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Jurisprudencia: Comiso de Vehículos

El documento presenta un resumen de jurisprudencia sobre el tema del comiso de vehículos. En particular, destaca dos puntos: 1) La necesidad de demostrar que un tercero adquirió un vehículo de buena fe. 2) La imposibilidad de decretar el comiso de un vehículo cuando la persona que lo posee lo hizo de buena fe. El documento incluye extractos de sentencias que ilustran estos dos puntos.
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Jurisprudencia: Comiso de Vehículos

El documento presenta un resumen de jurisprudencia sobre el tema del comiso de vehículos. En particular, destaca dos puntos: 1) La necesidad de demostrar que un tercero adquirió un vehículo de buena fe. 2) La imposibilidad de decretar el comiso de un vehículo cuando la persona que lo posee lo hizo de buena fe. El documento incluye extractos de sentencias que ilustran estos dos puntos.
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INFORME DE INVESTIGACIÓN CIJUL

TEMA: JURISPRUDENCIA SOBRE COMISO DE VEHÍCULOS

RESUMEN: En el presente informe se recopila las sentencias más


relevantes referidas al tema de devolución de vehículos que se
encuentran en propiedad de terceros que los adquieren de buena fe
y la imposibilidad de decretar el comiso.

Índice de contenido
1 JURISPRUDENCIA......................................................................................................................1
a) Sobre la necesaria demostración de la buena fe........................................................................1
b) Imposibilidad de decretar el comiso cuando la persona ha actuado de buena fe......................23

1 JURISPRUDENCIA

a) Sobre la necesaria demostración de la buena fe.

[SALA PRIMERA]1

Exp: 05-000195-0164-CI
RES: 000212-F-S1-2008
SALA PRIMERA DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA . San José, a las
ocho horas quince minutos del veinticinco de marzo de dos mil
ocho.

Proceso ordinario establecido en el Juzgado Civil de Mayor Cuantía

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del Segundo Circuito Judicial de San José, por HENRY HERNÁNDEZ


VEGA, operador de montacargas; contra SOCIEDAD ANÓNIMA DE
VEHÍCULOS AUTOMOTORES (SAVA) , representada por su apoderado
generalísimo sin límite de suma, Demetrio Pérez Góngora,
empresario. Figuran además, como apoderados especiales judiciales
de la sociedad demandada, los licenciados Óscar Bejarano Coto,
Sylvia Bejarano Ramírez y Ronald Brealey Mora. Las personas
físicas son mayores de edad, casados, vecinos de San José y con
las salvedades hechas, abogados.

RESULTANDO

1.- Con base en los hechos que expuso y disposiciones legales que
citó, la actora estableció demanda ordinaria, cuya cuantía se fijó
en la suma de dos millones de colones, a fin de que en sentencia
se declare: " A.-) La nulidad del contrato de compraventa, del
vehículo, que consta en la escritura pública número veintinueve,
otorgada ante los notarios CARLOS ROBERTO LOPEZ (sic) MADRIGAL Y
RONALD BREALEY MORA, otorgada a las once horas treinta minutos del
veintiuno de abril del año dos mil tres, por existir un vicio, en
un elemento fundamental, cual es, la identificación del objeto,
mismo que, de haber sido conocido por el suscrito, nunca hubiera
realizado el negocio jurídico de la compra antes mencionada.
Debiendo ordenar al Registro Público, que reinscriba el vehículo a
nombre de su antigua propietaria, dejando sin ningún valor ni
efecto, el asiento mediante el cual se registró el traspaso a mi
favor. B.- (sic) Como consecuencia de dicha anulación, debe
condenarse a la Demandada (sic) a: 1) Pago de la suma de un
millón quinientos mil colones, que recibió como precio de venta,
según se indica en la escritura pública precitada. 2) Al pago de
los daños y perjuicios ocasionados, y que desgloso así: I.-) El
tiempo que he invertido en investigación, obtención de documentos,
tiempo extra que he tenido que sacar de mi trabajo, para consultas
con abogados, la suma de QUINIENTOS MIL COLONES. II) Al pago de
los honorarios profesionales que debo cubrir, y los gastos del
proceso, con motivo de la asesoría en la tramitación del juicio
expediente número 04-016522-042-PE, que se lleva a cabo ante la
Fiscalía especializada en Robo de Vehículos, en el cual se me citó
como Imputado (sic), por los mismos hechos referidos en esta
demanda; honorarios que liquidaré oportunamente, en el momento en
que realice la erogación correspondiente, prueba que dejo ofrecida
desde ahora. III.-) Que debe pagar las costas personales y
procesales de este juicio. El daño moral que se me ha irrogado,
lo defino de la siguiente forma: La (sic) pérdida de tranquilidad

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familiar, la zozobra y vergüenza que implica una acusación penal,


incluso con las visitas del (sic) los Agentes (sic) del OIJ, a la
propia casa, todo ello lo estimo en al (sic) suma de DOS MILLONES
DE COLONES. IV.-) El lucro cesante, que implica el no uso del
vehículo, durante todo el tiempo en que se me ha privado uso y
disfrute del mismo, y hasta el momento en que se haga efectiva la
devoluación de la suma de dinero pagada como precio de compra.
V.-) Los intereses al tipo vigente en el Banco Nacional de Costa
Rica, sobre los certificados a plazo en colones, sobre la suma de
UN MILLON (sic) QUINIENTOS MIL COLONES, -monto del precio de
venta- a partir del día veintiuno de abril del año dos mil tres, y
hasta el efectivo pago de la condenatoria. ”

2.- El representante de la sociedad demandada contestó


negativamente y opuso las defensas de falta de legitimación ad
causam activa y pasiva, falta de causa lícita, falta de Derecho y
prescripción.

3.- La Juez Jeannette Ruiz Herradora, en sentencia no. 1507 JR-


2006 de las 8 horas 50 minutos del 04 de abril de 2006, resolvió:
"Se rechazan las excepciones de prescripción, Falta de
Legitimación activa y pasiva, Falta de Derecho y Falta de Causa
Lícita. Se declara parcialmente con lugar la demanda Ordinaria de
HENRY HERNÁNDEZ VEGA contra SOCIEDAD ANÓNIMA DE VEHÍCULOS
AUTOMOTORES (SAVA) (sic) En consencuencia, se anula la escritura
de compraventa número Veintinueve - Uno (sic) otorgada ante los
Notarios Carlos Roberto López Madrigal y Ronald Braley (sic) Mora,
de las once horas treinta minutos del veintiuno de abril del dos
mil tres, inscrita al Tomo Once (sic), Asiento: (sic) Setenta y
seis mil ochocientos cincuenta y cuatro (sic) Secuencia Cero Cero
Uno ( (sic) ver certificaciones de folios 1, 2, 3 a 5). Se ordena
a la demandada la devolución del precio pagado por el actor, y se
retrotraen lógicamente los efectos registrales de dicha escritura.
no (sic) siendo posible por las circunstancias particulares de
este caso pedir al actor que devuelva el bien pues como se dijo el
mismo fue decomisado y está en posesión del actor. Se rechazan
los extremos correspondientes al tiempo invertido y las consultas
a abogados, el pago de honorarios del proceso penal, el lucro
cesante. Se acoge el Daño Moral solicitado en la suma prudencial
de Setecientos Cincuenta Mil Colones (sic). Se otorga el pago de
intereses a la tasa legal de conformidad con el artículo 497 de
(sic) Código de Comercio, pero a partir de la sentencia y hasta su
efectivo pago, sobre Un Millón Quinientos Mil Colones (sic). Se
condena a la entidad demandada al pago de ambas costas de este

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proceso.”

6.- El representante de la sociedad demandada apeló; y el Tribunal


Segundo Civil, Sección Extraordinaria, integrado por los Jueces
Laura María León Orozco, Yanina Saborío Valverde y Patricia Molina
Escobar, en sentencia no. 011 de las 10 horas del 30 de enero de
2007, dispuso: "En lo que fue objeto de recurso, se modifica el
fallo recurrido para establecer la indemnización del daño moral en
la suma de un millón de colones y se confirma en los demás
extremos."

7.- El representante de la parte demandada, formula recurso de


casación por razones de fondo. Alega violación de los artículos
451, 452, 693, 702, 1082 del Código Civil; 221, 222, 317, 330, 370
del Código Procesal Civil; 450, 452, 457 del Código de Comercio.

8.- En los procedimientos ante esta Sala se han observado las


prescripciones de ley. Intervienen en la decisión de este asunto
el Magistrado Suplente José Rodolfo León Díaz.

