ACTAS
DEL
DEL ECUADOR,
(AÑO-1839)
PRECEDIDAS DE UNA INTRODUCCION HISTORIC^
POR
FRANCISCO IGNACIO SALAZAR.
VOLUMEN I.
ACTAS DEL SENADO.
QUITO
IMPRENTA DEL GOBIERNO.
1893.
INTRODUCCION
Por el artículo 24 de la Constitución del
año de 1835, disuelta en 37 la Legislatura, de
bió volver á reunirse y se reunió efectivamente
en 1839, los Congresos eran de ser bienales é
instalarse aun cuando no hubiesen sido convo-
f S
cados; razón es ésta para que, observando el
orden cronológico, que es el que en lo posi
ble hemos seguido en las introducciones á los
libros de actas de las Legislaturas anteriores,
hablemos primero de los decretos del Poder
Ejecutivo y sucesos de 1838, y después de los
actos legislativos y hechos que corresponden
al año 1839.
Del de 1835, en que se posesionó de la pre
sidencia, al de 38 contaba ya tres años de man
do Don Vicente Rocafuerte; debía terminar su
administración el 31 de Enero de 1839, y no
quiso que feneciera el período sin hacer algo
que redundara en pró de la República que le
— rv —
había confiado sus destinos. La revolución y
la guerra casi no la dieron tiempo para respirar
durante los cuatro primeros años de autonomía;
preciso era que el segundo Presidente, más fe
liz que su antecesor, no omitiese medio ni des
perdiciara tiempo de que pudiera aprovechar
para que el Estado diese por buena senda los
primeros pasos de vida independiente Al Po
der Ejecutivo no le faltaban ideas de la manera
de mejorar la situación ; mas, por desgracia, te
nía de ceñirse á lo que la escasez de fondos le
obligaba, y las circunstancias le designaban co
mo de preferente inte**és.
Con el designio de romper toda relación de
dependencia del Convictorio de San Fernando
al Instituto de Predicadores, el 18 de Enero de
38 expidió un decreto, en ejecución dijo, de otro
legislativo del año anterior, por el cual todos los
fondos asignados al Convictorio, desde su fun
dación hasta eí 21 de Junio de 1837, debían en
tregarse al Colector general de rentas de ense
ñanza pública, y quedar responsable la comuni
dad de las faltas que hubiere ; para conocer las
cuales, dispuso se tuviera á la vista el inventa
rio de entrega al último Rector dominicano*
1 )eclaró á la misma corporación obligada al pa
go de los alquileres de cualquiera parte del edifi
cio que hubiese ocupado desde la entrega ú ocu
pare en adelante ; y ordenó que las misas á que,
por el Colegio estaban obligados los religiosos,
se celebrasen en lo sucesivo por el capel án del
Convictorio. Quedó así, de parte del Jefe de
la Nación, consumada la independencia que de
ese establecimiento de la Capital había decreta
do en Febrero de 1836.
Con fecha 12 de Febrero de 1838, dio eí
Estatuto que había de regir en el Colegio de
niñas de Santa María del Socorro de Quito, de
clarándolo Establecimiento Nacional, bajo la in
mediata protección del Gobierno. Encomen
dó la inspección del Colegio á un Consejo ad
ministrativo compuesto del Director general
de estudios y de dos padres de familia desig
nados por el Ejecutivo; atribuyóle el cuidado
del cumplimiento de las disposiciones regla
mentarias, el proproner la remoción de los em
pleados, procurar el adelantamiento, el incre
mento de los fondos, é impúsole los deberes
de visitar mensual mente el Colegio, de exigir,
también mensualmente, del Síndico una plani
lla de los ingresos y gastos, y de cuidar que le
rinda cuentas en el tiempo y con las formalida
des debidas. Los empleados eran dos directo
ras, un Síndico, un Capellán, un preceptor ó pre-
ceptora de lectura, escritura, aritmética y geo
grafía ; otra de costura, bordado y otras labores
de mano ; un preceptor ó preceptora de dibu
jo y los sirvientes domésticos designados por ef
Reglamento interior que lo dió el mismo día.
Las educandas eran internas y externas; las
primeras pagaban cien pesos anuales y las se
gundas doce, debiendo, para ser admitidas, acre
ditar su buena índole, buen comportamiento y
que no adolecían de enfermedad contagiosa.
De internas no podían ir las menores de seis
años ni mayores de catorce, ni de externas las
que pasasen de once años de edad; se daban
ocho becas gratis y se enseñaba lectura, escri
tura, aritmética, costura y bordado, dibujo lineal
y de flores, alocución castellana, lengua fran
VI —
cesa, geografía, urbanidad, economía domés
tica y música vocal é instrumental. En Junio
y Diciembre daban exámenes, concluidos, te
nían las alumnas ocho días de vacaciones. F o r
maban los fondos del Colegio los bienes raíces
que entonces poseía, los réditos de algunos ca
pitales acensuados y las pensiones que ero
gaban las educandas. Ambos establecimientos
han dejado ya de ser lo que fueron : San F er
nando, cambiado el nordbre por el de “ Colegio
de los Sagrados Corazones”, es hoy un magní
fico colegio de niñas, dirigido por religiosas de
esa sagrada advocación ; y el Colegio de Santa
María del Socorro, está destinado á la educa
ción de niños, bajo la dirección de los Herma
nos de las Escuelas Cristianas.
En 14 de Febrero del año de que habla
mos, expidió un decreto orgánico de los tribu
nales y juzgados de comercio. Consta de siete
capítulos, trata el 1? de los tribunales y jueces,
el 2? de las elecciones, el 3? de las causas y ne
gocios de competencia de los tribunales de co
mercio, el 4? del procedimiento judicial en asun
tos mercantiles, el 5? de las obligaciones, res
ponsabilidad y sueldos de los empleados consu
lares, el 6? de los fondos consulares é inversión
y el 7? contiene disposiciones comunes á los ca
pítulos precedentes. Dió el Ejecutivo este de
creto en virtud de facultad especial que le con
firió la Legislatura para reglamentar los juzga
dos de comercio, y expresando en el 84, último
de los artículos, que se sometería al conocimien
to del próximo Congreso.
El mejoramiento de la clase militar fué una
de las cosas que ocuparon la atención del Pre
4
— VII —
sidente Rocafuerte desde mediados de Enero
de 38. En efecto, el 15 de ese mes expidió una
circular mandando á los Comandantes Genera
les que inventarien todos los objetos de sus ofi
cinas, ordenándoles que otro tanto hagan los
Comandantes de armas de las provincias de su
dependencia y previniéndoles que envíen al Mi
nisterio de Guerra copia legalizada de cada in
ventario que se formase en cumplimiento de lo
ordenado. Por otra circular dispuso que de los
batallones 1? y 2? de infantería de línea, se en
tresacasen veinticuatro aspirantes, á doce por
cuerpo, y dos de la compañía de artillería, á que
concurrieran como alumnos á la Escuela militar
que iba á establecer en la Capital de la R epú
blica; y que á ese fin las Tesorerías correspon
dientes remitieran con puntualidad diez pesos
mensuales de los sueldos de cada educando.
Quiso evitar un abuso harto frecuente en la mi
licia, cual es el de que cada oficial, y más que
los oficiales, los jefes, tengan por asistentes el
número que quieran de soldados, distrayendo á
éstos de sus naturales ocupaciones y ocasionan
do al Erario un gasto inútil hasta cierto punto
aun para los que incurren en la falta; ordenó
pues que los Generales en servicio activo ten
gan dos asistentes, y uno sólo los de las clases
de Coronel á Capitán inclusive. Para acelerar
el despacho y facilitar el acierto, previno que las
solicitudes de los individuos del ejército se ele
ven siempre al Gobierno con los informes de los
respectivos Jefes, y que en éllos expresen sus
dictámenes fundándolos en leyes ú otras dispo
siciones vigentes. Dispuso el orden en que
ocuparían los asientos los miembros de los con
— VIII —
sejos de guerra Je oficiales generales; y decla
ró vigente la disposición del gobierno español,
de 5 de Noviembre de 1779, que imponía pena
por varios delitos, entre ellos por el de embria
guez, y conforme á ella, hablando de militares,
dijo: “ Los ébrios serán castigados correccio
nalmente, por primera y segunda vez, con uno
y dos meses de prisión, y la tercera s^rán ju z
gados en consejo de guerra y sentenciados á
obras publicas ó á presidio, según el tenor de
la disposición enunciada”. Hizo más contra ese
vicio abominable, impuso á los Jefes el deber
de vigilar escrupulosamente la conducta de sus
subordinados y el de hacer anotar en las filia
ciones de la tropa, y en las hojas de servicios de
los oficiales, las faltas en que á este respecto in
curriere cada individuo. Por cierto encomen
dó al Ministro que sometiera este decreto á la
aprobación de la próxima Legislatura.
Mas, antes de la última de las disposicio
nes en referencia, en Marzo, el 10 por la noche,
algunos desafectos al Gobierno hicieron estallar
en Riobamba un movimiento revolucionario.
De antemano habían seducido al Comandante
José Martínez Aparicio, segundo Jefe, que ha
cía entonces de primero, del batallón N'.* 2? de
infantería, fuerte de 230 hombres que estaba de
guarnición en esa plaza. La noticia no tardó
en llegar á la Capital más de lo que un posta
necesitaba para venir de Riobamba; así que el
12 por la mañana se puso en Quito, y el primer
paso del Ejecutivo fue convocar al Consejo de
Gobierno para que le concediera facultades ex
traordinarias, que se las dió, conocido y califica
do el peligro. Los revoltosos tampoco perdie-
— IX —
ron tiempo, sobre la marcha se encaminaron á
Ambato, donde se proveyeron de raciones, de
bestias para montar la tropa é impusieron algu
nas contribuciones de difícil pero factible recau
dación A las cinco de la tarde del día 14 en
tró el batallón á Latacunga sin resistencia, por
que estaba desguarnecida, ni tampoco apoyo,
pues allí carecían los rebeldes de toda coo
peración: el 15 salió, no por el camino princi
pal, porque como era descubierto, temieron sin
duda una maniobra de caballería, sino por el de
Saquisilí para tomar por Ortuño; de suerte que
ese día pernoctaron los soldados en aquella ha
cienda, y al siguiente, á eso de las nueve de la
mañana, continuaron la marcha á la del Chaupi,
del General Isidoro Barriga, por cierto encami
nándose á la Capital.
El Gobierno desplegó su acción con la ce
leridad que el caso requería: el 12 pasó circu
lar á las provincias anunciándoles el peligro ó
impartiendo á los Gobernadores las órdenes
respectivas; declaró después en asamblea la
Capital y los pueblos de las cinco leguas ; dis
puso que el Ministro de lo Interior se encarga
se interinamente del Ministerio de la Guerra, y
que el Ministro de este ramo, General Bernardo
Daste, vaya al encuentro de los revoltosos á ti i -
rigir las operaciones militares; publicó un ban
do en la Capital y obtuvo oferta de hombres y
de dineros; y por cuanto viera el Jefe del E s
tado que se aproximaban los invasores, y que
aun respecto de él los no debía guardar silencio,
el 15 de Marzo, á nombre suyo y con su firma,
hizo circular la siguiente proclama:
2
“ S oldados :
“ Un Jefe indigno de serlo os ha hecho ins
trumentos de la más negra traición. Ha em
pleado la calumnia para seduciros: ha empaña
do el brillo de vuestras arm as: ha mancillado
vuestras glorias y ha atraído sobre vuestras ca
bezas la espada de la justicia y la indignación
de los pueblos. Mas el Ejecutivo que sabe dis
tinguir los grados de delincuencia, está pronto
á ejercer con vosotros la conmiseración de un
padre, que os contempla como á hijos descarria
dos ó como víctimas de aquella obediencia con
la cual otras veces habéis sido conducidos á los
campos del honor y de la gloria.— Abandonad
á vuestros je fe s: deponed las armas parricidas
y contad con el perdón. De lo contrario, y si
acaso llegáseis á disparar un solo tiro contra los
defensores de las instituciones patrias, la muer
te será irremisiblemente el justo castigo de vues
tra obstinación”.
El 15 formaron las tropas en la plaza d éla
Catedral al medio de innumerables concurren
tes. Presentóse el Presidente de la Nación,
arengó á aquellas con la vehemencia propia de
su carácter y el lucimiento de su palabra; des
pués, dirigiéndose al pueblo, hizo el resumen de
los bienes alcanzados durante los tres años de
paz consecutiva, y manifestó el riesgo de que to
do se perdería si triunfase el motín militar que
tenían los ánimos exaltados, pero que se disi
paría en breve si los ciudadanos prestaban al
Gobierno la cooperación que demandaba. A
órdenes del General Daste desfiló luego hacia
el Sur el 2? regimiento lanceros, el cual debía
— XI —
ser reforzado para la campaña por las partidas
de observación que estaban al otro lado del ene*
migo, y por una columna que venía del Sur con
el General Flores. En la misma fecha, el 15 á
las siete de la mañana, salió de Ibarra para Qui
to el Ier. regimiento lanceros, comandado por el
Coronel Antonio España, llegó el 16 y el Pre
sidente habló en estos términos:
“ Soldados:
“ Los públicos testimonios de afecto y de
fidelidad que me disteis en mi último viaje á
Ibarra, están profundamente grabados en mi
corazón. Al ver vuestro júbilo, y la sincera
expresión de vuestra lealtad, un rayo de espe
ranza me hizo entrever la grata perspectiva de
que la tranquilidad pública no se turbaría en
este período constitucional, que ha sido hasta
aquí de paz, de orden y de progresivos adelan
tamientos. Empero, el genio de la discordia,
que desgraciadamente parece presidir los des
tinos de la América, ha agitado su ominosa tea
en Riobamba en la tropa que componía el ba
tallón N? 2? y que, seducida por el traidor M ar
tínez Aparicio, ha levantado el estandarte de la
rebelión. Y a vuestros compañeros de armas—
los bravos del 2? regimiento— están al frente de
los traidores, y pronto les harán morder el pol
vo. A tiempo llegáis de tomar parte en la des
trucción de los anarquistas y de recoger nue
vos laureles, vengando los ultrajes hechos á la
Constitución, al ejército y á la libertad. £ 1 ob
jeto de estos malvados, es el de trastornar un
Gobierno justo y obediente á las leyes;, y de
clavar el puñal en el seno del ínclito General
Flores, que tantas veces os ha conducido á la
victoria”.
“ Soldados: Váis á pelear por una admi
nistración legítima, por los derechos del pueblo,
por la conservación de las propiedades, y por
salvar la vida á vuestro antiguo y digno amigo
el General en Jefe. En fin, vuestro acredita
do valor no necesita de más estímulos que el en
cuentro de los rebeldes y el recuerdo de vues
tras glorias pasadas, adquiridas en Boyacá, Ju-
nín y Ayacucho”.
“ ¡Vivan los valientes del i.er Regimiento,
terror de los traidores, y uno de los más firmes
apoyos del Gobierno y de la libertad !”
Los facciosos contaban con la cooperación
de este cuerpo y el apoyo del Departamento del
Azuay, así lo creían, lo divulgaban y aun le es
cribió de Ambato al General Juan Otamendi el
revolucionado Coronel Alejandro Machuca, ins
tándole á que con todos los emigrados al Perú
se viniese sobre Loja sin pérdida de momento.
Fué, pues, motivo bastante para que el Coro
nel España y más jefes y oficiales del primer re
gimiento se manifestaran indignados y protes
taran contra las inculpaciones ante el Gobier
no, prometiéndole lealtad por medio de una
representación datada en Tupigachi la víspe
ra de que llegara á Quito el regimiento. Por
cierto el Presidente no conocía á punto fijo los
lugares del peligro ni podía estar seguro de
la fidelidad de sus servidores; de ahí el que sus
pasos fuesen quizá más allá de lo que en ver
dad las circunstancias requerían, y el de que á
— XIII —
esa causa se oyesen ciertas murmuraciones que
el Periódico Oficial contestó de esta manera:
“ Creen y propalan algunos poco versados en el
arte de la guerra, que el Gobierno ha dado una
importancia extremada al motín de Aparicio,
poniendo en movimiento varios cuerpos del
ejército permanente y milicia nacional. E m
pero, si se advierte que en las guerras civiles no
debe aventurarse un solo encuentro parcial en
que pueda concederse la menor ventaja al ene
migo ; y si se reflexiona que cuanto más fuerte
sea el ejército defensor, tanto más pronto se le
obliga al enemigo á deponer las armas, y tanto
más se economízala sangre de nuestros herma
nos : se advertirá que estas medidas dictadas
por la humanidad misma, tan lejos de dar á en
tender que hay temores de una conflagración
extensa, ni de que las fuerzas contrarias puedan
contrarrestar á las del Gobierno; acreditan más
bien el deseo de terminar esta escena de escán
dalo por una sola función de armas, ó más bien
por un paseo militar que, á la vez que pone en
ejercicio á los defensores de las instituciones,
excita el patriotismo y entusiasmo de los ciuda
danos fieles sostenedores de las libertades pa-
• ».
trias
Volvamos á la situación de las tropas. D i
jimos que el 16 de Marzo el cuerpo sublevado
salió de Ortuño al Chaupi; pues desde la vís
pera estuvo ya el General Daste con su tropa
en Machachi, es decir á más ó menos diez kiló
metros distante del enemigo: el 14 los Coro
neles Uscátegui y Padrón ocuparon Riobamba
sin ninguna resistencia y se emplearon en orga
nizar tropas para estacionar allí parte y condu
— x iv —
cir el resto á donde conviniere á la restauración;
así que el i 7 el Coronel Padrón llegó á Amba-
to, á las tres de la tarde, á la cabeza de una co
lumna, y dirigió un oficio al General Daste pa
ra que dispusiera si continuaría en ese lugar ó
si marcharía á hostilizar por algún punto á los
rebeldes: el Coronel Nicolás Vázconez, á la ca
beza de otra columna, salió de Muíalo el 15 y
llegó esa noche á Latacunga con el fin de res
tablecer el orden que lo creía turbado ; pero lo
encontró cual si nada hubiera ocurrido, por ma
nera que siguió la marcha para Ambato, en
donde entró el 16 por la noche y se incorporó
con Padrón al siguiente día. Vázconez y Pa
drón vieron que era ya tarde para ir en segui
miento del enemigo, y se contentaron con ocu
par la retaguardia para inhabilitarlo después de
la derrota que creían indudable. El General
Flores, en recibiendo la noticia de la revolución,
se puso inmediatamente á organizar una colum
na en su hacienda de la Elvira, la puso en co
sa de doscientas plazas y, para marchar, el 16
de Marzo, publicó esta proclama:
“ JU A N JO S É F L O R E S ,
GE NE RAL EN J E F E DEL EJ ERCITO.
“ S oldados : El batallón N? 2? ha vuelto sus
#
armas contra la Patria, seducido por un jefe que,
violando sus juramentos, ha hecho traición á
sus deberes como soldado, y á la gratitud como
hombre. Las leyes y la indignación pública le
— XV ----
harán purgar su crimen si no se acoge á la cle
mencia”.
“ S oldados : Fiel siempre á mis principios,
me he puesto en armas para sostener al Gobier
no, restablecer la paz turbada momentáneamen
te, y para afianzar más y más el imperio de las
leyes. Cuento con vuestra lealtad, y con vues
tro valor que no se han desmentido en los gran
des peligros”.
“ S o l d a d o s : L os habitantes pacíficos de
esta comarca han volado á rodearme para par
ticipar con vosotros la gloria de combatir por
tan honrosa causa, y para que en el Ecuador
prevalezca el principio de no se violan im
punemente las seyl, n i triunfa
tos de o
h
ce, aun cuando estén apoyados por la
fuerza que dan las bayonetas y las .
“ S o ld a d o s : Oíd, pues, mi voz: seguid
me; y me encontraréis en el camino del honor
y de la gloria; de donde he tenido la fortuna
de no desviarme jamás”.
Tal era el 16 de Marzo la situación de las
tropas que terciaron directamente en la peque
ña campaña de que hablamos, cuando al ama
necer del 17 se recibió en Quito la nota que va
mos á v e r :
“ República del Ecuador.— Comandancia en
Jefe de la columna de operaciones.— Tambillo,
á 17 de Marzo de 1838—á las dos de la maña
na.— Al Señor Ministro de Estado en el Despa
cho de Guerra y Marina.— Señor:— Acabo de
llegar á este pueblo, á donde me resolví á ve
nir, porque según la atenta observación que ha
— XVT —
bía hecho de todos los movimientos da los fac
ciosos, según el interés que deben tener para
acercarse lo más pronto posible á la Capital, y
evitar nuestras fuerzas reunidas, se pasarían de
noche por un ñanco nuestro, y vendrían á po-
sicionarse de estas quebradas y particularmente
de la de Jalupana, é impedirían la reunión con
migo de la infantería que debe venir con el C o
ronel Talbot, y que aún no llega. No cabe
duda que los facciosos buscan posiciones inac
cesibles para la caballería. Creo que el movi
miento que he hecho me pondrá en el caso de
terminar en dos ó tres días una campaña que de
otro modo hubiera durado mucho más & .— Dios
guarde á U S.— Bernardo Daste”.
El encuentro de las tropas que iban á com
batir entre sí no se hizo esperar Los detalles
de la acción, cuales los expresó al Gobierno el
Jefe del Estado Mayor, constan en el oficio si
guiente :
República del Ecuador.— Estado Mayor de
la'columna de operaciones.— Tambillo, 17 de
Marzo de 1838— á las 7 de la noche. — Al S e
ñor Ministro Secretario de Estado en el Despa
cho de Guerra y Marina.— Señor: — En el par
te que el Señor Comandante en Jefe de la co
lumna de operaciones dirigió á US. en la tarde
del día de hoy, se vió obligado á dar á US. una
ligera idea del encuentro que la tropa de su
mando tuvo con el batallón sublevado, indican
do á US., que tan luego como se adquiriesen
todos los datos y que las circunstancias lo per
mitiesen, daría á US. una relación más extensa
. — XVII —
de sus observaciones y resultados, lo que ha si
do imposible verificase dicho Señor General, á
causa de la herida que recibió en el combate ;
y para que el Supremo Gobierno se imponga
de todo, me cabe la honra de participar á US.
lo siguiente : ( i )
“ El día 16 tuvimos noticias positivas de que
los facciosos habían variado la dirección de su
marcha, y que se habían situado en el puente de
Chaupi, hallándonos con nuestro campamento
en todo el camino al frente de Machachi: por
la noche resolvió el S.eñor General Comandan
te en Jefe hacer un movimiento retrógrado, y
nos situamos en el Tambillo, para cruzar los
planes de los rebeldes en caso de que intenta
sen tomar la cordillera, por la cual pudieran ha
ber salido al punto indicado, en menos de seis
ó siete horas, según nos impusieron los prácti
cos de aquel terreno. En la mañana del 17 re
cibimos los veinticinco hombres del 2? regi
miento que se habían quedado en esa capital, y
una columna de voluntarios compuesta de se-
(1) E l parte del Comandante en Jefe á que se refiere este
oficio dice a sí:— “ Al Señor Ministro de G uerra.— Señor:— S011
las tres de la tarde y al salir del bosque conocido con el nom
bre de Gualilagua, nos hemos encontrado con los facciosos que
nos esperaban formados en batalla. A pesar que no teníamos
para presentarles más que nuestra primera guerrilla, compues
ta de cincuenta hombres, el valor ha impelido á todos los bra
vos carabineros y han echado pié á tierra; y después de haber
cambiado unos pocos tiros, una carga resuelta de los pocos que
habían podido desembocar, ha bastado para dar principio á
una derrota que bien pronto ha sido completada por los demás
que seguían” .
“ Hemos tenido muy pocos muertos y según creo sólo uno.
Pero hay algunos heridos, entre los cuales se encnentran el C o
ronel Martínez, el Coronel Talbút y el que suscribe” .
“ Más tarde daré detalles.— Dios guarde á U S .— Bernar
do Daste”.
3
— JCVÍÍT —
séntá y SéiS horribres al mando dél SéñOr Córé-
nei graduado Guillermo Talbot: tan luego có
mo éstos llegaron y Se racionaroh, se resolvió
emprender la marcha ¿obre el enemigó, y batirlo
éri cualquier punto en que se encontrase: era
la una y media de la tarde, á cuya hora Se re
cibieron avisos ciertos de que la noche anterior
Se habían movido del puésto que ocupaban, pa-
Sándb á lá hatienda de Chísirichi, y que por la
mañana siguiendo ávMachachi, marchabatl di -
rectarHetlte: emprendimos el movimiento bus
cándolos de frente, y muy terca de lás dos de
la tarde nos encontramos cón ellos en la qilé-
brada de Gualilagua, disponiendo de antemanb
que la columna de voluntarios se dividiese eh
dos guerrillas por arribos flancos, y la Compañía
de carabineros echase pié á tierra, quedando él
resto del regimiento montado para dar la car-
g á: efectivamente rompieron los fuegos nues-
traS guerrillas y en Seguida cargó la compañía
de carabineros y progresivamente el resto dél
regimiento, pues la posición éri que nos enbofl-
trábamos no lo permitía de otro m odo; mas,
después de algunas descargas y slrt hácér caso
del vivo fuego con que nos recibieron, la bravu
ra de nuestros soldados los hizo poner eh tiha
completa derrota, de modo que poco antes de
laS tres se hallaba todo concluido’'.
“ Los rebeldes dejaron ert el campo toas de
cien muertos, erttre éllos uno de los cabecillas,
Jósé Maríá Miiñiz, y casi todos los Oficiales: Se
hicieron prisioneros dos oficiales y cuarenta y
dos individuos dé tropa; los pocos que pudie
ron escaparse sé hallan dispersos y fugitivos en
los bosques, por donde nuestras partidas los
— X IX
persiguen, Se han recogido del campo aproxi
madamente, el número de doscientos fusiles,
pues como el terreno del combate fué tan ex
tenso, aún no se han podido encontrar los res
tos. La pérdida por nuestra parte, pp ha e x
cedido de un jrmerto, y heridos sólo se encuen
tran el Señor General Comandante en Jefe, los
Coroneles José Martínez y Guillermo Talbot, y
dos oficiales deji 2? regimiento”.
-'‘Antes de concluir, debo recpmendar al
Supremo Gobierno, de orden del Señor Gene
ral Comandante en Jefe, la bizarra comporta
ción del 2? regimiento lanceros, así como la clei
denodado Coronel Martínez : la intrepidez de
la columna de infantería compuesta de un pique
te de policía, de upo de igual clase de inválidos, *
de otro de la casa de moneda y algunos volun
tarios del país, al mando del arrojado Coronel
Guillermo T albot: igualmente debo hacer ju s
ticia al denuedo con que volaron al combate los
beneméritos y leales Jefes y oficiales retirados
que marchaban con la columna de infantería:
pié á tierra y el fusil al hombro como soldados
rasos, lo que prueba el entusiasmo de esos ve
teranos de la independencia por el orden pú
blico, su adhesión al Gobierno legítimo y su
respeto á las instituciones patrias”.
“ Todo Jo que me cabe la honra de partici
par á US. para que se sirva ponerlo en conoci
miento de S. J£. el Precidente de la Repúbli
ca.— Dios guarde á U S.— José María López”.
Al día siguiente de recibido el pa te que
precede, pasó circular el Gobierno á los Gober
nadores de provincia y más autoridades, comu-
— XX —
meándoles el éxito del encuentro de armas, y que
9e habían expedido las órdenes del caso para que
á los jefes Aparicio, Machuca, Mota y otros ene
migos dispersos se aprehendan y envíen á la Ca
pital de la República. Calificó de inútil ya, en
la misma circular, la remisión de tropas, y pre
vino que de las que se hallen dentro del territo
rio de cada autoridad, las veteranas vuelvan á sus
acantonamientos y las otras se disuelvan. Por
decreto de 19 de Marao declaró el Ejecutivo fue
ra de la ley al General Juan Otamendi y al C o
ronel José María Urbina, por haber desde su
destierro promovido la revolución, lo mismo que
á los revolucionados Dr. Vicente Sanz, Corone
les Alejandro Machuca y Reyes Mota, al C o
mandante José Martínez Aparicio y á D. Ense
bio Conde. A pena capital, dijo en aquel de
creto, que condenaba á los que los ocultaran ó
no los denunciasen sabiendo donde se hallaban.
Preciso es decirlo, no se hizo verter más sangre
que la derramada en la función de armas del 1 7,
y que el 10 de Agosto del mismo año, afianza
da ya la paz, se dió decreto de indulto para las
personas ocultas y salvoconducto á los ausen
tes, excepto á algunos.
Para creerse complicados en la revolución al
primer regimiento lanceros que estaba de guar
nición en Ibarra, hubo el antecedente de que
varias personas aseguraran que los cabecillas y
otros de los revoltosos habíanse ufanado públi
camente de que el ayudante mayor de ese cuer
po, Capitán graduado Pablo Castillo, segunda
ría con él la revolución hecha por el batallón
N? 2?; circunstancia que, aunque descubierta
con posterioridad al triunfo, bastó para que los .
— X X I ----
jefes y oficiales del regimiento pidieran la sepa
ración de Castillo, y para que el Presidente ac
cediese, como accedió á la solicitud, y ordenara
la prisión y el juzgamiento de ese oficial, des
pués de haberlo puesto preso por el mismo mo
tivo.
La revolución del 10 de Marzo de 1838 que
terminó en Gualilagua á los siete días de haber
estalládo, no fué causada por un cuerpo de tro
pas, aventura de un jefe ni obra del momento
como pudiera creerse, no; contra Rocafuerte
había oposición numerosa é influyente, los res
tos dispersos de Miñarica y otros más se auna
ron para conspirar contra él ; mandó seguir su
marias informaciones en varios puntos, y es es
ta una verdad que no deja campo á la duda, es
tá comprobada.
En la “ Gaceta extraordinaria deh Ecuador”,
del domingo 25 de Marzo de 1838, se lee esta
proclama:— “ Vicente Rocafuerte, Presidente de
la República del Ecuador &. &. á la N a
ción.— Conciudadanos:— Las publicaciones dia
rias que han circulado por toda la República
desde que el traidor Aparicio levantó en Rio-
bamba el estandarte de la rebelión, os han im
puesto de los grandes acontecimientos que han
mediado desde la noche del 10 de Marzo al día
17 del mismo mes. La completa destrucción
de los anarquistas ha sido obra de una semana,
yo os ofrezco hoy la oliva de la paz, como el
más hermoso trofeo de la victoria y como el tes
timonio más positivo del anhelo del Gobierno
por \ uestro bienestar, de su activo zelo en con
servar vuestras propiedades, y de su energía en
castigar á los perturbadores del orden público”.
— XXII —
“ De los hechos que habéis presenciado y
de los documentos que se han cogido á los re
beldes, resulta que este motín militar, capita
neado por el pérfido Aparicio, no ha sido jmás
que la continuación del movimiento revolucio
nario fraguado por el ex-General Otnmendi y
ex-Coronel Urbina, que se suspendió en Octu-
tubre del año pasado, por la justa, feliz y acer
tada expulsión de esos perversos caudillos”.
“ Si á pesar de njis desvelos, de los funda
dos motivos de inquietud que me daban los ma
nejos ocultos de los conspiradores, y de mis ar
dientes votos por vuestra felicidad, se han veri
ficado mis presentimientos, y se han realizado
los planes cc mbinados por la perfidia ; si los r e
beldes, esos veteranos del crimen, animados por
la ineficacia de las leyes y abusando de la mis
ma generosidad del Gobierno, han llevado al
cabo sus nefarios proyectos; si han burlado la
constante vigilancia de un Ejecutivo que so
desvive por vuestra prosperidad, también es
cierto que han recibido un terrible escarmien
to. Ellos vinieron á buscar en las inmediacio
nes de la Capital el sangriento castigo que me
recían sus crímenes, y su sangre ha borrado en
los campos de Gualilagua el ultraje que hicie
ron á las leyes y al buen sentido de la Nación.
Ha triunfado vuestra causa que es la de la ju s
ticia, y la del Gol ierno y quedáis vengados”.
“ Esta victoria obtenida, con la celeridad
del rayo, á esfuerzos de’l valiente ejército, que
se ha manifestado tan heroico en Gualilagua
como en Boyacá y Ayacucho, es una lección
muy útil para los traidores, y un motivo de es
peranzas para que np $.e renueven más en el
=- XXIf! —
Ecuador tan grandes calamidades. ¡ Quiera el
Cielo que, la quebrada de Gualilagua sea el
eterno sepulcro dé la anarquía!”
“ Valientes campeones del ejército que tan
to os habéis distinguido ea la memorable derro
ta de los traidores, recibid por rhi órgano la sin
cera expresión de la gratitud pública”.
“ Habitantes de Quito, que tantas pruebas
habéis dado de adhesión y de fidelidad al G o
bierno legítimo, y que tanto habéis cooperado
á la conservación de la tranquilidad interior de
la Capital y al triunfo de las armas nacionales ;
recibid también las más expresivas gracias que
os doy á nombre de la Patria”.
“ Y vosotros todos pueblos del Ecuador,
que os habéis justamente indignado al Oír el fu-
'hesto acontecimiento de Riobamba, que con
tanto ardor os preparabais á combatir á los re
beldes} y que con tanto entusiasmo habéis ma
nifestado vuestra lealtad al Gobierno, yo os fe
licito por el restablecimiento del orden legal
bajo los auspicios de la victoria. Sensible á los
públicos testimonios de afecto que me habéis
dado, redoblaré mis esfuerzos para ofreceros
nuevas pruebas de rhi gratitud v y después de
haber extirpado á los perturbadores, nada me
Será más grato como trabajar en afianzar vues
tra futura quietud, en dar seguridad á vuestras
propiedades, y en aumentar vuestra ventura á
la sombra de la paz» de la justicia y de la liber
tad.^—Vicente Rocafuerte.— Quito, 25 de Már-
¿0 dé 1838”.
Pongamos punto final á este incidente que
por pocos días turbó la paz pública durante la
X X IV —
administración de Rocafuerte; continuemos con
lo que merezca recordarse de los meses transcu
rridos de Marzo de 38 á Enero de 39, en que se
reunió la Legislatura en cuyos trabajos vamos
á ocuparnos.
Nación pobre y de pocos habitantes, el es
tado general del Ecuador correspondía al poco
tiempo transcurrido desde su fundación. El
censo, deficiente desde luego, que se presentó
á la Legislatura de* 1839, da un número de
612.798 moradores, de éstos 5.1 14 esclavos,
entre hombres y mujeres. El total de las ren
tas públicas desde el 1? de Enero hasta el 30 de
Septiembre de 1838 ascendió apenas á 657.173
pesos de ocho décimos de sucre, siendo de creer
se que hasta fines de ese año no excedió con
mucho al del anterior (1837), en que el produc
to de los ramos fiscales fue de 846.295' pesos.
Hoy, esto es á los cincuenta y cinco años ele
aquel y sesenta y tres de establecida la Repú
blica, la población está casi duplicada, nadie es
esclavo, y podemos decir se han como quintu
plicado las rentas; todo obedece á la ley eficaz
del progreso; por ese tiempo, verbi gracia, las
escuelas de niños y las de niñas, entre públicas
y pribadas, no pasaban de 218 en toda la R e
pública, á las cuales concurrían 5.456 educan
d os; y ahora son 1.106 establecimientos de ins
trucción primaria y 19 de secundaria de sólo
varones, y 2 1 de instrucción primaria y secun
daria de mujeres. Si á esos números agrega
mos 7 de enseñanza superior, la suma de es
tablecimientos llega á 1.15 3 con Ia cincunstan-
cia no despreciable de contarse unos 74.858
alumnos según la Memoria del Ministro de Ins-
— XXV —
trucción Pública, presentada al último Congre
so, cuando de la del Ministro que informó so
bre el particular á la Legislatura de 1839, apa
rece que en ese entonces apenas montaban á
6.200 los concurrentes á todas las clases.
El 7 de Julio de 1838 se instaló en Quito
un Colegio militar con los enceres necesarios,
buen arreglo, excelentes disposiciones regla
mentarias y alumnos que por su educación y
aprovechan.iento figuraron luego entre los pri
meros del cuerpo de oficiales y después, varios
de éllos, llegaron con crédito al mayor gra
do de la milicia. Concurrieron á la.instalación,
el Presidente de la República y el Ministro de
Guerra y Marina, los Ministros de la Corte Su
prema marcial, las Corporaciones religiosas, los
J^fes y oficiales de la guarnición y muchas otras
personas respetables. El Señor Rocafuerte pro
curó que la apertura del Colegio se hiciese con
la mayor pompa y solemnidad posibles; y como
el Director nombrado, General Antonio Martí
nez Pallares, deseara corresponder á los deseos
del Presidente y á lo que requería la costumbre
para casos de esta especie, puesto de pié pidió
la palabra y se expresó en estos términos:
“ Exento. Señor:— Hubo un tiempo en que
los gobiernos, defendieron la independencia de
las naciones, con tropas colecticias constituidas
bajo una forma aventurera que tan pronto co
mo desaparecían las circunstancias que habían
motivado su reunión, se retiraban á sus hoga
res. Conquistada la paz, confundidas ya con el
resto de la población, seducidas por los grandes
que siempre las acaudillaban y á quienes obe-
4
XXVI —
decían con la abyección de siervos, se conver
tían en instrumentos de la ambición de éstos,
que nunca satisfechos con lo que poseían, y
siempre ávidos de aumentar su fortuna y poder,
exigían de los Jefes de las naciones una multi
tud de privilegios que concedidos por el temor, y
refluyendo todos contra los derechos de la pa
tria, la sumían en el abismo de los infortunios.
Así transcurrieron algunos siglos, humillándose
los que mandaban, é*imponiendo los que debían
obedecer, hasta que la civilización de las cos
tumbres, el nuevo giro que se dió á los planes
de la diplomacia, y los progresos del arte terri
ble de la guerra, inseparables de los de las de
más artes y ciencias, habiendo hecho conocer
lo imperfecto del antiguo sistema militar, sugi
rieron á algunos seres privilegiados la idea de
convertir en estable, la honrosa profesión de la
milicia. Entonces cambió el aspecto de las co
sas, porque apoyados los magistrados sobre la
fuerza pública pagada por el Erario nacional,
sus resoluciones fueron obedecidas, los grandes
fueron menos osados en sus demandas, y los
pueblos mejor tratados de sus opresores, goza
ron de más tranquilidad. El reinado del orden
principió á vislumbrarse. Si mucho después de
la época á que me refiero, el falso espíritu filo
sófico, que con orgullo desmedido desde que
redactaba una idea, creía haber hecho un esta
blecimiento, y con especulaciones y sistemas
edificado un imperio ideal, anunció con estilo
dogmático, que se aproximaba el día en que el
orden militar sería innecesario, porque la filoso
fía debía destruir todas las guerras1. El verda
dero espíritu filosófico consultando la naturale
— XXVII —
za de las cosas, lia demostrado en contraposi
ción á esta paradoja, que todo lo que podía es
perarse de la razón ilustrada en pró de la hu
manidad era la disminución de los horribles
efectos de aquellas; mas, de ningún modo su
aniquilación absoluta. Para llevar á cima pro
yecto tan filantrópico, los gobiernos que entra
ñablemente han querido trabajar por la felicidad
de sus compatriotas, marchando al compás de
las ideas del filósofo que con el anciano de Te-
rencio, d ijo: “ Homo m
u
s, n ih i
alienum pu to \proporcionaron toda clase de es
tablecimientos para que educada la juventud,
por maestros de costumbres irreprensibles y de
una inteligencia bien cultivada, saliese capaz de
ejercer en la sociedad todas las virtudes y fun-
cipnes anexas á los destinos públicos y priva
dos que algún día debía ocupar. Por este mé
todo tan sencillo, pero al mismo tiempo admi
rable, las pasiones violentas comenzaron á sua
vizarse, la humanidad recobró sus derechos en
el tu ego de los combates, el espíritu feroz de
conquista cedió su puesto al apacible ds la ad
ministración, la política fue más franca y más
conforme con los principios de la justicia uni
versal, el maquiavelismo se desterró de la ma
yor parte de los gabinetes, y el verdadero sa
ber ocupando el excelso trono que desde la eter
nidad le había asignado el Autor de los seres,
abatió á la ignorancia atrevida, y oponiendo
principios á los errores de los sofistas, que po
seídos del furor de distinguirse, convertían y
convierten siempre sus talentos en poner en
problema todo lo que los hombres de probidad
han respetado como sagrado desde la antigüe
— X X V III —
dad más remota, hizo considerarlos como á los
precursores de la corrupción. Animado V. E.
de tan nobles y tan distinguidos sentimientos
como los que aquellos han manifestado, dotado
del buen sentido, que respeta las verdades co
nocidas y justificadas por la experiencia, asisti
do de un juicio observador y de miras profun
das, no le fue difícil advertir desde su adveni
miento á la Presidencia, cuáles eran nuestras
primeras necesidades en el orden social, y se
consagró, con afán indecible, á satisfacerlas.
Entre otros que merecieron la atención prefe
rente de V. E., observó la de un colegio mili
tar, en el cual los jóvenes que quieran dedicar
se á tan ilustre carrera, encuentren los medios
de adquirir los conocimientos necesarios para
combatir á los enemigos de su patria, ya sea
maniobrando hábilmente, ya eligiendo del mis
mo modo los campamentos y posiciones, ya
usando de la estrategia para lograr una sor
presa, ú ocultar una marcha falsa, ó dirigir el
ataque por una parte, mientras que el verdade
ro se les prepara y da con intrepidez por otra,
ya empleando los medios que prescribe el arte,
para con pocos defenderse y resistir á la in
vasión de muchos, ya las fuerzas del espíritu
para inutilizar todos sus designios, y que alec
cionados por la historia de todas las acciones
buenas, generosas, grandes y heroicas, pene
trados de los sentimientos de admiración que
éstas se merecen, los pongan en ejecución tan
tas veces cuantas lo exijan las diferentes cir
cunstancias de la vida en que se encuentren, á
fin de que siguiendo las huellas indelebles de
los Leónidas, Epaminondas, Cincinatos, Cami
— X X IX —
los y Fabricios, y que regulando toda su con
ducta por los principios de la moral más pu
ra, que es y será siempre la cristiana, la mis
ma que manda usar de clemencia con el ren
dido, de moderación en la victoria, respetar y
obedecer á las autoridades constituidas, ven
gan á ser en la paz, como en la guerra, la glo
ria y el honor de su Nación. Llenas las va
cantes que ocurran en los cuerpos del ejér
cito por oficiales de las cualidades enunciadas,
reunidos éstos á los valientes que actualmente
le componen, su moral, sin duda alguna, se ha
brá rectificado, la obediencia será más bien el
efecto del convencimiento, que del rigor indis
pensable de la disciplina, los cuarteles serán
otras tantas escuelas de virtudes militares y cí
vicas, finalmente, los ciudadanos pacíficos les
considerarán como el pde las liberta
des públicas, y como el rroís firme apoyo de las
intituciones patrias; de este modo desaparece
rán los recelos, y la paz, primera necesidad de
las naciones, vendrá á formar el voto perenne
de todos. Tal es, jóvenes alumnos, el objeto
con que se establece en la Capital del Ecuador
el Colegio militar por la primera vez: á vosotros
toca hacerlo también el primero del continente
por medio de vuestra asiduidad y aplicación, y
sobre todo por vuestra moral, la finura y decen
cia de vuestros modales, y lo que es más, por
una constante adhesión á la patria, á sus leyes
y al Gobierno. Desde ahora para siempre, ale
jad de vuestros corazones la pasión que ejerce
más imperio en el de los militares; os hablo de
la de dominar á los hombres violando sus de
rechos. César, después de haber admirado al
— XXX —
mundo por la rapidez con que hizo sus conquis
tas, y por su genio inmenso, concluyó come
tiendo el crimen abominable de destruir la li
bertad de su patria, y murió asesinado en el
Capitolio. Napoleón, después de haber hecho
servicios distinguidos á la suya, asombrando al
siglo con el ruido de sus empresas militares,
concluyó sacrificando centenares de miles de
hombres á la ambición de destronar y dominar
á los Reyes y Nacioyes, que con las armas en
la mano se oponían á sus proyectos de engran
decimiento, y murió desterrado en Santa E le
n a ; funestos resultados que deben aterrar á to-
tos los que abusan de los talentos, del poder y
de la fortuna con que les favorece la Providen
cia. Mas, sin dejar de aprovecharos en edad
más oportuna de las luces de estos dos maes
tros insignes en el arte de la guerra, abrazad
con entusiasmo el principio santo de servir á la
patria con fidelidad, sacrificándole vuestra pro
pia existencia en los momentos del peligro. R e
ligiosos sin fanatismo, bravos en los campos de
batalla, humanos en todas las ocasiones, nunca
enemigos de vuestros compatriotas, siempre
honrados, jamás traidores, decididos constante
mente por el amor de la justicia, sostenedores
de todos los principios que afianzan el orden re
publicano, atletas impertérritos donde se estre
llan los anarquistas, ved la conducta que debéis
seguir mientras conservéis alientos, á fin de que
al exhalar el último suspiro, la patria cubierta
de luto y anegada en llanto y sentimiento excla
me : “ Jam ás, jam ás me engañé en mis esperan
zas, ellos eran ciertamente mis
— XXXI — •
Concluido el discurso que precede, el Pre
sidente Rocafuerte lo contestó de esta manera :
“ Señores:— La profesión de las armas ha
sido la más honrosa en las naciones antiguas y
modernas, por las ventajas que proporciona á la
sociedad, y por los medios que ofrece á.las al
mas privilegiadas de desenvolver las virtudes
heroicas, que realzan la gloria de la especie hu
mana. La fuerza armada, elemento indispen
sable de todo gobierno para su defensa exterior
y seguridad interior, se convierte en intrumen-
to de tiranía, cuando no está dirigida por la mo
ral, el saber y el patriotismo. De aquí nace la
necesidad de formar un plantel de jóvenes ciu
dadanos, que educados en principios del más
puro republicanismo, que instruidos en los de
beres militares que los ligan al Estado y á sus
semejantes, y que penetrados del alto destino á
que son llamados, se sujeten gustosos á las rela
ciones que existen entre Jefes y subordinados;
relaciones que, derivándose de la misma natura
leza de las instituciones, son las más firmes ba-
ses de los principios de igualdad y de libertad”.
“ La libertad, según la define el filósofo de
Ginebra, es la esclavitud á las leyes; y en la
milicia, podemos decir, que es la perfecta obe
diencia de los inferiores á los superiores. La
subordinación es la compañera natural del amor
reflexivo de la libertad, la primera virtud del
guerrero, y la más sólida garantía que tiene un
gobierno para contar con la fidelidad de un ejér
cito. La subordinación fue la virtud que más
brilló entre los romanos, y la rígida disciplina
que resultaba de su observancia, los condujo á
— X X X II —
la victoria y al dominio del mundo. Manlio
Torcuato mandó ejecutar á su hijo, por haber
vencido contra su orden. El Cónsul Asilo hizo
romper la silla curul del Pretor Lóculo, por no
haberse levantado en su presencia, es decir, por
haberle negado el homenaje de subordinación
que en todo país libre y bien organizado, como
lo era entonces el romano, el inferior debe al
superior. Ojalá pudieran penetrarse de esta
verdad algunos jóvenes que salen de nuestra
Universidad henchidos de arrogancia, y que só
lo se distinguen por una maligna tendencia á la
insubordinación, al desorden y á la anarquía”.
