La Adolescencia Normal (Aberastury - Knobel)
Capítulo 2: El síndrome de la adolescencia
Normalidad y patología en la adolescencia
Debe estudiarse la adolescencia como un fenómeno específico dentro de toda la historia del
desarrollo del ser humano y, por otra parte, estudiar su expresión circunstancial de tipo
geográfico y temporal histórico-social. Es decir, detrás de toda expresión sociocultural existe
un basamento psicobiológico que le da características universales.
La adolescencia está caracterizada fundamentalmente por ser un período de transición
entre la pubertad y el estadio adulto del desarrollo (variable en las diferentes sociedades).
Lo básico es que se trata de una situación en la cual el individuo se ve obligado a
reformularse los conceptos que tiene acerca de sí mismo y debe abandonar su
autoimagen infantil y proyectarse sobre el mundo de la adultez.
DEFINICIÓN:
“es la etapa de la vida...
Durante la cual el individuo busca establecer su identidad adulta, Apoyándose en
las primeras relaciones objétales-parentales internalizadas...
Y verificando la realidad que el medio social le ofrece, Mediante el uso de los elementos
biofísicos en desarrollo a su disposición y que a su vez tienden a la estabilidad de la
personalidad en un plano genital, Lo que sólo se hace posible si se hace el duelo por la
identidad infantil”. (p. 40)
CONCEPTO DE NORMALIDAD: adaptación al medio (no es sometimiento al medio: es capacidad
de utilizar los dispositivos existentes para el logro de las satisfacciones básicas del individuo en
una interacción permanente que busca modificar lo displacentero o lo inútil a través del logro de
sustituciones para el individuo o la comunidad.
El adolescente se ubica entre las llamadas personalidades “marginales”. Es muy difícil señalar
el límite entre lo normal y lo patológico (A. Freud). Toda la conmoción (actuaciones de
características defensivas) en este período es normal. Por lo cual se puede hablar de
una “patología normal” del adolescente que debe admitirse y comprenderse para ubicar sus
desviaciones en el contexto de las realidad humana que nos rodea. La mayor o menor
anormalidad de este síndrome normal se deberá, en gran parte, a los procesos de
identificación y de duelo que haya podido realizar el adolescente.
El síndrome normal de la adolescencia
¿Por qué “Síndrome”?: desde el mundo de los adultos, parece una configuración semipatológica,
pero desde el punto de vista de la psicología evolutiva y la psicopatología, aparece como algo
coherente, lógico y normal). Desarrollamos aquí 10 características o “síntomas” que definen este
“síndrome”.
1) Búsqueda de sí mismo y de la identidad
El poder llegar a utilizar la genitalidad en la procreación es un hecho biopsicosomático que
determina una modificación esencial en el proceso del logro de la identidad adulta y que
caracteriza la turbulencia e inestabilidad de la identidad adolescente.
La maduración genital se suma a la reactivación de las etapas previas de la evolución
libidinal y a procesos psicológicos básicos de disociación, introyección e
identificación para establecer la personalidad más o menos definida (individuación,Erickson =
entidad yoica; Nixon = autocognición: conocimiento del sí mismo o self, el cuerpo y el esquema
corporal).
En la pubertad ocurren cambios físicos en 3 niveles: 1) hormonal (gonadotrofina), para la
modificación sexual; 2) producción de óvulos y espermatozoides maduros; 3) desarrollo de las
características sexuales primarias y secundarias, sumadas a modificaciones fisiológicas del
crecimiento en general. Se produce entonces un duelo del cuerpo infantil perdido, que obliga a
una modificación del esquema corporal y del conocimiento físico de sí mismo. Y se
establece una búsqueda de un nuevo sentimiento de continuidad y mismidad.
En el plano sexual, se atraviesa por lo que Erikson llama “moratoria psicosexual”: no se
requieren roles específicos y se experimenta con lo que la sociedad tiene para ofrecer. El
adolescente recurre a lo que encuentra más favorable en el momento: p. ej.
La uniformidad (brinda seguridad y estima personal): todos se identifican con cada uno.
También identificaciones “negativas” (es mejor tener una identidad “negativa”, perversa, que
ninguna), pseudoidentidad que oculta la identidad latente o verdadera,identificación con el
agresor, etc. Por todo ello, el adolescente puede verse llevado aadoptar
distintas identidades, transitorias (“bebé”, “demasiado serio, adulto”, “histeroide” Lolita,
etc.); ocasionales (frente a situaciones nuevas); circunstanciales(identificaciones parciales).
Todas ellas, adoptadas sucesiva o simultáneamente, aspectos de la identidad adolescente.
Los cambios físicos pueden ser vividos, en un primer momento, como muyperturbadores.