Redacta el Magistrado González Camacho

CONSIDERANDO

I.- En lo esencial, el actor, Henry Hernández Vega, narra en su


demanda que compró a la accionada, Sociedad Anónima de Vehículos
Automotores (en adelante SAVA), el automóvil placas 223358, en
abril del 2003. Señala que encontró el vehículo en un local
comercial de un tercero y, cuando decidió comprarlo, éste último
lo refirió a la demandada, quien era su dueña. Por el automotor,
asevera, canceló el precio de ₡1.500.000,00, más la suma de
₡65.000,00 por concepto de gastos de inscripción y emolumentos
notariales. Dichos pagos, se indica, fueron realizados en las
oficinas de SAVA. El automóvil fue entregado libre de gravámenes y
con la revisión técnica de RITEVE al día. En septiembre de ese
mismo año, llevó el vehículo a esa revisión, por corresponderle
según sus placas, sin que se le indicara anomalía alguna, mecánica
o de identificación. Empero, al año siguiente, el 20 de agosto de
2004 volvió a presentar el automotor en el plantel de RITEVE,
donde se le manifestó que presentaba una falta grave, al
constatarse alterados los números de motor y de chasis. El

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demandante afirma que acudió al Organismo de Investigación


Judicial, (OIJ en lo sucesivo), por advertencia de RITEVE, donde
se le decomisó el automóvil, el cual se le entregó posteriormente
de manera provisional en calidad de depositario judicial. Además,
fue citado a declarar como imputado en una causa penal abierta, a
raíz de lo sucedido, por la Fiscalía Especializada en Sustracción
de Vehículos, donde, en el transcurso del actual proceso civil,
fue sobreseído de manera definitiva. Con base en lo anterior, el
señor Hernández Vega solicitó que se declare con lugar su demanda
y se disponga la nulidad del contrato de compraventa, en virtud de
los vicios redhibitorios del vehículo comprado, la devolución del
precio cancelado, ser indemnizado por los daños y perjuicios
sufridos, así como el pago de intereses legales sobre las sumas
que se dispongan. No pidió condenatoria en costas. SAVA contestó
negativamente y opuso las excepciones de falta de legitimación ad
causam activa y pasiva, falta de causa lícita, falta de derecho y
prescripción. En el fallo de primera instancia se rechazaron las
excepciones y se declaró con lugar la demanda sólo en lo atinente
a la nulidad del convenio y al pago de daño moral, que se fijó en
¢750.000,00. Se le impusieron a la demandada la cancelación de las
costas procesales y personales de la lite. Se rechazaron los
extremos correspondientes al tiempo invertido y las consultas a
abogados, el pago de honorarios del proceso penal y el lucro
cesante. En la sentencia de alzada, ante apelación de SAVA, a la
cual se adhirió el señor Hernández Vega, se confirmó lo resuelto
por el A quo, salvo en lo relativo al daño moral, que se
cuantificó en ¢1.000.000,00. Impugna en casación la parte
accionada.

II.- La recurrente aduce cargos concernientes al fondo de lo


resuelto. Primero , acusa infringido el artículo 702 del Código
Civil por falta de aplicación. En su criterio, se inobservó el
principio de causalidad de la culpa dispuesto en aquella norma,
con base en el cual, solo es responsable el deudor que falte al
cumplimiento de sus obligaciones con el acreedor, si tal conducta
provoca menoscabos patrimoniales. Cita jurisprudencia de esta Sala
en ese sentido. En este caso, asevera, fue comprobado que realizó
el traspaso a la luz de la información suministrada por el
Registro Público, lo cual elimina su culpabilidad en lo acaecido
y, añade, esta no puede existir de modo objetivo en el proceso.
Segundo , reprocha vulnerado el ordinal 1082 del Código Civil, por
haber sido interpretado de forma errónea y aplicado de manera
indebida. La sentencia, estima, acogió la nulidad del negocio
jurídico celebrado a raíz de la presencia de vicios ocultos,
consistentes en el motor alterado, pero sin prueba de que ella

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hubiera llevado a cabo tal modificación. Cita jurisprudencia sobre


las condiciones necesarias para la invalidez de un contrato por
vicios redhibitorios, considerando que este, como uno de sus
efectos, debe eliminar el consentimiento. Insiste en buscar amparo
en la información registral y el marchamo que RITEVE otorgó al
automotor, tanto la anterior revisión al contrato como, meses
después, en la siguiente inspección. El actor, asegura, pudo
probar la cosa, verla, estudiarla, examinar el vehículo e,
incluso, revisar por sí el número de su motor. Lo mismo, asevera,
debió realizar RITEVE al conceder dos marchamos consecutivos. Si
ambas conductas se omitieron, afirma, no se le puede achacar a la
vendedora lo acaecido en este caso. Sostiene que el vicio no era
tan oculto y el error es imputable al demandante. Lo único
comprobado en la lite, opina, es que el automóvil fue traspasado
con idéntica numeración a la inscrita en el Registro pertinente.
De ello, dice, se colige su inocencia, sin que se le pueda
responsabilizar civilmente por lo acontecido. Tercero , arguye
violado el precepto 450 del Código de Comercio por falta de
aplicación y por haber sido interpretado de manera incorrecta. En
su parecer, la compraventa celebrada es de índole mercantil y, por
ende, conforme a la norma legal invocada, el comprador no puede
pedir que se repita lo pago, en virtud de vicio de calidad o de
cantidad. Además, manifiesta, el vehículo estuvo dos años en poder
y pleno disfrute del actor, pasando, incluso, por una revisión
técnica de RITEVE sin presentar anomalía. Si el señor Hernández
Vega no apreció defecto alguno, alega, es su culpa y no puede
atribuírsela a ella. Por último, al tratarse de una relación
mercantil, el Código Civil no puede ser empleado para dirimir el
punto, ante el carácter especial del Código de Comercio. Cuarto ,
recrimina conculcado el numeral 452 del Código de Comercio por no
haber sido utilizado al fallar en este litigio. Estima que la
garantía de un producto vendido es de 30 días, una vez el
comprador note el defecto, y existe un procedimiento en el párrafo
segundo de esa norma, en vía de jurisdicción voluntaria, para
sustituir la cosa, si fuera lo procedente. Nada de esto hizo el
actor, asegura, perdiendo así su derecho de garantía sobre el
automóvil mencionado. Quinto , reclama infringido el canon 457 del
Código de Comercio por falta de aplicación. Aduce que si el
Tribunal resolvió que hubo un vicio oculto apto para anular la
compraventa y obligarla a devolver el precio pagado, debió aplicar
dicha norma, cual es una condición de equidad, a fin de rebajar de
tal monto el uso del bien mueble durante la vigencia del contrato
y el deterioro sufrido. La considera una condición inherente a los
vicios redhibitorios y no requiere solicitarse en contrademanda
para ser concedida. Sexto , denuncia violentado el artículo 693
del Código Civil por aplicación indebida. Estima que el

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resarcimiento por daño moral tiene su asidero en ese precepto.


Cita jurisprudencia de 1990, emitida por esta Sala, en ese
sentido. De ella, opina, se desprende que solo puede haber
condenatoria al pago de daño moral si se demuestra la culpa del
responsable del menoscabo. Repite que la venta se hizo según la
información registral vigente en aquel momento y ambas partes no
sabían que el número de motor había sido alterado ni tuvieron
participación en ello. Insiste en la inexistencia de probanza
alguna sobre su culpa en lo ocurrido y, sostiene, sin culpa no se
le puede ordenar que repare el daño moral. Cita doctrina francesa
de la primera mitad del siglo XX sobre el daño moral, acerca de la
necesidad de que la víctima demuestre la culpabilidad del autor
del daño, si pretende que este le sea le indemnizado. Añade que,
en su criterio, no existe daño moral objetivo, es decir, derivado
de responsabilidad objetiva. En consecuencia, apunta, no se le
pude achacar obligación por el proceso penal sufrido por el señor
Hernández Vega, ya que no tuvo culpa en los hechos que lo
desencadenaron. Séptimo , reprocha vulnerados los ordinales 451 y
452 del Código Civil por no haber sido utilizados para fallar este
asunto. El canon 451 citado, considera, garantiza las
inscripciones llevadas a cabo en el Registro Público, las cuales
sirven de garantía a terceros, en conjunto con el precepto 452
mencionado, cuando realizan algún negocio jurídico sobre un bien
registrado, a fin de constituir un derecho real sobre este. En
este asunto, repite, se vendió al amparo del Registro y, por ende,
hubo buena fe de su parte, la cual se presume y en el proceso no
existió elemento demostrativo que la contrariara. Invoca
jurisprudencia de esta Sala sobre los efectos de la inscripción
registral. Octavo , argumenta conculcado el numeral 370 del Código
Procesal Civil, al interpretarse y aplicarse de modo equívoco.
Afirma que se inobservó el documento que sirvió de sustento al
hecho probado h), cual es una certificación registral histórica
del automotor. De esta, sostiene, no se colige su culpa en lo
ocurrido sino que vendió al tenor de lo que estaba inscrito. La
condena en su contra, estima, se basó tan solo en dicha probanza.
Noveno , arguye violado el artículo 330 del Código Procesal Civil.
Extracta el hecho probado identificado como f), donde se indica
que los números alterados coinciden con los inscritos en el
Registro. El Tribunal, acusa, cometió un grave error de derecho
fundado en la prueba que dio sustento a tal hecho probado, así
como los hechos séptimo y octavo de la demanda, folios 41 y 42,
certificación de folios 12 a 39, “…porque en primer término los
hechos de la demanda aunque son confesión judicial del actor per
se no prueban a su favor, y al estar negados por la demandada en
la contestación de la demanda, con mucho (sic) mayor razón, y en
segundo término, de la certificación mencionada, que es el proceso

