Modulo 1 TSC1
Modulo 1 TSC1
MODULO 1
Caminos y discusiones
en torno al rol de la universidad pública
“A la estructura material de un país dependiente corresponde una superestructu-
ra cultural destinada a impedir el conocimiento de esa dependencia, para que el
pensamiento de los nativos ignore la naturaleza de su drama y no pueda arbitrar
propias soluciones imposibles mientras no conozca los elementos sobre los que
debe operar y los procedimientos que corresponden, conforme a sus propias cir-
cunstancias de tiempo y lugar.”
Arturo Jauretche,
Los profetas del odio y la yapa, 1967.
Rodrigo Ávila Huidobro - Liliana Elsegood - Ignacio Garaño - Facundo Harguinteguy t 23
1
“Un Estado que no ha desarrollado su propio programa nacional es un Estado
dependiente de los esquemas de las naciones centrales, es un Estado neocolonial.
Un Estado es nacional si logra desarrollar un programa de gobierno políticamente
soberano, no subordinado a los vaivenes y a las ambiciones de las naciones centrales
(...); un estado es nacional si pudo configurar una identidad cultural propia (...), un
Estado es Nacional y Popular si este programa económico, político, social y cultural
es articulado en relación a los intereses de las clases subalternas y expresa los anhe-
los de la comunidad en su totalidad” (2007:19).
Rodrigo Ávila Huidobro - Liliana Elsegood - Ignacio Garaño - Facundo Harguinteguy t 25
2
Dicho concepto alude a la independencia que las universidades deberían tener
26 u Universidad, territorio y transformación social
En una palabra, las élites que deben pensar, y desde luego, gobernar,
y los otros. Aquí el señor Mantovani [quien argumenta sobre los dos
tipos de educación] es fiel a la engañifa que presenta el problema del
gobierno como una cuestión de cultura y no una cuestión de intereses.
Ésa es la técnica: que gobiernen bajo la máscara de la cultura los intereses
antinacionales, excluyendo los intereses sociales y nacionales por falta
de aptitudes técnicas. Así está construida toda la falacia del falso sistema
democrático, presentando el problema del gobierno como un supuesto
técnico y no como la prevalencia de unos u otros intereses, que es lo
fundamental, y al que la técnica presta sólo su concurso, pues estamos
bien o mal gobernados, según el gobierno sirva o no a la colectividad;
mejor si lo hace con eficiencia técnica en caso de servirla y peor si lo hace
con eficiencia para contrariarla (Jauretche, 2010: 59-60).
Rodrigo Ávila Huidobro - Liliana Elsegood - Ignacio Garaño - Facundo Harguinteguy t 31
3
Cabe señalar que en los últimos años, según el ministro de Educación de la Nación,
Prof. Alberto Sileoni, el aumento de la matrícula de estudiantes universitarios fue de
un 14 por ciento (Fuente: [Link]
4
En nuestra Universidad más del 85 por ciento de los estudiantes son primera ge-
neración universitaria, situación que se repite en las universidades del Conurbano
creadas recientemente y con cifras muy similares en las ya existentes.
32 u Universidad, territorio y transformación social
5
[Link]
Rodrigo Ávila Huidobro - Liliana Elsegood - Ignacio Garaño - Facundo Harguinteguy t 37
Diego Giller
tampoco son tantas, ella sobresale, se impone, e incluso más: las or-
ganiza. El pliego petitorio, y acaso toda la lucha del movimiento del
68, está estructurado en torno a esta palabra. Nos referimos, por
supuesto, a la palabra “libertad”.
Para pensar qué implica esta palabra en el 68 mexicano, qui-
zá sea útil retornar sobre un asunto que mencionamos en la
Introducción a este libro. Allí se dijo que la noción de libertad puede
ser pensada al menos de tres maneras distintas. La primera de ellas
es la idea de libertad propuesta por la tradición liberal más clásica:
la libertad negativa, la “libertad de”, esto es, la libertad de los ciu-
dadanos frente a los poderes externos que siempre amenazan con
asfixiarla. La segunda es la idea democrática de libertad, la libertad
positiva, la “libertad para”, es decir, la libertad de los ciudadanos
para intervenir en los asuntos públicos y en los problemas que le
conciernen. Y la tercera, finalmente, es la libertad republicana, la li-
bertad no como atributo individual sino como cosa pública, porque
en el fondo solo puede haber libertad como cosa individual cuando
hay libertad como cosa pública, como res pública. Se dijo, además,
que a diferencia de las libertades liberal y democrática, la libertad
republicana no es una libertad que haya que pensar contra el Estado,
sino, por el contrario, una libertad que solo puede realizarse y garan-
tizarse desde el Estado. Y que estas tres formas de pensar la libertad
no son necesariamente excluyentes, que pueden ser combinables
y que muchas veces hasta resulta saludable que así sea. Pues bien:
es eso lo que ocurrió con la palabra “libertad” en la imaginación es-
tudiantil del 68. Esas tres formas de pensar la libertad aparecieron
alojadas en esa desatendida palabra de ese pequeño texto.
¿Bajo qué forma? ¿De qué modo? La primera de todas es acaso
la más evidente: tal como aparece escrita, “libertad para todos los
presos políticos”, la palabra libertad no pasa de ser una herencia de
la idea liberal de libertad. Se trataría de un reclamo que solo busca
desnudar la ausencia de libertades individuales. Como es notorio,
no hay en esa demanda una labrada disquisición filosófica sobre la
libertad, sino un reclamo bien concreto. Pero si afinamos la mirada
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Diego Giller
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CIENCIA, POLÍTICA Y CIENTIFICISMO
OSCAR VARSAVSKY
Oscar Varsavsky nació en Buenos Aires el 18 de enero de 1920. Cursó sus estudios
universitarios en la Universidad de Buenos Aires donde obtuvo el grado de doctor en
Química de la Facultad de Ciencias Exactas. Su vida científica se inició en 1943, en el
Laboratorio de Investigaciones Radiotécnicas que Philips organizó en Buenos Aires
cuando su sede holandesa fue ocupada por los alemanes y el que desorganizó
desmantelándolo cuando terminó la guerra. De la ciencia aplicada pasó a actividades
teóricas – primero en física cuántica, luego trabajó en diversas ramas de la matemática
pura, como topología, lógica algebraica y análisis funcional hasta 1961.
1
Entre otras cosas, fue miembro –desde 1958 hasta su muerte del CONICET. A partir de
sus tratados (y de los primeros en lengua castellana) sobre la enseñanza de la Matemática
Elemental mostró sus preocupaciones por la enseñanza de las ciencias a niveles no
estrictamente académicos.
Realizó una fuerte crítica a las normas que rigen el desarrollo de las ciencias. Opinaba
que la obsesión por los métodos cuantitativos encubre, en la ilusión de la libertad de
investigación, un mecanismo que garantiza la sujeción del científico a las estrategias de
expansión del capital y las leyes del mercado. Estas ideas fueron su punto de partida para
aspirar a una ciencia realmente más libre de los condicionamientos económicos.
Ha dejado un legado que es arma de lucha para aquel que aspire a la libertad de su
pueblo.
2
CIENCIA, POLÍTICA Y CIENTIFICISMO
OSCAR VARSAVSKY
I. Prefacio
En este pequeño volumen se plantean algunas cuestiones de cierta trascendencia para el
científico sensible a los problemas sociales, y desde un punto de vista poco ortodoxo. En
estos casos es muy necesario apoyar las afirmaciones discutibles con estudios
sistemáticos y con el mayor número posible de referencias y datos, pero aquí sólo se
encontrará una exposición cualitativa, basada en poco más de veinte años de participación
en la comunidad científica −y ‘veinte años no es nada’−, y en apenas dos o tres
incursiones como dilettante en el campo de la Sociología de la Ciencia.
La única excusa que puedo ofrecer es que los especialistas de ese campo no se han
ocupado de estos puntos de vista, y dada la actualidad de los problemas es preferible
enunciarlos a este nivel a esperar un estudio académico que puede demorarse
indefinidamente. Tal vez este planteo contribuya a disminuir esa demora.
Lo antedicho se refiere a las afirmaciones confirmables o refutables de este trabajo, y no
a su componente normativa. Aquí se propone una actividad concreta a los científicos, que
puede ser rechazada o aceptada independientemente de la validez de las consideraciones
generales que esa propuesta me ha sugerido. A mí me ha parecido importante insistir en
que la actividad revolucionaria conduce a un nuevo tipo de ciencia que no es ‘inferior’ a
la ciencia actual, y en que no es obligatorio aceptar los criterios valorativos de ésta, ni
conveniente para la misma Ciencia. Otros preferirán pasar por alto toda esta discusión
metacientífica y ver si hay algo positivo en la propuesta en sí, con las especificaciones
que aquí se dan.
Por el contrario, se notará que falta una justificación seria del rechazo del sistema social
actual y una descripción aunque sea somera del que lo reemplazaría.
Se omite la primera porque este ensayo está dirigido en primer término a aquellos que ya
tienen formadas sus convicciones al respecto. No se trata de hacer prosélitos contra el
sistema sino de discutir qué pueden hacer los ya convencidos. Y se omite la segunda
porque es uno de los principales temas de investigación a desarrollar.
Dado el carácter francamente ideológico del contenido, es oportuno puntualizar que en
toda discusión de este tipo la máxima simplificación que hacerse es considerar cuatro
posiciones básicas:
‘Fosil’ o reaccionaria pura;
‘Totalitaria’, stalinista estereotipada;
‘Reformista’, defensora del sistema actual pero en su forma más moderna y
perfeccionada, admitiendo las críticas ‘razonables’. Desarrollismo.
3
‘Rebelde’ o revolucionaria, intransigente ante los defectos del sistema y ansiosa por
modificarlo a fondo.
Fósiles versus Totalitarios es la alternativa maniquea con que más se nos sugestiona. Es
irreal porque ninguna de ambas puede ya tener vigencia práctica en gran escala, aunque la
tuvieron en ejemplos históricos muy publicitados, y se van todavía algunas malas
imitaciones. La oposición real es entre los Reformistas y Rebeldes.
Los Reformistas se atribuyen como mérito combatir a los Fósiles y Totalitarios, lo cual es
muchas veces cierto. Capitalizan ese mérito en forma de una ‘falacia triangular’, que
consiste en presuponer que no son cuatro sino tres las posiciones posibles −dos extremos
y un justo medio− y por lo tanto quien está contra ellos es Fósil o Totalitario.
Los Rebeldes tienen que luchar contra esa magia del número tres. Les cuesta poco
demostrar que no son Fósiles, pero como enemigos del Reformismo se los acusa de
Totalitarios. Tampoco les es fácil esclarecer su oposición a un sistema que a través del
Reformismo está prometiendo constantemente enmendarse y descargando sus culpas
sobre los fósiles. Esa es la situación que clama a gritos por su Molière.
También cuando se habla de planes y posibilidades se repite otro esquema. Hay una
posición ‘pesimista’y otra ‘utópica’, frente a cuyos extremos existe supuestamente una
sola actitud sensata: la ‘realista’, avalada por la experiencia. Toda ‘innovación’ atrevida
tiene en ese realismo a su mayor enemigo y es desechada por él como utópica.
En esta cuarta posición nos ubicamos al exponer aquí − de manera sin duda muy
esquemática y superficial− algunas opiniones personales sobre la influencia de nuestro
sistema social sobre la ciencia, las características actuales de ésta y el papel científico que
ideológicamente se identifica con aquella cuarta posición.
He tomado como motivación y marco de referencia un fenómeno bastante atípico
ocurrido en nuestro país: la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad
de Buenos Aires, en el período 1955-1966. A esta Facultad estoy ligado, con
interrupciones, desde 1939.
Reorganizada durante los dos años siguientes a la caída de Perón −cuando se tomaron las
principales decisiones sobre su funcionamiento y se formó el núcleo de profesores que le
daría su personalidad− y lanzada luego a toda carrera hasta la caída de Illia, ‘Exactas’ se
convirtió rápidamente en centro de interés, crítica y aplausos dentro y fuera de la
Universidad y del país. En ella se vivió un intenso ensayo de ‘tercera posición’
−reformismo, desarrollismo o como quiera llamársele− que mostró bien a las claras sus
limitaciones ideológicas, y que puede servir de ilustración para casos análogos en
Latinoamérica.
El somero análisis de su evolución que se intenta en el último capítulo, no hace justicia a
todos los factores que allí jugaron, pero valga como primera aproximación. De todos
modos es incidental al objetivo de estas páginas: hacer un llamamiento a todos los
científicos politizados para que liberen del culto a una ciencia adaptada a las necesidades
de este sistema social y dediquen su talento a preparar científicamente su reemplazo por
un sistema nuevo, con una ciencia nueva.
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II. Ciencia Politizada
Hay científicos cuya sensibilidad política los lleva a rechazar el sistema social reinante en
nuestro país y en toda Latinoamérica.
Lo consideran irracional, suicida e injusto de forma y fondo; no creen que simples
reformas o ‘desarrollo’ puedan curar sus males, sino sólo disimular sus síntomas más
visibles. No aceptan sus normas y valores −copiados servilmente, para colmo, de
modelos extranjeros−; no aceptan el papel que el sistema les asigna, de ciegos
proveedores de instrumentos para uso de cualquiera que pueda pagarlos, y hasta
sospechan de la pureza y neutralidad de la ciencia pura y de la infalibilidad y apoliticismo
de las élites científicas internacionales al imponer temas, métodos y criterios de
evaluación.
A estos científicos rebeldes o revolucionarios se les presenta un dilema clásico: seguir
funcionando como engranajes del sistema −dando clases y haciendo investigación
ortodoxa− o abandonar su oficio y dedicarse a preparar el cambio de sistema social como
cualquier militante político. El compromiso usual ante esta alternativa extrema es dedicar
parte del tiempo a cada actividad, con la consiguiente inoperancia en ambas.
Este dilema tiene un cuarto cuerno, mencionado muchas veces pero a nivel de slogan:
usar la ciencia para ayudar al cambio del sistema, tanto en la etapa de lucha por el poder
como en la de implantación −y definición concreta previa− del que lo va a sustituir.
Sostengo que esto es mucho más que un slogan, o puede serlo, pero requiere un esfuerzo
de adaptación muy grande por parte de los científicos; tal vez mayor que abandonar la
ciencia por completo: es más difícil soportar la etiqueta de pseudo científico que de
excientífico.
Pero creo además que la llamada ‘ciencia universal’ de hoy está tan adaptada a este
sistema social como cualquier otra de sus características culturales, y por lo tanto el
esfuerzo por desarrollar la investigación seria de cambio total puede producir, a plazo no
muy largo, una ciencia no sólo revolucionaria sino revolucionada.
Con estas páginas quiero provocar una discusión más a fondo de esta alternativa: sus
dificultades, posibilidades e implementación en el contexto argentino (aunque muchas de
las conclusiones resulten igualmente válidas para otros países dependientes).
Nótese que esta posición está emparentada con el constante llamamiento a ocuparse de
los ‘problemas nacionales’ y a hacer ciencia aplicada o funcional, que muchos veníamos
haciendo −y a veces practicando− en la Universidad. Esa prédica era insatisfactoria
porque la tendencia natural era a interpretarla como reformismo o desarrollismo:
búsqueda de soluciones dentro del sistema.
Así, cuando en innumerables reuniones de profesores en la Facultad de Ciencias Exactas
planteábamos esta problemática nacional, el resultado más positivo era que los físicos
prometieran ocuparse un poco más de semiconductores, los químicos, de procesos
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industriales, y los biólogos de los problemas pesqueros, con variantes de igual
‘trascendencia’ para el cambio. Indudablemente eso era preferible a dedicar todos los
esfuerzos a estudiar partículas elementales, topología algebraica o metabolismo de
carbohidratos; pero cuando apoyábamos al Departamento de Industrias, al Instituto de
Cálculo o al de Biología Marina, nos quedaba la amarga y tácita sospecha de que tal vez
eso aprovechaba más al sistema que al país.
Esa sospecha era correcta y hemos tardado demasiado tiempo en descubrirlo. Nos queda
el consuelo de tontos de ver que las ideas al respecto tampoco están muy claras entre los
intelectuales del resto del mundo, de todas las tendencias. Por eso, muy lejos de mí la
intención de presentar esto como ‘autocrítica’.
La alternativa que estoy discutiendo es en la práctica muy diferente a esa problemática
nacional, pero cabe formalmente en la misma denominación ya que se supone reconocer
que el problema nacional por excelencia es el cambio de sistema. No hay riesgo de
confundir lo siguiente con desarrollismo:
La misión del científico rebelde es estudiar con toda seriedad y usando todas las armas
de la ciencia, los problemas del cambio de sistema social, en todas sus etapas y en todos
sus aspectos, teóricos y prácticos. Esto es hacer ‘ciencia politizada’.
Por qué no se planteó antes en serio esta misión en nuestro país es fácil de comprender
cuando se examinan las enormes dificultades que se presentaban:
1) La mayoría de los científicos argentinos −aun los que se decían de ‘izquierda’− creían
fervorosamente en una imagen de la ciencia, sus valores y su misión, que podemos llamar
‘cientificismo’ (aunque este término fue usado de muy diversas maneras, no siempre
claras). Un cientificista no puede aceptar ocuparse de problemas relacionados con la
política porque esa no es una actividad científica legítima según las normas de quienes
desde el hemisferio Norte orientan las actitudes y opiniones de nuestros investigadores y
sancionan virtudes y pecados. En todo caso ese campo corresponde reservarlo a la
Ciencia Política, que es considerada una ciencia de segunda categoría.
2) Era un salto en el vacío que requería una gran autonomía de pensamiento y el rechazo
de casi todos los esquemas teóricos ortodoxos.
No había un concepto claro de su contenido. No existían recetas establecidas para superar
la etapa declarativa y llevar esta proposición a la práctica: por dónde empezar, cuáles son
los marcos de referencia, cómo se hace un plan de trabajo, qué papel tiene un físico en
ella, por ejemplo. ¿No alcanza acaso con que se ocupen de eso los científicos sociales?
Aun para éstos parecía un campo muy difuso y general: más ideología que ciencia
concreta, muy difícilmente atacable con el bagaje teórico del hemisferio Norte, el único
disponible. Como hemos dicho, no era otra cosa que un slogan.
3) No había fuerza política. Sólo en broma podía pensarse que la Facultad propusiera
semejante campo de investigación a sus docentes sin ser intervenida a las 24 horas.
