Lecturas Basicas Introduccion RRII
Lecturas Basicas Introduccion RRII
Relaciones Internacionales
2001
Primera edición 1999
Primera reimpresión 2001
ISBN 9683674291
© Derechos reservados
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales UNAM
Ciudad Universitaria. México 04510 D.F.
Cuidado de la edición
Lic. Ileana Cid Capetillo
Eva Isabel Sánchez Ruiz
Rector: Director:
Dr. José Narro Robles Dr. Fernando Castañeda Sabido
www.politicas.unam.mx
ciid.politicas.unam.mx
Índice
Rubio García, Leandro. "La aprehensión de la escena internacional desde los asuntos
mundiales hasta las Relaciones Internacionales", en Revista de Política Internacional,
No. 130, Centro de Estudios Políticos, Madrid, pp. 2948 117
Unidad Temática 3. Factores y fuer zas que inciden en las relaciones internacionales.
Colard, Daniel. "Chapitre 2. Les facteurs de Relations internationales", en Les Relations
internationales, 2a edic. Masson, París, 1981, pp. 3557. 209
Mesa, Roberto. "2. «Ecología» de las Relaciones Internacionales: Actores y Factores", en
Teoría y práctica de Relaciones Internacionales. Taurus Ediciones, Madrid, 1980, pp.
184240. 227
Texto original: Rafael Calduch. "Capítulo 1. Concepto y método de las relaciones internacionales", en Relaciones
Internacionales, Ediciones Ciencias Sociales, Madrid, 1991, pp. 1941.
1
Para un conocimiento exhaustivo de las principales corrientes doctrinales de esta disciplina, véase: Arenal, C. Del,
Introducción a las relaciones internacionales. Madrid, la. ed., 1984; 3a. ed., 1990. Edit. Tecnos. 495 págs.
La teoría de las relaciones internacionales en España. Madrid, 1979. Edit. I.L.A. 199 págs.
García Arias, L. «Concepto y bibliografía general de la ciencia de las relaciones internacionales». Estudio Orrego
Vicuña, F. (de.). Los estudios internacionales en América Latina. Santiago de Chile, 1980. Edit. Instituto de Estudios
Internacionales.
Truyol, A. La teoría de las relaciones internacionales como sociología. (Introducción al estudio de las relaciones
internacionales.) Madrid, la ed.., 1957, 2a de. revisada y aumentada, 1963; reimpresión 1973. Edit. I.E.P. sobre las
relaciones internacionales y derecho de gentes. Madrid, 1971, Edit. I.E.P. 2 vols.; 1. págs. 17 a 48.
Hoffmann, S. H. Contemporary Theory in International Relations. Englewood Cliffs. 1960. (traducción de M. D.
López Martínez. Teorías Contemporáneas sobre Relaciones Internacionales. Madrid, la ed. 1963; 3a ed. Edit.
Tecnos.)
Medina, M. La teoría de las relaciones internacionales. Madrid, 1973. Edit. Seminarios y ediciones, S.A.
Teoría y formación de la Sociedad Internacional. Madrid, 1983. Edit. Tecnos.
Mesa, R. Teoría y práctica de relaciones internacionales. Madrid, la ed. 1977: 2a ed. 1980. Edit. Taurus.
Orrego Vicuña, F. (de). Los estudios internacionales en América Latina. Santiago de Chile. 1980. Edit. Instituto de
Estudios Internacionales.
Truyol, A. La teoría de las relaciones internacionales como sociología. (Introducción al estudio de las relaciones
internacionales), Madrid, la ed., 1957, 2a ed. revisada y aumentada. 1963; reimpresión 1973. Edit. I.E.P
RAFAEL CALDUCH CERVERA 8
Sin embargo, las discrepancias afloran cuando se intenta ahondar sobre los fenómenos
concretos de la realidad social que deben ser abordados por esta disciplina. Un primer
intento, ya clásico, ha sido realizado por aquellos autores que han contemplado la realidad
internacional bajo el prisma de las relaciones de fuerza, de poder o de dominación. En el
centro de esta corriente doctrinal se encuentra el realismo político, tanto en su versión
clásica (Niebuhr, Morgenthau, Aron, Carr, Kissinger o Kennan), como en el denominado
neorrealismo seguido por autores tan diversos como Keohane, Waltz o Gilpin.2 Rasgo
común de estos autores es la consideración de la vida internacional como una realidad
esencialmente conflictiva en la que la anarquía y el dictado de la inexorable «ley del más
fuerte» constituyen sus fundamentos. Para esta corriente doctrinal existe una identificación
entre las relaciones internacionales y las relaciones interestatales, núcleo de la política
internacional, por un doble motivo. En primer lugar, por cuanto ambas son abordadas desde
la perspectiva política que domina el horizonte de las preocupaciones y de la temática de
los realistas. En segundo término, porque únicamente los Estados monopolizan el poder y
disponen de los medios para utilizarlo en el interior y hacia el exterior. Es frecuentemente
citada la frase de Morgenthau, que resume la esencia misma de esta concepción en los
siguientes términos:
«La política internacional, como toda política, es una lucha por el poder
Cualesquiera que sean los fines últimos de la política internacional, el poder es
siempre el fin inmediato»3
La concepción realista se articula a partir de numerosos supuestos gnoseológicos
fuertemente contestados, y con un positivismo y racionalismo metodológico que los
propios defensores de esta posición teórica rara vez son capaces de mantener en sus
trabajos. Como tendremos ocasión de comprobar a lo largo de los capítulos
correspondientes, tres premisas básicas del realismo político resultan a todas luces
insostenibles:
la.)El carácter exclusivo, o al menos preferente, de las relaciones de poder como parte de
la política internacional. No se puede sostener con rigor que la diversidad de
relaciones de poder que se desarrollan entre los actores internacionales puedan hallar
una explicación adecuada desde un modelo que prime los fenómenos políticos sobre
los económicos o culturales. Sin llegar a caer en posiciones economicistas o
culturalistas, no puede negarse la existencia de una cierta autonomía de ambas
parcelas de la vida internacional, que justifican plenamente su incorporación al
análisis internacional en condiciones similares a las concedidas para los fenómenos
políticos.
2
A propósito del llamado neorrealismo político véase el excelente artículo de:
Rioux, J.F.; Keenes, E. y Legare, G. «Le néoréalisme ou la reformulation hégémonique» en Relations
lnternationales». Etudes Internationales, vol. XIX; no 1 (marzo, 1988), págs. 5780.
3
Morgenthau, H. J. Politics among nations. The Struggle for Power and Peace. Nueva York, 1960. Edit. Alfred
A. Knopf Inc. (Traducción de F. Cuevas Cancino. La lucha por el poder y por la paz. Buenos Aires, 1963. Edit.
Sudamericana, pág. 43)
CONCEPTO Y MÉTODO DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES 9
Una de las características esenciales del sistema capitalista, tanto a escala nacional como
internacional, es la competencia entre los agentes económicos. A través de ella cada uno de
los agentes productores intenta garantizar su supervivencia y expansión a costa de sus
competidores. El resultado es bien conocido. Cuando la competencia se desarrolla en
condiciones próximas a la competencia perfecta, cada agente productor obtiene una parcela
de mercado acorde con la eficacia productiva que es capaz de desarrollar, y paralelamente
los consumidores obtienen las cantidades demandadas a los precios más bajos posibles. En
resumen, la libre competencia es una condición esencial para el funcionamiento del sistema
de mercado que, con todas las excepciones que se quiera, ha demostrado ser una de las
formas de organización económica, en el sentido de asignación de recursos, más eficaces
de toda la historia. Si me he extendido en este ejemplo es para destacar hasta qué punto la
búsqueda del interés o el beneficio particular es perfectamente compatible con el desarrollo
de sistemas de ordenación social, en los que la diversa posición y poder de sus miembros
no equivale, necesariamente, al perjuicio de los más débiles en beneficio de unos pocos
muy poderosos. En otras palabras, la desigualdad de poder no conduce necesariamente al
caos social o a la dictadura de los poderosos, aunque, evidentemente, tampoco impide
ambas posibilidades.
A pesar de sus debilidades teóricas resulta innegable que el realismo político constituye
el paradigma doctrinal hegemónico en la disciplina de las relaciones internacionales. Ello
se debe a dos motivos principales. De una parte, entronca con una corriente del
pensamiento político occidental que desde Maquiavelo ha extendido, con notable éxito, una
concepción racionalista y amoral del ejercicio del poder como fundamento último de una
forma históricamente particular de organización política: el Estado moderno.
Un segundo motivo lo encontramos en el hecho de que el realismo político, y no por
casualidad, ha sido la corriente teórica y académicamente más extendida en los Estados
Unidos, país que en el ámbito político, económico y científico ha desempeñado un pro
tagonismo hegemónico tras la Segunda Guerra Mundial, coincidiendo con el período de
mayor auge de la disciplina de las relaciones internacionales.4
Una variante doctrinal se ha intentado articular introduciendo ciertos criterios como el
de la internacionalidad o el de la localización. Con tales criterios se intentan desentrañar
4
Rioux, J.F.; Keenes, E. y Legare, G. op. cit. págs. 5861.
RAFAEL CALDUCH CERVERA 10
los rasgos que singularizan las relaciones que se dan en el contexto internacional de las
relaciones que se desarrollan en el seno de otros grupos sociales. Con tal motivo, Max
Huber afirmaba que la internacionalidad se configura como:
«( ...) el conjunto de los fenómenos sociales que expresan relaciones inmediatas de los
estados entre sí o influyen directa o indirectamente en estas relaciones o están por ellas
influidos (... ) es internacional una relación cuando se refiere a relaciones entre grupos
sociales que están determinados por poderes estatales distintos, y son internacionales
en el sentido más estricto, jurídico, las relaciones entre los estados mismos».5
Análogamente, Merle cree haber encontrado en el criterio de localización el rasgo
distintivo mediante el cual se puede delimitar la parcela de la realidad social que
correspondería a las relaciones internacionales, y que según este autor están constituidas
por:
«(... ) el conjunto de transacciones o de flujos (de transacciones) que atraviesan las
fronteras o que incluso tienden a atravesarlas»6
Ambos criterios presentan la ventaja de resultar intuitivamente sencillos y aparentemente
próximos a lo que la experiencia y el sentido común nos señalan como fenómenos del
mundo internacional. Sin embargo, á poco que reflexionemos comprobaremos que ni la
internacionalidad, tal y como la definió Max Huber , ni la localización apuntada por Merle
resultan guías útiles para distinguir la parcela de relaciones sociales a las que el analista
internacional debe dedicar su atención y sus investigaciones.
El concepto de internacionalidad de Max Huber sufre de imprecisión, ya que realmente
pocos fenómenos sociales podemos considerar que no afectan directa o indirectamente o
no son afectados por las actuaciones recíprocas de los estados. Si observamos las
innumerables relaciones que los ciudadanos de un país desarrollan diariamente resulta
prácticamente imposible discernir cuáles de esas relaciones no serán internacionales por no
influir o ser influidas de algún modo por las relaciones entre estados, aparentemente ajenos
al país que tomemos como referencia.
Esta es una tendencia que históricamente se ha ido potenciando, aumentando para
lelamente el grado de interdependencia social en y entre los estados. Por tanto, de seguir
este concepto de internacionalidad, obtenemos el resultado opuesto al que nos proponíamos
al adoptarlo, es decir, en lugar de especificar y limitar el ámbito de relaciones sociales que
debemos analizar cada vez nos veremos obligados a ampliarlo añadiendo nuevos
fenómenos y procesos.
Por lo que respecta al criterio de localización, es innegable que en la versión de Merle
las relaciones internacionales se equiparan a relaciones transfronterizas. En este caso la
imprecisión nos induce a un error teórico contrario al del caso anterior. Nos enfrentamos
5
Citado por Truyol, A. La teoría...op. cit. pág. 62.
6
Merle, M. Sociologie des relations internationales. París, 2a ed, 1976. Edit. Dalloz (traducción de Roberto Mesa.
Sociología de las relaciones internacionales. Madrid, la ed., 1978; 2a ed., 1980; Edit. Alianza, pág 148).
CONCEPTO Y MÉTODO DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES 11
con el problema de tener que excluir de nuestro campo de estudio una importante y
diversa gama de relaciones sociales que a pocos se les ocurriría negar su naturaleza
internacional.
Las relaciones entre las metrópolis y los territorios colonizados, las relaciones entre los
diversos pueblos y/o naciones incorporados al seno de un imperio, las interacciones entre
las comunidades políticas nómadas, tan importantes en ciertos períodos históricos, junto
con otros muchos fenómenos que aún quedando limitados al ámbito interno de un país,
debido a la posición hegemónica ocupada por ese estado, han influido de modo decisivo en
su acción exterior y con ella en el resto de la vida internacional. De acuerdo con este
criterio ¿cómo deberíamos catalogar la expansión del cristianismo en el seno del imperio
romano?
Todas estas formulaciones doctrinales comparten el supuesto de considerar al Estado
como sociedad referencial para determinar las relaciones internacionales de las que no lo
son. En este sentido, una relación social se considera internacional porque es interestatal o,
al menos, porque transciende de algún modo el contexto de la sociedad referencial: el
estado.
Frente a esta posición se han alzado autores que han puesto el énfasis en otros tipos de
sociedades referenciales. Sin duda, han sido los teóricos marxistas los que más han
contribuido a aportar un cambio de perspectiva en este terreno. Desde Marx y Engels se
incorporó al estudio de los fenómenos internacionales un nuevo grupo social de referencia:
la clase social, que algunos autores como Gonidec han intentado actualizar bajo el concepto
de formación social.7
Más recientemente, un nutrido grupo de teóricos han adoptado como base de sus
trabajos el modelo de referencia de la sociedad internacional. Para estos autores la sociedad
internacional, al menos la que contemplamos en la actualidad, presenta una estructura y
unos rasgos específicos que justifican su diferenciación de los restantes grupos sociales,
incluido el Estado, que coexisten en su seno. Desde esta perspectiva no se trata de definir a
la sociedad internacional como una sociedad carente de los elementos estatales (poderes,
instituciones, normas jurídicas, etc.). Por el contrario, se intentan definir y precisar los
elementos, actores y procesos cuya existencia fundamenta la dinámica de una nueva
categoría de colectividad humana: la sociedad internacional.8
El criterio de los grupos sociales de referencia suscita la dificultad de determinar el
concepto o los elementos que caracterizan cada una de tales sociedades referenciales,
evitando tanto las definiciones tautológicas como la elección de modelos sociales de
referencia, cuya validez queda restringida en el plano histórico o geográfico.
Un nuevo criterio definitorio del objeto material de nuestra disciplina fue aportado,
7
Gonidec, P.F. y Charvin, R. Relations Internationales. París, 3a ed. ampliada y puesta al día, 1981. Edit.
Montchrestien; págs. 53 y ss.
8
Arenal ha escrito «(...) puede decirse que las relaciones internacionales son la ciencia que se ocupa de la sociedad
internacional, y que la teoría de las relaciones internacionales es una teoría de la sociedad internacional».
Arenal, C. Del. Introducción...op. cit., pág. 426.
RAFAEL CALDUCH CERVERA 12
9
Schwarzenberger, G. Power Politics. A Study of International Society. Londres, la ed., 1941; 2a ed. corregida y aumentada, 1951.
Edit. Steven & Son. (traducción de J. Campos y E. González. La política del poder. Estudios de la Sociedad Internacional.
México/Buenos Aires, 1960. Edit. F.C.E., pág. 4).
CONCEPTO Y MÉTODO DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES 13
10
Arenal, C. Del Introducción...op. cit. págs. 41 y ss.
La teoría...op. cit. págs. 15 y ss.
Medina, M. Teoría y formación...op. cit. págs. 32 y ss.
Mesa, R. Teoría y práctica...op. cit. págs. 37 y ss.
Sobre la fundación de los primeros institutos de Relaciones Internacionales resulta muy interesante el estudio de:
Toynbee, A.J. «The Study of Contemporary History: Founding of the First Institutes». Orrego Vicuña (ed.) op. cit...págs. 1830.
RAFAEL CALDUCH CERVERA 14
El debate entre los seguidores de una y otra corriente doctrinal no ha concluido todavía,
como lo demostró el renovado empuje con el que los funcionalistas y los teóricos de
sistema irrumpieron en el estudio de los fenómenos internacionales durante las décadas de
los sesenta y los setenta, si bien en la actualidad existe un nutrido grupo de especialistas
11
Kuhn, T.S. The Structure of Scientific Revolutions. Chicago, 1962. Edit. University of Chicago Press. (Traducción de A. Contín. La
estructura de las revoluciones científicas. Madrid, 1975. Edit. F.C.E.).
12
Art, R.J. y Jervis R. (eds.) International Polines. Anarchy, Forcé, Política! Economy and Decisión Making.
Boston, 2a ed., 1985. Edit. Little Brown & Co.
Jones, W. S. The Logic of International Relations. Boston, 5a ed., 1985. Edit Little Brwon & Co.
Knorr, K.E. The Power of Nations. Nueva York, 1975. Edit. Basic Books Inc. (traducción de A. Bonnano. El poder de las naciones.
Buenos Aires, 1981. Edit. Belgrano).
13
Schwarzenberger, G. op. cit. pág. 8.
CONCEPTO Y MÉTODO DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES 15
que desarrollan sus estudios sin cuestionar la autonomía científica y la especificidad del
objeto formal de las Relaciones Internacionales.14
Los esfuerzos realizados para dotar a las Relaciones Internacionales de un estatuto
científico propio, han contado con dos autores destacados: Quincy Wright y Raymond Aron.
Para el primero de estos autores, la única perspectiva científica adecuada a la riqueza y
complejidad de los fenómenos internacionales es la de la multidisciplinariedad, entendida
como el esfuerzo de conjugación de los diversos conocimientos y explicaciones sobre la
realidad internacional aportados por un amplio elenco de disciplinas. Semejante
planteamiento tuvo el mérito de romper con las limitadas y unilaterales visiones que
aportaba cada una de las ciencias que había reclamado en exclusividad el tratamiento del
mundo internacional. Además, impulsó un proceso de síntesis en los estudios
internacionales imprescindible para comprender mejor la sociedad internacional y poder
iniciar la formulación de conceptos y modelos teóricos propios.
Sin embargo, la multidisciplinariedad sostenida por Wright encerraba también el peligro
de convertir al especialista de las relaciones internacionales en un mero recopilador de
datos, sin articulación y coherencia explicativas. Al propio tiempo, el esfuerzo dedicado a
lograr tales conocimientos podía dificultarle el desarrollo de unas hipótesis teóricas y unas
investigaciones de los fenómenos internacionales imprescindibles para satisfacer los
requerimientos de la disciplina que se pretende consolidar.
Ambas dificultades se han intentado soslayar propugnando la multidisciplinariedad
como base operativa de grupos o equipos de investigación, en lugar de actuar como criterio
de investigación individual. Ciertamente esta vía puede facilitar el trabajo de investigación
pero es dudoso que pueda facilitar la integración de conocimientos científicos diversos si se
carece de unos presupuestos teóricos específicos, desde los cuales orientar las múltiples
aportaciones de otras ciencias hacia una explicación ordenada, coherente y global de la
realidad internacional. Dichos presupuestos sólo puede aportarlos el especialista en las
relaciones internacionales a partir de categorías, hipótesis y modelos explicativos propios,
lo que nos remite, parcialmente, al problema inicial de encontrar un objeto formal para las
Relaciones Internacionales.
Todo ello ha orientado a diversos especialistas a reconsiderar los aspectos más positivos
del planteamiento de Quincy Wright para adaptarlos a las necesidades actuales de las
Relaciones Internacionales. Desde esta perspectiva, Arenal considera más acertado,
siguiendo a Shonfield, hablar de transdisciplinariedad, lo que significa que:
"(... ) las Relaciones Internacionales se configuran como una disciplina de integración y
síntesis de los datos aportados por otras disciplinas, si bien el objetivo de su
investigación aporta un contenido superior que le confiere su especial carácter en el
seno de las ciencias sociales".15
14
ARENAL, C. Del. Introducción Politics. 1979. Edit. AddisonWesley Publ. Co. (traducción de Mirta Rosenberg. Teoría de la política
internacional. Buenos Aires, 1988. Edit. Grupo Editor Latinoamericano en adelante G.E.L.; págs. 61 y ss.)
15
ARENAL C. Del. Introducción...op. cit. pág. 464.
RAFAEL CALDUCH CERVERA 16
16
Observemos que el físico o el economista utilizan conceptos matemáticos como el de derivada para definir sus propios conceptos; por
ejemplo, el concepto de la aceleración en física, o el concepto de la marginalidad en teoría económica. Lo mismo podríamos señalar en
relación con el concepto histórico de Edad Moderna utilizado por la Ciencia Política para explicar el sistema de división de poderes o por la
Sociología para explicar la formación de las ideologías nacionalistas. En todos estos supuestos los conceptos que en el seno de las ciencias
auxiliares constituyen conceptos básicos, aún manteniendo su significado originario en el contexto de la nueva ciencia, pasan a desempeñar
una función secundaria o instrumental, precisamente porque se incardinan en un nuevo cuerpo de hipótesis y teorías
CONCEPTO Y MÉTODO DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES 17
la simple delimitación del objeto formal de una ciencia para entrar en el terreno de una
propuesta teóricometodológica. La sociología histórica posee el mérito de combinar una
perspectiva singular de aproximación a la realidad internacional, con un proceso
metodológico para su investigación y un modelo teórico de interpretación.
Lamentablemente, tan ambicioso proyecto no queda suficientemente reflejado en la
obra de Aron, que termina recluyéndose en el confortable y seguro campo de la política
internacional de claro corte realista. El grado de adhesión que el modelo aroniano ha
suscitado entre numerosos especialistas, particularmente en nuestro país, nos sugiere darle
un tratamiento más pormenorizado.17
Tan amplios y polémicos como los debates sobre los temas del objeto material de las
Relaciones Internacionales, vienen siendo los relativos al método que debe seguirse. La
ya tradicional polémica entre los partidarios del método inductivo o los defensores del
proceso deductivo en las ciencias sociales se ha reproducido también en esta disciplina.
En relación con el carácter inductivo o deductivo que debe presidir el proceso
metodológico de las Relaciones Internacionales, Waltz ha excluido la eficacia de
ambos métodos en los siguientes términos:
«La construcción de teorías involucra algo más que el desarrollo de las operaciones
lógicamente permisibles de los datos observados. Nada puede ser explicado por
deducción, pues los resultados de la deducción se desprenden lógicamente de las
premisas iniciales. La deducción puede ofrecer ciertas respuestas, pero nada nuevo; lo
que se deduce ya está presente, o bien en las premisas mayores teóricas o en las
premisas menores empíricas que se ocupan de las cuestiones observadas previamente.
La inducción puede ofrecer nuevas respuestas, pero nada seguro; la multiplicación de
observaciones particulares no puede respaldar nunca una afirmación universal. La
teoría es fructífera porque transciende el enfoque hipotéticodeductivo, que es
necesariamente estéril. Tanto la deducción como la inducción son indispensables en la
construcción de la teoría, pero su utilización combinada sólo da nacimiento a una
teoría si emerge una idea creativa».18
17
Aron, R. Paix y guerre entre les nations. París, 1962. Edit. CalmannLévy. (Traducción de Luis Cuervo. Paz y
guerra entre las naciones. Madrid la ed., 1963. Edit. Revista de occidente.)
Les derniérs annés du siécle. París, 1984. Edit Juññiard. (Traducción de Alberto Corazón. Los últimos años del siglo. Madrid, 1985. Edit.
EspasaCalpe.)
18
Waltz K.N. op. cit. págs. 2223.
Duverger, M. Méthodes des sciences sociales. París, 1961. Edit. Presses Universitaires de France.'(Traducción de A. Sureda. Métodos de las
ciencias sociales. Barcelona, 1962. Edit. Ariel.)
RAFAEL CALDUCH CERVERA 18
19
En este punto comparto, en términos generales, el planteamiento realizado por Arenal. No obstante, estimo que
lo que este autor denomina el método dialéctico no es, en sentido estricto, un método científico, sino algo mucho más
amplio y profundo que se aproximaría a una particular mentalidad o forma de pensamiento. Tal vez a una filosofía
del conocimiento.
Arenal, C. Del, Introducción...op. cit. págs. 475 y ss.
20
Mesa ha señalado muy oportunamente: «Esta situación paralizadora, este callejón sin salida, obedece no sólo al
agotamiento de las prácticas aplicadas; también corresponde a un rechazo de raíz ideológica: la negativa a la admisión,
en los círculos científicos académicos del materialismo dialéctico», y más adelante reiterará: «No obstante, hay que
afirmar sin ningún tipo de rodeos que estamos en los albores de la aplicación del materialismo dialéctico a las
Relaciones Internacionales. No sólo por el rechazo de los doctrinarios burgueses, sino también por la falta de interés,
que hasta hace poco tiempo han demostrado los mantenedores del materialismo dialéctico en la realidad
internacional»
Mesa, R. op. cit. págs. 270 y 282.
21
Un ejemplo frecuente de los errores inducidos por la concepción formal de la relación de causalidad lo encontramos
en las ciencias sociales, cuando interpretamos las correlaciones estadísticas. A menudo los investigadores infieren
incorrectamente relaciones de causalidad directa en base a correlaciones estadísticas. En sentido estricto, tales
correlaciones nos indican la estrecha vinculación, positiva o negativa, entre dos fenómenos sociales, aunque nada
nos aclaran sobre cuál de ambos fenómenos es la variable independiente (causa) y cuál es la variable dependiente
(efecto), o si la estrecha correlación entre ambos es una consecuencia de su mutua dependencia respecto de un tercer
fenómeno social no contemplado.
Sobre la utilidad y limitaciones de las técnicas estadísticas de regresión y correlación, véase:
Barbancho, A. G. Estadística elemental moderna. Madrid, 1967. Edit. Escuela Nacional de Admon. Pública; págs. 215217.
Braillard, P., «Hacia una reorientación del estudio empírico del conflicto internacional». AA.VV. Unesco Yearbook on Peace and
Conflict Studies, 1983. París, 1986. (traducción de Niño Cabrero Moran. Anuario de estudios sobre
paz y conflictos. Barcelona, 1986. Edit. Unesco/Fontamara; vol 1: págs. 8796).
CONCEPTO Y MÉTODO DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES 19
en el que cada uno de sus componentes está condicionando e influyendo a los demás al
tiempo que es condicionado e influido por ellos. Supone investigar las relaciones entre los
fenómenos, no en términos de causaefecto, sino en términos de una dinámica generativa
entre contrarios. Cada fenómeno de la realidad lleva implícita su propia contradicción, y
por tanto, la nueva realidad que emane de él surgirá reforzando algunas de sus
características fundamentales y superando también algunas de sus carencias básicas.
En base a esta singular estructura de pensamiento, la separación radical entre
conocimiento y acción carece de significado, pues el desarrollo científico, que en sí mismo
es acción, afecta a la actuación humana que trata de conocer y explicar. Análogamente, la
vida social termina alterando las realidades objeto del conocimiento científico e
indirectamente a la propia ciencia.
El discurso dialéctico contribuye decisivamente a superar el falso dilema entre la
realidad objetiva y la interpretación subjetiva. En realidad, el científico, en tanto que
individuo pensante y actuante, altera con su pensamiento el mundo que le rodea, viéndose
también condicionado por él en relación con sus propias categorías teóricas. Es debido a
esta permanente tensión creativa, exclusiva del razonamiento dialéctico, por lo que
constituye un eficaz revulsivo contra el anquilosamiento del científico en ciertos
paradigmas, conceptos, métodos o categorías valorativas sobre el entorno social y material
que le rodea y del que también forma parte.
En un brillante estudio Hilary Putnam ha demostrado, frente a las tesis de Kuhn y de
Popper , que el desarrollo científico ha seguido una dinámica dialéctica entre dos tendencias
que denomina con los términos de tendencia crítica y tendencia explicativa. En palabras de
este autor:
«(... ) El hecho es que la ciencia normal muestra una dialéctica entre dos tendencias
conflictivas (por lo menos, potencialmente conflictivas), pero interdependientes, y que es
el conflicto de estas tendencias lo que hace avanzar la ciencia normal».
Sin duda, la más brillante explicación del proceso dialéctico nos la ha dejado el propio
ENGELS, quien escribió:
«( ... ) La gran idea cardinal de que el mundo no puede concebirse como un conjunto de
objetos terminados, sino como un conjunto de procesos, en el que las cosas que parecen
estables, al igual que sus reflejos mentales en nuestras cabezas, los conceptos, pasan
por una serie ininterrumpida de cambios, por un proceso de génesis y caducidad, a
través de los cuales, pese a todo su aparente carácter fortuito y a todos los retrocesos
momentáneos, se acaba imponiendo siempre una trayectoria progresiva; esta gran idea
cardinal se halla ya tan arraigada, sobre todo desde Hegel, en la conciencia habitual,
que expuesta así, en términos generales, apenas encuentra oposición.
22
Hilary Putnam, "La corroboración de las teorías". Hacking, I. (ed.) Scientific Revolutions. Oxford, 1981. Edit. Oxford, 1981. Oxford
University Press.(Traduc. Juan José Utrilla. Revoluciones científicas. México, 1985. Edit. F.C.E.; págs. 143144.).
RAFAEL CALDUCH CERVERA 20
23
Engels F. «Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana». Marx, C. y F. Engels, Obras escogidas. Moscú. 1976. Edit.
Progreso, vol. III, págs. 381382.
24
Aron R., «Qu'estce qu'une théorie des Relations lnternationales». Revue Française de Science Politique, Vol. XVII, . No. 5 (1967);
págs. 837861.
CONCEPTO Y MÉTODO DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES 21
25
Aron R.Paz... op.cit. pág. 911
RAFAEL CALDUCH CERVERA 22
Se impone, por tanto, adoptar una distinción entre dos niveles de análisis que
denominaremos: macrointernacionalidad y microinternacionalidad. El primero aborda las
cuestiones relativas a la sociedad internacional en su conjunto, sus estructuras e
instituciones, sus diversas categorías de actores y las formas de relación más significativas.
El marco de referencia de los estudios microinternacionales lo constituye el análisis de los
diversos miembros, o categoría de ellos, que participan en la sociedad internacional.
Incluye la organización interna, los procesos de decisión y las formas de actuación o
relación de algún actor internacional o de un reducido número de ellos.26
La teoría de las Relaciones Internacionales debe incluir conceptos, regularidades y
modelos que permitan desarrollar los estudios en ambos planos del análisis. Sin embargo,
debemos mantener metodológica y conceptualmente la diferencia entre ambas categorías,
ya que las descripciones y explicaciones que las Relaciones Internacionales realizan de los
fenómenos macrointernacionales no son aplicables al ámbito de la micro, y viceversa. Por
ejemplo, el problema del agotamiento de materias primas o energéticas para un grupo de
países puede resolverse mediante el comercio con otros países productores de tales materias
o recursos; sin embargo, el mismo problema a escala de la sociedad mundial impide aplicar
este tipo de solución.
Observemos que en la medida en que aceptemos como actores de la sociedad
internacional a grupos de carácter no estatal, la microinternacionalidad abordará en sus
estudios la existencia, configuración y comportamiento internacional de tales grupos. La
conclusión resulta obvia, sólo en la medida en que excluyésemos a tales sujetos
internacionales y considerásemos a las organizaciones intergubernamentales como simples
instrumentos de sus miembros estatales, el plano de la microinternacionalidad se
identificaría con el de la política exterior. Pero como apuntábamos con anterioridad, tales
supuestos teóricos son tan restrictivos que en la actualidad ya no los sustentan ni tan
siquiera los doctrinarios del realismo político.
Análogamente, el análisis macrointernacional puede abordarse siguiendo la teoría de
sistemas, pero tampoco debemos identificarlo con un determinado tipo de sistema
internacional (político, económico, etc.), sino que debemos estudiarlo a partir de un modelo
de sistema complejo, o si se prefiere multiestructural, en el que algunos de sus subsistemas
desempeñan una diversidad de funciones.
Junto a la cuestión de los niveles de análisis de las Relaciones Internacionales, se impone
suscitar otra problemática que tradicionalmente ha sido desconocida por los autores
26
Una distinción entre los niveles macro y microinternacionales es adoptada por Rosenau cuando señala que: «Tres dimensiones de la
política se conceptualizan como sus principales parámetros. Una de ellas opera al micro nivel individual, otra funciona al macro nivel de
las colectividades, y la tercera implica una combinación de ambos niveles. El micro parámetro consiste en las orientaciones y habilidades
por las que los ciudadanos de los Estados y los miembros de las organizaciones no estatales se vinculan al macro mundo de la política
global. Yo aludo a este grupo de coacciones límite como el parámetro de orientación o destreza. El macro parámetro es aquí denominado
como el parámetro estructural, y los refiero a las coacciones situadas en la distribución de poder entre y en las colectividades del sistema
global. El parámetro combinado es denominado relacional; se centra en la naturaleza de las relaciones de autoridad que prevalecen entre
los individuos del micro nivel y sus macrocolectiviades».
Rosenau, J.N. Turbulence in World Politics. A theory of Change and Continuity. Londres, 1990. Edit. Harvester Wheatsheaf; págs. 10 y 15
a 181.
CONCEPTO Y MÉTODO DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES 23
27
Existen algunas referencias indirectas en la obra de Aron cuando distingue entre los objetivos eternos y los objetivos históricos. Los
campos de esta disciplina donde más exhaustivamente se ha introducido algún tipo de división temporal han sido en el área de la
adopción de decisiones, en relación con la política exterior de los países, y el área de los conflictos bélicos. En ambos casos, la
periodificación ha sido asociada a la distinción entre medios y fines, o entre estrategia y táctica. En este sentido, Gonidec ha afirmado:
«En primer lugar, no podemos hacer una abstracción del factor tiempo, porque todo actor internacional, cuando define su estrategia,
toma en consideración el período de tiempo durante el cual tiende a realizar sus objetivos».
Gonidec, P.F. y Charvin, R. op. cit. pág. 273
RAFAEL CALDUCH CERVERA 24
Naturalmente entre los planos micro y macrointernacionales existe una íntima conexión
que puede afectar a las divisiones temporales adoptadas para cada uno de ellos, por ejemplo
RAFAEL CALDUCH CERVERA 26
29
Putnam, H. op. cit. pág. 149.
30
Berthoud, G. y Busino G. (eds). «De l'utilité de la connaissance ? iv ème. Colloque annuel du groupe d'études Practiques, Sociales et
Théories» Revue Européenne des Sciences Sociales; no. 79 (1988).
Sperber, D. «Ciencias cognoscitivas, ciencias sociales y materialismo». Revista de Occidente, no. 85 (junio, 1988); págs. 39 a 62.
CONCEPTO Y MÉTODO DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES 27
31
Braillard, PH. «Réflexions sur la previsión en relations internationales». Etudes Internationales; vol. XI, no. 2 (1980); pág. 213.
32
Sobre la distinción entre leyes generales absolutas y restringidas en las ciencias, véase:
Gibson, Q. The Logic of Social Enquiry. Londres. 1959. (traducción de J. Melgar. La lógica de la investigación social. Madrid, la
ed.,1964; reimp. 1968. Edit. Tecnos; págs. 33 y ss.)
33
Braillard, PH. op. cit. pág. 213
RAFAEL CALDUCH CERVERA 28
34
Gibson, Q. op. cit. pág. 282.
35
Putnam, H. op. cit. pág. 137.
CONCEPTO Y MÉTODO DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES 29
Estas razones nos permiten explicar por qué la previsión es una etapa posible, y añadiría
que deseable, del proceso científico de las Relaciones Internacionales. Sin embargo,
también nos evidencian las dificultades, hoy por hoy no superadas, para aspirar a unos
análisis estrictamente predictivos.
El desarrollo de estudios provisionales en el seno de las Relaciones Internacionales,
posee la importante función de facilitar la adopción de aquellas decisiones o actuaciones
que potencian los aspectos más deseables de la realidad internacional o inhiben aquellos
otros más rechazables. Por ejemplo, el estudio provisional sobre los riesgos y efectos de la
carrera de armas nucleares ha sustentado en buena medida la formación de los movimientos
antinucleares y las presiones que se han ejercido sobre los gobiernos de las potencias
nucleares para concluir con la acumulación de tales armas.
Sin embargo, no cabe considerar a las Relaciones Internacionales como una ciencia
normativa, en el sentido de que su principal finalidad no es la de establecer normas o
principios de comportamiento de los actores internacionales o de los propios individuos.
Debido a ello, la previsión realizada en el contexto de esta disciplina constituye la puerta de
acceso a otros dos procesos que caen ya fuera del ámbito científico de las Relaciones
Internacionales, y que Braillard ha denominado con los términos de prospectiva y
planificación.36
Para concluir, debemos referimos a los dos modelos más comunes de desarrollo de los
estudios de previsión: el modelo de la extrapolación y el modelo del movimiento.
El modelo de la previsión por extrapolación se sustenta en dos supuestos
complementarios entre sí. El primero considera que en la realidad internacional presente se
encuentran todos los actores y factores fundamentales que condicionarán la realidad
internacional futura, si bien tales actores y factores no han desarrollado plenamente sus
capacidades y condicionamientos. El segundo supuesto estima que el proceso de evolución
de la realidad internacional sigue unas tendencias regulares y espontáneas. A partir de
ambos supuestos, la previsión se formula por una extrapolación o proyección de las
tendencias observadas en las principales variables explicativas de la dinámica internacional
pasada y presente.
El modelo de previsión, basada en el movimiento, se fundamenta en el supuesto de que
toda realidad internacional está en permanente proceso de cambio. En consecuencia, lo más
importante, según este modelo, es descubrir en la realidad internacional presente los
procesos de inestabilidad, las casualidades nacientes, que en su desarrollo conducirán a una
realidad internacional futura sustancialmente distinta. En definitiva, la previsión del modelo
del movimiento trata de encontrar las variables transformantes de una sociedad
internacional que, junto con el conocimiento de las leyes de cambio, permitirán discernir
las nuevas y diferentes características de la sociedad internacional venidera.37
Una adecuada combinación de ambos modelos permitirá al teórico de las Relaciones
Internacionales realizar sus previsiones con suficiente rigor, cumpliendo una función
práctica, que unido a la función explicativa justificará plenamente su cualidad científica y
su importancia académica.
36
Braillard, PH. op. cit. pág. 214.
37
Braillard, PH. op. cit. pág. 217218.
RAFAEL CALDUCH CERVERA 30
Primera par te. La expansión de la Sociedad inter nacional
en los siglos XIX y XX
Introducción
E s bien sabido que los teóricos del derecho, de la sociedad y del Estado han tomado
una y otra vez de la biología, a lo largo de los siglos, ciertas nociones para
caracterizar fenómenos de sus respectivos campos. Desde el apólogo de Menenio
Agripa, en el que las relaciones entre patricios y plebeyos romanos se presentan como
semejantes a las existentes entre los miembros del cuerpo y el estómago, pasando por la
idea de la Iglesia como cuerpo místico de Cristo en San Pablo, o por el concepto escolástico
del corpus politicum mysticum aplicado a la sociedad política (principalmente en la doctrina
de Francisco Suárez), podrían multiplicarse los ejemplos. Por lo demás, preciso es destacar
que tales préstamos no implican en modo alguno una identificación propiamente dicha
entre las sociedades humanas y los organismos, tal y como la sostuvieron las teorías
organicistas de la sociología contemporánea. Si en los representantes más radicales de éstas
(un Lilienfeld, un Schaeffle) la sociedad es realmente un organismo en sentido estricto,
sometido a las leyes naturales de la biología, esta postura es minoritaria. Para la mayor
parte de los autores, el recurso a las expresiones asociadas a la noción de organismo sólo
pretende poner en claro la analogía que evidentemente no cabe negar entre estas dos
realidades, y así facilitar la comprensión del grupo humano. Lo indica en particular, en las
mencionadas fórmulas paulina y escolástica, el adjetivo «místico». También se habla, en lo
que atañe a los grupos considerados como sujetos de derecho, de personas «morales» o
«jurídicas». En general, la terminología tradicional se mueve en los limites de este alcance
analógico (cuyas implicaciones en el plano de la filosofía social y de la sociología sería
erróneo, por otra parte, minimizar).
Hechas estas puntualizaciones, digamos que también nosotros apelaremos a una noción
tomada de la biología para designar el objeto de la primera parte de nuestro estudio.
*
Texto original: Antonio Truyol y Serra. "Primera parte. La expansión de la sociedad internacional en los siglos xix y xx", en La sociedad
internacional. Alianza Editorial, Madrid, 1974, pp. 2570
ANTONIO TRUYOL Y SERRA 32
Pues este objeto quedaría insuficientemente caracterizado sí indicáramos tan sólo que el
proceso de expansión de la sociedad internacional en los siglos XIX y XX es un proceso de
evolución, incluso de transformación. Y ello sería así aun en el supuesto de que
subrayáramos su importancia y llegáramos a afirmar que carece de precedentes. Ha habido,
efectivamente, en el período que consideramos, cambios tan fundamentales en el medio
internacional, que han tenido como consecuencia el provocar lo que se ha convenido en
llamar la «crisis del derecho internacional», o, al menos, la crisis del «derecho internacional
clásico», y como reacción, la necesidad de un «nuevo derecho internacional».1
Considerando estos cambios más de cerca en su conjunto, y por decirlo así, a una escala
mayor, sus virtualidades resultan de tal entidad que, creemos poder calificar el proceso
global de verdadera mutación de la sociedad internacional.
No ignoramos cuántas reservas es susceptible de provocar esta expresión. No por ello
dejaremos de retenerla como válida. La sociedad internacional no es sino la sociedad
humana considerada bajo cierto aspecto. Pues bien, la sociedad humana ha entrado desde
fines de siglo XVIII en una fase que parece señalar claramente el paso a un nuevo peldaño
de su existencia histórica. Sí la frase con que Alfred Weber comienza un libro característico
a este respecto: «Wir haben Abschied zu nehmen von der bisherigen Geschichte» («hemos
de despedirnos de la historia tal y como ha sido hasta nuestros días»),2 expresa este
fenómeno en lo que tiene de ruptura, más o menos sentida de repente como tal, respecto de
un pasado familiar, la visión de la noosfera de Teilhard de Chardin subraya, en cambio, lo
que encierra de continuidad ascendente sin reducir por ello su unicidad ya que después de
haber comprobado que no tenemos todavía ninguna idea de la posible magnitud de los
efectos «noosféricos», tropieza naturalmente con «la noción de cambio de estado».3
En el plano internacional, la mutación consiste en el paso de una pluralidad de
sociedades internacionales particulares y regionales a una sociedad internacional única a
la escala del planeta . Pues bien este paso ha tenido como elemento motor decisivo la
acción emprendedora de una de estas sociedades regionales, la sociedad europea, en tanto
que ella descubrió, y por consiguiente incorporó a la vida internacional común, continentes
y vastas regiones que no participaban en ella (como en el caso de América, de Oceanía y de
gran parte de África), y que, por otra parte, fue estableciendo relaciones directas cada vez
más estrechas con los demás centros de vida internacional activa (en primer lugar, el Asia
meridional y oriental), creando así esta interdependencia de todo el género humano que
constituye el hecho radicalmente nuevo de nuestra época. Que esta acción emprendedora
1
Bástenos con recordar aquí, entre las numerosas obras y artículos consagrados al tema, los de J.L. Brierly, The Outlook for
International Law, Oxford, 1944 ; H. A. Smith, The Crisis in the Law of Nations, Londres, 1947; R. Laun, «Zweierlei Völkerrecht»,
Jahrbuch Für internationales Recht, 19481949, págs. 625653 ; J. L. Kunz, Del derecho internacional clásico al derecho internacional
nuevo, México, 1953, y «La crise et les transformations du droit des gens», Recueil des cours de l'Académie de Droit international de La
Haya (desde ahora, Rec. des cours), 88 (195511), págs. 1 104; A. Alvarez, Le droit international nouveau et ses rapports avec la vie
actuelle despeuples, París, 1959; así como los análisis de W. Friedmann, C. W. Jenks, B. V. A. Roling y G. Schwarzenberger.
2
Der dritte oder der vierte Mensch, Munich, 1953.
3
Cfr., en particular, Le phénomene humain, París, 1955, págs. 318319.
LA EXPANSIÓN DE LA SOCIEDAD INTERNACIONAL… 33
haya tenido, en un principio, por resultado la sumisión total de los «mundos nuevos» y la
sumisión parcial o mediatización de los «mundos antiguos», así arrancados, unos y otros, a
un aislamiento que en algunos de sus pueblos era voluntario; que haya desembocado pues,
en cualquier caso, en una hegemonía de Europa, extendida luego a Occidente; que haya
resultado necesario el contragolpe de dos guerras mundiales y de una descolonización más
o menos libremente aceptada éstos son hechos que no sólo no disminuyen, desde el punto
de vista histórico, el papel desempeñado por Europa en este proceso, sino que precisamente
le confieren su significación objetiva. Pues lo que empezó siendo la expansión de Europa y
luego de Occidente, ha llegado a ser finalmente, cualesquiera que hayan sido las
intenciones de los protagonistas, lo que no hay más remedio que llamar la expansión de la
sociedad internacional, desde el momento en que, como indicó Juan XXIII en la encíclica
Pacem in Terris, con perspectiva de futuro, «todos los pueblos se han constituido o están en
trance de constituirse en comunidades políticas independientes», y que «los seres humanos
en todos los países y continentes son ciudadanos de un Estado autónomo e independiente o
están en vías de serlo», puesto que a nadie le gusta ser sujeto de poderes políticos
procedentes de fuera de la comunidad o grupo étnico al que pertenece.
Si cayésemos en la tentación de reducir la envergadura del proceso en cuestión y de no
ver en él sino el aspecto cuantitativo, es decir una ampliación progresiva del ámbito de las
relaciones internacionales efectivas, bastaría con señalar la novedad radical de esta
«planetización» (permítasenos el neologismo, de la sociedad internacional para
disuadirnos de ello. El cambio que así se ha producido en el medio internacional es desde
luego cualitativo. La humanidad, desde el punto de vista sociológico y político, no es
misma que antes. Este es el motivo por el cual hemos hablado de una mutación. Tal
mutación ha sido ciertamente provocada también por otros factores, como por ejemplo la
revolución tecnológica e industrial de Occidente y la progresiva extensión de la misma al
resto del mundo, la reducción de las dimensiones del globo terráqueo gracias a los nuevos
medios de comunicación que han sido uno de sus resultados, la multiplicación global4 de
los intercambios humanos, la «explosión» demográfica igualmente global. La expansión
misma a que nos referimos está por su parte en función de la acción de estos diversos
factores. No cabe poner en tela de juicio el papel que le corresponde por el simple hecho de
que, en lo concerniente al número y a la naturaleza de las respectivas colectividades en
tanto que sujetos activos de las relaciones internacionales, haya transformado de raíz la
fisonomía del conjunto. Nuestra exposición tratará de buscar los cambios del mundo in
ternacional que resultan esencialmente de dicha expansión.
Ello implica que esta exposición pertenece a la vez a la sociología, a la historia política y
al derecho. Nos toca describir en primer término un proceso de evolución interna, de
contactos pacíficos o bélicos y de influencias recíprocas entre sociedades y complejos
4 Pero no forzosamente en todos los puntos del globo a la vez. como ha subrayado atinadamente B. Landheer, «Contemporary
Sociological Theories and International Law», Rec. des cours, 91 (19571), pág. 20; curso reproducido en francés con el título: «Les
théoríes de la sociologie contemporaine et le droit international», Rec. des cours, 92 (1957II)
ANTONIO TRUYOL Y SERRA 34
Capítulo 1
El «Sistema de Estados» Europeo
El Concierto europeo
La sociedad europea, tal y como se abre paso en los siglos XV y XVI, es la heredera de la
Res publica christiana o Christianitas medieval, que, con Bizancio y el Islam, había
tomado el relevo del Imperio romano después de su caída.5 Surge como consecuencia de la
crisis del universalismo imperial y pontificio. Ya evidente desde la baja Edad Media, esta
crisis se acentúa en la época del Renacimiento y de la Reforma, y da origen al nacimiento
del Estado soberano moderno. La idea jerárquica de un escalonamiento de poderes sobre el
modelo de una pirámide con dos cabezas el Papado y el Imperio, cuyas relaciones mutuas,
por otra parte, no dejaban de plantear problemas tanto en el plano de los hechos como en el
de las doctrinas cede el lugar a la de una pluralidad de Estados que no reconocen superior
y son esencialmente iguales de derecho. Si desde el punto de vista de la historia de las ideas
se ha podido hablar con este motivo del «paso de la Cristiandad a Europa»,6 bajo
el ángulo político la evolución en cuestión significa el advenimiento de lo que
5 Cfr. nuestros Fundamentos de Derecho Internacional público, 3a ed., refundida y aumentada, Madrid, 1970, S 46.
6 Así, W. Fritzemeyer, Christenheit und Europa . Geschichte des europdischen Gemeinschaftsfühls von Dante bis
LA EXPANSIÓN DE LA SOCIEDAD INTERNACIONAL… 35
pronto iba a llamarse el sistema europeo de Estados, del que la Paz de Westfalia (1648)
puede considerarse como partida de nacimiento.
No es por azar que a partir del Renacimiento el término «Europa», sobre todo bajo el
impulso de los humanistas, se emplea cada vez más en el sentido de una entidad cultural y
política, y no ya meramente geográfica, como sucedía en la Edad Media. Después de la
ruptura de la unidad religiosa en Europa, la Cristiandad deja de identificarse con la
catolicidad y ha de acomodarse a un pluralismo confesional del que ésta era precisamente la
negación. Por otra parte, la progresiva difusión del cristianismo fuera de Europa (en
particular en el Nuevo Mundo) hará que Europa y la Cristiandad comiencen a su vez a no
confundirse. Y ello tanto más cuanto que un proceso de secularización del pensamiento,
surgido de ciertas corrientes filosóficas de la baja Edad Media y del Renacimiento, irá
afianzándose. Así se explica que la noción de «cristiandad» pierda poco a poco su
contenido tradicional y quede finalmente acantonada en el dominio estrictamente religioso,
mientras que la de «Europa», más neutra desde este punto de vista, se generalice en el siglo
XVII y sobre todo en el XVIII. Ciertamente, se continuó evocando la «República
cristiana», «muy cristiana» o «cristianísima» y la «Cristiandad» en tanto que entidad no
sólo religiosa sino también cultural y política en su sentido primitivo. Este fue en particular
el caso de los juristas y los diplomáticos, más apegados a las fórmulas del pasado que otros
grupos sociales, y naturalmente también el de los soberanos, ya fuesen católicos o
protestantes: los contemporáneos solían saber a qué atenerse. La calidad de «cristiana»
quedó, como antes, estrechamente asociada a la noción de Europa, pero no bastaba para
definirla íntegramente. Si Europa implica el cristianismo como elemento espiritual de base
(y para subrayarlo se hablará de la «Europa cristiana»), también es, sin embargo, algo
distinto.7
Sería erróneo creer que la pluralidad confesional, consagrada precisamente en el plano
jurídicointernacional por la Paz de Westfalia, había roto todo sentimiento profundo de
unidad en los pueblos europeos, como podría darlo a suponer el encarnizamiento de las
anteriores guerras de religión. Veremos por el contrario que en el plano político y jurídico
este sentimiento alcanzará una forma en ocasiones extremada y exclusiva. Lo que ha
cambiado, es la calidad de este sentimiento, y ha cambiado así mismo su fundamento. En lo
tocante a la calidad, difiere la relación entre unidad y diversidad. Europa, como ha puesto
muy bien de relieve RosenstockHuessy,8 implica una unidad en la diversidad, mientras
7
Para una exposición más ampia que la que aquí sólo podemos esbozar, cfr., en particular, aparte la obra ya citada de Fritzemeyer, H,
Gollwitzer: Europabild und Europagendanke. Beitrage zur deutschen Geschichte des 18, und 19. Jahrunderts, Munich, 1951, y «Zur
Wortgeschichte und Sinndeutung von Europa», Saeculum. Freiburg y Munich, II (1951), págs. 161172; E. RosenstockHuessy, Die
europaischen Revolutionen und der Charakter der Nationen, nueva edición, Stuttgart y Colonia. 1951; D.HAY, Europe: The Emergence
ofan Idea, Edimburgo, 1957; C. Curcio, Europa. Storia di un'idea, 2 vols., Florencia, 1958; F. Chabod, Storia dell'idea d'Europa, edición
al cuidado de E. Sestan y A. Saitta, Bari, 1961 (trad. castell., por J.M. Gimeno. Madrid, 1967); D. De Rougemont, Vingthhuit siécles
d'Europe. La conscience européene á travers les textes d'Hésiode á nos jours, París, 1961 (trad., castellana, Tres milenios de Europa, por
F. Vela, Madrid, 1963); B. Voyenne, Histoire del'idee européene, París, 1964; R.H. Foerster, Europa. Geschichte einerpolitischen Idee,
Munich, 1967.
8
Op. cit., pág. 38.
ANTONIO TRUYOL Y SERRA 36
que Occidente, en tanto que República cristiana, implicaba una diversidad en la unidad. Por
ello constituía la Cristiandad medieval grosso modo una comunidad y Europa es una
sociedad, en el sentido de la sociología contemporánea.9 En cuanto al fundamento, si la
Cristiandad tenía por sostén la fe en la Iglesia católica, Europa se basa en elementos
cristianos comunes (allgemein christlich dirían los alemanes) y en un derecho natural que,
sucediendo al de la escolástica, se autoafirma como más racional y desligado de la teología.
Desde el punto de vista político, la Europa moderna se diferencia esencialmente de la
Cristiandad medieval por el hecho de ser una pluralidad de Estados soberanos celosos de su
independencia unos respecto de otros. Y el problema fundamental va a consistir en la
conciliación de esta pluralidad con las exigencias de cooperación que resultan de las
relaciones de toda índole, cada vez más intensas, que el desarrollo de la civilización trae
consigo. La cerrada lucha entre la tendencia centrífuga de las soberanías preocupadas por
sus intereses particulares y la tendencia centrípeta de las tradiciones compartidas y los
intereses comunes, ha dado su fisonomía a la Europa política y, más allá de ésta, a la
sociedad internacional más amplia nacida de ella, hasta nuestros días. He aquí una razón
para que insistamos en ello.
La unidad en la diversidad (que no impide a la diversidad ser el dato primario), propia
de la Europa política tal y como florece en los siglos XVII y XVIII, se expresa de manera
característica en el empleo de la palabra «sistema», que muy pronto se impondría para
designar este conjunto. El «sistema de Estados europeo» según la fórmula alemana (das
europaeische Staatensystem), el «sistema político de Europa» (le systeme politique de
I'Europe), más en boga en la terminología francesa, serán, bajo la pluma o en boca de los
iusinternacionalistas, los historiadores, los estadistas, ya un punto de partida, ya un punto
de referencia; en cualquier caso, la realidad que se presupone. El mismo E. de Vattel, que
en principio se sitúa en un plano universal en la perspectiva del derecho natural, escribe que
«la Europa forma un sistema político y un cuerpo en el cual todo está ligado por las
relaciones y los diversos intereses de las naciones que habitan esta parte del mundo. No es
ya como en otro tiempo una masa confusa de piezas aisladas, cada una de las cuales se creía
poco interesada en la suerte de las demás y rara vez se curaba de lo que no la afectaba
inmediatamente. La atención continua de los soberanos en todo lo que pasa, la continua
residencia de los ministros y enviados, y las negociaciones perpetuas hacen de la Europa
moderna una especie de república, cuyos miembros independientes, pero ligados por el
interés común, se reúnen para mantener en ella el orden y la libertad. Esta reunión es la que
ha producido la famosa idea de la balanza política o del equilibrio del poder por el cual se
entiende aquella disposición de las cosas, por cuyo medio ninguna potencia se encuentra en
estado de predominar abiertamente y de imponer la ley a las demás».10
9
Una y otra, evidentemente, en el sentido de los «tipos ideales» de Max Weber.
10
Le droit des gens, ou principes de la loi naturelle appliqués á la conduite et aux affaires des nations et des souverains (1758), T. III, cap.
III, S47: «De l'équilibre politique». (Trad. cast., por M. M. Pascual Hernández. Madrid, 1834, tomo II, pág. 45.).
LA EXPANSIÓN DE LA SOCIEDAD INTERNACIONAL… 37
Voltaire, sobre todo, nos ha dejado, en una célebre página de su historia del siglo de
Luis XIV (capítulo II), un cuadro extraordinariamente vivido de esta compleja realidad
política: «Hacía ya bastante tiempo que se podía mirar a la Europa cristiana (exceptuada
Rusia) como una especie de gran república dividida en varios Estados, monárquicos unos, y
otros mixtos; aristocráticos éstos, populares aquéllos, pero todos correspondiendo entre sí;
todos teniendo los mismos principios de derecho público y de política, desconocidos en las
restantes partes del mundo. En virtud de estos principios, las naciones europeas no hacen
esclavos a sus prisioneros, respetan a los embajadores de sus enemigos, se conciertan
acerca de la preeminencia y algunos derechos de ciertos príncipes, como el emperador, los
reyes y otros potentados menores, y se ponen de acuerdo sobre todo respecto de la sabia
política de guardar entre sí hasta donde cabe hacerlo una balanza igual de poder, empleando
sin cesar las negociaciones, incluso en medio de la guerra, y manteniendo cada una en las
demás, embajadores o espías menos honorables que pueden poner sobre aviso a todas las
cortes acerca de los designios de una sola, dar a la vez la alarma a Europa, y garantizar a los
más débiles ante las invasiones que el más fuerte está siempre dispuesto a emprender».11
Se habrá advertido, en uno y otro caso, que esta noción de «república» europea
comprende tres elementos esenciales: un derecho público común en tanto que vínculo
normativo del conjunto, un «equilibrio» o «balanza» de poder en tanto que principio de
funcionamiento (no cabe decir de «organización»), y por último una diplomacia
permanente en tanto que instrumento de la cooperación en la competición, incluso en la
lucha.
