Ejercicios de escritura:
1. Elige un poema propio y cambia las palabras que lo componen por sinónimos
buscando en el diccionario.
2. Elige frases, versos o enunciados de poemas ajenos y monta con ellos un poema
enteramente con palabras de otros. Para darle cohesión, intenta cambiar lo
mínimo.
3. Elige frases, versos o enunciados de poemas ajenos y de poemas de propios.
Monta un poema intercalando versos: uno propio, luego un ajeno y así
sucesivamente.
4. Elige un poema propio y redúcelo a un haikú (tres versos sin rima, de 5, 7 y 5
sílabas).
5. Durante una semana, escribe una página apenas te despiertes sin pensar ni
revisarlas. A la semana siguiente, edita-corrige una página diaria.
6. Durante diez días, escribe una línea diaria. Con esas diez líneas, monta un
poema.
7. Escribe un poema sobre no poder escribir poemas.
Ejercicios de Charles Bernstein:
1. Toma un poema en un idioma extranjero que puedas pronunciar y que no
necesariamente entiendas y traduce palabra por palabra con la ayuda de un
diccionario. Guarda la versión palabra por palabra y haz tu propia versión
editada.
2. Elige veinte palabras. Escribe tres poemas diferentes usando solo esas palabras.
3. Imitación: escribe un poema en el estilo de cada uno de una docena de poetas
que te gustan y que no te gustan.
4. Escribe un poema biográfico sin usar ningún pronombre.
5. Poema abstracto: escribe un poema sin mencionar ningún objeto.
6. Escribe un poema que consista en frases o palabras favoritas recolectadas
durante un periodo de tiempo; elige tus palabras favoritas de un libro en
particular.
7. Elige un poema no propio y tacha al menos la mitad de las palabras. Arma un
poema con las que quedan.
8. Escribe un poema compuesto enteramente de preguntas.
Escribe un poema que sea una respuesta o que esté basado o inspirado en otro
poema o libro, como lo que hace Soledad Fariña en todos los poemas que
componen Donde comienza el aire:
Frente al espejo
ahueca el pelo lentamente
y se dice palabras al oído
(ácidas rojas)
deslumbrante se viste de jirones
el ojo fijo en la otra
del espejo
se raspa el corazón con un rastrillo
que robó del jardín de su Edén
y recuerda el vals de su Edén
engulle
las palabras que le sobran
su vacío permite un gemido
al animal paralizado
ante el rencor del enjambre
detención para tomar resuello
lucidez que sube de la sombra
a tajear lo indecible:
el horror el temor el lienzo blanco
a horcajadas
en el canto sagrado
Desde Concierto animal de Blanca Varela
Escribe un poema a partir de una película, como lo que hace Claudia Masin en Lo
intacto. Ejemplo, el poema «La luz de la luna» basado en Moonlight de Barry
Jenkins:
y cuando hablamos
tememos que nuestras palabras
no sean escuchadas
ni bienvenidas,
pero cuando callamos
seguimos teniendo miedo.
Por eso, es mejor hablar
recordando
que no se esperaba que sobreviviéramos
Audre Lorde
Hay quienes no formamos parte de la especie
más que como el error, la anomalía que confirma la precisión
y el equilibrio de las cosas. Como las crías enfermas,
defectuosas, que las perras apartan alzándolas del cuello con la boca,
no se espera de nosotros ninguna fortaleza ni coraje.
La mayoría de las veces no hace falta matarnos:
el cuerpo vaciado del amor
y del deseo de los otros pasa rápido. Una mancha en el cielo
que pocos llegan a ver antes de que se apague
a miles de años luz, sin poder hacer contacto con la tierra,
sin que nadie la extrañe. Pero algunas veces,
contra todas las probabilidades, una raíz crece desaforada,
sostenida en el aire hasta clavarse en la materia,
arrastrada por un deseo salvaje, por el empuje de la vida
que resiste aunque sepa que en ese esfuerzo descomunal
corre el riesgo de quebrarse. Dejá
que tu cabeza descanse en mis manos, me dijiste, prometo
no soltarte. Y yo, que lo único que sabía
era que había que escapar del amor como quien escapa
de una pedrada en el pecho, un golpe bien dado en el lugar
más vulnerable, me quedé
sin embargo en ese abrazo y fui curado
de las enfermedades de los otros, de lo que hicieron conmigo
para salvarse. No hizo falta que nadie más me tocara. Un cuerpo
sostenido en otro cuerpo se vuelve una casa.