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penal en el cual se comprobó alteración material en el número del


motor del vehículo, no se desprende CULPA O RESPONSABILIDAD
SUBJETIVA de la parte demanda en esa alteración…” Por
consiguiente, añade, esa prueba documental se apreció mal,
conculcando las reglas de la sana crítica racional. Cita doctrina
procesal uruguaya al respecto. Aduce que no es suficiente
demostrar que hubo un vicio oculto para que, de manera automática,
se le tenga por su responsable, siendo imprescindible comprobar su
culpa. Décimo , afirma que se vulneró el numeral 317 del Código
Procesal Civil, por falta de aplicación, pues ahí se dispone el
onus probandi, es decir, qué corresponde demostrar a cada
litigante en el proceso. En ese sentido, adiciona, le incumbía al
actor probar que ella fue culpable de la alteración del número de
motor, lo cual no hizo. Reprocha a la sentencia tener una
presunción de culpabilidad, cuando más bien la inocencia se
presume y quien demanda contra ella debe probar en qué fundamenta
su pretensión. Décimo primero , alega infringidos los cánones 221
y 222 del Código Procesal Civil, por uso indebido y falta de
empleo en el proceso, respectivamente. Opina que tales normas
permiten exonerar el pago de costas a quien haya litigado con
evidente buena fe, lo cual considera aplica a su caso, pues al
vender confió en RITEVE y en el Registro, por lo que su conducta
negocial fue proba. Así, asegura, se le debe exonerar del pago de
ambas costas.

III.- El artículo 598, párrafo segundo, del Código Procesal Civil


establece: “No podrá interponer el recurso quien no hubiere sido
apelante ni adherente, respecto a la sentencia de primera
instancia, cuando la del tribunal superior sea exclusivamente
confirmatoria de aquélla”. Al mismo tiempo, el precepto 608 ibídem
dispone: “No podrán ser objeto del recurso de casación cuestiones
que no hayan sido propuestas ni debatidas oportunamente por los
litigantes. La sentencia que se dicte no podrá abrazar otros
puntos que no sean los que hubieren sido objeto del recurso.” De
ambas normas se deriva que quien acuda a este medio de
impugnación, no podrá introducir temas distintos a los debatidos a
lo largo del proceso. En otras palabras, está vedada la
posibilidad de discutir puntos que no fueron objeto de
conocimiento ante el Ad quem, por no haber sido incluidos en el
recurso de apelación, en virtud del principio dispositivo cuando
el fallo del Tribunal es confirmatorio.

IV.- En este asunto, el recurso de apelación interpuesto por SAVA,


contra la sentencia del A quo, según luce a folio 118, limitó su

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reclamo a tres aspectos. Primero, estimó no demostrada su calidad


de parte en el contrato de compraventa, pues en aquel momento
sostenía no haber celebrado el convenio, sino que este lo había
realizado un tercero. En tal sentido, criticaba al Inferior por no
dar valor determinante a las declaraciones de dos testigos. En
segundo lugar, manifestó que nunca se logró determinar su
culpabilidad en lo sucedido. Asimismo, que no hubo vicios
redhibitorios, pues al momento de la venta no se presentó problema
alguno. Hizo referencia a las revisiones técnicas hechas por
RITEVE para otorgar los marchamos correspondientes a 2002 y 2003.
Por último, aludió al rechazo de la prescripción opuesta, la cual
fundamentó en el ordinal 450 del Código de Comercio. Ante ello, la
sentencia del Superior prohijó todos los extremos de lo resuelto
por el Juzgado, sin introducir nuevos temas para el acogimiento en
su decisión. A raíz de lo explicado, existe una serie de cargos
aducidos por la recurrente que han de rechazarse, por tratarse de
puntos novedosos que intenta incorporar en casación.

V.- Un tema que la impugnante reitera con frecuencia en su recurso


es el que concierne a la publicidad registral, en el sentido de
haber realizado la venta al amparo del número de motor que se
encontraba inscrito en aquel momento. Asimismo, sobre este
argumento alega buena fe y refiere a los efectos de las
inscripciones registrales. Empero, dicha materia nunca fue objeto
de debate ni la parte demandada la adujo en estadio procesal
anterior, ya sea primera instancia o alzada. Por ese motivo, ahora
no puede venir a discutirla en esta sede. En consecuencia, se
denegará el reparo séptimo, donde acusó infringidos los numerales
451 y 452 del Código Civil, respecto a las consecuencias
producidas por dichas inscripciones. Luego, en el cargo primero,
se rechazará lo argumentado por SAVA sobre haber vendido el
automóvil según la información registral vigente en el momento,
como causa eximente de su responsabilidad civil en lo ocurrido;
por ende, el análisis del agravio se limitará a los temas que
conciernen a no haber participado en la alteración del número de
motor y a la existencia de responsabilidad objetiva. De idéntica
forma acontecerá en el reclamo segundo, donde se prescindirá del
análisis que atañe a la publicidad registral y solo se atenderá lo
que incumbe a los demás fundamentos dados al reparo.

VI.- En el cuarto agravio se sugiere que fue violentado el


artículo 452 del Código de Comercio, específicamente en lo que
corresponde al plazo de caducidad ahí dispuesto. Sin embargo, esa
cuestión nunca fue propuesta de manera anterior por SAVA, ni fue

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discutida en las instancias anteriores del proceso,


constituyéndose en un aspecto desconocido en la lite que no puede
ser introducido en el estadio actual. De ese modo, este reparo se
desestimará.

VII.- Otro tema nuevo que se pretende incorporar al debate en


casación, atañe al supuesto quebranto del precepto 457 del Código
de Comercio. Cuando apeló del fallo del A quo, SAVA nunca aludió a
que se debía aplicar esa rebaja por motivos de equidad. Más bien,
su defensa en aquel momento era desconocer que acordó con el señor
Hernández Vega la venta del automóvil. Por lo tanto, es
improcedente el afán de incluir esa temática como un aspecto a ser
dirimido en casación, lo cual conllevará al rechazo del reproche
quinto.

VIII.- La recurrente criticó la supuesta presencia de tres errores


de derecho cuando las juezas de segunda instancia apreciaron la
certificación registral histórica del automotor placas 223358 y la
del proceso penal incoado contra el señor Hernández Vega. Estimó
que de ambos documentos no se desprende su culpabilidad, lo cual
le lleva a considerar vulnerados las disposiciones 317, 330 y 370
del Código Procesal Civil. Empero, al momento de impugnar la
sentencia del A quo, no hizo mención a tales errores; más aún, ni
siquiera aludió a tales pruebas, limitando sus argumentos a dos
declaraciones testimoniales que fueron evacuadas en el litigio. En
consecuencia, la casacionista no está legitimada para venir a
aducir esa nueva razón para impugnar, no se le puede achacar al
Superior un yerro sobre un punto concreto si este no fue objeto de
la competencia funcional generada al interponerse el recurso de
alzada. Por consiguiente, se denegarán los reparos octavo, noveno
y décimo.

IX.- El reproche que refiere al tema de las costas y la infracción


de los cánones 221 y 222 del Código Procesal Civil tampoco fue
argüido cuando se apeló de la sentencia del inferior, como luce a
folios 118 y siguientes. En otras palabras, pese a haber sido
condenada desde primera instancia, nunca recurrió contra ello. Por
ese motivo, no puede atacar el fallo del Ad quem por haber omitido
tal aspecto. Por esta razón, el reclamo décimo primero se
rechazará.

