Fundamentos del Contrato: Noción y Naturaleza
Fundamentos del Contrato: Noción y Naturaleza
PARTE GENERAL
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1. NOCIÓN DE CONTRATO:
Según el art. 957, contrato es el acto jurídico mediante el cual dos o más partes
manifiestan su consentimiento para crear, regular, modificar, transferir o extinguir relaciones
jurídicas patrimoniales.
La definición dada por el Código hace hincapié en dos aspectos importantes. Por un lado el
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acuerdo de voluntades manifestado en el consentimiento tiende a reglar las relaciones
jurídicas de contenido patrimonial. Por otro lado, recepta un contenido amplio del contrato,
desde que abarca no solo la creación de tal relación jurídica, sino también las diferentes
vicisitudes que esta puede tener, tales como las modificaciones que las partes puedan
DD
introducirles con posterioridad a la celebración, la transferencia a terceros de las obligaciones
y derechos que nacen del contrato y hasta la extinción del mismo por acuerdo de voluntades
de las partes.
coacción jurídica como puede ser por ejemplo el acuerdo para ejercer la responsabilidad
parental respecto de los hijos, convenido por padres divorciados. El contrato, es un acuerdo
de voluntades destinado a regular relaciones jurídicas de carácter patrimonial.
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sirven de ley para las partes. El Código de Vélez recogió estas ideas en el Código Civil
mejorando ligeramente el texto francés “Las convenciones hechas en los contratos forman
para las partes una regla a la cual deben someterse como a la ley misma”. A su vez el C.C.C
recoge la misma idea en el art. 959
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Sin embargo, la experiencia social ha puesto de manifiesto que no es posible dejar librados
ciertos contratos al libre juego de la voluntad de las partes sin perturbar la convivencia social.
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Este motivo de interés público ha motivado al Estado a dictar leyes que reglamentan
minuciosamente ciertos contratos. De manera tal que, la voluntad deja de imperar
soberanamente y el Estado empieza a intervenir en los contratos, modificando sus clausulas y
forzando incluso a celebrarlos a pesar de la voluntad contraria de los interesados.
Muchas de las causas que han contribuido a que el Estado intervenga, son ante todo,
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almacén o quien toma un medio de transporte no discute las condiciones del contrato,
simplemente lo toma o lo deja. Y quien lo necesita, lo va a tomar por más inconvenientes que
sean las condiciones del contrato.
Por eso, una exigencia de justicia reclama la intervención del Estado para evitar el
a) LEY: la ley y el contrato tienen un punto de contacto ambos constituyen una regla
jurídica a las cuales deben someterse las personas. Pero tienen diferencias importantes, la ley
es una regla general a la cual deben someterse las personas, ella se establece teniendo en mira
un interés general o colectivo; el contrato en cambio, es una regla obligatoria solo para las
partes que lo han firmado, se contrae teniendo en cuenta un interés individual.
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c) SENTENCIA: ambos precisan los derechos de las partes. Pero entre ellos hay profundas
diferencias: 1) El contrato es un acuerdo entre dos o más partes, la sentencia es una decisión
del órgano judicial, por lo tanto es un acto unilateral. 2) Generalmente, el contrato señala el
comienzo de una relación jurídica entre dos o más personas (aunque también hay contratos de
extinción), mientras que la sentencia da solución a las divergencias nacidas de ese contrato. 3)
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La sentencia tiene ejecutoriedad, es decir, puede pedirse su cumplimiento por medio de la
fuerza pública, el contrato carece de ella, para que tenga ejecutoriedad es preciso que
previamente los derechos que surgen en él hayan sido reconocidos en una sentencia.
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• 3. LA IMPORTACIA DEL CONTRATO: SU SIGNIFICACION ETICA Y ECONOMICA.
El contrato es el principal instrumento del que se valen los hombres para establecer sus
relaciones jurídicas, es la principal fuente de obligaciones. El hombre vive contratando o
cumpliendo contratos, desde operaciones de gran importancia (por ej. compraventa de
LA
Desde el punto de vista ético, la importancia del contrato se aprecia desde un doble
ángulo: por una parte, hay una cuestión envuelta en el deber de hacerle honor a la palabra
empeñada; por otra parte, los contratos deben ser instrumento de la realización del bien
común. Este último aspecto moral del contrato se justifica el intervencionismo del Estado.
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que imponga la obligatoriedad de lo acordado y de un sistema de justicia que posibilite una
tutela judicial efectiva ante el incumplimiento de la contraparte, el cambio de circunstancias
tenidas en consideración al contratar, la frustración de la finalidad u otros supuestos de
ineficacia contractual.
La norma también establece que el contenido del contrato puede ser modificado o extinguido:
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1. Por acuerdo de las partes: este principio se integra con el de la libertad de contratar.
2. Por fuente legal: en el Código se prevén institutos que, como el de la lesión, para
problemas originarios, o el de la imprevisión, para conflictos sobrevinientes, posibilitan
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la generación de cambios a los términos de un contrato. No se trata de modificaciones
que se vayan a producir por el mero imperio de la ley, pues en su resultado sigue
teniendo incidencia la voluntad de las partes.
