DESARROLLO SOSTENIBLE
DERECHO AL AMBIENTE SANO
PRINCIPIO DE SOSTENIBILIDAD
Tiene sus orígenes en la Comisión Brundtland, en la cual se manifiesta que Desarrollo Sostenible es
el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad
de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades, es decir, que no se trata de
mantener intacta la naturaleza sino no controlar su uso.
El medio ambiente engloba a todos los seres vivos que existimos en el planeta. De su preservación
depende la existencia misma de la vida en el mundo.
La protección al ambiente incluye la preservación de la atmósfera, el agua, el suelo, las plantas y los
animales, además de los elementos inertes, componentes de los diversos ecosistemas que
conforman nuestro planeta.
La histórica e intensa explotación de la naturaleza trajo como consecuencia la creencia de que los
recursos naturales son inagotables
Los recursos de la naturaleza fueron utilizados sin permitir su recuperación hasta generar paisajes
completamente diferentes a los originales.
Actualmente se entiende por ambiente sano, el conjunto de elementos de orden biológico que
constituyen la base o el sustento natural del medio humano, incluidos los aspectos socioculturales,
los cuales deben garantizar una interacción del hombre viviendo en sociedad en armonía con la
naturaleza.
El desarrollo humano sostenible es “aquel que satisface las necesidades del presente sin
comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades".
No hay duda de que la degradación del ambiente constituye una amenaza colectiva para la vida y la
salud humana.
El derecho al ambiente, sano y ecológicamente equilibrado, es el derecho individual y colectivo al
sostenimiento balanceado de los bienes ambientales.
El derecho a un medio ambiente adecuado para el desarrollo humano ha sido reconocido en el
Derecho Internacional de los Derechos Humanos; en la Declaración de Estocolmo 72 sobre el Medio
Ambiente, en la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de Río de
Janeiro 92, y reafirmado en instrumentos posteriores como Johanesburgo 2002, Río +20 y otras.
Con base en los instrumentos internacionales, la legislación nacional, el derecho a un ambiente sano
queda comprendido dentro de la categoría de los Derechos Humanos de la tercera generación,
tomando en cuenta el momento de su aparición y reconocimiento de los mismos por el orden
jurídico.
HISTORIA DEL DERECHO AMBIENTAL
La evolución de las normas ambientales ha seguido diversas etapas.
La primera, comprende preceptos orientados en función de los usos de un recurso (riego, agua
potable, navegación, etc.).
La segunda, más evolucionada, encuadra la legislación en función de cada categoría o especie de
recurso natural, coordinando los distintos usos (aguas, minerales, forestales, etc.).
La tercera, orienta la normativa hacia el conjunto de los recursos naturales. El interés ambiental se
orienta al conglomerado de los recursos naturales.
Finalmente, la cuarta etapa toma en consideración el entorno como conjunto global y atiende a los
ecosistemas. Esta última comprende las normas ambientales en sentido estricto.
El Derecho Ambiental se desarrolló como lógica respuesta a la necesidad de explotar los recursos
naturales en un marco de racionalidad, aprovechamiento sostenible y protección del ambiente.
Su evolución ha sido rápida y progresiva, incorporándose paulatinamente en todas las ramas
jurídicas y adquiriendo, a su vez, autonomía propia como disciplina vinculada con casi todas las
ciencias.
El Derecho Ambiental es un símbolo de nuestra era.
El Derecho suele reflejar fielmente las preocupaciones de la humanidad y es por esta elemental
razón que el Derecho Ambiental existe y ha alcanzado su desarrollo actual.
La preservación y promoción del medio ambiente y la implementación de un modelo de desarrollo
sostenible es una preocupación de la sociedad de este tiempo y, por consiguiente, de su Derecho.
El Derecho Ambiental es un tema vasto, su sola introducción puede ser tan extensa como variada.
Mediante el estudio de sus antecedentes, se puede apreciar el esfuerzo que requirió su creación,
por parte de gran cantidad de actores que contribuyeron al nacimiento de una de las más eclécticas,
discutidas y populares disciplinas del Derecho.
El sector científico fue el primero en advertir a la comunidad mundial, sobre los peligros inherentes
al estilo desordenado de explotación de los recursos naturales del planeta, y aquí cabe resaltar una
importante característica del Derecho Ambiental: su origen científico.
