Crisis de la Restauración Borbónica (1902-1931)
Crisis de la Restauración Borbónica (1902-1931)
LA CRISIS DE LA RESTAURACIÓN
BORBÓNICA (1902-1931)
La crisis de la Restauración borbónica (1902-1931)
El reinado de Alfonso XIII coincidió con la larga crisis
y el colapso del final del sistema de la Restauración.
A la incapacidad del sistema para ampliar su base
social se unieron otros problemas:
1. Las consecuencias del desastre del 98.
2. La división y fragmentación de los partidos del
turno.
3. El paulatino incremento de la oposición.
4. La guerra en Marruecos y la creciente
conflictividad social.
Aunque el sistema de la Restauración sobrevivió a la
crisis de 1909, 1917 y 1921, el apoyo del rey Alfonso
XIII al pronunciamiento del general Primo de Rivera en
1923 supuso el fin de su etapa constitucional, si bien la
monarquía logró mantenerse hasta 1931.
1. EL REFORMISMO BORBÓNICO
1.1. La mayoría de edad de Alfonso XIII
El primer tercio del siglo XX en España
coincidió con la mayoría de edad del rey
Alfonso XIII (1902-1931) y estuvo marcado
por la crisis definitiva del sistema de la
Restauración.
Al igual que en otros países europeos, en
España hubo intentos por parte del Gobierno
para modernizar el país y establecer un
sistema político más democrático y
representativo.
Los proyectos reformistas, cuya necesidad se
hizo más evidente tras la crisis de 1898,
acabaron fracasando por las resistencias
internas del propio sistema y porque no
cuestionaban a fondo el régimen de la
Restauración.
1.1. La mayoría de edad de Alfonso XIII
En conjunto, el primer tercio del siglo XX en España se
caracterizó por los siguientes aspectos:
1. Relevo generacional en el liderazgo de los
partidos.
2. Las pugnas y divisiones internas entre los partidos
del turno provocaron una creciente inestabilidad y
constantes cambios de gobierno.
2. Insuficiente y muy desigual industrialización del
país, que presentaba importantes desequilibrios
regionales.
3. Ello generó grandes desigualdades sociales y un
aumento de la conflictividad social.
4. Debilitamiento del caciquismo en las zonas que
registraron una expansión industrial y un aumento
de la población urbana.
1.1. La mayoría de edad de Alfonso XIII
3. Incremento y desarrollo de la
oposición política y social al sistema
(republicanismo, nacionalismo y
movimiento obrero).
4. Intervencionismo de Alfonso XIII en
la vida política y en las crisis de
gobierno, lo que incrementó su
desprestigio como rey constitucional y
debilitó institucionalmente a la
monarquía.
5. Reaparición del intervencionismo del
ejército en la vida política, que se
intensificó con la Guerra de Marruecos
(1909-1925).
1.2. Las opciones del reformismo
Los primeros años del reinado de Alfonso XIII estuvieron
marcados por los intentos de reforma o regeneración,
promovidos por quienes clamaban por una renovación
moral de la vida social y política que acabara con el
caciquismo y el falseamiento electoral.
Dentro de las corrientes reformistas o regeneracionistas
pueden diferenciarse varias tendencias:
1. Desde el propio sistema de la Restauración. Tuvo
gran importancia hasta 1912 y se basa en la crítica
de los aspectos más visibles y negativos de la vida
política: el fraude y la manipulación electoral.
2. Destacaron Francisco Silvela y Antonio Maura por
parte del Partido Conservador y José Canalejas
por parte del Partido Liberal.
3. Todos ellos trataban de hacer una revolución desde
arriba, desde el poder, para evitar que se
produjera una revolución desde abajo.
1.2. Las opciones del reformismo
2. Desde los partidos marginados del sistema. El
sentimiento de no haber sabido aprovechar la crisis del
98 para poner fin a la hegemonía de los partidos
dinásticos colocó a las fuerzas de la oposición ante la
necesidad de renovar profundamente sus idearios, sus
organizaciones y sus dirigentes.
1. Su objetivo era movilizar a la opinión pública para
desbancar definitivamente a los partidos del turno.