Tampoco dentro de la Facultad era mayoría −ni mucho menos− el grupo de quienes
condenaban globalmente el sistema social actual.
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Por otra parte, proponer abiertamente que las investigaciones se orienten por motivos
ideológicos huele peligrosamente a totalitarismo.
4) No había convicción política: la posibilidad de que el simple desarrollo científico y
tecnológico a la manera del hemisferio Norte facilitara el cambio a la larga, era muy
atractiva frente a las escasas perspectivas de una acción más directa.
Trataremos ahora de analizar estas dificultades −de iniciar su análisis, sería más correcto
decir− y de ver qué salidas han tenido o pueden tener.
III. El cientificismo
Comenzaremos analizando la actitud ante la ciencia que prevalece entre los científicos
argentinos.
En pocos campos es nuestra dependencia cultural más notable que en éste, y menos
percibida. Eso ocurre en buena parte porque el prestigio de la Ciencia −sobre todo de la
ciencia física, máximo exponente de este sistema social− es tan aplastante, que parece
herejía tratar de analizarla en su conjunto con espíritu crítico, dudar de su carácter
universal, absoluto y objetivo, pretender juzgar sus tendencias actuales, sus criterios de
valoración, su capacidad para ayudarnos a nosotros, en este país, a salir de nuestro
‘subdesarrollo’. Se toleran, sí −con sonrisa de superioridad comprensiva− las inofensivas
críticas contra la bomba atómica, o el ‘despilfarro’ de dinero en viajes espaciales, o las
añoranzas de un supuesto pasado feliz precientífico: son cosas de los Fósiles. Pero los
científicos del mundo no dudan de su institución; ellos están mucho más unidos que los
proletarios o los empresarios; forman un grupo social homogéneo y casi monolítico, con
estrictos rituales de ingreso y ascenso, y una lealtad completa −como en el ejército o la
iglesia− pero basada en la fuerza más poderosa que la militar o la religiosa: la verdad, la
razón.
Este grupo es realmente internacional; atraviesa cortinas de cualquier material (por ahora
el bambú sigue siendo algo impermeable), pero acepta incondicionalmente el liderazgo
del hemisferio Norte: los Estados Unidos, Europa, la URSS. Allí es donde se decide −o
mejor dicho se sanciona, porque no hay decisiones muy explícitas− cuáles son los temas
de mayor interés, los métodos más prometedores, las orientaciones generales más
convenientes para cada ciencia, y allí se evalúa en última instancia la obra de cada
científico, culminando con premios Nobel y otros reconocimientos menos aparatosos
pero igualmente efectivos para otorgar ‘status’. Allí está la élite de poder del grupo.
Este liderazgo es aceptado por dos motivos contundentes: allí se creó y desarrolló la
ciencia más exitosa, y el grupo no constituye una casta cerrada ya que cualquier
estudiante puede aspirar a la fama científica. La ciencia del Norte es la que creó las
precondiciones tecnológicas para una sociedad opulenta, la que obligó a los militares a
pedir ayuda y tiene a la religión a la defensiva. Y por si fuera poco, es la que generó las
ideas, conceptos y teorías que son obras cumbres de la humanidad, capaces de producir
emociones tan profundas como la revelación mística, el goce estético o el uso del poder,
para decirlo de la manera más modesta posible.
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Los medios de difusión de nuestra sociedad ensalzan estas virtudes de la ciencia a su
manera, destacando su infalibilidad, su universalidad, presentando a las ciencias físicas
como arquetipo y a los investigadores siempre separados del mundo por las paredes de
sus laboratorios, como si la única manera de estudiar el mundo científicamente fuera por
pedacitos y en condiciones controladas, ‘in vitro’. Su historia se nos presenta como un
desarrollo unilineal, sin alternativas deseables ni posibles, con etapas que se dieron en un
orden natural y espontáneo y desembocaron forzosamente en la ciencia actual, heredera
indiscutible de todo lo hecho, cuya evolución futura es impredecible pero seguramente
grandiosa, con tal que nadie interfiera con su motor fundamental: la libertad de
investigación (esto último dicho en tono muy solemne).
Es natural, pues, que todo aspirante a científico mire con reverencia a esa Meca del
Norte, crea que cualquier dirección que allí se indique es progresista y única, acuda a sus
templos a perfeccionarse, y una vez recibido su espaldarazo mantenga a su regreso −si
regresa− un vínculo más fuerte con ella que con su medio social. Elige alguno de los
temas allí en boga y cree que eso es libertad de investigación, como algunos creen que
poder elegir entre media docena de diarios es libertad de prensa.
¿Qué puede tener esto de objetable? Es un tipo de dependencia cultural que la mayoría
acepta con orgullo, creyendo incluso que así está por encima de ‘mezquinos
nacionalismos’ y que además a la larga eso beneficia al país. Ni siquiera tiene sentido, se
dice, plantear la independencia con respecto a algo que tiene validez universal; más fácil
es que los católicos renieguen de Roma.
¿Puede haber diferentes tipos de ciencia? Es indudable que sí. Basta una diferente
asignación de recursos −humanos, financieros y de prestigio− para que las ramas de la
ciencia se desarrollen con diferente velocidad y sus influencias mutuas empiecen a
cambiar de sentido. Eso da una Ciencia diferente.
El predominio de las ciencias naturales sobre las sociales es una característica histórica de
nuestra sociedad, pero no es una ley de la naturaleza: pudimos haber tenido una Ciencia
de otro tipo.
Pero hemos llenado de elogios a la ciencia que tenemos. Su prestigio es tan grande que
seguramente está bien como está. ¿Qué necesidad hay de otro tipo de Ciencia cuando ésta
ha tenido tantos éxitos?
Y sin embargo −observación trivial que ha perdido fuerza por demasiado repetida− entre
sus éxitos no figura la supresión de la injusticia, la irracionalidad y demás lacras de este
sistema social. En particular no ha suprimido sino aumentado el peligro de suicidio de la
especie por guerra total, explosión demográfica o, en el mejor de los casos, cristalización
en un ‘mundo feliz’ estilo Huxley.
Esta observación autoriza a cualquiera a intentar la crítica global de nuestra Ciencia. Algo
debe andar mal en ella.
La clásica respuesta es que esos no son problemas científicos: la ciencia da instrumentos
neutros, y son las fuerzas políticas quienes deben usarlos justicieramente. Si no lo hacen,
no es culpa de la ciencia. Esta respuesta es falsa: la ciencia actual no crea toda clase de
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instrumentos, sino sólo aquellos que el sistema le estimula a crear. Para el bienestar
individual de algunos o muchos, heladeras y corazones artificiales, y para asegurar el
orden, o sea la permanencia del sistema, propaganda, la readaptación del individuo
alienado o del grupo disconforme. No se ha ocupado tanto, en cambio de crear
instrumentos para eliminar estos problemas de fondo del sistema: métodos de educación,
de participación, de distribución, que sean tan eficientes, prácticos y atrayentes como un
automóvil. Aun los instrumentos de uso más flexible, como las computadoras, están
hechas pensando más en ciertos fines que en otros. Aunque el poder político pasara de
pronto a manos bien inspiradas, ellas carecerían de la tecnología adecuada para
transformar socialmente, culturalmente −no sólo industrialmente− al pueblo, sin
sacrificios incalculables e inútiles.
¿Cómo se hace una reforma agraria eficientemente? No es suficiente con crear las
condiciones políticas para ella. Aun sin grupos de poder que se opongan, el manejo de
millones de individuos de bajísimo nivel técnico y cultural, dispersos y atados por
tradiciones a veces enemigas del cambio, es un problema que requiere un análisis
científico en profundidad, con integración de muchas ciencias particulares. Los pocos
estudios que se hacen son una gota de agua frente al mar necesario y, peor aún, su espíritu
es el de la sociología norteamericana: descripción, correlaciones y alguna que otra
recomendación inocua. Sirven para presentar informes ante las fundaciones y gobiernos
que los pagan. Nunca van al fondo del problema, a decir claramente qué hay que hacer;
muchas veces para no lesionar intereses poderosos, pero sobre todo porque no pueden
hacerlo; la ciencia actual no tiene una teoría capaz de resolver ese problema concreto e
importantísimo. No sólo Bolivia y Venezuela procedieron empíricamente; también Cuba
y China improvisaron, y lo que sucedió en la URSS es historia trágica. Lo curioso es que
estos países creen haber actuado científicamente, porque crearon instituciones de
planificación agraria y contrataron economistas, agrónomos y sociólogos egresados de las
mejores universidades. Pero es que allí no les enseñaron a enfrentar en serio ese
problema.
Se hacen estudios de todos los temas imaginables, pero la intensidad no está distribuida
como le interesaría al nuevo sistema, sino al actual. Basta comparar el esfuerzo
intelectual que se dedica a mejorar la enseñanza primaria con el que se dedica al análisis
de mercados y la propaganda comercial, para comprender que no sólo hace falta la
revolución política sino una científica, y que es muy poco eficiente esperar la primera
para iniciar la segunda; hasta ahora ésta no parece haber comenzado en ningún país del
mundo.
Esta distribución del esfuerzo científico esta determinada por las necesidades del sistema.
La sociedad actual, dirigida por el hemisferio Norte, tiene un estilo propio que hoy se está
llamando ‘consumismo’. Confiesa tener como meta un ‘bienestar’ definido por la
posibilidad de que una parte cada vez más grande de la población consuma muchos
bienes y servicios siempre novedosos y variados.
Producción masiva y cambiante en la medida estrictamente necesaria para hacer
anticuado lo que ya se vendió y crear una nueva necesidad de comprar, es la ley de esta
sociedad. Que al hacerlo eleva poco a poco el nivel de vida material de la gente es su
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aspecto positivo, que tantos defensores le proporciona entre los que no sufren sus
injusticias. Al mismo tiempo está obligada a imponer gustos, costumbres y valores
homogéneos a toda su clientela potencial: la humanidad; cosa no tan bien vista ni siquiera
por sus defensores. Dijo De Gaulle:
“A partir del momento en que todos los hombres leen lo mismo en los mismos diarios;
ven de un rincón al otro del mundo las mismas películas; oyen simultáneamente las
mismas informaciones, las mismas sugestiones e idéntica música a través de la radio, la
personalidad íntima de cada uno, el propio ser, la libre elección, dejan de contar
absolutamente. Se produce una especie de mecanización general en la que, sin un notable
esfuerzo de salvaguardia, el individuo no puede impedir su destrucción” (Discurso en la
Universidad de Oxford).
Para hacer esto posible es necesaria una altísima productividad industrial, con rápida
obsolescencia de equipos por la continua aparición de nuevos productos. Esto requiere
una tecnología física muy sofisticada, que a su vez se basa en el desarrollo rápido de un
cierto tipo de ciencia, que tiene como ejemplo y líder a la Física.
Se perfeccionan entonces ciertos métodos: estandarización, normas precisas, control de
calidad, eficiencia y racionalización de las operaciones, estimación de riesgos y
ganancias, que a su vez implican entronizar los métodos cuantitativos, la medición, la
estadística, la experimentación en condiciones muy controladas, los problemas bien
definidos, la super-especialización, métodos que no tienen por qué ser los mejores para
otros problemas.
La investigación y sus aplicaciones dejan de ser aventuras creativas para transformarse en
una inversión rentable que figura en la cuenta de capital de las empresas con su etiqueta
masificadora –R&D: Research and Development− y se hace con empleados, con
subsidios a universidades o con institutos y hasta universidades propias. No se ha
demostrado que esto sea lo más eficiente para toda la ciencia.
La productividad del hombre que fabrica, diseña o descubre, se estimula mediante la
ética de la competitividad, empresarial o stajanovista. El hombre tiene sólo dos facetas
importantes: producir y consumir en el mercado (capitalista o socialista). Sea artista,
científico, campesino o militar, lo que produzca será puesto en venta en algún mercado, si
es que satisface las normas del sistema, y su éxito dependerá, tanto o más, de la
propaganda o de las relaciones públicas que de su valor intrínseco. Y como consumidor
está sujeto a las mismas presiones.
Basta examinar los anuncios de un número cualquiera de Scientific American, para darse
cuenta del tamaño del mercado científico para instrumental y libros. Estos equipos son
tan variados y cambiantes como los modelos de automóviles, y no hay dinero que alcance
para estar al día. Ocurre entonces que, como en cualquier empresa, los problemas
financieros terminan siendo decisivos, con las consecuencias que luego veremos.
Muchos científicos son sirvientes directos de estos mercados y dedican sus esfuerzos a
inventar objetos. Los resultados son a veces muy útiles: computadoras, antibióticos,
programación lineal; pero no podemos esperar que se dediquen a inventar métodos para
difundir ideas sin distorsionarlas, antídotos, contra el lavado de cerebro cotidiano que nos
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hacen los medios de difusión masiva, estímulos a la creatividad, criterios para juzgar la
importancia de las noticias que aparecen en primera página y en la última o la justicia,
implicaciones y motivos de los actos de autoridad que allí se anuncian.
Esto se acepta como trivialidad: nadie espera que las empresas paguen a sus científicos
para trabajar contra sus intereses. Es cierto pues que la ciencia aplicada no es libre sino
dirigida, y que por lo tanto podría ser de otro tipo si se la dirigiera hacia otros fines, como
por ejemplo los que hemos ido mencionando incidentalmente.
Pero no se acepta lo mismo para la ciencia pura o básica, para la investigación académica.
Es ésta, se afirma, la que tiene ese carácter universal, absoluto, independiente de sistema.
¿Por qué la teoría Cuántica, o la de la Evolución, deberían estar más ligadas a la sociedad
de consumo que a cualquier otra? ¿Y quien se atreve a proponer otro ‘tipo de ciencia’,
donde tal vez no se habrían desarrollado la teoría de la medida o la de los reflejos
condicionados?
Para responder a esto dejemos por el momento de lado el caso de estas Grandes Ideas
−con mayúscula− y examinemos la actividad científica corriente.
No es novedad que el sistema influye sobre la ‘ciencia pura’ de diversas maneras. Un
nuevo sistema social formado en oposición a éste, tendrá concebiblemente menos interés
por el psicoanálisis, la topología algebraica y la electrodinámica cuántica que por las
teorías de la educación, del equilibrio ecológico general del planeta, de la imaginación
creadora o de la ética. Esto produce una reasignación de recursos, y por tanto un distinto
tipo de ciencia.
La objeción a esto proviene de la falacia triangular: la ‘reasignación de recursos’ se
interpreta como un acto totalitario mediante el cual se fuerza, despiadadamente a los
científicos a abandonar los temas de investigación a que dedicaron todas sus vidas o se
les imponen métodos, directivas o teorías ideadas por un déspota para consolidar su
régimen. Se presupone que ‘dejado en libertad’, el investigador escoge espontáneamente
−porque la misma Ciencia se lo sugiere− los temas actualmente de moda, y si no puede
hacerlo, pierde creatividad. El resultado de la reasignación forzosa no es entonces un
nuevo tipo de ciencia, sino la desaparición o decadencia de la ciencia.
El progreso científico pues, sólo estaría garantizado por la ‘libertad de investigación’. El
sistema social actual cumpliría este requisito, como lo prueban los éxitos de su ciencia, y
todo está como es debido. Este argumento, tan típico del ‘libre-empresismo’, convence ya
a muy pocos científicos, aunque eso no se nota en sus actitudes.
Está claro que son cada vez menos lo que eligen su tema sin presiones, los que hacen
‘ciencia por la ciencia misma’ o los que pueden decir “me ocupo de esto porque me
divierte, y si no sirve para nada, mejor”. Algo de esto se ve todavía entre matemáticos, y
en grado menor entre físicos teóricos. El que quiere hacer de la ciencia un juego termina
rápidamente aislado. Hoy se exige que todo trabajo tenga una motivación, es decir,
alguna vinculación con otros trabajos o con aplicaciones prácticas.
Gracias a eso, el sistema actual influye activamente sobre su ciencia y fija sus
prioridades, aunque por supuesto con guantes de terciopelo, pues no es Totalitario.
11
Las aplicaciones industriales generan multitud de problemas teóricos que estimulan las
ramas correspondientes de la ciencia. Los transmisores promueven estudios de física de
sólidos, y la propaganda, de Psicología Social, también a nivel de científicos académicos
o ‘puros’.
Pero se hacen infinidad de investigaciones cuyas aplicaciones son dudosas o pertenecen a
un futuro lejano. ¿Como influye el sistema sobre éstas, las más puras y desinteresadas de
las actividades científicas?
El sistema no fuerza; presiona. Tenemos ya todos los elementos para comprender cómo
lo hace: la élite del grupo, la necesidad de fondos, la motivación de los trabajos, el
prestigio de la ciencia universal.
La necesidad de dinero es general en todas las ramas de la ciencia. Sin contar las enormes
sumas que requieren la investigación espacial o la subatómica, todas las ciencias
naturales emplean costosos equipos de laboratorio. Pero también las ciencias sociales
tienen presupuestos de apreciable magnitud, para sus encuestas y demás trabajos de
campo. Hay además tres ítems comunes a todas las ciencias, tan importantes y caros
como los anteriores: el procesamiento de datos, mediante computadoras y otras máquinas,
los libros y revistas, y los sueldos de los científicos y sus numerosos asistentes de todas
las categorías.
Antes, para el que no quería trabajar en empresas o en las fuerzas armadas, el único
Mecenas disponible era la Universidad, pero en los últimos años ha tomado
preponderancia otro factor de poder: la Fundación, pública o privada, dedicada
específicamente a promover y financiar la investigación ‘pura’ o básica.
Entre estas Fundaciones incluimos a los Consejos Nacionales de Investigaciones, donde
los hay, pero las más típicas e influyentes son las grandes fundaciones de alcance
internacional, ligadas a las corporaciones industriales que caracterizan esta etapa del
sistema o directamente al gobierno norteamericano.
Ford, Rockefeller, Carnegie, National Science Fundation, National Institute for Health,
BID, AID y varias otras instituciones más ricas que muchos países, subsidian
directamente a investigadores, o indirectamente a través de universidades y otros centros
de trabajo. Sin entrar a juzgar sus intenciones ni detenernos en episodios de espionaje
como el proyecto Camelot y otros, que son frecuentes pero atípicos, queremos destacar el
carácter empresarial de estas instituciones. Ellas manejan y distribuyen enormes
cantidades de dinero, de las cuales tienen que dar cuenta a los donantes privados o al
gobierno. Tienen que mostrar resultados, para probar que están administrando bien esos
fondos. Tienen que presentar un Informe Anual. Esto crea una burocracia de la cual no
vamos a ocuparnos, aunque bien lo merecería.