Escribe un poema que se sostenga en un verbo, al modo de este de Inger
Christensen de Alfabeto:
el otoño existe; el regusto y la reflexión
existen; y el lugar retirado existe; los ángeles,
las viudas y el alce existen; las particularidades
existen, el recuerdo, la luz del recuerdo;
y el resplandor crepuscular existe, el roble y el olmo
existen; y el enebro, la semejanza, la soledad
existen; y el éider y la araña existen,
y el vinagre existe, y la posteridad, la posteridad
Escribe un poema en condicional, al modo de este de Decreación de Anne Carson:
Si el cuerpo es siempre profundo pero es aún más profundo en la superficie.
Si los condicionales son de dos tipos reales e hipotéticos.
Si estás empujando, empujando y luego comienza a arrastrarte.
Si la policía en esa ciudad quemase las manos de la gente con un soplete.
Si (cuerpos) muy oscuros o rojizos nadan allí.
Si después ella se sentara como haría una persona mayor, sin los pantalones puestos,
confundida.
Si te adentras, si excavas, si te arriesgas a reconstruir.
Si el punto que durante años ha sido alimentado se aviva un poco.
Si la figura sentada empezara con una idea de interrogación.
Si hubiese una calidad de luz eléctrica muy fuerte.
Si tuvieses la idea de la interrogación.
Si la interrogación es un deseo de conseguir información que no se da ni se ofrece
libremente.
Si enterrada sin dejar casi huella en lo oscuro de su energía sedente, dentro de tu cuerpo
hay otro cuerpo a la deriva.
Si al principio sonara como lluvia.
Si tu defensa es perfecta fueron los árboles después de todo los que se alejaron.
Si los objetos no son sólidos.
Si no hay caras, si lo que tú interrogas no son caras.
Si el rojo te hace pensar en la suerte o en cómo opera la suerte.
Si los pies se cruzan de modo que se escurre, escurren (Cristo) las analogías.
Si como dice Artaud quien no huele una bomba cocida y un vértigo comprimido no
merece estar vivo.
Si eliges qué deshacer, si sabes cómo tomar esa decisión.
Si la conduces hacia el agua.
Si le ofreces un regalo digamos un pensamiento de Pascal.
Si le das “fracciones infinitas de soledad” (Nabokov).
Si le da un poco de Artaud como “todos los escritos son mierda todos los escritores son
cerdos”.
Si los condicionales son de dos clases posibles e imposibles.
Si ella se aleja deslizándose, si tú lo haces.
Si el rojo es el color del cliché.
Si el rojo es el mejor color.
Si el rojo es el color del dolor del arte.
Si Artaud es un cliché.
Si los artistas te dicen que el arte es anterior al pensamiento.
Si quieres saber cosas como dónde está exactamente esa pierna.
Si los caballos estuviesen agotados.
Si ella suplicara, si viniera a la mesa, si la secuencia no importa.
Si comienza, un hilillo, este fino y lento gotear de la mente.
Si quieres saber por qué el escurrirse afecta tus nervios.
Si quieres saber por qué no puedes alcanzar tus propias ideas bellas.
Si en cambio llegas al borde de lo pensable, que se filtra.
Si detienes las filtraciones con condicionales.
Si los condicionales son de dos tipos reales e irreales.
Si nada permanece.
Si ella espera junto a ella misma.
Si Miroslav nos advirtió del exceso de inteligencia de los animales de laboratorio.