3. Desde el regeneracionismo intelectual y literario. Sus
principales representantes fueron Unamuno, Ganivet,
Maeztu, Ortega y Gasset…, que reflexionaron sobre
la decadencia de España y la necesidad de
regeneración, y Joaquín Costa, que proponía reformas
económicas y educativas para modernizar la sociedad.
1.3. El reformismo conservador
El primer intento modernizador fueron las tentativas
regeneracionistas que encabezó desde el Gobierno
Francisco Silvela, sucesor de Cánovas al frente del
Partido Conservador, entre 1899 y 1903.
Tras su fracaso, al no lograr vencer los grandes
obstáculos e intereses existentes incluso dentro de su
propio partido, abandonó la política y dejó paso a un
nuevo líder conservador, Antonio Maura.
Desde el Gobierno, Maura intentó regenerar el sistema a
partir de la formación de una nueva clase política que
tuviese el apoyo social de las llamadas masas neutras,
indiferentes hasta entonces a la participación política.
Con su ayuda pretendía configurar un Estado fuerte y
eficaz, desbancar a la vieja casta caciquil e impedir un
excesivo protagonismo de las clases populares.
1.3. El reformismo conservador
Su proyecto pretendía poner fin al caciquismo con la
Ley de Administración Local y la Ley electoral de
1907.
La reforma electoral fue muy superficial y solo
estableció el voto obligatorio y más controles sobre
las juntas electorales.
Además, el hecho de introducir la elección
automática cuando solo había un único candidato en
un distrito, acabó favoreciendo el caciquismo, que
lograba la elección del candidato previsto
simplemente evitando que tuviera rivales.
El proyecto reformista también pretendió integrar el
catalanismo a partir de la concesión de una mayor
autonomía a ayuntamientos y diputaciones, y del
reconocimiento de las regiones.
1.3. El reformismo conservador
Por otra parte, se adoptaron medidas proteccionistas
para impulsar la actividad industrial española y se
mejoró la legislación laboral con la Ley protectora de
accidentes de trabajo, la Ley sobre las condiciones de
trabajo de mujeres y niños, la Ley del descanso dominical
y la Ley de huelgas, y se creó el Instituto Nacional de
Previsión (1908), primera institución encargada de la
seguridad social.
Finalmente, el Gobierno impulsó una activa política
exterior en la que se aceptaba que España interviniera
en Marruecos.
El talante autoritario de Maura, su falta de entendimiento
con el Partido Liberal y, sobre todo, la dura represión de
la Semana Trágica en 1909 supusieron el fin de su
principal etapa al frente del Gobierno.
1.4. El reformismo liberal
El Partido Liberal, bajo el liderazgo de José Canalejas,
también intentó llevar a cabo su programa regeneracionista.
Canalejas representaba la tendencia más izquierdista del
partido.
Su acción de gobierno, entre 1910 y 1912, se propuso
atraer a ciertos sectores populares a partir de un mayor
reformismo social y de limitar el poder de la Iglesia.
Canalejas planteó la separación de la Iglesia y el Estado, y
promovió la denominada Ley del Candado, que prohibía
temporalmente la implantación de nuevas órdenes religiosas
en España.
Como respuesta a las reivindicaciones regionalistas y
nacionalistas, su gobierno elaboró el proyecto de la Ley de
Mancomunidades, que permitía que varias diputaciones
provinciales se unieran para la gestión de servicios públicos.
Esta ley fue aprobada en 1914 por el gobierno de Dato.
1.4. El reformismo liberal
El gobierno de Canalejas reformó el sistema impositivo con la
sustitución del impuesto de consumos por un impuesto progresivo
sobre las rentas urbanas, lo cual provocó la protesta de las clases
acomodadas.
Por otra parte, la reforma de la Ley de reclutamiento (1912)
establecía que el enrolamiento pasaba a ser obligatorio en tiempos
de guerra, y quedaba suprimida la redención en metálico.
También promulgó una serie de leyes encaminadas a mejorar las
condiciones laborales (normativas sobre el trabajo de la mujer y
sobre los contratos).
1.4. El reformismo liberal
Por el contrario, Canalejas se mostró inflexible ante las
huelgas y conflictos laborales, que fueron reprimidos
militarmente.
