01 - Decorating With Love
01 - Decorating With Love
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Créditos
Moderadora
JandraNda
Traductoras Correctoras
brisamar58 Karens
cjuli216zc Caronin84
High Queen Violeta Maria_Clio88
clau Pochita
JandraNda Mimi
nayari
kath
nayelii
Nelly Vanessa
Rosaluce
yiany
Revisión Final
Mimi
Diseño
orwzayn
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Índice
Sinopsis Capitulo 15
Dedicatoria Capitulo 16
Prologo Capitulo 17
Capitulo 1 Capitulo 18
Capitulo 2 Capitulo 19
Capitulo 3 Capitulo 20
Capitulo 4 Capitulo 21
Capitulo 5 Capitulo 22
Capitulo 6 Capitulo 23
Capitulo 7 Capitulo 24
Capitulo 8 Capitulo 25
Capitulo 9 Capitulo 26
Capitulo 10 Capitulo 27
Capitulo 11 Capitulo 28
Capitulo 12 Capitulo 29
Capitulo 13 Sobre la autora
Capitulo 14
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Sinopsis
Toda mi vida, me dijeron que podía hacer todo lo que me propusiera. Eso ha
sido siempre mi motor. La única cosa que me ha dado el coraje para perseguir mis
sueños.
Hace cinco años, al tener la oportunidad de mi vida, me alejé del hombre que
amaba. Me convertí en la mejor diseñadora de una firma prestigiosa con una extensa
lista de clientes y un ostentoso apartamento en el centro de la ciudad. Parecía que
todos mis sueños se habían vuelto realidad. Entonces, una inesperada tragedia causó
que reevaluara mi vida.
Ahora, estoy persiguiendo un nuevo sueño, en una nueva ciudad, sin conocer
las oportunidades que me esperan, tanto personal como profesionalmente.
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Dedicatoria
Este libro está dedicado a todo aquel que alguna vez haya dudado de sí mismo.
Créeme, puedes hacer cualquier cosa que te propongas.
A veces, las cosas malas que nos ocurren en nuestras vidas nos ponen
directamente en el camino de las mejores cosas que alguna vez nos sucederán.
Autor desconocido
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Prólogo
Navidad
N
o debería estar aquí. No que no se me permita estar aquí, o que no
pertenezca aquí, lo hago. Es solo que tenía planes para estar en Florida
visitando a mis padres para las vacaciones. Solo que eso no va a suceder
este año, o cualquier otro año para lo que importa. Todas esas visitas fueron
arruinadas hace seis meses cuando recibí la llamada de la patrulla de carretera de
Florida informándome que mis padres habían muerto en una colisión de varios autos
en una sección de la I-95. Regresaban a casa después de visitar a unos amigos en
Outer Banks después del fin de semana del día de los caídos cuando llegaron a una
sección de intensa neblina. Un tráiler y siete autos más se vieron involucrados, con
numerosas pérdidas. La única bendición fue descubrir que murieron en el impacto y
no sufrieron. Por más difícil que resultaba aceptarlo, no creo que hubiera soportado
saber que sufrieron.
De pie frente a la ventana mirando a la ciudad de Boston, veo la nieve empezar
a caer. Dejo escapar un pesado suspiro, pensando que probablemente debería irme a
casa antes de que el clima empeore. Como si leyera mi mente, Gabby aparece a mi
lado.
—Ni siquiera pienses en ello.
—¿Qué?
—Y tampoco te hagas la inocente. Puedo ver esas ruedas girando desde el otro
lado de la habitación. Estabas intentando planear tu escape.
Dándole un sorbo a la bebida en mi mano, sonrío. Me conoce tan bien. Gabby
fue la primera persona que conocí cuando comencé mis prácticas, fue asignada a
enseñarme cómo funcionaba todo, por así decirlo. Tiendo a ser algo distante hasta
que conozco a la persona, quizás es consecuencia de ser hija única. Aunque, para el
final de la semana, creerías que nos conocíamos de toda la vida. Para ser honesta, no
creo que Gabby haya conocido a un extraño jamás. Puede hablar con todos sin
esfuerzo.
—Sabes lo mucho que me asusta que sepas lo que estoy pensando, ¿verdad?
—Sí, así es, por eso lo sigo haciendo —dice, sin intentar ocultar la sonrisa
traviesa en su rostro.
No puedo evitarlo, comienzo a reír.
—Realmente voy a extrañar esto.
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—¿Qué, menos tres grados y dos centímetros de nieve la hora?
Riéndome una vez más, la golpeo con mi cadera.
—No, tonta, esto. —Nos señalo—: Reír contigo. —Me da un rápido abrazo, y
puedo decir que está intentando no ponerse sensible.
—Sí, bueno, cuando necesites un golpe de realidad, una buena risa o solo
extrañes el dulce sonido de mi melódica voz, estoy a solo una llamada de distancia.
—Gracias, Gabs.
Coloca su mano en su cadera y pregunta:
—Ahora, ¿estás segura que no puedo convencerte de pasar la Navidad con mi
loca familia?
—Estoy segura, pero aprecio la oferta. —Había pasado Acción de Gracias con
la familia de Gabby. Después de la cena, los chicos vieron el fútbol americano
mientras las mujeres planeábamos nuestra ruta del viernes negro. De cualquier
manera, la Navidad era sobre la familia y no quería ser una intrusa en su tiempo.
Gabby era la menor de cinco. Sus cuatro hermanos mayores eran sobreprotectores
con ella, así que puedes imaginarte como fue para ella cuando comenzó a salir. Por
suerte, todos aprobaron cuando conoció al amor de su vida en la universidad y se
casaron después de la graduación—. Empacaré más cosas antes de irme la siguiente
semana.
Levanta las manos en derrota.
—Está bien, pero si cambias de opinión…
Sonrío.
—Me aseguraré de llamarte.
Justo a tiempo, su teléfono vibra, y sé que es Michael haciéndole saber que ya
está aquí para recogerla. Sus ojos se iluminan y mientras comienza a caminar hacia
atrás, dice:
—Tengo que correr. ¿Necesitas que te llevemos a casa?
Niego.
—No, conduje hoy, así que estoy bien.
—Perfecto —dice mientras me lanza un beso—-. ¡Feliz Navidad, Molly!
Suelto una risita y le lanzo uno.
—¡Feliz Navidad, Gabby!
Una semana más tarde, tengo mi Ford Edge empacado con todas mis
pertenencias y salgo a la carretera, lista para comenzar una nueva vida.
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Uno
Marzo
F
inalmente, después de dos meses de buscar en la ciudad de Phoenix por
el sitio perfecto, todo se reduce al papeleo. Firmar en los documentos
requeridos es todo lo que se necesita para volverme una dueña orgullosa
de un hermoso edificio de ladrillos rojos. Un edificio en el que planeo poner mi
corazón y alma en orden de crear Emily Jack Designs.
Sentada frente a Malcolm, el joven y entusiasta agente inmobiliario, le
agradezco de nuevo por encontrar un edificio que cumple con mis necesidades. Una
vez el papeleo está completado, Malcolm coloca los documentos en un archivador y
me felicita por mi compra. Levantándonos de nuestros asientos y caminando hacia la
puerta, me agradece por darle la oportunidad de ayudarme en mi búsqueda y me
desea buena suerte. Antes de salir, estrecho su mano y vuelvo a agradecerle por su
ayuda, luego me dirijo al Ford Edge estacionado en la esquina. Revisando el reloj en
el tablero, veo que son las doce y cuarto, lo que me da bastante tiempo para ir por el
desayuno antes de mi cita de las dos de la tarde con el arquitecto.
Regreso al hotel para ir al restaurante del mismo para almorzar. Conduzco mi
Edge al estacionamiento del hotel, tomo mi bolso y camino hacia la entrada. He
estado en Phoenix casi tres meses, y este hotel se ha vuelto mi hogar temporal. El
personal de turno me da la bienvenida; sonrío y los saludo mientras entro al
restaurante. Encuentro una mesa al costado, donde puedo ver quién entra. Mi
camarero llega a la mesa.
—Señorita O’Leedy, qué agradable volverla a ver.
Alzo la mirada y sonrió.
—Hola, Steven. Sabes, voy a comenzar a disminuir tu propina si no empiezas a
llamarme Molly —bromeo—. ¿Disfrutaste tus días libres?
Se ríe nerviosamente mientras me pasa un menú y sonríe, sorprendido de que
recuerde.
—Sí, señora. Celebramos el cumpleaños de mi hermana este fin de semana. Y
ya que sigue en recuperación, fue muy tranquilo.
—Eso es maravilloso, siempre es bueno pasar tiempo con la familia —digo con
melancolía—. ¿Cómo va su recuperación? —La hermana de Steven estuvo en un
accidente de auto hace unas semanas y se había roto una pierna.
—Va bien, gracias por preguntar. ¿Qué puedo traerle hoy?
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Le doy al menú un último vistazo.
—Voy a pedir la ensalada suroeste y un vaso de agua, por favor.
—Por supuesto —dice mientras toma el menú, luego se dirige a la cocina para
pedir mi orden.
Unos minutos más tarde, Steven regresa con mi almuerzo y lo coloca sobre la
mesa mientras me dice que regresará en un rato para ver si todo está bien. Mientras
como mi almuerzo, miro los documentos que, desde hace una hora, me han
convertido en la dueña de un pequeño negocio. Una vez finalizado mi almuerzo,
firmo la cuenta, reúno mis cosas y conduzco al centro para encontrarme con el
arquitecto.
Llego al alto edificio diez minutos antes de mi cita. Localizo la oficina que
necesito en el directorio y llamo al ascensor. Cuando llega, retrocedo para que
algunas personas salgan, entonces, una vez dentro, presiono el botón para el piso
catorce. Cuando las puertas se vuelven a abrir, una alegre recepcionista que de
inmediato me recuerda a Gabby, me da la bienvenida. Con una sonrisa genuina,
pronuncia el saludo estándar.
—Bienvenida a Lucas Engineering, ¿en qué puedo ayudarle?
—Hola, soy Molly O’Leedy. Tengo una cita con Spencer Webster.
—Le haré saber que está aquí.
—Gracias. —Doy un paso hacia atrás mientras hace la llamada, observo el arte
colgando de las paredes. Mientras estoy mirando una imagen del desierto en blanco y
negro, escucho mi nombre.
—¿Señorita O’Leedy? Hola, soy Spencer Webster —dice mientras ofrece una
mano, la que tomo con una sonrisa.
—Señor Webster, es un placer conocerlo. Y, por favor, llámeme Molly.
Esboza una cálida sonrisa.
—Muy bien, Molly, y, por favor, llámame Spencer. Si me sigues, podemos
comenzar.
Lo sigo por el pasillo, pasando una serie de cubículos hasta su oficina. La oficina
tiene la alfombra gris habitual y un escritorio frente a la pared de ventanas y
estanterías bajo las mismas. A la derecha de la puerta, hay un área para sentarse con
un pequeño sofá de cuero color borgoña y dos sillas grises rodeando una pequeña
mesa. A la izquierda hay una mesa de dibujo cubierta de planos, plumas y lápices
dentro de vasos en la parte de arriba y una regla T cuelga de un lado. Me invita a
pasar y señala el área de sala.
—Por favor, toma asiento, y sírvete agua si lo deseas. —Me siento en el sofá,
colocando mi bolso y maletín a mis pies. Acomodándome, dándole la espalda a la
puerta, Spencer se sienta en el lado opuesto, iPad en mano. Con un movimiento de
su dedo y tecleando algo, comienza—. Mi asistente dijo que recientemente
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compraste un edificio que deseas renovar. Así que, por qué no me dices qué esperas
hacer y con suerte seremos capaces de lograrlo para ti.
—Así es; de hecho, acabo de comprarlo hoy. Mi plan es usar el primer y
segundo piso para mi despacho de diseño, y el tercero como un espacio para vivir.
—Eso suena posible. ¿Tienes los planos o fotos?
Sonrió.
—Resulta que sí. —Buscando en mi bolso, saco un archivo que contiene las
fotos y las dimensiones de cada piso. Spencer revisa el archivo, y justo cuando
comienza a hablar, la puerta se abre interrumpiéndolo.
—Oye, Spence. Oh, lo lamento; no me di cuenta que estabas con un cliente.
Un cosquilleo sube por mi espalda, esa voz, conozco esa voz y al hombre a
quien pertenece… íntimamente. Se supone que debería de estar en Dallas, no en
Phoenix. Spencer se levanta, bloqueándome de su vista, pero logro tener un pequeño
vistazo mientras entra a la oficina. Spencer confirma mi sospecha cuando se hace a
un lado y me lo presenta.
—No te preocupes, entra. Travis Watson, conoce a…
—¿Molly?
—¿Travis? ¿Pensé que estabas en Dallas?
—Así fue. Me transfirieron aquí hace algunos años. —Me mira y comienza a
acercarse, pero se detiene—. ¿Qué haces aquí?
Antes de que pueda responder, Spencer interrumpe.
—Esperen, ¿ustedes dos se conocen?
Ambos asentimos y Travis responde, sin apartar la mirada de mí.
—Sí, Molly y yo salimos en la universidad.
—¿De verdad? —pregunta Spencer con suspicacia, mirándonos mientras
parecemos estar perdidos el uno en el otro. Spencer se aclara la garganta y me regresa
a la realidad mientras le dice a Travis—: Molly acaba de firmar con nosotros para que
dibujemos algunos planos para su nuevo edificio.
—¿Edificio? —Sus ojos buscan los míos, esperando a que responda su pregunta.
Asiento, finalmente encontrando el habla.
—Sí, mm, voy a abrir mi propia firma de diseño.
—¡Eso es genial! Sabía que podrías hacer realidad tus sueños algún día. —Se
toma su tiempo para mirarme de arriba abajo y luego dice—: Mejor los dejo
terminar. Fue genial volverte a ver, Molly. —Me abraza, y soy golpeada por un
relámpago que pasa a través de mí.
Cierro los ojos, inhalando su masculino olor familiar y susurro:
—A ti también, Travis. —Y sale por la puerta.
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Regreso a mi asiento para terminar mi charla con Spencer.
—Entonces, Molly, me gustaría ver el edificio y obtener fotos y medidas
adicionales de ser posible. ¿Mañana suena bien para vernos en el lugar?
—Si, en la mañana funcionaría bien para mí, ¿qué tal a las diez?
—Eso será perfecto. —Se levanta y lo sigo, tomando mis cosas. Camino a la
puerta y le ofrezco mi mano—. Muchas gracias por tu tiempo, no puedo esperar a
trabajar contigo.
Sonríe y estrecha mi mano.
—Es un placer, Molly, te veré mañana.
Doy la vuelta y me dirijo al ascensor, perdida en mis pensamientos, cuando
escucho a alguien llamarme.
—¡Molly! —Giro para encontrar a Travis caminando hacia mí. No puedo evitar
la sonrisa que se extiende por mi rostro—. De todas las firmas en el mundo entero…
Me rio de su frase citada.
—No puedo creer que recuerdes eso.
Su sonrisa hace juego con la mía.
—¿Recordar? ¿Cómo podría olvidar haber visto Casablanca con la chica más
hermosa que conozco?
Siento mis mejillas calentarse y mi mirada va al suelo, intentando ocultar mi
sonrojo.
—Igual de encantador que siempre.
—¿Lo suficientemente encantador para que aceptes ir a cenar conmigo esta
noche?
Mi sonrisa crece incluso más.
—Ahora, ¿alguna vez me he podido resistir a tu encanto?
Mete las manos en sus bolsillos, un hábito nervioso si recuerdo, y niega.
—¿Eso es un sí?
Sonrío y asiento.
—Sí, me encantaría ir a cenar contigo.
Sus ojos se iluminan como si hubiera ganado la lotería.
—Genial, pasaré por ti a las seis.
—Perfecto. Si tienes tu teléfono a mano, te daré mi número. —Travis me pasa
su teléfono y coloco mi información, enviándome un mensaje a mi celular.
Pasándoselo, digo:
—Envíame un mensaje cuando estés de camino. Puedo verte abajo, ahorrarte
los problemas del estacionamiento. Me alojo en el Westin del centro.
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Sonríe y niega.
—La misma vieja Molly, siempre queriendo hacer las cosas más fáciles para los
demás. —Justo antes de responder, una campana suena, señal de que el ascensor ha
llegado.
—Bueno, mejor te dejo regresar al trabajo —digo mientras entro.
—Cierto, te veré más tarde. Adiós, Molly.
Me despido con la mano.
—Adiós, Travis.
13
Dos
T
an pronto como se cierran las puertas del ascensor, me desplomo contra
la pared. ¡Oh! ¡Dios! ¡Mío! Si alguien me hubiera dicho que me
encontraría con Travis Watson, después de todos estos años, me hubiera
reído en su rostro. En el momento en que escuché su voz, incluso aunque era más
profunda de lo que recuerdo, todo mi cuerpo se puso en alerta. Casi había olvidado lo
alto que es Travis. Su cabello es un poco más corto que la última vez que lo vi. Sus
ojos azules son tan cautivadores como lo fueron el día que lo conocí. Lo más
importante, ¡tengo una cita con él esta noche! Resistiendo el impulso de chillar como
una niña de doce años, salgo del ascensor y me dirijo a mi Edge estacionado en el
garaje.
Al llegar al hotel, entro en la suite, pongo el maletín y el bolso en el escritorio
y me dirijo al mini refrigerador para servirme una copa de vino. Tomando un sorbo,
cierro los ojos y saboreo el líquido dulce y vigorizante. Revisando el reloj, veo que
tengo un poco más de dos horas hasta que Travis me recoja. Coloco mi vaso en la
mesita y me dirijo al baño para ducharme. Preparándome con un poco más de
tiempo para mi cita, mi piel ahora tiene un ligero brillo gracias a mi loción corporal
favorita. Me pongo mi bata de seda rosa y entro al dormitorio para recoger mi copa
de vino, con la esperanza de calmar las mariposas que revolotean en mi estómago.
Una vez me seco y peino, aplico maquillaje sutilmente hasta que llego a mis ojos.
Aplicando mi delineador de ojos favorito, agrego una sombra color rosa que hace que
mis ojos verdes se amplíen, y luego aplico en mis pestañas máscara negra.
Una vez estoy satisfecha con mi aspecto, me dirijo al dormitorio para buscar en
el armario. Mis dedos se posan en un vestido azul marino con escote en forma de V y
mangas hasta el codo. Sacándolo y también mis sandalias de cuña color canela del
armario, lo retiro de la percha y lo coloco sobre la cama. Me muevo hacia la cómoda
y busco entre mi ropa interior, decidiendo sobre un conjunto de sujetador y bragas
de satén y encaje rosa. Una vez tengo a las chicas situadas, me pongo mi vestido y
subo la cremallera. Voy al baño para peinarme con los dedos y darle un aspecto más
texturizado. Otra capa ligera de laca para el cabello, brillo de labios y los pendientes
que mis padres me regalaron en mi último cumpleaños y estoy lista con diez minutos
de sobra. Me entretengo en guardar mi licencia de conducir, tarjeta de crédito, llave
y brillo labial en un pequeño bolso. Mi teléfono suena con un mensaje de texto y
sonrío ante el mensaje de Travis.
Travis: ¡Hola, hermosa! Estoy en camino.
Yo: ¡Genial, nos vemos pronto!
Pongo el teléfono en silencio y lo meto en mi bolso. Mientras que Phoenix en
marzo no se compara con Boston, refresca por la noche, por lo que elijo un chal color
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crema en lugar de un abrigo. Arrojándolo sobre mis hombros, salgo por la puerta
para abordar el ascensor. Al caminar por el vestíbulo hacia la salida, veo un elegante
auto deportivo que se detiene al frente. Para cuando salgo, Travis está de pie junto a
la puerta del lado del pasajero. Se ve increíblemente guapo en su traje gris carbón
hecho a medida, camisa blanca ceñida y corbata gris que me hace sonreír. Es la
misma corbata con la que lo sorprendí cuando tuvo su entrevista de trabajo. Una vez
me acerco, toma mi mano y me besa en la mejilla.
―Molly, te ves hermosa.
Sonriendo por su cumplido, respondo:
―Gracias. Te ves muy guapo también.
Sonríe y abre la puerta.
―¿Nos vamos? ―Sonrío y asiento, y justo antes de entrar en el auto, lo
miro―. Bonita corbata, por cierto.
Sonríe y desliza su mano sobre su corbata.
―Es mi favorita.
Cierra mi puerta y rodea el auto hacia el lado del conductor. Poniéndose detrás
del volante, se abrocha el cinturón de seguridad y sale al tráfico.
―¿Espero que todavía te guste la comida italiana?
Sonrío y jugueteo con el cinturón.
―Sí, sigue siendo mi favorita.
Me mira y sonríe.
―Bien. Conozco el lugar perfecto.
El tráfico es un poco más intenso de lo normal para un jueves, por lo que
nuestro viaje al restaurante tarda un poco más. Travis parece tener un agarre mortal
en el volante, y me alegra ver que no soy la única que está nerviosa. No puedo evitar
molestarlo.
―Vas a romper el volante si no aflojas tu agarre y te relajas.
Su cabeza gira en mi dirección y se encuentra con mi sonrisa. Sus hombros se
relajan visiblemente y toma mi mano.
―¿Lo haré, si tú lo haces?
Mi sonrisa se ensancha.
―Trato. ―Se lleva mi mano a la boca y la besa antes de colocar nuestras
manos unidas en su muslo.
—Sabes, todavía no puedo creer que me haya encontrado contigo. Cuando
conducía hacia aquí desde Boston y crucé por Missouri, no pude evitar recordar los
momentos que pasamos en casa de tus padres durante el verano y las vacaciones. Tu
familia siempre me hizo sentir bienvenida cuando los visitábamos.
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Sonríe suavemente, su pulgar acaricia gentilmente mi mano todo el tiempo.
―Les encantaba tenerte allí tanto como a mí.
Cuando finalmente llegamos al restaurante, el valet abre la puerta y me ayuda.
Travis le da las llaves y se dirige hacia mí. Colocando su mano en la parte baja de mi
espalda, me guía hacia el interior donde nos recibe la anfitriona.
―Reserva a nombre de Watson ―dice Travis mientras ella revisa su lista.
―Por aquí. ―Sonríe, recoge nuestros menús y nos lleva a nuestra mesa.
Siempre un caballero, Travis retira mi silla y la desliza una vez estoy sentada. Unos
minutos más tarde, llega nuestro camarero, haciéndonos saber cuáles son los
especiales de la noche, y anota nuestras bebidas. Travis y yo pedimos un vaso de
agua, y además pide una botella de vino tinto. Miramos los menús en silencio,
tratando de hacer nuestras selecciones. Nuestro camarero regresa con una cesta de
pan y aceite de oliva caliente para mojar, toma nuestra orden, llena nuestras copas de
vino y deja la botella sobre la mesa. Tomo un sorbo de mi vino y alzo la mirada para
encontrar a Travis observándome. Rápidamente lamo mis labios y pregunto:
―Entonces, Travis, ¿cuánto tiempo has estado en Phoenix?
―Casi tres años. Trabajé en la firma en Dallas durante dos años y medio.
Luego, por suerte, tuvieron una vacante en la oficina de Phoenix, así que me
transfirieron aquí. ―Toma un sorbo de agua y luego pregunta―: ¿Qué hay de ti?
¿Qué te trae a Phoenix?
―Bueno, una vez terminó mi pasantía, la empresa de Boston me contrató. Me
quedé con ellos hasta el pasado diciembre cuando presenté mi carta de renuncia.
―Me siento en silencio durante unos minutos, mirando mi vino mientras lo
revuelvo en el vaso.
La voz de Travis rompe mi ensoñación:
―¿Qué te impulsó dejar Boston después de cinco años?
Dándole una sonrisa triste, admito:
―Mis padres. ―Respirando hondo, reúno el coraje para decir las palabras que
no he pronunciado en seis meses―. Volvían a casa después de visitar a sus amigos el
fin de semana del día de los caídos y murieron en un accidente de auto.
Su mano está sobre la mía en segundos.
―Molly, no lo sabía. Lo siento mucho.
―Gracias. ―Su pulgar acaricia mi mano, tranquilizándome, mientras sigo
contándole lo que sucedió. Justo cuando termino de contarle sobre el peor día de mi
vida, nuestro camarero llega con nuestra comida. Después de algunos bocados, Travis
pregunta:
―Entonces, ¿por qué decidiste venir a Phoenix?
Lo miro por debajo de las pestañas y le sonrío.
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―Te vas a reír.
Pone expresión de sorpresa y dice:
―¿Yo? ¿Reírme de ti? Nunca.
―Sí, ya veremos. ―Tomo un sorbo de mi vino antes de continuar―: Después
de pasar cinco años en Boston, sabía que tenía que estar en un lugar más cálido.
―¿De verdad? ¿La chica de Florida no disfrutaba de las temperaturas bajo
cero?
Levanto mi cabeza hacia él.
―¿Ya te estás riendo de mí, señor Watson?
―No, señora, no soñaría con eso. Por favor, continúa ―dice, claramente
luchando contra una sonrisa.
―Bueno, por supuesto, ¿sabes cómo me gusta hacer listas, sopesar los pros y los
contras? ―Travis asiente, mientras continúa comiendo―. Te alegrará saber que
utilicé una técnica completamente diferente al tomar esta decisión.
―No puedo esperar a escuchar sobre eso ―dice con una sonrisa.
―Anoté los cinco mejores lugares en los que me gustaría vivir y los coloqué en
un sombrero.
Su tenedor se detiene a mitad de camino de su boca; baja su tenedor y se
endereza.
―¿Y sacaste Phoenix?
Cargo mi tenedor con mi próximo bocado y digo:
―No, Austin.
Ahora es su turno de inclinar su cabeza con confusión.
―Déjame entenderlo. ¿Pusiste los nombres de cinco ciudades en un sombrero
para decidir dónde ibas a mudarte?
―Sí, es correcto.
―¿Y sacaste Austin?
―Correcto de nuevo. Realmente prestaste atención ―digo con una sonrisa.
―¿Pero te mudaste a Phoenix?
―Sí.
―¿Por qué?
―¿Por qué, qué?
―Si sacaste Austin, ¿por qué te mudaste a Phoenix?
―Porque durante dos días después de sacarlo, y comenzar a investigar la
ciudad, en el fondo de mi mente, Phoenix continuamente me fastidiaba. Así que
comencé a investigar Phoenix y cambié mi decisión. ―Me encogí de hombros
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levemente―. Sabía que si tenía un sentimiento tan fuerte por Phoenix, allí era
donde tenía que estar. Así que aquí estoy.
Sonríe y niega.
―Gracias a Dios por la intuición de las mujeres.
El resto de la noche fluye sin problemas con la conversación. Nos reímos y
recordamos nuestros días universitarios, y se siente más como si hubieran pasado
cinco días desde que nos hemos visto en lugar de cinco años. Al darme cuenta que
nuestra botella de vino está vacía, miro alrededor para ver que quedan pocas
personas.
―Sabes, creo que nos echarán de aquí pronto.
Travis mira su reloj.
―No me di cuenta que era tan tarde. ¿A qué hora te reúnes con Spencer
mañana? ―Travis nota nuestra factura en la mesa. Saca su billetera y coloca su
tarjeta de crédito, señalando al camarero, quien sigilosamente pasa y la recoge.
―A las diez en punto. Estoy emocionada de entrar por primera vez como la
dueña.
―No puedo esperar a verlo ―dice mientras esperamos para firmar la factura.
―¿De verdad?
Se ríe.
―Sí, de verdad. Estoy muy orgulloso de ti. Toma mucho coraje mudarse a una
ciudad diferente y comenzar tu propio negocio.
―Supongo que sí. Pero sabía que era ahora o nunca.
El camarero regresa con la tarjeta de Travis, la coloca de nuevo en su billetera y
luego se mueve para retirar mi silla y ofrecerme su mano.
―¿Nos vamos?
Pongo mi mano en la suya y sonrío.
―Creo que deberíamos.
Con su mano apoyada en la parte baja de mi espalda, me guía por la puerta, y le
da su boleto al valet. Mientras esperamos, miro su hermoso perfil y, por impulso, me
pongo de puntillas y le doy un beso en la mejilla. Su brazo me rodea la cintura.
―¿Por qué fue eso? ―pregunta y un leve rubor colorea mis mejillas.
―Porque quería. Y para agradecerte por esta noche.
Me acerca a su lado y me besa en la sien.
―De nada, hermosa.
El valet llega con el auto, y Travis me ayuda a entrar antes de rodearlo hacia el
lado del conductor. Le da propina al valet, cierra la puerta y se dirige hacia el hotel.
Conducimos en silencio algunas cuadras, antes de volverme hacia él y preguntarle:
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―¿Llevas una linterna?
Me mira confundido sobre por qué haría una pregunta tan extraña.
―Sí, creo que hay una en la guantera.
Empiezo a buscar en la guantera y finalmente encuentro una en la parte
posterior.
―¡Ajá!
―Molly, ¿por qué necesitas una linterna?
Me giro ligeramente en mi asiento, con la linterna en la mano.
―Bueno, estaba pensando que podría mostrarte mi edificio antes de que me
dejes en casa.
―¿Esta noche?
―Sí.
―¿No sería mejor ir mañana... durante el día?
Antes de darme cuenta, las palabras salen de mi boca con rapidez.
―Sí, probablemente. Pero si esperamos hasta mañana, no podré compartir el
momento de entrar en MI edificio por primera vez contigo.
Levanta mi mano y coloca un suave beso en mi muñeca.
―¿Cómo puedo decir que no a eso? ¿Cuál es tu dirección?
Le doy la dirección y pronto estacionamos frente al edificio que ahora muestra
un cartel que dice VENDIDO en la ventana frontal. Saco la llave de mi bolso
mientras Travis viene a abrir mi puerta y me ayuda. Enciende la linterna e ilumina la
cerradura para que pueda introducir la llave, y de repente me invade la emoción. Mis
pensamientos corren desenfrenados, sabiendo que, con un giro de mi muñeca,
esencialmente estoy abriendo la puerta a mi futuro. Sintiendo mi cambio, Travis se
inclina para mirarme a los ojos. Su mano me cubre la mandíbula y su pulgar acaricia
mi mejilla.
―Oye, ¿estás bien? ―Me inclino en su toque y asiento, sin pasar por alto el
significado de que esté compartiendo este momento conmigo. Respiro
profundamente y giro la llave, abriendo la puerta.
Está oscuro, así que no hay mucho que podamos ver. Travis ilumina la luz
alrededor del gran espacio abierto, las paredes desgastadas muestran signos de edad y
los suelos de madera son sosos.
―Está bien, sé que necesita un poco de cuidado personal, pero pasó la
inspección y no hay daños estructurales, y el techo está en buena forma. Entonces,
¿qué piensas?
―Vaya, Molly, esto es bonito.
―¿De verdad lo crees?
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―Sí, lo hago. ¿Qué habrá aquí abajo?
―Esta será la sala de exposición/espacio de trabajo. Tal vez una pequeña área
de cocina en la esquina.
Por un momento, me olvido de que Travis es arquitecto, pero la luz en sus ojos
me recuerda que puede imaginar claramente lo que tengo en mente.
―Agradable. ¿Me muestras el resto?
―Claro. Hay dos pisos más.
Tomando mi mano, dice:
―Dirige el camino. ―Caminamos tomados de la mano hacia las escaleras,
probando cada paso cuidadosamente.
―Ah, y también hay un elevador de carga. Obviamente, no podemos usarlo
porque la electricidad no está encendida.
Llegamos al segundo piso, y se parece mucho al primero.
―¿Qué tienes en mente para esta zona?
―Bueno, dado que el acceso al ascensor está de este lado, me gustaría convertir
la mayor parte de esto en almacenamiento, pero mantener una sección para espacio
de oficina.
―Eso no debería ser un problema.
Prácticamente puedo ver las ruedas girando en su mente.
―¿Listo para ver el tercer piso?
Sonríe y aprieta mi mano.
―Adelante, hermosa.
Sé que puede sentir mi emoción mientras subimos las escaleras.
―El tercer piso es mi favorito, y cuando lo veas, entenderás por qué. ―El
plano de planta es abierto, como los otros dos. Dos cosas que hacen que este piso sea
mi favorito, las ventanas del suelo al techo orientadas al oeste y el ladrillo expuesto.
No hay una hoja de paneles de yeso para ser visto. Tan pronto como nuestros pies
tocan el rellano, Travis apunta la linterna al espacio.
―Ladrillo expuesto.
―¡Sí! ―exclamo―. ¿No es hermoso? Está en muy buena forma también. Un
poco de limpieza y será aún mejor.
―¿Qué pondrás aquí?
―Quiero convertir esto en un espacio de vivienda. ―Vuelve a ponerse serio,
así que continúo con mi visión del espacio―. Obviamente, las paredes se elevarán,
pero no voy a cubrir el ladrillo. Solo agregaré paredes interiores para dividir las
habitaciones.
―Parece que lo tienes todo resuelto.
20
Me rio.
―Ni siquiera cerca. Quiero decir, sé lo que quiero que se vea una vez haya
terminado, pero todavía tengo mucho que hacer para llegar allí.
―Puedo recomendar algunas personas si quieres ―ofrece Travis con cautela.
Le brindo una cálida sonrisa.
―Me gustaría eso.
―¿Te gustaría que venga con Spencer mañana?
Le tomo la mano y me acerco, negando.
―Aprecio la oferta, pero no tienes que hacer eso.
Se encoge de hombros,
―Sé que no es necesario, pero estaré encantado de ayudarte.
Tras elegir cuidadosamente mis palabras, le digo:
―Me encantaría contar con tu ayuda, pero preferiría dejar que Spencer se
ocupe de mi negocio. Espero que lo entiendas.
Se ve un poco rechazado, así que sé que necesito explicar más.
―No realmente, pero si eso es lo que quieres.
―Así es. Ya ves, si trabajas para mí, no sería ético verte hasta que el trabajo
esté terminado.
En el momento en que asimila mis palabras, me acerca más a él.
―Puedo vivir con eso ―dice y me besa en la frente―. Venga, vamos a llevarte
de vuelta al hotel.
Bajamos las escaleras, Travis abre la puerta de entrada y me guía a la acera.
Cuando está cerrando la puerta, oigo detrás de mí:
―Deténganse ahí. ―Sorprendida, me vuelvo para encontrar a un oficial de
policía, con su arma desenvainada. Estoy congelada en el lugar, cuando Travis choca
conmigo después de cerrar la puerta con llave.
Me agarra del brazo para estabilizarme.
―Lo siento, cariño. ―Y nota al oficial de policía, sacándome de mi
aterrorizado estado―. ¿Qué demonios, hombre?
―Señor, quédese donde está. ―Una vez ve que ninguno de nosotros tiene un
arma visible, relaja su postura―. ¿Quieren decirme qué están haciendo vagando
dentro de un edificio vacío?
―Oficial, soy Molly O'Leedy, soy propietaria de este edificio. Puedo mostrarle
mi identificación, y si es necesario, puede llamar a mi agente de bienes raíces para
confirmarlo.
Después de mirarnos de nuevo, enfunda su arma y me permite sacar mi
licencia de conducir. La mira, nos hace preguntas a los dos y me la devuelve. Ofrece
21
una disculpa por asustarme, diciendo que nunca se puede ser demasiado cuidadoso.
Le agradezco su diligencia y me despido.
Una vez se marcha, me vuelvo hacia Travis y me desplomo con una carcajada
contra su pecho.
―Bueno, ese fue un final inesperado a esta noche.
―Así es, cariño. Vamos a llevarte a casa.
El viaje hasta el hotel es corto, y realmente no estoy preparada para que la
noche termine. Travis se detiene frente a la entrada, y de repente soy un manojo de
nervios.
―Gracias por la cena, lo he pasado muy bien.
Me da una suave sonrisa.
―De nada.
―¿Te gustaría subir?
―Me gustaría mucho, pero no esta noche.
Sintiendo el aguijón de sus palabras, digo:
―Oh, está bien.
―¿Molly? ―Levanta mi mentón forzándome a mirarlo a los ojos―. Es tarde, y
necesitas descansar antes de la reunión de mañana. Si subo contigo, prometo que eso
no sucederá. ―Una sonrisa sexy aparece en su boca mientras asimilo sus palabras.
―Oh.
―Sí, oh. Me gustaría volver a verte mañana, ¿si eso está bien?
Una sonrisa genuina se apodera de mi rostro.
―Realmente me gustaría eso.
Coloca un beso suave en mis labios, sin permitirme profundizarlo.
―Buenas noches, Molly. Duerme bien.
―Buenas noches, Travis. ―Al salir del auto, cierro la puerta y entro al hotel.
Dirigiéndome a mi suite, entro y me dirijo a la cama, con una sonrisa tonta como una
adolescente enamorada.
22
Tres
L
a mañana siguiente, después de salir de la ducha, noto un mensaje en mi
teléfono. Al deslizar la pantalla, veo que es de Travis. Una sonrisa
automáticamente se apodera de mi rostro y mi ritmo cardíaco se acelera
al saber que ha estado pensando en mí esta mañana.
Travis: ¡Buenos días, preciosa! Quería desearte suerte con tu reunión.
Yo: ¡Buen día, guapo! ¡Gracias! ¿Algo que deba saber de antemano?
Travis: No, estarás bien. Spencer se ocupará de ti o sabe que le patearé el culo.
Yo: ¡Jajaja! Siempre mi caballero de brillante armadura.
Travis: Siempre. Tengo prisa, nena, te llamaré más tarde sobre esta noche.
Yo: Me parece bien. ¡Que tengas un gran día!
Dejando de lado mi teléfono, me preparo. Después de secar y peinar mi cabello,
aplico mi maquillaje y camino al armario. Optando por pantalones de lino negro
DKNY1 y una blusa de seda verde azulada, me visto y pongo mis zapatos negros
Salvatore Ferragamo. Reviso mi bolso para asegurarme de tener todo, desconecto mi
teléfono del cargador y bajo las escaleras para desayunar.
Llego a mi edificio unos minutos antes, abro la puerta y veo el interior mucho
mejor que la noche anterior con Travis. Es curioso que mi primer pensamiento al
entrar aquí lo incluyera. Por supuesto, si fuera honesta, en los últimos cinco años,
siempre ha estado en mi mente. Ahora que lo volví a ver, no puedo evitar
preguntarme qué habría pasado si no hubiéramos roto. Si no hubiera estado tan
decidida a aceptar la posición más prestigiosa que me ofrecieran, en lugar de la que lo
hubiera mantenido en mi vida.
Mientras espero a que llegue Spencer, mi curiosidad saca lo mejor de mí y
busco en mi bolso mi martillo tamaño viajero. Buscando en la habitación la lámina
de roca que parece más dañada, la ataco con mi martillo para poder ver qué hay
detrás. Estoy a medio camino cuando oigo un golpe en la puerta. Al girar, veo a
Spencer a través de la sucia puerta de vidrio. Desbloqueo y abro la puerta para
saludarlo con una sonrisa.
—Hola, Spencer, entra.
—Buenos días, Molly. Sabes —dice asintiendo con la cabeza hacia la pared—,
creo que hay maneras menos dañinas de matar a una araña.
Riendo, niego.
23
—No según mi madre. Mátala a toda costa, era su lema. Así que puedes
imaginar cómo se veía la lista de cosas por arreglar de mi padre.
Se ríe.
—Oh, vaya, pobre de tu papá.
—Sí, lo bueno es que disfrutaba trabajando con las manos.
Caminamos hacia la pared que estaba atacando, y pregunta:
—Esto no era en realidad por una araña, ¿verdad?
Me rio.
—No, estaba tratando de ver qué había detrás de la roca.
—Ahh. ¿Qué esperabas encontrar?
—Ladrillo expuesto. —Recogiendo el martillo, doy otro par de golpes y luego
uso la garra para retirar un trozo de la pared. Para mi gran alegría, hay, de hecho,
una pared de ladrillos.
—Entonces, ¿cómo funciona esto con tus planes para el espacio? —pregunta
Spencer.
—En realidad, funciona perfectamente. Realmente quiero mantener la
integridad del edificio.
—Está bien, es bueno saberlo. ¿El inspector te dio una lista de las cosas que
deben hacerse acordes al código?
—Así es, déjame buscártela. —Caminando hacia mi bolso, saco el expediente y
le entrego una copia a Spencer.
Lo mira antes de decir:
—Esto está bien, no parece que las actualizaciones sean demasiado extensas, y
debería poder trabajarlas fácilmente.
—Esas son buenas noticias.
—Entonces dime lo que quieres en este piso.
—El frente será una sala de exposiciones, por lo que se dejará abierta. Me
gustaría agregar una cocina/sala de descanso, baños y área de almacenamiento en la
parte de atrás.
Spencer toma notas en su tableta, y luego pregunta:
—¿Para qué se usará el almacenamiento?
—El de esta planta será para artículos grandes, como sofás, sillas, etc.
Asiente y continúa tomando notas. Toma medidas del área, y nos movemos al
segundo piso.
—Este piso quiero usarlo como área de almacenamiento y oficina. También
quiero agregar un baño.
24
—¿Sabes dónde quieres la oficina?
—Siempre que las ventanas estén incorporadas en la oficina, dejaré en tus
manos la ubicación.
—Entendido, ninguna oficina sin ventanas. —Después de tomar medidas,
tomamos las escaleras hasta el tercer piso—. Dime qué imaginas aquí.
—Esto será una sala de estar. Me gusta un plano de planta abierta para el área
de sala/comedor/cocina, un dormitorio principal, dos dormitorios adicionales, una
sala de ejercicios/estudio y baño. Me gustaría la entrada desde las escaleras, para que
no entres directamente a la sala de estar.
—Bien, ¿hay algo más aquí?
—Enchufes eléctricos, me gustaría colocar enchufes adicionales en el baño y la
cocina. También me gustaría tener el edificio conectado a un sistema de seguridad. Y
hay otra cosa que quiero preguntar sobre la planta baja.
Después de tomar más medidas, nos dirigimos hacia abajo. Conduzco a Spencer
al elevador de carga.
—También necesito tener esto asegurado. Estaba pensando en instalar una
puerta de acero en el techo para que no haya acceso al edificio por parte de los
transeúntes.
—Buena idea. La seguridad primero, y asumo que quieres que el acceso del
elevador al tercer piso también sea limitado.
—Es correcto.
—Bueno, parece que tengo toda la información que necesito. Comenzaré con
esto y te llamo cuando termine para que podamos repasarlo y hacer cualquier cambio
en ese momento.
—¡Genial!
Caminamos hacia la puerta y me ofrece su mano.
—Estaré en contacto la próxima semana y podremos concertar una cita para
reunirnos.
Estrechándole la mano, le digo:
—Suena bien, espero con ansias escuchar de ti.
Spencer se va y cierro la puerta. Recojo mis cosas y me dirijo a mi auto,
cerrando la puerta detrás de mí. En mi camino de regreso al hotel, tomo un sándwich
de una tienda de delicatessen cercana para almorzar antes de regresar a mi
habitación.
Tan pronto como termino de limpiar los restos del almuerzo, mi teléfono
suena. Al ver el nombre de Travis en la pantalla, sonrío y acepto la llamada.
—¡Hola, guapo! ¿Cómo va tu día?
—Mejor ahora que escucho tu voz. —Puedo escuchar la sonrisa en su voz.
25
—Aww, ¿no eres dulce?
—Lo intento, nena, lo intento.
Me rio de su honestidad.
— Entonces, ¿todavía nos veremos esta noche?
—Así es. Estaba llamando para avisarte que debería pasar a recogerte a eso de
las cinco y media.
—Estaré lista. ¿A dónde vamos, por cierto?
Puedo sentir su vacilación cuando dice:
—Pensé que podríamos recoger una pizza e ir a mi casa, si te parece bien.
—Eso está bien para mí. Solo me preguntaba qué ponerme.
—¿Qué llevas puesto ahora?
Me rio en el teléfono.
—Oh, cariño, me veo sexy, solo pregúntale a Spencer. —Lo escucho gruñir a
través del teléfono, y me rio más fuerte—. Solo tres horas más y puedes verlo por ti
mismo. Aunque no usaré lo mismo cuando llegues aquí.
—Estás tratando de matarme, ¿no? Ahora voy a tener visiones de ti medio
desnuda en ropa interior sexy el resto del día.
No puedo evitar reírme
—¿Qué te hace pensar que son sexys? Podría usar bragas de abuelita.
Su voz desciende a un nivel sexy, y siento una oleada de calor mientras dice:
—Podrías usarlas, pero sé que no lo haces. Créeme, Molly… hay solo unas
pocas cosas que un hombre no olvida.
Intento recuperarme rápidamente y fallo. Tomo un respiro y digo:
—Bueno, entonces es mejor que te mantengas ocupado para que puedas
averiguar si tu memoria te falló o no.
Después de finalizar la llamada, me quito la ropa, la pongo en la bolsa para
lavado en seco y vuelvo a colocar mis zapatos en el armario. Como solo iremos por
pizza esta noche, me decido por unos vaqueros y un suéter de cachemira rosa. Tomo
mis bailarinas plateadas con un grupo de piedras multicolores del armario y me las
pongo. Agregan la cantidad perfecta de brillo a mi atuendo casual.
Mientras espero que llegue Travis, decido hacer algunas llamadas telefónicas.
La primera es a la empresa de servicios públicos, para que la energía cambie a mi
nombre. También me encuentro con que se encargan de recoger la basura, por lo que
hago un wi-fi... ¡bono! Guardo esa información para más adelante, sabiendo que
pasará un tiempo antes de que realmente necesite tener el cable instalado. Miro el
reloj y veo que son casi las cinco. Acomodo el papeleo, lo coloco en los archivadores
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apropiados y los vuelvo a guardar en mi maletín. Mi alerta de mensajes suena y veo
uno de Travis.
Travis: Pensamientos sexys tuyos me motivaron y terminé temprano.
Sonrío y niego mientras escribo.
Yo: ¡Jaja! ¡Hurra! ¿Quieres que te encuentre abajo?
Travis: No, iré a buscarte. ¿Qué habitación?
Yo: 531
Travis: Bien, nos vemos pronto.
Quince minutos después, llaman a mi puerta. Abro para encontrar a un muy
sexy Travis apoyado contra la puerta. Debe haber sido viernes informal en la oficina,
porque en lugar del traje que vi a principios de esta semana, está usando pantalones
de color caqui y un polo azul claro con el logo de la compañía y mocasines Kenneth
Cole de cuero.
—Hola, me gusta tu aspecto informal. —Abro más la puerta para permitirle
entrar. Una vez cierro la puerta, me giro y Travis me toma en sus brazos y me besa.
Me agarro de sus brazos para estabilizarme mientras su lengua lame mi labio inferior,
y abro un poco mi boca para que se deslice dentro.
Se aleja demasiado pronto, dejándome derretida contra él. Apoya su frente en
la mía.
—He querido hacer eso todo el día.
Sonrío y paso mis manos por sus brazos, tomando una de sus manos para
llevarlo a la sala de estar.
—Bienvenido a mi hogar temporal.
Mira a su alrededor, pensativo, antes de decir:
—Debo admitir, nena, que esperaba un poco más en tu decoración.
Me rio.
—Créeme, he redecorado esta habitación más de una vez en mi cabeza.
Toma mis manos y me gira para quedar frente a frente.
—Estoy lista cuando lo estés, por cierto. —Dejo que la doble insinuación se
quede entre nosotros mientras me estudia.
—Bueno saberlo. —Su pulgar frota suavemente sobre el dorso de mis manos.
Es muy relajante, y si me relajo lo suficiente, podría dormirme—. Me preguntaba
si… ¿querrías quedarte en mi casa este fin de semana?
Mirándolo a los ojos, puedo ver que está nervioso por preguntarme, y si soy
honesta, probablemente también esté un poco nerviosa. Esto no sería un territorio
nuevo para nosotros, acostarnos y despertarnos juntos, pero han pasado muchos
años. Me pongo de puntillas y le doy un beso en la comisura de la boca.
27
—Me encantaría. —Exhala y lo veo relajarse mientras una sonrisa se apodera
de su hermoso rostro—. Déjame empacar una bolsa muy rápido y podemos irnos.
Camina hacia el sofá y toma asiento.
—Tómate tu tiempo.
Entro al dormitorio y saco del armario mi equipaje de mano. Lanzo allí algunos
elementos necesarios, mi maquillaje y un par de cambios de ropa y estoy lista para
irme. Cuando vuelvo a la sala de estar, Travis está mirando por la ventana, hablando
por teléfono.
—También te amo. Está bien. —Coloco mi bolsa en el suelo para hacer un poco
de ruido, de manera que no piense que estaba escuchando, a pesar de que lo estaba
haciendo. Mientras termina su conversación, se vuelve hacia mí y sonríe—. Lo
haré… adiós. —Camina hacia mí y parece serio otra vez. ¡Mierda! Ahora me va a
decir algo malo, puedo sentirlo. Intento no dejar que la decepción se manifieste en
mi rostro, pero tengo la sensación de que estoy fallando miserablemente—. ¿Estarías
bien con un cambio de planes?
—Sí, claro. Si ya tienes una cita...
Me interrumpe antes de que pueda terminar.
—Espera, ¿qué?
—Dije que si tienes otra cita está bien, podemos reprogramar. —De alguna
manera, ha tomado mi mano otra vez y su pulgar se desliza hacia adelante y hacia
atrás.
—Molly, tienes razón. Tengo otra cita, y me olvidé por completo hasta que ella
llamó. —Intento alejarme de él, pero aprieta su agarre para mantenerme en el lugar.
No puedo mirarlo, me siento tan estúpida por no haberle preguntado antes. Alza mi
barbilla, así que miro sus ojos y me dice—: Con mi madre. —Una lenta sonrisa se
extiende por su rostro y el alivio se apodera de mí.
—¿Tu mamá? ¿Está en Phoenix?
—Sí, se mudó aquí después de que mi tío falleciera. Vive con mi tía, su
hermana.
Ahora solo quiero dejar todo claro.
—Entonces, ¿era tu madre con quien estabas hablando y no tu novia?
Me coloca el cabello detrás de las orejas y pone sus manos en mi cuello,
acariciando con los pulgares mi mandíbula.
—Molly, quiero que me escuches, ¿de acuerdo? —Asiento—. No tengo novia.
La única chica con la que quiero pasar el tiempo... eres tú. Nunca cancelaría una cita
contigo, por nadie, ni siquiera por mi madre. ¿Entendido?
Asiento de nuevo, y una sonrisa se dibuja en la esquina de mi boca.
—Entendido.
28
—Bueno. —Me besa rápidamente y toma mi bolsa—. Ahora, el cambio de
planes es que, en lugar de pizza en mi casa, vamos a cenar con mi madre, ¿te parece
bien?
—Por supuesto, sabes que adoro a tu madre. Será genial verla de nuevo. —
Tomamos el ascensor hasta el vestíbulo y caminamos de la mano hasta el auto de
Travis.
Abre mi puerta, coloca mi bolsa en la parte de atrás y me ayuda a entrar, luego
se mueve hacia el lado del conductor, entra y enciende el motor. Mientras nos
dirigimos a la casa de su madre, hablando de nuestro día, Travis se acerca y toma mi
mano. Sonríe y besa mis dedos, pero puedo decir que tiene algo en mente. Inclino la
cabeza contra el asiento, me vuelvo hacia él y digo:
—Travis, sé que tienes algo en mente, así que suéltalo.
Se ríe y dice:
—Nunca podría esconderte nada. —Alzo una ceja esperando a que exprese su
opinión. Finalmente, dice—: Estoy un poco preocupado de que vivas en la parte
superior de tu negocio.
Le brindo una sonrisa suave.
—Aprecio tu preocupación, pero estaré bien. Tendré instalado un sistema de
seguridad de primera línea y el área es patrullada regularmente. —Me inclino, beso
su mejilla y digo—: Y, además, si estás tan preocupado, siempre puedes quedarte
conmigo.
Me da una sonrisa sexy.
—No me tientes, mujer.
Sonrío.
—¿No es eso lo que se supone que debo hacer?
Unos minutos más tarde, nos detenemos en la casa de su madre y su tía.
Caminamos tomados de la mano hacia la puerta y esperamos a que Travis toque el
timbre. Su madre abre la puerta para darnos la bienvenida y antes de que pueda
prepararme, estoy envuelta en un abrazo. Bonnie Watson es una mujer menuda, me
sorprendería si mide un metro y medio de estatura, pero tiene un control férreo
sobre mí.
—¡Molly, estoy tan feliz de verte! —exclama.
—Es genial verla también, señora Watson —le digo mientras se aleja para
mirarme.
—Hola, mamá —dice Travis detrás de mí.
—Travis, dijiste que tenías una sorpresa para mí, ¡pero no tenía ni idea que
fuera Molly!
Él besa su mejilla y dice:
29
—Por eso era una sorpresa.
—Bueno, pasen —dice mientras abre la puerta más ampliamente para que
podamos entrar. Dejo mi bolso junto a la puerta y la seguimos hacia la sala de estar—
. Bueno, no me dejen esperando, ¿cómo se encontraron?
Travis y yo comenzamos a hablar al mismo tiempo, pero él me concede la
palabra.
—Me estaba reuniendo con un arquitecto de la empresa en la que trabaja
Travis, y se metió en nuestra reunión.
—Oye, en mi defensa, no sabía que Spencer se estaba reuniendo con alguien.
Bonnie observa de cerca nuestra interacción, y luego dice:
—Bueno, ciertamente es maravilloso verte de nuevo. Siempre pensé que los
dos formaban una pareja tan agradable.
Sonrío ante su comentario y Travis me aprieta la mano.
—Lamento mucho lo de su esposo. Siempre fue tan dulce conmigo cada vez
que lo visitaba. Ustedes dos siempre me hicieron sentir como si fuera parte de su
familia.
Ella sonríe tristemente y sus ojos brillan con lágrimas no derramadas.
—Gracias, siempre fue un placer tenerte en nuestra casa.
Antes de que podamos continuar, suena un temporizador en la cocina.
—Esa sería nuestra cena —dice Bonnie.
Levantándonos, la seguimos hasta el comedor.
—¿Puedo ayudarla con algo? —pregunto.
—No, cariño, tú y Travis tomen asiento, ya regresamos.
Travis retira mi silla y luego se sienta frente a mí.
—Tu madre se ve genial.
Asiente.
—Mudarse aquí fue una buena decisión para ella. —Mientras esperamos, miro
alrededor de la habitación a las fotos exhibidas. Travis me mira, sonríe y comienza a
contarme las historias tras algunas de ellas. Travis es una de las pocas personas que
conoce mi necesidad de una conexión familiar. Como hija única de padres que
tampoco tenían hermanos, mi círculo familiar era de tres. Siempre había tenido
buenas calificaciones y la universidad definitivamente estaba en mi futuro, pero
tenía muy pocas personas con quienes compartir mis logros.
