer tan baja, que no le tenga para
desposarse con el Rey. Ansí lo creo yo con el
de mas con el del Cielo, yo os digo
la tierra,
que es menester más de lo que pensáis porque ;
nuestro natural es muy tímido y bajo para tan
gran cosa, y tengo por cierto, que si no lo diese
Dios, con cuanto veis, u que nos está bien, se-
ría imposible. Y ansí veréis lo que hace su
15 "es menester ánimo cierto, porque es tanto el
gozo, que parece algunas veces no queda un punto para
acabar el ánima de salir deste cuerpo." Vida, XVII, f.
1 82 MORADAS SEXTAS
Majestad para concluir este desposorio, que
entiendo yo debe ser cuando da arrobamien-
tos, que la saca de sus sentidos; porque si es-
tando en ellos se viese tan cerca desta gran
5 Majestad, no era posible, por ventura, quedar
con vida. Entiéndese arrobamientos que le-
sean, y no flaqueras de mujeres, como por acá
tenemos, que todo nos parece arrobamiento y
éstasi. Y como creo dejo dicho, hay comple-
jo siones tan flacas, que con una oración de quie-
tud se mueren. Quiero poner aquí algunas ma-
neras que yo he entendido, como he tratado
•
con tantas personas espirituales, que hay de
arrobamientos, anque no sé si acertaré; como
«5 en otra parte que lo escribí : esto y algunas co-
sas de las que van aquí, que por algunas razo-
nes, ha parecido no va nada tornarlo a decir,
anque no sea sino porque vayan las Moradas
por junto aquí.
*o Una manera hay, que estando el alma, anque-
no sea en oración, tocada con alguna palabra,
que se acordó u oye de Dios, parece que su-
Majestad, desde lo interior del alma, hace ere-
2 "arrobamiento o elevamiento o vuelo que llama-
mos de espíritu o arrebatamiento, que todo es uno; digo
que estos diferentes nombres todo es una cosa, y tam-
bién se llama éstasi." Vida, XX, i. Explica algunas di-
ferencias entre estos conceptos en la Relación VIII del:
Libro de las Relaciones.
i$ En el Libro de su Vida, cap. XX.
CAPÍTULO CUARTO 1 83
cer la centella que dijimos ya, movido de pie-
dad de haberla visto padecer tanto tiempo por
su deseo, que abrasada toda ella como un ave
Fenis, queda renovada, y piadosamente, se
puede creer, perdonadas sus culpas. Hase de s
entender con la dispusición y medios que esta
alma habrá tenido, como la Iglesia lo enseña.
Y ansí limpia, la junta consigo, sin entender an
aquí naide sino ellos dos, ni an la mesma alma
entiende de manera que lo puede después de- i*
cir, anque no está sin sentido interior; porque
no es como a quien toma un desmayo u para-
jismo, que ninguna cosa interior ni esterior
entiende. Lo que yo entiendo en este caso, es
que el alma nunca estuvo tan despierta para H
las cosas de Dios, ni con tan gran luz y cono-
cimiento de su Majestad. Parecerá imposible,
porque si las potencias están tan absortas, que
podemos decir que están muertas, y los senti-
dos lo mesmo, ¿cómo se puede entender que 2C
entiende ese secreto? Yo no lo sé, ni quizá
ninguna criatura, sino el mesmo Criador, y
otras cosas muchas que pasan en este estado,
digo en estas dos Moradas; que ésta, y la pos-
12 parajismo = parasismo y paroxismo, en el Diccio-
nario Acad.
14 "Aunque pocas veces se pierde el sentido, alguna»
me ha acaecido a mí perderle del todo; pocas y poco
rato, mas lo ordinario es que se turba." Vida, XX, 13-
1 84 MORADAS SEXTAS
fcrera se pudiera juntar bien, porque de la una
a no hay puerta cerrada: porque hay
la otra
cosas en la postrera, que no se han manifes-
tado a los que an no han llegado a ella, me pa-
5 recio dividirlas.
Cuando estando el alma en esta suspensión,
el Señor tiene por bien demostrarle algunos
secretos, como de cosas del Cielo y visiones
imaginarias, esto sábelo después decir, y de
•*• tal manera queda imprimido en la memoria
que nunca jamás se olvida; mas cuando son
visiones intelectuales tampoco las sabe decir;
porque debe haber algunas en estos tiempos
tan subidas, que no las convienen entender
*s más los que viven en la tierra para poderlas
decir,anque estando sana en sus sentidos, por
acá se pueden decir muchas destas visiones in-
teletuaíes.
Podrá ser que no entendáis algunas qué cosa
*© es visión, en especial las inteletuales. Yo diré
ii"coge el Señor el alma... a manera que las nubes
cogen los vapores de la tierra, y levántala toda della, y
sube la nube al Cielo, y llévala consigo: comiénzala a
mostrar cosas del reino que le tiene aparejado. No sé si
la comparación cuadra, mas, en hecho de verdad, ello
pasa ansí." Vida, XX.
20 La visión puede percibirse por los ojos corpora-
les, por la imaginación y por el entendimiento la visión
;
intelectual es la de naturaleza superior : ésta y la imagi-
nativa están extensamente explicadas en el Libro de su
Vida, caps. XXVII y XXVIII.
CAPÍTULO CUARTO 1 85
a su tiempo, porque me lo ha mandado quien
puede; y anque parezca cosa impertinente,
quizá para algunas almas será de provecho.
Pues diréisme, si no ha de haber
después
acuerdo de esas mercedes tan subidas que ahí $
hace el Señor a el alma, ¿ qué provecho le train ?
¡Oh hijas! que es tan grande, que no se puede
encarecer, porque anque no las saben decir, en
lo muy interior del alma quedan bien escritas,
y jamás se olvidan. Pues si no tienen imagen «o
ni las entienden las potencias, ¿cómo se pueden
acordar? Tampoco entiendo eso; mas entiendo
que quedan unas verdades en esta alma, tan
fijas de la grandeza de Dios, que cuando no tu-
viera fe que le dice quien es, y que está obli- i&
gada a creerle por Dios, le adorará desde aquel
punto por tal, como hizo Jacob cuando vio la
escala, que con ella debía de entender otros se-
cretos, que no los supo decir; que por sólo ver
una escala que bajaban y subían ángeles, si no *>
hubiera más luz interior, no entendiera tan
grandes misterios. No sé si atino en lo que di-
go, porque anque lo he oído, no sé si se me
acuerda bien. Ni tampoco Moysén supo decir
18 "Y vio en sueños una escala fija en la tierra, cuyo
remate tocaba en el Cielo, y ángeles de Dios que subían.
y bajaban por ella." Génesis, cap. XXVIII, 12.
1 86 MORADAS SEXTAS
todo lo que vio en la zarza, sino lo que quiso
Dios que dijese; mas si no mostrara Dios a su
alma secretos con certidumbre, para que viese
y creyese que era Dios, no se pusiera en tantos
5 y tan grandes trabajos; mas debía entender tan
grandes cosas dentro de los espinos de aquella
zarza, que le dieron ánimo para hacer lo que
hizo por el pueblo de Israel. Ansí que, herma-
nas, las cosas ocultas de Dios no hemos de
™ buscar razones para entenderlas, sino que como
creemos que es poderoso, está claro que hemos
de creer que un gusano de tan limitado poder
como nosotros, que no ha de entender sus
grandezas. Alabémosle mucho, porque es ser-
s 5 vido que entendamos algunas.
Deseando estoy acertar a poner una compa-
ración para si pudiese dar a entender algo de
esto que voy diciendo, y creo no la hay que
cuadre; mas digamos ésta: Entráis en un apo-
*° sentó de un rey u gran señor, u creo camarín
los llaman, adonde tienen infinitos géneros de
vidrios y barros y muchas cosas, puestas por
tal orden, que casi todas se ven en entrando.
Una vez me llevaron a una pieza de estas en
»s casa de la Duquesa de Alba, adonde, viniendo
i "Donde apareció el Señor en una llama de
se le
fuego que salía de en medio de una zarza, y veía que la
zarza estaba ardiendo y no se consumía." Éxodo, III, 2.
CAPÍTULO CUARTO 1 87
de camino, me mandó la obediencia estar, por
haberlos importunado esta señora, que me
quedé espantada en entrando, y consideraba de
qué podía aprovechar aquella baraúnda de co-
sas, y vía que se podía alabar al Señor de tan- $
tas diferencias de cosas; y ahora me cay en
gracia cómo me ha aprovechado para aquí. Y
anque estuve allí un rato, era tanto lo que ha-
oía que ver, que luego se me olvidó todo, de
manera que de nenguna de aquellas piezas me *•
quedó más memoria que si nunca las hubiera
visto, ni sabría decir de qué hechura eran: mas
por junto acuérdase que lo vio. Ansí acá, es-
tando el alma tan hecha una cosa con Dios,
metida en este aposento de cielo impíreo que 15
debemos tener en lo interior de nuestras almas,
porque claro está que, pues Dios está en ellas,
que tiene alguna de estas Aloradas; y anque
cuando está ansí el alma en éstasi, no debe
siempre el Señor querer que vea estos secre- *>
tos, porque está tan embebida en gozarle que
le basta tangran bien, algunas veces gusta que
se desembeba y de presto vea lo que está en
aquel aposento; y ansí queda después que torna
en sí con aquel representársele las grandezas *s
que vio: mas no puede decir nenguna, ni llega
su natural a más de lo que sobrenatural ha
«querido Dios que vea. ¡Luego ya confieso que
fué ver y que es visión imaginaria! — No quie-
1 88 MORADAS SEXTAS
ro decir que no es esto de que trato, sino
tal,
visión inteletual; que como no tengo letras, mi
torpeza no sabe decir nada; que lo que he di-
cho hasta aquí en esta oración entiendo claro
i que si va bien que no soy yo la que lo he di-
cho. Yo tengo para mí que si algunas veces
no entiende de estos secretos en los arroba-
mientos el alma a quien los ha dado Dios, que
no son arrobamientos, sino alguna flaqueza na-
»° tural, que puede ser a personas de flaca com-
plesión, como somos las mujeres, con alguna,
fuerza de espíritu sobrepujar al natural y que-
darse ansí embebidas, como creo dije en la
oración de quietud. Aquéllos no tienen que ver
«s con arrobamientos; porque el que lo es cree
que roba Dios toda el alma para sí y que*
como a cosa suya propia y ya esposa suya, la
va mostrando alguna partecita del reino que ha-
ganado por serlo; que, por poca que sea, es
ao todo mucho lo que hay en este gran Dios, y
no quiere estorbo de naide, ni de potencias, nf
sentidos ; sino de presto manda cerrar las puer-
i ' " •
14 Hay
arrebatos de devoción que conviene evitar
"que es esto como unos niños que tienen un acelerado
llorar que parece van a ahogarse, y con darles a beber
cesa aquel demasiado sentimiento; ansí acá la razón
ataje a encoger la rienda, porque podría ser ayudar eí
mesmo vuelva la consideración con temer tw*
natural;
es todo perfecto, sino que puede ser mucha parte sen-
sual. " Vida, XXIX, 8.
CAPÍTULO CUARTO 1 89
tas de estas Moradas todas, y sólo en la que Él
está queda abierta para entrarnos. Bendita sea
tanta misericordia y con razón serán malditos
los que no quisieren aprovecharse de ella, y
perdieren a este Señor. ¡Oh, hermanas mías! s
que no es nada lo que dejamos, ni es nada
cuanto hacemos, ni cuanto pudiéramos hacer,
por un Dios que ansí se quiere comunicar a
un gusano. Y si tenemos esperanza de an en
esta vida gozar de este bien,¿qué hacemos? ™
¿en qué nos detenemos? ¿qué es bastante para
que un memento dejemos de buscar a este Se-
ñor, como lo hacía la Esposa por barrios y
plazas? ¡Oh, que es burlerío todo lo del mun-
do si no nos llega y ayuda a esto, anque du- iS
raran para siempre sus deleites y riquezas y
gozos cuantos se pudieran imaginar! ¡Que es
todo asco y basura comparado a estos tesoros
que se han de gozar sin fin Ni an éstos no son
!
nada en comparación de tener por nuestro al 20
Señor de todos los tesoros y del cielo y de la
tierra. ¡Oh, ceguedad humana! ¿Hasta cuándo,
hasta cuándo se quitará esta tierra de nuestros
ojos? Que anque entre nosotras no parece no
es tanta que nos ciegue del todo, veo unas mo- 25
14 Cantar de los Cantares, III, 2. V. nota a la pagi-
na 110-23.
14 burlerío = burla, engaño; burlería, en Dice. Acad.
14
190 MORADAS SEXTAS
tillas, dejamos cre-
unas chimilas, que si las
cer, bastarán hacernos gran daño; sino que
por amor de Dios, hermanas, nos aproveche-
mos de estas faltas para conocer nuestra mi-
5 seria, y ellas nos den mayor vista, como la dio
el lodo del ciego que sanó muestro Esposo; y
ansí, viéndonos tan imperfetas, crezca más el
suplicarle saque bien de nuestras miserias,
para en todo contentar a su Majestad.
" Mucho me he divirtido sin entenderlo; per-
donadme, hermanas, y creed que, llegada a es-
tas grandezas de Dios, digo, a hablar en ellas,
no puede dejar de lastimarme mucho ver la
que perdemos por nuestra culpa. Porque, an-
ís que es verdad que son cosas que las da el Se-
ñor a quien quiere, si quisiésemos a su Majes-
tad como Él nos quiere, a todas las daría; no
está deseando otra cosa, sino tener a quien
dar, que no por eso se desminuyen sus rique-
20 zas.
Pues tornando a lo que decía, manda el Es-
poso cerrar las puertas de las Moradas, y an
y cerca; que en quiriendo arre-
las del Castillo
batar esta alma, se le quita el huelgo de ma-
as ñera que, anque duren un poquito más algunas
6 "...escupió en tierra y formó lodo con la saliva y
aplicóle sobre los ojos del ciego--- Fuese, pues, y lavóse
allí, y volvió con vista." San Juan, IX, 6-7.
CAPITULO CUARTO ICjI
veces los otros sentidos, en ninguna manera
puede hablar, anque otras veces todo se quita
de presto, y se enfrían las manos y el cuerpo
de manera que no parece tiene alma, ni se en-
tiende algunas veces si echa el huelgo. Esto »
dura poco espacio, digo para estar en un ser,
porque, quitándose esta gran suspensión un
poco, parece que el cuerpo torna algo en sí y
alienta para tornarse a morir y dar mayor
vida a el alma, y con todo no dura mucho tan k>
gran éstasi.
Mas acaece, anque se quita, quedarse la vo-
luntad tan embebida y el entendimiento tan
enajenado, y durar ansí día y an días, que pa-
rece no es capaz para entender en cosa que 15
no sea para despertar la voluntad a amar, y
ella se está harto despierta para esto y dor-
mida para arrostrar a asirse a ninguna cria«
tura.
¡Oh! cuando alma torna ya del todo en sí,
el >«
¡qué es la confusión que le da y los deseos tan
grandísimos de emplearse en Dios, de todas
4 "En estos arrobamientos parece no anima el alma
<en cuerpo, y ansí se siente muy
el sentido faltar del el
calor natural; vase enfriando, anque con grandísima
suavidad y deleite." Vida, XX, 3.
16 "Los días que duraba esto, andaba como embo-
bada; no quisiera ver ni hablar, sino abrazarme con mi
pena, que para mí era mayor gloria que cuantas hay en
todo lo criado." Vida, XXIX, 12.
192 MORADAS SEXTAS
cuantas maneras se quiere servir de ella! Si
de las oraciones pasadas quedan tales e fetos
como quedan dichos, ¿qué será de una merced
tan grande como ésta? Querría tener mil vidas
s para emplearlas todas en Dios, y que todas
cuantas cosas hay en la tierra fuesen lenguas
para alabarle por ella. Los deseos de hacer pe-
nitencia grandísimos; y no hace mucho en ha-
cerla, porque con la fuerza del amor, siente
10 poco cuanto hace, y ve claro que no hacían
mucho los mártires en los tormentos que pade-
cían, porque con esta ayuda de parte de nues-
tro Señor es fácil y ansí se quejan estas almas
;
a su Majestad cuando no se les ofrece en que
15 padecer. Cuando esta merced les hace en secre-
to, tiénenla por muy grande; porque cuando
es delante de algunas personas, es tan grande
el corrimiento y afrenta que les queda, que en
alguna manera desembebe el alma de lo que
20 gozó, con la pena y cuidado que le da pensar
qué pensarán los que lo han visto. Porque co-
1 "Ya no quiere querer ni tener otra voluntad que
la del Señor, y ansí se lo suplica : dale las llaves de su,
voluntad." Vida, XX, 16.
21 "...estos arrobamientos..., estando entre gentes,,
no los podía resistir, sino que con harta pena mía se co-
menzaron a publicar." Vida, XXIX, 12. "Supliqué mu-
cho al Señor que no quisiese ya darme más mercedes
que tuviesen muestras esteriores, porque yo estaba ya
cansada de andar en tanta cuenta." Vida, XX.
CAPITULO CUARTO 1 93
nocen la malicia del mundo y entienden que
no lo echarán por ventura a lo que es, sino que,
por que habían de alabar al Señor, por ven-
lo
tura les será ocasión para echar juicios. En al-
guna manera me parece esta pena y corrí- 5
miento falta de humildad; mas ello no es más
en su mano; porque si esta persona desea ser
vituperada, ¿qué se le da? Como entendió una
que estaba en esta aflición de parte de nuestro
Señor: "No tengas pena, que, u ellos han de «»
alabarme a Mí u mormurar de ti, y en cual-
quiera cosa de éstas ganas tú." Supe después
que esta persona se había mucho animado con
estas palabras y consolado; y porque si alguna
se viere en esta afleción, os las pongo aquí. Pa- *s
rece que quiere nuestro Señor que todos en-
tiendan que aquel alma es ya suya, que no ha
de tocar naide en ella ; en el cuerpo, en la honra,
-en la hacienda, enhorabuena, que de todo se
sacará honra para su Majestad; mas en el alma, *°
eso no, que si ella, con muy culpable atrevi-
miento, no se aparta de su Esposo, Él la ampa-
rará de todo el mundo, y an de todo el Infierno.
8 Fué la misma Santa; v. Vida, XXXI, 5.
15 Afleción = aflicción;
ha dicho aflición.
antes, 9,
23 "Tengo para mí que un alma que llega a este
<estado, que ya ella no habla ni hace cosa por sí, sino
que de todo lo que ha de hacer tiene cuidado este sobe-
rano Rey." Vida, XX, 16.
194 MORADAS SEXTAS
No sé queda dado algo a entender de qué cosa
si
es arrobamiento, que todo es imposible, como
he dicho, y creo no se ha perdido nada en de-
cirlo, para que se entienda lo que lo es, poique
j hay efetos muy diferentes en los fingidos arro-
bamientos; no digo fingidos porque quien loa
tiene no quiere engañar, sino porque ella lo
está; y como las señales y efetos no confor-
man con tan gran merced, queda infamada de
ao manera que con razón no se cree después 3
quien el Señor la hiciere. Sea por siempre ben-
dito y alabado, amén, amén.
7 no quiere. V. Apéndice, 194-7-
CAPÍTULO QUINTO
Otra manera de arrobamientos hay, u vuelo
del espíritu le llamo yo, que anque todo es uno
en la sustancia, en lo interior se siente muy di-
ferente, porque muy de presto algunas veces ¿
se siente un movimiento tan acelerado del alma,
que parece es arrebatado» el espíritu con una
velocidad que pone harto temor, en especial a
que por eso os decía que es me-
los principios;
nester ánimo grande para a quien Dios ha de i©
hacer estas mercedes, y an fe y confianza y re-
sinación grande de que haga nuestro Señor del
alma lo que quisiere. ¿Pensáis que es poca tur-
bación estar una persona muy en su sentido y
verse arrebatar el alma? Y an algunos hemos i5
leído que el cuerpo con ella, sin saber adonde
5 El vuelo del espíritu eleva más que el arrobamiento
*aunque, como digo, sea todo uno o lo parezca; mas un
fuego pequeño también es fuego como un grande, y ya se
ve la diferencia que hay de lo uno a lo otro." Vida,
XVIII, 3.
I96 MORADAS SEXTAS
va u quién u cómo que al principio de
la lleva ;
este momentáneo movimiento no hay tanta
certidumbre de que es Dios. Pues ¿hay algún
remedio de poder resistir? En ninguna manera;
* antes es peor; que yo le sé de alguna persona,
que parece quiere Dios dar a entender al alma
que, pues tantas veces con tan grandes veras
se ha puesto en sus manos y con tan entera
voluntad se le ha ofrecido toda, que entienda
i© que ya no tiene parte en si, y notablemente,
con más impetuoso movimiento es arrebatada:
y tomaba ya por sí no hacer más que hace una
paja cuando la levanta el ámbar, si lo habéis
mirado, y dejarse en las manos de quien tan
rS poderoso es, que ve es lo más acertado hacer
la necesidad virtud. Y porque dije de la paja,
es cierto ansí, que con la facilidad que un gran
jayán puede arrebatar una paja, este nuestro
gran gigante y poderoso arrebata el espíritu.
20 No parece sino que aquel pilar de agua, que
dijimos, creo era la cuarta Morada, que no me
1 Algunas veces este arrobamiento "me llevaba el
alma, y aun, casi ordinario, la cabeza tras ella, sin po-
derla tener, y algunas todo el cuerpo, hasta levantarle...,
tendíame en el suelo y llegábanse a tenerme el cuerpo,
y todavía se echaba de ver...; me parecía que desde de-
bajo de los pies me levantaban fuerzas tan grandes que
no cómo lo comparar". Vida, XX.
sé
"cuando Dios quiere... arrebata el espíritu como
10
un gigante tomaría una paja..." Vida, XXII, 8.
21 Morada IV, cap. II, pág. 77, desde la línea 6.
CAPITULO QUINTO 1 97
acuerdo bien, que con suavidad y mansedum-
bre, digo sin ningún movimiento, se henchía:
aquí desató este gran Dios que detiene los ma-
nantiales de las aguas, y no deja salir la mar
de sus términos, los manantiales por donde 5
venía a este pilar del agua; y con un ímpetu
grande se levanta una ola tan poderosa, que
sube a lo alto esta navecica de nuestra alma
Y ansí como no puede una nave, ni es pode-
roso el piloto, ni todos los que la gobiernan, i»
para que las olas, si vienen con furia, la dejen
estar adonde quieren, muy menos puede lo
alma detenerse en donde quiere, ni
interior del
hacer que sus sentidos ni potencias hagan más
de lo que les tienen mandado, que lo esterior 15
no se hace aquí caso de ello.
Es cierto, hermanas, que de sólo irlo escri-
biendo me voy cómo se mues-
espantando, de
tra aquí el gran poder de este gran Rey y Em-
perador ¿ qué hará quien pasa por ello ? Tengo
;
30
para mí que si los que andan muy perdidos
por el mundo se les descubriese su Majestad,
como hace a estas almas, que anque no fuese
por amor, por miedo no le osarían ofender.
Pues cuan obligadas estarán las que han
¡oh, 25
sido avisadas por camino tan subido a procu-
rar con todas sus fuerzas no enojar este Señor!
Por Él os suplico, hermanas, a la que hubiere
hecho su Majestad estas mercedes u otras se-
I98 MORADAS SEXTAS
me jantes,
que no os descuidéis con no hacer
más que recibir; mira que quien mucho debe^
mucho ha de pagar. Para esto también es me-
nester gran ánimo, que es una cosa que aco-
3 barda en gran manera; y si nuestro Señor no
se le diese andana siempre con gran aflición;
porque mirando lo que su Majestad hace con
ella, y tornándose a mirar a sí, cuan poco
sirve para lo que está obligada, y eso poquillo
*<» que hace lleno de faltas y quiebras y flojedad,
que por no se acordar de cuan imperfetamente
hace alguna obra, si la hace, tiene por mejor
procurar que se le olvide, y traer delante sus
pecados, y meterse en la misericordia de Dios
*s que pues no tiene con qué pagar, supla la pia-
dad y misericordia que siempre tuvo con los
pecadores. Quizá le responderá lo que a una
persona que estaba muy afligida delante de
un crucifijo en este punto, considerando que
» nunca había tenido qué dar a Dios ni qué de-
jar por Él : díjole el mesmo Crucificado conso-
lándola, que Él la daba todos
dolores y los
trabajos que había pasado en su Pasión, que
4 "veis o sentís levantarse esta nube o esta águila
caudalosa y cogeros con sus alas... y veisos llevar y no
sabéis dónele... y es menester ánima determinada y ani-
mosa... para arriscarlo todo, venga lo que viniere." Vir
da, XX, 3.
CAPÍTULO QUINTO 1 99
los tuviese por propios para ofrecer a su Padre.
Quedó aquel alma tan consolada y tan rica,
según de ella he entendido, que no se le puede
olvidar, antes cada vez que se ve tan misera-
ble, acordándosele,queda animada y conso- =
lada. Algunas cosas de éstas podría decir aquí,
que, como he
tratado tantas personas santas y
de oración, sé muchas; porque no penséis que
só yo me voy a la mano. Esta paréceme de
gran provecho, para que entendáis lo que se »*
contenta nuestro Señor de que nos conozca-
mos y procuremos siempre mirar y remirar
nuestra pobreza y miseria, y que no tenemos
nada, que no lo recibimos. Ansí que, herma-
nas mías, para esto y otras muchas cosas, que i¡
se ofrece a un alma, que ya el Señor la tiene
en este punto, es menester ánimo; y, a mi pa-
recer, para esto postrero más que para nada,
si hay humildad dénosla el Señor por quien es.
;
Pues tornando a este apresurado arrebatar «»
el espíritu, es de tal manera, que verdadera-
mente parece sale del cuerpo, y, por otra parte,
claro está que no queda esta persona muerta:
1 Esta persona fué la misma Santa: "como nunca
yo dejé nada por Él ni en cosa le he servido..., comencé
a fatigar mucho y di jome el Señor: — Ya sabes el despo-
sorio que hay entre ti y Mí, y habiendo esto, lo que yo
tengo es tuyo, y ansí te doy todos los trabajos y dolores
que pasé, y con esto puedes pedir a mi Padre como cosa
propia." Relaciones, IX.
200 MORADAS SEXTAS
al menos ella no puede decir si está en el cuer-
po u si no, por algunos istantes. Parécele que
toda junta ha estado en otra región muy dife-
rente de en esta que vivimos, adonde se le
5 muestra otra luz tan diferente de la de acá,
que si toda su vida ella la estuviera fabricando
junto con otras cosas, fuera imposible alcanzar-
las; y acaece que en un istante le enseñan tan.
tas cosas juntas, que en muchos años que tra-
*o bajara en ordenarlas con su imaginación y pen-
samiento, no pudiera de mil partes la una. Esto
no es visión inteletual, sino imaginaria, que se
ve con los ojos del alma, muy mejor que acá
vemos con los del cuerpo, y sin palabras se le
£5 da a entender algunas cosas; digo como si ve
algunos santos : los conoce como si los hubiera
mucho tratado. Otras veces, junto con las co-
sas que ve con los ojos del alma por visión in-
teletual, se le representan otras, en especial
^o multitud de ángeles, con el Señor de ellos, y
sin ver nada con los ojos del cuerpo ni del alma,
por un conocimiento admirable que yo no sabré
decir, se le representa lo que digo y otras mu-
chas cosas que no son para decir. Quien pasare
aS por ellas, que tenga más habilidad que yo, las
2"Parece que aquella avecita del espíritu se escapó
de esta miseria de la carne y cárcel de este cuerpo, y des-
ocupada de él, puede más emplearse en lo que le da el
Señor." Relaciones, VIII.
