Derechos Humanos y Democracia en Crisis
Derechos Humanos y Democracia en Crisis
Thomas Antkowiak
Guilherme Arruda Pereira Silva
Carlos M. Ayala Corao
Mary Beloff
Eduardo Bertoni
José Luis Caballero Ochoa
Jesús María Casal Hernández
Cristián Correa Montt
Christian Steiner Christian Courtis
Marie-Christine Fuchs Gina Donoso
(editores) Ariel Dulitzky
Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot
G. Patricia Uribe Granados Marie-Christine Fuchs
(coordinación académica) Daniel Antonio García Huerta
KONRAD-ADENAUER-STIFTUNG e. V.
Klingelhöferstr. 23
D-10785 Berlín
República Federal de Alemania
Tel.: (#49-30) 269 96 453
Fax: (#49-30) 269 96 555
Editores
Christian Steiner
Marie-Christine Fuchs
Coordinación Académica
G. Patricia Uribe Granados
Coordinación Editorial
Daniel Alejandro Pinilla Cadavid
Revisión de textos
Neira Loaiza
Diagramación
Marta Rojas
La universalidad de los derechos humanos, consagrados en gran parte del mundo desde lo cons-
titucional hasta lo multilateral, en la actualidad está nuevamente sufriendo críticas y cuestionamientos
crecientes. Percibimos un escepticismo no solamente en esferas y territorios donde la idea, en verdad,
nunca llegó a echar raíces. La real –o percibida– ineficacia de algunos Estados democráticos a la hora
de responder a necesidades básicas como el acceso a educación, sanidad y justicia, la seguridad, el
empleo y otras, ha mermado la confianza en la capacidad del sistema político para cumplir con lo pro-
metido. Incluso en aquellas latitudes en las que la troica de la democracia, el Estado de derecho y los
derechos humanos parecía incuestionable, hay quienes han comenzado a desafiar el consenso liberal
y a votar por caminos más restrictivos que, en últimas, implican un estilo político menos inclusivo,
garantista y plural que, en el peor de los casos, termina por anular la democracia misma y la reemplaza
por modelos autoritarios.
Semejante apuesta autoritaria despacha el diálogo constructivo y el respeto por la oposición políti-
ca y las minorías como una capitulación ante lo “políticamente correcto” que, según nos quieren hacer
pensar, obstruye las soluciones, sobre todo aquellas fáciles que los “auténticos defensores del pueblo”
alegan tener. El objetivo es dividir a la sociedad, por la construcción de “muros mentales”. Inventa
mundos opuestos para separar, polarizar y crear odio y aversión. El mundo de los blancos y el mundo de
los negros. El mundo de las mujeres y el mundo de los hombres. El mundo de los ricos y el mundo de los
pobres. Hasta que pasamos a hablar más de nuestras diferencias que de lo que tenemos en común. El
autoritarismo trata de distraernos de lo esencial mediante la escenificación de escándalos jugosos y pro-
blemas “prioritarios y urgentes”, causas que “legitiman” suprimir la expresión de opiniones opuestas,
detener, torturar, descuartizar y desaparecer a los críticos.
La apuesta liberal, en cambio, reconoce las dificultades en la construcción de sociedades abiertas
y justas, y sigue apostando por la vía democrática para desarrollar soluciones satisfactorias; continúa
buscando un equilibrio adecuado entre la responsabilidad del individuo y la solidaridad con el necesita-
do; y sigue confiando en la cooperación internacional en lo político y en lo económico. En democracia
se permite y se fomenta la diversidad, la oposición, el debate y la autocrítica a pesar de así revelar las
falencias en pos de facilitar soluciones. En democracia, estamos convencidos de que vivimos en un
solo mundo y evitamos pensar en dos o más mundos separados. Uno en donde todos tengamos espacio.
Sin importar si somos negros, blancos, mujeres, hombres, niños, indígenas, líderes sociales, LGTBI,
artistas, juristas, médicos o una persona cualquiera. Un mundo en donde la bandera sea la misma a pesar
de las diferencias, la de los derechos humanos y la protección de estos.
Ahora bien, si por lo menos, la propuesta “robusta” trajera más bienestar y felicidad para la gran
mayoría del pueblo (de hecho, el argumento totalitario), la libertad podría verse en un jaque argumen-
tativo. Es difícil, sin embargo, saber si un sistema autoritario logra contentar a las mayorías, porque en
la mayoría de los casos reprime justamente opiniones y elecciones que permitirían medir el ánimo de la
gente. De manera sistemática y concertada, se van debilitando los sistemas de pesos y contrapesos, me-
noscabando las libertades fundamentales y la independencia judicial, silenciando la prensa libre, deshu-
manizando, intimidando y persiguiendo al opositor, y todo ello por salvaguardar fines incuestionables
como la “dignidad nacional” o la “única e indivisible identidad cultural, étnica o religiosa del pueblo”.
Los aún convencidos, en reacción al consiguiente viraje iliberal, en algunos casos tienden a ca-
lificar al otro como “nacionalista”, “racista”, “xenófobo”, “fascista”, “machista” u otros apodos poco
halagüeños. Los así descalificados, a su vez, burlan al defensor de los derechos como “soñador de
izquierdas”, si no es que lo consideran como “rebelde subversivo”, “defensor de terroristas”, “comu-
nista” (difamación ya en vía de extinción) o, curiosamente, integrante de la “elite neoliberal”, lo cual
demuestra la disolución del esquema clásico izquierda-derecha en la confrontación actual.
En definitiva, se trata de denominaciones tampoco conducentes a fomentar un diálogo construc-
tivo entre los polos opuestos. El rechazo a la propuesta liberal une a los críticos “anti-sistema” de la
I
“izquierda” y de la “derecha”, como demuestran tangiblemente algunas alianzas y coaliciones forjadas
recientemente en Europa y en Latinoamérica.
Sin entrar en un debate sobre las ventajas de un sistema sobre otro, lo que podría servir como indi-
cador del atractivo respectivo, sin embargo, es el voto expresado por los pies –a falta de la posibilidad de
votar efectivamente en las urnas– de aquellos que buscan su suerte en otras tierras porque en casa ya no
aguantan la represión, inseguridad, las injusticias y la miseria. Los destinos de la migración suelen ser
los países que combinan la democracia liberal, Estado de derechos y el respeto de los derechos humanos
con un adecuado bienestar económico y también social para el mayor número de personas posible.
La soberbia liberal, simbolizada en el discurso del “fin de la historia” y que ha marcado la post-
guerra fría hasta la crisis financiera mundial de 2008, de hecho, es, en parte, responsable del declive de
la confianza en el liberalismo. Es la incapacidad de hacer partícipe a toda la ciudadanía de las bondades de
un sistema político y económico libre, entre otros, la que ha producido el actual escepticismo dentro de las
sociedades mismas que han apostado por la libertad. La percepción de las deficiencias puede estar más
o menos distorsionada por fake news, y el nivel de desigualdad varía enormemente.