Sentimientos de extrañeza e insatisfacción, que contribuye alsentimiento de
“despersonalización”. La integración del yo se produce por laelaboración del duelo por
partes de sí mismo y por sus objetos, y un buen mundo interno (que surge de la relación
satisfactoria con los padres internalizados) posibilita una buena conexión interior, una buena huida
defensiva que facilita el reajuste emocional y el establecimiento de la identidad adolescente.
Esta identidad adolescente se caracteriza por un cambio de relación con los padres (reales e
internalizados). Los elementos biológicos introducen una modificación irreversible: ahora, la
separación ya no sólo es posible sino necesaria. Las figuras parentales están incorporadas a
la personalidad del sujeto y este puede iniciar elproceso de individuación. Si todo se dio
correctamente en los períodos anteriores, el adolescente contará así con un yo enriquecido,
dotado de mecanismos defensivos útiles, y un Superyo que lo ayudará a encauzar la vida sexual
que empieza a poder exteriorizarse en la satisfacción genital, ahora biológicamente posible.
2) La tendencia grupal.
De la búsqueda de uniformidad surge el espíritu de grupo: un proceso de sobreidentificación
masiva, en donde todos se identifican con cada uno. El adolescente, frecuentemente, pertenece
más al grupo que al núcleo familiar. También representa laoposición a las figuras parentales y
una manera activa de determinar una identidad distinta. Se transfiere al grupo gran parte de
la dependencia que antes se tenía respecto de la familia y los padres. Constituye así
una transición necesaria en el mundo externo para lograr la individuación adulta.
El adolescente recurre al grupo para reforzar su identidad, ante la dificultad de asumir
obligaciones para las cuales todavía no está preparado. También para lograr su
independencia de los padres, para lo cual busca un líder al cual someterse o se erige él mismo
en líder para ejercer el poder de la madre o el padre. Pero todo ello, sin que se sienta demasiado
responsable de lo que ocurre a su alrededor: su propia personalidad suele quedar afuera del
proceso.
El grupo facilita la conducta psicopática normal. Se trata de un acting out motor(por
descontrol provocado por la pérdida del cuerpo infantil) y afectivo (producto del descontrol del rol
infantil que está perdiendo): desafecto, crueldad, indiferencia. (En el adolescente normal, esta
conducta es transitoria y rectificable, a diferencia del psicópata). En este último, el conflicto de
identidad se procesa mediante la crueldad y la desafección, como mecanismos de defensa frente
a la culpa y el duelo de la infancia perdida, que no puede ser elaborada debido a la eliminación del
pensamiento.
3) Necesidad de intelectualizar y fantasear
Una de las formas típicas del pensamiento del adolescente es el intelectualizar y fantasear
despierto. Como mecanismo defensivo: a través del pensamiento, compensa las pérdidas que
ocurren dentro de sí mismo y no puede evitar.
Se trata de un refugio interior contra la angustia. Una especie de autismo positivoque tiene por
objeto el reajuste emocional, y que se expresa en teorizaciones éticas, filosóficas, sociales, a
través del pensamiento y la producción literaria, artística, etc. Una vez más, hay que señalar que
sólo teniendo una relación adecuada con objetos internos buenos y también con experiencias
externas no demasiado negativas, podrá el adolescente llegara cristalizar una personalidad
satisfactoria.
4) Las crisis religiosas
El adolescente puede manifestarse como un ateo o un místico, a veces el mismo individuo pasa
por todo tipo de períodos mutuamente contradictorios. Las frecuentes crisis religiosas son intentos
de solución de la angustia que vive el yo en su búsqueda de identificaciones positivas y
del enfrentamiento con la muerte definitiva de parte de su yo corporal, así como de
su separación de los padres. Las figuras de divinidades pueden representar para
él idealizaciones que le aseguren la continuidad de la existencia de sí mismo y de los padres
infantiles. Del mismo modo, una actitud nihilista puede ser también defensiva. En ambos casos, se
trata de un desplazamiento a lo intelectual religioso de cambios concretos que ocurren en el nivel
corporal y en el plano de la actuación familiar social.
5) La desubicación temporal
El adolescente vive con una cierta desubicación temporal; convierte el tiempo en presente y activo
como un intento de manejarlo (tipo proceso primario...) De ahí las postergaciones y urgencias
inexplicables que sorprenden al adulto en el comportamiento adolescente.
Parecería que al romperse el equilibrio de la latencia, según Bleger y Bion, por momentos
predomina la parte psicótica de la personalidad. Así la adolescencia se caracterizaría por la
irrupción de partes indiscriminadas, fusionadas, de la personalidad: las modificaciones corporales,
incontrolables, son vividas como un fenómeno psicótico y psicotizante en el cuerpo. Lo cual es
aumentado por la posibilidad real de llevar a cabo fantasías edípicas de procreación con el
progenitor del sexo opuesto.
