CARRERA: LICENCIATURA EN DERECHO
ASIGNATURA: DERECHO DE INTEGRACIÓN ONLINE
CÓDIGO DE CLASE: DIE-1026
MÓDULO 6
CARACTERÍSTICAS DEL DERECHO COMUNITARIO
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UV: 3
Requisitos para cursar la asignatura:
Objetivo general:
Que el alumno identifique y analice las características del derecho comunitario
centroamericano.
Objetivo específico:
Conocer cuáles son las características del derecho comunitario
centroamericano.
Competencia a desarrollar.
Que el estudiante aprenda y enumere las características del derecho
comunitario centroamericano.
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Introducción
El derecho internacional público contemporáneo tiene en sus estructuras
normativas elementales la aparición de procesos de integración entre los
estados y organizaciones internacionales, esos procesos integrativos son
columna transversal de las relaciones internacionales de la actualidad.
El derecho de integración es pues clave para conocer, analizar, y comprender
la manera en la cual la comunidad internacional lleva a cabo sus
interdependencias políticas, económicas, migratorias, y todo tipo en el
escenario internacional.
Bibliografía
Manual de Derecho Comunitario Centroamericano
Cesar Ernesto Salazar Grande, Enrique Napoleón Ulate Chacón
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CAPÍTULO VI
CARACTERÍSTICAS DEL DERECHO COMUNITARIO
6.4. Característica de Jerarquía normativa
6.4.1. Primacía
La primacía del Derecho Comunitario es una característica importantísima que
tienen las normas comunitarias, pero se trata de una característica de jerarquía
normativa que ya fue explicada en el Capítulo V supra.
También en el Capítulo I, en el acápite de los Principios supra, se explica como
uno de los principios del Derecho Comunitario.
La primacía está relacionada a dos hechos fundamentales: el primero, cuando
el Derecho Comunitario se integra al sistema jurídico de los Estados miembros
y, segundo, cuando se impone a sus jurisdicciones. Las sentencias antes
citadas, COSTA/ENEL, SIMMENTAL, VAN GEND & LOOS, tienen la misma línea
jurisprudencial al darle un rango de prioridad al Derecho Comunitario en
relación al Derecho interno.
La Corte Centroamericana de Justicia ha manifestado que la característica de
primacía es consustancial del Derecho Comunitario, otorgándole su valor de
jerarquía normativa.
Tratándose de un ordenamiento jurídico nuevo y autónomo, esta característica
de jerarquía, asegura su eficacia al interior de los Estados.
6.5. Características de validez
6.5.1. Publicidad
La publicidad es una característica de validez en muchos ordenamientos
jurídicos y es necesario analizar cuál es su verdadero significado en un
ordenamiento jurídico comunitario. Como se explicó, en relación con la
característica de aplicabilidad directa, la norma comunitaria surte sus efectos
del mismo reglamento o decisión, de esta manera se aseguran sus efectos al
interior de cada uno de los Estados Miembros.
La Corte Centroamericana de Justicia (CCJ 20-10-95) emitió una resolución en
la que se determinó el valor de la publicidad de los actos normativos, que es de
suma importancia citar: “…es importante preguntarnos si la publicidad de
dichos actos es requisito de validez, que es un aspecto que no está resuelto en
el Protocolo de Tegucigalpa. De conformidad al artículo 10 del Protocolo de
Tegucigalpa la obligación primaria que tienen los órganos e instituciones de
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integración es la de garantizar la publicidad de sus resoluciones en sus
ordenamientos complementarios o derivados.
Doctrinariamente se aceptan dos posiciones en cuanto a la publicidad de las
disposiciones normativas: una que la considera como requisito fundamental
para que la norma pueda tener validez y sea acatada, por considerar que la
publicidad es parte esencial del procedimiento de elaboración de las mismas;
y, la otra, que postula la publicidad de las normas como condicionante para su
eficacia o vigencia y no de su validez.
Se nos plantea entonces la necesidad de establecer cuál ha sido la voluntad de
los Estados contratantes del Protocolo de Tegucigalpa en relación a esta
alternativa.
A este respecto es conveniente el análisis de lo dispuesto en el artículo 22 del
Protocolo de Tegucigalpa que literalmente dice: Sin perjuicio del artículo 10, las
decisiones de los Consejos serán de obligatorio cumplimiento en todos los
Estados miembros y sólo podrán oponerse a su ejecución disposiciones de
carácter legal...Es claro que las decisiones o actos normativos acordados por
uno de los principales órganos del Sistema, tienen existencia legal lo que
equivale a decir validez, aún cuando no se haya cumplido con la obligación de
publicidad establecida en el artículo 10 del mismo Protocolo, lo que justifica la
conclusión de que los Estados contratantes se inclinaron por la posición de que
la publicidad no es esencial para la validez de los actos normativos dictados por
los órganos e instituciones a quienes esta Corte considera que se les puede
aplicar el mismo principio del artículo 22 referido a los Consejos de
Ministros….Precisamente en todos los Estados contratantes, la publicidad no
forma parte esencial de la validez de las leyes, sino que constituye el hecho que
fundamenta la vigencia de la ley ya formada y válida y que en definitiva
sustenta la presunción de conocimiento de la misma ley, después de lo cual es
obligatoria y nadie puede alegar su desconocimiento.
En conclusión la Publicidad no es requisito esencial de para la validez de la
norma comunitaria…”.
Como se argumentara (ver aplicabilidad directa supra) la Corte, no relaciona la
característica de aplicabilidad directa con el hecho de que en el SICA, la
publicación de la norma no constituye un requisito de validez ni de vigencia,
esto es por el hecho de que las normas de Derecho Comunitario derivado
surten efectos por si mismas y son directamente aplicables.
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Las decisiones y Resoluciones de la Reunión de Presidentes son directamente
aplicables a los Estados Miembros. (Artículos 7 y 8 del Reglamento de Actos
Normativos).
Los Reglamentos y los Acuerdos, como actos normativos de los Consejos de
Ministros, gozan de aplicabilidad directa con el objeto de asegurar su inserción
inmediata y aplicación uniforme en cada uno de los Estados parte (artículo 11 y
12 del Reglamento de Actos Normativos).
