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La Dialéctica

La dialéctica se refiere al método filosófico de Platón para determinar las relaciones entre las ideas mediante el diálogo y la discusión razonada. Involucra combinar y dividir las ideas de acuerdo a cómo se enlazan o separan entre sí, similar a cómo las letras se combinan en palabras. La idea del bien es la idea suprema según Platón, que hace que las demás ideas sean inteligibles de manera análoga a cómo el sol hace que las cosas sean visibles.

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La Dialéctica

La dialéctica se refiere al método filosófico de Platón para determinar las relaciones entre las ideas mediante el diálogo y la discusión razonada. Involucra combinar y dividir las ideas de acuerdo a cómo se enlazan o separan entre sí, similar a cómo las letras se combinan en palabras. La idea del bien es la idea suprema según Platón, que hace que las demás ideas sean inteligibles de manera análoga a cómo el sol hace que las cosas sean visibles.

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La dialéctica.

El método de la nóesis es la dialéctica (término que también designa en Platón la


filosofía sin más). Una breve referencia a este tema permitirá a la vez observar
más de cerca la estructura del mundo inteligible, es decir, las relaciones entre
unas ideas y otras.

La dialéctica, vocablo que mentaba, en el lenguaje corriente de la época,


simplemente el diálogo, el discurso razonado, significa en la República el arte de
la conversación que tiene por meta dar razón de alguna idea, buscando el
principio de que depende; en el Sofista, es la técnica de "moverse", por así decirlo,
en el mundo de las ideas, determinando las relaciones entre unas y otras según se
enlacen entre sí o estén separadas, de modo semejante a como unas letras se
combinan con algunas pero no con otras; combinándolas y dividiéndolas según
sus articulaciones naturales, tal como un buen trinchador hace con las presas.

La idea del bien.

Hemos dicho que la Idea del Bien es la idea suprema, la "Idea de las ideas";
Platón se refiere a ella en la República (502 c - 509 c), y comienza por advertir
que, justo por tratarse de la idea suprema, es muy difícil alcanzarla y hablar de ella
tal como es en sí misma; por ello propone, no tratar del Bien en sí mismo, sino
comparándolo con el sol. En efecto, para ver algo no basta con el ojo y la cosa
visible, sino que es preciso también la luz, que el sol otorga.

De modo semejante, no basta con el "ojo" del alma y las cosas inteligibles o
ideas, sino que es preciso además un principio que a las ideas las haga aptas
para ser captadas, que las haga cognoscibles; esto es justamente lo que hace el
Bien: es lo que otorga inteligibilidad a las ideas. En esta perspectiva, el Bien es
fundamento gnoseológico.

La alegoría de la caverna.

Platón se vale de una alegoría para dar forma plástica, digamos, a las teorías que
se acaban de esbozar, y al mismo tiempo para expresar "dramáticamente" la
condición y el destino del hombre -ya que, al fin de cuentas, no es la filosofía otra
cosa sino la plena asunción de este destino y condición uno de los pasajes más
famosos quizás el más famoso de todos- de la literatura filosófica, y al par un trozo
de antología literaria. Para comprender mejor lo que Platón dice, conviene valerse
del esquema precedente.

El mundo de las substancias: Aristóteles.

Personalidad Aristóteles es el discípulo de Platón por excelencia, y como todo


gran discípulo, no se limitó a repetir a su maestro, sino que creó un sistema de
filosofía nuevo.
Por lo demás, Aristóteles mismo se encargó de fijar su propia posición filosófica
mediante una serie de críticas a su maestro.

Aristóteles también afirma la "idea" -para emplear el término platónico-, lo


universal; afirma lo racional y sostiene que el único objeto posible del
conocimiento verdadero es la esencia, el ente inmutable que sólo nuestra razón
capta. Pero lo que no comparte con Platón es la supuesta necesidad de establecer
dos mundos separados: segregar las ideas o esencias ("formas", las va a llamar
Aristóteles) de las cosas sensibles, convertirlas en realidades independientes, es
lo que no admite del platonismo. De allí sus críticas, que, por lo que aquí interesa,
pueden resumirse en cuatro puntos.

Personalidad.

Nació en el año 384 a.c., y murió en el 322 a.C. Es autor de, una obra muy vasta,
que abarca no solamente todas las ramas de la filosofía, sino también
prácticamente todos los sectores de la ciencia y, en general, del saber humano;
sus escritos cubren el territorio de la física, la biología, la psicología, la sociología,
la política, la poética, etc.

Ello fue causa, entre otros factores, de que su obra haya sido considerada durante
siglos -fundamentalmente en la Edad Media- como la obra científica por
excelencia, ocupando en el terreno filosófico y científico un lugar semejante al que
le correspondió a la Biblia en el campo religioso.

Ello no implica que el pensamiento aristotélico sea necesariamente coincidente


con la religión, y, concretamente, con la religión cristiana; pero, de todos modos,
sin olvidar la enorme influencia que ejerció sobre judíos y musulmanes, o sobre
Hegel, para mencionar un autor moderno, el hecho es que fue incorporado (y
adaptado, naturalmente) al pensamiento cristiano, en especial a través del mayor
filósofo y teólogo de la Iglesia, Santo Tomas de Aquino.

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