Cuando llegué a la universidad y conocí a Travis, todo eso cambió. Tuve una
relación cercana con sus padres y su hermano mayor, Thomas, y su hermana menor
Meg, inmediatamente me trataron como si me hubieran conocido toda su vida.
Antes de que pueda comenzar otra historia, Bonnie regresa con quien supongo que
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es su hermana. Travis se levanta de su asiento, toma el cuenco de judías verdes de su
tía y las coloca sobre la mesa. Besa su mejilla y la abraza, y no puedo evitar sonreír.
—Tía Annie —dice—, me gustaría que conocieras a Molly O'Leedy.
Extiendo mi mano, pero ya se está acercando a mí para darme un abrazo, que le
devuelvo enseguida.
—Es un placer conocerte Molly —dice—. Por favor, llámame Annie.
—Sí, señora —digo con una sonrisa. Mientras Travis sienta a las damas, les
digo—: Gracias a las dos por permitirme apuntarme a su cena. Travis me aseguró que
no les molestaría.
Mientras Bonnie coloca la bandeja con el asado, rodeado de patatas y
zanahorias en la mesa, dice:
—Siempre hay lugar para uno más en la mesa y Travis lo sabe. Y tú, mi querida
—dice con una palmada en la mano—, eres bienvenida aquí en cualquier momento.
Sonrío y me sonrojo ligeramente, antes de decir:
—Gracias.
La cena es deliciosa y el momento más agradable que he disfrutado en mucho
tiempo. Ponemos al día a la tía de Travis sobre cómo nos conocimos en la
universidad y luego compartimos cómo nos encontramos nuevamente ayer en su
oficina. Les cuento sobre mis padres y mi negocio de diseño de interiores. Ambas se
ríen de la historia que les contamos sobre pasar por el edificio anoche y casi ser
arrestados. Les digo que tan pronto como tenga tarjetas de visita, se las daré para que
tengan la libertad de pasarlas a sus amigos. Bonnie pregunta si tengo un nombre
seleccionado para el negocio:
—Sí, señora, Emily Jack Designs —digo—. Lo elegí como tributo a mis padres.
Bonnie sonríe suavemente y dice:
—Estoy segura que estarían muy orgullosos de ti.
—Eso espero —digo mientras veo a Travis mirándome.
—Sé que yo lo estoy —dice, haciéndome sonrojar y bajar los ojos. Nos
quedamos en la mesa tomando un café, un postre y una conversación maravillosa.
Cuando comenzamos a calmarnos, le digo a Travis:
—¿Me ayudas con los platos? —Se levanta de inmediato y me ayuda a despejar
la mesa, ante la obstinada negativa de su tía y su madre—. No, señoras, se tomaron
tantas molestias para preparar la cena que lo menos que podemos hacer es limpiar. —
Permanecen en la mesa mirándonos mientras trabajamos juntos en la cocina. Travis
guarda las sobras, mientras enjuago los platos y los coloco en el lavavajillas. Una vez
hemos limpiado y guardado todo, enciendo el lavavajillas y regreso con Travis al
comedor.
31
—Bueno, señoras —dice Travis—, deberíamos irnos. No queremos mantenerlas
despiertas hasta muy tarde. —Ambas comienzan a protestar al unísono, lo que me
hace reír, pero se levantan para acompañarnos hasta la puerta. Me volteo para darles
un abrazo a cada una y les agradezco la maravillosa cena.
—Una vez el edificio esté terminado, vendré a buscarlas para darles una visita
personal —les digo y están de acuerdo. Travis me acompaña hasta el auto, abre mi
puerta y antes de que pueda entrar, me acerca y me besa suavemente. Sorprendida
pregunto—: ¿Por qué fue eso?
Me aparta el cabello del rostro y dice:
—Por ser tan maravillosa esta noche con mi familia. —Luego me besa de
nuevo—. Y este por haber vuelto a mi vida.
Sonrío y digo:
—Gracias por invitarme, pasé un rato maravilloso.
32
Cuatro
C
onducimos a través de la ciudad hacia el distrito comercial. Travis me
muestra dónde está su oficina en las proximidades de su apartamento, lo
que para mi sorpresa está a solo unas pocas cuadras de distancia.
Estaciona en su lugar designado en el garaje, apaga el auto y se acerca a mi lado para
abrir mi puerta. Me ayuda a bajar del auto, agarra mi bolsa y toma mi mano mientras
caminamos hacia el ascensor. Una vez dentro, presiona el botón para el
decimoquinto piso. Subimos en un cómodo silencio hasta que el ascensor se detiene,
las puertas se abren y Travis me acompaña hasta su puerta.
Abre la puerta con su llave y me permite entrar primero, encendiendo una luz.
La calidez de la habitación me sorprende. Justo al entrar hay una mesa que tiene
algunas fotos y un cuenco decorativo, donde Travis suelta sus llaves. La habitación es
muy grande y abierta, pero separada en áreas específicas. Es muy masculino, no es
que esperara menos. A la izquierda está la sala de estar, las paredes son de un suave
gris adornado con molduras de corona blanca, los pisos son de madera oscura y
complementan el sofá de cuero azul. Dos sillas estilo escocés incorporan el mismo
azul que el sofá. En una pared hay un televisor de pantalla plana, pero la pieza
maestra de la habitación es la chimenea. Una pared entera de roca que va desde la
sala de estar hasta la cocina. La chimenea, adornada con acero inoxidable, está
acurrucada en ella, con un hermoso manto de madera similar al suelo.
La cocina tiene el mismo tema, con piedra como protector contra salpicaduras
y los gabinetes tienen el mismo acero que los electrodomésticos de acero inoxidable.
Una barra de desayuno separa la sala de estar y la cocina con cuatro taburetes a
juego. El comedor, con capacidad para ocho personas, necesita poca decoración
debido a la gran cantidad de ventanas que van del suelo al techo. Siento que Travis
coloca una mano en mi espalda, me giro y sonrío.
—Travis, esto es increíble.
Sonríe.
—Me alegro que te guste. Déjame mostrarte el resto —dice mientras carga mi
bolsa por el pasillo. A cada lado del pasillo hay un dormitorio de invitados, un baño
en un lado y una oficina en el otro. Al final del pasillo está el dormitorio principal.
Las paredes y el suelo son los mismos que el resto del apartamento. Una cama
tamaño king domina la habitación, con mesitas de noche a cada lado. Un sillón se
asienta junto a la ventana flanqueado por pesadas cortinas. Enfrente de la ventana
hay un gran vestidor y un baño. El baño sigue el estilo con las piedras a lo largo de
las paredes y en la ducha con suelo de baldosas. Hay un lavabo doble y espejos de la
misma madera oscura que el resto de la casa. Me dirijo a Travis y digo:
33
—Creo que soy yo quien tiene algo de qué preocuparse si eres el que decoró
este lugar.
Se ríe y me besa:
—No tienes nada de qué preocuparte, preciosa, recluté a Meg, a mi madre y a
la esposa de Thomas, Katie, que hicieron una fiesta comprando todo.
Me rio.
—Estoy segura que lo hicieron, ya que probablemente les diste carta blanca y
una tarjeta de crédito.
—Oye —dice mientras su frente se arruga con una mueca pensativa—, les puse
un límite. No escucharon, pero lo puse.
—Eso es porque eres un poco blando cuando se trata de Meg y tu madre —
digo—. Nunca podrías negarles nada.
—¿Y eso es algo malo? —pregunta.
—En absoluto —digo—, solo demuestra cuánto los adoras.
—Eso crees ¿eh? —dice, y asiento. Travis me pone el cabello detrás de la oreja
y me dice—: Sabes, no son las únicas mujeres que adoro.
Trago. Mi boca seca de repente.
—¿No lo son?
—No —dice—, también estás en esa lista.
Estoy un poco sorprendida por su confesión.
—¿Lo estoy?
Sonríe.
—Sí, Molly, has estado en la parte superior de la lista desde nuestra primera
cita.
—¿En serio? —pregunto sin aliento.
—Mhmm —dice contra mis labios—. Siempre tú, Molly.
Su boca desciende sobre la mía para el beso más dulce que he probado en mi
vida. Me siento débil por su poder y agarro sus bíceps para estabilizarme. Siento las
manos de Travis en mi cintura cuando me acerca, profundizando el beso mientras su
mano derecha viaja por mi espalda hasta la nuca. Luego me ahueca la mandíbula, su
pulgar acariciando mi mejilla. Se aleja y apoya su frente contra la mía.
—Eres tan increíble —dice—. Me alegro que hayas venido a casa conmigo.
Sonrío suavemente.
—Yo también.
Me da un rápido beso en los labios, y luego pregunta:
—¿Puedo conseguirte algo?
34
—No, gracias, estoy bien.
—¿Quieres ver una película? —De repente, parece un poco nervioso.
—¿Tú quieres? —contraataco.
—No particularmente —contesta.
—Está bien —digo con una sonrisa traviesa—. Avísame cuando pienses en algo
entonces —ofrezco, mientras camino hacia mi bolsa colocada sobre una silla—.
Mientras tanto, creo que me cambiaré a esto —anuncio mientras sostengo una pieza
de lencería de encaje. Puedo ver sus ojos oscurecerse desde el otro lado de la
habitación mientras camino hacia el baño.
Sujeta mi muñeca y me atrae contra él, su boca cerca de mi oreja mientras
gruñe:
—Eso no será necesario. —Me giro en sus brazos y dejo caer la lencería al suelo
mientras aplasta mi boca con la suya. Sus manos se mueven por mis costados, luego a
mi cintura para desabrochar mis vaqueros. Siento que Travis los baja por mis piernas
y salgo de ellos mientras me quito los zapatos también. Sus manos me ahuecan el
trasero y me empujan contra él. Puedo sentir el bulto en sus pantalones y mis manos
se mueven ansiosamente hacia su cintura. Le desabrocho el cinturón y los pantalones
y los patea, sin romper nunca el beso.
Agarro el dobladillo de su camisa y la quito sobre su cabeza, dejando al
descubierto su torso perfectamente esculpido. Sus manos se deslizan bajo mi suéter, y
acarician mi piel antes de quitármelo, mientras sigo admirando al hombre hermoso
frente a mí. Me tomo un momento para contemplarlo, mientras se para frente a mí
en solo sus calzoncillos. Se mueve para quitarme el sujetador y rompe mi hechizo.
Siento que me arden las mejillas cuando me da el mismo tratamiento. Sonríe y
acaricia mi mejilla.
—Nunca tienes por qué avergonzarte conmigo. Eres increíblemente hermosa y
podría mirarte todo el día.
Me inclino hacia adelante y lo beso por esas dulces palabras.
—¿Me haces el amor?
—No hay nada que prefiera más —dice mientras me lleva a la cama.
Retira el edredón y se gira hacia mí, sus manos van a mi cintura y engancha sus
pulgares en mis bragas bajándolas por mis piernas. Está arrodillado frente a mí y se
inclina hacia adelante para colocar un beso en la unión de mis muslos. Me
estremezco cuando el calor de su boca envía una oleada de placer a través de mí. Se
mueve para ponerse de pie y se detiene nuevamente para colocar un beso de succión
en cada pecho. Me adelanto y paso los dedos por el interior de su cintura, haciendo
temblar su estómago. Lentamente bajo por sus piernas y me inclino hacia adelante
para colocar un beso suave en el extremo de su polla magníficamente dura. Lo
escucho sisear entre dientes. Me enderezo, dejando que mis pechos rocen contra él
cuando me levanto.
35
Me toma en sus brazos y me coloca en el centro de la cama. Observo mientras
su rostro se suaviza y me mira.
—Exactamente lo que necesitaba desde el principio —dice.
—¿Qué cosa? —pregunto. Mi voz sin aliento por el deseo.
—Tú. En mi cama —responde mientras sube a la cama y se estira a mi lado.
Sonrío y paso mis dedos por su cabello.
—No hay ningún lugar donde preferiría estar.
Se inclina para un beso profundo mientras su mano viaja desde mi hombro
hacia mi costado. Su pulgar roza la parte inferior de mi pecho y luego sobre mi
pezón. Puedo sentir la humedad entre mis piernas solo por ese simple toque. Su
mano continúa por la parte exterior de mi cuerpo hasta que alcanza mi rodilla, luego
su mano se mueve hacia el interior de mi pierna y sube por mi muslo. Puedo sentirlo
acercarse a mi centro caliente y no puedo evitar que mis caderas se muevan,
invitándolo a acercarse. Está más que dispuesto a aceptar mi invitación, y siento su
dedo índice pasar a lo largo de mi centro. Gimo en su boca y muevo mis caderas para
acercarme a él. Continúa acariciándome, y aparta su boca de la mía. Pone un beso
tierno entre mis pechos y dice:
—Mi dulce Molly, tan húmeda para mí.
Un gemido jadeante escapa de mis labios mientras paso mis dedos por su
cabello.
—Solo para ti, Travis.
Desliza un segundo dedo dentro de mí mientras su pulgar acaricia mi clítoris, y
su boca succiona un dolorido pezón. Puedo sentir mi orgasmo acumularse mientras
su boca se mueve hacia mi otro pecho, dándole al pezón el mismo tratamiento
mientras aumenta el ritmo de sus dedos. Mis manos pasan por su cabello corto,
manteniéndolo en su lugar.
—Oh, Dios, Travis, me voy a venir —digo sin aliento.
Lo siento sonreír contra mi pecho.
—Ese es el plan, nena.
Estoy tan cerca y sé que puede notarlo, por la forma en que mis músculos
internos están agarrando sus dedos. Arqueo mi espalda en su mano y gimo, al mismo
tiempo muerde suavemente mi pezón y exploto en el orgasmo más glorioso que
jamás haya experimentado. Cuando abro los ojos, Travis me está mirando.
—Siempre eres hermosa, pero eres absolutamente asombrosa cuando te corres.
Me acerco a él y lo beso dulcemente.
—Entonces imagina cómo será contigo dentro de mí.
Me da una sonrisa lenta y sexy y se mueve entre mis muslos. Meto la mano
entre nosotros y tomo su polla. Empiezo a acariciarlo de base a punta, dejando que
36
mis uñas de vez en cuando arañen suavemente su longitud. Cuando lo hago, siento
un escalofrío recorrerlo y escucho un gruñido bajo mientras me advierte.
—Suficiente —dice, y extiende la mano a la mesita de noche para recuperar un
condón, cubriendo su dura polla, y rápidamente se mueve entre mis muslos.
Posicionándose en mi entrada, me mira a los ojos y se relaja lentamente, saboreando
cada glorioso centímetro. El calor se extiende a través de mí mientras empuja. Una
vez está completamente dentro de mí, captura mi boca en un beso tan sensual que ni
siquiera noto el ritmo que hemos comenzado.
Cuando se aleja, es solo para mirarme a los ojos mientras aumenta el ritmo de
nuestro amor. Aprieto mis piernas alrededor de su cintura, atrayéndolo más cerca.
Mis manos recorren su espalda sintiendo los músculos con cada empuje que hace
dentro de mí. Estoy hipnotizada por las emociones que veo en sus ojos y me
pregunto si ve lo mismo en los míos. Puedo sentir que mis músculos internos
comienzan a tensarse a su alrededor, haciéndole saber que estoy lista.
—Por favor —susurro contra sus labios.
—Casi, mi hermosa chica —responde con su aliento atrapado.
Travis se pone rígido sobre mí y lo siento vaciándose en mí, y me dejo caer en
otro glorioso orgasmo con el único hombre que he amado de verdad. Travis se
derrumba encima de mí y me encanta la calidez que me envuelve mientras
dominamos nuestra respiración. Su rostro está enterrado en mi cuello mientras me
giro para colocar un suave beso en su mandíbula.
—Eso fue increíble —exhalo en su oído.
Puedo sentirlo sonreír contra mi hombro.
—Eso, mi dulce Molly, fue más que increíble. —Se aparta de mí suavemente,
se quita el condón antes de deshacerse de él, y se mueve detrás de mí, tirando de las
sábanas sobre nosotros.
Atrayéndome contra su cuerpo, me rodea con sus brazos y entrelazo nuestros
dedos. Travis besa la parte superior de mi cabeza y sonrío.
—Duerme, dulce Molly —susurra, y lo hago, segura y cálida en sus brazos.
37
Cinco
M
e despierto a la mañana siguiente en la misma exacta posición en la
que me quedé dormida, con Travis todavía envuelto a mi alrededor.
No puedo ver el reloj, pero el sol a través de la ventana me dice que
es más tarde que mi hora habitual de despertar. Puedo decir que Travis todavía está
durmiendo por su respiración profunda y relajada, y no quiero despertarlo, así que
permanezco en la cama lo más quieta posible, reflexionando sobre los últimos días.
Todo el “qué pasaría si” pasa por mi mente. ¿Qué hubiera pasado si nunca me
hubiera mudado a Phoenix o escogido esa firma de arquitectura? ¿Nos hubiéramos
encontrado alguna vez? Tal vez hubiera sido así, pero obviamente ahora fue el
momento perfecto para reunirnos. Le envío un silencioso agradecimiento a Dios por
permitirnos encontrarnos de nuevo, junto con una silenciosa oración para que todo
salga bien para nosotros. Respiro hondo y siento a Travis sonreír contra mi hombro.
—¿En qué estás pensando?
Sonrío para mis adentros y confieso:
—Estaba jugando al “qué pasaría si”.
—¿El juego “qué pasaría si”? —responde Travis somnoliento.
—Mmm, ya sabes, ¿qué hubiera pasado si no me hubiera mudado aquí, o
hubiera ido a tu oficina? El juego de “qué pasaría si”—digo con total naturalidad.
Me besa el cuello y dice:
—Bueno, afortunadamente para nosotros, no tenemos que preocuparnos por
eso. —Siento sus manos comenzar a vagar sobre mí, y me acerco más a él—. Ten
cuidado, mujer —dice—, o lo único en el menú del desayuno serás tú.
Me giro en sus brazos para enfrentarlo y decir:
—¿Seré tu desayuno y tú mi almuerzo?
Una sonrisa lenta y sexy se dibuja en su boca cuando dice:
—Ahora, ¿cómo puedo resistir una oferta como esa?
Después de unas horas más en la cama y una ducha increíblemente erótica,
Travis y yo estamos descansando en el sofá viendo un partido de béisbol. Lo mejor
del béisbol es que requiere menos atención para seguirlo. A diferencia del baloncesto
o del fútbol, puedes tener una conversación durante el juego.
—Entonces, Travis —digo, insegura si debería preguntar o incluso si quiero
saber la respuesta—. ¿No ha habido nadie especial en tu vida todos estos años?
Travis continúa pasando sus dedos arriba y abajo por mi brazo mientras dice:
38
—En realidad, no. Quiero decir, salí con un par de mujeres, incluso duré con
una un año, pero nada más que eso. Siempre había algo que faltaba y no funcionaba.
¿Y tú? —pregunta—. ¿Nadie ha logrado robarte el corazón?
Me tomo un minuto antes de responder:
—No, lo intentaron, pero ya era demasiado tarde para eso.
—Demasiado tarde —pregunta—. ¿Por qué?
—Porque —digo—, me robaste el corazón hace años.
Travis me pone en su regazo y me besa dulcemente. Sonrío contra sus labios y
digo:
—Eso sonó cursi, ¿no?
Travis se ríe antes de responder:
—Tal vez, pero ahora sé lo que faltaba, porque también robaste el mío.
Pasamos el resto de la tarde formulándonos preguntas y poniéndonos al día con
lo que nos perdimos de la vida del otro. Sorprendentemente para mí, no hay celos
por las mujeres que compartieron la vida de Travis durante ese tiempo. Tal vez es
porque ya proclamó que no significaron nada, y que yo fui la que tuvo su corazón
todo el tiempo. Así como él tenía el mío. Probablemente por eso ninguna de mis
relaciones funcionó, porque siempre las comparaba con Travis. Seamos realistas,
realmente no hay comparación.
Cuando es hora de cenar, Travis sugiere salir. Lo pienso un minuto y luego
pregunto:
—¿Te importa si nos quedamos y hacemos algo aquí?
Travis sonríe.
—No, no me importa. Aunque no estoy seguro que lo que tengo sirva para una
cena adecuada.
Sonrío.
—Mientras tengas pan y queso, estaremos bien. —Se ríe sabiendo que me
refiero a nuestros días universitarios y cuán limitada era mi capacidad en la cocina.
—Oh, sí —dice—. Recuerdo que eras la chef del queso a la parrilla.
Fingiendo ofenderme, digo:
—¡Oye, también hacía otras cosas!
Tratando de ocultar su sonrisa, asiente y dice:
—Sí, así es. Había papas fritas congeladas, sándwich de mantequilla con
mermelada, macarrones con queso, y en el último año dominabas los espaguetis.
Me paro en señal de ofensa con las manos en las caderas.
—He recorrido un largo camino desde entonces.
—¿Es así? —dice, mientras me abraza.
39
—Sí —replico con una mueca exagerada—. Ahora puedo hacer comidas y
galletas más complejas desde cero.
—Eso es genial —comenta—, y un día probaré tus habilidades, pero esta noche
lo mantendremos simple.
Trabajamos juntos en la cocina preparando ensaladas para la cena que
incluyeron todo lo que tenía en el refrigerador. Mientras Travis lavaba y cortaba
vegetales, mezclé un aderezo casero. Tomando asiento en la mesa, disfrutamos de
nuestra cena. Mientras limpiamos, me doy cuenta de lo bien que trabajamos juntos.
Rememoro cuando vivimos juntos y que siempre podíamos anticipar lo que el otro
necesitaba. Travis nos sirve una copa de vino y nos sentamos en el sofá frente al
fuego.
—Sabes —dijo—, se acerca el día de los caídos y mi familia suele hacer una
gran reunión. Me encantaría que te unieras a nosotros este año. —Antes de tener la
oportunidad de responderle, suena el teléfono.
Travis mira su reloj y dice:
—Esa es Meg, que acaba de hablar con mi madre y sabe que estás aquí. —
Sonrío mientras levanta el teléfono y me hace señas. Puedo escuchar a Meg hablando
con entusiasmo, ya que Travis apenas dice una palabra. Luego me guiña un ojo y dice
al teléfono—: ¿Volver a verla? Espero que sí, ya que está sentada en mi sofá. —
Rápidamente aparta el teléfono de su oreja mientras Meg chilla y lo reprende. Me
rio, mientras Travis dice—: Está bien, aquí está.
Me da el teléfono, y mi conversación con Meg es muy parecida a la de él. Le
cuento sobre mi negocio y me cuenta sobre las clases que está tomando. Observo a
Travis durante nuestra conversación y noto lo relajado y feliz que parece.
—Sí, Travis me estaba hablando de eso cuando llamaste. No veo ninguna razón
por la que no pueda estar allí, será genial volver a verlos a Thomas y a ti otra vez. —
Veo los ojos de Travis brillar cuando confirmo con su hermana que estaré en su
reunión del día de los caídos.
Meg dice que necesita darse prisa y estudiar para un examen, y le devuelvo el
teléfono a Travis. La escucho gritar una vez más y Travis se ríe y dice:
—Sí, lo sé. No te preocupes, no lo haré... está bien... También te quiero. Buena
suerte en tu examen, adiós. —Desconecta la llamada, y sonríe y niega mientras se
sienta a mi lado—. No estoy seguro de cuánto estudiará estando tan entusiasmada.
Estoy seguro que está llamando a Thomas mientras hablamos.
Me rio y digo:
—Probablemente tengas razón. No puedo esperar a verla.
Travis me pone en su regazo y me besa.
—Parece que has hecho muy feliz a mi familia.
—¿Solo a tu familia? —bromeo.
40
—No, me has hecho muy feliz, de muchas maneras —dice, mientras acaricia
mi cuello.
Me rio.
—Me alegro, no me di cuenta de cuánto te extrañaba hasta este fin de semana.
Se aparta para mirarme.
—Sé a qué te refieres.
Nuestra conversación parece tomar un giro serio, así que trato de aligerar el
estado de ánimo preguntando por el día de los caídos.
—Entonces, ¿dónde es esta fiesta del día de los caídos con la que me
comprometí?
Me mira confundido.
—Aquí en Phoenix, ¿dónde más sería?
—Bueno, no sé, algunas familias viajan a eventos de reuniones —digo.
Sonríe suavemente.
—La única persona que viaja cualquier distancia es Meg, y estará en casa en
unas pocas semanas cuando terminen sus clases. Probablemente no llegó a decirte
que está en su último año en la universidad de Colorado y que se graduará en
arquitectura y diseño paisajístico.
Me rio.
—No, no creo que lo haya hecho, pero sinceramente, habló tan rápido que
podría habérmelo perdido.
Se ríe.
—Hace eso cuando está emocionada. De todos modos, todos nos reunimos en
casa de Thomas y Katie, ya que tienen la casa más grande, y todos contribuimos con
comida y bebida.
—¿Y dónde viven? —pregunto, porque estoy segura que no me lo dijo.
—En Mesa, solo queda a unos veinte minutos.
Estoy sorprendida por esa información, por alguna razón no pensé que vivieran
aquí.
—Me parece recordar que Thomas está trabajando en la construcción, ¿verdad?
—Sí, y ahora es dueño de su propia empresa de construcción. Construye sobre
todo cosas comerciales, pero tiene un equipo que se especializa en remodelación
residencial ecológica.
—Entonces, por cierto, parece que puedo contratar a toda la familia Watson
para consultas y proyectos de construcción.
Se ríe.
—Supongo que podrías hacerlo.
41
—¿Algún otro miembro de la familia estará allí? —pregunto.
—Bueno, los cuatro hijos de la tía Annie y sus familias generalmente también
van.
—¿Cuántas personas se estarán quedando en la casa de Thomas?
—Bueno, ¿todos?
Lo miro, horrorizada.
—Travis, no puedes hablar en serio. Tengo entendido que tienen una casa
grande, pero seguramente no pueden albergarlos a todos.
—En realidad, pueden. Su casa es de cinco habitaciones, con una gran sala
familiar, por lo que tenemos colchones de aire para algunos y algunos en los sofás o
sillones reclinables, y bueno, realmente es muy divertido. No puedo esperar a que lo
experimentes. —Lo miro durante toda su descripción del fin de semana, y sus ojos y
todo su rostro se iluminan.
Sonrío, preguntándome en qué me metí.
—No puedo esperar.
—Tal vez podamos ir a ver a Thomas y Katie antes, entonces puedes conversar
con ellos antes de que lleguen todos —sugiere.
—Realmente me gustaría eso, pero no quiero interferir —digo.
Me sonríe.
—Estoy seguro que Katie estaría encantada de que la ayudaras a organizar las
cosas.
Me acurruco contra él y digo:
—Bueno, ya que no estaré lista para abrir para entonces, tendré mucho tiempo
en mis manos.
Travis me aprieta el hombro y me besa en la parte superior de la cabeza.
—¿Estás cansada, nena? —pregunta.
Prácticamente ronroneo mi respuesta.
—No realmente, estoy cómoda y cálida en tus brazos.
Me besa la cabeza otra vez y dice:
—Quédate aquí todo el tiempo que quieras, porque encajas perfectamente.
42
Seis
A
la mañana siguiente, me despierto sola en la cama de Travis. Mientras
bostezo y me estiro, me doy cuenta que debió traerme a la cama
anoche. Bajo la mirada para ver que estoy vestida solo con mis bragas y
una de sus camisetas. El olor a café me saca de la cama y después de hacer un rápido
viaje al baño, me dirijo a la cocina para tomar cafeína. Al lado de la cafetera,
encuentro una taza con una nota.
Buenos días, amor. Espero que hayas dormido bien. Tuve que salir por unos
minutos. Traeré el desayuno. T
Sonrío y me sirvo una taza de café, tomo la nota y la pongo en mi bolso. Como
no estoy segura de cuánto tiempo lleva ausente, me dirijo al baño para tomar una
ducha rápida antes de que regrese. Mientras me dirijo al final del pasillo, suena el
timbre y doy media vuelta para contestar. Riendo, pregunto mientras abro la puerta:
—¿Están tus manos demasiado llenas para usar tu llave? —Cuando levanto la
vista, estoy frente a una hermosa rubia—. Oh, hola. ¿Puedo ayudarte?
Me mira de arriba abajo.
—Mm, lo siento, debo haberme equivocado de apartamento.
Se da la vuelta para irse, pero la detengo preguntando:
—¿A quién estás buscando?
Sonríe suavemente.
—A Travis Watson.
Siento que la sangre se me escapa del rostro, y recobro mi valor. Ofrezco:
—Eh, simplemente salió por un momento, debería estar de vuelta en unos
minutos si quieres esperarlo.
Esta vez su sonrisa se ve un poco triste.
—No, pero gracias...
—Molly.
—Molly, por supuesto —dice eso como si me conociera, o al menos, nuestra
historia—. Solo esperaba verlo, pero tal vez en otro momento.
Se da la vuelta para irse de nuevo.
—Lo siento, no entendí tu nombre, así podré decirle que pasaste por aquí.
Se detiene.
—Soy Kelsey —dice, y vuelve a darse la vuelta para irse. Antes de cerrar la
puerta, me detiene—. Molly, hazme un favor, asegúrate de echar una mirada larga y
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dura a lo que tienes enfrente antes de volver a romperle el corazón. —Asiento, un
tanto aturdida por sus palabras, y esta vez se gira y se va.
Todavía conmocionada por mi encuentro con Kelsey, y mil preguntas pasando
por mi mente, recojo algunas cosas de mi bolsa y abro la ducha. Quince minutos más
tarde, estoy envuelta en una toalla en busca de un secador de cabello, que me temo
no existe en su baño. Oh, bueno, parece que hoy luciré un aspecto natural. Me
cepillo el cabello, me quito la toalla y giro para colgarla. Cuando me vuelvo a la
puerta, la gran figura de Travis llena la entrada. Sin esperarlo, grito y agarro mi
pecho.
—¡Mierda, Travis! ¡Me diste un susto de muerte!
Travis suelta una pequeña risa y dice:
—Lo siento, cariño, estaba disfrutando mirar tu sexy trasero tan atentamente
que me quedé sin palabras.
Sonrío y digo:
—Y si dices cosas así, eso me hará perdonarte de inmediato.
Camina hacia mí y me rodea con sus brazos.
—No puedo creer que te hayas duchado sin mí.
—Bueno, no estaba segura de cuándo volverías.
—Nena, si estás aquí, no voy a dejarte sola por mucho tiempo.
Me inclino hacia adelante y lo beso.
—Buenos días. Gracias por acostarme anoche.
—Fue un placer. Especialmente porque tengo que desnudarte e inspeccionar
cada centímetro de tu delicioso cuerpo.
—Sigue hablando así, y necesitaré otra ducha.
Travis se ríe y me besa de nuevo.
—Eso tendrá que esperar hasta más tarde, porque tenemos planes hoy.
—¿Los tenemos?
—Sí. Mientras estaba desayunando, Thomas llamó y nos invitó a almorzar.
—¿Nos?
—Sí, a nosotros. ¿Quieres apostar quién lo llamó primero, mi madre o Meg?
Me rio.
—Oh, apostaría mi dinero a Meg.
—Estás en lo correcto. Ten en cuenta que mi madre lo supo primero.
—Hmm, buen punto, pero me quedo con Meg.
Se ríe y me palmea el culo, salto y chillo cuando me dice:
—Vístete, nena, el café se está enfriando.
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—Está bien, estaré allí. —Me visto rápidamente y entro a la cocina para buscar
una caja con los pasteles más decadentes que jamás haya visto en la barra del
desayuno. Travis me sirve otra taza de café, me siento a su lado y saco uno de cereza
danesa. Respirando hondo, me preparo para contarle acerca de su visitante esta
mañana—. Ah, por cierto, tuviste visita mientras estabas fuera.
—¿En serio? Por favor, dime que no fue Spencer y que no respondiste a la
puerta con una toalla.
Tomando un sorbo de mi café, me burlo un poco antes de decir:
—No, definitivamente no fue Spencer. No tenía toalla, pero llevaba una de tus
camisetas.
Me mira levantando una ceja ante mi tono.
—Entonces, ¿quién era? —pregunta antes de dar un mordisco a su danés.
—Kelsey.
La mención de su nombre lo hace ahogarse con la masa. Una vez que la tos
disminuye, toma un trago de su café.
—Ah, ¿qué quería?
—Dijo que esperaba verte.
—Es extraño, no he visto ni hablado con ella en al menos seis meses. —Me
mira pensativamente durante unos minutos y luego niega.
—Mira, Travis, si eso es algo que quieras seguir, solo dímelo ahora y no me
interpondré en tu camino.
—¿Qué? No, Molly, ¿cómo puedes siquiera pensar eso? —Toma mis manos en
las suyas, tratando de llamar mi atención—. Molly, mírame. —Cuando sigo con la
mirada baja, levanta mi barbilla, así que me veo obligada a mirar sus ojos—. Molly,
escúchame, sí, salí con Kelsey. De hecho, fue una de las mujeres con las que tuve una
relación. Tienes que creerme cuando digo que lo que sentí por ella no fue nada en
comparación con cómo me sentí, cómo me siento aún, por ti. —Intento levantarme,
pero me detiene—. No, por favor, solo escúchame. —Me reclino en mi asiento y
continúa—. Pero ella me dejó. —Toma un respiro antes de continuar—. Me dejó
porque sintió que estaba reteniéndome en nuestra relación. Y tenía razón, lo hacía.
Porque después de ti, no ha habido una mujer con la que realmente haya querido
construir un futuro.
Mis ojos buscan los suyos, y todo lo que puedo ver es la verdad de sus palabras.
—Molly, por favor, se nos estás dando una segunda oportunidad. No te alejes
de nosotros otra vez.
Trago tratando de devolver algo de humedad a mi boca extremadamente seca.
Lo miro a través de mis pestañas.
—Ella sabía quién era —le susurro.
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—¿Qué te hace decir eso?
—Porque cuando le dije mi nombre, me dijo que no te volviera a romper el
corazón.
Cierra los ojos y deja caer su frente contra la mía.
—Sabía de ti, eso es verdad. Y debo decir que espero que ninguno de nosotros
termine con el corazón roto esta vez.
—Yo también —susurro, y me besa en la frente—. Y, Travis, lo siento.
—¿Lo sientes? ¿Por qué?
—Por alejarme de ti, de nosotros, hace tantos años. No importa cuánto lo
intenté, nada ni nadie alguna vez se comparó contigo o con lo que teníamos.
—Soy único —dice con una sonrisa.
—Lo eres —confirmo mientras niego.
—¿Estamos bien?
—Sí, estamos bien. —Dejo caer un rápido beso en sus labios—. Gracias por ser
honesto conmigo y hablarme de ella. No quiero que nada se interponga entre
nosotros esta vez. ¿De acuerdo?
—De acuerdo. —Toma mi rostro entre sus manos y me besa, reforzando cada
palabra que acaba de pronunciar.
Una vez nos acomodamos y terminamos nuestro desayuno, pregunto:
—Entonces, ¿iremos a la casa de Thomas o nos reuniremos con ellos en alguna
parte?
Toma un sorbo de su café y luego dice:
—Iremos a su casa. Dijo que Katie comenzó a planear el almuerzo tan pronto
como se enteró de ti, no puede esperar a conocerte.
Sonrío suavemente y digo:
—Eso es muy dulce de su parte, pero espero que no se meta en muchos
problemas.
—Estoy seguro que no lo hará, cariño. Thomas dijo algo sobre asar
hamburguesas.
—Eso suena perfecto.
Dos horas más tarde, mientras nos dirigíamos a la casa de Thomas y Katie, miro
por la ventana mientras los acontecimientos de esta mañana cruzan por mi mente.
¿De verdad le dije que no quería que nada se interpusiera entre nosotros? ¡Soy tan
hipócrita! Aquí está él, prácticamente desnudando su alma, en lugar de hacer mi
propia confesión. Unos minutos más tarde, estamos en la entrada de Thomas y Katie.
Respiro profundo y froto mis sudorosas palmas en mis vaqueros. Travis se acerca,
toma mi mano y dice:
46
—Nena, no te pongas nerviosa, Katie te va a querer.
Lo miro y le sonrío suavemente.
—Espero que tengas razón.
Se lleva mi mano a la boca, me besa los nudillos, sonríe y dice:
—¿Cómo no podría hacerlo? —Sale del auto, se acerca para abrir la puerta y
caminamos de la mano hacia la puerta principal.
Antes de que tengamos la oportunidad de tocar el timbre, la puerta se abre y
escucho a una pequeña mujer de cabello oscuro exclamar con entusiasmo:
—¡Oh, Dios, mío, estás aquí! —Segundos más tarde, me encuentro envuelta en
un abrazo.
—Oh, ¡hola!
Puedo escuchar a Travis reírse detrás de mí.
—Molly, esta es Katie.
—Gracias, Travis, de alguna manera me di cuenta de eso —digo con una
sonrisa.
Katie se aleja de mí e inmediatamente se mueve hacia Travis. Él sonríe y le da
un abrazo que la levanta del suelo.
—Es bueno verte de nuevo también —dice ella.
Por encima de mi hombro, escucho:
—Katie, no los asustes, acaban de llegar. —Me giro para encontrar a Thomas
bajando los escalones. Él y Travis se parecen mucho, no se puede negar que son
hermanos. Thomas es dos años mayor que Travis, aproximadamente seis centímetros
más alto, y tiene ojos azul zafiro, donde los ojos de Travis son más claros, azul claro.
Me abraza y me da vueltas—. Es genial verte, Molly, pero pensé que tendrías mejor
sentido común que salir con este otra vez —dice, obviamente tratando de irritar a su
hermano menor.
Le guiño un ojo y replico:
—Bueno, me enteré que te casaste, así que eso mató mi oportunidad contigo. Y
sabes que siempre fui una tonta para un encantador —bromeo mientras paso mi
brazo por el de Travis y le beso la mejilla.
Thomas se ríe mientras rodea a su esposa con el brazo y nos invita a entrar:
—Entra y siéntete como en casa.
Travis envuelve su brazo alrededor de mi cintura mientras entramos a su
hermosa casa y vamos directo a la cocina, donde se han estado preparando para el
almuerzo. Me detengo junto a la barra de desayuno y pregunto:
—¿Puedo ayudarte con algo?
Katie echó un rápido vistazo antes de contestar:
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—Podrías sacar los platos del gabinete, si no te importa.
—No, para nada —digo, mientras camino hacia el gabinete que me indicó.
—Voy a poner las hamburguesas en la parrilla —dice Thomas—. Travis, toma
un par de cervezas y sal. —Travis se dirige al refrigerador y me llama la atención; le
doy una sonrisa y un leve asentimiento haciéndole saber que estoy bien. Agarra la
cerveza, besa mi mejilla y se va para reunirse con su hermano.
—Katie, gracias por invitarnos —comento mientras pongo los platos sobre la
encimera.
Sonríe y dice:
—Tan pronto como Thomas me habló de ti y de Travis, supe que debía
reunirme contigo.
Curiosa en cuanto a lo que le han dicho, pregunto:
—¿Qué te dijo?
—Nada malo, solo que Travis y tú habían salido durante la universidad y que
parecía que habían vuelto a conectar recientemente.
Me rio.
—Recientemente es un eufemismo. Me encontré con Travis el jueves por la
tarde, y hemos estado juntos desde entonces. —Puedo sentir mis mejillas calientes
con lo que acabo de decir—. ¡Oh, Dios mío, eso sonó horrible! —Me tapo el rostro
con las manos. Escucho a Katie reír.
—Molly —dice tranquilizadora—, estás en una zona libre de juicios aquí. Estoy
muy familiarizada con cuán persuasivos pueden ser los hombres Watson.
—Gracias —suspiro—, realmente quería causarte una buena impresión, y
ahora probablemente pienses que soy una vagabunda por quedarme con él después
de que nos encontramos.
—Puedo asegurarte, Molly, que creo que no existe tal cosa. —Luego continúa
y, sin saberlo, me da la información que necesitaba—: Además de que Meg no podía
decir suficientes cosas buenas sobre ti cuando llamó anoche.
Estallo en carcajadas y Katie me mira desconcertada.
—Lo siento, pero Travis y yo teníamos una apuesta sobre quien llamó primero,
Meg o su madre. Aposté por Meg —explico.
Katie continúa cortando tomate y dice:
—Ah, ya veo, bueno, debes saber que Bonnie también llamó, pero no nos dijo
nada. Fue más sutil y solo preguntó si habíamos hablado con Travis. Thomas y yo
sabíamos que algo estaba pasando, pero no podíamos entender qué. Luego Meg llamó
anoche y lo contó todo. —Sonríe y me mira—. ¿Te importa si te hago una pregunta?
—No, en absoluto.
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—Bueno, por lo que dice Thomas, Travis y tú eran felices en la universidad.
¿Por qué rompieron?
Sonrío suavemente y le cuento lo que sucedió, y aunque han pasado cinco años,
lo recuerdo como si fuera ayer.
Me siento en el sofá del pequeño apartamento que comparto con Travis,
vestida con mis vaqueros y mi camiseta favorita, mis libros y notas esparcidos a mi
alrededor mientras estudio para mis exámenes finales. El correo del día está en la
mesa de café y tentándome, al menos un sobre en particular, y me pide que lo abra.
Cediendo a la tentación, dejo mis libros a un lado, tomo el sobre y deslizo mi dedo
debajo de la solapa rompiendo el sello. Una rápida mirada al membrete acelera mi
corazón. Es la indicada. La carta que he estado esperando, deseando recibir. Respiro
profundamente y despliego el resto de la carta, leyéndola. Varias palabras saltan
hacia mí como si estuvieran en letra negrita mayúscula; felicitaciones...
complacidos... aceptada... pasantía. Chillo de placer, esta es una oportunidad
increíble; Camden Designs es la empresa líder de diseño de interiores en el país y
solo acepta dos pasantes al año de entre cientos de solicitantes. No puedo esperar a
decirle a Travis. Mirando el reloj, veo que debería estar en casa en cualquier
momento. Justo cuando termino ese pensamiento, la puerta se abre y Travis entra
por la puerta con una sonrisa en su hermoso rostro.
—¡Conseguí el trabajo!
—¿Qué?
—Conseguí el trabajo, el que solicité en la empresa de arquitectura en Dallas.
Hace unos minutos llamaron para ofrecerme oficialmente el trabajo. —Me levanta
del sofá y me abraza, dándome vueltas.
—Vístete, hermosa, saldremos a cenar para celebrar. —Está tan feliz, no puedo
evitar quedar atrapada en su emoción, mientras en el fondo de mi mente surge una
sensación de temor, sabiendo que tengo que decirle sobre la carta que recibí hoy.
Cuando llegamos al restaurante, la anfitriona nos sienta, y cuando llega el
camarero, Travis pide una botella de champán. El camarero regresa, llena nuestros
vasos y toma nuestro pedido. Cuando estamos otra vez solos, Travis me toma de la
mano y levanta su copa.
—Para que todos nuestros sueños se hagan realidad.
Sonrío, devuelvo el sentimiento y bebo un poco del burbujeante champán.
Dentro de mi propia cabeza, vuelvo al presente cuando Travis dice mi nombre.
—¿Molly? ¿Me oíste?
—¿Eh? Oh, lo siento, creo que me perdí, ¿qué dijiste?
—Cariño, ¿estás bien? Has estado bastante callada desde que llegué a casa.
Odiando tener que calmar su emoción, tomo un respiro tranquilizador y le
digo:
49
—Bueno, hoy recibí algunas noticias emocionantes.
—¿De verdad? ¿Qué noticias?
—Obtuve la pasantía que solicité.
—¡Nena, eso es genial!
Tratando de mantener la esperanza, sonrío y continúo:
—Camden Designs es la firma de diseño más importante del país, y solo
aceptan a dos candidatos al año. Pero solo hay un problema.
—¿Problema?
Me muerdo el labio y asiento, mirando la comida que tengo enfrente.
—Camden Designs está en Boston.
—Oh.
Toda la emoción que sentimos hace unos minutos se reemplaza rápidamente
con una innegable tensión. Las lágrimas no derramadas queman la parte posterior de
mis ojos, mientras Travis toma mi mano.
—Oye, Molly, mírame. —Alzo los ojos para encontrar los suyos, de verde a
azul, su pulgar acariciando mi mano, me da una sonrisa suave—. Vamos a resolver
esto, ¿de acuerdo? —Asiento, seco mis lágrimas y respiro temblorosamente, mientras
continúa—: Pero esta noche, tenemos dos cosas para celebrar, así que disfrutemos de
la noche y nos preocuparemos de todo mañana ¿está bien?
—Bien.
Tres semanas después, nos paramos en el estacionamiento, entre nuestros autos
repletos, listos para ir en direcciones opuestas. Listos para perseguir las carreras por
las que tanto habíamos trabajado. Nos habíamos esforzado tanto por disfrutar el
tiempo juntos que nos quedaba, sin pensar en el inevitable final de nuestra relación
de cuatro años. Ahora había llegado el temido día, y nuestro tiempo juntos se había
agotado. Aferrándonos uno al otro, Travis pasa sus manos suavemente por mi
espalda.
—¿Tienes todo lo que necesitas?
No, pienso para mí, lo que necesito es retroceder el tiempo para no decirnos
adiós. Lo que quiero decir es “Te necesito”, pero no lo hago. En cambio, me
convenzo una vez más que esto es lo mejor para nuestras carreras y para nosotros, así
que asiento contra su pecho, mi estrangulada respuesta por las lágrimas es:
—Sí.
—Asegúrate de tomarte tu tiempo, y prométeme que te detendrás en un hotel
si comienzas a cansarte.
—Lo haré si lo haces.
Lo siento sonreír contra la parte superior de mi cabeza.
50
—Lo haré, lo prometo.
—¿Cuánto tiempo te tomará llegar a Dallas?
—Alrededor de quince horas. ¿Y a ti, cuánto tiempo te tomará llegar a Boston?
—Tomaré la I-95, así que unas veinte horas sin incluir paradas. Espero
conducir durante doce horas hoy y hacer el resto del camino mañana.
—Pasarás por casa de tus padres, ¿verdad?
—Sí, no los veré hasta las vacaciones, así que mamá me dará de comer antes de
irme.
Travis se ríe entre dientes.
—Todas las mamás son iguales, siempre temen que no comas cuando te dejan
solo. —Travis se aparta de mí y toma mi rostro entre sus manos, sus pulgares secan el
constante flujo de lágrimas que corren por él—. Tenemos que irnos.
En sus ojos azules no hubo nada más que amor, adoración, risa y alegría
durante los pasados cuatro años, y ahora veo tristeza y dolor.
—Lo sé, simplemente no quiero hacerlo.
—Llámame esta noche cuando tengas una habitación para pasar la noche, así
sabré que estás a salvo.
Asiento y muerdo mi tembloroso labio.
—Lo haré, ten cuidado al conducir, ¿de acuerdo?
—Lo tendré. —Se inclina y me besa, pero en lugar de los besos llenos de pasión
que estamos acostumbrados a compartir, está lleno de tristeza y con sabor de
despedida. Cuando se aleja, apoya su frente contra la mía—. Te amo, mi hermosa
Molly. No lo olvides nunca.
—No lo haré. También te amo, Travis, siempre lo haré. —Pone un beso
prolongado en mi frente, respira hondo, y me abre la puerta de mi auto. Subo,
abrocho mi cinturón de seguridad y enciendo el motor. Bajando la ventanilla, Travis
se inclina.
—Ahora sal de aquí, y ve a mostrarle a esa escandalosa gente en Boston qué
diseñadora de interiores es mi chica.
No puedo evitar reírme de su intento de animarme.
—Lo haré. Y tú ve a mostrarles a esos vaqueros cómo conseguir la portada de
Architecture Digest. —Le guiño un ojo—. No olvides mencionarme en el artículo.
—Nunca te olvidaré, Molly, puedes contar con eso. Ahora vete, antes de que te
arrastre fuera de ese auto.
—Bien, adiós, Travis. Te amo. —Me alejo, mirando por el espejo retrovisor
mientras Travis me manda un beso y me saluda por última vez, mientras mira mi
auto desaparecer de la vista. Sigue apoyado en su auto, haciéndose cada vez más
pequeño mientras me alejo.
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Parpadeo varias veces tratando de evitar que caigan las lágrimas de mis ojos, y
al levantar la vista, descubro que los ojos de Katie también están llenos de lágrimas y
está pendiente de cada palabra que pronuncio. Me encojo de hombros y digo:
—Tratamos de mantenernos en contacto por un tiempo, pero los dos estábamos
muy ocupados y después de unos meses, nos distanciamos.
Katie se acerca y me aprieta la mano.
—Gracias por compartir eso conmigo. Me alegra que Travis y tú puedan unirse
a nosotros, es agradable tener otra mujer con quien hablar.
Sonrío sinceramente, porque sé lo que quiere decir:
—¿Cuánto tiempo llevan casados Thomas y tú?
—Cumpliremos cuatro años en septiembre —dice. En ese momento, Thomas
abre la puerta del patio para avisarnos que las hamburguesas están listas—. Gracias,
cariño —dice Katie—, ya salimos. Molly, podrías agarrar los platos y las patatas
fritas, me ocuparé de la lechuga, el tomate y los panecillos. —Saco mis artículos y los
pongo sobre la mesa.
Travis se acerca a mi lado; usando su pulgar, roza una lágrima extraviada de
debajo de mi ojo.
—Hola, hermosa, ¿estás bien?
Le sonrío.
—Estoy bien, gracias. ¿Quieres ayudarme a tomar algunas bebidas? —Asiente,
toma mi mano y comenzamos a entrar—. Katie, ¿qué quieres beber?
—Una botella de agua, por favor, sírvete lo que quieras.
Una vez dentro, abro el refrigerador y saco dos cervezas más para los chicos y
dos botellas de agua para Katie y para mí. Cuando me vuelvo para darle la cerveza a
Travis, me está sonriendo.
—¿Por qué estás sonriendo como un idiota?
—Porque —dice mientras envuelve sus brazos alrededor de mi cintura—,
algunas veces, todavía se siente como un sueño que en realidad estés aquí. —Paso
mis manos por sus brazos dulcemente, y luego le doy un pellizco—. ¡Ay! ¿Por qué
fue eso?
—Solo quería asegurarme que supieras que esto es real —replico y rápidamente
beso sus labios. Antes de salir por la puerta, me dirijo a Travis y digo—: Ah, por
cierto, tenía razón, era Meg. —Travis se ríe y me sigue.
Las hamburguesas a la parrilla están a la perfección y deliciosas. Nos quedamos
en el patio hablando y poniéndonos al día. Travis les dice a Thomas y a Katie que
acepté ir al extravagante día de los caídos, o al menos así lo bauticé. Katie está
encantada y ofrezco ayudar de cualquier manera que pueda. Promete llamarme para
que podamos repasar los detalles cuando se acerque. Con la esperanza de que no nos
hayamos quedado demasiado tiempo, Travis y yo nos despedimos y volvemos a su
52
casa después de limpiar todo. Travis sostiene mi mano durante todo el viaje, y
cuando estamos casi allí, levanta mi mano y besa mis nudillos. Me vuelvo hacia él,
sonrío, y me pregunta:
—¿Lo pasaste bien?
—Lo hice. Gracias por compartir a tu familia conmigo.
—Cariño, estoy más que feliz de compartir todo contigo —dice, y sé por la
mirada en sus ojos que quiere decir cada palabra.
53
Siete
E
l lunes por la mañana me despierta el sonido de… ¿un silbido? Gimo y
coloco las mantas sobre mi cabeza. Oh, querido Señor, olvidé que Travis
era una persona madrugadora. Escucho una profunda risa justo antes de
que retire las mantas de mi cabeza. Travis besa mi mejilla y dice:
—Buenos días, rayo de sol.
—Buenos días —murmuro. Definitivamente no soy un sol en la mañana, soy
más como la pequeña nube negra de lluvia de la que habla Winnie the Pooh.
Bostezo y me estiro mientras Travis se sienta en el borde de la cama y me
pregunta:
—Entonces, ¿qué planes tienes para hoy?
—Voy a regresar al hotel en cuanto pueda salir de tu cama increíblemente
cómoda. Luego tengo que hacer algunas llamadas y necesito encontrar un
contratista.
—Deberías llamar a Thomas.
Lo miro confundida.
—¿Creí que solo hacía construcciones comerciales nuevas?
—No, también hace renovaciones comerciales.
—Será mi primera llamada entonces. Pero, por curiosidad, ¿por qué no
mencionaste esto ayer cuando estuvimos allí?
Se encoge de hombros antes de decir:
—No quería obligarte a nada.
—Travis, ya te dije que quiero tu ayuda. Si tienes una sugerencia, dímelo.
—Simplemente no quería presionarte para que llamaras a mi hermano si no
querías hacerlo.
No puedo evitar reírme.
—¿Presionarme? Travis, te das cuenta que adoro a Thomas, ¿verdad? Y a tu
madre y a Meg.
—Lo sé, y es una de las cosas que más admiro de ti. Pero, Molly, esta es una
decisión comercial.
—Tienes razón, lo es, pero ¿no debería también tener gente en quien confío
trabajando conmigo?
Me sonríe dulcemente.
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—Sí, deberías. —Me besa en la frente—. Tengo que irme. Quédate todo el
tiempo que quieras. Te llamaré más tarde.
—Está bien, que tengas un día fabuloso.
Se ríe y niega mientras camina hacia la puerta.
—Tú también, nena.
Bostezo, me estiro de nuevo y me dirijo a la ducha. Abro la llave del agua, me
meto bajo el chorro caliente, recordando el tiempo que pasamos aquí anoche, y me
trae una sonrisa al rostro. Termino mi ducha, me seco y me visto. Al entrar en la
cocina, me sirvo una taza de café y me siento en la barra del desayuno. En el
refrigerador, veo un imán de Watson Construction. Tomando mi teléfono, marco el
número; responden al segundo tono.
—Watson Construction.
—Hola, soy Molly O'Leedy, y…
—¿Molly? Hola, soy Katie.
—¡Oh, hola! ¿Cómo estás?
—Estoy bien. ¿Qué puedo hacer por ti?
Esta es una de las razones por las que me gusta Katie, no se anda con tonterías,
y no da muchas vueltas yendo directamente al grano.
—Bueno, estaba hablando con Travis sobre la necesidad de un contratista, y me
sugirió que llamara a Thomas. ¿Crees que le interesaría trabajar en mi edificio?