CAPÍTULO QUINTO 201
sabrá quizá dar a entender, anque me parece
bien dificultoso. Si esto todo pasa estando en el
cuerpo u no, yo no lo sabré decir; al menos ni
juraría que está en el cuerpo, ni tampoco que
está el cuerpo sin alma. Muchas veces he pen- s.
sado, si como el sol estándose en el Cielo, que
sus rayos tienen tanta fuerza, que no mudán-
dose él de allí, de presto llegan acá, si el alma
y el espíritu, que son una mesma cosa, como
y sus rayos, puede, quedándose ella
lo es el sol **
en su puesto, con la fuerza del calor que le
viene del verdadero Sol de Justicia, alguna
parte superior salir sobre sí mesma. En yo
fin,
no sé lo que digo, lo que es verdad es que con
la presteza que sale la pelota de un arcabuz 15.
cuando le ponen el fuego, se levanta en lo inte-
rior un vuelo, que yo no sé otro nombre que le
poner, que, anque no hace ruido, hace movi-
miento tan claro, que no puede ser antojo en
ninguna manera; y muy fuera de sí mesma, a 20.
todo lo que puede entender, se le muestran
grandes cosas y cuando torna a sentirse en sí,
;
5 a un hombre [que cree] en Cristo, que
"Yo conozco
catorce años ha, si en cuerpo o fuera del cuerpo no lo
sé, sábelo Dios, fué arrebatado hasta el tercer Cielo. Y
sé que el en cuerpo o fuera del cuerpo
mismo hombre, si
no lo sé, Dios lo sabe, al Paraíso." Epís-
fué arrebatado
a
tola 2. de San Pablo a los Corintios, XII, 2-3-4.
17 "El vuelo del espíritu es un no sé cómo le llame,,
que sube de lo más íntimo de el alma." Relaciones, VIH.
202 MORADAS SEXTAS
es con tan grandes ganancias, y tiniendo en tan
poco todas las cosas de la tierra, para en com-
paración de las que ha visto, que le parecen ba-
sura; y desde ahí adelante vive en ella con
5 harta pena, y no ve cosa de las que le solían
parecer bien que no haga dársele nada de
le
ella. Parece que le ha querido el Señor mostrar
algo de la tierra adonde ha de ir, como lleva-
ron señas los que enviaron a la tierra de pro-
20 misión los del pueblo de Israel, para que pase
los trabajos de este camino tan trabajoso, sa-
biendo adonde ha de ir a descansar. Anque
cosa que pasa tan de presto no os parecerá de
mucho provecho, son tan grandes los que deja
*s en el alma, que si no es por quien pasa, no se
sabrá entender su valor. Por donde se ve bien
no ser cosa del Demonio que de la propia ima-
;
ginación es imposible, ni el Demonio podría re-
presentar cosas, que tanta operación y paz y
•20 sosiego y aprovechamiento dejan en el alma, en
especial tres cosas muy en subido grado : cono-
cimiento de grandeza de Dios, porque mien-
la
tras más cosas viéremos de ella, más se nos da
a entender propio conocimiento y humildad de
:
10 "Enviólos, pues, Moysés, a reconocer la tierra de
Chanaan. Habiendo partido, exploraron la tierra-.., cor-
taron un sarmiento con su racimo, el cual trajeron en-
tre dos, en un varal. Llevaron también granadas e higo*
de aquel sitio." Números, XIII, 18-24.
CAPÍTULO QUINTO 203
ver cómo cosa tan baja, en comparación del
Criador de tantas grandezas, la ha osado ofen-
der, ni osa mirarle; la tercera, tener en muy
poco todas las cosas de no fueren
la tierra, si
las que puede aplicar para servicio de tan gran &
Dios. Estas son las joyas que comienza el Es-
poso a dar a su esposa, y son de tanto valor
que no las porná a mal recaudo, que ansí que-
dan esculpidas en la memoria estas vistas, que
creo es imposible olvidarlas hasta que las goce «*
para siempre, si no fuere para grandísimo mal
suyo; mas el Esposo que se las da es poderoso
para darle gracia que no las pierda.
Pues tornando a el ánimo que es menester,
apareceos que es tan liviana cosa? Que verda- i»
deramente parece que el alma se aparta del
cuerpo, porque se ve perder los sentidos, y no
entiende para qué. Menester es que le dé Él
<me da todo lo demás. Diréis que bien pagado
va este temor ansí lo digo yo. Sea para siem- »
:
pre alabado que tanto puede dar. Plega a su
el
Majestad que nos dé para, que merezcamos
servirle, amén.
CAPÍTULO SESTO
Destas mercedes tan grandes queda el alma
tan deseosa de gozar del todo al que se las hace,
que vive con harto tormento, anque sabroso:
5 unas ansias grandísimas de morirse, y conansí,
lágrimas muy ordinarias, pide a Dios la saque
de este destierro. Todo la cansa cuanto ye en
él; en viéndose a solas tiene un gran alivio, y
luego acude esta pena, y en estando sin ella no
10 se hace. En fin, no acaba esta mariposica de
hallar asiento que dure; antes, como anda el
alma tan tierna del amor, cualquiera ocasión
que sea para encender más este fuego la hace
volar; y ansí en esta Morada son muy conti-
15 nuos los arrobamientos, sin haber remedio de
escusarlos, anque sea en público, y luego las^
5 ansias; Hay que repetir en el pensamiento el ver-
bo anterior: [Vive con] unas ansias grandísimas...
16 "cuando pensaba que estas mercedes que el Se-
ñor me hace se habían de venir a saber en público, era
tan escesivo el tormento, que me inquietaba mucho el
alma...; de mejor gana me parece me determinaba a.
que me enterraran viva." Vida, XXX, 4; v. nota 192-21.-
CAPITULO SEXTO 205
persecuciones y mormuraciones, que, anque ella
quiera estar sin temores, no la dejan, porque
son muchas las personas que se los ponen, en
especial los confesores. Y
anque en lo interior
del alma parece tiene gran siguridad por una s
parte, en especial cuando está a solas con Dios,
por otra anda muy afligida, porque teme si la
ha de engañar Demonio de manera que
el
ofenda a quien tanto ama, que de las mormu-
raciones tiene poca pena, sino es cuando el mes- *°
mo confesor la aprieta, como si ella pudiese
más. No
hace sino pedir a todos oraciones, y
suplicar a su Majestad la lleve por otro cami-
no, porque le dicen que lo haga, porque éste
es muy peligroso; mas comoha hallado
ella 15
por él tan gran aprovechamiento, que no puede
dejar de ver que como
y oye y sabe
le lleva, lee
por los mandamientos de Dios el que va al Cie-
lo, no lo acaba de desear, anque quiere, sino
dejarse en sus manos. Y
an este no lo poder 2G
desear da pena, por parecerle que no obe-
le
dece al confesor, que en obedecer y no ofender
a nuestro Señor le parece que está todo su re-
medio para no ser engañada; y ansí no haría
un pecado venial, de advertencia, porque la hi- 25
ciesen pedazos, a su parecer ; y aflígese en gran
manera de ver que no se puede escusar de ha-
cer muchos sin entenderse. Da Dios a estas al-
mas un deseo tan grandísimo de no le descon-
1 =;
20Ó MORADAS SEXTAS
tentar en cosa ninguna, por poquito que sea,
una imperfeción si pudiesen, que por
ni hacer
sólo esto, anque no fuese por más, querría
huir de las gentes, y ha gran envidia a los
s que viven y han vivido en los desiertos; por
otra parte se querría meter en mitad del mun~
do, por ver si pudiese ser parte para que un
alma alabase más a Dios, y si es mujer, se
aflige del atamiento que le hace su natural;
ro porque no puede hacer esto, y ha gran envidia
a los que tienen libertad para dar voces, publi-
cando quién es este gran Dios de las Caba-
llerías.
¡Oh, pobre mariposilla, atada con tantas, ca-
15 denas que no te dejan volar lo que querrías!
Habedla lástima, mi Dios; ordenad ya de ma-
nera que ella pueda cumplir en algo sus deseos
para vuestra honra y gloria. No os acordéis de
lo poco que lo merece y de su bajo natural.
20 Poderoso sois Vos, Señor, para que la gran
mar se retire, y el gran Jordán, y dejen pasar
El amor a Dios es muy diferente del amor profa-
8
no. Este quiere ser solo en el objeto amado; aquél es ma-
yor cuanto más compañía encuentra para amar. Exc, 2.
11 "¡Alaben os todas las cosas, Señor del mundo!
¡Oh, quién diese voces por Él, para decir cuan fiel sois
a vuestros amigos!" Vida, XXV; v. adelante, 213-1.
13 "gran Dios de las Caballerías, de las Batallas, de
los Ejércitos", apelativos bíblicos de la Divinidad.
CAPÍTULO SEXTO 207
los hijos de Israel; no la hayáis lástima, que,
con vuestra fortaleza ayudada, puede pasar
muchos trabajos. Ella está determinada a ello,
y los desea padecer; alarga, Señor, vuestro po-
deroso brazo, no se le pase la vida en cosas tan 5
bajas. Parézcase vuestra grandeza en cosa tan
feminil y baja para que, entendiendo el mundo
que no es nada de ella, os alaben a Vos, cués-
tele lo que le costare, que eso quiere, y dar mil
vidas, porque un alma os alabe un poquito más 10
a su causa, si tantas tuviera; y las da por muy
bien empleadas, y entiende con toda verdad que
no merece padecer por Vos un muy pequeño
trabajo, cuanto más morir.
No sé a qué propósito he dicho esto, herma- 15
ñas, ni para qué, que no me he entendido. En-
tendamos que son éstos los e fetos que quedan
de estas suspensiones u éstasi, sin duda nen-
guna; porque no son deseos que pasan, sino
que están en un ser, y cuando se ofrece algo en 20
qué mostrarlo, se ve que no era fingido. ¿Por
qué digo estar en un ser? Algunas veces se
1 "Extendiendo, pues, Moysés, la mano sobre el
mar, abrióle el Señor por en medio, y soplando toda la
noche un viento recio y abrasaidbr, le dejó seco, y las
aguas quedaron divididas, con lo que los hijos de Israel
entraron por medio del mar." Éxodo, XIV, 21-22. "Al
soplo de tu furor se amontonaron las aguas paróse la :
ola que iba corriendo, cuajáronse en medio del mar los
abismos de las aguas." Éxodo, XV, 8.
208 MORADAS SEXTAS
siente el alma cobarde y en las cosas más ba-
jas, y atemorizada y con tan poco ánimo, que
no le parece posible tenerle para cosa. Entienda
yo que la deja el Señor entonces en su natural
5 para mucho mayor bien suyo; porque ve en-
tonces que si para algo ha tenido, ha sido
le
dado de su Majestad con una claridad que la
deja aniquilada a y si con mayor conocimiento
de la misericordia de Dios y de su grandeza^
i© que en cosa tan baja la ha querido mostrar-
mas lo mas ordinario está como antes hemos
dicho. Una cosa advertí, hermanas, en estos
grandes deseos de ver a nuestro Señor: que
aprietan algunas veces tanto, que es menester
is no ayudar a ellos, sino divertiros, si podéis digo,
porque en otros, que diré adelante, en ninguna
manera se puede, como veréis. En estos prime-
ros, alguna vez sí podrán porque hay razón en-
;
tera para conformarse con la voluntad de Dios.
20 y decir lo que decía san Martín, y podráse vol-
15 "Estemos con cuidado cuando vienen estos ímpe-
tus tan grandes..., que podrá ser que nuestra naturaleza,.
a veces, obre tanto como el amor, que hay personas que
cualquiera cosa, aunque sea mala, desean con grande
vehemencia...; que mude el deseo [de morir], pensando-
que si vive, servirá más a Dios." Camino, XIX, 9.
20 "Veisme Señor; si es necesario vivir para,
aquí,
haceros algún servicio, no rehuso todos cuantos trabajos
en la tierra me puedan venir, como decía vuestro ama-
dor San Martín." Exc, XV. "Señor, si todavía soy ne-
cesario a tu pueblo, no rehuso el trabajo; hágase siem.-
CAPITULO SEXTO 200,
ver la consideración si mucho aprietan ;
porque,
como es, al parecer, deseo que ya parece de
personas muy aprovechadas, ya podría el De-
monio moverle, porque pensásemos que lo es-
tamos, que siempre es bien andar con temor 5
Mas tengo para mí que no podrá poner la quie-
tud y paz que esta pena da en el alma, sino que
será moviendo con él alguna pasión, como se
tiene cuando por cosas del siglo tenemos alguna
pena mas a quien no tuviese espiriencia de uno
; 1»
y de lo otro no lo entenderá, y pensando es una
gran cosa ayudará cuanto pudiere, y haríale
mucho daño a la salud; porque es contina esta
pena, u, al menos, muy ordinaria.
También advertid que suele causar la com- I5
plesión flaca cosas de estas penas, en especial si
es en unas personas tiernas, que por cada cosita
lloran; mil veces las hará entender que lloran
por Dios, que no sea ansí. Y an puede acaecer
ser (cuando viene multitud de lágrimas, digo, 2 <>
por un tiempo, que a cada palabrita que oya u
piense de Dios no se puede resistir de ellas),
haberse allegado algún humor al corazón, que
ayuda más que el amor que se tiene a Dios,
que no parece han de acabar de llorar; y como 2S
pre en todo tu santísima voluntad." San Martín,
obispo de Tours. (Edic. autógr. de Las Moradas, 1882;
transcripción, pág. 95, nota.)
210 MORADAS SEXTAS
ya tienen entendido que las lágrimas son bue-
nas, no se van a la mano, ni querrían hacer
otra cosa, y ayudan cuanto pueden a ellas. Pre-
tende el Demonio aquí que se enflaquezcan, de
5 manera que después ni puedan tener oración
ni guardar su regla.
Paréceme que os estoy mirando cómo decís
que qué habéis de hacer, si en todo pongo peli-
gro pues en una cosa tan buena como las lágri-
;
10 mas me parece puede haber engaño, que yo soy
la engañada; y ya puede ser, mas creé que no
hablo sin haber visto que le puede haber en al-
gunas personas, anque no en mí; porque no
soy nada tierna, antes tengo un corazón tan
15 recio, que algunas veces me da pena; anque
cuando el fuego de adentro es grande, por recio
que sea el corazón distila, como hace un alqui-
tara, y bien entenderéis cuando vienen las lá-
grimas de aquí, que son más confortadoras y
20 pacifican,que no alborotadoras, y pocas veces
hacen mal. El bien es en este engaño, cuando
lo fuere, que será daño del cuerpo, digo si hay
3 "Enojábame en extremo de las muchas lágrimas,
qtíe por [una] culpa lloraba, cuando veía mi poca en-
mienda." Vida, VI, 2. "Parecíame que aquellas mis lá-
grimas eran mujeriles y sin fuerza." Vida, IX, 8. Trae-
mos a veces las lágrimas por nuestra voluntad pero no
;
crea "el que se está quebrando la cabeza a sus solas..., si
ha estrujado algunas lágrimas, que aquello es la ora-
ción." Cartas, Orga, I, 23-5.
CAPITULO SEXTO 211
humildad, y no del alma, y cuando no le hay,
no será malo tener pensemos
esta sospecha. No
que está todo hecho en llorando mucho, sino
que echemos mano del obrar mucho, y de las
virtudes, que son las que nos han de hacer al 5
caso, y las lágrimas vénganse cuando Dios las
enviare, no haciendo nosotras diligencias para
traerlas. Estas dejarán esta tierra seca, regada,
y son gran ayuda para dar fruto mientras me- ;
nos caso hiciéremos de ellas, más, porque es 10
agua que cay del cielo; la que sacamos cansán-
donos en cavar para sacarla, no tiene que ver
con ésta, que muchas veces cavaremos y que-
daremos molidas, y no hallaremos ni un charco
de agua, cuanto más pozo manantial. Por eso, 15
hermanas, tengo por mejor, que nos pongamos
delante del Señor, y miremos su misericordia
y grandeza y nuestra bajeza, y dénos Él lo que
quisiere, siquiera haya agua, siquiera sequedad.
Él sabe mejor lo que nos conviene; y con esto 20
andaremos descansadas, y el demonio no terna
tanto lugar de hacernos trampantojos.
Entre estas cosas penosas y sabrosas junta-
mente, da nuestro Señor al alma algunas veces
unos júbilos y oración estraña, que no sabe en- 25
tender qué es. Porque si os hiciere esta merced,
le alabéis mucho y sepáis que es cosa que pa-
sa, la pongo aquí. Es, a mi parecer, una unión
grande de las potencias, sino que las deja núes-
212 MORADAS SEXTAS
tro Señor con libertad para que gocen de este
gozo, y a los sentidos lo mesmo, sin entender
qué es lo que gozan y cómo lo gozan. Parece
esto algarabía, y cierto pasa ansí, que es un
s gozo tan ecesivo del alma que no querría go-
zarle a solas, sino decirlo a todos, para que la
ayudasen a alabar a nuestro Señor, que aquí
va todo su movimiento, Oh, qué de fiestas ha- j
ría y qué de muestras, si pudiese, para que
» todos entendiesen su gozo! Parece que se ha
hallado a y que, como el padre del hijo pró-
sí,
digo, querría convidar a todos y hacer grandes
fiestas, por ver su alma en puesto que no puede
dudar que está en siguridad, al menos por en-
£5 tonces. Y tengo para mí, que es con razón;
porque tanto gozo interior de lo muy íntimo
del alma, y con tanta paz, y que todo su con-
tento provoca a alabanzas de Dios, no es posi-
ble darle Demonio. Es harto, estando con
el
20 este gran ímpetu de alegría, que calle y pueda
'
'
5 ecesivo = escesivo ;
piérdese la s ante la c, como en
picina, 11-24; e cele nú simo, 59-6; ecelente, 87-4; dicípu-
los, 111-12, etc.
12 "Traed un ternero cebado, matadle y comamos y
celebremos un banquete, pues que este hijo mío estaba
muerto y ha resucitado habíase perdido y ha sido ha-
;
llado." San Mateo, XV, 23-24.
14 está en seguridad. "Entiéndelo de la seguridad
que tiene de que no es ilusión del Demonio lo que siente,
sino obra y merced de Dios..." De una nota que desdie el
siglo xvii se ha venido repitiendo en todas las ediciones.
CAPITULO SEXTO 21
disimular, y no poco penoso. Esto debía sentir
san Francisco, cuando le toparon los ladrones,
que andaba por el campo dando voces, y les
dijo que era pregonero del gran Rey; y otros
santos, que se van a los desiertos por poder 5
apregonar lo que san Francisco: estas alaban-
zas de su Dios. Yo conocí uno llamado fray
Pedro de Alcántara, que creo lo es, según fué
su vida, que hacía esto mesmo, y le tiníen por
loco los que alguna vez le oyeron. ¡Oh, qué 10
buena locura, hermanas, si nos la diese Dios a
todas Y qué mercedes os ha hecho de teneros
!
en parte que, anque el Señor os haga ésta y
deis muestras de ello, antes será para ayuda-
ros que no para mormuración, como fuérades rs
si mundo, que se usa tan
estuviérades en el
poco este pregón que no es mucho que le mor-
muren. ¡Oh desventurados tiempos y miserable
vida en que ahora vivimos, y dichosas a las
la
que les ha cabido tan buena suerte, que estén 20
fuera de él! Algunas veces me es particular
gozo cuando, estando juntas, las veo a estas
hermanas tenerle tan grande interior, que la
que más puede, más alabanzas da a nuestro
8 Libro de su Vida, caps. XXVII y XXX, da
En el
la Santa extensas y curiosas noticias de este asceta, a
quien trató personalmente.
9 tiníen = tenían; forma antigua, como acudíe, 17-22;
desenvolvíemonos, Vida, cap. II.
ÍI4 MORADAS SEXTAS
Señor de verse en el monesterio; porque se les
ve muy claramente que salen aquellas alaban-
zas de lo interior del alma. Muchas veces que-
rría, hermanas, hiciésedes esto, que una que
= comienza, despierta a las demás. ¿En qué me-
jor se puede emplear vuestra lengua cuando
que en alabanzas de Dios, pues
estéis juntas,
tenemos tanto porque se las dar? Plega a su
Majestad que muchas veces nos dé esta ora-
y gananciosa: que ad-
10 ción, pues es tan segura
quirirla no podremos, porque es cosa muy so-
brenatural y acaece durar un día, y anda el
;
alma como uno que ha bebido mucho, mas no
tanto que esté enajenado de los sentidos, u un
15 melencólico, que del todo no ha perdido el se-
so, mas no sale de una cosa que se le puso en
la imaginación, ni hay quien le saque de ella.
Harto groseras comparaciones son éstas para
tan preciosa causa, mas no acanza otras mi
20 ingenio, porque ello es ansí que este gozo la
:
tiene tan olvidada de sí y de todas las cosas,
que no advierte ni acierta a hablar, sino en lo
que procede de su gozo, que son alabanzas de
Dios. Ayudemos a esta alma, hijas mías todas;
25 ¿para qué queremos' tener más seso?, ¿qué nos
puede dar mayor contento? ¡y ayúdennos todas
las criaturas, por todos los siglos de los siglos
Amén, amén. amén.
CAPÍTULO SÉTIMO
Pareceros ha, hermanas, que a estas almas
que Señor se comunica tan particularmente
el
(en especial podrán pensar esto que diré las
que no hubieren llegado a estas mercedes, por- 5.
que si lo han gozado, y es de Dios, verán lo
que yo diré), que estarán ya tan seguras de que
han de gozarle para siempre, que no ternán
que temer ni que llorar sus pecados; y será
muy gran engaño porque el dolor de los peca-
;
Ia
dos crece más, mientra más se recibe de nues-
tro Dios: y tengo yo para mí, que hasta que
estemos adonde ninguna cosa puede dar pena,
que ésta no se que unas
quitará. Verdad es,
veces aprieta más que otras, y también es de 15
diferente manera; porque no se acuerda de la
pena que ha de tener por ellos, sino de cómo
fué tan ingrata a quien tanto debe, y a quien
tanto merece ser servido porque en estas gran-
;
dezas que le comunica, entiende mucho más 20
la de Dios; espántase cómo fué tan atrevida:
llora su poco respeto; parécele una cosa tan
desatinada su desatino, que no acaba de lasti-
21 MORADAS SEXTAS
mar jamás, cuando se acuerda por las cosas
tan bajas, que dejaba una tan gran majestad.
Mucho más se acuerda de esto, que de las mer-
cedes que recibe, siendo tan grandes como las
3 dichas, y las que están por decir; parece que
las lleva un río caudaloso, y las tray a sus
tiempos. Esto de los pecados está como un
cieno, que siempre parece se avivan en la me-
moria, y es harto gran cruz. Yo sé de una per-
-o sona que, dejado de querer morirse por ver a
Dios, lo deseaba por no sentir tan ordinaria-
mente pena de cuan desagradecida había sido a
quien tanto debió siempre, y había de deber; y
ansí no le parecía podían llegar maldades de
^5 ninguno a las suyas; porque entendía que no
le habría a quien tanto hubiese sufrido Dios y
tantas mercedes hubiese hecho. En lo que toca
a miedo del Infierno, ninguno tienen; de si han
de perder a Dios, a veces aprieta mucho, mas
30 es pocas veces. Todo su temor es no las deje
Dios de su mano para ofenderle, y se vean en
estado tan miserable, como se vieron en algún
tiempo, que de pena ni gloria suya propia no
tienen cuidado; y si desean no estar mucho en
35 Purgatorio, es más por no estar ausentes de
Dios, lo que allí estuvieren, que por las penas
que han de pasar. Yo no
temía por seguro, por
favorecida que un alma esté de Dios, que se ol-
vidase de que en algún tiempo se vio en mise-
CAPITULO SÉPTIMO 21J
rabie estado;porque arique es cosa penosa,
aprovecha para muchas. Quizá, como yo he
sido tan ruin, me parece esto, y esta es la causa
de traerlo siempre en la memoria; las que han
sido buenas, no ternán que sentir, anque siem- s
pre hay quiebras mientra vivimos en este
cuerpo mortal. Para esta pena ningún alivio es
pensar que tiene nuestro Señor ya perdonados
los pecados y olvidados, antes añide a la pena
ver tanta bondad, y que se hacen mercedes a *c
quien no merecía sino Infierno. Yo pienso que
fué éste un gran martirio en san Pedro y la
Madalena; porque como tenían el amor tan
crecido,y habían recibido tantas mercedes, y
tenían entendida la grandeza y majestad de i¡
Dios, sería harto recio de sufrir, y con muy
tierno sentimiento.
También os parecerá que quien goza de co-
sas tan altas no terna meditación en los miste-
rios de la sacratísima humanidad de nuestro 2<
Señor Jesucristo, porque se ejercitará ya toda
en amor. Esto es una cosa que escribí largo en
otra parte, y anque me han contradecido en
9 añide =
añade, forma popular.
12 San Pedro: "queriendo su Magestad subirle a muy
gran contemplación, se conoce por indigno, diciendo...:
"Apartaos de mí, Señor, que soy hombre pecador."
Vida, XXII, 7.
23 Libro de su Vida, cap. XXII y parte del XXVIL
21 MORADAS SEXTAS
«liay dicho que no lo entiendo, porque son ca-
minos por donde lleva nuestro Señor, y que
cuando ya han pasado de los principios es
mejor tratar en cosas de la Divinidad y huir
.5 de las corpóreas, a mí no me harán confesar
que es buen camino. Ya puede ser que me en-
gañe, y que digamos todos una cosa; mas vi
yo que me quería engañar el Demonio por
ahí, y ansí estoy, tan escarmentada, que pien-
io so, aunque haya dicho más veces, decíroslo
lo
otra vez aquí, porque vais en esto con mucha
advertencia; y mira que oso decir que no
creáis a quien os dijere otra cosa. Y procuraré
darme más a entender, que hice en otra parte,
z 5 porque por ventura si alguno lo ha escrito,
como él lo dijo, si más se alargara en decla-
y decirlo ansí por junto a las
rarlo, decía bien;
que no entendemos tanto puede hacer mu-
cho mal.
jo También les parecerá a algunas almas que
no pueden pensar en la Pasión; pues menos
podrán en la sacratísima Virgen, ni en la vida
de los santos, que tan gran provecho y aliento
6 "avisan mucho que aparten de sí toda imagina-
ción corpórea..." "dicen que, aunque sea la humanidad
de Christo, a los que llegan ya tan adelante, que em-
baraza o impide a la más perfecta contemplación". Vida,
XXII, i.
ii vais, por vayáis, antiguo.
CAPITULO SÉPTIMO 2IO,
nos da su memoria. Yo no puedo pensar en
qué piensan; porque apartados de todo lo cor-
póreo, para espíritus angélicos es estar siem-
pre abrasados en amor, que no para los que
vivimos en cuerpo mortal, que es menester s
trate y piense y se acompañe de los que unién-
dole, hicieron tan grandes hazañas por Dios;
cuanto más apartarse de industria de todo
nuestro bien y remedio, que es la sacratísima
humanidad de nuestro Señor Jesucristo; y no IO
puede creer que lo hacen, sino que no se en-
tienden, y ansí harán daño a sí y a los otros,
Al menos yo les asiguro que no entren a estas
dos Moradas postreras; porque si pierden la
guía, que es el buen Jesús, no acertarán el ca- J¿
mino; harto será si se están en las demás con
riguridad. Porque el mesmo Señor dice que
es camino; también dice el Señor que es luz,
y que no puede nenguno ir al Padre sino
por Él; y quien me ve a mí ve a mi Padre. 20
Dirán que se da otro sentido a estas palabras.