Las Recomendaciones de los Consejos de Ministros, contienen orientaciones y
sugerencias que sólo son obligatorias en cuanto a sus objetivos y principios,
sirven para preparar la emisión de Resoluciones, Reglamentos o Acuerdos.
En el artículo 14 del Tratado de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero
(CECA), encontramos el antecedente de esta disposición en la que se dice que
“… las recomendaciones obligarán en cuanto a los objetivos fijados en ellas, pero
dejaran a sus destinatarios la elección de los medios apropiados para alcanzar
tales objetivos.” Esta norma constituye un precedente de la directiva europea
en los Tratados de Roma. Lo que nos confirma nuevamente que la Comisión
redactora del Protocolo de Tegucigalpa tomó ciertas disposiciones y
conceptos del antiguo Tratado de la CECA de 1951.
6.5.2 Depósito
La práctica ha demostrado que los órganos e instituciones del SICA depositan
en la Secretaría General los instrumentos en que constan los actos normativos
que emiten.
La Corte Centroamericana de Justicia analizó en la Resolución (CCJ 24-05-95) si
existe tal obligación, concluyendo que los órganos e instituciones del SICA
deben remitir a la Secretaría General los acuerdos de carácter normativo que
emitan para que la entidad pueda cumplir la misión dada en la XIII Reunión de
Presidentes, pero en ningún momento tal envío tiene los efectos del depósito
aceptados en el Derecho Internacional por ser de otra naturaleza.
En las atribuciones establecidas en el artículo 26 del Protocolo de Tegucigalpa
para la Secretaría General del SICA, no está expresamente señalada la función
de ser depositaría de los instrumentos normativos, pero si la de realizar
funciones de Secretaría (letra “g” artículo 26) que en él ámbito internacional,
dicha función incluye, la de ser depositaria de dichos instrumentos jurídicos.
La resolución 2 de la XIII Reunión de Presidentes celebrada en Panamá en el
mes de diciembre de 1992, dispuso:
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“Aceptar la transferencia de la custodia de los Tratados o documentos y
encargar a la Secretaría General del SICA realizar, para las partes en esos
instrumentos, las funciones de depósito anteriormente confiadas a la
Secretaría de la ODECA...La Secretaría General del SICA, asegurará el
servicio de custodia de todos los tratados, convenciones, protocolos, etc.
que se concluyan por los Estados centroamericanos, los cuales deberán
ser objeto de depósito en la misma”.
Con este mandato, la Secretaría General es la depositaria de los instrumentos
jurídicos de integración regional, salvo disposición en contrario que emita la
Reunión de Presidentes, aunque como se dijo, es de la naturaleza jurídica de
una Secretaría General tener dicha función.
Pero ¿cuál es el objeto del depósito? ¿Se trata de una característica de validez
de la norma?
En relación a este aspecto la Corte consideró (CCJ 24-05-95) que:
“…depositar un instrumento internacional es poner su custodia temporal en
manos de un gobierno de algún Estado o en las de la Secretaría General de
un Organismo Internacional, universal o regional, con la finalidad de que lo
conserve durante el tiempo preciso para que los Estados u organizaciones
partes envíe las firmas o instrumentos de ratificación, aceptación,
aprobación o adhesión necesarios para su vigencia, la cual una vez
alcanzada mandarla a registrar en la Secretaría de las Naciones Unidas.
El fin último del depósito de un instrumento es su registro en los libros de
alguna Organización Internacional y ello se fundamenta en la necesidad de
dejar constancia de él para su eventual invocación respecto de los Estados
que son parte.
Determinar la naturaleza exacta de lo que son las funciones del depositario es
un tanto difícil, ya que se podría argumentar que ha de servir como
instrumento material de comunicación entre los Estados o bien como
elemento que ha de determinar las consecuencias jurídicas del depósito
mismo. La práctica de los Estados en el seno de las Naciones Unidas se
inclina hacia la primera opción, tendencia reafirmada por el contenido del
artículo 77 de la Convención de Viena.
De lo anteriormente expuesto se colige que el depósito es necesario para las
Tratados, Acuerdos, Convenios, Protocolos, etc. Y no para los actos
normativos de los órganos e instituciones del SICA, sin embargo, hay que
tomar en cuenta que en el numeral 2 de la resolución número 2 de la XIII
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Reunión de Presidentes, se dispuso lo siguiente: el eje fundamental del
Sistema de la Integración Centroamericana SICA que reúne en su seno a
todos los órganos, organismos e instituciones de la integración, será el de
coordinar toda la institucionalidad regional en forma tal que asegure el
seguimiento de las decisiones de las Reuniones de Presidentes y el
cumplimiento de los objetivos y principios del Protocolo de Tegucigalpa. ..
Por todo lo expuesto la Corte considera que el valor jurídico que podría
reconocérsele a tales envíos no es más que el de probar el cumplimiento de
la obligación de publicidad del artículo 10 del Protocolo de Tegucigalpa, en
caso de que algún interesado alegara algún agravio que le pudiera causar la
omisión de esa obligación y, además, para cumplir lo dispuesto por la
reunión de Presidentes en su resolución número 2 antes descrita…”.
De acuerdo con esta interpretación, el depósito no es requisito de validez ni de
vigencia de la norma de Derecho derivado.
6.5.3. Entrada en vigencia
En el ordenamiento jurídico del Sistema de la Integración Centroamericana no
existe regulación expresa de cuándo los actos normativos deben entrar en
vigor.
La Corte Centroamericana de Justicia en la Resolución (CCJ 24-05-95) razonó
este aspecto de la forma siguiente: En el artículo 34 del Protocolo de
Tegucigalpa establece que los instrumentos derivados o complementarios que
se suscriban de conformidad con las disposiciones del presente Protocolo
podrán entrar en vigencia mediante acuerdos ejecutivos.
Por otra parte, en el artículo 8 del Protocolo prescribe que la estructura
institucional de Centroamérica que regula, vincula los órganos e instituciones
de la integración, pero que gozarán de autonomía funcional en el marco de una
necesaria y coherente coordinación intersectorial, la cual justifica que sean
ellos los que en cada caso decidan sobre la entrada en vigencia de las normas
de carácter obligatorio que emitan, respetando, desde luego, la obligación de
publicidad a la que antes se ha hecho referencia.