Ese espíritu empresarial se ha contagiado también a las universidades, en parte porque
deben pedir ayuda a fundaciones y empresas por insuficiencia de fondos propios, en parte
por querer demostrar también su ‘eficiencia’, y sobre todo porque están dirigidas por el
mismo grupo de personas: la élite científica.
12
Es lógico entonces que se hayan impuesto los criterios empresariales para evaluar esas
inversiones. Las élites y la burocracia asignan importancia−y fondos − a los temas de
investigación según los resultados que de ellos se esperan.
Los temas y equipos ya sancionados como eficientes −los de la élite, muchos de los
cuales provienen de la época ‘pre-financiera’− reciben alta prioridad, y se toman como
puntos de referencia para juzgar a otros candidatos, dándose entonces preferencia a
ramificaciones de éstos temas, avalados como interesantes por estos equipos, y en general
iniciados por colaboradores que se van independizando parcialmente. De tanto en tanto se
apoya algún tema nuevo, casi siempre cuando está motivado por alguna aplicación
industrial, médica o militar.
Invertir en proyectos nuevos es un riesgo, y eso lleva a desequilibrios, sobre todo en
países pequeños, donde esas ‘novedades’ pueden ser temas de importancia práctica ya
reconocida en otras partes pero no bien percibida por la élite científica local. En la
Argentina el CNICT (Consejo Nacional de Investigaciones) siguió casi siempre esa
política: el dinero va a los equipos que ya son fuertes y por lo tanto dan seguridad de
resultados, y es insignificante lo que se dedica a desarrollar ramas donde todavía no hay
investigadores que hayan demostrado su calidad. Pesa menos la necesidad que puede
tener el país que la falta de ‘garantías’ para la inversión.
Pronto ocurre un fenómeno muy usual en nuestra sociedad: los equipos que reciben los
fondos y gastan mucho dinero van cobrando por ese solo motivo mayor importancia −con
tal de mantener un nivel normal de producción− y eso atrae más fondos.
Los administradores, por su parte, se sienten inclinados a defender sus decisiones, y
‘promueven’ la importancia de los temas que apoyaron.
Esta realimentación positiva produce una especie de selección natural de temas, en la que
las nuevas ‘especies’ están tan desfavorecidas con respecto a los temas ya establecidos
como una nueva empresa frente a las corporaciones gigantes; sólo los que respondan a
una nueva necesidad imperiosa del sistema podrán competir. Y esas necesidades son poco
visibles en el campo de la ciencia básica, pues se refieren al futuro. Para plantearlas se
requiere un criterio general, ideológico o filosófico como el que motiva estas páginas, y
eso es pecado totalitario.
Las fuerzas que determinan el tipo de ciencia no son, pues, puramente internas y basadas
en el genio creador y la libertad de pensamiento. También en esta ‘ciencia pura’ es
esencial la asignación de recursos financieros, que se efectúa según los resultados
esperados. Es muy desagradable que el dinero sea un factor tan decisivo, pero podría
aducirse que no es tan grave mientras los mayores fondos sean entregados realmente a
quienes producen los ‘mejores’ resultados. En principio eso no es objetable. Todo
depende de cómo se evalúen esos resultados, y debemos ver entonces cómo influye en
ello la sociedad de consumo, que requiere contabilizar de alguna manera sus beneficios y
costos.
Basta el usuario para evaluar el resultado de una investigación aplicada, pero sólo los
mismos científicos pueden opinar con cierta seriedad acerca de las investigaciones
básicas, pues eso requiere conocer el pasado y estimar el futuro del problema.
13
Como hemos dicho, los temas de investigación rara vez surgen ‘del aire’; tienen casi
siempre una historia que los vincula con muchos otros trabajos, teóricos y aplicados. No
es difícil para un científico apreciar si un trabajo nuevo significa algo, si está
suficientemente motivado. La dificultad está en comparar importancias, una vez
satisfechos esos requisitos mínimos y descartados los que contienen defectos técnicos o
metodológicos. El problema no es decidir cuáles temas merecen subsidios −la respuesta
es todos, o casi todos− sino cuáles merecen más subsidios que otros, y cuáles deben
sacrificarse primero cuando no alcanza para todos.
En la práctica, un resultado o un tema nuevo en ciencia básica es más importante que otro
cuando así lo estima el consenso de los científicos importantes. A largo plazo la realidad
mostrará si esa opinión era acertada o no, pero mientras tanto hay que guiarse por ella.
La evaluación de resultados recientes de la ciencia básica es, pues, en gran parte,
evaluación de hombres. Debemos comprender cómo se asigna su importancia a cada
científico, desde que comienza su carrera hasta que ingresa a esa élite que es el tribunal
de última instancia…, hasta que el tiempo da su propia opinión, y en la que incluimos no
sólo a los sabios de más fama, sino a todos los asesores de fundaciones, jurados de
concursos, referees y comentaristas de revistas especializadas cuyos nombres
generalmente no son conocidos fuera de su propio campo.
Indudablemente, para ser aceptado como científico no se requiere haber hecho un
descubrimiento histórico. Incluso los premios Nobel se adjudican hoy en su mayor parte
por los trabajos que sólo los especialistas recuerdan. ¿Quién sabe por qué es premio
Nobel Bernardo Houssay, aun en Argentina?
El valor de un científico debería medirse por la calidad de su trabajo, la originalidad de
sus ideas y la influencia que ellas tienen sobre sus colegas, por su capacidad de formar y
estimular a otros más jóvenes, de crear escuela, por la intensidad y continuidad de su
esfuerzo.
Todo esto es muy difícil de medir, de contabilizar, y hay que hacerlo no para unos
centenares de casos, sino para millones de jóvenes aspirantes a ingresar a este grupo y
para los centenares de miles que ya han ingresado pero cuidan celosamente que no se les
postergue el reconocimiento de sus méritos.
El sistema ha resuelto este problema de una manera muy acorde con su ideología, usando
como instrumento principal el paper, artículo publicado en una revista científica.
El paper tiene una cantidad de ventajas, aparte de exponer los resultados del trabajo en
forma concreta e inteligible. Se puede contar cuántos publica cada científico por año, de
qué tamaño son y en qué categoría de revistas han aparecido. El número de veces que el
paper es citado por otros mide su influencia; la lista de coautores ya da un principio de
jerarquización; permite mencionar la institución que proveyó los fondos para el trabajo,
etcétera.
La lista de papers publicados es el argumento más directo y palpable para demostrar el
éxito de un subsidio o la importancia de un currículum vitae. Gracias a ellos la
investigación científica puede contabilizarse.
14
Sin exagerar demasiado, podemos decir que lo que el investigador produce para el
mercado científico es el paper. Importantes, pero no tanto, son la asistencia y
comunicaciones a reuniones y congresos, las invitaciones a dar cursos en instituciones
prestigiosas, y sobre todo el reconocimiento personal de los que ya pertenecen a la élite.
Pero lo fundamental es el paper.
De ahí la ansiedad por publicar, sobre todo al comienzo de la carrera científica. El
número de artículos publicados es tan importante como su contenido, y a veces más, pues
dadas las miles de especialidades existentes es imposible hacer una evaluación seria de
todo lo que se publica. Se admite que la aceptación por una revista especializada es
garantía suficiente de calidad, y así aumenta el poder de los editores referees de esas
revistas.
En base a eso se ha creado un mecanismo (criterio universalista, objetivo) de ingreso y
movilidad interna en este grupo social de los científicos, controlado por una élite cuya
autoridad deriva en parte de sus antecedentes científicos y en parte cada vez mayor de su
influencia sobre las fundaciones y otros proveedores de fondo. En Argentina y otros
países hay una ‘carrera de investigador’, con múltiples categorías en su escalafón. El
paper es esencial para ascender, para justificar los subsidios obtenidos, para renovar los
contratos con las universidades ‘serias’. El contenido del paper es más difícil de evaluar;
sólo hay consenso sobre los muy buenos y muy malos. Para los normales, las opiniones
sobre su importancia relativa están muy frecuentemente divididas, y eso da más
preponderancia a los criterios ‘contables’.
Este mecanismo revela la influencia de las filosofías de tipo neopositivista, surgidas del
éxito de las ciencias físicas y del triunfo del estilo consumista. Aun los científicos que se
proclaman antipositivistas aplican esa filosofía al actuar en su profesión. El ‘método
científico’ −criterios de verdad, validación empírica, observables, definiciones
operacionales, medición− coincide en la práctica con el método de las ciencias físicas,
por la importancia de éstas en nuestro estilo de vida, y el deseo de cuantificar se convierte
en necesidad suprema.
Esta tendencia a usar sólo índices cuantificables −como el número de papers− es ya mala
en Economía, peor en Sociología y suicida en Metaciencia, pero se usa porque es
‘práctica’. Así, un informe de UNESCO (1968) afirma que los países subdesarrollados
necesitan un científico por cada mil habitantes como mínimo; afirmación tan vacía como
decir que un hombre necesita respirar x moléculas por hora, sin especificar de qué
moléculas se trata. Si nuestro país llegase a importar científicos norteamericanos medios
hasta completar esta cuota, estaríamos perdidos por varias generaciones.
El hecho concreto es, pues, que los logros científicos tienden cada vez más a medirse por
criterios cuantificables, lo cual se supone ser sinónimo de ‘objetivo’ y ‘cientifico’. Un
resultado natural es la masificación de la ciencia: cualquiera que se las haya arreglado
para cumplir formalmente con esos criterios, debe ser admitido en el grupo. Pero es bien
sabido que el cumplimiento de requisitos fijos requiere una habilidad poco relacionada
con la inteligencia y la sabiduría. Estas no molestan, al contrario, pero no son
15
indispensables, pues se trata sólo de realizar ciertos actos o rituales específicos que, como
veremos, no son muy difíciles.
De paso, esta falacia de simplificación que consiste en describir un fenómeno complejo
mediante unos pocos índices−cuantificables o no−, es un ejemplo más de la insuficiencia
de la ‘ciencia universal’ para tratar problemas fuera de las ciencias físicas, debido a su
insistencia en copiar los métodos de éstas. Es evidente que los criterios universalistas
como el I.Q., las notas de los exámenes, o el número de papers publicados, son más o
menos satisfactorios para el grueso de los casos. Pero cuando se trata de valorar el talento
es mucho más importante no equivocarse en la pequeña minoría por encima de los ‘3
sigma’ de desviación con respecto al promedio. Lo que ocurre es que el sistema social no
está realmente interesado en ese problema; prefiere definir al médico como poseedor de
un diploma otorgado por una Universidad reconocida, dejando en segundo término si
realmente sabe curar.
Muchos creen aún que la capacidad de hacer un paper publicable es garantía suficiente de
‘sabiduría’, aunque aceptan que tener un diploma de médico no es garantía de saber
curar. He tenido que leer demasiados papers en mi vida para compartir esa opinión. Creo
que es garantía de algunas importantes virtudes positivas: laboriosidad, tenacidad, need of
achievement, amor propio, aderezadas con una cierta dosis de inteligencia especifica y
gusto por la ciencia. No es garantía de tener espíritu crítico ni ideas originales, grandes o
pequeñas.
Piénsese en lo trillado y nítido del camino que tiene que seguir un joven para llegar a
publicar. Apenas graduado se lo envía a hacer tesis o a perfeccionarse al hemisferio
Norte, donde entra en algún equipo de investigación conocido. Tiene que ser
rematadamente malo para no encontrar alguno que lo acepte. Para los graduados de
países subdesarrollados hay consideraciones especiales, becas, paciencia.
Allí le enseñan ciertas técnicas de trabajo −inclusive a redactar papers−, lo familiarizan
con el instrumental más moderno y le dan un tema concreto vinculado con el tema más
general del equipo, de modo que empieza a trabajar con un marco referencial claro y
concreto. Es difícil para los no investigadores darse cuenta de la ventaja que esto último
significa. Se le especifica incluso qué tipo de resultados se esperan, o qué hipótesis debe
probar o refutar. Puede consultar con sus compañeros −a veces también con el jefe del
equipo, pero es más raro que sea accesible, porque está de viaje, o con problemas
administrativos, o porque es demasiado excelso para que se lo moleste−, dispone de la
bibliografía y tecnología necesarias, escucha los comentarios de los visitantes, y puede
dedicarse a su trabajo a tiempo completo. Cuando consigue algún resultado, la
recomendación de su jefe basta para que su trabajo sea publicado en una revista conocida,
y ya ha ingresado al club de los científicos.
Nótese que en todos estos pasos la inteligencia que se requiere es más receptiva que
creativa, y receptiva en el tema de que se trata, nada más (en cuanto se tiene un poco más
que eso, ya empieza uno a destacarse). El joven recibe sus instrucciones de trabajo
especificadas y la investigación procede según reglas de juego establecidas de antemano
(sé que esto provocará protestas de todos los que se sintieron abandonados y perdidos
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durante los primeros meses, al llegar a un laboratorio extranjero, pero traten de comparar
esa sensación con la de estar trabajando solos, en un lugar aislado, teniendo incluso que
elegir solos el tema de tesis y que juzgar solos la importancia de los resultados). Poca
diferencia hay entre esto y sus estudios universitarios, salvo la dedicación. Aquello de
“90% de transpiración…” sigue valiendo, pero con 99,9.
Si en el curso de algunos años ha conseguido publicar media docena de papers sobre la
concentración del ión potasio en el axón del calamar gigante excitado, o sobre la
correlación entre el número de diputados socialistas y el número de leyes obreras
aprobadas, o sobre la representación de los cuantificadores lógicos mediante operadores
de saturación abiertos, ya puede ser profesor en cualquier universidad, y las revistas
empiezan a pedirle que sirva de referee o comentarista. Pronto algún joven se acerca a
pedirle tema de tesis (o porque es bueno o porque los buenos no tienen más lugar) y a
partir de entonces empieza a adquirir gran importancia su talento para las relaciones
públicas. Pero aunque hubiera no uno, sino cien de estos científicos por cada mil
habitantes, los problemas del desarrollo y el cambio no estarían más cerca de su solución.
Ni tampoco los grandes problemas de la ciencia ‘universal’.
Los más capaces, los más creativos, sufren también la influencia de este mecanismo, y
sometidos a la competencia de la mayoría se ven presionados a dedicar sus esfuerzos a
cumplir estos requisitos formales, para los cuales, justamente, muchas veces no tienen
habilidad. Y aunque el sistema deja todavía muchos resquicios y oportunidades para los
más inteligentes, podemos decir por lo menos que no estimula la creatividad y las grandes
ideas, sino el trabajo metódico (útil pero no suficiente para el progreso de la ciencia) y la
adaptación a normas establecidas.
No es de extrañar que la masa cada vez mayor de científicos esté absorbida por la
preocupación de esa competencia de tipo empresarial que al menor desfallecimiento
puede hacerle perder subsidios, contratos y prestigio, y se deje dominar por la necesidad
de vender sus productos en un mercado cuyas normas es peligroso cuestionar. Y eso
ocurre aunque políticamente esté a veces en contra del sistema social del cual el mercado
científico es un reflejo.
Y no es de extrañar tampoco que estos últimos 35 años −una generación − no ha ya visto
la aparición de ninguna idea del calibre de las que nos dieron Darwin, Einstein, Pasteur,
Marx, Weber, Mendel, Pavlov, Lebesgue, Gödel, Freud o la pléyade de la mecánica
cuántica.
La ciencia de la sociedad de consumo ha producido innumerables aplicaciones de gran
importancia, desde computadoras hasta órganos artificiales, pero ninguna de esas ideas
emocionantes, verdaderos momentos estelares de la humanidad, a que nos referíamos más
arriba. Esta es una afirmación que necesita muchas más pruebas que las que puedo dar
aquí, pero me parece indispensable hacerla, porque en la medida que sea cierta, la ciencia
actual está usufructuando indebidamente el prestigio de obra humana universal que
conquistó merecidamente la ciencia del siglo XIX y primer tercio del XX, y eso deforma
la visibilidad política de los científicos.
17
Cualquier especialista angustiado por publicar antes que sus competidores, cualquier
lector de revistas científicas generales o de divulgación, quedará indignado ante la
afirmación de que la ciencia hoy no avanza tanto como la de ayer cuando su sensación es
que resulta imposible mantenerse informado siquiera superficialmente de todo cuanto se
hace.
Y es verdad que la ciencia actual avanza mucho en extensión. Lo que yo afirmo es que
avanza mucho menos que antes en profundidad (creo que la metáfora es clara, ya que no
es científica). Faltan grandes ideas −o al menos hay escasez de ellas−, sobra diversidad y
detalle. La calidad se ha transformado en cantidad.
Dado el tamaño de este volumen estoy obligado a pintar la situación en blanco y negro, y
admito que la realidad no es tan extremista y presenta posibles excepciones. Hay casos
discutibles que pueden ser propuestos como contraejemplos. La biología molecular ha
logrado hermosos resultados; la economía debe mucho a Leontiev y a la investigación
operativa; se habla mucho de Cibernética y teoría de la información como armas
revolucionarias para todas las ciencias.
Sin entrar en la discusión seria de estos casos, repitamos sin embargo que son discutibles.
La biología molecular, en el terreno de las grandes ideas, ha hecho poco más que
confirmar y completar viejas afirmaciones de la Bioquímica clásica, llegando al análisis
completo de muchos procesos y sustancias complicadas y dando los mecanismos de
biosíntesis de algunas de ellas. Ha producido ideas importantes como la doble hélice y el
mecanismo genético para la síntesis de proteínas, pero que no están en la categoría de las
mencionadas más arriba. Tal vez cuando se proponga una teoría de la memoria o de las
mutaciones grandes se podrá hablar de contraejemplos, pero por ahora se ve más ingenio
que genio y, por supuesto, mucha laboriosidad.
La Cibernética, inventada por los norteamericanos y adoptada por lo rusos con fervor
−después de haberla rechazado al principio por motivos ideológicos− es un concepto muy
amplio y que da muy poco ‘jugo’. No hay allí ninguna gran idea sino sólo la observación
de que el control se consigue eficientemente por realimentación; muy poco más que eso
−a nivel general−, aunque, por supuesto, es una observación que se aplica a casi todos los
mecanismos (físicos o fisiológicos) que andan por ahí. Más útil que saber que uno habla
en prosa, no llega a compararse en importancia ni siquiera con ideas como la de usar
principios variacionales, en el mismo orden de generalidad.