Los jueces integran un poder público, actúan como órganos del Estado, por lo que el principio
constitucional de libertad exige que su intervención en asuntos particulares se encuentre
restringida a aquellos supuestos en los que ello sea habilitado por alguna de las partes, en los
casos en los que la ley lo autoriza o cuando lo exigen razones vinculadas con un interés
FI
La norma refuerza que son las partes las que pueden celebrar, modificar o extinguir un vínculo
contractual, en ejercicio de la libertad contractual de la que gozan y que los jueces deben en
principio respetar. La norma habilita el ejercicio de la función jurisdiccional con relación a las
estipulaciones de un contrato bajo los siguientes recaudos:
La buena fe, que debe ser evaluada según un estándar objetivo medio, el de “un contratante
cuidadoso y previsor”, categoría cuyo molde habrá de ser llenado en cada caso concreto, según
sus circunstancias.
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DD
LA
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Los contratos consensuales los que quedan concluidos con el mero consentimiento de las
partes, sea o no formal. Son reales los que quedan concluidos solo con la entrega de la cosa
sobre la cual vera el contrato.
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voluntad. Por eso el C.C.C ha suprimido esta categoría, actualmente todos los contratos se
presumen consensuales.
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un tercero designado por las partes. Se exige contrato y entrega de la cosa, como elemento
constitutivo lo que es propio de un contrato real. Así también como la donación manual (art.
1554)que dice que las donaciones de cosas muebles no registrables debe hacerse con la
tradición del objeto donado.
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• CONTRATOS UNILATERALES Y BILATERALES (ART. 966)
Se llaman contratos unilaterales aquellos en los que una sola de las partes resulta obligada
hacia la otra, sin que esta quede obligada, como ocurre con la donación, que significa
obligaciones para el donante. Bilaterales son los contratos que engendran obligaciones
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reciprocas entre las partes, como ocurre con la permuta, la compraventa, la locación.
Consecuencias:
1. DOBLE EJEMPLAR: El Código de Vélez exigía que los contratos bilaterales debían ser
FI
redactados en tantos ejemplares como partes con interés distinto hubiera, este recaudo
conocido como el doble ejemplar, no era exigible en los contratos unilaterales, bastaba con
que la parte acreedora tuviera el contrato, porque este título es el que lo legitima para cobrar
su crédito.
Es gratuito cuando establece sacrificio para uno y ventaja para otro con independencia
de toda prestación a su cargo. Por ejemplo la donación, el comodato, el depósito gratuito, etc.
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Consecuencias:
1. Los adquirentes por título oneroso están mejor protegidos por la ley que los adquirentes a
título gratuito, por consiguiente:
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quien adquirió la cosa a titulo oneroso.
B. La acción revocatorio no exige la prueba del conocimiento que tiene el tercero del
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fraudo o la posibilidad de conocerlo cuando el tercero adquirió la cosa a título gratuito.
Los contratos conmutativos aquellos en los que las obligaciones a cargo de cada una de las
partes pueden ser determinadas con cierto grado de certeza cualitativa y cuantitativa al
FI
tiempo de su celebración, es decir cuando las ventajas para los contratantes son ciertas. Son
aleatorios los contratos en los que las ventajas o pérdidas para al menos una de las partes,
dependen de un acontecimiento incierto. Tal es el caso de una renta vitalicia, en el cual una de
las partes entrega un capital a cambio de una renta que durará mientras viva la persona cuya
vida se ha tenido en cuenta. El alcance económico del deudor de la renta es impreciso,
Los contratos conmutativos y aleatorios son una subespecie del contrato oneroso.
Consecuencias:
1. LESION: en principio solo los contratos conmutativos están sujetos a resolución o reducción
de las prestaciones por causa de lesión. En los contratos aleatorios las partes asumen
deliberadamente el riesgo de que el contrato pueda resultar desventajoso, especulando en la
posibilidad contraria. Por lo tanto, nadie puede quejarse por falta de equilibrio económico de
las contraprestaciones definitivamente resultantes. Excepcionalmente puede admitirse la
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establecida por la ley.
Dentro de los contratos formales hay que hacer una distinción: los contratos cuya forma es
requerida a los fines probatorios y aquellos en los cuales la formalidad tiene carácter
constitutivo o solemne. Las formas solemnes (también llamadas ad solemnitatem) a su vez se
dividen en absoluta o relativa. El incumplimiento de la forma solemne absoluta trae aparejado
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la nulidad del acto celebrado, así la donación de un inmueble debe hacer por escritura pública
inexorablemente bajo pena de nulidad. En cambio, el incumplimiento de la forma solemne
relativa no acarreara la nulidad del acto sino que permitirá exigir el cumplimiento de la forma
establecida por la ley, la omisión de celebrar la compraventa de un inmueble por escritura
DD
permite a cualquiera de las partes exigir su escrituración. Finalmente, cuando se trata de una
forma probatoria, ella solo tiene importancia a los efectos de la prueba del acto jurídico, por
ejemplo el contrato de locación, sus prorrogas, modificaciones deben hacerse por escrito, pero
si se hubiere incumplido con esas formas el contrato valdrá de todos modos.