“ Algunos sofistas, poco instruidos en el
mecanismo del orden social, que prescribe la li
bertad, creen que los principios de obedien
cia, que sirven de fundamento al sistema mili
tar, son incompatibles con los de igualdad ; sin
considerar que en los países libres en donde to
dos son iguales por la Constitución, en donde
todos concurren á la formación de las leyes, to
dos deben igualmente obedecer á las autorida
des supremas, que la misma ley fundamental es
tablece. El que hoy manda, mañana obedece,
y en esta alternativa de mando y de obediencia,
en esta constante subordinación á la ley, con
siste el mérito del sistema republicano y la esen
cia de la igualdad. La desigualdad proviene
únicamente de la diferencia de talentos y de vir
tudes: no todos tienen igual valor, igual gene
rosidad, igual instrucción ; cualidades que son
indispensables para el mando; y siendo todos
iguales ante la ley, no todos son igualmente ca
paces de mandar. Todo verdadero progreso de
libertad presupone otro igual en el cultivo del
— xxxm —
entendimiento, y desarrollo de las facultades del
alma; y sólo llegaremos á ser libres adquirien
do instrucción y virtudes. Este es el principio
que ha impulsado al Gobierno á establecer este
colegio militar, de donde saldrán con el tiempo,
ciudadanos libres, militares subordinados, y e x
celentes jefes, impertérritos defensores de la pa-
tria .
“ Para realizar tan importante objeto, el G o
bierno ha tomado todas las medidas que dicta
la prudencia, y ha tenido la suerte de encontrar
nn benemérito General que educado él mismo
en un excelente colegio militar, dará á este nue
vo establecimiento el impulso de civilización que
debe esperarse de su ilustrado zelo, acreditados
conocimientos y ascendrado amor á las institu
ción es liberales”,
“ Al principiar el curso de los estudios mi
litares, no perdamus de vista qúe dos fuerzas
divergentes impelen la marcha de nuestro si*
glo, la una de progreso, representada por el
principio democrático; y la otra dé retroce
so, dirigida por el espíritu de la aristocracia:
la una es demasiado activa en la adopción de
las ideas modernas; y la ótra demasiado re
pulsiva en sentido opuesto. Para que los nue
vos Gobiernos adelanten en la carrera de las
luces, del orden legal' y de la paz, es preciso
buscar entre ambos extremos una fuerza mode
radora que neutralice la efervescencia de las
pasiones populares, que tienden á la anarquía,
y que reprima las constantes aspiraciones de la
aristocracia, que conducen al despotismo. E s
ta fuerza reguladora puede hallarse eii el prin
cipio de propiedad, desenvuelto por la moral,
5
— XXXIV —
sostenido por el valor, y combinado en una ver
dadera instrucción ; y ningún establecimiento
puede llenar mejor estas condiciones, que un
colegio militar republicanamente dirigido” .
“ La academia militar que existe en W est-
Point, ilustra esta materia: ella ha contribuido
mucho, en la opinión de los políticos, á consoli
dar el orden en los Estados Unidos, y á produ
cir el raro fenómeno de que no haya habido
ninguna revolución irlterna ó militar, desde que
proclamó su independencia aquella venturosa
Nación. Muchos ricos propietarios envían sus
hijos á la academia militar; allí,'una política
previsora, ha sabido sujetar el patriotismo ar
mado á los preceptos de la moral, á los conse
jos de la prudencia y á los dictados de la razón.
Ahí los jóvenes, desde sus primeros años, lle
gan á comprender, que la libertad abraza toda
idea de benevolencia, de orden, de paz y de
prudencia, que se extiende á la seguridad indi
vidual, á la protección de la propiedad, y al de
recho de igualdad; que remueve todo obstácu
lo á la emancipación mental, industrial y comer
cial, y que sólo se sostiene por la virtud”.
“ Retempladas sus almas con los modelos
que les ofrece la historia, y sobre todo con la
sublime abnegación del inmortal Washington,
ellos nada pretenden ; no aspiran á fueros, pri
vilegios, ni distinciones que los separen del res
to de la sociedad ; ponen su gloria en no for
mar un cuerpo deliberante; en dar ejemplo á
los demás ciudadanos, de fidelidad al gobierno,
de respeto á las opiniones religiosas de cuales
quiera sectas á que pertenezcan, de obediencia
á las leyes, y de ciega sumisión á toda autori-
— XXXV —
dad civil, legalmente constituida.— Tales son
los principios verdaderamente republicanos que
están establecidos en West-Point, y los que es
pero se difundirán gradualmente en el Ecua
dor entre la juventud estudiosa que se dedi
que á las armas. No entraré en los porme
nores de los estudios que váis á seguir, pues
están detallados en el reglamento, que se ha
publicado y circulado por todas las provincias.
INI i viva solicitud por vuestra futura prospe
ridad me impele á daros un consejo de la más
alta importancia. No os dejéis nunca sedu
cir por el brillo de la filosofía irreligiosa, que
es tan común entre los militares irreflexivos
y entregados á los vicios; leed frecuentemen
te la historia de Grecia y de Roma, y allí ve
réis que los más insignes guerreros, los Te-
místocles, Milciades, Árístides, Epaminondas y
los Decios, Fabricios, Camilos y Catones, fue
ron tan distinguidos por su heroico valor, como
por su piedad. Consultad los anales de la vida
de Washington, el héroe de virtud republicana,
que os debéis proponer por modelo, y os con-
venceiéis, de que el sentimiento religioso se
mezclaba en todas sus acciones, y realzaba el
esplendor del alma privilegiada que había reci
bido del Cielo. Turena, Bayard, el Cid, Gon
zalo de Córdova, Don Juan de Austria y otros
tantos héroes, son otras tantas pruebas, de que
la religión no es incompatible con el verdadero
valor; al contrario, ella protege con sus seráfi
cas alas á los varones esforzados, los inflama en
amor patrio, exalta su entusiasmo, sublima su
valor, y los conduce á la inmortalidad”.
“ Desde este día, en que se establece un
— XXX
colegio militar, raya para nosotros eí crepúscu
lo de una nueva aurora de prosperidad y gran
deza: las instituciones republicanas, defendidas
por las armas del patriotismo, se consolidarán
con la fidelidad, y se perfeccionarán con la ilus
tración. La Patria alegre y risueña se goza
j oh jóvenes! en la grata perspectiva de vues
tros adelantamientos, y espera de vuestro mé
rito, virtud y civismo, que la colmaréis de glo
ria y ventura, levantando la libertad sobre el
pavés de la Independencia, y proclamándola el
genio tutelar, el nuevo astro refulgente que im
pera entre los modernos hijos del Sol, que com
ponen la naciente República del Ecuador”.
Fué el año de 1838 que por vez primera se
establecía en Ouito el Colegio militar. Insta
lose en una parte del Convento de San f ran
cisco, conocida entonces con el nombre de San
Buenaventura, sensible es decirlo, el Colegio
no duró lo que debiera. (1)
Don Y ícente Rocafuerte, de un espíritu
eminentemente progresista, fundó además un
Instituto agrario sobre bases convenientes para
el perfeccionamiento y desarrollo de la agricul-
(1) Hoy San Carlos, casa principal donde habitan las Her
manas de la Caridad. Doña Virginia Klinger de Aguirre com
pió años después ese edificio en estado casi ruinoso, lo refec
cionó á su costa y lo destinó al objeto indicado en esta nota;
es allí donde se recogen los expósitos y se da á los niños, á más
del vestido y sustentó, la instrucción primaria bajo la dirección
de las enunciadas religiosas. Sobre el dintel se lee esta cris
tiana inscripción; “ Mi padre y mi madre me abandonaron;
mas, el Señor me tomo por su cuenta” . La piadosa é inteli
gente fundadora dió ese nombre por ser el de su esposo y espe
cialmente por el de un he1111310 suyo, Carlos, a quien heredó
el precio de la compra y el de algunos de ios gastos de repara
cien.
— XKxvyi —
tura, fuente de riqueza y principal industria c?e
nuestras provincias costaneras y cerranicgas.
Puso el Instituto bajo Ja dirección del Dr. José
Indelicato, y aun cuando el decreto de creación
expidió obra de seis meses antes de que espi
rara su gobierno, aún presidía la Nación cuan
do se presentó el primer examen y qiccló com
placido del aprovechamiento en algunos ramos
preparatorios y nociones elementales de agricul
tura de que se dió razón en aquel acto de prueba.
Como fue especial el interés que este Pre
sidente tuvo por el fomento de la instrucción pú
blica, antes de terminar el período de su mando
y en uso de una atribución legal, dió un decre
to reglamentario ele 31 i artículos y un estatuto
para el colegio de Loja.
En 15 de Noviembre, fundado en la apro
bación del Romano Pontífice respecto á la elec
ción de la Diócesis de Guayaquil, oído el parecer
del Consejo de Gobierno, juzgó necesario arre
glar los Coros de Cuenca y de Guayaquil, y pro
mulgó un decreto por el cual el de cada una de
las dos Catedrales constaría tan sólo de un Deán,
un Arcediano, un Doctoral, un Penitenciario, un
Racionero y un medio Racionero, con las dota
ciones señaladas por la ley. Para la provisión
de personal del nuevo Coro, el Cabildo eclesiás
tico de Cuenca debió indicar, según el decreto,
los que de su seno se trasladarían á aquella igle
sia. El mismo decreto contiene disposiciones
relativas al impuesto eclesiástico decimal, pago
de rentas de Obispos y de prebendados, suje
tando este punto á la aquiescencia del Congre
so y beneplácito de los Cabildos respectivos.
Con fecha 10 de Septiembre de 1838, el
— XXXVIII —
Ejecutivo elevó sus preces á la Santidad de
Giegorio xvi, para que se dignara elevar á
Metropolitana la iglesia de Quito. Apoyóse en
especial disposición de la Legislatura, y la bula
de erección se dió en 13 de huero de 48.
Expidió una circular designando la parte
que provisionalmente pertenec. ría al Erario en
los espolios de los religiosos.
Pasemos ya al año de 39, principiando por
indicar que para la reunión del Congreso, con
la debida antelación, dictó el Poder Ejecutivo
el decreto de estilo.
1839.— Conforme al art. 24 de la Constitu
ción, reunióse el Congreso el 15 de Lanero, y
aun cuando al Senado debieron concurrir quin
ce Senadores, á razón de cinco por cada uno
de los ya extil guidos departamentos de Quito,
Guayas y Azuay; y á la Cámara de Represen
tantes veinticuatro Diputados, á razón de ocho
por cada uno de los mismos, entonces bastaban
los dos tercios de la totalidad de legisladores
para comenzar y aun continuar las sesiones, así
que se instalaron en la fecha indicada los (pie
constan de las actas respectivas, y recibieron
el siguiente
“ M E N S; A J E
del Presidente de la República en la apertura de
las Cámaras Legislativas de 1839.
“S eñores :
“ El artículo 67 del Código fundamental me
impone la obligación de haceros conocer el esta
---- XXXIX —
do en que se halla la Nación. Mi ardiente amor
á la Patria desearía ofreceros un cuadro hala
güeño, en el que brillara nuestra República en
vuelta en los resplandores de la gloria, sosteni
da por la justicia, y coronada por el genio de la
Libertad; mas el honor y el respeto á la ver
dad me prohíben semejantes ficciones poéticas.
Mi deber pugna en este momento con mi deli
cadeza, el primero exige que os exponga he
chos, que no lisonjean nuestro amcr propio na
cional, la segunda se resiste á tan dura prueba
de sinceridad. Empero, considerando que es
tos documentos oficiales deben ser el fiel trasla
do del tiempo y circunstancias en que se escri
ben. y que pueden servir de puntos luminosos
para indicar en lo sucesivo, las huellas por don
de ha pasado la Nación en su marcha- política,
me resuelvo á informaros sin disfraz alguno, que
en el período transcurrido desde el principio del
año 37 al día, nada ha adelantado el pueblo en
su condición moral.
“ Los mismos vicios, que entonces existían,
y son consecuencia del antiguo sistema colonial,
continúan oponiendo una vigorosa resistencia á
los progresos de las luces y á la marcha de la
civilización. La emancipación mental, y la cau
sa de la libertad civil y comercial encuentran, en
su majestuoso curso, obstáculos que parecen en
este momento insuperables, y que sólo podrá
allanar el enérgico patriotismo del Gobierno y
la acción del tiempo, combinada con la buena
educación de las generaciones futuras. Nues
tras leyes no están en consonancia con nuestras
costumbres heredadas del feudalismo peninsu
lar, no tienen suficiente fuerza para contener las
aspiraciones de !a ambición, y fijar el orden le
gal de un modo permanente.
“ Mientras la Religión se reduzca á prácti
cas exteriores, y no penetre en los corazones, ni
produzca las virtudes que prueban su existen
cia; mientras la hipocresía, sea un medio casi
seguro de fortuna, y que los hombres frecuenten
las iglesias, más bien por cálculo, que por un
sentimiento de piedad; mientras vivan entrega
dos á la avaricia, al ro'oo, á los odios, vengan
zas, vicios y mezquinas pasiones; y sin embargo
aquieten sus conciencias con llevar un escapu
lario, andar en romerías, ó comprar una bula
de composición, poco ó nada hay que esperar
en favor de la verdadera ilustración.
“ Este mágico poder de nuestra época co
rre también la mala suerte de malograrse por
el influjo de la mayoría de los ricos propieta
rios y de nuestros hombres públicos. Ellos son
en general, pues no hay regla sin excepción,
obscurantistas por educación, por usos y hábi
tos arraigados, por carencia de conocimientos
útiles, por falta de libros modernos y de comu
nicaciones con el resto del mundo; ellos tien
den al retroceso de las ideas, y cubren la reta
guardia del siglo; ocupados únicamente en el
aumento de sus caudales, entran en revolucio
nes por cancelar cuentas con el Tesoro nacio
nal, ó con sus acreedores; siempre combinan
su avaricia con sus preocupaciones, que el pris
ma del egoísmo tiñe de vistosos colores y eleva
al grado de teorías sublimes, y de principios in
mejorables. De aqtfí proviene esa resistencia
a toda opinión moderna, esa vulgar y bárbara
preocupación contra los- extranjeros, esa f:ía
XL1 —
indiferencia por todo lo que eleva el alma, y
es noble, grande y generoso, y esa fuerza de
inercia que encuentran las útiles reformas que
requieren las nuevas circunstancias políticas
que ha creado el triunfo de nuestra indepen
dencia.
“ Entre la avaricia, el servilismo y la indo
lencia de los ricos, y la nulidad, ignorancia y
atraso de las masas populares, se encuentra una
clase de doctorzuelos, de empíricos y de estu
diantes proletarios que la torpeza y los vicios
repelen del santuario de la sabiduría. Obstina
dos en buscar en las letras un recurso de exis
tencia, que ellas no les pueden ofrecer, se des
esperan, maldicen su suerte, se entregan á la
exaltación del más desenfrenado jacobinismo,
y se convierten, por famélica necesidad, en re
volucionarios de profesión. Ellos trabajan in
cesantemente en turbar e! orden público, y en
promover revoluciones con el objeto de sacudir
el yugo de la pobreza, de dominar con la más
cara de la libertad, y de tiranizar á nombre de
la República.
“ Sus deseos y repetidos conatos de sedición,
alentados por la inmoralidad, por la ineficacia de
las leyes, y por la inexperiencia política, pon
drían en continuo riesgo la tranquilidad públi
ca. si no existiera la fuerza armada, ese ba
luarte de la paz, objeto de sus furores, y contra
el cual se estrellan sus nefarias maquinaciones.
El ejército es en el día el más firme apoyo de
las garantías sociales, el que nos liberta de los
horrores de largas revoluciones, y el que más
contribuye á segundar los votos que hace el
verdadero patriotismo por la quietud, por el
6
XLTI —
reposo, y por la consolidación de la paz interior
y exterior.
“ El espanto que infunde la fidelidad de las
tropas, mantiene el equilibrio de los partidos,
neutraliza los defectos de una legislación oscu
ra, confusa y mal aplicada á nuestra situación, y
nos predispone á gozar de las ventajas del sis
tema republicano, que en el día, sólo existe en
el nombre, y que nos importa darle una exis
tencia real y positiva.* Nuestra República, fun
dada sobre los escombros coloniales de una mo
narquía decrépita, necesita de los firmes apoyos
de la virtud y de la instrucción. Al romper las
cadenas de la esclavitud colonial, sólo hemos
•adquirido el derecho de ser libres, pero estamos
lejos de haber conseguido la libertad, y de ha
berla fijado sobre la base del principio democrá
tico. La trágica historia del Emperador Itur-
bidé en Méjico nos comprueba, que sólo el prin
cipio democrático puede prosperar en las nuevas
naciones hispano-americanas, por ser el que me
jor se adapta á la naturaleza del hombre, y el
más susceptible de perfección.
“ Es ciertamente un grave mal para un g o
bierno naciente que aspira á los honores de la
más genuina democracia, verse en la precisión
de sostener una fuerza armada para contener
los extravíos de la ambición, y para cumplir con
■ el sagrado deber de conservar las vidas, y de
proteger las propiedades de los ciudadanos.
Empero, como en política no hay regularmen
te sino elección de males, menos mal es tener
una pequeña fuerza armada, bien organizada y
disciplinada, que luchar diariamente contra el
furor de las pasiones, y hallarse en la necesidad
— XLIII —
de apelar, en último recurso, á la ominosa dic
tadura, para poner término á las calaminades
de la guerra, y á los horrores de la anarquía.
La paz es la primera urgencia de la Patria, y
sólo bajo de sus benéficos auspicios, consegui
remos fijar el imperio de la libertad.
“ Esta paz tan apreciable y de la que gozá
bamos por más de dos años, estuvo amenazada
por las intrigas de un ex-Coronel vicioso y co
rrompido, y de un ex-General que se dejó e x
traviar por su misma reputación de valiente, se
cortó el hilo de la conjuración en Octubre del
año 37 con la expulsión de estos dos jefes ; pe
ro desgraciadamente quedó prendida la chispa
de la revolución, la que estalló en Riobamba el
10 de Marzo ele 1838, con la sublevación del 2?
batallón de infantería. Esta conspiración, que
es un comprobante de lo que llevo expuesto,
fué extendida á Cuenca y á varios puntos de la
República; fué sostenida por la avaricia y mala
fe de unos pocos ricos de la Capital, que aspiran
al supremo mando, .bien sea para no pagar sus
deudas, ó para aumentar su fortuna ; fué apo
yada por los doctores proletarios, y fomentada
por todos los perversos, que buscan á mejorar
su suerte en las revueltas políticas: ella hubie
ra puesto á la República al borde del más es
pantoso abismo, si la energía y actividad del
Ejecutivo, afianzadas en la lealtad de las masas
populares, y en el valor de la parte fiel del ejér
cito, no hubieran inmediatamente sofocado la
rebelión, combatiendo á los • amotinados, y re
gando con su sangre el campo de batalla. El
Jefe del 2? batallón y demás cabecillas huyeron
cobardemente después de haber arrastrado á la
— XLIV —
muerte á los infelices é incautos soldados, que
ellos sacrificaron á sus miras proditorias. El
ínclito y valiente General actual Ministro de la
Guerra y dos esforzados Coroneles del ejército,
fieles al Gobierno, salieron heridos de esta viví
sima acción, habiendo tenido la gloria de haber
enterrado la anarquía, en el victorioso campo,
testigo ele sus hazañas, en la memorable quebra
da de Gualilagua.— Sin el auxilio de la tropa
disciplinada, de su bizarría y buena moral, la C a
pital habría sido saqueada, las calles se habrían
cubierto de cadáveres, y el Gobierno habría pa
sado á manos de los seres más degradados de
la sociedad. ¿Cuál habría sido la suerte del
Ecuador entregado á esos oscuros satélites de
la anarquía, acostumbrados á cometer los ma
yores crímenes á nombre de la libertad?
“ ¡Oué funesto abuso se ha hecho entre nos
otros de esta mágica palabra ! La libertad, es
te mimen tutelar de las modernas sociedades,
que tanto se complace á orillas del Potomac,
y del Delware, tiene por compañera insepa
rable la justicia; pero desgraciadamente esta
bienhechora de los pueblos, no existe entre
nosotros; The mis ha huido de las márgenes
del Machangara, y ha desaparecido de los her
mosos valles que domina el soberbio Pichincha.
“ La impunidad de los crímenes ha alenta
do la audacia de los conspiradores, y el vértigo
revolucionario, como dijo muy bien el Duque
de Broglie : ha form ado en el fondo de la s
dad, allá en el cii culo de esas groseras y violen
tas pasiones, que no saben , com
prender el n
ed
ro
, una m ilicia de hombres bár
baros y capaces de todo crim en; malvados y
— XLV —
náticos d la zev, donde todos los partidos pueden
buscar reclutaspara las , donde
el asesino político encuentra brazos prontos y a r
mados para saciar su ev, y asegurar lo
planes de su ambición.
“ Después de la victoria decisiva que el G o
bierno obtuvo sobre los facciosos, su primera
solicitud fue descubrir las raíces de la conspira
ción, y castigar á sus autores, á esos sicarios
políticos, que á la sombra segura del misterio
so asilo doméstico, afilaron los puñales, para
clavarlos cobardemente en el seno de la Patria.
Empero, pronto se convenció de la imposibili
dad de comprobar una conspiración, cuando to
dos los conspiradores se conciertan para negar
la; por otra parte, observando que la absoluta
carencia de justicia, que proviene de la mala or
ganización de los tribunales, entorpecería las
causas, salvaría á los delincuentes, y dejaría
burlada la vindicta pública, como después se
verificó con las causas seguidas á los soldados
y oficiales que se cogieron en el campo de ba
talla, con las armasen la mano; el Ejecutivo
se vió precisado á remediar el escándalo que
preveía, usando de la facultad que le concede el
artículo 65 de la Constitución, para trasladar
fuera de la República á los indiciados del cri
men de conspiración. El Ministro del Interior
os desenvolverá las razones en que se fundó el
Gobierno para tomar esta medida, la única que
dictaba la prudencia en esa crisis, y que conci
llaba la conservación de la tranquilidad interior,
con la de los principios, que están consignados
en la Carta fundamental.
“ Creería faltar á la justicia, si en esta so
lemne ocasión no recordara con gratitud el zelo,
vigilancia y lealtad que desplegaron los Minis
tros y demás agentes del Gobierno, y el heroi
co valor con que tanto se distinguió el Secreta
rio de la Guerra, desafiando á la muerte, y
arrancando el triunfo á los sublevados. La
energía dé las providencias, y la rapidez de la
ejecución sofocaron una de las más secretas,
extensas y terribles revoluciones que han ame
nazado al P^cuador, sih que se hubiese gravado
al pueblo, á los negociantes, ni á los propieta
rios con nuevas y extraordinarias contribucio
nes. Tampoco podrá negarse á la actual ad
ministración el mérito de haber encontrado en
sus propios recursos de economía y de acti'd-
dnd los medios de haber apagado, en el térmi
no de seis días, un incendio que alarmó á toda
la República y excitó la justa inquietud de
nuestros vecinos. Con hechos de esta clase,
responden los gobiernos á los tiros de la envi
dia, y á las calumnias suscitadas por la male
volencia.
“ El vigor de la administración, acompaña
do de la circunspección que requerían las cir
cunstancias, coutribuyó mucho á calmar la irri
tación de los partidos, y á restablecer en breve
la tranquilidad interior. Obtenido tan impor
tante resultado, el Ejecutivo pudo abandonarse
á la benevolencia de sus sentimientos, y se
aprovechó del aniversario de las fiestas nacio
nales dedicadas á la celebración de la indepen
dencia, para poner en ejercicio la facultad 5?
que le concede el artículo 65 de la Constitu
ción, y llevar el consuelo y alegría al seno de.
las familias que lloraban la ausencia de algunos
— XLVÍI —
parientes, que habían sido expulsados por cau
sas políticas.
“ Con tan plausible motivo el Gobierno e x
pidió salvoconductos á los emigrados, excep
tuando únicamente el corto número de aquellos
individuos inquietos, que por su ambición y co
nocidos vicios, no deben volver por ahora al
país, si de buena fe nos interesamos en fijar la
paz y la libertad. La conveniencia pública ex i
ge esta medida; y la prudencia nos aconseja
que sigamos en este punto el ejemplo que nos
han dado las demás naciones de América, que
se han hallado en iguales casos.
“ La ley de trece de Abril de 1837 sobre
las Cortes de Distrito, la que habilita á los jó
venes de 2 r años para ejercer la abogacía, y la
que autoriza á todo ciudadano para defender
por sí sus pleitos, sin necesidad de firma de
abogado, dieron un golpe mortal al poder ju d i
cial. La experiencia ha manifestado, que por
este nuevo y funesto orden, los principiantes en
Jurisprudencia son regularmente los conjueces
que fallan, en último resultado, sobre la vida,
el honor y las propiedades de los ciudadanos.
¿ Qué rectitud de ideas, qué conocimiento de
leyes, qué firmeza de principios de moral y de
integridad podrán tener unos jóvenes que ape
nas han sacudido el polvo de las aulas? Aun
suponiendo, lo que no es, que hubieran segui
do unos buenos estudios, que hubieran poseído
los libros elementales más necesarios, que hu
bieran frecuentado academias de sabios juris
peritos, que hubieran tenido á su disposición
selectas bibliotecas, y aquellas facilidades y es
tímulos de aprender, que hay en otros países;
— XLVIII —-
aún así, no podrían ellos ejercer el grave y de
licado cargo de la judicatura, por falta de expe
riencia y de aquella calma de pasiones, que es
el resultado de los años, y de la madurez del
juicio.— En la patria de Blacstone, de Erskine
y de Mausfield, en donde el sol de la justicia
arroja aún más luz que el del firmamento, los
Magistrados pasan regularmente de 6o años,
y esta garantía de respetabilidad apoyada en el
saber y en la virtud, es la salvaguardia de la
inocencia, y forma una de las bases más sólidas
de la libertad británica.
“ Las excusas de nuestros neófitos de The-
mis para no asistir á los tribunales, las demoras
de las recusaciones, el retardo y desacierto de
las asesorías, la apatía de los procuradores, los
enredos de los escribanos, causan gastos y di
laciones, que son sumamente gravosos al públi
co ; resultando de este conjunto de trabas, in
convenientes, costas y disposiciones antijudicia
les, que no hay rectitud, conocimiento de ley,
ni celeridad en los juicios, es decir, que carece
mos de todos los elementos, que constituyen
una buena administración de justicia. ¿ Y có
mo podremos ser libres si no sabemos ser ju s
tos? ¿De qué sirven al ciudadano instituciones
políticas, que lleven, en el papel, el pomposo tí
tulo de ilustradas y de liberales, si se frustra
en realidad el gran objeto de ellas, cual es el de
asegurar la libertad civil, y de poner al abrigo
de toda contingencia las garantías que forman
la ventura social ? Desengañémonos, Señores,
sólo hay verdadera libertad en los países en
donde existen luces, trabajo, industria y virtud
sin hipocresía ni fanatismo, en donde la fuerza
— XLIX —~
física está siempre sujeta á la moral y á las re
glas de la justicia.
“ Los inconvenientes que resultan del de
creto de 7 de Abril de 1837, por el cual se pue
den admitir en los tribunales los escritos que no
lleven firma de abogado, son los siguientes:
1? La inutilidad de la ley, porque la experiencia
ha demostrado, que el que no ha estudiado le
yes y no es profesor del Derecho, no aventura
su honor, su existencia, ó fortuna á los azares
de su impericia, siempre busca ía protección del
abogado que le parece más diestro: 2? Ocul
tando los abogados sus firmas, se entregan al
desenfreno de su codicia con la interposición y
formalización de recursos temerarios, y de de
fensas injustas, eludiendo á favor de esta ley la
responsabilidad, que les impone el artículo 24
de la ley adicional á la del procedimiento, y evi
tando el castigo á que se hacen acreedores por
la malicia, inmoralidad y corrupción con que
ejercen y desacreditan la más noble de las pro
fesiones: 3? Sucede que un abogado de mala
fe defiende á la vez ambas partes, y comete im
punemente los más horribles prevaricatos: 4?
Cuándo los escritos no llevan firma de abogado,
se corre el riesgo de que los mismos letrados
que defienden un pleito bajo el sigilo del anó
nimo, sean llamados por los tribunales á ser con •
jueces, y á fallar en la misma causa del cliente
que defienden, despojando á la-justicia del ca
rácter de imparcialidad, que es su más noble
atributo: 5? También resulta el grave perjui
cio de que un litigante, siguiendo una causa ju s
ta contra una parte que sostiene un pleito in
justo y temerario, cuando liega el día de la sen-
7
tencia y se obtiene con costas, el primero no re
porta las ventajas que las leyes le conceden, y
el segundo no recibe toda la pena que mere
cen su perversidad y obstinación; porque previ
niendo el reglamento de aranceles, que se ta
sen en dos reales los escritos que no lleven fir
ma de abogado, sólo en esta pequeña é insigni
ficante suma sale gravado el hombie injusto, con
gran detrimento del justo y recto.
‘‘La carencia dé justicia, que se observa en
los tribunales, se extiende á todos los ramos,
que están enlazados con la causa pública, entra
en las oficinas, circula por el clero, se nota en
los pueblos de indígenas, y dirige el sistema de
Hacienda. El estado de anarquía en que se
halla el Poder Judicial, ha creado una nueva or
den de caballeros de industria, que viven ace
chando las propiedades ajenas para usurpar
las; siempre tienen sus miras fijadas sobre los
bienes de las viudas, de los huérfanos, y de los
que no conocen el laberinto forense ; éllos com
pran los fundos que pueden á plazos, y cuando
estos se cumplen, pagan, no con dinero, sino
con papel sellado, envolviendo al vendedor en
un dilatado pleito, que acaba regularmente por
despojarle de su finca con toda legalidad, y por
arruinarle bajo el horrible peso de una gótica y
opresora legislación.
“ Entra igualmente en el número de mis
deberes, prevenir á las Cámaras, que hay entre
nosotros un número bastante crecido de vocin
gleros de libertad, que ha título de patriotas,
pretenden que el Tesoro les indemnice las pér
didas que han experimentado en nuestras re
vueltas políticas, por haberse entregado al des-
LI —
enfreno de sus vicios y pasiones. Como vete
ranos de lucrativa corrupción son muy hábiles
en ganar testigos, seducir á los incautos, fingir
documentos, y manejar sus intrigas en los Con
gresos, con tanta maestría, que casi siempre
consiguen las indebidas indemnizaciones, que
la malicia y la mala fe han inventado, con g ra
ve perjuicio de las rentas públicas. El buen
éxito que ha tenido hasta aquí este impudente
y vergonzoso manejo, ha encendido la avaricia
de otros nuevos cazadores de fortuna, que fia
dos en la fertilidad de su ingenio para figurar
redamos, y en la facilidad de documentarlos,
sólo esperan la reunión del Congreso, para
asestar sus tiros al Tesoro, y acabar de arrui
narlo, arrebatándonos hasta la esperanza de po
der restablecer nuestro crédito. Es, pues, de
absoluta necesidad cerrar de una vez la puerta
á todo pretendiente de reclamos por las pérdi
das que haya sufrido en tiempos de revolución.
Cuatro años seguidos que gozamos de paz, au
torizan esta prudente y benéfica disposición.
“ Con la esperanza de disminuir en algún
modo los estragos que el desorden judicial cau
sa en las familias, tuve á bien nombrar una co
misión de hábiles jurisconsultos para que revi
sase el Código civil, y presentase á las Cám a
ras el fruto de sus notables tareas. La obra e s
tá ya muy adelantada, y la recomiendo á vues
tro ilustrado celo por la causa pública.
“ El Código penal tan reclamado por todos
los partidos y aprobado por el último Congre
so, se resiente de la festinación con que fué dis
cutido y sancionado. Él presupone el estable
cimiento del jurado, habla de los jueces de he-
---- LíT ----
cho y de derecho, y en la práctica de su obser-;
vancia se han notado varios defectos, que
Corte Suprema de justicia os hará conocer; /no
ha producido tampoco todos los felices resulta
dos que esperábamos, por la falta que hay en
toda la República de cárceles y de presidios,,
para los cuales es menester hacer gastos de.
consideración, que sólo el Congreso puede de
cretar; una ley de presidios urbanos reclama
vuestra atención.
► •- •
* # ,> * •*yr/
“ Creo también deber sujetar á vuestra sa-,
bia consideración los errores cjue la malevolen
cia de los partidos va difundiendo, contra los
ecuatorianos por naturalización, errores que nos.
importa combatir, porque son muy perjudiciales,
al orden público y desarroll * de nuestra pros
peridad. El artículo 107 del Código funda
mental llama á todos los extranjeros á gozar
de la misma seguridad de los ecuatorianos.
Bajo la egida de esta ley ellos vienen á nuestro
país, le sirven, se naturalizan, se casan, tienen
familia, adquieren propiedades y gozan de to
dos los derechos de la ciudadanía. Por el ar
tículo 4? de la Constitución, los ecuatorianos
por naturalización son iguales á los ecuatoria
nos de nacimiento, y por los artículos 7? y 8?,
los deberes y los derechos de irnos y otros
son idénticos, teniendo ambos, sin distinción al
guna constitucional, igual opción á elegir y ser
elegidos para los destinos públicos, siempre que
no carezcan de las aptitudes necesarias. Si la
Constitución no establece diferencia alguna en
tre unos y otros ecuatorianos, ¿ no será un ac
to de liberalidad, indigno del siglo en que vivi
mos, llamar extranjeros á los ecuatorianos cons-
LI'I —
títucionales, que no han nacido en él país, y que
sin embargo le sostienen con su valor, le ilus-
tran con sus talentos, y le enriquecen óm su in
dustria? La naturalización borra la calidad de
extranjero, y la ciudadanía iguala á todos en
deberes y en derechos. ¿N o'sería el colmo de
la injusticia y de la ingratitud tratar de extran
jero, y negar el título ele ecuatoriano aj grana
dino, al francés, al venezolano, al inglés, y á to
do el que habiendo combatido por nuestra in
dependencia, y derramado su sangre en defen
sa de nuestras instituciones, haya renunciado á
su país natal por el nuestro, en donde tiene es-,
posa, hijos y bienes? Pretender privarles por
envidia, ó por mezquinas pasiones de los dere
chos que les conceden las leyes fundamentales,
es violar estas mismas leyes, que hemos jurado
sostener; es contrariar el curso de los princi
pios liberales de que tanto nos jactam os; es
obrar contra nuestros propios intereses, que re
claman por el aumento de brazos útiles, y cier
tamente no conseguiremos tan importante re
sultado, extendiendo falsas ideas contra los ecua
torianos naturalizados, y perpetuando vulgares
preocupaciones contra los extranjeros. A los
encargados de los altos poderes toca rectificar
este extravío de opinión, que promueven la ma
lignidad y la ignorancia, y que tanto nos des
acredita en el mundo civilizado, alejando de
nuestro feliz suelo á los hombres industriosos,
y productores de riquezas.
“ fin medio de tantas dificultades, oposición
de intereses, conatos de revolución, carencia de
recursos pecuniarios, y contradicciones reitera
das, el Ejecutivo no se ha desviado del plan que
— LIV —
se propuso desde el principio, á saber, conser
var á todo trance la paz interior y exterior ; ha
cer justicia en la órbita de su poder; renunciar
á toda especie de favoritismo; poner el país en
el sendero de la civilización, en una marcha
siempre progresiva, aunque demasiado lenta,
para los votos del patriotismo. La educación
primaria ha ocupado su mayor atención, y me
cabe la grata complacencia de anunciaros, que
la instrucción pública *en general ha hecho pro
gresos sensibles en este peí iodo de dos años.
“ El cristianismo, que brilla hoy fnás que
nunca, por la caridad aplicada al alivio de la
humanidad doliente, ostenta su esplendoroso
triunfo en los establecimientos de beneficencia,
en los hospitales, hospicios, casas de huérfanos,
de ciegos, de sordos y mudos. Estos recintos
de imperfección y miseria humana, convertidos
por la virtud evangélica, en asilos de consuelo,
y de esperanzas, son los monumentos de gloria,
que mejor comprueban el grado de civilización
á que han llegado las n iciones modernas, que
tienen la dicha de seguir el estandarte de la Cruz.
La actual administración guiada por tan nobles
sentimientos de humanidad, se lia esmerado en
reedificar el Hospital de Caridad, en establecer
un anfiteatro anatómico, en recomponer el Hos
picio y en mejorar la condición de la clase indi
gente.— También se han buscado y descubierto
varios caminos de la Capital á la costa, con el
objeto de dar salida á los frutos del interior del
país.— Se han reconstruido las pirámides que le
vantó en el valle de Yaruquí el genio científico
de la Francia, por medio del sabio Mr. de La
Condamine, y que derribó después la sombría
— LV
política del Gobierno español — Se ha erigido
un Museo de pinturas, compuesto en gran parte
de cuadros del célebre Santiago, y elegante Sa-
maniego, en los que brillan el genio que siempre
ha distinguido á los habitantes de Oaito, en el
cultivo de las bellas arte'.— Se ha recompuesto
y arreglado la Biblioteca Nacional.— Se ha real
zado la hermosura del soberbio templo de San
Francisco, formando en la plazuela un paseo
agradable.— Se ha abierto en Guayaquil una
escuela de náutica.— Se ha formado en la Capi
tal un Colegio Militar.— Se ha instituido otro
de agricultura — Por la primera vez se ha abier
to, para las mujeres, una escuela de Obstetricia,
que es de tanta importancia, para ios que cono
cen el clima de Quito.— La minería se ha crea
do con la explotación de la mina de-plata de
Pillzhum, y el trabajo de la de oro situada en
Gilzhum.— La agricultura se ha reanimado con
la oportuna ley de redención de censos. El
comercio se ha avivado con la admisión de los
buques españoles en nuestros puertos.— La in
dustria de paños y bayetas ha recibido algún
impulso desde la ratificación del tratado cele
brado en Pasto con la Nueva Granada.— El cré
dito nacional da esperanzas de nueva vida, se
gún nos escriben los agentes que tenemo« en
Europa.— I odos estos bienes positivos son de
bidos á la paz, que podemos considerar como
la fuerza motriz de la prosperidad, á la que nos
vamos lentamente encaminando, á manera de
una nave que, contra viento y marea, lleva-
á remolque un barco de vapor.— Pal es el li
gero bosquejo *del interior del país. El Mi
nistro de Relaciones Interiores y Exteriores os
— LVI —
presentará en su Memoria todos los pormeno
res de estos ramos, que deben sujetarse á vues
tra consideración, y que es de esperar recibirán
de vuestro zelo y patriotismo una ilustrada y
activa protección.
“ R E L A C IO N E S E X T E R I O R E S .
“ Me cabe la satisfacción de anunciaros que
nuestras Relaciones Exteriores se han ido ex
tendiendo con los progresos de la paz y fomen
to del comercio. El Ecuador, que no era antes
conocido en el mundo político, ha entrado en el
círculo de las naciones independientes, y alter
na hoy entre ellas con el respeto y considera
ción, que reclaman el triunfo de la independen
cia, el recuerdo del antiguo imperio de Átahual-
pa, la variedad de sus recursos, y el influjo que
está destinado á ejercer en breve, en los anales
del comercio, por sus ricas producciones y por
las ventajas de su situación geográfica.
“ Un sincero sentimiento de cordial frater
nidad le une á las dos secciones de Colombia
de que filé parte, y los rápidos progresos que
Venezuela y la Nueva Granada están hacien Jo
en la carrera pacífica del orden legal y de la ci
vilización, le colman de alegría, y le sirven de
estímulo para seguir tan nobles huellas.
“ La Nueva Granada acreditó cerca de nues
tro Gobierno un Encargado de Negocios, que
ha regresado últimamente á su país, para ocu
par en el próximo Congreso un asiento, que ha
debido á la confianza que el ilustrado pueblo de
L Vil —
la provincia de Bogotá ha depositado en su pa
triotismo y talentos. El carácter noble y fran
co de este distinguido Agente Diplomático, ha
contribuido á consolidar la buena inteligencia y
la perfecta armonía que existen, y debe siempre
existir entre pueblos hermanos y vecinos, lla
mados por la naturaleza á no disputarse nunca
sino las palmas del saber, de la virtud y de la
generosidad.
o ^ ^ m
“ El Ejecutivo acreditó un Ministro Pleni
potenciario cerca del Gobierno de Bogotá, con
el doble objeto de hacer un tratado de amistad,
comercio y navegación, y de llevar á debido
efecto la Convención celebrada el 23 de Diciem
bre de 1834, relativa á los créditos activos y
pasivos de la antigua Colombia. El tratado de
comercio con la Nueva Granada, aun no se ha
celebrado. Nuestro Ministro, en virtud de sus
instrucciones, y aprovechándose de la facilidad
que se le presentaba en Bogotá para negociar
con el Enviado de Venezuela un tratado de
amistad, comercio y navegación con aquella
República, logró verificarlo, y concluyó el tra-
trado que el Ministro de Relaciones Exteriores
os presentará.
“ En cumplimiento del decreto legislativo
de 11 de Febrero de 1837, propuse, á nombre
del Ecuador, una mediación amistosa á las R e
públicas de Chile y de la Confederación Perú-
boliviana, con el fin de evitar la guerra entre dos
naciones amigas, y cuya prosperidad es el cons
tante objeto de nuestros votos. Empero, esta
propuesta dictada por el más ascendrado senti-
minento de patriotismo americano, no fue admi
tida por el gabinete de Santiago, aunque el de
8
— LVIIÍ —
la Confederación Perú-Boliviana tuvo á bien
aceptarla. Hemos deplorado después los es
tragos de esta funesta lucha.
“ El comercio lucrativo que la provincia de
Guayaquil ha hecho siempre con Méjico, y que
se ha paralizado por la falta de comunicaciones
oficiales, y por las revoluciones en que han esta
do envueltos ambos países, llamó la atención
del Ejecutivo, quien deseoso de remover los
obstáculos que entorpecen en el día un tráfico
activo entre ambas naciones, acreditó cerca del
Gobierno de Méjico un hábil negociador, quien
celebró con tanta destreza, como actividad, un
tratado de amistad, comercio y navegación, que
es recíprocamente ventajoso á los intereses de
ambas Repúblicas, y al triunfo de la política li
beral, firme y vigorosa que deben adoptar las
nuevas naciones hispano-americanas. Por el
artículo 35 del tratado, se ha estipulado, “ que
“ siendo del mayor interés la reunión de la
“ Asamblea General Americana en el punto
“ acordado ya por ella misma, las dos partes
“ contratantes se comprometen á promover, de
“ la manera más eficaz, que los nuevos Estados
“ de América, verifiquen el nombramiento y en-
“ vío de sus Ministros Plenipotenciarios, debi
dam ente autorizados con toda brevedad posi
b l e ”. El Ejecutivo convencido del alto grado
de respeto y dignidad á que se elevará la Am é
rica española con la unión de sus fuerzas y re
cursos para fijar el sistema de política exterior,
que más le convenga, sólo espera la sanción
constitucional de este tratado para excitar á los
Gobiernos de Venezuela, de la Nueva Granada
y demás de la América meridional, á que con-
---- LTX ----
curran por medio de sus Ministros á la nueva
formación de esta moderna asamblea anficiónica,
“ Los Cónsules que tenemos en el Perú, en
Chile, en Méjico y en Centro América, reciben
diariamente pruebas de aprecio de los respecti
vos Gobiernos cerca de los cuales están acredi
tados.
“ Los Estados Unidos de Norte América
en todas circunstancias nos han dado pruebas
de amistad, y con la mayor complacencia hemos
visto llegar á nuestra Capital un Encargado de
Negocios de esa magnánima Nación.
“ Siguen en el mismo estado que antes
nuestras relaciones de amistad y comercio con
las potencias europeas, que han abierto comu
nicaciones con esta República.
“ Habiendo tomado mayor extensión el co
mercio de Francia con el puerto de Guayaquil,
el Ejecutivo acreditó un Encargado de N ego
cios cerca de S. M. el Rey de los Franceses,
con el objeto de iniciar un tratado de amistad,
comercio y navegación, y de cuyo resultado se
os dará cuenta á su debido tiempo.
“ Cumpliendo con el artículo 6? de la C on
vención celebrada en Bogotá el 24 de Diciem
bre de 1834, relativa á la división de los crédi
tos activos y pasivos de la antigua Colombia, y
animado al mismo tiempo el Ejecutivo del más
ardiente deseo de manifestar á nuestros acree
dores en Londres nuestra voluntad y medios
de pagar la parte de la deuda colombiana, que
nos tocare, tuvo á bien enviar primeramente un
Agente confidencial cerca de la Junta tenedo
ra de bonos colombianos; y después nombró
un Ministro Plenipotenciario cerca de S. M. la
— LX—
Reina del Reino y ni Jo de la Gran Bretaña é
Irlanda. Esta misión c uñada á un digno pa
triota tan acreditado por sus talentos, como por
su integridad y consumada prudencia, debe pro
ducir resultados muy favorables al honor nacio
nal y al restablecimiento de nuestro crédito.
“ El Gobierno de S. M. Británica ha nom
brado un Plenipotenciario que reside ahora en
esta Capital, y ha celebrado un tratado de amis
tad, comercio y navegación, que se os presen
tará, para que reciba vuestra aprobación cons
titucional.
“ La España liberal excita nuestra más cor
dial simpatía, seguimos con el más vivo interés;
la marcha de los ejércitos de S. M. la Reina
Doña Cristina, y nuestros votos son por su fe
licidad y por la ventura de la animosa y valien
te Nación, cuyos destinos ella preside con tan
to acierto, cómo dignidad. La bandera espa
ñola Harnea en nuestros puertos, y el comercio
está abierto á ambos países. Para facilitar las
comunicaciones, el Ejecutivo ha nombrado un.
Cónsul General y Encargado de Negocios en
Madrid, un Cónsul en el puerto de Cádiz, y
otro en el de Santander.
“ Su Santidad sigue dándonos pruebas de
la paternal solicitud con que mira los intereses
de la Iglesia Ecuatoriana: aprobó la erección
de la nueva Diócesis de Guayaquil, que el Con
greso decretó en trece de Abril de 18 37 ; con
firmó la elección del nuevo Obispo, que el E je
cutivo hizo según los tramites constitucionales,
y por el tenor de la ley de Patronado, igual
mente esperamos las bulas del Obispo electo de
Cuenca. Su Santidad ha expedido la bula pa-
— LXI —
ra la supresión de los días de fiesta, que se su
jetará á vuestra aprobación, por las razones que
os expondrá el Ministro de Relaciones Exterio
res. Igualmente recibirá vuestra sanción ¡ej
nombramiento de visitadores para los conven
tos de la República.