Se observará igualmente que si Vattel y Voltaire se complacieron en poner de relieve en
la Europa que describen, el elemento de la solidaridad como ya hiciera Montesquieu en sus
Cahiers,12 al afirmar que «Europa es un Estado compuesto por varias provincias», el autor
de Candide no dejó de evocar, con su acostumbrada ironía, el carácter precario de este
vínculo. Tal vínculo, en efecto, viene puesto constantemente en cuestión según las
necesidades de un equilibrio que es inestable por definición y encuentra su expresión en
alianzas movedizas, con giros (renversements) a veces espectaculares.
El sistema de Estados europeo, aunque conoció repúblicas, era preponderantemente
monárquico. Esto tuvo como resultado la escasa participación de los pueblos y las naciones
en las relaciones internacionales. La dirección de éstas quedaba reservada a los príncipes y
a sus ministros. Ahora bien, la preocupación primaria de unos y de otros era el interés
dinástico, identificado con el del Estado. Se ha hablado ciertamente de la peculiar
solidaridad de las monarquías, surgida de los lazos de familia que las unían. Voltaire, una
vez más, mostró sus límites en una pagina de Le siécle de Louis XIV donde subraya
precisamente que los lazos del parentesco no impidieron en modo alguno a los soberanos
estar perpetuamente en guerra unos con otros.13 A lo sumo, dicha circunstancia atenuó las
11
Voltaire, Oeuvres historiques, texto establecido, anotado y presentado por R. Pomeau, París, 1957 (Bibliothéque de la Pleiade), págs.
620621.
12
Edic. de B. Grasset, París, 1941, pág. 109.
13
Le siécle de Louis xiv, cap. XVI (edic. citada, pág. 785)
ANTONIO TRUYOL Y SERRA 38
14
Cfr., la excelente descripción dada por P.R. Rodhen, Die Klassische Diplomatie, Leipzig, 1939 (trad. cast., Esplendor y ocaso de la
diplomacia clásica , Madrid, 1942).
15
Handbuch der Geschichte des europäischen Staatensystemes und seiner Colonien, Goettingen, 1809; 5a edic, 1830. La obra fue
traducida, en su época, al francés y al inglés.
16
Op. cit., pág. 9.
17
Op. cit., pág. 6.
18
Ver en particular los trabajos de E. Reibstein, «Das 'Europaische Oeffentlichr Recht', 16481815», Archiv des Völkerrechts, 8
(1959/60), págs. 385420, y U. Scheuner, «Die grossen Friedensschlüsse als Grundlage der
europäischen Staatenodung zwischen 1648 und 1815», en Spiegel der Geschichte, Festschrift für Max Braubach, Münster/West f., 1964,
págs. 22050.
19
Op. cit., pág. 12.
LA EXPANSIÓN DE LA SOCIEDAD INTERNACIONAL… 39
reconocida como tal», y sin la cual señala ningún sistema de este género podría subsistir.
Pero Heeren mismo comprueba que el «reparto antijurídico» de Polonia lo destruyó
prácticamente. En verdad, no parece que se deba sobrestimar el alcance del principio de
legitimidad como base del derecho público europeo del Antiguo Régimen. Desempeñó
evidentemente un importante papel en un mundo en el que las monarquías hereditarias y las
estructuras sociales aristocráticas daban el tono. Sin embargo, no ofrece duda que fue
menos estricto en el plano internacional que en el orden interno de los Estados. Antes
incluso del reparto de Polonia, el «usurpador» Cromwell había sido reconocido por los
soberanos, como lo serían más tarde por algunos las colonias inglesas de América
sublevadas contra su rey. En cuanto a la Revolución francesa, no provocó inmediatamente
una reacción concertada, un «Iegitimismo de política exterior bajo la forma de un frente
único de la vieja Europa»;20 fue sobre todo la ruptura del equilibrio continental por la
Francia revolucionaria y napoleónica la que condujo a las sucesivas coaliciones
antifrancesas. El impacto de las ideas revolucionarias y del bonapartismo había sido, sin
embargo, tan pronunciado que reforzó el principio de legitimidad como base del orden
internacional después del congreso de Viena, pero por un tiempo relativamente corto,
ocultando mal, por otra parte, la energía verbal puesta a su servicio el hecho de hallarse
ahora a la defensiva frente al principio ascendente de las nacionalidades. Incluso entonces,
Gran Bretaña no lo aceptó plenamente.
En la práctica internacional, la legitimidad se inclinó oportunamente ante la efectividad
de las situaciones establecidas. Lo hizo con tanta mayor facilidad cuanto que la guerra,
sometida a ciertas formalidades, era un medio normal de la política, la política llevada con
medios diferentes, según la fórmula clásica de Clausewitz, en otros términos, el
instrumento principal de la adaptación del derecho positivo a las circunstancias cambiantes
del medio internacional. Una vez más, podemos ver en Voltaire a un intérprete incisivo de
esta realidad: «entre los reyes, la conveniencia y el derecho del más fuerte hacen las veces
de la justicia»,21 «son las victorias las que hacen los tratados».22 Añadamos que este papel
de la efectividad seguirá siendo una constante de la sociedad internacional, a través de su
expansión, hasta nuestra época. Consecuencia del carácter individualista del derecho
internacional clásico, no podrá limitarse de raíz más que en el seno de una sociedad
internacional verdaderamente organizada.
Por otra parte, el concepto de «Antiguo Régimen» cubre una realidad que, en la época
que estamos considerando, es propiamente «continental», y en el continente mismo se
diversifica en el espacio y en el tiempo: se mantendrá grosso modo más tiempo en la
Europa central y oriental y en la Península Ibérica que en los países de la Europa occidental
al norte de los Pirineos, después de la Revolución francesa. Ya en el siglo XVII, mientras
que aquí el absolutismo de los monarcas y de los príncipes territoriales se consolidaba y
preparaba el «despotismo ilustrado» de la época de las luces, Inglaterra (para atenernos a
una gran potencia y dejando de lado el caso de las Provincias Unidas) había conocido dos
dos revoluciones (164549, 1688), la primera de las cuales costó la vida al rey. Se había
erigido, principalmente con la promulgación del Acta de habeas corpus (1679) y la
Declaración de Derechos (1689), en prototipo de monarquía parlamentaria y liberal,
llamada a ejercer una influencia decisiva sobre la evolución política ulterior tanto en la
esfera constitucional interna como en el plano internacional. Desde este punto de vista, el
hecho de que el sistema europeo de Estados haya conocido su primera ampliación una
ampliación que significaba en el fondo una superación en la América inglesa, es simbólico
con respecto a lo que la sociedad inglesa encerraba de progresivo.
Esta alusión a América viene muy a propósito a atraer nuestra atención sobre un aspecto
de la evolución de la sociedad europea que hasta ahora, aunque a título provisional, hemos
dejado a un lado. Hemos considerado, en efecto, el proceso de transformación interna de la
Europa cristiana al comienzo de los tiempos modernos. Ahora bien, la Europa cristiana no
vivía aislada. Tenía junto a ella al Islam. Acabada la era de la «guerra santa» y de las
cruzadas a pesar de la persistencia de llamadas en pro de su reanudación, cada vez menos
escuchadas, Europa mantenía con él relaciones diversas, no sólo bélicas. En este aspecto, el
sistema de Estados europeo había heredado de la Res publica christiana una tradición de
luchas, pero también de intercambios de toda índole con el mundo musulmán del norte de
África y del Cercano Oriente. En el siglo XV, en vísperas de la expansión oceánica de la
Europa occidental, la toma de Constantinopla por los Turcos Otomanos (1453), dueños ya
de gran parte de los Balcanes, favoreció una profunda penetración del Islam hasta el
corazón de la Europa central, de donde sólo a partir del siglo XVII empezó a verse
constreñido a retroceder.
No hay nada extraño en que este contacto secular diera origen a un derecho de gentes
que, si bien no podía colocarse, por una y otra parte, al mismo nivel que el que regulaba las
relaciones con los correligionarios respectivos, no dejaba de constituir un verdadero puente,
permitiendo superar la diversidad moral y religiosa que separaba a los dos mundos. Lo
hacía sobre la base (implícita o explícita) de un orden natural y común de coexistencia,
válido incluso para los «infieles».23 Tratábase de un derecho de gentes impuesto a cristianos
y musulmanes por la necesidad de vivir juntos después de haber intentado en vano
avasallarse mutuamente, y cuyas reglas eran más laxas que las que observaban los
cristianos entre sí (por ejemplo, se admitía la reducción a esclavitud de los respectivos
prisioneros de guerra).
Pero no es este contexto el que más nos interesa en este momento, ya que volveremos
sobre él en un próximo capítulo. Si el sistema de Estados europeo había recibido de la
23
Sobre la evolución de las doctrinas y de la práctica, cfr., esencialmente H. Kipp, Völkerordnung und Völkerrechtim Mitterlalter ,
Colonia, 1950; G. Vismara, «Impium foedus». La illiceità delle alleanze con gli infideli nella Respublica Christiana mediovale, Millan,
1950; L. Weckmann, El pensamiento político medieval y las bases para un nuevo derecho internacional, México, 1950; en lo que
concierne más directamente al Islam; A. Rechid: «L'Islam et le droit des gens», Rec. descours, 60(193711), págs. 357505; M.
Khaddouri, The Law of War and Peace in Islam, Londres, 1940; nueva edición, 1955; H. Kruse, «Islamische Völkerrechtslehre»,
Saeculum, Freiburg y Munich, V (1954), págs, 221241; S. Mahmassani, «The Principies of International Law in the Ligth of Islamic
Doctrine», Rec. des cours, 117 (19961), págs. 205328.
LA EXPANSIÓN DE LA SOCIEDAD INTERNACIONAL… 41
Cristiandad medieval la herencia de esta coexistencia con el Islam, debía tan sólo a su
iniciativa y a su dinamismo, en cambio, otra dimensión de su acción exterior: la fabulosa
ampliación de su horizonte geográfico y humano. Por lo que se refiere a las potencias
atlánticas, sus marinos descubrieron, por una parte, un nuevo mundo,24 y por otra, nuevas
vías marítimas de acceso a los grandes núcleos de civilización del Asia meridional y
sudoriental. En cuanto a Rusia, reemprendía en sentido inverso las antiguas rutas de las
invasiones mongólicas, hasta el Océano Pacífico y los confines de China. En una palabra: si
la Res publica christiana medieval había sido esencialmente mediterránea, gravitando en
torno a Italia y la Europa central, el sistema de Estados europeo ha sido esencialmente
oceánico y continental a la vez, y centrado sobre la Europa occidental y norteoriental.
Esta expansión no alteró, sin embargo, el carácter europeo del nuevo sistema de Estados,
por cuanto el Ultramar no fue positivamente incorporado al mismo. Y alejados a este punto,
hay que distinguir nítidamente la expansión europea en el Nuevo Mundo y más tarde en
Oceanía, de la que tuvo como objetivo a Asia. (África al sur del Sahara, salvo ciertas zonas
costeras y periféricas, no será realmente explorada y dominada o sometida hasta el siglo
XIX e incluso el XX).
Consideremos por de pronto la expansión de los Estados marítimos de la Europa
occidental en el hemisferio occidental. Dio lugar a una amplia ocupación y europeización
del continente americano. Este fue colonizado y poblado desde las respectivas metrópolis
en proporciones que, por lo demás, variaron mucho (o iban a variar mucho con el tiempo)
de una región a otra, y según modalidades que dependían de sus tradiciones políticas
peculiares. Así surgió esa «América colonial», que reflejaba el dualismo religioso y cultural
de la Europa occidental y central: la parte meridional era hispanoportuguesa y católica; la
del norte, predominantemente anglogermánica y protestante, si bien incluía elementos
latinos y católicos que España (California, Texas, Florida) y Francia (Canadá, Luisiana)
habían introducido. Incluso allí donde, en América del norte, tratados con los indígenas
vinieron ocasionalmente a suministrar una legitimación formal a la ocupación, tales
acuerdos son difícilmente comparables a los que los Estados europeos concertaban o
concertarían con las potencias no cristianas en África del norte o en el sur y el sudeste de
Asia, dada la superioridad de medios de los colonizadores.25 En todo caso, el conjunto de
estos territorios pasó de una u otra forma bajo la dominación europea. Lo mismo ocurrió
por lo que se refiere a Siberia y a Oceanía. Esta situación iba no sólo a no modificar la
noción de un derecho público o derecho de gentes propio de Europa, sino que, por el sesgo
colonial, favorecería su desarrollo. Y esto, como más adelante veremos (capítulo IV), en
oposición a los primeros teóricos del derecho de gentes moderno.
24
El hecho de que el litoral del noreste de América fuese conocido por los marinos escandinavos no altera en nada el otro, consistente en
que este continente se incorporó efectivamente a la oikumenc tras los viajes de Cristóbal Colón.
25
Sobre este tema, cfr., en particular R. Octavio, «Les sauvages américains devan le droit», Rec. des cours, 31 (19301), págs. 181 291;
y G. Langrod, «Les traités des Indiens d' Amérique du Nord entre 1621 et 1871», en la obra colectiva La Paix, 2a parte, vol. XV de los
Recudís de la Société Jean Bodin pour l'histoire comparative des Institutions, Bruselas, 1961, págs. 415448
ANTONIO TRUYOL Y SERRA 42
26
Cfr. Infra , II parte, cap. 2.
LA EXPANSIÓN DE LA SOCIEDAD INTERNACIONAL… 43
27
Una disposición secreta preveía la eventualidad de la adhesión de España, unida a Francia por los «pactos de familia». Por el Tratado
de Aranjuez del 12 de abril de 1779, España se alió a Francia contra Gran Bretaña, aunque no se hacía ninguna referencia expresa a las
colonias sublevadas.
ANTONIO TRUYOL Y SERRA 44
28
Die Staa tensysteme Eur opa s und Amer ika s seit dem Ja hr e 1783, Leipzig, 1826, t. I, pág. 123
LA EXPANSIÓN DE LA SOCIEDAD INTERNACIONAL… 45
29
Sobre los orígenes intelectuales y la filosofía política de la revolución americana, cfr., especialmente las obras generales de CE.
Merriam, A History of America Political Theories, Nueva York, 1903; R.G. Gcttcl, History of American Political Thought, Nueva York y
Londres, 1928; J.M. Jacobson, The Development of American Political Thought. A Document History, Nueva York y Londres, 1932; y,
entre los estudios particulares, R.G. Adams, Political ideas ofthe American Revolution, Durham, 1922; R. McElroy, «The Theorists of the
American Revolution», The Social and Political Ideas of Some Representative Thinkers of the Revolutionary Era , ed. by F. J.C.
Hearnshaw, Londres, 1931, págs. 11 23; E. Barker, «Natural Law and the American Revolution», en su obra Traditions of Civility,
Cambridge, 1948, páginas 263355; G. Bruni Roccia, La dottrina del diritto naturale in America . Le origini.Puritanismo e
giusnaturalismo, Milán, 1950.
30
Cfr. F.J. Urrutia, Le Continent Américain et le droit international, París, 1928, págs. 912
ANTONIO TRUYOL Y SERRA 46
los violentos vínculos que las ligaban a los Reyes de España, recuperar los derechos de que
fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una Nación libre e independiente...».31
En todo caso, el derecho de los pueblos a disponer de sí mismos o, en otros términos, el
derecho de autodeterminación se afirmará cada vez más en lo sucesivo bajo su forma
nueva y se revelará como un factor revolucionario de primera magnitud en relación con el
orden establecido. Todavía estamos asistiendo a sus efectos.
Se advertirá a este respecto, con Théodore Ruyssen, que el empleo constante de la palabra
«pueblo» por los padres de la Declaración de independencia se inscribe en una evolución
característica del lenguaje.32
Una segunda aportación de la Revolución americana consistió en la adopción de la
forma republicana de gobierno. También aquí la Europa del Antiguo Régimen ofrecía
ejemplos como los de Venecia, Genova, la Confederación Helvética, las Provincias Unidas.
Pero ya Politz, al que hemos citado anteriormente, hizo notar que en América esta forma
era más libre frente a las diferencias de estado y de condición y frente al peso de los
privilegiados tradicionales.33 Por otra parte, la idea republicana adquirió allí una dimensión
y una profundidad que pocas veces había alcanzado antes.
En este punto, la influencia actuante era la de un Milton y un Harrington. Es preciso
mencionar muy especialmente el papel del panfleto de Thomas Paine, The Common Sense,
publicado sin el nombre del autor en Filadelfia en 1776. De hecho todos los nuevos Estados
que se constituyeron a continuación en América del Centro y del Sur fueron repúblicas
salvo en el Brasil, que gozó de un régimen monárquico (bajo forma de Imperio
constitucional) hasta 1889.
Ahora bien, nutridas por la tradición inglesa del selfgovernment, las repúblicas
americanas del norte establecieron, como hemos visto, un vínculo confederal que se
transformó rápidamente en federal. De esta forma, el federalismo es otro rasgo
característico de la realidad estatal del Nuevo Mundo. Sirvió más tarde de modelo a
31
Las Actas de Independencia de América, edición y nota preliminar de J. Malagón, estudio de C. CH. Griffin. Sobre los orígenes
intelectuales y la filosofía política de la revolución latinoamericana, ver en particular B. Moses, The intellectual Background of the
Revolution in South America , 18101824, Nueva York, 1926; M. PicónSalas, De la conquista a la independencia. Tres siglos de historia
cultural hispanoamericana, México, 1944; M. Giménez Fernández, «Las doctrinas populistas en la independencia de América», Anuario
de Estudios Americanos, Sevilla, III (1946), págs. 517666; S. DE Madariaga, El ocaso del imperio español en América , Buenos Aires,
1955. En lo que concierne más concretamente al Brasil, cfr., G. Freyre, Interpretación del Brasil (la edic. en castellano, 1945; 2a edic.
cast., México, 1964).
32
Les sources doctrinales de l'internationalisme, t. II, París, 1958, cfr., páginas 637638 : «En tiempo de Luis XIV predomina la noción
de Estado; Voltaire y Montesquieu preferían hablar de la Nación; J.J. Rousseau da la primacía a la palabra Pueblo, término más vago,
pero más dinámico, que da a entender que la masa de los súbditos toma conciencia de su fuerza frente al podeer despótico. En el siglo
XIX hará fortuna el término Nacionalidad, al que el siglo XX dará una mayor precisión cuando oponga a las mayorías étnicas las
minorías de raza , de lengua y de religión. Todos estos términos implican, en resumen, la existencia de grupos humanos más o menos
extendidos y homogéneos, que toman conciencia de sus caracteres propios y aspiran a convertirse en dueños de su destino. De todo ello
resultará una desaparición progresiva del factor dinástico en las relaciones internacionales; ya no habrá «pactos de familia»; las guerras se
convertirán en asunto «nacional», como los ejércitos...Es indudable que la Revolución americana se encuentra en el punto de partida de
esta dramática evolución».
33
Obra citada, t.1, pág. 130
LA EXPANSIÓN DE LA SOCIEDAD INTERNACIONAL… 47
las repúblicas del sur. No obstante, aquí la evolución sería diferente y, por otra parte,
diversa según las regiones La América hispánica no logró en un contexto geográfico, social
y político poco favorable formar el «cuerpo anficciónico» con el que soñaba Simón
Bolívar, y que la creación de la Gran Colombia y de las Provincias Unidas de América
central parecía haber iniciado, El fracaso del congreso de Panamá (1826), tan acerbo para el
libertador, y provocado no sólo por la hostilidad inglesa y la reserva de Estados Unidos,
sino también por la frialdad de determinados países suramericanos, fue el preludio del
fraccionamiento del antiguo conjunto colonial, y por de pronto, de la disgregación de las
dos entidades mencionadas. En este vasto espacio, el federalismo se instauró sencillamente
en el seno de varios de los nuevos Estados (México, Colombia, República del Río de la
Plata, Venezuela). Por el contrario, Brasil consiguió salvaguardar en el marco federativo la
unidad de su pasado colonial.
Tampoco se trataba a este respecto de un fenómeno nuevo en sí, ya que la
Confederación Helvética y las Provincias Unidas tenían una estructura federal. La novedad
consistía en el hecho de que América realizó el federalismo a una escala
incomparablemente más amplia. Sin olvidar, naturalmente, la contribución doctrinal que
representa The Federalist de Alexander Hamilton, James Madison y John Jay.
Las circunstancias de la emancipación del Nuevo Mundo explican la proporción de
discontinuidad y de continuidad que podemos comprobar entre la vida internacional de la
joven América independiente y el sistema europeo de Estados.
La emancipación de los nuevos Estados constituyó en el fondo lo que hoy llamaríamos
una «descolonización» que, salvo en el caso de Brasil, tuvo lugar tras luchas con frecuencia
encarnizadas y, en todo caso, largas. En una palabra, hubo enfrentamiento y ruptura. Esto
iba a determinar durante algún tiempo una actitud fundamental de desconfianza, incluso de
oposición entre los dos mundos. A este respecto, cabe hablar de la formación de dos
«sistemas de Estados» (es, por otra parte, lo que había hecho Politz, como hemos visto, en
los años 20 del pasado siglo). Pues bien, lo que en un principio atrajo la atención fueron
sobre todo las diferencias. Recordemos las más notorias.
En primer lugar, la forma republicana de gobierno y el principio democrático como base
del Estado (bajo las reservas que, incluso después de la emancipación de los negros, se
imponen, particularmente en lo que concierne a América latina, dadas las estructuras
sociales cada vez más caducas que la conducirán a oscilar por doquier entre la tendencia a
la oligarquía y dictaduras de signos diversos) se despegan de la forma monárquica pre
dominante en Europa y de la inspiración legitimista de la Santa Alianza. El recrudecimiento
de la lucha en el imperio español, que hemos constatado a partir de 1817, coincidió pre
cisamente, en Europa, con el triunfo de las ideas legitimistas a raíz de la derrota de la
Francia napoleónica. Sabemos que, en su celo por mantener el orden tal como había sido
restablecido según sus deseos, y para impedir una renovación de las ideas de la Revolución
francesa, la Santa Alianza elevó la intervención desde el rango de expediente político al de
una institución al servicio de los tronos amenazados, y para prevenir precisamente toda
veleidad de intervención de las potencias continentales a favor de España en su tentativa de
reconquista, el presidente Monroe envió al Senado estadounidense su célebre
ANTONIO TRUYOL Y SERRA 48
mensaje del 2 de diciembre de 1823 en el que formulaba lo que más tarde se ha llamado la
«doctrina de Monroe», sabiendo muy bien que contaba con la connivencia y eventual apoyo
naval británico.34
La doctrina Monroe presenta un doble aspecto. Por un lado, proclama que el continente
americano ya no puede ser considerado como tierra de colonización por los Estados
europeos. Por otro, excluye toda intervención, ya sea de los Estados Unidos en las colonias
europeas subsistentes, ya sea de los Estados europeos en las colonias reconocidas como
Estados independientes por los Estados Unidos, ya, finalmente, siguiendo una tradición
bien establecida y sancionada por la autoridad de George Washington en su «mensaje de
adiós» (Farewell Address) de 1796 de los Estados Unidos en las guerras europeas. América
pretendía ser una tierra de libertad y de paz, y muchos europeos la veían así, frente a una
Europa despótico y de espíritu belicoso. Para no «contaminarse», profesaba un
aislacionismo al que los Estados Unidos se atendrían hasta alcanzar el estadio del
imperialismo. Incluso entonces, en lo concerniente a Europa fueron en el fondo
«implicados» en las dos guerras mundiales de nuestro siglo.35 Permanecieron al margen de
la Sociedad de Naciones y sólo con ocasión de la segunda guerra mundial asumieron sus
responsabilidades mundiales.
La vida internacional de los dos continentes se diferencia igualmente, en esta primera
fase, por la actitud tomada con respecto a problemas particulares, como el reconocimiento,
en el que evidentemente las situaciones de hecho tienen allí un peso mayor que aquí (al
menos en teoría), o la solución pacífica de los conflictos, en particular el arbitraje, que la
tradición federal americana favorecería.36 No podemos silenciar, por ejemplo, la
importancia del tratado firmado por los Estados Unidos con Gran Bretaña el 19 de
noviembre de 1794, llamado el Jay Treaty, al que siguieron otros, para el desarrollo de las
comisiones arbitrales.37
La idea de que en Europa y en América existían dos sistemas de Estados separados por
algo más que por el Océano Atlántico parecía, pues, responder a una realidad. Es un hecho
que los Estados latinoamericanos se sintieron amenazados por Europa hasta comienzos de
nuestro siglo, y que, efectivamente, tuvieron litigios con ella (intervención francesa
34
Es sabido que Canning, ministro inglés de Asuntos Exteriores, había propuesto una declaración conjunta; y que, por otra parte,
presionó a Francia para disuadirla de toda intervención.
35
Sobre la doctrina de Monroe y sus vicisitudes históricas, nos remitimos a las exposiciones clásicas de H. Kraus, Die MonroeDoktrin in
ihren Beziehungen zur amerikanischen Diplomatie und zum Völkerrecht, Berlín, 1913; A. Alvarez, The Monroe Doctrine. Its Imponance
in the International Life of the States ofthe New World, Nueva York, 1924; C. Barcia Trelles, «La doctrine de Monroe dans son
développement historique, particuliérement en ce qui concerne les relations interaméricaines», Rec. des Cours, t. 59 (19371), páginas
229313; D. Perkins, A History of the Monroe Doctrine, Boston, 1955. Cfr., por lo demás G. Chinard, «Les origines historiques de la
doctrine de l'isolement aux EtatsUnis», Rec. des Cours, t. 59 (19371), págs. 229313.
36
Ver por ejemplo. G. Dietze, «Der Federalist und die Friedensfunktion des Fóderalismus», Jahrbuch des offlentichen Rechts, Neue
Folge, 7 (1958), páginas 1 47. Para una visión de conjunto, cfr. G. Stadtmüller, Pensamiento jurídico e imperialismo en la historia de
estados Unidos de América , traducción castellana de F. Caballero, Madrid,1962, cap. 6.
37
Ver S.F. Bemis, Jay 's Treaty. A Study in Commerce and Diplomacy, 1923; edic. rev., New Haven, 1962. Cfr. igualmente J.B. Scott,
The treaties of 1785, 1799 and between the United States and Prusia, Nueva York, 1918.
LA EXPANSIÓN DE LA SOCIEDAD INTERNACIONAL… 49
en México, 1862; guerra entre España, Chile y Perú, 1866; intervención anglogermano
italiana en Venezuela 1902). Quedaron, por consiguiente, al margen del Concierto europeo
e incluso de las primeras grandes reuniones internacionales de vocación mundial.
Comprobamos que en la Conferencia de la Paz de La Haya de 1899, sólo representaron a
América, los Estados Unidos y México, mientras que asistieron cuatro Estados asiáticos
(China, Japón, Persia y Siam). Habrá que esperar a la segunda Conferencia (1907) para que
el conjunto del Nuevo Mundo (sólo faltaron Costa Rica y Honduras) participe en una
empresa internacional común con Europa y los mismos cuatro Estados asiáticos.
El sentimiento de la amenaza europea está en la base de la tendencia de los Estados de
origen hispánico, más o menos inclinados hacia los Estados Unidos, a establecer, con o sin
la ayuda de su vecino del norte, un «sistema de congresos» propio, que, por sólo tuvo un
alcance limitado (Congresos Iberoamericanos de Lima, en 18471848 y 18641865) hasta
fines de siglo, época en abre la serie de conferencias panamericanas, que se escalonan hasta
nuestros días. Las tres primeras fueron las de Washington (18891890), México (1901
1902) y Río de Janeiro (1906).
Si hemos tomado nota de una discontinuidad entre el sistema de Estados americano y el
sistema político europeo, también hemos hablado de una continuidad. Contrariamente a lo
que se producirá en el mundo colonial del siglo XX, la «descolonización» americana de
fines del siglo XVIII y comienzos del XIX (salvo en lo concerniente a Haití) fue realizada
por los descendientes de los colonos europeos en desacuerdo con los intereses y con los
sentimientos de sus antiguas metrópolis. Lo cual quiere decir que las nuevas sociedades se
constituyeron a partir de la tradición cultural llevada desde Europa por las sucesivas olas de
emigrantes. El Nuevo Mundo, cualquiera que sea su originalidad en relación con el
Antiguo, salió orgánicamente de éste. Incluso la ruptura que supone la emancipación tuvo
lugar en un contexto de interdependencia con relación a la situación europea. Y, dejando de
lado determinados rasgos particulares, debidos a las circunstancias históricas, de los que
hemos mencionado ya algunos, el derecho internacional entonces en vigor, el «derecho
público de Europa», fue recibido en sus principios fundamentales.38 Podemos añadir que
con el tiempo los contrastes más importantes del comienzo se atenuaron poco a poco.
Después de 1830 (independencia de Grecia y de Bélgica), el principio de las
nacionalidades, consecuencia del derecho de los pueblos a disponer de sí mismos, tomará
decididamente el relevo de la legitimidad dinástica. Provocará cambios profundos en el
mapa político de Europa hasta la primera guerra mundial, llevando, por un lado, a la
unificación de Italia y de Alemania, y, por otro, a la desintegración del Imperio Turco no
sólo en Europa, sino también en el Oriente Próximo (Egipto, de hecho, era independiente
desde 1841) y del Imperio AustroHúngaro, que eran multinacionales. Y si en 1914 cinco
38
Ver en particular, en lo concerniente a los Estados Unidos, al referencia al «uso y la costumbre de las naciones» o «de las naciones
civilizadas» (Proclamación del Congreso sobre la navegación de los neutrales del 9 de mayo de 1778, en Martens, Recueil des
traités...III, 17); y la capitulación entre Washington, etc., y Cornwallis, del 19 de octubre de 1781 (Ibid., III, 359). Para la América
española, recordemos la convención del 26 de noviembre de 1820 entre el general español Morillo y Bolívar sobre «la aceptación para la
guerra en curso de los principios del derecho de gentes civilizados (Martens, Nouveau recueil...y, 540).
ANTONIO TRUYOL Y SERRA 50
de las seis grandes potencias europeas eran aún monarquías, el progreso de la democracia y
del socialismo será constante; por otra parte, tres de ellas verán destronado a su soberano
como consecuencia de la guerra.
Desde el punto de vista de las relaciones interamericanas, es decir, de las relaciones
interiores al sistema, el Nuevo Mundo no se diferenció tan profundamente del Antiguo
como lo creyera o hubiera imaginado. También los Estados americanos tuvieron su sed de
territorios y sus problemas de fronteras, que el principio uti possidetis, comúnmente
admitido, no siempre bastó para solucionar amistosamente; conocieron las pretensiones
megalómanas de los tiranuelos; y además, en el caso de América latina, la hipoteca de
presiones de intereses exteriores conjugadas con la de ciertos grupos oligárquicos, que a
partir de fines de siglo llegaron cada vez más de Estados Unidos y no únicamente de
Europa. Aparte del conflicto entre los Estados Unidos y México (1845), seis guerras
enfrentaron a los Estados iberoamericanos desde su independencia, y una de ellas, la que
Paraguay sostuvo con sus vecinos coligados (18651870), fue librada con una violencia y
un encarnizamiento extremos.
Para ser justos, es necesario añadir, con un historiador de América latina, que «no existe
un continente que haya hecho más por aportar a los conflictos internaciones soluciones de
derecho, que haya estudiado con tanto pasión las cuestiones de derecho internacional»; y no
podemos sino suscribir sus palabras cuando emite la hipótesis «de que por encima de la
división, dato geográfico, los pueblos de las Indias han conservado quizá la nostalgia no
formulada de la unidad pasada, como antaño los pueblos de la Romania tras el hundimiento
de la unidad romana».39 Creemos poder afirmar que en el momento en que el Concierto
europeo solía recurrir a las soluciones políticas, los Estados americanos, y en particular los
suramericanos, buscaban preferentemente, tanto en el plano doctrinal como en el de las
instituciones, fórmulas jurídicas de conjunto tendentes a una codificación.
Esto nos conduce al último aspecto de la materia de este capítulo. El sistema europeo de
Estados se había transformado en un sistema europeo y americano, que tenía una común
civilización cristiana. ¿Cuál es, desde el punto de vista del derecho internacional, la parte y
eventualmente, la autonomía, del elemento americano en este nuevo conjunto? Interrogarse
sobre este punto, es plantearse la cuestión de la existencia o no existencia de un derecho
internacional «americano» propiamente dicho. Entronca en el plano político con la
cuestión del panamericanismo o la idea del hemisferio occidental.
Por lo que toca a los juristas europeos, advierten evidentemente en el curso del siglo
XIX que el sistema europeo de Estados tiene ahora una prolongación en el Nuevo Mundo,
sin por ello extraer consecuencias prácticas en lo que concierne al derecho de gentes.
Ocurre así no sólo en G. F. de Martens o J. L. Klüber, que escriben durante la guerra de
independencia de las colonias españolas, sino también en A. W. Heffter, cuya obra sobre
«el derecho de gentes europeo de la actualidad»,40 apareció en 1844. Particularmente
39
P. Chaunu, Histoire de l'Amerique latine. 3a. edic, París, 1964. pág. 102.
40
Das europaische Vóllkerrecht der Gegenwart. Esta obra, objeto de numerosas reediciones, fue traducida a varias lenguas, entre ellas al
castellano.
LA EXPANSIÓN DE LA SOCIEDAD INTERNACIONAL… 51
sentido diferente del que anteriormente tenía, En efecto, pudo existir inicialmente una
comunidad de pensamiento y de acción entre la América anglosajona y la América
hispánica, dada la situación en la que una y otra se encontraban en relación con Europa, y
que ya hemos descrito, pero después de la diversificación creciente de las situaciones
sociales y económicas en las dos Américas, de la evolución política en Europa y de la
aparición del Tercer Mundo, y sobre todo tras la conversión de los Estados Unidos en gran
potencia con intereses universales, ya no existe a su juicio una «comunidad panamericana»
propiamente dicha, y habría que orientarse más bien hacia una comunidad latinoamericana.
También César Sepúlveda, mexicano, ha insistido recientemente sobre la grave crisis del
panamericanismo (El sistema Interamericano. Mudanza y transición,Valladolid, 1973).
Es lo cierto que la diversidad y, por decirlo todo, la desigualdad creciente entre los
Estados Unidos y los países latinoamericanos, no podía dejar de convertir al
panamericanismo en una asociación fundada sobre una hegemonía.41 De ahí la idea de
neutralizarla en la medida de lo posible por una cooperación más estrecha a escala de
América latina, que ya ha brotado en diversas ocasiones e inspira actualmente los esfuerzos
más avanzados de integración económica.
Nuestra conclusión parece confirmada por la historia de la idea panamericana o «del
hemisferio occidental», de la que Arthur Whitaker, dio hace años una exposición
autorizada.42 Se percibe claramente, desde la aparición misma del sistema de Estados
americanos, el dualismo, bajo forma de movimiento pendular, entre la idea americana
global o continental (panamericana) y la idea latinoamericana o iberoamericana. Este
dualismo se acentuaría a medida que los Estados Unidos se comprometían en la vía de la
revolución industrial y del imperialismo, aproximándose así competitivamente a las
potencias europeas. Si al comienzo la doctrina de Monroe tendía a proteger a los Estados
latinoamericanos contra la inferencia o el retorno ofensivo de los países europeos, más
tarde, y en particular tras la guerra de los Estados Unidos con España (1898), sirvió para
favorecer, contrariamente al principio de nointervención (pretendidamente «americano»),
la inferencia de los Estados Unidos en esos mismos Estados.
41
Nunca se insistirá demasiado en la inversión de la situación respectiva de las dos Américas desde la época de su emancipación. Como
ha observado muy acertadamente G. Stadtmüler, «durante todo el siglo XVIII, el pequeño territorio de las colonias de habla inglesa en la
costa oriental de Norteamérica, era superado ampliamente, en cuanto a población y desarrollo cultural y económico, por las vastas
regiones de la América latina con sus abundantes recursos de metales preciosos, sus grandes ciudades y sus universidades...No es sino
hasta fines del siglo XVIII cuando se inicia el auge de la América de habla inglesa y hasta los comienzos del siglo XIX, Iberoamérica no
es sobrepasada por Estados Unidos en los aspectos económico, político y, finalmente, también en el cultural» (Óp. cit., págs. 1415). Cfr.,
las estadísticas de P. Chaunu, l'Amérique et les Amériques, París, 1964; y A. Remiro Brotons, La hegemonía norteamericana, factor de
crisis de la O.E.A., Bolonia (Real Colegio de España), 1972.
42
The Western Hemisphere Idea: Its Rise and Decline, Ithaca, Nueva York, 1954.
LA EXPANSIÓN DE LA SOCIEDAD INTERNACIONAL… 53
Capítulo 3
Del sistema de Estados de civilización cristiana a la sociedad de Estados civilizados
La ampliación del «Oriente». Las relaciones con la Puerta otomana y los Estados
berberiscos. Las relaciones con el Asia meridional y oriental. La familia de las
«naciones civilizadas». La colonización de África. Colonización y derecho
internacional.
Con el acceso a la independencia de las colonias europeas de América, el sistema europeo
de Estados se convirtió en un sistema de Estados euroamericano u «occidental» de
civilización cristiana. Ahora bien, «Occidente» se define en relación a «Oriente». Y el
hecho decisivo de los tiempos modernos para la humanidad europea ha sido, paralelamente
a la dilatación del Occidente en el Nuevo Mundo, la extensión progresiva del «Oriente»:
éste, reducido esencialmente al mundo bizantino (Oriente cristiano y al Islam hasta la época
del Renacimiento, se ampliará y se hará más complejo a medida que los grandes
descubrimientos geográficos abran nuevos territorios a su conocimiento y a su acción.
Finalmente, será necesario distinguir el Oriente tradicional, en tanto que «Oriente
Próximo», de un Oriente más lejano y vasto, entrevisto a través de los relatos de viaje de
algunos frailes franciscanos y de Marco Polo desde el siglo XIII, pero que se revelaría poco
a poco en sus verdaderas dimensiones a la curiosidad emprendedora de sus exploradores,
sus misioneros, sus comerciantes.
El establecimiento de relaciones marítimas directas con la India, China y Japón, sobre
las huellas de los navegantes portugueses, la penetración rusa en Asia septentrional y
central hasta el Pacífico y el mismo continente americano (Alaska), son como el segundo
capítulo de los grandes descubrimientos geográficos por los cuales Occidente se adentra en
los tiempos modernos. Prolongan el exotismo del «buen salvaje» americano con el del
«sabio» persa, hindú o chino. El resultado será, con la fundación de los diferentes
orientalismos, ese «Renacimiento oriental» del que hablará Edgar Quinet en 1841 y que
vendrá a completar el Renacimiento grecolatino de los siglos XV y XVI.43 Es preciso
añadir que el efecto de los descubrimientos geográficos se acrecentó y aceleró por obra de
los descubrimientos científicos y tecnológicos que dieron lugar a la tercera revolución de
Occidente una revolución no ya política, sino industrial o más bien, en la perspectiva de la
era atómica que se abre ante nuestros ojos, la primera revolución industrial o técnica.
Pues bien, en el curso de este proceso el avance de Europa, y luego el de Occidente,
sobre el resto del mundo llegó a ser tal, que la incorporación de ese mundo a una sociedad
universal única se reveló en gran medida pasiva o incompleta: fue en efecto, o colonizado a
su vez como lo había sido América, o más o menos dominado. De ahí, como hemos
señalado en otra parte, 44 el desarrollo de una concepción euro céntrica del devenir humano,
según la cual la humanidad extraeuropea, cualesquiera que fuesen sus grandezas pasadas
(que la ciencia europea por otra parte contribuyó eficazmente a redescubrir), gravitaba en
torno a Europa, que entonces encarnaba el principio del movimiento y del progreso.
43
Cfr. R. Schwab, La Renaissance oriéntale, París, Payot, 1950, pág. 18.
44
En «La idea europea de género humano». Homenaje a Xavier Zubiri, Madrid, 1970, II, págs. 713 y sigs.
ANTONIO TRUYOL Y SERRA 54
45
Martens. Précis, paragr. 9; Klüber, Droit des gens moderne de l'Europe, paragr. 35.
46
Para estos últimos, cfr. T.E. Holland, Studies in International Law, capítulo XI: «The Treaty Relations of Russia and Turkey, 1774
1853».
47
Holland, loc. cit., pág. 204. El artículo 7 obliga a la Puerta a tomar en consideración las reclamaciones que el embajador ruso pudiese
obligado a hacerle con respecto a las iglesias cristianas y a sus ministros.
48
Droit des gens moderne de l'Europe. paragr. 278, nota b. Klüber señala igualmente una práctica particular en lo concerniente a las
lenguas en las cuales se redactaban los tratados (paragr. 113, nota d,; paragr. 114) y a las inmunidades diplomáticas (pag. 203).
LA EXPANSIÓN DE LA SOCIEDAD INTERNACIONAL… 55
paz, otras en guerra»; parece, pues, que pueden reivindicar los derechos de los Estados
independientes. Bynkershoek añade que tanto los Estados Generales como otras naciones
han concluido frecuentemente tratados con ellos y que estos pueblos dan prueba de un
respeto cierto por estos tratados (no puede esperarse de ellos un respeto total observa ya
que es algo que tampoco se puede exigir de otras naciones). Reconoce que reducen a
esclavitud a los prisioneros de guerra y que muchas veces éstos han sido rescatados no
solamente por los particulares sino también públicamente, y que, en virtud de la ley del
taitón, los holandeses también venden sus prisioneros berberiscos en España.49 Lo cual
equivale a decir simplemente que el derecho de la guerra que con ellos se practica es más
duro que el derecho de la guerra europeo, como, por otra parte, comprobamos ya. En lo
tocante al Reino de Marruecos, mantenía relaciones regulares con las potencias cristianas.50
De hecho los tratados entre los Estados europeos y todos esos Estados de África del
Norte fueron numerosos. Y cuando los Estados Unidos de América conquistaron su in
dependencia, entre los primeros tratados firmados después de 1783 hay uno con Marruecos
del 25 de enero de 1787 (incluso antes de la adopción de la constitución federal, que tuvo
lugar el 17 de septiembre del mismo año), seguido de otros, con Argel del 5 de septiembre
de 1795, con Trípoli del 4 de noviembre de 1796 y con Túnez en agosto de 1797.51
Un aspecto particularmente interesante del derecho de gentes islámicocristiano de la paz
está constituido, como es sabido, por el régimen de capitulaciones. Este término designa el
conjunto de privilegios extraterritoriales o de inmunidades de jurisdicción de los
extranjeros en el Imperio Otomano y sus dependencias. Estos privilegios e inmunidades se
remontaban a la época en que el principio de la personalidad del derecho se practicaba
comúnmente. Así, los emperadores bizantinos habían autorizado a los súbditos de
determinados Estados mercantiles de Occidente (en particular a los venecianos y
genoveses), a tener sus propios tribunales, presididos por cónsules. En los países
musulmanes, este régimen se imponía tanto más cuanto que allí el derecho estaba
estrechamente unido a la religión.
Conviene precisar que en su origen este régimen no tenía nada de vejatorio para la
potencia territorial. Consistía en una concesión, que podía ser unilateral y revocable.
También podía ser (y cada vez lo sería más) convencional, no resultando siempre fácil
distinguir un procedimiento de otro (los tratados con los cristianos, como hemos visto,
tuvieron además un carácter provisional o temporal hasta el siglo XVIII).
Los primeros Estados que contrajeron vínculos convencionales de esta clase con la
Puerta fueron Génova (1453) y Venecia (1454), conquistando ésta una situación
predominante que fue reemplazada por la de Francia en el curso de los siglos XVI y XVII.
49 Capítulo XVII.
50 Sobre el estatuto jurídicointernacional de dichos Estados, cfr., ahora J.M. Moessner, Die
Voelkerrechtspersoenlichkeit und die Voelkerrechtspraxis der Barbareskenstaaten, 1968, y más recientemente, el
resumen del mismo: «The Barbary Powers in International Law (Doctrinal and Prtactical Aspects)», en Grotian
Society Papers, 1972, págs. 197221.
51 Cfr. Martens, Rec., 2a edic, IV, 248; VI, 135; VI, 298; VI, 405
ANTONIO TRUYOL Y SERRA 56
52
Ver sobre este tema el estudio de G. Zeller, «Une légende qui a la vie dure: les Capitulations de 1535», Revue d'Histoire modeme et
contemporaine, junio de 1955 (artículo reproducido en su l ibro Aspects de la politique francaise sous l'Anclen Régime, París, P.U.F.,
1964).
53
Cfr. especialmente el artículo de H. Mckinnon Wood, «The Treaty of París and Turkey's Status in International Law», American
Journal of International Law, 37 (1943), págs. 262274.
LA EXPANSIÓN DE LA SOCIEDAD INTERNACIONAL… 57
54
Sobre este punto, ver en particular H. Pfeffermann, Die Zusammenarbeit der Renaissancepäpste mit den Türken,Winterthur, 1946.
55
Die Eiitstehimg der Weltstaatengesellschaft unseer Zeit, Munich, 1963, páginas 6465.
56
Rec. des cours, t. 96, citado, capítulo II
ANTONIO TRUYOL Y SERRA 58
57
«Treaty and Diplomatic Relations between European and South Asian Powers in the Seventeenth and Eighteenth Century», Rec. des
cours, 100 (196011), págs. 205 y sigs.; y An Introduction to the History of the Law of Nations in the East Indies (16th, 17th and 18th
Centuries), Oxford, 1967.
58 Rec, cit., pág. 208.
59 Pág. 209.
60 Pág. 312.
LA EXPANSIÓN DE LA SOCIEDAD INTERNACIONAL… 59
llamar dejare, ya que de facto una parte del mundo, poblada de «bárbaros», se le escapaba.
La cosa es explicable si tenemos en cuenta el aislamiento en el cual se desarrolló la
civilización china y su superioridad sobre los países que la rodeaban. Como muy
justamente se ha dicho, «la ausencia de un centro rival de civilización es lo que ha
contribuido más poderosamente a la concepción china del mundo».61 China no ignoraba la
existencia de otra gran civilización en Occidente, particularmente en la época del Imperio
romano. Se estableció algún comercio de un extremo a otro del Viejo Mundo por tierra (a
lo largo de la «ruta de la seda») y por mar, comercio que alcanzó su apogeo bajo los Tang,
en un momento (del siglo vil al IX) en el que China podía sin la menor duda complacerse
en la idea de encontrarse a la cabeza de la humanidad civilizada.62 Sin embargo, es
llamativo el hecho de que esta concepción se mantuvo incluso cuando la superioridad
europea se hizo indudable, en el siglo XIX.
Además, conviene recordar que si los portugueses, establecidos en Macao, y los
holandeses, en Formosa, sólo trataron con las autoridades locales, los rusos habían
concluido en Nerchinsk, el 6 de septiembre de 1689, por mediación de los jesuitas de la
Corte china, el primer tratado de Estado a Estado que China haya suscrito con una potencia
europea.
En lo que concierne a Japón, las cosas se desarrollaron casi de la misma forma. También
aquí el país se abrió durante algún tiempo al comercio europeo y a la acción de los
misioneros cristianos. También aquí se produjo una fuerte reacción, que prohibió el acceso
del archipiélago a los extranjeros y borró todo vestigio del cristianismo. Sólo los
holandeses conservaron una factoría en una isla de la bahía de Nagasaki, en unas
condiciones poco envidiables.
Tuvo, pues, lugar un «nuevo comienzo» cuando, tras la llamada guerra del opio, el tratado
de Nankin, firmado el 29 de agosto de 1842, entre China y Gran Bretaña, abrió cinco
puertos chinos (que se llamaron «puertos convencionales») al comercio exterior. Este
tratado fue completado dos veces en 1843, y seguido de otros, con Francia y los Estados
Unidos, en 1844. Tiene especial importancia el tratado de Tientsin de 1858 con Gran
Bretaña, en virtud del cual se establecieron relaciones diplomáticas regulares con
Occidente. Sucesivamente se abrieron nuevos puertos y zonas del interior a la penetración
occidental. El número de beneficiarios se amplió: Rusia y Alemania, más tarde Japón en el
último decenio del siglo (guerra chinojaponesa, 1894, terminada por el tratado de
Shimonoseki, 17 de abril de 1895), tomaron un puesto cada vez más activo en ese asalto a
la vieja fortaleza del Centro, tenazmente apegada a una soledad tan altiva como deseada.
Para el Japón, «el nuevo comienzo» se debió primeramente a la iniciativa de los Estados
Unidos de América. Sabido es en qué circunstancias, tras las dos visitas de la escuadra
americana a las órdenes del almirante Perry (1853 y 1854), el Japón tuvo que abrir sus
puertos al comercio internacional. El Perry Treaty, firmado en Kanawaga (31 de marzo
61
C.P. Fitzgerald, The Chinesse View of' Their Place in the World, Londres, 1964, pág. 7.
62
Ibid., págs. 19 y sigs. Para una excelente visión de conjunto, cfr. G.F. Hudson, Europe and China. A Survey of Their Relations from the
Earliest Times to 1800, Londres, 1931; reimpresión, Boston, 1961.
ANTONIO TRUYOL Y SERRA 60
de 1854), fue para Japón lo que el tratado de Nankin había sido para China. Preparaba otros
nuevos tratados con los Estados Unidos y las demás potencias. Pero sus efectos serían
singularmente diferentes.
La revolución industrial había dado a los Estados europeos, rápidamente alcanzados por
los Estados Unidos de América, tal superioridad tecnológica (y. en consecuencia, eco
nómica y militar) que las relaciones con los pueblos orientales de vieja cultura no podían
dejar de sentir su impacto. Hacia 1880, los progresos de la industrialización en Occidente
dieron, a la vez, motivos y medios nuevos al imperialismo, que asoció su nombre a la época
siguiente.
El resultado fue una relación de hegemonía , cuya expresión jurídica es el régimen de lo
que se ha llamado los "tratados desiguales". Este régimen recuerda al de las capitulaciones
en los países musulmanes del Mediterráneo, pero con la diferencia fundamental de no haber
sido en su origen otorgado, o incluso negociado en pie de igualdad, sino impuesto por las
potencias occidentales en pleno proceso de expansión: lo que le dio ab initio los aspectos
discriminatorios y abusivos que en el Mediterráneo sólo se pusieron de relieve más tarde.
En China, sobre todo, es donde este régimen (progresivamente montado entre 1842 y 1901)
se manifestó más particularmente en lo que tenía de intolerable y de basado únicamente en
la fuerza, dada la amplitud de las limitaciones unilaterales aportadas a la soberanía y el
contraste del estatuto así creado con la tradición sin cesar reafirmada de una supremacía
china. Pero, en realidad, el régimen se extendió a China y a los otros países asiáticos y
africanos (Japón, Persia, Siam, Abisinia) que conservaron la independencia formal. En
China, de todas formas, fue más exorbitante, ya que a la jurisdicción consular y a los
privilegios económicos y financieros se añadieron las concesiones, los territorios cedidos en
arriendo (seis lo fueron en 1898), la presencia de guarniciones extranjeras.
Entre los rasgos característicos de este derecho internacional hegemónico hay que
mencionar la «puerta abierta» y las «zonas o esferas de influencias». El principio de la
puerta abierta es como una generalización de la cláusula de nación más favorecida, que
figura en los tratados firmados entre China y las potencias extranjeras tras la guerra anglo
china de 18401842. Fue aplicada a China, amenazada de desmembramiento, como
consecuencia de las notas enviadas por los Estados Unidos a Gran Bretaña, Alemania y
Rusia, y posteriormente a Francia. Italia y Japón en septiembre y en noviembre de 1899. Se
reduce esencialmente a la igualdad de oportunidades para todos los países en su comercio
con la región a la que se aplica. La puerta abierta presupone, por definición, un determinado
número de concurrentes que se disputan la dominación directa o indirecta de un territorio, y
permite a las potencias rivales asegurarse la libertad de movimiento necesaria dejando, no
obstante, subsistir formalmente una autoridad local independiente, beneficiosa para todos.
Cuando, por el contrario, el número de interesados era reducido y ninguno de ellos podía o
quería imponerse, se recurría a las zonas o esferas de influencia. Podemos definirlas como
«parte de un Estado, formalmente independiente, en donde otros Estados, generalmente tras
un acuerdo previo, aspiran al monopolio de la explotación económica, que no tarda en
imponer medidas de carácter netamente político».63 En efecto. China había sido repartida
63
J.A. Van Houtte. Géopolitique. Bruselas, 1946, pág. 101.
LA EXPANSIÓN DE LA SOCIEDAD INTERNACIONAL… 61
en esferas de influencia (rusa, alemana, inglesa, francesa), que el principio de puerta abierta
pretendía superar. Siam lo fue formalmente entre Gran Bretaña y Francia (acuerdos de 1896
y de 1904); Persia, entre Rusia y Gran Bretaña (acuerdos de 1907 que, por otra parte,
reservaban para la influencia británica Afganistán y el Tibet).
Tanto en Extremo Oriente como en el Próximo Oriente, la justificación del estatuto de
desigualdad era una pretendida insuficiencia del nivel de civilización, cuya medida era
proporcionada por la civilización occidental. La cualidad de sujeto del derecho in
ternacional de un grupo humano dependía de un reconocimiento expreso por parte de las
potencias occidentales; y este reconocimiento podía admitir, como veremos mejor a
continuación, diversos grados. La aceptación de los principios del derecho occidental cons
tituía, en esta óptica, la condición sine qua non para la admisión de una colectividad como
miembro de la familia de las «naciones civilizadas».
Lo cual explica precisamente que Japón, tras las reformas constitucionales de 1868.
obtuviese hacia finales de siglo, por una serie de tratados con las potencias, la supresión de
las cláusulas restrictivas. Japón, que entró más tarde que Turquía en el circuito de las
relaciones con Occidente, pero con una rapidez sorprendente en el de la industrialización,
fue el primero de los Estados de civilización no cristiana que se integró plenamente en la
familia de las naciones civilizadas. Y lo que no es menos importante llegó en un lapso de
tiempo notablemente breve a conquistar la condición de gran potencia imperialista. China,
ante la impetuosidad de su emprendedor vecino, se daría cuenta rápidamente de que el
imperialismo sólo había sido un monopolio occidental porque Occidente era el único que
hasta entonces había tenido los medios para ello. Es comprensible que también en China un
sector de la clase dirigente propusiese, como medio de defensa, la adopción de la técnica y
de las formas constitucionales occidentales. Pero, bajo el doble asalto de Occidente y de
Japón, e igualmente (no lo olvidemos) por el efecto paralizador de su retraso y de sus crisis
interiores, China no pudo liberarse totalmente de los «tratados desiguales» más que con
ocasión de la segunda guerra mundial.
Así fue como los standards, los criterios y pautas procedentes de la civilización cristiana
y occidental, ampliamente secularizados en el curso del siglo XII se impusieron en el plano
mundial. De hecho, fueron adoptados con más o menos convicción y se adaptaron más o
menos consistentemente a las tradiciones locales. Y, en cualquier caso, lo fueron sobre todo
en sus implicaciones económicas y técnicas. Los Estados occidentales los pusieron
esencialmente al servicio de su comercio.64 Podría decirse que las sociedades no
occidentales los han seguido tanto más gustosamente cuanto que se esforzaron o se
esfuerzan en elevarse al estadio de sociedades industriales modernas.
64
Cfr. las pertinentes observaciones que G. Schwarzcnberger ha hecho sobre este tenia: el interés primordial de las potencias
occidentales, cuando exigían el respeto de sus standards jurídicos, era , «la protección de sus súbditos, y accedían gustosamente a
que...los súbditos de los Estados no europeos fuesen un asunto exclusivo de estos Estados»
(cfr. The Frontiers of International Law, Londres. 1962, pág. 57). Es de esta forma, dice más lejos. (pág. 71), cono el derecho
internacional, aligerado de una parte de su contenido ético, «experimentó un proceso de formalización, convirtiéndose en un derecho
adaptado a las necesidades del pionero industrial y del capitalista a la búsqueda deinversiones».
ANTONIO TRUYOL Y SERRA 62
La política hegemónica de Europa, seguida por los Estados Unidos y por Japón, en Asia,
no es más que uno de los aspectos del fenómeno, más vasto, de la colonización
contemporánea. Hemos visto que China, finalmente, sólo fue semicolonizada bajo el
régimen de los «tratados desiguales»; lo mismo ocurrió en Siam y Persia. Razón por la cual
estos tres Estados pudieron participar al menos, con Japón, en las dos conferencias de la
paz de La Haya.
África , por su parte, pasó en la práctica totalmente al estatuto colonial. Únicamente
Abisinia, conservó su independencia formal, que fue consagrada, tras el fracaso de la
tentativa hecha por Italia para subyugarla, por el tratado de AddisAbeba de 26 de octubre
de 1896. Este tratado ponía fin a las cláusulas del de Ucciali (2 de mayo de 1889), cuya
interpretación italiana, que fue la causa de la guerra, habría convertido al viejo imperio en
un protectorado. Pero, a semejanza de Siam y de Persia, Abisinia sería sometida prác
ticamente a un régimen de esferas de influencia por el tratado de Londres de 13 de
diciembre de 1906 entre Gran Bretaña, Francia e Italia. Por otra parte, las iniciativas de la
Sociedad americana de colonización para el establecimiento de antiguos esclavos negros en
las costas de Guinea superior, condujeron a la creación de un nuevo Estado africano, la
República de Liberia. Se dio una Constitución en 1847 y la Sociedad renunció a su
administración al año siguiente. En 1885, en conformidad con las decisiones del Congreso
de Berlín, se fundó el Estado independiente del Congo, que su soberano, Leopoldo II, rey
de los belgas, cedió a Bélgica en 1908.
Como antaño en América, hubo pues, en África, en el siglo XIX y en los comienzos del
XX, una extensión del área de la sociedad internacional por vía del descubrimiento, de la
ocupación y del sometimiento de las poblaciones locales.