Yo no sé esotros sentidos; con este que siem-
7 "nosotros no somos ángeles, sino tenemos cuer-
po; querernos hacer ángeles estando en la tierra... es
desatino...; en negocios y persecuciones y trabajos,
cuando no se puede tener tanta quietud, y en tiempo de
sequedades, es muy buen amigo Cristo, porque le mi-
ramos hombre y vérnosle con flaquezas y trabajos, y es
compañía..." Vida, XXII.
20 San Juan, XIV, 6-9. V. pág. 41-4, nota.
220 MORADAS SEXTAS
pre siente mi alma ser verdad, me ha ido muy
bien.
Hay
algunas almas, y son hartas las que lo
han tratado conmigo, que como nuestro Señor
5 las llega a dar contemplación perfeta, que-
rríanse siempre estar allí, y no puede ser; mas
quedan con esta merced del Señor, de manera,
que después no pueden discurrir en los miste-
rios de la Pasión y de la vida de Cristo, como
« antes. Y no sé qué es la causa, mas es esto
muy que queda el entendimiento
ordinario,
más inhabilitado para la meditación; creo debe
ser la causa, que como en la meditación es todo
buscar a Dios, como una vez se halla, y queda
15 el alma acostumbrada, por obra de la volun-
tad, a tornarle a buscar, no quiere cansarse
con el entendimiento. Y también me parece
que, como la voluntad esté ya encendida, no
quiere esta potencia generosa aprovecharse de
20 estotra si pudiese; y no hace mal, mas será
imposible, en especial hasta que llegue a estas
Moradas, y perderá tiempo, porque
postreras
muchas veces ha menester ser ayudada del
entendimiento para encender la voluntad. Y
25 notad, hermanas, este punto, que es impor-
tante, y ansi le quiero declarar más. Está el
alma deseando emplearse toda en amor, y que-
rría no entender en otra cosa, mas no podrá
arique quiera; porque anque la voluntad no
CAPITULO SÉPTIMO 221
esté muerta, está mortecino el fuego que la
suele hacer quemar, y es menester quien le so-
ple para echar calor de sí. ¿Sería bueno que
se estuviese el alma con esta sequedad, espe-
rando fuego del Cielo que queme este sacrifi- 5
ció que está haciendo de sí a Dios, como hizo
nuestro padre Elias? No, por cierto, ni es bien
esperar milaglos: el Señor los hace cuando es
servido, por esta alma, como queda dicho y
se dirá adelante; mas quiere su Majestad que 1»
nos tengamos por tan ruines que no merece-
mos los haga, sino que nos ayudemos en todo
lo que pudiéremos. Y tengo para mí, que hasta
que muramos, por subida oración que haya,
es menester esto.. Verdad es, que a quien mete is
ya el Señor en la sétima Morada es muy pocas
veces, o casi nunca, las que ha menester hacer
esta diligencia, por la razón que en ella diré,
si me acordare; mas es contino no se apartar
7 Estaba Elias al pie del ara en que se había de
celebrar el sacrificio. Pedia a Dios un milagro por e!
cual se convirtiese pueblo que se hallaba presente.
el
"De repente bajó fuego del Cielo y devoró el holocausto,
y la leña y las piedras, y aun el polvo." Visto lo cual,
postráronse todos sobre sus rostros, diciendo: "¡El Se-
ñor es el Dios! ¡El Señor es el Dios!" Libro III de los
Reyes, XVIII, 38-39.
8 milaglos. La forma más conforme con la
antigua,
etimología, es miraglo de ésta procede
: la moderna mila-
gro; la que aquí escribió Santa Teresa ofrece un caso de
asimilación, y no de metátesis, entre r-l. V. 76-11, nota.
16
222 MORADAS SEXTAS
de andar con Cristo nuestro Señor por una
manera admirable, adonde, divino y humano
junto, es siempre su compañía. Ansí que cuan-
do no hay encendido el fuego que queda dicho,
5 en la voluntad, ni se siente la presencia de
Dios, es menester que la busquemos, que esto
quiere su Majestad, como lo hacía la Esposa
en los Cantares, y preguntemos a las criaturas
quién las hizo, como dice san Agustín, creo en
«o sus Meditaciones o Confesiones, y no nos este-
mos bobos perdiendo tiempo por esperar lo
que una vez se nos dio, que a los principios
podrá ser que no lo dé el Señor en un año, y
an en muchos: su Majestad sabe el por qué;
a5 nosotras no hemos de querer saberlo ni hay
para qué. Pues sabemos el camino, como he-
mos de contentar a Dios por los mandamientos
y consejos, en esto andemos muy diligentes, y
en pensar su vida y muerte, y lo mucho que le
8 "Encontráronme que rondan por la
las patrullas
ciudad, y les dije: —¿No habéis visto
al amado de mi al-
ma?" Cantares, III, 3, v. iii-i, nota. Ya se habrá nota-
do la frecuencia con que la Santa alude a los Cantares;
escribió un libro en ellos inspirado " el cual libro, como
:
pareciese a un su confesor cosa nueva y peligrosa, que
mujer se le mandó que-
escribiese sobre los Cantares,
mar...,y punto
así, al que este padre se lo mandó, ella
echó el libro en el fuego; una monja trasladó del prin-
cipio de este libro unas pocas hojas...", que son los
Conceptos del amor de Dios que hoy conocemos. V. pró-
logo del padre Gracián en los Conceptos.
10 En las Confesiones, libro XIII, cap. II.
CAPITULO SÉPTIMO 22$
debemos lo demás venga cuando el Señor qui-
;
siere. Aquí viene el responder que no pueden
detenerse en estas cosas; y por lo que queda
dicho, quizá ternán razón en alguna manera.
Ya sabéis que discurrir con el entendimiento 5
es uno, y representar la memoria al entendi-
miento verdades, es otro. Decís, quizá, que no
me entendéis, y verdaderamente podrá ser que
no lo entienda yo para saberlo decir; mas di-
rélo como supiere. Llamo yo meditación al i»
discurrir mucho con el entendimiento de esta
manera Comenzamos a pensar en la merced
:
que nos hizo Dios en darnos a su único Hijo,
y no paramos allí, sino vamos adelante a los
misterios de toda su gloriosa vida; u comenza- 15
mos en oración del Huerto, y no para el en-
la
tendimiento hasta que está puesto en la f; u
tomamos un paso de la Pasión, digamos como
«1 prendimiento, y andamos en este misterio,
considerando por menudo las cosas que hay 20
que pensar en él y que sentir, ansí de la trai-
ción de Judas, como de la huida de los após-
toles, y todo lo demás; y es admirable y muy
meritoria oración.
Esta es la que digo que ternán razón quien 25
"ha llegado a llevarla Dios a cosas sobrenatura-
les,y a perfeta contemplación; porque, como
he dicho, no sé la causa; mas, lo más ordina-
rio, no podrá. Mas no la terna, digo razón, si
224 MORADAS SEXTAS
dice que no se detiene en estos misterios, y los
tray presentes muchas veces, en especial cuan-
do los celebra la Ilesia Católica; ni es posible
que pierda memoria el alma que ha recibido
s tanto de Dios, de muestras de amor tan pre-
ciosas, porque son vivas centellas para encen-
derla más
que tiene a nuestro Señor, sino
en el
que no se entiende; porque entiende el alma
estos misterios por manera más perfeta. Y es
™ que se los representa el entendimiento, y es-
támpanse en memoria, de manera que de
la
sólo ver al Señor caído con aquel espantoso
sudor en el Huerto, aquello le basta para no
sólo un hora, sino muchos días, mirando con
3S una sencilla vista quién es, y cuan ingratos
hemos sido a tan gran pena; luego acude la
voluntad, anque no sea con ternura, a desear
servir en algo tan gran merced y a desear pa-
decer algo por quien tanto padeció, y a otras
so cosas semejantes, en que ocupa la memoria y
el entendimiento. Y creo que por esta razón
no puede pasar a discurrir más en
Pasión, y la
esto le hace parecer que no puede pensar en
ella. Y no hace, es bien que lo procure
si esto
*s hacer, que yo sé que no lo empidirá la muy
13 OrabaSeñor en el Huerto de las Olivas. "Y
el
entrando en agonía, oraba con mayor intensión. Y vínole
un sudor como de gotas de sangre, que chorreaba hasta
el suelo." San Lucas, XXII, 43 y 44.
CAPITULO SÉPTIMO 225
subida oración; y no tengo por bueno que no
se ejercite en esto muchas veces. Si de aquí la
suspendiere el Señor, muy enhorabuena, que
anque no quiera, la hará dejar en lo que está;
y tengo por muy cierto que no es estorbo esta 5
manera de proceder, sino gran ayuda para
todo bien, lo que sería si mucho trabajase en
el discurrir, que dije y tengo para
al principio,
mi que no podrá quien ha llegado a más. Ya
puede ser que sí, que por muchos caminos 1»
lleva Dios las almas; mas no se condenen las
que no pudieren ir por él, ni las juzguen inha-
bilitadas para gozar de tan grandes bienes
como están encerrados en los misterios de
nuestro bien Jesucristo; ni naide me hará en- íg
tender, sea cuan espiritual quisiere, irá bien
4 "Cuando Dios quiere suspender todas las poten-
cias..., claro está que, aunque no queramos, se quita esta
presencia [de la Humanidad] entonces vaya enhora-
;
buena...; mas que nosotros de maña y con cuidado nos
acostumbremos a no procurar con todas nuestras fuer-
zas traer delante siempre... esta sacratísima Humani-
dad, esto digo que no me parece bien y que es andar el
alma en el aire." Vida, XXII.
15 "Si no están siempre trabajando con el entendi-
miento y con tener devoción piensan que va todo perdi-
do"; "la verdadera pobreza de espíritu... es no buscar
consuelo ni gusto en la oración, sino consolación en los
trabajos...; andemos hechos asnillos, para traer la noria
del agua que queda dicha, que, aunque cerrados k>s
ojos y no entendiendo lo que hacen, sacarán más que el
hortolano con toda su diligencia." Vida, XXII.
226 MORADAS SEXTAS
por aquí. Hayunos principios y an medios^
que tienen algunas almas, que como comien-
zan a llegar a oración de quietud, y a gustar
de los regalos y gustos que da el Señor, paré-
3 celes que es muy gran cosa estarse allí siem-
pre gustando; pues créanme, y no se embeban
tanto, como ya he dicho en otra parte, que es
larga la vida, y hay en ella muchos trabajos,
y hemos menester mirar a nuestro dechada
10 Cristo, como los pasó, y an a sus apóstoles y
santos, para llevarlos con perfeción. Es muy
buena compañía el buen Jesús para no nos
apartar de ella y su sacratísima Madre, y gusta
mucho de que nos dolamos de sus penas, an-
ís que dejemos nuestro contento y gusto algunas
veces. Cuanto más, hijas, que no es tan ordi-
nario el regalo en la oración que no hay tiempo-
para todo; y la que dijere que es un ser, ter-
níalo yo por sospechoso, digo que nunca puede
*o hacer lo que queda dicho; y ansí lo tené, y
procura salir de ese engaño, y desembeberos
con todas vuestras fuerzas, y si no bastaren,
decirlo a la priora, para que es dé un oficio de
tanto cuidado, que se quite ese peligro, que al
»5 menos para el seso y cabeza es muy grande,
24 "El verdadero amante en toda parte ama... ¡Oh,
Señor mío, qué fuerza tiene con Vos un sospiro salido
M
de las entrañas... Futid., V.
! :
CAPÍTULO SÉPTIMO 227
si durase mucho tiempo. Creo queda dado a
entender lo que conviene, por espirituales que
sean, no huir tanto de cosas corpóreas, que les
parezca an hace daño la Humanidad sacratísi-
ma. Alegan lo que el Señor dijo a sus discípu- s
los, que convenía que Él se fuese; yo no puedo
sufrir esto. Ausadas que no lo dijo a su Madre
sacratísima, porque estaba firme en la fe, que
sabía que era Dios y hombre y anque le ama- ;
ba más que ellos, era con tanta perfeción, que «>
antes la ayudaba. No debían estar entonces los
apóstoles tan firmes en la fe, como después
estuvieron y tenemos razón de estar nosotros
ahora. Yo os digo, hijas, que le tengo por pe-
ligroso camino y que podría el Demonio venir *s>
y hacer perder la devoción con el Santísimo
Sacramento. El engaño que me pareció a mí
que llevaba no llegó a tanto como esto, sino a
no gustar de pensar en nuestro Señor Jesu-
cristo tanto, sino andarme en aquel embebecí- *>
miento, aguardando aquel regalo; y vi clara-
6 "Mas yo os digo la verdad: os conviene que yo
me vaya." San Juan, XVI, 7.
13 "Paréceme a mí que si tuvieran la fe, como la tu-
vieron después que vino el Espíritu Santo, de que era
Dios y Hombre, no les impidiera, pues no se dijo esto a
la Madre de Dios, aunque le amaba más que todos...;
apartarse del todo de Cristo y que entre en cuenta este
divino Cuerpo con nuestras miserias ni con todo lo cria-
do, no lo puedo sufrir." Vida, XXII, 1.
228 MORADAS SEXTAS
mente que iba mal; porque como no podía ser
tenerle siempre, andaba el pensamiento de aquí
para allí, y el alma, me parece, como un ave
revolando que no halla adonde parar, y per-
* diendo harto tiempo, y no aprovechando en
las virtudes ni medrando en la oración. Y no
entendía la causa, ni la entendiera, a mi pare-
cer, porque me parecía que era aquello muy
acertado, hasta que, tratando la oración que
*° llevaba con una persona sierva de Dios, me
avisó. Después vi claro cuan errada iba, y
nunca me acaba de pesar de que haya habido
nengún tiempo que yo careciese de entender
que se podía malganar con tan gran pérdida y ;
«5 cuando pudiera, no quiero ningún bien, sino
adquirido por quien nos vienen todos los bie-
nes. Sea para siempre alabado, amén.
i Hiciéronle creer que toda cosa corpórea, aun la
misma Humanidad de Cristo, embaraza o impide a la
más perfecta contemplación. "¡Oh, Señor de mi alma y
bien mío Jesucristo crucificado !, no me acuerdo vez de
esta opinión que tuve que no me da pena... ¡Había sido
yo tan devota toda mi vida de Cristo Es posible,
! ¿
Señor mío, que cupo en mi pensamiento, una hora,ni
que vos me habíades de impedir para mayor bien?"
Vida, XXII.
ii Créese que fué el padre jesuíta Juan de Prádanos,
enviado a Avila a fundar casa en 1555. La Santa habla
de él más extensamente en su Vida, XXIII.
14 tnalganarse = perjudicarse, perderse moralmente.
CAPÍTULO OCTAVO
Para que más claro veáis, hermanas, que es
ansí lo que os he dicho, y que mientra más
adelante va un alma más acompañada es de
este buen Jesús, será bien que tratemos de $
cómo, cuando su Majestad quiere, no podemos
sino andar siempre con Él; como se ve claro
por las maneras y modos con que su Majestad
se nos comunica, y nos muestra el amor que
nos tiene con algunos aparecimientos y visio- «»
nes tan admirables, que por si alguna merced
de éstas os hiciere, no andéis espantadas, quie-
ro decir, si el Señor fuere servido que acierte,
en suma, alguna cosa de éstas, para que le ala-
bemos mucho, anque no nos las haga a nos- r
otras, de que se quiera ansí comunicar con una
criatura, siendo de tanta majestad y poder.
Acaece estando el alma descuidada de que se
le ha de hacer esta merced, ni haber jamás
pensado merecerla, que siente cabe sí a Jesu-»>
cristo nuestro Señor, anque no le ve ni con los
ojos del cuerpo ni del alma. Esta llaman visión
intelectual, no yo por qué. Vi a esta persona
sé
que le hizo Dios esta merced, con otras que
230 MORADAS SEXTAS
diré adelante, fatigada en los principios harto;:
porque no podía entender qué cosa era, pues
no y entendía tan cierto ser Jesucristo-
la vía;
nuestro Señor el que se le mostraba de aquella
s suerte, que no lo podía dudar, digo, que estaba
allí aquella visión; que sí era de Dios o no, an-
que traía consigo grandes e fetos para entender
que lo era, todavía andaba con miedo, y ella
jamás había oído visión inteletual, ni pensó
i« que la había de tal suerte; mas entendía muy
claro que era este Señor el que la hablaba mu-
chas veces de la manera que queda dicho;
porque hasta que le hizo esta merced que digo,
nunca sabía quién la hablaba, anque entendía
*s las palabras. Sé que estando temerosa de esta
visión, porque no es como las imaginarias, que
pasan de presto, sino que dura muchos días,
y an más que un año alguna vez, se fué a su
confesor harto fatigada; él la dijo que si no vía
30 nada, cómo sabía que era nuestro Señor; que
le dijese qué rostro tenía. Ella le dijo que no
6 "Estando un día del glorioso San Pedro en ora-
ción, vi cabe mí, u sentí, por mejor decir, que con los
ojos del cuerpo ni del alma no vi nada, mas parecióme
estaba junto, cabe mí Cristo, y vía ser Él, que me habla-
ba, a mi parecer." Vida, XXVII.
21 "Preguntóme el confesor: —
¿Quién dijo que era.
Jesucristo? —
Él me lo dijo muchas veces — respondí
yo— mas antes que me lo dijese se imprimió en mi en-
,
tendimiento que era Él." Vida, XXVII, 4.
CAPITULO OCTAVO 23
sabía, ni vía rostro, ni podía decir más de lo
dicho; que lo que sabía era que era Él el que
la hablaba, y que no era antojo. Y anque le
ponían hartos temores todavía, muchas veces
no podía dudar, en especial cuando la decía: i
"No hayas miedo, que Yo soy." Tenían tanta
fuerza estas palabras, que no lo podía dudar
por entonces, y quedaba muy esforzada y ale-
gre con tan buena compañía; que vía claro
gran ayuda para andar con una ordinaria
serle ie
memoria de Dios y un miramiento grande de
no hacer cosa que le desagradase, porque le
parecía la estaba siempre mirando y cada vez
;
que quería tratar con su Majestad en oración,
y an sin ella, le parecía estar tan cerca, que no is
la podía dejar de oír; anque el entender las pa-
labras no era cuando ella quería, sino a des-
hora, cuando era menester. Sentía que andaba
al lado derecho, mas no con estos sentidos que
podemos sentir que está cabe nosotros una =o-
persona, porque es por otra vía más delicada,
que no se debe de saber decir; mas es tan
cierto, y con tanta certidumbre, y an mucho
6 "Heme aquí con solas estas palabras sosegada...,,
con una quietud y luz que en un punto vi mi alma he-
cha otra y me parece que con todo el mundo disputara
que era Dios." Vida, XXV. V. 147-u, nota.
23 " Si una persona que yo nunca huviese visto, sino-
oído nuevas della, me viniese a hablar estando ciega o
2^2 MORADAS SEXTAS
más; porque acá ya se podría antojar, mas en
esto no, que viene con grandes ganancias y
efetos interiores, que ni los podría haber, si
fuese melencolía, ni tampoco el Demonio haría
5 tanto bien, ni andaría alma con tanta paz, y
el
con tan continos deseos de contentar a Dios, y
con tanto desprecio de todo lo que no la llega
a Él; y después se entendió claro no ser Demo-
nio, porque se iba más y más dando a enten-
te der. Con yo que a ratos andaba harto
todo, sé
temerosa, otros con grandísima confusión, que
no sabía por dónde le había venido tanto bien.
Eramos tan una cosa ella y yo, que no pasaba
cosa por su alma que yo estuviese morante de
15 ella, y ansí puedo ser buen testigo, y me po-
déis creer ser verdad todo lo que en esto dijere.
Es merced del Señor, que tray grandísima con-
fusión consigo y humildad. Cuando fuese del
Demonio, todo sería al contrario; y como es
so cosa que notablemente se entiende ser dada de
Dios, que no bastaría industria humana para
poderse ansí sentir, en ninguna manera puede
en gran escuridad y me dijese quién era, creerlo hía,
mas no tan determinadamente lo podría afirmar ser
aquella persona como si la hubiera visto. Acá sí, que
sin verse se imprime con una noticia tan clara, que no
parece se puede dudar." Vida, XXVII, 4.
16 Ya se habrá comprendido que habla de sí misma.
Lo que aquí comenta está referido, en un interesante
capítulo, en el Libro de su Vida, XXVII.
CAPITULO OCTAVO 233
pensar quien lo tiene que es bien suyo, sino
dado de la mano de Dios. Y anque, a mi pare-
cer, esmayor merced algunas de las que que-
dan dichas, ésta tray consigo un particular co-
nocimiento de Dios, y de esta compañía tan &
contina nace un amor ternísimo con su Majes-
tad, y unos deseos an mayores que los que
quedan dichos, de entregarse toda a su servi-
cio, y una limpieza de conciencia grande por- ;
que hace advertir a todo la presencia que tray i®
cabe Porque anque ya sabemos que lo está
sí.
Dios a todo lo que hacemos, es muestro natu-
ral tal, que se descuida en pensarlo, lo que no
se puede descuidar acá, que la despierta el Se-
ñor que está cabe ella. Y
an para las mercedes i*,
que quedan dichas, como anda el alma casi
contino con un atual amor al que ve u entiende
estar cabe sí, son muy ordinarias. En fin, en
la ganancia del alma se ve ser grandísima mer-
ced, y muy mucho
de preciar, y agradece al 2©*
Señor, que se la da tan sin poderle merecer, y
por nengún tesoro ni deleite de la tierra la tro-
caría. Y ansí cuando el Señor es servido que se
le quite, queda con mucha soledad, mas todas
las diligencias posibles que pusiese para tornar *&.
a tener aquella compañía aprovechan poco,
26 Halla el alma esta merced "como uno que, sin
deprender ni haber trabajado nada para saber leer, m
234 MORADAS SEXTAS
que lo daSeñor cuando quiere, y no se
el
puede adquirir. Algunas veces también es de
algún santo, y es también de gran provecho.
Diréis que si no se ve, que cómo se entiende
* que es Cristo, u cuándo es santo, u su Madre
gloriosísima.Eso no sabrá el alma decir, ni
puede entender cómo lo entiende, sino que lo
sabe con una grandísima certidumbre. An ya
el Señor, cuando habla, más fácil parece, mas
*o el santo que no habla, sino que parece le pone
el Señor por ayuda de aquel alma y por
allí
compañía, es más de maravillar. Ansí son otras
cosas espirituales, que no se saben decir, mas
entiéndese por ellas cuan bajo es nuestro natu-
*5 ral, para entender las grandes grandezas de
Dios, pues an éstas no somos capaces, sino que
con admiración y alabanzas a su Majestad
pase quien se las diere; y ansí le haga particu-
lares gracias por ellas, que pues no es nier-
vo ced que se hace a todos, hase mucho de esti-
mar, y procurar hacer mayores servicios, pues
por tantas maneras le ayuda Dios a ello. De
aquí viene no se tener por eso en más. y pare-
cerle que es la que menos sirve a Dios de dian-
as tos hay en la tierra; porque le parece está más
tampoco hubiese estudiado nada, hallase toda la ciencia
sabida ya en sí, sin saber cómo ni dónde, pues aun
nunca había trabajado, aun para deprender el abecé".
Vida, XXVII.
CAPÍTULO OCTAVO 235
obligada a ello que nenguno, y cualquier falta
que hace la atraviesa las entrañas, y con muy
.grande razón.
Estos e fetos con que anda el alma, que que-
dan dichos, podrá advertir cualquiera de vos- 5
otras a quien el Señor llevare por este camino,
para entender que no es engaño ni tampoco an-
tojo, porque, como he no tengo que es
dicho,
posible durar tanto siendo Demonio, haciendo
tan notable provecho a el alma, y trayéndola 10
con tanta paz interior, que no es de costumbre,
ni puede anque quiere, cosa tan mala, hacer
tanto bien; que luego habría unos humos de
propia estimación, y pensar era mejor que los
otros. Mas este andar siempre el alma tan asida i 5
de Dios y ocupando su pensamiento en Él, ha*
ríale tanta rabia, que anque lo intentase, no
tornase muchas veces; y es Dios tan fiel, que
no permitirá darle tanta mano, con alma que
no pretende otra cosa sino agradar a su Majes- 2©
tad,y poner su vida por su honra y gloria, sino
que luego ordenará como sea desengañada. Mi
tema es y será que como el alma ande de la
manera que aquí ha dicho la dejan estas
se
mercedes de Dios, que su Majestad la sacará 25
con ganancia, si primite alguna vez se le atreva
el Demonio, y que él quedará corrido. Por eso,
hijas, si alguna fuere por este camino, como he
dicho, no andéis asombradas; bien es que hay
236 MORADAS SEXTAS
temor, y andemos con más aviso, ni tampoco
confiadas; que por ser tan favorecidas, os po-
déis más descuidar, que esto será señal de na
ser de Dios, si no os vierdes con los efetos que
queda dicho. Es bien que a los principios lo co-
muniquéis debajo de confesión con un muy
buen letrado, que son los que nos han de dar
la luz, u si hubiere alguna persona muy espiri-
tual; y si no lo es, mejor es muy letrado: si le
ao hubiere, con uno y con el otro. Y si os di-
el
jere que es antojo, no se os dé nada, que el an-
tojo poco mal ni bien puede hacer a vuestra
alma; encomendaos a la divina Majestad, que
no consienta seáis engañadas. Si os dijeren es
15 Demonio, será más trabajo, anque no dirá si es
buen letrado, y hay los efetos dichos; mas
cuando lo diga, yo sé que el mesmo Señor, que
anda con vos, os consolará y asegurará, y a él
le irá dando luz, para que os la dé. Si es per-
so sona que anque tiene oración, no la ha llevado
el Señor por ese camino, luego se espantará y
lo condenará, y por eso os aconsejo que sea
muy letrado, y si se hallare, también espiritual
1 Hoy
diríamos: que haya temor. V. 218-11, nota.
10 "Lo más siguro es, yo ansí lo hago..., como mu-
chas veces me ha dicho el Señor, que no deje de comu-
nicar toda mi alma y las mercedes que el Señor me hace,.
con el confesor, y que sea letrado, y que le obedezca.*'
Vida, XXVI.
CAPITULO OCTAVO 237
y la priora dé licencia para ello, porque anque
vaya segura el alma por ver su buena vida, es-
tará obligada la priora a que se comunique,
para que anden con seguridad entramas. Y tra-
tado con estas personas, quiétese, y no ande &
dando más parte de ello que algunas veces, sin
;
haber de qué temer, pone el Demonio unos te-
mores tan demasiados, que fuerzan a el alma a
no se contentar de una vez; en especial si el
confesor es de poca espiriencia, y le ve medro- «•
so, y él mesmo la hace andar comunicando.