X.- Una vez determinados aquellos cargos del recurso que son
inoportunos por su carácter novedoso en el proceso, se procede a

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resolver en lo que cabe, el fondo del asunto. En el agravio


tercero aduce el recurrente que se trata de una compraventa
mercantil. Esa afirmación es acertada, pues la demandada es una
sociedad anónima, que ostenta la calidad de comerciante conforme
lo dispone el artículo 5 inciso c) del Código de Comercio y como
tal, los contratos que realice son regidos por la ley mercantil
(numeral 1 del Código de Comercio). Ello no obsta la aplicación
de la ley civil, cuando no exista en el Código de Comercio, ni en
otras leyes mercantiles, disposición concreta que rija determinada
materia o caso (ordinal 2 del Código de Comercio). El Ad quem
avaló esa posición al señalar “ coincide el Tribunal con el
apelante, (…) al revestir la compraventa que operó entre las
partes litigantes, la condición de acto de comercio, porque la
sociedad demandada es comerciante…” (folio 143 vuelto). Ahora
bien, respecto al quebranto del numeral 450 del Código de
Comercio, por falta de aplicación e interpretación errónea por
cuanto estima que si es aplicable al caso, es indispensable acusar
como vulnerados también los preceptos legales que actuó el
Tribunal en su lugar, lo cual no se indica y que corresponde a los
artículos 467 y 984 del citado Código, esa omisión torna el cargo
en informal y obliga a su rechazo. Sin embargo, a mayor
abundamiento de razones, es importante mencionar que el numeral
450 aludido no resulta aplicable como bien lo determinó el
Tribunal. Dispone dicho ordinal “El comprador que al tiempo de
recibir la cosa la examina y prueba a satisfacción, no tendrá
derecho para repetir contra el vendedor alegando vicio o defecto
de cantidad o calidad.- El comprador tendrá derecho a repetir
contra el vendedor por esos motivos, si hubiere recibido la cosa
enfardada o embalada, siempre que dentro de los cinco días
siguientes al de su recibo manifieste por escrito al vendedor o a
su representante, vicio o defecto que proceda de caso fortuito o
fuerza mayor o deterioro por la naturaleza misma de las cosas. El
vendedor podrá exigir que en el acto de la entrega se haga un
reconocimiento en cuanto a calidad y cantidad. Hecho ese
reconocimiento en presencia del comprador o de su encargado de
recibir mercadería, si éstos se dan por satisfechos, no cabrá
ulterior reclamo.- Si los vicios fueren ocultos, el comprador
deberá denunciarlos por escrito al vendedor o su representante,
dentro de los diez días a partir de la entrega, salvo pacto en
contrario.- La acción judicial prescribirá en tres meses contados
desde la entrega.” En efecto, lo señalado en tal precepto atañe a
aspectos cuantitativos o cualitativos del bien vendido, sean estos
aparentes u ocultos. Por ejemplo, se negocia un número determinado
de productos y se entrega otro, o bien, que al darse la tradición
se aprecie que los bienes no tienen las características
convenidas. En este asunto, el vicio es diverso. El automóvil fue

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adquirido por el actor y cumplió su función como medio de


transporte. Lo que combate el señor Hernández Vega es que hubo un
vicio, de carácter oculto, que le impide tener el vehículo, pues
este fue alterado en los códigos que lo identifican, de una manera
ilícita. En ese tanto, lo que se discute no refiere a lo
cualitativo o cuantitativo del bien, sino la necesidad de que el
vendedor proceda al saneamiento, es decir, que realice todos los
actos necesarios para garantizar al comprador el disfrute del bien
traspasado, es decir libre de vicios ocultos, o bien, de
turbaciones en la posesión por causas anteriores a la compraventa.
En ese sentido, bien hizo el Ad quem al acudir al numeral 467 del
Código de Comercio, en cuanto establece la obligación del
saneamiento, la cual impone al garante la obligación de restituir
el precio y/o reparar los daños y perjuicios causados según
corresponda. Por ende, lejos de quebranto legal, existe una
correcta y debida aplicación de la norma jurídica mercantil.

XI.- La responsabilidad patrimonial es aquella obligación que se


impone a un sujeto de indemnizar a otro, cuando ha provocado un
menoscabo o una lesión en la situación jurídica del segundo, o
bien, de la que este último es partícipe en condiciones similares
a las de otros. Dicho deber de reparación surgirá si la conducta
del autor del daño encaja dentro de los supuestos establecidos por
el Ordenamiento Jurídico para atribuirlo. Tales factores de
atribución pueden ser de carácter subjetivo u objetivo, como se
analizará más adelante, según las circunstancias propias de la
lesión en el peculio o en la personalidad que ha de resarcirse. El
sistema de responsabilidad obligacional costarricense se sustenta
en el artículo 41 de la Constitución Política, cuyo texto indica:
“Ocurriendo a las leyes, todos han de encontrar reparación para
las injurias o daños que hayan recibido en su persona, propiedad o
intereses morales.” De este texto se colige la salvaguarda, como
garantía básica de todas las personas de la República, de tener la
aptitud para ser indemnizados si sufren un quebranto en su
patrimonio o en su persona, que repercuta en su ámbito material o
moral. Así, sobre esta materia la norma fundamental, no tiene como
norte principal perseguir, en lo civil, a quienes cometan un daño,
sino proteger siempre a quien lo haya sufrido. Es decir, la
Constitución Política, en el ámbito del resarcimiento pecuniario,
no busca cumplir una función punitiva o preventiva, sino
constituirse en una garantía de preservar lo que en doctrina se
denomina Derecho de Daños: el derecho de la víctima a que su
afectación le sea reparada si existe un factor de atribución de
responsabilidad, en contra de otro sujeto, que lo permita. Ello
concuerda con las tendencias jurídicas actuales que no ven a la

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responsabilidad civil como una forma de sancionar al culpable sino


de trasladar las consecuencias dañosas a un sujeto distinto del
que las sufrió, cuando existe una razón que justifique tal
desplazamiento. Lo anterior contrasta con la tendencia histórica,
abandonada hacia la segunda mitad del siglo anterior, de ligar las
figuras de la culpabilidad y la responsabilidad, suponiendo que
debía presentarse la primera para que procediera la segunda.
Existía, pues una asimilación entre daño-acción delictiva-
resarcimiento, en el sentido de entender que un sujeto solo debía
reparar un daño, si este era el resultado de una conducta suya,
que fuera dolosa o de culpa grave, de manera análoga a los
crímenes perseguidos en la vía penal. El deber de indemnizar no se
veía como otra cosa que un castigo a quien se comportara de ese
modo. Tal concepción proviene de muchos siglos atrás y se mantuvo
desde la época de los jurisconsultos romanos clásicos hasta la era
de las codificaciones francesas de inicios del siglo XIX. De ese
modo, tal percepción de la responsabilidad termina plasmada en el
Code Napoleón , promulgado el 18 de marzo de 1803. No será sino a
partir de finales de aquel siglo XIX, cuando se aprecia la
existencia de diversos daños que no pueden ser resarcidos, a raíz
del férreo ligamen responsabilidad-culpa, pero que se considera
injusto que los soporte la víctima. En especial, el tema surge
alrededor del peligro de causar daños que trae aparejado el avance
tecnológico e inunda casi todos los aspectos de la vida social. De
ese modo, surgirá en la misma Francia la teoría del riesgo creado,
incorporado a la responsabilidad contractual de la Ley de
Accidentes de Trabajo, de 1898. De manera ulterior, ello se iría
trasplantando a otras ramas del derecho, hasta alcanzar a la
responsabilidad civil generada en las esferas contractual y
extracontractual. Nace así la llamada responsabilidad objetiva,
nomenclatura derivada de la falta de preponderancia de la
culpabilidad como factor de atribución, donde el quid pasa a estar
en si las circunstancias fácticas se encuentran o no dentro de las
previsiones legales que la disponen. Tal evolución se verá
reflejada en el Código Civil, cuando en un inicio sustenta la
responsabilidad civil contractual, basada en sus artículos 701,
702 y 703, y la extracontractual, reflejada en su precepto 1045, a
situaciones donde la presencia de dolo o culpa será medular para
quedar obligado o no al resarcimiento. Empero, lo anterior
comienza a superarse con la reforma al canon 1048, para el segundo
caso, (en la ley n.º 14 del 6 de junio de 1902), y al ordinal
1023, para el primero, (mediante la ley n.º 6015 del 7 de
diciembre de 1976). A raíz de ello, de manera paulatina se aprecia
una apertura respecto a los daños reparables. Su razón ideológica
se halla en evitar que los daños sufridos de manera injusta, que
no se provocaran a raíz de un delito o cuasidelito (conducta

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dolosa o culposa), queden a cargo de la víctima, quien deberá


soportarlo si la ley no prevé un sistema de traslación de
consecuencias.