Este proceso de apropiación de todo un continente se produjo, en su conjunto, sin
conflictos mayores. Cierto que las tensiones, incluso fuertes, no faltaron. Baste con recordar
la crisis anglofrancesa sobre Sudán (ocupación de Fachoda por una expedición francesa y
su entrega a los ingleses, 1898) y la que suscitó entre Francia y Alemania la cuestión de
Marruecos en los comienzos de este siglo. Pero puede afirmarse que, a diferencia de lo que
pasó en la fase anterior, la expansión colonial de las potencias europeas en el siglo XIX
tomó la forma de una competición pacífica.65 De esta competición pacífica, de la que la
conferencia de Berlín de 18841885 es en cierta manera el símbolo, emergieron varios
principios generales del derecho internacional. Llegados a este punto, comprobamos una
diferencia con relación a lo que tuvo lugar en la primera gran ola de la expansión colonial
europea.
En efecto, en el siglo XVI se había puesto el acento sobre los «títulos» susceptibles de
legitimar la presencia de los europeos en ultramar y el dominio que ejercían sobre los
autóctonos. La discusión de estos «títulos» y los problemas que suscitaban, particularmente
por Francisco de Vitoria, en su Relectio de Indis recenter inventis, fue por lo demás lo que
contribuyó de una manera decisiva a la elaboración de la doctrina moderna del derecho
65
U. Scheuner, «Zur Geschichtr der Kolonialfrage mi Völkerrecht», Zeitschrift für Völkerrecht, 22 (1938), pág. 466.
LA EXPANSIÓN DE LA SOCIEDAD INTERNACIONAL… 63
66
Para Vitoria, el título principal era en definitiva el ius communicatumis, en nombre del cual era lícito incorporar por la fuerza a los
indígenas (en ausencia de una razón suficiente que les autorizase a permanecer al margen de los intercambios mundiales concebidos en el
sentido más amplio y en la hipótesis de que sus intereses legítimos estuviesen a salvo) a la sociedad universal del género humano que la
misma naturaleza ha establecido entre todos los hombres.
67
Scheuner, loc. cit., pág. 467.
68
El delegado de los Estados Unidos, Kasson, propuso a la conferencia, el 22 de diciembre de 1884, que manifestase su intención de
respetar los derechos de las tribus independientes: no hubo votación sobre este punto. Defendió igualmente el derecho de las terceras
potencias a examinar las condiciones de hecho y de derecho que harían legítima o ilegítima una ocupación. Cfr. E. PH : Engelhardt,
«Étude sur la Déclaration de la Conférence de Berlín relative aux occupatíons», Revue de Droit International et de Législation comparée,
1886, páginas 43341 y 53786.
ANTONIO TRUYOL Y SERRA 64
como Marruecos y Egipto. Bástenos con recordar que el acuerdo francoinglés del 8 de
abril de 1904 ratificaba el desinterés de Francia con respecto a Egipto y de Gran Bretaña
con respecto a Marruecos, y que luego el acuerdo francoalemán del 4 de noviembre de
1911 aseguro el desinterés de Alemania respecto de Marruecos mediante unas
compensaciones en África ecuatorial teniendo en cuenta, en ambos casos, determinados
intereses de España en la zona septentrional del imperio cherifiano; sólo entonces, pudo el
tratado de Fez (20 de marzo de 1912) establecer eficazmente el protectorado francés.
Una vez establecido el lazo colonial, el comportamiento de la metrópoli con respecto a
los autóctonos era en principio de su única incumbencia y, por lo tanto, materia de su
derecho interno. El derecho convencional introducía ocasionalmente determinadas
limitaciones. Una limitación de este tipo era, en lo concerniente a la cuenca del Congo, la
libertad de comercio para los signatarios del Acta de Berlín de 1885. Por lo demás, otra
limitación más general de alcance humanitario, había sido introducida con la prohibición de
la esclavitud y del trabajo forzado. Más tarde, el artículo 36 del Pacto de la Sociedad de
Naciones, por su alusión al bienestar de las poblaciones indígenas, representará un nuevo
progreso en esta dirección.
El camino hacia la teor ía de las r elaciones inter nacionales
(biografía de una disciplina)
*
Texto original: Emilio Cárdenas Elorduy. "El camino hacia la teoría de las relaciones internacionales (biografía de una disciplina)", en
Revista Mexicana de Ciencias Políticas. Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, México, eneromarzo 1971, pp 523
EMILIO CÁRDENAS ELORDUY 66
que el estudio de las relaciones internacionales se encuentre por primera vez ante la
posibilidad de realizar un balance de los logros adquiridos e inicie ya una etapa de
elaboración conceptual que la pueda llevar con seguridad hasta el nivel teórico de las
generalizaciones significativas que permitan encontrar un cierto orden subyacente bajo la
aparente multiplicidad caótica de los fenómenos internacionales.
Simplemente señalar los principales y recientes intentos de teoría en el campo de las
relaciones internacionales, es la intención principal de este trabajo.
Para entender los problemas que presenta la comprensión de esas obras teóricas, así
como las divergencias en sus enfoques, es preciso y conveniente referirse previamente a la
evolución particular y a las etapas que ha tenido que salvar el estudio de las relaciones
internacionales para acceder al actual estado a de elaboración de sus conceptos principales.
Podemos considerar que el estudio de las relaciones internacionales ha pasado por
cuatro etapas más o menos delimitadas en el tiempo, etapas que corresponden a la vez a
cuatro diferentes enfoques o puntos de vista desde los cuales se han estudiado y se pueden
estudiar las relaciones entre los Estados.
El estudio de las relaciones entre los Estados ha sido objeto de investigación de los his
toriadores desde la época de Tucídides.1
Siguiendo el camino marcado por Tucídides, todas las grandes obras de historia que
la cultura occidental han producido sobre las relaciones entre las naciones, contienen ele
mentos fundamentales para la elaboración de conceptos teóricos explicativos de las
relaciones políticas interestatales. Las grandes obras clásicas de historia y aun los libros de
texto de historia universal, han sido hasta ahora, en realidad, libros de historia política, pues
su objeto central de estudio ha sido, por lo general, las relaciones y formación de los
Estados y naciones. La filosofía política del siglo XVIII y la filosofía de la historia del siglo
XIX marcaron y orientaron las corrientes más importantes de las escuelas dedicadas al
estudio de la historia diplomática europea. Esto explica, en parte, el que hasta la Primera
Guerra Mundial, por el carácter eminentemente historicista del siglo XIX, el estudio de las
relaciones internacionales fuera virtualmente monopolizado por los historiadores de la
diplomacia. En ese aspecto, las escuelas francesas, inglesas y alemanas lograron brillantes
resultados, por lo que se refiere al Estudio de algunos hechos diplomáticos concretos o al
estudio de las políticas extranjeras de ciertos regímenes dentro de un determinado periodo.
La orientación y métodos de la política exterior de algunos soberanos, o las decisiones
políticas de los ministros británicos, como Palmerston o Canning, fueron el objeto de
provechosas investigaciones históricas. Desde un punto de vista histórico, este periodo se
caracterizó por el alto grado alcanzado en la observación de los principios de la
documentación e investigación histórica. Es interesante constatar cómo sus más
1
Aron, Raymond. "Thucydide et le Récit Historique", Dimensiones de la Consciencie Historique. Paris, Plon, 1961, 343 pp.
EL CAMINO HACIA LA TEORÍA DE LAS RELACIONES… 67
Una vez reconocidos los límites o los excesos a los que puede conducir el recurso
exclusivo a la historia diplomática para la comprensión de las relaciones internacionales, es
necesario subrayar y reconocer la función primordial que juega la historia diplomática en la
constitución de las relaciones internacionales como disciplina específica dedicada al estudio
de las relaciones entre los Estados.
Las relaciones internacionales en tanto que ciencia política, como el resto de las ciencias
humanas y sociales, es histórica; las relaciones internacionales se desarrollan en el tiempo.
No fue un accidente el que se confundieran en el pasado con la historia internacional en
general o con la historia diplomática en particular. Pero este hecho no nos autoriza a
confundir el orden genético con el orden epistemológico. Una cosa es el papel que jugó la
historia y sus técnicas de investigación en una etapa de la formación de las relaciones
internacionales como disciplina, y otra el papel que guarda la historia como instrumento o
como enfoque en el estudio de la realidad internacional.
La historia nos ofrece un conocimiento de hechos singulares, únicos y que no se pueden
repetir; tiene por misión hacer aparecer las condiciones reales en que un fenómeno histórico
se produjo, las condiciones en que una acción diplomática tuvo lugar. Aquellos que sólo
admiten el conocimiento científico de lo que es general, niegan por esa razón a la historia
su carácter de ciencia. En su nivel teórico las relaciones internacionales buscan en el
devenir humano no lo que hay en él de singular, de único, sino los elementos permanentes y
durables: las regularidades. La explicación historiográfica de las relaciones internacionales
particulariza, o al menos describe, las vicisitudes de las relaciones internacionales sin
explicarlas; la explicación que pretende ofrecer la teoría de las relaciones internacionales es
una explicación de validez general mediante el recurso de la identificación de los elementos
típicos.
Como sucede con todas las ciencias humanas, la relación entre la historia y las
relaciones internacionales es constitutiva. Sin embargo, hay que reconocer que la historia, o
en este caso la historia diplomática, no puede responder convenientemente al tipo de
pregunta fundamental que las relaciones internacionales tratan de responder. Eso no impide
que la historia diplomática ocupe el rango eminente que le corresponde entre los métodos a
los que recurren las Relaciones Internacionales para solucionar sus problemas. La historia
diplomática es a las relaciones internacionales, en cierta forma, lo que experimentación a
las ciencias naturales; cumple las funciones de un laboratorio de las experiencias colectivas
y particulares más diversas.
En nuestros días, obras como las publicadas por Pierre Renouvin, Duroselle o E. H.
Carr, son una brillante muestra de las funciones que puede cumplir esa tendencia que en
otra época prevaleció en el estudio de las relaciones internacionales.2
2
Renouvin, Pierre. Histoire des Relatións Internationales, París, Rachette, 1953 (VIII tomes). Duroselle, JeanBaptiste. Histoire
Diplomatique de 1919 a nos Jours, París, Dalloz, 1953 (4a. edition), 744 pp. Carr, E. H. Twenty Years Crisis, London, 1939.
EL CAMINO HACIA LA TEORÍA DE LAS RELACIONES… 69
Los juristas de ese primer periodo "clásico" se limitaron a formular ciertas reglas
mínimas para regularizar las relaciones entre las naciones. El derecho diplomático, que
reguló las relaciones entre las potencias europeas a partir del Tratado Viena en 1815, fue el
logro más considerable alcanzado por las corrientes positivistas y naturalistas en materia de
legislación internacional. Con un extraño realismo consagraba el principio Pacta sunt
servanda al mismo tiempo que su contrapartida el Rebus sic stanibus. El respeto a los
tratados dependía de la permanencia de la situación. Si el esfuerzo de los juristas logró que
se respetase la inviolabilidad de la valija diplomática, un amplio sector de la realidad in
ternacional no pudo caer bajo la fuerza de la ley; la guerra, la expansión territorial, el trato a
la población interna, quedaban a la libre discreción de los Estados.
Si la limitación de sus intenciones nos explica en gran medida la confianza que los
investigadores de las relaciones internacionales concedieron al derecho y al análisis jurídico
para el estudio de la realidad internacional, hay que considerar también que el elemento de
la efectividad relativa que el derecho internacional alcanzó, por lo menos hasta la época de
la Primera o Segunda Guerra Mundial, nos puede explicar la confianza que tuvo en el
Derecho Internacional antes del Pacto de la Sociedad de Naciones y durante las dos décadas
que lo siguieron.
En efecto, es innegable la función relativamente efectiva que durante varios siglos el
derecho internacional clásico desempeñó en la regulación de las relaciones entre las
naciones europeas.
Pero también es un hecho que esa efectividad relativa fue alcanzada en razón a las
condiciones especiales de homogeneidad cultural que reinaban en el continente europeo.
Una atmósfera común, un lenguaje lógico semejante, los valores de la axiología greco
latina y judeocristiana, fueron factores que al conjugarse hicieron posible la formulación,
la aplicación y aceptación de algunas reglas jurídicas limitadas. Sin embargo, es importante
subrayar que el recurso a la regla jurídica para solucionar algún conflicto, era sólo previsto
en el caso de que se tratara de un conflicto entre miembros de la misma cultura política.
Cuando se trataba de relaciones con otras comunidades culturalmente extranjeras, la
regla no era aplicada. Las relaciones conflictivas establecidas entre España y Portugal,
referentes a la dominación de los territorios descubiertos por los europeos en el siglo XVI,
fueron susceptibles de ser reglamentadas por una decisión arbitral; en cambio, las
relaciones entre el imperio español y el azteca o el inca quedaban fuera de toda posible
reglamentación jurídica.
La radical diferenciación de la sociedad internacional, cada vez más acentuada por la
fuerza adquirida recientemente de otras culturas ajenas a la europea, y las intenciones
ambiciosas a diferencia de las de los clásicos, de los juristas y políticos idealistas que
inspiraron la creación y el funcionamiento de la Sociedad de Naciones, son algunos de los
factores fundamentales que nos permiten entender la incapacidad que demostró el enfoque
jurídico para analizar y explicar, recurriendo exclusiva o fundamentalmente a criterios o
conceptos legales, el fenómeno complejo de las relaciones internacionales.
A partir de 1918, es perceptible, como consecuencia de la gran guerra, del inicio del
proceso de descolonización, de la creación de la Sociedad de Naciones y de los efectos
exteriores de la Revolución Rusa de 1917, un cambio radical, tanto en las concepciones,
EL CAMINO HACIA LA TEORÍA DE LAS RELACIONES… 71
como en las funciones que los investigadores de los asuntos internacionales, marcados por
una formación jurídica, atribuyen tanto al derecho internacional como a las instituciones
internacionales. Ese nuevo pensamiento jurídicopolítico ha encontrado sus expresiones
más altas, después de evolucionar por más de 40 años, en documentos tan importantes
como la Carta de Nuremberg, la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal
de los Derechos Humanos. Las opiniones, las críticas y las aportaciones que juristas,
doctrinarios y políticos de las nuevas naciones, de los países "no alineados" y de las
"naciones pobres", son una clara expresión de los elementos que han contribuido a la
formación de lo que se ha llamado el derecho internacional nuevo.3
Es un hecho evidente que la reflexión teórica sobre el derecho internacional público
desde la enunciación de los 14 puntos de Wilson hasta la declaración "Bandung" ha
evolucionado considerablemente. El derecho internacional clásico, que correspondía y
estaba destinado a regular las relaciones particulares de los países europeos, después de las
dos guerras mundiales y del consecuente rompimiento de la homogeneidad cultural de la
sociedad internacional participante, se reveló incapaz, no ya de explicar dentro de sus
propios marcos la nueva realidad internacional sino hasta de jugar un papel ideológico
efectivo como creador de condiciones reales para el desarrollo de la sociedad internacional.
La creencia de que una vez establecido un organismo internacional del tipo de la
Sociedad de Naciones o de las Naciones Unidas, los trágicos y graves problemas de las
relaciones entré Las naciones desaparecerían al ser solucionados a través de las vías
administrativas, inspiro gran parte de los estudios publicados en esa época. En ese entonces,
las relaciones internacionales eran definidas como el estudio de los problemas legales y
éticos suscitados por el proyecto de la Sociedad de Naciones. Una curiosa amalgama de la
fe que el siglo XVII tenía en la razón, con los modelos y procesos de las instituciones
democráticas del siglo XIX, servía como soporte teórico a este enfoque de las relaciones
internacionales realizado desde un punto de vista exclusivamente jurídico, en el cual por un
principio del derecho internacional, la sociedad mundial era transformada de un sistema de
Estados soberanos y heterogéneos en una unión mundial, en la cual los derechos, así como
el castigo de los crímenes internacionales, estaban garantizados por los organismos
internacionales.
Esta etapa "legal" e "institucional" del estudio de las relaciones internacionales puede
ser caracterizada por tres rasgos sobresalientes que a la vez nos explican sus logros y nos
muestran sus deficiencias.
Primero: un optimismo excesivo es típico del espíritu general de esa época. Perduraban
en la imaginación de los hombres que estudiaban y realizaban la política mundial los
movimientos pacifistas del siglo XIX. La idea del progreso, elaborada por la cultura
occidental, era aceptada fácilmente por las nuevas culturas que participaban en la contienda
mundial.
3
Alvarez, Alejandro. Le Droit International Nouvemi, París. Pcdone, 1960, 165 pp. Ver también el importante estudio de: Kaplan,
Morton A. and Kattzenbach, Nicholas de B. The Political Foundations of International Law, New York, J. Wiley, 1961, XII, 372 pp
EMILIO CÁRDENAS ELORDUY 72
4
Schwarzenberger, George, Power Politics A Study of International Society, London, Stevens and Sons (2a. edition), 1951, XXII, 898
pp.
EL CAMINO HACIA LA TEORÍA DE LAS RELACIONES… 73
que desempeña una disciplina como auxiliar de otra en el análisis de un determinado sector
de la realidad, con la disciplina misma.
La importancia que tuvo el análisis jurídico en la génesis de la nueva disciplina no debe
ser causa suficiente para que se confunda con ella desde un punto de vista epistemológico
Si el derecho internacional se reveló incapaz en su intento de formular una teoría
comprensiva de la realidad política internacional, se debió, en gran parte, a que sus propias
presuposiciones teóricas no correspondían, por la ausencia de un fundamento sociológico,
en manera alguna con los problemas más explosivos y urgentes que la sociedad
internacional planetaria presentaba. Los estudios teóricos del derecho internacional, sobre
todo, en el periodo anterior a la Segunda Guerra Mundial, descuidaron el problema de la
íntima relación que existe entre los objetivos políticos y los intereses de las naciones, por
un lado, y por el otro, la ausencia de la voluntad efectiva para someterse a las exigencias de
la "ley internacional". Sobre todo, cuando esa ley internacional, en gran medida, era
producto de la experiencia y necesidades propias de un determinado tipo de cultura, en este
caso la occidental, y cuyos principios lesionaban o no tomaban en cuenta los intereses de
las comunidades no occidentales.
A pesar de esto, en ninguna forma se pueden considerar estériles los resultados teóricos
obtenidos por el enfoque jurídico de las relaciones internacionales entre las naciones, pues
gracias a él fue posible, desde esa época, caracterizar la función de las instituciones in
ternacionales, y con sus análisis teóricos más importantes logró destacar el papel
fundamental que niegan las reglas y las estructuras en la internacional; el resultado negativo
al que condujo el análisis jurídico proporcionó, por otra parte, uno de los elementos
esenciales de la definición de las relaciones internacionales: a saber, la ausencia de una
norma jurídica reconocida y obligatoria que regule la conducta de los Estados en sus
relaciones con los otros Estados y con la sociedad internacional en general. Cuando los
juristas son más afortunados en su investigación teórica y llegan a encontrar la norma que
pudiera regular jurídicamente las relaciones entre las naciones, lo que no pueden determinar
cabalmente es el "poder" que asegure su efectividad y obligatoriedad.5
5
Du Pasquier, E. Théories du Droit International Publique. París, Pedone, 1968, 245 pp.
EMILIO CÁRDENAS ELORDUY 74
por objeto el estudio de la "realidad política" aunque este objeto, en ese momento, no fuera
perfectamente delimitado. Extraña paradoja la de la ciencia política, la más antigua de todas
las ciencias sociales dotada por Aristóteles de autonomía y de primacía jerárquica. El
creador del estudio comparativo de las constituciones, encontró nuevos discípulos en las
universidades de los Estados Unidos, en cuyas aulas, durante el primer cuarto del .siglo
XX, renacen los estudios políticos dando así origen a la llamada New Political Science
profundamente enraizada en un empirismo metodológico y con unos rasgos que le
confieren características propias y, a veces, sensiblemente diferentes de aquello que los
herederos europeos de la "ciencia arquitectónica por excelencia" llaman Science politique.
Así pues, en nuestro siglo el interés por emprender el estudio de las relaciones
internacionales, desde un punto de vista esencialmente político, fue una preocupación
aparecida originariamente entre los especialistas norteamericanos y anglosajones.
Resultado de ello fue el que, en sus universidades fuera en donde primero alcanzó la ciencia
política un status universitario y un efectivo reconocimiento a sus servicios académicos y
prácticos. El brillante destino que han conocido las ciencias políticas y las relaciones
internacionales en las universidades norteamericanas, a diferencia de lo que sucedió durante
mucho tiempo en otras regiones del mundo, quizás se explique por el papel que como
agente histórico está desempeñando esa nación desde 1914, así como por su especial
tradición jurídica y filosófica. En efecto, mientras en los países europeos, en Alemania y en
Francia especialmente, la sólida tradición filosófica, jurídica e histórica hicieron posible
que las relaciones internacionales y la política en general fueran objeto de estudio de varias
disciplinas (la filosofía jurídica, la filosofía de la historia, la teoría del Estado, la historia
diplomática, la sociología y el derecho internacional) impidiendo con ello la creación de
una disciplina autónoma diferente. En cambio, en los Estados Unidos, en donde se carecía
de ese peso que a veces significa una rancia tradición académica, fue más fácil regresar a
aquella antigua visión griega que con facilidad había reconocido la especialidad del
fenómeno político y sentido la necesidad de su estudio sistemático, tanto teórico como
pragmático. Hay que decir, sin embargo, que en la realización de esta última característica,
las orientaciones dadas por la tradición inglesa que se remonta hasta la Edad Media, no
fueron en manera alguna de poca importancia. En Norteamérica, como en otros países
europeos, en medio de memorables querellas, que todavía hoy en día se mantienen sobre el
contenido del término política, así como del concepto de ciencia, se fueron estableciendo a
partir de la segunda década de este siglo, cátedras, centros de estudios especializados,
escuelas y facultades dedicadas al análisis de los fenómenos políticos, tanto nacionales
como internacionales.6
En esos años apareció claramente una tendencia, que se venía acentuando desde la
década anterior, a integrar el estudio de las relaciones internacionales a los métodos y
objetivos que ya había más o menos logrado constituir la renaciente ciencia política. El
interés por analizar las relaciones de los Estados desde un punto de vista político, o de
estudiar esencialmente el elemento "político" de las relaciones entre las naciones, se ca
6
Baker, Ernest (primer profesor de Ciencia Política en Cambridge). The Study of Political Science and its Relalions to Cognate Studies,
Cambridge, Cambridge University Press, 1928, 531 pp.
EL CAMINO HACIA LA TEORÍA DE LAS RELACIONES… 75
entre los Estados eran el resultado, tanto del choque de intereses contradictorios, como de
los diferentes fines que al poder le asignaban los gobiernos y Estados soberanos que
integraban la sociedad internacional.
Esta nueva orientación de las relaciones internacionales hacia el realismo político, fue
particularmente importante y original para la tradición americana, pues los especialistas
europeos continuaban sus estudios cada vez más orientados hacia la sociología de los
conflictos internacionales con base, generalmente, en la filosofía política o en la filosofía de
la historia.7
7
Toynbee, Arnold. A Study of History, London, Oxford University Press, 1945 (XII tomos). Aron, Raymond. Introduction a la
Philosophie de l'Histoire: Essai sur les limites de l'objectivité historique, Paris, Gallimard, 1938, 355 pp.
EL CAMINO HACIA LA TEORÍA DE LAS RELACIONES… 77
8
Thompson, Kenneth. Political Realism and the Crisis of World Politics: un American Approach to Foreign Policy, Princeton University
Press, 1960, XII, 261 pp. Ver también del mismo autor: Christian Ethics and the Dilemma of Foreign Policy, Durham (R.C.). Duke
University Press. 1959. XII. 148 pp.
9
Thompson, Kenneth. "American Approaches to International Politics", Yearbook of World Ajfairs, Londres. 1954, 21733 pp
EMILIO CÁRDENAS ELORDUY 78
Morgenthau, el teórico
En Hans Morgenthau, 14 la escuela realista del análisis internacional encontró su más
brillante exponente. De los estudiosos norteamericanos de su generación, fue el que logro
elaborar una obra más consecuente, rigurosa y clara. Politics Among Nations, cuya primera
edición data de 1948, es el producto de un esfuerzo de reflexión continua ante aquellos
procesos políticos más significativos que le han dado perfil propio al siglo XX, desde la
perspectiva particular en la cual se encontraron los observadores norteamericanos de la
posguerra. Politics Among Nations es la síntesis original en la cual aparecen formulados por
primera vez de manera sistemática todos los temas, conceptos y principios que las diversas
tendencias y autores fueron forjando durante el espacio de dos décadas de crítica dirigida en
contra de los enfoques y métodos tradicionales del análisis internacional. Morgenthau se
propone elaborar una teoría realista de la política internacional, que pueda ofrecer al
politólogo un aparato conceptual de análisis que distinga sus investigaciones de las del
historiador, del jurista o del moralista. Su obra es una reacción ante la actitud "idealista"
que marcó los estudios de la generación anterior sobre las relaciones internacionales, obras
que en su mayoría fueron escritas bajo el patronato de instituciones y fundaciones
humanitarias. En virtud de la influencia que recibió a través de la obra de Niebuhr, sus
escritos son muestra clara de la lucidez con que afronta constantemente el dilema moral del
10
Thompson, Kenneth. Political Realism and the Crisis of World Politics: an American Approach to Foreig Policy, Princeton, Princenton
University Press, 1960, XII, 148 pp.
11
Kennan, George F. American Diplomacy: 19001950, Chicago, The University of Chicago Press, 1951, X, 154 pp.
12
Beard, Charles. The Idea of National Interest, New York, 1934.
13
Clausewitz, Cari Von. De la Guerre, Paris, Les Editions de Minuit, 1955, 757 pp.
14
Morgenthau, Hans J. Politics Among Nations: the Struggle for Power and Peace, New York, Alfred A. Knopf, 1948 (la. edition), 237
pp. Dilemmas of Politics, Chicago, Chicago University Press, 1958, X, 390 pp. In defense of the National Interest: a Critical
Examination of American Foreign Policy, New York, Alfred A. Knopf, 1951, XII,
248 pp. Scientific Man vs. Power Politics, London, Latimer House, 1947, 207 pp.
EL CAMINO HACIA LA TEORÍA DE LAS RELACIONES… 79
15
Wolfers, Arnold: "The Anglo American Tradition in Foreign Affairs" en: Fox William T.R., editor, Theoretical Aspects of
International Relations, Indiana, Notre Dame University Press, 1959, 118 pp
EMILIO CÁRDENAS ELORDUY 80
16
Schwarzenberger, George, op. cit., p. XIII.
EL CAMINO HACIA LA TEORÍA DE LAS RELACIONES… 81
Mediante ese procedimiento era más satisfactorio cuando se identificaba y confundía a esta
última con la misma ciencia política. De esta manera, el estudio de las relaciones
internacionales quedaba constituido así, después de la identificación de los elementos que
siempre y en todos los casos tienen que ser tomados en cuenta cuando los hombres de
Estado y sus consejeros en asuntos internacionales proceden a la elaboración y diseño de
políticas exteriores efectivas y realistas. El estudio de las intenciones profundas de los
miembros de la escuela realista permite decir, guardando todas las reservas necesarias a las
que obliga el ejemplo, que el concepto de "poder" desempeña en su esquema teórico la
misma función de concepto clave que el que desempeña la noción de gravitación universal
en el esquema teórico de la física clásica newtoniana.
17
Thompson, Kenneth. "American Approaches to International Politics", Yearbook of World Affairs, Londres (18), 1959, p. 204.
EL CAMINO HACIA LA TEORÍA DE LAS RELACIONES… 83
que desempeña el concepto del interés nacional, tanto en el análisis como en la elaboración
de las políticas exteriores de los Estados.
La validez, la verdad o la efectividad de los axiomas puede servir, en algunos casos,
como índice para la clasificación de las ciencias, y en cierta forma el grado de validez o la
vigencia de una teoría científica pueden ser medidas por la resistencia que sus axiomas
oponen al tiempo y al análisis crítico. Veinticuatro siglos fueron necesarios para que las
geometrías no euclidianas demostraran que los axiomas de la geometría de Euclides eran
meros postulados; menos de dos siglos bastaron para que Einstein redujera a sus límites
propios a la teoría general de la mecánica clásica, y el transcurso de una década fue
suficiente para que los postulados fundamentales de la teoría realista de las relaciones
internacionales perdieran su prestigio de axiomas. La constatación de esas verdades en
ninguna forma debe ser motivo de un pesimismo radical epistemológico. De la misma
manera en que las teorías cuánticas no eliminan el contenido de validez de la teoría de
Einstein de 1905, ni la obra de Lobatchevsky destruye la validez, dentro de sus propios
límites, de las proposiciones de Euclides, las críticas a los enunciados teóricos de
Morgenthau, al revelar sus presupuestos indemostrables, sólo marcan los límites propios de
sus condiciones de efectividad, tanto en el plano teórico como en el nivel práctico.
Por otro lado, las críticas severas de que ha sido objeto y las polémicas a las que ha dado
lugar la teoría "realista", han resultado de una inapreciable utilidad epistemológica, ya que
el diálogo crítico con las posiciones realistas ha revelado, con mayor claridad, que nunca
los obstáculos y dificultades que tenía que vencer todavía la ciencia política en general, y
las relaciones internacionales en particular, para proseguir fructuosamente la tarea, jamás
definitiva, de su fundamentación teórica.
Si la década de los cincuenta se caracterizó por una aceptación casi unánime de los
puntos de vista de la escuela realista, influencia que se manifestó en la proliferación de
estudios y manuales de uso universitario en los que se ampliaban y se aplicaban a casos
concretos los principios teóricos expuestos en la obra de Morgenthau, esa década fue
también, aunque en menor forma, la que presenció en sus últimos años la aparición de
nuevas orientaciones y búsquedas en el estudio de las relaciones internacionales. Muestra
de ello fue la necesidad que sintieron los especialistas de la nueva generación de nuevos
planteamientos metodológicos para los cuales el concepto de "poder" y la idea de "interés
nacional" utilizados como nociones básicas y organizadoras, resultaban un tanto deficientes
y ambiguos en virtud de su excesiva amplitud significativa, provocada por el uso cotidiano
de esos conceptos.
Los politicólogos de la nueva generación, al mismo tiempo que reconocían que el
enfoque realista con sus ideas y categorías fundamentales les permitían explicar, a partir de
un marco de referencia único, en número considerable de fenómenos políticos inter
nacionales que hasta entonces no habían sido comprendidos en forma satisfactoria, no
dejaban sin embargo de observar con razón que la ambigüedad y amplitud de esos
conceptos era a tal punto nefasta, por las dificultades que presentaba su definición unívoca,
que la misma tarea de la definición en ocasiones, más que aclarar, oscurecía e impedía la
solución o hasta el simple planteamiento de interrogantes necesarias en otros sectores
importantes de la realidad política internacional.
EMILIO CÁRDENAS ELORDUY 84
Es indudable que uno de los factores que suscitaron el interés por las investigaciones
teóricas en materia de relaciones internacionales, y que en buena parte hicieron que ésta
avanzara en el camino del rigor, fue la serie de polémicas que en el transcurso de dos
décadas han sostenido los escritores "realistas" con todos aquellos especialistas que por una
u otra razón se han mostrado en desacuerdo con los principios y la metodología utilizada
por los autores de la Real Politik americana. La primera polémica que dominó la década de
los 50's en materia de relaciones internacionales, no se entabló entre los realistas y los
críticos de la nueva generación sino entre los primeros y los sostenedores de los métodos
tradicionales.18 La viva querella académica enfrentó a los argumentos idealistas, cuya
pretensión era que la teoría fuera un instrumento para transformar al mundo y que estuviera
al servicio del perfeccionamiento de las organizaciones mundiales emanadas de la Primera
Guerra Mundial, únicas que, por ellos podrían imponer a las naciones un orden más justo
contra los argumentos realistas que, por principio, habían renunciado a la idea de
transformación radical de la naturaleza humana o de la sociedad internacional. Por su
pretensión de elaborar una teoría que no estuviese orientada axiológicamente, la escuela
realista era considerada por los "idealistas" wilsonianos norteamericanos como la expresión
de una actitud intolerablemente cínica y por los "progresistas" de todo el mundo como una
pura ideología reaccionaria.
Por otra parte el desarrollo particular que siguió la ciencia política norteamericana
durante la década pasada, orientado hacia el "factualismo", condujo a las investigaciones
políticas a distanciarse de la visión global de los problemas y a olvidar la necesidad y el
valor de la teoría general; sus críticas por esa razón, aunque radicales en la mayoría de los
casos, carecían de fundamento, pues la misma idea de teoría se les escapaba y era prác
ticamente incomprensible para esos politicólogos, preocupados exclusivamente por el
taller, la monografía o la cuantificación empírica.
Sin embargo, al finalizar esa década, después de la querella entre "realistas" e
"idealistas", y una vez que pasó la euforia por el microanálisis, tan necesario y útil a una
ciencia que como la política vivió durante mucho tiempo alimentada esencialmente del
método deductivo, cuando no por las elucubraciones puramente doctrinarias, apareció una
fuerte tendencia hacia las ideas generales, las síntesis y la teoría pura. Con un mayor
conocimiento de aquellos elementos que integran la realidad política internacional y que
son susceptibles de ser cuantificados con ayuda de las nuevas técnicas desarrolladas por la
ciencia política: análisis estadísticos, sondeos de opinión, análisis de contenido, análisis
matemáticos, estudios de la sicología social, etcétera, los especialistas de la política
internacional emprendieron nuevas búsquedas teóricas con base en esos métodos que la
ciencia política pragmática ponía a su disposición.
La década que acaba de terminar ha sido testigo del fin de la guerra fría del desarrollo
excepcional de las armas atómicas y de los sistemas electrónicos defensivos y ofensivos.
También ha percibido con mayor claridad la nueva constelación diplomática en la que
18
Wright, Quincy, "Realism and Idealism in International Politics", World Politics, Londres, 5 (1), octubre 1952, pp. 116128.
EL CAMINO HACIA LA TEORÍA DE LAS RELACIONES… 85
aparecen, una vez disipada la nube de destrucción y confusión que provocó el último
conflicto mundial, los nuevos protagonistas principales, que con sus decisiones políticas
marcarán en forma decisiva el drama político de la segunda mitad del siglo XX. En medio
de ese nuevo clima y ante esas nuevas realidades históricas, el esfuerzo por teorizar en
materia de relaciones internacionales ha entrado en una nueva fase de su evolución.
Podemos decir que la etapa actual se caracteriza por la clara conciencia que han adquirido
los especialistas de las relaciones internacionales, de los problemas metodológicos que
presenta el conocimiento científico del sector más complejo de la realidad que el hombre
tiene frente a sí como objeto de conocimiento: las relaciones entre las naciones, los Estados,
las culturas. El privilegio que se le ha acordado a la reflexión teórica y sistemática ha sido
efecto de esa preocupación por los aspectos fundamentales del conocimiento científico y
positivo de los elementos esenciales y constitutivos que estructuran el campo de estudio de
las relaciones internacionales.
La preocupación se encuentra en todos los niveles, desde el simple ciudadano hasta el
consejero del jefe de Estado, pasando por el politicólogo que pretende, cumpliendo con su
vocación científica, situarse en las condiciones óptimas que le permitan la objetivación y
descripción del fenómeno, y elaborar así sistemas explicativos generales que den cuenta del
cómo y porqué de los fenómenos políticos internacionales. Si bien es cierto que en todos
estos niveles la pregunta del "para qué" no puede ser de hecho eliminada, el politicólogo
tiene que ser aquel observador que, en razón de una pura exigencia metodológica, debe ser
consciente, más que ningún otro sujeto de conocimiento, de aquellos elementos ideológicos
que indefectiblemente se introducen, a lo largo de todo el proceso hermenéutico,
distorsionando tanto la visión que se tiene del fenómeno, como los juicios que se hacen
sobre él; ya que la introducción de elementos perturbadores se inicia desde el momento en
que se decide la mera selección de aquellos factores que serán objeto de estudio.
La década pasada vio aparecer, bajo la influencia de el libro de Morton Kaplan System
and Process in International Relations,19 una nueva corriente metodológica, que en
palabras del mismo Kaplan se denomina systematic empirical análisis.20 A la obra antes
citada siguieron otras en cuyas paginas se intentaba dar una nueva fundamentación teórica a
las relaciones internacionales en tanto que es una disciplina específica y relativamente
autónoma dentro del campo de las ciencias sociales. Ésta se hacía a partir de las nuevas
aportaciones conceptuales y técnicas de las diferentes ciencias sociales, especialmente de
aquellas que estudian la conducta humana con intención de cuantificación y verificación
rigurosa. En realidad este approach o enfoque representa el impacto de las teorías
conductistas en el ámbito de las relaciones internacionales (para una visión crítica de esta
escuela de pensamiento ver especialmente David Easton: The PostBehavioral
Revolution).21 La Teoría General de los Sistemas es el marco de referencia fundamental a
partir del cual
19
Kaplan, Morton. System and Process in International Politics, New York, John Wily and Son, Inc., 1957,280 pp.
20
Kaplan, Morton. Macropolitics: Essays on the Philosophy and Science of Politics, New York, Aldin, 1968.
21
Easton, David. "The Post Behavioral Revolution", The American Political Science Review, vol. LXIII, núm. 4, december 1969.
EMILIO CÁRDENAS ELORDUY 86
Burton, Burton y de otros muchos que vieron la luz a lo largo de la década que acaba de terminar.22
La importancia de dichos trabajos es tal, que en este breve ensayo sólo es posible señalarlas
dejando para otra ocasión su presentación y comentario más detallado.
Los autores antes mencionados se consideran a sí mismos "científicos" en contraposición con los
"tradicionalistas" o clásicos que derivan sus análisis y estilos de interpretación de los principales
presupuestos teóricos realistas.
Algunos estudiosos han caracterizado, desde un punto de vista teórico, el paso de una posición
realista hacia una científica como el paso del "modelo del poder" al "modelo
22
La bibliografía básica sobre este periodo es la siguiente:
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38.
EL CAMINO HACIA LA TEORÍA DE LAS RELACIONES… 87
23
Burton, J. W. International Relatoins a General Theory, Cambridge, Cambridge University Press, 1965, 288 pp. Ver también su obra
más reciente: Systems, States, Diplomacy and Rules. Cambridge. Cambridge University Press, 1968, 251 pp.
24
Bull, Hedley. "International Theory: A case for a Classical Approach", World Politics, 19 (4), April 1966, pp. 361379.
25
Kaplan, Morton A. "The New Great Debate: Traditionalism vs. Science in International Relations", World Politics, 19(l)October 1966:
pp. 120.
26
Aron, Raymond. "Paz y guerra entre las naciones" Revista de Occidente, París, CalmanLévy, 1962. Ver
especialmente: "Qu'estce que c'est une Théorie des Relalions Internationales?" Revue Francaise de Science
Politique, 17 (50), octobre, 1967: pp. 83761. Y especialmente: Hoffmann, Stanley. Teorías modernas de las
Relaciones Internacionales. Madrid, Editorial Tecnos, 1960
EMILIO CÁRDENAS ELORDUY 88
la naturaleza de la polis ateniense; así como en los 25 siglos de filosofía política, que van
desde el I modelo de la "bipolaridad" elaborada por Tucídides, pasando por los análisis del
florentino Maquiavelo sobre la pluralidad de soberanías competitivas que caracteriza la
Italia renacentista de las repúblicas rivales, hasta llegar a las teorías contemporáneas
relativas a la guerra termonuclear.
La actual etapa, marcada por el deseo de elaborar modelos generales y comprensivos,
por el rigor que pretende alcanzar en la definición de sus conceptos de base, por la
preocupación de fundamentar los principios e hipótesis teóricas, se ha propuesto como su
principal virtud positiva, clarificar el campo esencial de estudio y formular las condiciones
de posibilidad de los sistemas de preguntas significativas, a los que antes nos hemos
referido. La actitud crítica que han mostrado los teóricos de las relaciones internacionales,
desde el inicio de la presente década, y que se revela en forma patente a través de las
principales polémicas metodológicas que han aparecido en las páginas de las más
prestigiadas, revistas especializadas, dividen, a la vez que agrupan, a los investigadores en
nuevas y múltiples tendencias que no logran todavía formar "escuelas" o "corrientes
teóricas" con el mismo grado de estructuración que en los años 1950 logró la escuela
realista.
Si a primera vista, las obras publicadas en los últimos años dan muestra de una cierta
confusión conceptual y falta de sistema en sus procedimientos, se puede decir, sin embargo,
que algunos de los autores más distinguidos, gracias a esa efervescencia teórica y crítica
que por razones históricas evidentes ha invadido el campo de las relaciones internacionales,
han cobrado conciencia de tres hechos fundamentales que determinan el carácter de buena
parte de los ensayos teóricos que se están realizando en la actualidad: 1) de la necesaria
utilización, aunque con prudencia, de todos los métodos modernos de análisis y
cuantificación política en aplicación al estudio de los fenómenos internacionales, junto con
lajusta aplicación de los métodos tradicionales de estudio, análisis teórico, análisis
diplomático, análisis jurídico, análisis institucional; 2) de los servicios prácticos que pueden
proporcionar las síntesis teóricas aunque éstas sean prematuras y de validez restringida; 3)
la conciencia de los problemas epistemológicos fundamentales que implican las relaciones
entre ideología y análisis científico; entre las exigencias pragmáticas de la elaboración de
una política exterior determinada y el conocimiento efectivo de un sistema diplomático;
entre la formulación de utopías y la expresión de la realidad política internacional, en una
representación abstracta.
Los principales esfuerzos teóricos significativos (realizados actualmente) tendientes a
dilucidar la problemática general de las relaciones internacionales, por divergentes que sean
sus conclusiones y los métodos utilizados, necesariamente toman en consideración estas
tres preocupaciones y, en general, sus preguntas están formuladas a partir de esas
exigencias metodológicas.
En los últimos años las instituciones académicas y gubernamentales más importantes del
mundo dedicadas al estudio de los problemas que presentan las relaciones internacionales
contemporáneas, han favorecido, por todos los medios posibles, aquellas investigaciones
efectuadas por individuos aislados o por equipos de investigadores que tienen como objeto
de su búsqueda la crítica, la evaluación o la elaboración, tanto de conceptos de base como
EMILIO CÁRDENAS ELORDUY 90
HansJoachim Leu*
I. Nota Preliminar
* Texto original: HansJoachim Leu. "Introducción al estudio de las relaciones internacionales" en Politeia , No. 1, Instituto de Estudios
Políticos, Facultad de Derecho, Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1972, pp 89119.
1
Estamos conscientes de lo impreciso que puede resultar el término "enfoque". Sin embargo, lo hemos preferido al término de "método",
por cuanto acerca del concepto de este último existen en la literatura dedicada a las Ciencias Políticas criterios aún más confusos que los
referidos al concepto de "enfoque". Marcel Bridel, por ejemplo, enfatiza la necesidad de un método global para las Ciencias Políticas que
"utilice y coordine, cualquier otro [método]" sugiriendo que en esta tarea se siga, el experimento ya realizado en el Derecho Cons
titucional, pero omite aclaratorias ulteriores. Thomas I. Cook no distingue entre "enfoque" y "método" e insinúa la conveniencia de
deducir los métodos de las Ciencias Políticas de los marcos de referencia de éstas, o sea el "frame of reference" histórico, el constituido
por las partes integrantes de las Ciencias Políticas (el Estado, el Poder y las Instituciones Políticas) y el marco de referencia ecológico;
unas explicaciones del método, evidentemente no muy satisfactorias. Charles Eisemann, por no extender esta nota demasiado, estima que
la preocupación por los métodos sólo surge en relación con los problemas [a investigar] previamente constatados, y es, por ende,
dependiente de esta constatación y secundaria frente a la misma... Vid. UNESCO, ed., Contemporary Political Science; A Survey of
Methods, Research and Teaching, págs.: 65131; Liege; C. Thone, 1950.
2
Desde luego, ya se han hecho intentos de tipologizar los procedimientos aplicados al estudio de las Relaciones Internacionales. No los
hemos reproducido pues los que hemos consultado son, o demasiado amplios y hasta caóticos (N. J. Padelford y G. A. Lincoln, The
Dynamics of International Politics, por ejemplo) o demasiado específicos al tiempo que inexactos (Dieter Senghaas, "Internationale
Beziehungen...", en Zeitschrift fuer Politik. N° 1, 1967, por ejemplo.
3
Vid. Social Theory and Social Theory and Social Structure, pgs. 141143; Nueva York: The Free Press, 1968.
4
Vid. Oran of Young, Sistems Political Science, pg. 8, Englewood Cliffs, N. J.: Prentice Hall, Inc., 1968.
HANSJOACHIM LEU 94
5
Vid. Gerhard Lehmbruch, Einfuebrung in die Politikwissenschaft, pgs. 170172; Stuttgar: Kohlhammerverlag, 1967. Para percatarse de
la amplitud del campo de las Relaciones Internacionales, vid., por ejemplo, Karl W. Deutsch, The Analysis of International Relations, pgs
711; Englewood Cliffs, N. J.: Prentice Hall, Inc. 1968.
INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO… 95
6
Vid. Manuel GarcíaPelayo, Contribución a la Teoría de los Ordenes, en este mismo volumen.
7
H. Howe Ransom, "International Relations", en The Journal of Politics, No 2, vol. 30, pg. 353; 1961.
8
Aunque no sea posible, dentro del contexto de estas páginas, suministrar unas aclaratorias extensas acerca del concepto de organización,
otro posibilidad de configuración de un orden, conviene tener presente que esta configuración implica un fin conscientemente formulado
una fijación racional de medios y métodos necesarios para alcanzarlo y una conexión de personas y de recursos, en función del fin y de
los medios. Vid Manuel García Pelayo op. cit.
9
Compárese, por ejemplo, F.H. Hinsley, Power and the Pursuit of Peace; Londres: Cambrighe University Pres, 1963.
INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO… 97
10
Vid. pg. 97, sobre la distinción entre teoría y doctrina.
11
Vid. por ejemplo, Cecil V. Crabb, hijo, American Foreign Policy in the Nuclear Age, 2a. ed.; Nueva York: Harper & Row, 1965
HANSJOACHIM LEU 98
y hasta cierto punto, se debe también al mismo desarrollo tecnológico del mundo actual.
Los estudios comparativos tampoco llevan a cabo actualmente exclusivamente en base al
enfoque descriptivo.12 En todo caso, el cambio señalado no obedece tanto al resultado de
una toma de conciencia de lo insatisfactorio que pueda resultar el enfoque descriptivo, sino
es consecuencia del mismo desarrollo de la ciencia. Este desarrollo, es obvio, no abarca
solamente consideraciones referidas a la extensión de una disciplina, a su autonomía o
dependencia de otra rama del saber, sino también, y muy principalmente, los instrumentos
de trabajo en la misma. Resultado de ello es, desde luego, que el investigador, al recurrir a
nuevos enfoques, está en condición de operar con un número de variables y un sistema de
referencias de las que no dispone llevando a cabo el análisis empírico solamente. En
consecuencia, sus conclusiones serán más satisfactorias, más ilustradoras, y conducen
eventualmente a la formulación de teorías aunque las mismas estén circunscritas a
fenómenos individuales.
4. La dificultad más considerable, inherente al enfoque descriptivo, puede caracterizarse
con lo que dentro de otro contexto se ha llamado crisis de relevancia.13 En efecto, puesto
que no hay criterios de selección de datos empíricos que estén comúnmente aceptados (ni
puede haberlos) es posible que el enfoque descriptivo se consuma en la presentación de
hechos y acontecimientos, a veces completamente intranscendentes; que esté en él to
talmente ausente la ilustración de la relación causaefecto; que haga abstracción de la
necesidad de ubicar los datos en categorías cuyo establecimiento pueda ser racionalmente
defendido. En otras palabras, el enfoque descriptivo será siempre subjetivo. La
imposibilidad de eliminar totalmente el inconveniente anotado le es inherente al enfoque
que nos ha ocupado. Ella, en el mejor caso, puede ser reducida a un mínimo tolerable, y es
verdad que no se puede pretender más en una disciplina que no puede ser estimada como
perteneciente a las ciencias exactas. No creemos, finalmente, que el carácter subjetivo
aludido pueda ser superado por el hecho de que el investigador parta, antes de emprender
un trabajo en concreto, de una posición filosóficoideológica determinada. Lo que sucederá
en tal supuesto no es otra cosa que una proyección de la crisis de relevancia a categorías
existentes con anterioridad a la aplicación del enfoque descriptivo. El problema anotado no
quedaría resuelto.
12
Vid., por ejemplo, Chadwick F. Alger, "Comparison of international Politics", en Approaches to comparative and International
Politics, R. Barry Farell, de., pgs. 301 y ss.; Evanston, III.; Northwestern University Press, 1966.
13
Abdul A. Said, ed., Theory of International RelationsThe Crisis of Relevance, Englewood Cliffs, N.J.: Prentice Hall, Inc., 1968.
INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO… 99
concepto de teoría, pues las estimamos necesarias para la explicación de las categorías
clasificadoras de los enfoques, establecida anteriormente.
2. Entendemos por concepto dentro del contexto de este trabajo, lo que Karl W. Deutsch
llama14 una "exhortación de búsqueda, mas no una garantía de hallazgo", sin que por
ello hagamos nuestra la definición completa establecida por el citado autor en relación
con el "concepto de concepto", si se nos permite la expresión. Y no asimilamos la
definición del concepto, expuesta por Deutsch, pues posiblemente llevaría a la
identificación de lo que hemos llamado enfoque con lo que queremos se entienda por
concepto. Entendemos pues por enfoques conceptuales aquellos que indican la dirección de
la investigación a ser llevada a cabo. El concepto constituye de tal forma una suerte de
determinación del enfoque en virtud de que configura una construcción mental que delimita
nuestro marco de referencia para la investigación, al tiempo que traza, así sea muy
someramente, los criterios de relevancia para la selección de datos, y que a veces sugiere
(aunque con poca precisión) hasta los instrumentos a ser utilizados en la investigación.
3. Antes de esbozar sucintamente la esencia y algunas de las modalidades de los
enfoques que hemos comprendido bajo la presente categoría, resulta necesario también
delimitar la esencia de la teoría frente a la hipótesis y la doctrina (aunque incidentalmente
ya lo hayamos hecho) pues las dos últimas son confundidas frecuentemente con la primera,
aunque no sean idénticas a ella. La hipótesis, o, de acuerdo con el caso, las hipótesis
(unas relacionadas con las otras) constituyen, como apunta el citado autor G. Lehmbruch,
el contenido de la teoría. Pero mientras la hipótesis configura una suposición para la
descripción e ilustración de un problema determinado, suposición que eventualmente puede
conducir hacia un pronóstico, la teoría se caracteriza por el hecho de que su contenido
ha sido comprobado empíricamente. De tal forma, es evidente que los límites entre
hipótesis y teoría, eventualmente borrosos, sobre todo al aceptarse una definición mínima
de la última (la teoría como sistema de principios que expliquen fenómenos individuales)
pueden ser trazados perfectamente utilizando el criterio de la posibilidad de comprobación
empírica.15 La teoría es pues, de nuevo, un conjunto de principios generales explicativos de
fenómenos individuales y que pueden ser comprobados empíricamente. Por otra parte, la
identificación de la teoría con la doctrina es también equívoca. El contenido de la doctrina
viene dado por lo que en ocasiones se ha calificado de teoría normativa, un cuerpo de
proposiciones acerca de lo que debería ser y hasta de lo que podría ser.16 Creemos que es
preferible distinguir entre doctrina y teoría, antes que distinguir entre teoría normativa y
teoría causal, sobre todo en el caso del presente trabajo, el cual no está, ya lo dijimos,
preocupado con problemas de orden moral y ético. La definición de la teoría dada
anteriormente, dista de ser satisfactoria. Ella es, si se quiere, una definición operacional, o
sea, una definición que sirve para los propósitos de un trabajo en concreto. Y si bien es
14
Op. cit., pg. 13.
15
Vid. Lehmbruch, op. cit., pgs. 49 y 5556.
16
Vid. Harold D. Lasswell y Abraharn Kaplan, Power and SocietyA Framework for Political Inquiry, 3a. ed. pg. Xi; New Heaven; Yale
University Press, 1957.
HANSJOACHIM LEU 100
17
Vid. infra ., IX. 2
18
Tal es el caso de Willian R. T. Fox, quien llega a un concepto de la teoría de las Relaciones Internacionales a través de una
enumeración de las características de la "paja" entre las teorías en nuestra disciplina, teniéndose que concluir que los "granos" (los
términos son del autor) serían aquellos que no reúnan las mencionadas peculiaridades."... ¿Cómo debemos distinguir la paja de los
granos? Llamaremos paja a: 1) aquellas declaraciones teóricas que no pretenden responder a preguntas que nosotros consideramos como
importantes o relevantes; 2) aquellas cuyos conceptos ordenados carecen de puntos de referencia empírica claros o que los tienen tan
ambiguos que no pueden ser verificados o desmentidos, menos probados; 3) aquellas que crean un modelo de la política mundial que
resulta ser una distorsión tal de la realidad que antes de clarificar ofusca, al tratarse de relacionar el mundo imaginado con el mundo
observado; 4) aquellas que omiten considerar variables importantes para la respuesta a la pregunta formulada; 5) aquellas con más
variables de las que son esenciales para dar una respuesta igualmente exacta; 6) aquellas que, al ser analizadas, resultan tautológicas; 7)
aquellas que ocultan dentro de sí mismas suposiciones de las que su autor no está completamente consciente, 8) aquellas que son
parroquiales porque su autor las ha presentado como trascendentes pero ha fracasado en trascender su propia época, clase o afiliación
ética; 9) aquellas que son
internamente inconsistentes; 10) aquellas con puntos de referencia empírica claros cuya conducta es inconsistente con la teoría; 11)
aquellas que confunden declaraciones de hecho con declaraciones de preferencia; 12) aquellas que son pos factum y constituyen lugares
comunes; 13) aquellas que se refieren al mundo como si fuera una pizarra limpia en la que puede escribirse cualquier cosa. . . *(R. T.
Fox, ed. "The Uses of International Relations Theory", en The American Study of International Relations, pg. 88; Columbia, S. C.:
University of South Carolina, 1968). El asterisco indica a lo largo de este trabajo, que las citas han sido traducidas del original.
19
3a. ed., Nueva York: Alfred A. Knopf, 1964.
20
Tal hecho no debe interpretarse en el sentido de que el aludido concepto es un concepto original, surgido y
ensayado en las investigaciones referidas al campo de las Relaciones Internacionales. En efecto, el interés nacional parece corresponder a
los llamados "intereses de Estado" doctrina que fue desarrollada con el objeto de concretar el carácter abstracto de la razón de Estado, tal
como fuera concebida por G. Botero. La esencia de los "intereses del Estado" no es otra que la de "racionalizar la política concreta de un
país en un momento histórico concreto y, por tanto, frente a unos enemigos concretos en una constelación internacional concreta". Vid.
Manuel GarcíaPelayo, Estudio Preliminar a Giovanni Botero La Razón de Estado y otros Escritos, pg. 44; Caracas: Instituto de
Estudios Políticos, 1962.
INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO… 101
del hecho de que Morgenthau no haya logrado realizar su intento de desarrollar una teotía
general de las Relaciones Internacionales,21 intento para cuya consecución el autor depende
considerablemente de la operación con el concepto mencionado, cabe observar en relación
con este último lo siguiente:
a) Al trabajar con el concepto de interés nacional, el investigador tiene que partir ne
cesariamente de consideraciones dentro de las cuales la idea del Estado nacional como
actor de la escena internacional ocupa un lugar preponderante. Es más, el interés nacional
no puede ser atribuido sino al Estado nacional. Tal circunstancia tiene la virtud de
uniformar el concepto de interés nacional, pues si bien es cierto que puede haber varios
intereses nacionales, no es menos cierto que el hecho de que los mismos sean atribuidos a
un solo actor, facilita el trabajo con el concepto aludido. No obstante, el Estado, después
de todo el pueblo organizado políticamente, no es un ente pensante y actuante en el sentido
estricto, pues como actor es una ficción; de allí que tenga que valerse de órganos para
manifestar y actualizar su voluntad.22 Ello pone de relieve que el concepto de interés
nacional, es un concepto ambiguo. Es ambiguo, por cuanto en su elaboración interviene
la voluntad humana en forma tal que una determinación definitiva del interés nacional
de un Estado, determinación llevada a cabo por el investigador, no es posible. Incluso,
respecto de los Estados totalitarios, la determinación del interés nacional tropieza con
problemas. Ello, por la sencilla razón de que el interés nacional ya no sería tal, pues
quedaría identificado como interés fraccional bien unipersonal, bien pluripersonal (en el
supuesto caso de que un grupo de personas rigieran los destinos de un país). No se entienda
mal: no queremos esbozar una tesis antropomorfista del Estado como actor de la escena
internacional. Lo que queremos dejar establecido es el hecho de que la conducta observada
por el Estadoactor es siempre una conducta mediata, siendo la de sus órganos, al igual
que la de algunos otros actores internacionales, de carácter inmediato. Y tal circunstancia,
necesariamente tiene que influenciar el concepto del interés nacional, pues el mismo,
puede ser fácilmente distorsionado por la voluntad humana.
b) La circunstancia anotada, aunque relevante, no es excesivamente importante para
quien emprenda tareas de investigación en el campo de las Relaciones Internacionales,
pues será éste que tiene que teorizar sobre el interés nacional, que conceptuarlo, para
luego partir del concepto acabado. Pero es allí donde se presenta el dilema de la
operacionalidad del concepto mencionado. Si bien es sencillo admitir que hay un interés
nacional, es prácticamente imposible definirlo en forma más o menos exacta. Morgenthau
creía haber resuelto el problema al definir el interés nacional en términos de poder, pero
tal solución es aparente por cuanto el poder se define con igual dificultad, suponiendo
que siquiera pueda ser definido. Además, el concepto de interés nacional se complica
21
Vid. Stanley Hoffmann, Teorías Contemporáneas sobre las Relaciones Internacionales, pgs. 56 y ss.; Madrid: Editorial Tecnos, 1963.