El cumplimiento de ésta última obligación, garantiza el conocimiento de las
referidas normas y su exigibilidad. En atención a las razones expuestas y ya que
el Protocolo de Tegucigalpa no establece que la validez o vigencia de los actos
normativos de los órganos e instituciones del SICA dependan de su
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publicación, es dable concluir que tales actos entran en vigencia en la forma y
desde la fecha, plazo o término que expresamente se establezca en ellos…”.
En conclusión el depósito no es requisito de validez de la norma comunitaria y
su función es de seguridad jurídica.
6.6. Coercibilidad
6.6.1. La sanción del Derecho Comunitario
Una de las principales características de la norma jurídica, a diferencia de las
normas morales, es su coercibilidad.
La coercibilidad puede definirse como la posibilidad de emplear, si fuere
necesario, todos los medios para evitar que se produzca el comportamiento
prohibido y para imponer la realización del comportamiento ordenado
(RECASENS SICHES. Pág. 92).
Esta doble vía de la coercibilidad (evitar una conducta o imponer la realización
de una conducta) delimita los alcances y contenidos de estas líneas. Sin duda,
lo que se trata es de aclarar si el Derecho Comunitario Centroamericano puede
emplear los medios que fueren necesarios para evitar actos no deseados por
parte de los sujetos de este Derecho, y si puede imponer o no, la realización de
sus decisiones.
La posibilidad que una norma sea coercible no significa necesariamente que se
tenga que cumplir con una pena. La pena se impone como sanción de una
determinada conducta prohibida, la pena se regla solamente en las normas de
tipo punitivo. No obstante, la coercibilidad se encuentra también en otro tipo
de normas que no son punitivas, como las normas contractuales, de
organización, declarativas de derechos, entre otras.
La sanción viene siendo una consecuencia derivada del fracaso de la forma
normal y primaria de cumplir la norma jurídica, que muchas veces constituirá
una manifestación necesaria para el cumplimiento de la norma.
Esto también nos da un camino claro en el cual debemos manifestar una
postura, que es la existencia o no de normas punitivas o sancionatorias en el
Derecho Comunitario Centroamericano como consecuencia de su
incumplimiento.
La coercibilidad de una norma de Derecho Comunitario Centroamericano se
desprende de su mismo carácter jurídico, así su cumplimiento no está
condicionado a la libre voluntad de los Estados, de las administraciones
nacionales, de los órganos e instituciones del SICA, de las personas naturales o
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jurídicas. En este caso la conducta de estos sujetos es parte de una estructura
colectiva que les impone su cumplimiento. En un sistema comunitario en el que
existe la participación de ocho países, en el que la población puede alcanzar
hasta los 40 millones de individuos de distintas nacionalidades, la realización
del Derecho no puede depender de la voluntad de quien debe cumplirlo, sino
que debería imponerse de forma incondicionada a una persona por interés de
otras de la misma Comunidad, pues se necesita de certidumbre y seguridad en
las relaciones entre los sujetos de esta Comunidad.
Como consecuencia de la coercibilidad surge el uso de la fuerza, es decir, la
posibilidad de hacer cumplir lo debido o de impedir la realización de lo
prohibido (RECASENS SICHES, pág.103), sin o en contra de la voluntad de los
sujetos, venciendo cualquier resistencia ante la misma.
La compensación solamente ocurre cuando la ejecución de lo debido ya no
puede ser cumplida o cuando lo prohibido fue realizado, y para esto la norma
debe establecer un comportamiento compensador, que es lo que se denomina
retribución objetiva.
Considerada por GUY como la última fase de aplicación del Derecho
Comunitario Europeo, tomando en cuenta que en ese derecho existe un
régimen jurídico de infracciones y sanciones, de tipo pecuniarias (multas,
recargos, etc.), y no pecuniarias (amonestación, supresión de ayuda financiera
o técnica, depósito judicial), o para personas naturales y jurídicas (colocación
de una empresa bajo administración provisional).
El SICA no dispone de un régimen jurídico de infracciones y sanciones. Ante el
silencio del ordenamiento jurídico del SICA en esta materia, no solamente de
las infracciones y sanciones; sino en cuanto al procedimiento para aplicarlas,
podríamos concluir que esta facultad corresponde a las autoridades
administrativas nacionales en base al principio de autonomía administrativa.
Sin embargo, ya existen antecedentes en los que se ha denegado la posibilidad
de que las administraciones nacionales impongan medidas compensatorias o
contramedidas a otro Estado, dejando reservada esta materia a los órganos
jurisdiccionales nacionales, a la Corte Centroamericana de Justicia y al Centro
de Solución de Controversias con sede en SIECA, Guatemala, según el caso.
En las controversias de Nicaragua c. Honduras y Honduras c. Nicaragua, donde
se discutía la violación e incumplimiento de la normativa comunitaria y
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responsabilidad del Estado, la CCJ declaró con lugar ambas demandas (CCJ.
Res. 10 hrs. del 28 noviembre 2001, Considerando I. Caso Honduras c. Nicaragua.
CCJ, Res. 11 hrs. del 27 noviembre 2001. Caso Nicaragua c. Honduras.
Considerando I).
En el primer caso, la Corte estableció la responsabilidad del Estado de
Honduras, al ratificar el Tratado de Delimitación Marítima con Colombia
porque violó la normativa comunitaria, y los principios y propósitos de la
integración centroamericana. Tal actuación unilateral de Honduras, contradice
las Declaraciones de las Reuniones Presidenciales que de buena fe los
Presidentes de todos los Países miembros han firmado, en defensa de la paz,
la seguridad, la integridad territorial y la identidad de Centroamérica, como
bases para garantizar la integración regional, y que emanan del Órgano
máximo del SICA, como es la Reunión de Presidentes.
Además, la Corte hace una interpretación amplia de los Tratados Constitutivos
y demás instrumentos complementarios y derivados, con base en los objetivos
y fines declarados principalmente en el Protocolo de Tegucigalpa
(especialmente en sus artículos 3 y 4, 6 y 7), que también consideró el máximo
Tribunal comunitario, fueron infringidos.
