LICEO NACIONAL DE MAIPÚ
Departamento de Historia, Geografía y Ciencias Sociales 2024
“El secreto de la libertad radica en educar a las personas”. M. Robespierre
Profesores: L. Urrutia / Alicia Contreras Z /J. Canales J
PROGRAMA DE EDUCACIÓN CIUDADANA 2024
DEBATES EN UN CHILE EN INCERTIDUMBRE
“NO CREAN, LEAN”. LEER ES PODER: DOS
Pintura de Fernand Léger (1881-1955)
“Como queda demostrado, el mundo moderno
se compone de flores artificiales”
Nicanor Parra, “Los vicios del mundo moderno”
1
1. ESTO ES EL PARTIDO COMUNISTA
Diario La Tercera, 6 marzo, 2024
La Primera Guerra Mundial generó una serie de desequilibrios políticos en
Europa. Sus costos humanos fueron mucho más allá de lo esperado, tanto en
vidas como en sufrimiento.1 Las élites que condujeron a sus pueblos hacia ese
matadero, especialmente en los países derrotados, quedaron casi completamente
deslegitimadas: muchas monarquías cayeron, muchos altos mandos militares
fueron pasados a retiro, la carrera de bastantes políticos llegó a su abrupto fin.
La herencia del siglo XIX se apagó en pocos años. Millones de desmovilizados
volvieron humillados a sus hogares con la nostalgia por las pasiones del frente, el
nacionalismo y la camaradería, viva en sus corazones. Luego, el orden
republicano que emergió en muchos países debió luchar contra un trasfondo
autoritario, colectivista y espartano. Fueron repúblicas que brotaron en medio
de un imaginario no propiamente civil, democracias asediadas por fantasías
militares y militantes, donde el individuo mantenía valor sólo como parte del
conjunto.
Es en estos tiempos que las vanguardias totalitarias (pues aspiraban a
órdenes estatales totales) que protagonizarán la Segunda Guerra Mundial
comienzan a calentar motores. 2 Son tres las más importantes: el comunismo
soviético, el fascismo italiano (con una variante en el franquismo español) y el
nazismo alemán. Sus historias están entretejidas: los bolcheviques triunfan en
Rusia traicionando y asesinando al resto de la izquierda, tanto a moderados
como a anarquistas.3 En Alemania, en cambio, los socialdemócratas enfrentan
duramente a los comunistas, que son rematados por los nazis. En Italia el
fascismo surge como una corriente ultra-nacionalista escindida del propio Partido
Comunista (Mussolini, recordemos, fue militante y redactor del principal periódico
del Partido Comunista Italiano).4 España, finalmente, es un laboratorio extraño
que hace de prólogo a la Segunda Guerra: Franco es apoyado por nazis y
fascistas –a veces con el simple interés de probar la eficacia de ciertas armas-,
mientras que el bando republicano recibe, en teoría, ayuda soviética. Pero los
soviéticos, tal como retrata Orwell en “Homenaje a Cataluña”, se van
mostrando cada vez más interesados en cazar anarquistas y trotskistas que en
combatir a los fascistas.
En el Chile de esos años se replican las mismas corrientes que en Europa.
Eso sí, la falta de legitimidad política de las élites locales no nace de la guerra
sino de lo contrario: el reencuentro amistoso de los bandos oligárquicos de la
Guerra Civil de 1891 en la república parlamentaria, que deja a todos sus
1
La Primera Guerra Mundial movilizó a una enorme cantidad de tropas y tuvo un costo humano sin
precedentes: provocó la muerte de casi nueve millones de combatientes y siete millones de civiles .
Además, dejó un saldo de veinte millones de heridos y mutilados. TODAS LAS NOTAS DE PIE DE
PÁGINA SON CREACIÓN DEL DEPARTAMENTO DE HISTORIA DEL LNM.
2
La gran Guerra fue esencialmente un conflicto con dos causas ejes: choques imperialistas y
nacionalismos, en todas sus variantes, ambos factores potenciaron y volvieron inmanejable e
incontrolable el militarismo, más aun en las potencias que fueron derrotadas en la Guerra de 1914
a 1918. De esa forma la paz de 1919, fue simplemente una tregua en el contexto de una paz de
los vencedores, dispuestos a hacer pagar la guerra a los vencidos.
3
Conviene tener presente que los bolcheviques logran imponerse en el marco de una brutal y
compleja guerra civil. Es decir, fue una lógica de guerra la que se impuso sobre la política de
simples argumentos. En el marco global de una Rusia imperial plurinacional en total y absoluto
colapso. En un mundo occidental que vio desmoronarse la fe en el progreso en el barranco de la
muertes y la destrucción.
4
Benito Mussolini nunca fue redactor de un diario del Partido Comunista Italiano, sino que de un
diario del Partido Socialista del cual fue expulsado en 1914, por su apoyo al ingreso de Italia en la
guerra imperialista, opción radicalmente rechazada por los sectores internacionalista de la
izquierda italiana, como de la izquierda europea en general. Se debe recordar que el Partido
Comunista Italiano fue fundado el año 1921. “El PCI fue fundado en 1921 por Amadeo Bordiga y
Antonio Gramsci tras su escisión de Partido Socialista en su XVII congreso, en Livorno, y
disolvió en 1991, con la caída de la URSS tras haber sido el mayor y más potente partido
comunista de Europa occidental.
2
miembros jugando a la silla musical hasta el hundimiento del gobierno de Juan
Luis Sanfuentes en 1920. Por otro lado, hay importantes colonias en Chile de
casi todos los países europeos beligerantes, y el tráfico de ideas y propaganda es
expedito. Y, por último, hay una nueva clase media con capacidad de
fuego, vinculada a la profesionalización de las Fuerzas Armadas. Es en
este contexto que se fundan el Partido Comunista Chileno (1922), el Partido
Nacista Chileno (1932), la Milicia Republicana (1932) y el Partido Socialista de
Chile (1933), entre otros muchos movimientos y organizaciones. Todos amigos,
en esos años, de los uniformes, las brigadas, los desfiles y las pistolas.
El fin de la Segunda Guerra Mundial condenará el destino de nazis
alemanes y de fascistas italianos, así como el de sus filiales de admiradores
internacionales. Los comunistas soviéticos no sufrirán el mismo destino
básicamente porque Hitler en 1941 rompe el acuerdo de 1939 con Stalin, lo que
lleva al segundo a aliarse con el bando que resultará ganador. En términos de
masacres, persecuciones, saqueos, violaciones en masa, limpiezas étnicas,
campos de concentración, desapariciones forzadas, antisemitismo y genocidio, lo
cierto es que la Unión Soviética de Lenin y Stalin jugó en las mismas ligas que el
nazismo de Hitler (ver “El libro negro del comunismo” de 1997 editado por
Stéphane Curtois, y “Hambruna roja”, 2017, de Anne Applebaum). Sin
embargo, toda su barbarie quedó revestida de legitimidad y olvido por el
inmenso aporte que significó el aparato militar soviético para derrotar a la
Alemania nazi, aunque el costo fue dejar a la mitad de Europa bajo las garras de
Stalin.