22
Esta circunstancia no debe ser confundida con otra, aunque ésta también sea una ficción. Nos referimos a la condición de sujeto del
Derecho Internacional Público; incuestionablemente, la subjetividad jurídicointernacional corresponde a los Estados, más no a sus
órganos.
HANSJOACHIM LEU 102
23
Vid. Robert C. Good, "The National Interest and Political Realism: Niebuhrs Debate with Morgenthau and Kennan", en The Journal of
Politics; N° 4, 1960.
24
Vid. Arnold Wolfers, "The Actors in International Politics" en Theoretical Aspects of International Relations, W.T. R. Fox ed., pgs. 83
y ss.; Notre Dame, Indiana: University of Notre Dame Press, 1959.
INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO… 103
V. La formulación de decisiones
1. Dijimos en el apartado pasado que consideraciones críticas formuladas respecto del
concepto de interés nacional, junto a la paulatina aceptación de la condición de actor
internacional de los individuos y entes colectivos, distintos a los Estados nacionales, han
contribuido al creciente interés del enfoque del "decisión making" en la investigación de
fenómenos propios de las Relaciones Internacionales. Tal situación ha sido favorecida,
anotamos, por el auge de la ciencia llamada, algo equivocadamente, al menos en relación
con nuestro campo, "behaviorista". Calificamos el término de "behaviorista" como re
lativamente equívoco, pues también otros estudios referidos a problemas propios de nuestra
disciplina son, con mucha frecuencia, estudios de ciertos aspectos de la conducta. Esto es
así respecto de los "sistemas" (¿qué es un proceso de interacción dentro de un sistema si no
manifestación de una conducta?), como respecto de los estudios de conflicto (conductas
que persiguen objetivos opuestos con mas o menos intensidad, de acuerdo con el caso),
etc.25
2. La idea central del enfoque conceptual que nos interesa por ahora, estriba en el
hecho de que la conducta observada por un actor internacional es con frecuencia el
resultado de un complejo proceso de formulación de decisiones las cuales, por su parte, son
resultado de la conjugación de distintos factores, unos más tangibles que otros. O por
decirlo en las palabras de Richard C. Snyder "..parte [el enfoque] de que una conducta de
formulación de decisiones se desarrolla en un complejo marco de organización y se debe a
la interrelación de tres grupos de variables: los roles y relaciones de organización, la
comunicación e información, y la motivación. . . "26 El propósito de la aplicación del
enfoque reside, llanamente, en determinar las razones en virtud de las cuales en una
situación concreta una decisión ha sido tomada en vez de otra. Y consiste, al mismo tiempo,
en determinar la importancia y la influencia de las distintas variables que son relevantes
para el proceso de formulación de decisiones.
3. Con frecuencia se ha estimado que la conducta manifestada en el proceso de
formulación de decisiones es una conducta racional. Si esto fuera cierto, el enfoque que nos
ocupa en efecto podría ser de gran utilidad. Pero la suposición aludida es falsa. El "decisión
making" debería ser un proceso racional, y tal vez a menudo lo sea. Pero no lo es siempre.
Como quiera que las decisiones son tomadas por seres humanos, ellas son influenciadas
por las motivaciones de estos últimos. Se trataría entonces de determinar, en primer lugar,
cuáles son estas motivaciones. Y esta empresa es difícil. Habrá unas que pueden ser
detectadas.
25
De ahí que no hemos ubicado algunos enfoques conceptuales que nos ocuparán a lo largo de este trabajo bajo la categoría de "enfoques
orientados hacia el estudio de la conducta", tal como lo hace, por ejemplo, Dieter Senghaas, op, cit.
26
Citado en H. Howe Ransom, op. cit., pg. 352.
HANSJOACHIM LEU 104
Habrá otras de las cuales ni siquiera el individuo está totalmente consciente, pero que
pueden ser importantes. Habría que determinar luego el papel de las motivaciones, su
eventual preponderancia frente a y su influencia sobre el cargo que se esté desempeñando y
en virtud del cual se está llamado a tomar decisiones.
4. La aplicación al estudio de problemas relevantes para las Relaciones Internacionales
(particularmente fenómenos pertenecientes a la Política Exterior) del enfoque del "decisión
making", por si de difícil manejo por cuanto a menudo no puede prescindir de tomar
en cuenta datos de naturaleza evasiva, se complica más aún por un hecho obvio, pero
digno de ser destacado: los fenómenos políticos son de naturaleza dinámica, pues la misma
vida política no es mecánica, sino orgánica, su esencia es el cambio.27 Investigar los
mencionados fenómenos significa, por ende, tener que trabajar con una variable de difícil
determinación. En consecuencia, un grado más o menos grande de improbabilidad les
será inherente a las conclusiones obtenidas al cabo de un proceso de investigación, y,
sobre todo, al intento de aplicar estas conclusiones a nuevas situaciones de hecho. Más
seria aún es la necesidad enfrentada a menudo por el investigador, al aplicar el enfoque
del "decisión making", de convertir las variables calificativa seleccionadas en variables
numéricas a fin de poder operar con ellas. Las magnitudes presentes en una aplicación
del enfoque mencionado simplemente no son siempre cuantificables; es más en la mayoría
de los casos no lo son.
5. Las notas precedentes deberían indicar parcialmente los inconvenientes propios del
enfoque del "decisión making". Una serie de otros podrían añadirse a los ya anotados.
Se debe observar, por ejemplo, que el proceso de formular decisiones está
considerablemente influenciado por factores culturales. Fácil es comprender que sólo
pueden hacerse ge neralizaciones altamente tentativas a partir de un caso concreto
examinado. La utilidad del enfoque parece consistir entonces esencialmente en el hecho de
que permite la obtención de informaciones a veces precisas, pero de alcance muy limitado.
6. El enfoque del "decisión making" ha sido aplicado expresamente no sólo a situaciones
en las cuales conscientemente se parte de la premisa del individuoactor, sino también
a situaciones en las cuales supuestamente se parte de la premisa del Estadoactor. Pero
de nuevo, tal circunstancia no implica otra cosa que la aceptación del hecho de que la
conducta del Estado, no importa en qué se manifieste, aunque una sola como resultado,
es mediata. Es mediata por cuanto, como se dijo, la conducta inmediata la realizan los
órganos ejecutores del Estadoactor. La contradicción señalada es resuelta por algunos
investigadores de las Relaciones Internacionales en forma meramente verbal: se habla
del Estadoactor, pero se trata de los órganos de este último. La introducción al estudio
de Dina A. Zimes "The Expression and Perception of Hostility in Prewar Crisis: 1914"28
27
Sin hacer un examen específico del acontecer político a escala mundial, compárese a título de ejemplo los
variados, y en parte inesperados problemas que tenía que enfrentar el ejecutivo norteamericano durante el
lapso comprendido entre febrero y agosto de 1961. Vid. Teodore C. Sorensen, Kennedy, pgs. 292 y 293;
Nueva York: Harper & Row, 1965.
28
En Quantitative International Politics, J. David Singer, ed.; Nueva York: The Free Press, 1968.
INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO… 105
29
Ibid., pgs. 8586.
30
Peter Bachrach y Morton A. Baratz, "Decisions and nonDecisions: An Analytical Framework" en The American Political Science
Review, vol. LVII, 1963.
HANSJOACHIM LEU 106
31
Vid. Hans Thomae, "Psychologische Forschunger zum Problem internationaler Konfliktte", en Internationale Beziebungen Ein
Gegenstand del Sozialwissenschaften, pgs. 32 y ss.; FrancfortMeno; Europaeische Verlagsanstalt, 1966.
INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO… 107
exclusivamente característico del enfoque que nos ocupa. El campo de aplicación de las
simulaciones es, en efecto, mucho más amplio: ellas han sido ensayadas, por no citar sino
dos otros ejemplos, en materia de formulación de las decisiones y en el campo de los
sistemas internacionales.
d) Las encuestas. Las variables intangibles adscritas al ambiente dentro del cual actúan
los individuos son analizadas preponderantemente de manera descriptiva; para la
evaluación de las variables tangibles se utiliza con frecuencia procedimientos matemáticos
(estadísticas, etc.).
4. La virtud del análisis de los conflictos potenciales nos parece residir en el hecho
(anotado ya previamente en relación con otro enfoque) de que puede suministrar (no
siempre lo logra) material informativo interesante. Puede tal vez, impulsar ulteriores
estudios, al permitir que el investigador se dé cuenta de la importancia de variables no
consideradas en un estudio en concreto. Una utilidad de los estudios de los conflictos
potenciales que vaya más allá de las ventajas anotadas, parece de difícil obtención. Ello,
por las siguientes razones:
a) El ya señalado carácter dinámico de los fenómenos políticos, qué dificulta llegar
a unas conclusiones, siquiera hipotéticas, respecto de los mismos. Incluso, si se hubiera
llegado a estas conclusiones, su aplicabilidad, criterio último de su utilidad, a situaciones
que pueden surgir en el futuro, parece cuestionable, justamente por el carácter dinámico
que es propio de los fenómenos políticos.
b) La igualmente señalada (aunque dentro de otro contexto) imposibilidad de convertir
todas las magnitudes utilizadas en los estudios de conflictos (agresividad, hostilidad, etc.)
en variables cuantificables.
c) La dificultad de reunir las variables intangibles y tangibles, aludidas anteriormente,
en un solo esquema de investigación, procedimiento que, de lograrse su realización,
garantizaría la obtención de informaciones, las cuales, aunque fueran hipotéticas,
cumplirían un propósito más amplio que el de ilustrar fenómenos muy individuales. No
obstante, se han hecho algunos intentos de incluir distintas de las variables mencionadas en
un solo esquema de investigación.32 Pero los resultados de tales intentos distan de ser
satisfactorios. Como los autores del estudio aludido revelan ". Las relaciones que hemos
descubierto son solamente tendencias", para añadir casi ingenuamente, "...donde ellas [las
relaciones] fallan en la predicción, la culpa puede ser de los datos o puede atribuirse
a otros factores que hasta el presente hemos dejado de medir..."33
32
Vid. Ivo K. & Rosalind L. Feirabend, "Conflicts, Crisis and Colusión: A Study of International Stability" en Psychology Today, vol. 1,
No. 12, 1968.
33
Ibid., pg. 70.
HANSJOACHIM LEU 108
34
En realidad, el término "teoría" es equívoco dentro del contexto de este trabajo; la "teoría de los juegos" es un modelo.
35
La "teoría de los juegos" se basa en un teorema desarrollado por el matemático John Von Neumann. En 1944 publica, junto con el
economista Osear Morgenstern, la obra "Theory of Games and Economic Behaviour" en la cual la estructura básica del ensayo de v.
Neumann "Zur Theorie der Gesellschaftsspiele" (1928) es elabora y ampliada. Para una introducción a la "teoría de los juegos" así como
para referencias bibliográficas acerca de J. v.. Neumann, vid. "John v. Neumann, 19031957" en D. Fleming y B. Bailyn, eds., The
Intellectual Migratton (Europe and America, 19301960), pgs. 235 y ss.; Cambridge, Mass.: The Belknam Press of Harvard University
Press, 1969.
36
Vid. Karl W. Deutsch, The Nenies of Government, pgs. 5172; Nueva York: The Free Press, 1966.
INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO… 109
37
"Experimental Games and Bargaining Theory", en The International System, Klaus Knorr and Sidney Verba, eds., pg. 47; Princeton, N.
J.: Princeton University Press, 1961.
38
Ibid.
HANSJOACHIM LEU 110
frente a las partes, bien individuales, bien combinadas, del ambiente externo al sistema son
de naturaleza distinta a las observadas dentro de él.39 De tal manera, la idea esencial del
sistema (de cualquier concepto de sistema en la multiplicidad de construcciones propuestas)
es la de un conjunto de partes entre las cuales hay relaciones estructurales peculiares, partes
que están comprometidas en un proceso de interacción que reviste características
especiales.40
3. Entre el considerable número de esbozos de sistemas internacionales hemos selec
cionado uno para aclarar el enfoque conceptual aludido. (Sobre otras conceptualizaciones
"sistémicas" apenas haremos unas observaciones informativas). Nos referimos al sistema
internacional elaborado por Morton A. Kaplan. A título introductorio cabe destacar que
el aludido sistema internacional constituye un modelo por cuanto implica una relación
isomórfica, esto es una igualdad formal, entre dos estructuras. Ésta igualdad formal se
da, hablando en términos generales, cuando existe una correspondencia entre cada uno
de los componentes del modelo y cada uno de los componentes de la cosa modelada
y entre las relaciones que guardan los componentes del modelo y las relaciones que guardan
los componentes del otro campo. Supuesta la relación isomórfica, el sistema de conceptos
y leyes que se muestran válido para aclarar un campo, también lo es para otro. De ahí
la importancia de los modelos como instrumento gnoseológico.
4. Morton A. Kaplan distingue en su obra "System and Process in International Politics"
seis clases de sistemas internacionales. Ellos son los siguientes:
a) El sistema de equilibrio de poder. Se trata de un sistema internacional con actores
internacionales, valga el juego de palabras, nacionales. Estos actores nacionales (los
Estados) deben ser por lo menos cinco para que el sistema pueda funcionar, quiere decir,
para que pueda establecerse el mencionado equilibrio. Aunque los actores actúen
individualmente, lo hacen en forma complementaria, implementando de tal manera las
reglas del sistema. Dichas reglas tienen carácter universal, esto es, son aplicables a todos
los actores y deben ser observados por todos ellos. Las mencionadas reglas describen la
esencia del sistema internacional de equilibrio de poder; destacamos tan sólo algunas de
ellas: los actores, a fin de aumentar sus capacidades, prefieren negociar antes de combatir;
los actores optan por el combate antes de dejar pasar la oportunidad de aumentar sus
capacidades; los actores se oponen a las coaliciones o a los actores que individualmente
tiendan al predominio dentro del sistema, etc., etc..
b) El sistema bipolar laxo. En este sistema participan, además de los actores nacionales,
actores supranacionales. Estos últimos están divididos en "bloques de actores" (la OTAN,
por ejemplo) y actores universales (organizaciones mundiales, la ONU, por ejemplo). Cada
uno de los bloques está dirigido con mayor o menor intensidad, pero dirigido en fin,
por uno de los actores que lo integran. Si los bloques del sistema no están organizados
jerárquicamente, el mismo se asemeja al sistema de equilibrio del poder. Si los bloques
39
Vid. Morton A. Kaplan, System and Process in International Politics, pg. 4; Nueva York.: John Wiley & Sons, Inc., 1967.
40
Young op. cit., pg. 15.
INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO… 111
41
Op. cit., pgs. 2252.
HANSJOACHIM LEU 112
existía, por cuanto el mundo bipolar, el mundo caracterizado por dos centros de poder,
configurado por la escena internacional a raíz de la conclusión de la última guerra mundial,
dejó de ser bipolar, aunque laxo, siempre desde que países como Yugoslavia, la República
Popular China, Albania y Checoslovaquia desconocieron, con mayor o menor intensidad,
las pretensiones de "líder" de la Unión Soviética dentro del mundo socialista, y siempre
desde que la Organización del Tratado del Atlántico Norte empezó a sufrir alteraciones que
en última instancia significaban una disminución de la influencia norteamericana
(recuérdese la política francesa) y desde que los países del llamado tercer mundo insistieron
con más peso en la defensa de sus intereses frente a las grandes potencias y particularmente
frente a los Estados Unidos. Los demás sistemas internacionales de Morton A. Kaplan son
modelos heurísticos, son "inventados", quiere decir, que la aludida relación isomórfica
existe "potencialmente"; ella se materializará cuando se den sistemas internacionales
formalmente iguales al modelo. La anotada circunstancia no preocupa al autor, por cuanto
"... el análisis de sistemas sin correspondencia histórica tiene valor definitivo. En primer
lugar, los modelos con contraparte histórica contienen la predicción de que nuevas clases de
sistemas internacionales surgirán si se dan ciertas condiciones. Subsiguientemente, la
constatación de las características de sistemas internacionales sin contraparte histórica es
necesaria si se quiere sujetar apropiadamente a confirmación los modelos existentes. En
segundo lugar, es deseable hacer predicciones acerca de tales sistemas internacionales para
el caso de que surjan. Mientras no se haga esto, las predicciones que se refieren a la
transformación de los sistemas existentes serán excesivamente inexactas para una
confirmación apropiada..."42 Estimamos que el autor exagera la importancia de sus
esfuerzos. Es cierto, los modelos pueden cumplir funciones heurísticas al servir la búsqueda
de nuevos datos y hechos, y así lo han afirmado destacados teóricos de las Ciencias
Políticas (recuérdese a Karl Deutsch, por ejemplo). Más, tal empresa implica un riesgo
grande, el de exagerar la atención dada al estudio de los problemas formales relevantes para
los sistemas, independientemente de lo que pueda ser la importancia para el campo de
estudios. Existe, en otras palabras, el peligro de que surja una nueva escolástica, un
pensamiento que es ajeno a la experiencia y atado a los sistemas. HansJoachim
Morgenthau explica éste peligro elocuentemente: "...el nuevo escolástico tiende a
conceptualizar sobre los conceptos, yendo más allá de la realidad empírica hasta que
encuentra la consumación lógica de su intento en símbolos matemáticos y otras relaciones
formales".43 El aludido problema tal vez no se plantearía en el supuesto caso de que se
balanceara cuidadosamente la necesidad de no pasar por alto los hechos evidentes y las
posibilidades inherentes a los enfoques formales, tales como la contribución a una
rigorización en los estudios, la aplicación de conocimientos obtenidos en una disciplina a
otro campo, etc.44 Pero la esperanza de ver balanceadas la necesidad y la posibilidad
42
Ibid., pgs. 2122.
43
"Reflections In the State ofPolitical Science", citado en Hoffmann, ed., op. cit., pg. 121.
44
Sobre los dos aspectos mencionados, Vid. Barrington Moore, hijo, Political Power and Social Theory, pgs. 92 y ss.; Nueva York:
Harper & Row, edición Torchbook, 1965, y Eugene J. Mechan, Contemporary Political Thought A Critical Study, pgs. 99, 100, 287 y ss.;
Homewood, III. The Dorsey Press, 1967.
INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO… 113
aludidas parece remota. Ello, por los abusos que se han cometido creyendo, como dice B.
Moore (op cit., pg. 97) que "los hechos, una vez reunidos contarían, en cierta manera, su
propia historia", y por las reservas y dudas a las que tienen que enfrentarse en el presente
las Ciencias Sociales en general y la aplicación de los procedimientos de estudio, dentro del
mencionado campo, en particular.
6. El enfoque conceptual que nos ha ocupado, aunque no carente de inconvenientes,
algunos de los cuales hemos comentado en relación con el trabajo de Morton A. Kaplan,
tiene la virtud de facilitar un análisis de las Relaciones Internacionales más comprensivo
que el permitido por la aplicación de otros enfoques. Ello por la ya anotada circunstancia
de que la construcción de un sistema implica la presencia conjunta de varios elementos
de análisis, a saber los actores, las relaciones entre éstos, el proceso de interacción dentro
del sistema. Pero esta misma virtud implica un riesgo, el de suministrar una imagen de
los fenómenos examinados en exceso simplificada. El citado riesgo se deriva del hecho
de que cualquier construcción de sistema, bien sea que se trate de un modelo heurístico,
bien sea que estemos frente a un sistema conceptualizado en base a elementos
suministrados por la misma realidad, destaca un cúmulo de componentes, considera otros
tan solo marginalmente, y deja de tomar en cuenta otra serie de componentes. Aún así, el
enfoque suministrado por el concepto de sistema constituye probablemente a estas alturas
uno de los más utilizados y más variadamente conceptualizados. Tal es el interés que ha
despertado el enfoque suministrado por el concepto de sistema que hasta se ha llegado a la
afirmación, exagerada, estimamos, de que el objeto de estudio, propio de las Relaciones
Internacionales (de la disciplina, se entiende) es "el universo de los sistemas
internacionales, el pasado, el presente, el futuro y el hipotético".45 Muchos de los autores de
nuestra disciplina basaron "sus" sistemas internacionales en la construcción "sistémica"
elaborada por Morton A. Kaplan, bien inspirándose en las ideas de éste, bien ampliándolas.
La circunstancia se debe seguramente al hecho de que el citado autor ha sido uno de los
primeros en insistir en el, concepto de sistema internacional y a la circunstancia de que sus
seis clases de sistema internacional constituyen, hasta donde nosotros lo podamos apreciar,
la elaboración más extensa del enfoque conceptual en cuestión.
7. Como se apuntó arriba, las variantes de la concepción de sistemas internacionales
son numerosas. G. A. Modelski, por ejemplo, esboza un tipo ideal de la sociedad agrícola
e industrial para colegir de éste el sistema internacional correspondiente a cada tipo de
sociedad;46 Fred W. Riggs, convencido de que el modelo tradicional de las relaciones
interestatales es insuficiente para el análisis de la política mundial contemporánea
construye un "sistema prismático" para proponerlo como instrumento en el estudio de las
sociedades en transición;47 Raymond Aron describe el sistema internacional bajo pers
45
George Modelski, "Agraria and Industria", en Klaus Knorr y Sidney Verba, eds.; op. cit., pg. 121.
46
Op. cit.
47
"International Relations as a Prismatic System", en Klaus Knorr y Sidney Verba, eds., op. cit.
HANSJOACHIM LEU 114
pectivas que contienen variables sociológicas;48 el concepto de sistema está presente en los
recientes estudios sobre la organización e integración internacionales, etc.
48
Vid., entre otros trabajos del autor, Paz y Guerra entre las Naciones.
49
Vid. Carl G. Hempel, Aspects of Scientific Explanation and other Essays in the Philosophy of Science, 2a ed., pg. 125; Nueva York:
The Free Press, 1968.
50
El trabajo de Paul H. Nitze, aunque no referido expresamente al contenido del presente ensayo, incurre, por lo menos parcialmente, en
el segundo de los defectos mencionados. Transcribimos, a título ilustrativo un párrafo de este trabajo: " . . puede resultar apropiado
resumir brevemente las tesis principales del contenido de este trabajo. La primera tesis será la de que una teoría general de las relaciones
internacionales tiene que vincularse a las relaciones entre por lo menos tres conceptos fundamentales. Estos son [los conceptos de
estructura, propósito y situación. El poder y las limitaciones al poder serán considerados como conceptos subsidiarios del sistema
sugerido por los tres conceptos fundamentales. La segunda tesis será la de que una teoría general de las relaciones internacionales debe
INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO… 115
X. Conclusiones
1. Del examen de los enfoques hechos a lo largo de las páginas precedentes, se desprenden
las siguientes conclusiones:
a) No existe un consenso general acerca de los enfoques aplicables al estudio de las
Relaciones Internacionales. En consecuencia, una multiplicidad de ellos es ensayada en
la labor investigadora referida a nuestro campo. Tales ensayos son perfectamente legítimos,
pero lo son provisionalmente. Quiere decir, un enfoque, cualquier enfoque, puede ser
aplicado a la investigación en el campo de las Relaciones Internacionales mientras no se
llegue a comprobar que resulta totalmente inapropiado para la obtención de conocimientos;
parafraseando a Stanley Hoffmann: los enfoques apropiados son aquéllos que se muestran
efectivos.52
b) Los enfoques mencionados, además de las dificultades e inconvenientes que implican,
conducen en mayor o menor grado, al ser aplicados, a resultados parciales, quiere decir,
sólo permiten conocer facetas limitadas del campo de las Relaciones Internacionales.
Subsiguientemente un conocimiento, si bien no total, pero al menos más amplio de los
fenómenos de la vida internacional, requiere que se aplique a los procesos de investigación
más de un enfoque, o una combinación de enfoques.
c) La problemática inherente a la aplicación de los enfoques comentados, no es sino
una señal de la imposibilidad de dar una respuesta concluyente frente a la planteada
interrogante acerca de la autonomía científica de las Relaciones Internacionales. Sin querer
permitir una multiplicidad de puntos de vista que se extiendan del punto de vista de un miembro responsable de un grupo particular en
un momento dado (digamos, el Secretario de Estado de los Estados Unidos, hoy en día) al punto de vista que se aproxime, tanto como sea
posible, al de un observador hipotético de Marte que esté estudiando, por un período histórico completo, las características emergentes de
un sistema de interacción [compuesto] de muchas culturas, razas, clases, estados, etc. Una tercera tesis será la de que una teoría general
de las relaciones internacionales tiene que tratar de dos esferas, la de los hechos y la de los valores de las proposiciones normativas y de
las relaciones entre estas esferas. . .* "Necessary and Sufficient Elemente of a General Theory of International Relations" en Fox, ed., op.
cit., pg. 2.
51
Op. cit., pgs. 150, 156 y ss.
52
Vid "The Study of International Law and the Theory of International Relations", en International Law in the Twentieth Century, The
American Society of International Law, ed., pg. 151; Nueva York: Century Crofts, 1969.
HANSJOACHIM LEU 116
comentar en detalle el problema aludido, pues tal tarea nos alejaría del objetivo de estas
páginas, conviene recordar que la interrogante mencionada se proyecta hacia tres puntos de
referencia, a saber: el objeto de la disciplina, los enfoques aplicables a la investigación en
ella y la posibilidad de formular teorías al cabo de un proceso de investigación. Si una
disciplina tiene un objeto específicamente propio, si a esta disciplina le son peculiares unos
enfoques, si en ella pueden formularse teorías, entonces se estimaría con razón a la
mencionada disciplina como científicamente autónoma. Las observaciones, aunque in
cidentales, acerca del origen de los enfoques discutidos, los objetivos que se persiguen con
su aplicación, deberían señalar que éste no es el caso de las Relaciones internacionales, d)
Los enfoques, tanto en cuanto a su naturaleza como en cuanto a los objetivos que
persiguen, no revelan, como quedó implicado, peculiaridades singulares sino que reflejan
un panorama que se observa en las Ciencias Políticas en general. En efecto, el objetivo de
las investigaciones en el campo de las Relaciones Internacionales lo configuran también, en
última instancia, los fenómenos políticos y los fenómenos politizados, esto es, los
fenómenos que "en su esencia y existencia tienen naturaleza política" y los fenómenos que,
sin tener las mencionadas cualidades en sí mismos, pueden llegar a adquirirlos en
determinadas circunstancias. La naturaleza política aludida estriba en una pareja de trilogías
formadas, de un lado por la lucha, el poder y la voluntad, y de otro lado por la paz, la razón
y la justicia, estando estos términos, "unidos en una especie de correlación dialéctica, al
igual que en el hombre mismo que hace o que padece la política".53 Es lícito suponer que el
perfeccionamiento de los enfoques, al igual que una mayor seguridad en cuanto a su exitosa
aplicación, dependerán del desarrollo ulterior de las mismas Ciencias Políticas
53
Vid. Manuel GarcíaPelayo, Idea de la Política , pgs. 36 y 16; Caracas: Instituto de Estudios Políticos, 1968
La aprehensión de la escena internacional: desde los asuntos
mundiales hasta las Relaciones Internacionales*
*
Como en el caso de nuestro estudio aparecido en el número anterior de esta Revista, el presente trabajo es fruto anticipo de una extensa
investigación sobre el tema de las Relaciones internacionales, desarrollada en el marco del Seminario de Estudios Internacionales de la
Universidad de Zaragoza.
*
Texto original: "La aprehensión de la escena internacional desde los asuntos mundiales hasta las Relaciones Internacionales", en Revista
de Política Internacional, No. 130, Centro de Estudios Políticos, Madrid, 1972, pp 2948.
LEANDRO RUBIO GARCÍA 118
1
B.H. Vlekke: «Quelqes aspects théoriques de l'étude des relations internationales», Politique Etrangére, París, 1962, 3 p. 230; T.
Mathisen: Mehodology in the Study of International Relations, Oslo, 1959, p. I, etc.
2
No se olvide lo que decía Quincy Wright en 1955: «Las Relaciones internacionales son hoy una disciplina en proceso de formación.»
LA APREHENSIÓN DE LA ESCENA INTERNACIONAL… 119
de simple orden interno (en particular, eliminación de las relaciones que se establecen en el
interior de un Estado federal). Facetas del asunto:
a) Ventaja de esta orientación: la idea del poder estatal entendido como poder
eminentemente político permite obviar los peligros de un juridicismo estrecho, a la par que
permite una aprehensión más directa y clara de la realidad internacional (es la posición
de un M. Virally).
b) Tacha: no siempre resulta evidente que una actividad implique al poder, estatal
o no (cuándo, etc.). Por ejemplo, está bastante claro que las comunicaciones postales
internacionales no implican en buena lógica al poder de los Estados. Pero, por otra
parte, está claro que el comercio internacional entra hoy decisivamente en el cuadro de
la Política de poder, mientras no ocurría así en el siglo XIX. La cosa se debe al hecho
de que, en la pasada centuria, el Derecho internacional y la Política internacional
funcionaban en una gran medida, en un grado fundamental bajo el supuesto de que las
actividades comerciales de los ciudadanos de los distintos Estados no afectaban al menos
directamente al poder de los Estados, excepto en los casos de incidentes en que tales
ciudadanos eran víctimas de un Estado extranjero.
3) Por tanto, no sorprenderá que, para evitar tales dificultades, se configuren en otra
dirección de pensamiento: matiz de la anterior las relaciones internacionales como las
«relaciones de grupo de poder» (Quincy Wright). En tal perspectiva, las relaciones
internacionales podrían definirse como las relaciones que se establecen entre grupos
políticos distintos o entre sus miembros reunidos en grupos «secundarios» principalmente
o entre grupos que ejerzan algún grado de poder independiente de iniciativa»
Aspectos de la cuestión:
a) Ventajas de esta concepción: i) No desdeñar ningún aspecto importante de las
relaciones que no son estrictamente interEstados. ii) Aprehensión en toda su integridad de
situaciones como la guerra civil u otras situaciones ambiguas que el simple criterio jurídico
de «Estado» lleva a ignorar.
b) Críticas a esa concepción: i) Por un lado, concepción demasiado amplia. Nos
encontramos ante una orientación de ámbito tan amplio que pronto surge la necesidad de
precisiones operacionales: precisar el concepto de grupos de poder; distinguir entre
relaciones de poder y relaciones de no poder (¿políticas y nopolíticas?), etc.; definir poder
político, etc. ii) Por otro lado, concepción que no da cuenta cabal del real predominio de las
relaciones interEstados en el complejo de las relaciones internacionales, iii) De menor
importancia, el problema de la entidad de ese elemento distinto de la antedicha definición.
En unos casos puede ser importante. En otros, despreciable.
4) Una línea de definición más circunstanciada es la del profesor Vlekke. A su juicio,
las relaciones internacionales comprenden no sólo las relaciones entre Estados soberanos,
sino entre las «comunidades políticas», teniendo en cuenta los factores no gubernamentales
que influyen en las relaciones internacionales y también en las relaciones con las
comunidades políticas que no poseen o que no poseen todavía los rasgos característicos
de «Estado».
LEANDRO RUBIO GARCÍA 120
En este contexto cabe citar la construcción de F. Gross,3 quien perfila las relaciones
internacionales como relaciones interestatales y relaciones intergrupales. Aspectos de su
teoría:
a) Las relaciones internacionales vistas como relaciones interpolíticas. El toque
fundamental, éste: se trata de relaciones entre instituciones complejas integrales con un
monopolio del poder físico Estados. En efecto, el Estado posee el monopolio del «poder
físico legítimo». (Véase también esta idea en Raymond Aron, etc.) Esto es, controla los
medios de violencia y de la fuerza física, las armas y los hombres. En resumen, la
estructura militar. Faceta peculiar que hace que las relaciones entre los Estados sean
distintas de las relaciones entre todos los grupos.
b) Ahora bien; el campo de las relaciones internacionales no se limita al campo de
las relaciones políticas (relaciones interestatales). Hay también las relaciones
intergrupales: relaciones entre instituciones, grupos o «colectividades abstractas»,
utilizando conceptos de Wiese para agregados sociales privados de «estructura», pero
unidos por intereses o valores (tales como nacionalidades relaciones entre naciones
cultura , frente a las relaciones interestatales o relaciones entre nacionesEstado, clases
sociales, etc.).
c) «Compleja naturaleza de las relaciones internacionales modernas», pues, como ha
advertido Gross. A este respecto no hay sino pensar particularmente en las relaciones
con, o entre, grupos económicos (como Bancos), que reflejan sus intereses; en las
relaciones entre, o con, movimientos sociopolíticos (como los partidos políticos), que
reflejan sus valores comunes (ideologías), y, o, sus intereses comunes, etc. Resumiendo:
relaciones que no son interpolíticas en tanto que interestatales, puesto que son decididas
por grupos «privados», no por los Estados o por los Gobiernos. Grupos «privados», en
suma, que son de «estructura» diferente a la del Estado: no posesión del control legítimo de
los medios de violencia física (perfil clave).
En conclusión, debe tenerse muy presente que las relaciones internacionales no se
despliegan como bloques separados las relaciones interestatales y las relaciones
intergrupales se entremezclan y se influyen recíprocamente. El Estado influye en las
relaciones políticas y económicas, mientras los movimientos o grupos económicos y
políticosociales tienen su influencia en la política del Estado, etc.
5) Ahora bien; tras esa larga pero sugerente, y necesaria explanación, cabe ir en pos de
una precisión. Esta: la de concebir las Relaciones internacionales como una disciplina que
se ocupa de las relaciones entre todos los grupos, en tanto que esas relaciones afecten a la
sociedad internacional, y solamente cuando tales relaciones entre grupos sean
verdaderamente importantes para la sociedad mundial. Sin embargo, genio del distingo:
valoración de la importancia. Aparte de la necesidad de definir la sociedad mundial, etc. En
esta ruta encontramos que Jacques Vernant identifica el estudio de las relaciones in
ternacionales con el estudio de la sociedad internacional. Pues bien; este especialista nos
dice cómo concibe ese estudio de la sociedad internacional: como «descripción de la
3
Cf. F. Gross: «The Sociology of International Relations Research and Study, International Social Science Journal, París, 12, 2, 1960,
pp. 269 y ss.
LA APREHENSIÓN DE LA ESCENA INTERNACIONAL… 121
4
Cons. Franco Fornari: La desmitificación de la paz y de la guerra, Barcelona, DOPESA, 1971, p. 197
LEANDRO RUBIO GARCÍA 122
la primera época. Por consiguiente, nuevo enfoque: siempre que los asuntos interiores de
un Estado afectan a la virtual distribución mundial de poder se convierten en un tema
«bonafide» de relaciones internacionales. Pero sólo entonces.5
En este punto el pensador inglés argumentó que la mutua interpenetración de asuntos
internos y asuntos exteriores había venido a ser la regla más que la excepción. El episodio
histórico que más confirmaba esa creencia era la guerra de España de 19361939.
c) Una tercera concepción de las relaciones internacionales es ésta:
i) existencia de un tipo de relaciones internacionales entre comunidades de una misma
civilización, dentro de una misma civilización; ii) existencia de otro tipo de relaciones
internacionales entre civilizaciones,6 con una singularidad aquí: también un oteador de los
problemas mundiales contemporáneos como Lester B. Pearson se ocupaba de esta temática,
etc.
C) La cuestión terminológica
1 Asuntos mundiales. Termina que engloba toda la gama de cuestiones del mundo.
Denominación que siguen: a) Centros tan importantes como el Londón lnstitute of World
Affairs (que se remonta a 1934) y el Indian Council of World Affaris, (Nueva Delhi, creado
en 1943). Y que no son los únicos, b) Publicaciones como World Affairs, (Washington
American Peace Society), World Affairs Interpreter (Los Angeles), Swiss Review of World
Affairs, (Zurich), The YearBook of World Affairs, (Londres, J. of W.A.) etcétera.
Objeciones al término:
a) Existencia de relaciones internacionales que no son relaciones mundiales. Por
ejemplo, las relaciones angloamericanos las relaciones interárabes, las relaciones
interamericanas, las relaciones interafricanas, etc. (aunque haya de reconocerse en buena
fe que estarelaciones nomundiales tienen (importa sobre el mundo).
b) Fallo en no poder comprender los problemas dominantes en las relaciones entre
grandes grupos que no son mundiales, que no son globales (grupos regionales: funcionales
o étnicos) en rivalidad unos con otros por la dominación de la vida de la Humanidad
(aunque haya de reconocerse, parejamente, lo mismo que en el punto anterior).
5
Adviértase cómo para un buen conocedor de la materia como el profesor García Arias, relación internacional es todo aspecto de la
sociedad nacional que trasciende más allá de las fronteras del país. Vid. Luis García Arias: Teoría y práctica de las relaciones
internacionales. Cursillo en el curso de 1956 de la Universidad de Valladolid en Vitoria. Vid. reseña en Revista Española de Derecho
Internacional, Madrid, X, 3, 1957, pp. 489490. El punto clave aquí: el elemento trasciende. Dirección de pensamiento que sigue
atrayendo el interés de los autores. Por ejemplo, el profesor Roger Pinto se mueve en esta línea, aunque en forma menos clara. Para él es
relación internacional «toda relación social que traspase al menos, por uno de sus componentes el cuadro de una sociedad política
determinada». Precisando más: «Una relación social es internacional cuando pone frente a frente a adores que pertenecen a sociedades
políticas distintas». Cons. Roger Pinto: Le Droit des relations internacionales, París, Payolt, 1972, pp. 27 y 25.
6
En todo caso, quien quiera más pormenores al respecto puede consultar el estudio de Kenneth W. Thompson: «Toynbee and the Theory
of International Politics», en Stanley H. Hoffmann, editor: Contemporary Theory in International Relations, PrenticeHall, 1960, pp. 94
95.
LA APREHENSIÓN DE LA ESCENA INTERNACIONAL… 123
7
Cons. T. Mathisen, cit. ant., p. I.
8
Vid. George Schwarzenberger: Power Politics. A Survey of International Society. Londres, Stevens, 1951, p. 5.
LEANDRO RUBIO GARCÍA 124
9
Ya hemos recogido este tema en «Presupuestos c implicaciones de una escena internacional tripolar» en esta Revista, 128, julioagosto
1973, p. 54. Insistimos en él, a fin de dar al lector una idea justa del rumbo actual en este orden de cosas.
LEANDRO RUBIO GARCÍA 126
1933) o Institutos como el de Belgrado (aunque con el aditivológico, dadas sus premisas
ideológicas de la Economía: Institutos de Política y de Economía internacionales), c)
Publicaciones como Política Internacional de Belgrado, de Bergen, de La Habana, de
Madrid, de MilánFlorencia; como la Revista Brasileña de Política Internacional (Río de
Janeiro, I. B. R. I.) o como el Anuario di Política Internazionale (Milán). Facetas a tener en
cuenta:
a) Una precisión previa: estamos también ante una expresión ambivalente.10 Puede
significar dos cosas estrechamente ligadas, pero no idénticas:
i) La acción que desarrolla un Estado respecto de los demás, etc. Acepción ésta que
responde mejor a la expresión Política exterior.
ii) Relaciones entre los Estados y entre los Estados y las Organizaciones internacionales.
En este sentido se ha dicho que el término Política internacional encuadra las relaciones
políticas oficiales entre Estados.
Hecha esa advertencia, vayamos a otras aclaraciones. Así:
b) Se trata de una expresión más restringida que la de Asuntos internacionales. La
palabra política implica un sentido más restringido que asuntos, ya que parece excluir
los asuntos internacionales no políticos,11 pero que, sin embargo, pueden afectar a la
sociedad internacional y, por tal razón, caer dentro del marco de lo internacional. Es la
postura de C. Schwarzenberger.12
c) Parejamente, término más restringido que el de Relaciones internacionales. O sea,
el estudio de la Política internacional es parte del campo más amplio del estudio de
las relaciones internacionales. Es la línea de pensamiento de autores como R. Coste,
A. Moreira,13 etc. Interesante es la configuración de Norman J. Padelford y George A.
Lincoln: «International Politics: Foundations of Interrnational Relations» (Nueva York,
Macmillan, 1954, etc.). Pues bien, estos autores describen las relacionesrelationships
más exactamente entre los Estados como «Política internacional», como «la interacción
de las políticas de los Estados». «Este es el núcleo de las relaciones internacionales con
temporáneas».14
Matizando más, tenemos que para el profesor García Arias la Política internacional es
un aspecto de las relaciones internacionales en el que se halla presente la idea de poder.15
10
Posición de Mario Amadeo: Política internacional. Los principios y los hechos. Buenos Aires, Instituto Argentino de Cultura
Hispánica, 1970, p. 29.
11
Vid. T. Mathisen, cit. ant., p. 2. En este sentido, la Política internacional no comprendería más que el conjunto de relaciones entre
poderes políticos. Lo que puede parecer no exacto, pensando en que el toque político, más que darlo el carácter de los sujetos implicados
en las relaciones, debe darlo el contenido objetivo de esas relaciones. Pero ¿qué
criterio nos va a permitir aprehender ese contenido? ¿No va a ser, a la postre, el del poder? Lo que nos conduce a la cuestión de los
detentadores del poder: a los poderes políticos...
12
Cons. G. Schwarzenberger, cit. ant., p. 5.
13
Vid. Adriano Moreira: Política internacional, Oporto, Portucalense Editora, 1970, página 2 7.
14
Vid. a página 4 de la mentada edición de 1954.
15
Cons. L. García Arias, cit. ant., p. 490.
LA APREHENSIÓN DE LA ESCENA INTERNACIONAL… 127
16
Vid. S.H. Hoffmann, cit. ant., pp. 45.
17
Un detalle sintomático: la Introducción á l´ histoire des relations internationales, de P. Rénouvin y J.B. Duroselle (Colin, 1964) se
convierte en la versión española (Rialp, Madrid, 1968) en Introducción a la Política internacional. Con la advertencia de que la obra
empieza diciendo: «El estudio de las relaciones internacionales se ocupa sobre
todo de analizar y explicar las relaciones entre las comunidades políticas organizadas en el ámbito de un territorio; es decir, entre los
Estados...» (p. I).
18
Cons. Charles DE Visscher: Theory and Real in Public International Law (trad. de P.E. Corbett), Princeton University Press, 1968, p.
8.
19
Vid. A Moreira, cit. ant., p. 28.
20
Cons. J.A. DE Araújo Castro: «O congelamento do Poder mundial» Revista brasileira de Estudios Políticos, Belo Horizonte, 33, enero
1972, pp 89, 22 y 30.
LEANDRO RUBIO GARCÍA 128
21
Es el gran tema potenciapoder, en el que trabajamos actualmente y al que Deo volente dedicaremos pronto un estudio.
LA APREHENSIÓN DE LA ESCENA INTERNACIONAL… 129
22
Cons., por ejemplo, Martin Wight: Power Politics, Londres, R11A, folleto, 1946, páginas 711 y6166.
23
Vid. M. Amadeo, cit. ant, p. 30.
24
Cons. Charles O. Lerche: Principies of International Politics, Nueva York, OUP, 1956, p. VII.
25
Vid. T. Mathisen, cit. ant., p. 2.
LEANDRO RUBIO GARCÍA 130
26
El tono concreto tono de esta concepción puede verse en D.W. Crowley: The Background to Current Affairs, Londres, Macmillan,
1960, p. V. Esta obra se presenta como «un intento de identificar y explicar las principales fuerzas históricas que operan en el mundo
conteporáneo y de esclarecer los [presupuestos existentes] en las políticas
en conflicto de las Potencias». Estudiándose en ella desde la Commonwealth y las Naciones Unidas hasta China, el mundo contempo
árabe y las armas nucleares.
27
Vid. Hans J. Morgenthau: Politics among Nations, Nueva York, Knopf, 3a ed., 1960, p 17.
LA APREHENSIÓN DE LA ESCENA INTERNACIONAL… 131
Haas y A. S. Whiting (1956), L. García Arias (1957), A. Truyol y Serra (1957), Joseph
Frankel (1964), John W. Burton (1965), E. F. Penrose (1965), etc.
b) Centros tan caracterizados como el Institut Royal des Relations Internationales de
Bruselas (1947), el Centre d'Etude des Relations Internationales de la Fondation Nationale
des Sciences Politiques de Francia (1952), el Instituto Brasileiro de Relacões
Internacionais (1954), la Fundación Suiza para el Estudio de las Relaciones
Internacionales (1957), el Instituto de Relaciones Internacionales «Dr. Mario Antelo» de la
Universidad Nacional del Litoral (Argentina), el Instituto de Relaciones Internacionales de
la Universidad Sofía , de Tokio, el Institute of International Relations de la República de
China (Taipeh), el Centre Québecois de Relations Internationales (Universidad Laval,
Canadá), el Centro de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional Autónoma
de México, el reciente—creación decidida en 1972 Instituto de Relaciones Internacionales
del Camerún (IRIC), el Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales de
Moscú, los Institutos de Relaciones Internacionales de Budapest, de Praga , etc. También
Departamentos universitarios del mundo anglosajón (como el Department of International
Relations de la Universidad Nacional Australiana ), etc.
En nuestro país, y en un campo distinto ¿«aparte»? al plano administrativo de la
Educación, la Sección de Relaciones Internacionales del Instituto de Estudios Políticos, de
Madrid, de acción destacada muy especialmente su patriótico trabajo científico alrededor de
la importante labor de la Revista de Política Internacional.
c) Revistas escasas con tal título, punto notable como Relazioni Internazionali (Milán,
ISPI), International Relations (Londres, DDMIIR) o el Boletín del mencionado Centro
mejicano de Relaciones internacionales.
D) Admonición final
Al término de este itinerario, una reflexión final: en resumen, la circunstancia de que 1 la
comprensión ponderada, con los pies sobre las realidades del sistema internacional
planetario de nuestro tiempo exige el empleo simultáneo de todos los medios que puedan
utilizarse.
Razón: sus múltiples implicaciones: del temor a una guerra mundial termonuclear a la
distancia entre los Estados ricos y los Estados proletarios, pasando por los abrumadores
cambios sociales y el frenético incremento del nacionalismo. Con todas sus consecuencias.
Exigencia pues, de un empleo de:
1) Todos los elementos intelectuales disponibles: desde el saber teórico con abierta
y ágil perspectiva hasta el sutil meditar del filósofo de la Política con la conciencia
de la especificidad de una situación mundial que quizá no va a ver dos veces.
2) Todos los niveles de conceptualización: desde la amplia línea de los Estudios
internacionales a la estricta de las Relaciones internacionales.
LEANDRO RUBIO GARCÍA 132
Pr oblemas básicos en el estudio de las
Relaciones Internacionales
Mario Ojeda*
El Colegio de México
E xiste hoy en día, una fuerte corriente encaminada a considerar el estudio de las
relaciones internacionales como una disciplina autónoma con un campo de estudio
propio. Es curioso observar como, para el desarrollo de esta corriente, han
concurrido consideraciones de tipo práctico más que de carácter teórico. Es decir, los
cambios ocurridos con respecto al enfoque tradicional en el estudio de las relaciones
internacionales, representan una reforma introducida desde abajo, ya que no es sino un
reflejo de las necesidades del ejercicio de estas relaciones, más que el resultado de
elaboraciones teóricas.
Esta corriente, que tiene indudablemente sus orígenes en la primera postguerra, alcanza
su completa expresión al terminar de la segunda guerra mundial. Efectivamente, la nueva
estructura internacional resultado de la segunda guerra mundial, se caracterizó por haber
reducido el poder a sólo dos superpotencias de sistemas ideológicos incompatibles, por la
aparición de las armas nucleares con una capacidad de destrucción definitiva y por el
despertar de los antiguos países coloniales, con un nuevo nacionalismo saturado de
agresividad, hizo pensar a los observadores políticos en la inminencia de una nueva y tal
vez última guerra. Este sentimiento de intranquilidad fue el que a su vez generó la
inquietud de preparar expertos con la capacidad necesaria para afrontar los nuevos
problemas de la política internacional, que la diplomacia tradicional parecía ya incapaz de
resolver.
Por otra parte, la reaparición de los organismos internacionales particularmente los
especializados, con un nuevo vigor, y sobre todo, el carácter más técnico de los asuntos
internacionales, introdujeron una razón más para iniciar la preparación de los funcionarios
encargados de la Planeación y administración de la política exterior de los Estados,
conforme a un nuevo sentido. Asuntos de índole diversa tuvieron a su vez, ante la
complejidad de los problemas internacionales, que ser coordinados con el fin de presentar
una política exterior coherente. Es decir, ante la nueva situación, el diplomático tuvo no
solamente que hacerse más técnico, sino convertirse a su vez en un especialista capaz de
* Texto original: Mario Ojeda Gómez. "Problemas básicos en el estudio de las relaciones internacionales", en Foro Internacional, Vol. 5,
No. 1, México, El Colegio de México, julioseptiembre de 1964, pp. 8497
MARIO OJEDA 134
analizar y resolver problemas del más variado orden, problemas que podían ir desde los
simples asuntos aduaneros del comercio internacional, hasta los complejos fenómenos
como las actitudes de pueblos con valores culturales distintos a los propios. Así, el nuevo
diplomático tuvo que salir de los rígidos moldes de Derecho internacional y de los caminos
tradicionales de la negociación, para invadir los campos del antropólogo, del economista y
del sociólogo, en cuanto actúa como un analista político, y del parlamentario, por lo que
hace a su papel de negociador, todo ello en un plano internacional.
Estas necesidades de preparar al moderno diplomático para temas tan diversos y hasta
entonces considerados ajenos a la labor tradicional, fue recogida por algunas universidades
del mundo. Pero fueron particularmente universidades norteamericanas con el sentido
empírico y pragmático que las ha caracterizado, las que principalmente se echaron a
cuestas la tarea de preparar a los especialistas que las necesidades de una nueva política
exterior más dinámica reclamaban.1
En ese momento empezaron a surgir los primeros programas de estudios especializados
y las primeras discusiones teóricas sobre el campo propio de la materia. Los profesores de
historia y derecho internacional comenzaron a estudiar el fenómeno internacional desde
otros ángulos, de acuerdo con la necesidad que la realidad dictaba. Muchos de ellos se
esforzaron por desarrollar una "teoría" que pudiese cimentar de modo científico sus
estudios.
A partir de entonces y hasta donde es posible hacer una clasificación congruente, esta
corriente que aboga por considerar el estudio de las relaciones internacionales como una
disciplina autónoma, se ha venido dividiendo en dos escuelas: los que piensan que la
materia debe estudiar toda relación internacional, sea esta de tipo político, económico o
cultural y que fundan su razonamiento en el hecho de que el fenómeno social es indivisible
en la realidad; y aquellos que argumentan que el objeto de estudio debe limitarse a la
relación de tipo político únicamente y que por lo tanto prefieren llamar a la aún tierna
disciplina, "política internacional".2
En el fondo esto no es sino un problema de vocabulario, ya que el analista político no
debe olvidar en su perspectiva la unidad del fenómeno social. El problema puede entonces
tener validez únicamente en cuanto al tipo de relación de nuestra materia con disciplinas
conexas, lo cual nos enfrenta a su vez a la cuestión de cuáles deben ser sus bases teóricas y
metodológicas. Llámese relaciones internacionales o política internacional, nuestra materia
debe fundarse en postulados teóricos propios y desarrollar, conforme a ello, una
problemática.
Pero aún vista bajo esta perspectiva, la materia de las relaciones internacionales
constituye, en sentido estricto, una rama de la ciencia política. En tal virtud, aquélla tiene
que enfrentarse necesariamente a los mismos problemas teóricos que esta última. La
1
Cabe aclarar que es de suponer que ya con anterioridad las universidades soviéticas habrían desarrollado programas especializados en la
materia, tal y como lo demuestra la aparición, en las misiones exteriores de la URSS, durante la época que nos ocupa, de un tipo de
diplomático altamente técnico y versado en asuntos diversos.
2
"Política internacional" se usa aquí con una connotación diferente de cuando ésta se emplea para describir lo que realmente constituye el
estudio de la historia contemporánea de la política mundial. Por lo tanto, tiene un sentido más sociológico que histórico.
PROBLEMAS BÁSICOS EN EL ESTUDIO… 135
estos enfoques particulares. Es por lo que, a nuestro modo de ver, una teoría que considere
al "poder" como concepto central, es la que más se adapta a las necesidades de nuestra
materia. Esta afirmación se hace en función de que el concepto del poder da al investigador,
cuando menos, una guía para no extraviar su análisis del proceso político. Por otra parte,
este concepto le permite obtener un margen de objetividad relativamente amplio, por
razones que serán explicadas más adelante.
Sin embargo y hay que señalarlo desde ahora, existe un peligro inherente en este
enfoque, y es el de caer en el tipo de interpretación que se funda en el factor único y que
nace de considerar la actividad humana como el resultado de una motivación de tipo
político solamente. La forma en que el concepto del poder ha venido siendo usado por un
gran número de autores de la llamada escuela realista con Hans J. Morgenthau a la cabeza,
presupone que el hombre actúa siempre racionalmente, pero la psicología moderna se ha
encargado ya de demostrar que esto no es así, ni siquiera en condiciones de normalidad
mental absoluta. La teoría del poder puede ser válida entonces, únicamente, si se la
considera como un modelo teórico o "tipo conceptual" en el sentido weberiano. Esto es,
podemos aislar el "poder" como un concepto central teórico que nos sirva de guía
exclusivamente con fines de abstracción analítica, pero siempre teniendo en mente que el
fenómeno social no es susceptible de ser fragmentado en la realidad y que la conducta del
hombre obedece a factores múltiples. Por otra parte, es necesario considerar también que el
poder es en realidad un medio para lograr determinados propósitos, como también lo es, por
ejemplo, la riqueza y que existen también aquellos casos de irracionalidad en los que aquel
se convierte en un fin en sí mismo.
Usado en esta forma, el concepto de poder permite al investigador como ya apuntamos,
una mayor objetividad, ya que es posible entonces analizar toda acción política con un
mismo patrón. Lo cual es importante, ya que dicho patrón es de gran amplitud y puede ser
aplicado a toda acción política independientemente de los objetivos últimos que los actores
persigan, e independientemente también, en última instancia, de las diferencias que puedan
existir en los sistemas de valores de éstos. Por otra parte, esta hipótesis permite incluir
también aquellos casos en los que, como ya se decía, el poder constituye un fin en sí
mismo.
Un determinado actor de política internacional podrá, por ejemplo, perseguir como
objetivo último la expansión territorial, la influencia económica, el establecimiento de una
ideología, o en última instancia el poder por el poder mismo, pero tenemos que aceptar que
siempre perseguirá sus objetivos por medio del poder.
Esto ha sido ya claramente definido por el propio Hans J. Morgenthau de quien
criticamos anteriormente su credulidad en la racionalidad política al decir que:
"La política internacional, como toda política, es una lucha por el poder. Cualesquiera que
puedan ser los objetivos últimos de la política internacional, el poder es siempre la meta
inmediata. Los estadistas y los pueblos podrán en última instancia buscar la libertad, la
seguridad, la prosperidad, o el poder en sí mismo. Podrán dado el caso definir sus objetivos en
términos de un ideal religioso, filosófico, económico o social. Podrán también esperar que este
ideal se materialice a través de su propia fuerza interior, de la intervención divina, o a través
PROBLEMAS BÁSICOS EN EL ESTUDIO… 137
del desarrollo natural de los asuntos humanos... Sin embargo, cada vez que intenten lograr sus
objetivos por medio de la política internacional, lo hacen luchando por el poder".3
Veamos cómo, despojado del problema de vocabulario, el concepto del poder puede
constituir un instrumento de análisis aplicable al fenómeno político, de un gran valor por su
amplia objetividad.
Próximo a este problema está el de que, en relaciones internacionales, al igual que en la
ciencia política, debe hacerse una clara distinción entre lo que constituye la doctrina, la
acción política y la ciencia. Es necesario que el investigador esté consciente de cuándo está
evaluando los hechos de acuerdo con sus propios valores e ideología política y de cuándo lo
está haciendo por el bien de la claridad y del entendimiento de éstos. Es decir, debe estar
alerta de cuando está haciendo "doctrina", cuando esta es "acción política" y cuándo es
"ciencia". Si los descubrimientos del investigador se convierten en la base para una futura
doctrina o acción política, ese es un problema que concierne directamente, en todo caso, al
filósofo, al planificador o al político propiamente dicho, pero nunca al analista científico.
Esto no quiere decir, sin embargo, que afirmemos que el investigador no tiene ninguna
relación moral con la política, o que esté completamente libre de evaluaciones de tipo
subjetivo. Nuestra afirmación se refiere únicamente al hecho de que, en rigor, la mayor
obligación moral del investigador no es precisamente la de construir "utopías importantes"
como propone Stanley Hoffman4 o en crear conductos para la acción política, sino en
lograr obtener la verdad científica y en ser sincero consigo mismo. El investigador, en todo
caso, puede y debe, después de haber llegado a sus conclusiones científicamente, descender
de su aislamiento ético y valuar sus hallazgos de acuerdo con sus preferencias como ser
humano y como ciudadano. Pero debe intentar que su propia escala de valores no
distorsione los hechos que está analizando.
Claro está que la posibilidad real del investigador para obtener una plena objetividad es
nula. La teoría científica está después de todo condicionada por factores sociales, o como el
autor citado dijera, "valuar es como respirar, y si bien no siempre lo hacemos en términos
de normas éticas, lo hacemos en términos de 'integración', 'eufunción' y 'disfunción'".5 Sin
embargo, nuestra idea de objetividad se refiere precisamente a la plena conciencia que el
investigador debe tener al analizar los hechos de que su propia subjetividad es ineludible
del todo.
Hay ocasiones en las que un determinado autor, por ejemplo, consciente de su propia
subjetividad, trata deliberadamente de no ser influido por ésta. Sin embargo, es más
frecuente observar cómo, en la mayor parte de los casos, los estudios en materia de política
internacional no son sino una legitimación de acciones efectuadas de acuerdo con la
3
Politics Among Nations: The Struggle for Power and Peace. Alfred A. Knopf: Nueva York, 1959. (segunda edición) pág. 25.
4
Contemporary Theory in International Relations. Prentice Hall: Englewood Cliffs, N. J., 1960. pág. 189.