“ E S T A D O M IL IT A R .
“ Si es altamente satisfactorio observar que
la revolución de Riobamba no encontró apoyo
alguno en las masas populares, lo es mucho
más saber que excitó en el ejército la más viva
indignación. El 2? Comandante del batallón
sublevado no tuvo secuaces entre los jefes ve
teranos de la independencia, entre esos valien
tes que, después de haber colgado sus espadas
envueltas en laureles, viven contentos bajo la
protección de unas le) es que defienden con fir
meza y sostienen con leal tul. Y a no hay divi
sión entre los militares y el pueblo, todos son
ciudadanos, todos son defensores del Gobierno
y del orden legal, todos aspiran igualmente á la
consolidación de la paz y al triunfo de la li
bertad
“ Los cuerpos del ejército se distinguen por
su disciplina, por su valor y por la moral cpie ob
servan en las ciudades que guarnecen. En este
período constitucional han estado bien raciona
dos, vestidos y pagados, y si ellos han sido el
constante objeto de los desvelos del Ejecutivo,
también éllos han correspondido á su viva soli
citud con les más plausibles sentimientos de fi
delidad. Sólo el 2? batallón tuvo la desgracia
— LXII —
de ser seducido por el más vil de los traidores;
pero esta horrible mancha, lavada en la sangre
de la mayor parte de los sublevados, ha desapa
recido con la extinción del cuerpo, y con la for
mación de otro nuevo, que lleva el nombre de
batallón N? 3V
“ El Gobierno tuvo sospechas de la infiden
cia del 2? Comandante del 2? batallón, y hubie
ra prevenido los funestos efectos de la revolu
ción de Riobamba, si*el artículo 42 de la ley or
gánica militar, no le hubiera privó do de la facul
tad de remover libremente á los jefes efectivos
de los cuerpos. Previendo las tristes conse
cuencias que podían resultar de esta ominosa
inamovilidad de los jefes efectivos, el Gobierno
objetó este artículo de la ley militar; mas el
Congreso insistió en tan arriesgada disposición,
y el tiempo ha comprobado, con señales de san
gre, la exactitud de las objeciones que enton
ces se hicieron. Es de absoluta necesi Jad, que
todos los mandos de armas estén en comisión,
y que todos sean amovibles á juicio del E je
cutivo.
“ Los artículos 17 y 18 de la ley orgánica
militar, relativos á los Comandantes de armas
de las provincias, que son los fiscales natos de
las causas que se siguen contra los jefes y ofi-
cia'es, necesitan una entera reforma. El M i
nistro de la Guerra os presentará la opinión del
Ejecutivo sobre el particular.
“ El buen orden y la economía exigen que
se arregle la contabilidad del ejército, que en el
día está muy desarreglada.
“ Por el artículo 9? de la ley orgánica mili
tar se establece una compañía de artillería, y no
— LXIII —
habiendo un Colegio en donde se formen oficía
les facultativos, que sean capaces de servir esta
arma, ha sido necesario crearlo, y tengo la sa
tisfacción de anunciaros que el nuevo Colegio
militar que se ha establecido en el Convento de
San Buenaventura, ofrece á la Patria las más
lisonjeras esperanzas de tener en lo sucesivo
artilleros, ingenieros, buenos oficiales, excelen
tes jefes, y firmes apoyos de las instituciones
republicanas.
“ Algunos oficiales retirados, deseosos de te
ner un capital para trabajar en la agricultura, ó
en el comercio, han propuesto al Gobierno re
cibir de una vez una suma determinada, v✓ de
renunciar para siempre á las asignaciones á que
son acreedores por sus servicios pasados, y que
están detalladas en el artículo 30 de la ley or
gánica. Para capitalizar estos sueldos, y alige
rar el Tesoro del peso que gravita sobre él, con
el número de 52 Coroneles, de 30 primeros C o
mandantes efectivos, de 31 segundos Coman
dantes, de 59 Capitanes y de 47 Tenientes;
sería muy útil pensar en un plan de colonias
militares, repartiendo parte de los muchos te
rrenos incultos y feraces de que puede disponer
la República.
“ Los milicias de Guayaquil, de Manabí, de
Loja, de Cuenca y de Ibarra están regularmen
te organizadas, sólo en las provincias del Chim-
borazo y del Pichincha no están arregladas.
“ Los parques están bastante bien provistos
de fusiles y demás útiles de guerra. La fábri
ca de pólvora de Latacunga estaba en ruinas,
ha sido necesario volverla á construir y á darle
una nueva organización, que corresponda al
— LXlV —
grado de utilidad que la Nación debe sacar de
tan importante establecimiento.
“ La extensión de nuestras costas, el núme
ro de nuestros puertos, la facilidad de comuni
caciones que ofrecen nuestros ríos, y la varie
dad y riqueza de nuestras producciones, indican
que el Ecuador está llamado por la naturaleza
á ser una Nación marítima- y comercial ; nada
hemos hecho hasta aquí para desenvolver estos
fecundos elementos Vle prosperidad, que están
enlazados con los progresos del comercio y de
la navegación. El departamento de la marina
está casi abandonado, y reclama toda vuestra
patriótica consideración.
El Ministro de marina os presentará un pro
yecto de ley orgánica sobre la materia, y algu
nas observaciones interesantes sobre el arreglo
de los puertos, de los prácticos, de los faros y
de una milicia naval.
“ H A C IE N D A .
“ Nuestro sistema de Hacienda resintiéndo
se siempre de su origen colonial y ominoso, es
tá en contradicción abierta con los principios
económicos, y con los liberales, que establece
nuestra Carta fundamental. Nunca nos hemos
ocupado de proveer el Erario en razón directa
de sus atenciones indispensables y precisas, in
cluyéndose en ellas nuestras deudas, cuyo pago
debemos considerar siempre como una obliga
ción sagrada; y consultando, en todos casos, el
menor gravamen posible de los pueblos. No
hemos dado á la industria agrícola, fabrJ y co
— tXV - *
mercial el impulso, el ensanche y la protección
que demandan, para que puedan progresar con
la libertad que les ha ofrecido el artículo 98 de
la Constitución, y que están reclamando el si
glo, las luces, los favores de unos climas privi
legiados y una naturaleza fecunda y variada»
Muchas de nuestras leyes tienen un viso de per
sonalidad, que da lugar á censuras odiosas, aca
so infundadas, y á que la maledicencia acuse á
nuestros Congresos de haberse ocupado me
nos de lo que debieran, de los intereses públi
cos. Fúndase en que muchas concesiones, mu
chas gracias, muchos premios, muchos créditos
reconocidos, eran, si no injustos, extemporá
neos; siendo también verda l, en algunos ca
sos, que el espítitu legislativo, debiendo ser
constante y eminentemente liberal, varía con el
cambio personal de los Representantes en cada
período. De aquí esa impenetrable confusión,
esa incoherencia, y esa versatilidad tan funesta
al progreso de las rentas públicas.
“ Lo que hay de más raro entre nosotros es,
que hemos adoptado los principios más abstrac
tos y filosóficos de libertad que existen en los
Estados Unidos del Norte, y que son impracti
cables en países nuevos, que no se han hallado
en iguales circunstancias, y no queremos imitar
aquella parte de legislación comercial, que pue
de reducirse á práctica, y fácilmente imitarse,
como son— las sencillas leyes que arreglan la
entrada y salida de buques en sus puertos,—
que rigen sus aduanas,— que fomentan el co
mercio,— que determinan el pago de intereses
y amortización gradual de la deuda pública— y
que remueven todo obstáculo á ia libre circula -
9
— LXVI —
ción de los productos de la industria nacional, y
cómoda traslación de un lugar á otro de hom
bres y de capitales. Nos hemos puesto en con
tradicción con nosotros mismos; al liberalismo
teórico de las naciones civilizadas, hemos opues
to el servilismo financiero de estancos, derechos
recargados para la importación, derechos subi
dos sobre la exportación de los productos agrí
colas é industriales del país, extracción presun
ta, aduanas internas* plaga de colectores, veja
men de resguardos, registros exigidos á los
buques extranjeros, incomodidad y crecido de
recho de pasaportes, en fin, trabas innumera
bles que detienen el rápido curso de la agricul
tura, del comercio, de las artes y de la navega
ción.
“ La deuda pública, arreglada como lo está
en Norte América, y en las demás naciones
del mundo mercantil, hubiera dado un nuevo
impulso al crédito, y un próspero movimiento á
la circulación del numerario, por medio de los
nuevos valores creados en billetes de la deuda
nacional; mas, desatendiendo estos útiles ejem
plos, se expidió el decreto de 2 de Marzo de
»837, acerca de la amortización de la deuda pú
blica. El Ejecutivo lu objetó con poderosas
razones, y las Cámaras insistieron en sostener
lo. Desde entonces era fácil prever, que á
pesar del artículo 2? de la ley, no habría amor
tizaciones en las capitales de Cuenca y Quito,
por la imposibilidad de reunir, para este objeto,
los fondos suficientes, como así ha sucedido; se
veía claramente que eran imaginarias las pro
videncias legislativas, que destinaban á la amor
tización la mitad del producto de la renta de
LXVTI----
aguardientes, la mitad del tercio del haber de
diezmos, yla mitad del rédito de temporalida
des; el tiempo, que es el gran descubridor de
la verdad, ha manifestado los sólidos fundamen
tos en que el Ejecutivo apoyó la exactitud de
sus observaciones. Antes de haber asignado
estos fondos á la amortización, hubiera sido ne
cesario haber fijado primero la suma de gastos
ordinarios, haber determinado exactamente las
rentas positivas que los debían cubrir, y haber
examinado si había un sobrante para aplicarlo
á la amortización; sin estos indispensables da
tos se improvisó una ley aislada, incoherente,
sin relación con el presupuesto anual de gastos,
sin enlace con los intereses de los habitantes de
Cuenca y de Quito, sin un cálculo que estable
ciera la debida proporción entre la parte de
rentas destinadas á la amortización, y la suma
total de la deuda pública, una ley, en fin, que
puede llamarse de circunstancias, y que sólo fa
vorece á los especuladores de una ciudad, pues
por el artículo 5? se convierte la Aduana de
Guayaquil en caja de amortización, con perjui
cio de los demás acreedores de la República.
“ Los legisladores confundieron también la
idea de amortización con las de consolidación,
como lo comprueba el artículo 4? al disponer,
que también se amortizarán con billetes de la
deuda pública reconocida, los capitales á cen
so. Estos capitales se han trasladado al Teso
ro, pero no se han amortizado, pues ganan un
interés de 3 °/0 anual, es decir, que esta parte
de la deuda pública se ha consolidado y no
amortizado. Los capitales acensuados trasla
dados á las cajas del Tesoro de Quito, y que ga-
— LXVllí —
nan el interés del 3 °/Q, ascien len á 74S.203
pesos, y el Ministro de Hacienda se ha visto
en los mayores apuros para cumplir con este
deber, porque el Congreso no determinó rentas
suficientes para estos gastos. La redención de
censos con billetes de la deuda nacional, ó la
consolidación al 3 °/0 de una parte de la deuda
pública, ha sido sumamente ventajosa, conside
rada bajo todos aspectos; ella ha producido un
aumento de valores,*igual al que se encuen
tra en las propiedades redimidas; y ha retira
do de la circulación y de las especulaciones del
agio los billetes que lo representaban. Lo que
necesita esta ley, tan combatida por el fanatis
mo, como tan benéfica al crédito nacional, y á
los progresos de la agricultura, es darle estabi
lidad, fijando rentas seguras para el pago clel
3 °/0 anual de los capitales acensuados que se
han consolidado, y no amortizado en el Tesoro.
*‘Las circunstancias de esta ley de crédito
público sólo duraron 42 días, desde el 2 de Mar
zo hasta el 13 de Abril del mismo año, que las.
Cámaras mandaron nuevamente reconocer y
pagar la deuda interior de la República. Por
el artículo 19 de esta ley posterior de amortiza
ción, que es de 13 de Abril, se deroga en todas
sus partes la ley provisional de 2 de Marzo, que
expidió la misma Legislatura señalando fondos
para la amortización de la deuda pública, en so
lo lo que no se oponga á la otra. Luego hay
c puede haber oposición entre la primera y se-
gun da ley de amortización, y esta oposición re
sultó en 42 días de diferencia que mediaron en
tre la sanción de la úna y la de la otra; lo que
manifiesta la premura con que ambas leyes se
hicieron. Este simple hecho de publicar una
ley provisional de amortización para 42 días de
término, prueba el atraso de nuestras ideas en
materias de crédito. Este espíritu de error y
de versatilidad, resalta más en el artículo 6 7 de
la citada ley de 13 de Abril, que dice:— “ Los
“ documentos de ajustes civiles, militares y de
“ Hacienda, de cada territorio, que no hayan sido
“enajenados por los interesados, se amortizarán
“ con prelación por la antigüedad de los créditos
“ y en los términos siguientes:— En la Capital
“ de Quito, con los productos libres del ramo de
“ aguardientes, papel séllalo y cabezón”.— Sie
te días después se quitó el cabezón por decreto
de 20 de Abril, sin acordarse que este ramo,
bastante lucrativo, había sido ya destinado á la
amortización, introduciendo de este modo el
desorden y la confusión en el manejo de rentas.
Otro defecto de que adolecen estas leyes de
amortización, es, el dé no haber destinado algún
fondo para el pago de la deuda extranjera, lo
que hubiera contribuido á restablecer nuestro
crédito en el exterior, objeto de alta importan
cia para la prosperidad pública, y que nunca de
bemos perder de vista. Mas no siendo mi áni
mo entrar en una lar^a enumeración de los de-
fectos que se notan en nuestras leyes de H a
cienda, me ceñiré á observar, que las Cámaras
cerraron sus sesiones sin dejar una ley de pre
supuestos de gastos ordinarios, entregando al
Ejecutivo á la fluctuación de los acontecimien
tos, á la angustia de conservar el orden interior
en medio de tantos riesgos y dificultades, y á la
desesperación de no poder adelantar en nada el
país por falta de recursos pecuniarios.
— LXX—
“ La ley de 13 de Abril de 1837 sobre el
estanco de tabaco fue igualmente expedida, sin
haber comparado la producción de este ramo
en el cantón de Daule, con el consumo que ha
bría en la provincia de Guayaquil; sin haber
apropiado fondos para pagar 2I importe de las
cosechas á los cultivadores; sin haber calcula
do los gastos que ocasionaría plantear el estan
co, y las ganancias líquidas que dejaría. La ley
se publicó, se arregló y se sostuvo hasta el 15
de Agosto del año pasado, en que la Junta de
Hacienda de Guayaquil resolvió desestancar el
tabaco, dando cuenta al Gobierno, y fundando
su resolución en la faita de fondos para seguir
el estanco, y en el perjuicio que había causado
este monopolio al fisco, á las industrias y á la
agricultura. Penetrado el Ejecutivo de la soli
dez de las razones en que se apoyaba la junta,
se adhirió á su dictamen, y puso en libertad el
ramo de tabaco, restableciendo el derecho de
cuatro reales por arroba, que tenía antes del
renacimiento del estanco.
“ El sistema restrictivo ha probado muy mal
entre nosotros, y en los países nacientes sólo
produce fraudes, promueve el contrabando, y
corrompe la moral de los pueblos. Las penas
severas que el decreto de 5 de Abril de 1837
impone á los que extraigan paja toquilla de Ma-
nabí, lejos de disminuir el contrabando, lo ha
aumentado del modo más escandaloso. Por
noticias que hemos recibido de Chile, sabemos
que en el año de 37 á 38 se han exportado frau
dulentamente al puerto de Valparaíso ingentes
cantidades de paja.
“ La ley de 13 de Abril que arregla el co
— LXXI —
bro de los derechos de importación, necesita al
gunas modificaciones, pues la experiencia ha
probado que el único modo de disminuir el
contrabando es el de rebajar los derechos á las
mercancías que se introducen en nuestras adua
nas marítimas.
“ Ha producido muy buen efecto el proyecto
de 20 de Marzo, que dispone se reformen anual
mente los aranceles ó tarifas, sobre cuyes precios
s hacen los aforos por las aduanas maiítimas y
terrestres, y oficinas de alcabalas para recaudar
los derechos de importación, exportación y de
consumo de los frutos y manufacturas que no
tengan un impuesto específico.
“ La ley expedida el 13 de Abril de 1837,
suprime, por vía de economía, á 12 empleados
en la República, y la ley orgánica de Hacienda,
del 19 del mismo Abril y año, crea más ele 40
en las nuevas Contadurías mayores y nuevas
administraciones de rentas internas, que van
siempre acompañadas de un numeroso resguar
do y de una falange de colectores. Una ley
dictada por la economía hace desaparecer, co
mo por encanto, á doce empleados, y seis días
después otra ley sugerida por la empleomanía,
crea más de 40 destinos, gravando al Tesoro
mucho más que antes, así han sido siempre
nuestros planes económicos. Este nuevo y dis
pendioso arreglo es tanto más deplorable, cuan
to que las Contadurías mayores son enteramen
te inútiles, y que las administraciones de rentas
internas necesitan reformas, que el Ministro de
Hacienda os presentará.
“ Fué también extemporánea la ley de 20
de Abril, que reduce al 2 °/G los intereses de
— LXX1I —-
los principales que reconocen las haciendas que
fueron de los Jesuítas; en las mayores urgen
cias las Cámaras disminuyeron en una terce
ra parte los ingresos del Tesoro, al mismo
tiempo cpie aumentaron los egresos con el 3 °/0
de interés que ganan los capitales acensuados
que se trasladan á las cajas nacionales. La ley
cíe reciprocidad aconsejaba que la Nación no
hiciera, por ahora, gracia alguna á sus deudo
res, y que recibiera de ellos el 3 y Qque paga á
sus acreedores.
“ La ley de 7 de Abril, que suprime los ju e
ces letrados de Hacienda, ha perjudicado bas
tante al fisco, entorpeciendo el curso de los ne
gocios contenciosos, civiles y criminales, que
son relativos á las rentas públicas, así en lo res
pectivo á las cobranzas, como en todos sus acci
dentes.— La Legislatura bien conoció lanecesi-
dad de las f iliciones de los jueces letrados, en
el hecho de atribuirlas á los Alcaldes municipa
le s ; mas, al suprimirlos por economía, debió
haberse tenido presente, que desempeñaban las
auditorías de guerra, que son necesarias mien
tras subsista el fuero militar; y aunque se dis
puso que se supliera la falta de Auditores de
guerra, nombrando al efecto á un abogado re
cibido, en las causas que se presentaran, no era
necesario tener una grande perspicacia para
haber previsto las dificultades que nacerían de
este arreglo. Ellas han sido tales, como os lo
manifestará el Ministro de la Guerra, que el
Ejecutivo se ha visto precisado á restablecer á
los Auditores de guerra con una dotación casi
igual á la que antes gozaban los Jueces de L e
tras, cuando existían y eran á un tiempo Audi
— LXXIII —
tores; y así en la supresión de este destino, bas
tante ha perdido el buen servicio de la Hacien
da pública, y casi nada ha ganado el Tesoro.
“ La ley de 24 de Abril estableciendo una
contribución general, después de haber excita
do la más severa censura en todas las clases de
la sociedad, y de haberse establecido con la ma
yor repugnancia, ha contribuido muy poco al
aumento del Erario. Apenas rinde 38.000 pe
sos en toda la República.
“ El resultado final de nuestro complicado
y funesto sistema de Hacienda, es que la N a
ción está sumida en la miseria; que sus emplea
dos civiles y militares sólo perciben la mitad de
sus sueldos; que sus acreedores, por la desigual
dad de las leyes de amortización, los únos son
pagados, los otros no lo son, y los extranjeros
están enteramente olvidados. En un suelo tan
hermoso, tan rico, tan variado y tsn favorecido
del Cielo, en su clima y en su posición geográ
fica, la situación actual de la República puede
compararse á la de Tántalo, que en medio de la
abundancia, perecía de necesidad.
“ R E F O R M A S .
“CLERO .
“ Nuestro siglo es eminentemente liberal y
cristiano, porque es sumamente industrioso y
trabajador; la industria crea, renueva y aumen
ta todos los recursos del entendimiento y estí
mulos de la voluntad; el trabajo introduciendo
hábitos de orden y de regularidad, afianza la vir
io
— LXXIV —
tud, y esta hija favorita del Cielo, arraigándose
en la tierra, por el cultivo de la inteligencia hu
mana, toma el nombre de l i b e r t a d , y excita
en los pechos generosos el noble- entusiasmo
que su misteriosa palabra produce en todos los
climas y puntos del globo. Sien nuestros días
se han debilitado algunas perstiaciones religio
sas, también se han acrisolado las ideas mora
les; se cree menos en las ficciones, que el in
terés de la superstición inventó en las tinieblas
de la Edad Media, y hay más fe en las máximas
del Evangelio y en la lectura de los libros sa
grados. Esta tendencia de nuestra época al
ilustrado cristianismo, es un objeto de tan al
ta consideración, que nunca lo deben perder de
vista los Congresos de América. Toca á los
Legisladores fijar tanto mas su atención so
bre tan delicada materia, cuanto que las refor
mas políticas que han adelantado los verda
deros intereses de los pueblos, han sido siem
pre precedidas por las religiosas. Numa Pom-
pilio levantó en Roma un templo á la probi
dad, y estableció el culto de Júpiter. Los ame
ricanos del Norte, por medio de la tolerancia
religiosa, han entrelazado diestramente el cris
tianismo al sistema político de independencia y
de libertad que los ha elevado al grado de glo
ria en que se hallan. La Francia, en el delirio
de su frenético jacobinismo, excluyó de sus ins
tituciones el principio religioso, le sustituyó
el culto de la razón, y muy pronto fué víctima
de sus impíos errores y envuelta en los furores
de las más sangrientas pasiones. Las reformas
del clero, como precursoras de las políticas, de
ben llamar vuestra atención, y por lo tanto, pa
— L X X V ----
so á exponer las que, en mi humilde concepto,
son por ahora de mayor urgencia.
“ Residiendo en la Capital el limo. Señor
Arzobispo, el Coro de la Santa Iglesia Catedral
de Quito debe componerse de diez Canónigos
en su totalidad, guardando proporción este arre
glo con el que existe en los Coros de Cuenca y
Guayaquil, y que están establecidos por la ley
de 17 de Abril de 1837.
“ Por el artículo 4? de la precitada ley, las
rentas del obispado de Guayaquil se pagan men
sualmente de los fondos de la Hacienda públi
ca, y por el artículo 7?. los remates de los diez
mos se hacen por la Tesorería y deben deposi
tarse en las cajas nacionales. Ésta medida eco
nómica, por la que se anulan los destinos de co
lectores y contadores de diezmos, debe exten
derse á toda la República, y con la supresión
de estos empleados y la directa traslación de la
masa entera de diezmos.al Tesoro, se consigue
el ahorro de 70.000 pesos, .como.os lo manifes
tará el Ministro de Hacienda. Esta suma pue
de aplicarse á la instrucción pública, al pago de
intereses de capitales acensuados, y al exacto
cumplimiento de la obligación,en que está cons
tituido el Gobierno de satisfacer los estipendios
á los pobres Curas de montaña.
“ Otra economía resulta de esta misma ley
que arregla las rentas que están asignadas á los
muy Reverendos Obispos de Guayaquil y Cuen
ca, y es la reducción que debe igualmente ha
cerse en la renta del muy Reverendo limo. Sr.
Arzobispo, la que no deberá ser menos de 6.000
pesos ni más de 8.000, que es la que tiene el
limo. Metropolitano de Bogotá.
— LXXVI —
“ Al hacer este nuevo arregló, es preciso
considerar, que el clero debe recibir sus rentas
íntegramente de un modo fijo, independiente y
libre de toda revolución ó contingencia; y se
logrará tan importante objeto sacando de la
masa de diezmos la cantidad anual que perte
nezca á cada Diócesis, y entregando esta suma
al limo. Señor Arzobispo Obispo, para que
del seno de su Cabildo nombre al comisionado
que la recaude y distribuya entre los respecti
vos partícipes.
“ Ha llegado el tiempo de que las Cámaras
determinen el número de sacerdotes que la R e
pública debe sostener, y que establezcan la exac
ta proporción que exige nuestro estado social,
entre el número de Ministros del altar y la po
blación total del Ecuador, para que todos sus
habitantes puedan gozar de la instrucción mo
ral, que es indispensable darles en beneficio de
las buenas costumbres, retemplando sus almas
con los más sublimes y puros sentimientos de
religión.
“ El fuero eclesiástico no es ya de nuestro
siglo, y sería muy conveniente extinguirlo, si
guiendo el ejemplo que nos han dado las N a
ciones católicas de la Europa y de la América.
“ Las Cámaras deben ocuparse de dar un
nuevo arancel de los derechos de Iglesia, y exi
mir á los Curas del gravamen de pagar cuartas
episcopales.
“ Y a se ha obtenido de la Silla Apostólica
la reducción de los días de fiesta, que tanto per
juicio causaban á la agricultura y á la industria;
ahora se necesita una disposición legislativa pa
ra que el día de Corpus se celebre en todas las
— Lxxvn —
parroquias, pueblos y cajátales del Ecuador el
día prefijado por la Iglesia; igualmente es m e
nester que se corte de raí7. el abuso de que los
indígenas se vistan de danzantes y se arruinen
con los excesivos gastos que ocasionan esas
irrespetuosas costumbre s.
“ Las instituciones monacales de ambos
sexos disuenan con los sistemas democráticos
y con las luces del siglu, que las han abolido
ya en España, en Portugal, en Francia, en A le
mania y en toda la Europa civilizada, y habien
do llegado la época de su extinción legal, la
prudencia aconseja que se haga de un modo
gradual, justo y recíprocamente ventajoso á los
regulares, al Tesoro, al crédito nacional y á la
dignidad del culto.
“ Animado del más vivo deseo de que el
Ecuador no sea nunca testigo de las sangrien
tas escenas que se vieron en Francia en 1792,
y que después se han renovado en España en
1836, ultrajando, maltratando á los infelices re
ligiosos; en obsequio de él os, y movido de la
justa consideración que les debo, por el patrió
tico manejo que han tenido en el tiempo de mi
administración, y sin otro designio que el de
sustraerlos al riesgo á que los expone el vérti
go revolucionario, que de día en día produce
mayores extragos, me aventuro á proponer las
siguientes reformas, que son dictadas por la e x
periencia en favor de la Patria y de la Reli
gión.
“ Que las cuatro provincias que componen
las Ordenes de San Francisco, San Agustín,
Santo Domingo y la Merced, reduzcan su nú
mero á aquel que puedan mantener con decoro
— LXXVIII —
y decencia, con respecto á sus institutos, y so-
Lre lo que velará la autoridad civil*
“ Oue se restablezca, como se ha hecho en
Venezuela y la Nueva Granada, la ley de C o
lombia de 28.de Julio de 1821, relativa á la su
presión de conventos menores, y á la aplicación
de sus bienes á la enseñanza pública.
“ Los derechos de los reculares estando g a
rantidos por las leyes que existían cuando pro
fesaron, y las que están aún vigentes, es muy
justo realizar sus esperanzas de bien estar, y
de mantenerlos el resto de sus días con la d e
cencia que conviene al rango de cada lino de
ellos, y es conforme á sus institutos.
“A petición del limo. Sr. Obispo de esta
Diócesis, el Delegado Apostólico en todas las
regiones de la América meridional, ha n uñara-
do Visitadores, para que abran la visita en las
Ordenes religiosas y reformen la disciplina re
gular, que los sucesos del tiempo han ido insen
siblemente relajando y frustrando el objeto de
de esas instituciones, que fueron creadas para
la instrucción y progreso morales del pueblo
cristiano. Si la autoridad eclesiástica se ve en
la necesidad de buscar en las reformas un reme
dio á los desórdenes que se han introducido en
los conventos, ¿con cuánta más razón no debe
rá la autoridad civil impedir el despilfarro que
se está haciendo de los bienes conventuales ?
Hilos no pertenecen á los religiosos, sino á la
Nación que se los concedió, mientras tuvieran
una existencia legal.
“ Para evitar estas pérdidas sería muy opor
tuno formar en la Capital una junta de vigilan
cia, compuesta del Gobernador de la provincia,
— LXXIX —
del Tesorero general, y de un eclesiástico nom
brado por el Gobierno, para que tome un pro
lijo y exacto conocimiento de las rentas anua
les de los conventos y monasterios existentes.
Esta junta trabajará un reglamento, que se su
jetará á la aprobación del Gobierno, para que se
administren debidamente los bienes de los con
ventos, se provea á la fabrica de las Iglesias y
gastos del culto, y se sostengan con decencia
las casas religiosas.
“ Ningún Provincial, Guardián, Prior ó reli
gioso, bajo de ningún pretexco podrá enajenar
predios rústicos, urbanos, alhajas, ni propiedad
alguna perteneciente á los conventos ó á sus
iglesias, declarándose nula la venta, y multando
al comprador en cantidad triple del valor de la
propiedad que hubiese comprado.
“ La Legislatura deberí fijar la época que
juzgue conveniente, para impedir que se admi
tan novicios ó novicias en los conventos de
ambos sexos.
•. ¡ i. .
“ P O D E R JU D IC IA L .
é fr
“ La imparcial administración de justicia, que
pone la vida y los bienes del ciudadano al abrigo
de todo insulto, es el gran fin de la sociedad civil;
y el verdadero mérito de toda organización ju
dicial consiste en asegurar una perfecta impar
cialidad en el juez, prefiriendo esta cualidad aun
á la ciencia misma: por esta razón la Cámara
de los Pares es el Tribunal Supremo en Ingla
terra, y aunque compuesta de nobles, que poco
entienden de Jurisprudencia, corrige las senten-
— LXXX —
cins de los jurisperitos más afamados de la N a
ción británica. No puede haber imparcialidad
sin independencia en el modo de vivir, y sin las
cualidades morales, que son el resultado de una
buena educación religiosa, política y literaria;
la falta de independencia pecuniaria es precisa
mente una de las principales causas del estado
de postración en que se halla nuestro poder ju
dicial. Se han multiplicado los jueces y las C or
tes de Distrito, y se »lia disminuido la respetabi
lidad, porque sus rentas están en razón inversa
de su número; las dotaciones de los Ministros
de la Corte Suprema son tan exiguas, que ape
nas se les puede exigir la responsabilidad de sus
fallos; y la reforma más útil que puede hacerse
en este ramo, es el aumento de sueldo de los
Ministros de la Corte Suprema, y de los que
componen la Corte Superior.
“ La ley de 13 de Abril de 1837 sobre cor
tes de Distrito, acabó de ¿.rruinar el Poder J u
dicial. La Corte de Guayaquil es inútil, exis
tiendo un tribunal de comercio en aquella ciu
dad, que es enteramente mercantil. La Corte
de Cuenca es perjudicial, porque fomenta el es
píritu de discordia que reina en aquella pobla
ción, y aleja de la agricultura y de la industria
un número crecido de litigantes, que sólo liti
gan por la facilidad que tienen de satisfacer es
ta ruinosa pasión.
“ En tiempo de los españoles no había más
que la Real Audiencia, y los pueblos no sufrían
tanto de la mala administración de justicia; vi
vían en mayor unión y concordia que en el día;
y desgraciadamente, debernos decir, que la ren
ta delpaf el sellado es la única que ha aumentado
---- LXXXI —-
desde que somos independientes. La conve
niencia pública reclama la suspensión de las
Cortes de Distrito de Cuenca y de Guayaquil,
hasta que llegue la época de su extinción cons
titucional y que los gastos que causan al año, se
apliquen á la mejor dotación de los jueces que
han de componer los Tribunales Superiores de
la Capital, los únicos que deben existir en toda
la República. . .
“ La experiencia ha manifestado que por la
funesta ley de 13 de Abril, las Cortes de Distri1-
to se componen regularmente de conjueces, ó
de jóvenes de 22 á 24 años, que han sido habili
tados por el último Congreso para ejercer la abo
gacía, y que carecen regularmente del esencial
requisito de la imparcialidad, por el poco vigor
de unas almas que la miseria enerva, por su
inexperiencia y por sus cortos conocimientos.
¿Y será posible que entre nosotros continúe en
tan deplorable estado la administración de ju s
ticia? La ley que habilitadlos jóvenes para
que puedan ser abogados á la edad de 21 años,
presupone, como en Norte América, un grado
de civilización muy adelantado en buenas cos
tumbres, en luces y capitales, que no existe
entre nosotros; y esta disposición legislativa,
lejos de facilitar en la sociedad la propagación
de los principios, y conceder estímulos á la ju
ventud en la carrera literaria, sólo promueve el
espíritu de intrigas, atiza el fuego de la discor
dia y aviva el comercio de usurpaciones lega
les: con mucha razón puede decirse, que cada
título de abogado que se expide, es una paten
te de corso, que autoriza al portador para que
cometa impunemente excesos de todas clases
1I
— LXXXU —
sobre los hombres útiles del campo y ciudada
nos industriosos de las capitales. Cuando es-
tamos ya plagados de doctores en leyes, no pa
rece prudente aumentar su número, sino res
tringirlo.
“ Era muy sabia la ley que prescribía la edad
de 25 años para ser abogado: sería muy útil
volver á restablecerla, y agregar: 1? que nin
gún abogado pueda ser asesor ó conjuez, sino
á la edad de 30 años*cumplidos, y de probar que
ha tenido su estudio abierto por el término de
seis años: 2? que se fije el número de aboga
dos, así como se fijan en las plazas mercantiles
los corredores de número: 3? que siendo des
proporcionado el número de abogados, que no
saben en que emplearse, que ellos sirvan las E s
cribanías que, con pocas excepciones, se hallan
en el más vergonzoso abandono: 4? que los
abogados que obtienen empleos en la adminis
tración pública, no puedan ejercer, bajo ningún
pretexto ni motivo la abogacía, mientras perci
ban un sueldo del T eso ro : 5? que firmen pre
cisamente sus defensas.
“ El artículo 4? de la ley de 22 de Marzo
de 1837 sobre la reducción que deben sufrir las
testamentarías por la manumisión de esclavos,
es'inconexo con el resto de la ley, y se ha in
troducido sin que venga al caso. Este artículo
merece por sí solo una ley especial; su objeto
es recomendable, muy plausible y muy digno
de la ilustración del siglo, pues se dirige á que
las disposiciones del testador no puedan alte
rarse ni conmutarse por ninguna autoridad, ni
con ningún pretexto, ni nadie tendrá derecho á
variar su justa voluntad; empero, en el aísla-
— LXXX1II —
miento en que se halla, y sin las modificaciones
que requieren nuestras peculiares circunstan
cias, él abre un vasto campo á las intrigas de
los que especulan sobre bienes ajenos.— Esta
disposición legislativa, que al primer aspecto se
presenta revestida de una apariencia de justicia
y de liberalidad, envuelve un germen oculto de
inmoralidad, que hemos visto ya desarrollarse,
y de un modo bastante escandaloso. En el es
tado de atrasó, de hipocresía y de superstición
en que se halla el país, los albaceasgos son ca
minos trillados de fortuna; el pretendiente al
título de albacea seduce al confesor del testa
dor; se gana al abogado y al escribano que
dirigen el testamento, y aprovechándose todos
de la debilidad del enfermo y de los justos te
mores que en estos aciagos momentos le infun
de el tránsito á la tremenda eternidad, le per
suaden que deje sus propiedades y riquezas
e l bien de su ,a
m
l con perjuicio de sus legíti
mos herederos, y con gran provecho del intri
gante albacea, que á favor de esta ley asegura
irrevocablemente el fruto de su insidioso mane
jo, y goza sin riesgo del buen éxito de su fan
tasmagórica especulación.
“ Cinco años ha que estoy recomendando
inútilmente á la atención pública la institución
del juicio por jurados, y no me cansaré de repe
tir, que mientras no se introduzca entre nos
otros esta firme garantía de la libertad, no po
demos esperar ninguna mejora sustancial en la
administración de justicia. Considerad, que el
sistema de jurados es una emanación del siste
ma representativo, cuya esencia es, de que el
pueblo no se sujete sino á las leyes hechas por
— hXXXl V —
sus representantes; y para que estas leyes ten
gan su fiel y debida cumplimiento, y estén ai
abrigo de lás usurpaciones del poder, es preciso
que tengan sus vigilantes sacados del mismo
pueblo. Estos custodios populares son los inves
tigadores de la verdad: éllos fijan el hecho, y los
jueces letrados aplican el derecho; de donde na
ce, en esta clase de juicios, la natural separación
del hecho y del derecho. El Código penal exi
ge para su perfecta ejecución, que se establez
ca el juicio de jurados, como lo comprueban los
artículos 66, 365 y 367. Hemos aplicado el ju
rado á los juicios de imprenta, que son de tan
difícil decisión ; demos un paso más adelante,
que se introduzca en los tribunales de comercio
y en los juicios criminales, y poco á poco se
irán disipando las densas nieblas que cubren el
caos de nuestra funesta legislación.
“ E JÉ R C IT O ,
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•. 1< ..*«.>
* f* I
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i ♦ . 4f
“ Las reformas que exige el arreglo del
ejército, están contenidas en un proyecto de
ley orgánica militar que os presentará el M i
nistro de la Guerra. Los puntos más esencia
les son:— la contabilidad'—la abolición del fuero
militar—la amovilidad de los Coroneles y Jefes
de los cuerpos. Todos los mandos militares de
ben estar en comisión, y ser amovibles á volun
tad del Ejecutivo. No estará por demás ob
servar que por el artículo 6? de la ley orgánica
militar, hay dos batallones de infantería, dos re
gimientos de caballería y una compañía de ar-
— I .X XX V
tillería, formando la suma total de 1.300 hom
bres; y como contamos más de doce Genera
les, cabe á cada uno menos de 108 soldados de
mando. Basta esta observación para hacer ver
cuán ridículo sería pretender aumentar este nú
mero de Generales, sobre todo, en el estado de
paz en que nos hallamos.
“ Algunos oficiales entraron en la última
revolución que estalló en Riobamba, en 10 de
Marzo del año pasado, movidos del interés de
ascender y de satisfacer su ambición, cubrién
dola con el velo de libertad, v de odio á la tira
nía. Entre los oficiales revoltosos se ha hecho
moda promover disturbios públicos para ade
lantar en grados; y ya es tiempo que cortéis
tamaño mal, decretando que nunca el Gobierno
legal de la República reconozca los ascensos
que se hayan obtenido en las guerras civiles.
Que restablecida la paz, el Congreso únicamen
te tenga la facultad de conceder premios y g r a
dos «á los militares que se hayan distinguido en
defensa del orden legal : sólo se exceptuarán
de esta reída
o los ascensos de rigurosa
O escala.
“H A C I E N D A .
“ En las angustias del Tesoro no queda otro
recurso, que el de disminuir los gastos; si el ser
vicio público puede hacerse con un número me
nor de agentes; si el Ecuador, aunque muy ri
co en esperanzas, por su actual estado de atra
so, no puede ostentar el boato de las naciones
opulentas, ¿será conforme á los consejes de la
— t .X XXVI —
prudencia, que insista en la pretensión imposi
ble de niantenar grandes listas civiles y milita
res, y hacer gastos superiores á sus recursos
efectivos? Mal hubiera parecido que la peque
ña .República de San Marino hubiese aspirado
á una organización interior, en sus listas civiles
y militares, semejante á la que sostenía la opu
lenta República de Venecia. Todo debe guar
dar, proporción: ; El Ecuador necesita para or
ganizarse, perfeccionarse y llegar algún día á
ser opulento, reducir ahora sus gastos á los dos
tercios de- sus rentas : percibir éctas en metáli
co disponible ; - y destinar el tercio economiza
do al pago y extinción de la deuda interior y
exterior.
“ Si no puede sostener más que un Tribu
nal de Justicia, ¿por qué habrá de ten
tro^ cuando sus rentas no se lo permiten ?
“ Si para su régimen económico, no nece
sita en cada provincia sino de una sola oficina
bien organizada, ¿para qué sostener dos, y aun
tres? •"
“ Si para su orden político puede reducir
las gobernaciones a tres, ¿ por qué ha de tener
siete Gobernadores ? ¿ Por qué ha de dotar con
superfluidad las respectivas secretarías de estas
gobernaciones ?
“ Para qué esas Contadurías mayores de
Distrito^ cuando un solo Tribunal de Cuentas
basta para juzgar las corrientes, y una comisión
especial para Jas rezagadas ?
“ Un.grito de descontento se oye por todas
partes contra la ineficacia de la Contaduría g e
neral, que se ha convertido en un polvoroso ar
chivo de- cuentas rezagadas, en un abismo, á
— LXXXVLÍ
donde van á depositarse indefinidamente las
fianzas de los empleados; y en un caos de ho^
rror para los fiadores. Esta oficina- tan costo
sa como inútil para su importante objeto, nece
sita una reforma radical; el bien de las fam¡,-
lias, la seguridad de las propiedades afianzadas
y los progresos de las rentas, exigen, que se je
cié una nueva organización, que concibe el' pron
to despacho de las causas fiscales, con la eco
nomía de gastos en este ramo. El Ministro de
Hacienda os presentará un proyeeto.de ley que
llene estas condiciones.
“ El buen arreglo de la Hacienda reclama
el establecimiento de una Tesorería general en
Quito, que lleve el cargo y data de todos -los
caudales que deben recogerse en las provincias
por medio de Tesoreros de Distrito, foráneos y
Colectores cantonales. El Ministro de Hacien
da os presentará un proyecto de ley para esta
blecer una sola oficina de Hacienda en cada
provincia, y en la que se puedan refundir, con
gran ventaja del Tesoro y del público, las adua
nas marítimas, y las administraciones de-rentas
internas. •. - •
“ Nuestra deuda interior y exterior es un
objeto de la más alta importancia, que debe lla
mar vuestra más seria atención : su importe as
cendía á 2.956.396 pesos, de los cuales se han
amortizado y consolidado en los años 36, 3 7 7
38 la suma de 1.568.258 pesos, quedando.en cir
culación en billetes inscritos la-cantidad de
1 .383. í 37. Esta deuda ha ascendido á la su
ma de 2.951.396 por el abandono y desgreño
que ha habido en este interesante ramo, por la
poca escrupulosidad en reconocer, documentos
— l.XXXVIII —
inadmisibles, y por la facilidad (pie hay de fal
sificar esta clase de papeles. Según las noticias
que han llegado á conocimiento del Gobierno,
se han falsificado en las oficinas de Guayaquil
sumas de mucha consideración, y este crimen
de tan funesta trascendencia ha quedado impu
ne, por la falta de justicia que hay en toda la
República.
“ Para evitar lo renovación de estas públi
cas depredaciones y* precaver futuros fraudes,
sería necesario tomar las siguientes medidas:
i? consolidar la deuda interior al 3 y al 5 °/c :
2'} Prohibir toda introducción de papeles en el
pago de derechos de la aduana de Guayaquil :
3? cambiar las obligaciones manuscritas que
existen contra el Tesoro, en billetes impresos y
con tales precauciones, que sea muy difícil ó
casi imposible su falsificación. El Ministro de
Hacienda os presentará un proyecto sobre esta
materia.
“ Me es muy satisfactorio anunciaros que
nuestros acreedores en Londres están animados
hacia nosotros de los sentimientos de la mayor
moderación, y dispuestos á entrar en transac
ciones, que son muy ventajosas, y que os ex
pondrá el Ministro de Hacienda.— E l buen óxi-
to de esta negociación depende de nuestro pa
triotismo, que exige por algún tiempo el sacri
ficio de la más estricta economía y riguroso
orden en nuestras rentas. A más de los gastos
comunes y corrientes, que ascienden á 733.636
pesos 3 reales, necesitamos la suma de 200.000
pesos anuales para el pago de intereses de la
deuda interior y exterior. El conflicto en que
nos hallamos para llenar los deberes que nos
— T.XXXIX —
impone el honor nacional, de día en día irá des
apareciendo con el renacimiento del crédito, que
convirtiéndose en agente impulsivo de todo tra
bajo útil, multiplica la riqueza en una progre
sión asombrosa. No perdamos de vista que el
crédito es la mina más rica de las naciones mo
dernas, Tengamos bástanle fuerza de alma y
de entusiasmo por la Patria, para reducirnos a
lo muy preciso, y para merecer por nuestra
exactitud en el fiel cumplimiento de nuestros
compromisos, el respeto de las naciones que sa
ben apreciar el honor y la virtud. A más de
las minas de oro y de plata, y de los fértiles te
rrenos valdíos que podemos ofrecer á nuestros
acreedores, poseemos el territorio de Macas,
que es tan rico en sus producciones, como la isla
de Ceylán. La canela, la nuez moscada y el
clavo crecen con la mayor perfección, y la fe
cundidad de este afortunado suelo espera única
mente la mano de la inteligente industria, para
brotar manantiales de riqueza hasta aquí des
conocidos entre nosotros, y que son suficientes
para pagar nuestra deuda exterior. Una colo
nia militar bien establecida en este territorio',
produciría incalculables bienes al país, y au
mentaría mucho los ingresos del Tesoro.
‘'La extracción presunta es una ficción de
renta; no es, en realidad un aumento para el
Tesoro público, sino una anticipación de pago
que se hace al tiempo de la introducción, para
descontar al tiempo de la extracción. La fuer
za de interés privado neutraliza en este, como en
otros muchos casos, la acción de la ley prohibi
tiva: el comerciante que se resuelve á hacer
extracciones clandestinas, las ejecuta sin que le
— xc —
sirva de obstáculo el pago anticipado de dere
chos, pues el billete siempre conserva para la
aduana su valor nominal, y queda circulando
de mano en mano, por medio de descuentos
que perjudican al crédito público de la Nación.
Dos años há que el Consulado de Guayaquil,
los comerciantes y agricultores más notables,
solicitaron del Poder Ejecutivo, que se suspen
diese el cobro de extracción presunta, por ser
perjudicial al comercio y á la agricultura: el
tiempo ha manifestado la solidez de sus razo
nes, y creo que debe inmediatamente abolirse.
Por otra parte, la salida de los frutos del país
fomenta su reproducción ; y quitar trabas á la
extracción, es aumentar el trabajo útil, y por
consiguiente la riqueza nacional.
“ Mi corazón se encoge de dolor al tratar
de la contribución personal de indígenas, que
yo desearía ver abolida; pero desgraciadamen
te no lo permiten nuestras tristes circunstancias.