XII.- De modo tradicional, se ha equiparado la responsabilidad


objetiva con la teoría del riesgo, lo cual ha seguido esta Sala en
reiterada jurisprudencia, para lo cual pueden consultarse, entre
otras, las sentencias n.º 354 de las 10 horas del 14 de diciembre
de 1990, n.º 376 de las 14 horas 40 minutos del 9 de julio de
1999, n.º 460 de las 10 horas 45 minutos del 30 de julio de 2003,
n.º 575 de las 10 horas del 17 de octubre de 2003, n.º 272 de las
9 horas 30 minutos del 23 de abril de 2004 y n.º 654 de las 11
horas 50 minutos del 5 de agosto de 2004. Empero, debe observarse
que la responsabilidad objetiva o, en mejor término, los factores
objetivos de atribución de responsabilidad, no se circunscriben
tan solo a la teoría del riesgo, siendo esta una más entre otros.
Asimismo, que dicho deber de responder no es exclusivo de la
materia extracontractual, sino que sus alcances también contemplan
al resarcimiento de los daños derivados de la ejecución de un
negocio jurídico. En realidad, el punto medular se encuentra en
que la responsabilidad obligacional se genera de factores de
atribución que son contemplados en forma expresa por el
Ordenamiento Jurídico, los cuales pueden ser de carácter
subjetivo, si tienen como base la indemnización del daño derivado
de un actuar doloso o culposo, o bien, objetivo, si se parte de
que la obligación de reparar deviene de una situación fáctica
específica, donde el legislador consideró injusto que la víctima
soportara el daño, imponiéndolo a otro sujeto que despliega
determinada conducta que no implica, necesariamente, dolo o culpa,
o bien, a su contraparte en un contrato que, incluso, puede actuar
de buena fe. En síntesis, el meollo de la cuestión se encuentra en
quién tiene que soportar el menoscabo, no tan solo en quién fue su
culpable, como se planteaba en otras épocas jurídicas, ampliamente
superadas.

XIII.- Otro aspecto que ha sido modificado de manera paralela con


los factores de atribución corresponde a cómo se distribuye la
carga de la prueba entre las partes del proceso. El criterio
tradicional, cimentado en una perspectiva tan solo subjetivista de
la responsabilidad, imponía a la víctima del daño demostrar el
dolo o la culpa de su contrario, partiéndose de un postulado
ideológico que emana del Derecho Penal, en el sentido de presumir
la inocencia y la buena fe de las personas. Pero, tal postura
resultaba injusta en muchas ocasiones. Por ejemplo, a veces la

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prueba era de difícil acceso para el afectado con el daño y, más


bien, se encontraba en posesión o dentro de la esfera de poder del
presunto autor. En otras ocasiones, el carácter técnico de los
hechos que desencadenaron el menoscabo era de difícil comprensión
para la víctima y quien mejor podía concebirlos era a quien se
imputaba el estrago. De ese modo, el lesionado veía perdido su
acceso a la posibilidad de ser reparado. La doctrina denominó
“prueba diabólica” (término emanado en la responsabilidad médica),
a esa forma de imponer a la víctima del daño, de manera
irreductible, la carga demostrativa de determinados hechos, cuando
le era demasiado difícil o imposible cumplirla, y se beneficiaba
al presunto autor, quien sí disponía de tales probanzas, pero no
tenía la necesidad de exculparse. A raíz de lo anterior, se ha
entendido que el onus probandi en materia civil, que establece el
artículo 317 del Código Procesal Civil, no es irrestricto a lo
expresado en la norma y, más bien, puede modificarse. En algún
momento, tratándose de responsabilidad objetiva, se habló de una
inversión de la carga probatoria, donde ahora correspondía al
autor demostrar lo que antes incumbía a la víctima. Empero, ello
no es del todo correcto. En realidad, lo que se aplica es una
redistribución sobre los aspectos que le corresponde demostrar a
cada litigante, bajo el instituto procesal de la carga probatoria
dinámica. A partir de esta, la aportación del elemento
demostrativo no dependerá solo de invocar un hecho, sino también
de la posibilidad de producir la prueba. En otras palabras, se
traslada la carga a quien, a raíz de su situación personal, se
halla en mejores condiciones para acercar la probanza al proceso,
sin que importe si es el actor o el demandado. Por lo tanto, a
manera de síntesis, lo regulado en el precepto 317 de cita no
puede ser tomado como absoluto, cuando se trata de responsabilidad
obligacional en general, y al tenor de las exigencias de cada
caso, en atención a la naturaleza de un hecho alegado o rechazado
por los litigantes, deberá aportar la prueba para este quien se
encuentre en la mejor posibilidad de acceder a ella. Se exige a
quien la tenga a su disposición. Pero lo anterior, no exime a la
víctima de toda carga probatoria, pues habrá aspectos que sí le
atañerán, pues estará a su alcance demostrar determinados hechos.
Con base en lo anterior, a manera de guisa, cuando se discuta la
responsabilidad patrimonial derivada de un factor objetivo de
atribución, le correspondería al afectado probar que sufrió el
daño y los alcances de este; por su parte, al presunto autor le
concerniría demostrar que en realidad no debe responder,
acreditando las eventuales eximentes, que rompen el nexo causal,
por ejemplo, que medió la culpa de la víctima, se trata de una
acción realizada por un tercero ajeno a él.

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XIV.- Un factor objetivo de atribución de responsabilidad, en el


ámbito contractual, se halla en la obligación de garantía, que
aparece como una cláusula implícita de todo convenio, según la
cual deben preservarse los bienes de los pactantes contra los
daños que pudieran originarse en la ejecución de un negocio
jurídico. En esa forma, aparte del efecto de resolver, rescindir o
revocar, según corresponda, que podría acarrear tal situación, el
garante deberá indemnizar a su contraparte si alguna cosa, sea el
propio objeto del acuerdo, u otra que se halle dentro del
patrimonio de este último, sufre un menoscabo que se origina de la
ejecución del pacto. Tal mella podría ser de carácter material o
devenida de efectos jurídicos, en el caso de la evicción. A la
vez, puede originarse a partir de defectos intrínsecos de la cosa,
o bien, de factores extrínsecos como la conducta propia del
garante, la de sus dependientes o subordinados o, incluso de
manera excepcional, la de un tercero extraño al negocio jurídico
que por no identificable, corre por cuenta y responsabilidad del
vendedor, en la situación en que el garante hubiera podido o
debido evitar tal conducta, omitiendo su gestión en tal sentido.
En este último caso, le tocará comprobar que no estuvo en la
posibilidad ni tuvo el deber de impedir tal comportamiento dañoso
del tercero. Finalmente, junto con las demás eximentes señaladas,
también su responsabilidad se verá salvada si demuestra que todo
se debió a un hecho de la propia víctima, quien se produjo a sí
misma el daño. Lo anterior queda plasmado en el ámbito positivo,
de modo general, en el artículo 1023, inciso primero, del Código
Civil, cuando indica: “Los contratos obligan tanto a lo que se
expresa en ellos, como a las consecuencias que la equidad, el uso
o la ley hacen nacer de la obligación, según la naturaleza de
ésta”. Así, ha de entenderse que con independencia a si es
reprochable o no al garante lo sucedido, sea por dolo o culpa
grave, siempre va a ser inherente al negocio jurídico su
obligación de responder ante su contrario, cuando acaezca lo
descrito anteriormente. Luego, de manera más específica al
convenio de compraventa, en la rama civil, el canon 1034, dispone:
“Todo aquel que ha transmitido a título oneroso un derecho real o
personal, garantiza su libre ejercicio a la persona a quien lo
transmitió”. Lo anterior encuentra relación directa con lo
establecido en el precepto 1023 citado, como norma genérica dentro
del Derecho de las Obligaciones. Además, de manera especial a una
relación mercantil, como se ha discutido en esta lite, reza el
ordinal 467: “El vendedor quedará obligado en toda venta al
saneamiento, salvo pacto en contrario.” . De los tres numerales en
mención se colige un criterio concatenado de que, en la venta, la
garantía impone al vendedor el deber de sanear al comprador.
Dichas disposiciones no contemplan, en modo expreso, que tal

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obligación solo se derivará del dolo o la culpa grave del


vendedor, por consiguiente, se aplica a la garantía los principios
generales del derecho expuestos líneas atrás de este considerando.
Cabe agregar que, ante el incumplimiento de una obligación, como
la de garantizar la idoneidad del bien vendido, no solo objetiva
sino también jurídica, correspondería al vendedor demostrar que
dicho incumplimiento se produjo por culpa del acreedor
(comprador), fuerza mayor y caso fortuito, según lo dispuesto en
el ordinal 702 del Código Civil.