Lo que es innegable es que tampoco las democracias garantizan el mundo perfecto. Graves crisis
económicas, la incapacidad de controlar la violencia o el terrorismo internacional y vertiginosos escán-
dalos de corrupción también se dan en la democracia, al igual que la falta de movilidad social, un acceso
discriminatorio a prestaciones básicas, o los retos de la integración de personas de otros ámbitos cultu-
rales. En el listado de desafíos habría que añadir algunos que se plantean a la humanidad en su totalidad
y que requieren de respuestas concertadas, como son, entre otros, el deterioro de los ecosistemas, el
cambio climático, y los impactos sociales que vislumbran las revoluciones bio e infotecnológicas.
Que cada uno que dude sobre el valor y las capacidades del sistema democrático, se pregunte si
prefiere vivir en un Estado de oligarquías, uno de autócratas nacionalistas o uno de fundamentalistas
religiosos. Si, en realidad, consideramos que es preferible un orden democrático con todos sus defec-
tos, pues entonces conviene que empecemos a defenderlo y a mejorarlo en lugar de acabar con él sin
tener una alternativa mejor. Sigue válido, en este sentido, la observación de Sir Winston Churchill: “De
hecho, se ha dicho que la democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las otras formas
que han sido probadas de vez en cuando”.
Los editores, y todo el Programa Estado de Derecho para Latinoamérica de la Fundación Konrad
Adenauer –y nos atrevemos a incluir también a los autores de esta obra– apuestan por la democracia li-
beral y el Estado de derecho, reconociendo sus imperfecciones, pero confiando en que libres tendremos
más probabilidades que sometidos, para encontrar soluciones a los desafíos de hoy y mañana. Estamos
convencidos de que esta forma de gobierno es la única en la que los derechos humanos pueden prospe-
rar en terreno fértil pues solo en democracia se acepta, o más bien se busca un pluralismo de opiniones
y se respetan los derechos de las minorías de cualquier índole.
La publicación responde y sirve como un radar y bitácora de monitoreo para algunos fenómenos
relacionados con el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, la situación jurídico-política de los
países y las nuevas tendencias arriba mencionadas que sacuden a las democracias en la región.
II
Los editores y el Programa Estado de Derecho para Latinoamérica de la Fundación Konrad Ade-
nauer deben un especial agradecimiento y reconocimiento al trabajo y la dedicación voluntaria de los
autores por sus valiosas contribuciones cumpliendo con excelentes estándares de calidad, a Patricia
Uribe Granados por su importante labor de coordinadora académica de esta obra, a Daniel Alejandro
Pinilla por su incansable apoyo en la coordinación de la misma y el proceso editorial, a Anne Ilinca y
Josephine Kerkhoff por su apoyo, a Marta Rojas por su constante respaldo en la culminación de este
proceso no solamente respecto a la corrección de estilo, y a todos quienes de alguna manera han con-
tribuido con este valioso material.
El Comentario representa una pieza en el mosaico del Estado democrático y social de Derecho, al
facilitar la aplicación efectiva de los derechos humanos consagrados en la CADH y más allá, labor que
está en las manos de cada uno de nosotros, como operadores jurídicos, siendo juez, abogado, defensor o
profeso. Pero también como político y empresario, como ciudadano común y los muchos otros papeles
que jugamos en nuestras sociedades y nuestros Estados. Y al final del día como ser humano. La defensa
de los derechos humanos significa una responsabilidad y un reto que trascienden al mundo jurídico. Se
trata de tomar una actitud democrática y asumir responsabilidad. Los derechos humanos son de todos
y para todos, son universales. Esperamos que este Comentario haga un humilde aporte a que actuemos
de manera correspondiente.
Christian Steiner
Marie-Christine Fuchs
Editores
III
PREFACIO DEL PRESIDENTE DE LA CORTE INTERAMERICANA
DE DERECHOS HUMANOS
La nueva edición de la presente obra aparece en un año de especial significación para los derechos
humanos. Por una parte, se cumplen setenta años de la Declaración Americana de los Derechos y
Deberes del Hombre (Bogotá, 1948), que se adelantó meses a la Declaración Universal de Derechos
Humanos (París, 1948). Por otra parte, en el presente año también conmemoramos los cuarenta años
de vigencia de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, Pacto de San José de Costa Rica
(1978), la cual representa uno de los hitos más significativos en el progreso e institucionalización de la
protección internacional de los derechos humanos en nuestro continente.
Desde ese momento, las americanas y los americanos contamos con un instrumento jurídico en la
región que, además de consagrar de manera expresa aquellos derechos que tenemos por el solo hecho de
ser personas, se ha convertido en una luz de esperanza que ha permitido ir consolidando un régimen ju-
rídico e institucional propio y a su vez complementario de las instancias nacionales. Con la Convención
Americana se reafirma el sistema interamericano de protección, promoción y defensa de los derechos
humanos, en el que la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos juegan un papel fun-
damental, impulsando avances jurídicos, políticos y sociales en nuestro hemisferio.
El Pacto de San José da vida a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En este caminar por
cuatro décadas, el Tribunal de derechos humanos de nuestro continente ha ido nutriendo de contenido a
las obligaciones estatales, así como a los derechos y libertades consagrados en la Convención America-
na, a través del desarrollo de una amplísima y variada jurisprudencia desarrollada en los casos conten-
ciosos, opiniones consultivas, medidas provisionales y en la supervisión de sus propias resoluciones. A
este respecto se pueden destacar, al menos, cinco grandes líneas jurisprudenciales que han marcado los
derroteros jurisprudenciales del Tribunal en sus cuatro décadas de vida.
En primer lugar, resulta paradigmática la jurisprudencia interamericana en casos de graves viola-
ciones de derechos humanos, especialmente en temáticas como desapariciones forzadas, ejecuciones
extrajudiciales, masacres, tortura, pena de muerte y leyes de amnistía. Precisamente, en el presente
año se cumplen treinta años de la primera sentencia de fondo, relativa al caso Velásquez Rodríguez vs.
Honduras (de 29 de julio de 1988), que hoy forma parte del patrimonio jurídico de nuestro continente.
En esta histórica sentencia se establecieron los primeros estándares sobre desapariciones forzadas de
personas, así como las obligaciones de los Estados frente a las graves violaciones de derechos humanos.
El tribunal interamericano fue pionero en destacar la centralidad de las víctimas y sus derechos, así
como advertir el grave daño que provoca la impunidad en la sociedad y el Estado de derecho, marcan-
do profundamente la vocación institucional de la Corte Interamericana como tribunal de tutela de la
dignidad humana.
En segundo lugar, resulta particularmente relevante la jurisprudencia de la Corte IDH respecto a
los derechos humanos de personas y grupos en situación o condición de vulnerabilidad. El Tribunal
ha sido enfático en señalar que toda persona que se encuentre en una situación de vulnerabilidad es
titular de una protección especial, en razón de los deberes especiales, cuyo cumplimiento por parte
del Estado es necesario para satisfacer las obligaciones generales de respeto y garantía de los derechos
humanos estipulados en el artículo 1 de la Convención Americana. En este sentido, no basta con que los
Estados se abstengan de violar los derechos, sino que es imperativa la adopción de medidas positivas,
determinables en función de las necesidades particulares de protección del sujeto de derecho, sea por su
condición personal o por la situación específica en que se encuentra.