La justicia exige del Gobierno la más solícita
protección en favor de esta clase de ecuatoria
nos, que es la más numerosa, la más trabajado
ra y la más útil de la sociedad. El medio más
eficaz de aliviar su suerte, es el de hacer servir
parte de su misma contribución en instruirlos,
para mejorar sus medios productivos, en exten
der á sus pueblos los beneficios de la enseñan
za mutua, y en libertarlos del pupilaje en que
viven de los Curas y de los jueces. Como es
difícil impedir que los Curas dejen de cobrar de
rechos á los indígenas, es preciso tomar la me
dida de suspenderles el estipendio, y de conser
varlo únicamente á los Curas de montaña.
“ El ramo de contribución personal de in
— XC1 —
dígenas puede adelantar bastante con el si
guiente arreglo : i? que se haga una nueva
numeración de los indígenas que deben pagar,
con distinción de los entrantes, clases y parcia
lidades; sirviendo de regla el padrón ó libro de
la cuenta, y el plan de rezagos del año de 1808:
2? establecer entre los Corregidores el régimen
alternativo, que es el alma de nuestro sistema
constitucional, promoviéndolos anualmente de
una provincia á otra y de un cantón á otro:—
3? Que el Tribunal de Cuentas les pase cada
año las copias respectivas de la numeración pa
ra que les sirva de cargo en sus cuentas, con
arreglo á las leyes que no están derogadas.
Puestas en ejecución estas medidas, la renta de
la contribución personal de indígenas podrá as
cender á 200.000 pesos libres, después de haber
satisfecho todos los gastos de recaudación, de
jando al Erario un número de 20.000 pesos so
bre el producto actual que es de 180.000 pe
sos.— Adoptando las reformas que propone el
Ejecutivo, y que están de acuerdo con los pro
gresos del orden social, con las ventajas de la
agricultura, del comercio y del crédito, la N a
ción, por medio de estas prudentes economías,
puede aumentar sus rentas en la cantidad de
1 10.000 pesos, en esta forma: 70.000 pesos en
la traslación directa de los diezmos al Tesoro:—
20.000 pesos en el ramo de contribución de in
dígenas ;— 20.0C0 pesos con la supresión de las
Contadurías mayores, Cortes de Distrito y ad
ministraciones de rentas internas.
“ Todo lo que facilita la aproximación de
los objetos útiles á los desees, promueve los
progresos del trabajo, y la producción de la ri-
XCÍÍ —
qüeza. Guiado por este principio, el Gobierno
se ha esmerado en abrir varios caminos, entre
otros, el de Quito á Chone, y nada ha consegui
do por falta de recursos. Si las rentas se arre
glan en verdadero beneficio de la Nación, po
drán aplicarse 30.000 pesos anuales para la
composición de caminos, y el más importante
de todos es el de la Capital á las. bodegas de
Babahoyo, Sí las Cámaras se ocupan de este
útilísimo proyecto y* cooperan á su ejecución,
haciendo correr coches y diligencias en la línea
de Quito á las Bodegas, lo que no ofrece gran
des dificultades; ellas harán al país el servicio
más distinguido, el más aplaudido de los pue
blos, y el más digno de la posteridad.
“ La fertilidad de las tierras es admirable
en el Ecuador : en las provincias de Quito y de
Imbabura, las producciones agrícolas, siendo
muy superiores á los consumos, se pierden por
falta de extracción. Para aprovechar estos va
lores perdidos, el Ejecutivo excitó el celo de al
gunos patriotas, para que formasen una socie
dad y abriesen un camino de la ciudad de Iba
rra al puerto del Pailón, que está en la costa
de Esmeraldas, en la bahía de San Loren
zo. Reconocido este puerto, por un distingui
do oficial de marina, ha resultado ser el mejor
quizás que se conoce en el mar pacífico, y el
que más puede contribuir á la futura prosperi
dad comercial de la República. Piste descubri
miento, y la facilidad de formar una nueva ciu
dad á orillas del mar, hizo activar los trabajos á
la compañía, la que está concluyendo ya la em
presa, y abriendo un nuevo vehículo de fortuna
tilas provincias del Norte. Ella solicitó del Go-
— xeni
bienio las concesiones de tierra, penque y de
más gracias que se acostumbran en estos ca
sos? y se le han concedido, dejando todo á la
final aprobación del Congreso, como os lo ma
nifestará el Ministro de Relaciones Interiores.
Los empresarios del camino pidieron al Gobie r
no pusiese en vigor la ley existente de 23 de
Septiembre de 1830. que manda por el artículo
4? “ que cuando el Gobierno ó algunos particu
la r e s emprendan la apertura del camino de Ls
“ meraldas de un modo formal y seguro á juicio
“ del primero, cesará el cobro de los derechos de
“ importación á que se sujetan, por ahora, los ar
tículos extranjeros que se internen por éj”. fies
ta petición se pasó al Consejo de Gobierno,
quien en vista de la ley y de la justicia en que
la apoyaron los interesados, fue de opinión de
acceder á ella, y el Ljecutivo la confirmó: las
Cámaras resolverán sobre tan delicado asunto,
lo que les parezca más útil á los intereses gene
rales del comercio.
“ Se me permitirá observar, que estando pa
ra resolverse el problema de abrir la comunica
ción entre el Atlántico y el Pacífico por el istmo
de Panamá, pues están trabajando con bastante
actividad en tan grandiosa obra, <1 Leñador ad
quirirá una gran importancia comercial por su
posición geográfica, y por la riqueza y vaiiedad
de sus producen nes. La apertura del istmo va
á causar, en el comercio del mundo, una revo
lución, casi tan portentosa, como la que produ
jo el inmortal Colón con el descubrimiento de
la América; agregúese á esta circunstancia la
introducción de los barcos de vaj cr, que sabe
mos surcarán pronto en las olas del Pacífico, y
— XCIV —
veremos, como por encanto, la suerte de estos'
países, que deberán su felicidad á los esfuerzos
del entendimiento humano, desenvuelto por el
estudio de las ciencias; y al genio de la civili
zación recorriendo majestuosamente el globo,
impelido por el mágico poder del vapor.
“ La política nos aconseja, prepararnos á es
ta nueva época, que no está muy distante de
nosotros, para sacar de estas nuevas circunstan
cias las mayores ventajas posibles, y los medios
más seguros son,— perfeccionar el cultivo de
nuestros variados frutos, y atraer brazos útiles
para aumentar los valores de la tierra. La per
fección del cultivo se logrará, con establecimien
tos agrícolas, el aumento de brazos, con un
buen sistema de colonización. Atento el Gobier
no á tan importantes objetos se ha esforzado en
establecer un Instituto Agrario, aprovechándo
se de los talentos de un hábil Botánico que ha
dirigido en Europa una de estas escuelas agrí
colas. El ha publicado ya una interesante Me
moria sobre la agricultura del Ecuador, que el
Ministro de Relaciones os presentará, y que re
comiendo encarecidamente á vuestro ilustrado
patriotismo.
“ El Ejecutivo ha encargado muy especial
mente á sus agentes en Londres, el asunto de la
colonización, y no será extraordinario, que an
tes de cuatro años muchas familias inglesas y
alemanas vengan á poblar las costas de Esm e
raldas, y el nuevo puerto del Pailón. Precisa
mente por ese tiempo se cumple el término, que
prescribe la Constitución para poder variar y
refoi mar cualquiera de sus artículos. El buen
éxito de los primeros ensayos de colonización
— xcv —
dependerá de la firmeza que manifieste el G o
bierna, y de la energía que tengan los repre
sentantes del pueblo para combatir la ignoran
cia y las preocupaciones que hoy existen en ma
teria de religión. La tolerancia de cultos es el
dogma de las sociedades modernas, y los pue
blos de América que se niegan á adoptarla,
pueden resignarle á perpetuar la inmoralidad y
la miseria en que están sumidos. En nuestra
época, se ha abolido la Inquisición, y ¿ por ven
tura hemos perdido el culto de nuestros padres?
Sin embargo, así lo pronosticaban los partida
rios del Sanio Oficio: los contrarios á la tole
rancia hablan hoy del mismo modo, y tan falsos
son estos oráculos, como aquellos Nuestros
hermanos de Venezuela han proclamado la li
bertad de cultos, y no por esos han dejado de
ser tan buenos cristianos como nosotros; de las
tres secciones en que se dividió la gloriosa C o
lombia, éllos son los primeros que la han adop
tado, y con los felices resultados que han obte
nido, nada arriesgamos en seguir su ejemplo.
Si en Roma los Judíos viven pacíficamente bajo
las garantías de las leyes, si los protestantes
tienen sus templos, y adoran á Dios según el
orden y forma de su iglesia, si en la monarquía
Papal, en presencia del Sumo Pontífice y de
los Cardenales existe la tolerancia religiosa,
¿qué razón podrá alegarse, que no arguya con
tra nuestro buen sentido, para que no exista
igualmente en todas los nuevas Repúblicas de
la América? Felizmente en los pueblos de
Centro América, en buenos Aires y en el Bra
sil se ha encontrado patriotas bastante ilustra
dos y de suficiente influjo, para haber disipado
— XCVI—
los errores de concepto que existían en esos
países, como existen en el nuestro, y para ha
ber conseguido introducir la tolerancia religio
sa. Si á estas naciones agregamos los Estados
Unidos del Norte, veremos que la mayoría de
los habitantes del nuevo mundo, viven bajo los
principios de tolerancia, pues sobre 38 millones
de moradores que se cuentan desde el Cabo de
Hornos hasta la bahía ele Hudsoi, 22 millones
son tolerantes, y coilio en todo sistema popu
lar, electivo y representativo, la mayoría preva
lece, resulta que debe ser infalible, el triunfo de
la tolerancia en todo este vasto continente. El
tiempo irá también disipando entre nosotros las
tinieblas del entendimiento y nos irá descu
briendo que la libertad política no puede existir
sin la religiosa, que el buen orden social exige
que haya inteligencia y armonía entre la políti
ca y la religión. El deber que impone la Cons
titución á los gobernantes de proteger la segu
ridad, la propiedad, la libertad y la igualdad,
envuelve implícitamente la obligación de con
ceder á los ciudadanos el ejercicio de cualquier
culto público, y por consiguiente, el de estable
cer la tolerancia religiosa. Ella está igualmen
te introducida por ei Derecho de gentes. En
virtud de los tratados que la guerrera Colombia
celebró con-la Gran Bretaña y con los Estados
Unidos, y que están aún vigentes, no podemos
privar á los Agentes diplomáticos de estas Na-
cic nés del derecho que tienen de abrir una ca-
piba en sus casas y de ejercer libremente su
culto en medio de nosotros, del mismo modo
que lo harían en sus propios países. La into
lerancia ó exclusión de otros cultos, pertenece
— *C V ll —
á los tiempos caliginosos de la Edad Media*
cuando la sociedad y la religión no se compren
dían y marchaban por líneas divergentes* cuan
do no había aun rayado la aurora de la civiliza-
ciórt, y que estaba el mundo religioso tan cubierto
de nieblas* corrio el mundo social recargado de
cadenas, de fueros, privilegios, monopolios, g re
mios y trabas inventadas por detener al hombre
en el curso de sus progresos intelectuales é in
dustriales, y por consiguiente, de su felicidad,
en fin, es un resto de la barbarie gótica, que
aun está luchando con el genio de la moderna
democracia. Por lo mismo que la Religión
Cristiana es independiente de todo apoyo ex
terno y gubernativo, porque se sostiene por su
propia esencia, porque fija la íntima relación y
el contacto frecuente que hay entre las ideas
terrestres y las ideas religiosas del hombre, en
tre sus aspiraciones de dicha por el tiempo mun
danal, y 9 us deseos por la eternidad, ella brilla
más en Inglaterra, en los Estados Unidos y erí
los países libres, que en los demás puntos del
globo sujetos ál despotismo y á la arbitrariedad.
Dejemos la Religión á sí misma, dijo Benjamín
Constant, siempre progresiva y proporcionada
siempre, ella marchará con las ideas, se ilustrará
con el talento, se purgará con la moral, y no
sancionará, en cada época, sino lo mejor de ca
da una, Estas no son teorías imaginarias, sino
hechos positivos, aprobados por la razón, con
firmados por una larga experiencia, y que no
debemos perder de vista, si no queremos expo
nernos á malograr nuestros primeros ensayos
de Colonización.
“ Y o no ignoro qtíe al enunciar esta pPdpo-
xcvin —•
lición, me expongo á la crítica severa, ál odio,
y quiza á la persecución de un gran número de
respetables ecuatorianos, entre los cuales cuen
to buenos amigos y afectuosos parientes. Ellos
dirán que contra los consejos de la prudencia,
me he aventurado á proponer una reforma pre
matura, que pugna con las ideas generalmente
admitidas.. Y o bien sé que los hombres ilusos
y poco versados en materias de colonización, de
Gobierno y de ciencias morales, califican la li
bertad de cultos, de heregía, de impiedad, de
ataque directo al cristianismo, y de crimen ho
rrendo contra la Religión ; empero, la elevación
de mi posición social exige este nuevo esfuerzo
de patriotismo en favor del principio de toleran
cia,. del que estoy convencido, depende, en gran
parte, la futura prosperidad de la República.
“E o s ciudadanos que la opinión y las leyes
han elevado á la primera magistratura, y que
están llamados por la Constitución á proponer
las reformas, que crean más útiles, serían indig
nos de la confianza pública, si no tuvieran bas
tante valor para arrostrar y combatir errores,
que están en el día relegados á la esfera de la
vulgaridad. Las verdades no se inventan ; no
por haber estado ocultas, ellas han dejado de
existir; la atracción, la electricidad, el magne
tismo animaban al mundo, antes que Newton,
Franklin y demás, sabios modernos revelaran
su existencia y descubrieran sus portentosas
propiedades. Los gobernantes tienen obliga
ción de trabajar en las mejoras que tienden á
perfeccionar el Estado; deben sostener los prin
cipios más luminosos del orden social, ponerlos
en armonía con las instituciones liberales, y
— XCIX-—
presentarlos á la Nación, con toda la energía
y firmeza de verdaderos republicanos, que á
nada aspiran, y que únicamente se desvelan
por la ilustración', por la ventura y por la glo
ria de la Patria. v
• ............................... > r / * ■ ' ,r r> . * . .. ‘ i . . .
t irL'
“S eñores:
“ He cumplido con lo que me prescribe el
artículo 67 de la Constitución. El cuadro que
os he presentado no es ciertamente muy hala
güeño ; pero es muy conforme á la más estric
ta verdad. Excusad la soltura del pincel, y con
benévola indulgencia ved, en el mismo colorido
oscuro de la pintura, el sentimiento de la leal
tad que me ha guiado en el fiel desempeño de
esta penosa obligación.
“Al retirarme del alto puesto que he ocu
pado por la voluntad de la mayoría de mis con
ciudadanos, expresada por sus Representantes,
llevaré al seno de mi familia el consuelo de ha
ber hecho cuanto estaba en mis cortos alcances,
por corresponder á la confianza nacional. Si mi
administración, modesta en-sus aspiraciones, no
ha buscado la gloria en los combates, conquistas
y aumento de territorio, si la victoria que una
vez se nos presentó en la quebrada de Gualila:
gua, nos llenó de pena y amargura al verla tris
te, desgreñada y cubierta de pavoroso luto : si
mi período constitucional no deslumbra al pue
blo, ni excita su entusiasmo y admiración por el
brillo de los triunfos, merecerá á lo menos el
afectuoso miramiento y benévola consideración
de aquellos ecuatorianos que saben apreciar los
beneficios de la paz, del orden legal y de la ins^
trucción ; que respetan los sentimientos de hu*
ñor, de justicia y de humanidad ; y en fin, que
rinden un puro homenaje al noble desprendi
miento que exige una perfecta consagración á
la causa pública.
"Tomé las riendas del gobierna en medio
de la exaltación de los partidos, y de una furio
sa revolución, que he tenido la suerte de haber
sofocado, sin haber usado de innecesarias vio
lencias., ni estar cubierto del prestigio que dan
los bordados militares. Recibí un cuerpo polí
tico exánime y moribundo, y os le devuelvo en
estado de convalecencia, y con bastante espe
ranza de que resistirá á los futuros embates re
volucionarios j de que vencerá las dificultades
que le rodean, y de que figurará, con el tiempo»
entre los primeros y más felices pueblas del
mundo de Colón.
"Estoy muy lejos de atribuirme exclusiva
mente el mérito de la paz y de los cortos bienes
que se han conseguido, éllos se deben, en gran
parto, á los agentes inmediatos del Gobierno, á
ja activa cooperación del ilustre General en J e
fe, y al celo, actividad, luces y lealtad de los
muy dignos Secretarios de Estado que me han
acompañado, y á quienes tributo mis más e x
presivas gracias.
“ Satisfecho con el testimonio de mi con
ciencia, y con la aprobación de los patriotas im-
parciales que han seguido el curso de nuestros
tristes acontecimientos, ruego á la Divina Pro
videncia se digne derramar sus bendiciones so
bre este afortunado suelo, fijando entre nosotros
la ¡salud y la pas, que son las verdaderas bases
— Cí
de la felicidad social. Quiera el Cielo que mi
amada Patria goce de la ventura, de la libertad
y de las ventajas de la civilización, que han sido
el constante anhelo de mi vida, el único objeto
de mis ardientes votos y el término del fiel
amor que siempre le he profesado.
"Quito, 15 de Enero de 1839.
"V lC E N T É R o C ‘V F O E R T E M.
Heehas las elecciones de Presidente y de
Vicepresidente, de la manera que consta dél ac-
ta respectiva del Congreso, el nuevo Magistra
do, General Juan José Flores, el día siguiente,
j ? de Febrero de 1839, dijo por la prensa á sus
conciudadanos:
n. ;« < •1 r.‘ “ -•/ * - *,*■ ;
"Llamado por segunda vez á la Presiden»
cia constitucional de la República, creo de mi
deber dirigirme á vosotros para presentaros mis
sinceros agradecimientos por la nueva prueba
de confianza con que me han honrado vuestros
di.gnos representantes, y para haceros una sen
cilla y franca manifestación de los principios qiie
van á guiarme en el ejercicio del poder tempo
ral que se me ha confiado.
"Convencido por los testimonios que mé
habéis dado, de que la voluntad popular me ha
designado para la Presidencia, debo esperar que
la tranquilidad y el orden interior no serán al
terados, y que bajo de sus auspicios se-cimen*
tará la confianza, consolidaremos nuestro crédb
to dentro y fuera de la República, se desarrolla
rá la industria, y á su sombra prosperarán la
agricultura y el comercio, se ditundirán las íib
— cu —
ces por medio de la instrucción pública, adqui
rirán consistencia nuestras leyes, vigor y fuerza
nuestras instituciones, en fin, que todas las me
joras materiales, intelectuales, políticas y mora
les, serán entonces una realidad de progreso
entre nosotros, precursora de un porvenir di
choso. Mas, para que el orden y la tranquili
dad sean subsistentes, sean estables, preciso es
que antés depuremos nuestros corazones de los
agravios y de los odios que aún existan engen
drados por las turbulencias pasadas, á fin de re
conciliarnos con la Patria y con nosotros mis
mos. Por lo que hace á mí, os suplico que os
atengáis á los hechos pasados, y á los hechos
venideros, no ha vulgares y frágiles promesas
que suelen desmentirse, y que el tiempo las
deshace y las borra. Incapaz, puedo decirlo,
de abrigar pasiones rencorosas, y poseído de la
ilimitada gratitud que os debo, mi principal an
helo es corresponder á vúestra confianza con
una conducta franca y moderada, firme, impar
cial y justa.
“ Mas, el modo de comprobar estos senti
mientos de mi parte, es gobernar con arreglo á
la Constitución y á las leyes, respetar á los otros
poderes políticos, reverenciar la Religión, hacer
efectivas las garantías preservadoras, afianzar el
crédito del Estado, proteger la instrucción pú
blica y la libertad de imprenta, administrar con
estricta economía la Hacienda nacional; en fin,
ser solícito en la ventura de la Patria, y á sa-.
crificar á su decoro y á su gloria mis bienes y
mi vida. El tiempo dirá si lo he cumplido.— Al
presente ni temo, ni desconfío de la rectitud de
mis principios y de mis sentimientos; pero temo
— cn i
y desconfío del acierto por los errores injiqr'efl-'
tes á la flaqueza humana, y también por insufi
ciencia de mi parte. Mas, me consuela la es*
peranza de que, administrandp los más caros in
tereses de un pueblo celoso de sus derechos y
de su libertad, incumbe á los ciudadanos ilus
trarme con sus consejos, guiarme con una cen
sura desapasionada, y aun hacerme inclinar la
frente ante el Senado si por desgracia violare la
Constitución. Y o los excito á que'así lo hagan,
y aun lo suplico para bien de la Patria y honra
de nuestras instituciones.
“ Aunque la atribución del artículo 65 de
la Constitución autoriza al Poder Ejecutivo p a
ra alejar temporalmente del territorio á los in
diciados del crimen de conspiración, he ofrecido
al Congreso, de mi expontánea voluntad, que
ningún ecuatoriano será extrañado de la Repú
blica sin que preceda sentencia judicial. Gran
des y poderosas reflexiones se me han hecho
sobre la inconveniencia de este ofrecimiento;
mas estoy decidido á cumplirle, porque así me
lo dicta mi conciencia, y porque es ya tiempo
de resolver el problema de 9¡ el. Ecuador puede
ser gobernado constitucionalmente sin esa tre
menda facultad que mengua la más preciosa de
las garantías; la seguridad individual. A de
más, deben inspirarme confianza los Tribunales
de justicia, y me lisonjea la grata idea de que
no será ensangrentado el cadalzo político del
Ecuador. Toca á los ciudadanos influentes, y
aun á todos en general, interesarse en la con
servación de la paz y el orden interior, y toca á
los Ministros de justicia ser inflexibles, ser
inexorables en la aplicación de las leyes para
CIV —
que no se diga que la Impunidad de los delitos
hace necesaria la facultad supletoria del ostra
cismo sin figura de juicio.
“ No obstante que es práctica en los gobier-
hos representativos dar los empleosá la confian
za del primer magistrado, también he ofrecido
al Congreso, “ que todos los ciudadanos indis
tintam ente serán llamados á servir los destinos
“ públicos que vacaren, sin consultar otro prece
d en te que su mérito relativo, sus aptitudes y
“ probidad”. Esto parece de estricta justicia,
de conveniencia publica y muy conforme á los
sanos principios de una política liberal: de es
tricta justicia, porque si todos los ciudadanos es
tán obligados á llevar las cargas que impohe la
sociedad para su conservación y bienestar, to
dos los ciudádanos deben disfrutar, en lo posi
ble, de aquellas ventajas á que sean acreedo
res y que ofrece la sociedad misma» de con
veniencia publica, porque los empleos conferi
dos al mérito y á la probidad son desempeñados
á satisfacción de los pueblos que reportan el
beneficio de una administración regular y equi
tativa: y conforme á los sanos principios de
una política liberal, porque sólo ella se abstrae
de las afecciones, repele la desconfianza, desco
noce las pasiones; y hermanándose con la filo
sofía, ama la verdad, discierne lo que es útil, y
se dirige rectamente al fin loable de gobernar
á los hombres con imparcialidad»
“ Coritrayéndome á la política exterior, mi
máxima de conducta será disposición favorable
para cultivar francas y leales relaciones con los
Gobiernos que se dignen de apreciar nuestra
amistad, nimia circunspección en todo cuanto
— cv —
concierna al régimen interior y cuestiones do
mésticas de las demás Naciones, y el más vivo
deseo por su dicha y común felicidad. Dividi
da Colombia en tres Estados soberanos que se
gobiernan por leyes propias y con absoluta in
dependencia, no existen ya vínculos de unión
política entre estos nuevos Estados; pero ex is
ten vínculos durables de amistad perpetua, vín
culos que nacen de simpatías naturales, y que
se fortifican más y más por los principios que
profesan, por el interés recíproco de su conser
vación, y por el vivo recuerdo de aquellos gran
des hechos que les fueron comunes. Cuando la
posteridad abra los fastos de la historia, no ve
rá sino á un solo pueblo en las batallas luchan
do por su independencia y libertad; y una sola
y vasta huesa en que estará confundido el pol
vo de los ecuatorianos, granadinos y venezola
nos. Por estas consideraciones, por el deber
que me imponen los tratados preexistentes y
por la voluntad explícita del Congreso, que re
puta á la Nueva Granada y Venezuela como á
nuestras aliadas naturales, me esforzaré á estre
char las relaciones de amistad y buena inteli
gencia que existen para con aquellas Repúblicas
hermanas, y contaré también con su coopera
ción poderosa, si necesario fuere defender algún
día la independencia de nuestra cara Patria.
“ Persuadido por hechos claros, de que el
ejército permanente ha prestado grandes servi
cios al Ecuador, escudando con sus armas la
Constitución y las leyes, le dispensaré las con
sideraciones de que es digno, y contribuiré opor
tunamente á su debida recompensa; mas, al
mismo tiempo velaré en la moral y disciplina
*
4
— CVI —
que acrecienta su mérito y realza su gloria.
Soldado republicano desde la niñez, deseo ar
dientemente que mis conmilitones den cada día
nuevas pruebas de su amor á la Patria, de su
respeto á las,instituciones liberales y de su ad
hesión al Poder civil. Si así lo hicieren, como
es de esperarse, sus nombres serán pronuncia
dos con aprecio por los contemporáneos, y aun
registrados con honor en los fastos militares de
la República.
“ No puedo negar á mi ilustre predecesor
«1 testimonio de aprecio y de alta consideración
que le debo, por la confianza con que se dignó
de honrarme en el período de su mando. O ja
lá que en el mío quiera ilustrarme con sus con
sejos y ayudarme con su cooperación, para des
empeñar con acierto la primera magistratura
que se me ha confiado,
“ Tales son las máximas que profesaré co
mo Presidente constitucional. Si ellas satisficie
ren á la Nación, y contribuyeren en la práctica á
su engrandecimiento y prosperidad, yo quedaré
complacido de haber llenado estrictamente mis
públicos deberes, y los de mi gratitud á los pue
blos que me han dado su confianza”.
En la misma fecha, i? de Febrero, exp i
dió tres decretos nombrando, por el úno, para
Ministro de lo Interior y Relaciones Exterio
res al Dr. Francisco Marcos, por el otro, para
el de Guerra y Marina al Señor Manuel Ma-
theu, restableciendo á este Señor al empleo de
General, previa aprobación del Senado, y por
el último, al Dr. Luis de Saa para Ministro de
Hacienda. Con estos nombramientos quedó
— CVII —
organizado el Gabinete de Quito, que iba á fun
cionar en el tercer período constitucional.
El llamamiento á los Señores Saa y Ma-
theu, adversarios del General Flores en la pri
mera administración de este General, fue prue
ba de que Flores, cual correspondía á un cora
zón bien puesto, olvidaba pasados agravios y,
en obsequio de la paz y bien de todos, daba
mano de amigo á quienes podían oponérsele,
para que cooperaran al manejo de la cosa pú
blica. Este hecho y otros de igual clase, fueron
señal inequívoca de que el Jefe del Estado go-
bt ruaría sin rencores ni antipatías que, exacer
bando los ánimos, concitan la aversión y debili
tan la influencia de la autoridad; como amen
guan el afecto y se desprestigian los encarga
dos de reprimir que nada hacen en cumplimien
to de este importante deber, base y firme apo
yo del orden social. La segunda gobernación
del General Flores se estableció, pues, de mane
ra que los ecuatorianos estaban si no conten
tos, al menos tranquilos en lo tocante á su suer
te común. Pruebas de paz y prosperidad eran
el establecimiento de sociedades literarias, de
escuelas de primeras letras, para cuya dirección
y de las demás fue nombrado D. Juan Rodrí
guez Gutiérrez, con especial encargo de recorrer
las provincias y criar otras en las parroquias ;
se construyeron calzadas y se principió un ca
mino de Quitó hacia el Sur, siendo el Presiden
te quien colocó la primera piedra como que lo
tomaba á su principal cuidado. La imprenta
tuvo mayor ensanche y parecía haber llegado
el tiempo de que se extirparan los odios de par
tido, y de que reinase la fraternidad entre los
— CVíII —
habitantes de la República. Así comenzó el
año de 39, luego veremos lo que pasó más tar
de, que es ya tiempo de dar una ojeada á los
trabajos d< 1 Poder Legislativo.
El Senado de 1837. en la sesión del 2 de
Abril, había condenado al ex-Ministro de Pla-
cienda, D. Francisco Eugenio Tamariz, á dos
años de incapacidad para servir destinos públi
cos, por los cargos hechos por la Cámara de
Representantes de aquel año; pues el Senado
de 39, el 15 de Febrero, por unanimidad de vo
tos, dispuso que se rehabilitase á Tamariz al ple
no goce de los derechos de ciudadanía, sin que
el p'ocedimiento del Senado de 37 obtase á su
buena reputación y fama.
Ordenó la Legislatura la entrega de la ca
sa y sus pertenencias del Colegio de San Igna
cio de Guayaquil al Pre’ado diocesano; decla
rando que, como Seminario, correspondían á él
Ja inspección y regencia del establecimiento.
Dió el pase al Breve de Su Santidad G rego
rio xvi y á ía carta del Cardenal Secretario so
bre reducción de días de fiesta. Examinado el
rescripto del Delegado de la Santa Sede, resi
dente en Bogotá, y no halland > en él punto al
guno de disciplina general, sino que se refería
á visitas de los conventos de regulares, dispu
so que se devolviera al Ejecutivo aquel Res
cripto para que le diese el curso correspondien
te, y se comunicase al próximo Congreso el re
sultado de las visitas. Del ramo de diezmos
de la Diócesis de Guayaquil, asignó cuatro mil
pesos para la reedificación de la iglesia de Dau-
le, destruida por un incendio que ocasionó g ra
ves pérdidas. Permitió la introducción y libre
— C!X —
circulación de libros é impresos que no esté i
prohibidos por leyes vigentes ó no se prohibie
ren después por el Poder Ejecutivo, de acuerdo
con la autoridad eclesiástica. Reconoció á fa
vor del limo. Obispo de Quito la deuda de
2.073 pesos, exigidos á mutuo por el gobierno
revolucionario, y dispuso se pague al limo. S e
ñor Garaicoa 759 pesos invertidos por él en la
Corte Romana para la erección del obispado de
Guayaquil. Quiso favorecer la secularización
de los religiosos y la nulidad de sus votos, y de
cretó que los que de uno y otro sexo pretendan
obtener una de las dos cosas de la autoridad
competente, sean trasladados por el Ordinario
eclesiástico á otra casa monástica: que el ju i
cio se siga por los abogados de pobres, en pa
pel de mínimo precio, y sin pagar derechos á
los jueces, fiscales, escribanos y notarios, bajo
multa de cincuenta pesos al contraventor: que
asimismo se actúen los datos que por órgano,
del Ministerio de Relaciones Exteriores deban
enviarse á Su Santidad ó á su Delegado para
la secularización ; y por último, que todo retar
do de la Curia eclesiástica en la secuela de los
juicios de secularización ó nulidad de votos, se
repute denegación de justicia y sea motivo de
recurso de fuerza. Dió otra ley de 21 artícu
los sobre reforma de regulares, y otra de dere
chos parroquiales, de 19, que pueden verse en
el “ Primer Registro auténtico nacional”, pues
nos abstenemos de reproducirlos. E11 materia
eclesiástica, la más respetable y delicada, se e x
pidieron finalmente dos decretos, relativo el úno
á invertir en la educación pública los réditos le
los capitales refundidos en la Tesurería de Gua
— ex —
yaquil, como pertenecientes al conventillo de la
Merced, y el otro limitando el pago de estipen
dios á sólo los Curas de montaña.
La Legislatura fijó el sentido del artículo
512, sobre injurias, del Código penal. Aprobó
el decreto de 19 de Septiembre de 1837, del
Poder Ejecutivo, sobre establecimiento de un
mercado general en la Capital de la República,
facultando al mismo Poder para fundar otros
mercados en las capitales de provincia; y tam
bién el de 18 de Enero de 1838, por el cual dis
puso el Ejecutivo que los fondos del Colegio de
San Fernando, desde la fundación hasta el 21
de Junio de 1837 en que se secularizó, se en
treguen al Colector de rentas de enseñanza pú
blica. A solicitud del Jefe del Estado le auto
rizó para contratar el establecimiento de fábri
cas de papel, loza y cristales, fijándole reglas á
que debía sujetarse. Ordenó la formación de
dos registros auténticos nacionales que debían
contener el úno leyes, decretos y resoluciones
legislativas, y los decretos y reglamentos del
Poder Ejecutivo; y el otro, las sentencias eje
cutoriadas de las Cortes de justicia. Facultó
al Ejecutivo para que celebre contratos para la
construcción de nuevos caminos, reparo y me
jora de los existentes, fijándole reglas que de
biera observar. Desaprobó la creación del Ins
tituto Agrario. Autorizó al Presidente del E s
tado pa.a que negocie el establecimiento de un
Banco en la República, designando el monto
del capital suscrito y el monto del interés; y le
autorizó también para la venta de cárceles, cuar
teles y casas de correos y de reclusión ; pero
para que sean debidamente reemplazados esos
CXI —
edificios. Expidió ley de procedimiento crimi
nal, y concedió derechos especiales á los que es
tablecieren posadas, mesones y ventas en los
caminos públicos ó nacionales y márgenes de
ríos navegables.
En materia de Hacienda: autorizó al E je
cutivo para el cobro anticipado de cinco mil pe
sos de la contribución personal de indios : pro
rrogó por diez años el decreto del Libertador,
concerniente al pago en frutos de los réditos
censíticos: dispuso que no tenga derecho á
sueldo el empleado en el manejo de las rentas
públicas que tuviere alcance á su cargo y fuese
suspenso á esa causa; é hizo algunas asigna
ciones y accedió al pago de varias cantidades
que se reclamaron á la Nación.
En el ramo de guerra, si exceptuamos la
ley de montepío militar que se dió para corre
gir ciertos defectos de los reglamentos y lle
nar algunos vacíos perjudiciales al Erario, lo
demás fué de poco interés y no merece reco
mendarse.
Con el designio de que se vea que la N a
ción no alteraba sus relaciones con España, y
antes sí tendía á fomentar el comercio mutuo,
dió el Congreso decreto especial, declarando
que la República continuará admitiendo en sus
puertos los buques mercantes españoles, conce
diendo á los súbditos de esa monarquía la pro
tección y garantías de que en el Ecuador goza
ran los de otros países, y estableciendo que por
derechos de puerto no pagasen aquellos buques
sino lo que los mercantes nacionales, ni otros
impuestos de importación que los correspon
dientes á artículos europeos. Finalmente el
— Cxn —
Congreso de que hablamos, aprobó la Conven
ción celebrada en 24 de Noviembre de 1838,
entre los Plenipotenciarios D. Francisco M ar
cos, General Pedro Alcántara Herrón y D. San
tos M¡chilena, (del Ecuador, Nueva ('»ranada y
Venezuela respectivamente) relativa á facilitar
la comunicación y giro expedito de correos en
tre estas tres Repúblicas que antes habían for
mado una sola. Por cierto el Ejecutivo ratifi
có la Convención y* dispuso que se publicara
por la prensa.
En la breve reseña que precede de los tra
bajos legislativos del Congreso de 1839, cree
mos haber dado una idea de lo que principal
mente puede recordarse como de mayor interés;
mas no pondremos punto final á esta parte de
la presente Introducción, sin aseverar que fue
una de las Legislaturas más laboriosas de los
primeros diez años de vida independiente del
Ecuador. Quien desee ver cuanto hizo, reco
rra las actas que hoy publicamos; y si conocer
tan sólo lo que llegó á. tener fuerza de ley, com
pilado encontrará en el 2V tomo del prim er r e
g is t r o -
TEN TICO NACIONAL DE LA REPUBLICA
del ecua dor , Registro formado por especial
disposición de 23 de Marzo deJ mismo Congre
so de 39, como dejamos dicho, y que contiene
las leyes, decretos y resoluciones del Poder L e
gislativo desde 1830 hasta 1839 inclusive; lo
propio que los decretos, reglamentos y circula
res expedidos en los mismos años por el Poder
Ejecutivo. Obra en dos tomos, publicada en
1840, sumamente útil no sólo para los poderes
públicos, sino aun para los abogados y otras
personas. Sensible es que no contenga cuanto
— ex nr —
debía, conforme al decreto que ordenó esa pu
blicación.
Vamos á otro asunto.
El i6 de Mayo del año en que nos ocupa
mos, terminó en Bogotá la liquidación, división
y adjudicación de la deuda interior de Colom
bia, que practicada por los Ministros comisio
nados, nuestro Plenipotenciario en Nueva G ra
nada, D. Francisco Marcos, comunicó entonces
haber dado el siguiente resultado :
Consolidada del 5 por ciento.. $ 5.359.255.75
Consolidable registrada por la
Asamblea de Ministros en la
misma inscripción....................“ 331.086.06
Consolidada del 3 por ciento. . “ 6.936.707.19
Consolidable registrada por la
Asamblea de Ministros en la
misma inscripción....................“ 2.821.328.90
Flotante..........................................“ 5.956.204.60
De T eso rerías.. ...........................“ 3.639.771 . .
Reconocimiento de intereses.. “ 281.664.50
T o tal............... $ 25.326.018 . .
Dividido en esta forma:
Al Ecuador................................. $ 5.445.093.08
A la Nueva Granada................“ 12.663.009 . .
A Venezuela...............................“ 7 .2 17 .9 15 .12
De la parte correspondiente al Ecuador te
nían de deducirse, naturalmente, las partidas
abonadas en la liquidación hecha por los comi
sionados, y á la cual se refiere el Señor Marcos
»5
— CXIV
en aquel oficio, publicado en el N? 292 de la
“ Gaceta del Ecuador”, de 23 de Junio de 1839.
Fue esta operación el resultado de la Con
vención diplomática de fecha 23 de Diciem
bre de 1834.
Nuestras relaciones con Nueva Granada y
Venezuela eran por entonces tan cordiales como
francas. El Señor Marcos tuvo benévola aco
gida, desempeñó su cargo sin dificultades que
vencer, ni antipatías»quo extinguir para llevar
á témino su cometido delicado y de trascen
dentales consecuencias. A pocos días de ter
minada la operación preinserta, presentó, en au
diencia oficial y solemne, la Carta de retiro y,
previos los discursos de estilo, cesó en la pleni
potencia para atender al llamamiento de nues
tro Gobierno. Concluidos los arreglos de las
deudas que en pro tenía Colombia en Euro
pa, sobre todo en Londres, y de América, en el
Perú y Bolivia, y en contra ó á cargo suyo que
era la que dejamos transcrita, parece que quiso
Nueva Granada dar una muestra de particular
deferencia á sus hermanas y vecinas; así que
el 26 del mismo Mayo en que se arregló la deu
da interna, las Cámaras legislativas expidieron
un decreto por el cual continuarían introducién
dose en esa República todas las producciones
naturales ó manufacturadas de Venezuela y del
Ecuador sin pagar á su importación, excepto
muy pocos artículos, ninguna clase de derechos
nacionales; decreto que se remitió á Quito en
copia auténtica por medio del Ministerio de R e
laciones Exteriores, y por el cual nuestro G o
bierno, en justa correspondencia, prometió que
tomaría vivo interés en que de parte de núes-
— CXV —
tra Legislatura se establezca la más perfecta re
ciprocidad.
En 31 de Mayo, el Prisidente D. Juan J o
sé Flores, ratificó el Tratado de paz, amistad,
comercio y navegación, celebrado en Méjico, el
21 de Julio de 1838 entre los Plenipotenciarios
D. Manuel Antonio Luzarraga, por parte del
Ecuador, y D. José María Ortiz Monasterio,
por la de Méjico; tratado de 37 artículos bien
meditados, con detalles importantes y en el cual
se atendieron, cual correspondía, así los intere
ses de la República del Ecuador, como los de
la Mejicana. Se estipuló en él que el canje de
las ratificaciones se haría en Méjico dentro del
término de un año, y que la duración del trata
do sería de diez años, contados desde el día del
canje. .,
El artículo 35 contenía una estipulación
útil á las dos partes contratantes y de resulta
dos para las naciones latino-americanas, cual
era la de promover eficazmente el envío de los
respectivos Ministros Plenipotenciarios, á fin de
que, á la brevedad posible, se reuniese la gran
Asamblea general americana que, por acuerdo
previo, debió instalarse en la villa de Tacuba1) a
(perteneciente á Méjico y cerca de la Capital).
Don Juan de D. Cañedo, Ministro de Relacio
nes Exteriores de es? República, dirigió un ofi
cio el 6 de Agosto de 39, insistiendo en la idea
y proponiendo que si no se creía adecuado ese
lugar, se designase otro por la mayoría, y en
careciendo la a
icn
tro
p
m
, necesidad y conve
niencia política de la reunión de un Congreso
que arrrgle, sisteme y fortifique las relaciones
mutuas de los diversos Estados americanos y
— CX Vi —
(as que estos tienen con las potencias europeas.
Nuestro Gobierno le contestó, con fecha 29 de
Octubre del propio año, asegurándole que con
vencido de las poderosas rp a
ra d ar cabo d icna confederación , tan
tas veces propuesta y no , n
taba su consentimiento por parte del ,
sino que en virtu d de lo dispuesto en el articulo
35 del tratado de am istad pacele
brado con esa a
cilb
ú
p
eR
, se consideraba obliga
do á concurrir como interesado en el pacto de ta l
confederación. Indicó que fuese Quito el lugar
de la reunión, aduciendo motivos de convenien
cia, como el Protector del Perú propuso que la
Asamblea se reuniera en Lima ó Panamá, ciu
dades más á propósito que Tacubaya para la
concurrencia de los designados á formarla.
Antes de las comunicaciones de que damos
noticia y después de éilas, se ha pensado en lo
mismo ó cosa semejante, lo cual revela que en
América se ha querido estrechar las relaciones
internacionales, entre otros objetos, con el de
afianzar la paz ; no obstante esa clase de Asam
bleas, si han llegado á reunirse, creemos que
aun tendiendo á ese fin no han correspondido á
las esperanzas de sus comitentes, y menos he
cho algo notable por lo cual América las recuer
de y las bendiga.
Volviendo á ocuparnos en las relaciones
con el Gobierno de la Nueva Granada, recor
damos que los oficios del nuestro cuando los
disturbios y movimientos bélicos de Pasto, oca
sionados por la supresión de los conventillos de
religiosos, y precisamente á mediados del año
de 1839, fueron de todo en todo satisfactorios
— CXVTl -
al Gabinete de Bogotá, el cual, por medio del
Ministerio de Relaciones Exteriores, dio las más
efusivas gracias así por el comportamiento del
Agente confidencial del Ecuador en Pasto, C o
ronel José del Carmen López, á quien el Gene
ral D. Pedro Alcántara Herrán, Comandante
en Jefe del ejército que obraba sobre Pasto, en
tre otras cosas, le dijo, con fecha 4 de Septiem
b re : “ US. me ha prestado la cooperación que
yo le he pedido y la que era posible en su pues
to, y constantemente he encontrado en US. al
fiel Agente de un Gobierno que nada ha omiti
do por cultivar con la Nueva Granada la amis
tad más franca y sincera”; como por la conducta
leal y franca observada para con los emigrados
después del combate de Buesaco. D. Alejandro
Vélez, el 28 de Octubre dirigió á nuestra L e g a
ción en Bogotá una nota en estos términos:
“ El infrascrito Secretario del Interior y R e
laciones Exteriores de la Nueva Granada, tuvo
la honra de recibir y poner en conocimiento de
su Gobierno, la nota que, con fecha 25 del
corriente, le dirigió el H. Sr. Pedro Garbo, E n
cargado de Negocios del Ecuador. Le trans
cribe en élla la orden que su Gobierno hizo e x
pedir al Gobernador ue la provincia de Imbabu-
ra para que se impidiese la introducción de
elementos de guerra en la provincia de Pasto
por la frontera ecuatoriana, y que se hiciese en
tender á los rebeldes de la misma provincia,
emigrados en el Ecuador, que si intentaban ha
cer aprestos marciales en aquel territorio, se les
consideraría como violadores del derecho de
asilo. También se ha impuesto el infrascrito
— C XVTII —
*<lel contenido de las copias de comunicaciones
que vinieron adjuntas á la nota del Sr. Garbo,
todas relativas á la conducta observada por su
Gobierno en el negocio de la rebelión de Fasto,
“ El Gobierno del infrascrito reconoce cón
placer las disposiciones amigables del ecuato
riano hacia la Nueva Granada, y aprecia como
debe los actos espontáneos que han partido de
él y dé sus agentes, encaminados á facilitar
las autoridades granadinas el triunfo contra los
rebeldes y el restablecimiento del orden y de la
obediencia á las leyes en el cantón sublevado.
La conducta noble, leal y franca del Ecuador
para con su vecina la Nueva Granada en esta
ocasión, será un nuevo vínculo que estreche
más las relaciones de buena correspondencia y
fraternal amistad que felizmente ligan á las dos
Repúblicas”.
Toca á los ecuatorianos congratularnos por
toda demostración de americanismo de los en
cargados de regirnos en la vida pública, y á la
historia recordar, no sin elogio, cuanto acto
justo y conveniente ejerzan nuestras autori
dades para con las vécinas y demás naciones,
á quienes el Rey de todas, une sin excepción,
con lazos de amor y de respeto, que sólo la ini
quidad y la perfidia á las veces se esfuerzan en
desatar. Todos saben que somos pequeños y
débiles, hagamos constar que somos grandes
por la elevación de nuestras miras, y fuertes
por el poder de nuestra irreprochable conducta.
Aunque muy someramente hemos recorri
do algo de lo que concierne á la vida del Ecua
dor en los años 1838 y 39,. para concluir la ac-
— CX1X —
tual Introducción añadiremos* que á más del de
plorable y casual incendio de la villa de Daule
que* de la una á las cuatro de la tarde del trece
de Enero de 1839, redujo á cenizas 142 casas
causando, por cierto, las demás desgracias que
es fácil suponer, y de la viruela que reunió las
calidades de verdadera epidemia, la República
no-tuvo otra desgracia que sentir. La paz se
conservó, y á su amparo, autoridades y pueblos
aprovecharon como les fue posible de ese ines
timable bien. Las elecciones de Senadores y
Diputados se efectuaron sin ningún síntoma
de alteración del orden público.
Conforme á nuestra costumbre de escribir
algo biográfico de úno ó más de los Diputados
á cada Legislatura, digamos algo del Diputado
por la provincia de Loja en 1839, Dr. Don
RAM O N MIÑO.