Su asesinato en un atentado anarquista en 1912 marcó el
final de la etapa regeneracionista promovida desde el
propio sistema.
A partir de entonces se agravó la crisis de los partidos del
turno, tanto por las divisiones internar como por la falta de
entendimiento entre ambos.
2. LA OPOSICIÓN POLÍTICA
2. La oposición política
La oposición a la Restauración estuvo
representada, fundamentalmente, por:
1. El republicanismo.
2. El carlismo.
3. Los nacionalismos catalán y vasco.
4. El movimiento obrero en sus dos
tendencias, anarquista y socialista.
La oposición no logró participar en el
Gobierno ni articular una alternativa
viable de gobierno hasta 1930, una
vez agotadas todas las posibilidades y
opciones del propio régimen.
2.1. El republicanismo
El republicanismo era el principal grupo de la
oposición política y constituyó la minoría
parlamentaria de oposición más numerosa.
Su fuerza era notable en las zonas urbanas, donde
el voto podía expresarse con mayor libertad y la
influencia caciquil era mucho más reducida.
Con el nuevo siglo se produjo una evolución del
republicanismo histórico en el que perdieron
protagonismo los partidos y los líderes hegemónicos
del periodo anterior.
Este nuevo republicanismo se caracterizó por ser un
amplio movimiento social, de carácter reformista,
que agrupó a sectores de la burguesía
librepensadora y a amplias capas de las clases
populares.
2.1. El republicanismo
En 1903, con la finalidad de dar unidad al
republicanismo, nació Unión Republicana, coalición
que intentaba agrupar a los diferentes grupos
republicanos alrededor de Nicolás Salmerón.
Su programa incluía una restauración de la
Constitución de 1869, la proclamación de la República
y la convocatoria de Cortes Constituyentes.
En las elecciones de 1903 y 1905, la Unión
Republicana obtuvo el triunfo en algunas grandes
ciudades como Madrid, Barcelona y Valencia.
El acercamiento entre Unión Republicana y el
catalanismo dio lugar, a partir de 1908, a la
fundación del Partido Republicano Radical, liderado
por Alejandro Lerroux y que contó con un importante
apoyo social y electoral en Barcelona.
2.1. El republicanismo
El partido presentaba un discurso anticatalanista,
profundamente demagógico, anticlerical y
supuestamente revolucionario que logró influir en
amplios sectores de las clases populares barcelonesas.
Hacia 1910, después de la Semana Trágica, perdió
buena parte de su influencia, moderó su discurso y su
ideario y se trasladó a Madrid.
En Valencia, Vicente Blasco Ibáñez impulsó el
blasquismo, un movimiento populista y anticlerical
que presentaba notables semejanzas con el
lerrouxismo.
Como respuesta a la represión que el Gobierno llevó
a cabo tras la Semana Trágica, en 1909 se constituyó
la Conjunción Republicano-Socialista, que integraba
a diversos grupos republicanos y al PSOE.
En las elecciones de 1910, esta alianza obtuvo 27
escaños y ganó en Madrid, Barcelona y Valencia.
2.1. El republicanismo
En 1912, Melquíades Álvarez fundó
el Partido Reformista, que se
declaraba republicano y tenía en
sus filas a intelectuales como José
Ortegas y Gasset y Manuel
Azaña.
Pretendía abandonar el viejo
radicalismo republicano para
ofrecer un programa basado en la
democratización profunda de la
vida política.
Aunque tuvo cierta influencia entre
la intelectualidad, no consiguió una
implantación efectiva ni entre las
clases medias ni entre los
trabajadores.
2.2. Del carlismo al tradicionalismo
A principios del siglo XX, el carlismo
mantuvo su presencia y sus bases.
En 1909 murió el pretendiente al trono
Carlos María de Borbón, al que sucedió su
hijo Jaime, con lo que el movimiento
también se denominó jaimismo.
Las disputas y disidencias en el seno del
partido durante la jefatura de don Jaime
fueron frecuentes.
La más importante se produjo a raíz de la
Primera Guerra Mundial, cuando un sector
contrario al apoyo oficial a los aliados se
manifestó germanófilo, y su líder Juan
Vázquez de Mella abandonó la militancia
y fundó el Partido Tradicionalista en
1919.
