Manual de Documentación de Tortura
Temas abordados
Manual de Documentación de Tortura
Temas abordados
PROTOCOLO
DE ESTAMBUL
Naciones Unidas
Nueva York y Ginebra, 2004.
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PROTOCOLO
DE ESTAMBUL
NACIONES UNIDAS
NUEVA YORK Y GINEBRA, 2004.
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INTRODUCCIÓN
A los efectos del presente Manual se define la tortura con las mismas palabras empleadas en la Con-
vención de las Naciones Unidas contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degra-
dantes, de 1984:
“Se entenderá por el término “tortura” todo acto por el cual se inflijan intencionalmente a una per-
sona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un
tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche
que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada
en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un
funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con
su consentimiento o aquiescencia. No se considerarán torturas los dolores o sufrimientos que sean
consecuencia únicamente de sanciones legítimas, o que sean inherentes o incidentales a éstas.”1
La tortura suscita profunda inquietud en la comunidad mundial. Su objetivo consiste en destruir deli-
beradamente no sólo el bienestar físico y emocional de la persona sino también, en ciertos casos, la
dignidad y la voluntad de comunidades enteras. Es algo que concierne a todos los miembros de la
familia humana porque ataca a la misma base de nuestra existencia y de nuestras esperanzas de un
futuro mejor.2
En el curso de los dos últimos decenios se ha aprendido mucho sobre la tortura y sus consecuencias,
pero antes del presente manual no se contaba con directrices internacionales para su documenta-
ción. Se pretende que el Manual para la investigación y documentación eficaces de la tortura y otros
tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes (Protocolo de Estambul) constituya las directrices
internacionales para examinar a las personas que aleguen haber sufrido tortura y malos tratos, para
investigar los casos de presunta tortura y para comunicar los resultados obtenidos a los órganos
1. Desde 1982, las recomendaciones sobre la asistencia de las Naciones Unidas a las víctimas de la tortura hechas por la Junta de
Síndicos del Fondo de Contribuciones Voluntarias de las Naciones Unidas para las Víctimas de la Tortura al Secretario General de
las Naciones Unidas se basan en el artículo 1 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre la Protección de Todas las Perso-
nas contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes según la cual “la tortura constituye una forma
agravada y deliberada de trato o pena cruel, inhumano o degradante” y “no se considerarán tortura las penas o sufrimientos que
sean consecuencia únicamente” de sanciones legítimas, o sean inherentes o incidentales a éstas, “en la medida en que estén en
consonancia con las Reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos” y con otros instrumentos internacionales pertinentes.
2. V. Iacopino, “Treatment of survivors of political torture: commentary”, The Journal of Ambulatory Care Management, vol. 21
(Nº 2) (1998), págs. 5 a 13.
3. Amnistía Internacional, Amnistía Internacional: Informe, 1999, Londres, EDAI, 1999.
4. M. Başoğlu, “Prevention of torture and care of survivors: an integrated approach”, The Journal of the American Medical Asso-
ciation (JAMA), vol. 270 (1993), págs. 606 a 611.
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judiciales y otros órganos investigadores. El Manual incluye los Principios relativos a la investigación
y documentación eficaces de la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes
(véase el anexo I). Estos principios esbozan unas normas mínimas para que los Estados puedan
asegurar una documentación eficaz de la tortura. 5 Las directrices que contiene este manual no se
presentan como un protocolo fijo. Más bien representan unas normas mínimas basadas en los prin-
cipios y deben utilizarse teniendo en cuenta los recursos disponibles. El manual y los principios son
el resultado de tres años de análisis, investigación y redacción a cargo de más de 75 expertos en
derecho, salud y derechos humanos que representaban a 40 organizaciones o instituciones de 15
países. La conceptualización y preparación del manual es producto de la colaboración entre exper-
tos forenses, médicos, psicólogos, observadores de los derechos humanos y juristas de Alemania,
Chile, Costa Rica, Dinamarca, Estados Unidos de América, Francia, India, Israel, Países Bajos, Reino
Unido, Sri Lanka, Sudáfrica, Suiza y Turquía, así como de los Territorios Palestinos Ocupados.
5. Los Principios relativos a la investigación y documentación eficaces de la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o
degradantes se anexaron a la resolución 55/89 de la Asamblea General, de 4 de diciembre de 2000, y a la resolución 2000/43
de la Comisión de Derechos Humanos, de 20 de abril de 2000, ambas aprobadas sin votación.
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CAPÍTULO I
2. Los tratados internacionales que rigen los conflictos armados establecen un derecho internacional
humanitario o las leyes de la guerra. La prohibición de la tortura en el derecho internacional humani-
tario no es más que una pequeña, aunque importante, parte de la protección más amplia que brindan
esos tratados a todas las víctimas de la guerra. Los cuatro Convenios de Ginebra de 1949 han sido
ratificados por 188 Estados. Fijan normas para el desarrollo de los conflictos armados internacionales
y, en particular, sobre el trato a las personas que no toman parte o que han dejado de tomar parte en
las hostilidades, incluidos los heridos, los capturados y los civiles. Los cuatro Convenios prohíben la
práctica de la tortura y de otros malos tratos. Dos Protocolos de 1977, adicionales a los Convenios de
Ginebra, amplían la protección y el ámbito de esos Convenios. El Protocolo I (ratificado hasta la fecha
por 153 Estados) se refiere a los conflictos internacionales. El Protocolo II (ratificado hasta la fecha
por 145 Estados) se refiere a los conflictos que no son de índole internacional.
3. A este propósito es más importante el llamado “artículo 3 común”, que se encuentra en los cuatro
Convenios. El artículo 3 común se aplica a los conflictos armados que “no sean de índole internacio-
nal”, sin que se definan con mayor precisión. Se considera que define las obligaciones fundamentales
que deben respetarse en todos los conflictos armados, no sólo en las guerras internacionales entre
distintos países. En general se infiere de ello que sea cual fuere la naturaleza de una guerra o conflicto
existen ciertas normas básicas que no pueden soslayarse. La prohibición de la tortura es una de ellas
y representa un elemento común al derecho internacional humanitario y a la normativa internacional
de los derechos humanos.
6. N. Rodley, The Treatment of Prisoners under International Law, 2nd ed. (Oxford, Clarendon Press, 1999), pág. 58.
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6. Un vínculo más entre el derecho internacional humanitario y la normativa internacional de los de-
rechos humanos se encuentra en el preámbulo del Protocolo II, relativo a los conflictos armados sin
carácter internacional (como las guerras civiles declaradas), en el que se observa que: “... los instru-
mentos internacionales relativos a los derechos humanos ofrecen a la persona humana una protección
fundamental”. 7
7. Para asegurar la adecuada protección de todas las personas contra la tortura o tratos crueles, in-
humanos o degradantes, durante muchos años las Naciones Unidas han procurado elaborar normas
universalmente aplicables. Los convenios, declaraciones y resoluciones adoptados por los Estados
Miembros de las Naciones Unidas afirman claramente que no puede haber excepciones a la prohi-
bición de la tortura y establecen distintas obligaciones para garantizar la protección contra tales
abusos. Entre los más importantes de esos instrumentos figuran la Declaración Universal de Dere-
chos Humanos8, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos 9, las Reglas mínimas para el
tratamiento de los reclusos 10, la Declaración de las Naciones Unidas sobre la Protección de Todas las
Personas contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes (Declaración
sobre la Protección contra la Tortura) 11, el Código de conducta para funcionarios encargados de
hacer cumplir la ley 12, los Principios de ética médica aplicables a la función del personal de salud,
especialmente los médicos, en la protección de personas presas y detenidas contra la tortura y otros
tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes (Principios de ética médica) 13, la Convención contra
la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos y Degradantes (Convención contra la Tortura)
14
, el Conjunto de Principios para la Protección de Todas las Personas Sometidas a Cualquier Forma
de Detención o Prisión (Conjunto de Principios sobre la Detención) 15 y los Principios básicos para el
tratamiento de los reclusos 16.
8. La Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura no incluye las penas o sufrimientos que
sean consecuencia únicamente de sanciones legítimas, o que sean inherentes o incidentales a éstas. 17
7. Segundo párrafo del preámbulo del Protocolo II (1977) adicional a los Convenios de Ginebra de 1949.
8. Resolución 217A (III) de la Asamblea General, de 10 de diciembre de 1948, art. 5; véase Documentos Oficiales de la Asamblea
General, tercer período de sesiones, (A/810), pág. 34.
9. Entró en vigor el 23 de marzo de 1976; véase la resolución 2200 A (XXI) de la Asamblea General, de 16 de diciembre de 1966,
anexo, art. 7; Documentos Oficiales de la Asamblea General, vigésimo primer período de sesiones, Suplemento Nº 16 (A/6316),
pág. 55, y Naciones Unidas, Recueil des Traités, vol. 999, pág. 241.
10. Adoptadas el 30 de agosto de 1955 por el Primer Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamien-
to del Delincuente.
11. Resolución 3452 (XXX) de la Asamblea General, de 9 de diciembre de 1975, anexo, arts. 2 y 4; véase Documentos Oficiales
de la Asamblea General, trigésimo período de sesiones, Suplemento Nº 34 (A/10034), pág. 95.
12. Resolución 34/169 de la Asamblea General, de 17 de diciembre de 1979, anexo, art. 5; véase Documentos Oficiales de la
Asamblea General, trigésimo cuarto período de sesiones, Suplemento Nº 46 (A/34/46), pág. 216.
13. Resolución 37/194 de la Asamblea General, de 18 de diciembre de 1982, anexo, principios 2 a 5; véase Documentos Oficiales
de la Asamblea General, trigésimo séptimo período de sesiones, Suplemento Nº 51 (A/37/51), pág. 265.
14. Entró en vigor el 26 de junio de 1987; véase la resolución 39/46 de la Asamblea General, de 10 de diciembre de 1984, anexo, art.
2; Documentos Oficiales de la Asamblea General, trigésimo noveno período de sesiones, Suplemento Nº 51 (A/39/51), pág. 212.
15. Resolución 43/173 de la Asamblea General, de 9 de diciembre de 1988, anexo, principio 6; véase Documentos Oficiales de la
Asamblea General, cuadragésimo tercer período de sesiones, Suplemento Nº 49 (A/43/49), pág. 319.
16. Resolución 45/111 de la Asamblea General, de 14 de diciembre de 1990, anexo, principio 1; véase Documentos Oficiales de la
Asamblea General, cuadragésimo quinto período de sesiones, Suplemento Nº 49 (A/45/49), pág. 222.
17. Para una interpretación de lo que constituyen “sanciones legítimas”, véase el Informe del Relator Especial sobre la tortura al
53º período de sesiones de la Comisión de Derechos Humanos (E/CN.4/1997/7, párrs. 3 a 11), en que el Relator Especial expresa
su opinión de que la imposición de castigos como la lapidación a muerte, los azotes y la amputación no pueden ser conside-
rados lícitos sólo porque hayan sido autorizados en un procedimiento legítimo en su forma. La interpretación defendida por
el Relator Especial, que concuerda con la posición del Comité de Derechos Humanos y de otros mecanismos de las Naciones
Unidas, fue ratificada por la resolución 1998/38 de la Comisión de Derechos Humanos, que “recuerda a los gobiernos que el
castigo corporal puede ser equivalente a un trato cruel, inhumano o degradante, o hasta a la tortura”.
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9. Otros órganos y mecanismos de derechos humanos de las Naciones Unidas han adoptado me-
didas con el fin de elaborar normas para la prevención de la tortura y normas que obliguen a los
Estados a investigar toda denuncia de tortura. Entre estos órganos y mecanismos figuran el Comité
contra la Tortura, el Comité de Derechos Humanos, la Comisión de Derechos Humanos, el Relator
Especial sobre la tortura, el Relator Especial sobre violencia contra la mujer y los relatores especiales
para los países nombrados por la Comisión de Derechos Humanos.
10. Los instrumentos internacionales citados establecen ciertas obligaciones que los Estados deben
respetar para asegurar la protección contra la tortura. Entre ellas figuran las siguientes:
a) Tomar medidas legislativas, administrativas, judiciales o de otra índole eficaces para impedir los
actos de tortura. En ningún caso podrán invocarse circunstancias excepcionales tales como el estado
de guerra como justificación de la tortura (artículo 2 de la Convención contra la Tortura y artículo 3 de
la Declaración sobre la Protección contra la Tortura).
b) No se procederá a la expulsión, devolución o extradición de una persona a otro Estado cuando
haya razones fundadas para creer que estaría en peligro de ser sometida a tortura (artículo 3 de la
Convención contra la Tortura).
c) Penalizar los actos de tortura, incluida la complicidad o la participación en ellos (artículo 4 de la
Convención contra la Tortura, Principio 7 del Conjunto de Principios sobre la Detención, artículo 7 de
la Declaración de Protección contra la Tortura y párrafos 31 a 33 de las Reglas mínimas para el trata-
miento de los reclusos).
d) Hacer de la tortura un delito que dé lugar a extradición y ayudar a otros Estados Partes en lo que
respecta a los procedimientos penales incoados en casos de tortura (artículos 8 y 9 de la Convención
contra la Tortura).
e) Limitar el uso de la detención en régimen de incomunicación; asegurar que los detenidos se man-
tienen en lugares oficialmente reconocidos como lugares de detención; asegurar que los nombres de
las personas responsables de su detención figuran en registros fácilmente disponibles y accesibles a
los interesados, incluidos familiares y amigos; registrar la hora y el lugar de todos los interrogatorios,
junto con los nombres de las personas presentes; y garantizar que médicos, abogados y familiares
tienen acceso a los detenidos (artículo 11 de la Convención contra la Tortura; Principios 11 a 13, 15 a 19
y 23 del Conjunto de Principios sobre la Detención; párrafos 7, 22 y 37 de las Normas mínimas para el
tratamiento de los reclusos).
f) Asegurar una educación y una información sobre la prohibición de la tortura en la formación profesio-
nal de los agentes del orden (civiles y militares), del personal médico, de los funcionarios públicos y otras
personas indicadas (artículo 10 de la Convención contra la Tortura, artículo 5 de la Declaración sobre la
Protección contra la Tortura, párrafo 54 de las Normas mínimas para el tratamiento de los reclusos).
g) Asegurar que ninguna declaración que se demuestre que ha sido hecha como resultado de torturas
pueda ser invocada como prueba en ningún procedimiento, salvo en contra de una persona acusada
de tortura como prueba de que se formuló dicha declaración (artículo 15 de la Convención contra la
Tortura, artículo 12 de la Declaración sobre la Protección contra la Tortura).
h) Asegurar que las autoridades competentes procedan a una investigación pronta e imparcial siem-
pre que haya motivos razonables para creer que se ha cometido un acto de tortura (artículo 12 de la
Convención contra la Tortura, Principios 33 y 34 del Conjunto de Principios sobre la Detención, artículo
9 de la Declaración sobre la Protección contra la Tortura).
i) Asegurar que toda víctima de tortura obtenga reparación e indemnización adecuadas (artículos 13 y
14 de la Convención contra la Tortura, artículo 11 de la Declaración sobre la Protección contra la Tortura,
párrafos 35 y 36 de las Normas mínimas para el tratamiento de los reclusos).
j) Asegurar que el o los presuntos culpables sean sometidos a un procedimiento penal si una inves-
tigación demuestra que parece haberse cometido un acto de tortura. Si se considera que una de-
nuncia de trato o pena cruel, inhumano o degradante está bien fundada, el o los presuntos autores
serán sometidos a los procedimientos penales, disciplinarios o de otro tipo que correspondan (ar-
tículo 7 de la Convención contra la Tortura, artículo 10 de la Declaración sobre la Protección contra
la Tortura).
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2) Órganos y mecanismos de las Naciones Unidas
11. El Comité contra la Tortura supervisa el cumplimiento de la Convención contra la Tortura y Otros
Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes. Está compuesto de diez expertos elegidos por
su “gran integridad moral y reconocida competencia en materia de derechos humanos”. De confor-
midad con el artículo 19 de la Convención contra la Tortura, los Estados Partes deben presentar al
Comité, por conducto del Secretario General, informes sobre las medidas que hayan adoptado para
dar efectividad a los compromisos contraídos en virtud de la Convención. El Comité examina en qué
medida las disposiciones de la Convención se han incorporado a la legislación nacional y cómo esto
funciona en la práctica. El Comité examina cada informe y puede formular comentarios y recomenda-
ciones generales, e incluir esta información en su informe anual a los Estados Partes y a la Asamblea
General. Estos procedimientos se desarrollan en reuniones públicas.
12. De conformidad con el artículo 20 de la Convención contra la Tortura, si el Comité recibe informa-
ción fiable que parezca indicar de forma fundamentada que se practica sistemáticamente la tortura en
el territorio de un Estado Parte, invitará a ese Estado Parte a cooperar en el examen de la información
y a tal fin presentar observaciones con respecto a la información de que se trate. El Comité podrá, si
decide que ello se justifica, designar a uno o varios de sus miembros para que procedan a una investi-
gación confidencial e informen urgentemente al Comité. En el acuerdo de ese Estado Parte, tal inves-
tigación podrá incluir una visita a su territorio. Después de examinar las conclusiones presentadas por
ese miembro o grupo, el Comité transmitirá las conclusiones al Estado Parte de que se trate, junto con
las observaciones o sugerencias que estime pertinentes en vista de la situación. Todas las actuaciones
del Comité en virtud del artículo 20 son confidenciales y en todas sus etapas éste procura recabar la
cooperación del Estado Parte. Una vez concluidas estas actuaciones, tras celebrar consultas con el Es-
tado Parte interesado, el Comité puede tomar la decisión de incluir un resumen de los resultados de las
actuaciones en su informe anual a los otros Estados Partes y a la Asamblea General. 18
13. De conformidad con el artículo 22 de la Convención contra la Tortura, un Estado Parte puede en
cualquier momento reconocer la competencia del Comité para recibir y examinar las comunicaciones
enviadas por personas sometidas a su jurisdicción, o en su nombre, que aleguen ser víctimas de una
violación por un Estado Parte de las disposiciones de la Convención contra la Tortura. El Comité exa-
minará esas comunicaciones a puerta cerrada y comunicará su parecer al Estado Parte y a la persona
de que se trate. Sólo 39 de los 112 Estados Partes que han ratificado la Convención han reconocido
también la aplicabilidad del artículo 22.
14. Entre las inquietudes expresadas por el Comité en sus informes anuales a la Asamblea General
figura la necesidad de que los Estados Partes cumplan los artículos 12 y 13 de la Convención contra la
Tortura para conseguir que se emprendan investigaciones prontas e imparciales sobre todas las que-
jas de tortura. Por ejemplo, el Comité ha señalado que considera que una demora de 15 meses en la
investigación de una queja de tortura es excesiva y no satisface las exigencias del artículo 12. 19 El Co-
mité ha señalado además que el artículo 13 no exige la presentación formal de una denuncia de tortura
sino que “basta la simple alegación por parte de la víctima para que surja la obligación del Estado de
examinarla pronta e imparcialmente”. 20
15. El Comité de Derechos Humanos fue establecido de conformidad con el artículo 28 del Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos con la función de vigilar la aplicación del Pacto por los
Estados Partes. El Comité se compone de 18 expertos independientes que han de ser personas de
gran integridad moral y reconocida competencia en materia de derechos humanos.
18. Debe advertirse, sin embargo, que la aplicación del artículo 20 puede limitarse en virtud de una reserva presentada por un
Estado Parte, en cuyo caso el artículo 20 no será aplicable.
19. Véase la comunicación 8/1991, párr. 185, Informe del Comité contra la Tortura a la Asamblea General (A/49/44), 12 de junio de 1994.
20. Véase la comunicación 6/1990, párr. 10.4, Informe del Comité contra la Tortura a la Asamblea General (A/50/44), 26 de julio de 1995.
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16. Los Estados Partes en el Pacto deben presentar cada cinco años informes sobre las disposicio-
nes que hayan adoptado para dar efecto a los derechos reconocidos en el Pacto y sobre los pro-
gresos realizados en cuanto al goce de esos derechos. El Comité de Derechos Humanos estudia los
informes dialogando con representantes del Estado Parte cuyo informe se examina. A continuación,
el Comité adopta sus observaciones finales resumiendo sus principales motivos de preocupación y
formulando al Estado Parte sugerencias y recomendaciones apropiadas. El Comité prepara además
unas observaciones generales en las que interpreta artículos concretos del Pacto para orientar a los
Estados Partes en sus informes, así como en la aplicación de las disposiciones del Pacto. En una de
esas observaciones generales, el Comité se propuso aclarar el artículo 7 del Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos, que afirma que nadie deberá ser sometido a tortura o a tratos o penas
crueles, inhumanos o degradantes. En la observación general sobre el artículo 7 del Pacto que figura
en el informe del Comité se advierte concretamente que para la aplicación del artículo 7 no basta
con prohibir la tortura o con declararla delito. 21 El Comité afirma que “... los Estados deben garantizar
una protección eficaz mediante algún mecanismo de control. Las denuncias de malos tratos deben
ser investigadas eficazmente por las autoridades competentes”.
17. El 10 de abril de 1992, el Comité adoptó una nueva observación general acerca del artículo 7 en
la que elaboraba sus observaciones anteriores. El Comité reforzó su interpretación del artículo 7
señalando que “las denuncias deberán ser investigadas con celeridad e imparcialidad por las auto-
ridades competentes a fin de que el recurso sea eficaz”. Cuando un Estado haya ratificado el primer
Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, cualquier persona
puede presentar al Comité una comunicación en la que sostenga que se han violado los derechos
que le confiere el Pacto. Si se considera admisible la comunicación, el Comité adopta una decisión
sobre el fondo de la cuestión y la hace pública en su informe anual.
18. La Comisión de Derechos Humanos es el principal órgano de las Naciones Unidas en materia
de derechos humanos. Está compuesta por 53 Estados Miembros que son elegidos por el Consejo
Económico y Social con un mandato de tres años. La Comisión se reúne todos los años durante seis
semanas en Ginebra para ocuparse de las cuestiones de derechos humanos. La Comisión puede
dar inicio a estudios y misiones de investigación, redactar convenciones y declaraciones para su
aprobación por órganos superiores de las Naciones Unidas y examinar violaciones concretas de los
derechos humanos en reuniones públicas o privadas. El 6 de junio de 1967, el Consejo Económico y
Social, en su resolución 1235 (XLII), autorizó a la Comisión a examinar las denuncias de violaciones
notorias de derechos humanos y a realizar un estudio a fondo de las situaciones que revelasen un
cuadro persistente de violación de los derechos humanos22. De acuerdo con este mandato, la Comi-
sión, entre otros procedimientos, ha adoptado resoluciones en las que expresa su inquietud por las
violaciones de los derechos humanos y ha nombrado relatores especiales para que se ocupen de vio-
laciones de los derechos humanos en distintos ámbitos temáticos. La Comisión ha adoptado además
resoluciones en relación con la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes. En
su resolución 1998/38, la Comisión subrayó que “toda denuncia de torturas o de otros tratos o penas
crueles, inhumanos o degradantes debe ser examinada oportuna e imparcialmente por la autoridad
nacional competente”.
19. En 1985, en su resolución 1985/33 la Comisión decidió nombrar a un Relator Especial sobre la
tortura. El Relator Especial está encargado de solicitar y recibir información creíble y fidedigna sobre
cuestiones relativas a la tortura y de responder sin demora a esas informaciones. En resoluciones
ulteriores la Comisión ha seguido renovando el mandato del Relator Especial.
20. El Relator Especial tiene autoridad para vigilar la situación en todos los Estados Miembros de las
Naciones Unidas y todos aquellos que tienen la condición de observadores, hayan o no ratificado la
Convención contra la Tortura. El Relator Especial se comunica con los diferentes gobiernos, les soli-
cita información sobre las medidas legislativas y administrativas adoptadas para impedir la tortura
7
y les pide que reparen las consecuencias en su caso, y además les pide que respondan a toda infor-
mación que dé cuenta de casos concretos de tortura. El Relator Especial recibe asimismo solicitudes
de intervención inmediata, que señala a la atención de los gobiernos interesados a fin de garantizar
la protección del derecho de la persona a la integridad física y mental. Además, celebra
consultas con los representantes de los gobiernos que deseen reunirse con él, y de conformidad
con su mandato, realiza visitas in situ a determinadas partes del mundo. El Relator Especial presenta
informes a la Comisión de Derechos Humanos y a la Asamblea General. Estos informes describen
las actividades desarrolladas por el Relator Especial de acuerdo con su mandato y constantemente
ponen de relieve la importancia de la rápida investigación de las denuncias de tortura. En el informe
del Relator Especial sobre la cuestión de la tortura del 12 de enero de 1995, el Relator Especial Nigel
Rodley formuló una serie de recomendaciones. En el párrafo 926 g) del informe observaba:
Cuando un detenido o un familiar o un abogado presenta una denuncia por tortura, siempre
debe realizarse una investigación. [...] Deben establecerse autoridades nacionales independien-
tes, como una comisión nacional o un ombudsman con facultades de investigación y/o procesa-
miento, para que reciban e investiguen las denuncias. Las denuncias de torturas deben ser tra-
mitadas inmediatamente e investigadas por una autoridad independiente que no tenga ninguna
relación con la que esté investigando o instruyendo el caso contra la presunta víctima. 23
21. En su informe del 9 de enero de 1996, el Relator Especial insistió en esta recomendación.24 Expre-
sando su inquietud por las prácticas de tortura, puntualizó en el párrafo 136 que “tanto conforme al
derecho internacional general como a la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles,
Inhumanos o Degradantes, los Estados están obligados a investigar las denuncias de tortura”.
22. El cargo del Relator Especial sobre la violencia contra la mujer fue establecido en 1994 por la Co-
misión de Derechos Humanos en su resolución 1994/45, y el mandato fue renovado en la resolución
1997/44. El Relator Especial ha establecido procedimientos para obtener explicaciones e informacio-
nes de los gobiernos, en un espíritu humanitario, sobre casos concretos de presunta violencia a fin de
identificar e investigar situaciones y denuncias específicas de violencia contra la mujer en cualquier
país. Estas comunicaciones pueden referirse a una o más personas identificadas por sus nombres o a
información de carácter más general sobre una situación en la que se condonan o perpetran actos de
violencia contra la mujer. La definición de violencia de género contra la mujer utilizada por el Relator
Especial está tomada de la Declaración de las Naciones Unidas sobre la eliminación de la violencia
contra la mujer, adoptada por la Asamblea General en su resolución 48/104 de 20 de diciembre de
1993. En casos de violencia de género contra la mujer que supongan o puedan suponer una amenaza
o el temor de una amenaza inminente al derecho a la vida o a la integridad física de una persona, el
Relator Especial podrá enviar un llamamiento urgente. El Relator Especial instará a las autoridades
nacionales competentes no sólo a que faciliten información completa sobre el caso sino también a
que realicen una investigación independiente e imparcial sobre el caso transmitido y a que adopten
medidas inmediatas para asegurar que no vuelvan a producirse violaciones de los derechos humanos
de las mujeres.
23 El Relator Especial informa anualmente a la Comisión de Derechos Humanos sobre las comunicacio-
nes enviadas a los gobiernos y las respuestas recibidas por él. Basándose en la información recibida de
los gobiernos y otras fuentes fidedignas, el Relator Especial formula recomendaciones a los gobiernos
interesados a fin de encontrar soluciones duraderas que permitan eliminar la violencia contra la mujer
en cualquier país. Cuando no recibe respuesta de los gobiernos o cuando la información recibida es
insuficiente, el Relator Especial puede enviarles comunicaciones suplementarias. Si se da el caso de
que en un determinado país persiste una situación particular de violencia contra la mujer y la informa-
ción recibida por el Relator Especial indica que el gobierno en cuestión no ha adoptado ni se propone
adoptar medidas para garantizar la protección de los derechos humanos de la mujer, el Relator Especial
puede considerar la posibilidad de pedir autorización al gobierno en cuestión para visitar el país y rea-
lizar una misión de investigación in situ de los hechos.
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f) El Fondo de Contribuciones Voluntarias de las Naciones Unidas para las Víctimas de la Tortura
24. Las secuelas físicas y psicológicas de la tortura pueden ser devastadoras y perdurar durante mu-
chos años, afectando no sólo a las víctimas sino también a sus familiares. Puede obtenerse asistencia
para la recuperación de las víctimas de semejantes traumas de ciertas organizaciones especializadas
en la asistencia a las víctimas de la tortura. En diciembre de 1981 la Asamblea General estableció el
Fondo de Contribuciones Voluntarias de las Naciones Unidas para las Víctimas de la Tortura, para re-
cibir tales contribuciones y distribuirlas a las organizaciones no gubernamentales (ONG) que prestan
asistencia psicológica, médica, social, económica, jurídica y otras formas de asistencia humanitaria
a las víctimas de la tortura y a sus familiares. Dependiendo de las contribuciones voluntarias dispo-
nibles, el Fondo podrá financiar unos 200 proyectos de ONG que presten asistencia a unas 80.000
víctimas y a sus familiares en unos 80 países del mundo entero. El Fondo ha financiado a redacción
y traducción del presente manual y recomendado que se publique en la Serie de Capacitación Pro-
fesional de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, de
conformidad con una recomendación de su Junta de Síndicos, que subvenciona un determinado
número de proyectos cuyo objetivo es formar a profesionales de la salud y a otras personas para la
prestación de una asistencia especializada a las víctimas de la tortura.
25. También ciertos organismos regionales han contribuido a la preparación de normas para la pre-
vención de la tortura. Entre esos organismos figuran la Comisión Interamericana de Derechos Huma-
nos, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, el
Comité Europeo para la Prevención de la Tortura y la Comisión Africana de Derechos Humanos y de
los Pueblos.
1. Toda persona tiene derecho a que se respete su integridad física, psíquica y moral.
2. Nadie debe ser sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.
Toda persona privada de libertad será tratada con el respeto debido a la dignidad inherente
al ser humano.
25. Organización de los Estados Americanos, Serie sobre Tratados Nº 36, y Naciones Unidas, Recueil des Traités, vol. 1144, pág.
124. Reimpreso en “Documentos básicos relativos a los derechos humanos en el sistema interamericano”, OEA/Ser.L.V/II.82,
documento 6, rev. 1, pág. 25 (1992).
26. Reglamento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, OEA/Ser.L.V/II.92, documento 31, revisión 3 del 3 de
mayo de 1996, art. (1).
27. Véase el caso 10.832, informe Nº 35/96, Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Informe Anual 1997, párr. 75.
28. Organización de los Estados Americanos, Serie sobre Tratados Nº 67.
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... todo acto realizado intencionalmente por el cual se inflijan a una persona penas o sufrimientos fí-
sicos o mentales, con fines de investigación criminal, como medio intimidatorio, como castigo per-
sonal, como medida preventiva, como pena o con cualquier otro fin. Se entenderá también como
tortura la aplicación sobre una persona de métodos tendientes a anular la personalidad de la víc-
tima o a disminuir su capacidad física o mental, aunque no causen dolor físico o angustia psíquica.
28. En su artículo 1, los Estados Partes en la Convención se obligan a prevenir y a sancionar la tortura
en los términos de la Convención. Los Estados Partes en la Convención deben realizar una investiga-
ción inmediata y adecuada sobre toda denuncia de casos de tortura, dentro de su jurisdicción.
29. El artículo 8 dispone que “los Estados Partes garantizarán a toda persona que denuncie haber
sido sometida a tortura en el ámbito de su jurisdicción el derecho a que el caso sea examinado im-
parcialmente”. Del mismo modo, si existe una acusación o alguna razón fundada para creer que se ha
cometido un acto de tortura en el ámbito de su jurisdicción, los Estados Partes garantizarán que sus
respectivas autoridades procederán debidamente y de inmediato a realizar una investigación sobre
el caso y a iniciar, cuando corresponda, el respectivo proceso penal.
30. En uno de sus informes de países de 1998, la Comisión señaló que el procesamiento efectivo de
los torturadores tropezaba con el obstáculo que suponía la falta de independencia existente en una
investigación sobre denuncias de tortura, ya que se pedía que la investigación estuviese a cargo de
organismos federales que probablemente estaban en contacto con las partes acusadas de cometer
la tortura. 29La Comisión invocó el artículo 8 para encarecer la importancia de que todos los casos
fueran sometidos a un “examen imparcial”. 30
El Estado está, por otra parte, obligado a investigar toda situación en la que se hayan violado los
derechos humanos protegidos por la Convención. Si el aparato del Estado actúa de modo que tal
violación quede impune y no se restablezca, en cuanto sea posible, a la víctima en la plenitud de
sus derechos, puede afirmarse que ha incumplido el deber de garantizar su libre y pleno ejercicio
a las personas sujetas a su jurisdicción.
32. El artículo 5 de la Convención prevé el derecho de toda persona a no ser sometida a tortura.
Aunque el caso trataba concretamente de la cuestión de las desapariciones, uno de los derechos
que el tribunal consideró garantizados por la Convención Americana sobre Derechos Humanos es el
derecho de la persona a no ser sometida a tortura ni a otras formas de malos tratos.
33. El 4 de noviembre de 1950, el Consejo de Europa adoptó el Convenio Europeo para la Pro-
tección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales, que entró en vigor el 3 de
septiembre de 1953. 31Según el artículo 3 del Convenio Europeo “nadie podrá ser sometido a tor-
tura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes”. El Convenio Europeo estableció mecanismos
de control constituidos por el Tribunal Europeo y la Comisión Europea de Derechos Humanos.
Desde la reforma que se introdujo el 1º de noviembre de 1998, un nuevo Tribunal permanente
ha venido a reemplazar al antiguo Tribunal y a la Comisión. En la actualidad el reconocimiento
del derecho de los particulares a presentar demandas es obligatorio y todas las víctimas tienen
acceso directo al Tribunal. Éste ha tenido ocasión de examinar la necesidad de investigar las de-
nuncias de tortura para garantizar los derechos amparados por el artículo 3.
29. Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Informe sobre la situación de los derechos humanos en México, 1998, párr. 323.
30. Ibíd., párr. 324.
31. Naciones Unidas, Recueil des Traités, vol. 213, pág. 222.
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34. El primer fallo sobre esta cuestión fue el del caso Aksoy c. Turquía (100/1995/606/694), emitido
el 18 de diciembre de 1996.32 En ese caso, el Tribunal consideró que:
Cuando una persona es detenida bajo custodia policial en buen estado de salud pero en el mo-
mento de su puesta en libertad presenta lesiones, le corresponde al Estado dar una explicación
plausible en cuanto a la causa de las lesiones, y el incumplimiento de esta obligación suscita
claramente una cuestión de violación del artículo 3 del Convenio. 33
35. El Tribunal dictaminó que las lesiones infligidas al demandante eran consecuencia de tortura y que
se había violado el artículo 3. 34 Además, el Tribunal interpretó que el artículo 13 del Convenio, que pre-
vé el derecho a un recurso efectivo ante una instancia nacional, impone la obligación de investigar con
todo cuidado toda demanda por tortura. Considerando la “importancia fundamental de la prohibición
de la tortura” y la vulnerabilidad de las víctimas de la tortura, el Tribunal dictaminó que “el artículo 13,
sin perjuicio de cualquier otro recurso disponible en la jurisdicción interna, impone a los Estados la
obligación de realizar una investigación minuciosa y efectiva de los incidentes de tortura”. 35
36. De acuerdo con la interpretación del Tribunal, la noción de “recurso efectivo” del artículo 13 exige
una cuidadosa investigación de toda denuncia plausible de tortura. El Tribunal observó que aun cuan-
do el Convenio no contenía una disposición expresa, como el artículo 12 de la Convención contra la
Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, esa exigencia estaba implícita en
la noción de “recurso efectivo” del artículo 1336. El Tribunal consideró entonces que el Estado había
violado el artículo 13 36 por el hecho de no investigar la alegación de tortura del demandante.37
37. En un fallo del 28 de octubre de 1998, en el caso Assenov y otros c. Bulgaria (90/1997/874/1086),
el Tribunal aún fue más lejos al reconocer que el Estado tiene la obligación de investigar las denuncias
de tortura no sólo en virtud del artículo 13 sino también del artículo 3. En este caso, un joven romaní
que había sido detenido por la policía mostraba signos físicos de haber sido golpeado, pero sobre la
base de las pruebas disponibles no se podía determinar si dichas lesiones habían sido causadas por su
padre o por la policía. El Tribunal reconoció que “la intensidad de los hematomas hallados por el médico
que examinó al Sr. Assenov indica que las lesiones que éste presentaba, tanto si hubieran sido causa-
das por su padre como por la policía, eran suficientemente graves como para ser consideradas como
malos tratos dentro del marco del artículo 3”38. Al contrario de la Comisión, que consideraba que no se
había violado el artículo 3, el Tribunal no se detuvo ahí. Siguió su reflexión y consideró que los hechos
suscitaban “una sospecha razonable de que esas lesiones han podido ser causadas por la policía”.39 En
consecuencia, el Tribunal sostuvo que:
En estas circunstancias, cuando una persona presenta una denuncia plausible de que ha sido seve-
ramente maltratada por la policía o por otros agentes del Estado, en contra de la ley y en violación
del artículo 3, esta disposición, leída juntamente con la del artículo 1 del Convenio, que impone al
Estado la obligación de garantizar “a toda persona dependiente de su jurisdicción los derechos y
libertades [...] del presente Convenio”, exige por implicación que se realice una investigación oficial
efectiva. Esta investigación debe poder conducir a la identificación y el castigo de los responsa-
bles. De no ser así, la prohibición legal general de la tortura y otros tratos y penas inhumanos y
degradantes, pese a su importancia fundamental, quedaría sin efecto en la práctica y en ciertos
casos agentes del Estado podrían violar con virtual impunidad los derechos de las personas que se
encuentran bajo su custodia. 40
32. Véanse los Protocolos 3, 5 y 8, que entraron en vigor el 21 de septiembre de 1970, el 20 de diciembre de 1971 y el 1º de enero
de 1990, Série des traités européens, N° 45, 46 y 118, respectivamente.
33. Véase Tribunal Europeo de Derechos Humanos, Recueil des arréts et décisions 1996-VI, párr. 61.
34. Ibíd., párr. 64.
35. Ibíd., párr. 98.
36. Ibíd., párr. 98.
37. bíd., párr. 100.
38. Ibíd., Recueil des arrêts et décisions 1998-VIII, párr. 95.
39. Ibíd., párr. 101.
40. Ibíd., párr. 102.
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38. Por vez primera, el Tribunal dictaminó que había habido violación del artículo 3, no por malos tratos
en sí sino por no haberse realizado una investigación oficial efectiva de la denuncia de malos tratos.
Además, el Tribunal reiteró la posición que había adoptado en el caso Aksoy y dictaminó que también
se había violado el artículo 13. El Tribunal concluyó que:
Cuando una persona presenta una denuncia plausible de que ha sido maltratada en violación del
artículo 3, la noción de recurso efectivo implica, además del tipo de investigación exhaustiva y
efectiva que se exige asimismo en el artículo 3, que el demandante tenga un acceso efectivo al
procedimiento de investigación y, en su caso, el pago de una indemnización. 41
3) El Comité Europeo para la Prevención de la Tortura y de las Penas o Tratos Inhumanos o Degradantes
39. En 1987, el Consejo de Europa adoptó el Convenio Europeo para la Prevención de la Tortura y de
las Penas o Tratos Inhumanos o Degradantes, que entró en vigor el 1º de febrero de 1989. 42 Al 1º de
marzo de 1999, los 40 Estados miembros del Consejo de Europa habían ratificado el Convenio. Este
Convenio complementa con un mecanismo preventivo el mecanismo judicial del Convenio Europeo
de Derechos Humanos. El Convenio no trata de establecer normas sustantivas. El Convenio estable-
ció el Comité Europeo para la Prevención de la Tortura y de las Penas o Tratos Inhumanos o Degra-
dantes, constituido por un miembro de cada Estado miembro. Los miembros elegidos para el Comité
deben ser personas de gran prestigio moral, imparciales, independientes y estar en condiciones de
realizar misiones en el terreno.