Si cuidar de ella es la noche.
Si un enigma entrara en la habitación.
Si todos los demás enigmas lucharan por salir.
Si fuera de aquí la luz huyera de las copas de los árboles que se alzan sobre un muro de
ladrillos de enfrente.
Si los condicionales son de dos tipos ahora es de noche y todos los gatos son pardos.
Si todas las víctimas de David exceden por decenas de miles a todas las víctimas de
Saúl.
Si ellos no sienten el dolor igual que nosotros.
Si condujeras hasta aquí con juguetes en el asiento trasero.
Si escribieras una palabra en el suelo de la celda con gotas de agua y la videograbaras
mientras se seca.
Si Vitrubio dice que ningún templo puede ser construido de manera coherente a menos
que se arme exactamente como un cuerpo humano.
Si el rojo es el color de la letra cursiva.
Si la letra cursiva es una tentación para el pensamiento.
Si Freud dice que la relación entre mirada y lo que se desea conlleva seducción.
Si Vitrubio no habla sobre desmantelar los templos pero podemos suponer que el mismo
canon es válido.
Si la seducción no está al servicio de nadie.
Si los condicionales son de dos tipos seducidos y despiertos.
Si no importa cómo te sostienes sobre uno no puedes ver al otro, no puedes rozar la
médula del sueño, no puedes leer lo que era esa palabra.
Si “hipotético” aplicado a los condicionales quiere decir que la prótasis es falsa.
Si (por ejemplo) “no hubieras destruido el barómetro esto nos hubiera prevenido”
implica que ahora estamos en medio de un temporal.
Si de hecho es una noche clara yo diría que casi implacablemente clara.
Si el condicional viene antes de condimento y condolencia.
Si no quieres recordar qué palabra era.
Si tu vida te desorienta (vida taimada).
Si la lluvia azota tu cara como las crines de todos los caballos de este siglo.
Si los condicionales son de dos tipos inscritos y dónde puedo escribir esto.
Escribe un poema acumulativo, al modo de este de Nadia Prado en Job:
La promesa se disuelve
la experiencia nunca la alcanza
las cosas ocurren en la vitrina
no podemos entrar a la vida
no basta el convencimiento de que se vive.
La promesa se disuelve
la experiencia nunca la alcanza
las cosas ocurren en la vitrina
no podemos entrar a la vida
no basta el convencimiento de que se vive.
Se verbaliza el sinsentido
y no se sabe si el cielo está abajo o arriba
el cansancio ha borrado la calle.
La promesa se disuelve
la experiencia nunca la alcanza
las cosas ocurren en la vitrina
no podemos entrar a la vida
no basta el convencimiento de que se vive.
Se verbaliza el sinsentido
y no se sabe si el cielo está abajo o arriba
el cansancio ha borrado la calle.
Se vive tras las monedas
que entran en la cabeza
en el agujero que nos hizo la vara mágica de Dios.
Escribe un poema al modo de Me acuerdo de Joe Brainard [este es solo un
fragmentito ilustrativo]:
Me acuerdo de lo bien que puede saber un vaso de agua después de un tazón de helado.
Me acuerdo del día que murió Marilyn Monroe.
Me acuerdo de muchos primeros días de colegio. Y de ese sentimiento de vacío.
Me acuerdo de muchos septiembres.
Me acuerdo de cuando pensabas que si hacías algo malo, la policía te metía en la cárcel.
Me acuerdo de cuando, en el colegio, le dabas una tarjeta de San Valentín a toda tu
clase, no fuera a ser que alguien a quien no le habías dado te diese una.
Me acuerdo de los lecheros. De los carteros. De las toallas para invitados. De los
felpudos de “Bienvenidos”. Y de las señoras de AVON.
Me acuerdo de la gente muy mayor cuando yo era muy joven. Sus casas olían raro.
Me acuerdo de la que vida era tan seria entonces como lo es ahora.
Me acuerdo de cuando la Pepsi-Cola estaba con un pie en la tumba.