La teoría de la información es un caso análogo: salvo en la ingeniería de comunicaciones
−campo para el cual fue inventada−, lo único que se usa de ella es su definición
cuantitativa de información como entropía negativa, lo cual ‘viste’ mucho, pero es un
concepto muy limitado para tan pretencioso nombre. Tanto ésta, como la Cibernética (y
la teoría de juegos) son síntomas claros en la ciencia actual. Nacidas legítimamente para
resolver problemas concretos, han sido prácticamente comercializadas por los que
quieren disimular su falta de ideas afectando sofisticación matemática o física, como el
médico cubría su ignorancia con latinajos.
La investigación operativa por lo menos promete dar grandes ideas. Es una rama de la
Matemática, nueva por su enfoque, y con abundantes muestras de ingenio y métodos
18
propios, que cuando desemboque en una teoría general de la decisión es posible que
alcance esa categoría máxima. Pero nótese otra vez la influencia del sistema: esta nueva
ciencia nació para satisfacer muy concretas necesidades empresariales y militares; es
natural, pues, que sea la que muestra más vitalidad. La Matemática ‘pura’, en cambio,
está dedicada a un juego esotérico que no parece llevar a ninguna parte.
Los físicos y químicos no pueden enorgullecerse de ideas y teorías al nivel de la
investigación operativa o de la biología molecular, aunque sí de muchos descubrimientos
importantes hechos con los nuevos aparatos de que disponen. La mayoría de sus
resultados están la categoría que los franceses llaman ‘burro que trota’: si se persevera se
llega, sin necesidad de mucha inteligencia, porque el camino está claro gracias a las
grandes ideas de las generaciones anteriores. Hay más Matemática que ideas en la
actividad teórica de los físicos.
En las ciencias humanas el panorama es más desolador todavía. El uso indiscriminado de
la estadística y la limitación acrítica de los métodos de las ciencias físicas no permiten
tener grandes esperanzas para el futuro próximo. (Toynbee hace tiempo hizo
observaciones muy similares con respecto a los historiadores). Intentos ambiciosos como
la teoría de la acción de Parsons, no parecen haber justificado las esperanzas que
despertaron. No hay ideas nuevas en psicología (la escuela de Piaget se inició en el
primer tercio del siglo), y sólo la introducción de modelos matemáticos de aprendizaje da
algo de frescura a este campo. La mayor vitalidad y originalidad se encuentra en los
críticos de la sociedad actual en su forma más moderna, el nuevo estado industrial.
Galbraith, Wright Mills, Marcuse y varios otros son precursores del estudio científico del
cambio de sociedad, que debería ser, así lo espero, el semillero de las nuevas grandes
ideas.
Esta escasez de genio −de ideas que son cualitativamente distintas− asume su verdadera
proporción cuando se le compara con la superabundancia de medios disponibles.
Hay hoy más científicos vivos que en toda la historia previa de la humanidad, y disponen
de recursos en cantidad más que proporcional a su número. Con estos recursos adquieren
aparatos y materiales maravillosos, asistentes bien entrenados, bibliografía completa y
rápida. Disfrutan de gran prestigio y de sueldos nada despreciables. ¿Qué han producido
con todas esas ventajas? Toneladas de papers y muchos objetos, pero menos ideas que
antes.
Así, pues, insisto: a pesar de su frenética actividad, el superejército de los científicos de
esta generación ha producido en el estilo consumista, gran cantidad de bienes para su
mercado, de calidad buena pero nada extraordinaria. Son los tecnólogos los que han
brillado, creando extraordinarios bienes materiales para consumo de las masas, los
ejércitos, las empresas y los científicos: computadoras televisión, espacionaves,
bevatrones, y cada año, modelos nuevos de automóviles. Ramas enteras de la ciencia
vegetan sin desarrollarse, y entre éstas la que más nos interesa: la ciencia del cambio de
estructura social.
Y es muy importante notar que este fenómeno no está ligado a la propiedad de los medios
de producción (otra falacia de simplicidad en el estudio de las sociedades). Los
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científicos soviéticos no han producido ideas comparables a las del mundo occidental y ni
siquiera comparables a las que concibieron Mendeliev, Pavlov, Chebichev, Lomonsov, en
la época feudal zarista. Su ciencia natural actual es indistinguible de la norteamericana, y
su ciencia social −campo en el cual se suponía que el método y la teoría marxista les daría
amplias ventajas− es un desierto silencioso.
Por supuesto los otros países socialistas son demasiado nuevos para poder juzgar su
producción científica. No puede descartarse que cuando se sepa bien en qué consiste la
‘revolución cultural’ china, resulte contener algún concepto importante para la sociología
y la ciencia política.
Huelga aclarar que estas opiniones no son populares entre los científicos, y que serán
rechazadas enfáticamente por superficiales, subjetivas, parciales y no científicas en
general. Las discusiones serán largas y engorrosas, entre otras cosas, porque una de las
tantas lagunas de la ciencia actual es no haber desarrollado una teoría de importancia, ni
siquiera a la altura de la enclenque teoría de la verdad de los epistemólogos.
Admito que si alguien prefiere creer que esta escasez de grandes ideas es un fenómeno
−as
inevitable producido por el propio desarrollo en profundidad de la etapa anterior í
como un profundo avance militar requiere un largo tiempo de operaciones menos
espectaculares de consolidación− está en su derecho. Pero esa será una creencia basada
en analogías mucho menos científicas que la esquemática explicación causal aquí
intentada.
De todos modos me parece que queda demostrado que una distinta asignación de los
escasos recursos humanos de alta calidad intelectual que existen habría dado otro tipo de
ciencia. Nuestra ciencia está moldeada por nuestro propio sistema social. Sus normas, sus
valoraciones, sus élites, pueden ser cuestionadas; existen no por derecho divino ni ley de
la naturaleza sino por adaptación a la sociedad actual, y pueden estar completamente
inadaptados a una sociedad futura.
Hay bastantes motivos para confiar en que una nueva sociedad favorecerá el
florecimiento de grandes ideas, y no sólo por su interés en nuevas ramas de la ciencia
sino porque permitirá nuevos modos de trabajo.
Si lo grandes pensadores se pusieran a pensar en cómo recuperar a los muchos grandes
pensadores en potencia que hoy se pierden por ser como es este sistema social, el efecto
multiplicador sería inimaginable. Si pudieran dedicar un esfuerzo equivalente al costo de
la propaganda comercial a organizar un sistema inteligente de recuperación de la
información científica producida en todo el planeta−tarea que llevaría muchos años y
conceptos originales− habríamos ascendido a otro nivel de eficiencia.
Pero este sistema social, si bien no excluye explícitamente ninguna de estas actividades,
las hace prácticamente imposibles, porque violan sus métodos usuales de funcionamiento
y amenazan poner al descubierto sus defectos más profundos. Lo que actúa más
eficazmente es el mecanismo de autocensura: el sistema tiene todavía muchos resquicios
que podrían aprovecharse (cada vez menos), pero el temor a caer en desgracia, a hacer el
ridículo, es suficiente para alejar a la mayoría de los investigadores de los temas que ellos
20
mismos consideran que pueden ser clasificados de peligrosos por el sistema o de poco
serios por sus colegas.
La tarea de investigar al sistema en su totalidad es por ahora dominio casi exclusivo de
los ideólogos de partido, rápidamente detectados y etiquetados por los científicos, que
con ese sólo juicio descartan todos sus argumentos, entre los cuales siempre hay algunos
muy válidos.
La mayoría de las veces encuentran justificación en el carácter dogmático y poco realista
de estos ideólogos. Estos a su vez achacan justificadamente a los científicos indiferencia
ante los problemas sociales, y el resultado es una separación muy neta entre ambos, que
no estimula por cierto el estudio serio del cambio.
Todo este conjunto de características de la investigación científica actual es lo que
podríamos llamar ‘cientificismo’. Resumiendo, cientificista es el investigador que se ha
adaptado a este mercado científico, que renuncia a preocuparse por el significado social
de su actividad, desvinculándola de los problemas políticos, y se entrega de lleno a su
‘carrera’, aceptando para ella las normas y valores de los grandes centros internacionales,
concretados en un escalafón.
El cientificismo es un factor importante en el proceso de desnacionalización que estamos
sufriendo; refuerza nuestra dependencia cultural y económica y nos hace satélites de
ciertos polos mundiales de desarrollo.
El cientificista en un país subdesarrollado es un frustrado perpetuo. Para ser aceptado en
los altos círculos de la ciencia debe dedicarse a temas más o menos de moda, pero como
las modas se implantan en el Norte, siempre comienza con desventaja de tiempo. Si a esto
se agrega el menor apoyo logístico (dinero, laboratorios, ayudantes, organización) es fácil
ver que se ha metido en una carrera que no puede ganar.
Su única esperanza es mantener los lazos estrechos con su Alma Mater − el equipo
científico con quien hizo su tesis o aprendizaje−, hacer viajes frecuentes, conformarse
con trabajos complementarios o de relleno de los que allí se hacen, y en general llegar a
una dependencia cultural total.
Algo más felices son aquellos cuyo campo tiene un aspecto local esencial. Geólogos,
biólogos, antropólogos, cuando se conforman en describir características locales,
renuncian para siempre a la primera categoría científica, pero en cambio realizan una
tarea de recolección de datos muy apreciada por aquellos que los utilizarán como materia
prima en el Norte, y sin riesgos de competencia por parte de esos centros más avanzados.
Este tipo de investigador no es un cientificista puro, aunque comparte muchas de sus
características. Más le corresponde el nombre de ‘subdesarrollado’, porque aunque utilice
las técnicas más modernas, su labor se reduce a suministrar materia−datos prima
empíricos− para ser elaborada en los centros internacionales.
Ellos también usan el paper como medida de su trabajo, y aquí eso tiene algún sentido,
pues son pocas las ideas, y el trabajo rutinario −aunque sea de calidad− se mide bastante
bien por la cantidad producida.
21
Innumerables papers se han publicado en este país sobre mediciones de isótopos
radioactivos, estructura molecular por resonancia paramagnética, descripciones de
especies biológicas, análisis de aceites esenciales, cartas geológicas, composición de las
importaciones, origen social de los militares o número de científicos exilados. A esta
categoría pertenece también el famoso proyecto Camelot, lo cual muestra otros peligros
de la investigación dependiente.
Y ya que estamos clasificando, completemos el panorama con los ‘fósiles’ o
seudocientíficos, que todavía constituyen una parte apreciable de nuestro profesorado
universitario. Estos son simplemente ignorantes; interpretarían esta crítica a la ciencia
actual como un llamamiento a no estudiarla y una justificación a su incapacidad. Es un
grupo en retroceso, acosado por los cientificistas; en vías de extinción, pero todavía
fuerte, especialmente en las ciencias biológicas y sociales. No tienen otro objetivo que
aferrarse a sus cargos y durar.
IV. Autonomía científica
La ciencia actual, en resumen, está adaptada a las necesidades de un sistema social cuyo
factor dinámico es la producción industrial masificada, diversificada, de rápida
obsolescencia; cuyo principal problema es vender −crear consumidores, ampliar
mercados, crear nuevas necesidades o como quiera decirse− y cuya institución típica es el
gran consorcio, modelo de organización y filosofía para las fuerzas armadas, el gobierno,
las universidades.
Es lógico que este sistema estimule la especialización, la productividad, la competitividad
individual, la invención ingeniosa, el uso de aparatos, y adopte criterios cuantitativos, de
rentabilidad de inversiones para evaluar todo tipo de actividad.
Esto se refleja, hemos visto en la ciencia actual de todo el mundo: en los países
desarrollados por adaptación, y en los demás por seguidismo, por colonialismo científico.
El que aspire a una sociedad diferente no tendrá inconvenientes en imaginar una manera
de hacer ciencia muy distinta de la actual. Más aún, no tendrá más remedio que
desarrollar una ciencia diferente. En efecto, la que hay no le alcanza como instrumento
para el cambio y la construcción del nuevo sistema. Puede aprovechar muchos resultados
aislados, pero no existe una teoría de la revolución ni una técnica de implementación de
utopías. Lo que dijo Marx hace más de cien años y para otro continente no fue
desarrollado ni adaptado a nuestras necesidades −ni corregido− de manera convincente, y
hoy veinte grupos pueden decirse marxistas y sostener posiciones tácticas y estratégicas
totalmente contradictorias. Si no se quiere proceder a puro empirismo e intuición, no hay
otro camino que hacer ciencia por cuenta propia, para alcanzar los objetivos propios.
Esto significa inscribirse en el movimiento pro autonomía cultural, que es la etapa más
decisiva y difícil de la lucha contra el colonialismo.
Lo que significa la autonomía cultural está en general claro, salvo justamente en lo que
respecta a la ciencia, y eso por las razones que hemos dado. No es mucha la autonomía
científica que podemos conseguir sin cambiar el sistema social o sin que ese sea nuestro
22
objetivo. Y no cambiaremos gran cosa el sistema si no logramos independizarnos
científicamente aunque sea en parte.
Esto no es tan fácil de conseguir, no sólo por sus dificultades intrínsecas, sino porque
debemos enfrentarnos a toda una campaña organizada para la ‘integración científica’ de
América Latina, que se opone a la autonomía.
Iniciada formalmente en Punta del Este en la reunión de presidentes americanos en enero
del 67 para ‘estimular el desarrollo’ de nuestra ciencia, prosigue con las actividades del
Consejo Interamericano Cultural, que organiza ‘Centros de Excelencia’ para educar de
manera homogénea a los investigadores y profesores latinoamericanos según las
indiscutidas normas de la ‘ciencia universal’. Simultáneamente, nuestros gobiernos,
preocupados por el atraso económico, claman ante la CEPAL (Lima, abril de 1969) para
que el hemisferio Norte nos transmita a mayor velocidad su ciencia y su tecnología. Y la
National Academy of Science promueve reuniones de cooperación científica, como la de
Mar del Plata, julio de 1969.
Con eso nos atan más fuertemente aún a la sociedad de consumo, que es aceptada sin
discusión como único estilo concebible de desarrollo. Y lo ridículo es que todas estas
actitudes son aplaudidas o vistas con buenos ojos hasta por aquellos que luchan
sinceramente contra la dependencia económica. Aceptar la tecnología del Norte significa
producir lo mismo que ellos, competir con ellos en el terreno que ellos conocen mejor, y
por tanto, en definitiva, perder la batalla contra sus grandes cooperaciones, suponiendo
que se desee darla. Y digo esto último porque si aceptamos su ciencia y su tecnología o
sea si aceptamos que nos enseñan a pensar, haremos lo mismo que ellos, seremos como
ellos, y entonces pierde sentido toda lucha por la independencia económica o incluso
política. La solución lógica en tal caso es la que eligió Puerto Rico.
Esta nueva política norteamericana de fomentar nuestra ciencia ha desorientado a
nuestros científicos politizados. No existiendo −un ejemplo más− una ciencia de las
relaciones coloniales, se siguen aplicando análisis hechos esencialmente a principios de
siglo, con escasas modificaciones. Así, la imagen de un país dependiente es la de
exportador de materias primas e importador de bienes manufacturados en la metrópoli.
Esto ya tuvo que modificarse para el caso cada vez más general de los consorcios
metropolitanos que instalaban en fábricas filiales en la periferia, pero de todos modos se
aceptaban hasta hace muy poco sin discusión que el imperialismo era enemigo de que
progresaran nuestra ciencia y tecnología. Nos parecía incluso que aprovechar un subsidio
extranjero para la investigación científica era casi como arrebatar las armas al invasor.
¿Por qué entonces tanto interés norteamericano, reflejado por los gobiernos títeres de
nuestros países, en elevar nuestro nivel científico? No se trata de una contradicción del
capitalismo’; por el contrario, es una estrategia correcta para ellos, y si alguna
contradicción hay es que la guerra de Vietnam y sus demás problemas no permiten a los
Estados Unidos llevar adelante esta política con la intensidad deseada.
El hecho crucial es que el gran consorcio −el personaje más importante de la ‘nueva
sociedad industrial’− necesita expandirse sea como sea; implantar fábricas en todas partes
del mundo, crear allí consumidores como los de la metrópoli (para que demanden los
23
mismos bienes) y reclutar personal ejecutivo, administrativo y técnico-científico para
seguir creciendo. Como ya no es propiedad de una o dos familias, se ha despersonalizado
y racionalizado al extremo, perdiendo el prejuicio de emplear sólo compatriotas en
puestos de responsabilidad. No les molesta ya poner en cargos de importancia a ‘nativos’,
con tal que sean más fieles a la empresa que al país. Pero eso es fácil si el ideal de vida
aceptado por el país es el consumista, y más aún si se agita la simpática bandera de la
integración de países hermanos contra el poco nacionalismo que aún queda.
Esta política ya dio buenos dividendos en Europa y está a punto de triunfar en América.
Su objetivo final es homogeneizar culturalmente el mundo: todos seguiremos las mismas
modas en el vestido, la comida, la lectura, los entretenimientos, la investigación
científica. La libertad consistirá en poder elegir entre diferentes marcas de cigarrillos,
automóviles, colas, espectrofotómetros, estaciones de televisión o cadenas de hoteles de
turismo. Todos podremos servir como engranajes del mismo sistema, a nivel de
consumidores, obreros o técnicos.
Contra lo que nos decían los ingenuos análisis izquierdistas el imperio trata de unirnos
con nuestros vecinos, porque ya estamos en una etapa en que esta unión no nos refuerza
contra él, sino que nos quita libertad de acción y le permite dominar a los díscolos a
través de la mayoría sumisa. Es la unidad del rebaño, no la del ejército. Así, en el caso de
la integración científica, todo intento de autonomía quedará sofocado, pues el común
denominador de todos los países latinoamericanos es la ciencia standard del hemisferio
Norte que hemos descrito, y al aceptar unirnos tenemos que acatar el criterio de la
mayoría.
Todo intento de homogeneizarnos es peligroso mientras provenga de afuera. La TV
educativa, la enseñanza por medio de computadoras, los textos uniformes, son formas
dulces pero eficaces del lavado de cerebro porque transmiten conocimiento enlatado en el
exterior. Corolario: la autonomía científica debe defenderse a toda costa, así como
también las demás formas de independencia cultural. La integración científica no debe
aceptarse.