—Definitivamente puedo preguntarle y averiguarlo. ¿Cuándo quieres
comenzar la construcción?
Suelto una risa nerviosa.
—Honestamente, no tengo ni idea. Me reuní con el arquitecto el jueves, así
que ahora estoy esperando los planos.
La escucho reír.
—Bueno, estás involucrada con el arquitecto, por lo que debes ser la máxima
prioridad.
—Oh, no, Travis no es mi arquitecto.
—¿No lo es?
Suena sorprendida por mi revelación.
—No, no quería que pareciera poco ético que trabajara en mi proyecto
mientras nos estábamos viendo. Y no ver a Travis, después de encontrarlo
nuevamente, no era una opción.
—No puedo decir que te culpe.
Escucho que el teléfono comienza a sonar en el fondo.
—Será mejor que te deje volver al trabajo.
55
—Sí, hablaré con Thomas y te llamaré esta semana.
—Suena bien, gracias, Katie.
Nos despedimos y terminamos la llamada. Recojo mis cosas y las coloco en mi
bolsa, luego llamo un taxi para regresar al hotel. Veinte minutos después, estoy de
regreso en mi habitación, separando la ropa sucia para que la lleven a la lavandería
en la mañana. Llamo a la universidad pública local y pregunto si puedo colocar un
anuncio de ayuda. Me dicen que, de hecho, permiten publicaciones y que puedo ir
en cualquier momento. Mientras redacto el anuncio, suena mi teléfono y aparece un
número que no reconozco. Hago clic en el botón de llamada y contesto.
—¿Hola?
—Hola, ¿puedo hablar con Molly?
—Soy yo —respondo vacilante.
Puedo sentir el alivio al otro lado de la línea.
—Oh, hola, Molly, soy Spencer.
—Hola, Spencer. ¿Qué puedo hacer por ti?
—Llamo para decirte que tengo listos tus planos.
—¿Ya? No esperaba que estuvieran listos tan pronto. Espero que Travis no te
presionara para que te dieras prisa con ellos.
Se ríe de mi comentario.
—No, no lo hizo, lo prometo. Solo coincidió que no tuviera otros proyectos
importantes en este momento.
—Bueno, me alegra oírlo. Que no te presionaron, no que no tengas más
proyectos —tartamudeo, tratando de recomponerme.
Spencer se ríe a carcajadas.
—Sabía lo que querías decir, Molly —dice terminando mi vergonzoso divagar.
—Oh, bien —replico, aliviada porque lo hubiera entendido.
—Me preguntaba cuándo estarías disponible para mirarlos.
—¿Mañana en la mañana funcionaría para ti?
—Así es. ¿Digamos que alrededor de las once en punto?
—Perfecto. Te veré luego. Y gracias de nuevo por terminarlos tan rápido.
—Es un placer, Molly.
Termino la llamada e inmediatamente llamo a Travis.
—¡Hola, hermosa! ¿Cómo va tu día?
—Vaya, ese es el mejor “hola” que he recibido.
Suelta una carcajada profunda ante mi observación.
—Bueno, obviamente no has estado llamando a las personas adecuadas.
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Mi sonrisa se ensancha.
—Obviamente.
—Entonces, ¿a qué debo el placer, señorita O'Leedy? —Mi cerebro nota la
palabra “placer” y mi mente va corriendo en todas las direcciones—. Molly, ¿sigues
ahí?
—Mmm, sí, eh, lo siento. Estaba llamando para decirte que Spencer llamó y
dijo que mis planos estaban listos.
—¡Eso es genial! ¿Cuándo vienes a repasarlos?
—Mañana por la mañana, a las once en punto. Me impresionó que estuvieran
listos tan rápido.
—Spencer es muy bueno. Sé que hizo un buen trabajo con ellos. Entonces,
¿cuáles son tus planes para esta noche?
—Bueno eso depende. ¿Quieres venir a cenar?
—Me encantaría cenar contigo.
—Genial. —Hay un silencio entre nosotros, y estoy luchando conmigo misma
sobre si pedirle que se quede a pasar la noche, cuando toma una decisión por mí.
—Voy a pasar corriendo por mi casa y recogeré un cambio de ropa de camino.
Estoy segura que puede escuchar la sonrisa en mi voz cuando respondo:
—Está bien, te veré esta noche. —Termino la llamada y arreglo las cosas antes
de saltar a la ducha para refrescarme.
Poco después de terminar de prepararme, oigo un golpe en la puerta. Abro y
encuentro a Travis apoyado contra el marco de la puerta, con la bolsa de ropa
colgando de su dedo detrás de él. Una sonrisa pequeña y satisfecha aparece en mis
labios, retrocedo y abro más ampliamente, lo que le permite entrar. Tan pronto como
cierro la puerta, su brazo me rodea por detrás y me empuja contra su duro cuerpo.
Entierra su nariz en mi cabello castaño rojizo y sus labios están cerca de mi oreja.
Puedo sentir su cálido aliento en mi cuello. Estoy luchando por mantener la calma
mientras mi corazón se acelera.
—Pensé que el día de hoy nunca terminaría —susurra contra mi oreja.
Lentamente me vuelvo en sus brazos, y le sonrío tímidamente.
—Me alegra que estés aquí. —Sus ojos llenos de pasión buscan los míos por un
momento, y su mirada se dirige a mi boca. Instintivamente paso mi lengua por mis
labios secos y escucho un gemido escapar de él mientras aplasta mis labios con los
suyos. Su lengua corre a lo largo de la comisura de mis labios y abro para él. Mis
manos se agarran a sus bíceps mientras mis rodillas se debilitan por su sabor. Mis
brazos se mueven alrededor de su cuello y mis dedos se enredan en su cabello, y
profundiza el beso. Chupo su labio inferior en mi boca mientras me retiro jadeando.
Pongo mi frente contra la suya mientras mi mano acaricia su rostro. Le sonrío
tímidamente y digo:
57
—Hola.
Esboza una sonrisa y dice:
—Hola. —Luego besa la punta de mi nariz, me levanta en sus brazos, y me
lleva al dormitorio.
Me despierto lo que parecen ser días después, pero el reloj de cabecera indica
que fue solo una hora. En algún momento durante nuestra corta siesta, me di la
vuelta y ahora estoy frente a él. Me tomo un momento para estudiar el rostro que ha
atormentado mis sueños durante los últimos cinco años. Su cabello oscuro cae sobre
su frente, dándole una apariencia más juvenil. Las pestañas largas, oscuras y gruesas
se alinean en sus ojos, y de nuevo pienso en lo injusto que es eso. Su rostro cincelado
y atractivo está bronceado y relajado en el sueño. Suspiro contenta y coloco un ligero
beso en su barbilla. Se mueve y sus brazos se tensan a mi alrededor. Veo el indicio de
una sonrisa en sus labios justo antes de que abra los ojos. Me besa en la frente y dice:
—Pensé que tal vez estaba soñando, pero todavía estás aquí.
Sonrío y coloco un beso en su pecho.
—Por supuesto que todavía estoy aquí tonto, esta es mi habitación.
Se ríe y besa la parte superior de mi cabeza.
—Así es —dice.
Silenciosamente acostada en sus brazos, mi estómago retumba y me rio.
—Parece que te estoy invitando a cenar en forma de servicio a la habitación.
Lo siento sonreír contra mi cabeza mientras dice:
—¿Solo si me dejas invitarte al desayuno?
Rápidamente beso sus labios y digo:
—Puedo vivir con eso.
Examinamos el menú del servicio de habitaciones, hacemos nuestra elección y
hace nuestro pedido mientras me refresco. Vuelvo a la sala de estar de la suite y
encuentro a Travis al teléfono. Levanta la vista cuando me acerco, me da una sonrisa
deslumbrante que hace que mis rodillas se debiliten y envuelve un brazo alrededor
de mi cintura.
—Sí, está aquí, espera. Te llama Thomas —dice mientras me pasa el teléfono.
Tomando el teléfono de su mano, y colocándolo en mi oreja, digo:
—Hola, Thomas. —Comienzo a caminar hacia la ventana, pero Travis me
sostiene en su lugar, acariciando mi cuello—. Sí, llamaron hoy… mañana por la
mañana… el jueves estaría bien… trae a Katie y los cuatro podremos cenar
después… está bien, lo haré, gracias, Thomas. —Le devuelvo el teléfono a Travis
luego de presionar el botón de finalizar llamada—. Espero que no te importe, acabo
de hacer planes para nosotros con tu hermano.
—De ningún modo. De hecho, pueden venir a mi casa a cenar, si quieres.
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—Tal vez, o comer algo fuera. —Me pongo de puntillas y le doy un beso en la
mejilla. Me empuja y se inclina para besarme; un golpe en la puerta nos interrumpe.
—Esa sería nuestra cena —dice, y mientras se dirige a la puerta, me palmea el
culo y dejo escapar un grito de sorpresa.
Coloca nuestros platos sobre la mesa mientras distribuyo los cubiertos. Una vez
estamos en nuestros asientos, corto un trozo de mi filet mignon y Travis sirve
nuestro vino. Nuestra conversación es ligera y nos reímos fácilmente, mientras
recordamos la primera vez que conocimos a los padres del otro. Demasiado pronto,
tanto nuestros platos como nuestra botella de vino están vacíos. Travis coloca
nuestra bandeja para cenar afuera de la puerta para que la recojan, y gira la
cerradura. Estoy enderezando su chaqueta que yace sobre el sofá, cuando siento sus
ojos en mí. Miro hacia arriba y nuestros ojos se conectan, mientras lentamente se
dirige hacia mí, acechando como una pantera. Se detiene frente a mí y mi
respiración se detiene. Realmente es guapo; por supuesto, siempre lo fue. Levanta su
mano para ahuecar mi mejilla, y me apoyo en su toque. Me lamo nerviosamente los
labios y mi mirada se posa en su boca. Es el primero en romper el silencio.
—Quiero hacerte el amor.
Sonrío tímidamente y pregunto:
—Entonces, ¿qué te detiene? —Veo que la esquina de su boca se contrae justo
antes de levantarme y llevarme a la cama. Esta vez es diferente, es lento y tierno. Se
toma su tiempo casi adorando mi cuerpo con sus manos y boca. Cuando finalmente
se mueve sobre mí, me mira a los ojos como si pudiera ver mi alma, y captura mi
boca al mismo tiempo que entra en mí y comienza un ritmo lento y satisfactorio.
59
Ocho
A
la mañana siguiente, me despierto con besos bajando por mi espalda y
una sonrisa soñolienta en mi rostro.
—Sigue así y tendré que cancelar mi reunión.
Lo siento sonreír contra mi piel.
—Vamos, nena, es hora de levantarte.
Giro la cabeza para mirarlo y veo que su cabello todavía está húmedo por la
ducha.
—¿Qué hora es?
—Las siete y media. —¿Cómo es que duermo tan profundamente con él que ni
siquiera escucho la alarma?—. Tengo que irme pronto, no te vuelvas a dormir.
—No lo haré —murmuro y cierro los ojos.
Lo escucho reír suavemente antes de oír la advertencia en su tono.
—Molly.
—Estoy despierta.
Lo escucho toquetear algo y luego, en cuestión de minutos, me asalta el
delicioso aroma a café. Bostezo y me estiro, respirando profundamente, y cuando
abro los ojos, Travis está parado al pie de la cama, con una taza de café en la mano.
—Bueno, si esa no es la vista más sexy, un hombre caliente con café caliente.
Travis se ríe y niega acercándose a mí.
—Siempre es un placer darle café a una mujer sexy y desnuda —gruñe. Se
inclina y me besa, antes de dirigirse a la puerta—. Envíame un mensaje cuando
llegues a la oficina, te acompañaré si puedo.
Lanzo un saludo burlón y digo:
—A sus órdenes, capitán. —Lo veo negar mientras cruza la puerta.
Llego a Lucas Brothers Engineering y le digo a la recepcionista que estoy aquí
para ver a Spencer. Me pide que tome asiento, y le envío un mensaje a Travis
mientras espero. Unos minutos después, la recepcionista me informa que puedo ir a
la oficina de Spencer. Recojo mis cosas y camino por el pasillo hacia allí. La puerta
está abierta cuando llego, y aunque está hablando por teléfono, me hace señas para
que entre. Me siento en el sofá y lo dejo atender su llamada. Antes de que termine,
llega Travis. Se sienta a mi lado en el sofá y apoya su mano en el cojín del asiento
junto a mi cadera. Siento que su pulgar comienza a acariciarme y un escalofrío me
recorre la espalda. Se inclina y me susurra al oído:
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—Te ves hermosa. —Sonrío y le doy las gracias en el momento en que Spencer
finaliza su llamada. Se acerca y me estrecha la mano antes de tomar asiento—. Es
bueno verte de nuevo, Molly.
—A ti también, Spencer. Gracias de nuevo por terminar los planos tan rápido.
—El gusto es mío. ¿Empezamos? —Durante la siguiente hora, Spencer revisa
cada detalle de los planos para el primer y segundo piso. Travis se mantiene
apoyándome en silencio, solo hace preguntas cuando siente que necesito saber algo
que no pensé en preguntar. En el momento en que llegamos al tercer piso,
prácticamente estoy rebotando en el asiento—. Bien, ahora viene la mejor parte —
dice Spencer con una sonrisa—. Me diste mucho espacio para trabajar, Molly. Espero
que les guste lo que se me ocurrió —comenta mientras saca los planos. Señala el
primer espacio—. Perdiste un poco de espacio habitable aquí para una entrada para
el ascensor y las escaleras. Pero tal como conversamos, la seguridad era importante, y
esto eliminó el acceso inmediato a la sala de estar mediante el ascensor y las
escaleras.
—Me gusta, y parece que las ventanas serán reemplazadas.
—Sí, para proporcionar más privacidad. Dijiste que también querías una planta
abierta, por lo que la puerta se abre a la sala de estar. Esta área la utilicé para una
zona de lavandería, despensa y un medio baño para invitados. Una barra de desayuno
separa la cocina y el comedor. Dijiste que querías tres habitaciones, así que de este
lado tengo dos habitaciones separadas por un baño completo. Y de este otro está el
dormitorio principal y el área de oficina. —Miro los planos, sorprendida de que haya
podido trabajar en todos mis deseos.
Travis rompe el silencio.
—Vaya, hombre, creo que esta es la primera vez, se ha quedado sin palabras.
Le doy un codazo en las costillas cuando Spencer se ríe.
—Muy gracioso.
—Te enviaré los archivos por correo electrónico para que puedas revisarlo y
ver si es necesario realizar algún cambio antes de que se archiven. Si tienes alguna
pregunta, no dudes en llamarme.
—Lo haré. Gracias. —Me levanto y estrecho su mano antes de que Travis me
guíe hacia la puerta. Me lleva hacia el ascensor, con su mano en la parte baja de mi
espalda.
Presiono el botón, y mientras esperamos, Travis pregunta:
—¿Qué planes tienes para el resto del día?
—Bueno, tengo que ir al juzgado y recoger algunos documentos, ¿por qué?
—Me preguntaba si quieres almorzar antes de irte. —Me sorprende que no esté
seguro de mi respuesta. ¿Todavía no se ha dado cuenta que soy masilla en sus manos?
Me pongo de puntillas y le doy un beso en la mejilla.
61
—Me encantaría almorzar contigo.
62
—Vas a hartarte de mí uno de estos días.
Me besa la mano.
—Eso nunca va a pasar, nena. —Sonrío ante sus dulces palabras, y espero que
sea verdad, porque puedo sentir que me estoy volviendo a enamorar profundamente
de él. Nos detenemos fuera del edificio y Travis apaga el motor, luego viene para
abrirme la puerta. Me toma la mano cuando salgo del auto y caminamos de la mano
hacia la puerta. Abro la puerta y entramos, encendiendo las luces esperando a que
lleguen Thomas y Katie.
Mientras miro el espacio, mi mente girando con posibilidades, la voz
preocupada de Travis rompe mi ensoñación.
—Oye, Molly, ¿qué pasó con la pared? No recuerdo que ese gran agujero
estuviera allí la última vez. —Entre la pregunta y la mirada preocupada en su rostro,
no puedo evitar reírme.
—No estaba allí.
—Y entonces, ¿qué pasó?
—Mi martillo pasó. Estaba revisando para ver qué había detrás de los paneles
de yeso. —Se ve un poco aturdido—. ¿Qué, no creías que supiera usar un martillo?
Se ríe y niega.
—No me sorprende en absoluto. Pero tengo que decir que suena bastante
excitante.
Me acerco a él y le rodeo la cintura con los brazos.
—Ah, ¿sí?
—Sí.
—Entonces, supongo que necesito tener cuidado usando mi cinturón de
herramientas cuando te tenga cerca, ¿eh?
—¿Tienes un cinturón de herramientas? —Asiento y muerdo mi labio tratando
de contener mi sonrisa. Su voz cae a una octava más sexy—. ¿Lo tienes contigo?
—No lo empaqué en la bolsa, si es lo que estás preguntando.
—¿Así que está en el hotel?
—En realidad, está en mi caja de herramientas, en la parte de atrás de mi Edge.
Echa la cabeza hacia atrás y gime:
—Me estás matando aquí, Moll.
Me rio y me giro cuando escucho la puerta abrirse.
—Está bien, cálmense ustedes dos. No necesitamos un espectáculo erótico.
Me rio, me desenvuelvo de Travis y me acerco para abrazarlos a ambos.
—Hola, chicos. Pasen. ¿Tuvieron problemas para encontrarlo?
63
Katie responde mientras me devuelve el abrazo.
—No, en absoluto. Nos diste excelentes instrucciones. —Thomas hace toda la
cosa del abrazo de chicos con Travis, y luego me abraza.
—Molly, tengo que decir que, a primera vista, el esqueleto de tu edificio se ve
bien.
—Gracias, me alegra oírte decir eso. Déjame tomar mi tableta y sacaré los
planos así echas un vistazo al lugar. —Saco la tableta de mi bolso y accedo a los
planos, mientras camino hacia el grupo. Se la doy a Thomas—. Aquí tienes;
simplemente puedes deslizar para ver cada planta.
Thomas toma la tableta y revisa los planos, luego examina la habitación.
—Está bien, parece que se necesita hacer un mínimo de trabajo en este piso.
—Así es, principalmente modernizando y añadiendo una cocina/sala de
descanso y baños.
Asiente y mira la pared que tiene un agujero.
—¿Vamos a reemplazar los paneles de yeso?
Me rio.
—Es curioso que me lo preguntes, Travis y yo estábamos discutiendo eso
cuando ustedes llegaron. Pero se distrajo un poco.
—Oye, en mi defensa...
Thomas lo detiene levantando la mano.
—No, no quiero saber de ninguna fantasía que tengas.
Travis empieza a hablar, pero tomo el control de la conversación.
—De todos modos —continúo—, hay ladrillos expuestos detrás de los paneles y
no quiero volver a cubrirlos.
—Buena elección.
Avanzamos rápidamente por la segunda planta ya que será para
almacenamiento y una oficina. Subimos las escaleras hasta el tercer piso y escucho a
Katie decir:
—Caray, Molly, esto es hermoso.
Sonrío.
—Gracias. Esta será mi casa.
Tanto Thomas como Katie están callados y miran de Travis a mí. Veo a Travis
sacudir ligeramente la cabeza y antes de que pueda interrogarlo, Thomas rompe el
silencio.
—¿Vas a vivir encima de tu negocio?
—Sí.
64
Escucho una advertencia susurrada de Katie.
—Thomas.
Ahora es mi turno de mirar de uno al otro.
—¿Por qué? ¿Es eso un problema?
—No, no para mí, mientras sea una zona residencial.
Puedo sentir la sangre drenarse de mi rostro.
—Ni siquiera pensé en eso. Sé que es una zona comercial. —Siento que Travis
desliza su brazo alrededor de mi cintura, una oferta silenciosa de apoyo.
—Bueno, no entres en pánico todavía. Siempre se puede volver a reclasificarlo,
aunque eso retrasará la construcción y será un gasto adicional.
—Revisaré mi documentación mañana para ver qué zonificación es, luego
decidiré qué hacer.
—Bien, mientras tanto, revisemos estos planos. —Thomas repasa los detalles y
hace preguntas para que ambos tengamos claras las expectativas sobre el espacio. Una
vez terminamos, todos salimos a cenar. Katie y yo hablamos de todo, desde la
remodelación del edificio, hasta nuestro amor por los postres. Thomas y Travis
continúan su propia conversación durante toda la comida. Una vez terminamos de
cenar y decidimos quién pagaba la cuenta, lo cual ganó Travis, abandonamos el
restaurante y nos despedimos en la acera antes de caminar en direcciones opuestas a
nuestros vehículos.
Llegamos al apartamento de Travis y lleva mi bolso al dormitorio. Lo sigo,
admirándolo; su mandíbula tiene una barba incipiente, y no puedo evitar querer
sentirla en mis labios. Deja mi bolsa y se gira hacia mí, sus ojos me recorren de arriba
abajo. Desde mi blusa de seda rosa y mi falda lápiz azul marino, bajando hacia mis
piernas hasta los tacones de ocho centímetros. Le brindo una sonrisa sexy y doy un
paso hacia él. Pasando mis manos por su pecho, empiezo a aflojarle la corbata. Inhala
con rapidez y luego empieza a desabotonar mi blusa lentamente, dejando que sus
dedos abrasen mi piel entre cada botón. Sus ojos nunca dejan los míos hasta que
desliza la tela por mis brazos, revelando mi sujetador rosa de satén y encaje. Pasa el
dedo por el borde del sujetador y me recorren escalofríos. Con su pulgar, acaricia mi
pezón dolorido a través del tejido. El calor se precipita hacia mi centro y me muerdo
el labio para no gritar. Su mano baja suavemente por mi costado hasta la parte
superior de mi falda. Sus ojos se encuentran con los míos cuando comienza a bajar la
cremallera. Meneo un poco las caderas y la tela forma un charco a mis pies. Observo,
mientras da un paso atrás para verme en bragas de satén rosa y encaje con un liguero
a juego sujeto a medias de seda y tacones. Asimila la vista y luego da un paso hacia
mí. Lo detengo con una mano en su pecho. Sus ojos acalorados miran los míos. Una
sonrisa tira de la comisura de mi boca cuando digo:
—Mi turno.
65
Sus ojos llenos de lujuria se arrugan en la esquina mientras separa los brazos y
dice:
—Adelante.
Su corbata cuelga aflojada y el primer botón de su camisa está desabrochado. Lo
miro a los ojos, y ocasionalmente a su boca, mientras le quito la corbata. Dejo que la
tela de seda pase entre mis manos y caiga al suelo. Levanto primero su mano derecha,
y luego la izquierda, para quitarle los gemelos. Sonriendo para mis adentros,
recuerdo la noche en que se los di, durante esas últimas semanas que pasamos juntos.
Los miro antes de colocarlos suavemente sobre la mesita de noche; me invade una
sensación de calidez sabiendo que todavía los usa. Mis dedos comienzan a trabajar en
los botones de su camisa. Cuando termino, se la quito lentamente y la dejo caer al
suelo, donde se une a su corbata. Su cuerpo está increíblemente tonificado y no
puedo apartar los ojos. Entonces, sin dudarlo, me pongo de rodillas frente a él. Toma
aliento y sonrío mientras lo miro a través de mis pestañas.
—Tus zapatos no son tan sexys como los míos. —Le guiñó un ojo y se ríe
mientras levanto un pie y luego el otro y le quito los zapatos y los calcetines. Cuando
termino, me ofrece su mano para ayudarme a ponerme de pie. Niego con ligereza y
me lamo los labios.
Mis manos alcanzan su cinturón, y se estremece cuando mis dedos rozan su
estómago. Una vez su cinturón está suelto, desabrocho y bajo el cierre de sus
pantalones. Le bajo los pantalones y los calzoncillos al mismo tiempo, lo que hace
que su erección se libere y se me haga agua la boca. Levanto la vista y noto sus
manos en puños a sus costados, y está conteniendo la respiración. Paso mi mano
desde la base hasta la punta sintiendo su aterciopelada dureza. Mi lengua sale
rápidamente para probar el líquido pre-seminal que brilla en la cabeza de su polla y
lo escucho silbar dejando salir el aliento que estaba conteniendo. Sonrío para mis
adentros mientras empiezo a pasar mi lengua por él y luego lo llevo a mi boca. Mi
lengua lo masajea mientras chupo su longitud de arriba abajo.
Oigo una maldición entre dientes, y luego lo siento enredar sus dedos en mi
cabello mientras sus caderas empiezan a empujar. Agarro sus caderas cuando siento
que se contrae en mi boca y lo hundo profundo en mi garganta cuando empieza su
liberación. Le masajeo las bolas y trago repetidamente; saboreando cada gota que me
da. Cuando termino, lo libero de mi boca y me lamo dramáticamente los labios.
Deja escapar un gruñido bajo, y lo siguiente que sé es que estoy en el aire,
aterrizando en medio de la cama riéndome. Me levanto sobre mis codos para mirarlo
y mi risa muere ante el fuego que veo ardiendo en su mirada. Mis ojos se agrandan,
mi boca se seca y observo mientras empieza a gatear lentamente por mi cuerpo hasta
que estamos nariz con nariz. La intensidad en sus ojos me hace tragar con dificultad
y respirar rápidamente.
—Tan sexy como te ves en esta lencería, te cubre demasiado. —Captura mis
labios en un profundo y apasionado beso.
66
Siento su mano moverse por mi cuerpo y sobre mi seno, soltando el cierre
frontal de mi sujetador. Cae de mis hombros, exponiéndole mis senos. Su boca viaja
por mi mandíbula hasta la oreja y desciende lentamente a mi cuello. Muerde, chupa,
besa su camino hacia mi seno, y toma mi pezón izquierdo en su boca. La parte plana
de su lengua contra el pico endurecido me hace gemir y arquear la espalda hacia él.
Mientras su boca cambia al otro seno, su mano viaja hacia abajo entre mis piernas.
Un solo dedo se desliza entre mis pliegues, y no estoy segura de quién gime, él o yo,
o incluso los dos. Deja besos por mi estómago, y miro a través de mis pestañas
mientras alcanza el borde de mis bragas. Con un movimiento del pulgar, las correas
unidas a mis medias se presionan contra mi piel, y el trozo de encaje es arrancado de
mi cuerpo. Me da una sonrisa maliciosa y dice:
—Las medias y los zapatos pueden quedarse... por ahora. —Recorre un camino
de besos desde la rodilla a lo largo de la parte interna de mi muslo, luego se gira a la
otra pierna y hace lo mismo desde la parte superior del muslo hasta la rodilla. Puedo
sentir su cálido aliento y la barba en su rostro mientras roza mi piel.
Toma mis piernas y se coloca una sobre cada hombro mientras baja su cabeza
entre mis muslos. Ya estoy excitada y mojada. Sopla un aliento fresco a lo largo de mi
núcleo caliente y mi cuerpo se estremece incluso antes de que me haya tocado.
Mientras contengo la respiración, su lengua desciende sobre mí, y luego se sumerge
en mi interior, en busca de la dulzura que anhela. Su asalto sobre mí es implacable
mientras muerde, chupa y lame. Estoy retorciéndome en la cama ya que me lleva al
límite repetidamente. Siento el cambio en la cama, y en algún lugar en la distancia,
lo oigo abrir un condón. Es solo cuando me acerca al límite por última vez que se
sumerge profundamente en mi interior y me disuelvo en un orgasmo intenso. Gruñe
mi nombre y entrelaza nuestras manos sobre mi cabeza mientras comienza a
moverse dentro de mí. Aseguro mis piernas alrededor de su cintura y lo insto
clavándole los talones. Mis manos vagan por su espalda musculosa, sintiendo cada
músculo ondular con cada embestida.
Estando en sintonía con mi cuerpo, puede sentir que empiezo a temblar cuando
se acerca mi segundo orgasmo.
—Abre los ojos —exige—. Quiero verte. —Miro a sus profundos ojos azules y
estoy perdida. Dos poderosos empujes más y fuegos artificiales explotan detrás de mis
ojos. No es que sea la primera vez que sucede, es solo que es el único hombre que me
ha dado esa experiencia. Lo siento ponerse rígido encima de mí mientras continúa
latiendo en mi interior; lo rodeo con mis brazos y lo acerco más. Se relaja sobre mí,
su boca acaricia mi cuello mientras intentamos controlar nuestra respiración y flotar
lentamente de regreso a la tierra.
Cuando puedo abrir los ojos, los ojos azules más hermosos me miran. Le brindo
una sonrisa tímida y soñolienta y le acaricio la mejilla con la mano.
—Espero que todavía no hayas terminado conmigo —susurro.
Sonríe suavemente y besa gentilmente mis labios, antes de decir:
67
—No, nena, recién estoy empezando. —Moviéndose detrás de mí, Travis me
abraza y me acerca, me besa el cabello y voy a la deriva en un liviano y plácido
sueño.
El viernes por la mañana, me despierto en una casa silenciosa. Bostezo, me
estiro y miro el despertador en la mesita de noche. Al ver que son más de las nueve,
me levanto de la cama y voy en busca de café. Una vez en la cocina, encuentro una
caja bellamente envuelta con mi nombre escrito en la tarjeta adjunta, sentada frente
a la cafetera. Abro la tarjeta y sonrío al leer la escritura de Travis:
Pensé que necesitabas una propia.
Guardo la tarjeta a un lado y abro el paquete para encontrar una taza blanca.
Sacándola de la caja para inspeccionarla mejor, le doy la vuelta para encontrar «La
Diseñadora de Interiores más Sexy del Mundo» escrito en azul. Me rio y niego,
preguntándome en qué parte del mundo ha podido encontrar una cosa semejante. Le
doy un lavado rápido, luego la lleno de café y tomo un sorbo muy necesario. Agarro
mi teléfono, levanto mi taza, coloco mis labios fruncidos al lado de ella y hago un
selfie. Luego escribo un rápido mensaje de agradecimiento, adjunto la fotografía y se
lo envío a Travis. Mi teléfono suena inmediatamente con un mensaje.
Travis: Me alegra que te guste, pero estoy celoso de esa taza ahora mismo.
Me rio y niego mientras escribo una respuesta.
Yo: Vaya, ¿celoso de una taza? No puedo imaginarme cómo te sientes acerca de
la ducha.
Travis: Te mostraré exactamente cómo me siento con la ducha esta noche.
Yo: ¿Prometido?
Travis: Absolutamente.
Yo: Estoy deseando que llegue. Ahora ponte a trabajar, señor Watson, para que
puedas venir a casa conmigo.
Travis: Sí, señora.
Después de ducharme y vestirme, reviso la documentación buscando
restricciones de zona. Dos cosas que me aliviaron encontrar: mi edificio está en una
zona residencial y comercial, y el ganado está prohibido en las instalaciones. Uf,
esquivé una bala. Saco los planos para repasarlos, asegurándome que todo esté en
orden. Spencer me dijo que tomara el fin de semana antes de llamar para ultimar las
cosas con él y es exactamente lo que voy a hacer. En algún momento este fin de
semana, haré que Travis los revise conmigo y me dé su opinión. Sin nada realmente
planeado para hacer hoy, decido preparar la cena de esta noche para Travis. Hago un
inventario de la despensa y el refrigerador y hago una lista de las cosas que necesito
de la tienda. Pongo la lista en mi bolso, tomo mi teléfono y mis llaves y me dirijo
hacia la puerta.
Una hora después, estoy de regreso, haciendo malabares con las bolsas de
comestibles al cruzar la puerta. Empiezo a guardar todo, a excepción de las cosas que
68
necesito para la cena de esta noche. Preparo el pollo crujiente al parmesano, lo
pongo en un recipiente y lo coloco en el refrigerador hasta que sea hora de
hornearlo. Luego lavo y corto las patatas nuevas y las judías verdes, las arrojo en
aceite de oliva y las coloco en una bandeja para hornear. Con la cena preparada y
lista para ir al horno, preparo el relleno para un pastel de mantequilla de maní, lo
coloco en una masa para galleta de chocolate y lo pongo en el refrigerador para que
se enfríe. Mientras espero que Travis llegue a casa, saco una botella de agua de la
nevera, recojo mi Kindle y salgo al balcón. Me siento en uno de los sillones y me
desplazo por la lista de libros y hago clic en Love Without End de Alyvia Paige.
Estoy casi a la mitad cuando suena mi teléfono. Al ver a Travis aparecer en la
pantalla, la deslizo para responder.
—¡Hola, guapo! ¿Estás en camino?
—¡Hola, nena! Sí. Estoy andando hacia mi auto mientras hablamos. ¿Quieres
que compre algo para cenar?
Sonrío, sabiendo que se va a sorprender.
—No, la cena ya está lista, solo tengo que meterla en el horno.
—¿De verdad?
Me rio.
—Sí, de verdad.
—Bien, entonces, te veo en unos veinte minutos.
—Bien, conduce con cuidado.
—Lo haré. —Termino la llamada, apago mi Kindle y vuelvo adentro. Pongo a
precalentar el horno y retiro el pollo de la nevera. Saco los manteles individuales, las
servilletas y los cubiertos y los coloco en la barra de desayuno, justo cuando suena el
pitido del horno. Coloco el pollo en el horno y pongo el temporizador por quince
minutos. Cuando pita el temporizador, escucho a Travis entrar por la puerta y gritar.
—¿Molly?
—En la cocina. —Coloco las verduras en el horno y vuelvo a poner el
temporizador para otros quince minutos.
—Vaya, ¿qué huele tan bien?
Me doy la vuelta y le doy un beso a Travis.
—Pollo crujiente al parmesano, con patatas asadas y judías verdes.
Envuelve sus brazos alrededor de mi cintura y me besa de nuevo.
—No tienes que tomarte tantas molestias, podríamos haber encargado comida.
—Lo sé, pero quería. Incluso hice el postre, así que, si eres un buen chico y te
comes toda la cena, puedo compartir el pastel de mantequilla de maní contigo.
—¿Hiciste pastel de mantequilla de maní? —Asiento y sonrío—. No solo me
comeré toda la cena, también lavaré los platos.
69
—Vaya, ¿tan seguro estás de mi pastel de mantequilla de maní?
—Sí, sí, lo estoy.
—Entonces es algo bueno que limpié mientras cocinaba. —El temporizador se
apaga para avisarnos que nuestra cena está lista—. Trav, ¿puedes poner la mesa por
mí?
—Seguro, nena.
Saco el pollo y las verduras del horno, las divido en nuestros platos, y las llevo a
la mesa, luego vuelvo a buscar la botella de vino y los vasos. Una vez sentados, Travis
nos sirve una copa de vino y cortamos el pollo. Espero mientras Travis toma un
bocado, y lo oigo gemir.
—Mmm, Molly, esto está delicioso.
Sonrío y doy un mordisco.
—Gracias, me alegra que te guste. —Tomo un sorbo de vino—. Entonces,
¿cómo estuvo tu día?
—Bien. Tuve una reunión con un cliente potencial, así que veremos cómo va
eso. ¿Qué tal el tuyo?
—Estuvo bien. Descubrí que mi edificio está clasificado como comercial y
residencial.
—Esas son buenas noticias. —Asiento masticando mis verduras.
Tomo un sorbo de vino y digo:
—Y, lo más importante, el contrato prohíbe el ganado.
Travis echa la cabeza hacia atrás riendo.
—Bien, es bueno saberlo.
—Sí, lo es, especialmente para los vecinos.
Una vez terminamos de cenar, llevamos nuestros platos a la cocina y Travis los
carga en el lavavajillas.
—Travis, ¿quieres pastel ahora o más tarde?
Me da una sonrisa juguetona.
—Sí.
Me rio y niego.
—Debería haberlo sabido. ¿Por qué no nos preparas un café mientras corto el
pastel?
—Ya me encargo, nena. —Tomo dos platos de postre, saco la tarta de la nevera
y corto dos rebanadas. Coloco el pastel en nuestros platos mientras Travis sirve café
en nuestras tazas y pregunta—: ¿Dónde quieres comer el postre?
70
—Salgamos al balcón. —Travis lleva nuestro café, yo llevo el pastel, y nos
acomodamos en las tumbonas. Travis se lanza directamente al pastel, mientras yo
tomo un sorbo de café primero.
—Es oficial; nunca te dejaré ir.
Me rio.
—Supongo que te gusta el pastel.
—¡Este puede ser mi favorito de todos los tiempos! ¿Dónde aprendiste a hacer
esto?
—Era la receta de postre a la que siempre acudía mi madre. Cada vez que tenía
que hacer un postre para un evento, era el que hacía. Raramente los teníamos en
casa, pero cuando lo hacíamos, lo saboreábamos.
—Bueno, estoy feliz de que te enseñara cómo hacerlo —dice mientras toma
otro bocado.
—Yo también —le digo y le doy una sonrisa triste pensando en cuán feliz
estaría viéndonos juntos de nuevo.
Una vez terminamos nuestro pastel, Travis se levanta y se acerca a mí.
—Muévete, nena. —Me deslizo hacia delante y viene a sentarse detrás de mí.
Me inclino hacia él y me da un beso en la sien—. Ahí, eso está mucho mejor. Sabes,
podría acostumbrarme a regresar a casa contigo cada noche.
Sus palabras me hacen sonreír.
—Ah, ¿sí?
—Mhmm.
—¿Tienes algún plan para mañana?
—No realmente. Bueno, está esa hermosa mujer con la que planeo pasar el fin
de semana.
Sonrío ante sus dulces palabras.
—¿De verdad? Entonces es una mujer muy afortunada.
—Oh, no lo sé, creo que soy el afortunado. No solo es hermosa y amable, estoy
descubriendo que es una cocinera increíble.
Me rio.
—Oh, eso es lo que realmente te está atrayendo.
—Eso es solo una parte. La verdad es que —me susurra al oído—, estoy loco
por ella.
Deposita besos en mi cuello, y entrelazo nuestros dedos.
—Ah, ¿sí?
—Síp, haría cualquier cosa por ella.
71
Inclino la cabeza hacia un lado dándole un mejor acceso. Sentir sus labios
rozando mi piel envía una sensación de hormigueo a través de mi cuerpo.
—Bueno, sé de buena fuente que también está loca por ti.
72
Nueve
E
l sábado por la mañana, me levanto antes que Travis y salgo de la cama
lo más silenciosamente posible. Entro al baño y hago lo que necesito,
luego saco mi bata del gancho y me la pongo. Mientras camino más allá
de la cama para encender la cafetera, Travis salta, me agarra por la cintura, me hace
gritar como una niña de cuatro años y me arroja a la cama. Me tiene atrapada en la
cama, mis manos están volando, golpeando sus brazos, y se está riendo.
—¡Travis Watson! ¿Estás tratando de matarme? Creo que acabo de perder tres
años de vida.
—Lo siento, cariño. —Puedo ver por el brillo en sus ojos que está todo menos
arrepentido.
—Sí, seguro que lo sientes. —Finjo molestia y giro la cabeza mientras se inclina
para besarme.
—Aww, vamos, Molly, no te enojes. —Comienza a besar mi rostro y mi cuello.
—Pero si no peleamos, no podemos hacer las paces —respondo.
—Hmm, me gusta tu forma de pensar, mujer. —Después de un par de sesiones
de besuqueo en la cama y una en la ducha, finalmente enciendo la cafetera. Miro en
el refrigerador y saco lo que necesito para hacer tortillas para nuestro, ahora,
almuerzo. Nos sentamos a la barra del desayuno y comenzamos a comer, pero puedo
sentir la tensión que sale de Travis mientras se concentra en su tortilla.
—Entonces, ¿vas a decirme qué está pasando por esa hermosa cabeza tuya?
Toma un sorbo de su café y se limpia la boca con la servilleta, luego se da
vuelta para mirarme.
—Molly, necesito preguntarte algo, y, por favor, escúchame antes de decir
algo.
Dejo mi taza.
—Bien, esto suena serio. ¿Debería estar preocupada?
—No, nena, no es nada malo, lo prometo —dice mientras me besa en la
mejilla—. Me preguntaba si querrías mudarte conmigo, ya sabes, en lugar de
quedarte en el hotel. Lo sé, solo han pasado un par de semanas, pero no es como si
acabáramos de conocernos.
Alzo una ceja ante su pregunta.
—Entonces, ¿sería solo algo temporal?
—Bueno —dice mientras se aclara la garganta—, mmm, eso depende de ti.
Prefiero que sea mucho más tiempo.
73
Lo miro cautelosamente.
—Travis, esto no tiene nada que ver con que tenga un apartamento arriba del
negocio, ¿o sí? Porque tengo instalado un sistema de seguridad de última generación.
—No, bueno, no completamente de todos modos.
—Travis —le advierto.
—Molly, por favor, solo escúchame. —Asiento, sin confiar en mí misma para
hablar en este momento. Viví en Boston durante cinco años por mi cuenta; no puedo
evitar pensar que está siendo un poco paranoico. Toma mis manos y gira en su
taburete para mirarme—. No voy a decirte que la idea de que vivas encima de tu
negocio de diseño no me pone nervioso, porque sí, más de lo que puedas imaginar.
Más que eso, te quiero aquí, conmigo. Quiero cocinar contigo, y mirar la televisión, y
no preocuparme porque conduzcas de regreso a tu casa y entres en tu apartamento
por la noche sola. —Respira profundamente antes de continuar—: Así que llámame
sobreprotector o lo que sea, no me importa mientras estés a salvo y en mis brazos.
Mis ojos lo buscan y todo lo que veo es honestidad, adoración y… amor.
—Travis, no sé qué decir.
Me da una sonrisa nerviosa.
—No digas nada todavía, solo piénsalo, ¿de acuerdo?
Asiento, me inclino y le doy un beso tierno.
—Lo haré. Lo prometo.
Terminamos nuestro desayuno, limpiamos la cocina y colocamos los platos en
el lavavajillas. Mientras estoy limpiando los mostradores, Travis besa mi mejilla, dice
que necesita revisar algunos correos electrónicos y se dirige a su oficina por el
pasillo. Miro por las puertas francesas al cielo azul claro y decido aprovechar el
hermoso clima primaveral. Tomo una botella de agua del refrigerador, mi Kindle y
mi tableta y salgo al balcón. Me estiro en la hamaca doble y continúo leyendo,
ansiosa por descubrir cómo terminará la historia de Hannah y Carter. Algún tiempo
después, veo un pañuelo colgando frente a mí. Levanto la vista para encontrar a
Travis, que me sonríe dulcemente.
—¿Estás bien, cariño?
Tomo el pañuelo que me ofrece y me limpio el rostro manchado de lágrimas,
una pequeña risa se me escapa.
—Sí, solo me emocioné terminando este libro. —Se sienta a mi lado y me pasa
un brazo por el hombro, atrayéndome hacia sí. Me acurruco a su lado, amando lo
apreciada que me siento cuando estoy con él—. Entonces, ¿puedo esperar verte
llorando por personajes ficticios a menudo?
Su pregunta me hace sonreír.
—Sí, libros, películas, programas de televisión, anuncios de Hallmark, me he
vuelto bastante llorona desde la universidad.
74
Puedo sentirlo reír debajo de mí.
—Entonces me aseguraré de estar bien provisto de pañuelos.
Sonrío y le doy un apretón.
—Travis, hipotéticamente, ¿qué debería hacer con el tercer piso de mi edificio
si fuera a mudarme contigo?
Siento que respira profundamente y sé que está considerando cuidadosamente
sus palabras.
—Bueno, aún podrías convertirlo en un apartamento y alquilarlo, o convertirlo
en un espacio rentable para oficinas.
—Es verdad.
Besa mi cabeza y murmura:
—Gracias.
Lo miro interrogante.
—¿Por qué?
—Por al menos considerar mudarte aquí.
Entrelazo nuestros dedos y suspiro.
—Es un gran paso.
—Sí, lo es. Es por eso que quiero que lo pienses y estés segura.
Asiento contra su pecho.
—Entonces, ¿quieres revisar estos planos conmigo y asegurarte que todo esté
bien?
—Absolutamente. No crees que dejaría pasar la oportunidad de corregir el
trabajo de Spencer, ¿verdad?
Me rio mientras recojo mi tableta.
—Evidentemente no. —Enciendo mi tableta y mientras busco los planos
pregunto—: Ustedes parecen muy cercanos, ¿cuánto tiempo han trabajado juntos?
—Solo desde que me mudé a Phoenix, lo creas o no. Pasamos por orientación
juntos cuando me transferí de Dallas; simplemente conectamos. Es un buen tipo. —
Con los planos abiertos, le entrego la tableta a Travis y estudia cada centímetro del
primer y segundo piso, haciendo zoom en ciertas secciones para verificar qué debe
haber allí.
Una vez se mueve al tercer piso, vacila y me mira, levantando una ceja
inquisitiva. No puedo contener mi risa, y señalo la pantalla trazando un círculo con
mi dedo.
—Solo revisa los planos en la pantalla y luego hablaremos.
Me acurruco a su lado, mirando los planos, tratando de decidir qué es lo que
quiero hacer. Realmente no me genera dudas si quiero mudarme con Travis, quiero
75
hacerlo. Vivimos juntos antes, así que no es un problema, sabemos que podemos
hacerlo. Incluso después de todos estos años, parece que estamos retomándolo justo
donde lo dejamos. Travis es quien escapó. Incluso si fue una decisión mutua para
nosotros perseguir nuestros sueños. Es en quien nunca dejé de pensar, el que siempre
he amado. No hay una posibilidad en el infierno de que desperdicie una segunda
oportunidad. Entonces, ¿qué hacer con el tercer piso? Podría posponer la
construcción, pero luego es un fastidio tener una construcción en marcha mientras
intentas dirigir un negocio. Travis rompe mis pensamientos incoherentes.
—Todo se ve bien, nena.
—¡Eso es genial! Lástima que voy a tener que cambiar todo —digo casualmente
haciendo que Travis gire su cabeza hacia mí, mientras intento contener mi sonrisa.
—¿Lo harás?
Asiento y confirmo:
—Lo haré. —Y una gran sonrisa aparece en mi rostro.
—¿Eso significa que estás de acuerdo en mudarte conmigo? —pregunta
esperanzado.
Me volteo y lo miro a los ojos.
—Sí, ¿si me recibes todavía? —Eso es, siempre y cuando no me deje sin hogar.
Me pone en su regazo, y comienza a besarme y mordisquear mi cuello.
—Oh, te recibiré, una y otra vez —dice, haciéndome reír y retorcerme en su
regazo—. Molly, mientras esté cerca, siempre tendrás un lugar donde quedarte.
—Aww, gracias, guapo —digo sin aliento.
—Mmm, me gusta cómo suena eso.
Envuelvo mis brazos alrededor de su cuello y lo beso, alejándome antes de que
tenga la oportunidad de profundizarlo más.
—Sin embargo, tengo una condición.
—Dila.
—Me dejas pagar la mitad del alquiler.
Se retira para mirarme.
—¿Y si no estoy de acuerdo?
—Entonces puedo continuar quedándome en el hotel —le digo encogiéndome
de hombros.
—¿En serio? ¿Reconsiderarías el mudarte si no estoy de acuerdo?
—Sí, no voy a ser una novia vividora cuando tengo los medios para
mantenerme. O bien pago la mitad del alquiler o me quedo en el hotel. Tú decides.
Me estudia detenidamente.
76
—¿Qué tal si en lugar de la mitad del alquiler, te ocupas de los servicios
públicos? —contesta.
Sabiendo que las utilidades serán menos de la mitad del alquiler, pero
impresionada con su capacidad de compromiso, estoy de acuerdo.
—De acuerdo. Bien jugado, señor Watson —bromeo.
Travis sonríe y niega.
—Plantea tratos muy difíciles, señorita O'Leedy —dice mientras me tira a su
lado.
Me acerco y tomo la tableta.
—Ahora, creo que convertiré esto en espacio de oficina. Estoy pensando en
poner una pequeña área de cocina y baños y simplemente dejar el plano de planta
abierto. ¿Qué piensas?
—Creo que es una gran idea. Siempre puedes hacer que Thomas ponga paredes,
pero ya tendrás la mayoría del trabajo terminado.
—Entonces llamaré a Spencer el lunes y le haré saber que vuelva a trabajar en
el tercer piso y luego deberíamos estar listos para empezar.
Travis sonríe y acaricia mi mejilla.
—¿Te he dicho últimamente lo orgulloso que estoy de ti?
—Hmm, creo que han pasado un par de días.
—¿Días? ¿De verdad? Necesito bajar eso a horas.
—Horas, ¿eh?
—Sí.
—Eso podría ser bastante difícil de hacer, te permitiría que lo hicieras solo a
diario —digo con un guiño.
Se ríe y bromea.
—Eres demasiado buena para mí.
Esa noche, Travis me lleva a su restaurante mexicano favorito, que está a una
corta distancia a pie de su apartamento, o, debería decir, nuestro apartamento, la idea
me hace sonreír. Caminamos cogidos del brazo hacia el restaurante y Travis me abre
la puerta una vez llegamos. La anfitriona pregunta cuántos somos, luego nos muestra
una mesa para dos y nos entrega nuestros menús una vez estamos sentados. Pedimos
una jarra de margaritas porque, por supuesto, ninguna cena mexicana está completa
sin margaritas. Una vez nuestra camarera regresa, Travis ordena El Combo, y yo pido
Las Enchiladas Rancheras. Nos reímos y hablamos sobre nuestra comida, y una vez la
jarra y nuestros platos están vacíos, regresamos al apartamento. Nos acurrucamos en
el sofá y Travis enciende la televisión y pone Sports Center. Los dos estamos un poco
sorprendidos al escuchar que nuestro entrenador de baloncesto universitario ha
aceptado un puesto con un equipo de la NBA. Honestamente, después de la
77
temporada que tuvieron, no estamos completamente sorprendidos. Travis está listo
para cambiar de canal cuando lo detengo, quiero decir, estamos a solo días del
comienzo de la temporada de béisbol, bien podríamos ver quién es el más
prometedor. Travis se ríe y niega.
—Olvidé cuánto amas los deportes. Realmente eres la mujer perfecta.
Le hago un guiño exagerado y me burlo.
—Nah, perfecta para ti. Eso es lo que sucede cuando eres hija única, y tu padre
es entrenador de TODO. Aprendes rápido solo para poder mantener una
conversación.
Se inclina y me besa.
—Bueno, creo que hace calor.
—¿Oh, sí?
—Sí.
—Bueno, juega bien tus cartas, bateador, y podría dejarte llegar a segunda base.
—¿Segunda base? Esperaba un homerun.
Me rio.
—Bueno, solo recuerda apuntar a las gradas.
En cuestión de segundos, me arroja sobre su hombro, riendo, y me lleva por el
pasillo.
—Te mostraré cómo apunto a las gradas.
78
Diez
A
la mañana siguiente, me despierto inmovilizada en la cama. Travis está
durmiendo parcialmente sobre su estómago, y parcialmente sobre mí.
Su cabeza está sobre mi hombro, tiene un brazo envuelto alrededor de
mi cintura y una de sus piernas entre las mías. Está durmiendo tan pacíficamente. No
tengo el corazón para despertarlo, así que lo dejo dormir mientras pienso en
despertar de esta manera todas las mañanas. Una sonrisa se forma en mi rostro
cuando pienso en lo mucho que amo a este hombre, y sé que siente lo mismo; puedo
verlo en sus ojos incluso si no ha dicho las palabras. Necesito decirle cómo me siento
antes de aceptar oficialmente mudarme con él. No estoy segura de poder volver a
perderlo. Siento su brazo apretándose a mi alrededor y sé que está despertando,
como es evidente por la erección contra mi pierna. Una voz grave me saca de mis
pensamientos.
—Buenos días, hermosa.
Giro la cabeza para mirar sus ojos aún adormecidos.
—Buenos días.
Me acerca más, así que estoy acostada contra él, pecho contra pecho. Enredo
mis piernas con las suyas para acercarme aún más. Comienza a dejar besos en mi
cuello, provocándome un suave gemido. Su susurro ronco está en mi oreja.
—Te necesito, Molly.
—Mmm, sí.
Rueda sobre su espalda llevándome con él y me siento a horcajadas sobre su
cintura. Me inclino hacia adelante para besarlo, rozando su pecho con mis senos
desnudos, enviando una sacudida de deseo directo a mi centro. Su mano sube por mi
muslo y entre mis piernas, deslizando un dedo fácilmente entre mis pliegues
resbaladizos, encontrándome lista para él. Estira la mano hacia el cajón de la mesita
de noche por un condón. Lo tomo de su mano, luego lo deslizo sobre su polla. Se me
escapa un gemido ante la sensación de plenitud mientras lo acomodo dentro de mí.
Sus manos se mueven hacia mis caderas y comienza a moverme hacia arriba y
hacia abajo al ritmo de su estocada. Aumentamos el ritmo y en poco tiempo estamos
gritando nuestros nombres cuando llegamos juntos al clímax. Colapso contra el
pecho de Travis, sonrojada y sin aliento.
—Definitivamente podría acostumbrarme a despertar así.
Pasamos un día de ocio juntos, leyendo y viendo baloncesto, sabiendo que
mañana volveremos al mundo real y fuera de la pequeña burbuja que hemos creado
este fin de semana. A última hora de la tarde, estamos en una hamaca doble en el
79
balcón, haciendo una de mis actividades favoritas, mirando las nubes y haciéndonos
reír con las cosas que visualizamos. Mientras esperamos a que las nubes se
transformen en algo nuevo, me pongo de lado para enfrentarlo.
—Travis, necesito preguntarte algo y quiero que seas completamente honesto
conmigo, ¿de acuerdo?
Se da la vuelta para mirarme y me acerca, besando mi frente.
—Molly, soy y siempre seré completamente sincero contigo. A menos que, por
supuesto, implique una sorpresa para ti y me vea obligado a decir una mentira blanca
o dos. En lo cual también tienes permiso para proteger una sorpresa para mí.
Pongo mis manos en sus mejillas y sonrío.
—Solo quiero asegurarme que estás de acuerdo, quiero decir, REALMENTE de
acuerdo, con que me mude aquí. Puedo conservar mi habitación de hotel; realmente
no es un problema.
Lo siento suspirar, y luego levanta mi mentón para que lo mire a los ojos.
—Molly, escúchame, NUNCA he estado más de acuerdo con nada en mi vida.
Te perdí una vez, y ahora que te tengo de vuelta, no quiero perderte otra vez. Así
que sí, mi dulce Molly, quiero que te mudes conmigo.
Veo una sonrisa aparecer en su rostro y lo atraigo hacia mí para un beso.
Apoyando mi frente contra la suya, digo:
—Bueno, en ese caso, creo que hay algo más que debes saber.
Se aparta para mirarme a los ojos.