Así, la Corte Interamericana ha protegido, visibilizado y establecido estándares garantistas para
niñas, niños y adolescentes, mujeres víctimas de violencia de género, personas mayores, pueblos in-
dígenas y tribales, personas con discapacidad, personas en situación de esclavitud, afrodescendientes,
personas LGTBI, migrantes, refugiadas, refugiados, solicitantes de asilo, privados de libertad, despla-
zados forzados, defensoras y defensores de derechos humanos, periodistas y personas en situación de
V
pobreza. Incluso, la Corte IDH ha incorporado el análisis de la interseccionalidad en la discriminación
cuando confluyen múltiples factores de vulnerabilidad, resultando más graves los impactos en los
grupos que, de por sí, son marginados y aquellos históricamente discriminados. Recientemente, en su
primer fallo sobre trata de personas y esclavitud moderna, la Corte IDH determinó la existencia de una
“discriminación estructural histórica” por la posición económica en que se encontraba un sector de
la población de trabajadores, que permitía reproducir su situación de marginación y exclusión social.
En tercer lugar, la jurisprudencia de la Corte Interamericana también se ha dirigido a temáticas
consubstanciales a la democracia y al Estado de derecho, como son las relativas a la independencia ju-
dicial (en su dimensión individual e institucional), la libertad de pensamiento y expresión, los derechos
políticos, la participación ciudadana en asuntos públicos, la transparencia y el acceso a la información,
así como en general al debido proceso, la protección judicial, el combate a la corrupción y la erradica-
ción de la impunidad, que conjuntamente conforman el acceso a la justicia de las víctimas, esencial en
cualquir sistema democrático. De tal suerte que la Corte IDH ha entendido que la Carta Democrática
Interamericana, es una norma de interpretación auténtica de los tratados interamericanos al recoger la
interpretación que los propios Estados hacen de las normas atingentes a la democracia.
En cuarto lugar, destaca la línea jurisprudencial sobre el concepto de “reparación integral” (restitu-
tio in integrum). La Corte Interamericana se ha caracterizado por ser un tribunal internacional pionero
respecto a las medidas de reparación que ha ordenado, las cuales no se limitan a indemnizaciones pecu-
niarias. En efecto, estas medidas buscan atender de manera integral las necesidades de las víctimas me-
diante la restitución del derecho, en casos en que ello sea posible; la rehabilitación para resarcir daños a
la integridad física o psicológica de las víctimas; la satisfacción, como pueden ser un acto público de
reconocimiento de responsabilidad internacional, la difusión de la sentencia, determinar el paradero
de víctimas de desaparición forzada o identificar y entregar sus restos mortales; y las garantías de no
repetición, que permiten cambiar la legislación, práctica o situación estructural que dio origen a la vio-
lación de los derechos humanos, entre las que se incluyen capacitaciones a funcionarios públicos y, más
particularmente, a funcionarios judiciales o a miembros de las fuerzas armadas. Algunas medidas de
reparación se disponen con “vocación transformadora” de las condiciones estructurales contrarias a la
vigencia de los derechos humanos, incluso con un enfoque diferencial, por ejemplo, sensible al distinto
impacto que tiene la violencia contra las mujeres.
En quinto lugar, de manera reciente, la Corte IDH inició una línea jurisprudencial sobre la justicia-
bilidad directa de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales (DESCA), que tradicio-
nalmente se protegían por la vía indirecta, mediante la conexidad con los derechos civiles y políticos.
A través de una nueva interpretación del artículo 26 del Pacto de San José, ahora se protegen aquellos
derechos que derivan de las normas económicas, sociales y de educación, ciencia y cultura conteni-
das en la Carta de la OEA. La Corte IDH determinó que existen dos tipos de obligaciones para los
Estados en virtud del artículo 26: aquellas de exigibilidad inmediata y aquellas de carácter progresivo.
En relación con las primeras, los Estados deben adoptar medidas eficaces a fin de garantizar el acceso
sin discriminación a las prestaciones reconocidas para cada DESCA. Respecto a las segundas, la reali-
zación progresiva significa que los Estados partes tienen la obligación concreta y constante de avanzar,
lo más expedita y eficazmente posible, hacia la plena efectividad de cada derecho, en la medida de sus
recursos disponibles, por vía legislativa y otros medios apropiados. Esta nueva vertiente de amplios
horizontes tiene una especial relevancia en un continente marcado por preocupantes índices de pobreza,
desigualdad, inequidad y exclusión social.
Por supuesto, la jurisprudencia interamericana no se agota en estas grandes líneas jurispruden-
ciales, que se han agrupado aquí con la finalidad de brindar una visión integral de las materias que ha
tenido que enfrentar la Corte IDH, ni en su importante impacto regional en sus cuarenta años de vida.
Existen otras temáticas, igualmente importantes, que en su conjunto han contribuido a la consolidación
de la democracia constitucional en nuestro continente.
VI
Estos estándares se van consolidando a través de una interacción constante entre el derecho na-
cional y el derecho internacional. Para ello, el control de convencionalidad se ha convertido en un
instrumento especialmente útil para aplicar cotidianamente la Convención Americana y, en general, el
corpus iuris interamericano. De ahí que, como lo ha expresado la Corte Interamericana, se ha instaura-
do progresivamente un control dinámico y complementario de las obligaciones convencionales de los
Estados de respetar y garantizar los derechos humanos, conjuntamente entre las autoridades internas
(primariamente obligadas) y las instancias internacionales (en forma complementaria), de modo que los
criterios de decisión puedan ser conformados y adecuados entre sí.
Lo anterior cobra especial relevancia en la actividad jurisdiccional. Hoy todos los juzgadores de
los países que han suscrito el Pacto de San José se convierten en juezas y jueces interamericanos. Son
quienes en primera línea están llamados a interpretar y aplicar la Convención Americana, logrando su
efecto útil para proteger y garantizar los derechos humanos de las personas. De ellos se nutre la juris-
prudencia interamericana y, a su vez, esta es el faro que los guía en la resolución de las problemáticas
más sensibles y complejas, siempre a través del eje articulador del principio pro persona y la salva-
guarda de la dignidad humana. De esta manera, se constituye un Sistema Interamericano integrado, a
través de una judicatura interamericana compartida, en la que conjuntamente se está construyendo un
ius commune en materia de derechos humanos.
A pesar de los significativos avances logrados en estos cuarenta años de camino, los desafíos que
hoy enfrentamos en la región resultan inmensos, en los que persisten la pobreza, la desigualdad, la
inequidad y la exclusión social, acompañados de ingredientes de corrupción, impunidad e inseguridad.