En efecto, el motor que lo impulsa es la percepción científica de los daños causados al ambiente,
cuya difusión por el planeta prepara las condiciones de la formación de una conciencia ambiental
que se va extendiendo a todos los estratos sociales de la humanidad.
Un modelo de desarrollo erróneo -con sobrepoblación, injusta distribución de los recursos
económicos e inequidad en las relaciones comerciales- ha puesto en la mira de todos los países la
necesidad del respeto a las reglas de equilibrio natural, para garantizar la integridad y renovación
de los sistemas naturales. En definitiva, se trata de establecer las reglas que hagan posible la
existencia armónica en un medio ambiente equilibrado y sostenible para todas las especies.
Uno de los primeros acuerdos ambientales está relacionado con los sombreros emplumados
victorianos. El principio de la interdependencia ambiental parece que era conocido en otros
tiempos. En especial por los agricultores y la gente de campo.
El ejemplo de ello lo encontramos en 1868. La demanda ambiental dirigida al Ministerio de
Relaciones Exteriores del Imperio Austro-Húngaro, formulada por agricultores preocupados por
aves insectívoras amenazadas por la industria de la moda victoriana del plumaje por doquier. Se
solicitaba a la suscripción de un tratado internacional de protección a las aves beneficiosas para la
agricultura.
En 1872, el Consejo Federal Suizo planteó la creación de una comisión internacional para la
redacción de un acuerdo de protección de aves.
En 1884, se reunió la comunidad ornitológica internacional en un congreso que se convocó en Viena.
Con estos antecedentes se prepararon las bases y en 1902, se firmó en París uno de los primeros
instrumentos internacionales de conservación: El Acuerdo Internacional para la Protección de las
Aves Útiles para la Agricultura. Establece normas de conservación de fauna, prohibición de captura
de determinadas especies, y obligaciones para cuidado de nido y huevos.
Los móviles que llevaron a la firma de este convenio fueron económicos, pero involucró la
participación ciudadana para lograr que la protección de los intereses agrícolas se impusiera sobre
el mundo de la moda, y todo ello redundó en la protección de una especie en peligro de extinción.
En años posteriores, se firmaron los primeros instrumentos bilaterales y regionales.
Salud humana, uso de sustancias contaminantes en las guerras, condiciones ambientales laborales,
la navegación y explotación de algunos ríos, creación de parques y áreas de reserva de flora y fauna,
fueron el interés inicial del Derecho Ambiental enfocados posteriormente a su sostenibilidad.
Se han firmado más de 4,000 acuerdos bilaterales y numerosos y variados instrumentos de alcance
universal que muestran un proceso de permanentes cambios y evoluciones en la concepción de la
relación humanidad-naturaleza.
Es casi imposible enumerar y explicar el contenido y trascendencia de los Acuerdos, Convenciones
y Tratados del Derecho Ambiental Internacional actual.
La Conferencia de la ONU sobre el Medio Humano:
Es en la década de los años sesenta que la disciplina ambiental se afianzó en el pensamiento
universal. Desde las amas de casa hasta los políticos comenzaron a entender que era necesario
concebir un cambio en las relaciones con los elementos de la Tierra. Se comenzó a entender que se
podía armonizar conservación con desarrollo.
Entre el 5 y el 16 de junio de 1972, participaron 113 países en dicha Conferencia, lo que dio como
resultado la Declaración de Estocolmo 72 transformada en la base de todas las políticas ambientales
posteriores.
Un Preámbulo y 26 Principios. Su preámbulo tiene una base ética, afirma que “la defensa y el
mejoramiento del medio humano para las generaciones presentes y futuras se ha convertido en
meta imperiosa de la humanidad...”
La Declaración de Estocolmo no es vinculante, pero ha tenido el mérito de haber comprometido
éticamente a los países que la firmaron. Fundamentalmente está dirigida a los responsables
políticos del mundo y ha unido calidad ambiental con desarrollo económico.
Los Derechos Humanos son normas y principios reconocidos tanto por el Derecho Internacional
como por los distintos ordenamientos jurídicos de los Estados, de observancia universal e inherentes
al ser humano, tanto en su faceta de individuo como de sujeto integrante de la colectividad, y que
definen las condiciones mínimas y necesarias para que el individuo pueda desarrollarse plenamente
en el ámbito económico, social, cultural, político y jurídico, en armonía con el resto de la sociedad.