Es durante la adolescencia que el tiempo va adquiriendo lentamente características
discriminativas. Mientras tanto, existe la dificultad para distinguir pasado-presente-futuro. Como
defensa (contra la angustia generada por la pérdida de la niñez: muerte de partes del yo y de sus
objetos), el adolescente espacializa el tiempo para poder manejarlo relacionándose con él
como con un objeto. Este “tiempo-espacio-objeto” da lugar alsentimiento de soledad y al
aislamiento del chico en el cuarto. En esos períodos, el tiempo queda “afuera”, convertidos el
pasado, presente y futuro en objetos manejables.
Mientras tanto, el adolescente se rige por el tiempo corporal o rítmico (comer, defecar,
jugar, dormir, estudiar, etc.). Tiempo vivencial o experiencial. Luego vendrá la
conceptualización del tiempo, con la discriminación de pasado-presente-futuro y la aceptación
de la muerte de los padres y la propia. Sin embargo, en determinados momentos puede haber
regresiones,
“La percepción y la discriminación de lo temporal sería una de las tareas más importantes de la
adolescencia, vinculada con la elaboración de los duelos típicos de esa edad. Esto es lo que
permite salir de la modalidad de relación narcisista del adolescente y de la ambigüedad que
caracterizan su conducta. Cuando éste puede reconocer un pasado y formular proyectos de
futuro, con capacidad de espera yelaboración en el presente, supera gran parte de la
problemática de la adolescencia”.
6) La evolución sexual desde el autoerotismo hasta la heterosexualidad
Hay en el adolescente un oscilar permanente entre la actividad masturbatoria y los
comienzos del ejercicio genital.
Al ir aceptando su genitalidad, comienza la búsqueda de la pareja, aparece
elenamoramiento apasionado (el primero, de gran intensidad, a veces ignorado por la “pareja”,
que frecuentemente es una figura idealizada sustituto parental al que el adolescente vincula con
fantasías edípicas). Luego la relación genital completa, más bien de carácter exploratorio y en
la adolescencia tardía.
Según Freud, son los cambios biológicos de la pubertad los que imponen la madurez sexual: rol
de la procreación y definición sexual correspondiente.
Aquí se reagudiza la fantasía y la experiencia pasada hasta entonces, repitiendo el camino de
la fase genital previa (en la masturbación), la actividad lúdica de aprendizaje (toqueteo, bailes,
juegos, etc.). También en esta etapa se da la curiosidad sexual, exhibicionismo, voyeurismo,
etc.
Se reactiva el conflicto edípico con toda intensidad, debido a la posibilidad física de
su consumación. Si esto sucediera, el individuo se vería sujeto a una relación genital temprana,
sin poder definirse sexualmente de un modo real. Una relación simbióticaque según Aberastury
estaría en la base de la homosexualidad tanto masculina como femenina.
Al ir elaborando el complejo de Edipo, el varón idealiza al padre, se identifica con sus aspectos
positivos, supera el temor a la castración por medio de realizaciones y logros diversos que le
muestran que también él tiene potencia y capacidad creativa. También la niña acepta la belleza de
sus atributos femeninos, reconociendo que su cuerpo no ha sido destruido ni vaciado, y logrará
identificarse con los aspectos positivos de la madre.
En la adolescencia se da también cierto mantenimiento de la bisexualidad, sobre todo a través de
la actividad masturbatoria. Algunas manifestaciones o períodos de homosexualidad pueden ser
la expresión de la bisexualidad perdida y anhelada, en otro individuo del mismo sexo. No deben
preocupar. El problema se da cuando falta la imagen paterna, con lo cual el varón buscará
eternamente el pene que da potencia y masculinidad, y la niña quedará fijada en un relación oral
con la madre, reprimiendo y negando la posibilidad de contacto con un pene por la inexistencia del
mismo en sus tempranas relaciones objetales.
Con respecto a la actividad masturbatoria, en la primera infancia tenía una finalidad exploratoria
y preparatoria. Así va configurando en el esquema corporal la imagen del aparato genital. El bebé
llega al juicio de realidad de que tiene uno solo de los órganos, el otro lo reconstruye con una
parte de su propio cuerpo. Al llegar a la bipedestación, se amplían las relaciones con el mundo y
las fuentes de satisfacción, y disminuye la actividad masturbatoria en favor de la lúdica. A lo largo
de los distintos períodos, la masturbación se mantendrá con las características de negación
maníaca.
En el adolescente, tiene que ver con fantasías edípicas de la escena primaria, aceptando la
condición de tercero excluido. También es un intento maníaco de negar la pérdida de la
bisexualidad, parte del proceso de duelo. A poseer ya los instrumentos efectores de la
genitalidad pero no poder usarlos (por restricciones socioculturales), se incrementan las fantasías
incestuosas y la frustración. Por eso, la masturbación es vivida más destructivamente y con culpa
que en la infancia. Pero también tendrá una función exploratoria y preparatoria.
