Herencia de la Diosa del Maíz en Wixárika
Herencia de la Diosa del Maíz en Wixárika
DIVISIÓN DE POSGRADOS
INAH SEP
TESIS
PRESENTA
1
A mis padres octogenarios: la sabia Isabel y el tiaxca Edilberto,
A mis hermanos,
A Manuel y todos los wixaritari del rancho, a las mujeres y los niños por sus hermosas sonrisas y cálido
recibimiento.
2
AGRADECIMIENTOS
Sin quererlo ni planearlo esta tesis fue dirigida y dictaminada por antropólogos que
conocí hace más de veinte años cuando trabajaba para el Instituto Nacional Indigenista. Sin
embargo me congratulo por la exigencia a la que me vi comprometida.
Esta tesis no hubiera sido posible sin el soporte del Dr. Paul M. Liffman, quien me
aceptó como tesista. Maravilloso co-director, la distancia no fue obstáculo, minucioso mentor y
experto. Mi enorme gratitud por su disposición y paciencia. Aprendí mucho de sus comentarios
certeros, correcciones y disciplina. Espero aprender más de él.
Celebro haber asistido a clases con los profesores: Dr. José Carlos Aguado, Dra. Xóchitl
Ramírez, Dr. Carlos Hernández Dávila, Dra. Lina Odena Güemes. Al Dr. Guilhem Olivier por su
tiempo para escucharme. A la UNAM por tomar clases con Mtro. David Lorente y la
oportunidad de tomar el seminario con el Dr. Jacques Galinier.
Esta tesis fue dictaminada por la Dra. Neyra Alvarado. A quien admiro, respeto y de
quien he aprendido de múltiples maneras desde hace muchos años sobre esa “región de los
flecheros”. Su dictamen lo guardaré como un objeto valioso, como otros documentos de la
región que conservo de ella.
Sin duda ser alumna del posgrado con apoyo del CONACYT nos sitúa en una posición
privilegiada. Agradezco a la ENAH y a su coordinadora de Posgrado la Dra. Olivia Domínguez y
a Miriam por supuesto, persona clave.
Mi cariño a mis colegas de la línea en especial a los Mtros. Juan Atilano (sinodal) Gaby,
Luz, Alice, Ericka. Yois, Juan, Juliana y los compañeros de la generación 2014-2016 por su
orientación y sencillez. Carito. Caí en terreno blando.
3
INDICE
AGRADECIMIENTOS 3
INTRODUCCIÓN 6
CAPÍTULO 1
1.1 Antecedentes, preguntas y metodología 10
1.2 La temporalidad 18
1.3 La agencia: parentesco ancestral y la enfermedad 30
CAPÍTULO 2
Nanayari (guía de calabazas): un árbol cósmico con brotes rizomáticos
2.1 Las calabazas en el Gran Nayar 39
2.2 La variación de un árbol cósmico, una propuesta rizomática 45
2.3 Nanayari (guías de las calabazas): el territorio, el útero y el cordón umbilical 54
CAPÍTULO 3
La herencia de la diosa del maíz. Guía de las calabazas y enfermedad en el
rancho wixarika, el movimiento que hace territorio
3.1 Antecedentes 66
3.2 La familia y los adoratorios familiares 68
3.3 Xiriki parental 75
3.4 La ancestralidad del rancho parental: Yumu’utame 80
3.5 La siembra del teiyari y las herencias de los maíces 85
3.6 Kirikuxata ‘lugar de la guía de las calabazas’
: el movimiento que hace territorio 99
3.7 Otro Kirixi, otra guía 115
3.8 La enfermedad de Teresa mueve a la familia 119
3.9 El vientre materno y la presentación de los niños a los dioses 124
3.9.1Haiku y el desquite de la diosa 129
CONCLUSIONES 134
BIBLIOGRAFÍA 143
GLOSARIO 148
4
Nota sobre la lengua wixarika:
Se ha tomado como base el diccionario de Joseph Grimes y la “normalización”
lingüística del alfabeto que se ha trabajado por lingüistas especialistas en la lengua
wixarika en torno a José Luis Iturrioz. Se distinguen cinco vocales (a,u,ɨ,i,e) y 13
consonantes (las oclusivas p,t,k,kw,’); la h aspirada; la r líquida; la x vibratoria; las
nasales m,n; la ts africada; y las semivocales w,y).
5
Introducción
1
Comunidades agrarias wixaritari
2
En los ranchos.[kie = rancho; -ta = lugar]
6
propios adoratorios denominados xirikite y éstos últimos están, por lo general,
localizados dentro del predio donde habitan y cuentan con un patio (takwa).
Esta tesis pretende mostrar una faceta de motivos particulares por los cuales los
ranchos parentales caminan por sus “guías de las calabazas”, esperando que no se
sequen. Se peregrina, se ayuna, se supera el cansancio y el hambre por motivos
específicos: declinar el desquite de la diosa del maíz (Tatei Niwetsika) y devolver e
intercambiar las semillas nativas heredadas de generación en generación. Así se abate
la enfermedad de las mujeres y de los niños. Pretendo aportar un punto de vista de un
3
Conjunto ceremonial que integra un templo redondo con adoratorios de dimensiones menores y de
techo de dos aguas, también contiene un patio ceremonial.
7
todo complejo; cada investigador tiene una cualidad distinta para observar, aporta su
punto de vista en la observación de contextos que aparentemente se han estudiado
previamente. “[…] la investigación cuidadosa de una observación revela las cualidades
del observador. Los observadores nos distinguimos por medio de la distinción de lo que
aparentemente no somos, es decir, por medio del mundo” (Francisco Varela, 1975:5-
24) (Krieg, 1989, pág. 12). El punto central de esta tesis es una etnografía que se
centra en aspectos relacionados con la nocturnidad-luminosidad y lo femenino en un
rancho parental wixarika. A través de la experiencia de las mujeres se tocan aspectos
del parentesco, la antropología médica, el territorio, los antepasados; estos aspectos
van tejiendo ciertas formas de la experiencia, que se vuelven transversales a los modos
de la experiencia que son de mi interés, se relacionan con la temporalidad, la
espacialidad (nanayari-Kirikuxata: guía de las calabazas) y la agencia, cuya
intencionalidad está determinada por la narrativa, los dramas sociales y las acciones
rituales que se dan al interior de las colectividades wixaritari. La experiencia constituye
un todo en movimiento (Diaz, 1997).
8
En el capítulo tercero, se despliega la experiencia que se tuvo en campo. Es la
etnografía de varias visitas que se hicieron al rancho parental en ceremonias y en la
cotidianidad. Espero que el lector disfrute esta complejidad que gira en torno al rancho
parental, donde es evidente la dinámica en torno a la herencia de los maíces y de un
alter-ego que se vincula a los kirikuxatari (los que viven en el lugar sagrado de la guía
de las calabazas). Asimismo el impacto de la enfermedad y los eventos no prescritos
de la cotidianidad que afectan a los integrantes del rancho.
Por último las conclusiones y un glosario de términos.
9
Capítulo 1
1.1 Antecedentes, preguntas y metodología
La primera idea de tesis de maestría iniciaba de un planteamiento
etnomusicológico: investigar sobre las variaciones sonoras de instrumentos musicales
idiófonos –hechos a base de cucurbitáceas y huesos- primordialmente el calabazo
denominado entre los mexicaneros tawitol [ver (Alvarado, 2004)] y la huella de un
omichicahuaztli, hueso de venado extinto denominado entre los huicholes karatsiki [ver
(Lumholtz, 1986)], de éste último se tenía trabajo de campo avanzado y como tema
relacionado una tesis de licenciatura sobre música y cordófonos wixaritari (Luna:
2004). En principio la pregunta se relacionaba con la intencionalidad de la agencia de
sus sonidos que tienen lugar en las ceremonias tipo mitote.
10
sobre las prácticas musicales de wixaritari, coras y mexicaneros y centrar la
investigación en el tema nuevo. No era común un lugar sagrado local del cual pende la
vida de un colectivo familiar y no eran los grandes lugares sagrados Wirikuta,
Xapawiyeme, etcétera, sino un sitio sagrado local y cercano a una localidad. Así que la
decisión fue continuar con esta investigación en la localidad wixarika. Concretar el
planteamiento del proyecto fue atemorizante, parecía que esa ‘guía de las calabazas’
en principio no estaba documentada, era innegable que hacía falta indagar más en el
estado del arte. Finalmente el inicio de esta guía se fue desvelando en los diversos
textos de antropología (Liffman, 2012), en la asesoría teórica antropológica y lingüística
y primordialmente con los especialistas rituales.
Construir una tesis con un tema poco conocido sólo es posible a través de la
persistencia en el trabajo de campo, hallando sus especificidades. Formulé
aproximaciones al título del ensayo y las posibles preguntas. Los primeros proyectos de
investigación que prescribí describían las características del lugar sagrado como parte
fundamental de la vida de los habitantes del rancho parental y su conexión como un
microcosmos de los cinco grandes lugares sagrados. Las frases o palabras
relacionadas con el tema se encontraban en el fuego ceremonial, el arroyo, la guía
parecida a una soga o una cuerda, el mito de Takutsi Nakawe, los ancestros vinculados
a los abuelos y bisabuelos, las divinidades, el rancho parental, la enfermedad, la
muerte y la vida. Así que me formulé las siguientes preguntas:
¿En qué sentido las guías de la calabaza y la enfermedad son entidades que
tienen una intencionalidad como agencia ?
¿En qué sentido son las guías de la calabaza y la enfermedad, entidades que
establecen relaciones asimétricas positivas y/o negativas que se competen a las
mujeres, los niños y el colectivo familiar?
¿Cuáles son las acciones que se tienen que realizar para que se dé la eficacia
de la agencia? ¿Porque está enfermo el cuerpo de las mujeres y los niños? Que tienen
que hacer? ¿Como se asocia con la territorialidad?
11
¿Por qué la guía de calabaza tendría la cualidad del principio de multiplicidad
de Deleuze, como un agenciamiento que a medida que aumenta sus conexiones
promueve la reterritorialización ceremonial temporal o discontinua? ¿hay una
asimetría negativa en la nocturnidad?
¿La agencia de los ancestros genealógicamente demostrables, determinan el
cuidado y asistencia o bien el abandono de los xirikite parentales?
Dar respuesta a las preguntas se intentará durante los siguientes tres capítulos.
Iniciar con una reflexión teórica sobre las ideas del texto ‘Mil mesetas’ de Gilles
Deleuze y Félix Guattari y el sistema rizoma nos permitirá comprender la complejidad
del territorio del rancho parental wixarika. Ambos autores resumen que un sistema
rizoma conecta cualquier punto con otro punto cualquiera, el rizoma no es el objeto de
reproducción, el rizoma es una memoria corta, el rizoma está relacionado con un mapa
que debe ser producido, construído, conectable, alterable, modificable, con múltiples
entradas y salidas, con sus líneas de fuga; el rizoma es un sistema acentrado. Lo que
está en juego en el rizoma es una relación con la sexualidad, pero también con el
animal, con el vegetal, con el mundo, todo tipo de devenires (Deleuze & Guattari, 1980,
págs. 48-49).
12
características más importantes de un rizoma quizá sea la tener siempre múltiples entradas.[…]
En una línea de fuga, que permite fragmentar los estratos, romper las raíces y efectuar nuevas
conexiones. Hay pues, agenciamientos muy diferentes, mapas-calcos, rizomas-raíces, con
coeficientes de desterritorialización variables. En los rizomas existen estructuras de árbol o
raíces, o la inversa, la rama de un árbol o la división de una raíz, pueden ponerse a brotar en
forma de rizoma. […] Ser rizomorfo es producir tallos y filamentos que parecen raíces, o,
todavía mejor, que se conectan con ellas al penetrar en el tronco, sin perjuicio de hacer que
sirvan para nuevos usos extraños.[…] (Deleuze & Guattari, 1980, págs. 27-35)
La guía de las calabazas “aglutina actos muy diversos” (Deleuze & Guattari,
1980) por ejemplo, el parentesco de los vegetales con los colectivos familiares, con los
padecimientos de la enfermedad y con las acciones rituales y la caminata hacia los
adoratorios y sitios sagrados para la realización de las fiestas a Nuestra Madre Diosa
del Maíz, etcetera. El rizoma parte de varios principios: “1.° y 2.°.Principios de conexión
y heterogeneidad, cualquier punto del rizoma puede ser conectado con cualquier otro, y
debe serlo.” (Deleuze & Guattari, 1980, págs. 17-18)
13
una línea de fuga que forma parte del rizoma. Es decir, una nueva guía de las
calabazas:
Esta tesis se coloca desde la perspectiva del rancho parental wixarika donde las
mujeres ocupan un lugar descentrado, aquí lo femenino es determinante; la familia
extensa en colectivo se mueve de acuerdo a sus motivaciones en un “territorio
dendrítico” [ver (Liffman, 2012)] que tiene brotes rizomáticos y cuyo eje es el adoratorio
parental. La familia se desplaza por adoratorios, centros ceremoniales y ranchos en un
territorio demarcado que puede cambiar, ésta se vincula con otras familias extensas en
cuyos ranchos tienen sus propios adoratorios parentales y se establecen relaciones de
alianza. Se trata de un sistema jerárquico de ancestros que reposan a través de las
relaciones genealógicas de filiación y alianza de acuerdo al caso, y son reconocidos por
determinados colectivos familiares en los momentos de las fiestas del Tatei Neixa,
Mawarixa y otras celebraciones. Empero, como familias nucleares también participan
con los grandes centros ceremoniales que los huicholes agrupan territorialmente en sus
esquemas comunales y en los cuales se reconocen otros ancestros que son
genealógicamente no demostrables (de este tema no tratará la tesis). Los ranchos
parentales constituyen un mismo colectivo que coexiste con otros colectivos
dominantes como el sistema de los tukipa. Son entonces las mismas personas que se
distribuyen en varios colectivos a la vez y que tienen diversos modos de relacionarse
con sus ancestros genealógicamente demostrables y con divinidades que tienen
aparentemente una asimetría negativa. “[…] Aún cuando la distribución ontológica de
los existentes y sus formas de reunirse se apoyen en principios idénticos, los lazos que
14
esos existentes tejen entre sí, los efectos que unos ejercen sobre otros y el tipo de
tratamiento que se imponen mutuamente puede cambiar por completo […]” (Descola,
2012, pág. 446).
Descola propone un conjunto de seis modos de relación en los vínculos que los
humanos afianzan entre sí y con elementos de su entorno no-humano: intercambio,
depredación, el don, la producción, la protección y la transmisión. Los primeros tres
caracterizan relaciones potencialmente reversibles entre términos que se asemejan,
situado en el mismo nivel ontológico. Caracterizan el movimiento simétrico o asimétrico
de un valor entre sujetos de igual estatus cuya identidad o esencia no se transforma por
la actualización de la relación que los une, y el segundo (la producción, la protección y
la transmisión), relaciones unívocas fundadas en la conexidad entre términos no
equivalentes, relaciones orientadas e irreversibles entre términos no sustituibles por
estar jerarquizados uno con respecto a otro. Definen una conexión de orden genético,
espacial o temporal entre agentes y los objetos de una acción por medio de la cual se
crea o se mantiene la disparidad de sus respectivas posiciones (Descola, 2012, págs.
447, 479).
15
don, en este caso el del especialista ritual (mara’akame), o el anciano del rancho
parental.
Mientras las mujeres ejercen una acción de intercambio, las divinidades pueden
ejercer un acto de depredación, ya que “los convierte como parte de su propio
organismo” (Descola, 2012, pág. 457) no obstante las mujeres son las semillas del
maíz. “La depredación es ante todo una disposición a incorporar la alteridad humana y
no humana en razón de que se le juzga imprescindible para la definición del yo. Para
poder ser verdaderamente yo mismo, debo apoderarme de otro y asimilarlo” (Descola,
2012, pág. 460).
La transmisión es lo que permite el influjo de los muertos sobre los vivos por
intermedio de la filiación (Descola, 2012, pág. 473). Para Descola la transmisión
además de una relación en el interior de los segmentos de un colectivo, une una
cadena de dependencia a vivos destinados a la ancestralización y muertos aún vivos
cuyo poder se hacen sentir en todas los sucesos. Es también lo que diferencia entre sí
a los colectivos y sus elementos; estos ancestros como fuente de su identidad forman
parte de su patrimonio y los atributos que se le asocian desde el derecho a habitar un
espacio y explotar sus recursos y la conciencia de compartir propiedades físicas y
morales hereditarias: “no debe confundírselo con el fenómeno universal de la cesión de
algunos bienes materiales o inmateriales de una generación a la siguiente” (Descola,
2012, pág. 477).
16
como imagen central, explica mejor la concepción que los sedicentes pueblos
indígenas tienen de si mismos y de su lugar en el mundo”. Para Descola la observación
es justa, a condición de no caer en el exceso inverso y afirmar que toda referencia a la
transmisión y la ancestralidad debe proscribirse cuando se aspira a restituir, sin
traicionarla la idea que los {pueblos indígenas} se hacen de si mismos (Descola, 2012,
pág. 478).
A continuación se tocan algunos aspectos del marco teórico y el estado del arte
de los wixaritari en relación a la temporalidad, en especial la nocturnidad y las
entidades femeninas. También me interesa mostrar algunas características de la
agencia, los antepasados y la relación con la enfermedad y el parentesco. Se han
retomado estudios antropológicos y a etnógrafos que han planteado diversos
problemas desde diferentes perspectivas, pues el resultado de su trabajo de campo y
su análisis interpretativo ayuda a entender los fenómenos sociales de los wixaritari. La
17
literatura es tan vasta que se ha hecho un gran esfuerzo por no desviar la atención en
una diversidad de temas que explican la complejidad de la cultura wixarika.
1.2 La temporalidad
4
Aunque en ciertas comunidades ya es posible conectarse vía internet, ver televisión y contar los días de
acuerdo al calendario escolar y los días laborables si eres estudiante, servidor público, maestro, albañil,
enfermero, cocinero.
18
Pensar de noche es dar paso a las convenciones y las transgresiones. El lector
conocerá de los wixaritari algunos aspectos como: ¿Qué piensan los wixaritari de la
noche y lo femenino? ¿qué piensan de la transición de la noche al día? ¿qué piensan
los humanos y no humanos de la noche? ¿qué agencias participan en la nocturnidad?
Dado que la existencia del mundo dependía del juego provocado por su
oposición (López Austin, 1998), se tendría que analizar las relaciones asimétricas que
se complementan en una temporalidad tukari-tɨkari y se establecen variaciones
19
clasificatorias de acuerdo al modo en que se relacionan los elementos durante los
tiempos diurno y oscuro; así mismo, tomando en cuenta sus relaciones con la alteridad,
las cuales son determinantes en las acciones que se realizan en esta gran región de la
Sierra Madre Occidental. (Aedo, 2011) (Neurath, 2013). Para hablar de la nocturnidad,
tendríamos que establecer algunos ejes que nos permiten relacionar analogías
asimétricas y oposiciones entre los elementos que se asocian a este modo de la
experiencia, por ejemplo: tɨkari-tukari; bóveda celeste-mundo de abajo, tukipa-cosmos,
xiriki-“abajo”; serpientes-maíz; oscuridad-mujeres; la costa-el mestizo; tunuari (reunión)
en el xiriki parental-tunuari en Paritekɨa en el Cerro Quemado, kieri-hikuri; entre otros.
5
Seminario impartido por el Dr. Galinier. Cuerpo diurno, cuerpo nocturno, antropología del
Nictémero/UNAM-2016] Nocturnidad es otro concepto que abordaré tanto para temporalidad como
espacialidad de acuerdo a los planteamientos abordados en el Seminario Cuerpo Diurno, cuerpo
nocturno. Antropología del Nictémero del Dr. Jacques Galinier/febrero del 2016.
20
anochecer y el amanecer es el nectímero. La noche da pie a la zoomorfosis y
fitomorfosis (Galinier, 2016).
Galinier dice que la noche es también la alteridad, el deseo del mestizaje, el
mundo deseado y rechazado; lo cual da pie a la resimbolización de objetos de la vida
cotidiana. Es en esa alteridad, en el paso del día a la noche, que hacen su aparición
las fuerzas predatorias que son femeninas. Surge una asociación entre oscuridad y
sexo femenino; de igual manera el color negro o azul es el color femenino. De ahí que
el crepúsculo, el espacio donde se mete el sol, va a ser devorado (Galinier, 2016).
Aedo esboza que los estudios de Brinton sobre los principios cosmológicos que
organizan las representaciones y prácticas amerindias, concuerdan con investigaciones
de Seler—una de las principales influencias sobre la antropología mexicana. Sobresale
un artículo de 1892, que plantea la contienda de la luz y la oscuridad. Las
clasificaciones primitivas de Durkheim y Mauss constatan el carácter dinámico y relativo
de las clasificaciones dualistas, las cuales establecen una dicotomía de los géneros
opuestos y de conceptos jerarquizados. Pero Robert Hertz en un estudio de 1909 sobre
la preminencia de la mano derecha, insinuó algunos de los principios de base del
dualismo asimétrico. En el marco de la Année sociologique, éste último identifica y
estudia el fenómeno de la polaridad religiosa, apoyándose en los reportes etnográficos
disponibles a principios del siglo XX; observa la existencia de un dualismo fundamental
entre la luz y las tinieblas en diferentes grupos sociales. Más tarde Preuss (1912a),
consciente de dicho antagonismo general, arrancará su magno proyecto editorial
exponiendo el dualismo luz-oscuridad como uno de los fundamentos de las religiones
tanto de coras y huicholes como de las culturas del México Antiguo. En el mismo
sentido, el filósofo alemán Ernest Cassirer (1972 [1925]) observa entre los coras la
antítesis de día y noche, luz y oscuridad (Aedo, 2011, págs. 37-38).
21
“pensamiento mesoamericano”, han concentrado sus investigaciones en el carácter
simétrico de las clasificaciones, desatendiendo los procesos de jerarquización y
asimetría. El resultado han sido modelos cosmogónicos nativos estáticos (Aedo, 2011,
pág. 39).
Arturo Gutiérrez del Ángel se refiere a los opuestos complementarios con base
en el análisis de varios mitos relacionados con el nacimiento del sol; es la síntesis de
dos opuestos complementarios: la luna como madre y el fuego como padre. La luna le
otorga al niño su luz cenicienta, que, para brillar como sol ha de ser transformada por
los tenores del padre, lo que implica negar a la madre. Transformarse de niño a sol
implica pasar de lo desprovisto materno a lo provisto paterno, de lo incompleto como la
luna, a lo completo, el sol, lo moral. Luz que el niño potencializa mediante la renuncia
(sacrificio) a su origen. Lo que objetiviza las relaciones es el nacimiento, vía la
transformación. El fuego funge como vaso comunicante entre dos instancias: el de la
oscuridad (tɨkari) o muerte, y el lugar de la luz (tukari) o la vida. La transformación va
entonces de lo incompleto (el niño enfermo) a lo completo (el sol). Las características
del fuego como un principio transformador son esenciales en la escenografía ritual, ya
que cualquier metamorfosis ceremonial implica al fuego como principio (Gutiérrez,
2010, págs. 60-61).
Por otra parte, Ángel Aedo identifica que en los principios del tiempo, cuando la
noche era eterna y los wixaritari aún no cometían su labor en el mundo, animales y
plantas regían. La imagen que los huicholes evocan de este periodo es pensada en
analogía con la que se refieren cuando hablan de la vida después de la muerte, es
decir, un reino de oscuridad (yɨwita) en el que los seres que allí habitan deambulan
impúdicos, lujuriosos y borrachos (Aedo, 2011, pág. 204).
22
una imagen del cosmos, igual a lo que él denomina como pirámides escalonadas,
especialmente en los templos del dios del sol, que simboliza el ascenso y descenso del
sol en el cielo (Preuss, 1998 (1906), pág. 196). Asimismo, este dualismo de los
esquemas cosmológicos y bajo una trama de sus mecanismos internos y de relaciones
jerarquizadas, se asoman una complejidad de relaciones. Como ejemplo, las
dimensiones desiguales entre el templo tuki y los adoratorios xirikite6 del centro
ceremonial huichol tukipa, en donde los adoratorios situados al oriente y dispuestos al
nivel más elevado del cielo expresan el ideal diurno, puro y civilizado de la vida.