Durante todo ese periodo, el Partido Comunista de Chile siempre fue fiel a
la Unión Soviética. Y lo que admiraban en ella era justamente su inhumanidad
específicamente rusa: el culto al líder –heredado del culto imperial oriental
romano,- y la idea de que el pueblo podía resumirse en la voluntad del Partido y
la voluntad del Partido, a su vez, concentrarse en el puño del jerarca. Los
comunistas chilenos no podían más de júbilo cuando entre 1944 y 1947 -lo que
duraron los buenos términos entre las fuerzas aliadas y Stalin- Chile mantuvo
relaciones oficiales con la URSS. Y cuando esas relaciones se rompieron (ver
“González Videla, el traidor de Chile” de Neruda, 1950), no dudaron en redoblar
su compromiso con el estalinismo (ver “Oda a Stalin” de Neruda, escrita en
1953), aunque fuera en la clandestinidad (1948-1958). La persecución sufrida en
ese periodo, Neruda en burro por la cordillera incluido, no los hizo valorar más
las libertades fundamentales del orden democrático y los derechos humanos,
sino menos. Diez años después de recuperar su legalidad, aplaudían con descaro
la invasión de Checoslovaquia por las fuerzas soviéticas. Nada con la primavera
de Praga. Hasta los revolucionarios cubanos, en línea con el juicio de Moscú, les
parecían dudosos: chascones, bravucones, voluntaristas, quizás indisciplinados.
Los aplaudían igual, pero con precaución (ver poema “A Fidel Castro” de
Neruda, de 1960). Y esta desconfianza, hay que decirlo, se extendía también a
Salvador Allende, a quien los informantes y las autoridades soviéticas terminaron
por considerar poco útil para su causa. De ahí que no llegara ayuda desde la
URSS, pero que los jerarcas chilenos fueran rápidamente trasladados al otro lado
del muro de Berlín una vez ocurrido el golpe.
Viene entonces el segundo periodo de persecución y clandestinidad del PC
chileno: desde 1973 a 1990. Y fue una persecución brutal, con varios comités
centrales asesinados y muchos militantes torturados y desaparecidos, que los
convenció de que el camino de salida de la dictadura era la lucha armada. De
ahí nace el FPMR. Decenas de jóvenes comunistas mal entrenados mataron y
murieron con las armas traídas desde Vietnam e internadas por la costa. Luego
no se sumaron a la Concertación de Partidos por la Democracia. No querían una
transición pactada, sino una victoria militar que los llevara a la cabeza del
Estado. Nunca la obtuvieron, y Gladys Marín, una vez que sucedió a Volodia
Teitelboim –ya regresado de Rusia- a la cabeza del PC, se dedicó simplemente a
3
lamentarse por ello y abrazarse con la viuda del último dictador alemán, Erich
Honecker (muerto en Chile en 1994). Eso los dejó en el frío desde 1990 hasta
2014, cuando, habiendo ya Marín sido reemplazada por el más pragmático
Guillermo Teillier, Michelle Bachelet los lleva de vuelta al poder.
Los cargos y los sueldos estatales claramente les han sentado bien a los
comunistas, y un hábil manejo les ha permitido ganar y ganar influencia, pero
nunca han renegado de su posicionamiento histórico: siempre al otro lado del
muro, aunque el muro ya no exista. Cultivaron relaciones políticas estrechas con
las FARC colombianas entre 2003 y 2008 (que se hicieron públicos el 2015,
cuando se capturó un computador de uno de los líderes de las FARC) y han
defendido, sin pestañear los regímenes de Cuba, Venezuela, Nicaragua (el
“feminismo” actual no alcanza para tomar distancia de Daniel Ortega, acusado de
abusos pedófilos sistemáticos por su hijastra, Zoilamérica Narváez), Corea del
Norte, Bielorrusia, Irán y Rusia cada vez que ha sido posible. Declaración tras
declaración (todas públicas, googlee si no me cree), el PC chileno canta loas a
todos los que perciban como “enemigos del imperialismo norteamericano”.
Manuel Riesco celebrando el avance talibán en Afganistán no llama mucho la
atención una vez que es puesto a la luz de los nexos internacionales de su
partido.
Es absurdo que la ministra Camila Vallejo diga que “algunos parecen no
haber superado la Guerra Fría” cuando su partido emite rutinariamente
declaraciones tales como: “El PC de Chile saluda la cooperación entre los pueblos
de Irán y Venezuela, y nueva victoria sobre el imperialismo”, celebrando la
ayuda iraní a la dictadura chavista a cambio de uranio para su programa nuclear.
Este texto es del año 2020. Luego, en febrero de 2022, el PC sacó una
declaración lamentando la guerra en Ucrania, pero aclarando que había sido
precipitada por la OTAN. Desde ese momento, sin embargo, los diputados
Carmen Hertz y Boris Barrera se han dedicado a defender sistemáticamente la
invasión rusa a Ucrania repitiendo las consignas de la propaganda rusa (Zelensky
tendría vínculos con “nazis”, y cosas por el estilo). EL 4 de abril de 2023
Zelensky sostuvo una videoconferencia con el Congreso chileno y comunistas y
frenteamplistas se retiraron de la sala. Y bueno, si es por hablar de Guerra Fría,
la primera reacción del actual Presidente del Partido de Camila Vallejo al
secuestro y asesinato no aclarado del exteniente venezolano Ronald Ojeda fue
culpar a la CIA. En suma, el PC chileno vive en y de la Guerra Fría, y pensar que
la ministra Vallejo, que tiene fotos abrazando a Fidel Castro, lo ignora equivale a
insultar su inteligencia.
En cuanto al discurso respecto a la “impecable historia democrática del
PC”, que académicos y políticos ignorantes repiten siempre que pueden, es
simplemente una pieza de propaganda del propio PC. Nada la avala: el PC
chileno ha apoyado toda actividad subversiva en nuestro país que consideren que
le suma al Partido. Trabajaron y defendieron la sublevación de la Escuadra de
1931 tanto como intentaron que la calle derribara al Presidente
democráticamente electo Sebastián Piñera entre 2019 y 2020. Nunca han sido
parte de los pactos democráticos entre fuerzas opositoras. Y su ideal de
gobierno, según ellos mismos, no es la “democracia burguesa” sino el
“centralismo democrático”: la farsa electoral de los regímenes de partido único.