LA
Las formas tienen carácter excepcional en nuestro derecho. Salvo disposición expresa en
contrario lo contratos no requiere forma alguna para su validez. En efecto, solo son formales
los contratos a los cuales la ley le impone una forma determinada.
Los contratos nominados son los que están previstos y regulados especialmente por la ley.
Son los contratos más importantes y frecuentes, por ello han merecido la atención especial del
legislador. Su regulación legal, salvo disposición en contrario, solo tiene carácter supletorio; es
decir, se aplica en caso de silencio del contrato, pero las partes tienen libertad de prescindir de
la solución legal y regular de manera distinta las relaciones. Por lo tanto, el propósito del
legislador no es suplantar la voluntad de las partes por la de la ley sino que desea evitar
conflictos para el caso de que las partes no hayan previsto cierto evento.
Los contratos innominados no están legislados y resultan de la libre creación de las partes.
No pierden su carácter de innominados por la circunstancia de que la vida de los negocios los
llame de determinada manera por ejemplo como el contrato de garaje, el del espectáculo
público, la excursión turística, etc.
En el derecho romano, esta clasificación tenía una enorme importancia porque solo los
contratos nominados tenían fuerza obligatoria, no ocurre eso en nuestros días, ya que los
contratos innominados obligan igual que los nominados. La importancia de la distinción reside
Con respecto a las reglas aplicables a los contratos innominados, el código establece que
deberá seguirse el siguiente orden:
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3. Los usos y prácticas del lugar de celebración.
Cuando la norma se refiere a la voluntad de las partes, abarca tanto la voluntad expresa
como la tacita de los contratantes. Por consiguiente, el silencio deberá ser llenado por los
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jueces, acudiendo a los normas generales de los contratos y de las obligaciones, luego
atendiendo a los usos y prácticas del lugar de celebración y finalmente si fuera necesario a los
normas de los contratos nominados que sean afines y se adecuen a la finalidad económica o
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practica perseguida por el contrato.
1. Elementos esenciales: son aquellos sin los cuales el contrato no puede existir. Ellos
son: el consentimiento, el objeto y la causa. Sintéticamente, el consentimiento es la
conformidad o el acuerdo que resulta de manifestaciones intercambiadas por las partes; el
objeto es la prestación (bien o hecho) prometido por las partes; la causa es la finalidad
FI
2. Elementos naturales: aquellas consecuencias que se siguen del negocio, aun ante el
silencio de las partes; así la gratuidad es un elemento natural de la donación, las garantías por
evicción y vicios redhibitorios son un elemento natural de los contratos a titulo oneroso.
En cuanto a las formas tampoco es posible incluirla dentro de los elementos esenciales
del contrato porque si bien es cierto que si las partes lo incumplen, el acto jurídico celebrado
será nulo, pero esto ocurre en los pocos casos que la ley así lo establece. En la mayoría de los
casos, el incumplimiento de las formas no trae aparejado la nulidad.
• VOLUNTAD Y DECLARACIÓN
1. Teoría de la voluntad
La teoría clásica sostenía el imperio absoluto de la voluntad interna. Según ella el origen
intimo y verdadero de toda vinculación contractual es la voluntad de las partes. La declaración
solo sería una cuestión formal y accidental; la tarea judicial consiste en desentrañar la
veredera voluntad de las partes y hacerle producir efectos.
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Esta teoría impero sin contradicción hasta principios del siglo XIX, en que los juristas
alemanes la hicieron objeto de duros ataques, sosteniendo una teoría objetiva sustentada en
la declaración de voluntad.
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indispensable la exteriorización; de ahí que esta sea necesaria para la existencia de la voluntad
misma, y que por consiguiente es falso o impropio hablar de voluntad interna.
Es en la faz práctica que la teoría clásica revela toda su debilidad. Es que la intención o la
DD
voluntad íntima, justamente por ser puramente psicológica e íntima, es inaccesible para
terceros y no puede ser la base de un negocio jurídico. Resulta así que la formación de los
contratos en general no puede surgir sino de la conciencia de voluntades declaradas, la única
que pueden apreciar y conocer las partes. Ni estas ni el juez llamado a conocer en un litigio
deber emprender investigaciones psicológicas destinadas siempre a resultas inciertos.
LA
En conclusión, la buena fe, la seguridad de los negocios, la confianza que debe presidir las
relaciones humanas, están interesadas en que los actos jurídicos reposen sobre una base cierta
y segura que no puede ser otra que la declaración de voluntad. Por declaración de voluntad no
debe entenderse tan solo la palabra hablada o escrita, sino toda conducta o proceder, incluso
FI
el silencio en ciertos casos, que de acuerdo con las circunstancias y apreciada de buena fe,
permita inferir la existencia de la voluntad de obligarse.