El aporte mayor del fallo es reconocer como principio la responsabilidad y el
deber de reparación que tienen los Estados miembros (lo cual se podría
extender también a los Órganos de la Comunidad), en la aplicación y
cumplimiento de la normativa que sustenta el SICA, a la cual todos los países
integrantes de la Comunidad Centroamericana se han adherido con el
propósito de integrarse.
Al resolver el caso Honduras vs. Nicaragua, la Corte, nuevamente, reitera los
principios que rigen el Derecho comunitario centroamericano. Pone énfasis en
la jerarquía jurídica del Protocolo de Tegucigalpa, como Tratado constitutivo
del SICA, el cual, sumado a los instrumentos complementarios y derivados
genera derechos y obligaciones, no solo para los Estados parte, sino también
para los sujetos privados.
Se pasó, dice la Corte, de una simple cooperación o relación
intergubernamental, a un proceso gradual de integración regional basado en
la solidaridad y en la creación de Órganos supranacionales. Reitera los fines y
propósitos de la integración, contenidos en los artículos 3 y 4 del Protocolo,
entre los cuales resaltan la solidaridad, la seguridad jurídica y la buena fe (CCJ.
Res. 11:30 hrs. 5-8-97) en las relaciones comunitarias entre los Estados parte.
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CCJ, Res. 18 hrs. del 22-6-95 “...por su sola naturaleza de Tratado Internacional
y manifestación expresa de la voluntad soberana de las Altas Partes
contratantes, constituye para los Estados respecto de los cuales está vigente,
un ordenamiento jurídico obligatorio que debe ser cumplido por ellos de buena
fe, al tenor de la regla Pacta Sunt Servanda...” y Res. 10 hrs. del 13-12-96, en
relación con los artículos 6 y 10 del Protocolo de Tegucigalpa.
La Corte resalta la importancia de que los Estados parte hagan uso del Tribunal
Comunitario para resolver sus diferencias y fortalecer el Derecho comunitario
centroamericano.
“Es conveniente hacer notar la actitud de las Altas Partes en contienda, en el
sentido de que al recurrir a este Tribunal con el propósito de buscar una
solución pacífica a sus controversias, demuestran su decisión política de que el
Sistema de la Integración Centroamericana se fortalezca, permitiendo la
evolución y perfeccionamiento de un Derecho comunitario, que conducirá a la
Región Centroamericana a una real unión, que garantice un desarrollo
equilibrado y el alcance de un bien común que beneficie directamente a sus
habitantes…”. Ver Sentencia comentada, del 28 de noviembre del 2001,
considerando IV.
Pero no vasta la mera declaración jurisdiccional, si los Estados no se someten
en modo efectivo a su poder de imperio pues, de lo contrario, se haría
nugatoria la construcción del entero sistema comunitario, y del acervo
jurisprudencial (acquis communautaire).
La sentencia tiene tres aportes significativos:
a) Reconoce la Comunidad de Estados Centroamericanos como una
Comunidad de Derecho, con autonomía jurídica propia;
b) Establece la primacía del Derecho comunitario y sus principios esenciales
(eficacia directa, aplicación inmediata, obligatoriedad) no sólo en relación con
normas internas -que resultan inaplicables e ineficaces frente al Derecho
comunitario-, sino también respecto a las normas del Derecho Internacional
convencional (normas del GATT) y,
c) Reitera el principio de responsabilidad y la obligación de los Estados de
reparación patrimonial, en casos de violaciones declaradas al derecho
comunitario y, en este caso, al subsistema económico de la integración, lo que
conduciría, en fase de ejecución de sentencia, a lograr una reparación real y
efectiva de los daños y perjuicios causados, no solo al Estado que resulte
afectado, sino también a los propios sujetos privados que así lo demuestren.
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En otro caso similar, la SIECA (Dictamen 064-0554/02) en cuanto a los
derechos compensatorios impuestos por Costa Rica estableció, lo siguiente:
“los Derechos compensatorios no son recursos compatibles en un sistema de
integración económica, por cuanto la filosofía de estos es unificar los
procedimientos y normativa en general para alcanzar un desarrollo económico
conjunto, equilibrado, equitativo y sostenible de los Estados que lo conforman,
lo cual se ve absolutamente contrariado con la adopción de medidas unilaterales
que rompan el orden y equilibrio de las políticas comunes.
Costa Rica al imponer derechos compensatorios a las grasas y los aceites
comestibles que son internados desde Guatemala, El Salvador, y Honduras, está
violentando el ordenamiento jurídico regional, particularmente el Tratado
General de Integración Económica y el Protocolo de Guatemala, instrumentos que
consagran como pilares fundamentales sobre los cuales se erige el proceso de
integración económica regional, el libre comercio de las mercancías, el trato
nacional y el de no discriminación.” (ALARCON, MAYNOR pág. 27 ss.).
En ese caso Guatemala adoptó una medida de reciprocidad y le impone a la
leche procedente de aquel país una sobre tasa, lo que constituiría una típica
represalia por la medida implementada por Costa Rica. De conformidad a la
interpretación de SIECA, la medida de Guatemala, aunque fundamentada en
un acto ilegal de Costa Rica, no se justifica porque en un proceso de integración
económica no se actúa en base a represalias o reciprocidad, sino que se siguen
los procedimientos en la normativa común.
En este mismo sentido SIECA se pronunció el 7 de marzo de 2003, por el cobro
de visa consular que efectúa Costa Rica a los ciudadanos nicaragüenses donde
expresó que la imposición de un Derecho compensatorio constituye un
recurso incompatible con el mismo proceso integracionista. Medidas o
disposiciones sin fundamento jurídico no nacen a la vida legal, por lo que el
Derecho compensatorio resulta igual de arbitrario que la medida que lo
motiva.
La seguridad jurídica se vería menguada si las administraciones nacionales
establecieran de forma espontánea una sanción bajo un marco de autonomía
administrativa, pues dichas sanciones, cuando menos deberían estar reguladas
por la normas comunitarias, aunque fueran aplicadas directamente por las
administraciones nacionales. Mucho menos podríamos pensar en la aplicación
de sanciones penales por incumplimiento de una norma comunitaria, a menos
que se definieran delitos y se constituya un poder jurisdiccional penal previo.