El largo rodeo de esta columna ha tenido un objetivo: recordar que el
Partido Comunista Chileno nació del impulso a las vanguardias totalitarias propio
del ambiente político europeo posterior a la Primera Guerra Mundial (siendo la
única de ellas que ha sobrevivido hasta nuestros días), luego asumió una
identidad estalinista, y finalmente se convirtió en el aliado permanente de todos
los enemigos del orden occidental surgido de la Segunda Guerra Mundial, orden
en el que el Estado de Chile siempre se ha cuadrado con los aliados occidentales
vencedores de esa guerra. Esta postura del PC implica, entre otras cosas, un
4
rechazo frontal al capitalismo democrático, así como a la Pax Americana bajo la
cual Chile logró sus mayores avances democráticos, económicos y sociales.
Todos estos son hechos históricos, no opiniones.
También me he dado este rodeo para mostrar que no me mueve ningún
tipo de “anticomunismo” místico. Escribí un libro, de hecho, confrontando la
tentación de una teología política anticomunista (“El precio de la noche”,
2021). La doctrina leninista, la pretensión vanguardista, ciertos delirios de
grandeza y de persecución (Juan Andrés Lagos tiene entrevistas de antología),
son sin duda parte del Partido Comunista. Pero es su historia, más que sus
doctrinas, la que permite entenderlos mejor. Y entender, también, lo que implica
políticamente votar por ellos, asociarse con ellos o invitarlos a ser parte del
gobierno.
Si esto es así, y no veo cómo podría negarse algo que el propio Partido
referido grita a los cuatro vientos, el Presidente Gabriel Boric tiene un gran
problema entre manos: él ha pretendido condenar a los regímenes autoritarios
de izquierda de la región y condenar la invasión rusa de Ucrania, gobernando, sin
embargo, con un Partido Comunista que los considera a dichos regímenes como
aliados estratégicos en la lucha antiimperialista. ¿Con quién está antes la lealtad
del PC? ¿Con Boric, el izquierdista blando y veleidoso, o con los camaradas y
afines? Y hay más: ¿Es razonable que áreas críticas de inteligencia y defensa del
gobierno de Chile queden en manos de los comunistas, si es que sus aliados
internacionales son enemigos de los aliados internacionales históricos de Chile?
¿No es un descriterio, por poner un ejemplo, que Galo Eidelstein y su red de
militantes permanezcan a cargo de la subsecretaría para las fuerzas armadas?
¿Le hace sentido a la mayoría del país que sea parte del gobierno un partido
cuyos aliados internacionales son dictaduras y tiranías de todo tipo, y que miran
con desconfianza y desdén a las repúblicas democráticas que el resto de los
chilenos asumimos como modelo a seguir y aliados estratégicos? ¿Ve este
problema el Presidente Boric, o le parece preocupante enfrentar lo obvio? (La
Tercera)
Pablo Ortúzar
Oda a Stalin
Por Pablo Neruda
Camarada Stalin, yo estaba junto al mar en la Isla Negra,
descansando de luchas y de viajes,
cuando la noticia de tu muerte llegó como un golpe de océano.
Fue primero el silencio, el estupor de las cosas, y luego llegó del mar una
ola grande.
De algas, metales y hombres, piedras, espuma y lágrimas estaba hecha esta
ola.
De historia, espacio y tiempo recogió su materia
y se elevó llorando sobre el mundo
hasta que frente a mí vino a golpear la costa
y derribó a mis puertas su mensaje de luto
con un grito gigante
como si de repente se quebrara la tierra.
Era en 1914.
En las fábricas se acumulaban basuras y dolores.
Los ricos del nuevo siglo
se repartían a dentelladas el petróleo y las islas, el cobre y los canales.
Ni una sola bandera levantó sus colores
sin las salpicaduras de la sangre.
Desde Hong Kong a Chicago la policía
buscaba documentos y ensayaba
las ametralladoras en la carne del pueblo.
Las marchas militares desde el alba
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mandaban soldaditos a morir.
Frenético era el baile de los gringos
en las boîtes de París llenas de humo.
Se desangraba el hombre.
Una lluvia de sangre
caía del planeta,
manchaba las estrellas.
La muerte estrenó entonces armaduras de acero.
El hambre
en los caminos de Europa
fue como un viento helado aventando hojas secas y quebrantando huesos.
El otoño soplaba los harapos.
La guerra había erizado los caminos.
Olor a invierno y sangre
emanaba de Europa
como de un matadero abandonado.
Mientras tanto los dueños
del carbón,
del hierro,
del acero,
del humo,
de los bancos,
del gas,
del oro,
de la harina,
del salitre,
del diario El Mercurio,
los dueños de burdeles,
los senadores norteamericanos,
los filibusteros
cargados de oro y sangre
de todos los países,
eran también los dueños
de la Historia.
Allí estaban sentados
de frac, ocupadísimos
en dispensar condecoraciones,
en regalarse cheques a la entrada
y robárselos a la salida,
en regalarse acciones de la carnicería
y repartirse a dentelladas
trozos de pueblo y de geografía.
Entonces con modesto
vestido y gorra obrera,
entró el viento,
entró el viento del pueblo.
Era Lenin.
Cambió la tierra, el hombre, la vida.
El aire libre revolucionario
trastornó los papeles
manchados. Nació una patria
que no ha dejado de crecer.
Es grande como el mundo, pero cabe
hasta en el corazón del más
pequeño
trabajador de usina o de oficina,
de agricultura o barco.
Era la Unión Soviética.
Junto a Lenin
Stalin avanzaba
y así, con blusa blanca,
con gorra gris de obrero,
Stalin,
con su paso tranquilo,
entró en la Historia acompañado
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de Lenin y del viento.
Stalin desde entonces
fue construyendo. Todo
hacía falta. Lenin recibió de los zares
telarañas y harapos.
Lenin dejó una herencia
de patria libre y ancha.
Stalin la pobló
con escuelas y harina,
imprentas y manzanas.
Stalin desde el Volga
hasta la nieve
del Norte inaccesible
puso su mano y en su mano un hombre
comenzó a construir.
Las ciudades nacieron.
Los desiertos cantaron
por primera vez con la voz del agua.
Los minerales
acudieron,
salieron
de sus sueños oscuros,
se levantaron,
se hicieron rieles, ruedas,
locomotoras, hilos
que llevaron las sílabas eléctricas
por toda la extensión y la distancia.