—Lo sabía, te convertiste en un hombre lobo durante la luna llena, ¿verdad?
—¿Qué? ¡No! —Me rio y le doy un suave y juguetón empujón—. ¡Estoy
tratando de hablar en serio, tonto!
Sus ojos brillan cuando ríe y me da un fuerte apretón.
—Lo siento, por favor, continúa.
Decido molestarlo más.
—No, está bien, el momento ha pasado.
—Oh, no, ahora tienes que decirme, porque si no lo haces, me veré obligado a
hacerte cosquillas.
—¡No te atreverías!
—¿Es un desafío, señorita O'Leedy? —Antes de que pueda responder que no,
sus dedos ya han comenzado su ataque y me estoy retorciendo en un ataque de
risitas, tratando de evitarlo. Finalmente cede, pero solo cuando suplico, porque estoy
a punto de hacerme pis encima. Cierro los ojos tratando de recuperar el aliento, y
cuando los abro, sus magníficos ojos de zafiro se centran en mí. Mi respiración se
atora por una razón completamente diferente, porque lo veo de nuevo, incluso más
80
claramente esta vez que la anterior. Mi mano ahueca su mandíbula, y se apoya en mi
toque.
—Te amo, Travis Watson.
Sus ojos buscan los míos y una brillante sonrisa se apodera de su rostro,
haciendo que sus ojos azules brillen aún más.
—También te amo, Molly O'Leedy, más de lo que nunca sabrás.
Toma mis labios en un beso abrasador y sensual, lleno de amor y promesa.
Estoy acurrucada en su costado mientras vemos el sol comenzar su descenso en el
horizonte, cambiando el color del cielo de azul a tonos de rojo, naranja y morado,
cuando Travis habla de nuevo.
—Así que, ¿mañana…?
Sonrío, a pesar que no puede ver mi rostro, y le aseguro:
—Empacaré y estaré lista para mañana por la tarde.
—Bien, te recogeré después del trabajo —dice.
—Bueno, en realidad tengo un auto que necesitaré conducir. Pero si no te
importa, puedes ayudarme a cargar todo y luego puedo seguirte hasta aquí.
Me besa la punta de la nariz y dice:
—Parece un plan perfecto, nena.
81
Once
E
l día siguiente resulta como lo planeamos. Travis me deja en el hotel y
me dirijo a mi habitación. Una vez dentro, reúno mi ropa sucia y la
envío abajo por última vez. Comienzo a empacar mis cosas, pero antes
de avanzar mucho, llamo a Spencer para hacerle saber que los planos del tercer piso
necesitan ser modificados. Parece divertido ante mi proposición, y luego me doy
cuenta que quizás Travis probablemente ya le había dicho que estaba planeando
pedirme que me mudara. Me hace saber que se harán los cambios y me enviará los
planos para que los apruebe, ahorrándome la necesidad de hacer otro viaje a la
oficina.
Continúo empacando, aunque no exista mucho qué empacar. Saco mi maleta
grande del armario y comienzo a guardar la ropa. Dejando fuera un cambio limpio,
uso la maleta pequeña para guardar mis pijamas, sostenes y bragas. Mis zapatos van
en las bolsas de ambas maletas, recordándome cuánto reduje mi guardarropa antes de
mudarme a Boston. Le di a Gabby la opción de revisar primero tanto mi ropa como
zapatos, puesto que usamos la misma talla. No había necesidad de traerme faldas de
lana, y pantalones, o botas hasta la rodilla a Phoenix, ya que la temperatura
promedio más baja es de siete grados. Colocando mi ordenador portátil en mi maleta,
vuelvo a revisar la habitación, luego me dirijo al baño para ducharme y cambiarme
antes de ir por almuerzo.
Camino hacia el restaurante, encuentro una mesa y espero a que mi comida
llegue.
—Hola, Molly, no te había visto en un tiempo.
Alzando la mirada, le sonrío a mi camarero favorito.
—Hola, Steven. Me alegra tanto verte, hoy es mi último día en el hotel.
—Bueno, son buenas noticas; aunque vamos a odiar verte ir.
—Gracias, Steven.
—¿Qué puedo hacer por ti? —pregunta.
—Voy a pedir la ensalada de pollo y un vaso de agua.
—En camino —dice mientras toma el menú de mis manos para mandar mi
orden. Justo cuando estoy a punto de revisar mi correo, mi teléfono se ilumina con
sonriente rostro de Travis Watson. Alegremente respondo.
—Buenas tardes, señor Watson.
—Hola, señorita O’Leedy, suenas muy animada el día de hoy —dice con una
sonrisa en su voz.
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—He tenido un día bastante productivo —digo.
—Bueno, me alegra escuchar eso. Estaba llamando para que supieras que
debería tener todo resuelto alrededor de las cinco, ¿eso está bien para ti?
Mirando mi reloj, respondo:
—Eso estaría perfecto, solo tengo unas cosas más que empacar, lo que no
debería tomar mucho. ¿Te importaría traer uno de esos carritos porta equipajes
cuando llegues?
—Para nada. Mejor regreso a trabajar; te veré esta noche, hermosa.
—Está bien, cariño, ten un lindo día —digo mientras cuelgo. Steven trae mi
ensalada y agua, y al ver mi comida, me doy cuenta que mi yogurt griego caducó
hace tiempo. Una vez termino, pago mi cuenta y regreso a mi habitación donde mi
ropa ha sido regresada limpia. Volviendo a revisar para que no quede nada olvidado,
coloco algunas cosas que no he empacado en mi bolsa de noche.
Con todo empacado, me sumerjo en un nuevo libro, This Is Home por K.D.
Sarks, hasta que Travis llegue. Estoy completamente perdida en la historia de Declan
y Hadley cuando escucho que llaman a la puerta. Al abrirla, Travis dice alegremente:
—Cariño, estoy en casa. —Mientras entra por la puerta.
—Hola, guapo —digo mientras se inclina para besarme. Una vez nos
acomodamos en el sofá, levanta mis pies y los coloca sobre su regazo.
—¿Estás lista para irnos o hay algo más que tengas que hacer?
—Nop, estoy lista cuando tú lo estés.
—Está bien, entonces carguemos este carro —dice, mientras le da palmaditas a
mi pierna. Subimos las cosas al carro, y vuelvo a dar una última mirada alrededor de
la habitación para asegurarme de no olvidar nada. Nos dirigimos a la puerta y al
ascensor. Una vez dentro, bajamos sin detenernos al vestíbulo, nos dirigimos al
frente y pago la cuenta. Procedemos al estacionamiento para cargar mi auto. Una vez
todo está dentro y la puerta cerrada, Travis pregunta—: ¿Qué quieres cenar?
Pienso por un minuto antes de sugerir.
—¿Quizás podríamos pasar por algo de camino a casa?
Una enorme sonrisa se apodera del rostro de Travis. Inclino mi cabeza en
confusión.
—¿De qué te estás riendo?
Da dos pasos hacia mí y me toma entre sus brazos.
—Dilo de nuevo.
—¿Podemos ir por algo de camino a casa? Si prefieres, podemos comer aquí.
Travis me besa suavemente y coloca su frente contra la mía.
83
—No, tontita, me gusta que ya te refieras a ella como “casa”. Quiero que te
sientas cómoda allí, y no sientas como si te quedaras conmigo.
Sonrío ante la idea de que esto lo ha hecho tan feliz.
—Travis, ya deberías saber que soy feliz siempre y cuando esté contigo.
Me da un largo beso y me aparta lentamente.
—Deberíamos irnos antes de que te lleve al asiento trasero.
Me rio y beso su mejilla.
—Está bien, Romeo, vámonos.
Una vez en mi auto, Travis lleva el carrito de regreso al vestíbulo. Mientras
espero a que regrese, comienzo a cantar con la radio, moviendo mi cabeza y
golpeando mis manos contra el volante junto al solo de batería. Alzo la mirada para
encontrar a Travis sonriéndome. Comienza a aplaudirme, y le lanzo un beso, que
atrapa exageradamente, y se sube a su auto riendo y moviendo la cabeza. Oh, bueno,
una cosa es segura, la vida nunca será aburrida.
Conducimos las pocas cuadras hasta el apartamento y estaciono. Salgo de mi
auto y me muevo hacia la parte trasera para sacar mis cosas. Travis llega detrás de mí
y toma mi maleta de viaje y mi bolsa con mis trajes sobre su brazo. Saco mis maletas
y tomo mi maletín antes de cerrar. Caminamos al ascensor y esperamos a que llegue.
Una vez dentro, Travis rompe el silencio diciendo.
—No me había dado cuenta que eras toda una baterista.
Me rio mientras respondo.
—Se supone que iría de gira con Rebel Walking, pero todo sucedió tan rápido
con la mudanza que tuve que cancelar.
Ambos nos reímos mientras el ascensor llega a nuestro piso. Travis abre la
puerta y mete mis maletas. Sorprendiéndome, me toma entre sus brazos, causando
que grite y ría.
—Travis, ¿qué estás haciendo?
—Llevándote por el umbral, por supuesto.
—Estoy segura que solo haces eso cuando estás casado.
—Bueno, pienso que es hora de iniciar una nueva tradición —comenta
mientras me baja. Con una enorme sonrisa, me besa dulcemente y dice—:
Bienvenida a casa.
Tirando de mi maleta, pregunto:
—¿Quieres que ponga esto en la habitación de huéspedes?
Travis gira con una mirada de confusión en el rostro.
—¿Por qué querría eso?
—Solo pensé que quizás no tengas espacio en tu armario para mis cosas.
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Suspira y me sonríe.
—Ven conmigo. —Sigo a Travis a la habitación principal, llevando conmigo las
maletas. Abre la puerta del armario y hace una señal para que entre. Dejando mis
maletas en su habitación, hago lo que me pide y quedo sorprendida ante lo que veo
frente a mí. Travis logró mover toda su ropa a un lado, haciendo el espacio suficiente
para la mía.
Se coloca detrás de mí y me abraza por la cintura. Me relajo contra su pecho.
—¿Cuándo hiciste esto?
—Después del almuerzo, y moví todo de lugar; también despejé un lado del
vestidor para ti, e hice espacio para que coloques tus cosas en el baño. —Travis me
gira entre sus brazos y me besa suavemente—. Molly, sé que puedas encontrar esto
difícil de creer, pero estoy listo para esto. No quiero asustarte, pero quiero compartir
armarios, y vestidores y el baño contigo. Y, con respecto a ese tema, estoy seguro que
estás entendiendo el trato.
Me rio entre las lágrimas que se están reuniendo en mis ojos y lo abrazo
fuertemente.
—Gracias.
—¿Por qué?
—Por saber exactamente qué necesito.
Me besa la cabeza y dice.
—De nada, nena. Ahora, voy a ordenarnos pizza y dejar que coloques tus cosas.
—Eso suena bien. —Comienzo a guardar la ropa en el armario, y luego abro mi
maleta para guardar mi ropa interior, sostenes, y ropa casual en el tocador y zapatos
en el armario. Llevo mi maleta de viaje al baño y desempaco mis artículos de aseo y
maquillaje. Justo cuando estoy cerrando la maleta escucho el timbre, indicando que
nuestra cena ha llegado. Camino a la cocina donde Travis está sacando platos. Sonríe
cuando me ve.
—¿Guardaste todo?
—Sí, lo hice.
Travis coloca una rebanada en mi plato.
—¿Te molestaría si pregunto algo?
—Puedes preguntarme lo que sea, lo sabes. —Le doy una mordida a mi pizza y
espero su pregunta.
—¿Dónde está el resto de tus cosas? Quiero decir, solo hemos traído tu ropa,
pero, ¿no tienes fotos u otras cosas que quieras traer?
—Las tengo, pero todo está en un almacén. No podía llevar todo al hotel
conmigo, así que pareció la mejor idea hasta que terminara todo. —Le doy un sorbo a
mi soda de dieta antes de continuar—: La mayor parte de las cosas que tengo en el
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almacén son reliquias familiares y fotos, cosas que no confiaba en dejar en una casa
sin cuidar. Todavía tengo la casa familiar en Florida.
—¿Por qué no la vendiste?
Me encojo de hombros.
—Realmente no necesito el dinero. En caso de que no lo recuerdes, mis padres
eran muy cuidadosos con el dinero, y tenían algo ahorrado. Ya que soy la única
beneficiaria, recibí ambas pensiones y pagos de seguro de vida. Supongo que no
estaba lista para dejarlo ir. Realmente no sé nada sobre vender una casa o el valor de
mercado, así que me aferré a ella, y tengo a alguien que va una vez al mes a
encargarse del jardín y asegurarse que todo siga en buenas condiciones.
—Eso tiene sentido.
—Una vez el negocio esté funcionando sin problemas, pensaré qué hacer con
ella. Quién sabe, quizás la conserve como casa de vacaciones.
Travis le da un mordisco a su segunda rebanada y dice con un guiño:
—Hmmm, creo que me gusta la idea de que mi novia tenga una casa de
vacaciones.
Me rio, porque sé que solo está tratando de aligerar el ambiente serio al que
entramos.
—¿Sí? Podría llevarte en algún momento y besarnos en mi habitación —
bromeo y muevo las cejas.
—Reservaré el vuelo en la mañana.
Sonriéndole, niego.
—Lo harás, ¿no es así, reservar un vuelo?
—Bueno, sí.
Me levanto, y rodeo la mesa para sentarme en su regazo. Coloco mis brazos
alrededor de su cuello, y me aseguro que me esté mirando a los ojos mientras hablo.
—Travis Watson, te he conocido por mucho tiempo, y hay algo que debes
saber. —Sus ojos se quedan fijos en los míos y siento que respira profundamente—.
Creo que eres el hombre más dulce que he conocido, y te amo hoy más que nunca.
Una pequeña sonrisa aparece en su apuesto rostro, y su mano toma mi mejilla.
—Bueno, no dejes que se enteren. Arruinarás mi reputación de rudo.
Me rio y le doy un rápido beso, antes de regresar a mi silla para terminar mi
pizza.
—¿Quieres más pizza?
Niego.
—No, limpiemos. —Guardo la pizza, mientras Travis coloca los platos en el
lavavajillas.
86
Después de la cena, Travis me guía al balcón, y nos acurrucamos en una de las
sillas. Me inclino en su pecho y dice junto a mi oído:
—Tengo algo para ti.
—¿En serio? —Inclino mi cabeza contra su hombro, y sacude una llave frente a
mí con un llavero de la letra M—. Aww, gracias, cariño. —Me muevo para darle un
beso—. Entonces, Travis, ¿cuál era tu rutina antes de que me volviera a meter en tu
vida?
Se ríe.
—Bueno, básicamente solo trabajar y regresar a casa. En ocasiones, cuando
terminamos un proyecto grande en el trabajo, me reúno para beber y celebrar.
Asiento.
—¿A qué hora te levantas para ir al trabajo?
—Siete y media, no tengo que estar ahí hasta las nueve. Intento correr treinta
minutos en la cinta de correr antes de irme.
—¿Tienes una cinta de correr?
—Síp, está en la oficina. Siéntete libre de usarla cuando quieras. También
tenemos un gimnasio completo abajo y una piscina si alguna vez quieres usarla.
—Gracias, quizás lo haga.
—Qué hay de ti, a qué hora te levantas.
—Mmmm, bueno, puesto que no tengo que estar en ningún lugar en la
mañana, ¿no te importaría despertarme cuando salgas de la ducha?
—No, para nada, pero podrías dormir más si así lo deseas.
Niego.
—No, preferiría levantarme antes de que te vayas. Podemos desayunar juntos
antes de que vayas al trabajo.
—Me gusta eso. Oh, la cafetera está programada para iniciar automáticamente,
así que no tienes que preocuparte por hacer café.
—¡Genial! ¿Qué desayunas normalmente?
—Lo que sea que tenga, ¿y tú?
—Avena, o yogurt griego o fruta, usualmente.
—No creo que tenga nada de eso, ¿debemos ir al supermercado?
—No, puedo hacerlo mañana, solo hazme saber si quieres algo en específico.
—Estoy seguro que lo que sea que hagas estará bien.
Aquí, entre sus brazos, se me ocurre lo normal que se siente esto. Hablar de
nuestro día, nuestras rutinas, comida. La alegría se apodera de mí, de la clase que solo
Travis puede darme.
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El sol ya se ha ocultado, y ahora miramos la ciudad. Junto con el atardecer, la
temperatura también ha bajado. Tiemblo cuando la brisa fría sopla por el patio.
Travis me abraza más fuerte.
—¿Frío?
—Un poco.
—Vamos, entremos. —Me levanto de la silla y comenzamos a caminar hacia la
puerta, Travis cerca de mí. Me lleva al sofá y me cubre con una manta—. ¿Tienes el
teléfono a mano?
—Sí, está en mi bolsillo, ¿por qué?
—Bueno, tienes el teléfono de mi trabajo y mi celular, pero quiero asegurarme
que también tengas el del resto de mi familia. —Travis dicta el número de cada
miembro, y los agrego a mis contactos. Una vez todos los números han sido
agregados, Travis programa la cafetera y nos vamos a la cama en nuestra primera
noche como pareja viviendo juntos. Una vez en cama, con mi cabeza apoyada en el
hombro de Travis, dice:
—Molly, tengo que decirte algo.
—Está bien. —Me siento un poco nerviosa por lo que pueda decir.
—Desde que regresaste a mi vida, he llegado a la conclusión que en los años
que estuvimos separados, nunca dejé de amarte.
Sonrío y lo beso dulcemente en los labios.
—Sé exactamente lo que quieres decir.
88
Doce
E
so es lo que pintarán en la ventana con una delicada letra cursiva una
vez finalice el trabajo en mi edificio. Ya estoy en los pequeños detalles
que conllevan iniciar tu propio negocio. Diseño y creación de un logo,
tarjetas de presentación, folletos, publicidad, encontrar ayuda de confianza. Decidí
iniciar por las cosas que eran menos estresantes. Logo, tarjetas de presentación y
folletos fue lo primero en la lista. Con la ayuda de los diseñadores en la imprenta,
pudimos crear el logo que había imaginado. Salgo de la imprenta hacia mi Edge
estacionado en la calle, abro la puerta y entro. Saco mi lista de cosas por hacer y
tacho tres cosas. Sí, anoté logo, tarjetas de presentación y folletos como cosas
separadas, sabía que me daría una mejor sensación de logro. Mientras estoy
guardando mi lista en la bolsa, mi teléfono suena y aparece una fotografía de Travis.
Sonrió al presionar el botón verde de aceptar.
—Hola, cariño. ¿Cómo estás?
—Estoy genial. ¿Qué estás haciendo?
—Bueno, acabo de terminar las impresiones, y estaba de camino a mi edificio
para revisar el progreso.
—¡Excelente! Voy a terminar un poco temprano hoy, ¿Qué te parece si nos
encontramos ahí? No he ido en semanas.
—Me encantaría. Debería llegar en quince minutos.
—Está bien, te veré ahí. Te amo.
—También te amo. Conduce con cuidado.
—Igual tú, cariño. —Termino la llamada y entro en el tráfico, camino de mi
edificio.
No puedo creer que hayan pasado casi dos meses desde que me mudé con
Travis. En poco menos de un mes, estaré dirigiendo mi propio negocio. Travis y toda
su familia han sido tan amables, por supuesto, creo que es algo con lo que nacen,
todos son buenas personas. Mi teléfono vuelve a sonar. Activo el sistema de manos
libres y respondo:
—¿Hola?
—¿Podría hablar con Molly O’Leedy, por favor?
89
—Soy Molly, ¿en qué puedo ayudarte?
—Soy Lisa, llamo de la escuela de diseño. Estamos interesados en lo que
colocaste. Quería confirmar la dirección de correo antes de enviar los currículos.
—Sí, por supuesto. —Dándole mi correo, dice que debería recibirlos en poco
menos de una hora. Le agradezco por su llamada y me aseguro de finalizar la llamada
antes de chillar emocionada porque varias personas están interesadas en el puesto.
Girando a la parte trasera del edificio, veo varias camionetas de Construcciones
Watson todavía ahí. Revisando el reloj en el tablero, veo que casi es hora de que se
vayan, pero debería poder ver algo antes que eso suceda. Apagando el motor, guardo
las llaves en mi bolso y salgo de mi auto.
Antes de que pueda entrar, Travis llega y estaciona su auto detrás del mío. Sale
de su auto, con gafas de sol, corbata fuera y el botón superior de su camisa abierto.
Mierda, es sexy. Bloquea el auto y se dirige hacia mí.
—Hola, hermosa —dice y se acerca—. ¿Cómo está mi chica?
Me toma entre sus brazos y me besa.
—Mmm, estoy bien ahora. —Le sonrió. Enlazamos nuestros brazos mientras
caminamos hacia la puerta. Travis, siendo el caballero que es, abre la puerta para mí,
y entramos.
Caminando hacia lo que será mi sala de muestras, veo a Joe, el supervisor de
sitio, y al resto de los chicos guardando sus cosas para finalizar el día.
—¡Hola, Joe! ¿Cómo va todo?
—Hola, Molly —responde—. Vamos justo como lo planeamos, ningún
problema que reportar.
—Eso es exactamente lo que quería escuchar. —Recordando mis modales, le
presento a Travis—. Joe, él es Travis Watson. —Estrechan manos.
Joe asiente y Travis dice:
—Encantado de conocerte, Joe.
—Voy a mostrarle el lugar a Travis, así que cerraré cuando termine.
—Suena bien, Molly —dice Joe—, nos vemos la próxima vez.
Sonrió y digo:
—Está bien, ten una buena noche. —Antes de dar la vuelta y salir.
—Parece agradable.
—Lo es. Ha trabajado para Thomas desde que inició la compañía de
construcción. Y su esposa hace los pastelillos más increíbles.
—¿Ya conociste a su esposa?
Me rio.
90
—No, pero le envió una cesta al equipo un día que estaba aquí, y tomé uno.
Intento estar fuera de su camino mientras trabajan. Joe tiene mi celular si me
necesitan para lo que sea.
Una vez más adentro, me siento complacida por cómo están saliendo las cosas.
Le muestro a Travis la planta baja, donde estará el área de almacenaje para los
artículos grandes, el cuarto de descanso con una cocina para empleados en la parte de
atrás, y la sala principal al frente del edificio. Con los pisos de madera originales en
las tres plantas. Los paneles de yeso instalados en el área de almacenaje y cuarto de
descanso solo necesitan pintarse. La pared de ladrillo expuesto en la sala, limpia y
reparada. Los pisos todavía necesitan ser pintados, pero me dijeron que eso sería lo
último que terminarían.
Mi madre siempre dijo que nunca se tiene una segunda oportunidad para dar
una primera impresión, y quiero que la primera impresión que dé mi negocio,
sorprenda a clientes potenciales. Nos dirigimos a las escaleras; el segundo piso ahora
parece más un ático, y ahora es mi oficina y el lugar de almacenaje de cosas
pequeñas. Tengo una pared de ventanas a lo largo de la pared de atrás, para que la luz
natural siempre ilumine la sala de exposición. Miró hacia Travis, que está tomándose
del barandal mirando hacia la sala.
—Bueno, ¿qué te parece de momento? —Espero su respuesta nerviosamente,
sin estar segura de por qué su aprobación es tan importante.
—Bueno, señorita O’Leedy —dice, tratando de sonar profesional—. Creo que
ha hecho un trabajo espectacular.
Sonrió y con mi mejor acento sureño, respondo:
—Bueno, gracias, señor Watson. —Tomo su mano y nos dirigimos a la
escalera—. Está bien, un último piso y luego podemos irnos. —Me sigue arriba, al
área abierta que una vez iba a ser mi apartamento. Como en los dos primeros pisos,
las paredes y suelos han sido restaurados, y la cocina y baños instalados. Miro
mientras Travis camina por el lugar, observando en silencio—. Bueno, ¿qué te
parece?
—Creo que estoy sorprendido por lo que has logrado, y quizás un poco
nervioso de tener competencia —dice con una sonrisa y una pizca de orgullo en su
voz—. Cumpliste tus sueños, entregándote al cien por cien para lograrlos, diseñando
todo esto —dice señalando al edificio—. Sé que las personas trabajan durante años
para lograr lo que hiciste en solo unos meses.
Asiento y sonrió suavemente.
—Es verdad. Mereces algo de crédito también. Quiero decir, estudiamos juntos
así que estaba destinada a aprender algunas cosas, ¿cierto? Así que, mientras que
puedo decorar las habitaciones, es por ti que puedo visualizar los planos.
Camina frente a mí.
—Estoy impresionado, y tan orgulloso de ti.
91
Lo abrazo por el cuello y digo:
—Me alegra que te guste.
Me besa la frente, luego toma mi mano y nos dirigimos a la puerta. Apago las
luces, cierro la puerta y bajamos. Revisamos los seguros y encendemos la alarma,
luego caminamos tomados de la mano a nuestros autos.
Una vez llegamos a casa, Travis me ayuda a preparar la ensalada, mientras hago
la salsa para los espaguetis.
—Molly, ¿cuánto falta antes de abrir?
—Bueno, con el día de los caídos a unas semanas, espero abrir la segunda
semana de junio.
—Sabes, Meg va a llegar la próxima semana. Estoy seguro que estará más que
dispuesta a ayudarte.
—Hablaré con ella cuando llegue, pero no quiero apartarla de tu mamá porque
sé lo mucho que desea tenerla en casa.
Travis ríe.
—Estoy seguro que si Meg no se ha ofrecido a ayudarte después de unos días en
casa, mi mamá llamará y te la ofrecerá para que te ayude.
Me rio.
—Sí, probablemente tengas razón.
Como si fuera una señal, el teléfono suena, Travis lo toma y dice:
—Hola, Meg. —Mientras tomo la ensalada y la llevo a la mesa. Una vez la salsa
está lista, la coloco sobre los espaguetis, y coloco el plato en la mesa. Sonrió ante el
tono de felicidad cuando habla con su hermana. Es tan refrescante ver la relación
que tiene con sus hermanos. Por supuesto, Meg es la más joven, así que tanto
Thomas como Travis son comprensiblemente sobreprotectores con ella. Por suerte
para ella, ambos ya estaban fuera de casa cuando comenzó con las citas.
Mientras me pongo al corriente con su conversación, escucho a Travis
preguntarle a Meg cuándo llega su vuelo. Se apoya en la encimera de la cocina,
mirándome.
—¿Dos de la tarde? Está bien, alguien estará ahí para recogerte. —Ríe y
niega—. Sí, se lo diré… intentaré no hacerlo… también te quiero, te veo el viernes.
—Travis cuelga mientras se dirige a la mesa, y nos sirvo para comenzar a comer—.
Entonces, Molly, ¿quieres ir conmigo al aeropuerto el viernes?
—Bueno, podría, o podría solo ir por Meg al aeropuerto y llevarla con tu mamá
y hacer una visita.
—¿Podrías hacer eso?
—Por supuesto. A menos que quieras ir al aeropuerto y darle la bienvenida a
casa a tu hermanita.
92
—Tengo una idea, por qué no llamas a Katie y vas con ella al aeropuerto, y
luego todas mis chicas favoritas pueden ir a almorzar y ponerse al día.
—¡Es una idea genial! Sabía que te mantuve cerca por una razón.
Travis se ríe.
—Entonces, ¿es solo mi mente brillante por lo que estás conmigo?
Me encojo de hombros.
—Bueno, eso y la maravillosa vista en el patio.
—Lo que sea que tome para mantenerte cerca, nena.
Llevando nuestros platos a la cocina, me detengo en su silla y me inclino para
darle un rápido beso.
—Sabes, no necesito nada más que a ti.
Travis me sigue con las sobras, las cubre y las guarda en el refrigerador
mientras lleno el lavavajillas.
—Me alegra escuchar eso, porque eres lo único que necesito también. ¿Quieres
ver el atardecer conmigo?
—Me encantaría.
93
Trece
E
l martes por la mañana, Travis me despierta después de su ducha, lo que
se ha convertido en nuestra rutina, con besos bajando por mi cuello.
—Mmm, sigue así y necesitarás llamar por enfermedad —
murmuro con una sonrisa soñolienta.
Se ríe contra mi piel, entonces hace una trompetilla contra mi hombro,
haciéndome reír y provocándome escalofríos.
—Serviré el café, nos vemos en la cocina.
—Está bien. —Saliendo de la cama, me dirijo al baño a ocuparme de mis
necesidades, y luego voy a la cocina por mi dosis matutina de café.
Cuando rodeo la esquina, encuentro a Travis sacando una bandeja de rollos de
canela del horno.
—Hola, Betty Crocker, ¿qué tienes ahí?
Sonríe, mientras enfría los rollos.
—Pensé en sorprenderte con el desayuno.
Me pongo de puntillas y beso su mejilla.
—Eso fue dulce de tu parte.
Sonríe y guiña.
—Soy un chico dulce, qué puedo decir.
—Y muy modesto también. —Noto una pila de papeles en la barra de desayuno
y me atrapa mirándolos.
—Oh, encontré esos en la impresora esta mañana.
Mirando la primera página, veo que son los currículums de la escuela de
diseño.
—¡Oh, genial! Olvidé que los imprimí anoche. Lisa llamó justo antes de
reunirme contigo anoche y dijo que tenía unas cuantas personas que estaban
interesadas en el puesto que publiqué. Así que me envió por correo electrónico estos
para revisarlos.
Travis toma un mordisco de su rollo de canela y lo traga con café.
—Es genial, nena. Con suerte, encontrarás los empleados perfectos.
—No necesito perfección, solo alguien dispuesto a trabajar. —Sintiéndome
nostálgica mientras miro los currículums digo—: Parece que fue solo ayer cuando
estaba aplicando a pasantías por todo el país. Ahora aquí estoy, considerando
contratar uno para mi firma.
94
—¿Pasantías?
Lo miro confundida, repitiendo las palabras en mi mente, cuando me doy
cuenta de lo que dije.
—¿Qué?
—Dijiste pasantías, en plural.
—¿Lo hice?
—Sí, lo hiciste —dice, con un ligero borde en su voz—. ¿Te importaría
explicar?
Cierro mis ojos y respiro profundamente para prepararme; sé que esto no va a
ir bien.
—Apliqué en tantos lugares como pude por pasantías, ambos lo hicimos. Recibí
varias ofertas…
—Pero las rechazaste. —Su voz retiene emociones que nunca antes había
escuchado de él, rabia y dolor son las que más prevalecen. Estoy sin palabras; todo lo
que puedo hacer es asentir—. ¿De dónde?
—Travis, no vamos a hacer esto… —Me da la espalda y comienza a caminar de
ida y vuelta. Puedo ver que está tratando de mantener el control de sus emociones.
Alza su voz, causando que me sobresalte.
—¿Dónde, Molly? Dime.
Soltando un suspiro, respondo:
—Chicago, Atlanta, y Dallas. —Pronuncio la última ciudad justo por encima de
un suspiro.
Cierra sus ojos.
—Por favor, dime que no dijiste Dallas.
—Travis, yo…
—No Molly, no lo hagas. Supongo que nunca me di cuenta que ser exitosa era
mucho más importante que nosotros.
—Eso no es justo… —Me interrumpe otra vez, antes de que pueda continuar.
—¿Justo? ¿Sabes lo que no es justo? Que tuvieras otras ofertas y ni una vez
consideraste tomar una, así podríamos estar juntos. También tuve otras ofertas.
Tenías que saber que habría aceptado cualquiera por la oportunidad de estar contigo.
Ahora es mi turno de alzar la voz.
—¿No crees que lo sé? —Se gira para mirarme mientras me bajo del taburete, y
tomo mi turno para pasearme—. ¿Cuán egoísta habría sido si te hubiera pedido que
dejaras el empleo que, sabía, era tu primera opción? —No dice nada, solo me mira.
Sus ojos azules normalmente brillantes, son tormentosos con emoción. Mi voz se
95
suaviza mientras recuerdo—. Estabas tan emocionado cuando entraste por la puerta
y anunciaste que te habían contratado. No podía ser la que te quitara eso.
—Al menos pudimos haberlo hablado. Ni siquiera nos diste una oportunidad,
solo te fuiste.
—No te atrevas ni por un segundo a pensar que fue una decisión fácil para mí.
—Las lágrimas comienzan a inundar mis ojos mientras recuerdo el día que nos
despedimos. Ni siquiera trato de contenerlas cuando continúo—. El día que me alejé,
te miré en el espejo retrovisor mientras te ibas haciendo más y más pequeño. Y
cuando ya no pude verte, me detuve al lado de la carretera y lloré por una hora.
Tomó todo de mí no dar la vuelta al auto y conducir directo a tus brazos.
—Pero el hecho aún permanece, no lo hiciste. —Su voz es inquietantemente
calmada cuando continúa—. Entraste en tu auto y te fuiste como si todo lo que
teníamos no significara nada.
Sus palabras me golpean como un puñetazo en el estómago.
—Eso no es cierto, significabas todo para mí. Si pudiera volver atrás y cambiar
las cosas, créeme que haría lo haría diferente. Pero no puedo.
—No, no puedes. —Suelta un suspiro y mira su reloj—. Me tengo que ir. —
Agarra su maletín y sus llaves del tazón.
Trato de detenerlo en la puerta.
—Travis, por favor, no te vayas así.
Con su mano en el pomo, dice sin mirarme:
—Te amo, Molly, pero no puedo estar aquí ahora.
Entonces se va.
Una vez me recupero, inmediatamente trato de llamar a Travis a su celular,
pero va directo al buzón de voz. Genial, probablemente lo apagó. Envío un mensaje
de dos palabras: Lo siento. Al menos será lo primero que vea cuando lo vuelva a
encender. Trato de llamar a su oficina y su asistente me informa que no va a ir hoy.
Sin querer meter a su familia en medio de nuestro drama, me contengo de llamar a
cualquiera de ellos.
Renuente, sigo con mi día, manteniendo un ojo en mi teléfono todo el tiempo
con la esperanza de que responderá. Una vez completo algunas tareas diarias, me
siento con mi almuerzo y repaso los currículums. La primera solicitante, Jewel
Carlson, es una joven que acaba de terminar su primer año en la escuela de diseño. El
segundo solicitante es Cole Roberts, terminando su tercer año. Finalmente, Fay
Edwards no es estudiante de diseño, sino de la escuela de negocios. Bueno, eso es
algo que no pensé. Esto podría ser más fácil de lo que pensé. Quizás puedo contratar
a los tres, dependiendo de cómo vayan las entrevistas.
Lo primero que hago es llamar para ver si puedo organizar las entrevistas. Los
dos estudiantes de diseño están disponibles al día siguiente, así que programo sus
96
entrevistas con dos horas de diferencia, esperando que me dará tiempo suficiente con
cada uno. Soy incapaz de contactar a la tercera solicitante, pero dejo un mensaje con
mi número, esperando que devuelva la llamada. Con las entrevistas preparadas, me
siento a compilar una lista de preguntas para los solicitantes. Cuando estoy
imprimiendo el último conjunto de preguntas, escucho mi teléfono sonando en la
otra habitación. Haciendo una loca carrera por responder antes de que vaya a buzón
de voz, justo cuando digo hola, escucho la puerta abrirse y volteo para ver a Travis
entrar y dejar caer sus llaves en el tazón.
Me giro hacia él y le doy una débil sonrisa para que vea que estoy al teléfono,
cuando Travis vocaliza “lo siento”.
—Oh, hola, Fay, gracias por devolver la llamada. Estaba esperando programar
una entrevista, ¿qué día funciona mejor para ti? Sí, el jueves estará bien. ¿Qué hora
está bien para ti? —Me dice que a las once funcionará para ella. Estoy de acuerdo y
le doy la dirección; desconecto la llamada y camino hacia Travis, abrazándolo.
—Lo siento, no quería interrumpir tu llamada.
Niego.
—No lo hiciste, y no importaría si lo hicieras. Además, cualquiera que trabaje
conmigo tendrá que entender que eres mi prioridad, así como el resto de tu familia.
—Lo miro y se ve más desaliñado ahora que cuando se fue esta mañana. No puedo
evitar sentirme responsable por la tristeza que todavía veo en sus ojos—. Travis, lo
siento.
—Molly, no tienes que…
Está vez lo interrumpo:
—No, tengo que hacerlo. Tenías razón en que debería haberte dicho sobre las
otras ofertas que tuve. Me arrepentí de mi decisión cada día que estuvimos
separados. —Sabiendo que estoy presionando mi suerte, enlazo mis dedos con los
suyos, doy un paso más cerca, y lo miro a través de mis pestañas.
Su agarre en mi mano se intensifica cuando dice:
—También lo siento. He tenido mucho tiempo para pensar hoy y no puedo
echarte toda la culpa. Hubo cosas que pude haber dicho o hecho así podríamos estar
juntos, pero no lo hice. —Alza mi barbilla para que mire sus ojos—. Hay solo una
cosa que quiero que recuerdes, y es lo mucho que te amo.
Lágrimas silenciosas caen por mi rostro mientras envuelvo mis brazos
alrededor de su cuello y lo atraigo hacia mí.
—Te amo también —digo con mi rostro enterrado en su cuello. Nos quedamos
envueltos en los brazos del otro por lo que parecen horas. Se inclina y captura mi
boca, y cuando se aleja, puedo ver la tristeza en sus ojos atenuarse y el amor y alivio
la reemplazan—. Tengo una confesión más —anuncio con cautela.
Camina hacia la cocina, saca una botella de agua del refrigerador y le quita la
tapa.
97
—Molly, no estoy seguro que pueda soportar más confesiones.
—Con todo lo que está pasando, perdí la noción del tiempo hoy y no preparé
nada para la cena.
Me da una pequeña sonrisa, y el alivio me llena.
—Molly, te das cuenta que no espero que tengas la cena lista y me esperes
cuando llego a casa, ¿cierto?
Resisto el impulso de poner los ojos en blanco.
—Lo sé, pero disfruto cocinar, y prefiero cocinar que comer fuera de manera
regular, pero una vez que el negocio esté en marcha las cosas pueden cambiar.
Podrías verte obligado a comer en recipientes en lugar de platos —declaro
dramáticamente, con los ojos amplios y fingido horror.
Se ríe y me besa.
—Bueno, también podríamos empezar a hacer una lista de nuestros lugares
favoritos para ordenar. ¿Cómo suena el chino?
—Suena perfecto.
98
Catorce
E
l miércoles por la mañana estoy despierta antes de que suene la alarma
de Travis. Trato de no moverme para que pueda tener unos minutos más
de sueño. Ayer fue muy emocionalmente agotador para los dos. Solo me
alegra que anoche pudiéramos sentarnos, hablar y aclarar las cosas. Mi mente se
acelera emocionada a la idea de que hoy quizás contrate a mi primer empleado.
Reviso las preguntas en mi mente, a pesar de que ya las tengo escritas y no existe
motivo para memorizarlas. Siento los brazos de Travis abrazándome más fuerte.
—Van a amarte, nena, deja de estresarte.
Sonrío.
—¿Quién dice que me estoy estresando?
Se ríe y me besa el cabello.
—No necesito las noticias de última hora, puedo saberlo por tu lenguaje
corporal.
Sacudo mi trasero contra él.
—¿Qué te está diciendo mi lenguaje corporal ahora?
—Que eres problemática y me vas a hacer llegar tarde al trabajo.
Me rio y me aparto de él.
—Bueno, no me gustaría que tu jefe piense mal de mí, así que mejor muévete.
Voy a volver a dormir. —Sabiendo que no existe manera de que pueda dormir, me
acurruco contra mi almohada y suspiro dramáticamente. Siento la cama moverse y
de pronto estoy siendo sujetada por los tobillos. Grito y agarro las sábanas intentando
detenerlo, pero el elemento sorpresa estaba de su lado. Me estoy riendo tan fuerte
que no puedo respirar, mientras Travis me lanza sobre su hombro y me carga al
baño. Juguetonamente golpeo su espalda—. ¡Travis, bájame!
Me sienta en el mostrador, se coloca entre mis piernas y me besa la nariz.
—Pensé que podríamos tomar una ducha antes de ir a trabajar. Pero si prefieres
regresar a dormir, lo entiendo.
Lo acerco a mí y apoyo mi frente contra la suya.
—No estaba planeando regresar a dormir, de todos modos. Estoy demasiado
nerviosa por las entrevistas.
—¿Los trabajadores van a continuar allí?
—Sí, probablemente seguirán por un par de semanas más. ¿Por qué preguntas?
Travis camina y abre la ducha y comienzo a quitarme el pijama.
99
—Es solo que no quería que estuvieras sola mientras estás haciendo entrevistas.
—Es muy dulce de tu parte, pero Joe estará ahí si necesito algo. Y estás a una
llamada de distancia si te necesito.
Entro en la ducha mientras Travis se quita la ropa, dejo que el agua cálida pase
sobre mí y siento a Travis rodearme la cintura con los brazos. Me besa el cuello y
busca el champú detrás de mí. Vierte un poco en su mano y comienza a frotarlo en
mi cabello. Me gira hacia el agua para poder enjuagarlo, luego toma el jabón. Coloca
algo en la esponja y comienza a frotarlo gentilmente sobre mi piel. Dejo que el agua
se lleve el jabón de mi cuerpo, luego coloco algo de este en mis manos, frotándolas
para formar espuma y comenzar a lavarlo. Comienzo con su pecho, luego bajo por
sus brazos.
Cuando llego a su cintura, alcanzo detrás de él, pegando mi pecho contra él y le
lavo la espalda. Deslizo las manos por su firme trasero, doy un paso hacia atrás y
llevo las manos hacia su dura polla, que está rogando por atención. Dirijo mi mirada
a la suya y arquea una ceja desafiante. Mi duda se desvanece mientras cierro la mano
a su alrededor y comienzo a acariciarlo. Siento que se pone más duro en mi mano y
lo escucho gruñir justo antes de que me empuje hacia la pared. Su respiración pesada
y el deseo en sus ojos es más que evidente.
Estrella su boca contra la mía y mientras me levanta, le rodeo la cintura con las
piernas. Con un rápido movimiento, está dentro de mí y arqueo la espalda, mis
brazos alrededor de su cuello, mis manos en su cabello, haciendo mi mejor esfuerzo
para convertirnos en uno. El ritmo que creamos aumenta con cada golpe de sus
caderas. Le muerdo el hombro, clavándole las uñas. Su boca está en mi cuello, luego
en mi oído mientras me lame con la lengua, y entre jadeos susurra:
—Córrete para mí. Ahora. —Luego me muerde el oído, lanzándome por el
borde. Me desmorono con su orden, y siento mis paredes vaciándolo mientras su
cuerpo se queda rígido. Empuja un par de veces más antes de bajar la cabeza sobre mi
hombro. Lentamente se desliza fuera de mí y bajo los pies. Travis continúa
abrazándome, sabiendo que mis piernas siguen muy débiles para sostener mi propio
peso. Inclina su frente y me regala una sonrisa sexy.
—Esta ha sido la mejor ducha que he tenido en un largo tiempo.
Sonrió y comento:
—Bueno, si vamos a empezar todos los días así, necesitaremos poner la alarma
más temprano.
Se ríe.
—Creo que tienes razón.
Hacemos otro rápido lavado y enjuagado, luego nos secamos. Me dejo puesta la
bata y dejo que Travis se vista mientras preparo nuestro desayuno. Estoy
comenzando a servir el café cuando regresa de la habitación.
—Sé que usualmente no desayunas mucho, pero preparé tortitas y tostadas.
100
Me besa la mejilla y toma el café de mi mano.
—Es perfecto. Tienes razón, usualmente no como mucho en el desayuno, pero
ahora que pienso al respecto, supongo que no disfrutaba de preparar algo solo para
mí. Y por supuesto, no hace daño que lo pueda compartir con la mujer que amo. —
En mi contra, siento que se me sonrojan las mejillas ante sus dulces sus palabras.
Comemos nuestro desayuno y limpiamos la mesa. Una vez los platos están en el
lavavajillas, me acerca a él—. Tengo que irme. Buena suerte con las entrevistas hoy.
Lo abrazo por el cuello y me pongo de puntillas para besar sus labios.
—Gracias, te llamaré cuando termine. —Lo acompaño a la puerta y digo—:
Ten un buen día.
—Cómo no tenerlo después del inicio. —Con otro beso y un sexy guiño, se va.
Cierro la puerta y me dirijo a la habitación donde me preparo para el día.
Estaciono y veo que Joe y su equipo ya han llegado. Salgo de mi Edge, tomo mi
bolso y maletín, y entro. Les doy los buenos días a todos, recibo unos “buenos días”
en respuesta. Encuentro a Joe frente a la sala y me dirijo a él para hacerle saber que
estoy esperando posibles empleados hoy.
—¡Hola, Joe! ¿Cómo estuvo tu fin de semana?
—Buenos días, Molly. Estuvo bien, gracias.
—Todo se ve increíble. ¿Todavía vamos como planeamos?
Joe asiente.
—Sí, señora. Como puedes ver, los pintores ya comenzaron aquí. El segundo y
tercer piso ya están pintados y la última capa será dada hoy.
—¡Eso es genial! Llamaré para ver si pueden enviar los electrodomésticos esta
semana. Seguiré evitando los muebles hasta la siguiente semana o la que sigue, para
asegurarme que todo esté completo y limpio.
Joe concuerda.
—Eso debería de funcionar.
—Gracias, Joe. Estoy esperando a un par de posibles empleados hoy, si los ves
llegar antes que yo.
—Los enviaré contigo.
Giro y me voy al área de la cocina, donde haré las entrevistas, ya que los suelos
están siendo terminados arriba. Saco las solicitudes y mi lista de preguntas, así estoy
lista cuando lleguen. Miro el reloj y veo que tengo cerca de cuarenta y cinco minutos
antes de la primera entrevista. Saco el teléfono y llamo a Katie. Responde al tercer
timbre.
—¿Hola?
—Buenos días, Katie, soy Molly.
—¡Hola, Molly! ¿Todo está bien?
101
—Sí, todo está bien. Espero no molestarte.
Se ríe en el teléfono.
—No, para nada, me alegra que llamaras. Cuando todos los chicos se van, la
oficina se queda silenciosa.
Sin esperar más, le digo el motivo de mi llamada.
—Meg llamó anoche y llega el viernes. Me preguntaba si, quieres ir al
aeropuerto conmigo y recogerla. Luego podríamos tener un día de chicas planeando
el día de los caídos.
—¡Eso suena increíble! Los chicos pueden unirse a nosotras después del trabajo
si quieren.
—¡Genial! Su vuelo llega a las dos, así que pasaré por ti a eso de las doce y
media, si te parece bien.
—Perfecto. Le haré saber el plan a Thomas. Entonces, ¿cómo va todo entre
Travis y tú?
Sonrío.
—A riesgo de provocarte el vómito, estamos increíbles. Probablemente debería
preocuparme si se cansara de tenerme alrededor.
Se ríe.
—Sí, no sé si sea algo de lo que tengas que preocuparte. En los cinco años que
llevo conociendo a Travis, nunca lo había visto así de feliz.
—Es tan dulce de tu parte, sé que estoy más feliz cuando estoy con él que
cuando no estaba en mi vida.
—Ohh, eso es tan dulce —comenta Katie con una risa—, aunque sea un poco
cursi.
Me rio.
—Te advertí que podría causarte vómito.
Se ríe, pero puedo decir que comparte nuestra felicidad.
—Sí, lo hiciste.
Miro el reloj y veo que tengo cerca de quince minutos antes de mi primera
entrevista.
—Katie, tengo que apresurarme, tengo dos entrevistas hoy y la primera
empezará en poco.
—Eso es genial, el viernes puedes decirme cómo te fue.
—Lo haré —le prometo—. Saluda a Thomas de mi parte. Te veo el viernes.
—Nos vemos, Molly, buena suerte. —Finalizo la llamada y hago una rápida
visita al baño antes de que lleguen.
102
Me dirijo a la sala justo cuando la puerta se abre, entra un hombre joven en sus
veinte de cabello rubio. Le sonrió y camino hacia él para darle la bienvenida.
—Hola, debes ser Cole. —Extiendo mi mano—. Soy Molly O’Leedy, gracias
por venir hoy.
Me estrecha la mano y sonríe.
—Señorita O’Leedy, gracias por llamar.
—Por favor, llámame Molly. Si me sigues, podemos comenzar. Espero que no
te importe que vayamos a la cocina. Los suelos están teniendo su capa final en el área
de la oficina el día de hoy. —Caminamos al cuarto de empleados—. Por favor toma
asiento, ¿puedo traerte algo antes de iniciar?
—Agua, si no te importa —dice un poco nervioso.
—No, para nada. —Tomo dos botellas de agua del mini refrigerador, le doy una
y abro la mía mientras tomo asiento. Doy un rápido sorbo antes de comenzar,
explicándole que esperaré de él lo mismo que de cualquier otro empleado—.
Entonces, Cole, cuéntame algo de ti.
—Bueno, soy estudiante de diseño estructural más que de diseño de interiores.
Mi padre es carpintero y trabajé para él durante los veranos mientras crecía, así que
es natural que siguiera su camino. Espero continuar con mi educación y convertirme
en contratista.
Tomo notas en mi lista de preguntas mientras responde.
—¿Qué esperas ganar de tener una posición aquí?
—Experiencia, primero que nada. También espero aprender a interactuar con
los clientes y, con el tiempo, el lado de tener una compañía.
Continúo escribiendo en mi lista de preguntas, y Cole me da la respuesta a cada
una. Una vez completo la lista, le pregunto si tiene alguna cuestión para mí.
—¿Cuándo necesitas que empiece?
—Lo antes posible, como en la siguiente semana. ¿Estarás disponible para
entonces?
—Sí, señora, eso no sería un problema.
—Bueno, me gustaría ofrecerte oficialmente la posición. —Le hago saber
cuáles son los horarios al igual que el salario inicial—. Si necesitas algo de tiempo
para pensarlo, lo entiendo.
Niega.
—No existen motivos, si estas dispuesta a arriesgarte conmigo, entonces acepto
la posición. ¿Cuándo te gustaría que empiece?
—¡Genial! Tengo un par de entrevistas más esta semana, y espero contratar a
otra persona. ¿Qué te parece si te llamo el viernes y te lo hago saber?
—Suena bien, no puedo esperar a escuchar de ti.
103
Ambos nos levantamos de las sillas y lo acompaño a la puerta.
—Fue un placer conocerte, Cole, no puedo esperar a trabajar contigo.
—Igualmente, Molly, aprecio mucho que me des una oportunidad. —Me
regala una genuina sonrisa antes de salir por la puerta.
Me dirijo de nuevo a la cocina y hago una anotación en su solicitud con la
fecha de contratación. Miro mi reloj y veo que tengo una hora y media antes de mi
siguiente entrevista. Le envío a Travis un rápido mensaje haciéndole saber que la
primera entrevista salió bien. Guardo el archivo de Cole en mi maletín y decido ir
por almuerzo antes de que llegue mi segunda entrevista.
Salgo a la calle y miro alrededor. Noto una cafetería justo al final de la calle.
Decido caminar la corta distancia y dejar mi auto estacionado. Espero que también
tengan sándwiches, pero si no tienen, al menos puedo presentarme. Abro la puerta y
entro, mirando alrededor, familiarizándome con el lugar. Las paredes son de un gris
claro, y los muebles y decoraciones tienen una sensación de restaurante francés.
Todo hecho con clase, y, sin duda, algo que yo hubiera elegido. Con el sonido de la
campana, una mujer joven se dirige al mostrador. Sonríe alegremente.
—Bienvenida a Isabel’s, ¿puedo ayudarle?
Le sonrió cálidamente.
—Hola. Acabo de ver el lugar y pensé en entrar.
—Bueno, bienvenida. Tenemos una variedad de cafés y tés, al igual que cosas
horneadas y sándwiches.
—Genial, gracias. Creo que pediré un croissant de jamón y queso, por favor, y
una soda light.
—En camino. Si quiere tomar asiento, se lo llevaré.
—Gracias. —Unos minutos más tarde, mi orden está en la mesa—. Gracias,
esto se ve delicioso. Soy Molly O’Leedy, por cierto. Voy a abrir una firma de diseño
de interiores al otro lado de la calle.
—Encantada de conocerte, Molly. Soy Isabel, la dueña de este buen
establecimiento.
—Es un placer conocerte, Isabel. Estoy segura que mi equipo y yo seremos
clientes regulares una vez abramos.
—¿Cuándo abres?
—Con suerte, la segunda semana de junio. Verás algo de actividad pronto, con
las entregas. El piso principal está siendo pintado hoy y algunos de los suelos están
siendo terminados.
—Bueno, siéntete libre de quedarte cuanto quieras, es bastante calmado a esta
hora.
—Gracias.
104
Isabel regresa al mostrador y como mi sándwich. Saco el teléfono y reviso mi
correo y mensajes. Luego, abro la lista de compras y agrego algunas cosas que
necesitaré para las cenas de la semana. Con mis deberes listos y mi almuerzo
terminado, guardo mis cosas y me dirijo al mostrador. Isabel se encuentra ahí para
cobrar mi almuerzo.
—Siete dólares y quince centavos.
Le doy un billete de diez dólares.
—Quédate con el cambio.
—Gracias. Espero verte pronto de nuevo, Molly, y bienvenida al vecindario.
—Gracias, y estoy segura que lo harás, no puedo sobrevivir sin café. —Giro
para salir por la puerta y exclamo—: ¡Ten un buen día!
Regreso a mi edificio y entro por la puerta de atrás. Caminando a la cocina,
tomo el archivo de Jewel. Vuelvo a mirar su solicitud, no es que no la hubiese
memorizado ya, y coloco mi lista de preguntas en la mesa. Camino hacia la sala y veo
a una pequeña mujer de cabello castaño en la puerta delantera del edificio; mira el
teléfono en su mano, seguramente para volver a revisar la dirección y nombre del
negocio. La veo respirar profundamente y luego empujar la puerta. Levanta la mirada
después de cerrar y sonríe. Camino hacia ella, sonriendo y extendiéndole mi mano.
—¿Jewel? Hola, soy Molly O’Leedy, gracias por venir.
Me estrecha la mano y sonríe ampliamente.
—Es un placer conocerla, señorita O’Leedy.
—Por favor, llámame Molly. Si me sigues, podemos comenzar.
Caminamos de regreso a la cocina y repito lo que le dije a Cole sobre el área de
oficina. Después de darle una botella de agua, comienzo la entrevista.
—Entonces, Jewel, dime algo de ti.
Bebe su agua y comienza.
—Acabo de terminar mi primer año de diseño de interiores. Desde que puedo
recordar, es todo lo que he querido hacer. Me encanta poder encontrar un lugar para
cada cosa. O agregar algo de color con algo tan simple como una almohada.