5
Stanley Hoffmann, op. cit. pág. 173.
MARIO OJEDA 138
perspectiva política del autor. La lección que se desprende de todo esto es la de que no
solamente, como es común aceptar, los métodos científicos para la verificación de hipótesis
pueden y deben ser ajenos a todo valor con excepción al de la verdad científica, sino que
inclusive con respecto a la selección de los hechos y las hipótesis, el investigador puede y
debe obtener un grado de objetividad elevado mediante la plena conciencia de cuál es su
posición cultural, ética y política.
Sin embargo, las diferencias de los autores en materia cultural, ética y política, no
constituyen el único obstáculo para el desarrollo de una teoría de validez general. La
interpretación del hecho político depende en gran parte de la perspectiva histórica que tome
el investigador. Desde el momento que el fenómeno político tiene sus raíces en la historia,
el riesgo de llegar a conclusiones distintas y hasta contradictorias es muy grande debido a la
perspectiva que obtenga el autor desde distintos enfoques.
Esto se explica claramente al plantearnos, por ejemplo, las siguientes preguntas: ¿Se
encuentran los orígenes de la guerra fría en los acuerdos de la postguerra? ¿Están acaso en
la guerra misma o tal vez en la primera guerra mundial? ¿Podríamos ir a encontrarlos más
lejos aún, en el siglo XIX, donde indudablemente radican las raíces del desarrollo de las
dos superpotencias? Igualmente podríamos preguntarnos mirando hacia el futuro. ¿Es en
realidad la guerra fría el problema central del mundo político internacional contemporáneo,
o es más bien el despertar de los viejos países coloniales?
No por casualidad para ilustrar el problema citando un ejemplo real el estudio científico
de las relaciones internacionales tuvo su gran desarrollo de los últimos tiempos en los
Estados Unidos. Esto es natural si advertimos que los Estados Unidos tienen un marcado
interés en estudiar el complejo fenómeno internacional, como resultado de su participación
directa en la guerra fría. De aquí surge el por qué los autores norteamericanos se empeñan
en destacar a ésta como el tema central obligado de todo tratado de las relaciones in
ternacionales.
Claro está que este no es un problema particular a la disciplina de las relaciones in
ternacionales. Elevar acontecimientos particulares y transitorios a la categoría de principios
con validez general, es un vicio común a todas las ciencias sociales. En la economía, por
ejemplo, cuando se está tratando con problemas de análisis de balanzas de pagos, la
interpretación final depende en mucho de la amplitud del enfoque tomado por el
observador. Así tenemos que en ocasiones frecuentes los "déficits" se convierten en "saldos
favorables" y viceversa, debido a cambios de enfoque y de ello se trata de derivar toda una
"teoría" sobre comercio y pagos internacionales. Esto se ve claramente en el caso de la
"escasez" de dólares que azotó al mundo de los años cincuenta que se ha convertido para la
década presente en un superávit para los países europeos. Patrick Gardiner ha escrito que
"el sentido común es selectivo y como tal, selecciona como las causas de los
acontecimientos aquellos factores que pueden ser utilizados para su producción".6
El investigador de las relaciones internacionales se enfrenta pues a un dilema muy claro:
por una parte está consciente de la necesidad de desarrollar un cuerpo de postulados
6
The Nature of Historical Explanation. Oxford University Press: Oxford, 1958. pág. 11.
PROBLEMAS BÁSICOS EN EL ESTUDIO… 139
teóricos con validez universal en relación al tiempo y al espacio, pero por la otra se enfrenta al peligro de
caer en una generalización excesiva de los fenómenos de un determinado período histórico
y en una legitimación de sus propios valores culturales e ideológicos.
No debe verse en estas conclusiones un pesimismo frente al desarrollo futuro de las
relaciones internacionales como disciplina científica. Ya se ha dicho antes que un enfoque
basado en una serie de postulados teóricos, que a modo de hipótesis de trabajo sirvan de
guía al investigador siempre alerta de su propia subjetividad, constituye lo que en nuestro
concepto es una base realista para una teoría de las relaciones internacionales. Y con
respecto al problema de las deformaciones que nacen de la perspectiva histórica del
observador, pensamos, con fundamento en la experiencia recogida por la evolución de la
ciencia, que avances graduales, basados en teorías parciales, conducen en última instancia a
resultados más fructíferos. Un énfasis exagerado sobre las teorías generales, únicamente
puede conducir, al igual que cuando se trata de enfoques casuísticos, a la total confusión,
que en última instancia no viene a ser sino una restricción mayor en el proceso de la
investigación. Una teoría que por su grado de abstracción se desconecte totalmente de todo
contenido humano, puede llevar al investigador hacia una distorsión tal de la realidad, que
resultara mejor no haberla intentado. Una teoría demasiado específica, por otra parte, puede
restringir exageradamente el alcance de la investigación y encontrarnos ante un caso tan
común de explicación unicausal. El investigador debe entonces dirigir sus esfuerzos hacia
el desarrollo de una teoría flexible, compuesta por una serie de hipótesis de trabajo capaces
de guiar su investigación iluminando al hecho que se va a estudiar.
Profundizando aún más en los problemas teóricos de la materia, es necesario también
aclarar que las relaciones internacionales no pueden aislarse de la historia, tal y como
ciertos autores pretenden hacer, quizás inconscientemente.
Las relaciones internacionales se dan en el marco de la historia y únicamente al través de
la analogía histórica es posible probar las interpretaciones resultantes. Pero una cosa debe
aclararse: no es lo mismo valerse de la historia para tratar de descubrir principios generales
para la clarificación de la política internacional y otra diferente invadir el campo del
historiador de las relaciones internacionales, a quien en todo caso interesa lo que es único y
particular a cada hecho histórico.
La materia de relaciones internacionales tiene, por otra parte, una estrecha relación con
el resto de las ciencias sociales. Una teoría de las relaciones internacionales, aislada tanto
de la historia como de las ciencias sociales, es concebible únicamente como un modelo
teórico. Pero aún así es peligroso. El investigador debe tener siempre presente como ya
apuntamos, que tanto el hecho político, como el económico, el social y el cultural,
corresponden a un mismo fenómeno y éste se da dentro del marco de la historia.
Esto nos conduce a un nuevo problema que en todo caso corresponde más bien a la
práctica que a la teoría de la investigación. ¿Debe el investigador de las relaciones
internacionales, o en última instancia el investigador social, convertirse en un especialista,
sacrificando la amplitud de su perspectiva para ganar en profundidad de análisis? ¿O debe
por el contrario, sacrificar la profundidad a fin de no perder de vista la perspectiva general
de los distintos ángulos del fenómeno social?
MARIO OJEDA 140
Esto no es fácil de contestar. No cabe la menor duda, por una parte, que el subrayar
exageradamente la especialización ha conducido con mayor fuerza hacia la deformación
profesional. Así tenemos, por ejemplo, que desde que ciertas escuelas de la economía
moderna han desarrollado una "teoría pura" despojándose del "lastre" de lo social, el grado
de abstracción de sus conclusiones con respecto a la realidad es tal, que muchas de sus
conclusiones, al ser cotejadas con ésta, resultan ser socialmente injustas y políticamente no
viables. Este es el resultado de considerar arbitrariamente al hombre como un simple homo
economicus como sucede en la obra citada de Morgenthau cuando considera al hombre
como exclusivamente un homo politicus.
Tenemos también el hecho de que hoy día ya no es posible el enciclopedismo a la
manera clásica. La ciencia, a medida que se desarrolla, rebasa la capacidad humana para
comprenderla de manera exhaustiva. Es posible entonces que la única forma de romper este
dilema sea crear investigadores en ambos sentidos: especialistas y lo que a falta de un
término más adecuado podríamos llamar provisionalmente "expertos con un enfoque
interdisciplinario". El verdadero problema estriba entonces en lograr la coordinación del
trabajo de ambos. Así como en la medicina existe el caso del médico general que se
encarga de diagnosticar el mal y del médico especialista que corrobora el primer
diagnóstico, así también, en relaciones internacionales, se necesita del enfoque
interdisciplinario, que permitiéndonos una perspectiva integral, nos haga capaces de
advertir tendencias que a su vez pueden ser comprobadas o verificadas por el "especialista".
Sin embargo, un problema subsiste. ¿La especialización debe hacerse por el tema o por
el área geográfica? Parece ser que la práctica misma se ha encargado ya de responder esta
pregunta. Existen ya, por una parte, especialistas por temas dedicados al estudio de ramos
diversos, como por ejemplo, estructuras y procesos políticos, ideologías, estrategia,
psicología social, derecho u organización internacionales, etc. Por otra parte se ha
desarrollado también la preparación de expertos sobre una base geográfica y con un
enfoque interdisciplinario, como por ejemplo África, Asia sudoriental, etc., o bien por
países, México, Francia, China, etc. Inclusive en la práctica se ha llegado a una verdadera
subespecialización, como es el caso de algunos investigadores europeos y norteamericanos
que se han concentrado en temas tan concretos como partidos y grupos políticos
internacionales, cárteles económicos, etc.
Esta especialización por área o materia ha sido la base sobre la cual se han producido la
mayor parte de los estudios serios realizados en los últimos veinte años y que han
constituido la vanguardia del desarrollo de la investigación científica en el campo de las
relaciones internacionales. Este es el caso y para citar unos cuantos únicamente, de Hans
J. Morgenthau7 y Stanley Hoffmann8 en teoría de relaciones internacionales; de Roy
Macridis9 y JeanBaptiste Duroselle10 en materia de teoría de política exterior; de John
7
Op. cit. y Politics in the Twentieth Century. The University of Chicago Press: Chicago, III., 1962.
8
Op. Cit.
9
Foreign Policy in World Politics. Prentice Hall: Englewood Cliffs, N. J., 1958.
10
La politique éxtrangere et les fondements. Armand Colin: París, 1954.
PROBLEMAS BÁSICOS EN EL ESTUDIO… 141
11
International Politics in the Atomic Age. Knopf: New York, N. Y., 1960.
12
The Strategy of Conflict. Harvard University Press: Cambridge, Mass., 1960.
13
Nuclear Weapons and Foreign Policy. Anchor Book: Garden City, N. Y., 1958.
14
Paix et guerre entre les nations. ValmanLévy: París, 1962.
15
Foreign Policy Decisión Making. Free Press: Glencoe, III., 1962.
16
Toward and Inventory of Basic Trends and Patterns in Comparative and International Politics. En James N. Rosenau (editor),
International Politics and Foreign Policy. The Free Press of Glencoe: New York, N. Y., 1961.
17
Patterns of Government. Random House: New York, N.Y., 1958.
18
The Civic Culture. Princeton University Press: Princeton, N.J., 1963.
MARIO OJEDA 142
La ciencia política y las Relaciones Internacionales
Roberto Mesa*
A) Introducción
* Texto original: "Parte segunda. Hacia una teoría de las Relaciones Internacionales. 1. La Ciencia Política y las Relaciones Internacionales y 2. La
Sociología y las Relaciones Internacionales", en Teoría y práctica de las Relaciones Internacionales. Taurus Ediciones, Madrid, 1980, pp 3768.
1
Medina Ortega, La teoría... ,op. cit., p. 182; en lo que sigue a M. Virally, «Relations Internationales et science politique» en Besdenvant y otros,
Les affaires étrangères, p. 100.
ROBERTO MESA 144
Truyol Serra había iniciado, con su estudio pionero en España, dicha línea conducente a la
inclusión de las Relaciones Internacionales en el marco genérico de la Ciencia Política. Inicia
su reflexión, sobre el tema, tras unas consideraciones previas filosóficojurídicas. Con una cita
de Gablentz:
«Al comienzo de la ciencia europea está la afirmación de Aristóteles de que la política es la
más excelente y fundamental de todas las ciencias. Y hoy tenemos que luchar para asegurarle
siquiera un lugar en la jerarquía de las ciencias».2
Subraya Truyol Serra que lo que particularmente interesa es el «hecho de que Aristóteles
postula un saber auténtico, o sea filosófico y científico en el sentido estricto de la palabra,
acerca de la polis.... ». Aunque agrega:
«Ahora bien, tras muchas vicisitudes es innegable que la política como ciencia no sólo no
ocupa hoy el lugar preeminente que le aseguraba Aristóteles, sino que carece todavía de una
aceptación general en orden a su existencia como tal y a su eventual alcance.3
Si aceptamos, como hipótesis de trabajo, la afirmación de Truyol Serra, aún será más
evidente la de Quincy Wright, acerca de las Relaciones Internacionales, al afirmar que se trata
de «una disciplina que no ha sido formulada todavía»;4 o, como este mismo autor indica aún
con mayor claridad, «una disciplina implica, por lo menos, la conciencia por parte de los
autores de que existe una materia con una cierta unidad».5 Estimamos, particularmente, que aún
se está lejos de haber alcanzado esta unanimidad previa, el punto de partida mínimo.
Esta ausencia de acuerdo se observa de inmediato en cuanto al objeto mismo de su estudio.
Para los defensores de una analogía radical de un paralelismo mimético, entre Ciencia Política
y Relaciones Internacionales, el núcleo central era el estudio del Poder o el estudio del Estado.
Cierto que la observación de las Relaciones Internacionales incluye, en gran medida, la
consideración de los fenómenos de fuerza (de Poder) en la esfera internacional; pero es preciso
añadir a renglón seguido que se trata de un tipo de poder distinto; el Poder del Estado es, por
antonomasia, organizado, coherente, centralizado; el Poder en la vida internacional es un Poder
descentralizado, diríamos hoy con un lenguaje moderno; los clásicos, como ya vimos, hablarían
del ejercicio de la fuerza, por parte del más potente, en una Sociedad, la internacional,
desorganizada, anárquica, en «estado de naturaleza».
Ahora bien, no faltan autores que convierten esta ausencia en una virtud. Es el caso concreto
de Stanley Hoffmann, quien, tras señalar acertadamente el carácter descentralizado del medio
en que se desarrollan las Relaciones Internacionales, indica que posiblemente sea este dato el
que le proporcione su nota diferenciadora y, precisamente, en el que sea necesario apoyarse
para propugnar la autonomía de los Relaciones Internacionales, en el marco de la Ciencia
Política:
2
O.H. Von Der Gablentz, «Politik ais Wissenschaft» Ztschr.f. Politik, I (1954), p, cit. por Truyol Serra, La teoría ..., op. cit., p. 40.
3
Truyol Serra, La Teoría..., op. cit., p. 40 y 41.
4
Q. Wright, The Study of International Relations, op. cit, p. 501.
5
Q. Wright, íbid., p. 23.
LA CIENCIA POLÍTICA Y LAS RELACIONES INTERNACIONALES 145
6
Stanley Hoffmann, Contemporary Theory in International Relations, N.J., 1960 (cit. por la ed. castellana, Teorías contemporáneas sobre las
Relaciones Internacionales, Trad. de M. D. López Martínez, Madrid, 1963, p. 19).
7
Stanley Hoffmann, Teorías contemporáneas…, op. cit., p. 22*.
8
Stanley Hoffmann, «A La recherche d'un nouvel international», Esprit, 3 (1960), p. 482.
ROBERTO MESA 146
superación del Estado soberano, que «tal como lo definía la doctrina del siglo XIX es un
absurdo». No obstante, se trata de una utopía moderada, puesto que «un nuevo orden sólo
puede construirse a partir del Estado nacional, puesto que la nación independiente constituye la
aspiración esencial de la mayoría de los hombres». En última instancia, la construcción teórica
de Stanley Hoffmann se asemeja bastante a la de los defensores como Valladao y Carrillo
Salcedo, de un Derecho internacional social. Ya que, para el autor en cuestión,
«el ideal internacional que hay que buscar es la visión de un mundo en el que la seguridad y el orden
estuviesen asegurados no por un imperialismo cualquiera, sino por la cooperación de las naciones. A
la paz de la dominación, debemos oponer la paz de la asociación (...); se trata de actuar en el inmenso
campo de los intereses convergentes de los Estados: el desarrollo económico, la cooperación
científica, las comunicaciones internacionales».9
Años después, Stanley Hoffmann, que ya se define sinceramente como «aronien de méthode et
gaulliste d'inclination», ha expuesto aún más netamente su postura. Al examinar un caso crítico
concreto, la política exterior de los Estados Unidos, afirma que
«incluso el país más poderoso de la tierra no puede moldear, dirigir, dictar el futuro del mundo a su
guisa, ya que los métodos tradicionales del poderío han perdido se eficacia. Las potencias ya no
significan el poder a causa de las nuevas condiciones del recurso a la fuerza, de la multiplicación de
los estados y también de la misma heterogeneidad del sistema internacional, en el que coexisten todo
tipo de conflictos locales y regionales irreductibles...».10
Estimamos que este último planteamiento excede, con toda amplitud, nuestra consideración
inicial; pero hemos considerado oportuno llevarlo a sus últimas consecuencias, como forma
lógica de exponer totalmente una línea de pensamiento, subrayando asimismo, la profundidad
del debate. Como veremos, más adelante, el enfoque propuesto conduce a una comprensión
sincrética de la disciplina y, desde luego desbordando el marco límite de la Ciencia Política, o
de la Sociología, conduce a la consideración de una noción matriz para la vida del hombre
contemporáneo. Por ahora, lo que nos interesa destacar, y es el plan que seguiremos a
continuación, es cómo la adopción de cualquier enfoque con pretensiones rigurosamente
académicas, tiene también connotaciones extraacadémicas. Aunque, ciertamente, abunden los
autores que no aspiran a salir del marco conceptual fijado rígidamente.
9
Stanley Hoffmann, íbid., pp. 489 y 492. Ideal también perseguido por M. Virally, en L´Organisation Mondiale, París, 1972.
10
Stanley Hoffmann, Gulliver's Troubles, 1968; prólogo a la edición francesa Gulliver empêtré Essai sur la politique étrangère des EtatsUnis,
París, 1971, p. 6.
LA CIENCIA POLÍTICA Y LAS RELACIONES INTERNACIONALES 147
en el Estado, como su detentador esencial: «En este sentido, la teoría del Estado puede ser
designada como el aspecto conceptual general de la ciencia política».11
Aproximación que, pese a su concisión, o quizá por ello mismo, es exageradamente sumaria.
Porque parece como si hubiese una contradicción absoluta entre los dos términos Ciencia y
Política. En 1950, la UNESCO publicaba un volumen, recogiendo gran variedad de opiniones,
dedicado al estudio de la Ciencia Política en diferentes países. Difícilmente se encuentran, en
esta obra colectiva, definiciones o propuestas de definiciones sintéticas. Raymond Aron es
suficientemente explícito a este respecto:
«Sería aventurado pretender definir en pocas palabras el término "política", empleado de
forma tradicional y corriente, pero también equívocamente. Designa todo lo que se refiere el
gobierno de las sociedades. Es decir a las relaciones de autoridad entre los individuos y los
grupos. También se aplica a la jerarquía del poder que se establece en el interior de todas las
comunidades numerosas y complejas. La Ciencia Política desarrolla su autonomía a medida
que se encuentra un lenguaje para designar los diversos modos de esta rivalidad por el poder y a
medida, sobre todo, de que tiene la estructura de autoridad por un hecho fundamental al que
deben referirse los demás fenómenos sociales con el fin de hacerlos inteligibles. La Ciencia
Política es también una manera de estudiar toda la sociedad con relación a un punto de vista
propio que es el de la organización y el funcionamiento de las instituciones de mandos».12
Concepción tan amplia, conduce, por su inevitable vaguedad, a una extensión enorme en su
contenido; reproduciendo, a su vez, un debate ya habitual en las ciencias sociales: la
designación de la disciplina matriz. Así, por ejemplo, Ch. Eisenmann, cuando traza el «cuadro
de las ciencias políticas existentes», incluye en su seno una larga lista comprensiva de la
doctrina política, la historia política, la sociología política, la ciencia del derecho, la ciencia
política (political science) stricto sensu y las que llama ciencias políticas mixtas (la geografía,
la psicología social, la etnografía, etc.).13 Recordemos, por analogía, que en España existe una
ilustre institución que se titula «Academia de ciencias morales y políticas».
Desde esta óptica globalizadora en el volumen a que hacemos referencia en las últimas notas
bibliográficas se incluyen, en su Capítulo Tercero, sin ninguna indicación justificativa, «Las
Relaciones Internacionales»; aunque, ciertamente, los estudios incluidos se dedican a
referencias de tipo docente o, sobre todo, a breves artículos de tipo jurídico.14
Para ello se parte de un planteamiento bien simple: existe una Ciencia Política general y
unas, digamos así, Ciencias Políticas especiales; dentro de éstas, se encuadran las Relaciones
11
H. Heller, Art. «Political Science», en Encycl. of Social Sciences, XII, página 210; cit. por Truyol Serra, La teoría...,op. cit., p. 43.
12
Raymond Aron, «La science politique en France», en La science politique contemporaine. Contribution a la recherche, la méthode et l
'enseignement, UNESCO, París, 1950, p. 51.
13
Charles Eisenmann, «Sur l'object et la méthode des scíences politiques», op. cit., pp. 104 111.
14
Cf. Szcerba y A: Von Schelting, «Les relations internationales dans la doctrine sociologique et juridique soviétique», op. cit., pp. 567577 y A
Verdross, «L'etude du driot international dans les pays de langue ellemande», op. cit., pp. 612621.
ROBERTO MESA 148
15
Cf. Truyol Serra, La teoría..., op. cit., p. 45 y Medina Ortega, La teoría..., op. cit.. p. 183.
16
H. Morgenthau, «The Nature and limits of a Theory of International Relations», en W. I. R. Fox, Edit, «Theoretical Aspects of International
Relations», Notre Dame, Ind., 1959, p. 63.
17
Cf. Karl Deutsch, «On the Concepts of Politics on Power», en Rosenau, op. cit., pp. 255260.
18
H.A. Kissinger, «Domestic Structure of Politics on Power», en Rosenau, op. cit., pp. 261275.
19
Cf. J.D. Singer, «The Level of Analysis Problem in International Relations», en Rosenau, op. cit., pp. 2029.
20
J.D. Singer «The level...», op. cit., p. 24.
21
Nycholas J. Spykman, «Methods of Approach to the Study of International Relations», en Morgenthau y Thompson, Principies and Problems
of International Politics, p. 25; cit. por Truyol Serra, La Teoría ..., op. cit., página 48.
LA CIENCIA POLÍTICA Y LAS RELACIONES INTERNACIONALES 149
«International relations is therefore concerned with study of the nature, conduct of, and influences
upon, relations among individuáls or groups operating in a particular arena within a framework of
anarchy, and with the nature of, and the change factors affecting, the interactions among them»;22
subrayando, al final de su obra, que la forma más usual de conceptuación de los sistemas
internacionales es tomar como base unas unidades significativas: los Estados.23
Ya hemos visto, en las páginas anteriores, la recepción en Europa continental de las
opiniones generales de las doctrinas norteamericanas sobre la Ciencia Política. En términos
generales, con las excepciones críticas, que ya tendremos lugar de examinar, la recepción
indicada seguirá los mismos pasos en lo referente a las Relaciones Internacionales. Marcel
Prélot se propone, usualmente, como el paradigma de los negadores de la autonomía de las
Relaciones Internacionales con referencia al marco genérico de la Ciencia Política. Para M.
Prélot, «no hay razón alguna para la autonomía de las Relaciones Internacionales»; añadiendo:
«Todas las Relaciones Internacionales son políticas por naturaleza, porque incluso tratándose
de relaciones privadas, se conectan con el fenómeno de la existencia de Estados».24
Se puede aducir, con toda lógica, que se trata de la opinión de un politólogo. Pero su opinión
no ha carecido, ciertamente, de seguidores. Pese a que se podrían exhibir las críticas que les han
sido dirigidas por R. Aron:
«Los politicólogos tienen probablemente el sentimiento de que su disciplina se presenta como
subdesarrollada desde el momento en que se la compara con la economía política, para no mencionar
las ciencias de la naturaleza»;25
no obstante, frente a este afán de teorizar denunciado, el mismo Aron no vacila en calificar de
subsistema a las Relaciones Internacionales.
Este criterio ha conducido últimamente a excesos formalistas que concluyen en una
identificación, sin matización alguna, entre Relaciones Internacionales y Política internacional.
Es el caso, entre otros, de Pierre Vellas, para el que las Relaciones Internacionales constituyen
una rama de la Ciencia Política. Por las dos razones siguientes:
«a) porque las relaciones entre los agentes de la sociedad internacional, en particular los gobiernos,
son esencialmente de naturaleza política; b) porque su objetivo es conocer las políticas exteriores,
22
P.A. Reynolds, An Introduction to International Relations, Londres, 1971, p. 10. (De castellana, Introducción al estudio de las relaciones
internacionales, trad. de F. Condomines, Madrid, 1977, p. 20.)
23
P.A. Reynolds, An Introduction..., op. cit., p. 202.
24
Marcel Prélot, La science politique, París, 1961, pp. 113 y 114, cit. por Truyol Serra, La teoría..., op. cit., p. 50.
25
Raymond Aron, «Qu'estce qu'une Théorie des Relations Internationales?», R.F.S.P., 1967 (5), p. 837.
ROBERTO MESA 150
aquellos que las hacen o las ejecutan, las influencias que las determinan, los medios que
aplican, los resultados que obtienen y las previsiones de evolución que pueden
establecerse».26
Con lo cual, se está a un paso no ya del formalismo, sino del más simple nominalismo.
No obstante, ya aparece una considerable corriente crítica, unas veces velada y en otras
ocasiones francamente abierta. Entre las primeras, podría clasificarse a Marcel Merle, defensor
de la pertenencia de las Relaciones Internacionales al campo de la Ciencia Política, pero que
para evitar las «trampas del vocabulario y el peso de los hábitos pedagógicos» así como para no
sembrar la confusión en el ánimo del lector titula su obra "Sociologie des Relations
Internationales". Pero, aparte el equívoco que no sólo es semántico, interesa subrayar de qué
forma el profesor Merle fija la independencia y señala la autonomía de las Relaciones
Internacionales con respecto a la Ciencia Política. En primer lugar, constata, lo cual es en sí
mismo también discutible, la identidad del objeto (el Poder y el Estado) y la identidad del
método (subraya, lo cual es cierto, la carencia de una metodología específica y predica la
pluralidad de enfoques); y, en segundo término, señala la distinción: el campo de observación;
que, para M. Merle es la «única diferencia» existente entre ambas materias. «En buena lógica
indica M. Merle convendría distinguir la Ciencia Política interna, consagrada al estudio de los
problemas nacionales, y la Ciencia Política externa, consagrada al estudio de los problemas
internacionales. En esta perspectiva, podría decirse que la disciplina de «Relaciones
Internacionales» es la rama de la Ciencia Política consagrada al estudio de los problemas
internacionales».27
Presentación que, aparentemente, resulta de un clasicismo irreprochable. Sin embargo, la
crítica matizada a que aludimos, hace que el profesor de la Universidad de París, no acepte
totalmente ni un criterio de servidumbre científica, la diferencia de niveles, ni tampoco la
asunción de la usualmente considerada más reducida, las Relaciones Internacionales, bajo el
manto protector de la tradicionalmente más amplia, la Ciencia Política. Prácticamente, y esto,
aun que no lo cita, le une en cierta manera a la opinión de Stanley Hoffmann; viene a proponer
un giro absoluto en las relaciones de dependencia.
«El tiempo del provincianismo en el que se complacía con demasiada frecuencia la ciencia
política tradicional, está ya tan superado como el del esoterismo en el que habitualmente
tienden a refugiarse los «especialistas» de las relaciones internacionales.»28
Prescindiendo de que los términos de la comparación no sean equivalentes, del contenido a
la semántica, es evidente que, sin ningún tipo de ambages M. Merle preconiza el primado de lo
internacional sobre lo puramente interno.
La critica radical, también globalizadora, se puede encontrar en una obra más reciente; con
la observación de que en ella dominan las posturas previas de carácter ideológico. P. F.
Gonidec, autor al que aludimos, hace objeto de sus más duros ataques a Morgenthau
26
Pierre Vellas, Relations internationales, t.1, Introducción. Les agents des relations internationales, París, 1974, p.12.
27
Marcel Merle, Sociologie des relations internationales, París, 2a ed., 1974, p. 10, cit. por esta edición. (Ed. castellana, Sociología de las
relaciones internacionales, trad. de Roberto Mesa, Madrid, 1978, de la 2a ed. francesa).
28
Marcel Merle, Sociologie..., op. cit, p. 11.
LA CIENCIA POLÍTICA Y LAS RELACIONES INTERNACIONALES 151
y Aron; defensores, de una u otra forma, de la tesis de la superioridad, incluso política, del
orden interno sobre el internacional. Las tesis centrales del ataque de Gonidec contra estos
autores son las siguientes: a) No se puede reducir, de manera abusiva, la Sociedad internacional
únicamente a los Estados que la componen; no se puede ignorar o minimizar el hecho de que
«la novación del período contemporáneo consiste en la aparición de organizaciones
internacionales cada vez más numerosas (...) y capaces de actuar al mismo título que los
Estados en el orden internacional»;29 con lo cual, viene a suscribir las tesis de M. Virally;30 b)
tampoco puede olvidarse que la sociedad internacional está igualmente compuesta por
individuos y por grupos de individuos;31 c) la tercera y última crítica concierne al silencio que
se hace sobre «el contenido social del Estado, (o del poder político)»; porque, concluye
Gonidec,
«hay que tener en cuenta igualmente la complejidad de la sociedad internacional
contemporánea compuesta por sistemas sociales radicalmente diferentes y que se encuentran
en grados distintos de desarrollo».32
C) Conclusión
Queda claro, en suma, que el tema de la pertenencia o no de las Relaciones Internacionales al
campo de la Ciencia Política está íntimamente ligado, depende de la noción misma que
adoptemos de Relaciones Internacionales, así como del alcance que le demos a su contenido en
función de su operatividad. Escribe Medina Ortega que «existe, desde luego una zona de
forzada coincidencia entre la Ciencia Política y la teoría de las Relaciones Internacionales, pues
la política internacional es a la vez objeto de estudio de la Ciencia Política y la teoría de las
Relaciones Internacionales».33 Afirmación que no necesita demostración, por su misma
evidencia; pero también nos conduce a localizar zonas de «coincidencia» con otras materias,
como el caso del Derecho internacional y de la Economía internacional, por citar solamente dos
ejemplos.
Este planteamiento tiene dos inconvenientes mayores. El primero, que reduce la teoría de las
Relaciones Internacionales a una mera Política Internacional; siendo, como es, la primera una
disciplina de mucha más complejidad. El segundo inconveniente es que suscita
29
P.F. Gonidec, Relations Internationales, París, 2a ed., 1977, p. 48.
30
Michel Virally, L'Organisation Mondiale, op. cit., que, en su «Avanpropos» p. 5, escribe: «La observación de las realidades internacionales
contemporáneas hace ver (...) que el crecimiento de la Organización mundial se prosigue desde hace cincuenta años de manera aparentemente
irresistible e irreversible (...). Ya ha transformado en profundidad la naturaleza de las relaciones internacionales y, al punto a que ha llegado, es
poco probable que esta progresión se encuentre en vísperas de interrumpirse, a pesar de todos los obstáculos que la retrasan. De ello no resultará
necesariamente la desaparición del Estado llamado nacional, pero, según todas las apariencias, sí resultará una nueva definición de su función,
anunciada ya por nuevas formas de relaciones interestatales y por una penetración cada vez más acentuada de lo internacional en los asuntos
internos».
31
P.F. Gonidec, Relations Internationales, op. cit., pp. 4849.
32
P.F. Gonidec, Relations Internationales, op. cit., p. 50.
33
Medina Ortega, La teoría..., op. cit., p. 185.
ROBERTO MESA 152
34
L. Ledermann, «Considérations épistemologiques sur l'etude des relations internationales», Mélanges Séfériadés, p. 402; cit. por Truyol Serra,
op. cit., p. 53.
LA CIENCIA POLÍTICA Y LAS RELACIONES INTERNACIONALES 153
métodos jurídicos y filosóficos largo tiempo dominantes en la ciencia política, y una voluntad
de análisis con métodos científicos. Estas diferencias no tienen importancia práctica».35
A) Introducción
Aproximarse al análisis de las Relaciones Internacionales desde la perspectiva sociológica
plantea inicialmente una compleja problemática conceptual. Pues, en efecto, se trata de partir de
un punto de vista tan amplio e indeterminado como lo es el sociológico. ¿Qué es Sociología?,
¿cuál es su objeto?, ¿puede en rigor, hablarse de una ciencia de la sociedad? Sería interminable
la tarea de registrar las contestaciones que se han propuesto a tales preguntas. Desde la
proposiciones que han sostenido, y sostienen la posibilidad de construir una ciencia tan rigurosa
como las denominadas ciencias naturales a partir, precisamente, de la importación de los
modelos construidos por éstas (tal sería, por ejemplo, el proyecto del positivismo decimonónico
inspirado en las teorías biológicas), bien en las evolucionistas, bien en las innovaciones
proporcionadas por el giro radical que la obra de Claude Bernard imprimió a la medicina, o el
de la actual teoría de sistemas (importando los modelos cibernéticos al campo de los estudios
sociales), hasta los que establecen diferencias residuales entre ambos modos de conocer. Por
otro lado, desde considerar el enfoque objetivista como el más apto para los estudios sociales,
en cuyo caso, la noción de sistema social resulta central, hasta afirmar el punto de vista del
actor, con lo que el subjetivismo y la construcción cotidiana de la realidad social aparecen
como decisivos. Tampoco, desde otro nivel, resulta claro el campo específico del que la
Sociología habría de ocuparse: si, por ejemplo, una buena parte del discurso durkheimiano
pretende asignar un objeto autónomo a la Sociología a partir de una rigurosa y controvertida
definición del «hecho social», Weber concluyó en multitud de ocasiones señalando la
imposibilidad de precisar de una vez todas cuál sería el objeto de la Sociología precisamente
porque «lo social» es algo fundamentalmente indeterminado y susceptible, por tanto, de recibir
infinidad de determinaciones. No es de extrañar que, en definitiva, no sean escasos los
sociólogos que, ante tan confuso panorama, hayan adoptado la tautológica respuesta de:
«Sociología es lo que hacen los sociólogos».36
Ahora bien, si el debate conceptual es difícil y parece interminable, el enfoque histórico de
la cuestión arroja alguna luz. En efecto, la Sociología, o más exactamente el proyecto
35
Maurice Duverger, Sociologie de la politique, París, 1973 (ed., castellana, Sociología de la política, trad. de A. Montreal y otros, Barcelona,
1975, página 7).
36
La bibliografía en este punto es extensísima. Una muestra escogida: A. Gouldner, The Coming Crisis of Western Sociology, Londres, 1972; A.
Schütz, Fenomenología del mundo social, Buenos Aires, 1972; H. Garfinkel, Studies in Ethnometodology, 1967; R. Nisbet, La formación del
pensamiento sociológico, Buenos Aires, 1969; Raymond Aron, Les étapes de lapensée sociologique, París, 1967; A.M. RocheblaveSpanlé, La
notion de rôle enpsychologie sociale, París, 1969; E. Durkheim, Les règles de la méthode de sociologique, París, 1963; M. Weber, Essais sur la
theorie de la science, París, 1965; Carlos Moya, Sociólogos y sociología , Madrid, 1970.
ROBERTO MESA 154
37
Mencionaremos, solamente a título de ejemplos, lo siguiente: Raymond Aron, comienza su Démocratie et totalitarisme, París, 1965 (ed.
castellana, Democracia y totalitarismo, trad. de Ángel Viñas, Barcelona, 1966), con un análisis del pensamiento de Aristóteles. Ibn Jaldún ha sido
«redescubierto», casi al tiempo en la North Western University de Chicago y en París; es obligado destacar sobre este pensador, uno de los padres
de la sociología, la obra de Yves Lacoste, Ibn Khaldoun, Naissance de l'histoire passée du tiersmonde, París, 1969 (edic. castellana, El
nacimiento del tercer mundo: Ibn Jaldún, trad. de Ricardo Mazo, barcelona, 1971), y también el trabajo importante de revalorización del
pensamiento no occidental llevado a cabo por Anouar AbdelMalek en La dialectique sociale, París, 1972 (ed. castellana, La dialéctica social,
trad. de Roberto Mesa, México, 1975). Asimismo, los iniciadores efectivos de la demoninada «teoría de las élites» (V. Pareto, G. Mosca, R.
Michels) se inspiraron explícitamente en Maquiavelo. O, por otra parte, la importancia del impacto que sobra la ley de los tres estados (teológico,
metafísico, positivo) de Comte ejercieron las concepciones históricas de Vico (etapa de los dioses, de los héroes y de los hombres), que ha sido
subrayada en multitud de ocasiones (Vid. J. Bury, The Idea of Progress, Londres, 1971). Recuérdese que Durkheim dedicó su tesis doctoral
secundaria a Montesquieu (Montesquieu, précurseur de la sociologie, edic. de M. Riviére, París, 1966); o el ensayo de L. Althusser, Montesquieu,
la Politique et l'histoire, París, 1959 (edic. castellana, Montesquieu, la política y la historia, trad. de M.E. Benítez, Madrid, 1966). En esta misma
orientación es obligado citar a B. Farrington, Science and Polines in the Ancient World, Londres, 1946 (edic. castellana, Ciencia y política en el
mundo antiguo, trad. de D. Plácido, Madrid, 1965). En otros sectores paralelos a nuestra afirmación, P. Lazarsfeld y sus colaboradores han
dedicado bastantes de sus trabajos a reconstruir la historia de la sociología a partir del progreso en los métodos de cuantificación (Vid., como
resumen, P. Lazarsfeld, «Notes on the history of quantification in sociology: Trends, sources and problems» en ISIS, vol. 52).
LA CIENCIA POLÍTICA Y LAS RELACIONES INTERNACIONALES 155
del pensamiento filosófico a través de la historia del hombre reflexivo, está determinada por un
hecho que nunca debe olvidarse, sobre todo en el momento de emitir una crítica o dictar un
juicio de valor. La Sociología surge, al igual que otra rama del saber, como necesidad impuesta,
ante la ausencia de un instrumental científico válido, capaz de abordar la conjunción resultante
de la consolidación del capitalismo con la aparición de la sociedad industrial. En otros
términos, más desnudos de connotaciones académicas superfluas: si la organización de la
sociedad humana, de acuerdo con el modelo capitalista, se rige por los criterios de la
productividad, y si, además, esta sociedad tiene su fundamento no sólo económico, sino incluso
ético, en la división social entre propietarios y productores, todo el antiguo arsenal pseudo
científico, así como las pasadas reflexiones sobre las organizaciones grupales, han de pasar, por
ineficaces, al museo de la historia. En consecuencia: capitalismo, sociedad industrial, clases
sociales y estratificación de las mismas, así como el enfrentamiento de unas con otras, imponen
la necesidad de instrumentar métodos analíticos y cognoscitivos más acordes con la nueva
realidad social.
A todo lo anterior hay que añadir, por otra parte, el progreso inevitable en el conocimiento
científico: el auge, por no decir la dominación, de las llamadas ciencias no especulativas; la
imposición de la mentalidad positivista; la maduración de los análisis económicos y
matemáticos. Un conjunto que, además, coincide, en cierto modo, con una corriente filosófica
que rechaza, por inoperante, la tradición metafísica y su sustitución, iniciada tiempos atrás, por
criterios racionalistas.
Pero, al igual que acaece con cualesquiera otra manifestación intelectual, pese a las
afirmaciones reiteradas de objetivismo, unas veces, y de neutralidad, otras ocasiones, también
esta nueva manifestación del conocimiento quedará traspasada y dividida por la más profunda
frontera ideológica. Más escuetamente: la corriente que pretende armonizar el todo social, por
esencia conflictivo, inspirada en pretensiones reformistas, frente a la tendencia que sitúa en la
primera fila de su observación precisamente esa misma conflictividad social y que desembocará
en la elaboración del materialismo dialéctico. Parece obvio indicar que tanto la evolución de las
nuevas ciencias sociales, la consolidación académica de la sociología y el registro de corrientes
de pensamiento antagónicas, ejemplarizadas en el materialismo dialéctico, tienen su reflejo
directo, aunque con gran lentitud y retraso perjudicialísimo, en las Relaciones Internacionales.
En la Introducción hemos subrayado, suficientemente, la dependencia de nuestra disciplina,
con respecto o otras más consolidadas en el plano académico, pero que también se fija como
meta última, desde sus propias perspectivas, el conocimiento del medio internacional, del
mundo externo a las sociedades estatales. Sólo hasta fecha reciente, todavía con una disciplina
como la nuestra relativamente inmadura científicamente, se ha comenzado a tratar de una
Sociología de las Relaciones Internacionales. En más de una ocasión, de forma escasamente
afortunada, ya que se exhibe simplemente como una posición antagónica frente a la Ciencia
Política; es obligado reconocer que, frecuentemente, no se trata de un debate científico, sino de
una simple polémica entre mandarines, en el sentido más empobrecido y funcionarial del
término. Una realidad tan compleja como es la internacional no puede ser amputada
caprichosamente y mucho menos por intereses bastardos o escalafonales, de cualquier fuente y
método que enriquezcan el conocimiento de la realidad internacional.
ROBERTO MESA 156
El siglo XIX es, pues, el escenario temporal en el que se enmarca científicamente una forma ya
antigua, pero no estructurada, de observar el comportamiento social y las conductas
individuales. En suma, una manera diversa de valorar el desarrollo histórico de la humanidad;
planteamiento en el que, ciertamente, habían tenido influencia decisiva los estudios económicos
de la centuria anterior. Sociedad industrial y espíritu positivista son los dos ejes fundamentales
sobre los que girará la obra de Auguste Comte.38 Tarea en la que le había precedido Saint
Simón, como hombre puente entre dos épocas, y que fue plenamente consciente de la aparición
de una sociedad a cuyo nacimiento asistía.39 Sería desmesurado, sin embargo, exagerar, no ya el
avance científico supuesto por la obra de estos iniciadores del pensamiento sociológico, sino
sus construcciones finales plenas de idealismo que sospechosamente desembocaban en la
construcción de un universo utópico,40 idealismo que incluso se encuentra, sin grandes
dificultades, en nombres rodeados de un nimbo absolutamente científico, como el caso de H.
Spencer, pese a sus primeros estudios sobre geología y biología. Tendencia idealista que,
fundamentada en la armonía que atribuían a la sociedad futuras por ellos preconizada,
culminaría en un universo en el que las guerras, y por ende los conflictos, desaparecerían en su
totalidad. En otras palabras, la sociedad industrial, con todos los desajustes e injusticias que
para ellos parecían irrelevantes, convertir la paz en un ámbito entre los humanos.41
Tan sofisticado entramado intelectual se derrumbó en 1914, al producirse la Primera Guerra
Mundial, fin de una etapa, convulsión social y comienzo de una nueva era. Emile Durkheim
sería, en cuanto sociólogo, testigo excepcional. El pensador francés,42 continuador en cierto
modo de la obra de armonización anterior, con aportaciones propias fundamentales para el
desenvolvimiento posterior del pensamiento sociológico, se sumergió plenamente
38
A. Comte, Cours de Philosophie positive, ed. de Anthropos, París, 1968. Para la interpretación del pensamiento de Comte, entre otros, Raymond
Aron, La Société industrielle et la guerre, París. 1959; Les étapes de la pensé sociologique, París, 1967, y H. Gourier, Lajeunesse d'Auguste Comte
et la formation du positivisme, París, 1964.
39
Es bien sabido que las relaciones entre Comte y SaintSimón, la influencia o no que éste ejerció sobre el primero, su originalidad o la ausencia
de ella, han producido una ingente literatura. Sin pretensiones de entrar en el tema, que no nos corresponde, nos remitimos a las obras de R. Aron y
de H. Gourier, indicadas en la nota anterior, así como a los trabajos de Pierre Ansart, Sociologie de SaintSimón, París, 1979; SaintSimón, París,
1969; Marx et l 'anarchisme, París, 1969 (ed. castellana Marx y el anarquismo, trad, de I. Pantoja, Barcelona, 1972). También G. Gurvitch, Les
fondateurs francais de la sociologie contemporaine: SaintSimón, et Proudbon, París, 1955 (ed. castellana, Los fundadores franceses de la
sociología contemporánea: Saint Simón y Proudbon, Trad. de A. Goutman y N. Sito, Buenos Aires, 1970).
40
Nos referimos a Charles Fourier, autor en boga: Le nouveau monde amoureux (ed. castellana, nuevo mundo amoroso, trad. de D. de la Iglesia,
Madrid, 1975) y Théorie des quatre mouvements et des destinées genérales (ed. castellana, teoría de los cuatro movimientos y de los destinos
generales, prólogo y trad. de F Monge Barcelona 1974).
41
F. Parkinson, The Philosophy..., op. cit., pp. 122 y ss.
42
Las obras de E. Durkheim más interesantes, desde nuestra perspectiva: De la división du travail social, 1893 (trad. española, La división del
trabajo social, 1928); Las regles de la méthode sociologique, 1893 (trad. española, Las reglas del método sociológico, 1912).
LA CIENCIA POLÍTICA Y LAS RELACIONES INTERNACIONALES 157
en el conflicto con una arrolladura postura chovinista que no le situaría precisamente au dessus
de la mêlée, como haría Romain Rolland. A la obra de Durkheim, desde una perspectiva crítica,
ha dedicado especialmente su atención, entre nosotros L. Rodríguez Zúñiga, poniendo especial
atención en esta postura nacionalista de Durkheim y su debate con el alemán Treitschke.43 La
conclusión es que, finalmente, el sentimiento nacionalista exacerbado, la irracionalidad, la idea
burguesa de patria, era el valor supremo, por encima de cualquier otra consideración.
No sólo el hecho de la Gran Guerra, sino también concepciones sociológicas distintas,
alumbraron posturas distintas a las que hemos someramente reseñado. Planteamientos que
afrontaron, siempre desde una óptica reformista, la problemática surgida de la prometedora
sociedad industrial. El nombre de Max Weber no sólo es el más relevante, sino también el
paradigmático: uno de los hombres claves de la Sociología contemporánea; en base,
fundamentalmente, a su aporte fundamental en el análisis del fenómeno burocrático, del poder,
de la autoridad, en suma, de las relaciones de dominación.44 No sería paradójico afirmar que
Max Weber ha sido uno de los científicos capitalistas que más agudamente han observado,
precisamente, el fenómeno del capitalismo,45 del capitalismo occidental, bien entendido.46
Aunque, en el fondo, la lucidez de los análisis weberianos nunca llega a completarse
43
Luis Rodríguez Zúñiga, Para una lectura crítica de Durkheim, Madrid, 1978, especialmente «Sobre la Primera Guerra Mundial», pp.
133139. Los escritos en cuestión de Durkheim, publicados en París, en 1915, y traducidos el mismo año al español, fueron: ¿Quién ha
querido la guerra? Los orígenes de la guerra según los documentos diplomáticos y Alemania por encima de todo. La mentalidad
alemana y la guerra . El texto de Tretschke, Politik, lecciones citadas en la Universidad de Berlín (18991900). El tema de los orígenes y
causas de la Primera Guerra Mundial abrió un debate entre los historiadores que aún está muy lejos de cerrarse; a modo de ejemplo, vid.,
entre los especialistas franceses, P. Renouvin, Les origines immédiates de la guerre: 28juin4 août 1914, París, 1925; del mismo autor,
La Crise européene et la Grande Guerre, París, 3a ed., 1962; J. Isaac, Un débat historique. Le Probléme des origines de la guerre, París,
1913, y entre los estudios más recientes Jacques Droz, Les causes de la Premiére Guerre Mondiale, París, 1973; en lengua inglesa, H.E.
Barnes, The génesis of the World War . An introduction to the Problem of War Guilt, New York, 1927; S.B. Fay, The origins of the World
War , 2 vols., New York, 1930, y, entre los últimos, L. Lafore, The long fuse. An interpretation of World War I, Londres, 1966; en lengua
alemana, H. Lutz, Die europaische Politik der Julikrisis 1914, Berlin, 1930; A. Von Vegerer, DesAusbruch des Krieges, 2 vols., Berlín,
1939,1. Geiss, Julikrise und Kriegsausbruch 1914. Eine Dokumentensammlung, Hanover, 19631964, y F. Fischer, Krieg der Illusionen,
Dusseldorf, 1969.
44
Wirtschaft und Gesellschaft, Gruñáis der Vertebenden Soziologie, Tubinga, 1922; citamos por la ed. castellana, Economía y Sociedad.
Esbozo de sociología comprensiva , trad. de J. Medina Echevarría, E. Imaz, J. Ferrater Mora y otros, México, primera reimpresión
española de la cuarta en alemán, 1969. De la muy extensa bibliografía sobre Max Weber, dos a título de muestra: Irving Zeitlin, Ideology
and the Development of Sociological Theory, N.J., 1968 (ed. castellana, Ideología y teoría sociológica , trad. de N.A. Míguez, Buenos
Aires, 1970) y, en la bibliografía española, Carlos Moya, Sociólogos y Sociología, Madrid, 1970, en especial, Cap. III, «Max Weber y la
vocación actual de la sociología», pp. 113143.
45
Die protestantische Ethik und der Geist des Kapitalismus, 1905 (ed. castellana, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, trad. de
L. Legaz Lacambra, Barcelona, 2a ed., 1973).
46
Nos remitimos en este apartado, a otras dos obras de Max Weber, Gesa mmelte Aufsatze zur Wissenchaftslebre, Tubinga, ed. de 1969
(ed. castellana, Sobre la teoría de las ciencias sociales, trad. de M. FaberKaiser, Barcelona, 1971) y la importante selección realizada
por H.H. Gerth y C. Wright Mills, From Max Weber: Essays in Sociology (ed. castellana, Ensayos de sociología contemporánea , trad. de
Mireia Bofill, Barcelona, 1972), especialmente enesta obra últimamente citada la Introducción, «El hombre y su obra», pp. 1194, de los
autores de la selección de textos. Sin embargo, la obra más esclarecedora del pensamiento y de la obra weberiana continúa siendo la de
Julien Freund, Sociologie de Max Weber, París, 1966 (ed. castellana, Sociología de Max Weber , trad. de A. GilNovales, Barcelona, 3a
ed., 1973); a este respecto, J. Freund nos recuerda el juicio de R. Aron, que debe tenerse presente al considerar la obra de Weber como el
«modelo de una sociología histórica y sistemática a la vez» (J. Freund, op. cit., p. 121).
ROBERTO MESA 158
Tal conclusión, sin embargo, no resulta en este caso de analizar la estructura social de las
sociedades modernas, sino de aplicar al funcionamiento de éstas las rigurosas normas del
cálculo económico, lo cual en definitivo no es sino una variante del racionalismo positivista del
XIX. En efecto, el razonamiento de Schumpeter puede resumirse así: a largo plazo, y en una
sociedad industrial, los ingresos que las clases dominantes principalmente alimentadoras de la
guerra, ya que según la teoría, el obrero industrial es antiimperialista49 obtienen con la guerra
son inferiores a los gastos que el comportamiento bélico apareja:
«Está en la naturaleza y, es general, en una economía de cambio que la guerra beneficia
económicamente a muchas personas, Aquí se observa un fenómeno muy parecido al familiar
problema del lujo. La guerra significa una demanda aumentada a precios de vértigo, de donde se
siguen unos altos beneficios y también altos salarios en muchos sectores de la economía nacional.
Esto afecta ante todo a las rentas monetarias, pero generalmente (aunque en menor extensión) se ven
afectadas también las rentas reales. Existen, por ejemplo, especiales intereses de guerra, como la
industria de armamentos. Si la guerra dura lo suficiente, el círculo de los que se benefician en
términos monetarios se expande cada vez más, excluido el caso de una inflación de papel moneda.
Puede extenderse a todos los sectores de la economía, pero también la contrapartida de bienes a que
da acceso es incremento de rentas monetarias va progresivamente
47
Citamos por la edición castellana, Imperialismo y clases sociales, Nota preliminar y estudio de Fabián Estapé,
Madrid, 1965.
48
Imperialismo y clases..., p. 99.
49
Imperialismo y clases..., pp. 9899 y 107.
LA CIENCIA POLÍTICA Y LAS RELACIONES INTERNACIONALES 159
disminuyendo, hasta el punto de que se incurre en una pérdida real. La economía nacional,
en conjunto, pierde por los tremendos excesos del consumo incitados por la guerra. Puede
concebirse' ciertamente que los capitalistas o determinadas clases trabajadoras puedan
conseguir ventajas como clase especialmente si el volumen de capital o de trabajo declina de
tal forma que el remanente recibiese una parte mayor en el producto social y si, incluso desde el
punto de vista absoluto, la suma total del interés o de los salarios se hiciese inferior al propio de
la situación anterior. Pero estas ventajas no pueden ser consideradas. Con toda seguridad, en
la mayoría de los casos se ven sobrepujadas por las cargas impuestas por la guerra y por las
pérdidas experimentadas en el extranjero. Por consiguiente, la ganancia de los capitalistas
como clase no puede ser motivo suficiente para justificar una guerra: y es esta ganancia, lo
que cuenta pues una ventaja para las clases trabajadoras sería contingente para amplios sectores de la
clase obrera que caen en acción perecen. Quedan los empresarios de industrias de guerra (en sentido
amplio) y posiblemente los terratenientes; pequeña, pero poderosa minoría. Pero pocos
llegarán a asegurar que este elemento, sea suficiente para orientar al mundo capitalista por
una línea de imperialismo. A lo más, un interés en la expansión puede convertir a los
capitalistas en aliados de los que, mantienen tendencias imperialistas». 50
Es decir, más brevemente, que en un mundo fundamentalmente capitalista no puede haber
terreno abonado para impulsos imperialistas,51 que puede asegurarse como asunto fuera de toda
controversia que, donde prevalece el libre comercio, ninguna clase tiene interés en la expansión
por la fuerza como tal.52
Con ello se da un giro radical a la cuestión. Pues, por un lado, el sistema económico surgido
de la revolución industrial capitalista queda, en tanto que tal, eximido de inclinaciones bélicas y
expansivas; mientras que, por el otro lado, no se niega la existencia de tales tendencias, que son
explicadas bien a partir de tensiones psicológicas (hábitos agresivos), bien a través de la
supervivencia (y posibilidades de influir en las decisiones políticas) de grupos sociales
inclinados a la guerra e interesados en ella (nobleza, terratenientes).53 Schumpeter construye así
la más inteligente alternativa burguesa al análisis clásico marxista del imperialismo; y, desde
luego, de su planteamiento arranca una corriente teórica que desembocará, pero ello cae ahora
fuera de nuestro alcance, en las actuales concepciones del imperialismo como fenómeno
exclusivamente político.54 De toda la Sociología anterior a la Primera Guerra Mundial su
esquema es indudablemente el que mayor proyección alcanzó sobre determinadas posiciones
científicas (ideológicas) actuales.55
50
Ibíd., pp. 110111.
51
Imperialismo y clases..., p. 104.
52
Ibíd.,p. 110.
53
Vid. T. Kemp, Teorie del l´imperialismo. Tormo, pp. 157 y ss.
54
Aunque de los desarrollos posteriores de la teoría del imperialismo nos ocupamos en otro lugar, puede verse la obra de T. Kemp, citada en la
nota anterior, en particular su cap. VIH. Una muy discutible panorámica, en G. Lichthem, Imperialism, Nueva York, 1971 (ed. castellana, El
Imperialismo, trad. de Fernando Santos, Madrid, 1972).
55
Un análisis absolutamente lúcido de las posiciones de Schumpeter, en José Acosta Sánchez, Imperialismo y pensamiento burgués, Barcelona,
1977, especialmente, pp. 7890, «El imperialismo según Schumpeter» y «El imperialismo norteamericano según Schumpeter».
ROBERTO MESA 160
C) Conclusión
Las páginas precedentes tienen un objetivo inequívoco: Cuando se acomete el epígrafe «La
Sociología y las Relaciones internacionales», en sus distintas formulaciones, es perceptible una
ligereza en su desarrollo que se traduce en el olvido mismo de lo que pudiéramos denominar
fundamentación científica de la Sociología. Por otra parte, también se echa de ver un intento de
formulación ex novo en el que se prescinde de un pasado ineludible si, realmente, se quiere
llegar a una comprensión global de la temática en cuestión. Al proceder de esta forma, creemos
que hemos enriquecido, metodológica y conceptualmente, el análisis de las Relaciones
Internacionales; con más propiedad, la aproximación al análisis sociológico de las Relaciones
Internacionales, ya que éstas aparecen tratadas no desde la perspectiva habitual de relaciones
entre Estados (perspectiva que para un sociólogo puede hacerse abstracta con grave facilidad);
sino como contactos entre estructuras económicas y sociales. Por ello, la nómina de
«fundadores» de la Sociología moderna, elenco que hemos limitado voluntariamente,
LA CIENCIA POLÍTICA Y LAS RELACIONES INTERNACIONALES 161
no tiene una pretensión meramente erudita; sino que persigue la finalidad de subrayar, sea por
unas circunstancias o por otras, la preocupación de la sociología por la vida de relación
internacional. Tras esta introducción, suponemos que es más coherente la referencia a una
vertiente sociológica de las Relaciones Internacionales.
No ignoramos las dificultades de esta empresa; máxime, si recordamos las dificultades
surgidas cuando, en un campo vecino, se ha tratado de dotar de una perspectiva sociológica al
estudio del Derecho internacional público. Baste, por ahora, recordar los nombres de
Schindler,56 Landheer,57 Reeves,58 Sprout,59 Stone,60 etc.; y los obstáculos con que ha tropezado
la divulgación de sus ideas. Al tratarse de compartimentar parcelas de competencia y,
frecuentemente, (de disputarse la hegemonía sobre una nueva disciplina, las Relaciones
Internacionales no pueden constituir una excepción.