2.2. Del carlismo al tradicionalismo
Las bases militantes del integrismo de
Ramón Nocedal y del carlismo se
concentraban en Navarra, el País Vasco
y Cataluña, pero también se
desarrollaron en Andalucía y otras
regiones.
Integristas y carlistas aceptaron la
participación electoral y siempre
dispusieron de representación en el
Congreso.
Con la llegada de la República en
1931, los tres grupos (carlistas,
integristas y tradicionalistas) consiguieron
reunificarse en un solo partido que se
llamaría Comunión Tradicionalista.
2.3. La evolución de los nacionalismos catalán y vasco
Tras el desastre del 98 se incrementó en Cataluña y el
País Vasco la actividad de los partidos nacionalistas,
que aumentaron su arraigo social y su influencia
electoral.
En Cataluña, la victoria en las elecciones municipales de
1905 de la Lliga Regionalista, liderada por Prat de la
Riba y Cambó, alarmó al ejército, que veía peligrar la
unidad del país.
Los comentarios satíricos incluidos en algunas
publicaciones catalanistas dieron lugar a que grupos de
oficiales asaltaran e incendiaran varias imprentas y
redacciones (incidentes del Cu-Cut).
El gobierno liberal presidido por Segismundo Moret
apoyó al ejército y promulgó la Ley de Jurisdicciones,
que establecía que los delitos contra la nación y el
ejército serían juzgados por tribunales militares.
2.3. La evolución de los nacionalismos catalán y vasco
Cataluña reaccionó con la formación de una coalición
electoral llamada Solidaritat Catalana, que incluía a todas
las fuerzas políticas catalanas, con excepción de los
partidos dinásticos y los lerrouxistas.
La coalición consiguió una clara victoria electoral, en 1907,
frente a los partidos del turno.
Entre 1914 y 1923, la Lliga controló la Mancomunidad
de Cataluña, organismo administrativo que coordinaba el
funcionamiento de los municipios catalanes.
La guerra social desatada en Cataluña, a partir de
febrero de 1919, por el enfrentamiento de la CNT y las
fuerzas del orden público, hizo que la Lliga priorizara la
defensa del orden social frente a la reivindicación
nacionalista.
Este cambio provocó una radicalización de algunos
sectores catalanistas y dio lugar al nacimiento de nuevas
formaciones nacionalistas: Acció Catalana y Estat Català.
2.3. La evolución de los nacionalismos catalán y vasco
En el País Vasco, el PNV incrementó su presencia electoral
y su influencia en la sociedad vasca.
En 1911 se creó un sindicato nacionalista y católico,
Solidaridad de Trabajadores Vasca y, con el fin de atraer
a la burguesía al ámbito nacionalista, se presentó como un
partido de orden defensor de la riqueza nacional.
Sus primeros éxitos electorales fueron en 1917 y 1918 y
obtuvo seis de los siete escaños de Vizcaya.
Desde la muerte de Arana convivían dos tendencias dentro
del partido: los partidarios de mantener el pensamiento
independentista frente a los más moderados y
autonomistas.
En 1921 se escindió el grupo más independentista, Aberri,
pero ambos se volvieron a unir en 1930.
Aquel mismo año también se fundó un nuevo partido
nacionalista de tendencia republicana, Acción Nacionalista
Vasca.
3. EL OBRERISMO: ENTRE EL
ANARQUISMO Y EL SOCIALISMO
3. El obrerismo: entre en anarquismo y el socialismo
El nuevo siglo comenzó con un intenso ciclo de
agitaciones obreras, que fueron aumentando hasta
1911, cuando tuvo lugar un intento de huelga general
revolucionaria.
La mayor incidencia del movimiento huelguístico se dio en
Cataluña, Valencia, Andalucía, Asturias, País Vasco y
Madrid.
Con el fin de consolidar la difusión del anarquismo y
abarcar el conjunto del territorio español, en 1910, el
sindicato Solidaridad Obrera promovió la fundación de
la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), que se
convirtió en la principal organización obrera del país.
En 1918, la CNT contaba con más de 700.000 afiliados
y sus principales líderes eran Salvador Seguí, Ángel
Pestaña y Joan Peiró.
Entre los años 1911 y 1914, la CNT estuvo prohibida y
perseguida.