Conjunto de elementos fuertemente valorados y conceptualmente inseparables del polo
que le es contrario, a saber, los elementos nocturnos, telúricos, caóticos que son
comprendidos en el templo tuki. Estos elementos propios del “mundo de abajo”,
subordinados en el ámbito consciente de la valoración cotidiana, expresarán en el
ámbito arquitectónico la dicotomización del cosmos, el secreto de la fusión primordial y
los principios de un orden posterior (Aedo, 2011, pág. 40). Adicionalmente, Johannes
Neurath observa una asimetría en la arquitectura ceremonial. Por ejemplo, los techos
(de los tukite y xirikite que se renuevan cada cinco años) corresponden a Wirikuta, al
cielo diurno y al Cerro del Amanecer cerca de Real de Catorce, mientras que el oscuro
interior corresponde al mar y el inframundo. Las fogatas centrales son réplicas del
ombligo del mundo (Neurath, 2013, págs. 20-21).
6
Estos adoratorios se encuentran en el conjunto del tukipa, de no confundir con los xirikite de los kiete
(ranchos parentales)
23
2013, pág. 114 [2004:114]). En un preludio a la noción del kieri7 (“Las flores nocturnas
de los wixaritari”), Aedo discute el concepto de la oscuridad, el dualismo asimétrico, el
pensamiento y su variabilidad para dar cuenta en estos límites del mundo como “la
región más oscura”, el problema de la otredad. Es frecuente que en una gran cantidad
de sociedades se presentan las clasificaciones dualistas, por lo que todo complejo de
representaciones nocturnas demanda necesariamente su parte luminosa (Aedo, 2011,
pág. 37). Un caso sintomático y objeto de su libro es el kieri como figura nocturna, el
cual fue derrotado y confinado pero no subordinado por el hikuri, pues aún ejerce un
dominio absoluto sobre ciertas fuentes de poder, predominantemente relacionados con
el mundo mestizo precisamente (Aedo, 2011, pág. 40).
Takutsi Nakawe (…) Nuestra Abuela Carne Grande/Vieja o Carne Podrida, es una
diosa suprema destronada. Ella fue quien gobernó durante los tiempos caníbales,
matriarcales y diluviales del origen del mundo. Acompañada por su esposo mandilón,
Naɨrɨ, la “lluvia de fuego”, retorna momentáneamente al poder durante la fiesta del
solsticio de verano, Namawita Neixa. Esta noche se derrumban los pilares cósmicos que
sostienen el cielo y se retorna al caos original. Durante la danza, juega su papel un varón
vestido con una falda de estilo antiguo, kaure ikayari, que suele ser gris con una peluca
de colas de ardilla. Ostenta una corona de plumas negras de gallo y un collar de conchas
y caracoles marinos. Sostiene en ambas manos bastones de otate. Takutsi Nakawe hace
bromas y asusta a la gente. No suele tratar bien a su esposo, quien la sigue cabizbajo. La
diosa lleva en la espalda a su hija, personificada por un niño varón quien se identifica
como Tatei Yurienaka, diosa Madre de la Tierra, a quien se alimenta con carne seca de
7
Bajo la “etiqueta” del mal, los wixaritari traducen una agrupación de fenómenos y de seres diversos que
poseen en común el hecho de estar animados por fuerzas “bravas”. Los agentes de dichas fuerzas
tienen la costumbre de hacerse visibles para los huicholes bajo la forma de fenómenos meteorológicos,
psíquicos y sociales que provocan desorden y confusión (Aedo, 2011, pág. 19).
24
venado para evitar que se transforme en un monstruo capaz de devorar el mundo
(Neurath, 2013, pág. 109).
[…] la bisabuela Nakawe, diosa de la tierra, que hace brotar la vegetación, avisa a
un huichol que llegará una gran inundación. “Haz una caja de chalate, tan larga como tu
cuerpo y ponle una buena tapadera. Lleva contigo cinco granos de maíz y cinco de frijoles
de cada color, asimismo lleva contigo al fuego y cinco tallos de calabaza para alimentarlo;
también llévate una perrita negra”. “Él siguió puntualmente estas instrucciones, la anciana
colocó la tapadera, embreó cada fisura y se sentó encima. Luego flotaron durante cinco
años; un año se dirigieron hacia el sur, otro hacia el norte, luego hacia el poniente,
después al oriente; en el quinto año la caja flotó hacia arriba y finalmente, al siguiente año
25
se quedó en lo más alto de una montaña en las cercanías de Santa Catarina. Al decrecer
las aguas, el hombre se casó con su perrita, quien se transformó en mujer, y creó con ella
al género humano (Lumholtz, México Desconocido, Vol.2, 1909,pp. 191 y ss.) (Preuss,
2008, pág. 112).
“El mito del mundo creado a partir del ancestro original, Tepusilam, es parecido a la
tradición mesoamericana donde el mundo nace a partir de una diosa original y
monstruosa (López Austin, 1994:18) La creación del sol y de la vida humana fue
necesaria para evitar que el mundo fuera acuático, como lo señala Lumholtz ([1904]
después de su estancia con los tepehuanos de Navogame: el sol lucha con la luna para
evitar un mundo de lluvias constantes, [en] el pensamiento mexicanero donde la
necesidad de un mundo endurecido desplaza al mundo acuático” (Alvarado, 2004, pág.
106).
Takutsi Nakawe ha sido calificada con una serie de calificativos que nos
permiten suponer que bajo las denominaciones “macabra bestia pestilente”, “carne
podrida”, “ser extraño”, “vieja”, “formadora del mundo”, “abuela crecimiento”, “abuela del
universo”, obliga a pensar que este antepasado tiene un género socialmente construido
orientado a lo femenino, pero sin un sexo definido. O bien pensar ¿cómo se materializa
el sexo de Nakawe? Su ambigüedad da pie a concebirla como un ser que puede
agrupar las angustias sexuales o las transgresiones sexuales que pueden resultar
peligrosas porque modifican la temporalidad. Una denominación errada de un sexo
prediscursivo, por lo tanto la significación de la construcción se transforma (Buttler,
2011, pág. 63).
Una cuestión no resuelta es, si el abordaje del género es más complejo que el
ubicarlo en la lucha de opuestos complementarios o en las asimetrías. La construcción
social del sexo que resulta en el género o su deconstitución, contribuye a las
variaciones de los procesos temporales de los wixaritari. Cabría preguntarse cómo el
sexo y el género les fue dado a los hombres por las divinidades o es construido de
manera cotidiana a través de los procesos de la temporalidad. Si la construcción del
género es en sí misma un proceso temporal “ que opera a través de la reiteración de
26
normas; en el curso de esta reiteración, el sexo se produce y a la vez se desestabiliza
como un efecto sedimentario de una práctica reiterativa o ritual, el sexo adquiere su
efecto naturalizado y, sin embargo, en virtud de esta misma reiteración se abren
brechas y fisuras que representan inestabilidades constitutivas de tales construcciones,
como aquello que escapa a la norma o que la rebasa, como aquello que no puede
definirse ni fijarse completamente mediante la labor repetitiva de esa norma” (Buttler,
2011, págs. 67-68).
[…] Esta transición articula las relaciones espaciales y temporales en las que se
desenvuelven los huicholes; es decir, que entre ambos mundos se establece su
27
cronotopo. La iniciación wixárika es fundamental para este cronotopo, pues sirve de
enlace entre los dos ámbitos que lo integran. El proceso comienza con una peregrinación
donde los participantes (xukuri’ikate, jicareros, o hikuritamete, peyoteros) se convierten en
sus propios antepasados míticos. Para encontrar el amanecer uno debe abstenerse o
alejarse de todo lo que tienen que ver con el mar y la oscuridad: no se ingiere sal, se
camina en las estepas áridas del Oriente, se debe uno abstener del sexo extramarital, y
se trata de dormir lo menos posible […] (Neurath, 2013, pág. 20).
“[…] los huicholes conciben la dirección este en frente y arriba; mientras que el occidente,
abajo y atrás. Como se dijo, el punto “cero” de la medición huichola es el cantador,
colocado dentro del modelo de su universo, en el centro mirando al este y dando la
espalda al poniente. […] el modelo […] emic, está conformado por dos jícaras
contrapuestas con un terraplén central[…]. De esta manera el cantador siempre mira la
salida del sol, quedando el norte a su mano izquierda y el sur a su mano derecha. Desde
esta postura hay que preguntar cómo ve el cantador el movimiento diario y anual del sol.
El recorrido diario del sol por la bóveda celeste nunca es recto sino tendencialmente
cargado hacia el lado sur (Aveni, 1991 [1980]: 76) […] lo que produce que el astro tenga
un movimiento diario en sentido de las manecillas del reloj (dextrógiro). A diferencia del
movimiento diario, el ciclo solar anual contiene el movimiento horario (dextrógiro) y
antihorario (levógiro). Desde el solsticio de inverno –cuando se ve salir al sol por el sur en
la línea del horizonte-, hacia el solsticio de verano –cuando sale por la línea norte del
horizonte-, su movimiento es antihorario (levógiro […]) pues se mueve de sur a norte, en
el horizonte este y en el cenit. […] Recordemos que el movimiento levógiro se asocia con
las fertilidad y con la emergencia solar, aparte de estar integrado como danzas en los
rituales agrícolas (neixa). En contraparte, el dextrógiro representa a las guarniciones de
seres nocturnos, perversos y desenfrenados (Gutiérrez, 2010, págs. 139-140).”
28
autosacrificio son preocupaciones latentes en las aspiraciones de los wixaritari que
quieren llevar a buen efecto sus ceremonias. En cuanto al toro y el venado, Johannes
Neurath nos aporta su interpretación, la cual en la lógica de los sacrificios huicholes
asocia, por un lado, a un animal no domesticado como el venado, desde un ámbito que
denomina “cultural” y, por el otro, a un animal domesticado como la res con los
aspectos salvajes de la naturaleza. En contraste con la espontaneidad que caracteriza
a la muerte en la cacería de venado, el sacrificio de una res (especialmente en el caso
de los toros) implica un acto violento y un ejercicio de autoridad. Él nos recuerda que
también las muertes míticas de (Takutsi) Nakawe y de los gigantes hewixi son
violentas. El autosacrificio chamánico de la divinidad (venado) es un acto que crea
tukari, la “vida” que viene del padre sol; el sacrificio de la res expresa un rechazo de
tɨkari, la vida “desenfrenada” de “abajo”, y una victoria sobre los monstruos de la
oscuridad (Neurath, 2002, pág. 192).
29
Ratificando las referencias de Lumholtz, para Seler las culebras son las nubes
de lluvia que de lejos llegan con los wixaritari; pero también se consideran como
culebras las nubes de humo que ascienden de los campos incendiados y las identifican
con las de lluvia. Todas provienen de un lugar de origen, fuente o charca en uno de los
cinco puntos cardinales el centro y los otros cuatro, en los cuales predominan el dios
del fuego y otras deidades, estas nubes o culebras muestran colores distintos. Estas.
Todas están provistas de alas o se conciben como “culebras emplumadas”, porque
vuelan sobre la tierra. Haiku significa “culebra de nube” y es la palabra que Lumholtz
más ha empleado en sus escritos. Seler añade que no sólo las nubes, el rayo, el fuego
y el mar son culebras, también, por ejemplo, los lazos que se ponen para coger
venados y a fin de lograr esto, se dicen los nombres de ciertas culebras (Seler, 1998
(1906), pág. 94).
30
Yumu’utame [“sus cabeza-personas”] y del llamado ‘ɨrɨkate [“flecha-personas”], ya que
hay una relación intraespecífica donde surge la idea de ancestralidad. Ésta se da a
través de un antepasado genealógicamente demostrable que “expresa una continuidad
diacrónica entre los vivos y los muertos” (Viveiros de Castro, 2010, pág. 158).
“La categoría de los chamanes verticales, incluye a los maestros cantores y a los
especialistas ceremoniales, los guardianes pacíficos del conocimiento esotérico
indispensable para el buen desarrollo de los procesos de reproducción de las relaciones
internas del grupo. El chamán vertical se aproximaría más bien a la figura del sacerdote
(Viveiros de Castro, 2010, pág. 257)”.
Los chamanes que Hugh Jones clasifica como horizontales, son especialistas
cuyos poderes provienen de la inspiración y del carisma, sus interlocutores por
excelencia son los espíritus animales (Viveiros de Castro, 2010, pág. 156). De acuerdo
con Millán (2015), el chamanismo horizontal privilegia las relaciones de alianza entre
los seres humanos y las entidades no humanas, mientras el chamanismo vertical
subraya las relaciones de filiación entre los hombres y las divinidades (Millán, 2014). El
mara’akame establece una relación interespecífica con estos antepasados que
depredan las almas de las mujeres y los niños que no cumplen con sus obligaciones
ceremoniales, volviéndose un diplomático cósmico en interlocución con la madre
crecimiento Takutsi, con la madre maíz Niwetsika y con la madre de la tierra Yurienaka
pero que la diosa del maíz deje de depredar almas no depende de él, sino de las
acciones de los mismos wixaritari.
Gutiérrez (2002) nos dice que las relaciones internas en los tukipa pueden ser o
no de consanguinidad, lo trascendente es que los actores rituales consideren ser
pariente de un ancestro mítico. En contraste con ello, la organización de los peregrinos
31
en el nivel de los adoratorios xirikite manifiesta relaciones de parentesco
genealógicamente demostrables. Para el autor comprender la conformación de los dos
niveles conlleva penetrar en el parentesco generado en el nivel de los adoratorios y
poner al descubierto que los peregrinos reclutados en los centros ceremoniales tukipa
dependen de los adoratorios familiares para su reproducción. En términos
cosmogónicos, cada cinco años los mara’akate sueñan a la persona que sustituirá a
otro cargo del mismo valor simbólico; pero en la realidad el cargo es heredado de
padres (o abuelos) a hijos, siendo una persona responsable de hasta cinco cargos
diferentes. Por su estructura parental de corte bilateral, un sujeto tiene responsabilidad
con el xiriki del abuelo paterno, así como con el materno, también con el del cónyuge y
con los tukipa a los cuales pertenecen sus padres y esposa. Un huichol es garante de
por lo menos cuatro cargos a lo largo de su vida; esto sin contar las labores agrícolas
del xiriki en que les toca cargo. Descuidando lo suyo (sus propios coamiles) (Gutiérrez
del Ángel, 2002).
Sin embargo, dentro del rancho parental es muy difícil llevar a cabo estos
sacrificios que menciona Gutiérrez, ya que muchas veces los adoratorios de la familia
“política” se encuentran a días de distancia, siendo prácticamente imposible que los
integrantes del rancho bilateral lo puedan cumplir, además por una razón muy
poderosa, que es la económica; por otra parte cuando se ha ocupado un cargo de
relevancia en el tukipa se observó que en el rancho que los mara’akate reeligieron a la
misma persona hasta tres veces en el mismo cargo y no relevaron a la persona con sus
descendientes, sino que lo elevaron directamente a kawiteru en la cabecera comunal y
en el tukipa.
32
provienen de una pareja primordial: la del fuego, Tatewari, matrimoniado con Takutsi, el
elemento femenino asociado al mar y la reproducción. El elemento que une a los dos
sistemas en una concepción unitaria es el Tamatsi Paritsika, “Nuestro hermano el
Venado”, hijo de Tatei Kiewimuka y de Tawewiekame. La mitología huichola indica que
por órdenes de Tawewiekame, Paritsika se dejó sacrificar como venado, lo que funda la
cacería ritual, de tal forme que los hombres pudieron sobrevivir (Gutiérrez del Ángel,
2002, pág. 94).
En tanto Neurath nos narra que una deidad enojada es capaz de afectar la salud
de los niños, de las esposas, del coamil y del ganado, además de que puede cambiar la
suerte en los negocios. Toda la familia y la unidad productiva pueden ser víctimas de la
ira divina. Si el huichol deja de hacer fiestas puede sufrir consecuencias: la muerte de
un hijo, la infertilidad de la esposa, la enfermedad de una vaca o que una plaga ataque
a su coamil. La religión huichola es tan exigente que jamás sería posible complacer
todas las divinidades. Esto permite que el mara’akame siempre encuentre
explicaciones para todos los malestares (Neurath, 2002, pág. 186). Al respecto, en el
rancho parental, ante la aparición de la enfermedad, el hecho de no complacer a las
divinidades acarrea un estrés que no sólo afecta a la o los enfermos, sino que ataca la
33
estructura de todo el rancho, afectando de manera negativa en las obligaciones
ceremoniales si no se complace a las divinidades.
Para la autora, los mara’akate adquieren la capacidad de ver lo que nadie más
puede. Ellos ven la indefensión de los niños y de lo que no vemos (Fajardo Santana,
2007) Realiza el análisis en estudios anteriores basados en la biomedicina que busca
una correspondencia entre el lugar y tipo de lesión con el nombre de la enfermedad.
Una de las maneras de entrar a la clasificación local de las enfermedades es a través
de los nombres que se utilizan para ellas. Pero se ha notado que el modo de nombrar a
la enfermedad no concuerda con lo que podríamos llamar la personalidad o
comportamiento del objeto que da nombre a la enfermedad con el comportamiento o
apariencia del enfermo. Por ejemplo, la enfermedad del maíz (ikúrriya)[’ikuxiya] que los
mara'akate de San Andrés Cohamiata definen cuando no cae bien la comida o hay
dolor abdominal, poca diarrea y vómito ocasional, pero tampoco puede encontrarse en
"comportamiento del maíz". En la región de Tuxpan de Bolaños, la desnutrición severa
fue designada con más frecuencia como la "enfermedad del venado" y "del maíz";
también en orden decreciente se usaron el de "flecha", "alacrán", "empachado", "malo
para comer", e "hinchado de los pies"[véase Armando Casillas, Nosología Mítica de un
pueblo Medicina Tradicional Huichola, UdeG, 1990]. Pero de acuerdo a lo que ella
34
analizó, no hay paridad en la relación entre la «forma del objeto» con el nombre de la
enfermedad y claramente no se refiere a la «personalidad» del objeto causante, aunque
si hay concordancia en que existe un objeto externo causante de la enfermedad. Un
aspecto central para ella es que la concepción local de enfermedad no depende tanto
del nombre con el que se le designa sino el entendimiento de que hay una relación de
la persona con un entorno que brinca los límites de cada participante. Entonces la
definición y nombre de la enfermedad dentro de la medicina huichola se basa en la
capacidad del mara'akame para ver con precisión qué es lo que pasa dentro del cuerpo
del paciente. Pero no se trata del cuerpo físico que todos podemos ver, sentir, mover o
dirigir; es otro cuerpo invisible e intangible para la gente común donde ocurren los
arreglos o desajustes que en su momento repercuten en el cuerpo de la experiencia
propia (Fajardo Santana, 2007, págs. 144-148). Para la medicina huichola la
enfermedad es un indicador o señal, pero no se han dicho las causas precisas de
porqué el maíz, el venado, etc., produjeron la enfermedad (Fajardo, 2007: 181).
Tal parece que las deidades eligen a los mara’akate de acuerdo a ciertos linajes.
Un mara’akame8 de San Sebastián cuyo padre y hermano son chamanes, narra que se
le inició a los catorce años de edad, el don le fue otorgado a través de su madre, quien
había sido designada para ser mujer mara’akame pero se lo cedió a él. A su madre los
kakaiyarixi la habían enfermado, pero ella agarró un águila y le quitó algunas plumas,
esas plumas eran de Tatei Werika ’iimari, “nuestra madre aguila real” y estaban
destinadas a su formación como mujer mara’akame. Por su parte Fajardo nos dice que
al mara’akame, se le envía una señal por algún antepasado (kakaɨyari) de que recibirá
los dones para ser mara’akame. La «agencia» del kakaɨyari parece ser la causa para la
ocurrencia de la enfermedad. El único que puede preguntar directamente los deseos de
la agencia es el mencionado chamán. La autora resume que los kakaɨyarixi piden
ofrendas y fiestas en su calidad de dioses que otorgan alimento y cuidado a los
humanos; ellos mismos son alimento y piden ser alimentados. El descuido de estas
tareas es señalado con la enfermedad y las prescripciones obligan al regreso del
8
Trabajo de campo que realicé en 1996 precisamente con el hermano del anciano a cargo del rancho
donde realicé esta tesis.
35
cuidado, es decir, al cumplimiento de «el costumbre». La participación ordinaria en las
fiestas significa que se han seguido los pasos de manera adecuada, y la enfermedad
pasará sin ninguna consecuencia (Fajardo Santana, 2007, págs. 181-227).
Con relación a los antepasados los que se ha escrito es que tanto las jícaras y
las flechas se asocian con personas. Se observan en el rancho parental variaciones de
ancestralidad que juegan un papel fundamental en la reproducción de la vida ritual de
los xirikite y, por supuesto que se vincula al parentesco de la familia al nivel de los
bisabuelos, tema que se verá en el capítulo tercero.
Su contraparte son las personas-flecha del adoratorio parental, xiriki. Éstos por
lo general se representan con pequeños cristales de cuarzo que reciben el nombre de
’ɨrɨkame, derivado de ’ɨrɨ, “flecha”, pues se envuelven en un pedazo de tela y se amarran
a una flecha ritual. Estos objetos son personas ya iniciadas, que pueden estar vivas o
no. Los chamanes ancianos, según dicen los huicholes, “ya son como antepasados” y,
por eso, también se les rinde culto en estos adoratorios. A diferencia de los
antepasados genéricos que viven en el tukipa, los antepasados (vivos o muertos) que
36
se veneran en el xiriki parental son abuelos, bisabuelos y tatarabuelos concretos de la
gente que pertenece al adoratorio en cuestión (Neurath, 2013, pág. 46).
Continúa el autor al decir que, a diferencia de los ritos del tukipa, en los xirikite
parentales la veneración de antepasados concretos y genealógicamente demostrables,
es decir, de familiares muertos, cobra mucha importancia. Las fiestas de xiriki también
son una ocasión para atrapar un ‘ɨrɨkame, kakaiyari, yukutame o xikietame, “almas
cristalizadas”, que corresponden a diferentes grados de iniciación y acercamiento al sol.
Las piedritas, que son manifestaciones de mara’akate, se dejan atrapar, ya que el xiriki
es el lugar donde se guardan y donde se les rinde culto. Por lo general los ɨrɨkate que
se encuentran en un xiriki son almas de mara’akate ya fallecidos, pero también los
chamanes vivos suelen manifestarse en otra forma. Así se puede observar que algunos
ancianos hacen fiesta para sí mismos o para un aspecto de su persona, al cual ofrecen
maíz molido, “vino”, sangre sacrificial y otros alimentos propios de los dioses (Neurath,
2002, pág. 168).
Las personas representadas por las mazorcas niwetsika de cada xiriki son
quienes se reúnen para rendirles culto, además de los descendientes bilaterales de
cada uno de los ‘ɨrɨkate, muertos o vivos, que se encuentran en el mismo adoratorio.
Debido al principio de bilateralidad, cada individuo pertenece a varios grupos de xirikite.
La mayoría de los miembros de un grupo xiriki no vive donde está el adoratorio sino
consideran como “su casa” los ranchos donde se encuentran sus xirikite. Las familias
que sí residen ahí son las encargadas de cuidarlos y darles mantenimiento. Esta
función también implica sumir obligaciones de hospitalidad, cuya amplitud se relaciona,
de forma directamente proporcional, con el tamaño de los grupos xiriki y con el grado
promedio de cumplimiento ritual que tienen sus miembros (Neurath, 2002, pág. 168).
Para Coyle, por otra parte, según la creencia huichola, además de la sangre, el
cuerpo del venado también pude contener cristales de cuarzo:
“[…] Lemaistre (1996) los define como “manifestaciones concretas del alma de un
ancestro”. En ciertas ocasiones, estos ɨrɨkate o “personas flecha” son “encontrados” por el
37
mara’akame, quien las inhala del último aliento de un venado moribundo, “como una parte
de la eternidad ofrecida a los iniciados más elevados” (Lemaistre, 1996:223). Esta
observación ayuda a contextualizar el comentario de Lumholtz (1900:64; cfr. Weigand y
García de Weigand, 1992:223), según el cual, los cazadores de venado se convierten en
cristales de roca después de su muerte. Untando los instrumentos rituales y ofrendas con
sangre de venado, e inhalando su alma en forma de cristal, un mara’akame alimenta a los
ancestros muertos y los mantiene activos; a la vez, él mismo se prepara para continuar
espiritualmente activo después de su propia muerte. La muerte de un mara’akame es un
paso similar al que se representa en la ceremonias yaquis de maso me’ewa, “una
transición desde un estatus físico y social a otro” (Fikes, 1985:124). Ésta sucede en el
momento del sacrificio, cuando Paritsika -Kauyumarie, el venado, se deja matar
voluntariamente, para servir como vínculo entre los seres humanos vivos y el mundo de
los ancestros deificados “que no mueren” (Coyle, 2008, pág. 308)”.