XV.- En lo referente al caso concreto de este proceso, se tuvo por


demostrado que SAVA vendió al señor Hernández Vega el automóvil
placas 223358, del cual se descubriría, poco más de un año después
de la venta, que su número de motor había sido alterado. No se
comprobó quién modificó de esa manera el motor y el chasis del
automóvil, empero, a la luz de la lógica y la experiencia humana
se entiende que fue hecho para ocultar la verdadera identidad de
dichas partes del vehículo, pero se acreditó que los números
alterados e insertos corresponden a los que fueron inscritos en el
Registro Público y consignados en la escritura de compra venta. A
la vez, que tal evento le produjo al actor la pérdida del
vehículo, pues quedó decomisado a las órdenes del Organismo de
Investigación Judicial, y se vio sometido a la consecuente
investigación dentro de un proceso penal. A raíz de lo anterior,
se concluye, el meollo del asunto se halla en determinar si lo
acontecido puede contemplarse dentro de la obligación de garantía
que le corresponde a la demandada, de manera inherente a su rol de
vendedora. A fin de esclarecer ese aspecto, deben hacerse las
consideraciones siguientes. Primero, conforme dedujo la Sección de
Pericias Físicas del Organismo de Investigación Judicial, según
luce a folio 33, el número de motor fue cambiado a partir de un
desgaste parcial de su superficie. Después, el número de chasis
fue también variado al quitarse el trozo de metal que lo contenía
y agregarse uno nuevo, adherido con soldadura y pasta denominada “
merula ”. Para arribar a dichas conclusiones, se analizaron los
patrones originales de fábrica, comparándolos con los existentes
en el automóvil analizado. En otras palabras, la alteración
material no era difícil de verificar para una empresa automotriz,
al no requerir de análisis científicos complejos, sino de apreciar
las numeraciones y compararlas con los estándares de fábrica.
Segundo, un particular, quien no se dedica de manera cotidiana ni
profesional a negociar vehículos, es muy probable que no sepa
reconocer ni distinguir las numeraciones de motor y de chasis, así
como apreciar cuándo estas han sido modificadas. En su condición
de comprador se atendrá a lo que le indique el vendedor y a las

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inscripciones registrales. De esa manera, no se le puede exigir


que sea él quien verifique tales aspectos, pues equivaldría a
pedirle un conocimiento especial, que no se le puede requerir a
ninguna persona promedio, ajena en su totalidad a dicha materia.
Tercero, la empresa demandada se dedica de manera profesional a la
compra y a la venta de automotores. De ese modo, al tener contacto
habitual con diversos vehículos, sabe de la necesidad de
corroborar su identidad material, a través de los números de
placa, chasis y motor. A la vez, es consciente de los problemas
jurídicos que puede suscitar que tales señales sean modificadas de
manera irregular. Por ende, a la luz de las reglas de la lógica y
la experiencia humana, es recomendable que una empresa de dicho
ramo sea cuidadosa en verificar esas identificaciones, de previo a
comprar un automóvil, sea de modo directo para la reventa, o
recibirlo como parte del precio por otro vehículo, para negociarlo
con un tercero en forma ulterior. En otras palabras, sí le incumbe
a quien tiene toda una estructura empresarial para comprar y
revender automotores, prever la revisión meticulosa de los bienes
que negocia, a fin de evitarse a sí misma y a terceros
compradores, problemas por la inscripción y alteración de
numeraciones de fábrica para identificar el vehículo. Cuarto,
aunque el vehículo pasara dos revisiones de RITEVE y no fuera sino
hasta la tercera donde se encontró la anomalía, es claro que
ninguna norma exime al garante de su deber de sanear, tan solo por
el hecho de que un tercero realice una inspección general
obligatoria incompleta. No existe ley que traslade la obligación
de garantía en esos casos, por lo cual resulta inocuo si en dos
ocasiones RITEVE no se percató de lo sucedido, lo cual
descubriría, finalmente, el 20 de agosto del 2004. Entonces, según
lo expuesto, se observa que a raíz de la compraventa del vehículo,
SAVA asumió la posición de garante como vendedora (aunque antes de
la sentencia de alzada negara haber tenido tal carácter), y, por
ello, debía sanear y eventualmente indemnizar los defectos
ostentados por el bien transmitido. Hubo un problema de evicción y
el comprador perdió la cosa adquirida. Además, fue imputado en un
proceso penal. Es claro que la causa de dicha evicción (números
de motor y chasis alterados), no se logró determinar quien la
realizó. Empero, como se razonó supra , aún en estos casos puede
haber responsabilidad, si el garante debió tomar alguna medida
para evitar el daño. En el sub júdice, considera la Sala, SAVA
debió actuar de manera preventiva y, en consecuencia, le era
exigible evitar lo sucedido. Es claro que su giro comercial le
permitía saber que tal evento podría suceder, debiendo tomar las
medidas aptas para impedirlo, más allá de la simple verificación
registral. La primordial, se puede colegir con facilidad, era
encargar a un empleado, con conocimiento suficiente sobre el tema,

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la tarea de revisar las numeraciones para descartar anormalidades.


Ello debió hacerse al momento de adquirir el bien, o en su caso,
con mucha más razón, cuando se pretendiera vender a un nuevo
comprador. ¿Quién debe probar la presencia o ausencia de tales
medidas? Y, aunado a esto, ¿quién está en la posibilidad real de
comprobar si estas se tomaron? Es visible que al señor Hernández
Vega le resulta demasiado difícil demostrar tal omisión, pues fue
algo que, de haberse hecho, pertenecía a la esfera privada de la
demandada, sin acceso alguno al actor, quien, en todo caso, no
conoció el vehículo sino hasta el momento en que lo iba a
adquirir, amparado en la buena fe y en la creencia de que si el
vehículo se lo vendía una empresa consolidada el ramo, no tendría
problemas ulteriores de evicción. Quien está en la posibilidad
real de demostrar que sí realizó tales exámenes es SAVA, pues de
haberse llevado a cabo, lo habría hecho alguno de sus
dependientes. De allí que, a partir del concepto de la carga
dinámica de la prueba, quien debió demostrar las medidas
tendientes a evitar un problema como el ocurrido en este asunto
es, sin lugar a dudas, la demandada. Sin embargo, no ofreció
probanza alguna en ese sentido, más aún, ni siquiera formó parte
de sus argumentos de defensa. En un primer momento intentó negar
su condición de vendedora, achacándole tal carácter a un tercero,
y, después, viró sus alegatos a aspectos de buena fe y a la
supuesta falta de culpabilidad de su parte. Entonces, se concluye,
la demandada, como garante, debe responder por un hecho anterior
de tercero si estuvo a su alcance impedirlo de modo directo o, al
menos, sus consecuencias jurídicas. En este asunto, aunque los
números de motor y chasis fueran alterados por alguna persona de
identidad ignorada, a SAVA le atañía haberlos examinado
concienzudamente (lo cual se comprobó que no era complejo, al
tenor de la experticia realizada por el Organismo de Investigación
Judicial), probar que así lo hizo y que, pese a ello, fue
insalvable detectarlo. Solo en ese caso salvaría su
responsabilidad como garante ante el actor. Al haber incumplido
dicha obligación probatoria, deberá indemnizar al señor Hernández
Vega. Aunque no hubo dolo ni culpa grave de su parte, es
responsable, por atribución objetiva, a partir de su deber de
garantizar el bien vendido. Conforme con lo expuesto, se denegarán
los agravios primero y segundo, en lo relacionado a la falta de
culpabilidad, por cuanto la garantía es factor que no requiere,
necesariamente, de la presencia de imprudencia, negligencia o
impericia, a fin de ser ejecutada a favor del comprador. Con ello
se desestima que se conculcaran los cánones 702 y 1082 del Código
Civil, ideados como normas generales. Luego, también se rechazará
el cargo sexto, en cuanto no se encuentra quebranto alguno al
precepto 693 del Código Civil. Según logra desprenderse de lo

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expuesto, sí hay normativa expresa que regule la garantía como


factor objetivo de atribución de responsabilidad y es una
consecuencia directa de la falta de cumplimiento de las
obligaciones nacidas del contrato, además, sí existe norma que
permite el resarcimiento del daño moral aún ante la ausencia de
dolo o culpa grave, cual es el artículo 41 de la Constitución
Política, el cual asegura la reparación integral de todos los
daños, de modo indistinto a que sean materiales o morales,
derivados de factores de atribución subjetivos u objetivos. Al no
existir norma especial que impida reparar tales menoscabos
inmateriales en estos casos, se entiende que queda cubierto por la
salvaguardia constitucional citada, sin que sea posible hacer
distinciones inexistentes en el Ordenamiento Jurídico.