Stalin
construía.
Nacieron
de sus manos
cereales,
tractores,
enseñanzas,
caminos,
y él allí,
sencillo como tú y como yo,
si tú y yo consiguiéramos
ser sencillos como él.
Pero lo aprenderemos.
Su sencillez y su sabiduría,
su estructura
de bondadoso pan y de acero inflexible
nos ayuda a ser hombres cada día,
cada día nos ayuda a ser hombres.
¡Ser hombres! ¡Es ésta
la ley staliniana!
Ser comunista es difícil.
Hay que aprender a serlo.
Ser hombres comunistas
es aún más difícil,
y hay que aprender de Stalin
su intensidad serena,
su claridad concreta,
su desprecio
al oropel vacío,
a la hueca abstracción editorial.
Él fue directamente
desentrañando el nudo
y mostrando la recta
claridad de la línea,
entrando en los problemas
sin las frases que ocultan
el vacío,
derecho al centro débil
7
que en nuestra lucha rectificaremos
podando los follajes
y mostrando el designio de los frutos.
Stalin es el mediodía,
la madurez del hombre y de los pueblos.
En la guerra lo vieron
las ciudades quebradas
extraer del escombro
la esperanza,
refundirla de nuevo,
hacerla acero,
y atacar con sus rayos
destruyendo
la fortificación de las tinieblas.
Pero también ayudó a los manzanos
de Siberia
a dar sus frutas bajo la tormenta.
Enseñó a todos
a crecer, a crecer,
a plantas y metales,
a criaturas y ríos
les enseñó a crecer,
a dar frutos y fuego.
Les enseñó la Paz
y así detuvo
con su pecho extendido
los lobos de la guerra.
Frente al mar de la Isla Negra, en la mañana,
icé a media asta la bandera de Chile.
Estaba solitaria la costa y una niebla de plata
se mezclaba a la espuma solemne del océano.
A mitad de su mástil, en el campo de azul,
la estrella solitaria de mi patria
parecía una lágrima entre el cielo y la tierra.
Pasó un hombre del pueblo, saludó comprendiendo,
y se sacó el sombrero.
Vino un muchacho y me estrechó la mano.
Más tarde el pescador de erizos, el viejo buzo
y poeta,
Gonzalito, se acercó a acompañarme bajo la bandera.
«Era más sabio que todos los hombres juntos», me dijo
mirando el mar con sus viejos ojos, con los viejos
ojos del pueblo.
Y luego por largo rato no dijimos nada.
Una ola
estremeció las piedras de la orilla.
«Pero Malenkov ahora continuará su obra», prosiguió
levantándose el pobre pescador de chaqueta raída.
Yo lo miré sorprendido pensando: ¿Cómo, cómo lo sabe?
¿De dónde, en esta costa solitaria?
Y comprendí que el mar se lo había enseñado.
Y allí velamos juntos, un poeta,
un pescador y el mar
al Capitán lejano que al entrar en la muerte
dejó a todos los pueblos, como herencia, su vida.
2. SOLO LOS TONTOS ANDAN CONTENTOS
8
12 marzo, 2024
Aún no se secan las lágrimas por la prematura partida del Presidente Piñera, ni se
apagan todavía los ecos de los edificantes discursos de despedida, cuando el país ha
vuelto a la misma atmósfera, si no peor, de aquella previa al día en que, compungido,
encajó la tragedia de su muerte. Las ilusiones de que la conmoción compartida ante el
sinsentido, la empatía hacia el dolor ajeno, el repaso de juicios oxidados por el paso del
tiempo; en fin, todo eso que en un momento nos hizo creer que luego de sus emotivas
exequias podríamos entrar a una fase de mayor amistad cívica y colaboración, se ha
hecho humo. Cada cual ha vuelto a su trinchera; cada cual ha vuelto a refocilarse en su
rencor; cada cual ha recuperado su insaciable sed de reparación por agravios
inmemoriales; cada cual ha retomado su papel de víctima perpetua de crueldades e
incomprensiones pretéritas.
Las noticias se han vuelto abrumadoras. No solo las de la televisión, el eterno
chivo expiatorio. Hay un filtro que lo tiñe todo. Nada avanza, todo retrocede. Cualquier
éxito tiene un “pero” que lo derrumba. Todo signo de recuperación es opacado por el
listado de lo que aún falta. Pasó con los resultados del Simce: los logros —que son de
Chile entero, no de una administración— fueron abatidos por la contabilidad de las
carencias. La celebración es señal de ingenuidad. Lo que se impone es eso que Arabela
le dice al niño Wenceslao en la “Casa de Campo” de Donoso: “no creo que me gustaría
tener esperanza si me hiciera tan vulnerable como a ti”.
Levantarse a dar batalla cada mañana se ha vuelto un acto heroico. El ronroneo
no da respiro. Todo es objeto de sospecha, de una doble lectura. No hay espacio para la
buena intención, para la nobleza, y menos para el error involuntario. Nos encanta
mostrarnos a nosotros mismos como una banda de incompetentes —cuando no de
facinerosos— que rueda al precipicio de fracaso en fracaso.
Se dice que la política es competencia más cooperación. No en el Chile de hoy: se
ha vuelto pura competencia, tanto entre adversarios como entre aliados.
Quienes reivindican la continuidad de la nación y llaman a acuerdos son
humillados. Unos les exigen más: que lo entreguen todo, que renieguen de sí mismos.
Otros les acusan de olvidar o de negar a las víctimas, o de abandonar esa “lucha cultural”
que promovió con tanto brío la Convención Constitucional, con las consecuencias
conocidas.
Nadie está dispuesto a reconocer nada a quien está en la otra vereda: suena a
rendición. Incluso los aliados se vigilan entre sí para denunciar sus eventuales renuncias.
Los peores en este ejercicio son los recién llegados, esos que buscan hacerse un lugar en
el conglomerado que ahora los acoge abjurando de lo que creían hasta ayer y escupiendo
a sus viejos camaradas.
La situación creada en torno al exteniente venezolano secuestrado y asesinado
hace algunas semanas es un buen ejemplo del clima que nos afecta. La prensa y la
política llevan semanas volcadas a especulaciones que tienen al país en vilo. El Senado
realizó una sesión especial para pedir cuentas. Es un crimen atroz de una persona con
estatus de refugiado. Pero nada de esto justifica acusar al Gobierno de complicidad con
quien algunos dicen saber fue el autor del crimen, el régimen venezolano, por el pecado
de haber abierto negociaciones con Caracas para que reciba a inmigrantes expulsados y
contar entre sus miembros a un partido, el Comunista, que no condena a Maduro.