Podemos concluir y añadir a este capítulo que en el ámbito del rancho parental hay una
predominancia de los antepasados genealógicamente demostrables, pero estos
antepasados no son exclusivamente hombres, también pueden ser mujeres. Las
actividad ceremonial del rancho parental está marcada hacia una temporalidad donde
predomina el género femenino para las deidades y la participación de las mujeres. Por
otro lado, en las acciones rituales del tukipa puede haber en una temporalidad del día o
de la oscuridad basada en una construcción del género femenino, pero subyace una
sexualidad masculina dada a través de la materialidad, es decir, de quienes realizan las
acciones rituales. O bien los casos de inversión en rituales que se repiten tanto en el
tukipa como en el xiriki parental, por ejemplo, mientras que en los tukipa en
determinado momento del ritual, los hombres “barren” el patio ceremonial, en el xiriki
son las mujeres las que lo hacen. O bien, mientras que en el tukipa hay una
predominancia de hombres con responsabilidades ceremoniales apoyados por sus
esposas, en el xiriki son las mujeres las responsables de las fiestas del maíz apoyados
por sus esposos. Y haciendo el acompañamiento al mara’akame.
38
Capítulo 2
El nanayari (guía de calabazas) en la literatura antropológica:
un árbol cósmico con brotes rizomáticos
2.1 Las calabazas en el Gran Nayar
En el Gran Nayar habitan mestizos y los pueblos wixaritari (huicholes), nayerite (coras),
o´dam (tepehuanos) y nahuas (mexicaneros); tienen una estrecha relación con sus
policultivos: maíz, calabaza, frijol, chile, amaranto y otros nutrientes. La calabaza
desempeña un papel relevante en sus cosmovisiones.
Sabemos a través de Levi que el arte temprano maya muestra el simbolismo que
enlaza el ciclo de vida de las plantas con el de los seres humanos y con temas de la
creación y la emergencia del inframundo. La iconografía de los murales de la muralla
39
del norte de San Bartolo, Guatemala, sitio del preclásico tardío que data del 100 a.C.,
representa detalles de la mitología maya de la creación. Un complejo de imágenes
conocido como “la escena del nacimiento en la calabaza”, muestra cuatro seres
infantiles situados en las cuatro esquinas, saliendo de una calabaza en medio de una
fuente de sangre. Una quinta figura de brazos extendidos, emerge del centro de la
hendidura de la matriz de la jícara. Esto sugiere un plan cosmológico. También hay
escenas análogas en el centro de México, como en Teotihuacán, donde hay
representaciones de figuras que nacen de las calabazas en floración; y en el códice
Fejéváry-Mayer del Posclásico tardío “Xiuhtecuhtli se para en el centro de las cuatro
direcciones cósmicas, con gotas de sangre en las cuatro esquinas” (Saturno, Taube y
Stuart 2005: 12-13) (Levi, 2012, pág. 194).
40
como la compañera del maíz (“las dos son nuestra madre”) y que “el barco” en tiempos
antiguos se usaba también para cruzar el Rio San Pedro, de enorme caudal, pues si se
echa al río no se mete el agua, no se voltea. Corresponde con la descripción de
Francisco Hernández que en 1577, en la Historia Natural de Nueva España, en donde
se refiere a axicalli o calabaza de agua “del tamaño y forma de un escudo, corteza
gruesa y ninguna pulpa y del cual, dividido latitudinalmente, suelen formarse dos
vasijas que hace las veces de las más grandes fuentes; de los mismos, enteros y juntos
en hileras de siete, fabrican balsas muy buenas para transportar hombres, caballos o
cualquiera cosas” (Hernández, 2007, pág. 58).
Podemos advertir que hay correspondencias del “barco” con el mito sobre el
origen de los huicholes y la “canoa” de Takutsi Nakawe de los wixaritari; si los nahuas
asocian a la calabaza con un objeto que flota en el agua y es compañera del maíz:
“El canto del tawitol va con dios, dios lo dispuso y dios lo escucha, antes había un maíz
más grande, los granos más grandes, ahora están chiquitos porque dios se llevó el
maíz; se lo llevó porque los indígenas no tomaron en cuenta el maíz, lo que quedó, ya
nos cuesta trabajo para trabajar con él”(informante mexicanero de San Buenaventura,
Durango, 2015).
Mientras que los huicholes argumentan que en el sitio sagrado lo que quedó fue
la cabecilla de la calabaza, entonces, comparten un “mito del diluvio” en una gran
región, hay una correspondencia de la calabaza como un fruto tan antiguo como el
maíz.
Neyra Alvarado narra que, en el mito, tocar el arco implica hacerlo para que
alguien baile, antes de ser sacrificado para instaurar una nueva Era. El canto recuerda
41
el sacrificio y el renacimiento. El músico toca cerca del fuego viendo hacia el este, es el
fuego que por sus crepitaciones da las señales, como ocurre con el fuego de la casa. El
canto del venado (masat) recuerda su sacrificio e invoca su renacimiento; al igual que
Tepusilam cuando se reunieron sus huesos para revivirla (Alvarado, 2004, pág. 135).
La calabaza del arco musical de los coras de San Teresa consta de varias
partes: túnamu (arco de madera), co’jna (cuerda-hilaza) xeere o kuxuri, mata o guía de
calabaza donde se da el tsikú (calabazo). Si bien no existe una correspondencia directa
de las guías de la calabaza entre los huicholes de Jalisco, coras y mexicaneros, ellos
relacionan el tixueku o tepu (tambor) y el arco musical como lo mismo por su caja de
resonancia, la madera y la corteza de la cucurbitácea, respectivamente.
Preuss enfatiza que los rituales de las fiestas wixaritari están orientadas
principalmente hacia a la victoria del sol sobre la noche. Esta victoria también es el
tema de todas las demás fiestas que se celebran durante ese tiempo del viaje de los
elotes tiernos (tewainurixi) que se realiza en la Fiesta de las Calabazas [Tatei
Mawarixa]. Se refiere a una reactualización del viaje que emprendieron los dioses
desde el inframundo hasta el lugar del amanecer en el oriente. De acuerdo con los
cantos, los peregrinos caminan hasta la salida del sol y ahí cazan a los peyotes, que se
les aparecen en forma de venados disparándoles flechas de manera ritual. Para Preuss
el significado es que en el este el sol mata al venado que personifica a las estrellas y,
así, se difunden bendiciones por toda la tierra (Preuss, Fiesta, literatura y magia en el
Nayarit Ensayo sobre coras huicholes y mexicaneros, 1998 (1906), pág. 190) De la
misma manera los peyoteros traen bendiciones a los suyos, especialmente la lluvia.
42
Ésta, proviene del sol, porque la posición más alta del sol en el cenit (el solsticio de
verano) coincide con el inicio de la época de lluvias. Los peyoteros parten después de
la fiesta de las calabazas en octubre y regresan en diciembre, pero permanecen en un
estado sagrado hasta las fiestas del peyote y del esquite que se celebran en marzo o
abril (Preuss, 1998 (1906), págs. 190-191).
43
El mismo autor nos muestra la figura 72, que es una silla esculpida en madera,
dedicada a Tate’ Tuliriki’ta [sic: Tatei Turixikita], diosa de la concepción y del nacimiento
y que se obtuvo de una cueva en Santa Catarina. Está pintada de azul índigo y tanto el
asiento como la parte inferior del espaldar tienen cuentas adheridas con cera. La
ornamentación del asiento consiste en una espiral hecha de una sarta de cuentas
blancas rodeada por una fila de cuentas azules. Esta figura circular simboliza el maíz.
De ella emanan filas de cuentas en forma de rayos, que representan frijoles. La línea
serpentina de cuentas blancas que hay en el espaldar representa la enredadera de la
calabaza. Para el autor la silla simboliza una oración por abundancia de maíz, frijol y
calabaza (Lumholtz, El arte simbólico y decorativo de los huicholes, 1986, págs. 112-
113).
Otra iconografía es una imagen de pintura facial del Sol Poniente (Sakaimo’ka
nealikai’ya Urai’ya)[sic: Tsakaimuka nierikaeya ’uxaeya] (Figura 276e.) Lumholtz
interpreta que un cuadro sobre la nariz es la tierra (kwi’atsa)[sic: kwietsie]. De ella brota
sobre la frente una enredadera de la calabaza con sus frutos (las manchas) y las flores
(los puntos sobre la línea). En cada mejilla tiene un cúmulo de mazorcas. Las líneas
punteadas de la mandíbula representan nubes (hai) (Lumholtz, El arte simbólico y
decorativo de los huicholes, 1986, págs. 275-276). En la pintura facial de la Madre Maíz
(Figura 277 c.). Sobre cada mejilla y cerca de la nariz está el peyote del fuego, y un
poco más hacia afuera, en cada costado, el del maíz. Sobre la nariz hay nubes y sobre
la mandíbula una planta de calabaza con tres frutos. A lo largo de la frente hay tres filas
de nubes, en medio de las cuales dos serpientes de nube (haiku) enroscadas con las
cabezas frente a frente. El resultado de las nubes se aprecia en la lluvia que cae y en
los granos de maíz debajo de ella (Lumholtz, El arte simbólico y decorativo de los
huicholes, 1986, pág. 278).
Pero lo que nos importa más en esta familia de las calabazas son sus “guías”. La
guía de las calabazas debe observarse desde un carácter polisémico y con grandes
alcances, para comprender su complejidad simbólica en relación con el fuego, el agua,
el movimiento y dos conceptos que parecerían contradictorios: el árbol cósmico y el
44
rizoma. Ambos conceptos nos permiten entender la complejidad de la guía de las
calabazas, así como la cotidianidad del parentesco y de la enfermedad pero también el
alcance que tienen en rituales de paso y de separación.
45
“[…] En los rizomas hay nudos de arborescencia, y en las raíces brotes
rizomáticos. Es más, hay formaciones despóticas, de inmanencia y de
canalización, específicas de los rizomas. En el sistema trascendente de los
árboles hay deformaciones anárquicas, raíces aéreas y tallos subterráneos. Lo
fundamental es que el árbol-raíz y el rizoma-canal no se oponen como dos
modelos: uno actúa como modelo y como calco trascendente, incluso si engendra
sus propias fugas; el otro opera como proceso inmanente que destruye el modelo
y esboza un mapa, incluso si constituye sus propias jerarquías, incluso si suscita
un canal despótico. No se trata, pues, de tal, o tal lugar de la tierra, ni de un
determinado momento de la historia, y mucho menos de tal o tal categoría del
espíritu, sino del modelo que no cesa de constituirse y desaparecer, y del proceso
que no cesa de extenderse, interrumpirse y comenzar de nuevo”[…] (Deleuze &
Guattari, 1980, págs. 46-47).
“[…] son el habitante del viento, el habitante del lugar de las flores.
[…]También pertenece a la parte inferior del mundo el nombre Atlayahuican,
‘el lugar de las aguas y de las nieblas’. Corresponde al inframundo, pues el
Mictlan es el depósito de fuerzas acuáticas. […] Por otra parte Tamoanchan
es el inframundo y los cuatro postes cósmicos[…] Tamoanchan se encuentra
46
en los postes cósmicos por los que circulan las fuerzas divinas” (López Austin,
Tamoanchan y Tlalocan, 1994, pág. 89)
En cuanto al Eje Cósmico como lugar de la muerte, monte sagrado, árbol florido,
los antiguos nahuas hablaron de tres clases de pisos cósmicos. Basándose en Ruiz de
Alarcón, chicnauhtopan (“los nueve que están sobre nosotros”), tlalticpac (en la
superficie de la tierra) –que debemos entender como los cuatro intermedios entre tierra
y cielo- y chicnauhmictlan (“los nueve de la región de la muerte”). Todos ellos eran
traspasados en su centro por el Eje Cósmico, habitado por el dios viejo del fuego. El
Códice Florentino se refiere al dios como madre y padre de los dioses y nos describe
su hogar: “… la madre de los dioses, el padre de los dioses, que está tendido en el
lugar del ombligo de la tierra, que permanece metido en el lugar del encierro de piedras
de turquesa, que está almenándose con agua de pájaros [color] turquesa, el dios
anciano, Ayamictlan, Xiuhtecuhtli” (Sahagún) (López Austin, 2015, pág. 46).
Neyra Alvarado nos narra que el verbo malina, designa la torsión de la cuerda.
Se utiliza también para el movimiento de la luna y de las constelaciones en el
firmamento. El fuego y el sol se encuentran en medio de este movimiento: el primero al
centro de la danza y el segundo en el centro del recorrido este/oeste. Los mexicaneros
designan el movimiento del mundo en dos planos con la frase “así se torció nuestro
mundo” (yuk umalintik totabellón). El movimiento en espiral pone en funcionamiento la
vida humana, atándola con los ancestros y las divinidades e instaurando los ciclos
espacio-temporales que se repiten. (Alvarado, 2004, pág. 106)
47
La guía de las calabazas como veremos en el capítulo tercero son los cordones
retorcidos que generan movimiento y fuerza, en ellas subyacen de manera mutua los
opuestos-complementarios, es decir, el agua baja y el fuego sube. Las guías surgen de
un manantial que es un sitio sagrado, (este manantial en la exégesis brota en lo alto del
cerro de Paritekɨa, ubicado en el Cerro Quemado, en Wirikuta y de sus torzales pende
la vida de los huicholes), el agua del manantial que se recoge se va depositando en un
recorrido (topografía territorial) a través de adoratorios y templos; mientras tanto se va
tras el encuentro del fuego, pero este fuego parte de Teekata9 y se conecta con los
abuelos fuegos de los distintos patios ceremoniales que se ubican en adoratorios y
templos, con ese cumplimiento y la fiesta correspondiente se regresa a la vida
cotidiana. Pero aunque el agua aparentemente es oscura, en el mito proviene de un
espacio luminoso y el fuego que viene de la matriz del cerro, de lo oscuro, del ombligo,
también es luminoso. Por lo que hay también una asimetría que tiende al predominio de
lo luminoso, es decir, la vida. “[…] hablar de “vida” permite conservar la amplitud propia
de esta categoría, ya que ésta puede corresponder a la vez a los procesos que causan
la vida y a los que implican a los seres y sustancias vivos[…]” (PITROU, 2011, pág. 11).
En este movimiento cual guía, las familias del rancho parental se desplazan tras
los antepasados con el fuego inicial de Teekata y en otra regresan después de haber
cumplido el proceso temporal y espacial de sus acciones con sus guías renovadas,
pero si no se cumple la guía se seca y puede dar también la muerte. Entonces en la
guía de las calabazas hay un movimiento inverso al árbol cósmico:
“La idea de la lucha de los opuestos en el Eje Cósmico es clara en su figura de malinalli,
formada por dos cuerdas que giran en torzal. Una cuerda es un chorro de agua,
ascendente; la otra baja del cielo, hecha de fuego […]. Un segmento de esta figura es el
atl-tlachinolli (“agua-hoguera”), cuyo significado es la guerra, pues la guerra simboliza el
dinamismo del cosmos. Son múltiples las representaciones visuales del Eje Cósmico. En
algunas ocasiones fue dibujado o esculpido como Árbol Florido. Otras, más detalladas,
muestran sus componentes: sobre el plano terrestre se eleva el Monte Sagrado; en la
cumbre del monte se yergue el Árbol Florido bajo el monte se encuentra el acuático y frío
Lugar de la Muerte (López Austin, 2015, pág. 46). El Monte Sagrado es un gran
repositorio. Pese a su elevación, es una parte del inframundo, pues sus laderas continúan
9
Donde Tatewari (Nuestro abuelo [del fuego] fue encontrado por vez primera. (Liffman, 2012) . Lugar
sagrado cercano a Tuapurie.
48
la superficie de la tierra y su interior conserva las propiedades de la humedad y la muerte”
(López Austin, 2015, pág. 47).
Por su parte, Guilhem Olivier nos narra sobre el papel de las flechas en los
mitos, que en relación con la huida de Quetzalcoatl de Tollan hacia Tlillan Tlapalan, el
episodio durante el cual Quetzalcoatl apedrea un árbol es bastante enigmático. Alfredo
López Austin (2002:96) considera que de esta manera el dios aparece “como creador
de un símbolo fundamental de la religión mesoamericana: la cruz del árbol cósmico,
que en el relato se dice que fue hecha con dos troncos de ceiba”. Olivier nos dice que
se puede pensar que Quetzalcóatl efectúa una maniobra inversa a la que escenifica el
mito de origen de los tezcocanos; es decir, penetra en una ceiba (pochote) por un hoyo
producido por una flecha-ceiba10. Quetzalcoatl pretende renacer de esta forma. Al
introducirse en un árbol o en una montaña, de alguna manera Quetzalcoatl se reintegra
a una matriz. El simbolismo de las montañas es bien conocido y el árbol elegido por
Quetzalcóatl es un pochotl (Ceiba pentandra), que, en sentido figurado, significa “padre,
madre” (Simeón, 1963:346) (Olivier, 2015, pág. 132). El autor interpreta entonces que
el episodio en el que Quetzalcóatl penetra en un árbol es un símbolo de muerte y
renacimiento. Es significativo que, en las versiones “historicistas” de la vida de este
personaje divino, se le atribuyen dos hijos, uno de los cuales que se llama
precisamente Pochotl se salva de las matanzas y funda la dinastía de los reyes de
Culhuacan (Alva Ixtlixóchitl, 1985, I: Torquemada, 1975-1983, I:56) (Olivier, 2015, pág.
132).
10
“En la primera lámina del Códice Selden 3135 (1964:1) (el códice mixteco) se expresa el papel
fecundador asignado a las flechas. Esto es donde se escenifica a los dioses 1 Movimiento y 1 Muerte,
respectivamente Venus y Sol, bajando del cielo con sus propulsores y flechando un cerro con el
topónimo del pueblo de Añute, hoy Magdalena Jaltepec (en Oaxaca) de donde procede el manuscrito.
De este cerro sale un cordón umbilical que conduce a un personaje llamado 11 Agua Cancha de Pelota
Humeante, fundador de la dinastía de este lugar” (Olivier, 2015, pág. 136).
49
pochote, pero también kupu’ri [sic: kupuri], el mismo nombre que se da al algodón en
rama (Lumholtz, El arte simbólico y decorativo de los huicholes, 1986, pág. 77)”. Por su
parte, Jesús Jáuregui, en un texto relacionado con el árbol cósmico, relaciona a
Tamoanchan y las variaciones relacionadas con los grupos de la Sierra Madre
Occidental con el tsikiri de los huicholes y el cha’anaka de los coras. El Tamoanchan en
los movimientos rituales de los coras en la danza de las Pachitas, las Malinches,
Diosas de la Tierra que en su atuendo (sombreros), parafernalia (banderas, plumas,
flores, campanita) y desempeño ritual hacen presente el Tamoanchan. Tanto los
sombreros como las banderas simbolizan la imagen del universo de los coras y sus
cinco rumbos (Jaúregui, 2003, págs. 254-255)
“En la Semana Santa en una variante de malinalli, árbol de Tamoanchan, los variceros
coras entrecruzarán sus varas sobre el niño nazareno y sobre el Santo Entierro durante
las procesiones[…] por otra parte el viernes santo la imagen del árbol cósmico es
evocada por medio de diseños de sables tableados, que reiteran la figura del quincunce
al ser entrecruzados” (Jaúregui, 2003, pág. 261)
11
“En resumen, si es la síntesis de los cuatro árboles, el árbol de Tamoanchan es el eje del
cosmos. Pero al mismo tiempo, Tamoanchan mismo es el conjunto de los cinco árboles cósmicos.
Tamoanchan es uno. Tamoanchan es cuatro, uno en cada extremo del cosmos. Tamoanchan es cinco,
la suma del eje cósmico y sus cuatro proyecciones (López Austin, Tamoanchan y Tlalocan, 1994, pág.
94).”
50
asperjar agua encima, con una hoja de mazorca, de nuevo en los cuatro rumbos y, al
final, en el centro”. Depositan el pinole como ofrenda en el lienzo de piedras que
deslinda el atrio, atrás del templo (Jaúregui, 2003, pág. 268).
51
prudente distancia, desollándolos primero. En poco tiempo los puyuiste traen las orejas y
los cuernos de la primera res y los depositan en el altar de los santos; los topiles llegan
luego con las mismas piezas de la segunda y las colocan en el altar de las varas.”
(Jaúregui, 2003, págs. 270-272)
El autor concluye que “el modelo del cosmos de tipo quincunce se presenta entre
los coras y huicholes desde los objetos rituales más pequeños –como las jícaras-,
extendiéndose su reproducción en el trazo arquitectónico de los edificios rituales –como
el tukipa (Neurath, 1998: passim)- […] y proyectándose de modo progresivo en el
entorno circundante hasta llegar a los confines del mundo” (Jaúregui, 2003, pág. 281).
El movimiento circular levógiro predomina. Prevalece lo alto oriental sobre lo bajo
occidental, así como lo luminoso con respecto a lo oscuro, lo ígneo a lo acuoso.
Empero, “este dualismo jerarquizado implica la inversión, de manera que lo que es
superior se torna inferior en el nivel inferior. Esto es, cada polo aparece
alternativamente como superior e inferior”. Aunque todos los elementos del conjunto
son imprescindibles y cada uno –de acuerdo con los tiempos rituales y con las
circunstancias ceremoniales- puede aparecer como el principal, la totalidad no
corresponde a un sistema igualitario, sino jerarquizado por principio (Jaúregui, 2003,
pág. 282). Asimismo comprender las transformaciones del cuatro, que se puede
convertir en cinco, seis, siete [ver Jauregui (2003)].
Geist nos dice que en los festejos de Tatei Niexa les antecede la cacería del
venado y los preparativos de germinar el maíz. Los hombres acarrean costales y cestos
52
llenos de elotes. Así como ejotes, calabazas, plátanos, naranjas, ciruelas, sandías,
trozos de caña de azúcar, flores de cempasúchil (puwari) y flores silvestres de color
morado, amarillo y anaranjado. Las mujeres fabrican los tsikɨrite para los niños que
participarán en la Fiesta del Tambor, por ejemplo, un tsikɨri de tres rombos para una
niña que está en el tercer año de vida y participará por tercera vez en la fiesta. La
configuración de los tsikɨrite va desde un rombo simple que se duplica y triplica en el
segundo y tercer años de vida a manera de un alargamiento de la figura, la cual se
despliega luego por lo cuatro rumbos del universo, todavía de manera incompleta en el
cuarto año de vida hasta constituir la plenitud de un quincunce compuesto de cinco
quincunces en el quinto año (Geist, 2005, pág. 174).
Pero no quiero dejar pasar inadvertido otro marco conceptual distinto que nos
brinda Ángel Aedo en La dimensión más oscura de la existencia, donde la
configuración del espacio exige un centro, pero también el espacio se presenta como
un lugar de movimiento, la posibilidad de transición e ingreso de una de sus regiones a
otra. En los límites del mundo domina el kieri, ya que la exterioridad, la abertura y el
contacto con el otro son algunas de sus características. Los esquemas wixaritari de
percepción del mundo obedecen a reglas de clasificación específicas, ellos delimitan y
ordenan los fenómenos, distinguiendo diferentes tipos de agentes, comparando y
oponiendo formas de actividad. Es este sistema, el espacio y el tiempo constituyen
nociones que permanecen implícitas y que forman parte de un cuerpo complejo de
aspectos concretos y dinámicos de lo real. El kieri y su contrario el hikuri (peyote), en
tanto que potencias anímicas fundamentan un conjunto de actividades que conciernen
a la organización del mundo y sobre cuya base se elabora la experiencia wixarika de la
espacialidad, dominio que desborda ampliamente nuestra experiencia del espacio-
tiempo (Aedo, La dimensión más oscura de la existencia. Indagaciones en torno al kieri
de los huicholes, 2011, pág. 36).
53
representación simplista y estandarizada de la cosmovisión, propone explorar uno de
sus reversos como una perspectiva donde irrumpe el kieri como una concepción
formidable de la alteridad (Aedo, La dimensión más oscura de la existencia.