El consentimiento es una declaración de voluntad por lo que resultan aplicables las normas
que regulan la manifestación de voluntad. La voluntad puede manifestarse de manera expresa
(cuando se exterioriza de manera oral, escrita, por signos inequívocos o por la manifestación
de un hecho material) o tacita (cuando resulta de acto que permitan conocer la voluntad con
certidumbre y siempre que la ley no exija manifestación expresa).
Es una proporción unilateral de voluntad que una de las partes dirige a la otra para
celebrar un contrato. El C.C.C los define como una “manifestación de voluntad dirigida a una
persona determinada o determinable, con la intensión de obligarse y con las precisiones
necesarias para establecer los efectos que deber producir de ser aceptada”. No es un acto
preparatorio sino una de las declaraciones contractuales. Así, solo hay oferta cuando el
contrato puede quedar cerrado con la sola aceptación de la parte, sin necesidad de una nueva
manifestación de quien hizo la primera proposición.
Requisitos de la oferta:
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1. Que se dirija a personas determinadas o determinables. Es por eso que la oferta al
público no es en principio obligatoria, sino que debe considerarse más bien como una
invitación a oír ofertas. A menos que se trate de la excepción contenida en el art 973 (cuando
de los términos o circunstancias de emisión resulte la intención de contratar del oferente, en
cuyo caso, se la entiende emitida por el tiempo y en las condiciones admitidas por los usos) o
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cuando se trata de una oferta a celebrar un contrato de consumo, la oferta al publico obliga y
obliga de tal manera que si no se hiciera efectiva, será sancionado conforme a lo establecido
en la Ley de Defensa del Consumidor.
DD
¿Cuándo una oferta es dirigida a una persona determinable? Cuando la oferta
contenga un procedimiento para la determinación de la persona a la cual se dirige, en cuyo
caso es obligatoria para el oferente, tan como ocurre con el caso de la promesa de
recompensar a quien encuentra y devuelve un objeto.
LA
2. Que tenga por objeto un contrato determinado, con todos los antecedentes
constitutivos de los contratos. En palabras del C.C.C que tenga las precisiones necesarias para
establecer los efectos que debe producir de ser aceptada. Es decir, la oferta debe contener
todos los elementos necesarios como para que una aceptación lisa y llana permita tener por
concluido el contrato. Por ejemplo si se trata de una compraventa será necesario que la cosa
FI
La primera regla es que la oferta obliga al proponente. Es decir, quien emite una oferta
se está obligando a cumplir con las prestaciones prometidas si el destinatario de la oferta la
acepta.
Esta fuerza obligatoria de la oferta, tiene limitaciones, las que a tenor de lo que
dispone el art. 974, párrafo 1º nacen de los términos de la oferta (como ocurriría cuando se
establece un límite de vigencia de la oferta), de la naturaleza del negocio (el caso de una oferta
contractual que tenga por objeto una cosa que está sujeta a un riesgo, o de las circunstancias
del caso (cuando se ofrecer un hacer que importe una obligaciones intuitu persone).
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Si la oferta es dirigida a una persona determinada, ella puede ser retractada. Para ello,
es necesario que la comunicación del retiro de la oferta sea recibida por el destinatario antes o
al mismo tiempo que la propia oferta. (Art. 975)
Finalmente existen supuestos de caducidad de la oferta, esto es, que pierde su fuerza
obligatoria. Esto ocurre cuando el proponente o el destinatario de la oferta fallecen o se
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incapacitan, antes de la recepción de su aceptación. Con esto, se le reconoce un derecho a
quien acepto una oferta ignorando la muerte o incapacidad del oferente, si a consecuencia de
su aceptación ha hecho gastos o sufrido pérdidas, tiene derecho a reclamar su reparación (art.
DD
976). La indemnización se limita al daño emergente y no comprende el lucro cesante o sea lo
que el aceptante hubiera podido ganar de haberse cumplido válidamente el contrato. Si la
caducidad se produce por la muerte del oferente, la acción deberá ser dirigida contra sus
herederos.
Contratos plurilaterales (art. 977). Si el contrato ha de ser celebrado por varias partes,
LA
y la oferta emana de distintas personas, o es dirigida a varios destinatarios, no hay contrato sin
el consentimiento de todos los interesados, excepto que la ley o la convención autoricen a la
mayoría de ellos para celebrarlo en nombre de todos o permita su conclusión solo entre
quienes lo ha consentido. En otras palabras, cuando la oferta emana de diferentes personas y
FI
es dirigida a varios destinatarios, es necesario como regla (a menos que por ley o por
convención permita una cosa distinta) el consentimiento de todos para que haya contrato.
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el oferente originario. Sin la aceptación de este, no hay contrato.
El art. 978 añade que las modificaciones hechas por el aceptante pueden ser admitidas por
el oferente si lo comunica a aquel de inmediato. Las modificaciones hechas por el aceptante
importa colocarlo a él como oferente, y al oferente inicial, al aceptar la propuesta recibida, se
ha convertido en aceptante del contrato.