La novelista Isabel Allende dice que “entre nosotros el pesimismo es de buen
tono, se supone que solo los tontos andan contentos”. El funeral y el recuerdo del
Presidente Piñera nos pusieron a todos un poco tontos, pero ya se nos pasó, como las
vacaciones. Hemos vuelto a ser los de siempre. (El Mercurio)
Eugenio Tironi
3. ¿CUÁN JODIDO ESTÁ CHILE?
9
13 marzo, 2024
El país atraviesa por una difícil situación política y económica, de
estancamiento y hasta de retroceso político, que augura un complejo e incierto
futuro. Cuatro factores, estrechamente vinculados entre sí, la explicarían.
En primer lugar, el más importante es el cambio en el sistema de
partidos, al desaparecer el centro político que existió desde 1930; el
debilitamiento tanto de la izquierda tradicional –Partido Socialista (PS)– como de
la derecha y sus defectos estructurales, y la emergencia de una derecha radical
que ha logrado en poco tiempo gran apoyo popular. Además, el sistema se
fragmentó en 21 colectividades con representación parlamentaria, lo que dificulta
llegar a acuerdos entre La Moneda y la oposición.
El segundo factor que explica la difícil situación es la debilidad del
Gobierno del Presidente Gabriel Boric, porque está en minoría en el electorado y
en el Congreso. Esto restringe sus posibilidades de enfrentar con eficacia la
compleja agenda pública existente, como ha sido evidente en estos dos años.
El tercer elemento explicativo es el estancamiento de la economía desde
hace casi una década, a diferencia de lo que ocurrió en los 20 años de la
Concertación (1990-2010), cuando se produjo un ciclo de crecimiento sostenido
y políticas sociales que disminuyeron la pobreza y mejoraron las condiciones de
vida de los chilenos como nunca antes en la historia del país.
La cuarta causa es el proceso constituyente que se dilató por cuatro
años, con dos oportunidades en que fue plebiscitado, sin que los partidos y sus
representantes hayan sido capaces de acordar un anteproyecto constitucional
que interprete al conjunto de la sociedad, y no solo a una parte de esta. Ambos
proyectos de nueva Constitución fueron rechazados por la ciudadanía. Chile
conserva la Carta Fundamental impuesta por la dictadura.
A esto se agregan otros ingredientes que explican la difícil situación: la
baja confianza en las instituciones políticas y económicas desde el reinicio de la
democracia, un apoyo mediocre al sistema democrático, un clima de crispación
que prevalece en las élites y su escasa disposición a negociar, así como los
problemas políticos, sociales, de gestión y de seguridad que trajo consigo la
irrupción en los últimos años de una masiva inmigración, proveniente en especial
de Venezuela y Colombia. La migración tensionó los servicios públicos por
las nuevas exigencias de vivienda, trabajo y acogida a las familias,
muchas de las cuales llegaron de forma irregular, y surgieron problemas
de seguridad, como reflejan la mayor violencia en los delitos y las nuevas
formas de criminalidad que arribaron, a pesar de que Chile todavía registra las
más bajas tasas de homicidios en la región.
Desplome de partidos tradicionales
El cambio político más importante ha ocurrido en el sistema de partidos,
que es hoy muy distinto al del pasado, cuando fue uno de los pilares de la
democracia chilena. Hasta hace unos lustros, era un sistema múltiple de
partidos, donde predominaban dos en la izquierda –Socialista y Comunista–, dos
en el centro –Demócrata Cristiano y Radical– y dos en la derecha –Liberal y
Conservador–. Ese sistema sobresalió en América Latina y fue admirado por
cientistas políticos de las democracias avanzadas.
Sin embargo, los partidos de la Concertación se desplomaron en
democracia. Esta coalición de partidos, cuyos ejes fueron el PDC y PS, que
condujo las movilizaciones contra la dictadura y controló los primeros cuatro
gobiernos posteriores (entre 1990 y 2010), perdió peso. En particular, el PDC
cayó en la irrelevancia política, mientras que el PS ha experimentado un drástico
debilitamiento y carece de anclaje en el movimiento estudiantil y sindical.
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También se ha debilitado electoralmente Chile Vamos, la coalición de
derecha formada por Renovación Nacional (RN) y la Unión Demócrata
Independiente (UDI), que ha estado dos veces en el Gobierno en democracia (en
los períodos 2010-2014 y 2018-2022), con Sebastián Piñera como Presidente,
después de haber aportado sus cuadros a la dictadura.
En las elecciones presidenciales de 2021, los candidatos de los dos bloques
lograron el 24% de los votos: 12,8% el de derecha y 11,5% la abanderada de la
ex Concertación; quedaron en el cuarto y quinto lugar, respectivamente, sin
llegar a segunda vuelta. La votación de ambas coaliciones fue menor a la
alcanzada por Boric en la primera vuelta, 25,8%.
También se desplomaron los partidos de la ex Concertación en las
elecciones parlamentarias de ese año, al lograr solo el 15,22% de votos, casi la
mitad del porcentaje que tuvieron en los comicios de 2017, cuando obtuvieron
casi el 30%.
RN y la UDI también bajaron su votación a un 21,57%, menos de un tercio
de lo que lograron en 2017, pero la coalición derechista mantuvo el porcentaje
electoral gracias a dos nuevos partidos: Republicanos, fundado por José Antonio
Kast, que consiguió un 10,54%, porcentaje similar al de RN y la UDI, y Evópoli,
con un 3,5%.
La derecha enfrenta un grave defecto estructural: su estrecha
relación con el poder económico, que explica su escasa autonomía ante
este. Se acentuó porque su principal figura después de Pinochet, el
expresidente Piñera, fue un exitoso hombre de negocios que expandió su fortuna
en forma exponencial en democracia. A este sector se le añade tener que
resolver el problema sucesorio provocado por el sorpresivo fallecimiento del
exmandatario en febrero de 2024, del cual este no se había preocupado.
Gobierno con “dos almas”
Como es sabido, el Gobierno de Gabriel Boric se sustenta en dos
coaliciones, Apruebo Dignidad –en la que destacan el Frente Amplio y el PC– y
el Socialismo Democrático –con los partidos de la ex Concertación, menos el
PDC–. Basarse en dos coaliciones dificulta la toma de decisiones, la elección de
cargos y la definición de las políticas.
Además, Boric tiene una base política minoritaria, pues su votación fue
baja en la primera vuelta, como se dijo. Se impuso en la segunda vuelta con
votos de la ex Concertación y por el rechazo que provocó el otro candidato, José
Antonio Kast, del Partido Republicano, la derecha radical.