Indagaciones en torno al kieri de los huicholes, 2011, pág. 36). [cfr Roy Wagner fractal]
Paul Liffman rescata de la exégesis wixarika un término que será una de las
líneas centrales de investigación de esta tesis; es el término nanayari, que es la
territorialidad histórica de los huicholes que se resume en metáforas de raíces,
enredaderas, lianas, guías (nana, plural: nanari) o, en términos más abstractos, arraigo
(nanayari). Los huicholes invocan el nanayari para relacionar el fuego ceremonial del
adoratorio familiar (xiriki) con el fuego del conjunto arquitectónico de un gran templo
(tukipa). Más allá del tukipa, el nanayari se extiende a lugares de creación primordial
(kakaiyarita, lugar ancestral), dispersos en unos 90 000 km2 en cinco estados del
occidente y centro norte de México: Nayarit, Jalisco, Durango, Zacatecas y San Luis
Potosí. Aún a medida que este sistema de adoratorio-templo-sitio sagrado va
cambiando su relación con el paisaje natural e histórico, permanece como el principio
organizador de la sociedad y constituye lo que los wixaritari denominan kiekari –
territorio cultural- (Liffman, 2012)
54
productores de semillas en varios puntos. De manera similar el crecimiento del xutsi
kwaxuayari (un bule cuyo relleno reseco semeja al cerebro) se relaciona con el
pensamiento, el desarrollo y la exploración de una dirección sin saber si llevará o no
lejos: una metáfora del pensamiento especulativo. Liffman hace un análisis a partir de
la ceremonia Tatei Neixa y emplea la metáfora de nanayari, donde los rituales de kiete
(rancherías) y tukite (templos) se conectan porque ligan los niveles de organización
jerárquica, pero estructuralmente equivalentes mediante el intercambio recíproco
(Liffman 2012, 139-140).
El roba vidas trae atado a Xurawe y los Tananama permiten que hable el prisionero,
pero le ordenan no aproximarse tanto pues a ese lugar no pueden ascender los
pecadores. Xurawe les ruega que le perdonen los pecados, pero los Tananama le dicen
que sostuvo su vida del maíz y jamás sacrificó un animal para la madre maíz. Además
55
tuvo más de cinco amantes. Son tantas las faltas de Xurawe que ya han hablado con
los dioses: al poniente con los señores de la Oscuridad y con la Madre del Mar; al sur
con la Abuela Nakawe, creadora del mundo; al norte con ‘Ututawi y con la madre
Hauxatemai, Dueña [dueño] de los venados. Por lo que acuerdan quitarle la vida: “[…]
todo indica que no hay remedio para el castigo que se cierne sobre ti, pero antes de
que te vayas vamos a verificar en tu guía si aún tienes vida.” Pero los ancianos le dicen
a Xurawe que está cantando el tecolote. Su tonada es señal de que su guía y sus hojas
están secas, sin vida, por haber sido arrancadas del cielo. Xurawe ve como se
oscurece el cielo. Los Tananama le dicen que tendrá que bajar a los infiernos. Su vida
ha concluido porque su guía está seca y no ha sido posible encender la vela. El
robavidas levanta a Xurawe y se lo lleva a jalones (Leal Carretero, 1992, págs. 75-79).
Al respecto Olivia Kindl refiere que en el Tatei Neixa registró cómo las acciones y
los espacios se organizan a partir de distintos tipos de hilos, en particular dos: el que
materializa el camino de los peregrinos a Wirikuta y el de los ojos de dios tsikiri, ambos
fundamentales para esta celebración. Menciona que la importancia de los hilos-
caminos en relación con los niños por cuestiones vinculadas con la transmisión de
conocimiento cuyo proceso se da en el contexto ritual- en el patio ceremonial cuando
se celebra la Tatei Neixa y aquellos que conforman los rombos tsikirite- los primeros se
extienden en línea recta, los segundos forman un espiral y se entrecruzan para
conformar un tejido, bajo la forma de una acción que consiste en mostrar el camino a
Wirikuta. En cuanto a las plantas cultivadas que produjeron los frutos nuevos que se
celebran en esta fiesta, se les orienta de manera constante durante su crecimiento, en
particular la calabaza, que es una planta de guía (Kindl, 2012, págs. 362-364).
56
territorio. De esta forma, decir que los wixaritari se localizan entre los 21º20’ y los
22º35’ de latitud norte, 103º35’, 104º25 de longitud oeste del meridiano de Greenwich,
es pensar en su espacio jurídico, reconocido por sus títulos de propiedad y negar que
desde un punto de vista simbólico, sus peregrinaciones milenarias y sus nuevos
asentamientos en ciudades van construyendo una multiterritorialidad o reterritorialidad
ceremonial, la cual rebasa en mucho sus límites comunales. "entonces –aun si el
espacio es el firmamento y la única práctica es el discurso mismo-, hasta convertirlos
en lugares significativos. A la inversa, el espacio físico es el lugar cero hasta que el
movimiento y la narrativa le dan forma. En palabras de Michel de Certeau, “el espacio
es un lugar practicado”; esto quiere decir que es una configuración instantánea de
posiciones (Liffman, 2012, pág. 45).”
Liffman nos dice que los wixaritari, habiendo “registrado” ritualmente su sistema
de asentamiento, la localización cambiante de un kie (rancho) se vuelve parte de una
“raíz” que se extiende desde la lumbre prendida ante un adoratorio familiar hasta el
fuego ubicado en el centro de uno de los 20 grandes templos para alcanzar la cueva –
cosmológicamente central- situada en Teekata, donde Tatewari (Nuestro abuelo [del
fuego]) fue encontrado por primera vez, hasta el lugar de nacimiento del sol en
Reu’unaxi, 400 kilometros al este. El territorio es formalizado mediante la escenificación
de los tropismos de sinécdoque e iconicidad en ciertos rituales, de modo que esos
adoratorio, templo y lugar sagrado se convierten en referencias mutuas en una relación
clasificada acorde con el rango (Liffman, 2012).
57
rancherías. Estas categorías reflejan una gerontocracia masculina; líderes varones
suelen articular esta ideología territorial y aunque los términos para definir el cambio
histórico subordinan a lo femenino, las metáforas del arraigo y la inscripción reconcilian
los dos géneros temporalmente, porque en el proceso de establecer el crecimiento
“femenino” y el cambio de los patrones de asentamiento en formas canónicas
masculinas de historia sagrada, esas mismas formas cambian (Liffman, 2012, págs. 91-
93) Los huicholes afirman que las genealogías y los lazos sociales construidos en los
rituales crecen a la vereda de caminos migratorios de ancestros divinos, al igual que las
guías de la calabaza se extienden por la tierra (Liffman, 2012).
Neurath nos resume este problema de la siguiente manera: todos los lugares
tienen su fuego, pero “el fuego” se ubica en Teekata. Al fundar una nueva ranchería, se
pide prestado el fuego de un templo tuki. Así, se crea una red de conexiones que
vincula rancherías, centros ceremoniales y Teekata, y que describe en términos de
“guías de calabaza” y “cordones umbilicales”. El nivel jerárquico de un lugar particular
está sujeto a la negociación (Liffman, 2012). Tatewari es el primer mara’akame, la
persona iniciada por excelencia. Al mismo tiempo, el lugar de la cama de Tatewari se
relaciona con el origen mítico de la autoridad política que remite a la historia del
nacimiento del padre sol, la deidad identificada con el gobernador tradicional (tatuwani)
[…]. Como han señalado Ángel Aedo (2003), Paul Liffman (2005) y Paulina Faba
(2006), el tepari se relaciona también con el ombligo. La “enfermedad del tepari”
(teparixa) aflige, por ello, a personas que no limpian ni renuevan su pozo ceremonial
(Lemaistre, 2003:277, Aedo, 2003:190). Tatewari se fastidia de la situación, toma el
ombligo del responsable como su tepari y provoca un ardiente dolor de estómago
(Neurath, La Vida de las Imágenes Arte huichol, 2013, pág. 69).
58
siembra, música, dramas familiares, vivencias personales y familiares que se
objetivizan a través del nacimiento, la muerte, la alimentación, la enfermedad, los
autosacrificios en el peregrinaje, los actos gestuales en los rituales, las presentaciones
a los dioses y otros. Estos actos nos permiten conocer la metafísica nativa que se
maneja al interior de los ranchos: “la mujer alberga en su vientre a los existentes”
(Galinier, 2016).
“[…] habría que preguntarse si acaso el pensamiento mítico concibe a la tierra como una
especie de útero. La respuesta es positiva ya que dicen que los úteros (ipaui) están
hechos de barro. En San Sebastián les remite a Tatei Utianaka, madre de la tierra y los
primeros frutos, o madre de la tierra húmeda. El lugar de la oscuridad es el de las diosas
de la fertilidad, que aparecen bajo la forma de Takutsi Nakawe. Esta última diosa puede
manifestarse como una o bajo múltiples identidades. No obstante, Takutsi Nakawé
comprende a las demás deidades de la fertilidad” (Gutiérrez, 2010, pág. 63).
59
Gutiérrez analiza un mito de Lumholtz, quien postula la relación de las diosas de
la fertilidad creadoras del universo con las propiedades líquidas de la Abuela
Crecimiento (Takutsi Nakawe): todas y todo crece para nacer. Las pertenencias
simbólicas de la tierra y la luna se entrelazan con el crecimiento para significar el
nacimiento. Cuando una mujer va a dar a luz se dice que está rikɨrai, es decir redonda.
En su análisis sobre el astro selenita, Ángel Aedo (2001:202-207) asevera que “a la
luna llena se le denomina metsa (luna) rikɨrai [sic: xikiraiye] (redonda)”. En términos
huicholes es una xukuri o jícara, planta clasificada bajo la denominación de Tatei
Utɨanaka. Sí la luna y la jícara son entidades que se confunden por su origen circular,
son también figuras que en última instancia resultan significantes ligados a la fertilidad
(Kindl, 1997:155). Así que útero, tierra y luna pertenecen a un mismo eje semántico, ya
que en términos metonímicos las propiedades del barro, por ser tierra húmeda y apta
entonces para ser fertilizada, encuentran su identificación con el útero que es húmedo y
da vida; en términos metafóricos el útero y la luna saturan su significado mediante sus
significantes: la mujer es xikiraiye, es decir, procreadora como la tierra y redonda como
la luna llena, ejemplificadas las dos en la figura dadora de vida: xukuri o jícara.
(Gutiérrez, 2010, pág. 64). En esta asociación de la mujer con la luna, existe una
asociación metafórica que desentraña Aedo. El autor propone que para los huicholes la
conceptualización de la luna y la mujer corre en un mismo eje semántico, pues como
procreadoras son consideradas incompletas12 La luna, en un interminable periplo que
crece, se llena y decrece, simbolizando así a la mujer que nunca es una porque es dos:
nace, crece y da a luz. De esta manera la mujer y la luna nunca son completas, se
encuentran asimiladas bajo un mismo término: el simbolismo de la discontinuidad. De
aquí quizás el término que proviene de la primera mujer y creadora del universo,
Takutsi Nakawe, o Nuestra Abuela Crecimiento. En este sentido la luna, al igual que el
maíz, los primeros frutos y, en general, lo que tiene vida, crece como el vientre de la
mujer, las cuales resultan lógicas en tanto se les asocian cualidades empíricas de
12
Igual que la territorialidad, los “ejes semánticos” no son preexistentes ni necesariamente eternos sino
se forjan y se reacomodan en la práctica. –Liffman, comunicación personal.
60
forma y contenido, creando un mismo desplazamiento semántico (Gutiérrez, 2010,
págs. 65-66).
“Al caminar, estos últimos trazan su camino, el cual se visualiza como una planta
enredadera llamada nanaiyari, también considerada como una especie de funículo que
los vincula con su territorio de origen (Lifman 2005). Además, la estructura entrelazada de
la cuerda ritual –que en realidad está compuesta de dos cuerdas. […]Enlaza una región
superior con una inferior, formando así un axis mundi. Por lo tanto la concepción huichola
del cuerpo no se limita a los seres humanos, sino que abarca también a los animales y
vegetales, a los objetos, al territorio-paisaje, etc. Prueba de ello son por ejemplo, Nuestro
hermano Mayor el venado(Tamatsi Kauyumari), Nuestra Madre el Maíz (Tatei Niwetsika),
las personas –jícaras (xukuri’ikate) y las personas-flechas (’ɨrɨkate), los personajes
rituales, los lugares sagrados, los astros (Tayau, Nuestro Padre Sol), manifestaciones
todas de presencias de los ancestros deificados” (Kindl, El cuerpo y la cuerda, 2014).
Faba nos dice que generalmente el tepari (piedra circular) ubicado en el centro
del templo tuki se identifica principalmente con la casa del abuelo fuego (Tatewari),
quien vive en el ombligo de la tierra, mientras que el ubicado al poniente casi siempre
se asocia con la deidad telúrica Nakawe. Según algunos huicholes de San Andrés
Cohamiata (Tateikie), el tepari es el lugar donde se reúnen todas las deidades, pero
además evoca a "la raíz" (nanari) de donde salió todo lo que hizo Nakawe [Nuestra
61
Abuela Crecimiento]. Para Ceferino, un huichol de Colorado de la Mora, la espiral
grabada en los teparite se refiere a “la matriz del mundo, es como volver a nacer, se
recorre el camino de los dioses para ser los dioses y que ellos hablen a través de
nosotros, para que nosotros sepamos” (Faba, 2013, pág. 323).
La autora nos dice que la concepción huichola del tepari como matriz del mundo
cobra coherencia en este sentido, pues se refiere a la raíz de donde salió toda la vida,
estableciéndose una metáfora de la prosperidad de la vida natural y social. Entre los
actos que reflejan claramente este simbolismo del tepari está el de enterrar un disco
pétreo en lugares claves para la reproducción de la vida social, como el templo
ceremonial tuki y la escuela, y el ritual de enterramiento del tepari en la milpa familiar
“para que se de bien el maíz” y crezcan las plantas (Faba, 2013, pág. 325).
Veremos más adelante que hay una profunda asociación de la guía de las
calabazas con Takutsi Nakawe. También hay otra deidad —Kewimuka— que además
recibe el nombre de na’iyari: En su pecho carga una jícara azul que contiene cinco
mazorcas de maíz de diferentes colores y una calabaza. Le denominan Nuestra Madre,
dueña de los Venado, del Maíz y de las Calabazas. Su morada es el piso de una cueva
donde se acumula el agua en un charco permanente que en tiempos de lluvias se
desborda, corriendo el agua hacia el arroyo (Leal Carretero, 1992, pág. 81).
62
El siguiente cuadro comparativo da pie al siguiente capítulo el cual es una
síntesis del árbol cósmico y las características de la guía de las calabazas, desde los
autores que se han enunciado y un adelanto a los hallazgos de la etnografía de esta
tesis que veremos en el siguiente capítulo.
63
entorno penden muchas guías verdes
que representan la vida de los
humanos”.
El orden diurno patriarcal desciende de
lugares sagrados primigenios en lo alto,
proliferación y crecimiento materno
surgen desde el bajo y nocturno desde
las barrancas a milpas feminizadas
Lugar del ombligo de la tierra Útero-ombligo
Agregaríamos a este cuadro que hay una raíz con múltiples guías, que parten del kie-
manantial-coamil y que pueden ser múltiples guías que se desplazan en distintas
direcciones, pero está condicionada a que se cumplan con los compromisos
ceremoniales. La vida de los humanos pende de una “guía”. La vida depende y pende
de sus acciones ceremoniales y de los antepasados “de la oscuridad”, poniente, sur,
norte. Las calabazas (xutsi) son los colectivos familiares. La raíz es (nanayari). Los
pedúnculos (wapɨyari) son los propulsores que permiten se enciendan los fuegos y se
desplace la guía. La guía externa (kirikuxa) son los caminos en peregrinación que
recurren los colectivos. Las semillas (’atsiyari) son los existentes que están dentro de
las calabazas. La guía son los colectivos familiares que se están moviendo de acuerdo
a la guía. La guía es su alter-ego.
64
Se observa entonces que la espacialidad chamánica dada a través del
mara’akame vincula cuerpo-movimiento-parentesco en narrativas y prácticas rituales
vinculados a la ‘guía de calabazas’, que las contradicciones o los opuestos asimétricos
que se complementan: fuego-agua y árbol-rizoma, permite que se articulen. Podría
apreciarse una variación de un árbol cósmico que tiene brotes rizomáticos, pero
también observamos que la raíz tiene múltiples entradas, del fuego, del agua, de
“arriba”. Entonces a partir de los términos nanayari (raíces, enredaderas, lianas-
arraigo), Kirikuxata (lugar sagrado de guía o tallo de calabaza) y wapi (pedúnculo y tapa
donde se sostiene la calabaza con el tallo-fuego), se establece una analogía
microcosmos-macrocosmos de los lugares sagrados –narrados en los mitos de
creación - y otros dominios de su realidad. Éstos se observan en la cosmología
wixarika, en las obligaciones rituales de los peregrinos y en el cuerpo, como vamos a
observar en el siguiente capítulo.
65
Capítulo III
3.1 Antecedentes
Ya se ha abordado en el anterior capítulo cómo la literatura antropológica especializada
en la cultura wixarika ha tocado algunos aspectos de los modos de la experiencia
basados en la temporalidad/nocturnidad, la espacialidad y la agencia. El presente
capítulo está dedicado a la etnografía y se desarrolla en un rancho parental wixárika. La
experiencia de campo me permitió observar cómo se desarrollan estos modos en este
ámbito.
En esta tesis quisiera plantear que el movimiento del cuerpo, en colectivo, como
familia extensa, territorializa, desterritorializa y reterritorializa ceremonialmente (con una
diversidad de conexiones y rupturas de carácter rizomorfo) está asociado a los
espacios que los wixaritari consideran como parte de su temporalidad. El cuerpo se
convierte en una extensión del territorio a través de la complicidad de dos formas de
agencia que podrían ser contradictorios: por un lado “la guía de las calabazas”, como
los colectivos de familias que están “ensartadas” a través de una guía y, por el otro
lado, la enfermedad, como una potencia que promueve la movilidad del colectivo y que
toma el punto de vista de la diosa del maíz. Así podríamos ver a la enfermedad junto
con el parentesco, la edificación de adoratorios familiares como los recursos que
permiten establecer las reglas del juego y que permiten a los “agentes”, los
antepasados, influir en esta sociedad.
13
Todos los cantos traducidos de Carl Lumholtz que están en esta tesis fueron realizados por Leonardo
González, San Miguel Huaixtita-Tateikita. Apoyo del mara’akame Jacinto Rivera de la Cruz. La Palmita,
El Nayar, Nayarit. Archivo magnético. (2012)
14
Canto de mara’akame, San Sebastián Teponahuaxtlán. Grabación: Carl Lumholtz (huicholes indians),
1898. Cilindro: 278A, Fonoteca Henrietta Yurchenco/Museo Americano de Historia Natural de Nueva
York.
66
En otra dimensión, a través del canto chamánico el “curandero” identifica el tipo
de enfermedad que tienen las mujeres y los niños. Aspectos como la herencia del maíz
y el cumplimiento de las ceremonias familiares son fundamentales para comprender
que a los antepasados genealógicamente demostrables. No les gusta que los
cultivadores siembren otras semillas que no provienen de sus mismos antepasados;
tampoco les gusta que se abandonen los adoratorios donde ellos viven. Es por ello que
las mujeres emprenden un recorrido en colectivo con su familia extensa y su familia
nuclear, siguiendo distintas “guías” para alcanzar la salud; llevando el teiyari (semillas) -
cuyos actos de iterabilidad15 se sedimentan en un espacio donde convergen-, éste
teiyari [madredad16] es heredado o aceptado a través de la alianza y que han cuidado y
cosechado, presentando éste a “sus” antepasados” y a los antepasados que se ha
adoptado a través de las alianzas que se van forjando por ser parte de una familia
extensa. Por esta razón se edifican, reedificación o abandonan los adoratorios
familiares, los cuales permiten suponer que están vinculados a los antepasados
genealógicamente demostrables, hasta el nivel de las bisabuelas y bisabuelos y a
través de la figura de Yumu’utame [ibid.], los cuales “promueven” territorialidades
temporales y alianzas de tipo ceremonial entre adoratorios parentales distintos, a través
de la realización de fiestas.
Asimismo, la salud de los niños se alcanza si son presentados por sus madres y
sus abuelos a los antepasados en los lugares sagrados establecidos por la narrativa
wixarika, y durante las fiestas de los primero frutos y el cumplimiento por parte de las
madres en la siembra de las semillas correctas (teiyari). Así, a través de una “guía de
las calabazas” se van alimentando a los fuegos ceremoniales de adoratorios y templos
15
La noción derridiana de iterabilidad implica que todo acto es en si mismo una recitación, la cita de una
cadena previa de actos que están implícitos en un acto presente. La distancia entre momentos de tiempo
no puede espacializarse o limitarse como un objeto identificable. Es un entre, en medio y fuera, es como
un espacio no tematizable y un tiempo no tematizable que convergen (Buttler, 2011:68-69)
16
El Dr. Liffman ha sugerido que teiyari significaría madredad. Siendo así podríamos decir que madredad
es un núcleo estructural, una totalidad, una relación madre-hijo.
(https://entraenelespejo.wordpress.com/tag/matrisocialidad/)
67
y ocupando un territorio17temporal; sin embargo, no se visualiza una jerarquía del
templo (tuki) sobre el adoratorio (xiriki) parental. Esto permite suponer que hay una
actividad ceremonial paralela a los centros ceremoniales tukipa poco conocida, donde
predomina la agencia de los antepasados genealógicamente demostrables e inducida
por un tipo de enfermedad denominada por el curandero como “Tatei Niwetsika”. Y de
entidades como “la guía de las calabazas” que contribuyen a la búsqueda de la cura a
través del movimiento de la familia que “ensancha” la espacialidad wixarika.
17
Kiekari-territorio cultural (Liffman, 2012, pág. 91)
68
El lugar de estudio de la investigación se centra en una localidad denominada
Rancho Calabacillas, el cual se compone de otros tres ranchos; uno de ellos, el de mi
interés, es el que lleva por nombre en lengua wixárika Makuhekɨa (“Se ve claro
alrededor” o “El Mirador”18). En adelante nos referiremos a él como Rancho Nativo19.
Rancho Calabacillas se encuentra en los dominios de la localidad de Tierra Azul20 que
pertenece a la comunidad wixárika de San Sebastián Teponahuastlán o Wautia21,
Municipio de Mezquitic, estado de Jalisco. Se rige por varios elementos esenciales: la
institución social de siembra, cuidado y cosecha del policultivo maíz, frijol y calabaza; la
estructura social y ceremonial a través de sus centros ceremoniales (tukipa) y
adoratorios familiares (xirikite) parentales, el Gobierno Tradicional, un Comisariado de
Bienes Comunales; y una “agencia” denominada Kirikuxata, un lugar sagrado. Los
sujetos que motivan la reproducción social son las familias extensas wixaritari que por
medio de sus actos activan la vida social y dan vida a los centros ceremoniales y
adoratorios familiares del rancho parental.
18
“Mira pa’ bajo” es la manera en que la anciana definió al xiriki y que coincide con la ontología de este
rancho.
19
Aunque el Rancho tiene su nombre propio en wixarika, el anciano del rancho decidió ponerle nombre
en “teiwari” por una cuestión práctica para ser identificado de manera fácil en el contacto con el exterior.
Recientemente se ha instalado la luz en el rancho, por ejemplo.
20
En Tierra Azul hay un Tukipa (un tipo de templo cónico del cual se ha hablado anteriormente).
21
La región wixarika de Jalisco cuenta con tres comunidades: Tateikie o San Andrés Cohamiata,
Tuapurie o Santa Catarina Cuexcomatitlán y Wautɨa o San Sebastián Teponahuaxtlán y su anexo
Tuxpan de Bolaños. En Nayarit se encuentra la comunidad indígena de Guadalupe Ocotán y las
rancherías de el Saucito, Zoquipan entre otros. En Durango, Bancos de Calítique, El Potrero y Brasiles,
entre otros (aunque las mismas comunidades pueden abarcar distintos estados por cuestiones
territoriales y culturales que en este momento no voy a exponer); además de miles de wixaritari que
habitan en ejidos de los municipios de La Yesca, Tepic, y la diáspora que se encuentra en Tepic,
Zacatecas, Monterrey, Guadalajara, la CDMX y otras ciudades.
22
Anciano del rancho.
69
ya que marca un rito de separación23 para los niños con edades de 1 a 5 años, donde
se les da un nombre a los niños y se desacralizan los primeros frutos y se pide permiso
para consumirlos: maíz, fríjol y calabaza. Simultaneamente se inicia el aprendizaje de
los menores en el viaje de los antepasados a Wirikuta. Tiene una duración de dos
noches y tres días.
Por su lado, el ahora anciano dejó el rancho del padre de sus esposas, donde
vivía con ellas, y edificó otro rancho a pocos metros del sitio del rancho parental de su
suegro. Al poco tiempo, guiado por el sueño, construyó dos adoratorios familiares
(xirikite) de Tatei Niwetsika (Nuestra Madre del Maíz).