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PERFECCIONAMIENTO DEL CONTRATO (ART. 980)
¿Cuándo debe considerarse por concluido el acuerdo de voluntades en los contratos entre
ausentes? La cuestión ha dado origen a distintas teorías:
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Si bien se habla del conocimiento de la manifestación de la voluntad, lo cual podría dar a
entender que estamos ante una aplicación de la teoría del conocimiento, la ley presume tal
conocimiento cuando el receptor de tal manifestación debió conocerla y ello solo puede
ocurrir a partir del momento que la recibió. Basta entonces la recepción para que se tenga por
conocida la manifestación de voluntad.
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• ACUERDOS PARCIALES (ART. 982)
Aquel contrato parcial en que las partes expresen su consentimiento sobre los puntos
esenciales y particulares del contrato, valen como contrato concluido. La norma otorga al
DD
acuerdo parcial, reunidos ciertos recaudos, carácter de contrato definitivo y no un mero efecto
vinculante.
Las lagunas que existan serán integradas con las normas indisponibles, las supletorias, lo
usos y prácticas del lugar de celebración, de acuerdo con la remisión que hace a las reglas del
LA
el contrato, como ocurre con el llamado contrato paritario, en el que se tiene la posibilidad
real de discutir el contenido contractual pues no existe entre ellas desigualdad jurídica o al
menos esta no es tan notoria. En cambio, en los contratos por adhesión, las diferencias se
patentizan en el hecho de que la redacción del contrato es impuesta por una de las partes y a
la otra parte no le queda otra opción que aceptarla o no contratar.
Requisitos
La ley exige que las clausulas generales predispuestas sean compresible y autosuficientes.
También exige que la redacción sea clara, completa y fácilmente legible. Por ello, se tienen por
no convenidas aquellas clausulas que efectúan un reenvío a textos o documentos que no se
facilitan a la contraparte predisponente, previa o simultáneamente a la conclusión del
contrato. (Art. 965)
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• CLAUSULAS PATRICULARES (ART. 986)
En el marco de los contratos por adhesión, se llaman clausulas particulares aquellas que
son negociadas individualmente y que amplían, limitan, suprimen o interpretan una clausula
general.
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últimas. Sin embargo, hay casos en los que esta disposición resulta inaplicable. Así ocurre
cuando la condición general resulta más beneficiosa para el adherente que la particular. La
debilidad en la que se encuentra el adherente, justifica la solución.
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• CLAUSULAS ABUSIVAS (ART. 988)
El C.C.C ha establecido que ciertas clausulas que resultan abusivas para el adherente
deben ser tenidas por no escritas. Expresamente se enuncia como abusivas a las clausulas que
desnaturalizan las obligaciones del predisponente; a las que importan renuncia o restricción a
LA
los derechos del adherente o amplían los derechos del predisponente; o las que por su
contenido, redacción o presentación, no son razonablemente previsibles. Aunque nuestra
legislación no ha sido expresamente prevista, también deben ser consideradas abusivas las
cláusulas que limitan la responsabilidad del predisponente, y las que impongan la carga de la
FI
Las clausulas ambiguas predispuestas por una de las partes se interpretan en sentido
Se trata de una aplicación del principio de buena fe. Esta regla protege al adherente, quien
no tiene otra opción que adherir a la propuesta redactada por la otra parte o no contratar, y
por ello que quien redacto el contrato, si lo hizo sin claridad, con ambigüedad o términos
abusivos, se haga cargo de las consecuencias indeseables de tal redacción.
• TRATATIVAS CONTRACTUALES
En la vida diaria, los contratos se celebran sin una negociación previa. En efecto, la compra
en un supermercado o en un kiosco o de un pasaje cualquiera, entre otros ejemplos, no
requieren de una negociación previa. Basta conocer el precio y pagarlo.
Pero otros contratos, quizás los que individualmente tengan una mayor importancia
económica, necesitan de negociación, que podrá llevar finalmente a concretar su celebración o
OM
no. Por ejemplo, la compra de un inmueble, la concertación de una contrato de larga duración.
Por eso se puede decir que cuando se trata de estudiar el contrato existen dos etapas: la
primera, que abarca todos los actos que puedan celebrarse durante el periodo previo a la
celebración del contrato; y la segunda que comienza con la celebración del contrato y llega
hasta su plena ejecución.
.C
La etapa previa a la celebración del contrato comienza con las conversaciones que van
preparando el terreno para hacer la propuesta y se llama “tratativas precontractuales”.
Durante esta etapa pueden darse conversaciones sobre aspectos circunstanciales o
DD
secundarios sin que ellas tengan todavía verdadera esencia contractual.
Durante esta etapa las partes deben: 1. Obrar de buena fe. 2. Mantener el secreto de todo
lo que sea confidencial. 3. Dar la información necesaria. 4. Mantener y conservar los
elementos materiales que resulten el substrato del futuro acuerdo. Además, no pueden
LA
Este último aspecto es uno de los más complejos. Por un lado, no es admisible un obrar
contrario a la buena fe, como lo sería la ruptura intempestiva de la negociación, pero por otro
lado es preciso resguardar la libertad de contratar, que permite finalmente contratar o no. Si
FI
bien existe cierto margen de discrecionalidad para abandonar las tratativas, no es admisible
que se las abandone de manera dolosa, culposa o de mala fe como ocurriría si se alegaran
circunstancias que se conocían al momento de iniciar la negociación.