Viénese a publicar le que había de razón estar
muy secreto, y a ser esta alma perseguida y
atormentada; porque cuando piensa que está
secreto, lo ve público, y de aquí suceden mu- i§
chas cosas trabajosas para y podrían su-
ella,
ceder para la Orden, según andan estos tiem-
pos. Ansí que es menester grande aviso en esto,
y a las prioras lo encomiendo mucho. Y que
no piense que por tener una hermana cosas se- 20
mejantes, es mejor que las otras; lleva el Señor
18 "Como había personas muy santas en este lugar,
y yo en su lugar una perdición, y no las llevaba Dio&
por este camino, luego era el temor en ellos; que mis
pecados parece lo hacían, que de uno en otro se rodeaba
de manera que lo venían a saber, sin decirlo yo sino a
mi confesor o a quien él me mandaba...; grandes perse-
cuciones tuve y cosas. hartas, que permitía el Señor me
juzgasen mal, y muchas estando sin culpa..." Vida,
XXVIII.
17
238 MORADAS SEXTAS
a cada una como ve que es menester. Aparejo
es para venir a ser muy sierva de Dios, si se
ayuda; mas a veces lleva Dios por este camino
a las más flacas ; y ansi no hay en esto por qué
3 aprobar ni condenar, sino mirar a las virtudes,
y a quien con más mortificación y humildad y
limpieza de conciencia sirviese a nuestro Señor
que ésa será la más santa; anque la certidum-
bre poco se pueda saber acá, hasta que el ver-
so dadero Juez dé a cada uno lo que merece. Allá
nos espantaremos de ver cuan diferente es su
juicio de lo que acá podemos entender. Sea
para siempre alabado, amén.
CAPÍTULO NOVENO
Ahora vengamos a las visiones imaginarias,
que dicen que son adonde puede meterse el
Demonio, más que en las dichas; y ansí debe
de ser, mas cuando son de nuestro Señor, en s
alguna manera me parecen más provechosas,
porque son más conformes a nuestro natural;
salvo de las que el Señor da entender en la pos-
trera Morada, que a éstas no llegan nengunas.
Pues miremos ahora cómo os he dicho en el iQ
capítulo pasado que está este Señor; que es
como si en una pieza de oro tuviésemos una
piedra preciosa de grandísimo valor y virtudes
sabemos certísimo que está allí, anque nunca
la hemos visto; mas las virtudes de la piedra i 5
no nos dejan de aprovechar, si la traemos con
nosotras. Anque nunca la hemos visto, no por
eso dejamos de preciar; porque por espirien-
la
cia hemos visto que nos ha sanado de algunas
enfermedades, para que es apropiada, mas no 20
20 La Santa no creía en el poder de los hechizos para
obligar al amor (Vida, V) pero, según
;
el presente pasa-
je, adimitía la virtud de ciertos amuletos para curar en-
fermedades.
240 MORADAS SEXTAS
la osamos mirar, ni abrir el relicario, ni pode-
mos porque la marera de abrirle, sola la sabe
;
cuya es la joya, y anque nos la prestó para
que nos aprovechásemos de ella, él se qued6
s con la llave, y como cosa suya y abrirá cuando
;
nos la quisiere mostrar, y an la tomará cuan-
do le parezca, como lo hace. Pues digamos
ahora, que quiere alguna vez abrirla de presto,
por hacer bien a quien la ha prestado; claro
*o está que le será después muy mayor contento,
cuando se acuerde del admirable resplandor de
la piedra,y ansí quedará más esculpida en su
memoria. Pues ansí acaece acá cuando nues- ;
tro Señor es servido de regalar más a esta
15 alma, muéstrale claramente su sacratísima Hu-
manidad de la manera que quiere, u como an-
claba en el mundo, o después de resucitado; y
anque es con tanta presteza, que lo podríamos
comparar a la de un relámpago, queda tan es-
so culpida en la imaginación esta imagen glorio-
sísima, que tengo por imposible quitarse de
ella hasta que la vea adonde para sin fin la
pueda gozar. Anque digo imagen, entiéndese
que no es pintada al parecer de quien la ve,
*s sino verdaderamente viva, y algunas veces está
17 "Un día de San Pablo Taño 1559], estando en mi-
sa, se me representó toda esta Humanidad sacratísima,,
como se pinta resucitado..." Vida, XXVIII.
CAPITULO NOVENO 24I
hablando con el alma, y an mostrándole gran-
des secretos. Mas habéis que
de entender,
anque en esto se detenga algún espacio, no se
puede estar mirando más que estar mirando al
sol, y ansí esta vista siempre pasa muy de ¿
presto; y no porque su resplandor da pena,
como el del sol, a la vista interior, que es la
que ve todo esto; que cuando es con la vista
esterior, no sabré decir de ello ninguna cosa,
porque esta persona que he dicho, de quien x*
tan particularmente yo puedo hablar, no había
pasado por y de lo que no hay espirien-
ello;
cia mal se puede dar razón cierta, porque su
resplandor es como una luz infusa, y de un sol
cubierto de una cosa tan delgada como un ^z
diamante, si se pudiera labrar. Como una ho-
landa parece y casi todas las ve-
la vestidura,
ces que Dios hace esta merced a el alma, se
queda en arrobamiento, que no puede su bajeza
Digo espantosa, por-
sufrir tan espantosa vista. a»
que con ser la más hermosa y de mayor deleite
que podría una persona imaginar, anque vi-
viese mil años y trabajase en pensarlo, porque
va muy adelante de cuanto cabe en nuestra
imaginación ni entendimiento, es su presencia *s
12 "Esta visión, aunque es imaginaria, nunca la vi
-con los ojos corporales, ni ninguna, sino con los ojos
del alma." Vida, XXVIII.
242 MORADAS SEXTAS
de tan grandísima majestad, que hace gran es-
panto a el alma. Alisadas que no es menester
aquí preguntar cómo sabe quién es sin que se
lo hayan dicho, que se da bien a conocer que
s es Señor del cielo y de la tierra; lo que no ha-
rán los reyes de ella, que por sí mesmos bien
en poco se ternán, si no va junto con él su
acompañamiento, u lo dicen. ¡Oh Señor, cómo
os desconocemos los cristianos! ¿Qué será
io aquel día cuando nos vengáis a juzgar? Pues
viniendo aquí tan de amistad a tratar con
vuestra esposa pone miraros tanto temor, ¡oh
hijas!, qué será cuando con tan rigurosa voz
dijere: "¡Id, malditos demi Padre!" Quédenos
j5 ahora esto en la memoria de esta merced que
hace Dios a el alma, que no nos será poco bien,
pues san Jerónimo, con ser santo, no la apar-
taba de la suya, y ansí no se nos hará nada
cuanto aquí padeciéremos en el rigor de la re-
8 "Un
rey solo mal se conocerá por sí, aunque él
más quiera ser conocido por rey... Y ansí, es razón tenga
estas autoridades postizas, porque si no las tuviesse no
le temían en nada ;
porque no sale de si el parecer pode-
roso: áe otros le ha de venir la autoridad." Vida,
XXXVII, 3. De este modo estaban tales autoridades
en aquellos tiempos: "ha de haber hora de hablar y
señaladas personas que les hablen si es algún pobre-
:
cito que tiene algún negocio, más rodeos y favores y
trabajos le ha de costar tratarlo... [Porque no cabe en
Palacio la gente pobre] éstos hablan verdades..., que
;
allí no se deben usar." Vida, XXXVTI, 2.
CAPÍTULO NOVENO 243
lisión que guardamos ;
pues cuando mucho du-
rare, es un memento, comparado con aquella
eternidad. Yo os digo de verdad, que, con cuan
ruin soy, nunca he tenido miedo de los tormen-
tos del Infierno, que fuesen nada, en compara- $
ción de cuando me acordaba que habían los
condenados de ver airados estos ojos tan her-
mosos y mansos y beninos del Señor, que no
parece lo podía sufrir mi corazón ; esto ha sido
toda mi vida : ¡ cuánto más lo temerá la persona IOí
a quien ansí se ha representado, pues es tanto
le
el sentimiento que la deja sin sentir Esta debe !
de ser la causa de quedar con suspensión que :
ayuda el Señor a su flaqueza con que se junte
I5>
con su grandeza en esta tan subida comunica-
ción con Dios.
Cuando pudiere el alma estar con mucho
espacio mirando este Señor, yo no creo que
será visión, sino alguna vehemente considera-
2&
ción, fabricada en la imagen de alguna ñgu-
ra; será como cosa muerta en estotra compa-
ración.Acaece a algunas personas, y sé que es
verdad, que lo han tratado conmigo, y no tres
u cuatro, sino muchas, ser de tan flaca imagi-
2£>
nación, u el entendimiento tan eficaz, o no sé
9 "Me hacía a mí más temor acordarme si había de
ver vuestro divino rostro airado contra mí... que todas
las penas y furias del Infierno!" Exc, XIV.
244 MORADAS SEXTAS
qué que se embeben de manera en la ima-
es,
ginación, que todo lo que piensan claramente
les parece que lo ven; anque si hubiesen visto
la verdadera visión, entenderían, muy sin que-
< darles duda, el engaño; porque van ellas mes-
mas compuniendo que ven con su imagina-
lo
ción, y no hace después ningún efeto, sino que
se quedan frías, mucho más que si viesen una
imagen devota. Es cosa muy entendida no ser
so para hacer caso de ello, y ansí se olvida mu-
cho más que cosa soñada. En lo que tratamos
no es ansí, sino que estando el alma muy lejos
de que ha de ver cosa, ni pasarle por pensa-
miento, de presto se le representa muy por
es junto,y revuelve todas las potencias y senti-
dos con un gran temor y alboroto, para poner-
las luego en aquella dichosa paz. Ansí como
cuando fué derrocado san Pablo vino aquella
tempestad y alboroto en el cielo, ansí acá en
so este mundo interior se hace gran movimiento:
y en un punto, como he dicho, queda todo so-
9"Sería como uno que quisiese hacer que dormía y
estáse despierto..., que él, como... lo desea, adormécese
en sí..., mas si no es sueño de veras, no le sustentará ni
dará fuerza a la cabeza." Vida, XXVIII.
"Caminando, pues, a Damasco, ya se acercaba a
18
esta ciudad, cuando de repente le cercó de resplandor
una luz del cielo. Y cayendo en tierra oyó una voz que
le decía: — Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues ?" He-
chos de los Apóstoles, IX, 3, 4.
CAPITULO NOVENO 245
segado, y está alma tan enseñada de unas
el
tan grandes verdades, que no ha menester otro
maestro que la verdadera sabiduría, sin trabajo
;
suyo, ha quitado la torpeza; y dura con una
la
certidumbre el alma de que esta merced es de s
Dios, algún espacio de tiempo, que anque más
le dijesen lo contrario, entonces no la podrían
poner temor de que puede haber engaño. Des-
pués puniéndosele el confesor, la deja Dios,
para que ande vacilando en que por sus peca- %<*
mas no creyendo, sino como
<ios sería posible;
he dicho en estotras cosas, a manera de tenta-
ciones en cosas de la fe, que puede el Demonio
alborotar, mas no dejar el alma de estar firme
en ella antes mientra más la combate, más
; i
queda con certidumbre de que el Demonio no
lo podría dejar con tantos bienes (como ello
es ansí, que no puede tanto en lo interior del
alma) : podrá él representarlo, mas no con esta
verdad y majestad y operaciones. Como los
confesores no pueden ver esto, ni por ventura
a quien Dios hace esta merced sabérselo decir,
temen, y con mucha razón; y ansí es menes-
ter ir con aviso, hasta guardar tiempo del fruto
que hacen estas apariciones, y ir poco a poco «*
8 Entiéndase bien que certidumbre de que la mer-
la
ced es legítima no implica la seguridad de la gracia y
justicia en la persona que la recibe. V. 108-16, 168-14.
246 MORADAS SEXTAS
mirando humildad con que dejan al alma, y
la
la fortaleza en la virtud; que si es de Demonia
presto dará señal, y le cogerán en mil menti-
ras. Si el confesor tiene espiriencia, y ha pa-
5 sado por estas cosas, poco tiempo ha menester
para entenderlo, que luego en la relación verá
si es Dios u imaginación u Demonio; en espe-
cial si le ha dado su Majestad don de conocer
espíritus, que si éste tiene y letras, anque na
10 tenga espiriencia, lo conocerá muy bien. La
que es mucho menester hermanas, r
es que an-
déis con gran llaneza y verdad con el confesor r
no digo el decir los pecados, que eso claro está,
sino en contar la oración; porque si no hay
is esto, no asiguro que vais bien, ni que es Dios»
el que os enseña; que es muy amigo que a el
que está en su lugar se trate con la verdad y
claridad que consigo mesmo, deseando entien-
da todos sus pensamientos, cuanto más las
20 obras, por pequeñas que sean; y con esto no
andéis turbadas ni inquietas, que anque na
fuese Dios, si tenéis humildad y buena con-
12 "Después de pasada [la visión] me acaecía pensar...
que se me había antojado y fatigábame de haberlo dicho-
ai confesor, pensando si le había engañado. Esto era
otro llanto, e iba a él y decíaselo. Preguntábame que si
me parecía a mí ansí u si había querido engañar. Yo le de-
cía la verdad, porque, a mi parecer, no mentía, ni tal ha-
bía pretendido, ni por cosa del mundo dijera una cosa
por otra." Vida, XXVIII.
CAPITULO NOVENO 247
ciencia,no os dañará; que sabe su Majestad
sacar de los males bienes, y que por el camino
que el Demonio os quería hacer perder, gana-
réis más; pensando que os hace tan grandes
mercedes, os esforzaréis a contentarle mejor, s,
y andar siempre ocupada en la memoria su
figura; que como decía un gran letrado, que el
Demonio es gran pintor, y se le mostrase muy
al vivo una imagen del Señor, que no le pesa-
ría, para con ella avivar la devoción, y hacer *&
a el Demonio guerra con sus mesmas malda-
des; que anque un pintor sea muy malo, no
por eso se ha de dejar de reverenciar la imagen
que hace, si es de todo nuestro Bien.
Parecíale muy mal lo que algunos aconsejan, *s.
que den higas cuando ansí viesen alguna visión,
porque decía que adonde quiera que veamos
•» — *
"Mi confesor [que era
4 padre Baltasar Álvarez]
el
mandábame siempre que no le callase ninguna cosa; yo*
ansí lo hacía. El me decía que haciendo yo esto, aunque
fuese demonio no me
haría daño, antes sacaría el Señor
bien de el mal que él quería hacer a mi alma." Vida,.
XXVIII.
16 Dar mano una señal de es-
higas: hacer con la
carnio, poniéndola cerrada y asomando el dedo pulgar
por entre el índice y el de corazón; este ademán y el'
amuleto que lo representa empleábanse para ahuyen-
tar los maleficios; un confesor lo aconsejó a la Sant&.
contra sus visiones, v. 153-13, nota. "Dábame este dar-
higas grandísima pena cuando vía esta visión del Señor„
porque cuando yo le vía presente, si me hicieran peda-
zos, no pudiera yo creer que era demonio. " Vida, XXIX^
248 MORADAS SEXTAS
pintado a nuestro Rey, le hemos de reveren-
ciar; y veo que tiene razón,porque an acá se
sentiría: si supiese una persona que quiere
bien a otra, que hacía semejantes vituperios a
5 su retrato, no gustaría de ello; pues ¿cuánto
más es que siempre se tenga respeto
razón,
adonde viéremos un crucifijo, u cualquier re-
trato de nuestro Emperador? Anque he escrito
en otra parte esto, me holgué de ponerlo aquí,
no porque vi que una persona anduvo afligida,
que la mandaban tomar este remedio: no sé
quién le inventó tan para atormentar a quien
no pudiere hacer menos de obedecer, si el con-
fesor le da este consejo, pareciéndole va perdida
25 si no lo hace. El mío es, que anque os le dé, le
digáis esta razón con humildad y no le toméis.
En estremo me cuadró mucho las buenas que
me dio quien me lo dijo en este caso. Una gran
ganancia saca elalma de esta merced del Se-
^o ñor, que es cuando piensa en Él o en su vida y
pasión, acordarse de su mansísimo y hermoso
rostro, que es grandísimo consuelo, como acá
nos le daría mayor haber visto a una persona
que nos hace mucho bien que si nunca la hu-
as biésemos conocido. Yo os digo, que hace harto
consuelo y provecho tan sabrosa memoria.
Otros bienes tray consigo hartos, mas como
queda dicho tanto de los e fetos que hacen estas
cosas, y se ha de decir más, no me quiero can-
CAPITULO NOVENO 249
sar ni cansaros, sino avisaros mucho, que
cuando sabéis u oís que Dios hace estas merce-
des a las almas, jamás le supliquéis ni deséis
que os lleve por este camino : anque os parezca
muy bueno, y se ha de tener en mucho y re- $
verenciar,no conviene por algunas razones. La
primera, porque es falta de humildad querer
vos se os dé lo que nunca habéis merecido, y
ansí creo que no terna mucha quien lo desea-
re; porque ansí como un bajo labrador está le- ie
jos de desear ser rey, pareciéndole imposible,
porque no lo merece, ansí lo está el humilde de
cosas semejantes; y creo yo que nunca se da-
rán, porque primero da el Señor un gran co-
nocimiento propio, que hace estas mercedes; x$.
pues ¡cómo entenderá con verdad que se la
hace muy grande en no tenerla en el Infierno,
quien tiene tales pensamientos ! La segunda,
porque está muy cierto ser engañado, u muy a
peligro, porque no ha menester el Demonio más *©
de ver una puerta pequeña abierta, para hacer-
nos mil trampantojos. La tercera, la mesma
imaginación, cuando hay un gran deseo, y la
mesma persona, se hace entender que ve aque-
llo que desea, y lo oye como los que andan con *s
4 "Pedir yo a su Magestad que me dé a entender al-
guna cosa, jamás lo he hecho ni osaría hacerlo: luego
me parecería que yo lo imaginaba y que me había de en-
gañar el Demonio." Cartas, t. I, XVIII, 27 (Orga).
250 MORADAS SEXTAS
rgana de una cosa entre día y mucho pensando
en ella, que acaece venirla a soñar. La cuarta,
es muy
gran atrevimiento que quiera yo' esco-
ger camino, no sabiendo el que me conviene
.3 más, sino dejar al Señor que me conoce, que
me lleve por el que conviene, para que en todo
haga su voluntad. La quinta, ¿pensáis que son
pocos los trabajos que padecen los que el Señor
hace estas mercedes? No, sino grandísimos, y
^o de muchas maneras. ¿Qué sabéis vos si sería-
des para sufrirlos? La sesta, si por lo mesmo
que pensáis ganar, perderéis, como hizo Saúl
por ser rey. En fin, hermanas, sin éstas hay
otras; y créeme, que es lo más seguro no que-
*s rer sino lo que quiere Dios, que nos conoce
más que nosotros mesmos y nos ama. Pongá-
monos en sus manos, para que sea hecha su
voluntad en nosotras, y no podremos errar, si
con determinada voluntad nos estamos siempre
¿**> en esto. Y habéis de advertir, que por recibir
muchas mercedes de no se merece más
éstas,
gloria, porque antes quedan más obligadas a
servir, pues es recibir más. En lo que es más
merecer, no nos lo quita el Señor, pues está en
•=*s nuestra hay muchas personas
mano; y ansí
santas que jamás supieron qué cosa es recibir
ii V. adelante, 268-17.
23 V. 126-11.
CAPITULO NOVENO 25
tina de aquestas mercedes, y otras que las re-
ciben, que no lo son. Y no penséis que es con-
tino, antes, por una vez que las hace el Señor,
son muy muchos los trabajos; y ansí el alma
no se acuerda si las ha de recibir más, sino s
•cómo las servir. Verdad es que debe ser gran-
dísima ayuda para tener las virtudes en más
subida perfeción; mas el que las tuviere, con
liaberlasganado a costa de su trabajo, mucho
más merecerá. Yo sé de una persona a quien "»
el Señor había hecho algunas de estas merce-
des, y an de dos, la una era hombre, que esta-
rjan tan deseosas de servir a su Majestad, a su
grandes regalos, y tan ansiosas
costa, sin estos
por padecer, que se quejaban a nuestro Señor *s
porque se los daba, y si pudieran no recibirlos,
lo escusaran. Digo regalos, no de estas visiones,
que en fin ven la gran ganancia, y son mucho
de estimar, sino los que da el Señor en la con-
templación. Verdad es que también son estos ™
deseos sobrenaturales, a mi parecer, y de almas
muy enamoradas, que querrían viese el Señor,
que no le sirven por sueldo; y ansí, como he
dicho, jamás se les acuerda que han de recibir
gloria por cosa, para esforzarse más por eso a 25
•servir, sino de contentar a el amor, que es su
2 Este pasaje deja fuera de duda lo que fray Luis de
X.eón defendía, 108-16, 168-14.
252 MORADAS SEXTAS
natural obrar siempre de mil maneras. Si pu-
diese, querría buscar invenciones para consu-
mirse el alma en Él, y si fuese menester que-
dar para siempre aniquilada para la mayor
honra de Dios, lo haría de muy buena gana.
Sea alabado para siempre, amén; que abaján-
dose a comunicar con tan miserables criaturas,,
quiere mostrar su grandeza.
CAPÍTULO DÉCIMO
De muchas maneras se comunica
Señor al
el
alma con estas apariciones; algunas cuando
está afligida, otras cuando le ha de venir algún
trabajo grande, otras per regalarse su Majestad
con ella, y regalarla. No hay para qué particu-
larizar más cada cosa; pues el intento no es,
sino dar a entender cada una de las diferencias
que hay en este camino, hasta donde yo enten-
diere, para que entendáis, hermanas, de ma-
la
nera que son, y los efetos que dejan; porque no
se nos antoje que cada imaginación es visión,
y porque cuando lo sea, entendiendo que es
posible, no andéis alborotadas ni afligidas; que
gana mucho el Demonio, y gusta en gran ma-
nera en ver afligida y inquieta un alma, porque
ve que le es estorbo para emplearse toda en
amar y alabar a Dios.
Por otras maneras se comunica su Majestad
harto más subidas y menos peligrosas, porque
20 "Me un santo hombre y de gran espíritu, lla-
dijo
mado fray Pedro de Alcántara..., y me han dicho otros
letrados grandes, que es adonde menos se puede entre-
meter el Demonio..." Vida, XVII.
18
254 MORADAS SEXTAS
el Demonio creo no las podrá contrahacer, y
ansí se pueden mal decir, por ser cosa muy
oculta, que las imaginarias puédense más dar
a entender.
5 Acaece cuando el Señor es servido estando
el alma en oración, y muy en sus sentidos, ve-
nirle de presto una suspensión, adonde le da el
Señor a entender grandes secretos, que parece
los ve en el mesmo Dios; que éstas no son vi-
to siones de la sacratísima Humanidad, ni anque
digo que ve, no ve nada; porque no es visión
imaginaria, sino muy inteletual, adonde se le
descubre, como en Dios se ven todas las cosas,
y las tiene todas en sí mesmo y es de gran pro-
;
ís vecho, porque anque pasa en' un memento,
quédase muy y hace grandísima
esculpido,
confusión; y vese más claro la maldad de
cuando ofendemos a Dios, porque en el mes-
mo Dios, digo, estando dentro en Él, ha-
20 cemos grandes maldades. Quiero poner una
comparación, si acertare, para dároslo a en-
tender, que anque esto es ansí y lo oímos mu-
chas veces, u no reparamos en ello, u no lo
queremos entender; porque no parece sería
as posible, si se entendiese como es, ser tan atre-
vidos.
Hagamos ahora cuenta que es Dios, como
una Morada u palacio muy grande y hermoso,
y que este palacio, como digo, es el mesmo
CAPITULO DÉCIMO 255
Dios. Por ventura ¿puede el pecador, para ha-
cer sus maldades, apartarse deste palacio? No
por cierto; sino que dentro, en el mesmo pala-
cio, que es el mesmo Dios, pasan las abomina-
ciones y deshonestidades y maldades que ha-
cemos los pecadores. ¡Oh, cosa temerosa y
dina de gran consideración, y muy provechosa
para los que sabemos poco, que no acabamos
de entender estas verdades, que no sería posi-
ible tener atrevimiento tan desatinado ! Consi- «
deremos, hermanas, gran misericordia y su-
la
frimiento de Dios en no nos hundir allí lues:o.
-y démosle grandísimas y hayamos
gracias,
vergüenza de sentirnos de cosa que se haga ni
se diga contra nosotras, que es la mayor mal- 15
•dad del mundo ver que sufre Dios nuestro
Criador tantas a sus criaturas dentro en Si
mesmo, y que nosotras sintamos alguna vez
una palabra, que se dijo en nuestra ausencia,
y quizá con no mala intención. ¡Oh miseria 20
humana! ¿Hasta cuándo, hijas, imitaremos en
algo este gran Dios? ¡Oh, pues no se nos haga
ya que hacemos nada en sufrir injurias sino !
1 "Hace cuenta que dentro de vosotras está un pa-
lacio de grandísimo precio...; no hay edificio de tanta
hermosura como un alma limpia y llena de virtudes...;
y que en este palacio está este gran Rey..., en un trono
de grand-simo precio, que es vuestro corazón." Cami-
no, XLVII.
256 MORADAS SEXTAS
que de muy buena gana pasemos por todo, y
amemos a quien nos las hace, pues este gran
Dios no nos ha dejado de amar a nosotras, an~
que le hemos mucho ofendido, y ansí tiene
5 muy gran razón en querer que todos perdo-
nen, por agravios que les hagan. Yo os digo»
hijas, que anque pasa de presto esta visión,,
que es una gran merced que hace nuestro Se-
ñor a quien la hace, si se quiere aprovechar-
ía de ella, trayéndola presente muy ordinario,
También acaece ansí muy de
presto, y de
manera que no se puede decir, mostrar Dios
en sí mesmo una verdad, que parece deja es-
curecidas todas las que hay en las criaturas, y
5 muy dado a entender, que Él solo es
claro
verdad, que no puede mentir; y dase bien a
entender lo que dice David en un Salmo, que
todo hombre es mentiroso, lo que no se enten-
diera jamás ansí, anque muchas veces se oye-
20 ra; es verdad que no puede faltar. Acuérda-
seme de Pilatos, lo mucho que preguntaba a
nuestro cuando en su Pasión le dija
Señor,
qué era verdad, y lo poco que entendemos acá
18 "Yo mi transporte de ánimo:
dije en Todos Ios- —
hombres son Salmo CXV, 2.
falaces."
2 "...mas mi reino no es de acá. —
Replicóle a esto-
Pilato: —
¿Con que tú eres Rey? —
Respondió Jesús:
— Así es, como dices..., y para esto vine al mundo: para
dar testimonio de la verdad... — Dícele Pilato: — ¿Qué
es la verdad...?" San Juan, XVIII, 36-38.