El primero tiene dimensiones normales a los adoratorios familiares de los
wixaritari en la región de San Sebastián y el segundo, un adoratorio pequeño al interior
del primero.
23
En la presentación del examen profesional de Ricardo Pacheco para obtener el título de doctor,
Johannes Neurath planteó que de acuerdo a los últimos hallazgos de Pacheco tal parece que esta fiesta
más que un rito de paso es de separación.
24
Kuruxitɨki se encuentra, al igual que el Rancho Nativo, en el polígono territorial del Rancho
Calabacillas, perteneciente a la agencia Tierra Azul, comunidad San Sebastián Teponahuaxtlán.
70
de la Niwetsika. En el adoratorio pequeño resguarda la jícara ésta diosa que se
transforma también en serpiente.
El anciano y sus dos esposas tuvieron quince hijos (12 hombres y 3 mujeres, 9
viven en el polígono del rancho, 3 en sus propios ranchos cercanos (sin adoratorio), y
un hijo más vive en una localidad cercana y sólo de uno no se tiene información. 11
hijos se unieron por alianza matrimonial (se juntaron) y llevaron a sus esposas a vivir al
Rancho Nativo. Por lo tanto el rancho cuenta al menos con 60 parientes en primera,
segunda y tercera generación.
71
tenga esposa, porque no puede “cumplir bien” con los cargos que se le asignan. Sin
embargo, una mujer soltera también puede recibir responsabilidades, ya que al tener,
por ejemplo, a su madre anciana, debe suplir las responsabilidades en el rancho y
ayudar a su padre en el proceso de la siembra o en el cumplimiento de los cargos
ceremoniales.
72
en todas las fiestas que se realizan, ya cual sea su caso, a nivel de los adoratorios
familiares o centros ceremoniales.
Los hijos del anciano de vez en cuando tienen ingresos monetarios ocupándose
unas tres veces al año como albañiles y obreros en obras “cercanas” al rancho. A otros
hijos les gusta más trabajar como músicos en ferias de Jalisco y Zacatecas; otros son
jornaleros en las plantaciones cercanas a Zacatecas. Unas cuatro veces por año, los
muchachos jóvenes salen del rancho para trabajar y el anciano les pone “la suerte”.
Cuando los músicos del rancho salen a otros lugares, antes de partir, entran al
adoratorio familiar, se hincan y le piden al Cristo que se encuentra en el adoratorio
“ensartador”- “persona-cuerno” (’awakame Kɨruxukame) “la suerte” para tocar. El
’awakame ayudará a conseguir “un contrato, dos o tres”.
“trazan la descendencia tanto por la línea materna como por la paterna, pero mantienen
las dos claramente separadas.[bilateral o cognaticio] Los individuos de un sistema de
este tipo serían miembros del patrilinaje del padre y del matrilinaje de la madre. Los
tipos de propiedad, derechos y responsabilidades, o de estatus, que se transmiten en un
sistema de éstos, suelen diferir; lo mismo ocurre con los propósitos de cada grupo. Los
bienes inmuebles, por ejemplo, se pueden transmitir de manera patrilineal, mientras que
los bienes muebles, pueden transmitirse en forma matrilineal” (Barfield, 2000, pág. 397).
73
Mientras los hijos heredan el derecho a sembrar del terreno de su padre, un
pedazo de coamil (bienes inmuebles), las mujeres tienen responsabilidad de regresar a
los lugares donde fueron presentadas a los dioses cuando nacieron para poder
presentar a los antepasados las semillas que han cosechado (las semillas serían los
bienes muebles), presentar a sus hijos a esos antepasados y a su vez tienen
responsabilidad de regresar al xiriki donde es su madre política o suegra, creándose
también otros parientes espirituales.
cargo de iniciado
iniciada iniciado iniciada
iniciada a
timaw ame "el que a a a a Wirikuta
trae la ofrenda" Wirikuta
Wirikuta Wirikuta
Wirikuta
Akeli
(niña sin
pecado)
74
3.3 Xiriki parental
El adoratorio [xiriki] wixarika forma parte de una estructura ceremonial con
organización parental, cuya genealogía es una expresión de alianza entre el hombre y
las plantas del maíz, la calabaza y el frijol, lo cual ha sido documentado
etnográficamente desde el siglo XIX. Los adoratorios parentales son “graneros rituales”
que combinan el culto a los antepasados con el culto a las diosas Niwetsika del maíz y
otros dioses de la calabaza y el frijol. Las semillas de maíz, frijol y calabaza se
almacenan en carretones (kaxetuni) o cuexcomates circulares o cuadrados de otate y
madera. Mientras que en el adoratorio se guardan una selección de mazorcas que a su
vez son personas maíz relacionadas con las diosas de las distintas variedades del maíz
y que durante el siguiente ciclo de siembras se las hará la fiesta de “la despedida”,
antes de sacarlas a sembrar, Liffman añade que el xiriki es un tuki en miniatura, y éste -
una ranchería proto-humana - es un xiriki ampliado y diferenciado en proporciones
globales (Liffman, 2012, pág. 129).
25
Zingg documenta un nombre de mujer al cual denomina kupáima: cabellos o barbas del maíz.
Menciona que las mujeres reciben un nombre de acuerdo con los mandatos de las grandes diosas del
mar (Zingg, 2012 (1982) (1938), pág. 210).
75
transformaciones de otros seres existentes, como las muchachas del maíz de distintos
colores” (Pacheco, 2016, pág. 84).
26
Zingg documenta este nombre para mujeres, como Matsiwima: el brazalete de cuentas de la diosa del
nacimiento. Menciona que las mujeres reciben un nombre de acuerdo con los mandatos de las grandes
diosas del mar (Zingg, 2012 (1982) (1938), pág. 210).
76
la familia, se platican y se retirarán otra vez”. Es decir, mientras que para la familia del
rancho las cuatro de la mañana es todavía la noche, para los dioses es el día. Preuss
documenta que el tunuarita se relaciona con “el lugar del amanecer” (Paríya Kutsié)[sic:
Pariekutsie] y el mara’akame del rancho identifica al punto cardinal Pariya [Katsie] [sic.
Paritekɨa)[Pariekatsie] en lo alto del Cerro Quemado.
Uweni
Katsie
E
Muwieri kurixi t+ki
Tɨkimari
Katana S Kɨrɨkuxata N
katsie
Katsie Rancho
O
Xitaima
Katsie ó
Hairi muka
77
Como se ha dicho, hay otros dos adoratorios familiares en la localidad de
Calabacillas. Uno de ellos, a escasos 300 metros y considerado en el rango de un
tukipa (gran templo) y que el anciano nombra como el principal adoratorio es Kuruxitɨki
(polvo que cae-de cruz). También se refieren a él como tatakwari27 (nuestro patio) y “la
casa del dinero”; en él viven: Cristo, Tamatsi (Nuestro hermano mayor-Venado);
Yumu’utame (ancestro paterno de la familia materna del Rancho Nativo, también Tatei
Niwetsika (diosa del maíz), Tatei Xapawiyeme(Nuestra Madre del sur) y Tatei
Yurienaka (Diosa madre de la tierra). Son los que dan vida a todos en el rancho, cuidan
a la gente e incluso el buen camino de los que andan por la sierra y “por si se les antoja
llevar algo de Kuruxitiki”. “Así encontramos vínculos de parentesco que unen dos
ranchos bilateralmente. Cuando existen ranchos subordinados, cada uno de ellos
mantiene un fuerte vínculo con el rancho principal, pero también una autonomía con los
otros ranchos subordinados” (Neurath, Las fiestas de la casa grande, 2002, pág. 141).
El altar de Kuruxitɨki tiene al centro una piel de cabeza de venado astada con
múltiples adornos de flores de papel, y sobre una piel de venado “cola blanca”, además
de una enorme tela que está colgada de la pared y da vista a la cabeza y a los cuernos.
Bajo la máscara hay un cofre de metal donde se guardan las velas, chocolate y lo que
en el momento del ritual se ocupe para la ceremonia.
La palabra tɨki, narra el anciano, “como que tiene un polvo”, “florece una cosa
que está cayendo o algo así”, "Como que cae algo así”. El polvo de Kuruxitiki es tan
fuerte que cualquier persona que llegue a la localidad debe ir a presentarse con los
dioses que habitan los adoratorios; si no, te emborracha, te duele la cabeza, te
enfermas, “es muy fuerte el patrón”28. “Kuruxitiki ‘tiene mucha familia’ en Calabacillas y
los alrededores y para el año nuevo le van a hacer la fiesta”. En resumen, esos
antepasados (kakaiyari) son muy poderosos y si no cumple la familia con los
27
[ta- es “nuestro” takwa “patio” –ri plural femenino].
28
Hace poco –dice el anciano— entró a instalar la luz gente de la Comisión Federal de Electricidad y
como sus trabajadores no se presentaron con el dios se enfermaban muy seguido. Pero yo fui a
presentarme a tiempo y por eso, me dice el anciano, ya soy “conocida”.
78
intercambios ceremoniales o si no se le hace fiesta pueden enfermar o los pueden
matar.
Dos aspectos importantes del adoratorio parental: podría pensarse que los
grandes templos tukipa son más importantes desde el punto de vista ceremonial que
los adoratorios parentales pero son dos universos distintos con aspiraciones y
obligaciones ceremoniales que se encuentran en esferas distintas. Neurath nos dice
que “la subordinación mitológica de los xirikite frente a los tukipa se opone a una
jerarquización donde los mara’akate identificados con los ’irikate (persona flecha) del
adoratorio parental cuentan más que los encargados del centro ceremonial comunal
que personificaran a los ancestros míticos (Neurath, 2013, pág. 47). El anterior
comentario me recuerda de un anciano mara’akame con más de treinta años de
experiencia ceremonial quien me decía que le estaba “ayudando” a los “muchachos”
jicareros de un tukipa como si fueran jóvenes iniciantes.
Tal parece que quienes conducen los ranchos parentales que cuentan con
adoratorio han tenido una larga trayectoria como especialistas rituales hasta el punto de
tener una jerarquía comparable con quienes toman las decisiones en los cargos de los
centros ceremoniales. Sobre todo si pertenecen a los consejos de ancianos. Su punto
de vista es tomado en cuenta cuando se encuentran en una situación para “rescatar” un
xiriki parental que se ha abandonado por determinadas razones.
79
Es por esa razón que se explicará más adelante como un solo rancho puede
desplazarse en peregrinación para realizar durante el año fiestas en tres xirikite
distintos y también por ejemplo, un Tatei Neixa para dos xirikite en tiempos distintos.
Con el apoyo tanto de el mara’akame como de los consejeros, quienes aprueban la
prioridad que el anciano le da a sus fiestas parentales, tan simple con el hecho, de que,
en compensación a las cuatro décadas que tuvo como especialista ritual realice sus
propias fiestas.
Los kakauyaxitexi van con rumbo a Wirikuta, entre ellos va Maxakuaxi el abuelo cola
blanca
Maxakuaxi el venado cola blanca lleva y va cuidando los niños, la calabaza tierna y el
maíz tierno de cinco colores. En el transcurso del camino las va presentando y los rocía
con agua bendita de cada uno de los lugares sagrados que se ubican en el camino a
Wirikuta29.
29
Canto de Tatei Neixa. Grabación: Carl Lumholtz (huicholes indians), 1898. Cilindro: 1518.4, Fonoteca
Henrietta Yurchenco/Museo Americano de Historia Natural de Nueva York.
80
Una de las características de algunos ranchos que cuentan con sus adoratorios
propios es que identifican entre sus antepasados a aquellos con lazos de
consanguinidad genealógicamente demostrables, como ’irikame y Yumu’utame.
30
yu- es posesivo “su/s” mu’u es “cabeza” y –tame el plural de –kame: “sus cabezas”]
31
“[…] En ciertas ocasiones , estos ’ɨrɨkate o “personas flecha” (Neurath, 2002:262), son”encontrados”
por el mara’akame, quien las inhala del último aliento de un venado moribundo, “como una parte de la
eternidad ofrecida a los iniciados más elevados”[…] (Lemaistre, 1996:223) (Coyle, 2008:308)”.
81
A ese hombre le salen cuernos y va a estar con todos los que están en el
adoratorio familiar, incluido Tatei Niwetsika. El ancestro que está adentro ya es como
“los santitos”. A Yumu’utame y a ‘ɨrɨkate le hacen su fiesta, le ponen tejuino, se mata al
venado, gallina o guajolote, como a otro dios. La piedra se cuida.
Geist narra que cuando las personas sueñan mal o las cosas andan mal, quiere
decir que el ‘iyari está enojado, tiene hambre. El corazón hambriento se manifiesta
como ‘ɨrɨkame –un ‘iyari petrificado- y, a lo largo de una serie de cinco rituales, pueden
aparecer sucesivamente cinco ’ɨrɨkate cuyo lugar está del lado del sol. La última vez, el
cristal de roca aparece como yumutama, quiere decir que ya salió el hambre de hacer
daño (Geist, 2005, pág. 184). Entonces Yumu’utame también se le considera un
antepasado (kakaiyari) pero apreciado bajo un enfoque que significa la transformación
de personas genealógicas en ancestros que han trascendido al adoratorio del rancho
parental. Consecuentemente, a diferencia de los kakaiyarixi del mito de origen, estos
siempre se quedan en el rancho, siempre y cuando la parentela los reconozca como
sus ancestros. La metáfora que le narran a Geist “ya salió el hambre de hacer daño” es
que ya está muerto el ancestro.
Las esposas del anciano tienen la fortuna de tener a su Yumu’utame (su padre)
muy cerca de su rancho y a su madre en otro rancho lejano. Pero el anciano del rancho
se conduele que él necesita dinero para que “agarren” a su papá y a su mamá para
tenerlos de kakaiyarixi. En el caso del ’ɨrɨkame, puede estar vivo y todavía no es muy
grande(de edad), también se considera un kakaɨyari, “pero si hay muchos”. El anciano
del rancho ya es ’ɨrɨkame; no mencionó en el nivel en el que está y su envoltura está
también en el adoratorio.
82
En cuanto al nivel de parentesco, se observó que en el nivel de Yumu’utame, la
familia identifica a los parientes de la segunda y/o tercera generación, ya que de
acuerdo a la genealogía que se levantó en el rancho y a los datos que nos aporta
Manzanares, los huicholes no identifican parientes de cuarta generación ascendente y
descendente en adelante “no mi pariente”, “no hay palabra” (Manzanares Monter, 2009,
pág. 71). Es decir, las parientes de segunda generación ascendente y descendente:
neteukari (mi abuelo/nieto, un término recíproco), nekutsi (mi abuela) o newaru, como le
dicen a las abuelas en el rancho. Asimismo los parientes de tercera generación
ascendente y descendente: netutsi (mi bisabuelo/bisnieto o todos los demás parientes
de estas generaciones) (Manzanares Monter, 2009). Esto hace suponer que al no
identificar a los tatarabuelos, por ejemplo, el alcance de los adoratorios familiares se
limita a los abuelos y bisabuelos y se relaciona con los ancestros Yumu’utame e ’ɨrɨkate.
Entonces, al ir creciendo la descendencia, los nuevos miembros de la familia van
dejando de reconocer a ese ancestro, por lo que muy posiblemente que determinada
familia extensa abandone los adoratorios familiares, pero eso no excluye que otras
familias extensas los ocupen para sus propios Yumu’utame, lo cual también implica que
se hagan otras peregrinaciones con otros recorridos y edificando otros adoratorios en
distintos lugares tras otros Yumu’utame.
83
como un segundo dios del fuego. Este dios nace en una cueva ubicada en las
proximidades de Santa Catarina (Zingg, 2012 (1982) (1938), pág. 440). En la traducción
del canto 1518.4, grabado por Carl Lumholtz se menciona que Takutsi Maxakwaxi en la
ceremonia Tatei Neixa lleva y va cuidando a los niños, la calabaza tierna y el maíz
tierno y en el transcurso del camino los va presentando y les rocía agua bendita de
cada uno de los lugares sagrados que se ubican en el camino que va a Wirikuta
(Lumholtz, 1898). También Ingrid Geist agrega que Takutsi Maxakwaxi se relaciona con
el canto diurno (Geist, 2005, pág. 186).
84
de invierno
'uxipierieya : Adoratorio Makuhekɨa Tukari El día/ Tatei Niwetsika
descansó en el solsticio de teiyari, Tayaupá
interior y invierno
“nacimiento del sol”
32
Canto de noche para llamar lluvia y agua. Santa Catarina Cuexcomatitlán.
33
Carl Lumholtz (huicholes indians), 1898. Cilindro: 253 A, Fonoteca Henrietta Yurchenco/Museo
Americano de Historia Natural de Nueva York.
85
y “tortillas chiquitas” para todo un día de siembra, hasta que se termina. Las tortillas
chiquitas son especialmente para la Madre de la Tierra (Tatei Yurianaka). Esta mezcla
se depositará, unos pocos, en cada hoyo para sembrar. La selección de maíces son de
maíz amarillo para “tejuino”, con semillas de calabaza y frijol café y pinto, y de maíz
negro (yuame)(el más importante) con fríjol rojo (susule o xuxure) y semilla de
calabaza.
El anciano sembró sólo y con ayuda de su hija menor. Se argumenta que las
esposas no pueden sembrar porque “están malas”. Pero un día después de la siembra,
el anciano regresa al coamil con su primera esposa, pues ella tiene que “sembrar”
teiyari de la Madre del maíz. Pero también tiene que llevarle de comer teiyari en ’aikutsi
(depósito hecho de guaje pequeño)[el término tiene un rango semántico amplio que
connota un receptáculo femenino en general] con maíz molido (tumari), chocolate
molido (yumari) y velas (katira) y también para la Madre de la Tierra (Tatei Yurienaka).
86
Por aparte, con más tortillas chiquitas se alimentará al dios del Fuego del adoratorio
familiar y se le llevarán también al “príncipe de la selva” (tɨtahɨri34 “se extingue en la
sierra”) que se encuentra en el lugar sagrado del norte y es “como un niño chiquito que
grita por las noches”. Este personaje se encuentra en el área donde crecen las flores
blancas (kieri-enteójeno) y “los dioses que son piedra”.
Una de las mujeres del rancho muele maíz negro crudo en el molino y con ese
polvo hace un atole que se le lleva a la Diosa del maíz. Es el mismo maíz que se
sembró y creció y se convirtió en mazorca en el temporal pasado en el teiyari. Es decir,
se le devuelve en comida lo que se sembró en los cinco puntos del perímetro del
coamil. En la noche come. Al final de la cosecha se revuelven los teiyari de todas las
familias del rancho, y es el que se les da de comer en las ceremonias familiares y “el
maíz” se lo comen los huicholes. Tatei Niwetsika no come maíz comercial, ni maíz de
otros coamiles que no sea el heredado por el anciano o anciano del rancho. Ni tampoco
va a comer el maíz cosechado en el resto del perímetro. Únicamente el que se sembró
en los cinco puntos del coamil.
34
tɨ (“extingue”) + ta (“en” o “dentro”) + hɨri (“sierra” o “cerro”). Se considera vivo, pero no como gente.
35
“él” es niño o niña por seis y cinco años consecutivamente, ya que es hasta la fiesta Tatei Neixa
cuando los niños son presentados a los dioses y dejan de ser no humanos. Sin embargo las niñas nunca
dejan de estar en la oscuridad. El maíz como persona es mujer.
87
Los huicholes de Calabacillas relacionan “las guías de calabaza” con el paradigma
social del maíz. “Cultivar y alimentarse del maíz, refiere Johannes Neurath, es el
paradigma huichol” (Neurath, 2002, pág. 134).36
Antes de la siembra, se realiza la ceremonia Tatei Niwetsika
Wayeyani37(“Nuestra Madre va a empezar a ser”). Entonces casi inmediatamente la
siembran y le dan de comer. Todas las mujeres casadas acompañan a sus esposos a
sembrar teiyari; sólo ellas pueden sembrar y darle de comer. En el coamil se hacen
cinco hoyos y se ponen cinco semillas en cada punto cardinal (hoyo) de todo el área del
perímetro del coamil y al centro. En medio se hace una pequeña casita y se le da de
comer teiyari: tumari, yumari y katira y se prende la vela.
Al quinto día, antes del amanecer, las mujeres tienen que acudir al teiyari del
coamil donde está la Madre del Maíz se le vuelve a dar de comer a los cinco puntos
cardinales, y cuando salga el sol termina de comer. Esto se va a hacer cada cinco días
hasta que ya estén más grandes los frutos. La anciana del rancho le hace su “casita” de
piedra en medio del coamil a la “Diosa del Maíz” “a ver la casa no gotea, si no, se va a
mojar”. Ahí meten a la Madre de la Tierra: la vela. Entonces llevan teiyari como comida
y lo cuidan durante días. Cuando nace “por siempre”, “nace como niño que tiene
hambre, porque uno lo entierra”. Cuando empieza a asomarse o cuando empieza a
“orejear”, dice que ya puede comer y ya habla.
88
venado. Tamatsi Parítsika , el cazador-cazado se niega a recoger la sangre del venado
y pide que sus ayudantes limpien “el patio ceremonial”. Por eso dicen los huicholes que
por eso barren, porque “hay suciedad”.
89
siembra en un día, cuando es buen temporal resultan cuatro cargas. Cuando hay mal
tiempo se recogen de dos a tres cargas. Si se cosecha bien, de cuatro cargas,
desgranan alrededor de “tres troleto”[ hectólitros] de maíz. Una trole son alrededor de
setenta kilos. Alrededor de 800 kilos de maíz sin desgranar.
Alfredo López Austin retoma un mito recopilado por Zingg sobre Nakawe y
Nuestro Abuelo Fuego, Keamukame [diosa del agua, la lluvia y el mar que nació en
forma de serpiente] y su esposo, Parikata, dios de la caza del venado, por lo que he
retomado su redacción y he complementado algunos detalles de la narración del mismo
Zingg. A ella lo bautizó Nakawe con agua de mar; a él le dio nombre el padre sol.
Marido y mujer por tanto, recibieron sus nombres de los dos sectores opuestos del
cosmos. Keamukame daba de comer a su marido diminutas tortillas, que, pese a su
tamaño, bastaban para dejarlo satisfecho. Parikata se dispuso a montar una milpa y
pidió al abuelo fuego, Tatewari, que quemara el matorral. Tatewari era entonces
demasiado delicado[el fuego se extiende fácilmente] y podía quemarlo todo. Ante el
peligro intervino Keamukame, que impidió con agua sagrada que el fuego se
propagara. La milpa quedó así lista para la siembra. Nakawe dio a los esposos una
semilla que se reproducía mágicamente. En cinco días la semilla germinó y lloró como
un venadito. Después su llanto sonó como el de un niño. El maíz tenía hambre, y comió
de las ofrendas que Keamukame había dejado sobre el altar. Keamukame soñó que
debía llevar comida a la milpa y que había de poner un disco de dios en medio del
campo sembrado para colocar ahí las ofrendas destinadas a los niños maíz. En cinco
días el maíz había crecido. Entonces Keamukame soñó que debía poner una vasija
votiva en la milpa. La vasija desapareció y enseguida brotaron mazorcas de maíz
[también aparecieron frijoles y calabazas]. Ella volvió a soñar y le dijo a su marido cómo
atrapar venados, con lo que Parikata se convirtió en el primer cazador [se abstuvo de
comer sal y de tener relaciones sexuales con su esposa]. Así pudo cazar un venadito
con la ayuda del abuelo fuego. Parikata dedicó la sangre del venado a los cuatro
puntos y al centro de la milpa. Así fue alimentado el maíz [Parikata llevó sus trampas de
venado a su casa de dios, para que pudieran descansar, pero los limpió para impedir
que ningún pelo cayera en el patio de danza que había sido barrido]. Durante cinco
90
días fue preparado el banquete de los primeros frutos. El abuelo fuego cantó para la
ceremonia en la forma en que lo hacen los huicholes. Al año siguiente Tatewarí volvió a
cantar para la ceremonia del maíz tostado (Zingg, 2012 (1982) (1938), págs. II, 185-
186) (López-Austin, 2011, págs. 155-156).