Al igual que en el campo jurídicointernacional, aquí debemos arrancar también del nombre
de Max Huber; el cual primeramente, aún teniendo muy en cuenta la importancia del factor
estatal en las Relaciones Internacionales, hace un planteamiento que podemos considerar, con
todo rigor, sociológico de la cuestión. Truyol Serra lo señala como precursor más destacado de
una sociología del Derecho internacional, al introducir el concepto de internacionalidad
(Internationalität);61 que, estimamos, también puede aplicarse a la esfera de las relaciones
internacionales; ya que Max Huber entendía por internacionalidad: «El conjunto de los
fenómenos sociales que expresan relaciones inmediatas de los Estados entre sí o influyen
directa o indirectamente en estas relaciones, o están por ellas influidos, constituye el problema
de la internacionalidad. Es internacional una relación cuando se refiere a relaciones entre
grupos sociales que están determinados por poderes estatales distintos, y son internacionales en
el sentido más estricto, las relaciones entre los Estados mismos».62
Todas las opiniones son coincidentes al designar al profesor Georg Schwarzenberger como
el más importante impulsor de la tendencia favorable a la corriente que ahora consideramos; y
lo hace sin ambages: «El estudio de las relaciones internacionales es la rama de la sociología
que se ocupa de la sociedad internacional».63 Lo importante e interesante de la posición del
56
Doetrich Schindler, «Contribution á l'étude des facteurs sociologiques et psychologiques du droit international», Rec. des Cours, 46 (1933V).
57
B. Landheer, «Sociological Theory and International Law», Annales Universitatis Saraviensis, 34 (1954); «Remarks on a Structural Approach
to international Relations ans its influence on International Law», Festschrift Jean Spiropoulos, Bonn, 1957, pp. 321331; «Les théories de la
sociologie contemporaine et le droit international», Rec. des Cours, 98 (195711).
58
J.S. Reeves, «International Society and International Law», A.J.II L., 3 (1921).
59 H. y M. Sprout, ManMilieu Relationship Hypotheses in the Context uf International Politics, Princeton, 1956.
60 J. Stone, «Of Sociological Inquires Concerning International Law», Festschrift f. Jean Spiropoulos, Bonn, 1957, pp. 411423.
61 Truyol Serra, La teoría..., op. cit., p. 62.
62 M. Huber, Die soziologischen Grundlagen des Volkerrechts, Berlín, Grunewald, 1928, p. 3.
«Los asuntos extranjeros son más bien asuntos nacionales, los más nacionales de todos nuestros
asuntos, debido a que tienen que ver con la vida los intereses y los bolsillos de cada una de los
miembros de la comunidad».
De otra forma: Los asuntos internacionales condicionan los asuntos nacionales. Y, para
Schwarzenberger,
«son asuntos internacionales las relaciones entre grupos, entre grupos y entre individuos y
entre individuos, que afectan de modo esencial a la sociedad internacional en cuanto tal.»65
En segundo lugar, también hay causalidades metodológicas en esta pertenencia de las
Relaciones Internacionales al campo genérico de la Sociología. Schwarzenberger, asume las
acusaciones, o más exacta y correctamente la caracterización de los Relaciones Internacionales
como disciplina académica en formación, en gestación, que todavía anda a la búsqueda de sus
instrumentos más adecuados. Rechaza, nuestro autor, por igual, las incursiones y los debates de
pesimistas y optimistas, realistas e idealistas, en el campo de las Relaciones Internacionales, ya
que ambos parten en su visión de la realidad internacional de una hipótesis previa, que falsea de
antemano toda observación. «Lo que se necesita en realidad es un enfoque primariamente
empírico de los asuntos internacionales».66 Al considerar este punto, ciertamente, podemos
incidir en otra parte de nuestra reflexión, la dedicada al método; por tanto, indiquemos
sumariamente que Schwarzenberger, al ir examinando los posibles instrumentos de
conocimiento, los va rechazando uno tras otro, aunque nunca totalmente, ya que proporcionan
conocimientos parcelados, para afirmar que «la elección de las herramientas variará con el
material y el propósito de la investigación propuesta. Schwarzenberger no busca una visión
provinciana de la Sociedad internacional, sino un panorama sintetizador; la Sociología es,
64
G. Schwarzenberger, ibíd., p. 3.
55
G. Schwarzenberger, ibíd., p. 4.
66
G. Schwarzenberger, ibíd., p. 5.
LA CIENCIA POLÍTICA Y LAS RELACIONES INTERNACIONALES 163
Sin embargo, con respeto a nuestro planteamiento general, que venimos desarrollando y no
cabe confundir esta posición con un planteamiento nacionalista, en este caso «continental» nos
interesa subrayar una observación de Truyol Serra que, consideramos, no ha sido
suficientemente desarrollada:
«De todo lo cual cabe deducir que la concepción de la teoría de las Relaciones Internacionales
como sociología es más extendida de lo que explícitamente se reconoce y que si la encontramos en
autores norteamericanos representativos, aparece sin embargo, mas arraigada en sus cultivadores
europeos, tal vez porque la propia sociología general, en Europa, dio más ampliamente, cabida,
desde un principio, en su temática, a los fenómenos y procesos sociales internacionales.69
Lo que pretendemos subrayar, con esta indicación, es que si, aparentemente, la aportación o
el enfoque sociológico de las Relaciones Internacionales se entiende habitualmente como
llegado del otro lado del Atlántico, la realidad es que su fundamentación, la construcción y la
articulación de una teoría de las Relaciones internacionales se ha llevado a cabo y alcanza su
mayor desarrollo en Europa; lo que por el contrario es más cierto es que la aplicación empírica
de la metodología sociológica ha sido el campo en donde con más brillantez y mejores
67
G. Schwarzenberger, ibíd., p. 7.
68
Grayson Kirk, The Study of International Relations in American Colleges and Universities, Nueva York, 1947, en Goalsfor Political Science, p.
49.
69
Truyol Serra, La teoría..., op. cit., p. 58; y, en apoyo de su afirmación, en la nota 51, correspondiente al párrafo señalado, cita la opinión de L.L.
Bernard y Jessie Bernard, Sociology and the Study of International Relations, St. Louis, 1934, p. 11: «La sociología europea, especialmente en
los escritos de Letoumeau, Novicow, Stein, Ratzenhofer, Le Bon y Gymplowicz, se ha ocupado más de las relaciones internacionales que la
sociología americana».
ROBERTO MESA 164
resultados han laborado los especialistas norteamericanos, como tendremos ocasión de ver. No
ha sido pues gratuito el recurso a los llamados «padres fundadores» de la Sociología.
No otra cosa que la visión sintética preconizada por Schwarzenberger es el «complejo
relacional» de J.J. Chevallier. O, recordemos, la ya citada definición de J.B. Duroselle:
70
J.B. Duroselle, «L'étude des Relations Internationales...», op. cit., páginas 683 y 679, respectivamente.
71
La obra central de Raymond Aron, en el campo de las Relaciones Internacionales, es indudablemente Paix et guerre entre les nations, París,
1962 (ed. castellana, Paz y guerra entre las naciones, trad. de L. Cuervo, Madrid, 1963). También tuvo especial repercusión su artículo «Qu'estce
qu'une Théorie des relations Internationales ?», R.F.S., 5 (1967), pp. 837861. Al que hay que sumar entre otros: «En quéte d'une philosophie de la
politique
étrangére», R.F.S.P., 1 (953), pp. 6992; «De l'analyse des constellations diplomatiques», R.F.S.P., 2 (1954), pp 237251; «Remarques sur
l'evolution de la pensée stratégique (19451968). Ascensión et déclin de l'analyse stratégique», Archiv. Europ. Socio!., IX (1968), pp. 151 179.
Más recientemente, una obra de carácter eminentemente polémico y partidista, République Impériale, Les EtatsUnis dans le monde, 19451972,
París,1973 (ed. castellana,
La República Imperial . Los Estados Unidos en el mundo, 19451972, trad. de D. Núñez y J.C. Caravaglia, Madrid, 1976). Pero la suma, hasta
ahora, de sus obsesiones belicistas y estratégicas está constituida por su Penser la guerre, Clausewitz, tomo I, L'âge eropéen, tomo II, L'áge
planétaire, París, 1976,472 7 365 páginas, respectivamente; obra en la que, ciertamente, no recupera las cimas alcanzadas anteriormente, al seguir
dominado por una visión bipolarizada del mundo que no ha conseguido superar.
72
R. Aron, Paix et guerre..., op. cit., p. 16.
LA CIENCIA POLÍTICA Y LAS RELACIONES INTERNACIONALES 165
«¿El estudio de las Relaciones Internacionales tiene un centro propio de interés? ¿Apunta hacia
fenómenos colectivos, conductas humanas cuya especificidad es reconocible? ¿Este sentido es
pecífico de las Relaciones Internacionales se presta a una elaboración teórica».73
Para dar respuesta a estas interrogantes, Aron comienza desde un mismo terreno terminológico:
Relaciones Internacionales son relaciones entre naciones; pero como este término, actualmente,
se presta a equívocos, acepta «provisionalmente que las Relaciones Internacionales son
relaciones entre unidades políticas»;74 entendiendo, estas últimas, en un sentido muy amplio:
desde las ciudades griegas hasta las democracias populares y las repúblicas burguesas.
El determinar exactamente los límites de estas unidades políticas es una dificultad real, pero
cuya importancia no se debe exagerar:
«Ninguna disciplina científica tiene unas fronteras trazadas nítidamente. En primera instancia, no
importa mucho saber dónde terminan las Relaciones Internacionales, precisar a partir de qué
momento unas relaciones individuales dejan de ser Relaciones Internacionales. Debemos determinar
el centro de interés, el significado propio de los fenómenos o de las conductas que constituyen el
núcleo de este campo específico. Pero, el centro de las Relaciones Internacionales son las relaciones
que hemos llamado interestatales...».75
Es justo precisar que R. Aron, como luego se constatará en la aplicación práctica de sus
ideas, no desborda un marco estrictamente clásico, en el sentido más limitado del término:
«El arte político enseña a los hombres a vivir en paz en el interior de las colectividades,
enseña a las colectividades a vivir ya en paz ya en guerra.
Los Estados no han salido, en sus relaciones mutuos, del estado de naturaleza. Si hubiesen salido, ya
no habría teoría de las Relaciones Internacionales».76
Esta aseveración, mezcla de constatación y de reflexión, conduce evidentemente a la utopía del
Estado universal «que engloba a toda la humanidad».
73
R. Aron, ibíd., p. 16.
74
R. Aron, ibíd., p. 17.
75
R. Aron, ibíd., p. 17.
76
R. Aron., ibíd., p. 19
ROBERTO MESA 166
«No es una teoría general en el sentido de una explicación global o una serie de hipótesis globales en
este estado (...), no puede haber aquí más teoría general que digamos, en sociología Es un
planteamiento general basado en las siguientes ideas: La búsqueda de proposiciones abstractas y el
método deductivo, actualmente no nos sirven. Hemos de proceder inductivamente; antes de llegar a
ninguna conclusión sobre las tendencias generales que se manifiestan a través de la historia hemos de
recurrir a una investigación histórica sistemática, no para convertir nuestra disciplina en historia, sino
para realizar las tareas que indicaremos aquí en términos generales».78
En esta primera aproximación en pro de una teoría de las Relaciones Internacionales,
considerada como teoría sociológica Aron busca apoyo en dos disciplinas matrices: una, la
Historia, imprescindible para conocer los mecanismos y las reglas que en el pasado rigieron la
Sociedad internacional; otra, la Economía. Pero, este planteamiento que ahora desarrollamos en
su totalidad, fue desenvuelto por Aron en un ensayo publicado años después de su obra capital
y que puede considerarse la coronación de su formulación teórica. El pensador francés, se
pregunta: «¿Qué es una teoría de las Relaciones Internacionales?». Primeramente, rechaza el
equivalente filosófico; por las implicaciones abstractas, desconocimiento de la práctica, que
puede implicar. E, inmediatamente después, guiado por el propósito de alcanzar un estricto
rigor científico, afirma que una teoría:
77
R. Aron, ibíd., p. 20.
78
Stanley Hoffmann, Teorías contemporáneas..., op. cit., p. 218.
79
R. Aron, «Qu'estce qu'une théorie... ?», op. cit., p. 838.
LA CIENCIA POLÍTICA Y LAS RELACIONES INTERNACIONALES 167
teórica».80 Orientación que, como ha sido señalado generalmente, ha tenido gran influencia en
las doctrinas americanas sobre Relaciones Internacionales; al paso de cuyos excesos ha salido
precisamente, Stanley Hoffmann. Así mismo, se ha subrayado, a su vez, la huella que en la
teorización aroniana han tenido los nombres de Keynes y Pareto, entre otros.
Aron, antes de proceder a su proposición teórica, delimita el campo propio de las Relaciones
Internacionales: lo cual puede realizarse de dos formas: o bien subrayando aquello que
constituye la originalidad, la singularidad, de este campo con respecto a los otros campos
sociales; o bien se parte de conceptos que se aplican a otros campos distintos de las Relaciones
Internacionales.81 Como es sabido nuestro autor, se ha inclinado decididamente por la segunda
posibilidad: la búsqueda de la especificidad de las Relaciones Internacionales, que él sitúa en
ese rasgo especifico que constituye la legitimidad o la legalidad del recursos a la fuerza armada
por parte de los actores. Y recuerda a Max Weber cuando definía al Estado por medio del
«monopolio de la violencia legítima». Estas valoraciones nos conducirían a una serie de
observaciones que no son ahora pertinentes. Subrayemos, sólo, se conforma, junto a la
formulación teórica, la visión radicalmente pesimista del pensamiento aroniano.
Delimitando más rigurosamente su campo de observación, Aron, para proceder a la
singularización de la teoría de las Relaciones Internacionales, rechaza el planteamiento
genérico de la historiadores; aunque, muy posiblemente, Aron esquematice demasiado la
función del historiador, reduciendo su papel al de simple narrador del pasado o, en el mejor
supuesto, al de colector de documentos del presente para posibilitar el historiar del futuro.
Por otra parte, Aron, aún reconociendo que la teoría de las Relaciones Internacionales no es
operativa, y al no serlo carece del mínimo grado científico requerido, no pudiendo alcanzar, por
ejemplo, el nivel de eficacia, y de aplicación de la ciencia económica, considera que no se trata:
de un obstáculo insuperable, esencial, sino accidental:
«Me parece indiscutible que, en este sentido, la ciencia política o la ciencia de las Relaciones
Internacionales no es operativa, y quizá nunca lo sea, al menos hasta el día en que la política en tanto
que tal, es decir lo rivalidad entre los individuos y la colectividad para la determinación de lo que es
bueno en sí, haya desaparecidos.82
Teoría y práctica se resumen así en el pensamiento de Raymond Aron:
«Durante todo el tiempo que la sociedad internacional siga siendo la que es, es decir una sociedad
asocial, cuyo derecho se deja en los casos graves a la interpretación de cada autor y que está
desprovista de una instancia detentadora del monopolio de la violencia legitima, la teoría será
verdadera científicamente en la medida misma en que no aportará el equivalente de lo que
80
R. Aron, ibíd., p. 839.
81
R. Aron, ibíd., p. 842.
82
R. Aron, «Qu'estce qu'une théorie... ?», op. cit., p. 855
ROBERTO MESA 168
esperan los corazones nobles y las mentes ágiles, es decir una ideología simple, que proporcione una
garantía de moralidad y de eficacia».83
Por el momento, un instante histórico crítico, como paralelo de una teoría científica válida
sobre las relaciones internacionales, Aron propone «el análisis de las regularidades sociológicas
y de las singularidades históricas, constituye el equivalente crítico o interrogativo de una
filosofía».84 Y, volviendo a su obra primeramente citada, aplicando un símil deportivo, de los
que tanto gusta Aron por su mentalidad competitiva, concluye:
«El sociólogo es a la vez tributarlo del teórico y del historiador. Si no comprende la lógica del juego,
en vano seguirá los evoluciones de los jugadores. No llegará a descubrir el sentido de las diversas
tácticas adoptadas del mareaje individual o del mareaje zonal».85
Resultaría risible que subrayáramos nosotros el impacto causado en la teoría de las Relaciones
Internacionales por Raymond Aron, aparte su categoría intrínseca como pensador y filósofo. Su
influencia ha sido notoria, y lo sigue siendo, entre los especialistas de las Relaciones
Internacionales, tanto europeos como del otro lado del Atlántico, que se reclaman de una
interpretación sociológica. No cederemos a confeccionar una lista nominal, poco significativa,
salvo un tributo casi obligado a la erudición. Sin embargo, sí queremos señalar un dato que se
observa, generalmente, entre sus seguidores o, más correctamente, continuadores; nos
referimos al deseo, manifestado constantemente, de modificar algunas rigideces del sistema
aroniano y de dulcificar ese pesimismo suyo que no hemos vacilado en calificar de
antropológico.
En primer lugar, el ya repetidamente citado Stanley Hoffmann, hombre puente, por su
formación, entre las dos riveras del Atlántico. Frente a las «desviaciones matematicistas»,
profesadas en Estados Unidos, St. Hoffmann, se muestra partidario del camino señalado por
Aron: la «sociología histórica». Escribe:
«La búsqueda de proposiciones abstractas y el método deductivo, actualmente, no nos
sirven. Hemos de proceder inductivamente: antes de llegar a ninguna conclusión sobre las
tendencias generales qué se manifiestan a través de la historia hemos de recurrir a una
investigación histórica sistemática, no para convertir nuestra disciplina en historia...».86
Pero hay algo muy importante en la concepción sociológica global de St. Hoffmann que le
separa o aleja de su maestro:
83
R. Aron, ibíd., p. 859.
84
R. Aron., ibíd., p. 860.
85
R. Aron, Paix et guerre..., op. cit., p. 21. Sin renunciar en ningún momento a su visión apocalíptica; cf. op. cit.,
p. 30: «Según la opinión profunda y quizá profética de Kant, la humanidad debe recorrer la vía sangirenta de las
guerras para acceder un día a la paz. Sólo a través de la historia se llega a la represión de la violencia natural, a la
educación del hombre en la razón».
86
St. Hoffmann, Teorías contemporáneas..., op. cit., p. 218.
LA CIENCIA POLÍTICA Y LAS RELACIONES INTERNACIONALES 169
«Nuestro primer problema es la definición y caracterización de los valores que quisiéramos ver
promovidos en el mundo y, como he indicado, no podemos hacerlo así si no partimos de una
concepción del hombre como, por lo menos en parte, un animal constructor de comunidades, que
toma decisiones morales eligiendo entre posibles líneas de acción todas las cuales suponen la
presencia de unos valores y el sacrificio de otros».87
St. Hoffmann se presenta ante nuestros ojos como una interesante síntesis de pensador realista y
moralista que casi le coloca entre las filas de los utópicos, aunque, eso si mitigado por su
aproximación llevada a cabo mediante el estudio de políticas internacionales concretas las de
Francia y Estados Unidos, en particular):
«Quisiera por tanto una tarea que continuase el análisis empírico sistemático y una filosofía de las
Relaciones Internacionales como se alían en las grandes teorías políticas y económicas de otro
tiempo por ejemplo, en liberalismo político, en la economía clásica y en el marxismolos elementos
empíricos y normativos. Debemos de tratar de construir utopías relevantes».88
En la doctrina continental ha sido, evidentemente, la francesa aquella que más ha ex
perimentado el peso de la personalidad y de la obra de Aron, aunque de forma contradictoria;
en ningún momento, se ha producido una aceptación sin reservas. Muy poco después de la
aparición de su debatido libro, J.B. Duroselle le dedicaba un extenso artículo. Este conocido
especialista de la Historia de las Relaciones Internacionales le reprochaba su rechazo a la
posibilidad de la construcción o elaboración de una teoría de las Relaciones Internacionales; y
avanzaba la idea de un excesivo esquematismo y una gran rigidez en los presupuestos de
Aron.89 La propuesta de J.B. Duroselle, que ha realizado interesantes estudios en el área de los
conflictos, no carece de interés:
«Me disculpo por responder el pesimismo de Aron con sugerencias y no con principios establecidos.
Pero estas "sugerencias van todos en el mismo sentido: parece probable que una masa de estudios
bien realizados (sobre los temas siguientes: satisfacción y política de conservación, insatisfacción y
política dinámica, insatisfacción económica y fanatismo ideológico, satisfacción e insatisfacción
económicas y soluciones de conflictos territoriales) podrían conducir a la elaboración de un modelo
complejo, ciertamente, pero utilizable, del desarrollo de las Relaciones Internacionales (...). Un
modelo de este tipo ayudaría simplemente a predecir de otra forma que no sea intuitiva, lo cual no es
científico. Poder predecir mejor éste debería ser nuestro objetivo. Predecir exactamente es algo
absolutamente excluido, por la naturaleza misma de las cosas».90
Robert Bosc también se manifiesta favorable a una teoría sociológica de las Relaciones
Internacionales; pero se muestra mucho mas próximo a Stanley Hoffmann que a Raymond
87
St. Hoffmann, Teorías contemporáneas..., op. cit., p. 232.
88
St. Hoffmann, ibíd., p. 234.
89
J.B. Duroselle, «Paix et guerre entre las nations: la théorie des relations internationales selon Raymond Aron», R.P.S.P.,4(1962),p. 968.
90
J.B. Duroselle, ibíd., pp. 978979.
ROBERTO MESA 170
Aron; por gracia de su indiscutido moralismo que tiñe toda su obra. Sin embargo, el modelo de
estudio que aplica a la sociedad internacional es casi estrictamente aroniano: 1) Análisis de las
estructuras de la sociedad internacional; 2) Tipología de los conflictos o formas dinámicas de la
sociedad internacional contemporánea; 3) Praxeología de la paz, pero sin eludir, en modo
alguno, el problema ético.91
Últimamente, asistimos, a una degradación valorativa de las tesis de Aron. Ya sea por
razones científicas, caso de Marcel Merle que lo sitúa correctamente en la corriente de los
hobbesianos contemporáneos:92 ya sea por razones ideológicas, caso Gonidec, pero no carente
de apoyatura científica:
«Raymond Aron no llega a realizar una apología de la fuerza, pero otros no han dudado en hacerlo, ya
porque vean la violencia como una consecuencia ineluctable de la naturaleza humana, ya porque
atribuyan a la violencia una virtud particular».93
En la doctrina española, Medina Ortega se halla más próximo, como hemos visto, del
planteamiento genérico de los politólogos; y, en el supuesto concreto de una teoría sociológica,
está más cercano de Hoffmann que del esquematismo de Aron; pero reconoce, ciertamente, con
respecto al discípulo la oportunidad de su postura «frente al cientifismo predominante en los
Estados Unidos».94
Por su parte, Truyol Serra acepta matizadamente el enfoque «sociológicohistórico» de
Aron; aunque también está más cercano a su discípulo St. Hoffmann. Estimamos que el
planteamiento del profesor Truyol se halla entre los más correctos en lo que atañe a los
defensores del método o enfoque sociológico, en cuanto posibilidad de formulación de una
teorización general:
«La teoría de las Relaciones Internacionales puede, así, en última instancia, considerarse como una
sociología de la vida internacional, una teoría sociológica de la sociedad internacional».95
91
Robert Bosc, Sociologie de la paix, París, 1965, p. 33.
92
Marcel Merle, Sociologie..., op. cit., pp. 134137.
93
P.F. Gonidec, Relations internationales, op. cit., p. 39.
94
Medina Ortega, La teoría..., op. cit., p. 67.
95
Truyol Serra, La teoría..., op. cit., pp. 6162.
6. Relaciones con otras disciplinas
Mario Amadeo*
L a política internacional está ligada a otras disciplinas que, con respecto a ella, de
sempeñan el papel de ciencias auxiliares aunque de por sí las igualen o aún las
superen en importancia. Sin poder abarcar a todas nos limitaremos a indicar aquéllas
con las cuales la vinculación es más estrecha, pero dejando para un examen separado las
relaciones entre la política y el derecho internacionales en virtud de que ambos versan sobre
idéntica materia.
A) La Historia.
Hasta que se constituyó como disciplina autónoma, la política internacional se confundía
con la historia diplomática. No habiéndose llegado todavía a un grado de sistematización y
de generalizaciones que permitiera conferir a la política internacional la categoría de
ciencia, su estudio consistía en una reseña de acontecimientos ocurridos a lo largo de la
historia. Inclusive, el estudio de los hechos actuales era abordado con criterio histórico,
como sí fueran una "historia del presente".
Hoy, la teoría de las relaciones internacionales se ha emancipado de la historia y posee
objetivos y métodos propios. Pero no es posible olvidar, como dice Charles Me Clelland,
que "el estudio de las relaciones internacionales ha surgido de la extensión y crecimiento de
la historia diplomática", razón por la cual la separación entre las dos ciencias no ha sido ni
podría ser total.
La historia provee a la política internacional de la masa de elementos sobre la cual esta
última puede formular sus generalizaciones. Aun excluida del ámbito histórico, la política
internacional sería imposible de conocer "por las causas" (que es la única manera de
conocer científicamente) si no se tuviera cabal información sobre los antecedentes in
mediatos y mediatos de los hechos que se analiza. Sólo la historia puede hacer esa
aportación y de ahí que ella sea la ciencia auxiliar por excelencia de la política
internacional.
Más aún: ninguna exposición de la teoría de la política internacional sería completa si no
se viera complementada por una reseña, siquiera somera, de los principales acontecimientos
*
Texto original: Mario Amadeo. "Capítulo I. La política internacional. 6. Relaciones con otras disciplinas, 7. Política y Derecho
Internacional y 8. La moral en las relaciones internacionales", en Manual de Política Internacional. Edit. AbeledoPerrot, 2a. edic,
Buenos Aires, 1978, pp 3141.
MARIO AMADEO 172
históricos relacionados con la materia, como también de los sucesos actuales que, al
transcurrir de cada instante, se van convirtiendo en historia. Por tal motivo nuestro estudio
incluye, al comienzo de su segunda parte, una reseña histórica que integra el análisis de los
problemas prácticos planteados en el ámbito de la disciplina.
B) La Geografía.
La geografía proporciona a la política internacional la información indispensable sobre el
escenario en que se desenvuelven las relaciones entre los Estados. La influencia del factor
geográfico sobre los hechos políticos internacionales será considerada más adelante en
detalle cuando estudiemos el territorio como elemento de la política internacional. En esa
oportunidad analizaremos también la geopolítica y examinaremos el intento de erigirla en
disciplina autónoma. Entre tanto, baste indicar que la geografía, al describir el habitat en
que se desenvuelven las relaciones internacionales, explica muchos de los móviles que
guían a las naciones en su conducta exterior.
C) La Sociología.
La sociología aporta a la política internacional el conocimiento de las sociedades humanas
de las que el Estado es la forma jurídicamente organizada. La formación sociológica de los
pueblos; su psicología colectiva; su composición étnica; las relaciones entre sus clases y
estamentos; la actitud comunitaria con que un pueblo se sitúa ante otros pueblos y
reacciona frente a ellos, son factores decisivos para la explicación e interpretación de los
hechos internacionales. Más de una vez el desequilibrio de la balanza social dentro de un
país ha provocado la alteración radical de su actitud en el plano externo.
Como ya hemos dicho, un sector destacado de la doctrina asigna a la sociología el papel de
ciencia monitora en las relaciones internacionales. Aun cuando esta apreciación pueda ser
exagerada, no lo es el aserto de que la sociología proporciona a la política internacional
datos de capital importancia para la consecución de sus indagaciones y para la evaluación
de los valores humanos que son su principal elemento.
D) La Economía.
El marxismo (cuya influencia más allá del sector de sus declarados partidarios es mucho
mayor de lo que se supone) dio amplia vigencia a la tesis de que las relaciones entre los
Estados, especialmente sus conflictos y antinomias, tienen su explicación última en factores
de orden económico. En el lugar apropiado de este libro hemos de refutar tal afirmación.
Pero ello no impide, por cierto, destacar la capital importancia que revisten sobre todo en
la hora actual los hechos económicos como materia de las relaciones internacionales. De
ahí la relevancia que la economía tiene, como ciencia, para iluminar algunos de los
principales problemas que se plantean en el ámbito internacional. Sin un constante recurso
a la ciencia económica, sería imposible comprender asuntos tales como el enfrentamiento
entre los países industriales y los países en desarrollo, el régimen financiero internacional,
RELACIONES CON OTRAS DISCIPLINAS 173
los problemas del intercambio comercial y tantos otros más cuya incidencia en las
relaciones entre los Estados es cada vez más marcada.
Quede en claro, sin embargo, que esas cuestiones y el consiguiente aporte que a su
mejor conocimiento hace la ciencia económica tienen interés para nosotros en cuanto
generan situaciones políticas y no en cuanto hechos puramente económicos. Así por
ejemplo a la política internacional en cuanto tal le interesa la actuación concertada de los
países exportadores de petróleo a través de la OPEP por la extraordinaria repercusión
política que entraña la aparición en el primer plano de la política mundial de esos países; le
es ajena, en cambio, su implicancia estrictamente económica.
E) La Filosofía.
Toda ciencia, dijimos, es conocimiento por las causas pero la filosofía es conocimiento por
las causas primeras y ello la erige en reina de todas las ciencias. En virtud de este primado
de honor y de jurisdicción, la filosofía regula el marco de acción de cada ciencia particular
y proporciona la explicación final de sus propias y particulares conclusiones.
El señorío de la filosofía sobre las demás ciencias es especialmente perceptible en el
caso de las ciencias del hombre y, por tanto, de la política internacional. Toda relación
profunda sobre las relaciones entre los pueblos, toda meditación entrañable sobre el destino
de cada uno de ellos en la comunidad de naciones configura una actitud filosófica. El
conocimiento puramente empírico de los hechos podrá proporcionar erudición pero no
proporciona saber en el sentido auténtico de la palabra. Por eso la filosofía, desde la altura
de su posición de ciencia rectora, da a la política internacional los elementos de
conocimiento que conferirán fecundidad a sus comprobaciones y valor durable a sus con
clusiones.
En cuanto refleja las tendencias de la política exterior de los Estados, el derecho in
ternacional: a) hace posible la realización de esa política; b) acompaña su desarrollo y c)
regula la organización de la vida internacional. Veamos los tres puntos por separado:
a) Existen instituciones jurídicas sin las cuales el trato entre los Estados no podría
anudarse. La primera de ellas es el reconocimiento de Estados y de gobiernos mediante
la cual la autoridad suprema de una unidad política entra en relación con otra. Sin la
apelación a esta institución jurídica, el único trato posible entre los Estados sería la guerra.
Otra institución jurídica que hace posible la realización de la política internacional es el
estatuto de los agentes diplomáticos. Aún antes de la institucionalización de la diplomacia
como instrumento de vinculación entre los Estados, los enviados extranjeros gozaban de
privilegios e inmunidades inherentes a su función.
b) Existe otro tipo de instituciones en el derecho internacional que acompañan, por
así decir, la política internacional y permiten revestir de forma jurídica a hechos resultantes
de las relaciones internacionales. Así, las políticas de dominación generaron las formas
jurídicas del coloniaje, del protectorado, de la cesión en arriendo, de las capitulaciones
y de otros estatutos de subordinación; las políticas de disgregación generaron los "Estados
vasallos" como fórmulas de tránsito a la plena independencia; las políticas de reparto
del poder generaron la institución del condominio y así sucesivamente. Puede afirmarse
que a todo sistema político corresponde un tipo de institución jurídica que le es propio.
c) Gran parte de la política internacional de nuestros día se lleva a cabo en el ámbito
de los organismos internacionales y tiene carácter multilateral. Las reglas vigentes en esos
organismos reflejan también las relaciones de poder que constituyen la trama misma de
la política internacional. Así por ejemplo, el llamado sistema de "veto" o "regla de una
nimidad" en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas está formulado jurídicamente
en cuanto consta en la Carta de la Organización mundial. Pero refleja una realidad política
que se impone sobre la anomalía legal de esa fórmula.
El derecho internacional no sólo refleja las realidades de la política internacional sino
que también las enmarca, es decir, las circunscribe y canaliza dentro de determinados
cauces. Desde éste punto de vista, el derecho ejerce un influjo benéfico sobre la política
internacional en cuanto procura armonizar las relaciones entre los Estados y en cuanto
señala las metas ideales hacia las cuales éstos deberían tender en su trato recíproco. El
principio pacta sunt servando representa, desde este punto de vista, una de las
contribuciones más valiosas del derecho internacional para que las relaciones entre los
pueblos se mantengan dentro de formas dignas y civilizadas.
Es verdad que las normas del derecho internacional han sido objeto de innumerables
violaciones en la práctica. Pero sin desconocer este hecho, por demás real, cabe preguntarse
qué ocurriría si la política internacional no contara con el auxilio del derecho para
encuadrar su actividad. El imperio de la pura fuerza (que hoy significaría la certeza de la
destrucción total) se enseñorearía del mundo.
Pese a la influencia altamente positiva que el derecho ejerce sobre la política
internacional, conviene precaverse contra el exceso de juridicidad en las relaciones
internacionales. Existe, en la actualidad, una tendencia exagerada a conferir forma
contractual a asuntos que, por su naturaleza, convendría dejar librados a la espontánea
fluidez de los acontecimientos y a la libre determinación de las partes. Cada año los Estados
RELACIONES CON OTRAS DISCIPLINAS 175
celebran millares de acuerdos y convenciones, muchos de los cuales nunca llegan a entrar
en efectiva vigencia Ello conspira contra el prestigio de los tratados y, por ende, contra la
autoridad del derecho internacional. Pero por sobre todo, acostumbra a los gobiernos a no
dar importancia a los instrumentos que suscriben y a considerarlos, según la frase célebre,
como meras "tiras de papel".
por otra parte, de esos mismos contactos ha resultado una suerte de cultura universal
embrionaria que se manifiesta, entre otras formas, por la difusión a través del mundo entero
de las técnicas y valores de las culturas de mayor entidad, por la universalización de ciertos
cánones literarios y artísticos, por la proliferación de los organismos internacionales y por
los intentos de los pensadores de las culturas principales para formular una tabla de valores
comunes a la emergente cultura universal. De esta "internacionalización" de valores surgen
los elementos de una moral internacional comúnmente aceptable.
Un escritor de origen francocanadiense, Denis Goulet, ha planteado la necesidad de
conferir sentido ético a las aspiraciones comunes del género humano por una vida mejor y,
en particular, respecto del problema del desarrollo. Goulet niega contenido moral al orden
políticoeconómico vigente pero advierte a la vez que la búsqueda incontrolada del
desarrollo subordina los medios a los fines y no es, por tanto, aceptable. Para él la ética
debe reflejarse no sólo en los fines generales sino también en los criterios específicos para
identificar qué instituciones se adaptan a esos fines en situaciones concretas. Por eso,
subraya, "la forma cómo el desarrollo es logrado no es menos importante que lo que con él
se consigue".
Hemos indicado someramente la posición de cuatro escritores representativos del pen
samiento actual sobre el papel de la moral en la vida internacional. Enunciaremos ahora
nuestra posición que se identifica con la doctrina cristiana tradicional. Esa posición fue ya
formulada con respecto a la política en general, pero en virtud de la unidad sustancial de la
ciencia política, su enunciación es válida también para la política internacional.
El objeto formal de la sociedad internacional es el bien común. Ese bien es superior al
bien individual de los miembros que la componen.
La consecución del bien común sólo es posible mediante la observancia de la ley moral.
Todo apartamiento de dicha ley entraña un desorden y constituye un germen de disolución
y de muerte para las sociedades que la olvidan o la rechazan.
En su vida de relación internacional, los Estados están obligados a obrar conforme a la
justicia, cuyas normas esenciales no perjudicar a los demás y dar a cada cual lo suyo son
parte de la ley normal.
Al propio tiempo, los Estados no solamente tienen el derecho sino también el deber de
hacer respetar sus derechos y de defenderse cuando esos derechos son amenazados o
vulnerados. En esa defensa los Estados pueden emplear todos los medios adecuados,
inclusive la fuerza material, en el caso de que ese empleo sea indispensable para la
salvaguardia de sus derechos.
Cuando existe una autoridad internacional legítimamente constituida, los Estados que
han participado en su constitución tienen el deber de acatar las decisiones que adopte en el
marco de sus atribuciones. Si no existiera ninguna autoridad internacional competente,
corresponde al propio Estado que se juzga lesionado determinar, conforme a la justicia y a
la prudencia, los medios por los cuales ha de afirmar sus derechos.
El bien común internacional exige la solidaridad de sus miembros del mismo modo que
el bien común nacional exige la solidaridad de los ciudadanos. El Estado tiene, por tanto, la
obligación de propender por todos los procedimientos a su alcance al fortalecimiento
RELACIONES CON OTRAS DISCIPLINAS 177
de los vínculos amistosos y de cooperación con los demás Estados como medio para
contribuir a la paz y a la armonía internacionales.
Los principios que acabamos de exponer representan formulados escuetamente lo
esencial del pensamiento cristiano en materia de moral internacional. Para muchos, es
pecialmente para quienes se autocalifican de "realistas" y creen que la única realidad de la
vida internacional está constituida por los antagonismos que genera la lucha por el poder, la
concepción cristiana parece ingenua y en cuanto fuere aplicada nociva para el interés
nacional.
La experiencia histórica no confirma esa interpretación. Es verdad que a lo largo de los
siglos se puede registrar innumerable cantidad de violaciones a la ley moral en las
relaciones entre los Estados y que con bastante frecuencia los abusos y los crímenes
cometidos por éstos no han recibido adecuada sanción. Pero las transgresiones no siempre
han sido provechosas para quienes las han cometido. Más aún, una valoración objetiva de
las relaciones internacionales revela que los Estados que han desconocido sistemáticamente
sus deberes morales han debido pagar, a la corta o a la larga, un precio elevado por su
inconducta.
La sujeción a normas éticas no es, pues, una manifestación de candidez. Aparte de
reflejar valores humanos más altos, es una expresión de sabiduría política. Un Estado que
respete los derechos ajenos tiene mucho más posibilidades de ver respetados los propios
que aquellos que hacen caso omiso de sus obligaciones. No se puede, por cierto,
desconocer, que los hombres no son buenos por naturaleza, como suponía Rousseau, y que
tampoco lo son siempre los Estados. Pero la gran cuestión en esta materia es, como dice
Kenneth Thompson, "saber actuar con juicio y discernimiento moral en un mundo
esencialmente inmoral". Por otra parte, y sin invalidar esta apreciación, las fuerzas morales
que gravitan en la escena internacional son más fuertes de lo que los pseudo realistas están
dispuestos a admitirlo. La condena mundial del genocidio y de otras atrocidades tiene, en
última instancia, un fundamento ético como lo tuvieron en su tiempo las normas dictadas
para hacer menos inhumana la guerra.
La observancia de la ley moral no sólo no prohíbe la defensa celosa del interés propio
sino que el derecho y el deber de cuidar de sí mismo es parte de dicha ley. Por eso el Estado
actúa conforme a la justicia cuando convoca a los ciudadanos a armarse en defensa de la
patria y por eso vulneraría los derechos de la sociedad civil la admisión jurídica de la
"objeción de conciencia" para eximir a algunos de esos ciudadanos de sus deberes para con
la comunidad a que pertenecen. En síntesis, no solamente la preservación de la
independencia y la integridad territorial es legítima sino también lo es la realización de un
destino de grandeza.
MARIO AMADEO 178
Inter disciplinariedad y Cientificidad en
Relaciones Internacionales
*
Texto original: Roberto Peña Guerrero. "Interdisciplinariedad y cientificidad en Relaciones Internacionales" (inédito), 21 pp.
ROBERTO PEÑA GUERRERO 180
1
En 1919 se crearon las primeras cátedras sobre relaciones internacionales en universidades de Estados Unidos y el Reino Unido.
Además, durante la Conferencia de Paz de París, al término de la Primer Guerra Mundial, se constituyeron dos instituciones dedicadas al
estudio de la problemática internacional: el Royal Institute of International Affairs, de Londres y el Council on Foreing Relations, de
Nueva York. Cfr. Trevor Taylor. "Introduction: The nature of international relations", en T. Taylor (ed), Approaches and theory in
international relations. USA, 1978, p. 7.
2
Cfr. Graciela Arroyo Pichardo. "Enseñanza e investigación de las Relaciones Internacionales" en Revista Mexicana de Ciencias
Políticas y Sociales, nos. 136137, México, abrilseptiembre, 1989, FCPySUNAM, p. 12.
3
Lo señalado se puede constatar en los siguientes textos: UNESCO. La Ciencia Política contemporánea; contribución a la investigación,
al método y a la enseñanza. Francia, 1950; UNESCO. Tendances principales de la recherche dans les sciences sociales et humaines.
Francia, 1970; UNESCO. Interdisciplinariedad y ciencias humanas. Francia, 1983.
4
Immanuel Wallerstein, et. al. Abrir las Ciencias Sociales. (Traduc. Stella Mastrángelo), Ed. Siglo XXI México1996.
INTERDISCIPLINARIEDAD Y CIENTIFICIDAD… 181
5
Cfr. Ibid. p. 90.
6
Jean Piaget. "La situation des Sciences de l´ homme dans le système des sciences" en UNESCO. Tendances... op cit. Pp. 5366
7
Nos referimos en particular al estudio publicado en 1934 por Edith E. Ware (ed.). The study of International Relations in the United
States. Columbia University Press, USA, 1934. Ver en especial el Capítulo IX, pp. 197220.
8
Cfr. Stanley H. Hoffmann, et. al. Teorías contemporáneas sobre las Relaciones Internacionales. (Traduc. M. D. López Martínez), Ed.
Tecnos, España, 1963. Se puede afirmar con precisión que México se incorpora a este esfuerzo en la década de los setenta, a través del
Centro de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, el cual promovió durante los primeros
cuatro Coloquios Internacionales de Primavera (de 1976 a 1979) ponencias y estudios específicos sobre el carácter científico de la
disciplina de las Relaciones Internacionales.
9
Cfr. Wallerstein, et. al. Op. Cit., pp. 102114.
ROBERTO PEÑA GUERRERO 182
país, han sido determinantes en las formas en que se han establecido y promovido los
estudios internacionales. Históricamente, las facultades de Filosofía y Derecho fueron los
centros de donde se desprendieron las Ciencias Sociales que, al ir definiendo sus campos y
objetos de estudio específicos, obtuvieron su reconocimiento (no sin resistencia) como
disciplinas "autónomas". Este es el caso de la Historia, la Economía, la Sociología, la
Antropología y la Psicología, entre otras. Como se señaló, la experiencia de la disciplina de
Relaciones Internacionales no ha sido diferente. De acuerdo a las tradiciones académicas de
los países y universidades, su impulso original provino en algunos casos de las facultades
de Derecho y en otros de las de Filosofía, a través de sus departamentos de Historia o de
Ciencia Política.
Esto último tiene su explicación, por el hecho de que los antecedentes de la disciplina, o
su "prehistoria" como la denomina Roberto Mesa,10 se forjan en los ámbitos de estudios
internacionales que se desarrollaron, hasta antes de la Primera Guerra Mundial, desde las
perspectivas de la Historia (Historia de los Tratados e Historia Diplomática), del Derecho
Internacional Público y de la Filosofía Política. Hasta la fecha hay historiadores (como
Immanuel Wallerstein) y juristas que de manera explícita o implícita siguen reivindicando
la exclusividad, o al menos, la supremacía en el tratamiento de los fenómenos
internacionales desde sus respectivas ciencias.11
La experiencia de la Primer Guerra Mundial significó un parteaguas entre la prehistoria
de la disciplina y su posterior desarrollo científico, al conjugarse varios factores que con
tribuyeron a la necesidad de individualizar el estudio de los fenómenos internacionales e
impulsar una disciplina específica que se ocupara de la sociedad internacional en cuanto tal.
Entre estos factores, destacan los siguientes: los cambios estructurales experimentados por
la sociedad internacional como consecuencia del desarrollo tecnológico e industrial; la
influencia creciente que en las relaciones internacionales tienen los movimientos sociales y
políticos; los cambios en la correlación de fuerzas internacionales a partir del desenlace de
la Primer Guerra Mundial y la nueva configuración geopolítica de Europa; el triunfo de la
Revolución Bolchevique; el deseo de instaurar un orden de paz y seguridad; la toma de
conciencia del papel que juegan los factores económicos, sociales e ideológicos y la
presencia de nuevos protagonista internacionales distintos a los estados; la acentuación de
la interrelación entre la política interna de los estados y su política exterior.12
Este nuevo escenario hizo patente la incapacidad de las disciplinas tradicionales, como
la Historia y el Derecho, para dar cuenta adecuadamente de tales transformaciones.
Además, reveló la perspectiva parcial o sectorial de las mismas respecto de la sociedad
internacional. Por otro lado, el desarrollo de la Ciencia Política y de la Sociología se
concentró en dar respuesta a los nuevos problemas que se presentaban en el seno de las
sociedades estatales. De ahí la necesidad de integrar una nueva disciplina que abordara
globalmente la problemática internacional.13
10
Cfr. Roberto Mesa. Teoría y práctica de Relaciones Internacionales. Ed. Taurus, España, 1980, pp. 2233.
11
Cfr . Rafael Calduch Cervera. Relaciones Internacionales. Ediciones Ciencias Sociales, España, 1991, pp. 2425.
12
Cfr . Celestino del Arenal. Introducción a las Relaciones Internacionales. Ed. reí, México, 1993, p. 61.
13
Ibid.
INTERDISCIPLINARIEDAD Y CIENTIFICIDAD… 183
14
Cfr. George Modelski. Principies of World Politics. The Free Press, usa, 1972, p. 3.
15
Cfr. Raymond Aron. "Qu'estce qu'une théorie des relations internationales?" en Revue Francaise de Science Politique, vol. XVII. No.
5, París, oct. 1967, pp. 837861.
16
Cfr. Antonio Gramsci. La política y el estado moderno. Traduc. Jordi Solétura, Ed. Península, España, 1971, p. 107.
17
Las tres características que se detallan del campo de estudio real y concreto, de la disciplina de Relaciones Internacionales, se sustentan
en la concepción de realidad como concreción, como totalidad concreta, en los términos planteados por Karel Kosik. CFR. Karel Kosik.
Dialéctica de lo concreto. Traduc. Adolfo Sánchez Vázquez. Ed. Grijalbo. México 1967. p. 56.
ROBERTO PEÑA GUERRERO 184
♦ Se desarrolla y, por ende, no es algo inmutable y dado de una vez para siempre.
♦ Se va creando y, en consecuencia, no es un todo perfectamente acabado e invariable
sino sólo en sus partes singulares o en su disposición.
Con base en todo lo anteriormente expuesto, podemos concluir este apartado con la tesis
de que el status de Ciencia Social de la disciplina de Relaciones Internacionales no se
deriva de otra disciplina social, sino es un logro propio del proceso cognoscitivo de la
realidad internacional y sus fenómenos específicos, así como de su estructuración
epistemológica propia. Esta última se ha construido en el tiempo a través de dos escuelas: la
positivista, que sustenta desde los años veinte el desarrollo de las denominadas teorías
anglosajonas de Relaciones Interncionales,18 fundamentalmente de origen estadunidense, y
la marxista, que adquiere relevancia en la disciplina a partir de la década de los setenta.19
Las teorías anglosajonas han logrado penetrar las academias en la gran mayoría de los
países donde se ha institucionalizado la disciplina como carrera universitaria. Su desarrollo
se puede periodizar en cinco etapas, entre las cuales se presentan sendos debates teórico
metodológicos. La primera va de los años veinte hasta mediados de los treinta,
sustentándose en un enfoque históricojuridicista, derivado de la concepción del liberalismo
wilsoniano de un mundo perfectible y armónico. La segunda se perfila a partir de los años
treinta, basada en el enfoque del realismo político o de la política del poder, que alcanza su
mayor esplendor en la década de los cincuenta. La tercera se inicia a finales de la década de
los cincuenta con las corrientes cientificistas del conductismo, consolidándose en los
sesenta y principio de los setenta con las escuelas posconductista y sistémica. La cuarta
etapa se inicia a mediados de los setenta con los enfoques interdependentistas,
fortaleciéndose en los ochenta con las teorías del neoliberalismo y neorealismo. La quinta
etapa, que se vive actualmente, se está caracterizando por la construcción teórica del
fenómeno globalización, donde la escuela neorealista pretende una síntesis epistemológica
que la ubique por encima de todos los paradigmas existentes.
Por su parte, la escuela marxista se presenta en los inicios de la década de los setenta
como una línea teóricometodológica que va a tener gran impacto e influencia en la cons
trucción y desarrollo epistemológico de la disciplina. Su punto de partida fueron las teorías
del subdesarrollo y de la dependencia y su consecuente efecto en el debate del denominado
conflicto NorteSur. Así, en diversas partes del mundo tiene auge no sólo la interpretación
marxista de las relaciones internacionales, sino también la construcción de una teoría de
Relaciones Internacionales desde una perspectiva marxista. De hecho, la presencia del
marxismo en el desarrollo científico de la disciplina ha trascendido aún en los debates
teóricos anglosajones contemporáneos, ya sea para refutarlo o, en la mayoría de los casos,
18
Cfr. Steve Smith. "Positivism and beyond". En Steve Smith, et al. International theory: Positivism & beyond. Cambridge University
Press, Inglaterra 1996, pp. 1144.
19
Cfr. Roberto Peña Guerrero. "Ubicación del marxismo en el debate teórico de la disciplina de las Relaciones Internacionales", en
Relaciones Internacionales, no. 50, FCPySUNAM, México, eneroabril, 1991, p. 49.
INTERDISCIPLINARIEDAD Y CIENTIFICIDAD… 185
20
Cfr. Ibid. pp. 5354.
21
Cfr. Georg Schwarzenberger. La política del poder . Traduc. Julieta Campos y Enrique González Pedrero, Ed. FCE, México, 1960, p. 8.
ROBERTO PEÑA GUERRERO 186
22
Cfr. Quincy Wright. The study of International Relations. AppletonCenturyCrofts Inc., usa, 1955, pp. 361.
23
Cfr. Raymond Aron. Paz y guerra entre las naciones. Traduc. Luis Cuervo. Ed. Revista de Occidente, España, 1963 y Calduch. Op.
Cit., pp. 2527.
24
Cfr del Arenal. Op. Cit, p. 201. Consideramos que aquí es importante hacer una acotación, ya que se están manejando los términos de
interdisciplinariedad, multidisciplinariedad y transdisciplinariedad con el mismo sentido y significado. Por ello, es necesario distinguir el
alcance de cada término, por lo cual se propone utilizar el término de interdisciplinariedad en relación al intercambio de conocimientos
que se da única y exclusivamente entre las ciencias sociales; el término de multidisciplinariedad al intercambio que se da entre las
ciencias sociales y las humanidades, dejando el término de transdisciplinariedad al intercambio de conocimientos entre las ciencias
sociales y las ciencias naturales.
25
Cfr . H. Heckhausen y M. Boisot. "Disciplina e interdisciplinariedad" en Leo Apostel, et. al. Interdiscipilinariedad. ANUIES, México,
1975, pp. 8999. Graciela Arroyo Pichardo. "Interdisciplinariedad: viejo o nuevo reto" en Revista Mexicana de Ciencias Políticas y
Sociales. No. 154, FCPysUNAM, México, octubrediciembre, 1993, pp. 1011.
INTERDISCIPLINARIEDAD Y CIENTIFICIDAD… 187
29
Cfr. Adolfo Sánchez Vázquez. "La ideología de la realidad ideológica en las ciencias sociales" en Revista Historia y Sociedad, no. 7,
México, 1975, p. 10.
INTERDISCIPLINARIEDAD Y CIENTIFICIDAD… 191
y mecanicista (en donde el objeto es el único activo y el sujeto pasivo), se debe a que
ninguno de éstos logra el conocimiento científico y, por tanto, no se alcanza la
correspondencia entre realidad y teoría. El modelo realmente válido es el que parte del
principio de interacción que existe entre el objeto de estudio y el sujeto cognocente. Esta
relación cognoscitiva se caracteriza porque el sujeto y el objeto mantienen su existencia
objetiva y real, a la vez que actúan el uno sobre el otro. La interacción, que por otro lado
determina la especificidad de cada uno de los elementos, se produce en el marco de la
práctica social del sujeto que percibe al objeto en y por su actividad.30
Si la única forma que tenemos para aprehender la realidad internacional, comprendida
como una totalidad concreta, es por medio del conocimiento científico, éste debe contener
un requisito que es condición sine qua non para poder hablar de su validez: la objetividad.
Si se renuncia a la objetividad, se renuncia al conocimiento de lo históricosocial como
científico, reduciéndose a simple especulación ideológica. La objetividad estriba en la
correspondencia del objeto teórico con el objeto real (relación teoríarealidad). La
veracidad de un paradigma es objetiva, si representa, reproduce o reconstruye un proceso
real por la vía del pensamiento conceptual.31
El problema de la objetividad nos conduce a un último nivel de análisis: la importancia
radical que posee el método de investigación en la construcción del conocimiento
científico. Para lograr la objetividad del conocimiento, se debe tener como requisito previo
la aplicación de un método objetivo, que se subsuma en el proceso mismo de la aprehensión
de la realidad y se concrete, en cuanto tal, en el cuerpo teórico resultante. La objetividad del
método proporciona en mucho la objetividad del conocimiento de la realidad histórico
social. El conocimiento científico no existiría sin método objetivo y, por tanto, queda
descalificada toda concepción sobre lo social que prescinda de él, tanto en el proceso de
investigación, como en el de exposición o verificación.32
Ahora bien, hablar de método objetivo significa referirse al método científico correcto,
cuya aplicación en toda relación cognoscitiva objetivaactivista, determina el grado de
objetividad de su producto del propio conocimiento. De esto, se deduce la importancia
capital que tiene la metodología en la construcción teórica de cada una de las disciplinas
con pretensiones científicas.
En particular, en la disciplina de Relaciones Internacionales, se plantea como un aspecto
medular de su solidez científica el que no exista un método único aceptado y consensado
por todos los estudiosos de los fenómenos internacionales, lo cual supuestamente conduce a
explicar el por qué de los debates teóricometodológicos que prevalecen entre las diferentes
corrientes teóricas y paradigmas que se han desarrollado en el tiempo. Pero ¿acaso en las
demás Ciencias Sociales no existen debates teóricosmetodológicos y teorías del
conocimiento contrapuestas que caracterizan la riqueza de su diversidad?. En este sentido,
como nos advierte atinadamente Francisco Dávila Aldas, "el método está siempre presente
30
Cfr. Adam Schaff. Historia y verdad. Traduc. Ignaci Vidal, Ed. Grijalbo, México, 1974, p. 86.
31
Cfr. Sánchez Vázquez. Op. Cit., pp. 1112.
32
Ibid.p. 12.
ROBERTO PEÑA GUERRERO 192
33
Francisco R. Dávila Aldás. Teoría, ciencia y metodología en la era de la modernidad. Edit. Fontamara, México, 1996, p. 228.
34
Cfr. Roberto Peña Guerrero. "La alternativa metodológica para la disciplina de las Relaciones Internacionales: la dialéctica", en
Memoria del Primer Coloquio Internacional de Primavera: El estudio científico de las relaciones internacionales, FCPySUNAM, 1978,
pp. 131153. P.F. Gonidec. Relations Internationales. Editions Montchrestien, Francia, 1977, pp. 1627. Rafael Calduch, Op. Cit., pp. 27
31. Roberto Mesa. Op. Cit., pp. 271284.
Los sujetos de las r elaciones inter nacionales
* Texto original: Ileana Cid Capetillo y Pedro González Olvera. "Los sujetos de las relaciones internacionales", en Relaciones
Internacionales, nos. 3334, UNAM, FCPyS, CRI, México, juliodiciembre 1984, pp. 127130.
1
Eli Chinoy, Introducción a la Sociología , Buenos Aires, Ed. Paidós, 1979, p. 51.
2
Idem., p. 58.
ILEANA CID CAPETILLO 194
3
. Idem., p. 51.
LOS SUJETOS DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES 195
El hombre, entonces, como ser social es el "sujeto" que construye la sociedad y dentro de
ésta, a las relaciones que en ella se producen (sean nacionales, locales o internacionales) Se
trata de un protagonista que no espera que se le asignen papeles ni se le establezcan
"escenarios"; tienen una práctica social de la que se deriva la historia y no al revés.
La historia no hace nada, es el hombre, el hombre real, el hombre vivo, quien posee, quien
combate. No es la historia quien utiliza al hombre para realizar sus fines como si fuera una
persona independiente, la historia no es más que la actividad del hombre que persigue sus
fines.5
La afirmación anterior, sin embargo, debe ser matizada, en dos sentidos; en el primero,
introduciendo las leyes generales de la sociedad que influyen en el curso de la historia.
Marx mismo consciente de esta circunstancia afirma que
Los hombres hacen su propia historia, pero no lo hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias
elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran
directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las
generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos.6
Para concretizar aún más debemos decir que este hombre social "sujeto" de la historia y la
sociedad, además de formar parte de un conglomerado social, también se agrupa en
diferentes clases sociales; con una posición determinada en el seno de la sociedad, desde la
cual desarrollan su actividad, permitiendo que el "hombre" genérico adquiera expresión
concreta como sujeto primario, originario o fundamental de la sociedad y la historia.
La acción de los sujetos de la historia, primariamente las clases sociales, tiene un primer
ámbito de expresión: la sociedad local con fronteras geográficas bien establecidas, que se
reconoce como formación económica social, o en lenguaje más común como "nacional".
Cuando esa actividad trasciende las fronteras originales y se dirigen a un ámbito "externo"
(al cual hemos denominado formación económica social internacional) surge un amplio
conjunto de relaciones, que atañen a dos o más sujetos y se localizan en dos o más
sociedades nacionales, llamadas Relaciones Internacionales.
Los elementos que nos permiten reconocer a un sujeto de las Relaciones Internacionales
son los siguientes:
4
Carlos Marx. Elementos fundamentales para la crítica de la economía política , citado en Miriam Limoeiro Cardoso, La construcción
de conocimientos, México, Edit. Era, p. 71
5
Carlos Marx, Crítica de la filosofía del derecho de Hegel, citado por Francisco Fernández Santos, "Marxismo como Filosofía", en
Korsch, Fernández S. y Lukacs, La filosofía del marxismo, Argentina, Distribuidora Baires, Colec. Papeles Políticos, 1974, p. 17.