40. El Comité realiza visitas a los Estados miembros del Consejo de Europa, unas con carácter pe-
riódico y otras con fines específicos. La delegación visitante del Comité está constituida por miem-
bros del Comité, acompañados de expertos médicos, jurídicos y de otras disciplinas, intérpretes y
miembros de la secretaría. Estas delegaciones visitan a las personas privadas de su libertad por las
autoridades del país visitado.43 Las atribuciones de la delegación visitante son bastante extensas:
puede visitar cualquier lugar donde se mantenga a personas privadas de su libertad; hacer visitas no
anunciadas a cualquiera de esos lugares; repetir esas mismas visitas; hablar en privado con las per-
sonas privadas de libertad; visitar a todas las personas que desee y se encuentren en esos lugares;
y visitar todas las instalaciones (y no sólo las celdas) sin ninguna restricción. La delegación puede
tener acceso a todos los documentos y archivos relativos a las personas visitadas. Todo el trabajo del
Comité se basa en la confidencialidad y la cooperación.
41. Después de cada visita el Comité escribe un informe. A partir de los hechos observados durante
la visita, el Comité comenta las condiciones halladas, formula recomendaciones concretas y pide to-
das las explicaciones que necesite. El Estado Parte responde por escrito al informe y así se establece
un diálogo entre el Comité y el Estado Parte que continúa hasta la siguiente visita. Los informes del
Comité y las respuestas del Estado Parte son documentos confidenciales, aunque el Estado Parte (no
el Comité) puede decidir que se publiquen tanto los informes como las respuestas. Hasta ahora casi
todos los Estados Partes han hecho públicos los informes y las respuestas.
42. En el curso de sus actividades a lo largo de los diez últimos años, el Comité ha ido estableciendo
gradualmente una serie de criterios aplicables al tratamiento de las personas detenidas que consti-
tuyen normas generales. Estas normas se refieren no sólo a las condiciones materiales sino también
a las salvaguardias de procedimiento. Por ejemplo, el Comité ha propugnado las tres salvaguardias
siguientes para las personas detenidas bajo custodia policial:
12
a) El derecho de las personas privadas de libertad, si lo desean, a informar inmediatamente del
arresto a un tercero (miembros de la familia);
b) El derecho de las personas privadas de libertad a tener acceso de inmediato a un abogado;
c) El derecho de las personas privadas de libertad a disponer de los servicios de un médico,
incluso, si lo desean, del médico de su elección.
43. Además, el Comité ha insistido en que uno de los medios más eficaces de prevención de malos
tratos de los agentes del orden consiste en que las autoridades competentes procedan sin demora al
examen de todas las quejas de malos tratos que se les sometan y, cuando corresponda, a la imposición
de las sanciones. Esto tiene un poderoso efecto disuasivo.
44. En comparación con los sistemas europeo e interamericano, África no tiene una convención
sobre la tortura y su prevención. La cuestión de la tortura se examina en el mismo nivel que otras
violaciones de los derechos humanos. De la cuestión de la tortura se ocupa, en primer lugar, la Car-
ta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, que fue adoptada por la Organización de la
Unidad Africana el 27 de junio de 1981 y que entró en vigor el 21 de octubre de 1986. 44 El artículo 5
de la Carta Africana dispone que:
Toda persona tiene derecho a que se respete la dignidad inherente a su condición de ser huma-
no y al reconocimiento de su situación jurídica. Se prohíben todas las formas de explotación y
degradación del hombre, especialmente la esclavitud, la trata de esclavos, la tortura y los tratos
o penas crueles, inhumanos o degradantes.
45. De conformidad con el artículo 30 de la Carta Africana, en junio de 1987 se estableció la Comisión
Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos con la misión de “proteger los derechos humanos y de
los pueblos y asegurar su protección en África”. En sus reuniones periódicas, la Comisión ha aprobado
varias resoluciones de países sobre asuntos relativos a los derechos humanos en África, algunas de las
cuales se refieren a la tortura, entre otras violaciones. En algunas de esas resoluciones sobre países, la
Comisión ha expresado su inquietud por el deterioro de la situación de los derechos humanos, incluida
la práctica de la tortura.
46. La Comisión ha establecido mecanismos nuevos como, por ejemplo, el Relator Especial sobre las
prisiones, el Relator Especial sobre las ejecuciones arbitrarias y sumarias, y el Relator Especial sobre la
mujer, con la misión de informar a la Comisión durante sus sesiones públicas. Estos mecanismos han
creado oportunidades para que las víctimas y las ONG informen directamente a los Relatores Especia-
les. Al mismo tiempo, una víctima o una organización no gubernamental puede presentar a la Comisión
una denuncia de actos de tortura, según lo establecido en el artículo 5 de la Carta Africana. Mientras
una demanda individual se encuentra pendiente ante la Comisión, la víctima o la ONG puede enviar la
misma información a los Relatores Especiales para que la incluyan en sus informes públicos ante las
sesiones de la Comisión. Con el fin de establecer una tribuna para el examen de las denuncias de viola-
ción de los derechos garantizados por la Carta Africana, la Asamblea de la Organización de la Unidad
Africana adoptó un protocolo para el establecimiento del Tribunal Africano de Derechos Humanos y
de los Pueblos en junio de 1998.
44. Organización de la Unidad Africana, doc. CAB/LEG/67/3, rev. 5, 21, International Legal Materials, 58 (1982).
13
D. LA CORTE PENAL INTERNACIONAL
47. El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, adoptado el 17 de julio de 1998, instituyó una
Corte Penal Internacional con carácter permanente y con la misión de juzgar a las personas respon-
sables de delitos de genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra (A/CONF.183/9).
La Corte tiene jurisdicción sobre los casos de presunta tortura si se trata de actos cometidos en gran
escala y de modo sistemático como parte del delito de genocidio o como crimen de lesa humanidad,
o como crimen de guerra con arreglo a los Convenios de Ginebra de 1949. En el Estatuto de Roma
se define la tortura como el hecho de causar intencionalmente dolor o sufrimientos graves, ya sean
físicos o mentales, a una persona que el acusado tenga bajo su custodia o control. Hasta el 25 de
septiembre de 2000, el Estatuto de la Corte Penal Internacional había sido firmado por 113 países y
ratificado por 21 Estados. La Corte tendrá su sede en La Haya. Su jurisdicción se limita a los casos en
los que los Estados no pueden o no desean procesar a las personas responsables de los delitos que
se describen en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.
14
CAPÍTULO II
48. En todas las profesiones se trabaja de acuerdo con unos códigos éticos en los que se describen
los valores comunes y deberes reconocidos de los profesionales y se establecen las normas morales
que se espera que cumplan. Las normas éticas se establecen fundamentalmente de dos maneras:
mediante instrumentos internacionales preparados por organismos como las Naciones Unidas y
mediante códigos de principios preparados por los propios profesionales, mediante sus asociacio-
nes representativas, en el ámbito nacional o en el internacional. Las premisas fundamentales son
siempre las mismas y se centran en las obligaciones que tienen los profesionales ante sus clientes
o pacientes individuales, ante la sociedad en su conjunto y ante sus colegas, con miras siempre a
mantener el honor de la profesión. Estas obligaciones son reflejo y complemento de los derechos
consagrados para todas las personas en los instrumentos internacionales.
49. Como árbitros últimos de la justicia, a los jueces les incumbe una misión especial en la pro-
tección de los derechos de los ciudadanos. Las normas internacionales atribuyen a los jueces el
deber ético de asegurar la protección de los derechos de los individuos. El principio 6 de los Prin-
cipios básicos de las Naciones Unidas relativos a la independencia de la judicatura, “el principio
de la independencia de la judicatura autoriza y obliga a la judicatura a garantizar que el proce-
dimiento judicial se desarrolle conforme a derecho, así como el respeto de los derechos de las
partes” 45. Del mismo modo, los fiscales tienen el deber ético de investigar y procesar todo delito
de tortura cometido por funcionarios públicos. El artículo 15 de las Directrices de las Naciones
Unidas sobre la Función de los Fiscales señala que “los fiscales prestarán la debida atención al
enjuiciamiento de los funcionarios públicos que hayan cometido delitos, especialmente en los
casos de corrupción, abuso de poder, violaciones graves de derechos humanos y otros delitos
reconocidos por el derecho internacional y, cuando lo autoricen las leyes o se ajuste a la práctica
local, a la investigación de esos delitos”. 46
50. Las normas internacionales también especifican los deberes de los abogados, en el desempe-
ño de sus funciones profesionales, de promover y proteger los derechos humanos y las libertades
fundamentales. El principio 14 de los Principios Básicos de las Naciones Unidas sobre la Función de
los Abogados señala: “Los abogados, al proteger los derechos de sus clientes y defender la causa
de la justicia, procurarán apoyar los derechos humanos y las libertades fundamentales reconocidos
por el derecho nacional e internacional, y en todo momento actuarán con libertad y diligencia, de
conformidad con la ley y las reglas y normas éticas reconocidas que rigen su profesión”. 47
45. Adoptados por el Séptimo Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente,
celebrado en Milán del 26 de agosto al 6 de septiembre de 1985, y confirmados por la Asamblea General en sus resoluciones
40/32 de 29 de noviembre de 1985 y 40/146 de 13 de diciembre de 1985.
46. Adoptadas por el Octavo Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente,
celebrado en La Habana del 27 de agosto al 7 de septiembre de 1990.
47. Véase la nota 46 supra.
15
B. LA ÉTICA DE LA ATENCIÓN DE SALUD
51. Existen claros vínculos entre los conceptos de derechos humanos y el arraigado principio de la
ética en la atención de salud. Las obligaciones éticas de los profesionales de la salud se articulan en
tres niveles que quedan reflejados en los documentos de las Naciones Unidas de la misma forma que
lo están con respecto a la profesión jurídica. Forman asimismo parte de las declaraciones emitidas por
organizaciones internacionales representativas de los profesionales de la salud, como la Asociación
Médica Mundial, la Asociación Psiquiátrica Mundial y el Consejo Internacional de Enfermeras. 48Las
asociaciones médicas nacionales y las organizaciones de enfermeras también establecen códigos
deontológicos que sus miembros deben respetar. La premisa fundamental de toda ética de atención
de la salud, cualquiera que sea la forma en que se enuncie, es el deber fundamental de actuar siempre
en el interés del paciente, sean cuales fueren las limitaciones, presiones u obligaciones contractuales.
En algunos países ciertos principios de ética médica, como el de la confidencialidad entre médico y
paciente, están incorporados en la legislación nacional. Incluso cuando los principios de la ética no
están legalmente establecidos de este modo, todos los profesionales de la salud están moralmente
obligados a respetar las normas establecidas por sus órganos profesionales. Si se apartan de esas
normas sin una justificación razonable se los considera culpables de mala conducta profesional.
52. El personal de salud que trabaja en los sistemas penitenciarios, como todas las demás personas
que trabajan en ellos, están obligados a observar las Reglas mínimas para el tratamiento de los reclu-
sos, en las que se exige que todos los reclusos, sin discriminación, tengan acceso a servicios médicos,
incluidos servicios psiquiátricos, y que un médico visite diariamente a todos los reclusos que estén en-
fermos o soliciten tratamiento. 49Estas exigencias vienen a reforzar la obligación ética de los médicos,
que se expone a continuación de tratar a los pacientes a los que tienen el deber de atender y actuar
de acuerdo con sus mejores intereses. Además, las Naciones Unidas se han ocupado específicamente
de las obligaciones éticas de los médicos y otros profesionales de la salud en los Principios de Ética
Médica aplicables a la función del personal de salud, especialmente los médicos, en la protección de
personas presas y detenidas contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradan-
tes. 50 En estos principios queda bien claro que los profesionales de la salud tienen el deber moral de
proteger la salud física y mental de los detenidos. En particular, se les prohíbe utilizar sus conocimien-
tos y técnicas de medicina de modo alguno que sea contrario a las declaraciones internacionales de
derechos de la persona. 51 En particular, el participar activa o pasivamente en la tortura o condonarla
de cualquier forma que sea constituye una grave violación de la ética de atención de la salud.
53. “Participar en la tortura” comprende actos como el evaluar la capacidad de un sujeto para resistir
a los malos tratos; el hallarse presente ante malos tratos, supervisarlos o infligirlos; el reanimar a la per-
sona de manera que se la pueda seguir maltratando o el dar un tratamiento médico inmediatamente
antes, durante o después de la tortura por instrucciones de aquellos que probablemente son responsa-
bles de ella; el transmitir a torturadores conocimientos profesionales o información acerca de la salud
personal de la persona; el descartar pruebas intencionalmente y falsificar documentos como informes
de autopsia y certificados de defunción. 52 Los principios de las Naciones Unidas incorporan además
una de las normas fundamentales de la ética de atención de la salud al señalar que la única relación
ética entre los reclusos y los profesionales de la salud es la destinada a evaluar, proteger y mejorar la
salud de los presos. Así, pues, la evaluación del estado de salud de un detenido con el fin de facilitar su
castigo o tortura es manifiestamente contraria a la ética profesional.
48. Existe además cierto número de agrupaciones regionales, como la Commonwealth Medical Association y la Conferencia
Internacional de Asociaciones Médicas Islámicas, que transmiten a sus miembros importantes declaraciones en materia de ética
médica y derechos humanos.
49. Reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos y procedimientos para la aplicación efectiva de las Reglas mínimas,
adoptadas por las Naciones Unidas en 1955.
50. Adoptados por la Asamblea General en 1982.
51. En particular, la Declaración Universal de Derechos Humanos, los Pactos Internacionales de Derechos Humanos y la Declara-
ción sobre la Protección de Todas las Personas contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes.
52. De todas formas, los profesionales de la salud no deben olvidar su deber de confidencialidad ante los pacientes así como
su obligación de obtener su consentimiento informado para revelar cualquier información, en particular cuando los sujetos
puedan quedar expuestos a un riesgo a causa de esa revelación (véase cap. II, sec. C.3).
16
2) Declaraciones de órganos profesionales internacionales
55. Los profesionales de la salud tienen además el deber de apoyar a los colegas que se oponen
abiertamente a la violación de los derechos humanos. El no hacerlo supone no sólo vulnerar los de-
rechos de los pacientes y contradecir las declaraciones citadas sino además desacreditar a las pro-
fesiones de la salud. La deshonra de la profesión se considera un comportamiento profesional de ex-
trema gravedad. La resolución de la Asociación Médica Mundial sobre los derechos humanos 57 pide
a todas las asociaciones médicas nacionales que examinen la situación de los derechos humanos
en sus propios países y se aseguren de que los médicos no oculten pruebas de abusos por mucho
que teman a las represalias. Pide a los órganos nacionales que den claras instrucciones, en particu-
lar a los médicos que trabajan en el sistema penitenciario, para que protesten contra las presuntas
violaciones de derechos humanos y establezcan un sistema eficaz para investigar las actividades
inmorales de los médicos en la esfera de los derechos humanos. Les pide asimismo que den apoyo
a los médicos que llamen la atención sobre las violaciones de los derechos humanos. La ulterior De-
claración de Hamburgo 58 de la Asociación Médica Mundial reafirma la responsabilidad que incumbe
a los individuos y a los grupos médicos organizados de todo el mundo de estimular a los médicos a
que se resistan a la tortura o a toda presión para que actúen en contra de los principios éticos. Pide
que los médicos se expresen en contra de los malos tratos e insta a las organizaciones médicas na-
cionales e internacionales a que den su apoyo a los médicos que se resistan a tales presiones.
56. El tercer nivel de articulación de los principios éticos es el de los códigos nacionales. Estos có-
digos reflejan los mismos valores fundamentales ya mencionados, dado que toda ética médica es
expresión de valores comunes a todos los facultativos. En prácticamente todas las culturas y códi-
gos, se parte de las mismas premisas respecto de los deberes de evitar el daño, ayudar al enfermo,
proteger al vulnerable y no discriminar entre pacientes sobre base alguna que no sea la urgencia
de sus necesidades médicas. Idénticos valores aparecen en los códigos relativos a la profesión de
la enfermería. Pero un aspecto problemático de los principios éticos es que no dan unas normas
definitivas para cada dilema sino que requieren un cierto grado de interpretación. Al ponderar dile-
mas éticos es esencial que los profesionales de la salud tengan en cuenta las obligaciones morales
fundamentales expresadas en sus valores profesionales comunes, pero también que las pongan en
práctica de una forma que refleje el deber básico de evitar que se haga daño a sus pacientes.
17
C. PRINCIPIOS COMUNES A TODOS LOS CÓDIGOS
DE ÉTICA DE LA ATENCIÓN DE SALUD
57. El principio de la independencia profesional exige que en todo momento el profesional de la salud se
concentre en el objetivo fundamental de la medicina, que es aliviar el sufrimiento y la angustia y evitar
el daño al paciente, pese a todas las circunstancias que puedan oponerse a ello. Varios otros principios
éticos son tan fundamentales que figuran invariablemente en todos los códigos y enunciados éticos.
Los más básicos son los mandamientos de dar una asistencia compasiva, no hacer daño y respetar los
derechos de los pacientes. Estos son requisitos primordiales para todos los profesionales de la salud.
58. El deber de dar asistencia se enuncia de diversas formas en los diferentes códigos y declara-
ciones nacionales e internacionales. Un aspecto de este deber es la obligación médica de atender a
los necesitados de asistencia médica. Esto se refleja en el Código de Ética Médica de la Asociación
Médica Mundial 59, que reconoce la obligación moral del médico de prestar sus servicios en caso de
urgencia como un deber humanitario. Del deber de responder a la necesidad y el sufrimiento se ha-
cen eco asimismo las declaraciones tradicionales hechas en casi todas las culturas.
59. Gran parte de la ética médica moderna se sustenta en los principios establecidos en las primeras
declaraciones de valores profesionales que exigen a los médicos que presten sus servicios incluso
cuando ellos mismos se expongan a un cierto riesgo. Por ejemplo, el Caraka Samhita, código hindú
que data del siglo primero de nuestra era, da al médico las siguientes instrucciones: “Entrégate de
cuerpo y alma al alivio de tus pacientes, nunca abandones ni dañes a tu paciente para salvar tu vida
o tu forma de vivir”. Instrucciones similares se dan en los antiguos códigos islámicos y en la moderna
Declaración de Kuwait, que exige a los médicos que se ocupen de los necesitados, “estén cerca o
lejos, sean justos o pecadores, sean amigos o enemigos”.
60. Los valores médicos occidentales han estado dominados por la influencia del Juramento de Hi-
pócrates y votos similares, como la Plegaria de Maimónides. El juramento hipocrático constituye una
solemne promesa de solidaridad con los demás médicos y el compromiso de beneficiar y atender a
los pacientes evitándoles todo daño. Contiene además la promesa de mantener la confidencialidad.
Estos cuatro conceptos se reflejan de diversas formas, en todos los códigos deontológicos modernos
de la atención de salud. La Declaración de Ginebra de la Asociación Médica Mundial 60 es una reafir-
mación moderna de los valores hipocráticos. Es una promesa que hacen los médicos de considerar
que la salud de sus pacientes es su consideración primordial y de consagrarse al servicio de la huma-
nidad con conciencia y dignidad.
18
62. Otra forma como la Asociación Médica Mundial expresa el deber asistencial es el reconocimiento
de los derechos de los pacientes. Su Declaración de Lisboa sobre los Derechos del Paciente 62 reco-
noce que toda persona tiene derecho, sin discriminación, a una atención médica apropiada y reitera
que el médico debe actuar siempre en el mejor interés del paciente. Según la Declaración, debe
garantizarse la autonomía y la justicia con el paciente, y tanto los médicos como otras personas
que proporcionan atención médica deben respetar los derechos de los pacientes. “Cuando la legis-
lación, una medida del gobierno o cualquier otra administración o institución niega estos derechos
al paciente, los médicos deben buscar los medios apropiados para asegurárselos o restablecerlos”.
Toda persona tiene derecho a una atención de salud apropiada, independientemente de factores
como origen étnico, ideas políticas, nacionalidad, género, religión o méritos individuales. Las per-
sonas acusadas o condenadas por delitos tienen el mismo derecho moral a una atención médica y
de enfermería adecuada. La Declaración de Lisboa de la Asociación Médica Mundial pone de relieve
que el único criterio aceptable para discriminar entre los pacientes es el de la urgencia relativa de
sus necesidades médicas.
2) Consentimiento informado
63. Todas las declaraciones relativas al deber asistencial ponen de relieve la obligación de actuar en el
mejor interés del individuo que está siendo examinado o tratado, lo cual presupone que los profesio-
nales de la salud saben qué es lo mejor para el paciente. Un precepto absolutamente fundamental de
la ética médica moderna es que son los propios pacientes quienes mejor pueden determinar sus pro-
pios intereses. Esto requiere que los profesionales de la salud den prioridad normalmente a los deseos
de un paciente adulto y competente y no a la opinión de cualquier persona con autoridad acerca de
qué sería lo mejor para esa persona. Cuando el paciente esté inconsciente o por cualquier otra razón
sea incapaz de dar un consentimiento válido, el profesional de salud deberá atenerse a su propio juicio
acerca de cómo proteger y promover el mejor interés de la persona. Se espera que enfermeras y mé-
dicos actúen en defensa de sus pacientes y esta idea se expresa claramente en declaraciones como la
Declaración de Lisboa de la Asociación Médica Mundial y la Declaración del Consejo Internacional de
Enfermeras sobre el papel de la enfermera en la salvaguardia de los derechos humanos. 63
64. La Declaración de Lisboa de la Asociación Médica Mundial especifica que el médico tiene la obli-
gación de obtener el consentimiento voluntario e informado de los pacientes mentalmente compe-
tentes para cualquier examen o tratamiento. Esto significa que los pacientes necesitan conocer las
consecuencias que puede tener su consentimiento o su rechazo. Por consiguiente, antes de examinar
al paciente el profesional de la salud deberá explicar con toda franqueza cuál es el objetivo del examen
y el tratamiento. Un consentimiento obtenido por coacción o mediando la entrega de informaciones
falsas al paciente no tiene valor alguno y el médico que actúe basándose en ese consentimiento estará
con toda probabilidad violando la ética profesional. Cuanto más graves puedan ser las consecuencias
del procedimiento para el paciente, mayor es el imperativo moral de obtener su consentimiento infor-
mado en las debidas condiciones. Es decir, cuando el examen y el tratamiento redunden claramente
en beneficio terapéutico del individuo, un consentimiento implícito de cooperación en el procedimien-
to puede ser suficiente. En los casos en los que el examen no tiene principalmente una finalidad tera-
péutica, habrá que poner mucho cuidado en asegurarse de que el paciente lo sabe y está de acuerdo
con ello, y de que de ninguna forma van a salir perjudicados los mejores intereses del individuo. Como
ya se ha dicho, un examen destinado a determinar si un sujeto está en condiciones de resistir a cas-
tigos, torturas o presiones físicas durante un interrogatorio es contrario a la ética y al propósito de la
medicina. La única evaluación ética que puede hacerse de la salud de un recluso es la que tiene por
objeto determinar su estado de salud con el fin de preservarla y mejorarla al máximo, no para facilitar
el castigo. Cuando se trate de un reconocimiento físico con el fin de encontrar pruebas en una inves-
tigación será necesario obtener un consentimiento informado en el sentido de que el paciente com-
prenda factores como, por ejemplo, de qué forma van a utilizarse los datos sobre su salud obtenidos
en el examen, cómo se van a conservar esos datos y quién va a tener acceso a ellos. Si este y otros
puntos que son pertinentes para la decisión del paciente no se explican claramente de antemano, no
será válido su consentimiento para el examen y el registro de la información.
62. Adoptada por la Asociación Médica Mundial en 1981; enmendada por la 47° Asamblea General de la Asociación en septiem-
bre de 1995.
63 . Adoptada en 1983.
19
3) Confidencialidad
65. Todos los códigos éticos, desde el juramento hipocrático hasta los más modernos, incluyen el
deber de confidencialidad como principio fundamental, que también se sitúa en primer plano en las
declaraciones de la Asociación Médica Mundial, como la Declaración de Lisboa. En ciertas jurisdic-
ciones, la obligación del secreto profesional se considera tan importante que se ha incorporado a la
legislación nacional. El deber de confidencialidad no es absoluto y se puede suspender éticamen-
te en circunstancias excepcionales cuando el no hacerlo podría previsiblemente provocar graves
daños a personas o graves perturbaciones a la justicia. En general, el deber de confidencialidad
respecto de la información identificable sobre el estado de salud de un paciente sólo puede suspen-
derse con la autorización expresa de éste. 64 Una información no identificable sobre algún paciente
se puede utilizar libremente con otros fines, de preferencia en situaciones en las que no sea esencial
revelar la identidad del paciente. Este puede ser el caso, por ejemplo, en el acopio de datos sobre
las características generales de la tortura o los malos tratos. El dilema se plantea cuando el profe-
sional de la salud se ve presionado o requerido por la ley para que revele información identificable
que pueda poner en peligro a un paciente. En esos casos prima la obligación ética fundamental de
respetar la autonomía y los mejores intereses del paciente, así como hacer el bien y evitar dañarle.
Esta obligación prima sobre todas las demás consideraciones. Los médicos deben dejar claro ante
el tribunal o ante la autoridad que exige información que está obligado por su deber profesional de
confidencialidad. Los profesionales de la salud que responden de esta forma tienen derecho a obte-
ner el apoyo de su asociación profesional y de sus colegas. Además, durante períodos de conflicto
armado, el derecho internacional humanitario protege específicamente la confidencialidad entre
médico y paciente, exigiendo a los médicos que no denuncien a las personas que están enfermas o
heridas. 65 En tales situaciones, los profesionales de la salud están protegidos en el sentido de que
no se les puede obligar a revelar información sobre sus pacientes.
66. Los profesionales de la salud tienen una doble obligación, una obligación principal ante el pa-
ciente de promover sus mejores intereses, y una obligación general ante la sociedad de asegurar
que se haga justicia e impedir las violaciones de los derechos humanos. Los dilemas que plantea
esta doble obligación son particularmente agudos entre los profesionales de la salud que traba-
jan para la policía, el ejército u otros servicios de seguridad, o para el sistema penitenciario. Los
intereses de su empleador y de sus colegas no médicos pueden entrar en colisión con los mejores
intereses de los pacientes detenidos. Cualesquiera que sean las circunstancias de su empleo, todo
profesional de la salud tiene el deber fundamental de cuidar a las personas a las que se le pide que
examine o trate. No pueden ser obligados ni contractualmente ni por ninguna otra consideración a
comprometer su independencia profesional. Es preciso que realicen una evaluación objetiva de los
intereses de la salud de sus pacientes y actúen en consecuencia.
67. En todos los casos en los que los médicos actúan en nombre de otra parte, tienen la obligación
de asegurarse de que el paciente comprende la situación. 66 El médico debe identificarse ante los pa-
cientes y explicarles el objetivo de su examen o tratamiento. Incluso si se trata de médicos nombrados
y pagados por un tercero, siguen teniendo la indiscutible obligación de cuidar a todo paciente que
examinen o traten. Deben negarse a seguir cualquier procedimiento que pueda dañar al paciente o
dejarle física o psicológicamente vulnerable a cualquier daño. Deben asegurarse de que sus condicio-
nes contractuales les dejan la independencia profesional necesaria para sus juicios clínicos. El médico
debe asegurarse de que toda persona detenida tenga acceso a todo examen y tratamiento médicos
que necesite. Cuando el detenido es un menor o un adulto vulnerable, el médico tiene el deber adi-
64. Salvo en caso de exigencias de salud pública, como la de notificar el nombre de las personas que padecen enfermedades
infecciosas, toxicomanía, trastornos mentales, etc.
65. Artículo 16 del Protocolo I (1977) y artículo 10 del Protocolo II (1977), adicionales a los Convenios de Ginebra de 1949.
66. Estos principios están tomados de Doctors with Dual Obligations, Londres, British Medical Association, 1995.
20
cional de actuar como defensor. Los médicos mantienen siempre su deber de confidencialidad de
tal forma que no deben revelar información sin conocimiento del paciente. Deben asegurarse de que
sus expedientes médicos se mantienen confidenciales. Tienen el deber de vigilar los servicios en que
participan y denunciarlos cuando actúen de forma contraria a la ética, abusiva, inadecuada o peligrosa
para la salud de los pacientes. En estos casos tienen el deber ético de adoptar medidas en el acto ya
que si no dan a conocer de inmediato su posición, más tarde les puede resultar más difícil protestar.
Deben comunicar el asunto a las autoridades competentes o a organismos internacionales que pue-
dan realizar una investigación, pero sin exponer a los pacientes o a sus familias o exponerse a sí mis-
mos a graves riesgos previsibles. Los médicos y las asociaciones profesionales deben dar su apoyo a
los colegas que adopten esas medidas sobre la base de pruebas razonables.
68. Cuando la ética y la ley están en contradicción pueden plantearse dilemas. Pueden darse cir-
cunstancias en las que el deber ético obligue al profesional de la salud a desacatar una determinada
ley, como, por ejemplo, una obligación legal de revelar información médica confidencial acerca de
un paciente. Las declaraciones internacionales y nacionales de preceptos éticos mantienen un con-
senso en el sentido de que otros imperativos, incluida la ley, no pueden obligar al profesional de la
salud a actuar en contra de la ética médica y de su conciencia. En esos casos, el profesional de la
salud deberá negarse a cumplir una ley o un reglamento para no comprometer los preceptos éticos
básicos o exponer a sus pacientes a un grave peligro.
69. Existen casos en los que dos obligaciones éticas entran en conflicto. Los códigos internacionales
y los principios éticos exigen que se notifique a un órgano responsable toda información relativa a
torturas o malos tratos. En ciertas jurisdicciones, esto es también un requisito legal. Pero en ciertos
casos los pacientes pueden negarse a dar su consentimiento para ser examinados con ese fin o para
que se revele a otros la información obtenida mediante su examen. Pueden temer que haya repre-
salias contra ellos mismos o sus familias. En tales situaciones, el profesional de la salud se encuentra
ante una doble responsabilidad: ante el paciente y ante la sociedad en general, que tiene interés por
asegurar que se haga justicia y que todo responsable de malos tratos sea sometido a juicio. El prin-
cipio fundamental de evitar el daño debe figurar en primer plano cuando se plantean esos dilemas.
El profesional de la salud deberá buscar soluciones que promuevan la justicia sin violar el derecho
de confidencialidad que asiste al individuo. Se pedirá consejo a organismos de confianza; en ciertos
casos, puede tratarse de la asociación médica nacional o de organizaciones no gubernamentales.
Otra posibilidad es que, con apoyo y aliento, algunos pacientes reacios lleguen a acceder a que el
asunto se revele dentro de unos límites acordados.
70. Las obligaciones éticas de un médico pueden variar según el contexto del encuentro entre mé-
dico y paciente y la posibilidad de que el paciente pueda libremente adoptar su decisión en cuanto
a la revelación de informaciones. Por ejemplo, cuando el médico y el paciente se encuentren en
una situación claramente terapéutica, como la atención en el medio hospitalario, el médico tiene el
firme imperativo moral de preservar las normas habituales de confidencialidad que normalmente
prevalecen en la relación terapéutica. El revelar pruebas de tortura obtenidas en tales encuentros es
totalmente aceptable en la medida en que el paciente no lo prohíba. Los médicos deben revelar esas
pruebas si el paciente lo pide o da para ello su consentimiento debidamente informado. El médico
dará su apoyo al paciente en la adopción de tales decisiones.
71. Los médicos forenses tienen una relación distinta con las personas a las que examinan y, en general,
tienen la obligación de comunicar objetivamente sus observaciones. El paciente tiene menos poder y
capacidad de elección en tales situaciones y también es posible que no pueda decir abiertamente qué
es lo que ha ocurrido. Antes de iniciar el examen, el médico forense explicará cuáles son sus funciones al
paciente y dejará bien claro que normalmente la confidencialidad médica no forma parte de ellas, como
sucedería en un contexto terapéutico. Es posible que la reglamentación no permita que el paciente se
niegue a ser examinado, pero éste tiene la posibilidad de elegir si revela o no cuál ha sido la causa de cual-
quier lesión que se observe. Los médicos forenses no pueden falsificar sus informes pero deben exponer
datos imparciales, incluido el dejar bien claro en sus informes que hay pruebas de malos tratos. 67
67. Véase V. Iacopino et al., “Physician complicity in misrepresentation and omission of evidence of torture in post-detention
medical examinations in Turkey”, Journal of the American Medical Association (JAMA), vol. 276, 1996, págs. 396 a 402.
21
72. Los médicos de las prisiones son en primer lugar proveedores de tratamiento, pero tienen
asimismo la función de examinar a los detenidos que llegan a la prisión tras la custodia policial. En
esta función o en el tratamiento de personas recluidas pueden descubrir pruebas de violencia in-
aceptable que los propios presos no estén realmente en posición de denunciar. En tales casos, los
médicos deben tomar en consideración cuáles son los mejores intereses del paciente y su deber
de confidencialidad frente a esa persona, pero existen también fuertes argumentos morales para
que el médico denuncie la evidencia de malos tratos, ya que con frecuencia los propios presos
son incapaces de hacerlo efectivamente. Cuando los presos están de acuerdo en la revelación, no
existe ningún conflicto y hay una evidente obligación moral. Pero si el recluso se niega a permitir
que se revele el hecho, el médico debe ponderar el riesgo y el peligro potencial para ese paciente
concreto contra los beneficios que para la población penitenciaria en general y para los intereses
de la sociedad puede reportar el prevenir que se perpetúen esos abusos.
73. Además, los profesionales de la salud deben tener en cuenta que notificar esos abusos a las
autoridades en cuya jurisdicción se supone que han sucedido puede implicar riesgos de daños
para el paciente o para otros, incluido “el chivato”. Los médicos nunca deben poner consciente-
mente a nadie en peligro de represalias. No están exentos de adoptar medidas pero deben hacer-
lo con discreción y deben considerar la posibilidad de transmitir la información a un organismo
responsable ajeno a la jurisdicción inmediata o, si ello no implica riesgos previsibles para los pro-
fesionales de la salud y sus pacientes, notificarlo de manera no identificable. Evidentemente, si se
adopta esta última solución, los profesionales de la salud deben tener en cuenta la posibilidad de
que se ejerzan presiones sobre ellos para que revelen los datos que permitan una identificación
o la posibilidad de que se les requisen por la fuerza los expedientes médicos. Aunque no hay
soluciones fáciles, el profesional de la salud deberá guiarse siempre por el mandamiento básico
de evitar el daño por encima de todas las demás consideraciones y, cuando sea posible, pedir
consejo a organismos médicos nacionales o internacionales.
22
CAPÍTULO III
74. El derecho internacional obliga a los Estados a investigar con prontitud e imparcialidad todo
caso de tortura que se notifique. Cuando la información disponible lo justifique, el Estado en cuyo
territorio se encuentra una persona que presuntamente haya cometido actos de tortura o partici-
pado en ellos, deberá bien extraditar al sujeto a otro Estado que tenga la debida jurisdicción o bien
someter el caso a sus propias autoridades competentes con fines de procesar al autor de conformi-
dad con el derecho penal nacional o local. Los principios fundamentales de toda investigación viable
sobre casos de tortura son competencia, imparcialidad, independencia, prontitud y minuciosidad.
Estos elementos pueden adaptarse a cualquier sistema jurídico y deberán orientar todas las investi-
gaciones de presuntos casos de tortura.
75. Cuando los procedimientos de investigación sean inadecuados por falta de recursos o de pericia,
falta de imparcialidad, un cuadro manifiesto de abusos u otras razones sustanciales, los Estados pro-
cederán a las investigaciones valiéndose de una comisión de indagación independiente o algún otro
procedimiento similar. Los miembros de esa comisión serán seleccionados a título personal por su
imparcialidad, competencia e independencia reconocidas. En particular, deberán ser independien-
tes de toda institución, agencia o persona que pueda ser objeto de la indagación.
77. El objetivo general de la investigación consiste en aclarar los hechos en relación con presuntos
casos de tortura, con miras a identificar a los responsables de los hechos y facilitar su procesamien-
to o a utilizar la información en el contexto de otros procedimientos dirigidos a obtener reparación
para las víctimas. Las cuestiones que aquí se tratan pueden asimismo ser de interés para otros tipos
de investigaciones sobre torturas. Para que este objetivo se cumpla será preciso que las personas
encargadas de la investigación puedan, por lo menos, tratar de obtener declaraciones de las vícti-
mas de la presunta tortura; recuperar y preservar las pruebas, incluidas pruebas médicas, en relación
con las presuntas torturas para ayudar en el eventual procesamiento de los responsables; identificar
a posibles testigos y obtener sus declaraciones con respecto a la presunta tortura; y determinar
cómo, cuándo y dónde se han producido los presuntos hechos de tortura, así como cualquier tipo
de pauta o práctica que pueda haber dado lugar a la tortura.
23
B. PRINCIPIOS RELATIVOS A LA INVESTIGACIÓN Y DOCUMENTACIÓN EFICACES DE
LA TORTURA Y OTROS TRATOS O PENAS CRUELES, INHUMANOS O DEGRADANTES
78. Los principios que a continuación se exponen representan un consenso entre individuos y orga-
nizaciones especializados en la investigación de casos de tortura. Entre los objetivos de la investiga-
ción y documentación eficaces de la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradan-
tes (en lo sucesivo “torturas u otros malos tratos”) se cuentan los siguientes:
a) Aclarar los hechos y establecer y reconocer la responsabilidad de las personas o los Estados
ante las víctimas y sus familias.
b) Determinar las medidas necesarias para impedir que se repitan estos actos.
c) Facilitar el procesamiento y, cuando corresponda, el castigo mediante sanciones disciplina-
rias de las personas cuya responsabilidad se haya determinado en la investigación, y demostrar
la necesidad de que el Estado ofrezca plena reparación, incluida una indemnización financiera
justa y adecuada, así como los medios para obtener atención médica y rehabilitación.
79. Los Estados velarán por que se investiguen con prontitud y eficacia las quejas o denuncias de
torturas o malos tratos. Incluso cuando no exista denuncia expresa, deberá iniciarse una investiga-
ción si existen otros indicios de eventuales torturas o malos tratos. Los investigadores, que serán
independientes de los presuntos autores y del organismo al que éstos pertenezcan, serán compe-
tentes e imparciales. Tendrán autoridad para encomendar investigaciones a expertos imparciales,
médicos o de otro tipo, y podrán acceder a sus resultados. Los métodos utilizados para llevar a cabo
estas investigaciones tendrán el máximo nivel profesional, y sus conclusiones se harán públicas.