Por ello, es ahora tiempo de demostrar con hechos la solidez de nuestro compromiso con los derechos
humanos y la voluntad de sumar a este esfuerzo a todos los actores de nuestras sociedades. Y, para ello,
el diálogo jurisdiccional y, en general, el diálogo con todas las autoridades, así como el diálogo, inter-
cambio y apoyo mutuo con la sociedad civil, la academia y las víctimas resulta esencial; como también
lo es el diálogo y cooperación con los otros sistemas universal y regionales de protección de derechos
humanos. Solo con objetivos comunes y esfuerzos compartidos en los ámbitos nacional e internacional,
podremos derribar los muros que actualmente dificultan la consecución de la plena vigencia de los
derechos humanos.
Por todo ello, la publicación de la edición actualizada del Comentario a la Convención Americana
sobre Derechos Humanos contribuye a esa finalidad, al convertirse en una herramienta útil de conoci-
miento y difusión de los estándares interamericanos en este año emblemático para los derechos huma-
nos. Mi más sincera felicitación a las y los distinguidos autores que participan en la obra, a quienes la
coordinaron, y al Programa Estado de Derecho para Latinoamérica de la Fundación Konrad Adenauer
Stiftung, por esta nueva y feliz iniciativa.
VII
PREFACIO DEL PRESIDENTE DEL TRIBUNAL EUROPEO
DE DERECHOS HUMANOS
Este libro, que me satisface presentar, es una versión revisada y actualizada del primer comentario
sistemático de la Convención Americana de Derechos Humanos, CADH, en lengua española, publicado
en 2014 y presentado por mi predecesor Dean Spielmann.
Este año se celebra el 40 aniversario de la entrada en vigor de la CADH y del establecimiento de
la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Corte IDH. Como tuve la ocasión de expresar perso-
nalmente en los actos de conmemoración de este aniversario en San José de Costa Rica, la historia de
la Corte IDH ha sido una trayectoria de éxito de 40 años de protección de los derechos fundamentales
y de consolidación de las instituciones democráticas en el continente americano, aunque no exenta de
desafíos y obstáculos. Su jurisprudencia se ha convertido no solo en el marco normativo indispensable
para el control de convencionalidad que los jueces y autoridades nacionales deben realizar en los Es-
tados que son parte del sistema interamericano, sino también en una fuente de inspiración para otros
mecanismos regionales de protección de los derechos humanos. Para el Tribunal Europeo de Derechos
Humanos, TEDH, a pesar de las diferencias que todavía nos separan en cuanto a competencias y pro-
cedimientos, la jurisprudencia interamericana contiene estándares que nos han ayudado a interpretar
nuestro propio Convenio Europeo de Derechos Humanos, CEDH, el cual reconoce derechos muy pa-
recidos a los de la CADH. Esto ha sucedido, por ejemplo, en temas tan dispares como las amnistías en
casos de violaciones graves de derechos humanos,1 o el derecho de acceso a la información.2 Como al-
gunos autores de esta obra han podido constatar, nuestra jurisprudencia es citada de manera sistemática
en las sentencias de la Corte IDH. Esta influencia mutua o diálogo judicial es asimismo una prueba de
la plena vigencia del principio de universalidad de los derechos humanos.
El diálogo judicial entre las dos jurisdicciones regionales se ha consolidado recientemente gracias
a iniciativas que han permitido un mejor conocimiento mutuo de la jurisprudencia y métodos de trabajo
respectivos y unas relaciones institucionales y personales más intensas. Además de las visitas oficiales de
delegaciones de jueces a ambos lados del Atlántico, se ha puesto en marcha un programa de intercambio
profesional entre letrados al servicio de las dos cortes. Igualmente, hemos publicado de manera conjunta
por primera vez un volumen con una selección de sentencias de ambas cortes, en inglés y español. Y
desde hace unos años nuestras notas mensuales de jurisprudencia (Case-Law Information Notes, consul-
tables online) incorporan resúmenes en inglés de las sentencias más relevantes de la Corte IDH, lo que
facilita su difusión en el continente europeo.
Estoy convencido de que la presente edición de este libro contribuirá de manera indiscutible a una
mayor divulgación y conocimiento de esta trayectoria de éxito que representa la CADH y su jurispru-
dencia. No solo para los operadores jurídicos del continente americano, en particular los abogados y
los jueces nacionales que deben aplicar directamente dicha jurisprudencia, sino también para aquellos
que desde Europa trabajamos para la protección y la defensa de los derechos humanos. Aunque las rea-
lidades políticas y culturales de los dos continentes sean diferentes, nuestra labor como intérpretes, en
última instancia de convenios que recogen derechos humanos de carácter universal, nos obliga a seguir
y conocer mejor nuestras jurisprudencias respectivas, como condición indispensable para un diálogo
fructífero, útil y permanente entre ambos sistemas regionales.
Guido Raimondi
Presidente
Tribunal Europeo de Derechos Humanos
Estrasburgo, 23 de julio de 2018.
IX
Convención Americana sobre
Derechos Humanos
Con contribuciones de:
Comentario
Segunda edición
Semblanza curricular de autores y editores
3
José Luis Caballero Ochoa (México)
Licenciado en Derecho del Tecnológico de Monterrey. Campus Chihuahua, México, maestro en Dere-
cho por la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, y doctor en Derecho
de la UNED en España. Es académico e investigador titular en la Universidad Iberoamericana, Ciudad
de México, en donde se desempeña como director del Departamento de Derecho. Es miembro del Sis-
tema Nacional de Investigadores de México.
Jesús María Casal Hernández (Venezuela)
Abogado Summa Cum Laude de la Universidad Católica Andrés Bello, Venezuela, es especialista en
Derecho Administrativo de la Universidad Central de Venezuela y Doctor en Derecho de la Universidad
Complutense de Madrid, con estancia de investigación postdoctoral en el Instituto Max Planck de De-
recho Internacional y Derecho Público Comparado, Alemania. Es Profesor de Derecho Constitucional
y exdecano de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Andrés Bello. Miembro de número de
la Academia de Ciencias Políticas y Sociales de Venezuela.
Cristián Correa Montt (Chile)
Abogado de la Pontifica Universidad Católica de Chile y magíster en Estudios Internacionales de Paz
de la Universidad de Notre Dame. Es especialista en la definición e implementación de programas de
reparaciones para violaciones masivas de derechos humanos y de políticas de justicia transicional.
Desde 2007, ha sido asociado senior del Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ),
prestando asesoría a organizaciones de víctimas y a entidades públicas en diferentes países de América
Latina, África, Asia y Europa. Previamente, fue asesor del Gobierno de Chile y secretario de la Comi-
sión Nacional sobre Prisión Política y Tortura (Comisión Valech).
Christian Courtis (Argentina)
Funcionario de la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos en
Nueva York, donde se desempeña como especialista en temas de derechos humanos y desarrollo, y
derechos económicos, sociales y culturales. Es profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de
Buenos Aires (en uso de licencia), y profesor visitante del Instituto Tecnológico Autónomo de México
y de diversas universidades de América Latina, España y Estados Unidos. Ha sido consultor de la
Organización Mundial/Panamericana de la Salud, de la Organización Internacional del Trabajo, de
la Cepal y de la División de Desarrollo Social de la ONU. Ha dirigido el programa de derechos
económicos, sociales y culturales de la Comisión Internacional de Juristas, Ginebra. Ha publicado
libros y artículos sobre derechos humanos, teoría constitucional, teoría y sociología del derecho.