Nótese que el éxito de este programa de integración sería un golpe mortal para los fósiles
de nuestras universidades, incapaces de alcanzar el nivel de capacitación que se propone.
Nadie lo lamentará, pero no olvidemos que de todos modos están en proceso de
extinción. Los cientificistas hacen de esta derrota de los fósiles una bandera que confunde
a muchos (otra vez la falacia triangular). En este contexto colonialista, creer que los
fósiles son el enemigo principal de la ciencia argentina es tan ingenuo como creer que el
latifundista criollo es el enemigo principal de nuestra independencia económica. El
peligro principal es perder nuestra identidad nacional, la poca que nos queda. Una vez
asimilados totalmente al bloque de la cultura consumista habremos perdido toda
oportunidad de elegir nuestros objetivos propios y el sistema social más adecuado para
conseguirlos.
Debemos pues aclarar en qué consiste esta autonomía científica, y cómo se relaciona con
nuestro problema central: el cambio de sistema.
24
En primer lugar sostengo que aun desde el limitado punto de vista desarrollista es
necesaria la autonomía científica. Y además, que ella es al mismo tiempo más beneficiosa
para el adelanto de la Ciencia −con mayúscula− que el seguidismo cientificista.
Pero debemos insistir, a riesgo de repetirnos, sobre el significado de esta autonomía, pues
es fácil atacar por el ridículo la idea de una ciencia argentina. ¿Qué es una Física
argentina, o una Sociología argentina, aparte de las aplicaciones locales de verdades
universales descubiertas por esas ciencias? La ley de la gravitación no es inglesa aunque
haya sido descubierta allí. Lo que es verdad en Nueva York también es verdad en Buenos
Aires.
Lo que ocurre es que la verdad no es la única dimensión que cuenta: hay verdades que
son triviales, hay verdades que son tontas, hay verdades que sólo interesan a ciertos
individuos. “Una proposición significa algo si y sólo si puede ser declarada verdadera o
falsa”, afirma una escuela filosófica muy en boga entre los científicos norteamericanos.
Yo no lo creo: hay otra dimensión del significado que no puede ignorarse: la
importancia.
Es cierto que un teorema demostrado en cualquier parte del mundo es válido en todas las
demás, pero a lo mejor a nadie le importa (lo sé muy bien, como autor y lector de
numerosos teoremas que no interesan prácticamente a nadie).
La respuesta habitual a eso es: “no se sabe nunca; tal vez dentro de diez años este teorema
va a ser la piedra fundamental de una teoría importantísima”, y se dan algunos ejemplos
históricos (pocos, y casi todos dudosos). Si, como posibilidad lógica no se puede
descartar, pero ¿cuál es su probabilidad? Porque si es muy cercana a cero no vale la pena
molestarse. Además seamos realistas: si un teorema que yo descubro hoy resulta
importante dentro de diez años, es seguro que el científico que lo necesite para su teoría
lo va a redescubrir por su cuenta, y recién mucho después algún historiador de la ciencia
dirá: “ya diez años antes ese teorema había sido demostrado en Argentina”. No interesa.
Ese valor potencial de cualquier descubrimiento científico es el que tendría un ladrillo
arrojado al azar en cualquier sitio, si a alguien se le ocurriera construir allí una casa. Es
posible, pero no se puede organizar una sociedad, ni la ciencia de un país, con ese tipo de
criterio. No todas las investigaciones tienen la misma importancia, y por lo tanto la
misma prioridad; ellas no pueden elegirse al azar.
Y la importancia es algo esencialmente local; una teoría sobre el petróleo no tiene el
mismo interés en Suiza que en Venezuela. Nosotros no debemos usar los criterios de
importancia del hemisferio Norte. Y si usamos nuestros propios criterios ya habremos
comenzado a hacer ciencia argentina.
La otra característica local, nacional, de la ciencia es la gran complejidad propia y de
interacción con el medio, que presentan todos los sistemas y fenómenos de escala
humana.
En efecto, si bien un átomo es el mismo en todas partes −se lo describe con las mismas
variables y esta sujeto a las mismas variables y está sujeto a las mismas acciones
externas− ya no ocurre lo mismo con un río, para citar otro ejemplo físico. Lo que se
puede afirmar válidamente para todos los ríos −la teoría general de los ríos− no nos ayuda
25
gran cosa para hacer predicciones interesantes en nuestra escala de tamaño y tiempo
sobre su comportamiento: inundaciones en cada uno de sus puntos, cambios de forma del
lecho, características de sus puertos, etcétera. Son tantas las variables que intervienen
−característica propias del río y condiciones de contorno como el terreno y el clima− y de
importancia relativa tan diferente según el río, que es absurdo construir un modelo
general que sirva para cualquier río con solo cambiar de valores numéricos los
parámetros.
Cada río necesita su propia ‘teoría’, que consiste en primer lugar en discernir cuáles son
los factores importantes para su comportamiento en función de los objetivos del estudio,
y luego combinarlos según leyes específicas de ese río, específicas porque son casos
particulares especiales de leyes generales desconocidas.
Y si esto pasa con un sistema natural como un río, es claro que sucede en mayor grado
con los sistemas sociales o biológicos.
Han fracasado hasta ahora los esfuerzos de la Economía y la Sociología por establecer
leyes generales que sirvan para algo interesante a nuestra escala. Las pocas leyes válidas
son tan amplias que resultan triviales, o se refieren a escalas de tiempos inútiles para la
acción (como la teoría de las civilizaciones de Toynbee, si fuera cierta). Y las que sirven
para guiar la política económica de un país europeo no tienen casi nunca validez aquí. La
insistencia en querer aplicarnos leyes empíricas, criterios o instrumentos que han probado
alguna eficacia en el Norte, es un concepto erróneo de la ciencia por parte de los que
desde allí lo proponen, y es mero seguidismo por parte de los que lo aceptamos. Los
ejemplos que pueden darse al respecto son infinitos.
Si alguna afirmación científica nos permite hacer la experiencia, es que conviene plantear
el estudio de cada problema social y de otros de análoga complejidad en su marco de
referencia local, buscando los factores importantes y las leyes adecuadas al caso
particular, sin despreciar la experiencia universal, pero sin aceptarla a priori. Hacer eso en
Argentina es hacer ciencia argentina. Y sus adelantos contribuirán a construir esa ciencia
social universal, hoy tan endeble, más que el seguidismo a las ideas del hemisferio Norte.
Para evitar confusiones, insistiré en que la autonomía científica es independencia de
criterio, actitud crítica, pero de ninguna manera rechazo indiscriminado de todo lo que
provenga de otro país: ideas, aparatos, información. Basta recordar que la ciencia del
Norte ha producido una fuerza física irrebatible, las armas, a las cuales sería suicida
renunciar por mucho afán de independencia cultural que se tenga.
Hay desgraciadamente pocos ejemplos en el mundo que nos sirvan de guía para no caer
en los extremismos infantiles, pues hoy el país que no copia a los Estados Unidos copia a
la URSS (En rigor, de China no se sabe nada). Una posición más razonable me parece ver
en algunos aspectos del movimiento pro black studies de los negros norteamericanos:
algunos estudiantes negros se rehúsan a caracterizar los grupos sociales con las variables
usadas por los sociólogos blancos, porque ellas no son siempre las más útiles para
comprender lo que ocurre, por ejemplo, con las familias negras. Las variables que
describen a la familia negra deben ser elegidas teniendo en cuenta sus problemas
26
especiales, los objetivos que persiguen los negros y los instrumentos de acción que ellos
pueden manejar.
Por mi parte creo que hay un método de trabajo que prácticamente obliga a hacer ciencia
autónoma razonable. Es el estudio interdisciplinario de problemas grandes del país,
incluyendo una adaptación a éste de la enseñanza superior.
Por ‘estudio interdisciplinario’ no quiero decir un equipo dirigido por un biólogo, por
ejemplo, en el que actúan como colaboradores secundarios químicos, estadísticos o
economistas, ni tampoco un estudio múltiple de los distintos aspectos del problema hecho
por varios especialistas que trabajan cada uno por su cuenta. El primer tipo de estudio es
en realidad monodisciplinario y el segundo multidisciplinario. El ‘inter’ indica un grado
de organización y amplitud mayor: los distintos aspectos discutidos en común por
especialistas de igual nivel en las distintas disciplinas, para descubrir las interconexiones
e influencias mutuas de esos aspectos, y para que cada especialista aproveche no sólo los
conocimientos, sino la manera de pensar y encarar los problemas habituales en los demás.
Esta interacción de disciplinas, que exige discusión, crítica y estímulo constante entre los
investigadores, y permite que ideas y enfoques típicos de una rama de la ciencia se
propaguen de manera natural a las demás, me parece una garantía de éxito.
Tomemos como ejemplo el estudio de una región como el Chaco o la Patagonia. Es
costumbre en estos casos hacer investigaciones separadas de los aspectos geográficos,
ecológicos (cuando no simplemente descripción de especies), económicos y sociales,
aunque cada uno de esos equipos incluye colaboradores de diversas disciplinas
‘auxiliares’. Al no estar integrados esos equipos, no pueden poner de acuerdo sus
evaluaciones de la importancia relativa local de los diferentes subproblemas de que se
compone la investigación, y entonces cada equipo hace un estudio ‘neutro’, siguiendo
criterios universalistas y se recoge una cantidad de información que dice un poco de cada
cosa y no es suficiente para ninguna. Así, el ecólogo puede estudiar infinitas cosas
interesantes, pero en un equipo interdisciplinario elegirá aquellas que sean más útiles
según los criterios comunes a todos (que en el caso ideal estarán guiados por un plan,
estrategia política u objetivos nacionales). Lo mismo puede decirse del antropólogo, el
economista y hasta del cartógrafo. Si trabajan cada uno por su cuenta, caen
indefectiblemente en los criterios ortodoxos de sus ciencias, por falta de otra orientación.
Si se integran, no pueden perder de vista que el estudio se hace en este país, con estos
objetivos y estos recursos, que deben asignarse eficientemente. Es muy distinto estudiar
un suelo en general que estudiarlo en función de ciertos usos específicos posibles. Es muy
distinto estudiar la fauna general de una región que buscar enemigos naturales de ciertas
especies que se quieren implantar. Es muy distinto estudiar la cultura entera de una tribu
que preocuparse especialmente por sus probables actitudes si se la tiene que desplazar de
su territorio usual porque allí se hará un embalse.
Es de notarse que estas cuestiones parecen superficialmente ser de ciencia aplicada pero,
como siempre en cuanto se quieren tratar en serio conducen a la investigación teórica
original. Huelga decir que la solución de cualquier problema social requiere un planteo
teórico, casi siempre con alguna dosis de originalidad, antes y después de la recolección
de datos. Que la observación activa de la naturaleza conduce a cuestiones teóricas
27
tampoco es novedad: no es por simple aplicación de lo que ya se sabe que se resuelven
problemas como la desulfuración de un petróleo o la descontaminación de ciertas aguas o
suelos. Pero aún en el campo de la Matemática abstracta pueden surgir problemas
teóricos nuevos en cuanto uno se propone utilizarla sin preconceptos, como me ha tocado
verificar.
En efecto, por el solo hecho de intentar la sistematización global y razonablemente
detallada de sistemas económico-sociales, pero buscando hacerlo de modo que resulte útil
para tomar decisiones y comparar distintas estrategias −no sólo para publicar papers− se
ve uno llevado poco a poco a descartar las herramientas clásicas del Análisis y el
Álgebra. Eso no debería sorprender a nadie, a posteriori, pues casi todas las motivaciones
externas para el desarrollo de esas herramientas provinieron de la Física, cuyos problemas
son de otro tipo.
Ese intento, hecho ya sin prejuicios, lleva a modelos matemáticos de tal complejidad que
resulta imposible extraer de ellos conclusiones generales, mediante el examen ortodoxo
de cada una de sus fórmulas o ecuaciones. Ya he desarrollado este tema en otras
publicaciones, de modo que me limito aquí a decir que el manejo de estos modelos
grandes requiere puntos de vista no contemplados en las ramas más de moda en la
Matemática actual. El método que se está empezando a desarrollar ya tiene nombre
−Experimentación Numérica− pero no justificación teórica; es parecido al de simulación
(también carente de teoría general) pero incluye no sólo nuevas necesidades a estudiar
por la Estadística, sino ramas apenas tratadas ‘empíricamente’, como la taxonomía
numérica, cuya teoría está en pañales.
Tal vez los matemáticos jóvenes hallarían más campo para satisfacer su vocación teórica
tratando, pues, de resolver este gran problema práctico de representar un sistema
complejo y manejar luego esa representación o modelo de manera que se pueda extraer
algún tipo de conclusiones útiles.
No se trata pues de hacer ciencia aplicada, sino de no romper la cadena completa de la
actividad científica: descripción, explicación, predicción, decisión.
El académico desprecia el último eslabón; el empírico se queda sólo con él. Aquí se
propone empezar por él, pues decidir implica haber definido los objetivos y por lo tanto
da el verdadero planteo del problema. Y luego ir hacia atrás funcionalmente:
Predecir, no para tener la satisfacción de acertar, sino para poder decidir, o sea elegir
entre varias posibilidades la que mejor logrará los objetivos. Explicar no por el placer de
construir teorías, sino para poder predecir. Describir no para llenar enciclopedias, sino en
función de la teoría, usando las categorías necesarias para explicar.
Observemos por último, que esta forma integrada de trabajo en equipo se ve rara vez en
el hemisferio Norte. Es una modalidad poco compatible con la descripción que hemos
hecho de la ciencia actual, y se recurre a ella sólo en caso de guerra o compromisos
similares −como la carrera hacia la luna− y con grandes dificultades. La competitividad
se opone a la participación en un equipo de iguales, donde será luego difícil discernir la
paternidad de las ideas, y donde hay que renunciar a la comodidad de ignorar todo salvo
una especialidad limitada.
28
Tiene pues sentido hablar de autonomía científica. A muchos nos parece además una
manera conveniente de prevenir posibles deformaciones de la ciencia debidas a un
monopolio que tiende a hacerse cada vez mayor. Y como hemos dicho, ser menos
satélites científicos es serlo también en tecnología y por lo tanto en economía. Si en algo
apreciamos nuestra nacionalidad debemos cuidar nuestra independencia también en el
campo científico.
29
ANEXO
ESTATUTO DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE AVELLANEDA
PRIMERA PARTE
DE LOS PRINCIPIOS CONSTITUTIVOS
TÍTULO I
DE LOS PRINCIPIOS Y FINES
Página 1 de 22
expresión y de investigación, sobre la base del respeto y la aceptación mutua, sin
discriminación de géneros, sexualidades, etnia, color, idioma, religión, condición
social, nacionalidad o de cualquier otra índole. La Universidad Nacional de
Avellaneda garantiza y promueve el respeto irrestricto de los derechos humanos y
de las libertades fundamentales.
ARTÍCULO 7.- La Universidad Nacional de Avellaneda asume los principios de
equidad e igualdad de oportunidades de la Educación Pública establecidos en
nuestra Constitución Nacional, reconoce la interculturalidad de comunidades
nacionales y regionales, y la diversidad de géneros y sexualidades, promoviendo
una representación equitativa, concibe a la Educación como medio de integración
cultural y de movilidad ascendente.
ARTÍCULO 8.- Son fines de la Universidad Nacional de Avellaneda:
a) Organizar y brindar Educación Superior Universitaria y Preuniversitaria,
presencial y/o a distancia, mediante trayectos curriculares de pregrado, grado,
posgrado y pre-universitarios;
b) Formar investigadores/as, extensionistas, profesionales, docentes, técnicos/as,
estudiantes y egresados/as, con sólidos conocimientos y amplio pensamiento
crítico para ejercer un rol activo en el desarrollo social, cultural y económico de la
nación, con capacidad para desempeñarse en diversos contextos, con prioridad
en el país y en Latinoamérica;
c) Formar personas reflexivas que respeten el orden institucional democrático y
desarrollen valores éticos y solidarios, que promuevan la pluralidad y la justicia
social;
d) Favorecer la permanencia, promoción, acompañamiento institucional e igualdad
de oportunidades de los/las estudiantes;
e) Formar profesionales con perspectiva de género, comprometidos/as en la
construcción de una sociedad sin violencia hacia las mujeres, lesbianas, gays,
travestis, trans, intersex, queer y hacia todas aquellas identidades autopercibidas
que no respondan al sistema binario de género;
f) Posibilitar el derecho a la educación de las personas con discapacidad, sin
discriminación y sobre la base de la igualdad de oportunidades;
g) Promover la integración de todos los grupos sociales, respetando tanto el
derecho a la identidad de género de las personas como el derecho a vivir
libremente sus sexualidades;
h) Promover y desarrollar conocimiento científico socialmente productivo y
significativo, que contribuya al mejoramiento de la calidad de vida y al desarrollo
sociocultural, político y económico de la comunidad;
i) Propiciar acciones tendientes al desarrollo sostenible
j) Incentivar el desarrollo de la cooperación comunitaria, promoviendo actividades
culturales;
k) Promover la memoria activa y el reconocimiento a la trayectoria o aporte a la
comunidad, de organizaciones y/o personas destacadas;
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l) Articular y cooperar con organismos municipales, provinciales, nacionales e
internacionales, con organizaciones sociales y con empresas públicas y/o
privadas, para propender al desarrollo social y respeto al medio ambiente;
m) Posibilitar el desarrollo y transferencia de conocimiento y tecnología a la
sociedad;
n) Brindar servicios a la comunidad en respuesta a sus necesidades reales;
o) Construir la identidad institucional, preservando su legitimidad, asegurando la
calidad de las actividades desarrolladas y de sus productos, guardando eficiencia
en el uso de los recursos y protegiendo la sustentabilidad institucional.
ARTÍCULO 9.- La Universidad Nacional de Avellaneda asume como funciones
sustantivas el desarrollo de la enseñanza, investigación, extensión, vinculación,
transferencia y gestión universitaria, asegurando la libertad de todas las actividades
académicas y la igualdad de oportunidades para el desarrollo de la carrera
académica
, promoviendo la corresponsabilidad de toda la comunidad universitaria.