80. La autoridad investigadora tendrá la facultad y la obligación de obtener toda la información ne-
cesaria para la investigación. 68 Las personas que realicen dicha investigación dispondrán de todos
los recursos presupuestarios y técnicos necesarios para una investigación eficaz, y tendrán también
facultades para obligar a las personas que en ejercicio de sus funciones oficiales se hallaren presun-
tamente implicadas en torturas o malos tratos a comparecer y prestar testimonio. Lo mismo regirá
para los testigos. A tal fin, la autoridad investigadora podrá citar a testigos, incluidos los funcionarios
presuntamente implicados, y ordenar la presentación de pruebas. Las presuntas víctimas de torturas
o malos tratos, los testigos, quienes realicen la investigación, así como sus familias, serán protegidos
de actos o amenazas de violencia o de cualquier otra forma de intimidación que pueda surgir a
resultas de la investigación. Los presuntos implicados en torturas o malos tratos serán apartados
de todos los puestos que entrañen un control o poder directo o indirecto sobre los querellantes, los
testigos y sus familias, así como sobre quienes practiquen las investigaciones.
81. Las presuntas víctimas de torturas o malos tratos y sus representantes legales serán informados
de las audiencias que se celebren, y tendrán acceso a ellas, así como a toda la información pertinen-
te a la investigación, y tendrán derecho a presentar otras pruebas.
82. En los casos en que los procedimientos de investigación establecidos resulten insuficientes
debido a la falta de competencia técnica o a una posible falta de imparcialidad, o a indicios de la
existencia de una conducta abusiva habitual, o por otras razones fundadas, los Estados velarán
por que las investigaciones queden a cargo de una comisión independiente u otro procedimiento
análogo. Los miembros de esa comisión serán elegidos en función de su acreditada imparcia-
lidad, competencia e independencia personales. En particular, deberán ser independientes de
cualquier presunto culpable y de las instituciones u organismos a que pertenezcan. La comisión
estará facultada para obtener toda la información necesaria para la investigación, que llevará a
68. En ciertas circunstancias, la ética profesional puede exigir que la información tenga carácter confidencial, lo cual
debe respetarse.
24
cabo conforme a lo establecido en estos principios. 69 Se redactará, en un plazo razonable, un
informe en el que se expondrán el alcance de la investigación, los procedimientos y métodos
utilizados para evaluar las pruebas, así comoconclusiones y recomendaciones basadas en los
hechos determinados y en la legislación aplicable. El informe se publicará de inmediato. En él se
detallarán también los hechos concretos establecidos por la investigación, así como las pruebas
en que se basen las conclusiones, y se enumerarán los nombres de los testigos que hayan pres-
tado declaración, a excepción de aquellos cuya identidad no se haga pública para protegerlos.
El Estado responderá en un plazo razonable al informe de la investigación y, cuando proceda,
indicará las medidas que hayan de adoptar al respecto.
83. Los expertos médicos que participen en la investigación de torturas o malos tratos se condu-
cirán en todo momento conforme a las normas éticas más estrictas y, en particular, obtendrán el
libre consentimiento de la persona antes de examinarla. Los exámenes deberán respetar las normas
establecidas de la práctica médica. Concretamente, se llevarán a cabo en privado bajo control del
experto médico y nunca en presencia de agentes de seguridad u otros funcionarios del gobierno. El
experto médico redactará lo antes posible un informe fiel que deberá incluir al menos los siguientes
elementos:
84. El informe tendrá carácter confidencial y se comunicará al sujeto o a la persona que éste designe
como su representante. Se recabará la opinión del sujeto y de su representante sobre el proceso
de examen, que se consignará en el informe. El informe también se remitirá por escrito, cuando
proceda, a la autoridad encargada de investigar los presuntos actos de tortura o malos tratos. Es
responsabilidad del Estado velar por que el informe llegue a sus destinatarios. Ninguna otra persona
tendrá acceso a él sin el consentimiento del sujeto o la autorización de un tribunal competente. En
el capítulo IV se formulan consideraciones generales relativas a los informes que se preparen por
escrito tras cualquier denuncia de tortura. En los capítulos V y VI se describen con detalle las eva-
luaciones física y psicológica, respectivamente.
25
C. PROCEDIMIENTOS PARA LA INVESTIGACIÓN DE CASOS DE TORTURA
85. Cuando se sospeche que funcionarios públicos están implicados en actos de tortura, incluida la
posibilidad de que hayan ordenado o tolerado el uso de la tortura, ministros, adjuntos ministeriales,
funcionarios que actúen con conocimiento de los ministros, funcionarios superiores de ministerios
estatales o altos jefes militares, no podrá realizarse una investigación objetiva e imparcial a menos
que se cree una comisión especial de indagación. También puede ser necesaria una comisión de este
tipo cuando se ponga en tela de juicio la experiencia o la imparcialidad de los investigadores.
86. Entre los factores en que puede sustentarse la idea de que el Estado está implicado en la tortura
o de que existen circunstancias especiales que justifican la creación de un mecanismo especial im-
parcial de investigación figuran:
a) Cuando la víctima haya sido vista por última vez en buenas condiciones de salud, detenida o
bajo custodia policial.
b) Cuando el modus operandi sea conocido e identificable con las prácticas de tortura patrocina-
das por el Estado.
c) Cuando agentes del Estado o personas asociadas al Estado hayan tratado de obstruir o retrasar
la investigación de la tortura.
d) Cuando una indagación independiente sea favorable al interés público.
e) Cuando la investigación realizada por los órganos investigadores regulares se ponga en tela de
juicio a causa de la falta de experiencia o de imparcialidad o por otras razones, incluida la impor-
tancia del asunto, la existencia de un cuadro manifiesto de malos tratos, quejas de la persona con
respecto a las insuficiencias mencionadas o cualquier otra razón de peso.
87. Cuando el Estado decida establecer una comisión independiente de indagación deberán tenerse
en cuenta varias consideraciones. Primero, a las personas objeto de investigación se les han de con-
ceder las mínimas garantías procesales amparadas por el derecho internacional en todas las fases
de la investigación. Segundo, los investigadores deberán contar con el apoyo del personal técnico y
administrativo adecuado, además de tener acceso a un asesoramiento jurídico objetivo e imparcial,
a fin de asegurar que la investigación se materialice en pruebas que sean admisibles en un proce-
dimiento penal. Tercero, los investigadores deberán recibir el pleno apoyo de los recursos y potes-
tades del Estado. Por último, los investigadores tendrán la facultad de pedir ayuda a la comunidad
internacional de expertos en derecho y medicina.
88. Dada la naturaleza de los casos de tortura y el trauma que la persona sufre como consecuencia,
que suele conllevar una devastadora sensación de impotencia, es particularmente importante dar
muestras de sensibilidad ante la presunta víctima de tortura y demás testigos. El Estado tiene la
obligación de proteger a las víctimas de la tortura, los testigos y sus familias contra toda violencia,
amenaza de violencia o cualquier otra forma de intimidación en el curso de la investigación. Los in-
vestigadores informarán a los testigos sobre las consecuencias que puede tener su participación en
la investigación y también sobre cualquier nuevo elemento del caso que podría afectarlos.
89. Siempre que sea posible y desde el primer momento se informará a la presunta víctima de la
naturaleza del procedimiento, la razón por la cual se solicita su testimonio, y si y cómo se utilizará la
información facilitada por la presunta víctima. Los investigadores explicarán al sujeto qué partes de
la investigación serán de dominio público y cuáles van a mantenerse confidenciales. El sujeto tiene
derecho a negarse a cooperar con la totalidad o con parte de la investigación. Se hará todo lo posible
por acomodar todo el proceso a su disponibilidad de tiempo y a sus deseos. A la presunta víctima de
26
tortura se le mantendrá regularmente informada sobre el progreso de la investigación. También se le
notificarán todas las audiencias importantes que se realicen en la investigación y el procesamiento
del caso. Los investigadores informarán a la presunta víctima de la detención del presunto culpable. A
las supuestas víctimas de tortura se les dará información para que puedan ponerse en contacto con
grupos de defensa y tratamiento que puedan ayudarlas. Los investigadores trabajarán junto con los
grupos de defensa de su jurisdicción para asegurarse de que haya un intercambio mutuo de informa-
ción y de formación con respecto a la tortura.
c) Contexto de la investigación
91. Los investigadores deberán estudiar con todo cuidado el contexto en el que actúan, tomando
las precauciones necesarias y, en consecuencia, ofreciendo las salvaguardias oportunas. Si han de
interrogar a personas que aún se hallan en prisión o en situaciones similares en las que podrían sufrir
represalias, los entrevistadores tendrán gran cuidado de no ponerlas en peligro. Cuando el hecho de
hablar con un investigador pueda poner en peligro a alguien, en lugar de una entrevista individual se
preferirá una “entrevista en grupo”. En otros casos, el entrevistador buscará un lugar en el que pueda
mantener una entrevista privada y donde el testigo se sienta seguro para hablar con toda libertad.
92. Las evaluaciones pueden desarrollarse en muy diversos contextos políticos. Por ello pueden ser
muy diferentes las formas en que éstas deben realizarse. También las normas jurídicas a que está
sujeto el desarrollo de la investigación se ven afectadas por el contexto. Por ejemplo, una investiga-
ción que culmina en el juicio de un presunto culpable requerirá el máximo nivel de prueba, mientras
que un informe en apoyo de una solicitud de asilo político en un tercer país sólo requerirá un nivel
de prueba de torturas relativamente bajo. El investigador deberá adaptar las siguientes directrices a
la situación y el objetivo particulares de la evaluación. A continuación se dan ejemplos de diversos
contextos, sin que esta relación pueda considerarse exhaustiva:
93. El contexto político puede ser hostil hacia la víctima y el examinador, por ejemplo, cuando se está
entrevistando a detenidos que son mantenidos en prisión por sus gobiernos o que se hallan detenidos
por gobiernos extranjeros para su deportación. En países donde se examina a solicitantes de asilo para
hallar signos de tortura, puede haber una resistencia políticamente motivada a reconocer las declara-
ciones de trauma y tortura. La posibilidad de poner en mayor peligro la seguridad del detenido, puede
27
ser muy real y debe tenerse en cuenta en toda evaluación. Los investigadores deben actuar con sumo
cuidado al ponerse en contacto con presuntas víctimas de torturas, incluso en casos en los que éstas
no se encuentren en peligro inminente. El lenguaje y la actitud que adopte el investigador influirá en
gran medida sobre la capacidad y voluntad de la víctima para la entrevista. El lugar que se elija para la
entrevista será tan seguro y cómodo como sea posible, con acceso a instalaciones sanitarias y la posibi-
lidad de tomar algún refresco. Se le dedicará el tiempo suficiente y el investigador no ha de esperar que
en una primera entrevista pueda recoger la historia completa. Las preguntas de carácter privado van a
ser traumatizantes para la presunta víctima. El investigador mostrará sensibilidad en el tono que utilice
y la forma y secuencia en que formule las preguntas, dado el carácter traumático que para la presunta
víctima tiene su testimonio. A los testigos se les advertirá que en cualquier momento pueden interrum-
pir el interrogatorio, tomar un descanso si lo necesitan u optar por no responder a cualquier pregunta.
94. Siempre que sea posible deberán ponerse a disposición de la presunta víctima, de los testigos y
de los miembros del equipo investigador servicios psicólogos y de profesionales capacitados para
trabajar con víctimas de torturas. La narración de los detalles de la tortura puede hacer que la persona
reviva la experiencia o sufra otros síntomas relacionados con el trauma (véase cap. IV, sec. H). El escu-
char detalles acerca de la tortura puede provocar a los investigadores síntomas de trauma secundario
por lo que debe estimulárseles a que discutan sus reacciones entre ellos, naturalmente respetando los
requisitos profesionales éticos de confidencialidad. Siempre que sea posible, esto se hará con la ayuda
de un facilitador con experiencia. Es preciso estar conscientes de que existen dos riesgos: primero, hay
el peligro de que el entrevistador pueda identificarse con el sujeto presuntamente torturado y no ser
suficientemente crítico ante la historia que relata y, segundo, el entrevistador puede acostumbrarse
tanto a escuchar historias de tortura que llegue a minimizar las experiencias de la persona entrevistada.
97. Los reclusos corren un peligro mayor que las personas que no están detenidas. Los presos pueden
reaccionar de forma distinta ante diferentes situaciones. En algunas situaciones pueden inadvertida-
mente ponerse en peligro al expresarse con excesiva vehemencia, pensando que están protegidos por
la mera presencia del investigador “externo”, cosa que podría no ser así. En otras situaciones, el inves-
tigador puede tropezarse contra una “muralla de silencio”, pues los reclusos están demasiado intimi-
dados como para confiar en nadie, por mucho que se les haya advertido que las conversaciones son
en privado. En este último caso, puede ser necesario comenzar con “entrevistas en grupo”, de manera
que se pueda explicar claramente el objeto y propósito de la investigación y a continuación ofrecer
entrevistas en privado con las personas que deseen hablar. Si el temor a las represalias, justificado o no,
es demasiado grande, puede ser necesario entrevistar a todos los reclusos en un determinado lugar de
custodia de manera que no se pueda señalar a ninguna persona en concreto. Cuando una investigación
conduzca a un procesamiento o a un foro público de esclarecimiento de la verdad, el investigador debe-
rá recomendar las medidas adecuadas para evitar todo daño a la presunta víctima valiéndose de medios
como el de suprimir de las actas públicas su nombre y demás información que le identifique, o bien ofre-
cer a la persona la posibilidad de testimoniar a través de dispositivos que alteren la imagen o la voz, o
por televisión en circuito cerrado. Estas medidas deberán ser compatibles con los derechos del acusado.
28
e) Utilización de intérpretes
98. El trabajar con un intérprete cuando se investiga la tortura no es nada fácil, ni siquiera tratándose de
profesionales. No siempre se tendrán a mano intérpretes para todos los posibles dialectos e idiomas,
por lo que a veces será necesario recurrir a algún miembro de la familia de la persona o de su grupo
cultural. Esto no es lo ideal, pues es posible que el sujeto no se sienta bien hablando de su experiencia
de tortura por medio de personas que conoce. Lo mejor sería que el intérprete formara parte del equi-
po de investigación y que fuese conocedor de las cuestiones relativas a la tortura (véanse cap. IV, sec.
I y cap. VI, sec. C.2).
99. El investigador tratará de obtener tanta información como sea posible del testimonio de la pre-
sunta víctima (véase cap. IV, sec. E):
29
g) Declaración de la presunta víctima de torturas
100. El investigador deberá registrar en cinta magnetofónica y hacer transcribir una declaración deta-
llada de la persona. La declaración se basará en las respuestas que el sujeto dé a preguntas neutras, no
sugerentes. Las preguntas no sugerentes no contienen suposiciones o conclusiones y facilitan el que
la persona ofrezca el testimonio más completo y objetivo. Por ejemplo, una pregunta no sugerente
sería “¿qué le sucedió y dónde?” en lugar de “¿lo torturaron mientras estaba en prisión?” Esta última
pregunta presupone que lo que le sucedió al testigo es que lo torturaron y limita el lugar de la acción
a una prisión. Deben evitarse asimismo las preguntas a base de listas, que pueden forzar al individuo
a dar respuestas inexactas si lo que realmente sucedió no corresponde con exactitud a ninguna de las
opciones que se le brindan. Debe estimularse a la persona a que utilice todos sus sentidos para descri-
bir lo sucedido. Pregúntele qué es lo que vio, olió, oyó y sintió. Esto es importante, por ejemplo, cuando
se le hayan tapado los ojos al sujeto o éste haya sido agredido en la oscuridad.
101 Siempre que sea posible, los investigadores deberán interrogar asimismo a los presuntos agentes
de la tortura. Es preciso que los investigadores les den todas las protecciones jurídicas garantizadas en
el derecho internacional y nacional.
102. El investigador deberá reunir todas las pruebas físicas que pueda para documentar un caso o
un cuadro de tortura. El acopio y análisis de las pruebas físicas constituye uno de los aspectos más
importantes de toda investigación cuidadosa e imparcial de casos de tortura. El investigador deberá
documentar toda la cadena de custodia que ha intervenido en la recuperación y preservación de
las pruebas físicas de manera que pueda utilizarlas en procedimientos jurídicos futuros, incluido un
posible procesamiento penal. La tortura se practica sobre todo en lugares donde el sujeto se halla
detenido, sitios donde la preservación de las pruebas físicas o el acceso sin restricciones puede ser
inicialmente difícil o incluso imposible. El Estado debe otorgar a los investigadores suficiente au-
toridad para que tengan acceso sin restricciones a cualquier lugar o instalación y puedan asegurar
el sitio donde tuvo lugar la supuesta tortura. El personal investigador y otros investigadores deben
coordinar sus esfuerzos para realizar una minuciosa investigación del lugar donde se supone que
ocurrió la tortura. Los investigadores tendrán acceso sin restricciones al presunto escenario de la
tortura. Tendrán acceso, entre otros lugares, a las zonas abiertas o cerradas, incluidos edificios, vehí-
culos, oficinas, celdas de prisión u otras instalaciones, en las que presuntamente se haya torturado.
103. Cualquier edificio o lugar que esté bajo investigación deberá clausurarse de manera que no se
pierda ninguna posible prueba. Una vez que el lugar haya sido designado como lugar en investigación,
sólo podrán entrar en él los investigadores y su personal. Deberá realizarse un examen del lugar en bus-
ca de cualquier tipo de prueba material. Todas las pruebas se recogerán, manejarán, empaquetarán y
marcarán adecuadamente, guardándose en lugar seguro para evitar contaminaciones, manipulaciones
o pérdidas. Si se supone que la tortura ha sido tan reciente que esas pruebas vayan a ser importantes,
toda muestra hallada de líquidos orgánicos (como sangre o semen), pelo, fibras y hebras se deberá
recoger, etiquetar y preservar adecuadamente. Se deberá recoger y preservar todo instrumento que
haya podido ser utilizado para torturar, tanto si ha sido diseñado con ese fin como si ha sido utilizado
circunstancialmente. Si son tan recientes como para ser de utilidad, se tomarán y preservarán todas las
huellas dactilares encontradas. Se preparará un plano a escala y debidamente señalado de los locales o
el lugar donde presuntamente se ha practicado la tortura y en él se mostrarán todos los detalles perti-
nentes, como la ubicación de los pisos del edificio, salas o habitaciones, entradas, ventanas, muebles y
los terrenos limítrofes. Se realizarán fotografías en colores de los mismos elementos. Se preparará una
lista con la identidad de todas las personas que se hallaban en el presunto escenario de la tortura, con
nombres completos, direcciones y números de teléfono, o cualquier otra información de contacto. Si
la tortura es suficientemente reciente como para que pueda ser importante, se hará un inventario de
la ropa que llevaba la presunta víctima, que, siempre que sea posible, se analizará en un laboratorio en
busca de líquidos orgánicos y otras pruebas físicas. Se obtendrá información de todos los que estuvie-
sen presentes en los locales o en la zona bajo investigación para determinar si fueron testigos o no de
los presuntos hechos de tortura. Se recogerán todos los escritos, registros o documentos importantes
para su posible uso como prueba y para análisis grafológicos.
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4) Indicios médicos
105. Para preparar una opinión clínica con miras a informe de los signos físicos y psicológicos de
tortura, deben formularse seis preguntas importantes:
a) ¿Hay una relación entre los signos físicos y psicológicos observados y la denuncia de tortura?
b) ¿Qué condiciones físicas contribuyen al cuadro clínico?
c) ¿Son los signos psicológicos observados los que cabe esperar o las reacciones típicas ante
un estrés extremo dentro del contexto cultural y social del individuo?
d) Dado el curso fluctuante de los trastornos mentales postraumáticos a lo largo del tiempo,
¿cuánto tiempo ha transcurrido desde los actos de tortura? ¿En qué punto del proceso de re-
cuperación se encuentra el sujeto?
e) ¿Qué otros factores de estrés afectan al individuo (por ejemplo, una persecución manteni-
da, migración forzada, exilio, pérdida de su papel familiar y social, etc.)? ¿Qué impacto tienen
estos problemas en la víctima?
f) ¿El cuadro clínico hace pensar en una falsa denuncia de tortura?
5) Fotografías
106. Deberán tomarse fotografías en color de las lesiones de las personas que sostienen que han
sido torturadas, de los locales donde ha tenido lugar la presunta tortura (al interior y al exterior) y
de todos los demás indicios físicos que puedan encontrarse. Es fundamental una cinta métrica o
cualquier otro medio que dé una idea de la escala de la fotografía. Las fotografías deberán tomar-
se lo antes posible, aunque sólo sea con una cámara elemental, pues algunos de los signos físicos
desaparecen rápidamente y los locales pueden ser manipulados. Debe tenerse en cuenta que las
fotografías de revelado instantáneo pueden irse borrando con el tiempo. Se prefieren las fotografías
profesionales, que deberán ser tomadas tan pronto se disponga del equipo necesario. De ser posi-
ble, se tomarán las fotografías con una cámara de 35 mm y que señale automáticamente la fecha. Se
documentará con todo detalle la cadena de custodia de la película, los negativos y las impresiones.
D. COMISIÓN DE INDAGACIÓN
107. Todo Estado u organización que establezca una comisión de indagación deberá determinar el
objeto de la investigación especificando el mandato en su autorización. El definir el mandato de la
comisión aumentará en gran medida sus probabilidades de éxito al dar legitimidad al proceso, facili-
tar el consenso entre los miembros de la comisión acerca del objeto de la investigación y establecer
los parámetros para evaluar el informe final de la comisión. Para determinar el mandato de la comi-
sión se formulan las siguientes recomendaciones:
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a) Deberá tener una estructura neutral de manera que no sugiera un resultado predeterminado.
Para que sea neutral, el mandato no limitará las investigaciones en sectores que pudieran reve-
lar la responsabilidad del Estado en la tortura.
b) Deberán formularse con precisión los hechos y problemas que se van a investigar y los que
se van a tratar en el informe final de la comisión.
c) Se permitirá una cierta flexibilidad en el ámbito de la investigación de manera que la comi-
sión pueda proceder a una investigación minuciosa asegurándose de que no se vea obstaculi-
zada por un mandato excesivamente restrictivo o demasiado vago. Se puede obtener la nece-
saria flexibilidad, por ejemplo, permitiendo que la comisión modifique su mandato en caso de
necesidad. Pero es importante que mantenga al público informado de cualquier modificación
que introduzca en su mandato.
108. Los principios deberán determinar de modo general cuáles van a ser las facultades de la comi-
sión. Concretamente, la comisión necesita lo siguiente:
a) Autoridad para obtener toda la información necesaria para la investigación, incluida autoridad
para obtener testimonios so pena de sanción legal, ordenar la presentación de documentos, in-
cluidos registros estatales y médicos, y proteger a testigos, familias de la víctima y otras fuentes.
b) Autoridad para emitir un informe público;
c) Autoridad para realizar visitas in situ, en particular a los locales donde se sospeche que tuvo
lugar la tortura.
d) Autoridad para recibir pruebas de testigos y de organizaciones situados fuera del país.
109. Los miembros de la comisión serán elegidos en función de su acreditada imparcialidad, compe-
tencia e independencia personal, cualidades que se definen de la siguiente manera:
110. La objetividad de la investigación y los hallazgos de la comisión pueden depender, entre otras
cosas, de que ésta conste de tres o más miembros, y no sólo de uno o dos. En general, una comisión
de un solo miembro no está en condiciones de investigar la tortura. Un solo miembro, si actúa aisla-
damente y en solitario, no estará en condiciones de realizar una investigación en profundidad. Ade-
más, se verá obligado a adoptar decisiones discutibles e importantes sin ninguna clase de debate y
estará particularmente expuesto a las presiones del Estado y otras presiones exteriores.
32
4) El personal de la comisión
111. Las comisiones de indagación deben contar con un abogado experto e imparcial. Cuando la comi-
sión investigue denuncias de conducta indebida del Estado, convendrá nombrar a un abogado que no
forme parte del Ministerio de Justicia. El abogado principal de la comisión deberá estar al margen de
toda influencia política, como parte de la administración pública o miembro totalmente independiente
del colegio de abogados. La investigación requerirá con frecuencia asesores expertos. La comisión
deberá tener a su disposición los servicios de especialistas en patología, ciencia forense, psiquiatría,
psicología, ginecología y pediatría. Para realizar una investigación totalmente imparcial y minuciosa,
la comisión necesitará casi siempre contar con sus propios investigadores que persigan las distintas
pistas y obtengan las pruebas. La credibilidad de una investigación se verá considerablemente incre-
mentada en la medida en que la comisión pueda recurrir a sus propios investigadores.
6) Procedimiento
113. De los principios generales del procedimiento penal se deduce que las audiencias deben rea-
lizarse en público, a menos que se necesiten procedimientos a puerta cerrada para proteger la
seguridad de un testigo. El procedimiento a puerta cerrada deberá registrarse en acta, y el acta
sellada sin publicar debe mantenerse en lugar conocido. En ciertas ocasiones puede necesitarse
la confidencialidad absoluta para obtener un determinado testimonio, y en esos casos la comisión
puede optar por escuchar al testigo en privado, de manera informal sin registrar su declaración.
7) Aviso de la investigación
114. El establecimiento de una comisión y el tema de encuesta deberán darse a conocer ampliamen-
te. El aviso incluirá una invitación para que se presente a la comisión toda la información pertinente
y las correspondientes declaraciones escritas, así como instrucciones para las personas que deseen
testimoniar. El aviso se publicará en periódicos, revistas, radio y televisión, folletos y carteles.
8) Recepción de pruebas
115. La comisión de indagación deberá tener poder suficiente para exigir testimonio y presentar
documentos, más la autoridad necesaria para obligar a testificar a los funcionarios supuestamente
implicados en la tortura. En la práctica, esta autoridad puede suponer la facultad para imponer mul-
tas o sanciones si los funcionarios de gobierno u otras personas se niegan a obedecer. La comisión
de indagación invitará a las personas a prestar testimonio oral o por escrito como primer paso en
el acopio de información. Las declaraciones escritas pueden llegar a ser una importante fuente de
pruebas si sus autores temen dar testimonio, no pueden viajar al lugar del procedimiento o por al-
guna otra razón no están disponibles. La comisión de indagación deberá examinar cualquier otro
procedimiento por el cual se pueda obtener la información pertinente.
33
oportunidad de hacerse oír. El órgano investigador podrá convocar a testigos, incluidos los funcio-
narios presuntamente implicados, y exigir que se presenten pruebas. Todos estos testigos tendrán
derecho a los servicios de un abogado en caso de que la investigación pueda perjudicarles, por
ejemplo, cuando su testimonio pueda exponerlos a acusaciones penales o responsabilidad civil. En
ningún caso se obligará a un testigo a que dé testimonio contra sí mismo. La comisión deberá tener
la oportunidad de interrogar eficazmente a los testigos. A las partes en la investigación se les per-
mitirá someter preguntas por escrito a la comisión.
117. La comisión deberá evaluar todas las informaciones e indicios que reciba para determinar su
fiabilidad y probidad. La comisión evaluará los testimonios orales, teniendo en cuenta el compor-
tamiento y la credibilidad general del testigo. La comisión será sensible a las cuestiones sociales,
culturales y de género que influyan en el comportamiento de la persona. La confirmación de infor-
mación procedente de diversas fuentes aumentará su valor probatorio y la fiabilidad del testimonio
de oídas. La comisión examinará cuidadosamente la fiabilidad de este tipo de información antes de
aceptarla como un hecho. Todo testimonio no comprobado mediante interrogatorios se considerará
con la máxima precaución. Los testimonios a puerta cerrada que se consignan en actas confidencia-
les o no se registran en acta suelen no ser objeto de interrogatorio y, por consiguiente, se les puede
atribuir menos peso.
118. La comisión emitirá un informe público dentro de un plazo razonable. Además, cuando no llegue
a conclusiones unánimes, el grupo minoritario deberá expresar su opinión discordante. Los informes
de la comisión de indagación deberán contener, por lo menos, la siguiente información:
119. El Estado deberá dar respuesta pública al informe de la comisión y, cuando corresponda, indicar
qué medidas se propone adoptar en respuesta al informe.
34
CAPÍTULO IV
120. Cuando se entreviste a una persona que afirme haber sido torturada, se tendrá en cuenta una
serie de cuestiones y factores prácticos. Las presentes consideraciones valen para todas las perso-
nas que realicen entrevistas, sean juristas, médicos, psicólogos, psiquiatras, defensores de los de-
rechos humanos o miembros de cualquier otra profesión. A continuación se describe este “terreno
común” y se trata de ponerlo en los distintos contextos que pueden hallarse cuando se investiga la
tortura y se entrevista a sus víctimas.
121. El propósito general de la investigación consiste en determinar los hechos en relación con los
presuntos casos de tortura (véase cap. III, sec. D). Las evaluaciones médicas de la tortura pueden
aportar útiles pruebas en contextos legales como:
122. El objetivo del testimonio escrito u oral del médico consiste en dar una opinión pericial sobre el
grado en el que los resultados del examen médico se correlacionan con la denuncia de maltrato del
paciente, y comunicar con eficacia las constataciones médicas del facultativo y sus interpretaciones
a las autoridades judiciales y otras autoridades competentes. Además, con frecuencia el testimonio
médico sirve para enseñar a los funcionarios judiciales y a otros agentes gubernamentales y a las
comunidades locales e internacionales cuáles son las secuelas físicas y psicológicas de la tortura. Es
preciso que el examinador esté en condiciones de hacer lo siguiente:
35
B. SALVAGUARDIAS DE PROCEDIMIENTO CON RESPECTO A LOS DETENIDOS
123. Se procederá a la evaluación médica forense de los detenidos en respuesta a una solicitud oficial
escrita procedente de un fiscal público o de cualquier otro funcionario competente. Las solicitudes
de evaluación médica formuladas por funcionarios de orden público no se considerarán válidas a me-
nos que sean solicitadas por instrucciones escritas de un fiscal público. De todas formas, los propios
detenidos, así como sus abogados y familiares, tienen derecho a solicitar una evaluación médica para
buscar pruebas de torturas y malos tratos. El detenido será presentado al examen médico forense
por funcionarios que no pertenezcan al ejército ni a la policía, ya que la tortura y los malos tratos
han podido tener lugar estando la persona bajo la custodia de esos funcionarios y, por consiguiente,
ejercerían una presión coercitiva inaceptable sobre el detenido o sobre el médico para que no docu-
mentase efectivamente la tortura o los malos tratos. Los funcionarios que supervisan el transporte del
detenido deberán ser responsables ante el fiscal público y no ante otros agentes de la ley. El abogado
del detenido deberá hallarse presente durante la solicitud de examen y durante el transporte ulterior
del detenido. Durante el período de detención y después, el detenido tendrá derecho a obtener una
segunda o distinta evaluación médica a cargo de un médico calificado.
124. Todo detenido deberá ser examinado en privado. Nunca estará presente en la sala de examen
un funcionario de policía u otro agente de la ley. Esta salvaguardia de procedimiento sólo podrá ex-
cluirse cuando, a juicio del médico examinador, haya signos fehacientes de que el detenido plantea
un grave riesgo de seguridad para el personal de salud. En tales circunstancias y a petición del médi-
co examinador, se pondrá a su disposición personal de seguridad del servicio de salud de que se tra-
te, pero no policías u otros agentes de la ley. En tales casos, el personal de seguridad estará situado
de tal manera que sólo pueda establecer contacto visual con el paciente, pero no oír lo que dice. La
evaluación médica de los detenidos se realizará en el lugar que el médico considere más adecuado.
En ciertos casos puede ser mejor insistir en que la evaluación se haga en servicios médicos oficiales
y no en la prisión o en la celda. En otros casos el preso puede preferir ser examinado en la relativa
seguridad de su propia celda, si supone, por ejemplo, que los servicios médicos están vigilados. Cuál
ha de ser el mejor lugar dependerá de numerosos factores, pero en todos los casos el investigador
se asegurará de que los presos no se vean forzados a aceptar un lugar que no les satisfaga.
125. En el informe médico oficial del facultativo se señalará, en su caso, la presencia en la sala de
examen de cualquier policía, soldado, funcionario de prisiones o cualquier otro agente de la ley, sea
por la razón que fuere. La presencia de estos funcionarios durante el examen puede ser motivo para
descartar un informe médico negativo. En el informe se indicarán los nombres y cargos de otras per-
sonas presentes en la sala de examen durante la evaluación médica. Las evaluaciones medicolegales
de los detenidos deberán utilizar un formulario estándar de informe médico (véanse en el anexo IV las
directrices para preparar un formulario estándar de informe médico).
126. La evaluación original ya concluida se transmitirá directamente a la persona que haya solicitado el
informe, generalmente el fiscal público. También se facilitará un informe médico a cualquier detenido
o abogado que actúe en su nombre que lo solicite. El médico examinador deberá conservar copias
de todos los informes médicos. Una asociación médica nacional o una comisión de indagación pue-
den decidir inspeccionar los informes médicos para asegurarse del cumplimiento adecuado de las
salvaguardias de procedimiento y las normas de documentación, en particular tratándose de médicos
empleados por el Estado. Los informes se enviarán a esa organización siempre que se hayan resuelto
las cuestiones de independencia y confidencialidad. En ninguna circunstancia se enviará copia del
informe médico a los agentes de la ley. Es obligatorio que el detenido sea sometido a examen médico
en el momento de su detención y que al ser puesto éste en libertad se proceda a un nuevo examen y
evaluación. 70 En el momento del examen médico se debe facilitar el acceso a un abogado. En la mayor
parte de las situaciones de encarcelamiento no será posible que esté presente una persona del exte-
rior durante el examen. En estos casos, se estipulará que el médico de la cárcel que trabaje con los re-
clusos deberá respetar la ética médica y deberá ser capaz de desempeñar sus funciones profesionales
con independencia de cualquier influencia de terceros. Si el examen médico forense viene a apoyar la
denuncia de tortura, el detenido no debe regresar al lugar de detención, sino que deberá comparecer
ante el fiscal o el juez para que determinen bajo qué autoridad judicial han de poner al detenido.71
70. Véanse los Principios básicos de las Naciones Unidas para el tratamiento de los reclusos (cap. I, sec. B).
71. “Health care for prisoners: implications of Kalk’s refusal”, The Lancet, vol. 337 (1991), págs. 647 y 648.
36
C. VISITAS OFICIALES A CENTROS DE DETENCIÓN
127. Las visitas a los reclusos no deben tomarse a la ligera. En ciertos casos puede ser extremada-
mente difícil realizarlas de forma objetiva y profesional, sobre todo en países donde aún se practica
la tortura. Una visita única, sin un seguimiento que garantice la seguridad ulterior de los entrevista-
dos, puede ser peligrosa. En ciertos casos, una visita no seguida de otra puede ser peor que ninguna
visita. Ciertos investigadores de buena voluntad pueden caer en la trampa de visitar una cárcel o co-
misaría sin saber exactamente qué es lo que están haciendo. Pueden obtener una visión incompleta
o falsa de la realidad. Inadvertidamente pueden poner en peligro a unos presos que quizá nunca
vuelvan a ver. Ello puede además dar una coartada a los torturadores, que utilizarán el hecho de que
personas del exterior hayan visitado su prisión y no se hayan percatado de nada.
128. Lo mejor será que las visitas se confíen a investigadores que puedan realizarlas, visita y segui-
miento, de forma profesional y que por experiencia tengan ya establecidas ciertas salvaguardias de
procedimiento para su trabajo. La idea de que el poseer algún conocimiento es mejor que no tener
ninguno no es válida cuando se trabaja con reclusos que se han podido poner en peligro al dar su
testimonio. Las visitas a los lugares de detención por personas de buena voluntad representantes de
instituciones oficiales y no gubernamentales pueden ser difíciles e incluso resultar contraproducentes.
En el presente contexto debe hacerse una distinción entre una visita de buena fe necesaria para la
investigación, que no se pone en tela de juicio, y una visita no indispensable que trasciende los fines
de la indagación y que si es realizada por alguien que no es especialista puede causar más mal que
bien en un país en que se practique la tortura. Las comisiones independientes constituidas por juristas
y médicos deberán tener garantizado un acceso periódico a los lugares de detención y las prisiones.
129. Las entrevistas con personas mantenidas en custodia y posiblemente incluso en manos de los
agentes de la tortura, evidentemente serán muy distintas de las que se hagan en privado y en la se-
guridad de una instalación médica externa y segura. En estas situaciones es sumamente importante
poderse ganar la confianza de la persona. Pero aún más importante es no traicionar esa confianza,
ni siquiera involuntariamente. Deberán tomarse todas las precauciones para que el detenido no se
exponga a ningún peligro. A los detenidos que hayan sido torturados se les preguntará si se puede
utilizar la información que faciliten y de qué manera. Es muy posible que tengan demasiado miedo
para permitir que se utilicen sus nombres, por ejemplo, por temor a represalias. Investigadores, pro-
fesionales médicos e intérpretes están obligados a respetar lo que se haya prometido al detenido.
130. Puede plantearse un claro dilema, por ejemplo, cuando sea manifiesto que en un determinado
lugar se ha torturado a gran número de reclusos pero por miedo todos ellos se nieguen a permitir
que los investigadores utilicen sus historias. Enfrentado con la opción de traicionar la confianza de los
reclusos en un afán de poner fin a la tortura o de respetar esa confianza y marcharse sin decir nada,
habrá que encontrar alguna forma útil de salir de ese dilema. Confrontado con cierto número de reclu-
sos que presentan señales evidentes en sus cuerpos de latigazos, golpes, laceraciones causadas por
garrotes, etc., todos los cuales rehúsan que se mencionen sus casos por miedo a las represalias, será
conveniente organizar una “inspección sanitaria” de todo el pabellón a plena vista en el patio. De esta
forma, el investigador médico visitante recorrerá las hileras de presos formados y podrá ver las señales
visibles de la tortura en las espaldas de los sujetos, con lo cual estará en condiciones de preparar un
informe de lo que ha visto sin necesidad de decir que los presos se han quejado de tortura. Este primer
paso asegurará la confianza de los reclusos para futuras visitas de seguimiento.
131. Es evidente que otras formas más sutiles de tortura, psicológica o sexual, por ejemplo, no pue-
den tratarse de la misma manera. En estos casos puede ser necesario que el investigador no formule
ningún comentario durante una o varias visitas hasta que las circunstancias permitan que los dete-
nidos pierdan el temor y autoricen el uso de sus declaraciones. El médico y el intérprete darán sus
nombres y explicarán cuál es su papel en la evaluación. La documentación de las señales médicas
de tortura exige conocimientos específicos de profesionales calificados de salud. Además, pueden
obtenerse conocimientos sobre la tortura y sus consecuencias físicas y psicológicas mediante pu-
blicaciones, cursos de formación, conferencias profesionales y experiencia. Además, es importante
conocer las prácticas regionales de torturas y malos tratos ya que esa información puede corroborar
el relato que la persona haga sobre éstos. Se debe adquirir una experiencia en entrevistas y exáme-
nes de personas en busca de señales físicas y psicológicas de tortura y en la documentación de los
signos observados bajo la supervisión de personal médico experimentado.
37
132. Las personas que permanecen detenidas a veces pueden mostrarse excesivamente confiadas en
situaciones en las que un entrevistador simplemente no puede garantizar que no va a haber represalias,
si no se ha negociado la repetición de las visitas y ésta ha sido aceptada sin reservas por las autoridades
o si la identidad de la persona no se ha registrado de manera que, por ejemplo, quede asegurado un
seguimiento. Deberán adoptarse todas las precauciones para impedir que los reclusos se expongan a
riesgos innecesarios, confiando ingenuamente en que la persona del exterior podrá protegerlos.