En síntesis, Boric y el FA llegaron principalmente al Gobierno por una
confluencia de factores ajenos a su historia.
La trayectoria política de Boric y los partidos del FA es breve en
comparación con las de otros partidos. Fue el Presidente más joven de la
historia de Chile y en América Latina, hasta la reciente elección de Daniel Noboa
en Ecuador. Comenzó con las movilizaciones estudiantiles de 2011, de las que
fue uno de sus principales líderes. Fue dos veces diputado (entre 2014 y 2022),
sin que alcanzara a adquirir la necesaria experiencia política para ser Presidente.
Algo similar ocurrió con los partidos del FA, que tienen escasos dirigentes con
destacada trayectoria y cuya organización carece de propuestas programáticas
relevantes, y del número crítico de profesionales y políticos con capacidades para
participar en un Gobierno (party government).
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Economía estancada e incompatible con una democracia
El estancamiento de la economía es el tercer ingrediente de la compleja
situación política. Sus efectos son considerables, por el énfasis que dieron los
gobiernos de la Concertación a la economía, pues la estrategia de legitimación
del orden político se ancló en el desempeño económico, creyendo que el
crecimiento produciría beneficios a la población y generaría mayor apoyo al
orden político y al Gobierno.
Esto privilegió políticas de corto plazo, como el aumento del salario
mínimo, gasto social y bonos, pero el mayor bienestar hizo surgir nuevas
exigencias en materia de calidad de vida y acceso a la vivienda, salud y
educación, que no han podido ser satisfechas. Además, la población percibió que
la distribución de beneficios se concentró en una minoría, lo que tornó más
visibles las desigualdades de ingreso y perjudicó a la centroizquierda.
Estos elementos desencadenaron malestar en la ciudadanía, como lo
reflejaron la caída de votación del PDC en las elecciones de 1997 y las protestas
de escolares en 2006 por la deficiente calidad de la educación pública, así como
las masivas movilizaciones estudiantiles contra la educación superior en 2011 por
su privatización, el lucro y los altos costos y, en 2019, por el malestar de la
sociedad hacia el sistema de pensiones, la salud y la educación.
El estancamiento puede atribuirse a múltiples causas económicas, pero
también a factores políticos derivados del paradigma de neoliberalismo radical
impuesto por la dictadura –más extremo incluso que el de Margaret
Thatcher en Gran Bretaña (1979-1990)–, que desmanteló el Estado
empresario y de bienestar con las privatizaciones, y con altos componentes de
clientelismo usados por sus altos ejecutivos, que se extendieron hasta el sistema
de pensiones, y la entrega de la educación y salud al mercado.
No hubo un Estado regulador que promoviera la competencia y combatiera
las prácticas monopólicas, algo indispensable después de las privatizaciones para
impedir que los monopolios estatales se convirtieran en monopolios privados.
Esas políticas redefinieron las bases del Estado, la economía y la sociedad.
Sus efectos perduran hasta hoy, porque la Concertación optó más por la
continuidad que por la reforma del sistema económico, sin considerar que
su arquitectura institucional y legitimidad estuvieron marcadas por la dictadura,
con una cultura empresarial formada en un contexto sin sindicatos que exigieran
mayores salarios y mejores condiciones de vida, acostumbrándose a actuar sin
estos y con prácticas antisindicales.
En otras palabras, la modernización económica comenzó en Chile antes
que la democratización, y con una arquitectura institucional que corresponde a
un sistema económico de mercado puro, según los conceptos de Juan Linz y
Alfred Stepan (1996), la cual es incompatible con la democracia, que se expresa
en tensiones y conflictos. Esta requiere de una sociedad económica, definido por
estos autores “como conjunto de normas, reglas, políticas e instituciones que
median entre el mercado y el Estado”. La Concertación no impulsó reformas
estructurales al “modelo” heredado para avanzar hacia otro sistema
económico, compatible con la democracia, una economía mixta o una
sociedad económica; incluso continuó algunas de sus políticas.
Dos procesos constituyentes fracasados
El fracaso de los procesos constituyentes para lograr una nueva
Constitución, que reemplazara la de 1980, mostró cuán difícil es redactar una
Carta Fundamental con un sistema de partidos debilitado y fragmentado. Sus
dirigentes y representantes no tuvieron poder ni voluntad de lograr acuerdos.
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A pesar de sus numerosas reformas, la Carta Magna conserva
enclaves autoritarios que limitan la autoridad del Congreso y el
Presidente. Destacan el poder de veto de la minoría para aprobar reformas
constitucionales y cambios en las materias de las 17 leyes orgánicas
constitucionales, que impidieron o dificultaron las reformas estructurales de la
Concertación.
El primer proceso constituyente fue convocado en noviembre de 2019, tras
un acuerdo entre el Gobierno de entonces y la oposición para avanzar a una
nueva Constitución, como salida ante el estallido social de octubre de ese año.
La ciudadanía eligió una Convención Constitucional con amplia mayoría de
izquierda, que redactó un anteproyecto según sus intereses y valores, el que
fue rechazado por el 62% en el plebiscito de septiembre de 2022.
Este fracaso condujo a un segundo proceso constituyente, con la elección
en mayo de 2023 del Consejo Constitucional con un resultado opuesto, de amplia
mayoría de derecha y con el control de Republicanos, que eligió 23 de los 50
consejeros. Este sector también prescindió de la minoría y redactó un
anteproyecto tan partisano y divisivo como el anterior, el que fue rechazado por
el 55,7% en el plebiscito de diciembre de 2023.
¿Qué le pasó a Chile?
¿Por qué el país se encuentra en una situación de estancamiento, hasta de
retroceso político? Tuvo una exitosa transición desde la dictadura de Pinochet,
con una política de verdad y justicia por los crímenes de la dictadura, que llegó
más lejos en el enjuiciamiento de los responsables que en otras
democratizaciones (Brasil y Uruguay) e impulsó políticas económicas que, como
se dijo, lograron un fuerte crecimiento durante varios lustros y políticas sociales
que tuvieron un efecto fundamental en la reducción de la pobreza que afectaba a
la mayoría de las familias. En una perspectiva de largo plazo, ¿por qué
Chile no ha llegado al desarrollo, una promesa de los presidentes desde
1990? En pocas palabras, ¿qué le pasó a Chile?
Son preguntas complejas que remiten a diversos factores para buscar
respuestas. Podríamos dar una: las élites políticas y económicas se durmieron
en sus laureles, descuidaron y maltrataron a los partidos e ignoraron los defectos
estructurales del sistema económico, las complejidades del crecimiento sostenido
de la economía, que plantea nuevas exigencias de políticas y, muy importante,
no erigieron una muralla china entre el dinero y la política, indispensable para
prevenir la corrupción.