Gina Donoso (Ecuador)
Investigadora doctoral de la Universidad de Gante, Bélgica. MA de la Universidad Erasmus Rotterdam;
MA de la Universidad para la Paz. Tiene especialidades de la Universidad Complutense de Madrid,
la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y la Universidad Andina Simón Bolívar. Consultora
en temas psicosociales para la Corte Penal Internacional, el Programa de Naciones Unidas para el
Desarrollo, ONU-Mujeres en programas de justicia transicional y procesos de apoyo psicosocial para
víctimas y comunidades en situaciones de violencia política en países como Jordania, Congo R. D.,
Iraq, Colombia, Ecuador, entre otros.
Ariel Dulitzky (Argentina)
Abogado de la Universidad de Buenos Aires (graduado con honores), y maestro en Derecho (LL.M.)
de la Universidad de Harvard, EE.UU. Es profesor y director de la Clínica de Derechos Humanos y
director de la Iniciativa para América Latina de la Escuela de Derecho de la Universidad de Texas en
Austin. De 2010 a 2017, fue uno de los cinco expertos independientes del Grupo de Trabajo de la ONU
sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias del que fue su presidente-relator entre 2013 y 2015.
Antes de incorporarse a la Universidad de Texas, fue secretario ejecutivo adjunto de la CIDH. Es autor
de diversas publicaciones sobre derechos humanos, el sistema interamericano de derechos humanos, las
desapariciones forzadas, los afrodescendientes y los derechos colectivos indígenas, la discriminación
racial, y el estado de derecho en América Latina.
4
Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot (México)
Licenciado en Derecho de la Universidad Autónoma de Baja California, y doctor en Derecho Cum Laude
de la Universidad de Navarra, España. Tiene una especialización en Derechos Humanos de l’Institut In-
ternational des Droits de l’Homme, Estrasburgo, Francia. Actualmente es presidente de la Corte IDH,
investigador en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de
México y profesor de la Facultad de Derecho de la misma universidad. Es presidente de los institutos
Iberoamericano y Mexicano de Derecho Procesal Constitucional. Profesor visitante de la Academia de
Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario de la American University Washington Co-
llege of Law. Es autor de diversas publicaciones en derecho constitucional, procesal, amparo y derechos
humanos.
Marie-Christine Fuchs (Alemania)
Abogada alemana (Rechtsanwältin, Berlin) y Doctora en Derecho de la Universität des Saarlandes,
Saarbrücken, Alemania y maestra en Derecho Internacional Público, en Derecho de la Unión Europea
y en Derechos Humanos del Europainstitut de la misma universidad. Cursó estudios de licenciatura
tanto en derecho alemán como en derecho francés. Desde 2016, es directora del Programa Estado
de Derecho para Latinoamérica de la Fundación Konrad-Adenauer. De 2011 a 2015, trabajó como
abogada en el despacho jurídico internacional Freshfields Bruckhaus Deringer, en Berlín, Alemania,
con especialidad en derecho de la Unión Europea. Anteriormente, fue investigadora asociada al Instituto
Max Planck de Derecho Privado Extranjero y Derecho Internacional Privado en Hamburgo, Alemania
e investigadora y profesora asistente en la cátedra de derecho de la Unión Europea y Derecho Público
Europeo del Europainsitut de la Universität des Saarlandes.
5
Juana María Ibáñez Rivas (Perú)
Abogada de la Pontificia Universidad Católica del Perú y doctoranda en Derecho Internacional y Euro-
peo de la Universidad París 1 Pantheón-Sorbonne. Es consultora especialista en derecho internacional
de los derechos humanos y derecho internacional humanitario, e investigadora del Groupe d’études en
droit international et latino-américain de La Sorbonne. Anteriormente se desempeñó como abogada
de la Corte IDH.
6
María Daniela Rivero (Venezuela)
Abogada de la Universidad Católica Andrés Bello en Venezuela, maestra en Derecho Internacional
de los Derechos Humanos (LL.M.) de la Universidad de Notre Dame, EE.UU, y en Administración de
Organizaciones sin fines de lucro del Mendoza College of Business, de la misma universidad. Fue
abogada de la Corte IDH, asesora legal para el Programa de América Latina y el Caribe en el Centro
de Derechos Reproductivos, y abogada en Consultores Jurídicos Ayala, Dillon, Fernandez, Linares &
Chavero y en el Comité de Víctimas de los Sucesos ocurridos en Febrero-Marzo de 1989 (Cofavic).
Actualmente, es consultora independiente en derecho internacional de los derechos humanos.
Gabriela Rodríguez Huerta (México)
Licenciada en derecho del Instituto Tecnológico Autónomo de Mexico, maestra y doctora en Derecho de
la Universidad Nacional Autónoma de México. Es profesora de tiempo completo del Departamento
de Derecho del ITAM, en donde dirige la Licenciatura en Derecho y la Maestría en Derechos Humanos
y Garantías. Es autora de diversas publicaciones sobre la recepción del derecho internacional en los
órdenes internos, los derechos humanos, el derecho internacional humanitario y el derecho de los
tratados.
Oswaldo Ruiz-Chiriboga (Ecuador)
Es maestro en Derecho (LL.M.) de la Universidad de Utrecht, Holanda, y de la Universidad de Gra-
nada, España, y doctor en Derecho de la Universidad de Gante, Bélgica. Actualmente, es profesor
asistente en la Central European University. Tiene especializaciones de la Universidad de Alicante, la
Pontificia Universidad Católica del Ecuador, la Universidad Andina Simón Bolívar. Anteriormente, fue
abogado senior de la Corte IDH y abogado senior del Centro por la Justicia y el Derecho Internacional
(Cejil). Es autor de diversas publicaciones sobre los derechos de los pueblos y comunidades indígenas
y tribales y los derechos humanos.
Néstor Pedro Sagüés (Argentina)
Doctor en Derecho de la Universidad de Madrid y la Universidad Nacional del Litoral, Argentina. Es
profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires y catedrático de la Universidad Católica Argentina.
Es profesor de posgrado en las universidades Austral, en Buenos Aires, y Panamericana, en Ciudad de
México. Es presidente del Centro Argentino de Derecho Procesal Constitucional, presidente honora-
rio de la Asociación Argentina de Derecho Constitucional y del Instituto Iberoamericano de Derecho
Procesal Constitucional. Ha sido distinguido con doce doctorados honoris causa y otros tantos profe-
sorados honorarios. Ha publicado decenas de libros sobre derecho político, constitucional y procesal
constitucional. Fue condecorado con medalla de honor por el Tribunal Constitucional del Perú.