133. Cuando se hacen visitas a personas que están detenidas, lo mejor es que los intérpretes vengan
del exterior y no estén contratados localmente. Se trata sobre todo de evitar que ellos o sus familias
se vean sometidos a presiones por unas autoridades inquisitivas que deseen saber qué información se
ha facilitado a los investigadores. La cuestión puede complicarse aún más cuando los detenidos perte-
necen a un grupo étnico distinto del de sus carceleros. Cabe preguntarse si conviene que el intérprete
local pertenezca al mismo grupo étnico que el preso, de manera que pueda ganarse su confianza, sus-
citando por otra parte la desconfianza de las autoridades, que probablemente tratarán de intimidarlo.
Es más, el intérprete puede mostrarse reacio a trabajar en un ambiente hostil que podría ponerle en
peligro. Cabe preguntarse también si no conviene que el intérprete pertenezca al mismo grupo étnico
que los captores, con lo que ganará su confianza a costa de perder la del preso, quedando igualmente
vulnerable a la intimidación de parte de las autoridades. La respuesta es evidentemente que ninguna
de las dos soluciones es el ideal. El intérprete debe ser ajeno a la región y todos han de considerar que
es tan independiente como el propio investigador.
134. Una persona entrevistada a las 20.00 horas merece tanta atención como la entrevista de las 8.00
horas. Los investigadores deben disponer del tiempo necesario y evitar toda sobrecarga de trabajo.
No es justo que a la persona entrevistada a las 20.00 horas (que además ha estado esperando todo el
día para contar su historia) se le corte la entrevista a causa del tiempo. Del mismo modo, la 19ª sobre
la falanga merece tanta atención como recibió la primera. Es posible que los presos que no suelen
encontrarse con gente del exterior no hayan tenido nunca la posibilidad de hablar sobre su tortura. Es
erróneo suponer que los presos hablan continuamente entre ellos sobre de la tortura. Los presos que
no tienen nada nuevo que ofrecer a la investigación merecen tanto tiempo como los demás.
D. TÉCNICAS DE INTERROGACIÓN
135. Deberán respetarse ciertas reglas básicas (véase cap. III, sec. C.2.g)). La información es sin duda
importante, pero aún es más importante la persona que está siendo entrevistada y escuchar es más
importante que preguntar. Si se limita a formular preguntas, no obtendrá más que respuestas. Para
el detenido puede ser más importante hablar sobre su familia que sobre su tortura. Esto es algo que
debe tenerse debidamente en cuenta y se dejará tiempo suficiente para hablar de cuestiones perso-
nales. La tortura, y sobre todo la tortura sexual, es un tema muy íntimo que bien podría no tratarse an-
tes de la primera visita de seguimiento o incluso después. No se exigirá a nadie que hable de ninguna
forma de tortura si se siente incómodo al hacerlo.
136. Si una presunta víctima de tortura ya no se encuentra detenida, el examinador le preguntará acer-
ca de su vida cotidiana, sus relaciones con amigos y familiares, su trabajo o sus estudios, ocupación,
intereses, planes para el futuro, y sobre el consumo de alcohol y de drogas. También se deberá obtener
información sobre la situación psicosocial de la persona después de la detención. Cuando la persona
se encuentre aún detenida, bastará con una historia psicosocial más limitada referente a la ocupación
y el nivel de instrucción. Se preguntará qué medicamentos está tomando la persona por prescripción
médica; esto es particularmente importante porque la persona detenida se puede ver privada de esos
medicamentos, lo que puede dañar considerablemente su salud. Las preguntas acerca de actividades,
ideas y opiniones políticas son importantes en la medida en que ayudan a explicar por qué la perso-
na ha sido detenida o torturada, pero lo mejor es que esa información se obtenga de modo indirecto
pidiendo a la persona que diga de qué se le acusa o por qué piensa que ha sido detenida y torturada.
38
2. Resumen de la detención y los malos tratos
137. Antes de obtener una relación detallada de los hechos, obtenga información resumida, in-
cluidas fechas, lugares, duración de la detención, frecuencia y duración de las sesiones de tortura.
Un resumen ayudará a utilizar el tiempo con eficacia. En ciertos casos, cuando los supervivientes
han sido torturados en varias ocasiones, pueden ser capaces de recordar qué es lo que les ha su-
cedido, pero con frecuencia no recuerdan exactamente dónde y cuándo ha sucedido cada cosa.
En esas circunstancias, puede ser conveniente obtener una relación histórica según los métodos
de maltrato más que una relación de la serie de hechos ocurridos durante cada detención. Del
mismo modo, al escribir una historia con frecuencia puede ser útil documentar al máximo posible
“qué es lo que ha sucedido y dónde”. Los diferentes lugares de detención están a cargo de distin-
tos cuerpos de seguridad, de policía o del ejército, y lo que ha sucedido en cada lugar puede ser
útil para obtener un cuadro completo del sistema de tortura. El obtener un mapa de los lugares
donde se ha torturado puede ser útil para reconstruir las historias de distintas personas. Esto
resultará con frecuencia muy útil para la investigación en su conjunto.
3. Circunstancias de la detención
138. Pueden plantearse las siguientes preguntas: ¿Qué hora era? ¿Dónde estaba usted? ¿Qué es-
taba haciendo? ¿Quién estaba con usted? Describa el aspecto de los que le detuvieron. ¿Se trata
de militares o de civiles, en uniforme o en ropa de calle? ¿Qué tipo de armas llevaban? ¿Qué dije-
ron? ¿Había testigos? ¿Fue usted objeto de un arresto formal, de una detención administrativa o
de una desaparición? ¿Hicieron uso de la violencia, le amenazaron? ¿Se produjo alguna interac-
ción con miembros de la familia? Señale si se utilizaron medios de restricción o si le vendaron los
ojos, los medios de transporte empleados, el destino y los nombres de los funcionarios a cargo,
de conocerse.
140. Para obtener una información básica sobre la tortura y los malos tratos, deberá actuarse
con prudencia en cuanto a sugerir modalidades de abuso a las que pueda haber sido sometida
la persona. Ello ayudará a separar todo posible adorno de las verdaderas experiencias. De todas
formas, las respuestas negativas a preguntas relativas a las distintas modalidades de tortura pue-
den contribuir a consolidar la credibilidad de la persona. Las preguntas deberán formularse de
manera que se obtenga una relación coherente. Considere, por ejemplo, hacer las siguientes pre-
guntas: ¿Dónde le maltrataron, cuándo y durante cuánto tiempo? ¿Le vendaron los ojos? Antes
de examinar las distintas formas de abuso, tome nota de las personas que se hallaban presentes
(con sus nombres y cargos). Describa la sala o lugar. ¿Qué objetos vio usted? Si es posible, des-
criba con detalle cada uno de los instrumentos de tortura; tratándose de torturas eléctricas, la
corriente, el dispositivo, el número y la forma de los electrodos. Pregunte qué ropa llevaban, si se
desvestían o si cambiaban de ropa. Tome nota de todo lo que se dijo durante el interrogatorio, los
insultos proferidos contra la víctima, etc. ¿Qué hablaban los torturadores entre ellos?
39
141. Para cada forma de abuso, tome nota de los siguientes detalles: posición del cuerpo, medios
de restricción, naturaleza de todo contacto, duración, frecuencia, localización anatómica y lugar
del cuerpo afectado. ¿Se produjeron hemorragias, traumatismos craneales o pérdida de conoci-
miento? Si hubo pérdida de conocimiento, ¿se debió a traumatismo craneal, a asfixia o al dolor?
El investigador deberá asimismo preguntar cómo se encontraba la persona al terminar cada “se-
sión”. ¿Podía andar? ¿Había que ayudarla para que pudiera regresar a la celda? ¿Podía levantarse
al día siguiente? ¿Durante cuánto tiempo estuvieron hinchados sus pies? Todos estos detalles
facilitan una descripción más completa que la que se hubiera obtenido mediante una lista de
métodos de tortura. La historia deberá incluir la fecha de la tortura de posición, cuántas veces
se practicó o cuántos días duró la tortura, período de cada episodio, estilo de suspensión (lineal
inversa, cubierto con una manta gruesa o directamente atado con una cuerda, con peso sobre los
pies o con estiramiento hacia abajo) o posición. En casos de tortura por suspensión, preguntar
qué clase de material se utilizó (cuerda, alambre o trapos pueden dejar distintas marcas sobre la
piel después de la suspensión). El examinador debe tener en cuenta que lo que el superviviente
de la tortura diga de la duración de las sesiones es subjetivo y puede no ser correcto, ya que en
general se ha observado que durante la tortura el sujeto suele sufrir una desorientación temporal
y espacial. ¿Sufrió la persona algún tipo de agresión sexual? Pregunte qué es lo que se hablaba
durante la sesión de tortura. Por ejemplo, durante la aplicación de choques eléctricos a los geni-
tales los agentes suelen decir a las víctimas que van a quedar incapacitadas para todo tipo de re-
lación sexual o cosas parecidas. Para una exposición detallada de la evaluación de una denuncia
de tortura sexual, incluida la violación, véase el capítulo V, sec. D.8.
142. Los supervivientes de la tortura pueden tropezar con dificultades para dar detalles concretos
sobre lo sucedido y ello por diversas razones importantes, como:
a) Factores circunstanciales de la tortura, por ejemplo los ojos vendados, las drogas, las pérdi-
das de conocimiento, etc.;
b) El miedo a ponerse en peligro a sí mismos o a otros;
c) La falta de confianza en el médico examinador o el intérprete;
d) El impacto psicológico de la tortura y el trauma, por ejemplo la hiperexcitación emocional y
las pérdidas de memoria que van asociadas a trastornos mentales relacionados con el trauma,
como la depresión y el trastorno de estrés postraumático;
e) La pérdida neuropsiquiátrica de memoria consecutiva a golpes en la cabeza, asfixia, casi
ahogamiento o privación de alimentos;
f) Mecanismos compensatorios protectores, como la denegación y la evitación;
g) Sanciones culturalmente prescritas según las cuales la experiencia traumática sólo puede
revelarse en un ambiente estrictamente confidencial. 72
143. Cualquiera de estos factores o todos ellos pueden explicar las incoherencias que se observen
en la narración del caso de la persona. Siempre que sea posible el investigador pedirá que se le
aclaren las cosas. Pero cuando no sea posible, buscará cualquier otro indicio que apoye o denie-
gue la historia. Una red de detalles coherentes de apoyo puede corroborar y aclarar la historia
de la persona. Aunque es posible que ella misma no sea capaz de dar los detalles que desearía
obtener el investigador, como fechas, momentos, frecuencias e identidades exactas de los agen-
tes, a lo largo del tiempo se irá configurando y estructurando un cuadro general de los hechos
traumáticos y de la tortura.
72. R. F. Mollica y Y. Caspi-Yavin, “Overview: the assessment and diagnosis of torture events and symptoms”, Torture and Its
Consequences: Current Treatment Approaches, M. Başoğlu, ed. (Cambridge, Cambridge University Press, 1992), págs. 38 a 55.
40
G. EXAMEN DE LOS MÉTODOS DE TORTURA
144. Tras obtener una relación detallada de los hechos, convendrá examinar otros posibles métodos
de tortura. Es esencial aprender cuáles son las prácticas regionales de tortura y modificar en conse-
cuencia las directrices locales. Es útil interrogar sobre formas concretas de tortura cuando:
145. La distinción entre métodos de tortura física y psicológica es artificial. Por ejemplo, la tortura
sexual casi siempre causa síntomas físicos y también psicológicos, incluso cuando no se ha produci-
do una agresión física. La lista que a continuación se da de métodos de tortura muestra algunas de
las categorías de posible maltrato. No se pretende que los investigadores la utilicen como lista de
comprobación o como modelo para preparar listas de métodos de tortura en sus informes. El méto-
do de hacer listas puede ser contraproducente ya que el cuadro clínico total resultante de la tortura
contiene mucho más que la simple suma de las lesiones producidas por los métodos enumerados en
una lista. En efecto, la experiencia indica que los torturadores, cuando se enfrentan con ese enfoque
de la tortura en forma de “paquete” de tortura, suelen concentrarse en uno u otro de los métodos
y discutir que ese método particular constituya una forma de tortura. Entre los métodos de tortura
que deben tenerse en cuenta figuran los siguientes:
a) Traumatismos causados por golpes, como puñetazos, patadas, tortazos, latigazos, golpes con
alambres o porras o caídas;
b) Tortura por posición, como suspensión, estiramiento de los miembros, limitación prolongada
de movimientos, posturas forzadas;
c) Quemaduras con cigarrillos, instrumentos calientes, líquidos hirviendo o sustancias cáusticas;
d) Choques eléctricos;
e) Asfixia, con métodos húmedos y secos, ahogamiento, sofocación, estrangulamiento o uso de
sustancias químicas;
f) Lesiones por aplastamiento, como aplastamiento de los dedos o utilización de un rodillo pesa-
do para lesionar los muslos o la espalda;
g) Lesiones penetrantes, como puñaladas o heridas de bala, introducción de alambres bajo las
uñas;
h) Exposiciones químicas a la sal, pimienta picante, gasolina, etc. (en heridas o en cavidades or-
gánicas);
i) Violencia sexual sobre los genitales, vejaciones, introducción de instrumentos, violación;
j) Lesiones por aplastamiento o amputación traumática de dedos y miembros;
k) Amputación médica de dedos o miembros, extracción quirúrgica de órganos;
l) Tortura farmacológica con dosis tóxicas de sedantes, neurolépticos, paralizantes, etc.;
m) Condiciones de detención, como celdas pequeñas o atestadas, confinamiento en solitario,
condiciones antihigiénicas, falta de instalaciones sanitarias, administración irregular de alimentos
y agua o de alimentos y agua contaminados, exposición a temperaturas extremas, negación de
toda intimidad y desnudez forzada;
n) Privación de la estimulación sensorial normal, como sonidos, luz, sentido del tiempo, aislamien-
to, manipulación de la luz de la celda, desatención de necesidades fisiológicas, restricción del sue-
ño, alimentos, agua, instalaciones sanitarias, baño, actividades motrices, atención médica, contac-
tos sociales, aislamiento en la prisión, pérdida de contacto con el mundo exterior (con frecuencia
se mantiene a las víctimas en aislamiento para evitar toda formación de vínculos o identificación
mutua, y fomentar una vinculación traumática con el torturador).
41
o) Humillaciones, como abuso verbal, realización de actos humillantes;
p) Amenazas de muerte, daños a la familia, nuevas torturas, prisión, ejecuciones simuladas;
q) Amenazas de ataques por animales, como perros, gatos, ratas o escorpiones;
r) Técnicas psicológicas para quebrar al individuo, incluidas traiciones forzadas, agudización de
la sensación de desvalimiento, exposición a situaciones ambiguas o mensajes contradictorios;
s) Violación de tabúes;
t) Forzamiento de la conducta, como realización forzada de prácticas contra la propia religión
(por ejemplo, forzar a los musulmanes a comer cerdo), inducción forzada a dañar a otras per-
sonas mediante tortura o cualquier otro maltrato, inducción forzada a destruir propiedades,
inducción forzada a traicionar a otra persona exponiéndola a riesgos;
u) Inducción forzada de la víctima a presenciar torturas u otras atrocidades que se están come-
tiendo con otros.
146. Teniendo en cuenta que los métodos de tortura utilizados pueden producir distintos tipos y niveles
de lesiones, los datos obtenidos mediante una historia médica completa y el examen físico deberán eva-
luarse conjuntamente con los exámenes de laboratorio y radiológicos apropiados. Es importante facilitar
información y dar explicaciones sobre cada proceso que se va a aplicar durante el examen médico, así
como dar a conocer en detalle los métodos de laboratorio que se empleen (véase cap. VI, sec. B.2.a).
147. La presencia de secuelas psicológicas en los supervivientes de la tortura, en particular las diversas
manifestaciones del trastorno de estrés postraumático, puede dar lugar a que el superviviente tema
revivir su experiencia de tortura en el curso de la entrevista, el examen físico o las pruebas de laborato-
rio. Una parte importante del proceso consiste en que antes del reconocimiento médico se explique a
la persona qué es lo que le van a hacer. Los que sobreviven a la tortura y siguen en sus países pueden
experimentar un intenso miedo y sospechar que se les podría arrestar de nuevo, y es cierto que con
frecuencia se ven forzados a esconderse para evitar una nueva detención. Por otra parte, los exiliados
o refugiados han tenido que dejar detrás su idioma nativo, cultura, familia, amigos, trabajo y todo lo
que les era familiar.
148. Las reacciones personales del superviviente de la tortura ante el entrevistador (y, cuando co-
rresponda, ante el intérprete) pueden influir sobre el proceso de la entrevista y más adelante sobre
el resultado de la investigación. Del mismo modo, las reacciones personales del investigador ante la
persona también pueden afectar al proceso de la entrevista y al resultado de la investigación. Es im-
portante examinar qué obstáculos se oponen a una comunicación efectiva y comprender que esas
reacciones personales pueden afectar a una investigación. El investigador deberá mantener una
evolución constante del proceso de entrevista e investigación mediante consultas y discusiones con
colegas que estén familiarizados con el campo de la evaluación y el tratamiento psicológico de los
supervivientes de la tortura. Este tipo de supervisión por colegas puede constituir un eficaz medio
de vigilar el proceso de entrevista e investigación con miras a evitar sesgos y obstáculos para una
comunicación efectiva y a obtener informaciones precisas (véase cap. VI, sec. C.2).
149. Pese a todas las precauciones, los exámenes físicos y psicológicos, por su propia naturaleza,
pueden causar un nuevo traumatismo al paciente provocando o exacerbando los síntomas de estrés
postraumático al resucitar efectos y recuerdos dolorosos (véase cap. VI, sec. B.2). En la mayor parte
de las sociedades tradicionales hay un tabú sobre las preguntas relativas a toda angustia psicológica
y, en particular, a las cuestiones sexuales, y el formular tal tipo de pregunta se considera como poco
respetuoso o insultante. Si la tortura sexual formó parte de las violaciones sufridas, el demandante
puede sentirse irremediablemente estigmatizado y manchado en su integridad moral, religiosa, so-
cial o psicológica. Para que una entrevista esté bien realizada tiene importancia fundamental, por
consiguiente, que se exprese un conocimiento respetuoso de esas condiciones y que se explique el
concepto de confidencialidad y sus límites. El evaluador deberá realizar una apreciación subjetiva de
la medida en que sea necesario recabar los detalles para que el informe sea eficaz en los tribunales,
sobre todo cuando el demandante en la entrevista da muestras evidentes de angustia.
42
I. USO DE INTÉRPRETES
150. En ciertos casos es necesario recurrir a un intérprete para que el entrevistador pueda compren-
der qué es lo que se está diciendo. Aunque es posible que el entrevistador y el entrevistado domi-
nen en pequeña medida un idioma común, con frecuencia la información que se trata de obtener
es demasiado importante como para exponerse a errores por malos entendidos. Al intérprete se le
deberá advertir que todo lo que escuche y diga en las entrevistas es estrictamente confidencial. Es
el intérprete el que va a obtener toda la información, de primera mano y sin ninguna censura. A los
entrevistados se les deberá asegurar que ni el investigador ni el intérprete van en ningún sentido a
hacer mal uso de la información (véase cap. VI, sec. C.2).
151. Cuando el intérprete no sea un profesional, siempre habrá el riesgo de que el investigador pierda
el control de la entrevista. Las personas pueden dejarse arrastrar a mantener su propia conversación
con un sujeto que habla su misma lengua y la entrevista puede apartarse de las cuestiones de que
se trata. Existe asimismo el riesgo de que un intérprete con sus propios prejuicios pueda influir sobre
el entrevistado o distorsionar sus respuestas. Cuando se trabaja con interpretación es inevitable una
cierta pérdida de información, a veces pertinente y a veces no. En casos extremos, incluso podría ser
necesario que el investigador se abstuviese de tomar notas durante las entrevistas y las realizase en
varias sesiones breves, de manera que después, entre las sesiones, tuviera tiempo de anotar los princi-
pales puntos tratados.
152. El investigador no debe olvidar que es necesario que sea él mismo el que se dirige a la persona
manteniendo contacto visual con ella, aun cuando ésta tenga la tendencia natural a dirigirse al intér-
prete. Cuando se habla a través de un intérprete es útil emplear la segunda persona y decir, por ejem-
plo, “qué hizo usted después”, en lugar de la tercera, diciendo “pregúntele qué hizo después”. Con ex-
cesiva frecuencia los investigadores toman notas mientras el intérprete está traduciendo la pregunta o
el entrevistado la está respondiendo. Algunos investigadores parecen no estar escuchando mientras la
entrevista se desarrolla en un idioma que ellos no comprenden. Esto es un error, pues es fundamental
que el investigador observe no sólo las palabras que se pronuncian sino también la expresión corporal,
las expresiones faciales, el tono de voz y los gestos del entrevistado, ya que sólo así podrá obtener una
imagen completa. Los investigadores deben familiarizarse con las palabras relacionadas con la tortura
en el idioma del entrevistado de manera que puedan mostrar que conocen la materia. El investigador
adquirirá una mayor credibilidad si reacciona, en lugar de mostrarse impasible, cuando se pronuncian
palabras relacionadas con la tortura, como submarino o darmashakra.
153. Cuando se visita a un preso no conviene utilizar intérpretes locales si existe la posibilidad de que
el entrevistado no confíe en ellos. El trabajar con presos políticos también puede ser injusto para el
intérprete local, que tras la visita podría ser interrogado por las autoridades locales o sometido a
cualquier tipo de presión. Lo mejor será recurrir a intérpretes independientes que se vea claramente
que vienen del exterior. El mejor de los casos es que el entrevistador conozca bien el idioma local
pero, si no es así, la siguiente opción será trabajar con un intérprete calificado y experimentado que
sea sensible a la cuestión de la tortura y a la cultura local. En general, no conviene recurrir a un code-
tenido para la interpretación, salvo en el caso de que sea evidente que el entrevistado elige a alguien
en quien confía. Muchas de estas reglas son asimismo aplicables a los casos en que las personas no
están detenidas, pero en estos casos puede ser más fácil ir con alguien (de la localidad) que venga
del exterior, lo cual rara vez es posible cuando la persona está en prisión.
J. CUESTIONES DE GÉNERO
154. Lo mejor es que en el equipo de investigación haya especialistas de ambos sexos, con lo cual
la propia persona que diga que ha sido torturada pueda elegir el sexo del investigador y, en su caso,
del intérprete. Esto es particularmente importante cuando una mujer haya sido detenida en una
situación en que haya constancia de casos de violación sexual, aunque hasta el momento ella no la
haya denunciado. Pero incluso si no ha habido agresión sexual, la mayor parte de las torturas tienen
aspectos sexuales (véase cap. V, sec. D.8). Volverá a sentirse traumatizada, incluso con mayor gra-
vedad, si la mujer piensa que debe describir lo que le sucedió ante una persona físicamente similar a
sus torturadores, que inevitablemente serán principal o exclusivamente hombres. En ciertos medios
culturales un investigador del sexo masculino no podrá interrogar a una víctima del sexo femenino,
43
característica cultural que debe respetarse. Pero en la mayor parte de las culturas, si sólo hay un
médico disponible, muchas mujeres preferirán dirigirse a él antes que a una mujer de otra profesión,
con la esperanza de obtener de esa manera la información y consejos médicos que desean. En tales
casos, es fundamental que, si se usa un intérprete, se trate de una mujer. Además, algunas entrevis-
tadas pueden preferir que el intérprete no sea de su localidad inmediata, no tanto por el peligro de
que se les haga recordar su tortura sino también por la sensación de que peligra la confidencialidad
(véase cap. IV, sec. I). Si no se necesita intérprete, deberá recurrirse a un miembro femenino del equi-
po de investigación para que esté presente por lo menos durante el examen físico y, si la paciente lo
desea, durante la totalidad de la entrevista.
155. Cuando la víctima sea un hombre que haya sido víctima de abuso sexual, la situación es más
compleja pues también él habrá sido agredido sexualmente principal o exclusivamente por hom-
bres. Por consiguiente, algunos hombres prefieren describir su experiencia a mujeres a causa del
miedo que les suscitan los demás hombres, mientras que otros no desearán tratar asuntos tan per-
sonales en presencia de una mujer.
156. Siempre que sea posible, los exámenes destinados a documentar la tortura por razones médico-le-
gales deberán combinarse con la evaluación de otras necesidades, como la de enviar al sujeto a otros
médicos especializados, psicólogos, fisioterapeutas o personas que puedan facilitar asesoramiento y
apoyo social. Es preciso que el investigador conozca los servicios locales de rehabilitación y apoyo.
Cuando en una evaluación médica el médico considere necesario algún tipo de consulta o examen, no
vacilará en insistir en que se haga. Mientras están investigando pruebas clínicas de tortura y malos tra-
tos los médicos no están exentos de respetar sus obligaciones éticas. Toda persona que parezca nece-
sitar una atención médica o psicológica adicional deberá ser remitida a los servicios correspondientes.
157 Las manifestaciones físicas de la tortura pueden variar según la intensidad, frecuencia y duración
de los malos tratos, la capacidad de autoprotección que tenga el superviviente y su estado físico
previo a la tortura. Ciertas formas de tortura pueden no dejar huellas físicas, pero pueden asociarse
a otros trastornos. Así, por ejemplo, los golpes en la cabeza que provocan pérdida del conocimiento
pueden causar una epilepsia postraumática o una disfunción orgánica cerebral. Además, una dieta
y una higiene deficientes durante la detención pueden originar síndromes de carencias vitamínicas.
158. Ciertas formas de tortura se asocian estrechamente a determinadas secuelas. Por ejemplo, los
golpes en la cabeza que provocan pérdida del conocimiento son particularmente importantes para
el diagnóstico clínico de una disfunción orgánica cerebral. Los traumatismos genitales suelen aso-
ciarse a ulteriores disfunciones sexuales.
159. Es importante darse cuenta de que los torturadores pueden tratar de ocultar sus actos. Para evitar
toda huella física de golpes, la tortura a menudo se practica con objetos anchos y romos, y a veces a la
víctima de la tortura se la recubre con una alfombra, o con zapatos en el caso de la falanga, de manera
que se difumine la fuerza de cada golpe. El estiramiento y aplastamiento y la asfixia también son for-
mas de tortura con las que se trata de provocar un máximo de dolor y sufrimiento dejando un mínimo
de pruebas. Por la misma razón se utilizan toallas húmedas cuando se administran choques eléctricos.
160. El informe deberá hacer mención de las calificaciones y experiencia del investigador. Siempre que
sea posible se darán los nombres de los testigos o del paciente. Pero si de esta forma se expone al
sujeto a un riesgo importante, se puede utilizar un código que le permita al equipo investigador saber
quién es la persona a la que alude el informe pero que nadie más pueda identificarla. Deberá asimismo
indicarse si en el momento de la entrevista o en cualquiera de sus partes había alguien más en la habi-
tación. Se describirá con detalle el caso correspondiente evitando todo testimonio de oídas y, cuando
corresponda, se especificarán las constataciones. El informe se habrá de firmar y fechar, incluyendo
cualquier declaración que pueda ser exigida por la jurisdicción a la que esté destinado (véase anexo IV).
44
CAPÍTULO V
162. La evaluación médica con fines legales deberá ser realizada de forma objetiva e imparcial. La
evaluación se basará en la pericia clínica del médico y su experiencia profesional. La obligación
ética de beneficencia exige una exactitud y una imparcialidad sin compromiso de manera que se
cree y mantenga la credibilidad profesional. Siempre que sea posible, los médicos que realizan
evaluaciones de detenidos deberán poseer una formación básica especializada en documenta-
ción forense de torturas y otras formas de maltrato físico y psicológico. Es preciso que conoz-
can las condiciones de la prisión y los métodos de tortura que se utilizan en la región particular
donde se encarceló al paciente, así como los más frecuentes efectos secundarios de la tortura. El
informe médico deberá atenerse a los hechos y redactarse cuidadosamente. Se evitará la jerga
profesional. Toda terminología médica deberá definirse de manera que puedan comprenderla los
legos. El médico no debe partir del supuesto de que una petición oficial de evaluación médico-le-
gal haya revelado todos los datos materiales. Es responsabilidad del médico descubrir y notificar
todo hallazgo material que considere pertinente, aun cuando pueda ser considerado trivial o
adverso para el caso de la parte que haya solicitado el examen médico. Sean cuales fueren las
circunstancias, nunca deberán excluirse del informe médico-legal los hallazgos que puedan ser
indicativos de torturas u otras formas de malos tratos.
A. ESTRUCTURA DE LA ENTREVISTA
163. Estos comentarios se aplican especialmente a las entrevistas realizadas con personas que ya
no están detenidas. El lugar donde se realicen la entrevista y el examen deberá ser tan seguro y
cómodo como sea posible. Deberá contarse con el tiempo necesario para realizar una entrevista y
un reconocimiento exhaustivos. Una entrevista de dos a cuatro horas podría ser insuficiente para
evaluar las señales físicas o psicológicas de torturas. Además, puede suceder que en cualquier mo-
mento ciertas variables específicas de la situación, como la dinámica de la entrevista, la sensación
de impotencia de un paciente frente a la intromisión en su intimidad personal, el temor a futuras
persecuciones, la vergüenza ante lo sucedido y una sensación de culpabilidad del superviviente
puedan simular las circunstancias de una experiencia de tortura. Esto puede aumentar la ansiedad
del paciente y su resistencia a revelar la información deseada. Para completar la evaluación puede
ser preciso prever una segunda y posiblemente una tercera entrevista.
164. La confianza es un componente esencial para recabar una relación fidedigna de malos tra-
tos. El ganarse la confianza de alguien que ha experimentado tortura u otras formas de malos
tratos exige una escucha activa, una comunicación meticulosa, cortesía y empatía y honestidad
genuinas. Los médicos habrán de ser capaces de establecer un clima de confianza en el que
puedan revelarse hechos cruciales, por dolorosos o vergonzantes que sean. Es importante tener
en cuenta que esos hechos son a veces secretos íntimos que la persona puede estar revelando
por vez primera en ese momento. Además de prever un medio ambiente cómodo, un lapso de
tiempo adecuado para las entrevistas, refrescos y acceso a servicios sanitarios, será preciso que
el médico explique al paciente qué es lo que va a suceder durante la evaluación. Es preciso que el
médico sea consciente del tono que adopta, de las frases que pronuncia y de la secuencia de las
preguntas (las preguntas más delicadas sólo deberán formularse cuando ya se haya establecido
un cierto grado de relación) y que señale al paciente que puede descansar un momento si lo ne-
cesita u optar por no responder a ninguna pregunta.
45
165. Médicos e intérpretes tienen la obligación de mantener la confidencialidad de la información,
que sólo revelarán con el consentimiento del paciente (véase cap. III, sec. C). Cada persona deberá
ser examinada individualmente y respetando su intimidad. Deberá ser informada de cualquier límite
que el Estado o las autoridades judiciales puedan imponer al carácter confidencial de la evaluación. El
objetivo de la entrevista debe ser expuesto con toda claridad a la persona. Los médicos deben asegu-
rarse de que el consentimiento informado se basa en una información adecuada y la comprensión de
los posibles beneficios y las consecuencias adversas que puede reportar una evaluación médica y que
el consentimiento se dé voluntariamente, sin ningún tipo de coerción por otras partes, en particular
por las autoridades de policía o judiciales. La persona tiene derecho a rehusar la evaluación. En esas
circunstancias, el médico expondrá las razones del rechazo de una evaluación. Además, si la persona
está detenida, el informe deberá ser firmado por su abogado y algún otro funcionario de salud.
166. Es posible que el paciente tema que no pueda impedirse que los gobiernos persecutores ten-
gan acceso a la evaluación. El miedo y la desconfianza pueden ser especialmente intensos en los
casos en que médicos u otros agentes de salud hayan participado en la tortura. En muchas circuns-
tancias, el evaluador será un miembro de la cultura y etnia mayoritaria, mientras que el paciente,
en la situación y lugar de la entrevista, probablemente pertenezca a un grupo o cultura minoritaria.
Esta dinámica de la desigualdad puede reforzar el desequilibrio de poder percibido y real, y puede
incrementar la posible sensación de miedo, desconfianza y sumisión forzada en el paciente.
167. La empatía y el contacto humano pueden ser lo más importante que las personas detenidas re-
ciban del investigador. Puede que la investigación en sí misma no contribuya en nada a favorecer a la
persona que está siendo entrevistada, pues en la mayoría de los casos la tortura ya habrá sucedido.
Pero el mero consuelo de saber que la información puede tener una utilidad futura se verá en gran
medida reforzado si el investigador muestra la debida empatía. Esto puede parecer evidente, pero
con demasiada frecuencia los investigadores en sus visitas a las cárceles están tan interesados en
obtener información que no atinan a establecer una relación de empatía con el preso entrevistado.
B. HISTORIAL MÉDICO
168. Obtenga una historia médica completa, incluida información sobre antecedentes médicos,
quirúrgicos o psiquiátricos. Asegúrese de dejar constancia de todas las lesiones sufridas antes
del período de detención y de sus posibles efectos ulteriores. Evite las preguntas capciosas.
Organice las preguntas para obtener un relato abierto y cronológico de las experiencias vividas
durante la detención.
169. Para establecer una correlación entre las prácticas regionales de tortura y las denuncias
individuales de maltrato puede ser útil una información histórica específica. Son ejemplos de
información útil las descripciones de instrumentos de tortura, posiciones del cuerpo, métodos
de sujeción, descripciones de heridas y discapacidades agudas o crónicas y cualquier tipo de
información que permita identificar a los autores y los lugares de detención. Aunque es esencial
obtener información precisa sobre las experiencias de un superviviente de la tortura, los métodos
abiertos de interrogación exigen que el paciente revele estas experiencias con sus propias pala-
bras y en libre evocación. Una persona que ha sobrevivido a la tortura puede experimentar difi-
cultades para expresar en palabras sus propias experiencias y síntomas. En ciertos casos puede
ser útil utilizar listas de comprobación o cuestionarios sobre experiencias traumáticas y síntomas.
Si el entrevistador piensa que puede ser útil utilizarlos, se dispone de numerosos cuestionarios
distintos, pero ninguno destinado específicamente a las víctimas de la tortura. Todas las quejas
de un superviviente de la tortura son significativas. Todas deberán ser notificadas, aunque no
exista una correlación con las observaciones físicas. Deberá dejarse constancia documental de
los síntomas y discapacidades agudos o crónicos asociados con formas específicas de maltrato,
así como los procesos ulteriores de curación.
46
1. Síntomas agudos
170. Deberá pedirse al sujeto que describa toda lesión que pueda haber sido consecuencia de
los métodos específicos de los presuntos malos tratos. Por ejemplo, puede tratarse de hemorra-
gias, hematomas, inflamaciones, heridas abiertas, laceraciones, fracturas, luxaciones, elongaciones
tendinosas, hemoptisis, neumotórax, perforaciones del tímpano, lesiones del sistema genitourina-
rio, quemaduras (coloración, ampollas o necrosis, según el grado de la quemadura), lesiones por
electricidad (tamaño y número de lesiones, coloración y características de la superficie), lesiones
químicas (coloración, signos de necrosis), dolor, adormecimiento, estreñimiento y vómitos. Deberá
anotarse la intensidad, frecuencia y duración de cada síntoma. Se describirá la evolución de cual-
quier lesión cutánea ulterior indicando si ha dejado o no cicatrices. Interrogar sobre el estado de
salud en el momento de la puesta en libertad: ¿Estaba la persona en condiciones de andar o hubo
de permanecer en cama? En ese caso, ¿durante cuánto tiempo? ¿Cuánto tiempo tardaron en curar-
se las heridas? ¿Se infectaron? ¿Qué tratamiento se aplicó? ¿Se ocupó de ello un médico o un sa-
nador tradicional? Téngase presente que la propia tortura o sus efectos ulteriores pueden compro-
meter la capacidad del detenido para hacer esas observaciones, y en tal caso tómese nota de ello.
2. Síntomas crónicos
171. Obtener información sobre dolencias físicas que a juicio de la persona estén asociadas a la
tortura o a los malos tratos. Se ha de tomar nota de la gravedad, frecuencia y duración de cada
síntoma y de cualquier discapacidad asociada o de la necesidad de atención médica o psicológi-
ca. Incluso si durante meses o años no se observan efectos secundarios de las lesiones agudas,
es posible que queden ciertas señales físicas como escaras de quemadura eléctrica o térmica,
deformidades esqueléticas, consolidación incorrecta de fracturas, lesiones dentales, pérdidas de
cabello y miofibrosis. Entre las quejas somáticas más frecuentes figuran dolores de cabeza, dolo-
res de espalda, síntomas gastrointestinales, disfunciones sexuales y dolores musculares. Entre los
más frecuentes síntomas psicológicos figuran estados depresivos, angustia, insomnio, pesadillas,
rememoraciones súbitas y dificultades de memoria (véase cap. VI, sec. B.2).
3. Resumen de la entrevista
172. Las víctimas de la tortura pueden presentar lesiones considerablemente distintas de otras for-
mas de traumatismos. Aunque las lesiones agudas pueden ser características de los presuntos trau-
matismos, la mayor parte de las veces se curan al cabo de seis semanas del acto de tortura, sin dejar
cicatrices o, a lo más, dejando cicatrices indefinidas. Éste suele ser el caso cuando los torturadores
utilizan técnicas que evitan o limitan las señales detectables de lesiones. En estos casos, el reco-
nocimiento físico puede no revelar anomalías, pero ello no contradice en modo alguno la denuncia
de tortura. Con frecuencia, la relación detallada de las observaciones del paciente sobre lesiones
agudas y su ulterior proceso de curación son una importante fuente de información que puede co-
rroborar denuncias concretas de tortura o malos tratos.
C. EL EXAMEN FÍSICO
47
174. En esta sección se hacen numerosas referencias a la remisión de personas a especialistas y a
investigaciones ulteriores. Siempre que el paciente no esté detenido, es importante que los médicos
tengan acceso a instalaciones de tratamiento físico y psicológico, de manera que pueda atenderse
cualquier necesidad que identifiquen. En muchas situaciones no se podrá disponer de determinadas
técnicas de pruebas de diagnóstico, pero su ausencia no deberá invalidar el informe (para más detalles
sobre posibles pruebas de diagnóstico, véase el anexo II).
175. Ante denuncias de tortura reciente y cuando el superviviente de la tortura todavía lleve la ropa que
llevó durante la tortura, ésta se recogerá para su examen sin previo lavado y al sujeto se le facilitará la
nueva ropa que necesita. Siempre que sea posible, la sala de examen estará suficientemente iluminada
y dotada del equipo médico necesario para el reconocimiento. Cualquier carencia se señalará en el
informe. El examinador tomará nota de todos los hallazgos positivos y negativos utilizando diagramas
de un cuerpo en que inscribirán la ubicación y naturaleza de todas las lesiones (véase anexo III). Ciertas
formas de tortura, como los choques eléctricos o los traumatismos por golpes, pueden ser indetecta-
bles en un primer momento pero se harán patentes durante un examen ulterior. Aunque raramente se
podrá hacer un registro fotográfico de las lesiones de los presos aún detenidos por sus torturadores, la
fotografía deberá ser parte habitual de los exámenes. Si se dispone de una cámara, siempre será mejor
tomar fotografías de escasa calidad que no disponer después de ninguna. Tan pronto como sea posible
deberá solicitarse la ayuda de fotógrafos profesionales (véase cap. III, sec. C.5).