6
Carlos Marx, "El 18 Brumario de Luis Bonaparte", en Obras Escocidas, un tomo, Moscú, Editorial Progreso, (s.f), p. 95.
ILEANA CID CAPETILLO 196
1. Consideraciones generales
* Texto original: Rafael Calduch Cervera. "Capítulo 5. Los actores internacionales" en Relaciones Internacionales. Ediciones Ciencias
Sociales, Madrid, 1991, pp. 105111.
1
Sobre el concepto de actor internacional en el análisis de sistemas, véase:
Hoffmann, S. Op. cit., págs. 148149.
Braillard, PH. Théorie...Op. cit.. pág. 11
RAFAEL CALDUCH CERVERA 198
que son internacionalmente significativas. Ello significa que tampoco podemos incluir en
este grupo a aquellos grupos o sociedades que habiendo ocupado un lugar destacado en la
vida internacional de un período histórico determinado, perdieron ese protagonismo como
consecuencia de las mutaciones operadas en la Sociedad Internacional.
El teórico de las relaciones internacionales se encuentra así limitado para establecer las
diversas categorías de actores internacionales, por las coordenadas espaciotemporales de
cada Sociedad Internacional en cuyo seno deberá descubrir qué grupos sociales gozan de
esa capacidad de actuación internacional.
Junto a la anterior limitación teóricometodológica, el internacionalista está también
obligado a definir las relaciones internacionales que considera relevantes, pues ello con
dicionará la selección de los grupos capaces de desempeñar un papel activo y significativo
en tales relaciones es decir, la calificación de actores internacionales.
En efecto, si se estima que la vida internacional puede quedar reducida a las relaciones
de naturaleza política, únicamente encontraremos como protagonistas destacados a los
estados y, en menor medida, a ciertas organizaciones intergubernamentales; pueblos o
movimientos de liberación. No encontraremos razones suficientes para valorar teóricamente
el protagonismo internacional de otros grupos, como las empresas multinacionales, las
naciones o la opinión pública internacional. Estos y otros muchos grupos sociales adquieren
la categoría de actores cuando introducimos como parte de la Sociedad Internacional otras
relaciones de naturaleza económica o cultural.
Resumiendo, podemos precisar el concepto de actor internacional, afirmando que es todo
grupo social que, considerado como una unidad de decisión y actuación, participa eficaz y
significativamente en aquellas relaciones definidas previamente como fundamentales para
la estructuración y dinámica de una determinada Sociedad Internacional.
2
Galtung, J. «Un continent invisible: les acteurs non territoriaux». ABISAAB, G. (ed), op. cit. págs 68 y ss.
3
Gonidec, P.F. op. cit. págs. 11 y 117.
Medina, M. Las organizaciones internacionales. Madrid, 1976, Edit. Alianza; págs. 23 y ss.
Merle, M. op. cit. págs 265266
Mesa, R. op. cit. págs. 185 y ss
RAFAEL CALDUCH CERVERA 200
4
Esta distinción está inspirada en la establecida por Töennies entre sociedades y comunidades. No obstante, el lector puede también
advertir fácilmente las diferencias entre ambas clasificaciones.
Töennies, F. Comunidad y Sociedad. Buenos Aires, 1974.
RAFAEL CALDUCH CERVERA 202
5
Los conceptos de agregación social y agregación internacional son analizados, respectivamente, por:
Rosenau, J. N. «Le touriste...» Op. cit. págs. 225 y ss.
Attina, F. Op. cit. págs. 111 y ss.
LOS ACTORES INTERNACIONALES 203
Jacques Huntzinger*
L es États existent depuis fort longtemps sous diverses formes, depuis qu'il y a eu
rassemblement de populations et de territoires sous l'autorité de princes. Dans sa
perspective historique la plus large, le système étatique trouve son origine dans le
fait que l'homme est un animal politique. «A chaque stade de leur développement, les
individus ont des besoins et des préférences qu'ils ne peuvent pas réaliser euxmêmes, et
vont alors former des groupes sociaux. De tels groupes différent grandement dans leur taille
et leur nature selon les circonstances, mais ils sont tous confrontes á une foule de problèmes
organisationnels lies a la structure du groupe, ainsi qu'aux relations avec les autres groupes,
l'équivalent des relations internationales actuelles.»1
L'observation historique oblige á constater la fragmentation permanente de l'humanité en
des sociétés distinctes et rivales et le développement continu du système étatique. II n'a
jamais existe de communauté internationale proprement dite, car il n'y a jamais eu de
solidarité active entre l'ensemble des groupes sociaux et des hommes. II y a toujours eu
«distribution historique du pouvoir» a travers des sociétés distinctes; c'est le phénomène
premier de la société internationale.
Si l'État, sous sa forme moderne, est une création récente de l'Europe de la Renaissance,
il existe en fait depuis l'Antiquité. Sous des visages multiples, l'État existe depuis la
sédentarisation des groupes sociaux, en tant qu'établissement d'un pouvoir politique sur une
population a l'intérieur d'un territoire donné. Les trois éléments qui constituent, tant aux
yeux des juristes qu'á ceux des sociologues, les critères constitutifs de l'État sont: le prince,
le territoire et la population. Ces trois éléments constitutifs de l'État vont se retrouver
assemblés dans les cites, les principautés et les monarchies, aussi bien que dans les États
modernes et contemporains. Des lors que l'humanité s'est organisée en sociétés distinctes,
elle a établi des États. Mais, au cours de l'histoire, les caractères de chacun des éléments
constitutifs et leurs combinaisons ont grandement varié.
Ainsi, dans la plus haute Antiquité, l'État existait á partir du moment où un chef avait
assis son autorité á l'intérieur d'une région déterminée. Ce pouvoir ne s'embarrassait pas
*
Texto original, Jacques Huntzinger. "L'universalisation de l'État", en Introduction aux Relations Internationales, Éditions du Seuil,
Ramsay, 1977, pp 116123.
1
Joseph Frankel, International Relations in the Changing World, Oxford et New York, Oxford University Press, 1979, 3ed., p. 10.
JACQUES HUNTZINGER 206
du sentiment des populations et n'avait pas encore le souci d'une stricte délimitation
territoriale. D'autre part, les populations, si elles étaient attachées au chef, n'avaient que peu
de liens visàvis du territoire et n'étaient guère intéressées á sa gestion. Les grands empires
qui ont précède la civilisation hellénique ont représenté cette forme encore mal assise de
l'État. Puis vint l'âge des Étatscités. L'aire territoriale est beaucoup mieux définie; la notion
de limes, c'estádire de frontière, apparait. La délimitation du territoire conduit á vouloir
protéger ce dernier de toute incursion étrangère et á préserver l'intégrité du sol de la cité;
c'est un élément nouveau qui vient fonder la spécificité de chaque cité. D'autre part, les
groupes humains rassemblés sous l'autorité des responsables de la cité développent leur
conscience collective, l'attachement au territoire qui est le leur, Intérêt a Egard du
gouvernement de leurs propres affaires. Les peuples apparaissent. Les rapports qui se
nouent dans chaque cité entre le gouvernement, le peuple et le territoire renforceront
l'identité de chacune d'entre elles. Athènes, Sparte, Thèbes, Rome, Carthage, puis plus tard
Byzance, ou la Bagdad des Abbassides sont autant d'Étatscités qui jalonnent l'histoire de
l'humanité et expriment la permanence du modèle étatique.
En Occident, une grande période d'émiettement du pouvoir á l'intérieur des sociétés
suivra l'éclatement de l'Empire romain. La société féodale est étrangère á toute idée
d'intérêt général, tant les liens entre les hommes sont presque exclusivement d'ordre
personnel; la conscience d'appartenir a des communautés sociales élargies fait largement
défaut. Le monde oriental, en revanche, vit une grande époque de développement politique
sous la forme d'empires diriges par des Étatscités, florissants et actifs a l'extérieur.
Byzance, puis ultérieurement Bagdad et Cordoue sont trois grandes sociétés qui viennent
pérenniser l'Étatcité.
Les Temps modernes vont conduire á la naissance d'une forme nouvelle de l'État, avec
l'avènement des monarchies européennes. Désormais, le visage moderne de l'État est établi;
la permanence du modèle étatique est incontestable entre la Florence du XVe siècle et les
États africains ou asiatiques contemporains.
Quelle est cette forme moderne de l'État? Elle réside dans l'union d'un prince, d'un
territoire et d'une population autour d'un concept révolutionnaire, la souveraineté. Le
passage historique d'une société européenne désagrégée et émiettée, mais cimentée par la
religion et l'ordre féodal, a une société d'États organisés et indépendants les uns des autres
se fera au nom de la souveraineté. Ce concept d'inspiration progressiste exprimera
l'aspiration des princes á s'affranchir tout á la fois des liens féodaux et de la hiérarchie
ecclésiastique. Mais, du même coup, l'État change de forme: c'est la naissance de l'État
princier. Les Étatscités pouvaient être de simples cites, comme ils pouvaient être des
empires progressivement conquis par la cité et rattachés á elle; les Étatscités étaient le plus
souvent formes d'un centre et d'une périphérie (Empire d'Alexandre, Empire romain). Les
États princiers sont au contraire d'un seul tenant, le pouvoir du prince s'exerçant
uniformément á l'intérieur d'un territoire parfaitement défini et délimité. La diffusion de
l'autorité princière est telle que chacun ressent la présence d'un pouvoir central. Dans l'État
princier, la souveraineté est «la puissance absolue et perpétuelle d'une république» (Jean
Bodin). La république, c'estádire l'État, a seul pouvoir de donner des lois á tous sans le
consentement de chacun. II est désormais établi que l'autorité politique possède par nature
L´UNIVERSALISATION DE L´ÉTATNATION 207
l'Institution idéale pour toute communauté sociale désireuse de vivre de façon indépendante
et dotée d'une volonté politique propre.
Au XXe siècle, le grand mouvement de décolonisation est allié dans le même sens, en
étendant á tous les continents les principes développés par l'Europe du XIXe siècle. La
décolonisation est venue universaliser le modèle de l'Étatnation, de façon telle que la
planète est désormais peuplée d'États. Il en existe aujourd'hui plus de cent soixante, et
demain l'émergence de nouveaux peuples se traduira naturellement par l'apparition de
nouveaux États en Namibie, en Palestine, ou dans les Antilles. Il en exit ainsi depuis prés
de trente siècles.
Qu'estce qu'un Etat aujourd'hui? En définitive, il y a une très grande continuité entre les
États modernes et les antiques cites du bassin Méditerranéen. Ce sont également des
sociétés organisées, marquées par la distinction entre les gouvernements et les gouvernés,
c'estádire l'association d'un prince et d'une population, la volonté d'indépendance visávis
de l'extérieur, l'exercice d'une autorité exclusive sur un territoire. Toute l'histoire des
hommes n'a abouti qu'á la multiplication des sociétés organisées et á la juxtaposition d'un
très grand nombre d'Etats. Elle a également conduit á renforcer le bienfondé du modèle
étatique, tant auprès des princes qu'auprès des peuples. L'affirmation de la souveraineté
contre le Saint Empire et l'Église, la centralisation contre la féodalité, le développement du
pouvoir politique, l'essor des peuples et des nations, le jacobinisme, le mouvement des
nationalités, la décolonisation, les revendications contemporaines des jeunes Etats pour leur
souveraineté économique et leur identité culturelle sont autant de faits historiques qui ont
affermi et consolidé les Etats.
Par 1'autorité des princes ou en raison des aspirations croissantes des peuples, les États
se sont multipliés et se sont renforcés. Le prince peut être un monarque (monarchies
européennes de la Renaissance), un chef politique (Tunisie, Egypte, Sénégal, Côte
D’ivoire), ou un mouvement politique (Algérie). Dans d'autres circonstances, l'action des
peuples est décisive (PaysBas, ÉtatsUnis). Ou encore, un peuple et un prince peuvent agir
de concert; il en est ainsi lorsqu'une guerre de libération nationale est menée par un
mouvement de libération; l'ambition politique de quelques homes rencontre dans ees
circonstances les aspirations d'un peuple qui s'éveille. Un État existant peut éclater en
morceaux des lors que plusieurs communautés vivant sous 1'autorité d'un même prince se
découvrent une volonté nationale. Mais cette universalité du modèle de l'Étatnation n'est
elle pas factice? S'il existe aujourd'hui plus de cent soixante Etats, peuton dire pour autant
que chacun d'entre eux a une existence réelle? Les Étatsnations se meuvent dans un
système international qui combine les phénomènes d'inégalité, de domination,
d'interdépendance et de «transnationalisation». Si l'on doit constater l'universalisation du
modèle de l'Étatnation, on doit également admettre qu'une profonde inégalité règne entre
les États.
Chaptir e 2
Les facteur s des Relations internationales
Daniel Colard*
I. Le facteur géographique
La géographie au sens large fait intervenir l'ensemble des facteurs naturels: rôle du climat,
nature des sois, importance des ressources minérales et énergétiques. «La politique des
États est dans leur géographie», disait Napoléon au début du siècle dernier. Cette
affirmation correspondelle encore aux réalités internationales d'aujourd'hui?
A. L'influence du climat
Plusieurs penseurs ont formulé une théorie des climats pour expliquer les attitudes et les
comportements des sociétés politiques. La plus célèbre est celle qui a été soutenue par
Montesquieu, au livre XVII de L'Espirit des lois (1748). Les fibres du corps humain
subiraient vivement l'influence du climat. Conclusion: «Il en faut donc pas être étonné que
la lâcheté des peuples des climats chauds les ait presque toujours rendus esclaves, et que le
courage des peuples des climats froids les ait maintenus libres.» Bref, le climat froid
procure l'indépendance, le climat chaud la servitude. Quant au climat tempéré, il façonne
des comportements humains modères, favorables á des régimes libéraux.
Sans tomber dans cette explication simpliste, Michelet et Taine, au XIXe siècle, insisteront
aussi sur l'influence du milieu. Systématisant ces observations, certains placeront les
* Texto original: Daniel Colard. "Chaptire 2. Les facteurs de Relations Internationales", en Les Relations Internationales, 2a edic,
Masson, Paris, 1981, pp. 3557.
DANIEL COLARD 210
B. La géopolitique
A la fin du XIXe, le géographe allemand Frédéric Ratzel et ses disciples ont créé une
science qui entendait étudier les rapports entre la géographie et la politique. La «géopolitique»
prétend expliquer la politique internationale des États par le déterminisme des facteurs
naturels, c'estádire le fatalisme géographique. La puissance d'une État dépend de sa
relation avec l´espace qui doit être envisagé sous trois angles: la dimension, la situation,
la configuration. Ratzel, lui, distinguait dans le sol la situation (Lage) du pays, l´espace
(Raum) et la frontière (Grenze). Les grands peuples sont ceux qui ont le sens de l'espace.
En conséquence, la frontière est extensible ou rétractile en fonction du dynamisme du
peuple concerne. Ces idées ont conduit, sous le IIIe Reich, á la dangereuse théorie de
«l'espace vital».
On peut aussi mentionner la thèse de H. Mackinder exposée en 1919. Ce géographe
britannique considère l'Europe, l´Asie et 1'Afrique comme un seul bloc, qu'il appelle
«I´île du monde». Dans ce bloc continental, existe une zone stratégiquement capitale, d'où
l´ensemble peut étre dominé; il l'apelle le heartland (le coeur) et le situé sur le territoire
russe. D'oü cette conclusion: «Qui tient l'Europe orientale commande au heartland, qui
tient le heartland commande á 1´île du monde; qui tient l´île du monde commande au
monde.»
Il n'est pas douteux que l'espace joue un rôle dans les relations internationales: il
conditionne la puissance des États. Et ceuxci n'hésitent pas á entre en compétition pour
contrôler stratégiquement ou économiquement l'espace situé en dehors de leurs territoires.
Évoquons la question des bases militaires (navales et terrestres) et celle des voies de
Communications (canaux, détroits, fleuves, etc.).
toujours la même. Elle est tributaire des inventions scientifiques et des moyens
technologiques. Le charbon avait beaucoup d'importance hier, aujourd'hui cést le cas du
pétrole, demain ce sera le tour de l'uranium. L'hévéa a été partiellement remplacé par du
caoutchouc synthétique et le coton par des textiles artificiels. Dans la crise de l´energie, les
États pétroliers arabes savent que l'épuisement de leurs propres ressources, le
développement de l´énergie nucléaire, l´exploitation du pétrole offshore, réduiront
progressivement á zéro le degré de dépendance des États industrialisés visàvis de
l´O.P.E.P. Au plus tard á la fin du siècle, ceuxci seront devenus autosuffisants (la Grande
Bretagne et la Norvège des 1980 grâce á la Mer du Nord).
Dernière remarque, il en suffit pas que des ressources soient enfouies dans le sol pour
contribuer á la richesse d'un État. Il faut que celuici soit encore capable de les exploiter, de
les transformer en ressources réelles. Ce qui suppose á la fois un équipement technique et
une capacité financière. Le déterminisme géographique est relatif. Et le contrainte du milieu
naturel décroit au fur a mesure du progrès scientifique. La naissance et la survie de l'Etat
d'Israël dans un milieu géographique en partie hostile le démontre. La présence d'obstacles
a surmonter, de «défis» à révéler encourage l´imagination créatrice. C'est la théorie du
challenge de l´historien anglais Arnold J. Toynbee. «Le stimulant de la civilisation croît en
proportion de l'hostilité du milieu.»
A. Répartition de la population
En 1980, la planète Terre comprend á peu prés 4 milliards 350 millions d'hommes; si le
taux de croissance actuel de 2% se maintient, les démographes estiment que ce chiffre
doublera d'ici la fin du siècle.
Du point de vue du volume, on peut classer les États en trois groupes. Il y a d'abord ceux
qui dépassent les 100 millions d'habitants. Ils sont peu nombreux; le Brésil, le Japon,
l´Indonésie; l´U.R.S.S. et les ÉtatsUnis ont franchi la barre des 200 millions; l'Inde (600
millions) et la Chine (prés d' 1 milliard) sont deux superpuissances démographiques.
L'Europe des Dix représente, elle, 270 millions d'habitants. Avec l´entrée prochaine de
l'Espagne et du Portugal la C.E.E. dépassera les 300 millions.
Puis vient un deuxième groupe d'États dont la population est comprise entre 20 et 100
millions. On y trouve l´Allemagne fédérale (et bientôt la R.D.A.), la France, la Grande
DANIEL COLARD 212
B. Le taux de croissance
Elles sont très anciennes et remontent á l'antiquité grécolatine. Chez Platon et Aristote,
par exemple, on trouve déjà l'idée que l'accroissance excessif de la population provoque
des perturbations économiques (famine, pénurie) et, partout des troubles sociaux et politiques
graves (émeutes, révolutions). De nombre aux auteurs ont insiste également sur la «fonction
régulatrice» des guerres en cas de surpopulation. A la manière des épidémies d'autrefois,
elles serviraient de «soupape de sûreté» et joueraient comme un «infanticide différé», C'est
la thèse défendue par les «polémologues» (la polémologie ou science de la guerre s'oppose
á l'irénologie ou science de la paix) dont le chef de file était Gaston Bouthoul qui a créé
en France le premier Institut de Polémologie en 1945.
Mais le pessimisme démographique le plus connu est naturellement incarné par Thomas
Robert Malthus qui publie en 1798 son fameux Essai sur le principie de la population.
Profondément frappé par le décalage existant entre les ressourcés et les besoins, ce pasteur
britannique a dénoncé vigoureusement les dangers que présente la surpopulation pour le
maintien de l'ordre social. Malthus a résumé sa pensée dans une loi célèbre: laissée á elle
même, la population tend a croitre en proportion «géométrique» (1,2,4,8,16...), tandis que
les subsistances tendent á augmenter en proportion «arithmétique» (1,2,3,4,5...). Le seul
moyen d'empêcher la catastrophe réside dans la limitation des naissances par la continence, le
célibat, le mariage tardif. D'où la signification des expressions: «malthusianisme» ou
«politique malthusienne». La thèse de Malthus n'a jamais été vérifiée scientifiquement.
Il n'en reste pas moins vrai que la surpopulation de certains pays sousdéveloppés risque
de provoquer des tensions internes et internationales.
DANIEL COLARD 214
A. Le progrès technique a d'abord accéléré les Communications dans tous los domaines
Examinons cette thèse de plus prés. Elle comporte deux affirmations.
C'est ce qui a entrâmes des transformations dans la diplomatie, la stratégie et la sphère
de la culture. Il est certain que les inventions techniques ont aboli l'obstacle de la distance
entre les unités étatiques. Le supersonique «Concorde» met désormais Paris á 3 h 30 de vol
de Washington : l'allerretour entre l'Europe et 1'Amérique devient possible dans
DANIEL COLARD 218
la même journée... L'obstacle du temps est donc lui aussi sur le point d'être vaincu. La
révolution dans les moyens de communication et de transport rapproche les hommes et rend
le monde plus solidaire.
Il en résulte d'abord un changement dans les méthodes diplomatiques. Aujourd'hui, les
nouvelles circulent quasi instantanément d'un bout a l'autre du monde, et les diplomates ne
sont pas toujours les mieux renseignés. Les chefs d'Etat et le gouvernement ont pris
l'habitude de se téléphoner, de se télégraphier, de se déplacer personnellement pour traiter
euxmêmes les questions les plus délicates. Les têteàtête n'étonnent plus. Et la diplomatie
des sommets est entrée dans les mœurs. Chaque année, les plus hauts responsables
politiques parcourent en avion des milliers de kilométrés. Le Dr H. Kissinger détient dans
ce domaine un record inégalé... Conséquence: les diplomates sont courtcircuités et les
missions diplomatiques réduites á l'exercice d'«une fonction protocolaire». Les missions ad
hoc et la diplomatie itinérante doublent le système diplomatique traditionnel.
Dans le domaine militaire, la révolution technologique bouleverse également toutes les
données de la stratégie classique. Nous sommes á l'ère des missiles balistiques
intercontinentaux, des avions espions sans pilote, des satellites capables de photographier
clandestinement un objet ayant la dimension d'une baile de tennis... Le théâtre des
opérations militaires s'étend á l'ensemble du globe, qui constitue maintenant un champ
stratégique unifié. L'équilibre de la terreur et la stratégie de la dissuasion créent une paix
d'un type nouveau: la paix nucléaire qui repose sur des règles inédites et d'une complexité
incroyable. Enfin, l'impact de la technique sur la diffusion et le contenu de la culture mérite
d'être souligné. A 1'origine, on trouve le développement des «mass media».
Jusqu'ici les informations s'échangeaient presque exclusivement dans le cadre des
frontières nationales; le système de valeurs sur lequel reposait le consensus du pays était
stable. Le développement d'un réseau mondial de communication et d'information vient
perturber cet équilibre culturel et remettre en cause ce consensus. Aucune frontière ne peut
arrêter la propagation des informations sur les ondes et la diffusion par mondovision des
images télévisées. D'où un double danger. A court terme, les États dotes des techniques
audiovisuelles les plus modernes seront en mesure d'exercer sur ceux qui en sont
dépourvus une «emprise culturelle» et «linguistique». A long terme, le risque d'une
uniformisation culturelle par l'intermédiaire des télécommunications n'est pas á exclure.
Dans les deux cas, la personnalité des cultures nationales se trouve menacée.
B. En deuxième lieu, le progrès technique a bouleverse les rapports entre 1'homme et la
nature, entre 1'homme et son environnement
La révolution scientifique et technique a eu des effets positifs et négatifs. Elle a libéré
l'individu d'un certain nombre de servitudes dans son travail et dans sa vie quotidienne.
Mais, d'autre part, elle a ouvert de nouveaux champs á la compétition internationale en vue
de l'appropriation ou du partage des ressources extracontinentales. C'est ainsi que les deux
supergrands dans la décennie 19601970 ont entamé une véritable course á la lune et á
l'espace. Actuellement, les États développés se disputent les richesses du fond des mers et
des océans, dans l'attente de tomber d'accord avec les pays pauvres sur le statut juridique
CHAPTIRE 2 LES FACTEURS DES RELATIONS INTERNATIONALES 219
ne couvre en réalité que des ambitions. Et, je crois bien qu'il en est ainsi depuis que le
monde est né.» (Conférence de presse du 23 juillet 1963.)
A l'inverse, des penseurs ont mis en relief le caractère totalement irrationnel de certaines
décisions ou comportements politiques. lis ont attiré l'attention sur les stéréotypes
nationaux («l'ennemi héréditaire», «la perfide Albion», «le péril jaune», «l'homme au
couteau entre les dents») dont la forcé mobilisatrice n'est pas contestable. En admettant que
les intérêts des acteurs soient seuls en cause, l'évaluation de ces intérêts dépend de la
représentation que les gouvernants s'en font. Or, chacun sait qu'elle donne lieu à des
appréciations divergentes.
Les valeurs culturelles et spirituelles ne doivent pas être oubliées non plus, comme nous
le rappellent les événements récents du MoyenOrient: révolution iranienne, guerre entre
l'Irak et Tiran, montée de 1'Islam, rivalités entre musulmans chutes et sunnites. Tous les
peuples anciennement colonisés aspirent aujourd'hui á retrouver leur identité culturelle.
Même pour ceux qui ont la chance d'approcher les chefs d'État et qui les connaissent
bien, il reste toujours dans leur attitude des éléments inexplicables, impondérables et
imprévisibles. Ainsi, la politique extérieure du président Truman, entre 1945 et 1953, a
surpris tous les experts par son raidissement brutal a l'égard de l'U.R.S.S. stalinienne
(stratégie du containment, plan Marshall pour l'Europe occidentale, création du pacte
atlantique, pont aérien pour forcer le blocus de Berlin, aide a la Grèce et á la Turquie) et
son durcissement a l'égard de la Chine communiste de Mao (intervention militaire des
ÉtatsUnis dans la guerre de Corée, mise en quarantaine de Pékin, refus d'établir des
relations diplomatiques). La succession du général de Gaulle et les orientations
internationales suivies par les présidents Pompidou et Giscard d'Estaing ont donné lieu a
des interprétations divergentes quant au maintien ou a l'abandon de l'héritage gaullien. On
pourrait multiplier les exemples dans le temps et dans 1'espace.
De ces différentes observations, retenons surtout que contrairement a ce qui se passe
dans les sciences exactes les sociétés humaines ne relèvent pas totalement de l'analyse
scientifique. Dans les sciences sociales, dont la sociologie des relations internationales fait
partie, il y a un «mystère de 1'homme», que les chercheurs ne pourront jamais entièrement
éclaircir.
C'est á la fois un avantage et un inconvénient: un avantage parce que l'individu échappe
au déterminisme, un inconvénient parce que les lois sociales dégagées par les spécialistes
sont toujours relatives.
Les spécialistes de la caractérologie estiment, quant a eux, que tout homme est soit émotif
ou non émotif, actif ou non actif, primaire ou secondaire selon qu'il vit dans le présent ou
vit dans le passé et l'avenir. Sur ce point l'étudiant se reportera au document annexé au
présent chapitre a titre de pure information; les exemples concrets qu'il contient sont
significatifs.
des administrateurs, Roosevelt et Briand des inventeurs, sans oublier Sadate avec son
voyage á Jérusalem le 19 novembre 1977.
Enfin, il existe une dernière antinomie: le «joueur» et le «prudent». Certains hommes
d'État ont le goût du risque, d'autres érigent en vertu la prudence. Les uns prennent
rapidement leurs décisions, les autres préfèrent attendre. Parmi les joueurs sont classés
Laffitte, Casimir Perrier, Napoléon Ier, Bismarck, Hitler; parmi les prudents ou les
attentistes sont cites Louis Phillippe, Neville Chamberlain, le maréchal Pétain. Sous la Ve
République De Gaulle s'oppose à Pompidou et á Giscard D'Estaing.
La typologie «dichotomique» de Renouvin et Duroselle a un triple mérite: elle est á la
fois simple, claire et pratique. Elle a en outre l'immense avantage de coïncider largement
avec les grandes figures historiques, c’estàdire avec les réalités humaines. L'intérêt qu'il y
a á connaitre la personnalité des hommes d'État au pouvoir est évident. Les instructions
données aux ambassadeurs et les ouvrages écrits par des diplomates sur l'«art de la
diplomatie» en apportent la confirmation. Le «caractère» des gouvernants qui sont aussi
des acteurs et des décideurs politiques constituent bien un facteur des relations
internationales. Notons in fine que si les conditions géographiques, démographiques,
économiques, techniques et idéologiques influencent les responsables du destin national et
imposent a leur action des limites, l'homme d'État, par ses dons, sa clairvoyance, sa volonté,
peut essayer de modifier le jeu de ces facteurs (ou de ces forces) internationaux et de les
utiliser a ses propres fins politiques. Étudier les relations entre les peuples et les
communautés politiques organisées en négligeant les conceptions personnelles, les
méthodes, les réactions des plus hautes autorités gouvernementales, c'est refuser de prendre
en considération un facteur important, et parfois même capital.
Ø Enfin, une partie des spécialistes attache une importance majeure á la valeur propre
des décisions et des actes des gouvernants chargés de conduire la politique étrangère
de leur pays.
La complexité des rapports entre États, entre les nations et les peuples qui les composent ne
permet pas de privilégier une école au détriment des deux autres. C'est pourquoi nous nous
rallions á la conclusion nuancée formulée par Pierre Renouvin et JeanBaptiste Duroselle
dans leur remarquable ouvrage consacré á V«Introduction de l'histoire des Relations
internationales» (A. Colin, Paris, 1968) «Dans le comportement des groupes humains, les
mobiles ne sont jamais simples: il serait aisé de multiplier les exemples. En fait, les
influences diverses qui orientent l'évolution des relations Ínternationales, rôle des
influences économiques, financières, démographiques, psychologiques ou sentimentales, et
rôle de 1'impulsion exercée par la volonté des hommes de gouvernement se contrarient ou
s'associent selon des modalités sans cesse différentes dans le temps et dans l'espace.
L'historien, lorsqu'il cherche les éléments d'explication, doit donc examiner dans chaque
cas, á titre d'hypothèses de travail, le jeu de chacune de ces influences. Il est amené tantôt á
constata l'influence dominante des forces économiques ou démographiques (c'est souvent le
cas dans l'étude des changements de longue durée) tantôt á mettre l'accent sur les forces
sentimentales ou spirituelles, dont l'action est sensible surtout dans les crises internationales
où interviennent les passions tantôt á conclure au rôle déterminant des initiatives
individuales.
Réserver d'avance a l'une de ces explications une part prépondérante et poser en principe
que l'une de ces forces a eu, en permanence, un rôle dominant, ce serait fausser le sens de la
recherche historique. Isoler l'un des aspects du comportement de ces groupes humains, ce
serait á coup sur, la dénaturer, en éliminant l'influence que les mobiles divers de ce
comportement exercent les uns sur les autres. Établir entre eux une sorte de hiérarchie serait
aussi vain que d'essayer de formuler des lois. Dans l'étude des relations Ínternationales, le
seul moyen déviter les erreurs majeures, c'est de conserver une constante disponibilité de
l'esprit.»
On ne saurait mieux dire... En effet, le dogmatisme, l`apriorisme, la fermeture de l'esprit
sont profondément contraires a la recherche scientifique. Après avoir insiste sur les facteurs
des Relations Ínternationales, il convient maintenant de recenser les acteurs du jeu
international.
2. «Ecología» de las Relaciones Inter nacionales:
Actor es y Factor es
Roberto Mesa*
*
Texto original: "2, 'Ecología' de las Relaciones Internacionales: actores y factores", en Teoría y práctica Relaciones
Internacionales. Taurus Ediciones, Madrid, 1980, pp. 184240.
1
C. A. W. Manning, Les sciences sociales, op. cit., p. 79.
ROBERTO MESA 228
señala una globalización, en cuyo interior se presentan realidades muy dispares; tanto
en lo referente a su grado de desarrollo económico, como social o cultural. Es decir,
que si de una Sociedad internacional dada se parte, es necesario constatar la
existencia, en el interior de ese todo, de otras subsociedades agrupadas en función
precisamente de su diferenciación.
Si tiene ya sobradas cartas de naturaleza el conocido debate entre los defensores y
partidarios de los términos Sociedad internacional y Comunidad internacional, no
debe sorprender que bajo una terminología más nueva encontremos subyacente la
misma o análoga problemática. No es otro el esfuerzo de los llamados enfoques
sistemáticos, que analizamos en su lugar, encaminados a dar una visión coherente del
conjunto o del todo, aunque sea dispar, que constituye lo internacional. Así, por
ejemplo, al hablar del «sistema internacional» se pasará, casi insensiblemente, a la
mención de los subsistemas internacionales. Ello es debido, muy probablemente, a las
aspiraciones totalizadoras de los enfoques sistemáticos, cuyo límite es simplemente el
de nuestro planeta. Sin embargo, la utilización del término subsistema viene a
subrayar, en nuestra opinión, las carencias del concepto matriz, a pesar de las
afirmaciones rotundas de sus más ardientes defensores.2
Y es que, como veremos a continuación, la resultante de la interacción de
diferentes protagonistas, sometidos a la presión de unos factores heterogéneos,
difícilmente pueden dar una resultante final homogénea.
2
Harold y Margaret Sprout, Towards a Politics of the Planet Earth, Nueva York, 1974.
3
R. Aron, Paix et guerre..., op. cit´, p. 103.
4
R. Aron, ibíd.; p. 108 «Llamo sistemas homogéneos aquellos en los cuales los Estados pertenecen al mismo tipo, obedecen a la
misma concepción de la política. Llamo heterogéneos, por el contrario, aquellos sistemas en los que
los Estados se organizan según principios distintos y se reclaman de valores contradictorios»
2. ECOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES… 229
«Todas las fuerzas que acaban de ser identificadas entran necesariamente en competencia,
ya que son la expresión espontánea de solidaridades múltiples que se compenetran o se
enfrentan. La heterogeneidad del sistema constituye un serio obstáculo a su
estructuración». 6
Sería tranquilizante, pero escasamente científico y nada realista, pasar sin más
comentarios a la enumeración ya habitual del elenco, más o menos completo, de
hipotéticos actores internacionales. Desde la perspectiva jurídica, posiblemente sea
una postura correcta, en términos estrictamente formales, tampoco en los de la
sociología jurídica. Pero, en lo que a nosotros respecta, la realidad material de la
Sociedad internacional es muy otra. La Sociedad internacional, en su fase de
transición, continúa siendo rígidamente estatal, las Relaciones Internacionales todavía
están dominadas por lo que Gonidec llama gráficamente «el irreductible Estado
soberano». Dada la importancia de la cuestión, que afecta grandemente al concepto
mismo de nuestra disciplina,7 debemos detenernos ante esta Sociedad de relaciones
primordialmente estatales, aunque se arrope con distintas apariencias, para sólo
abocetadamente fijar en sus límites a este sujeto privilegiado, el Estado, y también,
apuntar el posible camino de una Sociedad internacional, aún distante de una
existencia plena.
5
R. Aron, ibíd., p. 436 y ss, y p. 527 y ss.
6
M. Merle, Sociologie..., op. cit., p. 373, de la la.ed.de 1974; en su 2a ed., M. Merle se inclina más favorablemente por una
consideración «sistémica» del medio internacional; evidentemente, en esta nueva redacción parcial de su obra, se hacen sentir
con mayor fuerza los influjos de los teóricos norteamericanos.
7
H.J. Leu, «Sujetos de Derecho internacional y actores de la estructura internacional», Politeia , 1976 (5), p. 281: «...establecer
una definición del actor internacional tiene valor conceptual y también instrumental; recuérdese, al
efecto, a título de ejemplo, los problemas surgidos en fecha bastante reciente en torno a la "transnacionalidad" la sociedad
transnacional, los actores transnacionales, y las, confusiones resultantes de la ausencia de una clara delimitación de conceptos
(...), que a su vez reflejan la ausencia de una concepción convincente de las relaciones
internacionales y transnacionales.. .»
ROBERTO MESA 230
«...el Estado no puede ser más que un todo complejo, históricamente definido, observación
hecha de que el estado, en tanto que fenómeno histórico no ha existido siempre y, sin duda
alguna, no existirá eternamente. Pero, por ahora, el Estado es una realidad indiscutible».10
Pues bien, tal concepción del Estado ha sido dominante durante el periodo histórico
en que sólo hubo un modelo de formación estatal, la capitalista, lo que no quiere
decir, como lo anotan los autores más arriba mencionados, la persistencia de una
concepción monolítica, pero a partir de la aparición del primer estado socialista, en
1917, y su posterior multiplicación, a partir de 1945, es preciso hablar de diversos
tipos de Estado;11 hecho que, por lo demás, ha causado un impacto paralelamente
revolucionario en las Relaciones internacionales».12 Frente al Estado capitalista, pues,
aparece el Estado socialista, fundamentado en cinco planteamientos básicos:
8
K.W. Deutsch, El análisis..., op. cit., p. 90: «Un Estado es una organización para la imposición coercitiva de las decisiones u
órdenes, que resulta practicable debido a los hábitos de obediencia existentes entre la población».
9
G. Burdeau, L 'Etat, París, 1970, p 77: «el concepto de Estado hace aceptable al Poder, resolviendo la contradicción que entraña
y que atañe a lo que es individualmente intolerable y socialmente ineluctable. Por lo tanto, la idea de Estado se une fácilmente
con la razón de ser del pensamiento mágico que, mediante el sentido que atribuye a los fenómenos que explica, subordina los
comportamientos individuales a las creencias colectivas».
10
P.F. Gonidec, Relations..., op, cit., p. 78.
11
P.F. Gonidec, ibíd., p. 133: «Sobre la base del concepto de formación social podemos distinguir, en la época contemporánea,
dos tipos de Estado: el Estado de tipo capitalista y el Estado de tipo socialista. Lo cual quiero decir que la sociedad internacional
contemporánea es una sociedad cualitativamente diferente de la sociedad que la ha precedido, más concretamente de la sociedad
que precedía a la Revolución de Octubre. Es cualitativamente diferente en el sentido de que está dividida en dos categorías de
Estado que pertenecen a dos tipos de formación social
radicalmente diferentes, puesto que unos corresponden a formaciones sociales divididas en clases sociales antagónicas, mientras
que los otros han hecho desaparecer la base económica de las clases sociales al suprimir la apropiación privada de los medios de
producción».
12
Graciela Arroyo Pichardo, «El Estado en la concepción socialista de las Relaciones Internacionales», en El estudio científico de
las Relaciones Internacionales, op. cit., p. 125: «Las transformaciones ocurridas en el contexto de la sociedad internacional a
partir de la creación del primer Estado socialista dieron lugar a la necesidad de Producir una reinterpretación al fenómeno de las
relaciones entre Estados (...). En tales circunstancias, el fenómeno de las "relaciones internacionales", entendidas como
relaciones entre Estados, parte de la concepción misma del Estado, y éste, como fenómeno superestructural de la organización
social según el materialismo dialéctico, sólo puede ser definido en atención al carácter de la infraestructura correspondiente
(carácter de la propiedad de los medios de producción, relaciones de producción y clase detentadora del poder político). Luego,
entonces, las relaciones entre los Estados tendrán también un carácter superestructural en relación con la supuesta infraestructura
de la sociedad internacional, la que al presentar características tan disímbolas según los diferentes Estados impedirá, desde el
punto de vista de su abstracción teórica, toda posibilidad de generalización. Así, las, relaciones internacionales tendrán
características específicas tanto en cuanto a la forma como en cuanto al contenido según los tipos de Estados, y variarán tanto en
función de lo concreto como de su abstracción respectiva en los términos de la dinámica internacional».
2. ECOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES… 231
13
Graciela Arroyo Pichardo, ibíd., pp. 126128.
14
P.F. Gonidec, Relations..., op.cit., p. 127.
ROBERTO MESA 232
depende sobre todo de los principios de su régimen social, de su esencia de clase" (Tunkin).
De donde resulta que todo estudio de política exterior debe tomar en consideración el
sistema de clases sociales y buscar su influencia en el proceso de decisión, sin olvidar por
ello los demás factores.»15
15
P.F. Gonidec, ibíd., op. cit., p. 223.
16
Pierre. Maugué, Contre l'EtatNation, París, 1979, y, desde una perspectiva antropológica, el muy difundido Pierre Clastres, La
sociedad contra el Estado, ed. Castellana, Caracas, 1979.
17
Charles Chaumont, «Le droit des peuples à temoigner deuxmêmes», Annuaire du TíersMonde, 1977, p. 17.
18
Sobre este tema y en idéntica orientación, Roberto Mesa, La lucha de liberación del pueblo palestino, Madrid, 1978,
especialmente, «El derecho palestino a la autodeterminación», pp. 109207.
2. ECOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES… 233
«... mientras que el Estado tiene por función esencial legitimar la estructura económica y
social existente de una colectividad humana, es decir el poder sobre ella y la forma
adoptada por ese poder, la nación tiene por función esencial hacer perenne la existencia de
un pueblo, su mantenimiento y su futuro en si y con respecto a los demás pueblos. ¿Por
qué una "legitimación" del Estado? Porque el concepto de legitimidad es el único que,
históricamente, ha podido hacer creer en el poder del hombre sobre el hombre: legitimidad
religiosa, legitimidad del dueño sobre el esclavo, legitimidad monárquica, legitimidad
democrática, legitimidad racial, etc. La nación no legitima a un pueblo: un pueblo es o no
es; no nos encontramos en el terreno de los juicios de valor».20
19
Ch. Chaumont, «Le droil des peuples...», op. cit., p. 19.
20
Ch. Chaumont, ibíd. p. 20.
21
Nos referimos, en la ya citado obra de P. Renouvin y J.B. Duroselle, Introduction à l'histoire...,a la parte dedicada por el
último de estos autores al estudio del hombre de Estado y de su personalidad, pp. 283313.
ROBERTO MESA 234
Bajo este subepígrafe incluimos, en una visión más amplia, uno de los factores que
todos los especialistas consideran como determinante en las Relaciones
Internacionales, por no decir decisivo, y que en un sentido estricto, formal, configuran
el «medio internacional». Para Renouvin es una de las principales fuerzas profundas;
Merle, por su parte, utiliza un término más amplio y habla del «factor natural».
El dato geográfico, en primer lugar, ha sido tradicionalmente objeto de atención
preferente por los estudios de la política. Recordemos, sin más, la atención prestada
por Montesquieu a la influencia de las «condiciones naturales» sobre el
comportamiento político. Pero es, indudablemente, el siglo XIX el período en el que
se configura, con pretensiones de autonomía, una ciencia que pondrá en primerísimo
plano la función política de la geografía. El impulso fundamental vino dado por la
publicación, en 1897, de la obra Politische Geographie del profesor de la Universidad
de Leipzig Fríedrich Ratzel, que, desde entonces, ha sido considerado como el
22
Han estudiado especialmente el tema, los autores siguientes: R. C. Snyder, Decisionmaking as an approach to the study of
international politics, Princeton, 1954; J. Frankel. The Making of Foreign Policy. An Analysis of Decisionmaking, Londres,
1963; R.C. Snyder y otros, Edit., An Approach to the Study of International Politics, Nueva York, 1962., K. Deutsch, The
analysis of International Relations, op. cit. R. W. Cox y otros, The Anatomy of Influence DecisionMaking and International
Organization, Yale Univ. Press, 1973; D. Sidjanski, Political decisión making proces, Amsterdam, 1974, etc.
23
Medina Ortega, La teoría..., op cit., p. 169
24
J. Frankel, Conflicto y armonía..., op. cit., pp. 283284.
2. ECOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES… 235
25
Vid. Jean Gottmann, La Politique des États et leur Geographie, París, 1952, p. 41. De G. Ratzel, «The Laws of the Spatial
Growth of States» recogido por R. E. Kasperson y J.V. Minghi, The Structure of Political Geography, Londres. 1970, pp 1728.
26
H. McKinder, «The Geographical Pivot of History», publicado en 1904 por The Geographical Journal y reproducido por R. E.
Kasperson y J. V. Minghi, op. cit., pp. 161169 También de Me. Kinder, Democratic Ideas an Reality, Londres, 1919.
27
Alfred T. Mahan, The influence Seapower upon History (16601873), Little, 1890.
28
E. Huntington, Climate and civilation, New Haven,1924.
29
R. StrauszHupé, Geopolítics. The Struggle for Space and Power , Nueva York, 1942; N. Spykman, The Geography of the
Peace, 1944; K. W. Deutsch, «The Growth of Nations: Some Recurrent Patterns of Political and Social
Integration», World Politics, vol. V (1953), etc.
30
Cf., entre otros, Pierre George, Panorama du monde actuel, 2a. ed., París, 1968, y R. V. Prescott, Political Geography,
Londres, 1972.
ROBERTO MESA 236
31
Sobre el tema de las migraciones internacionales, entre otros, vid. Kingsley Davis, «Las migraciones de las poblaciones
humanas», en Scientific American, La Población humana, trad. de P. Martínez de Estrada, et al., Barcelona, 1976 (The Human
Population, San Francisco, 1973).
2. ECOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES… 237
«Según las estimaciones existentes, los primeros mil millones de habitantes se alcanzaron
al cabo de miles de años, en 1810; los siguientes mil millones, se alcanzaron después de
ciento quince años, en 1925, y la población mundial llegó a tres mil millones en 1960, es
decir, treinta y cinco años más tarde. Según las perspectivas de población de las Naciones
Unidas, bastarán veinte años para que se alcancen los cuatro mil millones, en 1980; trece
años para los cinco mil millones, en 1993, y siete u ocho años para los seis mil
millones».32
32
H. Gérard y G. Wunsch, Comprendre la dêmographie, Bruselas, 1973 (ed. castellana, Demografía, trad. de T. Alamenda,
Madrid, 1975, p. 122).
33
Cario M. Cipolla, The Economk History of World Population, Londres, 1962 (ed. castellana, Historia Económica de la
Población Mundial, traducción de Celsa Novo, 4a. ed., Buenos Aires, 1973, pp. 101102).
ROBERTO MESA 238
«Si la Revolución industrial fue la causa de un mayor número de bocas que alimentar, al
mismo tiempo y de alguna manera dio los medios para ello. Sin embargo, en muchos,
países "subdesarrollados" de hoy, la situación es completamente distinta. La disminución
en el índice de mortalidad no ocurre como parte de una suma de cambios equilibrados,
sino como el producto de cambios acaecidos en algún otro lugar. Para esos países sólo hay
una solución: realizar su Revolución industrial».34
«En 1964, el mundo contaba, según los documentos utilizables, más de 3,000 millones de
habitantes. Pero, no es necesario recurrir a las estadísticas, la experiencia personal basta
para saber lo que esta cifra de 3.000 millones encubre en cuanto a diversidad: oposición en
la distribución de las grandes masas de humanidad, infinitos matices en la localización y
en la estructura de los grupos, e incluso, teóricamente afirmada y, sin embargo,
absolutamente inútil de captar en la realidad, complejidad racial».36
El último cuadro del tríptico viene representado por el término que acuñaron, en 1921,
Park y Burgess: Ecología humana, entendida como la aspiración científica de «aplicar
al estudio de comunidades humanas el esquema teóricobásico de las ecologías
vegetal y animal». Como señaló Robert E. Park, la ecología humana es «el intento de
analizar y, sobre todo, mantener en el medio humano el equilibrio existente en la
naturaleza, tal como es concebido por los ecólogos de plantas y animales».37
34
C. M. Cipolla, Historia Económica de la población... op. cit., p. 103.
35
Cf. Alfred Sauvy, Théorie genérale de la population, 2 vols., París, 19521954.
36
J. BeaujeuGarnier, 3 Míllards d'hommes. Traite de demographie (citamos por la ed. castellana, Demografía. Los grandes
problemas de la población mundial, N. Bozzo, Barcelona, 1972, p. 25).
37 Robert E. Park, «Human Ecology», The American Journal ofSociology, XLII (1936), pp. 115, reproducido en G.A.
Theodorson, Studies in human Ecology (citamos por la ed. castellana, Estudios de ecología humana, traducción
de J. González Pueño, Barcelona, 1974, vol. I, p. 46).
2. ECOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES… 239
«hay a no dudar en ambas disciplinas muchos puntos en común, pero la geografía tiene por
objeto el espacio y la ecología el proceso. La situación, en cuanto concepto geográfico,
significa posición de seres humanos en interacción o de instituciones humanas
interrelativas dentro de un agrupamiento espacial».39
Los estudios ecológicos son, pues, de naturaleza muy reciente; y han comenzado a
cobrar importancia decisiva, vital, desde el momento en que se atendieron a los
factores o medios que pueden alterar el equilibrio ecológico. Cierto que hay factores
favorecedores y protectores del marco biológico, abióticos y bióticos, 40 la cuestión se
plantea cuando intervienen factores y agentes contaminadores. Este hecho se presenta
ya no sólo dentro de unos límites nacionales, sino a una escala total, universal;
situación aún más agravada por el desconocimiento en que la ciencia se mueve con
respecto a los posibles efectos de los contaminantes sobre los sistemas biológicos. La
magnitud y la consideración del problema ha obligado a los internacionalistas a
interesarse activamente en el tema:
«La rápida deteriorización del medio ambiente en que el hombre vive, a causa de los
efectos combinados de la población y la tecnología, hacen que los estudios ambientales en
general ocupen hoy un lugar destacado en los estudios contemporáneos de Relaciones
Internacionales».41
Este interés se ha traducido en una creciente producción doctrinal que, aparte las
modas también influyentes en el medio intelectual, denuncian la urgencia de un
conocimiento más profundo del tema, así como la imprescindible necesidad de una
cooperación internacional,42 abundando también los ensayos sobre temas específicos
y casos particulares.43
38
H. H. Barrow, «Geography as Human Ecology», Annals ofthe Association of American Geographers, XIII (1923), pp. 114.
39
R. D. Mckenzie, «El ámbito de la ecología humana», en G. A. Theodorson, Estudios..., op. cit., p. 57, reproducido de
Publications of the American Sociological Society, XX (1926), pp. 141154.
40
Cf. Philippe Dreux, Précis d'écologie, París, 1974 (ed. castellana, Introducción a la ecología , trad. de J. M. Carrillo, Madrid,
1975).
41
M. Medina, La teoría..., op. cit., p. 162.
42
C. Black y R. Falk, Edits., The Future of the International Legal Order , vol: IV, The structure of the International
Environment, Princeton, 1972; H.L. Dickstein, «International Law and the Environment: Evolving Concepts»,
Y.B.W.A., 26 (1972), pp. 245266; J.L. Hargrove, Edit., Law, Institutions and the Global Environment, Nueva York, 1972; J.
Barros y D. Johnston, The International Law of Pollution, Nueva York, 1974; P.M. Dupuy, «Sur des tendances recentes dans le
Droit international de l'environnement», A.F.D.I. (1974); A. Ch. Kiss, Los principios generales del derecho del medio ambiente,
Univ. de Valladolid. 1972 Recordemos que la Academia de Derecho Internacional de La Haya dedicó su Coloquio del año 1973
a La Protection de I'environnement et le Droit International, Leyden, 1975.
43
L. K. Caldwell, In Defense of Earth: Internacional Protection of the Biosphere, Indiana, 1972; A. Ch. Kiss, «Uncas de
pollution international: L'affaire des boues rouges» Journal du D. I. (Clunet), 1975; entre otros muchos.
ROBERTO MESA 240
Protección y también mejora del medio humano se configuran, pues, como temas que
afectan no sólo «al bienestar de los pueblos (sino también) al desarrollo económico
del mundo entero».
44
Cf. A. Ch. Kiss y D. Sicault, «La Conférence des Nations Unies sur I'environnement (Stockholm, 5/16 juin 1972)», A.F.D.I.,
1972, pp. 603628; L. B. Sohn. «The Stockholm Declaration of the Human Environment», Harvard
International Law Journal, vol. 14 (1973), pp. 242 y ss.
45
Informe de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el medio humano, Estocolmo, 5 al 16 de junio de 1972, A/Conf.
48/14/Rev. 1.Informe de Hábitat: Conferencia de las Naciones Unidas sobre los asentamientos humanos,
Vancouver, 31 de mayo a 11 de junio de 1976, A/Conf. 70/15. Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Nota
del Secretario General, 14 de septiembre de 1976, A/31/211.
2. ECOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES… 241
46
P. Renouvin y J.B. Duroselle, Introduction..., op. cit., pp. 66168.
ROBERTO MESA 242
47
Cf. Federico Chabod, L'idea di nazione, 3a. ed., Roma, 1974; J.R. Survatteau, L'idée de nation, París, 1972 (ed. castellana, La
idea nacional, traducción de Roberto Mesa, Madrid, 1975); Anthony D. Smith, Theories of Nationalism, Londres, 1971 (ed.
castellana, Las teorías del nacionalismo, traducción de Lluis Flaquer, Barcelona, 1976).
2. ECOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES… 243
algunos partidos comunistas de Europa Occidental, bajo el liderazgo del italiano, sería
pueril hablar de Internacional Comunista.48
Por su parte, las llamadas internacionales sindicales se han movido como correas
de transmisión de los respectivos partidos dirigentes y, en casi todos los casos,
también han sido víctimas de los enfrentamientos políticos o ideológicos entre
partidos. Las más potentes son la Federación Sindical Mundial, la Confederación
Mundial del Trabajo y la Confederación Internacional de Sindicatos Libres.
d) Fuerzas religiosas
48
Aparte las Memorias de J. H. Droz y los trabajos de A. Kriegel y D. Desanti, entre otros, el texto fundamental para la Tercera
Internacional es el de Fernando Claudín, La crisis del movimiento comunista , t. I, De la Komintern al Kominform, París, 1970.
Para la documentation, cf. Manifestes, thèses et résolutions des quatre premiers congrès mondiaux de l´Internationale
Communiste, reimp., Milán, 1967. Textos que, según Claudín, no han sido reeditados en la URSS desde 1935. La colección
documental más completa se encuentra en el Instituto de marxismoleninismo
de Moscú. Con respecto a las cuestiones organizativas en el siglo XIX, es indispensable otra obra de autor español: Amaro del
Rosal, Los Congresos obreros internacionales en el siglo XIX, 2 vols., México, 1958. Sobre el tema
denominado, con escasa fortuna, eurocomunismo, vid. Enrico Berlinguer, La «questione comunista », 19691975, 2 vols., Roma,
1975 (hay ed. castellana, en traducción de J. Solé Tura, con igual título); también de E. Berlinguer, Governo di Unitá
Democrática e compromesso storico. Discorsi, 19691976 (ed. castellana, Gobierno de unidad democrática y compromiso
histórico. Discursos, 19691976, trad. y prólogo de Antonio Elorza, Madrid, 1976); una selección de textos también italianos en
Máximo Loizu, ¿Qué es el compromiso histórico? , Barcelona, 1975. La
posición oficial del P.C. francés sobre el tema, en Jean Fabre, Francois Hincker y Lucien Séve, Les communistes et I'Etat, París,
1977. Finalmente, de autores españoles, Santiago Carrillo, «Eurocomunismo» y Estado, Barcelona, 1977, y Fernando Claudín,
Eurocomunismo y socialismo, Madrid, 1977.
49
Truyol Serra, La Sociedad..., op.cit., p. 140.
ROBERTO MESA 244
inicio de una visión distinta del mundo, ha debido recorrerse un largo camino, cuyas
etapas más importantes pueden considerarse, en especial para las religiones más
conocidas del pensamiento occidental, las siguientes: Primero, una renuncia matizada
a la aspiración hegemónica de universalidad o, de otra manera, un posible reparto de
la hegemonía; distribución en la que está muy presente el marco cultural y el cuadro
regional. Segundo, la separación, todavía reciente, entre el poder espiritual y el
temporal. Como coronación, el dotarse los movimientos religiosos de un objetivo
primordial: la defensa y conservación de la paz internacional.50
En el marco genérico del cristianismo, destacaremos, en primer lugar, la labor
llevada a cabo por el Consejo Ecuménico de las Iglesias, desde su creación en 1948, y
que ha realizado un importante trabajo en pro de la aproximación entre las
comunidades reformadas, protestantes y ortodoxos. Este movimiento unitario
adquiere una amplitud creciente: en la Asamblea de Ámsterdam agrupaba 147 Iglesias
veinte años después, en la Asamblea de Uppsala, año 1968, reunía a 253 iglesias. De
las cuatro Asambleas celebradas, hasta la fecha, por el Consejo, Ámsterdam en 1948,
Evanston en 1954, Nueva Delhi en 1961 y Uppsala en 1968, esta última es la que ha
preconizado posturas más tajantes en el medio internacional.51 Los grandes temas
tratados en Uppsala, y elaborados en su Sección Cuarta, se agrupan en las siguientes
rúbricas: I) Problemas de la paz y de la guerra, con una inequívoca condena de la
guerra y del comercio de armas; II) Protección de los individuos y de los grupos en el
mundo político, con especial énfasis en la condena de la discriminación racial; III)
Justicia económica; IV) Orden internacional; cuyo buen funcionamiento se confía a la
actuación de la Organización de las Naciones Unidas. Parece como si la actividad del
Consejo Ecuménico estuviese bajo el lema de aquel gran político y también hombre
de religión que fue Dag Hammarskjöld: «En nuestra época el camino hacia la santidad
pasa necesariamente por el mundo de las acciones».
El otro gran sector del mundo cristiano, todavía históricamente dividido (aunque
los contactos se han multiplicado en los últimos tiempos), es el representado por la
Iglesia Católica. Según Truyol Serra,
«la mayor aportación de la iglesia en el ámbito de las Relaciones Internacionales se ha
(haya) producido en el problema de la guerra y en el de los contactos con el mundo no
europeos y luego no occidental».52
Esta línea tradicional ha ido remozándose lentamente, y no sin dificultades
emanadas del compromiso con el poder temporal, especialmente a partir de la
celebración del Concilio Vaticano II y de la publicación de las siguientes Encíclicas:
Mater et Magistra (1961), Pacem in Terris (1962), ambas de Juan XXIII, así como la
50
Robert Bosc, Sociologie de la paix, op. cit., y, en particular, su La Société internationale et l'Eglise, 2 vols., París, 196061.