Daniela Salazar Marín (Ecuador)
Abogada de la Universidad San Francisco de Quito y maestra en Derecho (LL.M.) de la Universidad de
Columbia, EE.UU. Actualmente es profesora y vicedecana del Colegio de Jurisprudencia de la Univer-
sidad San Francisco de Quito, en donde también se desempeña como codirectora de la Clínica Jurídica.
Ha trabajado como especialista en derechos humanos en la CIDH y ha sido consultora para la Oficina
del Alto Comisionado de Derechos Humanos de Naciones Unidas, la Unesco, la Cruz Roja Internacio-
nal, Human Rights Watch, el Centro de Estudios en Libertad de Expresión y Acceso a la Información,
entre otros.
Luz María Sánchez Duque (Colombia)
Abogada de la Universidad de Caldas, Colombia, y maestra en Derecho de la Universidad Nacional
de Colombia. Es doctoranda en Ciencia Política de la Universidad de Massachussetts-Amherst, en
donde también es asistente docente en las áreas de estudios legales y teoría política. Anteriormente,
trabajó como investigadora en el Centro de Estudios Dejusticia en litigios de interés público e
investigaciones sobre justicia transicional. Contribuyó con el Centro Nacional de Memoria Histórica
en la elaboración de reportes sobre derecho penal y sistema judicial en el conflicto armado colombiano.
Es coautora del libro Justicia para la Paz. Crímenes atroces, derecho a la justicia y paz negociada,
editado por Dejusticia.
7
Christian Steiner (Alemania)
Doctor en Derecho de la Universidad J. W. Goethe en Frankfurt, Alemania, Rechtsanwalt (Berlin) y
Abogado (Sevilla). De 2009 a 2016, fue director del Programa Estado de Derecho para Latinoamérica
de la Fundación Konrad Adenauer. Anteriormente, fue consultor del UNODC Global Programme for
Promoting a Culture of Lawfulness, asesor jurídico del Tribunal Constitucional de Bosnia y Herzegovi-
na (BH), de la Oficina del Alto Representante de la Comunidad Internacional en BH, y consultor de la
Comunidad Europea para el Consejo Superior de la Judicatura y Fiscalía de BH. Actualmente se desem-
peña, a tiempo parcial, como profesor asociado del departamento de Derecho de la Universidad Pablo
de Olavide en Sevilla, y principalmente como consultor y abogado de MIDEAST | LAW, asesorando a
particulares y empresas en la región de Oriente Medio y el Norte de África.
Liliana Tojo (Argentina)
Abogada de la Universidad de Buenos Aires. Es directora del Programa del Centro por la Justicia y el
Derecho Internacional (Cejil) responsable del proyecto SUMMA/El SIDH, litigante ante la CIDH y la
Corte IDH, y profesora de la Maestría de Derechos Humanos de la Universidad Nacional de la Plata,
Argentina, y del Programa de Actualización en Género y Derecho de la Facultad de Derecho de la
Universidad de Buenos Aires.
Rodrigo Uprimny Yepes (Colombia)
Abogado colombiano con doctorado en Economía. Es catedrático emérito de la Universidad Nacional
de Colombia, investigador del Centro de Estudios Dejusticia y miembro del Comité de Derechos Eco-
nómicos Sociales y Culturales de la ONU. Fue magistrado auxiliar y encargado de la Corte Constitu-
cional de Colombia. Es autor de numerosos artículos y libros en derechos humanos.
G. Patricia Uribe Granados (México)
Licenciada en Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, maestra en Estudios Avanza-
dos de Derecho Internacional Público (Adv. LL.M.) de la Universidad de Leiden, Holanda, y doctoranda
del Centro Grocio para Estudios Legales Internacionales de la misma universidad. Ha sido profesora
asistente en estudios de licenciatura y posgrado de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional
Autónoma de México. Anteriormente se desempeñó como asesora jurídica e investigadora del Programa
Estado de Derecho para Latinoamérica de la Fundación Konrad Adenauer, y como asistente de investi-
gación del Dr. Eduardo Ferrer-Mac Gregor Poisot, presidente de la Corte IDH. Es coautora de diversos
artículos y libros sobre derecho internacional público y derechos humanos, asimismo es la coordina-
dora académica de la segunda edición del Comentario a la Convención Americana sobre Derechos
Humanos.
Carlos J. Zelada (Perú)
Abogado de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y maestro en Derecho (LL.M.) de la Univer-
sidad de Harvard, EE.UU. Es profesor asociado y jefe del Departamento Académico de Derecho de
la Universidad del Pacífico. Anteriormente, fue especialista de la CIDH, miembro del equipo jurídico
de la Organización Panamericana de la Salud y asesor de diversas organizaciones de la sociedad civil
vinculadas al trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú.
8
Contenido
Lista de abreviaturas................................................................................................. 13
PARTE I
DEBERES DE LOS ESTADOS Y DERECHOS PROTEGIDOS.................................... 31
9
CAPITULO IV- SUSPENSIÓN DE GARANTÍAS, INTERPRETACIÓN
Y APLICACIÓN................................................................................................... 835
Artículo 27. Suspensión de garantías (Gabriela Rodríguez Huerta).................................... 835
Artículo 28. Cláusula federal (Ariel Dulitzky)............................................................... 849
Artículo 29. Normas de interpretación (Gabriela Rodríguez Huerta).................................. 869
Artículo 30. Alcance de las restricciones (Gabriela Rodríguez Huerta)................................ 878
Artículo 31. Reconocimiento de otros derechos (Gabriela Rodríguez Huerta)...................... 882
PARTE II
MEDIOS DE LA PROTECCIÓN ............................................................................ 896
10
Artículo 60............................................................................................................. 983
PARTE III
DISPOSICIONES GENERALES Y TRANSITORIAS.............................................1113
Sección Especial
Jurisprudencia de la Corte IDH sobre los Pueblos Indígenas
y Tribales. Fondo y Reparaciones (Oswaldo Ruiz Chiriboga, Gina Donoso)...............1131
Índice temático.......................................................................................................1204
11
Lista de abreviaturas
C
CADH / Pacto de San José - Convención Americana sobre Derechos Humanos. Adoptada en San
José, Costa Rica en la Conferencia Interamericana Especializada en Derechos Humanos el 22 de
noviembre de 1969, entrada en vigor el 18 de julio de 1978. 1144 UNTS 123.
CADHP / Carta de Banjul - Carta Africana sobre los Derechos Humanos y de los Pueblos. Adoptada
el 28 de junio de 1981, entrada en vigor el 21 de octubre de 1986.
Carta OEA - Carta de la Organización de los Estados Americanos. Adoptada el 30 de marzo de 1948;
entrada en vigor el 13 de diciembre de 1951.
CCT - Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes. Adop-
tada por Resolución n.o 39/46 de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas
el 10 de diciembre de 1984; entrada en vigor el 26 de junio de 1987. 1465 UNTS 85.
CDN - Convención sobre los Derechos del Niño. Adoptada por Resolución n.o 44/25 de la Asamblea
General de la Organización de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989; entrada en vigor
el 2 de septiembre de 1990. 1577 UNTS 3.