1. La piel
176. El examen deberá extenderse a toda la superficie del cuerpo para detectar signos de enfer-
medad cutánea generalizada, por ejemplo de carencias de vitaminas A, B y C, lesiones anteriores
a la tortura o lesiones provocadas por ésta, como abrasiones, contusiones, laceraciones, heridas
punzantes, quemaduras de cigarrillos o de instrumentos calientes, lesiones por electricidad, alo-
pecia y extracción de las uñas. Las lesiones por tortura se describirán mencionando la ubicación,
simetría, forma, tamaño, color y superficie (por ejemplo, escamosa, con costra o ulcerada), así
como su delimitación y nivel en relación con la piel circundante. Siempre que sea posible se recu-
rrirá a la fotografía como elemento esencial. Por último, el examinador deberá exponer su opinión
en cuanto al origen de las lesiones: provocadas o autoprovocadas, accidentales o resultantes de
un proceso morboso.73,74
2. La cara
177. Deberán palparse los tejidos faciales en busca de signos de fractura, crepitación, inflamación
o dolor. Deberán examinarse los componentes motores y sensoriales, incluido el olfato y el gusto,
de todos los nervios craneales. La tomografía computadorizada (TC) es el medio diagnóstico
más completo, mejor que la radiografía rutinaria, y permite observar fracturas faciales, determi-
nar alineamientos y diagnosticar lesiones y complicaciones conexas de los tejidos blandos. A los
traumatismos faciales se asocian con frecuencia lesiones intracraneales y de la columna cervical.
a) Los ojos
178. Existen muy diversas formas de traumatismos oculares, como la hemorragia de la conjuntiva,
la dislocación del cristalino, la hemorragia subhialoidea, la hemorragia retrobulbar, la hemorragia
retiniana y la pérdida de campo visual. Dadas las graves consecuencias que puede tener la falta de
tratamiento o un tratamiento inadecuado, siempre que se sospeche la existencia de un traumatismo
o una enfermedad ocular deberá obtenerse una consulta oftalmológica. La tomografía computado-
rizada ofrece la mejor técnica de diagnóstico de las fracturas orbitales y de las lesiones de tejidos
blandos con implicaciones bulbares y retrobulbares. La imagen obtenida por resonancia magnética
nuclear (IRM) puede ser un medio auxiliar para la identificación de lesiones de tejidos blandos. El
ultrasonido de alta resolución es otro método para evaluar los traumatismos del globo ocular.
73. O.V. Rasmussen, “Medical aspects of torture”, Danish Medical Bulletin, vol. 37, Suplemento 1 (1990), págs. 1 a 88.
74. R. Bunting, “Clinical examinations in the police context”, Clinical Forensic Medicine, W. D. S. McLay, ed. (Londres, Greenwich
Medical Media, 1996), págs. 59 a 73.
48
b) Los oídos
179. Los traumatismos del oído, en particular la perforación de la membrana timpánica, son conse-
cuencia frecuente de los golpes fuertes. Con un otoscopio se examinarán los canales auditivos y las
membranas timpánicas y se describirán las lesiones observadas. Una forma frecuente de tortura,
que en América Latina se conoce como el “teléfono”, consiste en un fuerte golpe con la palma de la
mano sobre una o ambas orejas, lo que aumenta rápidamente la presión del canal auditivo y rompe
el tímpano. Para detectar perforaciones de membrana de un diámetro inferior a 2 milímetros es ne-
cesario que el examen se haga rápidamente, dado que pueden curarse en un lapso de diez días. Se
puede observar la presencia de líquido en el oído medio o en el externo. Si los análisis de laboratorio
confirman la otorrea, deberá recurrirse a la resonancia magnética o a la tomografía computadoriza-
da para determinar el lugar de la fractura. Se investigará una posible pérdida de audición mediante
métodos sencillos de detección. Si es necesario, se recurrirá a un especialista en audiometría para
que realice las pruebas audiométricas. Para realizar un examen radiográfico de las fracturas del hue-
so temporal o de la cadena osicular, lo mejor será recurrir a la tomografía computadorizada, después
la tomografía hipocicloidal y, por último, la tomografía lineal.
c) La nariz
181. Fracturas o luxaciones de la mandíbula pueden ser consecuencia de golpes recibidos. El síndrome de
la articulación temporomaxilar suele ser consecuencia de golpes propinados sobre la parte inferior de la
cara y la mandíbula. Se buscarán signos de crepitación del hueso hioides o del cartílago laríngeo resultan-
tes de golpes recibidos en el cuello. Todo hallazgo relativo a la orofaringe deberá ser anotado con detalle,
incluyendo toda lesión que pudiera ser resultado de quemaduras, choques eléctricos u otros traumatis-
mos. También se señalará la existencia de hemorragias gingivales y el estado de las encías.
182. El examen de un dentista deberá considerarse parte del reconocimiento médico periódico
durante la detención. Este examen se descuida con frecuencia y sin embargo es un importante
componente del reconocimiento físico. Es posible que se impida deliberadamente la atención den-
tal de manera que caries, gingivitis y abscesos vayan empeorando. Deberá establecerse un historial
odontológico detallado y se pedirán los expedientes odontológicos que puedan existir. Los golpes
directos o la tortura a base de choques eléctricos pueden provocar avulsión, fractura de dientes,
desplazamiento de rellenos y fractura de prótesis. Se tomará nota asimismo de caries dentales y
gingivitis. Una mala dentadura puede deberse a las condiciones de detención o haber precedido a
ésta. Será preciso examinar con todo cuidado la cavidad bucal. Durante la aplicación de la corriente
eléctrica pueden producirse mordeduras de lengua, encías o labios. También puede haber lesiones
que son consecuencia de la introducción forzada de objetos o materiales en la boca, así como de la
aplicación de corrientes eléctricas. Para determinar la magnitud de los traumatismos en los tejidos
blandos, la mandíbula y los dientes se puede recurrir a los rayos X y a la resonancia magnética.
3. El tórax y el abdomen
183. Además de observar las lesiones cutáneas, la exploración del tronco debe tener por objeto de-
tectar zonas dolorosas, sensibles o molestas que pudieran ser reflejo de lesiones subyacentes de la
musculatura, las costillas o los órganos abdominales. El examinador deberá ponderar la posibilidad
de hematomas intramusculares, retroperitoneales e intrabdominales, así como de laceraciones o per-
foraciones de algún órgano interno. Para confirmar estas lesiones, se recurrirá a la ultrasonografía, la
tomografía computadorizada y la escintigrafía ósea, de estar estas técnicas disponibles. Se procederá
49
de la forma habitual a exámenes rutinarios del sistema cardiovascular, los pulmones y el abdomen.
Ciertos trastornos respiratorios preexistentes pueden agravarse durante la detención, en la cual con
frecuencia aparecen nuevos trastornos respiratorios.
4. El sistema musculo-esquelético
184. Los supervivientes de la tortura se quejan con mucha frecuencia de dolores musculo-esqueléticos 75.
Éstos pueden ser el resultado de golpes repetidos, suspensiones y otras torturas de posición o del
ambiente físico general de la detención 76. Pueden asimismo tener un origen psicosomático (véase cap.
VI, sec. B.2). Aunque no se trate de problemas específicos, deberán ser documentados. Con frecuencia
responden bien a una fisioterapia benevolente 77. La exploración física del esqueleto deberá incluir la
comprobación de la movilidad de las articulaciones, la columna y las extremidades. Se tomará nota
de cualquier dolor que se manifieste con el movimiento, de contracturas, de tensiones, de signos del
síndrome compartimental, de fracturas con o sin deformidad y de luxaciones. Toda luxación, fractura y
osteomielitis sospechosas deberán evaluarse mediante radiografías. Si se trata de osteomielitis sospe-
chosas, se recurrirá a la radiografía rutinaria, seguida de una escintigrafía ósea en tres fases. Las lesiones
de los tendones, de los ligamentos y de los músculos se evalúan mejor con la resonancia magnética,
pero también puede recurrirse a la artrografía. En la fase aguda pueden detectarse con ello las hemo-
rragias y posibles desgarros musculares. En general, los músculos se restablecen totalmente y sin dejar
cicatrices; por consiguiente, cualquier imagen ulterior dará resultados negativos. Con la resonancia
magnética y la tomografía computadorizada los músculos denervados y el síndrome compartimental
crónico aparecerán como fibrosis musculares. Las contusiones óseas se pueden detectar mediante la
resonancia magnética o la escintigrafía. En general, estas contusiones se curan sin dejar señales.
5. El sistema genitourinario
185. La exploración genital sólo se realizará con el consentimiento del paciente y, si es necesario,
se dejará para un examen ulterior. Si el médico examinador es de distinto género que el paciente,
la exploración se hará en presencia de un testigo. Para más información, véase el capítulo IV, sec.
J. Véase además en la sección D.8 la información sobre el examen de las víctimas de agresiones
sexuales. Para detectar traumatismos genitourinarios pueden utilizarse la ultrasonografía y la
escintigrafía dinámica.
186. En el examen neurológico se evaluarán los nervios craneales, los órganos sensoriales y el sistema
nervioso periférico, en busca de neuropatías motrices y sensoriales relacionadas con posibles trauma-
tismos, carencias vitamínicas o enfermedades. Se evaluarán asimismo la capacidad cognitiva y el esta-
do mental (véase cap. VI, sec. C). Cuando el paciente comunique que ha sido colocado en posición sus-
pendida, la exploración tratará en particular de determinar una posible plexopatía braquial (más fuerza
en una mano que en otra, caída de la muñeca, debilidad del brazo con reflejos sensoriales y tendinosos
variables). Radiculopatías, otras neuropatías, deficiencias de los nervios craneales, hiperalgesias, pares-
tesias, hiperestesias y cambios en la posición, las sensaciones térmicas, las funciones motrices, el modo
de andar y la coordinación pueden ser consecuencia de traumatismos derivados de la tortura. Cuando
el paciente tenga antecedentes de mareos y vómitos deberá buscarse una exploración del aparato ves-
tibular y se consignarán las señales de nistagmus. La evaluación radiológica ha de incluir la resonancia
magnética o la tomografía computadorizada. La imagen obtenida por resonancia magnética es pre-
ferible a la tomografía computadorizada para la evaluación radiológica del cerebro y la fosa posterior.
50
D. EXAMEN Y EVALUACIÓN TRAS MODALIDADES ESPECÍFICAS DE TORTURA
187. En la siguiente exposición no se trata de describir exhaustivamente todas las formas de tortura sino
sólo describir con más detalle los aspectos médicos de muchas de las modalidades de tortura más fre-
cuentes. Para cada lesión y para el conjunto de las lesiones, el médico deberá indicar el grado de corre-
lación entre ellas y el origen que les atribuye el paciente. En general se utilizan los siguientes términos:
a) No hay relación: la lesión no puede haber sido causada por el traumatismo que se describe;
b) Hay una relación probable: la lesión puede haber sido causada por el traumatismo que se des-
cribe pero no es privativa de éste y podría obedecer a otras muchas causas;
c) Hay una firme relación: la lesión puede haber sido causada por el traumatismo que se describe
y son pocas las otras causas posibles;
d) Es típica de: este es el cuadro que normalmente se observa con este tipo de traumatismo, aun-
que podría haber otras causas;
e) Da un diagnóstico de: el cuadro no puede haberse constituido de un modo distinto del descrito.
188. En último término, para evaluar una historia de tortura lo importante es la evaluación general del
conjunto de las lesiones y no la correlación de cada una de ellas con una forma particular de tortura
(véase una lista de métodos de tortura en el capítulo IV, sec. G).
a) Lesiones cutáneas
189. Las lesiones agudas suelen ser características de la tortura pues muestran un cuadro de le-
sión, infligida, que difiere de las no infligidas, por ejemplo, por su forma, repetición o distribución
por el cuerpo. Como la mayor parte de las lesiones se curan al cabo de unas seis semanas del
acto de tortura, no dejan cicatrices o dejan cicatrices inespecíficas, una historia característica de
lesiones agudas y su evolución hasta la curación podría ser el único elemento de apoyo a una
denuncia de tortura. Los cambios permanentes en la piel causados por traumatismos contusos
son infrecuentes, inespecíficos y en general carecen de valor diagnóstico. Una secuela de este
tipo de violencia que tiene valor para diagnosticar ataduras prolongadas con estrechas ligaduras,
es una zona lineal que se extiende circularmente alrededor del brazo o la pierna, en general en
la muñeca o en el tobillo. Esta zona estará casi desprovista de vello o de folículos pilosos y re-
presenta probablemente una forma de alopecia cicatricial. No hay ningún diagnóstico diferencial
que pueda establecerse con alguna enfermedad espontánea de la piel, y es difícil imaginar que
un traumatismo de esta naturaleza pueda darse como cosa normal en la vida cotidiana.
190. Entre las lesiones agudas, las abrasiones resultantes de lesiones abrasivas superficiales de la piel
pueden aparecer como arañazos, lesiones como las producidas por un contacto quemante o lesiones
abrasivas de mayor superficie. Ciertas abrasiones pueden mostrar un cuadro que refleje los contornos
del instrumento o de la superficie que ha causado la lesión. Abrasiones repetidas y profundas pueden
crear zonas de hipo o de hiperpigmentación, según el tipo de piel de que se trate. Esto puede ocurrir
en el interior de las muñecas si la persona ha sido fuertemente maniatada.
191. Las contusiones y los hematomas corresponden a zonas de hemorragia en tejidos blandos cau-
sadas por la rotura de vasos sanguíneos a raíz de un golpe. La magnitud y gravedad de una contu-
sión dependen no sólo de la fuerza aplicada sino también de la estructura y vascularidad del tejido
contuso. Las contusiones se producen con más facilidad en los lugares donde la piel es más fina y
recubre un hueso, o en lugares de tejido más graso. Numerosos cuadros clínicos, entre ellos carencias
vitamínicas o nutriciales de otros tipos, se pueden asociar a la propensión a los hematomas o púrpu-
ras. Las contusiones y las abrasiones indican que en una determinada zona se ha aplicado una fuerza
contundente. A su vez, la ausencia de hematomas o de abrasiones no indica lo contrario. Las contu-
siones pueden adoptar una forma que refleje los contornos del instrumento utilizado. Por ejemplo,
cuando se utiliza una porra o un palo se pueden producir hematomas en forma de raíl. Así pues, de la
forma del hematoma puede deducirse la del objeto utilizado. A medida que van reabsorbiéndose, las
51
contusiones experimentan una serie de cambios de coloración. En un primer momento muestran un
color azul oscuro, púrpura o rojo vivo. A medida que la hemoglobina del hematoma se va descompo-
niendo el color va cambiando a violeta, verde, amarillo oscuro o amarillo claro y después desaparece.
Pero es muy difícil determinar en qué fecha precisa se produjo la contusión. En ciertos tipos de piel
ésta puede provocar una hiperpigmentación que puede durar varios años. Es posible que las contu-
siones que evolucionan en tejidos subcutáneos más profundos sólo aparezcan varios días después
de la lesión cuando la sangre extravasada llega a la superficie. Cuando se produzca una denuncia sin
que haya contusión, será preciso volver a examinar a la víctima varios días después. Deberá tenerse
en cuenta que la posición final y la forma de los hematomas no guardan relación con el trauma ori-
ginal y que es posible que ciertas lesiones hayan desaparecido en el momento del nuevo examen 78.
192. Las laceraciones, un desgarro o aplastamiento de la piel y tejidos blandos subyacentes por la
presión de una fuerza contundente se dan sobre todo en las partes prominentes del cuerpo, donde
la piel se ve comprimida entre el objeto contundente y la superficie ósea situada bajo los tejidos
subdérmicos. Pero si la fuerza es suficiente la piel se puede desgarrar en cualquier parte del cuerpo.
Las cicatrices asimétricas, cicatrices en lugares no habituales y una distribución difusa de cicatrices
son indicios de lesiones deliberadas 79.
193. Las cicatrices que deja la flagelación representan laceraciones curadas. Estas cicatrices se han des-
pigmentado y con frecuencia son hipertróficas y están rodeadas de estrías angostas e hiperpigmenta-
das. El diagnóstico diferencial deberá establecerse únicamente con las dermatitis por plantas, pero en
éstas domina la hiperpigmentación y las cicatrices son más cortas. En cambio, ciertas rayas simétricas,
atróficas y despigmentadas en el abdomen, axilas y piernas que a veces se toman como secuelas de
tortura corresponden a estrías de distensión y normalmente no guardan relación con la tortura 80.
194. Las quemaduras son la forma de tortura que con más frecuencia deja cambios permanentes en
la piel. Estos cambios pueden a veces tener un valor de diagnóstico. Las quemaduras con cigarrillos
suelen dejar unas cicatrices maculares de 5 a 10 milímetros de longitud, circulares u ovoides, con un
centro hiper o hipopigmentado y una periferia hiperpigmentada y relativamente indistinta. También
se han comunicado casos de tortura en que se han quemado tatuajes con cigarrillos para hacerlos
desaparecer. La forma característica de la cicatriz resultante y cualquier resto del tatuaje que quede
facilitarán el diagnóstico 81. Las quemaduras con objetos calientes provocan cicatrices marcadamen-
te atróficas que reflejan la forma del instrumento y que quedan claramente delimitadas, con zonas
marginales estrechas hipertróficas o hiperpigmentadas que corresponden a una zona inicial de infla-
mación. Esto se puede ver, por ejemplo, tras una quemadura con una varilla metálica eléctricamente
calentada o un encendedor de gas. Si hay múltiples cicatrices el diagnóstico diferencial es difícil. Los
procesos inflamatorios espontáneos no presentan la característica zona marginal y sólo raramente
muestran una pérdida pronunciada de tejido. La quemadura puede provocar cicatrices hipertróficas
o queloides, como también sucede tras una quemadura de caucho ardiendo.
195. Cuando se quema la matriz de la uña, la que después crece aparece rayada, fina y deforme, par-
tida a veces en segmentos longitudinales. Si se ha arrancado la uña, a partir del pliegue ongular proxi-
mal se puede producir una proliferación de tejidos que forma un pterigio. Sólo cabe establecer con
diagnóstico diferencial los cambios que puede causar en la uña el lichen planus, pero normalmente
éstos van acompañados de lesiones cutáneas muy difundidas. Por otra parte, las micosis se caracteri-
zan por unas uñas engrosadas, amarillentas y quebradizas que no se parecen a los cambios descritos.
196. Las heridas cortantes se producen cuando la piel es cortada por un objeto afilado como un cu-
chillo, una bayoneta o vidrios rotos e incluye heridas profundas, heridas incisas o cortantes y heridas
punzantes. En general, su aspecto agudo es fácilmente distinguible del aspecto irregular y desgarrado
de las laceraciones, y las cicatrices que se encuentran en reconocimientos ulteriores también pueden
ser distintivas. Un cuadro regular de pequeñas cicatrices de incisiones pueden estar causadas por
78. S. Gürpinar y S. Korur Fincanci, “Insan Haklari Ihlalleri ve Hekim Sorumluluğu” [Violaciones de los derechos humanos y
responsabilidad del médico], Birinci Basamak Icin Adli Tip El Kitabi [Manual de medicina forense para médicos generalistas],
(Ankara, Asociación Médica Turca, 1999).
79. Véase la nota 73 supra.
80. L. Danielsen, “Skin changes after torture”, Torture, Vol. 2, Suplemento Nº 1 (1992), págs. 27 y 28.
81. Ibíd.
52
sanadores tradicionales 82. Si a la herida abierta se le aplica pimienta o cualquier otra sustancia dañina,
la cicatriz puede hacerse hipertrófica. Un cuadro asimétrico y cicatrices de distintos tamaños pueden
ser importantes en un diagnóstico de torturas.
b) Fracturas
197. Las fracturas provocan una pérdida de la integridad del hueso debido a la aplicación de una fuerza
mecánica contundente sobre varios planos vectoriales. La fractura directa se produce en el punto de
impacto o en el punto donde se aplica la fuerza. La situación, forma y otras características de la fractura
reflejan la naturaleza y dirección de la fuerza aplicada. A veces se puede distinguir la fractura provocada
de la accidental por su imagen radiológica. Para determinar la antigüedad de fracturas relativamente
recientes deberá recurrirse a un radiólogo con experiencia en traumatismos. En la evaluación de la
naturaleza y antigüedad de lesiones traumáticas contusas deberá evitarse todo juicio especulativo, ya
que una lesión puede variar según la edad, el sexo, las características tisulares, el estado y la salud del
paciente y también según la gravedad del traumatismo. Así, por ejemplo, un sujeto en buenas condicio-
nes, musculoso y joven resistirá mejor a los hematomas que personas más delicadas y de mayor edad.
c) Traumatismos craneales
198. Los golpes en la cabeza constituyen una de las formas más frecuentes de tortura. En casos de
traumatismos craneales recurrentes, incluso si no siempre son de gran intensidad, puede esperarse
una atrofia cortical y un daño axonal difuso. En los traumatismos causados por caídas, pueden obser-
varse lesiones cerebrales por contragolpe (en el lado opuesto al del choque). En cambio, en casos de
traumatismo directo se pueden observar contusiones cerebrales directamente bajo la región donde
se propinó el golpe. Los hematomas del cuero cabelludo son con frecuencia invisibles, a no ser que se
acompañen de inflamación. Los hematomas en individuos de piel oscura pueden ser difíciles de ver,
pero se manifiestan sensibles a la palpación.
199. Un superviviente de la tortura que se haya visto expuesto a golpes en la cabeza puede quejar-
se de cefaleas continuas. Estas cefaleas son con frecuencia somáticas o pueden arrancar desde el
cuello (véase sec. C supra). Es posible que la víctima declare que la región le duele al tacto y por
medio de la palpación del cuero cabelludo puede apreciarse una inflamación difusa o local o una
mayor firmeza. Cuando se han producido laceraciones del cuero cabelludo se pueden observar
cicatrices. El dolor de cabeza puede ser el síntoma inicial de un hematoma subdural en expansión.
Puede asociarse al comienzo agudo de trastornos mentales y deberá realizarse con toda urgencia
una tomografía computadorizada. La hinchazón de tejidos blandos o las hemorragias se detectan
habitualmente mediante la tomografía computadorizada o la resonancia magnética. También puede
ser conveniente solicitar consulta psicológica o neuropsicológica (véase cap. VI, sec. C.4).
200. Las sacudidas violentas como forma de tortura pueden provocar lesiones cerebrales sin dejar nin-
guna señal exterior, aunque a veces pueden observarse hematomas en la parte superior del tórax o en
los hombros, de donde se agarró a la víctima o su ropa. En los casos más extremos, las sacudidas pueden
provocar lesiones idénticas a las que se observan en el síndrome del bebé sacudido: edema cerebral, he-
matoma subdural y hemorragias retinianas. Comúnmente, las víctimas se quejan de cefaleas recurrentes,
desorientación o alteraciones mentales. Los episodios de sacudida suelen ser breves, de algunos minutos
o menos, pero pueden repetirse muchas veces a lo largo de un período de días o de semanas.
201. Las fracturas de costillas son una consecuencia frecuente de los golpes en el tórax. Si los frag-
mentos se desplazan, la fractura puede acompañarse de laceraciones del pulmón y posible pneu-
motórax. Los golpes directos pueden provocar fracturas de las apófisis espinosas de las vértebras.
202. Ante un traumatismo abdominal agudo la exploración física buscará signos de lesiones de los ór-
ganos abdominales y el tracto urinario. Sin embargo, este examen suele dar resultados negativos. Una
hematuria fresca es la señal más indicativa de contusión renal. Un lavado peritoneal puede detectar
una hemorragia abdominal oculta. El líquido abdominal libre detectado por tomografía computadori-
53
zada tras el lavado peritoneal puede proceder del propio lavado o de una hemorragia, lo cual invalida
el hallazgo. En la tomografía computadorizada la hemorragia abdominal aguda suele ser isointensa o
revela una densidad de agua distinta de la que se observa en la hemorragia aguda del sistema nervioso
central, que es hiperintensa. Otras lesiones de órganos pueden manifestarse como gas libre, líquido
extraluminal o zonas de escasa atenuación, y pueden representar edemas, contusiones, hemorragias
o laceraciones. El edema peripancreático es una de las señales de pancreatitis aguda, traumática o no.
Los ultrasonidos son particularmente útiles para detectar los hematomas subcapsulares del bazo. Tras
severas palizas puede aparecer una insuficiencia renal aguda debido al síndrome de aplastamiento. Una
complicación tardía de la lesión renal puede ser la hipertensión renal.
203. Falanga es la denominación más común de la aplicación repetida de golpes en los pies (o, más
raramente, en las manos o las caderas), utilizando en general una porra, un trozo de tubería o un arma
similar. La complicación más grave de la falanga es el síndrome de compartimiento cerrado, que pue-
de provocar necrosis muscular, obstrucción vascular o gangrena de la porción distal de los pies o los
dedos de los pies. Aunque no con mucha frecuencia pueden producirse deformidades permanentes
de los pies y también fracturas de carpos, metacarpos y falanges. Como las lesiones suelen limitarse
a los tejidos blandos, la tomografía computadorizada o la resonancia magnética son los métodos de
elección para la documentación radiográfica de la lesión, pero debe advertirse que en la fase aguda la
exploración física debe ser de diagnóstico. La falanga puede producir una invalidez crónica. El andar
puede hacerse doloroso y difícil. Los huesos del tarso pueden quedar fijos (espásticos) o exagerada-
mente móviles. La presión sobre la planta del pie y la dorsiflexión del dedo gordo pueden ser dolorosas.
A la palpación la totalidad de la aponeurosis plantar puede ser dolorosa y las fijaciones distales de la
aponeurosis pueden estar desgarradas, en parte en la base de las falanges proximales y en parte en la
piel. La aponeurosis pierde su flexibilidad normal, con lo cual la marcha se hace difícil y la fatiga muscu-
lar rápida. La extensión pasiva del dedo gordo del pie puede revelar si hay desgarros de la aponeurosis.
Si ésta está intacta, a la palpación se sentirá el comienzo de tensión en la aponeurosis cuando el dedo
gordo se ponga en dorsiflexión de 20 grados; la extensión normal máxima es de unos 70 grados. Va-
lores más elevados indicarían la existencia de lesiones en las fijaciones de la aponeurosis 83, 84, 85, 86. Por
otra parte, una limitación de la dorsiflexión y el dolor en la hiperextensión del dedo gordo del pie serían
indicios de Hallux rigidus, resultante de un osteofito dorsal en la cabeza del primer metatarsiano o en
la base de la falange proximal.
83. G. Sklyv, “Physical sequelae of torture”, Torture and Its Consequences: Current Treatment Approaches, M. Başoğlu, ed.
(Cambridge, Cambridge University Press, 1992), págs. 38 a 55.
84. Véase la nota 76 supra.
85. K. Prip, L. Tived, N. Holten, Physiotherapy for Torture Survivors: A Basic Introduction, Copenhague, Consejo Internacional de
Rehabilitación de las Víctimas de la Tortura, 1995.
86. F. Bojsen-Moller y K. E. Flagstad, “Plantar aponeurosis and internal architecture of the ball of the foot”, Journal of Anatomy,
vol. 121 (1976), págs. 599 a 611
54
d) Rotura de la aponeurosis plantar y de los tendones del pie. El edema posterior a la falanga
puede romper esas estructuras. Cuando desaparece la función de soporte necesaria para el
arco del pie, la marcha se hace muy difícil y los músculos del pie, en particular el quadratus
plantaris longus, se ven excesivamente forzados.
e) Fascitis plantar. Esta puede ser una complicación más de este tipo de lesiones. En casos
de falanga la inflamación se extiende con frecuencia a toda la aponeurosis, provocando una
aponeurositis crónica. En estudios sobre este tema, se observaron escáners óseos positivos de
puntos hiperactivos del calcáneo o de los metatarsianos en presos salidos en libertad tras 15
años de encarcelamiento que decían que habían sido sometidos a la falanga en los primeros
días de su detención 87.
205. Métodos radiográficos como la resonancia magnética, la tomografía computadorizada y los ul-
trasonidos pueden con frecuencia confirmar casos de traumatismos resultantes de la aplicación de
la falanga. También pueden encontrarse signos radiológicos positivos secundariamente a otras enfer-
medades o traumatismos. Para el examen inicial se recomienda la radiografía rutinaria. La resonancia
magnética es el método radiológico de elección cuando se trata de determinar lesiones de tejidos
blandos. Las imágenes obtenidas por resonancia magnética o por escintigrafía permiten detectar le-
siones óseas en forma de hematomas, que no se detectarían en radiografías rutinarias o mediante la
tomografía computadorizada 88.
3. Suspensión
206. La suspensión del individuo es una forma frecuente de tortura que puede producir extraordina-
rios dolores pero que apenas deja señales visibles de lesión, si las deja. La persona que sigue recluida
puede ser reacia a admitir que está siendo torturada, pero el hallazgo de déficit neurológicos peri-
féricos que señalaría un diagnóstico de plexopatía braquial prácticamente demuestra que ha habido
tortura por suspensión. La suspensión se puede aplicar de diversas maneras:
a) Suspensión en cruz. Se aplica extendiendo los brazos y atándolos a una barra horizontal.
b) Suspensión de carnicería. Se aplica fijando las manos en posición levantada, conjuntamente
o una por una.
c) Suspensión de carnicería inversa. Se aplica por fijación de los pies hacia arriba, con la cabeza abajo.
d) Suspensión “palestina”. Se aplica suspendiendo a la víctima con los dos antebrazos atados
juntos a la espalda, los codos flexionados en 90 grados y los antebrazos atados a una barra hori-
zontal. Otra forma consiste en que se suspende al preso de una ligadura atada alrededor de sus
brazos o sus muñecas con los brazos detrás de la espalda.
e) Suspensión en “percha de loro”. Se aplica suspendiendo a la víctima por las rodillas flexionadas
de una barra que pasa bajo la región poplítea, en general con las muñecas atadas a los tobillos.
207. La suspensión puede durar desde 15 ó 20 minutos hasta varias horas. La suspensión “pales-
tina” puede provocar en muy poco tiempo lesiones permanentes del plexo braqueal. La “percha
del loro” puede producir desgarros en los ligamentos cruzados de la rodilla. Con frecuencia se
propina a las víctimas golpes u otros maltratos mientras están suspendidas. En la fase crónica es
frecuente que persistan los dolores y la sensibilidad en la región de las articulaciones del hombro
mientras que el levantamiento de pesos y la rotación, sobre todo interna pueden causar intensos
dolores incluso muchos años después. Entre las complicaciones del período agudo que sigue a
la suspensión figuran debilidad de los brazos o manos, dolores y parestesias, adormecimiento,
insensibilidad al tacto, dolor superficial y pérdida del reflejo tendinoso. Un intenso dolor profun-
do puede enmascarar la debilidad muscular. En la fase crónica puede mantenerse la debilidad
y progresar la pérdida de musculatura. Se observa adormecimiento y, más frecuentemente, pa-
restesias. La elevación de los brazos o el levantamiento de pesos puede causar dolor, adorme-
87. V. Lök, M. Tunca et al., “Bone scintigraphy as clue to previous torture”, The Lancet, vol. 337, (Nº 8745), (1991), págs. 846 a
847. Véase también M. Tunca y V. Lök, “Bone scintigraphy in screening of torture survivors”, The Lancet, vol. 352, (Nº
9143), (1998), pág. 1859.
88. Véanse las notas 76 y 83 supra, y V. Lök et al., “Bone scintigraphy as an evidence of previous torture”, Treatment and Reha-
bilitation Center Report of the Human Rights Foundation of Turkey, (Ankara, 1994), págs. 91 a 96.
55
cimiento o debilidad. Además de la lesión neurológica, puede haber rupturas de los ligamentos
de las articulaciones del hombro, dislocación de la escápula y lesiones musculares también en la
región del hombro. A la inspección visual del dorso, puede observarse una “escápula alada” (con
el borde vertebral prominente) con lesión del nervio torácico largo o dislocación de la escápula.
208. Las lesiones neurológicas de los brazos suelen ser asimétricas. La lesión del plexo braquial se
manifiesta en disfunciones motrices, sensoriales y reflejas:
209. Entre los tejidos de la región del hombro, el plexo braquial es la estructura más sensible a
las lesiones por tracción. La suspensión “palestina” provoca una lesión del plexo braquial debido
a la extensión posterior forzada de los brazos. Como se observa en el tipo clásico de suspensión
“palestina”, cuando el cuerpo queda suspendido con los brazos en hiperextensión posterior, si la
fuerza ejercida sobre el plexo es suficientemente fuerte, normalmente se ven afectadas las fibras
del plexo inferior, y luego las del plexo medio y superior. Si se trata de una suspensión de tipo
“crucifixión”, pero sin hiperextensión, lo más probable es que empiecen por afectarse las fibras
del plexo medio a causa de la hiperabducción.
a) Lesiones del plexo inferior. Las deficiencias se localizan en los músculos del antebrazo y la
mano. Pueden observarse deficiencias sensoriales en el antebrazo y en el cuarto y quinto dedos
en el lado medial de la mano en una distribución del nervio ulnar.
b) Lesiones del plexo medio. Se ven afectados los músculos extensores del antebrazo, el codo
y los dedos. Debilidad en la pronación del antebrazo y la flexión radial de la mano. Se observa
una deficiencia sensorial en el antebrazo y en las caras dorsales del primer, segundo y tercer
dedos de la mano en una distribución del nervio radial. Pueden perderse los reflejos tricipitales.
c) Lesiones del plexo superior. Se afectan especialmente los músculos del hombro. Pueden ser
deficientes la abducción del hombro, la rotación axial y la pronación-supinación del antebrazo.
Se observa deficiencia sensorial en la región deltoidea, que puede extenderse al brazo y a las
partes exteriores del antebrazo.
210. Existen muy diversas formas de torturas de posición, consistentes todas ellas en atar o sujetar
a la víctima en posiciones retorcidas, hiperextendidas o de cualquier otra manera antinaturales, lo
que causa grandes dolores y puede producir lesiones en los ligamentos, tendones, nervios y vasos
sanguíneos. Es característico de todas estas formas de tortura que apenas dejan o no dejan seña-
les exteriores o signos que puedan detectarse por radiología, pese a que después son frecuentes
las graves discapacidades crónicas.
56
211. Todas las torturas de posición atacan a tendones, articulaciones y músculos. Existen varios mé-
todos: la “suspensión del loro”, la “posición de banana” o la clásica “atadura de banana” sobre una
silla o simplemente sobre el suelo, o sobre una motocicleta, el mantenimiento de la posición de pie
forzada, esta misma posición pero sobre un solo pie, de pie y con los brazos y las manos estirados
hacia lo alto de una pared, la posición forzada y prolongada en cuclillas o la inmovilidad forzada en
una pequeña jaula. En función de las características de cada una de estas posiciones, las quejas se
refieren a dolores en una determinada región del cuerpo, limitación de los movimientos articulares,
dolor dorsal, dolor en las manos o en las partes cervicales del cuerpo e hinchazón de la parte inferior
de las piernas. A estas formas de tortura de posición se aplican los mismos principios de exploración
neurológica y musculo-esquelética que a la suspensión. Para la evaluación de las lesiones asociadas
a todas estas formas de tortura de posición la exploración radiológica de preferencia es la imagen
por resonancia magnética.
212. La corriente eléctrica se transmite a través de electrodos colocados en cualquier parte del cuer-
po. Los lugares más comunes son las manos, pies, dedos de las manos, dedos de los pies, orejas,
areolas mamarias, boca, labios y zona genital. La electricidad procede de un generador accionado a
mano o por combustión, el tendido eléctrico doméstico, un arma aturdidora (stun gun), una varilla
eléctrica del ganado u otros dispositivos eléctricos. La corriente eléctrica sigue el camino más corto
entre los dos electrodos. Los síntomas que provoca la corriente eléctrica respetan esta característi-
ca. Así, por ejemplo, si los electrodos se colocan en un dedo del pie derecho y en la región genital,
se producirá dolor, contracción muscular y calambres en los músculos del muslo y la pantorrilla de-
rechos. Se sentirá un dolor irresistible en la región genital. Como todos los músculos a lo largo de la
corriente eléctrica están tetánicamente contraídos, si esta corriente es moderadamente alta pueden
observarse dislocación del hombro y radiculopatías lumbares y cervicales. Pero la exploración física
de la víctima no permite determinar con certeza el tipo, el momento de aplicación, la intensidad y el
voltaje de la energía utilizada. Los torturadores utilizan con frecuencia agua o geles para aumentar la
eficiencia de la tortura, ampliar el punto de entrada de la corriente eléctrica y prevenir quemaduras
eléctricas detectables. Las quemaduras eléctricas suelen dejar una lesión circular pardo-rojiza de un
diámetro de 1 a 3 milímetros, en general sin inflamación, que puede dejar una cicatriz hiperpigmen-
tada. Es preciso examinar con todo cuidado la superficie de la piel pues estas lesiones suelen ser
difíciles de detectar. Es discutible la conveniencia de realizar biopsias de las lesiones recientes para
determinar su origen. Las quemaduras eléctricas pueden producir cambios histológicos específicos,
pero éstos no siempre se dan y su ausencia en ninguna forma puede interpretarse como excluyente
de la quemadura eléctrica. Por consiguiente, en cada caso debe determinarse si los posibles resul-
tados del procedimiento van a compensar el dolor y las molestias que ocasiona una biopsia cutánea
(véase anexo II, sec. 2).
6. Tortura dental
213. La tortura dental puede consistir en rotura o extracción de dientes o aplicación de corrientes
eléctricas a los dientes. El resultado puede ser pérdidas o roturas de dientes, inflamación de las en-
cías, hemorragias, dolor, gingivitis, estomatitis, fracturas de la mandíbula o pérdida de empastes de
dientes. El síndrome de la articulación temporomaxilar se caracteriza por dolor en esta articulación,
limitación de los movimientos de la mandíbula y, en ciertos casos, subluxación de esta articulación
causada por espasmos musculares resultantes de las corrientes eléctricas o de golpes a la cara.
7. Asfixia
214. La sofocación hasta casi llegar a la asfixia es un método de tortura cada vez más frecuente. En
general no deja huellas y la recuperación es rápida. Este método de tortura fue tan difundido en la Amé-
rica Latina que su nombre en español, el “submarino”, ha pasado a formar parte del vocabulario de los
derechos humanos. Se puede impedir la respiración normal mediante distintos métodos como recubrir
la cabeza con una bolsa de plástico, obturar la boca y la nariz, ejercer una presión o aplicar una liga-
dura alrededor del cuello u obligar a la persona a aspirar polvo, cemento, pimienta, etc. Estas últimas
57
modalidades se conocen como el “submarino seco”. Pueden producirse diversas complicaciones como
petequias en la piel, hemorragias nasales o auriculares, congestión de la cara, infecciones de la boca y
problemas respiratorios agudos o crónicos. La inmersión forzada de la cabeza en agua, frecuentemente
contaminada con orina, heces, vómitos u otras impurezas, puede dar lugar a que el sujeto casi se aho-
gue o se ahogue. La aspiración de agua al pulmón puede provocar una pulmonía. Esta forma de tortura
se llama “submarino húmedo”. En los casos de ahorcadura u otras formas de asfixia por ligadura suelen
observarse abrasiones o contusiones características alrededor del cuello. El hueso hioides y el cartílago
laríngeo pueden ser fracturados por una estrangulación parcial o por golpes administrados al cuello.
