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Juicio y Redención Personal

El documento narra la historia de Timothy Bennington después de su muerte. Es juzgado por 4 personas: su madre, a quien lastimó quemando sus álbumes de fotos; su madre, a quien alegró de niño con un poema y una cena; su madre, a quien acompañó antes de morir; y él mismo, cuya vida tomó. A través de estos juicios, Timothy se da cuenta de que no fue tan mala persona y que merece descansar en paz.

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Juicio y Redención Personal

El documento narra la historia de Timothy Bennington después de su muerte. Es juzgado por 4 personas: su madre, a quien lastimó quemando sus álbumes de fotos; su madre, a quien alegró de niño con un poema y una cena; su madre, a quien acompañó antes de morir; y él mismo, cuya vida tomó. A través de estos juicios, Timothy se da cuenta de que no fue tan mala persona y que merece descansar en paz.

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El Juicio

En una habitación más oscura que la misma noche, carente de estrellas, estaba flotando. Era una especie
de vacío entre la nada y el todo, el tipo de solitario más allá que siempre imaginé que sería apropiado para
mí. No merecía nada más.

Estuve así por... ¿cómo decirlo? Por siempre, pero no para siempre. No envejecí, ni me moví, ni siquiera
sentí que el tiempo avanzase de forma típica, y sin embargo sabía que había pasado una eternidad cuando
el ángel apareció por primera vez. Contrastaba con el vacío que nos rodeaba, más brillante que el sol, pero
sin embargo no iluminaba nada, como si su brillo fuera devorado por el insondable abismo.

De repente, me encontré de pie en un gran bloque circular de piedra, y tuve la sensación de que volvía a
tener peso y ser.

El ángel abrió sus brazos y me habló no con palabras, sino directamente a mi mente. "Timothy Bennington.
Ahora estás listo para el juicio."

Juicio. Por supuesto que la vida después de la muerte sería algo así como las religiones predecían que
sería. Estaba seguro de que mi vida había sido un mal sabor de boca para Dios. No respondí, sólo miré
fijamente a la nada debajo de mí.

"Tu primer Juez; aquel con el que fuiste más cruel en vida."

Giré la cabeza, mis cejas tejiéndose en una línea. ¿Acaso iba a ser juzgado por personas de mi propia
vida?

*No. No, por favor, sólo envíame al infierno.*

Mis ojos trataron de cerrarse, como cuando se cierra una puerta para evitar una conversación no deseada,
pero algo los mantuvo abiertos. El ángel no había movido un músculo, y aún así, sabía que había sido él.

Un fragmento de luz hizo un pequeño desgarro en el abismo. La oscuridad cedió momentáneamente,


dejando entrever otra baldosa de piedra y una figura sobre ella, antes de envolverlo todo una vez más

Era ella. Y aunque sabía que sería ella, eso no lo hizo más fácil de soportar.

"Oh, Timmy", dijo, con una suave sonrisa en su rostro. "Te he echado tanto de menos".

No pude mirarla a los ojos y aunque busqué palabras, mis labios sólo temblaban, con movimientos errados,
sin poder articular. Baje la mirada hacia la piedra que estaba debajo de ella.

"Mírame, Timothy."

Haciendo un esfuerzo, la miré fijamente.

"Cuando eras un niño, de no más de quince años, quemaste todos mis álbumes de fotos. No sólo aquellos
con las fotos de tu padre, sino también los nuestros: viajes y reuniones familiares, todos los recuerdos que
tuve. Se borraron para siempre, esos últimos recuerdos de nuestros tiempos felices. Lloré todos los días
durante un mes, mientras no estabas en casa. Eran mi alegría, memorias de cuando la vida era simple y
divertida, que en un instante convertiste en cenizas."

No había nada que quisiera más que poder apartar la mirada, cerrar mis ojos, pero no podía; me vi obligado
a ver la tristeza en sus ojos mientras hablaba.

"Esa fue tu acción más cruel... me dolió más que cuando tu padre nos dejó. Él siempre había sido cruel,
pero que tú, la luz de mi vida, quemaras nuestros recuerdos así... me hizo pedazos".
Antes de que pudiera reunir el valor para disculparme, desapareció en la luz. Me sentí enfermo, tan
humanamente asqueado como podía estarlo, pero sabía que no habría ningún alivio. No se puede vomitar
en la otra vida.

El ángel no me ofreció ningún respiro. " Tu segundo juez: aquel con quien fuiste más amable".

Una vez más un destello, y una vez más un retraimiento de la oscuridad. Mis ojos se abrieron de par en
par, parpadeando perplejo mientras trataba de entender.

"No esperabas volver a verme, ¿verdad?" Su sonrisa era amplia y tímida.

"¿Cómo...?"

"Oh, mi tonto muchachito. La mente nos juega malas pasadas muchas veces. Probablemente pensaste
que, como me habías causado un gran dolor en la vida, no había forma de que me trajeras alegría, pero
la vida no es solo en blanco y negro. Es mucho más que eso".

Seguía buscando que decir pero aún así no encontré palabras.