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Bajo esta perspectiva pareciera que la característica de coercibilidad en los
casos que haya necesidad de imponer una sanción se vería diluida en la
inseguridad jurídica por violación al principio universal nulla poena sine lege que
en su formulación política y cultural más clara, significa que todo ejercicio de
una sanción debe estar perfectamente limitado con anterioridad por la ley.
Sobre la base de este principio se estructuran dos garantías:
1) las condiciones que habilitan la imposición de una pena y la sanción misma
deben haber sido establecidas con anterioridad al hecho que se pretende
sancionar; y,
2) toda sanción debe ser establecida luego de un juicio, estructurado con
anterioridad al hecho que motiva ese juicio.
Esta regulación siempre cuenta con una estructura o formulación
constitucional con el fin de evitar el ejercicio arbitrario de la coerción y por ello
es que el juicio debe cumplir su función de ser el límite eficaz al ejercicio
arbitrario del poder sancionatorio.
Está comprobado en reiteradas sentencias de la Corte Centroamericana de
Justicia que el máximo tribunal comunitario se abstiene de establecer una
compensación retributiva o sanción pecuniaria o no pecuniaria, a veces,
argumentando no haber recibido pruebas para la determinación de las mismas,
pero sin tener muchas pruebas podemos comprender que tampoco tienen
elementos que le sirvan de base para establecerlas, como se dijo en el Capítulo
de la Jerarquía de las Fuentes supra Cap. III, ante un vacío legal puede utilizarse
la interpretación analógica, excepto en los casos del establecimiento de
infracciones y sanciones, por cuanto el principio de legalidad no lo permite.
6.6.2. El cumplimiento de las resoluciones y los fallos judiciales
En el artículo 39 del Estatuto de la Corte Centroamericana de Justicia,
encontramos una disposición clave para determinar la coercibilidad del
Derecho Comunitario. Establece que las resoluciones del Tribunal son
vinculantes para los Estados, para los Órganos u Organismos del Sistema de la
Integración Centroamericana y para las personas naturales y jurídicas, y se
ejecutarán como si se tratara de cumplir una resolución, laudo o sentencia de
un tribunal nacional respectivo.
Con esta disposición queda claro, que cuando menos, desde un punto de vista
procesal ejecutivo por parte de los Estados nacionales y el funcionamiento de
un órgano jurisdiccional como la Corte Centroamericana de Justicia, existe
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certidumbre y seguridad jurídica por cuanto, de ser necesario, se declararán los
derechos que hay que cumplir, se aplicarán las sanciones que se vayan
estableciendo o se impondrán las medidas compensatorias necesarias en cada
caso concreto; así como también que estas resoluciones serán vinculantes y se
ejecutarán por los tribunales nacionales de cada uno de los Estados Miembros
como si se tratare de una sentencia nacional.
Esto indica duda que las normas del Derecho Comunitario, que no han sido
cumplidas, pueden hacerlas cumplir de forma impositiva y por medios
forzosos, como por ejemplo: el embargo de bienes ordenado por el tribunal
comunitario y ejecutado por un Tribunal nacional.
Una circunstancia criticada por la corriente internacionalista es que, como
efectivamente se comprueba, el ordenamiento jurídico comunitario no tiene
por si mismo o de forma autónoma los medios para imponer o hacer cumplir
coercitivamente las normas, porque en estos casos son los mecanismos
nacionales internos los que la hacen cumplir.
Esta crítica ha valido para no considerar este Derecho, como un derecho
autónomo. Además, esta previsto en el inciso 2 del artículo 39 que si hay
incumplimiento del fallo por parte de un Estado, la Corte lo hará saber a los
Estados para que, utilizando los medios pertinentes aseguren su ejecución,
refiriéndose aquí al esquema de responsabilidad internacional del Derecho
Internacional, constituyendo ésto una segunda crítica a su pretendida
autonomía, ya que el Derecho Comunitario, también utiliza mecanismos e
instituciones jurídicas del Derecho Internacional como el de responsabilidad
internacional de un Estado.
Los argumentos a favor del Derecho Comunitario estriban en que ni en el
mismo Derecho Comunitario Europeo existen mecanismos propios para hacer
cumplir de forma impositiva las normas y las sentencias del Tribunal Europeo.
No tendría sentido o no sería racional crear toda una infraestructura autónoma
si ya la tienen los Estados, y sobre todo, si estas normas han pasado a formar
parte del ordenamiento jurídico interno.
6.6.3. Alegación por incumplimiento
La aplicación de normas comunitarias está ligado íntimamente a la uniformidad
de dicha aplicación en cada uno de los Estados parte.
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Como parte de los argumentos que refuerzan la característica de la
coercibilidad del Derecho Comunitario tenemos que tomar en cuenta la
posibilidad que existe de alegación por incumplimiento de los sujetos parte de
la comunidad. Esa facultad o acceso que pueden invocar los interesados es una
garantía de la tutela efectiva de sus derechos en el sistema jurídico del SICA.
La Corte Centroamericana de Justicia controla la legalidad de los actos
comunitarios y puede mediante una acción de incumplimiento de un Estado
Miembro declarar dicho hecho o puede vía interpretación prejudicial
establecer criterios interpretativos de los cuales se deduzca la
incompatibilidad de una norma nacional con el ordenamiento jurídico
comunitario, correspondiendo en este supuesto, a los tribunales nacionales
deducir todas las consecuencias del caso.
El control de la legalidad de los actos adoptados por las administraciones
nacionales está asegurado por el control que ejercen de forma
descentralizada, los tribunales nacionales, quienes lo ejercen con aplicación de
los mecanismos y procedimientos del orden jurídico interno; así mismo la
protección jurisdiccional implica también el derecho de los justiciables a
impugnar por vía incidental la legalidad de las normas comunitarias ante el
órgano jurisdiccional nacional. Esta doble vía de control jurisdiccional
descentralizado permite que la aplicación del Derecho pueda realizarse incluso
por vía judicial (coercitiva) y con participación de todos los sujetos
intervinientes en la comunidad creada.
El poder recurrir por incumplimiento de una norma comunitaria ante un
Tribunal comunitario constituye un mecanismo de control de la legalidad
comunitaria de las actuaciones de los distintos órganos nacionales, es hacer
sentir sus efectos que, mutatis mutandi, podrían equiparase a los que
produciría el control de legalidad de la actuación de las administraciones
nacionales encomendado a los jueces internos.