De conformidad con su aparición en el tiempo, se puede dividir a los Derechos Humanos en tres
generaciones:
La primera generación de Derechos Humanos es positivizada por el Bill of Rights norteamericano de
1776 y por la Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano suscrita en Francia en el año 1789.
Se trata de los denominados derechos civiles y políticos, dirigidos a proteger la libertad, seguridad,
la integridad física y moral de los individuos. Se caracterizan por ser derechos exclusivos del
individuo, sin atención a la sociedad, ni a ningún otro interés, porque deben responder a los
derechos individuales, civiles o clásicos de libertad.
Derecho a la vida, a la integridad y libertad físicas. Derechos civiles: no discriminación por sexo, raza,
color, religión, idioma u origen. Políticos: libertad de pensamiento y expresión. Recursos ante un
Poder Judicial independiente. Participación en la vida política del Estado.
La segunda generación de Derechos Humanos incorpora los derechos económicos, sociales y
culturales. Nacen a raíz del capitalismo salvaje y la explotación del hombre por el hombre.
Constitución mexicana de Querétaro de 1917, Constitución de las Repúblicas Socialista Federativa
de Rusia de 1918.
Exige al Estado cumplir obligaciones de dar y hacer, “derechos prestaciones” o “derechos a
creencia”, no “derechos poder” como los individuales.
El humano necesita ayuda de la sociedad, de gobernantes, para obtener medios para satisfacer
necesidades y realizarse. Emergen derechos a la alimentación, habitación, vestido, salud, trabajo,
educación, cultura, seguridad social, etc.
Estos Derechos Humanos de primera y segunda generación fueron incorporados rápidamente en
una gran cantidad de constituciones a nivel global
Las atrocidades cometidas en las dos guerras mundiales llevan el 10 de diciembre de 1948, en el
seno de las Naciones Unidas a suscribirla Declaración Universal de Derechos Humanos, para
garantizar la libertad, la justicia y la paz del orbe, encontrando su sustento en los derechos
fundamentales de libertad, igualdad y fraternidad desarrollados en la Revolución Francesa.
En 1966 se suscriben los Pactos Internacional de Derechos Civiles y Políticos junto con el Pacto
Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Así los [Link]. pasan del derecho
interno de los Estados al Derecho Internacional, naciendo a la vida jurídica el Derecho Internacional
de los Derechos Humanos.
PRIMERA GENERACIÓN, oposición a que el Estado interfiera en su libertad.
SEGUNDA GENERACIÓN, el Estado asume un papel activo para crear las condiciones para la
satisfacción de necesidades económicas, sociales y culturales de todas las personas por igual. Son
derechos de carácter colectivo.
LA TERCERA GENERACIÓN, nace para corregir graves injusticias que sufre la humanidad. Se trata de
derechos colectivos, pues los beneficios cubren a toda la colectividad y no solo a individuos en
particular.
La doctrina les ha llamado derechos de la solidaridad por estar concebidos para los pueblos, grupos
sociales e individuos.
También “derechos de la humanidad”, protege bienes jurídicos que pertenecen al género humano,
no solo a las generaciones presentes, también a las futuras. No pueden ser monopolizados o
apropiados por sujetos individuales.
Esto encuentra escasa incorporación en las Constituciones Políticas de los Estados, convirtiéndose
en categorías axiológicas superiores, forman parte de los Principios Generales del Derecho, ayudan
a interpretar, integrar y delimitar el ordenamiento jurídico.
El “ENVERDECIMIENTO CONSTITUCIONAL” ha sido lento, siendo el derecho al ambiente y el derecho
al desarrollo los únicos que inicialmente han ingresado a una gran cantidad de Cartas
Fundamentales. (64-97)
Dentro de estos EL QUE NOS INTERESA: derecho a gozar de un ambiente sano y ecológicamente
equilibrado, al desarrollo, a la paz, libre determinación de los pueblos, al patrimonio común de la
humanidad, a la comunicación, y el mega derecho humano al desarrollo sostenible: el derecho al
ambiente más el derecho al desarrollo.
El derecho ambiental es de naturaleza social.
a. Bienes que protege.
b. Artículo 64-97 de la Constitución Política de la República de Guatemala. 1985.
El derecho ambiental es autónomo.
• Tiene su propia filosofía.
• Tiene sus propios objetivos.
• Se identifica por una justicia redistributiva.