Durante un cuarto de siglo no hubo financiamiento público a los
partidos, con funestas consecuencias en la política. Se introdujo recién en
2015, tras un escándalo de financiamiento ilegal de empresas y grupos
económicos a campañas electorales, incluidas las presidenciales de 2009 y 2013.
La amigable legislación laboral, tributaria, ambiental y de la industria inmobiliaria
que las grandes empresas disfrutan hoy, así como los numerosos casos de
corrupción, son consecuencias de este vacío.
En síntesis, para salir del estancamiento político se requerirá, en primer
lugar, configurar otro sistema de partidos, con nuevas colectividades ubicadas en
la izquierda, el centro y la derecha, como el que permitió el desarrollo político de
Chile desde hace un siglo. Es difícil imaginar una competencia política sin
un centro político, pues su ausencia empuja a una entre dos bloques: la
izquierda y la derecha, cada uno fragmentado en varios partidos y con
diferencias significativas, lo que empujaría a coaliciones del miedo que dividirán
aún más sociedad.
En segundo lugar, es necesario impulsar reformas institucionales al
sistema económico para avanzar hacia el establecimiento de una sociedad
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económica. Ellas provocarán modificaciones institucionales que afectarán los
intereses de los grandes actores económicos y tendrán la oposición de estos. El
rechazo común a la reforma de pensiones por parte de los grupos
económicos, los gremios patronales y los partidos de derecha demuestra
que será difícil conseguir esta modificación. En esa coyuntura se pondrá a
prueba, nuevamente, la autonomía de los partidos de derecha, de los “partidos”
que ahora se declaran de centro e incluso, también, de la izquierda, pues su
alma es complaciente con la economía de mercado puro.
En breve, Chile enfrenta severos desafíos en la política y en la economía.
(El Mostrador)
Carlos Huneeus
4. EL LEGADO ECONÓMICO DEL PRESIDENTE PIÑERA
13 marzo, 2024
El Presidente Sebastián Piñera recordaba que desde que formamos nuestra
república independiente, alcanzar el desarrollo era un sueño que anhelamos y
estuvimos cerca de lograr. Pero luego de décadas de desencuentros y de
experimentar distintos modelos, lejos de acercarse, ese sueño parecía cada día
más lejano.
Es así como en 2009 presentó al país un programa de gobierno con metas
ambiciosas, pero factibles, que permitirían poner nuevamente a Chile rumbo a un
desarrollo integral. La gestión económica, liderada por el Ministerio de Hacienda,
tenía tres grandes prioridades: potenciar el crecimiento económico;
consolidar una política fiscal responsable, austera y transparente; y
lograr un Estado al servicio de los ciudadanos.
En materia económica enfrentó desafíos muy distintos en sus dos
gobiernos: el primero se caracterizó por reconstruir y devolver al país la
capacidad de crecer y crear empleos, mientras que su segunda administración
estuvo marcada por la crisis de violencia, y la pandemia. Es así como entre 2010
y 2013 el país creció 5,4% anual promedio, impulsado por el dinamismo de la
inversión. A pesar de los efectos devastadores del terremoto del 27-F, su
instrucción fue clara: haremos todo lo comprometido en nuestro programa y
además reconstruiremos el país con creatividad y capacidad. Esto se tradujo en
beneficios concretos para los ciudadanos, como la creación de un millón de
empleos, y una fuerte reducción de la pobreza y la desigualdad.
El Presidente Piñera siempre procuró que los efectos económicos adversos
provocados por la crisis de violencia y del covid-19 tuvieran el menor impacto
posible en la vida de los ciudadanos. Su gestión proactiva de la red sanitaria y
la provisión de vacunas, sumado a las medidas impulsadas para proteger a las
familias, proteger y posteriormente recuperar casi la totalidad de los dos millones
de empleos perdidos como apoyar a las pymes, le valieron a Chile una pronta
recuperación económica y el reconocimiento nacional e internacional.
La conducción de una política fiscal responsable era una ocupación
permanente. Durante su primera administración se reflejó en la fuerte reducción
del déficit fiscal y en el control del crecimiento de la deuda pública neta.
También en el fortalecimiento de su institucionalidad, con la creación en 2013 del
Consejo Fiscal Asesor, que luego se transformaría en autónomo durante su
segundo mandato. También es importante destacar la mejora de la
institucionalidad financiera con la aprobación en 2018 de la nueva Ley de
Bancos.
El proceso de consolidación fiscal continuó en su segunda administración,
porque él comprendía que no era sostenible mejorar las políticas sociales con una
situación fiscal precaria. Sin embargo, al cabo de dos años de su segundo
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mandato, en 2020 y 2021 debió interrumpir el proceso de consolidación fiscal
para afrontar los efectos de la crisis sanitaria del covid-19. Sin embargo, se
preocupó de retirar el gasto fiscal extraordinario a partir de 2022, tal como
quedó refrendado en el acuerdo covid de junio de 2020 y luego materializado en
su última ley de presupuestos para 2022. Así, nuestro país realizó el segundo
ajuste fiscal más grande del mundo después de Noruega, lo que constituyó un
acto de responsabilidad con las generaciones que se beneficiarán de las políticas
sociales en el futuro.
Otra marca distintiva fue su foco en la buena gestión del Estado y de
políticas ancladas en evidencia. Si bien algunos criticaron este sello o lo
consideraban una tecnocracia, la realidad actual ha hecho evidente cuánta
importancia tiene. Después de todo, la buena gestión no solo remite a la
eficiencia, sino que es un imperativo ético de cara al buen uso de los recursos de
los chilenos y mejores beneficios concretos para los ciudadanos.
El legado económico del Presidente Piñera deja claro que, en el camino al
desarrollo, nunca debemos relegar ni dar por descontado el crecimiento
económico. Es lo que permite generar más oportunidades para los ciudadanos,
como la creación de empleos, la mejora en salarios y la reducción de la pobreza.
Sebastián Piñera fortaleció la institucionalidad fiscal y siempre defendió sus
atribuciones en estas materias, porque comprendía que, de no hacerlo,
terminaría alentando el populismo, cuyas consecuencias económicas y sociales
las terminarían pagando especialmente los más vulnerables.