7) Actitud social reivindicatoria
Muchos padres se angustian y atemorizan ante al crecimiento de sus hijos, reviviendo sus
propios conflictos edípicos. Stone y Church señalan que así como los hijos presentan una
situación ambivalente al separarse de los padres, lo mismo sucede con éstos, y llaman a esto
“ambivalencia dual”. Por otra parte, es toda la sociedad la que interviene en la situación
conflictiva del adolescente. El medio en que vive, además, determina nuevas posibilidades de
identificación e incorporación de pautas socioculturales y económicas. Es preciso reconocer
un condicionamiento entre individuo y medio en la constitución y aceptación de la
identidad.
La adolescencia es recibida predominantemente en forma hostil por el mundo de los adultos
en virtud de las situaciones conflictivas edípicas. Se crean “estereotipos” con los que se trata de
definir y caracterizar, aunque en realidad lo que se hace es aislarlos fóbicamente, o se crea un
malestar de tipo paranoide en el mundo adulto que entonces los desplaza reactivamente.
Este sentido tienen los ritos de iniciación presentes en todas las culturas: expresar la rivalidad
que los padres del mismo sexo sienten al tener que aceptar a sus hijos como sus iguales (y
posteriormente incluso admitir las posibilidad de ser reemplazados por ellos).
La actitud social reivindicatoria del adolescente es prácticamente imprescindible. Por otra
parte, gran parte de la frustración que significa hacer el duelo por la pérdida de los padres de la
infancia se proyecta en el mundo externo: los padres y la sociedad pasan a ser los que se
niegan a seguir funcionando como padres infantiles con actitudes de cuidado y protección
ilimitados. Así, el adolescente desarrolla contra ellos actitudes destructivas. Sólo si logra elaborar
bien los duelos correspondientes y reconocer la sensación de fracaso, podrá introducirse en el
mundo de los adultos con ideas reconstructivas.
8) Contradicciones sucesivas en todas las manifestaciones de la conducta
El adolescente no puede mantener una línea de conducta rígida, permanente y absoluta, aunque
muchas veces la intenta y la busca. Es una personalidad permeable, en la cual los procesos
de introyección y proyección son frecuentes, intensos y variables. Esto hace que no pueda
haber una línea de conducta determinada, que ya indicaría una alteración de la personalidad. Por
eso hablamos de “normal anormalidad”. Sólo el adolescente mentalmente enfermo mostrará una
conducta rígida. La labilidad de su organización defensiva es, en al adolescente, un signo de
normalidad.
9) Separación progresiva de los padres
La aparición de la capacidad efectora de la genitalidad impone la separación de los padres y
reactiva lo aspectos genitales que se había iniciado en la fase genital previa. La forma en que se
haya realizado y elaborado esa fase determina la intensidad y calidad de la angustia con
que maneja la relación con los padres y la separación de éstos.
Todo esto también es percibido por los padres e incide grandemente en ellos. Reiteramos el
concepto de ambivalencia dual, como un factor muy importante en la forma en que se logre
realizar la separación. La presencia internalizada de buenas imágenes parentales, con roles
bien definidos, y una escena primaria amorosa y creativa, permitirá una buena separación
de los padres, un desprendimiento útil, y facilitará al adolescente el pasaje a la madurez,
para el ejercicio de la genitalidad en un plano adulto. Por la necesidad de negar las fantasías
genitales y la posibilidad de realización edípica, los mecanismos esquizoparanoides pueden ser
muy intensos, lo cual es normal y natural. Los padres pueden ser vividos disociadamente, como
muy buenos o muy malos. Las identificaciones se hacen entonces con sustitutos parentales en
los cuales pueden proyectarse cargas libidinales (maestros, héroes reales o imaginarios,
compañeros mayores).
10) Constantes fluctuaciones del humor y del estado de ánimo
Un sentimiento básico de ansiedad y depresión acompañarán permanentemente como
sustrato a la adolescencia.
El yo intenta conectarse con el mundo placenteramente, y al no lograrlo siempre, la
sensación de fracaso puede ser muy intensa y obligar al individuo a refugiarse en sí
mismo (“repliegue autista”, aburrimiento, desaliento). A diferencia del psicópata (que actúa
directamente por lo penoso que se le hace enfrentar las situaciones de su mundo interno),
el adolescente normal elabora y reconsidera constantemente sus vivencias y sus fracasos.
Los cambios de humor son típicos de la adolescencia y es preciso entenderlos sobre la
base de los mecanismos de proyección y de duelo por la pérdida de los objetos; al fallar estos
intentos de elaboración, tales cambios de humor pueden aparecer como microcrisis maníaco
depresivas.