3. El obrerismo: entre en anarquismo y el socialismo
En 1919, tras el Congreso de Sants (Barcelona) y el del
Teatro de la Comedia (Madrid), se reafirmó en el
apoliticismo, la negociación directa entre obreros y
empresarios y la acción directa, lo cual dio lugar a un
incremento de las acciones violentas.
Entre 1918 y 1923, el anarquismo vivió, especialmente
en Barcelona, unos años de enfrentamiento con las
fuerzas del orden público (época del pistolerismo).
En la primera década del siglo XX, el PSOE fue
abandonando paulatinamente su aislamiento político y
se mostró partidario de establecer coaliciones
electorales con los republicanos.
En 1910, gracias a esa coalición, el socialismo entró en
el juego parlamentario, y a partir de ese momento
conoció un notable incremento de su fuerza electoral y
de su influencia en la vida política.
3. El obrerismo: entre en anarquismo y el socialismo
Sus principales líderes eran Pablo
Iglesias, Julián Besteiro y Francisco
Largo Caballero, que estaba al
frente del sindicato socialista, la
UGT (en 1919 contaba con 211.000
afiliados).
A partir de 1917, el PSOE se vio
inmerso en un creciente proceso de
radicalización que explica su
participación en las huelgas
generales convocadas ese mismo
año.
3. El obrerismo: entre en anarquismo y el socialismo
En esa época, el partido experimentó un importante
debate interno en torno a las consecuencias de la
revolución soviética.
Su rechazo a integrarse en la Internacional
Comunista promovida por Lenin provocó una
escisión en 1921, que fue el origen del Partido
Comunista de España (PCE), cuyos líderes más
destacados fueron José Díaz y Dolores Ibárruri (la
Pasionaria).
4. LA SEMANA TRÁGICA Y SUS CONSECUENCIAS (1909-1917)
4.1. La política colonial en Marruecos
Tras el desastre de 1898 y después de un
primer momento de retraimiento de su política
colonial, a partir de 1906, España inició su
penetración en el Norte de África.
La conferencia de Algeciras (1906) y el
posterior Tratado Hispano-Francés (1912)
supusieron el establecimiento de un
protectorado franco-español en Marruecos.
A España se le concedió una franja en el
Norte, el Rif, y un enclave en la costa
atlántica (Ifni y Río de Oro).
La presencia española en esa zona se vio
estimulada tanto por intereses económicos
como por la voluntad política de restaurar el
prestigio del ejército, que pretendía convertir
España en una nueva potencia colonial.
4.1. La política colonial en Marruecos
Sin embargo, la presencia española en esta
área fue contestada por las tribus bereberes
(cabilas).
Los continuos ataques de los rifeños obligaron
a mantener una fuerte presencia militar
española, que se intensificó a partir de 1909,
cuando los rifeños infligieron una importante
derrota a las tropas españolas en el Barranco
del Lobo, donde ocasionaron numerosas
bajas.
Se decidió entonces incrementar el número de
soldados españoles en el Rif para evitar la
caída de Melilla.
Para ello, el gobierno ordenó el envío de
tropas integradas por reservistas, muchos de
ellos casados.
4.2. La Semana Trágica de Barcelona
El envío de un contingente de fuerzas reservistas
provocó un importante movimiento de protesta
popular en Barcelona, conocido como la Semana
Trágica, apoyado por anarquistas, socialistas y
republicanos.
Hay que tener en cuenta que el sistema de
reclutamiento de quintas comportaba que solo los
varones de las familias humildes, que no podían
pagar el rescate, fueran reclutados para la
guerra.
Los incidentes comenzaron el 18 de julio durante el
embarque de las tropas en el puerto barcelonés.
El sindicato de orientación anarquista Solidaridad
Obrera hizo un llamamiento a la huelga general
para el 26 de julio, que fue apoyada por la UGT
y grupos republicanos.
4.2. La Semana Trágica de Barcelona
La revuelta en Barcelona se prolongó durante
una semana, dando lugar a un movimiento
que adquirió un fuerte componente
antimilitarista y de rechazo a la hegemonía
social y cultural de la Iglesia.