215. La tortura sexual empieza por la desnudez forzada, que en muchos países es un factor cons-
tante en las situaciones de tortura. La persona nunca es tan vulnerable como cuando se encuentra
desnuda y desvalida. La desnudez aumenta el terror psicológico de todos los aspectos de la tor-
tura pues abre siempre la posibilidad de malos tratos, violación o sodomía. Además, las amenazas
verbales, los insultos y las burlas sexuales forman parte de la tortura sexual pues incrementan la
humillación y sus aspectos degradantes, todo lo cual forma parte del procedimiento. Para la mujer
el toqueteo es traumático en todos los casos y se considera tortura.
216. Existen diferencias entre la tortura sexual del hombre y la de la mujer, si bien hay varios as-
pectos que se aplican a ambos. La violación siempre va asociada al riesgo de las enfermedades de
transmisión sexual, en particular la causada por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) 89. En
la actualidad, la única profilaxis eficaz contra el VIH debe aplicarse en las horas que siguen al inci-
dente y, en general, no está disponible en los países donde la tortura es habitual. En la mayor parte
de los casos interviene un elemento sexual perverso y en otros la tortura se dirige a los genitales. En
el hombre la mayor parte de las veces los choques eléctricos y los golpes se dirigen a los genitales,
con o sin tortura anal adicional. Al traumatismo físico resultante se le añade el maltrato verbal. Son
frecuentes las amenazas de pérdida de la masculinidad, con la consiguiente pérdida de dignidad
ante la sociedad. A los presos se les puede colocar desnudos en celdas junto con miembros de sus
familias, amigos o extraños, violando los tabúes culturales. Viene a empeorar la situación la falta de
intimidad en el uso de los servicios sanitarios. Además se puede obligar a los presos a que se fuercen
sexualmente los unos a los otros, algo que puede ser particularmente difícil de encajar emocional-
mente. En cuanto a las mujeres, su traumatismo puede verse potenciado por el miedo a la violación,
dado el profundo estigma cultural que va vinculado a ésta. No hay que descuidar el trauma de un
posible embarazo (que lógicamente no afecta a los hombres) el temor a perder la virginidad y a
quedar infecundas (aun cuando la violación pueda después ocultarse ante un posible marido y el
resto de la sociedad).
217. Si en determinados casos de abuso sexual la víctima no desea que el hecho se dé a conocer por
razones socioculturales o personales, el médico encargado del examen, los organismos investiga-
dores y los tribunales tienen la obligación de cooperar en el respeto de la intimidad de la víctima. El
trato con supervivientes de la tortura que han sufrido recientemente una agresión sexual exige una
formación psicológica especial y un apoyo psicológico adecuado. Deberá evitarse todo tipo de tra-
tamiento que pueda aumentar el daño psicológico sufrido por el superviviente de la tortura. Antes
de iniciar cualquier examen deberá obtenerse la autorización de la persona, que deberá ser confir-
mada por la víctima antes de que se proceda a la exploración de las partes más íntimas. Con toda
claridad y de la forma más comprensible deberá informarse a la persona acerca de la importancia
que reviste ese examen y de sus posibles resultados.
218. Tal como se ha descrito en páginas anteriores de este manual (véase sec. B supra), deberá con-
signarse una historia minuciosa de la presunta agresión. Pero hay algunas preguntas concretas que
sólo guardan relación con esa denuncia de abuso sexual. Con ellas se trata de determinar qué sínto-
89. D. Lunde y J. Ortmann, “Sexual torture and the treatment of its consequences”, Torture and Its Consequences, Current
Treatment Approaches, M. Başoğlu, ed. (Cambridge, Cambridge University Press, 1992), págs. 310 a 331.
58
mas del momento pueden ser resultado de una agresión reciente, por ejemplo hemorragias, flujos
vaginales o anales y localización del dolor, hematomas o llagas. En casos de antiguos abusos sexua-
les, las preguntas apuntarán a los síntomas continuos que siguieron a la agresión, como frecuencia
de la micción, incontinencia o disuria, irregularidades menstruales, historial ulterior de embarazos,
abortos o hemorragias vaginales, problemas con la actividad sexual, como dolor y hemorragias en
la copulación, dolor y hemorragias anales, estreñimiento o incontinencia.
219. Lo mejor sería que se pudiera disponer de instalaciones físicas y técnicas adecuadas para poder
examinar debidamente a los supervivientes de violaciones sexuales, con una dotación de psiquia-
tras, psicólogos, ginecólogos y enfermeras experimentados y especializados en el tratamiento de
los supervivientes de la tortura sexual. Un objetivo adicional de la consulta siguiente a la agresión
sexual es el de ofrecer apoyo, consejo y tranquilidad, cuando corresponda. Allí se tratarían proble-
mas como las enfermedades de transmisión sexual, el VIH, el embarazo, si la víctima es una mujer, y
cualquier daño físico permanente, pues con frecuencia los torturadores dicen a sus víctimas que ya
nunca podrán volver a vivir una sexualidad normal, lo cual puede transformarse en una profecía que
se cumple por sí misma.
220. Es raro que la víctima de violación en el curso de la tortura sea puesta en libertad cuando
aún se pueden hallar indicios patentes del acto. En estos casos, deberá tenerse en cuenta que hay
muchos factores que pueden dificultar la evaluación médica. Las víctimas de una agresión reciente
pueden sentirse aproblemadas y confusas en cuanto a la idea de solicitar ayuda médica o jurídica
a causa de sus temores, problemas socioculturales o la naturaleza destructiva de la agresión. En
estos casos, el médico deberá explicar a la víctima todas las posibles opciones médicas y jurídicas,
y actuar de acuerdo con los deseos expresados por la víctima. Entre los deberes del médico figura
el de obtener el consentimiento informado y voluntario para proceder al reconocimiento, el regis-
tro de los hallazgos médicos relacionados con el abuso y la obtención de muestras para el estudio
forense. Siempre que sea posible, este reconocimiento deberá ser realizado por un experto en do-
cumentación de la agresión sexual. Si no es así, el médico examinador deberá hablar con un experto
o consultar un texto estándar de medicina forense clínica 90. Cuando el médico sea de sexo distinto
que la víctima, ofrecerá a ésta la posibilidad de solicitar que otra persona de su mismo sexo esté
presente en la sala. Si se utiliza un intérprete, éste puede al mismo tiempo desempeñar el papel de
acompañante. Dado el carácter delicado de la investigación de una agresión sexual, normalmente
los parientes de la víctima no son las personas ideales para desempeñar ese papel (véase cap. IV,
sec. I). Es preciso que el paciente se sienta cómodo y relajado antes del examen. Deberá realizar-
se una minuciosa exploración física, junto con una meticulosa documentación de todos los signos
físicos observados, con indicaciones de tamaño, ubicación y color de los elementos pertinentes, y,
siempre que sea posible, se fotografiarán estos elementos y se tomarán muestras para su examen.
221. La exploración física no se iniciará por la zona genital. Se tomará nota de toda deformidad
observada. Deberá concederse particular atención a un examen minucioso de la piel en busca de
lesiones cutáneas que puedan haber sido consecuencia de la agresión: hematomas, laceraciones,
equimosis y petequias que podrían obedecer a succiones o mordiscos. Esto puede contribuir a que
el paciente se vaya relajando para un examen completo. Cuando las lesiones genitales sean míni-
mas, las situadas en otras partes del organismo pueden constituir el síntoma más significativo de la
agresión. Incluso cuando los genitales femeninos se exploran inmediatamente después de la viola-
ción, sólo en menos de la mitad de los casos se encuentran daños identificables. El examen anal de
hombres y mujeres tras una violación anal apenas muestra lesiones en un 30% de los casos. Eviden-
temente, cuando para penetrar la vagina o el ano se hayan utilizado objetos relativamente grandes
la probabilidad de lesiones identificables será muy superior.
222. Cuando se disponga de un laboratorio forense se establecerá contacto con éste antes del exa-
men para averiguar qué tipos de especímenes pueden analizarse y, por consiguiente, qué muestras
han de tomarse y de qué manera. Muchos laboratorios facilitan estuches con los que el médico pue-
de tomar todas las muestras necesarias de las personas que dicen haber sido violadas. Aunque no
90. Véase J. Howitt y D. Rogers, “Adult sexual offenses and related matters”, Journal of Clinical Forensic Medicine, W. D. S.
McLay, ed. (Londres, Greenwich Medical Media, 1996), págs. 193 a 218.
59
se disponga de laboratorio, convendrá de todas formas obtener frotis que luego se sequen al aire.
Estas muestras pueden servir después para las pruebas de ADN. El esperma puede ser identificado
hasta cinco días después mediante muestras tomadas con escobilla vaginal profunda y hasta tres
días después si se usa un muestreo rectal. Cuando se tomen muestras de varias víctimas, en parti-
cular si también se han tomado de los presuntos autores, deberán adoptarse estrictas precauciones
para evitar toda alegación de contaminación cruzada. Todas las muestras forenses deberán estar
plenamente protegidas y su cadena de custodia perfectamente documentada.
223. Cuando la presunta agresión haya tenido lugar más de una semana antes y no queden signos
de hematomas o laceraciones, la exploración pélvica será menos urgente. Se puede dejar tiempo
para hallar a la persona mejor calificada para documentar los hallazgos y el medio ambiente ópti-
mo para entrevistar a la persona. Pero siempre que sea posible convendrá fotografiar adecuada-
mente las lesiones residuales.
224. Deberán registrarse los antecedentes en la forma ya descrita, y después se examinarán y docu-
mentarán los signos físicos generales que se detecten. Tratándose de mujeres que hayan parido an-
tes de la violación, y en particular las que hayan parido después, no es probable que se encuentren
signos patognomónicos, si bien un médico con experiencia en la atención de mujeres puede inferir
datos importantes del comportamiento de la mujer al relatar su historia 91. Puede pasar algún tiempo
antes de que la persona esté dispuesta a narrar aquellos aspectos de la tortura que encuentra más
perturbadores. Del mismo modo es posible que el paciente desee aplazar la exploración de sus par-
tes más íntimas hasta una consulta ulterior, siempre que el tiempo y las circunstancias lo permitan.
d) Seguimiento
225. La agresión sexual puede transmitir numerosas enfermedades infecciosas, incluidas enfermeda-
des de transmisión sexual como la gonorrea, la clamidiasis, la sífilis, el VIH, las hepatitis B y C, el herpes
simple y el Condyloma acuminatum (verrugas venéreas), vulvovaginitis asociadas al abuso sexual,
como tricomonas, Moniliasis vaginitis, Gardenarella vaginitis y Enterobius vermicularis (lombriz intes-
tinal), así como infecciones del tracto urinario.
226. En todos los casos de abuso sexual se prescribirán las pruebas de laboratorio y el tratamiento
adecuados. En casos de gonorrea y clamidiasis, en la exploración se considerará la posibilidad de
que haya una infección concomitante del ano o de la orofaringe. En los casos de agresión sexual
se obtendrán cultivos iniciales y se practicarán pruebas serológicas y se iniciará la terapéutica co-
rrespondiente. La disfunción sexual es común entre los supervivientes de la tortura, en particular,
aunque no exclusivamente, entre las víctimas de tortura sexual o violación. En su origen los síntomas
pueden ser físicos o psicológicos, o una combinación de ambos, e incluyen:
I. Aversión a los miembros del sexo opuesto o pérdida de interés por la actividad sexual.
II. Temor al acto sexual porque la pareja se enterará de que la víctima ha sido objeto de una
agresión sexual o por temor de haber sufrido daño sexual. Los torturadores han podido for-
mular esa amenaza o instalar un miedo a la homosexualidad en los hombres que han sufrido
abusos anales. Algunos hombres heterosexuales han experimentado una erección e incluso a
veces han eyaculado durante un coito anal no consentido. Es preciso tranquilizarles advirtién-
doles que se trata únicamente de una respuesta fisiológica.
III. Incapacidad para confiar en la pareja sexual.
IV. Dificultades para alcanzar la excitación sexual y la erección.
V. Dispareunia (relaciones sexuales dolorosas en la mujer) o infertilidad causada por una enfer-
medad de transmisión sexual, el trauma directo de los órganos reproductores o abortos mala-
mente realizados de embarazos consecutivos a una violación.
91. G. Hinshelwood, Gender-based persecution, (Toronto, United Nations Expert Group Meeting on Gender-based Persecution, 1997).
60
e) Exploración genital de la mujer
227. En muchas culturas es totalmente inaceptable que en la vagina de una mujer virgen se intro-
duzca cualquier cosa, incluso un espéculo, un dedo o una torunda. Si la mujer muestra claras señales
de violación a la inspección externa, puede ser innecesaria la exploración pélvica interna. Entre las
señales observadas en un examen genital pueden figurar:
I. Pequeñas laceraciones o desgarros de la vulva. Pueden ser agudos y estar causados por un
estiramiento excesivo. Normalmente sanan por completo pero, si el traumatismo ha sido repe-
tido, pueden quedar cicatrices.
II. Abrasiones de los genitales femeninos. Las abrasiones pueden estar causadas por el contac-
to con objetos duros como uñas o anillos.
III. Laceraciones vaginales. Son raras, pero cuando existen se pueden asociar a una atrofia de
los tejidos o a una cirugía previa. No pueden diferenciarse de las incisiones causadas por la in-
troducción de objetos cortantes.
228. Si la exploración física de los genitales femeninos se realiza más de una semana después de
la agresión, es raro que se pueda hallar ningún indicio físico. Más adelante, cuando la mujer haya
reanudado su actividad sexual, consensual o no, o haya parido, puede ser casi imposible atribuir al
presunto abuso cualquier señal que se detecte. Por consiguiente, el componente más importante de
una evaluación médica puede ser la evaluación que haga el examinador de los antecedentes (por
ejemplo, la correlación existente entre las denuncias de agresión y las lesiones agudas observadas
por el individuo) así como el comportamiento de la persona, teniendo en cuenta el contexto cultural
de la experiencia de la mujer.
229. Los hombres que han sido sometidos a tortura en la región genital, incluidos aplastamientos,
retorcimientos o tironeos del escroto o golpes directos a esa región, durante el período agudo se
quejan normalmente de dolor y de sensibilidad. Pueden observarse hiperemia, marcada inflamación
y equimosis. La orina puede contener gran número de eritrocitos y leucocitos. Si a la palpación se
detecta una masa deberá determinarse si se trata de un hidrocele, un hematocele o una hernia in-
guinal. En caso de hernia inguinal, el examinador no puede palpar la cuerda espermática sobre la
masa. En cambio, si se trata de un hidrocele o de un hematocele, en general por encima de la masa
se palpan las normales estructuras del cordón espermático. El hidrocele se produce por una acumu-
lación excesiva de líquido en el interior de la túnica vaginalis, debida a la inflamación de los testículos
y sus anexos o a una disminución del drenaje por obstrucción linfática o venosa en el cordón o en el
espacio retroperitoneal. El hematocele consiste en una acumulación de sangre dentro de la túnica
vaginalis debido a un traumatismo. A diferencia del hidrocele, éste no se transilumina.
230. También la torsión testicular puede ser resultado de un traumatismo en el escroto. Así los testí-
culos se retuercen en su base obstruyendo el flujo sanguíneo. Esto causa gran dolor e inflamación y
constituye una emergencia quirúrgica. Si la torsión no se reduce inmediatamente puede producirse un
infarto testicular. En condiciones de detención en que suele negarse la atención médica, cabe preverse
las secuelas tardías de esta lesión.
231. Las personas que fueron sometidas a tortura escrotal pueden sufrir infecciones crónicas del
tracto urinario, disfunciones de la erección o atrofia testicular. No son infrecuentes los síntomas de
trastorno de estrés postraumático. En la fase crónica puede ser imposible distinguir entre una pato-
logía escrotal causada por tortura y la resultante de otros procesos morbosos. Si en una exploración
urológica completa no pueden descubrirse anormalidades físicas habrá que pensar que los sínto-
mas urinarios, la impotencia u otros trastornos sexuales tienen un origen psicológico. Las cicatrices
en la piel del escroto y del pene pueden ser difíciles de percibir. Por esta razón, la ausencia de cica-
trices en esos lugares concretos no demuestra la ausencia de tortura. Por otra parte, la presencia de
cicatrices indica normalmente que el sujeto ha sufrido un traumatismo considerable.
61
g) Exploración de la región anal
232. Tras la violación anal o la introducción de objetos en el ano, sea cual fuere el sexo de la vícti-
ma, el dolor y la hemorragia pueden durar días o semanas. Esto con frecuencia es causa de estre-
ñimiento, que puede exacerbarse con la dieta deficiente de muchos lugares de detención. Pueden
asimismo observarse síntomas gastrointestinales y urinarios. En la fase aguda toda exploración que
vaya más allá de la inspección visual exigirá una anestesia local o general y deberá ser realizada por
un especialista. En la fase crónica pueden persistir varios síntomas, que deben ser investigados. Es
posible que se observen cicatrices anales atípicas por su tamaño o posición, que deberán docu-
mentarse. Las fisuras anales pueden persistir durante muchos años, pero normalmente es imposible
establecer un diagnóstico diferencial entre las causadas por la tortura y las que obedecen a otros
mecanismos. Al examinar el ano deberán buscarse y documentarse las siguientes señales:
I. Las fisuras tienden a representar señales no específicas pues pueden darse en cierto número
de situaciones “normales” (estreñimiento o higiene defectuosa). Pero cuando se observan en
situación aguda (es decir dentro de las primeras 72 horas), las fisuras constituyen una señal más
específica y se pueden considerar como prueba de penetración.
II. Pueden observarse desgarros anales con o sin hemorragia.
III. La rotura del dispositivo rugal puede manifestarse en forma de cicatriz suave en abanico.
Cuando se vean estas cicatrices fuera de la línea mediana (es decir, fuera de los puntos de las 12
ó las 6 horas), puede ser indicio de traumatismo por penetración.
IV. Papilomas cutáneos, que pueden ser resultado de traumatismos en curación.
V. Exudación purulenta del ano. En todos los casos de presunta penetración rectal, se observe o
no una exudación, deberán realizarse cultivos por si existe gonorrea o clamidiasis.
233. Las pruebas de diagnóstico no constituyen parte esencial de la evaluación clínica de una perso-
na que dice haber sido torturada. En muchos casos basta con la historia médica y el reconocimiento
físico. Pero en ciertas circunstancias, estas pruebas pueden aportar valiosa información auxiliar. Ello
es así, por ejemplo, cuando se ha presentado una demanda judicial contra miembros de la autoridad
o una demanda de indemnización. En estos casos, una prueba positiva puede ser decisiva para que
una demanda tenga éxito o no. Por otra parte, si las pruebas de diagnóstico se realizan por razones
terapéuticas, sus resultados deberán agregarse al informe clínico. Es preciso darse cuenta de que la
ausencia de un resultado positivo en una prueba de diagnóstico, al igual que sucede con los resultados
del examen físico, no debe utilizarse como indicativo de que no ha habido tortura. En muchas situa-
ciones no se puede disponer de pruebas de diagnóstico por razones técnicas, pero en ningún caso su
ausencia invalidará un informe que por lo demás esté correctamente preparado. No será apropiado
utilizar unos medios de diagnóstico limitados para documentar las lesiones por razones legales úni-
camente cuando haya una mayor necesidad de utilizar esos medios con fines clínicos (véanse más
detalles en el anexo II).
62
CAPÍTULO VI
A. GENERALIDADES
92. G. Fischer y N. F. Gurris, “Grenzverletzungen: Folter und sexuelle Traumatisierung”, Praxis der Psychotherapie - Ein integrati-
ves Lehrbuch für Psychoanalyse und Verhaltenstherapie, W. Senf y W. Broda, eds. (Stuttgart, Thieme, 1996).
93. A. Kleinman, “Anthropology and psychiatry: the role of culture in cross-cultural research on illness and care”, ponencia pre-
sentada en el simposio regional de la Asociación Mundial de Psiquiatría sobre la psiquiatría y las disciplinas conexas, en 1986.
94. H. T. Engelhardt “The concepts of health and disease”, Evaluation and Explanation in the Biomedical Sciences, H. T. Engel-
hardt y S. F. Spicker, eds. (Dordrecht: D. Reidel Publishing Co., 1975), págs. 125 a 141.
95. J. Westermeyer “Psychiatric diagnosis across cultural boundaries”, American Journal of Psychiatry, vol. 142 (Nº 7) (1985),
págs. 798 a 805.
63
237. En estos últimos años se ha aplicado el diagnóstico de trastorno de estrés postraumático a
una diversidad cada vez mayor de personas que padecen las consecuencias de muy variados tipos
de violencia. De todas formas, aún no se ha determinado la utilidad de este diagnóstico en medios
culturales no occidentales. Pero todo indica que entre las poblaciones traumatizadas de refugiados
de muy distintos medios étnicos y culturales hay una elevada incidencia del trastorno de estrés
postraumático y de depresión 96, 97, 98. El estudio transcultural de la depresión preparado por la Orga-
nización Mundial de la Salud facilita útil información 99. Aunque ciertos síntomas pueden observarse
en distintas culturas, éstos pueden no ser siempre los síntomas que más preocupan a la persona.
238. Las evaluaciones se realizan en diversos contextos políticos. De ello resultan importantes dife-
rencias en la forma como ha de realizarse una evaluación. El médico o el psicólogo deberá adaptar
las directrices que a continuación se dan a la situación y los objetivos particulares de la evaluación
(véase cap. III, sec. C.2).
239. El que ciertas preguntas puedan o no formularse sin riesgo variará en gran medida depen-
diendo del grado de confidencialidad y seguridad que pueda garantizarse. Por ejemplo, un examen
hecho por un médico visitante en una prisión que se limite a 15 minutos no podrá seguir el mismo
derrotero que un examen forense en un consultorio privado que pueda durar varias horas. Se plan-
tean problemas adicionales cuando se trata de determinar si los síntomas psicológicos o el compor-
tamiento son patológicos o adaptativos. Cuando se examina a una persona que está detenida o que
vive en un ambiente de amenaza o de opresión considerable, algunos síntomas pueden ser adap-
tativos. Así, por ejemplo, una disminución del interés por actividades y una sensación de despego y
distanciamiento son comprensibles en una persona que se halla en confinamiento solitario. Del mis-
mo modo, las personas que viven en sociedades represivas pueden encontrar necesario mantener
actitudes de hipervigilancia y evitación 100. De todas formas, las limitaciones que impongan ciertas
condiciones a las entrevistas no impedirán que traten de aplicarse las directrices que se establecen
en este manual. En circunstancias difíciles es particularmente importante que los gobiernos y las
autoridades implicados respeten esas normas en la mayor medida posible.
1. Precauciones aconsejables
240. Antes de comenzar una descripción técnica de síntomas y clasificaciones psiquiátricas, debe
advertirse que en general se considera que las clasificaciones psiquiátricas corresponden a con-
ceptos médicos occidentales y que su aplicación a poblaciones no occidentales presenta ciertas
dificultades, implícitas o explícitas. Puede argüirse que las culturas occidentales están afectadas
por una excesiva medicalización de los procesos psicológicos. La idea de que el sufrimiento mental
representa un trastorno que reside en un individuo y que presenta una serie de síntomas típicos
puede ser inaceptable para muchos miembros de sociedades no occidentales. Ello no obstante, hay
pruebas considerables de que en el trastorno de estrés postraumático se producen ciertos cambios
biológicos y, desde ese punto de vista, este trastorno es un síndrome diagnosticable que puede ser
96. R. F. Mollica, et al., “The effect of trauma and confinement on the functional health and mental health status of Cambodians
living in Thailand-Cambodia border camps”, Journal of the American Medical Association (JAMA), vol. 270 (1993), págs. 581 a
586.
97. J. D. Kinzie et al., “The prevalence of posttraumatic stress disorder and its clinical significance among Southeast Asian refu-
gees”, American Journal of Psychiatry, vol. 147 (Nº 7) (1990), págs. 913 a 917.
98. K. Allden et al., “Burmese political dissidents in Thailand: trauma and survival among young adults in exile”, American Jour-
nal of Public Health, vol. 86 (1996), págs. 1561 a 1569.
99. N. Sartorius, “Cross-cultural research on depression”, Psycho-pathology, vol. 19 (Nº 2) (1987), págs. 6 a 11.
100. M. A. Simpson, “What went wrong?: diagnostic and ethical problems in dealing with the effects of torture and repression
in South Africa”, Beyond Trauma: Cultural and Societal Dynamics, R. J. Kleber, C. R. Figley, B. P. R. Gersons, eds. (Nueva York,
Plenum Press, 1995), págs. 188 a 210.
64
tratado tanto biológica como psicológicamente 101. El médico o psicólogo encargado de la evalua-
ción deberá procurar establecer una relación entre el sufrimiento mental y el contexto de las creen-
cias y normas culturales del individuo. Ello incluye el respeto por el contexto político así como por
la cultura y las creencias religiosas. Dada la gravedad de la tortura y sus consecuencias, cuando se
realice una evaluación psicológica deberá adoptarse una actitud de aprendizaje informado en lugar
de precipitarse a establecer diagnósticos y clasificaciones. Lo ideal sería que esta actitud transmi-
tiese a la víctima la idea de que sus quejas y su sufrimiento se reconocen como reales y previsibles
dadas las circunstancias. En este sentido, una actitud empática y sensible puede dar a la víctima
algún alivio de su experiencia de alienación.
241. La víctima puede tener súbitas rememoraciones o recuerdos intrusivos en los que una vez y otra
vive el incidente traumático, y esto incluso estando la persona despierta y consciente, o puede sufrir
pesadillas recurrentes que incluyen elementos del hecho traumático en su forma original o en forma
simbólica. La angustia ante la exposición a elementos que simbolizan o se asemejan al trauma se
manifiesta con frecuencia en desconfianza y miedo a las personas dotadas de autoridad, incluidos
médicos y psicólogos. En países o situaciones en los que las autoridades participan en violaciones
de los derechos humanos, no deben considerarse sistemáticamente patológicos la desconfianza y
el temor ante los representantes de la autoridad.
I. Evitación de todo tipo de pensamiento, conversación, actividad, lugar o persona que despierte
recuerdos del trauma;
II. Profunda constricción afectiva;
III. Profunda desafectación personal y aislamiento social;
IV. Incapacidad para recordar algún aspecto importante del trauma.
c) Hiperexcitación
d) Síntomas de depresión
242. Pueden observarse los siguientes síntomas de depresión: estado de ánimo depresivo, anhedonia
(clara disminución del interés o del placer en cualquier actividad), alteraciones del apetito o pérdida
de peso, insomnio o hipersomnia, agitación o lentificación psicomotriz, cansancio y pérdida de ener-
gía, sensación de inutilidad y excesivo sentimiento de culpa, dificultad de prestar atención, concentrar-
se o recordar algún acontecimiento, pensamientos de muerte, ideas de suicidio o intentos de suicidio.
101. M. Friedman y J. Jaranson, “The applicability of the post-traumatic stress disorder concept to refugees”, Amidst Peril and
Pain: The Mental Health and Well-being of the World’s Refugees, A. Marsella, et al., eds. (Washington D.C., American Psycholo-
gical Association Press, 1994), págs. 207 a 227.
65
e) Disminución de la autoestima y del sentido del futuro
243. La víctima tiene la sensación de haber sufrido daños irreparables y un cambio irreversible de
su personalidad 102. El sujeto tiene la sensación de pérdida de sentido del futuro, sin expectativas de
carrera, matrimonio, hijos o una duración normal de vida.
g) Quejas somáticas
245. Entre las víctimas de la tortura son frecuentes los síntomas somáticos como dolores, cefaleas
u otros síntomas físicos, que pueden o no tener una base objetiva. La única queja que se manifieste
puede ser el dolor, que puede variar tanto en ubicación como en intensidad. Los síntomas somáticos
pueden deberse directamente a las consecuencias físicas de la tortura o tener un origen psicológico.
Por ejemplo, todos los tipos de dolores pueden ser consecuencia física directa de la tortura o tener
un origen psicológico. Entre las quejas somáticas típicas figuran las de dolor dorsal, dolores muscu-
loesqueléticos y cefaleas, que obedecen con frecuencia a lesiones craneales. Los dolores de cabeza
son muy frecuentes entre los supervivientes de la tortura y muchas veces se convierten en cefaleas
crónicas postraumáticas. También pueden estar causados o exacerbados por la tensión y el estrés.
h) Disfunciones sexuales
246. Las disfunciones sexuales son frecuentes entre los supervivientes de la tortura, en particular, aun-
que no exclusivamente, entre los que han sufrido torturas sexuales o violaciones (véase cap. V, sec. D.8).
i) Psicosis
247. Las diferencias culturales y lingüísticas se pueden confundir con síntomas psicóticos. Antes
de diagnosticar a alguien como psicótico, será preciso evaluar sus síntomas dentro del contexto
cultural propio de la persona. Las reacciones psicóticas pueden ser breves o prolongadas, y los sín-
tomas pueden aparecer mientras la persona está detenida y torturada o después. Pueden hallarse
los siguientes síntomas:
I. Delirios.
II. Alucinaciones auditivas, visuales, táctiles y olfativas.
III. Ideas y comportamiento extravagantes.
IV. Ilusiones o distorsiones perceptivas que pueden adoptar la forma de pseudoalucinaciones
y estados borderline o francamente psicóticos. Las falsas percepciones y las alucinaciones que
se producen en el momento de dormirse o de despertarse son frecuentes entre la población
general y no denotan la existencia de una psicosis. No es infrecuente que las víctimas de tortura
comuniquen que a veces oyen gritos, que se les llama por su nombre o que ven sombras, pero sin
presentar señales o síntomas de psicosis plenamente desarrollada.
V. Paranoia y delirios de persecución.
VI. Las personas que tienen antecedentes de enfermedad mental pueden sufrir una recurrencia de
trastornos psicóticos o trastornos del humor con síntomas psicóticos. Las personas con antece-
dentes de trastorno bipolar, depresión grave recurrente con síntomas psicóticos, esquizofrenia y
trastornos esquizo-afectivos pueden experimentar un nuevo episodio del trastorno.
102. N. R. Holtan, “How medical assessment of victims of torture relates to psychiatric care”, Caring for Victims of Torture, J. M.
Jaranson and M. K. Popkin, eds. (Washington D.C., American Psychiatric Press, 1998), págs. 107 a 113.
66
j) Consumo excesivo de sustancias psicotrópicas
248. Es frecuente que los supervivientes de la tortura desarrollen cuadros de alcoholismo o toxicomanía
como forma de obliterar sus recuerdos traumáticos, de regular sus afectos y de controlar la ansiedad.
k) Daño neuropsicológico
249. La tortura puede causar un traumatismo físico que dé lugar a diversos grados de daño cerebral.
Los golpes en la cabeza, la asfixia y la malnutrición prolongada pueden tener consecuencias neu-
rológicas y neuropsicológicas a largo plazo que no sean fáciles de detectar en un reconocimiento
médico. Como sucede en todos los casos de daño cerebral que no puede documentarse mediante
técnicas de formación de imágenes u otros procedimientos médicos, la evaluación y la realización
de pruebas neuropsicológicas pueden ser la única forma segura de documentar esos efectos. Fre-
cuentemente los síntomas que tratan de hallarse en esas evaluaciones son muy similares a los que
componen el trastorno de estrés postraumático y la depresión grave. Las fluctuaciones o deficien-
cias en el nivel de conciencia, orientación, atención, concentración, memoria y funcionamiento eje-
cutivo pueden deberse a trastornos funcionales o a causas orgánicas. Por consiguiente, para poder
realizar un diagnóstico diferencial se necesitarán conocimientos especializados en evaluación neu-
ropsicológica y también conocimiento de los problemas propios de la validación transcultural de los
instrumentos neuropsicológicos (véase sec. C.4 infra).
3. Clasificaciones de diagnóstico
250. Aunque las principales quejas y los hallazgos más importantes que se han hecho entre los
supervivientes de la tortura son muy diversos y están relacionados con la experiencia vital propia
de cada persona y con su contexto cultural, social y político, convendrá que los evaluadores es-
tén familiarizados con los trastornos más frecuentemente diagnosticados a los supervivientes de
traumatismos y torturas. Además, no es infrecuente la presencia de más de un trastorno mental y
los trastornos mentales relacionados con traumatismos presentan una comorbilidad considerable.
Diversas manifestaciones de ansiedad y depresión son los síntomas más frecuentes derivados de la
tortura. No es infrecuente que la sintomatología ya descrita se clasifique dentro de las categorías de
ansiedad y trastornos del humor. Los dos sistemas de clasificación más destacados son la clasifica-
ción de trastornos mentales y del comportamiento de la Clasificación Internacional de las Enferme-
dades (CIE-10) 103, por una parte, y el manual de diagnóstico y estadística de trastornos mentales de
la Asociación Psiquiátrica Americana (DSM-IV)104, por otra parte. Véase una descripción completa
de las categorías de diagnóstico en CIE-10 y DSM-IV. El presente examen se centrará en los diag-
nósticos más frecuentes relacionados con los traumatismos: el trastorno de estrés postraumático, la
depresión grave y los cambios duraderos de la personalidad.
a) Trastornos depresivos
251. Los estados depresivos son casi universales entre los supervivientes de la tortura. En el contexto
de la evaluación de las consecuencias de la tortura, es problemático dar por supuesto que el TEPT
y la depresión grave son dos entidades morbosas distintas con etiologías claramente diferenciables.
Entre los trastornos depresivos figuran la depresión grave, el trastorno depresivo grave de un solo
episodio, y los trastornos depresivos recurrentes (más de un episodio). Los trastornos depresivos
pueden presentarse con o sin síntomas psicóticos, catatónicos, melancólicos o atípicos. Según el
DSM-IV, para poder hacer un diagnóstico del episodio de depresión grave será preciso que en un
mismo período de dos semanas se presenten cinco o más de los síntomas que se mencionan a
continuación y que representen un cambio del funcionamiento anterior (por lo menos uno de los
síntomas deberá ser un estado de ánimo depresivo o pérdida de interés o de placer):
103. Organización Mundial de la Salud, Clasificación de Trastornos Mentales y del Comportamiento y Directrices para el Diag-
nóstico de la CIE-10, (Ginebra, 1994).
104. American Psychiatric Association, Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders: DSM-IV-TR, 4.ª ed. (Washington D.C.,
1994).
67
1) Estado de ánimo deprimido;
2) Clara disminución del interés o el placer en toda o prácticamente toda actividad;
3) Pérdida de peso o alteración del apetito;
4) Insomnio o hipersomnio;
5) Agitación o lentificación psicomotríz;
6) Cansancio o pérdida de energía;
7) Sensación de inutilidad o de culpa excesiva o inadecuada;
8) Disminución de la capacidad de pensamiento o de concentración; y
9) Ideas recurrentes de muerte o suicidio.
Para poder hacer este diagnóstico es preciso que los síntomas sean causa de una angustia con-
siderable o de grave perturbación del funcionamiento social o profesional, no obedezcan a un
trastorno fisiológico y no se expliquen en el marco de otro diagnóstico del DSM-IV.
253. La definición que da el DSM-IV del TEPT se basa sobre todo en la presencia de trastornos de la
memoria en relación con el trauma, como, por ejemplo, recuerdos intrusivos, pesadillas e incapacidad
de recordar aspectos importantes del trauma. El sujeto puede ser incapaz de recordar con precisión
detalles específicos de los actos de tortura pero sí podrá recordar los principales aspectos de su expe-
riencia de la tortura. Por ejemplo, la víctima puede recordar que fue violada en varias ocasiones pero
no así las fechas exactas, los lugares donde sucedió y detalles sobre el entorno o los torturadores. En
esas circunstancias, la incapacidad de recordar detalles precisos refuerza, en lugar de reducir, la credi-
bilidad de la historia que narra el superviviente. Los principales aspectos de la historia mantendrán su
coherencia en las distintas entrevistas. El diagnóstico que la CIE-10 da del TEPT es muy similar al del
DSM-IV. Según el DSM-IV, el TEPT puede ser agudo, crónico o diferido. Los síntomas pueden durar más
de un mes y el trastorno puede provocar considerable angustia o grave perturbación del funciona-
miento de la persona. Para diagnosticar un trastorno de estrés postraumático, es preciso que el sujeto
haya estado expuesto a un acontecimiento traumático que haya entrañado experiencias amenazado-
ras de su vida o de la vida de otros y causado sensaciones intensas de temor, desvalimiento u horror.
El acontecimiento habrá de ser revivido persistentemente de una o más de las siguientes maneras:
rememoración angustiosa intrusiva del hecho, sueños angustiosos recurrentes del acontecimiento, ac-
tuación o sensaciones como si el hecho se repitiera, incluidas alucinaciones, rememoraciones súbitas e
ilusiones, intensa angustia psicológica ante la exposición a elementos que hacen recordar el aconteci-
miento y reactividad fisiológica frente a aspectos que se asemejan al acontecimiento o lo simbolicen.
254. El sujeto dará muestra persistente de que evita todo estímulo asociado al hecho traumático o
de un embotamiento general de la reactividad, según un mínimo de tres de los siguientes indicios:
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Otra razón para diagnosticar un TEPT según el DSM-IV es la persistencia de síntomas de excita-
ción que no estaban presentes antes del trauma, según un mínimo de dos de los siguientes indi-
cios: dificultad para conciliar el sueño o mantenerlo, irritabilidad o estallidos de cólera, dificultades
para la concentración, hipervigilancia y reacciones de sobresalto exagerado.
255. Los síntomas del TEPT pueden ser crónicos o fluctuar durante largos períodos de tiempo. A lo
largo de algunos intervalos el cuadro clínico está dominado por los síntomas de hiperexcitabilidad
e irritabilidad. En esos momentos el superviviente suele experimentar un aumento de los recuerdos
intrusivos, las pesadillas y las rememoraciones súbitas. En otros momentos, puede parecer relativa-
mente asintomático o constreñido y retraído emocionalmente. Debe recordarse que el hecho de que
no se satisfagan los criterios de diagnóstico del TEPT no significa que no haya habido tortura. Según
la CIE-10, en cierta proporción de los casos el TEPT puede evolucionar crónicamente a lo largo de
muchos años con transición ulterior a un cambio de personalidad duradero.
256. Tras un estrés extremo catastrófico o de carácter prolongado, pueden aparecer trastor-
nos de la personalidad adulta en sujetos que antes no habían padecido ningún trastorno de la
personalidad. Entre los tipos de estrés extremo que pueden alterar la personalidad figuran las
experiencias en campos de concentración, las catástrofes, una cautividad prolongada con la po-
sibilidad inminente de ser asesinado, la exposición a situaciones amenazadoras de la vida, como
el ser víctima del terrorismo, y la tortura. Según la CIE-10, el diagnóstico de transformación dura-
dera de la personalidad sólo se formulará cuando haya señales de un cambio claro, significativo
y persistente de la forma como el individuo percibe, relaciona o piensa habitualmente sobre su
entorno y sobre sí mismo, asociado a comportamientos inflexibles y maladaptativos que no se
manifestaban antes de la experiencia traumática. El diagnóstico excluye cambios que sean ma-
nifestación de otro trastorno mental o síntoma residual de cualquier trastorno mental previo, así
como las alteraciones de la personalidad y el comportamiento causadas por enfermedad, disfun-
ción o daño cerebrales.