TÏTULO II
DE LAS FUNCIONES SUSTANTIVAS
Capítulo I
DE LA ENSEÑANZA
ARTÍCULO 10.- La Universidad Nacional de Avellaneda concibe a la enseñanza
como la práctica que propicia procesos de construcción, comunicación, transmisión y
recreación de conocimientos respecto de contenidos científicos, tecnológicos,
técnicos, éticos, culturales, sociales y profesionales, racionalmente justificables y
dignos de ser aprendidos por los/las estudiantes. La enseñanza promueve el
desarrollo personal y profesional de los/las estudiantes; de su pensamiento crítico y
autónomo; de su compromiso social, responsabilidad ética y valores democráticos.
ARTÍCULO 11.- La Universidad Nacional de Avellaneda a través de su función de
enseñanza, organiza y desarrolla las acciones formativas enunciadas en sus
principios. Implementa carreras con diseños curriculares flexibles que atienden a las
complejidades profesionales, disciplinares y territoriales. La flexibilidad, posibilita
márgenes de autonomía en las elecciones de los/las estudiantes y su movilidad por
diferentes casas de altos estudios, tanto en el país como en el extranjero.
ARTÍCULO 12.- Los planes de estudio se organizarán matricialmente, el eje
longitudinal estará dado por la formación profesional específica y la formación
disciplinar relativas al alcance de las titulaciones de cada carrera y el eje transversal,
común a todas las carreras, se constituye por la formación en investigación, en el
territorio, en idioma extranjero y en el manejo de herramientas informáticas. La
organización disciplinar específica y profesional se encontrará en el ámbito de cada
Departamento. La organización de las áreas de conocimiento será común a todas
las carreras y se encontrará en el ámbito del Rectorado.
Capítulo II
DE LA INVESTIGACIÓN
ARTÍCULO 13.- La Universidad Nacional de Avellaneda realizará actividades de
investigación, orientadas tanto a la generación de conocimiento, como a la
resolución de problemas, inquietudes y demandas sociales, que propicien el
desarrollo sostenible y una mejor calidad de vida, a través de la transferencia de sus
resultados.
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ARTÍCULO 14.- La Universidad Nacional de Avellaneda estimulará y facilitará los
proyectos realizados por su comunidad académica, a través de intercambios con
otras universidades y centros de investigación del país y del extranjero. A su vez,
promoverá, informará y acompañará todas las instancias que aporten al desarrollo e
intercambio académico y de gestión de la investigación.
ARTÍCULO 15.- Las actividades de investigación se desarrollarán de manera
planificada, coordinada y articulada con los diversos ámbitos de formación de grado
y posgrado.
Capítulo III
DE LA EXTENSIÓN.
ARTÍCULO 16.- La extensión universitaria abarca un conjunto de acciones que
determinan la efectiva inserción de la Universidad Nacional de Avellaneda en el
entramado social que la contiene. Para ello, se desarrollarán actividades que
fortalezcan los procesos educativos de intercambio de saberes con los distintos
sectores y organizaciones de la comunidad, fomentando procesos que contribuyan a
la producción de conocimiento, que vinculen críticamente el saber académico con el
saber popular. La extensión estará integrada a la formación de todos/as los/las
estudiantes, a través de un trayecto curricular integrador, desde una perspectiva
interdisciplinaria.
ARTÍCULO 17.- Se estimulará la participación de la comunidad universitaria en la
realización de actividades de extensión, que podrán implementarse en formas
diversas. En tal sentido, se propiciará la comunicación, el intercambio y la
articulación que promuevan la integración de las funciones sustantivas desde un
enfoque transdisciplinar.
Capítulo IV
DE LA VINCULACIÓN Y LA TRANSFERENCIA.
ARTÍCULO 18.- La Universidad Nacional de Avellaneda reconoce a la vinculación y
la transferencia como funciones sustantivas.
ARTÍCULO 19.- La transferencia está destinada a brindar a la comunidad el
conocimiento, las habilidades y la propiedad intelectual que se construya a partir de
toda práctica universitaria que realicen sus docentes, investigadores/as,
extensionistas, graduados/as y estudiantes. A través de la transferencia, se busca
dar respuesta a las necesidades y demandas del desarrollo socio-productivo,
mediante la gestión de capacidades y servicios científico-tecnológicos.
ARTÍCULO 20.- La vinculación está destinada a establecer nexos productivos de
cooperación y colaboración con instituciones y/u organizaciones de los sectores
público, privado y social, relacionadas con:
a) La generación de conocimiento y el desarrollo de capacidades en colaboración
con agentes tanto académicos como no-académicos, y la elaboración de marcos
legales y culturales que orienten la apertura de las universidades hacia su
entorno;
b) El uso, aplicación y explotación del conocimiento y de otras capacidades
existentes en la Universidad fuera del entorno académico, así como la
capacitación, la venta de servicios, el asesoramiento y la consultoría, realizados
por ésta en su entorno.
Capítulo V
DE LA GESTIÓN
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ARTÍCULO 21.- La Universidad Nacional de Avellaneda establece que la gestión
está determinada por el Gobierno Universitario. La misma promueve el desarrollo
integral e integrado de la institución, a través de áreas responsables de diseñar,
ejecutar y evaluar los procesos y los mecanismos que aseguren el cumplimiento de
sus fines, a partir del reconocimiento de sus orígenes, su cultura y sus valores.
SEGUNDA PARTE
DE LA ORGANIZACION Y EL GOBIERNO
TÍTULO I
DE LA ORGANIZACIÓN
ARTÍCULO 22.- Para el cumplimiento de sus fines, la Universidad Nacional de
Avellaneda se organiza de forma matricial, pues articula 3 (tres) tipos de órganos
que vinculan sus funciones sustantivas:
ÓRGANOS DE GOBIERNO
a) La Asamblea Universitaria;
b) El Consejo Superior;
c) El/La Rector/a;
d) El/La Vicerrector/a;
e) Los Consejos Departamentales;
f) Los/Las Decanos/as.
ÓRGANOS DE GESTIÓN Y ADMINISTRACIÓN
a) El/La Rector/a;
b) El/La Vicerrector/a;
c) Las Secretarías del Rectorado;
d) Los/Las Decanos/as;
e) Las Secretarías Departamentales;
f) Los/Las Directores/as de Carrera.
ÓRGANOS DE ASESORAMIENTO Y/O CONTRALOR
a) El Servicio de Asesoría Jurídica Permanente;
b) La Unidad de Auditoría Interna;
c) Las Comisiones Curriculares de las Carreras;
d) El Tribunal Universitario;
e) El Consejo Social.
Capítulo I
DE LA ESTRUCTURA
ARTÍCULO 23.- La Universidad Nacional de Avellaneda adopta una estructura
matricial con objeto de proporcionar orientación sistemática al ejercicio de las
funciones sustantivas, cuyo eje transversal está integrado por la Asamblea
Universitaria, el Consejo Superior, el Rectorado y los Órganos de Asesoramiento y
de Contralor. Su eje longitudinal está conformado por los Departamentos y otras
Unidades Académicas.
ARTÍCULO 24.- El Rectorado articulará con cada Departamento y demás Unidades
Académicas, las acciones necesarias para el desarrollo de las funciones sustantivas
relativas a la especificidad de cada unidad académica y, en concordancia con la
matricialidad, realizará la integración transversal e interdepartamental de las
propuestas para su potenciación.
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ARTÍCULO 25.- Los Departamentos son las unidades académicas cuya función es la
de llevar a cabo y potenciar la realización de las funciones sustantivas de la
Universidad en las áreas de su competencia. Mantendrán coherencia en su
organización y decisiones por medio de la conducción y coordinación que ejercen la
Asamblea Universitaria, el Consejo Superior y el Rectorado.
ARTÍCULO 26.- La estructura de organización departamental articulará en forma
transversal el ejercicio de sus funciones sustantivas con las Secretarías del
Rectorado competentes. De tal forma, se conformará una matriz de gestión
dinámica, participativa, transparente y democrática.
TÍTULO II
DEL GOBIERNO DE LA UNIVERSIDAD
ARTÍCULO 27.- El Gobierno de la Universidad se ejerce con la participación de
todos los miembros de la comunidad universitaria, a través de los representantes
que integran los órganos de gobierno.
Capítulo I
DE LA ASAMBLEA UNIVERSITARIA
ARTÍCULO 28.- La Asamblea Universitaria es el órgano de gobierno supremo de la
Universidad. La componen los/las miembros del Consejo Superior y los/las
miembros de los Consejos Departamentales.
ARTÍCULO 29.- La Asamblea tendrá las siguientes funciones:
a) Elegir al/la Rector/a;
b) Aprobar y reformar el Estatuto de la Universidad;
c) Resolver sobre la renuncia del/la Rector/a, suspenderlo/a o separarlo/a de su
cargo ante razones justificadas, con fundamento en las causas establecidas en el
ARTÍCULO 43 del presente Estatuto, previa sustanciación del juicio académico
correspondiente ante el Tribunal Universitario;
d) Decidir sobre la creación, modificación o supresión de Departamentos;
e) Dictar su reglamento interno y el orden de sus sesiones.
ARTÍCULO 30.- La Asamblea requerirá de un quórum de por lo menos la mayoría
absoluta de sus miembros para sesionar y tomará sus decisiones por simple mayoría
de los/las miembros presentes. Para decidir sobre algunas temáticas de especial
relevancia, según lo determine el presente Estatuto, se requerirá de una mayoría
especial de 2/3 (dos tercios) de sus miembros para formar quórum y las resoluciones
se adoptarán por 2/3 (dos tercios) de los/las presentes.
ARTÍCULO 31.- Si pasada una hora de la fijada para su inicio no se hubiera logrado
quórum, el/la Rector/a citará a la Asamblea para una nueva fecha, que no podrá
exceder el plazo de 5 (cinco) días. En este caso, la Asamblea decidirá por mayoría
de votos los asuntos planteados, salvo los casos previstos en los incisos b, c, y d
del artículo 29 del presente, en donde resulta necesario contar con la mayoría
especial de los votos. Si en la segunda convocatoria no se hubiera conseguido el
quórum necesario para sesionar, se citará a nueva Asamblea a celebrarse dentro de
los siguientes 10 (diez) días.
ARTÍCULO 32.- La Asamblea Universitaria deberá considerar los asuntos para los
cuales fuera expresamente convocada. No podrá modificar, ampliar ni reducir el
orden del día. Para tratar los temas mencionados en los incisos b, c y d del
ARTÍCULO 29, será necesario contar con el quórum de 2/3 (dos tercios) del total de
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miembros, y las resoluciones se adoptarán por los 2/3 (dos tercios) de los votos
presentes.
ARTÍCULO 33.- La Asamblea Universitaria será convocada por el/la Rector/a:
a) Por propia iniciativa;
b) Por pedido del Consejo Superior, por resolución adoptada por mayoría de 2/3
(dos tercios) de sus miembros;
c) Ante el requerimiento debidamente fundado y formulado por escrito con las
firmas de los 2/3 (dos tercios) de los/las miembros de la Asamblea.
ARTÍCULO 34.- La convocatoria a Asamblea Universitaria conjuntamente con el
Orden del Día de la misma, se remitirá por medio fehaciente a sus integrantes con
los siguientes plazos mínimos de antelación:
a) Sesiones ordinarias o extraordinarias: 7 (siete) días corridos o 3 (tres) días
corridos en el caso del ARTÍCULO 31;
b) Casos de extrema urgencia: 48 (cuarenta y ocho) horas.
A su vez, se comunicará públicamente a toda la comunidad universitaria mediante
anuncios en las carteleras de cada Departamento, del Consejo Superior y de
información general.
ARTÍCULO 35.- La Asamblea Universitaria es presidida por el/la Rector/a, en su
ausencia por el/la Vicerrector/a y en ausencia de ambos por el/la Decano/a que la
Asamblea designe o finalmente por un/una miembro de la Asamblea que ésta
designe por mayoría simple. La autoridad que preside la Asamblea tiene voz y voto,
y en caso de empate su voto desempatará. El/la Secretario/a del Consejo Superior o
su reemplazante, actúa como Secretario/a de la Asamblea.
Capítulo II
DEL CONSEJO SUPERIOR
ARTÍCULO 36.- El Consejo Superior estará integrado por: el/la Rector/a; los/las
Decanos/as; 10 (diez) Docentes ordinarios/as del nivel universitario; 4 (cuatro)
Estudiantes regulares del nivel universitario, con por lo menos el 30% (treinta por
ciento) de las asignaturas aprobadas de la carrera que cursan; 3 (tres) Nodocentes
de la planta permanente; 1 (un/una) representante del Consejo Social; 1 (un/una)
Graduado/a; 1 (un/una) representante del Sistema Preuniversitario.
ARTÍCULO 37.- La duración en el cargo de los/las Consejeros/as de los Claustros
Docente y No docente, y del/la representante del Sistema Preuniversitario, será de 4
(cuatro) años en sus cargos. Los/las Consejeros/as de los Claustros Estudiantil y
Graduado, y el/la representante del Consejo Social, durarán 2 (dos) años en sus
cargos. Todos estos cargos revisten carácter ad honorem.
ARTÍCULO 38.- El/la Rector/a preside el Consejo Superior, quien sólo votará en
caso que fuese necesario un desempate y su presencia deberá ser computada para
formar quórum.
ARTÍCULO 39.- Corresponde al Consejo Superior:
a) Dictar actos administrativos o reglamentaciones que involucren y comprometan al
conjunto de la Universidad;
b) Convocar a la Asamblea Universitaria en los casos y condiciones que establezca
el presente Estatuto;
c) Proponer a la Asamblea Universitaria la modificación del Estatuto Universitario;
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d) Designar al/la Vicerrector/a, a propuesta del/la Rector/a;
e) Designar al/la Secretario/a del Consejo Superior, a propuesta del/la Rector/a;
f) Fijar las políticas de la Universidad y evaluar su cumplimiento;
g) Ejercer el contralor de legitimidad sobre las decisiones del/la Rector/a, de los/las
Decanos/as, de los Consejos Departamentales y demás órganos de la
Universidad;
h) Formular, aprobar y modificar el presupuesto anual, y aprobar la rendición de
cuentas presentada anualmente por el/la Rector/a;
i) Reglamentar, a propuesta del/la Rector/a, la composición y funcionamiento del
Consejo Social y la elección de su representante ante este Consejo;
j) Crear, suspender o suprimir carreras de pregrado, grado y posgrado, a propuesta
del/la Rector/a, acciones que quedarán sujetas a la aprobación de los
organismos de evaluación y acreditación correspondientes;
k) Crear Institutos, Centros de Formación, Centros de Investigación, Centros
Culturales, Escuelas y Observatorios, y reglamentar su funcionamiento;
l) Reglamentar las acciones dirigidas a la valorización, explotación, utilización de
conocimientos, recursos y productos, así como también sus capacidades para
educar e investigar, incluyendo el fomento de la vinculación con el medio y la
transferencia de conocimientos. Estas acciones pueden realizarse en forma
directa o mediante la promoción de fundaciones, entidades sin fines de lucro o
sociedades, en forma individual o asociándose con otras personas;
m) Disponer la intervención de los Departamentos o de otras Unidades Académicas
en caso de acefalía o grave conflicto;
n) Aprobar los diseños curriculares y/o planes de estudio de las carreras, sobre la
base de las recomendaciones de los Departamentos o de otras Unidades
Académicas y del órgano de rectorado competente;
o) Aprobar la expedición de títulos y proponer y gestionar sus alcances e
incumbencias;
p) Homologar los planes de estudios, aprobar el alcance de los títulos y grados, y
decidir en última instancia la cuestión sobre equivalencia de títulos, estudios,
asignaturas y distinciones universitarias;
q) Revalidar los diplomas expedidos por universidades extranjeras, de acuerdo con
la legislación nacional y normas de la institución;
r) Aprobar los llamados a Concurso Docente y designar a los/las Docentes
Ordinarios/as;
s) Designar a los/las Docentes Extraordinarios/as y otorgar el título de Doctor/a
Honoris Causa a destacadas personalidades, acorde con la reglamentación que
el propio Consejo Superior dicta al respecto;
t) Establecer el régimen de acceso, permanencia y egreso de los/las Estudiantes
de la Universidad;
u) Dictar y modificar su Reglamento Interno;
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v) Establecer las reglamentaciones sobre: Régimen Electoral; Régimen de
Concursos para la provisión de cargos docentes y nodocentes; Régimen
Académico; Régimen ético-disciplinario y los Juicios académicos; y todos
aquellos temas que se mencionen en el presente Estatuto;
w) Resolver los pedidos de licencia del/la Rector/a, del/la Vicerrector/a y de los/las
miembros del Consejo Superior;
x) Reglamentar los juicios académicos y constituir un Tribunal Universitario
encargado de sustanciarlos y entender en toda cuestión disciplinaria en que esté
involucrado el personal docente;
y) Separar a los/las Docentes ordinarios/as, previa sustanciación de juicio
académico;
z) Aprobar convenios marco de cooperación y colaboración con otras universidades
o instituciones públicas o privadas del país o del extranjero;
aa) Aceptar herencias, legados y donaciones que se hicieran a la Universidad;
bb) Reglamentar la adquisición y autorizar la enajenación y baja de bienes de la
Universidad;
cc) Reglamentar el Sistema Preuniversitario y crear, modificar o suprimir sus
órganos; y reglamentar la elección de su representante en el Consejo Superior;
dd) Ser último intérprete respecto del alcance del presente Estatuto, previo dictamen
del Servicio de Asesoría Jurídica Permanente.
Capítulo III
DEL/LA RECTOR/A
ARTÍCULO 40.- El/La Rector/a es la máxima autoridad ejecutiva en el ejercicio de la
administración de la Universidad y ejerce la representación de la misma en todos los
actos académicos, administrativos y civiles. Debe ser ciudadano/a argentino/a y ser
o haber sido docente ordinario/a de una Universidad Nacional Argentina. Tendrá la
misión de representar y dirigir la Universidad. El/La Vicerrector/a debe reunir las
mismas calidades personales y académicas.
ARTÍCULO 41.- El/La Rector/a durará 4 (cuatro) años en sus funciones con la
posibilidad de ser reelecto.
ARTÍCULO 42.- La elección del/la Rector/a corresponde a la Asamblea Universitaria
y se realizará, de ser necesario, en doble vuelta electoral. Será proclamado como
Rector/a quien hubiera obtenido el voto de la mayoría absoluta de la totalidad de los
miembros del Cuerpo o aquel candidato que resultare más votado en la segunda
vuelta.