51
Documentación publicada por el Consejo Ecuménico de las Iglesias, en cuatro volúmenes, Neuchâtel, y publicado en
castellano por Ed. Sigúeme, Salamanca. Cf., también M. Barot. Le Mouvement oecouménique, París, 1967; Y.
M. Congar, Chrétiens en dialogue, París, 1964, y G. Thiels, Histoire doctrínale du mouvement oecouménique, Lovaina, 1962.
52
Truyol Serra, La Sociedad..., op cit. p. 141.
2. ECOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES… 245
«a la que corresponde examinar y dirimir aquellos problemas que plantea el bien común y
universal en el orden económico, social, político o cultural, los cuales (...) se consideran
superiores a las posibilidades que los gobernantes de cada comunidad política tienen para
resolverlos específicamente» (Pacem in terris.)
Tema recogido por Pablo VI en su visita a las Naciones Unidas en 1965. Pero
posiblemente, el tema de trascendencia mundial que más ocupa la atención de la
Iglesia Católica sea el suscitado por el problema de los desequilibrios económicos y
que enunció Juan XXIII en 1961:
«Tal vez el problema mayor de la época moderna es el de las relaciones entre las
Comunidades políticas económicamente desarrolladas y las Comunidades políticas en vías
de desarrollo económico» (Mater et Magistra ). Punto en el que insistiría la Constitución
Gaudium et Spes y la Populorum Progressio así como el Sínodo Episcopal de 1971; y que
puede resumirse en la frase de Pablo VI: «El desarrollo es el nuevo nombre de la paz».
«Una renovada toma de conciencia de las exigencias del mensaje evangélico obliga a
la iglesia a ponerse al servicio de los hombres... » son las palabras inspiradoras de la
Populorum Progressio; sin embargo, cuando en esta misma Encíclica se acomete el
problema que recubre el enunciado «Desarrollo solidario de la humanidad», no dejan
de advertirse, al menos en el lenguaje, algunas contradicciones que parecen heredadas
de aquel compromiso temporal al que aludíamos más arriba:
«Sin abolir el mercado de concurrencia, hay que mantenerlo dentro de los límites que lo
hacen justo y moral, y por tanto humano (...). La justicia social exige que el comercio
internacional, para ser humano y moral, restablezca entre las partes al menos cierta
igualdad de oportunidades».
Pudiera concluirse afirmando que la Iglesia Católica ha iniciado, a partir del Concilio
Vaticano II, una nueva andadura no exenta de dificultades de todo tipo, tanto de orden
estructural como doctrinal, en la que aparece apuntar una desacralización de su
cometido, una humanización de sus facciones y un compromiso nuevo con la
Humanidad. Compromiso que será distinto según el arraigo popular y el área
geográfica en la que se planteen situaciones conflictivas y que, en más de una
ocasión, brindará o impondrá una alternativa de signo radicalmente contrario a la
53
Cf Concilio Vaticano II, Madrid. B.A.C, 1962; Comentarios universitarios a la Pacem in Terris, Madrid, 1964. Y,
especialmente, E. F. B. Midgley. The Natural Law in the Theorie of International Relalions, Londres, 1975. en las pp. 387428,
que consideran «las posiciones del Concilio Vaticano II».
ROBERTO MESA 246
e) Organizaciones Intergubernamentales
54
Giovanni Gozzer, Religione e rivoluzione in America Latina , Milán, 1968, (ed. castellana, Religión en América Latina, Trad.
de C. Aznar, Madrid, Taurus, 1969).
55
Diez De Velasco, Curso de Derecho Internacional Público, Madrid, 1963, p. 326. En idéntico sentido, «Quizá uno de los
fenómenos más característicos de nuestro tiempo sea el del desarrollo de las organizaciones internacionales», Medina Ortega,
Las organizaciones internacionales, Madrid, 1976, página 30.
2. ECOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES… 247
«en la cual las soberanías no se enfrentan ni se coordinan, como en el caso de las dos
estructuras anteriores, sino que se integran en forma estructurales superiores, en función
del principio de "interdependencia"».59
56
GonzálezCampos, Derecho de las Organizaciones Internacionales, Curso de la Escuela Diplomática, Madrid, 19651966.
También de GonzálezCampos, para el primer período histórico que señalamos arriba, vid. «Contribución
de la Conferencia de Berlín, 18841885, al Derecho de las Organizaciones Internacionales», Revista Española de Derecho
Internacional, vol. XVIII (2), 1964, páginas 193224.
57
Paul Reuter, Institutions Internationales, París, 1972, 7a. ed., páginas 192193.
58
Paul Reuter, Institutions..., op. cit., pp. 194198.
59
GonzálezCampos, Derecho de las Organizaciones..., op. cit., p. 9.
60
Diez De Velasco, Derecho internacional, op. cit., p. 354.
ROBERTO MESA 248
Esta apreciación, que compartimos plenamente, apunta a un hecho que hemos venido
evocando continuamente: la imperfección e incompletud de la actual Comunidad
internacional; imperfección que, como señala Diez de Velasco, siguiendo la teoría que
G. Scelle utilizara para los Estados, vendrá a ser paliada por «la creación de un
conjunto de sociedades internacionales particulares».63 Y es precisamente en esta
dirección como deben ser entendidas las palabras de R. Ago, cuando al referirse a la
comunidad internacional, afirma que
«se presenta como articulada, en cuanto que comprende o lleva en su seno un conjunto de
sociedades menores, también internacionales, históricamente en continua evolución y
transformación con relación a las corrientes alternativas de asociación y disociación que se
manifiestan entre los diversos grupos».64
61
Paul Reuter, Institutions..., op. cit., pp. 203211; Diez de Velasco, Derecho.., op. cit., pp. 329351; GonzálezCampos,
Derecho...op. cit., página 19.
62
GonzálezCampos, Derecho... op. cit., p. 11.
63
Diez de Velasco, Derecho internacional..., op. cit., pp 324325.
64
R. Ago, «Comunitá Internazionale Universale e Comunitái Internazionali Particolari», en Contributo allo Studio della
Organizacione Internazionale, Padua, 1957, p. 35. cit. por Diez de Velasco, Derecho..., op. cit., página 325.
2. ECOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES… 249
«Ello no es lo mismo que decir que la Organización sea un Estado, lo que ciertamente no
es, ni que su personalidad jurídica y sus derechos y deberes sean los mismos que los de un
Estado. Tampoco equivale a afirmar que la Organización sea un "superEstado" (...). Lo
que significa es que es un sujeto de Derecho Internacional, capaz de poseer derechos y
deberes internacionales y que tiene capacidad de hacer valer sus derechos mediante
reclamaciones internacionales.»
Ahora bien, sería equívoco caer por inercia en el polo contrario y suponer en trance de
liquidación el protagonismo internacional de los Estados. Las O.I.G., como ya hemos
escrito, suponen unos poderosos instrumentos para adecuar «la estructura formal a la
estructura material de la sociedad internacional». Como, con otras palabras, continúa
Carrillo Salcedo,
Para concluir apuntando al hecho básico, para nosotros, de hallarnos en una fase de
transición, una etapa de mutación, en la que junto a los Estados hay que tener muy
presente el medio en que éstos desarrollan su actividad. La Sociedad internacional que
«desde hace más de cien años experimenta un proceso de institucionalización y
organización».67
Por lo tanto, dentro de sus marcos respectivos, el Estado, como sujeto clásico
y fundamental del orden internacional y, a continuación las O.I.G. que, siguiendo un
ritmo geométrico de crecimiento, llega a comienzos del decenio de los setenta a la
cifra de 243, con un campo cada vez mayor para el desarrollo de sus funciones y de
sus actividades, constituyendo un campo específico para el estudio y la comprensión
del medio internacional.68
65
P. J. Nkambo Mugerwa, Sujetos de Derecho Internacional, en Sorensen, Manual de Derecho Internacional Público, ed.
castellana, México, 1973, páginas 268270.
66
Reparations for Injuries Suffered in the Service of the United Nations, ICJ, 1949, Rep. 174.
67
Carrillo Salcedo, Soberanía del Estado y Derecho Internacional, Madrid, 1976, 2a. ed., pp. 292294.
68
Cf. R. Cox y H. Jacobson, The Anatomy of Influence, Decisionmaking International Organization, op. cit., y L. M. Goodrich
Y D. Kay, International Organization: Politics and Process, The Univ. of Wisconsin Press., 1973.
(selección de artículos de International Organization.)
ROBERTO MESA 250
Ahora bien, no sería superfluo preguntarse por las causas que han motivado este
crecimiento de las O.I.G. Por lo ya expuesto y podrían añadirse todavía más
testimonios favorables,69 tanto los iusinternacionalistas como los especialistas en
Relaciones Internacionales, muestran su acuerdo sobre la materia. El crecimiento de
las O.I.G. ha sido una necesidad impuesta por el mismo funcionamiento defectuoso de
la Sociedad internacional. Tanto el nivel de conflictividad como la necesidad
imperiosa de institucionalizar la cooperación han hecho caducos, lentos e inservibles
los cauces antiguos: los Estados necesitan unos foros más amplios en los que resolver
los problemas y articular la coexistencia. También todos parecen conformes sobre la
subjetividad de estas Organizaciones que, repitiendo el mismo equívoco del Derecho
internacional, se denominan a su vez internacionales. Si nos inclinamos por el
apelativo de Intergubernamentales no es por un mero capricho literario; en nuestra
opinión, salvo el marco mucho más restringido de la supranacionalidad, nos
encontramos ante sectores secundarios, derivados del medio internacional. Las O.I.G.
agrupan a Estados y no a formaciones algunas de ningún otro tipo. Difícilmente
tendrán una capacidad de decisión, y menos de ejecución, propia; y, en el supuesto
afirmativo, nos hallamos ante una reproducción del Directorio de Grandes Potencias,
caso del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, cuyo funcionamiento depende
del acuerdo expreso de los Estados relevantes, en número de cinco, en la arena
internacional. Es decir, que el poder de decisión último continúa en manos de los
Estados; sin extendernos, por otra parte, al peligro de burocratización que acecha a su
mismo funcionamiento.
Por lo tanto, nuestra conclusión sería que, por el momento, las O.I.G., con las
contadas excepciones ya apuntadas, son fielmente un esbozo de lo que debiera ser la
Sociedad internacional ideal. Mientras esto no se produzca, al igual que los Estados
representan una formación socioeconómica dominante, las O.I.G., por medio de tales
Estados son un reflejo leal de esta Sociedad internacional escindida. Lo cual no debe
entenderse tomo una crítica y mucho menos tomo un rechazo de un hecho evidente;
se trata, sencillamente, de subrayar el carácter secundario que tienen las O.I.G. como
actores de la Sociedad internacional, inmediatamente detrás del Estado, del actor
privilegiado.
69
D. Colard, Les Retalions..., op. cit., escribe precautoriamente, p. 58: «desde el siglo XX, los Estados no tienen el monopolio de
las Relaciones Internacionales. Están en concurrencia con el desarrollo de las Organizaciones internacionales. Ciertamente, el
Estado continúa siendo el actor privilegiado, pero ya no está solo. Junto a los actores principales, es preciso dejar un lugar a los
actores secundarios».
2. ECOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES… 251
70
Truyol Serra, La Sociedad Internacional..., op cit. p. 129.
71
Podría ser el caso, entre otros, del trabajo del profesor Lucas Verdu, «algunas consideraciones sobre los partidos políticos y
grupos de presión en la comunidad internacional», R.E.D.I., VI (3), 1953, pp. 613631, donde lo que realmente se hace es una
aproximación al comportamiento internacional de los partidos políticos y de las sindicales obreras.
72
M. Merle, «Los grupos de presión y la vida internacional», Revista de Estudios Políticos, 107 (septiembreoctubre 1959), p.
101.
73
J. Meynauo, Les groupes de pression internationaux, Lausana, 1961.
ROBERTO MESA 252
74
M. Merle, Sociologie..., op. cit., p. 343. Sobre la naturaleza de las O.N.G., vid. J. J. Lador Lederer, Inernational Non
Governmental Organzaition and Economic Entines, Leyden, 1963, pp. 5970.
75
F.S.L. Lyons, Internationalism in Europe 18151914, Leyden, 1963.
76
Charles Zorgbibe, Les Relations Internationales, París, 1975, p. 165.
2. ECOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES… 253
mercantiles. Aunque no faltan autores que desde una óptica más radical, afirman, no
sin razón, que todas las O.N.G. «son tributarias de la naturaleza de la formación
social». Hablan, en este supuesto, de «grupos privados de dimensión internacional»,
distinguiendo aquellos que son expresión de la base económica y los que son
expresión de la supraestructura; planteamiento nuevo que rompe el esquema
diferenciador entre organizaciones gubernamentales y nogubernamentales.77
Ya se adopte un criterio formalista o un criterio de contenido, el hecho indiscutible
es la proliferación del fenómeno que, puede afirmarse, es uno de los caracterizadores
de la escena internacional de nuestra época.78
Si descendiésemos más en la caracterización de las O.N.G., tendríamos que
proceder a un intento de clasificación, necesario por el mismo proceso de
masificación que han experimentado, actualmente sobrepasan las dos mil, según las
actividades que las ocupan: religión, ciencias sociales, economías, bienestar, medio
ambiente, derecho, deportes, juventud, arte, educación, ocupación del ocio, medicina
y sanidad, tecnología y un larguísimo etcétera.
Pero, muy por encima de su crecimiento o de la diversidad de su objetivo, el dato
más importante a señalar, en esta aproximación sistemática, es el papel desempeñado
por la O.N.G. en el marco internacional. Función subrayada por el artículo 71 de la
Carta de las Naciones Unidas:
«El Consejo Económico y Social podrá hacer arreglos adecuados para celebrar consultas
con organizaciones no gubernamentales que se ocupen en asuntos de la competencia del
Consejo. Podrán hacerse dichos arreglos con organizaciones internacionales y, si a ello
hubiese lugar, con organizaciones nacionales, previa consulta con el respectivo miembro
de las Naciones Unidas».
77
P.F. Gonidec, Relations Internationales, op. cit., pp. 231247.
78
Afirmación confirmada por una bibliografía cada vez más importante. Confróntese, aparte las citadas en las notas anteriores,
L.C. White, International NonGovernmental Organizations, New Brunswick, 1951; J. W. Feld, NonGovernmental fortes and
World Politics, New York, 1972 J. Nye y R. Keohane, Transnational Relations and World Politics, Harvard Univ. Press., 1972.
Es interesante, por sus planteamientos originales el enfoque de Jeffrey Harrod, «NonGovernmental Organizations and fhc Third
World», Year book of World Affairs, 1970, pp. 170185. En la bibliografía española, vid. M. Pérez González, «Las
Organizaciones no gubernamentales en el ámbito de la Organización internacional», R.E.D.I., XIX (23), 1976, pp. 299325.
79
M. Merle, Sociologie,..,op. cit., p. 354.
ROBERTO MESA 254
el que hasta ahora sólo han ingresado 11 O.N.G.; 152 en la categoría B; y 2,223 en la
categoría C.
Para concluir, diremos que últimamente las relaciones entre O.I.G. y O.N.G.
atraviesan una etapa difícil; ello obedece a dos razones: la primera se debe al hecho de
que el factor ideológico ha entrado ampliamente en este específico tipo de relaciones
que se pretendía aséptico; la segunda consiste en que, en más de una ocasión, las
O.N.G. han sido manipuladas por gobiernos concretos que las utilizan como
intermediarios para la consecución de sus fines nacionales.80 Los últimos actores
transnacionales llegados al escenario internacional son los llamados firmas o
sociedades multinacionales; revisten una gran actividad, ya lo habían hecho en
periodos históricos precedentes pero no con tal intensidad, aunque, como afirma
Truyol, desde un plano descriptivo, su acción en la vida política internacional «no es
oficial, ni está reconocido formalmente»,81 afirmación que nada empece al hecho
mismo de la existencia de las multinacionales, ni a la importancia creciente de su
función internacional; muy posiblemente el profesor Truyol se refiera específicamente
a la no institucionalización del fenómeno, debido sobre todo a la relativa novedad de
su proliferación.
Todos los autores se muestran de acuerdo en señalar el último tercio del siglo XIX
como el período histórico en el que aparecen los primeros ejemplos de firmas
multinacionales y los nombres de Bayer, Nobel y Singer ilustran suficientemente la
afirmación. En el transcurso de una centuria, mediando sobre todo el hecho del
extraordinario desarrollo del capitalismo norteamericano y su vertiginosa
acumulación de capital, «la industria multinacional es una realidad política y
económica del mundo contemporáneo».82
Si hay un acuerdo unánime en la importancia de las multinacionales, no ocurre
otro tanto en lo que respecta a su caracterización, definición y fijación de sus rasgos
fundamentales.83 Sobre su tipología se utiliza toda clase de datos: composición del
consejo de administración, idiomas de trabajo, proporción de ingresos de los distintos
establecimientos, reparto del capital social entre accionistas de diversas
nacionalidades, situación fiscal, relaciones con O.I.G. relaciones con O.N.G., etc. Un
80
R. O. Keohane y J. S. Nye, «Transgovernmental Relations and International Organizations», World Politics, XXVII, (1),
octubre 1974, pp. 3962.
81
Truyol Serra, La Sociedad Internacional, op. cit,. p. 133.
82
Christopher Tugendhat, The multinationals, 1971, cit. por la ed. castellana, Las empresas multinacionales, trad., de A. Masien
y C. Vergara, Madrid, 1973, p. 281.
83
La bibliografía sobre el tema, en los últimos años, es abundantísima. Vid., en particular, J. N. Behrman, National Interest and
the Multinational Enterprise: Tensions among the North Atlantic Countries, Engl. Cliffs, P. H., 1970;
J. H. Dunning, The multinational Enterprise, Londres, 1971; CH. P. Kindleberg, Ed., The International Corporation. A
Symposium, Cambridge, 1970; W. A. P. Manser, Le rôle financier des sociétés multinacionales, París, 1973; R. B.
Stobaugh, V. S. Multinational Enterprises and the U. S. Economy, Harvard, 1971; R. Vernon, Sovereignty at bay: the
Multinational Spread of U. S. Enterprises, Londres, 1971; Paul Tharp, Jr., «Transnational entreprises and international
regulation: A survey of various approaches in International Organization», International Organization, vol. 30, 1 (1976), pp. 47
73; Jeffrey Harrod, «Transnational Power» Y.B.W.A., 1976, pp. 97115. Así como la documentación publicada por Naciones
Unidas sobre inversiones de capital en el extranjero.
2. ECOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES… 255
Y añade:
«a fin del siglo XX las 200 ó 300 mayores empresas multinacionales van a realizar por sí
solas la mitad de la producción mundial y, además, a consecuencia de ello, el porcentaje
de la producción mundial de los países occidentales controlado por los Estados Unidos
pasará del 55 por 100 en 1960 el 80 por 100 en 1990».86
84
Francisco Granell, Las empresas multinacionales y el desarrollo, Barcelona, 1973. También, una perspectiva jurídica, en
Miaja de la Muela, «El Derecho Internacional ante las sociedades multinacionales», Anuario de Derecho Internacional, II (1975),
Universidad de Navarra, pp. 169227, y Trigo Chacón, La empresa multinacional, Madrid, 1973.
85
D. Colard, Les Relations..., op. cit, pp. 6768.
86
F. Granell, Las empresas, op. cit., 90 y 96. En este sentido es de interés Th. Horst y Th. H. Moran, American Multinationals
and American Interests, Washington, 1978, identificación de la defensa de las transnacionales con los intereses de Estados
Unidos, especialmente la Parte III, pp. 309353, y la Parte IV, pp. 449495, los epígrafes titulados «A Framework for the
Analysis of Foreign Policy» y «Toward a New American Policy», respectivamente.
ROBERTO MESA 256
Desde nuestro enfoque, que no aspira ciertamente a llegar al fondo de la cuestión, dos
son los temas que particularmente nos interesan. El primero hace referencia a la
función de las multinacionales en el medio internacional; dicho de otro modo: las
multinacionales constituyen un nuevo tipo de actores transnacionales cuya actividad
todavía no está determinada y, por su misma novedad, ha sido insuficientemente
estudiada. Lógicamente, habiendo indicado, como ya lo hemos hecho, la dependencia
en última instancia de las multinacionales del capital nacional hegemónico,
consideramos que una de las tareas más urgentes ha de ser la determinación
87
M. Merle, Sociologie.... op. cit., p. 357.
88
Informe Rio (Reshaping the International Order, New York, 1976), recogido en Reestructuración del Orden Internacional.
Informe al Club de Roma, México, 197, pp. 432433.
2. ECOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES… 257
de las relaciones entre las sociedades multinacionales y las O.I.G.89 Por el momento,
aunque sea sólo como una hipótesis de trabajo previa, desconfiamos de las teorías que
afirman la bondad de las multinacionales en cuanto actores que pueden acelerar
benéficamente la mundialización de las relaciones económicas internacionales. En
este plano hay que destacar los estudios e investigaciones sobre el tema llevados a
cabo por, las organizaciones intergubernamentales.90 El tema a debatir es el de la
concesión de un estatuto cualificado a las sociedades multinacionales en sus
relaciones con la O.I.G.; lo cual iría en la vía estudiada ya en las páginas anteriores
con respecto a las O.N.G. en sus relaciones con el Consejo Económico y Social.
El segundo tema que atrae particularmente nuestro interés alude a la posibilidad de
un análisis crítico, no aséptico, de las multinacionales. En nuestra opinión, el punto de
partida consistiría en poner en relación la actividad de las multinacionales con el
proceso de producción a nivel internacional, sin olvidar las consecuencias de la
acumulación de los excedentes de capital; es decir, no sólo los problemas de la
inversión de capital sino también, los atañentes a la acumulación de los productos.
Siguiendo este esquema, y de acuerdo con Ch. Palloix, se llega a la siguiente
conclusión:
89
L. T. Wells, Jr., «The Multinational Business Enterprise: What kind of International Organization?», International
Organization, XXV (3), 1971, cit. por F. Granell.
90
Cf., entre otros, Naciones Unidas, Las Corporaciones Multinacionales en el desarrollo mundial, New York. 1973: Naciones
Unidas, Groupe d 'Eludes d 'investissements étrangers dans lepays en role de développement (Tokyo Panel),
New York, 1972; O.C.D.E., Rapport intérimaire du comité de Vindustrie sur les enterprises internationales París. 1974; O.I.T.,
Las empresas multinacionales y la política social, Ginebra, 1973; Commission des C.E.E. Assunince
des investissemients prives é l'étranger . Projet de création d'une garantie comnumautaire. Bruselas. 1970, y Les Investissements
américains dans la C.E.E., Bruselas, 1970 (ambas mimeografiadas).
91
Christian Palloix, Las firmas multinacionales y el proceso de internacionalización, op., cit.. pp. 1112. que cita a pie de página:
«La novedad de la fase imperialista estriba en que el desarrollo del capital financiero integra, bajo el
predominio de un mismo capital, producciones geográficamente situadas en diversas naciones, creando así la base para una
aceleración de la «internacionalización de la producción» y, por tanto, también, para un rápido desarrollo del comercio mundial»
(PH. Herzog, «Nouveaux développements de I'internationalisation du capital», Economie et politique, 198 (1971), p. 129. Vid.
también la bibliografía indicada en el Apartado IV, Parte Segunda, consagrada a la aportación teórica del marxismo. En el mismo
sentido, P.F. Gonidec, Relations..., op. cit, p. 252: «En régimen capitalista, la sociedad multinacional puede definirse como una
forma particular del capitalismo monopolista de Estado que, teniendo en cuenta la ley del desarrollo desigual, se manifiesta en la
aparición de empresas nacionales gigantes, capaces de organizar, la producción a escala mundial, gracias a filiales que por
encuna internacionalización aparente del capital y de la dirección, están sometidas a las decisiones de un centro situado en el
Estado de origen, de los cuales el más poderoso en la actualidad es Estados Unidos».
ROBERTO MESA 258
Desde una perspectiva de revisión del marxismo, estimamos que la existencia de las
sociedades multinacionales conduce a un replanteamiento de los teorías de Rosa
Luxemburg, Kautsky y Lenin; y, sobre todo, a una nueva visión del imperialismo.
Consideramos que, al margen de la importancia de esta nueva figura económica
internacional y su papel como fuerza transnacional (cuya nacionalidad hay que poner
de relieve por muy encubierta que se encuentre), el marxismo, como doctrina
económica y método de investigación científico, debe prestar atención prioritaria a la
empresa multinacional que ya ha sido caracterizado «como la institución clave del
capital financiero de la segunda mitad del siglo XX».94 Las multinacionales, están
llevando a cabo un importante fenómeno de división del trabajo, creando una falsa
imagen de internacionalidad,95 las sociedades multinacionales dan nuevo vigor y
contenido al imperialismo como estadio superior del capitalismo. Y, lógicamente, el
Estado imperialista necesita de un sistema de economía imperialista que subordine a
sus intereses los secundarios de los Estados capitalistas «clientes» que se encuentran
en una etapa inferior de su desarrollo económico.96
Es oportuno señalar, por otra parte, el movimiento de protesta surgido en el área del
Tercer Mundo frente a las actividades crecientes de las multinacionales y que, con no
pocas dificultades, trata de abrirse paso en el seno de las Naciones Unidas. El día 5
92
Raymond Vernon, «Multinational Enterprise and national sovereignty» Harvard Business Review, 1967, (marzoabril) 1967,
p. 158.
93
P.F. Gonidec Relations..., op. cit., p. 256.
94
H. Magdoff y P. M. Sweezy, «Notas sobre la empresa multinacional», Pensamiento Crítico, 43, (1970), p. 126.
95
Ch. Palloix, op. cit., pp. 289290.
96
Claude Julien, a niveles de periodismo de gran calidad, ha trazado muy claramente la trayectoria ideológica y económica del
gran imperio de nuestro tiempo, en El imperio americano, trad. castellana de E. de Riambau, Barcelona, 1969; y, el mismo autor
en el bicentenario de la independencia, Le réve et l'histoire. Deux siécles d'Amerique, París, 1976.
2. ECOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES… 259
Estados Unidos y Canadá, Europa Occidental y Japón, son los tres lados de la
Trilateral. Sus componentes: políticos, financieros, banqueros, empresarios,
profesionales liberales, abogados, expertos universitarios, especialistas de los medios
de comunicación y hasta algunos miembros del sindicalismo estadounidense. Los
nombres propios: Brzezinski, Kissinger, Cárter, Harold Brown, Walter Móndale,
Giovanni Agnelli, Raymond Barre, Karl Kaiser, Robert Marjolin, Pierre Pescatore,
Jean Rey, Roger Seydoux, David Rockefeller, Edmund Wallenstein y un muy largo
etcétera. En abril de 1979, trece personalidades españolas, de rango profesional,
político y económico análogo, ingresaron en la Trilateral, tras entrevistas celebradas
entre David Rockefeller, Presidente del grupo norteamericano en la Trilateral, y el
Presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales.
Cuatro son los campos prioritarios de interés en los trabajos de la Comisión
Trilateral.
97
Erich H. Jacoby, «L'influence des sociétés multinacionales à I'ONU», Le Monde Diplomatique, aura. 304 (julio 1979).
98
E. Ruiz García, La era del Cárter. Las transnacionales, fase superior del imperialismo, op. cit. pp. 3536.
2. ECOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES… 261
Pero hay más datos ilustrativos, reveladores, sobre la Comisión Trilateral que,
curiosamente, nace el mismo año en que se produce la crisis petrolera. Es evidente,
tanto por su composición como por sus fines, que están fuera de la Trilateral los
Estados socialistas y los países del Tercer Mundo. Se trata no sólo de desplazar las
crisis del Centro a la Periferia, sino también de atraer las fuentes de riqueza de la
Periferia al Centro. Sobre este doble planteamiento es suficientemente ilustrativo el
Informe elaborado por la Comisión Trilateral, titulado «La OPEP, el mundo
desarrollado y los países en desarrollo: nuevos acuerdos para la cooperación, 1976
1980»; documento en el que, entre otros detalles significativos, puede leerse:
«En una época de estancamiento y desempleo creciente, es obviamente de interés para los
países trilaterales trasladar fondos de los países de la OPEP, que no puedan gastarlos en
exportaciones, desde aquéllos a otros países en desarrollo que sí podrían hacerlo. En la
medida en que las contribuciones de ayuda del mundo Trilateral den origen a más ayuda
por parte de la OPEP, tendrán un efecto multiplicador sobre las exportaciones, el empleo y
el ingreso, ayudando también a la balanza de pagos. En realidad, necesitamos pensar en
términos de un segundo tipo de "Trilateralismo", aquel por el cual los países de la OPEP
transfieran una parte de sus balances líquidos en el mundo Trilateral a préstamos de largo
plazo a los países menos desarrollados, los cuales, a su vez, gastarán estos ingresos en
comprar exportaciones de los países Trilaterales».100
99
Carlos F. Rico, «"Interdependencia" y trilateralismo: orígenes de una estrategia», en Cuadernos Semestrales, publicación de
Estados Unidos: perspectiva latinoamericana , México, núm. 23 (1978), p. 24. En el mismo número,
Frédéric Debuyst, «La internacionalización de las relaciones sociales y las estrategias del centro hegemónico», p. 315: «La
estrategia trilateral respondería, entonces, de manera más consecuente, a los imperativos de la mundialización de los intereses
del centro hegemónico que no pueden ser salvaguardados de manera prioritaria por
un equilibrio entre las grandes potencias, sino: 1) a través de una mejor integración de los centros dependientes; 2) Mediante una
acción concerrada sobre la periferia a fin de evitar, por un lado, que esta periferia refuerce sus medios, de negociación y, por otro
lado, para evitar que sea el teatro de focos de suscitación provocados por las grandes potencias económicas. Las relaciones Este
oeste son vistas, de hoy en adelante, a través de los temores que suscitan las relaciones NorteSur».
100
Cuadernos Semestrales, op. cit., «Documentos de la Comisión Trilateral», p. 373.
ROBERTO MESA 262
g) El factor ideológico.
Hasta fecha muy reciente, los teóricos de las Relaciones Internacionales hacían gala
de cierto pudor ante el manejo del concepto de ideología; no había referencias directas
al factor ideológico; cuando más se hablaba en tono confuso, acientífico, de fuerzas
ideológicas, caracterizadas como transnacionales, actuantes en la escena
internacional. Esta actitud metodológica se debía, muy posiblemente, al temor de ver
infectadas sus afirmaciones por el morbo de lo político; ya que, mecánicamente,
equiparaban ideología y política, sin percatarse de que daban de lado un aspecto
fundamental para su análisis: la Sociología del conocimiento. En la mayoría de los
supuestos, se trataba de teóricos temerosos ante una teorización, que ellos suponían,
precipitadamente, politización o ideologización de la teoría. Era uno más de los
muchos planteamientos falsos de asepsia o neutralidad de la ciencia.
Sin embargo, en la actualidad, cada vez son más los especialistas de las
Relaciones Internacionales, sobre todo en el campo geográfico que por sus razones de
comodidad hemos denominado como europeos, que hacen lugar de preferencia al
factor ideológico, sin temor a caer con una adscripción partisana. Nosotros mismos
también nos adscribimos a esta corriente aunque sólo fuese, y hay motivos más
profundos, por la convicción de que en toda actuación en cada comportamiento de
todos los actores internacionales, se halla una representación de lo que para ellos es
(o, en otras ocasiones, debe ser) el medio internacional.
Antes de plantearnos esta posibilidad y su inclusión en estas páginas hemos
reflexionado sobre la conveniencia de proceder a su adscripción dentro del apartado
101
Noam Chomsky, «La Administración Cárter: mito y realidad», Cuadernos Semestrales, op. cit., p.198
2. ECOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES… 263
«También las formaciones nebulosas que se condensan en el cerebro de los hombres son
sublimaciones necesarias de su proceso material de vida, proceso empíricamente
registrable y sujeto a condiciones materiales. La moral, la religión, la metafísica y
cualquier otra ideología y los formas de conciencia que a ella corresponden pierden, así, la
apariencia de su propia sustantividad. No tienen su propia historia ni su propio desarrollo,
sino que los hombres que desarrollan su producción material y su intercambio material
cambian también, al cambiar esta realidad, su pensamiento y los productos de su
pensamiento. No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la
conciencia».103
102
Cf. Truyol Serra, Historia de la Filosofía del Derecho y del Estado, vol. II, Madrid, 1975, y Kurt Lenk, Ideologie.
Ideologiekritik und Wissenssoziologie, Berlín, 1961, 5a. ed., corregida y aumentada en 1971 (ed. castellana, El concepto de
ideología. Comentario crítico y selección sistemática de textos, trad. de J. L. Etcheverri, Buenos Aires, 1974, pp. 4969).
103
Marx y Engels, La Ideología Alemana , trad. de W. Roces. La Habana, 1966, p. 26. Vid. también el apartado dedicado más
arriba el Marxismo y las Relaciones Internacionales.
104
Escribe Marx en Miseria de la Filosofía , Moscú, s.d., p. 1904: «... estas relaciones sociales determinadas son producidas por
los hombres lo mismo que el lienzo, el lino, etc. Las relaciones sociales están íntimamente vinculadas a las fuerzas productivas.
Al adquirir nuevas fuerzas productivas, los hombres cambian de modo de producción, y al cambiar el modo de producción, la
manera de ganarse la vida, cambian todas sus relaciones sociales. El molino movido a brazo nos da la sociedad de los señores
feudales; el molino de vapor, la sociedad de los capitalistas industriales».
ROBERTO MESA 264
poner al descubierto la realidad social que domina las relaciones entre los hombres,
para llevar a cabo una idea, libertadora, se piensa el marxismo en cuanto filosofía de
la práctica. No pueden ser más explícitas las palabras iniciales de La Ideología
Alemana:
«Hasta ahora, los hombres se han formado siempre ideas falsas acerca de sí mismos,
acerca de lo que son o debieran ser. Han ajustado sus relaciones a sus ideas acerca de
Dios, del hombre normal, etc. Los abortos de su cabeza han acabado por imponerse a su
cabeza. Ellos, los creadores, se han rendido a sus criaturas».105
«Las ideas son grandes en cuanto son realizables, o sea, en cuanto aclaran una relación
real inmanente a la situación, y la aclaran en cuanto muestran concretamente el proceso de
105
Marx y Engels, La Ideología Alemana, op. cit., p. 11, para concluir así la cita: «Liberémoslos de los fantasmas cerebrales, de
las ideas, de los dogmas, de los seres imaginarios bajo cuyo yugo degeneran. Rebelémosnos contra esa tiranía de los
pensamientos. Enseñémoslos a sustituir estas quimeras por pensamientos que correspondan a la esencia del hombre, dice uno, a
adoptar una actitud crítica, dice otro, a quitárselos de la cabeza, dice el tercero, y la realidad existente se derrumbará».
106
G. Lukács, Historia y consciencia de clase, trad. de M. Sacristán, México, 1969, pp. 5455: «Al referir la consciencia al todo
de la sociedad se descubren las ideas, los sentimientos, etc., que tendrían los hombres en una determinada situación vital si fueran
capaces de captar completamente esa situación y los intereses resultantes de ello, tanto respecto de la acción inmediata cuanto
respecto de la estructura de la entera sociedad, coherente con esos intereses; o sea: las ideas, etc., adecuadas a su situación
objetiva». Sobre la evolución del joven Lukács, Michael Lówy, Pour une sociologie des intellectuels révolutionnaires.
L'evolution politique de Lukács, 19091929, París, 1976.
2. ECOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES… 265
actos a través de los cuales una voluntad colectiva organizada da a luz esa relación (la crea)
o, una vez manifiesta, la destruye y la sustituye».107
107
Antonio Gramsci, Antología , Selección y notas de M. Sacristán, México. 1970, p. 317. Según un conocedor del pensamiento
gramsciano, «La ideología es, pues, el sentido vivido de las diferentes relaciones, que mantiene el hombre con la naturaleza y con
los demás hombres. Todo comportamiento, toda actividad humana implica entonces una visión del mundo e, inversamente, toda
concepción en tanto que exprese a una clase social, tiende a manifestarse en todos los tipos de comportamiento de los miembros
de esta clase», J.M. Piotte, La pensée politique de Gramsci, París, 1970 (ed. castellana El. Pensamiento político de Gramsci,
trad. de A. Bozzo, Barcelona, 1972, páginas 179180). En este sentido ver también de Lucio Colletti, Ideología y societá . Bari,
1969 ( ed. castellana, Ideología y sociedad, trad. de A. Bozzo, Barcelona, 1975). Sobre su vigencia e influjo, F. Fernandez Buey,
Ed. Actualidad del pensamiento político de Gramsci, Barcelona, 1977, muy especialmente el artículo de G. Marramao, «Para una
crítica de la ideología de Gramsci», páginas 324350.
108
Mao Tse Tung, «Sobre la contradicción», en Obras escogidas, t. I. Madrid. 1974, pp. 333370. Texto que es
una reimpresión de la edición de Pekín del Instituto de lenguas extranjeras.
109
Irving Zeitlin, Ideology and the Development of Sociológical Theory, op. cit., p. 125.
110
Especialmente en su Ideología y Utopía, op. cit., donde en las pp. 7677 escribe: «El pensamiento marxista
asignó tan decisiva importancia a la práctica política y a la interpretación económica de los acontecimientos, que
estas dos cuestiones llegaron a ser los criterios últimos para separar lo que es simplemente ideología de aquellos
elementos del pensamiento que son más inmediatamente aplicables a la realidad. Por consiguiente, no es ninguna
maravilla que la concepción de la ideología sea corrientemente considerada como una parte integral o incluso
identificada con el movimiento proletario marxista».
ROBERTO MESA 266
Mannheim, desde una perspectiva antagónica pero no sectaria, conoce, pues tampoco
le son ajenos, los estudios de Lukács que «el concepto total de ideología aparece por
vez primera con la noción marxista de conciencia de clase»; pero, pese a todo, intenta
una neutralización del concepto.
Posiblemente haya sido Horkheimer quien mejor haya definido la posición
contradictoria, de enmascaramiento final, en que se encerraba el discurso de
Mannheim, donde siempre se conservaba un resplandor de lucidez aportado por las
armas de la crítica:
111
K. Mannheim, Ideología..., op. cit., p. 77: «El análisis del pensamiento y de las ideas en términos de ideología es
excesivamente amplio y un arma demasiado importante para convertirse en monopolio permanente de un partido.
Nada impide a los adversarios del marxismo servirse de ese arma y aplicarla al mismo marxismo».
112
K. Mannheim, Ideología..., op. cit., p. 80.
113
«Allí donde a Marx le interesa desembarazar los conocimientos reales de la ilusión transfiguradora de la ideología, Mannheim
reduce todo a la antítesis entre verdad finita e infinita. De aquellos filósofos irresponsables, cuya ceguera es provocada, según
Mannheim, por el hecho de que se aferran a una "posición demasiado elevada", él mismo se distingue únicamente porque regresa
a ella armado con algunos conceptos tomados del arsenal marxista». (Max Horkheimer, «Ein neuer Ideologiebegriff?», Archiv
für die Geschichte des Sozialismus und des Arbeiterbewegung, XV [1930], pp. 3556, reproducido en Kurt Lenk, El concepto de
ideología, op. cit., p. 263).
2. ECOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES… 267
114
M. Merle, Sociologie..., op. cit. pp. 246260, en particular el gráfico incluido en la página 248.
115
P.F. Gonidec, Relations Internationales, op. cit.. pp. 327339.
ROBERTO MESA 268
116
«Es evidente que las ideologías sólo pueden producir su pleno efecto cuando, tras haber sido fabricadas por un individuo o por
un grupo de individuos, que expresan los intereses de un grupo social determinado, penetran en las masas. Las ideologías serán
tanto mejor recibidas, cuanto que correspondan a las necesidades profundas de la sociedad. Esto implica las posibilidades
mínimas de las ideologías que revisten la forma de utopías» (P.F. Gonidec, Relations lnternationales, op. cit., p. 318).
117
Máxime Rodinson, Sobre la cuestión nacional, selección de artículos, trad. de J. M. Sanahuja, Barcelona, 1975;H. Kohn y W.
Sokolski, El nacionalismo africano en el siglo XX, Trad. de C. Souverbielle de la la ed. en lengua inglesa, Buenos Aires, 1968;
Samir Amin, La nación árabe. Nationalisme et lutte de classes, París, 1976.
118
Últimamente se está realizando un notable esfuerzo en el campo marxista para suplir esta deficiencia. Vid. G. Haupt, M.
Löwy y C. Weill, Les marxistes et la question nationale, 18481914, donde aparte un notable estudio hay una interesante
selección de textos.
119
Cf.Yves Benot, Idéologies des indépendances africaines, 2 a ed. aumentada y puesta al día, París, 1969 (hay trad. Castellana
de la Ia ed. francesa).
120
Juan Carlos Mariategui, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana . Lima, 1928; hay múltiples ediciones, entre las
más cuidadas, la hecha en La Habana, 1963; recientemente, se ha publicado en España, Barcelona,1976.
2. ECOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES… 269
121 La obra fundamental de Frantz Fanón, Les damnés de la terre, París, 1961, (ed. Castellana, Los condenados de la tierra ,
trad. De J. Campos, México, 1963); también Pour la révolution africaine, París, 1964 (ed. castellana, Por
la revolución africana, trad. De D. Aguilera, México, 1965). Un buen estudio biográficopolítico, en Irene Gendzier, Frantz
Fanón, V ed. en lengua inglesa, 1973 (ed. francesa, París, 1976).
122 Ernesto Guevara, Obras, 19571967, dos vols. La Habana, 1970. Una valoración de su aportación. M. Löwy. La pensée de
Che Guevara , París, 1970. Y, sobre ideología y revolución en América Latina, Régis Debray, La critique
des armes, dos vols. París, 1974 (ed. castellana. La crítica de las armas, México, 1975 y Las armas del fuego. La crítica de las
armas, 2, México, 1976, trad, de F. Blanco, hay edición española, Madrid, 1975 y 1976.
123
G. Burdeau, L'État, op. cit. p. 37. En todos los países antiguos, la Nación hizo al Estado; que se formó lentamente en los
espíritus y en las instituciones unificadas por el sentimiento nacional. En el Estado nuevo, tal como aparece en el continente
africano, es el Estado el que debe hacer la Nación. Ahora bien, como el Estado no puede nacer más que de un esfuerzo nacional,
el drama político se encierra en un círculo vicioso.
124 Jean Ziegler, Main basse sur l´Affique, París 1978, p. 9; concretando, más adelante, p. 227: «La protonación es hoy día la
forma de sociedad más extendida en África. Lo repito: no es una etapa en el camino de la construcción nacional. Tampoco es una
forma perverida de nación acabada y que hubiese periclitado. La protonación es una forma social sui generis. Es una pura
creación del imperialismo. Si el imperialismo está en crisis, no es una agonía, es una simple fase de readaptación, de nuevo
despliegue de fuerzas, de aplicación de formas de dominación más eficaces, más flexibles, más racionales y, finalmente, más
seguras que antes».
ROBERTO MESA 270
125 Jean Ziegler, íbid., p. 231: «Esta protonación no tiene la fuerza, ni la voluntad, sobre todos los medios para elegir un destino
histórico autónomo. La protonación adquiere, por lo tanto, una existencia estatal o la pierde al azar de las
estrategias imperialistas que se ejercen en su región».
126 G. Chaliand, Mythes..., op. cit., pp. 175176: «La ideología de estos regímenes se ha cristalizado (al margen de los valores
tradicionales unidos a la identidad) en torno al anticolonialismo, a un antiimperialismo más o menos efectivo y al nacionalismo
en tanto que valor supremo. Este nacionalismo es vehiculado por el Estado, de forma más o menos abstracta, en tanto que mito
movilizador cuando la Nación, especialmente en el África negra, no tiene existencia histórica».
127 I. Sachs, «El ambiente humano», en Reestructuración del orden internacional..., op. cit., p. 450.
2. ECOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES… 271
128
Joan Galtung, The European Community: a superpower in the making, Oslo, 1973; ed. Castellana, La Comunidad Europea:
una superpotencia en marcha , trad. De F. Setaro, Buenos Aires, 1976, pp. 6169.
129
J. Galtung, íbid.,p. 71.
130
J.W. Burton, Teoría General... op. cit., p. 235. Burton, en la segunda edición de su obra, año 1967, señalaba, pp. 264275,
estas influencias comunes en el no alineamiento: «El nacionalismo, el subdesarrollo, los vínculos culturales.»
131
La bibliografía sobre el tema es enorme. Sólo a título de muestra, vid. W. Abendroth, «Die Vôlkerrechtlitche Bedeuntung der
BandungKonferenz» AdeV, VI (1956), pp. 5561; O. Guitard, Bandoung et le réveil des peuples
colonisés, 2ª ed. rev., París, 1965; varios, Solidarité afroasiatique contre l'imperialisme, Pekín, 1965; Y. Etinger y O. Melikian,
El neutralismo y el mundo actual, Moscú, 1974; A. Truyol Serra, La Sociedad..., op. cit., páginas 9098;
J. Contretas, L. González Aguayo y A. Romero Castilla, Los países no alineados, México, 1978, G. Bondarevski y V. Sofinski,
La no alineación. Sus amigos y adversarios en la política mundial, Moscú, 1978; P. Willets, The
NonAligned Movement. The Origins of a Third World Alliance, Nueva York, 1978; R.M. Lelog Fleury, «El movimiento de los
países no alineados: de Bandung (1955) a La Habana (1979)» en Estudios del Tercer Mundo, México, vol. II, 1 (1979), pp. 155
175.
132
Charles Zorgible, Introduction aux relations internationales, París, 1977, p. 49.
ROBERTO MESA 272
133
Bibliografía también abundante. Vid. Ph. Decraene, Le panafricanisme, París 2ª ed., 1961; B. BoutrosGhali y S. Dreyfus, Le
mouvement afroasiatique, París, 1969; Jesús Contreras, El panafricanismo, evolución y perspectivas,
México, 1971. En el plano de las relaciones institucionalizadas, K. Kouassi, Les rapports entre l'Organisation des Nations Unies
et l'Organisation de L'Unité Africaine, Bruselas, 1978.
134
Los textos básicos sobre el tema, en Documentos de las Conferencias y reuniones de los países no alineados, 19711978,
Belgrado (en español). También en Las cinco Coferencias cumbres de los países no alineados. Documentos, La Habana, 1979.
La documentación de la Sexta Cumbre (12979), en Política Internacional, Belgrado,
núm. 707, pp. 571.
2. ECOLOGÍA DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES… 273
135
Texto de la Declaración de Argel, en A. Cassese y E. Jouve, Edits., Pour un droit des peuples, París, 1978, pp. 2730.
Explicitando aún más la ideología de la Declaración, vid. En el mismo volumen Lelio Basso, «Les fondements idéologiques de la
Déclaration d'Alger», en cuya p. 39, escribe: «Hemos llegado a la conclusión de que puede extraerse desde ahora, a partir de los
principios ya establecidos, un nuevo Derecho internacional al servicio de la gran mayoría de los hombres, para su bienestar y
para el paa el progreso de la humanidad (...). El punto de partida ha sido la autodeterminación entendida no solamente en un
sentido político, como un derecho a una independencia formal, sino como un derecho a determinar su propio futuro político,
económico, social y cultural. De donde se deriva que los intereses fundamentales del mismo pueblo no serán violados y, así, no
será necesario recurrir a la represión y a la tortura. En dos siglos, Occidente ha pasado de una concepción liberla, que pedía al
gobierno que garantizase los derechos fundamentales del hombre y del ciudadano, a una concepción democrática, que considera
el pueblo en persona como el verdadero soberano, al cual pertenece el derecho de autogobernarse y autoorganizarse. Un proceso
de este tipo debe conducir a los pueblos en vías de desarrollo de la independencia puramente formal y política a la independencia
completa frente al exterior.»
ROBERTO MESA 274
Chapitr e 5
Les caractèr es du système inter national des années 80 et
l'avenir de la société internationale à l' horizon 2000
Daniel Colard*
D ans son essai sur la politique étrangère des ÉtatsUnis, Gulliver empêtré,
Stanley Hoffmann note: «Si je devais choisir une métaphore qui rendit
compte du système international actuel, je dirais que ce système est comme
une barre à laquelle sont enchaînés de nombreux forçats. Certains des prisonniers sont
petits, deux d'entre eux sont énormes, et plusieurs manipulent des explosifs. Chacun a
sa personnalité propre, mais aucun n'en peut faire grandchose. Quelqu'un chercherait
il á briser l'alignement qu'il se meurtrirait les chevilles, et risquerait, en entraînant ses
compagnons de chaine, de tout faire sauter. Ainsi en dépit des différences de poids,
de musculature et de taille des poings, en dépit des haines meurtrières, des jalousies et
des griefs – sont ils tous lies ensemble, bien vivants mais impuissants (...).
«Le système international d'aujourd'hui est dominé par la crainte de la forcé, ce qui
explique pourquoi la violence est soumise a des restrictions internationales, et ce qui
donne consistance á la légitimité nationale. Pourtant, il est aussi en proie au besoin de
la forcé, car elle constitue le moyen le plus efficace, ou le seul disponible, de mettre
en cause un statu quo qui déplaît á la plupart: d'où la surenchère nucléaire, le recours
sur une grande échelle á la coercition de faible niveau et la légitimité persistante de la
révolution el de la guerre civile. On pourrait parler d'un système bloque de Relations
internacionales.» (Chapitre III, p. 95.)
Ce diagnostic a été formulé en 1968. Cadretil avec les réalités mondiales de
1981? Nous l'acceptons sous bénéfice d'inventaire car depuis le double printemps de
Prague et de Paris un certain déblocage s'est produit. On assiste a une redistribution
des forces en Europe et en Asie, entre l'hémisphère Nord el l'hémisphère Sud; on
observe également une normalisation des rapports soviétoaméricains; enfin, on
constate que le conflit EstOuest a perdu de son acuité. Au total, il nous apparait que
le système international actuel connait une profonde transformation et qu'il se trouve á
michemin de la bipolarité et de la multipolarité. Sa caractéristique majeure est la
mixité puisqu'il emprunte aux deux modèles de 1'equilibre que nous avons définis
plus haut.
* Texto original: Daniel Colard. "Chapitre 5. Les caractères du système international des années 80 et l'avenir de la société
internationale a 1'horizon 2000", en Les Relations internationales, 2a. edic, Mason, París, 1981, pp. 94104.
DANIEL COLARD 276
A. La décolonisation
Elle a débuté après la première guerre mondiale, mais le mouvement a pris une
accélération foudroyante après la seconde: 1947 (Inde), 1955 (Bandoeng), 1960
(année de l'Afrique), sans oublier l'Indochine, l'Indonésie, le ProcheOrient, l'Afrique
du Nord, et tout récemment le Mozambique, l'Angola, le Sahara espagnol, Djibouti,
les Comores, etc. L'effondrement des grands empires coloniaux a eu des
conséquences incalculables sur les relations internationales. Le nombre des États a été
multiplié par trois, la planète s'est étatisée, la majorité a changé aux Nations Unies,
l'Occident a perdu son leadership politique. La décolonisation a d'abord été politique
(accession á l'indépendance d'États nouveaux); elle a été ensuite économique
(revendication du N.O.E.I.); elle est enfin culturelle (réveil arabe et de 1'Islam, retour
á la négritude, etc.), mais les trois aspects de la souveraineté se tiennent.
escalade, conduire à une ascension aux extrêmes. De même, un petit État nucléaire a
le pouvoir d'entrainer un Grand (théorie du détonateur) en déclenchant le premier le
feu atomique.
La seconde la révolution, ou plutôt la conquête de 1'espace a commencé avec le
lancement, le 4 octobre 1957, du premier satellite soviétique «Spoutnik».
L'avènement des fusées a entraîné un bouleversement dans les distances, alors que
l'ère atomique a entrainé un bouleversement dans la puissance de destruction. Mais
1'atóme et 1'espace ont des retombées civiles très importantes; centrales
électronucléaires, satellites de communication, d'observation, de télédétection,
l'exploration de la Lune et des autres corps célestes, pour ne citer que le progrès les
plus frappants.
Elles y sont parvenues en signant plusieurs traites depuis la crise cubaine des missiles
(1962). Les accords SALT no. 1 NixonBrejnev du 26 mai 1972 ont consacré la parité
militaire. Un an plus tard, a Washington cette fois, le 22 juin 1973, l'U.R.S.S. et les
ÉtatsUnis se liaient politiquement par un traite destiné á prévenir toute guerre
nucléaire. Certains États tiers ont vigoureusement dénoncé ce,«Yalta atomique»
imposé unilatéralement au reste du globe.
La connivence entre «associésrivaux» ou la complicité entre «adversaires
partenaires», pour reprendre les expressions de Raymond Aron, est la cause de la
domination «objective» des deux Grands sur l'ensemble de l'«échiquier diplomatico
stratégique». On peut s'en réjouir ou le déplorer, c'est une donnée de fait qui n'est pas
prés de disparaitre.
Les Chinois ne se font làdessus aucune illusion. Zhou Enlai, l'ancien Premier
ministre de Mao, ne déclaraitil pas, a l'occasion de la visite du Président Pompidou a
Pékin, dans un discours prononcé le 11 septembre 1973: «Un petit groupe d'individus
se complaisent a porter atteinte a l'indépendance d'autrui. Bien qu'ils vivent dans les
années 1970 du XXe siècle, ils caressent les rêves des empereurs féodaux du dix
huitième siècle. «Le monde, c'est nous», telle est leur devise. Leur politique consiste a
tenir d'une main des armes nucléaires et, de l'autre, des déclarations et traites dits de
paix et de sécurité, dans le dessein de se livrer á l'imposture et d'imposer leur volonté
a autrui. Ils font tort á quiconque refuse de leur obéir, et s'infiltrent partout oü ils
peuvent. Voila la cause première de la tension internationale... ».
Trois exemples récents confirment!, si besoin est, la primauté militaire de l'Union
soviétique et de l'Amérique: les livraisons d'armes aux États arabes et a Israël pendant
et après la guerre du Kippour (octobre 1973); la fourniture de matériel aux trois
factions qui se disputaient le pouvoir en Angola; le «marché du siècle» des avions
(YF 16 contre Mirage) emporté par Washington et perdu par Paris dans le cadre de
l'O.T.A.N. La cause est entendue.
fondant, au printemps 1964, le «groupe des 77» qui comprend aujourd'hui 120
membres. Les pays en développement se concertent régulièrement a l'O.N.U. et á la
veille des réunions quadriennales de la C.N.U.C.E.D. (1967: Charte économique
d'Alger, 1971: Déclaration de Lima, 1976: réunion de Nairobi). Régionalement, les
États sousdéveloppés tentent également de se regrouper (O.P.E.A.P., S.E.L.A.,
Communautés économiques ... ). La bipolarisation des relations internacionales n'est
plus centrée sur le conflit EstOuest (États socialistes/États capitalistes), mais sur le
conflit NordSud (États industrialisés/États sousdéveloppés).
On assiste donc à une restructuration du système internacional et a une nouvelle
distribution des forces. Ce qui explique que l'on puisse parler de multipolarité
politique. Quels en sont les signes les plus apparents?
Le premier est le retour á la multiplicité des «pôles d'influence». Le conflit sino
soviétique, en plaçant l'Amérique de Nixon, Ford et Kissinger dans une position
d'arbitre, a donné naissance á un subtil jeu diplomatique triangulaire entre Pékin
Washington et Moscou. La Chine a son tour apporte son soutien á l'Europe des Dix
pour contester l'hégémonie des deux superpuissances. En Asie, le Japon et la
péninsule indochinoise (Laos, Vietnam, Cambodge) sont courtisés á la fois par
l'U.R.S.S. el la Chine populaire.
En deuxième lieu, l'Europe du Marché commun, malgré ses divisions ambitionne
de s'unifier politiquement: rapport Tindemans de janvier 1976, élection du Parlement
européen en suffrage universal en 1979, Union européenne dans l'avenir.
La C.E.E. a pris contact avec le C.O.M.E.C.O.N. et créé une association avec 60
États d'Afrique, des Caraïbes et du Pacifique (Convention de Lomé I du 28 janvier
1975 et de Lomé II du 31 octobre 1979). Elle est devenue la première puissance
commerciale et financière du globe. Et la compétition économique avec les ÉtatsUnis
ne va pas sans heurts.
En troisième lieu, l'action de l'O.P.E.P. au printemps 1973 et la crise de l'énergie
qui en découle modifient radicalement les données du problème du développement.
Le temps de l'assistance el de la charité a pris fin. On s'oriente maintenant vers la
définition d'un «nouvel ordre économique mondial». Les usages pacifiques de la
puissance sont plus importants que ses usages militaires pour dominer ou neutraliser
l'adversaire. La «stratégie indirecte» supplante la «stratégie directe» (M. Merle).
Les théoriciens des Relations internacionales n'interprètent pas tous de la même
façon ces bouleversements.
Pour R. Aron, par exemple, la multipolarité a trois sens différents: la relative
autonomie de certains sous systèmes régionaux; la rivalité sinosoviétique qu'il
estime «plus virulente» que la rivalité américanosoviétique la «multiplicité des
plans» sur lesquels se déroulent les relations entre les États et les sociétés.
Il cite deux exemples pour 1'autonomie de certains sous systèmes en cas de
conflits militaires entre les États de la zone considérée: la guerre des Six Jours au
ProcheOrient en 1967, et l'affrontement indopakistanais dans le souscontinent
indien en 19711972. Dans les deux cas, les dirigeants des deux Grands s'interdirent
réciproquement l'intervention directe. Grâce á l'isolement des solis systèmes, la
supériorité militaire d'Israël sur les États arabes el de l'Inde sur le Pakistan a pu
s'exercer conformément a la stratégie traditionnelle. Le conjoncture mondiale
permettait a l'État localement le plus fort, de résoudre militairement la crise: «Les
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