La observo y no puedo evitar notar que sus ojos y rostro se iluminan mientras
habla. Esta joven mujer realmente tiene el corazón en lo que hace.
—Puedo ver que te apasiona esta carrera. ¿Qué esperas ganar al trabajar aquí?
—Espero ganar la experiencia para algún día tener mi propia firma de diseño
de interiores o ser socio en una firma establecida.
Tomo notas en mi lista de preguntas mientras responde cada una. Una vez está
completa, inquiero:
—¿Tienes preguntas para mí?
105
—Aunque no tengo clases durante el verano, ¿mi escuela sería un problema
una vez regrese a las clases?
—No lo creo. Definitivamente tengo que alentar que continúes con tu
educación. Estoy segura que podremos trabajar en algo. Mientras la mayoría del
trabajo será de nueve a cinco entre semana, algunas tardes y los fines de semana
serán requeridos. ¿Eso será un problema para ti?
—No, señora, para nada.
—¡Genial! ¿Cuándo crees que puedes comenzar?
—Mis clases terminaron, así que puedo empezar en cualquier momento.
Puedo ver la emoción aumentando, y recuerdo cuando estaba en su lugar.
—Todavía me quedan unas semanas antes de abrir, pero espero tener las cosas
preparadas la siguiente semana. —Me levanto de mi asiento, y Jewel imita mi
movimiento—. Te llamaré el viernes y te haré saber exactamente cuándo.
Su boca se abre un poco, y luego dice:
—¿Eso quiere decir que tengo el trabajo?
Sonrió y asiento.
—Sí, me encantaría tenerte como parte del equipo de Emily Jack Desings.
Suelta un gritito de emoción y antes de que me dé cuenta me está abrazando.
—Gracias, gracias —repite, mientras su rostro se sonroja al darse cuenta de lo
que acaba de hacer—. Oh, lo lamento.
Me rio.
—No te preocupes. Déjame acompañarte a la salida. —Me sigue a la puerta, y
vuelve a darme las gracias. Cierro la puerta detrás de ella, sabiendo que los
trabajadores usarán la entrada de atrás para entrar y salir. Regreso a la cocina y
coloco el archivo de Jewel junto con el de Cole. Dos listos, uno más, pero no hasta
mañana. Me siento a la mesa, bebo agua y saco el teléfono. Llamo a Travis,
presionando el tres de llamadas rápidas. Responde al segundo timbre.
—Hola, hermosa. ¿Cómo salieron las entrevistas?
Su palabra cariñosa me hace sonreír mientras respondo.
—Fueron de maravilla, ahora ya tengo dos empleados.
—¡Felicidades, nena!
—Gracias, realmente me estoy emocionando ahora, se siente como si todo
finalmente estuviera uniéndose.
—Entonces, ¿cómo va la construcción?
—Hablé con Joe esta mañana y todo va según el plan. Los pintores terminaron
los pisos de arriba y hoy van a iniciar abajo.
—¿Vas a quedarte mientras pintan?
106
Puedo escuchar la preocupación en su voz.
—No, me estoy preparando para irme en unos minutos. Pensé que podría ir al
supermercado y luego hacer unas llamadas.
—Nena, no tienes que hacer eso.
No puedo evitarlo y me rio.
—Entonces, qué crees que deberíamos comer, porque creo que ya hemos
agotado todo en la casa.
Suelta una risa.
—Buen punto. Puedo ir contigo si quieres.
—Está bien, sabes lo mucho que odio hacer la compra. ¿Algo en particular que
quieras? —Tomo un bolígrafo y una nota y escribo lo que me pide—. De acuerdo, lo
tengo. Si quieres otra cosa, llama o envía un mensaje.
—Lo haré, nena. Debería llegar a casa pronto.
—Perfecto, solo llámame cuando salgas para poder poner la cena en el horno.
—Entendido.
—Te amo.
Mientras espero ansiosamente su respuesta, casi puedo escuchar su sonrisa
cuando dice:
—También te amo.
Debí saber que lo diría, Travis no tiene problemas con muestras de afecto en
público, y nunca lo ha hecho. De hecho, nadie en su familia lo tiene. Son una familia
a la que le gusta abrazar; estrechar la mano es estrictamente para los saludos
formales. No es que mis padres no fueran amorosos, lo eran, pero solo en su círculo
de amigos. Para los Watson, si respiras, eres aceptable. Cuando comencé a salir con
Travis y me llevó a su casa por primera vez, me sentí abrumada. Porque son tan
genuinos, no me tomó mucho tiempo acostumbrarme.
Reúno mis cosas y busco a Joe para hacerle saber que me voy y regresaré
mañana. Voy a mi auto y me dirijo a la tienda. Cuarenta y cinco minutos más tarde,
entro al estacionamiento, apago el motor y tomo las compras. Guardo todo menos lo
que necesitaré para la cena. Me dirijo a la habitación para cambiarme a mis
pantalones de yoga y mi camiseta favorita de la universidad de Florida. Me recojo el
cabello, pongo algo de música y regreso a la cocina. Saco una sartén y comienzo a
dorar la carne para mi lasaña Tex-Mex. Agregando tomates y especias, revuelvo todo
y bajo el fuego para que hierva. Comienzo a hacer capas de tortita, salsa y queso,
todo mientras bailo con la última canción de Taylor Swift. Justo cuando estoy
haciendo la ensalada, mi teléfono suena. Deslizando la pantalla, respondo
alegremente.
—¿Hola?
107
—Hola, nena. Solo quería hacerte saber que ya voy a casa.
—Justo a tiempo, acabo de terminar la ensalada.
—Genial, te veo en unos minutos. —Finalizo la llamada y meto la lasaña al
horno, limpio la cocina y pongo la mesa. Estoy bajándole el volumen a la música
cuando escucho las llaves de Travis. Deja las llaves en el cuenco, baja su maletín y
me llama.
—Molly, estoy en casa.
—Hola, cariño, en la cocina.
—Algo huele bien —comenta mientras entra a la cocina.
Sonrió y digo mientras se acerca a mí para besarme:
—Gracias. —Me abraza por la cintura y apoya la barbilla sobre mi hombro, ese
simple gesto haciéndome sentir cálida y provocándome una sonrisa.
—¿Qué estás preparando?
—Panecillos de maíz para ir con la cena. Espero que te gusten.
—Seguro que sí. Huele delicioso. ¿Puedo ayudarte con algo?
Me detengo y lo pienso por un segundo antes de decir:
—No, creo que todo está listo, gracias por preguntar.
—Bien, voy a cambiarme. —Me besa la mejilla y golpea mi trasero mientras se
dirige a la habitación.
Me inclino para sacar la lasaña del horno, cuando veo sus pies descalzos.
Camina hacia la cocina, viéndose mucho mejor que hace unos minutos. Se ha
cambiado a unos viejos pantalones deportivos azul marino que caen perfectamente
sorbe sus caderas y una camiseta de los Arizona Diamondbacks, con su cabello algo
revuelto después de ponerse la camiseta, y, siendo honesta, comienzo a babear. Mi
mirada fija en él se ve interrumpida cuando se ríe y pregunta:
—¿Te gustan mis viejos pantalones, hermosa?
Trago, encogiéndome de hombros y, medio excitada, respondo:
—Eh. —Pero no puedo ocultar la sonrisa.
Saco los panecillos de maíz y los coloco sobre la encimera, y cierro la puerta del
horno. Travis me toma de la cintura y me atrae hacia él, causando que grite y ría.
—Bueno, déjame decirte lo mucho que amo entrar en la habitación y ver tu
sexy trasero inclinado con esos pantalones ajustados.
No es que tuviera que usar las palabras, puedo verlo en sus ojos oscurecidos, al
igual que lo siento presionado contra mi estómago, suspiro y me inclino para darle
un beso.
—Guarda ese pensamiento, Don Juan, la cena esta lista.
Le paso los panecillos y digo:
108
—Saca la Corona del refrigerador y comamos.
Me doy la vuelta y llevo la lasaña a la mesa. Levanto la espátula, corto nuestras
porciones, y las coloco sobre el plato. Travis pone ensalada en su plato, y luego me la
pasa. Sirvo algo en mi plato y luego la aparto. Antes de dar mi primer bocado,
pregunto:
—Entonces, ¿cómo estuvo tu día?
Travis bebe su cerveza y luego contesta:
—Estuvo bien. Tuve una reunión con el gerente del proyecto de la nueva
construcción que va a iniciar la siguiente semana.
—Eso es bueno, ¿es el nuevo edificio del que me has hablado?
Se ve sorprendido de que lo recuerde, sonríe y comenta:
—Sí, lo es.
No puedo evitar sonreír.
—Ves, escucho cuando me hablas de tu trabajo. —Abro un panecillo y le doy
un bocado.
—Sí, sí lo haces —asegura y toma otro pedazo de lasaña—. Esto está delicioso,
Molly.
—Gracias, me alegra que te guste.
—Entonces, dime sobre estos nuevos empleados que contrataste.
—Bueno, Cole Roberts está trabajando en su licenciatura en ingeniería
estructural, para poder conseguir su licencia de contratista. Y Jewel Carlson acaba de
terminar su primer año y estaba extremadamente emocionada de tener la
oportunidad de trabajar y poder aprender todo lo posible.
—Eso es increíble. ¿Qué les vas a encargar?
—Bueno, ambos van a ayudar a diseñar proyectos. Cole ayudará con el tipo de
trabajo de carpintería que necesitaré. Y seré la mentora de Jewel durante los
primeros meses para asegurarme que sepa qué espero.
—Suena como si ya lo tuvieras todo planeado.
Respiro profundamente y exhalo.
—Eso espero. Tengo otra entrevista mañana, y luego pensé en invitarlos a
cenar, para que pudieras conocerlos.
—Esa es una idea increíble.
—¿De verdad? ¿No te molestaría?
Me toma la mano y la aprieta.
—No, por supuesto que no. Además, creo es importante que conozca a tus
empleados en caso de que algo suceda.
Sonrío y aprieto su mano.
109
—Gracias, significa mucho para mí tener tu apoyo.
Sonríe y besa mi mano.
—Siempre, nena, siempre.
Limpiamos la mesa y comenzamos a guardar las sobras.
—Trav, ¿quieres llevar algo de esto para almorzar mañana o cenar mañana?
—Relevémoslo para el almuerzo y salgamos a cenar mañana.
—Me gusta la manera en que piensas. —Coloco porciones en recipientes para
los dos, y los guardo en el refrigerador. Camino a la sala y encuentro a Travis
buscando qué ver. Me siento junto a él en el sofá—. Sabes, los Diamondbacks están
jugando.
—¿Lo están? —Cambia a ESPN, y están comenzando la segunda entrada—.
¿Cómo sabias eso?
Me rio.
—Porque soy así de inteligente.
Se ríe.
—Y modesta también.
—Mantengo un horario en mi teléfono y me avisa del calendario.
—¿Cómo fui tan afortunado de encontrar a una mujer que ama el béisbol?
Me inclino y lo beso.
—Eso, amor, es el destino. —Me acurruco a su lado y observamos a los
Diamondbacks eliminar a los siguientes tres bateadores. Mientras los equipos
cambian de posición, recuerdo contarle sobre mi llamada con Katie—. Oh, llamé a
Katie hoy.
—¿Sí? ¿Cómo está?
—Está bien; me acompañará el viernes al aeropuerto.
—Bien, me alegra que Katie se encuentre bien; ella y Thomas son perfectos el
uno para el otro.
—Vamos a pasar el resto del día planeando el fin de semana de los caídos.
¿Quieres unirte después del trabajo?
—¿Thomas va a ir?
—No lo sé todavía, ¿por qué?
—No piensas que voy a soportar a las cinco de ustedes yo solo, ¿verdad?
Comienzo a reírme y juguetonamente golpeo su estómago.
—¡Oh, detente! Esas mujeres te adoran.
—Oh, ¿entonces no te encuentras entre mis adoradoras? —pregunta
bromeando.
110
Decido jugar un poco.
—Eh, tienes razón, pero Thomas es mi favorito.
Antes de que sepa qué está sucediendo, Travis me tiene con la espalda en el
sofá y me está haciendo cosquillas. Grito y me rio hasta que me quedo sin aliento y le
suplico que se detenga. Detiene su asalto y pregunta:
—Entonces, ¿quién es tu favorito?
Pretendo pensar un poco mientras arquea una ceja.
—¿Molly? —dice a modo de advertencia.
—Tú lo eres. —Lo abrazo por el cuello y lo atraigo hacia mí—. Siempre has
sido tú.
Mira mis ojos, buscando la verdad en mis palabras.
—Eso me gusta más —afirma contra mis labios, antes de besarme
apasionadamente. Cuando me aparta, estoy sin aliento de nuevo. Vuelvo a
acomodarme y nos recostamos para ver el partido.
Mi teléfono suena para hacerme saber que tengo un mensaje, lo tomo y veo
que es de Katie.
—Acabo de recibir un mensaje de Katie.
Abro el mensaje y lo leo mientras Travis pregunta:
—¿Está todo bien?
Comienzo a reír.
—Thomas quiere saber si vas a ir después de trabajar el viernes. Parece que
ambos hombres Watson tienen miedo de las mujeres —bromeo.
—No tenemos miedo de ustedes —dice empáticamente—. De hecho, ¿por qué
no invitamos a todos el sábado? No han estado aquí en un tiempo y de ese modo
pueden tener el viernes de chicas.
—¿Estás seguro?
—Sí, siempre y cuando no te moleste pasar dos días con mi familia.
—No, no me importa para nada. Sabes que amo a tu familia.
—Llamaré a Thomas mañana y lo invitaré. ¿Te importaría llamar a mi mamá y
preguntarle?
—No, para nada. No he hablado con ella esta semana de todos modos.
Besa mi frente.
—Gracias, nena.
—De nada, cariño.
111
Me acurruco contra él y lo siguiente que sé es que estoy siendo levantada por
los brazos de Travis, y los míos por instinto van a su cuello. Mis ojos se abren un
poco y le doy una sonrisa adormilada.
—Hola, bella durmiente, hora de ir a la cama. —Se sienta en la cama, yo sobre
su regazo—. ¿Molly? ¿Puedes despertar lo suficiente para cambiarte de ropa o
quieres dormir así?
Abro los ojos y bostezo.
—No, me cambiaré. —Me levanto y me estiro, lentamente de camino al baño
para quitarme el maquillaje y cambiarme de ropa. Cuando regreso, Travis está en la
cama esperándome. Me subo y me acurruco contra su pecho.
Travis besa mi frente y mientras me sumerjo en el sueño, susurra:
—Dulces sueños, nena.
112
Quince
E
l miércoles por la mañana, me despierta el olor a café y el sonido de la
ducha. Me quedo allí unos minutos antes de decidir levantarme y
comenzar mi infusión diaria de cafeína. Para cuando he consumido
media taza, me siento lo suficientemente despierta como para volver a la habitación.
Cuando paso por la puerta, oigo a Travis silbar una melodía y me rio.
—¿Qué es tan gracioso?
Me doy la vuelta para encontrar a Travis apoyado contra la puerta del baño,
con el cabello todavía mojado de la ducha, la toalla envuelta alrededor de su cintura,
tan delicioso como mi primera taza de café.
—Tú. En caso de que no lo hayas notado, no soy una persona mañanera.
Lo escucho murmurar desde el otro lado de la habitación:
—Eso es un eufemismo.
Me giro y le saco la lengua antes de continuar:
—De todos modos, fue divertido que te despiertes silbando... Eye of the Tiger,
¿no?
Se ríe y tira de mí para besarme.
—Sí, era eso.
Su risa despreocupada me hace sonreír y me pongo de puntillas para besarlo.
—Voy a la ducha. —Cuando paso junto a él, tomo la toalla, se la quito y miro
por encima de mi hombro para ver su delicioso trasero antes de cerrar la puerta del
baño. Me ducho, me seco y me pongo la bata. Paso un peine por mi cabello y lo dejo
secar, dejándolo en ondas suaves. Salgo del baño y me dirijo a la cocina. Travis está
en la barra del desayuno tomando su café.
—¿Desayunaste? —pregunto mientras saco los huevos del refrigerador.
—No, pero no tienes que hacerme el desayuno.
—No voy a hacerlo; estoy preparando el desayuno para mí. Pero si quieres
huevos revueltos con queso y tostadas, también haré para ti. —Por supuesto, no se
niega. Quiero decir, ¿quién rechazaría que alguien más cocinara para ti?
Pongo en los platos nuestro desayuno y comemos mientras discutimos cuáles
son nuestros planes para el día. Travis retira nuestros platos, los enjuaga y los pone
en el lavavajillas. Mirando su reloj, dice:
—Creo que será mejor que me apresure. —Camina hacia mí, me hace dar la
vuelta para mirarlo y me besa—. Buena suerte con la entrevista.
113
—Gracias, estoy deseando hacerla. —Me bajo del taburete de la barra y lo
acompaño hasta la puerta. Me besa de nuevo, me dice que tenga cuidado y sale.
114
—Oh, estamos bien. ¿Mi hijo se está comportando bien?
Me rio para mí.
—Sí, señora, lo está haciendo. Estaba llamando para invitarlos a todos el
sábado.
—Bueno, eso es muy dulce de tu parte. ¿Hay algo que podamos llevar?
—No, señora, Travis y yo nos haremos cargo de todo.
—Está bien, entonces, te veremos el sábado.
—Bueno, en realidad, te veré el viernes. Katie y yo recogeremos a Meg en el
aeropuerto, y luego la llevaremos a tu casa. Estábamos esperando hacer planes para la
celebración del fin de semana del día de los caídos.
—¡Eso suena maravilloso! ¿Thomas y Travis se unirán a nosotros?
—No, señora, ambos trabajan, pero pueden unirse a nosotros después del
trabajo.
—Oh, bueno, entonces nos dará la oportunidad de hablar a las chicas. —
Después de unos minutos más por teléfono con Bonnie, termino la llamada para
prepararme para la entrevista.
Miro mi reloj y entro a la sala de exhibición, mientras uno de los trabajadores
acompaña a una mujer en mitad de los cuarenta. Con el cabello corto y oscuro
perfectamente peinado, está vestida con un traje negro con un top rojo debajo de la
chaqueta. Me doy la vuelta, sonrío y camino hacia ellos, extendiendo mi mano, me
presento.
—Hola, soy Molly O'Leedy.
Me estrecha la mano y dice:
—Es un placer conocerla, señorita O'Leedy, soy Fay Edwards.
—Oh, por favor, llámame Molly; si me sigues, podemos comenzar. —Entramos
a la cocina y le explico por qué vamos a usar este espacio en este momento—. ¿Puedo
darte algo para beber? ¿Café, agua?
—Una taza de café sería genial.
—¿Crema y azúcar?
—No, gracias, solo negro, por favor.
Le sirvo una taza, la coloco sobre la mesa y me siento.
—Entonces, Fay, cuéntame un poco sobre ti.
—Bueno, acabo de regresar al mercado de trabajo. He pasado los últimos veinte
años como trabajadora doméstica. Acabo de terminar mi licenciatura en
administración de empresas. Tengo dos hijos adultos, y estoy deseando volver al
mundo laboral.
115
Sonrío ante su referencia para ama de casa, mientras tomo notas en su
aplicación.
—Así que, ¿qué hizo que quisieras volver a la escuela?
Toma un sorbo de su café antes de contestar:
—Bueno, no me faltaba mucho por completar. Estaba entrando en mi último
año cuando conocí a mi esposo en la universidad; nos casamos seis meses después.
Empezamos una familia de inmediato y no tuve la oportunidad de completar mi
carrera. Mi esposo era un oficial de policía; fue asesinado en el cumplimiento del
deber hace tres años. —Respira profundamente antes de continuar—: Mi hijo estaba
a punto de graduarse en la universidad, y tuve que hacer algo para mantenerme,
decidí volver a la escuela y obtener mi título de contabilidad, y aquí estoy.
—Siento mucho tu pérdida. —Esboza una pequeña sonrisa y me da las
gracias—. Bueno, Fay, estoy buscando a alguien que pueda administrar la oficina. Sus
tareas incluirían: contestar el teléfono, programar citas, así como la contabilidad y el
seguimiento del inventario.
—Todo suena como cosas que puedo manejar.
—¡Estupendo! Déjame darte un recorrido rápido.
Mientras entramos a la sala de exposiciones, le explico mi visión del área. Le
muestro dónde estará el escritorio una vez que se entregue, luego caminamos
escaleras arriba y le muestro las dos áreas de almacenamiento, así como el área que
tendrá un espacio de oficina para archivos y catálogos adicionales y libros de
muestras. Regresamos al piso principal y le pregunto si está disponible el lunes.
—Sí, solo dime a qué hora.
—¿Qué tal las diez? Tengo otros dos empleados que también comenzarán y me
gustaría que todos se conozcan.
—Eso sería maravilloso. Espero con ansias conocerlos.
—Está bien, entonces te veré el lunes por la mañana a las diez. Bienvenida a
Emily Jack Designs, Fay.
—Muchas gracias, no puedo esperar para comenzar.
La llevo hasta la puerta, y luego regreso a la cocina para llamar a Cole y a Jewel
para avisarles que estén aquí el lunes por la mañana también. Una vez he completado
las llamadas, llamo a Travis y le hago saber que ahora tengo una gerente de oficina.
Paso el resto del día haciendo llamadas para que se entreguen los muebles y el
equipo la próxima semana. Justo cuando estoy empacando mis cosas para la noche,
escucho un sonido y miro hacia arriba para encontrar a Travis apoyado en la entrada.
Levanto la vista brevemente y sonrío.
—Lo siento, señor, pero ya cerramos.
—Oh, bueno, la puerta trasera estaba abierta, así que supuse que alguien
todavía estaba disponible.
116
Recojo mi bolso y maletín y camino hacia él.
—Me disculpo, pero tendrá que volver la próxima semana.
Veo que se le iluminan los ojos mientras continuamos nuestra improvisación.
—Bueno, señorita O'Leedy, creo que tomará más que una simple disculpa
compensar el desperdicio de mi tiempo.
—¿Es así, señor Watson? ¿Qué tiene en mente?
Desliza un brazo alrededor de mi cintura y dice:
—Bueno, estaba pensando en cenar, en una botella de vino y un poco de
tiempo en el jacuzzi.
Me acerco más.
—Que sean dos botellas de vino y tienes un trato.
Travis se ríe y responde:
—Trato. Ahora salgamos de aquí. —Con su mano en la parte baja de mi
espalda, nos dirigimos a nuestros vehículos y conducimos a casa.
117
Dieciséis
S
iendo la persona mañanera que es, Travis se despierta con la alarma,
mientras yo duermo un poco más. Se ejercita en la mañana, mientras yo
uso la cinta de correr después del trabajo. Siempre escuché que los
opuestos se atraen, y creo que es verdad. Por supuesto, a mi modo de pensar, estas
cosas simples fueron buenas para nosotros. Para dos personas que habían
reconectado y comenzaron a vivir juntas en dos semanas, nos dio tiempo a solas, ya
sea para prepararnos para nuestro día o para relajarnos después. Eso es exactamente
lo que estaba haciendo cuando Travis entró por la puerta esa noche. Auriculares
puestos, Jessie J atronando, trotando en la cinta de correr, nunca escuché la puerta,
ni a Travis gritando mi nombre. Una vez completé la carrera, terminé la botella de
agua y me dirigí a la ducha. El sonido de platos repiqueteando llamó mi atención,
cambié el rumbo y me dirigí a la cocina. Allí encontré a Travis, colocando en los
platos la cena que había recogido de camino a casa.
—Hola, cariño, ¿cuándo llegaste a casa?
—Hace unos veinte minutos. Te llamé, pero creo que Bang Bang ahogó mi voz
—dice con un guiño y una sonrisa—. Compré comida italiana, espero que te parezca
bien.
Me acerco y le doy un beso.
—Puedes traer a casa cualquier cosa que quieras para cenar, siempre y cuando
no sea sushi.
Se ríe.
—Trataré de recordar eso.
—¿Tengo tiempo para una ducha rápida?
—Puedo poner esto en el horno y podemos tomar una ducha larga —sugiere y
mueve las cejas.
—Esa es la mejor sugerencia que he escuchado en todo el día.
Una hora más tarde, Travis y yo cenamos en el balcón.
—¿A qué hora vas a recoger a Katie?
Tomando un trago antes de responder, contesto:
—Bueno, planeamos que a las doce y media. Eso debería darnos tiempo para ir
al aeropuerto y encontrar la puerta de Meg.
—Creo que veré si Thomas quiere reunirse y luego podemos ir a casa de mamá
para que no tengamos que llevar dos autos a casa.
—Es una gran idea. Sé que Meg también querrá verlos a ustedes.
118
Estalla en carcajadas.
—No, no querrá. ¡La única persona que Meg está emocionada de ver es a ti!
Lanzando un trozo de mi rollo hacia él, respondo:
—Eso no es verdad.
—Sí lo es. ¿Tienes alguna idea de cómo han ido nuestras conversaciones en las
últimas semanas?
Mirándolo avergonzada, respondo:
—No.
—Bien, déjame informarte. Los primeros tres minutos es ponerse al día
conmigo; el resto es sobre ti y sobre lo emocionada que está de verte y que fui un
idiota por no encontrarte de nuevo antes.
No puedo evitar reír, pero trato de ignorarlo, porque eso es lo que hago cuando
intento desviar la atención de mí misma.
—Es solo porque creció con ustedes dos chiflados sobreprotectores, y quiere a
alguien en su rincón.
—No somos sobreprotectores.
—¡Oh, por favor! ¿Recuerdas cuando me llevaste a casa contigo por Navidad?
Meg iba a su primera Navidad formal. Su pobre cita estuvo aterrorizada cuando la
recogió porque Thomas y tú estaban limpiando armas en el porche.
Veo que sus ojos se iluminan justo antes de comenzar a reírse.
—Simplemente nos estábamos divirtiendo.
—Sí, bueno, la pobre Meg estaba tan avergonzada.
Solo se encoge de hombros.
—Tal vez, pero estuvo en casa a tiempo.
Solo niego, porque sé que todo lo que hacen los chiflados sobreprotectores es
porque la aman.
—¿Recuerdas lo que hicimos al día siguiente?
Piensa por unos minutos y luego dice:
—No, no recuerdo.
—Thomas, tú y yo fuimos a cantar villancicos con la iglesia. ¿Y sabes por qué?
—Niega—. Porque la cita de Meg le pidió que fuera a patinar sobre hielo con él y le
prometí que los sacaría de la casa para que no la torturaran otra vez cuando la
recogiera.
Solo me mira por un minuto.
—¿Hiciste eso por ella?
—Por supuesto que sí.
119
Veo la sonrisa asomar en su boca.
—No me extraña que te quiera tanto. Nunca tuvo a nadie que la defendiera de
la manera en que lo hiciste. Quiero decir, era nuestro trabajo como hermanos
protegerla y hacerle pasar un mal rato. Pero te pusiste de su lado unos días después
de conocerla y enfrentaste a sus dos hermanos mayores para hacerla feliz.
Bajo la mirada un poco avergonzada de que haya leído tanto.
—No fue para tanto.
—Tal vez no para ti, pero estoy bastante seguro que lo fue para Meg. —Travis
se levanta de la mesa, se acerca a mi silla y me besa en la mejilla, antes de recoger mi
plato y llevarlo a la cocina. Limpiamos la cocina y luego nos sentamos a ver la
televisión. Después de pasar por los canales, aterrizamos en el juego de los
Diamondbacks, que parece ser nuestro lugar en común para ver televisión. Lo
siguiente que sé es que Travis me besa en la frente diciéndome que es hora de ir a la
cama. Me arrastro a la cama y Travis me toma en sus brazos. Suspiro contenta
mientras me acurruco con la cabeza sobre su pecho. Me besa en la cima de la cabeza
y me susurra buenas noches mientras me duermo.
120
Diecisiete
E
l viernes por la mañana, me encargo del desayuno mientras Travis se
prepara para el trabajo. Como no voy a ir hoy, tengo unas horas antes de
irme a buscar a Katie. Estoy emplatando huevos revueltos, patatas fritas
y tocino, cuando Travis sale de la habitación. Me besa en la mejilla antes de servirnos
una taza de café y sentarse en la barra del desayuno. Ambos comenzamos a tomar
nuestro desayuno, y después de unos minutos, Travis dice:
—Sabes, un chico podría acostumbrarse a un desayuno caliente todas las
mañanas.
—Cualquier cosa para empezar bien el día, cariño —replico mientras choco
juguetonamente con su hombro. Terminamos nuestro desayuno y Travis lleva
nuestros platos a la cocina.
—Entonces, te veré en casa de mamá esta noche después de salir del trabajo —
indica mientras coloca nuestros platos en el lavavajillas.
—Estaremos ahí. Trataré de hacer una lista de las cosas por las que te ofreces
como voluntario —bromeo con una sonrisa mientras me toma en sus brazos.
—Estoy seguro que será una larga lista —contesta riéndose—. Mejor me voy.
Ustedes, señoritas, tengan cuidado hoy y diviértanse.
—Lo haremos. Que tengas un gran día, cariño. —Me despide con un beso y
sale por la puerta.
Como sé que no llegaremos a casa hasta tarde, decido ir a correr esta mañana.
Estiro, enciendo algo de música y salto a la cinta. Cuarenta y cinco minutos después,
me dirijo a la ducha. Después de lavarme y enjuagarme, apago el agua y me envuelvo
con una toalla. Me seco y peino mi cabello, luego aplico mi maquillaje. Me visto con
vaqueros, mi camiseta con estampado floral favorita y unas bailarinas. Agarro mi
teléfono, lo meto en mi bolso y salgo por la puerta.
Una vez que salgo del garaje, llamo a Katie para avisarle que voy a buscarla.
Treinta minutos después, entro en el camino de entrada de Thomas y Katie, apago el
motor, camino hacia la puerta principal y toco el timbre. Katie abre la puerta y me
saluda con una sonrisa y un abrazo. Se aparta y dice:
—Pasa, solo tengo que ponerme los zapatos, tomar el bolso y el teléfono,
entonces podemos irnos. ¿Puedo darte algo para beber?
—No, gracias, estoy bien. ¿Has hablado con Bonnie esta mañana?
—Lo hice, está muy emocionada con que todos vayamos hoy. Creo que ella y
Annie ya comenzaron a cocinar.
No puedo evitar reír.
121
—Estoy segura que tienes razón. Travis dijo que iba a ver si iba con Thomas
esta noche, así no teníamos dos autos allí.
—Creo que llamó a Thomas esta mañana cuando salía para trabajar —indica
Katie mientras desenchufa su teléfono del cargador, lo deja caer en su bolso y
anuncia que está lista.
Salimos por la puerta principal y Katie revisa la cerradura; subimos a mi auto y
nos dirigimos al aeropuerto. Con el tráfico más ligero de lo esperado, llegamos al
aeropuerto treinta minutos antes de que llegue el vuelo de Meg. Nos detenemos en el
área de estacionamiento a corto plazo, y entramos para encontrar su puerta.
Comprobamos el monitor y vemos que su vuelo parece estar a tiempo. Encontrando
un asiento cerca de la puerta, esperando que llegue su avión. El tiempo pasa
rápidamente mientras hablamos sobre nuestra semana. Como Katie ayuda a Thomas
con la empresa de construcción, le hago algunas preguntas sobre cómo dirigir un
negocio, y está más que feliz de responderlas. Antes de que lo sepamos, anuncian la
llegada del vuelo 1227.
Nos levantamos de nuestros asientos y vemos que los primeros pasajeros
comienzan a desembarcar del vuelo. Después de que la primera ola ha despejado el
túnel, Katie dice:
—Ahí está.
Levanto la mirada y veo una enorme sonrisa aparecer en su rostro cuando
comienza a chillar y se dirige hacia nosotros. Meg tira su equipaje de mano y nos
envuelve a los dos en un abrazo, todo el tiempo chillando algo ininteligible en
nuestros oídos. No puedo evitar reír mientras me alejo para mirarla bien. Es incluso
más hermosa que la última vez que la vi. Su cabello es más claro que el de Travis,
más un castaño claro, obviamente clareado por el tiempo que pasa al aire libre, y sus
ojos de color whisky están brillando. Por supuesto, dado que sus dos hermanos
miden más de metro ochenta, también heredó la estatura; sus pantalones cortos de
color caqui acentúan sus largas piernas. Su parte superior de color coral destaca su
piel bronceada y me doy cuenta que necesito pasar más tiempo al aire libre.
—Meg, eres aún más bella de lo que recuerdo.
—Oh, para —dice mientras me pone los ojos en blanco.
—Será mejor que vayamos por tus maletas antes de que decidan que han sido
abandonadas.
Meg recoge su equipaje de mano y une sus brazos con Katie y conmigo, y nos
dirigimos a la zona de equipaje. Mientras Meg espera sus maletas, Katie y yo
enviamos mensajes a los muchachos informándoles que Meg ha llegado con
seguridad y que nos iremos en unos minutos a casa de su madre. Llamo a Bonnie y le
hago saber que estaremos en camino en los próximos minutos. Caminamos hacia mi
vehículo y ponemos el equipaje en la parte de atrás. Meg se sube al asiento trasero,
por lo que puede hablar con las dos mientras conducimos. Nos entretiene con
historias de su huida, y la abuela con cinco nietos que se sentó junto a ella de camino
122
a encontrarse con la adición más reciente. Meg sacó su libro y comenzó a leer; la
abuela vislumbró al chico tatuado y de cuerpo musculoso en la portada y procedió a
expresar su opinión en cuanto a “qué podría hacer con él si tuviera cuarenta años
menos”. Entre risas, le pregunto:
—Estás segura que no estabas sentada al lado de tu madre, porque puedo ver a
Bonnie diciendo exactamente lo mismo.
—Oh, tienes razón y Annie sería aún peor —interviene Katie.
—Una cosa que estoy aprendiendo —dice Meg—, esas pequeñas abuelitas de
cabello gris pueden ser muy traviesas.
Parece que nuestro viaje ha sido breve, ya que llegamos a la comunidad cerrada
donde viven Bonnie y Annie. Antes de que las puertas del Edge estén abiertas, ambas
aparecen en la entrada.
—Adelante, Meg, tomaremos tus maletas —comento, esperando que a Katie no
le importe que solo la haya ofrecido como voluntaria.
Meg corre por la acera y envuelve a su madre en un abrazo de oso, mientras se
balancea hacia adelante y hacia atrás. Besa la mejilla de su madre y luego se acerca a
su tía, dándole el mismo tratamiento. No puedo evitar mirar su intercambio y
recordar un momento en que recibí una bienvenida así de mis padres. Katie siente
mi melancolía y me da una palmadita en el hombro.
—Vamos a recibir nuestra propia bienvenida.
Le sonrío y cargo la gran maleta detrás de mí mientras sigo a Katie. Entramos y
Bonnie viene a nuestro encuentro.
—Ahí están mis otras chicas. —Nos da un abrazo y nos dice lo feliz que está de
tenernos a todos aquí.
Como no quiero dejar el equipaje en la puerta, pregunto:
—¿Dónde quieres las bolsas de Meg?
—En la habitación libre, por favor. —Seguimos su dirección y colocamos el
equipaje en la habitación de Meg.
Cuando volvemos, las mujeres llevan comida a la mesa. Annie es la primera en
hablar mientras coloca una gran fuente de ensalada sobre la mesa.
—Pensamos en tener un almuerzo ligero y luego cenar mucho cuando los
chicos vengan.
—Eso suena perfecto. Le mandaré un mensaje a Travis y le haré saber que los
esperamos para la cena. —Me guardo el teléfono en el bolsillo y me siento a la mesa.
Pasamos la ensalada y comenzamos a almorzar mientras nos ponemos al día
con las cosas que suceden en la vida de Meg. Entonces Meg se vuelve hacia mí y me
dice:
123
—Lo que quiero saber es cómo se encontraron Travis y tú después de todos
estos años.
Puedo sentir el calor de mis mejillas cuando levanto la mirada y veo que todos
los ojos están puestos en mí.
—Bueno, realmente no hay mucho que contar. Acababa de cerrar el edificio
que compré y tenía una cita con un arquitecto esa misma tarde. Travis interrumpió
nuestra reunión y Spencer, el arquitecto con el que me estaba reuniendo, nos
presentó. Los dos estuvimos completamente conmocionados al vernos después de
todo este tiempo. Luego me recibió en el ascensor, me invitó a cenar y desde
entonces hemos estado juntos.
Tomo un sorbo de agua mientras Meg dice:
—Bueno, gracias a Dios mi hermano recobró el sentido y esta vez no te
permitió escaparte.
Sonrío a todas las mujeres alrededor de la mesa mientras asienten.
—Creo que yo soy la afortunada. Los atrapé a todos, así que gané toda una
familia. Y eso es algo que no he tenido en mucho tiempo. —Puedo sentir las lágrimas
quemar en la parte posterior de los ojos y estoy agradecida cuando Katie sugiere que
limpiemos y comencemos a planificar el día de los caídos.
Después de insistir, y posiblemente una amenaza de restricción física, Katie,
Meg y yo lavamos los platos del almuerzo y regresamos al comedor en modo de
planificación de fiestas.
—Está bien, entonces, díganme, ¿qué pasa en esta fiesta?
Katie comienza:
—Bueno, como Thomas y yo tenemos más espacio, los alojaremos a todos en
casa todo el fin de semana.
—¿Y con todo el fin de semana, quieres decir?
—Desde el viernes por la noche hasta el lunes o el martes por la mañana, si
alguien planificó en adelante.
Al tomar notas, pregunto:
—¿Y de cuántas personas estamos hablando?
—Bueno, nosotras cinco, además de Thomas y Travis. Y los hijos de Annie y
sus familias, así que son otros doce, por lo que un total de diecinueve.
Me detengo y alzo la mirada.
—Lo siento. ¿Dijiste diecinueve?
Katie me mira un poco confundida.
—Sí, diecinueve. ¿Por qué, hay algo mal? ¿Faltó alguien? —Todas las mujeres
dicen que no, que fueron todos, y todavía estoy atónita ante la perspectiva de tener
tanta gente en un solo lugar durante cuatro días.
124
Comienzo a reírme de la expresión en sus rostros.
—Lo siento, es solo que no puedo imaginar a tantos miembros de la familia en
un solo lugar. Soy hija única y no tenía más familia. —Todas comienzan a sonreír y
se emocionan porque pase mi primer día festivo oficial con ellos.
Revisamos el menú y hacemos una lista de las cosas que necesitaremos, así
como los arreglos para dormir. Acordamos reunirnos en casa de Katie y Thomas el
viernes por la mañana para preparar todo. Para cuando todo finaliza, son casi las
cinco en punto. Bonnie y Annie han preparado lasaña para la cena, así que la
colocamos en el horno; prepararemos el pan de ajo una vez que lleguen los
muchachos.
Meg y yo preparamos la mesa cuando recuerdo que Travis estuvo de acuerdo
en que todos vinieran a casa mañana.
—Entonces, ¿todas están disponibles para venir mañana? —Dejan de hacer lo
que están haciendo y me miran; noto el silencio y mis ojos se encuentran con los de
todas—. ¿Qué?
Sonrisas enormes aparecen en todos sus rostros y escucho un murmullo
colectivo de “nada”.
—Son imposibles. —Mientras pongo el último plato, mi teléfono suena y lo
sacó del bolsillo, viendo a Travis en mi pantalla—: ¿Vienes a rescatarme? Tu familia
está siendo mala conmigo —digo en voz alta y todas comienzan a reír
histéricamente.
Travis se ríe al otro lado de la línea y comenta:
—Lo siento, cariño, las enderezaré cuando llegue allí.
Les grito a ellas:
—Travis dice que todas tendrán problemas cuando llegue aquí. —Lo que solo
les hace reír más. No puedo evitar reírme de ellas y negar mientras vuelvo mi
atención a Travis—. Entonces, ¿están en camino?
—Sí. Deberíamos llegar en unos quince minutos.
—De acuerdo, tengan cuidado, y nos vemos en unos minutos. —Termino la
llamada y deslizo mi teléfono en mi bolsillo—. Travis dijo que tardarán unos quince
minutos.
—Bien, pondré el pan —indica Annie mientras camina hacia la cocina. Bonnie
comienza a colocar la lasaña, mientras que Katie agrega ensalada a cada plato. El
timbre suena justo cuando suena el temporizador del pan. Meg se dirige hacia la
puerta y saco la bandeja de pan del horno. Justo cuando estoy bajando la bandeja,
escucho a Meg chillar mientras Travis la abraza y la hace girar. No puedo evitar
sonreír por su cercanía. Cortando el pan, lo coloco en un plato.
Justo cuando estoy terminando, Travis envuelve sus brazos alrededor de mi
cintura y me besa en la mejilla. Me giro y le sonrío.
125
—¡Hola, cariño! ¿Qué tal tu día?
—Estuvo bien. ¿Necesitas que haga algo?
—No, creo que tenemos todo listo, pero gracias. —Nos dirigimos al comedor y
nos sentamos a cenar.
Una vez todos estamos acomodados y comenzamos a comer, Travis pregunta:
—¿Qué es lo que he oído acerca de que todas ustedes son malas con mi chica?
—Su pregunta provoca risas alrededor de la mesa, haciendo que sonría, y me guiña
un ojo—. ¿Molly les mencionó el sábado a todos?
Meg es la primera en responder:
—Lo hizo. Tengo que decir que me sorprendió que quisieras que fuéramos.
Travis la mira confundido.
—¿Por qué?
—Bueno, porque nunca lo has hecho antes.
—Sí lo he hecho. Vienes cuando estás en la ciudad. Mamá y tía Annie han
venido, y también Thomas y Katie.
Meg pone los ojos en blanco y suspira.
—Lo sé, pero nunca nos has tenido a todos juntos.
Se detiene y piensa en ello por un minuto.
—¿En serio?
—Sí, en serio —resopla Meg, en una típica broma de hermana pequeña.
—Bueno, entonces es hora de que eso cambie. Si todos están disponibles, a
Molly y a mí nos gustaría invitarlos a una comida al aire libre. —Todos aceptan, y
veo que Travis y Thomas comparten una mirada sobre la mesa. Tendré que averiguar
de qué trató eso más tarde.
De camino a casa esa noche, Travis y yo pasamos por el supermercado para
recoger las cosas que necesitamos para la comida al aire libre. Caminamos por la
tienda recogiendo filetes, patatas, ensalada y los ingredientes para los brownies para
el postre. Travis paga nuestras compras y caminamos tomados de la mano hasta el
auto, nos montamos, abrochamos el cinturón y nos dirigimos a casa. Me vuelvo y
miro a Travis mientras conducimos, admirando su perfil. Su cabello cae sobre las
orejas y el cuello, y aunque podría necesitar un corte de cabello, la longitud se ve
bien en él. Su fuerte mandíbula está cubierta por una barba incipiente. Las luces de
los autos que se aproximan iluminan su rostro y veo una sonrisa en sus labios.
—Sabes, si sigues mirándome así, voy a tener que detenerme.
No puedo evitar reírme.
—Tal vez deberías conducir más rápido y llevarnos a casa.
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—La seguridad primero, Molly —responde riendo. Levanta mi mano, besa mis
nudillos y continúa sosteniéndola contra su fuerte muslo hasta que llegamos al
garaje. Subimos al ascensor, Travis abre la puerta y me hace pasar al interior.
Mientras coloco los artículos restantes en el refrigerador, Travis enciende algo de
música. Entro a la sala de estar para encontrarlo mirando por la puerta del patio, me
escucha acercándome y camina hacia mí. Me toma en sus brazos y comienza a
balancearse con la música. Apoyo mi cabeza en su hombro y disfruto la sensación de
estar tan cerca de él.
—Sabes, me tomó un gran esfuerzo comportarme cuando entré y te vi esta
noche.
Sonrío.
—Aprecio que no te conviertas en exhibicionista frente a tu madre.
Siento su pecho retumbar con una risa.
—Pensé que podrías. —Me besa la cima de la cabeza—. Venga, nena, vamos a
la cama. —Detiene la música y apago el interruptor de la luz en nuestro camino por
el pasillo.
127
D
ie
cio
c
h
o
E
l sábado por la mañana me despierto con mi cabeza en el pecho de
Travis y el sol entrando por las ventanas. Me tomo un minuto para
disfrutar de la calidez de estar en sus brazos. Siento que su respiración
cambia, haciéndome saber que está despierto. Dejo escapar un suspiro de satisfacción
cuando comienza a acariciar mi cabello, y murmura adormilado:
—Buenos días, hermosa.
Sonrío, mis ojos aún cerrados, mi cuerpo completamente relajado por su toque.
—Buenos días.
—¿A qué hora acordamos que todos aparezcan?
—Alrededor de las cuatro, creo. Así que tenemos mucho tiempo antes de que
tengamos que levantarnos. —Entonces, justo a tiempo, mi estómago gruñe y Travis
se ríe.
—Creo que nuestra perezosa mañana será interrumpida.
Me rio y golpeo su costado, alcanzando la zona donde tiene cosquillas, y se
remueve.
—Todas las cosas buenas deben llegar a su fin, ¿verdad?
Me acerca y besa mi frente.
—No todas las cosas, cariño.
—Entonces, estoy pensando en tortitas y tocino para el desayuno.
—¿Cocinas o lo hago yo?
Me rio.
—Estaba pensando en eso, a menos que quieras traerme el desayuno a la cama.
—Por muy tentador que sea eso, si lo hago, nunca dejaremos esta cama, y dado
que tenemos familiares que van a venir, esa podría no ser una buena idea.
—Está bien —me quejo—, pero mañana somos solo tú y yo.
—Trato. —Me besa la nariz y me palmea el trasero—. Ahora ve a preparar mi
desayuno, mujer.
Grito y le doy un saludo militar burlón.
—Sí, señor.
Salgo de la cama y me dirijo al baño antes de ir a preparar el desayuno. Me
pongo la bata y camino hacia la cocina donde Travis está haciendo café. Enciendo el
horno, coloco el tocino en una bandeja para hornear galletas y lo pongo en el horno
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mientras preparo las tortitas. Saco el tazón, la mezcla para tortitas y algunas nueces
del refrigerador. Poniendo la sartén en la cocina, pongo un poco de mantequilla y
agrego las nueces, tostándolas para colocarlas sobre las tortitas. Remuevo la mezcla y
hago seis tortitas mullidas y doradas. Colocando tres en cada plato, apago el horno y
saco el tocino, colocando los platos y el sirope dentro para mantener el calor
mientras tomo el tocino.
—Oye, cariño, el desayuno está listo.
Travis entra, nos sirve una taza de café y la coloca sobre la barra de desayuno,
donde ya ha colocado servilletas y cubiertos. Poniendo el tocino entre nosotros, me
vuelvo para obtener la mantequilla, las nueces y las tortitas. Empapamos nuestras
tortitas en mantequilla, las coronamos con nueces y las empapamos en sirope de arce
tibio. Mejoro la mía un poco más y desmigo un poco de tocino encima. Por el
gemido de agradecimiento proveniente de Travis, puedo decir que ya ha dado su
primer mordisco. Corto un bocado, asegurándome de obtener nueces y tocino,
disfrutando los sabores dulces y salados a medida que explotan en mi boca.
—Molly, están increíbles.
—Me alegra que te gusten.
Mira mi plato.
—Espera, ¿pusiste tocino en el tuyo?
—Sí. Es algo que mi papá solía hacer. Eso volvía loca a mi madre, pero siempre
me alentaba a expandir mis horizontes. —Sonrío ante el recuerdo de mi madre
regañando a mi padre por "enseñarme tales cosas cuando tengo que enseñarle buenos
modales en la mesa”.
Travis se inclina y me besa.
—Estaban muy orgullosos de ti, ¿sabes?
Sonrío.
—Eso espero. Siempre les gustaste. Así que, me gusta pensar que tuvieron algo
que ver con unirnos de nuevo.
—Me gustaría poder agradecerles, y espero que sepan que siempre te cuidaré.
Asiento y coloco mi mano en su mejilla.
—Lo saben.
Besa el interior de mi muñeca y se apoya en mi toque. De repente, Travis se
desliza fuera del taburete y dice:
—Quédate ahí, ya vuelvo. —Y corre hacia el dormitorio.
—Mm, está bien —respondo mientras desaparece por el pasillo.
Regresa y se sienta otra vez. Toma mis manos y me gira para enfrentarlo.
Puedo ver una mezcla de emociones jugar en su rostro mientras respira hondo.
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—Molly, podría pasar el próximo mes planeando el momento perfecto y
tratando de encontrar lo correcto para decir. Iba a hacer esto más tarde, pero la
verdad es que aquí mismo y ahora es el momento perfecto. Tienes razón, tus padres
nos unieron de nuevo y saben lo que siento por ti. Tuve la bendición de tu padre
hace muchos años, y no tuve la oportunidad de hacerlo realidad y no quiero esperar
más. —Ya estoy al borde de las lágrimas antes de que mencione a mis padres, pero
saber que me amaba lo suficiente en aquel entonces y respetaba lo suficiente a mi
padre como para pedirle permiso para casarse conmigo, es todo lo que necesito
escuchar para que se derramen de mis ojos.
Se pone de pie, todavía sosteniendo mi mano, luego se deja caer sobre una
rodilla. Se me escapa un jadeo. No puedo creer que esto esté sucediendo. Lágrimas
silenciosas comienzan a fluir por mi rostro.
—Molly Katherine O'Leedy, te amo más de lo que creí posible. ¿Te casarías
conmigo?
Lo miro a los ojos y todo lo que puedo ver es el amor que siento por él brillar
hacia mí. Me bajo del taburete y me arrodillo frente a él, asintiendo mientras
encuentro mi voz a través de mis lágrimas.
—¡Sí! ¡Sí, Travis, me casaré contigo!
Me acerca a él, besándome. Se aparta, apoyando su frente contra la mía, sus
pulgares limpiando mis lágrimas.
—¿Qué tal si vemos si este anillo encaja? —Suelto una carcajada y asiento
mientras saca una caja de cuero rojo del bolsillo. Abre la tapa y dentro se halla el
diamante de corte esmeralda más hermoso que jamás haya visto. El solitario debe
tener al menos dos quilates, y pequeños diamantes rodean la banda de platino.
Susurro con incredulidad:
—Oh, Travis.
Saca el anillo de la caja y lo coloca en mi dedo, revelando un ajuste perfecto.
—¿Te gusta? Porque si no lo hace, podemos comprar otro.
Me apresuro a besar sus labios.
—Es perfecto. —Me atrae hacia el beso más dulce y me derrito contra él. Se
detiene jadeando y acariciando mi mejilla.
—Probablemente deberíamos levantarnos del suelo.
Me rio.
—Probablemente deberíamos ducharnos y prepararnos antes de que todos se
presenten.
—Sí, eso también.
Se para, toma mi mano y me ayuda a levantarme.
—No puedo esperar para contárselo a tu familia.
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—Tengo una confesión, Thomas ya lo sabe, hablé con él durante el viaje
anoche.
Empiezo a reír.
—Esa fue la mirada, ¿no?
Me mira confundido.
—¿Qué mirada?
—Anoche en la cena, cuando todos acordaron ir a la comida al aire libre,
Thomas y tú intercambiaron una mirada. Quería preguntarte sobre eso anoche, pero
lo olvidé.
Se ríe.
—¿Lo captaste? Tendré que aprender a ser más astuto. Pensé en proponértelo
mientras todos estaban aquí, pero todo sucedió esta mañana y no pude esperar.
—Me alegra que no lo hicieses. No necesito que todos me vean llorar.
Me besa.
—Una hermosa llorona.
Pongo los ojos en blanco.
—Sí, claro, con mi bata, el cabello recogido y sin maquillaje.
—Y nunca más hermosa. Venga, señora Watson, vamos a ducharnos.
—Justo detrás de usted, señor Watson.
A las tres, Travis y yo tenemos las patatas envueltas y listas para ir a la parrilla,
la ensalada está preparada y en el refrigerador, y los filetes se sazonan y se dejan a
temperatura ambiente. Justo cuando el temporizador del horno se apaga, Travis entra
de limpiar la parrilla.
—¿Qué huele tan bien?
Sonrío.
—Eso serian mis mundialmente famosos brownies de malvaviscos.
—Mundialmente famosos, ¿eh?
—Sí, el palacio de Buckingham incluso pidió la receta —le digo, y le guiño.
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Se ríe mientras se apoya en la encimera.
—Está bien. ¿Quién sabía que me iba a casar con alguien tan tantos contactos?
Me inclino y beso su mejilla.
—No te preocupes, cariño, siempre haré tiempo para ti.
Sus ojos brillan mientras se ríe y advierte:
—Será mejor que lo hagas.
Saco los platos y los cubiertos y los pongo en la barra de desayuno, Travis
observa todos mis movimientos.
—Nena, ¿dónde está tu anillo?
Miro mi dedo, pero me lo pienso mejor antes de burlarme de él.
—Lo puse en mi bolsillo hasta que podamos anunciárselo a todos a la vez.
Porque sabes que si Meg llega primero y lo ve, lo dejará escapar tan pronto como
Thomas y Katie toquen a la puerta.
—Tienes razón, bien pensado.
Me detengo y miro a mi alrededor para ver qué más tenemos que hacer, y
parece que todo está listo. Respiro hondo y exhalo.
—Bueno, creo que eso es todo.
Travis desliza sus brazos a mí alrededor.
—Todo se ve genial, Mol. No te pongas nerviosa, nena.
Me rio.
—¿Qué te hace pensar que estoy nerviosa?
Ladea la cabeza, mirándome como si estuviera loca por preguntar.
—Porque has estado mordiéndote el labio, y puedo sentirte temblar.
Maldita sea. Atrapada. Sonrío tímidamente.
—Sin embargo, son nervios de felicidad.
Unos minutos más tarde, el teléfono de Travis suena con un mensaje de Meg
que le informa que están en camino. Travis y yo estamos revisando la puntuación del
partido de béisbol cuando suena el timbre. Travis va a responder y oigo que Thomas
y Katie entran. Me levanto y voy a saludarlos, dándoles un abrazo a ambos. Thomas
me levanta del suelo, haciéndome reír.
—¡Oye! Bájame y ven a tomar asiento. Meg dijo que estaban en camino, por lo
que deberían llegar pronto.
Travis se me acerca.
—¿Quieren algo de beber?
—Tomaré una cerveza, si tienes —contesta Thomas.
—¿Katie?
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—No, gracias, estoy bien por ahora —asegura ella.
Travis regresa con dos cervezas y la bandeja de patatas.
—Voy a poner esto a la parrilla, ya vuelvo.