La cooperación que brinden los tribunales nacionales de velar por la legalidad
comunitaria es lo que nos asegura que, en caso de responsabilidad de las
administraciones por daños causados en su actuación, pueda realizarse una
tutela efectiva de los derechos sujetos a reestablecer.
El Convenio de Estatutos de la Corte Centroamericana de Justicia, establece
que en caso de incumplimiento se comunica tal situación a los Estados parte, a
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efectos de que tomen las medidas del caso, tendientes a su ejecución. La
misma Corte ha dictado resoluciones en ese sentido (Res. 11:30 del 5-9-97).
Pese a dicho aporte, de valor innegable y de gran trascendencia para casos
futuros, es importante indicar, que el objeto del litigio (Nicaragua & Honduras
y Honduras & Nicaragua) se centró en demostrar la responsabilidad y por ende
al haberse determinado, era la obligación del Tribunal de declarar su
existencia, como efectivamente lo hizo.
La consecuencia lógica de dicha declaratoria, es la obligatoriedad de la
reparación del daño causado y que se demuestre en juicio, pero según nuestro
parecer, dicha demostración debe darse a posteriori de la declaratoria de
responsabilidad (pues como se dijo el proceso gira en torno a demostrarla),
para lo cual estaría abierta la etapa de ejecución de la sentencia.
Efectivamente, dentro de las disposiciones del Estatuto, referidas a la
sentencia y su cumplimiento, el artículo 39 establece que las sentencias
definitivas que dicte la Corte no admiten recurso alguno, son vinculantes para
los Estados (o para los Órganos u Organismos del SICA) y se ejecutarán como
si se tratara de cumplir una resolución, laudo o sentencia de un tribunal
nacional del respectivo Estado. Esto quiere decir, que en este caso era
perfectamente posible que la Corte, con una visión más futurista, dejara para
un momento sucesivo, la etapa de ejecución de sentencia, la demostración y
cuantificación de los daños y perjuicios invocados.
En todo caso, queda la cuestión de si la Corte puede o no, con las atribuciones
actuales, imponer sanciones pecuniarias a los Estados parte. La respuesta
formal pareciera negativa, pero la constitución material de la Comunidad exige
y espera una respuesta en sentido positivo, respuesta que bien podría emanar
de una interpretación material y evolutiva que haga la Corte.
6.7. La aplicación del Derecho Comunitario
Como toda norma jurídica, la norma de Derecho Comunitario, para alcanzar su
eficacia concreta, puede exigir un complemento normativo, una aplicación
particular y un mecanismo de sanción (GUY ISAAC. pág. 279).
Los países del SICA, específicamente sus administraciones nacionales
(Direcciones Generales: Pesca y Acuicultura, Aduanas, Impuestos Internos,
Migración, Política Exterior, Consulares, Sanidad Agropecuaria, Epidemiología,
Trasporte Marítimo, entre otras) son las que aplican, en principio, el Derecho
Comunitario.
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De esta afirmación surgen varias preguntas: ¿Qué efecto causa el Derecho
Derivado Comunitario que se viene creando, en el Derecho interno de los
Estados parte? ¿El SICA es una abstracción que interesa sólo a los Estados? Es
decir ¿las relaciones jurídicas de integración sólo contienen obligaciones de
carácter internacional entre los Estados o se trata de una realidad efectiva
creadora de derechos y obligaciones para los particulares y para las
administraciones nacionales de cada Estado parte?
Si las respuestas a estas interrogantes son positivas, en el sentido de que sus
efectos son vinculantes al interior de los Estados parte y crea derechos a los
particulares, cabe preguntarse: ¿Tienen los particulares posibilidad de entablar
acción ante un Tribunal Nacional para invocar el Derecho Comunitario como si
se tratara de Derecho nacional? ¿Puede un Juez nacional salvaguardar
derechos individuales a sus nacionales aplicando Derecho Comunitario?
Estos cuestionamientos, son los que limitan el alcance de este acápite, pues
aunque las estructuras ejecutivas al interior de cada uno de los Estados en
Centroamérica son homogéneas, como se verá más adelante, la
descentralización administrativa en cada una de ellas puede provocar
dispersión normativa.
Lo que interesa entonces es saber como se aplica el Derecho Comunitario
Centroamericano, si éste tiene un complemento normativo por parte de los
Estados que lo aplican y si las personas, basándose en el Derecho Comunitario,
pueden alegar derechos de carácter individual que el Juez debe salvaguardar.
La concreción normativa del Derecho Comunitario, a la que nos referimos en
el punto 4.1 supra, se desarrolla en el Derecho material. El Derecho material es
el Derecho creado por y para la integración regional y existe en tanto exista la
comunidad.
El Derecho Comunitario material, son las normas de carácter sustantivo
aplicables a distintas materias en las que los Estados parte han transferido
competencias a los órganos e instituciones comunitarias (ESCUDERO, Manuel
y otros. Pág.4).
Aunque su producción es de carácter comunitario su aplicación y ejecución es
por vía indirecta, ya que son las autoridades administrativas nacionales las que
lo aplican y las autoridades judiciales nacionales a las que les corresponde
utilizar los medios de coerción que tengan disponibles para hacerlas cumplir.
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La importancia y la naturaleza del papel confiado a los Estados por falta de
infraestructura comunitaria no dejan de ser un factor de inseguridad y de
ineficacia de las normas, porque la normativa, y las sanciones, en su mayoría,
serán aplicadas y ejecutadas por las autoridades nacionales. La colaboración
de los Estados miembros en la aplicación del Derecho Comunitario es un
complemento indispensable que requiere acercar la administración a los
administrados.
Por ello no se puede dejar de mencionar la omnipresencia de funcionarios
nacionales en la estructura de procedimiento de toma de decisiones del SICA,
quienes tienen una doble función: la de funcionarios nacionales, en cuanto
constituyen grupos de presión de intereses nacionales ante los órganos de
decisión comunitaria y, la de funcionarios comunitarios, en cuanto buscan el
interés comunitario. Por otro lado, los funcionarios comunitarios
pertenecientes a la Secretaría General u otras Secretarías no pueden actuar a
espaldas de las exigencias e intereses de la comunidad en general y de las
administraciones nacionales en particular.