A 15 de Julio de 1802, nació en Quito, del
matrimonio de Don José Miño y Doña Juana
María Valdéz y Paredes (1). Fueron sus her
manos los Dres. Mariano y Domingo Miño; el
primero abogado y médico el segundo, de buen
crédito ambos y de excelente posición social.1
(1) En un antiguo manuscrito, bajo el título: “ El Capi
tán graduado de ejército por S. M. Don José Miño: su edad
64 años (en Diciembre de 1816): su estado casado: su calidad
noble: su salud buena: sus servicios y circunstancias lasque
se expresan” , vemos qne Don José Miño ha sido Subteniente
y Teniente del batallón Quito en 1784, y Capitán graduado de
las tropas reales en 1814. Adicto á la causa del Rey, la ha
servido personal y pecuniariamente, entre los servicios cons
ta: “ En esta dicha ciudad, en los tiempos de las revoluciones,
— cxx —
Don Ramón hizo sus estudios en esta C a
pital y los títulos de Maestro en filosofía, de B a
chiller y de Doctor en jurisprudencia obtuvo
después de que en los exámenes respectivos
dió inequívocas pruebas de talento distingui
do y admirable memoria. Para la recepción
de abogado hizo viaje á Bogotá, donde á los 22
años de edad, se le confirió el diploma, en 8 de
Octubre de 1824, por la Alta Corte de la R e
pública de Colombia, El 6 de Septiembre de
1825 exhibió el título de abogado ante la Corte
Superior de Justicia de Quito, y obtuvo la co
rrespondiente matrícula.
En Mayo 12 de 1830, en calidad de Pro
curador general de Quito, dirigió una petición
al Prefecto del Departamento, General D. José
María Sáenz, á que convocara á los padres de
familia para que, en reunión solemne y pública,
acordasen libremente la manera como desearan
establecer el Gobierno del Ecuador. El Gene
ral Sáenz juzgó que nada debía proveer á esa
solicitud, mientras siquiera el Ayuntamiento no
se dirigiese á él en el mismo sentido ; hecho lo
cual, Sáenz pasó la solicitud al Prefecto general
del Distrito del Sur, D. Juan José Flores, el que
accedió al momento á lo pedido por el Concejo,
y se reunieron el 13 en la sala de la Universi-
el 2 de Agosto de 1810, se presentó en el Real Palacio ante su
Xefe, á tiempo mismo que los rebeldes invadieron el Quartel,
y acaeció la atroz matanza, con pistolas y sable en mano, con
valor en defensa de los sagrados derechos; habiendo salido va
rias veces, de orden del legítimo Gobierno, con tropas por las
calles á resguardar la ciudad” .
Posteriormente se dedicó al comercio en el cual gozó de
buen crédito por su acierto y conocimientos, de manera que
pudo dejar un patrimonio no exiguo para sus hijos.
— CXXI —
da'cl de Quito. Allí acordaron los padres de fa
milia constituir el Ecuador en Estado libre é
independiente. El Señor Ramón Miño fue pues
quien primero se dirigió de un mqdo oficial, pi
diendo la junta que acordó independizar nuestra
República.
Desde joven se dedicó al estudio con asi
duidad, de suerte que, entre los de su época, se
le reputó siempre como uno de los más aventa
jados. Sin embargo de que por aquel enton
ces la enseñanza de lenguas extranjeras, al
menos en las escuelas y colegios, era, podemos
decir, inusitada, y por ende poquísimos los que
se dedicaban á estudiarlas; Miño se dió á tradu
cir del griego, latín, francés, inglés, italiano y
portugués, de modo que llegó á versarse tanto
en ese útilísimo ramo de instrucción, que las
obras escritas en los enunciados idiomas, eran
para él casi cual si estuviesen en el suyo pro
pio. El latín no sólo traducía, hablaba co
mo pocos en la República; de allí el conoci
miento que llegó á adquirir de los expositores
del derecho civil romano y comentadores del
español, de canonistas y de los clásicos de aque
lla lengua, que con sobra de razón han ocupado
y ocuparán, podemos decir, la preferente aten
ción de los notables en letras.
Mediante examen público de oposición, en
competencia con el Dr. Angel Ortega, obtuvo
la cátedra de Derecho canónico de la Universi
dad central de Quito; cargo que desempeñó
con gran acopio de luces, aunque rindiendo pa
rias al regalism
otan generalizado entonces, que
envolvió en sus errores á Iqs más instruidos y no
mal intencionados, y que por lo que vemos, en
CXXII —
último análisis, tiene no sólo puntos de contac
to, sino lazos de indisoluble unión con el libera
lismo católico de ahora, para extirpar el cual no
han sido suficientes ni el Syllabus en que el
infalible Representante de Dios en la tierra,
Pío ix, resumió sus decisiones, ni otras declara
ciones pontificias posteriores. Es verdad que
todas han tenido por objeto depurar las creen
cias de los f i e l e s é impedir, por siempre, que
los de buena voluntad incurran en abominables
errores.
En 1854 hizo un importante servicio á la
clase de jurisprudencia de la República, publi
cando, como editor, L a i l u s t r a c i ó n d e l d e r e
cho CIVIL ESPAÑOL DE J UAN SALA, CON VARIACIO
NES Y LA CORRESPONDENCIA DE LAS LEYES DFL
E cuador , en dos tomos, que 38 años ha servido
y sirve de texto á los estudiantes de Derecho.
Las razones que le movieron al Dr. Miño á la
publicación de esa obra, lo dice él en el prólo
go, fueron : 1? aclarar varias leyes á que se re
fiere el texto de Sala: 2'? insertar las leyes del
Ecuador concordantes, reformatorias ó deroga
torias de las de España: 3? conservar las notas
útiles de las puestas por D. Luis Fernando V i
vero : 4? dar la parte segunda que por su muer
te no llegó á publicar este ilustrado compatrio
ta nuestro; y 5? proporcionar á los cursantes
de la Universidad la obra de que habían menes
ter para el estudio de jurisprudencia. Basta
enunciar los objetos de la obra para que se co
nozca su utilidad, muy especialmente en el tiem
po que publicó y aun con posterioridad, rigien
do como han regido entre nosotros, hasta años
después de nuestra emancipación política, las
— CXXIII —
pragmáticas, cédulas, órdenes, decretas y orde
nanzas del Gobierno español, sancionadas has
ta el 18 de Marzo de 1808, amén de las leyes
de la Recopilación de Indias, de las de la nue
va Recopilación de Castilla y las de las Parti
das, por cierto en cuanto no han sido derogadas
por nuestras propias leyes. Hasta el día, en
que naturalmente ha variado ya por comple
to nuestra legislación, quizá no hay estudian
te de Derecho que no solicite, ni abogado que
no tenga en su librería la referida obra del S e
ñor Miño.
Entre otros empleos, desempeñó el Sr. M i
ño el de Contador mayor del Distrito de Quito
V el de Diputado á las Cámaras legislativas, el
de Rector de la Universidad Central de la N a
ción, cargo que sirvió de edad de 38 años, ele
gido por la junta de Doctores, el de Ministro
Juez de la Corte Superior de Quito y después
de la Suprema de la República; destino, el úl
timo, que en [863 recordamos desempeñó con
los doctores Antonio Gómez de la Torre, Pedro
José de Arteta, Mariano Cueva, Carlos Tama-
yo y Antonio Muñoz, por haber en su compañía
compuesto estos Señores el tribunal que en No
viembre de ese año, examinó y confirió el título
de abogado al que escribe estas líneas. Con
cluido el período de Ministro del Tribunal S u
premo, fué elegido para un segundo en la mis
ma magistratura. La probidad, el talento y la
ilustración elevan siempre á los hombres y los
conserva en esfera superior á la de los que ca
recen de esas dotes efecto, no raro, de la vo
luntad bien dirigida, pues si quien no las tiene
hace por adquirirlas y fomentarlas, no sorpren
— CXXIV —
de que muera en posesión de ellas, legando sus
frutos á la posteridad.
Si nada que en mengua suya, por haber
obrado con malicia, tenemos que recordar de
su vida pública, como individuo de sociedad y
de familia ha sido el Señor Miño muy bien quis
to por su nobleza de corazón, cultos modales,
bondad característica y espíritu compasivo y
generoso; hasta la presencia le favorecía: hom
bre de más que mediana estatura, blanco páli
do, buenas facciones, de calvicie y canas, era
para infundir respeto. No fue dueño de cuan
tiosos bienes, pero tampoco careció de los ne
cesarios para conservar su elevada posición y
dignidad de persona notable. Sobre todo lle
gó á tener lo que quizá más deseaba y era tai-
vez lo que reputaba para él de mayor estima en
el mundo: una gran biblioteca de cosa de once
mil volúmenes, indudablemente la primera de
las de propiedad particular, y entre éstas tan
sólo comparable con la de su hermano D. M a
riano. A la hora que se iba á la casa de D. R a
món, se le encontraba con libro á la mano: en
las piezas, en los corredores, hasta en la venta
na en que pasaba buenos ratos por la mañana
á recibir calor del sol, se le veía siempre leyen
do. Los libros eran para él objetos de natural
cariño, la lectura su pasión invencible.
Se creía por algunos que tenía cegada el
alma á la luz de la fe católica; pero el testimo
nio de personas respetables que fueron sus ami
gas y aún viven ; el testamento, que lo hemos
leído, otorgado en buena salud tres años antes
del fallecimiento, en que declara ser católico,
apostólico, romano; la satisfacción del confesor
— cxxv
que le asistió en la última enfermedad, P. E n
rique Terenziani de la Compañía de Jesús, sa
cerdote de vasta instrucción y sólida piedad ;
la manera edificante como recibió el Sagrado
Viático y el oleo con que la Iglesia unge á los
hijos de su seno que parten para la eternidad,
nos demuestran lo contrario á esta infundada
creencia.
A fines de Diciembre de 1871 se sintió mal
el Señor Miño, hizo los últimos arreglos, pidió
que el Divino Sacramento se le llevase con la
mayor pompa posible. Con efecto así sucedió,
no menos que llevó el guión el Presidente de la
República, Exorno. Señor Gabriel García Mo
reno, y acompañaron al Viático muchísimos de
lo más notable de nuestra sociedad. La pro
cesión iba seguida de una banda de música
marcial, cuyos majestuosos sones aumentaban
el pesar que se había difundido por la ya inevi
table muerte del D o c t o r D o n R a m ó n M i ñ o .
A los dos ó tres días falleció, en Diciembre 28
de 1871, á los 69 años 5 meses r3 días de su
nacimiento.
Quito, á 28 de Octubre de 18 9 3,
Francisco Ignacio Salazar.
ACTAS DEL SENADO.
PRESI DENCI A DEL H. SR. SALVADOR.
S e s i ó n del d ía q u i n c e de E n e r o de m i l o c h o c i e n t o s
treinta y nueve.
En la ciudad de San Francisco de Quito, á quince de
Enero del año del Señor, de mil ochocientos treinta y nue
ve, en obedecimiento del artículo veinticuatro de la C o n s
titución, y con el objeto de abrir las sesiones legislativas
en el presente Congreso constitucional, se reunieron en el
local destinado á la Cám ara del Senado, los Honorables
Senadores, a saber: el Excm o. Sr. Juan Jo sé Flores, por
la provincia de L o ja : el Sr. Ignacio Caleció, por la de M a -
nabí: el Sr. Antonio de la Guerra, por la de Cuenca : el Sr.
Pedro Jo sé de Arteta, por la de L o ja : el Sr. Jo sé Fernán
dez Salvador, por la de Pichincha: el Sr. Ignacio Torres,
por la de C u e n c a : el Sr. Miguel Rodríguez, p o r la m ism a:
el Sr. Antonio Martínez Pallares, por la de Pichincha : el
Sr. Jo sé Miguel Carrión, por la m ism a: el Sr. Antonio E s
paña, por la provincia de Im babura: el Sr. Diego N oboa,
por la de Guayaquil ; y el Sr. Angel Tola, Secretario, por la
misma provincia. Y resultando doce miembros presentes,
el Honrable Señor Presidente, de conformidad con el' R e -
n
glam erto interior de la Cámara, declaró abiertas sus sesio
nes, disponiendo, en consecuencia, que se procediese á la
elección de Presidente, Vicepresidente y Secretario. Al
principiar dichas elecciones, el H. Sr. Pallares, con apoyo
fiel Sr. Torres, hizo, como cuestión previa ríe que la C á
mara debía ocuparse, la moción siguiente : “ Que el Presi
dente y Vicepresidente del Senado sean elegidos alterna
tivamente en cada mes de los de la duración de las sesio
nes” . Con este motivo se observó por algunos Señores,
que esta moción parecía inoportuna, respecto á que no
podía procederse á otra cosa que á la elección de Presi
dente, Vicepresidente y Secretario, y que hasta tanto no
debía proponerse moción alguna que tuviese tendencia
con la formación de una ley. E l Sr. Presidente contestó,
que no se trataba de discutir ninguna ley, sino únicamen
te de aclarar el art. 5 0 del Reglamento interior, que no
señalaba el tiempo de la duración del Presidente y V icepre
sidente, por lo cual era muy natural y admisible la cues
tión previa que se proponía. En consecuencia, consultó
á la H . Cámara, si la moción del Sr. Pallares debía ser
adm itida; y estando por la afirmativa, se procedió á con
sultarla en los mismos términos que se presentó á discu
sión; y habiéndose repetido su lectura en los términos
acostumbrados, resultó aprobada.
E n su virtud se procedió á la elección de Presidente,
y recogidos los votos, reunieron : tres el H. Sr. Flores, dos
el Sr. Arteta, uno el Sr. R o c a y seis el Sr. Salvador. V no
habiendo reunido la mayoría absoluta ninguno de los
cuatro, se volvió á hacer el escrutinio sobre los Sres. Sal
vador y Flores que reunieron el mayor núm ero; y recogi
dos nuevamente los votos, obtuvo el primero nueve, y
tres el segunto; quedando así hecha la elección en el Sr.
Jo sé Fernández Salvador, y declarada unánimemente por
la Cámara.
Procedióse acto continuo á la de Vicepresidente, y
recogidos los votos, resultó haber obtenido el Sr. Torres
ocho, dos el Sr. N oboa, úno el Sr. R o ca y uno el Sr. C a
leció ; y habiendo reunido la mayoría absoluta el Sr. F o
rres, salió electo constitucionalmente Vicepresidente del
Senado, habiéndolo declarado así la Cám ara unánime
mente.
Se procedió asimismo á la elección de Secretario del
Senado, y recogidos los votos en la forma acostumbrada,
obtuvo nueve el Sr. Pallares, úno el Sr. T ola, úno el Sr.
— 3—
Arteta y uno el Sr. E s p a ñ a ; y habiendo obtenido la m a
yoría absoluta el primero, la Cámara declaró por Secreta
rio del Senado al H. Sr. Antonio Martínez Pallares, y en
su virtud se hizo cargo de la mesa.
En seguida el Sr. Presidente se excusó de no haberse
inaugurado con alocusión á la Cámara, por estar informa
do de que tales arengas no estaban en uso en los gobier->
nos representativos. Y concluyó excitando el zelo de sus
colegas para que trabajaren por la dicha y ventura de la
Patria. Y con el objeto de anunciar estos actos constitu
cionales, nombró una diputación cerca del Poder E je c u ti
vo, compuesta de los Sres Carrión y España, quienes al
regresar, manifestaron que el Presidente de la República
quedaba sumamente complacido de que la Cám ara hubie
se abierto sus sesiones en el día prefijado por la Constitu
ción ; así como de las elecciones de Presidente, V ic e p r e
sidente y Secretario, las cuales habían recaído en personas
tan dignas y recomendables.
Los Sres. Guerra y Galecio regresaron también casi
en el mismo acto, y anunciaron que la Cándara de R ep re
sentantes, por el órgano de su Presidente, se congratulaba
con la del Senado, tanto por haber abierto sus sesiones
en el día prefijado por la Constitución, cuanta por tas acer
tadas elecciones que había hecho.
Se anunció un mensaje de la Cam ara de Representan
tes, é introducidos ios Señores que le componían, hicieron
presente la elección que habían hecho de Presidente, V i
cepresidente y Secretario, y que habían abierto sus sesio
nes. El Sr. Presidente contestó, que la del Senado sentía la
más grata satisfacción al saber que la de Representantes
se había fijado en sujetos tan dignos para el desempeño
de aquellos destinos; y que estaba convencido d e q u e
cooperarían eficazmente por su parte con el Senado, á tra
bajar por la felicidad de la República, pues que éste era
el deber más sagrado de los escogidos del pueblo.
Se anunció otro del Poder Ejecutivo, y habiendo sido
introducidos los Sres. Ministros del Despacho del Interior
y de Hacienda, el primero presentó el Mensaje que el Pre
sidente de la República, en cumplimiento del artículo 67
de la Constitución, dirigía á las Cámaras legislativas; y
después de habérseles contestado por el H . Presidente,
•que se tomaría en consideración por la Cámara, y que se
le avisaría oportunamente el resultado, se retiraron de élla.
Entonces se leyeron las comisiones que deben tener lugar
en el curso de la Legislatura, y dada la hora, se levantó
la sesión.
J o s é F e r n á n d e z S a lv a d o r .— A n g e l T o la .— A . M a r t ín e z
F a lla r e s .
S e s i ó n d e l d í a d i e z y seis»
Se abrió á la hora acostu m b rad a: se leyó el acta del
día anterior y fué aprobada. E l H Sr. Presidente, antes
de pasar al orden del día, expuso que, en su concepto, de-
bían los nuevos funcionarios de la Cám ara prestar el ju ra
mento de estilo, mas como algunos de los honorables
Senadores hicieron ver que era innecesaria esta formali
dad, por cuanto éstos mismos la habían ya verificado en la
Legislatura del año 3 7 , se resolvió no haber lugar á repe- •
tirse aquella. E n seguida el mismo Sr. Presidente consul
tó á la Cám ara si debería leerse el Mensaje del Poder
Ejecu tivo, ó pasarle previamente á una comisión especial
para que emitiese su parecer; por lo cual el H. Sr. R o d rí
guez hizo la moción siguiente: “ Que el Mensaje del P o
der Ejecutivo se pase á su respectiva comisión, y que no
se le dé lectura hasta que se vea el informe que emita d i
cha comisión” : la que apoyada por el Sr. Arteta, se puso
en discusión. E l Señor Pallares se opuso á élla diciendo,
que pues se alegaba en la Cám ara como razones la cos
tumbre que se sigue en los Congresos de Am érica, él tam
bién había visto leer siempre los Mensajes de los Presiden
tes antes de pasarlos á una comisión ; y que además, la
moción propuesta contenía una restricción que no debía
admitirse. L o s Señores T o la y Carrión, abundando en
los mismos sentimientos, adujeron también otras razones
para que no se tomara en consideración. Consultada la
Cám ara, resultó que debía desestimarse, por una mayoría
de diez votos contra dos. E n consecuencia, se procedió
á. I9. lectura del referido Mensaje, y concluida, se levantó
la sesión.
E l Presidente del Senado, J o s é F e r n á n d e z S a lv a d o r .—
E l Senador Secretario, A . M a r t ín e z P a lla r e s .
S e s i ó n d e l d í a d i e z y s ie t e .
Se abrió á la hora acostumbrada, y habiéndose leído
el acta del día anterior, fue aprobada. Dióse cuenta de
dos comunicaciones de la Corte Suprema de Justicia, rela
tivas al nombramiento de Presidente de dicha. Corte en los
años de 1 8 3 8 y del presente 1839.
El H. Sr. Presidente hizo ver á la Cámara, que no ha
biendo los Ministros Secretarios del Despacho presentado
todavía sus respectivas Memorias, ni las leyes que hubie
sen sido objetadas por el Poder Ejecutivo, no tenía el S e
nado asunto alguno de que ocuparse. El Señor Flores
tomó en seguida la palabra, y manifestó ue la Constitu
ción concedía á los Secretarios seis días de tiempo para
que pudiesen presentar dichas Memorias, por lo cual ni
éllos eran responsables de la falta que se notaba, ni tampo
co lo eia la Cámara, q e había abierto sus sesiones el día
prefijado por la Constitución, y que daba principio á sus
trabajos con puntualidad á la hora fijada en el Reglamen
to interior. Informado el II. Sr. Presidente de que en los
Registros de elecciones de Senadores para el año de 1 8 4 1 ,
se encontraban insertas también las de los Representantes
de algunas provincias, fué de parecer que debía dirigirse
un mensaje á aquella II. Cámara, con el objeto de que,
impuesta de esta circunstancia, se sirviera acceder á que
te reuniesen las comisiones de ambas para el solo acto
de calificar á los que se hallasen en este caso, y confor
mándose la Cámara con este parecer, se nombró al efecto
á los Sres. Guerra y Rodríguez, quienes á su regreso e x
pusieron que la H. de Representantes, por el órgano de
su Presidente, habiendo notado por su parte el mismo in
cidente que se le ponía en su conocimiento, había coinci
dido con el Senado, teniendo acordada ya la misma me
dida que se le proponía. Tornó en este estado asiento el
H . Sr. Vicente Ramón R o c a , Senador por la provincia
de. Manabí.
Leyóse una comunicación del Sr. Ministro del Inte
rior, á la cual acompañaba otra que el Sr. Domingo Santis-
tevan, Senador por la provincia de I,oja, dirigió al G o b e r
nador de la de Guayaquil, haciéndole presente los moti
vos poderosos que tuvo para no poder concurrir á la pre
sente Legislatuia, al mismo tiempo que le manifiesta el
— 6—
se nimiento que le cabe de no prestar este servicio á la
Patria. Consultada que fué la Cámara por el Sr. Presi
dente, sobre si consideraba legal la excusa del Sr. Santis-
tevan, contestó por la afirmativa, acordándose que el Sr.
Arteta, Senador suplente por aquella provincia, y que por
ausencia del principal, Sr. Santistevan, concurrió á las se
siones desde el primer día de su apertura, continuará asis
tiendo á la Cámara. Y como no hubiese otro asunto de
cjue ocupaise, levantóse la sesión.
El Presidente del Señad •>, —
E l Senador Sec etario, A . M a r t ín e z P a lla r e s .
S e sió n del día d iez y ocho.
Se abrió á la hora de costumbre, y leída que fué el
acta del día anterior, se aprobó.
T o m ó asiento el H. Sr. Ambrocio Dávalos, Senador
por la provincia del Chimborazo.
E l H. Sr. Presidente consultó á la Cámara si las c o
municaciones del Senado á la Corte Suprema de Ju sticia
debían pasarse de Presidente á Presidente, ó si bastaría
que las autorizase el Secretario: que hacía esta consulta,
porque habiendo sido en otro tiempo Presidente de aquel
Tribunal, había sostenido, en igualdad de circunstancias,
que sien 1o el Poder Judicial uno de los tres Poderes que
reconoce la Carta, era muy razonable que fuesen contes
tadas las comunicaciones por los Presidentes de las C á
maras del Cuerpo legislativo. El Sr. T o l a tomó la pala
bra y dijo : que lo más natural era que en aquellas c o m u
nicaciones que dirigían los Presidentes, ora fuese el de la
República, ora el de la Corte Suprema, las contestase el
H . Sr. Presidente, así como debía hacerlo el Secretario
en las que se remitan á las Cámaras por conducto de las
Secretarías del Despacho. El Sr. Carrión opinó riel mis
mo m odo ; y habiendo tomado después el Sr. Flores la
palabra y apoyado las opiniones emitidas por los que
le habían precedido, manifestó que si el Senado era una
7
rama del Poder Legislativo, la Corte Suprema era también
una rama del P o le r Judicial, y estaba en la cumbre-de la
gerarquía de dicho poder, según las doctrinas de los más
célebres publicistas. Q a e por tanto, debía el Presiden
te del Senado prestar su firma en las contestaciones que
dirigiera al de la Corte Suprema. Discuti lo así suficien
temente el punto, se acordó que el H. Sr. Presidente se
entendiera directamente con el de la Corte Suprema.
Tomós e en consideración el proyecto de contestación
al Mensaje del Poder Ejecutivo, cuyo tenor es el siguien
te: “ El Senado ha visto en el Mensaje que V . E. le diri
gió, por cumplir con el art. 67 de la Ley fundamental, una
prueba de zelo en favor de la mejora del país; y como este
sentimiento debe animar á los escogidos del pueblo, pe sa
rán detenidamente las reflexiones de V. E. para dictar
aquellas me lillas que guarden conformidad con el verda
dero estado de la Nación. L a dócil índole de los e c u a
torianos, sus aptitudes y esfuerzos por avanzar en la carre
ra de la civilización, fortifica la esperanza de que procu
rándoles seguridad y facilidad de subsistir, se engran leoerá
la República á la sombra de la paz, resultando la dicha
común tanto de la sabiduría de las leyes, c o m t del respe
to de la administración á la dignidad nacional y á las g a
rantías sociales” . Y el Sr. Arteta, al concluirse la lectura
del primer período, observó que aunque le parecía confor
me con la circunspección y decencia con que debía c o n
ducirse el Senado en todos sus actos, y con la considera
ción debida á la autoridad que ejercía el Poder de la R e
pública, pero que no era posible desentenderse del alarde
que había hech ) de ultrajar y deprimir á la Nación, cuando
no podía dudarse que en el Ecuador había moderación y
virtudes, y que la ilustración había hecho notorios progre
sos ; y que por tanto, no merecía una contestación tan
satisfactoria como la que sé le d a b a : mas como n > hubie
se tenido apoyo esta observación, se continuó la lectura
hasta concluirse, y entonces el mismo Sr. Arteta propuso
que en el último inciso se añadiese la f ra s e: “ á la digni
dad nacional” ; y votada esta modificación por la H , C a
ntara, se decidió que el expresado proyecto, con esta p e
queña alteración, se dirigiese con el mensaje respectivo al
Poder Ejecutivo.
E n este acto se anunció otro de la H. Cámara de R e
presentantes, é introducidos los Señores que le componían,
tomó uno de ellos la palabra y expuso : que sin embargo,
— 8 —
fie que aquella, en la sesión del día de ayer, había coinci
dido con la propuesta hecha por ésta, con el objeto de
que se reuniesen las comisiones de ambas para calificar á
los Senadores y Representantes del año de 1 8 4 1 , que se
hallaban inclusos en los mismos Registros; acordó poste
riormente y de conformidad con el a rt. 36 de la Constitu
ción, que no debía verificarse la reunión solicitada; y h a
biéndoseles contestado por el H. Sr. Presidente que so
metería esta ocurrencia á la Cámara para que deliberase
Sobre ella, se retiraron. Abierta la discusión, tomó el H.
Arteta la palabra é hizo ver que la reunión de las Cámaras
era, en su concepto, necesaria, porque sin este requisito,
podía suceder muy bien que una de las Cámaras diese por
legales los actos de las elecciones de Senadores y R e p r e
sentantes, mientras que la otra los desaprobaba: y en tal
conflicto, no habría otro remedio de conciliar esta discor
dancia, que el de verificar la reunión que ahora se había
Solicitado, no ¡ ara la calificación de sus respectivos miem
bros, sino ¡jara examinar la legalidad ó ilegalidad de las
asambleas, y de! acto de las elecciones en general, por *lo
cual creía que debía insistirse. Del mismo modo emitie
ron sus opiniones los Señores que posteriormente le suce
dieron en la palabra, y entre ellos, el Sr. Flores manifestó
que pudiendo reunirse las Cámaras, según el art. 3 4 de
la Constitución, menos para lo dispuesto en el 43 , no
encontraba fundamento alguno en lo aducido por la H.
Cámara de Representantes para d e n e g a r e á la invitación
que se le había hecho, pues que si una de las Cámaras
puede legalmente promover la reunión de la otra para dis
cutir otros puntos, con mucha más razón podía verificarse
la de las comisiones. Co m o en el transcurso del debate
hubiese notado el H . Sr. Presidente, que algunos de los
Señores al decidirse por la reunión de las comisiones, par
tían del supuesto que en la Cámara de Representantes fal
taban algunos Registros, que solamente existían en ésta,
le fué preciso deshacer esta equivocación que padecían,
manifestándoles que aquella Cámara tenía ya los Registros
suficientes para proceder á la calificación de sus miembros:
entonces el Sr. Carrión y ó tros fueron de sentir que cada
comisión de por sí procediese á calificar los que pertene
cían á sus Cámaras. Discutida suficientemente la cues
tión, se resolvió que no se insistiera.
Dióse cuenta de un proyecto de ley orgánica del P o
der Judicial, y habiéndose dispuesto su lectura, al llegar á
— 9—
la sección 9*, se anunció un mensaje de la H . Cámara de
Representantes, conduciendo, por escrito, una moción, p a
ra que se tomase en consideración por el Senado, y su te
nor es como sigue: “ Que se pida la imprenta del G o b ie r
no y se destine únicamente á publicar los trabajos de a m
bas Cámaras durante las sesiones” . Se contestó á los
Señoras que componían el mensaje, que se sometería la
moción expresada al conocimientos de la C ám ara y que
se avisaría oportunamente la deliberación del S e n a d o ; y
despidiéndose estos Señores, leyóse nuevamente la expre
sada moción; y tomando la palabra el H. Sr. Flores, la
modificó en los términos siguientes: “ Que se pida al P o
der Ejecutivo una imprenta para publicar los trabajos de
la Legislatura, ó haga que la del Gobierno publique dichos
trabajos en caso de no encontrarse otra en la Capital” :
apoyada por el Sr. Pallares, preguntóse á la C ám ara si se
aprobaba; y hallándose todos los Señores por la afirma
tiva, se dispuso que se pusiese en conocimiento de la de
Representantes, por medio de un mensaje, la modificación
que había sufrido la moción dirigida á ésta; y los Señores
que le compusieron, á su regreso expresaron que la H . C a
ntara de Representantes, por el órgano de su Presidente,
decía que en el momento la sometería al conocimiento de
sus colegas. E n seguida se anunció otro mensaje de la
misma Cámara, é introducidos los Señores que le co m p o
nían, expresó el que traía la palabra, que la H. Cámara á
que tenía el honor de pertenecer, había aprobado en todas
sus partes la modificación que en ésta se hizo á la moción
que tuvo su origen en la de Representantes; y habiéndo
se despedido, se continuó la lectura del proyecto de ley
arriba mencionado, el mismo que contiene ciento cinco ar
tículos con sus parágrafos respectivos. Consultada que
fué la Cámara si se admitía á discusión, se resolvió que se
tuviese por primera la lectura que se le acababa de dar,
respecto á haber sido presentada por una comisión, y
que pasase á segunda. E l H . Sr. Presidente levantó la
sesión.
El Presidente del Senado, F ern á n d ez
l Senador Secretario, A . M a r t ín e z f a l l a r e s .
ti
S e sió n del día diez y n u eve.
Se abrió á la hora acostumbrada: dióse lectura al a c
ta del día anterior y quedo aprobada.
L a comisión de calificación presentó su informe sobre
los Registros de las elecciones de Senadores para la L e
gislatura del año de 1 8 4 1 , que se le habían pasado, mani
festando que al verificarse aquella, se había observado por
las Asambleas electorales lo dispuesto en la ley de 27 de
Ag o sto de 1 8 3 5 , y su adicional de 11 de Marzo de 1 8 3 7 ;
y en consecuencia, el H . Sr. Presidente dispuso que se le
yesen, principiándose por el de la provincia de L o j a : c o
mo los Sres. Guerra y Árteta obtuvieron la mayoría de v o
tos para Senadores de aquella provincia, salieron del local
mientras concluía la lectura de dicha acta. Consultada
que fué la Cámara si tenía que hacer alguna observación
al documento que acababa de leerse, y sobre las personas
que fueron elegidas para Senadores principales y suplentes
de la expresada provincia, resultó por unanimidad de v o
tos, que habían sido constitucionalmente electos los Sres.
Guerra y Arteta para principales, y los Sres. Antonio F e r
nández Salvador y J o s é Doroteo Armero para suplentes.
L a lectura de los Registros de las provincias de M a -
nabí, Riobamba, Ibarra y Pichincha, en los mismos tér
minos que se verificó con el de Loja, y se acordó por
unanimidad de votos, que han sido elegidos constitucional-
mente, por la primera, el Sr. Cayetano Ramírez Fita y el
Sr, Juan Francisco Icaza para principales; los Sres. C a y e
tano Cedeño y Pedro Alcántara V er a para suplentes. Por
la. segunda, los Sres. Carlos Chir iboga y Pedro L á v a l o s
para principales; y los Sres. J o sé María Mancheno y A n
tonio Yépez para suplentes. Por la tercera, el Sr. fedro
J o sé Arteta para principal, y el Sr. J o s é Doroteo Ar me
ro para suplente; y por la cuarta, los Sres. Pedro Jo sé
Arteta, Jo sé Modesto Larrea é Ignacio Escobar para
principales; y los Sres. Antonio Fernández Salvador, M a
nuel Zambrano y Antonio Martíi.ez Pallares para suplen
t e s : este último, así como el Sr. Arteta, dejaron el asien
to por encontrarse electos en los Registros de las provin
cias respectivas.
Púsose en conocimiento de la H . Cámara dos c o m u
nicaciones del Ministro Secretario de Estado del Despacho
— It —
>41" 1
del Interior, á las cuales acompañaba, por orden del P o
der Ejecutivo, los tratados celebrados por la Legación
acreditada cerca del Gobierno de la N u e v a Granada, que
se hallaba autorizada para estipular con el Plenipotencia
rio de Venezuela un tratado de amistad, Comercio y nave
gación, que estreche las relaciones con aquella República;
y los celebrados con la de Méjico, sobre igual objeto, por
el Encargado de Negocios, nombrado a d hoc> en virtud
del artículo 62, inciso 5 0 de la Carta constitucional. Se
dispuso que estos documentos pasaran á la comisión res
pectiva para que emita su infornje.
Impuesto el H. Sr Presidente de que en la C ám ara
de Representantes se agitaba la cuestión de si las eleccio
nes hechas para Senadores y Representantes, eran ó no le
gales, respecto á que la ley adicional de la materia, parecía
contraria al espíritu dé la Constitución, sometió este hecho
á la consideración de la Cámara, á tin de que se previnie
se el inconveniente de que la ú r a declarase constitucío-
nalmente elegidos á sus miembros, y la ótra rechazara los
suyos por infracción de la L e y fundamental, declarando
nulas las elecciones; y tomando la palabra el H. Sr. F l o
res, expuso que tenía el sentimiento de discernir de 1a opi
nión del H. Sr. Presidente, por cuanto la Cámara del S e
nado, procediendo á la calificación de los Senadores ele
gidos para el año de 1 8 4 1 , había obrado de un modo
constitucional y conforme á lo dispuesto por la ley dé
elecciones; que por tanto, no teniendo la C ám ara el d e
ber de ocüparse de la cuestión que, según se decía, agita
ba la de Representantes, debía proseguitse calificando á
los que no lo estaban aún, y no invitar la reunión de las
C á m a ra s; pues que no habiendo tenido la del Senado la
duda que ha ocurrido á la de Representantes, era ésta á
quien tocaba tomar la iniciativa para la reunión: al efec
to, y para manifestar cuáu fundadas eran sus razones, hizo
leer par el Secretario el art. 22 de la Constitución, y el 2®
de la le y de 1 1 de Marzo i e 1 8 3 7 . E n este estado, tomó
la palabra el H. Sr. España, y coincidiendo en todo con
la opinión emitida por el H. Sr. Flores, concluyó expre
sando que no debía tomarse en con sideración la consulta
hecha por el H. Sr. Presidente.
E l Sr. R o c a fué de sentir que podía mandarse un
mensaje á la C ám ara de Representantes, con el objeto de
que se reúnan las Cá m ara s ; mas como no hubiese moción
formal solbre el asunto, -se acordó tjtte se aguardara á
que la Cámara de Representantes hiciese su indicación.
Se nombró a los Sres. España y Rodríguez para c on
ducir al Poder Ejecutivo la contestación que el Senado ha
dado á su Mensaje.
Anuncióse ótro del Poder Ejecutivo, é introducido el
Sr. Ministro del Despacho del Interior, dijo: que á nom
bre del Presidente de la República, ponía en conocimien
to de la C á m a r a : i ° el nombramiento que, por muerte
del propietario Dr. Fidel Quijano, había hecho de Minis
tro Juez interino de la Corte Suprema en el Dr. Luis Saa,
Presidente de la de apelaciones; y 2? que el Ejecutivo
devolvía objetadas la ley de Policía y la resolución legis
lativa dada para que al ciudadano Manuel Villacís se le
colocase en el destino de que fué destituido; y habiéndo
sele contestado por el H . Sr. Presidente, que la Cámara
tomaría en consideración las objeciones hechas por el
Ejecutivo á la ley y resolución expresadas, y que se le
daría aviso tan luego como ésto se verificase, se despidió
el Sr. Secretario.
A c t o ct ntínuo regresaron los Sres. Rodríguez y E s p a
ña, y este último anunció á la Cámara, que el Poder E j e
cutivo había recibido con el más grande placer la contes
tación que se le dió á su Mensaje. Ei» seguida se procedió
á la lectura de los tres documentos del Poder Ejecutivo
que hubo conducido el Ministio Secretario del Despacho;
el H. Sr. Presidente dispuso que se les diése el giro corres
pondiente, y no habiendo otro asunto que despacharse, el
mismo Señor levantó la sesión.
E l Presidente del Senado, F e r n á n d e z S a lv a d o r .—
E l Senador Secretario, A . M a r t ín e z P a lla r e s .
S e s i ó n del d í a v e i n t i u n o .
Se abrió á la hora acostumbrada, y leída el acta del
día anterior, fué aprobada.
L a comisión de legislación y diplomacia presentó el
— f3 —
informe relativo al tratado <le amistad, comercio mn .-qi-
cíón, celebrado con la República de Venezuela, en 3 de
Septiembre de 1 8 3 8 , y después de haberse leído aquel do
cumento, en el cual se opina que l a . H . Cam ar* del Sena
do debe dar su apiobacién al tratado, dispuso el Sr. Pre
sidente que se leyese, y habiéndose así verificado, pregun
tó el mismo Señor si la t amara lo admitía á discusión, lo
que fue aprobado, declarándose por primera la lectura que
acababa de dársele. E l Sr. Presidente anunció que iba á
ponerse en segunda discusión el proyecto de ley orgánica
del Poder Judicial, y habiéndose leído artículo por artícu
lo, y preguntado en cada uno de ellos si pasaba á tercera
discusión, se resolvió que sí.
Se anunció un mensaje del Poder Ejecutivo, é in
troducidos los Señores Ministros Secretarios del Despa
cho, el de Guerra, encaigado accidentalmente de el del
Interior, d i j o ; que tenía la honra de presentar á la C á
mara algunas leyes y decretos dados por la Legislatura
de 1 8 3 7 , á las cuales el Presidente de la República había
puesto el e x e q u á t u r constitucional: mas, que le era bien
sensible el no saber con certeza en cuál de las Cámaras
habían tenido su origen, para su presentación en élla; y
que esta falta procedía de no haberse encentrado, por más
diligencias que se habían hecho, las notas oficiales con
que se habían acompañado Habló en seguida sobre la
grave enfermedad que padece el Secretario del Interior,
hace más de cuatro meses, manifestando que á pesar de
ésto, y por cumplir con los deberes que le impone el ar
tículo 70 de la Constitución, se había consagrado con un
afán superior a sus grandes dolencias, á trabajar la M e
moria que tenía la satisfacción de consignar. Presentó
la concerniente á su departamento de la Guerra, y con
cluyó manifestando el sentimiento que le cabía por no
haber podido antes verificar la presentación de todos es
tos documentos. En seguida el Secretario de Hacienda
hizo lo mismo con el informe que le pertenecía, al cual, á
más de una exposición hecha por el Director de la Casa
de Moneda, acompaña catorce documentos que se habían
reservado en el Ministerio de su cargo, no habiéndose
despachado por carecer de una resolución legislativa que
les fuese aplicable, sometiéndolos con este fin al conoci
miento de la C á m a r a ; y concluyó diciendo que dentro
de dos ó tres días tendría la satisfacción de ser el conduc
tor de algunos proyectos de. ley, que, según su humilde
— H —
opinif'n, y $!>%! Congreso, en los consejos de su sabiduría,
los aprobaba, servirán para mejorar el actual sistem* de
Hacienda. El H. Sr. Presidente les contestó que some
tería á la consideración de la Cámara los documentos de
que habían hecho relación, y que el Senado se complacía
altamente de ver la exactitud con que los Sres. Secretarios
del Despacho cumplían con el deber prescrito por el ar
tículo 70 de la Constitución, y que por lo tanto, á la falta
de que hubo hecho mención el Sr. Ministro del Interior,
quedaría subsanada completamente con la reunión de los
Secretarios de ambas Cámaras, á los cuales les sería fácil
imponerse por los copiadores de oficios, en cuál de di has
Cámaras tuvieron su origen los proyectos de leves y decre
tos legislativos que habían obtenido el e x e q u á t u r consti
tucional, Oída que fué esta contestación, se despidieron
los Sres. Ministros.
Procedióse á dar lectura al informe del Ministro S e
cretario del Interior, hallándose en la parte que tiene re-
ación con la República de Méjico, se anunció un m en sa
je de la H. Cámara de Representantes, é introducidos los
Señores que le componían, el que traía la palabra expre
só, que la Cámara á que pertenecía, había insistido en la
ley ue imprenta, dada en 1 8 3 7 , que el Ejecutivo devolvía
objetada. Se le contestó por el Sr. Presidente, que el S e
nado obraría en este asunto conforme a lo dispuesto en el
art. 5 1 de la Constitución. Y habiéndose despedido el
mensaje, se levantó la sesión.
*
El Presidente del Senado, S a lv a d o r .—
E l Senador Secretario, A . M a r t P a lla r e s .
S e sió n del día v ein tid ó s.
Se abrió á la hora acostumbrada, y leída el acta del
día anterior, quedó aprobada.
Continuóse la lectura de la Memoria del Ministro Se
cretario del Interior, que había qnedado suspensa; y tan
— *5
to á ésta, como á los demás documentos, que también fue
ron leídos, dispuso la Cámara que se les diera el curso
corresponoiente.
Incontinenti propuso el Sr. Presidente que se leyera
la de Hacienda, y como el Sr. R o c a observase, que tenien
do cada Senador un ejemplar, podía omitirse esta lectura,
y emplear el tiempo en otros trabajos, el Sr. Presidente
contestó que no tan solamente los Diputados debían estar
al cabo de los actos de la administración, sino también los
espectadores; y que además, en todos los Congreso ha
bía la costumbre de leer públicamente esta clase de docu
mentos, y siendo del mismo sentir la Cámara, comenzóse
la lectura: al concluirse la sección segunda, fué anuncia
do un mensaje del Poder Ejecutivo. Introducido el Mi-
nisiro Secretario del Despacho de Hacienda, d i j o : que
tenía la honra de presentar, con la sanción constitucional,
varias leyes y decretos emitidos por la Legislatura de 1 8 3 7 ,
y que no podía hacer lo mismo respecto de los que c o m
prende el índice, que también tiene la satisfacción de c< n-
signar, porque sin embargo de haber obtenido la sanción,
no se podía devolverlas á la Cámara, por no haber sino
remitidas por duplicado al Ministerio de su cargo, en el
cual deben quedar archivadas. Y habiéndosele contesta
do por el H . Sr. Presidente, que todos los documentos de
que hacía relación serían sometidos al conocimiento de la
Cámara, y que se le avisaría el resultado oportumente
de aquellos que por su naturaleza necesiten de resolución,
dejó el asiento el Ministro. Se continuó la lectura de la
expresada Memoria, y concluida, se acordó que ésta y sus
documentos se pasaran á la respectiva comisión.
Dióse cuenta de la comunicación que el Poder E j e c u
tivo había dirigido á la H. Cámara de Representantes, o b
jetando la ley de imprenta, en la cual se encuentra la in
sistencia que hace la expresada Cámara ; y siendo de la
misma opinión la del Senado, se acordó devolverla á aque
lla con la correspondiente nota marginal, por medio de
un mensaje, compuesto de los Sres. Arteta y Dávalos. Se
anunció ótro de la Cámara de Representantes, é introdu
cidos los Señores que le componían, el que traía la pala
bra dijo : que le cabía la satisfacción de conducir la terna
para Ministro Juez de la Corte Suprema de Justicia, que
el Poder Ejecutivo dirigió á la Cámara á que tenía el h< -
ñor de pertenecer, que después de haber procedido confor
me al art. 77 de la Constitución, la presentaba al Senado
— 16 —
con éi mismo objeto. Se les contestó que la Cámara to
maría en consideración, y se despidieron.
Leyóse una comunicación de la Cámara de Represen
tantes, en la que solicita un certificado del acta en que se
dispone la supresión de empleos y rebaja la asignación en
ótros; y se acordó que se le franqueara por Secretaría.
Regresaron los Síes. Arteta y Dávalos, y el primero
anunció que la H. Cámara de Representantes, por el órga
no de su Presidente, habíá sentido la más grande satisfac
ción al saber que el Senado convino con élla en la insis
tencia sobre la ley de imprenta objetada por el Poder E j e
cu ti vo ; pues que así se les proporcionaba á los ecuatoria
nos el medio de vindicar la dignidad nacional que el E j e
cutivo había ultrajado en su Mensaje. E n seguida se
procedió á la elección de Ministro Juez de la Corte Supre
ma entre los Señores que constan en el documento dirigido
por la Cámara de Representantes, y habiéndose verificado
dicha elección por escrutinio, resultó que el Sr. Dr. Luis
Saa obtuvo diez votos, y el Sr. Dr. Miguel Alvarado tres;
y como obtuviese el primero la, mayoría, preguntó el H.
ísr. Presidente: ¿Declara la Cámara electo constitucional
mente Ministro Juez de la Corte Suprema de Justicia al
Dr. Luis Saa ? L a Cámara contestó por la afirmativa, y
acto continuo se levantó a sesión.
El Presidente del Senado, J o s é F e r n á n d e z S a lv a d o r .—
E l Senador Secretario, A . M a r t ín e z P a lla r e s .
S e sió n del día v e in titré s.
Se abrió á la hora acostumbrada, y habiéndose leído
el acta de) día anterior, quedó aprobada.
Se leyó la Memoria del Ministro Secretario del D e s
pacho de Guerra y Marina. L a comisión de calificación
presentó el informe relativo á la elección de Senadores por
la provincia de Cuenca, en el que, después de hacer una
relación prolija de todo lo ocurrido en aquel acto; conclu-
— i7 —
ye opinando que puede la Cámara prestarle su aprobación.