CAPÍTULO DÉCIMO 257
de esta suma verdad. Yo quisiera poder dar
más a entender en este caso, más no se puede
decir.Saquemos de aquí, hermanas, que para
conformarnos con nuestro Dios y Esposo en
algo, será bien que estudiemos siempre mucho 5
de andar en esta verdad. No digo sólo que no
digamos mentira, que en eso, gloria a Dios, ya
Teo que traéis gran cuenta en estas casas con
no decirla por ninguna cosa, sino que andemos
en verdad delante de Dios y de las gentes, de ™
cuantas maneras pudiéramos; en especial no
quiriendo nos tengan por mejores de lo que so-
mos, y en nuestras obras dando a Dios lo que
es suyo, y a nosotras lo que es nuestro, y procu-
rando sacar en todo la verdad, y ansí tememos 15
•en poco este mundo, que es todo mentira y fal-
sedad, y como tal no es durable. Una vez esta-
ba yo considerando por qué razón era nuestro
Señor tan amigo de esta virtud de la humildad,
y púsoseme delante, a mi parecer sin conside- 2o
rarlo, sino de presto, estoque es porque Dios
:
es suma verdad, y la humildad es andar en ver-
dad, que lo es muy grande no tener cosa buena
de nosotros, sino la miseria y ser nada ; y quien
esto no entiende, anda en mentira. A quien 23
más lo entiende agrada más a la suma verdad,
porque anda en ella. Plega a Dios, hermanas,
nos haga merced de no salir jamás de este pro-
pio conocimiento. Amén.
258 MORADAS SEXTAS
De estas mercedes hace nuestro Señor a ei
alma, porque, como a verdadera, esposa que
ya está determinada a hacer en todo su volun-
tad, le quiere dar alguna noticia de en qué la
5 ha de hacer y de sus grandezas. No haya para
qué tratar de más, que estas dos cosas he di-
cho por parecerme de gran provecho; que ea
cosas semejantes no hay que temer, sino que
alabar al Señor, porque las da; que el Demo-
ro nio, a mi parecer, ni an la imaginación pro-
pia, tienen aquí poca cabida, y ansí el alma
queda con gran satis f ación.
4 "Lo que me parece es que quiere el Señor... tenga
esta alma alguna noticia de lo que pasa en el Cielo.'"
Vida, XXVII.
CAPÍTULO UNDÉCIMO
¿Si habrán bastado todas estas mercedes que
ha hecho el Esposo a el alma para que la pa-
lomilla u mariposilla esté satisfecha (no pen-
séis quetengo olvidada) y haga asiento a
la 5
donde ha de morir? No por cierto, antes está
muy peor; anque haya muchos años que re-
ciba estos favores, siempre gime y anda lloro-
sa, porque de cada uno de ellos le queda
IO
mayor dolor. Es la causa que, como va cono-
ciendo más y másgrandezas de su Dios, y
las
se ve estar tan ausente y apartada de gozarle.
crece mucho más al deseo; porque también
crece amar mientras más se le descubre lo
el
que merece ser amado este gran Dios y Señor; *s
y viene en estos años creciendo poco a poco
este deseo, de manera que la llega a tan gran
pena como ahora diré. He dicho años, confor-
mándome con lo que ha pasado por la persona
que he dicho aquí, que bien entendido que a 20
Dios no hay que poner término, que en un me-
mento puede llegar a un alma a lo más subido
2Ó0 MORADAS SEXTAS
que se dice aquí poderoso es su Majestad para
:
todo lo que quisiere hacer y ganoso de hacer
mucho por nosotros. Pues vienen veces que
estas ansias y lágrimas y sospiros y los gran-
5 des ímpetus que quedan dichos (que todo esto
parece procedido de nuestro amor con gran
sentimiento; mas todo no es nada en compara-
ción de estotro, porque esto parece un fuego
que está humeando, y puédese sufrir, anque
to con pena), andándose ansí esta alma, abrasán-
dose en sí mesma, acaece muchas veces por
un pensamiento muy ligero u por una palabra
que oye de que se tarda el morir, venir de otra
parte, no se entiende de dónde ni cómo, un
15 golpe u como si viniese una saeta de fuego. No
digo que es saeta; mas cualquier cosa que sea,
se ve claro que no podía proceder de nuestro
natural. Tampoco es golpe, anque digo golpe:
más agudamente hiere, y no es adonde se sien-
20 ten acá las penas, a mi parecer, sino en lo muy
hondo y íntimo del alma, adonde este rayo, que
5 V. Morada VI, cap. II, pág. 159-11, y también en la
pág. 208-14.
19 " [En estos ímpetus] no ponemos nosotros la leña,
sino que parece que, hecho ya el fuego, de presto nos
echan dentro para que nos quememos no procura el ;
alma que duela esta llaga de la ausencia del Señor, sino
que hincan una saeta en lo más vivo de las entrañas y
corazón, a las veces, que no sabe el alma qué ha ni qué
quiere." Vida, XXIX.
CAPÍTULO UNDÉCIMO 26l
de presto pasa, todo cuanto halla de esta tierra
de nuestro natural lo deja hecho polvos, que
por el tiempo que dura es imposible tener me-
moria de cosa de nuestro ser; porque en un
punto ata las potencias de manera que no 5
quedan con ninguna libertad para cosa, sino
para las que le han de hacer acrecentar este
dolor. No querría pareciese encarecimiento,
porque verdaderamente voy viendo que quedo
corta, porque no se puede decir. Ello es un 10
arrobamiento de sentidos y potencias, para
todo lo que no es, como he dicho, ayudar a
sentir esta aflición. Porque el entendimiento
está muy vivo para entender la razón que hay
que sentir de estar aquel alma ausente de Dios ; 15
y ayuda su Majestad con una tan viva noticia
de Sí en aquel tiempo, de manera que hace cre-
cer la pena en tanto grado, que procede quien
la tiene en dar grandes gritos ; con ser persona
sufrida y mostrada a padecer grandes dolores, 20
no puede hacer entonces más; porque este sen-
timiento no es en el cuerpo, como queda di-
cho, sino en lo interior del alma. Por esto sacó
esta persona cuan más recios van los senti-
mientos de ella que los del cuerpo, y se le re- 25
presentó ser de esta manera los que padecen en
Purgatorio, que no les impide no tener cuerpo
para dejar de padecer mucho más que todos
los que acá tiniéndole padecen. Yo vi una per-
2Ó2 MORADAS SEXTAS
sona ansí, que verdaderamente pensé que se
moría, y no era mucha maravilla, porque cierto
es gran peligro de muerte; y ansí, anque dure
poco, deja el cuerpo muy descoyuntado, y en
s aquella sazón los pulsos tiene tan abiertos
como si elalma quisiese ya dar a Dios, que no-
es menos; porque el calor natural falta y le
abrasa de manera que, con otro poquito más,
hubiera cumplídole Dios sus deseos; no por-
^o que siente poco ni mucho dolor en el cuerpo,
anque se descoyunta, como he dicho, de ma-
nera que queda dos u tres días después sin
poder an tener fuerza para escribir y con
grandes dolores; y an siempre me parece le
15 queda el cuerpo más sin fuerza que de antes.
El no sentirlo debe ser la causa ser tan mayor
el sentimiento interior del alma, que ninguna
cosa hace caso del cuerpo; como si acá tene-
mos un dolor muy agudo en una parte : anque
20 haya otros muchos, se sienten poco; esto yo la
he bien probado acá, ni poco ni mucho, ni
:
creo sentiría se le hiciesen pedazos. Dir^isme
que es imperfeción ;
que por qué no se confor-
ma con la voluntad de Dios, pues le está tan
13"Algunas veces se me quitan todos los pulsos
casi...,y las canillas muy abiertas, y las manos tan yer-
tas, que yo no las puedo algunas veces juntar, y ansí me
queda dolor hasta otro día en los pulsos y en el cuerpo,,
que parece me han descoyuntado." Vida, XX, 9.
CAPÍTULO UNDÉCIMO 263
1
1
rendida. Hasta aquí podía hacer eso, y con eso
pasaba la vida; ahora no, porque su razón está
de suerte que no es señora de ella ni de pen-
sar sino la razón que tiene para penar, pues
está ausente de su bien, que ¿para qué quiere $.
vida? Siente una soledad extraña, porque cria-
tura de toda la tierra no la hace compañía, ni
creo se la harían los del cielo, como no fuese
el que ama, antes todo la atormenta; mas vése
como una persona colgada, que no asienta en lo ^
cosa de la tierra, ni al cielo puede subir ; abra-
sada con esta sed, y no puede llegar a el agua;
y no sed que puede sufrir, si no ya en tal tér-
mino que con ninguna se le quitaría, ni quiere
que se le quite, si no es con la que dijo núes- i £
tro Señor a la Samaritana, y eso no se lo dan.
jOh, válame Dios, Señor, cómo apretáis a vues-
tros amadores! Mas todo es poco para lo que
les dais después. Bien es que lo mucho cueste
mucho; cuanto más que, si es purificar esta 2»
8 "Pónela Dios tan desierta de todas las cosas, que
por mucho que ella trabaje ninguna que le acompañe
le parece hay en la tierra, ni ella la querría, sino morir
en aquella soledad." Vida, XX.
16 "Vino una mujer Samaritana a sacar agua. Di jóle
Jesús: — Dame de beber... —
Pero la mujer Samaritana
le respondió :
—
¿ Cómo tú, siendo judío, me pides de be-
ber...— Respondióle Jesús: —
Cualquiera que bebe de
esta agua tendrá otra vez sed; pero quien bebiere de!
agua que yo le daré, nunca jamás volverá a tener sed.'*
San Juan, IV, 7-13.
264 MORADAS SEXTAS
;alma para que entre en la sétima Morada, como
los que han de entrar en el Cielo se limpian en
el Purgatorio, es tan poco este padecer como
sería una gota de agua en la mar; cuanto más
;5 que, con todo este tormento y af lición, que no
puede ser mayor, a lo que yo creo, de todas
las que hay en la tierra, que esta persona ha-
bía pasado muchas, ansí corporales como es-
pirituales; mas todo le parece nada en esta
eo comparación. Siente el alma que es de tanto
precio esta pena, que entiende muy bien no la
podía ella merecer, sino que no es este senti-
miento de manera que la alivia ninguna cosa,
mas con esto la sufre de muy buena gana, y
*s sufriría toda su vida si Dios fuese dello servi-
do, anque no sería morir de una vez, sino es-
tar siempre muriendo, que verdaderamente no
es menos. Pues consideremos, hermanas, aque-
llos que están en el Infierno, que no están con
¿° esta conformidad, ni con este contento y gusto
que pone Dios en el alma, ni viendo ser ganan-
cioso este padecer, sino que siempre padecen
más y más, digo más y más cuanto a las penas
acidentales, siendo el tormento del alma tan
-35 más recio que los del cuerpo,
y los que ellos
pasan, mayores sin comparación que este que
15 El amor de Dios hace dulce la muerte. Concep-
tos, VIL
CAPÍTULO UNDÉCIMO 265
aquí hemos dicho, y éstos, ver que han de ser
para siempre jamás, ¿qué será de estas desven-
turadas almas? Y ¿qué podemos hacer en vida
tan corta, ni padecer, que sea nada para librar-
nos de tan terribles y eternales tormentos? Yo
os digo que será imposible dar a entender
cuan sensible cosa es padecer del alma, y
el
cuán diferente a el del cuerpo, si no se pasa
por y quiere el mesmo Señor que lo en-
ello;
tendamos, para que más conozcamos lo muy
mucho que debemos en traernos a estado
le
que por su misericordia tenemos esperanza de
que nos ha de librar y perdonar nuestros pe-
cados. Pues, tornando a lo que tratábamos (que
dejamos esta alma con mucha pena), en este
rigor es poco lo que le dura, será cuando más
tres u cuatro horas, a mi parecer, porque si
mucho durase, si no fuese con milagro, sería
imposible sufrirlo la flaqueza natural. Acaecido
ha no durar más que un cuarto de hora y que-
dar hecha pedazos; verdad es que esta vez del
todo perdió el sentido, según vino con rigor (y
7 "Cuando no da esto muy recio, parece se aplaca
algo [el dolor del alma] con algunas penitencias, y no se
sienten más ni hace más pena derramar sangre que si
estuviese el cuerpo muerto... Otras veces da tan recio,
que eso ni nada no se puede hacer, que corta todo el?
cuerpo; ni pies ni brazos no puede menear, antes si está
en pie se sienta, como una cosa transportada que no
puede ni aun resolgar. " Vida, XXIX.
2Ó6 MORADAS SEXTAS
«estando en conversación, Pascua de Resurre-
ción, el postrer día, y habiendo estado toda la
Pascua con tanta sequedad, que casi no enten-
día lo era), de sólo oír una palabra de no acá-
-3 barse la vida. ¡Pues pensar que se puede resis-
tir ! no más que si metida en un fuego quisiese
hacer a la llama que no tuviese calor para que-
marle. No es el sentimiento que se puede pasar
en disimulación, sin que las que están presen^
-o tes entiendan gran peligro en que está, an-
el
que de lo interior no pueden ser testigos. Es
verdad que le son alguna compañía, como si
fuesen sombras; y ansí le parecen todas las co-
sas de la tierra. Y por que veáis que es posible,
^5 si alguna vez os vierdes en esto, acudir aquí
muestra flaqueza y natural, acaece alguna vez
que, estando el alma como habéis visto que se
muere por morir cuando aprieta tanto, que ya
•parece que para salir del cuerpo no le falta casi
5 Ocurrió esto Santa estando en Salamanca,
a la
Pascua de 1571. Da ello en su Libro de las
cuenta de
Relaciones, IV. El señor La Fuente puso a esta Relación
notas muy curiosas. Aitts. Esps., Lili, 154. Dice la Santa
-que estando con sus momias "di eron un cantarcillo de ;
como era recio de sufrir vivir sin Dios; cerno yo estaba
ya con pena, fué tanta la operación que me hizo, que
comenraron a entomec 'rseme las manos y no bastó re-
sistencia." Experimentó un fuerte arrobamiento. El
cantar era una letrilla que acababa:
—
"Véante mis ojos, Dulce Jesús bueno; Véante mis —
ojos, — —
Muérame yo luego ." Supónese compuesta por
la misma Santa. Hállase en Auts. Esps., Lili, 510.
CAPÍTULO UNDÉCIMO 267
nada, verdaderamente teme y quemase aflo-
jarse la pena por no acabar de morir. Bien se
deja entender ser este temor de flaqueza natu-
ral, que, por otra parte, no se quita su deseo ni
«es posible haber remedio que se quite esta pena
hasta que la quite el mesmo Señor, que casi es
lo ordinario, con un arrobamiento grande ti
con alguna visión, adonde el verdadero Con-
solador la consuela y fortalece para que quiera
^vivir todo lo que fuere su voluntad. Cosa pe-
nosa es ésta, mas queda
alma con grandísi-
el
mos efetos y perdido el miedo a los trabajos
que le pueden suceder; porque en comparación
<del sentimiento tan penoso que sintió su alma,
no le parece son nada. De manera que queda
aprovechada y que gustaría padecerle muchas
veces; mas tampoco puede eso en ninguna ma-
nera ni hay ningún remedio para tornarla a
tener hasta que quiere el Señor, como no le
hay para resistirle ni quitarle cuando le viene.
Queda con muy mayor desprecio del mundo
que antes, porque ve que cosa de él no le valió
<en aquel tormento; y muy más desasida de las
•criaturas, porque ya ve que sólo el Criador es
15 "No modo con que
se puede encarecer ni decir el
llaga Dios al alma y grandísima pena que da, que la
la
hace no saber de sí; mas es esta pena tan sabrosa que no
hay deleite en la vida que más contento dé." Vida,
XXIX, 9.
2Ó8 MORADAS SEXTAS
elque puede consolar y hartar su alma, y con
mayor temor y cuidado de no ofenderle, por-
que ve que también puede atormentar como-
consolar. Dos cosas me parece a mi que hay
5 en este camino espiritual que son peligro de
muerte. La una ésta, que verdaderamente lo
es,y no pequeño la otra de muy ecesivo goza
;
y deleite, que es en tan grandísimo estremo, .
que verdaderamente parece que desfallece el
10 alma, de suerte que no le falta tantito para aca-
bar de salir del cuerpo: a la verdad no sería.
poca dicha la suya. Aquí veréis, hermanas, si
he tenido razón en decir que es menester áni-
mo y que terna razón el Señor cuando le pi~
J5 dierdes estas cosas de deciros lo que respon-
dió a los hijos del Zebedeo : si podrían beber el'
cáliz.
Todas creo, hermanas, que responderemos
que y con mucha razón, porque su Majes-
sí ;
20 tad da esfuerzo a quien ve que lo ha menester»
y en todo defiende a estas almas, y responde
por ellas en las persecuciones y mormuracio-
17 "Entonces la madre de los hijos de Zebedeo se le
acerca con sus dos hijos y le adora, manifestando querer-
pedirle alguna gracia. Jesús le dijo: "¿Qué quieres?
Y ella le contestó: —
Dispon que estos dos hijos míos
tengan asiento en tu reino, uno a tu derecha y otro a tu
izquierda.Mas Jesús les dio por respuesta No sa- : —
béis que os pedís. ¿ Podéis beber el cáliz que yo
lo
tengo de beber?" San Mateo, XX, 20-22.
CAPÍTULO UNDÉCIMO 2ÓO,
nes, como hacía por la Madalena, anque na
sea por palabras, por obras; y, en fin en fin,
antes que se mueran se lo paga todo junto,
como ahora veréis. Sea por siempre bendito y
alábenle todas las criaturas, amén. s
1 Jesús defendió a la Magdalena en casa del Fari-
seo,cuando éste pensó que era excesiva la bondad del
Señor para con ella. San Mateo, VII, 44.
19
MORADAS SÉTIMAS
CAPÍTULO PRIMERO
Pareceros ha, hermanas, que está dicho tanto
en este camino espiritual, que no es posible
quedar nada por decir. Harto desatino sería
. s
pensar esto pues la grandeza de Dios no tiene
:
término, tampoco le ternán sus obras. ¿Quién
acabará de contar sus misericordias y grande-
zas? Es imposible, y ansí no os espantéis de lo
que está dicho y se dijere, porque es una cifra i«>
de lo que hay que contar de Dios. Harta mise-
ricordia nos hace que haya comunicado estas
cosas a persona que las podamos venir a saber,
para que mientra más supiéremos que se co-
munica con las criaturas más alabaremos su i*
grandeza, y nos esforzaremos a no tener en
poco alma con quien tanto se deleita el Señor;
pues cada una de nosotras la tiene, sino que
10 cifra, en la acepción de abreviatura. Dice. Acad.
2,72 MOEADAS SÉPTIMAS
como no las preciamos como merece criatura
hecha a la imagen de Dios, ansí no entendemos
los grandes secretos que están en ella. Plega a
su Majestad, si es servido, menee la pluma, y
5 me dé a entender como yo os diga algo de lo
mucho que hay que y da Dios a enten-
decir
der a quien mete en esta Morada. Harto lo he
suplicado a su Majestad, pues sabe que mi in-
tento es que no estén ocultas sus misericordias,
30 para que más sea alabado y glorificado su nom-
bre. Esperanza tengo, que no por mí, sino por
vosotras, hermanas, me ha de hacer esta mer-
ced, para que entendáis lo que os importa, que
no quede por vosotras el celebrar vuestro Es-
35 poso este espiritual matrimonio con vuestras
almas, pues tray tantos bienes consigo como
veréis. ¡
Oh gran Dios ! Parece que tiembla una
criatura tan miserable como yo, de tratar en
cosa tan ajena de lo que merezco entender. Y
»o es verdad que he estado en gran confusión,,
pensando si serámejor acabar con pocas pala-
bras esta Morada; porque me parece que han
de pensar que yo lo sé por espiriencia y há cerne
7 "Plega a Él, que, como ha querido que atine en
otras cosas que os he dicho, o su Magestad por mí, qui-
zá por ser para vosotras, atine en éstas, y si no, doy
por bien empleado el tiempo que ocupare en escribir y
tratar con mi pensamiento tan divina materia, que no>
la merecía yo oír." Conceptos, I.
CAPÍTULO PRIMERO 273
grandísima vergüenza, porque conociéndome
la que soy, es terrible cosa. Por otra par-
te, me ha parecido que es tentación y fla-
queza, anque más juicios de éstos echéis; sea
Dios alabado y entendido un poquito más, y s
gríteme todo el mundo cuando más que estaré
;
yo quizá muerta cuando se viniere a ver. Sea
bendito el que vive para siempre y vivirá,
amén.
Cuando nuestro Señor es servido haber pia- *•
dad de lo que padece y ha padecido por su de-
seo esta alma que ya espiritualmente ha tomado
por esposa, primero que se consuma el matri-
monio espiritual métela en su Morada, que es
esta sétima; porque ansí como la tiene en el *s
cielo, debe tener en el alma una estancia,
adonde sólo su Majestad mora, y digamos otro
cielo: porque nos importa mucho, hermanas,
que no entendamos es el alma alguna cosa es-
cura, que como no la vemos, lo más ordinario a»
debe parecer, que no hay otra luz interior, sino
esta que vemos, y que está dentro de nuestra
alma alguna escuridad. De la que no está en
gracia, yo os lo confieso, y no por falta del Sol
de justicia, que está en ella dándole ser; sino a¿
7 Las Moradas, en efecto, no fueron publicadas
hasta 1588, seis años después de la muerte de la Santa.
274 MORADAS SÉPTIMAS
por no ser ella capaz para recibir la luz, como
creo dije en la primera Morada: que había en-
tendido una persona que estas desventuradas
almas es ansí que están como en una cárcel es-
s cura, atadas de pies y manos para hacer nin-
gún bien que les aproveche para merecer, y
ciegas y mudas; con razón podemos compade-
cernos dellas y mirar que algún tiempo nos vi-
mos ansí, y que también puede Señor haber
el
to misericordia de ellas. Tomemos, hermanas,
particular cuidado de suplicárselo, y no nos
descuidar, que es grandísima limosna rogar
por los que están en pecado mortal; muy ma-
yor que sería si viésemos un cristiano atadas
t$ las manos con una fuerte cadena, y é!
atrás,
amarrado a un poste, y muriendo de hambre,
y no por falta de qué coma, que tiene cabe sí
muy estremados manjares, sino que no los
puede tomar para llegarlos a la boca; y an
a • está con grande hastío, y ve que va ya a espi-
rar, y no muerte como acá, sino eterna. ¿No
sería gran crueldad estarle mirando y no le
llevar a la boca que comiese? Pues ¿qué si por
vuestra oración le quitasen las cadenas? Ya lo
n veis. Por amor de Dios os pido que siempre
2 Alude a la visión que tuvo de un alma en pecada
mortal, v. 15-5.
CAPÍTULO PRIMERO 275
tengáis acuerdo en vuestras oraciones de almas
semejantes.
No hablamos ahora con ellas, sino con las
que ya, por la misericordia de Dios, han hecho
penitencia por sus pecados y están en gracia, »
que podemos considerar, no una cosa arrin-
conada y limitada, sino un mundo interior,
adonde caben tantas y tan lindas Moradas como
habéis visto, y ansí es razón que sea, pues
dentro de esta alma hay morada para Dios. *»
Pues cuando su Majestad es servido de hacerle
la merced dicha de este divino matrimonio,
primero mete en su morada, y quiere su Ma-
la
jestad que no sea como otras veces que la ha
metido en estos arrobamientos, que yo bien «5
creo que la une consigo entonces, y en la ora-
ción que queda dicha de unión, anque no le
parece a el alma que es tanta llamada para en-
trar en su centro, como aquí en esta Morada,
sino a la parte superior. En esto va poco: sea *»
de una manera u de otra, el Señor la junta con-
sigo ; mas es haciéndola ciega y muda, como
2 "Paréceme que debe ser uno de los grandísimos
consuelos que hay en la tierra ver uno almas aprove-
chadas por medio suyo... Yo lo miro con advertencia en
algunas personas, que muchas no las hay por nuestros,
pecados, que mientra más adelante están..., más acuden
a los regalos y salvación de los prójimos..." Concep-
tos, VIL
276 MORADAS SÉPTIMAS
lo quedó san Pablo en su conversión, y qui-
tándola el sentir cómo u de qué manera es
aquella merced que goza; porque el gran de-
leiteque entonces siente el alma es de verse
s cerca de Dios. Mas cuando la junta consigo,
ninguna cosa entiende, que las potencias todas
se pierden. Aquí es de otra manera; quiere ya
nuestro buen Dios quitar las escamas de los
ojos, y que vea y entienda algo de la merced
*° que le hace, anque es por una manera estraña
y metida en aquella Morada por visión intele-
tual; por cierta manera de representación de la
verdad, se le muestra la santísima Trinidad, to-
das tres personas, con una inflamación que
«5 primero viene a su espíritu, a manera de una
nube de grandísima claridad, y estas personas
distintas, y por una noticia admirable, que se
1 "Levantóse Sanio de la tierra, y aunque tenía
abiertos los ojos, nada veía." Hechos de los Apóstoles,
IX, 8. V. pág. 244-18, nota.
12 "Aunque el hombre en esta vida, perdiendo el uso
de los sentidos y elevado por Dios, puede ver, de paso,
su esencia, como probablemente se dice de San Pablo y
de Moysén y de otros algunos; mas no habla aquí la
Madre desta manera de visión, que, aunque es de paso,
es clara e intuitiva, sino habla de un conocimiento mis-
terioso que da Dios a algunas almas por medio de una
luz grandísima que les infunde, y no sin alguna especie
criada; mas porque esta especie no es corporal, ni que se
figura en la imaginación, por eso la Madre dice que esta
visión es inteletual y no imaginaria." Nota de fray Luis
de León.
CAPÍTULO PRIMERO 277
da a alma entiende con grandísima verdad
el
ser todas tres personas una sustancia y un po-
der y un saber y un solo Dios de manera que ;
lo que tenemos por fe allí lo entiende el alma,
podemos decir, por vista, anque no es vista *
con los ojos del cuerpo ni del alma, porque no
es visión imaginaria. comunican to-Aquí se le
das tres personas, y la hablan, y la dan a en-
tender aquellas palabras que dice el Evangelio
que dijo el Señor que venía Él y el Padre y el
:
»*
Espíritu Santo a morar con el alma, que le
ama y guarda sus mandamientos. ¡Oh, válame
Dios ! ¡
Cuan diferente cosa es oír estas pala-
bras y creerlas, a entender por esta manera
cuan verdaderas son! Y cada día se espanta ^
más esta alma, porque nunca más le parece se
fueron de con ella, sino que notoriamente ve,
de la manera que queda dicho, que están en lo
interior de su alma, en lo muy más interior, en
una cosa muy honda, que no sabe decir cómo »
es, porque no tiene letras, siente en sí esta di-
vina compañía. Pareceros ha que, según esto,
no andará en sí, sino tan embebida, que no
12 "Jesús le respondió así: Cualquiera que me ama—
observará mi doctrina, y mi Padre le amará, y vendre-
mos a él y haremos mansión dentro de él." San Juanf
XIV, 23.
'
22 " Oh,
quién supiera declarar cómo está esta com-
¡
pañía santa con el acompañador de las almas, Santo de
2?8 MORADAS SÉPTIMAS
pueda entender en nada: mucho más que an-
tes, en todo lo que es servido de Dios, y en
faltando las ocupaciones, se queda con aquella
agradable compañía, y si no falta a Dios el al-
s ma, jamás Él la faltará, a mi parecer, de darse
a conocer tan conocidamente su presencia, y
tiene gran confianza que no la dejará Dios,
pues ha hecho esta merced, para que la pier-
la
da, y ansí se puede pensar, anque no deja de
k> andar con más cuidado que nunca, para no le
desagradar en nada. El traer esta presencia
entiéndese que no es tan enteramente, digo tan
claramente, como se le manifiesta la primera
vez y otras algunas que quiere Dios hacerle
15 este regalo; porque si esto fuese, era imposible
entender en otra cosa, ni an vivir entre la gen-
te ; mas anque no es con esta tan clara luz siem-
pre advierte se halla con esta compañía. Diga-
mos ahora como una persona que estuviese en
*> una muy clara pieza con otras
y cerrasen las
ventanas y se quedase ascuras, no porque se
quitó la luz para verlas, y que hasta tornar la
luz no las ve, deja de entender que están allí.