De ahí que el art. 991 dispone que durante las tratativas preliminares, y aunque no se haya
formulado oferta, las partes deben obrar de buena fe para no frustrarlas injustificadas. El
incumplimiento de este deber genera la responsabilidad de resarcir el daño que sufra el
afectado por haber confiado, sin culpa, en la celebración del contrato. (Deber de buena fe). Por
ejemplo, el derecho de los arquitectos a cobrar los gastos y honorarios por su trabajo, planos,
etc., que sirvieron de base a las tratativas para la realización de una obra que luego el dueño
resolvió no hacer, si las relaciones fueron interrumpidas bruscamente y sin causa razonable
alguna. La frustración injustificada del negocio responsabiliza al autor, si es que se causa daño
a la contraparte.
OM
interpretación debe ser restrictiva.
Como regla, la carta de intención no constituye una oferta, ni tiene su fuerza obligatoria, a
menos que reúna los recaudos propios de la oferta.
.C
unilateral de las negociaciones habilitadas en una carta de intención constituye un supuesto de
interrupción de las tratativas preliminares que puede generar el derecho en cabeza de la otra
parte a reclamar la reparación del daño sufrido.
DD
• ACUERDO DE CONFIDENCIALIDAD (ART. 992)
Uno de los acuerdos que pueden llevarse a cabo durante las tratativas preliminares es el
llamado acuerdo de confidencialidad mediante el cual las partes se obligan a no revelar la
información confidencial o reservada que se reciba mediante la negociación y a no usarla
LA
Mas allá de que las partes puedan celebrar de manera expresa un acuerdo de
confidencialidad, lo cierto es que se trata de un deber implícito de las partes en toda
negociación. Por lo tanto, hayan acordado de manera expresa la confidencialidad o no, las
FI
La violación del deber de confidencialidad obliga a reparar los daños sufridos por la otra y
si ha obtenido una ventaja indebida de la información confidencial deberá indemnizar a la otra
parte en la medida de su enriquecimiento.
• LA MINUTA
Otro acuerdo que las partes suelen celebrar durante las tratativas preliminares es la llamada
minuta. Es el convenio mediante el cual las partes revelan que han acordado determinadas
cuestiones, pero han diferido en el tratamiento de otras, en el marco de un proceso negocial
que aun no ha culminado.
Este acuerdo no es un contrato y tampoco figura como acuerdo parcial, como lo dispone de
manera expresa el art. 982.
Es el que contiene un acuerdo sobre los elementos esenciales particulares que identifique
el contrato futuro definitivo. Como surge de la definición, las partes han alcanzado un acuerdo
OM
sobre las bases esenciales de la negociación, pero falta la conformidad sobre cuestiones
secundarias u ocurre que ellas necesitan un estudio más profundo de todas las implicancias del
contrato para el consentimiento definitivo.
Ahora bien, si las partes han celebrado un contrato preliminar, han dejado atrás las
tratativas precontractuales y han avanzado sobre la etapa contractual. Esto produce un
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cambio en el derecho a abandonar la negociación. Si hay un contrato preliminar, desaparece
tal derecho, porque se ha ingresado al campo contractual. Cierto que las consecuencias del
incumplimiento de un contrato preliminar no son iguales a las consecuencias del
incumplimiento del contrato definitivo. Pero aquel incumplimiento importa incumplir con una
DD
obligación de hacer y de generar un daño a la otra parte, obliga a indemnizarlo.
El C.C.C dispone que las promesas previstas en esta sección que abarca los contratos
preliminares, las promesas de celebrar un contrato y el contrato de opción tienen un plazo de
vigencia de un año, o el menor que las partes convengan, sin perjuicio de que ellas pueden
LA
renovarlo a su vencimiento.
Las partes pueden pactar una obligación de celebrar un contrato futuro pero el futuro
FI
contrato no puede ser de aquellos para los cuales se exige una forma bajo pena de nulidad. La
idea es que la promesa de celebrar un contrato importa un acuerdo definitivo sobre todos los
puntos del contrato, pero que carece de uno de los requisitos básicos exigidos por ley y
siempre que su incumplimiento no provoque la nulidad del contrato.
Si la ley exige una forma determinada bajo pena de nulidad, la promesa del contrato
carece de valor. Es el caso del promesa de celebrar un de donación inmobiliaria (art. 1552)
En cambio, si no hay tal sanción por el incumplimiento de las formas, la promesa es válida
y genera en la cabeza de las partes una obligación de hacer. Es el caso del llamado boleto de
compraventa inmobiliaria, que no debe instrumentarse por escritura pública, aunque tenga
por objeto la adquisición de derechos reales sobre el inmueble. Es que la escrituración no es
exigida bajo pena de nulidad. Por el contrario, el otorgamiento pendiente de la escritura
constituye una obligación de hacer.