En las calles se levantaron barricadas, se
produjeron enfrentamientos con las fuerzas del
orden y se incendiaron más de 80 edificios
religiosos.
Las autoridades respondieron declarando el
estado de guerra y enviando refuerzos para
reprimir las manifestaciones.
Hubo heridos y muertos, con lo que el
movimiento insurreccional se radicalizó y derivó
hacia la actuación incontrolada de grupos que
actuaban sin dirección ni coordinación.
4.2. La Semana Trágica de Barcelona
El balance de los enfrentamientos fue
de más de 100 muertos, 300 heridos y
casi un centenar de edificios destruidos.
La represión posterior fue muy dura:
centenares de personas fueron
detenidas, 1.500 se vieron afectadas
por consejos de guerra y se dictaron 17
condenas a muerte, de las cuales se
ejecutaron cinco.
El caso más conocido fue el de
librepensador y fundador de la Escuela
Moderna Ferrer i Guardia, que no
había participado directamente en los
sucesos y cuyo proceso generó grandes
protestas dentro y fuera de España.
4.3. Las consecuencias políticas
La Semana Trágica tuvo
consecuencias políticas que llevaron
a una notable desestabilización
de los partidos del turno dinástico
y a la caída del gobierno de
Maura.
La dureza de la represión unió a
liberales y republicanos en la
crítica al Gobierno.
Ante esta presión, el rey disolvió
las Cortes y entregó el gobierno al
líder liberal José Canalejas, que
hasta su asesinato en 1912 llevó a
cabo el último intento reformista
desde dentro de sistema de la
Restauración.
4.3. Las consecuencias políticas
Tras la caída o desaparición de
sus dirigentes, los partidos
dinásticos estaban
fragmentados y faltos de un
líder capaz de aglutinar las
diversas tendencias.
En el Partido Liberal pugnaron el
conde de Romanones y
Santiago Alba, que se alternaron
en el poder en una situación de
inestabilidad permanente.
En el Partido Conservador tomó
el mando Eduardo Dato, que
formó gobierno en 1913, y murió
víctima de un atentado en 1921.
4.3. Las consecuencias políticas
La nueva situación política comportó también una
reorganización de las fuerzas de oposición:
El fortalecimiento del republicanismo con la creación
de un nuevo partido de carácter moderado, el Partido
Reformista (1912), y con el acercamiento de las
fuerzas de izquierdas y, en concreto, el crecimiento de
la Conjunción Republicano-Socialista.
El descrédito del republicanismo lerrouxista, fruto
del ambiguo papel desempeñado durante los sucesos
de 1909. Por ello se acentuó el desencanto de muchos
obreros, que pasaron a engordar las filas del
anarcosindicalismo.
El reforzamiento de un catalanismo republicano
derivado del desprestigio de la Lliga Regionalista, Melquíades Álvarez, fundador
del Partido Reformista
acusada de haber apoyado la represión
gubernamental.
5. LA CRISIS DE 1917
5. La crisis de 1917
A comienzos de 1917, en España existía una
situación de descontento social que se vio
agravada por la coyuntura de la Primera
Guerra Mundial, que supuso un
empeoramiento del nivel de vida de las
clases populares en un momento de grandes
beneficios empresariales.
La crisis estalló en marzo de 1917, cuando la
CNT y la UGT convocaron una huelga para
protestar ante el encarecimiento de los
productos de primera necesidad.
Ante esta situación, el Gobierno de Dato
suspendió las garantías constitucionales,
clausuró las Cortes e impuso la censura de
prensa.
5. La crisis de 1917
Durante el verano de 1917, el Gobierno tuvo que hacer
frente a una crisis generalizada:
Las organizaciones sindicales convocaron una huelga
general (conflicto obrero).
Los militares, en desacuerdo con el sistema de
ascensos de los oficiales, conseguidos
mayoritariamente por méritos de guerra y que
beneficiaban a los militares africanistas, se
organizaron en unas Juntas de Defensa (conflicto
militar).
Los partidos opositores se reunieron en la Asamblea
de Parlamentarios, convocada por la Lliga
Regionalista, en la que reclamaron la formación de un
gobierno provisional, la celebración de Cortes
Constituyentes para elaborar una nueva Constitución y
la descentralización del Estado (conflicto político).