ARTÍCULO 43.- El/La Rector/a sólo podrá ser separado/a de su cargo por la
Asamblea, previa conclusión del sumario administrativo ordenado por el Consejo
Superior, cuando se verifique alguna de las siguientes causas:
a) Abandono en el desempeño de su cargo o incapacidad declarada;
b) Incumplimiento de las obligaciones que le impone el presente Estatuto;
c) Existencia de sentencia firme por delito doloso.
ARTÍCULO 44.- El/La Vicerrector/a será designado/a por el Consejo Superior a
propuesta del Rector/a y podrá ser separado/a de su cargo, previa conclusión de
sumario, cuando se verifique alguna de las causas previstas en el ARTÍCULO 43.
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Durará en su cargo 4 (cuatro) años, con la posibilidad de ser nuevamente designado
por períodos similares.
ARTÍCULO 45.- En caso de muerte, ausencia o imposibilidad definitiva, separación o
renuncia aceptada del/la Rector/a, ejercerá la función el/la Vicerrector/a hasta
completar el mandato. Si fuera la de ambos/as, lo hará el/la Decano/a más antiguo/a
en el ejercicio de su función, y a igual antigüedad, el/la de mayor edad, quien deberá
convocar a Asamblea Universitaria para la designación de nuevo/a Rector/a, dentro
de los 30 (treinta) días de su asunción al cargo y para concluir el respectivo
mandato.
ARTÍCULO 46.- Serán funciones del/la Rector/a:
a) Ejercer la representación de la Universidad;
b) Convocar al Consejo Superior y a la Asamblea Universitaria, y presidir las
reuniones de estos órganos;
c) Disponer la ejecución de las resoluciones y acuerdos de la Asamblea
Universitaria y el Consejo Superior;
d) Conducir la gestión general de la Universidad;
e) Ejercer la conducción y gestión administrativa de la Universidad, crear, modificar
y organizar las Secretarías del Rectorado, designando y removiendo a los/las
funcionarios/as del área;
f) Elevar al Consejo Superior la propuesta de designación del/la Vicerrector/a;
g) Proponer al Consejo Superior la designación del/la Secretario/a del Consejo
Superior;
h) Ejecutar el presupuesto de la Universidad, sin perjuicio de las facultades de
delegación que contengan las reglamentaciones correspondientes;
i) Elaborar la memoria de gestión anual para consideración del Consejo Superior;
j) Designar y remover al personal de la Universidad cuyo nombramiento no sea
facultad del Consejo Superior u otra autoridad universitaria;
k) Controlar el cumplimiento de las obligaciones estatutarias y reglamentarias por
parte de los/las miembros de la comunidad universitaria;
l) Disponer la instrucción de sumarios administrativos en los casos de faltas
disciplinarias, ejercer la potestad disciplinaria y/o requerir la intervención del
Tribunal Universitario, según la reglamentación que al efecto dicte el Consejo
Superior;
m) Resolver sobre la separación de los/las funcionarios/as y/o docentes cuya
designación le corresponda conforme con el presente Estatuto;
n) Firmar los títulos, diplomas y certificados de estudios de la Universidad;
o) Autorizar de conformidad con el Estatuto y su reglamentación, el acceso,
permanencia y/o egreso de los/las estudiantes;
p) Establecer vínculos con organismos o instituciones nacionales, provinciales,
municipales y/o extranjeras, tendientes al mejor cumplimiento de los fines de la
Universidad;
q) Firmar convenios marco de cooperación y colaboración con instituciones públicas
o privadas, ad referéndum del Consejo Superior;
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r) Suscribir convenios específicos de carácter académico, profesional, científico y/o
empresarial, con instituciones públicas o privadas;
s) Percibir los fondos institucionales, por medio de la Tesorería General, y darles el
destino que corresponda, con cargo de rendir cuenta al Consejo Superior;
t) Propiciar la obtención de recursos para ampliar las bases económicas de la
Universidad;
u) Convocar a los distintos actos eleccionarios;
v) Crear y poner en funcionamiento servicios culturales, científicos, deportivos,
educativos, técnicos y/o de asesoramiento, para la Universidad y la comunidad
en general;
w) Resolver las cuestiones de urgencia, dando cuenta al Consejo Superior de
aquellas que sean de su competencia;
x) Designar y remover al/la Titular de la Unidad de Auditoría Interna y al resto de
los/las colaboradores/as del área;
y) Interpretar el alcance del Estatuto cuando surgieren dudas sobre su aplicación,
ad referéndum del Consejo Superior, y ejercer todas las demás atribuciones
administrativas, de superintendencia y reglamentarias, que no estuvieren
explícita o implícitamente reservadas a la Asamblea Universitaria, al Consejo
Superior o a los Consejos Departamentales.
ARTÍCULO 47.- Serán funciones del/la Vicerrector/a:
a) Reemplazar al/la Rector/a en forma transitoria cuando éste/a no pudiera ejercer
el cargo por cualquier causa y por el tiempo que dura el impedimento;
b) Ejercer las funciones delegadas por el/la Rector/a.
Capítulo IV
DE LOS CONSEJOS DEPARTAMENTALES
ARTÍCULO 48.- En cada Departamento se constituirá un Consejo Departamental
con el objeto de identificar las líneas prioritarias-estratégicas de desarrollo de las
carreras que lo integran, y de orientar y definir sus actividades.
ARTÍCULO 49.- El Consejo Departamental estará integrado por los/las siguientes
miembros:
a) El/La Decano/a;
b) 5 (cinco) Docentes ordinarios/as del Departamento;
c) 3 (tres) Estudiantes regulares con por lo menos el 30% (treinta por ciento) de las
asignaturas aprobadas de la carrera que cursan en el Departamento;
d) 1 (un/una) Graduado/a de alguna de las carreras del Departamento;
e) Los/Las Directores/as de las Carreras del Departamento tendrán voz pero
carecerán de voto en la toma de decisiones, tanto en las reuniones del Consejo
como en la Asamblea Universitaria.
ARTÍCULO 50.- Los/Las Consejeros/as Departamentales del Claustro Docente
durarán en sus funciones 4 (cuatro) años y los/las Consejeros/as Departamentales
del Claustro Estudiantil y del Claustro Graduados durarán en sus funciones 2 (dos)
años. El/La Decano/a votará sólo en caso que fuera necesario el desempate y su
presencia será computada para formar quórum. El Consejo Superior reglamentará el
funcionamiento de los Consejos Departamentales.
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ARTÍCULO 51.- Las funciones del Consejo Departamental serán:
a) Resolver sobre las medidas necesarias para la implementación de las políticas
académicas que adopte el Consejo Superior y el/la Rector/a, en el área del
Departamento;
b) Colaborar en la planificación y supervisión de las actividades del Departamento;
c) Aprobar los informes sobre las necesidades generales del Departamento;
d) Elevar al/la Rector/a, para su presentación al Consejo Superior, el diseño,
evaluación y control de gestión de planes, programas y proyectos académicos,
de investigación, de extensión, de vinculación y transferencia, correspondientes
al Departamento, acorde con los lineamientos políticos de la Universidad;
e) Elevar al/la Rector/a, las propuestas de carreras de pregrado, grado y posgrado
para su diseño en coordinación con la Secretaría del Rectorado competente y la
posterior presentación al Consejo Superior;
f) Proponer las prioridades de líneas de investigación y cursos de posgrados, en
coordinación con la Secretaría del Rectorado competente;
g) Dictaminar sobre los pedidos de equivalencias efectuados por los/las
estudiantes;
h) Proponer al/la Rector/a, a través del/la Decano/a, las designaciones docentes en
el ámbito del Departamento;
i) Avalar, a propuesta del/la Decano/a, a los/las Directores/as de Carrera;
j) Designar los/las integrantes de las Comisiones Curriculares.
Capítulo V
DE LOS/LAS DECANOS/AS
ARTÍCULO 52.- Los/Las Decanos/as serán designados/as por el Consejo
Departamental respectivo con el voto de la mayoría absoluta de sus miembros y
removidos por resolución del Consejo Superior, previa sustanciación de sumario
administrativo, fundado en las causas previstas por el ARTÍCULO 43. Su mandato
será por un período de 4 (cuatro) años, pudiendo ser reelectos/as.
ARTÍCULO 53.- En caso de vacancia definitiva del/la Decano/a por renuncia,
cesantía o fallecimiento, el Consejo Departamental designará por mayoría simple de
votos, de entre sus miembros, su reemplazante, quien ejercerá como decano/a
hasta completar el mandato.
ARTÍCULO 54.- Para ser designado Decano/a se deberán cumplir los siguientes
requisitos: ser ciudadano/a argentino/a y ser o haber sido Docente Ordinario/a de
una Universidad Nacional Argentina. El ejercicio de este cargo es indelegable y de
naturaleza docente.
ARTÍCULO 55.- Las funciones del/la Decano/a serán:
a) Implementar las decisiones adoptadas por el Consejo Superior, el/la Rector/a y el
Consejo Departamental, en el área de su competencia;
b) Ejercer la representación del Departamento;
c) Coordinar y supervisar las actividades del Departamento;
d) Propiciar la excelencia académica de sus áreas;
e) Controlar el cumplimiento de las obligaciones estatutarias y reglamentarias por
parte de docentes y estudiantes de las carreras;
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f) Convocar y presidir las reuniones del Consejo Departamental;
g) Proponer los/las Directores/as de Carrera al/la Rector/a para su designación;
h) Asesorar a los órganos de gobierno sobre las necesidades del Departamento, en
relación con el desarrollo de las actividades de enseñanza, investigación y
extensión pertinentes;
i) Gestionar planes operativos anuales del Departamento;
j) Informar anualmente al Consejo Superior, al/la Rector/a y al Consejo
Departamental acerca del desarrollo de los planes operativos, programas,
proyectos y acciones específicas del Departamento, estableciendo las
propuestas para el próximo período;
k) Evaluar, coordinar y realizar el control de la gestión de los planes, programas,
proyectos y actividades de enseñanza e investigación en las áreas de su
competencia, elevando los informes correspondientes al/la Rector/a para su
consideración;
l) Intervenir en los trámites de licencias del personal de su Departamento, según
las reglamentaciones pertinentes;
m) Elevar al/la Rector/a la propuesta de designación de docentes interinos efectuada
por el Consejo Departamental;
n) Proponer al/la Rector/a la designación y/o remoción de los/las Secretarios/as
Departamentales.
o) Proponer entre los/las Consejeros/as Departamentales del claustro docente a
un/una Secretario/a, quien deberá contar con el voto de la mayoría simple del
Consejo Departamental.
ARTÍCULO 56.- El/La Secretario/a de cada Consejo Departamental llevará el
registro de las reuniones del Consejo, además de la guarda de los libros de actas
correspondientes.
TÍTULO III
DEL SISTEMA DE GESTIÓN Y ADMINISTRACIÓN
ARTÍCULO 57.- La Universidad Nacional de Avellaneda desarrollará un sistema de
gestión universitaria flexible e integral, que facilitará el ejercicio responsable de la
autonomía institucional, fortaleciendo los procesos administrativos y económicos-
financieros, mejorando así las acciones estratégicas, sustantivas y de apoyo de la
Universidad de manera eficaz, eficiente y relevante.
Capítulo I
DE LAS SECRETARÍAS DEL RECTORADO
ARTÍCULO 58.- El/La Rector/a ejercerá la conducción de la gestión y administración
de la Universidad. Para ello, organizará Secretarías, designando y removiendo a sus
titulares y demás funcionarios/as del área. Las secretarías creadas podrán ser
fusionadas o disueltas, según las necesidades operativas que genere la tarea de
gobierno de la Universidad para el desarrollo de las funciones sustantivas. El/La
Rector/a podrá delegar funciones y atribuciones, acotadas en alcance y tiempo.
ARTÍCULO 59.- Las secretarías del rectorado organizadas matricialmente,
atenderán las cuestiones específicas que demande cada unidad académica,
integrándolas transversalmente. De tal forma, se conformará una matriz
interdepartamental de gestión dinámica, participativa, transparente y democrática.
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Capítulo II
DE LAS UNIDADES ACADÉMICAS
ARTÍCULO 60.- Las Unidades Académicas son las estructuras fundamentales por
medio de las cuales la Universidad garantiza el cumplimiento de sus funciones
sustantivas. Su estructura y funcionamiento serán reglamentados por el Consejo
Superior. Los Departamentos, Institutos y Escuelas se consideran Unidades
Académicas.
ARTÍCULO 61.- Los Departamentos son Unidades Académicas constituidas por
carreras de pregrado, grado y posgrado, las cuales estarán a cargo de un
Director/a/Coordinador/a y cuyo seguimiento será función de una Comisión
Curricular. El Consejo Departamental es su máxima autoridad.
ARTÍCULO 62.- La estructura organizacional de los Departamentos es matricial y
combina dos líneas de acción: transversalmente el Consejo Departamental y el/la
Decano/a; y longitudinalmente los/las Directores/as/Coordinadores/as de Carrera y
las Comisiones Curriculares de las mismas.
ARTÍCULO 63.- Cada Departamento articula con el Rectorado el ejercicio de las
funciones sustantivas, pudiendo contar con Secretarías cuyas atribuciones serán
reglamentadas por el Consejo Superior.
ARTÍCULO 64.- El/La Director/a o Coordinador/a de carrera será docente
universitario en la especialidad. Deberá ser profesor/a titular, asociado/a o adjunto/a
ordinario/a, consulto/a o emérito/a en la Universidad Nacional de Avellaneda. Este/a
será responsable de la implementación, desarrollo y cumplimiento de los planes de
estudio de las carreras en el área de su competencia, y de las obligaciones
estatutarias y reglamentarias por parte de docentes y estudiantes de la carrera.
ARTÍCULO 65.- Las unidades académicas preuniversitarias dependerán
funcionalmente del Rectorado de la Universidad y establecerán sus planes y
métodos de enseñanza de acuerdo con las reglamentaciones que dicte el Consejo
Superior y la normativa vigente.
Título IV
DE LOS ÓRGANOS DE ASESORAMIENTO Y/O CONTRALOR
Capítulo I
DEL SERVICIO DE ASESORÍA JURÍDICA PERMANENTE
ARTÍCULO 66.- El Servicio de Asesoría Jurídica Permanente estará bajo
dependencia directa del/la Rector/a y sus funciones serán entre otras, prestar
asesoramiento jurídico a los órganos de la Universidad, controlar la legitimidad de
sus actos, dictaminar previamente al dictado de actos administrativos y/o
reglamentarios y representar a la Universidad en procesos judiciales y
negociaciones.
Capítulo II
DE LA AUDITORÍA INTERNA
ARTÍCULO 67.- La Unidad de Auditoría Interna dependerá directamente del/la
Rector/a. Gozará de independencia de criterio, de objetividad y de desvinculación de
las operaciones sujetas a examen.
ARTÍCULO 68.- La Unidad de Auditoría Interna estará a cargo de un/a Auditor/a
Interno/a Titular con título de grado habilitante y experiencia en tareas de auditoría
comprobables, designado/a por el/la Rector/a. El/La Auditor/a Interno/a Titular y sus
colaboradores/as tendrán amplios poderes, facultades y atribuciones, para: verificar,
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inspeccionar, examinar, requerir y observar todas las actividades, funciones,
procesos, resultados y áreas de la Universidad.
Capítulo III
DE LAS COMISIONES CURRICULARES
ARTÍCULO 69.- Las Comisiones Curriculares son órganos de asesoramiento de los
Consejos Departamentales, integradas por docentes, estudiantes y graduados/as,
cuya función sustancial es el seguimiento, evaluación y actualización de las carreras
y de las trayectorias formativas de los/las estudiantes.
Capítulo IV
DEL TRIBUNAL UNIVERSITARIO
ARTÍCULO 70.- El Tribunal Universitario estará integrado por miembros del Claustro
Docente, quienes deberán ser profesores/as eméritos/as o consultos/as, o
profesores/as por concurso que tengan una antigüedad en la docencia universitaria
de por lo menos 10 (diez) años. Tendrá como misión sustanciar los juicios
académicos y entender en toda cuestión ético-disciplinaria en que estuviere
involucrado/a cualquier miembro del Claustro Docente de conformidad con la
reglamentación que establezca el Consejo Superior y la normativa vigente.
ARTÍCULO 71.- Procederá el juicio académico cuando los/las docentes fueran
pasibles de cuestionamiento académico en su desempeño, o cuando su conducta
afecte su investidura académica o a la Universidad. Los hechos que constituyan
faltas disciplinarias comunes, por incumplimiento u omisiones de deberes propios de
todo/a agente de la Administración Pública Nacional, no dan lugar al juicio
académico y deben substanciarse por el procedimiento del sumario administrativo,
con intervención de sumariante letrado/a.
ARTÍCULO 72.- Ante casos graves y con evidentes elementos probatorios en contra
del/la denunciado/a, el/la Rector/a podrá suspender a éste/a cautelarmente en sus
funciones, mientras se inicie o sustancie el procedimiento previsto.
Capítulo V
DEL CONSEJO SOCIAL
ARTÍCULO 73.- El Consejo Social tendrá la misión de cooperar con la institución
universitaria en su articulación con el medio en el que está inserta. Estará constituido
por representantes de la comunidad de Avellaneda y de su área de influencia,
designados/as por el/la Rector/a, ad referéndum del Consejo Superior.
TERCERA PARTE
DE LA COMUNIDAD UNIVERSITARIA
ARTÍCULO 74.- Integran la Comunidad Universitaria, Docentes, Estudiantes,
Nodocentes, Graduados/as, como así también la sociedad a través del Consejo
Social.
TÍTULO I
DE LOS/LAS DOCENTES
ARTÍCULO 75.- Los/Las docentes serán los/las responsables académicos/as de los
procesos formativos a su cargo. Participarán de las actividades de enseñanza,
investigación, extensión, vinculación y/o transferencia, a través de la conformación
de equipos de trabajo, que actuarán de manera coordinada e interdisciplinaria.
Deberán desempeñarse de acuerdo con los criterios de seriedad, compromiso,
excelencia y ética profesional que esta Universidad profesa. Se garantizará la
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libertad de todas las actividades académicas en el marco de los principios y fines
que fija el presente Estatuto.
Son derechos:
a) El ejercicio de la docencia sobre la base de la libertad de enseñanza, en el marco
de los principios establecidos por la Constitución Nacional, la normativa vigente y
el presente Estatuto;
b) El acceso a los cargos por concurso de antecedentes y oposición, conforme a lo
establecido en la reglamentación pertinente;
c) El mantenimiento de su estabilidad en el cargo, en tanto su desempeño sea
satisfactorio de conformidad con la normativa vigente;
d) Participar en el gobierno de la universidad por sí y/o a través de sus
representantes;
e) Ser respetados/as en su dignidad, integridad, e intimidad, autopercepción de su
identidad y/o su sexualidad.