—Iré contigo —dice Thomas, y sigue a Travis hasta la parrilla. Los veo salir y
luego doy media vuelta para encontrar a Katie sonriéndome.
—¿Qué?
Sonríe y niega.
—Nada.
—Ajá —digo especulativamente—. Travis comentó que ayudaste a decorar el
apartamento. Si alguna vez te cansas de trabajar para Thomas, házmelo saber.
—Gracias, Molly. Es un gran cumplido, viniendo de una decoradora
profesional.
—Oh, detente, vi tu casa, tienes un gran ojo. —En ese momento, suena el
timbre y abro la puerta a tres rostros sonrientes—: ¡Hola, damas! ¡Adelante! —
Dándoles a cada una un abrazo al entrar, les digo—: Los muchachos están en el patio.
¿Puedo traerles algo para beber?
Annie es la primera en hablar:
—Nada para mí, cariño. —Bonnie y Meg también declinan.
—Por favor, siéntense y veré si los muchachos están listos para los filetes. —
Salgo al patio—. Hola, chicos, su madre está aquí. ¿Están listo para los filetes?
Travis me rodea con su brazo y me besa en la mejilla.
—Sí, señora.
—Bien, los sacaré —Me dirijo al interior, pasando junto las damas que
conversan en la sala de estar—. Espero que todas tengan hambre —menciono
mientras camino hacia la cocina. Recojo la bandeja de filetes y regreso al exterior—.
Aquí vamos, asegúrate de que el mío esté muy hecho —le digo con un guiño.
—Oh, vamos Molly, no quieres arruinar un buen bistec —se queja Thomas.
—Thomas —le advierto—, tú comes a tu manera, yo comeré la mía. —Escucho
a Travis reírse entre dientes mientras me giro para entrar.
Regreso a la cocina para sacar la ensalada y el aderezo, cuando Meg se une a
mí.
—¿Puedo ayudarte con algo, Molly?
Le lanzo una brillante sonrisa.
—Gracias, Meg, eso sería genial. Si pones la ensalada y los aderezos sobre la
mesa, te lo agradecería.
—Claro. —Meg lleva el cuenco de ensalada a la mesa, y luego regresa por los
aderezos, la mantequilla y la crema agria. Camino hacia la sala de estar para recibir
133
órdenes de bebida y luego regreso a la cocina para prepararlas. Meg las lleva a la
mesa y cuando vuelve por más, los chicos entran con los filetes y las patatas.
Travis, siempre el encantador, anuncia mientras camina:
—Thomas, mira a todas estas adorables damas. Definitivamente somos
afortunados.
No puedo evitar reírme cuando todas las mujeres ponen los ojos en blanco y
niegan.
—Creo que son inmunes a tu encanto, cariño.
Se ríe.
—Han tenido años de práctica. —Pone los filetes en la mesa y se dirige hacia
mí. Su brazo se desliza alrededor de mi cintura y me pregunta en voz baja—: ¿Estás
lista para hacer esto?
Sonrío y asiento.
—Estaré lista cuando tú lo estés.
Ahora que todos están sentados, Travis me toma de la mano y entramos al
comedor. Travis sostiene mi mano derecha, acariciándola con el pulgar.
—Gracias a todos por venir. Como Meg señaló, esta es la primera vez que todos
han estado aquí al mismo tiempo, y espero que no sea la última. Pero, antes de
comenzar a comer, Molly y yo solo queríamos que todos supieran que esta mañana
accedió a casarse conmigo. —Deslizo mi mano en mi bolsillo y vuelvo a ponerme el
anillo mientras Travis besa mi sien. Toda la mesa estalla en vítores y pronto todos
nos abrazan, felicitándonos y queriendo una mejor vista del anillo.
Thomas se inclina, me besa en la mejilla y comenta:
—Ya es hora de que te haga una mujer honesta.
Todos nos acomodamos en nuestros asientos y comenzamos a pasar la comida.
Meg es la primera en preguntar:
—Entonces, ¿cuándo es la boda?
—Tan pronto como sea posible.
—No hemos hablado de eso. —Travis y yo respondemos al mismo tiempo, lo
que hace que todos se rían.
Nos quedamos en silencio cuando comenzamos a comer y luego Katie dice:
—Saben, podrían casarse durante la reunión del día de los caídos. —Travis y yo
la miramos y luego entre nosotros.
Travis arquea una ceja hacia mí.
—¿Qué piensas?
Buena pregunta. Quiero decir, no es como si tuviera una familia para invitar, y
todos los que me importan están sentados en esta mesa.
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Le sonrío.
—Creo que es una idea brillante. Así que sí, ¡hagámoslo!
—Bueno, el cuándo está resuelto, ahora solo tenemos que averiguar dónde.
Thomas habla esta vez diciendo:
—Eso es fácil, en nuestra casa.
Me apresuro a responder esta vez:
—Oh, no, eso sería demasiado. Ustedes ya van a recibir a toda la familia; no
podríamos pedirles que hagan eso.
Thomas me mira.
—Molly, no lo pediste, ofrecí voluntariamente nuestra casa. Además, hay
mucho espacio, podemos celebrarla en el patio trasero. —Miro a Travis, que está
mirando atentamente el intercambio entre su hermano y yo, y lo único que obtengo
es una sonrisa y un encogimiento de hombros.
Mirando a Katie, pregunto:
—¿Estás segura que esto está bien?
Me da una sonrisa suave y dice:
—Está más que bien, lo prometo.
Comienzan a llenárseme los ojos de lágrimas ante la generosidad de la increíble
familia que pronto llamaré mía.
—Está bien, si les parece bien, lo haremos en su casa.
Meg está rebotando en su silla con emoción.
—¡Esto es tan increíble! Espera, ¿esto significa que tengo que usar un vestido
de dama de honor hortera?
No puedo evitar reírme.
—Sí, pero prometo mantener lo hortera al mínimo.
Terminamos nuestra comida mientras hacemos planes para la boda. Mientras
Katie y Meg me ayudan a limpiar, no puedo creer que hayamos pasado de una simple
cena familiar a hacer los preparativos para nuestra boda. Travis y Thomas están en el
patio con Bonnie y Annie, y una vez hemos guardado todo, las chicas y yo nos
unimos a ellos. Travis está sentado en una de las tumbonas y me muevo
instintivamente para sentarme entre sus piernas. Besa la cima de mi cabeza y me
relajo contra él. Nos sentamos y hablamos un rato antes de que el aire comience a
enfriarse y volvamos a entrar.
—¿Quién está listo para el postre? Tengo brownies de malvavisco.
Annie dice sin dudar:
—Cuenten conmigo. —Y los otros hacen lo mismo.
―¿Les gustaría café?
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—Eso suena maravilloso —responde ella.
—Genial, ya vuelvo. —Camino hacia la cocina y abro la cafetera.
Comienzo a cortar los brownies y ponerlos en platos cuando Katie viene a
ayudar.
—Sabes, nunca he visto a Travis tan feliz como lo es contigo.
Sonrío ante sus palabras.
—Gracias, Katie, eso significa mucho. Realmente aprecio que Thomas y tú nos
ofrezcan su casa. Significa mucho para mí y para Travis también.
—Estoy feliz de que estés de acuerdo. Ahora los chicos tendrán un proyecto en
el que trabajar y permanecer fuera de nuestro camino —bromea con un guiño. Me
rio de su honestidad, pero sé en el fondo que tiene razón. Llevamos el postre y el
café, y todo el mundo se queda en silencio, excepto por los gemidos de placer,
mientras prueban el brownie.
—Oh, Dios mío —exclama Meg—, esto tiene que ser lo mejor que he comido.
—Me alegra que te guste. Los he estado haciendo por años. Siempre fueron los
favoritos de mi padre, así que los hacía cada vez que estaba en casa y nos sentábamos
en la cocina a altas horas de la noche y nos poníamos al día con una bandeja de estos.
—Todo el mundo está callado, y cuando alzo la mirada, me observan con una sonrisa
triste en sus rostros, y recuerdo por qué amo a toda esta familia.
Unos treinta minutos después de que todos hayan terminado su café y postre,
Annie anuncia que deberían ponerse en marcha, y Thomas y Katie acuerdan que
también deberían irse. Travis y yo los acompañamos a la puerta; Bonnie abraza a
Travis y le dice lo feliz que está por él. Él besa su mejilla y dice:
—Gracias, mamá.
Luego ella se mueve para envolverme en un abrazo.
—Estoy tan feliz de que oficialmente seas parte de la familia.
Sonrío y le devuelvo el abrazo:
—Gracias, Bonnie, yo también. —Los abrazos continúan hasta que todos salen
por la puerta, y me apoyo contra ella.
Travis camina hacia mí y coloca su mano sobre mi cuello, su pulgar rozando mi
mejilla, me apoyo en su toque y sonrío.
—Te ves cansada, nena.
—Tal vez un poco, pero definitivamente valió la pena. Sabes cuánto amo a tu
familia.
—¿Estás segura que no te molesta casarte en el patio trasero de Thomas y
Katie?
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—En absoluto, siempre y cuando seas a quien le digo sí, quiero, no me importa
dónde nos casemos. Además, como dije, sin mis padres, no tengo a nadie a quien
invitar, por lo que es perfecto.
Travis se inclina para darme un beso.
—Te amo.
Sonrío.
—También te amo.
—¿Por qué no te vas a preparar para ir a la cama y apago las luces y cierro?
—Está bien, no tardes demasiado.
—No lo haré, lo prometo.
Le doy un beso rápido, camino por el pasillo hasta nuestra habitación y voy
directamente al baño. Me lavo el rostro, me cepillo los dientes y me quito la ropa.
Me pongo la bata, camino hacia la cama y retiro el edredón. Dejando mi bata al lado
de la cama, deslizo mi cuerpo desnudo entre las sábanas frías. Unos minutos más
tarde, cuando Travis comienza a subir a la cama, retiro las mantas y me revelo ante
él. Sus ojos recorren mi cuerpo, y siento el calor en mi centro con solo una mirada.
Quitándose los pantalones de dormir, se une a mí en la cama y atrae mi cuerpo
contra el suyo. Nuestros cuerpos inmediatamente se enredan juntos, su boca
reclamando la mía. Cuando nos separamos, pregunto sin aliento:
—Entonces, futuro esposo mío —el pensamiento me hace sonreír—, ¿vas a
hacer el amor conmigo o no?
Con una brillante sonrisa y amor brillando en sus ojos, responde:
—Todas las noches por el resto de nuestras vidas. —Con esas pocas palabras,
me enamoro más de él, sabiendo que amaré a este hombre para siempre.
137
Diecinueve
S
egún lo prometido, el domingo solo fuimos nosotros dos. Después de un
desayuno relajado en el patio, decidimos dar un paseo hasta un parque
cercano. Paseando tomados de la mano, caminamos alrededor del
estanque de los patos, observando a los niños pequeños alimentar a los patos y luego
volver corriendo con sus padres si se acercan demasiado. Travis me acerca y susurra:
—Esos seremos nosotros algún día.
Sonrío y lo beso. Niños. Nunca hemos hablado sobre niños antes.
—¿Cuántos quieres?
Ladea la cabeza pensando en ello antes de contestar:
—Creo que deberíamos practicar lo suficiente para unos cien, pero me
conformaría con dos o tres.
Estallo en carcajadas.
—¡Eso es bueno porque no hay manera de que realmente vaya a dar a luz
tantos!
Se ríe y tira de mí hacia un banco.
—¿Qué hay de ti, cuántos quieres?
—Me gustaría al menos dos. Aunque estoy abierta a más. Ser hijo único es
solitario. Me encanta la relación que tienes con tus hermanos.
Nos quedamos sentados por un rato más, su brazo alrededor de mí y mi cabeza
en su hombro, hablando de nuestra boda. Travis interrumpe mis pensamientos y me
pregunta:
—¿No deberías ir a comprar el vestido?
—Sí, solo estaba pensando en qué tipo de vestido quería. Como es al aire libre,
no quiero nada demasiado extravagante.
—Molly, no importa dónde sea la boda, o cuánto cuesta, simplemente compra
el vestido que quieras. —Lo miro y veo la sinceridad de sus palabras en sus ojos.
¿Cómo he tenido tanta suerte?
—Aprecio eso, Trav. Tengo una idea de lo que quiero. Veré si Katie y Meg
están disponibles para ir de compras conmigo.
—Está bien, y llamaré al pastor y veré qué día es mejor para él ese fin de
semana. ¿Tienes alguna preferencia?
—Tal vez el domingo. No es como si nos fuéramos de luna de miel después.
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—Sí, sobre eso. ¿Qué tal si nos vamos el siguiente fin de semana, funcionará
para ti?
—No veo por qué no, no planeo abrir la tienda hasta el día quince. ¿Quieres
que reserve algo?
Sonríe y besa mi sien:
—No, me ocuparé de todo. —Se pone de pie y me ofrece su mano—. Ven,
vamos a almorzar. —Una vez salimos del parque, nos dirigimos a un pequeño café en
dirección opuesta al apartamento. Optamos por asientos al aire libre ya que el clima
es muy agradable, y cuando estamos sentados, no pasa mucho tiempo antes de que la
camarera aparezca para tomar nuestro pedido de bebidas. Pido un refresco light,
mientras que Travis pide un té helado. Examinamos el menú, y cuando la camarera
vuelve, hacemos nuestro pedido. Travis se acerca y coloca su mano sobre la mía—.
Entonces, ¿cómo será tu día mañana?
—Voy a reunir a los tres empleados. Y pensé en repasar lo que espero de ellos,
ver si tienen alguna pregunta.
—Buena idea, ya que estarán trabajando juntos.
—Habíamos hablado de ir a cenar para que pudieras conocerlos, ¿todavía
quieres hacerlo? Porque también estaba pensando en hacer una jornada de puertas
abiertas privada el viernes por la noche antes de abrir, solo para la familia, Joe y su
equipo si quieren venir. ¿Qué piensas?
—Creo que es una gran idea. —La camarera regresa con nuestro pedido y
disfrutamos de nuestros sándwiches mientras hablamos de la jornada de puertas
abiertas.
Caminamos de regreso al apartamento riéndonos de nuestra primera cita. Lo
golpeo en el hombro y le digo:
—No sé quién estaba más nervioso, tú o yo.
Me mira con expresión sorprendida.
—No sé a qué te refieres, no estaba nervioso.
No puedo contener mi risa.
—Oh, está bien.
Echa la cabeza hacia atrás riendo.
—No lo estaba. Ahora, por otro lado, estuviste tan callada cuando te recogí,
pensé que iba a tener que hablar conmigo mismo toda la noche.
Me cubro el rostro con las manos.
—¡Dios mío, sí que lo estaba! No tenía ni idea de por dónde empezar contigo.
Eras tan dulce, recogiéndome, trayéndome flores, una cena romántica, ¿y recuerdas
lo que hicimos?
Travis toma mi mano y la besa.
139
—Por supuesto que sí. Caminamos tomados de la mano y hablamos sin parar
sobre todo. Me contaste sobre tu vida como hija única y te conté sobre mi familia. —
Nos detenemos en la esquina y esperamos la señal de cruce mientras Travis
confiesa—: Me enamoré de ti esa noche. Llamé a Thomas al día siguiente y le dije
que encontré a la chica con la que me iba a casar. Esa noche supe que eras la indicada
para mí.
Las lágrimas inundan mis ojos,
—¿Cómo pude alejarme de ti?
Haciendo lo que siempre hace, Travis aligera el estado de ánimo.
—Me parece recordar que corriste.
Me rio en voz alta.
—¡No hice tal cosa!
Todavía nos reímos cuando nos acercamos a nuestro edificio; el portero nos
abre la puerta.
—Señor Watson, señorita O'Leedy —Inclina su sombrero, sonríe y asiente.
Travis y yo saludamos, y Travis le informa sobre nuestra próxima boda y nos felicita.
Tomamos el ascensor hasta nuestro apartamento y, una vez dentro, revisamos
nuestros teléfonos para ver si hay mensajes, ya que los dejamos en la encimera
cuando nos fuimos. Como si leyera mi mente, veo un mensaje de Meg que me
informa que ella y Katie están disponibles el viernes para ir de compras. Sonriendo,
le envío un mensaje rápido diciéndole que la llamaré más tarde esta semana para
planearlo con ella. Travis se sienta a mi lado en el sofá.
—Así que, cariño, ¿qué necesitas que haga para la boda?
Dejo caer la cabeza sobre su hombro y suspiro.
—Honestamente, no tengo ni idea. Lo que uses va a depender del vestido que
compre. Dejo la decoración a Katie y Meg. Creo que tenemos que elegir un pastel.
¿Estás libre en algún momento de esta semana?
—Estoy seguro que puedo irme temprano al menos un día y encontrarme
contigo.
—Gracias.
Travis inclina mi cabeza, así que lo miro y dice:
—Molly, eres mi prioridad principal. Si me necesitas, moveré el cielo y la tierra
para que suceda. Nunca tengas miedo de pedirme algo.
Con eso, me doy la vuelta, subo a su regazo, le rodeo el cuello con los brazos y
lo beso suavemente. Su brazo derecho está alrededor de mi espalda, mientras que su
mano izquierda acaricia mi pierna desde mi rodilla hasta mi cadera y viceversa.
—Siempre y cuando sepas exactamente que lo mismo se aplica a ti.
Me da una suave sonrisa y me besa la nariz.
140
—Trato.
—Está bien, creo que deberíamos hacer una lista de lo que queremos o
necesitamos para la boda. —Me inclino hacia adelante, tomo la tableta de la mesa de
café y abro la aplicación de mis notas—. Entonces, sé que necesito un vestido y ya
decidimos ir a buscar un pastel. No tenemos que enviar invitaciones, ¿cuántos irán
de nuevo?
Travis inclina la cabeza mientras cuenta en silencio.
—Serían quince adultos y creo que cuatro niños.
—Está bien, entonces tenemos que hacer que traigan la cena para esa noche.
¿Alguna solicitud para tu primera comida como hombre casado? —pregunto,
sonriendo ante la idea.
Me da una sonrisa malvada y dice:
—Mientras te tenga de postre, no me importa. —Entonces se inclina para
acariciar mi cuello, haciéndome reír.
—Odio decepcionarte, cariño, pero te das cuenta que nos vamos a quedar en
una casa llena de gente, ¿verdad?
Suspira dramáticamente antes de responder:
—Sí, lo sé. Así que será mejor que estés desnuda y lista cuando llegue aquí el
viernes, así puedo ocuparme de ti por un par de días.
Echo la cabeza hacia atrás y me rio.
—Son solo un par de días de, cariño, creo que vas a sobrevivir.
—Lo haré, pero no pienses sobre dormir en otro lugar la noche antes de la
boda, porque eso no va a suceder. El único lugar donde duermes es conmigo.
Beso su mejilla.
—No soñaría con eso. El único lugar donde quiero estar es en tus brazos. —
Travis me quita la tableta de mis manos, la apaga y la coloca sobre la mesa—. Travis,
todavía tengo que agregar a la lista.
—No esta noche, esta noche nos relajamos; mañana podemos volver a planear
las cosas.
Me acurruco contra él.
—¿Te he dicho hoy cuánto te amo?
Puedo sentirlo sonreír contra mi cabeza, repitiendo mis propias palabras.
—Tal vez una o dos veces, pero nunca me canso de escucharlo.
141
Veinte
E
l lunes por la mañana, Travis se va a la oficina, y mientras tengo algo de
tiempo, decido llamar a Gabby. No puedo esperar a compartir mis
noticias con ella, a pesar de saber que el “te lo dije” llegará. Cuando me
mudé a Boston, Gabby y yo nos volvimos rápidamente amigas. Escuchar su voz y
decirle sobre nuestro compromiso lo hará más real. Marcando el número, espero a
que responda.
—Por favor, dime que quieres regresar y lidiar con estos idiotas. —Esa es mi
Gabs, nada de hola o buenos días, directa a lo que importa.
Riéndome, digo con una sonrisa:
—Lo siento, muñeca, todavía estás por tu cuenta.
—Temía que fueras a decir eso. ¿Cómo estás, Moll? ¿Y qué haces llamándome
en mitad de la mañana?
—¿Qué? ¿Una chica no puede llamar a su mejor amiga de vez en cuando?
—Puedes llamarme siempre que quieras, lo sabes.
Sonrío ante la idea de que, a pesar de estar a cientos de kilómetros de distancia,
me apoya muchísimo.
—Gracias, Gabs, realmente lo aprecio. Aunque sí que te llamé por una razón.
—Lo suponía. Suéltalo.
—¡Travis y yo nos comprometimos el domingo!
—¡Molly, eso es maravilloso! Te dije que no pasaría mucho antes de que te
propusiera.
—Lo sé, debí haberte escuchado, oh, gran sabia —bromeo y pongo los ojos en
blanco.
—Bueno, no me dejes esperando —suplica—, dame los detalles.
Durante los siguientes veinte minutos, le cuento cómo Travis me propuso
matrimonio y que ya había recibido la bendición de mi padre. Le hablo sobre los
planes que ya hicimos y le prometo mantenerla actualizada. Antes de decir adiós, le
digo que dé saludos a su familia y le hago saber que ella y Michael son bienvenidos
cuando quieran. Una vez terminada la llamada, conduzco a mi edificio para
encontrarme con mis empleados.
Llego una hora antes que Fay, Cole y Jewel para recorrer el edificio con Joe.
Tengo que decir que el lugar se ve increíble. Teniendo todo listo justo como lo
quería, me siento llena de orgullo por lo que he logrado. Ahora, si tan solo pudiera
tener un exitoso negocio. Mientras estoy en la sala de muestras, tratando de
142
visualizar dónde van a ir las cosas, escucho la campanita del frente sonar, girando
para ver a Jewel. Le doy la bienvenida con una sonrisa.
—¡Buenos días, Jewel! ¿Cómo estás?
Sonríe ampliamente.
—Buenos días, Molly. Bien, gracias.
—Preparé café, también tengo agua o jugo en el refrigerador, toma lo que
quieras cuando sea.
—Gracias, iré a tomar agua y regresaré. —Camina a la sala de descanso y
escucho nuevamente la campana. Fay entra por la puerta que Cole sujeta.
—Buenos días, Fay, Cole. ¿Cómo están hoy?
Fay es la primera en hablar.
—Buenos días, Molly. Estoy bien, gracias.
Cole asiente y nos saluda con un:
—Buenos días.
Jewel se nos une, botella de agua en mano.
—Cole, Fay, esta es Jewel Carlson. Jewel, estos son Fay Edwards y Cole
Roberts. —Jewel les sonríe y les ofrece la mano, que ambos estrechan—. Bueno, si
todos me siguen, comenzaremos.
Doy la vuelta y camino a la sala de descanso, no es un espacio amplio, pero lo
suficientemente grande para una mesa y cuatro sillas.
—Tengo café recién hecho y jugo y agua en el refrigerador, así que tomen lo
que quieran. Las cosas para el café están en el cajón bajo la máquina de café y cada
uno tiene su propia taza. Soy alguien que bebe café por las mañanas, pero si lo
necesitan durante el día, siéntanse libres de hacerlo.
Con todos sentados, respiro profundamente y me disculpo por mi charla.
—Muchas gracias por venir. Realmente quería que vinieran hoy para que
pudieran conocerse, ver si tienen preguntas y hacerles saber mis intenciones con la
tienda. —Le doy un sorbo a mi agua antes de continuar—. Para iniciar las cosas, ¿por
qué no aprendemos un poco de los otros? Iré primero. Soy hija única y nací y fui
criada en Florida. Siempre me ha resultado fascinante encontrar los colores correctos
y el estilo de cada habitación. No fue inusual para mis padres llegar a casa y
encontrar que había movido los muebles o recubierto las almohadas. Así que era un
hecho que sería decoradora cuando entré a la universidad. Después de la
universidad, hice mis prácticas en Boston en una firma de diseño. Me contrataron
una vez que terminé las prácticas y trabajé allí hasta finales del año pasado. Cuando
perdí a mis padres en un choque múltiple, decidí hacer unos cambios en mi vida.
Después de reevaluar mis sueños, y ya que realmente quería abrir mi propio negocio,
hice algo de investigación en los tres lugares en los que querría vivir y decidí que
143
Phoenix era el lugar para mí. Así que presenté mi renuncia, me mudé a Phoenix,
encontré este hermoso edificio, comencé las renovaciones, y aquí estoy.
Todos permanecieron en silencio por un momento, y luego Fay comenta:
—Lamento mucho lo de tus padres, Molly.
Le regalo una sonrisa.
—Gracias. La firma fue nombrada en honor a ellos. —Miro alrededor de la
mesa—. Bueno, ¿quién quiere ir después?
Jewel habla:
—Yo. Pero primero, ¡puedo decir que tú anillo de compromiso es hermoso!
No puedo evitar reír, porque era lo último que esperaba dijera. Miro el anillo y
sonrió.
—Gracias. Olvidé mencionar que me comprometí este fin de semana. —Todos
me felicitan, y les digo brevemente cómo me reencontré con Travis cuando me
mudé aquí—. Muy bien, Jewel, adelante.
Sonríe y tímidamente dice:
—Hola, soy Jewel. He vivido toda mi vida aquí, y tengo dos hermanos
mayores. Acabo de terminar mi primer año en la escuela de diseño y realmente no
puedo esperar a trabajar con todos ustedes.
Cole se endereza en su silla y se aclara la garganta.
—Soy Cole, mi familia es originaria de Dakota del Sur, pero nos mudamos a
Arizona cuando tenía quince años. Mi papá es maestro carpintero y tiene su propia
compañía constructora. Fabrico muebles como pasatiempo y estoy planeando seguir
en la escuela y obtener mi licencia de constructor.
Fay le da un sorbo a su café, y luego comenta:
—Supongo que falto yo. Soy viuda. Estuve casada con un oficial de policía
durante casi veintitrés años. Tengo una hija, que está casada y vive en California, y
un hijo que es bombero aquí, en Phoenix.
Les sonrió.
—Gracias por compartir un poco de ustedes. No puedo esperar a trabajar con
todos y conocerlos mejor. —Escucho la campana y miro mi reloj—. Discúlpenme un
momento.
Me levanto y me dirijo a la sala para encontrarme con Travis mirando
alrededor. Se da la vuelta cuando escucha mis tacones.
—Hola, guapo. ¿Qué estás haciendo aquí? —pregunto mientras camino
directamente a sus brazos.
Travis me abraza y me besa.
144
—Bueno, tenía algo de tiempo hasta encontrarme con un cliente, así que pensé
que podía venir y almorzar contigo.
—Eso suena bien. Me alegra que vinieras para que conozcas a mis empleados.
Si no te molesta, ¿podríamos almorzar en lugar de cenar con ellos?
—Eso suena bien. ¿Cómo ha estado tu mañana?
—¡Genial! Llamé a Gabs esta mañana para decirle lo del compromiso. Estaba
muy emocionada por nosotros. Desafortunadamente, ella y Michael no podrán venir
a la boda, pero esperan poder visitar en otoño.
—Eso suena increíble; no puedo esperar para conocerlos —dice y besa mi
mejilla.
Tomo su mano y lo llevo al cuarto de descanso.
—Fay, Cole, Jewel, él es mi prometido, Travis Watson.
—Es un placer conocerlos a todos —saluda Travis.
—Puesto que es hora de almorzar, pensé que podíamos ir al café de enfrente
para comer y luego regresar y terminar.
Todos concuerdan, y caminamos al café. Isabel nos saluda al entrar.
—¡Hola, Molly! Me alegra verte de nuevo.
—¡Hola, Isabel! Él es mi prometido, Travis Watson, y ellos mis empleados, Fay,
Cole y Jewel. Ella es Isabel, es la dueña del lugar. —Todos se saludan y ordenamos.
—Siéntanse libres de mover las mesas de ser necesario —dice Isabel. Juntamos
un par de mesas y nos sentamos. Travis toma mi mano debajo de la mesa.
—Pensé que es importante que conocieran a Travis también, puesto que estoy
segura que van a verlo mucho. —Me sonrojo un poco y le sonrió—. Travis es
arquitecto en Lucas Brothers.
—Sí, así es. Cole, Molly me dijo que eres maestro carpintero. —Cole se inclina
antes de responder.
—Sí, señor, eso es correcto. Yo… —Me siento incómoda cuando Travis lo
interrumpe.
—Espera; detente, Cole, tenemos que poner las cosas en claro antes de
continuar. Soy, probablemente, cuatro o cinco años mayor que tú, por favor, no me
llames señor. Por favor, todos ustedes solo díganme Travis. —Todos sonríen y
asienten—. Muy bien, genial, por favor, continúa.
Cole prosigue:
—Aprendí el oficio por mi padre. Tengo una pasión por la construcción de
muebles y estoy trabajando en convertirme en contratista general.
—Eso es genial. Mi hermano es contratista; deberías hablar con él. Estoy
seguro que le gustará darte consejos.
145
Golpeo el hombro de Travis.
—Oye, ¡no me robes a mis empleados!
Travis se ríe.
—Oye, no es lo que hago. Solo estaba tratando de ser útil en caso de que Cole
tenga preguntas.
—Ajá, seguro. —Se inclina para besar mi mejilla. Sonrío y miro a una Jewel
boquiabierta, Fay intentando miserablemente ocultar una risa, y Cole mirando de un
lado a otro como si viera un partido de tenis. No puedo evitar reír—. Algo que
deberían saber sobre Travis y yo es que amamos molestarnos un poco, y ambos
amamos reír. Si una conversación se vuelve muy seria, uno de nosotros dirá algo para
aligerar la charla. —Isabel llega con el almuerzo, comenzamos a comer nuestros
sándwiches y la conversación fluye ahora que todos están más relajados.
Para cuando terminamos, nos enteramos de que Jewel era una animadora, lo
que encaja perfectamente con su personalidad, y Fay aprendió sola cómo cocinar
comida francesa mientras estaba en casa de su mamá. Pago por el almuerzo y le
agradezco a Isabel, prometiéndole que la veremos pronto. Todos caminamos de
regreso al trabajo; desbloqueo la puerta y apago la alarma. Travis es el primero en
hablar.
—Fue un placer conocerlos a todos. Tengo que darme prisa, pero estoy seguro
que nos veremos a menudo. —Los tres responden al sentimiento, y entran.
Me vuelvo para sonreírle a Travis.
—Creo que será mejor que vaya a trabajar, gracias por venir hoy. Creo que
ayudó a relajar un poco a Cole tener a otro hombre en el almuerzo.
Travis me detiene y me besa rápidamente.
—Mi placer, nena. Parecen un gran grupo.
—Sí, estoy deseosa de trabajar con ellos.
—Está bien, será mejor que corra para que pueda prepararme para mi reunión.
—Está bien, cariño, conduce con cuidado, te veré en casa. —Otro beso rápido y
Travis sale a la calle.
Entro en la sala de exposiciones, hago un viaje rápido al baño y me encuentro
con el grupo en la sala de descanso. Fay es la primera en hablar una vez que vuelvo a
unirme a ellos:
—Molly, puedo decir que Travis y tú hacen una pareja adorable.
Sonrío ante su cumplido.
—Gracias, Fay. Estoy muy feliz de que lo hayan conocido. Está bien, sé que
todos estamos llenos del almuerzo, así que pensé en guardar la excursión a pie hasta
ahora. Voy a compartir mi visión del espacio, pero, por favor, siéntanse libres de
146
hablar y dejarme saber lo que piensan. Todos trabajaremos aquí y es importante que
todos estemos cómodos.
Todos están de acuerdo, agarro mi tableta y me siguen a la sala de exposición.
—Comenzaremos aquí abajo. —Me acerco a la esquina derecha de la sala—.
Fay, ya que serás la gerente de la oficina, creo que tu escritorio estará aquí. Te dará
una vista de la puerta, junto con un poco de espacio en la pared si deseas un tablero
de anuncios o una pizarra blanca. También habrá mucho espacio para un archivador
y una estantería. Te mostraré el escritorio y los muebles que tenía en mente cuando
subamos las escaleras. —Caminando un poco más hacia la sala de exposiciones, estiro
los brazos hacia los lados y anuncio—: Este espacio es un lienzo en blanco. Visualizo
viñetas creadas con diferentes estilos de sofás, sillas, otomanas, mesas, etc. —Paso a
Cole y a Jewel—. Si ustedes dos se sienten más cómodos con un escritorio, puedo
agregar otro para que lo usen. De lo contrario, creo que la reunión con los clientes
sería más cómoda con las viñetas establecidas. ¿Alguna idea?
Cole y Jewel hablan al mismo tiempo y él concede:
—Por favor, las señoritas primero —le dice a Jewel.
Jewel sonríe y le da las gracias, luego comenta con cautela:
—¿Tal vez también podríamos incluir una opción de comedor? Eso aliviaría la
necesidad de otro escritorio y luego podrías conseguir un archivador
decorativo/estantería.
Miro alrededor del espacio y veo que fácilmente podría albergar tres viñetas.
—Me gusta esa idea —aseguro con una sonrisa—. Cole, dime lo que estás
pensando.
Cole se aclara la garganta y comienza:
—Bueno, estaba pensando que tal vez una de las habitaciones podría
establecerse como una sala de estar formal, ¿y la otra podría ser un estilo de
habitación familiar más cómodo?
—¡Esa es una gran idea! —Satisfechos de que sus ideas fueran bien recibidas,
Cole y Jewel sonríen.
Nos volvemos hacia las escaleras para ver el segundo piso. A mitad de camino,
una idea me sorprende.
—¡Oh, se me acaba de ocurrir algo! ¿Qué pasa si le doy a cada uno un
presupuesto y ustedes crean la viñeta? Dependerá de ustedes seleccionar, configurar
y decorar el área como deseen. También será una buena manera de mostrar sus
talentos como decoradores para los clientes. ¿Qué piensan?
Cole y Jewel se miran, y Cole se encoge levemente de hombros antes de decir:
—Estoy dentro, si tú lo estás.
Una sonrisa brillante ilumina el rostro de Jewel, y luego exclama con
entusiasmo:
147
—¡Hagámoslo!
—¡Estupendo! Entonces, dado que hay tres viñetas, cada una obtiene una para
trabajar individualmente y en la tercera pueden colaborar.
Puedo ver que las ruedas ya están girando en la mente de Jewel.
—Funciona para mí.
—Está bien, entonces, echemos un vistazo al segundo piso, ¿de acuerdo? —
Subimos las escaleras hacia la gran zona abierta—. Esto lo veo como un área de
oficinas. Pensé que podría mantener mi oficina aquí, de esa manera todo el desorden
diario está fuera de la vista de los clientes. Como estoy segura que saben, acumulas
una gran cantidad de catálogos como decorador. Podemos mantener abajo los más
utilizados y los catálogos excedentes y de especialidades aquí. En cada lado hay un
armario de almacenamiento para artículos más pequeños.
Cole sugiere:
—¿Tal vez uno puede usarse para artículos sobrantes y el otro para pedidos de
clientes?
—¡Es una excelente idea! Me aseguraré que todos tengan llaves para estos dos
armarios y para el edificio, por supuesto. Ah, y todos ustedes recibirán tabletas
nuevas para trabajar. Fay, lo dejo en tus manos si quieres una tableta. Tendrás un
ordenador para usar en nóminas y facturas. No espero que trabajes desde casa por
ningún motivo. Todos tendrán acceso al calendario de citas para que conozcan el
horario del día. ¿Alguna pregunta?
—Solo una —dice Jewel—, ¿qué hay subiendo las escaleras?
Me rio.
—Bueno, ese es el tercer piso, en el que originalmente había planeado crear un
apartamento y vivir allí. Pero luego conocí a Travis, y, bueno, ahora tengo un
espacio de oficina completamente restaurado que planeo alquilar, para ayudar a
compensar parte de la hipoteca, pero ya veremos. —Miro mi reloj y veo que ya son
las cuatro en punto—. Caray, no me di cuenta que ya era tarde. No quiero retenerlos
más hoy, estoy segura que los he abrumado con información.
Todos sonríen cortésmente, pero no dicen nada.
—Mañana tendré un poco de papeleo para que rellenen y luego podremos
revisar los catálogos y obtener los muebles que necesitarán. —Regresamos al piso de
abajo—. Oh, hay una cosa más que necesito mostrarles. A la vuelta de la esquina hay
una unidad de almacenamiento para artículos grandes. Pensé que esto aliviaría la
necesidad de llevar objetos pesados arriba.
—Molly, parece que has pensado en todo, estoy muy impresionada.
—Gracias, Fay. De acuerdo, los veré a todos aquí mañana a las nueve. Disfruten
de su noche. —Fay y Jewel reúnen sus cosas; Cole les sostiene la puerta mientras se
dirigen a sus autos. Mientras recojo mis cosas, Cole regresa—. ¿Molly?
148
Le sonrío.
—Hola, Cole, ¿necesitabas algo?
—No, solo me aseguraba que estuvieras bien aquí antes de salir.
—Gracias, Cole, es muy amable de tu parte. Solo necesito revisar la cerradura
de la puerta delantera y apagar las luces, y estoy lista para partir.
—Revisaré la puerta por ti mientras terminas de recoger tus cosas.
—Gracias, Cole.
Cole regresa mientras pongo mi bolso en mi hombro.
—Todo cerrado.
—Está bien, entonces vámonos. —Caminamos hacia la puerta de atrás, activo
la alarma y nos dirigimos a nuestros autos—. Gracias por acompañarme, Cole, lo
aprecio.
—De nada, Molly. Mi madre me despellejaría vivo si descubriera que no me
aseguro de que llegas a tu auto de forma segura.
Me rio.
—Bueno, no podemos permitir eso. Ten una buena noche, te veré mañana. —
Me meto en mi vehículo y lo pongo en marcha. Veo a Cole a través de mi retrovisor
subir a su camioneta y salir del estacionamiento. Me pongo el cinturón de seguridad,
salgo de mi lugar de estacionamiento y me dirijo a casa.
En mi camino, llamo a Travis.
—¡Hola, nena! ¿Cómo fue el resto de tu día?
—Estuvo bien. ¿Cómo estuvo tu reunión?
—Salió bien. Te lo contaré todo cuando llegue a casa.
—Está bien, voy a pasar por la tienda. ¿Necesitas algo?
—Nada que se me ocurra, cualquier cosa que compres estará bien.
—Está bien, te veré en casa entonces. Te amo.
—También te amo, nena. —Desconecto la llamada mientras llego a la tienda.
Agarro las pocas cosas que necesitamos y me dirijo a casa.
Una vez en casa, me pongo mis pantalones de yoga y camiseta usuales,
pensando que uno de estos días debería vestirme bien cuando Travis llegue a casa en
lugar de estar en mi ropa cómoda. Salto sobre la cinta de correr y hago una carrera
de veinte minutos antes de que Travis me llame para decirme que está en camino.
Me dirijo a la cocina para comenzar con nuestra cena de risotto de champiñones y
espárragos asados. Aproximadamente a la mitad del tiempo de cocción del risotto,
Travis entra por la puerta y me llama.
—¿Molly?
149
—En la cocina, cariño. —Entra, me rodea la cintura con los brazos y besa mi
mejilla. Me giro y le doy un beso—. ¿Cómo estás?
—Bien, ¿algo que necesites que haga?
—Si quieres bajar nuestros platos, solo serviré nuestra cena en vez de llevar
esto al comedor.
—Seguro. ¿Tengo tiempo para cambiarme antes de la cena?
—Sí, serán al menos diez minutos.
Me besa la sien.
—Está bien, vuelvo enseguida.
Cuando Travis regresa, me dice que será capaz de salir temprano el jueves si
quiero concertar una cita para la selección del pastel.
—Eso sería genial. Eso me recuerda que tengo que hacerles saber a todos que
no vengan el viernes, ya que iré a comprar el vestido con las chicas.
—Oh, eso me recuerda —dice mientras sale de la habitación. Regresando
momentos después, me da una lista y continúa—: Pregunté en la oficina hoy si
alguien tenía recomendaciones para pasteles y me dieron un par de nombres.
Su simple gesto hace que mi corazón sonría. Saber que anunció nuestro
compromiso a sus compañeros de trabajo es solo una prueba más de su amor y
emoción por comenzar nuestra vida juntos.
—Gracias, Trav —digo besando su mejilla—, eso es genial, porque
sinceramente no tenía ni idea de por dónde empezar.
150
Veintiuno
E
l martes por la mañana, llego a la oficina antes que los demás. Llamo a
las panaderías para ver si alguna de las que Travis me comentó está
disponible para una reunión el jueves, y si podrían hacer un pastel a
tiempo para la boda. La primera a la que llamo tiene una reserva sólida y temen no
poder cumplir con la fecha límite. La segunda, Sugared Cactus, dice que estarán
felices de reunirse con nosotros. Programo la cita para las cuatro de la tarde del
jueves y le envío un mensaje a Travis para avisarle, para que se asegure de salir a
tiempo.
Veinte minutos después, oigo la puerta y veo a Cole, Jewel y Fay acercándose.
Digo buenos días y todos devuelven mi saludo. Jewel tiene un café en la mano
cuando entra y se sienta a la mesa mientras Cole y Fay se acercan a la cafetera. Ella
ve mi nota con el nombre y número de Sugared Cactus en la mesa.
—¡Oh, me encanta esa panadería! ¡Hacen los mejores buñuelos franceses en el
planeta! —La expresión de su rostro es pura dicha.
—¿De verdad? Travis y yo tenemos una cita con ellos el jueves; tendré que
probar algunos mientras estoy allí.
Jewel me mira con una expresión confusa en su rostro.
—¿Tienes una cita en la panadería?
No puedo reprimir la risa:
—Sí, nos vamos a reunir para seleccionar un pastel de bodas.
Jewel suelta un chillido agudo y aplaude, mientras que Fay y Cole me felicitan.
—No me di cuenta que te ibas a casar tan pronto —dice Fay.
—Sí, bueno, estamos apresurando las cosas. La familia de Travis tiene una
reunión el fin de semana del día de los caídos, y como todos estarán allí y no tengo
familia, decidimos casarnos ese fin de semana. Y ya que están todos aquí, el viernes
no vendré, así que tendrán el día libre también.
Fay es la primera en expresar su preocupación:
—¿Estás segura, Molly?
—¡Absolutamente! Voy a ir de compras con mis futuras cuñadas, así que es
mejor que se relajen un poco antes de que las cosas realmente se pongan locas. La
próxima semana, quiero centrarme en dar a conocer nuestro nombre. Así que
prepárense para intercambiar ideas y golpear el pavimento, por así decirlo.
Todos se relajan un poco, así que me sumerjo en el proyecto que discutimos
ayer.
151
—He traído algunos catálogos para que puedan verlos y seleccionar los muebles
necesarios para su área. —Le doy un catálogo a Fay—. Me gustaría que participaras
también. Esta empresa se especializa en mobiliario de oficina en el hogar. —Dándole
un catálogo a Cole y a Jewel les explico—: Estas dos compañías serán nuestros
mayoristas primarios y secundarios. Con todos ellos, recibiremos un precio con
descuento de lo que se ve en la lista. Cada uno tendrá un presupuesto de dos mil
quinientos dólares. Si no necesitan tanto, maravilloso, pero quiero que tengan los
fondos adecuados para crear el espacio. Hay una cosa que quiero que tengan en
cuenta, que quiero enfatizar a los clientes. Nuestro objetivo principal es complacer al
cliente y mejorar el hogar que tienen. Los hogares deben ser cálidos y acogedores. Es
por eso que me gusta incorporar algo personal a la habitación que estoy decorando.
—Miro alrededor para asegurarme que todavía me siguen—. Me gustaría que
seleccionaran una pieza que sea similar a algo personal suyo, para mostrar en su
viñeta2. —Sé que van a tener preguntas sobre esto, y Cole es el primero en preguntar.
—Molly, ¿tienes una preferencia en cuanto a lo que usemos?
Sonrío y niego.
—No, depende de ustedes. Podría ser algo pequeño o grande, siempre y cuando
se adapte a la habitación. —Puedo ver las ruedas girando en sus cabezas, tratando de
descubrir qué usarán.
—Ya que Fay va a tener la oficina, me gustaría que tomes la sala de estar,
Jewel, y, Cole, me gustaría que tomes la sala familiar. Eso nos deja con el comedor,
en el cual pueden trabajar los dos juntos o puedo hacerlo yo. ¿Cuál será? —Se toman
un minuto para hablar de ello y concluyen que trabajarán juntos.
—Pero tenemos una solicitud —dice Jewel.
—Está bien —pregunto cautelosamente—, ¿cuál es su solicitud?
—Nos gustaría que selecciones un artículo que sea querido para ti, para que nos
enfoquemos en el comedor. —Estoy muy impresionada y acuerdo de inmediato.
—Muy bien, estoy segura que todos ustedes tienen una idea de lo que van a
usar como pieza incorporada, así que revisen los catálogos y decidan lo que necesitan
y haré el pedido. —Todos se sumergen en los catálogos y comienzan a buscar los
muebles que necesitan. Subo las escaleras para darles algo de privacidad y para
buscar las tiendas de antigüedades o de reventa más cercanas. Estoy emocionada al
encontrar que hay dos relativamente cerca. Miro la hora y veo que se acerca el
almuerzo. Al no querer merodear mientras planean sus habitaciones, decido ir de
compras para mi artículo de inspiración. Bajo las escaleras para hacerles saber.
Tocando el marco de la puerta, tres pares de ojos aterrizan sobre mí y sonrío—. Voy
por algo de comer. Se acerca el almuerzo, así que, ¿por qué no llaman por algo al café
de Isabel y lo recogeré en el camino de regreso? Hay un menú en el cajón junto al
2
Viñeta: Así se llama a un conjunto de elementos colocados de forma agrupada que construyen un
interesante foco visual.
152
refrigerador. Debería volver en aproximadamente una hora. —Tras un coro de
aceptación, me voy.
Subo a mi auto y me dirijo a la primera ubicación, cuando suena mi teléfono y
aparece Travis en la pantalla. Activo el sistema bluetooth para contestar la llamada,
—Hola, guapo. ¿Cómo estás?
—Estoy mejor ahora que escucho tu hermosa voz. —Puedo escuchar la sonrisa
en su voz—. ¿Cómo va tu día?
—Genial hasta ahora. Me dirijo a una tienda de antigüedades para buscar un
artículo inspirador. Parece que mis empleados me la devolvieron, y me pidieron que
les diera un artículo para que decoren una viñeta.
Travis se ríe.
—Parece que están trabajando duro para impresionarte.
—Sí, lo hacen. Oh, ¿viste mi mensaje sobre la cita en la panadería? ¿La tarde
del jueves todavía está bien para ti?
—Sí, señora, lo siento, no tuve la oportunidad de responder. Me aseguraré de
salir temprano y encontrarte allí.
Me detengo en el estacionamiento.
—¿Alguna idea de a qué hora estarás en casa esta noche?
—Estoy bastante ocupado en este momento, así que si todo va bien, debería
irme de aquí a las cinco.
—Está bien, ¿alguna solicitud para cenar?
—No, sabes que no soy exigente.
—De acuerdo, así que frijoles enlatados serán —le digo, burlándome de él.
—¿Vamos a calentar la lata sobre una fogata?
—Por supuesto, y malvaviscos asados para el postre.
Travis se ríe y casi puedo imaginarlo con la cabeza echada hacia atrás mientras
lo hace.
—No es de extrañar que te ame —dice, y sus palabras me provocan una
enorme sonrisa.
—También te amo.
—Será mejor que te deje ir a tus compras, y será mejor que vaya a almorzar.
—De acuerdo, cariño, disfruta tu almuerzo. Te amo.
—También te amo, Molly. Conduce con cuidado.
Sonrío ante su preocupación:
—Lo hare, cariño, adiós.
153
Al llegar a la primera tienda de mi lista, estaciono mi auto y camino hacia la
entrada, bloqueando el auto mientras avanzo. Al abrir la puerta, suena una campana
unida en la parte superior, alertando al vendedor de mi llegada. Desde algún lugar
por atrás, oigo:
—Bienvenida a New to You, avíseme si necesita ayuda.
Agradezco en respuesta y empiezo a buscar. Inmediatamente, varios elementos
llaman mi atención y hago una nota mental para mantener este lugar en mi lista de
lugares para comprar con frecuencia. Camino por la tienda y encuentro la porcelana
china exhibida en un armario. Al mirar a través de los estantes, veo un juego de té en
la esquina, el exterior de la taza es blanco con un pastel suave, una banda entre verde
aguamarina y verde menta la rodea. El borde de la taza está ligeramente festoneado,
y el interior es del mismo color pastel con detalles de encaje dorado con una rosa
rodeada de flores en el centro en la parte inferior. El conjunto es hermoso. Es similar
al que tengo almacenado y que perteneció a mi bisabuela, y que obviamente fue
hecho por la misma compañía. Este conjunto será perfecto para el artículo de réplica
que necesito. Me dirijo a la parte posterior de la tienda en busca del vendedor.
—¿Hola? —Oigo pasos y espero, mirando a mi alrededor mientras lo hago.
—Hola, perdone la espera.
Me vuelvo hacia el sonido de la voz del hombre y sonrío.
—No hay problema. —Es clásicamente guapo, más o menos de la misma altura
que Travis, de principios a mediados de los treinta, con cabello negro y ojos
marrones.
—¿Qué puedo hacer por usted?
—Estaba interesada en un juego de té.
—De acuerdo, ¿de cuál se trata?
—Está en el armario justo aquí, me preguntaba cuánto vale.
—Vamos a ver. ¿Cuál es?
—El que está en la esquina derecha, el segundo estante.
—Ahh, sí, el conjunto de Ansley. Este se encuentra en perfecto estado, tuvimos
la suerte de conseguirlo. El conjunto completo cuesta ciento veinticinco dólares.
154
Sabiendo que definitivamente vale la pena, ni siquiera considero negociar el
precio. Sonrío
—Me lo quedo.
—¡Estupendo! Lo envolveré para usted.
—Gracias. —Me acerco al mostrador y espero mientras trae las piezas y las
pone sobre el mostrador y comienza a envolverlas.
—Soy Logan, por cierto —dice y me ofrece su mano.
La estrecho brevemente y me presento:
—Molly O'Leedy, es un placer conocerte. ¿Eres el propietario de esta tienda?
—Es un negocio familiar; mis padres están casi jubilados, así que lentamente
tomo las riendas.
—Bueno, definitivamente volveré, tienes algunos artículos hermosos.
—Gracias. ¿Esta es tu primera vez en nuestra tienda?
—Sí, lo es. Estoy en el proceso de abrir mi negocio de diseño de interiores, por
lo que no he tenido mucho tiempo para ver las empresas locales todavía.
—Una compañera propietaria de negocio, eso es genial. Bienvenida al
vecindario.
—Gracias. —Logan coloca el último artículo envuelto en la caja, y le entrego
mi tarjeta de crédito.
—¿Algo más en lo que pueda ayudarte?
—Creo que esto es todo lo que necesito hoy, pero definitivamente enviaré
gente aquí.
—Gracias, realmente lo aprecio.
Sacando algunas tarjetas de visita, se las entregó
—Si alguna vez necesitas un diseñador de interiores, no dudes en llamarme.
—Gracias, lo tendré en cuenta.
Recojo mi compra y me dirijo a la puerta. Al abrir la puerta de mi vehículo,
coloco la caja en el asiento trasero y me dirijo al café de Isabel.
Estaciono el auto y entro al café para encontrar a Isabel limpiando las mesas en
medio de la fiebre del almuerzo. Sin levantar la vista, dice:
—Hola, enseguida estaré contigo.
—Tómate tu tiempo, Isabel.
Levanta la vista.
—Oh, hola, Molly. ¿Estás aquí para recoger un pedido?
155
—Lo estoy, pero no tengo prisa. Todavía necesito hacer mi pedido. —Miro la
pizarra del menú mientras Isabel termina en el comedor. Una vez se mueve detrás
del mostrador, me da una sonrisa radiante y pregunta—: Entonces, Molly, ¿qué será?
—Bueno, creo que el de pastrami en pan de centeno con queso suizo y mostaza
picante.
—Ya viene. Entonces, ¿cómo va todo?
—¡Estupendo! Deberíamos abrir la segunda semana de junio. Ahora, si logro
resolver los detalles de la boda, todo estará bien.
Isabel se da la vuelta rápidamente para mirarme:
—Espera, ¿qué? ¿Dijiste boda? —No puedo evitar la risa que se me escapa por
la expresión de su rostro.
—Sí, Travis y yo nos casaremos el fin de semana del día de los caídos.
—¡Vaya, Molly, eso es genial! ¡Felicitaciones!
—Gracias. Voy a ir de compras el viernes con mis futuras cuñadas, así que
espero encontrar algo.
—Bueno, buena suerte, estoy segura que lo que encuentres será hermoso para
ti.
—Gracias.
Isabel coloca mi sándwich en la bolsa con los otros:
—Está bien, ¿necesitabas algo más?
—No, creo que eso es todo.
Isabel suma el pedido y le entrego mi tarjeta para pagar.
—Aquí tienes, disfruta de tu almuerzo. —Recogiendo la bolsa, me dirijo hacia
la puerta.
—Gracias, ten un gran día.
Tras subir a mi vehículo, vuelvo a mi edificio. Una vez estaciono, saco la caja
con el juego de té y los sándwiches del asiento trasero y entro para encontrar a Cole,
Fay y Jewel repasando sus planes.
—Hola, lo siento, me tomó demasiado tiempo.
Todos me miran mientras coloco nuestro almuerzo en el mostrador. Jewel
sonríe:
—No hay problema, Molly, estábamos terminando.
—¡Estupendo! ¿Qué tal si comemos y luego todos pueden mostrarme lo que
decidieron?
Dejan sus catálogos a un lado mientras desempaco los sándwiches. Mientras
Cole saca bebidas de la nevera, dice:
—Suena bien, luego puedes mostrarnos lo que hay en la caja.
156
Sonrío:
—Trato hecho. Ahora, ¿quién pidió qué?
Una vez nos acomodamos y comenzamos a comer, un silencio cómodo cae
sobre la habitación. Cuando terminamos, pregunto:
—¿Caja o habitaciones primero? —Al unísono, deciden sobre la caja. No puedo
evitar reírme de su entusiasmo. Cuando empiezo a desenvolver una taza y un
platillo, les cuento de la tienda que encontré a unas pocas cuadras de distancia—.
Tengo un juego de té que una vez perteneció a mi bisabuela. Lo trajo consigo desde
Irlanda cuando emigró a los Estados Unidos, y lo transmitió a través de las
generaciones. Espero poder continuar transmitiéndolo. —Alzo la taza y el platillo—.
Si bien esta no es una réplica exacta, se acerca, y está hecha por la misma compañía.
