El poema comienza con una invocación a la musa para que inspire al poeta a contar la historia.
La trama
se inicia con el enojo de Aquiles, el más grande de los guerreros griegos, quien se siente agraviado por el
rey Agamenón y decide retirarse de la batalla, lo que causa un gran revuelo en el campamento griego.
Agamenón, líder de los aqueos, había tomado como botín a Briseida, la esclava favorita de Aquiles, como
compensación por haber perdido a la suya, Criseida, en un intercambio con su padre, Crises, sacerdote
de Apolo. Esta disputa provoca la ira de Aquiles, quien se niega a volver a luchar.
La retirada de Aquiles del campo de batalla es un duro golpe para los griegos, quienes sufren grandes
pérdidas en manos de los troyanos liderados por Héctor, el principal defensor de Troya y príncipe
troyano. La situación se complica aún más cuando Patroclo, amigo íntimo de Aquiles, decide tomar su
lugar en la lucha, vistiendo su armadura y liderando a los mirmidones griegos. Patroclo logra un éxito
inicial al repeler a los troyanos, pero finalmente es asesinado por Héctor, lo que desencadena la furia de
Aquiles y lo lleva a regresar al combate para vengar la muerte de su amigo.
La "Ilíada" está llena de descripciones detalladas de batallas, duelos heroicos, diálogos entre los
personajes, intervenciones divinas y reflexiones sobre el destino humano. Homero explora temas como
el honor, la gloria, la ira, la compasión y el destino a lo largo de la obra. A medida que la guerra se
intensifica, los dioses toman partido, influenciando el resultado de las batallas y manipulando a los
mortales para cumplir con su voluntad.
El clímax de la epopeya llega con el duelo final entre Aquiles y Héctor fuera de las murallas de Troya.
Aquiles, impulsado por la sed de venganza por la muerte de Patroclo, persigue a Héctor y lo mata en
combate singular. Después de la muerte de Héctor, los troyanos se sumen en el luto, mientras que
Aquiles continúa con su implacable búsqueda de gloria.
La "Ilíada" concluye con los funerales de Héctor y la devolución del cuerpo de Héctor a su padre, el rey
Príamo de Troya, después de la intervención divina de Hermes. Este acto de piedad humana muestra la
humanidad de Aquiles y sirve como un recordatorio de la inevitabilidad de la muerte y el sufrimiento en
la vida humana. Aunque la guerra continúa, la muerte de Héctor marca un punto de inflexión en el
conflicto y prepara el escenario para los eventos finales de la Guerra de Troya.