Es de preguntar si cuando torna la luz y las
as quiere tornar a ver, si puede. Esto no está en
los santos, sin impedir a la soledad que ella y su Esposo
tienen, cuando esta alma dentro de sí quiere entrarse,.
en este paraiso, con su Dios, y cierra la puerta a todo lo
del mundo!" Camino, XLVIII.
CAPÍTULO PRIMERO 279
su mano, sino cuando quiere nuestro Señor
que se abra la ventana del entendimiento : harta
misericordia la hace en nunca se ir de con ella,
y querer que ella lo entienda tan entendido.
Parece que quiere aquí la divina Majestad dis- &
poner el alma para más con esta admirable
compañía; porque está claro que será bien
ayudada para en todo ir adelante en la perfe-
ción y perder el temor que traía algunas ve-
ces de las demás mercedes que la hacía, como s »
queda dicho. Y ansí fué, que en todo se hallaba
mejorada y la parecía que por trabajos y ne-
gocios que tuviese lo esencial de su alma, jamás
se movía de aquel aposento; de manera que en
alguna manera le parecía había división en su i S
alma, y andando con grandes trabajos, que
poco después que Dios le hizo esta merced
tuvo, se quejaba de ella, a manera de Marta,
cuando se quejó de María, y algunas veces la
decía que se estaba allí siempre gozando de 3»
aquella quietud a su placer, y la deja a ella en
tantos trabajos y ocupaciones, que no la puede
tener compañía. Esto os parecerá, hijas, desati-
23 Dijo Marta: "Señor, ¿no reparas que mi hermana
me ha dejado sola en las faenas de la casa? Dile, pues,
que me ayude." San Mateo, X, 40. Mas no se quejaba
Marta por el trabajo, sino porque "por ventura le pare-
ció no era tan grande el amor que le teníades como a su
hermana *\ Exc, V.
280 MORADAS SÉPTIMAS
no, mas verdaderamente pasa ansí, que anque
se entiende que el alma está toda junta, no es
antojo lo que he dicho, que es muy ordinario;
por donde decía yo que se ven cosas interiores,
3 de manera que cierto se entiende hay diferen-
cia en alguna manera, y muy conocida del alma
a el espíritu, arique más sea todo uno. Conó-
cese una división tan delicada, que algunas
veces parece obra de diferente manera lo uno
*• de lo otro, como el sabor que les quiere dar el
Señor. También me parece que el alma es dife-
rente cosa de las potencias, y que no es todo
una cosa: hay tantas y tan delicadas en lo in-
terior, que sería atrevimiento ponerme yo a de-
as clararlas allá lo veremos, si eí Señor nos hace
;
merced de llevarnos, por su misericordia, adon-
de entendamos estos secretos.
CAPÍTULO SEGUNDO
Pues vengamos ahora a tratar del divino y
espiritual matrimonio, anque esta gran merced
no debe cumplirse con perfeción, mientras
vivimos, pues si nos apartásemos de Dios se s
perdería este tan gran bien. La primera vez
que Dios hace esta merced, quiere su Majestad
mostrarse a el alma por visión imaginaria de
su sacratísima Humanidad, para que lo entien-
da bien y no esté inorante de que recibe tan i©
soberano don. A otras personas será por otra
forma: a esta de quien hablamos se le repre-
sentó el Señor, acabando de comulgar, con for-
ma de gran resplandor y hermosura y majestad,
como después de resucitado, y le dijo que ya *s
era tiempo de que sus cosas tomase ella por
suyas, y Él temía cuidado de las suyas, y otras
palabras que son más para sentir que para
decir. Parecerá que no era esta novedad, pues
19 "Acabando de comulgar, segundo día de Cuares-
ma, en San José de Malagón, se me representó nuestro
"'
Señor Jesucristo en visión imaginaria, como suele...
Relaciones, III.
282 MORADAS SÉPTIMAS
otras veces se había representado el Señor a
esta alma en esta manera; fué tan diferente,
que ladejó bien desatinada y espantada: lo
uno, porque fué con gran fuerza esta visión lo ;
a otro, porque las palabras que le dijo, y también
porque en lo interior de su alma, adonde se le
representó, si no es la visión pasada, no había
visto otras. Porque entended que hay grandí-
sima diferencia de todas las pasadas a las de
«• esta Morada, y tan grande del desposorio espi-
ritual al matrimonio espiritual, como lo hay
entre dos desposados, a los que ya no se pue-
den apartar. Ya he dicho que anque se ponen
estas comparaciones, porque no hay otras más
*5 a propósito, que se entienda que aquí no hay
memoria de cuerpo más que si el alma no es-
tuviese en él, sino sólo espíritu, y en el matri-
monio espiritual, muy menos, porque pasa esta
secreta unión en el centro muy interior del al-
30 ma, que debe ser adonde está el mesmo Dios, y,
a mi parecer, no ha menester puerta por donde
entre: digo que no es menester puerta, porque
en todo lo que se ha dicho hasta aquí parece
que va por medio de los sentidos y potencias, y
«5 este aparecimiento de la Humanidad del Señor
ansí debía ser; mas lo que pasa en la unión
del matrimonio espiritual es muy diferente.
Aparécese el Señor en este centro del alma sin
visión imaginaria, sino intelectual, anque más
CAPÍTULO SEGUNDO 283
delicada que las dichas, como se apareció a los
Apóstoles, sin entrar por la puerta, cuando les
dijo: "Paz vobis." Es un secreto tan grande
y
una merced tan subida lo que comunica Dios
allí a el alma en un instante, y el grandísimo s
deleite que siente el alma, que no sé a qué lo
comparar, sino a que quiere el Señor manifes-
tarle por aquel memento la gloria que hay en
el Cielo, por más subida manera que por nin-
guna visión ni gusto espiritual. No se puede *«
decir más de que, a cuanto se puede entender,
queda el alma, digo el espíritu de esta alma,
hecho una cosa con Dios, que, como es también
espíritu, ha querido su Majestad mostrar el
amor que nos tiene en dar a entender a algu- ,5
ñas personas hasta adonde llega, para que ala-
bemos su grandeza; porque, de tal manera ha
querido juntarse con la criatura, que ansí como
los que ya no se pueden apartar, no se quiere
apartar Él de ella. El desposorio espiritual es »»
diferente, que muchas veces se apartan, y la
3 El pasaje del Evangelio a que alude queda ya ci-
tado en 111-12, nota.
12 El alma y el espíritu son una misma cosa, sino
que el alma es como un fuego y el espíritu es como una
llama que sube de ese fuego; el alma encendida en el
amor de Dios "parece que produce de sí una cosa tan de
presto y tan delicado que sube a la parte superior; es
como lo que está en lo bajo y no porque esta llama suba
•deja de quedar fuego." Cartas, t. I, núm. XVIII, 15
(Orga).
284 MORADAS SÉPTIMAS
unión también lo es, porque, anque unión es
juntarse dos cosas en una, en fin, se pueden
apartar y quedar cada cosa por sí, como vemos
ordinariamente, que pasa de presto esta mer-
s ced del Señor, y después se queda el alma sin
aquella compañía, digo de manera que lo en-
tiendan. En
merced del Señor no, por-
estotra
que siempre queda el alma con su Dios en
aquel centro. Digamos que sea la unión como
10 si dos velas de cera se juntasen tan en estremo
que toda luz fuese una, u que el pabilo y la luz
y la cera es todo uno; mas después bien se
puede apartar la una vela de la otra, y quedan
en dos velas, u el pabilo de la cera. Acá es
15 como si cayendo agua del cielo en un río u
fuente, adonde queda hecho todo agua, que
no podrán ya dividir ni apartar cuál es el agua
del río u lo que cayó del cielo, o como si un
arroíco pequeño entra en la mar, no habrá re-
3« medio de apartarse, u como si en una pieza
estuviesen dos ventanas por donde entrase gran
luz, anque entra dividida, se hace todo una
luz. Quizá es esto lo que dice san Pablo El que : —
se arrima y allega a Dios, hácese espíritu con
25 Él — tocando este soberano matrimonio, que
,
24 "Quien está unido con Señor es con Él un mis-
el
B
mo espíritu." J. Epíst. de San Pablo a los Corintios,
VI, 17.
CAPÍTULO SEGUNDO 285
presupone haberse llegado su Majestad a el al-
ma por unión. Y también dice: Miqui bibere
Cristus est} mori lucntm; ansí me parece puede
decir aquí el alma, porque es adonde la mari-
posillaque hemos dicho, muere, y con grandí- 5
simo gozo, porque su vida es ya Cristo. esto Y
se entiende mejor cuando anda el tiempo, por
los efetos, porque se entiende claro, por unas
secretas aspiraciones, ser Dios el que da vida
a nuestra alma, muy muchas veces tan vivas, 10
que en ninguna manera se puede dudar, por-
que las siente muy bien el alma, anque no se
saben decir; mas que es tanto este sentimiento
que producen algunas veces unas palabras re-
galadas, que parece no se puede excusar de 15
decir : ¡ Oh
vida de mi vida y sustento que me
sustentas!, y cosas de esta manera; porque de
aquellos pechos divinos, adonde parece está
Dios siempre sustentando el alma, salen unos
rayos de leche, que toda la gente del Castillo 20
" Porque mi vivir es odo para servir a] Cristo y
3 ;
el morir [también, y adem ] es una ganancia mía [pues
me lleva a Él.] " Epíst. dt San Pablo a los Filipenses,
I, 21.
El alma en este estado de unión "no sabe de sí;
20
mas no está tan fuera de sí que no entienda algo de lo
que pasa; mas cuando este Esposo riquísimo la quiere
enriquecer y regalar más, conviértela tanto en Sí que,
como una persona que el gran placer y contento la des-
maya, le parece se queda suspendida en aquellos divi-
nos brazos y arrimada a aquel sagrado costado y aque-
20
286 MORADAS SÉPTIMAS
conforta, que parece quiere el Señor que gocen
de alguna manera de lo mucho que goza el
alma, y que de aquel río caudaloso, adonde se
consumió esta fuentecita pequeña, salga algu-
s ñas veces algún golpe de aquel agua para sus-
tentar los que en lo corporal han de servir a
estos dos desposados. Y ansí como sentiría
esta agua una persona que está descuidada, si
la bañasen de presto en ella, y no lo podía de-
to jar de sentir, de la mesma manera, y an con
más certidumbre, se entienden estas operacio-
nes que digo; porque ansí como no nos podría
venir un gran golpe de agua, si no tuviese prin-
cipio, como he dicho, ansí se. entiende claro
*5 que hay en lo interior quien arroje estas sae-
tas y dé vida a esta vida, y que hay sol de
donde procede una gran luz, que se envía a las
potencias de lo interior del alma. Ella, como
he dicho, no se muda de aquel centro ni se le
20 pierde la paz; porque el mesmo que la dio a
los Apóstoles cuando estaban juntos se la
puede dar a ella. Heme acordado que esta sa-
lutación del Señor debía ser mucho más de lo
que suena, y el decir a la gloriosa Madalena
2s que se fuese en paz; porque, como las palabras
líospechos divinos; no sabe más de gozar, sustentado
con aquella leche divina que la va criando su Esposo."
Conceptos, IV.
22 V. 111-12, nota.
CAPÍTULO SEGUNDO 287
del Señor son hechas como obras en nosotros,
de tal manera debían hacer la operación en
aquellas almas que estaban ya dispuestas, que
apartase en ellos todo lo que es corpóreo en el
alma y la dejase en puro espíritu para que se
pudiese juntar en esta unión celestial con el es-
píritu increado, que es muy cierto que en va-
ciando nosotros todo lo que es criatura y des-
haciéndonos de ella por amor de Dios, el mesmo
Señor la ha de hinchir de Sí. Y ansí, orando
una vez Jesucristo nuestro Señor por sus Após-
toles, no sé dónde es, dijo que fuesen una cosa
con el Padre y con Él, como Jesucristo nuestro
Señor está en el Padre, y el Padre en Él. ¡No
•sé qué mayor amor puede ser que éste! Y no
dejaremos de entrar aquí todos, porque ansí dijo
su Majestad: "No sólo ruego por ellos, sino
por todos aquellos que han de creer en Mí tam-
bién", y dice: "Yo estoy en ellos." ¡Oh, válame
Dios, qué palabras tan verdaderas, y cómo las
entiende el alma, que en esta oración lo ve por
sí ! j
Y cómo lo entenderíamos todas si no fuese
"...Que todos sean una misma cosa, y que como
14
tú ¡
estás en mí y yo en ti, así sean ellos una
oh Padre !
misma cosa en nosotros..." San Juan, XVII, 21.
18 " Pero no ruego solamente por éstos, sino también
por aquellos que han de creer en mí por medio de su
predicación." San Juan, XVII, 20.
19 "Yo estoy en ellos y tú estás en mí, a fin de que
sean consumados en la unidad..." San Juan, XVII, 23.
288 MORADAS SÉPTIMAS
por nuestra culpa! Pues las palabras de Jesu-
cristo nuestro Rey y Señor no pueden faltar;
mas como faltamos en no disponernos y des-
viarnos de todo lo que puede embarazar esta,
5 luz,no nos vemos en este espejo que contem-
plamos, adonde nuestra imagen está esculpida.
Pues tornando a lo que decíamos, en metiendo
el Señor a el alma en esta Morada suya, que
es el centro de la mesma alma, ansí como di-
o cen que el Cielo impíreo adonde está nuestro
Señor no se mueve como los demás, ansí pa-
rece no hay los movimientos en esta alma, en.
entrando aquí, que suele haber en las potencias
y imaginación, de manera que la perjudiquen
5 ni la quiten su paz. Parece que quiero decir
que en llegando el alma a hacerla Dios esta
merced, está segura de su salvación y de tor-
nar a caer. No digo tal, y en cuantas partes
tratare desta manera, que parece está el alma
o en siguridad, se entienda: mientra la divina.
Majestad la tuviere ansí de su mano, y ella no
le ofendiere; al menos sé cierto que anque se
ve en este estado, y le ha durado años, que no
se tiene por segura, sino que anda con mucho
¡5 más temor que antes en guardarse de cualquier
pequeña ofensa de Dios, y con tan grandes de-
26 Insiste en la inseguridad sobre la propia virtud:
"lo que no se puede sufrir, Señor, es no poder saber
CAPÍTULO SEGUNDO 289
seos de servirle, como se dirá adelante, y con
ordinaria pena y confusión de ver lo poco que
puede hacer y lo mucho a que está obligada,
que no es pequeña cruz, sino harto gran peni-
tencia; porque el hacer penitencia esta alma, »
mientras más grande, le es más deleite. La ver-
dadera penitencia es cuando le quita Dios la
salud para poderla hacer y fuerzas, que, anque
en otra parte he dicho la gran pena que esto
da, es muy mayor aqui, y todo le debe venir r<
de la raíz adonde está plantada, que ansí como
él árbol que está cabe las corrientes de las
aguas, está más fresco y da más fruto, ¿qué
hay que maravillar de deseos que tenga esta
alma, pues el verdadero espíritu de ella está x
hecho uno con agua celestial que dijimos?
el
Pues tornando a lo que decía, no se entienda
Cjue las potencias y sentidos y pasiones están
siempre en esta paz el alma sí, mas en estotras
:
Moradas no deja de haber tiempos de guerra y 2C
de trabajos y fatigas; mas son de manera que
110 se quitade su paz y puesto esto es lo or- :
dinario. Este centro de nuestra alma u este
espíritu es una cosa tan dificultosa de decir y
aii de creer, que pienso, hermanas, por no me 35
cierto que os amo, ni si son acetos mis deseos delante de
vos." Camino, XLII, 1. Estos y otros pasajes recuerda
fray Luis de León en su carta-prólogo citada. V. 108-16, n.
29O MORADAS SÉPTIMAS
saber dar a entender, no os dé alguna tentación
de no creer lo que digo, porque decir que hay-
trabajos y penas y que el alma se está en paz
es cosa dificultosa. Quiéroos poner una com-
3 paración u dos : plega a Dios que sean tales
que diga algo; mas si no lo fuere, yo sé que
digo verdad en lo dicho. Está el Rey en su pa~
lacio, y hay muchas guerras en su reino y
muchas cosas penosas, mas no por eso deja de
30 estarse en su puesto ansí acá, anque en esto-*
:
tras Moradas anden muchas baraúndas y fie-
ras ponzoñosas, y se oye el ruido, naide entra
en aquélla, que la haga quitar de allí; ni las
cosas que oye, anque le dan alguna pena, no
15 es de manera que la alboroten y. quiten la paz;
porque ya vencidas, de suerte
las pasiones están
que han miedo de entrar allí, porque salen más
rendidas. Duélenos todo el cuerpo, mas si la
cabeza está sana, no porque duela el cuerpo
20 dolerá la cabeza. Riéndome estoy de estas com-
paraciones, que no me contentan, mas no sé
otras. Pensá lo que quisiéredes; ello es verdad
lo que he dicho.
4 En el libro Conceptos del amor de Dios, cap. II,
explica la Santa muchas especies de falsa paz, diferentes
de la paz verdadera a que aquí se refiere.
CAPÍTULO TERCERO
Ahora, pues, decimos que esta mariposica
ya murió, con grandísima alegría de haber ha-
llado reposo,y que vive en ella Cristo veamos :
qué vida hace u qué diferencia hay de cuando 5
ella vivía, porque en los efetos veremos si es
verdadero lo que queda dicho. A lo que puedo
entender, son los que diré:
El primero, un olvido de sí, que, verdadera-
mente, parece ya no es, como queda dicho, io
porque toda está de tal manera, que no se co-
noce ni se acuerda que para ella ha de haber
Cielo ni vida ni honra, porque toda está em-
pleada en procurar la de Dios, que parece que
las palabras que le dijo su Majestad hicieron lg
efeto de obra, que fué que mirase por sus co-
sas, que Él miraría por las suyas. Y ansí, de
todo lo que puede suceder no tiene cuidado,
sino un estraño olvido que, como digo, parece
ya no es, ni querría ser en nada, nada, sino es ^
para cuando entiende que puede haber por su
parte algo en que acreciente un punto la gloría
y honra de Dios, que por esto pornia muy de
292 MORADAS SÉPTIMAS
buena gana su vida. No entendáis por esto, hi-
jas, que deja de tener cuenta con comer y dor-
mir, que no le es poco tormento, y hacer todo
lo que está obligada conforme a su estado, que
5 hablamos en cosas interiores, que de obras es-
teriores poco hay que decir, que antes esa es
su pena, ver que es nada lo que ya pueden sus
fuerzas. En
todo lo que puede y entiende que
es servicio de nuestro Señor no lo dejaría de
±» hacer por cosa de la tierra.
Lo segundo, un deseo de padecer grande,
mas no de manera que le inquiete como solía;
porque es en tanto estremo el deseo que queda
en estas almas de que se haga la voluntad de
es Dios en ellas, que todo loque su Majestad hace
tienen por bueno: si quisiere que padezca, en
horabuena si no, no se mata como solía.
;
Tienen también estas almas un gran gozo
cuando son perseguidas, con mucha
interior
m> más paz que lo que queda dicho, y sin nen-
1 Únese alma a Dios, "no por palabras, no por
el
solos deseos, sino puesto por obra de manera que en ;
entendiendo que sirve más a su Esposo en una cosa-..,
no mire provecho ni descanso". Pone el ejemplo de un
Santo que se fué a tierra de moros a trocarse por un
cautivo, "hijo de una viuda que vino a él fatigada".
Conceptos, III.
19 " Cuando tengo persecuciones anda el alma tan
señora, aunque el cuerpo lo siente..., que entonces parece
está el alma en su reino y que lo trae todo debajo de los
pies." Vida, XXXI, 4.
CAPITULO TERCERO 293
guna enemistad con los que las hacen mal u
desean hacer, antes les cobran amor particular,
de manera que ven en algún trabajo, lo
si los
sienten tiernamente, y cualquiera tomarían por
librarlos de él, 3/ encomiéndanlos a Dios muy
de gana, y de las mercedes que les hace su Ma-
jestad holgarían perder porque se las hiciese
a ellos, porque no ofendiesen a nuestro Señor.
Lo que más me espanta de todo es que ya
habéis visto los trabajos y afliciones que han *«
tenido por morirse, por gozar de nuestro Se-
ñor: ahora es tan grande el deseo que tienen
de servirle y que por ellas sea alabado, y de
aprovechar algún alma si pudiesen, que, no sólo
no desean morirse, mas vivir muy muchos 15
años padeciendo grandísimos trabajos, por si
pudiesen que fuese el Señor alabado por ellos,
anque fuese en cosa muy poca. Y si supiesen
cierto que en saliendo el alma del cuerpo ha
de gozar de Dios, no les hace al caso, ni pen- ».
sar en la gloria que tienen los santos : no desean
por entonces verse en ella. Su gloria tienen
puesta en si pudiesen ayudar en algo al Cruci-
ficado, en especial cuando ven que es tan ofen-
16 ¡Dadme, Señor, trabajos; dadme persecuciones...!
Un alma que está entre cruces de trabajos gran remedio
«spera..., y tiene razón de pedir esto, que no ha de ser
siempre gozar sin servir ni trabajar en algo!" Concep-
tos, VII.
294 MORADAS SÉPTIMAS
dido, y los pocos que hay que de veras miren
por su honra, desasidos de todo lo demás. Ver-
dad que algunas veces que se olvida de esto,
es
tornan con ternura los de gozar de Dios y de-
s sear salir de este destierro, en especial viendo
lo poco que le sirve; mas luego torna y mira
en sí mesma con la continuanza que le tiene
consigo, y con aquello se contenta, y ofrece a
su Majestad como una ofrenda,
el querer vivir
(o la más costosa para ella que le puede dar. Te-
mor ninguno tiene de la muerte más que ter-
nía de un suave arrobamiento. El caso es que
el que daba aquellos deseos con tormento tan
ecesivo, da ahora estotros. Sea por siempre
15 bendito y alabado. El fin es. que los deseos de
estas almas no son ya de regalos ni de gustos,
como tienen consigo al mesmo Señor, y su
Majestad es el que ahora vive. Claro está que
su vida no fué sino contino tormento, y ansí
» hace que sea la nuestra, al menos con los de-
seos, que nos lleva como a flacos en lo demás,
arique bien les cabe de su fortaleza cuando ve
que la han menester.
21 Somospor naturaleza. "Mira que dice eí
flacos
buen Jesús en la oración del huerto La carne es en- : —
ferma. —
Y acuérdeseos de aquel tan admirable y lasti-
moso sudor, pues si aquella carne divina y sin pecado
dice su Majestad que es enferma, ¿cómo queremos acá
la nuestra?" Conceptos, III.
CAPÍTULO TERCERO 295
Undesasimiento grande de todo y deseo de
estar siempre u solas u ocupadas en cosa que
sea provecho de algún alma; no sequedades ni
trabajos interiores, con una memoria y
sino
ternura con nuestro Señor, que nunca querría 5
estar sino dándole alabanzas, y cuando se des-
cuida, el mesmo Señor la despierta de la ma-
nera que queda dicho, que se ve clarísimamen-
te que procede aquel impulso, u no sé como le
llame, de lo interior del alma, como se dijo de 1»
los ímpetus. Acá es con gran suavidad, mas ni
procede del pensamiento ni de la memoria, ni
cosa que se pueda entender que el alma hizo
nada de su parte. Esto es tan ordinario y tan-
tas veces, que se ha mirado bien con adverten- 15,
cia: que ansí como un fuego no echa la llama
haciabajo, sino haciarriba, por grande que
quieran encender el fuego, ansí se entiende
acá que este movimiento interior procede del
centro del alma y despierta las potencias. Por 20.
cierto, cuando no hubiera otra cosa de ganan-
cia en este camino de oración, sino entender el
particular cuidado que Dios tiene de comuni-
carse con nosotros y andarnos rogando, que
no parece esto otra cosa que nos estemos con *$.
14 "Ansí parece es este amor suavísimo de nuestro
Dios ; y con gran suavidad, y la con-
se entra en el alma,
tenta y satisface y no puede entender cómo ni por dónde
entra aquel bien." Conceptos, IV.
296 MORADAS SÉPTIMAS
Él, me parece eran bien empleados cuantos
trabajos se pasan por gozar de estos toques de
su amor tan suaves y penetrativos. Esto ha-
bréis, hermanas, espirimentado, porque píen-
os so, en llegando a tener oración de unión, anda
el Señor con este cuidado, si nosotros no nos
descuidamos de guardar sus mandamientos.
Cuando esto os acaeciere, acordaos que es
desta Morada adonde está Dios en
interior,
*° nuestra alma, y alabalde mucho, porque cierto
es suyo aquel recaudo u billete escrito con
tanto amor, y de manera que sólo vos quiere
entendáis aquella letra y lo que por ella os
pide. La diferencia que hay aquí en esta Mo-
5 rada es lo dicho: que casi nunca hay seque-
dad ni alborotos interiores de los que había en
todas las otras a tiempos, sino que está el alma
en quietud casi siempre; el no temer que esta
merced tan subida puede contrahacer el Demo-
ro nio, sino estar en un ser con seguridad que es
Dios, porque, como está dicho, no tienen que
ver aquí los sentidos ni potencias, que se des-
cubrió su Majestad alma y la metió consigo
al
adonde, a mi parecer, no osará entrar el Demo-
*5 nio ni le dejará el Señor, y todas las mercedes
que hace aquí a el alma, como he dicho, son
con ningún ayuda de la mesma alma, sino el
-
10 alabalde; forma antigua de alabadle.
CAPÍTULO TERCERO 297
que ya ella ha hecho de entregarse toda a Dios.
Pasa con tanta quietud y tan sin ruido todo lo-
que el Señor aprovecha aquí a el alma y la en-
seña, que me parece es como en la edificación
del templo de Salomón, adonde no se había de
oír ningún ruido : ansí en este templo de Dios,
en esta Morada suya, sólo Él y el alma se go-
zan con grandísimo silencio. No hay para qué
bullir ni buscar nada el entendimiento, que el
Señor que quiere sosegar aquí, y que
le crió le
por una resquicia pequeña mire lo que pasa,
porque, anque a tiempos se pierde esta vista y
no le dejan mirar, es poquísimo intervalo, por
que, a mi parecer, aquí no se pierden las po
tencias, mas no obran, sino están como espan-
tadas.
Yo lo estoy de ver que en llegando aquí el
alma, todos los arrobamientos se le quitan si
no alguna vez, y ésta no con aquellos arro-
es
bamientos y vuelo de espíritu, y son muy ra-
ras veces,y ésas casi siempre no en público
como antes, que era muy de ordinario, ni le
hacen al caso grandes ocasiones de devoción,
que vea, como antes, que si ven una imagen
devota u oyen un sermón, que casi no era oír-
6 "Se hizo de piedras labradas, sin que durante la
obra de la Casa del Señor se oyese en ella ruido de mar-
tillo ni de hacha ni de ninguna otra herramienta." 3. d*
los Reyes, VI, 7.
298 MORADAS SÉPTIMAS
le, u música, como la pobre mariposilla andaba
tan ansiosa, todo la espantaba y hacia volar.
Ahora, u es que halló su reposo, u que el alma
ha visto tanto en esta Morada, que no se es-
o panta de nada, u que no se halla con aquella
soledad que solia, pues goza de tal compañía.