El punto anterior es sumamente relevante, debido a que la norma de Derecho
Comunitario, ya cuenta con la participación de los interesados, para la
adopción a la misma, por lo que esto facilita su aplicación, dado que los
Gabinetes de Gobierno tienen estrecha comunicación con los órganos
comunitarios, esto sin duda trae acompañado un beneficio en la aplicación y
ejecución comunitaria. No obstante, para ORDOÑEZ, también puede tener un
efecto negativo cuando los funcionarios comunitarios dependen de un sistema
de cuotas nacionales y particularmente han incidido en el reclutamiento de
funcionarios superiores, lo cual no siempre mantendrá un equilibrio entre el
interés nacional y el interés comunitario.
Para disminuir los efectos no queridos en la aplicación de la norma comunitaria
es importante la formación de los funcionarios nacionales y la promoción de
intercambios de éstos con funcionarios comunitarios a fin de realizar un efecto
de sensibilización y familiarización de los primeros con las normas de la
integración regional y para que los segundos conozcan las particularidades en
el funcionamiento de las administraciones nacionales.
La participación de expertos nacionales en las diferentes comisiones técnicas
que se realizan para la negociación o conformación de disposiciones
normativas en el SICA debe canalizarse para aumentar el conocimiento sobre
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aspectos sectoriales y no para re-nacionalizar la gestión de intereses
nacionales.
6.7.1. Administración directa o descentralizada
La Integración Centroamericana no tiene una administración central
comunitaria, sus Tratados constitutivos no la han establecido. En cambio, en la
Unión Europea, se puede decir que la Comisión Europea, es la que constituye
dicha administración central.
En el SICA es claro que se optó por no tener una administración central por los
costos que conlleva, por lo que se dispone de las administraciones nacionales
para cumplir con los distintos objetivos propuestos.
La participación multi-orgánica de administraciones nacionales de 7 países,
puede conducir a la dispersión de la función administrativa por los Estados
miembros, a menos que se disponga de correctivos administrativos de carácter
coercitivo.
En la Unión Europea la administración directa se da en casos expresamente
establecidos, es decir, la posibilidad que da el ordenamiento jurídico de poner
en contacto a las organizaciones e instituciones comunitarias con los
particulares o con sus administraciones nacionales, sigue siendo una
excepción.
En la Unión Europea la regla general es la administración descentralizada. Para
que las administraciones nacionales puedan cumplir sus objetivos conlleva una
transformación de la acción administrativa de los Estados miembros a la luz de
las obligaciones comunitarias. (ORDOÑEZ. Pág. 8).
Lo interesante del caso europeo es que la Comisión ha tenido que colaborar
con las administraciones nacionales para desarrollar sus propias funciones, de
tal suerte que las dos administraciones – comunitarias y nacionales- se han ido
vinculando cada vez más mediante mecanismos de tipo procedimental:
dictámenes, intercambio de información, grupos de expertos, comités petit,
entre otros.
La creación de comités permite la co-administración en la medida que las
administraciones nacionales y las comunitarias realizan de forma coordinada
actividades complementarias, sin duda permite la participación de las
administraciones nacionales al lado de las instituciones comunitarias en el
proceso de adopción de normas de ejecución.
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La misma naturaleza de una integración de Estados propicia que las
administraciones compartan los mismos objetivos comunitarios y que se
construya en su interacción un espacio de criterios y decisiones de
organización por y para la aplicación del Derecho Comunitario dentro de los
Estados.
Como el SICA no dispone de una administración central se impone como
modelo la vía de descentralización administrativa en la aplicación del Derecho
Comunitario, en el que la Comunidad abandona una postura de supremacía y
los Estados la de subordinación, para dar paso a la autonomía administrativa y
pluralidad de los regímenes administrativos internos de cada uno de los
Estados en la aplicación y ejecución administrativa de las normas comunitarias,
en el que las políticas y las normas nacionales serán elaboradas en el marco de
la potestad interna, lo que implica una mayor disgregación de
responsabilidades comunitarias en los Estados nacionales.
6.7.2. Colaboración de los países miembros
Como se ha venido argumentando, la insuficiencia de infraestructura
administrativa comunitaria y la ausencia de medios coercitivos propios, hace
necesaria la cooperación de los Estados en la aplicación y ejecución del
Derecho Comunitario.
Los Estados deben determinar con arreglo a su sistema constitucional y legal,
los órganos e instituciones competentes y las formas y los procedimientos
jurídicos, para adoptar las medidas de ejecución de alcance general o particular
(GUY ISAAC. Pág.280) o de naturaleza legislativa o reglamentaria,
administrativa o jurisdiccional, adecuadas para garantizar el cumplimiento
eficaz de las obligaciones derivadas del cumplimiento de las normas del SICA
(MEJIA HERRERA, Orlando. Pág.523).
El Principio de Cooperación Igual entre los Estados Parte impone que la
organización administrativa del Estado aplique de forma efectiva, leal y activa
las normas del Derecho Comunitario. Existe una responsabilidad de los Estados
en lo que respecta a la aplicación del Derecho Comunitario, responsabilidad
que de no cumplirla acarrea el llamado Recurso por Incumplimiento (art.22 f
Estatuto de la Corte Centroamericana de Justicia).
La autonomía institucional de los Estados miembros no está reducida de
ninguna forma, con tal que no se desnaturalice el objeto o el fin de la norma
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comunitaria, lo cual, como se dijo 4.3 supra, es parte importante de la inserción
directa de sus normas.
El Estado no puede entorpecer el deber de colaborar en la aplicación del
Derecho Comunitario que tienen las instituciones nacionales, ésta es una
obligación positiva, ya que los Estados tienen derecho de hacer todo lo posible
por asegurar el efecto útil de una norma comunitaria.
La colaboración por parte del Estado requiere la organización de determinados
servicios públicos, las autoridades no pueden abstenerse a adoptar las
medidas necesarias ni alegar normas prácticas o situaciones del ordenamiento
jurídico interno para no cumplir.