5. La crisis de 1917
La reacción del Gobierno fue represiva: la huelga
obrera fue duramente reprimida por el ejército y se
encarceló y sometió a consejo de guerra a los miembros
del comité de huelga.
Las Juntas de Defensa militares fueron disueltas y el
Gobierno prohibió la reunión de diputados y senadores,
que fue finalmente disuelta por la Guardia Civil.
La acción conjunta de los tres conflictos podría haber
provocado la quiebra del sistema la Restauración, pero
cada uno se organizó por separado y defendió posiciones
contrapuestas.
Ante el peligro de una revuelta y de la ruptura del país,
el ejército apoyó a la monarquía y la posición de la
burguesía también retrocedió ante el miedo a la
revolución social.
El fracaso del movimiento permitió que el sistema se
mantuviese durante cinco años más.
6. LA DESCOMPOSICIÓN DEL SISTEMA PARLAMENTARIO (1918-1923)
6. La descomposición del sistema parlamentario (1918-1923)
A partir de 1918 se agravó la crisis del
sistema de la Restauración.
A los antiguos problemas:
Carácter oligárquico del gobierno.
Fraude electoral.
División de los partidos del turno.
Se sumaron:
La crisis económica y social, que
provocó la radicalización del movimiento
obrero y el incremento de los conflictos
sociales.
El desastroso desarrollo de la Guerra de
Marruecos.
6.1. Crisis económica y agitación social
El fin de la Primera Guerra Mundial supuso la reducción
de las exportaciones españolas y la economía entró en una
profunda crisis.
En esta situación de recesión, con una fuerte inflación y
una escasa demanda, miles de personas perdieron su
empleo y los sindicatos reaccionaron con huelgas y
protestas.
La crisis tuvo un especial impacto en Cataluña, que era la
zona más industrializada y la que más se había
beneficiado del auge económico durante la guerra.
El movimiento huelguístico más importante tuvo lugar en
1919 en La Canadiense, la empresa que abastecía de
electricidad a Barcelona y su zona industrial.
Los sindicatos y la patronal alcanzaron un acuerdo que
incluía la jornada laboral de ocho horas.
6.1. Crisis económica y agitación social
Sin embargo, el incumplimiento del compromiso de
readmisión de los trabajadores despedidos reactivó el
conflicto y produjo una radicalización de las posturas
que derivó en el pistolerismo.
Entre 1918 y 1921 también se produjeron
movilizaciones en el Sur de España, principalmente en
Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura.
Se exigía el reparto de tierras para los campesinos
siguiendo en ejemplo de la Revolución rusa, por lo que
ese periodo se conoce como Trienio bolchevique.
Promovidas fundamentalmente por grupos
anarquistas, las revueltas incluían la ocupación de
tierras, la toma de ayuntamientos y la formación de
comités de huelga.
El Gobierno reaccionó declarando el estado de
guerra, encarcelando a los líderes campesinos e
ilegalizando las organizaciones obreras.
6.2. La descomposición política
La crisis de 1917 agravó la situación política.
Por un lado, la fragmentación de los partidos del turno
impedía la existencia de mayorías parlamentarias estables.
Por otro, la división y debilidad de la oposición impedía
articular y construir una alternativa al sistema de la
Restauración.
Para superar esta situación, el sistema recurrió a una nueva
fórmula, los gobiernos de concentración, que integraban a
los partidos dinásticos y a algunos políticos de la Asamblea
de Parlamentarios y la Lliga Regionalista.
Esta fórmula suponía, en la práctica, la quiebra del turno
de partidos tal y como había sido diseñado por Cánovas
en 1875.
6.2. La descomposición política
El más relevante fue el llamado Gobierno Nacional,
presidido por Maura en 1918, que incluía a todos los
jefes parlamentarios de los partidos monárquicos.
Este intento solo duró siete meses debido a las diferencias
internas entre los líderes que integraban el Gobierno.
Tras el fracaso de los gobiernos de concentración se volvió
al turno de partidos.
Entre 1918 y 1923 se sucedieron una decena de
gobiernos inestables que, ante la falta de mayorías
parlamentarias claras, recurrieron con frecuencia a
medidas de excepción:
Suspenso de las garantías constitucionales.