"Fuiste duro, incluso cruel, a veces, pero no siempre fuiste así. Fue el dolor lo que te cambió, e incluso
entonces, no eras una persona cruel. Sólo aquella vez que te desquitaste y todo por no saber como
manejarlo. La vida puede ser tan confusa…”

"Esta es mi historia favorita. Cuando tenías diez años... un pequeño y lindo hombrecito... me escribiste un
poema para un proyecto escolar. Nunca olvidaré las palabras de esa tarjeta: *Para mamá, mi mejor amiga.
Te quiero más que a los ositos de goma o a los macarrones con queso. Me haces más feliz que Racer
cuando se me cae una patata frita y se la come. Feliz cumpleaños a la mejor mami del mundo entero.*
Escribiste eso en una tarjeta decorada con corazones y caritas sonrientes. No lo sabías, pero fue justo
cuando fui diagnosticada y tu padre empezó a mostrar signos de su mal carácter como hombre. Luego,
encima, me preparaste la cena, y quedó fatal, pero me comí cada bocado. Fue la mejor comida que he
tenido.

"Nunca en toda mi vida me sentí tan feliz como en ese momento. Eras un chico tan cariñoso antes de que
todo empezara a ir mal."

No recordaba nada de eso. ¿Realmente había hecho algo para hacerla feliz? ¿Por qué no lo recordaba,
cuando recordaba tan claramente otras cosas terribles que había hecho?

Desapareció nuevamente en la luz mientras yo buscaba una respuesta en mi alma, sin encontrar nada
más que suciedad. El ángel, tan amable como era, no me dejó tomarme ni un momento para entender las
cosas.

"Tu tercer juez: aquel a quien salvaste la vida."

Me quedé helado. ¿Aquel a quien salvé la vida? Nunca había salvado una vida, mas bien todo lo contrario.
Tal vez, tan solo era el procedimiento habitual, y esta vez nadie atravesaría el portal.

Pero, ella estaba de vuelta, su sonrisa era más cálida que el halo sobre su cabeza.

La miré fijamente. "No. No, yo te maté. Esto no tiene sentido, yo no te salvé. ¿Acaso esto es una especie
de broma perversa? ¿Los ángeles le juegan bromas a la gente?"

"Oh, cariño", dijo ella, sacudiendo la cabeza. "Fue por compasión. Además, la enfermedad ya había
acabado conmigo. Permitirme irme en paz de ninguna manera lo convierte en tu culpa. ¿Acaso te has
sentido culpable todo este tiempo?"

Pero no pude encontrar una respuesta y en cambio apreté los dientes.


"Era mi momento de partir. Era tanto el dolor y el sufrimiento que me atormentaban al final de mis días; mi
enfermedad no era culpa tuya. El hecho de que dejaras de lado todo tu dolor y te quedaras conmigo al
final para que no estuviera sola significó más que nada en el mundo. Hiciste lo más valiente que un hijo
puede hacer por su madre, y me salvaste.

Finalmente, encontré las palabras que había estado buscando, ahogadas y reprimidas. "Te quiero, mamá.
Siento mucho no haber sido un buen hijo".

"Shh, cariño. Tu dolor ya casi ha terminado. Te estaré esperando."

Una última vez, se desvaneció.

"Y ahora, tu juez final", dijo el ángel. "Aquel cuya vida tomaste".

Mis uñas se clavaron en mi piel, y respiré profundamente para tratar de contenerme frente al ángel...
aunque, honestamente, ocultar sentimiento probablemente no funciona cuando se está en presencia de
seres divinos.

Porque cuando el portal de luz se abrió, no fue mi madre la que lo atravesó como lo había hecho las tres
veces anteriores. No, fue alguien mucho más familiar, y de alguna manera, más aterrador.

Yo.

Luché para mirar hacia otro lado, más duro de lo que había luchado antes, pero no pude. No había fuerza
en mí, así que simplemente me quedé allí, congelado y sollozando ante mi propio reflejo.

"Esto es probablemente muy difícil para ti", me dijo, frunciendo los labios.

Dejé escapar un graznido en respuesta.

"Siempre has sido demasiado duro contigo mismo, ¿lo sabes? ¿No es hora de que tengas un poco de paz
también?"

"No me lo merezco", susurré.

"Todos lo merecen. El mundo es un lugar complicado y aterrador, y todos conocen su propio dolor. Viviste
una vida consumida por el tuyo, mas un infierno que una penitencia justa por tus errores.

"Has escuchado lo que ella tenía que decirte. La heriste, sí, pero también fuiste la alegría de su vida. Tu
padre se fue porque fue un cobarde y ella estaba enferma, no porque tú no valieras la pena; él era el
problema, y no ninguno de ustedes dos. Tu madre te quería y te sigue queriendo, y no eres un mal hombre
por las cosas que sufriste. Ojalá hubiera podido demostrártelo antes.

"Pero, en fin, estoy divagando. Es hora de descansar, ahora, Tim. Descansa en paz".

Me tendió una mano y dando un paso adelante, le extendí la mía.

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