XVI.- De conformidad con todo lo expresado, se denegará el recurso


de casación y se condenará a SAVA al pago de sus costas, en virtud
de lo dispuesto en el numeral 611 del Código Procesal Civil.

POR TANTO
Se declara sin lugar el recurso, son sus costas a cargo del
casacionista.

[TRIBUNAL DE CASACIÓN]2

Res. 2000-632
TRIBUNAL DE CASACION PENAL. Segundo Circuito Judicial de San José,
Goicoechea, catorce de agosto del año dos mil.

RECURSO DE CASACIÓN interpuesto en la presente causa seguida


contra SANTIAGO SANCHEZ ESPINOZA , mayor, costarricense, cédula de
identidad número 4-013-0301, por el delito de ROBO , en daño de
LUIS MADEN HERNANDEZ . Intervienen en la decisión del recurso,
los Jueces Marcial Quesada Solís, Javier Llobet Rodríguez y Jorge
Chacón Laurito . Se apersonaron en casación el Licenciado Jofrey
Salas Fuentes, Fiscal Auxiliar.-

RESULTANDO:

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1) Que mediante sentencia dictada a las once horas del veinticinco


de mayo del año dos mil, el Tribunal Penal de Juicios del I
Circuito Judicial de San José, resolvió: "POR TANTO: De
conformidad con lo expuesto y artículos 2, 7 y 315 del Código
Procesal Penal se procede a revocar parcialmente la resolución
dictada por el Juzgado Penal a las 13:30 hrs del 5 de mayo del año
dos mil (SENTENCIA DE SOBRESEIMIENTO DEFINITIVO) únicamente en
cuanto ordenó la entrega definitiva del vehículo marca Nissan
Cedric, color rojo, Placas Taxi SJP-139, que circulaba con número
de motor SD23-207113 y número de chasis RY30- 200332 al imputado o
a su propietario, y en su lugar se ordena entregarlo en DEPOSITO
PROVISIONAL, debiendo el A-quo hacerle las prevenciones al
imputado y fijarle un plazo para que ponga a derecho el vehículo,
bajo las prevenciones de ley. Vuelvan los autos a su oficina de
origen. NOTIFÍQUESE.”
2) Que contra el anterior pronunciamiento interpuso Recurso de
Casación el Licenciado Jofrey Salas Fuentes .
3) Que verificada la deliberación respectiva de conformidad con lo
dispuesto por el artículo 481 del Código de Procedimientos Penales
derogado, pero aplicable al caso conforme lo establece el
Transitorio I del Ordenamiento Procesal Penal vigente, el Tribunal
se planteó las cuestiones formuladas en el Recurso.
4) Que en los procedimientos se han observado las prescripciones
legales pertinentes.
Redacta el Juez de Casación QUESADA SOLÍS ; y

CONSIDERANDOS:

1. El Lic. Jofrey Salas Fuentes, Fiscal Auxiliar del Ministerio


Público, interpone casación por el fondo. En el único motivo
alega quebranto de los numerales 465 del Cpp en relación con el
110 del Código Penal, señalando que “...nos encontramos ante una
errónea interpretación del artículo 110 del Código Penal, por sí
solo el bien (motor del automotor) está revestido de ilegalidad
debido a que se encuentra su numeración alterada por eso
concluimos que el bien alterado es un instrumento o objeto con que
se cometió el delito... no obstante el hecho de que esta
representación Fiscal (sic) no pueda demostrar que el señor
Sánchez Espinoza fue la persona que alteró el bien en cuestión...
esa circunstancia no debe incidir en cuanto a la devolución del
vehículo, pues si ese automotor tiene sus números de
identificación del motor alterados, no existirá documento alguno
que pueda legitimar la posesión ... ni puede la autoridad

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jurisdiccional poner a circular un vehículo en semejantes


condiciones, puesto que atenta contra la seguridad jurídica en
materia registral y pone en riesgo la legalidad del tráfico
comercial.” Agrega posteriormente que “...si bien es cierto los
vehículos son bienes muebles, no se aplica el principio general
que la posesión vale por título... de acuerdo a la Ley de Tránsito
vigente esta clase de bienes se encuentran sujetos a inscripción
registral...” Solicita se declare “...nula la sentencia en
cuanto a la entrega del bien en disputa de conformidad con el
artículo 450 del Código Procesal Penal y en su defecto ordenar el
comiso del motor de acuerdo a la ley 6106 de Comisos y
Donaciones.”

2. El recurso se rechaza. Este Tribunal en el voto 233-F-97 del 21


de marzo de 1997 dispuso, en una situación similar que, “... al no
haberse desvirtuado en la sentencia la adquisición de buena fe de
parte del imputado, adquisición que se tuvo por demostrado se
realizó en una empresa reconocida, y que tampoco a la fecha se
haya presentado a reclamar los objetos alterados algún tercero con
mejor derecho, no procede ordenar el comiso... por lo que se casa
la sentencia en este aspecto, y se ordena la devolución...” En
el presente caso constan a los folios 40 al 60 documentos que
acreditan que el motor objeto de litigio fue comprado a la empresa
Motores Peisa S.A.el 18 de diciembre de 1996 por parte del hermano
del imputado, quien así lo reclama a los folios 5, 6 y 38, de
tal manera que no procede ordenar su comiso a favor del Estado por
cuanto ello implicaría una confiscación violatoria del canon 42
constitucional, en relación con el 45 ibídem, que protege el
derecho a la propiedad privada. El art. 110 del Código Penal al
señalar que “El delito produce la pérdida a favor del Estado de
los instrumentos con que se cometió y de las cosas o valores
provenientes de su realización, o que constituyan para el agente
un provecho derivado del mismo delito salvo el derecho que sobre
ellos tengan el ofendido o terceros” , (cursiva no es del
original) excluye aquellos bienes sobre los cuales terceras
personas acrediten su lícita adquisición y tenencia de buena fe,
como sucede con el señor Jorge Sánchez Espinoza, hermano del
imputado sobreseído, quien figura como dueño del vehículo en el
Registro Público de la Propiedad Mueble (f. 7 y 8). La situación
registral del mismo deberá subsanarla el dueño, a fin de evitarse
problemas provenientes de la anomalía descubierta en cuanto al
número de su motor. No obstante, como se reitera, si es
adquirente de buena fe no se le puede perjudicar con el comiso
definitivo. Lo mismo debe decirse en relación con el numeral 465
del Cpp: no procede el comiso, sino que es procedente su entrega

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en calidad de depositario provisional. Y en cuanto a la cita que


se hace al f. 71 del voto 2000-076 del 28 de enero del presente
año, dictado por este mismo Tribunal de Casación, en el que se
puntualizó que “...un bien para ser susceptible de comiso, sólo
requiere que sea objeto del delito y no que se demuestre la
autoría de una persona y en igual sentido los artículos 465 y
466 del C.P.P. no exigen para la procedencia del comiso que se
dicte una sentencia condenatoria...”, es menester aclarar que no
es contradictoria con lo que ahora se define, toda vez que en la
misma no se discutió la adquisición de buena fe del bien, que
ostenta en el presente caso el señor Sánchez Espinoza,
constituyendo ese aspecto una diferencia esencial implicativa de
decisiones distintas.

POR TANTO:
Se rechaza el recurso de casación planteado por el Lic. Jofrey
Salas Fuentes, Fiscal Auxiliar del Ministerio Público.

b) Imposibilidad de decretar el comiso cuando la persona ha


actuado de buena fe.

[TRIBUNAL DE CASACIÓN PENAL]3

Exp: 99-19369-042-PE-3
Res. 2001-092
TRIBUNAL DE CASACION PENAL. Segundo Circuito Judicial de San José.
Goicoechea, veintiséis de enero de dos mil uno.-

RECURSO DE CASACIÓN interpuesto en la presente causa seguida


contra PORFIRIO GÓMEZ MÉNDEZ , quien es mayor, casado,
comerciante, vecino de Desamparados, cédula 6-172-699, por el
delito de ALTERACIÓN DE SEÑAS Y MARCAS , en daño de LA FE
PÚBLICA . Intervienen en la decisión del recurso, los Jueces
Rafael Ángel Sanabria Rojas, Rosario Fernández Vindas y Jorge
Alberto Chacón Laurito . Se apersonaron en casación la Licenciada
Maribelle Bustillo Piedra y el Licenciado Jorge Segura Ramón,
ambos en representación del Ministerio Público.-

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1) Que mediante sentencia dictada a las diez horas del nueve de


marzo del año dos mil, el Tribunal Penal de Juicios del Primer
Circuito Judicial de San José, resolvió: "POR TANTO : Se declara
con lugar el recurso de apelación. Se revoca parcialmente la
resolución recurrida. Se ordena mantener en los términos
señalados, como depositario judicial del vehículo marca Hyundai
Excel placas número 159518 al encartado Porfirio Gómez Méndez. En
los demás, se mantiene incólume la resolución recurrida por no
haber sido objeto de recurso. Remítase el expediente al Despacho
de procedencia .- NOTIFÍQUESE ."
2) Que contra el anterior pronunciamiento interpuso Recurso de
Casación la Licenciada Maribelle Bustillo Piedra, en
representación del Ministerio Público.-
3) Que verificada la deliberación respectiva de conformidad con lo
dispuesto por el artículo 450 del Código de Procesal Penal, el
Tribunal se planteó las cuestiones formuladas en el Recurso.
4) Que en los procedimientos se han observado las prescripciones
legales pertinentes.