Traer maíz primigenio de otros adoratorios familiares resulta peligroso para las
familias porque pueden contraer enfermedades e incluso morir. El maíz del teiyari debe
de provenir del sitio de origen de las madres (abuelas) de la anciana y el anciano del
rancho. Las semillas provienen del adoratorio donde fue presentada a los dioses la
primera esposa del anciano y, por otro lado, del adoratorio materno donde fue
presentado a los dioses el anciano. Por ejemplo, la anciana del rancho tenía la
enfermedad de la Madre Maíz de Tierra Blanca porque ella trae teiyari de dos colores
de maíces de su rancho, el cual se los heredó su madre. Es por eso que toda la familia
tiene que acudir durante cinco años a hacer las fiestas Mawarixa [sacrificio] y Tatei
Neixa a ese rancho, para buscar abatir la enfermedad de ella y del resto de las mujeres
y de los niños. Esto se explicará más adelante ya que es un fenómeno de
territorialización temporal que se da por la enfermedad.
91
“todas las noches y el día allá se la va a pasar en el coamil; y salen los cinco colores del
maíz: yuame, tasavime, tusame, tailavime, Chivime.[sic: taxaiwime, tuxame, tairawime,
tsiwime] Le dicen: ‘que te vaya bien si no te comen los animales, si te mantienen bien
tus madres de la lluvia’. Por eso va a cantar el mara’akame, para decirle [a Tatei
Niwetsika] de las lluvias, que están en Tatei Xapaviyemeta, Tatei Hauxamanaka, Tatei
Haitsikɨpuri, Tatei Hauxama; luego de las lluvias que están en San Blas: Tatei Haramara,
Tatei Hatuxame. Ellos se juntan, también llegan las lluvias de Tatei Matinieri, Tui
Maye’u, Mukuyuawi—me refiero a Wirikuta—todos esos son la lluvia, y también los
cerros que hay aquí. Los cerros más altos son de la lluvia, se juntan las nubes, muchas
nubecitas y luego llueve, para que vaya creciendo la milpa”. [Grabación de campo: 4 de
julio 2015]
Entrada la media noche se oyen los cantos en el patio ceremonial y los animales
nocturnos; la familia se encuentra acomodada en media luna; a la mitad de ésta, el
anciano que en ese momento se transformó en mara’akame, frente al fuego y en
dirección a la puerta del adoratorio. A su lado están sus hijos, los que tienen cargo de
timawamete (los que traen la ofrenda) y como “segundero del canto” uno de sus
yernos, que es experimentado jicarero. Al final de la media luna está su segunda
esposa y dentro del xiriki en la parte izquierda del adoratorio se encuentra la primera
esposa del anciano, ambas velando. Los hijos menores y sus nueras están dormitando
en sus casas, esperando que llegue la hora para prender las velas (katira).
En el preámbulo del canto llegaron todas las familias del adoratorio, quienes
colocaron una cama de zacate (el venado azul) y fueron situando lo que será la
principal ofrenda de Niwetsika, la presentación de semillas y atados mazorca (’ikite) y
otros objetos para la ceremonia. Entre cada canto, es decir entre cada descanso y al
iniciar un nuevo canto se prendían las velas dentro del xiriki; las esposas prenden la
92
vela y se van intercalando. El mara’akame se asume como una tercera persona; al
inicio del canto ya no es el anciano del rancho, pues ya platica con los antepasados.
A las dos de la madrugada, en otro inicio del canto, todas las mujeres se
encuentran dentro del xiriki, cada una prende una vela y salen en fila del adoratorio en
dirección del mara’akame, con una vela en la mano y en la otra traen ’aikutsi o bolsitas
con maíz negro molido y otro con “agua bendita”. La polisemia de este término siempre
tiene connotaciones femeninas y generalmente una forma cóncava [ver (Liffman,
2012)]. Dan vuelta en sentido levógiro y realizan tres acciones en quincunce, rocían o
ponen gotas en cinco puntos, como cinco puntos cardinales a una distancia de cinco
centímetros entre cada punto y lo mismo con maíz molido (tumari): dan de comer al
fuego (Kauyumarie-Tatewari), sitio donde está sentado el mara’akame; a la tierra-Tatei
Yurienaka, enfrente de la puerta del adoratorio. Dentro del templo ofrendan a la madre
del maíz (Tatei Niwetsika), y frente al hauri,38 que son las velas de todas las familias
que se depositan junto con galletas de animalitos y chocolate. Finalmente dejan
ofrendas dentro de una xukuri o jícara efigie del antepasado divino Tatei Niwestika
Haurieya. Esta gran jícara de fondo negro también le llaman sukulu muyeyuabi.[xukuri
muyeyuawi] o jícara azul. Los que siembran el teiyari, comparten este hauri. Continúa el
canto.
Dejan las velas y a las 3:40 am, ellas barren dentro del adoratorio con palma
silvestre. Después se desplazan fuera y barren el patio de Tatewari-Tutsi (Abuelo
Fuego). “¡Están alegres!, al rato va a amanecer y no nos vamos a acordar del abuelo
fuego, hasta la noche otra vez”. Continua el canto del mara’akame y son las 4:15 de la
mañana. Lo acompaña su segundero. Las mujeres prepararon chocolate con agua
hirviendo y galletas de animalitos que estaban adentro de la jícara donde estaba el
hauri (gran jícara con velas de todas las familias).
38
En Namawita Neixa, de acuerdo con Neurath, es una gran antorcha de ocote.[son los postes del tuki]
Es una representación del árbol cósmico y es también es un símbolo fálico (Neurath, 2003, pág. 218).
También son las velas que levantan el mundo y que concuerdan con Tamoanchan (López-Austin, 2011).
93
En la culminación de esta ceremonia, el anciano ha terminado el canto y se
introduce al adoratorio. Comienza una cantilación y una de sus nueras le da el hauri y
continua el canto frente a la madre del maíz y a cristo (’awakame)[Cristo es una
persona-cuerno], va dando instrucciones a las señoras que están en el adoratorio,
vuelve a dejar en el piso el hauri, toma su vela y su varita emplumada (muwieri).
Reparte las velas que se depositaron en el hauri, la que es de cada quien y
sucesivamente los hijos varones timawamete bendicen a todos con agua de Tatei
Ni’ariwame traída del lugar sagrado. Al mismo tiempo que el mara’akame pasa su
muwieri por la cabeza de todos los asistentes y así lo va haciendo con cada familia.
Prenden las velas. Una de las nueras sacrifica un pollo, lo cual está relacionado con
pedimentos particulares de cada familia. Otra nuera también sacrifica una gallina para
que el marido “tenga suerte” en la música. Untan la sangre de estos animales en las
velas, las flechas y las plumas de poder. En este sacrificio intervienen los hakeri (niños
pequeños, sin pecado). En dos de las ceremonias observé que la cuerda que sostiene
las gallinas que se sacrificaban venía del xiriki pequeño de Tatei Niwetsika o también
Takutsi Nakawe como el dueño[la dueña] de los animales domésticos en este caso. “La
ejecución ritual de animales domésticos remite a la domesticación de los aspectos
caóticos de la naturaleza” (Olivier, 2015, pág. 327).
Ahí también se encuentran diez canastos que corresponden a cada familia con
semillas de maíz de diferentes colores, frijol rojo principalmente, jícaras con semillas de
94
calabaza, un tecomate lleno de tejuino, agua bendita en envases de plástico. Hay una
canasta de Tatei Niwetsika que destaca con mazorcas de colores, dos velas y un
envoltorio que tiene dentro un maíz negro, plumas y flechas. Todos los ’aikutsi
generalmente tienen diseños negro y café y contienen agua con chocolate, tortillitas y
tejuino. En otro altar, a la altura del adoratorio pequeño de Tatei Niwetsika, hay velas,
tejuino, ’aikutsi y más jícaras con semillas.
Al mismo tiempo, la anciana del rancho, que preparó 45 litros de tejuino, reparte
con su progenie esta bebida en depósitos (nuevamente ’aikutsi) de tamaño mediano no
sin antes moverlo y repartirlo personalmente a quien lo va a consumir. Casi al final, la
anciana deposita dos tecomates de tejuino con dos tortillas alargadas que contienen
maíz y chile. Cada pareja va pasando, se hincan frente a ella, que también está de
cuclillas y les dice “Tatei Mawarixa” [ofrenda para nuestra madre][o Nuestra Madre
Sacrificio] y ella les da a tomar y a comer. Así lo va haciendo con todas las parejas y
quienes no tienen pareja son acompañados por otro familiar. Esto corresponde con las
familias que van a sembrar el teiyari en la siguiente temporada.
95
se barre porque dicen que todo está sucio, que si está limpio los antepasados reciben
su comida, su vela. A lo mejor [ellos dicen] no, “pues aquí está muy sucio”, “nos da
asco”.[se infiere que se refiere a la sangre de la mítica cacería del venado]. Cuando
ponen agua a los cinco puntos, se dicen los lugares como si fuera el mara’akame y lo
ponen siempre a la derecha, izquierda, abajo, arriba y en medio. “Haz de cuenta que va
a lavar todo lo que hay sucio aquí”.39 Por eso después de rociar agua, entonces
empiezan a barrer. “Así es dondequiera, cuando hacen sus fiestas así siempre lo
ponen, cuando vamos a la cacería, cuando vamos a coamilear, cuando vamos a hacer
otras cosas que son muy importantes no falta de poner esa agua. Con todos los
antepasados de adentro”. [Grabación de campo, julio 2015/150710_012)
En la cama del altar también se colocaron al frente el alimento del teiyari, que se
compone de una variedad de tecomates diminutos (’aikutsi) acomodados en un
contenedor ceremonial circular de palma tejida (tsamuri) con maíz molido, chocolate
39
Hay un mito en Robert Zingg donde el cazador de venado (Palikata) limpia toda evidencia de sangre
de la caza del venado (Zingg, 2012 (1982) (1938), págs. II, 185-186).
96
con galletas de animalitos y tortillitas. Posteriormente se acomodaron al frente todas las
canastas con maíces de Tatei Niwetsika teiyari que cosechó cada familia en sus
coamiles. El mara’akame dijo unas oraciones, seguido por las mujeres. En seguida se
le dio de comer teiyari a la diosa del maíz, con ayuda de una varita ceremonial por los
hombres y flores de las mujeres. Después salieron las mujeres del templo para darle
teiyari con maíz molido primero a los cinco puntos cardinales y luego al abuelo fuego en
cinco puntos. Posteriormente se amarran juntos los maíces de todas las familias.
Amarrar los maíces le dicen " temitahini teiyari" (“lo quitamos el teiyari”).
El adoratorio de la diosa del maíz del rancho, “mira pa’ bajo, hacia el occidente,
hacia Xitaimakatsie (“la mamá del maíz tierno adentro”)40. Una de las preocupaciones
fundamentales del rancho es el cuidado de los maíces pequeños y de los niños [cuyo
crecimiento en la estructura ceremonial wixarika corresponde al del maíz].
Hay una selección rigurosa en torno a las semillas del maíz y su cuidado,
preparación, procesamiento, técnica, elaboración y clasificación. Ningún maíz, frijol o
semilla de calabaza se desperdicia o se encontrará en el suelo. Una de las razones son
al no haber ingresos monetarios en los alrededores de este rancho, las carencias de
alimento son extremas, sobre todo en las épocas de siembra y cuando el dinero
escasea. Otra razón tiene que ver con prohibiciones rituales que se expondrán más
adelante.
40
-tsie es un sufijo locativo que quiere decir algo como “adentro” [ka debe ser otra cosa]
97
En la relación que establece el anciano con el maíz en el rancho, se observa una
alianza o un matrimonio con dos variedades del maíz, al estar casado con dos mujeres
que a su vez son hermanas. Además se anota que en su coamil ellas siembran teiyari
de dos variedades de maíz que proceden del rancho-adoratorio donde fueron
presentadas a los dioses y que las mujeres, al estar imposibilitadas por la enfermedad,
delegan la responsabilidad en los hijos, pero no en el esposo. Pues las nueras dicen
que el anciano no sabe sembrar esa variedad del maíz. El anciano no puede serle
“infiel” a la Diosa del Maíz de donde provienen sus maíces. “[…] La diosa del maíz se
despoja, o el cultivador despoja de sus hijas (a la diosa del maíz)” (Neurath, 2002, pág.
139).
98
centros ceremoniales, lugares sagrados y adoratorios. Finalmente llegan a edificar
nuevos adoratorios e intercambiar los productos de la cosecha con familias distintas.
Aun así es una reterritorialización temporal que puede durar solo algunos años;
después la “guía de las calabazas” cambiará de ruta, siguiendo el origen de otras
madres de las nuevas generaciones. También una misma guía de calabaza puede
partir de un mismo lugar y tener distintas rutas, buscando la salud de las mujeres.
“Éste es tu maicito; cuídalo. Ahora cuando ya crece pos ya ahí lo va llevando, ahí
lo va llevando. Luego dicen pues, cuando yo me muera pues no digas que murió
mi papá, mi mamá. No, no le llore al cuerpo porque no te mantuvo. Solamente
Tatei Niwetsika, esa es tu mamá. Tu papá será el abuelo fuego, el sol. Bueno
pues, ese es el que nos da la vida pues. Les dicen a sus hijos ya cuando se
muere el papá o la mamá, pues nadie tiene su mamá, su papá. Todos somos
huérfanos. Todos somos hijos de dios”. [Grabación de campo, julio
2015/150712_010]
Son huérfanos emparentados como hijos y nietos de los dioses. Con esto el padre se
borra, libera al hijo de una persona y le impone una imagen mitificada. Al hijo ya no le
matan la figura mitificada, ya no será huérfano. Ha matado al padre de carne y hueso.
El padre mitificado permanece en el sol, el fuego y la madre maíz.
99
Es una espacialidad que se ensancha y se comprime en función de la movilidad del
colectivo familiar wixarika. El territorio se recorre a veces bajo el abrigo de una
temporalidad nocturna, otros recorridos buscando el día. Como se dijo, su recorrido se
determina por los lugares donde las mujeres han sido presentadas a los dioses,
durante su lactancia y niñez y en el marco de ritos de paso y de separación, a los cinco
días de nacidos y/o durante las ceremonias del Tatei Neixa en sus ranchos de origen.
El territorio y la movilidad es característico de los wixaritari. “Como un conjunto de
lugares socialmente producidos, que muta a partir que los actores se mueven en él y
amplían o recortan los procesos de construcción de nuevos lugares (Liffman, 2012,
pág. 23).” Pero también implica una hidrografía sagrada.
Kirikuxa quiere decir tallo o guía de calabaza. Así con el locativo –ta al final
Kirikuxata es “Lugar de Guía de Calabaza”. Los que viven en el rancho Calabacillas se
identifican como kirikuxatari. El lugar sagrado ‘guía de las calabazas’ (Kirikuxata) es un
microcosmos que centra a un conjunto de lugares sagrados locales (quincunce)
‘cercanos’ y visibles para el rancho parental de nuestra área de estudio, ubicado en la
localidad de Calabacillas. Lo relacionan con los grandes lugares sagrados como una
analogía del macrocosmos del territorio simbólico que guardan los cinco lugares que
dominan toda la región wixarika de Jalisco, Nayarit, Durango y San Luis Potosí. Este
lugar sagrado es el inicio de un fractal que comienza en el adoratorio pequeño que se
encuentra en el interior del xiriki de la diosa del maíz. En el adoratorio pequeño de la
diosa del maíz, la serpiente de piedra haiku41 rodea al adoratorio y ubica a los cinco
lugares sagrados desde su perspectiva. El siguiente fractal se ubica en los lugares
sagrados en el nivel de la localidad. Paul Liffman refiere que los huicholes comunican
su territorio en múltiples escalas por medio de la sinécdoque (una parte representa un
todo más grande) (Liffman, 2012, pág. 47).
41
(hai=nube; ku=serpiente)
100
asiento literal de los kakaiyari-antepasados) y tiene como su equivalente Wirikuta
(desierto donde crece el peyote); hacia el occidente Xitaimakatsie (mamá del maíz o
abuela del maíz) y tiene como su equivalente Haramara (nuestra madre del mar en San
Blas, Nayarit); al norte está Tikimarikatsie (palo blanco o el príncipe –ahí nace silvestre
el kieri- planta oscura y de cuidado en el pensamiento wixárika) y su equivalente
Hauxamanaka (lugar de la madera flotante en Cerro Gordo, Durango) y al sur Muwieri
katanakatsie (las varitas emplumadas de los antepasados) y su equivalente
Xapawiyeme (nuestra madre de la lluvia en el lago de Chapala). En estos lugares
sagrados los habitantes del rancho identifican que “la cruz” se encuentra tanto en los
adoratorios como en los lugares sagrados locales, en el adoratorio principal Kuruxi Tiki
como en el cerro del norte, donde también se le llama Tsikirimuka (el aire, “Ojo de dios
asentado”). Se asocia también al “príncipe” con el héroe cultural Watakame que vive en
el cerro y en el adoratorio. El agua del lugar sagrado es principalmente para el
adoratorio pero también para el cerro del norte.
Los nombres alternos a los grandes lugares sagrados aluden a mitemas que
corresponden a estos microcosmos o fractales y que ilustran una parte de la historia de
cada lugar sagrado, pero estos lugares también tienen su propia historia mítica local.
Asimismo estos topónimos remiten también a historias mayores, por ejemplo, junto al
lugar sagrado de la guía de las calabazas se encuentra un pequeño cerro llamado Wapɨ
(pedúnculo de la calabaza), que nos remite al viaje en la canoa que hicieron el primer
sembrador del maíz y la madre de todos los dioses para formar el mundo. Es decir,
puede remitir a un suceso del origen del mundo para los huicholes y que se materializa
en la morfología de los cerros. Esto permite que los huicholes visiten estos lugares
sagrados y dejen sus intercambios ceremoniales cuando no tienen oportunidad de
asistir a los grandes lugares sagrados ubicados fuera de sus territorios comunales.
101
“Nuestro dios es una guía”. La primera guía está en Chapala, la segunda guía es
Hauxamanaka, la tercera guía está al lado del mar y, la cuarta es Wirikuta hasta
Reu’unaxi, el Cerro Quemado. “Entender a kirikuxa es muy trabajoso” para nosotros los
tewari me dice el mara’akame.
“Se formó el diluvio, se acabó el mundo y hubo una sola persona [que se salvó].
Esa persona era Watakame. Empezaron a nadar pero hicieron su canoa. Takutsi
juntó toda la semilla que ahorita estamos sembrando y con la perrita se fueron a
Chapala, después al cerro Haxamanaka y luego “al mar” y al último, cuando
empezó a secarse toda el agua, aquí quedó el wapi (con su pedúnculo que
sobresale). Junto al wapi quedó Tsixaitsie, un cerro que parece una canoa entre
un lago, entre los cerros; ahí quedó la canoa. Entonces Takusti Nakawé regó,
tiró la semilla y empezaron a levantar [crecer la semillas] por todos lados. Eso lo
hizo Takutsi Nakawe, todo alrededor”. [Grabación de campo. Enero 2015]
102
del adoratorio familiar y durante la “mesa” ceremonial que se dispone para el inicio de
las celebraciones, se coloca una base de cera de abeja, cuya acumulación de capas de
la misma sustancia la hacen un montículo en pequeño al cual le colocan un vela y, el
anciano la nombra al momento de prenderla como wapɨyari. Al igual que el teiyari, con
wapɨyari se puede observar una polisemia del término.
En la narrativa del origen42, los dioses estaban en la oscuridad; eran los tiempos
de la generación antigua, “nuestros ancestros que perdieron la razón”. Florecía el
estiércol y bailaban sin conocimiento. Un ser extraño (Takutsi Nakawe) trunca la labor
del cultivador (Watakame) levantando los árboles que él había tumbado y le pide al
cultivador que ante la llegada de una gran inundación “escuche” a los cuatro puntos
cardinales por lo que le manda haga una canoa con cuernos y ponga ahí a “toda la
vida” y, a una perrita negra (Nuestra Madre).
42
Exégesis del mara’akame Antonio Hernández (1993) de Santa Catarina Cuexcomatitlán, Tuapurie y
traducción de Miguel Ramírez Jiménez, San Miguel Huaistita, Tateikita. Unión Wixarika de Centros
Ceremoniales de Jalisco, Durango y Nayarit A.C.
103
generaba movimiento. Durante el diluvio el aire se convirtió en veneno y la gente con
respirarlo se moría.
104
costumbre, la flecha, la jícara y la lluvia”. Al quinto año fue bajando el agua y la canoa
quedó en el punto de la derecha.
105
La segunda poza tiene forma de un kanari (guitarra antigua wixarika) y le
denominan Kanarita. Frente a ella se encuentran dos piedras, una de tamaño mediano
a los pies de la poza con aproximadamente 1.30 metros de ancho por 1.30 de alto.
Entre los huecos de la piedra hay jícaras con estambre o monedas; dos jícaras de barro
unidas, una con la representación de una milpa de maíz y otra con una víbora; otra
jícara de estambre con la forma al interior de una víbora. Esos objetos ceremoniales
son para Tatei Niwetsika. Hay otro depósito ceremonial más arriba, el cual es una gran
piedra que tiene en medio un hueco, como una “mesa” donde hay también más
depósitos ceremoniales. En una poza más abajo es donde sacan el agua sagrada que
llevan a su adoratorio.
Este sitio sagrado forma parte también de los manantiales sagrados cuya agua
se utiliza para los intercambios ceremoniales y para presentar a los bebés y niños a
través de ritos de iniciación, fuera de la tradición cristiana. Es un recurso que permite
salud. El anciano recuerda que su padre los levantaba temprano a él y sus hermanos y
se iban a bañar (en el río) y después a sembrar, a acarrear el maíz para tener fuerza,
para no ser corajudo, para aguantar, tener serenidad. En el rancho cuando nace un
niño, le hacen una ceremonia a los cinco días de que nació. Si es niña lo acompaña la
abuela y el anciano del rancho lleva la vela. Si son hombres va el abuelo. Se presenta a
los antepasados en el adoratorio familiar (Kuruxitɨki). La presentación se hace frente a
los maíces, nunca falta la vela y se le da de comer maíz molido al fuego. Quien los
presenta le dicen a los antepasados “que ese niño lo “bendigan” y que siga más, que
aquí va a andar en la vida que le dan.” Para poder hacer la ceremonia traen agua
sagrada de la poza de Kirikuxata y también de un manantial cercano a Santa Catarina,
Ni’ariwameta.
En la exegesis del mara’akame bañarse en el agua de poza permite (ser)
(parecer) más joven pues en el agua de esta poza se bañaban los mara’akate a las
cuatro de la madrugada. El poder del agua del manantial es que nunca se le ve el
rostro, entonces no se sabe si es viejito o no. “Va a ser igual como ese (manantial). Yo
sí me bañé muchas veces (en el río). Ahora me dan miedo las víboras negras”
[Grabación de campo 150708_005/julio del 2015]. En la descripción que he
106
proporcionado del arroyo, podríamos pensar que es en este lugar, donde se comunican
diversas “fuerzas” que circulan en lo profundo de las pozas y el “charco” de agua turbia.
Bajo el agua están las deidades de la oscuridad. El conocimiento del agua subterránea
es un poder importante de chamanes en muchas partes: “El aprendizaje onírico del
granicero [nahua] consiste en aprender a ver y a entender el mundo de los parajes
subacuáticos con los ojos de los espíritus-cuerpos. Él debe soñar la mirada de los
espíritus, aprender a ver (Lorente Fernández, 2016, pág. 41)”.
En resumen, para los mara’akate como cómplices del sol sumergirse en el agua
encharcada es un modo de obtener visión (nierika) por parte de los ancianos. Aunque
su significado es “visión”: “también es un escudo que sirve para protegerse de los
peligros de lo sagrado [porque hay que] correr el riesgo y visitar los lugares donde
habitan los ancestros. Así, para obtener nierika se necesita ya tener nierika (Neurath,
2013, pág. 61).
108
Como mencioné, el fuego está directamente relacionado con la guía de las
calabazas. Al respecto el anciano narra que cada adoratorio parental de cada rancho
tiene su fuego. “Por ejemplo ahorita en todos lados están tomando tejuino frente al
fuego. Este fuego tiene su conexión con el sitio sagrado de la guía de las calabazas. La
guía sale de todas partes pero cada quien cada quien cuida a su abuelo fuego”.
En Calabacillas, el anciano narra que “la Kirikuxata está caminando”. Se dejan ofrendas
y es una guía que está produciendo la familia, como la calabaza: va produciendo, va
naciendo y otros van cayendo, se van muriendo. Así es la mata de calabaza (como los
humanos), así va la guía dejando familia, con cada extensión que da frutos. Se puede
ver como un alter ego.
Kirikuxa son las familias de calabazas como personas que van viviendo y van
cayendo y vuelven a nacer otras. En los rituales de Mawarixa y Tatei Neixa al igual que
el maíz, los wixaritari mencionan que como si fuera un niño, la calabaza “cuando sea
grande” lo tienen que bendecir con agua de las manantiales sagrados, si la calabaza no
está bendita se enferma y puede haber enfermedad (kwiniyari).