A la luz de los hechos ocurridos en la pandemia y las consecuencias
negativas que trajo en la inflación y el ajuste económico posterior, el tiempo le
dio la razón. Su legado es una inspiración para seguir fomentando políticas
públicas serias, sin atajos y en beneficio de los ciudadanos. (El Mercurio)
Felipe Larraín
5. MARCELA CUBILLOS Y LA GUERRA DE LA DERECHA POR LAS CONDES
11 marzo, 2024
El mapa electoral de Santiago es impresionante. Tres comunas, Las
Condes, Vitacura y Lo Barnechea –que concentran la mayoría del 7.8% de
personas de altos ingresos que existe en el país–, votan de manera alineada,
categórica y uniforme por la derecha. Esto ha sido siempre así, aunque se ha
agudizado en las últimas décadas. Entre esas tres comunas reúnen
aproximadamente 486 mil personas, es decir, el 6.8 % de la Región
Metropolitana (Maipú tiene más habitantes que los tres municipios juntos). El
93.2% restante de los santiaguinos vota de manera diversa, pero con
una importante predominancia por partidos de centro y centroizquierda.
No es necesario hacer muchos análisis para interpretar el significado del
dato.
Sin ir más lejos, en la segunda vuelta entre Boric y Kast, en la Región
Metropolitana el actual Presidente obtuvo 60.3% –contra 39.7% del
republicano–, muy por encima del promedio nacional que alcanzó a 55.87% vs.
44.13%. Sin embargo, Kast obtuvo en esas tres comunas del sector
oriente un total de 230.573 votos y Boric 70.421, es decir, el actual
Mandatario alcanzó 30.5% y Kast “arrasó” con 69.5%. En la elección de
los consejeros constitucionales de 2023, Luis Silva, “el profesor” republicano
ultraconservador, numerario del Opus Dei, se convirtió en el consejero más
votado del país… gracias a la cuota aportada por la mencionada tríada. La
conclusión es clara: dos países dentro de Chile.
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De ahí que para la derecha esas comunas sean tan apetecidas. Son sandía
calada. Da lo mismo a quien lleven, ganarán por default. La única competencia
se da entre las distintas derechas que existen hoy, especialmente entre Chile
Vamos y Partido Republicano. Sin embargo, este último ha descontado terreno
en los últimos años a costa, especialmente, de la UDI. De hecho, en las
últimas elecciones municipales, el Partido Republicano obtuvo 7
concejales en esas tres comunas. En la elección de diputados, el mismo año,
Gonzalo de la Carrera logró la más alta votación del sector en esos municipios,
además del ya mencionado caso de Luis Silva en 2023, en la elección de
consejeros constitucionales.
Claro que este año la carrera podría tener alguna variación. Veremos
cuánto influyen o pesan los casos de irregularidades y delitos de los exalcaldes
Raúl Torrealba –rey en Vitacura por más de 20 años–, Felipe Guevara en Lo
Barnechea, así como todas las dificultades que ha tenido Daniela Peñaloza en Las
Condes, incluidas las 8 mil horas “extras” comprobadas por la CGR. Veremos si
el público cautivo de la derecha logra cuestionar a esos exalcaldes, que se suman
a la larga lista de otros exjefes comunales, como Cathy Barriga, que hoy gozan
de detención domiciliaria.
En este contexto y cuando recién empiezan a posicionarse los futuros
candidatos a las primarias de junio, la exministra y exconvencional del primer
proceso constituyente pateó el tablero electoral, precisamente, en la comuna
más apetecida del país para su sector. Marcela Cubillos actuó sin ninguna fineza
y menos fair play, considerando que este es un golpe al mentón de Chile Vamos
y a la alcaldesa en ejercicio, UDI, el mismo partido en que ella militó.
Para nadie es un misterio que la exministra se distanció de la UDI y de la
coalición que integró por décadas, haciendo un brutal giro hacia la extrema
derecha, esto exacerbado por las posturas ultraconservadoras expresadas en la
Convención, que hicieron que se acercara más a Kast y los republicanos. El
discurso de Cubillos para justificar su candidatura es simple, pero habla de la
profundidad del quiebre en el sector.
Ha señalado que ella podría ser la opción del consenso transversal, es
decir, estando por sobre Peñaloza –que va por la reelección– y el candidato que
postulará por los republicanos. La verdad es que, más que optimismo, la
exdiputada por la UDI pareciera estar expresando una visión mesiánica de la
política, y una soberbia peligrosa, considerando que la división en tres tercios de
la derecha podría incluso significar una catástrofe impensada para el sector en
esas comunas.
Pero lo que sí es un hecho es que la derecha chilena, una vez más, pondrá
todas sus fichas en comunas de las que se sienten dueños y señores, pese a que
lo lógico es que no invirtieran ni un peso en el territorio propio. Sin embargo, en
todas las elecciones pasadas hemos visto un derroche de recursos y una guerra
publicitaria de candidatos de un mismo sector, precisamente en Las Condes,
Vitacura y Lo Barnechea. Por tanto, y aunque la derecha decidiera llevar a un
perfecto desconocido, sin duda ganaría igual.
Si Marcela Cubillos busca aportar a su sector, como ella misma ha
señalado, construyendo una candidatura de consenso, la verdad es que pareciera
que ha logrado el efecto contrario, aportando a las divisiones que se han
expresado en la derecha desde la derrota de Republicanos en el último plebiscito
constitucional y luego de la muerte de Piñera –que fue un balón de oxígeno a un
alicaído Chile Vamos–, incluyendo el hecho de que los más extremos ya tienen
dos precandidatos presidenciales –Kaiser y Kast–, además de Evelyn, Oyarzo,
Parisi y otros.
La confianza de Marcela Cubillos se basa en que se ha presentado a cargos
públicos corriendo siempre en el tridente del sector acomodado de la ciudad, sin
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riesgo alguno. A lo mejor es el momento para que la elite de la derecha deje de
actuar en el acomodo de la sandía calada y se arriesgue a constatar si su
discurso conservador conecta también con sectores populares y de clase media –
como lo hizo la propia UDI en los años noventa–, más aún cuando los municipios
del país, en manos de ese sector, constituyen apenas el 25%.
Y, por supuesto, la idea de Cubillos de competir como alcaldesa por Las
Condes tiene tan poco mérito como que un cura vaya a conseguir postulantes a
la primera comunión en un colegio católico confesional, donde el sacramento es
obligatorio. (El Mostrador)
Germán Silva Cuadra
“Ayer, Techo Chile entregó los resultados de su catastro
nacional de Campamentos 2022-2023, el que arrojó que
existen 1.290 de estos asentamientos en el territorio, lo que
implica un aumento del 33,1% en dos años. En ellos, hay
113.887 hogares, lo que también implica un crecimiento del
39,5%.
Emol, 16 mar 2023.
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