Normas propias: Constitución, leyes, reglamentos, jurisprudencia, etc. Se trata de normas
especiales.
Por el bien jurídico tutelado: la acción Ambiental no requiere afectación directa, cualquiera puede
accionar.
Es un Derecho Difuso:
• El bien pertenece a todos, pero a nadie en particular.
• Legitima a todos porque los bienes ambientales pertenecen a todos y la afectación es al
conglomerado social
Tenemos una relación necesaria, entrañable y determinante entre el derecho a vivir y el derecho a
un ambiente sano y ecológicamente equilibrado como una condición para la vida.
Si no hay vida no hay derecho. Y de la vida y la necesidad de protegerla y garantizarla íntegramente
resulta la ineludible conclusión de que el vivir es un derecho.
La solución a los problemas ambientales no está, obviamente, en sacrificar el desarrollo, menos aún
en la situación que enfrenta.
Nuestro país, con tantas necesidades pendientes de satisfacción, sobre todo en rubros de
alimentación, educación, empleo y vivienda.
La solución está en lograr el equilibrio ecológico, prevenir los impactos adversos de la actividad
económica y aprovechar en forma racional los recursos naturales de que disponemos, esto es el
desarrollo sustentable, que aparejado al desarrollo sostenible pueden garantizar la sobrevivencia
de nuestra especie.
Si existen políticas adecuadas y leyes para regular las relaciones del hombre con el hombre, es
indispensable una legislación eficaz que reoriente las relaciones del hombre con el ambiente.
DESARROLLO SOSTENIBLE
El desarrollo sostenible es el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer
la habilidad de generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades.
El desarrollo sostenible se enfoca hacia la mejora de la calidad de vida de todos los ciudadanos de
la Tierra, sin aumentar el uso de recursos naturales más allá de la capacidad del ambiente de
proporcionarlos indefinidamente. Requiere la comprensión de que la inacción tiene consecuencias
y que nosotros debemos encontrar formas innovadoras de cambiar estructuras institucionales e
influenciar conductas individuales. Se trata de tomar acción, de cambiar políticas y prácticas en
todos los niveles, desde el ámbito individual hasta el internacional.
El desarrollo sostenible no es una idea nueva. El progreso en la evolución de los conceptos del
desarrollo sostenible ha sido rápido desde la década de los 80. En 1992, los líderes en la Cumbre de
la Tierra desarrollaron el marco del informe Brundtland para crear acuerdos y convenciones sobre
problemas críticos como el cambio climático, la desertización y la deforestación.
También, bosquejaron una estrategia amplia de acción (Agenda 21) como el plan de trabajo para
los asuntos del ambiente y del desarrollo durante las próximas décadas. A lo largo del resto de la
década de los 90 se han generado planes de sostenibilidad regionales y sectoriales.
Lamentablemente, como lo demostró el proceso en 1997 de la revisión+5 de la Cumbre de la Tierra,
el progreso en llevar a cabo los planes para el desarrollo sostenible ha sido lento.
Por todo el mundo, vemos señales de tensión severa en nuestros sistemas globales interconectados,
medioambientales y sociales. Como lo destaca el informe del Programa de las Naciones Unidas para
el Medio Ambiente (PNUMA) GEO 2000, “el tiempo para una transición racional bien planificada
hacia un sistema sostenible se está acabando rápidamente”. De hecho, ya enfrentamos emergencias
de gran magnitud en la escasez de agua dulce, destrucción del bosque tropical, extinción de
especies, contaminación del aíre urbano y cambios climáticos.
VISIÓN A LARGO PLAZO
Algunos expertos han sugerido que mientras cada generación se preocupe de la siguiente
(aproximadamente 50 años) ella estará protegida. Por supuesto que si se observa un efecto en el
futuro lejano, también se podrá tomar en consideración. No se espera que generación alguna
garantice resultados que no puede identificar; pero de igual manera, no se debería permitir que
ninguna ignore aquellos que sí puede observar.
En un mundo sumamente interdependiente, las interacciones complejas están llevando a una
sorprendente alta proporción de innovación y cambio. En tiempos de cambios rápidos, el principio
de precaución puede proporcionar cierta guía. Establece que cuando una actividad representa
peligros de daño al ambiente o a la salud humana, se deben tomar medidas preventivas, aún si no
se han establecido relaciones de causa-efecto de manera científica en forma completa.