E l Sr. Torres pidió que antes de proceder el Senado á c a
lificar á los que se encuentran electos, se leyesen los d o
cumentos que hubo dirigido el ciudadano Miguel Heredia,
con el objeto de manifestar la nulidad en que incurrió la
Asamblea electoral de aquella provincia, por haber admi
tido en su seno á los ciudadanos que no lo eran por impe
dimento legal. Con este motivo, no tan solamente fueron
leídos los citados documentos, sino también los que diri
gieron éstos con el objeto de hacer ver lo contrario. En
tonces el Sr. España, individuo de la comisión, informó á
la voz, que habiendo la Corte Superior de Justicia de
Cuenca decretado que se suspendiese la prisión y se le
vantasen las censuras en que habían sido penados por el
Provisor de aquella Diócesis, la comisión los había creído
aptos para concurrir á desempeñar las funciones de elec
tores. E l Sr. Torres tomó la palabra y dijo: que aun
cuando todo lo aducido por el Señor que le precedió en
la palabra era cierto, respecto á lo dispuesto por la Corte
de Justicia, él nunca podría convenir en que ciudadanos
que tuvieron antes de las elecciones causa criminal pen
diente, y después de éllas, no la tuviesen también para
aquel acto. E l Sr. Arteta principió por rebatir el ra
zonamiento anterior y concluyó afirmando que el Senado
no tenía facultad para ingerirse á decidir si aquellos indi
viduos se hallaron ó no aptos para votar en las elecciones;
pues que tal decisión le correspondía por la ley al G o b e r
nador de aquella provincia, de la cual no había apelación
á ningún Tribunal, y que por tanto, la Cámara, según lo
dispuesto en el art. 3 6 de la Constitución, debía limitarse
á examinar si las personas electas para Senadores, tenían
las calidades requeridas por el 26 de la misma. E l Sr.
Presidente, sin tomar parte en la cuestión, se expresó c o n
tra los principios emitidos por el Sr. Arteta. Discutido
suficientemente el punto, y cuando el Sr. Presidente iba a
proceder á la votación, el H . Sr. R o c a , apoyado del Sr.
Galecio, hizo la moción siguiente: “ Que se suspenda la
resolución del asunto sobre que se versaba la cuestión has
ta pasados dos días ; pues que siendo por su naturaleza
ardua, debía darse tiempo para meditarla detenidamente” :
admitida por la Cámara, se votó por la afirmativa.
Nombrado de antemano el Sr. Rodríguez para a c o m
pañar á un miembro de la H . Cámara de Representantes,
con el fin de poner en manos del Presidente de la Rep ú-
*9
— 18 —
blica la ley de libertad de imprenta, que restablece la de
Cúcuta, y deroga la que dió el Congreso de 1 8 3 3 . A su
regreso anunció que el Presidente de la República había
contestado, que pedía al Cielo que los Representantes del
pueblo no se arrepintiesen de haber dado una ley prema
tura para una República en la cual no tienen sus habitan
tes las virtudes y luces suficientes para hacer un buen uso
de ella.
Dióse cuenta de una comunicación del Secretario del
Interior, á la cual acompaña la propuesta que hace el
limo. Sr. Obispo de esta Diócesis, para un auxiliar r e v e s
tido de la dignidad episcopal, que solicita en razón de h a
llarse deteriorada su salud, y nombra para el desempeño
de tan alto encargo al Sr. Arcediano de esta Santa Iglesia
Catedral, Dr. Jo sé Miguel Carrión, y concluye el citado
Ministro, recomendando al efecto, las virtudes, luces, p a
triotismo y servicios hechos á la Iglesia por el expresado
Sr. Carrión. L u e g o que se terminó la lectura de ambos
documentos, el Sr. Carrión tomó la palabra, y pronunció
un discurso en el cual se contrajo á manifestar que él no
se consideraba digno de ser elevado á tan eminente digni
dad : que en la República habían otros eclesiásticos de
más méritos que é l : que encarecía al Senado que en su
resolución tuviesen presente lo que disponían las l e y e s :
que se manifestaba reconocido á la distinción con que le
honraban el Presidente, el limo. Sr. Obispo y sus honora
bles colegas, y concluyó suplicando que se le exonerase
de la dignidad para que había sido propuesto, y en segui
da dejó su asiento. T o m ó la palabra el Señor Torres y
expresó que el Sr. Carrión era digno de ceñir la mitra, no
sólo como auxiliar, sino como propietario ; pero que de
bía darse una ley que restrinja estos nombramientos, limi
tándose á concederlos cuando lo exijan las circunstancias.
E l Sr. Presidente observó que en los Cánones y el C o n c i
lio de Vi ena se hallaban fijadas las reglds que determinan
los casos en que deben hacerse tales concesiones. E l Sr.
Arteta manifestó que Se complacía demasiado, y que tenía
por una inspiración del Cielo la propuesta que había d i
rigido el limo. Sr. Obispo de Quito para que se nombra
se de auxiliar suyo al virtuoso y respetable Arcediano Dr.
Jo sé Miguel Carrión. Procedióse en seguida á la v o t a
ción, y la H . Cámara, por unanimidad de votos, y de c o n
formidad con el inciso 8? del art. 62 de la Constitución,
declaró electo Obispo auxiliar de Quito al Sr. Dr. José
— 19 —
Miguel C a m ó n . Concluido este acto, al cual no asistió
el Sr. Ro ca, se levantó la sesión.
E l Presidente del Senado, J o s é F e r n á n d e z
E l Senador Secietario, A . M a r t ín e z .
S e sió n del d ía v e in tic u a tr o .
Se abrió á la hora acostumbrada, y leída el acta del
día anterior, fué aprobada.
Tam ós e en consideración el informe de la comisión
de calificaciones, y el H. Sr. Presidente dispuso que se
diese lectura al acta de instalación de la Asamblea electo
ral de la provincia de Guayaquil, y la de elecciones de
Senadores de la misma provincia. Considerados por la
C ám ara legalmente electos los Sres. Jo sé Joaquín O l
medo, Juan Rodríguez Coello y Diego No b o a para prin
cipales, y los Sres. José María Viteri, Jo sé Mascóte y
J u a n Illingwort para suplentes, quedaron plenamente
aprobados.
Traídos á la vista los tratados celebrados por este G o
bierno con el de Venezuela, que habían pasado á segunda
discusión, se leyeron artículo por artículo, preguntándose
en cada uno de ellos si pasaban á tercera, y como no se
luciese observación alguna, interrogó el Sr. Presidente: ¿ e l
tratado que se acaba de leer, pasa en su totalidad á terce
ra discusión ? L a Cámara estuvo por la afirmativa.
Regresaron los Sres. España y Guerra que llevaron
cerca del Poder Ejecutivo la nota en la cual consta el n o m
bramiento constitucional que la Cámara hizo de Ministro
Juez de la Corte Suprema en el Dr. Luis S a a ; y el se gu n
do anunció que al Ejecutivo le había sido sumamente
agradable el acertado nombramiento que el Senado había
hecho; pues que en el Sr. Saa se reunían las más excelen
tes calidades para el desempeño de tan delicado ministe
rio. E n seguida se leyó una nota del Ministro Secretario
— 20 ---
del Interior, contraída á indicar la necesidad que había de
una resolución del Congreso para anticipar el cobro de la
contribución personal de indígenas, respecto á que al pri
mer Regimiento acantonado en la provincia de Imbabura,
era indispensable proporcionarle su sueldo el día prefijado.
E l Sr. Presidente observó que conteniendo la nota que
acababa de leerse la circunstancia sobre la anticipación
del cobro de un impuesto ya establecido, creía convenien
te que la expresada comunicación debía pasarse á la H .
Cámara de Representantes, con arreglo al art. 3 2 , inci
so 2? de la Constitución. El Sr. Arteta, de acuerdo con
la opinión del H. Sr Presidente, dijo además, que aunque
el cobro del impuesto que indicaba el Poder Ejecutivo,
debía hacerse en observancia de la ley, no dejaba de ser
gravoso á los contribuyentes, en razón de exigírseles antes
del término; y para que se siguiesen los trámites consti
tucionales, hizo la moción siguiente, con apoyo del Sr. E s
paña : “ Que pase ia nota previamente á la Cámara de
Representantes, para que impuesta de su contenido, acuer
de lo conveniente” . Estando la Cámara por la afirmati
va, dispuso el Sr. Presidente que los Sres. Dávalos y R o
dríguez condujeran la precitada nota con la resolución
marginal respectiva. A l regreso manifestó el segundo,
que la H. Cámara de Representantes, por medio de su
Presidente, había contestado que se tomaría en considera
ción y daría aviso oportunamente. Com o no hubiese des
pués otro asunto en que ocuparse la Cámara, previno el
Sr. Presidente, que para no perder en vano el tiempo, y
dejar de llenar el importante objeto á que la Nación ha
bía llamado á sus Representantes, se pasara una nota al
Ministro Secretario de Hacienda, exigiéndole los proyec
tos de ley que había ofrecido someter á la consideración
del Senado. El Sr. Secretario propuso que á la voz soli
citaría los mencionados proyectos. Y no habiendo otro
asunto en que la Cámara pudiera entenderse, se levantó
la sesión.
El Presidente del Senado, J ó s e F e r n á n d e z
E l Señad di Secretario, A . M a r t ín e z P a lla r e s .
21
S e sió n del día ve in tic in c o .
Se abrió á la hora acostumbrada : se leyó el acta del
día anterior y fué aprobada.
Púsose en conocimiento de la H. Cámara el informe
de la comisión de calificaciones, contraído á manifestar
que la elección hecha en el Sr. Fernando Márquez de la
Plata, para Senador en la presente Legislatura, debe cali
ficarse legal, en atención á que el Sr. Jo sé Joaquín Olm e
do, suplente por el Sr. Francisco Marcos que se halla fue
ra de la República, había presentado su excusa en tiempo
hábil, y no ha habido otro individuo que, conforme al a r
tículo 4 3 de la ley de elecciones, obtenga en el Registro
los cuatro votos prevenidos. Concluida la lectura del
precitado documento, el Sr, Presidente dijo que el Senado
hiciera sus observaciones. El Sr. R o c a tomó la palabra
y solicitó que se lea el acta de la instalación extraordina
ria de la Asamblea, en la cual' apoyaba su informe la c o
misión; y se verificó así. El Sr. Caleció pidió al Senado
le aclarase la duda sobre si el Gobernador pudo convocar
la asamblea extraordinaria. El Sr. España, miembro de
la comisión,' satisfizo á esta duda con el art. 4 1 de la ley
de elecciones, y quedó convencido el que le precedió en
la palabra. El Sr. R o c a opinó que debía traerse á la vis
ta el acta del año treinta y seis para conocer si hubo ó no
persona que obtuviese los cuatro votos. El Sr. Carrión
coincidió con este parecer. El Sr. Guerra, tomando aquí
la palabra, comenzó por manifestar que la elección de S e
nador, practicada en el Sr. Fernando Márquez de la Plata,
era absolutamente legítima, por cuanto la excusa del Sr.
Olmedo había sido admitida antes de los cuarenta días
que previene la ley : agregando además, que la nota ofi
cial del Gobernador de Guayaquil, relativa á consultar al
Supremo Gobierno lo que podría hacer en el particular,
no podía haberse fundado en una mera exposición del Sr.
Olmedo sobre su impedimento, pues que este Señor ofre
cía acreditarlo legalmente en caso necesario; y observó
también que la nota del Gobernador merecía un entero
crédito, respecto de la circunspección y probidad de aquel
magistrado. E l Sr. Carrión insistió en el dictamen del
Sr. R o ca , y añadió que el mismo deseo de que se aclarase
la verdad con vista del documento auténtico que se había
— 22 ---
pedido, podía suponer una desconfianza de la inexistencia
del Registro. E n virtud de esto, el Sr. Presidente dispu
so que se buscara el documento en los a r c h iv o s ; y el Sr.
N o bo a dijo que el Senado no debía contraerse á calificar
los actos de la Asamblea, sino las calidades del individuo
electo, porque ya se dejaba entender que aquella había
procedido con arreglo á la Constitución y á la ley de la
materia. El Señor R o c a demostró que la Constitución,
en su art. 36, no sólo hablaba de la atribución que á las
Cámaras corresponde de calificar las elecciones y conocer
de la nulidad de ellas, sino también de la de inculcar
sobre los actos de las mismas elecciones desde su principio.
N o habiéndose encontrado de pronto en el archivo el R e
gistro que había solicitado el H. Sr. R o ca , para aclarar el
punto en cuestión, este mismo Señor hizo la siguiente m o
ción, con apoyo del Sr. Cale ció : “ Que se diñeia la cues
tión para mañana” . Propuesta por el Sr. Presidente, fué
aprobada por la mayoría. En seguida ordenó el mismo
Señor que se tomara en consideración el proyecto de ley
orgánica del Poder Judicial,' que se pasó á tercera discu
sión; y el Sr. Noboa, apoyado por el Sr. E s p a ñ a , ’desean
do que un asunto tan importante como el que se iba á tra
tar, fuese más detenidamente meditado, hizo la moción si
guiente: “ Que se difiera por ocho días la tercera discusión
del proyecto” . El Sr. Presidente invitó á la Cámara á que
hiciera sus observaciones, y no habiendo miembro alguno
que tomara la palabra, se puso á votación y resultó ap ro
bada.
El Sr. Ro ca, con apoyo del Sr. España, hizo por es
crito la moción que sigue: “ 1? que los empleados del
Poder Judicial sean alternativos como los demás poderes,
conforme á la Constitución: 2? que por consiguiente se re
nueven cada cuatro años todos los empleados de los T r i b u
nales de justicia y demás de este ramo: 3 0 que no puedan
ser reelectos sino pasado el período de cuati o años, y que
esta renovación tenga lugar desde el período inmediato” .
El Sr. Presidente dijo, que en su concepto, parecía conte-
tener la moción dos proposiciones; y el Sr. Pallares fué
de sentir que la segunda era una consecuencia inmediata
de la primera, por cuanto en ésta se proponía la alterna
tiva, y en la otra se designaba el tiempo y modo como
debía verificarse, y que así se evitaba el que se hiciera ilu
soria la alternativa, como habia sucedido hasta ahora.
Consecutivamente el Sr. Presidente llamó la atención de
— 23 —
la Cámara sobre si la moción del Sr. R o c a se admitía á
discusión ; y el Senado decidió que sí. El Sr. Arteta o b
servó que la lectura que se había dado á la moción, no
debía tenerse por primera discusión; y volviendo á tomar
la palabra el Sr Presidente, expuso que el art. 62 del R e g l a
mento de debates, disponía que la moción se discutiese en
la misma sesión, pudiendo tenerse por primera, y que a d e
más abría la puerta á la Cámara para que hiciera sus o b
servaciones. En este estado se anunció un mensaje de la
H . Cámara de Representantes, y el que trajo la palabra
expresó que tenía la satisfacción de someter á la conside
ración del Senado, por orden de la Cámara á que perte
necía, el proyecto de decreto sobre la concesión de salvo
conductos, para que el Dr Jo sé Félix Valdivieso y demás
ecuatorianos expulsados después del 1 4 de Marzo, regre
saran á esta República, y sean juzgados por sus jueces na
turales. El Sr. Presidente contestó que lo sujetaría á la
deliberación del Senado, y oída la contestación, se despi
dieron. Volvióse á ocupar el Sr. Presidente de si se tenía
por primera discusión la lectura que se había dado á la
precedente moción, y la Cámara acordó que se tuviese
por primera dicha lectura y que pasase á segunda.
Leído el proyecto de decreto que acababa de traer el
mensaje de la H . Cámara de Representantes, tomó la p a
labra el Sr. Carrión, é hizo su moción por escrito, conce
bida en los términos siguientes : “ Que el proyecto de de
creto pasado á esta Cámara por la de Representantes so
bre salvoconductos, sea declarado urgente” . A p o y a d a
por los Sres N o b o a y Galecio, fué aprobada por la C á m a
ra. Concluido este acto, se levantó la sesión.
E l Presidente del Senado, J o s é F e r n á n d e z S a lv a d o r .
E l Senador Secretario, A M a r t ín e z P a lla r e
S e s ió n del día v e in tis é is.
Se abrió á la hora acostumbrada, y leída el acta del
día anterior, quedó aprobada.
E l Sr. Secretario tomó la palabra y expresó que el
— 24 —
Registro pedido por el Sr. R o c a , para aclarar si había ha
bido ó no persona que, según el art. 4 3 de la ley, hubiese
obtenino los cuatro votos, para subrogar el Sr. Olmedo,
no se había encontrado todavía ni en el desordenado ar
chivo, ni en otra alguna parte, pues que el ciudadano A v i
les, encargado de guardar los papeles de la anterior L e g i s l a
tura, no conservaba sino un ligero apuntamiento de é l lo s ;
pero, que no contento con las diligencias practicadas, ha
bía mandado buscar nuevamente en la Tesorería. El Sr.
Presidente, atentas las razones del Sr. Secretario, consultó
á la Cámara sobre la medida que podría tomarse, puesto
que no parecía el registro; y el Sr. Arteta dijo: que la
cuestión debía considerarse como resuelta, en vista de la
nota oficial del Gobernador, que no podía ser ni más for
mal ni más auténtica, y que por tanto, hacía la siguiente
moción, apoyada por el Sr. G u e r ra : “ Que el nombra
miento hecho en el Sr. Plata, para Senador suplente en la
presente Legislatura es legal, y que debe venir á tomar su
asiento en el Senado” . Hub o varias observaciones, y el
Sr. Guerra fué de d'ctamen que se leyese el acta de insta
lación, para deducir si el Gobernador reunió fegalmente la
asamblea extraordinaria: hízose así, y el Presidente dijo
que de élla no resultaba si había habido ó 110 individuo
que obtuviese los cuatro votos. E l Sr. Arteta contestó,
que hombres de tan buen juicio como los que habían c o m
puesto la asamblea, era muy natural hubiesen estado pe
netrados de que el registro no contenía persona que hu
biese reunido los votos requeridos por la ley para subro
gar al suplente, coligiendo de ésto, que la nota del G o b e r
nador, dirigida al Ejecutivo, se había fundado en princi
pios ciertos para consultar lo que debiera hacer, á fin de
llenar sus deberes. E l Sr. R o c a tomó la palabra y dijo :
que no dudaba d é l a legalidad del procedimiento de aque
llos Señores, pero que por decoro de la Cámara, debía di s
cutirse el punto maduramente. E l Sr. Carrión, sin em bar
go de coincidir con la moción del Sr. Arteta, opinó porque
se suspendiese la discusión hasta que, empleada toda dili
gencia, resulte la inexistencia del registro. E l Sr. Presi
dente manifestó que aún ocurría el inconveniente de no
haber remitido el Gobernador la copia del registro, en
cumplimiento del art. 3 7 de la ley. Se hicieron varias o b
servaciones por algunos miembros; y el Sr. Torres propu
so nuevamente que se esperase por una ó dos horas á ver
si se encontraba el documento. E l Sr. Carrión volvió á
— 2S “
-decir, que ya se veía por la nota del Gobernador, haber
sido admitida en tiempo oportuno la excusa del Sr. O l m e
d o : que la Asamblea fue legalmente reunida: que se pr o
cedió según los trámites designados, y que por tanto, d e
bía el Sr. Márquez de la Plata ocupar su asiento como
Senador legítimamente electo para esta Legislatura. El
Sr. Presidente expresó que amaba al Sr. Plata, que era
sujeto digno de ocupar el puesto; pero que le era preciso
hacer sus observaciones, á fin de aclarar el asunto, y ma
nifestó que debían examinarse previamente dos cuestiones:
la úna, si se considera indispensable la reunión de los
documentos relativos á las excusas y renuncias de los R e
presentantes y Senadores, para que los apruebe la Cá m ara
respectiva, como lo dispone el art. 37 de la ley electoral;
y la segunda, si es igualmente necesaria la vista del R e
gistro original de elecciones para reconocer si hubo algu
no que obtuviese el número de cuatro votos. Aquí tomó
el Sr. R o c a la palabra para esclarecer si la excusa del Sr.
Olmedo había sido jus ta; y el Sr. Arteta, que le subsi
guió, demostró que era muy justa, por cuanto la fundaba
en un impedimento físico, cual era su enfermedad. El
Sr. Carrión añadió que era tanto más justa y legítima la
excusa, y tánto más fidedigna la nota del Gobernador,
cuanto que residiendo el Sr. Olmedo y aquel funcionario
en la misma ciudad, debió estar éste plenamente cerciora
do de la ex cu sa; al intento pidió que se leyera la nota,
lo cual se verificó al momento. Concluida la lectura, hizo
ver el mismo Señor, que estaba manifiesta la excusa en el
documento oficial tan auténtico como el mismo Registro,
pero que podría diferirse la cuestión como era de sentir el
Sr. Torres. N o habiendo parecido aún el documento, c o
mo se esperaba, el Sr. Presidente preguntó á la C á m a
ra si se daba por suficientemente discutida, y el Sr. T o
rres, apoyado por el Sr. Carrión, hizo la moción siguiente:
“ Que se difiera la discusión por un cuarto de hora más
hasta que se busque el Registro” . E n este intermedio se
ocupó el Sr. Presidente de manifestar que en la otra C á
mara se había discutido la nulidad de las elecciones de los
Representantes para el año de 1 8 4 1 , y que por tanto, creía
poderse tomar en consideración. E l Sr. Torres fué de
opinión que no constando de una manera oficial, que la
Cámara de Representantes hubiese considerado nulas las
elecciones, sólo incumbía al Senado calificar las que le
pertenecía. E l Sr. R o c a expuso, que efectivamente circu-
20
--- 26 —
Jaban unos papeles impresos, contraídos á manifestar la
nulidad declarada por la Cámara de Representantes, y que,
en su concepto, estimaba conveniente diferir el asunto del
Sr. Plata.
E l Sr. Arteta pareció estar por el dictamen del que le
precedió en la palabra; mas añadió que el Senado no po
día dejar de calificar sus miembros. El Sr. Carrión c o i n
cidió con el juicio delSr. Arteta, manifestando, además, que
la cuestión prevenida por el Sr. Presidente, era distinta de
la que se ocupaba la Cámara, la cual podría discutirse se
paradamente, cuando se anuncie por la de Representantes,
y se vería entonces si resultaba la nulidad de todas ; pero
que por ahora debía el Senado seguir calificando las elec
ciones de Cuenca.
E n su virtud, se dió lectura al informe de la comisión.
Terminado éste, dijo el Sr. T o r r e s : que existen documen
tos que comprueban el delito de que se hallaban acusados
los Presbíteros Ramírez y Benavides antes, después y en
el acto mismo de instalarse la A sa mb le a: que siendo éste
de los que merecen pena aflictiva ó infamante, no debie
ron concurrir á élla como electores: que habiéndolo v e
rificado, era nula, y de consiguiente, los nombramientos
de Senadores y Representantes; que aunque por los d o
cumentos presentados por dichos eclesiásticos parece ha
llarse hábiles, él no lo consideraba así, porque tan sola
mente se les suspendió la pena, y de ningún modo fueron
absueltos. Dijo además, que si la C ám ara declaraba la
validez de las elecciones y él resultaba nombrado Senador
para la siguiente Legislatura, vendría á élla por obedecer
la ley, pero protestaría de la nulidad del acto en cuestión
y de todas las decisiones que se dieran, porque él jamás
se consideraría Senador nombrado constitucionalmente.
E l Sr. Arteta anunció que no tenía el más pequeño
interés en la validez ó nulidad de las elecciones, pero sí
decía, que la cuestión debía partir del principio, de si por
el delito, que sólo se les atribuía á los eclesiásticos, mere
cían la pena del art. 1 2 alegado, y si el discreto Provisor
pudo imponerla, pues que no la había establecido el C ó
digo penal para el que se les im p u t a b a : al intento pidió
se trajera este documento. Interin se verificaba, se discu
tió el asunto entre varios Señores. El Sr. Arteta leyó el
art. 90 del Código citado, é hizo ver que los eclesiásticos no
eran acreedores á pena alguna, mucho más cuando no se
les había calificado el delito por el cual la merecían. A q u í
— 27 —
se anunció un mensaje del Poder Ejecutivo, é introducido
el Sr. Ministro del Despacho de Hacienda, dijo : que le
cabía la satisfacción de someter á la sabiduría del Senado,
tres proyectos de ley de los que había ofrecido presentar,
é igualmente una consulta de la Contaduría general, que
demandaba una disposición legislativa. El Sr. Presidente
contestó, que se tomaría en consideración, y salió el M i
nistro.
Siguióse la discusión de la cuestión precedente, y el
Sr. Salvador tomando parte en élla, dejó su puesto, y p a
só á presidir el Sr. Vicepresidente, y el Sr. Salvador, entre
otras cosas, pr eguntó: ¿ si habiendo omitido el Có di g o
establecer penas para los delitos de que se hallaban a c u
sados los Presbíteros mencionados, se entendían por ésto
derogadas las prevenidas por los Cánones ? El Sr. A r t e
ta manifestó el sentimiento que tenía de entrar en debates
con el Sr. Salvador, tanto por el respeto que le merecían
sus luces, cuanto porque en otro tiempo había recibido
sus lecciones, y dijo: que no habiendo en el Código p e
nal pena alguna establecida para el delito de que se les
acusaba á los dos eclesiásticos, no podía considerárseles
incursos en el art. 12, inciso 2? de la Co n st itu c ió n ; que
aunque consideraba existentes los Cánones, tampoco po
día juzgárseles por éstos, porque siendo el delito cometido
de la clase de los comunes, debían serlo por el citado C ó
digo, conforme á lo dispuesto en el art. 99 del mismo.
A tiempo que el Sr. Salvador iba á contestar, se anunció
un mensaje de la H . Cámara de Representantes, c on du
ciendo el parecer de la comisión de Hacienda, que n eg a
ba la solicitud del Ejecutivo sobre autorizarlo para antici
par el cobro de la contribución de indígenas de Imbaburn,
dada que tué la respectiva contestación, se retiró. E l Sr.
Guerra tomó la palabra y dijo, que por las razones aduci
das en pró y en contra, se veía que no merecían pena los
eclesiásticos, y que por tanto concurrieron legalmente á
la Asamblea. El Sr. Carrión solicitó que se diera lectura
á los decretos de suspensión emitidos por la Corte S u p e
rior del Azuay, y después de concluida, añadió el mismo
Señor, que en virtud de tales disposiciones, y de habérse
les en consecuencia restituido á su beneficio, estaban en
perfecto uso de sus derechos, y que entraron legalmente
en la Asamblea. E l Sr. Torres volvió á tomar la palabra
y pidió que se leyese el art. 12, inciso 2?, y dijo que según
él, los clérigos en cuestión, ni antes, ni al tiempo de las
— z8 —
elecciones, ni después, no habían obtenido sentencia que
los condenase ó absolviese, como terminantemente lo exi
gía el inciso 2? para quedar expeditos, y poder elegir ó ser
elegidos, y que la Asamblea electoral de Cuenca había in
fringido la Constitución. El Sr. Salvador manifestó que
no estaban sino suspensos de la prisión, y que por tanto-
opinaba que la Asamblea y sus consecuentes actos eran
nulos. Contestó el Sr. Arteta, que en el hecho mismo de
haberse decretado la suspensión por la Corte, quedó el
asunto in s ta tu q u a ó como sino existiera, pues que a
taba en práctica en los Tribunales, y concluyó por mani
festar que á más de ser legítima la Asamblea y sus actos,
por haber estado los clérigos en uso de sus derechos, c o
mo se dejaba demostrado, no toca al Senado sino la cali
ficación de los electos. E n este estado volvió el Sr. S a l
vador á tomar su respectivo asiento, y por consiguiente el
Sr. Torres el nue le correspondía. El Sr. Presidente pre
guntó si se estimaba suficientemente discutido el punto.
Se leyó nuevamente el informe de la comisión, y preguntó:
¿ Se aprueba el informe que acaba de ljeerse ? Contestó
la Cámara que sí, por la mayoría de siete votos.
Trájose á consideración el acta y se procedió á califi
car los Senadores. Respecto pues de haber obtenido los
votos suficientes para Senadores principales por la provin
cia de Cuenca los Sres. Torres, Guerra y Rodríguez, salie
ron del local, por su orden, mientras se calificaba su nom
bramiento, y concluido el acto, volvieron á tomar asiento.
Se calificaron en seguida á los Sres. Manuel J o s é Garrido,
Jerónimo Carrión y Carlos Vicendón, suplentes) y el
nombramiento de este último, se nió por nulo, por no
constar á la Cámara que hubiese obtenido su carta de na
turalización, conforme á lo dispuesto por la Constitución.
A c t o continuo se leyó el documento que trajo el men
saje de la Cámara de Representantes, y tomado en consi
deración, fué aprobado. Se leyeron también las comuni
caciones del Ministro de Hacienda, los informes de las
comisiones respectivas, y después de observadas detenida
mente por la Cámara, resultaron negadas las solicitudes
del Administrador del Hospital general de esta ciudad, y
á las demás piezas se dispuso darles el giro correspondien
te. E n seguida se puso á votación el asunto del Sr. P l a
ta, cuya discusión y nombramiento fué plenamente apro
bado por la Cámara.
Puesto en conocimiento del Senado el decreto de sal-
— 29
voconductos, y después de haberse hecho algunas reflexio
nes, el Sr. Arteta hizo la moción siguiente, con apoyo del
Sr. España : “ Que se suprima la segunda parte del art. i ”
que dice : Y lo p o n d r á á d is p o s ic ió n d e lo s ju e c e s n a t u r a le s y
con la s p r u e b a s q u e tu v ie s e c o n tra ” , y fué aprobada. L eí
do el art. 2°, re hicieron nuevas obstrvaciones, y fué nega
do en su totalidad. Concluido el despacho de v ue la C á
mara se ocupó en este día, se levantó la sesión.
El Presidente de1. Senado, J o s é F e r n á n d e z S a lv a d o r .
El Senador Secretario, A . M a r t ín e z F a lla r e s .
S e sió n del d ía v e in tio c h o .
Se abrió á la hora acostumbrada, y habiéndose leído
el acta del día anterior, fué aprobada. El H. Sr. T o l a de
jó de asistir á la Cámara por indisposición de su salud.
Leyóse el proyecto de decreto sobre salvoconductos,
y el Sr. Carrión, apoyado del Sr. Galecio, hizo la moción :
“ Que se incluya al Sr. Jo sé Miguel Valdivieso” . El Sr.
Presidente observó, que no siendo extensivo sino á dos in
dividuos, no lebía ponerse en esta forma, sino en la de re
solución, y que la moción hecha por el Sr. Carrión, en e)
caso de aprobarse, debía formar una resolución separada.
Con este motivo, el Sr. Carrión notó que podía incluírsele
en la que se estaba discutiendo, respecto á que sólo había
que hacer en élla una pequeña adición; mucho más c u a n
do el Sr. Jo sé Miguel Valdivieso, de quien se trataba, se
hallaba en el mismo caso que su hermano el Dr Jo sé F é
lix. El Sr. Presidente preguntó á la Cámara si se admitía
ó no la moción propuesta. El Senado estuvo por la afir
mativa. E l Sr. Guerra tomó la palabra y dijo que no se
oponía á que regresara á la República el Sr. J o s é Miguel
Valdivieso, aunque era muy público y notorio el empeño
que había tenido en la revolución que estalló en Rio ba m-
ba, pues así constaba de la sumaria información que se le
siguió, motivo por el cual fué expulsado del territorio. E l
Sr. Carrión replicó, que bien podría ser cierto lo expuesto
— S o
por el Sr, preopinante, pero que también lo era que al Sr.
Miguel Valdivieso no se le oyó ni venció en juicio, y que
por lo tanto, no hay un motivo para que no se le incluya
en la resolución acordada para su hermano. El H Sr.
Arteta expuso, que en su concepto, no debía la Cá m ara
por su honor y dignidad convenir en ésto, por cuanto en
la sesión precedente fué negado el art. 2° del proyecto de
decreto presentado en esta C ám ara por la H. de R e p r e
sentantes. Suficientemente discutida la moción, el Sr.
Presidente preguntó si se a p r o b a b a ; y la Cá m ara estuvo
por la afirmativa.
Pusiéronse en tercera discusión los tratados celebra
dos por este Gobierno con el de Venezuela, y habiéndose
leído y discutido artículo por artículo, al llegar al 2 o, el
H. Sr. R o ca tomó la palabra y observó que se votase por
partes, porque lo dispuesto en él, para que los asilados por
conspiración en ambos territorios, puedan ser reclamados
por sus respectivos Gobiernos, previa una sumaria infor
mación donde conste el delito, es en su concepto, hacer
una innovación desconocida hasta ahora en los principios
del Derecho Internacional; con este motivo el Sr. Flores,
individuo de la comisión, expuso que la palabra c o n s p ir a
ció n empleada por los Plenipotenciarios que estipularon
los tratados que se discutían, no se tomaba en la acepción
en que la había entendido el Señor preopinante, porque su
verdadero significado ts el de la reunión de dos, tres ó más
individuos que conspiran no tan solamente contra la vida
del Jefe que gobierna alguna Nación, sino también direc
tamente contra la de muchos ciudadanos, como sucedió
en Rom a con Catilina ; y que por tanto opinaba que la
palabra de que se había usado era propia, y que en nada
se oponía á los principios del Derecho Internacional. En
este estado, el H. Sr. Presidente expuso á la Cámara que
iba á tomar parte en la cuestión, é invitó al Sr. Vicepresi
dente para que presidiese la discusión : así se verificó, y
tomando la palabra dijo : que él coincidía con la opinión
del Sr. Roca, pues que á pesar d é l a explicación que había
hecho el H. Sr. Flores, creía que pasando el artículo en
cuestión, tal como se hallaba redactado, era en su concepto,
dejar la puerta franca para que, principalmente en Am ér i
ca, en donde las convulsiones políticas se suceden unas á
ótras, no tuviesen los vencidos un asilo que los libre del
furor y encarnizamiento de los vencedores; y que por
tanto, opinaba que debía hacerse en él alguna modifica-
— 3i —
ción para aprobarlo. E l Sr Flores volvió á tomar la p a
labra y dijo, que él no se oponía de ningún modo á la op i
nión emitida por el Sr. Presidente de la C á m a r a ; pero
que creía que esta clase de desgraciados, de que había
hecho mención el Señor preopinante, no tenían el riesgo
de ser reclamados, porque corriese en los tratados la
palabra c o n s p ir a c ió n p
, ues que los que la habían emplea
do, no podían de ningún modo ignorar que los prófugos
por las circunstancias de revoluciones políticas, de
ben encontrar siempre hospitalidad en un territorio ex
traño, y que por tanto, el artículo no comprendía á és
tos, sino á los que entraban en conspiración contra alg u
no ó algunos. E n seguida el Sr. Arteta, apoyado por el
Sr. R o ca , hizo la moción siguiente: “ Que se apruebe el
art. 2? del tratado, bajo la expresa calidad de que no están
comprendidos en él los delitos puramente políticos, ni que
puedan reclamarse á los individuos que se hubiesen asila
do por huir del castigo de alguno de estos delitos políti
cos” . Leída que í'ué esta moción, y preguntado por el Sr.
Vicepresidente si se aprobaba, la Cámara declaró que sí,
y en censecuencia, el todo del artículo con la expresada
modificación. L o s demás hasta el décimo octavo, que es
el último «le los del tratado, lo fueron igualmente sin su
frir la menor alteración, y el H . Sr. Presidente recomendó
que constase en el acta, que no se conformaba ni con el
inciso i? del artículo cuestionado, ni con la modificación
del Sr. Artela como se halla concebida. Volv ió éste á to
mar su respectivo asiento, pasando el Vicepresidente á
ocupar el suyo.
Púsose en segunda discusión la moción del Sr. R o c a
sobre que los empleados del Poder Judicial fuesen alter
nativos, y al concluirse la lectura del primer artículo, el
Sr. Cirrión d i j o : que la consideraba inconstitucional, y
que además, no era conveniente que los abogados que
ocupaban aquellos destinos por su saber y la experiencia
que habían adquirido en su profesión, fueran amovibles, y
que por lo tanto, él opinaba qne no debía pasar el artículo
á tercera discusión. E l Sr. Arteta, hablando en el mismo
sentido que lo había hecho el que le precedió en la pala
bra, d i j o : que según la opinión de todos los publicistas,
los Ministros de la Corte de Justicia debían ser inamovi
bles, durante el tiempo de su buen comportamiento, p o r
que sólo así disfrutan de una independencia moral cual es
necesaria para administrarla con rectitud, sin considera
— 32 —
ción ni respeto por los demás poderes, y que ésto refluía
en bien de la misma sociedad; que haciéndolos alternati
vos, podían caer estos destinos en abogados inexpertos,
que en sus decisiones perjudicarían los intereses de aqu é
lla: que por otra parte, siendo el poder más desvalido de
los tres que reconoce la Constitución, convenía que tuvie
se la garantía de la inamovilidad, para que de este modo
fuese respetable y se conserve el equilibrio. El Sr. R o c a
contestó á las objeciones hechas á su moción, diciendo
que de ningún modo era inconstitucional; que era muy
conforme con los principios republicanos; que tampoco
consideraba corriese riesgo alguno la administración de
justicia con hacer á todos sus empleados alternativos, por
que sin serlo, como se pretendía, todos los días se veía
administrada por conjueces llamados por los mismos T r i
bunales, á consecuencia de hallarse impedidos continua
mente los propietarios: que su poder no era desvalido c o
mo lo había expresado el Sr. Arteta, porque el que puede
disponer de la vida y fortuma de los ciudadanos, es cier
tamente el más fuerte, y que también en cierto modo le
consideraba irresponsable. E l Sr. Carrión, coincidiendo
con el Sr. Arteta, expresó que el Poder Judicial era el más
responsable por la misma Constitución y por las leyes, por
cuanto tenía que fallar en la vida é intereses de los ci uda
danos, y que así insistía siempre en que no debía pasar á
tercera discusión. Discutido suficientemente el punto, y
preguntado por el H Sr. Presidente si pasaba á tercera
discusión, la Cámara estuvo por la nega tiva; y como en
consecuencia se negase que también pasase el 2 °, el Sr.
Pallares tomó la palabra y expresó que conociendo las lu
ces y respetando la disposición acordada por el Senado, él
no había tomado antes la palabra porque no creyó qne la
C ám ara votase tan pronto contra una moción que necesi
taba de haberse meditado m ás: que consideraba que la
moción hecha por el Sr. R o c a era muy constitucional y
muy republicana, y que tenía al mismo tiempo el senti
miento de decir que la Cámara del Senado, al declararse
contra élla, había dicho á la Nación : “ Vosotros tenéis un
poder vitalicio que no reconoce la Constitución, y contra
rio á los principios que habéis proclamado” . E n este es
tado, el Sr. Es pañ a d i j o : que él había estado por la m o
ción del Sr. R o c a en la primera discusión, y apoyádola por
escrito; que en la actualidad no lo estaba, porque por las
opiniones de los publicistas, y por las razones aducidas en
— 33 —
el discurso de la discusión, se hallaba convencido de que
era útil que fueran inamovibles.
El Sr. Torres tomó la palabra nuevamente y dijo : que
no era muy exacto lo que se decía, porque también había
leído las Constituciones de Norte América, y que en éllas
había visto que el Poder Judicial era amovible en unas por
cincoa ños, en otras por siete, y que algunos publicistas esta
ban por la amovilidad como Bentham; y además manifestó
que desde el principio había estado por la moción propues
ta : que lo estuvo en la votación, que lo estaba ahora, y que
lo estaría siempre; y como se le contestase por uno de los
Señores que se habían declara lo contra élla, que la citada
moción encerraba un principio de injusticia, porque tan
solamente se contraía á los empleados de la administra
ción de justicia, y no con los demás empleados en otros
ramos, el mismo Señor se levantó é hizo la moción si
guiente: “ Que todos los empleados de la República sean
alternativos” : apoyada con avidez por los Sres. Ro ca, P a
llares y Caleció, preguntó el H. Sr. Presidente si se admi
tía á discusión, y la Cámara estuvo por la negativa. En
tonces los Sres. Pallares, Ro ca y Galecio expresaron que
constase en el acta que habían estado por la afirmativa.
Se anunció un mensaje de la H. Cámara de R e p r e
sentantes, y el que traía la palabra dijo: que tenía la hon
ra de presentar al Senado, de orden de la Cámara á que
pertenecía, el proyecto de decreto relativo á derogar la
ley adicional de n de Marzo 1 8 3 7 , y por consiguiente, á
anular las elecciones de Representantes para el año de
1 8 4 1 , y que además tenía también el encargo de anunciar
á esta Ii. Cámara, que los rumores esparcidos sobre que
aquella había opinado que el proyecto no debía pasarse
al Senado para los efectos constitucionales, eran inexactos,
porque ésto era suponer que la Cámara de Representantes
no conocía los deberes que le impone la Constitución, de
los cuales no se separará jamás en todos sus acuerdos. El
Señor Presidente contestó, que el proyecto lo sometería á
la consideración del Senado, y que éste quedaba c o m p la
cido de* ver desmentida la imputación que se le había he
cho á la H. Cámara á que pertenecía: oída la contesta
ción, se retiró el mensaje.
Púsose al despacho el informe emitido por la c o m i
sión de peticiones, relativo á la solicitud del Prebendado
Salazar, en él opinan los Señores que la componen, que se
recomiende al Poder Ejecutivo le proponga á la C ám ara
— 34 —
para una de las vacantes que hayan en el Coro de esta C a
tedral ; y como se observase por algunos de los Sres. S e
nadores, que actualmente se estaba discutiendo en la I f .
Cámara de Reprensentantes un proyecto presentado por el
Ejecutivo, el cual fija el número de sillas que deben que
dar, se acordó que se difiriese la expresada recomendación
hasta que se presente en ésta el proyecto citado.
Se dió asimismo cuenta de varias comunicaciones del
Poder Ejecutivo, á las cuales acompaña los corespondien-
tes documentos, y se dispuso que se pasasen á las com i
siones respectivas. Concluido ésto, se levantó la sesión.
E l Presidente del Senado, F e r n á n d e z S a lv a d o r .
E l Senador Secretario, A . M a r t ín e z P a lla r e s .
S e sió n del día v e in t in u e v e -
Se abrió á la hora aco stu mbra d a: tomó asiento en la
Cámara el Sr. Fernando Márquez de la Plata, como s u
plente por el Sr. Dr. J o s é Joaquín Olmedo, Senador por
la provincia de Guayaquil, y prestó el juramento constitu
cional : en seguida se leyó el acta del día anterior, y que
dó aprobada.
L o s Señores E s p a ñ a y D a v al e s condujeron ante la
Cámara de Representantes la resolución modificada so
bre salvoconductos para que puedan regresar á la Rep ú
blica los Sres. Jo sé Félix y J o s é Miguel Valdivieso.
A c t o continuo se leyó el proyecto de ley derogatoria de
la adicional de 1 1 de Marzo de 1 8 3 7 , sobre el modo de pro
ceder en las elecciones de Senadores y Representantes. H a
biéndose puesto en discusión, tomó la palabra el II. Sr. Ar -
tetú y observó que era un asunto de suma gravedad, digno
de meditarse profundamente, y que antes de tomarlo en c o n
sideración, creía muy del caso que pasase á una comisión.
E l H. Sr. Presidente quiso enterarse de las formalidades
con que se debía proceder en este asunto, y mandó traer á
la vista el Reglamento interior; mientras ésto se verifica-
— 33 —
ba, Tegresó el mensaje con la contestación que había dado
la H . Cámara de Representantes, por medio de su Presi
dente, de que sería tomada en consideración la resolución
•que se le había remitido modificada. Después de leído
el Reglamento, observaron algunos Señores que debía dis
cutirse la moción. Entonces el Sr. Presidente hizo ver
qu e el mencionado proyecto no tenía relación con las m o
ciones de que habla el Reglamento de debates, sino una
ley ya formada por la Cámara de Representantes, y que
por tanto debía pasar á una comisión. El Sr. Torres c o n
vino en este dictamen ; y el mismo Sr. Presidente llaman
do á votación, d i j o : ¿ d e b e p a s a r á la comisión de legis
lación? y el H. Sr. R o c a opinó que debía pasar á una
comisión especial. El H. Sr. Arteta coincidió con la ex
presada opinión, por cuanto la comisión diplomática, c u
yo individuo era, estaba muy recargada y falta de tiempo
para el despacho de este nuevo encargo. E n consecuen
cia propuso el H. Sr. Presidente nombrar la comisión e s
pecial para dar pronta expedición á este negocio, que
debía evacuarse dentro de dos días á lo más; y puesta á
votación, fue aprobada. Leyóse en seguida el proyecto
de ley orgánica de marina, presentado por el Ministro de
<iuerra, con varias observaciones al efecto en su nota ofi
c i a l : al terminar la lectura, dispuso el H. Sr. Presidente
q u e se pasase á la comisión respectiva, y con ésto se le
vantó la sesión.
E l Presidente del Senado, J o s é F e r n á n d e z .
E l Senador Secretario, A . M a r t ín e z r a lla r e s .
S e s i ó n d e l d ía t r e i n t a .
Se abrió á la hora acostumbrada: incorporóse á la
C á m a r a el H. Sr. Tola, que había faltado á la sesión pre
cedente por indisposición de su s a l u d ; y leída el acta del
<lía anterior, fué aprobada.
Púsose al despacho las comunicaciones del Ejecutivo,
— 36 —
acom pañ fda s de varios documentos que había dirigido á
la Cámara, á fin de obtener las resoluciones convenientes.
Concluida la lectura de él las, dispuso el H . Sr. Presidente
que pasaran á las respectivas comisiones.
E l H. Sr. Arteta presentó un proyecto de ley sobre la
publicación del Registro auténtico nacional, apoyado por
el H. Sr. Pallares, al cual se dió la primera lectura. Pues
to á discusión, el H. Sr. Presidente hizo algunas observa
ciones en cuanto al modo como podrían colocarse en los
tomos las resoluciones del Poder Ejecutivo, las de la C o r
te Suprema y el H. Sr. Arteta fue de sentir que en las
siguientes discusiones podían hacerse las modificaciones
concernientes á los artículos contenidos en el proyecto.
N o habiendo otro miembro que tomara la palabra, pregun
tó el H. Sr. Presidente si pasaba á segunda discusión, y la
Cámara estuvo por la afirmativa. E n seguida se mandó
un mensaje á la H. Cámara de Representantes, compuesto
de los Sres España y Márquez, con el objeto de anunciar
la reunión de ambas Cámaras, que debe tener lugar á las
once del día de mañana, para elegir el Presidente y V i c e
presidente de la República, conforme al artículo 3 4 de la
Constitución ; y el que llevó la palabra, á su regreso ex
puso, que el Presidente de la H. Cámara de Representan
tes había contestado á nombre de élla, que quedaba ente
rado del mensaje, y que cumpliría con la indicación que
se le hacía.
Dióse lectura al informe de la comisión de legisla
ción, emitido á consecuencia de la solicitud del limo. D i o
cesano de Guayaquil, relativa á implorar el restable
cimiento del Seminario de San Ignacio de L o y o l a de
aquella Diócesis, y en este estado se anunció un mensaje
de la H . Cámara de Representantes : el cpie trajo la pala
bra dijo: que tenía la honra de comunicar á la H . Cámara
del Senado, que la Cámara á que pertenecía había con ve
nido en la hora en que debía reunirse para proceder á la
elección de Presidente y Vicepresidente, y oída la contes
tación, se retiró.