—Poniéndola en el medio de la mesa, les permito examinarla de cerca. Puedo ver sus
ojos iluminarse y las ruedas comienzan a girar con ideas. Fay declara que es hermoso,
Jewel determina que definitivamente pueden trabajar con eso, y Cole solo asiente en
silencio y está de acuerdo con las dos—. Bien, entonces, ¿quién quiere ir primero y
mostrarme lo que eligió?
157
Veintidós
C
on los pedidos de la sala hechos y los pisos terminados, hemos llegado a
la parte de espera del proyecto. Tuve una idea de camino a casa anoche,
así que ahora me estoy preparando para enviar a los tres a buscar
accesorios.
Mientras todos caminan hacia la cocina para tomar su café de la mañana, estoy
allí para saludarlos.
—Buenos días. —Todos sonríen y dicen buenos días—. Sé que esta será la parte
difícil, porque ahora que la planificación ha finalizado y se han realizado los pedidos,
estamos esperando. —Miro a todos y puedo decir que están empezando a cobrar vida
mientras el café hace su magia, entonces continúo—: Así que hoy los enviaré a
comprar los accesorios necesarios para sus habitaciones. Tengan en cuenta lo que
han planeado para el espacio, así como los artículos que se han ordenado. —Alcanzo
detrás de mí y saco tres tarjetas de regalo de mi bolso, y le doy una a cada uno—.
Dado que las tarjetas de la empresa no se han ordenado todavía, estas se cargaron con
quinientos dólares cada una, lo que debería ayudarlos a comenzar.
Dirigiéndome a Fay, le digo:
—Usa la tuya para decorar la zona, no lo gastes en suministros de oficina,
podemos obtener todo eso más tarde.
Sonríe y estoy segura que ya tiene algo en mente:
—Puedo hacer eso.
Devolviéndole la sonrisa, replico:
—Sé que puedes. Como los enviaré a una asignación, no duden en usar sus
tarjetas para almorzar. Ah, y recuerden, sean creativos sobre dónde compran. La
tienda de reventa que encontré esta semana, New to You, tiene una gran mercancía.
—Echo un vistazo a mi reloj—. Bien, todos tienen mi número de celular, llamen si
necesitan algo. Solo tengan en cuenta que confío en ustedes, así que sigan su instinto.
Tengo algunos recados que hacer, los veré a todos más tarde. —Reúno mis cosas y
me voy.
Después de pasar demasiado tiempo en el banco, llegué a la tienda de
suministros de oficina y entré para ver cómo solicitar tabletas, ordenadores
portátiles, impresoras, y para recoger los útiles de oficina necesarios. Uno de los
asesores técnicos está más que feliz de repasar los detalles del último y mejor
ordenador. También recomienda el programa de nómina y el software de seguridad
mejor calificados, que también se pueden cargar en las tabletas. Cuando estoy
satisfecha con mis elecciones, empujo mi carrito hacia la caja registradora para pagar
mis compras. Para cuando regreso a la oficina, son más de las tres en punto. Ya que el
158
auto de Fay no está en el estacionamiento, parece que mi equipo todavía está de
compras. Dejando mis compras en mi auto, entro a esperar que regresen.
Me dirijo a mi oficina y envío un mensaje rápido a Katie y Meg, para ver si
quieren encontrarse en el apartamento el viernes. Responden unos minutos después,
diciendo que estarán allí a las nueve y media para recogerme. Su respuesta me hace
sonreír; sinceramente, creo que están más emocionadas que yo. Incluso cuando
pienso en las palabras, sé que eso no es verdad. Están agregando un miembro a su
familia y estoy ganando una familia completa. Una familia que sé, sin lugar a dudas,
que me apoyará en todo lo que haga. Algunas veces la idea es un poco abrumadora,
pero no la cambiaría por nada.
Mientras proceso mis pensamientos, oigo conversaciones desde abajo.
Caminando hacia la parte superior de las escaleras, veo a las tres figuras cargadas
entrar por la puerta. Los tres sujetan bolsas de todos los tamaños y formas, y se ríen
de algunas de las experiencias que tuvieron.
—Vaya, parece que tuvieron bastante éxito hoy.
—Oh, lo tuvimos, no vas a creer algunas de las grandes ofertas que
encontramos —dice Jewel, sus ojos brillando con emoción.
Cole habla:
—Y en caso de que alguna vez necesites un experto negociador, Fay es tu
chica. —Sonríe y niega—. Nunca he visto a nadie negociar los precios de la forma en
que lo hizo.
Fay se encoge de hombros:
—Los viejos hábitos nunca mueren, ¿qué puedo decir?
Me rio mientras bajo las escaleras:
—Lo tendré en cuenta.
—¿Quieres ver lo que compramos? —Lo pienso por un segundo, luego me
dirijo a Jewel—. No, creo que esperaré hasta que tengan las zonas completas para ver
todo. Pueden poner todas sus compras en una de las áreas de almacenamiento arriba
hasta que las necesiten.
—Está bien, damas, después de ustedes —dice Cole y todos se dirigen hacia las
escaleras. Regresando unos minutos después, les digo que son libres de irse y que los
veré por la mañana. Hablo con Joe unos minutos antes de irme, y luego me subo a mi
Edge para el corto camino a casa.
El jueves pasa rápidamente, y le envío un mensaje a Travis durante el almuerzo
para recordarle sobre la cata de la tarta esta tarde. Ambos llegamos al
estacionamiento diez minutos antes; Travis está fuera de su auto y en mi puerta antes
de que apague el motor. Abre mi puerta y me ofrece su mano para ayudarme.
—Hola, preciosa —dice mientras coloca un beso en la esquina de mi boca.
—Hola, guapo. ¿Estás listo para elegir un pastel de bodas?
159
Sus ojos azules brillan con regocijo.
—Puedes apostarlo, tengo que asegurarme de tener la tarta más húmeda y
rompible disponible, algo que acompañará a tu ramo, tal vez.
Mis ojos se agrandan con falso horror.
—¡No lo harías!
Su sonrisa se ensancha y se ríe mientras dice:
—Oh, absolutamente lo haría solo por la oportunidad de lamerlo. —Besa mis
labios y toma mi mano—. Venga, vamos a llegar tarde.
Al entrar, Angela, la dueña, nos saluda. Nos lleva a una pequeña mesa con
cubiertos y un vaso de agua para cada uno de nosotros, y nos pide que tomemos
asiento mientras va por las muestras que ha preparado para nosotros. Sale con una
bandeja con seis platos pequeños con las muestras de pastel. Angela apoya la bandeja
sobre la mesa, coloca una muestra frente a cada uno de nosotros y explica qué son
antes de dar un mordisco.
—Molly, la tuya es un bizcocho empapado en sirope de arce, con relleno de
mantequilla de nueces y glaseado de queso crema. —Mi boca se hace agua solo con la
descripción, y prácticamente puedo escuchar mi paladar pidiéndome que tome un
bocado—. Travis, el tuyo es un pastel de chocolate con leche, relleno de avellanas y
un ligero glaseado de moca.
Ambos tomamos un bocado de nuestra muestra, y ninguno puede reprimir el
gemido de placer que llena el aire mientras saboreamos las increíbles confituras.
Cambiamos platos y repetimos el proceso, gemidos y todo. Nuestras próximas
selecciones son puestas frente a nosotros; Angela explica que la mía es pastel de
zanahoria, con relleno de crema de piña y glaseado de queso crema, mientras que
Travis tiene un pastel de terciopelo rojo tradicional con relleno de chocolate blanco
y glaseado de chocolate blanco. Con nuestras selecciones finales colocadas frente a
nosotros, Travis comienza con un pastel de coco, relleno de coco y nueces tostadas y
glaseado de queso crema, y yo tengo pastel de obleas de vainilla con relleno de
chocolate y glaseado de crema de mantequilla.
—¡Oh, Dios mío, Angela, todos son increíbles! —Miro la selección que
tenemos delante y solo un plato está completamente vacío. Miro a Travis y me da
una sonrisa tímida—. ¿Supongo que sabemos cuál es tu favorito?
—¿Qué puedo decir, cariño? Soy un tipo tradicional.
—Creo que también es una buena opción, ya que habrá niños asistiendo.
Vamos a ir con el pastel de la oblea de vainilla.
—Una excelente elección. —Entonces, Angela pregunta—: ¿Cuándo es la
boda?
—Veinticuatro de mayo, el domingo anterior al día de los caídos. —Angela
asiente y hace apuntes.
160
—Así que, ¿cuántas personas asistirán?
Miro a Travis para un conteo rápido.
—Aproximadamente veinticinco.
Angela nos sonríe:
—Manteniéndolo pequeño, bien por ustedes. —Travis me aprieta la mano,
sabiendo que preferiría que mis padres estuvieran allí, pero eso no es posible.
—¿Cuántos niveles les gustaría?
—Bueno, estaba pensando en tres, ¿sería posible?
Angela sonríe y acaricia mi mano:
—Cariño, es mi trabajo hacerlo posible. Si quieres tres capas, obtendrás tres
capas. ¿Has pensado en un adorno para el pastel o quieres ir con flores?
—En realidad, ¿puedo contactarte luego sobre eso?
—Claro, ahora déjame mostrarte los diferentes tipos de pasteles que tienes para
elegir. Iré por mi libro y ya vuelvo.
Se traslada a la parte trasera de la tienda y aprovecho la oportunidad para
preguntarle a Travis si tiene alguna solicitud.
—Moll, siempre y cuando estés parada a mi lado para decir “sí, quiero”, estoy
feliz, el resto solo es cumplir con la tradición.
—Entonces, ¿estás de acuerdo con la elección de la tarta?
—Síp, siempre y cuando recuerdes traerme ese pastel de chocolate con
avellanas para mi cumpleaños, porque ese fue increíble.
Sonrío y rápidamente beso sus labios.
—Hecho. Y tomaré la tarta empapada en sirope de arce para mi cumpleaños.
Se ríe:
—La tendrás, hermosa.
Angela regresa y nos muestra el libro. Decidimos sobre un pastel apilado, con
decoraciones que se determinarán para el final de la próxima semana. Angela nos
desea lo mejor, y dice que espera con ansias escuchar de nosotros. Nos despedimos, y
Travis nos abre la puerta para que salgamos. Subimos a nuestros respectivos
vehículos y vamos a casa.
161
Veintitrés
E
l viernes por la mañana, escucho a Travis encender la ducha y decido
unirme. Después de una ducha larga y muy placentera, me envuelvo en
una toalla y comienzo a secarme el cabello, mientras Travis se para en el
lavabo, con la toalla colgando de las caderas. Mis ojos lo recorren todo el tiempo, en
lenta apreciación de lo que tengo delante. Atrapa mi mirada en el espejo y me
advierte:
—Molly, si no dejas de mirarme como si fuera tu última comida, necesitaré un
baño de hielo en lugar de una ducha fría.
Mis mejillas se ruborizan al ser atrapada mirando.
—Lo siento —murmuro, y muerdo mi labio para contener mi sonrisa.
Apagando el secador de cabello, lo vuelvo a colocar en el armario, y camino hacia la
cómoda por mi sostén y mis bragas. Dejando caer la toalla a mis pies, me pongo el
trozo de satén y encaje disfrazado de ropa interior, y luego me pongo el sujetador.
Cuando echo los brazos atrás para abrochar los ganchos, veo a Travis en el espejo
comiéndome el culo la mirada:
—¿Ojeando el menú para su última comida, señor Watson?
—Sí, señora, y espero una porción doble.
—Creo que eso se puede arreglar. —Y antes de que pueda terminar mi
pensamiento, está presionado contra mí, besando mi cuello, mientras una mano pasa
sobre mi nalga desnuda. Dejo de respirar—. Travis, las chicas estarán aquí en unos
minutos —susurro sin aliento.
—Pueden esperar —gruñe en mi oído, y un escalofrío involuntario recorre mi
cuerpo.
—Mmm. —Es todo lo que puedo decir, porque cuando este hombre está cerca,
parece que pierdo toda capacidad de formar una oración coherente.
—Manos en la cómoda, cariño. —Hago lo que me pide, y lo siento colocar
besos en mi espina dorsal. Engancha sus dedos en mis bragas y las baja por mis
piernas suavemente, besando y mordiendo. Se pone de pie otra vez y siento que deja
caer su toalla—. Esto va a ser rápido, nena, ¿estás lista?
—Oh, sí. —Expreso mi respuesta en un suave gemido. Se mueve detrás de mí
y, con un poderoso empujón, está dentro de mí. Gimo, tan preparada que casi me
corro de inmediato. Travis me embiste a un ritmo implacable. Su ternura habitual
reemplazada por una necesidad primordial de reclamarme. Que Dios me ayude, pero
me encanta el hecho de que soy quien la saca a relucir. Siento que se contrae dentro
de mí y sé que está cerca.
162
—Vamos, mi hermosa chica, córrete para mí. —Y con su orden, caigo al borde
de mi segundo orgasmo del día. Travis grita con su liberación solo unos momentos
más tarde, antes de caer contra mí, mientras ambos recuperamos el aliento—. Eso
fue increíble —susurra.
Una sonrisa saciada aparece en mi rostro.
—Señor Watson, ciertamente sabes cómo despedir a una chica por la mañana.
Se ríe y besa mi hombro, luego se aparta de mí y me levanta en sus brazos.
—Ven, vamos a limpiarte. —Y me lleva al baño.
Cuando ambos estamos vestidos y el café ha sido consumido, acompaño a
Travis a la puerta y le digo adiós.
—Buena suerte en tu compra de vestido hoy —dice mientras me besa de
nuevo.
No puedo evitar sonreír.
—Definitivamente debería ser divertido con Katie y Meg allí para ayudarme.
Travis se ríe y niega.
—Trata de mantenerlas a raya, cariño. —Abre la puerta para irse y los dos nos
asomamos ante el sonido de una risita que viene por el pasillo. Sale al pasillo y saluda
a las chicas con los brazos abiertos—. ¿Cómo están dos de mis chicas favoritas esta
mañana?
Ambas le dan una sonrisa brillante, y le devuelven el abrazo, diciendo que
están bien. Es obvio cuánto las adora y se puede ver que sienten lo mismo.
—Cuiden a mi chica, y traten de no meterse en demasiados problemas —dice
con un guiño.
—Adiós, cariño, que tengas un gran día. —Hace un gesto mientras la puerta
del ascensor se cierra y vuelvo al apartamento cerrando la puerta detrás de mí.
Dando la vuelta, veo que Meg tiene la más amplia sonrisa en su rostro—. ¿Qué?
—Son tan lindos juntos. —Su sonrisa cae y sus cejas se fruncen en
concentración.
—¿Qué pasa?
—Me acabo de dar cuenta que no te dio un beso de despedida.
Me rio y niego.
—Créanme, hizo más que besarme antes de que ustedes llegaran.
—Asco, muchas gracias Molly, no necesitaba esa visión atrapada en mi mente
—dice Meg mientras cierra los ojos y sacude la cabeza, imitando una pizarra mágica
tratando de borrar la imagen.
Todas comenzamos a reírnos de la teatralidad de Meg. Recojo mi bolso y me
dirijo a las chicas.
163
—Lo siento. Bien, damas, ¿estamos listas para comenzar?
Katie, que ha estado un poco callada, dice:
—Estoy lista cuando digas. ¿Puedo conducir si quieres?
Abro la puerta para que las chicas salgan.
—Suena bien, especialmente porque no tengo ni idea de hacia dónde vamos. —
Cierro la puerta y bajamos al garaje.
Katie nos lleva al centro de la ciudad a una tienda de novias local.
—Espero que no te importe, pensé que podríamos comenzar en la tienda donde
compré mi vestido de novia.
—No, no me importa en absoluto.
Meg pregunta desde el asiento de atrás:
—¿Tienes una idea de lo que quieres?
—Creo que sí. Como será al aire libre, estaba pensando en algo a media pierna.
—Es una buena idea. Pero, Molly, si quieres un vestido largo, cómpralo, puedo
hacer que Thomas construya una plataforma.
—Gracias, Katie, lo tendré en cuenta.
Estacionamos y vamos a la tienda; una campana sobre la puerta anuncia
nuestra llegada. Una mujer elegantemente vestida, con cabello corto y rubio, nos
saluda.
—Bienvenidas a The Perfect Dress, soy Sandra, ¿cómo puedo ayudarles?
Doy un paso al frente.
—Encantada de conocerte, Sandra, soy Molly, la prometida, y estas son mis
damas de honor, Katie y Meg.
Sandra nos sonríe y dice:
—Es un placer conocerlas. —Mira a Katie y ladea la cabeza—. ¿Nos hemos
visto antes?
Katie sonríe, obviamente complacida de que recuerde.
—Sí, señora, compré mi vestido aquí hace unos cuatro años.
—Ya me lo imaginaba. No soy tan buena con los nombres, pero tiendo a
recordar los rostros. Y gracias por recomendarnos a tu amiga. —Dirigiéndose a mí,
Sandra pregunta—: Entonces, Molly, háblame de tu boda.
Me aclaro la garganta:
—Bueno, tendremos una pequeña ceremonia al aire libre el fin de semana del
día de los caídos.
—Oh, Dios, eso es pronto.
—Sí, señora.
164
—¿Tienes un vestido en mente?
—Estaba pensando en algo a media pierna, ya que será una boda en la tarde.
Asiente mientras toma notas:
—Buena elección. Tengo varios vestidos en stock, y estoy segura que puedo
hacer un pedido urgente si es necesario.
—Eso sería genial.
—Ahora, ¿también necesitas los vestidos de las damas de honor?
—Sí, señora. Estaba pensando en algo más corto para ellas, tal vez en coral.
—Está bien, iré a sacar los vestidos que tengo y vuelvo enseguida.
Mientras Sandra se apresura a ir a la parte trasera de la tienda, noto una
exhibición de decoraciones para pastel y me aproximo para inspeccionarlas. Hay
varias clásicas de novia y novio, así como una con la novia arrastrando al novio por
el cuello, pero la que me llama la atención es la que tiene al novio sosteniendo a su
novia en sus brazos, con los brazos de ella alrededor de su cuello mientras se miran
amorosamente el uno al otro. Sé exactamente cómo se sienten, porque tengo esa
misma expresión en mi rostro cada vez que miro a Travis. Este es definitivamente el
que quiero.
Sandra regresa:
—Damas, si me siguen, tengo los vestidos en el vestuario listos para ustedes. —
La seguimos hasta la parte trasera de la tienda y dirige a Katie y Meg al sofá y a mí al
vestidor—. Solo avísame si necesitas ayuda. —Le agradezco y entro al vestidor,
contenta de haberme puesto mi vestido favorito sin botones ni cremalleras.
El primer vestido es sin tirantes, corto en la parte delantera y más largo en la
parte posterior. No es algo que hubiera pensado, pero estoy dispuesta a intentarlo.
Me lo pongo, salgo del probador y me subo en la plataforma. Me miro en el espejo en
todos los ángulos, es hermoso pero no tiene el factor sorpresa que estoy buscando.
Me vuelvo y les pido a las chicas su opinión:
—¿Qué piensan?
Katie es la primera en dar su opinión:
—Es hermoso, Molly, pero no estoy segura de las dos longitudes. —Meg es
menos diplomática, está negando y frotándose la nariz, y no puedo evitar reírme.
—Está bien, vamos por el número dos —digo mientras regreso al probador. Me
quito el vestido y se lo devuelvo a Sandra, para que lo coloque correctamente en la
percha.
El segundo vestido es igualmente hermoso, sin tirantes, con intrincados
abalorios a lo largo del busto. La falda está hecha de tul y extremadamente llena, tal
vez un poco demasiado llena para mí. No puedo evitar pensar en el pastel de
muñecas que mi madre hizo para mi noveno cumpleaños. Está tan pomposo, veré
165
qué piensan las chicas de este. Al salir de nuevo a la plataforma, me miro en el espejo
y me dirijo a las chicas.
—¿Pensamientos?
Meg va primero esta vez:
—Me encanta el trabajo de abalorios, pero no la falda. Es hermoso, pero un
poco demasiado recargado para mi gusto.
—Sí, estaba pensando que hacía que mis caderas parecieran demasiado anchas,
y no necesito ayuda con eso —replico mientras pongo los ojos en blanco y vuelvo al
vestidor. Me quito el vestido y se lo paso a Sandra antes de ponerme el número tres.
Mientras me pongo el tercer vestido, todo se siente bien. El corpiño y la falda
son de raso, y hay una superposición de material transparente, las rosas aplicadas
están esparcidas a lo largo de la falda. El corpiño parece ser sin tirantes, pero también
tiene una capa transparente que forma un cuello y mangas de capucha. Salgo a la
plataforma una vez más, y admiro la vista desde todos los ángulos. Me vuelvo hacia
las chicas, mientras bajo la mirada al balanceo de la falda:
—Bueno, señoras, ¿qué les parece?
Alzo la mirada cuando no recibo respuesta para asegurarme que todavía están
allí. Tanto Katie como Meg están sentadas con la boca abierta, solo mirando.
—Oh, Dios, ¿tiene algo raro? —Me giro y me miro en el espejo nuevamente
para asegurarme de no haber manchado el vestido de alguna manera.
—Mmm, no, no, nada —tartamudea Katie.
—Es solo que te ves... impresionante —añade Meg.
—¿De verdad?
Ambas asienten, y Meg rompe el silencio:
—No puedo esperar a que Travis te vea con este vestido.
No puedo evitar sonreír ante la idea. De acuerdo con la reacción de las chicas,
no puedo imaginar cuál será la suya.
—Bueno, Sandra, parece que he encontrado mi vestido.
—Una excelente elección. Déjame ver si es necesario arreglarlo en algún lugar.
—Se mueve a mí alrededor, comprobando el ajuste del vestido—. Parece un ajuste
perfecto; este es definitivamente el vestido para ti.
—¿Tienes vestidos para que las chicas se prueben?
—Sí, los coloqué en los probadores.
Miro a las chicas:
—Muy bien, chicas, me voy a cambiar, pruébense sus vestidos y nos vemos en
un minuto. —Me vuelvo a poner mi vestido y Sandra toma el de novia. Lo vuelve a
poner en la percha y lo coloca en una bolsa de vestir para protegerlo hasta la boda.
166
Mientras me siento en el sofá y espero a que las chicas salgan, reprimo el
impulso de chillar de alegría. No puedo evitar la excitación nerviosa que se acumula
dentro de mí por todo lo que se está desarrollando. Nuestro pastel ha sido ordenado,
y ahora tengo un vestido precioso que, en solo unas pocas semanas, usaré cuando me
case con el amor de mi vida. Las puertas de los vestidores se abren al mismo tiempo;
Katie sale primero luciendo hermosa. Su piel aceitunada y cabello oscuro son el
complemento perfecto para el vestido de color coral. Meg sale detrás con un aspecto
igual de hermoso. El color es hermoso contra su piel y su cabello castaño
naturalmente iluminado por su tiempo bajo el sol. Miro cómo se turnan en el espejo
mirando el vestido por todos lados. Cuando terminan, se paran una al lado de la otra,
esperando que diga algo.
—¿Qué piensan, chicas? Y, por favor, sean sinceras, prometo no volverme
Bridezilla3 y obligarlas a ponerse algo que odien.
Intercambian miradas y luego comienzan a reírse:
—Me encanta —dice Katie—, es cómodo y me encanta el color.
Miro a Meg.
—A mí también. Estábamos completamente preparadas para jugar contigo,
pero no pudimos hacerlo.
—¿Realmente les gusta el color? Porque puedo ir con otra cosa.
Katie se acerca a mí:
—Molly, ¿te gusta el color?
—Sí, y se ve precioso en ambas —les digo, tranquilizándolas sobre lo bellas que
se ven.
Sonríe suavemente:
—Entonces es todo lo que importa. Es tu boda; no tienes que ser tan servicial
con los demás.
La abrazo.
—Gracias. ¿Significa que estarán dispuestas a usar los vestidos de bellezas
sureñas color verde lima que originalmente quería?
Se ríe mientras se aleja:
—Ni siquiera lo pienses.
—Está bien, señoras, cámbiense y me encontraré con ustedes al frente. —Me
adelanto para pagar nuestros vestidos y la decoración de la tarta.
—¿Qué tal los vestidos de las damas de honor?
3Bridezilla: determinadas a realizar desenfrenadamente su "boda soñada" a todo costo, estas novias
fuera de control, toman su tiempo para liderar hasta el final del día señalado la máxima pesadilla para
todos los implicados en la boda, incluyendo a la familia.
167
—Fueron perfectos. No puedo agradecerte lo suficiente por toda tu ayuda hoy,
Sandra.
—Fue un placer. —Cuando termino de pagar, Katie y Meg se unen a nosotras y
le dan sus vestidos a Sandra. Los pone en bolsas de vestir y cada una tomamos una
bolsa y nos dirigimos al auto de Katie.
Colocando los vestidos en la parte de atrás, subimos; cuando Katie pone en
marcha el auto, pregunta:
—¿A dónde?
Miro mi reloj:
—¿Qué tal si almorzamos y averiguamos qué más tenemos que hacer?
—Me parece bien, y conozco exactamente el lugar.
Al llegar a casa una hora antes que Travis, empiezo a trabajar en la cena. Entra
por la puerta justo cuando estoy poniendo el pastel de pollo en el horno. Al entrar en
la cocina, me toma en sus brazos y me besa.
—Hola, nena, ¿cómo estuvo tu día? —Envuelvo mis brazos alrededor de su
cuello y me apoyo en él.
—Productivo. ¿Qué tal tu día?
—Sin quejas. ¿Encontraste un vestido?
—Lo hice.
—¿Puedo verlo?
—No, lo envié a casa con Katie para que no tengas la tentación de mirar.
—Chica inteligente —dice mientras me besa la nariz—. ¿Qué más hiciste?
—Bueno, elegimos vestidos para las chicas, ramos de flores y flores de ojal. Y,
oh —digo saliendo de sus brazos—, ¡encontré una decoración para el pastel! Quería
mostrártelo antes de dejarlo. —Saco el adorno de la bolsa y se lo paso—. ¿Te gusta?
—Sí, me hace pensar en hacerte mía —dice mientras acaricia mi cuello.
—Ya soy tuya.
Continúa colocando besos en mi cuello.
—Sí, lo eres, y no lo olvides.
168
—Nunca. —Mi voz sale más como un suspiro que como una palabra real.
El temporizador para la cena suena y me sobresalto. Travis se ríe y aprieta su
agarre sobre mí.
—Nena, relájate, es solo el temporizador.
Le golpeo el hombro.
—Es tu culpa. Me tenías tan ocupada que me olvidé de la cena.
Me vuelvo para sacar la cena del horno y coloco porciones en nuestros platos,
mientras Travis sirve nuestras bebidas. Cuando me acerco a la mesa, dejo los platos y
tomo asiento mientras Travis retira mi silla. Antes de comer algo, Travis pregunta:
—Entonces, ¿cómo estuvieron las chicas hoy?
Trago saliva y tomo un sorbo de mi agua.
—Estuvieron bien. Ya sabes, me olvidé de lo joven que era Meg cuando
salíamos, así que tuve que contar la historia de cómo nos conocimos. Por supuesto,
Katie no la había escuchado antes, así que estaba más que lista para los detalles.
—¿Les dijiste que me rechazaste las dos primeras veces que te invité a salir?
Sonrío ante el recuerdo y asiento.
—Lo hice, y luego querían saber qué hiciste para convencerme de salir contigo.
Se ríe.
—¿Entonces les dijiste sobre las rosas que te di?
—Sí, y si no estuvieras relacionado con ellas, juro que se habrían desmayado
allí mismo en medio del restaurante.
—Vamos, nena, tienes que admitir que tener dos docenas de rosas entregadas,
una a la vez, es bastante romántico.
—No dije que no fuera así. ¿Pero sabes cuál fue mi parte favorita?
—¿Tener que llevar dos docenas de rosas por el campus?
Me rio.
—No, pero eso fue memorable. Fuiste quien me entregó la vigésimo cuarta
rosa, la única roja en el grupo, y me preguntaste una vez más si saldría contigo. —Lo
miro a través de mis pestañas—. No había forma en que pudiera siquiera pensar en
rechazarte después de eso.
Sonríe, pensando en el pasado, sus ojos azules brillantes.
—Te veías tan hermosa, con el cabello recogido en una cola de caballo,
vistiendo la camiseta sin mangas azul de los Gators, y esos vaqueros cortos que
hacían que tus piernas bronceadas parecieran aún más largas. Ya estaba trabajando
en mi próximo plan en caso de que dijeras que no.
Dios, no es de extrañar que ame tanto a este hombre. Ni siquiera recuerdo lo
que llevé ayer, y mucho menos lo que llevaba puesto ese día, y aun así, lo acaba de
169
describir tan claramente que pensarías que era lo que estaba usando ahora. Inclino
mi cabeza y lo estudio:
—¿Cómo recuerdas eso?
Sonríe:
—A riesgo de sonar espeluznante, recuerdo todo lo que te involucra. —Toma
mi mano, su pulgar acariciando la parte superior de mi mano—. Que me dijeras que
saldrías conmigo fue lo mejor que me había sucedido, bueno, hasta que dijiste sí a mi
propuesta de matrimonio.
Se inclina, me besa y sonrío:
—Dos de las mejores decisiones que alguna vez he tomado.
170
Veinticuatro
L
as siguientes dos semanas pasan volando, y a las tres de la tarde del
jueves mando a todos a casa para comenzar su fin de semana de
vacaciones. Cuando llego a casa, hago llamadas telefónicas a la empresa
de catering y al florista, para asegurarme que todo esté dentro de los plazos
establecidos y tengan la hora y la dirección correctas para la entrega.
Ya que voy a casa de Katie por la mañana a ayudar a preparar todo, decido
empacar mi bolsa con todo lo que necesitaré para el fin de semana. Estoy tan absorta
con mi equipaje que no escucho a Travis entrar hasta que habla desde la puerta del
dormitorio.
—Por favor, dime que no has cambiado de opinión acerca de casarte conmigo.
Sorprendida por su voz, salto y giro hacia él, notando una mirada ligeramente
aterrorizada en sus ojos. Sonriendo suavemente, camino hacia él y le rodeo el cuello
con los brazos.
—No es una opción.
—Bien, porque odiaría ser etiquetado como un acosador por seguirte hasta los
confines de la tierra.
Me rio y me inclino para besarlo.
—Definitivamente no queremos eso.
—¿Estás nerviosa?
—¿Sobre casarme contigo? —Asiente, sonrío y niego—. Ni siquiera un poco.
Estoy más nerviosa por conocer al resto de tu familia.
—No lo hagas, te van a amar. —Asintiendo hacia la cama, dice—: ¿Tienes
espacio para mis cosas allí, o necesito tomar otra bolsa?
—Debería haber suficiente espacio para todo menos para tu traje. —Mis ojos se
ensanchan cuando me doy cuenta que ni siquiera he pensado en lo que Travis usará
para la boda—. Oh, no, Travis, me olvidé de comprar tu esmoquin o traje o lo que
sea que llevarás puesto.
—Respira profundo, cariño. —Toma un par de respiraciones calmantes
conmigo mientras frota sus manos arriba y abajo de mis brazos—. ¿Mejor? —
Asiento, sintiendo que me relajo—. Bien. Ya está solucionado. Thomas, Spencer y yo
ya tenemos trajes negros, y como no sabía qué color llevarían las damas de honor, le
pedí a Katie que escogiera corbatas a juego para nosotros.
171
Parpadeo varias veces, sorprendida de que haya pensado en todo esto solo,
aunque realmente no sé por qué. Sé que haría cualquier cosa para asegurarse que
todo sea perfecto para mí.
—¿Te he dicho lo increíble que eres?
Ladea la cabeza en meditación.
—Mmm, no creo que lo hayas hecho hoy.
—Bueno, lo eres. Y soy una mujer increíblemente afortunada por tenerte en mi
vida.
Me besa rápidamente en los labios y se burla.
—Sí, lo eres, y no lo olvides. —Luego me palmea el culo y camina hacia el
armario.
Salgo de la habitación riendo y negando. Mientras Travis empaca sus cosas para
el fin de semana, llamo por una pizza. Veinte minutos más tarde, Travis y yo estamos
comiendo frente a la televisión mientras vemos el juego de los D-Backs.
—¿A qué hora planeas ir a casa de Thomas y Katie?
—Bueno, Katie dijo que todos comenzarían a llegar alrededor de las tres, así
que pensé que estaría allí a eso de las nueve, así tendríamos mucho tiempo para tener
todo listo.
—Eso suena bien. Estoy seguro que Thomas tendrá algo con lo que necesite
ayuda.
—¿Pensé que estabas trabajando medio día mañana?
—Estaba planificando eso, pero terminé todo hoy, así que me tomé el día libre.
—Eso es genial, ahora no tendremos dos autos allí.
—¿Necesitas ayuda con algo más esta noche?
—No lo creo. Cuando terminemos de cenar, voy a hacer bizcochos y
congelarlos para tener el fin de semana.
Sus ojos se iluminan cuando pregunta:
—¿De qué tipo?
Sonrío, sabiendo cuál es su favorito y que ya planeo hacerlos.
—¿Qué tipo quieres?
—Chips de chocolate con mantequilla de maní.
—Creo que puedo hacer eso. Incluso haré uno extra para llevar.
Se inclina y me besa en la mejilla.
—Eres la mejor, cariño.
Con los bizcochos hechos, y la cocina limpia, Travis y yo nos dirigimos a
nuestra cama por última vez como una pareja no casada.
172
Veinticinco
A
la mañana siguiente, nos reunimos con Thomas y Katie, listos para
trabajar. Travis descarga nuestra maleta y agarro las bolsas de la
compra. Cuando estoy cerrando la puerta, Thomas aparece a mi lado.
—Aquí está la radiante novia —dice, y me besa en la mejilla.
Sonrío.
—Hola, cariño. ¿Cómo estás?
—Agotado. Katie me ha tenido trabajando desde que salió el sol. —Thomas le
da un codazo a Travis y susurra audiblemente—: Me llamó cariño.
—Claramente está atrapada en el momento —bromea Travis.
Me rio de su intercambio.
—Bueno, ahora puedes compartir el trabajo duro con Travis. Creo que se está
ablandando con todo ese trabajo de oficina —digo con un guiño.
—Cuidado, mujer, o te mostraré lo duro que puedo ser —advierte.
Thomas toma la hielera y camina hacia la casa, con Travis y yo tras él. Se ríe
entre dientes y dice:
—Guarden eso para la luna de miel.
Travis se adelanta para abrir la puerta, y Thomas entra con la hielera y se dirige
directamente a la cocina. Cuando entro por la puerta, Travis pregunta:
—¿Dónde quieres que ponga nuestra maleta?
—Simplemente ponla en la oficina por ahora, y solucionaremos los arreglos
para dormir más tarde —dice Katie cuando viene a recibirnos. Tomando una de las
bolsas de la compra, me da un abrazo—. Muchas gracias por venir temprano para
ayudar.
La sigo a la cocina y empiezo a descargar los comestibles.
—Como Meg va a traer a Bonnie y Annie, le dije que no necesitaban estar aquí
hasta alrededor de la una. No quería que trabajaran demasiado, y sabes que
tendríamos que atarlas para que no ayuden.
Me rio.
—Es la verdad.
Travis entra en la cocina y besa a Katie en la mejilla.
—¿Cómo está mi cuñada favorita?
—Estoy bien. ¿Recordaste traer el colchón de aire?
173
—Sí, señora, traje dos. Los dejé en el auto, ¿los necesitas ahora?
—No, está bien. No los necesitaremos hasta más tarde. —Cuando busco la
hielera y no la veo en la cocina, digo—: Trav, ¿puedes encontrar la hielera? Necesito
sacar los bizcochos y ponerlos en el congelador.
—Claro, cariño, creo que Thomas la llevó afuera.
—Gracias.
Levanto la mirada y Katie me sonríe.
—¿Qué?
Niega.
—Nada, son tan lindos juntos.
Me rio y niego, tratando de no soltar risitas como una niña de doce años. Travis
regresa con los brazos llenos de bolsas refrigeradoras.
—Aquí están los bizcochos, nena. —Los coloca en el congelador y pregunta—:
¿De qué se ríen?
—Katie solo decía lo “lindos” que somos juntos.
—Lindo, ¿eh? Prefiero bestia sexy, pero si lindo es el único cumplido que está
dando, será mejor que lo tomemos.
Me giro y lo beso sobre mi hombro.
—Eres mi bestia sexy.
—No lo tomaría de otra manera, nena. —Me besa de nuevo y me palmea el
trasero mientras se aleja para buscar a Thomas.
Para el mediodía, hemos preparado ensalada de patatas, frijoles horneados y
seis docenas de galletas. Thomas tiene una falda de res y solomillos de cerdo a la
parrilla cocinándose lentamente durante todo el día. Los cuatro estamos sentados en
el patio relajándonos antes de que lleguen las masas.
—Katie, quería agradecerte por comprar las corbatas para los chicos. Me olvidé
de lo que usarían por completo hasta anoche.
Travis se ríe entre dientes.
—Sí, tuve que calmarla, estuvo a punto de tener un ataque de pánico.
Asiento, y estoy de acuerdo con él.
—Lo estaba. Gracias a Dios, uno de nosotros tuvo la astucia de pensarlo. Ya
podía verlos caminando por el pasillo con pantalones cortos color caqui. —Veo a
Thomas mirar a Travis, y muevo un dedo entre ellos—. Lo vi, ni siquiera lo piensen.
—Thomas simplemente se ríe, toma un sorbo de su cerveza y le guiña un ojo a su
esposa.
Unos veinte minutos más tarde, oímos un auto llegar, y luego a gente hablar
desde el patio delantero.
174
—Parece que Meg está aquí, será mejor que las ayudemos —dice Katie.
—Quédate quieta, Katie. Travis y yo iremos.
—Gracias, chicos.
Al levantarme de la tumbona, Travis me toma de la mano, caminamos por el
patio y doblamos la esquina de la casa hasta llegar al auto.
—Hola, señoras —dice Travis antes de llegar a ellas—. ¿Cómo están mis chicas
hoy?
Hace sus rondas, comenzando con su madre, y le da a cada una un abrazo y un
beso en la mejilla. Dicen que se puede decir mucho sobre un chico por la forma en
que trata a su madre. Si eso es cierto, entonces Travis Watson es el pináculo de los
buenos, porque trata a su madre como a una reina. Los sigo de cerca, saludo a cada
una también, y a su vez me envuelven en abrazos.
—¿Qué podemos ayudar a transportar?
—Parece que nos quedaremos un mes y no solo tres días —dice Meg mientras
pone los ojos en blanco.
No puedo evitar reírme.
—¿Por qué no se van las damas al patio y los tres nos encargamos de traer
todo?
—Está bien, Molly, si estás segura. La comida puede ponerse en el congelador;
es para la cena de ensayo mañana por la noche.
—Está bien, mamá, nos ocuparemos de eso —dice Travis. Abre el maletero del
auto y comienza a entregarnos a Meg y a mí bolsas de aluminio, y las llevamos al
garaje y las colocamos en el congelador. Regresamos por otra carga. Travis trae su
equipaje y coloca el de Bonnie y Annie en la habitación de la planta baja, y el de Meg
con el nuestro en la oficina.
Cuando sale Travis, Meg enlaza sus brazos con los nuestros mientras
caminamos hacia el patio.
—Entonces, ¿están nerviosos?
—No, en absoluto.
Mira a su hermano.
—¿Ni siquiera un poco?
Solo sonríe y dice:
—No.
—Vaya, yo sería un desastre.
—Cállate, Meg, no trates de asustarla.
No puedo evitar reír.
175
—Habla todo lo que quieras, Meg, pero me temo que todos están atrapados
conmigo.
Sonríe y me aprieta el brazo.
—Estoy perfectamente bien con eso.
Travis toma asiento en una de las tumbonas y me pone frente a él. Nos
sentamos y hablamos, hasta que los otros miembros de la familia comienzan a
aparecer. Los primeros en llegar son las hijas de Annie, Ashleigh y su esposo Shane, y
Jennifer y su esposo Cross. Los chicos y sus familias aparecen aproximadamente una
hora más tarde. Grant y su esposa Penny llegan en un torbellino de actividad, con
sus tres hijos a cuestas, Ryleigh de seis años, Caden de cuatro y Brenton de dos.
Garrett y su esposa Alyssa son los últimos en llegar con su pequeña princesa
dormida, Skylar de seis meses. Travis me presenta a todos cuando llegan, me abrazan
y me dan la bienvenida a la familia.
Una vez que todos se han ubicado, Katie, Meg y yo vamos a la cocina a
preparar la comida. Todos están reunidos afuera y estamos a punto de hacerlos entrar
para llenar sus platos. Katie les dice a todos que las bebidas están en el refrigerador y
que todo lo demás está en la cocina, configurado estilo buffet.
Travis está parado a mi lado, su brazo envuelto alrededor de mi cintura, cuando
hablo.
—Antes de que todo se vuelva demasiado loco este fin de semana, solo quería
agradecerles a todos por dejar que Travis y yo secuestráramos esta celebración con
nuestra boda. Thomas y Katie, gracias por ofrecernos su casa voluntariamente, y
Bonnie, Annie, Katie y Meg, gracias por ocuparse de las decoraciones, la cena de
ensayo y mantenerme cuerda. No tengo más familia, y significa mucho para mí —le
sonrío a Travis—, para nosotros, que todos estén aquí para compartirlo con nosotros.
Travis aprieta su agarre sobre mí y besa mi sien, luego dice:
—Han oído a las mujeres, ¡vamos a comer!
Mientras todos entran a la casa, algunos se detienen y me abrazan. Rodeo la
cintura de Travis con mis brazos, apoyando mi cabeza en su hombro.
—Tengo tanta suerte de casarme con esta familia.
—Tienes a todos un poco llorosos, ¿sabes?
—No quise hacerlo, solo sé que las cosas se pondrán locas, y no quería olvidar
agradecer a todos.
Pone un beso en mi cabeza.
—Vamos, hagamos cola antes de que se coman todo. —Conseguimos nuestra
cena, y Travis se reúne con los chicos afuera mientras las mujeres se reúnen dentro.
Por supuesto, el tema principal de la conversación es la boda, seguida de cerca por la
forma en que Travis y yo nos conocimos, tanto en la universidad como en Phoenix.
Les cuento sobre la muerte de mis padres. Que decidí dar un salto de fe, mudarme a
176
otro país y comenzar mi propio negocio. Les cuento sobre las renovaciones del
edificio y mi plan para abrir en un par de semanas. A pesar de que es un viaje de
veinte minutos, ofrezco llevarlos a ver la tienda este fin de semana, antes de que se
vayan a casa.
Descubrí que Penny es una ama de casa y Grant trabaja para un desarrollador
de bienes raíces en Las Vegas. Alyssa es contadora y Garrett es abogado corporativo
en Santa Fe. Ahora que tienen a Skylar, Alyssa estará trabajando desde casa, para que
no tengan que llevarla a la guardería. Ashleigh y Jennifer trabajan para firmas de
marketing competidoras en Tucson. Shane es bombero y Cross es entrenador de
atletismo en la universidad de Tucson.
Necesitando rellenar mi bebida, les pregunto si puedo traerles algo. Todos
declinan, así que recojo algunos de los platos vacíos y me dirijo a la cocina en busca
de más agua. Tiro los platos a la basura, vuelvo a llenar mi vaso y me giro para
encontrar a Ryleigh mirándome tímidamente desde la esquina de la isla.
—Bueno, hola, señorita Ryleigh.
—Hola —dice mientras se balancea hacia adelante y hacia atrás, haciendo que
su vestido rosa de flores revolotee alrededor de sus piernas.
—Estaba a punto de tomar una galleta, ¿te gustaría una? —Sus grandes ojos
azules se iluminan y asiente haciendo que sus rizos marrones reboten con el
movimiento. Retiro la tapa del recipiente y se acerca un poco—. ¿Qué tipo quieres?
Tenemos chips de chocolate, mantequilla de maní o galletas de azúcar con chispas.
Después de pensarlo mucho dice:
—Mmm, chispas.
Sonrío.
—Chispas será. —Colocando la galleta en una servilleta, se la doy—. ¿Crees
que a tus hermanos les gustaría una galleta también? —Sonríe y asiente—. ¿Qué tal
si les llevamos una con chispas, también?
—Está bien, están afuera con mi papá.
—¿Lo están? Apuesto a que están teniendo todo tipo de diversión por ahí. Creo
que deberíamos ir a ver, ¿verdad?
—Sí. —Toma mi mano y caminamos hacia el patio. Todas las miradas se
vuelven hacia nosotros cuando salimos. Brenton está acurrucado en el regazo de
Grant, y Caden está siendo perseguido por su tío Garrett.
—Ahí está mi hermosa niña. ¿Qué tienes allí, princesa? —pregunta Grant,
mientras Ryleigh suelta mi mano y se acerca a su papá.
—Molly me dio una galleta.
—¿Lo hizo? Fue muy amable de su parte. —Grant me mira y sonríe.
177
—Hola, hermosa —dice Travis desde una de las tumbonas, me acerco y le doy
un beso—. Molly, ¿me trajiste galletas? Fue muy amable de tu parte —dice en voz
alta, sabiendo que son para los niños.
Ryleigh habla antes de que tenga oportunidad.
—Tío Travis, no son para ti, son para Caden y Brenton.
—¿Estás segura, Ryleigh? Realmente me gustan las galletas —dice, sin dejar de
molestarla.
—Estoy segura. Además, eres un adulto y los adultos no comen galletas con
chispas —dice exasperada.
Intento contener mi risa ante el intercambio entre los dos.
—Sí, tío Travis, además solo entrego galletas a menores de siete años —digo
con un guiño. Me acerco a Brenton y le ofrezco una galleta.
Él gira su cabeza hacia el pecho de su papá, me mira con un ojo y toma la
galleta.
—Dile gracias a Molly —dice Grant, y me susurra un "gracias".
—De nada, Brenton.
—Tiempo muerto —le grita Garret a Caden cuando llego al patio.
—Chicos, ¿se están divirtiendo?
—Sí, el tío Garrett cree que puede atraparme, pero soy demasiado rápido —me
dice Caden con entusiasmo y sonrojado por la carrera.
—Me di cuenta, eras tan rápido que casi no podía verte. ¿Te gustaría una
galleta? —Asiente y sonríe, su cabello empapado de sudor se pega a su frente.
Cuando me alcanza, le susurro—: No se lo digas al tío Garrett, pero las chispas te
harán correr aún más rápido.
Sus ojos azules se amplían mientras mira de la galleta hacia mí.
—¿Lo harán?
—Sí.
—Vaya, gracias, tía Molly. —Luego se vuelve hacia Garrett y dice—: Nunca
me atraparás ahora.
—Veremos eso, pero no correremos hasta que termines tu galleta. —Caden
corre hacia uno de los escalones y se sienta a comer su galleta—. Gracias por eso,
necesitaba un respiro.
Cuando volvemos al patio, me rio.
—Será mejor que aproveches el tiempo muerto, creo que va a poner a prueba
esas chispas una vez que haya terminado.
Garrett se ríe mientras busca su bebida.
—Creo que tienes razón.
178
Subo los tres escalones del patio y encuentro a Travis apoyado contra la
barandilla, mientras que Thomas está en la mesa, Ryleigh en su regazo aprendiendo
todos los nombres de sus muñecas amigas del bosque. Me acerco a él y lo golpeo en
el hombro.
—¿Qué estás haciendo aquí?
Girándose hacia mí, sonríe.
—Solo me preguntaba si queda algún miembro de mi familia al que no hayas
encantado.
Me rio.
—No estoy muy segura de haberme ganado a Brenton aún, el jurado todavía
está deliberando.
—Ofrecerle una galleta definitivamente fue un paso en la dirección correcta.
Me inclino y beso a Travis.
—Será mejor que vuelva antes de que las chicas me busquen.
Justo cuando me doy la vuelta, la puerta se abre y Meg sale.
—Debería haber sabido que estarías aquí afuera —dice sonriendo y poniendo
los ojos en blanco.
Travis la agarra y la abraza fuerte mientras besa su cabeza y la mueve de un
lado a otro.
—Awww, ¿qué pasa, Meggie? ¿Te estoy robando tu tiempo con Molly?
—Sí —dice, haciendo un puchero, aplastada contra el hombro de Travis. Me
rio de sus burlas, todavía sorprendida por el amor que todos muestran libremente a
sus hermanos.
—Bueno, no sofoques a mi dama de honor, la necesito —digo mientras trato de
rescatar a Meg de las garras de Travis. Él renuncia a su abrazo y me lanza un guiño
mientras entrelazo mi brazo con el de ella y regreso a la casa.
179
Veintiséis
E
l sábado por la mañana, me despierto con Travis envuelto a mi alrededor
en el colchón inflable en la oficina. Todavía me sorprende que Katie
haya encontrado lugares para que todos puedan dormir, sin renunciar a
su habitación. Grant y Penny y sus hijos, y Garrett y Alyssa, ocupan las dos
habitaciones de arriba. Jennifer y Cross ganaron el sorteo y obtuvieron el colchón
inflable en el gimnasio, mientras que Ashleigh y Shane tomaron el colchón en la sala
de estar, dejando a Meg el colchón inflable en la sala.
―¿En qué estás pensando? ―Sonriendo, todavía me sorprende que sepa
cuándo estoy despierta.
―Me preguntaba qué hora era y cuántos bizcochos necesito hornear. ―Me
giro para mirarlo―. ¿Cómo dormiste?
Me besa en la frente.
―Siempre duermo bien contigo.
―¿Eso significa que no dormirás bien esta noche?
―¿Por qué no lo haría?
―Porque, tradicionalmente, la novia y el novio no se ven antes de la boda.
―Pero dado que todos nos quedamos en la misma casa, eso podría ser casi
imposible. Y pienso que ya habíamos discutido esto, no me importa lo que diga la
tradición, vas a dormir aquí a mi lado esta noche.
―Está bien. ―Sonrío y le doy un rápido beso en los labios―. Voy a hacer el
café y preparar los bizcochos para hornear. Estoy segura que todos se despertarán
pronto.
Me levanto, me visto rápidamente con pantalones de yoga y una camiseta, y
hago una parada rápida en el baño antes de dirigirme a la cocina. Enciendo la
cafetera, saco los bizcochos del congelador y los coloco en una bandeja para hornear.
Travis se une a mí unos minutos más tarde, seguido por una adormilada Meg.
―Buenos días, Meg. ¿Dormiste bien?
―Mejor de lo que esperaba. Molly, ¿hiciste bizcochos?
―Sí.
―¿Los de mantequilla de maní?
Me rio y miro entre ella y Travis.
―Sí, hice de mantequilla de maní, nueces y trocitos de chocolate con cereza.
Aunque estoy pensando que podría necesitar hacer más mantequilla de maní.
180
―No harás tal cosa. ―Me giro para ver a Bonnie entrar a la habitación.
Travis se levanta y besa su mejilla.
―Buenos días, mamá. ¿Dormiste bien?
―Sí. ¿Qué hay de ti, hijo?
―Dormí bien. ¿Te traigo café, mamá?
―Esperaré hasta que los bizcochos estén listos, pero gracias.
Me vuelvo para colocar los bizcochos en el horno y pregunto:
―¿A qué hora viene el pastor hoy?
Travis toma un sorbo de su café.
―Le dije a las cuatro en punto, de esa manera puede quedarse a cenar si
quiere.
―Buena idea.
Unos minutos más tarde, Ryleigh baja las escaleras con su camisón de princesa
rosa y el cabello recién peinado. Travis la saluda con una elegante reverencia.
―Buenos días, princesa Ryleigh. ¿Cómo estás esta bonita mañana?
Ella sonríe brillantemente enseñando sus dientes.
―Tío Travis, no soy realmente una princesa.
Travis jadea y finge sorpresa cuando le dice:
―¿No?
―No, tonto, papi solo me llama así.
―¿Cómo te llamo? ―pregunta Grant mientras baja las escaleras con Caden.
―Me llamas princesa, pero en realidad no soy una princesa.
―Ohhh, bueno eres mi princesa y eso es todo lo que importa ―dice mientras
besa la parte superior de su cabeza, haciendo que ella sonría aún más.
Caden se sube al taburete al lado de Meg, y procede a contarle todo sobre los
Monster Trucks que ahora están rodando de un lado a otro sobre el mostrador. En
una hora, todos están despiertos y la conmoción en la casa está en pleno apogeo.
Annie llama a todos los chicos a la sala de estar, y Bonnie toma el control de las
damas, explicando que esta noche todos jugaremos una ronda de juegos de los recién
casados. Nos entrega una lista de preguntas y tarjetas para escribir nuestras
respuestas. Una vez hemos terminado, juntan nuestras cartas y las dejan de lado
hasta más tarde esta noche.
La mañana pasa volando, llena de historias y risas infantiles. Después del
almuerzo, llevo a las damas a una excursión a Emily Jack Designs. Les doy un
recorrido completo y les cuento la historia del edificio y los detalles de las
renovaciones que se hicieron, dándole todo el mérito al equipo de Thomas por el
arduo trabajo. Les muestro las viñetas, y les hago saber quién diseñó cada área y
181
cómo les desafié a crear el espacio. Ashleigh está admirando el juego de té, cuando
Jennifer dice:
―Fue una gran idea, Molly.
―Gracias. Excepto que todo giró hacia a mí. Ese juego de té es similar a uno
que tengo que se ha transmitido en mi familia. ―Al acercarme, recojo una de las
tazas de té―. Encontré está en una tienda local de reventa, y la usaron como la pieza
clave para la sala de estar formal.
Alyssa mira alrededor de la habitación.
―Automáticamente habría pensado en el comedor. Nunca hubiera pensado
usarlo en la sala de estar.
Jennifer está admirando un mueble en la sala de estar, pasando la mano por la
madera de arce del puesto para los aparatos electrónicos. Hay dos estantes para alojar
el decodificador/reproductor de DVD y dos puertas para almacenar películas.
―Molly, esto es hermoso. ¿Dónde lo encontraste?
Sonrío con orgullo mientras les digo:
―En realidad, uno de mis empleados, Cole, hizo esa pieza.
Al unísono, todas dicen:
―¿Él lo hizo?
Me rio.
―Así es. Trabajar con la madera es su pasión. Cuando lo contraté, le dije que
podía mostrar algunas piezas aquí. Esta es la pieza clave que quería usar para el
diseño de la sala. ―Dirijo a las damas a la viñeta del comedor y señalo que el centro
de la mesa es un jarrón de mármol multicolor―. Esta es la pieza clave que eligió
Jewel; recordó que su tía tenía una pieza similar y le encantaba obtener imágenes
diferentes dentro del patrón.