PENSAR Y ACTUAR GLOBALMENTE
Desde hace aproximadamente dos siglos sabemos que la Tierra constituye un sistema cerrado con
recursos limitados. Sólo hay una Tierra. Todas nuestras actividades no son más que una pequeña
parte de un sistema más grande. La visión de nuestros sistemas humanos, operantes en un
ecosistema mayor, es crucial para lograr una relación sostenible con el ambiente, y para garantizar
a nuestra especie la supervivencia continuada en el planeta.
Cada recurso natural utilizado por los seres humanos alimento, agua, madera, hierro, fósforo,
combustible y otros, está limitado tanto por sus fuentes como por las formas de desecharlos. Los
recursos no deberían removerse más rápido de lo que pueden renovarse, ni tampoco habría que
deshacerse de ellos más rápido de lo que pueden ser absorbidos.
El calentamiento del planeta, el hueco de ozono y los conflictos a causa del transporte internacional
de desechos peligrosos son todos problemas surgidos a raíz de nuestros intentos por deshacernos
de recursos más rápido de lo que los puede absorber el ambiente.
PRODUCIR DE FORMA DIFERENTE
El aumento de la eficacia y el reuso de materiales juegan papeles importantes para lograr el
desarrollo sostenible. Las compañías e industrias ecoeficientes deben entregar bienes y servicios a
precios competitivos que mejoren la calidad de vida de la población, mientras reducen el impacto
ecológico y la intensidad del uso de los recursos a un nivel dentro de la capacidad de la Tierra.
CONSUMIR DE FORMA DIFERENTE
El consumo mundial aumentó en una proporción sin precedentes en el siglo XX. El consumo en sí
mismo no es malo, todos los seres vivientes deben consumir para mantener su existencia biológica.
El problema real es el nivel, los patrones y los efectos del consumo.
Para muchos en los países en vías de desarrollo, los niveles del consumo y los patrones actuales
resultan insostenibles. El impacto ambiental y social se siente tanto en el ámbito local como
mundial. Localmente, se observa un incremento de contaminación y un sentimiento creciente de
alienación en las comunidades. Mundialmente, los cambios climáticos y la reducción de la capa de
ozono constituyen dos crudos recordatorios del impacto de los niveles de consumo.
EL DESARROLLO SOSTENIBLE Y LA SALUD
El desarrollo sostenible no es posible sin una población saludable. Y sin embargo, la mayoría de la
actividades de desarrollo afectan el ambiente que, a su vez puede provocar muchos problemas
sanitarios. La mala salud y la enfermedad son costosas. El VIH/SIDA han matado a millones de
personas en la etapa más productiva de la vida, mientras que la contaminación del agua y el aire
siguen matando a millones de personas todos los años, principalmente en los países en desarrollo.
QUÉ ES NECESARIO HACER
En la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, celebrada en septiembre del 2000, los Estados
Miembros convinieron en adoptar medidas con respecto a una amplia variedad de cuestiones,
muchas de las cuales repercuten directamente en la salud. Convinieron en que, antes del 2015, los
gobiernos deberán:
a. Reducir a la mitad la proporción de gente que vive con menos de un dólar por día.
b. Reducir a la mitad la proporción de gente que sufre de hambre.
c. Reducir en dos tercios la tasa de mortalidad de los niños menores de cinco años.
d. Reducir en tres cuartas partes la tasa de mortalidad materna.
e. Detener y comenzar a revertir la propagación del VIH/SIDA.
f. Detener y comenzar a revertir la incidencia del paludismo y otras enfermedades graves.
Según la Comisión sobre Macroeconomía y Salud, establecida por la OMS para estudiar los vínculos
entre la salud y el desarrollo económico, la inversión en salud en los países en desarrollo salva vidas
y produce retornos financieros claros.
ECOTURISMO Y DESARROLLO SOSTENIBLE
El ecoturismo tiene un impacto económico como sector particular y como parte de la actividad
turística en general. Por su naturaleza, el ecoturismo estimula, a la vez que da cabida al nacimiento
de micro, pequeños y medianos negocios, tanto rurales como urbanos.