Me acuerdo de un pinatuñas rojo oscuro casi negro.
Me acuerdo de los vasos de aluminio de colores.
Me acuerdo de un día muy caluroso de verano en el que se me ocurrió poner cubitos de
hielo en el acuario y se murieron todos los peces.
Me acuerdo de hacer helado casero.
Me acuerdo de que me gustaba más el helado comprado.
Me acuerdo de ponerme bronceador y de que justo entonces el sol se vaya.
Me acuerdo de esa sacudida que te da justo antes de quedarte dormido. Como
cayéndote.
Me acuerdo de querer dormir en el patio de atrás y de que se riesen de mí diciendo que
no iba a aguantar la noche entera y de, al final, dormir fuera y no aguantar la noche
entera.
Me acuerdo de las fuentes que empiezan por un chorro pequeño y cuando pones la cara
sale un chorro gigante que se mete en toda la nariz
Me acuerdo de la sopa de pollo con fideos cuando estás malo.
Me acuerdo de los filetes de pollo empanado.
Me acuerdo de llenar la cubitera hasta arriba y de intentar llevarla hasta el congelador
sin que se me derrame nada.
Me acuerdo de ponerme mi mejor ropa para ir a comprar ropa nueva.
Me acuerdo de la gente, en la calle cuando se ponía a llover, saliendo disparada con la
cara contraída.
Me acuerdo de lo que cuesta poner fin con naturalidad a una carcajada en público.
Me acuerdo de los cumpleaños.
Escribe un inventario (o un poema enumerativo) al modo de «Inventario» de
Jacques Prévert:
Una piedra
dos casas
tres ruinas
cuatro sepultureros
un jardín
flores
una rata de albañal
una docena de ostras un limón un pan
un rayo de sol
un escenario marino
seis músicos
una puerta con felpudo
un señor condecorado con la legión de honor
otra rata de albañal
un escultor que esculpe Napoleones
la flor que se llama caléndula
dos enamorados en un gran lecho
un recaudador de impuesto una silla tres pavos
un eclesiástico un forúnculo
una avispa
un riñón flotante
una caballeriza para caballos de carrera un hijo indigno dos frailes dominicos tres
langostas un traspuntín
dos rameras un tío Cipriano
una Mater Dolorosa tres padres chochos dos cabras del señor Seguin
un tacón Luis XV
una butaca Luis XVI
un aparador Enrique II dos aparadores Enrique III tres aparadores Enrique IV
un cajón suelto
un ovillo de hilo dos horquillas un señor de edad
una Victoria de Samotracia un contador dos ayudantes de contador un hombre de
mundo dos cirujanos tres vegetarianos
un caníbal
una expedición colonial un cabalo entero una media pinta de buena sangre una mosca
tsé-tsé
una langosta a la americana un jardín a la francesa
dos patatas a la inglesa
un par de impertinentes un lacayo un huérfano un pulmón de acero
un día de gloria
una semana de bondad
un mes de María
un año terrible
un minuto de silencio
un segundo de descuido
y...
cinco o seis ratas de albañal
un niño que llega llorando a la escuela
un niño que sale riendo de la escuela
una hormiga
dos pedernales
diecisiete elefantes un juez de instrucción en vacaciones sentado en una silla plegadiza
un paisaje con mucha hierba verde
una vaca
un toro
dos bellos amores tres grandes armonios un ternero a la Marengo
un sol de Austerlitz
un sifón de agua de Seltz
un vino blanco con limón
un Pulgarcito un gran perdón un calvario de piedra una escala de cuerda
dos hermas latinas tres dimensiones doce apóstoles mil y una noches treinta y
dos posiciones seis partes del mundo cinco puntos cardinales diez años
de buenos y leales servicios siete pecados capitales dos dedos de la mano diez gotas
antes de cada comida treinta días de arresto quince de
ellos en el calabozo cinco minutos de entreacto
y...
muchas ratas de albañal