CEDH - Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Funda-
mentales del 4 de noviembre de 1950; entrada en vigor el 3 de septiembre de 1953. ETS n.º 5.
Modificado por los Protocolos 11 y 14, completado por el Protocolo Adicional y los Protocolos 4,
6, 7, 12 y 13. 213 UNTS 222.
CEDAW (por sus siglas en inglés) - Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discrimi-
nación contra la Mujer. Adoptada por la Resolución n.o 34/180 de la Asamblea General de la Orga-
nización de las Naciones Unidas el 18 de diciembre de 1979; entrada en vigor el 3 de septiembre
de 1981. 1249 UNTS 13.
CER - Convención sobre el Estatuto de los Refugiados. Adoptada por la Conferencia de Plenipoten-
ciarios sobre el estatuto de los refugiados y de los apátridas de la Organización de las Naciones
Unidas en Ginebra, Suiza, el 28 de julio de 1951; entrada en vigor el 22 de abril de 1954. 189
UNTS 137.
CIDFP - Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas. Adoptada por la Asam-
blea General de la Organización de los Estados Americanos en Belém do Pará, Brasil, el 9 de junio
de 1994; entrada en vigor el 28 de marzo de 1996.
CIEFDPD - Convención Interamericana para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación
contra las Personas con Discapacidad. Adoptada por la Asamblea General de la Organización de
los Estados Americanos en Ciudad de Guatemala, Guatemala, el 7 de junio de 1999; entrada en
vigor el 14 de septiembre de 2001.
CIEFDR - Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación
Racial. Adoptada por Resolución n.o 2106 A (XX) de la Asamblea General de la Organización
de las Naciones Unidas el 21 de diciembre de 1965; entrada en vigor el 4 de enero de 1969. 660
UNTS 195.
CIJ - Corte Internacional de Justicia. Es una corte permanente internacional y el principal órgano judi-
cial de la Organización de las Naciones Unidas. Fue establecida en junio de 1945 por la Carta de
las Naciones Unidas. La labor de la Corte Internacional de Justicia es determinar, de conformidad
con el derecho internacional, disputas legales sometidas a ella por los Estados, y emitir opiniones
consultivas sobre cuestiones legales que le son referidas por los órganos autorizados de las Nacio-
nes Unidas y las agencias especializadas. Está integrada por quince jueces que se desempeñan de
forma personal. Tiene su sede en La Haya, Países Bajos.
13
CIPDTMF - Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de Todos los Trabajadores
Migratorios y de sus Familiares. Aprobada por Resolución n.o 45/158 de la Asamblea General de
la Organización de las Naciones Unidas el 18 de diciembre de 1990; entrada en vigor el 1 de julio
de 2003. 2220 UNTS 3.
CIPPDF - Convención Internacional para la Protección de todas las Personas contra las Desapariciones
Forzadas. Adoptada por Resolución n.o 61/177 de la Asamblea General de la Organización de las
Naciones Unidas el 20 de diciembre de 2006; entrada en vigor el 23 de diciembre de 2010. Regis-
tro de Naciones Unidas 48088.
CIPST - Convención Interamericana para Prevenir y Sancionar la Tortura. Adoptada por la Asamblea
General de la Organización de los Estados Americanos en Cartagena de Indias, Colombia, el 9 de
diciembre de 1985; entrada en vigor el 28 de febrero de 1987.
Comisión DHONU - Comisión de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas.
Órgano basado en la Carta de las Naciones Unidas. La Comisión DHONU fue establecida en 1946
para determinar la estructura jurídica e internacional para la protección de los derechos y libertades
fundamentales. Estuvo compuesta por 53 Estados miembros elegidos por el Consejo Económico
y Social de Naciones Unidas. El 27 de marzo de 2006 celebró su última sesión, y fue reemplazada
por el Consejo DHONU.
Comisión IDH - Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Órgano principal y autónomo de la
Organización de los Estados Americanos encargado de la promoción y protección de los derechos
humanos en el continente americano. Está integrada por siete miembros independientes que se
desempeñan en forma personal y tiene su sede en Washington, D.C., Estados Unidos. Fue creada
por la OEA en 1959 y, en forma conjunta con la Corte Interamericana de Derechos Humanos, es
una institución del Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos.
Comité DESCONU - Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la Organización de
las Naciones Unidas. Órgano de tratado establecido por el Consejo Económico y Social de las
Naciones Unidas mediante Resolución n.o 1985/17 el 28 de mayo de 1985. Está compuesto por 18
expertos independientes para monitorear la implementación del Pacto Internacional de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales.
Comité DHONU - Comité de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas. Órgano
de tratado establecido conforme al artículo 28 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Polí-
ticos. Está compuesto por 18 expertos independientes quienes supervisan la aplicación del Pacto
por sus Estados Partes.
Consejo DHONU - Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas. Órga-
no basado en la Carta de las Naciones Unidas. Fue creado por Resolución n.o 60/251 de la Asam-
blea General de la Organización de las Naciones Unidas el 15 de marzo de 2006 para reemplazar a
la Comisión DHONU. Es un organismo intergubernamental compuesto por 47 Estados miembros
elegidos por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Está a cargo de la promoción y protec-
ción de los derechos humanos en todo el mundo, y para cumplir con su labor cuenta con órganos
subsidiarios, mecanismos subsidiarios de expertos, foros, grupos de trabajo intergubernamentales
de composición abierta y procedimientos especiales.
Convención de Belém do Pará - Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la
Violencia contra la Mujer. Adoptada el 9 de junio de 1994; entrada en vigor el 5 de marzo de 1995.
Corte IDH - Corte Interamericana de Derechos Humanos. Es una corte permanente regional y un
órgano judicial autónomo de la Organización de los Estados Americanos. Fue establecida en
1979 para interpretar y determinar violaciones a la Convención Americana sobre Derechos Hu-
manos, la cual es su instrumento constitutivo. Está integrada por siete jueces que se desempe-
ñan en forma personal. Tiene dos funciones: contenciosa y consultiva; en forma conjunta con la
14
Comisión Interamericana de Derechos Humanos, es una institución del Sistema Interamericano de
Protección de los Derechos Humanos. Su sede es en San José, Costa Rica.
CPI - Corte Penal Internacional. Es una Corte internacional permanente con jurisdicción sobre cuatro
crímenes: genocidio, crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y agresión. Su instrumento
constitutivo es el Estatuto de Roma adoptado el 17 de julio de 1998 en Roma, Italia, por la Con-
ferencia Diplomática de Plenipotenciarios de las Naciones Unidas sobre el establecimiento de una
Corte Penal Internacional. Inició sus funciones en 2002, y está compuesta por cuatro órganos: la
Presidencia; una sección de cuestiones preliminares, una sección de primera instancia y una sec-
ción de apelaciones; la Fiscalía y la Secretaría. Tiene su sede en La Haya, Países Bajos.
CVDT - Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados. Adoptada por la Conferencia de las
Naciones Unidas sobre el Derecho de los Tratados el 22 de mayo de 1969; entrada en vigor el 27
de enero de 1980. 1155 UNTS 331.