2. La otra parte puede aceptarlo durante todo ese tiempo y el contrato quedará
definitivamente concluido con su solo asentimiento sin necesidad de una nueva manifestación
de voluntad del oferente.
OM
La opción puede ser gratuita u oneroso y debe ser pactada bajo la misma forma que se
exige para el contrato definitivo. Como regla, salvo pacto en contrario, la opción no es
transmisible a un tercero.
• CONTRATO DE PREFERENCIA
• CONTRATO SUJETO A CONFORMIDAD (ART. 999)
.C
Es aquel cuyo perfeccionamiento depende de una conformidad o de una autorización. Este
tipo de contrato no constituye un contrato definitivo pues falta para su perfeccionamiento que
se obtenga la referida conformidad o autorización. Es el caso del contrato de alquiler de un
DD
inmueble, en el que se quiere instalar determinado negocio que requiere de la autorización
administrativa correspondiente.
Establece el C.C.C que toda persona humana goza de aptitud para ser titular de derechos y
deberes jurídicos, es lo que se denomina capacidad de derecho (art. 22). A la par, dispone que
toda persona humana puede ejercer por si misma sus derechos, excepto las limitaciones
expresamente previstas en ese mismo cuerpo legal y en una sentencia judicial, es lo que se
denomina capacidad de ejercicio o de hecho (art. 23).
• CAPACIDAD DE DERECHO
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hoy a todas las personas (a diferencia de lo que ocurría en el Código de Vélez). Sin embargo, no
siempre se trata de una aptitud absoluta, esto significa que en ciertos casos puede existir una
incapacidad jurídica con respecto a ciertos derechos. Por ello, el art. 22 dispone que la ley
puede privar o limitar esta capacidad de derechos respecto de hechos, simples actos o actos
jurídicos determinados.
• CAPACIDAD DE EJERCICIO
.C
Aptitud que tiene la persona para realizar por sí mismas actos de la vida civil, es decir, para
ejercer personalmente sus derechos. Las únicas limitaciones que puede ponerse a esta
DD
capacidad son las que nacen expresamente de la ley o en una sentencia judicial. Esta aptitud se
adquiere a los 18 años.
Las demás personas físicas (las que no han cumplido esa edad) no pueden realizar por si
actos jurídicos, no pueden ejercer, modificar o perder una relación jurídica pero son capaces
para ser titulares de esa relación. Por ello, la ley suple esa ineptitud con la intervención de sus
LA
Las personas, aunque sean plenamente capaces, no siempre pueden contratar con cualquier
FI
persona o sobre determinados bienes. En efecto, ciertas personas no pueden contratar entre
sí, especialmente por la contraposición de intereses que pueda existir entre ellas:
1. La ley establece dos regímenes posibles para el sistema patrimonial del matrimonio:
el de comunidad y el de separación de bienes. En este último, como regla, cada uno de los
2. Los padres no pueden contratar con sus hijos menores, a menos que se trate de una
donación pura y simple hecha por el padre a favor del hijo.
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justicia, los árbitros y mediadores y sus auxiliares, respecto de los bienes relacionados con
procesos en los que interviene o han intervenido. Quedan incluidos dentro de la prohibición
los fiscales, defensores de menores y peritos. La prohibición abarca la imposibilidad de ser
cesionarios de acciones judiciales que fuese de la competencia del tribunal que integran. La
prohibición abarca la nulidad del acto celebrado en violación de la norma, y es nulidad es
absoluta, imposible de sanearse, existe un fundamente de orden público.
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5. No pueden contratar, de interés propio, los abogados y procuradores, respecto de
bienes litigiosos de procesos en los que intervienen o han intervenido.
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6. No pueden contratar, de interés propio, los funcionarios públicos respecto de bienes
cuya administración o enajenación estén o han estado encargados.
7. Por último, no pueden contratar, según sea el caso, los que estén impedidos a
hacerlo conforme a disposiciones especiales. Los contratos cuya celebración está prohibida a
LA
Declarada la nulidad del contrato celebrado por la persona incapaz o con capacidad
restringida, la parte capaz no tiene derecho a exigir la restitución o el reembolso de lo que ha
FI
capacidad restringida, ya que el efecto normal de la nulidad es que las partes contratantes
deban restituirse todo lo que hubieran recibido como consecuencia del acto anulado.
Claro está que cuando el incapaz o la persona con capacidad restringida, tiene en su poder
lo que recibió o lo hubiera transformado de tal modo que su provecho fuera manifiesto, no
podría negarse acción a la parte capaz para reclamar la cosa o su valor, de lo contrario se
estaría convalidando un enriquecimiento sin causa. Por otra parte, la persona incapaz que
obró con dolo no puede alegar la nulidad (principio establecido en la parte general)
Finalmente, los actos realizados por una persona incapaz, con capacidad restringida,
emancipada o menor de edad, adolecen de nulidad relativa, porque esa nulidad se establece
en el solo interés de la parte incapaz.