En fin, hermanas, yo no sé qué sea la causa,
que en comenzando Señor a mostrar lo que
el
hay en esta Morada, y metiendo el alma allí, se
«o les quita esta gran flaqueza que les era harto
trabajo, y antes no se quitó. Quizá es que la ha
fortalecido el Señor y ensanchado y habilitado,
11 puede ser que quería dar a entender en pú-
blico lo que hacía con estas almas en secreto,
«5 por algunos fines que su Majestad sabe, que
sus juicios son sobre todo lo que acá podemos
imaginar.
Estos efetos, con todos los demás que hemos
dicho, que sean buenos en los grados de ora-
-20 ción que quedan dichos, da Dios, cuando llega
el alma a Sí, con este ósculo que pedía la Es-
posa, que yo entiendo aquí se le cumple esta
petición. Aquí se dan las aguas a esta cierva
que va herida en abundancia. Aquí se deleita
22 "Béseme el Señor con el beso de su boca; porque
más valen tus pechos que el vino, que dan de sí fragan-
cia de muy buenos Cantares, I, 1. Los cuatro
olores."
primeros capítulos de los Conceptos del amor de Dios
tienen por asunto la explicación de este versículo.
CAPÍTULO TERCERO 299
en el tabernáculo de Dios. Aquí halla la palo-
ma que envió Noé a ver si era acabada la tem-
pestad, la oliva, por señal que ha hallado tierra
firme dentro en las aguas y tempestades deste
mundo. ¡Oh Jesús! ¡Y quién supiera las mu- 5
chas cosas de la que debe haber
Escritura,
para dar a entender esta paz del alma! Dios
mío, pues veis lo que nos importa, haced que
quieran los cristianos buscarlas, y a los que la
habéis dado, no se la quitéis por vuestra mise- 1°
ricordia, que, en fin, hasta que les deis la ver-
dadera y las adonde no se pueda aca-
llevéis
bar, siempre se ha de vivir con temor. Digo la
verdadera, no porque entienda ésta no lo es,
sino porque se podría tornar la guerra pri- 15
mera si nosotros nos apartásemos de Dios.
Mas ¿qué sentirán estas almas de ver que po-
drían carecer de tan gran bien? Esto les hace
andar más cuidadosas y procurar sacar fuer-
zas de flaqueza, para no dejar cosa que se les -o
puede ofrecer, para más agradar a Dios, por
culpa suya. Mientra más favorecidas de su
Majestad andan, más acobardadas y temero-
4 "Envió también después de él la paloma, para ver
¡si ya se habían acabado las aguas en el suelo de la tierra.
Mas ella volvió a Noé por la tarde, trayendo en el pico
un ramo de olivo con las hojas verdes, por donde cono-
ció Noé que las aguas habían cesado de cubrir la tierra".
Génesis, VIII, 8-1 1.
300 MORADAS SÉPTIMAS
sas de sí, y como en estas grandezas suyas han*
conocido más sus miserias y se les hacen más
graves sus pecados, andan muchas veces que
no osan alzar los ojos, como el Publicano; otras,
5 con deseos de acabar la vida por verse en si-
guridad, anque luego tornan con el amor que
le tienen a querer vivir para servirle, coma
queda dicho, y fian todo lo que les toca de su.
misericordia. Algunas veces las muchas mer-
lo cedes las hacen andar más aniquiladas, que-
temen que, como una nao que va muy dema-
siado de cargada, se va a lo hondo, no les
acaezca ansí. Yo os digo, hermanas, que no
les falta cruz, salvo que no las. inquieta ni hace
l¿ perder la paz, sino pasan de presto, como una
ola, algunas y torna bonanza,
tempestades,
que la presencia que train del Señor les hace
que luego se los olvide todo. Sea por siempre-
bendito y alabado de todas sus criaturas, amén.
4 En tanto que el Fariseo rezaba a Dios recordán-
dole sus méritos y elogiándose a sí mismo, "el Publica-
no, al contrario, puesto allá lejos, ni aun los ojos osaba
levantar al Cielo, sino que se daba golpes de pecho, di-
ciendo : —
Dics mío, ten misericordia de mí, que soy un.
gran pecador." San Mateo, XVIII, 13.
CAPÍTULO CUARTO
No habéis de entender, hermanas, que siem-
pre en un ser están estos e fetos que he dicho
en estas que por eso adonde se me
almas,
acuerda, digo lo ordinario, que algunas veces 5
las deja nuestro Señor en su natural, y no pa-
rece sino que entonces se juntan todas las co-
sas ponzoñosas del arrabal y Moradas de este
Castillo, para vengarse de ellas per el tiempo
que no las pueden haber a las manos. Verdad «>
es que dura poco, un día lo más, u poco más,
y en este gran alboroto, que procede lo ordi-
nario de alguna ocasión, se ve lo que gana el
alma en la buena compañía que está, porque la
da el Señor una gran entereza, para no torcer i S
en nada de su servicio y buenas determinacio-
nes, sino que parece le crecen, ni por un pri-
mer movimiento muy pequeño no + uercea de
esta determinación. Como digo, es pocas vjees,
sino que quiere nuestro Señor que no pierna la 2C .
14 "vi la gran merced que hace Dios a.4juien pone
en compañía de buenos." Vida, II, 4.
ai
302 MORADAS SÉPTIMAS
memoria de su ser, para que siempre esté hu-
milde, lo uno; lo otro, porque entienda más lo
que debe a su Majestad, y la grandeza de la
merced que recibe y le alabe.
s Tampoco os pase por pensamiento que por
tener estas almas tan grandes deseos y deter-
minación de no hacer una imperfeción por cosa
de la tierra, dejan de hacer muchas, y an pe-
cados. De advertencia no, que las debe el Se-
>• ñor a estas tales dar muy particularayuda para
esto; digo pecados veniales, que de los morta-
les, que ellas entiendan, están libres, anque no
siguras; que ternán algunos que no entienden,
que no pequeño tormento. También se
les será
«s les da las almas que ven que se pierden, y an-
que en alguna manera tienen gran esperanza
que no serán de ellas, cuando se acuerdan da
algunos que dice la Escritura que parecía eran
favorecidos del Señor, como un Salomón, que
*o tanto comunicó con su Majestad, no pueden
dejar de temer, como tengo dicho. Y la que se
viere de vosotras con mayor seguridad en sí,
esa tema más, porque "bienaventurado el va-
rón que teme a Dios", dice David. Su Majestad
>5 nos ampare siempre : suplicárselo, para que no
13 anque no siguras; nuevo dato sobre lo de la cer-
tidumbre de la propia virtud'. V. to^-t6, nota.
24 Salmo CVI, 1. Recuérdese la glosa de este ver-
sículo en Moradas, III, cap. 1, págs. 43-6 y siguientes.
CAPITULO CUARTO 303
le ofendamos; es la mayor seguridad que pode-
mos tener. Sea por siempre alabado, amén.
Bien será, hermanas, deciros qué es el fin
para que hace el Señor tantas mercedes en este
mundo. Anque en los efetos de ellas los habréis 5
entendido, si advertistes en ello, os lo quiero
tornar a decir aquí, porque no piense alguna
que es para sólo regalar estas almas, que sería
grande yerro: que no nos puede su Majestad
hacerle mayor que es darnos vida que sea iiiii- *<>
tando a la que vivió su Hijo tan amado, y ansí
tengo yo por cierto, que son estas mercedes
para fortalecer nuestra flaqueza, como aquí he
dicho alguna vez, para poderle imitar en el
mucho padecer. is
Siempre hemos visto que los que más cerca-
nos anduvieron a Cristo nuestro Señor fueron
los de mayores trabajos : miremos los que pasó
su gloriosa Madre y los gloriosos Apóstoles.
¿Cómo pensáis que pudiera sufrir san Pablo 20
tan grandísimos trabajos? Por él podemos ver
c¡ué efetos hacen
verdaderas visiones y con-
las
templación cuando es de nuestro Señor, y no
imaginación u engaño del Demonio. ¿Por ven-
tura ascondióse con ellas para gozar de aque- 25
líos regalos y no entender en otra cosa? Ya lo
26 "es más gusto estarse descansando el cuerpo sin
trabajar y repalada el alma", pero es mejor trabajar en
favor del prójimo. Fund., V.
304 MORADAS SÉPTIMAS
veis, que no tuvo día de descanso, a lo que po-
demos y tampoco le debía de tener
entender,
de noche, pues en ella ganaba lo que había de
comer. Gusto yo mucho de san Pedro cuando
s iba huyendo de la cárcel y le apareció nuestro
Señor, y le dijo que iba a Roma a ser crucifi-
cado otra vez. Nenguna rezamos esta fiesta
adonde esto está que no me es particular con-
suelo; ¿cómo quedó san Pedro de esta merced
30 del Señor u qué hizo? Irse luego a la muerte,
y no es poca misericordia del Señor hallar quien
se la Oh, hermanas mías, qué olvidado debe
dé ! ¡
tener su descanso, y qué poco se le debe de dar
de honras, y qué fuera debe estar de querer .
'5 ser tenida en nada el alma adonde está el Se-
ñor tan particularmente! Porque si ella está
mucho con Él, como es razón, poco se debe
acordar de sí ; toda la memoria se le va en cómo
más contentarle y en qué u por dónde mostrará
90 el amor que le tiene. Para esto es la oración,
hijas mías; de esto sirve este matrimonio espi-
ritual: de que nazcan siempre obras, obras.
4 "Porque bien os acordaréis, hermanos, de nues-
tros trabajos y fatigas, como trabajando de día y de no-
che a trueque de no gravar a nadie, predicamos ahí el
1 ""lio de Dios." Epíst. de San Pablo a los Tésalo-
n .es, TI, 9.
22 Las almas buenas, como saben el amor que el
Señor tiene a sus criaturas, "gustan de dejar su sabor y
bien, por contentarle en servirlas." Conceptos, VII.
CAPÍTULO CUARTO 305
Esta es verdadera muestra de ser cosa y
la
merced hecha de Dios, como ya os he dicho;
porque poco me aprovecha estarme muy reco-
gida a solas, haciendo atos con nuestro Señor,
propuniendo y prometiendo de hacer maravi- s
lias por su servicio, si en saliendo de allí, que
se ofrece la ocasión, lohago todo al revés. Mal
dije que aprovechará poco, que todo lo que se
está con Dios aprovecha mucho, y estas deter-
minaciones, anque seamos flacos en no las cum- *°
phr después, alguna vez nos dará su Majestad
cómo lo hagamos, y an quizá, anque nos pese,
mucho hace muchas veces, que como ve un alma
muy cobarde, dale un muy gran trabajo bien
contra su voluntad y sácala con ganancia, y i*
después, como esto entiende el alma, queda
más perdido el miedo para ofrecerse más a Él.
Quise decir que es poco, en comparación de lo
mucho más que es que conformen las obras
con los atos y palabras, y que la que no pu- *>
diere por junto, sea poco a poco vaya doblando:
su voluntad si quiere que le aproveche la ora-
ción, que dentro de estos rincones no faltarán
7 "Mujeres eran otras y han hecho cosas heroicas
por amor de Vos yo no soy para más de parlar, y ansí
:
ro queréis Vos, Dios mío, ponerme en obras...; ordenad
luego modos como haga algo por Vos..., no queráis que
vaya delante de Vos tan vacías las manos, pues confor-
me a las obras se ha de dar el premio." Vida, XXI.
306 MORADAS SÉPTIMAS
hartas ocasiones en que lo podáis hacer. Mira
que importa esto mucho más que yo os sabré
encarecer. Pone Crucificado y
los ojos en el
haráseos todo poco. Si su Majestad nos mostró
s el amor con tan espantables obras y tormentos,
¿cómo queréis contentarle con sólo palabras?
¿Sabéis qué es ser espirituales de veras? Ha-
cerse esclavos de Dios, a quien, señalados con
su hierro, que es el de la f, porque ya ellos le
jo han dado su libertad, los pueda vender por
esclavos de todo el mundo, como Él lo fué, que
no les hace ningún agravio ni pequeña merced,
y si a esto no se determinan, no hayan mieda
que aprovechen mucho, porque todo este edifi-
15 ció, como he dicho, es su cimiento humildad,
y no hay ésta muy de veras, an por vuestra
si
bien, no querrá el Señor subirle muy alto, por-
que no dé todo en el suelo. Ansí que, herma-
nas, para que lleve buenos cimientos, procura
30 ser la menor de todas, y esclava suya, mirando
cómo u por dónde las podéis hacer placer y
servir, pues lo que hicierdes en este caso, ha-
9Refiérese al hierro con que se marcaba en el ros-
tro a los esclavos. "Fuera darme vida, fuera Comprar —
—
un esclavo en mí. Hazme tanto bien y sella Mi ros- —
tro." Calderón, Hombre pobre, todo es trazas. I, vn. La
marca solía consistir en una 5 cruzada por un clavo,
"que es cifra de la voz esclavo". Dice. Acad. "Poner una
—
S y un clavo Hoy a los dos y vendernos." Alcalde de-
Zalamea, III, viii. Véase 11-12, nota.
CAPÍTULO CUARTO 2>°7
céis más por vos que por ellas, puniendo pie-
dras tan firmes que no se os caya el Castillo.
Torno a decir que para esto es menester no
poner vuestro fundamento sólo en rezar y con-
templar, porque si no procuráis virtudes y hay 5
ejercicio de ellas, siempre os quedaréis enanas,
y an plega a Dios que sea sólo no crecer, por-
que ya sabéis que quien no crece, descrece por- ;
que el amor tengo por imposible contentarse
de estar en un ser adonde le hay. 10
Pareceros ha que hablo con los que comien-
zan, y que después pueden ya descansar: ya os
he dicho que el sosiego que tienen estas almas
en lo interior es para tenerle muy menos ni que-
rer tenerle en lo esterior. ¿ Para qué pensáis que *s
son aquellas inspiraciones que he dicho, u por
mejor decir, aspiraciones, y aquellos recaudos
que envía el alma del centro interior a la gente
de arriba del Castillo y a las Moradas que están
fuera de donde ella está ? ¿ Es para que se echen 20
a dormir ? No, no, no que más guerra les hace
¡ !,
6 Conócese desde lejos entre los que comienzan ca-
mino de perfección a "los que lo son de palabras o los
que ya estas palabras han confirmado con obras, porque
[se] tiene entendido el poco provecho de los unos y el
mucho de los otros". Vida, XXI.
21 "Acuerdóme... de aquella santa Samantana...
cuan bien había comprendido en su corazón las pala-
bras del Señor, pues deja al mesmo Señor, porque ganen
y se aprovechen los de su pueblo..., y en pago de esta
gran caridad, mereció ser creída." Conceptos, VIL
308 MORADAS SÉPTIMAS
desde allí, para que no estén ociosas las poten-
cias y sentidos y todo lo corporal, que les ha
hecho cuando andaba con ellos padeciendo, por-
que entonces no entendía la ganancia tan gran-
s de que son los trabajos, que, por ventura, han
sido medios para traerla Dios allí, como la com-
pañía que tiene le da fuerzas muy mayores que
nunca. Porque si acá dice David que con los
santos seremos santos, no hay que dudar sino
so que estando hecha una cosa con el fuerte, por
la unión tan soberana de espíritu con espíritu,
se le ha de pegar fortaleza, y ansí veremos la
que han tenido los santos para padecer y morir.
Es muy cierto, que an de la que. a ella allí se le
'5 pega, acude a todos los que están en el Castillo,
y an al mesmo cuerpo, que parece muchas ve-
ces no siente, sino, esforzado con el esfuerzo que
tiene el alma bebiendo del vino de esta bodega,
adonde la ha traído su Esposo, y no la deja sa-
ao lir, redunda en el flaco cuerpo, como acá el
manjar que se pone en el estómago da fuerza a
la cabeza y a todo él. Y ansí tiene harta mala
ventura mientras vive, porque, por mucho que
haga, es mucho más la fuerza interior y la gue-
9 Salmo XVII,
26. V. 35-6.
El vino, en el Cantar de los Cantares, es símbolo
18
de amor. Torres Amat, Cantares, II, nota 4.
20 Cantares, II, 4. V. págs. 110-22 y 121-29.
CAPITULO CUARTO 309
rra que se le da, que todo le parece nonada. De
aquí debían venir las grandes penitencias que
hicieron muchos santos, en especial la gloriosa
Mad aleña, criada siempre en tanto regalo, y
aquella hambre que ttivo nuestro padre Elias s
de honra de su Dios, y tuvo santo Domingo
la
y san Francisco de allegar almas, para que
fuese alabado, que yo os digo que no debían
pasar poco, olvidados de mesmos, Esto quiero
sí
yo, mis hermanas, que procuremos alcanzar, y 10
no para gozar, sino para tener estas fuerzas para
servir, deseemos y nos ocupemos en la oración.
No queramos ir por camino no andado, que nos
perderemos al mejor tiempo, y sería bien nuevo
pensar tener estas mercedes de Dios por otro 15
que el que Él fué y han ido todos sus santos.
No nos pase por pensamiento créeme, que :
Marta y María han de andar juntas para hospe-
4 La vida de la Magdalena es una de las enseñanzas
que laSanta recuerda con mayor predilección. Vida, IX,
XII; Camino, XXXIV, etc.
5 "dirigiéndole el Señor la palabra, le dijo: "¿Qué
"haces ahí, Elias?" A lo que respondió él: "Me abraso
"de celo por Ti, oh Señor Dios de los ejércitos." Li-
bro III de los Reyes, XIX, 9, ro.
18 " [El Señor] entró en cierta aldea donde una mu-
jer, por nombre Marta, le hospedó en su casa: tenía ésta
una hermana llamada María, la cual, sentada también
a los pies del Señor, estaba escuchando su palabra." San
Mateo, X, 38-39. Marta atendía a lo material María, a lo
;
espiritual: "Marta y María han de andar juntas." Cami-
no, LIII. "Es poca humildad en el alma querer ser María
antes que haya trabajado con Marta." Vida, XXII, 5.
310 MORADAS SÉPTIMAS
dar al Señor y tenerle siempre consigo, y no
le hacer mal hospedaje no le dando de comer.
¿Cómo se lo diera María, sentada siempre a los
pies, si su hermana no le ayudara? Su manjar
s es que de todas las maneras que pudiéremos
lleguemos almas, para que se salven y siempre
le alaben.
Decirme heis dos cosas: la una, que dijo que
María había escogido la mejor parte, y es que
io ya había hecho el oficio de Marta, regalando a
el Señor en lavarle los pies y limpiarlos con sus
cabellos. ¿Y pensáis que le sería poca mortifica-
ción a una señora como ella era irse por esas
calles, y por ventura, sola, porque no llevaba
*5 hervor para entender cómo iba, y entrara
donde nunca había entrado, y después sufrir la
mormuración del Fariseo, y otras muy muchas
que debía sufrir? Porque ver en el pueblo una
mujer como ella hacer tanta mudanza, y como
—- - .
- i
- — — .i. .. .i i
.—^
9 [Dijo Jesús:] "Marta, Marta, tú te afanas y acon-
gojas en muchísimas cosas, y a la verdad que una sola-
cosa es necesaria. María ha escogido la mejor suerte, de
que jamás será privada." San Mateo, X, 41 y 42.
13 "Cuando he aquí que una mujer de la ciudad que
era de mala conducta, luego que supo que se había
puesto a la mesa en casa del Fariseo, trajo un vaso de
alabastro lleno de bálsamo, y arrimándose por detrás a
sus pies, comenzó a bañárselos con sus lágrimas y los
limpiaba con los cabellos de su cabeza y los besaba y de-
rramaba sobre ellos el perfume." San Lucas, VIII, 37-38.
15 hervor = interés, entusiasmo.
CAPITULO CUARTO 3II
sabemos, entre tan mala gente, que bastaba ver
que tenía amistad con el Señor, a quien ellos
tenían tan aborrecido, para traer a la memoria
la vida que había hecho, y que se quería ahora
hacer santa, porque está claro que luego muda- s-
y todo lo demás, pues ahora se dice
ría vestido
a personas que no son tan nombradas, ¿qué
sería entonces? Yo os digo, hermanas, que ve-
nía la mejor parte sobre hartos trabajos y mor-
tificación, que, anque no fuera sino ver a su «>
Maestro tan aborrecido, era intolerable trabajo,
jPues los muchos que después pasó en la muerte
del Señor! Tengo para mí que no haber re-
el
cibido martirio fué por haberle pasado en ver
morir al Señor, y en los años que vivió, en *s
verse ausente de Él, que sería de terrible tor-
mento, se verá que no estaba siempre con re-
galo de contemplación a los pies del Señor. La
otra, que no podéis vosotras, ni tenéis c*omo
allegar almas a Dios, que lo haríades de buena 2*
gana, mas que no habiendo de enseñar ni pre-
dicar, como hacían los Apóstoles, que no sabéis
cómo. A esto he respondido por escrito algunas
veces, y an no sé si en este Castillo; mas por-
18 "No es el largo tiempo el que aprovecha el alma
en la oración, que cuando lo emplea también en obras
gran ayuda es para que en muy poco espacio tenga me-
jor disposición para encender el amor, que en muchas
horas de consideración." Funá., V.
312 MORADAS SÉPTIMAS
>
c
que es cosa que creo os pasa por pensamiento,
con los deseos que os da el Señor, no dejaré de
decirlo aquí. Ya os dije en otra parte que al-
gunas veces nos pone el Demonio deseos gran-
s des porque no echemos mano de lo que tene-
mos a mano, para servir a nuestro Señor en
cosas posibles, y quedemos contentas por haber
deseado las imposibles. Dejado que en la ora-
ción ayudaréis mucho, no queráis aprovechar a
*<> todo mundo, sino a las que están en vuestra
el
compañía, y ansí será mayor la obra, porque es-
táis a ellas más obligadas. ¿Pensáis que es poca
ganancia que sea vuestra humildad tan grande
y mortificación, y el servir a todas, y una gran
r5 caridad con ellas, y un amor del Señor, que ese
fuego encienda a todas, y con las demás vir-
las
tudes siempre las andéis despertando? No sería
sino mucha, y muy agradable servicio al Señor.
y con esto que ponéis por obra, que podéis, en-
*> tenderá su Majestad que haríades mucho más,
y ansí os dará premio, como si le ganásedes mu-
chas. Diréis que esto no es convertir, porque
todas son buenas. ¿Quién os mete en eso?
Mientra fueren mejores, más agradables serán
a5 sus alabanzas al Señor y más aprovechará su
oración a los prójimos. En fin, hermanas mías,
con lo que concluyo es que no hagamos torres
sin fundamento, que el Señor no mira tanto la
grandeza de las obras como el amor con que se
CAPITULO CUARTO 313
hacen, y como hagamos lo quo pudiéremos,
hará su Majestad que vamos pudiendo cada día
más y más, como no nos cansemos luego, sino
que poco que dura esta vida, y quizá será
lo
más poco de lo que cada uno piensa, interior y s
esteriormente ofrezcamos a el Señor el sacrifi-
cio que pudiéremos, que su Majestad le juntará
con el que hizo en la cruz por nosotros al Pa-
dre, para que tenga el valor que nuestra volun-
tad hubiere merecido, anque sean pequeñas las «>
obras. Plega a su Majestad, hermanas y hijas
mías, que nos veamos todas adonde siempre le
alabemos, y me dé gracia para que yo obre algo
de lo que os digo, por los méritos de su Hijo,
que vive y reina por siempre jamás, amén; que *s
yo os digo que es harta confusión mía, y ansí
os pido por el mesmo Señor que no olvidéis en
vuestras oraciones esta pobre miserable.
2 vamos, por vayamos, como vais, por vayáis, 7-9;
218-11; hay por haya, 235-29.
18 A continuación de esto, en una página que había
quedado en blanco, escribió el padre Rodrigo Alvarez su
aprobación del espíritu de este libro, 22 de febrero de
1582. El manuscrito de Las Moradas estaba ya entonces
en poder de las Descalzas de Sevilla, que aún lo poseen.
COxNCLüSÍON
JHS
Anque cuando comencé a escribir esto que
aquí va, fué con la contradición que al principio
digo, después de acabado me ha dado mucho
contento, y doy por bien empleado el trabajo,
anque confieso que ha sido harto poco. Y con-
siderando el mucho encerramiento y pocas co-
sas de entretenimiento que tenéis, mis herma-
nas, y no casas tan bastantes como conviene,
en algunos monesterios de los vuestros, me pa-
rece os será consuelo deleitaros en este Castillo
interior, pues sin licencia de los superiores po-
déis entraros y pasearos por él a cualquier hora.
**5
Verdad es que no en todas las Moradas podréis
entrar por vuestras fuerzas, anque os parezca
las tenéis grandes, si no os mete el mesmo Se-
ñor del Castillo; por eso os aviso que ninguna
4 La contradicción o contrariedad de sus enferme-
dades y ocupaciones. V. pág. 1-7.
CONCLUSIÓN 315
fuerza pongáis, si hallardes resistencia alguna,
porque le enojaréis de manera que nunca os
deje entrar en ellas.
Es muy amigo de humildad. Con teneros por
tales que no merecéis an entrar en las Terceras, s
'
le ganaréis más presto la voluntad para llegar
a las Quintas, y de tal manera le podéis servir
•desde allí, acontinuando a ir muchas veces a
ellas, que os meta en la mesma Morada que
tiene para Sí, de donde no salgáis más, si no «•
fuerdes llamadas de la priora, cuya volutad
quiere tanto este gran Señor que cumpláis
como la suya mesma. Y anque mucho estéis
fuera por su mandado, siempre cuando tornar-
des, os terna la puerta abierta. Una vez mos- *$
tradas a gozar de este Castillo, en todas las co-
sas hallaréis descanso, anque sean de mucho
trabajo, con esperanza de tornar a él, que no os
lo puede quitar naide.
Anque no se trata de más de siete Moradas, —
en cada una de éstas hay muchas, en lo bajo y
alto y a los lados, con lindos jardines y fuentes
y laborintios y cosas tan deleitosas, que desea-
réis deshaceros en alabanzas del gran Dios que
lo crió a su imagen y semejanza. Si algo hallar- 25
des bueno en la orden de daros noticias de Él,
23 laborintios, lal^erintos, encrucijadas.
26 la orden : entiéndase el orden, el concierto y dis-
posición.
31 LAS MORADAS
creé verdaderamente que lo dijo su Majestad
por daros a vosotras contento, y lo malo que
hallardes, es dicho de mí. Por el gran deseo que
tengo de ser alguna parte para ayudaros a ser-
5 vir este mi Dios y Señor, os pido que, en mi
nombre, cada vez que leyerdes aquí, alabéis
mucho a su Majestad y le pidáis el aumento
de su y luz para los luteranos, y para
Ilesia
mí que me perdone mis pecados y me saque
« de Purgatorio, que allá estaré quizá por la mi-
sericordia de Dios, cuando esto se os diere a
leer, si estuviere para que se vea, después de
visto de letrados ; y si algo tuviere de error, es
por más no lo entender, que en todo me sujeto
15 a lo que tiene la santa Ilesia Católica Romana,
que en ésta vivo y protesto y prometo vivir y
morir. Sea Dios nuestro Señor por siempre ala-
bado y bendito. Amén, amén.
Acabóse esto de escribir en el monesterio de
ao San Josef de Avila, año de mil y quinientos y
setenta y siete, víspera de san Andrés, para glo-
ria de Dios, que vive y reina por siempre ja-
más, amén.