Leíd a la representación del limo. Sr Obispo de G u a y a
quil y los documentos que acompaña, se puso en discusión
el informe antes citado. El H . Sr. Pallares tué de opinión
que podía esperarse el dictamen de la comisión á donde
había pasado el Reglamento de Instrucción pública, dado
por el Ej e cu t iv o ; y el H. Sr. Presidente, tomando la pa
labra por dos veces, se contrajo á manifestar, fundado en
— 37 —
principios y razones sólidas, qi.e los colegios del ían ser,
ó puramente Seminarios conciliares, ó Colegios seculaies ;
y de ningún modo mixtos, por ser contrario á las reglas.
Y concluyó indicando que la Cámara podía acceder á
la solicitud del Rvdo. Obispo de Guayaquil. Puesto á vo
tación el informe de la comisión, la Cámara se declaró por
la afirmativa.
Leyóse en seguida el 'informe de la comisión de Ha
cienda, acerca de la petición del Dr. Francisco Vítores, la
cual opina que no tiene derecho á la pendón que solicita ;
pero que puede recomendársele al Poder Ejecutivo para
que le conceda con preferencia una colocación proporcio
nada á sus méritos. Se puso en discusión, y como no hu
bo quien tomase la palabra, llamó á votad n el Sr. Presi
dente y fu6 aprobado. Acabado el despacho del día, al
cual no asistió el H. Sr. Roca por estar enfermo, se levan
tó la sesión.
El Presidente del Senado, Jo sé Fernández Salvador.
lil Senador Secretario, A . Martínez .
Sesión Ia del d í a t r e i n t a y uno.
En la ciudad de San Francisco de Quito, en treinta y
tino de Enero del año del Señor, de mil ochocientos trein
ta y nueve, en conformidad del acuerdo que tuvo lugar el
día de ayer, para reunirse en Congreso las HH. Cámaras
del Senado y de Representantes, con el importante objeto
de proceder á las elecciones de Presidente y Vicepresiden
te de la República, en cumplimiento del art. 34 de la Cons
titución, la H. Cámara de Representantes se halló reunida
con la del Senado, á las once del día, que era la hora se
ñalarla para este acto. Y habiéndose abierto la sesión, se
dió principio por el nombramiento de escrutadoies, que
recayó en los HH. Sres. Torres, Rodríguez, Guerra y
Pravo, y el Sr. Presidente propuso á las Cámaras se nom
brase un individuo que examinara las papeletas para el
— 3$ —
caso de que saliese alguna en blanco: verificado é'to, sa
lió electo examinador el H. Sr. Dr. José Miguel Camón
por unanimidad de votos. Recogidas por el H. Secreta
rio las papeletas para Presidente de la República, resultó
el número de treinta y ocho, igual al de los individuos de
ambas Cámaras, entre ellas una en blanco. Repetido
el acto con las formalidades prevenidas en el art. 36 de la
lev de elecciones, se encontró que el Exorno. Sr. Juan Jo
sé Flores obtuvo la mayoría de veintinueve votos: el Sr.
Vicente Ramón Roca, tres: el Sr. Pedro José Arteta, dos:
el Sr. José Joaquín Olmedo, úno: el Sr. José Modesto La
rrea, úno: el Sr. Manuel Matheu, úno; y el Sr. Manuel
Zambrano, úno. El H. Sr. Presidente preguntó ¿declara
el Congreso constitucionalmente electo Presidente de la
República al Excmo. Sr. General Juan José Flores? y el
Congreso estuvo por la afirmativa.
En seguida se procedió á recoger las papeletas para
Vicepresidente de la República en la misma forma, cuyo
número declaró el H. Secretario ser igual al anterior. Ter
minada la publicación, resultó d-e la inscripción de los es
crutadores, que el Sr. Francisco Aguirre obtuvo la mayo
ría de veintiún votos: el Sr. Diego Noboa, ocho: el Sr.
Vicente Ramón Roca, cuatro: el Sr. Pedro José Arteta,
dos: el Sr. Joaquín Gómez de la Torre, dos; y el Sr. Ma
nuel Matheu, úno. Preguntado por el H. Sr. Presidente
del Senado, si el Congreso declara constitucionalmente
electo Vicepresidente de la República al Sr. Francisco
Aguirre, el Congreso estuvo por la afirmativa.
Acto continuo se mandó un mensaje compuesto de los
Sres. Pe< r ) José Arteta y Pío Bravo, con el ubjeto de anun
ciar al Ejecutivo la elección de Presidente y Vicepresidente
de la República, que el Congreso había hecho en el día
prefijado por la Constitución. Convocadas las C.ámaras
por el H. Sr. Presidente del Senado para las siete de la no
che del mismo día,áfecto de recibir el juramento á los nue
vos Magistrados, con arreglo al artículo treinta y cuatro
de la Ley fundamental, se levantó la sesión.
El Presidente del Senado, Fernández Salvador.—
El Senador Secretario, A . Martínez Pal/arez.— Torces,
M iguel R o d r í g u e z , AmbrocioDóralos, A ngel A . de
(Juera, Pedto José de Arteta, Diego No-
boa, Ignacio Galecio, José Aligue l Carrión, Fernando M ár
quez de la Plata, A tañado Cardón, José Bo-
— 39 “
rrero, ManuelCatitos, José LetamMauticl ,
Alvarez del o
cra
,B Antonio oS, Pedro de
ra, Pedro o
n
a
rb
m
,Z /^ eriu
g
A,Ju an de Dios Jo
sé M aría de n
a
vetsiS
, Antonio , M anuel
Carrion, Antonio ,o
csa
rC Ramón , />/#« M anuel
Benítez, Vicente F o r , D r. M anuel , Sebastián
Guarderas, D r . Evaristo Nieto,J osé Alaría
Bravo, AI. I. Pareja.
S e sió n 2 a del día treinta y uno.
Reunidas en Congreso á las siete de la noche las HH.
Cámaras del Senado y Representantes, á virtud de la con
vocatoria hecha por el Sr. Presidente del Senado en la
primera sesión de este día, con el objeto de recibir el
juramento constitucional al Presidente electo, se abrió la
sesión, y leída el acta anterior, fué aprobada.
Se mandó un mensaje cerca de S. E. el Presidente
electo, compuesto de los Sres. Rodríguez, Torres, Guarde-
ras y Nieto, para anunciarle que las Cámaras se hallaban
reunidas con el fin de dar cumplimiento á los artículos
treinta y cuatro y cincuenta y nueve de la Constitución.
En este intermedio, el H. Sr. Arteta, que trajo la contes
tación del Ejecutivo al mensaje que se le dirigió en la pri
mera sesión, la produjo en estos términos: “ Que habien
do puesto en conocimiento del Poder Ejecutivo las elec
ciones de Presidente y Vicepresidente de la República,
había contestado: que recibía la más grande complacen
cia al saber que la elección de Presidente había recaído en
el ilustre General Flores, á quien debía el Ecuador emi
nentes servicios, que era valiente y magnánimo en la gue
rra, sumiso y obediente á las leyes en la paz; y que igual
mente se congratulaba de que la elección de Vicepresidente
hubiese recaído en el Sr. Francisco Aguirre, ciudadano
muy recomendable por su honradez y consagración al ser
vicio público; y que había concluido asegurando que de
la sabiduría del Congreso y probidad de los Magistrados
nuevamente elegidos, se prometía que el Ecuador llegaría
— 40 —
al grado de prosperidad á que estaba llamado, y por lo
cual no cesaría de hacer ardientes votos al Cielo”.
Habiendo llegado aquel Magistrado, se levantó el H.
Sr. Presi lente y pronunció la alocución siguiente:
“ Ciudadano General:— Las esperanzas de la Nación
os vuelven al puesto elevado que ocupasteis durante el
primer lustro de su vida política, y á vuestro pundonor to
ca justificarlas, siguiendo el rumbo indicado por el testi
monio más soleme de confianza pública. Vuestra historia
militar recuerda las hazañas en que brilla el genio de la
guerra: hoy se os abre un camino hermoso para subir al
templo déla gloria, donde reciben los homenajes de amor,
gratitud y admiración los bienhechores de los pueblo?.
Consagrad vuestros talentos al alivio de la humanidad, en
c lyos anales se ven escritos con letras de oro los nom-
b es de los Adams, Jéfferson y otros magistrados filósofos
q le vinieron para consuelo del mundo. Próvida natura
leza ofrece mil dones á los hijos del Ecuador; mas como
una ley eterna, inmutable, ha vinculado su goce á los afa
nes de la industria, ¡ cuánto os queda por hacer á efecto
de difundir y desarrollar este germen fecundo de prosperi
dad! No hay duda, los pueblos tienen derecho á prome
terse que así como defendidos por vuestra invicta espada,
se mantemhá ilesa la dignidad nacional, así también, bajo
la sombra de una administración tan inteligente como be
névola, se consolidarán las instituciones libres, objeto de
sus ardientes votos, se cimentará la paz sobre su base na
tural, la justicia, y crecerán las luces y virtudes que enno
blecen á las Naciones. El Juez infinitamente sabio, el
principio de todo bien, sobre cuyos oráculos váis á jurar
vuestro pacto con la Nación, os reserva un galardón in
menso si la solicitud paternal sirve de modelo á vuestra
conducta pública; y el genero humano atento á la mar
cha de los Gobiernos, os colmará de bendiciones si fijáis
la dicha en este suelo para ejemplo de otros caudillos de
Repúblicas que se agitan penosamente por hallar el mejor
orden social, orden que ha establecido su imperio en la
envidiable cuna de .Washington, desde donde, cual astro
luminoso, despide resplandores que muestra el sendero
recto hacía la fortuna civil”.
Concluida ésta el Presidente de la República presto
su juramento diciendo:
“ Yo, Juan José Flores, juro por Dios nuesto Señor y
estos Santos Evangelios, que desempeñaré legalmente el
4i —
• / • ,* ? j ^ » • * * •
fcargo 'de Presidente que me confiere la Naci.óñ : que prt>:*.
tegeré la Religión del Estado : conservaré la integridad é
independencia de la República: observaré y haré obser-.’
var la Constitución y las leyes. Si así lo hiciere, Dios me '
ayude, y sino, Él me demande, y la Patria ante la ley”; y.»
tomando en seguida la palabra, sé expresó de esta ma- >_
ñera: .
“Señor:— Conozco los importantes y arduos deberes .
que me impone la primera magistratura que acabo de.[
aceptar, así como la gratitud que debo á la Nación por la •
nueva prueba de confianza con que se han servido honrar
me sus dignos Representantes. Aunque temeroso de mi
insuficiencia, yo procuraré corresponder con una conducta
digna de la majestad de la República, y digna de mi repu-;
tación. Serviré con patriotismo, zelo y fortaleza, haré •
cumplir las leyes que emanan del Congreso, sostendré la
Constitución-, defenderé la independencia nacional, y no •
consentiré ni mengua ni mancilla en la causa de la liber
tad por la cual he combatido desde mi niñez.— Convenci
do como estoy de que la amistad y buena inteligencia.-;
para con todos los Gobiernos, afianza y asegura la paz '
exterior, y persuadido al mismo tiempo de que todas las
Naciones son moralmente iguales; cultivaré francas y lea- •
les relaciones con todas las que se dignaren de apreciar ,
nuestra amistad, y muy especialmente con la Nueva Gra- .
nada y Venezuela; con quienes estamos ligados por sim
patías naturales, por identidad de principios, y por los
antiguos y gloriosos recuerdos de aquellos grandes.hechos .
que nos fueron comunes, y pue son ya del dominio de lar
historia.— Contando-, como debo, coñ el apoyo del Con
greso, propenderé á cimentar la paz y el orden interior, á
consolidar más y más nuestras instituciones, á remover los
estorbos que haya manifestado la experiencia en los diver
sos ramos del servicio público, y á promoved én fin* por
todos los medios posibles el engradecimiento y prosperl- .
dad de la República. La educación popular, que ha sido ,
el constante anhelo de mi ilustre predecesor, será uno de
los objetos preferentes á que aplicaré todo mi zelo.— Exen- *
to por fortuna de preocupaciones vulgares, los actos déC.
mi administración serán conformes á los principios qué
ilustran el siglo en que vivimos, y á las instituciones libe
rales que hemos osado prdclamar y sostener. La libertad
de imprenta, tan esencial en los Gobiernos representativos;
para difundir las luces; dilucidar todas las cuestiones de
22
público interés, y denunciar los actos arbitrarios del Poder,
no conocerá otra restricción que aquella que le imponga
la ley.— Todos los derechos serán por mí respetados, y las
garantías preservadoras lo serán aún más de lo que permi
te la Constitución. La atribución 3a del art. 65, no estará
en ejercicio durante el período de mi mando. Así ningún
ecuatoriano será extrañado de la República, sin que prece
da sentencia judicial: yo lo prometo.—Todos los ciuda
danos indistintamente, serán llamados á servir los destinos?
públicos que vacasen, sin consultar otro precedente que
Su mérito relativo, sus aptitudes y probidad. De hoy más
confío que no habrá en el Ecuador sino una sola causa—
la de la Nac;ón,— ni un interés mayor,— que el de su liber
tad.— Tales son en resumen los principios que van á guiar
me en el ejercicio del poder temporal que se me ha con
fiado: cuento con que la Divina Providencia me dispensa
rá su auxilio y protección. Dichoso también si llega el día
en que sea yo el primero en inclinar la frente ante el Se
nado para responder á cualquier acusación legal que se me
haga. Dichoso los pueblos si disfrutan de paz y orden, de
libertad y progreso bajo mi administración”.
Finalizado el discurso, se dirigió on mensaje, com
puesto de los Sres. España y Pareja, para anunciar al Eje
cutivo que se había recibido el juramento al Presidente
electo, con todas las formalidades legales. Dado fin á es
te acto constitucional, se levantó la sesión.
El Presidente del Senado, Jo sé Fernández Salvador.—
El Senador Secretario, A .M artínez Palla
Ambrocio Páyalos, M iguel RodA. de
la G u e r r a ,Antonio E s p a ñ a ,A ngel
t e t a ,Ignacio G a l e c i o ,Jo sé M iguel F
quez de la P l a t a ,A tañado C ardón, José M ane heno
rrero, M anuel Cantos, Jo sé Letamendi, M anuel Torres, A n
tonio Soler, Ju a n A lvatez del Pedro de Alcántara
Vera, Pedro Zambrano, F . Aguirre, Jn a n de P íos
Vicente F lo r, José M aría de Santistevan, M anuel ,
Antonro Busiamante,A ntonio Carrasco, P r . M anuel Ore
ju ela, Sebastián Guarderas, Ramón M iño, P r . Evaristo
Nieto, José M aría Cucalón, Ju an M anuel Benítez, Fio B ra
vo, M . /. Pareja.
— 43 —
S e s i ó n d e l d í a p r i m e r o de F e b r e r o .
Se abrió á la hora acostumbrada: se incorporó el H.
Sr. Roca que había dejado de asistir á las sesiones ante
riores por indisposición de su salud, y leída el acta del día
30 de Enero, fué aprobada.
Se dió cuenta de varias comunicaciones dirigidas por
el Poder Ejecutivo, entre éllas, la que se contrae á some
ter á la Cámara una representación de varios religiosos
Mercenarios, relativa á solicitar que el Congreso dicte una
providencia para que el Prelado Diocesano preste su
aquiescencia á las exclauf traciones de varios regulares, ob
tenidas del Delegado Apostólico. El H. Sr. Presidente
ordenó se le diera lectura, y concluida ésta, se dispuso que
pasase dicha representación á la comisión especial, así co
mo las demás á las comisiones respectivas.
Dirigióse un mensaje compuesto de los Sres. Espa
ña y Dávalos, ante la H. Cámara de Representantes,
conduciendo la resolución del Senado á la solicitud del
limo. Sr. Obispo de Guayaquil, con el objeto de que se
restablezca el Colegio Seminario de aquella ciudad. En
seguida se puso en segunda discusión el proyecto de ley
sobre la publicación del Registro Auténtico Nacional; y
habiendo hecho el Sr. Presidente algunas observacio
nes á los artículos 2? y 8o, se pasó el proyecto en su
totalidad á tercera discusión con aprobación de la Cáma
ra. En este estado, el H. Sr. España que llevó la palabra
en el mensaje, expuso que la H. Cámara de Representan
tes, por el organo de su Presidente, ofrecía tomar en con
sideración la resolución del Senado, concerniente á la so
licitud del Rdo. Obispo de Guayaquil.
Se anunció un mensaje de la H. Cámara de Repre
sentantes, y el que trajo la palabra dijo: que la Cámara
á que tenía la honra de pertenecer, invitaba á la del Sena
do á reunirse para una sesión secreta; recibida la contes
tación, se retiró. Acto continuo salió otro hacia la H.
Cámará de Representantes, compuesta de los Sres. Rodrí
guez y Guerra, con el objeto de anunciar que la del Sena
do había convenido con la reunión : la cual verificada, se
levantó la sesión.
El Presidente del Senado, Fernández Salvador,
£1 Senador Secretario, A , Martínez Fallares,
— 44 — ’
S e s i ó n d el d í a c u a t r o .
Se abrió á la hora acostumbrada, y leída el acta del
día anterior, quedó aprobada.
La comisión especial nombrada para que emitiese su
jpforme sobre el proyecto de decreto presentado por la H.
Cámara de Representantes, relativo á derogar la ley adi
cional de n de Marzo de 1837 sobre elecciones de Sena
dores y Representantes para el año de 18^1, y en conse
cuencia, las ya hechas para el expresado año; lo verificó
expresando que la H. Cámara de Representantes ha en
contrado que la expresada ley es anticonstitucional porque
deroga la, (je 1835, y ataca abiertamente el fundamento de
los principios democráticos, que siendo nuestra forma de
Gobierno popular, representativo y alternativo, no pueden
prorrogarse las funciones electorales de un período á otro,
sin que este acto deje de ser atentatorio de la Constitu
ción: que no puede decirse qne las Juntas electorales
de un período sean la emanación de la voluntad popular
para otra, porque los qne obtuvieron I4 mayoría de los
sufragios p^ra electores ó representantes del ai>o de 1335,
•no es seguro que la obtendr n el año de 40 : que prueba
la inconstitucionalidad del tercer artícelo de la expresada
ley, por la disposición de privar á las Cámaras de 1841 de
la atribución de calificar á sus respectivos miembros, con
forme á lo prevenido en el art. 36 de la Constitución; y
conpl\tyó opinando que el proyecto de decreto expresado
debe tomarse en consideración, sin olvidarse jamás que el
Poder Legislativo no tiene en su favor más que ¡a fuerza
moral que emana de la legitimidad de sus actos ; que esta
fuerza moral desaparece desde el instante que se cuestiona
su legitimidad, y que resultando la inconstitucionalidad
en la H. Cámara de Representantes, después de las tres
discusiones legales, y de habérseles dado toda la publici
dad necesaria por medio de la prensa, una resolución con
traria pondría en duda la legitimidad de las Legislaturas
subsecuentes. Dióse la lectura correspondiente al informe
y al decreto; y habiendo preguntado el H. Sr. Presidente
si ésta se tenía por primera discusión, el H. Sr. España
dijo que no, y en seguida tomando la palabra se expresó
diciendo: que el informe que acaba de leerse, de la comi
sión especial nombrada por esta H. Cámara para informar
— 45 —
sobre el proyecto de ley que nulita la adicional de eleccoi-
nes deL año de 1837 y sus efectos por creerse inconstitu
cional, no lo considera justo: aunque su profesión no era
la de las leyes, se tomaba la libertad de hacer algunas in
dicaciones sobre el particular. Que había oído decir siem
pre y aun había leído en varios autores, que han escrito
sobre la materia, ser un dogma que las leyes jamás pueden
tener un efecto retroactivo, y que si se sancionara lo con
trario, se establecería un principio excesivamente anárqui
c o ; y creía que ni los legisladores, ni nadie po lía sostener
semejantes principios. ¿ Cuál sería el escándalo y la con
fusión que se introduci ía en la República con una nove
dad semejante? ¿Quién contaría con su propiedad ase
gurada, y á quién podría obligarse al cumplimiento de la
jey escrita y sancionada, cuando sus efectos podían ser
anulados ? Estremecen, Señor, las consecuencias que pu
dieran deducirse á este respecto. Yo desearía continuó
diciendo, se me dijera cuál es el artículo de la Constitu
ción infringido por la ley en cuestión.
Desde que se anunció que este proyecto se discutía
en la H. Cámara de Representantes, he registrado cons
tantemente la Constitución, y pn mi humilde opinión no
hay un solo artículo en que pueda apoyarse tal inconstitu-
cionalidad. El art. 23 de la Constitución dice así: “ Una
Jey especial arreglará el orden y formalidades de estas
elecciones”. ¿ Las asambleas electorales, prosigue, que
han nombrado á los Senadores y Representantes para la
Legislatura de 1841, han tenido una duración mayor que
la prescrita en este artículo ? iSjo: ¿y entonces dónde
está la infracción ? ¿Se me dirá que en haber ejercido más
funciones que las que se les designan ? Yo lo ignoro; por
que no veo un articulo de la Constitución que prohíba á
estas asambleas nombrar Senadores y Representantes para
la Legislatura de 41. La ley de 27 de Agosto de 1835,
dada por la Convención en cumplimiento del artículo ci
tado, en su art. 28 amplía el término á estas asambleas
hasta Noviembre del presente apo, y prescribe que en lo
sucesivo sus cargos duren sólo cuatro años. Yanto dé es
te artículo, como de todo el contexto de la ley no puede
sacarse inducción alguna contra el asunto en cuestión.
Si la ley de n de Marzo del año pasado, previno que las
asambleas electorales, en su reunión de 1838, nombraran
Senadores y Representantes para la Legislatura de 41, fué
porque, de no hacerlo así, 6e presentaría el inconveniente
que el Congreso de 41 no sería como lo quiere la Consti
tución, un Congreso constitucional, sino un Congreso
constituyente, porque sus miembros no siendo calificados
ahora, no tenían carácter alguno, pues que el carácter de
un Diputado lo da la calificación de su respectiva Cámara,
no el nombramiento; y claro es que sin la disposición le
gal que he apuntado, y que se cree inconstitucional, se
presentaría este embarazo. Y no se diga cue deje de
traerse á colación lo practicado en Colombia y otros Es
tados, como dice la comisión, porque sucedió una cosa
igual en 1825 en la República de Colombia, en que las
primeras asambleas electorales nombraron Senadores y
Representantes para dos períodos, y en e6a vasta exten
sión de territorio lleno de hombres de luces y de grandes
conocimientos en el derecho constitucional, no hubo ni
una sola reclamación por ésta, y si la hubo, no ha Uer
gado á mi noticia. Sucede actualmente lo mismo en
la Nueva Granada, donde el cargo de elector dura dos
años, y nombran Senadores y Representantes por cuatro:
siendo de advertir que tanto en Colombia, como en la
Nueva Granada, las Cámaras se renuevan por mitad, no
in integrum como en el Ecuador; y la mitad que queda
puede calificar á la mitad entrante, y es evidente que aquí
no pueden ser calificados, sino como previsivamente dis
puso la ley tachada. De lo que llevo dicho se colige que
la ley de 11 de Marzo de I837, no es refractaria en manera
alguna de la Carta constitucional; y mi opinión es que
esta H. Cámara debe desechar el proyecto en actualidad,
El Sr. Arteta preguntó si los Senadores presentes ya
calificados para ejercer sus funciones en el año de 1841,
podían tomar parte en el debate; y habiendo varios Se
ñores tomado la palabra, y leídose por el Secretario el
art. n o del Reglamento interior, el Jd. Sr. Presidente fijó
la cuestión en los términos siguientes: ^Juzga necesario
la Cámara el que se excluyan para la actual discusión los
HH. Senadores presentes que se hallan calificados para la
Legislatura de 1841 ? El Senado estuvo por la negativa.
Volvióse á la principal cuestión de si debía tomarse
en consideración el proyecto de decreto pasado por la H.
Cámara de Representantes, y el H. Sr. Arteta, que había
tomado asiento al concluirse la lectura del antecitado in
forme, pidió que se volviera á leer, se hizo así, y entonces
tomando la palabra reforzó con nuevas y luminosas razo
nes $1 discurso pionunciado por el Pf, Sr. España, Los
— 47 —
Sres. Carrión, Roca y Márquez de la Plata, individuos de
la comisión también, la tamaron sucesivamente para sos
tener su informe, con la circunstancia de que el último ob
servó que aunque la ley de 11 de Marzo de 1837 no se opo
nía, en su concepto, directamente á ningún artículo cons
titucional, creía sin embargo que contrariaba el sistema
periódico de cuatro años, establecido para las elecciones,
porque por el art. 2? de la misma ley, al colegio electoral
se le prorrogaban sus funciones más allá de los cuatro
años que le designaba la Constitución.
El H. Sr. Presidente dejó su asiento y tomó parle en
la cuestión, pasando á presidir el H. Sr. Vicepresidente; y
expuso que la función principal del Colegio electoral es la
de elegir Senadores y Representantes, que las demás son
accesorias; quea quellas debían hacerse en el tiempo se
ñalado por la ley de 27 de Agosto de 1835 ; que la de 11
de Marzo de 1837, por la cual se le da al Colegio electo
ral que debe concluir sus funciones en el presente año,
atribuciones que le corresponden al que se nombre nueva
mente por las juntas parroquiales en este mismo año, es
refractaria de la Constitución, y por tanto nulos sus actos ;
y que en consecuencia, debía pasar á segunda discusión
el proyecto de decreto que se hallaba sobre la mesa. En
seguida pasó á ocupar su asiento, y el Vicepresidente el
suyo. Suficientemente discutido el punto, preguntó el
mismo Sr. Presidente, si la lectura que se le había dado al
decreto, con la discusión que tuvo lugar, se tenía por pri
mera y pasaba á segunda. Entonces el Sr. Roca pidió
que la votación fuese nominal. Se verificó así, y los Sres.
Arteta, Carrión, Dávalos, Galecio, Noboa, Pallares, Plata,
Rodríguez, Roca, Salvador, Torres y Tola estuvieron por
la afirmativa; y los Sres. España y Guerra por la negati
va. En consecuencia, pasó á segunda discusión.
Dióse cuenta de unas comunicaciones del Poder Eje
cutivo, referentes á poner en conocimiento de la Cámara
el nombramiento de Ministros Secretarios del Despacho en
la persona de los Sres. Marcos, Saa y Matheu: el prime
ro para'el de Relaciones Interiores y Exteriores: el se
gundo pora el de Hacienda; y el tercero para el de Gue
rra y Marina, habiéndose dispuesto que la que tenía rela
ción con este último, se pasase á la comisión de Guerra.
Púsose en tercera discusión el proyecto de ley sobre
la formación de un Registro Auténtico Nacional. Aquí se
anunció un mensaje de la H. Cámara de Representantes,
- 48 -
y el. que trajo la palabra dijo: que tenía la honra de poner
en conocimiento de ésta, la resolución acordada por aque
lla, para impedir que corran las leyes de 12 y 14 de Abril
con las alteraciones que Se han notado, intercalando en lá
primera el art. 40, y omitiendo en el art. 20 de la segunda
las palabras “siempre que tengan los grados que exigen
los Cánones”; y después de haber oído la contestación de
estilo que le dio el H. Sr Presidente, se retiró. Leído el
proyecto y discutido artículo por attícnlo, fueron aproba
dos todos, á excepción de unas muy pequeñas modifica
ciones* no sustanciales, que se hicieron en los artículos 2?
y 8? y lia subrogación del 1i que debe decir : “
(h la redacción éimpresión se harán del Tesoro públic
el Poder Ejecutivo fijará el valor de esta edición para que
se enajane á los particulares por cuenta, del Tesoro; y la
supresión de los artículos 12, 13 y 14: quedando reducido
el proyecto á once artículos.
Sometidos al conocimieetd de la Cámara los documen
tos relativos al mensaje enviado pof la de Representantes,
después de leído detenidamente y de hechas algunas ob
servaciones por los HH. Señores de la Cámara, el H. Sr.
Presidente interrogó : 1 apnleba el Senado, la resolución dé
la H. Cámara de Representantes que acaba de leerse? El
Senado estuvo por la afirmativa. Concluido el despacho*
se levantó la sesión.
El Presidente de1. Senado, Jo sé Fernández Salvador.
El Senador Secretario, A . Martínez Pallares.
S e sió n del día cin có i
Se abrió á la horá acostumbrada, sé leyó el acta del
día anterior y fué aprobada.
El H. Sr. Presidente dispuso que se diHgiese á la H.
Cámara de Representantes un mensaje conduciendo la re
solución del Senado, acerca de remediar la alteración qué
&e hubo notado en las leyes de y 14 de Abril* dadas pof
49 —
la Legislatura de 1837; y como en este estado se hubiesé
observado por el H. Sr. Arteta, que sería muy conveniente,
antes de verificarse el expresado mensaje, puntualizar los,
particulares en que se había notado la alteración expresa
da ; algunos Señores tomaron sucesivamente la palabra,
para esclarecer el hecho, y en este estado, el Sr. Roca hizo.
la moción, apoyada del Sr. Tola: “ Que se redactara nue
vamente la ley de 14 de Abrjl, que arregla los Coros de.
Guayaquil y Cuenca, teniendo á la vista todos los antece
dentes que tuvo la Legislatura de 1837, y que deben cons
tar de las actas respectivas: admitida la moción y apro
bada, se resolvió que se hiciera así. En seguida los Sres»,
Guerra y Dávalos pasaron á la H. Cámara de Represen
tantes conduciendo la resolución antes citada, y el que
llevaba la palabra, á su regreso, expresó que la H. Cámara
de Representantes, por el órgano de su Presidente, con
testaba que la sometería al conocimiento de sus HH. co
legas. Se anunció un mensaje de la H. Cámara dé Re
presentantes, y el que traía la palabra dijo: que le era
muy satisfactorio presentar á la Cámara del Senado, de
orden de la de Representantes, los documentos siguientes :
primero, el que autoriza al Ejecutivo para el cobro antici
pado de la contribución de indígenas de la provincia de
Imbabura: segundo, el proyecto de decreto que reduce aL
dos por ciento el interés de los capitales acensuados; y
tercero, sobre la resolución acordada en sesión secreta de.
ambas Cámaras, que tuvo lugar en días pasados: dada
la contestación respectiva por el H, Sr. Presidente, se re
tiró el mensaje. Acto continuo dispuso el mismo Señor
que se leyeren los documentos remitidos por la Cámara, y
se dió principio por el que autoriza la anticipación del co
bro de la contribución, y el H. Sr. Roca pidió que la Cá
mara se resolviese en comisión general í verificóse así, y
fué aprobada por el Senado la resolución acordada por la
de Representantes, con la circunstancia de que el H. Sr*
Roca estuvo por la negativa. Se dió lectura al segundo,
documento relativo á la rebaja de intereses al dos por
ciento, y tomando la palabra el precitado Señor, expuso
que siendo el proyecto de decreto atentatorio del derecho
de propiedad de los ciudadanos, no debía el Senado, por
su propio decoro, tomarlo en consideración. El Sr. Ca*
rrión que le siguió en la palabra, conviniendo en las razo
nes aducidas por,el Sr. Roca, opinó que debía desestimar
se; y preguntado por el H. Sr. Presidente si se admitía á
23
discusión, el Senado estuvo por la negativa. En seguida
se trajo á la vista el informe de la comisión de Hacienda,
emitido á consecuencia de la representación del Procura-«
dor del Sr. Miguel Anzuátegui, en el cual manifiesta la ex
presada comisión, que atendiendo al origen de la acreen
cia que reclama dicho Procurador, á nombre del mencio
nado Sr. Anzuátegui, que quizá es la más gravosa al Erario
nacional, debe aprobarse la resolución del Ejecutivo, dic
tada en 26 de Enero último, de conformidad con las pro
posiciones hechas por el mismo acreedor. Puesto en dis
cusión el precitado informe, el Sr. Presidente observó que'
sería conveniente aguardar el Presupuesto general de gas
tos para incluir en él la deuda del Sr. Anzuátegui. To1-
mando el H. Sr. Pallares la palabra, dijo: que la ley de
crédito público, dada en 1837, establecía el modo cómo se
debía de pagar á los acreedores, y que hallándose vigente,
no debía resolverse el asunto del Sr. Anzoátegui, sino por
lo dispuesto en ésta: que la resolución del Poder Ejecu
tivo y la acordada por lo comisión de Hacienda, era una
excepción que se hacía á la ley citada, y que ésto no debía
permitirse de ningún modo, pues que el Cuerpo legislativo
era el primero que debía d^r el ejemplo de obedecer la
ley. El Sr. Arteta replicó diciendo era cierto que la ley es
tablecía la forma cómo debe pagarse á los acreedores, pero
que se considerase que el asunto en cuestión era en la ac
tualidad un nuevo convenio entre el Gobierno y el Sr. An
zuátegui. El H. Sr. Presidente coincidió con la opinión
del H. Sr. Pallares, y habiéndose dilucidado suficientemen
te la cuestión, hizo por último el H. Sr. Secretario la siguien
te moción, con apoyo del H. Sr. Carrión ; “ Que se difiera
la cuestión por dos días”; y fué aprobada por la Cámara.
El H. Sr. Arteta presentó un proyecto de ley sobre
que los censos se continúen pagando en efectos al precio
de plaza, mediante á que subsisten aún las razones que
tuvo presentes el Libertador cuando expidió su decreto á
este respecto; apoyado aquel por los HH. Sres. Torres y
Roca, fué admitida á discusión por la Cámara, pasando en
su virtud á segunda, con la pequeña adición que hizo el
H. Sr. Roca al artículo, que debe decir : “ Los censos se
continuarán pagando en efectos, al precio de plaza,
mayor*'. Terminado este asunto, se levantó la sesión.
El Presidente del Senado, José Fernández Salvador.
El Senador Secretario, A .Martínez Pallares.
— 51 —
S e s i ó n d e l d í a s e is .
Se abrió á la hora acostumbrada, y leída el acta del
día anterior, quedó aprobada.
Los HH. Sres. España y Dávalos condujeron á la H.
Cámara de Representantes la resolución aprobada por el
Senado, relativa á conceder al Ejecutivo la autorización
para el cobro anticipado de la contribución de indígenas
de Imbabura, en la que el Gobierno insiste por segunda
vez; y el que llevó la palabra, expuso á su regreso, que la
H. de Representantes tenía la más grande complacencia
por haber coincidido la del Senado con el parecer emitido
por élla.
Púsose en tercera discusión el proyecto de ley orgáni
ca del Poder Judicial, siguiéndose los trámites prescritos
por el Reglamento interior. Los artículos i° y 2? fueron
aprobados sin alteración alguna, así como la primera atri
bución perteneciente al segundo. En este estado, se anun
ció un mensaje de la H. Cámara de Representantes, y el
que traía la palabra expresó, que la Cámara á cuyo seno
pertenecía, trasmitía por su conducto Ja resolución que
había recaído á la solicitud de la Religiosa de Santa Ca
talina, María de San Antonio; y dada la contestación res
pectiva por el H. Sr. Presidente, se retiró. Continuóse la
discusión y se aprobaron los artículos y parágrafos hasta
la 8a atribución del art. 10, habiéndose hecho las innova
ciones siguientes: á las atribuciones 2“ y 3a del art. 2? se
les suprimieron las palabras “ por delitos comunes”, á vir
tud de la moción hecha por el H. Sr. Roca, con apoyo
del H. Sr. Carrión : la 10* del propio artículo fué total
mente suprimida por moción del mismo Sr. Roca, apoya
da por todos los miembros de la Cámara. Atenta la mo
ción del H. Sr. Arteta, apoyada por el H. Sr. Carrión, se
le agregaron á la 13a atribución las palabras de la 14a de
la antigua ley orgánica dada en Ambato, que dice: “ó ma
nifestándole que no lo son; en este caso también lo ma
nifestará al Tribunal, autor de la consulta, expresando la
verdadera inteligencia de la ley”. Por moción del H. Sr.
Arteta, apoyada del H. Sr. Roca, se suprimió en su tota-
tidad la 17a atribución. La 18a sufrió la misma supresión
por moción de los precitados Señores, El H. Sr. Arteta,
con apoyo de los HH. Sres. Roca y Torres, hizo moción
— 52 —
para que se restablezca el art. 50 de la antigua ley orgáni
ca que dice: “ La Corte Suprema publicará cada año lis
tas exactas de las causas civiles del conocimiento del Tri
bunal, y cada seis meses, de las criminales, así fenecidas
como pendientes, con expresión del estado que tengan”; el
mismo que hederá insertarse en el título primero de la Córte
Suprema, En la atribución i a del art. 50, por moción del
H. Sr. Roca, apoyada por el H. Sr. Carrión, se suprimie
ron las palabras “ó por delitos comunes*’. Del propio
modo se suprimió íntegramente la atribución segunda del
artículo citado, por moción del H. Sr. Roca, apoyada por
el H. Secretario. Al parágrafo 2? del mencionado artícu
lo se le agregaron la palabras “se entiende sin perjuicio de”,
y se suprimió la frase: “ no deroga ni disminuye” , por
moción del H. Sr. Arteta, apoyada del H. Sr. Roca. Con
apoyo del mismo Señor, hizo moción el H. Sr. Arteta, pa
ra que se agregaran á la atribución 16'! del indicado ar
tículo, las palabras “y los públicos, previos los requisitos
legales”. La atribución 17" del mencionado art 50, fué
suprimida en su totalidad, por moción del H. Sr Pallares,
apoyada del H. Sr. Roca; y en la atribución 4a del art. iq
se sustituyeron las palabras “ por quince días”, con la fra
se “ por cuatro días”, á virtud de la moción del H. Sr. Ro
ca, apoyada por la Cámara. Habiendo llegado á la atri
bución 9a del art. 10 referido, se levantó la sesión.
El Presidente del Senado, Fernández Salvad, r.
El Senador Secretario, A . Martínez Pallares.
S e s i ó n del d í a s i e t e ,
Se abrió á la hora acostumbrada, y habiéndose leído
el acta del día anterior, fué aprobada.
La comisión eclesiástica ha presentado varios iufor-
mes, y se dió principio á la lectura por el que tiene rela
ción con la reducción de los días festivos que concede Su
Santidad; opinando la comisión que debe dársele el pase
— 53 —
á la Bula que contiene dicha gracia. En este estado, el
H. Sr. Roca observó que debía hacerse la traducción co
rrespondiente, paia poder votar con acierto ; y que de no
hacerlo así, él se abstrendría de votar en negocio tan ar
duo, á pesar de que le merecían el mejor concepto los Se
ñores de la comisión. El Sr. Pallares coincidió con la
opinión emitida por el que le había precedido en la pala
bra, añadiendo además, que era necesaria la traducción,
por cuanto quería cerciorarse si la Bula presentada había
sido solicitada por el conducto prevenido en la ley de Pa
tronato; á lo que observó el Sr. Presidente de la Cámara,
que no era dudable que el Poder Ejecutivo la hubiese so
licitado por medio de su Agente, bastantemente instruido,
cerca de las Cortes de Europa. El Sr. Roca insistió, que
para dar el pase á la Bula, debía indispensablemente tra
ducirse. El Sr. Carrión, individuo de la comisión, expuso
que no había una necesidad absoluta de este requisito pa
ra acceder al pase que solicitaba el Poder Ejecutivo, por
que en otras ocasiones, sin que previamente se hubiese
verificado tal diligencia, se había concedido. Discutido
suficientemente el punto, y habiéndose prestado volunta
riamente el H. Sr. Presidente á asociarse á la comisión
eclesiástica para hacer la traducción ; la Cámara, de co
mún acuerdo, resolvió que así se hiciese.
Se leyó en seguida el que se contrae á dar el pase al
Rescripto del Inter Nuncio existente en Bogotá, en el
que nombra Visitadores para los Conventos de ambos
sexos, con el fin de reformar la disciplina monástica, y la
comunicación del Poder Ejecutivo, acompañando una
carta oficial del Sr. Cayetano Baluffi, Obispo de Bañorca,
Delegado Apostólico, en la que enumera algunas de las
facultades que le fueron delegadas por la Silla Apostólica,
y que sería bien difuso el detallar todas las que le fueron
concedidas; con este motivo el Sr. Tola dijo : que la no
ta que acabab« de leerse no podía considerarse como una
credencial que le acreditase cerca de nuestro Gobierno,
pues que por el uso establecido en semejantes casos, debía
haber remitido una copia autorizada de todas las faculta
des que le fueron conferidas por la autoridad suprema c e
quien dependía, y que no habiéndolo hecho así, opinal a
que no debía concederse el pase al Rescripto. El H. Sr.
Roca fué del mismo parecer; y los Sres. Carrión, Noboa
y Arteta del contrario, y el H. Sr. Presidente interrogó á
te Cámara: ¿Es necesario que el Inter Nuncio hubiese
54
presentado al Gobierno del Ecuador los títulos de su mi
sión ? Entonces el Sr. Roca, apoyado por el Sr. Tola, hi
zo la siguiente moción : “ Que se difiera la cuestión por
dos días más”: discutida, fué aprobaba por la mayoría de
siete votos.
Acto continuo se leyó el informe referente á que el
Dr. Orellana, Racionero de la Santa Iglesia Catedral de
Cuenca se le restituya á la posesión de su canonicato. E}
Sr. Pallares hizo ver que era justo el que al Sr. Orellana se
le amparase en el nombramiento de Canónigo que había
obtenido anteriormente; pero que no convenía de ningún
modo con la parte del informe de la comisión, en que di
ce : “ que si el Cánónigo Orellana no accede á trasladarse
al Coro de Guayaquil por ascenso á otra silla, no pueda
ser perturbado en la posesión que obtenía de la canongía
de Merced en el Coro de Cuenca”; porque la ley dada por
la Legislatura de 1837, que arregla los casos de las Dió
cesis de Cuenca y Guayaquil, debe ser obedecida por los
que nombre el Poder Ejecutivo, con arreglo á lo dispues
to en el art. 3? de la misma ley: con este motivo hizo la
moción, apoyada por el Sr. España: “ Que no habiendo
sido promovido el Sr. Orellana ni en el Coro de Cuenca,
ni trasladado á otro, no ha podido el Poder Ejecutivo ha
berle rebajado de la canongía de Merced á la clase de Ra
cionero”. Después de admitida y discutida la moción, la
Cámara la aprobó en los términos siguientes. “ Que no ha
podido el Poder Ejecutivo haberle rebajado al Dr. Orella*
na de la canongía de Merced á la dé Racionero”.
Dirigióse un mensaje á la H. Cámara de Represen
tantes, compuesto de los Sres. Guerra y Dávalos, con el
objeto de convocarla para las doce del día siguiente, á
efecto de recibir el juramento constitucional al Vicepresi
dente de la República; y al regreso expuso el que llevó la
palabra,: que el Sr. Presidente de la H. Cámara de Re
presentantes había contestado que transmitiría la invita
ción del Senado á la Cámara que tenía la honra de presidir.
Púsose en segunda discusión el proyecto de ley dero
gatoria de la adicional dada en 11 de Marzo de 1837 sobre
elecciones; y tomando la palabra el H. España, expuso
que había estado por la negativa desde la primera discu
sión, y que pedía á la Cámara se le diera testimonio de
aquella acta para los usos que le convengan.
El H. Sr. Arteta que le sucedió, dijo: “ Deseo con la
mayor vehemencia, deseo de buena fe que esta cuestión en
— 55 —
ja que veo interesadas á tantas personas, se decidiera erl
conformidad con el proyecto en discusión; pero ni las ra
zones que se han aducido, ni aquellas mismas á que yo he
querido apelar, me dan el convencimiento, ni pueden tran
quilizarme á presencia de las gravísimas dificultades que
encuentro en una materia tan delicada. Se trata pues de
declarar que la ley adicional á la de elecciones ha sido in
constitucional, y que por tanto no sólo debe derogarse,
sino declararse nulos los efectos que élla produjo; y yo
ni encuentro en la ley el vicio que se le objeto, ni mucho
menos en el Congreso la facultad disponer sobre las cesas
pasadas, y de destruir lo que se hizo en virtud de una ley
anterior. La inconstitucionalidad de la ley sólo quiere
manifestarse con argumentos de analogía, con inducciones
y congeturas, tan susceptibles de error y equivocación; y
por esto es que se vaga en mil confusas ideas, sin presen
tarnos hasta ahora el artículo de la Constitución que haya
prohibido ó dispuesto lo contrario de lo que ordena la ley»
Se dice que una misma junta electoral cuyo, período es de
cuatro años, no ha podido elegir dos veces Senadores y
Representantes; pero no se designa el lugar en que así lo
prevenga la Constitución, ni que las funciones que poí
esta primera vez han ejercido las asambleas con el fin de
arreglar la marcha constitucional, no hayan sido conferi
das á estos cuerpos por la propia Constitución. Sabido
es, y se ha inculcado aquí muchas veces el poderoso fun
damento por el que la Legislatura de 1837 acordó que en
la reunión de la asamblea electoral, en Noviembre de 1838,
se eligiesen los Representantes para el Congreso de 1841,
y que éstos fueran calificados por el actual; y no podrá
dudarse cjue aquel fundamento es muy conforme con los
principios constitucionales, y el único que nos quedaba
para evitar los terribles embarazos de que en cada período
se reúnan las Cámaras á legislar antes de que preceda la
calificación de sus miembros; y que procedan á este acto
mismo de calificación por los propios interesados en sos
tener su nombramiento. Para que pudiera pues cumplirse
con el objeto de la ley, era indispensable que en este pri
mer periodo constitucional, hubiesen dos elecciones de
Senadores y Representantes; medida que trae menos in
convenientes que el que resulta de que éllos se califiquen
por sí mismos, con ocultación ó disimulo aun de aquellas
nulidades que afectan los actos de su elección ó las cali
dades de sus personas. En lo sucesivo ya estas eleccio-
— S i
ties no se hárán sino cada cuatro años, y los individuos
del Congreso tomarán asiento después de ser debidamente
calificados é investidos de toda la aptitud legal. Siempre
en el primer período parecen inevitables ciertas inperfec-
cicnes ó ligeros defectos, para que los mismos arreglos
constitucionales puedan ser por lo futuro exactamente
cumplidos. De aquí es que en éste el Presidente de la
República y sus agentes han durado sólo tres años, y las
asambleas electorales que debían terminar sus funciones á
los cuatro años, las entienden, según la ley, hasta Noviem
bre del presente \ y de aquí es también que ahora han
presentado dos veces las ternas para Gobernadores. Pre
tender que las asambleas no podían nombrar Diputados
para el período subsecuente al de su duración, es una ten
tativa tanto más repugnante, cuanto que por las mismas
leyes que se invocan han propuesto gobernadores para el
otro período, y las Cámaras han nombrado también al Pre
sidente y Vicepresidente de la República para los cuatro
años siguientes, sin embargo de que en esta Legislatura
terminan sus funciones ordinarias, y casi no hay nombra
miento cuya duracióu no sea mayor que la de aquel poder
ó autoridad de donde ha partido.