El objeto de los contratos es la prestación prometida por las partes, el bien o el hecho
sobre los que recae la obligación contraída. La crítica que se le hace a esta definición es que el
objeto va mas allá de esa prestación, no se agota ahí. Mozet Iturraspe dice que es la operación
jurídica como se nos presenta, que no vulnere la moral, el orden público, los derechos de
terceros y que sea lícito.
OM
Como regla, toda prestación puede ser objeto de los contratos. Sin embargo, el C.C.C ha
establecido de manera expresa aquellas prestaciones que no pueden ser objeto de los
contratos. Ellas son, el hecho imposible o prohibido por la ley, o que sea contrario a la moral y
al orden público, o que sea lesivo de los derechos de terceros o de la dignidad de la persona
humana. Tampoco puede serlo un bien que por un motivo especial se ha prohibido que lo sea.
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(Art. 279 y 1004).
El art. 1004 añade que si el contrato tiene por objeto derechos sobre el cuerpo humano, se
deben aplicar los art. 17 y 56. Estas normas disponen:
DD
1. Las partes del cuerpo carecen de valor comercial.
2. Pueden ser disponibles solo por el titular solo si un valor afectivo, terapéutico, científico,
humanitario o social.
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4. Están prohibidos los actos de disposición sobre el propio cuerpo que ocasionen una
disminución permanente de su integridad o que resulten contraria a ley, la moral o las buenas
costumbres, excepto que sean requeridos para mejorar la salud de la persona y
FI
Asimismo se establece que el objeto debe ser determinado o determinable, licito, posible,
susceptible de valoración económica y corresponder a un interés de las parte
No solo los bienes presentes pueden ser objeto de los contratos sino también los bienes
futuros. La promesa de transmitirlos está subordinada a la condición de que llegue a existir,
excepto que se trate de contratos aleatorios.
Los supuestos contemplados en la ley son dos: 1. Se contrata sobre una cosa que no existe,
OM
pero se espera que existirá (por ejemplo, la compra de una cosecha antes de que este en
estado de recogerse. Si mas tarde la cosa no llegara a existir (por ejemplo, la cosecha se ha
destruido por granizo) el contrato es nulo. 2. Se contrata sobre una cosa que no existe,
asumiendo el comprador el riesgo de que no llegue a existir nunca: el contrato tiene carácter
aleatorio y por tanto valido aunque la cosa no llegue a existir.
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BIENES AJENOS (ART. 1008)
Como principio general, los bienes ajenos pueden ser objeto de los contratos. Cuando el
contrato sobre un bien ajeno envuelve la promesa de entregarlo, hay que distinguir distintos
DD
supuestos:
garantizado.
2. El que ha prometido la entrega del bien ajeno y ha garantizado también su efectiva entrega.
En tal caso deberá reparar los daños si la cosa no se entrega aunque no mediare culpa de su
FI
parte. Se trata de una obligación de resultados, basta no alcanzarlo para que se deba
responder.
Pueden ser objeto de los contratos los bienes discutidos en litigio o en juicio. También
pueden serlo los bienes sujetos a gravamen, como ocurre con la cosa que ha sido dada en
prenda o hipotecada.
Incluso pueden ser objeto de los contratos los objetos sujetos a medidas cautelares, como
sucede cuando ha sido embargadas. Esta posibilidad de que sean objeto dentro de un contrato
no implica desconocer los derechos de terceros que pueden quedar afectados por tal contrato,
por el contrario, la norma prevé el resguardo de sus derechos, lo que implica que debe ser
satisfecho por los contratantes el perjuicio que pueda resultar.
La regla es que la herencia futura no puede ser objeto de los contratos ni tampoco pueden
serlo los derechos hereditarios eventuales sobre objetos particulares. La prohibición incluye
aquellos contratos celebrados con el consentimiento de la persona cuya sucesión se trata. Es
una prohibición fundada en razones de moral, resulta chocante admitir la legitimidad de
pactos en los cuales se especula sobre la muerte de una persona.
Sin embargo, esta regla no es absoluta. El Código expresamente dispone que se admite el
pacto que: 1.Tenga en miras explotaciones productivas o participaciones societarias. 2. Deben
ser compensados los demás legitimarios. 3. No pueden afectarse las legítimas hereditarias, ni
OM
los derechos del cónyuge del futuro causante, ni los derechos de terceros.
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importante estar dispuestos a una continua renegociación, en donde se contemplen no solo
las muchas y abruptas variaciones en los precios sino también las innovaciones tecnológicas y
los nuevos requerimientos de la comunidad (por ej. el equilibrio que debe existir en las
prestaciones de servicio que debe ofrecer precios adecuados pero a la vez brindar
DD
prestaciones de avanzada).
El C.C.C establece que en los contratos de larga duración el tiempo es esencial para el
cumplimiento del objeto, de modo que se produzcan los efectos queridos por las partes o se
satisfaga la necesidad que las introdujo a contratar. Por tal motivo, las partes deben ejercitar
LA
La norma apunta a la importancia que tiene el factor tiempo en los contratos de larga
FI
duración, lo que pone de manifiesto las dificultades que se ciñen en los contratos cuando se
los pretende inmodificables, quedando las partes inexcusablemente en los términos
convenidos.