―Creo que tienes algunos empleados muy talentosos, Molly ―dice Penny
mientras mira por la habitación.
―Gracias. Estoy realmente emocionada de trabajar con todos ellos. Y me
aseguraré de hacerles saber cuánto les gustó su trabajo. —Les enseño el área de la
cocina básica, para los empleados, y luego las llevo al piso de arriba a la oficina, y les
muestro el tercer piso que será espacio de alquiler. Les entrego montones de tarjetas
de visita y folletos y les digo que no duden en entregárselos a sus amigos. Volvemos
al auto, echo la llave y pongo la alarma. Después de una parada rápida en la tienda de
comestibles, volvemos a la casa para prepararnos para el ensayo de la boda.
Katie anuncia nuestro regreso cuando entramos en la casa.
―¡Hola, hemos vuelto!
Caden viene corriendo, envolviendo sus pequeños brazos alrededor de las
piernas de Penny.
182
―¡Hola, campeón! ¿Te divertiste mientras yo no estaba?
―Ajá. ―Su animado y pequeño rostro se ilumina mientras nos dice con
entusiasmo―: El tío Thomas nos preparó una piscina y tan pronto como el agua se
caliente, dijo que podíamos entrar.
Él finalmente respira, mientras Penny se arrodilla a su nivel y limpia una
mancha de chocolate de su rostro con el pulgar.
—¿En serio? ¡Eso es genial! Te encanta jugar en el agua, ¿verdad?
―Ajá. ¿Quieres ver la piscina?
―¡Absolutamente! ―Toma la mano de Penny y luego se vuelve hacia el resto
de nosotras.
—¡Vamos, chicas, también pueden verlo! ―Al igual que el flautista de
Hamelin, lo seguimos hasta el patio trasero para ver la piscina.
Cuando vuelvo a la casa, Bonnie y Annie están en pleno apogeo. Ya han sacado
la lasaña del congelador y tienen a Ryleigh en un taburete extendiendo la
mantequilla derretida en la parte superior de los rollos.
―Hola, ¿hay algo que quieran que haga?
―No lo creo. ―Annie levanta la vista y sonríe―. ¿Se divirtieron?
―Lo hicimos. No puedo esperar a que ustedes dos vean cómo quedó todo.
―¡No podemos esperar! Estamos deseando que llegue el día de puertas abiertas.
―¿Dónde están los chicos?
Bonnie levanta la vista del tomate que está cortando para la ensalada.
―Travis tuvo que correr a la ciudad por algo y Shane fue con él. Thomas y el
resto de los muchachos tenían una misión secreta que ejecutar, pero deberían
regresar pronto.
―Muy secreto, ¿eh? ¿Debería estar preocupada?
Se ríe y niega.
―No sé, no nos dirían lo que estaban haciendo.
―Bueno, si no me necesitan para nada, voy a tomar una ducha rápida y
cambiarme para el ensayo.
―Adelante ―dicen las dos. Beso la cabeza de Ryleigh y me dirijo a la ducha.
183
A las diez menos cuarto, suena el timbre y anuncia la llegada del pastor.
Jennifer responde a la puerta.
―Hola, ¿puedo ayudarte?
―Hola, soy el pastor Michaels. Estoy aquí para el ensayo.
Al abrir la puerta un poco más, Jennifer sonríe y lo invita a entrar.
―Por supuesto, pase. Todo el mundo está afuera, sígame.
Llevándolo al patio, se dirige hacia Travis y a mí mientras hablamos con Cross
y Garret y nos presenta.
―Travis, Molly, este es el pastor Michaels. ―Travis se da la vuelta y le
estrecha la mano.
―Pastor, me alegro de volver a verlo. Esta es mi prometida, Molly.
Le estrecho la mano.
―Es un placer conocerlo. Muchas gracias por hacernos hueco en su agenda.
―Estoy feliz de hacerlo ―dice.
Travis se gira e introduce a quienes nos rodean.
―Estos son mis primos, Jennifer y su esposo Cross, y este es Garrett. ―Todos
saludan y me excuso para reunir a los invitados. Una vez tengo a Thomas, Katie, Meg
y Spencer, vuelvo con Travis para revisar la ceremonia. El pastor le dice a Travis que
se parará a su izquierda, con Thomas y Spencer detrás de él. Meg caminará primero
por el pasillo, seguida por Katie. Una vez hayan tomado su lugar y comience la
marcha nupcial, caminaré por el pasillo para unirme a Travis. Al mirar entre Travis y
yo, el pastor pregunta:
―¿Quieren votos tradicionales o han escrito los suyos?
Miro a Travis, con los ojos muy abiertos.
―Ni siquiera pensé en escribir los nuestros.
Travis se ríe y besa mi frente.
―Nos quedamos con los votos tradicionales. ―Tomada la decisión, suspiro y
me relajo contra él.
Con el ensayo completo, me dirijo al pastor:
184
―Pastor Michaels, ¿le gustaría cenar con nosotros?
―Gracias, Molly, me encantaría.
Todos vamos a la casa, donde las damas tienen todo preparado y listo. El pastor
Michaels dice gracias, y todos formamos una línea para obtener nuestros platos.
Cuando hemos comido, el pastor Michaels da las buenas noches a todos, seguido por
Spencer. Travis y yo los acompañamos hasta la puerta, dándoles las gracias de nuevo
y diciéndoles que los veremos a la una y media mañana.
Meg se levanta para llamar nuestra atención.
―Está bien, ¿quién está listo para jugar el juego de los recién casados?
Alyssa aplaude.
―Oh, me olvidé de eso. Sí, juguemos.
―Está bien ―dice Meg―, las chicas se sientan con sus chicos, mamá y la tía
Annie serán las encargadas de la puntuación oficial ―dice mientras les entrega a los
muchachos sus tarjetas de respuestas de esta mañana. Meg hace la primera pregunta,
y todos aciertan. Pasando a la segunda pregunta, los puntos van a Thomas y Katie,
Grant y Penny, y Ashleigh y Shane, mientras que el resto nos reímos de las
respuestas. Para cuando llegamos a la ronda de preguntas de las damas, estamos
pasando los pañuelos, secando nuestras lágrimas de tanto reír. Jen y Cross son los
ganadores seguidos por Travis, Ashleigh y Shane.
Para cuando terminamos, Skylar está dormida en los brazos de Alyssa, Brenton
está dormido en el regazo de Grant, y Caden está dormido en mi regazo. Ryleigh está
profundamente dormida en el suelo con su cabeza apoyada en el regazo de Penny.
Garrett besa la sien de Alyssa.
―Deberíamos ir a la cama antes de que se despierte.
Alyssa sonríe.
―Sí, podríamos dormir hasta las seis si nos vamos ahora. ―Garrett se ríe y se
levanta, tomando a su hija y besando su cabeza mientras ella se acurruca en su
hombro, luego le ofrece a Alyssa una mano y la ayuda a levantarse. Dicen buenas
noches y se dirigen hacia las escaleras.
Grant y Penny son los próximos en ir a la cama. Grant lleva a Brenton, Travis
lleva a Caden, y Shane lleva a Ryleigh arriba. Penny se estira y dice buenas noches
mientras sube las escaleras hacia su habitación. Travis y Shane vuelven a bajar las
escaleras; Travis me ofrece su mano y me levanta de mi asiento en el suelo y en sus
brazos. Shane y Ashleigh se van a la cama, al igual que Jennifer y Cross. Thomas y
Katie dan las buenas noches y suben las escaleras, agarrados de la mano. Meg, Bonnie
y Annie nos abrazan a Travis y a mí antes de irse a dormir.
Una vez en nuestra habitación, nos ponemos nuestros pijamas y nos metemos
en la cama. Travis me coloca sobre su pecho y me da un beso de buenas noches por
última vez como su prometida.
185
Veintisiete
D
espertando a la mañana siguiente con mi cabeza sobre el pecho de
Travis, mi primer pensamiento es que hoy es el día de nuestra boda.
―Buenos días, hermosa. ¿Estás lista para convertirte en mi
esposa?
Sonrío, sin molestarme en moverme de mi cómodo lugar.
―Más que lista. ¿Estás listo para ser encadenado a la antigua con bola y
cadena?
Se ríe.
―Solo mientras seas la bola y la cadena, nena.
Me estiro y beso sus labios.
―Entonces es tu día de suerte, porque hay un vestido blanco en algún lugar de
esta casa con mi nombre en él.
―Suena como que todos están despiertos ya. Supongo que deberíamos unirnos.
―Sí, probablemente sería bueno que ayudemos, desde que es el día de nuestra
boda. ―Retiro las sábanas y salgo de la cama, poniéndome mi bata.
―Adelántate; saldré en un minuto.
Después de una rápida parada en el baño, encuentro una ráfaga de actividad en
la cocina.
―Buenos días.
―Ahí está nuestra futura novia ―dice Alyssa con una sonrisa, mientras le da a
una Skylar con los ojos brillantes su biberón. Caminando hacia la cafetera, tomo una
taza de espuma de polietileno y comienzo a servir, y voy hacia las puertas del patio,
que aún tienen las cortinas corridas.
—¿Qué necesito hacer? ―pregunto, mientras comienzo a abrir las cortinas.
―¡Alto! ―grita Katie, nuestra planeadora de bodas no oficial, y mi
salvadora―. No tienes permitido mirar. Thomas dio órdenes estrictas de que fuera
una sorpresa para ti y Travis, así que aléjate de la cortina, señorita.
Levantando mis manos en rendición, digo:
―Sí, señora, no querría arruinar ninguna sorpresa. ―Camino hacia la mesa y
tomo asiento, mientras Katie comienza a señalar lo que todos están haciendo―.
Bueno, los chicos están preparando el patio trasero, la entrega de la floristería está
programada a las once, y el proveedor estará aquí a la una para preparar la comida.
Oh, y la panadería va a entregar el pastel a la una y media. ―Inhala antes de
186
continuar―. Ashleigh acordó ser nuestra fotógrafa “oficial”, y Shane se encarga de la
música para la ceremonia. ―Mientras Katie está nombrando todo, Travis entra,
coloca sus manos sobre mis hombros y besa mi cabeza.
―Buenos días, señoritas. Parece que todo está bajo control. Solo recuerden
―dice mirando a cada una de ellas―, no queremos que nadie esté tan estresado
como para que no disfruten. Todo lo que Molly y yo necesitamos es que el pastor
Michaels se presente y todos ustedes atestigüen que me caso con el amor de mi vida.
―Se inclina y me besa, en medio del colectivo “Awww” de todos.
Camina hacia la cafetera y pregunta:
―¿Entonces todos los chicos están afuera?
―Síp, pero deberían terminar en breve ―dice Jennifer.
Penny baja las escaleras con Brenton y Caden.
―Buenos días ―dice mientras entra a la habitación.
Brenton se acerca y se para junto a mi silla, mirándome con grandes ojos cafés.
―Hola, Brenton, ¿te gustaría sentarte conmigo? ―Asiente, lo levanto sobre mi
regazo y rompo un pedazo de panecillo―. ¿Quieres un mordisco? ―Toma el
panecillo y lo pone en su boca―. ¿Está bueno? ―Asiente otra vez y tomo otro
pedazo, uno para él, uno para mí. Una vez termina de comer, comienza a retorcerse
en mi regazo. Penny le dice que me agradezca, lo cual tímidamente susurra, y corre
para encontrar a sus hermanos.
―Eres muy buena con los niños, Molly ―dice Bonnie.
―Deberías sentirte honrada. Brenton no acepta a nadie tan rápido como a ti
―dice Penny―. Es mi tímido, como puedes ver.
―Solo le gusto porque lo soborné con una galleta ―bromeo.
Cuando termino mi desayuno, me disculpo para ir a la ducha, y comienzo a
prepararme. Después de secar mi cabello, uso mi rizadora para añadir algo de
volumen a mis rizos castaños, sin molestarme en cepillarlo hasta que sea momento
de vestirme. Aplico mi maquillaje, manteniéndolo ligero, delineo mis ojos, aplico mi
sombra rosa favorita y aplico con cuidado mi máscara de pestañas. Cuando estoy
guardando todo mi maquillaje, hay un golpe en la puerta.
―Pasa.
Cuando la puerta se abre, Meg asoma la cabeza.
―Hola, las flores acaban de llegar, si quieres verlas.
―¡Oh, genial! Te vas a reír, pero casi olvidé lo que ordené.
Meg no defrauda, se ríe.
―Bueno, puedo ver cómo podría pasar eso. No es como si no tuvieras unas
cuantas cosas en la cabeza.
Ahora es mi turno de reír.
187
―Sí, hice una especie de paquete de eventos importantes en la vida en corto
tiempo, ¿cierto?
―Sí, lo hiciste. Ahora vamos a ver nuestros ramos de flores.
Caminando hacia el comedor, veo los ramos y las flores de ojal, exhibidos sobre
la mesa. Los ramos de Katie y Meg están compuestos de hortensias blancas, rosas
color coral, y aliento de bebé. Mi ramo es todo blanco, con hortensias, rosas, y lirios
del valle.
Las flores de ojal para los padrinos son las habituales, con una rosa coral y
aliento de bebé, y la de Travis tiene dos rosas, una blanca y una coral con lirios del
valle.
Como Bonnie y Annie son las matriarcas de la familia, ordené para cada una de
ellas un ramillete, con el de Bonnie ligeramente diferente ya que es la madre del
novio.
―Oh, son hermosos.
―No tan hermosos como tú ―dice Travis mientras me rodea con sus brazos
desde atrás. Me giro y sonrío mientras besa mi mejilla.
―Hola, cariño, ¿qué has estado haciendo?
―Estaba jugando con los niños, ya que no tengo permitido ver lo que los
chicos están haciendo. Ahora me voy a duchar y ponerme guapo para ti ―dice con
una sonrisa.
―Está bien. Solo unas horas más hasta que sea la señora de Travis Watson.
Su rostro se ilumina y su sonrisa es más amplia.
―No puedo esperar.
Mientras se inclina para besarme, Thomas nos detiene, gritando desde el otro
lado de la habitación.
―¡Guárdenlo para la boda! ―Comienzo a reír y dejo caer mi cabeza en el
hombro de Travis―. Si ustedes dos pueden separarse del otro por unos minutos,
tengo algo que mostrarles. ―Cuando levanto la mirada, noto que los tres somos los
únicos allí, lo cual es extraño.
―Bueno, desde que ya se echó a perder el momento ―dice Travis en voz
alta―, bien podríamos ver qué quiere. ―Tomando mi mano, caminamos hacia las
puertas del patio junto a Thomas.
―Está bien, cierren sus ojos.
―¿En serio, hombre?
―Solo cierra tus malditos ojos. ―Travis suspira y cierra sus ojos, y puedo
escuchar a Thomas correr la cortina, y luego abrir la puerta―. Cuidado al pisar
―dice mientras pasamos la puerta, y nos guía a donde quiere que nos paremos―.
Está bien, abran sus ojos.
188
Mientras lo hago, escucho a Travis jadear a mi lado.
―¡Oh, vaya!
Estoy sin habla por la vista ante mí. El patio trasero ha sido completamente
transformado; hay una plataforma de madera, y un arco blanco ha sido colocado en
ella y decorado con flores. Las sillas están preparadas y un camino blanco crea el
pasillo por el que andaré. Detrás de la plataforma y a la derecha hay una tienda
blanca con mesas para la cena de recepción. Las mesas cubiertas por manteles
blancos tienen arreglos de flores en el centro. Cuando finalmente recupero el
aliento, me giro hacia Thomas con lágrimas en mis ojos.
―¿Hiciste todo esto?
―Solo si te gusta, de lo contrario, todo fue idea de Meg.
Me rio antes de comenzar a berrear y arruinar mi maquillaje, abrazándolo con
fuerza.
―¡Me encanta! Muchas gracias.
Lo siento relajarse y regresar mi abrazo.
―De nada, estoy contento de que te guste.
Travis le da un abrazo de chico y lo palmea en la espalda.
―Gracias, hombre.
Es cuando me doy cuenta que todos están mirándonos.
―¡Gracias a todos, por todo!
Justo después de que el pastel es entregado, Katie viene buscando a Meg.
―Molly, ¿has visto a Meg?
―Está en el tocador terminando su maquillaje.
―Oh, bueno. Si ustedes dos suben a nuestra habitación, podemos vestirnos ahí.
―Está bien, agarraré mis cosas y estaremos ahí. ―De camino a la oficina, el
timbre suena. Abro para encontrar a Spencer, luciendo muy guapo en su traje negro
y camisa blanca con el cuello abierto―. Spencer, pasa.
―Hola, Molly. ¿Es la última moda en novias?
Bajo la mirada a mis pantalones de yoga y camiseta.
―No, chistoso, iba arriba a prepararme. ¿Por qué no tomas asiento en la sala y
voy a buscar a Travis?
―Está bien, gracias, Molly.
Toco en la puerta de la oficina, insegura si Thomas está dentro con Travis o no.
Escucho un amortiguado “adelante”. Abriendo la puerta, veo a Travis de pie en sus
pantalones negros, con la camisa abrochada pero por fuera, con un aspecto bastante
comestible.
―¿Molly? ―Rompiendo mi hechizo, Travis pregunta―: ¿Necesitabas algo?
189
No puedo detener mi rubor.
―Mm, sí, solo necesitaba mi bolsa así puedo ir a prepararme.
Se ríe.
―Está bien, ¿podrías decirle a Thomas que traiga nuestras corbatas?
―Claro. Oh, Spencer está aquí. Le dije que tomara asiento en la sala.
―Gracias, iré por él.
Recogiendo mi bolsa, me dirijo a la puerta, pero Travis me llama.
―Te veré en unos minutos, hermosa. ―Me doy la vuelta y le soplo un beso
antes de cerrar la puerta detrás de mí. Al ver la puerta del tocador abierta, asumo que
Meg ya está arriba, así que subo las escaleras para unirme a ellas.
Tocando a la puerta de Katie, Thomas la abre al salir.
—Oh, lo siento, ¿necesitas más tiempo? Puedo prepararme en otro lugar.
Se ríe.
—No, ya me han informado que era hora de irme y ayudar a mi hermano.
—Está bien, si estás seguro.
—Lo estoy, ahora ve a arreglarte y me aseguraré de que tu novio te esté
esperando en el altar. —Me guiña y baja la escalera.
—Eso es algo por lo que no estoy preocupada —grito detrás de él. Al entrar en
la habitación, veo a Katie ya vestida, con un aspecto deslumbrante—. ¡Oh, Katie, te
ves hermosa!
Me hace una reverencia rápida mientras dice su agradecimiento.
—¿Puede alguna de ustedes subirme la cremallera, por favor? —pregunta Meg,
saliendo del baño sosteniendo su cabello.
—Claro, date la vuelta. —Subo el cierre de su vestido, deja caer su cabello y se
da la vuelta—. ¡Meg, te ves hermosa!
—Vaya, gracias. Ahora vamos a vestirte —dice mientras aplaude con
entusiasmo.
No puedo evitar reírme de su emoción.
—Está bien, solo déjame ponerme el corsé sexy que me convencieron de
comprar, y luego me puedo vestir. —Entrando al baño, me quito la ropa, y saco el
corsé, el liguero, las bragas y las medias de mi bolsa. Primero me pongo las medias,
las apenas bragas y el liguero en la parte superior de mis medias de seda. Luego
cepillo mi cabello, volteándolo boca abajo para crear más volumen, y le rocío laca
rápido. Poniéndome el corsé, ajusto mis pechos y miro mi reflejo, girándome para
asegurarme que todo esté en el lugar correcto.
Al volver al dormitorio, Meg dice:
190
—Bueno, maldita sea, espero que mi hermano nos agradezca más tarde por
haberte dicho que te pongas ese corsé.
Me rio y me sonrojo.
—Detente. Estoy segura que ustedes dos tienen a sus hombres babeando por
sus cuerpos. —Saco mi vestido de la percha, bajo la cremallera, desabrocho la parte
posterior y me lo pongo; meto mis brazos y lo coloco en su lugar. Meg sube el cierre
de la falda y luego abrocha los botones del corpiño. Echando mi cabello hacia atrás
sobre mi hombro, lo esponjo antes de volverme hacia las chicas—. Bueno, ¿cómo me
veo?
La respiración de Katie se detiene.
—¡Oh, Molly, eres simplemente hermosa! No puedo esperar para ver la
expresión de Travis cuando te vea. —Mirando en el espejo de cuerpo entero, no
puedo creer que este día finalmente haya llegado. Al darme cuenta que todavía tengo
mi anillo de compromiso, lo muevo hacia mi mano derecha, me pongo mis
pendientes y el collar que una vez perteneció a mi madre, con las alianzas de boda de
mis padres colgando de él.
—De acuerdo —dice Meg—. Hagamos la lista de verificación. ¿Algo prestado?
—La liga que todas las novias de la familia han usado, que también califica
como algo azul.
—¿Algo viejo?
—Mi collar. Era de mi madre, y estas son las alianzas de bodas de mis padres.
—¿Algo nuevo?
—Creo que el vestido funciona para eso.
—Sí, bueno, Travis no estuvo de acuerdo. Te envió esto —dice dándome una
caja de terciopelo.
Abro la caja para encontrar una hermosa tobillera de plata con un amuleto de
corazón y una nota que dice: “Mi versión de la bola y la cadena”. Me rio ante la nota
y abrocho la delicada cadena alrededor de mi tobillo. Mirando el reloj, veo que son
casi las dos y media.
—Está bien, señoritas, manos a la obra.
—Meg, ¿podrías correr abajo y hacerle saber a Thomas que estamos listas?
—Claro, vuelvo enseguida. —Se apresura a informar a sus hermanos, y regresa
unos minutos más tarde. Justo me estoy poniendo mis zapatos cuando vuelve a entrar
por la puerta.
—Está bien, están saliendo ahora, y deberíamos escuchar la música en un par
de minutos mientras sientan a mamá y a tía Annie. Nuestros ramos de flores están
sobre la mesa del comedor, así que podemos tomarlos antes de salir. —Oigo que se
cierra la puerta del patio, seguida muy de cerca por la música, y bajamos las escaleras
para esperar nuestra señal.
191
Ambas chicas me aprietan las manos, y Meg dice:
—Está bien, aquí vamos.
Recogiendo su ramo, me da el mío y el otro a Katie. Salimos por la puerta
principal, y nos dirigimos hacia atrás, deteniéndonos justo fuera de la vista. La
música comienza y Meg se dirige hacia el altar, seguida por Katie. Una vez ambas
están en sus lugares designados, Shane cambia la música para comenzar la marcha
nupcial. El pastor Michaels hace un gesto para que todos se pongan de pie, y todas las
miradas se vuelven hacia mí. Mientras me dirijo a Travis, una oleada de emoción me
invade y lucho por evitar que las lágrimas caigan. Caminar sola hacia el hombre de
mis sueños en lugar de tomada del brazo de mi padre, sin ver la sonrisa en el rostro
de mi madre mientras se limpia las lágrimas de alegría, son cosas que nunca pensé
que experimentaría. Espero que sepan qué inspiración fue su amor para mí, y que
espero tener lo mismo con Travis. Cuando giro la esquina y aparece a la vista, mis
ojos se bloquean con los suyos. Incluso desde esta distancia, puedo ver su amor por
mí reflejado en ellos, y espero que vea lo mismo en los míos. Una vez lo alcanzo, se
inclina y susurra:
—Te ves hermosa.
Le susurro:
—Gracias.
El pastor Michaels comienza la ceremonia con una oración y una lectura de la
biblia, y luego pide que unamos nuestras manos antes de pasar a los votos. Dándole
mi ramo a Katie, Travis toma mis manos, su pulgar acariciando mi piel. Decimos
nuestros votos y el pastor pide nuestros anillos, que Thomas presenta para una
bendición. Una vez se intercambian los anillos y el pastor Michaels anuncia que
Travis puede besar a la novia, lo cual hace con entusiasmo, dice:
—Les presento al señor y la señora Watson. —Nuestra familia se levanta y
aplaude, silba y vitorea mientras se dirigen a nosotros por abrazos y apretones de
manos.
Cuando hemos comido, el pastel ha sido cortado y el último baile realizado,
comenzamos a limpiar y guardar las sobras. Thomas y Katie nos apartan a un lado.
—Travis dijo que no querías irte por la noche porque querías quedarte con la
familia —explica Katie—. Pero, de todos modos, queríamos hacer algo especial para
ti, así que te preparamos una suite en el taller de Thomas.
—Realmente no tenían que hacer eso, ya han hecho mucho por nosotros —
digo mientras Travis me da un apretón.
—Sabemos que no teníamos que hacerlo, pero queríamos —dice. Les doy un
abrazo y les doy las gracias de nuevo, mientras Katie me acompaña al taller para
enseñarme nuestra “suite nupcial”. Descubro que ella y Thomas vivieron aquí
mientras construían su casa. Hay una pequeña cocina, baño completo y dos
habitaciones, una de las cuales tiene una cama preparada para nosotros.
192
—Katie, esto es adorable.
—Cuando lo construimos, pensamos que podríamos usarlo como una
habitación para la suegra en el futuro.
—Es una gran idea. —Al salir del taller, regresamos a la casa principal para
pasar el resto de la noche con la familia.
Cuando ya es hora de irse a la cama, Travis y yo caminamos de la mano hacia
nuestra “suite privada” detrás de la casa. En una pequeña mesa en el dormitorio,
enfriándose en una cubitera, hay una botella de champán, junto a dos copas
bellamente grabadas con la fecha de nuestra boda. En la bandeja hay una simple
tarjeta blanca, que dice:
Que sean tan felices como nosotros. Con amor, Ashleigh, Shane, Jennifer y
Cross
Sonrío suavemente mientras vuelvo a poner la tarjeta sobre la mesa.
—Estoy completamente impresionada por todo esto, te das cuenta de eso,
¿verdad?
Me besa en la mejilla.
—Lo sé, pero así es mi familia, son ferozmente protectores y harán todo lo
posible para asegurarse que todos se sientan amados y aceptados.
Sonrío y sujeto su mejilla.
—Nuestra familia.
—¿Qué?
—Dijiste mi familia, solo te estaba corrigiendo. Son nuestra familia ahora.
Sonríe y me besa.
—Sí, lo son.
Envuelvo mis brazos alrededor de su cuello.
—Entonces, señor Watson, ¿podría persuadirlo para que me ayude a quitarme
este vestido?
Envuelve sus brazos alrededor de mi cintura, y me acerca mostrando una
sonrisa maliciosa.
—Señora Watson, he querido hacer exactamente eso desde que caminaste por
el pasillo.
Me giro en sus brazos y muevo mi cabello sobre mi hombro para darle un
mejor acceso a los botones. Avanza con cuidado por la hilera de botones, sus dedos
rozando mi piel desnuda. Una vez alcanza el último botón, baja la cremallera, se
inclina y presiona un tierno beso en mi hombro. Retirando el vestido por mis brazos,
dejo que se acumule en el suelo alrededor de mis pies. Travis me ofrece su mano y
salgo del vestido. Todavía sosteniendo mi mano, sus ojos recorren mi cuerpo,
observando mi corsé de encaje blanco, coincidiendo con el tanga y el liguero atado a
193
mis medias de seda. Sus ojos vuelven a subir y aterrizan en los míos. Siento que mi
cuerpo se sonroja por su acalorado examen. Mi lengua se desliza hacia afuera para
humedecer mis labios repentinamente secos a causa de la mirada acalorada en sus
ojos.
—Si hubiera sabido que llevabas eso debajo de tu vestido, te hubiera ayudado a
salir de él muchísimo antes.
—Bueno, ¿qué tal si te ayudo a quitarte la ropa, así no soy la única en ropa
interior?
Se ríe, y sus ojos brillan y se arrugan en las esquinas.
—Creo que es una idea excelente.
194
Veintiocho
L
a mañana siguiente, soy despertada por el olor del café y besos en mi
cuello, lo que debo admitir es una de mis maneras favoritas de despertar
desde siempre.
―Buenos días, esposa.
―Mmm, buenos días, esposo.
―¿Adivina qué?
―Me estás chantajeando con sexo por mi café.
Se ríe.
―Podríamos ser recién casados, pero no estoy loco, así que no.
Me siento contra el cabecero, cubriéndome con la sábana, mientras me da una
taza de café. Tomando mi primer sorbo de la mañana, suspiro y pregunto:
―¿Entonces qué?
Baja la mano al suelo junto a la cama.
―Cuando entré a la cocina, encontré otro regalo —dice levantando una bolsa
de regalo. Tiro de la tarjeta en la bolsa y la leo en voz alta.
¡Felicidades, señor y señora Watson! Les deseamos muchos años felices juntos.
Con amor, Grant, Penny, Garrett y Alyssa.
Arrancando el papel de envolver, Travis mete la mano y saca dos camisetas. Me
da una, las desdoblamos y levantamos. Al frente de ambas, cosidos como la parte
superior de un círculo, están nuestros nombres Travis & Molly con Watson haciendo
la parte inferior del círculo. Cosida dentro está la fecha de nuestra boda. En la parte
trasera de la mía dice: me casé con el hombre de mis sueños; y la de Travis dice: me
casé con la chica de mis sueños.
―¡Son tan lindas! Tendremos que usarlas hoy.
―¿Te refieres a que no voy a lograr mantenerte desnuda en la cama todo el
día?
―Hoy no, cariño. Pero podemos comenzar el día duchándonos juntos
―ofrezco mientras dejo caer la sábana a mi cintura. Gruñe y me levanta,
haciéndome chillar mientras me carga al baño.
―Esto es por lo que me casé contigo; cuerpo sexy, y mente sucia.
Duchados y vestidos en nuestras nuevas camisetas, nos dirigimos a la casa
principal. Cuando abrimos la puerta, un coro de “buenos días” nos saluda.
Alyssa dice:
195
―Oh, bueno, encontraron las camisetas.
―Sí, y las hermosas copas de champán. Muchas gracias a todos. Hicieron
nuestra boda incluso más especial de lo que podría haber imaginado.
Meg se acerca y me da un abrazo.
―Estoy tan contenta de que seas oficialmente parte de nuestra familia ahora.
Siento las lágrimas llenar mis ojos mientras le susurro:
―Gracias.
Se aleja.
―Está bien, suficiente de cosas cursis, ¡tenemos un juego que ganar!
Miro a todas las chicas.
―¿Un juego?
―Sí, nuestro juego anual de batalla de sexos de voleibol.
Travis me da un panecillo de arándano y una taza de café.
―Demasiado mal que perderás tu primer juego con la familia.
―¿Disculpa? ―Me rio―. ¿Quién dice que vamos a perder? Recuerdas que mi
papá entrenó en casi todos los deportes, ¿cierto?
―Solo porque entrenó no significa que seas buena en ellos ―se burla Cross.
―Bueno, chicas, parece que vamos a tener que demostrarles a estos chicos qué
equipo es mejor. ―Las chicas están entusiasmadas y bromean de ida y vuelta con los
chicos―. Así que, tengo una pregunta, ¿hay alguna apuesta que vaya junto con este
juego?
―¡Oh, mira! ―dice Shane―. La chica nueva quiere hacerlo interesante.
Grant me mira con atención, y entonces pregunta:
―¿Qué tienes en mente, Molly?
Tocando mi barbilla con mi dedo, pienso, miro a las chicas y guiño antes de
decir:
―Bueno, desde que son siete de nosotras y solo seis de ustedes, supongo que
los bailes de regazo están fuera. ―Thomas escupe su café, Garrett se ahoga con su
desayuno y Travis solo deja caer su cabeza y se ríe, mientras escucho a alguien decir:
―¡Maldición, Travis, eres un hombre afortunado!
Asiente en acuerdo y dice:
―Síp, esa es mi chica.
Le lanzo un guiño y una sonrisa antes de dirigirme a las chicas por ideas. Nos
reunimos y nos decidimos por algo seguro.
―Está bien, ya que esto fue en el último minuto, si ustedes chicos ganan, les
cocinaremos y serviremos el almuerzo, y si ganamos, harán lo mismo por nosotras.
196
―Cuando comienzan a estar de acuerdo, les digo―: Pero ningún equipo tiene
permitido ordenar servicio a domicilio. ―Grant mira a los chicos, todos asienten, así
que se acerca y me estrecha la mano sellando la apuesta―. Ahora que sé lo que
sucede aquí, tendremos tiempo para pensar en una mejor apuesta para el próximo
año.
Una vez Thomas y Grant han puesto la red de voleibol, las chicas tienen su
cabello recogido y nuestra sección oficial de animación está establecida, nos
ponemos en nuestros lugares.
Travis dice:
―Está bien, el primero en llegar a veintiuno gana. ―Me lanza la pelota, y
añade―: Las damas primero.
Con un guiño exagerado, comento:
―Como debe ser. ―Y salgo a servir.
Cuando la pelota está en el aire, Katie la lanza por encima de la red a un
Garrett esperando, quien consigue ayuda de Shane. Los chicos son los primeros en
anotar, aumentando su confianza, la cual inmediatamente bajamos al anotar nuestro
propio punto. El juego continúa y pronto ambos equipos estamos empatados en
quince. Jennifer envía una advertencia:
―Manténganse concentradas, chicas, creo que están tratando de distraernos
con su sensualidad.
Cross frota su mano sobre su abdomen musculoso.
―¿Cuál es el problema, nena, la vista de mi paquete de seis te está distrayendo?
―Eso quisieras ―responde ella―. Espero que estés planeando hacer tu
especial de patatas dulces para nosotras esta noche.
―Nah, estoy esperando tu cazuela de brócoli.
―Sigue soñando, cariño. ―Cuando la broma desaparece y el juego vuelve a
ponerse en marcha, la sección de animación se llena de silbidos, gritos y aplausos. El
puntaje continúa y pronto está empatado en veinte. Grant sirve, y ambos equipos
están alerta, manteniendo la pelota en el aire, jugando su mejor defensa. Como si los
chicos esperaran que regresemos la pelota a un lugar específico, todos se mueven a la
derecha, dándonos una apertura para que Penny clave la pelota y anotemos el punto
ganador. Las damas estallan en vítores y comienzan a rebotar en un abrazo grupal.
Los chicos, todos siendo buenos deportistas, vienen y nos felicitan, antes de salir al
patio a refrescarse y agarrar una botella de agua.
Mientras que los chicos cumplen su apuesta preparando el almuerzo, las damas
comienzan a empacar. Grant y Penny, y Garrett y Alyssa, tienen los viajes más largos
y necesitan irse poco después del almuerzo. Voy a la oficina para recoger todo lo que
dejamos. Mientras estoy ahí, quito las sábanas y reúno las toallas para ser lavadas.
Cuando regreso a la casa, Travis está esperándome en el patio.
197
―Hola, ¿no deberías estar cocinando algo?
Se ríe.
―Me encargo de la parrilla, así que tengo un poco de tiempo antes de que
necesite empezar. ¿Das un paseo conmigo?
―Seguro, solo déjame bajar esto. ―Poniendo la ropa en una silla cercana,
tomo su mano y salimos―. ¿A dónde vamos?
―No lejos, tengo algo que quiero mostrarte.
―Está bien. ―Caminamos por la acera, y cruzamos la calle a la esquina
opuesta de la casa de Thomas y Katie. El terreno sin desarrollar es grande y hay
árboles de varios tamaños y variedad, disfrutando los sonidos del exterior, digo―: Es
lindo aquí, tranquilo.
Travis sonríe, posiblemente complacido con mi comentario, y dejamos de
caminar.
―Estaba esperando que te gustara. Cuando este desarrollo comenzó, compré
esta zona, esperando que algún día construiría un hogar.
Mis ojos se abren.
―¿Esta es tu propiedad?
―Sí, bueno no, ahora es nuestra propiedad. Hay dos solares, en realidad, para
darnos bastante espacio.
―¿Y quieres construir una casa aquí?
―No de inmediato, pero sí, con el tiempo. Solo quería mostrarte la propiedad,
y cuando estemos listos, podemos construir una casa aquí ―dice con un
encogimiento de hombros.
Busco sus ojos y puedo ver que está nervioso, asustado de que no querré vivir
aquí. Una lenta sonrisa curva las comisuras de mi boca.
―Creo que es una idea genial, y no tendremos que apresurarnos para
completarla y mudarnos, porque tendremos el apartamento para vivir.
Sonríe y me acerca.
―¿De verdad no te importa vivir aquí y tener que conducir más distancia hacia
el trabajo?
―Cariño, ya te dije que siempre y cuando esté contigo, no me importa dónde
vivamos. Además, será lindo criar a nuestros hijos cerca de sus primos.
―Molly, ¿estás embarazada? ―Veo una mezcla de pánico y emoción en sus
ojos, haciéndome reír y besarlo.
―No, pero ya hablamos de querer hijos. Me gustaría esperar al menos un año o
así, de esa forma el negocio estará funcionando sin problemas.
198
―Eso suena como un buen plan. Deberíamos ser capaces de diseñar nuestra
casa de ensueño para entonces.
Empezamos a volver a casa de Thomas y Katie.
―Eso creo también ―decido tomarle el pelo―. Y conozco un buen
arquitecto.
―¿En serio? ¿Crees que estará interesado en el empleo?
Me encojo de hombros.
―No sé, puedo hacerle una llamada a Spencer y averiguarlo.
―¡Spencer! ―Salgo corriendo y riendo, y, por supuesto, me atrapa
rápidamente, lanzándome sobre su hombro. Me carga de regreso a la casa.
Justo cuando golpea mi trasero, escucho a su mamá.
―¡Ahí están! Grant dijo que es hora de que empieces con el pollo. ―Puedo
escuchar la diversión en su voz mientras me pone de pie. Su brazo envuelto
alrededor de mi cintura para estabilizarme mientras la sangre regresa al resto de mi
cuerpo.
―Lo siento, mamá, quería mostrarle a Molly la propiedad al otro lado de la
calle. Iré por el pollo. ―Se detiene para encender la parrilla y entonces desaparece
en la casa.
Bonnie nos sonríe y niega.
―No tienes ni idea de cómo me hace sentir verlo tan feliz. Te ha amado por
tanto tiempo; estoy feliz de que se rencontraran otra vez.
Le doy a su mano un apretón.
―Yo también. Casi se siente como si el tiempo no ha pasado en absoluto, ¿eso
suena loco?
Niega.
―En absoluto, suena a destino para mí. ―Caminamos de regreso a la casa
mientras Travis sale para poner el pollo en la parrilla. Agarro una botella de agua y
entonces me uno al resto de las chicas en la sala de estar donde hablamos y vemos a
los niños jugar en el suelo. Veinte minutos después, estamos siendo llamadas al
comedor, donde los chicos han llenado nuestros platos y esperan que nos sentemos
para ser servidas. Llenan sus platos y se sientan junto a nosotras, todos comiendo
juntos por última vez en el fin de semana.
―Estaba pensando ―dice Ashleigh llamando la atención de todos―, que
quizás comenzando el próximo año, podamos tener el juego el domingo y entonces
tener una apuesta permanente de que el perdedor hará el desayuno el lunes. ―Todos
parecen estar de acuerdo con esa decisión.
―Excepto que el próximo año, serán las señoritas las que nos cocinen ―dice
Garrett mientras mete una patata dulce en su boca.
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―Sí, ya veremos ―replica Alyssa mientras roba una papa frita de su plato.
Dos horas después, con todo limpio y los autos cargados, salimos para ver a
todos irse. Después de una ronda de abrazos y deseos de buen viaje, cuatro autos
salen del camino de entrada y se dirigen a sus casas. Travis deja caer su brazo sobre
mis hombros mientras entramos.
―Katie, si me das algo de ropa sucia, la llevaré a casa para lavarla.
Meg habla.
―No tienes que hacer eso, Molly, llevaré todo a la lavandería mañana y lo haré
todo de una vez.
―¿Estás segura, Meg? De verdad no me importa.
Sonríe.
―Estoy segura, además es parte de mi contribución, y me dará algo de tiempo
para ponerme al día con mi lectura. ―Las ayudo a reunir la ropa y meterla en el
maletero del auto mientras Travis reúne nuestras cosas y carga el nuestro.
Una vez todo está cargado, les doy abrazos y las gracias otra vez por todo lo que
hicieron para hacer nuestra boda tan especial.
Subimos al auto y nos dirigimos a casa. Travis toma mi mano mientras
conduce.
―Bueno, ¿disfrutaste el fin de semana?
Inclinando mi cabeza hacia atrás, giro para mirarlo y sonrío.
―Lo hice. La boda fue mejor de lo que podría haber imaginado. Tus primos
fueron tan dulces; no puedo esperar para pasar más tiempo con ellos. Ahora, voy a
casa con mi esposo para comenzar el resto de nuestras vidas juntos. Así que, para
responder tu pregunta, sí, disfruté el fin de semana.
Lleva mi mano a su boca, besa mis nudillos y sonríe.
―Yo también. Y no olvides como hechizaste a los niños.
―Tratar de sobornarlos es una mejor descripción. Es increíble lo que una
galleta puede hacer.
―Bueno, sea lo que fuera, te adoraron ―dice mientras entramos al garaje de
nuestro edificio de apartamentos. Reunimos nuestras bolsas de la parte trasera del
Edge y tomamos el ascensor. Golpeo el botón de nuestro piso y, minutos después,
estamos ante nuestra puerta. Travis pone nuestras bolsas en el suelo, abre la puerta y
mete nuestro equipaje. Deteniéndome antes de que pueda entrar, dice:
―Creo que aquí es donde continúo la tradición y cargo a mi novia por el
umbral.
Sonrío.
―Bueno, no queremos romper la tradición, ¿cierto?
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Sonríe y me levanta en sus brazos.
―No, señora, no queremos. ―Me besa apasionadamente y me carga por el
umbral, cerrando la puerta con su pie.
201
Veintinueve
Dos semanas después
—Hola, nena, ¿cómo va todo? —Travis entra por la puerta de Emily Jack
Designs, viéndose impecable en su traje azul marino.
—Hola, guapo. —Camino hacia sus brazos y le doy un largo beso.
Después de apartarme de él, pregunta:
—¿Dónde están todos?
—Los envié a casa para que pudieran prepararse para esta noche.
—¿Cuándo va a ser la apertura?
—Siete. Oh, me llegaron unas cosas hoy. —Tomando su mano, le muestro el
ficus que Garrett, Alyssa, Grant y Penny enviaron, y la planta que Jennifer, Cross,
Ashleigh y Shane enviaron, puesto que no podrían estar aquí.
—Eso es muy amable de su parte.
—Lo sé. Simplemente amo a tu familia.
Besa mi frente y sonríe.
—Nuestra familia. Estoy seguro que les gustas más que yo de todos modos.
Golpeo su pecho juguetonamente.
—Detente, no es así.
Se ríe y pregunta:
—Entonces, ¿qué necesitas que haga?
—Llevarme a cenar, me estoy muriendo de hambre.
—Eso puedo hacerlo, vamos. —Sostiene la puerta abierta para mí—. ¿Qué te
parece si dejamos un auto en casa, para así poder regresar juntos?
—Buena idea, cariño. Ves, me casé contigo por tu maravillosa mente.
—Y yo que pensaba que era por el buen sexo.
Me rio mientras subo a mi Edge.
—Sí, eso también.
Travis y yo tenemos una buena cena en el mismo restaurante italiano al que
fuimos para nuestra primera cita… bueno, nuestra segunda primera cita. Después de
la cena, conducimos a la tienda para prepararnos para recibir a los invitados. Los
primeros en llegar son Cole y Jewel, seguidos de cerca por Fay. Les vuelvo a
presentar a Travis, pero esta vez como mi esposo. Todos me vuelven a felicitar.
202
La campana de la puerta suena, y Meg, Bonnie y Annie entran. Travis y yo nos
disculpamos para ir a saludar a la familia. Dándoles a cada una un abrazo, les
agradezco su asistencia, y Travis besa cada una de sus mejillas mientras las lleva al
sofá. Joe y su esposa llegan, y unos minutos más tarde lo hacen Thomas Y Katie.
Spencer llega, me da un abrazo y me felicita por la apertura, luego mira a Travis
mientras pregunta:
—Entonces, ¿te estas arrepintiendo de haberte casado con este chico?
Me rio y le guiño a Travis.
—Todavía no, pero si lo hago, me aseguraré de llamarte.
Travis finge celos y me aleja de Spencer.
—Es suficiente ustedes dos, encuentra a tu propia mujer.
Golpea a Travis en el hombro, y dice:
—Buena idea, creo que iré a hablar con tu hermana.
Suelto una carcajada ante ceño fruncido de Travis cuando gruñe:
—Eso no es lo que tenía en mente.
—No, pero definitivamente te lo buscaste.
La campana vuelve a sonar y alzo la mirada para encontrarme a dos personas
que invité y no trabajan en el edificio. Logan e Isabel. Tomando la mano de Travis,
nos acercamos y los saludamos. Dándole a Isabel un abrazo, les agradezco por venir.
—Travis, ¿recuerdas a Isabel? —Siendo el caballero que es, estrecha su mano y
dice que es bueno volverla a ver. Luego girando hacia Logan, digo—: Travis, este es
Logan, su familia y él son dueños de la tienda de reventa de la que te hable. Logan, él
es mi esposo, Travis Watson.
Estrechando su mano, Travis dice:
—Encantado de conocerte, Logan.
—Igualmente, y gracias por invitarme, tu negocio se ve increíble
—Gracias, por favor, entren y siéntanse libres de echar un vistazo. —Con todos
aquí, voy a la cocina para servir copas de champán, Jewel y Fay vienen preguntando
si pueden ayudar. Dándoles una sonrisa, respondo—: Si no les molesta asegurarse
que todos tengan una copa, lo apreciaría mucho.
—No te preocupes —dice Fay mientras cada una toma tres copas en una mano
y comienzan a pasarlas sin problemas a los invitados. Una vez que todos tienen
champán, tintineo mi copa para llamar su atención.
—Solo quería tomarme un minuto para agradecerles a todos por venir esta
noche. Esta reunión es más que una inauguración; es una manera de mostrarles mi
aprecio a cada uno de ustedes. —Miro alrededor de la habitación, mientras continúo
mi discurso—. Cada persona aquí esta noche tuvo algo que ver en hacer realidad
Emily Jack Designs. Para los que no saben, el nombre fue elegido como un homenaje
203
a mis padres, a quienes perdí el año pasado. —Travis se acerca y coloca su mano en
mi espalda, mostrándome su apoyo y dándome la fuerza que necesito para
continuar—. Perderlos hizo que me diera cuenta que la vida es muy corta y que
debemos de perseguir nuestros sueños mientras se nos da la oportunidad. —Giro y le
sonrió a Travis—. Sé con todo mi corazón que fueron quienes me guiaron a Phoenix,
porque de no ser así, nunca hubiera conocido a Spencer. —Escucho unas risitas de
nuestra familia—. Y si no me hubiera encontrado con Spencer en Lucas Brothers
para que dibujara los planos para la renovación, nunca me hubiera vuelto a
encontrar con Travis. —Se inclina y besa mi mejilla—. Y no estaría aquí hoy, junto a
mi esposo, que es el amor de mi vida. —Respiro profundamente antes de continuar,
y miro a Meg, Bonnie y Annie—. Y no hubiera ganado esta increíble familia que me
dio la bienvenida con los brazos abiertos, igual que hizo hace diez años. —Girando
hacia Thomas y Katie, digo—: Thomas, gracias por tomar este proyecto, sé que es
pequeño en comparación con lo que normalmente haces, pero me alegra que
aceptaras. Gracias por enviar a Joe a ocuparse del proyecto. Joe, hiciste un trabajo
increíble y fuiste tan paciente conmigo cuando te bombardeé a preguntas, y aprecio
todo el tiempo que le pusiste, más de lo que puedas imaginar.
Me vuelvo hacia Logan e Isabel.
—Y por los nuevos amigos que hice, muchas gracias por estar tan emocionados
por mi nuevo negocio y querer poner tarjetas en sus negocios para ayudarme a correr
la voz. —Luego me vuelvo hacia mis empleados—. Y por último, a mis empleados.
Cole, Jewel y Fay, todos los días pienso en lo afortunada que fui al recibir sus
aplicaciones. No tenía ni idea de cuántos empleados necesitaría, o como
trabajaríamos juntos. Pero juntos, tomamos el reto, y no puedo esperar a ver dónde
nos lleva esta aventura. —Levantando mi copa, digo—: Por un exitoso inicio y un
próspero negocio. ¡Salud! —Tomando un sorbo de mi champán, todos me imitan y se
me acercan para felicitarme de nuevo.
A mitad de la tarde, me alejo del grupo y voy a las escaleras. Subiendo unos
escalones, me tomo un momento para mirar alrededor, agradecida por todo lo que he
logrado en tan poco tiempo. Deseando que mis padres estuvieran aquí conmigo para
celebrar, pero sabiendo dentro de mi corazón que se encuentran aquí. Sonrío al ver a
Travis acercarse a mí. Me detengo en el último escalón cuando me alcanza.
—¿Qué haces, hermosa?
Me inclino y le doy un rápido beso.
—Solo admirando la vista. —Desliza su mano alrededor de mi cintura y se da la
vuelta para ver a nuestra familia y amigos. Me inclino para susurrarle—: Gracias.
Travis me sostiene más fuerte.
—¿Por qué?
—Por ser parte de todo esto. Porque ahora, la vida es perfecta.
204
E
p
ílo
g
o
N
o puedo creer que ya hayan pasado tres meses desde que abrimos las
puertas de Emily Jack Designs. Tan emocionante como fue abrir,
estaba muy nerviosa. No me malinterpreten, no esperaba que la gente
hiciera cola como si fueran las rebajas, en busca de lo mejor. Me hubiera hecho feliz
tener un solo cliente durante el primer mes, lo que hicimos, por cierto. Fue un
trabajo fácil, crear una caverna para hombres, para sorprender a su esposo, pero era
exactamente lo que necesitábamos. Nos promocionamos en todos los medios posibles
que pudimos pensar, tratando de esparcir nuestro nombre. Admitámoslo, con un
negocio como el diseño de interiores, la mayoría de nuestros clientes se ganan de
boca en boca. A mitad de julio, colocamos un puesto en el Home and Garden Show,
y para final de mes, tuvimos tres clientes más. La campana de la puerta suena cuando
un florista entra para entregar un ramo.
—¿Molly Watson?
Sonrío mientras camino hacia la puerta.
—Soy yo. —El recién salido de la secundaria, me pasa una tableta y me pide mi
firma. Una vez lo hago, me pasa el jarrón y me desea un buen día. Sonrió mientras
coloco las flores en una de las mesas, y tomo la tarjeta, como si no supiera de quién
son. Confirmo mis sospechas al leer la tarjeta.
Felicidades por los tres meses, propietaria. Estoy tan orgulloso de ti. Todo mi
amor, Travis.
Travis me ha enviado flores al menos una vez al mes desde que abrimos. Si no
es para celebrar nuestro mes de aniversario de bodas, es para celebrar que abrimos el
negocio. Sin saber si está ocupado o no, decido enviarle un mensaje. Tomando mi
teléfono, rápidamente tecleo.
Yo: Hola, cariño, gracias por las hermosas flores.
Travis: ¿Quién es?
No puedo evitar pero reír, sabe muy bien quién soy.
Yo: Soy tu novia traviesa, escuché que tu esposa estaba preocupada.
Travis: Hmmm, estoy seguro que no le molestará si hablamos. ¿Qué llevas
puesto?
Antes de que pueda responder coquetamente, la campana vuelve a sonar. Envío
una rápida disculpa.
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Yo: Lo lamento, cariño, cliente, tengo que correr. ¡Amo las flores y a ti!
Dejo el teléfono, me levanto del sofá y voy a saludar a un potencial nuevo
cliente. Sonrío mientras me acerco a la mujer que está impecablemente vestida.
—Bienvenida a Emily Jack Designs, ¿en qué puedo ayudarle? —Sonríe, pero su
gesto no llega a sus ojos. Obviamente está nerviosa, quién no lo estaría cuando
conoces a alguien por primera vez. Parece tener mi edad, es unos centímetros más
baja, pero llevo tacones y ella zapatos planos, su cabello rubio llega por debajo de sus
hombros y resalta naturalmente con el sol. Cuando habla, detecto un poco de acento
del sur
—Hola, estoy buscando a Molly O’Leedy.
Deseando que sea alguien que llegó por recomendación de uno de nuestros
clientes, le confirmo que está en el lugar correcto.
—Soy Molly O’Leedy, bueno, Molly Watson ahora, ¿Qué puedo hacer por ti?
Junta sus manos delante de ella, retorciendo sus dedos.
—Mmm, ¿algún lugar donde podamos hablar en privado?
Ahora soy la que se pone nerviosa.
—Seguro, soy la única aquí en este momento, pero podemos hablar en la
cocina, para que pueda vigilar la puerta. —Una de las cosas que había instalado fue
una ventana de privacidad en el cuarto de descanso, para poder comer el almuerzo y
mantener un ojo al frente. Me sigue hasta la parte trasera del edificio—. Por favor,
toma asiento. —Mis modales se apoderan y le pregunto si quiere algo de beber.
—Agua estaría bien, gracias.
Saco dos botellas del refrigerador y le paso una.
—Aquí tienes… Lo lamento, no creo haber escuchado tu nombre.
Una vez más, me regala una sonrisa tímida.
—Es Shelby, Shelby Burch.
Sonrió, tratando de calmarla.
—Un gusto conocerte, Shelby. Ahora, ¿en qué puedo ayudarte? —Abro mi
botella de agua y doy un sorbo mientras ella organiza sus pensamientos.
Bebe rápidamente y respira, luego agrega:
—Molly, soy tu hermana.
Con esas palabras, los cimientos de mi mundo vuelven a derrumbarse por
segunda vez en mi vida.
Tengo una hermana.
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Hace seis meses, una carta de mi madre cambió mi vida.
Con planes de mudarme para estar más cerca de mi padre y hermano, nunca
imaginé que me llevaría a la misma ciudad que la única persona que nunca supe que
existía hasta recientemente. Ni creí que encontraría el amor que siempre había
deseado.
Cuando me enfrenté con la tragedia, nunca soñé que la familia que siempre
había conocido se extendería para incluir a tantos. Ahora he aprendido que la familia
es más que la sangre, y su amor está siempre ahí para apoyarte.
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Sobre la autora
Michelle Rene vive en la tierra del sol, también conocida como Florida.
Cuando no está pasando tiempo con su familia, puedes encontrarla escribiendo o
animando a los Florida Gators. Debido a su adicción a comprar con un solo clic,
Michelle pasa su tiempo libre leyendo uno de los muchos libros en su Kindle.
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