En el ámbito jurisdiccional, la obligación de los Estados miembros de la
Comunidad, también implica la de cooperar lealmente e igualitariamente en la
aplicación de la normativa comunitaria, es decir, los sujetos procesales
encontrarán una protección jurisdiccional, tanto en los Tribunales
comunitarios, como en los Tribunales nacionales. Los Tribunales tienen la
obligación de aplicar el Derecho Comunitario, en cada caso concreto,
ejerciendo cada uno su propia autonomía institucional y procesal (ULATE, Pág.
296).
Para GUY la aplicación del Derecho Comunitario exige a menudo medidas de
carácter general indispensables para su ejecución que, cuando depende de los
Estados Miembros, les plantean delicados problemas tanto de competencia
como de técnica legislativa.
El autor citado distingue en su libro Derecho comunitario general, dos tipos de
ejecución: la ejecución normativa de la ejecución administrativa.
En relación a la Ejecución Normativa, se refiere a las medidas nacionales de tipo
legislativo necesarias para la aplicación o desarrollo de la norma. En el Sistema
Comunitario Europeo, la aplicación de la Directiva europea exige este tipo de
intervención, por las características particulares de esta norma y que por estas
se les ha denominado “armonizadora de las legislaciones”, pues cada Estado
se acomoda a su orden jurídico interno para su aplicación efectiva.
En cuanto a los Reglamentos europeos éstos pueden ser muy generales y
pueden llegar a requerir de un complemento legislativo o reglamentario
nacional, lo que implica una descentralización de la ejecución normativa, en
ese sentido, manifiesta GUY, son numerosos los Reglamentos que habilitan
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expresamente a los Estados miembros para completar las normas
comunitarias, aunque requiere de control comunitario. Por un lado, debe
vigilar una eventual desnaturalización de su objeto, y por otro lado, los Estados
no reproduzcan la norma jurídica, pues conduce a la nacionalización de la
norma comunitaria, lo que hace susceptible de obstaculizar el Principio de
Primacía y la Oportunidad del Reenvío Prejudicial.
Iguales consecuencias se pueden advertir de las normas comunitarias en el
SICA, ya que muchos de los Reglamentos, Decisiones o Resoluciones, aunque
directamente aplicables, podrán requerir de algún desarrollo legislativo o
reglamentario para su efectiva aplicación, ya sea por autorización expresa de
la misma norma, o por iniciativa de un Estado ante un vacío normativo.
En cuanto a la Ejecución Administrativa, es la que se explicó al principio de este
acápite y del cual el SICA solamente dispone de la ejecución administrativa
descentralizada.
6.7.3. La responsabilidad de las administraciones
Aquí se puede hablar de dos tipos de responsabilidades, la primera, de los
órganos e instituciones de la comunidad y, la segunda, de las administraciones
nacionales, ambas en aplicación del Derecho Comunitario.
En el primer caso, los Órganos e Instituciones Comunitarias, en aplicación de
las distintas normas comunitarias, pueden incurrir en responsabilidad por
daños causados a particulares.
En el segundo caso, las Administraciones Nacionales, en aplicación de normas
comunitarias, en sus relaciones con los particulares, también pueden incurrir
en responsabilidad por daños causados a particulares.
Estos dos tipos de responsabilidad, ocasionadas en aplicación de normas
comunitarias, indudablemente abren la posibilidad de que se pueda acudir
ante un órgano jurisdiccional para la satisfacción de una pretensión.
Los Estados están obligados a reparar los daños causados a los particulares
como consecuencia de violación a normas comunitarias. Este principio de
Responsabilidad del Estado desarrollado por el Tribunal Europeo, se genera
sobre la base de que los particulares son sujetos del Derecho Comunitario
(MAYORGA, ORLANDO. CHAMORRO, RAFAEL Y OTROS. Derecho Comunitario
Comparado. Pág. 81).
Para EDUARDO VILARIÑO (citado por MAYORGA. Op.cit. Pág. 81) el Principio
de Responsabilidad se apoya en las obligaciones de los Estados de asegurar la
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plena eficacia de las normas comunitarias y de proteger los derechos que éstas
le atribuyen a los particulares, de adoptar todas las medidas pertinentes para
garantizar el cumplimiento de sus obligaciones, y de posibilitar a los
particulares el hacer efectivos los derechos que se le reconocen, de modo que
puedan obtener la reparación adecuada cuando tales derechos son lesionados
por una obligación del Derecho Comunitario imputable al Estado.
En principio es lógico pensar que en el caso de responsabilidad patrimonial de
una Administración Nacional, se acudiría ante un tribunal nacional y en el caso
de Responsabilidad de un Órgano e Institución Comunitaria, se acudiría a
entablar una acción judicial ante el tribunal Europeo.
En el Sistema Europeo el mismo Principio de Subsidiaridad ha protegido al
contencioso comunitario de una avalancha de recursos nacionales
incompatible con la actual infraestructura del Tribunal Comunitario, limitando
la participación del Tribunal Comunitario a casos de indefensión por no haber
sido posible obtener una reparación adecuada de los órganos jurisdiccionales
internos.
La realidad jurídica del SICA es distinta, nuestro derecho parece facilitarnos la
posibilidad de que se pueda recurrir por cualquier vía para el reclamo de daños
causados, es decir, la posibilidad de acudir ante la Corte Centroamericana de
Justicia o a un Tribunal nacional, ya sea en contra de la autoridad comunitaria
o en contra de la autoridad nacional.
Esto implica que puede haber reclamaciones por daños ocurridos a los
particulares como resultado de la violación de normas comunitarias, ya sea por
vía descentralizada ante tribunales nacionales, como directamente ante la
Corte Centroamericana de Justicia.
De acuerdo con MAYORGA (CHAMORRO, Rafael y otros. Pág. 83) sólo con un
Tribunal de Justicia supranacional, de carácter permanente e independiente,
que permita el acceso directo a los particulares y no sólo a los órganos,
organismos e instituciones comunitarias, y con normas comunitarias
autónomas, con efecto directo e inmediato y primacía con respecto a las
normas nacionales de los Estados, con disposición de acatar los fallos que
emita la Corte Centroamericana de Justicia y cumplir con sus responsabilidades
de reparar los daños causados a los particulares como consecuencia del
incumplimiento de normas comunitarias, es que podríamos avanzar con éxito
en la construcción de la Unión Centroamericana.
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