20 El monasterio de San José de Avila fué fundado
por la Santa en 1562; fué su primera fundación, la cual
se halla reía "garriente en el Libro de su Vida,
capítulo XXX: I y siguientes.
APÉNDICE
Observaciones sobre la lectura del texto. Las ci-
fras iniciales indican la páginay linea del presente
libro, a que corresponde cada observación.
1-12. anque. El seyor La Fuente dice: "Es posible
que entonces pronunciaran an, anque; mas en la
duda de si es o no abreviatura, pareció preferible
imprimir aun, aunque, tanto más que seria muy
dura de leer esta palabra tan usual, impresa de
aquel modo, y aun dificultaría, quizá, la inteligen-
cia del texto en algunos casos." Auts. Esps., Lili,
pág. xvii. No hay duda de que la Santa escribía
an, anque (a, cique, en abreviatura véase pág. i, ;
lín. 12, nota) anque se conserva en el habla
;
vulgar; conservamos, pues, esta forma, aun
cuando sea muy dura de leer.
5-2. Capítulo primero. En el original falta a veces
la numeración del capítulo, otras veces se expresa
por números romanos; por ser detalle que afecta
poco al texto, hemos adoptado para todos los casos
esta misma forma en letra que aquí damos.
6-1 1. entendamos ; en el ms., entendamo.
23-2.— allí. En el ms., pág. 22-1, lleva tilde encima,
como si hubiera querido escribir anllí;puede
también ser la tilde ociosa que solía acompañar
en muchos casos a la 11.
26-20. —¡La lectura de varios es dudosa, ms,, pág. 24-
22
31 LAS MORADAS
23 puede defenderse vivos, pero de ningún modo
;
unos, como imprimió el señor La Fuente. Las
ediciones de Orga y Doblado dicen también unos.
29-20. entiendan. Realmente se lee entienda, no en-
Hender, como se imprimió en Auts. Esps., Lili,
439. Añadimos la n de plural por la concordancia
con procuren anterior, y por creer que su falta sólo
obedece a un sencillo olvido de tilde, del mismo
modo que en duren, 190-25 dejan, 202-20 pudie-; ;
sen, 206-2; podían, 216-14; pueden, 218-21; vie-
nen, 260-3, formas plurales que nosotros adopta-
mos en vez de los singulares que el ms. presenta.
El olvido de esta tilde es muy corriente, como es
sabido, en muchos manuscritos.
37-21. recebirá; en el ms., recebrirá, pág. 32-7; más
adelante, 41-1, hemos puesto ¡también subirá, en
vez de subrirá, pág. del ms. 35 son los únicos ;
casos encontrados.
40-9. espirimentadas. Primeramente debió escribirse
espiremientadas ; enmendó la misma Santa.
45-13. si lo perdí; el original dice claramente si so
perdí, pág. 37-9
47-11. an de los pecados veniales se guardan. El
ms., pág. 38-21, dice muy claramente ni an de los
:
pecados, etc., lo cual da a la frase un sentido con-
tradictorio. Las ediciones del siglo xvm leyeron:
y aun de La Fuente prescindió de
los pecados...
la palabra ni. Esto mismo hacemos nosotros.
55~5- Las Moradas; en el ms. pág. 44-3, los Mo-
radas.
65-6. de aquí; en el ms., dequi.
73- 1 -
— es tá lo superior;
en el ms., está superior; pero
entre una palabra y otra hay cambio de página;
a esto atribuímos el olvido de lo, que evidente-
mente exige ei sentido.
APÉNDICE 319
76-2. Vélame Dios; en el ms., pág. 58-3, Veíame
Dios.
89-4. creo lo es; en el ms., creblo es.
91-1. La cuarta; Santa Teresa, distraídamente, es-
cribió: La quinta.
$2-19. — también en
bullicio; ms., pág. 68-14, pullicio;
la misma página del ms., línea 28, donde se lee
habilita, parece que se escribió primeramente ka-
pilita.
97-4. flaquedá; se enmendó después sobreescribiendo
za a da; pero dicha enmienda no parece de mano
de da Santa. En Auts. Esps. se imprimió flaqueza.
104-7. resolgar; ms., pág. 74, resollgar.
106-4. Las trasportara; ms., pág. j6, los trasportara.
Preferimos las, porque este género requieren los
nombres almas o monjas, a quienes parece repre-
sentar. Sin duda es un descuido gráfico, análogo
al de las observaciones, 55-5 y 123-16.
.107-11. no stan declaradas. Sobre las sílabas no tan,
entre la o y la t, se escribe una s; la enmienda
puede ser de la Santa; entendemos, pues, no stan
= no están, porque el sentido queda así más
claro que si se prescinde de dicha s, como se ha
venido haciendo en todas las ediciones.
120-4. guerra. La Santa escribe siempre gerra, y
del mismo modo sigirse, por seguirse, 175-9; 9 xa >
por guía, 219-15, etc.
123-16. sufrirlo; ms., pág. 88, sufrirla.
127-8. regalada; ms., pág. 90, última línea: rrega-
luda.
137-2. —Varias palabras escritas porSanta al mar-
la
gen fueron mutiladas por el encuadernador; las
hemos completado en esta forma: por [que] no ha-
ll[a] su verd[a]dero rep[oso].
139-19. pierde; ms., pág. 98, pielde; hállase también
320 LAS MORADAS
mayol por mayor, 148-16, ms., pág. 104; ciertamen-
te por claramente, 161-13, ms., pág. 113; y, por
el contrario, der Señor en vez de del Señor^
178-29, ms., pág. 125.
140-8. Querámonos mucho; en el ms., .pág. 99, Que-
remen os mecho.
142-11. en el amor; ms., pág. 100, en el aluor o en
el alnor.
142-13. en ello; ms., pág. 100, en ella.
150-18. en especial; en el ms., pág. 106, en especial?
con tilde sobre la primera a.
150-19. parece. En el ms., pág. 106, pa |
ce, en divi-
sión de linea.
153-11. acordar; ms., pág. 108, acardar.
153-19. entendimiento ; ms., pág. 108, estendimiento*.
158-5. sétima; ms., pág. 11 1, setimi.
159-4. vuelo; ms., pág. 112, buerlo.
159-19. a manera de una cometa que pasa de presto,.
o un trueno, aunque no se oye ruido; en el ms..
pág. 112, parece que primeramente se escribió:
a manera de una cometa que pasa de presto o un
relámpago anque no surtan (?) lumbre... Después
se tachó relámpago, sustituyéndole por trueno;
surtan y lumbre fueron también tachadas, de suer-
te que ahora es muy dudosa su lectura. Los edito-
res, sin dar cuenta de esa dificultad, han adoptado
la forma que nosotros en el texto seguimos.
161-18. hiere; ms., pág. 113, y ere.
168-4. hay en estas diferencias; ms., ipág. 118, dice::
hay de en estas, etc.
170-16. entendemos'; ms., pág. 120, antendemos.
173-5. cumplido; ms., pág. 121, cucumplido.
175-6. confesor; ms., ipág. 123, gonfesor.
176-14. segunda. En el ms., pág. 123-24, esta palabra
y las siguientes de la misma enumeración están
APÉNDICE 321
indicadas con números romanos; primera, 176-6
está con letras.
177-9. La quinta; el ms. dice lo v.
"i engañe; ms., pág. 135, se escribió primera-
79- 1.
mente engaña; después se enmendó poniendo ñe
encima, pero olvidando tachar ña.
183-3. toda ella; entre estas dos palabras, el ms., pá-
a
gina 128, linea 1. , presenta unas cuantas letras
indescifrables; parecen decir: sapnor res. I
183-14. entiende; ms., pág. 128, entide.
185-24. Moysen. Escribió la Santa, Y sen: un correc-
tor añadió después las dos primeras letras.
188-10. complesión, en ms., pág. a
el 132, linea 1. ,
compexión, debe obedecer a un sim-
la falta de la l
ple olvido la x es completamente excepcional
;
Santa Teresa escribía siempre complesión, 97-1,
173-27, etc., y del mismo modo esterior, 97-4; es-
piriencia, 104-21, 107-13; esaminar, 106-17, etc.
189-15. duraran; ms., pág. 132, der araran.
194-6. no digo fingidos porque quien los tiene no
quiere engañar, sino porque... el segundo no está ;
añadido al margen, pág. 136 del ms. prescindien- ;
do de él queda el texto más claro.
198-18. afligida; ms., pág. 139, aflida.
201-5. sin al?na; a continuación borró la Santa lo
siguiente : "diralo como he dicho quien pasare por
ello, que si tiene letras terna gran ayuda." ms., pá-
gina 141.
203-3. tercera; ms., pág. 142, en números roma-
nos: III.
206-12. quién es este gran Dios; ms., pág. 145, quies
quen es este, etc.
207-4. alarga; ms., pág. 145; sigue a la última letra
un trazo que pudiera ser una 2, alargas; segura-
mente no es una d.
322 LAS MORADAS
207-5. se le pase; ms., pág. 145, se le pasa.
216-22. como se vieron;, vas., pág. 152, como si vie-
ron.
222-11. tiempo; en el ms., pág. 157, falta una sílaba:
tiemlpo].
231-14. quería; ms., pág. 164, querría.
240-19. esculpida; en el ms., esculpido.
248-15. anque os le dé; en el ms., pág. 176, an os le
dé; pero an es final de página; al pasar a la si-
guiente debió olvidarse que.
249-7. primera; toda la enumeración, menos terce-
ra, está en números romanos; ms., pág. 177.
249-24. mesma; ms., pág. 178, mesme.
257-16. mentira; ms., pág. 183, mentir ar.
264-18. hermanas; ms., pág. 189, emanas; repítese
esta misma forma en 312-26, pág. 224 del ms.
265-10. muy mucho; ms., pág. 189, muy, se lee con
dificultad; por esto, sin duda, falta en otras edi-
ciones.
266-4. oír; ms., pág. 100, oyyr.
278-17. siempre advierte; ms., pág. 197, siempre que
advierte; omitimos que.
282-16. más que si el alma no estuviese; ms., pági-
na 200, más que si es el ma no estuviese.
286-4. salga; ras., pág. 203, salgan.
288-1. palabras; ms., pág. 204, pabras.
288-25. cualquier; ms., pág. 205, culquier.
289-22. esto es lo ordinario, se halla al margen; en
otras ediciones se ha dado mala lectura de este
pasaje por no intercalar dicha frase en el lugar
que le corresponde.
í NDICE
PAGS.
Introducción ••• Vil
Prólogo *
MORADAS PRIMERAS (i)
Cap. I. —En
que trata de la hermosura y dignidad
de nuestras almas; pone una comparación para
entenderse, y dice la ganancia que es enten-
derla y saber las mercedes que recibimos de
Dios, y cómo la puerta deste Castillo es ora-
ción ••• 5
Cap. II. —Trata
de cuan fea cosa es un alma que
está en pecado mortal y cómo quiso Dios dar
a entender algo desto a una persona. Trata
también algo sobre el propio conocimiento.
Es de provecho, porque hay algunos puntos de
notar; dice cómo se han de entender estas Mo-
radas 14
MORADAS SEGUNDAS
Capítulo único. —Trata de lo mucho que importa
la perseverancia para llegar a las postreras Mo-
1 Los siguientes epígrafes son los que fray Luis de
León puso frente de sus respectivos capítulos en la
al
primera edición de Las Moradas, Salamanca, 1588. No
se hallan en el manuscrito de la Santa.
324 ÍNDICE
PAGS.
radas, y la gran guerra que da el Demonio, y
cuánto conviene no errar el camino en el prin-
cipio para acertar da un medio que ha probado
;
ser muy eficaz 29
MORADAS TERCERAS
Cap. I. —Trata de la poca seguridad que podemos
tener mientras se bive en este destierro, aunque
el estado sea subido, y como conviene andar
con temor. Hay algunos buenos puntos 43
Cap. II. — Prosigue en lo mesmo, y trata de las se-
quedades en la oración, y de que podría su-
lo
ceder a su parecer, y como menester probar-
es
nos, y que prueba el Señor a los que están en
estas Moradas 52
MORADAS CUARTAS
Cap. I. —Trata de la diferencia que hay de conten-
tos y ternura en la oración,y de gustos, y dize
el contento que le dio entender que es cosa di-
ferente el pensamiento y el entendimiento es ;
de provecho para quien se divierte mucho en
la oración 65
Cap. II. — Prosigue
en lo mesmo, y declara por una
comparación qué es gusto y cómo se han dé
alcanzar no procurándolos 76
—
Cap. III. En que trava qué es oración de recogi-
miento, que por la mayor parte la da el Señor
antes de la dicha dice sus ef etos y los que
;
quedan de la pasada, que trató de los gustos
que da el Señor 85
MORADAS QUINTAS
Cap. I. — Comienza a tratar cómo en la oración se
uñe alma con Dios; dice en qué
(sic) el se co-
nocerá no ser engaño 101
ÍNDICE 325
PAGS.
—
Cap. II. Prosigue en lo mesmo declara la oración
;
de unión por una comparación delicada; dice
los ef etos con que queda el alma es muy de ;
notar ••• 113
Cap. III. — Continúa la misma materia; dice de otra
manera de unión que puede alcanzar el alma
con el favor de Dios y lo que importa para esto
el amor del prójimo; es de gran provecho 125
—
Cap. JV. Prosigue en lo mesmo, declarando más
esta manera de oración dice lo mucho que im-
;
porta andar con aviso, porque el Demonio le
trae grande para hacer tornar atrás de lo co-
menzado • • •
136
MORADAS SEXTAS
Cap. I. —Trata
como en comenzando el Señor a
hace mayores mercedes, hay más grandes tra-
bajos: dice algunos y cómo se han en ellos los
que están ya en esta Morada es bueno para ;
quien pasa interiores
los 145
—
Cap. II. Trata de algunas maneras con que des-
pierta nuestro Señor a el alma, que parece no
hay en ellas qué temer, aunque es cosa muy su-
bida, y son grandes mercedes 159
—
Cap. III. Trata de la mesma materia y dice de la
manera que habla Dios al alma cuando es ser-
vido,,y avisa cómo se han de haber en esto y
no seguirse por su parecer pone algunas seña-
:
les para que se conozca cuándo no es engaño y
cuándo lo es; es de harto provecho 166
—
Cap. IV. Trata de cuando suspende Dios el alma
en la oración con arrobamiento o éstasi o rapto
que todo es uno a mi parecer, y como es menes-
ter gran ánimo para recibir tan grandes merce-
des de su Majestad 181
326 ÍNDICE
PAOS.
Cap. V. — Prosigue
en lo mismo y pone una ma-
nera de cuándo levanta Dios el alma con un
vuelo del spiritu en diferente manera de lo
que queda dicho; dice alguna causa, porque
es menester ánimo; declara algo desta merced
que hace el Señor por sabrosa manera es harto
:
provechoso 195
—
Cap. VI. En que dice un efeto de la oración que
está dicha en el capítulo pasado, y en qué se en-
tenderá que es verdadera y no engaño. Trata de
otra merced que hace el Señor al alma para em-
plearla en sus alabanzas ••• 204
Cap. VII. —Tratade la manera que es la pena que
sienten de sus pecados las almas a quien Dios
hace las mercedes dichas; dice cuan gran yerro
es no ejercitarse, por muy espirituales que sean,
en traer presente la Humanidad de nuestro Se-
ñor y Salvador Jesu Cristo y su sacratísima pa-
sión y vida, y a su gloriosa Madre y Santos : es
de mucho provecho 215
—
Cap. VIII. Trata de cómo se comunica Dios al
alma por visión intelectual, y da algunos avi-
sos: dice los efetos que hace cuando es verda-
dera, y encarga el secreto de estas mercedes 229
—
Cap. IX. Trata de cómo se comunica el Señor al
alma por visión imaginaria, y avisa mucho se
guarden desear (sic) ir por este camino da para
;
ello razones; es de mucho provecho 237
—
Cap. X. Dice de otras mercedes que hace Dios al
alma por diferente manera que las dichas, y del
gran provecho que queda dellas 253
—
Cap. XI. Trata de unos deseos tan grandes y im-
petuosos que da Dios al alma de gozarle, que
ponen en peligro de perder la vida, y con el pro-
vecho que se queda desta merced que hace el
Señor 259
ÍNDICE 327
PAGS.
MORADAS SÉPTIMAS
Cap. I. —Trata de mercedes
grandes que hace Dios
a almas
las que han llegado a entrar en las sép-
timas Moradas; dice cómo a su parecer hay di-
ferencia alguna del alma al espíritu, aunque es
todo uno; hay cosas de notar 2J't
Cap. II. —
Procede en lo mesmo dice la diferencia
:
que hay de unión spiritual a matrimonio spiri-
tual; decláralo por delicadas comparaciones... 281
Cap. III. — Trata
de los grandes efetos que causa
esta oración dicha es menester prestar atención
:
y acuerdo de que hace, que es cosa admira-
los
ble la diferencia que hay de los pasados 291
—
Cap. IV. Con que acaba, dando a entender lo que
le parece que pretende nuestro Señor en hacer
tan grandes mercedes al alma, y cómo es nece-
sario que anden juntas Marta y María; es muy
provechoso 301
Conclusión 315
Apéndice 319
EDICIONES DE LA LECTURA
PASEO DE RECOLETOS, 25. MADRID
CLASICOS CASTELLANOS
OBRAS PUBLICADAS
SANTA TERESA. —Las Moradas
Prólogo y notas por don To-
:
más Navarro, (Vol. de la Bibl.) (3.a edición.)
i.°
TIRSO DE MOLINA.—Teatro (£/ Vergonzoso en Palacio y El
Burlador de Sevilla.) Prólogo y notas por don Américo Castro.
(Vol. 2. de la Bibl.) (2. a edición.)
—
-GARCILASO. Obras. Prólogo y notas por don Tomás Navarro.
(Vol. 3." de la Bibl.)
—
CERVANTES. Don Quijote de la Mancha. Prólogo y notas
por don Francisco Rodríguez Marín, de la Real Academia Es-
pañola. (Vols. 4. 6.°, 8.°, 10, 13, 16, 19 y 22 de la Bibl.)
— ,
'QUEVEDO. Vida del Buscón. Prólogo y notas por don Amé-
rico Castro. (Vol. 5. de la Bibl.)
TORRES VILLARROEL.— Vida. Prólogo y notas por don Fe-
derico de Onís, (Vol. 7. de la Bibl.)
DUQUE —
DE RIVAS. Romances. Prólogo y notas por don Ci-
priano Rivas Cherif. (Vols. 9. y 12 de la Bibl.)
B.° JUAN DE AVILA. —
Epistolario espiritual. Prólogo y no-
tas por don Vicente G. de Diego. (Vol. 11 de la Bibl.)
ARCIPRESTE DE HITA.— Libro de Buen Amor. Prólogo y
notas por don Julio Cejador. (Vols. 14 y 17 de la Bibl.)
—
GUILLEN DE CASTRO. Las mocedades del Cid. Prólogo y
notas por don Víctor Said Armesto. (Vol. 15 de la Bibl.)
MARQUES —
DE SANTILLANA. Canciones y decires. Prólogo
y notas por don Vicente G. de Diego. (Vol. 18 de la Bibl.)
—
FERNANDO DE ROJAS. La Celestina. Prólogo y notas por don
Julio Cejador. (Vols. 20 y 23 de la Bibl.)
—
VILLEGAS. Eróticas o amatorias. Prólogo y notas por don
Narciso Alonso Cortés. (Vol. 21 de la Bibl.)
POEMA DE MIÓ CID. Prólogo y notas por don Ramón Menén-
dez Pidal, de la Real Academia Española. (Vol. 24 de la Bibl.)
LA VIDA DE LAZARILLO DE TORMES. Prólogo y notas por
don Julio Cejador (Vol. 25 de la Bibl.)
FERNANDO DE HERRERA.—Poesías. Prólogo y notas por don
Vicente García de Diego. (Vol. 26 de la Bibl.)
—
GERVANTES. Novelas ejemplares. {La Gitanilla, Rinconete y
Cortadillo, La Ilustre Fregona, El Licenciado Vidriera, El Ce-
loso extremeño y El Casamiento engañoso.) Prólogo y notas
por don Francisco Rodríguez Marín, de la Real Academia Es*
pañola. (Vols. 27 y 36 de la Bibl.)
FRAY LUIS DE LEÓN.— De los nombres de Cristo. Pró-
logo y notas por don Federico de Onís. (Vols. 28, 33 y 41 de
la Bibl.)
FRAY ANTONIO DE GUEVARA.—Menosprecio de corte y
alabanza de aldea. Prólogo y notas por don M. Martínez de-
Burgos. (Vol. 29 de la Bibl.)
—
NIEREMBERG. Epistolario. Prólogo y notas por don Narci-
so Alonso Cortés. (Vol. 30 de la Bibl.)
—
QUEVEDO. Los sueños. Prólogo y notas por don Julio Ceja-
dor. (Vols. 31 y 34 de la Bibl.)
—
MORETO. Teatro. (El lindo don Diego y El desdén con el
desdén.) Prólogo y notas por don Narciso Alonso Cortés. (Vo-
lumen 32 de la Bibl.) (2. a edición.)
—
ROJAS. Teatro. (Entre bobos anda el juego y Del Rey abajo-
ninguno.) Prólogo y notas por don Federico Ruiz Morcuende.
(Vol. 35 de la Bibl.)
—
RUIZ DE ALARCON. Teatro. (La verdad sospechosa y Las
paredes oyen). Prólogo y notas por don Alfonso Reyes. (Volu-
men 37 de la Bibl.)
LUIS VELEZ DE
GUEVARA.—El Diablo Cojuelo. Prólogo y
notas por don Francisco Rodríguez Mario, de la Real Academia
Española. (Vol. 38 de la Bibl.)
LOPE DE —
VEGA. Teatro. (El remedio en la desdicha y El
mejor alcalde el Rey.) Prólogo y notas por don J. Gómez Oce-
rín y don R. M. Tenreíro. (Vol. 39 de la Bibl.)
—
CAMPOAMOR. Poesías. Prólogo y notas por don Cipriano Ri-
vas Cheriff. (Vol. 40 de la Bibl.)
CASTILLO SOLORZANO. — La Garduña de Sevilla y Anzuelo,
de las bolsas. Prólogo y notas por don Federico Ruiz Mor-
cuende. (Vol. 42 de la Bibl.)
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CIENCIA Y EDUCACIÓN
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gel Sánchez Rivero. Precio 7 pesetas rústica. :
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.
mingo BaRnés. Precio 3 pesetas rústica.
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DAVIDSON. La educación griega. Traducción del inglés por Juan.
Uña. Precio 4 pesetas rústica.
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H. WEIMER. Historia de la Pedagogía. Traducción del alemán
por Gloria Giner de Ríos. Precio 3 pesetas rústica. :
P. NATORP. Curso de Pedagogía general. Traducción del alemán?
por María de Maeztu. Precio 2,50 pesetas rústica. :
R. ALTAMIRA. Filosofía de la Historia y Teoría de la civiliza-
ción. Precio: 2,50 pesetas rústica (2.a edición).
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otros. Derecho usual. Precio: 10 pesetas rústica.
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cial.Traducción del alemán, por Luís Zulueta. Precio: i.
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tomo 8 pesetas. 2.0 tomo. Precio 5 pesetas rústica. (2. edición.),
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BRACKENBURY. La Enseñanza de la Gramática. Traducción del
a
inglés por Alicia Pestaña. Precio : 3 pesetas rústica. (2. edi-
ción.)
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(monografías). Traducción y prólogo por Ángel Regó. Precio
3 pesetas rústica. (2.a edición.)
LAVISSE, MONOD, ALTAMIRA y COSSIO. La Enseñanza de
la Historia (monografías). Traducción por DoMinGO Barnés.
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:
EDMUNDO LOZANO. La Enseñanza de las Ciencias físicas y
naturales. Precio 3 pesetas rústica, (2.a edición.) :
COMPAYRE. Pestalozzi y la educación elemental. Traducción
por Ángel Regó. Precio 2 pesetas rústica. :
ZULUETA. El ideal en la educación. Precio: 5 pesetas rústica.
MONROE. Historia de la Pedagogía. (I Antigua y Media.) Trad.
por María de Maeztu. Precio 7 pesetas rústica. :
COMPAYRE. Herbert Spencer. Traducción por Domingo Bar-
nés. Precio 2 pesetas rústica. :
PESTALOZZI. Cómo enseña Gertrudis a sus hijos. Traducción
Lorenzo Luzuriaga. Precio 5 pesetas rústica.
del alemán por :
HERBART. Pedagogía general y Escritos pedagógicos. Traduc-
ción del alemán por Lorenzo Luzuriaga, y prólogo de José
Ortega Gasset. Precio: 5 pesetas rústica.
JULIÁN BESTEIRO. Los juicios sintéticos "a priori" según
Kant. Precio : i peseta rústica.
LUIS DE ZULUETA. El maestro. Precio: 1 peseta rústica.
PESTALOZZI. El Método. Traducción del alemán por Loren-
Luzuriaga. Precio
zo 1 peseta rústica. :
MILTON De Educación. Traducción del inglés por Natalia Cos-
.
sío. Precio: 1 peseta rústica.
VIVES. Tratado del alma. Traducción por José Ontañón. Pre-
cio : 5 pesetas rústica.
MONTAIGNE. Ensayos pedagógicos. Traducción, prólogo y no-
por Luis de Zulueta. Precio: 5 pesetas rústica.
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Rubio. Precio 7 peseras rústica. :
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enseñanza. Precio: 1 peseta.
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miento contemporáneo en la filosofía de la historia. Agotado.
CASTILLEJO. La Educación en Inglaterra. Precio 12 pesetas :
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vé. Precio : 3 pesetas rústica.
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D. B ARNÉS. Ensayos de Filosofía y Pedagogía. Precio: 6 pese-
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Domingo Barnés. Precio 5 pesetas rústica.
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COMPAYRE. Herbart y la educación por la instrucción. Traduc-
ción y bibliografía de Domingo Barnés. Precio 2 pesetas rústica. :
BINET SIMÓN. Tests para el examen de la inteligencia. I. Escala
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tado a manera de cuento por Ramón M. a Tenreiro, ilus-
trado por F. Marco. Precio : / peseta.
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do Bazán, ilustrado por A.
Vivanco. Precio i peseta.
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:
ilustrado por Fernando Marco. Agotado.
FÁBULAS LITERARIAS.—-Por Tomás de Iriarte, ilustradas por
P. Muguruza. Precio i peseta. :
EL CALIFA CIGÜEÑA y otros cuentos, de W. Hauff, narrados
por R. M.. Tenreiro, ilustraciones de P. Muguruza. Precio :
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EL CONDE LUCANOR. — Adaptado para los niños por Ramón
M. Tenreiro, ilustrado por A. Vivanco.
LA VIDA ES SUEÑO— Drama de Calderón de la Barca, adap-
tado a manera de cuento por Ramón M. Tenreiro, ilustrado
por Fernando Marco.
HERNÁN CORTÉS Y SUS AZAÑAS, por la Condesa de Par-
do Bazán, ilustrado por Fernando Marco.
—
PLATERO Y YO. Elegía andaluza, por Juan Ramón Jiménez,
ilustrado por Fernando Marco.
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José Francos Rodríguez.
La vicia, cié Oeiiia.l3j a,s
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CUPP
BX2179 .T4 (
3 5002 00110 4046
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Las moradas /
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