258. Los especialistas han observado que los supervivientes de la tortura con frecuencia de-
sarrollan secundariamente un cuadro de alcoholismo y toxicomanía como forma de obliterar
los recuerdos traumáticos, regular emociones desagradables y controlar la ansiedad. Aunque es
frecuente la presencia simultánea del TEPT y otros trastornos, apenas se han realizado estudios
sistemáticos sobre el consumo excesivo de sustancias por supervivientes de la tortura. Las publi-
caciones relativas a los grupos que sufren el TEPT pueden incluir a supervivientes de la tortura,
como refugiados, prisioneros de guerra y ex combatientes de conflictos armados, y pueden apor-
tar algunas ideas. Los estudios de estos grupos revelan que la prevalencia del abuso de sustan-
cias varía entre los distintos grupos étnicos o culturales. Los ex prisioneros de guerra con TEPT
estaban más expuestos al consumo excesivo de sustancias, mientras que los ex combatientes
presentaban índices elevados de coexistencia del trastorno de estrés postraumático con el abuso
69
de sustancias 105, 106, 107, 108, 109, 110, 111, 112. En resumen, en otros grupos expuestos al trastorno de estrés
postraumático se han recogido pruebas importantes en el sentido de que el abuso de sustancias
puede acompañar al TEPT en los supervivientes de la tortura.
e) Otros diagnósticos
259. Como se pone de manifiesto en el catálogo de síntomas descrito en esta sección, además del
trastorno de estrés postraumático debe considerarse la posibilidad de otros diagnósticos, como el
trastorno depresivo grave y la transformación duradera en la personalidad (véase infra). Entre los
demás diagnósticos posibles figuran los siguientes:
C. EVALUACIÓN PSICOLÓGICA/PSIQUIÁTRICA
260. Las evaluaciones psicológicas pueden hallar indicios críticos de malos tratos entre las víctimas
de la tortura por varias razones: con frecuencia la tortura provoca devastadores síntomas psicoló-
gicos, los métodos de tortura suelen estar diseñados para no dejar lesiones físicas y los métodos
físicos de tortura pueden dejar huellas físicas que desaparecen o son inespecíficas.
261. Las evaluaciones psicológicas facilitan información útil para los exámenes medicolegales, las so-
licitudes de asilo político, la determinación de las condiciones en las que han podido obtenerse falsas
confesiones, el conocimiento de las prácticas regionales de tortura, la identificación de las necesida-
des terapéuticas de las víctimas y para dar testimonio en las investigaciones relativas a los derechos
humanos. El objetivo general de toda evaluación psicológica consiste en determinar el grado de co-
herencia que existe entre el relato que el individuo hace de la tortura y las señales psicológicas que se
observan en el curso de la evaluación. Con este fin, la evaluación deberá dar una descripción detallada
105. P. J. Farias, “Emotional distress and its socio-political correlates in Salvadoran refugees: analysis of a clinical sample”, Culture, Medicine and
Psychiatry, vol. 15 (1991), págs. 167 a 192.
106. A. Dadfar, “The Afghans: bearing the scars of a forgotten war”, Amidst Peril and Pain: The Mental Health and Well-being of the World’s Refu-
gees, A. Marsella et al., (Washington D.C., American Psychological Association, 1994).
107. G. W. Beebe, “Follow-up studies of World War II and Korean war prisoners: II: Morbidity, disability, and malajustments”, American Journal of
Epidemiology, vol. 101 (1975), págs. 400 a 422.
108. B. E. Engdahl et al., “Comorbidity and course of psychiatric disorders in a community sample of former prisoners of war”, American Journal
of Psychiatry, vol. 155 (1998), págs. 1740 a 1745.
109. T. M. Keane y J. Wolfe, “Comorbidity in post-traumatic stress disorder: an analysis of community and clinical studies”, Journal of Applied
Social Psychology, vol. 20 (Nº 21) (1990), págs. 1776 a 1788.
110 R. A. Kulka et al., Trauma and the Vietnam War Generation: Report of Findings from the National Vietnam Veterans Readjustment Study, (New
York, Brunner/Mazel, 1990).
111. K. Jordan et al., “Lifetime and current prevalence of specific psychiatric disorders among Vietnam veterans and controls”, Archives of General
Psychiatry, vol. 48 (Nº 3), (1991), págs. 207 a 215.
112. A. Y. Shalev, A. Bleich, R. J. Ursano, “Posttraumatic stress disorder: somatic comorbidity and effort tolerance”, Psychosomatics, vol. 31 (1990), págs. 197 a 203.
70
de la historia del individuo, un examen de su estado mental, una evaluación de su funcionamiento so-
cial y una formulación de las impresiones clínicas (véanse cap. III, sec. C y cap. IV, sec. E). Siempre que
esté indicado se hará un diagnóstico psiquiátrico. Como los síntomas psicológicos son tan prevalentes
entre los supervivientes de la tortura, es muy de recomendar que toda evaluación de tortura incluya
una evaluación psicológica.
262. Al proceder a una evaluación del estado psicológico y a un diagnóstico clínico siempre se tendrá
en cuenta el contexto cultural. Para realizar la entrevista y formular una impresión y conclusión clínicas
es fundamental conocer los síndromes específicos de la cultura y las expresiones de angustia vehicu-
ladas por el idioma nativo con el que se comunican los síntomas. Si el entrevistador no tiene un buen
conocimiento o no conoce en absoluto el medio cultural de la víctima, es esencial la ayuda de un intér-
prete. Lo mejor es que el intérprete sea nacional del país de la víctima y conozca el idioma, costumbres,
tradiciones religiosas y otras creencias que deben tenerse en cuenta en el curso de la investigación.
La entrevista puede despertar temores y desconfianza en la víctima y es posible que le recuerde sus
anteriores interrogatorios. Para reducir los efectos de una traumatización adicional, el especialista clíni-
co deberá dar la impresión de que comprende bien cuáles son las experiencias y el medio cultural del
sujeto. Aquí no conviene observar la estricta “neutralidad clínica” que se aplica en ciertas formas de
psicoterapia, durante las cuales el especialista adopta un papel pasivo y apenas abre la boca. El espe-
cialista debe hacer ver que es aliado del sujeto y adoptar una actitud de apoyo exenta de todo juicio.
2. El proceso de la entrevista
263. El especialista clínico debe comenzar la entrevista explicando con detalle qué procedimientos
se van a seguir (y las preguntas que se han de hacer sobre los antecedentes psicosociales, incluidos
la relación del caso de tortura y el actual funcionamiento psicológico), lo que prepara al sujeto para
las difíciles reacciones emocionales que pueden provocar las preguntas. Es preciso que en cualquier
momento el entrevistado pueda pedir una pausa e interrumpir la entrevista e incluso suspenderla si
el estrés llega a resultarle intolerable, con la posibilidad de una cita ulterior. El especialista ha de ser
sensible y empático en la manera de formular sus preguntas, pero permaneciendo siempre objetivo
en su evaluación clínica. Al mismo tiempo, el entrevistador debe ser consciente de sus posibles re-
acciones personales ante el superviviente y las descripciones de tortura que éste haga, que pueden
influir sobre sus percepciones y juicios propios.
264. El proceso de la entrevista puede recordar al superviviente los interrogatorios a que fue some-
tido bajo tortura. Por consiguiente, puede manifestar fuertes sentimientos negativos contra el espe-
cialista a cargo como miedo, rabia, rechazo, desvalimiento, confusión, pánico u odio. El especialista
debe permitir que se expresen y expliquen esos sentimientos y mostrarse comprensivo ante la difícil
situación del sujeto. Además, no se debe descuidar la posibilidad de que la persona aún pueda ser
perseguida u oprimida. Cuando sea necesario se evitará toda pregunta sobre actividades clandes-
tinas. Es importante tomar en consideración las razones por las cuales se procede a la evaluación
psicológica, pues son éstas las que van a determinar el nivel de confidencialidad que debe respetar el
experto. Si la evaluación de la fiabilidad de una denuncia de tortura de un sujeto se ha solicitado en el
marco de un proceso judicial iniciado por una autoridad oficial, deberá advertirse a la persona objeto
de la evaluación que ello implica el levantamiento del secreto médico en lo que respecta a todas las
informaciones presentadas en el informe. Pero si la solicitud de evaluación psicológica procede de la
propia persona torturada, el experto deberá respetar la confidencialidad médica.
265. Los especialistas que realicen evaluaciones físicas o psicológicas deben conocer las reacciones
emocionales que las evaluaciones de traumas graves pueden suscitar en el entrevistado y en el en-
trevistador. Esas reacciones emocionales se denominan transferencia y contratransferencia. Entre las
típicas reacciones que experimentan los supervivientes de la tortura, sobre todo si se les está pidiendo
que vuelvan a contar o recuerden detalles de su vivencia traumática, figuran la desconfianza, el mie-
do, la vergüenza, la rabia y los sentimientos de culpabilidad. Se denomina transferencia al conjunto de
sentimientos que un superviviente concibe hacia el especialista que guardan relación con sus pasa-
das experiencias pero se consideran erróneamente dirigidas hacia el especialista personalmente. Por
otra parte, la reacción emocional del especialista hacia el superviviente de la tortura, conocida como
contratransferencia, puede influir en la evaluación psicológica. Transferencia y contratransferencia son
mutuamente interdependientes e interactivas.
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266. El posible impacto de las reacciones de transferencia en el proceso de evaluación resulta evi-
dente cuando se considera que una entrevista o un examen que supongan describir y rememorar
los detalles de una historia traumática va a exponer a la persona a recuerdos, pensamientos y sensa-
ciones angustiosos e indeseables. Por consiguiente, aunque la víctima de la tortura consienta en la
evaluación con la esperanza de beneficiarse de ella, la exposición resultante puede hacerla revivir la
propia experiencia traumática. Pueden darse los fenómenos que a continuación se describen.
267. Las preguntas del evaluador pueden ser sentidas por el sujeto como una exposición forzada equi-
valente a un interrogatorio. Éste puede sospechar que el evaluador tiene motivaciones escoptofílicas
o sádicas, y el entrevistado puede preguntarse, por ejemplo: “¿Por qué quiere obligarme a describir,
hasta el último terrible detalle, lo que me ha sucedido? ¿Cómo se explica que una persona normal
decida ganarse la vida escuchando historias como la mía? Es probable que el evaluador obedezca a
alguna motivación extraña”. Puede haber prejuicios contra el evaluador, que nunca ha sido detenido y
torturado. Esto puede hacer que el sujeto sienta que el evaluador está del lado del enemigo.
268. El evaluador es percibido como persona en posición de autoridad, lo que suele ser el caso, y
por ello no se le pueden confiar ciertos aspectos de la historia traumática. Otras veces, sobre todo
cuando el sujeto sigue detenido, éste puede mostrarse demasiado confiado en circunstancias en
que el entrevistador no puede garantizarle que no va a haber represalias. Deberán adoptarse todas
las precauciones necesarias para impedir que los presos se expongan a riesgos innecesarios con-
fiando ingenuamente en que ese alguien del exterior va a protegerlos. Las víctimas de la tortura
pueden temer que la información que se revela en el contexto de una evaluación no se pueda poner
a salvo de gobiernos persecutores. El miedo y la desconfianza pueden ser particularmente agudos
en casos en los que médicos u otros agentes de salud han sido participantes en el acto de tortura.
270. Si el evaluador y el torturador son del mismo sexo, es más fácil que la entrevista le aparezca a la
víctima como semejante a la situación de tortura que cuando son de sexos diferentes. Por ejemplo,
una mujer que ha sido violada o torturada en prisión por un guardián de sexo masculino experimenta-
rá probablemente más angustia, desconfianza y miedo si se enfrenta con un evaluador de ese mismo
sexo que si ha de tratar con una entrevistadora. Distinto es el caso de hombres que han sido agredidos
sexualmente y que pueden avergonzarse de dar detalles sobre su tortura a una evaluadora. La expe-
riencia ha demostrado que, sobre todo cuando las víctimas siguen detenidas, en todas las sociedades
salvo las más tradicionalmente fundamentalistas (donde está excluido que un hombre entreviste y aún
menos examine a una mujer), por ejemplo en un caso de violación, puede ser más importante el he-
cho de que el entrevistador sea un médico al que la víctima pueda formular preguntas precisas que el
sexo al que pertenezca. Se han conocido casos de mujeres víctimas de violación sexual que no revelan
nada a investigadoras no médicas pero sí solicitan hablar con un médico aunque sea varón para poder
hacerle preguntas médicas concretas. Las preguntas típicas se refieren a posibles secuelas, como un
embarazo, la capacidad de concebir más adelante o el futuro de las relaciones sexuales en la pareja.
En el contexto de las evaluaciones realizadas con fines legales, es fácil que la atención que necesaria-
mente se ha de conceder a los detalles y la precisión de las preguntas relativas a la historia se perciba
como una señal de desconfianza o de duda de parte del examinador.
271. A causa de las presiones psicológicas antes mencionadas, los supervivientes pueden sufrir un
nuevo traumatismo y verse abrumados por sus recuerdos y, en consecuencia, utilizar o movilizar
fuertes defensas que los suman en un profundo retraimiento e indiferencia afectiva en el curso del
examen o la entrevista. Para la preparación del informe, el retraimiento y la indiferencia oponen
especiales dificultades ya que la víctima de la tortura puede verse en la incapacidad de comunicar
efectivamente su historia y sus sufrimientos actuales, por muy beneficioso que ello pueda resultarle.
72
272. Las reacciones de contratransferencia suelen ser inconscientes y precisamente por serlo pue-
den plantear problemas. Es absolutamente normal tener sentimientos cuando se escucha a alguien
que habla de su tortura. Esos sentimientos pueden atentar contra la eficacia del especialista clínico,
pero si éste los comprende pueden servirle de guía. Los médicos y psicólogos que intervienen en
la evaluación y el tratamiento de víctimas de tortura están de acuerdo en que el conocimiento y la
comprensión de las reacciones típicas de contratransferencia son fundamentales pues ésta puede
limitar considerablemente la capacidad de evaluar y documentar las consecuencias físicas y psico-
lógicas de la tortura. Para bien documentar la tortura y otras formas de malos tratos, es preciso que
se lleguen a comprender bien las motivaciones personales que inducen a trabajar en este sector. Hay
consenso en que los profesionales que se dedican habitualmente a realizar este tipo de exámenes
deben obtener supervisión y apoyo profesional de colegas experimentados en este campo. Entre las
más frecuentes reacciones de contratransferencia figuran:
IV. Sentimientos de inseguridad acerca de las propias aptitudes profesionales frente a la grave-
dad de la historia o los sufrimientos comunicados. Esto se puede manifestar en falta de confian-
za en la propia capacidad para hacer justicia al superviviente y una preocupación poco realista
por normas médicas idealizadas.
V. Los sentimientos de culpa por no compartir la experiencia de tortura del superviviente y su
dolor o por la conciencia de lo que no se ha hecho en el plano político pueden dar lugar a acti-
tudes demasiado sentimentales o idealizadas hacia el superviviente.
VI. La indignación y la rabia contra los torturadores y persecutores son de esperar, pero pueden
ir en menoscabo de la objetividad si están abonados por experiencias personales no concienti-
zadas y de esta forma volverse crónicas o excesivas.
VII. La exposición a niveles desacostumbrados de ansiedad puede provocar indignación o re-
pugnancia contra la víctima. Esto también puede suceder si el sujeto se siente utilizado por la
víctima cuando el especialista tiene dudas acerca de la veracidad de la historia de tortura na-
rrada y la víctima tenga probabilidades de beneficiarse de una evaluación que documenta las
consecuencias del presunto incidente.
VIII. Algunas diferencias importantes entre los sistemas de valores culturales del especialista y
los del individuo que sostiene haber sido torturado pueden ser la creencia en mitos relativos
a ciertos grupos étnicos, las actitudes de condescendencia y la subestimación del grado de
desarrollo del individuo o de su perspicacia. En sentido contrario, cuando los especialistas son
miembros del mismo grupo étnico que la víctima podría formarse una alianza no verbalizada
que también vendría a menoscabar la objetividad de la evaluación.
273. La mayor parte de los especialistas consideran que muchas de las reacciones de contratransferen-
cia no son meros ejemplos de distorsión sino que son fuentes importantes de información acerca del
estado psicológico de la víctima de la tortura. La eficacia del especialista puede verse comprometida
cuando la contratransferencia es objeto de acción y no de reflexión. Se aconseja a los especialistas
encargados de la evaluación y el tratamiento de las víctimas de la tortura que examinen sus reacciones
de contratransferencia y, siempre que sea posible, obtengan supervisión y asesoramiento de un colega.
274. Las circunstancias pueden exigir que las entrevistas sean realizadas por un especialista que no
pertenezca al mismo grupo cultural o lingüístico que el superviviente. Para esos casos existen dos posi-
bles estrategias, cada una de las cuales ofrece sus ventajas y sus inconvenientes. El entrevistador puede
utilizar la traducción literal, palabra por palabra, que le da un intérprete (véase cap. IV, sec. I). Otra posi-
bilidad es que el entrevistador dé un enfoque bicultural a la entrevista. Este enfoque consiste en recurrir
a un equipo entrevistador compuesto por el especialista que investiga y un intérprete, que facilita la
73
interpretación lingüística y al mismo tiempo explica el significado cultural de acontecimientos, viven-
cias, síntomas y expresiones. Con frecuencia el especialista no percibe los factores culturales, religiosos
y sociales de interés, de forma que un buen intérprete será capaz de señalar esos factores y explicar
su importancia al médico. Si el entrevistador se basa estrictamente en una interpretación literal, pala-
bra por palabra, no podrá disponer de este tipo de interpretación en profundidad de la información.
Por otra parte, si se espera que los intérpretes señalen al especialista los factores culturales, religiosos
y sociales importantes, es fundamental que al mismo tiempo se abstengan de influir en modo alguno
sobre las respuestas que la persona torturada dé a las preguntas del médico. Cuando no se utilice una
traducción literal, el especialista se asegurará de que las respuestas del entrevistado, tal como se las
comunica el intérprete, representan exactamente lo que la persona haya dicho, sin ninguna adición o
supresión por el intérprete. Sea cual fuere la estrategia adoptada, en la elección de un intérprete serán
criterios importantes su identidad y su afiliación étnica, cultural y política. Es preciso que la víctima de
la tortura confíe en que el intérprete comprende bien lo que está diciendo y puede comunicarlo con
exactitud al especialista investigador. En ningún caso se permitirá que el intérprete sea un agente de
la ley ni un funcionario público. A fin de respetar la intimidad, tampoco se utilizará como intérprete a
ningún miembro de la familia. El equipo investigador deberá elegir a un intérprete independiente.
275. En la introducción se mencionará la entidad que envía al sujeto y se hará un resumen de las
fuentes colaterales (por ejemplo, expedientes médicos, jurídicos y psiquiátricos) y una descripción
de los métodos de evaluación utilizados (entrevistas, inventarios de síntomas, listas de comproba-
ción y pruebas neuropsicológicas).
276. Se harán esfuerzos por recoger la historia completa de las torturas, persecuciones y otras
experiencias traumáticas importantes (véanse cap. IV, sec. E). Esta parte de la evaluación suele
ser agotadora para la persona que está siendo evaluada. Por consiguiente, puede ser necesario
proceder en varias sesiones. La entrevista comenzará por un resumen general de los aconteci-
mientos para luego pasar a los detalles de las experiencias de tortura. Es preciso que el entrevis-
tador conozca las cuestiones jurídicas pertinentes ya que éstas determinarán la naturaleza y la
cantidad de información necesaria para bien documentar los hechos.
278. En esta parte de la evaluación psicológica se trata de obtener información sobre las actuales
circunstancias de la vida del sujeto. Es importante investigar las fuentes actuales de estrés como,
por ejemplo, separación o pérdida de seres queridos, huida del país de origen o vida en el exilio.
Además, el entrevistador deberá investigar qué capacidad tiene la persona de ser productiva, ga-
narse la vida y ocuparse de su familia, así como con qué apoyos sociales puede contar.
113. B. O. Rothbaum et al., “A prospective examination of post-traumatic stress disorder in rape victims”, Journal of Traumatic
Stress, vol. 5 (1992), págs. 455 a 475.
114. P. B. Sutker et al., “Cognitive deficits and psychopathology among former prisoners of war and combat veterans of the
Korean conflict”, American Journal of Psychiatry, vol. 148 (1991), págs. 62 a 72.
74
d) Historia previa a la tortura
279. Si corresponde, describir la infancia, adolescencia y entrada en la vida adulta de la víctima, así
como su entorno familiar, morbilidad familiar y composición de la familia. Deberá asimismo hacerse
una descripción de la escolaridad de la víctima y su vida laboral. Describir todo caso de traumas
antiguos, como malos tratos durante la infancia, traumas de guerra o violencia doméstica, así como
el medio cultural y religioso de la víctima.
280. La descripción de los traumatismos previos es importante para evaluar el estado de salud
mental y el nivel de funcionamiento psicosocial de la víctima de la tortura antes de la experiencia
traumática. De esta forma el entrevistador puede comparar el actual estado de salud mental con
el que presentaba el sujeto antes de la tortura. Para evaluar los antecedentes el entrevistador de-
berá tener en cuenta que la duración y gravedad de las respuestas al trauma se ven afectadas por
múltiples factores. Algunos de estos factores, no los únicos, son las circunstancias de la tortura, la
percepción e interpretación de la tortura por parte de la víctima, el contexto social antes, durante
y después de la tortura, los recursos de la comunidad y de las personas cercanas, y sus valores y
actitudes con respecto a las experiencias traumáticas, así como diversos factores políticos y cultu-
rales, la gravedad y la duración de los hechos traumáticos, los factores de vulnerabilidad genética y
biológica, la fase de desarrollo y edad de la víctima, la historia previa de traumas y la personalidad
preexistente. En muchos casos, por falta de tiempo y otros problemas, puede ser difícil obtener
toda esta información en las entrevistas. De todas formas, es importante conseguir datos suficien-
tes acerca del estado mental y el funcionamiento psicosocial anteriores del sujeto para hacerse una
idea de la medida en que la tortura ha contribuido a los problemas psicológicos.
e) Historia clínica
281. La historia clínica resume las condiciones de salud antes del trauma, el estado actual, los dolo-
res corporales, las quejas de tipo somático, las medicinas utilizadas y sus efectos secundarios, as-
pectos importantes de la vida sexual, intervenciones quirúrgicas anteriores y otros datos médicos
(véase cap. V, sec. B).
f) Historia psiquiátrica
282. Deberá interrogarse a la persona sobre sus antecedentes de trastornos mentales o psicológicos,
la naturaleza de los problemas, y si ha recibido tratamiento o ha necesitado hospitalización psiquiá-
trica. También se le interrogará acerca de su uso terapéutico anterior de medicinas psicotrópicas.
283. El médico deberá preguntar al sujeto si ha consumido sustancias psicotrópicas antes y des-
pués de la tortura, si se han producido cambios en la modalidad de uso y si está utilizando sustan-
cias para hacer frente al insomnio o a sus problemas psicológicos/psiquiátricos. Las sustancias en
cuestión son no sólo alcohol, cannabis y opio, sino también sustancias que se utilizan abusivamente
en las regiones como la nuez de betel y otras muchas.
284. El examen del estado mental comienza en el momento en que el especialista se encuentra
con el sujeto. El entrevistador deberá tomar nota del aspecto de la persona, considerando, por
ejemplo, posibles signos de malnutrición, falta de limpieza, cambios en la actividad motriz du-
rante la entrevista, uso del lenguaje, contacto ocular, capacidad de establecer una relación con
el entrevistador y medios que el sujeto utiliza para establecer comunicación. En el informe de
la evaluación psicológica deberán incluirse todos los aspectos del examen del estado mental,
con los siguientes componentes: aspectos como apariencia general, actividad motriz, lenguaje,
estado de ánimo y afectividad, contenido del pensamiento, proceso mental, ideas de suicidio y
homicidio, y examen cognitivo (orientación, memoria a largo plazo, rememoración intermedia y
rememoración inmediata).
75
i) Evaluación del funcionamiento social
286. Son escasos los datos que se han publicado sobre la utilización de las pruebas psicológicas
(pruebas proyectivas y objetivas de personalidad) en la evaluación de los supervivientes de la tor-
tura. Además, las pruebas psicológicas de la personalidad carecen de validez transcultural. Estos
factores se combinan limitando gravemente la utilidad de las pruebas psicológicas para la evalua-
ción de las víctimas de la tortura. En cambio, las pruebas neuropsicológicas pueden ser útiles para
evaluar casos de lesiones cerebrales resultantes de la tortura (véase sec. C.4 infra). La persona que
ha sobrevivido a la tortura puede tener dificultades para expresar en palabras sus experiencias y
síntomas. En ciertos casos puede ser útil utilizar listas de comprobación sobre acontecimientos
traumáticos y síntomas. Si el entrevistador estima que podría ser útil utilizar estas listas, hay nume-
rosos cuestionarios disponibles, aunque ninguno de ellos se refiere específicamente a las víctimas
de la tortura.
k) Opinión clínica
287. Para formular una opinión clínica a fin de informar sobre signos psicológicos de tortura, debe-
rán formularse las siguientes preguntas importantes:
288. El especialista deberá dar su opinión sobre la coherencia de los signos psicológicos y la me-
dida en que éstos guardan relación con los presuntos malos tratos. Deberán describirse el estado
emocional y la expresión de la persona durante la entrevista, sus síntomas, la historia de detención
y tortura y la historia personal anterior a la tortura. Se tomará nota de factores como la aparición de
síntomas específicos relacionados con el trauma, la especificidad de todos los signos psicológicos
y las modalidades de funcionamiento psicológico. También se considerarán factores adicionales
como la migración forzada, el reasentamiento, dificultades de aculturación, problemas de idioma,
desempleo, pérdida del hogar y situación familiar o social. Se evaluará y describirá la relación y la
concordancia entre los acontecimientos y los síntomas. Ciertas condiciones físicas, como los trau-
matismos craneales o las lesiones cerebrales, pueden requerir una evaluación más detallada. Tal vez
sea recomendable proceder a evaluaciones neurológicas o neuropsicológicas.
76
289. Si el superviviente presenta una sintomatología acorde con algún diagnóstico psiquiátrico del
DSM-IV o de la CIE-10, se especificará el diagnóstico. Puede ser aplicable más de un diagnóstico.
También en este caso debe advertirse que si bien un diagnóstico de trastorno mental relaciona-
do con un trauma apoya una denuncia de tortura, el hecho de que no se reúnan los criterios de
diagnóstico psiquiátrico no significa que el sujeto no haya sido torturado. El superviviente de la
tortura puede no reunir el conjunto de síntomas necesario para satisfacer plenamente los criterios
de diagnóstico de alguna entidad del DSM- IV o de la CIE-10. En estos casos, como en otros, los
síntomas que presente el superviviente y la historia de la tortura que afirme haber experimentado
se considerarán como un todo. Se evaluará y describirá en el informe el grado de coherencia que
exista entre la historia de tortura y los síntomas que el sujeto comunique.
290. Es importante tener en cuenta que ciertas personas hacen denuncias falsas de tortura por muy
diversas razones, mientras que otras pueden exagerar experiencias relativamente triviales por razones
personales o políticas. El investigador deberá tener siempre presentes esas posibilidades y tratar de
identificar posibles razones para la exageración o invención. De todas formas, el especialista no debe
olvidar que tal invención exige un conocimiento detallado de la sintomatología relacionada con los
traumas que muy poca gente posee. Todo testimonio puede presentar incoherencias por diversas ra-
zones válidas, como problemas de memoria resultantes de una lesión cerebral, confusión, disociación,
diferencias culturales en la percepción del tiempo o fragmentación y represión de recuerdos traumáti-
cos. Para documentar con eficacia los indicios psicológicos de la tortura es necesario que el especialis-
ta tenga la capacidad necesaria para hacer en su informe una evaluación de coherencias e incoheren-
cias. Si el entrevistador sospecha que hay invención, habrán de preverse entrevistas adicionales que
permitan aclarar cualquier incoherencia que figure en el informe. También familiares o amigos podrán
tal vez corroborar ciertos detalles de la historia. Si el especialista realiza exámenes adicionales y sigue
sospechando que hay invención, deberá remitir el sujeto a otro especialista y pedir la opinión de su
colega. La sospecha de invención se documentará con la opinión de dos especialistas.
l) Recomendaciones
4. Evaluación neuropsicológica
292. La neuropsicología clínica es una ciencia aplicada que se ocupa de las manifestaciones con-
ductuales de una disfunción cerebral. La evaluación neuropsicológica, en particular, se ocupa de la
medición y clasificación de los trastornos del comportamiento asociados al daño cerebral orgánico.
Desde hace mucho tiempo se reconoce que esta disciplina es útil para poder diferenciar entre los
trastornos neurológicos y psicológicos, así como para orientar el tratamiento y la rehabilitación de
pacientes que sufren las consecuencias de daños cerebrales de diversos niveles. Las evaluaciones
neuropsicológicas de supervivientes de la tortura no son muy frecuentes y hasta la fecha no se
han publicado estudios al respecto. Por consiguiente, a continuación sólo van a exponerse algunos
principios generales para ayudar a los agentes de salud a comprender la utilidad y las indicaciones
de la evaluación neuropsicológica de las personas que presuntamente han sido torturadas. Antes
de examinar los aspectos de la utilidad y las indicaciones, es esencial reconocer las limitaciones que
tiene la evaluación neuropsicológica con este grupo de sujetos.
293. Existen varios factores que suelen complicar la evaluación de los supervivientes de la tortura en
general, que ya se han señalado en otra parte de este manual. Son factores que inciden en la evaluación
neuropsicológica del mismo modo que en los exámenes médicos o psicológicos. La evaluación neu-
ropsicológica puede verse limitada por cierto número de factores adicionales, como la falta de estudios
sobre los supervivientes de la tortura, la utilización de normas basadas en la población, las diferencias
culturales y lingüísticas y la traumatización añadida de aquellos que ya han experimentado la tortura.
77
294. Como ya se mencionó, son muy escasas las referencias que se hacen en los estudios publica-
dos a la evaluación neuropsicológica de víctimas de la tortura. Los estudios pertinentes se refieren
a diversos tipos de traumatismos craneales y a la evaluación neuropsicológica de los casos de
trastorno de estrés postraumático en general. Por consiguiente, la exposición que sigue y las inter-
pretaciones ulteriores de evaluaciones neuropsicológicas se basan necesariamente en la aplicación
de principios generales utilizados con otros grupos de sujetos.
295. La evaluación neuropsicológica tal como se ha desarrollado y practicado en los países oc-
cidentales sigue sobre todo una estrategia actuarial. Se trata normalmente de comparar los re-
sultados obtenidos con una batería de pruebas estandarizadas con unas normas basadas en la
población. Aunque las interpretaciones con referencia a las normas de las evaluaciones neuropsi-
cológicas pueden complementarse mediante la técnica de Lurian de análisis cuantitativos, sobre
todo cuando la situación clínica lo exige, predomina la utilización de la estrategia actuarial 115, 116. Los
resultados de las pruebas se utilizan en mayor medida cuando el daño cerebral es leve a moderado
que cuando es grave, o cuando se piensa que las insuficiencias neuropsicológicas son secundarias
a un trastorno psiquiátrico.
296. Las diferencias culturales y lingüísticas pueden limitar considerablemente la utilidad y aplicabili-
dad de la evaluación neuropsicológica a las presuntas víctimas de tortura. La validez de las evaluacio-
nes neuropsicológicas es dudosa cuando no se dispone de traducciones estándar de las pruebas y el
examinador clínico no domina el idioma del sujeto. Si no se dispone de traducciones estándar de las
pruebas y el examinador no domina el idioma del sujeto, la parte verbal de las pruebas no puede apli-
carse ni puede obtenerse de ella ninguna interpretación significativa. Esto significa que sólo se pue-
den aplicar las pruebas no verbales, de manera que tampoco pueden hacerse comparaciones entre
facultades verbales y no verbales. Además, resulta más difícil proceder al análisis de las insuficiencias
de lateralización (o de localización). Sin embargo, este análisis suele ser útil debido a la organización
asimétrica del cerebro, cuyo hemisferio izquierdo es normalmente dominante en lo que se refiere a la
palabra. Si no se dispone de normas basadas en la población correspondientes al grupo cultural y lin-
güístico del sujeto, también será dudosa la validez de la evaluación neuropsicológica. El cálculo del co-
eficiente intelectual constituye un punto de referencia central para que los examinadores puedan dar
la perspectiva adecuada a los resultados obtenidos en la prueba neuropsicológica. Así, por ejemplo,
en la población de los Estados Unidos estos cálculos se obtienen con frecuencia a partir de subseries
verbales utilizando escalas de Wechsler, en particular la subescala de información, pues cuando hay
daño orgánico cerebral los conocimientos fácticos adquiridos tienen menos probabilidades de sufrir
deterioro que otras funciones, y serán más representativos de la anterior capacidad de aprendizaje
que otras medidas. Las mediciones pueden asimismo basarse en los antecedentes de escolaridad y
trabajo, así como en los datos demográficos. Evidentemente, ninguna de estas dos consideraciones
es aplicable a sujetos para los que no se han establecido normas basadas en la población. Por con-
siguiente, en estos casos sólo se podrá hacer un cálculo aproximado del funcionamiento intelectual
anterior al trauma. En consecuencia, puede resultar difícil de interpretar un daño neuropsicológico que
no llegue a ser grave ni moderado.
297. La evaluación neuropsicológica puede infligir un nuevo traumatismo al sujeto que ha sido
sometido a tortura. En cualquier forma de procedimiento de diagnóstico será preciso tener sumo
cuidado para reducir al mínimo una eventual traumatización adicional del sujeto (véase cap. IV, sec.
H). Por citar tan sólo un ejemplo evidente con respecto a las pruebas neuropsicológicas, podría ser
muy perjudicial para la persona el someterla a la técnica estándar de la batería Halstead-Reitan, en
particular a la prueba de desempeño táctil (Tactual Performance Test - TPT), y vendarle rutinaria-
mente la vista. Para la mayor parte de las víctimas que durante su detención y tortura fueron some-
tidas a esta práctica, e incluso para las que no lo fueron, sería muy traumatizante vivir la experiencia
de desvalimiento inherente a este procedimiento. De hecho, cualquier tipo de prueba neuropsico-
lógica puede por sí mismo ser problemático, independientemente del instrumento que se utilice. El
hecho de ser observado, de verse cronometrado, de que se le exija el máximo esfuerzo para realizar
una tarea desconocida, además de que se le pida que actúe, en lugar de mantener un diálogo, pue-
de resultar excesivamente estresante para el sujeto o recordarle la experiencia de tortura.
115. A. R. Luria y L. V. Majovski, “Basic approaches used in American and Soviet clinical neuropsychology”, American Psycholo-
gist, vol. 32 (Nº 11) (1977), págs. 959 a 968.
116. R. J. Ivnik, “Overstatement of differences”, American Psychologist, vol. 33 (Nº 8) (1978), págs. 766 y 767.
78
b) Indicaciones de la evaluación neuropsicológica
298. Para evaluar cualquier insuficiencia del comportamiento en presuntas víctimas de tortura, la
evaluación neuropsicológica tiene dos indicaciones fundamentales: lesión cerebral y trastorno de
estrés postraumático más diagnósticos afines. Cuando ambas series de condiciones se solapan en
ciertos aspectos, y con frecuencia van a coincidir, sólo la primera ha de representar una aplicación
típica y tradicional de la neuropsicología clínica, mientras que la segunda es relativamente nueva, no
está bien investigada y es un tanto problemática.
299. Las lesiones cerebrales y el daño cerebral resultante pueden ser consecuencia de diversos ti-
pos de traumatismos craneales y trastornos metabólicos sufridos durante períodos de persecución,
detención y tortura. Puede tratarse de heridas de bala, envenenamientos, malnutrición por falta de
alimentos o por ingestión forzada de sustancias peligrosas, efectos de la hipoxia o anoxia resultante
de la asfixia o del casi ahogamiento y, más frecuentemente, de golpes en la cabeza recibidos con las
palizas. Son frecuentes los golpes en la cabeza administrados durante períodos de detención y tortu-
ra. Por ejemplo, en una muestra de supervivientes de la tortura, los golpes en la cabeza representaban
la segunda forma más frecuentemente citada de maltrato corporal (45%) después de los golpes en el
cuerpo (58%) 117. La posibilidad de daño cerebral es frecuente entre las víctimas de la tortura.
300. Las lesiones craneales cerradas que provocan daño leve a moderado a largo plazo son pro-
bablemente las causas más frecuentes de anomalía neuropsicológica. Aunque entre los signos de
traumatismo pueden figurar cicatrices en la cabeza, en general las lesiones cerebrales no se pueden
detectar mediante las técnicas de formación de imágenes del cerebro. Es posible que los niveles
medios a moderados de daño cerebral pasen inadvertidos o sean subestimados por los profesiona-
les de salud mental porque es probable que los síntomas de depresión y de trastorno de estrés pos-
traumático figuraren en el primer plano del cuadro clínico, por lo cual se prestará menos atención
a los posibles efectos de los traumatismos craneales. En general, entre las quejas subjetivas de los
supervivientes figuran dificultades de atención, concentración y memoria a corto plazo, que pueden
ser el resultado bien de daño cerebral o bien del trastorno de estrés postraumático. Como estas
quejas son frecuentes entre los supervivientes que padecen el trastorno de estrés postraumático, ni
siquiera se plantea la cuestión de si no se deberán realmente a una lesión craneal.
301. En una fase inicial de la exploración, el diagnóstico deberá basarse en la historia que el sujeto
comunique de traumatismos craneales y también en la evolución de la sintomatología. Como suele
suceder con los sujetos que padecen lesiones cerebrales, puede ser útil la información obtenida de
terceros, en particular de familiares. Debe recordarse que los sujetos con lesión cerebral tienen con fre-
cuencia gran dificultad para expresar o incluso para apreciar sus limitaciones, ya que se hallan, por así
decirlo, en “el interior” del problema. Para recoger unas primeras impresiones con respecto a la dife-
rencia existente entre el daño cerebral orgánico y el trastorno de estrés postraumático, será útil como
punto de partida la evaluación de la cronicidad de los síntomas. Si se observa que los síntomas de
reducción de la atención, la concentración y la memoria fluctúan a lo largo del tiempo y paralelamente
varían los niveles de ansiedad y depresión, lo más probable es que el cuadro se deba al carácter ondu-
latorio que presenta el trastorno de estrés postraumático. Por otra parte, si la insuficiencia parece cró-
nica, no fluctúa y lo confirman los miembros de la familia, deberá considerarse la posibilidad de daño
cerebral, incluso si en un primer momento no se conoce una clara historia de traumatismo craneal.
302. En el momento en que sospecha la existencia de daño cerebral orgánico, lo primero que debe
hacer el profesional de salud mental es considerar la conveniencia de remitir al sujeto a un médico
para un examen neurológico más detallado. Según sean sus primeros hallazgos, el médico consul-
tará después a un neurólogo o solicitará pruebas de diagnóstico. Entre las posibilidades que deben
considerarse figuran un reconocimiento médico exhaustivo, una consulta neurológica especializada y
una evaluación neuropsicológica. El uso de los procedimientos de evaluación neuropsicológica está
indicado en general cuando no existe una grave perturbación neurológica, cuando los síntomas co-
municados son predominantemente de carácter cognitivo o cuando se debe hacer un diagnóstico
diferencial entre daño cerebral y trastorno de estrés postraumático.
117. H. C. Traue, G. Schwarz-Langer y N. F. Gurris, “Extremtraumatisierung durch Folter: Die psychotherapeutische Arbeit der
Behandlungszentren für Folteropfer”, Verhaltenstherapie und Verhaltensmedizin, vol. 18 (Nº 1) (1997), págs. 41 a 62.