El turismo de masas implica inversiones que involucran cuantiosos recursos: tierras, construcciones
de hoteles, muelles, aeropuertos y otros. Además, estas inversiones no son reversibles ni pueden
ser transferidas hacia otros sectores. Más, el turismo de visitantes extranjeros, tal como se ha
desarrollado hasta ahora, tiende a ser estacional. El ecoturismo se puede practicar con una inversión
pequeña, en micro unidades, y, por tanto, es más asequible y de menores riesgos, al tiempo que
puede contribuir al desarrollo social, en un ambiente de mayor redistribución y más equidad.
El ecoturismo involucra un mercado más amplio y permanente: el de los turistas extranjeros y el de
los nativos o residentes en el país. El vínculo entre el ecoturismo y la producción es estrecho, por
cuanto estimula a incrementar la oferta nacional, en bienes tradicionales y en productos nuevos
producidos con el ingenio y particularidades locales.
Así, pues, el ecoturismo incrementa la producción de bienes y servicios, genera empleos e ingresos.
El ecoturismo es, además, parte integral del turismo y, como tal, puede surtir el impacto socio-
económico nacional que es propio a ese sector: producción de bienes, auge de servicios, del
comercio mayorista y detallista, de las finanzas, creación de empleos, ingresos, divisas, ahorro e
inversión, y mejoría de los servicios públicos.
El ecoturismo puede contribuir al desarrollo cuantitativo y cualitativo de uno de los sectores más
importantes de la economía: el turismo. Contribuye en efecto a darle un carácter sostenible, en
términos sociales y ambientales.
El ecoturismo, asociado al turismo de masas -este último manejado con criterios cada vez más
racionales y sostenibles-, y como parte de la variedad y diversidad de las prestaciones y servicios
que reciben los turistas, puede convertirse factor de mantenimiento y fortalecimiento del turismo
tradicional. Debido a que el número de personas que viaja en el mundo buscando un contacto con
la naturaleza y con las poblaciones autóctonas es cada vez mayor y tiene un crecimiento relativo
superior al turismo de masas, el desarrollo del ecoturismo puede, entre otros elementos, imprimirle
un significativo impulso a la actividad turística en general.
Sin embargo, el desarrollo del turismo no está respetando en gran medida los criterios de la
sostenibilidad o del desarrollo duradero. Por el uso irracional de los recursos naturales sobre los
cuales reposa -costas, playas, biodiversidad y la ausencia de una protección adecuada del medio
ambiente en los escenarios en los cuales se desenvuelve, el turismo está poniendo en peligro no
sólo su estabilidad, como sector que hace grandes contribuciones a la vida económica y social
nacional, sino que amenaza con desperdiciar el gran potencial que presenta para su futuro
desarrollo.
El conjunto de elementos que mayor influencia tiene sobre su falta de sostenibilidad es, sin lugar a
dudas, de orden ambiental. El deterioro de los ecosistemas, así como la contaminación de las costas
y la debilidad de las acciones que se llevan a cabo en materia de saneamiento ambiental, pueden
conducir al turismo no sólo a la pérdida de su competitividad frente a otros destinos, sino
simplemente a su autodestrucción.
EL CONSUMO SOSTENIBLE
Si no se cambian las tendencias, en unas décadas (pocas) las condiciones de vida serán peores, y la
catástrofe humanitaria podría ser la regla más que la excepción.
La preocupación avanza más que las respuestas. Desgraciadamente, los sistemas de decisión política
y económica no se están adaptando a la gravedad del problema al ritmo que debieran, aunque
algunos pasos, como la entrada en vigor del Protocolo de Kyoto, vayan en buena dirección. Pero se
obviaría algo importante si se confiara todo a la acción global. Es cierto que los problemas
ambientales no conocen fronteras y que afectan a todo el planeta, que los cambios deben afectar a
las principales instituciones políticas y agentes económicos... Pero también es cierto que los
ciudadanos tienen que ser protagonistas en este giro hacia la sostenibilidad global: no sólo exigiendo
cambios a los grandes poderes, sino asumiendo además la responsabilidad que les corresponde.
Las personas pueden cambiar esta situación, principiando por cambiar las pautas de consumo por
ejemplo, reducir la dimensión de la crisis ambiental. Reduciendo lo superfluo, sí, y buscando
alternativas a bienes y servicios impactantes. Es lo que se puede llamar un consumo responsable,
es decir, que atiende a criterios de sostenibilidad ambiental y social, es mucho más que una
alternativa en la cesta de la compra. Es realmente un ejercicio de ciudadanía activa, que hace a las
personas responsables con el ambiente y con el resto de la humanidad. -