109
ceremonias Tatei Neixa (el amanecer) y Mawarixa (la medianoche). Es decir, llevan los
maíces del teiyari que le fueron heredados a sus esposos, si es que llevan la cosecha
de la residencia patrilocal al sitio donde fueron presentadas sus “suegras” a los dioses;
y, además tienen que llevar los maíces del teiyari que a ellas les fueron heredadas a su
xiriki donde nacieron y fueron presentadas. Por lo tanto en su caso tienen bajo su
responsabilidad dos “guías”. Si dejan de visitar a “Nuestra Madre Maíz” del sitio donde
fueron presentadas, entonces el antepasado las desconoce y por eso viene la
depredación. Es en ese sentido que las mujeres y los niños en cada temporada de
cosecha del maíz, fríjol y calabaza tienen que ser desacralizadas. Pues las mujeres,
por ubicarse en la esfera de la nocturnidad, tienen que presentarse de manera continua
con los antepasados que les heredaron las semillas porque las mujeres, en especial, se
encuentran en un estado peligroso en el ámbito de la liminaridad “porque es el tiempo
de la oscuridad, y cotidianidad pura, porque es el tiempo del devenir no marcado por la
estructuralidad cosmológica (Geist, 2005, pág. 192)”. En resumen, la renovación del
orden cósmico, del equilibrio de la temporalidad nocturna-luminosa, depende de los
rituales relacionados con las siembras y la bendición de los primeros frutos que se
realicen en Kirikuxata, incluidos los “depósitos rituales” (término que adaptó Danièle
Dehouve) que se hagan en los lugares sagrados. Si se dejan de hacer las acciones
ceremoniales se irrumpe la temporalidad y viene la depredación por parte de las
divinidades, la transgresión, es decir, la enfermedad. El poder de Takutsi Nakawe y
Tatei Yurienaka se deja ver en las lluvias, las mujeres son análogas a estas diosas, ya
que éstas como diosas también las mujeres forman parte de la fertilidad: “su violenta
muerte mítica [Takutsi Nakawe] es un acto creador y sirve para terminar con el
”matriarcado mítico” y establecer el orden en el mundo, pero en la época de lluvias se
restablece el poder de esta antigua diosa que representa la fertilidad en su forma
absoluta” (Neurath, 2002, pág. 274).
110
sitio sagrado, unidos a la guía de la calabaza. En su dibujo la guía inicia su recorrido
por el lugar sagrado y recorre una serie de centros ceremoniales y adoratorios. El
peregrinar significa buscar la vida y devolverle su supremacía a Tatei Niwetsika en un
territorio que ella ha germinado al lado de las divinidades antes mencionadas.. Las
guías de calabaza (nanayari) “es un sistema de meridianos que emana desde tiempos
inmemoriales de lugares centrales de energía reproductiva sagrada hasta el ámbito de
la unidad doméstica” (Liffman, 2012). Si ubicamos la posición de los tukipa que se
encuentran en el mapa donde el anciano hace el recorrido, podemos observar que esos
tukite y xirikite miran “pa’ abajo”, hacia la costa. Son espacios nocturnos que necesitan
equilibrarse.
Hay un sistema parecido entre los makuna cfr. [Entre los indígenas makuna en la
selva amazónica de Colombia, los ríos conectados al eje acuático primordial
constituyen el dominio cósmico, la base del pensamiento. Dicen que su pensamiento
recorre estos lugares y, por ello, se considera que estos ríos principales nutren y
sustentan la vida del mundo. Cada curación puede seguir un camino particular, esto es
posible porque todos los lugares sagrados están conectados entre sí por caminos
invisibles que forman una telaraña de pensamiento. Tales caminos se enmarcan dentro
de los límites de la maloca cosmos[…] (Cayón, 2013, págs. 250-251).
111
En ese sentido, podríamos pensar en los términos casa-noche-costa-origen.
Durante el recorrido de la guía se visitan “de paso” algunos tukipa y xirikite hasta llegar
a su objetivo: el xiriki donde fue presentada “ego” a los antepasados. En ese xiriki
retribuyen los dones o se dan los intercambios en las celebraciones de Tatei Neixa y
Mawarixa del mismo rancho. En la definición de la topografía ceremonial nocturna y
luminosa interviene la perspectiva del mara’akame o chamán quien define una
topografía territorial ceremonial temporal, ya que él determina los tiempos, los caminos
o las líneas y los puntos de llegada y salida para buscar como abatir la enfermedad en
el mapa de la guía. Como en el caso de los makuna de Colombia, “La geografía
chamánica, como un aspecto fundamental que estructura la realidad, vincula a las
personas con el espacio en el que viven, les da un lugar en el cosmos y las relaciona
112
con otros seres, humanos y no humanos que pueblan el universo” (Cayón, 2013, pág.
250).
Así, para los wixaritari, la realización de rituales relacionados con la herencia del
maíz de padres a hijos implica ocupar un territorio temporal que establece el
movimiento de una guía de calabaza que recorre diversos adoratorios parentales y
centros ceremoniales denominados tukipa. Se enlaza el territorio simbólicamente como
un rizoma que conecta eslabones semióticos a través del pensamiento del chamán,
nuevas alianzas con parentelas distintas, los alimentos, objetos, narraciones, lugares
sagrados, fiestas a la diosa del maíz “Un eslabón semiótico es como un tubérculo que
aglutina actos muy diversos […]” (Deleuze & Guattari, 1980, pág. 18)
Aunque las dos tienen una relación íntima entre maíz y calabaza. Son dos
agencias porque las dos tienen distintas intencionalidades, una busca la vida y la otra
vigila que se cumplan las acciones rituales, de no hacerlo se origina la depredación, la
enfermedad, esto es cuando el acuerdo se rompe, lo cual estructuralmente siempre
tiende a hacer.
113
Entonces si pensamos que la guía de las calabazas es un mapa este mapa
puede tener una ruptura y recomenzar a partir de esa ruptura y recomenzar con una
nueva guía, con otros parientes y otras alianzas. Aunque un rizoma sea roto,
interrumpido en cualquier parte, siempre recomienza según ésta o aquella de sus
líneas (Deleuze & Guattari, 1980, pág. 15), por lo que la idea del nanayari o kirikuxa no
necesariamente abarque todo el Occidente de México o el espacio nacional o el planeta
en su totalidad. Pero sus líneas de segmentaridad pueden encontrarse estratificado,
territorializado, organizado, significado, o bien puede haber ruptura.
Las paradas o los puntos intermedios que hace la “guía” son puntos “de paso”
para presentarse con cada antepasado. Sólo en la última parada—los adoratorios
familiares—se realizarán las ceremonias. Como ya dije el fin es establecer los
intercambios ceremoniales y regresar los maíces (teiyari) a los adoratorios de la diosa
del maíz hasta llegar al lugar donde se encuentra el rancho donde se hará la fiesta para
la familia de la madre de sus esposas como destino final donde le dejó la herencia43 su
madre. Pero si es otra pariente, entonces tiene que cambiar de “guía” y pasar por otros
lugares, otros centros ceremoniales de rutas distintas o bien cambiar a otra guía si
43
Cuando se refieren a herencia, no es algo material, sino los maíces que les fueron heredados.
114
quiere trasladarse al lugar donde le dejó “herencia” su papá. “Pero sí hay guía para
estar saliendo pa' allá y pa' acá”. A los antepasados (kakaiyarixi) los trasladan en forma
de jícaras desde su punto de inicio al punto final “para prenderle las velas y darles su
alimentación”, pero jamás puedes juntar a los antepasados de familias o linajes
distintas en las variaciones finales de cada guía porque “no les gusta” a los
antepasados. Es necesario hacer fiestas por separado “para que queden contentos”.
Esto nos hace suponer que podría haber incesto, ya que las alianzas con las personas-
maíz, personas-calabaza y personas-fríjol se establecen de manera exclusiva entre el
sembrador y el antepasado que se encuentra en el coamil y posteriormente en el
adoratorio.
Para el anciano del rancho quien también es mara’akame, el territorio es todo
donde viven. No quieren entrada de mestizos; por eso están las mojoneras donde hay
antepasados resguardando bajo la tierra en forma de diversos objetos rituales donde se
han matado becerros y puesto velas en cada esquina. Dice territorio “maiwe, maiweme”
(lugar donde hay que abstenerse pues es sagrado) [También es maiwe no marcar bien
las mojoneras de donde empieza y termina la palabra del otro]. Concluye esta parte del
relato mencionando que donde ellos viven, tienen doble responsabilidad, pues su
rancho es tierra madre, lugar sagrado.
Para la gente del rancho, Kuruxi (La Cruz) se convirtió en un dios y es el dueño de la
localidad mirando todo alrededor. Ya dije que el rancho tiene su propio adoratorio
parental y que junto a éste hay otro rancho “principal” que tiene dos xirikite y un patio
ceremonial al cual acuden los otros ranchos de la localidad, es denominado Kuruxitɨki
44
[canto de mara’akame, grabación: Carl Lumholtz 1898]. Grabación cilindro256C.
115
(cruz-polvo que cae), ahí también vive el abuelo fuego. La gente del rancho dice que la
cruz por una parte es una planta que vive “arriba” en los cerros, “donde está un hoyo y
una piedra bien grande”. Da flores blancas y después se marchita y salen ramitas;
también se le llama kuruxitɨki y los que viven en el rancho son su familia. Es decir, hay
un parentesco con esa planta. La gente del rancho vincula a los adoratorios del lugar
sagrado de la guía de calabazas y a la planta de flores blancas que vive “arriba”, a
través de la raíz o una guía que echa sus raíces para diferentes direcciones en forma
de cruz. Asocian a las planta de “flores blancas”[es un Kieri que se omite mencionar de
manera directa] y la guía de calabaza como iguales o muy parecidas pero la primera no
da calabaza, no se come tampoco. Nomás es un dios y se convierte en
príncipe[concepto raro de un personaje que es una persona vestida de blanco, chiquito]
que está en el cerro del norte y habla hasta el adoratorio de Kuruxitɨki. También se
convierte en wixarika, que sabe andar en las noches, que grita, que platica, que sueñan
con él. Son príncipes que los visitan a veces en su casa “y sientes frío y escalofrío y
sueñas con él y te despiertas y te asustas. Se convierte también en lluvia y muchas
cosas así. Hay veces cuando te emborrachas con la rosita (peyote) lo ves y miras a una
persona pero esa es, los príncipes también, te platican”[Diario de campo. 10 de julio del
2015] Es probable que este príncipe sea Kauyumarie o Watakame cfr.[ (Zingg, 2012
(1982) (1938), págs. 376-377 I)].
En los orígenes los antepasados se formaron “en el medio”, en el fondo del mar. Allá se
reunieron, flotaron “para arriba”; eran pura espuma del mar y llegaron a la orilla. Ahí se
formaron como gente, se juntaron y vinieron por el río, subieron a mucha gente. Eran
gente como nosotros. Un ejemplo: si yo fuera la lluvia persona; así eran antes. Se
formaban y algunos se quedaron por aquí y otros se fueron caminando; se fueron hasta
Paritsika [Wirikuta]. Surgieron muchos tatewari (fuegos): no es uno no más; nosotros
tenemos en Tierra Azul por ejemplo. Otros [antepasados] quedaron como peñascos que
son ‘Ekateiwari [foráneo del viento], donde sale mucho aire y trueno; así vivían y
quedaron muchos en forma de cerros. Otros se quedaron en las cuevas. Los sabios
platican con ellos, con la tierra, con los dioses, con la luna; dicen qué platica el viento. Los
mara'akate saben lo que platican los cerros y las cuevas. En el rancho se unieron los
cerros, por ejemplo; en el cerro del norte están “unos arbolitos” “así, chiquitos” que es
Tɨkimarika. Pero ese es muy poderoso, ese está unido a la kirikuxa. Por eso, del agua
que sale del manantial se puede sacar agua bendita.
“En ese cerro quedó un arbolito que es muy poderoso. Tiene dos templos. Adentro están
los antepasados, nuestros abuelitos. Hay también una casa, un xiriki chiquito. Ahí es
donde dejan a Tatei Niwetsika; el [adoratorio] grande tiene un maxa [piel de cabeza de
venado]. Cuando siembra la milpa y crece, ya le llega el tiempo el diez o cinco de agosto
116
y le hacen su ceremonia. Y van a la cacería. Si matan el venado, entonces, esa es la
cabeza del venado. Ahí lo dejan adentro del xiriki. Esa maxa es para Tatei Niwetsika;
siempre lo dejan ahí. Por eso están las cabezas de venado y los cuernos. Siempre están
ahí porque los dejan y hay otras partes, según, como digan los dioses. No todos
entendemos; el único que entiende es el mara'akame. Ellos platican que vamos a hacer”.
[Grabación de campo 150713_006/julio del 2015]
Sin embargo, el mara’akame me afirma que en el cerro del norte Tɨkimarikatsie sí está
la planta del kieri, pero que ésa está en el cerro. No se planta y que en los adoratorios
hay sólo antepasados. El kieri emborracha y te vuelve loco. Esa planta sí les llama y
suben al cerro (Tɨkimarika) “pero ya es de cada quien”.[si acuden a visitar al kieri, se le
deja ofrenda pero ello no implica que la consuman] La va visitando la familia que quiera
ir. “Ese Tɨkimari es otro porque es otro kuruxi, otra guía”.
“El kieri recurre a una esfera conceptual donde las relaciones de simetría con el
hikuli ofrecen la posibilidad de concebir cierta comunidad entre ambas entidades.
Su parentesco simbólico los sitúa como hermanos y por medio del cual se faculta
el empeño del kieri por argüir privilegios que eviten su derrota. Aquí se
manifiesta la analogía que guarda este mito con su símil cora de las estrellas
matutina y vespertina, pues tanto el kieri como kauyumari se refieren al sol como
“Nuestro Abuelo”, por consiguiente, se reconocen como hermanos” (Aedo, El
problema de la ambigüedad y sus intentos de resolución. Tres episodios
cosmológicos huicholes y coras, 2013, pág. 359).
Por otro lado es recurrente la figura de Kauyumarie a través del antepasado que
nombran como “maxa” (venado). Zingg ofrece otra versión mitológica donde la ceniza
de la calabaza contribuye en la domesticación de los animales. En este mito se sugiere
que Kauyumarie y Watakame son la misma persona.
117
disco de dios. Cuando la perrita toma forma de mujer y se consuma su
casamiento con Kauyumali, la ceniza de la calabaza que estuvo ardiendo
durante la inundación vuelve a ser usada por la abuela crecimiento, quien
nombra y domestica con esa ceniza a la raza animal, dotándola de vida y
fertilidad. Solo el lobo y el tigre siguen con su forma específicamente animal,
porque olieron y tocaron la sangre que brotó de la rotura del himen de la mujer-
perro al consumarse, momentos antes su unión con el hombre-Lobo, o sea,
Kauyumali (Zingg, 2012 (1982) (1938), págs. 376-377 I)”.
Por último es necesario remarcar que David Lorente demostró que el chamán
que tiene que ver con lo oscuro va a negar su relación con este tipo de plantas. Aunque
en otro momento el mara’akame me haya dicho que: “el tɨki, como que tiene un polvo”,
“florece una cosa que está cayendo o algo así”, "Como que cae algo así”. “El polvo es
tan fuerte…” “te emborracha, te duele la cabeza, te enfermas,” “es muy fuerte el
patrón”.
118
Pero hay también otra “guía” distinta. El mara’akame del rancho denomina
nenewieri a una forma de rezo donde ubica “una guía” que son nierikate45 que
corresponden los cinco puntos sagrados; con su nierika y su muwieri está hablando con
los cinco puntos; “desde esa “guía” habla46 primero con el abuelo fuego, luego habla
con el sol, con Maxa, Tamatsi Maxeyuawi, Tserieta [el derecho, el sur, el Lago
Chapala], ’utata [la izquierda, el norte, el Cerro Gordo]; Tsutɨa [San Blas] Paritekia
[Wirikuta], los cinco puntos y en medio está él, el mara’akame. La guía comienza, por
ejemplo en el adoratorio, desde la colocación de la jícara, la flecha, todos los santitos
que están en el adoratorio: Yumu’utame kakaɨyarixi, Niwetsika y todos los que se
encuentren. Desde aquí [la guía] están hablando a todos”. Pero “la guía” también
contiene todos los lugares sagrados. “El mara’akame levanta todas sus herramientas,
sus armas. Otra vez vuelve a abrir su libro… ¿cómo tú, no? Haz de cuenta que todos
los mara’akate, kawiteru también, pueden hacer una historia”.
Aquí voy, aquí voy caminado con cuidado, yo “Kauyumari” el venado el hermano
mayor,
les pido me informen ¿Por qué? está oculto el alma de este hermana,
por favor. Yo aquí estoy pidiendo lo liberen y lo manden a la luz.47
La enfermedad es una manifestación del cuerpo que para los wixaritari traspasa los
límites del cuerpo mismo. No es visto como parte de una sola naturaleza; sus síntomas
“anormales” tienen varias perspectivas. A través de ella se manifiesta el punto de vista
de los dioses; su cura está determinada por las acciones de los existentes o por las no
acciones que los mismos wixaritari han dejado de realizar. Es por ello que se refleja el
punto de vista de la enfermedad provocada por un antepasado a través del cuerpo
wixarika y su inacción incluso repercute en el desequilibrio de la espacialidad y la
temporalidad, sea diurna o nocturna. Pero la enfermedad tiene doble polo o es
45
Rostros, espejos, apariencias “espacio fronterizo liminar (Geist, 2005, pág. 204).
46
Aunque él es el mara’akame habla de el mara’akame como si fuera una tercera persona
47
Canto de mara’akame para curar e investigar acerca de una persona enferma. Grabación Carl
Lumholtz 1895. Cilindro 275. Museo Americano de Historia Natural de Nueva York.
119
ambivalente: es negativa para el cuerpo y positiva para el equilibrio del cosmos, para
restablecer la temporalidad de lo nocturno/diurno. “Una perspectiva es un punto de
vista corporalizado. Ser capaz de ocupar un punto de vista es sin duda una potencia del
alma y los no humanos son sujetos en la medida en que tienen (o son) espíritus; la
diferencia entre los puntos de vista –una diferencia— no está en el alma. Está
formalmente idéntica en todas las especies, percibe solamente la misma cosa en todas
partes; la diferencia entonces debe ser dada por la especificidad de los cuerpos”
(Viveiros de Castro, 2010, pág. 55).
48
Alimentan al niño maíz en el coamil cuando lo llevan a sembrar, porque está vivo y hay que cuidarlo
hasta que crezca.
49
Mukatuxa queda a una distancia aproximada de 10 horas caminando desde el Rancho, muy cerca del
tukipa Ratontita, aunque ahí no hacen parada.
50
[yu = posesivo 3ª persona; mu’u = cabeza; kame = persona-agente: su cabeza de familia]
121
desplazamiento a su adoratorio para la realización de las fiestas es en el mismo
Calabacillas. Sin embargo, la madre del anciano (originaria de Peña Blanca) y la
anciana (originaria de Tierra Blanca) no tienen su adoratorio parental en este sitio.
Si el anciano trasladara al rancho más “maíz de allá” (de Peña Blanca y Tierra
Blanca) “con más razón” más rápido y más seguido los niños se enfermarían, por la
diosa del maíz “de allá”. La importación de maíces nativos de otros ranchos contrae
mayores compromisos ceremoniales y mayores enfermedades. Los maíces que se
consumen en el rancho tienen su origen hace muchos años desde los ranchos de Peña
Blanca y Tierra Blanca. Casi todo el maíz que se siembra en el rancho es originario de
Santa Catarina (Peña Blanca) y fue heredado a al anciano por sus antepasados. Como
mencioné anteriormente, sólo las ancianas “traen dos colores” (al parecer amarillo y
pinto) que fueron heredados por sus antepasados. Estos corresponden con dos
matrimonios, como la alianza del maíz con el sembrador. Al parecer hay un principio
venenoso ya que está vinculado con la serpiente negra.
El mara’akame concluyó que era una enfermedad asociada a la diosa del maíz.
Los huicholes no especifican en sus propias categorías y en su propia lengua el
122
padecimiento de la enfermedad, solo dicen que es “la enfermedad de niwetsika”; puede
ser entre otras diabetes, diarrea, calentura, dolor de estómago, debilidad51. Por lo tanto
los familiares se comprometieron a realizar una serie de ceremonias en ese rancho.
Buscaron el becerro y el venado y se inició con el compromiso que tendrán por los
siguientes cinco años. No sólo es alivio para el enfermo, sino para toda la familia. El
mara’akame “las” curó a Teresa y su hermana, bajo esa definición amplia de
enfermedad/curación y hasta el momento tienen tres años con los compromisos. “En
este sentido, el “kakau’yare” [sic: kakaiyari] tiene agencia para el grupo, pero el único
que puede preguntarles directamente sus deseos es el mara’akame.[…]” (Fajardo
Santana, 2007, pág. 185).
La familia afirma que desde que el mara’akame hizo fiesta, Teresa dejó de estar
enferma. Sin embargo, cada año se preparan para realizar las fiestas en los ranchos
antes mencionados:
“Pero primero tenemos que hacer en Tierra Blanca la fiesta de Mawarixa, luego
Tatei Neixa, ahí dejar las ofrendas de Wirikuta, ya sigue la fiesta de los santitos,
luego Tanana Kwewixa. Se pone bonita la fiesta, se junta mucha gente allá. Si
estuviera cerquita te invitaba, pero caminando. Es mucho gasto. Entonces allá
están los ancestros en Tierra Blanca, como siempre. Tenemos los xiriki, están
los meros de las casas, está Tatewari, Tatei Niwetsika, Tatei Haramara, Tatei
Xapawiyeme, Tsakaimuka, Tatata, Tiriwiekame, tantos que tienen su nombre, no
podemos pronunciar en español; están allá en los xirikite. Cuando llegamos
51
Durante me estancia de campo me percaté que en el lapso de una semana tanto niños como mujeres
estaban enfermos de calentura, vómito y diarrea. Habia ocasiones en que los niños no salían por días de
su cuarto debido a lo débiles que se sentían. Al preguntar me dijeron que era por la enfermedad de
niwetsika. [Curación del mara’akame: Manuel va a curar a su nieto Roger, le chupa el estómago y aspira
lo que trae, escupe saliva con “algo”; le toca el vientre y vuelve a aspirar a lo largo del mismo. El nieto
está con el torso desnudo y descalzo y vuelve a escupir lo que le extrajo del estómago. Una tercera vez
vuelve a chupar el estómago y vuelve a sacar lo que trae adentro. A continuación limpia con la mano el
vientre y escupe sobre el vientre y “reza” en voz baja. Escupe tres veces; a continuación le acomoda la
cabeza y le escupe en la “kupuri” o la coronilla, le toma la cabeza como si le apretara y vuelve a escupir.
Tres veces también. A continuación su nieto Isaac quien también tiene diarrea y vómito le chupa y saca
saliva con “algo” que tira fuera del predio del rancho. Limpia con la mano el estómago como si barriera
algo, nuevamente reza en voz muy baja. A continuación le escupe y barre el vientre y escupe. Después
le tocó a Leonel, el más pequeño de dos años. Leonel paciente se dejó curar por el abuelo; esperando a
que terminara. Chupó la frente también, le tomó los tobillos, rezó, escupió en su estómago, escupió en su
cara, en el estómago; sonrió y le dijo cosas al niño para entretenerlo mientras lo curaba; Leonel muy
paciente aguardó hasta que terminara el abuelo.] Diario de campo. 10 de julio 2015.
123
nosotros, no había nada, hicimos dos casas [xirikite], la casa de los dioses y los
santitos, fue una, otra para Tatei Niwetsika. Nomás dos hicimos. Y acá en
Mukala’asi [Mukaratsi], allá también son los mismos. Para eso estamos viviendo
nosotros. Casi ya no salimos a trabajar. A veces cuando hay chanza, vamos a
buscar la vida[…]”[Grabación de campo 150709_009/julio de 2015]
124
que la provoca, que puede dar cada noche o cada tercer noche. En los rituales del
rancho decir y hacer kɨpuri también, es poner cinco gotas de agua sagrada que las
mujeres toman de un contenedor pequeño de guaje (’aikutsi) y con una flor se ponen
cinco gotas de agua sobre la tierra a escasos cinco centímetros frente al fuego, cinco
gotitas afuera del xiriki (Tatei Yurienaka) y cinco gotitas adentro del xiriki de Tatei
Niwetsika. La parte del cuerpo más importante para el chamán es ne’iyari (mi
corazón)[o bien ’iyarieya—el corazón de una persona] y la parte más delicada es la
matriz.