79
303. La selección de pruebas y procedimientos neuropsicológicos está sujeta a las limitaciones antes
especificadas y, por consiguiente, no puede ceñirse al esquema de la batería estándar de pruebas
sino que debe ser específica para cada caso y sensible a las características individuales. La flexibilidad
que se requiere para la selección de las pruebas y procedimientos exige del examinador considerable
experiencia, conocimientos y prudencia. Como ya se ha dicho, la serie de instrumentos que ha de
utilizarse se limitará con frecuencia a las pruebas no verbales, y las características psicométricas de
todas las pruebas estándar se verán con frecuencia menoscabadas cuando las normas basadas en la
población no sean aplicables a un determinado sujeto. La ausencia de mediciones verbales supone
una limitación muy importante. Muchos de los aspectos del funcionamiento cognitivo son mediados a
través del lenguaje y normalmente se utilizan comparaciones sistemáticas entre diversas mediciones
verbales y no verbales para obtener conclusiones con respecto a la naturaleza de las insuficiencias.
304. Viene a complicar aún más el asunto el hecho de que entre los resultados de las pruebas no
verbales se han podido encontrar considerables diferencias entre grupos culturales estrechamente
relacionados. Por ejemplo, en una investigación se comparó el rendimiento de muestras aleatorias
basadas en la comunidad de 118 personas de edad avanzada y de lengua inglesa y de 118 personas
de la misma edad y de lengua española por medio de una breve batería de pruebas neuropsicológi-
cas 118. Las muestras se habían seleccionado al azar y equiparado desde el punto de vista demográ-
fico. Pero aunque los resultados obtenidos con las mediciones verbales fueron similares, los sujetos
de lengua española obtuvieron resultados considerablemente inferiores en casi todas las medicio-
nes no verbales. Estos resultados indican la conveniencia de actuar con cautela a la hora de utilizar
mediciones no verbales y verbales para evaluar a personas que no son de lengua inglesa cuando se
trate de pruebas preparadas para sujetos de lengua inglesa.
305. La elección de los instrumentos y procedimientos en la evaluación neuropsicológica de las
presuntas víctimas de la tortura estará a cargo del propio especialista a cargo, que las seleccionará
en función de las demandas y posibilidades de la situación. Las pruebas neuropsicológicas no se
pueden aplicar eficazmente si no se posee una formación y conocimientos exhaustivos sobre las re-
laciones entre cerebro y comportamiento. En la bibliografía común pueden hallarse listas completas
de procedimientos y pruebas neuropsicológicos, con instrucciones para su correcta aplicación 119.
118. D. M. Jacobs et al., “Cross-cultural neuropsychological assessment: a comparison of randomly selected, demographically matched cohorts
of English and Spanish-speaking older adults”, Journal of Clinical and Experimental Neuropsychology, vol. 19 (Nº 3) (1997), p•gs. 331 a 339.
119. O. Spreen y E. Strauss, A Compendium of Neuropsychological Tests, 2ª edición (New York, Oxford University Press, 1998).
120. J. A. Knight, “Neuropsychological assessment in posttraumatic stress disorder”, Assessing Psychological Trauma and PTSD, J. P. Wilson
and T. M. Keane, eds. (Nueva York, Guilford Press, 1997).
80
testigos psiquiátricos equiparados 121, 122. En otras palabras, es probable que los déficit neurocogniti-
vos revelados por las pruebas sean evidentes en casos de TEPT, pero insuficientes para su diagnós-
tico. Como en otros muchos tipos de evaluación, la interpretación de los resultados de las pruebas
debe integrarse al contexto más amplio de la información obtenida en la entrevista y posiblemente
en pruebas de personalidad. En este sentido, los métodos específicos de evaluación neuropsicoló-
gica pueden contribuir a la documentación del TEPT de la misma manera que pueden hacerlo con
respecto a otros trastornos psiquiátricos asociados a déficit neurocognitivos conocidos.
309. Pese a sus considerables limitaciones, la evaluación neuropsicológica puede ser útil para eva-
luar a personas sospechosas de padecer una lesión cerebral y distinguir el daño cerebral del TEPT.
La evaluación neuropsicológica puede servir también para evaluar síntomas específicos, como los
problemas de memoria que acompañan al TEPT y otros trastornos afines.
310. La tortura puede afectar a un niño directa o indirectamente. El impacto puede deberse a que el niño
ha sido torturado o detenido, a la tortura infligida a sus padres o familiares próximos o a que el niño ha
sido testigo de torturas y violencia. Cuando se tortura a personas del entorno del niño, el impacto sobre
éste es inevitable, aunque sea indirecto, pues la tortura afecta a toda la familia y la comunidad de sus
víctimas. No entra dentro del ámbito de este manual el hacer una exposición completa de los efectos
psicológicos que la tortura puede tener sobre los niños, ni dar orientaciones completas para la evalua-
ción del niño que ha sido torturado. De todas formas, se pueden resumir algunos puntos importantes.
311. En primer lugar, cuando se evalúa a un niño que se sospecha ha sufrido o presenciado actos de
tortura, el especialista debe asegurarse de que el niño en cuestión cuenta con el apoyo de personas
solícitas y que durante la evaluación se siente en seguridad. Puede ser necesario que durante la eva-
luación esté presente su padre, su madre o alguien de confianza que cuide de él. En segundo lugar, el
especialista debe tener en cuenta que con frecuencia el niño no expresa sus pensamientos y emociones
verbalmente con respecto al trauma sino más bien en su comportamiento 123. El grado en que los niños
puedan verbalizar sus pensamientos y afectos depende de su edad, su grado de desarrollo y otros fac-
tores, como la dinámica familiar, las características de la personalidad y las normas culturales.
312. Si un niño ha sido física o sexualmente agredido, es importante, siempre que sea posible, que
el niño sea examinado por un experto en malos tratos infantiles. El examen genital de los niños, que
probablemente será una experiencia traumática, deberá quedar a cargo de personal médico especia-
lizado en la interpretación de los signos observados. A veces conviene tomar grabación en vídeo del
examen de manera que otros expertos puedan dar su opinión acerca de los signos físicos hallados sin
que el niño tenga que ser sometido a una nueva exploración. Puede no ser apropiado realizar exáme-
nes genitales o anales completos sin anestesia general. Además, el examinador deberá ser consciente
de que la exploración en sí misma puede hacer recordar la agresión a la víctima y es posible que ésta
se ponga a llorar súbitamente o sufra una descompensación psicológica durante el examen.
313. Las reacciones del niño a la tortura dependen de la edad, su grado de desarrollo y sus aptitu-
des cognitivas. Cuanto más pequeño es el niño, más influirán sobre su experiencia y comprensión
del acontecimiento traumático las reacciones y actitudes que inmediatamente después del aconte-
cimiento manifiesten las personas que cuidan de él 124. Tratándose de niños de 3 años o menos que
hayan experimentado o presenciado tortura, es fundamental el papel protector y tranquilizador
de las personas que cuidan de él 125. Las reacciones de los niños muy pequeños a las experiencias
121 J. E. Dalton, S. L. Pederson y J. J. Ryan, “Effects of post-traumatic stress disorder on neuropsychological test perfor-
mance”, International Journal of Clinical Neuropsychology, vol. 11 (Nº 3) (1989), págs. 121 a 124.
122 T. Gil et al., “Cognitive functioning in post-traumatic stress disorder”, Journal of Traumatic Stress, vol. 3 (Nº 1) (1990),
págs. 29 a 45.
123 C. Schlar, “Evaluation and documentation of psychological evidence of torture”, (documento inÈdito), 1999.
124 S. von Overbeck Ottino, “Familles victimes de violences collectives et en exil: quelle urgence, quel modèle de soins? Le
point de vue d’une pédopsychiatre”, Revue française de psychiatrie et de psychologie médicale, vol. 14 (1998), págs. 35 a 39.
125 V. Grappe, “La guerre en ex-Yougoslavie: un regard sur les enfants réfugiés”, Psychiatrie humanitaire en ex-Yougoslavie et en
Arménie. Face au traumatisme, M. R. Moro y S. Lebovici, eds. (París, Presses universitaires de France, 1995).
81
traumáticas suelen caracterizarse por la hiperexcitación, con intranquilidad, trastornos del sueño,
irritabilidad, sobresaltos excesivos y evitación. Los niños de más de 3 años tienden con frecuencia
a retraerse y se niegan a hablar directamente de sus experiencias traumáticas. La capacidad de
expresión verbal va aumentado con el desarrollo. Se produce un claro aumento al llegar al período
de las operaciones concretas (8 a 9 años), cuando el niño es capaz de dar una cronología fidedigna
de los acontecimientos. Durante esta fase se desarrollan la capacidad de operaciones concretas y
la capacidad temporal y espacial 126. Estas nuevas aptitudes aún son frágiles y en general hasta que
no comienza la fase de las operaciones formales (12 años) el niño no puede construir una narra-
tiva coherente. La adolescencia es un período de desarrollo turbulento. Los efectos de la tortura
pueden variar considerablemente. La experiencia de la tortura puede provocar en el adolescente
profundos cambios de personalidad de los que resulte un comportamiento antisocial 127. Por otra
parte, los efectos de la tortura sobre los adolescentes pueden ser semejantes a los observados en
niños menores.
b) Consideraciones clínicas
314. En el niño pueden aparecer los síntomas del trastorno de estrés postraumático. Los síntomas
pueden ser similares a los que se observan en el adulto, pero el especialista debe fiarse más de la
observación del comportamiento del niño que de su expresión verbal 128, 129, 130, 131 . Por ejemplo, el
niño puede mostrar síntomas de reexperimentación de la vivencia, que se manifiestan por juegos
monótonos y repetitivos que simbolizan aspectos del acontecimiento traumático, rememoración
visual de los hechos en el juego o al margen de él, preguntas o afirmaciones repetidas sobre el
hecho traumático y pesadillas. El niño puede tener problemas de enuresis nocturna, pérdida de
control de los esfínteres, aislamiento social, constricción afectiva, cambios de actitud hacia sí mis-
mo y hacia los demás y disminución del sentido del futuro. Puede experimentar hiperexcitación y
terrores nocturnos, problemas para acostarse, trastornos del sueño, sobresaltos excesivos, irrita-
bilidad y perturbación considerable de la atención y la concentración. Pueden aparecer temores y
comportamientos agresivos que no existían antes del acontecimiento traumático en forma de agre-
sividad hacia sus compañeros, hacia los adultos o hacia los animales, temor a la oscuridad, miedo a
estar solo en el retrete y fobias. El niño puede mostrar un comportamiento sexual inadecuado para
su edad, así como ciertas reacciones somáticas. También pueden aparecer síntomas de ansiedad,
como un miedo exagerado a los extraños, angustia de separación, pánico, agitación, rabietas y llan-
to incontrolado. Por último, también pueden aparecer problemas de alimentación.
c) Papel de la familia
126. J. Piaget, La naissance de l’intelligence chez l’enfant, (Neuchâtel, Delachaux et Niestlé, 1977).
127. Véase la nota 125.
128. L. C. Terr, “Childhood traumas: an outline and overview”, American Journal of Psychiatry, vol. 148 (1991), págs. 10 a 20.
129. National Center for Infants, Toddlers and Families, Zero to Three (1994).
130. F. Sironi, “On torture un enfant, ou les avatars de l’ethnocentrisme psychologique”, Enfances, Nº 4 (1995), págs. 205 a 215.
131. L. Bailly, Les catastrophes et leurs conséquences psycho-traumatiques chez l’enfant, (París, ESF, 1996).
82
Anexo I
a) Aclarar los hechos y establecer y reconocer la responsabilidad de las personas o los Estados
ante las víctimas y sus familias;
b) Determinar las medidas necesarias para impedir que se repitan estos actos;
c) Facilitar el procesamiento y, cuando corresponda, el castigo mediante sanciones disciplina-
rias de las personas cuya responsabilidad se haya determinado en la investigación, y demos-
trar la necesidad de que el Estado ofrezca plena reparación, incluida una indemnización finan-
ciera justa y adecuada, así como los medios para obtener atención médica y rehabilitación.
2. Los Estados velarán por que se investiguen con prontitud y eficacia las quejas o denuncias de tor-
turas o malos tratos. Incluso cuando no exista denuncia expresa, deberá iniciarse una investigación
si existen otros indicios de eventuales torturas o malos tratos. Los investigadores, que serán inde-
pendientes de los presuntos autores y del organismo al que éstos pertenezcan, serán competentes
e imparciales. Tendrán autoridad para encomendar investigaciones a expertos imparciales, médicos
o de otro tipo, y podrán acceder a sus resultados. Los métodos utilizados para llevar a cabo estas
investigaciones tendrán el máximo nivel profesional y sus conclusiones se harán públicas.
3. a) La autoridad investigadora tendrá poderes para obtener toda la información necesaria para la
investigación y estará obligada a hacerlo 133. Las personas que realicen dicha investigación dispon-
drán de todos los recursos presupuestarios y técnicos necesarios para una investigación eficaz, y
tendrán también facultades para obligar a los funcionarios presuntamente implicados en torturas o
malos tratos a comparecer y prestar testimonio. Lo mismo regirá para los testigos. A tal fin, la au-
toridad investigadora podrá citar a testigos, incluso a los funcionarios presuntamente implicados, y
ordenar la presentación de pruebas.
b) Las presuntas víctimas de torturas o malos tratos, los testigos, quienes realicen la investigación, así
como sus familias, serán protegidos de actos o amenazas de violencia o de cualquier otra forma de
intimidación que pueda surgir a resultas de la investigación. Los presuntos implicados en torturas o
malos tratos serán apartados de todos los puestos que entrañen un control o poder directo o indirecto
sobre los querellantes, los testigos y sus familias, así como sobre quienes practiquen las investigaciones.
4. Las presuntas víctimas de torturas o malos tratos y sus representantes legales serán informados
de las audiencias que se celebren, a las que tendrán acceso, así como a toda la información perti-
nente a la investigación, y tendrán derecho a presentar otras pruebas.
132. La Comisión de Derechos Humanos, en su resolución 2000/43 de 20 de abril de 2000, y la Asamblea General, en su
resolución 55/89 de 4 de diciembre de 2000, señalaron los Principios a la atención de los gobiernos e instaron encareci-
damente a los gobiernos a que los considerasen un instrumento útil en las medidas que adopten en contra de la tortura.
133. En ciertas circunstancias, la Ética profesional puede exigir que la información tenga carácter confidencial, lo cual debe respetarse.
134. Véase la nota b supra.
83
b) Se redactará, en un plazo razonable, un informe en el que se expondrán el alcance de la investi-
gación, los procedimientos y métodos utilizados para evaluar las pruebas, así como conclusiones
y recomendaciones basadas en los hechos determinados y en la legislación aplicable. El informe
se publicará de inmediato. En él se detallarán también los hechos concretos establecidos por la
investigación, así como las pruebas en que se basen las conclusiones, y se enumerarán los nombres
de los testigos que hayan prestado declaración, a excepción de aquellos cuya identidad no se haga
pública para protegerlos. El Estado responderá en un plazo razonable al informe de la investigación
y, cuando proceda, indicará las medidas que se hayan de adoptar al respecto.
6. a) Los expertos médicos que participen en la investigación de torturas o malos tratos se condu-
cirán en todo momento conforme a las normas éticas más estrictas y, en particular, obtendrán el
libre consentimiento de la persona antes de examinarla. Los exámenes deberán respetar las normas
establecidas por la práctica médica. Concretamente, se llevarán a cabo en privado bajo control del
experto médico y nunca en presencia de agentes de seguridad u otros funcionarios del gobierno.
b) El experto médico redactará lo antes posible un informe fiel que deberá incluir al menos los si-
guientes elementos:
I. Las circunstancias de la entrevista: el nombre del sujeto y la filiación de todos los presentes
en el examen; la fecha y hora exactas; la ubicación, carácter y domicilio de la institución (in-
cluida la sala o habitación, cuando sea necesario) donde se realizó el examen (por ejemplo,
centro de detención, clínica, casa); circunstancias particulares en el momento del examen (por
ejemplo, la naturaleza de cualquier restricción de que haya sido objeto la persona a su llegada
o durante el examen, la presencia de fuerzas de seguridad durante el examen, la conducta de
las personas que hayan acompañado al preso, posibles amenazas proferidas contra el exami-
nador, etc.), y cualquier otro factor pertinente;
II. Los hechos expuestos: una exposición detallada de los hechos relatados por el sujeto du-
rante la entrevista, incluidos los presuntos métodos de tortura o malos tratos, el momento en
que se produjeron los actos de tortura o malos tratos y cualquier síntoma físico o psicológico
que afirme padecer el sujeto;
III. Examen físico y psicológico: una descripción de todas las observaciones físicas y psicoló-
gicas del examen clínico, incluidas las pruebas de diagnóstico correspondientes y, cuando sea
posible, fotografías en color de todas las lesiones;
IV. Opinión: una interpretación de la relación probable entre los síntomas físicos y psicológicos
y las posibles torturas o malos tratos. Recomendación de un tratamiento médico y psicológico
o de nuevos exámenes;
c) El informe tendrá carácter confidencial y se comunicará al sujeto o a la persona que éste designe
como su representante. Se recabará la opinión del sujeto y de su representante sobre el proceso
de examen, que se consignará en el informe. El informe también se remitirá por escrito, cuando
proceda, a la autoridad encargada de investigar los presuntos actos de tortura o malos tratos. Es
responsabilidad del Estado velar por que el informe llegue a sus destinatarios. Ninguna otra perso-
na tendrá acceso a él sin el consentimiento del sujeto o la autorización de un tribunal competente.
84
Anexo II
PRUEBAS DE DIAGNÓSTICO
1. Imágenes radiológicas
En la fase aguda del traumatismo, diversas técnicas radiológicas pueden facilitar útil información adi-
cional sobre lesiones del esqueleto y tejidos blandos. Pero una vez curadas las lesiones físicas produ-
cidas por la tortura, en general las secuelas dejan de ser detectables por esos mismos métodos. Éste
es con frecuencia el caso aunque el superviviente siga sufriendo dolores o invalideces considerables
a causa de sus lesiones. En la parte relativa a la exploración del paciente o en el contexto de las di-
versas formas de tortura ya se hizo referencia a diversos estudios radiológicos. A continuación se da
un resumen de la aplicación de esos métodos. Sin embargo, la tecnología más moderna y costosa no
siempre está disponible o por lo menos no para una persona que esté detenida.
Los rayos X están fácilmente disponibles. En un examen inicial se radiografiarán rutinariamente to-
das las zonas lesionadas, excluido el cráneo. Aunque las radiografías habituales revelarán fracturas
parciales, la tomografía computadorizada es una técnica de examen superior pues puede objetivar
otras fracturas, desplazamientos de fragmentos, lesiones de tejidos blandos asociadas y complica-
ciones. Cuando se sospechen lesiones en el periostio o fracturas mínimas, además de los rayos X
deberá recurrirse a la escintigrafía ósea. Un cierto porcentaje de radiografías serán negativas inclu-
so si existe una fractura aguda o una osteomielitis en su comienzo. Es posible que una fractura se
restablezca sin dejar signos radiológicos de lesión previa. Éste es sobre todo el caso en los niños.
Las radiografías rutinarias no son el método de elección para evaluar los tejidos blandos.
Los barridos óseos pueden realizarse bien con imágenes retardadas en unas tres horas o bien con
una exploración en tres fases. Las tres fases son el angiograma por radionúclido (fase arterial), las
imágenes de mezclas sanguíneas (fase venosa, que es de tejidos blandos) y la fase retardada (fase
ósea). Cuando se examine al paciente poco después de la falanga, se realizarán dos barridos óseos
85
a intervalos de una semana. Un primer barrido retardado negativo y un segundo positivo indican
que el sujeto ha estado expuesto a falanga algunos días antes del primer barrido. En los casos
agudos, dos barridos óseos negativos a intervalos de una semana no demuestran que no haya
ocurrido falanga, sino que la severidad de la falanga aplicada no alcanzó el nivel de sensibilidad de
la escintigrafía. Cuando se realiza una exploración en tres fases, un incremento inicial de captación
en las imágenes correspondientes a la fase de angiograma por radionúclido y de mezcla sanguínea
y una captación no aumentada en la fase ósea señalaría la existencia de una hiperemia compatible
con una lesión de tejidos blandos. Los traumatismos de los huesos y de los tejidos blandos del pie
también se pueden detectar mediante la resonancia magnética 135.
b) Ultrasonidos
c) Tomografía computadorizada
d) La resonancia magnética
Las imágenes obtenidas por resonancia magnética son más sensibles que la tomografía compu-
tadorizada para detectar anomalías en el sistema nervioso central. La evolución en el tiempo de
las hemorragias del sistema nervioso central se divide en fases inmediata, hiperaguda, aguda, su-
135. Véanse las notas 76 y 83 supra; también puede obtenerse más información en los textos habituales de radiología y me-
dicina nuclear.
86
baguda y crónica, y las imágenes características de cada una de estas fases están correlacionadas
con la evolución de la hemorragia. Así, por ejemplo, las características de una imagen permitirán
determinar el momento del traumatismo craneal y la correlación con los incidentes relatados. Las
hemorragias del sistema nervioso central pueden resolverse totalmente o dejar suficientes depó-
sitos de hemosiderina como para que años después se puedan detectar mediante la tomografía
computadorizada. Las hemorragias en tejidos blandos, en particular en el músculo, en general se
resuelven totalmente y sin dejar trazas pero, en raras ocasiones, se pueden osificar. Este fenómeno
se denomina formación ósea heterotópica o myositis ossificans y es detectable con la tomografía
computadorizada.
Las lesiones por choques eléctricos pueden, aunque no siempre, mostrar cambios microscópicos
que son muy indicativos y específicos del traumatismo por corrientes eléctricas, de gran valor diag-
nóstico. La ausencia de estos cambios específicos en una muestra de biopsia no excluye el diagnós-
tico de tortura por choques eléctricos, y no debe permitirse que las autoridades judiciales adopten
ese criterio. Lamentablemente, cuando un tribunal solicita que un demandante que sostiene haber
sufrido tortura por choques eléctricos se someta a una biopsia para confirmar sus alegaciones, el
hecho de que el sujeto no dé su consentimiento para el procedimiento o de que se obtenga un
resultado negativo con toda probabilidad ha de tener el efecto de predisponer al tribunal. Por otra
parte, es escasa la experiencia clínica en el diagnóstico de la tortura por electricidad mediante
biopsia y normalmente este diagnóstico se puede hacer con bastante seguridad basándose única-
mente en la historia y en la exploración física.
Así pues, este procedimiento deberá utilizarse en condiciones de investigación clínica y no convie-
ne promoverlo como medio habitual de diagnóstico. Al dar su consentimiento informado para la
biopsia, la persona deberá ser informada de la incertidumbre de los resultados, y se le permitirá que
pondere los posibles beneficios contra el impacto que puede sufrir una psiquis ya traumatizada.
Se han realizado considerables estudios de laboratorio para medir los efectos de los choques eléc-
tricos sobre la piel de cerdos anestesiados 136, 137, 138, 139, 140, 141. Estos trabajos han mostrado que existen
signos histológicos específicos del traumatismo eléctrico que pueden demostrarse mediante un
examen microscópico de biopsias por punción. Sin embargo, el estudio más detallado de estas in-
vestigaciones, que pueden tener aplicaciones clínicas considerables, rebasa el ámbito de la presen-
te publicación. El lector que desee más información puede consultar las referencias recién citadas.
Son pocos los casos de tortura de seres humanos por choques eléctricos que han sido estudiados
desde el punto de vista histológico 142, 143, 144, 145. Sólo en un caso, en el que se hizo una excisión de las le-
siones probablemente siete días después del traumatismo, se observaron alteraciones de la piel que se
consideraron de valor diagnóstico de lesiones por electricidad (depósito de sales de calcio sobre las fi-
bras dérmicas en tejidos viables situados alrededor del tejido necrótico). En otros casos las excisiones
de lesiones tomadas algunos días después de la presunta tortura por electricidad mostraron cambios
segmentarios y depósitos de sales de calcio sobre estructuras celulares que correspondían bien a los
136. H. K. Thomsen et al., “Early epidermal changes in heat and electrically injured pigskin: a light microscopic study”, Forensic Science International,
vol. 17 (1981), págs. 133 a 143.
137. Ibíd., “The effect of direct current, sodium hydroxide and hydrochloric acid on pig epidermis: a light microscopic and electron microscopic
study”, Acta Pathol. Microbiol. Immunol. Scand, vol. 91 (1983), págs. 307 a 316.
138. H. K. Thomsen, “Electrically induced epidermal changes: a morphological study of porcine skin after transfer of low-moderate amounts of electri-
cal energy”, tesis (Universidad de Copenhague, F.A.D.L., 1984, págs. 1 a 78).
139. T. Karlsmark et al., “Tracing the use of torture: electrically induced calcification of collagen in pigskin”, Nature, vol. 301 (1983), págs. 75 a 78.
140. f Ibíd., “Electrically induced collagen calcification in pigskin: a histopathologic and histochemical study”, Forensic Science International, vol. 39
(1988), págs. 163 a 174.
141. T. Karlsmark, “Electrically induced dermal changes: a morphological study of porcine skin after transfer of low to moderate amounts of electrical
energy”, tesis, Universidad de Copenhage, Danish Medical Bulletin, vol. 37 (1990), págs. 507 a 520.
142. L. Danielsen et al., “Diagnosis of electrical skin injuries: a review and a description of a case”, American Journal of Forensic Medical Pathology, vol.
12 (1991), págs. 222 a 226.
143. F. Öztop et al., “Signs of electrical torture on the skin”, Treatment and Rehabilitation Centers Report 1994, publicación de la Human Rights Foun-
dation of Turkey, vol. 11 (1994), págs. 97 a 104.
144. L. Danielsen, T. Karlsmark, H. K. Thomsen, “Diagnosis of skin lesions following electrical torture”, Rom. J. Leg. Med., vol. 5 (1997), págs. 15 a 20.
145. H. Jacobsen, “Electrically induced deposition of metal on the human skin”, Forensic Science International, vol. 90 (1997), págs. 85 a 92.
87
efectos de una corriente eléctrica, pero no servían de diagnóstico ya que no se observaron depósitos
de sales de calcio sobre fibras dérmicas. Una biopsia tomada un mes después de la presunta tortura
por electricidad mostraba una cicatriz cónica de 1 a 2 mm de diámetro con un aumento de los fibro-
blastos y fibras colágenas finas estrechamente hacinadas y dispuestas paralelamente a la superficie,
lo cual era compatible con una lesión por electricidad pero no tenía valor diagnóstico.
b) Método
Tras recibir el consentimiento informado del paciente, y antes de realizar la biopsia, la lesión debe
ser fotografiada mediante los métodos forenses aceptados. Bajo anestesia local se obtiene una
biopsia por punción de 3 a 4 mm, que se coloca en formol amortiguado o en un fijador semejante.
La biopsia cutánea se realizará tan pronto como sea posible después de la lesión. Como el trauma
eléctrico suele limitarse a la epidermis y dermis superficial, las lesiones pueden desaparecer con
rapidez. Se pueden tomar biopsias de más de una lesión, pero es preciso tener en cuenta la posible
perturbación del paciente 146. El material de la biopsia deberá ser examinado por un patólogo con
experiencia en dermatopatología.
Entre los signos diagnósticos de la lesión por electricidad figuran núcleos vesiculares en la epider-
mis, glándulas sudoríparas y paredes vasculares (lo que plantea un solo diagnóstico diferencial: las
lesiones mediante soluciones alcalinas) y depósitos de sales de calcio claramente situados en el co-
lágeno y las fibras de elastina (el diagnóstico diferencial se plantea con la Calcinosis cutis, trastorno
raro hallado solamente en 75 de 220.000 biopsias cutáneas humanas consecutivas, y los depósitos
de calcio suelen ser masivos y sin una clara localización en el colágeno y las fibras de elastina) 147.
Son signos típicos de lesión por electricidad, aunque no tienen valor diagnóstico, las lesiones que
aparecen en segmentos cónicos que suelen ser de 1 a 2 mm de diámetro, los depósitos de hierro o
cobre sobre la epidermis (procedentes del electrodo) y citoplasmas homogéneos en la epidermis,
glándulas sudoríparas y paredes vasculares. También pueden aparecer depósitos de sales de calcio
en estructuras celulares de lesiones segmentales o pueden no apreciarse anomalías histológicas.
146S. Gürpinar y S. Korur Fincanci, “Insan Haklari Ihlalleri ve Hekim Sorumluluğu” (Violaciones de los derechos humanos y
responsabilidad del médico), Birinci Basamak Için Adli Tip El Kitabi (Manual de medicina forense para médicos generalistas)
(Ankara, Asociación Médica Turca, 1999).
147. Danielsen et al., 1991
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Anexo III
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93
Anexo IV
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II. Calificaciones del especialista (para el testimonio judicial)
Por ejemplo: “He tenido conocimiento personal de los hechos relatados, excepto los correspon-
dientes a información y creencias, que considero verídicos. Estoy dispuesto a testimoniar sobre
dichas declaraciones sobre la base de mi conocimiento y creencia personales”.
IV. Antecedentes
1. Aspecto general
2. Piel
3. Cara y cabeza
4. Ojos, oídos, nariz y garganta
5. Cavidad bucal y dientes
6. Tórax y abdomen (incluidos signos vitales)
7. Sistema genitourinario
8. Sistema musculo-esquelético
9. Sistema nervioso central y periférico
95
VIII. Historia/exploración psicológica
1. Métodos de evaluación
2. Quejas psicológicas actuales
3. Historia posterior a la tortura
4. Historia anterior a la tortura
5. Historia psicológica/psiquiátrica anterior
6. Historia de uso y abuso de sustancias psicotrópicas
7. Examen del estado mental
8. Evaluación del funcionamiento social
9. Pruebas psicológicas (véanse indicaciones y limitaciones en el capítulo VI, sec. C.1)
10. Pruebas neuropsicológicas (véanse indicaciones y limitaciones en el capítulo VI, sec. C.4)
IX. Fotografías
XI. Consultas
1. Signos físicos
2. Signos psicológicos
a) Correlacionar el grado de concordancia entre los signos psicológicos observados con los
hechos de tortura descritos.
b) Evaluar si los signos psicológicos observados son reacciones esperables o típicas frente al
estrés extremo dentro del contexto cultural y social del sujeto.
c) Señalar el estado del sujeto en la evolución fluctuante a lo largo del tiempo de los trastornos
mentales relacionados con los traumas; es decir, cuál sería el marco temporal en relación con
los hechos de tortura y en qué punto del proceso de recuperación se encuentra el sujeto.
d) Identificar todo factor estresante coexistente que actúe sobre el sujeto (por ejemplo, perse-
cución mantenida, migración forzada, exilio, pérdida del papel familiar y social, etc.), así como
el impacto que esos factores puedan tener sobre el sujeto.
e) Mencionar las condiciones físicas que pueden contribuir al cuadro clínico, en particular en lo
que respecta a posibles signos de traumatismo craneal sufrido durante la tortura o la detención.
96
XIII. Conclusiones y recomendaciones
1. Exponer la opinión personal sobre la concordancia que existe entre todas las fuentes de
información antes mencionadas (hallazgos físicos y psicológicos, información histórica, datos
fotográficos, resultados de las pruebas de diagnóstico, conocimiento de las prácticas regiona-
les de tortura, informes de consultas, etc.) y las quejas de torturas y malos tratos.
2. Reiterar los síntomas y discapacidades que sigue padeciendo el sujeto como resultado del
presunto maltrato.
Por ejemplo, “Declaro bajo pena de perjurio, de conformidad con las leyes de... (país), que la pre-
sente descripción es veraz y correcta y que esta declaración ha sido realizada el... (fecha), en...
(ciudad), ... (Estado o provincia)”.
Por ejemplo, “Los especialistas abajo firmantes certifican personalmente que pudieron trabajar con
toda libertad e independencia y que se les permitió hablar con (el sujeto) y examinarle en privado
sin ninguna restricción ni reserva, y sin que las autoridades de detención ejercieran ninguna forma
de coerción”; o bien “Los especialistas abajo firmantes se vieron obligados a realizar su evaluación
con las siguientes restricciones: ...”.
Puede obtenerse más información en: Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas
para los Derechos Humanos, Palais des Nations, 1211 Ginebra 10, Suiza
E-mail: [email protected]
Internet: www.ohchr.org
97
La investigación clínica sobre torturas requiere imparcialidad, independencia, y competencia de los investigadores, quienes deben ser independientes de los sospechosos y de los organismos a los que pertenezcan . Se deben tomar medidas para aclarar los hechos, proteger a las víctimas y testigos de violencia o intimidación, y garantizar que los resultados sean admisibles en un procedimiento penal . Las investigaciones pueden contar con comisiones independientes en caso de falta de competencia o imparcialidad reconocida en investigaciones estatales . Es fundamental realizar entrevistas cuidadosas, especialmente con las víctimas y testigos, asegurando su protección y consentimiento informado . Los informes deben ser detallados, confidenciales, y basados en pruebas físicas y psicológicas obtenidas de forma ética y profesional ."} 由中华人民共和国的壹法秧科發【0項科研爬【】출장"【由身份证号='致由由调用由的']
El papel del profesional de la salud en situaciones de violencia institucional se centra en proteger la salud física y mental de los detenidos y en mantener una conducta ética que impida cualquier forma de participación en torturas o malos tratos. Los profesionales de la salud tienen la responsabilidad de actuar conforme a los principios éticos y humanitarios, lo que incluye no discriminar entre los pacientes salvo por la urgencia de sus necesidades médicas y mantener la confidencialidad del paciente, a menos que hacerlo pueda causar daños graves . Además, están obligados a observar las Reglas Mínimas para el trato de los reclusos y a actuar independientemente de cualquier presión externa que busque forzar una conducta que vaya en contra de los intereses del paciente . En caso de violaciones a la ética médica, es su deber denunciar tales actos ante las autoridades competentes o internacionales, protegiendo a su vez a los pacientes y a sí mismos de represalias posibles .
Los médicos con doble obligación están guiados por varios principios éticos fundamentales. Uno de los más importantes es el principio de la independencia profesional, que requiere concentrarse en el bienestar del paciente y evitar cualquier daño, independientemente de presiones externas . Además, deben mantener la confidencialidad del paciente, asegurarse de que éste comprende su situación, y tener la libertad de actuar en interés de su salud, incluso si están empleados por terceros como el sistema penitenciario o las fuerzas de seguridad . También tienen el deber moral de no participar en actividades inmorales o contrarias a las normas de derechos humanos, como tortura o tratos inhumanos .
Los Estados tienen la obligación de prevenir la tortura y sancionar a sus autores según varios instrumentos internacionales. La Convención contra la Tortura y otros Tratados Internacionales de Derechos Humanos prohiben la tortura en cualquier circunstancia y exigen a los Estados llevar a cabo investigaciones inmediatas y adecuadas sobre alegaciones de tortura . Además, los Estados deben garantizar a las víctimas la posibilidad de que sus denuncias sean examinadas imparcialmente y sin demora, y proporcionar reparaciones adecuadas . También se requiere que los Estados puedan identificar a los responsables y asegurar que sean llevados ante la justicia . Los métodos de documentación eficaces son componentes clave para asegurar rendición de cuentas y justicia . Los tratados internacionales como los Convenios de Ginebra y sus Protocolos adicionales también aseguran la protección contra la tortura en contextos de conflicto armado, prohibiendo su práctica sin excepción .
Los mecanismos de la ONU para la prevención de la tortura y la investigación de denuncias incluyen la creación de mecanismos especiales de investigación cuando existen circunstancias justificables, como que la víctima haya sido vista en buenas condiciones al ser detenida, la implicación de agentes del Estado en la tortura, o si hay obstrucciones a las investigaciones . Además, se recomienda el establecimiento de una comisión de indagación independiente que cuente con apoyo estatal, asegurando imparcialidad y competencia . Asimismo, la ONU enfatiza la necesidad de una investigación rápida, imparcial y eficaz, que puede incluir entrevistas a víctimas y testigos, garantizándoles protección contra intimidación . También se insiste en la obligación de los Estados de investigar incluso sin denuncia formal cuando existan indicios de tortura .
La eficacia en la investigación de denuncias de tortura es crucial para asegurar que se lleven a cabo procedimientos penales, disciplinarios o de otro tipo contra los presuntos culpables. Esto no solo responde a una obligación legal bajo la Convención contra la Tortura, sino que es esencial para garantizar la justicia para las víctimas y prevenir futuros abusos. La investigación debe ser pronta, imparcial, independiente, competente y completa para cumplir con los estándares internacionales y proteger los derechos humanos .
Durante conflictos armados, las implicaciones éticas para el médico respecto a la confidencialidad son complejas y están reguladas por principios clave. El médico tiene la responsabilidad de actuar de forma independiente en el mejor interés del paciente, protegiendo la confidencialidad salvo cuando el paciente consiente lo contrario . Los médicos deben garantizar que las evaluaciones médicas se realicen sin la presencia de agentes de la ley, incluyendo policía o militares, para evitar coerción o intimidación que influya en los informes médicos, lo cual es crucial para asegurar la objetividad y la veracidad de las evaluaciones . Sin embargo, en ciertos casos, como cuando hay amenaza de seguridad, se puede permitir la presencia de personal de seguridad del servicio de salud, pero no de agentes de la ley . La obligación de preservar la confidencialidad se mantiene firme, pero se debe equilibrar con la necesidad de informar sobre torturas o malos tratos si el paciente da su consentimiento .
La Declaración de Lisboa de la Asociación Médica Mundial establece claramente que toda persona tiene derecho a recibir atención médica adecuada, sin discriminación, y que los médicos deben siempre actuar en el mejor interés de sus pacientes . El documento resalta la importancia de la autonomía y justicia para con el paciente y manda que los médicos y quienes proporcionan atención médica respeten los derechos de los pacientes . Asimismo, se exige que si cualquier legislación o medida gubernamental niega los derechos del paciente, los médicos deben buscar los medios apropiados para asegurarlos o restablecerlos . Además, la declaración especifica que los profesionales de la salud, incluidas las enfermeras según el Consejo Internacional de Enfermeras, tienen el deber de actuar en defensa de sus pacientes, asegurando que cualquier tratamiento se realice bajo el consentimiento informado . La independencia profesional es fundamental, permitiendo a los médicos defender y proteger las necesidades de salud de sus pacientes, independientemente de otras presiones .
Para que el Comité contra la Tortura reciba comunicaciones de personas, un Estado Parte debe reconocer en cualquier momento la competencia del Comité para recibir y examinar las comunicaciones enviadas por personas sometidas a su jurisdicción o en su nombre, que aleguen ser víctimas de una violación de la Convención contra la Tortura por un Estado Parte . Actualmente, solo 39 de los 112 Estados Partes han reconocido la aplicabilidad de este procedimiento según lo estipulado en el artículo 22 de la Convención .
El Relator Especial sobre la tortura en 1997 interpretó que las "sanciones legítimas" no pueden incluir castigos como la lapidación a muerte, los azotes y la amputación, aunque estos se apliquen mediante procedimientos formalmente legales. Dichos castigos, según el Relator, se consideran crueles, inhumanos o degradantes, o incluso tortura, alineándose con las posturas del Comité de Derechos Humanos y de otros mecanismos de Naciones Unidas. Esta interpretación fue confirmada por la resolución 1998/38 de la Comisión de Derechos Humanos, que recuerda a los gobiernos que el castigo corporal puede equivaler a trata cruel, inhumano o degradante .