La presente enumeración no es taxativa, y se enuncia sin perjuicio de los acuerdos
paritarios locales.
Son obligaciones:
a) Respetar y hacer respetar los principios constitucionales y toda normativa que
regula la tarea docente;
b) Observar las normas legales y reglamentarias que regulan el funcionamiento de
la universidad;
c) Prestar el servicio con puntualidad, asistencia regular y dedicación adecuada a
las características de sus tareas, funciones y a los medios que se le provean
para desarrollarla;
d) Cumplir con las disposiciones legales y reglamentarias sobre incompatibilidad y
acumulación de cargos;
e) Capacitarse y actualizarse en forma permanente;
f) Someterse a examen psicofísico, en la forma que determine la reglamentación;
g) Respetar la libertad de conciencia, la dignidad, integridad, intimidad,
autopercepción de la identidad y sexualidad de toda la comunidad educativa.
ARTÍCULO 76.- Para ser docente se requiere poseer título universitario de igual o
superior nivel en el cual ejerza la docencia. Este requisito sólo se podrá obviar
excepcionalmente en los casos en que se acrediten méritos sobresalientes.
ARTÍCULO 77.- Los/Las docentes de la Universidad Nacional de Avellaneda podrán
revistar en carácter de:
a) Ordinarios/as;
b) Interinos/as;
c) Suplentes;
d) Extraordinarios/as;
ARTÍCULO 78.- Los/Las docentes ordinarios/as son aquellos/as que obtienen su
condición de revista mediante concurso público y abierto, de antecedentes y prueba
de oposición. Constituyen el eje a partir del cual se estructura la enseñanza, la
investigación, la extensión, la vinculación y la transferencia. Serán designados/as
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por el Consejo Superior y podrán forman parte del gobierno de la Universidad al ser
elegibles como representantes del claustro que integran.
ARTÍCULO 79.- Los/Las docentes Interinos/as son aquellos/as cuya designación
cubre transitoriamente, las necesidades de la planta básica permanente mientras se
sustancia el respectivo concurso. Serán designados/as por el/la Rector/a a
propuesta de las Unidades Académicas que corresponda.
ARTÍCULO 80.- Los/Las docentes suplentes son aquellos que remplazan a un/a
docente ordinario/a o interino/a ausentes. Serán designados/as por el/la Rector/a a
propuesta de las Unidades Académicas que corresponda.
ARTÍCULO 81.- Los/Las docentes Extraordinarios/as serán designados/as por el
Consejo Superior a propuesta del Consejo Departamental, sobre la base de
justificados méritos de excepción. Estos/as profesores/as pueden ser: Consultos/as,
Eméritos/as, Honorarios/as, Visitantes e Invitados/as.
ARTÍCULO 82.- El Consejo Superior reglamentará los derechos, deberes y
funciones para cada una de las categorías docentes, así como un sistema de
dedicaciones, régimen de incompatibilidades, disciplinario y todo lo concerniente a la
carrera académica.
TÍTULO II
DE LOS/LAS ESTUDIANTES
ARTÍCULO 83.- Serán Estudiantes de la Universidad Nacional de Avellaneda
quienes se encuentren inscriptos en el registro institucional correspondiente según la
normativa vigente.
ARTÍCULO 84.- El Consejo Superior reglamentará las condiciones de acceso,
regularidad, permanencia y/o egreso de los/las estudiantes.
Son derechos:
a) Recibir una enseñanza imbuida en el espíritu de la Constitución Nacional;
b) Acceder al sistema sin discriminaciones de ninguna naturaleza;
c) Asociarse libremente en centros de estudiantes, federaciones nacionales y
regionales; elegir sus representantes y participar en el gobierno y la vida de la
Universidad, conforme al presente Estatuto;
d) Acceder a becas y otras formas de apoyo económico, académico y social, que
garanticen la igualdad de oportunidades y posibilidades;
e) Recibir asistencia directa y sistemática en el proceso de formación por parte de
los/las docentes;
f) Participar como auxiliares de enseñanza, investigación, extensión y/o vinculación
y transferencia;
g) Ser respetados en su dignidad, integridad, e intimidad, autopercepción de su
identidad y/o sexualidad.
Son deberes:
a) Respetar el presente Estatuto y reglamentaciones de la Universidad Nacional de
Avellaneda;
b) Adquirir conocimientos y formarse integralmente en el estudio, investigación,
trabajo y convivencia aportando en consecuencia, al beneficio de la comunidad a
la cual pertenecen y se deben;
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c) Respetar los derechos humanos universales, el disenso y las diferencias
individuales;
d) Fomentar la creatividad personal y colectiva y el trabajo en equipo;
e) Respetar y preservar el patrimonio de la Universidad, y las condiciones de
higiene y seguridad del ámbito universitario;
f) Respetar la libertad de conciencia, la dignidad, integridad, intimidad,
autopercepción de la identidad y sexualidad de toda la comunidad educativa.
Título III
DE LOS/LAS NODOCENTES
ARTÍCULO 85.- Serán No docentes aquellos/as quienes desempeñen tareas de
índole técnico-profesional, administrativa, mantenimiento, producción y servicios
generales, excluido el personal de conducción política y los trabajadores docentes,
que resultan necesarios/as para el cumplimiento de las funciones sustantivas de la
Universidad.
ARTÍCULO 86.- Los cargos Nodocentes deberán ser cubiertos en función de la
idoneidad de los postulantes. El acceso a la Universidad se efectuará por concurso
de antecedentes y oposición. El/La Rector/a deberá garantizar la formación,
capacitación y evaluación permanente de los/las Nodocentes.
Son derechos:
a) Estabilidad laboral a partir de la obtención del cargo por concurso;
b) Retribución salarial acorde a sus servicios;
c) Igualdad de oportunidades en la carrera;
d) Licencias, justificaciones y franquicias;
e) Compensaciones, indemnizaciones y subsidios;
f) Asistencia social para sí y para su familia;
g) Interposición de recursos;
h) Jubilación o retiro;
i) Renuncia;
j) Libre agremiación y negociación colectiva;
k) Capacitación en el servicio;
l) Provisión de ropa de trabajo en los casos que correspondan;
m) Condiciones adecuadas que aseguren la higiene y la seguridad en el trabajo;
n) Acceso a la información de conformidad con lo establecido por la recomendación
número 163 de la OIT;
o) Ser respetados en su dignidad, integridad, e intimidad, autopercepción de su
identidad y/o sexualidad;
p) Los demás que expresamente se establezcan en el Convenio Colectivo
correspondiente, con los alcances que en él se determinen.
La presente enumeración no es taxativa, y se enuncia sin perjuicio de los
acuerdos paritarios locales.
Son deberes:
a) Prestar servicio personalmente con eficiencia, capacidad y diligencia, en el lugar,
condiciones de horario y forma que la Universidad determine;
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b) Observar en el servicio una conducta correcta, digna y decorosa, entendiéndose
violatorio de lo expresado aquello que atente directamente contra el ejercicio
normal de la función administrativa;
c) Conducirse con cortesía en sus relaciones de servicio con el público y demás
agentes de la Universidad;
d) Respetar la libertad de conciencia, la dignidad, integridad, intimidad,
autopercepción de la identidad y sexualidad de todos los miembros de la
comunidad educativa
e) Obedecer toda orden emanada de un/una superior jerárquico con atribuciones y
competencia para darla, que reúna las formalidades del caso y tenga por objeto
la realización de actos de servicio que sean de la función del/la agente;
f) Guardar reserva durante el desempeño de sus funciones y aún después de cesar
en ellas, sobre todo asunto de servicio, excepto cuando sea liberado/a de esa
obligación por la autoridad que la reglamentación determine;
g) Permanecer en su cargo, en caso de renuncia, por el término de 30 (treinta) días,
si antes no fuera reemplazado/a o aceptada su dimisión o autorizado/a a cesar
en sus funciones;
h) Declarar sus actividades de carácter profesional, comercial, industrial, inclusive
cooperativas, administrativas, como así también, los beneficios de jubilaciones o
pensiones de que fuera titular, a fin de establecer si son compatibles con el
ejercicio de sus funciones;
i) Velar por la conservación de los útiles de trabajo a su cargo y por los demás
bienes de la Universidad, cualquiera sea su valor;
j) Usar la indumentaria de trabajo y los elementos de seguridad provistos por la
Universidad que para cada caso se exijan;
k) Informar a la superioridad acerca de todo acto o procedimiento que pueda causar
perjuicio económico a la Universidad o implicar la comisión de un delito;
l) Declarar ante la oficina de personal respectiva, al ingresar a la Universidad, el
domicilio, el estado civil, la nómina de familiares a cargo y comunicar toda
modificación correspondiente a esos datos personales dentro de los 5 (cinco)
días de producida;
m) Prestar declaración en los sumarios administrativos cuando fuere citado sólo
como testigo;
n) Promover las acciones judiciales que correspondan cuando públicamente fuera
objeto de imputación delictuosa; al efecto, podrá contar con el patrocinio gratuito
del servicio jurídico del organismo respectivo;
o) Excusarse de intervenir en todo aquello en que su actuación fuese susceptible de
ser considerada como parcial;
p) Respetar el Estatuto Universitario y las reglamentaciones y actos administrativos
que en su consecuencia dicten los órganos competentes de la Universidad.
TÍTULO IV
DE LOS/LAS GRADUADOS/AS
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ARTÍCULO 87.- Serán Graduados/as de la Universidad Nacional de Avellaneda
aquellos/as quienes hayan concluido una carrera universitaria y recibido el
correspondiente título, de acuerdo a las reglamentaciones que a tal efecto dicte el
Consejo Superior.
ARTÍCULO 88.- Los/Las Graduados/as participarán en las actividades de la vida
universitaria con la finalidad de aportar la visión profesional de quien ejerce en el
medio y, por consiguiente, contribuya a la articulación de los objetivos de la
Universidad con las demandas y expectativas de la comunidad.
ARTÍCULO 89.-
Son derechos:
a) Asociarse libremente en Centros de Graduados/as, elegir sus representantes,
participar en el gobierno y en todas las actividades de la Universidad, conforme a
este Estatuto.
b) Elegir y ser elegido/a para integrar los órganos de cogobierno. Para gozar de
estos derechos deberán estar incorporados/as en el padrón correspondiente y no
estar comprendidos/as en las incompatibilidades previstas.
c) Acceder de forma gratuita en la Universidad a cursos o seminarios de posgrado,
no conducentes a título ni grado académico, que estén destinados al
perfeccionamiento, a la formación pedagógica y/o actualización del conocimiento
del graduado/a de breve o mediana duración.
d) Tener prioridad en el ejercicio de la docencia dentro de la Universidad una vez
realizado el trayecto pedagógico correspondiente, de acuerdo a los lineamientos
que a tal efecto dicte el Consejo Superior.
e) El respeto a su dignidad, integridad, e intimidad, autopercepción de su identidad
y/o sexualidad por toda la comunidad educativa.
Son deberes:
a) Observar las normas legales y reglamentarias que regulan el funcionamiento de
la universidad
b) Respetar la libertad de conciencia, la dignidad, integridad, intimidad,
autopercepción de la identidad y/o sexualidad de toda la comunidad educativa.
La presente enumeración es meramente enunciativa.
CUARTA PARTE
DEL RÉGIMEN ELECTORAL
ARTÍCULO 90.- El Consejo Superior, a propuesta del/la Rector/a, dictará el
Reglamento Electoral, de conformidad con el presente Estatuto, la normativa vigente
y las siguientes pautas:
a) Todo lo atinente al desarrollo de los procesos eleccionarios será supervisado por
una Junta Electoral que tendrá, entre otras, las funciones de organizar,
supervisar, aprobar la presentación de listas y fiscalizar el acto eleccionario.
b) La Junta Electoral será presidida por 1 (un/a) Profesor/a Titular, Asociado/a o
Adjunto/a ordinario/a e integrada por éste/a, por 2 (dos) Docentes, por 1 (un/a)
Estudiante, por (1) un/a Nodocente, y por 1 (un/a) Graduado/a, designándose
miembros suplentes para cada caso, y todos sus cargos serán ad-honorem;
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c) Para votar y ejercer representación en cualquiera de los claustros, se requiere
estar inscripto/a en el padrón. Los padrones de los claustros serán elaborados
por la Junta Electoral;
d) Ningún/a integrante de la comunidad universitaria puede figurar simultáneamente
en padrones de diferentes claustros;
e) Al menos la mitad de la representación del claustro docente en los organismos
colegiados, deberá estar conformada por Profesores/as Titulares, Asociados/as o
Adjuntos/as;
f) Los/Las Consejeros/as Superiores y Departamentales representantes de los
claustros, serán elegidos/as por voto directo, personal, obligatorio y secreto;
g) En la elección de Consejeros/as se vota por titulares y suplentes;
h) Para ser incluidos en el padrón de estudiantes, se requiere ser estudiante
regular;
i) Podrán ser electos/as como representantes del claustro estudiantil, aquellos/as
estudiantes que hayan aprobado el 30% (treinta por ciento) del total de las
asignaturas de la carrera que cursan, y cumplimenten los requisitos que el
Reglamento Electoral establezca;
j) Las elecciones de cada claustro deben contemplar la representación de las
minorías en caso que reúnan al menos el 25% (veinticinco por ciento) de los
votos válidos emitidos.
ARTÍCULO 91.- Cada claustro elegirá sus representantes por votación directa y sus
cargos serán ad-honorem. Los/Las representantes de los claustros Docente y
Estudiantil asegurarán una distribución equitativa en las listas de los órganos de
gobierno.
ARTÍCULO 92.- Los mandatos del/la Rector/a, el/la Vicerrector/a, los/las
representantes de los claustros Docente y Nodocente, y del/la representante del
preuniversitario durarán un período de 4 (cuatro) años, pudiendo ser reelectos.
Los mandatos de los/las representantes de los claustros Estudiantil y Graduados,
del/la representante del Consejo Social durarán un período de 2 (dos) años, con la
posibilidad de ser reelectos.
QUINTA PARTE
DE LA AUTOEVALUACION Y EVALUACION EXTERNA
ARTÍCULO 93.- A fin de analizar las fortalezas y debilidades en el cumplimiento de
las funciones respectivas, la Universidad asegurará el funcionamiento de instancias
de evaluación institucional internas y/o externas.
ARTÍCULO 94.- La Universidad propiciará un mecanismo de evaluación interna
periódico que abarcará la gestión institucional y las funciones de enseñanza,
investigación, extensión vinculación y transferencia, conforme a lo que reglamente el
Consejo Superior y la normativa aplicable.
SEXTA PARTE
RÉGIMEN ECONÓMICO-FINANCIERO
ARTÍCULO 95.- La Universidad Nacional de Avellaneda es autárquica en lo
económico-financiero y patrimonial.
ARTÍCULO 96.- La Universidad Nacional de Avellaneda, además de contar con los
fondos asignados por el presupuesto nacional, podrá realizar todo tipo de acción,
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actuando en el campo de actividades públicas y particulares, y celebrar actos
jurídicos a título oneroso de cualquier naturaleza, con objeto del total desarrollo de
sus fines.
ARTÍCULO 97.- El Consejo Superior reglamentará lo referente al patrimonio y
administración de sus recursos, como así también, a herencias, legados o
donaciones o cualquier otra liberalidad a favor de la Universidad, conforme a la
normativa vigente.
ARTÍCULO 98.- El sistema administrativo-financiero de la Universidad estará
centralizado y funcionará bajo la dependencia del/la Rector/a. En la reglamentación
correspondiente puede preverse la delegación de servicios y la descentralización de
la ejecución de actividades.
SEPTIMA PARTE
DE LA INTERPRETACIÓN DEL ESTATUTO
ARTÍCULO 99.- En todos los casos en que se designen cargos o personas, deberá
entenderse como comprensivo de todos los géneros.
ARTÍCULO 100.- Siempre que se haga mención a plazos, los mismos deberán
interpretarse como días hábiles administrativos, salvo aclaración específica. Cuando
se haga mención a años en los cargos concursados, el período comprenderá desde
la asunción de dicho cargo hasta el momento de asunción del reemplazante.
ARTÍCULO 101. - En todos los casos de acefalía en cargos electivos, el/la
funcionario/a que cubriere la vacante será designado/a hasta completar el mandato
del cargo vacante que se trate.
OCTAVA PARTE
DE LAS CLÁUSULAS TRANSITORIAS
ARTÍCULO 102. - Déjese sin efecto las prórrogas establecidas en el Artículo 130 del
Estatuto anterior en lo referido a los mandatos del Rector, Vicerrector y los
Consejeros Superiores docentes y no docentes, quedando vigente aquella prevista
para los demás mandatos. Dentro del plazo de 30 días de la aprobación del presente
Estatuto reformado deberá adaptarse el Reglamento Electoral y convocarse a
elecciones de Consejeros/as Superiores, para los claustros Docente y No docente.
Posteriormente a la asunción de las nuevas autoridades, deberá convocarse a una
Asamblea Universitaria para elegir al/la Rector/a. En el caso de las autoridades
elegidas luego de la entrada en vigencia del presente Estatuto, los mandatos que
duren 4 (cuatro) años y deberían vencer en el año 2023 (dos mil veintitrés), por
única vez durarán 3 (tres) años venciendo en el año 2022 (dos mil veintidós). Hasta
que asuman las nuevas autoridades electas o designadas en cada caso, continuarán
vigentes todos los mandatos anteriores aunque hubiere operado su vencimiento o
caducidad.
ARTÍCULO 103.- En el caso de carreras de menos de 6 (seis) semestres de
antigüedad, los/las representantes del claustro Estudiantil en el Consejo Superior
podrán ser electos/as sin cumplir con el requisito de aprobación de al menos el 30%
(treinta por ciento) de las asignaturas de la carrera que cursan.
ARTÍCULO 104.- Hasta tanto el Consejo Superior reglamente el funcionamiento del
Sistema Preuniversitario, el/la representante de aquel en el Consejo Superior será
propuesto/a por el/la Rector/a.
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República Argentina - Poder Ejecutivo Nacional
2018 - Año del Centenario de la Reforma Universitaria
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