“‘iyari se localiza en el plexo solar, mientras que kɨpuri se localiza en la mollera, de la cual
sale o entra un cordón, tatukari tawiwiyeri, que conecta al ser humano con los dioses;
estamos amarrados con las tateikima[tateima?] y los kakaɨyarixi. El cordón se asemeja a
una planta delgada y alargada. Si se rompe hay mala suerte y peligro de vida. El kɨpuri se
describe, probablemente mejor, como centro o principio vital de crecimiento que no sólo
alude al punto mencionado, sino que se expande por todo el cuerpo y está representado
en el despliegue del tsikiri” (Geist, 2005, pág. 183).
El vientre materno como parte del cuerpo y en esa relación de espacialidad establece
una analogía microcosmos-macrocosmos con los cerros. Matos Moctezuma nos dice
que en Mesoamérica era creencia común que también cerros y montañas podían
embarazarse y la cueva podía tener el carácter de matriz (Vargas y Matos, 1973)
(Moctezuma, 2003, pág. 18). El vientre materno también es la nocturnidad y el ser que
viene dentro de él pertenece todavía al mundo de los no humanos. “En Mesoamérica la
vida se gestaba en la silenciosa dimensión telúrica-nocturna de la muerte, en lugares
como el Mictlán, el Cumiehchúcuaro, el metnal, el Xibalbá, etc. En las palabras de una
125
partera náhuatl que, refiriéndose al bebé por nacer, declara que “está todavía en el
Mictlán, todavía en la noche” (Códice Florentino, lib.VI, cap.27) (Johansson, 2003, pág.
50).
Para Kindl, el viaje iniciático de los peyoteros desde el centro ceremonial implica
correspondencias entre las nociones de cuerpo, persona y vida. El edificio tuki tiene
una connotación femenina porque se ubica en el poniente y abajo— ligeramente
sumido con respecto al nivel del suelo (Kindl, 2001; Neurath 2002:206). El tuki es
comparable con una cuerda o un útero, el lugar donde se lleva a cabo el ritual de la
cuerda que remite a su vez a un cordón umbilical y desde el que parten los peyoteros.
Al caminar, estos últimos trazan su camino, el cual se visualiza como una planta
enredadera llamada nanaiyari, también considerada como una especie de funículo que
los vincula con su territorio de origen (Liffman 2005) (Kindl, El cuerpo y la cuerda,
2014)).
126
enciende fuera de la casa (Diguet, 1992, pág. 126). Para un niño, la ceremonia es
parecida: le presentan instrumentos que son de uso exclusivo del varón como arcos,
flechas, lazos y brazaletes para tirar al arco. Luego, su imagen representada en un
bordado o en un tejido, se sujeta a la flecha y uno de los ancianos la lleva a la gruta de
Nakawe. Entonces, igual que en el caso de la niña, el anciano debe encontrar algún
objeto conveniente que (Diguet, 1992, pág. 126)(126) presagie la buena ventura del
nuevo ser, puede ser un mechón de pelo de venado o un pedazo de calabaza” (Diguet,
1992, pág. 127).
Ingrid Geist nos narra que cuando el padre del niño trae agua de los lugares
sagrados, el bisabuelo materno invoca a los dioses y muestra a los niños a los cuatro
rumbos delante del fuego en el patio del xiriki del rancho después del atardecer.
Durante la noche el bisabuelo sueña el nombre del niño. Antes de la salida del sol, la
familia se reúne alrededor del fuego. El bisabuelo en espera de la luz del alba mira
hacia el oriente, empuña cuatro muwierite (varitas emplumadas) y una sonaja. La
ceremonia del bautizo se realiza al salir el sol. La abuela, con el nieto desnudo en
brazos, y los familiares rezan. El bisabuelo, con sus muwierite en manos, jala la luz del
sol hacia el fuego, introduce las puntas de las plumas de los muwierite en un pocillo con
tumari y salpica el líquido a los cuatro rumbos, sobre el bebé y en el fuego. Agarra al
niño y ofrece al sol en oriente, de allí hacia abajo al fuego, al poniente, sur, norte y
finalmente hacia arriba. El bisabuelo toma unas flores y las sumerge en el agua,
bendice los objetos rituales reunidos en un petate y procede al bautizo del niño,
echándole agua en la cabeza, el pecho, los brazos, el vientre y las piernas. La abuela
repite la ceremonia hasta desembocar en un baño ritual que, como dicen, borra todo. El
recién nacido recibe el nombre de Matsɨwa, [entre otros nombres importantes] que lo
convierte en miembro reconocido ante la sociedad y los dioses. Al terminar el baño
ritual, la madre recibe al hijo y lo envuelve en una cobija. El bisabuelo mete las flores en
el pocillo del tumari y deja que el líquido chorree al fuego. Mientras que los abuelos dan
vuelta alrededor del fuego, por la mano derecha, el padre lleva el pocillo al xiriki, en
cuyo interior vierte el tumari por los cuatro rincones. La abuela trae una canasta con
tamales de maíz con frijol, y la ceremonia termina con el consumo de los mismos.
127
Varios meses después, durante los festejos de semana santa, los abuelos paternos
bautizan al niño en el templo católico (teyeupani) en presencia de todos los santos
reunidos para la ocasión cuerpo (Geist, 2005).
En sentido inverso sentido se me narra en el rancho que a los cinco días se tiene
que presentar al niño o niña. Lo presentan en el adoratorio, pero también van a
Teekata. Pero les puede suceder que los que no van a Teekata se les podrían aparecer
en la xukuri (jícara) de Tatei Niwetsika de tres a cinco maíces o semillas de calabaza.
Entonces quiere decir que el niño tuvo suerte y ese maíz va a servir para el teiyari por
lo que los cuidan y lo siembran.
Otra mujer del rancho me narra que en la Fiesta del Tambor (Tatei Neixa) se
hacen las presentaciones a los dioses [mas no me especifica si es la fiesta del tambor
del centro ceremonial o del adoratorio], el cantador habla a los dioses de ese niño—
cuándo, dónde, cómo nació. Indica también que quiere que coma venado, pollos,
tejuino. También va a expresar que lo va a llevar hasta Wirikuta. “Todo va a decir al
dios”. Pero este niño va a presentarse junto al elote y la calabaza y va a estar también
el tambor. Pasados un día y ocho días, por la mañana, se prende la lumbre y el
cantador le va a dar de “comer” al niño. También lo llevan al manantial de agua sagrada
o le traen agua de ese manantial. En una bella narración de la curación multitudinaria
que realizan los mara’akate, Pacheco apunta que a los niños se les recuesta sobre
Tamatsi Parietsika “tapetes de hierba en el suelo” y ante el sonido del tambor y las
sonajas, cada mara’akame los revisa uno por uno con el fin de encontrar el mal que los
aqueja; extraen el mal materializado en un objeto sólido. El curandero pone marcas con
tizne en ciertas partes del cuerpo del niño como mejillas, muñecas, ombligos y tobillos
donde se alojaba el mal (Pacheco, 2016, págs. 193-195).
Podemos concluir que la presentación primordial para los niños se hace frente a
los ancestros genealógicamente demostrables, ya que ellos son los que reconocen a
sus descendientes y a las semillas que ellos han heredado a las nuevas generaciones.
Quiere decir que la presentación que se hace a los niños en la fiesta del tukipa es de
128
otro orden. El hecho de que los niños reciben diferentes nombres durante las etapas
ceremoniales como su presentación en el xiriki, en semana santa o en Tatei Neixa, así
como en rituales de curación o búsqueda de alguna enfermedad, explica por qué
cuando se les pregunta cómo se llaman en wixarika, dicen tener varios nombres.
De las serpientes:
“las que pertenecen al surponiente, son haiku, y cuya naturaleza acuática las
asocia a la noche. Destacan cinco clases de serpientes míticas: Tatei
Xapawilleme[sic: Xapawiyeme], encarnación del agua y la lluvia del sur; Tatei
Kiewimuka, símbolo del agua, las nubes y la bruma del poniente; Taweakame,
expresión del viento salvaje y destructor; la serpiente de la aurora (Kuyukuri), y
Teuka, un tipo de remolino controlado por el kieri (Aedo, La dimensión más
129
oscura de la existencia. Indagaciones en torno al kieri de los huicholes, 2011,
pág. 206)”.
Este suceso estaría relacionado con un drama social, meses después, en el rancho.
Aunque la familia no habló directamente de que la muerte de la serpiente
desencadenaría un mal augurio o una tragedia, el hecho de que el maíz sea un niño iba
a desencadenar un suceso trágico que modificó la conducta de los hijos jóvenes del
rancho. De las dos señoras jóvenes embarazadas de 7 meses, en el mes de octubre
nacieron dos bebés, niña y niño. En el mes de noviembre recibí una llamada del hijo del
anciano anunciándome que había muerto la casi recién nacida durante Tatei Neixa en
uno de los ranchos donde les correspondía hacer la fiesta.
A los cinco meses regresé al rancho y no encontré a las mujeres que meses
atrás había dejado embarazadas. La que tuvo el niño se encontraba en ese momento a
horas de camino en el xiriki parental de su familia, disponiéndose a presentar a su hijo
a los antepasados del rancho de sus padres. La segunda, a la que le falleció la bebé,
se encontraba de “jornalera” en un campo de cultivo cercano a la ciudad de Zacatecas.
Las mujeres del rancho me narraron que la niña fallecida se desangró por el ombligo52.
El mara’akame le dijo a sus nueras que la niña murió porque a esa niña todavía
no la habían llevado a presentar al sitio donde se encuentran los antepasados de la
madre y donde ella fue presentada a los dioses. Debió presentarse a la manera como
52
No pudieron controlar la situación y no sabían lo que le ocurría. El hecho sucedió durante la
fiesta del Tatei Neixa en el xiriki de los antepasados de la madre de su suegro el anciano, cercano a
Pueblo Nuevo. “El ombligo estaba abierto, haz de cuenta, como si lo hubieran cortado, no podíamos
hacer nada porque estaba saliendo mucha sangre. Le pusimos una pañoleta, pero no dio resultado. En el
centro de salud le pusieron una venda, la madre dijo que le pusieron una venda y yo creo que la ataron
con mucha fuerza y no podía respirar”. Trataron de que se recuperara en el Centro de Salud de San
Sebastián. Ahí ya no pudieron hacer nada por ella y los mandaron a Colotlán. La niña falleció en el
rumbo de “Los Amoles”.[Grabación de campo. Diciembre del 2015]
130
lo hacen los antepasados de allá, de ese sitio. Que se debió haber llevado primero a
ese sitio, en cambio se llevó primero a la fiesta Tatei Neixa en un adoratorio ajeno
donde los antepasados no conocían a esa niña. La nueras muestran su confusión, no
entienden y se preguntan cómo pasó, por qué pasó, ‘como nosotros, si nosotros, tal vez
[los antepasados] no son como nosotros’. Nosotros debemos esperar a alguien que nos
presente ¿no? ¿Por qué son así los kakaɨyarixi?”.
131
el lugar primigenio es la figura de Takutsi Nakawe.... Sus propiedades son, la de ser
una matriz representativa a manera de tierra que da vida y la quita, siendo el agua y
sus derivados los elementos que la asocian. Pero el inframundo comandado por
Nakawe (la parte monstruosa de la madre crecimiento) se caracteriza por personajes
que suelen ser transgresores del orden establecido y tener una personalidad
trastornada por los excesos sexuales. … Pero también las diosas de la fertilidad
aparecen bajo la forma de Takutsi Nakawe” (Gutiérrez, 2010, pág. 115), (Gutiérrez,
2010, pág. 63).
La siguiente ocasión en que volví a ver a los integrantes del rancho fue en
Wirikuta. El anciano llevó a 8 iniciantes: los hijos jóvenes del anciano, sus nueras y una
hija soltera. Entre los hijos estuvo la pareja que perdió a la niña en la fiesta del Tatei
Neixa. Aunque el anciano asiente que en el rancho parental está su xiriki de Tatei
Niwetsika e invita a que su familia cumpla con sus compromisos ceremoniales y estén
contentos y muy alegres, todavía “hay muchas salidas” no resueltas. Pensativo
reflexiona sobre sus nueras ¿dónde están sus xirikite donde ellas fueron presentadas y
132
de donde son originarias sus madres? Por eso hay mucha enfermedad. Ellas tendrían
que hacer fiesta también en esos adoratorios (para que ramifique la kirikuxa). Entonces
independientemente de la herencia del maíz, también tendrían que regresar a sus
xirikite de su lugar de nacimiento.
133
Conclusiones
134
propulsor del fuego para la formación del mundo; la figura de Yumu’utame (“sus
cabezas”), como ancestros de mayor rango en el rancho es el diplomático cósmico
quien negocia con Takutsi Nakawe y Tatei Niwetsika la sobrevivencia de los que están
enfermos; el anciano del rancho como “cabeza de familia” extensa es otro diplomático
cósmico ante los antepasados; las cabezas de piel de venado que se concentran
adentro de los adoratorios son Takutsi Maxakwaxi, (bisabuelo cola de venado); destaca
la cabeza de cristo “que tiene cuernos” –es decir, plumas de poder (muwieri)— y
dialoga con los otros antepasados en el adoratorio; “el polvo de Kuruxi Tiki es tan
poderoso que si el antepasado te desconoce, te duele la cabeza”; sólo una persona
que no tiene pecado (hakeri), como un menor de edad debajo de 5 años las puede
tomar las pieles de cabeza de venado; a través del kɨpuri entra la enfermedad y se cura
poniendo cinco gotas sobre la tierra en forma de quincunce, arriba del cerro[que así
funge como una cabeza geográfica].
La diosa madre del maíz y la diosa madre de la tierra tienen sus propias
territorialidades. Si los wixaritari no cumplen con sus obligaciones ceremoniales como
regresar el maíz del teiyari, entonces se transforma de “madre” en una entidad que
135
toma sus propias presas, las cuales son las mujeres y los niños y la guía de las
calabazas los hace regresar al “ombligo materno”. Se puede decir que la “guía de las
calabazas” es una variación de un árbol cósmico que tiene características y brotes
rizomáticos propios dados a través del mito, la exégesis y las acciones rituales de los
habitantes del rancho.
136
en el tronco sin perjuicio de hacer que sirvan para nuevos usos extraños” (Deleuze &
Guattari, 1980, pág. 20).
Aunque el argumento de Liffman sobre el Nanayari no se enmarca dentro de la
posición mesoamericanista y su trabajo de campo gira en torno a la ranchería y la
ideología del territorio y tomando en cuenta las divinidades ancestrales que controlan el
paisaje, su planteamiento no se divorcia de esta posición, sino que la ve desde otra
perspectiva. En cuanto al sistema jerárquico, dice que: adoratorio-templo-sitio sagrado
constituye una serie anidada de unidades territoriales heterogéneas.
Consecuentemente desde la perspectiva del tukipa su territorio es una red de hogares
xiriki y lugares sagrados que se traslapan. Así muchas familias extensas realizan
ceremonias colectivas y desempeñan cargos que reproducen la raíz familiar en un nivel
más englobador, pero reglas matrimoniales flexibles implican que una ranchería puede
pertenecer a múltiples tukite (Liffman, 2012, pág. 138). Esto no quiere decir que el
sistema jerárquico siempre descanse en los tukipa, ya que para el caso del rancho
parental, visto desde otra perspectiva, la jerarquía de las divinidades que habitan en el
xiriki parental pesa más en la temporalidad que compete al ámbito de lo “parental” e
imperan los ancestros de los familiares muertos, así como divinidades “exclusivas” de
ciertos adoratorios. Si bien es cierto hay Diosa Madre del Maíz y la Diosa Madre de la
Tierra y la Madre Crecimiento en todo el territorio, estas divinidades conocen quienes
son los que protegen éste o aquel coamil, o bien los adoratorios y los maíces que
heredaron a las familias. Se desprende que el sistema dendrítico de Liffman se
complementa con la propuesta de Deleuze. Entonces el territorio temporal del rancho
parental sufre un desplazamiento jerárquico y en esta ocasión descansa en los xirikite
bajo una lógica de: manantial-fuego-xiriki-tukipa-xiriki-tukipa-sitio sagrado- xiriki, con
diversas variaciones de acuerdo a “la guía” pero, concluyendo en un adoratorio y no en
un centro ceremonial como se podría inferir a través de la literatura antropológica sobre
el tema. Es decir, los peregrinos del rancho parental recorren “la guía de las calabazas”
y van en búsqueda de su Niwetsika (Madre Maíz).
El territorio wixarika del rancho no está dado por sí sólo sino que la asimetría
negativa de los antepasados promueve la reterritorialización y emergen nuevas
137
historias de temporalidad y territorialidad. La articulación del espacio regional puede
desarticularse pues las dendritas pueden no provenir del fuego de un gran templo, sino
ser un espacio intermedio para llegar a un adoratorio parental o bien podemos solo ver
en el tukipa, los lugares sagrados o los ranchos parentales los frutos o las ramas, sin
advertir que esas ramas pudieran haber formado raizomas; que el sistema de
asentamiento de esas rancherías o las largas travesías cuentan con narraciones
colectivas desconocidas en las cuales se conmocionan los opuestos complementarios y
asimétricos.
Otra línea abierta que retomo de los comentarios a esta tesis por parte de la
doctora Neyra Alvarado es si: “¿nos encontramos con nociones comunes temporo-
espaciales como resultado de actitudes, concepciones y prácticas de poblaciones que
habitan una extensa región en la Sierra madre occidental y los desiertos del norte de
México?”.
138
ANEXO FOTOGRÁFICO
139
140
141
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Glosario de palabras wixaritari
148
Hayuama agua azul
hauri gran jícara con velas de todas las familias
hikuri peyote (Lophophora williamsii)
hewixi gigantes, vivían en la oscuridad
kakaɨyari antepasado
kakaiyarixi antepasados
katira vela
kaxetuni carretones o cuexcomates circulares o cuadrados de otate y
madera
Kiekari territorio cultural
Kieri las flores nocturnas de los wixaritari
kieta el lugar del rancho kie = rancho; -ta = lugar
Kirikuxata lugar sagrado de la guía de las calabazas
Kipaima que sabe del cabello [de maíz]
Kuruxitɨki polvo que cae-de cruz
Kwietsanariya sistema de roturación o de tiro (Robles, 1995)
maiwe, maiweme lugar donde hay que abstenerse pues es sagrado. [También es
maiwe no marcar bien las mojoneras de donde empieza y termina
la palabra del otro
Matsiwima1 que sabe que es brazalete, es una persona mujer-fríjol
mara’akame (kate) especialista ritual, chamán, (plural)
Makuhekɨa Se ve claro alrededor o “El Mirador”
Maxakwaxi el venado cola blanca
Mukatuxa Tierra Blanca
Muwieri katanakatsie lugar sagrado ubicado al sur, (las varitas emplumadas de los
antepasados)
neteukari mi abuelo/nieto, un término recíproco) (Manzanares Monter, 2009)
nekutsi mi abuela (Manzanares Monter, 2009)
netutsi mi bisabuelo/bisnieto o todos los demás parientes de estas
generaciones) Asimismo los parientes de tercera generación
ascendente y descendente: (Manzanares Monter, 2009)
newaru como le dicen a las abuelas en el rancho.
Nanayari raíz (raíces, enredaderas, lianas-arraigo (Liffman, 2012))
149
Nanayari Tatewari” la raíz de Nuestro Abuelo fuego
nierika) visión
nuiwari la proliferación y el crecimiento maternos
nunutsi niño
Parikata dios de la caza del venado
Paritekɨa en lo alto del Cerro Quemado,
Reu’unax el lugar de nacimiento del sol en Wirikuta
takwa patio
Takutsi Nuestra Abuela
Takutsi Nakawe Tiene varias denominaciones como la formadora del mundo o la
abuela en crecimiento, entre otros
Tamatsi Kauyumarie el venado azul
Tamatsi Teiwari Yuawi Nuestro Hermano Mayor el Mestizo Azul Oscuro. (Neurath,
2013)
Tatei Niwetsika Nuestra madre del Maíz
Tamatsi Paritsika Nuestro hermano el Venado”
Tananama dioses que habitan en el cielo
Tatakwari nuestro patio
Tatata Nuestro padre, el Sol
Tateima las madres
Tatewari Nuestro abuelo [del Fuego]
Tatei Niwetsika teiyari que vive “Nuestra madre maíz
Tatei Mawarixa Fiesta de las Calabazas, ofrenda para nuestra madre.
Tatei Neixa: “la danza de nuestra madre”, también: “fiesta del elote o del tambor”
o Wima Kwaxi” (Pacheco, 2016)
Tatei Niwetsika Wayeyani “Nuestra Madre va a empezar a ser
Tatei Tairawime, Nuestra Madre maíz morado
Tatei Taxaiwime Nuestra madre maíz amarillo
Tatei Tsiwime Nuestra Madre maíz pintito
Tatei Turixikita diosa de la concepción y del nacimiento. (Lumholtz, 1986)
150
Tatei Tuxame Nuestra Madre maíz blanco
Tatei Werika ’iimari la Virgen de Guadalupe, águila real, diosa de la vida y de la muerte
Tatei Xapawiyeme Nuestra Madre del sur
Tatei Yiwime Nuestra Madre maíz negro, la “mayor” variedad de maíz y por tanto
la más importante para el rancho.
Tatei Yurienaka Diosa Madre de la Tierra
Tatuwani gobernador tradicional
Tayaupa Nuestro padre el Sol
Tawewiekame nuestro padre el sol
Teiwarixi foráneos
teiyari [madredad] decir teiyari,[“madredad”1] es polisémico, hacer
diversas acciones ceremoniales en distintas espacialidades y
temporalidades
tejuino maíz fermentado
tepari (piedra circular). matriz del mundo, (Faba, 2013)
teparixa enfermedad del tepari”
Teekata Tatewari (Nuestro abuelo [del fuego] fue encontrado por vez
primera. Lugar sagrado cercano a Tuapurie.
tewari abuelo
timawamete los que traen la ofrenda
Tsiikakame “es poco dulce” o es “caja dulce” como calabaza-hombre
Tsiikama “que sabe que es duro y dulce”, como la mujer Matsiwa
(“brazalete”) de Kauyumarie (deidad venado) como el frijol-hombre
Tsikiri cruces romboides
Tsikirimuka ubicado al norte (el aire, “Ojo de dios asentado”)
tukaripa cuando/donde es la luz
tumari maíz molido
Tumuxawi hombre-venado
tunuarita se relaciona con “el lugar del amanecer”
tsamuri contenedor ceremonial circular de palma tejida con maíz molido,
chocolate con galletas de animalitos y tortillitas
tukari el día
151
Tukipa conjunto ceremonial que integra un templo redondo con adoratorios
de dimensiones menores y de techo de dos aguas, también
contiene un patio ceremonial
tunuari reunión
tɨkari la oscuridad
Tikimarikatsie lugar sagrado al norte
tɨkaripa cuando/donde es la oscuridad
tixueku o tepu tambor
tɨtahɨri “se extingue en la sierra”
Wapi pedúnculo y tapa donde se sostiene la calabaza con el tallo-fuego
Watakame primer sembrador de semillas
Wawatsari el “cazador tigre” que quedó a la derecha (del abuelo fuego) [al sur]
Wika’etsiya sistema de coa o sistema de roza, tumba y quema, (Robles, 1995)
Wirikuta el territorio ancestral en el desierto de San Luis Potosí visitado por
hikuritamete, que representan los tukipa de la Sierra; el área
oficialmente reconocida rebasa 120 000 hectáreas (Liffman, 2012)
Wixaritari huicholes, plural
Xapawiyeme “Diosa Madre del Sur”, Nuestra madre de la lluvia en el lago de
Chapala
xikuri paño de la cabeza
Xitaimakatsie
Xitaimakatsie la mamá del maíz tierno adentro. lugar sagrado situado hacia el
occidente (mamá del maíz o abuela del maíz) y tiene como su
equivalente Haramara (nuestra madre del mar en San Blas, Nayarit
xiriki adoratorio
xirikite adoratorios, plural
xukuri’ikate “jicareros”
Xurawe Estrella
xutsi calabaza
Yɨwawitari “La lluvia ‘negra’”
152
yuame maíz negro
yumari chocolate molido
Yumu’ukame yu = posesivo 3ª persona; mu’u = cabeza; kame = persona-agente:
su cabeza de familia]
Yumu’utame “sus cabeza-personas”
153
154