CVRC - Convención de Viena sobre Relaciones Consulares. Adoptada por la Conferencia de las Na-
ciones Unidas sobre Relaciones Consulares el 22 de abril de 1963; entrada en vigor el 19 de marzo
de 1967. 596 UNTS 261.
D
DADDH - Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre. Aprobada por la Confe-
rencia Internacional Americana el 2 de mayo de 1948. Reimpresa en Documentos Básicos Perte-
necientes a los Derechos Humanos en el Sistema Interamericano OEA/Ser L V/II.82 Doc 6 Rev,
1992.
DIDH - Derecho Internacional de los Derechos Humanos. Instrumentos e instituciones establecidos en
el marco de los sistemas regionales de derechos humanos y el sistema universal para la promoción,
protección y defensa de los derechos humanos en el mundo.
DIH - Derecho Internacional Humanitario. Conjunto de reglas que buscan, por razones humanitarias,
limitar los efectos de los conflictos armados. La mayor parte del derecho internacional humani-
tario se encuentra en los cuatro Convenios de Ginebra de 1949, los cuales se han desarrollado
posteriormente por dos protocolos adicionales de 1977, relativos a la protección de las víctimas
de conflictos armados. Asimismo, existen otros acuerdos que prohíben el uso de ciertas armas y
técnicas militares, y protegen ciertas categorías de individuos y bienes.
DUDH - Declaración Universal de los Derechos Humanos. Aprobada mediante Resolución n.o 217A
(III) de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de
1948.
E
Estatuto de la Comisión IDH - Estatuto de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Apro-
bado mediante Resolución n.o 447 adoptada por la Asamblea General de la Organización de los
Estados Americanos en su noveno periodo ordinario de sesiones, celebrado en La Paz, Bolivia,
octubre de 1979.
O
OEA - Organización de los Estados Americanos. Organismo regional creado en 1948 con el objetivo
de lograr en sus Estados miembros “un orden de paz y de justicia, fomentar su solidaridad, robus-
tecer su colaboración y defender su soberanía, su integridad territorial y su independencia”, esto
de conformidad con el artículo 1 de la Carta de la OEA. Sus principales pilares son la democracia,
los derechos humanos, la seguridad y el desarrollo. La OEA reúne a 35 Estados de las Américas, y
constituye el principal foro gubernamental, político, jurídico y social del Hemisferio.
OIT - Organización Internacional del Trabajo. Fue fundada en 1919, y en 1946 se convirtió en la
primera agencia de la Organización de las Naciones Unidas. Tiene un carácter tripartita, reúne a
15
gobiernos, empleadores y trabajadores de 187 Estados miembros a fin de establecer normas de
trabajo, formular políticas y elaborar programas promoviendo el trabajo decente de mujeres y
hombres.
ONU - Organización de las Naciones Unidas. Es una organización global establecida en 1945, cuyos
objetivos son el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales, fomentar las relaciones
de amistad entre las naciones, la cooperación internacional en la solución de los problemas in-
ternacionales de carácter económico, social, cultural o humanitario, y ser un foro global para la
consecución de dichos fines. Tiene seis órganos principales (la Asamblea General, el Consejo de
Seguridad, el Consejo de Administración Fiduciaria, el Consejo Económico y Social, la Corte
Internacional de Justicia y el Secretariado), así como diversas agencias especializadas. Hoy en día
cuenta con 193 Estados miembros.
P
PIDCP - Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Adoptado por Resolución n.o 2200A
(XXI) de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas el 16 de diciembre de
1966; entrada en vigor el 23 de marzo de 1976. 999 UNTS 171.
PIDESC - Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Adoptado por Resolu-
ción n.o 2200A (XXI) de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas el 16 de
diciembre de 1966; entrada en vigor el 3 de enero de 1976. 993 UNTS 3.
Protocolo de San Salvador - Protocolo Adicional a la Convención Americana de Derechos Humanos
en Materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Adoptado por resolución de la Asam-
blea General de la Organización de los Estados Americanos en San Salvador, El Salvador, el 17 de
noviembre de 1988; entrada en vigor el 16 de noviembre de 1999.
R
Reglamento de la Comisión IDH - Reglamento de la Comisión Interamericana de Derechos Huma-
nos. Aprobado por la CIDH en su 137 periodo ordinario de sesiones, celebrado del 28 de octubre al
13 de noviembre de 2009, y modificado el 2 de septiembre de 2011, y en su 147 periodo ordinario
de sesiones, celebrado del 8 al 22 de marzo de 2013; entrada en vigor el 1 de agosto de 2013.
Reglamento de la Corte IDH - Reglamento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Apro-
bado por la Corte IDH en su LXXXV periodo ordinario de sesiones celebrado del 16 al 28 de
noviembre de 2009.
S
SEDH - Sistema Europeo de Derechos Humanos. Conjunto de instrumentos e instituciones estable-
cidos en el marco de la Unión Europea para la promoción, protección y defensa de los derechos
humanos en el continente europeo.
SIDH - Sistema Interamericano de Derechos Humanos. Conjunto de instrumentos e instituciones esta-
blecidos en el marco de la Organización de los Estados Americanos para la promoción, protección
y defensa de los derechos humanos en el continente americano.
T
TEDH - Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Corte internacional permanente establecida en 1959.
Su función es interpretar y determinar las violaciones a los derechos establecidos en el Convenio
Europeo de Derechos Humanos. Tiene dos funciones: contenciosa y consultiva. Está integrada por
47 jueces que se desempeñan de forma personal. Su sede es en Estrasburgo, Francia.
TPIEY - Tribunal Penal Internacional para la Ex-Yugoslavia. Tribunal internacional establecido por
el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas para determinar crímenes
de guerra que ocurrieron durante el conflicto en los Balcanes en la década de los 90. Su mandato
16
inició en 1993 y concluyó en 2017. Hoy en día, algunas funciones del Tribunal son asumidas por
el Mecanismo Residual para los Tribunales Internacionales, entre ellas, el rastreo y persecución
de fugitivos, procedimientos de apelación pendientes, procedimientos de revisión, juicios relacio-
nados con los delitos contra la administración de la justicia, casos referidos a las jurisdicciones
nacionales.
TPIR - Tribunal Penal Internacional para Ruanda. Tribunal internacional establecido por el Consejo de
Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, para perseguir y sancionar a las personas
responsables de genocidio y otras serias violaciones de derecho internacional humanitario, cometi-
das en el territorio de Ruanda y otros Estados vecinos del 1 de enero de 1994 al 31 de diciembre de
1994. Su mandato finalizó en 2015. Hoy en día, algunas funciones del Tribunal son asumidas por
el Mecanismo Residual para los Tribunales Internacionales, entre ellas, el rastreo y persecución
de fugitivos, procedimientos de apelación pendientes, procedimientos de revisión, juicios relacio-
nados con los delitos contra la administración de la justicia, casos referidos a las jurisdicciones
nacionales.
17