CONSIDERANDO :

I.- En el único motivo de casación por el fondo la representante


del Ministerio Público alega errónea aplicación del artículo 465
del Código Procesal Penal y 110 del Código Penal. Refiere que nada
impide que con el sobreseimiento se decrete el comiso de un bien,
pues el único requisito es que se dicte sentencia, carácter que
tiene la resolución citada. Por ello, a su juicio, el argumento
del Tribunal de Juicio, en el sentido de que debe existir
sentencia posterior al debate para tomar esa medida, no es
correcto. Agrega que la buena fe del encartado no es suficiente
para que mantenga la posesión del bien, a lo sumo tiene derecho a
una indemnización, pero nunca a la restitución de la cosa, porque
proviene de un hecho delictivo y no ha sido debidamente
identificada. Que de acuerdo con el dictamen del laboratorio
forense, no hay forma de demostrar la verdadera y legítima
adquisición y no puede ser inscrito en el Registro Público, ya que
se ignora la nomenclatura caracterizadora. Por mayoría se declara
sin lugar el recurso, por las razones que se dirán.

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II.- El punto sometido a conocimiento ya ha sido objeto de


pronunciamiento por este Tribunal. Sobre el particular se ha
dispuesto “… Con relación a lo que sustancialmente se discute,
debe decirse, en primer término, que no tiene razón el recurrente,
representante del Ministerio Público ya que este Tribunal de
Casación considera estrictamente legítimo el procedimiento
ordenado por el Tribunal de Juicio a fin de aclarar, hasta donde
sea posible, la situación legal del vehículo objeto de esta litis.
Debe tener presente la parte acusadora que tanto el artículo 110
del Código Penal como el 465 del Código Procesal Penal se refieren
a la existencia declarada de un delito (ciertamente en cuanto a
este extremo, en contra, Voto No. 2000-76), cuestión que en el
asunto que nos ocupa no se ha dado. A lo sumo existe en este caso
la presunción de que se ha cometido un delito, pero de cualquier
manera, ya ha sido declarado jurisdiccionalmente –con la venia
incluso del mismo Ministerio Público-, que el autor de las
alteraciones que se investigaron en “chasis” y motor del vehículo
marca Datsun, identificado con la placa CL 40012, no es …, razón
por la cual no puede castigársele, pasando por encima de los
principios constitucionales contenidos en los artículos 39 y 45
del Estatuto Fundamental, con el comiso de un bien que nadie,
aparte de él mismo, ha reclamado hasta ahora. Si el imputado
absuelto o cualquier otra persona –conforme se ha decidido en la
resolución del Tribunal de Juicio-, puede hacer valer en las
instancias administrativas un derecho a poseer y circular con ese
automotor y en las condiciones que exhibe, es materia que debe
resolverse en esas instancias y no a través de una sanción penal
anticipada. Como el mismo voto 2000-76 lo ha señalado, la línea
jurisprudencial de este Tribunal se ha inclinado por reconocer la
posibilidad del depósito judicial provisorio, para poner a derecho
los asuntos, cuando existen imperativos de ley (por ejemplo
demoliciones en Ley de Jurisdicción Marítimo Terrestre,
destrucción de droga decomisado en casos de trafico, etc.), o bien
cuando hay indicios de buena fe en la posesión del bien, punto que
en este caso no se ha desvirtuado. Se impone en consecuencia
declararse sin lugar el recurso de casación interpuesto. (No. 825-
00, del 27 de noviembre del 2000). La situación analizada en el
caso anterior es similar al que nos ocupa. El imputado tenía en su
poder el vehículo, al cual se le han localizado una serie de
irregularidades en los numerales de identificación, sin que se
haya podido establecer quién fue su autor. Al menos se ha
descartado que sea el acusado, de ahí la decisión que se tomó a su
favor. Por otra parte está determinado en autos que el acusado
ahora sobreseído adquirió de buena fe el automotor, no existiendo
motivo válido para despojarlo del mismo revocando el depósito

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judicial ya ordenado, máxime que cumple con el requisito de


tercero con mejor derecho, no siendo procedente que el Estado
reciba un vehículo sobre el cual el adquirente de buena fe pagó su
valor, y fue un tercer desconocido el que le varió sus
características; lo anterior sin perjuicio que el juzgador le haga
ver al Sr. Gómez Méndez, que debe agotar los medios ante el
Registro Automotor para poner a derecho el vehículo. Por lo
expuesto, la resolución del Tribunal de mérito se encuentra
ajustada a nuestro ordenamiento jurídico. Por lo anterior, por
mayoría se declara sin lugar el recurso. El Juez Sanabria Rojas
salva el voto.-

POR TANTO:
Por mayoría, se declara sin lugar el recurso de casación. El Juez
Sanabria Rojas salva el voto. Notifíquese.-

LIC. JORGE ALBERTO CHACÓN LAURITO


LIC. RAFAEL ÁNGEL SANABRIA ROJAS LICDA. ROSARIO FERNÁNDEZ
VINDAS

VOTO SALVADO DEL JUEZ SANABRIA ROJAS:

No comparto el criterio externado por la mayoría del Tribunal, por


las razones que a continuación se exponen:

I.- El artículo 110 del Código Penal establece que el delito


produce la pérdida a favor del Estado de las cosas o valores
provenientes de su realización, salvo el derecho que sobre ellos
tenga el ofendido o terceros. En este caso, como bien lo apunta la
impugnante, no se ha logrado identificar la propiedad del bien
precisamente por la comisión de un hecho ilícito. Tal
irregularidad consistió en borrar la numeración original de
identificación y la sustitución por una falsa. El artículo 370 del
Código Penal establece sanción de prisión de seis meses a tres
años, en los casos en que se falsifique marcas, contraseñas o
firmas oficialmente usadas para identificar cualquier objeto. Es
claro que los números de chasis y de VIN permiten la
identificación oficial de los automotores y su inscripción en el
Registro Público. La circunstancia de que no se haya identificado
al autor de ese delito no implica que este no exista. Las
modificaciones introducidas en el bien constituyen delito,

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obligando el artículo 110 Ibídem al decreto del comiso. Por


supuesto que quedan a salvo los derechos que sobre el bien tenga
el ofendido o terceros, lo cual debe ser discutido en otra vía. El
punto en cuestión ya ha sido conocido con anterioridad por este
Tribunal, resolviéndose en la forma apuntada (Fallos 76-00, del 28
de enero y 154–00 del 28 de febrero, ambas del dos mil). Lleva
razón también la recurrente en cuanto a que para el decreto del
comiso únicamente se exige una sentencia, carácter que guarda el
sobreseimiento, ya que las formalidades para su dictado son
similares al de una sentencia (artículo 312 del Código Procesal
Penal); produce los mismos efectos (cosa juzgada: artículo 313
Ibídem) y contra la decisión cabe recurso de casación (artículo
340 del Código Procesal Penal). Conoce este servidor de otros
votos sobre el particular en sentido contrario, concretamente los
numerados 707-00 y 825-00, los que no se comparten. En estos se
parte de la base de la inexistencia del delito, lo que a nuestro
juicio no es atendible por las razones ya expuestas.

II .- En consecuencia, se revoca parcialmente la resolución


recurrida y se ordena el comiso del vehículo decomisado, a favor
del Estado, quedando a salvo los derechos de la víctima o
terceros, los que deberán discutirse en la vía correspondiente.

FUENTES CITADAS

1 SALA PRIMERA DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. Resolución: 000212-F-S1-


2008. San José, a las ocho horas quince minutos del veinticinco de
marzo de dos mil ocho.
2 TRIBUNAL DE CASACION PENAL. Resolución. 2000-632. Segundo Circuito

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Judicial de San José, Goicoechea, catorce de agosto del año dos mil.
3 TRIBUNAL DE CASACION PENAL, SEGUNDO CIRCUITO JUDICIAL SAN JOSE.
Resolución: 2001-542. Goicoechea, a las nueve horas cincuenta minutos
del veinte de julio de dos mil uno.

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