“ Se quiere suponer que las propuestas para goberna
dores son unas funciones accesorias y no sustanciales de
las asambleas electorales, sin acatar que la Constitución
no hace semejante diferencia, y que para nosotros tan
constitucional es la una facultad como la ótra, é igual al
mismo tiempo la duración de los gobernadores, que de los
Senadores y Representantes.
“ El argumento de que las juntas electorales no reci
bieron de las asambleas primarias la delegación de nom
brar dos veces Senadores y Reresentantes, porque la ley
elctoral no había indicado esta elección más que por una
vez, es en verdad bastante especioso, pero no concluye,
porque tanto las asambleas primarias, como las electora
les, no han sido convocadas ni reunidas en virtud de la
ley, sino en observancia de la Constitución, y las asam
bleas primarias no han nombrado los electores para que
ejerzan las facultades que éllas les deleguen, sino para que
desempeñen aquellas que explícitamente les confiere la
Constitución ; y siendo una de éstas la de elegir Senado
res y Representantes sin la restricción de que sea para so
la una vez, es claro que pudieron hacer uso de élla en la
forma y términos que tuvo á bien prescribir una ley san*
— 57 —
clonada constitucionalmente; mucho más cuando la ley
orgánica de elecciones lejos de prohibirlo, como se supo
ne, había declarado expresamente en su art. 28, que las
funciones de las asambleas electorales de este primer pe
ríodo, durarían hasta Noviembre de 1839. Por tanto, y á
virtud de lo que tengo expuesto en las discusiones anterio
res, me ratifico en la opinión de que la ley adicional no es
en manera alguna refractaria de la Constitución. Mas
aun en la fingida hipótesis de que lo fuese, esta circuns
tancia sólo serviría para derogarla, pero de ninguna manera
para que ley derogatoria pudiese destruir lo que se había
hecho en ejecución de la ley precedente, respecto á que
ninguna ley ni Constitución puede producir efecto retroac
tivo. Este principio tan conocido y que para demostrarse
necesita sólo de una simple enunciativa, es el mismo que
hoy se trata de violar con el mayor escándalo, como si el
poder de la ley y la omnipotencia de los legisladores pu
diese retrogradar á lo pasado. Yo he hecho ver y he re
petido muchas veces, que si entie nosotros fuese admitida
la retroactividad de las leyes, desaparecería hasta la som
bra de seguridad y libertad civil, pudiendo temer los ciu
dadanos que después del hecho, habían de ser sojuzga
das sus acciones por una ley posterior, ó habían de ser
turbados en sus derechos adquiridos. Para salvar pues
este gravísimo inconveniente y las funestas consecuencias
que de este pernicioso principio debieron resultar, se ha
ocurrido al arbitrio de suponer que el proyecto en discu
sión no iba á producir la retroactividad, sino á declarar
que la ley adicional había sido nula, y nulos por consi
guiente sus efectos, y hacerse ver que élla no ha existido.
Mas, yo no puedo, Señor, comprender cómo es que ano
nadándose expost fa d o todo lo que se hizo y practicó á
virtud de la ley anterior, se quiera sostener que esta últi
ma no va á producir efecto retroactivo, ni cómo se quiera
confundir la naturaleza de los juicios con la de las leyes,
cuando los primeros sólo se versan sobre acciones enta
bladas ó sobre hechos sucedidos, para aplicarles las dis
posiciones de las leyes que entonces regían, y cuando el
oficio de las leyes era sólo arreglar lo porvenir. Tampo
co es posible ni aun siquiera imaginarse que pueda decir
se á la Nación, que una ley acordada por ambas Cámaras,
sancionada y promulgada por el Poder Ejecutivo, que su
misa y puntualmente ha sido observada, y en cuya confor
midad se han hecho estas mismas elecciones, deba creerse
24
- 5 » -
y reputarse que no había existido. En fin, Señor, no nos
divaguemos, con este proyecto, no tratamos sino de san
cionar la retroactividad de las leyes, supuesto que se van
á destruir ó declarar insubsistentes los efectos que produjo
la ley precedente; cuando nada hay más inconcuso, como
el que aunque una ley se derogue, nunca se anula lo que
se hizo durante su imperio; porque aún después de la de
rogación conserva su potestad en todo lo que se hizo á
virtud de élla. Lejos de nosotros, decía M. Portalis, la
idea de estas leyes de dos caras, que teniendo sin cesar un
ojo sobre lo pasado y otro sobre lo futuro, extinguirían
para siempre la fuente de confianza, y vendrían á ser un
principio eterno de injusticias, de trastorno y de desorden.
Sí Señor: ya nada en el Ecuador podría permanecer esta
ble. El espíritu de la Constitución, su forma, su objeto
serían manantiales fecundos para innovaciones continuas,
y para atentados sin término. Lo que se hubiese hecho
hoy conforme á la ley, sería destruido mañana por otra
segunda, yla obra de mañana vendría á ser á su turno ani
quilada por la intervención de otra ley nueva, y así suce
sivamente; de modo que ya la ley no sería entre nos
otros un principio corservador de la sociedad, sino el ger
men destructor de élla. Véase en que escolios, en que
absurdos tan graves no tocaríamos, si adoptásemos seme
jante máxima, si con el pretendido zelo de sostener los de-
íechos de los pueblos, atacásemos esta misma Constitu
ción, estos mismos derechos que dejáramos enteramente
minado el edificio social. El bien público no puede exi
gir jamás la transgresión de los preceptos de la moral, de
la razón y de la justicia; y así no me es posible estar por
el proyecto que se discute”.
El H. Sr. Torres manifestó que á su modo de ver, era
diametralmente opuesta la ley de r i de Marzo de 1837 al
genuino sentido del art. 36 de la Constitución, porque el
pronombre susque se lee en el referido artículo, hacía
ferencia á los miembros que debían componer las Cáma
ras del año de 1841, y no á las actuales.
El H. Sr. Arteta contestó á esta objeción manifestan
do que el artículo citado hablaba de las Cámaras presen
tes. Después de varias observaciones en pro y en contra
por los Sres. España, Roca y Arteta, se repitió la lectura
del informe en la parte que prueba la inconstitucionalidad
de la ley adicional, con el artículo 36 de la Constitución,
á petición del Sr. Roca.
— 59 —
Dejando su asiento el H. Sr. Presidente, tomó parte
en la cuestión, produciéndose del modo siguiente: “ Se ha
dicho que siendo el Cuerpo Legislativo el nudo de la má
quina social, es tal cual es este cuerpo. Sentada esta ver
dad, ¿ con cuánta circunspección debe obrarse para cono
cer la sincera voluntad de los pueblos en el acto más gra
ve y más trascendental, cual es la elección de los que en su
nombre deben «jercer la función augusta de dar leyes, fun
ción de que proviene la dicha ó la ruina de las naciones ?
Admitida la forma política de la democracia representada,
que supone el principio de residir esencial y radicalmente
la soberanía en la Nación, nace la consecuencia que sus
representantes han de traer su origen del pueblo, cuyo
mandato van á desempeñar ejerciendo la facultad sobera
na de aplicar los poderes de la sociedad entera. Los in
convenientes anexos á la práctica de las antiguas Repú
blicas, en que todos los ciudadanos reunidos volaban di
rectamente las leyes y elegían sus magistrados, han indu
cido á subrogar el regimen de las elecciones graduales,
reputándose las de parroquias como el ejercicio propio de
la soberanía popular y nuestra Constitución, así como to
das las que estriban en el principio democrático fijó en su
propio tenor y en la ley electoral las reglas indispensables
tanto para asegurar al pueblo este derecho, como para
afianzar la base de alternabilidad, conservadora del dere
cho de las generaciones futuras que con tanta rapidez se
suceden. Así que rodando la cuestión sobre la legalidad
ó nulidad en que los Colegios electores riel primer perío
do eligieron los Diputados para las Legislaturas del segun
do, basta para decidirla, examinar la filiación de estos Di
putados. Las primeras asambleas parroquiales, ligaron y
debieron limitar su voluntad al contexto del art. 22 de la
Constitución, que circunscribe al círculo de cuatro años
Jas funciones de las asambleas electorales, y á los artículos
24, 25, 26 y 27, en que se detallan sus facultades, prescri
biendo que en 1835, se reúnan paTa nombrar los Consejos
Municipales, y formar la terna de los Gobernadores; que
en 836 se reúnan para nonbrar Senadores y Representan
tes ; que en 837 se reúnan para renovar los Consejos Mu
nicipales, y que en 838 se reúnan también para formar la
terna de los Gobernadores. Ved aquí, Señores, que las
■asambleas electoiales de un período, sólo pueden elegir los
Diputados del suyo, esto es, del período constitucional re
ducido á cuatro años, porque tal es la duración de cada
— 6o —
Cuerpo Legislativo. Bien es que el art. 28 extiende hasta
el año 39 la autoridad de los Colegios electorales. Mas
¿ para qué atribución ? No para nombrar nuevos legisla
dores, que es su función esencial, sino para ejercer la atri
bución accidental y arbitraria de renovar I09 Concejos Mu
nicipales. ¿ Con qué derecho han procedido pues á ele
gir Diputados ajenos de su competencia? Se ha visto
que la Constitución y la ley que organizó las elecciones no
les confirieron semejante poder; y que, de consiguiente,
no lo recibieron de las asambleas parroquiales, que ligaron
su voluntad á las reglas primitivas. Por tanto, el origen
de esta abusiva elección, no es el pueblo, sino la Legisla
tura de 837, que les otorgó la facultad de elegir Diputados
para dos períodos; siguiéndose de aquí que la generación
de los Senadores y Representantes de 84 r y 43, es la si
guiente: éstos proceden de las asambleas electorales, y és
tas del Cuerpo Legislativo, que usurpando los derechos del
pueblo mandante, les prorrogó el mandato sin contar con
la voluntad del dueño del negocio, de manera que por el
más singular trastorno, se convirtió de representante en
representado, de criatura del pueblo en progenitor de sí
mismo, abusando de sus poderes. Esto arguye que po
niendo á la ley de 1837 el nombre de adicional se quiso
esconder su verdadero carácter de derogatoria. ¿ Y qué
otra cosa significa el hecho de atribuir á los electores del
primer período la facultad de elegir los legisladores de dos
períodos, cuando la Constitución y su ley explicatoria no
les daba más derecho que para una elección ?— Ha insisti
do uno de los Señores que me han precedido en la palabra
en los inconvenientes de dar á la ley en cuestión un efec
to retroactivo, anulando las elecciones hechas en observan
cia de la de 1837; mas, conviene distinguir la ley vale
dera por ser justa, de otra disposición adornada desde lue
go con el nombre de ley, pero que nunca ha sido obliga
toria, pues que ataca la ley fundamental, y conmueve las
bases de nuestro pacto social, despojando al pueblo del
derecho inalienable de elegir sus mandatarios, derecho que
forma la esencia del régimen popular.— No se trata en el
día de derogar aquella ley, porque la derogación supone
preexistencia. Se trata de anularla, arrancándola del me
dio del tiempo como retractoria de los principios del Có
digo de la libertad, de las condiciones con que nos asocia
mos; y pues lo qne es nulo no produce ningún efecto, se
colige que no subsisten las elecciones hechas para el pe-
— 6 1—
ríodo siguiente. El acto de anularlas, ningún perjuicio,
causa al orden constitucional, ni puede escandalizar á la
Nación: no lo primero, porque el orden constitucional
exige el más profundo respeto á las instituciones, palpable
mente violadas por la ley de 1837, en cuanto sanciona la
usurpación de los derec hos del pueblo, trasladándolos á
sus Representantes: no lo segundo, puesto que la Nación
se ha'la pronunciada contra la validez de tales elecciones;
faltándoles, por tanto la fuerza moral ó de opinión, cuyo
defecto se atendería á las resoluciones de las legislaturas
de 41 y 43; mal que debe cortarse escuchando los conse
jos de la prudencia. ¿ Y qué se ha perdido con haberse
hecho las elecciones? ¿ no es fácil renovarlas verificándo
las dentro de dos años, en que habrán otros ciudadanos
activos, y en que se presentarán talvez personas muy dig
nas del cargo de legisladores ?—Se ha dicho también que
la ley contradicha se fundó en el motivo poderoso de no
ser conveniente ni seguido en la práctica, que los cuerpos
colegiados califiquen á sus miembros; pero sin duda no
es otra la práctica observada por tales cuerpos; probando
esta aserción, el que así se ha hecho y se hace en las Asam
bleas Legislativas de to las las Naciones incluso el Ecua-
doi ; sin que resulte 1 ingún inconveniente, pues que ha
ciéndose la calificación por menor, no hay riesgo de que
los Diputados en quienes se presume la virtud de la inte
gridad, usen de condescendencia respecto del individuo
que mientras es calificado sale de la Cámara.— Al fin con
viene observar ue la ley electoral no es de la misma con
dición que las demás orgánicas, porque, como dice un jui
cioso político: “ Ella es identificada con la Constitución,
“de la cual es una consecuencia inevitable. Es de una
“ naturaleza particular, y de un orden muy superior á las
“otras, cuya existencia sólo es relativa al simple bienestar
“social; pero cuya ausencia no destruiría la sociedad, co-
“ mo lo haría la de elección por la suya, de manera que si
“esta ley debe su principio de existencia á la Constitución,
“ la Constitución á su vez debe la conservación de su exis
tencia á esta ley” .......... Por consiguiente, la ley de
elección pertenece al orden constitucional, y participando
de su esencia, debe participar de sus atributos. La inmu
tabilidad es la esencia de ésta, y pues que también lo es
la de la ley, ¿ por qué serán diferentes sus consecuencias ?
Las otras leyes pueden ser ó no ser, según el libre arbitrio
del legislador; mas la de elecciones es un sér necesario
--- 62
que fuerze la acción misma del legislador; y la inmuta
bilidad no es el atributo esencial y distintivo de un ser ne
cesario ?— Concluyo, pues, que la ley electoral no ha po
dido alterarse, que lo hecho en virtud de la alteración es
nulo, y que para el conocimiento de la Nación se inserte
este dircurso en el acta de hoy”.
Habiendo concluido, el H. Sr. Guerra se expresó di
ciendo: “Que había estado por la negativa para que el
proyecto de ley que se discutía no pasara á segunda dis
cusión, por ser una equivocación el creer que la ley adi
cional darla por la Legislatura de 1837, sobre elección de
Senadores y Representantes, se oponía á ciertos artículos
de la Constitución, y que no siendo así no había absoluta
mente infracción alguna; que por tanto, estaba ahora
también por la negativa, y lo estará en la tercera discu
sión, sino se aducían razones que le convenciesen de lo
contrario, porque consideraba qne la ley adicional que se
tachaba de inconstitucional, llenaba el vacío que había
dejado la de Ambato, para que se calificasen por sí mis
mos los Senadores y Representantes”.
Hechas estas observaciones por los Sres. Arteta y Sal
vador, pasó este Señor á su respectivo asiento, y pregunta
do si pasaba el proyecto á tercera discusión, la Cámara,
excepto los Sres. España y Güera, estuvo por la afirmati
va, y se levantó) la sesión,
El Presidente del Senado, Jo sé Fernández .
El Senador Secretario, A . Martínez Fallares.
S e s ió n i n del día ocho.
Se abrió á la hora acostumbrada, y leída el acta del
día anterior, quedó aprobada.
Púsose en consideración de la Cámara el informe de
la comisión eclesiástica, en que opina que el Senado debe
pedir al Ejecutivo el Breve de Su Santidad, en que ratifica
la división y erección del obispado de Guayaquil, ordena
da por la ley de veintidós de Marzo de 1837, sin cuyo do-
— ^3 —
cumento no puede abrir dictamen sobre el contenido del
decreto del Poder Ejecutivo y demás piezas oficiales que
acompaña, relativas al arreglo de Coros de Cuenca y Gua
yaquil. Después de haberse hecho algunas observaciones,
se aprobó.
Se anunció un mensaje de la H. Cámara de Repre
sentantes, y el que trajo la palabra expuso que la Cámara
á que tenía el honor de pertenecer, había acordado la ho
ra en que debe reunirse á la del Senado, con el objeto de
recibir el juramento constitucional al Vicepresidente de la
República, y oída la contestación de estilo, se retiró.
Leyóse el informe de la comisión de Guerra, en el cual
expresa que el Senado puede prestar su consentimiento y
aprobación al decreto del Ejecutivo, en que restablece á
General de Brigada al Sr. Manuel Matheu: púsose á vo
tación y fué aprobado.
Del mismo modo se aprobó el informe emitido por la
indicada comisión, contraído á manifestar que existiendo
la ley sobre montepío militar, no es al Congreso á quien
corresponde deliberar sobre la solicitud de Jacinta Mora,
viuda del General Mires, sino al Ejecutivo, quien debe
asignarle la pensión respectiva. Leídos y admitidos á dis
cusión los decretos expedidos por el Ejecutivo y conse
cuente informe de la comisión de Guerra, en que opina
que la Cámara puede prestarles su aprobación, y observa
dos detenidamente cada úno de éllos; el primero relativo
á la extinción del batallón N? 2? insurreccionado en Rio-
bamba, y creación de ótro denominado 30; y el segundo,
en que nombra Auditor de Guerra para los Distritos de la
República, pasaron á segunda discusión.. El decreto re
glamentario sobre conscripción de ejército, y el que repri
me los abusos de la percepción de sueldo por algunos mi
litares, se ordenó que se archivaran, por ser tlados en
ejecución de las leyes, cuya atribución es propia del Eje
cutivo. También se aprobó el informe en que la comisión
opina que no debe tomarse en consideración la solicitud
de Nicolás Yépez, por haber venido desnuda de pruebas.
La comisión de peticiones presentó los informes si
guientes: primero, el que se contrae á manifestar que la
solicitud de las hijas del Dr. Antonio Ante es justa, y que
por tanto, puede el Senado hacerles extensiva la gracia
que le concedió la Legislatura de 1837 á la Sra. Mariana
Oláis, madre de las peticionarias, el cual pasó á segunda
discusión; y segundo, el que tiene relación con la solici-
tud de los Escribanos de esta Capital, y mandó el H. Sr.
Presidente se reservase hasta llegar á la sección quince de
la lev orgánica del Poder Judicial, que se está discutiendo.
Trájose á segunda discusión el proyecto de ley pre
sentado por el H. Sr. Arteta, sobre que los réditos de los
capitales acensuados se paguen en efectos, á precio do pla
za por mayor, y pasó á tercera. En seguida se continuó
la tercera discusión del proyecto de la ley orgánica del
Poder Judicial, que quedó suspensa en la sesión del
día seis. Desde la atribución 9a del art. 10 hasta el 18:
por moción del H. Sr. Arteta, apoyada por el H. Secreta
rio, se dispuso sustituir el 13 con el parágrafo primero del
art. 23 de la ley dada en Ambato, que dice: “ Si alguno
de los jueces estuviere impedido ó fuese recusado en los
juicios que le correspondieren por turno, pasará su cono
cimiento al siguiente, y el de éste pertenecerá al primero”.
Se mando intercalar el parágrafo segundo del propio ar
tículo 23 citado, cuyo tenores: -‘ Cuando las partes se
sintieren agraviadas de las determinaciones de sustancia-
ción; y de los autos interlocutorios que pronuncíenlos
jueces por sí en los casos de este artículo, el conocinvento
en apelación, cuando haya lugar á ella, corresponderá á
los tres jueces restantes”, por moción del H. Sr. Arteta,
apoyada por el H. Sr. Pallares. Los mismos Señores hi
cieron moción para que el término de quince días que
concede el art. 15 á los Ministros, sea limitado á cuatro.
Por moción del H. Sr, Roca, apoyada por el H.............. se
suprimieron en la atribución 31! del art. 17, las palabras
“ sin derechos”, y se dispuso que el art, 33 de la antigua
ley que dice: “ Los Fiscales de los Tribunales no llevarán,
por título ni pretexto alguno, derechos ni obvenciones de
cualquiera clase, bajo cualquier nombre que sea por las
respuestas que dieren en las causas que despachan
cuando sean auxiliados por ±us ”: se agregará como
parágrafo de la atribución 3a mencionada. La 91! atribu
ción del art, 10 y la 8a del 17, quedaron suspensas hasta
la siguiente sesión; habiendo sido por tanto, aprobados
los demás artículos y parágrafos. Con lo cual se levantó
la sesión.
El Presidente del Senado, Fernández Salvador.—
El Senador Secretario, A.Martínez Pallares.
A figuel Rodríguez.— AmbrocioDávalos.—Diego
A . de la Guerra.
— 6S —
S e s i ó n 2a d e l d í a o c h o .
En cumplimiento de lo que dispone el art. 34. de la
Constitución y lo acordado en la sesión, se reunieron en
Congreso á las doce de este día las honorables Cámaras
del Senado y Representantes, con el objeto de recibir el
juramento constitucional al Vicepresidente de la Repúbli
ca. Dirigióse en seguida un mensaje compuesto de los
Sres. Tola, Mancheuo, Caleció y Soler, para acompañar á
S. E. el Vicepresidente electo. Introducido este magis
trado, procedió á prestar el juramento en los términos si
guientes:— “Yo Francisco de Aguirre, juro por Dios nues
tro Señor y estos Santos Evangelios, que desempeñaré
legalmente el cargo de Vicepresidente que me confiere la
Nación: que protegeré la Religión del Estado: conser
varé la integridad é independencia de la República: ob
servaré y haré observar la Constitución y las leyes. Si así
lo hiciere, Dios me ayude, y sino, Él me demande, y la
Patria ante la ley”. Concluido este acto, produjo el dis
curso que sigue :— “Señores : Voy á dar una prueba de mi
obediencia á la Representación Nacional, admitiendo un
destino del que me alejaba mi desmerecimiento, y que más
dignamente habría podido ocupar cualquiera de los escogi
dos del pueblo que acaban de honrarme con su confianza.
Me confunde tan grande muestra de estimación no mere
cida, é incapaz de corresponder á élla como debiera; mis
fuerzas se rinden bajo el peso de una obligación inmensa
y de una gratitud ilimita 'a. Aceptad, pues, Señores, mis
agradecimientos, que son tan sinceros y leales como el ju
ramento que acabo de prestar á Dios en vuestra presen
cia. Y e' H. Sr. Presidente le contestó diciendo:—“ Ciu
dadano Vicepresidente:— El amor á la independencia y
libertad de la Nación, el respeto á sus instituciones, y la
conservación de las garantías individuales, es lo que se
promete el Congreso del Vicepresidente del Estado, que
acaba de jurar sobre la doctrina del Hijo de Dios, el cum
plimiento de sus deberes constitucionales”; y habiéndose
terminado la alocución, se retiró el Excmo. Sr. Vicepresi
dente, y se levantó la sesión.
El Presidente del Senado, Fernández Salvador.—
El Senador Secretario, A . Martínez Pallares.— Diego
boa.—A . de la Guerra.—Antonio .— M iguel
25
— 66 —
Rodríguez.— Pedro José de Arteta.— D óralos.—
Roca.— Tola.— I. Torr —
.s Ignacio — Tose
Catrión.— Fernando Márquez de Plata.— José Manche-
no y Porrero.— A tañado Cardón.— Manuel Cantos.—Jo s é
Letamendi.— M anuel Torres.— Antonio Soler.—Ju an
tez del Barco.— Pedro de Alcántara Veni.— Pedro Zambra-
110.— F . —
.eriu
g
A Ju an de Dios Cotral.—Jo sé Alaría de
Santistevan.— A ntonio —
etn
a
m
su
B Ma nucí n.
Antonio Carrasco.— Ju an ManuelBenitez.— Vicente
Ramón A liño.— Dr. M anuel O rejuela— Sebastián Guarde-
ras.—José M aría Cucalón.— D r. Evaristo Nieto.— Pío B ra
vo.—M . I. Pareja.
S e sió n del día n u e v e .
Se abrió á la hora acostumbrada: leyóse el acta del
día anterior y fué aprobada.
Dióse cuenta á la H. Cámara con los informes emiti
dos por la comisión de peticiones, á continuación de las
solicitudes de Julián Vizcaíno y de Rafael Paz; opinando
en el primero que debe restituírselo al empleo que obtuvo
en la Administración de Correos; y en el segundo, que
debe pasar á la comisión de Hacienda, por contener la
representación de Paz infracción de ley por el Ejecutivo,
y ambos informes fueron aprobados. Leyóse otro de la
diplomática, en que es de parecer que habiéndose nombra
do nuevos Ministros del Despacho, ha cesado ya el moti
vo que había obligado al Gobierno á nombrar al Dr. Miño,
Ministro Plenipotenciario, con el ñn de celebrar los trata
dos de amistad, comercio y navegación con el Plenipoten
ciario de los Estados Unidos; pues que este encargo debe
desempeñar el Ministro de Relaciones Exteriores, con
forme á la ley de 11 de Abril de 1825, y también se apro
bó. Púsose asimismo en conocimiento de la H. Cámara
el informe de la comisión de Hacienda, q^ue estaba en
segunda discusión, contraído á que el Senado puede pres
tar. su aquiescencia á la propuesta que hace el Gobierno
sobre el modo de indemnizarle al Sr. Anzuátegui la canti
dad que se le adeuda ; y pasó á lencera.
— 67 —
Dirigióse un mensaje á la H. Cámara de Represen
tantes, compuesto de los Sres. Galecio y Rodríguez, con
duciendo el proyecto de ley sobre publicación del Registro
auténtico nacional que ha tenido origen en esta Cámar-»;
y el que llevó la palabra expuso á su regreso, que el H.
Sr. Presidente contestó que lo sometería á la consideración
de los IIH. Representantes.
Trájose á tercera discusión el proyecto de ley deroga
toria de la adicional de 11 de Marzo de 1837 sobre elec
ciones : diósele la lectura correspondiente, y se suscitó la
cuestión de que no siendo la parte dispositiva una con
secuencia de la motiva, no podía procederse á votación.
Aquí se anunció un mensaje del Poder Ejecutivo, é intro
ducido el Sr. Ministro Secretario de Hacienda, dijo: que
tenía ia honra de elevar á la consideración de la Cámara
una indicación del Gobierno, que demandaba una dis
posición legislativa; y oída la contestación, se retiró.
En seguida se volvió á tomar en consideración la cues
tión precedente: con este motivo hubo un largo y no
interrupido debate, el cual fue sostenido por algunos Se
ñores que sucesivamente tomaron la palabra, y habiéndo
se puesto 2 votación el primer artículo del decreto expresa
do, la que fue nominal, á petición del Sr. España, resultó
que los Sres. Noboa, Márquez, Rodríguez, España, Arte
ta, Guerra y Pallares, estuvieron por la negativa; y los
Sres. Tola, Carrión, Galecio, Dávalos, Roca, Salvador y
Torres por la afirmativa. Dióse cuenta por el Secretario
que había empate, y que de conformidad con lo dispuesto
para este caso en el Reglamento interior, debía contiuuar-
se de nuevo la discusión. Se verificó así, y después de
atendidas las nuevas razones que tuvieron lugar en el dis
curso del debate, el H. Sr. Vicepresidente que ocupaba el
asiento del Sr. Presidente, á consecuencia de haber toma
do éste una parte activa en la cuestión, interrogó á la Cá
mara si daba por suficientemente discutido el punto, y se
declaró que sí. Acto continuo se repitió la lectura del
art. i° indicado, y el Sr. Palíales, apoyado por el Sr. Es
paña, hizo la siguiente moción : “ Que el art. iV del antes
citado decreto se modificase en estos términos: Se deroga
la ley de 11 de Marzo de 1837”: y habiéndose pregunta
do si se admitía á discusión, el Senado estuvo por la ne
gativa. Entonces el Sr. Roéa, con el apoyo del Sr. Sal
vador, lo modificó del modo que sigue: “ La ley adicional
á la de elecciones, de 11 de Marzo de 837, es contraria al
68 —
art. 36 de la Constitución y á las bases fundamentales de
la forma de nuestro gobierno”. Consultada la Cámara si
se admitía á discusión, el Senado estuvo por la afirmativa.
Después de aducidas nuevas razones en pro y en contra,
llamado á votación, resultó haberse aprobado por la ma
yoría de ocho votos contra seis, componiendo la primera
los Sres. Tola, Carrión, Caleció, Dávalos, Roca, Salvador,
Torres y Pallares; y la segunda, los Sres. España, Noboa,
Márquez, Rodríguez, Arteta y Guerra. Volvió á tomar
su respectivo asiento el H. Sr. Presidente, y el Sr. Vice
presidente el suyo. Leyóse el 2? artículo, y puesto á vo
tación, fué aprobado por la misma mayoría de ocho con
tra seis. En este estado, el H. Sr. Arteta observó, que no
teniendo este 2? artículo ninguna relación con el que se
había aprobado, no debía por tanto, ocupar el lugar que
tenía en el decreto: en vista de ésto, el H. Sr. Roca pro
puso que el primer artículo pasase á ser el único en la
parte motiva, y el segundo que se acababa de aprobar,
también fuera el único de la parte dispositiva; y habién
dose aprobado esta variación por la H. Cámara, .i e acordó
que se redactara el decreto de la H Cámara de Represen
tantes del modo siguiente: “ Considerando: que la ley
adicional á la de elecciones, de 11 de Marzo de 1837, es
contraria al art. 36 de la Constitución, y á las bases fun
damentales de la forma de nuestro gobierno— Decreta:—
Art. único.— Las elecciones de Senadores y Representan
tes se harán en el período señalado, y por los términos de
signados por la ley de 27 de Agosto de 1835”; y se levan
tó la sesión.
El Presidente del Senado, Fernández Salvador.
El Senador Secretario, A .Martínez P
S e sió n del día once.
Se abrió á la hora acostumbrada, y leída el acta del
día anterior, quedó aprobada.
Púsose al despacho la comunicación de S. E. el Pre-
— 69 —
sidente de la República, en que solicita se dé una resolu
ción que fije definitivamente el sueldo que deben disfrutar
los Ministros Secretarios del Despacho, y se dispuso que
pasara á la comisión de Hacienda.
Asimismo se pusieron en conocimiento de la Cámara
varios informes que presentó la comisión legislativa : el
primero sobre la clase de papel sellado en que deben s a
car sus títulos los Curas de montaña, y fué aprobado : el
segundo sobre la consulta que hace la Corte Suprem-,
acerca de la verdadera inteligencia de varios artículos de
la ley orgánica militar: tercero, el que se contiae á la
consulta sobre quién deba ser el Juez de los Comandantes
Generales en las demandas civiles, y se dispuso pasara á
la comisión de guerra: cuarto, el relativo á la consulta so
bre la verdadera inteligencia del art. 5 1 2 del Código pe
nal, y fué aprobado: quinto, otro sobre la inteligencia de
los artículos 186 y 2 1 9 de la ley de procedimiento, el cual
por unánime consentimiento de la Cámara, se ha diferido
para la siguiente sesión ; y sexto, el que tiene relación con
la Convención celebrada entre los Plenipotenciarios del
Ecuador, N uev a Granada y Venezuela, sobre el expedito
giro de correos; pasó » segunda discusión.
L a comisión de educación pública presentó asimismo
su informe, en que opina deber aprobarse el decreto regla
mentario de instrucción, dada por el Ejecutivo, y además
los Estatutos del Convictorio de San Fernando, Santa
María del Socorro y del Colegio de San Bernardo de L o j a ;
dispúsose que ¡rasaran todas á segunda discusión.
Se dio lectura al informe de la comisión especial, emi
tido á consecuencia de las representaciones elevadas á es
ta H . Cámara por el Padre Provincial de la Merced y al
gunos religiosos de la misma O r d e n ; é igualmente un
proyecto de decreto sobre reformas de los conventos regu
lares : hechas algunas observaciones y admitido á discu
sión el expresado proyecto, se dispuso pasara á segunda.
E n este estado mandé el Sr. Presidente, que el H. Sr. R o
dríguez, acompañado de un miembro de la H . Cámara de
Representantes, condujesen ante el Poder Ejecutivo, v a
rios decretos para que los sancionara. E n seguida se di
rigió á la FI. Cámara de Representantes un mensaje c o m
puesto de los Sres. Nobo a y Márquez, conduciendo prime
ro la nota del Sr. Ministro del Interior, relativa á solicitar
se asigne sueldo al I)r. Mariano Miño, como á Ministro
Plenipotenciario encargado de celebrar un tratado de paz,
— 7o —
amistad y navegación con el Plenipotenciario de los E s t a
dos U n i d o s ; segundo, la representación y documentos
del ciudadano Julián Vizcaíno, contraídos á solicitar la
restitución del empleo que obtuvo en la Administración
general de Correos; y tercero, el proyecto de ley que de
roga la adicional de 11 de Marzo de 1 8 3 7 , sobre eleccio
nes. Habiendo regresado el Sr. Rodríguez que pasó a> te
el Ejecutivo, y el Sr. Nobo a á la Cámara de Representan
t e s ; expuso el primero, que S. E. el Presidente de la R e
pública contestaba que tendría la satisfacción de sancionar
los decretos que se le habían remitido; y el segundo, que el
Presidente de la H . Cámara de Representantes ofrecía s o
meter á la consideración de sus colegas los documentos
que había conducido.
Púsose en tercera discusión el informe de la comisión
de Hacienda, en que opina que al convenio practicado por
el Ejecutivo sobre el modo de pagar la acreencia del Sr.
Miguel Anzuátegui, le debe prestar el Senado su ap ro ba
ción. Después de leída la resolución del Gobierno y v o
tada por partes, resultó completamente aprobada.
Trájose á segunda discusión la solicitud de las Seño
ras A n .e , y pasó á tercera
Continuóse la tercera discusión del proyecto de ley
orgánica del Poder Judicial, que quedó pendiente en la
sesión del día 8, y desde el artículo 18 hasta el 36 inclusi
ve y sus parágrafos, fueron aprobados con las modificacio
nes siguientes: Por moción del Sr. Arteta, apoyada por
el Sr. R o c a , se suprimió el art. 18 en su totalidad, y fue
subrogado con el art. 3 9 de la antigua ley orgánica de
Ambato, , inclusas sus cuatro atribuciones que dicen:
“ Donde residen las Cortes Superiores, habrá un abogado
Agente Fiscal, que será nombrado por el Poder Ejecutivo
á propuesta en terna de la Corte Superior con interven
ción del Fiscal. Sus funciones serán : primera, auxiliar al
Fiscal en el despacho de los negocios de su resorte: se
gunda, acusar en primera instancia en todas las causas cri
minales que se sigan en el lugar donde resida: tercera,
proteger á los indígenas de la provincia en que resida la
Corte, cuando el negocio no corra en los Tribunales, don
de se ejercerá la protección por los Fiscales” . Añadióse,
por disposición de la Cámara, esta cuarta atribución:
“ Desempeñar las funciones de Auditor de guerra” ; é in
tercalar el art. 40 que dice “ cuando por impedimento del
Fiscal, en causa que penda ante cualquiera Corte Supe-
rior, sea necesaria la subrogación, le sustituirá el Agente :
y si éste se hallare igualmente impedido, se nombrará un
letrado por el juez ó jueces hábiles, y por la Sala si estu
vieren impedidos: En la Corte Suprema se hará desde
luego este nombramiento” . Al art. 19 se le agregaron las
pa la bra s: “ donde no haya Cortes” , por moción del Sr.
Arteta. Al parágrafo único del artículo citado se mandó
agregar, á virtud de la moción del H . Sr. R o c a , apoy ada
por los Sres. Arteta y Tola, las palabras “ aderpás de la in
tervención fiscal, serán oídos: se suprimieron las palabras
“ primera instancia” , y se añadió “ según la naturaleza del
negocio” ; y por moción del H. Sr. Arteta, apoyada por el
H . Sr. Secretario, se mandó intercalar el siguiente artícu
l o : “ E n los lugares en donde no haya Corte de Justicia,
los jueces de primera instancia nombrarán Promotores fis
cales para las causas criminales de Ha cie nd a” . Al art. 2 3
se le suprimió “ buena letra” , por moción del H. Sr. C e
rrión, apoyada por el Sr. Guerra. A los incisos 2 0 y 3?
del art. 27 se sustituyó la palabra “ dos” con “ diez” , á vir
tud de la moción del Sr. R o c a , apoy ada por el Sr. Guerra.
A l inciso 7? del mismo artículo se sustituyó el número de
“ dos pesos” con el de “ veinticinco” , por moción del Sr.
Guerra, apoyada del Sr. R o ca . A indicación del Sr. Pre
sidente se dispuso que el art. 29 sea, redactado en estos tér
minos: “ Lo s Secretarios de las Cortes serán removidos
por causa seguida y sentenciada legalmente” . A l pará
grafo único del art. 3 1 se mandó suprimir las palabras
“ impuesta en el art. 27 9 del Código penal” , y sustituir con
la frase “ de dos meses á un año de prisión” , Al art. 3 2
se le quitó la palabra “ firmados” y se puso “ concertados” .
Po<- moción del Sr. Tola, apoyada, por el H. S,r. Roca, se
añadió el siguiente artículo: “ L o s Secretarios.de las C o r
tes de Justicia no son conductos regulares para las c om u
nicaciones oficiales de las mismas Cortes ó sus Presiden
tes” ; y habiéndose aprobado el mencionado artículo, se
levantó la sesión.
E l Presidente del Senado, F e r n á n d e z S a lv a d o r .
E l Senador Secretario, A . M a r t ín e z P a lla r e s .
— 72 —
S e s i ó n del d í a d o c e .
Se abrió á la hora acostumbrada: leyóse el acta del
día anterior y fué aprobada.
Diose cuenta de los informes de la comisión de peti
ciones, emitidos, el primero á continuación de la solicitud
de Antonio Landázuri, opinando ser justas, y que podía
recomendársele al Ejecutivo: púsose en discusión y fué
aprobado. Y el segundo, á consecuencia de la represen
tación del Corregidor de Daule, manifestando que por las
poderosas razones con que implora el pago de varias c a n
tidades que debe el Estado á la iglesia de aquel cantón,
puede acceder el Senado á dicha solicitud. Se puso en
discusión y después de hechas las observaciones c o n v e
nientes, el H. Sr Arteta, con apoyo del H. Sr. Roca, hizo
la m o c i ó n : “ que debía pasar á segunda discusión” : ha
biéndose admitido, se aprobó. Leyéronse en seguida dos
decretos del Poder Ej ecutivo: el uno sobre la crea
ción del batallón N? 3? por la extinción del N ° 2 0, insu-
rieccionado en Riobambá, el cual pasó á segunda discu
sión ; y el segundo nombrando Auditores de guerra en
los Distritos de la República, por consecuencia de la men
cionada insurrección acaecida el diez de Marzo próximo
pasado. T om an do la palabra el H. Sr. España, hizo ver
que habiéndose discutido y aprobado la atribución 4 a del
artículo que debe subrogar al 18 del proyecto de ley orgá
nica del Poder Judicial, por la cual los Agentes fiscales
deben desempeñar las funciones de Auditores de g u e r r a ;
pareció no deberse tomar en consideración el decreto c i
tado, sino puramente para calificar la necesidad que o b li
gó al Ejecutivo á dictarlo. Llam ado á votación, resultó
que no debía traerse nuevamente á discusión.
A c t o continuo el H. Sr. Carrión propuso á la Cám ara
que podía ocuparse del informe de la comisión eclesiásti
ca, en que es de parecer que puede el Senado dar el pase
al Breve del Internuncio, relativo á visitas de los c o n v e n
tos regulares, que se había diferido á virtud de que se ofre
ció traer un proyecto de ley sobre refoimas, lo cual se h a
bía verificado en la sesión anterior. E l H . Sr. Presidente
indicó si debía considerarse al Internuncio por suficiente
mente autorizado para entrar en relaciones con este G o
bierno ; y el H, Sr. Carrión expresó que habiéndose anun-
“ 73 —
•ciado en las Gacetas oficiales, que Su Santidad había nom
brado al Si\ Cayetano Baluffi su Delegado Apostólico para
las Américas Meridional y Central, creía no haber incon
veniente para reconocerle como tal Delegado Ap os tó li co ;
tanto más cuanto que el Exento, y Rmo. Sr. Internuncio,
residente en la República de la N u e v a Granada, se halla
reconocido de hecho por nuestro Gobierno, según lo acre
dita la nota oficial del Ministro del Interior, y lo manifies
ta en su Memoria dirigida á la C á m a r a s : cuando en el
acápite E s t a d o s P o n tific io s dice : “ Carecemos de un A g e n
te debidamente autorizado en la Corte de Ro ma, á pesar
de que existe en Bogotá, en calidad de Delegado A p o s t ó
lico cerca de los Gobiernos Sudamericanos, un Internun
cio de Su Santidad” , Verdad es que por este medio se ha
abreviado en cierto modo la distancia entre la Capital del
Orbe Cristiano y la Repúbhca del Ecuador, aunque sea
para los asuntos de pequeña entidad” .
H e aquí puesto en claro de un modo oficial el reco
nocimiento explícito de nuestro Gobierno de la D e le g a
ción Apostólica del Sr. Internuncio, á quien Se ha ocurrido
por varias gracias espirituales, y han sido despachadas
como el Breve en cuestión para la visita general de los
regulares. Entonces el H. Sr. T o l a replicó: que no p o
día ni debía admitirse el Breve expedido al efecto por el
Internuncio, porque no estaba acreditado en debida forma
ante el Gobierno de la Rep ública: que por los documen
tos que comprenden la consulta del Ejecutivo, no se en
cuentra alguno en que conste que Su Santidad haya c o m u
nicado por conducto de su Ministro Apostólico, el nom
bramiento que haya conferido al Re vd o. Obispo Baluffi,
cerca de este Gobierno. Que por tanto no podía prorro
garle jurisdicción alguna para expedir una visita de regula
res, ni de introducirse en la. de los ordinarios de los Obispos
d e la República. E l H . Sr, Presidente o b s e r v ó : que
siendo especial el Rescripto del Internuncio para sólo los
Conventos regulares, y no general para toda la disciplina
eclesiástica, y tampoco para reformar los Estatutos, sino
para que se guarde su primitiva observancia; creía que el
Ejecutivo había padecido una equivocación en remitirlo
al Congreso para que se le diera el pase. * Entonces el H ,
Sr. Nobo a, con apoyo del H. Sr. España, hizo la siguiente
moción: “ Respecto á no contener el Rescripto un punto
de disciplina general, devuélvase el expediente al Ejecuti
vo, para que en uso de sús facultades, le dé el curso co-
— 74 —
rrespcmdiente". Admitida y abierta la discusión, eí l í ,
Sr. R o c a pidió la lectura del artículo de la ley de Patrona
t o ; y habiéndose visto que sólo podía dar el pase á las.
Bulas de pura gracia, d i) o : que era claro no correspon
derle al E j e c u t i v o ; y que si se decía que tampoco le c o
rrespondía al Congreso’, era evidente que debía rechazarse
la Bula del Internuncio, porque no existía en la Rep ública
el poder que debía concederle el pase. Oídas estas razo
nes que llamaron la atención del Senado sobre aquellas
palabras de la atribución 8 :i del art. 4 ” , que dice : “ Dar á
Jas Bulas y Breves que traten de disciplina universal, ó
de reforma ó variación de las Constituciones regulares,
el pase correspondiente, deduciéndose que basta que el
Rescripto trate de disciplina universal, aunque nada altere,
para que su pase dependa del Congreso. E l honorable
Sr, Presidente observó que los términos restrictivos en que
está concebida la atribución 1 7 ? del Ejecutivo, comparada
con el tenoF de la atribución congrual, manifiesta que la
facultad de dar el pase al Rescripto en cuestión, es pe cu
liar y privativa del Cuerpo Legislativo, puesto que el R e s
cripto no encierra ninguna gracia, sino una disposición
que concierne al régimen d é l a Ig le si a ; y que la atenta
lectura de ambas atribuciones, pone en claro esta verdad,
y conduce á fijar la legítima decisión. Discutida suficien
temente la materia, y habiéndose llamado á votación, fué
aprobada por la H. Cámara la moción del Sr. Noboa, es
tando por la negativa los Sres. Salvador, Pallares, T o l a y
R o c a , el que expuso, además, que lo estaba, porque no le
correspondía al Ejecutivo dar el pase á esta Bala.
E n seguida el H. Sr. T o l a , con apoy o del H . Sr. R o
ca, hizo esta moción : “ Que se devuelvan todos los d o c u
mentos al Poder Ejecutivo para que suspenda el pase al
Breve del Sr. Internuncio, hasta que acredite su misión en
bastante forma y conforme al uso y costumbres de las N a
ciones” . N o fué tomada en consideración por ser contra
dictoria y no modificativa de la hecha por el Sr. N o b o a ;
la cual siendo de orden, tuvo la preferencia, según el R e
glamento interior.
Se mandó un mensaje ante la H . Cámara de R e p r e
sentantes, compuesto de los Sres. Rodríguez y Dávalos,
conduciendo dos ¡informes de la comisión legislativa, e m i
tidos á consecuencia de las consultas hechas por la Corte
Suprema, sobre la verdadera inteligencia del artículo 5 1 2
del Código penal, y sobre la clase de papel sellado en que
— 75 —
deben expedirse los títulos de los Curas de m o n t añ a; y
otro de la de Hacienda, en que opina ser ventajosa la pro
puesta del Ejecutivo, sobre el modo de pagar la acreencia
del Sr. Miguel Anzuátegui. El que llevó la palabra ex pu
so á su regreso, que el H . Sr. Presidente de aquella C á m a
ra ofrecía tomaren consideración dichos documentos; con
lo cual se levantó la sesión.
El Presidente del Senado, J o s é F e r n á n d e z S a lv a d o r ,
E l Senador Secretario, A.
S e s ió n del día trece.
Se abrió á la hora acostumbrada, y leída el acta del
dí a anterior, quedó aprobada.
Puesta en conocimiento de la C ám ara ta nota del Sr.
Ministro Secretario del Interior, en que comunica que
S. E. el Ejecutivo ha tenido á bien disponer que el Minis
tro Presidente de la Corte de apelaciones, pase en calidad
de interino á la Corte Suprema, mientras el Sr. Luis S a a
sirve el Ministerio de H a c ie n d a ; y habiéndose hecho a l
gunas observaciones por algunos Senadores, se dispuso
que se acusara recibo. Trájose á la vista el informe de la
comisión de peticiones, relativo á las Sras. Antes, que es
tuvo en segunda discusión: abieita ésta, y aducidas las
razones que habían movido á la expresada comisión para
considerar ju-ta la solicitud de dichas Señoras, la Cámara
se sirvió aprobarlo. E n este estado, dispuso el H . Sr.
Presidente que el H . Sr. Márquez, acompañado de un
miembro de la H. Cámara de Representantes, se dirigiese
hacia el Poder Ejecutivo, conduciendo la ley que deroga
la de i i de Marzo de 1 8 3 7 sobre elecciones, para que o b
tuviese la sanción correspondiente. Suscitada la duda so
bre si la gracia concedida á la Sra. Mariana Oláis, que
habían implorado sus hijas, debía considerarse extensiva
hasta la úl